Un video aficionado muestra un terrorífico Gengar en acción, un adulto lo controla. Lucha contra un Nidorino rosa fucsia que obedece a una chica con uniforme escolar. Quien parece grabar el video hace de réferi y comentarista al mismo tiempo. La emoción fluye en cada una de sus palabras... “Buenas noches señores, el video que acaban de ver es una demostración de una Batalla Pokémon, extraída de la página de videos YouTube. Cientos de videos como este han sido grabados alrededor del mundo, muchos por diversión, otros como una medida de registro con horas y fechas de lo ocurrido…“ se ve en la televisión, que repentinamente es cambiada a la transmisión del Mundial de Béisbol. “¡El juego lo veremos luego!” le grito al pequeño Rotom que no quiere dejar las misiones para ver el partido…
Señores, disculpen la demora y las molestias, cualquier problema o enredo déjenme un mensaje en el perfil.
Pablo:
Spoiler
Resuelto a disfrutar cada segundo que pasas con Hiko, prefieres jugar con él toda la tarde. Pasa el tiempo volando, entre juegos y bromas, alguna que otra llamarada accidental que sólo termina en risas para ambos, igual que si fueran una parejita convencional.
Los niños en el parque te miran con sorpresa, sin comprender bien lo que haces se quedan distantes. Quieren acompañarte pero en algo les intimida el alegre Chimchar. Quizá sólo sea porque con 5 o 6 años de a milagro han visto Pokémon. El tiempo pasa y tratas de no hacerles caso, lentamente los niños y sus niñeras se retiran, dejándote a ti, a Hiko y los señores mayores merodeando en el parque.
Un poco cansado, vuelves al asiento donde te reencontraste con tu salvador. Este también está al borde del desfallecer, no por pelear o entrenar, sino por estar jugando contigo. Terminas cargando al tierno y cálido monito hasta sentarse ambos, la tarde caía plácidamente. El enrojecido cielo y el distante sol naranja te hechizaba, tanto como las llamas carmesí de un Pokémon real, que al fin lograste ver esa tarde.
Perdiendo tu mirada en la lejanía, una extraña sensación de ser observado te invade. Puede que aquella aparente soledad del banco era el único lugar donde notarías ese detalle. Repentinamente, captas que en el parque sólo queda un viejito de facciones africanas además de ti y de Hiko. No lo habías pensado antes, pero en realidad es la primera persona mayor de piel morena que has visto desde que saliste de tu hogar para ir a vivir a Tokio.
Sin duda te pones algo nervioso, no sólo sientes que el viejo te observa sino que te ha observado la tarde entera, vigilando tus movimientos detenidamente. Empiezas a respirar apresurado, queriendo calmarte y no asustar al inocente Hiko que dormía plácido en tus brazos.
Ves el reloj de tu celular, no es tan tarde como esperabas para volver a casa pero la presencia del hombre te perturba y tanto tú como tu compañero están cansados. Quedarte quieto no es la mejor opción pues tus nervios podrían traicionarte de verdad y hacerte hacer algo tonto. Será mejor que decidas. Puedes ir a enfrentar al señor mayor, con palabras claro, saludarle y preguntarle como esta, a ver si te responde. También puedes salir corriendo desde allí hasta salir del parque y de la vista del viejo, así tratar de llegar a casa y pensar como esconder a Hiko. Piensa bien.
Chimchar
Nombre: Hiko
Género: ?
Lvl.: 15
Nat: Alegre
Habilidad: Puño Férreo.
Ataques:
• Golpes Furia 15/15
• Ascuas. 25/25
• Mofa. 20/20
• Arañazo. 35/35
Fabricio:
Spoiler
Una cálida sensación se apodera de tu pierna derecha en cuanto un aplauso multitudinario lo precede. Bajo, disimulado por el temor a ser oídos, te vitoreaban. Tras aquel discurso laborioso y correcto todos están convencidos de lo que sabes. De igual manera no hay nadie mejor en quien confiar, ninguno tendría el valor de pasar por lo que tu pasaste para comprobarlo.
Casi 30 trabajadores, entre veterinarios y cuidadores, laboratoristas y guardias de seguridad, te escucharon anonadados hablar de los Pokémon. Todos confinados en uno de los recintos vacíos del parque. Parece que realmente cubriste lo necesario excepto admitir que sabías que criaturas eran. Para tu tranquilidad, al rato de terminar, se levantaron un par de jóvenes recién integrados al equipo que se ofrecieron a contabilizar las especies que estaban en el parque.
No obstante, antes siquiera de que alguno se moviera para empezar a trabajar, se acercaron a ti y al tierno pollito que parecía rascarse el cuerpo entero con tu pierna. Algunos sólo lo miraron para comprobar que no era un pollito corriente, otros pidieron tocarlo para sentir su calor.
De entre todo un veterinario de los más jóvenes se aproximó abrazando al pobre Harry, que al notar el afecto que no podía evitar dejó de luchar. Era demasiado espléndido abrazarlo, con su calor interno y suaves plumas, que tuviste que separarlos al rato. Incluso el más viejo de los cuidadores se paró al lado tuyo y preguntó con temor: -¿Es malo que te quieran así?
Respondiste que no, el viejo suspiró y luego les dijo a todos que fueran a trabajar. Tenía razón, estaban allí perdiendo tiempo cuando debían empezar a solucionar la “crisis” por la que pasaba el parque. Pensando en crisis, agradeciste por lo bajo haber encontrado a Harry vivo. Arrodillado acariciaste sus plumas con cuidado, eran suaves y calurosas incluso en aquella mañana nublada.
-¡Qué escándalo de mundo! –escuchaste a tus espaldas ese tono desafinado y engorroso que siempre temes pero debes respetar, aun cuando te bromeen -¡¿No te parece demasiado para unas criaturas raras?!
De inmediato sentiste como el pequeño pollito era arrastrado con tus propias manos dentro de tu chaqueta, con el pico cerrado por tus dedos. Respirando rápido tratas de señalarle silencio, en cuanto cierras tu chaqueta con la cremallera hasta arriba. Inconsciente pero certero habías logrado esconderlo de tu jefa principal.
