64 - ¡Da la cara!
64 - ¡Da la cara!
@The Darkcry666 Jajaja, descuida, sabes que soy bastante compresiva en ese sentido, no me gusta presionar ni nada para que alguien lea EGN (a pesar de que sí me gusta recibir feedback, pues es algo que me ayuda bastante y también divierte).
Siempre he tenido mucha curiosidad por el trabajo de Stephen King, es muy probable que siga tu recomendación y me lance a leerme la saga de La Torre Oscura; he dejado de lado la costumbre de leer por placer y eso me pesa un poco, será bueno iniciar con esto.
No me canso de decir el gran alivio que siento al saber que la batalla va bien hasta ahora y que he podido mantener la atención como es debido, en verdad que es de las cosas que más me preocupa en estos capítulos finales, no me cansaré de decirlo (sí, de nuevo) xD.
También es bueno que las descripciones del entorno quedaran bien, ya que me habían comentado que dejé un poco de lado eso en los capítulos anteriores. No quise describirlo demasiado porque ya lo había hecho antes, pero repetí las cosas de una manera diferente que fuera acorde a lo que sucedía. Me pone muy contenta que haya resultado.
Mewtwo es otra de las cosas que más me contenta que estén saliendo bien. Me he inspirado mucho en un fanfic que estoy leyendo donde Mewtwo es manejado de manera increíble, además de que la propia autora de ese fanfic tan genial también lee EGN (hola, Mirna
) y ella me comentó que mi versión de él era muy blanda, cosa que busco corregir un poco en estos capítulos. Por eso es mucho más cruel de lo que venía siendo.
Lastimosamente, la censura la pone el foro, yo dejé de hacerlo hace mucho tiempo porque le quitaba gracia y seriedad ese "[CENSURADO]" atravesado. Comprendo el motivo, pero me fastidia bastante xD. Mi intención es dejar una versión en PDF para descargar cuando esté completo, así se puede leer sin censura en palabra alguna
Es satisfactorio saber que las batallas también salieron como debían, especialmente por evitar que quedaran sosas; quería que fueran lo más serias posible. Y sí, Rocknight es exactamente así... esa analogía de la cucaracha me sucede a mí xD. Aunque lo ocurrido a Rocknight no es algo para considerar bonito, es bueno saber que la dinámica entre ellos resultó como quería y que los comentarios de Sfear liberaran algode tensión sin romper el ambiente en exceso. Algo de humor nunca viene mal xD
Mil gracias por comentar, espero que este capítulo te guste
¡Feliz toda fiesta que se me haya pasado! (?)
La primera publicación del año y eso nos dejaría con nada más tres capítulos restantes y un Epílogo. Parece mentira.
Mi intención era publicar antes de que terminara Febrero, pero estuve ocupada con algunos pedidos y ahora estoy peor; sin embargo, todo será beneficio a futuro en muchos sentidos, eso incluye la parte de dibujos. No es algo que se notará ahora, pero apenas estoy dando el primer paso.
No me quiero extender demasiado con esta introducción, así que iré directo al grano con algunas cosas antes de pasar al capítulo.
Primero, quiero agradecer a todos aquellos que me envían sus comentarios por diversos medios, en verdad me alegra que les guste tanto EGN y sus mensajes son muy valiosos para mí. Mil gracias de nuevo.
Lo siguiente es respecto a los capítulos actualizados:
Creo que eso es todo por ahora, así que vamos al capítulo. Espero que lo disfruten:

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¡Da la cara!
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ANEXOS
¡Hasta la próxima!
@The Darkcry666 Jajaja, descuida, sabes que soy bastante compresiva en ese sentido, no me gusta presionar ni nada para que alguien lea EGN (a pesar de que sí me gusta recibir feedback, pues es algo que me ayuda bastante y también divierte).
Siempre he tenido mucha curiosidad por el trabajo de Stephen King, es muy probable que siga tu recomendación y me lance a leerme la saga de La Torre Oscura; he dejado de lado la costumbre de leer por placer y eso me pesa un poco, será bueno iniciar con esto.
No me canso de decir el gran alivio que siento al saber que la batalla va bien hasta ahora y que he podido mantener la atención como es debido, en verdad que es de las cosas que más me preocupa en estos capítulos finales, no me cansaré de decirlo (sí, de nuevo) xD.
También es bueno que las descripciones del entorno quedaran bien, ya que me habían comentado que dejé un poco de lado eso en los capítulos anteriores. No quise describirlo demasiado porque ya lo había hecho antes, pero repetí las cosas de una manera diferente que fuera acorde a lo que sucedía. Me pone muy contenta que haya resultado.
Mewtwo es otra de las cosas que más me contenta que estén saliendo bien. Me he inspirado mucho en un fanfic que estoy leyendo donde Mewtwo es manejado de manera increíble, además de que la propia autora de ese fanfic tan genial también lee EGN (hola, Mirna
) y ella me comentó que mi versión de él era muy blanda, cosa que busco corregir un poco en estos capítulos. Por eso es mucho más cruel de lo que venía siendo.Lastimosamente, la censura la pone el foro, yo dejé de hacerlo hace mucho tiempo porque le quitaba gracia y seriedad ese "[CENSURADO]" atravesado. Comprendo el motivo, pero me fastidia bastante xD. Mi intención es dejar una versión en PDF para descargar cuando esté completo, así se puede leer sin censura en palabra alguna

Es satisfactorio saber que las batallas también salieron como debían, especialmente por evitar que quedaran sosas; quería que fueran lo más serias posible. Y sí, Rocknight es exactamente así... esa analogía de la cucaracha me sucede a mí xD. Aunque lo ocurrido a Rocknight no es algo para considerar bonito, es bueno saber que la dinámica entre ellos resultó como quería y que los comentarios de Sfear liberaran algode tensión sin romper el ambiente en exceso. Algo de humor nunca viene mal xD
Mil gracias por comentar, espero que este capítulo te guste

¡Feliz toda fiesta que se me haya pasado! (?)
La primera publicación del año y eso nos dejaría con nada más tres capítulos restantes y un Epílogo. Parece mentira.
Mi intención era publicar antes de que terminara Febrero, pero estuve ocupada con algunos pedidos y ahora estoy peor; sin embargo, todo será beneficio a futuro en muchos sentidos, eso incluye la parte de dibujos. No es algo que se notará ahora, pero apenas estoy dando el primer paso.
No me quiero extender demasiado con esta introducción, así que iré directo al grano con algunas cosas antes de pasar al capítulo.
Primero, quiero agradecer a todos aquellos que me envían sus comentarios por diversos medios, en verdad me alegra que les guste tanto EGN y sus mensajes son muy valiosos para mí. Mil gracias de nuevo.
Lo siguiente es respecto a los capítulos actualizados:
- Recientemente fue actualizado el capítulo 10; además de haberle hecho una portada, el cambio más importante se dio en el título que pasó a ser "Hazlo con amabilidad". Esto se debe a que eliminé la escena donde aparecían Jessie, James y Meowth por ser completamente innecesaria, por lo que "Rocket por partida doble" ya no quedaba bien. Esto se debe a que estoy haciendo lo posible por eliminar la participación de personajes canon como Ash y compañía; es algo que no me agrada y totalmente innecesario e irrelevante, así que borrarlo es para mí la mejor opción.
- Otra actualización menos relevante la realicé al capítulo 3. Aquí sólo agregué unos dibujos adicionales para decorar el capítulo. Probablemente haga esto con varios capítulos más, pues estoy publicando en una comunidad de Android y se hacen más llamativos con imágenes de por medio; ustedes saben bien que evito en lo posible utilizar material que no haya hecho yo, así que ya saben.
- Próximamente actualizaré el capítulo 11, sólo me falta hacerle una revisión y terminarle la portada, cuyo boceto he compartido en mi página de Facebook y Twitter.
- Estoy pensando en subir un blog (todavía no decido dónde) para exponer las diferencias entre los capítulos originales y los revisados; más que nada por cuestiones informativas y porque estoy consciente de que no todos querrían releerse el fanfic.
Creo que eso es todo por ahora, así que vamos al capítulo. Espero que lo disfruten:

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¡Da la cara!
Spoiler
Podía escucharlo todo como si se encontrara parado en medio del valle árido. Los golpes, las caídas, los gritos y rugidos de las bestias, a los moribundos pidiendo clemencia y las burlas de sus verdugos… ¡qué maravillosos sonidos lo envolvían!
Era como una melodía donde cada tonada, tan magnífica, erizaba su piel; le producía un cosquilleo tan invasivo en todo el cuerpo que una vocecilla en la cabeza le suplicaba a gritos que bailara. Ansiaba ceder a los desesperados deseos de aquella pequeña parte de su consciencia, más que dispuesto a seguir el ritmo de tan vertiginosa música, pero… eso era imposible, sin importar con cuánto fervor lo deseara. No podía moverse de ese miserable lugar a menos que lograra convencer al grillete que lo apresaba.
Enurta resopló con impaciencia por enésima vez, lanzándole a Eve una mirada cargada de reproche por encima de su hombro, reprobando por completo su empeño en competir contra las rocas para ver quién podía estar más quieto. Desde que aparecieron en aquel claro, en quién sabe qué parte del bosque aledaño a Carpathia, la Lethilian se tiró al suelo y no se había movido de ahí.
La muy tonta no paró de llorar hasta secarse. Huyó despavorida de Tymime, dejando todo atrás sin saber qué hacer; la única opción para ella, al parecer, era aparentar ser una estatua. Apenas se molestaba en respirar, con la mirada vacía clavada en un punto lejano, ignorando el inquieto susurro de los árboles cuando la brisa abanicaba sus hojas.
Enurta era incapaz de comprender qué ganaba tomando una actitud tan deprimente. ¡Aquello era un completo despropósito! Quiso darle un respiro, permitirle asimilar el dolor que significaba haber sostenido la verdad en sus manos, pues incluso él admitía que no se trataba de una tontería. Pero… ¡ya no podía soportar tanta lloradera! La paciencia jamás había sido de sus mejores virtudes, mucho menos si se trataba de la niña que se había convertido en su carcelera.
— ¡Argh! ¡Ya no puedo más con esta estupidez! —bramó Enurta, girándose y caminando con paso firme hacia Eve; no dio señales de vida cuando el Malsumi se detuvo a pocos pasos de ella—. ¡Esto es absurdo, niña! ¡Tenemos un acuerdo que debes cumplir por encima de tus problemas personales!
No recibió respuesta. ¡Vamos, que ni siquiera pareció estarlo escuchando! Claro que aquello lo enfurecía más, no se esforzaba por disimularlo dado a los insultos e improperios que le gritaba. Quizás así podría liberarse un poco de la frustración que se apoderaba de él, aunque al ver que Eve ni se escudaba de sus aullidos, le hizo perder los estribos por completo.
— Tal como siempre lo pensé… ¡Eres patética! ¡Jamás hubieras sido una rival digna de enfrentarte a mí! ¡Mimada de mierda! ¡¿En qué diantres estaba pensando Gea cuando te concibió?! —pateó en vano el suelo, aumentando su rabia al recordar que no era más que una proyección incapaz de desquitar su rabia contra nada—. ¡Tanto esfuerzo para un coño! ¡Sólo te soporté todo este tiempo por nuestro trato! ¡Y fuiste tú quien insistió! ¡Tonto de mí por aceptar!—bufó con indignación, caminando de un lado a otro impacientemente—. ¡Pero claro…! ¡Eres tan inútil que se te presentó la excusa perfecta para mandar todo a la mierda y la tomaste! ¡Ni para dar lástima sirves! ¡Desearía poder matarte ahora mismo, grandísima pe…!
— Tú lo sabías…
Escuchar la voz de Eve tan repentinamente le hizo callar en seco. Sonaba tan ronca y quebrada que le hizo dudar de si trataba realmente de ella. Quizás le hubiese llegado afectar si Eve, con esa nueva voz tan débil y deprimente, no lograra alzarse por encima de sus gritos con tanta facilidad. Enurta no entendía cómo es que alguien tan paupérrimo captaba su interés tan sencillamente y eso sólo aumentaba su odio hacia ella, al igual que la frustración de verse obligado a hacer nada.
— ¡Sí, lo sabía! ¡¿Y qué?! —espetó él, dejando que todo su enojo se manifestara, quería hacerla sentir peor si era posible—. ¡¿Quieres que te consuele?! ¡¿Qué te diga que eres una pobre víctima?! Pues, aquí va: ¡Vete a la mierda, grandísima…!
— Siempre tuviste esto para destruirme, pero no lo hiciste —Enurta volvió a bufar con profunda indignación, incapaz de comprender cómo es que lograba interrumpirlo sin alzar la voz. Eve se reincorporó con mucha lentitud, restándole importancia a los insultos del Malsumi, no lucía mínimamente afectada ante su ira desbordada—. No lo hiciste… ¿Por qué?
— ¡Ay, por favor, dime que no estamos haciendo esto! —exclamó Enurta lacónicamente. Aquello estaba convirtiéndose en otra de esas escenas surreales entre ellos y él no estaba de humor para seguir el juego—. Mira, niña, ahora me conoces un poco mejor ya que lo sabes todo, ¿cierto? ¿Crees que jamás se me ocurrió? ¡Mírate! Si así quedaste con sólo agarrar la esfera, que te mostró nada más que la verdad, imagínate lo que yo hubiera conseguido tergiversándola en base a todo el “afecto” que tengo por ti. Oh —se relamió con crueldad, haciendo gala de una de sus sonrisas más perturbadoras hasta ahora—, créeme que no te habría bastado la muerte para hallar alivio.
A pesar del perturbador cambio de comportamiento en Enurta, el cual pareció distraerlo brevemente del verdadero asunto de la conversación, Eve no reaccionó. Observaba con indiferencia al Malsumi, podría decirse que con frialdad incluso, quizás esperando a que dijera algo que la ayudara a entender.
— ¡Pero no! ¡Incluso ese placer me fue negado! ¡¿Y sabes por qué?! ¡Vamos, conoces la respuesta! —siseó Enurta con crueldad, volviendo a encararla nuevamente y mosqueándose más al notar que seguía pareciendo más una estatua que un ser vivo—. Soy muy jodido con las promesas, especialmente con todas las que hay entre ese cabrón y yo. Pude haber quedado libre hace mucho tiempo, una cría como tú sería incapaz de soportar todo mi odio, pero me contuve por simple respeto a él y a la única cualidad de mí mismo que tengo en muy alta estima.
Por un instante pareció que se le quebraría la voz, era algo de lo que preferiría no hablar y mucho menos con ella. Afortunadamente y a pesar del nudo que se formaba en su garganta, eso no ocurrió y pudo mantener la compostura. El odio y el resentimiento eran más poderosos que cualquier otra cosa en Enurta. Continuó:
— Mi verdadera perdición fue prestarme a participar en intrigas y drama barato. Si eso no fuera suficiente, ahora debo soportar tus estupideces, ensordeciéndome con tus lloriqueos infantiles sólo porque eres una imbécil. ¡¿Qué tan idiota hay que ser para no darse cuenta que había algo raro?! ¡¿Eh?! ¡Hubieras hecho algo al respecto si en verdad hubieses querido! —poco a poco volvía a aflorar la rabia que dio inicio a la discusión. ¡Sólo Gea sabía cuántas ganas de matar a Eve tenía en ese momento!—. ¡Dátelas de mártir todo lo que se te venga en gana! ¡Pero eso no cambiará el hecho de que eres y seguirás siendo una masoquista enferma que…!
Enurta se interrumpió drásticamente. Ya se había llevado la mano a la mejilla antes de caer en cuenta de lo sucedido; le ardía como si una lengua de fuego lo hubiese azotado y dejado la piel en carne viva.
Sin dar crédito todavía a lo que acababa de suceder, observó a Eve con los ojos abiertos como platos; se había puesto de pie tan rápido que ni siquiera lo notó. La Lethilian ya no parecía un maniquí, luchaba por recuperar el aliento como si hubiera estado en una maratón, con sus ojos clavados en él transmitiéndolo todo el odio que le profesaba.
Esperaba que Eve reaccionara en cualquier momento por sus insultos, siempre sucedía igual, pero Enurta estaba tan conmocionado que no se vanagloriaba por ello. Se encontraba más ocupado sintiendo cómo el dolor se expandía por su cuerpo, uno que era ficticio, por cierto; ¿cómo era eso posible? El manotón de Eve fue tan fuerte que, si él hubiera estado ahí en realidad, seguramente estaría escupiendo sangre junto a un par de dientes.
— ¡Me abofeteaste! —bufó Enurta con un claro tono de indignación en su voz. No sabía qué más decir, tal osadía lo tenía completamente anonadado, jamás había permitido que alguien le hiciera eso.
¡Plas! Eve le contestó con una segunda bofetada en la otra mejilla, haciendo un ruido extraño que parecía ser un gruñido de rabia. La Lethilian pretendía darle un tercer manotón, pero Enurta la sostuvo firmemente por las muñecas, inmovilizándola como mejor podía. ¡Aquello era el colmo de los colmos! ¡No permitiría semejante ofensa!
— ¡Te juro que voy a…!
