¿Entrar a las antiguas pirámides de un desierto? ¡Claro! ¿Por qué no? Suena a una fantástica idea. Y después de eso tal vez podríamos ir a un cementerio indio, o meternos en medio de ritual satánico de algún culto a Darkrai.
Karla y yo tratamos de zafarnos del problema fingiendo malestares; sin embargo Silver pareció no darle importancia al hecho y sin meditarlo mucho, siguió la trayectoria.
Albert: No sé si ese chico es muy valiente, o muy idiota —comenté mientras le seguía el paso, con los hombres caídos— Y de todas maneras… ¿¡por qué tenías que llevar el mapa al revés!? Yo no me trago ese cuento de que todo era una mentira para sorprendernos, ahora podríamos estar en un pacífico oasis y no meternos de lleno a una tumba gigante
Karla: ¡Eh! ¡Que pudiste llevar el mapa tú, pero nooo, estabas ahí haciéndote el loco! Y-y mira que estoy tan asustada como tú, yo ni ganas de ir para allá. Tengo malas experiencias con estas cosas —sufrió un leve temblor y luego, me siguió—
…..
Silver nos esperó en la entrada de la pirámide más cercana para entrar los tres; era una pequeña puerta, considerando el colosal tamaño de esos triángulos, que conducía directamente a un pasillo oscuro que a mí no me daba para nada buena espina –bueno ¿Qué me da buena espina a mí- Fue poner un pie dentro de esas condenadas pirámides, cuando escuche una gélida voz silbar en mis oídos.
”Estamos condenados por los fuertes lazos del destino”
Albert: ¡Oh vamos! ¿Es en serio? ¿No hemos terminado de entrar y ya hay una voz diciéndonos que estamos condenados por destino? Estos malos presagios suelen tardarse un poco más —estaba temblando como si estuviera en medio de una tormenta de nieve. Ahora si que no quería entrar ahí y no hacía falta mirar a Karla para saber que ella tampoco. Pero claro, como no, a Silver la voz le pareció entrar por un oído y salir por otro, pues siguió de largo sin darle importancia—
Seguimos nuestro rumbo; yo casi paranoico miraba a todos lados, esperando que algo ocurriera. En estos momentos era cuando una trampa que disparaba flechas de las paredes se activaba, o cuando no conseguíamos a un culto extraños que justamente necesitaban a tres jóvenes entrenadores para un sacrificio, o cuando un grupo de Momias Zombie despertaban a causa de una maldición. No sé, ese tipo de cosas que son bastante comunes para tipos sin suerte.
Sin embargo, nada ocurrió. Lo único que había en nuestro camino eran garabatos pintados en la pared que no alcanzaba a entender. Parecía algún tipo de historia, pero estaba muy asustado como para tratar de descifrarla.
Luego de caminar un rato finalmente el pasillo termino por ampliarse en una sala; varios pilares se alzaban aquí y allá, junto a unas extrañas estatuas de hombres con cabeza de perros que me hicieron preguntarme si los antiguos habitantes de esta zona se drogaban o algo así. En la sala había extrañas puertas que conducían a distintos lugares, pero antes de poder hablar sobre cual elegiríamos, algo llamó mi atención.
Albert: ¡Baru, yo te elijo! —Lancé la Pokeball con rapidez y por suerte, a tiempo. Hippopotas salió de su recipiente para meterse directamente en el camino de una sombría roca que venía hacia nosotros.
La piedra choco contra nuestra defensa y se repelió hacia el suelo al acto para, segundos después, materializarse algo sobre ella…
Albert: ¡Ya decía yo que había tardado en salir algo para matar… cofocofococ! —Me tapé la boca por instinto; un extraño humo veneno, que asumía era veneno, se había esparcido de repente por la habitación. No había inhalado mucho como para estar en peligro, pero si me sentía mareado y débil. Traté de mirar de dónde provenía la nube tóxica y encargarme de ella, pero mi vista nublada apenas me permitía percatarme de algo.
No fue hasta minutos después que la cortina desapareció que me enteré por Silver de que había sucedido.
Silver: ¡Sólo era un Koffing, ya me encargué de él! ¡Ahora faltan esos dos, se los dejo a ustedes! —Señaló a mi frente; ahí se encontraba el Spiritomb al que había detenido enfrascado en una lucha con mi Hippopotas y más allá de ellos, estaba Sableye luchando contra uno de los Pokémon de Karla.
Albert: Sht, gracias Silver, te debo una —suspiré; aún me sentía un poco mareado, pero ya lo peor había pasado— Ahora… ¡Baru, mejor regresa! —Exclamé al ver cómo Baru retrocedía, completamente superado por el maligno ser que habitaba en la piedra— ¡Luck, sal a la escena!
