Spoiler
Ocaso rojo sangre
Red blood dusk
Tras dos paradas, pues había sido un viaje de considerable longitud y fatiga para los cuatro voladores, Wander emergió del edificio de la Federación de Sassienne en Buren con una sonrisa, clasificado como el número sesenta y tres en llegar y a la espera de las pruebas para clasificar por aptitudes de combate. Todavía vestía un poncho de cuero de color beige oscuro, se había deshecho, sin embargo, de las gafas en su atuendo, llevándolas ahora en su bolsillo en caso de necesitarlas.
Pasó la noche a las afueras entrenando más con seis de sus pokémon, preparando el Gran Baile todo lo posible, pues tenía que ganarlo ya no por motivos profesionales, sino personales, se había convertido en ese competidor del que hablaba para evitar las sospechas que ya tenía encima.
Al día siguiente llegó la noticia fatídica: plazo de inscripción cerrado. Los contendientes deberían presentarse en el polideportivo de Buren para las pruebas de clasificación según las cuales se diseñaría el cuadro del torneo.
Fue tan fácil como romperle la boca a un emboar con la cabeza de Gaius como arma. Un solo golpe fue todo lo que llevó, la fuerza explosiva del garchomp no le dio tiempo a su rival a reaccionar y pronto le dejó la cabeza pulverizada mientras caía al suelo, de espaldas, fulminado.
Al día siguiente salía el cuadro del torneo y el hombre del poncho descansaba con calma en uno de los parques de la capital regional mirando su móvil, esperando la actualización del cuadro y las sedes de los combates...
— ¿Qué hacemos? Parece que al final tu amigo se ha presentado y todo al torneo, y según los jueces, es el otro cabeza de serie— cuestionó Sid a su compañero de bando.
Hablaban con calma en un callejón, metidos en un barrio conflictivo de la capital, tras expulsar a un dúo de drogadictos de ahí mediante amenazas y fuerza bruta.
— Es cierto que puedes cambiar el orden de los emparejamientos— admitió Garrett, mirando al frente, ignorando por completo a su aliado, que estaba a su izquierda— pero quiero guardarme el mejor plato para el final, quiero a Ashton Wymond lo más desgastado posible para comprobar si de verdad es digno de enfrentarse a mí. No muevas un dedo. Déjalo todo estar. Si ha vuelto, es por algo.
Inmediatamente, el teléfono de Wander sonó, ya tenía el cuadro del torneo preparado, el cual revisó con cautela. Tres semanas duraría el asunto este de bailar, y cómo pudo comprobar, sólo se enfrentaría a su némesis si llegaba vivo a la última jornada del campeonato. Su primer combate era en el estadio habilitado al oeste de la ciudad, en dos días. Se levantó y se fue a las afueras a entrenar mientras pensaba en una posible rotación, los candidatos del torneo no eran moco de pavo. No deberían serlo, en un principio.
Debería ser mejor que sesenta y tres otras personas, al menos eso pensaba Wander mientras se echaba una siesta fuera de la ciudad, en medio del bosque, con la espalda recostada en un árbol y sin más abrigo que su poncho. La hoguera encendida por Alaz ya sólo eran brasas y el metagross del joven montaba guardia con sus patas bien clavadas en el suelo y sus ESPs bien dispuestas para localizar a cualquier intruso en un rango de 360º que pudiera acercarse a su puesto.
El durmiente Ashton pronto sintió un golpe violento, pero eran lo menor que las violentas patas de un metagross podían proporcionar, que le hizo un moratón considerable en el costado y le obligó a despertarse súbitamente mientras caía de lado en el pasto.
— ¿Qué narices?
Un arbok, con los colmillos empapados en veneno. Un agujero en la tierra justo donde él estaba tomándose su reposo. Alguien lo había localizado y lo quería muerto. Esa serpiente morada con hipnóticos patrones en el vientre inmediatamente se estiró una vez más para intentar dar caza al desertor, pero se topó con una conmoción craneal debida a que la parte izquierda de su calavera fue destrozada por un puño meteoro de exagerada precisión, que lo dejó totalmente inconsciente por traumatismo craneoencefálico.
Wander aprovechó la situación para agradecer la salvada a su metagross y saltar sobre su cuerpo, que desencajó las patas de la tierra y comenzó a levitar mediante electromagnetismo para girar sobre sí mismo más fácilmente y localizar, con cuatro ojos, a aquel que había urdido la agresión.
