@The Darkcry666. Me alegra mucho saber que no fui cursi y que consiguiera transmitir esos sentimientos, es muy importante para mi desarrollar este aspecto que generalmente evito ya por mi propia forma de expresarme, imagínate si me cuesta demostrar afecto cómo es difícil para mí hacerlo al escribir. Y más me alegra saber que mis personajes no parecen autistas xD
Ya había muchas cosas acumuladas entre los personajes, muchos parecen no tener participación y Dinya cuenta entre ellos. Por eso, quise mostrar que, a pesar de que casi no tiene intervenciones muy significativas, si se ve afectada por lo que sucede... aunque sólo se vea desde un punto de vista algo egoísta (en mi opinión), pero es algo que a fin de cuentas le afecta y simplemente se desahogó... en muy mal momento.
Sobre la capacidad de Tymime de ver el futuro... no está entre sus habilidades más pulidas. Manejo la teoría de todos los pokémon psíquicos tienen visiones de lo que sucederá, pero que unos las desarrollan más que otros. En casos como el de Tymime, Eve y Mewtwo, sólo tienen premoniciones cuando un suceso hará un cambio radical en sus vidas y esas visiones se presentan en sueños, que como todos los sueños suelen ser muy ambiguos y dejan muy a la interpretación. Ya sabes, para mantener el misticismo del asunto. Así que no, jamás se le ocurrió que algo tan fuerte como lo que sucedió entre Eve y Dinya ocurriría, él sólo intuía que en algún momento Dinya se enteraría y caería en el despecho, más no que consiguiera que Eve casi la matara.
Es satisfactorio saber que el encontronazo entre las hermanas lograra fuen efecto y que quedara bien. Estaba nerviosa porque resultase exagerado, pero le añade el drama que le faltaba desde hace algunos capítulos... creo xD
Y Enurta... bueno, con algo tenía que matar el tiempo, le dejaba todos los deberes a Kronos para irse de fiesta xD.
Me encantan tus comentarios porque siempre van un poco más allá. Son bien recibidos porque así sé exactamente lo que te transmití con el escrito y lo comparo con el efecto que yo esperaba mientras lo redactaba.
De nuevo, muchas gracias por seguir siendo fiel y continuar comentando, lo aprecio de mucho corazón. Espero que tengas una Feliz Navidad
Ya había muchas cosas acumuladas entre los personajes, muchos parecen no tener participación y Dinya cuenta entre ellos. Por eso, quise mostrar que, a pesar de que casi no tiene intervenciones muy significativas, si se ve afectada por lo que sucede... aunque sólo se vea desde un punto de vista algo egoísta (en mi opinión), pero es algo que a fin de cuentas le afecta y simplemente se desahogó... en muy mal momento.
Sobre la capacidad de Tymime de ver el futuro... no está entre sus habilidades más pulidas. Manejo la teoría de todos los pokémon psíquicos tienen visiones de lo que sucederá, pero que unos las desarrollan más que otros. En casos como el de Tymime, Eve y Mewtwo, sólo tienen premoniciones cuando un suceso hará un cambio radical en sus vidas y esas visiones se presentan en sueños, que como todos los sueños suelen ser muy ambiguos y dejan muy a la interpretación. Ya sabes, para mantener el misticismo del asunto. Así que no, jamás se le ocurrió que algo tan fuerte como lo que sucedió entre Eve y Dinya ocurriría, él sólo intuía que en algún momento Dinya se enteraría y caería en el despecho, más no que consiguiera que Eve casi la matara.
Es satisfactorio saber que el encontronazo entre las hermanas lograra fuen efecto y que quedara bien. Estaba nerviosa porque resultase exagerado, pero le añade el drama que le faltaba desde hace algunos capítulos... creo xD
Y Enurta... bueno, con algo tenía que matar el tiempo, le dejaba todos los deberes a Kronos para irse de fiesta xD.
Me encantan tus comentarios porque siempre van un poco más allá. Son bien recibidos porque así sé exactamente lo que te transmití con el escrito y lo comparo con el efecto que yo esperaba mientras lo redactaba.
De nuevo, muchas gracias por seguir siendo fiel y continuar comentando, lo aprecio de mucho corazón. Espero que tengas una Feliz Navidad

Bueno, señores, después de muchos retrasos les traigo un capítulo nuevo de EGN como regalo de Navidad, recién salido del horno.
En verdad, es increíble las contrariedades que surgen cuando me propongo meterme de lleno con EGN, en serio, es de locos. Aparte, la vida real me llama como ya les he dicho, y hay problemas que debo solucionar para yo poder estar tranquila.
Se suponía que este capítulo lo publicaría a finales de Noviembre, pero para la fecha apenas había pasado a limpio lo que tengo en mi cuaderno y créanme, eso apenas es el comienzo.
Debo confesar que este capítulo, en particular, me tiene nerviosa. Es más importante de lo que yo puedo expresar, pues es la base para poder desarrollar los capítulos finales. Desde que comencé a escribir EGN estuve organizando la parte estratégica, pasando por muchos cambios a medida que yo iba creciendo y adquiriendo conocimientos, siempre poniendo cuidado en cualquier cosa que pudiera ayudarme. Espero que tanta meticulosidad sirva de algo.
Antes de comenzar, me gustaría darle las gracias a Sebastián (en Twitter) por leer antes este capítulo y darme el punto de vista que tanto necesitaba.
Y también, quiero aprovechar para desearle a Aroa otro Feliz Cumpleaños por atrasado y para decirle que aún estoy atónita por lo que hizo. En serio, aún estoy sin palabras y que no te quedé dudas de que el susodicho se ruborizaría (?). Un gran abrazo, querida <3
Sin más dilaciones, les presento el capítulo 54 de EGN:
Capítulo 54: Prepararse para una guerra sin morir en el intento
54
Prepararse para una guerra sin morir en el intento
Prepararse para una guerra sin morir en el intento
— ¡¿Esa fue tú solución?! ¡¿Hacerle una lobotomía a tú hermana?! —exclamó Mewtwo sarcásticamente luego de que Eve se retirara a la cama —. En verdad, Tymime, cuando creo que ya no puedes sorprenderme más te superas pero en magnitudes colosales.
— ¿Y cuántas veces tengo que repetirte que lo que yo haga no es de tú incumbencia? —espetó Tymime hablando entre dientes, sin titubear ante la mirada fulminante de un muy enojado Mewtwo —. No sé por qué carajos me estás reclamando. Hasta hace poco te vi muy a gusto con la idea de que Eve olvidase que estaba encabronada contigo.
— No malinterpretes las cosas, Tymime, y que ni si te ocurra atribuirme toda la culpa porque sabes bien que no fui el único, tú mismo confesaste que dejaste pasar muchas cosas sólo por querer joderme —espetó Mewtwo, le molestaba a sobremanera lo cínico que estaba siendo el arlequín y aunque la idea de que su rabia lo alimentase le producía una jaqueca terrible, esta vez no se reprimiría aunque le estuviese dando un obsequio —. Te jactas de tener todo bajo control, que no hay ser vivo que pueda contra ti y que siempre consigues lo que quieres, pero eres un incompetente, un fraude. ¿Y sabes por qué? Porque eres un maldito sádico que no sabe distinguir qué es lo mejor para quien es, prácticamente, tu hija.
Un silencio sepulcral invadió la habitación, tanto que hasta Mewtwo creyó que podía palpar el horror que sentían los espectadores de la disputa. Y cuánta razón tenían de sentir terror. Tymime se tomó su tiempo para responder, pero reflejaba tanta ira que su rostro estaba irreconocible, algo que Mewtwo sólo había visto en las montañas de Lavender, justo después de lanzarle una roca gigante y aplastarlo con ella.
— ¡¿Qué has dicho?! —gritó Tymime totalmente fuera de si, dando un paso hacia delante, temblando descontroladamente por la cólera que le hacía hervir la sangre.
— Que eres tan vil que ni siquiera eres capaz de quererla como se lo merece —le contestó Mewtwo sin dejarse amedrentar por la mirada asesina del arlequín y dando también un paso hacia delante, desafiándolo —. Ella te adora, daría su vida por ti, sin importar que seas un grandísimo bastardo que lo único que le ofrece es lo peor de si. Y lo sabes, sabes que le haces daño, pero tu orgullo y arrogancia son más importantes para ti que Eve. No te mereces nada.
Y todo volvió a sumirse en un silencio aplastante, peor que el anterior, haciendo al resto temblar en sus asientos mientras observaban atentamente a Tymime. Creyeron que el arlequín se abalanzaría sobre Mewtwo e intentaría matarlo con sus propias manos, estaba realmente molesto, sus ojos casi estaban fuera de sus órbitas y respiraba irregularmente. Bastaba con sólo ver sus ojos para apreciar todo lo que pasaba por la cabeza de Tymime, porque ni siquiera la abismal negrura de ellos podía ocultarlo.
Pero, para sorpresa de todos, eso no sucedió.
Tymime estaba preparado para romperle el cuello a Mewtwo con un solo golpe, incluso estaba dispuesto a perforarle el estómago con sus hilos y colgarlo para que se desangrara como un cerdo. Sin embargo, hizo uso de la poca lucidez que le quedaba por culpa del enojo y se contuvo, puesto que, por más que lo deseara, él sí consideraba los sentimientos de su hermana, al contrario de lo que cualquiera pensase. Ese era el único motivo por lo que el engendro que lo desafiaba con sus ojos violetas continuara con vida.
Le dio la espalda, cerrando los ojos con fuerza y acariciándose las sienes, escuchando los suspiros de alivio de los demás mientras respiraba profundamente, eso le molestaba, pero se concentraba más en intentar despejar la densa nube negra que se había apoderado de su cabeza por la mezcla de tantas sensaciones que lo alimentaban y le hacían perder la cordura.
Al cabo de un par de minutos, luego de conseguir tranquilizarse, volvió a encarar a Mewtwo. Parecía más sereno, su rostro ya había recuperado su habitual expresión de indiferencia, aunque sus ojos seguían hablando por él más de la cuenta, se le notaba a leguas que apenas era capaz de detener sus impulsos.
— Eve ya estaba lo suficientemente mal como para que, encima, tuviera que soportar todo esto —siseó el arlequín lentamente, teniendo mucho cuidado en articular cada palabra para evitar que su voz temblara por culpa de la rabia que aún lo embargaba —.Y sí, soy en parte responsable de lo que sucedió y lo admití ante todos, pero no me quedé de brazos cruzado e hice algo para redimir mi error. En verdad, me sabe a mierda si piensas que fue la decisión incorrecta. Eve es mi hermana y mi cariño hacia ella, así como mi forma de expresarlo, es asunto mío y de nadie más. Y que les quede muy claro —añadió, lanzándoles una rápida mirada a todos sus hermanos, que pegaron un salto en sus asientos al no esperar que el arlequín se dirigiera a ellos —, no permitiré que sucumba ahora. Recuerden que, aunque ella no lo quiera, nos necesita más que nunca y me aseguraré de que obtenga todo lo que necesite, no me importa por encima de quién tenga que pasar.
Y sin dar oportunidad de réplicas, Tymime les dio la espalda y dejó la habitación casi echando humo por las orejas. Mewtwo estaba igual o incluso más molesto que el arlequín y, curiosamente, más allá del lavado de cerebro a Eve, no comprendía del todo el por qué estaba tan enojado.
Moonghost se acercó cautelosamente a él, seguramente deseando hablarle para calmarlo, pero Mewtwo lo evadió y también abandonó el lugar. No quería escuchar el habitual "Así es Tymime", porque a quien lo hiciera le cerraría la boca de un puñetazo.
Se detuvo luego de cruzar la esquina, recostándose contra la pared y pasándose la mano por el rostro, buscando espantar los pensamientos que empañaban su visión sin mucho éxito. Estaba exhausto, la paliza que le había dado la descontrolada psiquis de Eve lo molió hasta los huesos, no estaba tan adolorido como pensó que lo estaría pero eso apenas lo notaría cuando amaneciera seguramente.
Suspiró con pesar y cubrió sus ojos con sus manos, incapaz de moverse del lugar. Había experimentado varias sensaciones en su vida. La confusión total, la ira, la ingenuidad, la soledad, el aburrimiento, incluso tristeza, pero nada se le comparaba a lo que sentía en ese instante… era impotencia. Él, que estaba acostumbrado a obtener todo lo que se le ocurriese, él que poseía un poder que ni él mismo era capaz de calcular, no sabía qué hacer para ayudarla.
Pero… ¿qué podía hacer de todas maneras? Desde que la conoció tenía las manos atadas y no se había dado cuenta hasta ahora. Sacudió la cabeza. ¿Qué le estaba ocurriendo? ¿En qué momento se había vuelto tan lastimero?
Suspiró una vez más y decidió que no iría a su habitación, esa noche volvería a pasarla a la intemperie, necesitaba alejarse de ese lugar, al menos para descansar. Quizás de ese modo, viendo a la luna menguar hasta caer dormido, podría conseguir algo de paz y encontrar una respuesta a los problemas que lo aquejaban tanto.