Volteas y allí esta ella. Mrs. Dalila Trieto, jovenmente vieja, de pantalones bermudas rotos y traje de veraneo corto, bolso de XOXO, sombrero de ala larga sobre su largo cabello pelirrojo y lentes de Dolce & Gabbana, sin contar sus sandalias importadas de Brazil y el carmín japonés con el que pintaba sus labios al hablarte/ignorarte en un espejo. Viste como si tuviera 25 pero tú sabes que debe tener 40, sin contar el clima, aunque aparentemente es la única que no lo nota.
Casi sin escucharla ves sus gestos engreídos en lo que tu mente trataba de procesar esa mezcla de acentos y mojigatería que existía en su manera de hablar. Lo que si pudiste notar era que por primera vez no te trataba como un plebeyo más de su reino acuático de dinero, sino como algún raro caballero surgido y protegido con las condiciones en que nadie la demandara.
Al final, aun sin poder entenderla, recibes una bolsa montañera con varias mudas de ropa para caballero, de marcas reconocidas y una que otra firma de diseñador. Parece que ha venido a dártelas personalmente, que sepas que ella se “preocupa por ti” aunque no sea tan cierto.Ella se retira con despedidas extranjeras, entre ellas un Adiós mal pronunciado.
Tú suspiras y corres a cambiarte de ropa en la bodega donde despertaste. Liberas a Harry de tu chaqueta, dejándolo libre sólo en esa habitación. Buscas una camisa sencilla, blanca, y un pantalón negro de vestir. Es algo raro, pero es lo que mejor te entalla de la compra de tu jefa. También calzas unos zapatos negros, olorosos a cuero pero cómodos.
Una vez listo, vacías la bolsa de todo lo que sabes que no te queda y llamas a Harry para acomodarlo dentro. Quieres salir a ayudar a tus compañeros pero no puedes permitir que Mrs. Dalila lo vea, armando escándalo o pensando en usarlo como lucro, simplemente no puedes permitirle verlo.
Sales de nuevo a los recintos, donde más de una persona está ocupada con su trabajo, vestidos como siempre. Pero allí estas tu, con una camisa Lacoste y un pantalón largo y negro, con zapatos caros, aun queriendo pasar desapercibido. Todos te miran y comprenden que tuvo que ser la jefa, pues ya había cruzado por ahí queriendo ver a las criaturas de las que ahora dependía su negocio.
Sigues adelante, revisando a cada trabajador, viendo si hacían lo que recomendaste. Perfecto, pensaste al verlos tener cuidado, por lo menos así fue antes de que un grito ensordecedor se escuchara desde el área del acuario. Corres hasta llegar allí, con la mochila en tu espalda y haciendo marear al pobre Harry.
Mrs. Dalila estaba en pánico, gritando desde el borde del acuario. Los encargados de los peces no parecían tan alarmados, pero si sorprendidos. Con sólo llegar admiraste un trío de Goldeen casi bailando sobre el agua, muy cerca de la jefa. Debían estar alegres por la comida que recién les daban, por lo que emocionados lanzaban su movimiento Hidrochorro sobre todos los presentes.
Mas es imposible calmar a Mrs. Dalila, que grita y trata de huir ante las gotas de agua que caen sobre ella. Estas seguro de que ese ataque no es mortal, ni dañino, sólo moja y hace bajar la potencia de ataques de fuego, pero ¿Como calmar a tal fiera adinerada?
Ella no te ha visto, pero sabes que si lo hace te obligará a hacer algo para detenerlos. Es tu decisión. Puedes escabullirte y retirarte con silencio, dejándola a merced de aquellos Goldeen. O puedes lanzarte a la batalla y usar a Harry por primera vez, puede que la conmoción de tu jefa no le permita entender todo y simplemente no diga nada. Ya conoces que ataques debe tener Harry, es hora de pensarlo ¿Huyes o Batallas?
Torchic
Nombre: Harry
Género: ?
Lvl.: 15
Nat: Ingenua
Habilidad: Impulso
Ataques:
• Arañazo. 35/35
• Ascuas. 25/25
• Gruñido. 40/40
• Foco Energía. 30/30
Damián:
Spoiler
Aterrado pero seguro piensas tu orden. Huir. Abra no se ve contento, pero parece admitir que no puede superar este desafío sin tu entera disposición. A lo lejos ves como el Scyther ignora por completo a José, como si lo hubiera herido sin considerarlo su presa.
En cambio parece correr hacia ustedes, decidido a batallar. Justo a tiempo, tu Pokémon logró sacarte de su rango de ataque. Tu cabeza cada vez se recupera mejor de lo viajes pero temes por tu salud mental. Te ves rodeado de selva, luego el par de cuchillas acercándose, al final ves de nuevo la carretera.
Por un par de paradas más pudiste presentir al veloz Scyther que los seguía. Finalmente lograron perderlo, no sin antes sentir que tu cabeza explotaba cientos de veces. Era ya un mareo prolongado, como si hubieras dado varias vueltas a la montaña rusa justo después de golpearte la sien con una piedra. Abra parecía exhausto también, jadeante había olvidado su orgullo y malas mañas para caer rendido, recostado de tu cuerpo casi pidiendo que lo mimes. En esos momentos es cuando debes tocarte el corazón.
No lo habías previsto, pero ambos reposaban apoyados en gigantescas columnas de cemento. De tanto susto y apuro sólo notaste que el Scyther los había dejado de seguir, pero no donde habían terminado. Aquel inmenso edificio circular, de cemento, decorado de banderas con esas pilastras majestuosas parecía vacío. Aun cansado, decides levantarte, ese lugar les daba mala espina. Tomaste a tu Pokémon en brazos, pesa un poco pero lo haces de todas formas. Ese pequeño es quién te ha cargado por mucho rato.
Luego de recorrer el lugar para buscar la salida, encuentras una placa que cita “Estadio Nacional Rod Carew. Panamá”. Por poco saltas de gozo, ya te han hablado de ese estadio y está cerca de la ciudad.
-¡¿Hey qué haces aquí?! –escuchaste a lo lejos.
Buscando la voz pudiste encontrar a un conserje regordete que te gritaba desde un segundo piso. Antes de que este pudiera decir algo más gritaste:
-¡Señor! ¡¿Puede ayudarme a encontrar un taxi?!
El hombre, anonadado, no tuvo otra opción que bajar. Notó tu acento pero eso no lo detuvo de reprenderte por haber llegado hasta allí. Al final, sacó un celular algo viejo y preguntó tu destino, si tenías para el pasaje y si le darías algo por el favor de la llamada. Aceptaste, ya estabas por llegar a la tranquilidad plena y además no tuviste oportunidad de gastarte lo pensado en la discoteca el sábado.
