Una inmensa sonrisa de envejecido guerrero fue lo primero que te regalaron luego de tus palabras. Leve reverencia, como un gesto de respeto, carraspeo jocoso, ya no quiere más formalidad que tu lealtad. Con un movimiento de su mano te indicó el camino hacia una plazuela circular, rodeada de cerezos florecidos, apartada casi al centro del parque.
Lo sigues seguro, con Hiko en tu hombro y el corazón palpitando fuerte. El anciano caribeño caminaba lento, tranquilo, como las flores que el viento arrancaba de sus cimientos en aquel instante. Puede que tus nervios te dejaran por momentos fuera de la realidad, pero debes admitir que aquel momento era hermoso.
Caminar lento, emocionado, a través de ráfagas en suave rosa acompañado de tu nuevo maestro y, tal vez, la más maravillosa criatura que has visto no tenía precio. Aun con una perturbadora y oriental presencia siguiéndolos, seguías encantado con aquella marcha que de momento podía bautizarse como el origen de todo.
Una vez llegaron a la plaza, el viejo Elcano te pidió que te quitaras la bufanda, el chaleco y todo lo que pudiera incomodarte, dejándolo en una banca. Al tiempo, tomó sus cosas y las acomodó al lado, antes de pedirte que fueras al centro de la plazuela.
Obedeciste sin problema, antes de que un quejido suave te hiciera notar que tenían compañía. Era Ino, al parecer terriblemente sorprendida de que Elcano tenía la piel morena, negruzca como era común en el Caribe, de forma natural y sin nada de trucos para obtener ese color.
Con algo de descaro, quizás cinismo, decidió sentarse con su Azumarill en una banquita cercana a tu área de entrenamiento, casi esperando por algo que no conocía. La muchacha estaba algo decepcionada, pero respetaba tu decisión al igual que admiraba la faceta que habías demostrado.
A punto de decirle algo, te interrumpe tu maestro, llamando tu atención hacía él.
-Bueno chico, primero lo primero ¿Cómo te llamas? ¿Y tu amigo?- preguntó animado esperando una presentación de tu parte.
[Sub-Misión: Preséntate ante tu maestro, nombre, apellido, generales, origen y si deseas algo de ti]
-Bien, creo que ya te dije que me llamo Martín, nací en Jamaica pero mi padre consiguió que estudiara medicina en Cuba, acabé estudiando docencia y viajando por varios países, conociendo mucha gente y trabajando ocasionalmente, hasta que un viejo amigo me dijo que necesitaba ayuda. Pagó mis boletos y arregló todo para que viajara a Japón, para ayudarle con algunos problemas, como un pequeño trabajo de consultor. Por eso estoy acá, en la tierra del sol naciente, quien sabe si el destino me tuvo acá, esperándote chico.
Sus palabras te llenan de curiosidad, quien sabe si realmente fue el destino quien dispuso a esa persona para que te ayudara. Una vez acabó su presentación, te pidió que bajaras a Hiko de tu hombro y se acomodaran cual las puntas de un triángulo. Allí, el viejo Elcano comenzó a mover los brazos en orden y luego dar un paso a la derecha formando circulos, antes de pedirte que lo imitaras.
Uno, bajó su brazo derecho, dos lo movió a la derecha. Tres, movió a la izquierda su brazo izquierdo en tanto bajaba el derecho, cuatro subía el brazo izquierdo para luego bajarlo y volver a bajar el derecho. En tanto, cada que contaba cuatro daba un paso a la derecha, sin falta.
Al principio dudas, no comprendes la complejidad del ejercicio pero aún así lo imitas lo mejor que puedes. En un rato te sientes tan seguro de la rutina que dejas de contar con él. Hiko lo imita también, con facilidad lo vez moverse en círculos contigo y tu maestro.
Sin embargo en un minuto, Elcano dejó de dar un paso a la derecha, para dar uno a la izquierda. Concentrado en tu rutina, continúas el ejercicio, creyendo que el viejo se había enredado entre tanto mover brazos. Hiko se detiene en el acto, ha notado que si tanto el viejo da un paso a la izquierda y tu uno a la derecha, seguro harán un emparedado de mono en cualquier momento.
De un momento a otro, tu maestro se detiene y espera que en tu circular camino te topes con él. No le golpeas de a milagro, aunque si provocas la sofocada risa de su principal espectadora.
