Foros de Centro Pokémon
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#61
Spoiler
One of us is going down
Uno de los dos va a caer


Sin prisa, sin nervios, esperaba Gaius a su siguiente rival. Al último pokémon que podía presentar Garrett Ghalib en El Baile. Saldría de ahí como héroe o le allanaría el camino a Knight, el número seis de su entrenador, pero sea como fuere, iba a dejarse el alma por el trofeo. Sólo eran una orquesta con ocho músicos y un director, pero eran suficientes para entonar la más magnífica de las sintonías bélicas cuando se lo proponían. Y desde luego, con suficiente confianza para dar el alma los unos por los otros.

Wander no había estado tan tranquilo en un combate en su vida, pues estaba tan centrado en él que era incapaz de ponerse nervioso y reparar en sus propias dudas, que su rival intentaría agigantar con su siguiente movimiento, lanzando su última ball a la arena.

Reveló una bestia muy similar a Gaius, tanto que acabó por resultar de la misma especie y el mismo género. Otro garchomp con la misma coloración en las escamas y la misma muesca en la aleta dorsal... ¿o no? Éste parecía tener otra más, dos muescas cercanas en esa misma parte del cuerpo. Y qué cuerpo, con músculos potentísimos y más tamaño que el del garchomp de Wander, superando los dos metros y treinta centímetros de altura.

—Geozerg, destroza— ordenó el golpista.

Y el gran terraburón se lanzó como un misil sin necesidad de adoptar la típica postura aerodinámica de su especie, contra Gaius.

—¡Gaius, excava!— decidió el agente especial.

Una garra dragón de la zurda de Geozerg se le venía encima, una zarpa ardiente que se agachó para evitar, mas un roce con el cuerpo de su rival mientras se lanzaba de cabeza al suelo desvío su trayectoria y le hizo aterrizar vulnerable sin poder abrirse camino entre la tierra. Era como si hubiese sido cortado, como si esas escamas fueran... espadas y los músculos hinchados de su rival le obligaran a cortarse con ellas.

No necesitó una orden la mayor de las dos bestias para acabar con su rival con un fuerte golpe en el cráneo con el canto de la aleta derecha. Al menos había sido piadoso

—¡El garchomp del contendiente Wander no puede seguir peleando!— señaló el juez.

Wander suspiró y retiró a Gaius mientras pasaba a su mano derecha la ball de Knight. Último asalto, el que lo ganara, se llevaba el torneo y su causa a la gloria. El que lo ganara, decidía que hacer con Sassienne. Geozerg parecía tranquilo, pero implacable tras haber roto a su anterior rival con mucha facilidad en una jugada para la que empezaban a surgir explicaciones en la mente del joven desertor. Ese garchomp no era normal. La segunda muesca de la dorsal, el hecho de que sus escamas apoyadas en sus músculos fueran algo más que una piel tosca, fueran suficiente para evitar que su pokémon más testarudo ante el contacto no superara la prueba del algodón del conflicto físico, de la que siempre salía triunfante.

Pero se dio cuenta también de algo. Había visto pocos dragonite en su vida, pero ninguno con el blindaje natural de Knight, ninguno con unas escamas tan gruesas y resistentes capaz de amargarle la vida a los atacantes rivales y hacerle todo tan sencillo al dragón. Eran dos pokémon ¿únicos? en su especie, quizá nacidos para enfrentarse. Quizá para hacerlo aquel día. Echó las dudas de su cabeza y lanzó la pokéball de su criatura de preferencia al campo de batalla. No había lugar para el miedo, no con Knight flanqueándole.

En un fulgurante destello, tomó forma el gran dragón bípedo, caballero de ocre armadura. Asentó sus pies sobre el suelo y movió ligeramente las alas como calentamiento antes de crujirse los nudillos. Sus antenas estaban ligeramente tensas. Miró al garchomp con una mezcla de calma y fiereza en sus ojos, dispuesto para un intercambio de golpes sin igual.

—¡Carga dragón!—atacó valientemente Ghalib, más emocionado para este asalto final.

—¡Despega!—protegió a su pokémon Wander.

Pateó fuerte el suelo y salió hacia arriba con una batida de alas el dragonite lo más rápido que pudo con el objetivo de huir de su rival, logró rozarle un pie con su embestida supersónica partiendo desde, esta vez sí, postura aerodinámica. Pero apretó los dientes el pokémon alado y se puso fuera de alcance.

—¡Puño hielo!

—¡Triturar!

El descenso en picado de Knight con su puño derecho envuelto en un bloque de hielo que intentaba estampar en el cráneo de Geozerg se resolvió con este partiendo el agua sólida de una potentísima dentellada y haciendo sufrir mucho al dragón volador apretándole la muñeca con la mandíbula e inmovilizándole presa de un dolor del que ni su blindaje lo podía proteger, hasta que decidió lanzarlo, dejándole dolorido su puño favorito.

