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INTERESES
Mewtwo regresó a la mansión al cabo de tres días. Haciendo su camino de vuelta a la Mansión Myodelza, sólo podía pensar en lo furioso que estaba, creyó que apenas le tomaría un par de horas hacer lo que iba a hacer, que pasaría una noche fuera cuando mucho en el peor de los casos, pero jamás contó con que sería defraudado de esa manera.
Sacudió la cabeza disimuladamente, algo apesadumbrado. Debía ser sincero consigo mismo, más que molesto se sentía profundamente decepcionado, incluso podría decir triste. Él sólo esperaba más.
Miró por encima de su hombro y, a pesar de su malhumor, dibujó una modesta sonrisa cuando contempló a Ger y a Ludo, discutiendo entre ellos por causa de los disparates que se le ocurrían al Pikachu.
Su sonrisa se ensanchó, preguntándose cuándo llegaría el día en que la rata y el gato se pondrían de acuerdo mientras sus ojos se fijaban en otro lugar. Unos cuantos pasos más atrás del par, charlaban alegremente un Venusaur, un Charizard y una Blastoise. Pero aquellos no eran cualquier otro de su especie, sino los clones que él mismo había creado, inconfundibles por las peculiares marcas que surcaban sus cuerpos y los hacían resaltar por encima de todos los demás.
Ellos eran la razón de su ausencia.
En un gesto de solidaridad para Eve y sus hermanos, hizo un llamado a sus clones solicitando su ayuda para unírseles en la batalla. Mewtwo sabía que ellos estaban por encima de los pokémon promedio; a pesar de su empeño de mantenerlos a salvo, se encargó de entrenarlos para que se desenvolviesen en batalla y estaba seguro que a muchos los tomarían por sorpresa. Pero, a pesar de sus esfuerzos, sólo se presentaron cinco y sólo aquellos que siempre le habían sido leales bajo cualquier circunstancia. Por eso estaba furioso.
Negó con la cabeza una vez más y suspiró lleno de frustración, regañándose para sus adentros. Estaba siendo demasiado severo con quienes no atendieron a su llamado, muchos ya debían tener una nueva vida, una mejor que la que él les ofreció, era absurdo pensar que abandonarían eso sólo porque él se los pidiera y para ayudar a alguien que no conocían. Era egoísta de su parte creer que todos se aburrían de su libertad y que dejarían todo sólo porque él se los solicitaba. Sin embargo, mantuvo las esperanzas hasta el final y prolongó su espera… por tres días… en vano.
Suspiró una vez más para deshacerse de la tensión que invadió repentinamente a su cuerpo, no quería que el enojo volviese a subírsele a la cabeza y lo abrumara. Buscó distraerse con algo y lo primero con lo que sus ojos tropezaron fue con Nataniel, consiguiendo reemplazar la molestia con lástima al instante.
El joven entrenador pasó algunas penurias por la inesperada prolongación de la salida, pero nunca escuchó ninguna queja de su parte… en realidad, no dijo ni una sola palabra en todo el tiempo que permanecieron fuera. Nataniel sólo se sentó y se mantuvo indiferente a todo, con la mirada fija en el horizonte, sólo moviéndose para sacar algún bocadillo de su mochila y para enrollarse en su manta por las noches. Ni siquiera sintió curiosidad por saber qué estaban haciendo a las afueras de la ciudad.
Mewtwo era reticente a sentir empatía con un humano, pero era difícil no sentir algo de lástima por Nataniel, pues lo que veía ahora estaba lejos de ser el joven malcriado e inmaduro que conocieron en Vermilion. ¿Acaso una decepción amorosa podía causar tales estragos en alguien? No lograba comprenderlo. Podría preguntarle a Dinya para indagar más sobre el tema, tenía que aclarar sus dudas de alguna forma, pero sabía que se arriesgaba a un asedio de su parte que se convertiría en una muy incómoda situación. Sí, definitivamente, prefería llevarse sus incógnitas a la tumba.
Pero todo cambió cuando llegaron los clones de mayor tamaño. Ellos lograron captar la atención de Nataniel y algo dentro de él pareció funcionar de nuevo, la curiosidad y la fascinación se impusieron sobre la depresión y le devolvieron un poco los ánimos, aunque sólo se limitara a verlos prolongadamente (al punto de ser embarazoso) con la boca ligeramente abierta.
Eso debía ser algo bueno. Incómodo, pero bueno, ¿no?
Con tanto divagar, para su fortuna, el paseo a través de la ciudad fue más rápido de lo que imaginó y sin ningún contratiempo. Quizás se debía a que era domingo por la mañana, pero fueron congraciados con calles prácticamente vacías, ningún humano curioso se les acercó, o intercambiaron comentarios susurrantes entre ellos o los hizo sentir amenazados. Tuvieron paz y tranquilidad.
En menos de lo que cantaba un Chatot se encontraban frente a las rejas de la entrada principal de la Mansión Myodelza, donde un par de Golurk y un guardia rechoncho resguardaban la entrada. El hombre reconoció a Nataniel al tiro y no dudó en dejarlos pasar, deseándoles un feliz día mientras se adentraban en dirección a la casa.
—
Hemos llegado — suspiró Mewtwo cuando vislumbró las puertas de la casa. Se detuvo, tomando por sorpresa a los clones, volteó a verlos con ojos muy severos y dijo limitando su telepatía para que sólo ellos pudieran escucharlo: —.
No veo necesario lo que diré después de haberles explicado la situación, pero lo haré de todos modos. No se preocupen, seré breve y conciso, quiero asegurarme de que hayan entendido en qué lío se están metiendo — hizo una pausa, paseando la mirada del uno al otro, y continuó: —
Recuerden, deben comportarse y evitar ganarse problemas con nadie, esto no es un juego. Les estaré eternamente agradecido si cumplen con esto, en verdad, quiero evitar meterme en pleitos como el que muy "amablemente" me buscó Ger la vez anterior.
— ¡¿Cuántas veces tendré que pedir perdón por eso?! — chilló Ger de inmediato y sonando bastante ofendido - Lamento que casi te mataran, lo digo de corazón, pero sabes que ese tipo me cayó como una patada en el estómago y, para colmo, te subestimó. Nadie en su sano juicio debería burlarse de ti como ese idiota lo hizo. Tenía que defender tú honor, Mewtwo.
—
Siempre agradeceré tus buenas intenciones, Ger, pero de mi "honor" me encargo yo — respondió Mewtwo a regañadientes y algo tenso. Suspiró una vez más, buscando calmarse, y volteó hacia el joven entrenador —.
Nataniel, yo me quedaré con ellos acá en el jardín. Tú entra a descansar, lo necesitas. Y de nuevo, gracias por la compañía.
Era extraño, lo decía con sinceridad y eso no era habitual cuando se trataba de un humano, pero si Nataniel no lo hubiese acompañado habría perdido los estribos. Con el entrenador presente, Mewtwo tuvo que controlar su malhumor y mantenerse lo más calmado posible.
Nataniel no le contestó, sólo asintió, se despidió agitando tímidamente la mano y se dirigió a la mansión sin decir nada, seguramente por no saber qué decir. O quizás estaba más cansado de lo que aparentaba y no lo había dicho.
Mewtwo se aseguró de que Nataniel cruzara las puertas de la casa antes de dirigirse de nuevo a sus clones, logrando ponerlos tensos por la dureza con que los observó.
—
Miren, no es que Tymime sea santo de mi devoción, pero desgraciadamente él es quien está a cargo. Yo sólo estoy aquí por mera casualidad y porque tomé la decisión de quedarme — dijo tan seriamente que consiguió intimidarlos y hacerlos asentir a cada palabra que pronunciaba —.
Sé cómo son las cosas y que lo que les estoy pidiendo no es nada sencillo, pero les sugiero que eviten hacer cualquier comentario que le den a él (o a cualquiera) razones para molestarlos. Créanme, hay ciertos individuos que darían su vida por la aprobación de Tymime — se detuvo, tomándose unos segundos para reordenar sus ideas. El nombre de Shock pareció encenderse ante sus ojos, titilando en colores fosforescentes que lo aturdieron de tal modo que tuvo que sacudir la cabeza para que las luces neón desapareciesen —.
Una última cosa y esto es incluso más importante que lo anterior. No quiero que le mencionen a nadie cualquier cosa referente a nuestro pasado, especialmente acerca del mío, creo que aún no están preparados para esa información. ¿Quedó claro?
Los clones intercambiaron miradas dubitativas, pero no replicaron. El tema de su origen no era algo que se mencionara en conversaciones casuales, como si fuera un detalle insignificante, pocos serían capaces de entender y aceptar tal cosa. Ninguno se avergonzaba de cómo llegaron a este mundo, eso quedó atrás, pero era más sencillo para ellos no mencionarlo.
Comprendían a Mewtwo completamente, era difícil adivinar cómo reaccionarían criaturas que nacieron de lo que le dio vida a todo sobre la Tierra, totalmente opuestos a ellos. Por eso asintieron y dieron gustosos su palabra de que mantendrían su secreto.
Mewtwo les devolvió la sonrisa, notó que estaban tensos y esperaba que con ese gesto entendieran que todo saldría bien. Confiar en ellos no le era difícil, técnicamente eran sus hijos, los conocía tan bien como la palma de su mano y sabía que no le fallarían.
Estaba a punto de invitarlos a dirigirse al patio trasero para tomar algo y ponerse un poco al tanto, pero algo en la atmósfera cambió tan de repente que esa idea quedó descartada de inmediato.
Un chasquido llamó su atención y sus ojos se posaron en Ger, cuyo rostro estaba arrugado de disgusto y algunas chispas saltando de sus rojas mejillas. El roedor rechinaba los dientes y apretaba los puños, parecía que atacaría en cualquier momento si Ludo no le estuviera susurrando cosas al oído.
Mewtwo pudo ver en los ojos del Pikachu el motivo de su repentino cambio de humor. Volteó, teniendo cuidado de no lucir demasiado alterado, pues justo caminaba hacia ellos Tymime acompañado de Morrigan y Tuoni.
Tuvo que hacer un gigantesco esfuerzo para no carcajearse, era increíble lo rápido que sus amigos serían puestos a prueba y nada menos que con el mismísimo Tymime.
— Ese tipo... — gruñó Ger entre dientes y arrugando aún más el ceño.
— Ludo... — susurró el Venusaur sin quitarle los ojos de encima a Tymime — ¿ese es del que nos habló Ger?
— Así es - contestó Ludo tragando algo de saliva —. Él es líder de los demás y con quien Mewtwo tuvo esa pelea tan horrenda...
— No es por nada, pero me da muy mala espina — señaló el Venusaur haciendo un esfuerzo increíble para no mover demasiado los labios — ¿Seguro que es de los buenos?
Quienes veían por primera vez a Tymime sintieron cierta aprehensión, no tenía nada de intimidante con ese tamaño y esa contextura que parecía tan delicada, pero lo que era verdaderamente inquietante en él era lo que no podía verse a primera vista y eso era mil veces peor.
Tymime les devolvía la mirada con recelo, intentando ignorar los cuchicheos entre Morrigan y Tuoni, a quienes les parecían bastante curiosos los recién llegados.
Luego de unos segundos de silencio absoluto, el arlequín dibujó una sonrisa despectiva en su rostro que logró desconcertar a los menos acostumbrados a ver tal cosa.
— ¿Qué significa esto? — preguntó Tymime socarronamente y alzando una ceja - Estos no son de los míos.