— ¡¿Qué?! ¡¿Matarme?! —chilló Eve mientras forcejeaba con el Malsumi, dándole patadas y coletazos para intentar librarse de sus garras. No lo consiguió, él no la soltaría—. ¡¿En serio sigues creyendo que eso es lo peor que puedes hacerme, Enurta?! ¡¡¡Mírame!!! ¡Mi vida no vale nada y no es mi culpa! ¡Fueron todos ustedes! ¡Ustedes se aseguraron que yo fuera menos que nada!
La rabia de Eve se disipó tan rápido como surgió, sintiendo una vez más que el peso de su destrozado corazón la aplastaba, cayendo de rodillas ante Enurta. Mostrarse tan vulnerable ante su mayor enemigo era una completa humillación, pero lo único que le importaba era descubrir, muy a su pesar, que todavía le quedaban lágrimas por derramar.
Enurta la soltó y la observó en silencio por largo rato. Seguía algo consternado por el arrebato de Eve, más era incapaz de verse conmovido ante su desdicha. Le seguía pareciendo una actitud estúpida, estando en su lugar se vengaría de todos en vez de echarse a morir. Sin embargo, había algo en su interior que se retorcía cada vez que le reprochaba, pues la comprendía más de lo que él estaba dispuesto a admitir.
— Niña, todos mienten y hacen cosas horribles a diversas escalas, nadie está exento. El bien puro es un mito y tú lo aprendiste de la peor manera posible; es todo —Enurta habló más tranquilo de lo que esperaba. Él también comenzaba a sentirse cansado de seguir en ese juego—. Lo que Gea ha hecho es absurdo e imperdonable, lo he sabido por mucho tiempo y ahora tú también. Y lo de él… conoces mi opinión al respecto, eso no ha cambiado así que no pienso hablar más de eso —suspiró, acariciándose las sienes, sintiendo que comenzaba a dolerle la cabeza—. Admito que no me gustaría estar en tu lugar, antes muerto que convertirme en algo tan sumiso. Sin embargo, nada de eso justifica que seas tan patética, no conseguirás nada si sólo te echas a lloriquear; a quienes te quieren ver destruida les joderá más si te levantas de nuevo.
— ¡Deja de hablar tonterías! Tú eres el primero que me pone la zancadilla… ¡¿y me estás dando ánimo para que me levante de nuevo?! ¡Eres un idiota! ¡Ahórrate los sermones estúpidos! —vociferó Eve mientras se ponía de pie nuevamente y lo encaraba. Enurta no se movió ni un ápice, dando a entender que poco le afectaba su actitud a pesar de que se sentía extraño por ello, aunque no estaba preparado para…—. Exijo que te muestres ante mí como eres en realidad.
— ¡¿Qué dices?! —exclamó con un tono de voz muy agudo. Aquello era algo tan absurdo que le costaba creer que realmente estuviera sucediendo— ¡Ya te volviste loca, histérica de mierda!
— ¡No te hagas el desentendido! —gruñó Eve, hastiada por el modo en que el Malsumi trataba de evadir la situación—. Sabes de lo que estoy hablando. Tú en realidad no estás aquí, eres una proyección y, ciertamente, no es obligatorio que luzcas como yo cuando no tienes el control. Sólo lo hacías para angustiarme… y a Tymime también—Enurta frunció el ceño y abrió la boca, dispuesto a replicarle para ponerla en su lugar. Sin embargo, Eve tomó algo del suelo con un rápido movimiento, llevándose al cuello una roca que lucía bastante afilada—. ¡Hazlo ahora o termino con todo esto! ¡Serás libre pero jamás encontrarás un cuerpo como el mío, bastardo!
Los oídos de Enurta no daban crédito a lo que acaban de escuchar. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Por qué lo afectaba tanto? No debería importarle, pero todo se estaba torciendo de forma tan irreal que era difícil procesarlo y asimilarlo.
Eve había perdido la razón, las circunstancias la superaron sin tener la fortaleza suficiente para afrontarlas, era sólo una niña a pesar de todos los años que llevaba a cuestas. Enurta le hizo tantas cosas para llevarla a la locura y logró sorprenderlo cuando las resistió todas, por eso la aborrecía más que a nada en este mundo. La detestaba no sólo por ser su némesis o porque el destino de ambos los empujaba a destruirse, era odio absoluto a su simple existencia, no le tenía ni pizca de aprecio y verla muerta sería la satisfacción más grande de su vida.
A pesar del enorme desprecio que sentía por ella, que superaba con creces al que sentía por aquellos que lo traicionaron… jamás le hizo daño en verdad, sólo lo que Enurta consideraba niñerías, bromas de muy mal gusto. Él que tanto disfrutaba destruyendo a quien se interpusiera en su camino permitió que una niña lo rebajara, y todo por…
Suspiró lleno de frustración. Malditas promesas y maldito él que accedía a tomarlas. Miró a Eve con cierto desdén, pensando con resentimiento que el culpable de todo era Tymime. El arlequín lo había arruinado todo, la dañó y no tenía reparo, ni a él —que resultaba ser más “complicado” que el Malsumi— le agradaría una versión tan rota de la menor de los Lethilian.
— De acuerdo —musitó Enurta a regañadientes, suspirando y cerrando los ojos.
Accedía sólo para darse un respiro a sí mismo y le bastó con pensarlo para que se diera el cambio, con lo ocurrido bastaba para hartarse de la farsa. Pasó tanto tiempo ocultándose que se sentía muy extraño volver a ser él, a como era y como desearía seguir siendo. Abrió los ojos sin que nada cambiase, todo seguía igual, pero lo veía a través de sus ojos y no unos ajenos. Cada parte en él era única, que fueran sólo una ilusión ahora sólo lo hacía extrañarlas más que nunca, especialmente aquellas que le otorgaban placer y diversión. Saber que no era real ahora resultaba más frustrante, como una sombra que intentaba hacerse notar en la oscuridad, carente de libertad e identidad. A pesar de ello era Enurta, de algún modo seguía siendo él y con eso le bastaba para seguir luchando en la oscuridad.
Eve lo observó fijamente, calmándose y lanzando lejos la roca. No estaba sorprendida por ver a quien estaba ante ella, sólo se sentía extraña por contemplar aquellos ojos dispares, tan inusuales… Olvidó todos sus problemas por un instante, siendo presa de una enorme curiosidad que la impulsó a querer tocarlo, conteniéndose al recordar de quién se trataba.
Apenas era algo más alto que ella, lo suficiente para obligarla a levantar la mirada, robusto a pesar de su delicada contextura. No parecía peligroso a simple vista, incluso sería tachado de amigable con mucha facilidad si no fuera por el aura sombría que lo rodeaba, así como la malicia en su mirada o el modo despreocupado en que movía su larga cola. Él no tenía el cuerpo cubierto de marcas como sus subordinados, apenas tenía una en el rostro que lo identificaba como Malsumi; no necesitaba más, pues aquella era la que todos los demás llevaban, él era su dueño.
— ¿Satisfecha? —espetó Enurta desdeñosamente mientras se cruzaba de brazos.
A Eve se le pusieron los pelos de punta al escucharlo, su voz sonaba totalmente diferente, más gruesa y profunda a aquella de tono exasperante que la atormentó durante años. Causó tal impacto en Eve que fue incapaz de ocultar que se estremecía y Enurta lo notó, burlándose de ella con una sonrisa maliciosa, pero ella no le prestó atención.
— Te recuerdo… —dijo Eve apenas con un hilillo de voz, sintiéndose como si fuera la cría que era cuando se tropezó con el Malsumi, igual de acongojada.
— Me preocuparía que no lo hicieras, especialmente luego de que sostuviste la esfera —contestó él despreocupadamente.
Repentinamente ambos se sintieron de manera extraña, era una sensación liberadora, como si hubiesen necesitado que se diera ese momento para alivianar la tensión que a cada uno lo agobiaba. Un desahogo de toda la porquería que debieron soportar por su cuenta y juntos también. Jamás existiría amistad o simpatía entre ellos, sólo eso… fuera lo que fuera tan extraña relación.
— ¿Qué harás entonces? —preguntó Enurta algo distraído mientras contemplaba el cielo, cruzándose de brazos y dibujando una sonrisa que ocultaba cierta amargura—. ¿Te quedarás aquí llorando hasta quedar seca como pasa o te levantarás y lucharás por eso que tanto quieres? No es que sea algo que realmente me interese, pero creo recordar que hay alguien esperando por ti; alguien que sólo omitió “cositas” sucias de su pasado por vergüenza.
Eve sintió que le echaban encima un balde de agua helada con sólo recordarlo. Con todo el dolor de saber más de lo que hubiese querido, se olvidó por completo de Mewtwo. Se sentía muy mal por haberlo dejado solo con Tymime, pero sabía que estaría bien, era más fuerte de lo que siempre aparentó frente a ella. Todavía se debatía entre enojarse, sentirse ofendida porque él pensaba que ella lo rechazaría por semejante nimiedad —y darle, muy a su pesar, la razón por preferir no contarle— o, simplemente, aceptar las cosas como son.
— Aunque haya alguien esperándome, eso no significa que pueda cambiar el destino que Gea me impuso —dijo Eve, apenas con un hilillo de voz, sintiendo de nuevo todo el peso de sus problemas, tomando asiento al sentir que las piernas le flaqueaban. Aquella era la verdad más espantosa de todas, la que más le hacía daño, jamás necesitó de la esfera para saber de ella.
— Oye, sabíamos que nuestras oportunidades de éxito eran escazas desde que decidimos formar esta pequeña alianza, sólo intentándolo podremos tener la certeza de qué tan ilusos éramos —Enurta volvió a posar sus ojos sobre ella, acercándose lentamente y evaluando su reacción.
Eve trató de balbucear un “No sé si…”, pero de pronto encontró a Enurta de cuclillas frente a ella, con su rostro más cerca de lo aceptable y mirándola fijamente a los ojos. De nuevo, una sonrisa altanera cruzó su rostro y a Eve se le pusieron los pelos de punta.
— Cuidado con lo que piensas, que soy muy viejo y mañoso para ti, niña —Enurta echó a reír por el modo en que la ira ruborizó el rostro de la Lethilian, deteniéndola antes de que le replicara con un ademán de la mano—. Parece que has pasado por alto ciertas cosas que son más relevantes de lo que parecen. Dime, ¿acaso recuerdas esa “pesadilla” que tuvo Mewtwo? Te habló de eso hace varias semanas; mencionó varios detalles que me parecieron interesantes.
— ¿Qué importancia tiene un sueño que no se va a cumplir?
— Eso es lo que no sabemos, supongo que hay ciertas cosas que deben ocurrir primero, ¿no crees? —Enurta se puso de pie, ensanchando aún más su sonrisa mientras le hacía señas para que hiciera lo mismo—. Tengo altas expectativas de que se trate de una verdadera premonición; claro, puedo estar equivocado, pero resulta que es algo que me ha dado una idea. Ahora, también tengo muchas dudas respecto a su factibilidad, sólo lo intentaremos si te obligan a usar tu último recurso. Pero…
— Me lo cuentas en el camino, yo también tengo una idea —dijo Eve poniéndose de pie de un salto, con tan repentino ímpetu que desconcertó a Enurta.
El Malsumi le pidió explicaciones con una simple mirada, aunque ella estaba más ocupada en sacudirse todo rastro de miedo y tristeza, echando a correr tan súbitamente que su maestro la maldijo en voz alta.
— ¡Muévete, tenemos que apresurarnos, vamos muy tarde! —le apresuró ella. Sabía que le pisaba los talones gracias a los improperios que seguía dedicándole, hablando de lo desagradecida que era por salir corriendo así—. ¡Cállate un momento y escúchame, que esto te interesa! Se me ocurrió algo, no sé si funcione pero si lo hace… —se le escaparon unas risitas crueles que extrañaron a su maestro— estoy segura de que te gustará bastante.
Parecía que Eve había recuperado el vigor, aunque era todo lo contrario, tanto que le sorprendía estar corriendo tan rápido y con tal destreza a través de la maleza. Antes no se consideraba preparada para afrontar la situación, tenía miedo pero hallaba fortaleza en el apoyo de Tymime, y ahora… No quería seguir llorando, no valía la pena hacerlo… Poco quedaba para animarla a luchar, pues incluso sus sentimientos no eran del todo claros, aunque algo había y se aferraría a ello.
Lo intentaría, pues al menos ahora existía la incertidumbre, que era mil veces mejor que encarar su destino con las manos vacías y totalmente desprotegida ante su crueldad.
— ¡¡¡TENEMOS QUE HACER ALGO!!!
Dómino no paraba de vociferar histéricamente, conmocionada por el inesperado giro de eventos que se suscitaban, donde el paupérrimo ejército de los Lethilian lograba resistir y sobreponerse al poderío de la alianza entre Malsumis y Equipo Rocket.
A la rubia le parecía tan insólito y humillante que no ponía cuidado en controlar su carácter frente a sus subordinados, dar el ejemplo como encargada estaba de último en su lista de prioridades, hastiada de soportar los gritos de Giovanni quien estaba más histérico que ella. El magnate tenía grandes razones para preocuparse del fracaso, había invertido grandes sumas de dinero, armamento, pokémon y personal para aquel ataque; todo por la promesa de unos extraños seres que le ofrecieron el control del mundo a cambio de su apoyo.
— ¡¿Cómo es posible que estemos en aprietos?! ¡Los superamos en número y contamos con armas que ellos no poseerían ni en sus sueños! ¡Esto es absurdo! —chilló furiosa, caminando de lado a lado bajo la atenta mirada de Kronos, quien pensaba cuál sería la mejor manera de hacerla callar—. ¡Tenemos que actuar! ¡No permitiré que el Equipo Rocket sea humillado por unos estúpidos pokémon! ¡Ni siquiera han sido capaces de matar a un Lethilian siquiera! ¡¿Acaso se puede ser más inútil?!
Los gritos de la segunda al mando del Equipo Rocket fueron acallados repentinamente. En un abrir y cerrar de ojos, Drakar había bajado de lo más alto de la roca, plantándose frente a Dómino y sosteniéndola por la cabeza. La rubia pasó de la histeria a la desesperación, muerta de miedo mientras sentía cómo sus pies se despegaban del suelo, dejándola incapacitada para defenderse.
— ¡¿Q-qué estás haciendo?! —chilló espantada, sosteniendo el brazo del Malsumi en un vano y desesperado intento por escaparse de sus garras.
— Ya estoy cansado de tener que soportarlos, humana —espetó Drakar con frialdad, estrujando cada vez con más fuerza la cabeza de Dómino, causándole además un terrible dolor con fuerza psíquica que la hacía pegar alaridos espantosos—. Perdoné sus insolencias y cuestionamientos hacia mí por salvaguardar nuestros intereses, pensé que esta alianza rendiría sus frutos en el futuro, pero no han servido para nada. Mis tropas han hecho más que tus míseros hombres armados y tienes la desfachatez de llamarnos inútiles.
Algunos soldados del Equipo Rocket hicieron el ademán de querer intervenir para rescatar a su superior, pero sólo con el aura maligna que desprendía Drakar era más que suficiente para cohibirlos. Nadie se atrevería a interceder por Dómino, no cuando la supuesta personificación del mal la tenía atrapada entre sus garras; ¡menos si lucía como Mewtwo!
— Te crees superior a nosotros a pesar de que hemos demostrado que ustedes son nuestros sirvientes —siseó el líder de los Malsumis con crueldad, dejando que todo su enojo se canalizara hacia su indefensa presa—. Mi paciencia se agotó, igual que tu utilidad.
Los gritos de dolor de Dómino desgarraban los tímpanos de sus compañeros, llegando a un espantoso final cuando la fuerza de la mano de Drakar terminó por aplastar el cráneo de su víctima, tal como si fuese una simple uva. Los ejecutivos y soldados élite del Equipo Rocket ahogaron un grito ante el desagradable crujir de la cabeza de Dómino, conmocionados y temerosos de ser el siguiente si se atrevían a decir algo.
Drakar chascó la lengua con hastío, lanzando el cuerpo a los pies de los estupefactos Rocket, sacudiéndose como si nada algunos restos de masa encefálica que quedaron entre sus dedos. Miró a aquellos humanos despectivamente, decepcionado ante sus infantiles reacciones, especialmente cuando la organización tenía la bien ganada fama de cometer mayores barbaridades contra pokémon y humanos por igual.
¿Qué creían? ¿Que por lucir como un pokémon él no era realmente peligroso? ¿Acaso todo eso les parecía un juego o una tontería? Tal desfachatez ocurría por culpa de hacer caso a los consejos de Kronos, siempre le sugería paciencia para no rebajarse a su nivel… ¡Patrañas! Lo único que había conseguido era que su imagen como Malsumi se viera mancillada, a tal punto que nadie lo tomaba en serio, como si fuera un niño apuntándolos con un rifle y los adultos se rieran de él pensando que su travesura era adorable. Ya no más.
— Buen trabajo, mi señor, una digna muestra del líder que es usted. Esa humana ya estaba resultando una verdadera molestia —lo felicitó Hela con cautela aunque alegre, observando atentamente mientras Drakar regresaba a su alto puesto, maravillada con la furia que reflejaban sus ojos y reafirmando así sus sentimiento hacia él.