— Alvin Pryce de las fuerzas de élite de Estahl, baja de ese árbol— ordenó un expeditivo Wander creyendo haber localizado e identificado al estratega.
— ¡Bingo! Por mucho que padre dijera lo contrario siempre estuve seguro de que tenías mucho potencial.
El hombre bajó del árbol de un salto, era alto, metro noventa, y con más de treinta años, el mayor de los hermanos Pryce. Físico delgado, para no inhibir su agilidad en la retaguardia del campo de batalla, pero no por ello falto de trabajo. Unos pantalones negros con un cinturón al que llevaba atadas seis pokéballs (una de las cuales con las que recogió a su arbok) y un cuchillo y una bonita gabardina del mismo color cubrían su cuerpo. En cuanto a su rostro, Alvin poseía ojos azules y pelo castaño bien alisado hacia atrás. Guardó el joven a su metagross.
— No me han movilizado en siglos, y la primera que me llega en tanto tiempo resulta que es matar a mi hermano por la piedra activadora. Creía a mis otros hermanos más capaces que eso la verdad, pero, te creía a ti más si eras capaz de enfrentarte al mundo— admitió— Serviré a mi país, Jack, que para eso me han dado de comer y todas esas cosas que son muy largas de contar. Pero quiero recordar esto, nunca creí que agarrarías las armas por tus ideales. Así que el vencedor se lo lleva todo, ¡vamos!
Alvin se lanzó hacia atrás mientras dejaba volar una de sus pokéballs esperando que Wander hiciera lo mismo, pero su hermano menor tardó un segundo más que él teniendo cosas que sopesar en la cabeza. No tenía ahora mismo a Scarlett en rotación, por lo que destrozarle con fuerza bruta era poco factible, pero, de todas las personas ¿a Alvin? Era el mejor en la academia militar. El mejor, y con una diferencia que daba vergüenza a los profesores enseñarle a combatir ¿Cómo narices iba a salir de un combate contra semejante soldado sin MegaScarlett?
Eran seis contra cinco. Pero se dejó de ver abrumado de repente. Ganar, ganar y ganar era todo lo que importaba para él, lo iba a conseguir. Por Elincia, por Lawrence, por sus pokémon, por todas las personas que daban algo por él en las casas de apuestas del torneo. Y por sus ideales.
Alaz emergió de ball enérgico y se crujió los nudillos, deseoso de ver su emparejamiento, que no era ni más ni menos que un tyranitar como aquel que poseía otro de los hermanos de Jack, una bestia envuelta en pétrea coraza de color verde, de vientre azul, sustentada sobre dos patas y con una poderosa cola, que meneó para hacer la tierra temblar.
— ¿Listo, Jack? Combate singular con la vida en juego, no me permiten volver a casa si no traigo al traidor vivo o muerto y, sobre todo, la piedra activadora.
Wander asintió y ambos se dispusieron para el ritual que reduciría la antaño numerosa familia Pryce a un único hijo de cuatro. Todos ellos huérfanos de padre.
— ¡Puño incremento!— vociferaron los dos a la vez.
Y ambos pokémon se lanzaron al sprint el uno contra el otro antes de reventarse las caras simultáneamente con los puños, que desprendían un aura rojiza y al hacer impacto aumentaron su fuerza física. Las dos bestias salieron repelidas del choque.
— ¡Aqua cola!— aprovechó Alvin.
Con el mayor alcance de la cola de un tyranitar, ésta, envuelta en agua podía atizar cual tsunami al blaziken de su hermano menor y mandarlo a la lona, al menos eso pensaba al tirano mientras giraba.
— ¡Desequilíbrale la cola con tu mejor gancho alto!
Con un uppercut salvaje que obligó al gallo de combate a flexionar rodillas para generar fuerza, saltó con todo y partió la ola en dos, elevando de paso a su rival. Con ambos en caída libre unos metros, el pokémon acorazado no estaba en la mejor posición para plantar cara a su rival, paralelo al suelo, exponiendo su flanco a su rival a mayor altitud.
— ¡Patada salto alta!
Descendió con todo Alaz , sobre todo con su pierna derecha estirada y el pie en la yugular de su rival, noqueándolo instantáneamente en el momento de la colisión contra el suelo, de la que el blaziken se retiró con una voltereta hacia atrás, antes de que el tyranitar fuera reducido a energía roja y devuelto a su ball por su entrenador.