—
Son amigos míos — espetó Mewtwo en respuesta sin tener cuidado de sonar grosero —.
Yo los llamé para que ayudaran en lo que se necesite. Los conozco desde hace muchos años y todos ellos son muy buenos luchadores, estoy seguro de que podrán dar la talla en el campo de batalla.
— No me digas — soltó Tymime con tono sarcástico y mordiéndose la lengua para que no se le escapara una carcajada — ¿Qué te hace pensar que cinco pelagatos harán la diferencia en una batalla de esta magnitud?
—
Eso lo puedes responder tú mismo — siseó Mewtwo lanzándole una mirada desafiante que provocó una nueva oleada de cuchicheos entre Morrigan y Tuoni —.
Te jactas de saberlo todo, ¿o no?
Decir que el comentario no tomó por sorpresa a Tymime sería una completa mentira. Mewtwo le borró la sonrisa en el acto, el arlequín jamás pensó que Mewtwo lo desafiara de esa manera. No es que estuviera diciendo mentiras, él sabía muchas cosas y se suponía que eso debería garantizarle algo de control. Pero ese malnacido... tal insolencia no podía pasarla por alto. Mewtwo creía tener agallas, ¿eh? Era momento de ponerlo a prueba sólo por diversión.
— Ya veo a dónde quieres llegar — dijo Tymime finalmente, riendo entre dientes. Cerró sus ojos unos instantes, respiró profundamente y añadió: —. Supongo que después de haber husmeado en los recuerdos de mi esfera, crees que tienes algo con qué joderme la existencia, ¿no? Bueno, lamento decepcionarte, pero eso es muy iluso de tu parte. Todo ese cuento de Zuen es, de hecho, una de las cosas más aburridas que guardo y, para desgracia tuya, esos eran recuerdos de Eve entremezclados con muy pocos de los míos - se detuvo para jactarse del gesto de consternación en el rostro Mewtwo, siempre era interesante capturar el momento en que comenzaba a perder el temple —. De hecho, aquí entre nosotros, los recuerdos tuyos eran mucho más interesantes a pesar de que fueran tan pocos - ahora la estupefacción en el rostro de Mewtwo no tenía precio para él, era magnífico, podía sentir esa mezcla entre rabia y melancolía creciendo en el pokémon. Tenía que continuar, por eso añadió con un falso tono lastimero: — ¿Por qué pones esa cara? ¿No me digas que jamás te preguntaste qué me pasó a mí mientras mi esfera se reconstruía? ¿O es que te molesta que yo sí lo sepa todo sobre ti y tú nada de mí?
—
Pensé que antes de eso tú ya...
— ¿Lo sabía? — bufó Tymime con un tono de incredulidad bastante falso —. Para nada. ¿Cómo podría saber algo así sin haber hurgado en tu cabeza primero? Yo, sencillamente, pude sentir tu extraño remordimiento y lo usé en contra tuya en ese entonces. Quizás esto no lo sepas, los juegos mentales no son tu estilo, pero nuestro peor enemigo somos nosotros mismos y me es más fácil aprovecharme de eso que gastar energía con mis hilos.
Tymime ensanchó su sonrisa socarrona a la par que la boca de Mewtwo formaba una línea perfecta por el enojo que comenzaba a subírsele a la cabeza. Intentó calmarse, sabía que el arlequín lo provocaba a propósito y mientras más se molestara, más satisfecho estaría. Pero mantenerse sereno ante alguien tan detestable era imposible.
— Tranquilízate, es malo estar demasiado alterado desde tan temprano — continuó Tymime sin borrar su sonrisa —. Si te hace sentir mejor, ahora tenemos algo interesante para conversar civilizadamente. Ya sabes, de titiritero a titiritero...
—
¡¿Estás demente?! — exclamó Mewtwo interrumpiéndolo en seco y haciéndolo respingar —.
Ellos son seres vivos con sentimientos y libertad para tomar decisiones, están conmigo porque así lo han querido, no tengo que obligarlos a nada. No te atrevas a compararme contigo, no nos parecemos en lo más mínimo.
Tymime no le contestó de inmediato, sólo se cruzó de brazos y se le quedó viendo con desdén. Mewtwo no le estaba prestando mucha atención a su reacción, estaba tratando de controlar su ira para no darle más gusto a Tymime, pero ahora era más difícil que hace un instante, a duras penas contenía las ganas de pegarle un puñetazo en su cara mal maquillada.
Lo único que lo desconcentró de su improvisada meditación para recobrar el control de su malhumor fue el propio Tymime, que volvió a reír y le aplaudía pausadamente mientras negaba lentamente con la cabeza.
— No me importa si lo que te digo te gusta o no. Me es tan desagradable decirlo como para ti escucharlo, pero lo quieras admitir o no, tú y yo nos parecemos de alguna manera — dijo Tymime arrastrando las palabras y taladrándolo con la mirada —. Pero no te equivoques, es sólo porque puedes llegar a ser tan cínico como yo, con todas esas parafernalias moralistas con las que te gusta tanto llenarte la boca; ambos sabemos que esas tonterías son pura mierda. Aunque si de cínicos hablásemos, tengo que decir que yo me llevo el premio. Pero tú no tienes ni la más remota idea de lo que hablo, porque fuiste tan estúpido que desaprovechaste la oportunidad de indagar y recolectar información que podrías haber usado en mi contra. De mí sólo conoces lo obvio. Triste, ¿no crees?
—
¡Eres un…!
— ¿Maldito? ¡Por favor, dime algo nuevo! — se mofó Tymime, cortándolo en seco.
Le dio la espalda y haciendo un leve gesto con la mano, les indicó a Morrigan y Tuoni que era hora de retirarse. Pero se detuvo al dar apenas unos pasos, levantando la mirada hacia la mansión y percatándose de que Moonghost venía corriendo hacia ellos. Tymime sonrió y, mirándolos por el rabillo del ojo, añadió maliciosamente:
— Perdonen mis modales, soy pésimo anfitrión como podrán darse cuenta. Siéntanse bienvenidos. Estoy seguro que su estancia será bastante interesante.
Mewtwo estaba demasiado molesto para reparar en lo extraño del comentario, muy ocupado en reprocharse a si mismo por haber caído en el juego de Tymime y por sentirse tan impotente. Si no fuera el hermano de Eve, él ya le habría arrancado la cabeza.
Tan absorto estaba en esa agradable fantasía, que no se dio cuenta de la jadeante figura que se detuvo frente suyo que intentaba recuperar el aliento desesperadamente.
— ¡Mewtwo! — exclamó Moonghost con un hilillo de voz y pidiendo con la mano que le dieran un momento para recuperarse — ¡Eres tú…! Gracias… al… cielo… me encontré a Nataniel y… vine corriendo...
—
Hola, Moonghost, buenos días — saludó Mewtwo tan distraídamente que no se percató de que el fantasma lo miraba de una manera muy extraña.
— ¡Buenos días… mis… calzones!
Mewtwo interrumpió el hilo de sus pensamientos y se fijó de inmediato en Moonghost, quien tenía sus pálidos ojos clavados en él mirándolo con mucho reproche. Mewtwo no podía estar más consternado, era la primera vez que Moonghost actuaba de esa manera, nunca había estado completamente en sus cabales como para reclamarle por algo. ¿Ahora por qué lo hacía?
— ¿
Sucede algo? - preguntó vacilante.
— Que si sucede algo — repitió Moonghost riendo nerviosamente y mirando a todas partes, como si no pudiera creer que le estuvieran preguntando eso — ¡Pensé que no volverías!
—
Ah, es eso. Lo siento mucho, Moonghost, no fue mi intención tomarme más tiempo del previsto y no tenía modo alguno de avisar — respondió Mewtwo ligeramente avergonzado, pero su amigo aún lo miraba con severidad.
— No estás entendiendo, ¿verdad? — preguntó Moonghost, cruzándose de brazos y frunciendo levemente el ceño —. Verás, a mi me convences fácilmente, no hay problema. De hecho, ahora que estás de vuelta me siento aliviado, pero antes estaba decepcionado porque pensé que habías huido, que no querías poner tu vida en riesgo y... bueno, pensándolo mejor, yo no te puedo obligar a hacer nada que no quieras, pero... — se le formó un nudo en la garganta y se detuvo; cuando recuperó el aliento, bajo la mirada de confusión de Mewtwo, añadió: — ¿Por qué me miras así? En serio, ¿no se te ocurre hacia dónde quiero llegar con todo esto?
Mewtwo no tenía ni la más remota idea de lo que Moonghost trataba de hacerle entender, no le ayudaba que el fantasma no dejara de moverse de un lado para el otro, exagerando sus gestos a cada palabra que pronunciaba. De repente, algo en su cabeza hizo un chasquido y sintió que perdía el aliento a causa del pánico que crecía descontroladamente en su pecho.
—
¡Eve!
Moonghost lo sujetó del brazo justo a tiempo para detenerlo. Mewtwo le reclamó con la mirada, exigiéndole que lo soltara, pero el fantasma se negó.
— No, amigo mío, ir con ella ahora es tan mala idea como confiarle un secreto a Grounday. Eve horita está en su habitación, no pudo pegar el ojo en todo este tiempo y estaba comenzando a sufrir de ansiedad, así que la engañamos y le dimos una de las preparaciones de Flowar para que pudiera dormir — dijo Moonghost tranquilamente, dejándolo libre sólo cuando se aseguró de que Mewtwo no saldría corriendo —. Skyfler y yo intentamos mantenerla calmada, pero como no mencionaste a dónde ibas o qué harías… bueno, no fue nada agradable. Y con Tymime poniéndole más leña al fuego fue mucho más difícil.
Mewtwo apretó los dientes y bajó la mirada, se sentía como si lo estuvieran obligando a tragar plomo, no podía creer lo descuidado que había sido... pero es que nunca se le ocurrió que Eve hubiera podido llegar a pensar eso con su ausencia.
También explicaba el comportamiento de Tymime. La idea de que el arlequín fuera capaz de llevar a su hermana a una crisis de nervios sólo para ponerla en su contra lo enfermaba. ¿Cómo podía evitar no detestarlo?
— ¿Le sucedió algo a tu amiga?
Ludo se le acercó tímidamente, observando con preocupación el gesto en el rostro de Mewtwo. Él no sabía qué responderle, estaba demasiado abrumado como para poder ordenar las palabras y formar una oración coherente.
— ¡Oh, hola! ¡Que bueno verlos de nuevo! — exclamó Moonghost alegremente, salvando inconscientemente a Mewtwo, aunque sólo consiguió desconcertarlo aún más todavía; no dejaba de sorprenderle la facilidad con que el fantasma se distraía y cambiaba de humor —. Bah, no se preocupen por lo que acaban de oír, Eve estará bien más pronto de lo que ustedes consiguen que Tymime intente matar a Mewtwo.
Moonghost rió a carcajadas de su chiste y Ludo se le unió con una risilla temblorosa, no muy seguro si aquello resultaba tan divertido como le parecía al Lethilian. Mewtwo no tenía ganas de replicar, pero su ceño fruncido indicaba que no le parecía nada gracioso.
— Pero, oye, veo caras nuevas aquí — continuó Moonghost sin borrar la sonrisa de su rostro —. Supongo que a ellos se debe tu larga ausencia.
—
Perdonen mis modales — dijo Mewtwo rápidamente algo apenado, aunque el cansancio le cayó sobre los hombros tan de repente y se sentía tan angustiado por las noticias, que no se sintió avergonzado en realidad. Comenzó presentando al Charizard, luego a la Blastoise y por último al Venusaur —.