Pasaron al menos cinco días luego del incidente entre Eve y Dinya. Nadie comentaba nada respecto a lo sucedido, no sólo porque no era un tema que fuese agradable sacar a relucir, sino porque Tymime había sido bien claro en que desmembraría a quien se le ocurriese mencionar el asunto frente a Eve. Prácticamente, se había vuelto un tabú en la mansión.
Por esa razón, Eve continuó con su rutina con tranquilidad, ignorante de los cuchicheos que alimentaban el chismorreo dentro de la mansión y creyendo que la ausencia de Dinya se debía a un simple resfriado cuando, en realidad, estaba tratando de recuperarse de sus huesos rotos y que sus alas volviesen a estar totalmente unidas a su cuerpo.
Aún tenía pesadillas atormentando su sueño sin importar la hora del día, pero desde que Tymime le permitió incorporarse a los entrenamientos, el cansancio le permitía dormir como necesitaba… al menos hasta cierta hora.
Cuando el reloj marcaba las tres en punto, ella despertaba y se levantaba de un tiro, empapada en sudor, con el corazón palpitándole vertiginosamente y tratando de recuperar el aliento desesperadamente, como si hubiera estado a punto de morir ahogada. Le era imposible volver a conciliar el sueño después de esa hora, no importaba lo mucho que lo intentara, así que aprovechaba la oportunidad para escabullirse y continuar con su entrenamiento especial.
Un par de noches atrás, había encontrado el lugar perfecto dentro de los límites de la mansión para entrenar, estaba algo lejos de la casa principal, casi llegando a la pequeña casa que servía de depósito para las herramientas de jardín. Se trataba de un pequeño claro, oculto por un discreto grupo de árboles y arbustos espinosos que se alzaban casi hasta rozar las copas más altas, creando una pequeña cúpula de maleza que era idónea para encubrir su “travesura”.
Cuando Eve lo encontró, se preguntó por qué ese lugar estaba tan descuidado, después de todo, Yami contaba con personal a cargo del mantenimiento del jardín. Era increíblemente conveniente, como si la estuviese esperando a ella, era demasiado bueno para ser cierto, pero no era momento para ser recelosa, tenía que aprovechar la oportunidad que se le presentaba. Y Enurta estuvo de acuerdo con eso.
Y ahí estaba, en el centro de su lugar secreto, dejando que aquel frío tan peculiar recorriese su cuerpo, cubriéndola casi por completo, sólo dejando su rostro descubierto para evitar entrar en pánico como le había pasado en una de las primeras sesiones.
Mantenía sus ojos cerrados para lograr la concentración total, respirando profunda y lentamente, sintiendo cómo su cuerpo adquiría poco a poco formas totalmente irreales, algo que siquiera en sus peores pesadillas creyó posible. Ahora comenzaban a separarse de ella, extendiéndose y serpenteando en el aire, ramificándose una y otra vez, alargándose y elevándose como si quisieran alcanzar el cielo.
Y de repente, sintió una punzada en la cabeza tan terrible que inevitablemente se le escapó un grito, el dolor era tan agudo que se vio forzada a detenerse bruscamente y eso era un rotundo fracaso. Aquella sensación, que pasó de un incómodo frío a una de las cosas más gloriosas que había experimentado, se tergiversó y se convirtió en una opresión en el pecho tan desagradable, que pensó que su corazón se haría puré. No podía respirar, lo intentaba pero le era imposible, estaba desesperada y eso lo demostraban las extensiones, que aún seguían intactas a pesar de su agonía, serpenteando fuera de control.
Sus piernas no aguantaron más y cayó duramente contra el suelo, aún buscando respirar exasperadamente mientras muy lentamente su cuerpo regresaba a la normalidad, haciendo la experiencia más tortuosa aún. Cuando la oscuridad la liberó por completo la presión en su pecho desapareció, ahora sólo estaba ahí tirada, echa un ovillo, con esa sensación de vacío y derrota que sólo era superada por el miedo de no volver a respirar nunca más. Aún con la vista nublada, levantó la mirada y distinguió a su tutor, quien se la devolvía con sus oscuros ojos desbordando reproche.
— Sé que no puedo exigirte demasiado contando con tan poco tiempo, pero si pretendes que esto sea tu as bajo la manga no puedes seguir fallando de ese modo —dijo Enurta frunciendo levemente el ceño y ladeando un poco la cabeza, estaba claramente decepcionado, aunque Eve pudo captar cierta preocupación en su tono de voz —. No quiero que sigas contando con que yo intervenga en el momento más crítico, recuerda que tenemos un trato y si tú no eres capaz de valerte por ti sola, dejaré de ayudarte.
— Lo intento… —replicó Eve con apenas un hilillo de voz. Intentó reincorporarse, pero aún se sentía demasiado débil y mareada, por lo que cayó de nuevo apenas se había levantado un poco.
Quiso decir algo, gruñir al menos para demostrar su descontento, que estaba tan disgustada con ella misma como Enurta, pero sus esfuerzos fueron infructuosos. Él sólo arrugó la cara ante sus patéticos y torpes movimientos, poco convencido con sus palabras, y le dio la espalda, alejándose unos cuantos pasos y mirando hacia el cielo pensativamente.
— Tu principal problema, que es lo que más me desespera, es que cuando por fin comienzas a saborear tu propio poder te asustas y lo reprimes —dijo severamente y muy despacio para ella pudiera escucharlo bien, lanzándole una fría mirada por encima de su hombro. Entonces, suspiró y clavó la mirada en el suelo, frunciendo levemente el ceño —. Quizás estoy esperando demasiado de ti. Jamás será igual…
— ¡Pero quiero seguir intentando! —exclamó Eve exasperadamente y logrando incorporarse como pudo. Todo le dio vuelta, pero al ver el estupor en el rostro de su tutor supo que el esfuerzo (y las náuseas) valieron la pena —. No quiero abandonarlo ahora, esto es lo único que me da esperanzas de que pueda cumplir mi objetivo, el que yo realmente quiero.
— Pues a mi me parece que no lo deseas lo suficiente —puntualizó Enurta sonriéndole maliciosamente, echándose a reír cuando ella bufó bastante ofendida.
— Ni siquiera lo intentes —recriminó ella frunciéndole el ceño, deseando con todas sus fuerzas poder darle un bofetón —. Aunque el hecho de que lo sepas no es de mi agrado, tú sabes perfectamente lo que quiero, más que nadie. Y si intentas convencerme de lo contrario no te creeré, ni una sola palabra.
— Entonces demuéstramelo. Demuéstrame que en verdad lo deseas.
— ¡Ya te dije que eso intento! —gritó Eve muy molesta y logrando desconcertarlo un poco.
¿Es que acaso no la entendía? ¿Acaso sus esfuerzos no eran suficientes? ¿Es que el dolor que sentía nunca bastaba? El enojo invadía su cuerpo, tanto que las chispas de plasma comenzaron a saltar de su pelaje a diestra y siniestra, su vista se nublaba una vez más…
“No. Detente, por favor”
Su propia voz interna la hizo caer en cuenta de que estaba reaccionando exageradamente. Parpadeó varias veces algo desorientada, trastabillando unos cuantos pasos hacia atrás y consiguiendo apoyo en el tronco más cercano. Por muy poco perdía los estribos. ¿En qué demonios estaba pensando? Parecía una mimada con esa clase de comportamiento.
Suspiró lastimeramente, pasándose las manos por el rostro y mordiéndose los labios, avergonzada por como había actuado. Cuando se tranquilizó, elevó la mirada y contempló el cielo estrellado por unos segundos con la intención de desconectar su mente.
Al bajar la mirada, sus ojos tropezaron con los de Enurta, que estaba a solo un par de pasos de ella. Eve quiso evadirlo, pero él le chascó los dedos de una forma tan molesta que se le hizo imposible.
— Déjate de tanto melodrama y préstame atención —espetó él, sin dejar de chascar los dedos bajo sus narices sólo para sacarla de quicio e impedirle que lo ignorara —. Deja de inventar excusas, niña, eso funcionará con Tymime pero no conmigo. Si yo puedo sacarle provecho a este cuerpo, ¿por qué tú no? ¡Es tuyo después de todo! Sólo deja de ser tan malcriada y termina de aceptar de una buena vez que todo puede salir mal. Y olvida todo lo que te han enseñado hasta ahora, abre tu mente a todas las posibilidades y comienza a creer en tu propio potencial de una buena vez.
Enurta resopló molesto al terminar, lanzándole una mirada llena de reproche a Eve, quien le devolvía la suya propia. Luego de algunos segundos sin que ninguno cediera ante la mirada del otro, Enurta suspiró, cerrando los ojos y cruzándose de brazos, ladeando la cabeza y alzando una ceja, dándole cierta altanería a sus gestos.
— De acuerdo, seré condescendiente contigo porque sigues siendo una niña y porque ni naciendo de nuevo podría llegar a ser tan perfecta y habilidosa como yo —dijo muy seriamente, pero con el atisbo de una sonrisa burlona en su rostro.
— Tu modestia me ha dejado muda —soltó Eve con un tono de voz bastante sarcástico, pero la verdad es que tuvo que hacer un gran esfuerzo por contener una carcajada.
— ¡Ya quisiera que eso sucediera en verdad! ¡Sería un regalo! —exclamó Enurta estallando en risas y logrando contagiar a Eve. Ambos rieron juntos por unos segundos, pero cuando él cayó en cuenta de lo que hacían, se detuvo de sopetón, arrugando la cara y frunciéndole el ceño —. Bueno, suficiente, no estamos aquí para reír como si fuéramos imbéciles, así que presta atención antes de que pierda la paciencia y te mande a la mierda.
Eve dejó de reír pero no borró la sonrisa de su rostro, eso sólo molestaba más a Enurta y ella lo sabía, pero no le importaba porque, curiosamente, estaba disfrutando ese momento. Él volvió a arrugar la cara con un gesto de claro descontento, seguramente sabía lo que Eve estaba pensaba y no le agradaba del todo.
— Continuemos con el entrenamiento —resopló molesto al cabo de un rato, mirándola con mucha severidad y extendiendo su mano hacia ella. Eve lo miró, algo confundida, y él dijo: —. ¿Qué? Quiero intentar algo. No estoy seguro de que funcione, pero necesito que te liberes un poco de tus presiones y quién mejor que yo para hacerte probar un poco de libertad.
— ¿Qué interpretas tú por “libertad”? —preguntó Eve de inmediato, bastante preocupada, considerando si eso era una buena (o muy tonta) idea y mirando la mano de su reflejo con cierto recelo.
— ¿Por qué no lo averiguas? —susurró Enurta sugestivamente, extendiendo un poco más la mano y sonriendo maliciosamente.
Eve miró a Enurta algo acongojada, dudando que fuese posible que pudieran tocarse, él estaba en ella después de todo y sólo era una visión… con ciertas libertades. Inhaló profundamente, reconsiderando si aquello era prudente o no, pero él mismo había comentado que no estaba seguro de si funcionaría, así que si no lo intentaban morirían con la duda.
Tomando una gran bocanada de aire y aún sin estar completamente segura, Eve extendió su temblorosa mano buscando la de Enurta. Para sorpresa de ambos, pudieron tocarse y sentirse el uno al otro, ninguno era capaz de creerlo, eso no debería ser posible.
Enurta fue el primero en recuperarse, riendo entre dientes con cierta satisfacción y terminando de aferrarse a Eve, entrelazando sus dedos con fuerza.
— Bien, bien… esto no está nada mal. Extraño pero tolerable —comentó mientras jugueteaba con los dedos de Eve, muy fascinado por el descubrimiento. Ella empezaba a sentirse incómoda por lo que estaba haciendo e intentó zafarse, pero él no se lo permitió, burlándose de su cobardía. Cuando se aseguró de que no podría soltarse, preguntó socarronamente —. ¿Alguna vez pensaste que nos agarraríamos de la mano?
— ¿Tengo que responderte? —bufó Eve lacónicamente y arrugando la cara a causa del descontento, bastante perpleja ante el hecho de que pudiera sentirlo como si en verdad él existiera.
— Cierra los ojos —ordenó Enurta sin inmutarse ante su sarcasmo.
Eve frunció levemente el ceño, no estaba muy segura de seguir la orden, pero Enurta fue bastante insistente y terminó por hacerle caso. Cerró sus ojos. Enurta le pidió que respirara lentamente y que prestara mucha atención a todo lo que le diría a partir de ese momento.
— Eres realmente poderosa, Eve, y todos lo saben menos tú —le susurró suavemente con un tono de voz ligeramente sugerente que la puso más nerviosa todavía —. Te han mantenido en una jaula de cristal toda tu vida y tú lo has permitido, siempre esperando a que te indiquen cuál es el siguiente paso a seguir, sin voluntad ni derecho a siquiera pensar en lo que realmente deseas y, cuando te atreves a hacerlo, te sientes culpable por eso y tú misma te reprimes. ¿No te gustaría probar qué se siente ser libre hasta de ti misma? ¿Aunque sea por unos instantes?