Tan pronto Hippopotas regreso a la seguridad de su Pokeball, Charmander salió de ella. La lagartija de fuego sonreía y saltaba con energía, emocionado de salir al exterior luego de algún tiempo.
Albert: ¡Muy bien Luck, ahora vamos a enseñarle una lección a esa estúpida piedra! ¡Ataca con Pulso Dragón!
Tan pronto como se lo ordene, Charmander disparó una esfera de energía celeste en contra de Spiritomb quien ni se inmuto en moverse para tratar de evadirlo y lo recibió de lleno, como si fuera poca cosa. Acto seguido el pokémon maldito contraataco arrojando una onda de energía oscura contra Charmander quien, a diferencia de Spiritomb, si salió disparado hacia atrás por culpa del ataque.
Albert: ¡Luck! —grité preocupado; ante mi grito él se levantó del suelo a duras penas, sólo para recibir de lleno un rayo morado disparado por Spiritomb. Fue cosa de impactar contra él para explayarse contra al suelo a roncar— ¡Hey, que no es momento para ponerse a dormir, loco! — Tampoco es como si eso importara; dormido o no el resultado sería una derrota igual… pero mucho, mucho peor. Parecía que si quería vencer a esta cosa, tendría que ir más en serio— ¡Luck regresa a dormir a tu Pokeball! ¡Ahora adelante, Oz!
Honchkrow salió en lugar de Charmander al campo de batalla. Por suerte, el techo de la sala donde nos encontrábamos se alzaba a un par de metros de distancia sobre nosotros lo que le daba el suficiente espacio al cuervo para volar; el único problema eran los pilares y estatuas que estorbaban un poco con su maniobrada, pero tenía plena confianza en que sabría superar eso.
Albert: ¡Vamos, demuéstrale quien es el verdadero badass aquí, usa Bola Sombra!
Honchkrow cargó una esfera que reunía energía oscura entre sus patas y, cuando tuvo el tamaño suficiente, la lanzó contra Spiritomb. Éste último, previendo que el resultado no sería igual que contra mi otro Pokémon, actúo con la suficiente velocidad como para lanzar una onda de energía oscura que se bloqueó la bola de sombra, anulando entre sí.
Albert: Muy bien… pero no deberías descuidarte ¡ahora Oz, usa impresionar!
Fue tarde para cuando Spiritomb se dio cuenta de que Honchkrow ya no se encontraba en el mismo lugar de donde había arrojado su anterior ataque. Tampoco era de culparlo, pues al momento de lanzarlo, aprovecho la distracción de Spiritomb para maniobrar entre los pilares y desapercibidamente colarse detrás de él sin que nadie más que yo se diera cuenta. Para cuando el fantasma se dio cuenta, ya había sido golpeado traicioneramente por la espalda por mi Pokémon y mandado a volar contra un pilar. Ese ataque, claro, no fue suficientemente para tumbarlo, pero sí que lo dejo lo suficientemente aturdido como para no reaccionar en los siguientes segundos.
Albert: ¡Es tu oportunidad Oz, ataca con una Bola Sombra!
Aprovechando el desconcierto de Spiritomb, el cuervo siguió con su acometida esta vez disparándole otra de sus bolas sombras. El ataque dio de lleno al fantasma nuevamente y lo hizo impactar contra el pilar que tenía detrás de sí haciendo que este se desmoronara un poco.
Albert: ¡Listo, ya lo tenemos, termínalo con persecución!
Fue un error garrafal el haberme confiado. Siguiendo mi orden Oz se lanzó en la acometida en contra de Spiritomb para terminar de una vez con el combate con ese último ataque en combo; sin embargo esta vez el adversario parecía estar preparado a lo que estaba por venir y rodeándose de un aura oscuro recibió a Honchkrow también con una embestida, pero mucha más poderosa. El golpe del fantasma tumbo a mi Pokémon al suelo de piedra de donde, adoloridamente, se fue levantando de a poco.
Albert: ¡Oz, cuidado! — Mi advertencia fue inútil; antes de que pudiera volver a alzar el vuelo, Spiritomb volvió a embestirlo contra el suelo usando el mismo ataque de antes. Y parecía que tampoco pensaba detenerse, pues apenas Honchkrow parecía haberse recuperado del anterior ya estaba preparando el otro— ¡No queda de otra, usa Bola Sombra contra el suelo!