— Impresionante, Jack, de quitarse el sombrero, a decir verdad. De verdad te mereces luchar contra los Cuatro Fantásticos.
Alvin Pryce y los Cuatro Fantásticos, una de las mejores unidades que habían dado las fuerzas estahlianas en muchísimos años. Y enfrente suyo estaban, nunca creyó que se dignara a traer a los Cuatro para reducir a una fuerza menor como su hermano, pero su opinión sobre él superaba a la de sus dos otros parientes. Alaz mantuvo su guardia esperando la siguiente criatura.
Se trataba de un weavile, que emergió rápidamente de una ball, un pequeño felino negro con grandes y afiladas garras en las manos y dos patas largas en relación al resto de su cuerpo que le permitían moverse con una celeridad imposible de distinguir para un ojo no entrenado. Su manto de plumas rojas tras la cabeza parecían empapadas en sangre y eran relativamente largas, indicativas de que era un macho, mientras que poseía una joya amarillenta incrustada en la cabeza.
Celsius, se llamaba, los Cuatro tenían nombres a medida de sus características y no había nadie en la academia militar que no lo supiera, los únicos pokémon que Alvin se había dignado en nombrar, pero ¿por qué Celsius contra Alaz? el emparejamiento no tenía ningún sentido. Hasta que Wander lo pilló...
— Garra brutal— comenzó el asalto Alvin.
— ¡Levanta la guardia!
De no ser por la habilidad impulso, el blaziken no lo hubiera contado, un zarpazo con muy malas intenciones directo al pecho fue sacado por el brazo izquierdo del gallo, que ahora tenía a su oponente en el aire tras coger momento, creando una ventana de contragolpe.
— ¡Puño incremento!— se lanzó Wander.
— Lleva el combate adentro.
El gancho de derechas que iba a conectar como un jet contra el mentón del weavile no llegó a hacer contacto, pues la agilidad del felino en los espacios cortos iba a ser un factor decisivo en aquel asalto cuando ascendió sobre el brazo de Alaz y se coló a suficiente distancia para meterle las zarpas varias veces al pecho sin interrupción, hiriéndole de gravedad y dejándolo sin capacidad de reacción ante la doblegadora sustancia P. El resultado fue que la diferencia en el largo de extremidades y la enormemente corta distancia a la que golpeaba Celsius acabaron poniendo a Alaz de rodillas, con las manos en el pecho y evidentemente dolorido...
— Lanzallamas— aprovechó el desertor mientras se preparaba su rival para el golpe final.
Alcanzó a vomitar desde el suelo mientras el weavile se le acercaba para propinarle el golpe de gracia una lenguarada de fuego que cazó al felino negro por completo mientras el hermano menor sonreía, bingo, el sacrificio había sido importante, pero había eliminado a uno de los Cuatro.
No se lo creía ni él.
Un golpe aéreo, una maniobra simple pero eficaz, fue lo que necesitó Alvin para que Celsius desapareciera del rango de ese potente lanzallamas y volviera a aparecer, esta vez en rango de golpeo, aterrizando sobre la espalda de Alaz y destrozándosela con un puño incremento que terminó de hacerle caer, situación ante la que su entrenador se vio obligado a retirarlo del campo de batalla.
Mientras tanto, Alvin se acicalaba la gabardina y Celsius le flanqueaba una vez más, había tardado un parpadeo en cambiar su posición, y lo que era peor, su fuerza física era ahora mayor.
Wander había topado con una decisión complicada, y la resolvió con un anfibio de piel azul y una larga lengua rosada que le hacía las veces de bufanda, una hembra de greninja, que apoyó una pata sobre el suelo para equilibrarse mejor mientras clavaba sus ojos en Celsius. Shimizu era ideal para jugarle de poder a poder en el tema de la agilidad.
— Ahora Shimizu está crecidita y envalentonada. Vamos a verla de verdad, Jack, ¡patada baja!
— ¡Escudo tatami!— replicó Wander.
Un pequeño muro de tierra en forma de tatami se levantó ante la rana justo en el momento en que ésta recibiría el barrido de parte de la pierna de Celsius, lo suficiente para bloquearla y emerger por el flanco a toda velocidad...
— ¡Puño incremento!— contraatacó el hermano menor.
Y la greninja flanqueó al weavile para atizarle con su diestra un directo bien cargadito de energía, que lo mandó rozando suelo hacia atrás mientras Shimizu reestablecía su guardia.