Él es Bersek. Ella es Esthela. Y él es Éphoras. Igual que Ger y Ludo, son buenos amigos míos y los conozco casi de toda la vida. Se encuentran aquí porque respondieron a mi llamado y estarán gustosos de ayudarlos en todo lo que necesiten.
Los tres aludidos le devolvieron el saludo a un muy efusivo Moonghost, que agitaba la mano muy rápido y tenía una sonrisa (perturbadora) de oreja a oreja. Como el fantasma parecía contento e interesado en hacer nuevos amigos, Mewtwo añadió:
—
Moonghost, ¿crees que puedas atenderlos y ponerlos al tanto de todo? — se detuvo y se pasó la mano por el rostro para espantar por unos minutos más el sueño —.
Siento como si una manada de Tauros me hubiera pisoteado. Necesito descansar...
Moonghost primero le lanzó una mirada decepcionada, pero luego le sonrió y le dio unas palmaditas en el hombro, entendiendo que las noticias no le habían sentado bien.
El Lethilian se comprometió gustoso a hacer lo que Mewtwo le pedía, incluso lo empujó para que se fuera a su habitación, tanto que logró hacerlo pasar a la mansión y cerrarle la puerta en la cara. Al girarse, los clones estaban ahí, mirándolo algo consternados.
— Bueno... — dijo haciendo como si se arremangara los puños de una camisa — ¿Quién quiere perder el tiempo intentando despertar a Rocknight? Tengo algunos globos llenos de agua esperando por nosotros.
No fue hasta entrada la tarde que Mewtwo despertó y se dirigió al jardín para reunirse con los demás. Apenas abandonó el abrigo de la mansión, la luz del sol lo azotó en el rostro y el calor que hacía lo sofocó, pero la brisa soplaba tan generosamente que pareciese invitarlo a permanecer en el jardín.
Mewtwo vagó un rato por el terreno antes de encontrar a sus amigos y Moonghost bajo la sombra de un árbol, charlando animadamente y riendo por algo que no alcanzó a escuchar. Además, también se encontraban con ellos Flowar, Grounday y Dinya.
Al ver la escena, se sintió aliviado, temía que sus amigos no congeniaran bien con los hermanos y verlos compartiendo entre ellos le quitaba una preocupación de encima. Aunque en cierto modo estaba decepcionado, pensó que encontraría a Eve en algún lado, pero no fue así; seguramente dormía aún y eso lo impacientaba, necesitaba deshacerse de esa angustia lo más pronto posible o se volvería loco.
Caminó hacia el grupo para unírseles en la plática, necesitaba ocupar su cabeza con cualquier cosa para que la espera no fuera tan tortuosa, pero alguien lo detuvo cuando apenas dio un par de pasos.
— Que bueno verte de nuevo.
Por un momento, cuando vio la pequeña mano blanca en su hombro, pensó que se trataba de Eve, pero al voltear se topó cara a cara con Skyfler. El Lethilian del viento le sonreía, sin embargo, había algo en su mirada que le indicaba que no estaba del todo contento.
Mewtwo ya sabía lo que pasaba.
—
Skyfler, yo...
— Ya Moonghost me lo dijo todo y sé que no fue tu intención, siempre lo supe — dijo Skyfler tranquilamente y soltándolo —. De todos modos, nunca pensé que fueras un cobarde. No te luce.
Skyfler le guiñó el ojo y rió por lo bajo, logrando tranquilizar a Mewtwo de algún modo y haciéndolo sonreír.
— Con respecto a Eve... bueno, no te niego que no le sentó nada bien el hecho de que no regresaras cuando me dijiste y eso, amigo mío, es algo que Tymime no desaprovechó para meter algo de cizaña. Pero eso ya te lo dijeron también — dijo Skyfler seriamente y mirando por encima de su hombro para asegurarse de que no anduviese cerca algún chismoso en potencia —. Sin embargo, aunque parezca algo complicado y bastante delicado, yo creo que si hablamos con ella y aclaramos el malentendido todo estará bien.
—
¿Estás seguro que será así de sencillo? — preguntó Mewtwo muy inseguro al respecto —.
Eve nunca ha sido fácil de manejar en estas situaciones. Y apenas hace poco nos contentamos por nuestra discusión en Zinnia... ¡esto es frustrante, Skyfler!
— Lo sé. Aquí es cuando te vendría bien un ataque Malsumi, ¿verdad? — respondió Skyfler estallando en risas, pero cuando se percató del gesto de pocos amigos que tenía Mewtwo en el rostro se detuvo y luego de carraspear, añadió: —. Lo siento, esa clase de chistes le corresponde hacerlos a Moonghost. En fin, me gustaría hablarte de algo delicado ya que vas a donde Dinya.
—
¿Dinya? — repitió Mewtwo extrañadamente —.
¿Acaso pretende torturarme o algo por el estilo? Porque si es así, ni me acerco...
— Ojalá fuera eso — suspiró Skyfler algo alicaído, pero una vez más a Mewtwo no le agradó del todo su comentario y consiguió sacarla otra risilla nerviosa luego de lanzarle una mirada asesina. Por eso, explicó: —. No me malinterpretes. Verás... ¿recuerdas que Blaze estaba por llegar cuando tú te fuiste?
Mewtwo alzó una ceja escépticamente y asintió con la cabeza. Se había olvidado por completo de la llegada del Scizor, no le daba tanta importancia porque con Tymime ahí no podría pasarse de listo, el arlequín seguramente sería severo y evitaría que Blaze molestase a Eve. De todas maneras, le intrigaba lo que Skyfler tenía que decirle al respecto, porque seguramente había sucedido algo importante y quería saber la relación que eso tenía con Dinya.
— Todos sabemos que cuando Dinya conoció a Blaze a ella le gustó bastante. Tú casi no hablas con ella y cuando lo hacen es sólo para darte lata con lo de Eve, pero digamos que se encaprichó bastante con él.
Mewtwo volvió a asentir, observando muy atentamente el extraño lenguaje corporal del Lethilian porque, sin duda, algo lo tenía muy nervioso y le costaba decírselo. Recordaba que la primera vez que Dinya vio a Blaze ella perdió los estribos por completo y que eso le había ocasionado problemas con Tymime. En aquel entonces, no sabía nada acerca de Zuen, pero ahora que lo pensaba, estaba impresionado de que la crueldad del arlequín en ese momento tuviera la intención de evitar que Dinya se ilusionara tanto con el Scizor.
— Y viste que cuando Dyfir dijo que vendrían, Dinya se puso como “loca”, ¿no? — continuó Skyfler manteniendo cierto misterio en su forma de hablar que comenzaba a mermarle la paciencia a Mewtwo, no entendía qué pretendía hacer al darle tantas vueltas al asunto —. Bueno, resulta que lo primero que hizo Blaze al llegar aquí fue buscar a Eve y... declarársele... y Dinya lo escuchó todo... y bueno...
Mewtwo no comprendía lo que Skyfler le explicaba que Blaze había hecho, pero quizás algo dentro de él sí que lo sabía, porque le activó un tic nervioso en el ojo derecho que no sabía que tenía.
—
¿Que se le declaró? — repitió Mewtwo con un tono de voz un tanto más agudo de lo normal y cubriéndose el ojo con la mano para ocultarle a Skyfler el molesto temblor de su párpado —.
No comprendo nada de lo que dices y mucho menos qué tiene que ver conmigo tomando precauciones con Dinya...
— Ay, hacerte entender asuntos del corazón es tan complicado como cuando me tocó explicarle a Eve todo sobre la reproducción — farfulló Skyfler cruzándose de brazos y mirando con reproche a Mewtwo, que de repente se había puesto rojo como tomate —. Ah, claro, de eso sí sabes.
—
Ve al grano, Skyfler — exclamó Mewtwo esquivando su mirada y haciendo presión sobre su ojo porque el maldito tic se había acentuado aún más.
— Que desde ese día, Dinya se las ha arreglado para hacerle la vida imposible a Eve, haciendo hincapié en tu desaparición más que el propio Tymime — dijo Skyfler frunciendo levemente el ceño —. De hecho, Tymime se portó como un angelito con todo este asunto porque Dinya hizo todo el trabajo sucio por él.
Mewtwo estaba consternado, no comprendía cómo es que en tres días todo se había puesto de cabeza de esa manera. De lo impactante que era el asunto, hasta el tic le desapareció, nunca creyó capaz a Dinya de hacer algo así.
Skyfler continuó:
— Sí, estos días no han sido fáciles para Eve. Pero estoy seguro que cuando te vea y hables con ella, todo será como debe ser. Claro, al principio va a estar molesta y mucho, pero sé que te quiere tanto que ese enojo no le durará mucho — cuando Skyfler notó que Mewtwo se cruzaba de brazos y alzaba una ceja, tuvo que agregar —. Vamos, no seas tan pesimista, esta vez la circunstancias son distintas, deja de comparar esto con lo que pasó en Zinnia. En fin, si vas a estar con Dinya, no le menciones a Eve bajo ninguna circunstancia y si trata de sacarte conversación sobre ella, ingéniatelas para evitarlo porque, créeme, suelta más sandeces por esa boca que Shock en toda su vida.
Mewtwo miró hacia el grupo con cierta aprehensión, no tenía idea de cómo manejar una situación que parecía ser delicada pero que en verdad a él le resultaba absurda, hasta el punto de sopesar la opción de darse la media vuelta y regresar a su cuarto. La actitud de Dinya, después de todo, era infantil y que con malicia intentara desestabilizar a Eve lo molestaba de una manera que no creyó posible jamás.
— Hmmm, pensándolo mejor, iré contigo — dijo Skyfler repentinamente, interrumpiendo el hilo de sus pensamientos. ¿Acaso vio algo en sus ojos que le advirtió de su repentino deseo de ahorcar a Dinya? —. Moonghost me presentó a tus amigos más temprano pero estaba algo ocupado, Tymime me tiene mareado con todo lo que hay que hacer. Me gustaría conocerlos mejor ya que cuento con algo de tiempo libre.
Skyfler emprendió la marcha hacia ellos muy alegremente, como si no acabase de tener una conversación incómoda con Mewtwo. Él lo observó atentamente con sus ojos violetas y lo siguió, algo aliviado de que decidiera acompañarlo. Tener a Skyfler cerca era siempre bastante tranquilizador.
Al acercarse, todos los saludaron alegremente y les hicieron espacio con una gran sonrisa. Rápidamente, le pasaron un vaso con una bebida fría. Era limonada y estaba deliciosa.
— Que bueno que ya despertaste, Mewtwo — dijo Éphoras, sonriéndole afablemente —. Estábamos hablando de técnicas de entrenamiento. Justo ellos acaban de terminar una sesión y estoy impresionado, nunca había visto tales habilidades en mi corta vida. Hasta siento algo de envidia.
— Sí, fue sorprendente ver todo lo que hicieron en tan poco tiempo — comentó Esthela, dándole un sorbo a su limonada —. ¿Pero no creen que sea algo excesivo? Debe ser muy duro llevar una rutina como esa.
— Lo es, sin duda, pero así debe ser, tenemos que estar listos para cualquier cosa que nos tenga preparada el enemigo — respondió Flowar con una mueca extraña en el rostro —. No soy la más indicada para decirlo, a mi no me gusta para nada la confrontación, si de mi dependiese le buscaría otra solución a todo este embrollo. Por eso es que mi hermano me asignó el deber de atender a los heridos, aunque él insiste en que debo afinar mis habilidades ofensivas para poder defenderme, por si las dudas.