Antes de recibir el tercer golpe, el suelo bajo los pies de Honchkrow explotó, mandándolo a volar hacia las alturas. A poco estuvo mi Pokémon de chocar contra el techo de las pirámides, pero por suerte pudo recuperarse de su propio ataque y recuperar el vuelo a pocos centímetros de chocar. Spiritomb lo miraba desconcertado desde el suelo, cerca del pequeño cráter que había dejado la explosión de la bola sombra.
Albert: ¡Ya fue suficiente, Oz, esa cosa me hizo enojar, ataca con Pájaro Osado!
Honchkrow parecía estar igual de enojado que yo, pues no dudo en seguir mis órdenes. Rodeándose de un aura, azulada que formaba la silueta de un águila, el elegante cuervo comenzó su descenso a toda velocidad hacia Spiritomb, quien esta vez y apenas pudo ver sus rápidos movimientos. La embestida dio en el blanco y Oz se llevó empujado a Spiritomb hasta que fue detenido por una estatua de humano con cara de Shar Pei la cual destruyó completamente, solo quedando la cabeza perro intacta -¿eso podría considerarse una decapitación?-
Esta vez Spiritomb se escondió dentro de su roca, de donde no volvió a salir porque estaba completamente debilitado. Honchkrow se encontraba parado sobre ella, mordisqueándose una de sus alas mientras caga… mejor decir que Spiritomb necesitaría una roca nueva donde meterse, porque esa iba a quedar con mal olor.
Albert: ¡Bien hecho Oz! Aunque vamos, eso último fue como pasarse un poco… —El Pokémon se encogió de alas como si no le diera mucha importancia al asunto—
Karla: ¡Loco! ¿Pero qué has hecho? Mira cómo has dejado esto ¡te acabas de cargar media pirámide! —No fue hasta que lo dijo, que me di cuenta: Un crater en el suelo, un agujero en un pilar y una estatua completamente destuida. Claro, exageraba un poco, pero…
Silver: Solo espero que esto no sea patrimonio nacional… —comentó Silver—
Karla: Nah, esto es territorio inexplorado, así que imposible. L-lo que me preocupa es que haya hecho enojar a los espíritus del lugar... — ¿Espíritus?...— ¿Y-y qué tal si ahora has quedado maldito por su ira y vienen a por ti? — ¿Maldito?...— ¿Es que no puedes controlarte cuando entras en modo Yugi… digo, combate?
Silver: ¿Modo combate? —preguntó, sin entender a qué se refería—
Albert: ¡Aaaagh! Detente Karlita, no sigas —supliqué casi entre llantos— L-lo siento señores fantasmas, n-o lo hice con intención, en serio —me arrodille en el piso, para pedir clemencia— P-p-ero vamos ¿para que dejan tantas cosas destruibles sin nos van a andar lanzando trampas y Pokémon? D-digo, que es culpa suya también por no ser un poco consciente—Definitivamente, estaba empeorando mi situación—
Karla: Listo loco, con eso último ya te condenaste. Fue un placer conocerte, hasta la vista, chao, se te va a extrañar —dijo entre temblores—
Albert: ¡Karla me ínsito, ella es una mala influencia, siempre anda rompiendo todo! Y-yo y-o solo seguí su conducta pensando que era correcta… sin van a culpar a alguien que sea a ella
Karla: ¿¡Qu-éeee!? ¡Traición, me traicionas de nuevo! ;W; —armó un escándalo— N-o, no, no, no lo oigan señores espíritus lindos y encantadores, y-yo no quiebro ni un plató ¡miren que yo pelee sin dejar ni un solo rasguño, ni una mancha, como si nunca hubiera pasado nada!
Albert: ¿Ni un plato? ¡Pero el otro día…!
Karla: ¡Y-ya basta loco! —Me interrumpió— Ya suficiente tengo con una maldición de Arceus como para que otro me venga a querer a jalar las patas de noche y matarme ;W;
Albert: ¡Esto es tanta culpa tuya como mia! ¡Yo no hubiera destruido nada sino hubieras llevado el mapa al revés! Ahora mismo podríamos estar en el oasis, asoleándonos pacíficamente ;W;
Karla: ¿Un error y ya me quieres llevar contigo al infierno? ¡Eres de lo peor, loco! ;W;
Silver: ¿Alguien me puede explicar que sucede…?
Ese clima se mantuvo por unos minutos más, hasta que decidimos que debíamos seguir adelante. Bueno, en realidad yo quería pirar de ahí antes de que fuera muy tarde y los espíritus me vinieran a matar por destruir su lugar de reposo, pero Karla no me dejo ir. Ahora caminaba suspirando, esperando que en cualquier momento me llegara el final.
Albert: (Ahora es solo esperar que los espiritus me vengan a jalar las patas. Comienzo a creer que esas donas no valen el riesgo...)