-Sí, por favor un taxi para el Hotel Veneto–dijo por teléfono a una operadora de taxis cuyo número tenía guardado.
La felicidad que te embargaba sólo se comparaba al deplorable estado en que te dejaron las continuas teletransportaciones. Parecía que no hubieras dormido en una semana o por lo menos tenías una resaca de días. El conserje ignoró esa parte mientras recibió gustoso dos billetes de dólar por ayudarte.
Raudamente te guió a la salida del estadio. Bajaste las escaleras de la entrada y te sentaste con Abra a esperar. El pequeño parecía consiente pero dormido a la vez, puede que sea así como cumplen dormir 18 horas en el día. En 15 minutos viste llegar un taxi desde la carretera, entrar al área del estadio y aparcar frente a las escaleras.
En cuanto se detuvo, corriste a subirte al auto con Abra en tus brazos y recordaste al conductor tu destino. Suspirando de alivio, acomodaste a tu compañero en tu regazo, mientras admirabas las vistas de aquella novedosa ciudad. Saliendo del estadio pasó un rato para que vieras edificios y autos a montón, casas con décadas de vida, edificios con años de existir y árboles ancestrales en los parques. Finalmente, tras un par de tráficos, llegaron a la Vía Veneto. Preguntaste por el pasaje y terminaste pagando un poco más, no cabes en la alegría de volver a tu lujoso hotel. El taxero no preguntó por Abra, pero sí parece haberse asegurado de que te lo llevaste.
Casi como un niño pequeño te apareces en el lobby, sucio por tu tramada y venturosa noche anterior, no parecías el extranjero que hacía poco se hospedaba en el hotel. Aquella fortaleza de cristal y cemento, alta, llena de reflejos poco usuales al lado del casino de su mismo nombre, era lo que te protegía en este país.
A punto de subir en el ascensor a tu habitación, escuchas como te llama la recepcionista como señor. Un sentimiento de pesadez te invadió al creer que te pedirían identificación por no estar tan bien vestido como siempre. Sin embargo la joven muchacha parece haberte reconocido.
-Disculpe, es usted el señor Simone, ¿Cierto? –preguntó tímidamente cuando te acercaste y pudo admirar el pasaporte que ya habías sacado –Perdone la interrupción, pero desde ayer la Policía Nacional está preguntando por usted. Hace poco se fueron y dejaron un teléfono para usted ¿Quisiera que los llamara o planeara una cita para usted?
Asombrado miras como la voz de la joven se mantiene quieta y nerviosa, mientras sujeta un papelito en sus manos sin quitar la vista de la extrañamente dócil criatura que dormita en tus brazos. ‘¡¿La policía?!’ pensaste, sabiendo tu inocencia de cualquier cargo posible. Cálmate y piensa tranquilamente. Puede que hablar con ellos te ayude a despejar lo que pasó luego de que Abra te llevara lejos de la Capital y quién sabe, puede que te busquen para reconocer a la banda que te acosó en la discoteca. Pero acabas de llegar a tu hotel y sigues cansado de todo lo que pasó. Es tu decisión.
Puedes pedirle a la muchacha que te cerciore una cita con la policía, para esa noche en el casino del hotel. Si realmente es algo grande lo que quieren irán por ti hasta ese casino. De ser así, descansas en la tarde para recibirlos en la noche.
Pero también puedes decirle que no se preocupe, tomar el número y guardarlo en tu ropa, para subir finalmente a tu habitación. De ahí descansarías toda la tarde y noche, queriendo olvidar ese primer suceso que te llevó hasta tu compañero.
Abra
Nombre: ---
Género: ?
Lvl.: 19
Nat: Grosera.
Habilidad: Sincronía
Ataques:
• Teletransporte. 20/20
• Poder Oculto. 15/15
Eagle
Spoiler
Ingenuo das un par de pasos entre la multitud, antes de sentir como Emmeth te empuja desde atrás con su tesoro en brazos. Aun no puedes creer como te ha convencido de hacer esto, de escabullirte por la cocina de su hogar y salir al depósito abandonado que esta tras sus casas y menos de salir en el peligroso y “actual” Londres, repleto de desubicados como ustedes que están rastreando el fenómeno Pokémon con más ahínco que si regalaran dinero.
Sin embargo, el enredo no termina allí. De no ser porque para entrar a las arenas debieron pasar por calles abandonadas en la populosa ciudad, un bar/discoteca fachada de una casa de descanso privado y haber tenido que usar al Togepi de garantía, se podría decir que fue una escapada común.
Pero allí estaban, a punto de conocer a varios entrenadores londinenses, ninguno sin el predeterminado novato que se da con si acaso más de 24 horas de existencia Pokémon. Emmeth se sentía un rey, aun con el pequeño y tierno compañero que tenía consigo.
Tú lo mirabas cuando podías, pues él te empujaba desde atrás para que no pudieras retractarte entre la multitud de personas sin un Pokémon con ellas. Finalmente se detuvieron en un semicírculo demarcado por media pared de ladrillos, separando un espacio de 2 metros en medio de la multitud. Este paraderito, cercano a la arena verdadera, parecía donde se preparaban los entrenadores y las personas acompañadas de Pokémon.
Se notaba, que quienes estaban con uno pero no tenían tanta confianza no se consideraban entrenadores. Tu amigo llegó campante, buscando al encargado de los combates para que lo enlistara, pasando en medio de gentes y Pokémon. Un hombre de lentes oscuros, alto y flaco, con libreta, pluma y soporte parecía apuntar todo movimiento. Emmeth le habló vanidoso, al punto que el enredado hombre por poco le grita que se apuntara al otro lado con los “entrenadores”. Sin comprenderlo mucho, ves como tu amigo se aleja por entre la arena para llegar a otro paraderito de ladrillos en el lado contrario.
Quizás unos segundos bastaron para darte cuenta de que te había dejado solo. A punto de seguirlo, el hombre de la libreta te detiene anunciando que empezará un combate en un instante y no debía cruzar la arena ahora. Asustado decides esperar y matar el tiempo. Curioso, preguntas al encargado porque la división. El hombre se quitó los lentes un instante y te pidió que vieras a tu alrededor, a quienes estaban cerca en el circulo.
