58 - Afinando detalles
58 - Afinando detalles
¡Hola mundo!
Seré breve porque ya me tomé demasiado tiempo para publicar y mi internet está hecho un asco.
Este capítulo me tuvo estancada en muchos sentidos, no sólo con el borrador del cuál dejé la parte final inconclusa y ni la utilicé, también al momento de la revisión porque por dejarme las cosas a medias no hallaba qué hacer y no terminaba por gustarme. Por suerte, este es el único capítulo por el que pasé por esta crisis tan inusual y no me pasa más, lo juro xD.
Sin mayores dilaciones, les dejo el capítulo 58 antes de que suceda algo más:

58
Afinando detalles
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Eso es todo por ahora. Cuando tenga mejor conexión edito.
Pokiu.
Spoiler
@Sabino Codesal Vegas ¡Hola, Sabino! Créeme que Flame sonrojándose me lo pensé porque... bueno...¡es rojo!, más no encontré otra forma de describirlo, así que puedes imaginar que se pone naranja (?). Me alegrara que te encante la empanada (y)
Entiendo que Moonghost se haya perdido bastante y créeme, lo comienzo a lamentar tanto como ustedes, por eso le dediqué este especial. Tengo que darle espacio a otros personajes cuyo desarrollo es crítico en esta parte, si bien es cierto que llegado un punto Moonghost comenzó a perder relevancia. Espero redimirme de algún modo,pero creo que por los momentos es lo más que puedo dar
Ahora, Sabino, con las últimas palabras que me dedicaste me dejas sin habla. En serio, no sé qué decir, más que me alegra que tuvieras un estímulo para probar hacer cosas nuevas y más halagada que saber que fue a raíz de conocer EGN... bueno, no encuentro la forma de explicarte cómo me hace sentir eso.
Hablando como los locos, tengo que ponerme al día con tu fanfic, ya vas bastante adelanto :O
Espero que te guste este capítulo
@xpoke Sí, te tomaste tu tiempo, pero sabes que eso no me molesta. Igual, espero que la mención te ayude a enterarte de que ya actualicé xD
Cuando dijiste que "la historia avanza pero no hay ningun avance", si bien aclaraste que no es malo, igual me angustió un poco pero me voy a tranquilizar porque pronto viene lo bueno. Este es el último capítulo antes de que suceda algo GORDO, luego otra breve transición y ya puede empezar la FIESTA (?).
Por supuesto, las pesadillas de Mewtwo son bastante importantes y su significado vendrá poco a poco o de sopetón, quién sabe
Ya de último, una cosa que me contenta bastante es saber que he mejorado con respecto a las batallas. Verás, aún considero que fallo en este aspecto, más cuando leo los trabajos de otros escritores aquí en el foro que son maravillosos escribiendo batallas; me he esforzado mucho en mejorar, aprovechando que cuando me dedico a leer obtengo inspiración de todo mundo
Espero que te guste este capítulo y que no te resulte tan tortuoso el avance lento, prometo que habrá algo mucho más interesante en el siguiente.
@The Darkcry666 Debo decir que adoro tus comentarios porque siempre me dan una perspectiva diferente o me muestras que he logrado transferir el mensaje que quería. Aunque admito que no paso horas enteras buscándole razones rebuscadas a lo que voy a escribir, incluso peco de descuidada en ocasiones, es interesante saber que ya sea conscientemente o no la pesadilla de Mewtwo expresó más de lo que esperaba.
Me encanta la interpretación de los sueños y es fascinante lo que puede hacernos ver el subconsciente, no recuerdo todos mis sueños pero debo confesar que más de uno me han ayudado a conseguir inspiración para EGN; por eso les doy tanta importancia. La pesadilla de Mewtwo fue inspirado en una que tuve incluso antes de comenzar EGN, cambié muchas cosas para adaptarlo mejor a lo que requería, pero el cielo carmesí y el hecho de que Mewtwo corriera tras Momo (la primera vez) son aspectos que dejé intactos, además de la angustia y ansiedad que llegó a experimentar Mewtwo, tratando de recordar lo que sentí entonces. Así que me dejas algo preocupada con respecto a aquella época y contenta porque parece que sobreviví xD.
Me pone muy contenta que te gustara el especial de Halloween, lo mismo que la batalla estuviera bien ambientada. No entiendo muy bien cuando te refieres a OVA, pero el especial es un complemento para el hilo principal, es parte de la historia individual de Moonghost y es cánon; la hice de modo que pudiera omitirse su lectura, pero sí sucede durante el mes de preparación, en alguno de los días que no me mencioné en contar lo que pasó.
Gracias por comentar, siempre es un gusto leer tú opinión
Entiendo que Moonghost se haya perdido bastante y créeme, lo comienzo a lamentar tanto como ustedes, por eso le dediqué este especial. Tengo que darle espacio a otros personajes cuyo desarrollo es crítico en esta parte, si bien es cierto que llegado un punto Moonghost comenzó a perder relevancia. Espero redimirme de algún modo,pero creo que por los momentos es lo más que puedo dar

Ahora, Sabino, con las últimas palabras que me dedicaste me dejas sin habla. En serio, no sé qué decir, más que me alegra que tuvieras un estímulo para probar hacer cosas nuevas y más halagada que saber que fue a raíz de conocer EGN... bueno, no encuentro la forma de explicarte cómo me hace sentir eso.
Hablando como los locos, tengo que ponerme al día con tu fanfic, ya vas bastante adelanto :O
Espero que te guste este capítulo

@xpoke Sí, te tomaste tu tiempo, pero sabes que eso no me molesta. Igual, espero que la mención te ayude a enterarte de que ya actualicé xD
Cuando dijiste que "la historia avanza pero no hay ningun avance", si bien aclaraste que no es malo, igual me angustió un poco pero me voy a tranquilizar porque pronto viene lo bueno. Este es el último capítulo antes de que suceda algo GORDO, luego otra breve transición y ya puede empezar la FIESTA (?).
Por supuesto, las pesadillas de Mewtwo son bastante importantes y su significado vendrá poco a poco o de sopetón, quién sabe

Ya de último, una cosa que me contenta bastante es saber que he mejorado con respecto a las batallas. Verás, aún considero que fallo en este aspecto, más cuando leo los trabajos de otros escritores aquí en el foro que son maravillosos escribiendo batallas; me he esforzado mucho en mejorar, aprovechando que cuando me dedico a leer obtengo inspiración de todo mundo

Espero que te guste este capítulo y que no te resulte tan tortuoso el avance lento, prometo que habrá algo mucho más interesante en el siguiente.
@The Darkcry666 Debo decir que adoro tus comentarios porque siempre me dan una perspectiva diferente o me muestras que he logrado transferir el mensaje que quería. Aunque admito que no paso horas enteras buscándole razones rebuscadas a lo que voy a escribir, incluso peco de descuidada en ocasiones, es interesante saber que ya sea conscientemente o no la pesadilla de Mewtwo expresó más de lo que esperaba.
Me encanta la interpretación de los sueños y es fascinante lo que puede hacernos ver el subconsciente, no recuerdo todos mis sueños pero debo confesar que más de uno me han ayudado a conseguir inspiración para EGN; por eso les doy tanta importancia. La pesadilla de Mewtwo fue inspirado en una que tuve incluso antes de comenzar EGN, cambié muchas cosas para adaptarlo mejor a lo que requería, pero el cielo carmesí y el hecho de que Mewtwo corriera tras Momo (la primera vez) son aspectos que dejé intactos, además de la angustia y ansiedad que llegó a experimentar Mewtwo, tratando de recordar lo que sentí entonces. Así que me dejas algo preocupada con respecto a aquella época y contenta porque parece que sobreviví xD.
Me pone muy contenta que te gustara el especial de Halloween, lo mismo que la batalla estuviera bien ambientada. No entiendo muy bien cuando te refieres a OVA, pero el especial es un complemento para el hilo principal, es parte de la historia individual de Moonghost y es cánon; la hice de modo que pudiera omitirse su lectura, pero sí sucede durante el mes de preparación, en alguno de los días que no me mencioné en contar lo que pasó.
Gracias por comentar, siempre es un gusto leer tú opinión

TENGO UNA PREGUNTA
Antes de comenzar, hay una duda que me carcome por dentro y es que quiero saber:
¿Cómo terminaron leyendo EGN?
Es que, tomando en cuenta que primero es un fanfic muy viejo y que muy pocos están dispuestos a leer algo tan extenso... y bueno, eso xD
Antes de comenzar, hay una duda que me carcome por dentro y es que quiero saber:
¿Cómo terminaron leyendo EGN?
Es que, tomando en cuenta que primero es un fanfic muy viejo y que muy pocos están dispuestos a leer algo tan extenso... y bueno, eso xD
¡Hola mundo!
Seré breve porque ya me tomé demasiado tiempo para publicar y mi internet está hecho un asco.
Este capítulo me tuvo estancada en muchos sentidos, no sólo con el borrador del cuál dejé la parte final inconclusa y ni la utilicé, también al momento de la revisión porque por dejarme las cosas a medias no hallaba qué hacer y no terminaba por gustarme. Por suerte, este es el único capítulo por el que pasé por esta crisis tan inusual y no me pasa más, lo juro xD.
Sin mayores dilaciones, les dejo el capítulo 58 antes de que suceda algo más:

58
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Spoiler
Mewtwo caminaba hacia el taller de Icestar dirigido por Tymime, siempre atrás y muy atento a cada movimiento del arlequín. De igual modo, era una situación bastante extraña y poco menos incómoda, pues era increíble que pasaran más de cinco minutos sin insultarse o intentar matarse entre ellos. Aunque eso no conseguía que la desconfianza se esfumara y le permitiera relajarse.
Icestar le aseguró que Tymime no tenía nada que ver con la armadura, que era un proyecto personal y secreto con el fin de preservar la tranquilidad de Eve. Frunció el ceño al recordarlo. Si Tymime no estaba implicado —pensando en que aún le creía a Icestar—, seguramente encontró la manera de averiguarlo, porque lo llevaba para hacer pruebas con la armadura puesta.
Mewtwo no estaba para nada contento, incluso comenzaba a sentirse ofendido, pues todo eso parecía poner en duda sus poderes y capacidad de lucha. Si pensó que su humor no podía empeorar, maldijo por lo bajo cuando encontraron un motivo en medio del pasillo.
Una figura se encontraba de pie frente a ellos, parcialmente iluminada por la tenue luz de los faroles que se escabullía por las ventanas, cabeceando de sueño y, aparentemente, esperando por ellos. El par de ojos carmesí se abrieron desmesuradamente al notar la llegada de Tymime y Mewtwo, pegando un respingo ante su inesperada aparición: era Blaze.
— Qué fortuna que seas tan puntual —dijo Tymime despreocupadamente, hasta con cierta indiferencia, pero con el atisbo de una sonrisa—. ¿Tienes mucho rato esperando?
Mewtwo miró con extrañeza al arlequín, perturbado ante el trato tan inusual hacia el Scizor, intrigado por el motivo de su presencia. Por un momento pensó que estaba soñando, descartando tal cosa de inmediato pues era estúpido de su parte, desencadenando una lluvia de posibilidades más descabelladas que la otra.
— Para nada, si acabo de llegar apenas. Tuve un día atareado y estoy cansado, es todo —contestó Blaze perezosamente, despegándose de la pared en la que se apoyaba para estirarse un poco— ¿Vamos ya?
Tymime asintió levemente con la cabeza y siguió liderando al grupo hacia su destino. Blaze aguardó a que Mewtwo pasara frente a él para emprender la marcha, medio sonriendo ante la atenta y extrañada mirada del clon, quien resolvió que era el momento apropiado para salir de dudas.
— ¿Desde cuándo eres tan "amigo" de Tymime? —preguntó Mewtwo recelosamente, limitando su telepatía para que la conversación quedara sólo entre los dos.
— ¿Celoso? —señaló burlonamente, usando también telepatía, ensanchando su sonrisa y consiguiendo que Mewtwo torciera los ojos—. Je-jé, oye, tampoco es para que te pongas así. Verás... Yo tampoco entiendo qué hice. Él sólo se me acercó hace un par de días, tuvimos una conversación rápida y desde entonces hemos colaborado un poco.—miró con severidad al arlequín antes de continuar:— Es imposible que estés más extrañado que yo. Créeme que he averiguado con quién estoy tratando y no sé cuáles puedan ser sus intenciones. Me gusta creer que le caí bien, pero dificulto que se trate de inocente simpatía.
Mewtwo frunció el ceño mientras dejaba que hablara solo. No le sorprendía que Blaze hiciera sus averiguaciones luego de ser testigo de la crueldad de Tymime, incluso celebraba que fuera precavido ante la intrigante actitud del arlequín. Sin embargo, un brillo en los ojos del Scizor delató que le ilusionaba la idea de que fuera genuino, que Tymime en verdad lo estimara.
No podía reprocharle por su tan inocente modo de pensar, no sólo porque apenas conocía de lo que Tymime era capaz, también porque ignoraba por completo que era la propia reencarnación de Zuen. Si Blaze estuviera al tanto de todo esto, actuaría tan escépticamente como Mewtwo, pues sólo con eso era motivo suficiente para que Tymime volcara todo su odio y desprecio sobre él.
En cuestión de segundos, su cerebro maquinó un sinfín de ideas sobre los motivos que ocultaba Tymime con tal comportamiento, pero ninguna le ofrecía una respuesta sólida. El no poder encontrar nada que lo ayudase a desenmarañar lo que se gestaba en la cabeza de Tymime era frustrante, tanto que a Mewtwo se le ocurrió obtener una explicación por las malas, pero se contuvo; respiró profundamente y buscó calmarse, debía mantener la serenidad o sería como darle golosinas al arlequín.
— Dudo mucho que le agrades en realidad —dijo Mewtwo severamente. Estaba algo mosqueado ante la tonta sonrisa que Blaze no se dignaba en borrar de su rostro, luego de emocionarse con la idea de congraciarse con su "cuñado"—. Te aconsejo que jamás bajes la guardia en su presencia, se aprovecha de tus debilidades cuando menos te lo esperas y es capaz de usar cualquier cosa en tu contra. Si está tomándose la molestia de ser amigable contigo, es porque te necesita para algo que no es nada bueno, te lo aseguro.
— Hmmm, ahora que lo mencionas, puede que tengas razón —secundó Blaze pensativamente, clavando la mirada en el suelo y frunciendo levemente el ceño, pasando por alto el asombro de Mewtwo por estar de acuerdo con él tan pronto—. Hay Skitty encerrado, pero no me importa, en especial si con eso ayudo a Eve. Por eso estoy aquí en primer lugar. Y es que... —suspiró con cierta frustración—. ¡No sé qué hice mal! Yo... ¡he hecho cosas por ella que jamás he hecho por alguien más! Principalmente eso de hablar de... —hizo una pausa, como si se hubiese tragado un limón entero— mis sentimientos. No sé si con eso es que metí la pata, porque desde entonces parece eludirme... sí, eso es lo que hace, no me cabe duda. Sea lo que sea, de lo único que tengo certeza es que ella no está bien y quiero mostrarle que puede confiar en mí, que no tiene por qué temerme...
"¡Magnífico!", pensó Mewtwo con ironía. ¿Qué hizo o dijo para que el Scizor decidiera liberar sus penas con él? Blaze estaba hablando de sus asuntos personales y pensaba, o le gustaba creer que así era, que su cara era lo suficientemente expresiva para dar a entender que no le interesaba.
¿En qué momento el mundo se había puesto de cabeza? ¿O acaso él seguía sumergido en turbulentas pesadillas? Lo segundo le era más fácil de aceptar, tanto que miraba de reojo cuando pasaban por alguna esquina, esperando ansiosamente a que Momo saltara desde la oscuridad, carcajeándose y señalándolo con el dedo para burlarse de su inocencia, gritándole "¡Caíste!". Por supuesto, tal cosa jamás sucedió, estaba más despierto que nunca.
Que Blaze decidiera convertirlo en su confidente le molestaba, en especial porque no sentía ni pizca de simpatía hacia él, aunque mientras seguía charlando se acentuaba aún más la desdicha en su rostro. Era increíble, el rechazo de Eve lo afectaba profundamente, pero más insólito era que comenzara a sentir lástima por él.
Ser empático no era lo usual para Mewtwo, más si tomaba en cuenta de quien se trataba, pero algo parecía empujarlo a soltar algunas palabras de consuelo. Quizás en verdad comprendía su pesar, o simplemente buscaba con eso que cerrara la boca —lo cual era más probable—, pero lo cierto es que no le tomó mucho tiempo arrepentirse.
— Basta, estoy harto de escucharte rezongar tantas tonterías. ¿Qué te hace pensar que le produces temor a Eve? —dijo Mewtwo, intentando sonar amigable y fallando totalmente. Supo que no servía para tales cosas cuando, casi sin pensarlo, añadió: — ¿Acaso debo recordarte todas las ocasiones en que hizo trizas tu exoesqueleto?
— Sabía que no lo comprenderías... —contestó Blaze, algo molesto por el poco tacto de Mewtwo y con el atisbo de una amarga sonrisa—. Cada vez que ella me mira a los ojos, esos hermosos cristales se enturbian y lo único que puedo ver en ellos es miedo. Si doy un paso adelante, ella lo da hacia atrás. Si abro la boca para hablarle, ella se desvanece y me deja con las palabras en el aire. ¿Qué hice mal para merecerme ese trato?
— ¿Además de cazarla? —señaló Mewtwo sin chistar y con tono sarcástico, ganándose una mirada asesina del Scizor; no era realmente su intención decirlo pero le fue inevitable.
Blaze emprendió nuevamente un monólogo, compadeciéndose de sí mismo y lamentándose ante su desgracia. Mewtwo ya no lo soportaba más, no conseguía el modo de bloquear la telepatía del Scizor, tenía que encontrar el modo de cerrarle la boca.
Más allá de que le molestara, Mewtwo también consideraba a Tymime, quien seguramente percibía el despecho de Blaze. Mewtwo no quería que el arlequín contara con más herramientas que le ayudaran; le importaba un comino Blaze, le preocupaba más que lo utilizara en contra de Eve.
El repentino interés de Tymime por relacionarse con Blaze no tenía explicación, lo único que se le ocurría es que buscaría manipular a Eve, con quien estaba más receloso que nunca respecto a sus cuidados, al punto de que se las ingeniaba para ocupar por completo su tiempo, de modo que ella y Mewtwo no pudieran verse.
Cerró los ojos por un instante, respirando profundamente y tratando de despejar su mente, en busca de evitar alterarse demasiado y pensar mejor las cosas. ¿Qué malévolas intenciones tenía Tymime con tales decisiones? ¿Y si en realidad no planeaba nada y la verdadera triquiñuela era que él se devanara los sesos pensando que tenía intenciones ocultas?
Suspiró lleno de frustración. Lo único claro de todo ese asunto era que lo detestaba con cada hebra de su ser, siempre que creía que había llegado al límite posible de desprecio, Tymime encontraba la manera de superarse.
Inmerso en sus divagaciones, teniendo de fondo el molesto zumbido en el que se convirtieron las confesiones de Blaze, Mewtwo se sobresaltó cuando llegaron en un santiamén ante la puerta que daba al taller de Icestar.
Sin mayores dilaciones, Tymime abrió la puerta y bajó por las empinadas escaleras, ignorando la oscuridad con la cual los otros dos no se sentían muy cómodos, teniendo como guía una tenue y suave luz azulada al final.
Al bajar el último escalón, Mewtwo notó que el lugar estaba mucho más desordenado que la última vez, con montañas de cables expuestos, chatarra, vidrios, herramientas rotas y artefactos extraños a medio hacer. Lo que más llamaba su atención era que la habitación era mucho más grande; por el montón de escombros que se encontraban desperdigados por el suelo, seguramente Icestar había hecho varias remodelaciones para conseguir más espacio.
La dueña del particular laboratorio se encontraba sentada frente a un monitor, con su ojerosa mirada fija en la pantalla, tecleando compulsivamente mientras masticaba un trozo de carne seca con avidez. Pero lo más curioso eran los cables que estaban pegados a los trozos de acero en su espalda, en cuyo otro extremo se hallaba Shock, que también mordisqueaba carne seca mientras generaba la energía que Icestar consumía.
Era una escena bastante peculiar, no sólo porque Shock hacía de bateria en vez de buscar pelea, sino por el demacrado aspecto de Icestar, quien solía estar de punta en blanco, con un gesto impasible en el rostro; ahora lucía más como interna de algún manicomio. Sus ojos desorbitados, que apenas se movían mientras los datos pasaban raudos por la pantalla, era lo que más reafirmaba aquella imagen y resultaba escalofriante.
Shock fue el primero en percatarse de su llegada, avisándole a Icestar con un susurro en el dialecto de los Lethilian, consiguiendo que su hermana desviara la atención del monitor y girara la cabeza de inmediato. Al verlos, Icestar dibujó una pequeña sonrisa, que lejos de dar una cálida bienvenida les puso la piel de gallina.
— ¡Finalmente! Pensé que no me harías el favor... —dijo Icestar muy contenta y con voz carrasposa, dejando su refrigerio de lado y poniéndose de pie para acercárseles—. Pero está bien, está bien, están aquí por fin. ¡Muero de ganas por hacer esto! No podía concentrarme pensando en...
— Ya cálmate —gruñó Tymime en voz baja, sentándose despreocupadamente sobre un panel cercano—. Sabes que cumplo con mi palabra, no es culpa mía que la ansiedad te haga olvidar que tengo mis propias responsabilidades y primero tenía que acostar a Eve.
— Sí, sí, tienes razón, se me había olvidado, eso también es importante. Pero ahora no te vayas —pidió Icestar con marcada ansiedad, tanto que hizo que Tymime resoplara con disgusto y se cruzara de brazos.
— También acordamos que me quedaría desde temprano —señaló el arlequín con hastío.
Icestar simplemente dejó escapar una risita descontrolada, asintiendo con vehemencia y fijando su atención en Blaze y Mewtwo, quien le preguntó a través de una severa mirada el motivo por el que se encontraba en el lugar.
— Tienes que probarte la armadura y usarla un rato, por supuesto —contestó Icestar, ensanchando su sonrisa—. Estoy totalmente segura que hice un trabajo perfecto, pero no puedo decir lo mismo de tu cuerpo y es necesario ajustarla de modo que trabajen en perfecta sincronía. No, no, no, eso de tener fallos no podemos permitírnoslo.