Lejos de permitirse disfrutar un poco de su amado, Hela percibió una perturbación en el aire que llamó su atención. Giró rápidamente la cabeza, bufando con indignación al hallar la razón de que se le pusieran los pelos de punta.
— ¡¿Cómo ha podido llegar tan lejos?! —soltó.
— ¿A quién le importa? —espetó Drakar con desdén—. Aunque se las arregle para llegar hasta aquí, no tiene oportunidad alguna contra mí. Déjenlo creer que puede hacer algo útil.
— Permítame encargarme de Mewtwo por usted, mi señor —dijo Balac apresuradamente, plantándose ante él y haciendo una reverencia—. Le traeré su cabeza para complacerlo…
— ¡No! —Kronos se adelantó a su líder, ahorrándole la molestia de iniciar una discusión con el monstruo acorazado—. No podemos dejar sólo y desprotegido a nuestro señor. Además que tiene razón, no representa un verdadero peligro, es sólo un alcornoque con ínfulas de superioridad, prácticamente igual que un humano. Sin embargo —un punto en el campo llamaba su atención, algo que en verdad podía tornarse en un problema si no era contenido a tiempo. Se lo señaló a Balac, quien al notarlo pareció palidecer—, de eso sí debemos preocuparnos. Yo me encargo. No se despeguen de nuestro señor.
El Alakazam desapareció ante sus ojos sin mediar más palabras, teletransportándose y dejando a Balac con algo de malhumor por encomendarle ser niñera. Drakar tuvo que contener un respiro de alivio, pues con la partida de Kronos descansaría de sus furtivas miradas de reprobación, ahora podría concentrarse de lleno en dar con Eve.
Y las cosas para Drakar se pondrían cada vez mejor, más de lo que él esperaba…
— ¡Hela! —Balac llamó con todas sus fuerzas, viendo cómo ésta se alejaba a toda velocidad sin que él pudiera hacer algo para detenerla—. ¡Regresa aquí ahora misma, bruja loca!
No había caso, Hela se encontraba fuera de su alcance por completo, dirigiéndose directamente a aquel adefesio creado por el Equipo Rocket. Drakar dibujó una siniestra sonrisa, deseando que las cosas se siguieran suscitando con tanta conveniencia y se deshicieran de Hela por él. De hecho, si todos eran pulverizados sería como una bendición, así nadie lo molestaría en el momento que Eve decidiera aparecer.
— Ve con ella, Balac —las ansias de quedarse a solas con sus pensamientos eran incontrolables, quería deshacerse de todos sus problemas de una vez por todas.
— P-pero, mi señor… no puedo dejarlo solo —balbuceó Balac profundamente contrariado. La imagen del fornido general se derrumbaba con tanta facilidad que le repugnaba a su amo—. No puedo permitir que a usted le suceda algo. Ellos podrían…
— ¿Insinúas que soy débil e incapaz de defenderme? —inquirió Drakar, lanzándole una mirada asesina que acongojó aún más al Aggron, quien se apresuraba a balbucear excusas absurdas—. Me sorprende semejante ofensa, en especial cuando fuiste tú quien me preparó para luchar, conoces mi verdadero potencial más que nadie —se detuvo, divirtiéndose con las variopintas reacciones del viejo general, sabiendo que algunos halagos a su tutoría le inflarían el ego lo suficiente para quitárselo de encima—. Esto no es un favor que te estoy pidiendo, es claramente una orden, más te vale acatarla. Además, si no me falla la memoria, hace nada te ofreciste a librarte de esa aberración por mí.
Balac estaba obviamente consternado, dudando entre apelar a la razón u obedecer las órdenes de su amo y señor, aunque pronto su propio ego le ayudó a escoger el complacer los deseos de Drakar. Hizo una reverencia antes de darle la espalda y seguir los pasos de Hela lo más pronto que le permitía su pesado cuerpo, sabiendo que tenía la mirada de su líder taladrándole la nuca, más que dispuesto a brindarle gloria y demostrarle de lo que era capaz un verdadero guerrero como él.
Drakar suspiró con alivio, finalmente estaba solo, aunque la cuerda de inútiles del Equipo Rocket permanecía cerca intercambiando temerosos murmullos entre ellos; lo mejor para él era ignorarlos y darles la espalda, no le preocupaba que se convirtieran en una amenaza. Por lo que escuchaba, intentaban reorganizarse, preparando armamento y discutiendo la manera de contrarrestar el Ventarrón para que los helicópteros por fin fueran de utilidad. Trató de no prestarles atención, nada de lo que hicieran cambiaría el curso de la batalla, eran más inútiles que sus vehículos. Se rio entre dientes, pensando en lo absurdo que resultaba el estatus quo en ese mundo, donde unas criaturas tan enclenques como los humanos dominaban prácticamente todo.
Era tan injusto como la idea de que Eve y él no podrían estar juntos jamás. El único beneficio de ganar aquella batalla era la posibilidad de exterminar aquella peste, sabía que a Eve tampoco le agradaban, así que conseguiría complacer a lo único que verdaderamente le importaba en ese mundo y a sí mismo.
“Aparece pronto, Eve. Necesito verte, ya no soporto más esta incertidumbre”, pensó angustiado ante la espera, deseaba con todas sus fuerzas recibir la respuesta que tanto anhelaba. “¿Qué debo hacer para que te presentes ante mí? Quiero que todo esto termine para estar contigo…”.
Tymime observaba atentamente el campo de batalla en compañía de Icestar y Yami. Teniendo a su hermana cerca, él sólo tomaba decisiones cruciales, ella se encargaba de coordinar todo lo demás. Aunque a ojos de cualquiera pudiera parecer que Icestar había tomado el mando eso no era cierto, a pesar de los murmullos que llegaban a sus oídos, a Tymime le importaba nada lo que pensaran; su deber era estar atento a todo lo que podía para poder dirigir a sus tropas.
A esas alturas de la batalla, lamentablemente, habían llegado al punto en que las formaciones de ambos bandos perdieron toda organización; algunos conseguían reagruparse aunque carecían de la eficiencia de antes. Todo aquel desastre comenzó a empeorar cuando Shock y Rocknight fueron traídos de vuelta muy malheridos, aumentando las posibilidades de que los Malsumis triunfaran.
Tymime suspiró, con más frustración que pesar, cuando Icestar le informó que sería imposible que Rocknight recuperara la vista y que Shock se encontraba en estado crítico, incluso más que Dinya. Con esto quedó claro de que el momento de entrar en batalla había llegado, no podía dejar pasar más tiempo, no porque los Lethilian caían y los Malsumis seguían pie, también por sus motivaciones personales.
— Ya está muy cerca.
El repentino comentario de Icestar interrumpió el hilo de sus pensamientos, levantó la mirada buscando aquello que ella veía, curioso por hallar aquello que la sorprendía tanto. Casi al otro extremo del valle, pudo apreciar con claridad una figura que se desembarazaba de algunos agresores, deshaciéndose de quien se interpusiera en su camino con absurda facilidad a pesar de que se le lanzaran hordas encima. Mewtwo parecía imparable y más poderoso que nunca, seguramente llegaría ante Drakar en cuestión de minutos.
La sombra de una sonrisa burlona bailó en el rostro del arlequín. Que Mewtwo fuera tan iluso para creer que podía lidiar con el sucesor de Enurta era hilarante, sería pulverizado por Drakar, ahorrándole el mancharse las manos con la sangre de aquel adefesio. Su sonrisa se esfumó. Por lo general, no le importaba quién se deshiciera de sus enemigos mientras terminasen muertos; sin embargo, aquella ocasión era diferente y lo irritaba. Una voz en su cabeza le reveló que el motivo era que deseaba ser él quien diera fin a la existencia de Mewtwo.
La posibilidad de que le arrebatasen ese placer, junto a los incipientes murmullos de quienes le rodeaban, hablando emocionados respecto a la hazaña de Mewtwo y reprobando la pasividad de Tymime, empezaban a molestar de sobremanera al arlequín. Solía hacer oídos sordos a esa clase de comentarios, pues sólo era el razonar de ignorantes que jamás se tomaban la molestia de analizar el motivo de sus decisiones. Sólo por esta vez les daría el gusto por ser necesario.
— Voy a entrar.
Icestar actuó rápidamente para detener a Tymime antes de que éste partiera, ganándose una mirada de reproche del arlequín, aunque tenía curiosidad por el repentino gesto de su hermana. Se le acercó, susurrándole algo rápido al oído y sosteniendo discretamente el filo de su gorguera. Tymime asintió, aminorando sutilmente su malhumor al comprender el motivo, desapareciendo en cuanto ella lo dejó ir.
Reapareció justo al otro lado de la barrera que protegía la ciudad, no lo hizo más adelante porque resultaba riesgoso, aunque la verdad es que no tenía tanta prisa por llegar al otro lado. No, él quería disfrutar de aquel momento, por simple diversión y por callar a la cuerda de imbéciles que cuestionaban sus acciones sólo por no verlo luchando a lo bestia.
Caminó con suma tranquilidad, como si el caos que lo rodeaba no existiera, materializando su esfera y jugueteando con ella entre sus manos. Aunque su intención era liberar sus frustraciones sin que nadie lo juzgara por ello, le resultaba difícil sentirse motivado a pesar de todo el estímulo que recibía de todos quienes le rodeaban.
Se hallaba incapaz de sentirse del todo cómodo con la situación, menos cuando carecía de aquello por lo que tanto luchó, el mismo por el cual aún seguía los lineamientos de Gea a cabalidad —aunque no le gustaran para nada—. Y si lograse, como por gracia divina, conseguir la respuesta que necesitaba mientras avanzaba… ¿realmente haría alguna diferencia luego de todos sus espantosos errores? No quería seguir desvirtuándola con sus fríos hilos.
Por su modo de andar algo cabizbajo lucía distraído, algo que no pasó por alto a ojos de los Malsumis. Una manada de Mightyena se abalanzó sobre el arlequín, ignorando el error que habían cometido incluso después de ser rebanados en cientos de pedazos por los incontables hilos que rodearon al Lethilian, invisibles para la gran mayoría hasta que la sangre comenzó a deslizarse lentamente a través de ellos.
A partir de entonces, el paseo se convirtió en una frenética marcha a través del valle, abriéndose paso gracias a sus crueles hilos. Todo lo que tocaban era pulverizado por las etéreas hebras de acero, sin misericordia y sin que al arlequín le temblara el pulso. Si los hilos fallaban, Tymime se aseguraba de brindarle una muerte peor al elusivo desgraciado, ya sea con su abrumadora fuerza psíquica que los hacía explotar o sus garras que exponían los intestinos de sus víctimas.
Llegado al punto en donde la batalla se volvía más cruenta y violenta, no titubeó en ordenar a sus hilos que se apoderaran de los cuerpos de aliados caídos. Nada le importó la estupefacción que causó en sus súbditos al hacerlo, no eran más que cadáveres, aquello que los hacía algo más que un envase se había desvanecido hace mucho, no quedaba nada y así volvían a ser útiles.
Los nuevos maniquíes se alzaron, protegiendo a su titiritero a toda costa mientras éste se encargaba de avanzar, coordinando estupendamente el movimiento de cada uno como si fueran cientos quienes manejasen los hilos y no sólo él. Pocos serían capaces de comprender lo impresionante que esto resultaba, pues llevar el control de cada movimiento sin descuidarse a sí mismo requirió muchos años de práctica y dedicación. Su necesidad de perfección era positiva cuando sabía implementarla adecuadamente.
A Tymime poco le interesaba lo magnífico o terrorífico que pudiera resultar al espectador, era algo habitual para él, debía mantener la concentración. Lo más curioso era su serenidad, se sorprendía a sí mismo por su capacidad de autocontrol, generalmente se dejaba llevar demasiado a causa del aluvión de emociones negativas que absorbía; era algo que jamás pudo controlar, no entendía cómo ahora sí. Mantenía la serenidad a pesar de que su cuerpo se estremecía, presa del ambiente que lo rodeaba y alimentaba el poder que tanto admiraban quienes le idolatraban.
Su participación en la contienda debía parecer un macabro espectáculo que preocuparía a cualquiera, tuvo certeza de ello cuando en su camino apareció súbitamente una figura; el recién llegado le cortaba el paso, dedicándoles una fría mirada con sus minúsculos ojos negros. Kronos permanecía tranquilo ante su presencia, sosteniendo con firmeza el Báculo Ea, al parecer indiferente ante el modo en que Tymime se desenvolvía.
— Tardaste demasiado en aparecer —dijo Tymime con un tono de voz absurdamente casual, como si no se hallaran en plena matanza. Se esperaba que el Alakazam intentase detenerlo, por eso no le daba importancia. Con su llegada prolongaría que el frenesí se apoderara de su cuerpo y mente.
— Todo a su tiempo. Hay cosas que no deben apresurarse, ¿no crees? —Kronos habló pausadamente, suspirando y negando ligeramente con la cabeza; parecía profundamente decepcionado—. Tantísimo talento desperdiciado, Tymime… Tan sólo ver cómo te desenvuelves me deprime, es maravilloso el poder que has alcanzado en tu condición y prefieres estar del lado perdedor. ¿Qué te motiva? Dímelo, por favor, la curiosidad me carcome. ¿O es que no hay nada que explique semejante sinsentido?
— Tengo mis razones, pero eso es algo que no le compete a nadie más que a mí —el arlequín sostuvo la esfera con fuerza, por un instante sintió que se tragaba un trozo de hielo al pensar en dichas motivaciones—. ¿Qué te parece si dejamos las absurdas formalidades de lado y comenzamos? Tengo mucho por hacer y poco tiempo.
— ¿Tan impaciente estás por saldar cuentas del pasado, Tymime? Pensé que ya lo habrías superado, lo sucedido nos benefició a todos y lo sabes.
A Tymime se le escapó una risotada. ¿Qué sabía Kronos de él? No más que el resto del mundo, nadie podría comprender su razón de seguir ahí, no lo entenderían y tampoco es que deseara darla a conocer.
Con un rápido movimiento de sus dedos hizo que sus hilos se replegaran, liberando a los cadáveres de su control y dejándolos caer en el suelo. Kronos no era un digno oponente, siempre había sido un cobarde que rehuía del combate, pero se trataba de una ocasión especial y estaba dispuesto a ensuciarse las manos con aquella alimaña. Excepciones, excepciones, malditas excepciones.
Tymime sonrió maliciosamente, alistándose para destruir a su enemigo sin piedad, pensando en lo dulce que siempre le resultó la venganza aunque casi siempre tardara en llegar.
La distancia se acortaba y su cuerpo lo sabía, conquistado por una excitación que aumentaba a cada paso que daba, impaciente por alcanzar su objetivo. Había avanzado con demasiada lentitud para su gusto, una agonía para su instinto hambriento por luchar, desatándose sin piedad contra sus enemigos. Cierto desasosiego embargaba su corazón, pensando que alguna vez estuvo destinado a convertirse en aquel que era en ese instante, sintiéndose inesperadamente cómodo con ello.
“Ten precaución, no te dejes llevar demasiado, podrías no regresar. Estás haciendo una excepción, no lo olvides, no permitas que te domine el pasado”, le decía la pequeña voz de la razón en lo más recóndito de su cabeza, sonando temerosa con buenos motivos.
Su psiquis estaba desatada de tal modo que era capaz de aniquilar a sus contrincantes en cuestión de segundos, su poder se desenvolvía de una manera que no lo hacía hace varios años, así que debía procurar mantener la mayor concentración posible para no perder los estribos… al menos hasta llegar ante su verdadero oponente. No le importaba hacerse un daño irreparable mientras pudiera volcar toda su fuerza contra Drakar y destruirlo como lo hacía con sus súbditos.
Se detuvo en seco cuando notó que su camino quedó completamente despejado de súbito. Sólo una esbelta figura se perfilaba ante él, obstruyéndole el paso. La extrañeza dio paso al desprecio cuando Mewtwo reconoció que se trataba de Hela, quien lo observaba fijamente con sus ojos rojos, esbozando una maliciosa sonrisa en su rostro.
— ¡Cuánto tiempo! Es un gusto ver de nuevo a la mascota de los Lethilian —saludó Hela con cierta picardía mientras se ensortijaba un mechón de cabello con el dedo. Su actitud juguetona podría parecerle atractiva a algunos, mas sus ojos mostraban el verdadero peligro que representaba, recordándole la víbora que era en realidad—. La última vez metiste las narices en una batalla que no te pertenecía. Lo gracioso es que intentaste ser un caballero de lustrosa armadura salvando a la damisela, pero en un giro desafortunado de eventos, la princesita tuvo que rescatarte a ti. Mi orgullo de macho estaría por los suelos si estuviera en tu lugar —se acercaba despacio, moviendo sinuosamente sus caderas, de modo que recordaba mucho a una serpiente deslizándose para acercarse a su presa—. Es una lástima que nunca tuviésemos la oportunidad de conocernos mejor, quizás me hubieras gustado, pero algo que quiero que sepas es que detesto dejar las cosas a medias.
Mewtwo estaba más que preparado para luchar cuando Hela se lanzó hacia él, sin dejarse impresionar por su velocidad o por el aterrador gesto que desdibujó su rostro. Lo único que lo dejó boquiabierto fue la Bola Sombra que le rozó el hombro, la cual se estrelló de lleno en el rostro de Hela y luego explotó, lanzándola lejos de él.