Pero no tardaría nada en volver a lanzarse contra él.

—¡Geozerg, garra dragón!

Con una de sus cuchillas, de esas que tenía por manos, ardiendo en dragovianas llamas, intentó rajar la cabeza de su rival el garchomp.

—¡Repetición!

Sólo para toparse con su brazo envuelto por la cola de Knight, que lo apretó con fuerza y lo balanceó a un lado y a otro, estrellándolo una y otra vez contra el suelo, hasta que una ligera rozadura en el punto de contacto le obligó a lanzar por los aires a su rival antes de lo previsto.

—Respiro—pidió amablemente el entrenador del dragonite.

Hincó el dragón alado la parte derecha de su cuerpo en la tierra para descansar unos segundos, los que su oponente tardara en levantarse, con el objetivo de recuperar fuerzas. Recuperó la vertical Geozerg y planificó un nuevo ataque su entrenador para cortar de pleno la sanación de Knight antes de que esta fuera más allá de lo conveniente.

—¡Geozerg, enséñale quién manda, golpe aéreo!

Y el terraburón colocó las aletas paralelas al suelo antes de propulsarse con una fuerza que hizo temblar el estadio. Lo hizo en un viraje por el flanco derecho de Knight, que le hizo subir la guardia por ese lado, antes de desaparecer y golpearle con un fuerte cabezazo por su entonces lado ciego, directo al costado.

—¡Garra dragón!— insistió en su embestida Garrett.

Knight retrocedió tres pasos, sorprendentemente sin sentir mucho dolor. Ahí había más que blindaje físico, era algo que Wander había enfocado mucho de cara a este combate: la actitud sobre la aptitud, pues era algo de vital importancia para vencer a Garrett Ghalib.

Ello le permitió cazar a su rival totalmente acelerado en un intento de agresión salvaje con una ardiente zarpa levantada intentando asestarle un tajo vertical que aterrizaría sobre el cráneo...

—¡Aqua jet!

Y lanzarse sobre su vientre envuelto en agua interrumpiendo en el ataque, con un golpe totalmente recto y contundente que forzó un choque de escamas en el que ambas bestias salieron heridas mientras el garchomp reculaba unos metros.

—¡Puño certero!— siguió el agente del gobierno.

Un puñetazo como un misil directo a la marca amarilla de la frente del garchomp. Entre ceja y ceja le cayó a la fiera un directo brutal que resonó por todo el estadio, llegando a sobreponerse a los gritos de la muchedumbre. Las consecuencias, devastadoras, fueron Geozerg saliendo disparado hacia atrás, severamente aturdido, hasta el punto de aterrizar boca arriba en el suelo e intentar arrastrarse a la verticalidad a duras penas.

El árbitro continuaba mirando aquella gran batalla en la que se estaba convirtiendo la final, sin saber si conceder el duelo en ese mismo instante. Mientras tanto, Wander le susurraba instrucciones a su dragonite, que asentía con la cabeza, antes de ejecutar su respiro hincando la rodilla derecha y el puño del mismo lado en el suelo, con el objetivo de sanar las heridas provocadas por el contacto con su oponente.

Pero Geozerg se levantó cual resorte y en cuestión de décimas estaba intentando clavar sus colmillos en Knight, lo cual logró hacer a la altura del cráneo, antes de propinarle una sacudida y mandarlo al suelo de costado. Era la hora de lanzarse al ataque, no podía permitir que ese dragón lo mangoneara y moviera el tempo del enfrentamiento a su gusto.

—¡Carga dragón rasante sobre él!— atacó el golpista.

Se preparó Geozerg para el despegue, encarando a un Knight intentando recuperar la verticalidad lo más rápidamente posible, y acertó a cargar antes de que esto ocurriera del todo. Durante su embate, el garchomp viró hacia arriba, consiguiendo rozar a su oponente con sus cortantes escamas además de propinarle un golpe contundente en el cráneo según se levantaba, infringiéndole daños graves y devolviéndole al piso sin remisión.

—¡Pásale por encima hasta que no pueda más!—vociferó Garrett. Lo tenía.

Pero esa dupla era demasiado resistente para caer ante simple brutalidad.

—¡Usa ala de acero!

Boca abajo, mientras su rival le rajaba escama contra escama, Knight hizo lo que Gaius no pudo, luchar a través del contacto. No fue fácil, si bien él contaba con sus gruesas escamas que le facilitaron la tarea hasta el punto de poder, tragándose el dolor, golpear a su rival con la parte trasera del ala mientras se volteaba para ponerse en pie. Sacó de trayectoria al garchomp a tal velocidad que lo mandó de nuevo con su entrenador, rodando hasta que por fin se levantó. Mientras tanto, él flanqueaba a Wander una vez más, con la pose de respiro adoptada, intentando recuperarse de sus heridas sacrificando el tiempo que tardaría en logar despegue vertical.

