Capítulo Tres
Historias, parte uno
…Clair y Lily caminaban juntas a paso perdido pues no sabían a donde debían dirigirse. James iba un par de metros más atrás, tratando de caminar un poco más rápido pues, ya ni él soportaba su propio olor y le costaba respirar sin ahogarse. Varias veces tuvo que gritar “¡por ahí no!” a las chicas que caminaban frente a él, pues de repente se dirigían hacía un lado al que no debían ir. Luego de alrededor de diez minutos llegaron a la tienda de ropa a la que habían entrado Zack y John. Ingresaron y allí estaban ellos, sentados en el suelo con ropa algo más elegante que la que traían antes.
-¡James! –Exclamó Zack - ¡al fin llegas, hermanito! Creí que te había atacado un zombi o algo parecido.
-No, nada de eso, es sólo que me encontré con ellas –dijo señalando hacia atrás a sus dos nuevas compañeras -. Ellas son Clair Hills y Lily Young. Chicas, ellos son mi hermano Zachary Evans y nuestro amigo John Brown.
Se dieron las manos entre todos, aunque, obviamente Clair no se veía feliz de hacerlo. Sólo lo había hecho ante la asesina mirada de Lily. Seguido del saludo, Zack dijo:
-James, atrás hay una ducha que funciona, ve a bañarte.
-Gracias –respondió a la vez que tomaba algunas prendas de ropa de su talla.
Luego de eso fue caminando lentamente a la parte de atrás de la tienda sin articular otra palabra. Los cuatro se sentaron en el suelo en el lugar donde se encontraban Zack y John antes de que llegaran. Ninguno dijo otra palabra. John miraba a Lily como si no quisiera perder un sólo detalle de ella. De pronto, ella misma habló:
-Y… ¿Cómo pudieron sobrevivir al desastre? –dijo como queriendo sacar algún tema para conversar y romper el hielo.
-Pues… -comenzó a decir Zack – aún recuerdo el momento exacto como si hubiera sido ayer. Es una larga historia.
-No te preocupes… no tengo trabajo ya, así que puedes darte todo el tiempo del mundo. Además me parece interesante. Luego contaré la de Clair y yo, ¿de acuerdo? –contestó Lily muy amistosamente.
-Bien, déjame ver por donde empiezo. Mi historia incluirá la de James y John también, estábamos juntos entonces… vaya, no puedo creer que hayan pasado ya dos semanas. Bueno, la historia de cómo pudimos sobrevivir a la misteriosa horda de zombis es algo larga como dije, así que empezaré desde el principio…
…Zack y James se encontraban en un apartamento algo desordenado. Había prendas de ropa por todas partes y un montón de discos de varias bandas diferentes repartidos en el piso junto a un reproductor de música. La televisión estaba encendida y mostrando un noticiero común y corriente. Era lo típico. Accidentes de tránsito, asesinatos, robos, violaciones… todos dramas que provocaban un duelo nacional por unos días y a la semana siguiente ya nadie recordaba. Ambos hermanos estaban haciendo literalmente, nada. James estaba sentado en una silla observando la hermosa vista de la ciudad Magnam. Estaban en un décimo piso. Zack observaba la televisión, pero sin prestarle atención. Era como si sus ojos y su mente estuvieran perdidos en otra cosa. Parecía que estaban así hace mucho. El día afuera era gris, como a punto de llover. No era raro, pues ya estaban a principios de diciembre y la temporada de lluvias y nevazones se acercaba. Todo señalaba a que ese día sería como cualquier otro día sin trabajo, aburrido. Con lo único que se entretenían los dos, era con eso mismo. Ambos tocaban en una banda, James era el guitarrista y vocalista, mientras que su hermano era el de la batería. Su amigo John era el bajista. Su banda, llamada “
Dark Echoes”, era regularmente famosa entre los clubes locales e iba en aumento.
De pronto, alguien irrumpió abriendo la puerta, obligando a ambos a dar un respingo. Era John, venía algo acelerado, como quien trae buenas noticias. Luego de entrar, cerró la puerta tras él y luego se sentó en uno de los sillones. Tomó un poco de aire y dijo:
-¡Tenemos trabajo para hoy en la noche! –exclamó muy emocionado.
-¿Hablas en serio? –preguntó Zack algo extrañado -. Hoy el club está cerrado, no podemos tocar ahí.
-No vayas a pensar que no sé eso –respondió John -. Y sí, hablo muy en serio, nos conseguí un espacio en otro local más grande.
-¿De verdad, John? ¡eres increíble! –exclamó de repente James.
-Lo sé… pero debemos ir ahora para arreglar todo. Ahora toma tu guitarra y vamos –dijo y acto seguido salió por la puerta rápidamente.