Había un hombre de veintitantos, con un saco barato y un portafolios lleno de papeles, parece un profesor joven en realidad; a su lado había un Magnemite flotando. Más a la izquierda, estaba un anciano regordete, de lentes con aumento, vestido de camisa y con un extraño bombín que no iba a tono con el resto de su vista; cerca de él había un Lillipup distraído. Y por último una muchachuela vestida de traje y abrigo coloridos, zapatos altos, maquillada y peinados todos sus rizos de ébano, se veía muy elegante pero no sabes dónde está su compañero. Ninguno parecía realmente conocer a su Pokémon.
-Son… Afortunados –dijo colocándose los lentes –No conocen tanto de Pokémon como muchos otros, pero igual el destino les ha enviado un compañero. En este lado de la arena hay personas que se ofrecen a pelear por ellos y hasta enseñarles algo de sus criaturas.
-¿Sabes de Pokémon? –preguntó al rato, cuando perdiste tu mirada en quienes esperaban un turno en la arena.
Adelante, respóndele. Si admites no conocer nada, él te pedirá que salgas del semicírculo y podrás buscar a Emmeth del otro lado de la arena. Pero si respondes que sí, es posible que te pida ayuda para los que no conocen de Pokémon pero igual están allí. Piensa que podrías decirle a cada uno y si deseas pregúntale a la chica que hay de su Pokémon.
Ariel
Spoiler
Como todo un buen adulto y posible gran entrenador, decides tomar las riendas de la situación. Das órdenes claras a tu hermano, lo más que puedes hacerle comprender. Tiene que pensar que si las incumple el Pokémon deberá irse.
Tú, en cambio, sientes cierta apatía por aquel gatito siniestro. No deja de mirarte como si te quisiera sólo en sus planes. Quieres que se detenga, pero prefieres retirarte a la cocina a ver qué encuentras para el gatito. Para tu suerte hay algo de tuna en la alacena, sólo es cuestión de tomarla y llevarla al cuarto de tu hermano. La bajaste de inmediato, antes de buscar el abrelatas. No aparece por ningún lado.
-Ya hay tuna preparada, amor –escuchas decir a tu madre, con su dulzura acostumbrada.
-Ehh ¡¿De veras?! –preguntas alarmado, no esperabas encontrarla en la cocina.
-Sí… tu padre no piensa dejar de ver la televisión así que le estaba preparando algunas botanas –respondió calmada mientras te servía en un platillo el preparado de tuna con algunas galletas saladas –A decir verdad yo tampoco quiero dejar de ver todo lo que está pasando en el mundo.
Recibes el plato y un beso en la frente, antes de subir al cuarto de nuevo. Pensativo, entras a la habitación lentamente. ‘Esto fue preparado con amor… mamá debe pensar que nos lo comeremos felizmente y es ese animaleco quien lo disfrutará’ especulas terriblemente antes de ver a tu hermano llorando en voz baja.
Dejas la tuna en su escritorio y te acercas a ver que le pasó. Mira al suelo y llora, pero no quiere decirte nada. Levantas su rostro empapado en lágrimas y ves tres arañazos terribles que lo recorren, siguen enrojecidos. Lleno de ira le preguntas que pasó.
-Vi… Vi… Vio tomó las… las sábanas y las dañó… ¡quise detenerlo y me aruñó! –te respondió llorando, no tanto por el dolor sino por la traición que sintió cuando el gatito se puso en su contra.
Enojado te pusiste a buscarlo en el segundo alto de tu casa. Recorriste con la mirada los cuartos, sin fijarte mucho, pero no estaba. Sólo faltaba tu habitación. Encolerizado abriste la puerta encontrándote con un desastre. Todo fuera de lugar, parecía que un ladrón humano hubiera entrado. ¡Pero allí estaba! ¡Usando la sábana como saco parecía recolectar todo lo brillante y pequeño que encontraba!
Estabas a punto de sujetarle la sábana cuando el brillo de los pendientes de fantasía de tu madre y el reloj de tu padre te hizo recapacitar.
Esta desgracia peluda sólo quiere lo que brilla y está en tu cuarto para llevarse tu brillante consola. Si pudiera llevarse la pantalla de la pc lo haría. Tratas de detenerlo pero es muy rápido para ti. Corre entre tus piernas con la sábana llena de sus cosas. Quién diría que tal pequeña cosita tuviera la fuerza para cargar su botín.
Lo sigues en medio de tu casa, haciendo más escándalo que carrera. Finalmente Vio baja las escaleras y pasa en medio de la sala de tu casa, justo frente a tus padres. Tratas de ignorar eso, no tanto por su reacción sino por no perder la concentración que hasta el momento te había hecho seguirle sin herirte ni nada por el estilo.
Inconsciente, tu padre abre la puerta para que salga mientras tu gritas a los cuatro vientos: ¡¡¡No!!!
El Purrloin ha salido corriendo hacía el jardín. ¡Decide rápido! Puedes decirle a tus padres que vuelves pronto, tomar de una vez el paraguas que está cerca de la puerta y salir corriendo a por el Purrloin. O podrías despedirte de tus cosas, tu diversión y tener que confinarte al encierro que puede que tus padres impongan tras ese incidente. Lo que sí es un hecho es que si no sales ahora quien sabe cuando vuelvas a ver tus cosas o a algún Pokémon.
Rodrigo
Spoiler
Pausado tratas de llenar de aire tus pulmones, airoso quieres seguir adelante hacía tu destino. Bajas la calle con lentitud, cuidando tus pasos en la pendiente, tan descarada como para hacerte tropezar en cualquier instante.
Las luces de la casa se volvieron cada vez más opacas, pero seguías viendo claramente su proceder. La empinada vereda parecía achicarse con cada paso que dabas, pero no te importó realmente. Por lo menos tenías una idea de donde ibas.
Finalmente la fachada lúgubre de una casa alegre en la plena noche fue lo que encontraste. El terreno se niveló repentinamente, ya no caminabas en lo que parecía una montaña sino un plano con varios agujeros pequeños. El pórtico de la casa, completamente de madera pintada en blanco hueso, parecía bastante viejo para el vecindario donde vives.
Más imponente que lo que creías ver desde la calle, aquella casa parecía arreglada para Halloween en esas vísperas de Navidad. Ninguna lamparita festiva, ni adorno ni guirnalda embellecía su vista. Empiezas a aterrarte. Pero allí está la luz, una vida, un ápice de actividad normal en esa oscura y solitaria noche. Decidido giras el pomo de la puerta sin notar como las luces de tono claro pasa drásticamente a un tierno carmesí.