— ¿Y por qué tiene que estar Tymime presente? —preguntó Mewtwo con recelo.
De por si la existencia de la armadura le desagradaba, todo lo que tuviera que ver con eso le revolvía el estómago, sólo hacia tripas corazón porque se recordaba que era para ayudar a Eve. Pero la presencia del arlequín le crispaba los nervios, era imposible descuidarse con él porque siempre se las ingeniaba para joderlo.
— No tengo intenciones de sabotearte, si eso es lo que estás pensando —respondió Tymime ante el desconcierto de Icestar por la hostilidad del clon, dibujando una sonrisa burlona mientras movía la cola y hacía sonar sutilmente el cascabel atado en ella— ¿Sabes algo? Estoy demasiado cansado para gastar mis escasas energías contigo, soy alguien ocupado y mi mundo no gira en torno a ti. Sólo me quedo porque Icestar me necesita para que las cosas no se salgan de control. Ya sabes, hay que evitar ciertas cosas, como las explosiones.
— ¡Como si en verdad pudieras! —espetó Mewtwo desafiante y borrándole la sonrisa en el acto. Si el arlequín creía que hacer referencia a su pasado lo desestabilizaría, como siempre que podía, estaba equivocado. Deseaba poder vengarse por ello, para eso estaba preparado desde hace tiempo, pero el respeto y compromiso hacia Eve era lo único que lo detenía. Estando de tan malhumor, no puso cuidado cuando volteó de nuevo hacia Icestar y señaló a Blaze con la cabeza—. ¿Y qué hace él aquí?
— Oh, no te había visto —dijo Icestar con amplia sorpresa. Shock rió por lo bajo ante el desconcierto del Scizor, mientras Icestar fijaba sus ojos sobre él, sonriendo e incomodándolo—. ¿Recuerdas de lo que hablamos ayer? Ya tengo algo, con eso podemos comenzar, pero... un momento... ¿Qué era? ¡Ajá, ya recordé! ¿Pero cómo es que era? ¿Dónde fue que lo dejé? ¿En la mesa? ¿En el estante? ¿En cuál de tantos? Ya ni recuerdo el color. ¿Será justo el que...?
Sin dejar de murmurar frases a medias, Icestar les dio la espalda y se acercó a un gran mesón, donde reposaban cientos de frascos de tamaños varios y contenidos de colores intensos. La curiosidad de Mewtwo aumentaba a medida que Icestar revolvía nerviosamente entre los frascos de cristal, moviendo los labios mientras leía lo escrito en las etiquetas hasta que consiguió lo que buscaba.
La Lethilian de hielo puso bien en alto un frasco pequeño, examinando las minúsculas cápsulas anaranjadas que contenía, dibujando una sonrisa tan grande que remarcaba su errático comportamiento.
En un abrir y cerrar de ojos, Blaze tenía el frasco entre sus pinzas, inspeccionándolo con curiosidad mientras Icestar volvía a su monitor, tecleando brevemente y cambiando los datos que aparecían en la pantalla. En vez de una interminable lista de información, ahora se veía el esquema de la armadura de Mewtwo, mostrando lo que Icestar ya había apuntado durante la construcción.
— Son vitaminas o algo así —comentó Blaze sacudiendo el frasco, haciendo que Mewtwo retirara la vista de la pantalla y se concentrara en las pastillas—. Eso me dijiste que eran, ¿cierto?
— Son un suplemento que ayudarán a endurecer tu coraza, lo hice yo misma—respondió Icestar sin despegar los ojos del monitor, tecleando de nuevo con tal frenesí que sus pequeños dedos parecían una mancha borrosa—. Son apenas un prototipo, desconozco si obtendremos resultados mínimamente satisfactorios, pero no dispongo del tiempo suficiente para perfeccionarlo. De igual modo funcionarán, nunca fallo, menos con cosas tan fáciles. Comenzarás a tomarlas ahora mismo, dos veces al día...
Blaze sonrió, muy entusiasmado con la idea de los beneficios, así que se apresuró a abrir el frasco —con tanta delicadeza que sorprendió a Mewtwo— e ingirió la primera dosis. Apenas la píldora cayó en su boca, Blaze se retorció de disgusto y tosió desesperadamente para escupirla, aunque ya la había tragado.
— ¡Sabe espantoso! —se quejó, con un tono de voz mucho más agudo de lo normal.
— ¿Y? —cuestionó Icestar apáticamente, restándole importancia a los reclamos de Blaze con un ademán de la mano—. Tales nimiedades no me interesan, lo único que me importa son los resultados, así que más te vale que cumplas con ingerir las dosis diariamente. En dos días vendrás de nuevo para un chequeo y comenzar con las pruebas.
Mewtwo sintió un peculiar alivio ante el momento de lucidez de Icestar. Con eso confirmaba que la gran debilidad de la Lethilian era que criticasen sus creaciones, probablemente debido a la intensa meticulosidad con la que hacía cualquier cosa y su ego no permitía errores.
— Ahora me toca a mí preguntar: ¿qué hace él aquí? —puntualizó Blaze y señalando a Shock, quien no se había movido ni un ápice y aún seguía generando electricidad para su hermana.
— Icestar requiere de mucha energía para poder trabajar y mantener su potencial al máximo... lo mismo que su cordura —contestó Tymime maliciosamente, sonriendo y moviendo su cola con suma lentitud, como si hubiese avistado una presa y se preparara para saltarle encima—. Verán, Icestar nunca sabe cuándo detenerse y pierde el control con facilidad cuando su cuerpo llega al límite; ya habrán notado ciertas "irregularidades" en su comportamiento. Es bastante divertido, a mí me parece entretenido, pero ni siquiera yo lo recomiendo, menos cuando tenemos cosas importantes que hacer.
— Aunque sería divertido que conocieran a la verdadera Icestar —sugirió Shock maliciosamente, tirando con cuidado de los cables, haciendo el ademán de arrancárselos.
— ¿Estás preparado? —preguntó Icestar a Mewtwo, haciendo oídos sordos a lo que hablaban sus hermanos.
— Completamente —contestó él con cierto sarcasmo en la voz, también ignorando lo que decía el par de Lethilian.
Icestar rió muy emocionada y se puso de pie bajo la atenta mirada de Mewtwo, yendo a un exhibidor cercano donde reposaba una especie de medalla. La tomó y regresó rauda hasta Mewtwo, poniendo el extraño objeto en sus manos y señalándole la parte más oscura del laboratorio, pidiéndole que se dirigiera a ese lugar.
Ella se adelantó mientras él examinaba con desconfianza el artefacto, el cual era tan grande como su mano y curiosamente pesado, preguntándose para qué serviría. La silueta de Icestar se perfiló en la penumbra, permitiéndole apreciar el momento en que presionó la mano contra un panel, abriendo una puerta que pasaba por completo desapercibida.
Mewtwo permaneció quieto, aún dudando en si era lo correcto, al menos hasta que Icestar le indicó que pasara con un gesto de la cabeza, mostrándose muy ansiosa. Mewtwo la miró con cierto hastío, pero no dijo nada y avanzó lentamente hacia ella, entrando en la habitación misteriosa con cierto recelo al apreciar que estaba totalmente a oscuras.
La puerta se cerró sin darle tiempo a retractarse, dejándolo en la densa negrura, molestándolo más de lo que lo estaba al encerrarlo sin recibir ninguna instrucción. Y a pesar de su enojo, no se movió ni un ápice, manteniéndose a la expectativa.
Súbitamente, la voz de Icestar resonó en la habitación a través de unos altavoces, distorsionada levemente por la estática.
— Colócate la insignia en el pecho.
Mewtwo no pudo contener una risa despectiva, tanto que la proyectó y todos los presentes seguramente la escucharon. ¿Acaso lo que sostenía era la armadura? Como si ella estuviera en la habitación, sintió que la mirada asesina de Icestar le taladraba la nuca, así que resolvió que lo mejor era obedecer para poder largarse a la brevedad posible.
Acercó la insignia a donde le indicaron, aferrándose ésta con fuerza apenas tuvo al alcance su piel, como si fuera una sanguijuela. No le dolió, pero ante la inesperada reacción del objeto pegó un respingo, le disgustaba que otros notaran cuando algo lo sorprendía.
— Me las ingenié para hacer retráctil la armadura, buscando que fuera fácil de transportar y colocar —explicó Icestar de inmediato, ahorrándole las preguntas—. Es más práctico de este modo, aunque si prefieres colocártela de la manera tradicional puedo revertirlo. Igualmente, puedes retirarla pieza por pieza así como está.
— ¿Qué tengo que hacer para activarla? —preguntó rápidamente, reacio a creer lo que acababa de escuchar. ¡Era absurdo!
— Bueno, eres psíquico, ¿no? Tu poder proviene de tu mente y psiquis, así que dedúcelo tú mismo.
Aunque Mewtwo comprendía a qué se refería Icestar, eso no evitó que torciera los ojos y le reprochara en su fuero interno, deseando estar en su habitación y no en ese lugar.
Haciendo caso a la ambigua instrucción de Icestar, Mewtwo cerró los ojos y se dispuso a meditar, de modo que su mente se despejara y le permitiera proyectar la idea de portar la armadura. Casi de inmediato, escuchó un clic proveniente de su pecho y un frío inusual invadió todo su cuerpo. Abrió los ojos de sopetón, algo alarmado ante esto, descubriendo con gran sorpresa que estaba envuelto en materia negra.
A pesar de que su instinto le pedía a gritos que se arrancara la insignia del pecho, la razón le suplicó paciencia y serenidad, todo mientras sus ojos contemplaban con asombro la sofisticada malla protectora que se adaptaba a él y lo cubría casi por completo. Cuando apenas lo asimilaba, de la insignia emanó una luz azul —exactamente del mismo de su aura psíquica— y contempló boquiabierto cómo las piezas de la armadura aparecían ante sus ojos.
Como si estuviese siendo fabricada en ese preciso momento, pudo apreciar cómo cada parte se adhería a su cuerpo capa por capa, placa por placa y remache por remache. Las grebas, los guanteletes, la coraza, ¡todo! Su cuerpo quedó rápidamente protegido bajo la armadura de litio, faltando sólo el casco, el cual no tardo en materializarse y cubrir su rostro en un parpadeo.
Estaba totalmente petrificado a causa de la impresión. Un pokémon de dos metros de altura quedó envuelto en una armadura de tecnología de punta en cuestión de segundos, todo empacado en una medalla que cabía en la palma de la mano...
Escuchó su respiración acelerada mientras pensaba en que nada podría hacerle daño fácilmente llevándola puesta, no sabía por qué tenía tal certeza, pero era lo único que daba vueltas en su cabeza. Mientras más y más pensaba en ello, su pulso se aceleraba, en especial cuando percibió una sensación muy particular que sólo los de su clase entenderían. Sentía que su psiquis estaba mucho más equilibrada que nunca, él presumía tener un mayor control sobre ella que muchos otros, pero jamás había alcanzado tal estado aún en trance. Tal era la diferencia, que si su psiquis pudiera materializarse, seguramente estaría ejecutando una vigorosa rutina de ballet a la perfección.
A pesar de aquella repentina inyección de emociones y lo increíblemente ligera que resultaba la armadura, llevarla puesta le era tortuoso, principalmente por los malos recuerdos que le traía... los antiguos y los nuevos por igual. El sólo pensar en lo débil que fue al dejarse manipular por las tretas de Loki lo enojaba, lo avergonzaba, aunque lo deprimía más que nada y le provocaba un dolor en el pecho que aún no hallaba palabras para explicar.
Estando solo, sus acciones únicamente repercutían sobre él, se acostumbró tanto a la soledad que no le importaba si con el movimiento de su brazo derribaba una montaña. Sin embargo, en aquella ocasión permitió que lo doblegaran con absurda facilidad, permitiendo que le colocaran aquel yelmo maldito y su voluntad quedara totalmente adormecida. Subestimó el poder de Eve en aquel momento, creyó que había sucumbido al veneno, lo más irónico es que él terminó por hacerle mayor daño al no tener más fé en ella. Él resultó más peligroso y nocivo que la estaca en el corazón o el gas venenoso que emanó del litio cuando ella, desesperadamente, trataba de liberarlo.
Sin embargo, aún con recuerdos tan horrendos socavando su mente y corazón, ese traste le producía un familiar cosquilleo que invadía su cuerpo y lo excitaba. A pesar de tanto dolor y reticencia ante aquel torrente de recuerdos y pensamientos, sabía de qué se trataba e ignorarlo sería como negarse a sí mismo: era su poder. En muy contadas ocasiones se vio en situaciones que le permitieran sentirlo con tanta intensidad, aunque cuando era neófito siempre estaba presente e incluso se desbordaba, también se manifestaba cuando estaba por tener una batalla importante o su vida corría peligro.
Cuando la adrenalina se disparaba era difícil controlarse, ardía en deseos de entrar en batalla para darle rienda suelta a aquello que tanto anhelaba por liberarse. Estaba seguro que ningún otro psíquico en la historia podía darse tal privilegio, el dejarse llevar por tal cosa solía ser la perdición, no todos eran capaces de soportar tantas sensaciones.
La única explicación que hallaba a todo eso era que él había sido creado con el único propósito de pelear. Desde la concepción, estuvo destinado a convertirse en el pokémon más poderoso de todos, el arma de destrucción perfecta para un hombre ambicioso y sin escrúpulos. Él era la clave que permitiría a sus creadores conquistar el mundo.
— ¿Acaso es...? —la balbuceante voz de Blaze interrumpió el hilo de sus pensamientos, salvándolo del remolino de fuertes emociones en el que estaba atrapado y trayéndolo de vuelta a la realidad. Especialmente llamaba la atención de Mewtwo su tono de voz, no sólo captaba incredulidad, también desprecio y enojo—. ¡¿Por qué está usando esa mierda?! ¡¿Cómo se te ocurre?! ¡Casi matas a Eve con esa bazofia!
— Por lo que puedo ver en la pantalla, ya no estás tan receloso, incluso me atrevo a asegurar que te agrada llevarla puesta —señaló Icestar maliciosamente. Algo en su manera de pronunciar las palabras le hacía sospechar que estaba sonriendo nuevamente de forma aterradora, porque Blaze no volvió a decir nada más—. Este yelmo también cuenta con un dispositivo especial, pero no para controlar tu psiquis como el modelo de Loki, éste está programado para ayudarte a adaptarla a tu gusto y maximizar su rendimiento. Como aún no estás acostumbrado a esta herramienta, puede que te excedas y causes algunos destrozos. Pero no te vayas a contener por eso, por favor, haz que tantas molestias valgan la pena. De hecho, fui considerada y te preparé algo muy especial, todo para asegurarme de que pudieras hacer lo que quisieras sin reprimirte.
Las luces se encendieron de pronto, deslumbrándolo aún cuando sus ojos estaban escudados tras la lámina traslúcida y oscura del yelmo, aunque eso no evitó que notara la manada de Mightyena enjaulados al fondo de la habitación. Apenas lo vieron, se abalanzaron hacia los barrotes, ladrando y lanzando dentadas al aire, fuera de control ante el olor de la carne fresca
Sin previo aviso, los barrotes desaparecieron y los Mightyena se lanzaron hacia Mewtwo sin chistar. Mewtwo estaba alarmado ante el repentino ataque, tanto que lo único en lo que pensó fue en mantenerlos al margen mientras ejecutaba un ademán con la mano, creando así una onda de energía psíquica.
Los canes se despegaron del suelo con gran facilidad, como hojas arrancadas de las ramas por un fuerte ventarrón, cruzando de lado a lado la habitación y estrellándose fuertemente contra la pared de su celda. Tal había sido la brutalidad del golpe, que incluso se formaron algunas grietas.
El aullido de dolor de los Mightyena, junto con un desagradable crujido que dejó bastante claro que varios huesos terminaron rotos, no sacaron a Mewtwo de su gran perplejidad. Se contemplaba las manos con estupefacción, haciendo oídos sordos a los lamentos y rugidos de los canes, intentando procesar lo que acababa de suceder.
Los pokémon siniestro, se decía, eran engendros gestados en la oscuridad, por lo que solían emitir un aura corrupta y ominosa, la cual no sólo era la fuente de su poder sino que les concedía inmunidad ante el poder mental de los psíquicos. Mewtwo no era la excepción, su batalla con el mayor de los Lethilian era el mejor ejemplo de que, aún con su vasto poder, tenía problemas ante los hijos de las sombras. Aunque él se las había ingeniado a través de los años para poder lidiar con tales oponentes, jamás resultaba tan sencillo repelerlos como acababa de suceder.
Las risillas frenéticas de Icestar fueron lo único capaz de sacarlo de su asombro.
— Es magnífica, ¿verdad? —dijo al darse un momento para recuperar el aliento, pero su tono de voz le daba una clara imagen del gesto que debía tener en su rostro y le produjo escalofríos—. Si pudieras ver lo que yo estoy viendo en la pantalla... ¡pareciera que fuera a explotar! Deberías intentar hacer lo mismo con esos Mightyena. ¡Hazlos estallar!
Mewtwo no quiso comprender la escalofriante sugerencia de Icestar hasta que vio a los canes ponerse de pie y abalanzarse de nuevo hacia él. Mewtwo, bastante exaltado, repitió el mismo movimiento para repelerlos, sintiendo náuseas cuando el sonido de los huesos rompiéndose se escuchó con mayor claridad; su psiquis transmitía mayor energía que de costumbre y se le estaba pasando la mano.
Estaba por decirle a Icestar que detuviera la prueba, no se hallaba entre sus planes dejar malheridos a otros pokémon —probablemente dopados—, pero quedó mudo de horror cuando los Mightyena se recuperaron y lucharon por ponerse de pie, aún rugiendo con furia y soltando baba entremezclada con sangre por todas partes... ¡incluso uno tenía la mandíbula desencajada y a otro se le asomaba el hueso en una pata rota! ¿Cómo es que seguían conscientes? ¿Por qué seguir luchando en esas condiciones? ¡Luego de recibir esas cargas de energía psíquica deberían estar inconscientes!
— Seguirán levantándose hasta que los mates —la voz llena de obstinación de Tymime fue la que se proyectó por los altavoces esa vez—. Estos son Malsumis, de baja categoría pero Malsumis al fin y al cabo, exactamente iguales a los que nos atacaron en Isla Ávida. Al ser marcados con el símbolo de Drakar, el alma de estos pokémon fue corrompida, ahora no son más que cuerpos vacíos con actividad cerebral limitada para cumplir tareas sencillas. En el caso de estos Mightyena, sus funciones se reducen a explorar y matar cualquier cosa que se les interponga; dígase: tú.
Como si la lengua del arlequín tuviese el poder mágico de hacer realidad lo que dijera, los Mightyena volvieron a lanzarse hacia Mewtwo, abriendo sus fauces y mostrando su afilada dentadura de grandes colmillos. Aunque las palabras de Tymime aún retumbaban en sus oídos, lo único que hizo fue repelerlos una vez más, todavía demasiado impresionado para considerar destruirlos.
Casi de inmediato, la puerta de entrada se abrió, permitiéndole el paso a Tymime. El arlequín lo miró con reprobación antes de que se dedicara a inspeccionar a los Mightyena, quienes comenzaban a reincorporarse de nuevo.
— ¿Lo que dije no fue lo suficientemente claro o eres marica? —espetó Tymime con desdén, mientras su esfera se materializaba entre sus dedos.
Los delgados hilos de acero comenzaron a surgir de la esfera, desplegándose en el aire y deslizándose rápidamente hacia los Mightyena. En poco tiempo estaban atrapados en la tenebrosa red del arlequín, luchando desesperadamente por liberarse, enredándose más y más a causa de su frenesí.
Mewtwo pensó en que deseaba quitarse el yelmo y así sucedió, desapareció como si nunca lo hubiese traído puesto, pero estaba tan concentrado en observar los hilos que no reparó en ello. Tymime permanecía quieto, siguiendo las ondas que sus hilos hacían con cierto aburrimiento, hasta que volvió a posar sus ojos sobre el clon.
— Esto va más allá de cualquier concepción moral que tengas —dijo Tymime repentinamente, sin pizca de reproche o sarcasmo—. El campo de batalla estará plagado de estas cosas, nos superan en número y ninguno mostrará compasión, así que debemos actuar de la misma manera. No logro comprender por qué pones tantos reparos, no se trata de algo que no hayas hecho antes.
— No tengo por qué darte explicaciones —espetó Mewtwo, frunciendo levemente el ceño. Era imposible que alguien como Tymime, que era de aquellos que consideraban que el fin justificaba los medios, pudiera entender lo que era el arrepentimiento o la redención.
— Tampoco las quiero, pero en esta batalla están en juego muchas cosas y, ya que llegaste hasta aquí y no dejaste de joder, espero que no cometas errores que nos cuesten caro —siseó el arlequín con crueldad—. En pocas palabras... Mátalos a ellos antes de que te maten a ti. Si eso no es suficiente incentivo, piensa en mí hermana y mátalos para que no se den un festín con su carne. Tienes dos semanas para meterte eso en la cabeza.
Tymime hizo un rápido movimiento con los dedos, haciendo que los hilos se sacudieran desenfrenadamente de un modo que Mewtwo jamás había visto antes. Luego de eso, lo último que recordaba de aquellos Mightyena era un chillido de dolor y un cúmulo de carne, huesos y sangre regados por el suelo.
Sin inmutarse o impresionarse por ello, Mewtwo dio la vuelta y se dirigió directo a la salida, la armadura iba replegándose a cada paso que daba, quedando sólo la insignia en su pecho. Se arrancó el emblema, sin poner atención al ardor que le dejó en la piel, lanzándola con desprecio y continuando su camino hacia las escaleras sin mirar atrás.
Icestar la atajó en el aire con un Psíquico, siguiendo a Mewtwo con la mirada con cierto reproche, pues aún en su poca lucidez no podía pasar por alto semejante comportamiento.
— Aún no hemos terminado —dijo Icestar tranquilamente, aunque se podía vislumbrar la vena de su sien palpitando con enojo—. Necesito que regreses en un par de días para hacer la prueba luego de las modificaciones. A partir de entonces, deberás...
— Estás equivocada si piensas que volveré a usarla por simple gusto —espetó Mewtwo fríamente, deteniéndose y mirándola por encima de su hombro—. No me la colocaré de nuevo hasta el día de la batalla, así que tendrás que conformarte con tus notas y los datos que obtuviste hoy —Icestar estuvo a punto de replicarle, pero él no se lo permitió—. De todos modos, Icestar, tú jamás fallas.