-Estabas tan concentrado en ti mismo chico que olvidaste lo que tu compañero estaba haciendo y lo que yo te había dicho también, te pedí que me siguieras y tu seguiste como si nada cuando cambié los movimientos –dijo el anciano con un suave tono de indignación en su voz –Sea lo que sea que vayas a hacer en la vida chico, tienes que aprender a ver el mundo por ti y por el resto, no sólo quienes te importen, porque no sólo ellos influirán en tu vida chico.
-Míralo así chico, si tuvieras que pelear no tienes que pensar sólo en lo que tu harías, sino en lo que tu mico haría y claro lo que tu rival haría –quiso explicarse de manera más sencilla –Sigamos con este ejercicio de concentración, pero ya no haremos secuencias sino movimientos espejo, eso te mantendrá más atento.
Bruscamente cambió los simples movimientos de manos por pasos de baile, vueltas, saltos pequeños, lo que fuera necesario, y posible de imitar, para mantenerte atento. Era divertido pero no te acostumbrabas a ver un señor mayor con tanta vitalidad para hacer eso. Ino los veía moverse y comentarse en lenguas extrañas, pero no decía nada para no incomodarlos.
La tarde se avecinaba caliente e indomable, el parque comenzaba a llenarse. Toman una pausa, debes llamar a tu mamá y tu maestro tiene sed, por lo que se va un momento a la tienda de la esquina para comprarles algo de beber. Te recuestas en la banca a mirar al cielo, a los árboles, el camino, para desembocar en la banca donde está su particular admiradora. Se nota algo aburrida ahora que pararon, pero no da señales de irse.
Curioso, ves como a la distancia llegan algunas niñeras con sus pequeños traviesos, uno que otro señor mayor y un par de jóvenes con aspecto de pandilla. Estos te preocupan un poco, quizá parecen tranquilos pero su fallada de chicos malos te da escalofríos, sin contar las inusuales presencias que se paseaban a sus alrededores.
Un amenazante, purpureo, aguijón se paseaba entre tantos jóvenes, pues recostado de una de sus mochilas yacía un Skorupi. Y a los pies de otro, se paseaba un tierno y pesadísimo cachorro de acero, un Aron por donde se le mirara. Una cebrita juguetona y electrificada, Blitzle, quedándose atrás del grupo con un muchacho algo más despistado que los demás.
Un Ferroseed, bastante mimado, en los brazos del más fornido y musculoso del grupo, quizá el único que podía con el peso de aquella planta de acero. Y por ultimo un travieso Mankey, que colgado de la cabeza de su entrenador, hacía de vigía.
Un terror extraño se apodera de ti, no habías visto tantos humanos y Pokémon juntos en un mismo lugar. Tus nervios aumentan, sobre todo cuando en su lento pasear por el parque se encaminan a donde están ustedes.
- ¡Mírenla es ella!- gritó uno de los jóvenes antes de agregar -¡Puedes cambiar de disfraz pero no puedes cambiar a tu Azumarill!
La pobre Ino se levanta de inmediato, casi electrificada, ante aquel familiar grito que le espetaban. Incluso su Pokémon se ve asustado frente a esos jóvenes.
-¡Eh tu! ¡¿Crees que puedes vencernos y humillarnos sin consecuencias?! –gritó otro en su carrera para llegar hasta la muchacha.
-¡Sólo les demostré que yo era mejor! –respondió la damita que ni corta ni perezosa se había movido de donde estaba, dispuesta a correr si era necesario –¡Además quien les manda a creerse los mejores entrenadores sin poder demostrarlo!
Aquellas palabras despertaron la cólera del grupo, que sin mediar palabra seguía su carrera hacia la señorita. En ese momento pudiste entender que ella los había retado, y probablemente derrotado, antes. Sin embargo, crees que ni el mejor podría enfrentarse fácilmente a 5 adversarios al mismo tiempo con un solo Pokémon.
Ino se veía amedrentada, sabía que inventarían atacarla todos al mismo tiempo en lugar de retarla uno por uno como antes. A punto de correr como si no hubiera mañana, se tropezó y cayó de lleno en medio de la plazuela.
Sabes que todo terminará mal, pero no tiene porque terminar peor. Es tu decisión. Puedes ayudarla a levantarse, pero de allí en más puede que la tomen contigo también. Aunque puedes ignorar lo que está pasando, si al final ni siquiera la conoces bien y está metida en problemas que solita se ha buscado. Adelante, elige.
Chimchar
Nombre: Hiko
Género: ♂
Lvl.: 15
Nat: Alegre
Habilidad: Puño Férreo.
Ataques:
• Golpes Furia 15/15
• Ascuas. 25/25
• Mofa. 20/20
• Arañazo. 35/35