Dentro ves el inminente vacío de la primera habitación, parece un recibidor, es pequeño y el aire que mana del mismo parece reciclado. Una cortina de cuencas de madera separa al recibidor de la sala. Desde allí admiras las luces internar. Despistado tratas de saludar, de pedir consejo, de hacer algo. Por alguna razón ese lugar cortaba tu voz y en lugar de dar gritos sólo era capaz de susurrar.
Decidido a buscar ayuda, pasas la cortina encontrando una imagen que te perseguirá por mucho rato. Una docena de luces espectrales bailando en medio de un salón, estigmas de fuego ardiendo en las paredes sin consumir en nada la madera y una mesa flotando levemente sobre el piso. A su alrededor tres pares de Litwiks flotaban alumbrando el lugar mientras unos Lampent danzaban sin dilema.
Asombrado por aquel espectáculo sombrío, pudiste sentir un calosfrío en la espalda, como un suave beso helado. Por sobre el hombro, en el hilillo del ojo, viste la silueta de una Mismagius que te acaricia felizmente. Tras ella más Pokémon fantasma te sonreían alegres. Antes de lo que creías te empujaron dentro del salón y quedaste mareado entre tanto movimiento.
Luego de un rato paseándote entre luces y pantomimas, lograron hacerte bailar. Sigues sin hablar ni un poco pero estas conscientes de lo que quieren. Es como una fiesta y te quieren celebrando con ellos. Repentinamente una alegría inmensa se apodera de tu cuerpo y sigues su diversión. Te sientes pesado al rato, como cansado sin siquiera haberte movido mucho. Tienes un letargo raro, pronto te presientes acostado sobre la mesa que recuerdas flotaba en medio de todo.
-Ah… -suspiras de asombro, tu voz vuelve cuando menos te lo esperas.
Reaccionas, sí estas sobre la mesa, inmóvil, sin chance de moverte. Tratas de ver a todos los fantasmas presentes, ya no sonríen felices sino con malicia. Todos excepto la Mismagius que te recibió de primera, ella parecía asustada y temerosa como tú. No comprendes sus gestos pero una suave, trágica melodía, empieza a sonar en la habitación. La escuchas y la odias, pero en serio detestas que tras todo este la Mismagius gimiendo terriblemente, como llorando.
Lentamente sientes tu cuerpo más débil pero no le prestas atención. Quieres que se detenga su llanto. Tú decides. Puedes gritarle fuertemente, quedarte quieto o seguirle el juego a su canción. Piénsalo bien y estudia la situación con cuidado.
Cris:
Spoiler
Sin dudarlo dos veces tomas al Gligar, aun atado, en tus brazos. De tanto llevarlo estas exhausto, lo suficiente para tentarte a dejarlo. Pero no puedes, quieres que ambos salgan ilesos del lugar. Corres entre varios pasillos, bajando escaleras y confiando sólo en tus pies. Las luces fallaban a veces y ni loco te meterías a un ascensor que podría fallar igual. Ese Galvantula estaba haciendo de las suyas con la electricidad del estadio. En cambio el Gligar ya estaba mucho más calmado, no como la antigua fiera que, apenas te vio huir de la batalla, te miraba con ojos de rabia e impotencia.
Luego de varios corredores y un par de escaleras, llegas a la planta baja, donde un centenar de policías, bomberos y paramédicos simulan esperar órdenes. Ves que aun hay personas siendo evacuadas, por lo que abrazas al Gligar contra ti usando el abrigo de manera que pareciera un bebé cargado. Extrañamente el Pokémon no se resistió ni deshizo tu engaño para pasar desapercibido. Es más, se puede decir que cuando vio tantas personas reunidas en un mismo lugar, un terror se apoderó del secuestrado.
Para su suerte lograron salir de la multitud sin que nadie sospechara demasiado. Los policías y guardias no parecían interesados en algo distinto que sacar a los indignados que se resistían a dejar el estadio, insistiendo en que el juego podría continuar. Nadie parecía buscar el problema realmente. No ves a tu padre por ningún lado pero sabes que debe estar preocupado.
Corres, agotando tus fuerzas al extremo, buscando el automóvil de la familia. Ya ni pensabas claro las cosas, pero en realidad necesitabas esa certeza, que estuviera allí aun. Un final hálito de martirio y en el estacionamiento más lejano, divisaste el auto que los había llevado al estadio, rodeado de algunos otros que quedaban como abandonados en el estadio.
Sin pensarlo dos veces abriste la puerta trasera del auto, extrañamente abierta, y acomodaste con disimulo a Gligar. Cerraste suavemente, antes de darte la vuelta y buscar a tu padre.
-Llegaste… -susurró con alivio y pesadez, desde el otro lado del vehículo –Súbete, vámonos ya…
No sabes si te vio con el Pokémon pero obedeces igual. Tu padre no dice nada más en un rato. Algo te hace pensar el enojo que debió pasar cuando desapareciste. Enciende el auto y con varias maniobras sale del estacionamiento del estadio. Lentamente van dejando atrás aquel manojo de personas, de cemento, de verde césped, luces inmensas y el olor de los típicos manjares norteamericanos, todos bajo la misma estructura.
Un confuso sentir se apodera de ti. Tienes cierta culpa por lo de tu padre, esta callado y no parece querer hablar. También posees calma, ya no estás a merced de esa telaraña con complejo de cerca electrificada ni con el miedo a morir como en una silla eléctrica. A todo eso, sumarle la emoción de tener en control al Gligar, como si hubiera entendido tu miedo y tu calma, adaptándose a ella. Y así hubieras seguido meditando si repentinamente tu padre no te devolviera a la vida:
-Hijo… ¿Qué… qué pasó allá?-
Quedas congelado. Debes responderle, no puedes darle evasivas clásicas ni cambiar la conversación, tampoco quedarte callado. Es tu decisión, decirle la verdad o inventarle una historia, confiar en él o confiar en que él no entenderá lo que pasó. Cuida tus palabras, en esta misión son cruciales.
Gligar
Nombre: ---
Género: ?
Lvl.: 27
Nat: Firme.
Habilidad: Corte Fuerte.