— ¡Bombardéalo con shuriken!
Manos a la cintura del anfibio y agua concentrada formando estrellas ninja, que lanzó sin piedad contra un rival intentando causarle heridas menores además de crear aperturas para impactos mayores. No sirvió de nada.
Con sus garras, a la velocidad del sonido, había atravesado aquellos shuriken de agua Celsius antes de volver a lanzarse contra su rival buscando el combate a corta distancia.
— ¡Tijera X!— atacó Alvin.
Era rapidísimo, demasiado para esquivarlo, necesitaba otra idea...
— ¡Dagas de agua!
De las manos de Shimizu comenzaron a brotar una pareja de cuchillas de agua muy concentrada capaz de cortar piedra, y la rana se lanzó contra el felino sin dilación, para chocar espada contra espada en la culmen de los choques de filos. En una colisión rabiosa, la mayor fuerza de Celsius le permitió desplazar los brazos de Shimizu a pesar de tener ésta apoyo sobre el suelo... pero esa fue su perdición.
— ¡Hidrobomba!— comandó Jack.
Celsius se vio acorralado por un torrente de agua y calado hasta los huesos por una maniobra que no pudo predecir de manera alguna. Aterrizó contra un árbol pudiendo tragar aire inconscientemente por primera vez tras haber sido aplastado por la presión del agua. Su entrenador pronto le dio el merecido descanso tras tumbar a Alaz y poner a prueba las capacidades de elaboración de Jack Pryce con Shimizu.
Wander tachó uno de la lista de los Cuatro Fantásticos, le había costado sangre, sudor y una estrategia semisuicida derrotarlo. Tenía un pequeño plan que podía explotarle en la cara, pero...
— Voy a derrotar a los Cuatro Fantásticos. Con Alaz, Shimizu y otros dos pokémon. Cuatro contra cuatro, sin trampa ni cartón.
Red blood dusk
Tras dos paradas, pues había sido un viaje de considerable longitud y fatiga para los cuatro voladores, Wander emergió del edificio de la Federación de Sassienne en Buren con una sonrisa, clasificado como el número sesenta y tres en llegar y a la espera de las pruebas para clasificar por aptitudes de combate. Todavía vestía un poncho de cuero de color beige oscuro, se había deshecho, sin embargo, de las gafas en su atuendo, llevándolas ahora en su bolsillo en caso de necesitarlas.
Pasó la noche a las afueras entrenando más con seis de sus pokémon, preparando el Gran Baile todo lo posible, pues tenía que ganarlo ya no por motivos profesionales, sino personales, se había convertido en ese competidor del que hablaba para evitar las sospechas que ya tenía encima.
Al día siguiente llegó la noticia fatídica: plazo de inscripción cerrado. Los contendientes deberían presentarse en el polideportivo de Buren para las pruebas de clasificación según las cuales se diseñaría el cuadro del torneo.
Fue tan fácil como romperle la boca a un emboar con la cabeza de Gaius como arma. Un solo golpe fue todo lo que llevó, la fuerza explosiva del garchomp no le dio tiempo a su rival a reaccionar y pronto le dejó la cabeza pulverizada mientras caía al suelo, de espaldas, fulminado.
Al día siguiente salía el cuadro del torneo y el hombre del poncho descansaba con calma en uno de los parques de la capital regional mirando su móvil, esperando la actualización del cuadro y las sedes de los combates...
— ¿Qué hacemos? Parece que al final tu amigo se ha presentado y todo al torneo, y según los jueces, es el otro cabeza de serie— cuestionó Sid a su compañero de bando.
Hablaban con calma en un callejón, metidos en un barrio conflictivo de la capital, tras expulsar a un dúo de drogadictos de ahí mediante amenazas y fuerza bruta.
— Es cierto que puedes cambiar el orden de los emparejamientos— admitió Garrett, mirando al frente, ignorando por completo a su aliado, que estaba a su izquierda— pero quiero guardarme el mejor plato para el final, quiero a Ashton Wymond lo más desgastado posible para comprobar si de verdad es digno de enfrentarse a mí. No muevas un dedo. Déjalo todo estar. Si ha vuelto, es por algo.
