Zombie Apocalypse - Capítulo 3
Bien, aquí les traigo este mi nuevo "fic". Lo digo así porque no tiene nada que ver con pokémon ni nada parecido xD En fin, los dejo con la evaluación antes que nada ^^
Ahora tengo que avisarles una cosa antes de que sigan leyendo
Índice:
- Introducción.
- Capítulo 1: Infiltración.
- Capítulo 2: Encuentros.
- Capítulo 3: Historias, parte uno.
Ahora, por último los dejo con la introducción de la historia, espero que sea de su agrado... iré publicando los capítulos cada una semana más o menos... en fin, ¡Disfruten! =D
Eso sería todo... ¡Hasta la otra! ^^
Puntos a evaluar:
1. El tema del fic y su trama 14/15 puntos
2. La gramática, ortografía y estructura de la escritura 25/25 puntos
3. La madurez del fic 5/10 puntos
4. El desarrollo del fic, es decir, la forma de expresar del autor 18/20 puntos
5. Apoyo visual (Si es que lo tiene, es decir, opcional) - 5 puntos.
Puntaje total: 62 /70 (Siendo 40 el mínimo)
Conclusión: Fanfiction apto para publicar.
1. El tema del fic y su trama 14/15 puntos
2. La gramática, ortografía y estructura de la escritura 25/25 puntos
3. La madurez del fic 5/10 puntos
4. El desarrollo del fic, es decir, la forma de expresar del autor 18/20 puntos
5. Apoyo visual (Si es que lo tiene, es decir, opcional) - 5 puntos.
Puntaje total: 62 /70 (Siendo 40 el mínimo)
Conclusión: Fanfiction apto para publicar.
Ahora tengo que avisarles una cosa antes de que sigan leyendo
Esta historia está recomendada por mí para personas mayores de 14 años por su alto contenido violento y por su lenguaje. Sin embargo no se le está prohibiendo a nadie leer, sólo que se lea bajo la responsabilidad de uno mismo.
Índice:
- Introducción.
- Capítulo 1: Infiltración.
- Capítulo 2: Encuentros.
- Capítulo 3: Historias, parte uno.
Ahora, por último los dejo con la introducción de la historia, espero que sea de su agrado... iré publicando los capítulos cada una semana más o menos... en fin, ¡Disfruten! =D
Spoiler
Y allí se encontraba él, en una solitaria cabaña en medio del oscuro y gélido bosque invernal. No era precisamente donde le habría gustado estar, pero era lo único que poseía. Cada día se quejaba de lo mal que había llevado su vida, de lo estúpido que fue al tomar decisiones. Cada mísero error le había costado caro y, por culpa de eso, perdió todo lo que tenía.
Ya era relativamente tarde, eso de las once y media. “Me voy a dormir”, dijo para sí y se levantó de la vieja silla roída por termitas que, además, era la única en toda la cabaña. Caminó unos cuantos pasos por el reducido espacio – el área total de la cabaña no era mayor al de una pequeña oficina – ignorando el fuerte olor a humedad pues, con el paso de los años ya se había acostumbrado a el. Apagó la única vela encendida que tenía, quedando inmerso en una oscuridad casi total, siendo iluminado únicamente por un débil haz de luna que entraba por una de las ventanas. Caminó a paso lento hacia su sucia y polvorienta cama, corrió las sábanas y se metió en ella, esperando hasta quedar dormido casi instantáneamente…
A mitad de la noche, un fuerte ruido lo despertó de golpe, interrumpiendo un sueño acerca de su infancia, cuando su vida aún era pues, vida. El ruido venía desde la puerta, alguien la golpeaba desde afuera, quizá mas de uno. Se acercó frotándose los ojos, molesto por la interrupción. Se plantó frente a la puerta y la abrió, ya era tarde para volver. Frente a él se encontraba una horda relativamente pequeña de horribles zombis que caminaban de un lado a otro como si no supieran qué hacer, unos chocaban contra los demás y otros simplemente permanecían inmóviles, mirándolo fijamente, como un hambriento ve un plato de comida. Tenían un color de piel muy blanco y pálido al no correr sangre por sus venas. Sus ropas, harapientas, estaban manchabas por el mismo líquido del que carecían. La gran mayoría tenía marcas de dientes por todo el cuerpo y trozos de carne faltante. Entre las filas de zombis alcanzó a contar hombres adultos, mujeres, niños, ancianos, etc. Todos con rasgos diferentes y marcas en distintas partes del cuerpo. Pronto gran parte de ellos se acercaron a él, trató de correr, pero no tenía adonde, sólo se encerraba más. Su mente trataba de analizar rápido la situación. ¿Zombis? ¿Cómo era posible? ¿Sería acaso una broma de un grupo de jóvenes? No, no podía ser, eran demasiados y nadie se molesta tanto para hacer una simple broma, además evitaba el relacionarse con la gente del pueblo cercano y, curiosamente, la cantidad de bestias se asemejaba mucho al total de habitantes del pueblo. ¿Qué habría pasado? Pensaba muchas cosas al mismo tiempo y se le enredaban las ideas; ya no tenía donde huir en la esquina en que se encontraba, estaba perdido, ya tenía a los zombis sobre él, rodeándolo, pronto varias manos lo agarraron de la ropa y la tironearon con fuerza, desgarrándola, algunos de ellos se tiraban al piso y le mordían las piernas, arrancándole gritos desgarradores y a la vez trozos de carne. La sangre pronto comenzó a brotar, manchando el suelo de un oscuro carmesí. Sentía mucho dolor, estaba comenzando a ponerse débil por la rápida pérdida de sangre. Cayó al suelo. Sus ojos empezaban a cerrarse, lo último que pudo ver fueron los rostros de algunos zombis, con ojos blancos, sin vida. Pudo oír el jadeo que producían los zombis de atrás que querían avanzar para tocar algún bocado y los sonidos al masticar de algunos de los zombis de adelante. Sus ojos se cerraron. Estaba muerto.