Ataques:
• Desarme. 20/20
• Corte Furia. 20/20
• Finta. 20/20
• Acróbata. 15/15
Guido:
Spoiler
“Todo acabó” pensaste, con cierto recelo de error, cuando cesaron los ataques.
Aliviado admiras como se desploma el gigante rabioso a tus pies. Con una mezcla de altiva satisfacción, tranquilidad zozobrante y lástima interior notas como está inmóvil, derrotado sobre la húmeda plazoleta.
Lo lograste, finalmente se detuvo, ganaste esa batalla. Pero todo gracias a tus compañeros, el ave que resguardaba tu chica y el dragón cuyo destino es seguir tropezando contigo. También debes agradecer al joven de abrigo oscuro, sin la ayuda de esa parálisis quien sabe si seguirían peleando ahora.
Estiras los brazos a ver si puede notarte en el edificio. Parece responderte, tanto él como su compañero. Pensando en compañeros diste un vistazo al Dratini, se ve cansado pero airoso, como si pudiera continuar peleando. Miras igual al cielo, pero no encuentras a Lucero. Preocupado paseas la mirada por todo el lugar hasta volver a ver el canal. Un murmullo se escuchó a tus espaldas, mas antes de voltear ves como Lucero emerge desde la fachada del edificio.
Suspiras aliviado, o por lo menos con verdadera tranquilidad, hasta el instante mismo que vistes los ojos del Noctowl. Aquellas pérfidas y prohibidas perlas carmesí que brillaban intensamente en la noche, rodeadas de un sinfín de formas y colores, hicieron que perdieras momentáneamente la cabeza. Te sentías más cansado que antes, casi un zombie tratando de moverte, retroceder o acaso quitarle la mirada a ese Pokémon. Lento, presientes que en segundos corromperá todo control que tienes sobre ti. Tus ojos están perdidos y todo tu cuerpo tiembla mientras trata de vencer. Pero es demasiado para ti.
Tristemente te desplomas para atrás, donde unos brazos fuertes te sostienen evitando que caigas con todo tu peso. Tu mente flaquea igual que tu cuerpo, hasta sólo escuchar el eco de un gemido indignado en la distancia.
…
El insignificante murmullo de la ventilación parece suficiente para despertarte. Con ojos cerrados te esfuerzas por recordar, inútilmente. Por fin los abres para que un mar de blancura antiséptica se proyectara ante ti. Un techo de yeso, con algunas rendijas de metal, paredes inmaculadas de blanco y retazos de un papel tapiz de un blanco distinto, ninguna ventana a la vista, sólo muebles extraños y el aroma a desinfectante en el aire. Sobre tu cuerpo, sientes ropa ligera y acogedora, te imaginas una bata corriente.
Vagamente tu sentido común lo relaciona a un hospital. Aprietas con tus manos las sábanas de algodón y te cercioras de inmediato que es una camilla sobre lo que descansas. Tiene su lógica, la noche anterior fue salvaje. Sin embargo hay algo fuera de lo normal en ese hospital…
Al lado de tu camilla hay una cúpula parecida a una incubadora. Esta a la altura de una mesa, con la mitad del espacio rebozando en agua y la otra con plástico tranparente, pero sobre todo tiene un inquilino. Dentro de la cúpula se retorcía ocasionalmente un Dratini, atado de forma delicada al fondo de su recinto.
Sorprendido ves como se despierta y te mira, nota su encierro y parece rogarte que lo saques. Buscas moverte un poco pero sientes el peso de las cadenas sobre tu mano. No es broma, estas atado a la cama por cuatro cadenas. Asombrado buscas como liberarte, algo muy adentro te hace temer a ese encierro.
-Es un hecho, la señorita Karla nunca se equivoca… -escuchaste decir a una voz suave, de varón, tan serena como tú alterado.
-¡¿Qué…?! –Logras decir antes de que te interrumpiera sin dudarlo -Ella nunca se equivoca, sus elecciones no tienen fallo -.
Miras hacia todos lados, hasta encontrar al autor de esa curiosa voz. Recostado del marco de la puerta, te observa complacido, con su saco blanco y corbata negra. Respiras acelerado sólo con escuchar el nombre de tu chica. El hombre joven, de piel blanca y ojos verdes, caminó unos pasos hacia ti como si estudiara cada uno de tus movimientos.
-Perdona que lo encerráramos, pero al ver que te librábamos de todo posible problema se alteró y empezó a atacar a todos nuestros colaboradores. Tuvimos que atarlo y dejarlo a tu lado para que se calmara un poco –respondió impávido mientras se refería al dragoncito.
-¡¿Qué…?! ¿Quién eres? ¡¿Qué es este lugar?! ¿Por qué me tienen aquí, porque atado? –exiges alguna respuesta sin poder controlar un grito.
-Je… ¿en orden? –comenzó bromeando, antes de sentarse en la orilla de la cama, cruzar las piernas y responder con seguridad –Soy Andreas, alias Lúcido. Este, amico, es un hospital privado administrado por un consorcio internacional. Tú, estas aquí para evitar el escándalo y bullicio de una noticia como lo fue tu hazaña, evitando así a la policía, los medios y el pueblo en general. Y Guido, las cadenas son mero adorno.
Ya bastante tenías con que te tuvieran allí en contra de tu voluntad como para que ese tipo supiera no sólo el nombre de tu novia, sino el tuyo y todo lo que hiciste la noche anterior. Tanteaste mejor tus cadenas y encontraste el cerrojo abierto, puede que realmente las usara de adorno o para asustarte. Quitaste las de tus manos de inmediato pero algo raro te detuvo de quitarte las de los pies. Él estaba allí, sentado en la cama y sin perderte de vista.
Mirando tu cara de asombro, ríe ahogadamente, con una mano frente a su boca como si no pudiera controlarse. Se levanta y en dos ágiles pasos queda al lado del Dratini que te prestó ayuda antes. Terminas de liberarte, acercándote a la cúpula preguntas reservadamente: -¿Ese chiquito… me defendió?
-Sí, a capa y espada –respondió Andreas mientras paseaba sus dedos sobre el recintillo antes de susurrar –Se puede decir ya que es tu compañero Pokémon…-
“Compañero Pokémon” pensaste unos instantes hasta que tu mente reaccionó a un detalle más ¿Dónde estaba el Noctowl de tu chica?