Y sin darle ninguna oportunidad para que le dedicara ningún comentario elocuente, Mewtwo siguió adelante y desapareció rápidamente por las escaleras, dejando a Icestar con las palabras en la boca y a Shock desternillándose de la risa.
— Hay que darle mérito por usar tus propias palabras en contra tuya —dijo Tymime con tono burlón, pero la crueldad en su voz se podía percibir con facilidad—. Esperemos que esto sea una buena lección para ti, hermana. No vale la pena planear cosas a mis espaldas cuando el conejillo de indias siquiera tiene potencial.
— Necesito más Malsumis —dijo Icestar indiferentemente, pero Tymime sabía que en lo profundo estaba furiosa—. Acabaste con todos mis sujetos de prueba, ahora no tengo nada para probar los efectos de la barrera.
— Descuida, te traigo varios luego, no dejan de aparecer —contestó el arlequín despreocupadamente, caminando también hacia las escaleras y deteniéndose justo cuando iba a poner el pie en el primer escalón—. Icestar tiene mucho trabajo que hacer, Blaze. No creo que quieras ser un estorbo para ella.
El aludido pegó un respingo, había permanecido en silencio durante toda la prueba, incluso pasaron de él en todo ese rato. Sin dudarlo, concordó con el arlequín y pronto estuvo también subiendo las escaleras, despidiéndose con cierto nerviosismo y diciéndole a Icestar que luego regresaría para hacer las pruebas.
En cuanto desaparecieron, Icestar tomó su trozo de carne seca y volvió a concentrarse en su trabajo. Shock aún tenía la mirada fija en las escaleras, con el ceño levemente fruncido, dándole vueltas a algo que le intrigaba.
— ¿Qué asuntos tiene Tymime con ese Scizor? —preguntó, alzando una ceja cuando su hermana devoró tres tiras de carne en una zampada—. Lo último que recuerdo es que ese tipo era un estorbo para él.
— Nada importante, eso es seguro —contestó Icestar, sin molestarse en notar la mirada de inconformidad que le dedicó su hermano—. Las lecciones aprendidas de manos de Tymime no necesitan ser revisadas, porque siempre se asegura de dejarlas marcadas en el alma, así llena de miedo al corazón y nubla la mente.
Shock quedó totalmente consternado ante las palabras de su hermana, no entendía ni una pizca lo que acaba de escuchar y pensó que Icestar estaba delirando, atribuyéndoselo al exceso de trabajo. Icestar sabía lo que su respuesta provocaba en su hermano, lo había hecho a propósito para que no entendiera el significado oculto en sus palabras.
Icestar se llevó a la boca más tiras de carne seca, ignorando a Shock y repitiéndose sin cesar: "Yo no cometo errores, Tymime sí".
Cerca del mediodía, Eve tomaba un poco de agua de un manantial de la montaña, saciando su sed y refrescándose con el frío líquido que se deslizaba en su interior, el cual parecía emanar desde las entrañas mismas de la tierra. Beber de aquella fuente resultaba curiosamente nostálgico, puesto que ya había descansado antes en ese lugar hace mucho, mucho tiempo, cuando Tymime la llevaba para entrenar o pasaban por ahí luego de alguna de sus inspecciones rutinarias.
Por supuesto, no todo era exactamente igual a como lo recordaba, había cambiado mucho desde la última vez y apenas le resultaba familiar. El tiempo que pasó dormida no transcurrió en vano, aunque tenía la fortuna de cerrar los ojos y verlo todo como era antaño. Aquella danza que tenían el presente y el pasado ante sus ojos dejaría a cualquiera sin aliento, pero a ella no; sí, le afectaba no encontrar las cosas como las había dejado, tantos cambios la abrumaban, pero saber que estaba en su hogar espantaba cualquier inquietud en su corazón.
No se dejó azorar por el pasado, la longevidad de su especie la había fortalecido para ser testigo de grandes cambios, lo único que debía importarle era el presente y, si acaso, el futuro. Si pensaba demasiado en ello, se daba cuenta de que el tiempo nunca transcurría igual, siendo que aquel año le pareció una eternidad y aquellas últimas semanas un suspiro, eso sólo la asustaba...
— ¿Señorita?
El llamado de Feardocha la trajo de vuelta a la realidad. Eve suspiró para liberar un poco la tensión en su cuerpo, irguiéndose y girando hacia el inmenso Tyranitar. Sintió algo de vergüenza cuando sus ojos se encontraron, pues el colosal monstruo de piedra había ganado su respeto y confianza tan rápido que aún la sorprendía. No se lo reprochaba en absoluto, pero el sólo pensar en el esfuerzo que otros tuvieron que hacer para conseguir su simpatía la hacía sentir culpable y como una total porquería.
— ¿Se encuentra bien, señorita? ¿Dije algo que la incomodara? —preguntó Feardocha, claramente preocupado. Siempre era muy amable con ella.
— Sí, descuida, sólo tenía mucha sed —contestó Eve, dibujando una pequeña sonrisa, buscando ocultar lo mucho que le afectaba darle demasiadas vueltas a las cosas—. Estoy lista para regresar. Apenas y hemos entrado en calor, se supone que deba hacer al menos un par de rondas más con mis hermanos... y con cualquiera que quiera también.
Ese día, Tymime la envió al lugar donde pernoctaban la mayoría de los pokémon que acudieron al Llamado, en el peculiar valle que estaba en lo alto de las montañas que rodeaban el Bosque Blanco. Su hermano mencionó algo de "ampliar sus horizontes", pero ella sabía que lo que él quería es que los reclutas la vieran entrenar para inyectar vigor y esparcir esperanza.
Aquello sonaba muy bien en su cabeza, pero tener tantos ojos posados sobre ella, atentos hasta del más mínimo movimiento que ejecutaba, la ponía muy nerviosa. Puso mucho más cuidado de lo usual para no cometer errores o de lucir torpe frente a ellos, no sería nada bueno si creían que no era capaz de enfrentarse a Drakar, así que el esfuerzo le produjo jaqueca.
Afortunadamente, las cosas se hacían más llevaderas gracias a que ella no fue a la única a quien asignaron semejante tarea, varios de sus hermanos la acompañaban y cumplían con su entrenamiento ahí. Skyfler y Dinya eran los que más llamaban la atención cuando les tocaba combatir, pues sus ataques y combinaciones eran mucho más vistosos que los de ella, así que pronto era eclipsada por la explosión de colores en las alas de su hermana o el brillo mágico que emanaba de las plumas de su hermano. ¡Vaya alivio!
— Señorita Eve, debo decirle... —dijo Feardocha suavemente, despertando la curiosidad de la Lethilian—. Hay alguien buscándola.
— ¿Eh? ¿A mí? —soltó Eve de inmediato, bastante extrañada. ¿Quién la buscaría? Tymime no era, Feardocha se lo diría sin tanto secretismo.
El Tyranitar no dijo más nada, aprovechando la curiosidad que sembró en Eve para asegurarse de llevarla hasta el lugar en el que aguardaban por ella. La condujo a través de los pastizales hasta los cimientos de roca del que fue alguna vez un muro, rodeándolo hasta que pudo ver a quien reposaba a los pies de los escombros: Blaze.
El Scizor jugaba con un guijarro usando telekinesis, claramente aburrido, pero en cuanto la vio llegar dejó de lado lo que hacía, dibujando una radiante sonrisa en su rostro.
Eve sintió unas inmensas ganas de castigar a Feardocha, paralizada por la impresión mientras Blaze se les acercaba alegremente. Eve jamás pensó que Blaze llegara a presentarse en aquel lugar, subestimó la perseverancia del Scizor, se sentía tan enojada que no dejaba de culpar a Feardocha y su inmadurez por negarse a avisar de quién se trataba. Lo estaba evitando adrede desde el momento en que se puso de rodillas ante ella, no quería hablar con él y ahora estaba tan molesta que no encontraba el modo de escapar.
— Los dejaré solos, tengo algunas cosas por atender antes de que caiga el Sol —dijo Feardocha tranquilamente, dedicándole a Eve una reverencia e iniciando su marcha hacia un grupo de pokémon que lo llamaban.
Eve, sin podérselo creer, trató de buscar una forma de que el Tyranitar se quedara, pero todas las excusas eran absurdas y sus intenciones serían descubiertas si las utilizaba. Suspiró con resignación cuando se dio por vencida. Sabía de qué hablarían estando solos, por eso lo evadía; era cobarde de su parte y hasta inmaduro, pero ella sólo quería evitar lastimarlo a él y a ella misma.
— Al fin te encuentro, señorita escurridiza —dijo Blaze juguetonamente, luego de un prolongado e incómodo silencio—. Eres una presa difícil de cazar en muchos sentidos, preciosa.
Aquel comentario podía ser aplicado en tantas situaciones diferentes que, aún con lo nerviosa y molesta que se sentía, le resultó muy gracioso y se le escapó una risilla. Cuando pudo detenerse, le indicó con un gesto que la siguiera, afianzando más su resignación, pensando en que si tendrían la charla pasearían al menos.
Permanecieron en silencio mientras caminaban, abriéndose paso a través de la hierba, eludiendo los restos del muro. Eve mantenía la mirada fija al frente, eludiendo los ojos de Blaze, que al igual que muchos al verlos pasar, no se despegaban de ella.
Eve no podía sentirse más nerviosa, si no era suficientemente malo tener que dar la cara ante Blaze, ahora corría el riesgo de que se malinterpretara la situación y Tymime la castigara. La sola idea le produjo escalofríos, pues sabía muy bien que los hechos se distorsionaban con facilidad al pasar de boca en boca, por lo que no dijo nada hasta que se sintió más segura... aunque ya el mal estaba hecho de todos modos.
Llegaron a los restos de una torreta de vigilancia, de la cual sólo quedaba la fachada, recubierta de trepadoras y maleza. A Eve le intrigaría saber la historia tras todas aquellas estructuras, pero por ahora sólo le interesaba porque parecía el mejor lugar para disfrutar de cierta privacidad.
— ¿Qué haces aquí, Blaze? —le preguntó Eve amablemente, tanto que se sorprendió ella misma—. Te hacía ayudando a Zack o entrenando con Lenore... o cualquier otra cosa.
— ¿Por qué me preguntas cuando conoces la respuesta, preciosa? —señaló Blaze seriamente, asombrándola un poco. De repente, le cortó el paso antes de que pudiera tomar asiento, asustándola por un instante, pero la jocosa sonrisa del Scizor le indicó que aún no iba en serio, sólo estaba jugando—. Tenemos mucho de que hablar, cosas importantes, pero antes...
Blaze se detuvo y extendió una de sus tenazas hacia ella, sosteniendo con la otra una de sus manos y dejando caer algo pequeño en su palma. Al ver de qué se trataba, Eve descubrió una preciosa piedra violeta en forma de lágrima, que reflejaba la luz y creaba distintos tonos hermosos entre púrpura y magenta. Se le hizo extrañamente familiar y la sensación no desapareció hasta que supo de qué se trataba. Eve no encontraba qué decir, no podía aceptarla, hacerlo sólo le daría esperanzas, pero Blaze no le permitió devolvérsela cuando lo intentó.
— Es una espinela, como la que tienes ahí —dijo Blaze, señalándole la frente.
— ¿C-cómo supiste que lo era? —balbuceó Eve con un tono de voz más agudo de lo normal, cubriéndose la gema de su frente con la mano sólo para poder ocultar el rubor que se asomaba en sus mejillas.
— Aunque no lo parezca, Lenore es una loca obsesionada con las piedras preciosas y yo un excelente observador, así que le pregunté —dijo él entre risas, sosteniendo delicadamente sus manos para que dejara de escudarse tras ellas. Mientras Eve se sorprendía por el cuidado que ponía para no hacerle daño con el filo, él sentía cierta gratificación al notar lo rojas que estaban las mejillas de la Lethilian— ¿Alguna vez te han dicho que tienes unos ojos preciosos? —susurró con ternura, sin poder contenerse ni un segundo más.
Eve agachó la mirada para evadir los ojos carmesí que la miraban con tanta intensidad, pues lo hacían del mismo modo en que Zuen lo hacía. Se las ingenió para ahogar un sollozo, eso la afectaba más de lo que llegó a pensar, pero cuando quiso alejarse para poder recomponerse, él no se lo permitió.
— ¿Por qué me evades? —le reclamó él, dolido ante su silencio y por cómo sus ojos eludían a los suyos— ¿Dije algo malo? ¿Ó hice algo que te molestara?
— Me estuviste cazando por meses como si yo fuera un trofeo —contestó Eve de inmediato con voz aguda, como si de un acto reflejo se tratase.
— ¡No eras un trofeo! —bufó Blaze, profundamente ofendido, enderezándose del tiro— ¡Eras mi pago por lo servicios prestados!
— Detente un momento y piensa sobre lo que acabas de decir, ahora dime si eso mejora las cosas —dijo Eve, frunciendo ligeramente el ceño. Por la expresión en el rostro del Scizor, quedó claro que entendió que la estaba embarrando.
— Mira, aquí lo único que me interesa dejar bien en claro es que me gustas, Eve, y mucho —resopló Blaze con frustración y logrando que la aludida se sonrojara de nuevo—. Creo que puedo presumir de que siempre he sido directo al respecto desde el día que nos conocimos, lo que he hecho desde entonces no es cosa de broma, al menos para mí. Por eso, en verdad necesito saber lo que tú sientes por mí.
Blaze suspiró y frunció el ceño también, deteniéndose un momento para recuperar un poco la calma. Cuando volvió a mirarla, los rubíes que tenía como ojos le transmitieron una cantidad de sentimientos que las palabras jamás podrían. Las cuentas de cristal de Eve se nublaron por culpa de las lágrimas que se esforzó por contener, pues ella lo comprendía y eso sólo le hacía daño a su débil corazón.
— Te haré una sola pregunta, preciosa, y necesito que me contestes con total sinceridad —musitó él, arrodillándose ante ella, totalmente abatido—. No es la primera vez que alguien me atrae, pero te puedo asegurar que esto no lo he sentido por nadie más, eres la única que me ha reducido a esto. Cada vez que te veo, mi mundo da vueltas y sospecho que te sucede lo mismo, porque tú me miras de un modo que nunca me había visto nadie más.
— Blaze... —balbuceó Eve con voz ahogada, asustada ante la idea de que eso fuera cierto, pues no era su intención, y también porque el llanto que contenía le había hecho un nudo en la garganta.
— Espera, por favor, permíteme terminar antes de que digas cualquier cosa, porque quiero que lo pienses y me respondas sin estar agobiada por nada, musa mía —le suplicó Blaze, susurrándole con ternura y acariciando su mejilla con cuidado para evitar que las lágrimas corrieran por ellas, ignorando que tal delicadeza tenía una fuerza demoledora que zarandeaba todo su ser y la lastimaba—. Me gustas, no hago más que pensar en ti y enloquezco cuando estás cerca, tanto que me atrevo a decir que... te amo. ¿Sientes lo mismo por mi?
Quedó abrumada cuando le escuchó decir tal cosa. Aquellas palabras, tan cortas y simples, drenaron todas las fuerzas de su cuerpo e hicieron flaquear sus piernas, haciéndola caer de rodillas ante él. Eve no podía saber lo que transmitía con su mirada, sólo estaba consciente de las lágrimas que ya no podía contener y de lo conmocionado que estaba Blaze ante el modo en el que estaba reaccionando.
— ¿D-dije algo malo? —preguntó el con gran preocupación y tanta inocencia, que en otras circunstancias la habría hecho reír.
Pero ahora estaba siendo azotada por pensamientos que nublaban su razón, las lágrimas corrían sin vergüenza por sus mejillas sin que ella pudiera evitarlo, mientras aferraba con fuerzas el regalo de Blaze. Lloraba porque alguna vez deseó escuchar aquellas palabras, fueron su sueño hace mucho tiempo, lo único que le dio esperanzas de poder tener algo que no perteneciera al mundo que Gea y sus hermanos habían creado para ella. Ahora sólo le causaban el dolor más espantoso de todos, el mismo que destruyó los bellos sueños y dio paso a las pesadillas que la reducían a nada.
— Yo... —dijo Eve con apenas un hilillo de voz—. Te amo, Blaze... pero a la vez no...
Blaze se emocionó como nunca en su vida al principio, pero el posterior gesto de confusión que invadió su rostro hizo bastante notorio que Eve acababa de provocar un cortocircuito en su cerebro.
— No te entiendo —balbuceó Blaze, con los ojos abiertos de par en par, a la espectativa.
— Ni lo entenderás aunque te lo explique, Blaze —contestó Eve tajantemente, recuperando un poco la compostura y enjugándose las lágrimas—. Amo de ti algo que fue alguna vez, algo que no eres tú en realidad y que nunca podrás ser. Sería injusto que te amara por eso, Blaze, estarías luchando en vano por cumplir mis expectativas y no quiero hacerte pasar por eso aunque te dispongas a complacerme. Además, no estoy interesada en tener pareja...
Blaze parpadeó lleno de perplejidad por lo que acababa de escuchar, suspirando y buscando apoyarse en una roca cercana para poder procesar lo que acababa de suceder. Por su cabeza pasaban miles de palabras que no conseguía ordenar para formar oraciones coherentes, abrumado por las sensaciones que atrofiaban sus sentidos y la enigmática respuesta de su musa.
— Es por la cosa amorfa, ¿cierto? —fueron las únicas palabras que pudo pronunciar, aún en su estupor.
Eve no pudo más que darse un manotón en la frente ante tal resolución, queriendo creer que Blaze no lo decía en serio y que sólo estaba actuado así porque era tonto sin remedio. Eso no evitaba que se sintiera tan molesta, porque después de todo lo que le dijo, de lo mucho que le costó mucho admitirlo y todo el valor que tuvo que reunir para confesarlo, él tenía la desfachatez de malinterpretar las cosas.
Le provocaba molerlo a golpes, incluso la idea de derretirlo con un Lanzallamas cruzó por su cabeza, más decidió no ser tan impulsiva y cortar por lo sano. Ya no quería verse obligada a ahondar en el asunto.
— Te dije que no estoy interesada en tener pareja y eso lo incluye a él.
— Pero... ¿te gusta?
¡Grandísimo imbécil! ¡Era mejor idea reducirlo a cenizas y ahorrarse tales idioteces!
— ¿Por qué te interesa tanto saberlo? —gruñó Eve.
— Bueno... ya que me condenaste a la friendzone de una forma tan bonita, al menos me gustaría asegurarme de que quien te tenga te trate como lo mereces.
— ¡Ay, por todos los cielos! ¡No soy un objeto para que nadie me posea! ¡¿Podrías dejar de pensar en mí como si lo fuera por un momento, cabeza hueca?! —chilló Eve bastante ofuscada.
— ¡Oye, oye, no te vayas por la tangente!
— ¡No puedo creerlo! —exclamó Eve, llevándose las manos a la cabeza— ¡¿Cómo les hago entender a todos que no quiero a nadie conmigo?! ¡Desde un principio quería estar sola! No quería conocer a Dyfir, ni a Nathaniel, ni a Mewtwo... ¡y mucho menos a ti!
— ¡¿Por qué?! ¡Dame una razón! ¡Y más te vale que sea buena, porque estoy cansado de que me evadas y me des respuestas sin sentido! —insistió Blaze tercamente, dejándose llevar un poco y poniéndose también de malhumor.
— ¡Basta! —gritó Eve, ahora ocultando la cabeza entre sus brazos en un intento desesperado por no perder el control, pero no podía—. Por favor... detente... no me obligues a decirlo... no... no resistiría...
Inconcientemente, Eve se lanzó hacia Blaze y lo apresó entre sus brazos, hundiendo su rostro contra el frío acero de su pecho y llorando como nunca lo había hecho. No podía resistirlo más. Blaze pegó un respingo ante esto, nervioso por su cercanía y conmovido por su llanto, Eve lo sabía al escuchar el acelerado latir de su corazón, que era lo que ella buscaba.
Cuando Zuen estaba vivo, a ella sólo le bastaba acudir a él para recibir consuelo, era al único al que le permitía verla triste y hacerle mimos, además de Tymime, eso le devolvía los ánimos cuando ella pensaba que ya no podía más. Con su muerte, todo eso acabó, así que cuando tocaba fondo materializaba su esfera para poder abrazarlo justo como a Blaze en esos instantes; sin embargo era un arma de doble filo, pues la total ausencia la vida en el cuerpo de Zuen le recordaba que tenía que estar sola.
— No insistas más... —sollozó ella cuando recuperó un poco de aliento, aspirando grandes bocanadas de aire para tranquilizarse y poder permitirse disfrutar un ínfimo instante del abrazo, pues tenía que separarse antes de que ya no pudiera.
Blaze estaba tan impresionado por lo que acababa de suceder que no sabía cómo actuar, incluso había olvidado cómo moverse o pensar, sólo no quería que siguiera llorando. Era la primera vez que lo rechazaban y de un modo tan extraño, su carisma resultaba irresistible al igual que su peculiaridad, por lo que nunca recibía respuestas negativas. Sin embargo, eso era lo que menos le importaba, especialmente cuando el dolor que reflejaban los ojos de su amada era notorio y lo abatía por completo.
Darse por vencido no se discutía, jamás lo haría, él no era de los que se rendía, más cuando tenía la certeza de que una fuerza mayor la unía a ella. No podía explicarlo sin que sonara descabellado o cursi, pero era lo único de lo que estaba seguro en todo ese asunto.
Aún con su decisión de no desistir, la amaba tanto que le rompía el corazón verla así, por lo que resolvió que lo mejor era dejar las cosas como estaban. Lucharía por ella, sí, pero en tiempos mejores... cuando todo eso terminara al fin.
Blaze suspiró con resignación y enjugó las lágrimas de Eve con delicadeza y ternura... o al menos lo intentó, sus tenazas eran mucho más grandes que la cabeza de la Lethilian y su dura coraza metálica no era nada acogedora. Eve levantó su enrojecida mirada, incrédula ante el gesto, a lo que él sonrió cariñosamente y dijo:
— De acuerdo, preciosa, aceptaré el destino que has decidido para mí, aunque no te mentiré diciendo que estoy conforme. Estoy profundamente decepcionado, porque yo no quiero ser tu cazador o sólo un amigo —cuando Eve parecía estar a punto de replicarle, Blaze la sostuvo cuidadosamente del mentón e hizo que lo mirara fijamente a los ojos, exaltándola—. Tampoco quiero obligarte a nada, ya no más, mi mayor deseo es que yo sea el tuyo y ya quedó claro que no es el caso. Sin embargo, tengo una condición para poder tener un trato y dejar de molestarte tanto —añadió con una sonrisa llena de picardía, ante la cual la Lethilian no hallaba qué hacer—. Esto se sella con otro abrazo de esos.