— ¡Hola! ¡¿Cómo estamos aquí?! ¿Cierto que bien? Vivos, por lo que veo… bueno, al menos ustedes, porque yo estiré la pata hace tiempo —canturreó Moonghost alegremente, apareciendo de un salto y colocándose frente a Mewtwo, muerto de risa. Mientras, Hela se reincorporaba, dedicándole maldiciones al fantasma—. Uy, disculpa. ¿Eso te dolió?
— ¡Eres un…!
— ¿Qué tal si nos ahorramos la típica cháchara de héroe/villano y pasamos a tener la lucha épica de una vez? —sugirió Moonghost con la voz más atorrante que pudo, guiñándole el ojo a Mewtwo por encima de su hombro cuando Hela rechinó lo dientes muy molesta—. Yo me hago cargo de la cuaima, compadre. Tú tienes otro asunto que atender. Te alcanzo luego.
— No es por dudar de tus capacidades, pero… ¿Estás seguro? —dijo Mewtwo, sintiéndose extraño por la repentina intervención de Moonghost, que siempre se las ingeniaba para hacer un chiste de todo. No sabía si reír o intentar echarlo sin herir sus sentimientos.
A pesar de su breve indecisión, Mewtwo no quiso desaprovechar la oportunidad que le otorgaba Moonghost, hizo tripas corazón al igual que con Flame y salió disparado a toda velocidad. Hela intentó detenerlo cuando pasó cerca de ella, escapándose de sus garras con facilidad, robándole un grito de ira.
La frustración de la Malsumi le provocó una enorme satisfacción hasta que algo más le bloqueó el paso. Balac rugió con todas sus fuerzas, corriendo lo más rápido que le permitía su pesado cuerpo para embestirlo, sabiendo que su coraza de acero lo protegería de los ataques psíquicos de Mewtwo.
Quizás la avidez del Aggron no le permitió predecir lo que sucedería, en especial cuando una bola rosada pasó frente a él a toda velocidad agarrándole los cuernos, obligándolo a desviarse y siendo lanzado bastante lejos como si pesara nada.
— ¡Yo me encargo de éste! —exclamó Baby muy contento, saludándole con su manita antes de lanzarse tras Balac.
Mewtwo estaba al tanto que Baby poseía una fuerza extraordinaria, en ese sentido superaba por completo a cualquier otro pokémon que hubiera conocido, resultaba increíble que algo tan pequeño poseyera semejante poder físico. Aun sabiéndolo tan bien, la estupefacción en su rostro era enorme, tanto como para sentirse afortunado de contar con el yelmo para ocultarla.
Sacudió su cabeza para espabilar, estaba demasiado cerca para entretenerse con banalidades. Volvió a tomar impulso con la mayor velocidad posible, suspirando con alivio al no encontrar nada más que importunara su trayecto. Incluso, llegado a cierto punto decidió calmarse, permitiéndose poner los pies en la tierra y caminar tranquilamente el último trecho. Así fue como aquel tramo se le hizo eterno.
Sus músculos ardían por el esfuerzo al que fueron sometidos, resintiendo cada movimiento que realizaba, ansiosos por volver al vertiginoso ritmo que les obsequiaba estar en batalla. No estaba cansado, pero lo hecho para llegar hasta ahí comenzaba a deteriorarlo, debía actuar con prudencia ante un enemigo totalmente descansado.
Se detuvo. Finalmente, a pocos metros de él se encontraba Drakar observándolo desde lo alto de la roca que ocupaba, meciendo la cola con cierta indiferencia. Mewtwo tragó saliva; ver a otro de su misma especie, aunque no fuera del todo real, le producía cierto espanto y una sensación de vacío en el estómago. Le era difícil asimilarlo, se había hecho la idea de que sería único hasta el final de sus días. No le agradaba, especialmente sabiendo quién estaba detrás de aquella copia.
Drakar ladeó la cabeza mostrando algo de curiosidad, dibujando una discreta sonrisa y dejándose caer para quedar al mismo nivel. Mewtwo notó que algunos Rocket hicieron el además de querer detener al Malsumi, quizás para aconsejarle precaución, pero deteniéndose al tropezar con un cuerpo al que le habían aplastado la cabeza.
Los ojos de Mewtwo se fijaron rápidamente en la mano ensangrentada de Drakar, atando cabos de inmediato y resolviendo que lo mejor sería tener cuidado. Quizás Drakar era más peligroso de lo que ya le habían contado.
Del actual líder de los Malsumis tenía muy escaza información, sólo lo dicho por los hermanos y parecía ser lo más aparente; además, también sospechaba que tenía cierta obsesión por Eve, sin embargo desconocía la razón de esto. Lo lógico era que si ocupaba el puesto de Enurta, alguna similitud debía tener con él, probablemente en cuanto a lo sanguinario y la pasión por matar.
Sintió que la ansiedad se sobreponía a la adrenalina, haciendo que su cuerpo temblara con temor ante la idea de pelear con algo completamente desconocido para él… y eso era un gigantesco problema. Curiosamente, conocía lo suficiente a Enurta para esperar algo de su parte al momento de luchar, pero con Drakar estaba en blanco; quizás fuera al grano como aquella vez que… Maldijo por lo bajo al notar que su decisión titubeaba por una nimiedad.
— Te felicito por llegar hasta aquí —dijo Drakar socarronamente luego de un rato de permanecer observándose en silencio—. ¿Puedo preguntar qué te hace ir directamente a una muerte segura?
— ¿Qué te hace pensar que seré yo quien muera?
Drakar tuvo que contener una carcajada, mirando a todos lados como si pensase que le estaban jugando una mala broma y hubiera cámaras escondidas.
— Me parece gracioso ver tanto optimismo y confianza en alguien a quien inmovilicé de un golpe la única vez que intentó enfrentarse a mí —señaló Drakar lacónicamente.
— Y sabiendo eso decides tomar su forma. ¿Qué es más gracioso? —puntualizó Mewtwo suspicazmente, borrándole la sonrisa en seco al Malsumi—. ¿Cuánto tiempo tienes así? ¿Un par de meses? Si mi entendimiento acerca de su capacidad para transformarse en correcto, necesitarías mucho más tiempo que ese para poder mantener el control de tu psiquis y manipularla a tu antojo.
Por el gesto de Drakar parecía que había acertado, dándole una pequeña esperanza de obtener la victoria aunque acabase moribundo. Su corazón volvió a latir con fuerza, entusiasmado ante la posibilidad de tener éxito, aunque viéndose frustrado cuando su otro yo volvió a dibujar aquella chocante sonrisa altanera.
— Tienes razón hasta cierto punto —habló Drakar despreocupadamente, dejando que se le escapara un suspiro; le gustaría apreciar las emociones ocultas tras el yelmo que portaba la escoria para disfrutar cómo se apoderaba de él la desesperación—. Me complace saber que estás al tanto de que somos metamorfos, pero seguramente desconoces que cada uno posee cualidades específicas que se han desarrollado por encima de nuestros gustos personales —comenzó a juguetear con una esfera de acero que sostenía con la mano limpia, sabiendo que actuar con serenidad mostraba confianza, algo que generaría inquietud en su oponente; la batalla había comenzado aunque no estuvieran enzarzados en una maraña de golpes—. Aegir se especializa en bestias acuáticas. Shiva en aquellas con venenos letales. Adzu se corona como el verdugo de los cielos con sus dragones y aves de rapiña. Enurta, según me han contado, estaba tan cómodo con su forma que jamás volvió a cambiar; tampoco lo necesitaba, era muy poderoso tal y como estaba. A Kronos le sucede lo mismo, está muy a gusto siendo un Alakazam decrépito, con la diferencia de que su fuerza es paupérrima; por suerte para él, puede compensarlo con una gran inteligencia.
Drakar se detuvo un momento para permitirle a Mewtwo procesar la información. El clon estaba más ocupado regañándose por no preguntar más respecto al Enurta antes de su derrota, quizás así podría tener alguna idea de qué hacer para derrotarla. Ignorando esto por completo, el Malsumi continuó:
— Dicen que Enurta podía manipular el espacio que lo rodeaba, creando un pequeño mundo donde los horrores superaban a los de cualquier pesadilla, como un infierno en la tierra. ¿Quién que no sea un Dios puede hacer eso? ¿No te parece una locura? Me lamento todos los días el haber nacido sin la capacidad de alcanzar semejante nivel —comentó suspirando con verdadero pesar, se mostraba realmente afectado por esto, descolocando completamente a Mewtwo por sus repentinos cambios de humor y cómo su rostro los exteriorizaba—. Supongo que no era mi destino —resolvió, encogiéndose de hombros despreocupadamente—. Eso no quita que posea mi propia singularidad. En todos los demás aspectos soy igual de poderoso que Enurta, fui bendecido con muchas de las bondades de mi sucesor gracias a la voluntad de Gea. Lo que más me diferencia de él es mi excepcional capacidad para cambiar de forma constantemente, puedo ser lo que me antoje y con mayor rapidez que cualquiera de mis subordinados, dominándolo hasta tal punto que puedo superar con creces a un original.
Mewtwo hizo un gran esfuerzo para acallar una risotada. Drakar pasó por alto la grosería, incluso ensanchó su sonrisa, sospechando las razones de la bazofia. Ambos ardían en deseos por matarse entre ellos, pero actuaban civilizadamente teniendo aquella conversación con tanta calma.
— ¿Por esa habilidad que presumes es que te sientes tan confiado? —inquirió Mewtwo.
— ¿Confiado? Oh, no, yo no diría eso. Me han enseñado a no subestimar a mis enemigos sin importar nada —contestó el Malsumi tranquilamente, encogiéndose de hombros—. Es cierto que confío en mis habilidades, pero sólo estoy calmado, nada más.
— Si no se tratase de ti, pensaría que es algo respetable, incluso admirable.
— Gracias por el cumplido, supongo —dijo Drakar entre risas, pareciendo por un instante un joven Mewtwo amable y despreocupado. Esto le producía desagradables escalofríos al Mewtwo original—. Aprovechando este momento y que eres más dado a conversar que Tymime, me gustaría preguntar… ¿Me dirías dónde se encuentra Eve?
Mewtwo no le contestó al notar algo extrañamente perturbador en la mirada del Malsumi. Sus sospechas respecto al interés de Drakar en Eve comenzaban a tomar forma y no le gustaba para nada, sentía que la sangre le hervía a la vez que una profunda indignación comenzaba a urgirlo para que atacase. Aunque el enojo mantenía su boca bien cerrada, también sería una imprudencia mencionar que Eve había huido, eso podría enfurecer a Drakar.
— Tampoco piensas responderme, ¿cierto? —Drakar alzó una ceja con escepticismo, dejando caer la esfera de acero al polvoriento suelo—. ¿Sabes una cosa? Le propuse un trato a Eve hace un mes para evitar toda esta parafernalia, ella debía darme una respuesta hoy y la sigo esperando. Pero en vista de las circunstancias… —se detuvo un instante, observando con suma curiosidad la mano ensangrentada para apreciar la energía oscura que comenzaba a emanar de ella—. Le prometí destruirte si no me daba la respuesta que quería y siquiera se ha presentado. Soy alguien que toma muy en serio su palabra, no lo tomes tan personal, ¿te parece? Igual, nunca me has parecido una buena influencia para ella.
Mewtwo sintió como si un dragón se retorciera de rabia en su interior. No sabía en qué consistía el trato que mencionaba el Malsumi, lo que más le indignaba es que Eve jamás le mencionase nada respecto a la dichosa propuesta. No, no era el momento adecuado para molestarse por sandeces, en especial cuando su cuerpo se acomodó inconscientemente para la batalla, al mismo tiempo que su mente transmitía un claro mensaje a su oponente.
— Yo también tengo una promesa que cumplir.
Tymime corrió una vez más hacia Kronos preparando sus garras con energía siniestra, moviéndose rápidamente a la par que coordinaba sus hilos con la otra mano. Quería darse el placer de desgarrar su carne con sus propias manos, los hilos sólo eran comandados para buscar acorralarlo y dejarlo a su merced. Sin embargo, el más anciano de los Malsumis lo evadía de nuevo al teletransportarse fuera de su alcance, demostrando lo cobarde que era; no importaba si Tymime lograba deducir el patrón de sus reapariciones, Kronos se las ingeniaba para escabullírsele.
A cualquiera le frustraría semejante situación, parecía no tener fin, más conocía lo suficiente a Kronos para saber que sólo estaba ahí para distraerlo, evitaría el enfrentamiento directo a toda costa. Era más que obvio que no quería correr el riesgo de dejarlo llegar ante Drakar.
Sabiendo que estaban arrastrándolo a una rutina de desgaste, se las ingenió para obligar a Kronos para que tomase una actitud algo más ofensiva, utilizando maniquíes de su colección personal a la vez que extendía sus hilos lo más lejos que podía. Pronto el Alakazam se sintió acorralado, no dejaba de usar Teletransportación aunque no era capaz de ver los hilos, así que nunca estaba seguro de encontrarse a salvo.
A pesar de que comenzaba a tomar el control de la situación, Tymime estaba harto de corretearlo por todo el valle, frustrándose de tal modo que liberó un aluvión de energía psíquica que consiguió inhabilitar la teletransportación de su contrincante. El arlequín lo pensó dos veces para ir tras él, preparando sus garras para dar la estocada que pondría fin a un asunto del pasado; saboreaba la victoria con cruel satisfacción, seguro de que no fallaría.
Kronos no resistiría al ser un Alakazam, carecía del poder para detenerlo, sus poderes psíquicos eran inútiles gracias a la inmunidad que poseía en su contra. Estaba acorralado, el Malsumi lo sabía por el modo en que lo miraba, levantando el báculo en un vano intento por protegerse de su ataque. Tymime estuvo a punto de estallar en carcajadas ante esto, nada podría salvarlo.
Sin embargo, cuando estaba a sólo unos cuantos pasos de su objetivo, sintió que algo dejaba de funcionar. Tymime quedó completamente anonadado al percatarse de que su cuerpo no respondía a su voluntad, no pudo hacerlo reaccionar por más que lo intentó. Entró en pánico como pocas veces en su vida, no comprendía lo que sucedía y no hallar la respuesta rápidamente lo sacaba de sus casillas.
Hizo todo lo posible por liberarse del conjuro que lo suprimía, debía recuperar el control de su cuerpo para poder aliviar su mente presa del pánico; para su gran desgracia, eso se le hizo imposible. ¡¿Qué estaba sucediéndole?! En cuanto comenzó a hacer eco en su cabeza, un dolor espantoso se apoderó de él, tan fuerte que todo el mundo a su alrededor perdió el color.
Pronto perdió la fuerza en sus piernas, cayendo al suelo, donde se hizo un ovillo sintiendo como si lo despellejaran vivo. No gritó, apretó con tanta fuerza los dientes que el metálico sabor de la sangre invadió su boca de inmediato; ya era suficiente humillación encontrarse reducido de esa manera, no dejaría que también supieran cuán intensa era su agonía.
— Me da una lástima enorme ver semejante desperdicio de potencial, en verdad que me afecta profundamente.
Kronos se deshizo de la distancia que quedaba entre ellos apuntándolo con el báculo, encegueciéndolo con la luz que emanaba de la piedra carmesí. Su sonrisa altanera lo enfurecía sin que él pudiera borrársela de un puñetazo. ¿Por qué seguían sucediéndole estas cosas? ¿Cómo era posible que sumara tantas en derrotas en tan poco tiempo? ¿En qué momento se había vuelto tan débil y vulnerable?
— Debes estar confundido por lo que te sucede, ¿cierto, muchacho? —siseó Kronos, disfrutando de ver al arlequín indefenso a sus pies, quien lo miraba con sumo desprecio a pesar del dolor que lo aquejaba—. Permití tantas groserías y burlas tuyas hacia nosotros sólo porque tenía el báculo en mi poder. Eres maldad pura, ¿recuerdas?; y éste fue el báculo que utilizó Gea para crear todo el mal en este mundo. Del mismo modo que pude usarlo para darle fuerzas a Enurta y que tomara el control del cuerpo de Eve, puedo mermar tu poder hasta reducirte a nada.
La ira en Tymime se disparó en cuanto escuchó la mención de Gea y Enurta. ¡¿De eso se trataba?! Su enojo le dio la fuerza suficiente para incorporarse lentamente, no le importaba sentir que sus músculos se desgarraban o que su corazón iba a estallar, la sola mención de la bruja lo enfurecía más que nada. No permitiría que uno de sus artilugios lo controlase, no cuando se suponía que él estaba exento de ello, ¡eso nunca!
Kronos pareció asustado por instante ante esto, cayendo en cuenta pronto de lo que realmente sucedía, el arlequín se estaba destruyendo a sí mismo con eso. El Malsumi se burló con una cruel risa, pateándolo en el estómago con todas sus fuerzas, obligándolo a volver al suelo y brindándole una enorme satisfacción.