-¿No está muy herido? Necesito encontrar algo y llevarlo conmigo ¡Lo más pronto posible! –soltaste en tanto el recuerdo borroso del final de la noche te abrumaba.
-Calma, calma… Karla y Lucero ya tienen órdenes por cumplir y me temo que no podrás verlas en un tiempo –dijo lentamente el de saco blanco, endulzando la voz -¡Ups! Eso no debí decirlo…
Sus maneras de por sí te tenían harto pero el mensaje que te daba era simplemente chocante. ¿Cómo puede conocer no sólo a tu novia, sino a su Pokémon? ¿De qué diablos está hablando? ¿Cómo que no las verás? Alterado te abalanzas sobre él para sacarle las respuestas. Rápidamente se retira de tu camino y elevando el dedo índice en forma de negación dijo:-No, no, no Guido, yo no vine a pelear ni traicionar a Karla, pero fuerzas superiores me han ordenado a plantearte un trato que bien podría estar en contra de la ética de trabajo y podría hacer que esa lejanía con tu chica se acorte bastante ¿Te calmas y me escuchas?
Resignado y tentado por sus palabras, decides por lo menos escucharlo. Te sientas en la cama, mirando con desdén esperas su propuesta.
-¡Que sobresalto! Jejeje… pues, como sabrás el planeta ha estado así desde hace poco más de un día, en un torbellino de novedad, de cambio, que ha obligado a la humanidad a tratar de adaptarse rápidamente. En especial algunas personas, que en horas debieron aprender lo que debería tardar años, así como yo, como tu novia amica mía también. A nosotros nos une la confianza de piezas importantes en el mundo y el deber que compartimos es el de estar preparados para lo inesperado. Todo con el fin de mantener el control de lo incontrolable.
Siendo así, tu chica no podía mantenerse impune ante la situación que se presentó ayer en la noche. Por eso planeó que alguien que conoce muy bien, que era más experimentado con la teoría y puesta a prueba de estas nuevas criaturas, tomara el mando mientras ella buscaba refuerzos reales. Tú debías entretener al sujeto y aguantar hasta que yo llegara con mi equipo ¿Cual fue la sorpresa? Encontrar el trabajo hecho. Es por eso que nuestra dirección me ha ordenado convencerte de que te unas a esta milicia de cuello blanco, si se puede llamar así.
Medité tanto como convencerte, pero luego pensé lo que Karla nunca haría, porque de hacerlo tú entrarías y correrías tanto riesgo como cualquiera de nosotros. Ella nunca te diría la verdad sin pensar como decirla. Siempre cuidará de sus palabras, para que la veas feliz y calmada, sin mencionar todo lo que se puede esperar de ella si la conoces como yo. La cena… ¿Era para decir cosas importantes, no? Recuerdo, ella tenía órdenes claras, una noche más contigo y varios meses de viajes tratando de normalizar el mundo. Seguro planeaba contarte de Lucero y decirte que debía irse por un tiempo, cosas del trabajo.
Así, que tú decides en realidad. Puedes unirte a nuestra armada, junto a tu compañero Dratini y permanecer del lado de tu novia, puede que sepas de ella más que sin conocer su trabajo. O sencillamente retirarte con el rebelde dragón y saber de tu novia… quizás unas horas en San Valentín y quien sabe cuánto más, el mundo seguirá cayendo a pedazos por lo que nadie sabe. Piénsalo.
Dratini
Nombre:
Género: ?
Lvl.: 28 (lvl up)
Nat: Audaz.
Habilidad: Mudar.
Ataques:
• Ciclón. 20/20
• Agilidad. 30/30
• Portazo. 20/20
• Furia Dragón. 10/10
Martín:
Spoiler
Una inmensa alegría te invade desde dentro, inconsciente dibujas una sonrisa sobre tu rostro al ver no sólo que el gigante y descontrolado destructor había sido derrotado sino al hombre, elegantemente mojado, estar agradecido por tu ayuda. Su también parece feliz, puede que sus primeros ataques guiados no fueran tan efectivos pero eso se arregla con la práctica.
Sin embargo la felicidad que profesan ambos es tan momentánea como la electricidad. Repentinamente ves como al otro lado del canal, sobre el edificio, justo donde está el otro entrenador se ha posado el ave Pokémon. Sólo parece un raro movimiento hasta que ves caer al hombre elegante, que es sostenido por un par de hombres con uniformes verdosos.
Estos le tapan la boca y lo cargan como si llevaran un cuerpo muerto. El ave se posa en el antebrazo de uno de ellos, lleva un Smocking blanco y mira de un lado al otro, buscando a cualquier fisgón que estuviera cerca.
Estás paralizado tú ahora, no puedes creer lo que está pasando ni comprenderlo, pero sabes que no puedes hacer nada, no de este lado del canal ni con el peligro asechando la noche. Con la boca abierta y los ojos desorbitados, sentiste una corriente eléctrica repentina que te devolvió al mundo real. Su, consternada por tu expresión de terror, hizo lo suyo.
Sin pensarlo abrazaste su suave lana y cargaste con ella por la calle que los llevó hasta allí. En instantes abandonaste la visión del canal, la bestia herida y aquellos hombres extraños, mínimo salidos de una película de acción, que parecían demasiado interesados en los entrenadores Pokémon.
Continúas con tu carrera en tanto la ovejita te lo permite. Cansada de ser cargada comenzó a liberar estática hasta que la soltaste. Sobresaltado por su reacción te enojas sin fundamento. Estas asustado, saber que si se descuidan podría pasarles lo mismo y aun no están en casa, a salvo, eso te pone nervioso.
Temblando por el frío y por el castañear de las oscuros y silenciosos callejones, ves los ojos de Su. Tiernos y decididos ojos que se alojan por mucho tiempo en tu mente y en tu corazón. Inspira calma, calidez, la suficiente para hacerte disculpar y continuar la marcha con sigilo y no desesperación
Trazas en tu mente un camino a casa, el más rápido que encuentras. Cuando al fin ves tu casa te alegras, pensando que no debían perder más tiempo ni arriesgarse ordenas correr a tu Flaaffy junto a ti. Rozando la vereda pasaron rápidamente las casas de tus vecinos, proyectando su sombra entre las luces ocasionales, corriendo a esas horas cualquiera pensarían que son ladrones.