Eve parpadeó varias veces, tomándose su tiempo para procesar lo que acababan de pedirle, hasta que echó a reír con ganas y se lanzó de nuevo hacia él. Blaze la recibió con mucho gusto, envolviéndola él también entre sus brazos para poder disfrutarlo al máximo, extasiado ante el sonido de su risa.
Él no estaba acostumbrado a recibir esa clase de amor y ella a demostrarlo, pero ese gesto unió sus corazones de una manera que Blaze no comprendía, mientras que Eve sentía que su alma sanaba un poco. Con eso no se podía arreglar el pasado o ayudar a creer que el futuro sería mejor, pero hacía del presente un lugar en que Eve quería estar.
Mientras Eve y Blaze se abrazaban, oculta tras otro montículo de rocas cercano a la torreta, Dinya los observaba atentamente. Sus ojos estaban más abiertos de la cuenta, pues Eve estaba tan envuelta en lo que sucedía que no controlaba su psiquis, por lo que Dinya era capaz de percibir el amor que su hermana sentía hacia Blaze.
Tanta era la fuerza de los sentimientos de Eve, que la sensación que invadía su cuerpo era inexplicable, tan poderosa y pura que le aguaba los ojos de la emoción... eso y su propio dolor al ver que el corazón de su amado le pertenecía por completo a su hermana.
No podía seguir contemplando la escena o deleitarse con el aluvión de sentimientos, aunque le resultaba esplendoro, sólo la entristecía y la hundía más en el pozo de su depresión; los matices grises y apagados que desfilaban en su cuerpo eran la más clara señal. Tenía que irse y ocupar su cabeza con otra cosa, no quería que esos colores la delataran y tuviera que contestar preguntas.
Pero en cuanto giró para alejarse, se tropezó cara a cara con Skyfler, quien tenía sus ojos clavados sobre ella sin expresión alguna. El encontrarlo la asustó en demasía, eso era lo que más quería evitar, pues creerían que estaba husmeando con intenciones nada buenas y que se repetiría lo sucedido días atrás. No los culpaba por desconfiar de ello, se lo había ganado a pulso, pero eso no la hacía sentir mejor.
Dinya temblaba, pensando en qué decir para defenderse, no quería que sus hermanos siguieran teniendo una imagen tan horrenda de ella. Estaba profundamente arrepentida y quería arreglar las cosas, pero no hallaba cómo hacerlo sin que pareciera una excusa.
Mientras su mente intentaba encontrar las palabras correctas para explicarse en vano, Skyfler miró por encima de su hombro, mostrando sorpresa al encontrarse con la escena entre Eve y Blaze. Lejos de parecer contento, como Dinya alguna vez creyó que lo estaría cuando descubrieran que Eve en verdad podía amar a alguien, una profunda tristeza invadió los ojos de su hermano. Skyfler suspiró, agachando la mirada y pasándose una mano por la cabeza, buscando apoyarse contra las piedras para poder mantenerse en pie.
Dinya mantuvo la distancia muy acongojada, preparándose para recibir una reprimenda de niveles colosales, pero el modo en el que Skyfler actuaba la desconcertaba. ¿Acaso estaba decepcionado por cacharla espiando o molesto? ¿Celoso de que alguien abrazara a su hermanita, quizás? ¡¿Qué le sucedía! ¡¿Por qué se veía tan afectado?! ¡¿Por qué estaba luchando por no llorar?! ¿Era su culpa...?
— Sky, te juro que no iba a hacer nada malo, ya me iba —se excusó Dinya con voz ronca, queriendo enmendar la situación desesperadamente—. Lo siento mucho, por favor, créeme...
— Dinya, no pidas disculpas por algo que no has hecho —dijo Skyfler con voz ahogada aunque con severidad, interrumpiéndola en seco. Cerró los ojos por un instante, respirando profundamente para tranquilizarse y añadir: — Hay algo que quiero contarte, Dinya. No debería, pero lo necesitas para comprender y perdonar, esto no puede seguir así. Se trata de un secreto que no me pertenece y es bastante delicado...
— Sky, n-no comprendo... —susurró Dinya con profunda preocupación, sentía las manos heladas y no podía contener sus temblores—. Sea lo que sea, lo mejor es que vayamos a otro lado, no quiero que nos vean así.
— Sólo prométeme que no repetirás lo que te diga —musitó Skyfler con voz queda, sorprendiendo a su hermana por lo decidido que estaba por no llorar. Respiró profundamente, enderezándose y lanzándole una severa mirada antes de añadir:—. Ni siquiera Flowar puede saberlo, Dinya. Tampoco Sfear...
— Lo prometo, Sky —dijo Dinya temblorosamente, también aguantando como podía las lágrimas—. Ven, vamos al manantial.
Poniendo mucho cuidado para que los otros dos no los vieran, Dinya y Skyfler avanzaron cautelosamente, perdiéndose en el denso follaje de la montaña.
Habíase recién ocultado el sol, dejando un hilo de oro surcando el horizonte y tiñendo las nubes con hermosos tonos naranja y púrpura, entremezclándose con el rosa intenso del cielo en una peculiar gamas de colores. En ese momento en que la bóveda celeste daba tal espectáculo, Mewtwo se despedía del resto de los clones luego de un arduo día de entrenamiento, quedándose a solas con Moonghost.
Caminaban de vuelta hacia la mansión para poder descansar, todo en un extraño silencio, auspiciado por un Moonghost inusualmente pensativo. Mewtwo no se molestaba en interrumpirlo, él era el causante después de todo, ya que había decidido contarle sobre Momo. Quizás Moonghost no era el más adecuado, en especial porque dudaba en recibir alguna opinión reveladora pero ya no podía soportar la ansiedad, más cuando se enteró de que Eve no estaría.
— ¿Te ayuda en algo si digo que concuerdo contigo en que es bastante perturbador? —preguntó Moonghost inocentemente, consiguiendo que Mewtwo se cuestionara si hablarle al respecto había sido lo correcto—. Es decir, no sólo me refiero a todo el simbolismo del que no tengo ni pizca de idea, también está el hecho de que manoseaste a la versión loca de mi hermana. ¿Seguro que es una premonición y no una extraña fantasía erótica?
— Moonghost, por favor, lo que te dije es en serio —gruñó Mewtwo, llevándose la mano al rostro para ocultar su vergüenza—. Esto no me sucede a menudo y ya es la segunda vez que sueño con Momo, sé distinguir cuando tengo una epifanía. Estoy demasiado preocupado para buscarle lo gracioso.
— Bueno, tú no eres de esos que le busca lo divertido a las cosas, si lo hicieras yo me quedaría sin trabajo —señaló Moonghost despreocupadamente, estirando los brazos y experimentando la placentera sensación de los músculos relajándose—. De acuerdo, no sé de éstas cosas tan místicas porque mi psiquis no sirve ni para fregar los platos, pero es obvio que lo obvio no tiene el significado obvio que creemos. No sé quién podría ayudarnos a desentrañar este misterio, no conozco a nadie que interprete sueños, aunque podríamos preguntarle a Rocknight; quizás haya aprendido algo ya que se la pasa dormido todo el tiempo...
— No, Moonghost, no puedes hablar de esto con nadie más —dijo Mewtwo severamente, frunciendo el ceño—. Es algo que tengo que hablar con Eve primero y no quiero que esto se convierta en tema de conversación entre las Lopunny.
— Ahhh, son tan lindas y cariñosas —dijo Moonghost de sopetón muy embelesado, llevándose las manos a las mejillas y sonrojándose, pensando en sabe Gea qué cosa—. Pero... —balbuceó, recuperando la compostura de pronto, ignorando la mirada asesina que le lanzaba Mewtwo— ¿qué te hace pensar que Eve te podrá decir algo que te ayude a comprender lo que soñaste? La primera vez te dijo que sólo era un sueño y comparto su opinión, puede que sea sólo un mal sueño producto del estrés.
— Sólo prométeme que esto quedará entre nosotros dos y así nos olvidamos del tema —dijo Mewtwo de malagana, sintiendo algo de frustración ante la extrema despreocupación que mostraba el fantasma con el asunto.
— Mewtwo, amigo, te lo digo en serio —respondió Moonghost con cierto pesar, llamando su atención al notar la forma tan extraña en que lo miraba—. Si se trata en verdad de alguna vista al futuro, tomar literalmente lo que soñaste no tiene sentido, en especial porque sé que a Eve no le sucederá nada parecido a lo que viste.
— ¿Por qué estás tan seguro? —preguntó Mewtwo de inmediato, algo mosqueado ante la insistencia del Lethilian por desacreditar el significado de todo por lo que Momo lo hizo pasar—. Para insistir tanto, debes saber algo que yo desconozco por completo, ¿verdad? ¿Qué es, Moonghost? Necesito...
— ¡Oh, mira, ahí viene Eve! —exclamó Moonghost muy contento, señalando con el dedo hacia el fondo del jardín trasero.
Mewtwo volteó a ver de inmediato, sintiéndose aliviado al verificar que al fin Eve regresaba de su jornada, emocionándose al verla y haciendo que su corazón latiera con furia. Al fin lograría hablar con ella sobre Momo y también acerca de la armadura, lo había decidido para evitar que le impresionara mucho cuando él la llevara puesta.
Pero su mente quedó en blanco cuando vio que Eve no estaba sola. Mewtwo estaba al tanto de que varios hermanos subieron a las montañas a entrenar, aunque sólo veía a Eve... acompañada de Blaze. Se suponía que el Scizor estaba en un entrenamiento especial para afinar sus inusuales cualidades psíquicas y mejorar en algo su resistencia al calor, lo cual debía hacer en la mansión, no botado en las montañas.
"¿Por qué me sorprende? Este tipo nunca ha perdido ninguna oportunidad, siempre busca salirse con la suya", pensó Mewtwo con amargura, sintiéndose inusualmente molesto al escuchar las estúpidas carcajadas de Blaze acompañadas por las risitas de Eve, recordando todo por lo que el Scizor se había quejado en la madrugada.
Mewtwo buscó tranquilizarse para que no se le viera tan ofuscado, pensando en que Moonghost lo ayudaría con alguno de sus extraños comentarios o que lo arrastraría a otro lado. Enorme fue su sorpresa cuando se percató de que el fantasma había desaparecido. Busco desesperadamente con la mirada, creyendo que Moonghost se había distraído con algo cercano, una tontería como cuando intento hacer un castillo de naipes con hojas de roble, pero no estaba por ningún lado.
"¡No es posible!", pensó hecho una furia, sorprendido por el modo en que Moonghost aprovecho su descuido para escabullirse y evitar tener que darle respuestas.
No podía hablar con Eve teniendo ese humor de los mil demonios, estaba tan frustrado por todo lo que estaba sucediendo que podría... Pero, justo cuando ya estaba dando media vuelta para retirarse, Eve notó su presencia; lo llamó, dibujando una gran sonrisa en su rostro y saliendo disparada hacia él. Antes de que Mewtwo entendiera lo que estaba sucediendo o le dijera que se verían más tarde, Eve ya lo tenía apresado entre sus brazos.

Mewtwo quedó de piedra, sintiendo cómo la dulce calidez de Eve lo invadía y aminoraba su enojo más rápido que un Ninjask al vuelo. Fue incapaz de reaccionar, aún cuando ella se separó y posó sus ojos sobre él, riendo ante la estupefacción que debía tener plasmada en el rostro antes de darle otro abrazo.
— Disculpa, no era mi intención incomodarte, Mewtwo —musitó Eve antes de soltarlo, ligeramente apenada por cómo estaba reaccionando su amigo—. Es que... me da mucho gusto verte.
Y sin darle siquiera oportunidad a Mewtwo de procesar lo que estaba sucediendo, Eve se escabulló y corrió rápidamente hacia las puertas de la mansión, desapareciendo en menos de un suspiro.
— Cualquiera pensaría que viste un fantasma —comentó Blaze burlonamente, caminando con lentitud hacia Mewtwo y divirtiéndose en grande con el gesto en su rostro.
— ¿Qué le hiciste? —preguntó Mewtwo anonadado, todavía muy impresionado por lo sucedido e incapaz de pensar en algo más.
— ¡Ya quisiera haber hecho algo! —exclamó Blaze arrugando el rostro, dejando en claro lo decepcionado que se sentía—. Lo tenía todo preparado para cuando llegara el momento. Gracias a esa Mew chismosa, supe que Eve subiría a la montaña para entrenar y que Tymime permanecería en la mansión atendiendo otros asuntos... ¡era la oportunidad perfecta! Le di un obsequio especial para encantarla, le dije cosas bonitas para halagarla, le expresé lo importante que era para mí. Lo hice todo para asegurarme de que, cuando escuchara nuevamente mi declaración, aceptara ser mi pareja...—suspiró, ignorando la fría mirada de Mewtwo y lo incómodo que se sentía al ser una vez más su confidente—. Pero ahora... ella y yo... sólo somos amigos.
— ¡Qué interesante! Bien por ti —dijo Mewtwo lacónicamente, caminando hacia la mansión, pensando en lo que le urgía por hacer.
— Oye, dejando a un lado las bromas, cosa amorfa... —dijo Blaze con un suspiro, siguiendo a Mewtwo y mosqueándolo todavía más—. A pesar de que eres estirado, excesivamente serio y aburrido, debo admitir que podrías cuidar bien de Eve —añadió despreocupadamente, encogiéndose de hombros—. Aún creo que le gustas y, aunque no me gusta la idea, quizás podrías llegar a ser su pareja. No tomes esto como una rendición, porque permíteme decir que...
Blaze fue enmudecido por la mano en llamas de Mewtwo, que se detuvo a pocos centímetros de su cuello, apabullado por la ira que emanaba de los ojos violetas del clon.
— No me interesa, tampoco sé que hice para que te sientas tan confianzudo conmigo, pero no voy a tolerar que andes detrás de mí, quitándome tiempo con estas tonterías —siseó Mewtwo con crueldad, dejando atónito al cazador—. Me molesta que pienses en Eve como algo trivial, pero más me enfurece que trates de arrastrarnos y envolvernos en tales sinsentidos, como han intentado hacer muchos. Hago un esfuerzo para soportar a los hermanos de Eve cuando se dedican a darle lata al tema, sólo porque son sus hermanos; en cambio tú, no eres nada para mí, así que más te vale dejarme en paz o te destruyo.
El fuego se apagó súbitamente y Mewtwo le dio la espalda, continuando su camino con paso firme, como si nada hubiera sucedido. Blaze estaba totalmente consternado, viendo con los ojos muy abiertos cómo se iba alejando, tratando de comprender lo que acababa de suceder.
Mewtwo no estaba arrepentido por su comportamiento, aunque sí abrumado por todo lo que estaba experimentado y que lo envolvía en un huracán emocional que lo asfixiaba. Y lo peor es que todo parecía girar en torno a Eve.
El pokémon más poderoso del mundo a ojos del hombre, era arrastrado a tales situaciones por una criatura pequeña, de largas orejas y tan mal carácter como el suyo. Puede que ni fuera su culpa, sino de aquellos que llegaron a sembrar dudas en su cabeza, alimentando su ya saturada mente con banalidades que jamás se interesó por entender. Sin embargo, todos los que lo rodeaban consiguieron que le diera la misma importancia que ellos le ponían al asunto y ahora él estaba totalmente confundido, al punto de considerar largarse.
Pero no podía, con sólo pensarlo sentía un terrible vacío en el pecho, sólo encontraba alivio a tal cosa cuando ella estaba cerca. Sería egoísta si la dejaba, estaba al tanto de lo mucho que la afectaría su ausencia, aunque en un principio él no debería estar ahí.
Quizás por eso, Eve era tan importante para él ahora, su caminos nunca debieron cruzarse, sus razones para existir eran completamente diferentes y ahí estaban, entrelazándose y dejando desastre a su paso mientras lo hacían. ¿Por esto es que las cosas resultaban tan complejas y caóticas entre ellos?
Recién había atravesado las puertas cuando no pudo contenerse más y le dio un fuerte puñetazo a la pared, respirando entrecortadamente y cerrando con fuerza los ojos. Sentía su mano palpitando de dolor mientras intentaba comprender por qué se dejaba atormentar con dudas absurdas, o por qué estaba pasando por todo eso si no era propio de él, en especial cuando había cosas más serias por las cuales preocuparse.
Se sentía como estar en la pesadilla de nuevo, furioso consigo mismo al verse tan débil y asustadizo, dejándose impresionar fácilmente por Momo, sintiendo lástima por ella ante la primera muestra de flaqueza. Le sorprendía verse tan cambiado... ¿debía odiarla por ello?
Sintió cómo se le helaba la sangre, horrorizado por lo que acababa de pensar, porque qué culpa tenía ella...
"Ella tiene toda la culpa", le dijo una pérfida voz en su cabeza."No estarías así si la hubieras ignorado o si te hubieras largado como ella quiso en un principio".
No podía estar más consternado al caer en cuenta de lo que escuchaba. Era terrible echarle toda la culpa a Eve, en especial porque él pudo negarse a la invitación de Moonghost de acompañarlos, pero la aceptó pues así lo quería. Era momento de calmarse y esa era la señal de alerta que necesitaba.
Respiró profundamente, acariciándose la mano adolorida mientras recuperaba la serenidad, reanudando la marcha sólo cuando consideró estar más calmado. Estaba exhausto y a eso le atribuía lo que acababa de suceder, más el día no acabaría hasta que pudiera hablar con Eve sobre Momo.
Pensó que Eve tendría hambre luego de todo un día de entrenamiento, la cocina era el mejor lugar por el cual pasar primero, en especial porque a él también le vendría de maravillas algo en el estómago. Se dirigió a su destino sin chistar, deslizándose por los pasillos y agradeciendo que estuvieran vacíos.
Llegó pronto y sonrió con gran satisfacción al encontrar a Eve sentada frente a la mesa, devorando un plato repleto de guiso de carne y vegetales con arroz con tanta avidez que le causó gracia. ¿Cómo pudo siquiera pensar en abandonarla si disfrutaba tanto de su compañía?
Flowar hablaba alegremente mientras su hermana comía, contándole con gran emoción sobre el pequeño invernadero que Yami ordenó limpiar y acondicionar para que ella pudiera usarlo, además del montón de plantas y utensilios que le obsequiaron para que preparara sus menjurjes.
Eve escuchaba atentamente hasta que notó la llegada de Mewtwo, sonriendo y haciéndole señas para que se sentara a su lado. Mewtwo no dudó en obedecer, sintiendo un profundo agradecimiento cuando Flowar le puso un plato de guiso y lo saludaba con voz cantarina.
— ¿Qué tal estuvo tu día? —le preguntó Eve distraídamente, sin borrar su sonrisa mientras daba otro bocado a su comida.
— Sólo te diré que espero olvidarlo para siempre —respondió Mewtwo, suspirando con pesar y limitando su telepatía, sintiéndose incapaz de aparentar que se encontraba bien.
Eve, por supuesto, quedó extrañada y dejó de lado su plato, mirándolo con gran preocupación.
— ¿Qué sucedió?
— Muchas cosas, Eve, aunque de todas sólo hay una que me preocupa. Desde anoche he querido hablar contigo, pero todo fue de mal en peor y se hizo imposible, no he podido estar tranquilo por culpa de ello —dijo Mewtwo, arrastrando las palabras y temblando de emoción, al fin podía desahogarse y salir de dudas—. Antes de que te cuente todo, necesito que me prometas que podré recibir respuestas de tu parte, más que un simple "no es nada". En verdad, no tienes idea de lo indispuesto que he estado a causa de esto...
— Mewtwo, me estás asustando —dijo Eve en voz baja luego de tragar saliva, lanzando una mirada nerviosa hacia Flowar, que seguía ocupada mencionando todas las esencias que podría fabricar de ahora en adelante—. ¿Es tan malo?
— Es preocupante, pero depende de ti si es algo malo o no —se detuvo un momento para tomar aliento, preparándose para una larga conversación y haciéndose la idea de que tendría que presionarla para obtener respuestas—. Tuve de nuevo la misma pesadilla de la que te había hablado antes.
— ¿Cuál pesadilla? —balbuceó Eve abriendo los ojos de par en par, claramente espantada e incapaz de controlar sus manos, que comenzaron a temblar como gelatina—. ¿Esa en la que me falta medio rostro?
— Exactamente —respondió Mewtwo, asintiendo con la cabeza y acercándose para que no pudiera evadir su mirada—. Sé que me dijiste que no debía preocuparme por ti, pero esta vez me hablaste en la pesadilla... bueno, en realidad, ella habló...
— ¿Ella? —preguntó Eve con un hilillo de voz, claramente impactada.
— Sí, ella, o más bien tú... aunque ella dijo que no eras tú, sino alguien más —dijo Mewtwo, atropellando las palabras y apenas dándose tiempo para pensar en lo que diría. El sólo recordar a Momo entumecía su cuerpo y le provocaba escalofríos.
— Me estás confundiendo, Mewtwo —dijo Eve serenamente, pero su voz temblaba a causa del mal presentimiento que comenzó a rondar su cabeza—. Explícame con detalle qué soñas...
— ¿Eve?
La voz de Dinya los hizo respingar, interrumpiendo su conversación en seco y consiguiendo toda la atención de ambos. La Lethilian alada se encontraba de pie en la entrada, con las manos entrelazadas sobre su pecho y mirando a Eve de un modo bastante inusual.
Mientras Eve se preguntaba el motivo por el cual su hermana la veía tan extraño, creyendo que le reclamaría algo con respecto a Blaze, Mewtwo y Flowar cruzaron miradas nerviosas, pensando lo mismo que Eve pero añadiendo la posibilidad de una discusión que acabara mal. El clon y la flor creían que luego del altercado, Dinya habría aprendido la lección y no buscaría más problemas, no podían sentirse más decepcionados.
Sin embargo, se llevaron una inmensa sorpresa cuando Dinya se lanzó hacia Eve, apresándola en sus brazos con delicadeza y sin ninguna intención de atacarla. Nadie esperaba tal cosa, en especial Eve, quien se puso más tiesa que una tabla.