— Cuando lo dices de ese modo, haces parecer que todas las decisiones de Tymime son acertadas — gruñó Dinya con amargura —. Al menos a ti no te tocará ser de las primeras en entrar en batalla. Tymime me comentó que están evaluando la formación de un grupo aéreo ofensivo, del cual yo formaría parte secundando a Skyfler ¡¿Puedes creerlo?!
Todos intercambiaron miradas sin saber qué decir. Pero cuando Skyfler iba a decir algo, Grounday se le adelantó:
— La verdad, sí que lo creo. Tymime sabe que eres la más lenta de todos nosotros, seguramente espera que poniéndote en esa posición te maten primero.
— ¡No me extrañaría para nada que fuese así! — bufó Dinya algo ofendida y arrugando la cara.
— Por favor, no malinterpreten así las cosas — exclamó Flowar nerviosamente —. Está bien, sabemos que Tymime y tú no se llevan para nada bien, son como el agua y el aceite, pero él jamás pondría tu vida en riesgo de ese modo.
Dinya torció los ojos y resopló molesta, bastante renuente a aceptar las palabras de su hermana, cosa que afectó un poco a Flowar y eso se notó por cómo sus orejas decayeron.
— No exageres, querida Dinya — dijo Skyfler rápidamente y dedicándole una sonrisa —. Mira, si en verdad Tymime buscara tu muerte, no estuviera considerando que hicieras equipo conmigo, yo no te desampararía en el campo de batalla después de todo. De hecho, si te pones a pensarlo detenidamente, es una magnífica idea, tú eres más ofensiva que yo. Tus Misiles Prisma son más potentes y de mayor alcance que mis Misiles del Cielo.
Mewtwo recordaba haber visto el ataque especial de Dinya en solo una ocasión, por allá cuando estaban entrenando en las montañas cercanas a Lavender. Nunca pensó que ella tuviera mucha fuerza ofensiva, pero ver a Baby esquivar con dificultad los incontables proyectiles multicolor que estallaban al más ligero roce, en aquel entonces, lo dejó impresionado.
Dinya extendía por completo sus alas para liberar los Misiles Prisma, dejando que la energía saliera disparada en minúsculos proyectiles en forma de flecha de los patrones dibujados en sus alas, que permanecían quietos mientras ejecutaba el ataque. Eran maravillosos y, aunque de apariencia delicada y hermosa, hacían un gran desastre... aunque tenían la desventaja de dejarla vulnerable a cualquier ataque y eso explicaba el por qué iría Skyfler con ella.
Era increíble y aunque Dinya se negara a admitirlo, Tymime estaba pensando en su seguridad.
— Él tiene razón, esos misiles son maravillosos — dijo Bersek sonriendo de una forma muy rara y mirando a Dinya con unos ojos más brillantes de lo usual.
Eso no pasó desapercibido para Mewtwo y los demás clones, que intercambiaron miradas anonadadas entre ellos. Nunca lo habían visto actuar de esa manera, estaba ensimismado viendo cómo los patrones en las alas de Dinya cambiaban entre oración y oración, hipnotizado con los eventuales cambios de color en ella... ¿Qué diantres estaba pasando? Eso no debería estar sucediendo. Mewtwo no pudo hacer más que cubrirse el rostro con la mano.
Por suerte para ellos (y del indiscreto Bersek especialmente), los hermanos estaban más concentrados en su plática que en fijarse en el extraño modo que el Charizard miraba a la Lethilian.
Y justo en ese momento...
— Pero vean nada más, la cosa amorfa por fin apareció.
Todos se callaron instantáneamente e intercambiaron miradas de pánico. Luego, todos los ojos estaban puestos sobre Dinya, cuyos colores en su cuerpo se tiñeron de gris y se tensó tanto que parecía una estatua. Para ella, escuchar el crujir de la hierba bajo los pies del recién llegado era una tortura.
Mewtwo miró por encima de su hombro frunciendo levemente el ceño y se tropezó con Blaze, quien le sonreía socarronamente, como siempre.
—
Hola, Blaze — refunfuñó Mewtwo, dándole la espalda —
¿A qué debemos el "placer" de tu presencia?
— Me aburro como Shellder metido en esa casa, así que salí a dar un paseo, los vi aquí y quise unírmeles un rato — contestó Blaze buscando con la mirada en dónde sentarse como si nada, pero cuando sus ojos se toparon con Dinya pareció ponerse tenso, se podría decir que estaba incómodo —. Oye, ¿te encuentras bien? Es que te veo algo... pálida.
— ¡Que adorable eres al preocuparte, Blaze! ¿No creen? — exclamó Flowar con una risilla nerviosa y apoyándose en los hombros de Dinya —. No tienes por qué preocuparte, sólo está algo cansada. Recién terminamos una sesión de entrenamiento... y el calor... ya sabes... no a todos les sienta bien tanto sol...
— Sí, lo sé, escuchaba todo desde mi habitación — dijo Blaze con una extraña mueca en el rostro. Parecía que no ignoraba los sentimientos de Dinya y eso lo ponía nervioso —. Sólo... no te esfuerces de más. Podría sentarte mal.
Dinya asintió suavemente sin despegar los ojos del suelo y sin que los colores en su cuerpo cambiasen.
El silencio se cernió sobre ellos por lo que pareció una eternidad, la situación se estaba tornando incómoda para todos los presentes y eso se notaba por los rápidos intercambios de miradas entre ellos. La cosa estaba tan tensa que Blaze se sentó junto a Mewtwo para estar lo más lejos de Dinya posible y a él no le molestó en lo más mínimo que lo hiciera, estaba más concentrado en suplicar que alguien rompiera el hielo porque él no hallaba cómo.
Por suerte, Ludo tomó la iniciativa de revivir la charla en el grupo. Mewtwo suspiró aliviado, pero tan pronto como el Meowth abrió la boca deseó que hubiera permanecido callado.
— ¿Y cuándo podremos saludar a tu linda amiga, Mewtwo? — preguntó Ludo con una sonrisa inocente plasmada en su rostro. El pobre ignoraba por completo que estaba entrando en terreno minado.
— ¡Cierto! — exclamó Esthela muy alegremente y dibujando una radiante sonrisa —. Estoy ansiosa por conocerla, me han hablado tanto sobre ella. Ludo me ha dicho que es muy bonita.
— ¿Hablan de Eve? — preguntó Blaze recelosamente, olvidándose de Dinya y lanzándole una mirada asesina a Mewtwo —. Vaya que no le haces justicia, ¿eh, cosa amorfa? "Bonita" es un término que se queda corto ante su belleza.
— Alguien ya se puso "celosito" — susurró Grounday a Moonghost en el oído, generando unas risillas que fueron rápidamente sofocadas por una mirada asesina de Flowar.
— No, celoso no — respondió Blaze severamente, tomándolos por sorpresa —. Sólo me molesta que él resuma la perfección de Eve con un término tan paupérrimo como "bonita".
Mewtwo estaba tenso, en cualquier otro momento le hubiera cerrado la boca a Blaze con una buena Llamarada, pero estaba más concentrado en observar las alas de Dinya, donde comenzaban a arremolinarse figuras carmesí. Por un instante se vio tentado en noquear a Ludo, que ahora trataba de dar una descripción de Eve que satisficiera las exigencias de Blaze. Mewtwo comenzó a sudar frío cuando los dibujos en las alas de la Lethilian comenzaron a tomar formas aterradoras, algo que jamás había visto ahí, era algo increíble.
Nervioso, Mewtwo volteó a ver a Skyfler, que observaba tan estupefacto como él lo que ocurría en el cuerpo de Dinya. Skyfler sintió que estaba siendo observado y sus ojos se encontraron, finalmente, diciéndose que si no hacían algo pronto pasarían por un mal rato. Pero algo en el interior de Mewtwo, algo en su pecho, comenzó a asfixiarlo y con eso vaticinó que, hicieran lo que hicieran, eso no terminaría bien, algo iba a ocurrir y no podrían evitarlo.
— Quizás más tarde. Ahora está descansando, no ha podido dormir bien, ¿saben? — dijo Skyfler atropelladamente, tratando exasperadamente de cambiar el tema —. ¿Verdad que el clima de hoy es adorable?
— Oh, no lo sabía — dijo Esthela ligeramente apenada —. Es que no puedo evitar emocionarme. Me han contado tanto sobre ella y ahora con lo que habla Blaze (¿era tu nombre?) quiero ver si es tan linda como dice. Quiero asegurarme de que se vea bien al lado de Mewtwo.
—
¡Esthela! — bufó Mewtwo muerto de vergüenza.
— Sobre mi cadáver, ¿oíste? — le susurró Blaze frunciendo el ceño.
—
¡Y tú...!
— Sí, sí, sí. Es linda y todo eso, pero lo que tiene de bonita le falta de carisma — intervino Ger, poniéndose entre Blaze y Mewtwo, quienes le lanzaron una mirada asesina por diversos motivos —. O sea, espero que haya cambiado un poquito desde que la conocí, porque déjenme decirles que es bastante odiosa, grosera y pretenciosa.
Mewtwo no podía creer que Ger estuviera diciendo tales cosas, le molestaba y lo azotaría ahí mismo, frente a todos, si no tuviera algo de razón. Después de todo, esa era la primera impresión que daba Eve, solía ser muy recelosa con los desconocidos, él mismo había padecido de sus virtudes de socialización, pero Ger no tenía derecho a hablar de ese modo sin conocerla mejor antes.
Miró con cierta aprehensión a los hermanos presentes, dispuesto a disculparse por lo que Ger decía sobre su hermana, pero quedó consternado cuando notó que lejos de estar enojados, en sus rostros había una mueca de susto. La única excepción era Dinya, que sonreía con cierta malicia y eso le indicó a Mewtwo lo que estaba sucediendo.
Rápidamente, volteó y se tropezó con Eve, los miraba a todos con una ira tan profunda que sus hermosos ojos azules estaban lejos de ser el par de cuentas cristalinas que solían ser, turbios por el enojo que crecía en su pecho.
Y no estaba sola, escoltándola se encontraban Morrigan y Tuoni, que cuchicheaban entre ellos y reían igual que en la mañana cuando salieron a recibir a Mewtwo.
— Amigos de Mewtwo, señorita — le dijo Tuoni maliciosamente al oído, lanzándole una mirada burlona al petrificado grupo —. ¿No le parecen adorables?
— Encantadores — espetó ella hablando entre dientes, dándoles la espalda para seguir su camino.
Mewtwo reaccionó de inmediato, no podía dejarla ir, tenía que explicarle todo. Se levantó del tiro y se apresuró para alcanzarla y cortarle el paso. Estaba siendo demasiado impulsivo, lo sabía, pero no podía seguir esperando, no lo soportaba.
—
Eve, lo siento tanto — exclamó, limitando su telepatía para que sólo ella pudiera escucharlo —.
Jamás se me pasó por la cabeza que...
—
Ahórrate las explicaciones, Mewtwo — escupió Eve, tomándolo por sorpresa cuando le contestó también con telepatía, algo que no solía hacer —.
No tengo nada que hablar contigo.
—
¡Te equivocas! Moonghost me dijo lo que pasó. Fue todo un malentendido, Eve, esa no era mi intención, sabes que sería incapaz de hacerte algo así. Admito que debí contarte lo que iba a hacer, debí avisarte... — Mewtwo se detuvo y suspiró frustradamente, si bien no hacía uso de sus cuerdas vocales, tenía un nudo en la garganta que le impedía concentrarse y enviar las palabras con claridad —.