Tymime de nuevo se retorcía a sus pies, ahora la presión en el pecho era mil veces peor y no le permitía respirar. Tenía que hacer algo para liberarse, eso no podía terminar así, no del mismo modo que…
— Me cuesta mucho creer que jamás se te ocurrió la posibilidad de que el báculo tuviera alguna influencia en ti. Eres tan inteligente… ¿Acaso la soberbia no permitió que vieras lo obvio? ¿O algo te distraía? —continuó Kronos, saboreando cada palabra con la cual humillaba el orgullo del arlequín, era un espectáculo sin igual verlo tan vulnerable—. Ay, Tymime, en verdad no dejaré de lamentarme nunca por ti. Tanto talento tirado a la basura, esforzarte por darle valor a una cuerda de perdedores sólo hizo que obtuvieras esto. Qué desgracia ver tan indefenso a alguien que estaba destinado a la grandeza, reducido a nada por una nimiedad...
Ya no lo soportaba más. No importaba el desprecio o la ira que le hacía hervir la sangre, nada de lo que intentara le devolvía el control de su cuerpo, ya era incapaz de respirar y pronto no valdría la pena. ¿De qué le sirvieron tantos años de entrenamiento si era ridiculizado por un artilugio que no era más que un capricho de Gea? Ni su rabia ni dolor bastaban para librarse del conjuro, su poder carecía de valor.
Su muerte no podía ser más patética, ¿cierto? No podía existir final más absurdo que ese para alguien como él, que siempre había ridiculizado a sus enemigos gracias a ese talento por el cual Kronos se lamentaba tanto.
Quizás la falta de oxígeno comenzó a afectar su cerebro, pues de un momento a otro dejó de lado sus frustraciones, viéndose invadido por otros sentimientos menos comunes en él. Repentinamente experimentaba la necesidad de pensar en los asuntos que dejaría inconclusos, en especial los que eran más personales y carcomían su alma.
“Una oportunidad para hablar y explicarte… decirte que lo único que estaba mal era yo”, pensó. Resintió un poco que aquello fuera lo que ocupase su mente a medida que el calor abandonaba su cuerpo. Maldita sea… ¿Acaso no podía ser otra cosa? “¿Por qué te conviertes en mi último pensamiento? Quiero que me dejes en paz… estoy tan cansado de esto… ya no puedo soportarlo más… déjame sólo…”
Una intensa luz brilló, encegueciéndolo y reduciéndolo a menos que la nada. La muerte llegaba de una manera muy peculiar, lejos de que su alma abandonara su mundano cuerpo, sentía que sus pulmones volvían a hincharse con aire y lo buscaban desesperadamente sin cesar.
El breve alivio dio paso al dolor al chocar nuevamente con la realidad, aturdiéndolo tanto que incluso olvidó quién era él. Tardó mucho en darse cuenta que estaba en la protección de los brazos de Icestar, quien lo llamaba por su nombre desesperadamente para hacerlo reaccionar. También podía escuchar la estridente e insoportable voz de Nya, reventándole los tímpanos con sus histéricos chillidos.
Empero, su mirada era atraída por una única cosa, la luz que lo había deslumbrado y detuvo su muerte. Escuchaba los lastimeros gemidos de Kronos, aparentemente quejándose por estar herido, no lo sabía y tampoco lo importaba… Tymime sólo se concentraba en asimilar el dolor que lo consumía y en respirar, observando aquella luz, fascinado por primera vez ante algo tan dañino para él.
Sintió que se le detenía el corazón al caer en cuenta que no se trataba del túnel que lo llevaría al descanso eterno. Su cuerpo se tensó, su mente pareció dejar de funcionar, era incapaz de ponerse en pie para acercarse a pesar de que ansiaba tanto estrechar aquella luz entre sus brazos. La debilidad y la sorpresa apenas les permitieron balbucear débilmente una sola palabra, apenas con un hilillo de voz.
— Eve…

Era como una melodía donde cada tonada, tan magnífica, erizaba su piel; le producía un cosquilleo tan invasivo en todo el cuerpo que una vocecilla en la cabeza le suplicaba a gritos que bailara. Ansiaba ceder a los desesperados deseos de aquella pequeña parte de su consciencia, más que dispuesto a seguir el ritmo de tan vertiginosa música, pero… eso era imposible, sin importar con cuánto fervor lo deseara. No podía moverse de ese miserable lugar a menos que lograra convencer al grillete que lo apresaba.
Enurta resopló con impaciencia por enésima vez, lanzándole a Eve una mirada cargada de reproche por encima de su hombro, reprobando por completo su empeño en competir contra las rocas para ver quién podía estar más quieto. Desde que aparecieron en aquel claro, en quién sabe qué parte del bosque aledaño a Carpathia, la Lethilian se tiró al suelo y no se había movido de ahí.
La muy tonta no paró de llorar hasta secarse. Huyó despavorida de Tymime, dejando todo atrás sin saber qué hacer; la única opción para ella, al parecer, era aparentar ser una estatua. Apenas se molestaba en respirar, con la mirada vacía clavada en un punto lejano, ignorando el inquieto susurro de los árboles cuando la brisa abanicaba sus hojas.
Enurta era incapaz de comprender qué ganaba tomando una actitud tan deprimente. ¡Aquello era un completo despropósito! Quiso darle un respiro, permitirle asimilar el dolor que significaba haber sostenido la verdad en sus manos, pues incluso él admitía que no se trataba de una tontería. Pero… ¡ya no podía soportar tanta lloradera! La paciencia jamás había sido de sus mejores virtudes, mucho menos si se trataba de la niña que se había convertido en su carcelera.
— ¡Argh! ¡Ya no puedo más con esta estupidez! —bramó Enurta, girándose y caminando con paso firme hacia Eve; no dio señales de vida cuando el Malsumi se detuvo a pocos pasos de ella—. ¡Esto es absurdo, niña! ¡Tenemos un acuerdo que debes cumplir por encima de tus problemas personales!
No recibió respuesta. ¡Vamos, que ni siquiera pareció estarlo escuchando! Claro que aquello lo enfurecía más, no se esforzaba por disimularlo dado a los insultos e improperios que le gritaba. Quizás así podría liberarse un poco de la frustración que se apoderaba de él, aunque al ver que Eve ni se escudaba de sus aullidos, le hizo perder los estribos por completo.
— Tal como siempre lo pensé… ¡Eres patética! ¡Jamás hubieras sido una rival digna de enfrentarte a mí! ¡Mimada de mierda! ¡¿En qué diantres estaba pensando Gea cuando te concibió?! —pateó en vano el suelo, aumentando su rabia al recordar que no era más que una proyección incapaz de desquitar su rabia contra nada—. ¡Tanto esfuerzo para un coño! ¡Sólo te soporté todo este tiempo por nuestro trato! ¡Y fuiste tú quien insistió! ¡Tonto de mí por aceptar!—bufó con indignación, caminando de un lado a otro impacientemente—. ¡Pero claro…! ¡Eres tan inútil que se te presentó la excusa perfecta para mandar todo a la mierda y la tomaste! ¡Ni para dar lástima sirves! ¡Desearía poder matarte ahora mismo, grandísima pe…!
— Tú lo sabías…
Escuchar la voz de Eve tan repentinamente le hizo callar en seco. Sonaba tan ronca y quebrada que le hizo dudar de si trataba realmente de ella. Quizás le hubiese llegado afectar si Eve, con esa nueva voz tan débil y deprimente, no lograra alzarse por encima de sus gritos con tanta facilidad. Enurta no entendía cómo es que alguien tan paupérrimo captaba su interés tan sencillamente y eso sólo aumentaba su odio hacia ella, al igual que la frustración de verse obligado a hacer nada.
— ¡Sí, lo sabía! ¡¿Y qué?! —espetó él, dejando que todo su enojo se manifestara, quería hacerla sentir peor si era posible—. ¡¿Quieres que te consuele?! ¡¿Qué te diga que eres una pobre víctima?! Pues, aquí va: ¡Vete a la mierda, grandísima…!
— Siempre tuviste esto para destruirme, pero no lo hiciste —Enurta volvió a bufar con profunda indignación, incapaz de comprender cómo es que lograba interrumpirlo sin alzar la voz. Eve se reincorporó con mucha lentitud, restándole importancia a los insultos del Malsumi, no lucía mínimamente afectada ante su ira desbordada—. No lo hiciste… ¿Por qué?
— ¡Ay, por favor, dime que no estamos haciendo esto! —exclamó Enurta lacónicamente. Aquello estaba convirtiéndose en otra de esas escenas surreales entre ellos y él no estaba de humor para seguir el juego—. Mira, niña, ahora me conoces un poco mejor ya que lo sabes todo, ¿cierto? ¿Crees que jamás se me ocurrió? ¡Mírate! Si así quedaste con sólo agarrar la esfera, que te mostró nada más que la verdad, imagínate lo que yo hubiera conseguido tergiversándola en base a todo el “afecto” que tengo por ti. Oh —se relamió con crueldad, haciendo gala de una de sus sonrisas más perturbadoras hasta ahora—, créeme que no te habría bastado la muerte para hallar alivio.
A pesar del perturbador cambio de comportamiento en Enurta, el cual pareció distraerlo brevemente del verdadero asunto de la conversación, Eve no reaccionó. Observaba con indiferencia al Malsumi, podría decirse que con frialdad incluso, quizás esperando a que dijera algo que la ayudara a entender.
— ¡Pero no! ¡Incluso ese placer me fue negado! ¡¿Y sabes por qué?! ¡Vamos, conoces la respuesta! —siseó Enurta con crueldad, volviendo a encararla nuevamente y mosqueándose más al notar que seguía pareciendo más una estatua que un ser vivo—. Soy muy jodido con las promesas, especialmente con todas las que hay entre ese cabrón y yo. Pude haber quedado libre hace mucho tiempo, una cría como tú sería incapaz de soportar todo mi odio, pero me contuve por simple respeto a él y a la única cualidad de mí mismo que tengo en muy alta estima.
Por un instante pareció que se le quebraría la voz, era algo de lo que preferiría no hablar y mucho menos con ella. Afortunadamente y a pesar del nudo que se formaba en su garganta, eso no ocurrió y pudo mantener la compostura. El odio y el resentimiento eran más poderosos que cualquier otra cosa en Enurta. Continuó:
— Mi verdadera perdición fue prestarme a participar en intrigas y drama barato. Si eso no fuera suficiente, ahora debo soportar tus estupideces, ensordeciéndome con tus lloriqueos infantiles sólo porque eres una imbécil. ¡¿Qué tan idiota hay que ser para no darse cuenta que había algo raro?! ¡¿Eh?! ¡Hubieras hecho algo al respecto si en verdad hubieses querido! —poco a poco volvía a aflorar la rabia que dio inicio a la discusión. ¡Sólo Gea sabía cuántas ganas de matar a Eve tenía en ese momento!—. ¡Dátelas de mártir todo lo que se te venga en gana! ¡Pero eso no cambiará el hecho de que eres y seguirás siendo una masoquista enferma que…!
Enurta se interrumpió drásticamente. Ya se había llevado la mano a la mejilla antes de caer en cuenta de lo sucedido; le ardía como si una lengua de fuego lo hubiese azotado y dejado la piel en carne viva.
Sin dar crédito todavía a lo que acababa de suceder, observó a Eve con los ojos abiertos como platos; se había puesto de pie tan rápido que ni siquiera lo notó. La Lethilian ya no parecía un maniquí, luchaba por recuperar el aliento como si hubiera estado en una maratón, con sus ojos clavados en él transmitiéndolo todo el odio que le profesaba.
Esperaba que Eve reaccionara en cualquier momento por sus insultos, siempre sucedía igual, pero Enurta estaba tan conmocionado que no se vanagloriaba por ello. Se encontraba más ocupado sintiendo cómo el dolor se expandía por su cuerpo, uno que era ficticio, por cierto; ¿cómo era eso posible? El manotón de Eve fue tan fuerte que, si él hubiera estado ahí en realidad, seguramente estaría escupiendo sangre junto a un par de dientes.
— ¡Me abofeteaste! —bufó Enurta con un claro tono de indignación en su voz. No sabía qué más decir, tal osadía lo tenía completamente anonadado, jamás había permitido que alguien le hiciera eso.
¡Plas! Eve le contestó con una segunda bofetada en la otra mejilla, haciendo un ruido extraño que parecía ser un gruñido de rabia. La Lethilian pretendía darle un tercer manotón, pero Enurta la sostuvo firmemente por las muñecas, inmovilizándola como mejor podía. ¡Aquello era el colmo de los colmos! ¡No permitiría semejante ofensa!
— ¡Te juro que voy a…!
— ¡¿Qué?! ¡¿Matarme?! —chilló Eve mientras forcejeaba con el Malsumi, dándole patadas y coletazos para intentar librarse de sus garras. No lo consiguió, él no la soltaría—. ¡¿En serio sigues creyendo que eso es lo peor que puedes hacerme, Enurta?! ¡¡¡Mírame!!! ¡Mi vida no vale nada y no es mi culpa! ¡Fueron todos ustedes! ¡Ustedes se aseguraron que yo fuera menos que nada!
La rabia de Eve se disipó tan rápido como surgió, sintiendo una vez más que el peso de su destrozado corazón la aplastaba, cayendo de rodillas ante Enurta. Mostrarse tan vulnerable ante su mayor enemigo era una completa humillación, pero lo único que le importaba era descubrir, muy a su pesar, que todavía le quedaban lágrimas por derramar.
Enurta la soltó y la observó en silencio por largo rato. Seguía algo consternado por el arrebato de Eve, más era incapaz de verse conmovido ante su desdicha. Le seguía pareciendo una actitud estúpida, estando en su lugar se vengaría de todos en vez de echarse a morir. Sin embargo, había algo en su interior que se retorcía cada vez que le reprochaba, pues la comprendía más de lo que él estaba dispuesto a admitir.
— Niña, todos mienten y hacen cosas horribles a diversas escalas, nadie está exento. El bien puro es un mito y tú lo aprendiste de la peor manera posible; es todo —Enurta habló más tranquilo de lo que esperaba. Él también comenzaba a sentirse cansado de seguir en ese juego—. Lo que Gea ha hecho es absurdo e imperdonable, lo he sabido por mucho tiempo y ahora tú también. Y lo de él… conoces mi opinión al respecto, eso no ha cambiado así que no pienso hablar más de eso —suspiró, acariciándose las sienes, sintiendo que comenzaba a dolerle la cabeza—. Admito que no me gustaría estar en tu lugar, antes muerto que convertirme en algo tan sumiso. Sin embargo, nada de eso justifica que seas tan patética, no conseguirás nada si sólo te echas a lloriquear; a quienes te quieren ver destruida les joderá más si te levantas de nuevo.
— ¡Deja de hablar tonterías! Tú eres el primero que me pone la zancadilla… ¡¿y me estás dando ánimo para que me levante de nuevo?! ¡Eres un idiota! ¡Ahórrate los sermones estúpidos! —vociferó Eve mientras se ponía de pie nuevamente y lo encaraba. Enurta no se movió ni un ápice, dando a entender que poco le afectaba su actitud a pesar de que se sentía extraño por ello, aunque no estaba preparado para…—. Exijo que te muestres ante mí como eres en realidad.
— ¡¿Qué dices?! —exclamó con un tono de voz muy agudo. Aquello era algo tan absurdo que le costaba creer que realmente estuviera sucediendo— ¡Ya te volviste loca, histérica de mierda!
— ¡No te hagas el desentendido! —gruñó Eve, hastiada por el modo en que el Malsumi trataba de evadir la situación—. Sabes de lo que estoy hablando. Tú en realidad no estás aquí, eres una proyección y, ciertamente, no es obligatorio que luzcas como yo cuando no tienes el control. Sólo lo hacías para angustiarme… y a Tymime también—Enurta frunció el ceño y abrió la boca, dispuesto a replicarle para ponerla en su lugar. Sin embargo, Eve tomó algo del suelo con un rápido movimiento, llevándose al cuello una roca que lucía bastante afilada—. ¡Hazlo ahora o termino con todo esto! ¡Serás libre pero jamás encontrarás un cuerpo como el mío, bastardo!
Los oídos de Enurta no daban crédito a lo que acaban de escuchar. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Por qué lo afectaba tanto? No debería importarle, pero todo se estaba torciendo de forma tan irreal que era difícil procesarlo y asimilarlo.
Eve había perdido la razón, las circunstancias la superaron sin tener la fortaleza suficiente para afrontarlas, era sólo una niña a pesar de todos los años que llevaba a cuestas. Enurta le hizo tantas cosas para llevarla a la locura y logró sorprenderlo cuando las resistió todas, por eso la aborrecía más que a nada en este mundo. La detestaba no sólo por ser su némesis o porque el destino de ambos los empujaba a destruirse, era odio absoluto a su simple existencia, no le tenía ni pizca de aprecio y verla muerta sería la satisfacción más grande de su vida.
A pesar del enorme desprecio que sentía por ella, que superaba con creces al que sentía por aquellos que lo traicionaron… jamás le hizo daño en verdad, sólo lo que Enurta consideraba niñerías, bromas de muy mal gusto. Él que tanto disfrutaba destruyendo a quien se interpusiera en su camino permitió que una niña lo rebajara, y todo por…
Suspiró lleno de frustración. Malditas promesas y maldito él que accedía a tomarlas. Miró a Eve con cierto desdén, pensando con resentimiento que el culpable de todo era Tymime. El arlequín lo había arruinado todo, la dañó y no tenía reparo, ni a él —que resultaba ser más “complicado” que el Malsumi— le agradaría una versión tan rota de la menor de los Lethilian.