Ella no le contestó. Todo lo que le decía carecía de sentido… o al menos eso deseaba creer, porque en realidad la estaba afectando, su cuerpo estaba tenso y respiraba haciendo mucho ruido. Comenzó a molestarse con lo que le decía, era un entrometido, un libertino sin escrúpulos. Enurta, entonces, le apretó la mano y la lastimó a propósito, como si hubiese leído sus pensamientos.
— Yo en tu lugar tendría más cuidado, niña, me puedo ofender fácilmente —siseó el amenazante. Cuando se tranquilizó un poco, continuó: —. Vamos, sé que eso es lo que deseas. Sé que quieres saborearlo y comprender el por qué inspiras tanto respeto y temor. ¿Por qué te admiran pero te repudian a la vez? ¿Por qué te aman y, aún así, te odian tanto como para desearte que ardas en el infierno? ¿Por qué te desean la felicidad cuando en verdad quieren verte hundida en la miseria? Porque, permíteme decir, mi existencia no es la respuesta.
El contacto con Enurta, repentinamente, comenzaba a quemarle. No gritó ya que en realidad no le dolía, sólo era una sensación altamente desagradable que comenzaba a arrastrarse por su piel, atrapando parte de su brazo. Poco a poco, se fue extendiendo por todo su cuerpo, envolviéndola en algo tan extraño que Eve era incapaz describir. ¿Estaba sufriendo o en realidad se trataba de algo placentero?
— Tú sabes el precio que debes pagar por este poder. Es demasiado elevado para desperdiciarlo del modo en que lo has hecho, ¿no crees? ¿Por qué no aprovecharlo para eso que quieres tanto? Creo que es porque no sabes lo que en verdad deseas, ¿cierto? —continuó Enurta, entrecerrando los ojos al observar al cuerpo de Eve cubrirse de una capa de oscuridad, de la cual comenzaban a nacer distintas extensiones. Sonrió satisfecho cuando notó la confusión en ella sobre lo que sentía, era incapaz de comprenderlo y aún así Eve lo disfrutaba, él podía sentirlo, en especial porque ella estaba reacia a admitirlo —. Te diré lo que sospecho. Ansias libertad, pero le temes porque no sabes lo que es, ¿o me equivoco? ¿Qué tal si dejas todas esas pendejadas de lado y demuestras que quien se meta contigo saldrá bien jodido, eh?
Eve gimió de dolor, sentía que se quemaba y se quedaba sin aire, sus piernas comenzaban a fallarle de nuevo y la cabeza le iba a explotar. Enurta le apretó la mano con más saña, casi como si quisiera hacerle añicos los huesos, y la obligó a mantenerse de pie quién sabe cómo.
— ¡Vamos, niña, a nadie un carrizo si eres obediente o no! —espetó Enurta con algo de ferocidad y apresando el rostro de Eve con la otra mano —. Eso que estás sintiendo eres tú misma, todo lo que has reprimido y temido de ti se está manifestando. Duele porque has sido tú misma quien se ha hecho daño. Date cuenta de todo lo que te has perdido por tus temores. Disfrútalo como si fuera la última vez y aprovéchalo.
— Detente… por favor… —balbuceó Eve dificultosamente, su garganta estaba muy seca y apenas podía respirar, su voz estaba lejos de ser siquiera un susurro.
Hizo un esfuerzo para levantar su otra mano para obligar a Enurta a soltarla. Pero no había caso, él tenía absoluto control sobre ella, manteniéndola en pie y burlándose de su agonía, asegurándose de que sintiera más y más dolor, seguro deseando carbonizarla para ser libre al fin.
Repentinamente, dejó de sentir aquel insoportable calor y ahora su cuerpo estaba envuelto en ese frío tan único con el que comenzaba a familiarizarse. Poco a poco, el dolor dio paso a algo tan placentero que parecía irreal, como si su cuerpo hubiera dejado de existir y se alzara buscando perderse en el cielo. Era realmente imposible de explicar, no sabía ni siquiera de qué se trataba, sólo estaba segura de que nada podría con ella en ese estado de éxtasis.
— No te detengas —siseó Enurta más emocionado de lo que debería estarlo y con una sonrisa de oreja a oreja que resultaba perturbadora, sosteniendo a Eve por las muñecas —. Lo sientes, ¿cierto? —se detuvo, acercando su rostro al de ella —. Esta eres tú… esto es ser libre…
Eve gruñó por lo bajo. Podía sentir su cercanía, pero lo que estaba percibiendo era mucho más fuerte que cualquier otra cosa, le importaba un comino lo que él hiciera mientras se le permitiera seguir disfrutándolo. Jamás se había sentido de esa manera y no quería que se esfumara.
Escuchó a Enurta reír, sintió su respiración cerca de su rostro, ahí fue cuando algo de razón volvió a ella y algo cruzó fugazmente por su cabeza. Todo eso estaba mal, terriblemente mal, no podía dejarse llevar de ese modo o perdería el control y le haría daño a alguien sin que esa fuera su intención. Lo que Enurta le pedía… ¡era inconcebible!
Y, por segunda vez en menos de diez minutos, sintió cómo si le arrebataran la vida violentamente, cayendo de rodillas al suelo casi sin aliento. Escuchó un alarido de dolor y fue empujada contra el tronco con violencia. Al fin estaba libre.
Aún estaba algo desorientada, pero fue capaz de apreciar cómo su pelaje volvía a ser blanco y puro como la luna, recuperando la calma más rápido que la vez anterior pero sintiéndose como si una manada de Tauros la hubiese pisoteado sin piedad.
Muy lentamente, sus ojos buscaron a Enurta, encontrándolo en el preciso instante en que sus manos volvían también a la “normalidad”, puesto que de algún modo también habían comenzado a “corromperse”. A Eve, aún en su estado, le extrañó ver eso. ¿Acaso estuvieron cerca de volverse uno? Era totalmente descabellado, pero qué otra explicación podría haber, en especial después de haberse podido sentirse el uno al otro.
Cuando se hubo recuperado, Enurta resopló y le dirigió una mirada de completa reprobación, estaba claramente enojado y decepcionado, curioso esto último viniendo de él.
— Carajo, niña, lo estabas haciendo bien, pero la cagaste al caer en el mismo error de siempre y casi me arrastras contigo —le reprochó con un tono de voz bastante hostil, sacudiéndose las manos como si hubiera tocado algo repulsivo.
Eve quiso disculparse, pero sabía que eso no valdría la pena ahora con el malhumor de su tutor, así que si limitó a suspirar para demostrar que hasta ella estaba decepcionada de si misma, intentando recobrarse sin demasiada prisa.
— Es como te dije, me temo que tengo demasiadas expectativas puestas en ti, algo realmente estúpido de mi parte —espetó Enurta aún con el ceño fruncido. Unos segundos después, su expresión se relajó y la miró de soslayo, dedicándole una sonrisa entre amable y burlona —. Aunque debo admitir que eso no estuvo tan mal, ahora sé con mayor exactitud qué es lo que te sucede y podremos enfocarnos en solventarlo o intentarlo al menos.
— ¿Eso crees? —preguntó Eve ligeramente emocionada, aunque casi de inmediato se mordió la lengua y agachó la cabeza. Si bien dudaba con creces que Enurta mintiera sólo para animarla, no se sentía ni un poco mejor con ella misma.
— No puedo asegurar nada —contestó él lacónicamente, encogiéndose de hombros y riendo entre dientes —. Pero a que te sentiste genial, ¿cierto? Como si hubieras tenido un buen polvo.
— ¿Polvo? —repitió Eve bastante extrañada.
— Sí, eso dije… —espetó Enurta torciendo los ojos, pero al caer en cuenta de lo confundida que parecía su aprendiz, no pudo más que darse un manotón en el rostro y resoplar —. Se me olvida que aún eres una niña.... cuando te conviene.
— No creo que importe mucho que sepa qué es eso, ¿verdad? —balbuceó Eve, tan apenada que sus mejillas rápidamente se tiñeron de rojo. Realmente, no entendía a qué se refería Enurta, le importaban más otros asuntos. Por eso buscó valor en cada rincón de su ser y, muy tímidamente, se atrevió a preguntarle: — ¿Te resultó difícil perfeccionarlo? Me refiero a que si alguna vez te costó tanto como a mi… al menos la primera vez...
La interrogante hizo sonreír a Enurta, que luego soltó una carcajada sin poder evitarlo. Eve se hundió más en su vergüenza mientras escuchaba su risa. ¿Cómo se le ocurría preguntarle algo así? ¿En qué estaba pensando? Pero cuando notó que la risa de Enurta tenía algo de amargura se le pasó, su curiosidad crecía mientras más se tardaba él en responder.
— ¡Para nada! Yo podía hacer todo lo que se me antojase con sólo pensarlo. Yo era mi propio límite y eso es lo que estoy tratando de inculcarte —exclamó él, aún riendo un poco, pero Eve logró captar cierta nostalgia en su mirada. Y pareció que Enurta se dio cuenta de ello, porque volvió a darle la espalda antes de continuar —. Por eso es que yo era temido y alabado, ¿sabes? Nadie sabía qué esperar de mí, era imposible venir preparado para medirse conmigo, destrozaba a cualquiera en segundos si así se me antojaba.
— ¿Entonces por qué no terminaste con todo esto antes? —soltó Eve inconscientemente, volviendo a sentirse avergonzada cuando cayó en cuenta de lo que estaba diciendo.
Enurta volteó de inmediato, mirándola bastante extrañado por la pregunta que le acababa de hacer. Pasó un tiempo en el que intercambiaron miradas en silencio, a ambos les resultaba rara aquella situación y no sabían qué hacer, en especial porque se suponía que eran enemigos, mutuamente habían hecho de sus vidas una tortura de alguna forma.
Finalmente, Enurta carraspeó y, claramente con incomodidad, dijo:
— ¿Por qué quieres saber algo así?
— Eh… no lo sé… curiosidad, supongo… -respondió Eve en voz baja y evitando verlo a los ojos.
— Vamos, Eve, no me estés tomando el pelo, tú conoces la respuesta a esa pregunta —dijo Enurta recelosamente y frunciendo el ceño —. Gea puso las reglas de este juego bien en claro desde el principio. Cuando eso sucedió tu estabas lejos de nacer, pero Tymime te lo explicó muchas veces y lo sé porque yo estaba amarrado a ti. Eso era una ladilla ahora que lo recuerdo…
— Eso lo sé —resopló Eve con cierta frustración porque, sin duda, Enurta buscaba la forma de evadirla con cualquier comentario —. Lo que quise decir es, si tú lo podías hacer todo, ¿por qué esperar? Destruiste casi todos los Templos de Gea, pero eso no sucedió hasta que yo nací. ¿Por qué…? ¿Por qué esperaste tanto tiempo? ¿Por qué justo en ese momento decidiste ignorar las reglas? ¿Por qué no antes?
Enurta abrió de más los ojos, bastante impresionado por lo específica que Eve había sido esa vez, pero de inmediato frunció el ceño y le lanzó una mirada fría. Ella se sintió acongojada por sus ojos oscuros, pero estaba decidida a no demostrarle más debilidad, así que le devolvió la mirada lo más serenamente que pudo.
— Porque me sucedía lo mismo que a ti —contestó Enurta lentamente, logrando desconcertar a Eve. ¿A qué se refería con eso? —. Mi vida ya tenía una pauta que debía seguir al pie de la letra, conozco el final desde el principio y no importaba lo que hiciera en el transcurso, nada iba a cambiar para mí. ¿De qué me servía poder hacerlo todo si iba a terminar de todas maneras? Mi poder no valía nada si yo no tenía el control de mi propia vida. Y aún sabiendo todo esto, prefería negarlo y seguir como si nada sucediera, como si yo realmente tuviese el dominio de mi existencia.
A cada palabra que soltaba, Enurta se iba enojando más y más. Sin embargo y muy curiosamente, no parecía que estuviera molesto con Eve, más bien lo estaba consigo mismo. Era increíble, pero él estaba compartiendo algo realmente personal con ella. Era alucinante.
Enurta continuó, ignorante del asombro que provocaba en Eve:
— Estaba harto de decirme tanta mierda a mi mismo, de engañarme tan absurdamente, por eso quise destruir los Templos tan repentinamente, quería lanzar a Gea al infierno para ardiera ahí, ¡esa maldita bruja! —su rostro comenzó a deformarse con una mueca de locura que asustó a Eve, cada vez se acentuaba más y más y llegó al punto en que su rostro era irreconocible. Era horripilante para Eve contemplar tal cosa, porque ese era, técnicamente, su rostro. Súbitamente, él pareció darse cuenta de que estaba perdiendo el control y poco a poco recuperó la calma, relajándose hasta que su gesto regresó a la normalidad, respirando pausadamente. Entonces, encogiéndose de hombros despreocupadamente, añadió: —. Pero da igual, Tymime me agarró con la guardia baja, destruyó mi cuerpo y encerraron mi alma en el tuyo. Fin de la historia del gran Enurta y su repentino odio al sistema.