Ya era relativamente tarde, eso de las once y media. “Me voy a dormir”, dijo para sí y se levantó de la vieja silla roída por termitas que, además, era la única en toda la cabaña. Caminó unos cuantos pasos por el reducido espacio – el área total de la cabaña no era mayor al de una pequeña oficina – ignorando el fuerte olor a humedad pues, con el paso de los años ya se había acostumbrado a el. Apagó la única vela encendida que tenía, quedando inmerso en una oscuridad casi total, siendo iluminado únicamente por un débil haz de luna que entraba por una de las ventanas. Caminó a paso lento hacia su sucia y polvorienta cama, corrió las sábanas y se metió en ella, esperando hasta quedar dormido casi instantáneamente…
A mitad de la noche, un fuerte ruido lo despertó de golpe, interrumpiendo un sueño acerca de su infancia, cuando su vida aún era pues, vida. El ruido venía desde la puerta, alguien la golpeaba desde afuera, quizá mas de uno. Se acercó frotándose los ojos, molesto por la interrupción. Se plantó frente a la puerta y la abrió, ya era tarde para volver. Frente a él se encontraba una horda relativamente pequeña de horribles zombis que caminaban de un lado a otro como si no supieran qué hacer, unos chocaban contra los demás y otros simplemente permanecían inmóviles, mirándolo fijamente, como un hambriento ve un plato de comida. Tenían un color de piel muy blanco y pálido al no correr sangre por sus venas. Sus ropas, harapientas, estaban manchabas por el mismo líquido del que carecían. La gran mayoría tenía marcas de dientes por todo el cuerpo y trozos de carne faltante. Entre las filas de zombis alcanzó a contar hombres adultos, mujeres, niños, ancianos, etc. Todos con rasgos diferentes y marcas en distintas partes del cuerpo. Pronto gran parte de ellos se acercaron a él, trató de correr, pero no tenía adonde, sólo se encerraba más. Su mente trataba de analizar rápido la situación. ¿Zombis? ¿Cómo era posible? ¿Sería acaso una broma de un grupo de jóvenes? No, no podía ser, eran demasiados y nadie se molesta tanto para hacer una simple broma, además evitaba el relacionarse con la gente del pueblo cercano y, curiosamente, la cantidad de bestias se asemejaba mucho al total de habitantes del pueblo. ¿Qué habría pasado? Pensaba muchas cosas al mismo tiempo y se le enredaban las ideas; ya no tenía donde huir en la esquina en que se encontraba, estaba perdido, ya tenía a los zombis sobre él, rodeándolo, pronto varias manos lo agarraron de la ropa y la tironearon con fuerza, desgarrándola, algunos de ellos se tiraban al piso y le mordían las piernas, arrancándole gritos desgarradores y a la vez trozos de carne. La sangre pronto comenzó a brotar, manchando el suelo de un oscuro carmesí. Sentía mucho dolor, estaba comenzando a ponerse débil por la rápida pérdida de sangre. Cayó al suelo. Sus ojos empezaban a cerrarse, lo último que pudo ver fueron los rostros de algunos zombis, con ojos blancos, sin vida. Pudo oír el jadeo que producían los zombis de atrás que querían avanzar para tocar algún bocado y los sonidos al masticar de algunos de los zombis de adelante. Sus ojos se cerraron. Estaba muerto.
Eso sería todo... ¡Hasta la otra! ^^



































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