Yo sólo quiero ayudarte...
—
No sé de qué me estás hablando — espetó ella hastiada y torciéndole los ojos, consiguiendo que él frunciera el ceño y comenzara a molestarse —.
¿Y ayuda, dices? Ninguno debería estar aquí, no tienen una razón, sólo estas poniendo sus vidas en riesgo y por algo que ni siquiera comprenden. ¿Pero sabes algo? Me importa un bledo. Mejor vete y sigan charlando, mi intención no es interrumpirlos, se nota que se estaban divirtiendo de lo lindo. Así me dejas en paz de una vez por todas.
Dicho esto y bajo la consternada mirada de Mewtwo, Eve le dio la espalda y siguió su camino. Parecía que la discusión había terminado, pero no era así, no para Mewtwo, que sintió que algo subía desde su estómago y cuando se dio cuenta era demasiado tarde para contenerse.
—
¡Por todos los cielos, Eve, me tienes harto! — gritó liberando por toda la frustración y el enojo, extendiendo su telepatía sin querer y dejando que todos lo escucharan —.
¡¿Acaso te avergüenza tanto admitir que sientes algo de afecto hacia mí?! ¡¿Por qué demonios te cuesta tanto aceptar que te importo siquiera un poco?!
— ¡Ese es el problema! — vociferó Eve tan furiosa como él y encarándolo, sin dejarse intimidar por la rabia que irradiaban los ojos de Mewtwo. Tampoco se preocupó por seguir usando telepatía, ya a ninguno de los dos le importaba mantener su discusión en secreto —. ¡Eso es lo que me enfurece, darme cuenta de que te necesito! ¡Que la sola idea de que me abandones me vuelve loca! ¡Sí me importas mucho, grandísimo imbécil, porque te quie...!
Eve se detuvo de sopetón con un gesto de extrañeza en su rostro que rápidamente pasó a la estupefacción. Se llevó las manos a la boca, con los ojos abiertos de par en par y las mejillas levemente ruborizadas, sin poder creer lo que había dicho.
Pero la mueca de Mewtwo superaba con creces a la de Eve. A él nunca se le cruzó por la cabeza que alguna vez le gritaría por las razones que lo hizo, todavía no entendía qué le había sucedido. Sin embargo, lo que lo descolocó por completo fue lo que ella... ¡por todos los cielos! Su mente estaba totalmente bloqueada, no podía pensar bien, ni siquiera podía concentrarse lo suficiente para usar su telepatía.
Y así quedó el, apenas con aliento y con su corazón retumbando en sus oídos, buscando los elusivos ojos de Eve, que evitaban los suyos a toda costa. Ninguno de los dos cabía en su incredulidad.
Cuando finalmente Eve recuperó el valor para verlo directo los ojos, estaba al borde de las lágrimas y eso hizo más estragos en Mewtwo. Algo dentro de él pareció dejar de funcionar, por su cuerpo se esparció una extraña sensación que lo hacía sentir fatal.
—
"No llores. Por favor, no llores" — pensó Mewtwo, intentando en vano transmitirle su petición por telepatía.
— Lárgate — le exigió Eve con apenas un hilillo de voz —. Ni tus amigos ni tú tienen obligaciones con nosotros. No te quiero aquí... no quiero que...
Se detuvo cuando se le quebró la voz. No podía seguir hablando y ya casi no podía contener las lágrimas, sabía lo que pasaba pero no deseaba comprenderlo, su deber era no hacerlo. Aunque le doliera tenía que dejarlo ir, antes de que algo le sucediera.
—
Eve...
Ella le dio la espalda y retomó su camino con paso firme, esquivando las miradas de Morrigan y Tuoni, ya tenían suficiente para meterla en problemas con lo que habían presenciado.
Curiosamente, Eve no se arrepentía ni de una sola palabra, aunque si algo avergonzada. Sentía algo diferente en ella, como si se hubiera quitado un gran peso de encima, sin embargo, tenía un sabor amargo en la boca que no la dejaba estar en paz.
Mewtwo quiso detenerla, decirle que no fuera tan tonta, que él no la dejaría sola ahora, que no quería abandonarla y que sentía que nunca sería capaz de alejarse de ella. Pero su mente estaba totalmente en blanco, no podía ni moverse y ya había desistido de intentar usar su telepatía. No entendía qué era lo que estaba sintiendo, pero esa extraña sensación de vacío le era familiar, no sabía de dónde, pero de lo que estaba seguro era que lo destruía desde dentro.
Desolado, pensó que ahí había terminado, que ya todo lo que debía decirse se había dicho. Pero no fue así y se arrepentiría de no haberlo visto venir.
— ¡¿No puedes ser más miserable?! — gritó Dinya molesta, logrando que Eve se detuviera en seco —. Jamás es suficiente para ti, ¿cierto? Siempre debes ser el centro de atención, como si todo lo que te sucediera fuera una gran tragedia. Y si eso no fuese suficiente para ti, tienes que llevarte por el medio a todo el que puedas para sentir algo de satisfacción en tu "triste" vida, ¿no?
— ¿Qué acabas de decir? — espetó Eve inmediatamente y encarándola. Temblaba de ira y miraba a su hermana de un modo que era increíble que Dinya aún siguiera viva.
— Dinya, por lo que más quieras, detente...
— ¡Que estoy harta de ti! — chilló Dinya, haciendo caso omiso a la súplica de la temblorosa Flowar —. Todos se ponen a tus pies, siempre buscando complacerte y ofreciéndote un afecto que estás muy lejos de merecer. No es culpa de nadie que tu vida sea un asco. ¡Pero no! ¡No te basta con destruirte a ti misma, siempre tienes que arrastrarnos a todos! ¡Jamás te ha importado lo que sentimos los demás!
— ¿Y es que acaso a ti si te importa? — bufó Eve riendo nerviosamente, no podía creer que eso estuviera pasando —. Por favor, Dinya, no seas tan hipócrita y deja de reclamarme cuando es obvio que no entiendes nada sobre mí.
— ¿Me dices hipócrita a mi? — espetó Dinya con un tono de voz más alto de lo normal —. Al menos yo no ando por ahí pretendiendo que nada me importa y malgastando la vida, porque soy una llorona que no tiene el suficiente valor de asumir su deber, dando lástima por donde pasa sólo porque tiene que...
Eve liberó un rugido que acalló sus palabras y salió disparada hacia Dinya. Antes de que alguien pudiera hacer algo, Eve empujó a Dinya, se arrojó sobre ella para inmovilizarla contra el suelo y comenzó a propinarle un golpe tras otro en el rostro sin piedad.
El grito de terror de Flowar los hizo reaccionar. De inmediato, todos corrieron hacia ellas para intentar separarlas, pero apenas se acercaban eran lanzados lejos.
Algo desorientado luego de ser estampado contra un árbol, Mewtwo miró a Eve y pudo apreciar qué era lo que los mantenía lejos. Alrededor de ellas se arremolinaba violentamente una fuerza psíquica abrumadora y eso era lo que los mandaba a volar. Eve estaba fuera de si, lo que no dejó que Dinya terminara de decir debió haber sido muy grave para enfurecerla de ese modo, su psiquis estaba totalmente fuera de control y Mewtwo temía que primero mataría a Dinya a golpes antes de que ellos pudieran siquiera tocarla.
— ¡Traigan a Tymime! — gritó Flowar desesperadamente, con lágrimas corriendo por sus mejillas y temblando descontroladamente. No sabía qué hacer y sólo era capaz de gritar por ayuda.
Morrigan y Tuoni intercambiaron miradas titubeantes, seguramente tenían la tarea de llevar a Eve ante Tymime y cuando supiera lo que estaba pasando estarían en un gran aprieto, pero no se detuvieron a pensarlo demasiado y salieron disparados a toda velocidad en busca del arlequín.
Mientras tanto, Mewtwo se reincorporó y se tropezó con la mirada de Blaze. Sin mediar palabra alguna, acordaron atacar juntos la barrera para intentar quebrarla.
Una y otra vez eran repelidos, pero ellos se levantaban y embestían la barrera intentando traspasarla, incluso Blaze intentó anularla con su propia fuerza psíquica del mismo modo en que lo hizo la primera vez que peleó contra Mewtwo, pero su poder psíquico era ínfimo comparado con la desbordada fuerza de la psiquis de Eve.
Mewtwo estaba logrando oponer más resistencia, ya la barrera no lo mandaba a volar con tanta facilidad, pero ni siquiera con su propia presión mental era capaz de anular la fuerza psíquica de Eve. Comenzaba a sentirse desesperado, ni siquiera con la ayuda de Blaze conseguía resultados, parecía que la barrera se hacía más fuerte cada vez que chocaban contra ella y sus cuerpos no resistirían por mucho más tiempo, en especial porque sus mentes comenzaban a fatigarse.
Eve se detuvo luego de que Blaze embistiera su barrera, respirando entrecortadamente y contemplando el hinchado rostro de Dinya con una sonrisa llena de satisfacción.
Se quitó de encima de Dinya y los demás pensaron (esperanzados) que al fin había entrado en razón y que se detendría, pero todos ahogaron un grito cuando Eve la agarró por las orejas y la alzó por los aires para azotarla contra el suelo una y otra vez, como si no fuera más que una muñeca de trapo.
—
¡Basta, Eve! ¡Detente! — le suplicó Mewtwo lanzándose hacia ella desesperadamente, sólo para ser repelido nuevamente —.
Eve... por favor...
Pero ella no lo escuchó. Estaba petrificado, ya no encontraba qué más hacer para detenerla, sólo podía contemplar el hórrido espectáculo con impotencia. Eve estaba totalmente cegada por la ira y él era incapaz de ayudarla, de hacerla entrar en razón y evitar que hiciera algo de lo que se arrepentiría luego.
Mewtwo rechinó los dientes y apretó los puños, levantándose para intentarlo una vez más. No podía fallarle, ella no lo hizo cuando él estaba bajo el control de la armadura y él se lo debía, en especial porque su descuido fue aprovechado por Dinya para desquitar su despecho.
Se lanzó hacia ella y al chocar contra la barrera aplicó mucha más presión psíquica que las veces anteriores, de inmediato comenzó a sentir un terrible dolor de cabeza que le nubló la vista, pero la barrera comenzaba a corroerse bajo su propio poder, no podía rendirse ahora. Sintió que la energía psíquica de Eve comenzaba a escaparse entre sus dedos como si fuera arena, lo estaba consiguiendo, casi podía sentir que agarraba su brazo, pero la emoción que experimentó fue más que suficiente para perder algo de concentración y salir despedido lejos de ella.
Se estampó duramente contra otro tronco, quedando totalmente aturdido y viendo estrellas revolotear por todas partes. Apenas pudo notar cuando Tymime llegó y se lanzó hacia la barrera.
El arlequín fue repelido igual que todos los demás, pero fue capaz de recuperarse antes de estrellarse y aterrizar con suavidad, parecía como si estuviera más que acostumbrado a la fuerza desenfrenada de Eve. Pero, para su sorpresa, había algo en los ojos de Tymime que le hacían creer que no sabía qué hacer.
¡Ya fue suficiente! ¡Detente ahora mismo! ¡¿Te has vuelto loca?!