Inmediatamente, el teléfono de Wander sonó, ya tenía el cuadro del torneo preparado, el cual revisó con cautela. Tres semanas duraría el asunto este de bailar, y cómo pudo comprobar, sólo se enfrentaría a su némesis si llegaba vivo a la última jornada del campeonato. Su primer combate era en el estadio habilitado al oeste de la ciudad, en dos días. Se levantó y se fue a las afueras a entrenar mientras pensaba en una posible rotación, los candidatos del torneo no eran moco de pavo. No deberían serlo, en un principio.
Debería ser mejor que sesenta y tres otras personas, al menos eso pensaba Wander mientras se echaba una siesta fuera de la ciudad, en medio del bosque, con la espalda recostada en un árbol y sin más abrigo que su poncho. La hoguera encendida por Alaz ya sólo eran brasas y el metagross del joven montaba guardia con sus patas bien clavadas en el suelo y sus ESPs bien dispuestas para localizar a cualquier intruso en un rango de 360º que pudiera acercarse a su puesto.
El durmiente Ashton pronto sintió un golpe violento, pero eran lo menor que las violentas patas de un metagross podían proporcionar, que le hizo un moratón considerable en el costado y le obligó a despertarse súbitamente mientras caía de lado en el pasto.
— ¿Qué narices?
Un arbok, con los colmillos empapados en veneno. Un agujero en la tierra justo donde él estaba tomándose su reposo. Alguien lo había localizado y lo quería muerto. Esa serpiente morada con hipnóticos patrones en el vientre inmediatamente se estiró una vez más para intentar dar caza al desertor, pero se topó con una conmoción craneal debida a que la parte izquierda de su calavera fue destrozada por un puño meteoro de exagerada precisión, que lo dejó totalmente inconsciente por traumatismo craneoencefálico.
Wander aprovechó la situación para agradecer la salvada a su metagross y saltar sobre su cuerpo, que desencajó las patas de la tierra y comenzó a levitar mediante electromagnetismo para girar sobre sí mismo más fácilmente y localizar, con cuatro ojos, a aquel que había urdido la agresión.
— Alvin Pryce de las fuerzas de élite de Estahl, baja de ese árbol— ordenó un expeditivo Wander creyendo haber localizado e identificado al estratega.
— ¡Bingo! Por mucho que padre dijera lo contrario siempre estuve seguro de que tenías mucho potencial.
El hombre bajó del árbol de un salto, era alto, metro noventa, y con más de treinta años, el mayor de los hermanos Pryce. Físico delgado, para no inhibir su agilidad en la retaguardia del campo de batalla, pero no por ello falto de trabajo. Unos pantalones negros con un cinturón al que llevaba atadas seis pokéballs (una de las cuales con las que recogió a su arbok) y un cuchillo y una bonita gabardina del mismo color cubrían su cuerpo. En cuanto a su rostro, Alvin poseía ojos azules y pelo castaño bien alisado hacia atrás. Guardó el joven a su metagross.
— No me han movilizado en siglos, y la primera que me llega en tanto tiempo resulta que es matar a mi hermano por la piedra activadora. Creía a mis otros hermanos más capaces que eso la verdad, pero, te creía a ti más si eras capaz de enfrentarte al mundo— admitió— Serviré a mi país, Jack, que para eso me han dado de comer y todas esas cosas que son muy largas de contar. Pero quiero recordar esto, nunca creí que agarrarías las armas por tus ideales. Así que el vencedor se lo lleva todo, ¡vamos!
Alvin se lanzó hacia atrás mientras dejaba volar una de sus pokéballs esperando que Wander hiciera lo mismo, pero su hermano menor tardó un segundo más que él teniendo cosas que sopesar en la cabeza. No tenía ahora mismo a Scarlett en rotación, por lo que destrozarle con fuerza bruta era poco factible, pero, de todas las personas ¿a Alvin? Era el mejor en la academia militar. El mejor, y con una diferencia que daba vergüenza a los profesores enseñarle a combatir ¿Cómo narices iba a salir de un combate contra semejante soldado sin MegaScarlett?
Eran seis contra cinco. Pero se dejó de ver abrumado de repente. Ganar, ganar y ganar era todo lo que importaba para él, lo iba a conseguir. Por Elincia, por Lawrence, por sus pokémon, por todas las personas que daban algo por él en las casas de apuestas del torneo. Y por sus ideales.
Alaz emergió de ball enérgico y se crujió los nudillos, deseoso de ver su emparejamiento, que no era ni más ni menos que un tyranitar como aquel que poseía otro de los hermanos de Jack, una bestia envuelta en pétrea coraza de color verde, de vientre azul, sustentada sobre dos patas y con una poderosa cola, que meneó para hacer la tierra temblar.