Eve tuvo que hacer un gran esfuerzo para no reírse por ese comentario, cuando Enurta se lo proponía podía llegar a ser gracioso, incluso agradable si en verdad se lo proponía. No le dijo nada de esto y prefirió tomarse su tiempo para decir algo, aún trataba de asimilar lo que Enurta acababa de contarle, que estaba lejos de ser poco interesante. Jamás pensó que llegaría a tener una conversación como esa con él y mucho menos que llegara a sentirse identificada.
A pesar de la consternación que le ocasionaba toda esa extraña situación, las dudas comenzaron a carcomerla por dentro y con eso su mente se puso a volar. Enurta clamaba que era el más poderoso, que podía hacer lo que deseara con sólo pensarlo. ¿Eso era posible? ¿Realmente era tan fuerte? ¿Y si el hubiese sido su rival en la batalla final en vez de Drakar? Un escalofrío recorrió su espalda y tragó saliva. Sólo le bastaba con recordar cómo se las manejaba Enurta con su cuerpo para hacerla temblar, él podía aprovecharlo mil veces mejor que ella y no entendía cómo. Alguien tan versátil ante la adversidad, seguramente era invencible.
— Hubiese sido interesante conocerte en persona —musitó Eve distraídamente, agarrando a Enurta por sorpresa. Una vez más había pensado en voz alta, no podía sentirse más tonta.
Pero lo dicho no tenía ni pizca de mentira. La identidad de Enurta siempre fue un misterio para todos, excepto para Tymime, quien lo veía en las ocasionales reuniones que los obligaba a tener Gea (a saber por cuáles motivos) y todo lo que ella sabía de él eran historias, cuchicheos, rumores de atemorizados pokémon en el bosque. Jamás lo tuvo frente a ella y apenas se conocieron en el preciso instante en que él fue encerrado en su cuerpo.
¿Cómo era él? ¿Habrá tenido la capacidad de cambiar de apariencia a voluntad igual que los demás Malsumis? ¿O tenía un cuerpo propio? ¿O podría ser que…?
— Sí me conociste —respondió Enurta repentinamente, sacándola de sus turbios pensamientos.
¿Había escuchado mal?
— ¡¿Es en serio?! —balbuceó Eve con los ojos abiertos como platos, no lo podía creer, tenía que estarle jugando una broma. La impresión la había hecho ponerse de pie de un tiro. Eso era imposible. ¿Cuándo había sucedido tal cosa?
Enurta estalló en carcajadas al ver su reacción, burlándose de su incredulidad y de lo confundida que quedó al verlo reírse. Cuando logró contenerse, le respondió con su usual actitud altanera:
— ¿Por qué te mentiría?
— ¡¿Qué por qué?! ¡Eres tú! —bufó Eve bastante indignada y haciendo que Enurta se riera una vez más en su cara. Resopló muy molesta y volvió a sentarse en el suelo, cruzándose de brazos y reprochándole con la mirada —. ¡No me estés tomando el pelo con esas cosas! Si eso fuera cierto yo lo recordaría.
— Si decides creerme o no, es decisión tuya —dijo él sonriendo burlonamente. Rió entre dientes, acercándose a ella lentamente y agachándose para que sus rostros quedaran a la misma altura —. Además, ¿qué vas a recordar si estabas tan pequeña?
Los ojos de Eve se abrieron desmesuradamente. ¿Le decía la verdad? Se mordió el labio, dudosa de tomarlo en serio o no, pero viéndolo a los ojos no notó nada que le indicara lo contrario. Maldijo por lo bajo porque, si eso era cierto, que no lo recordara era frustrante en verdad.
— Estaba con Tymime, ¿no? —insistió ella con intenciones de obligarlo a hablar, quizás le diría algo que la hiciera recordar si tenía suerte, no podía desaprovechar esa oportunidad.
— Oh, no, estabas totalmente sola —susurró él maliciosamente y ensanchando su socarrona sonrisa —. Tymime se aseguraba de mantenerme muy lejos de ustedes y lo sabes. Pero ese día en especial lograste escaparte de los agudos ojos de ese bastardo y… bueno, adivina quién te encontró sola en el bosque.
Sus palabras le congelaron la sangre en el acto y el susto debió reflejarse en sus ojos, porque Enurta ensanchó aún más su sonrisa y rió entre dientes, regocijándose del efecto de sus palabras. El sólo pensar que había estado frente a él, sola y sin nadie que pudiera defenderla… él…
— Pudiste haberme matado —musitó Eve con voz temblorosa y alejándose un poco de él — ¿Por qué no lo hiciste?
— ¿Para qué? Dame un motivo más allá del hecho de que debía hacerlo—espetó Enurta socarronamente y alzando una ceja —. ¿Dime si crees que valías mi energía cuando yo estaba ocupado con otros asuntos? Es cierto que resultabas un estorbo, pero por otras razones menos importantes. En serio, no valía la pena gastar mis energías contigo y las victorias fáciles nunca han sido de mi agrado. Además, lo sorprendida que estabas al encontrarte conmigo y tu curiosidad me causaron bastante gracia.
Eve no cabía en asombro con lo que escuchaba, eso no podía estar pasando, tenía que estar dormida aún o algo. Entonces, repentinamente, el tintineo de un cascabel sonó en su cabeza, retumbando en cada recoveco de ella. Entrecerró los ojos, muy extrañada ¿Acaso ese sonido significaba algo en un momento como ese?
Y justo cuando separó sus labios para decir algo…
— ¿Qué haces aquí?
La voz de Tymime la asustó y la puso de pie de un salto. La inesperada aparición de su hermano hizo que todo lo que le daba vueltas a la cabeza se detuviera, incluso los cascabeles. Miró por encima de su hombro buscando lo más disimuladamente posible a Enurta pero, para su decepción, él ya no estaba.
— No podía dormir —contestó Eve tímidamente, algo molesta para sus adentros porque su tutor había desaparecido, dejándola con muchas dudas y seguramente disfrutando del lío que le dejó vuelta la cabeza —. Me aburría estando en mi habitación, así que decidí tomar un paseo por el jardín y encontré este claro. Creo que es perfecto para poder meditar sin que nadie me moleste —mintió.
— Es bueno ver que tengas iniciativa propia, me hace sentir aliviado y orgulloso de ti —dijo Tymime suavemente y acercándosele. Cuando estuvo frente a ella, suspiró y dijo: —. Eve, por favor, permíteme ayudarte con tus pesadillas. No me gusta lo mucho que te están afectando. Sólo mírate…
— No quiero ser una molestia, hermano, sé que estás muy ocupado y no quiero convertirme en una carga para ti —se apresuró a decir Eve, eliminando la distancia que quedaba entre ellos y envolviéndolo con sus brazos, hundiendo su rostro en los pliegues de su gorguera —. No te preocupes por mí. Pronto todo terminará y… las cosas mejorarán.
Tymime no resintió que ella lo abrazara, pero no estaba muy a gusto con lo que ella le decía. El arlequín se atrevió a acariciarle la mejilla y, a pesar de lo frío que estaba el vidrio incrustado en su dorso, Eve pudo sentir como sus caricias le transmitían calidez a su corazón.
— Eso es lo que más deseo, Eve, darte lo mejor que pueda ofrecerte —susurró Tymime cariñosamente, terminando de corresponderle el abrazo.
Él la apretó con fuerza y ella hizo lo mismo. Los ojos de Eve se aguaron por la emoción que estaba experimentando, hundió aún más su rostro entre los pliegues, igual que lo hacía cuando estaba más pequeña, agradeciéndole para sus adentros lo que estaba haciendo por ella. Que Tymime tuviera ese gesto con ella, de dejar a un lado su aversión por mostrar afecto, era una de las pocas cosas que la hacían feliz y no creía posible que pudiese existir algo más que pudiera reconfortarla así en ese preciso momento, especialmente después del fracaso en su entrenamiento.
— Amanecerá pronto —comentó Tymime sin soltarla y acariciándole una oreja juguetonamente —. Te busqué por todas partes cuando no te encontré en tu habitación, necesito que me acompañes porque hoy recibiré a algunos aliados y…
— ¡¿En serio?! —preguntó Eve de sopetón, separándose un poco de él e interrumpiendo, sin saber a ciencia cierta si estaba emocionada o asustada.
— Según Icestar, sí —respondió él, dibujando una pequeña sonrisa por la reacción de su hermana —. Quiero asegurarme que tengas la mayor cantidad de ayuda disponible —se detuvo y justo cuando su hermana abrió la boca para decir algo, él la detuvo con un ademán de la mano —. Calma, todo a su debido momento, por ahora quiero que vayas a desayunar, no sé si será rápido o tardemos un poco. Y comes bien, ¿entendido? Te noto delgada y eso no me gusta.
Eve asintió de inmediato, no quería cuestionarlo y arruinar su buen humor, así que lo estrechó de nuevo en un último abrazo y emprendió su camino de vuelta hacia la mansión casi al trote. Tymime no la siguió, excusándose con que tenía algunas cosas que atender antes, pero que luego la alcanzaría.
Mientras avanzaba por el jardín, notó muy sorprendida que el cielo comenzaba a aclararse, era increíble lo rápido que pasaba del tiempo estando en el claro, cosas de tener la mente ocupada. Que el tiempo se le escapara como arena entre sus dedos la disgustaba, era molesto y aterrador a la vez, el sólo pensarlo llenaba de temor su corazón.
Sacudió la cabeza y se dio unas cuantas palmaditas en las mejillas. No quería abrumar sus pensamientos otra vez, ya había tenido suficientes emociones fuertes en poco rato, así que respiró profundamente para relajarse y se dedicó a disfrutar del frescor de la mañana y su caminata a través de la hierba cubierta de rocío.
Estando sola y sin Enurta que la molestase, en ese paseo improvisado, su cabeza buscó en qué ocuparse, queriendo evitar a toda costa lo que acababa de suceder en el claro, decidiéndose por rememorar el momento en que fue presentada a los amigos de Mewtwo.
Fue en uno de los pocos momentos libres que tuvo hace un par de días; ella hubiese preferido evitarlo, no quería gastar ese preciado tiempo en ser sociable pues, aparte de que ese tipo de cosas nunca se le dieron bien, podía más bien aprovecharlo para hablar con Mewtwo, pero él fue bastante insistente y llegó un punto en que fue imposible negarse.
Mientras Mewtwo la llevaba a donde el grupo los esperaba, Eve no podía parar de ver a todos lados con nerviosismo, la idea la incomodaba y encontrar cualquier excusa para no estar ahí. No se sentía capaz de actuar de un modo que resultase agradable y, si lo pensaba detenidamente, ni siquiera podía explicarse el por qué Mewtwo era su amigo ahora. Pero mantuvo la boca cerrada y se dejó arrastrar.
Cuando finalmente estuvo frente a ellos era sorprendente lo tensa que estaba, en especial porque todos la miraban con tanta curiosidad que resultaba embarazoso, ni siquiera puso muchos reparos en las inusuales marcas que en sus cuerpos tenían el trío de Kanto. Procuró no sonar como si estuviera constipada cuando le tocó presentarse, dando lo mejor de si para contestar amablemente cuando se dirigieran a ella o le hicieran alguna pregunta… sin éxito.
Pero cuando notó el modo en que Mewtwo actuaba frente a ellos, no eufórico pero sí bastante contento, tuvo que darse un par de minutos para reflexionar en cómo ella se estaba portando. Se notaba a leguas que les tenía un aprecio muy grande, algo que no había visto nunca en él.
Y sus amigos… Eve quedó atónita cuando fue testigo del respeto que le guardaban y la confianza que le tenían, tanto como para atreverse a jugarle pequeñas bromas, algo a lo que ella jamás se hubiese atrevido ni en sueños. A partir de ese momento, se tragó su orgullo e hizo todo lo que estaba a su alcance para ser lo más agradable posible, tanto que al final de la reunión, Esthela, la Blastoise, no quería dejarla ir.
Sintió una mezcla de vergüenza y halago que no recordaba haber experimentado nunca, pero lejos de ser desagradable, fue confortable, le hizo sentir una calidez en el corazón que jamás había sentido.
Y la cereza del pastel ese día fue cuando Mewtwo, después de acompañarla de regreso a la arena para su siguiente sesión, le agradeció por permitirse conocer a sus amigos. Para ella, ver lo feliz que estaba y su amplia sonrisa, fue lo mejor de aquel día.