James fue a buscar su guitarra que estaba dentro de su funda y luego se dirigió a apagar la televisión que en ese momento mostraba la palabra “Alerta” escrita en los titulares de las próximas noticias.
-¡Oye, yo quería ver eso! –exclamó con algo de enfado.
-Seguro es un asesino suelto o algo así. Lo verás más tarde, si es una noticia importante la repetirán todo el día.
-Bueno, en eso tienes razón… ahora vamos que John nos está esperando.
-Rápido.
Salieron ambos por la puerta y luego de cerrar la cerradura con la llave, bajaron velozmente las escaleras del apartamento en el que vivían. Todos los pisos eran aburridos e idénticos. Paredes grises y puertas blancas. Era como si no fueran a llegar nunca abajo. Cualquiera pensaría eso la primera vez, pero ellos ya llevaban viviendo ahí un par de años por lo que ya lo conocían de memoria. Luego de nueve pisos, llegaron al vestíbulo y salieron por la puerta para darse cuenta que había empezado a llover torrencialmente. John los esperaba ahí, en una vieja camioneta que había pertenecido a su padre.
-Suban ya, tenemos que llegar antes de las cinco –gritó John para hacerse oír a través del ruido ensordecedor de la lluvia.
Los dos se subieron a la camioneta y John arrancó. Las llantas patinaron un poco en el asfalto mojado, pero pudieron avanzar.
Iban a exceso de velocidad, pues sólo faltaban siete minutos para las cinco. Para su mala suerte, las calles de pronto comenzaron a llenarse de vehículos y gente corriendo a medida que avanzaban. Les extrañó un poco pero no prestaron mucha atención pues no eran demasiadas personas.
Al cabo de unos minutos, llegaron al club, cuyo nombre era “
The Zombie Palace”. Bajaron los tres de la camioneta y se apresuraron a entrar para no mojarse con la ahora más intensa lluvia. Caían pequeños granizos junto al agua y amenazaban con empeorar en cualquier momento. Seguro acabaría siendo una poderosa tormenta de aquellas que hacían famosa a Inglaterra.
Dentro del club, había un montón de mesas agrupadas sin ningún orden. Frente a todas ellas un pequeño escenario donde las bandas podían tocar. El ambiente del lugar era realmente deprimente e incluso tenebroso. Por la infraestructura parecía tener muchos años ya. Alrededor del montón de mesas había un gran espacio vacío donde seguramente las movían cuando usaban el escenario.
-¿Seguro de que este es el lugar? –preguntó de repente Zack.
-¿Qué tiene de malo? –contestó John.
-¡Qué tiene de bueno! –exclamó Zack subiendo demasiado el tono.
-Ya, calma, si no quieren tocar aquí nos vamos y ya.
-Me parece bien, no creo que vaya a llegar más gente de la que ya hay aquí –espetó James.
-De acuerdo, déjame cancelar con el dueño. Ya vuelvo.
Y dicho esto, los dejó a ambos parados cerca de la puerta de entrada. Esperaron un rato mirando a su alrededor. Había pocas luces, por lo que su visión era bastante reducida. La única parte bien iluminada del lugar era el escenario, el cual estaba en condiciones deplorables. Al rato, apareció John.
-Bien, ya cancelé –dijo apenas llegar.
-Perfecto, vamos –dijeron ambos hermanos casi al unísono.
Se apresuraron a salir, se notaba que James y Zack no querían estar ahí pues abandonaron el lugar primero que su amigo. Afuera seguía lloviendo. Se acercaron a la camioneta y se sobresaltaron al ver a alguien dentro de ella tratando de hacerla arrancar.
-¡Oye, bájate de mi camioneta! –gritó John increíblemente fuerte antes de correr en dirección a su camioneta.
El sujeto, al ver a John, se apresuró en lograr su objetivo. John corrió hacia la camioneta y trató de abrir la puerta del conductor, pero el hombre la había cerrado. Comenzó a forcejear y a golpear la ventana con fuerza. Pero era inútil, no lograba nada. El misterioso hombre se veía decidido en su objetivo, pero también se notaba miedo en su expresión. John golpeó el vidrio que lo separaba del hombre una vez más y dijo:
-¡Bájate! ¿Qué no me oyes?
-Lo lamento mucho, pero necesito escapar, no quiero ser comido por ellos –le respondió el hombre.
Dicho esto, pudo hacer andar la camioneta y arrancó a toda velocidad dejando a John ahí, mojándose bajo la lluvia. Pronto sus dos amigos se acercaron. Intercambiaron un par de miradas de desconcierto.
-No puede ser, ahí estaba mi guitarra… -dijo James tristemente.
-Volvamos al club a buscar ayuda –se notaba cierta tristeza también en la voz de Zack.