A Dinya le temblaban las piernas y pronto se vio con el rostro hundido en el pecho de Eve, con su cuerpo abatido por espasmos incontrolables y llorando a moco tendido, aferrándose firmemente a ella para no caer.
— ¡Perdóname, Eve! —suplicó con voz ahogada entre sollozos, destilando tanto dolor que incluso Eve, en su confusión, no pudo evitar que sus ojos se aguaran— ¡Por... favor... Eve... perdóname! ¡Fui un monstruo! ¡No... no debí...! ¡Yo no sabía que...! ¡Soy una egoísta! ¡Me merezco lo peor!
—¿D-de qué estas hablando? —tartamudeó Eve hecha un manojo de nervios, sin saber qué hacer mientras se esforzaba por evitar que la mariposa se derrumbara en el suelo— ¿Qué te sucede, Dinya? Me estás asustando... Calma, por favor...
Con esto sólo consiguió que el llanto de Dinya se intensificara, siendo superadas pronto por el peso de su cuerpo y dolor, cayendo ambas de rodillas al suelo, lo que Dinya aprovechó para acercar aún más a Eve hacia ella. Parecían madre e hija, con la primera consolando a la segunda luego de que pasaran por un susto espantoso, donde lo único que protegería a la pequeña es el incondicional amor de su progenitora.
Flowar no hallaba qué hacer ante la situación, como no entendía lo que estaba pasando, no sabía qué decir o cómo actuar para mejorar las cosas. Tampoco es que pudiera hacer la gran diferencia, ella estaba tan afectada como las implicadas, su cuerpo temblaba y de sus ojos brotaban las lágrimas desde el momento en el que Dinya envolvió a Eve.
Mewtwo no se dejaba llevar tan fácilmente por la situación, su propia naturaleza atrofiaba su capacidad de ser empático, lo único que era capaz de hacer era intentar analizar la situación para hallar el motivo por el cual Dinya actuaba con tanto arrepentimiento. Curiosamente, la respuesta llegó con mayor facilidad de lo que jamás hubiera pensado.
Sintió una nueva presencia en la cocina, por lo que sus ojos se dirigieron rápidamente a la entrada. Skyfler estaba ahí, apoyado contra el marco y viendo lo que sucedía con profunda tristeza, su rostro mostraba un inmenso cansancio y lo hacía lucir mucho más viejo, tanto que incluso se desvanecía el brillo que solía surgir de sus plumas.
Mientras Eve aún estaba distraída, intentando en vano calmar a Dinya, los ojos de Skyfler se encontraron con los de Mewtwo. Las orejas del Lethilian decayeron cuando éste suspiró, agachando la cabeza y evitando su mirada, sólo para poder ocultar algo de su propia agonía.
Mewtwo no era un experto descifrando emociones, incluso le causaban cierta frustración al no poder entenderlas del todo, pero en esa ocasión no lo necesitaba. Era más que suficiente con lo poco que disponía: Eve y Blaze llegando juntos; Dinya que también entrenaba en las montañas, llorando sin motivo aparente, de rodillas ante la hermana que casi la deja sin alas; y Skyfler completamente destrozado...
Mewtwo miró con cierto recelo a Dinya, dudando en la honestidad de su llanto, también resintiendo un poco que los interrumpiera cuando estaba por contarle a Eve acerca de Momo. Pero suspiró, tratando de apaciguar su enojo, sintiendo una extraña sensación en su pecho similar a la decepción que además dejaba su mente en blanco.
Dinya lloraba porque Skyfler le había hablado sobre Zuen. Si a Mewtwo le causó una profunda impresión ser testigo de lo sucedido, era difícil imaginar lo que sentía Dinya, más cuando culpaba a Eve por cosas que no iban al caso.
No supo qué le sucedió con exactitud, no pudo soportar estar ni un segundo más en la cocina, yéndose sin siquiera mirar atrás para excusarse con Eve. Todo con lo que estuvo luchando en contra durante el día —cansancio, ansiedad, frustración, incluso deseo— se acumuló y cayó con pesadez sobre sus hombros, abatiéndolo y dejándolo in fuerzas.
Deslizándose sin ánimos por los pasillos, se detuvo un instante para recostarse en la pared, cubriéndose los ojos con una mano y rechinando los dientes. La ira estalló en él como fuegos artificiales en Año Nuevo, explotando sin parar y esparciéndose por su cuerpo al igual que las chispas de colores, sólo que éstas no se desvanecían sino que ardían con más fuerza.
Lo único que lo mantenía atado a la cordura era una simple pregunta cuya respuesta no podía hallar: ¿Cómo permitió que le importara tanto cuando él no debería sentir nada?

Icestar le aseguró que Tymime no tenía nada que ver con la armadura, que era un proyecto personal y secreto con el fin de preservar la tranquilidad de Eve. Frunció el ceño al recordarlo. Si Tymime no estaba implicado —pensando en que aún le creía a Icestar—, seguramente encontró la manera de averiguarlo, porque lo llevaba para hacer pruebas con la armadura puesta.
Mewtwo no estaba para nada contento, incluso comenzaba a sentirse ofendido, pues todo eso parecía poner en duda sus poderes y capacidad de lucha. Si pensó que su humor no podía empeorar, maldijo por lo bajo cuando encontraron un motivo en medio del pasillo.
Una figura se encontraba de pie frente a ellos, parcialmente iluminada por la tenue luz de los faroles que se escabullía por las ventanas, cabeceando de sueño y, aparentemente, esperando por ellos. El par de ojos carmesí se abrieron desmesuradamente al notar la llegada de Tymime y Mewtwo, pegando un respingo ante su inesperada aparición: era Blaze.
— Qué fortuna que seas tan puntual —dijo Tymime despreocupadamente, hasta con cierta indiferencia, pero con el atisbo de una sonrisa—. ¿Tienes mucho rato esperando?
Mewtwo miró con extrañeza al arlequín, perturbado ante el trato tan inusual hacia el Scizor, intrigado por el motivo de su presencia. Por un momento pensó que estaba soñando, descartando tal cosa de inmediato pues era estúpido de su parte, desencadenando una lluvia de posibilidades más descabelladas que la otra.
— Para nada, si acabo de llegar apenas. Tuve un día atareado y estoy cansado, es todo —contestó Blaze perezosamente, despegándose de la pared en la que se apoyaba para estirarse un poco— ¿Vamos ya?
Tymime asintió levemente con la cabeza y siguió liderando al grupo hacia su destino. Blaze aguardó a que Mewtwo pasara frente a él para emprender la marcha, medio sonriendo ante la atenta y extrañada mirada del clon, quien resolvió que era el momento apropiado para salir de dudas.
— ¿Desde cuándo eres tan "amigo" de Tymime? —preguntó Mewtwo recelosamente, limitando su telepatía para que la conversación quedara sólo entre los dos.
— ¿Celoso? —señaló burlonamente, usando también telepatía, ensanchando su sonrisa y consiguiendo que Mewtwo torciera los ojos—. Je-jé, oye, tampoco es para que te pongas así. Verás... Yo tampoco entiendo qué hice. Él sólo se me acercó hace un par de días, tuvimos una conversación rápida y desde entonces hemos colaborado un poco.—miró con severidad al arlequín antes de continuar:— Es imposible que estés más extrañado que yo. Créeme que he averiguado con quién estoy tratando y no sé cuáles puedan ser sus intenciones. Me gusta creer que le caí bien, pero dificulto que se trate de inocente simpatía.
Mewtwo frunció el ceño mientras dejaba que hablara solo. No le sorprendía que Blaze hiciera sus averiguaciones luego de ser testigo de la crueldad de Tymime, incluso celebraba que fuera precavido ante la intrigante actitud del arlequín. Sin embargo, un brillo en los ojos del Scizor delató que le ilusionaba la idea de que fuera genuino, que Tymime en verdad lo estimara.
No podía reprocharle por su tan inocente modo de pensar, no sólo porque apenas conocía de lo que Tymime era capaz, también porque ignoraba por completo que era la propia reencarnación de Zuen. Si Blaze estuviera al tanto de todo esto, actuaría tan escépticamente como Mewtwo, pues sólo con eso era motivo suficiente para que Tymime volcara todo su odio y desprecio sobre él.
En cuestión de segundos, su cerebro maquinó un sinfín de ideas sobre los motivos que ocultaba Tymime con tal comportamiento, pero ninguna le ofrecía una respuesta sólida. El no poder encontrar nada que lo ayudase a desenmarañar lo que se gestaba en la cabeza de Tymime era frustrante, tanto que a Mewtwo se le ocurrió obtener una explicación por las malas, pero se contuvo; respiró profundamente y buscó calmarse, debía mantener la serenidad o sería como darle golosinas al arlequín.
— Dudo mucho que le agrades en realidad —dijo Mewtwo severamente. Estaba algo mosqueado ante la tonta sonrisa que Blaze no se dignaba en borrar de su rostro, luego de emocionarse con la idea de congraciarse con su "cuñado"—. Te aconsejo que jamás bajes la guardia en su presencia, se aprovecha de tus debilidades cuando menos te lo esperas y es capaz de usar cualquier cosa en tu contra. Si está tomándose la molestia de ser amigable contigo, es porque te necesita para algo que no es nada bueno, te lo aseguro.
— Hmmm, ahora que lo mencionas, puede que tengas razón —secundó Blaze pensativamente, clavando la mirada en el suelo y frunciendo levemente el ceño, pasando por alto el asombro de Mewtwo por estar de acuerdo con él tan pronto—. Hay Skitty encerrado, pero no me importa, en especial si con eso ayudo a Eve. Por eso estoy aquí en primer lugar. Y es que... —suspiró con cierta frustración—. ¡No sé qué hice mal! Yo... ¡he hecho cosas por ella que jamás he hecho por alguien más! Principalmente eso de hablar de... —hizo una pausa, como si se hubiese tragado un limón entero— mis sentimientos. No sé si con eso es que metí la pata, porque desde entonces parece eludirme... sí, eso es lo que hace, no me cabe duda. Sea lo que sea, de lo único que tengo certeza es que ella no está bien y quiero mostrarle que puede confiar en mí, que no tiene por qué temerme...
"¡Magnífico!", pensó Mewtwo con ironía. ¿Qué hizo o dijo para que el Scizor decidiera liberar sus penas con él? Blaze estaba hablando de sus asuntos personales y pensaba, o le gustaba creer que así era, que su cara era lo suficientemente expresiva para dar a entender que no le interesaba.
¿En qué momento el mundo se había puesto de cabeza? ¿O acaso él seguía sumergido en turbulentas pesadillas? Lo segundo le era más fácil de aceptar, tanto que miraba de reojo cuando pasaban por alguna esquina, esperando ansiosamente a que Momo saltara desde la oscuridad, carcajeándose y señalándolo con el dedo para burlarse de su inocencia, gritándole "¡Caíste!". Por supuesto, tal cosa jamás sucedió, estaba más despierto que nunca.
Que Blaze decidiera convertirlo en su confidente le molestaba, en especial porque no sentía ni pizca de simpatía hacia él, aunque mientras seguía charlando se acentuaba aún más la desdicha en su rostro. Era increíble, el rechazo de Eve lo afectaba profundamente, pero más insólito era que comenzara a sentir lástima por él.
Ser empático no era lo usual para Mewtwo, más si tomaba en cuenta de quien se trataba, pero algo parecía empujarlo a soltar algunas palabras de consuelo. Quizás en verdad comprendía su pesar, o simplemente buscaba con eso que cerrara la boca —lo cual era más probable—, pero lo cierto es que no le tomó mucho tiempo arrepentirse.
— Basta, estoy harto de escucharte rezongar tantas tonterías. ¿Qué te hace pensar que le produces temor a Eve? —dijo Mewtwo, intentando sonar amigable y fallando totalmente. Supo que no servía para tales cosas cuando, casi sin pensarlo, añadió: — ¿Acaso debo recordarte todas las ocasiones en que hizo trizas tu exoesqueleto?
— Sabía que no lo comprenderías... —contestó Blaze, algo molesto por el poco tacto de Mewtwo y con el atisbo de una amarga sonrisa—. Cada vez que ella me mira a los ojos, esos hermosos cristales se enturbian y lo único que puedo ver en ellos es miedo. Si doy un paso adelante, ella lo da hacia atrás. Si abro la boca para hablarle, ella se desvanece y me deja con las palabras en el aire. ¿Qué hice mal para merecerme ese trato?
— ¿Además de cazarla? —señaló Mewtwo sin chistar y con tono sarcástico, ganándose una mirada asesina del Scizor; no era realmente su intención decirlo pero le fue inevitable.
Blaze emprendió nuevamente un monólogo, compadeciéndose de sí mismo y lamentándose ante su desgracia. Mewtwo ya no lo soportaba más, no conseguía el modo de bloquear la telepatía del Scizor, tenía que encontrar el modo de cerrarle la boca.
Más allá de que le molestara, Mewtwo también consideraba a Tymime, quien seguramente percibía el despecho de Blaze. Mewtwo no quería que el arlequín contara con más herramientas que le ayudaran; le importaba un comino Blaze, le preocupaba más que lo utilizara en contra de Eve.
El repentino interés de Tymime por relacionarse con Blaze no tenía explicación, lo único que se le ocurría es que buscaría manipular a Eve, con quien estaba más receloso que nunca respecto a sus cuidados, al punto de que se las ingeniaba para ocupar por completo su tiempo, de modo que ella y Mewtwo no pudieran verse.
Cerró los ojos por un instante, respirando profundamente y tratando de despejar su mente, en busca de evitar alterarse demasiado y pensar mejor las cosas. ¿Qué malévolas intenciones tenía Tymime con tales decisiones? ¿Y si en realidad no planeaba nada y la verdadera triquiñuela era que él se devanara los sesos pensando que tenía intenciones ocultas?
Suspiró lleno de frustración. Lo único claro de todo ese asunto era que lo detestaba con cada hebra de su ser, siempre que creía que había llegado al límite posible de desprecio, Tymime encontraba la manera de superarse.
Inmerso en sus divagaciones, teniendo de fondo el molesto zumbido en el que se convirtieron las confesiones de Blaze, Mewtwo se sobresaltó cuando llegaron en un santiamén ante la puerta que daba al taller de Icestar.
Sin mayores dilaciones, Tymime abrió la puerta y bajó por las empinadas escaleras, ignorando la oscuridad con la cual los otros dos no se sentían muy cómodos, teniendo como guía una tenue y suave luz azulada al final.
Al bajar el último escalón, Mewtwo notó que el lugar estaba mucho más desordenado que la última vez, con montañas de cables expuestos, chatarra, vidrios, herramientas rotas y artefactos extraños a medio hacer. Lo que más llamaba su atención era que la habitación era mucho más grande; por el montón de escombros que se encontraban desperdigados por el suelo, seguramente Icestar había hecho varias remodelaciones para conseguir más espacio.
La dueña del particular laboratorio se encontraba sentada frente a un monitor, con su ojerosa mirada fija en la pantalla, tecleando compulsivamente mientras masticaba un trozo de carne seca con avidez. Pero lo más curioso eran los cables que estaban pegados a los trozos de acero en su espalda, en cuyo otro extremo se hallaba Shock, que también mordisqueaba carne seca mientras generaba la energía que Icestar consumía.
Era una escena bastante peculiar, no sólo porque Shock hacía de bateria en vez de buscar pelea, sino por el demacrado aspecto de Icestar, quien solía estar de punta en blanco, con un gesto impasible en el rostro; ahora lucía más como interna de algún manicomio. Sus ojos desorbitados, que apenas se movían mientras los datos pasaban raudos por la pantalla, era lo que más reafirmaba aquella imagen y resultaba escalofriante.
Shock fue el primero en percatarse de su llegada, avisándole a Icestar con un susurro en el dialecto de los Lethilian, consiguiendo que su hermana desviara la atención del monitor y girara la cabeza de inmediato. Al verlos, Icestar dibujó una pequeña sonrisa, que lejos de dar una cálida bienvenida les puso la piel de gallina.
— ¡Finalmente! Pensé que no me harías el favor... —dijo Icestar muy contenta y con voz carrasposa, dejando su refrigerio de lado y poniéndose de pie para acercárseles—. Pero está bien, está bien, están aquí por fin. ¡Muero de ganas por hacer esto! No podía concentrarme pensando en...
— Ya cálmate —gruñó Tymime en voz baja, sentándose despreocupadamente sobre un panel cercano—. Sabes que cumplo con mi palabra, no es culpa mía que la ansiedad te haga olvidar que tengo mis propias responsabilidades y primero tenía que acostar a Eve.
— Sí, sí, tienes razón, se me había olvidado, eso también es importante. Pero ahora no te vayas —pidió Icestar con marcada ansiedad, tanto que hizo que Tymime resoplara con disgusto y se cruzara de brazos.
— También acordamos que me quedaría desde temprano —señaló el arlequín con hastío.
Icestar simplemente dejó escapar una risita descontrolada, asintiendo con vehemencia y fijando su atención en Blaze y Mewtwo, quien le preguntó a través de una severa mirada el motivo por el que se encontraba en el lugar.
— Tienes que probarte la armadura y usarla un rato, por supuesto —contestó Icestar, ensanchando su sonrisa—. Estoy totalmente segura que hice un trabajo perfecto, pero no puedo decir lo mismo de tu cuerpo y es necesario ajustarla de modo que trabajen en perfecta sincronía. No, no, no, eso de tener fallos no podemos permitírnoslo.
— ¿Y por qué tiene que estar Tymime presente? —preguntó Mewtwo con recelo.
De por si la existencia de la armadura le desagradaba, todo lo que tuviera que ver con eso le revolvía el estómago, sólo hacia tripas corazón porque se recordaba que era para ayudar a Eve. Pero la presencia del arlequín le crispaba los nervios, era imposible descuidarse con él porque siempre se las ingeniaba para joderlo.
— No tengo intenciones de sabotearte, si eso es lo que estás pensando —respondió Tymime ante el desconcierto de Icestar por la hostilidad del clon, dibujando una sonrisa burlona mientras movía la cola y hacía sonar sutilmente el cascabel atado en ella— ¿Sabes algo? Estoy demasiado cansado para gastar mis escasas energías contigo, soy alguien ocupado y mi mundo no gira en torno a ti. Sólo me quedo porque Icestar me necesita para que las cosas no se salgan de control. Ya sabes, hay que evitar ciertas cosas, como las explosiones.
— ¡Como si en verdad pudieras! —espetó Mewtwo desafiante y borrándole la sonrisa en el acto. Si el arlequín creía que hacer referencia a su pasado lo desestabilizaría, como siempre que podía, estaba equivocado. Deseaba poder vengarse por ello, para eso estaba preparado desde hace tiempo, pero el respeto y compromiso hacia Eve era lo único que lo detenía. Estando de tan malhumor, no puso cuidado cuando volteó de nuevo hacia Icestar y señaló a Blaze con la cabeza—. ¿Y qué hace él aquí?
— Oh, no te había visto —dijo Icestar con amplia sorpresa. Shock rió por lo bajo ante el desconcierto del Scizor, mientras Icestar fijaba sus ojos sobre él, sonriendo e incomodándolo—. ¿Recuerdas de lo que hablamos ayer? Ya tengo algo, con eso podemos comenzar, pero... un momento... ¿Qué era? ¡Ajá, ya recordé! ¿Pero cómo es que era? ¿Dónde fue que lo dejé? ¿En la mesa? ¿En el estante? ¿En cuál de tantos? Ya ni recuerdo el color. ¿Será justo el que...?
Sin dejar de murmurar frases a medias, Icestar les dio la espalda y se acercó a un gran mesón, donde reposaban cientos de frascos de tamaños varios y contenidos de colores intensos. La curiosidad de Mewtwo aumentaba a medida que Icestar revolvía nerviosamente entre los frascos de cristal, moviendo los labios mientras leía lo escrito en las etiquetas hasta que consiguió lo que buscaba.
La Lethilian de hielo puso bien en alto un frasco pequeño, examinando las minúsculas cápsulas anaranjadas que contenía, dibujando una sonrisa tan grande que remarcaba su errático comportamiento.
En un abrir y cerrar de ojos, Blaze tenía el frasco entre sus pinzas, inspeccionándolo con curiosidad mientras Icestar volvía a su monitor, tecleando brevemente y cambiando los datos que aparecían en la pantalla. En vez de una interminable lista de información, ahora se veía el esquema de la armadura de Mewtwo, mostrando lo que Icestar ya había apuntado durante la construcción.
— Son vitaminas o algo así —comentó Blaze sacudiendo el frasco, haciendo que Mewtwo retirara la vista de la pantalla y se concentrara en las pastillas—. Eso me dijiste que eran, ¿cierto?
— Son un suplemento que ayudarán a endurecer tu coraza, lo hice yo misma—respondió Icestar sin despegar los ojos del monitor, tecleando de nuevo con tal frenesí que sus pequeños dedos parecían una mancha borrosa—. Son apenas un prototipo, desconozco si obtendremos resultados mínimamente satisfactorios, pero no dispongo del tiempo suficiente para perfeccionarlo. De igual modo funcionarán, nunca fallo, menos con cosas tan fáciles. Comenzarás a tomarlas ahora mismo, dos veces al día...
Blaze sonrió, muy entusiasmado con la idea de los beneficios, así que se apresuró a abrir el frasco —con tanta delicadeza que sorprendió a Mewtwo— e ingirió la primera dosis. Apenas la píldora cayó en su boca, Blaze se retorció de disgusto y tosió desesperadamente para escupirla, aunque ya la había tragado.
— ¡Sabe espantoso! —se quejó, con un tono de voz mucho más agudo de lo normal.
— ¿Y? —cuestionó Icestar apáticamente, restándole importancia a los reclamos de Blaze con un ademán de la mano—. Tales nimiedades no me interesan, lo único que me importa son los resultados, así que más te vale que cumplas con ingerir las dosis diariamente. En dos días vendrás de nuevo para un chequeo y comenzar con las pruebas.
Mewtwo sintió un peculiar alivio ante el momento de lucidez de Icestar. Con eso confirmaba que la gran debilidad de la Lethilian era que criticasen sus creaciones, probablemente debido a la intensa meticulosidad con la que hacía cualquier cosa y su ego no permitía errores.
— Ahora me toca a mí preguntar: ¿qué hace él aquí? —puntualizó Blaze y señalando a Shock, quien no se había movido ni un ápice y aún seguía generando electricidad para su hermana.