Cuando el sol comenzaba a asomarse por las montañas, Eve llegó a la puerta de servicio que estaba en la parte trasera de la casa, entró por ella y se dirigió directamente a la cocina. Afortunadamente, se estaba familiarizando con los interminables pasillos de la mansión y casi no se perdía, al menos sabía cómo llegar a la cocina desde donde había entrado, un gran avance luego de terminar un día en lo que parecía una vieja sala de torturas de la que huyó despavorida.
Pero aún si no conociera el camino no le hubiese hecho falta, pues cuando estuvo cerca de la cocina su nariz comenzó a percibir un agradable aroma que le hizo agua la boca. Con el estómago rugiéndole como si jamás hubiese probado alimento alguno, se apresuró a llegar a la cocina, saboreando lo que fuera que oliera tan delicioso.
Ahí encontró a Flowar, colocando un par de rebanadas de pan tostado en la cima de una ya alta torre de los mismos a la par que ponía otras en un peculiar aparato. Era asistida por un par de Lopunny que se encargaban de preparar el jugo de bayas aranja y los huevos revueltos.
Flowar notó su llegada y volteó, mostrándose sorprendida por su presencia pero también algo contrariada, aunque seguramente debieron ser ideas suyas, porque dibujó una radiante sonrisa en su rostro al instante y la saludó con su alegría habitual.
— ¡Oh, Eve, buenos días! —exclamó muy contenta mientras alargaba la mano para alcanzar la mantequilla —. No esperaba que alguien se despertara tan temprano, se supone que tendría todo listo para entonces. Tienes hambre, ¿no?
— Estoy famélica.
Apenas escuchó esa respuesta, Flowar estuvo en un abrir y cerrar de ojos a su lado, la agarró por el brazo y la arrastró hasta la mesa, obligándola a sentarse y haciendo aparecer ante ella un plato con un par de rebanadas de pan junto a unos huevos revueltos, un frasco de mermelada, la mantequilla y un vaso de jugo.
— ¡Buen provecho!
Eve parpadeó varias veces, anonadada por lo rápido que había sucedido todo, observándola volver a sus labores muy feliz y como si nunca la hubiesen interrumpido. Sintió algo extraño mientras prestaba atención a lo que hacía. Flowar siempre había sido amable, pero desde hace unos días lo era aún más, especialmente con ella.
"Qué raro", pensó Eve.
Podría haberse puesto a pensar más detenidamente en eso, pero su estómago le pedía de nuevo a gritos que lo alimentara, así que se dispuso a devorar su desayuno; lucía y olía demasiado delicioso, era imposible seguir contemplándolo sin devorarlo. Además, tenía que apresurarse para estar lista cuando Tymime se desocupara de lo que lo que fuese que haría, no quería hacerlo esperar por ella.
Pero cuando agarró la primera tostada y desapareció de sus manos justo cuando estaba a punto de darle el primer mordisco, supo que sería imposible comer en paz y tranquilidad.
— ¡Oye! —reclamó Eve de inmediato, tropezándose cara a cara con Nya.
— Tranquila, nenita, me lo agradecerás luego —espetó la Mew, dándole un mordisco al pan que acababa de robar y mirándola de arriba abajo —. Ains, en serio, no sabes lo afortunada que eres al tener una cuñis como yo que se preocupe por ti. Estas demasiado gorda para comer estas cosas.
En cualquier otro momento, lo que le acaba de decir Nya era un justificativo para atragantarle el trozo de pan a golpes y ahogarla, pero Eve fue incapaz de reaccionar de ningún modo cuando notó algo peculiar en la Mew.
Y es que… ¡ya no era azul! Ahora el pelaje de la Mew era tan blanco como el de Eve. Pero eso no era todo, porque las puntas de sus patas eran de color negro, igual que sus orejas, uno de sus brazos y la punta de su cola. Mientras veía atónita a los ojos de Nya, enmarcados también con negro, cayó en cuenta de inmediato de que el patrón era muy similar al de Tymime.
Eve estaba boquiabierta, esa era una de las cosas más ridículas que había visto (aparte del yate rosa de Madison), su mente había quedado totalmente en blanco mientras contemplaba la apariencia de Nya.
Pronto, la Mew se percató de esto y le frunció el ceño, justo cuando Flowar giraba y entraba también en estado de shock.
— ¿Qué? ¿Tengo algo en la cara? —soltó Nya groseramente y mirándola con desdén mientras le quitaba algo de jugo —. Sé que soy hermosa como un botón de rosa, pero a mi me interesan más los machos...
— ¡¿D-de qué demonios estás hablando?! —bufó Eve bastante alterada y con la cara roja como un tomate, levantándose de su asiento del tiro. ¡Vaya infamia! —. ¡No seas absurda! ¡Se supone que eres azul!
— ¡Pfff! ¡Por favor, no seas tan tonta! —exclamó Nya riéndose y torciéndole los ojos, robando descaradamente la última tostada mientras Eve hacía uso de toda su paciencia para no darle una bofetada —. Se nota que no eres más que una niña con el sentido del glamour atrofiado. Yo suelo teñir mi pelaje de vez en cuando, el azul ya estaba pasado de moda y yo no puedo darme el lujo de andar desaliñada como tú, así que era hora de cambiar y aproveché la oportunidad para hacer juego con mi Tymimemito.
— ¿Acaso dijo...? ¿Tymimemito? — balbuceó Flowar con una vocecilla y parpadeando varias veces, deseando poder ahogarse en la jarra del jugo.
Eve también estaba intentando superar su estupefacción, sin embargo, ella no estaba de humor para soportar una discusión superflua con la Mew, era más que suficiente tener que digerir tal estupidez.
En lugar de reclamarle, permitió que Nya terminara de atiborrarse con su desayuno, se levantó y se acercó a Flowar, robándole una tostada de las manos y dispuesta a retirarse, pero cuando llegó a la puerta casi chocó de bruces con alguien.
Ligeramente alterada por no haber escuchado cuando se acercaban, Eve se disculpó de inmediato e inspeccionó detenidamente con quienes había tropezado. Ella no había visto nunca a pokémon de esas especies en persona, pero Eve estaba segura de que la primera era una Gothitelle, quien le devolvía la mirada algo sorprendida también y detrás de ella, asomándose con mucha curiosidad, estaba una Mienshao.
Eve no las había visto antes en la mansión, así que le causaron algo de curiosidad, pero cuando ambas desconocidas intercambiaron miradas y comenzaron a reírse por lo bajo, frunció el ceño inmediatamente. Eso no iba a terminar nada bien.
— ¿Es ella de quién tanto habla todo el mundo, Nya? —preguntó la Gothitelle maliciosamente. Su voz era bastante chillona y resultaba chocante, pero había algo en ella que resultaba cautivador, como si sólo actuara para lucir como imbécil.
— ¡Y vaya que es gorda! —exclamó la Mienshao socarronamente y riendo entre dientes, rodeando a Eve sin quitarle los ojos de encima y colocándose junto a Nya.
— Y necesita un tratamiento de belleza completo. ¡Sólo miren esas ojeras! — secundó la Gothitelle mirándola de reojo al pasar, uniéndose a sus amigas y dándole un golpecito amistoso con su hombro a la Mew — ¡Que fatalidad! Yo primero muerta que sencilla.
— Sé lo que están pensando, queridas mías, pero ya se los dije, yo no puedo escoger a mi cuñados —vociferó Nya, mirando a Eve altaneramente y con una sonrisa pedante, sintiéndose muy satisfecha por los comentarios de sus amigas.
— Pero podemos cerrar tu gran bocaza si continúas con esa actitud —espetó Flowar desafiante, dejando caer un bol de aluminio sobre la mesa para hacer mucho ruido y llamar su atención El trío, bastante exaltado, observó con aprehensión a la Lethilian mientras ella las apuntaba con un batidor que goteaba una mezcla extraña, dijo: —.Y con eso no estoy diciendo que seas mi cuñada, porque no lo eres. Vivirás aquí y serás la protegida de Yami, pero eso no significa que tengas el derecho de meterte con mi hermana y mucho menos de decirle fea.
— Déjalo así, Flowar, no vale la pena —dijo Eve serenamente y lanzándole una mirada de desprecio al grupito —. Mi apariencia es lo que menos me importa ahora, tengo cosas más importantes por las cuales preocuparme...
— Además —la repentina intervención de Tymime, quien apenas acababa de cruzar por la puerta de la cocina, tomó a todos por sorpresa y los hizo a todos respingar —, no tienes que preocuparte por tu apariencia. Para mí eres hermosa así como estás.
Eve volteó a ver hacia su hermano, parpadeando varias veces muy sorprendida, no sabía cómo contestar a eso, jamás había recibido tal halago de su hermano, así que se limitó a sonreír algo avergonzada, deseando poder salir corriendo de ahí y escapar de la embarazosa situación.
Mientras Eve trataba de no lucir tan abochornada, Flowar se burlaba de Nya descaradamente, riendo maliciosamente entre dientes mientras la Mew hacia trizas el pan que tenía entre sus pequeñas garritas a causa de la envidia.
Por un breve instante, el pensamiento de que no había motivos para estar celosa cruzó por la cabeza de Nya, pero las burlas de la Lethilian flor y los ávidos cuchicheos de sus amigas hicieron que le hirviera la sangre y el enojo de le subiera a la cabeza, tanto como para ponerse roja como tomate.
Fue en ese instante que Tymime se percató de los murmullos y les lanzó una mirada de desprecio, obstinado de alcanzar a entender las estupideces que decían, pero justo cuando estaba por soltar su veneno para callarlas, notó la nueva apariencia de Nya y su rostro se puso verde.
— ¡Por mis bellos moños, Nya! ¡Lo veo y no lo creo! — exclamó la Gothitelle estridentemente, buscando romper con lo incómodo del momento, asegurándose de que cada uno de sus gestos y movimientos fueran lo más exagerados posible —. Tu novio luce más divino en persona que en las fotos que nos mostraste. Eres toda una pillina.
— ¿Fotos? — soltaron Eve y Flowar al unísono e intercambiando confundidas miradas.
¿En qué momento Nya había obtenido una foto de su hermano? Eve dudaba con creces que Tymime le hubiese permitido a Nya hacer tal cosa, al menos por voluntad propia, y por la estupefacción que marcaba el rostro del arlequín le quedaba claro que apenas se estaba enterando.
— ¡Y están a juego! ¡Lucen tan adorables! —chilló la Mienshao muy emocionada, pasando sus brillantes ojos de Nya a Tymime y de Tymime a Nya varias veces.
— ¡Por supuesto que se ven adorables! —dijo la Gothithelle orgullosamente, dando un paso hacia adelante y sonriendo con satisfacción —. Fui yo quien se encargó de los tintes, después de todo. No hay nadie mejor que yo para unir corazones. ¡Soy toda una artista!
— Ay, queridas mías —dijo Nya muy contenta y con una sonrisa de oreja a oreja, olvidándose por completo de su enojo, demasiado extasiada por las alabanzas que recibía gracias a su nuevo “novio” como para reparar en la mirada asesina que le dirigía Tymime —, ustedes son las amigas más adorables que se puede tener. Pero me sorprende su incredulidad, ustedes más que nadie conocen mis buenos gustos, yo no saldría con cualquiera, sólo tengo a mi lado the best of the best.
— Tymime —llamó Flowar hablando entre dientes, frunciendo el ceño y cruzándose de brazos —, o las callas tú o le pediré a Eve que lo haga. No la soporto.
Eve hizo el ademán de que estaba dispuesta de cumplir con la petición de Flowar, consiguiendo que Nya diera un paso atrás del susto ante la latente amenaza, pero en ese momento llegó Mewtwo a la cocina y se contuvo.
Sonrió muy contenta de verlo, ya que el día anterior ambos estuvieron ocupados con sus respectivos entrenamientos y no tuvieron oportunidad de verse en ningún momento, ni siquiera antes de dormir porque Eve terminó mucho más tarde que Mewtwo y no quedó con ganas de nada más que de abrazar su mullida almohada. Por eso, ardía en deseos de sentarse con él y ponerse al tanto de las novedades, tanto que se había olvidado de la situación en la que se encontraba.
— Buenos días —saludó Mewtwo perezosamente, reprimiendo un bostezo y moviendo los hombros para estirarse un poco, se notaba que no llevaba mucho rato despierto. Luego de desperezarse notó de inmediato la presencia de Tymime, pero le dio mayor importancia a Eve, a quien le devolvió la sonrisa. Aún sin percatarse de la nueva apariencia de Nya, dijo: — ¡Hola, Eve! Justo vengo de tú cuar... —se detuvo en seco, al fin había notado el cambio en la Mew.
Mewtwo parpadeó varias veces, pensando que sus ojos lo engañaban, ¿acaso alucinaba? Cuando se aseguró de que era cierto que ahora Nya parecía una copia bastante pobre de Tymime, tuvo que hacer uso de todas sus fuerzas para evitar desternillarse de la risa en el lugar, era hilarante y muy difícil resistirse, pero no prefería evitar los problemas durante la mañana. Sin embargo, tenía que decir algo o luciría estúpido.