Luego de esto se encaminaron hacia el club en el que estaban hace unos segundos para pedir transporte para volver a sus hogares. Se veían confusos, sobre todo John, que fue el único que había escuchado las palabras del anónimo hombre. Algo lo iba a comer, pero no entendía qué quiso decir con aquello.
Entraron al local otra vez y se sentaron todos alrededor de una de las mesas. Querían esperar un poco y tomar algo para tranquilizarse antes de pedir ayuda. Se notaban bastante inquietos, en especial John que jugueteaba distraídamente con un tenedor. Estuvieron así por largo rato, mirándose los rostros unos a otros.
Un extraño sonido les llamó la atención. Era así como un siseo o algo similar. Miraron a su alrededor y vieron a un anciano tratando de llamar su atención mediante señas con su mano izquierda. A los tres hombres les extraño verlo, pero se levantaron y se dirigieron hasta donde él se encontraba. Mientras iban, se percataron de que ellos eran los únicos en el local, las pocas personas que había antes se marcharon en algún momento sin que ellos lo notaran. Llegaron con el misterioso hombre quien de inmediato les dijo:
-¿Por qué no se han ido?
Su voz era áspera y arrastraba las palabras al hablar. Vestía una larga chaqueta verde que le llegaba hasta las rodillas. Sus ojos eran azules y su pelo era blanco y largo. Con su mano derecha sujetaba un viejo bastón. Tenía una mirada seria y decidida.
-Si quiere nos vamos ahora, señor –respondió James.
-No me han respondido mi pregunta –dijo el anciano algo amenazante.
-Perdón. Queríamos pedir ayuda para poder irnos. Resulta que acaban de robar nuestro transporte –dijo John con algo de miedo ante la personalidad del hombre.
El anciano soltó una fuerte carcajada haciendo sobresaltar a los tres amigos. Su mirada seria cambió totalmente por una divertida y amigable. Parecía una persona totalmente diferente. James, Zack y John lo miraban asombrados y a la vez con curiosidad. El anciano paró en seco de reír y los miró a los tres una mirada nueva. Cambió de mano su bastón y estiró la derecha para poder estrecharla con todos.
-Mi nombre es Adam Black –dijo el anciano con un tono muy distinto al de antes.
-Yo me llamo John Brown, ellos son los hermanos Zack y James Evans.
-¡Un placer conocerlos a todos! –exclamó con extraña alegría.
-Señor, necesitamos ayuda, de verdad –rogó James.
-No se preocupen, no les importará eso luego de lo que les mostraré. Pero antes, les contaré un secreto.
Bajó el volumen de su voz y se encogió de hombros, como intentando que nadie más lo escuchara. Curiosamente no había nadie cerca; se inclinó un poco y dijo:
-Yo ya sabía que los zombis llegarían tarde o temprano.
-¿¡Zombis!? –exclamaron los tres al unísono.
-¿No sabían que la ciudad está siendo atacada por zombis en este momento? ¡Sí, zombis!, ¡es el apocalipsis!, ¡se los avisé a todos!, ¡vamos a morir! –gritó levantando los brazos.
-Discúlpeme que se lo diga, pero… -empezó a decir James – usted está loco, señor. Ahora respóndame… ¿quién es usted?, ¿cómo sabe esas cosas?
-Ya te lo dije, soy Adam Black, el dueño de este lugar.
-Pero usted no es con quién hablé hace un rato para cancelar –dijo John.
-Bah, Mark es sólo el encargado. El dueño soy yo –dijo dándose cierta importancia – Ahora síganme, como les dije, necesito mostrarles algo.
-Pero aún no entiendo nada, ¿zombis?, ¿hablaba en serio? –preguntó Zack.
-Claro, yo sé muchas cosas, muchacho. Si quieren respuestas, síganme...
Adam comenzó a caminar torpemente hacia la parte trasera del lugar, donde sólo podían entrar personas autorizadas. Se apoyaba con su bastón antes de dar un paso, por lo que caminaba a una velocidad unas tres veces más lenta de lo normal.
Los tres amigos iban preguntándose que podría ser lo que Adam quería mostrarles. Siendo un anciano tan raro como él, no podía ser nada normal. En el poco tiempo que hablaron con él no lograron confiar absolutamente nada en su actitud. Algo en él no terminaba por agradarles.
Llegaron hasta una puerta blindada que parecía contener algo muy importante. El anciano se detuvo y dirigió su mirada hacia los hombres. Metió su mano libre en uno de los bolsillos interiores de su chaqueta y sacó un arma con la que apuntó a John.
-Lo lamento, pero los necesito muertos…
Se escuchó un disparo y luego sobrevino la oscuridad…
Continuará...