Eve escuchó las palabras retumbar en su cabeza pero no les consiguió sentido alguno, tampoco estaba entre sus intenciones comprenderlas, estaba demasiado ocupada liberando toda la frustración y humillación que Dinya se encargó de poner sobre sus hombros esos últimos días. Cada grito, cada aullido de dolor, cada gemido y cada hueso que crujía era música para sus oídos. No se detendría, no cuando se sentía tan bien.
¡Niñata, obedece! ¡La estás cagando! ¡No me obligues a intervenir!
Esa voz… ¡no la soportaba! Aquel incesante parloteo la cabreaba todavía más, como si le taladraran la cabeza, seguro era culpa de Dinya que intentaba engañarla, eso sólo hacía que sus deseos de destrozarla crecieran más y más, tanto que faltaba muy poco para alcanzar el punto de no retorno.
Eve dejó de azotar a Dinya contra el suelo, tratando de recuperar el aliento una vez más, mirando a su hermana con indiferencia. Todos esperaron, conteniendo la respiración y rogando que ya hubiese acabado. Pero cuando el rostro de Eve se deformó con una sonrisa perturbadora, supieron que sólo se pondría peor.
Aún con la respiración agitada, Eve sostuvo a Dinya y le dio la vuelta, restregando su rostro contra el suelo y obligándola a tragar algo de tierra. Dinya fue incapaz de reaccionar cuando Eve la sometió clavando su pata entre sus omoplatos, agarró sus alas desde la base y jalando con todas sus fuerzas.
El aullido de dolor de Dinya fue aterrador y los estremeció hasta los huesos. De inmediato, todos se lanzaron de nuevo hacia ellas, desesperados por detenerlas, pero la barrera ahora era mucho más poderosa y todos fueron repelidos como si fueran simples moscas.
Eve hacía oídos sordos a los gritos y súplicas de su hermana, estaba decidida a arrancarle las alas y nada la detendría, le haría pagar por cada palabra que le había dicho, por cada mal momento que le había hecho pasar, por cada humillación, por cada lágrima que derramó por su culpa.
De repente, una sensación extraña recorrió todo su cuerpo, como un corrientazo que la paralizó por completo. Sus músculos se entumecieron, el pecho le apretaba y le impedía respirar, sus manos comenzaron a temblar y ella hundió más las garras en su presa para no soltarla. No quería detenerse, quería llegar hasta el final, no le importaban las consecuencias, pero su vista se nubló y perdió la noción de todo lo que la rodeaba.
Sintió que su hermana se escapaba entre sus dedos...
¡NO!
Trastabilló unos pasos hacia atrás. Y otros cuantos más. Ninguno de aquellos movimientos era voluntario. Liberó un grito lleno de frustración porque no quería detenerse. ¡Ella necesitaba seguir! Intentó resistirse, quiso imponer su voluntad, trató de forzar a su cuerpo sin poner reparo en si llegaba a lastimarse, pero nada funcionaba y sólo le ocasionaba dolor. Volvió a gritar furiosa, pero algo se lo impidió esa vez y la fuerza que la controlaba la obligó a cerrar la boca en seco.
Mewtwo apenas se recuperaba del último empujón y quedó boquiabierto al ver lo que le estaba sucediendo a Eve. De inmediato, buscó con la mirada a Tymime y se sorprendió al encontrarlo tan atónito como él lo estaba, observando con los ojos como platos cómo Eve parecía estar luchando contra algo.
Una idea descabellada cruzó por su cabeza en ese instante, probablemente a los demás no se les ocurrió pensar en ello, pero cuando Tymime y él intercambiaron miradas supo que el arlequín sospechaba lo mismo.
En ese momento, era imposible distinguir si quien estaba actuando era Eve o Enurta.
Tymime finalmente reaccionó, murmurando maldiciones mientras materializaba su esfera de vidrio negro. Se reincorporó, siguiendo con los ojos cada movimiento de Eve, dudando en si debía atajarla con sus hilos.
¿Acaso estaba asustado? Era difícil estar seguro, el pánico que sentían los demás lo tenía aturdido y se entremezclaba con sus emociones de tal modo que le era imposible distinguir.
Enviaría sus perversos hilos a hacer su trabajo sin chistar bajo cualquier otra circunstancia, con cualquier otro objetivo. Pero con Eve... era distinto a cuando la amenazaba.
Tymime cerró los ojos, respiró profundamente y deslizó los dedos sobre la lisa superficie de su esfera.
Mewtwo fue el único que pudo ver las delgadas fibras de acero acercarse y arremolinarse alrededor de Eve, envolviéndola e inmovilizándola por completo. Ella se retorció, resistiéndose hasta que un hilo solitario serpenteó hasta su nuca y, al tocarla, la desmayó. Sintió un terrible dolor en el pecho cuando los hilos la dejaron con delicadeza en el suelo y se replegaron. Sus ojos aún estaban abiertos, vidriosos, fijos en el horizonte. Parecía como si estuviera... muerta.
Tymime corrió hacia ella aún con su esfera en mano, la sostuvo y la revisó con cuidado, cerrándole los ojos y susurrándole cosas al oído. Flowar corrió a asistir a Dinya, temblando descontroladamente y hablándole sin poder contener las lágrimas.
El arlequín escuchó los sollozos de Flowar y le lanzó una mirada asesina por encima de su hombro. Dejó a Eve con delicadeza sobre la hierba, reincorporándose y acercándose rápidamente a ellas, apretando con fuerza su esfera con la intención de castigarlas. Pero Grounday y Moonghost le cortaron el paso.
— Por favor, Tymime... — suplicó Grounday con un hilillo de voz, estaba muerta de miedo, lo sentía en la punta de su lengua.
— ¡Quítense de mi camino! — exclamó Tymime furioso y empujándola para apartarla, pero Moonghost reaccionó rápido y volvió a bloquearlo —. ¡Maldita sea, Moonghost! ¡¿Ya estarás contenta, cierto?! ¡Pero lamento decirte que no permitiré que dejes a Eve como la culpable de esta mierda!
— Tymime, tranquilízate. Ambas tuvieron su respectiva culpa en todo esto — dijo Moonghost rápidamente y deteniéndose en seco cuando el arlequín lo miró y sintió el inconfundible frío de los hilos rodeándolo.
— ¿En serio, Moonghost? — susurró Tymime, dibujando una sonrisa burlona en su rostro —. ¿Por qué las dos tienen la culpa? ¡Contéstame o me aseguraré de que en verdad estés muerto!
— P-p-porque... — balbuceó el fantasma, titubeando ante los oscuros ojos y frívolos ojos de su hermano.
— Porque Eve le dijo unas cosas a Mewtwo que no fueron muy bonitas que digamos — completó Grounday con algo más de valor que su fantasmagórico hermano, pero pegando un respingo cuando el arlequín posó sus ojos sobre ella.
— Grounday... no... — musitó Flowar entre sollozos y mirándola con cierta vergüenza —. Ustedes no entiendes. Esto no lo saben porque... hemos estado muy ocupados y porque yo he intentado solucionarlo, lo mantuve oculto pensando que podía sola, pero... en estos últimos días, Dinya ha estado atosigando a Eve. Le ha dicho cosas muy horribles, cosas que jamás pensarían podrían salir de su boca y por eso es que Eve le dijo todas esas cosas a Mewtwo — se detuvo y giró la cabeza al aludido, mirándolo lastimeramente mientras otro par de lágrimas se le escapaban y se deslizaban por sus mejillas —. ¿Sabes? Eve en verdad sintió rabia hacia ti, Mewtwo, incluso llegó a creer en todo lo que Dinya le decía y quiso que no regresaras. N-nunca la había visto tan... triste... te odiaba...
El dolor que sintió Mewtwo en ese momento jamás lo había experimentado antes. El dolor físico era tolerable comparado con eso, era insoportable, lo odiaba y no podía deshacerse de ello, no tenía fuerzas, no lo dejaba respirar. No podía más...
Tymime lo volteó y clavó sus negros ojos sobre él. Era obvio que sabía lo que estaba sintiendo, pero más que gozo o satisfacción había ira en su mirada y eso se debía a lo que se le escapó Eve. Él sabía lo que realmente significaba y parecía que no le gustaba ni un poquito.
— ¿Qué...? — balbuceó Moonghost atrayendo de nuevo la atención del arlequín, tenía los ojos abiertos como platos, no podía creer lo que escuchaba —. Eso no puede ser cierto... Flowar, dime que es una broma.
— Gracias por tu sensatez, Flowar. Aunque lamento decir que yo estaba al tanto del asunto y tengo parte de la culpa por no poner a Dinya en su lugar — dijo Tymime con amargura y sin quitarle los ojos de encima a su hermana —. Pero miren lo que la lástima puede conseguir. Grounday se muerde la lengua para no herir a una maldita perra egoísta. ¿O es que vas a decirme que Dinya botó rosas por esa boca? No intentes engañarme, porque para su desgracia, estoy al tanto de cada palabra que se dijo hasta hace un rato.
Tymime se detuvo, disfrutando de la consternación y el pánico que comenzaba a crecer en el pecho de Grounday. Parecía que su hermana olvidó que al tocar a Eve en la cabeza con su hilo, consiguió todo lo que quería saber.
De repente, Tymime desapareció ante sus ojos. Cuando volvió a aparecer, Flowar había sido lanzada lejos y el arlequín sostenía a Dinya del cuello, arrastrándola por el suelo.
Exaltados, Grounday y Moonghost quisieron detener a su hermano, pero Tymime los mantuvo lejos con sus hilos. Mewtwo también intentó ayudar, a pesar de que estuviera molesto con Dinya, pero un grupo de hilos se lo impidió.
— ¿Acaso no te lo advertí? — bufó Tymime fingiendo estar ofendido, porque no cabía duda de que estaba disfrutando de los inútiles intentos de Dinya de liberarse —. Es muy fácil culpar y desquitarte con Eve, ¿no? La envidia te carcome por dentro, hermana, porque nunca has podido comprender el por qué todos se alejan de ti cuando a Eve le revolotean como los Combee a la miel.
— ¡Tymime, déjala! ¡Ya tuvo suficiente! — chilló Flowar desesperada y dirigiéndose a ellos, pero ella también fue interceptada por los hilos.
— Nunca he ocultado que no te soporto, pero por una vez, una sola vez, quise ser un buen hermano contigo y evitar que te hicieras daño. Y la triste realidad es que no te merecías que me preocupara por ti, ¿sabes? Porque siempre has sido una perra malagradecida — continuó Tymime como si nada, asegurándose que cada una de sus palabras tuviese la mayor cantidad de crueldad posible —. No estoy tan disgustado como parece, Dinya, esperar tanto tiempo por esto valió la pena, aunque debo admitir que es el peor de los momentos y por eso tengo que castigarte. Es hora de retribuirte todo el "amor" de hermana que le has demostrado a Eve.
Se detuvieron justo cuando estaban frente al consternado Blaze. El Scizor miró a ambos Lethilian bastante confundido, incapaz de moverse, pero sus ojos iban de un lado al otro en un vaivén bastante peculiar. Tymime rió cuando se percató de que Blaze era capaz de ver sus hilos.
— ¡Vaya sorpresa! Felicitaciones, muchacho, puedes ver algo que no todo el mundo es capaz de siquiera notar — dijo el arlequín maliciosamente y obligando a Dinya a arrodillarse ante Blaze —. Anda, Dinya, dile por qué has sido tan maldita con Eve todos estos días.
Dinya se sostenía sólo porque los hilos de Tymime la sujetaban como si de un títere se tratase. Ella lloraba y tenía la mirada clavada en el suelo, no quería verlo a los ojos, pero el arlequín hizo un movimiento con sus dedos y la obligó a hacerlo.