— Icestar requiere de mucha energía para poder trabajar y mantener su potencial al máximo... lo mismo que su cordura —contestó Tymime maliciosamente, sonriendo y moviendo su cola con suma lentitud, como si hubiese avistado una presa y se preparara para saltarle encima—. Verán, Icestar nunca sabe cuándo detenerse y pierde el control con facilidad cuando su cuerpo llega al límite; ya habrán notado ciertas "irregularidades" en su comportamiento. Es bastante divertido, a mí me parece entretenido, pero ni siquiera yo lo recomiendo, menos cuando tenemos cosas importantes que hacer.
— Aunque sería divertido que conocieran a la verdadera Icestar —sugirió Shock maliciosamente, tirando con cuidado de los cables, haciendo el ademán de arrancárselos.
— ¿Estás preparado? —preguntó Icestar a Mewtwo, haciendo oídos sordos a lo que hablaban sus hermanos.
— Completamente —contestó él con cierto sarcasmo en la voz, también ignorando lo que decía el par de Lethilian.
Icestar rió muy emocionada y se puso de pie bajo la atenta mirada de Mewtwo, yendo a un exhibidor cercano donde reposaba una especie de medalla. La tomó y regresó rauda hasta Mewtwo, poniendo el extraño objeto en sus manos y señalándole la parte más oscura del laboratorio, pidiéndole que se dirigiera a ese lugar.
Ella se adelantó mientras él examinaba con desconfianza el artefacto, el cual era tan grande como su mano y curiosamente pesado, preguntándose para qué serviría. La silueta de Icestar se perfiló en la penumbra, permitiéndole apreciar el momento en que presionó la mano contra un panel, abriendo una puerta que pasaba por completo desapercibida.
Mewtwo permaneció quieto, aún dudando en si era lo correcto, al menos hasta que Icestar le indicó que pasara con un gesto de la cabeza, mostrándose muy ansiosa. Mewtwo la miró con cierto hastío, pero no dijo nada y avanzó lentamente hacia ella, entrando en la habitación misteriosa con cierto recelo al apreciar que estaba totalmente a oscuras.
La puerta se cerró sin darle tiempo a retractarse, dejándolo en la densa negrura, molestándolo más de lo que lo estaba al encerrarlo sin recibir ninguna instrucción. Y a pesar de su enojo, no se movió ni un ápice, manteniéndose a la expectativa.
Súbitamente, la voz de Icestar resonó en la habitación a través de unos altavoces, distorsionada levemente por la estática.
— Colócate la insignia en el pecho.
Mewtwo no pudo contener una risa despectiva, tanto que la proyectó y todos los presentes seguramente la escucharon. ¿Acaso lo que sostenía era la armadura? Como si ella estuviera en la habitación, sintió que la mirada asesina de Icestar le taladraba la nuca, así que resolvió que lo mejor era obedecer para poder largarse a la brevedad posible.
Acercó la insignia a donde le indicaron, aferrándose ésta con fuerza apenas tuvo al alcance su piel, como si fuera una sanguijuela. No le dolió, pero ante la inesperada reacción del objeto pegó un respingo, le disgustaba que otros notaran cuando algo lo sorprendía.
— Me las ingenié para hacer retráctil la armadura, buscando que fuera fácil de transportar y colocar —explicó Icestar de inmediato, ahorrándole las preguntas—. Es más práctico de este modo, aunque si prefieres colocártela de la manera tradicional puedo revertirlo. Igualmente, puedes retirarla pieza por pieza así como está.
— ¿Qué tengo que hacer para activarla? —preguntó rápidamente, reacio a creer lo que acababa de escuchar. ¡Era absurdo!
— Bueno, eres psíquico, ¿no? Tu poder proviene de tu mente y psiquis, así que dedúcelo tú mismo.
Aunque Mewtwo comprendía a qué se refería Icestar, eso no evitó que torciera los ojos y le reprochara en su fuero interno, deseando estar en su habitación y no en ese lugar.
Haciendo caso a la ambigua instrucción de Icestar, Mewtwo cerró los ojos y se dispuso a meditar, de modo que su mente se despejara y le permitiera proyectar la idea de portar la armadura. Casi de inmediato, escuchó un clic proveniente de su pecho y un frío inusual invadió todo su cuerpo. Abrió los ojos de sopetón, algo alarmado ante esto, descubriendo con gran sorpresa que estaba envuelto en materia negra.
A pesar de que su instinto le pedía a gritos que se arrancara la insignia del pecho, la razón le suplicó paciencia y serenidad, todo mientras sus ojos contemplaban con asombro la sofisticada malla protectora que se adaptaba a él y lo cubría casi por completo. Cuando apenas lo asimilaba, de la insignia emanó una luz azul —exactamente del mismo de su aura psíquica— y contempló boquiabierto cómo las piezas de la armadura aparecían ante sus ojos.
Como si estuviese siendo fabricada en ese preciso momento, pudo apreciar cómo cada parte se adhería a su cuerpo capa por capa, placa por placa y remache por remache. Las grebas, los guanteletes, la coraza, ¡todo! Su cuerpo quedó rápidamente protegido bajo la armadura de litio, faltando sólo el casco, el cual no tardo en materializarse y cubrir su rostro en un parpadeo.
Estaba totalmente petrificado a causa de la impresión. Un pokémon de dos metros de altura quedó envuelto en una armadura de tecnología de punta en cuestión de segundos, todo empacado en una medalla que cabía en la palma de la mano...
Escuchó su respiración acelerada mientras pensaba en que nada podría hacerle daño fácilmente llevándola puesta, no sabía por qué tenía tal certeza, pero era lo único que daba vueltas en su cabeza. Mientras más y más pensaba en ello, su pulso se aceleraba, en especial cuando percibió una sensación muy particular que sólo los de su clase entenderían. Sentía que su psiquis estaba mucho más equilibrada que nunca, él presumía tener un mayor control sobre ella que muchos otros, pero jamás había alcanzado tal estado aún en trance. Tal era la diferencia, que si su psiquis pudiera materializarse, seguramente estaría ejecutando una vigorosa rutina de ballet a la perfección.
A pesar de aquella repentina inyección de emociones y lo increíblemente ligera que resultaba la armadura, llevarla puesta le era tortuoso, principalmente por los malos recuerdos que le traía... los antiguos y los nuevos por igual. El sólo pensar en lo débil que fue al dejarse manipular por las tretas de Loki lo enojaba, lo avergonzaba, aunque lo deprimía más que nada y le provocaba un dolor en el pecho que aún no hallaba palabras para explicar.
Estando solo, sus acciones únicamente repercutían sobre él, se acostumbró tanto a la soledad que no le importaba si con el movimiento de su brazo derribaba una montaña. Sin embargo, en aquella ocasión permitió que lo doblegaran con absurda facilidad, permitiendo que le colocaran aquel yelmo maldito y su voluntad quedara totalmente adormecida. Subestimó el poder de Eve en aquel momento, creyó que había sucumbido al veneno, lo más irónico es que él terminó por hacerle mayor daño al no tener más fé en ella. Él resultó más peligroso y nocivo que la estaca en el corazón o el gas venenoso que emanó del litio cuando ella, desesperadamente, trataba de liberarlo.
Sin embargo, aún con recuerdos tan horrendos socavando su mente y corazón, ese traste le producía un familiar cosquilleo que invadía su cuerpo y lo excitaba. A pesar de tanto dolor y reticencia ante aquel torrente de recuerdos y pensamientos, sabía de qué se trataba e ignorarlo sería como negarse a sí mismo: era su poder. En muy contadas ocasiones se vio en situaciones que le permitieran sentirlo con tanta intensidad, aunque cuando era neófito siempre estaba presente e incluso se desbordaba, también se manifestaba cuando estaba por tener una batalla importante o su vida corría peligro.
Cuando la adrenalina se disparaba era difícil controlarse, ardía en deseos de entrar en batalla para darle rienda suelta a aquello que tanto anhelaba por liberarse. Estaba seguro que ningún otro psíquico en la historia podía darse tal privilegio, el dejarse llevar por tal cosa solía ser la perdición, no todos eran capaces de soportar tantas sensaciones.
La única explicación que hallaba a todo eso era que él había sido creado con el único propósito de pelear. Desde la concepción, estuvo destinado a convertirse en el pokémon más poderoso de todos, el arma de destrucción perfecta para un hombre ambicioso y sin escrúpulos. Él era la clave que permitiría a sus creadores conquistar el mundo.
— ¿Acaso es...? —la balbuceante voz de Blaze interrumpió el hilo de sus pensamientos, salvándolo del remolino de fuertes emociones en el que estaba atrapado y trayéndolo de vuelta a la realidad. Especialmente llamaba la atención de Mewtwo su tono de voz, no sólo captaba incredulidad, también desprecio y enojo—. ¡¿Por qué está usando esa mierda?! ¡¿Cómo se te ocurre?! ¡Casi matas a Eve con esa bazofia!
— Por lo que puedo ver en la pantalla, ya no estás tan receloso, incluso me atrevo a asegurar que te agrada llevarla puesta —señaló Icestar maliciosamente. Algo en su manera de pronunciar las palabras le hacía sospechar que estaba sonriendo nuevamente de forma aterradora, porque Blaze no volvió a decir nada más—. Este yelmo también cuenta con un dispositivo especial, pero no para controlar tu psiquis como el modelo de Loki, éste está programado para ayudarte a adaptarla a tu gusto y maximizar su rendimiento. Como aún no estás acostumbrado a esta herramienta, puede que te excedas y causes algunos destrozos. Pero no te vayas a contener por eso, por favor, haz que tantas molestias valgan la pena. De hecho, fui considerada y te preparé algo muy especial, todo para asegurarme de que pudieras hacer lo que quisieras sin reprimirte.
Las luces se encendieron de pronto, deslumbrándolo aún cuando sus ojos estaban escudados tras la lámina traslúcida y oscura del yelmo, aunque eso no evitó que notara la manada de Mightyena enjaulados al fondo de la habitación. Apenas lo vieron, se abalanzaron hacia los barrotes, ladrando y lanzando dentadas al aire, fuera de control ante el olor de la carne fresca
Sin previo aviso, los barrotes desaparecieron y los Mightyena se lanzaron hacia Mewtwo sin chistar. Mewtwo estaba alarmado ante el repentino ataque, tanto que lo único en lo que pensó fue en mantenerlos al margen mientras ejecutaba un ademán con la mano, creando así una onda de energía psíquica.
Los canes se despegaron del suelo con gran facilidad, como hojas arrancadas de las ramas por un fuerte ventarrón, cruzando de lado a lado la habitación y estrellándose fuertemente contra la pared de su celda. Tal había sido la brutalidad del golpe, que incluso se formaron algunas grietas.
El aullido de dolor de los Mightyena, junto con un desagradable crujido que dejó bastante claro que varios huesos terminaron rotos, no sacaron a Mewtwo de su gran perplejidad. Se contemplaba las manos con estupefacción, haciendo oídos sordos a los lamentos y rugidos de los canes, intentando procesar lo que acababa de suceder.
Los pokémon siniestro, se decía, eran engendros gestados en la oscuridad, por lo que solían emitir un aura corrupta y ominosa, la cual no sólo era la fuente de su poder sino que les concedía inmunidad ante el poder mental de los psíquicos. Mewtwo no era la excepción, su batalla con el mayor de los Lethilian era el mejor ejemplo de que, aún con su vasto poder, tenía problemas ante los hijos de las sombras. Aunque él se las había ingeniado a través de los años para poder lidiar con tales oponentes, jamás resultaba tan sencillo repelerlos como acababa de suceder.
Las risillas frenéticas de Icestar fueron lo único capaz de sacarlo de su asombro.
— Es magnífica, ¿verdad? —dijo al darse un momento para recuperar el aliento, pero su tono de voz le daba una clara imagen del gesto que debía tener en su rostro y le produjo escalofríos—. Si pudieras ver lo que yo estoy viendo en la pantalla... ¡pareciera que fuera a explotar! Deberías intentar hacer lo mismo con esos Mightyena. ¡Hazlos estallar!
Mewtwo no quiso comprender la escalofriante sugerencia de Icestar hasta que vio a los canes ponerse de pie y abalanzarse de nuevo hacia él. Mewtwo, bastante exaltado, repitió el mismo movimiento para repelerlos, sintiendo náuseas cuando el sonido de los huesos rompiéndose se escuchó con mayor claridad; su psiquis transmitía mayor energía que de costumbre y se le estaba pasando la mano.
Estaba por decirle a Icestar que detuviera la prueba, no se hallaba entre sus planes dejar malheridos a otros pokémon —probablemente dopados—, pero quedó mudo de horror cuando los Mightyena se recuperaron y lucharon por ponerse de pie, aún rugiendo con furia y soltando baba entremezclada con sangre por todas partes... ¡incluso uno tenía la mandíbula desencajada y a otro se le asomaba el hueso en una pata rota! ¿Cómo es que seguían conscientes? ¿Por qué seguir luchando en esas condiciones? ¡Luego de recibir esas cargas de energía psíquica deberían estar inconscientes!
— Seguirán levantándose hasta que los mates —la voz llena de obstinación de Tymime fue la que se proyectó por los altavoces esa vez—. Estos son Malsumis, de baja categoría pero Malsumis al fin y al cabo, exactamente iguales a los que nos atacaron en Isla Ávida. Al ser marcados con el símbolo de Drakar, el alma de estos pokémon fue corrompida, ahora no son más que cuerpos vacíos con actividad cerebral limitada para cumplir tareas sencillas. En el caso de estos Mightyena, sus funciones se reducen a explorar y matar cualquier cosa que se les interponga; dígase: tú.
Como si la lengua del arlequín tuviese el poder mágico de hacer realidad lo que dijera, los Mightyena volvieron a lanzarse hacia Mewtwo, abriendo sus fauces y mostrando su afilada dentadura de grandes colmillos. Aunque las palabras de Tymime aún retumbaban en sus oídos, lo único que hizo fue repelerlos una vez más, todavía demasiado impresionado para considerar destruirlos.
Casi de inmediato, la puerta de entrada se abrió, permitiéndole el paso a Tymime. El arlequín lo miró con reprobación antes de que se dedicara a inspeccionar a los Mightyena, quienes comenzaban a reincorporarse de nuevo.
— ¿Lo que dije no fue lo suficientemente claro o eres marica? —espetó Tymime con desdén, mientras su esfera se materializaba entre sus dedos.
Los delgados hilos de acero comenzaron a surgir de la esfera, desplegándose en el aire y deslizándose rápidamente hacia los Mightyena. En poco tiempo estaban atrapados en la tenebrosa red del arlequín, luchando desesperadamente por liberarse, enredándose más y más a causa de su frenesí.
Mewtwo pensó en que deseaba quitarse el yelmo y así sucedió, desapareció como si nunca lo hubiese traído puesto, pero estaba tan concentrado en observar los hilos que no reparó en ello. Tymime permanecía quieto, siguiendo las ondas que sus hilos hacían con cierto aburrimiento, hasta que volvió a posar sus ojos sobre el clon.
— Esto va más allá de cualquier concepción moral que tengas —dijo Tymime repentinamente, sin pizca de reproche o sarcasmo—. El campo de batalla estará plagado de estas cosas, nos superan en número y ninguno mostrará compasión, así que debemos actuar de la misma manera. No logro comprender por qué pones tantos reparos, no se trata de algo que no hayas hecho antes.
— No tengo por qué darte explicaciones —espetó Mewtwo, frunciendo levemente el ceño. Era imposible que alguien como Tymime, que era de aquellos que consideraban que el fin justificaba los medios, pudiera entender lo que era el arrepentimiento o la redención.
— Tampoco las quiero, pero en esta batalla están en juego muchas cosas y, ya que llegaste hasta aquí y no dejaste de joder, espero que no cometas errores que nos cuesten caro —siseó el arlequín con crueldad—. En pocas palabras... Mátalos a ellos antes de que te maten a ti. Si eso no es suficiente incentivo, piensa en mí hermana y mátalos para que no se den un festín con su carne. Tienes dos semanas para meterte eso en la cabeza.
Tymime hizo un rápido movimiento con los dedos, haciendo que los hilos se sacudieran desenfrenadamente de un modo que Mewtwo jamás había visto antes. Luego de eso, lo último que recordaba de aquellos Mightyena era un chillido de dolor y un cúmulo de carne, huesos y sangre regados por el suelo.
Sin inmutarse o impresionarse por ello, Mewtwo dio la vuelta y se dirigió directo a la salida, la armadura iba replegándose a cada paso que daba, quedando sólo la insignia en su pecho. Se arrancó el emblema, sin poner atención al ardor que le dejó en la piel, lanzándola con desprecio y continuando su camino hacia las escaleras sin mirar atrás.
Icestar la atajó en el aire con un Psíquico, siguiendo a Mewtwo con la mirada con cierto reproche, pues aún en su poca lucidez no podía pasar por alto semejante comportamiento.
— Aún no hemos terminado —dijo Icestar tranquilamente, aunque se podía vislumbrar la vena de su sien palpitando con enojo—. Necesito que regreses en un par de días para hacer la prueba luego de las modificaciones. A partir de entonces, deberás...
— Estás equivocada si piensas que volveré a usarla por simple gusto —espetó Mewtwo fríamente, deteniéndose y mirándola por encima de su hombro—. No me la colocaré de nuevo hasta el día de la batalla, así que tendrás que conformarte con tus notas y los datos que obtuviste hoy —Icestar estuvo a punto de replicarle, pero él no se lo permitió—. De todos modos, Icestar, tú jamás fallas.
Y sin darle ninguna oportunidad para que le dedicara ningún comentario elocuente, Mewtwo siguió adelante y desapareció rápidamente por las escaleras, dejando a Icestar con las palabras en la boca y a Shock desternillándose de la risa.
— Hay que darle mérito por usar tus propias palabras en contra tuya —dijo Tymime con tono burlón, pero la crueldad en su voz se podía percibir con facilidad—. Esperemos que esto sea una buena lección para ti, hermana. No vale la pena planear cosas a mis espaldas cuando el conejillo de indias siquiera tiene potencial.
— Necesito más Malsumis —dijo Icestar indiferentemente, pero Tymime sabía que en lo profundo estaba furiosa—. Acabaste con todos mis sujetos de prueba, ahora no tengo nada para probar los efectos de la barrera.
— Descuida, te traigo varios luego, no dejan de aparecer —contestó el arlequín despreocupadamente, caminando también hacia las escaleras y deteniéndose justo cuando iba a poner el pie en el primer escalón—. Icestar tiene mucho trabajo que hacer, Blaze. No creo que quieras ser un estorbo para ella.
El aludido pegó un respingo, había permanecido en silencio durante toda la prueba, incluso pasaron de él en todo ese rato. Sin dudarlo, concordó con el arlequín y pronto estuvo también subiendo las escaleras, despidiéndose con cierto nerviosismo y diciéndole a Icestar que luego regresaría para hacer las pruebas.
En cuanto desaparecieron, Icestar tomó su trozo de carne seca y volvió a concentrarse en su trabajo. Shock aún tenía la mirada fija en las escaleras, con el ceño levemente fruncido, dándole vueltas a algo que le intrigaba.
— ¿Qué asuntos tiene Tymime con ese Scizor? —preguntó, alzando una ceja cuando su hermana devoró tres tiras de carne en una zampada—. Lo último que recuerdo es que ese tipo era un estorbo para él.
— Nada importante, eso es seguro —contestó Icestar, sin molestarse en notar la mirada de inconformidad que le dedicó su hermano—. Las lecciones aprendidas de manos de Tymime no necesitan ser revisadas, porque siempre se asegura de dejarlas marcadas en el alma, así llena de miedo al corazón y nubla la mente.
Shock quedó totalmente consternado ante las palabras de su hermana, no entendía ni una pizca lo que acaba de escuchar y pensó que Icestar estaba delirando, atribuyéndoselo al exceso de trabajo. Icestar sabía lo que su respuesta provocaba en su hermano, lo había hecho a propósito para que no entendiera el significado oculto en sus palabras.
Icestar se llevó a la boca más tiras de carne seca, ignorando a Shock y repitiéndose sin cesar: "Yo no cometo errores, Tymime sí".
Cerca del mediodía, Eve tomaba un poco de agua de un manantial de la montaña, saciando su sed y refrescándose con el frío líquido que se deslizaba en su interior, el cual parecía emanar desde las entrañas mismas de la tierra. Beber de aquella fuente resultaba curiosamente nostálgico, puesto que ya había descansado antes en ese lugar hace mucho, mucho tiempo, cuando Tymime la llevaba para entrenar o pasaban por ahí luego de alguna de sus inspecciones rutinarias.
Por supuesto, no todo era exactamente igual a como lo recordaba, había cambiado mucho desde la última vez y apenas le resultaba familiar. El tiempo que pasó dormida no transcurrió en vano, aunque tenía la fortuna de cerrar los ojos y verlo todo como era antaño. Aquella danza que tenían el presente y el pasado ante sus ojos dejaría a cualquiera sin aliento, pero a ella no; sí, le afectaba no encontrar las cosas como las había dejado, tantos cambios la abrumaban, pero saber que estaba en su hogar espantaba cualquier inquietud en su corazón.
No se dejó azorar por el pasado, la longevidad de su especie la había fortalecido para ser testigo de grandes cambios, lo único que debía importarle era el presente y, si acaso, el futuro. Si pensaba demasiado en ello, se daba cuenta de que el tiempo nunca transcurría igual, siendo que aquel año le pareció una eternidad y aquellas últimas semanas un suspiro, eso sólo la asustaba...
— ¿Señorita?
El llamado de Feardocha la trajo de vuelta a la realidad. Eve suspiró para liberar un poco la tensión en su cuerpo, irguiéndose y girando hacia el inmenso Tyranitar. Sintió algo de vergüenza cuando sus ojos se encontraron, pues el colosal monstruo de piedra había ganado su respeto y confianza tan rápido que aún la sorprendía. No se lo reprochaba en absoluto, pero el sólo pensar en el esfuerzo que otros tuvieron que hacer para conseguir su simpatía la hacía sentir culpable y como una total porquería.
— ¿Se encuentra bien, señorita? ¿Dije algo que la incomodara? —preguntó Feardocha, claramente preocupado. Siempre era muy amable con ella.