— De acuerdo —musitó Enurta a regañadientes, suspirando y cerrando los ojos.
Accedía sólo para darse un respiro a sí mismo y le bastó con pensarlo para que se diera el cambio, con lo ocurrido bastaba para hartarse de la farsa. Pasó tanto tiempo ocultándose que se sentía muy extraño volver a ser él, a como era y como desearía seguir siendo. Abrió los ojos sin que nada cambiase, todo seguía igual, pero lo veía a través de sus ojos y no unos ajenos. Cada parte en él era única, que fueran sólo una ilusión ahora sólo lo hacía extrañarlas más que nunca, especialmente aquellas que le otorgaban placer y diversión. Saber que no era real ahora resultaba más frustrante, como una sombra que intentaba hacerse notar en la oscuridad, carente de libertad e identidad. A pesar de ello era Enurta, de algún modo seguía siendo él y con eso le bastaba para seguir luchando en la oscuridad.
Eve lo observó fijamente, calmándose y lanzando lejos la roca. No estaba sorprendida por ver a quien estaba ante ella, sólo se sentía extraña por contemplar aquellos ojos dispares, tan inusuales… Olvidó todos sus problemas por un instante, siendo presa de una enorme curiosidad que la impulsó a querer tocarlo, conteniéndose al recordar de quién se trataba.
Apenas era algo más alto que ella, lo suficiente para obligarla a levantar la mirada, robusto a pesar de su delicada contextura. No parecía peligroso a simple vista, incluso sería tachado de amigable con mucha facilidad si no fuera por el aura sombría que lo rodeaba, así como la malicia en su mirada o el modo despreocupado en que movía su larga cola. Él no tenía el cuerpo cubierto de marcas como sus subordinados, apenas tenía una en el rostro que lo identificaba como Malsumi; no necesitaba más, pues aquella era la que todos los demás llevaban, él era su dueño.
— ¿Satisfecha? —espetó Enurta desdeñosamente mientras se cruzaba de brazos.
A Eve se le pusieron los pelos de punta al escucharlo, su voz sonaba totalmente diferente, más gruesa y profunda a aquella de tono exasperante que la atormentó durante años. Causó tal impacto en Eve que fue incapaz de ocultar que se estremecía y Enurta lo notó, burlándose de ella con una sonrisa maliciosa, pero ella no le prestó atención.
— Te recuerdo… —dijo Eve apenas con un hilillo de voz, sintiéndose como si fuera la cría que era cuando se tropezó con el Malsumi, igual de acongojada.
— Me preocuparía que no lo hicieras, especialmente luego de que sostuviste la esfera —contestó él despreocupadamente.
Repentinamente ambos se sintieron de manera extraña, era una sensación liberadora, como si hubiesen necesitado que se diera ese momento para alivianar la tensión que a cada uno lo agobiaba. Un desahogo de toda la porquería que debieron soportar por su cuenta y juntos también. Jamás existiría amistad o simpatía entre ellos, sólo eso… fuera lo que fuera tan extraña relación.
— ¿Qué harás entonces? —preguntó Enurta algo distraído mientras contemplaba el cielo, cruzándose de brazos y dibujando una sonrisa que ocultaba cierta amargura—. ¿Te quedarás aquí llorando hasta quedar seca como pasa o te levantarás y lucharás por eso que tanto quieres? No es que sea algo que realmente me interese, pero creo recordar que hay alguien esperando por ti; alguien que sólo omitió “cositas” sucias de su pasado por vergüenza.
Eve sintió que le echaban encima un balde de agua helada con sólo recordarlo. Con todo el dolor de saber más de lo que hubiese querido, se olvidó por completo de Mewtwo. Se sentía muy mal por haberlo dejado solo con Tymime, pero sabía que estaría bien, era más fuerte de lo que siempre aparentó frente a ella. Todavía se debatía entre enojarse, sentirse ofendida porque él pensaba que ella lo rechazaría por semejante nimiedad —y darle, muy a su pesar, la razón por preferir no contarle— o, simplemente, aceptar las cosas como son.
— Aunque haya alguien esperándome, eso no significa que pueda cambiar el destino que Gea me impuso —dijo Eve, apenas con un hilillo de voz, sintiendo de nuevo todo el peso de sus problemas, tomando asiento al sentir que las piernas le flaqueaban. Aquella era la verdad más espantosa de todas, la que más le hacía daño, jamás necesitó de la esfera para saber de ella.
— Oye, sabíamos que nuestras oportunidades de éxito eran escazas desde que decidimos formar esta pequeña alianza, sólo intentándolo podremos tener la certeza de qué tan ilusos éramos —Enurta volvió a posar sus ojos sobre ella, acercándose lentamente y evaluando su reacción.
Eve trató de balbucear un “No sé si…”, pero de pronto encontró a Enurta de cuclillas frente a ella, con su rostro más cerca de lo aceptable y mirándola fijamente a los ojos. De nuevo, una sonrisa altanera cruzó su rostro y a Eve se le pusieron los pelos de punta.
— Cuidado con lo que piensas, que soy muy viejo y mañoso para ti, niña —Enurta echó a reír por el modo en que la ira ruborizó el rostro de la Lethilian, deteniéndola antes de que le replicara con un ademán de la mano—. Parece que has pasado por alto ciertas cosas que son más relevantes de lo que parecen. Dime, ¿acaso recuerdas esa “pesadilla” que tuvo Mewtwo? Te habló de eso hace varias semanas; mencionó varios detalles que me parecieron interesantes.
— ¿Qué importancia tiene un sueño que no se va a cumplir?
— Eso es lo que no sabemos, supongo que hay ciertas cosas que deben ocurrir primero, ¿no crees? —Enurta se puso de pie, ensanchando aún más su sonrisa mientras le hacía señas para que hiciera lo mismo—. Tengo altas expectativas de que se trate de una verdadera premonición; claro, puedo estar equivocado, pero resulta que es algo que me ha dado una idea. Ahora, también tengo muchas dudas respecto a su factibilidad, sólo lo intentaremos si te obligan a usar tu último recurso. Pero…
— Me lo cuentas en el camino, yo también tengo una idea —dijo Eve poniéndose de pie de un salto, con tan repentino ímpetu que desconcertó a Enurta.
El Malsumi le pidió explicaciones con una simple mirada, aunque ella estaba más ocupada en sacudirse todo rastro de miedo y tristeza, echando a correr tan súbitamente que su maestro la maldijo en voz alta.
— ¡Muévete, tenemos que apresurarnos, vamos muy tarde! —le apresuró ella. Sabía que le pisaba los talones gracias a los improperios que seguía dedicándole, hablando de lo desagradecida que era por salir corriendo así—. ¡Cállate un momento y escúchame, que esto te interesa! Se me ocurrió algo, no sé si funcione pero si lo hace… —se le escaparon unas risitas crueles que extrañaron a su maestro— estoy segura de que te gustará bastante.
Parecía que Eve había recuperado el vigor, aunque era todo lo contrario, tanto que le sorprendía estar corriendo tan rápido y con tal destreza a través de la maleza. Antes no se consideraba preparada para afrontar la situación, tenía miedo pero hallaba fortaleza en el apoyo de Tymime, y ahora… No quería seguir llorando, no valía la pena hacerlo… Poco quedaba para animarla a luchar, pues incluso sus sentimientos no eran del todo claros, aunque algo había y se aferraría a ello.
Lo intentaría, pues al menos ahora existía la incertidumbre, que era mil veces mejor que encarar su destino con las manos vacías y totalmente desprotegida ante su crueldad.
— ¡¡¡TENEMOS QUE HACER ALGO!!!
Dómino no paraba de vociferar histéricamente, conmocionada por el inesperado giro de eventos que se suscitaban, donde el paupérrimo ejército de los Lethilian lograba resistir y sobreponerse al poderío de la alianza entre Malsumis y Equipo Rocket.
A la rubia le parecía tan insólito y humillante que no ponía cuidado en controlar su carácter frente a sus subordinados, dar el ejemplo como encargada estaba de último en su lista de prioridades, hastiada de soportar los gritos de Giovanni quien estaba más histérico que ella. El magnate tenía grandes razones para preocuparse del fracaso, había invertido grandes sumas de dinero, armamento, pokémon y personal para aquel ataque; todo por la promesa de unos extraños seres que le ofrecieron el control del mundo a cambio de su apoyo.
— ¡¿Cómo es posible que estemos en aprietos?! ¡Los superamos en número y contamos con armas que ellos no poseerían ni en sus sueños! ¡Esto es absurdo! —chilló furiosa, caminando de lado a lado bajo la atenta mirada de Kronos, quien pensaba cuál sería la mejor manera de hacerla callar—. ¡Tenemos que actuar! ¡No permitiré que el Equipo Rocket sea humillado por unos estúpidos pokémon! ¡Ni siquiera han sido capaces de matar a un Lethilian siquiera! ¡¿Acaso se puede ser más inútil?!
Los gritos de la segunda al mando del Equipo Rocket fueron acallados repentinamente. En un abrir y cerrar de ojos, Drakar había bajado de lo más alto de la roca, plantándose frente a Dómino y sosteniéndola por la cabeza. La rubia pasó de la histeria a la desesperación, muerta de miedo mientras sentía cómo sus pies se despegaban del suelo, dejándola incapacitada para defenderse.
— ¡¿Q-qué estás haciendo?! —chilló espantada, sosteniendo el brazo del Malsumi en un vano y desesperado intento por escaparse de sus garras.
— Ya estoy cansado de tener que soportarlos, humana —espetó Drakar con frialdad, estrujando cada vez con más fuerza la cabeza de Dómino, causándole además un terrible dolor con fuerza psíquica que la hacía pegar alaridos espantosos—. Perdoné sus insolencias y cuestionamientos hacia mí por salvaguardar nuestros intereses, pensé que esta alianza rendiría sus frutos en el futuro, pero no han servido para nada. Mis tropas han hecho más que tus míseros hombres armados y tienes la desfachatez de llamarnos inútiles.
Algunos soldados del Equipo Rocket hicieron el ademán de querer intervenir para rescatar a su superior, pero sólo con el aura maligna que desprendía Drakar era más que suficiente para cohibirlos. Nadie se atrevería a interceder por Dómino, no cuando la supuesta personificación del mal la tenía atrapada entre sus garras; ¡menos si lucía como Mewtwo!
— Te crees superior a nosotros a pesar de que hemos demostrado que ustedes son nuestros sirvientes —siseó el líder de los Malsumis con crueldad, dejando que todo su enojo se canalizara hacia su indefensa presa—. Mi paciencia se agotó, igual que tu utilidad.
Los gritos de dolor de Dómino desgarraban los tímpanos de sus compañeros, llegando a un espantoso final cuando la fuerza de la mano de Drakar terminó por aplastar el cráneo de su víctima, tal como si fuese una simple uva. Los ejecutivos y soldados élite del Equipo Rocket ahogaron un grito ante el desagradable crujir de la cabeza de Dómino, conmocionados y temerosos de ser el siguiente si se atrevían a decir algo.
Drakar chascó la lengua con hastío, lanzando el cuerpo a los pies de los estupefactos Rocket, sacudiéndose como si nada algunos restos de masa encefálica que quedaron entre sus dedos. Miró a aquellos humanos despectivamente, decepcionado ante sus infantiles reacciones, especialmente cuando la organización tenía la bien ganada fama de cometer mayores barbaridades contra pokémon y humanos por igual.
¿Qué creían? ¿Que por lucir como un pokémon él no era realmente peligroso? ¿Acaso todo eso les parecía un juego o una tontería? Tal desfachatez ocurría por culpa de hacer caso a los consejos de Kronos, siempre le sugería paciencia para no rebajarse a su nivel… ¡Patrañas! Lo único que había conseguido era que su imagen como Malsumi se viera mancillada, a tal punto que nadie lo tomaba en serio, como si fuera un niño apuntándolos con un rifle y los adultos se rieran de él pensando que su travesura era adorable. Ya no más.
— Buen trabajo, mi señor, una digna muestra del líder que es usted. Esa humana ya estaba resultando una verdadera molestia —lo felicitó Hela con cautela aunque alegre, observando atentamente mientras Drakar regresaba a su alto puesto, maravillada con la furia que reflejaban sus ojos y reafirmando así sus sentimiento hacia él.
Lejos de permitirse disfrutar un poco de su amado, Hela percibió una perturbación en el aire que llamó su atención. Giró rápidamente la cabeza, bufando con indignación al hallar la razón de que se le pusieran los pelos de punta.
— ¡¿Cómo ha podido llegar tan lejos?! —soltó.
— ¿A quién le importa? —espetó Drakar con desdén—. Aunque se las arregle para llegar hasta aquí, no tiene oportunidad alguna contra mí. Déjenlo creer que puede hacer algo útil.
— Permítame encargarme de Mewtwo por usted, mi señor —dijo Balac apresuradamente, plantándose ante él y haciendo una reverencia—. Le traeré su cabeza para complacerlo…
— ¡No! —Kronos se adelantó a su líder, ahorrándole la molestia de iniciar una discusión con el monstruo acorazado—. No podemos dejar sólo y desprotegido a nuestro señor. Además que tiene razón, no representa un verdadero peligro, es sólo un alcornoque con ínfulas de superioridad, prácticamente igual que un humano. Sin embargo —un punto en el campo llamaba su atención, algo que en verdad podía tornarse en un problema si no era contenido a tiempo. Se lo señaló a Balac, quien al notarlo pareció palidecer—, de eso sí debemos preocuparnos. Yo me encargo. No se despeguen de nuestro señor.
El Alakazam desapareció ante sus ojos sin mediar más palabras, teletransportándose y dejando a Balac con algo de malhumor por encomendarle ser niñera. Drakar tuvo que contener un respiro de alivio, pues con la partida de Kronos descansaría de sus furtivas miradas de reprobación, ahora podría concentrarse de lleno en dar con Eve.
Y las cosas para Drakar se pondrían cada vez mejor, más de lo que él esperaba…
— ¡Hela! —Balac llamó con todas sus fuerzas, viendo cómo ésta se alejaba a toda velocidad sin que él pudiera hacer algo para detenerla—. ¡Regresa aquí ahora misma, bruja loca!
No había caso, Hela se encontraba fuera de su alcance por completo, dirigiéndose directamente a aquel adefesio creado por el Equipo Rocket. Drakar dibujó una siniestra sonrisa, deseando que las cosas se siguieran suscitando con tanta conveniencia y se deshicieran de Hela por él. De hecho, si todos eran pulverizados sería como una bendición, así nadie lo molestaría en el momento que Eve decidiera aparecer.
— Ve con ella, Balac —las ansias de quedarse a solas con sus pensamientos eran incontrolables, quería deshacerse de todos sus problemas de una vez por todas.
— P-pero, mi señor… no puedo dejarlo solo —balbuceó Balac profundamente contrariado. La imagen del fornido general se derrumbaba con tanta facilidad que le repugnaba a su amo—. No puedo permitir que a usted le suceda algo. Ellos podrían…
— ¿Insinúas que soy débil e incapaz de defenderme? —inquirió Drakar, lanzándole una mirada asesina que acongojó aún más al Aggron, quien se apresuraba a balbucear excusas absurdas—. Me sorprende semejante ofensa, en especial cuando fuiste tú quien me preparó para luchar, conoces mi verdadero potencial más que nadie —se detuvo, divirtiéndose con las variopintas reacciones del viejo general, sabiendo que algunos halagos a su tutoría le inflarían el ego lo suficiente para quitárselo de encima—. Esto no es un favor que te estoy pidiendo, es claramente una orden, más te vale acatarla. Además, si no me falla la memoria, hace nada te ofreciste a librarte de esa aberración por mí.
Balac estaba obviamente consternado, dudando entre apelar a la razón u obedecer las órdenes de su amo y señor, aunque pronto su propio ego le ayudó a escoger el complacer los deseos de Drakar. Hizo una reverencia antes de darle la espalda y seguir los pasos de Hela lo más pronto que le permitía su pesado cuerpo, sabiendo que tenía la mirada de su líder taladrándole la nuca, más que dispuesto a brindarle gloria y demostrarle de lo que era capaz un verdadero guerrero como él.
Drakar suspiró con alivio, finalmente estaba solo, aunque la cuerda de inútiles del Equipo Rocket permanecía cerca intercambiando temerosos murmullos entre ellos; lo mejor para él era ignorarlos y darles la espalda, no le preocupaba que se convirtieran en una amenaza. Por lo que escuchaba, intentaban reorganizarse, preparando armamento y discutiendo la manera de contrarrestar el Ventarrón para que los helicópteros por fin fueran de utilidad. Trató de no prestarles atención, nada de lo que hicieran cambiaría el curso de la batalla, eran más inútiles que sus vehículos. Se rio entre dientes, pensando en lo absurdo que resultaba el estatus quo en ese mundo, donde unas criaturas tan enclenques como los humanos dominaban prácticamente todo.