— Ehm… ¿me perdí de algo?
— ¡No es justo, Nya! —gruñó la Gothitelle quejumbrosamente, haciendo pucheros y zarandeando un poco a la aludida —. Incluso tus ex están buenos.
— ¿Qué ha dicho? —bufó Mewtwo atónito.
Tymime soltó entonces una risotada que disimuló carraspeando un poco. Mewtwo logró salirse de su estupor por un segundo sólo para lanzarle una mirada asesina, pero el arlequín estaba más ocupado en mantener su mal carácter bajo control que en devolverle la mirada.
Y como si la situación no fuera de por si absurda, se fue poniendo peor.
— Querida, ya que fuiste tú quien rompió… ¿me das dejas salir con él? —preguntó la Mienshao rápidamente, jugueteando ansiosamente con sus mangas y guiñándole el ojo seductoramente a Mewtwo.
Por primera vez en todo ese rato, a Nya pareció no agradarle mucho lo que decía su amiga comadreja, pues la miraba con tanto desprecio que era sorprendente que aún siquiera viva, pero eso no superaba la indignación que sentían Eve y Mewtwo.
Eve no podía asimilarlo. ¿Quiénes se creían esa cuerda de idiotas? Ni aunque todo eso se tratara de una broma pesada podría perdonarles esa actitud, le era imposible evitar reprocharles por tales trivialidades, ella se estaba preparando para una batalla muy importante y ellas sólo se preocupaban por... ¡Argh! El sólo pensarlo la hacía enojar todavía más. Si tan solo no los fastidiaran tanto…
— Eve, ya es hora de irnos —dijo Tymime malhumoradamente, tanto que logró cortar el hilo de pensamientos de Eve en seco y ésta, mientras la agarraba de la mano y se la llevaba, pudo escuchar claramente cómo rechinaba los dientes —. Si me quedo un solo minuto más, vomitaré hasta lo que no tengo en el estómago.
No tuvo más opción que dejarse arrastrar, ella también deseaba salir corriendo de esa jaula de locas y aunque ardía en deseos de darle al menos una bofetada a Nya, más le decepcionaba que arruinasen la oportunidad de poder platicar con su amigo.
Mientras su hermano la halaba con prisa por el pasillo, le lanzó una rápida mirada de soslayo a Mewtwo, queriendo excusarse por no haberlo saludado siquiera. Afortunadamente, Mewtwo fue bastante comprensivo y le sonrió, asintiendo sutilmente con la cabeza.
— Tranquila, no me iré a ningún lado, hablaremos todo lo que quieras cuando te desocupes. Que te vaya bien —dijo él afablemente y limitando su telepatía para que sólo ella lo escuchara.
Casi de inmediato, Nya y sus amigas salieron a empujones de la cocina y en un amasijo de lazos y mangas largas, para su desgracia, les dieron alcance. Cuando lograron desenredarse de la bola que se habían convertido, la Mew se apresuró para estar a la cabeza y tratar de llamar la atención del arlequín, contoneándose en el aire de un modo tan exagerado que hasta un Spinda lo reprobaría.
— ¡Tymimemito de mi corazón! —canturreó con un tono de voz tan estridente que Eve pensó que al menos un par de vidrios se habrían roto en algún lado —. Un pajarito por ahí me dijo que hoy llegarán algunos aliados, ¿es cierto? Porque si lo es, tengo que ir contigo, será maravilloso para la plebe que vean a su líder con su hermosa y carismática pareja, es estimulante o algo así.
Al Nya pronunciar la palabra pareja, a Tymime se le erizó el pelaje de la espalda y le lanzó una mirada asesina, de las peores que Eve había visto, ni siquiera era con ella y si pudiera huiría despavorida, pero Nya estaba tan absorta en su propia fantasía que ni se inmutaba por ello.
— ¡Tymime, hola! —exclamó la Gothitelle, empujando a Nya para quitarla de en medio, su tono de voz era tan nasal en ese momento que Eve se tenía que morder la lengua para no reírse en su cara —. No nos han presentado formalmente. Me llamo Ambrette y yo me encargo de mantener hermoso el pelaje de tu hermosa amada. ¿Sabías que, técnicamente, tú y yo somos cuñis? Nya y yo somos best friends forever, casi hermanas, ¿qué te parece, cuñis?
— ¡Tymime! —gritó la Mienshao escandalosamente, reclamando su turno para hablar quitando de su camino a Ambrette de un empujón —. Encantada de conocerte, bomboncito, mi nombre es Soyla y yo me encargo de que Nya siempre luzca divina. Ahora no tiene nada que yo le haya hecho, pero no dudes en que la dejaré espectacular en un abrir y cerrar de ojos para tu deleite. A propósito, ¿qué te parece su nuevo look? Es así todo darks como el tuyo, estoy segura de que te parece f-a-b-u-l-o-s-o. ¿A que es preciosa?
Y así estuvieron durante todo el trayecto hacia el vestíbulo, empujándose una a la otra para acaparar la atención, parloteando como si fuesen un Chatot que recién descubría que podía cantar. Eve sentía pena ajena con sólo escuchar la sarta de tonterías que soltaban, hablando de tintes, listones, vestidos y demás cosas que alguna vez creyó era sólo asunto de humanos.
No se decidía si odiarlas o sentirse intrigada por tal comportamiento, preguntándose si ella actuaría de la misma manera si no tuviese un deber tan delicado que cumplir, si sólo existiera para nacer, reproducirse y morir como el resto. El sólo imaginárselo le provocó escalofríos.
¿Y qué había de Tymime? El sólo hecho de que se mantuviera callado y sólo le apretara la mano la desconcertaba, a veces acelerando el paso tan repentinamente que casi la hacía caerse de bruces. ¿Por qué no las mandaba a callar? Su hermano jamás había permitido tal comportamiento cerca suyo, era poco tolerante y severo con quienes le rodeaban y todo aquel que incurría en tales ridiculeces era severamente castigado, al menos para que no volviesen a actuar de ese modo mientras él estuviera presente.
“¿Pero qué era diferente esa vez?”, se preguntó Eve. Quizás tenía que ver con que Nya era la protegida de la familia Myodelza desde hace un par de generaciones al menos, siendo ella la encargada de salvaguardar al cabecilla de la familia, dígase, el joven Yami. De eso se había enterado no hace mucho, fue una sorpresa bastante grande puesto que jamás se le hubiese ocurrido que Nya fuese capaz de llevar a cuestas tal responsabilidad, pero Eve sospechaba que sólo se mantenía en funciones por los beneficios.
Ese detalle era lo que probablemente la salvaba de la ira de Tymime. Por desgracia, su mano no corría con esa suerte, el arlequín estaba apretando tan fuerte ya que comenzaba a lastimarla.
Cuando creyó que Nya y su séquito no los dejarían en paz y que se quedaría sin dedos, justo llegando al vestíbulo, Yami apareció y las detuvo para su alivio. No se detuvieron para saber qué quería el joven creyente, pero a oídos de Eve llegó algo sobre un desastre en uno de los baños y que el joven debía asistir a una reunión a la que Nya tenía que acompañarlo, pero no estaba segura, pues Tymime siguió arrastrándola y cruzaron las puertas principales de la mansión.
Bajaron las escasas escaleras del portón y cayeron en el sendero que se dirigía a las rejas principales de la mansión, aún agarrados de la mano y en total silencio, todavía con las voces chillonas del trío retumbando en sus oídos, tanto que les era imposible formar una oración sencilla en su cabeza.
A medida que fueron alejándose de la mansión, la presión que Tymime le hacía en la mano fue aminorando y Eve pudo suspirar aliviada. Avanzaron por el camino de tierra, bajo la placentera y fresca sombra que ofrecían los abedules que apenas dejaban pasar entre sus hojas tímidos rayos de luz a tan tempranas horas, disfrutando de la suave brisa que los refrescaba y acariciaba las hojas, haciéndolas susurrar.
Si la mansión ya era grande por si sola, los terrenos que la rodeaban eran más descomunales todavía, repletos de árboles y elaborados jardines con una gran variedad de flores aromáticas, de brillantes colores y hermosos pétalos que adornaban arbustos perfectamente podados. Era como un pequeño paraíso privado, algo exagerado, pero bien recibido.
Un poco más pronto de lo que Eve pensó, llegaron a las rejas principales de la mansión, donde los guardias que vigilaban desde una casilla aledaña salieron a recibirlos y, muy gustosamente, les abrieron las rejas para dejarlos pasar. Los dejaron atrás, apenas haciéndoles un ademán con la cabeza para corresponder el saludo. Tymime se detuvo un instante, decidiendo qué camino tomar, optando por la derecha, y continuaron su caminata como si nada.
“Nada fuera de lo normal por el momento” fue lo que pensó Eve a medida que dejaban atrás la mansión. Esperaba que Tymime no pretendiese pasearla por la ciudad, desde lo sucedido en Isla Ávida prefería mantenerse alejada de grandes grupos de humanos lo más posible, no importaba que le aseguraran que nadie le haría daño mientras estuviera ahí, nada era capaz de borrar el recuerdo del dolor de la bala en su hombro.
Se estremeció y sacudió la cabeza para tratar de espantar sus temores, algo difícil tomando en cuenta que algunas de sus pesadillas consistían en turbas violentas linchándola, pero debía mantener la compostura, al menos estando cerca de su hermano.
De repente, Tymime se detuvo, mirándola por encima del hombro con extrañeza, y ella sólo fue capaz de devolverle la mirada con cierta aprehensión, pegando sus orejas contra su nuca, pues sabía que él había percibido su intranquilidad.
El arlequín suspiró y miró a todas las direcciones a las que llevaba el solitario camino de grava que transitaban, hasta que se ubicó y siguió guiándola, alejándose más y más y comenzando a adentrarse en una de las zonas menos habitadas de la ciudad.
Eve no supo si Tymime planeaba desde un principio hacer lo que ella temía y, luego de saberlo, decidió cambiar de idea y llevarla por otro camino. El sólo pensar que así fuese la avergonzaba, era un signo de debilidad y no podía darse ese lujo, menos a tan pocos días de cumplir con su destino. Empero, le era imposible, sus temores la superaban.
— Tymime… —balbuceó Eve tímidamente con intenciones de disculparse, estrechándole con un poco más de fuerza la mano a modo de súplica para aminorar el regaño que seguramente recibiría.
— Despreocúpate, Eve, sólo me molesta cuando tus emociones comprometen tu desempeño en batalla—dijo él de inmediato con un tono severo en su voz y sin siquiera dirigirle la mirada. Como ella todavía no lograba todavía sentirse a gusto, añadió: —. Entre mis intenciones estaba el demostrarte que aquí no tienes nada que temer, la mayoría son creyentes y ninguno sería capaz de lastimarte, incluso te defenderían con su vida. Por lo visto no fue de mis ideas más brillantes, así que lo mejor será tomar otro camino.
— Pero…
— Eve, sinceramente, no estoy de humor para esta clase de cosas, así que olvídalo antes de que pague mis frustraciones contigo, en verdad no quiero hacerlo —gruñó Tymime hablando entre dientes y lanzándole una mirada asesina. Ella bajó la mirada para esquivar sus oscuros ojos e intentó soltarlo, pero él se lo impidió, sorprendiéndola. Eve volvió a fijar sus ojos en los suyos, por lo que suspiró con cierto pesar y dijo: —. No me sueltes…
— ¿Por qué? —preguntó ella de inmediato, logrando captar un tono suplicante en la voz de su hermano, tan sutil que sólo alguien que lo conociera como ella podría notarlo.
Aún perpleja, se fijó que el arlequín las sostenía con la mano izquierda, él era zurdo así que siempre procuraba mantenerla desocupada para reaccionar rápido y materializar su esfera. Había pasado una eternidad desde la última vez que Tymime la llevó de la mano, siempre lo hacía cuando era más pequeña, pero él siempre fue quisquilloso con ese detalle y ella no se percató de esa rareza hasta ese instante. No la incomodaba para nada, a pesar del tiempo que había transcurrido desde esa época, y aún así sintió un rubor en sus mejillas que la molestó con creces.
Tymime se tomó su tiempo para contestar a su pregunta, posando de nuevo sus ojos en el camino y sosteniéndola con más fuerza, entrelazando sus pequeños dedos con los de ella, asegurándose así de que no podría zafarse tan fácilmente.
— No quiero, es todo —dijo en voz baja.
— ¿Por qué? —insistió.
Tymime resopló con cierta frustración ante su impertinencia, logrando que se preocupara de haber cruzado una línea que no debió; pero el arlequín no la reprendió, desconcertándola un poco.
Normalmente, el arlequín le cerraría la boca amenazándola con sus hilos por metiche e irrespetuosa, pero ahora pareciese que Tymime estuviese haciendo un gran esfuerzo por controlarse. ¿Es que acaso algo le había pasado y ella no estaba enterada?