— Por favor, ya déjala en paz — dijo Blaze con voz tan serena que hasta él mismo se sorprendió.
— ¿Por qué? Créeme cuando te digo que esto es muy interesante — contestó Tymime riendo entre dientes, haciendo un rápido movimiento con la mano que le arrancó un alarido de dolor a Dinya —. Dilo antes de que termine lo que Eve empezó y sólo deje despojos de tu cuerpo.
Entre sollozos Dinya levantó la mirada, temblaba y no quería ver a Blaze a los ojos. Eso era mayor tortura para ella que los hilos de Tymime.
— B-blaze... — tartamudeó temblando sin control y llorando — t-tú... me g-gustas... mucho...
Blaze abrió los ojos desmesuradamente y esquivó su mirada, los ojos y el cuerpo de Dinya estaban teñidos de un pálido azul que era realmente deprimente, causaba dolor con sólo verla.
Mewtwo volteó y buscó a Berserk. El Charizard tenía la mirada baja y parecía consternado, incluso... ¿decepcionado?
Blaze no decía nada, estaba asustado, no sabía que hacer, sus piernas no le reaccionaban y no podía huir. Jamás le temblaron las pinzas para rechazar a alguien, era algo que le sucedía seguido, siempre fue quisquilloso con sus gustos en hembras, pero aquella situación estaba más allá de esas tonterías. Rechazar a Dinya realmente le provocaba dolor, más por lástima que por sentir algún afecto hacia ella, lo que le estaban haciendo no tenía perdón...
— Vamos, Blaze, no tengo todo el día — gruñó Tymime, tomando por sorpresa al Scizor —. No sientas compasión, ella se lo buscó. Di lo que tienes que decir y quítanos a todos este peso de los hombros.
— Lo siento... pero... — balbuceó Blaze sin siquiera verla, aún sentía lástima por ella pero el perturbador hermano de Eve tenía razón en todos los sentidos — no es recíproco...
Apenas el Scizor terminó de decir aquellas palabras, Tymime liberó a Dinya del control de sus hilos e hizo desaparecer su esfera, dejando que se ahogara en sus propias lágrimas mientras caminaba tranquilamente de vuelta hacia Eve para recogerla. Sin embargo, todavía tenía algo más que decir.
— Bueno, Dinya, de ahora en adelante puedes hacer lo que te plazca. Ódiame, patalea, arma un escándalo, intenta matarme si es que te atreves, lo que hagas me sabe a mierda y seguro será divertido. Pero vuelves a lastimar a Eve y me aseguraré de que desees nunca haber nacido.
Tymime llevó a Eve a cuestas por los pasillos, no estaba de humor para responder preguntas, así que mantuvo alejado a cualquiera que se le acercara con sus hilos, haciéndoles creer que tenían algo muy urgente que hacer. Era agotador pero eso lo tenía sin cuidado por los momentos.
Por suerte, llegó rápido a los aposentos de Eve sin tropezarse con muchas molestias. Abrió la puerta usando fuerza psíquica y llevó directamente a su hermana a la cama, acomodándola con cuidado para que estuviera lo más a gusto posible cuando despertara.
Al terminar, suspiró y se pasó la mano por la cabeza mientras se devolvía para cerrar la puerta, ya no quería seguir desperdiciando energía porque planeaba modificar los recuerdos de Eve para quitarle algunas angustias de encima, aunque eso significara contentarla con Mewtwo.
Suspiró con frustración. Eso era un paso hacia atrás. El malnacido fenómeno siempre lograba salirse con la suya, cada vez que tenía la oportunidad para deshacerse de él sucedía algo que lo acercaba más a Eve. Pero él sabía quién era la responsable de eso y no se dejaría vencer, no por ella.
Pasó el cerrojo, no quería que nadie lo molestara. Giró y se detuvo en seco. Eve no estaba en donde la había dejado. De inmediato se puso a la defensiva, maldiciendo por lo bajo a la par que materializaba su esfera.
No le tomó mucho encontrarla, la habitación no era tan grande, pero no era exactamente ella. Desde lo alto de la habitación, arrinconado y con una sonrisa de oreja a oreja, Enurta le devolvía la mirada con sus oscuros ojos.
— "Lo lamento, Eve. Yo prometí no volver a tocar tu cabeza con mis hilos. Esto lo hago por tu bien, en verdad lo siento, perdóname" — recitó Enurta burlonamente imitando la voz del arlequín con un toque chocante. Se dejó caer sobre la cama y se acomodó, riendo sin parar —. Jamás creí vivir lo suficiente para escucharte decir algo tan cursi, bastardo. Fue tan lindo que casi me haces vomitar.
Tymime resopló torciendo los ojos y se acercó a la mesita de noche para servirse un poco de agua. No estaba de humor para discutir con Enurta y no le daría el gusto. Tenía que calmarse.
— ¿No crees que esa promesa es algo hipócrita? - continuó Enurta sin parar de reír —. Lo digo porque te fascina verla estremecerse cuando la acaricias con ellos. Cada vez que lo haces hay un brillo peculiar en tus ojos y te relames cuando la tienes ante ti tan... sumisa.
— Mantener el miedo vivo en su corazón no es hipocresía, es una forma de tenerla haciendo lo que quiero — contestó Tymime tranquilamente luego de tomar un sorbo de agua, tratando de mantener la compostura lo más que podía - No me importa si mis acciones son tergiversadas cuando pasan por tu sucia cabeza.
— ¡A otro con ese cuento! Esa excusa se la puedes hacer creer a cualquiera, pero no a mí — dijo Enurta maliciosamente, quitándole el vaso de las manos con un Psíquico. Tomó un trago y comenzó a juguetear con lo que quedaba de agua —. Ay, Tymime, estás algo descuidado últimamente. Pero despreocúpate, te comprendo muy bien, la tentación a veces nos supera de tal modo que no pensamos correctamente y tomamos decisiones muy apresuradas. Más cuando el final está tan cerca y tú aún no hallas la cura para tu "enfermedad".
— ¡¿Descuidado?! — bufó Tymime lacónicamente y mirándolo por encima de su hombro —. Mira quién lo dice. Es tan obvio que planeas algo y que estás arrastrando a Eve contigo.
— No tengo idea de qué estás hablando — bostezó Enurta —. Y no me evadas cuando tocamos la mejor parte más de todo este asunto, es lo más emocionante y me produce mucho morbo.
— No nací ayer, Enurta — espetó Tymime molesto y encarándolo con esfera en mano —. No estoy de humor para estar perdiendo el tiempo contigo, así que mejor di qué carajos quieres antes de que te mande de nuevo a la mierda.
— ¿Por qué tanta prisa? — rió Enurta, teletransportándose a uno de los mullidos sillones y acomodándose a sus anchas - Pensé que te gustaba charlar conmigo.
— Cierra la boca y quédate quieto.
— Yo siendo tú, escucharía lo que tengo que decirte, es un consejo.
Tymime miró extrañado al Malsumi y él le respondía con una sonrisa altanera. El arlequín, con mucha cautela, se acercó a Enurta y dijo:
— Espero que sea algo que valga la pena.
— Por supuesto, mi tiempo vale tanto como el tuyo, cabrón. ¿O crees que porque esté en este cuerpo no tengo cosas importantes que hacer? Sigo siendo el Malsumi supremo, a pesar de todo — espetó Enurta ensanchando su sonrisa —. Sé lo que le vas a hacer a Eve y eso me conviene hasta cierto punto, pero no quiero que metas tus narices en donde no te importa.
— ¿Quién me hablaba de discreción hace un rato?
— Mira, cabrón, te estoy hablando en serio — escupió Enurta, borrando por un instante su sonrisa.
— ¿Y crees que me importa? — preguntó Tymime sarcásticamente y dejando que sus hilos se acercaran a su objetivo —. No cabe duda de que tenías algo interesante que decir, ahora estoy seguro de que ustedes dos tienen algo entre manos y sabré de una vez por todas de qué se trata.
Tymime se detuvo cuando tuvo el rostro de Enurta a centímetros del suyo, observándolo con el mismo odio que él seguramente le transmitía.
— Si vas a hacer lo que te de la gana, entonces yo haré lo mismo y le diré todas las cosas que no quieres que sepa — siseó Enurta maliciosamente, logrando consternar a Tymime.
— No eres capaz...
— ¿En serio? — musitó Enurta, disfrutando ver cómo Tymime comenzaba a ponerse nervioso —. He cumplido por demasiados años, Tymime, tanto tiempo manteniendo mi palabra porque esa es una de mis pocas "bondades" a las que sacaste provecho. Pero sabes que te odio, no más que a Gea, pero lo suficiente como para poder reconsiderar nuestros acuerdos a mi conveniencia.
— Supongamos que hago lo que quieres... — musitó Tymime más sereno de lo que Enurta pensaba y devolviéndole la sonrisa socarrona al Malsumi —. ¿Qué te hace pensar que te creerá lo que le dices?
— ¿Y por qué no? Soy muy convincente cuando me lo propongo.
Tymime no le contestó. Se miraron a los ojos por un largo rato, intentando adivinar los pensamientos del otro, sin querer dar el brazo a torcer. Y algo vio el arlequín en los ojos alterados del ser que profanaba el cuerpo de su hermana, que le dio la certeza de que sus amenazas eran ciertas.
— Más te vale que cierres la boca, Enurta.
— Mientras no te metas en mis asuntos, Tymime, podemos seguir siendo "amigos" — respondió el Malsumi entre risas y volviendo a tomar asiento en el sillón —. Haz lo tuyo, cuando termines y dejes la habitación le devolveré el control del cuerpo a Eve, sin contarle nada sobre nuestros "secretitos inofensivos".
— Promételo.
Tymime se acercó con paso a firme hacia él, haciéndose un corte en la mano con uno de sus hilos y ofreciéndosela a Enurta, que levantó una ceja y se carcajeó.
— ¿No confías en mi?
— Sólo cuando lo prometes.
— Esta no es mi sangre.
— Es simbólico. Deja de perder el tiempo y hazlo.
— Está bien, está bien, ¡que infantil eres! — espetó Enurta torciendo los ojos y transformando una de sus manos en unas garras gigantescas para hacerse un corte en la otra, estrechándola con la del arlequín y dejando que su sangre entremezclara —. Eres un pesado.
— Ahora quédate quieto.
Tymime dirigió sus hilos hacia Enurta y la gema en su mano izquierda comenzó a titilar con un pálido resplandor. El arlequín cerró sus ojos y comenzó a deslizar sus dedos por la lisa superficie de la esfera, como si acomodara cosas de un lado al otro. Increíblemente, Enurta seguía consciente y observaba detenidamente sus movimientos.
— Ah-ah-ah, no te metas ahí, es privado — regañó Enurta burlonamente, lanzándole una almohada a la cara con un Psíquico.
— ¡No hagas eso, carajo! — gruñó Tymime rasguñando su esfera para producir un sonido que hizo retorcer a Enurta — ¡¿Acaso quieres que la deje como un jodido vegetal?!
— Mierda, que aburrido eres — refunfuñó el Malsumi, sacudiendo la cabeza para espantar la incómoda sensación que le causó el ruido de la esfera —. Ya que estamos aquí, cuéntame una cosa. ¿Qué tal te fue con la vieja? La última vez que la vi se encargó de hacernos pasar a Eve y a mi por una experiencia bastante similar a cuando cazaba Foongus para drogarme, la muy cabrona...