— ¿Listo, Jack? Combate singular con la vida en juego, no me permiten volver a casa si no traigo al traidor vivo o muerto y, sobre todo, la piedra activadora.
Wander asintió y ambos se dispusieron para el ritual que reduciría la antaño numerosa familia Pryce a un único hijo de cuatro. Todos ellos huérfanos de padre.
— ¡Puño incremento!— vociferaron los dos a la vez.
Y ambos pokémon se lanzaron al sprint el uno contra el otro antes de reventarse las caras simultáneamente con los puños, que desprendían un aura rojiza y al hacer impacto aumentaron su fuerza física. Las dos bestias salieron repelidas del choque.
— ¡Aqua cola!— aprovechó Alvin.
Con el mayor alcance de la cola de un tyranitar, ésta, envuelta en agua podía atizar cual tsunami al blaziken de su hermano menor y mandarlo a la lona, al menos eso pensaba al tirano mientras giraba.
— ¡Desequilíbrale la cola con tu mejor gancho alto!
Con un uppercut salvaje que obligó al gallo de combate a flexionar rodillas para generar fuerza, saltó con todo y partió la ola en dos, elevando de paso a su rival. Con ambos en caída libre unos metros, el pokémon acorazado no estaba en la mejor posición para plantar cara a su rival, paralelo al suelo, exponiendo su flanco a su rival a mayor altitud.
— ¡Patada salto alta!
Descendió con todo Alaz , sobre todo con su pierna derecha estirada y el pie en la yugular de su rival, noqueándolo instantáneamente en el momento de la colisión contra el suelo, de la que el blaziken se retiró con una voltereta hacia atrás, antes de que el tyranitar fuera reducido a energía roja y devuelto a su ball por su entrenador.
— Impresionante, Jack, de quitarse el sombrero, a decir verdad. De verdad te mereces luchar contra los Cuatro Fantásticos.
Alvin Pryce y los Cuatro Fantásticos, una de las mejores unidades que habían dado las fuerzas estahlianas en muchísimos años. Y enfrente suyo estaban, nunca creyó que se dignara a traer a los Cuatro para reducir a una fuerza menor como su hermano, pero su opinión sobre él superaba a la de sus dos otros parientes. Alaz mantuvo su guardia esperando la siguiente criatura.
Se trataba de un weavile, que emergió rápidamente de una ball, un pequeño felino negro con grandes y afiladas garras en las manos y dos patas largas en relación al resto de su cuerpo que le permitían moverse con una celeridad imposible de distinguir para un ojo no entrenado. Su manto de plumas rojas tras la cabeza parecían empapadas en sangre y eran relativamente largas, indicativas de que era un macho, mientras que poseía una joya amarillenta incrustada en la cabeza.
Celsius, se llamaba, los Cuatro tenían nombres a medida de sus características y no había nadie en la academia militar que no lo supiera, los únicos pokémon que Alvin se había dignado en nombrar, pero ¿por qué Celsius contra Alaz? el emparejamiento no tenía ningún sentido. Hasta que Wander lo pilló...
— Garra brutal— comenzó el asalto Alvin.
— ¡Levanta la guardia!
De no ser por la habilidad impulso, el blaziken no lo hubiera contado, un zarpazo con muy malas intenciones directo al pecho fue sacado por el brazo izquierdo del gallo, que ahora tenía a su oponente en el aire tras coger momento, creando una ventana de contragolpe.
— ¡Puño incremento!— se lanzó Wander.
— Lleva el combate adentro.
El gancho de derechas que iba a conectar como un jet contra el mentón del weavile no llegó a hacer contacto, pues la agilidad del felino en los espacios cortos iba a ser un factor decisivo en aquel asalto cuando ascendió sobre el brazo de Alaz y se coló a suficiente distancia para meterle las zarpas varias veces al pecho sin interrupción, hiriéndole de gravedad y dejándolo sin capacidad de reacción ante la doblegadora sustancia P. El resultado fue que la diferencia en el largo de extremidades y la enormemente corta distancia a la que golpeaba Celsius acabaron poniendo a Alaz de rodillas, con las manos en el pecho y evidentemente dolorido...
— Lanzallamas— aprovechó el desertor mientras se preparaba su rival para el golpe final.