De nuevo la distancia inicial, que a Garrett le convenía recortar para tener un combate de cerca y personal que aprovechara las ventajas de su garchomp.

—¡Carga dragón!—ordenó.

Planificación y susurros a parte, quizá Wander y Knight tenían algo planificado para este momento. Tenían una táctica para pegar más duro que nadie, al menos. Pero necesitaban un par de ajustes para noquear a esta furia de la naturaleza.

—Haz lo que te dije. Carga de caballería.

Un susurro más en unos segundos que se hacían eternos para el dragonite mientras veía a su rival prepararse para la embestida con las rodillas flexionadas y el cuerpo echado hacia adelante, aletas paralelas al suelo con el objetivo de cortar el aire. Si bien la posición en la que Knight se colocaba para utilizar respiro le obligaba a renunciar al despegue en vertical, esa posición de caballero al que se le nombra como tal tenía un truco. No era muy diferente a la de arrancada de un velocista, lo cual le venía fenomenal a Knight para embestir objetivos a poca altura con su nuevo truco: la carga de caballería.

Arrancó con velocidad extrema, cargando todas sus fibras musculares, como siempre que la usaba y disparándose como en un sprint contra el contrario hecho un misil viviente, pero esta vez sin visión de túnel ni liderando con la cabeza para golpear.

—La carga dragón de un garchomp es un ataque fulminante y potentísimo, casi imposible de evitar dada la velocidad a la que la criatura se propulsa. Pero...

Ambos pokémon se propulsaron el uno contra otro, Geozerg liderando con la cabeza y Knight con el puño derecho cargado, como un caballero en una justa preparando su lanza, todo ello en unas décimas eternas que iban a decidir al campeón.

—tanta potencia y tanta velocidad tienen una manera natural de ser contrarrestados. Todo el momento va en la cabeza del pokémon, que intenta bajar todo lo posible para ofrecer menor resistencia al aire y obtener más potencia. Pero no del todo, crea un pequeño hueco para atacar el torso. Y si estiras un brazo a gran velocidad y lo consigues...

El choque no se hizo esperar y retumbó tanto que generó un vendaval mientras los espectadores se protegían. Layla levantaba una plegaria por Knight, esperando que el resultado de la gran colisión fuera benevolente con ellos.

Cabeza contra cabeza, Knight apretaba los dientes tras el coscorrón, estaba aturdido y muy dolorido. Agitaba la cabeza intentando sacarse el mareo del cerebro, pero casi no había manera. Qué narices, si estaba de pie para empezar.

También Geozerg, aunque sin tanto dolor de cabeza, a sólo dos metros de él. No parecía sufrir ningún tipo de daños superficiales, mas estaba totalmente inmóvil, cual estatua, petrificado sobre el campo de batalla. Dos colosos prácticamente anulados, ¿cuál habría sido la causa?

El brazo de Knight no era la suficientemente largo para llegar en un impacto limpio hasta el pecho de su rival con el puño certero, la parte final de la carga de caballería, por lo que el dragón se vio obligado a asumir el choque de cráneos a la vez que soltaba el puñetazo, confiando en sus capacidades defensivas. La caja torácica del garchomp fue destrozada y su ataque interrumpido, mientras su antagonista pagaba los efectos de haberlo hecho por las malas. Pero ahora ninguno de los dos tenía fuerzas para dar el golpe final. Por si fuera poco, el roce con las escamas de Geozerg había dejado el puño de su rival casi para el arrastre.

Geozerg se tambaleó hacia atrás, sin terminar por caerse. No se quería rendir, pero su rival tampoco.

—¡Respiro!

Sabedor de que tomarse un descanso ahora podía ser su tumba, Knight asumió de nuevo la postura de caballero con el objetivo de ver con más claridad a su objetivo.

—¡Un último golpe! ¡Garra dragón!—ordenó Garrett.

Knight arrodillado en el suelo parecía un blanco fácil... error.

— ¡Híper rayo!

Hizo fuerza el dragón para clavarse en el suelo y limitar el retroceso antes de disparar el que deseaba fuera el último ataque del torneo. Un enorme rayo de energía morado que salió de su boca y cegó los ojos del garchomp, envolviéndolo por completo y causándole graves heridas antes de estrellarlo contra la pared, totalmente inconsciente en un ataque que nadie se vio venir, pues la postura fue solamente utilizada para preparar el ataque.