— Lo único de lo que no tienes idea es lo cabreado que estoy. Y ya te dije que no quiero pagarla contigo —dijo finalmente, tomándola con la guardia baja y logrando avergonzarla por lo fácil que le resultaba adivinar lo que pensaba —. Verás, no es ningún secreto que Nya torna engorrosa mi estancia en Carpathia, en especial porque perdí la cuenta de las veces que he tenido que contenerme para no romperle el cuello, sólo para evitar reafirmar la imagen que algunos tienen sobre nosotros. Generalmente, me importaría un comino lo que piensen una cuerda de imbéciles sobre mí, pero si actúo mal tú puedes verte involucrada y, por tu bien, prefiero morderme la lengua y meterme mi mal carácter en el bolsillo… al menos hasta que logren acabar hasta con la última gota de paciencia que tenga —hizo una pausa, suspirando una vez para librarse un poco de su estrés antes de continuar: —. Además, por si eso no fuese suficiente, las cosas no me han resultado tan bien como me esperaba. Por todo eso es que no quiero que me sueltes, porque siento que si lo haces no podré contener la tentación de mandar todo a la mierda y desquitarme con el primer infeliz que se me atraviese.
Eve estaba boquiabierta, no sabía si responder o sentir pánico porque su hermano estaba más furioso de lo ella creía. Sin embargo, se sobrepuso la vergüenza, jamás se le cruzó por la cabeza que Tymime también tuviera preocupaciones sobre sus hombros, entre las que ella estaba incluida, y a pesar de eso él todavía buscaba velar por ella y ayudarla.
Pensando en ello, se alegraba de rehusar sus ofertas para controlar sus pesadillas, pero eso no disipó su desasosiego al caer en cuenta de que no estaba viendo más allá de sus propios problemas.
Con todo eso dándole mil vueltas en la cabeza, no dudó en sujetarlo con fuerza y enrollarse en su brazo, hundiendo el rostro entre los pliegues de su gorguera una vez más. Tymime pegó un respingo, no esperaba tal reacción de ella, pero no se quejó por ello y siguió avanzando.
Continuaron caminando, disfrutando en silencio de su mutua compañía, logrando que la molestia de Tymime aminorara con cada paso que daban y con cada dulce caricia que Eve le hacía al dorso de su mano.
Pasado un rato, luego de percatarse de que ya no había ningún camino a sus pies, Eve comenzó a preguntarse a dónde la llevaba su hermano. Miró a todos lados para formarse alguna noción de dónde se encontraban, cayendo en cuenta de que estaban lejos de cualquiera de las puertas de la ciudad. Se suponía que tenían que…
De repente, sintió como si la agarraran por la nuca y la jalaran hacia arriba a una velocidad vertiginosa, todo lo que la rodeaba se volvió borroso y confuso, envuelto en un silencio que resultaba molesto cuando debería encontrarse en un vórtice de ruidos ensordecedores. Así era como Eve sentía la teletransportación y Tymime la había llevado consigo sin avisarle. Cuando posó de nuevo los pies sobre tierra firme, un escalofrío recorrió toda su espalda y cayó sentada al suelo, lanzándole una mirada de reproche a su hermano, quien parecía divertido por el gesto en el rostro de su hermana.
— Lo siento —se disculpó Tymime lacónicamente y ayudándola a levantarse aunque ella estaba reticente a hacerlo —, te hubieses negado si te avisaba.
Y eso era totalmente cierto, Eve estaba harta de recordarles a sus hermanos que detestaba la teletransportación con cada hebra de su ser, le dejaba un mal sabor de boca y actuaba como un Meowth al que le dieron un susto y se sostenía fuertemente con sus garras de lo primero que conseguía, en ese caso, la mano del arlequín.
Resolvió dejar su enojo a un lado y tratar de tranquilizarse, después de todo, la idea de Tymime era pasearla para relajarla y hacerla sentir segura en la ciudad, pero por consideración a sus temores prefirió no obligarla… aunque eso implicara algo que le desagradaba en igual medida.
Para distraerse y evitar la burlona mirada de Tymime, inspeccionó su alrededor para averiguar a dónde la habían llevado. No le sorprendió darse cuenta que no estaban tan lejos de Carpathia, aunque sí que estaban apartados del valle árido que le precedía, pues se encontraban en el discreto mar de grama que colindaba con el bosque que rodeaba a la ciudad y subía por las montañas.
A pesar de su enojo, la paz y el silencio en aquel lugar sin duda era una bendición, aunque si se dejaba llevar demasiado sus orejas eran capaces de captar el lejano alboroto de la ciudad que comenzaba a despertar.
Tymime sacudió suavemente la mano de Eve, indicándole que tenían que seguir, así que caminaron un poco más hasta detenerse en la cima de una pequeña colina, desde la cual podía verse perfectamente la entrada al bosque. El arlequín le indicó que se sentara y así lo hicieron, aún sin soltarse. La hierba estaba algo alta y le hacía cosquillas, era bastante molesto, le daban ganas de estornudar, pero después de que se le fuera el disgusto por la inesperada teletransportación y su nariz se volviera inmune, era imposible que se sintiera más a gusto ahí, en ese lugar tan apartado de todos sus problemas.
— Deberían llegar en cualquier momento —comentó Tymime suavemente, contentando a Eve al notarlo más calmado y a gusto. De repente, el arlequín arrugó la cara, cerrando con algo de fuerza los ojos y agachando la cabeza, pues tanta luz le resultaba molesta —. O eso es lo que aseguró Icestar, sólo espero que sea cierto y no tarden demasiado…
Eve no contestó, estaba más ocupada en acomodarse para ladear su cabeza de modo que su oreja le sirviera de parasol a los ojos de su hermano. No estaba realmente a gusto, la posición era levemente incómoda, pero cuando él abrió los ojos y sonrió un poco al notar lo que estaba haciendo, Eve pensó que valía la pena hacérsela de contorsionista.
Tymime musitó unas gracias y la soltó para pasarle el brazo por encima de sus hombros y abrazarla, sujetando de nuevo su mano, ahora con su derecha. La estrujó contra él y le dio un cariñoso beso en la frente. Entonces, le dijo:
— ¿Dime qué haría yo sin ti?
Eve sonrió tímidamente y sintió que se sonrojaba. Lo cierto es que esa pregunta le había encogido el corazón, en especial porque el arlequín tenía la respuesta, a ella no le hacía falta contestar.
Decidió no arruinar el momento, aunque él seguramente ya sospechara el efecto de sus palabras, no lo arruinaría, así que le dio un rápido y tierno toque en la mejilla con la nariz y se acomodó de nuevo para seguir fungiendo de parasol.
Necesitaba disfrutar de ese instante hasta el último segundo, no era usual que Tymime fuese tan cariñoso y delicado, en especial luego de tanto tiempo arrastrando problema tras problema, podía hasta ser incómodo si pensaba demasiado en ello. Quizás se debía a que se estaba portando del modo correcto últimamente, cumpliendo con sus obligaciones y mostrando cierta iniciativa…
Suspiró. Fuese cuál fuese la verdadera razón de tantos mimos, se lo agradecía, le agradecía que fuera su hermano cuando más lo necesitaba y no su líder. Se le aguaron los ojos con sólo pensarlo y sintió de nuevo esa aprehensión en el corazón, distinta a la que experimentó hace pocos instantes. Las palabras jamás serían suficientes para agradecerle el amor que le expresaba en ese momento, pues lo había extrañado por tanto tiempo.
Ahí sentada, sintiéndose tan a gusto y en calma, la mente de Eve comenzó a divagar, haciendo un recuento de todo lo que había acontecido en los últimos días, pues se estuvieron organizando los primeros detalles.
Tymime, por supuesto, era quien lo dirigía todo y absolutamente todo, y si bien delegaba ciertas funciones a Eve aún le sorprendía lo mucho que él podía hacer sin terminar totalmente acabado al final del día.
No sólo se encargaba de idear el plan principal para la defensa de Carpathia junto con Icestar, sino que también se dio a la tarea de hacer un reconocimiento del terreno y compararlo con los recuerdos del Bosque Blanco que tenía en su esfera, además de coordinar e inspeccionar las sesiones de entrenamientos y reunirse con algún creyente o Yami.
Sólo el sabía cuántas cosas lo mantenían ocupado y agobiado, el sólo tratar de enumerarlas le producían jaqueca y, para colmo, a pesar de todo, quería encargarse de sus pesadillas… no podría sentirse peor al respecto.
Por suerte, Icestar lograba convencer al arlequín de dejarle ciertas tareas durante el día y le quitaba algo de peso de encima, pero ella también estaba ocupada en un proyecto grande, el cual que todos temían en secreto que no lograría terminar a tiempo.
A Icestar se le ocurrió transformar las viejas torres de vigilancia erigidas a lo largo del muro que rodeaba a Carpathia en generadores de energía, los cuales crearían una cúpula protectora sobre la ciudad. Era ambicioso y tentador en vista de que estaban forzados a tomar una posición defensiva, pero nadie creía en que eso fuese posible, indistintamente de lo hábil que fuera su hermana. No dio más detalles.
Esa noticia sólo fue opacada por la repentina insistencia de Dyfir en formar parte de los entrenamientos, quien logró sacar a Tymime de sus casillas luego de armar una escena.
— ¡Quiero ayudar! —exigió Dyfir decididamente, plantándose frente a Tymime en plena sesión de entrenamiento —. No puedo seguir sin hacer nada, debe haber algo que pueda ser útil.
— Para mí eres útil si no estorbas y me dejas ver la batalla —espetó Tymime molesto.
En ese momento, él intentaba observar la práctica entre Grounday y Baby para intentar corregir ciertas posturas que tomaba su hermano menor a la hora de pelear y le restaban potencia a sus golpes, así que, sin tener cuidado en ser delicado, empujó a la entrenadora con el uso de un Psíquico y la ignoró.
— ¡Ay! ¡Hablo en serio! —chilló Dyfir, bastante molesta también, volviendo a pararse frente al arlequín luego de reincorporarse rápidamente, como si hubiese rebotado —. Sé que puedo ayudar en algo, soy buena entrenadora y…
— ¡Claro! —bufó Tymime soltando una carcajada y torciendo los ojos, bastante harto de ella. Volvió a empujarla con un poco más de rudeza y añadió con un tono de voz sarcástico: —. Es que una cría humana en plena adolescencia es el arma definitiva en cualquier combate a muerte.
— ¡Me estás subestimando! —exclamó ella de vuelta, muy resentida por como el arlequín se mofaba de ella.
— No, niña, estoy siendo sensato y condescendiente con tu vida, deberías más bien agradecérmelo —espetó Tymime torciéndole de nuevo los ojos mientras Shock, quien estaba a su lado, se burlaba de ella por lo bajo. Dyfir estaba dispuesta a replicarle, pero él habló primero: —. A ver, creí haber dejado bien en claro cómo manejo las cosas aquí y dudo mucho que no seas nada más que un estorbo. En verdad que eres tonta.
— ¡Mira esto! —vociferó Dyfir furiosa, agarrando todas las pokebolas de su cinturón y lanzándolas al aire para liberar a sus pokémon, con la intención de mostrarle que no era ninguna tonta o un estorbo. A la par, sacó un estuche y le puso bajo sus narices las siete medallas de Johto que había ganado con mucho esfuerzo —. ¡Los he entrenado arduamente durante más de un año! Sé que serán útiles porque todos y cada uno de ellos son fuertes… —justo diciendo eso, su pequeño Cyndaquil cayó hacia atrás torpemente cuando intentó mostrar unos músculos que no poseía, avergonzándola un poco frente al arlequín, quien alzó una ceja y bufó por lo bajo—. Ok, el pequeño Belenus es la excepción, pero puedo traer de vuelta a Llamita para que ocupe su puesto y sabes que él…
— Gea me libre… —gruñó Tymime molesto, acariciándose las sienes y tratando de calmarse para no arrancarle la cabeza de un tajo a la joven —. Me sabe a mierda lo que hagas, pero deja de joderme antes de que me colmes la paciencia. Si deseas que ellos peleen, bien, hazlo, pero no te garantizo sus vidas; mucho menos cuando todos son una cuerda de consentidos buenos para nada.
Dyfir no se tomó muy bien el comentario, le enfurecía que siempre subestimaran a sus pokémon, no eran los que todos querían entrenar, pero se esforzaban en dar lo mejor de ellos. La chica estaba dispuesta a dejarlo pasar y seguir insistiendo, pero Dartiniant, su adorada Dragonite, no tomó muy a bien el comentario despectivo del arlequín y dio un pisotón en el suelo que lo hizo estremecer para mostrar su descontento.
La Dragonite rugió, dispuesta a demostrar que era fuerte, pero eso sólo consiguió que, cuando apenas se movió un poco para exhibir alguno de sus ataques, Tymime materializara su esfera y la apresara con miles de sus hilos de acero.