Alcanzó a vomitar desde el suelo mientras el weavile se le acercaba para propinarle el golpe de gracia una lenguarada de fuego que cazó al felino negro por completo mientras el hermano menor sonreía, bingo, el sacrificio había sido importante, pero había eliminado a uno de los Cuatro.
No se lo creía ni él.
Un golpe aéreo, una maniobra simple pero eficaz, fue lo que necesitó Alvin para que Celsius desapareciera del rango de ese potente lanzallamas y volviera a aparecer, esta vez en rango de golpeo, aterrizando sobre la espalda de Alaz y destrozándosela con un puño incremento que terminó de hacerle caer, situación ante la que su entrenador se vio obligado a retirarlo del campo de batalla.
Mientras tanto, Alvin se acicalaba la gabardina y Celsius le flanqueaba una vez más, había tardado un parpadeo en cambiar su posición, y lo que era peor, su fuerza física era ahora mayor.
Wander había topado con una decisión complicada, y la resolvió con un anfibio de piel azul y una larga lengua rosada que le hacía las veces de bufanda, una hembra de greninja, que apoyó una pata sobre el suelo para equilibrarse mejor mientras clavaba sus ojos en Celsius. Shimizu era ideal para jugarle de poder a poder en el tema de la agilidad.
— Ahora Shimizu está crecidita y envalentonada. Vamos a verla de verdad, Jack, ¡patada baja!
— ¡Escudo tatami!— replicó Wander.
Un pequeño muro de tierra en forma de tatami se levantó ante la rana justo en el momento en que ésta recibiría el barrido de parte de la pierna de Celsius, lo suficiente para bloquearla y emerger por el flanco a toda velocidad...
— ¡Puño incremento!— contraatacó el hermano menor.
Y la greninja flanqueó al weavile para atizarle con su diestra un directo bien cargadito de energía, que lo mandó rozando suelo hacia atrás mientras Shimizu reestablecía su guardia.
— ¡Bombardéalo con shuriken!
Manos a la cintura del anfibio y agua concentrada formando estrellas ninja, que lanzó sin piedad contra un rival intentando causarle heridas menores además de crear aperturas para impactos mayores. No sirvió de nada.
Con sus garras, a la velocidad del sonido, había atravesado aquellos shuriken de agua Celsius antes de volver a lanzarse contra su rival buscando el combate a corta distancia.
— ¡Tijera X!— atacó Alvin.
Era rapidísimo, demasiado para esquivarlo, necesitaba otra idea...
— ¡Dagas de agua!
De las manos de Shimizu comenzaron a brotar una pareja de cuchillas de agua muy concentrada capaz de cortar piedra, y la rana se lanzó contra el felino sin dilación, para chocar espada contra espada en la culmen de los choques de filos. En una colisión rabiosa, la mayor fuerza de Celsius le permitió desplazar los brazos de Shimizu a pesar de tener ésta apoyo sobre el suelo... pero esa fue su perdición.
— ¡Hidrobomba!— comandó Jack.
Celsius se vio acorralado por un torrente de agua y calado hasta los huesos por una maniobra que no pudo predecir de manera alguna. Aterrizó contra un árbol pudiendo tragar aire inconscientemente por primera vez tras haber sido aplastado por la presión del agua. Su entrenador pronto le dio el merecido descanso tras tumbar a Alaz y poner a prueba las capacidades de elaboración de Jack Pryce con Shimizu.
Wander tachó uno de la lista de los Cuatro Fantásticos, le había costado sangre, sudor y una estrategia semisuicida derrotarlo. Tenía un pequeño plan que podía explotarle en la cara, pero...
— Voy a derrotar a los Cuatro Fantásticos. Con Alaz, Shimizu y otros dos pokémon. Cuatro contra cuatro, sin trampa ni cartón.

Spoiler










mg: casi se me olvida su nombre, como pasa el tiempo (?). El capítulo estuvo muy bueno y como siempre tu narración es demasiado fluida. Si bien no aconteció nada extraordinario, de a poco se va desvistiendo la trama que rodea tu historia, ahora ya sabemos que Wander tiene en su poder algo extremadamente importante y cómo realmente está el gobierno de Esgaria y demás. Y además el final fue más que interesante, a punto de (espero) que se detalle una batalla infernal. Sobre los errores, no recuerdo si te lo dije, pero los Pokémon van con mayúscula, como Charizard, puesto que esta es su especie y es única, y errores en los guiones de los diálogos que es fácilmente arreglado viendo un libro cualquiera.