Era tan injusto como la idea de que Eve y él no podrían estar juntos jamás. El único beneficio de ganar aquella batalla era la posibilidad de exterminar aquella peste, sabía que a Eve tampoco le agradaban, así que conseguiría complacer a lo único que verdaderamente le importaba en ese mundo y a sí mismo.
“Aparece pronto, Eve. Necesito verte, ya no soporto más esta incertidumbre”, pensó angustiado ante la espera, deseaba con todas sus fuerzas recibir la respuesta que tanto anhelaba. “¿Qué debo hacer para que te presentes ante mí? Quiero que todo esto termine para estar contigo…”.
Tymime observaba atentamente el campo de batalla en compañía de Icestar y Yami. Teniendo a su hermana cerca, él sólo tomaba decisiones cruciales, ella se encargaba de coordinar todo lo demás. Aunque a ojos de cualquiera pudiera parecer que Icestar había tomado el mando eso no era cierto, a pesar de los murmullos que llegaban a sus oídos, a Tymime le importaba nada lo que pensaran; su deber era estar atento a todo lo que podía para poder dirigir a sus tropas.
A esas alturas de la batalla, lamentablemente, habían llegado al punto en que las formaciones de ambos bandos perdieron toda organización; algunos conseguían reagruparse aunque carecían de la eficiencia de antes. Todo aquel desastre comenzó a empeorar cuando Shock y Rocknight fueron traídos de vuelta muy malheridos, aumentando las posibilidades de que los Malsumis triunfaran.
Tymime suspiró, con más frustración que pesar, cuando Icestar le informó que sería imposible que Rocknight recuperara la vista y que Shock se encontraba en estado crítico, incluso más que Dinya. Con esto quedó claro de que el momento de entrar en batalla había llegado, no podía dejar pasar más tiempo, no porque los Lethilian caían y los Malsumis seguían pie, también por sus motivaciones personales.
— Ya está muy cerca.
El repentino comentario de Icestar interrumpió el hilo de sus pensamientos, levantó la mirada buscando aquello que ella veía, curioso por hallar aquello que la sorprendía tanto. Casi al otro extremo del valle, pudo apreciar con claridad una figura que se desembarazaba de algunos agresores, deshaciéndose de quien se interpusiera en su camino con absurda facilidad a pesar de que se le lanzaran hordas encima. Mewtwo parecía imparable y más poderoso que nunca, seguramente llegaría ante Drakar en cuestión de minutos.
La sombra de una sonrisa burlona bailó en el rostro del arlequín. Que Mewtwo fuera tan iluso para creer que podía lidiar con el sucesor de Enurta era hilarante, sería pulverizado por Drakar, ahorrándole el mancharse las manos con la sangre de aquel adefesio. Su sonrisa se esfumó. Por lo general, no le importaba quién se deshiciera de sus enemigos mientras terminasen muertos; sin embargo, aquella ocasión era diferente y lo irritaba. Una voz en su cabeza le reveló que el motivo era que deseaba ser él quien diera fin a la existencia de Mewtwo.
La posibilidad de que le arrebatasen ese placer, junto a los incipientes murmullos de quienes le rodeaban, hablando emocionados respecto a la hazaña de Mewtwo y reprobando la pasividad de Tymime, empezaban a molestar de sobremanera al arlequín. Solía hacer oídos sordos a esa clase de comentarios, pues sólo era el razonar de ignorantes que jamás se tomaban la molestia de analizar el motivo de sus decisiones. Sólo por esta vez les daría el gusto por ser necesario.
— Voy a entrar.
Icestar actuó rápidamente para detener a Tymime antes de que éste partiera, ganándose una mirada de reproche del arlequín, aunque tenía curiosidad por el repentino gesto de su hermana. Se le acercó, susurrándole algo rápido al oído y sosteniendo discretamente el filo de su gorguera. Tymime asintió, aminorando sutilmente su malhumor al comprender el motivo, desapareciendo en cuanto ella lo dejó ir.
Reapareció justo al otro lado de la barrera que protegía la ciudad, no lo hizo más adelante porque resultaba riesgoso, aunque la verdad es que no tenía tanta prisa por llegar al otro lado. No, él quería disfrutar de aquel momento, por simple diversión y por callar a la cuerda de imbéciles que cuestionaban sus acciones sólo por no verlo luchando a lo bestia.
Caminó con suma tranquilidad, como si el caos que lo rodeaba no existiera, materializando su esfera y jugueteando con ella entre sus manos. Aunque su intención era liberar sus frustraciones sin que nadie lo juzgara por ello, le resultaba difícil sentirse motivado a pesar de todo el estímulo que recibía de todos quienes le rodeaban.
Se hallaba incapaz de sentirse del todo cómodo con la situación, menos cuando carecía de aquello por lo que tanto luchó, el mismo por el cual aún seguía los lineamientos de Gea a cabalidad —aunque no le gustaran para nada—. Y si lograse, como por gracia divina, conseguir la respuesta que necesitaba mientras avanzaba… ¿realmente haría alguna diferencia luego de todos sus espantosos errores? No quería seguir desvirtuándola con sus fríos hilos.
Por su modo de andar algo cabizbajo lucía distraído, algo que no pasó por alto a ojos de los Malsumis. Una manada de Mightyena se abalanzó sobre el arlequín, ignorando el error que habían cometido incluso después de ser rebanados en cientos de pedazos por los incontables hilos que rodearon al Lethilian, invisibles para la gran mayoría hasta que la sangre comenzó a deslizarse lentamente a través de ellos.
A partir de entonces, el paseo se convirtió en una frenética marcha a través del valle, abriéndose paso gracias a sus crueles hilos. Todo lo que tocaban era pulverizado por las etéreas hebras de acero, sin misericordia y sin que al arlequín le temblara el pulso. Si los hilos fallaban, Tymime se aseguraba de brindarle una muerte peor al elusivo desgraciado, ya sea con su abrumadora fuerza psíquica que los hacía explotar o sus garras que exponían los intestinos de sus víctimas.
Llegado al punto en donde la batalla se volvía más cruenta y violenta, no titubeó en ordenar a sus hilos que se apoderaran de los cuerpos de aliados caídos. Nada le importó la estupefacción que causó en sus súbditos al hacerlo, no eran más que cadáveres, aquello que los hacía algo más que un envase se había desvanecido hace mucho, no quedaba nada y así volvían a ser útiles.
Los nuevos maniquíes se alzaron, protegiendo a su titiritero a toda costa mientras éste se encargaba de avanzar, coordinando estupendamente el movimiento de cada uno como si fueran cientos quienes manejasen los hilos y no sólo él. Pocos serían capaces de comprender lo impresionante que esto resultaba, pues llevar el control de cada movimiento sin descuidarse a sí mismo requirió muchos años de práctica y dedicación. Su necesidad de perfección era positiva cuando sabía implementarla adecuadamente.
A Tymime poco le interesaba lo magnífico o terrorífico que pudiera resultar al espectador, era algo habitual para él, debía mantener la concentración. Lo más curioso era su serenidad, se sorprendía a sí mismo por su capacidad de autocontrol, generalmente se dejaba llevar demasiado a causa del aluvión de emociones negativas que absorbía; era algo que jamás pudo controlar, no entendía cómo ahora sí. Mantenía la serenidad a pesar de que su cuerpo se estremecía, presa del ambiente que lo rodeaba y alimentaba el poder que tanto admiraban quienes le idolatraban.
Su participación en la contienda debía parecer un macabro espectáculo que preocuparía a cualquiera, tuvo certeza de ello cuando en su camino apareció súbitamente una figura; el recién llegado le cortaba el paso, dedicándoles una fría mirada con sus minúsculos ojos negros. Kronos permanecía tranquilo ante su presencia, sosteniendo con firmeza el Báculo Ea, al parecer indiferente ante el modo en que Tymime se desenvolvía.
— Tardaste demasiado en aparecer —dijo Tymime con un tono de voz absurdamente casual, como si no se hallaran en plena matanza. Se esperaba que el Alakazam intentase detenerlo, por eso no le daba importancia. Con su llegada prolongaría que el frenesí se apoderara de su cuerpo y mente.
— Todo a su tiempo. Hay cosas que no deben apresurarse, ¿no crees? —Kronos habló pausadamente, suspirando y negando ligeramente con la cabeza; parecía profundamente decepcionado—. Tantísimo talento desperdiciado, Tymime… Tan sólo ver cómo te desenvuelves me deprime, es maravilloso el poder que has alcanzado en tu condición y prefieres estar del lado perdedor. ¿Qué te motiva? Dímelo, por favor, la curiosidad me carcome. ¿O es que no hay nada que explique semejante sinsentido?
— Tengo mis razones, pero eso es algo que no le compete a nadie más que a mí —el arlequín sostuvo la esfera con fuerza, por un instante sintió que se tragaba un trozo de hielo al pensar en dichas motivaciones—. ¿Qué te parece si dejamos las absurdas formalidades de lado y comenzamos? Tengo mucho por hacer y poco tiempo.
— ¿Tan impaciente estás por saldar cuentas del pasado, Tymime? Pensé que ya lo habrías superado, lo sucedido nos benefició a todos y lo sabes.
A Tymime se le escapó una risotada. ¿Qué sabía Kronos de él? No más que el resto del mundo, nadie podría comprender su razón de seguir ahí, no lo entenderían y tampoco es que deseara darla a conocer.
Con un rápido movimiento de sus dedos hizo que sus hilos se replegaran, liberando a los cadáveres de su control y dejándolos caer en el suelo. Kronos no era un digno oponente, siempre había sido un cobarde que rehuía del combate, pero se trataba de una ocasión especial y estaba dispuesto a ensuciarse las manos con aquella alimaña. Excepciones, excepciones, malditas excepciones.
Tymime sonrió maliciosamente, alistándose para destruir a su enemigo sin piedad, pensando en lo dulce que siempre le resultó la venganza aunque casi siempre tardara en llegar.
La distancia se acortaba y su cuerpo lo sabía, conquistado por una excitación que aumentaba a cada paso que daba, impaciente por alcanzar su objetivo. Había avanzado con demasiada lentitud para su gusto, una agonía para su instinto hambriento por luchar, desatándose sin piedad contra sus enemigos. Cierto desasosiego embargaba su corazón, pensando que alguna vez estuvo destinado a convertirse en aquel que era en ese instante, sintiéndose inesperadamente cómodo con ello.
“Ten precaución, no te dejes llevar demasiado, podrías no regresar. Estás haciendo una excepción, no lo olvides, no permitas que te domine el pasado”, le decía la pequeña voz de la razón en lo más recóndito de su cabeza, sonando temerosa con buenos motivos.
Su psiquis estaba desatada de tal modo que era capaz de aniquilar a sus contrincantes en cuestión de segundos, su poder se desenvolvía de una manera que no lo hacía hace varios años, así que debía procurar mantener la mayor concentración posible para no perder los estribos… al menos hasta llegar ante su verdadero oponente. No le importaba hacerse un daño irreparable mientras pudiera volcar toda su fuerza contra Drakar y destruirlo como lo hacía con sus súbditos.
Se detuvo en seco cuando notó que su camino quedó completamente despejado de súbito. Sólo una esbelta figura se perfilaba ante él, obstruyéndole el paso. La extrañeza dio paso al desprecio cuando Mewtwo reconoció que se trataba de Hela, quien lo observaba fijamente con sus ojos rojos, esbozando una maliciosa sonrisa en su rostro.
— ¡Cuánto tiempo! Es un gusto ver de nuevo a la mascota de los Lethilian —saludó Hela con cierta picardía mientras se ensortijaba un mechón de cabello con el dedo. Su actitud juguetona podría parecerle atractiva a algunos, mas sus ojos mostraban el verdadero peligro que representaba, recordándole la víbora que era en realidad—. La última vez metiste las narices en una batalla que no te pertenecía. Lo gracioso es que intentaste ser un caballero de lustrosa armadura salvando a la damisela, pero en un giro desafortunado de eventos, la princesita tuvo que rescatarte a ti. Mi orgullo de macho estaría por los suelos si estuviera en tu lugar —se acercaba despacio, moviendo sinuosamente sus caderas, de modo que recordaba mucho a una serpiente deslizándose para acercarse a su presa—. Es una lástima que nunca tuviésemos la oportunidad de conocernos mejor, quizás me hubieras gustado, pero algo que quiero que sepas es que detesto dejar las cosas a medias.
Mewtwo estaba más que preparado para luchar cuando Hela se lanzó hacia él, sin dejarse impresionar por su velocidad o por el aterrador gesto que desdibujó su rostro. Lo único que lo dejó boquiabierto fue la Bola Sombra que le rozó el hombro, la cual se estrelló de lleno en el rostro de Hela y luego explotó, lanzándola lejos de él.
— ¡Hola! ¡¿Cómo estamos aquí?! ¿Cierto que bien? Vivos, por lo que veo… bueno, al menos ustedes, porque yo estiré la pata hace tiempo —canturreó Moonghost alegremente, apareciendo de un salto y colocándose frente a Mewtwo, muerto de risa. Mientras, Hela se reincorporaba, dedicándole maldiciones al fantasma—. Uy, disculpa. ¿Eso te dolió?
— ¡Eres un…!
— ¿Qué tal si nos ahorramos la típica cháchara de héroe/villano y pasamos a tener la lucha épica de una vez? —sugirió Moonghost con la voz más atorrante que pudo, guiñándole el ojo a Mewtwo por encima de su hombro cuando Hela rechinó lo dientes muy molesta—. Yo me hago cargo de la cuaima, compadre. Tú tienes otro asunto que atender. Te alcanzo luego.
— No es por dudar de tus capacidades, pero… ¿Estás seguro? —dijo Mewtwo, sintiéndose extraño por la repentina intervención de Moonghost, que siempre se las ingeniaba para hacer un chiste de todo. No sabía si reír o intentar echarlo sin herir sus sentimientos.
A pesar de su breve indecisión, Mewtwo no quiso desaprovechar la oportunidad que le otorgaba Moonghost, hizo tripas corazón al igual que con Flame y salió disparado a toda velocidad. Hela intentó detenerlo cuando pasó cerca de ella, escapándose de sus garras con facilidad, robándole un grito de ira.
La frustración de la Malsumi le provocó una enorme satisfacción hasta que algo más le bloqueó el paso. Balac rugió con todas sus fuerzas, corriendo lo más rápido que le permitía su pesado cuerpo para embestirlo, sabiendo que su coraza de acero lo protegería de los ataques psíquicos de Mewtwo.
Quizás la avidez del Aggron no le permitió predecir lo que sucedería, en especial cuando una bola rosada pasó frente a él a toda velocidad agarrándole los cuernos, obligándolo a desviarse y siendo lanzado bastante lejos como si pesara nada.
— ¡Yo me encargo de éste! —exclamó Baby muy contento, saludándole con su manita antes de lanzarse tras Balac.
Mewtwo estaba al tanto que Baby poseía una fuerza extraordinaria, en ese sentido superaba por completo a cualquier otro pokémon que hubiera conocido, resultaba increíble que algo tan pequeño poseyera semejante poder físico. Aun sabiéndolo tan bien, la estupefacción en su rostro era enorme, tanto como para sentirse afortunado de contar con el yelmo para ocultarla.
Sacudió su cabeza para espabilar, estaba demasiado cerca para entretenerse con banalidades. Volvió a tomar impulso con la mayor velocidad posible, suspirando con alivio al no encontrar nada más que importunara su trayecto. Incluso, llegado a cierto punto decidió calmarse, permitiéndose poner los pies en la tierra y caminar tranquilamente el último trecho. Así fue como aquel tramo se le hizo eterno.
Sus músculos ardían por el esfuerzo al que fueron sometidos, resintiendo cada movimiento que realizaba, ansiosos por volver al vertiginoso ritmo que les obsequiaba estar en batalla. No estaba cansado, pero lo hecho para llegar hasta ahí comenzaba a deteriorarlo, debía actuar con prudencia ante un enemigo totalmente descansado.
Se detuvo. Finalmente, a pocos metros de él se encontraba Drakar observándolo desde lo alto de la roca que ocupaba, meciendo la cola con cierta indiferencia. Mewtwo tragó saliva; ver a otro de su misma especie, aunque no fuera del todo real, le producía cierto espanto y una sensación de vacío en el estómago. Le era difícil asimilarlo, se había hecho la idea de que sería único hasta el final de sus días. No le agradaba, especialmente sabiendo quién estaba detrás de aquella copia.
Drakar ladeó la cabeza mostrando algo de curiosidad, dibujando una discreta sonrisa y dejándose caer para quedar al mismo nivel. Mewtwo notó que algunos Rocket hicieron el además de querer detener al Malsumi, quizás para aconsejarle precaución, pero deteniéndose al tropezar con un cuerpo al que le habían aplastado la cabeza.
Los ojos de Mewtwo se fijaron rápidamente en la mano ensangrentada de Drakar, atando cabos de inmediato y resolviendo que lo mejor sería tener cuidado. Quizás Drakar era más peligroso de lo que ya le habían contado.
Del actual líder de los Malsumis tenía muy escaza información, sólo lo dicho por los hermanos y parecía ser lo más aparente; además, también sospechaba que tenía cierta obsesión por Eve, sin embargo desconocía la razón de esto. Lo lógico era que si ocupaba el puesto de Enurta, alguna similitud debía tener con él, probablemente en cuanto a lo sanguinario y la pasión por matar.