Sólo falta una casa, cuando un cambio repentino del empedrado a los adoquines importados te hace resbalar, cayendo ilesamente sobre la basura. Con la aparatosa caída fue difícil que no te rompieras nada, eso sí, despertaste a medio vecindario con el sonar de las latas y botellas en la basura.
Te levantas rápidamente, empapado de un viscoso néctar que te escurre de las manos y la camiseta. La noche y las luminarias no te permiten ver que es, pero es de textura oleosa, ligera y extenuante. Su penetrante olor, neutro y amargoso, se sentía en todo el lugar. Tratas de quitártelo pero realmente no tienes tiempo. Sales de la basura, ayudado por Su, antes de seguir corriendo hasta la puerta trasera de tu casa.
Escuchas como tu madre se ha levantado adormecida por el escándalo en la casa de al lado. Aprovechas su sueño para escurrirte y preguntar, con fingida voz de sueño, que había pasado. Ella no se voltea a verte, sólo te dice que mejor vayas a dormir. Trampa evadida, vas a tu cuarto lentamente repitiendo con gestos lo callada que debe mantenerse Su.
Una vez dentro de tus dominios, respiras aliviado. Aun tienes la ropa embarrada de esa sustancia rara, pero el cansancio y el sueño son demasiados. Te quitas la camisa y el pantalón, quedando en bermudas te tumbas sobre la cama entregándote al sueño. Su también está agotada, por lo que se acurruca al lado de tu piel desnuda para darte calor. En unos segundos ambos descansan apacibles.
…
Un escándalo tracalero te sacó de la cama ya pasadas las 9:00 a.m. La inmensa bulla, que te quitó el encantador y placentero sueño, provenía de la calle. Su también se veía con mal humor pero se le paso cuando te vio ignorarlo. El sueño reparó tu mente y tu cuerpo luego de todo lo ocurrido.
Ya más despierto notaste lo sucio y sudoroso que estabas… desde ayer. Sin pensarlo dos veces te diriges al baño de tu cuarto para darte una ducha, seguido por tu curiosa compañera. Tiernamente le indicas que se quede por fuera, que te diera privacidad. El Flaaffy te miró incrédulo antes de dejarte sólo.
Terminas duchándote rápidamente, no quieres que Su se impaciente si no sales en mucho rato. Fresco tomas una toalla y sales secándote tranquilo, te vistes sin problema, pero es sólo al rato que notas que Su no está en tu habitación.
Alarmado pasas a la sala con la camisa a medio poner, no las ves por ningún lado. A punto de gritar su nombre te da por salir al barullo de la calle. Abres la puerta principal y ves en el atrio del vecino a una gran cantidad de personas, en la acera algunos niños y a tu madre en la baja escalera del frente de tu casa. Su esta obedientemente sentada y recostada en las piernas de tu madre, lista para defenderla y hacerle compañía.
Confuso te acercas a tu madre y preguntas que pasó. Ella sólo estiró la mano hacia la pared lateral de la casa del vecino. Un colosal y bien trabajado grafitti estaba pasmado en el lienzo de ladrillos. Pero más que el hecho, ha sido el arte que representa. Curiosamente muestra una serpiente marina destrozando canales, dos siluetas oscuras, una alta y otra baja, en lados opuestos, acompañadas de más siluetas extrañas. Siguiendo el dibujo se ven algunas flores y jarrones, como los de las vecinas de calle abajo y al final de todo una silueta humana acompañada de una silueta rosa.
Hasta el momento que llegaste nadie había notado el parecido de las últimas siluetas contigo y Su, que habían pasado el día anterior por la calle sin dilema alguno. El vecino comenzó a gritar acusaciones contra ti, con fundamento incluido. Y no tienes mucha objeción mental, llegaste tarde a casa pero nadie supo que saliste, te resbalaste en la basura, algo viscoso te cubrió y llegaste a casa. Puede ser que eso sea pintura pero… ¿quién te creería que saliste a salvar Venecia?
Tu madre salió a defenderte en un instante, además tu mismo sabes que no fuiste, estabas demasiado cansado para hacer una obra de arte moderno tan hermosa. En realidad, la cantidad de personas presentes no eran para ver un acto de delincuencia juvenil sino la pintura que había aparecido esa mañana en el muro del vecino. Lo admites, es hermosa pero no fuiste tú como el vecino afirma.
Cerca de la desesperación, en una disputa entre tu madre, el vecino, tu y uno que otro balido de Su, escucharon a una niña gritar: -¡¡¡El pintor!!!
Todos los presentes miraron hacia donde estaba la niña y, en efecto, señalaba al pintor en plena faena. Un cánido en dos patas, con forma semi-humana, bajito y ágil se deslizaba entre las ventanas de la casa de una vecina. Ignorando la conmoción general, usaba su cola para dibujar un hermoso cielo azulado que se veía por la mañana
-Un Pokémon –susurras tratando de recordar su nombre…
-No es tan tierno como esta ovejita, pero sin duda es un gran artista –reconoce tu madre mientras acaricia a Su como si fuera una criatura común.
El vecino se queda con su argumento atropellado en la boca. Esta fuera de sí, no tanto por estar equivocado si no porque el “cuadro” que hizo en su casa era de destrucción y el de la vecina era el hermoso cielo de la mañana.
-¡Tú… Tú! –tartamudeó el pobre hombre - ¡Tráelo! Como hiciste con esa cosa ¡Tráelo!
Que indignación sentiste cuando llamó cosa a Su, por supuesto que no quieres seguirle la corriente. Pero, pensando un instante, encontrar otro Pokémon tan cerca de tu casa es espectacular. Ya recordaste su nombre, es un Smeargle, único usuario de Esquema y un verdadero pintor. En menos de 2 minutos lleva un fragmento de pared completamente arreglado, la vecina dueña de la casa se ve complacida y no quiere que le detengas. Claro, ella es amable y te lo pide.
He aquí tu dilema. Puedes escuchar al vecino e ir con Su a tratar de traer ese Pokémon. También puedes hacerle caso a tu vecina y ver cómo termina ese hermoso cuadro. Y en última o primera instancia, esta tu propia opinión, lo que tú decides hacer frente a la situación. Eres libre de decidir.
Flaaffy
Nombre: Su
Género: ?
Lvl.: 26 (lvl up)
Nat: Mansa
Habilidad:
Ataques:
• Carga. 20/20
• Impáctrueno. 30/30
• Onda Trueno. 20/20
• Esporagodón. 40/40