— ¡No! ¡Suéltala! —gritó Dyfir con un tono suplicante en su voz, intentando sostener a Dartiniant con ayuda del resto de sus pokémon, deteniéndose horrorizada cuando su pokémon aulló de dolor y comenzó a retorcerse en el aire — ¡Déjala en paz!
— ¿En serio quieres ofrecerlos como carne de cañón? —preguntó Tymime cruelmente, haciendo una rápido movimiento con los dedos sobre su esfera y atrapándola también con sus hilos, transmitiéndole el mismo dolor que su Dragonite sentía —. ¡Pues, adelante! Y ya que estás tan motivada, quedas asignada al grupo de ataque aéreo, así que arréglatelas para montar a tu dragoncito sin que le jodas la vida a alguien más —realizó un ademán violento con la mano y mandó a ambas a volar. Ambas se golpearon fuertemente contra el suelo y el resto de los pokémon de Dyfir fueron en su ayuda. Tymime resopló, desvaneciendo su esfera y murmurando entre dientes —. Espero que la suerte me favorezca y la maten rápido.
“Los he acompañado desde el principio y quiero hacerlo hasta el final” fueron las palabras de Dyfir cuando se tranquilizó luego del mal rato. Eve tuvo que admitir que la conmovió un poco, aunque igual dudaba de que la joven supiera realmente lo que estaba en juego.
Por suerte para Dyfir, Skyfler se ofreció rápidamente para instruirla, y aunque Tymime no lo sabía, se comprometió a ser su guardián si llegaba a estar en apuros durante la batalla.
Eve sonrió pensando en lo que su hermano diría si se enterara, incluso se esforzó en imaginarlo con su voz y todo: “No permitiré que distraigas al líder de uno de los escuadrones sólo para salvarte el trasero”. Torció los ojos porque su imitación era patética, Tymime seguramente sería mucho más cruel y soez.
Prosiguió con su recapitulación, recordando que antes de que a Dyfir se le ocurriera gritarle a Tymime que quería ayudar, Zack y Lenore ya habían encontrado actividades, convirtiéndose Zack en un ayudante de Icestar. Y Lenore… bueno, ella sólo se concentraba en ser ella misma y aplicar la fuerza bruta, preparando a sus pokémon diligentemente a tal punto que hasta Tymime estaba satisfecho.
Por otro lado, estaba Nataniel, quien también era asistente de Icestar, incluso antes que el propio Zack. Eve no entendía muy bien lo que había sucedido, aparentemente algo que tenía que ver con Dyfir y Zack, la cuestión es que había causado un cambio radical en él, al punto de que ya no le parecía tan mimado y no le caía tan mal como antes.
Así es como, inevitablemente, se encontró intentando acordarse de todos los detalles referentes a la organización que preparó Icestar.
En primer lugar, tendrían fuerza ofensiva en los cielos, un grupo que liderarían Skyfler y Dinya como auxiliar. Su principal objetivo no era sólo brindar apoyo aéreo, también se asegurarían de mantener a raya lo más posible las tropas enemigas, así como contrarrestar las propias unidades aéreas del enemigos. A Skyfler le gustaba llamarlos “Ángeles”. Moonghost prefería “Moscas” en son de broma.
Le seguía, por supuesto, la ofensiva terrestre, la cual Icestar dividió en tres clases.
Los primeros, en todo el sentido de la palabra, eran los Embestidores; estarían conformados de pokémon capaces de llevarse todo por el medio con una sola embestida, eran fuerza bruta de la más pura y su trabajo consistiría en barrer con los primeros enemigos. Justo por eso es que aún no tenían líder, ninguno de los hermanos contaba con la robustez suficiente para cumplir el papel de un Embestidor per se, así que Tymime sólo esperaba que entre los aliados encontrara a alguien lo suficientemente capaz de asumir dicha responsabilidad.
Luego estaban los Peones. Estas unidades estaban destinadas a los combates cuerpo a cuerpo y entrarían en la contienda luego de que los Embestidores hicieran su parte. El líder de este grupo era Shock, que gracias a la cuchilla en su cola y su violento estilo de batalla era más que perfecto para ejercer el cargo. Sin embargo, como se estimaba que sería uno de los grupos más abundantes, también asignaron a Flame como líder, esperando que el contraste que su personalidad tenía con la de su hermano eléctrico generara una toma de decisiones más acertada.
Junto a estos estaban los Nobles, quienes apoyarían directamente a los Peones y su función sería rematar y proteger tanto a estos como a los Embestidores, en especial si eran heridos en combate. Los asignados fueron Grounday y Rocknight. La hermana porque era capaz de generar venenos lo suficientemente letales como para inmovilizar a los enemigos sin poner en riesgo demasiada energía. Y el hermano por el largo rango de ataque que poseía gracias a su Castigo Roca. Además de que juntos, los gemelos eran una combinación letal de técnicas de desgaste y defensa.
Y, cerrando las unidades ofensivas, estaban los Lanzadores. En un principio, Dinya fue la primera opción para liderar este grupo, pero Sfear fue la escogida al final; sus corrientes de agua podían llegar lejos y causar mucho daño, y si no lo hacían a ella sólo le bastaba con crear proyectiles de hielo. Su función sería aniquilar la mayor cantidad posible de enemigos desde el muro y evitar que se acercaran demasiado, en especial, si el proyecto de la cúpula de Icestar no era terminado o si les llegase a fallar.
De todas maneras, a Icestar le gustaba tomar previsiones y creó una unidad compuesta por Peones, Nobles y Lanzadores a las que llamó Custodios, los cuales se mantendrían dentro de la ciudad en caso de que las cosas se salieran de control y lograran atravesar los muros.
Y, por último, estaban los Sanadores, los cuales estarían bajo la dirección de Flowar, por supuesto. Ella estaba encantada por esa asignación, ya que pelear no era lo suyo realmente, por eso es que decidió esmerarse y propuso diversificar también este grupo. Además de los Sanadores, quienes estarían resguardados tras el muro atendiendo a los heridos, se hallarían los Salvadores, cuya labor consistiría en interceptar heridos en el campo para ponerlos a salvo tras los muros. Los Salvadores serían pokémon rápidos y capaces de defenderse por sí solos, aunque la labor de velar por su seguridad recaería en los Nobles.
Ella no estaba en ninguno de esos grupos y ni siquiera entraría en batalla hasta que ésta estuviera bastante avanzada. Icestar la bautizó como Averouz, “El Final”. De lo único que tendría que preocuparse era no morir antes de enfrentarse a Drakar y asesinarlo. Con eso, todo llegaría a su fin.
Suspiró y cerró los ojos, sintiéndose nerviosa con sólo pensarlo, deseando que todo fuera tan sencillo como las exposiciones de Icestar, justo como ella lo había recitado en su mente, que todo fuera un absurdo juego de mesa.
Entonces, cayó en cuenta de algo que no se había percatado antes, y es que no sabía en qué grupo estaba Mewtwo. No recordaba que le hubiesen asignado a alguno de los grupos, no al menos frente a ella. ¿Sería un Custodio? No, Eve sabía que Mewtwo era bastante fuerte y que Icestar no lo desaprovecharía de ese modo. ¿Podría ser un Peón? Seguramente, sus ataques podían llegar a ser letales si se lo propusiera…
Y, de repente, una idea cruzó por su mente. ¿Y si Mewtwo no estaba en ninguno de los grupos porque Icestar pretendía incluirlo como parte del Averouz? El solo pensarlo le hacía hervir la sangre, Eve no lo quería cerca cuando le tocara combatir contra Drakar, porque si él estaba ahí no sería capaz de…
— Están aquí.
Cuando Eve levantó la mirada ya Tymime estaba de pie, con los ojos puestos sobre el bosque. Ella quiso levantarse también, pero la sorpresa de lo que estaban viendo sus azules ojos la ancló en el suelo.
Saliendo de entre los troncos y los arbustos, una gran cantidad de pokémon apareció, acercándose hacia ellos calmadamente, parloteando entre ellos, cantando, riendo o resoplando.
¿Estaba soñando? Le era difícil creer que tantos pokémon hubieran acudido al Llamado y que estuvieran dispuestos a apoyarlos, especialmente a ella. Desde que Enurta fue encerrado en su cuerpo, fue tratada como si ella fuese una Malsumi, temiendo que él se manifestara frente a ellos y los eliminara. No estaba realmente acostumbrada a recibir esa clase de apoyo, le costaba creer que todo eso fuese real.
Mientras aún trataba de digerir la situación, una inmensa figura se plantó frente a ella, tan grande que tapaba el sol. Levantó la mirada y se encontró con los negros ojos de un pokémon con aspecto temible, su cuerpo verdoso, que lucía tan duro como la roca, estaba surcado de viejas cicatrices que indicaban que sus heridas habían sido profundas y dolorosas. Era realmente intimidante, en especial por la ferocidad de su mirada, la cual tenía fija sobre la pequeña Lethilian. Eve reconoció que era un Tyranitar.
— Es un honor conocerlos al fin — dijo el gigantesco pokémon con un tono de voz masculino potente y gutural, haciendo una sutil reverencia con la cabeza. El sólo escucharlo le erizó a Eve todos los pelos de la columna y, aún así, notó que sólo su voz y apariencia eran temibles, porque algo en él le inspiró confianza e intuyó que era uno de los seres más amables del mundo en uno de los peores envoltorios posibles —. Nunca pensé que sería tan afortunado de ayudarlos en esta batalla. Es un privilegio. Pongo en sus manos mi vida para que la usen como les plazca.
Las palabras del gigantesco monstruo de roca conmocionaron a Eve, jamás le habían dicho tal cosa, le hacía sentir algo terrible en el pecho, acelerando su corazón y asustándola. En un acto reflejo se levantó y ocultó tras de Tymime, sintiéndose minúscula e indefensa, abrumada por la responsabilidad que el Tyranitar le daba como si de nada se tratase.
Tymime no le contestó y no hizo nada cuando Eve lo usó para sentirse segura, sólo se limitó a responder el saludo con un ligero movimiento de la cabeza y a observarlo fijamente, inspeccionándolo minuciosamente, queriendo averiguar quién sabe qué cosa. Lo que decía el pokémon de roca no tenía el mismo efecto en él que en su hermana, estaba más acostumbrado a recibir votos de lealtad y a peticiones misericordia, que para el arlequín eran prácticamente lo mismo.
— ¿Cuál es tu nombre? —preguntó Tymime serenamente, permitiendo que Eve estrujara su gorguera entre sus dedos.
— Feardocha, señor —respondió el Tyranitar inmediatamente, volviendo a hacer una rápida reverencia con la cabeza.
Tymime sonrió maliciosamente al escucharlo e hizo aparecer su esfera. Eve se alarmó un poco, preguntándose qué demonios pretendía su hermano. Feardocha también parecía desconcertado, mirando con recelo la esfera de vidrio negro que el arlequín sostenía cuidadosamente entre sus manos, aunque ni siquiera reaccionó cuando un hilo se deslizó hasta su nuca. El Tyranitar se estremeció, probablemente de la delgaba hebra de acero le produjo un escalofrío que no comprendía, Eve no lo podía ver, pero estaba segura de lo que sucedía.
En menos de un segundo, Tymime ya había liberado a Feardocha y hecho desaparecer su esfera, ensanchando aún más su sonrisa luego de haber fisgoneado en la cabeza del Tyranitar. De repente, el arlequín posó sus ojos sobre Eve, sobresaltándola un poco por su perturbadora sonrisa.
— Encontramos al líder para los Embestidores, querida mía.

CONTACTO
Si quieren estar al día con el Artwork Oficial (uhhh) de EGN o echarle un vistazo a lo que estoy trabajando, denme un watch en dA o agréguenlo en sus favoritos (?) o síganme por Twitter, que aunque me la paso trolleando uso el hashtag de #PkmnEGN cada vez que hago algún comentario respecto al fic.
Galería: onixtymime.deviantart.com
Twitter: @OnixTymime // @EnurtaPlz // @TymimePlz
Si quieren estar al día con el Artwork Oficial (uhhh) de EGN o echarle un vistazo a lo que estoy trabajando, denme un watch en dA o agréguenlo en sus favoritos (?) o síganme por Twitter, que aunque me la paso trolleando uso el hashtag de #PkmnEGN cada vez que hago algún comentario respecto al fic.
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Siento mucho que no tenga material de apoyo a la mano, en verdad que ha sido imposible hacer muchas cosas. Sin embargo, tengo en boceto la portada de este capítulo, pero actualizaré cuando esté terminada.
Tengo muchas cosas en mente que espero pueda concretar el año que viene, porque espero que el 2015 sea el año final de EGN (aunque duela ;W

Mientras, esperen pronto (quizás más de lo que imaginen) el Capítulo 55, cuyo título provisional es "Un regalo difícil de aceptar". Seguro les parecerá intersante
. Recuerden dejar sus comentarios y si encuentran algún error, no tengan miedo decírmelo (Y).Sin nada más que decir, me despido.
Pokiu.