Sintió que la ansiedad se sobreponía a la adrenalina, haciendo que su cuerpo temblara con temor ante la idea de pelear con algo completamente desconocido para él… y eso era un gigantesco problema. Curiosamente, conocía lo suficiente a Enurta para esperar algo de su parte al momento de luchar, pero con Drakar estaba en blanco; quizás fuera al grano como aquella vez que… Maldijo por lo bajo al notar que su decisión titubeaba por una nimiedad.
— Te felicito por llegar hasta aquí —dijo Drakar socarronamente luego de un rato de permanecer observándose en silencio—. ¿Puedo preguntar qué te hace ir directamente a una muerte segura?
— ¿Qué te hace pensar que seré yo quien muera?
Drakar tuvo que contener una carcajada, mirando a todos lados como si pensase que le estaban jugando una mala broma y hubiera cámaras escondidas.
— Me parece gracioso ver tanto optimismo y confianza en alguien a quien inmovilicé de un golpe la única vez que intentó enfrentarse a mí —señaló Drakar lacónicamente.
— Y sabiendo eso decides tomar su forma. ¿Qué es más gracioso? —puntualizó Mewtwo suspicazmente, borrándole la sonrisa en seco al Malsumi—. ¿Cuánto tiempo tienes así? ¿Un par de meses? Si mi entendimiento acerca de su capacidad para transformarse en correcto, necesitarías mucho más tiempo que ese para poder mantener el control de tu psiquis y manipularla a tu antojo.
Por el gesto de Drakar parecía que había acertado, dándole una pequeña esperanza de obtener la victoria aunque acabase moribundo. Su corazón volvió a latir con fuerza, entusiasmado ante la posibilidad de tener éxito, aunque viéndose frustrado cuando su otro yo volvió a dibujar aquella chocante sonrisa altanera.
— Tienes razón hasta cierto punto —habló Drakar despreocupadamente, dejando que se le escapara un suspiro; le gustaría apreciar las emociones ocultas tras el yelmo que portaba la escoria para disfrutar cómo se apoderaba de él la desesperación—. Me complace saber que estás al tanto de que somos metamorfos, pero seguramente desconoces que cada uno posee cualidades específicas que se han desarrollado por encima de nuestros gustos personales —comenzó a juguetear con una esfera de acero que sostenía con la mano limpia, sabiendo que actuar con serenidad mostraba confianza, algo que generaría inquietud en su oponente; la batalla había comenzado aunque no estuvieran enzarzados en una maraña de golpes—. Aegir se especializa en bestias acuáticas. Shiva en aquellas con venenos letales. Adzu se corona como el verdugo de los cielos con sus dragones y aves de rapiña. Enurta, según me han contado, estaba tan cómodo con su forma que jamás volvió a cambiar; tampoco lo necesitaba, era muy poderoso tal y como estaba. A Kronos le sucede lo mismo, está muy a gusto siendo un Alakazam decrépito, con la diferencia de que su fuerza es paupérrima; por suerte para él, puede compensarlo con una gran inteligencia.
Drakar se detuvo un momento para permitirle a Mewtwo procesar la información. El clon estaba más ocupado regañándose por no preguntar más respecto al Enurta antes de su derrota, quizás así podría tener alguna idea de qué hacer para derrotarla. Ignorando esto por completo, el Malsumi continuó:
— Dicen que Enurta podía manipular el espacio que lo rodeaba, creando un pequeño mundo donde los horrores superaban a los de cualquier pesadilla, como un infierno en la tierra. ¿Quién que no sea un Dios puede hacer eso? ¿No te parece una locura? Me lamento todos los días el haber nacido sin la capacidad de alcanzar semejante nivel —comentó suspirando con verdadero pesar, se mostraba realmente afectado por esto, descolocando completamente a Mewtwo por sus repentinos cambios de humor y cómo su rostro los exteriorizaba—. Supongo que no era mi destino —resolvió, encogiéndose de hombros despreocupadamente—. Eso no quita que posea mi propia singularidad. En todos los demás aspectos soy igual de poderoso que Enurta, fui bendecido con muchas de las bondades de mi sucesor gracias a la voluntad de Gea. Lo que más me diferencia de él es mi excepcional capacidad para cambiar de forma constantemente, puedo ser lo que me antoje y con mayor rapidez que cualquiera de mis subordinados, dominándolo hasta tal punto que puedo superar con creces a un original.
Mewtwo hizo un gran esfuerzo para acallar una risotada. Drakar pasó por alto la grosería, incluso ensanchó su sonrisa, sospechando las razones de la bazofia. Ambos ardían en deseos por matarse entre ellos, pero actuaban civilizadamente teniendo aquella conversación con tanta calma.
— ¿Por esa habilidad que presumes es que te sientes tan confiado? —inquirió Mewtwo.
— ¿Confiado? Oh, no, yo no diría eso. Me han enseñado a no subestimar a mis enemigos sin importar nada —contestó el Malsumi tranquilamente, encogiéndose de hombros—. Es cierto que confío en mis habilidades, pero sólo estoy calmado, nada más.
— Si no se tratase de ti, pensaría que es algo respetable, incluso admirable.
— Gracias por el cumplido, supongo —dijo Drakar entre risas, pareciendo por un instante un joven Mewtwo amable y despreocupado. Esto le producía desagradables escalofríos al Mewtwo original—. Aprovechando este momento y que eres más dado a conversar que Tymime, me gustaría preguntar… ¿Me dirías dónde se encuentra Eve?
Mewtwo no le contestó al notar algo extrañamente perturbador en la mirada del Malsumi. Sus sospechas respecto al interés de Drakar en Eve comenzaban a tomar forma y no le gustaba para nada, sentía que la sangre le hervía a la vez que una profunda indignación comenzaba a urgirlo para que atacase. Aunque el enojo mantenía su boca bien cerrada, también sería una imprudencia mencionar que Eve había huido, eso podría enfurecer a Drakar.
— Tampoco piensas responderme, ¿cierto? —Drakar alzó una ceja con escepticismo, dejando caer la esfera de acero al polvoriento suelo—. ¿Sabes una cosa? Le propuse un trato a Eve hace un mes para evitar toda esta parafernalia, ella debía darme una respuesta hoy y la sigo esperando. Pero en vista de las circunstancias… —se detuvo un instante, observando con suma curiosidad la mano ensangrentada para apreciar la energía oscura que comenzaba a emanar de ella—. Le prometí destruirte si no me daba la respuesta que quería y siquiera se ha presentado. Soy alguien que toma muy en serio su palabra, no lo tomes tan personal, ¿te parece? Igual, nunca me has parecido una buena influencia para ella.
Mewtwo sintió como si un dragón se retorciera de rabia en su interior. No sabía en qué consistía el trato que mencionaba el Malsumi, lo que más le indignaba es que Eve jamás le mencionase nada respecto a la dichosa propuesta. No, no era el momento adecuado para molestarse por sandeces, en especial cuando su cuerpo se acomodó inconscientemente para la batalla, al mismo tiempo que su mente transmitía un claro mensaje a su oponente.
— Yo también tengo una promesa que cumplir.
Tymime corrió una vez más hacia Kronos preparando sus garras con energía siniestra, moviéndose rápidamente a la par que coordinaba sus hilos con la otra mano. Quería darse el placer de desgarrar su carne con sus propias manos, los hilos sólo eran comandados para buscar acorralarlo y dejarlo a su merced. Sin embargo, el más anciano de los Malsumis lo evadía de nuevo al teletransportarse fuera de su alcance, demostrando lo cobarde que era; no importaba si Tymime lograba deducir el patrón de sus reapariciones, Kronos se las ingeniaba para escabullírsele.
A cualquiera le frustraría semejante situación, parecía no tener fin, más conocía lo suficiente a Kronos para saber que sólo estaba ahí para distraerlo, evitaría el enfrentamiento directo a toda costa. Era más que obvio que no quería correr el riesgo de dejarlo llegar ante Drakar.
Sabiendo que estaban arrastrándolo a una rutina de desgaste, se las ingenió para obligar a Kronos para que tomase una actitud algo más ofensiva, utilizando maniquíes de su colección personal a la vez que extendía sus hilos lo más lejos que podía. Pronto el Alakazam se sintió acorralado, no dejaba de usar Teletransportación aunque no era capaz de ver los hilos, así que nunca estaba seguro de encontrarse a salvo.
A pesar de que comenzaba a tomar el control de la situación, Tymime estaba harto de corretearlo por todo el valle, frustrándose de tal modo que liberó un aluvión de energía psíquica que consiguió inhabilitar la teletransportación de su contrincante. El arlequín lo pensó dos veces para ir tras él, preparando sus garras para dar la estocada que pondría fin a un asunto del pasado; saboreaba la victoria con cruel satisfacción, seguro de que no fallaría.
Kronos no resistiría al ser un Alakazam, carecía del poder para detenerlo, sus poderes psíquicos eran inútiles gracias a la inmunidad que poseía en su contra. Estaba acorralado, el Malsumi lo sabía por el modo en que lo miraba, levantando el báculo en un vano intento por protegerse de su ataque. Tymime estuvo a punto de estallar en carcajadas ante esto, nada podría salvarlo.
Sin embargo, cuando estaba a sólo unos cuantos pasos de su objetivo, sintió que algo dejaba de funcionar. Tymime quedó completamente anonadado al percatarse de que su cuerpo no respondía a su voluntad, no pudo hacerlo reaccionar por más que lo intentó. Entró en pánico como pocas veces en su vida, no comprendía lo que sucedía y no hallar la respuesta rápidamente lo sacaba de sus casillas.
Hizo todo lo posible por liberarse del conjuro que lo suprimía, debía recuperar el control de su cuerpo para poder aliviar su mente presa del pánico; para su gran desgracia, eso se le hizo imposible. ¡¿Qué estaba sucediéndole?! En cuanto comenzó a hacer eco en su cabeza, un dolor espantoso se apoderó de él, tan fuerte que todo el mundo a su alrededor perdió el color.
Pronto perdió la fuerza en sus piernas, cayendo al suelo, donde se hizo un ovillo sintiendo como si lo despellejaran vivo. No gritó, apretó con tanta fuerza los dientes que el metálico sabor de la sangre invadió su boca de inmediato; ya era suficiente humillación encontrarse reducido de esa manera, no dejaría que también supieran cuán intensa era su agonía.
— Me da una lástima enorme ver semejante desperdicio de potencial, en verdad que me afecta profundamente.
Kronos se deshizo de la distancia que quedaba entre ellos apuntándolo con el báculo, encegueciéndolo con la luz que emanaba de la piedra carmesí. Su sonrisa altanera lo enfurecía sin que él pudiera borrársela de un puñetazo. ¿Por qué seguían sucediéndole estas cosas? ¿Cómo era posible que sumara tantas en derrotas en tan poco tiempo? ¿En qué momento se había vuelto tan débil y vulnerable?
— Debes estar confundido por lo que te sucede, ¿cierto, muchacho? —siseó Kronos, disfrutando de ver al arlequín indefenso a sus pies, quien lo miraba con sumo desprecio a pesar del dolor que lo aquejaba—. Permití tantas groserías y burlas tuyas hacia nosotros sólo porque tenía el báculo en mi poder. Eres maldad pura, ¿recuerdas?; y éste fue el báculo que utilizó Gea para crear todo el mal en este mundo. Del mismo modo que pude usarlo para darle fuerzas a Enurta y que tomara el control del cuerpo de Eve, puedo mermar tu poder hasta reducirte a nada.
La ira en Tymime se disparó en cuanto escuchó la mención de Gea y Enurta. ¡¿De eso se trataba?! Su enojo le dio la fuerza suficiente para incorporarse lentamente, no le importaba sentir que sus músculos se desgarraban o que su corazón iba a estallar, la sola mención de la bruja lo enfurecía más que nada. No permitiría que uno de sus artilugios lo controlase, no cuando se suponía que él estaba exento de ello, ¡eso nunca!
Kronos pareció asustado por instante ante esto, cayendo en cuenta pronto de lo que realmente sucedía, el arlequín se estaba destruyendo a sí mismo con eso. El Malsumi se burló con una cruel risa, pateándolo en el estómago con todas sus fuerzas, obligándolo a volver al suelo y brindándole una enorme satisfacción.
Tymime de nuevo se retorcía a sus pies, ahora la presión en el pecho era mil veces peor y no le permitía respirar. Tenía que hacer algo para liberarse, eso no podía terminar así, no del mismo modo que…
— Me cuesta mucho creer que jamás se te ocurrió la posibilidad de que el báculo tuviera alguna influencia en ti. Eres tan inteligente… ¿Acaso la soberbia no permitió que vieras lo obvio? ¿O algo te distraía? —continuó Kronos, saboreando cada palabra con la cual humillaba el orgullo del arlequín, era un espectáculo sin igual verlo tan vulnerable—. Ay, Tymime, en verdad no dejaré de lamentarme nunca por ti. Tanto talento tirado a la basura, esforzarte por darle valor a una cuerda de perdedores sólo hizo que obtuvieras esto. Qué desgracia ver tan indefenso a alguien que estaba destinado a la grandeza, reducido a nada por una nimiedad...
Ya no lo soportaba más. No importaba el desprecio o la ira que le hacía hervir la sangre, nada de lo que intentara le devolvía el control de su cuerpo, ya era incapaz de respirar y pronto no valdría la pena. ¿De qué le sirvieron tantos años de entrenamiento si era ridiculizado por un artilugio que no era más que un capricho de Gea? Ni su rabia ni dolor bastaban para librarse del conjuro, su poder carecía de valor.
Su muerte no podía ser más patética, ¿cierto? No podía existir final más absurdo que ese para alguien como él, que siempre había ridiculizado a sus enemigos gracias a ese talento por el cual Kronos se lamentaba tanto.
Quizás la falta de oxígeno comenzó a afectar su cerebro, pues de un momento a otro dejó de lado sus frustraciones, viéndose invadido por otros sentimientos menos comunes en él. Repentinamente experimentaba la necesidad de pensar en los asuntos que dejaría inconclusos, en especial los que eran más personales y carcomían su alma.
“Una oportunidad para hablar y explicarte… decirte que lo único que estaba mal era yo”, pensó. Resintió un poco que aquello fuera lo que ocupase su mente a medida que el calor abandonaba su cuerpo. Maldita sea… ¿Acaso no podía ser otra cosa? “¿Por qué te conviertes en mi último pensamiento? Quiero que me dejes en paz… estoy tan cansado de esto… ya no puedo soportarlo más… déjame sólo…”
Una intensa luz brilló, encegueciéndolo y reduciéndolo a menos que la nada. La muerte llegaba de una manera muy peculiar, lejos de que su alma abandonara su mundano cuerpo, sentía que sus pulmones volvían a hincharse con aire y lo buscaban desesperadamente sin cesar.
El breve alivio dio paso al dolor al chocar nuevamente con la realidad, aturdiéndolo tanto que incluso olvidó quién era él. Tardó mucho en darse cuenta que estaba en la protección de los brazos de Icestar, quien lo llamaba por su nombre desesperadamente para hacerlo reaccionar. También podía escuchar la estridente e insoportable voz de Nya, reventándole los tímpanos con sus histéricos chillidos.
Empero, su mirada era atraída por una única cosa, la luz que lo había deslumbrado y detuvo su muerte. Escuchaba los lastimeros gemidos de Kronos, aparentemente quejándose por estar herido, no lo sabía y tampoco lo importaba… Tymime sólo se concentraba en asimilar el dolor que lo consumía y en respirar, observando aquella luz, fascinado por primera vez ante algo tan dañino para él.
Sintió que se le detenía el corazón al caer en cuenta que no se trataba del túnel que lo llevaría al descanso eterno. Su cuerpo se tensó, su mente pareció dejar de funcionar, era incapaz de ponerse en pie para acercarse a pesar de que ansiaba tanto estrechar aquella luz entre sus brazos. La debilidad y la sorpresa apenas les permitieron balbucear débilmente una sola palabra, apenas con un hilillo de voz.
— Eve…

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ANEXOS
- Referencia Zack (Avatar)
- Referencia Lucrecia
- Hazlo con amabilidad (portada capítulo 10)
- A couple portrait (ink - versión humanizada de Eve y Tymime)
- Inocente: ¡Feliz Cumpleaños, Ari!
- Dyfir y el folleto
- Expresiones varias Eve
- Mimikyu disfrazado de Eve
- Bocetos a color para el capítulo 3
- http://onixtymime.deviantart.com/art/Cap3-Colored-Sketch-1-654287653
- http://onixtymime.deviantart.com/art/Cap3-Colored-Sketch-2-654288349
- http://onixtymime.deviantart.com/art/Cap3-Colored-Sketch-3-654288711
- http://onixtymime.deviantart.com/art/Cap3-Colored-Sketch-4-654289081
- http://onixtymime.deviantart.com/art/Cap3-Colored-Sketch-5-654289405
- http://onixtymime.deviantart.com/art/Cap3-Colored-Sketch-1-654287653
¡Hasta la próxima!