— Igual que siempre — contestó Tymime sin abrir los ojos.
— Meh, mejor muéstrame lo que pasó, siempre te saltas los detalles más divertidos.
— Como quieras.
Tymime hizo un movimiento brusco con la mano y Enurta cerró los ojos. El Malsumi comenzó a asentir y a reír ocasionalmente, hasta que finalmente se carcajeó.
— La tienes en jaque, ¿no?
— Eso me gustaría creer, pero no quisiera confiarme en base a una suposición.
— Hmmm, tienes razón, sino mira el lindo monigote que le ofreció a Eve. Ese Mewtwo, si se lo propone, puede superar tus poderes y ocasionarte problemas — puntualizó Enurta mientras fastidiaba a Tymime picándole el rostro con su pata, el manotón que recibió le importó muy poco, sólo quería evitar que fisgoneara en un recuerdo —. Aunque elegir a Mewtwo para manipular a Eve fue algo contraproducente de su parte, ¿no crees? Ella no lo hizo con sus propias manos, así que no tiene ningún control sobre él.
— Sí, es bastante contraproducente sin duda. Pero ya la conoces, a ella sólo le basta manipular lo que sucede alrededor de él para que haga lo que ella quiere, justo como ha pretendido hacer conmigo desde que tengo memoria. Y le funciona muy bien lamentablemente, porque si no fuese así, yo no estaría aquí haciéndole esto a Eve y aguantando tus malditas bromas.
— ¡Tienes razón! ¡En verdad que Gea es una zorra maldita! ¡¿Me oíste, vieja?! ¡Eres una gran maldita! - exclamó Enurta estallando en carcajadas —. Pero sólo mírate, haciendo lo que a ella más la encabrona: intervenir.
— ¿Se puede saber qué carajos te pasa? — espetó Tymime abriendo los ojos y frunciendo el ceño —. ¿Desde cuando estás tan dispuesto a conversar conmigo?
— Porque soy chismoso y porque creo que me pegó algo de nostalgia — contestó Enurta, jugueteando con uno de los hilos más cercanos enredándolo entre sus dedos — ¿Ya terminaste? Me estoy aburriendo.
— Ya casi...
Se mantuvieron en silencio por un par de minutos más y los hilos de Tymime se replegaron. El arlequín hizo desaparecer su esfera, resopló con cierta frustración y se dirigió a la puerta.
— ¿No quieres hablar un poco sobre eso? No cuentas con nadie que pueda comprenderte — dijo Enurta de sopetón, sorprendiendo al arlequín al no detectar ni una pizca de burla en su tono de voz. Estaba hablando en serio —. Sospecho que te arrepientes de haberme detenido en la Torre, ¿no?
— Ciertamente, nunca creí que fuese uno de los mayores errores que he cometido, jamás consideré que me harías un favor si te dejaba seguir — contestó el arlequín sin voltear a verlo.
— Vamos, no te engañes. Si no te sinceras contigo mismo quedarás en las mismas.
— Enurta, sé lo que tratas de sugerirme, pero tengo las manos atadas. La cagué dejándolo llegar tan lejos, ya no puedo actuar sin hacerle daño y no estoy dispuesto a eso a menos que no tenga ninguna otra opción. Confío que con lo que acabo de hacer no será un problema, al menos por un rato. Además, Mewtwo está tan confundido que dudo mucho haga algo. Sin embargo... — Tymime abrió la puerta y se detuvo, sopesando las palabras que iba a pronunciar — no voy a ser tan estúpido para dejarme arrebatar lo que es mío. Si llega a cruzar la línea, no dudaré en repetir lo que le hice a Zuen.
— Bien, bien — se carcajeó Enurta, aplaudiendo y pegando un salto que lo llevó a la cama —. Sólo ten más cuidado, no vayan a sospechar algo, Tymime, o sería tu perdición.
— ¿Es que no la sido desde siempre?
Y cerró la puerta.
Llegó la hora de la cena y a esas alturas ya todos en la mansión sabían de lo sucedido entre Eve y Dinya. Por suerte, el suceso era tan desagradable y desalentador que nadie quería tocar el tema.
En ese momento, estaban casi todos los hermanos reunidos en la cocina junto con Mewtwo, Dyfir y Nataniel, intentando comer algo luego de un día tan espantoso. Nadie hablaba, sólo se escuchaba el ocasional tintineo de los cubiertos de los jóvenes entrenadores o de los vasos al ser devueltos a la mesa. Las expresiones afligidas u ojerosas de los presentes decían mucho más que mil palabras, e intentar encontrar respuestas a varias de sus incógnitas en aquellos rostros era la forma de Mewtwo para sobrellevar la situación, de entretenerse y encontrar el motivo de tal desastre. A falta de apetito, era lo único con lo que podía ocupar la mente.
Meditaba las palabras que Eve le había dicho, todas y cada una de ellas, además de la reacción que tuvo ante lo que Dinya le dijo con tanto resentimiento, repitiéndolas al derecho y al revés, intentando encontrar qué era aquello que podía destrozar a Eve tan fácilmente.
Además, luego de que Tymime se llevara a Eve, Skyfler se le acercó y le dijo unas palabras que lo descolocaron por completo y le dieron algo más en lo que pensar.
— Espero que sepas apreciar lo que mi hermana siente hacia ti.
¿Por qué le era tan difícil comprender? Podía clonar pokémon con excelentes condiciones de salud sin ningún problema, pero era incapaz de hallar una respuesta acerca de lo que Eve producía en él. Quizás ella estaba pasando por lo mismo que él y por eso Skyfler le habló de esa forma tan perturbadora. ¿Debía preguntárselo a ella directamente?
"Que mierda".
Suspiró y cerró los ojos, buscando otro foco de pensamientos. No era el momento indicado para esas cosas. Eve no estaba nada bien y eso no se debía sólo a sus pesadillas, no, apenas era una de las más mínimas cosas en su lista de preocupaciones seguramente. Ella era la clave fundamental para el éxito o fracaso, el factor decisivo de la batalla, por eso los Malsumis no perdían oportunidad para intentar asesinarla. Pero había algo más en todo aquel asunto y si tan solo Eve le hubiese dicho qué era lo que la aterraba tanto de la gran batalla (no sólo por ser la pieza decisiva)... aquello que se había convertido en un tabú entre ellos…
— ¿Te sucede algo?
Mewtwo dio un respingo cuando le hablaron, no se lo esperaba y no le agradaba en lo más mínimo, pero cuando vio que se trataba de Eve el enojo pasó de inmediato a la estupefacción. Seguro estaba poniendo una cara muy rara, porque ella lo miraba con cierta preocupación. Y es que Eve apareciera de repente… sólo no lo esperaba... aún no estaba preparado.
No tardaron en llamar la atención, todos los ojos estaban puestos sobre Eve y ella parecía no notarlo, muy concentrada en evitar reírse de la mueca en el rostro de Mewtwo.
Y en ese preciso instante, por el rabillo del ojo, Mewtwo pudo apreciar a Tymime sentándose en la mesa y lo escuchó pidiendo algo de agua.
— ¿No vas a contestar?
Mewtwo volvió a fijar toda su atención en ella ¿Acaso no estaba molesta con él? ¿Lo había perdonado? ¿Cómo es que estaba tan serena si hace rato casi le arrancaba las alas a su hermana?
—
Sí, estoy bien, sólo algo despistado. No he dormido bien…
— Ya veo. Menos mal, porque cuando actúas raro es un poco incómodo — comentó Eve en tono burlón —. ¡Fu! Tymime me exprimió hasta la última gota de energía y muero de hambre. Voy a servirme algo, espérame aquí, ¿si?
Mewtwo asintió lentamente y ella le regaló una pequeña sonrisa antes de alejarse. La siguió atentamente con la mirada, tan confundido que sólo pudo escuchar algo que lo consternó más todavía.
— ¿Sfear, cómo sigue Dinya?
La inesperada pregunta de Eve pilló a Sfear con la guardia baja y casi se cae de su asiento. Eve alzó una ceja extrañada y Tymime frunció el ceño, advirtiéndole con señas a Sfear que se recuperara rápido y que respondiera con naturalidad.
— ¿Que cómo sigue? — repitió Sfear con voz temblorosa y con los ojos abiertos como platos.
Cuando lograron llevar a Dinya ante Icestar, supieron que Eve casi consigue dejarla sin alas, aparte de lograr desviar una mandíbula fuera de su lugar, destrozar el tabique de la nariz de la mariposa y unas cuantas costillas que dejó hechas añicos. Ahora, Dinya estaba en reposo absoluto bajo el incondicional cuidado de Flowar, quien le preparaba infusiones para sobrellevar el dolor de todo su magullado cuerpo, esperando que una medicina especial de Icestar la ayudase a recomponer sus alas.
— Sí, eso dije — dijo Eve insistentemente y frunciendo levemente el ceño —. Está resfriada, ¿no?
— ¿Resfriada? — balbuceó Sfear sin poder creer lo que escuchaba, pero la mirada asesina de Tymime la obligó a disimular —. ¡Ah, cierto! Ella va... mejorando... Ya casi no suelta polvo paralizador cuando estornuda.
Eve no supo si sentir lástima o reírse, por eso sólo se limitó a asentir y a concentrarse de nuevo en servirse la cena.
Mewtwo no podía estar más confundido, Eve estaba actuando como si no hubiera estado a punto de destrozar a Dinya, como si no hubiera discutido con él.
Inconscientemente, clavó su mirada sobre Tymime, quien al notarlo le devolvió la mirada con el ceño levemente fruncido y luego, muy disimuladamente, se llevó un dedo a los labios. Entonces Mewtwo comprendió lo que Tymime había hecho y sintió que todo le daba vueltas, no sabía si debía odiarlo o darle las gracias.
Eve se le acercó y se acomodó cerca de él, mordisqueando una croqueta de las que tanto le gustaban muy contenta. Mewtwo la miraba fijamente, no podía estar feliz por lo que Tymime le había hecho, porque quién sabe cuántas veces más recurrió a ese método, probablemente para asegurarse de que hiciera lo que él quería. Esa genuina felicidad en Eve, producto del lavado de cerebro, era mil veces peor que verla fuera de control.
Y Mewtwo cayó en cuenta, también, que ella pensaba que todo lo que había dicho aún era un secreto. Era injusto, todo era injusto con ella, todo era injusto para él ahora que tenía que llevar una mentira más a cuestas, que ambos tenían que seguir con aquella interminable tortura que la indecisión y el temor a sincerarse les producía.
No lo soportaba más.
Ante las atónitas miradas de todos, Mewtwo abrazó a Eve sin importarle nada. Tymime podía irse a la mierda. Todos podían irse a la mierda. Él sólo quería desahogarse, darle a entender ella que le importaba tanto como a ella le importaba él aunque no se acordara de habérselo dicho, sin importar que la desdicha que le causó su ausencia ya no existiera para ella pues para él estaba más viva que nunca.
Quería que escuchara su corazón, aunque Eve no entendiera el por qué de su acelerado palpitar. La estrujó con más fuerza y hundió la cabeza contra la de ella cuando le preguntó, muy contrariada, que qué le sucedía. ¿La respuesta? La idea de separarse de ella era tan horrenda como la muerte. Pero no estaba listo para decírselo, aún no era el momento.
Todavía no estaba seguro de lo que estaba sucediendo, pero ese abrazo fue el primer paso para encontrar la respuesta. Y cuando la hallara, ella sería la primera en saberlo.