— Sí, descuida, sólo tenía mucha sed —contestó Eve, dibujando una pequeña sonrisa, buscando ocultar lo mucho que le afectaba darle demasiadas vueltas a las cosas—. Estoy lista para regresar. Apenas y hemos entrado en calor, se supone que deba hacer al menos un par de rondas más con mis hermanos... y con cualquiera que quiera también.
Ese día, Tymime la envió al lugar donde pernoctaban la mayoría de los pokémon que acudieron al Llamado, en el peculiar valle que estaba en lo alto de las montañas que rodeaban el Bosque Blanco. Su hermano mencionó algo de "ampliar sus horizontes", pero ella sabía que lo que él quería es que los reclutas la vieran entrenar para inyectar vigor y esparcir esperanza.
Aquello sonaba muy bien en su cabeza, pero tener tantos ojos posados sobre ella, atentos hasta del más mínimo movimiento que ejecutaba, la ponía muy nerviosa. Puso mucho más cuidado de lo usual para no cometer errores o de lucir torpe frente a ellos, no sería nada bueno si creían que no era capaz de enfrentarse a Drakar, así que el esfuerzo le produjo jaqueca.
Afortunadamente, las cosas se hacían más llevaderas gracias a que ella no fue a la única a quien asignaron semejante tarea, varios de sus hermanos la acompañaban y cumplían con su entrenamiento ahí. Skyfler y Dinya eran los que más llamaban la atención cuando les tocaba combatir, pues sus ataques y combinaciones eran mucho más vistosos que los de ella, así que pronto era eclipsada por la explosión de colores en las alas de su hermana o el brillo mágico que emanaba de las plumas de su hermano. ¡Vaya alivio!
— Señorita Eve, debo decirle... —dijo Feardocha suavemente, despertando la curiosidad de la Lethilian—. Hay alguien buscándola.
— ¿Eh? ¿A mí? —soltó Eve de inmediato, bastante extrañada. ¿Quién la buscaría? Tymime no era, Feardocha se lo diría sin tanto secretismo.
El Tyranitar no dijo más nada, aprovechando la curiosidad que sembró en Eve para asegurarse de llevarla hasta el lugar en el que aguardaban por ella. La condujo a través de los pastizales hasta los cimientos de roca del que fue alguna vez un muro, rodeándolo hasta que pudo ver a quien reposaba a los pies de los escombros: Blaze.
El Scizor jugaba con un guijarro usando telekinesis, claramente aburrido, pero en cuanto la vio llegar dejó de lado lo que hacía, dibujando una radiante sonrisa en su rostro.
Eve sintió unas inmensas ganas de castigar a Feardocha, paralizada por la impresión mientras Blaze se les acercaba alegremente. Eve jamás pensó que Blaze llegara a presentarse en aquel lugar, subestimó la perseverancia del Scizor, se sentía tan enojada que no dejaba de culpar a Feardocha y su inmadurez por negarse a avisar de quién se trataba. Lo estaba evitando adrede desde el momento en que se puso de rodillas ante ella, no quería hablar con él y ahora estaba tan molesta que no encontraba el modo de escapar.
— Los dejaré solos, tengo algunas cosas por atender antes de que caiga el Sol —dijo Feardocha tranquilamente, dedicándole a Eve una reverencia e iniciando su marcha hacia un grupo de pokémon que lo llamaban.
Eve, sin podérselo creer, trató de buscar una forma de que el Tyranitar se quedara, pero todas las excusas eran absurdas y sus intenciones serían descubiertas si las utilizaba. Suspiró con resignación cuando se dio por vencida. Sabía de qué hablarían estando solos, por eso lo evadía; era cobarde de su parte y hasta inmaduro, pero ella sólo quería evitar lastimarlo a él y a ella misma.
— Al fin te encuentro, señorita escurridiza —dijo Blaze juguetonamente, luego de un prolongado e incómodo silencio—. Eres una presa difícil de cazar en muchos sentidos, preciosa.
Aquel comentario podía ser aplicado en tantas situaciones diferentes que, aún con lo nerviosa y molesta que se sentía, le resultó muy gracioso y se le escapó una risilla. Cuando pudo detenerse, le indicó con un gesto que la siguiera, afianzando más su resignación, pensando en que si tendrían la charla pasearían al menos.
Permanecieron en silencio mientras caminaban, abriéndose paso a través de la hierba, eludiendo los restos del muro. Eve mantenía la mirada fija al frente, eludiendo los ojos de Blaze, que al igual que muchos al verlos pasar, no se despegaban de ella.
Eve no podía sentirse más nerviosa, si no era suficientemente malo tener que dar la cara ante Blaze, ahora corría el riesgo de que se malinterpretara la situación y Tymime la castigara. La sola idea le produjo escalofríos, pues sabía muy bien que los hechos se distorsionaban con facilidad al pasar de boca en boca, por lo que no dijo nada hasta que se sintió más segura... aunque ya el mal estaba hecho de todos modos.
Llegaron a los restos de una torreta de vigilancia, de la cual sólo quedaba la fachada, recubierta de trepadoras y maleza. A Eve le intrigaría saber la historia tras todas aquellas estructuras, pero por ahora sólo le interesaba porque parecía el mejor lugar para disfrutar de cierta privacidad.
— ¿Qué haces aquí, Blaze? —le preguntó Eve amablemente, tanto que se sorprendió ella misma—. Te hacía ayudando a Zack o entrenando con Lenore... o cualquier otra cosa.
— ¿Por qué me preguntas cuando conoces la respuesta, preciosa? —señaló Blaze seriamente, asombrándola un poco. De repente, le cortó el paso antes de que pudiera tomar asiento, asustándola por un instante, pero la jocosa sonrisa del Scizor le indicó que aún no iba en serio, sólo estaba jugando—. Tenemos mucho de que hablar, cosas importantes, pero antes...
Blaze se detuvo y extendió una de sus tenazas hacia ella, sosteniendo con la otra una de sus manos y dejando caer algo pequeño en su palma. Al ver de qué se trataba, Eve descubrió una preciosa piedra violeta en forma de lágrima, que reflejaba la luz y creaba distintos tonos hermosos entre púrpura y magenta. Se le hizo extrañamente familiar y la sensación no desapareció hasta que supo de qué se trataba. Eve no encontraba qué decir, no podía aceptarla, hacerlo sólo le daría esperanzas, pero Blaze no le permitió devolvérsela cuando lo intentó.
— Es una espinela, como la que tienes ahí —dijo Blaze, señalándole la frente.
— ¿C-cómo supiste que lo era? —balbuceó Eve con un tono de voz más agudo de lo normal, cubriéndose la gema de su frente con la mano sólo para poder ocultar el rubor que se asomaba en sus mejillas.
— Aunque no lo parezca, Lenore es una loca obsesionada con las piedras preciosas y yo un excelente observador, así que le pregunté —dijo él entre risas, sosteniendo delicadamente sus manos para que dejara de escudarse tras ellas. Mientras Eve se sorprendía por el cuidado que ponía para no hacerle daño con el filo, él sentía cierta gratificación al notar lo rojas que estaban las mejillas de la Lethilian— ¿Alguna vez te han dicho que tienes unos ojos preciosos? —susurró con ternura, sin poder contenerse ni un segundo más.
Eve agachó la mirada para evadir los ojos carmesí que la miraban con tanta intensidad, pues lo hacían del mismo modo en que Zuen lo hacía. Se las ingenió para ahogar un sollozo, eso la afectaba más de lo que llegó a pensar, pero cuando quiso alejarse para poder recomponerse, él no se lo permitió.
— ¿Por qué me evades? —le reclamó él, dolido ante su silencio y por cómo sus ojos eludían a los suyos— ¿Dije algo malo? ¿Ó hice algo que te molestara?
— Me estuviste cazando por meses como si yo fuera un trofeo —contestó Eve de inmediato con voz aguda, como si de un acto reflejo se tratase.
— ¡No eras un trofeo! —bufó Blaze, profundamente ofendido, enderezándose del tiro— ¡Eras mi pago por lo servicios prestados!
— Detente un momento y piensa sobre lo que acabas de decir, ahora dime si eso mejora las cosas —dijo Eve, frunciendo ligeramente el ceño. Por la expresión en el rostro del Scizor, quedó claro que entendió que la estaba embarrando.
— Mira, aquí lo único que me interesa dejar bien en claro es que me gustas, Eve, y mucho —resopló Blaze con frustración y logrando que la aludida se sonrojara de nuevo—. Creo que puedo presumir de que siempre he sido directo al respecto desde el día que nos conocimos, lo que he hecho desde entonces no es cosa de broma, al menos para mí. Por eso, en verdad necesito saber lo que tú sientes por mí.
Blaze suspiró y frunció el ceño también, deteniéndose un momento para recuperar un poco la calma. Cuando volvió a mirarla, los rubíes que tenía como ojos le transmitieron una cantidad de sentimientos que las palabras jamás podrían. Las cuentas de cristal de Eve se nublaron por culpa de las lágrimas que se esforzó por contener, pues ella lo comprendía y eso sólo le hacía daño a su débil corazón.
— Te haré una sola pregunta, preciosa, y necesito que me contestes con total sinceridad —musitó él, arrodillándose ante ella, totalmente abatido—. No es la primera vez que alguien me atrae, pero te puedo asegurar que esto no lo he sentido por nadie más, eres la única que me ha reducido a esto. Cada vez que te veo, mi mundo da vueltas y sospecho que te sucede lo mismo, porque tú me miras de un modo que nunca me había visto nadie más.
— Blaze... —balbuceó Eve con voz ahogada, asustada ante la idea de que eso fuera cierto, pues no era su intención, y también porque el llanto que contenía le había hecho un nudo en la garganta.
— Espera, por favor, permíteme terminar antes de que digas cualquier cosa, porque quiero que lo pienses y me respondas sin estar agobiada por nada, musa mía —le suplicó Blaze, susurrándole con ternura y acariciando su mejilla con cuidado para evitar que las lágrimas corrieran por ellas, ignorando que tal delicadeza tenía una fuerza demoledora que zarandeaba todo su ser y la lastimaba—. Me gustas, no hago más que pensar en ti y enloquezco cuando estás cerca, tanto que me atrevo a decir que... te amo. ¿Sientes lo mismo por mi?
Quedó abrumada cuando le escuchó decir tal cosa. Aquellas palabras, tan cortas y simples, drenaron todas las fuerzas de su cuerpo e hicieron flaquear sus piernas, haciéndola caer de rodillas ante él. Eve no podía saber lo que transmitía con su mirada, sólo estaba consciente de las lágrimas que ya no podía contener y de lo conmocionado que estaba Blaze ante el modo en el que estaba reaccionando.
— ¿D-dije algo malo? —preguntó el con gran preocupación y tanta inocencia, que en otras circunstancias la habría hecho reír.
Pero ahora estaba siendo azotada por pensamientos que nublaban su razón, las lágrimas corrían sin vergüenza por sus mejillas sin que ella pudiera evitarlo, mientras aferraba con fuerzas el regalo de Blaze. Lloraba porque alguna vez deseó escuchar aquellas palabras, fueron su sueño hace mucho tiempo, lo único que le dio esperanzas de poder tener algo que no perteneciera al mundo que Gea y sus hermanos habían creado para ella. Ahora sólo le causaban el dolor más espantoso de todos, el mismo que destruyó los bellos sueños y dio paso a las pesadillas que la reducían a nada.
— Yo... —dijo Eve con apenas un hilillo de voz—. Te amo, Blaze... pero a la vez no...
Blaze se emocionó como nunca en su vida al principio, pero el posterior gesto de confusión que invadió su rostro hizo bastante notorio que Eve acababa de provocar un cortocircuito en su cerebro.
— No te entiendo —balbuceó Blaze, con los ojos abiertos de par en par, a la espectativa.
— Ni lo entenderás aunque te lo explique, Blaze —contestó Eve tajantemente, recuperando un poco la compostura y enjugándose las lágrimas—. Amo de ti algo que fue alguna vez, algo que no eres tú en realidad y que nunca podrás ser. Sería injusto que te amara por eso, Blaze, estarías luchando en vano por cumplir mis expectativas y no quiero hacerte pasar por eso aunque te dispongas a complacerme. Además, no estoy interesada en tener pareja...
Blaze parpadeó lleno de perplejidad por lo que acababa de escuchar, suspirando y buscando apoyarse en una roca cercana para poder procesar lo que acababa de suceder. Por su cabeza pasaban miles de palabras que no conseguía ordenar para formar oraciones coherentes, abrumado por las sensaciones que atrofiaban sus sentidos y la enigmática respuesta de su musa.
— Es por la cosa amorfa, ¿cierto? —fueron las únicas palabras que pudo pronunciar, aún en su estupor.
Eve no pudo más que darse un manotón en la frente ante tal resolución, queriendo creer que Blaze no lo decía en serio y que sólo estaba actuado así porque era tonto sin remedio. Eso no evitaba que se sintiera tan molesta, porque después de todo lo que le dijo, de lo mucho que le costó mucho admitirlo y todo el valor que tuvo que reunir para confesarlo, él tenía la desfachatez de malinterpretar las cosas.
Le provocaba molerlo a golpes, incluso la idea de derretirlo con un Lanzallamas cruzó por su cabeza, más decidió no ser tan impulsiva y cortar por lo sano. Ya no quería verse obligada a ahondar en el asunto.
— Te dije que no estoy interesada en tener pareja y eso lo incluye a él.
— Pero... ¿te gusta?
¡Grandísimo imbécil! ¡Era mejor idea reducirlo a cenizas y ahorrarse tales idioteces!
— ¿Por qué te interesa tanto saberlo? —gruñó Eve.
— Bueno... ya que me condenaste a la friendzone de una forma tan bonita, al menos me gustaría asegurarme de que quien te tenga te trate como lo mereces.
— ¡Ay, por todos los cielos! ¡No soy un objeto para que nadie me posea! ¡¿Podrías dejar de pensar en mí como si lo fuera por un momento, cabeza hueca?! —chilló Eve bastante ofuscada.
— ¡Oye, oye, no te vayas por la tangente!
— ¡No puedo creerlo! —exclamó Eve, llevándose las manos a la cabeza— ¡¿Cómo les hago entender a todos que no quiero a nadie conmigo?! ¡Desde un principio quería estar sola! No quería conocer a Dyfir, ni a Nathaniel, ni a Mewtwo... ¡y mucho menos a ti!
— ¡¿Por qué?! ¡Dame una razón! ¡Y más te vale que sea buena, porque estoy cansado de que me evadas y me des respuestas sin sentido! —insistió Blaze tercamente, dejándose llevar un poco y poniéndose también de malhumor.
— ¡Basta! —gritó Eve, ahora ocultando la cabeza entre sus brazos en un intento desesperado por no perder el control, pero no podía—. Por favor... detente... no me obligues a decirlo... no... no resistiría...
Inconcientemente, Eve se lanzó hacia Blaze y lo apresó entre sus brazos, hundiendo su rostro contra el frío acero de su pecho y llorando como nunca lo había hecho. No podía resistirlo más. Blaze pegó un respingo ante esto, nervioso por su cercanía y conmovido por su llanto, Eve lo sabía al escuchar el acelerado latir de su corazón, que era lo que ella buscaba.
Cuando Zuen estaba vivo, a ella sólo le bastaba acudir a él para recibir consuelo, era al único al que le permitía verla triste y hacerle mimos, además de Tymime, eso le devolvía los ánimos cuando ella pensaba que ya no podía más. Con su muerte, todo eso acabó, así que cuando tocaba fondo materializaba su esfera para poder abrazarlo justo como a Blaze en esos instantes; sin embargo era un arma de doble filo, pues la total ausencia la vida en el cuerpo de Zuen le recordaba que tenía que estar sola.
— No insistas más... —sollozó ella cuando recuperó un poco de aliento, aspirando grandes bocanadas de aire para tranquilizarse y poder permitirse disfrutar un ínfimo instante del abrazo, pues tenía que separarse antes de que ya no pudiera.
Blaze estaba tan impresionado por lo que acababa de suceder que no sabía cómo actuar, incluso había olvidado cómo moverse o pensar, sólo no quería que siguiera llorando. Era la primera vez que lo rechazaban y de un modo tan extraño, su carisma resultaba irresistible al igual que su peculiaridad, por lo que nunca recibía respuestas negativas. Sin embargo, eso era lo que menos le importaba, especialmente cuando el dolor que reflejaban los ojos de su amada era notorio y lo abatía por completo.
Darse por vencido no se discutía, jamás lo haría, él no era de los que se rendía, más cuando tenía la certeza de que una fuerza mayor la unía a ella. No podía explicarlo sin que sonara descabellado o cursi, pero era lo único de lo que estaba seguro en todo ese asunto.
Aún con su decisión de no desistir, la amaba tanto que le rompía el corazón verla así, por lo que resolvió que lo mejor era dejar las cosas como estaban. Lucharía por ella, sí, pero en tiempos mejores... cuando todo eso terminara al fin.
Blaze suspiró con resignación y enjugó las lágrimas de Eve con delicadeza y ternura... o al menos lo intentó, sus tenazas eran mucho más grandes que la cabeza de la Lethilian y su dura coraza metálica no era nada acogedora. Eve levantó su enrojecida mirada, incrédula ante el gesto, a lo que él sonrió cariñosamente y dijo:
— De acuerdo, preciosa, aceptaré el destino que has decidido para mí, aunque no te mentiré diciendo que estoy conforme. Estoy profundamente decepcionado, porque yo no quiero ser tu cazador o sólo un amigo —cuando Eve parecía estar a punto de replicarle, Blaze la sostuvo cuidadosamente del mentón e hizo que lo mirara fijamente a los ojos, exaltándola—. Tampoco quiero obligarte a nada, ya no más, mi mayor deseo es que yo sea el tuyo y ya quedó claro que no es el caso. Sin embargo, tengo una condición para poder tener un trato y dejar de molestarte tanto —añadió con una sonrisa llena de picardía, ante la cual la Lethilian no hallaba qué hacer—. Esto se sella con otro abrazo de esos.
Eve parpadeó varias veces, tomándose su tiempo para procesar lo que acababan de pedirle, hasta que echó a reír con ganas y se lanzó de nuevo hacia él. Blaze la recibió con mucho gusto, envolviéndola él también entre sus brazos para poder disfrutarlo al máximo, extasiado ante el sonido de su risa.
Él no estaba acostumbrado a recibir esa clase de amor y ella a demostrarlo, pero ese gesto unió sus corazones de una manera que Blaze no comprendía, mientras que Eve sentía que su alma sanaba un poco. Con eso no se podía arreglar el pasado o ayudar a creer que el futuro sería mejor, pero hacía del presente un lugar en que Eve quería estar.
Mientras Eve y Blaze se abrazaban, oculta tras otro montículo de rocas cercano a la torreta, Dinya los observaba atentamente. Sus ojos estaban más abiertos de la cuenta, pues Eve estaba tan envuelta en lo que sucedía que no controlaba su psiquis, por lo que Dinya era capaz de percibir el amor que su hermana sentía hacia Blaze.
Tanta era la fuerza de los sentimientos de Eve, que la sensación que invadía su cuerpo era inexplicable, tan poderosa y pura que le aguaba los ojos de la emoción... eso y su propio dolor al ver que el corazón de su amado le pertenecía por completo a su hermana.
No podía seguir contemplando la escena o deleitarse con el aluvión de sentimientos, aunque le resultaba esplendoro, sólo la entristecía y la hundía más en el pozo de su depresión; los matices grises y apagados que desfilaban en su cuerpo eran la más clara señal. Tenía que irse y ocupar su cabeza con otra cosa, no quería que esos colores la delataran y tuviera que contestar preguntas.
Pero en cuanto giró para alejarse, se tropezó cara a cara con Skyfler, quien tenía sus ojos clavados sobre ella sin expresión alguna. El encontrarlo la asustó en demasía, eso era lo que más quería evitar, pues creerían que estaba husmeando con intenciones nada buenas y que se repetiría lo sucedido días atrás. No los culpaba por desconfiar de ello, se lo había ganado a pulso, pero eso no la hacía sentir mejor.
Dinya temblaba, pensando en qué decir para defenderse, no quería que sus hermanos siguieran teniendo una imagen tan horrenda de ella. Estaba profundamente arrepentida y quería arreglar las cosas, pero no hallaba cómo hacerlo sin que pareciera una excusa.
Mientras su mente intentaba encontrar las palabras correctas para explicarse en vano, Skyfler miró por encima de su hombro, mostrando sorpresa al encontrarse con la escena entre Eve y Blaze. Lejos de parecer contento, como Dinya alguna vez creyó que lo estaría cuando descubrieran que Eve en verdad podía amar a alguien, una profunda tristeza invadió los ojos de su hermano. Skyfler suspiró, agachando la mirada y pasándose una mano por la cabeza, buscando apoyarse contra las piedras para poder mantenerse en pie.
Dinya mantuvo la distancia muy acongojada, preparándose para recibir una reprimenda de niveles colosales, pero el modo en el que Skyfler actuaba la desconcertaba. ¿Acaso estaba decepcionado por cacharla espiando o molesto? ¿Celoso de que alguien abrazara a su hermanita, quizás? ¡¿Qué le sucedía! ¡¿Por qué se veía tan afectado?! ¡¿Por qué estaba luchando por no llorar?! ¿Era su culpa...?
— Sky, te juro que no iba a hacer nada malo, ya me iba —se excusó Dinya con voz ronca, queriendo enmendar la situación desesperadamente—. Lo siento mucho, por favor, créeme...
— Dinya, no pidas disculpas por algo que no has hecho —dijo Skyfler con voz ahogada aunque con severidad, interrumpiéndola en seco. Cerró los ojos por un instante, respirando profundamente para tranquilizarse y añadir: — Hay algo que quiero contarte, Dinya. No debería, pero lo necesitas para comprender y perdonar, esto no puede seguir así. Se trata de un secreto que no me pertenece y es bastante delicado...
— Sky, n-no comprendo... —susurró Dinya con profunda preocupación, sentía las manos heladas y no podía contener sus temblores—. Sea lo que sea, lo mejor es que vayamos a otro lado, no quiero que nos vean así.
— Sólo prométeme que no repetirás lo que te diga —musitó Skyfler con voz queda, sorprendiendo a su hermana por lo decidido que estaba por no llorar. Respiró profundamente, enderezándose y lanzándole una severa mirada antes de añadir:—. Ni siquiera Flowar puede saberlo, Dinya. Tampoco Sfear...
— Lo prometo, Sky —dijo Dinya temblorosamente, también aguantando como podía las lágrimas—. Ven, vamos al manantial.
Poniendo mucho cuidado para que los otros dos no los vieran, Dinya y Skyfler avanzaron cautelosamente, perdiéndose en el denso follaje de la montaña.
Habíase recién ocultado el sol, dejando un hilo de oro surcando el horizonte y tiñendo las nubes con hermosos tonos naranja y púrpura, entremezclándose con el rosa intenso del cielo en una peculiar gamas de colores. En ese momento en que la bóveda celeste daba tal espectáculo, Mewtwo se despedía del resto de los clones luego de un arduo día de entrenamiento, quedándose a solas con Moonghost.
Caminaban de vuelta hacia la mansión para poder descansar, todo en un extraño silencio, auspiciado por un Moonghost inusualmente pensativo. Mewtwo no se molestaba en interrumpirlo, él era el causante después de todo, ya que había decidido contarle sobre Momo. Quizás Moonghost no era el más adecuado, en especial porque dudaba en recibir alguna opinión reveladora pero ya no podía soportar la ansiedad, más cuando se enteró de que Eve no estaría.
— ¿Te ayuda en algo si digo que concuerdo contigo en que es bastante perturbador? —preguntó Moonghost inocentemente, consiguiendo que Mewtwo se cuestionara si hablarle al respecto había sido lo correcto—. Es decir, no sólo me refiero a todo el simbolismo del que no tengo ni pizca de idea, también está el hecho de que manoseaste a la versión loca de mi hermana. ¿Seguro que es una premonición y no una extraña fantasía erótica?
— Moonghost, por favor, lo que te dije es en serio —gruñó Mewtwo, llevándose la mano al rostro para ocultar su vergüenza—. Esto no me sucede a menudo y ya es la segunda vez que sueño con Momo, sé distinguir cuando tengo una epifanía. Estoy demasiado preocupado para buscarle lo gracioso.
— Bueno, tú no eres de esos que le busca lo divertido a las cosas, si lo hicieras yo me quedaría sin trabajo —señaló Moonghost despreocupadamente, estirando los brazos y experimentando la placentera sensación de los músculos relajándose—. De acuerdo, no sé de éstas cosas tan místicas porque mi psiquis no sirve ni para fregar los platos, pero es obvio que lo obvio no tiene el significado obvio que creemos. No sé quién podría ayudarnos a desentrañar este misterio, no conozco a nadie que interprete sueños, aunque podríamos preguntarle a Rocknight; quizás haya aprendido algo ya que se la pasa dormido todo el tiempo...
— No, Moonghost, no puedes hablar de esto con nadie más —dijo Mewtwo severamente, frunciendo el ceño—. Es algo que tengo que hablar con Eve primero y no quiero que esto se convierta en tema de conversación entre las Lopunny.
— Ahhh, son tan lindas y cariñosas —dijo Moonghost de sopetón muy embelesado, llevándose las manos a las mejillas y sonrojándose, pensando en sabe Gea qué cosa—. Pero... —balbuceó, recuperando la compostura de pronto, ignorando la mirada asesina que le lanzaba Mewtwo— ¿qué te hace pensar que Eve te podrá decir algo que te ayude a comprender lo que soñaste? La primera vez te dijo que sólo era un sueño y comparto su opinión, puede que sea sólo un mal sueño producto del estrés.
— Sólo prométeme que esto quedará entre nosotros dos y así nos olvidamos del tema —dijo Mewtwo de malagana, sintiendo algo de frustración ante la extrema despreocupación que mostraba el fantasma con el asunto.
— Mewtwo, amigo, te lo digo en serio —respondió Moonghost con cierto pesar, llamando su atención al notar la forma tan extraña en que lo miraba—. Si se trata en verdad de alguna vista al futuro, tomar literalmente lo que soñaste no tiene sentido, en especial porque sé que a Eve no le sucederá nada parecido a lo que viste.
— ¿Por qué estás tan seguro? —preguntó Mewtwo de inmediato, algo mosqueado ante la insistencia del Lethilian por desacreditar el significado de todo por lo que Momo lo hizo pasar—. Para insistir tanto, debes saber algo que yo desconozco por completo, ¿verdad? ¿Qué es, Moonghost? Necesito...
— ¡Oh, mira, ahí viene Eve! —exclamó Moonghost muy contento, señalando con el dedo hacia el fondo del jardín trasero.
Mewtwo volteó a ver de inmediato, sintiéndose aliviado al verificar que al fin Eve regresaba de su jornada, emocionándose al verla y haciendo que su corazón latiera con furia. Al fin lograría hablar con ella sobre Momo y también acerca de la armadura, lo había decidido para evitar que le impresionara mucho cuando él la llevara puesta.
Pero su mente quedó en blanco cuando vio que Eve no estaba sola. Mewtwo estaba al tanto de que varios hermanos subieron a las montañas a entrenar, aunque sólo veía a Eve... acompañada de Blaze. Se suponía que el Scizor estaba en un entrenamiento especial para afinar sus inusuales cualidades psíquicas y mejorar en algo su resistencia al calor, lo cual debía hacer en la mansión, no botado en las montañas.
"¿Por qué me sorprende? Este tipo nunca ha perdido ninguna oportunidad, siempre busca salirse con la suya", pensó Mewtwo con amargura, sintiéndose inusualmente molesto al escuchar las estúpidas carcajadas de Blaze acompañadas por las risitas de Eve, recordando todo por lo que el Scizor se había quejado en la madrugada.
Mewtwo buscó tranquilizarse para que no se le viera tan ofuscado, pensando en que Moonghost lo ayudaría con alguno de sus extraños comentarios o que lo arrastraría a otro lado. Enorme fue su sorpresa cuando se percató de que el fantasma había desaparecido. Busco desesperadamente con la mirada, creyendo que Moonghost se había distraído con algo cercano, una tontería como cuando intento hacer un castillo de naipes con hojas de roble, pero no estaba por ningún lado.
"¡No es posible!", pensó hecho una furia, sorprendido por el modo en que Moonghost aprovecho su descuido para escabullirse y evitar tener que darle respuestas.
No podía hablar con Eve teniendo ese humor de los mil demonios, estaba tan frustrado por todo lo que estaba sucediendo que podría... Pero, justo cuando ya estaba dando media vuelta para retirarse, Eve notó su presencia; lo llamó, dibujando una gran sonrisa en su rostro y saliendo disparada hacia él. Antes de que Mewtwo entendiera lo que estaba sucediendo o le dijera que se verían más tarde, Eve ya lo tenía apresado entre sus brazos.

Mewtwo quedó de piedra, sintiendo cómo la dulce calidez de Eve lo invadía y aminoraba su enojo más rápido que un Ninjask al vuelo. Fue incapaz de reaccionar, aún cuando ella se separó y posó sus ojos sobre él, riendo ante la estupefacción que debía tener plasmada en el rostro antes de darle otro abrazo.
— Disculpa, no era mi intención incomodarte, Mewtwo —musitó Eve antes de soltarlo, ligeramente apenada por cómo estaba reaccionando su amigo—. Es que... me da mucho gusto verte.
Y sin darle siquiera oportunidad a Mewtwo de procesar lo que estaba sucediendo, Eve se escabulló y corrió rápidamente hacia las puertas de la mansión, desapareciendo en menos de un suspiro.
— Cualquiera pensaría que viste un fantasma —comentó Blaze burlonamente, caminando con lentitud hacia Mewtwo y divirtiéndose en grande con el gesto en su rostro.
— ¿Qué le hiciste? —preguntó Mewtwo anonadado, todavía muy impresionado por lo sucedido e incapaz de pensar en algo más.
— ¡Ya quisiera haber hecho algo! —exclamó Blaze arrugando el rostro, dejando en claro lo decepcionado que se sentía—. Lo tenía todo preparado para cuando llegara el momento. Gracias a esa Mew chismosa, supe que Eve subiría a la montaña para entrenar y que Tymime permanecería en la mansión atendiendo otros asuntos... ¡era la oportunidad perfecta! Le di un obsequio especial para encantarla, le dije cosas bonitas para halagarla, le expresé lo importante que era para mí. Lo hice todo para asegurarme de que, cuando escuchara nuevamente mi declaración, aceptara ser mi pareja...—suspiró, ignorando la fría mirada de Mewtwo y lo incómodo que se sentía al ser una vez más su confidente—. Pero ahora... ella y yo... sólo somos amigos.
— ¡Qué interesante! Bien por ti —dijo Mewtwo lacónicamente, caminando hacia la mansión, pensando en lo que le urgía por hacer.
— Oye, dejando a un lado las bromas, cosa amorfa... —dijo Blaze con un suspiro, siguiendo a Mewtwo y mosqueándolo todavía más—. A pesar de que eres estirado, excesivamente serio y aburrido, debo admitir que podrías cuidar bien de Eve —añadió despreocupadamente, encogiéndose de hombros—. Aún creo que le gustas y, aunque no me gusta la idea, quizás podrías llegar a ser su pareja. No tomes esto como una rendición, porque permíteme decir que...
Blaze fue enmudecido por la mano en llamas de Mewtwo, que se detuvo a pocos centímetros de su cuello, apabullado por la ira que emanaba de los ojos violetas del clon.
— No me interesa, tampoco sé que hice para que te sientas tan confianzudo conmigo, pero no voy a tolerar que andes detrás de mí, quitándome tiempo con estas tonterías —siseó Mewtwo con crueldad, dejando atónito al cazador—. Me molesta que pienses en Eve como algo trivial, pero más me enfurece que trates de arrastrarnos y envolvernos en tales sinsentidos, como han intentado hacer muchos. Hago un esfuerzo para soportar a los hermanos de Eve cuando se dedican a darle lata al tema, sólo porque son sus hermanos; en cambio tú, no eres nada para mí, así que más te vale dejarme en paz o te destruyo.
El fuego se apagó súbitamente y Mewtwo le dio la espalda, continuando su camino con paso firme, como si nada hubiera sucedido. Blaze estaba totalmente consternado, viendo con los ojos muy abiertos cómo se iba alejando, tratando de comprender lo que acababa de suceder.
Mewtwo no estaba arrepentido por su comportamiento, aunque sí abrumado por todo lo que estaba experimentado y que lo envolvía en un huracán emocional que lo asfixiaba. Y lo peor es que todo parecía girar en torno a Eve.
El pokémon más poderoso del mundo a ojos del hombre, era arrastrado a tales situaciones por una criatura pequeña, de largas orejas y tan mal carácter como el suyo. Puede que ni fuera su culpa, sino de aquellos que llegaron a sembrar dudas en su cabeza, alimentando su ya saturada mente con banalidades que jamás se interesó por entender. Sin embargo, todos los que lo rodeaban consiguieron que le diera la misma importancia que ellos le ponían al asunto y ahora él estaba totalmente confundido, al punto de considerar largarse.
Pero no podía, con sólo pensarlo sentía un terrible vacío en el pecho, sólo encontraba alivio a tal cosa cuando ella estaba cerca. Sería egoísta si la dejaba, estaba al tanto de lo mucho que la afectaría su ausencia, aunque en un principio él no debería estar ahí.
Quizás por eso, Eve era tan importante para él ahora, su caminos nunca debieron cruzarse, sus razones para existir eran completamente diferentes y ahí estaban, entrelazándose y dejando desastre a su paso mientras lo hacían. ¿Por esto es que las cosas resultaban tan complejas y caóticas entre ellos?
Recién había atravesado las puertas cuando no pudo contenerse más y le dio un fuerte puñetazo a la pared, respirando entrecortadamente y cerrando con fuerza los ojos. Sentía su mano palpitando de dolor mientras intentaba comprender por qué se dejaba atormentar con dudas absurdas, o por qué estaba pasando por todo eso si no era propio de él, en especial cuando había cosas más serias por las cuales preocuparse.
Se sentía como estar en la pesadilla de nuevo, furioso consigo mismo al verse tan débil y asustadizo, dejándose impresionar fácilmente por Momo, sintiendo lástima por ella ante la primera muestra de flaqueza. Le sorprendía verse tan cambiado... ¿debía odiarla por ello?
Sintió cómo se le helaba la sangre, horrorizado por lo que acababa de pensar, porque qué culpa tenía ella...
"Ella tiene toda la culpa", le dijo una pérfida voz en su cabeza."No estarías así si la hubieras ignorado o si te hubieras largado como ella quiso en un principio".
No podía estar más consternado al caer en cuenta de lo que escuchaba. Era terrible echarle toda la culpa a Eve, en especial porque él pudo negarse a la invitación de Moonghost de acompañarlos, pero la aceptó pues así lo quería. Era momento de calmarse y esa era la señal de alerta que necesitaba.
Respiró profundamente, acariciándose la mano adolorida mientras recuperaba la serenidad, reanudando la marcha sólo cuando consideró estar más calmado. Estaba exhausto y a eso le atribuía lo que acababa de suceder, más el día no acabaría hasta que pudiera hablar con Eve sobre Momo.
Pensó que Eve tendría hambre luego de todo un día de entrenamiento, la cocina era el mejor lugar por el cual pasar primero, en especial porque a él también le vendría de maravillas algo en el estómago. Se dirigió a su destino sin chistar, deslizándose por los pasillos y agradeciendo que estuvieran vacíos.
Llegó pronto y sonrió con gran satisfacción al encontrar a Eve sentada frente a la mesa, devorando un plato repleto de guiso de carne y vegetales con arroz con tanta avidez que le causó gracia. ¿Cómo pudo siquiera pensar en abandonarla si disfrutaba tanto de su compañía?
Flowar hablaba alegremente mientras su hermana comía, contándole con gran emoción sobre el pequeño invernadero que Yami ordenó limpiar y acondicionar para que ella pudiera usarlo, además del montón de plantas y utensilios que le obsequiaron para que preparara sus menjurjes.
Eve escuchaba atentamente hasta que notó la llegada de Mewtwo, sonriendo y haciéndole señas para que se sentara a su lado. Mewtwo no dudó en obedecer, sintiendo un profundo agradecimiento cuando Flowar le puso un plato de guiso y lo saludaba con voz cantarina.
— ¿Qué tal estuvo tu día? —le preguntó Eve distraídamente, sin borrar su sonrisa mientras daba otro bocado a su comida.
— Sólo te diré que espero olvidarlo para siempre —respondió Mewtwo, suspirando con pesar y limitando su telepatía, sintiéndose incapaz de aparentar que se encontraba bien.
Eve, por supuesto, quedó extrañada y dejó de lado su plato, mirándolo con gran preocupación.
— ¿Qué sucedió?
— Muchas cosas, Eve, aunque de todas sólo hay una que me preocupa. Desde anoche he querido hablar contigo, pero todo fue de mal en peor y se hizo imposible, no he podido estar tranquilo por culpa de ello —dijo Mewtwo, arrastrando las palabras y temblando de emoción, al fin podía desahogarse y salir de dudas—. Antes de que te cuente todo, necesito que me prometas que podré recibir respuestas de tu parte, más que un simple "no es nada". En verdad, no tienes idea de lo indispuesto que he estado a causa de esto...
— Mewtwo, me estás asustando —dijo Eve en voz baja luego de tragar saliva, lanzando una mirada nerviosa hacia Flowar, que seguía ocupada mencionando todas las esencias que podría fabricar de ahora en adelante—. ¿Es tan malo?
— Es preocupante, pero depende de ti si es algo malo o no —se detuvo un momento para tomar aliento, preparándose para una larga conversación y haciéndose la idea de que tendría que presionarla para obtener respuestas—. Tuve de nuevo la misma pesadilla de la que te había hablado antes.
— ¿Cuál pesadilla? —balbuceó Eve abriendo los ojos de par en par, claramente espantada e incapaz de controlar sus manos, que comenzaron a temblar como gelatina—. ¿Esa en la que me falta medio rostro?
— Exactamente —respondió Mewtwo, asintiendo con la cabeza y acercándose para que no pudiera evadir su mirada—. Sé que me dijiste que no debía preocuparme por ti, pero esta vez me hablaste en la pesadilla... bueno, en realidad, ella habló...
— ¿Ella? —preguntó Eve con un hilillo de voz, claramente impactada.
— Sí, ella, o más bien tú... aunque ella dijo que no eras tú, sino alguien más —dijo Mewtwo, atropellando las palabras y apenas dándose tiempo para pensar en lo que diría. El sólo recordar a Momo entumecía su cuerpo y le provocaba escalofríos.
— Me estás confundiendo, Mewtwo —dijo Eve serenamente, pero su voz temblaba a causa del mal presentimiento que comenzó a rondar su cabeza—. Explícame con detalle qué soñas...
— ¿Eve?
La voz de Dinya los hizo respingar, interrumpiendo su conversación en seco y consiguiendo toda la atención de ambos. La Lethilian alada se encontraba de pie en la entrada, con las manos entrelazadas sobre su pecho y mirando a Eve de un modo bastante inusual.
Mientras Eve se preguntaba el motivo por el cual su hermana la veía tan extraño, creyendo que le reclamaría algo con respecto a Blaze, Mewtwo y Flowar cruzaron miradas nerviosas, pensando lo mismo que Eve pero añadiendo la posibilidad de una discusión que acabara mal. El clon y la flor creían que luego del altercado, Dinya habría aprendido la lección y no buscaría más problemas, no podían sentirse más decepcionados.
Sin embargo, se llevaron una inmensa sorpresa cuando Dinya se lanzó hacia Eve, apresándola en sus brazos con delicadeza y sin ninguna intención de atacarla. Nadie esperaba tal cosa, en especial Eve, quien se puso más tiesa que una tabla.
A Dinya le temblaban las piernas y pronto se vio con el rostro hundido en el pecho de Eve, con su cuerpo abatido por espasmos incontrolables y llorando a moco tendido, aferrándose firmemente a ella para no caer.
— ¡Perdóname, Eve! —suplicó con voz ahogada entre sollozos, destilando tanto dolor que incluso Eve, en su confusión, no pudo evitar que sus ojos se aguaran— ¡Por... favor... Eve... perdóname! ¡Fui un monstruo! ¡No... no debí...! ¡Yo no sabía que...! ¡Soy una egoísta! ¡Me merezco lo peor!
—¿D-de qué estas hablando? —tartamudeó Eve hecha un manojo de nervios, sin saber qué hacer mientras se esforzaba por evitar que la mariposa se derrumbara en el suelo— ¿Qué te sucede, Dinya? Me estás asustando... Calma, por favor...
Con esto sólo consiguió que el llanto de Dinya se intensificara, siendo superadas pronto por el peso de su cuerpo y dolor, cayendo ambas de rodillas al suelo, lo que Dinya aprovechó para acercar aún más a Eve hacia ella. Parecían madre e hija, con la primera consolando a la segunda luego de que pasaran por un susto espantoso, donde lo único que protegería a la pequeña es el incondicional amor de su progenitora.
Flowar no hallaba qué hacer ante la situación, como no entendía lo que estaba pasando, no sabía qué decir o cómo actuar para mejorar las cosas. Tampoco es que pudiera hacer la gran diferencia, ella estaba tan afectada como las implicadas, su cuerpo temblaba y de sus ojos brotaban las lágrimas desde el momento en el que Dinya envolvió a Eve.
Mewtwo no se dejaba llevar tan fácilmente por la situación, su propia naturaleza atrofiaba su capacidad de ser empático, lo único que era capaz de hacer era intentar analizar la situación para hallar el motivo por el cual Dinya actuaba con tanto arrepentimiento. Curiosamente, la respuesta llegó con mayor facilidad de lo que jamás hubiera pensado.
Sintió una nueva presencia en la cocina, por lo que sus ojos se dirigieron rápidamente a la entrada. Skyfler estaba ahí, apoyado contra el marco y viendo lo que sucedía con profunda tristeza, su rostro mostraba un inmenso cansancio y lo hacía lucir mucho más viejo, tanto que incluso se desvanecía el brillo que solía surgir de sus plumas.
Mientras Eve aún estaba distraída, intentando en vano calmar a Dinya, los ojos de Skyfler se encontraron con los de Mewtwo. Las orejas del Lethilian decayeron cuando éste suspiró, agachando la cabeza y evitando su mirada, sólo para poder ocultar algo de su propia agonía.
Mewtwo no era un experto descifrando emociones, incluso le causaban cierta frustración al no poder entenderlas del todo, pero en esa ocasión no lo necesitaba. Era más que suficiente con lo poco que disponía: Eve y Blaze llegando juntos; Dinya que también entrenaba en las montañas, llorando sin motivo aparente, de rodillas ante la hermana que casi la deja sin alas; y Skyfler completamente destrozado...
Mewtwo miró con cierto recelo a Dinya, dudando en la honestidad de su llanto, también resintiendo un poco que los interrumpiera cuando estaba por contarle a Eve acerca de Momo. Pero suspiró, tratando de apaciguar su enojo, sintiendo una extraña sensación en su pecho similar a la decepción que además dejaba su mente en blanco.
Dinya lloraba porque Skyfler le había hablado sobre Zuen. Si a Mewtwo le causó una profunda impresión ser testigo de lo sucedido, era difícil imaginar lo que sentía Dinya, más cuando culpaba a Eve por cosas que no iban al caso.
No supo qué le sucedió con exactitud, no pudo soportar estar ni un segundo más en la cocina, yéndose sin siquiera mirar atrás para excusarse con Eve. Todo con lo que estuvo luchando en contra durante el día —cansancio, ansiedad, frustración, incluso deseo— se acumuló y cayó con pesadez sobre sus hombros, abatiéndolo y dejándolo in fuerzas.
Deslizándose sin ánimos por los pasillos, se detuvo un instante para recostarse en la pared, cubriéndose los ojos con una mano y rechinando los dientes. La ira estalló en él como fuegos artificiales en Año Nuevo, explotando sin parar y esparciéndose por su cuerpo al igual que las chispas de colores, sólo que éstas no se desvanecían sino que ardían con más fuerza.
Lo único que lo mantenía atado a la cordura era una simple pregunta cuya respuesta no podía hallar: ¿Cómo permitió que le importara tanto cuando él no debería sentir nada?

Eso es todo por ahora. Cuando tenga mejor conexión edito.
Pokiu.











suerte en la vida!















, mis vacaciones comienzan en julio. Hasta entonces esperaré para tener el suficiente tiempo libre y poder leer entera esta obra que ya me atrapó.




