Chocó con el muro del estadio Geozerg y Garrett le miró incrédulo mientras aterrizaba y se desplomaba con los ojos cerrados, algo iba mal.

Knight acabó con las dos rodillas en el suelo y ambas manos para evitar caerse, mientras jadeaba, hasta que finalmente emitió el árbitro un veredicto. El dragonite no podía ni levantar la cabeza para mirar a su rival, tendido en el suelo boca abajo, ojos cerrados y totalmente inconsciente. Garrett continuaba con sus ojos puestos en él, esperaba que Geozerg se levantara, pero a la vez algo le decía que no lo haría y le llenaba de inseguridad. Estaba totalmente congelado en el sitio...

—¡Garchomp no puede seguir peleando! ¡El campeón es Wander!

El público rompió a aplaudir para ovacionar al nuevo campeón de manera unánime simplemente por el espectáculo dado, independientemente de la ideología de cada uno. Pero Wander no tenía otra cosa que hacer que correr hacia el centro del campo de batalla, donde su dragonite se había desplomado boca arriba, jadeante.

Acarició el rostro de su fiel compañero de fatigas antes de abrazarle emocionado. Lo habían conseguido.

—Eres un jodido genio—lo halagó.

Iba a llenarle el vientre de comida de la buena según concluyeran los prolegómenos de celebración en el estadio central de El Gran Baile. El campeón de Sassienne se arrodilló abrazado a su dragonite, incrédulo, incapaz de asimilar el júbilo que corría por su cuerpo. Había cumplido su misión al fin.

Garrett seguía totalmente helado, hasta que por fin se percató de que el combate se había terminado y no de la mejor manera para él, por lo que se vio obligado a guardar a Geozerg en su pokéball. El Knight que no pudo con Steellion, el mismo... había detenido la carga dragón de Geozerg de un puñetazo para preparar el híper rayo ganador. Se le antojaba inverosímil.

Los proestahlianos retiraban todas sus tropas al ver que su mejor soldado había sido vencido por un agente del gobierno central. Paz al fin. Wander guardó a un molido Knight en su ball y se dispuso para la ceremonia de trofeos, que daría comienzo en unos minutos...

Con una máquina curativa de emergencia y tras recibir su placa de subcampeón Garrett y retirarse por los vestuarios antes que cruzarse de nuevo con Wander en una situación que simple y llanamente no entraba dentro de los cálculos, estaba listo ya el flamante ganador del que estaba considerado el torneo más prestigioso de Esgaria, con los seis pokémon que había utilizado en la final rodeándolo. Gaius, Omertá, Scarlett, Shimizu, Joker y Knight, los seis en plenas condiciones, nada que ver con cómo habían terminado el combate.

El público aplaudía expectante mientras el equipo de siete escalaba hacia el podio. Se distribuyeron en aquella estructura ovalada sobre el centro de la arena mirando a Alvin y a Layla, al centro del graderío oeste y dejando por detrás los logos de los patrocinadores del torneo.

Al fin el comisionado de organización hacía acto de presencia con un trofeo de considerable tamaño, de base de madera y forma de espiral, dorado, con seis balls del mismo tono sobre el "ciclón" tallado en oro.

—Felicidades, campeón.

—Ha sido un honor.

Y cogió el trofeo y se paseó por delante de sus compañeros, queriendo que estos dejaran sus huellas en él antes de poder alzarlo hacia el cielo. Las manos/alas de todos estaban en él, una pena que ni Alaz ni Ironclad pudieran tocarlo, pero hecho estaba. Los seis pokémon de Wander levantaron las manos arriba y su entrenador alzó el deseado premio final al cielo con un rugido de rabia contenida entre el clamor del público.

—Increíble, Wander... increíble—reconocía su mentor en el búnker. Lo habían logrado.

Layla y Alvin se abrazaban en la grada por el trabajo bien hecho y una emoción que ya más no alcanzaban a contener, mientras él detectaba cómo su hermano menor le guiñaba un ojo desde abajo.

Iba a ser problemática la vuelta a la vida normal, había mucho que celebrar, pensaba el joven campeón mientras se replegaba al vestuario trofeo en brazos, con únicamente Knight andando junto a él como futura montura. Pensaba en qué hacer ahora que su misión en Sassienne había concluido, pero le sonó el móvil en el momento más inoportuno...
El número de Elincia.

"¡Agente Wander, estamos en guerra! Venga a Los Navajos, necesitamos todas las tropas que podamos reunir, repito, ¡estamos en guerra!"

—¡Elincia! ¡Ponme al día!

—¡Acaban de reventar la frontera con un ataque relámpago y sus tropas se dirigen hacia Sassienne, han perdido la batalla interna y atacarán desde fuera! ¡Te necesitamos, Wander!

—¿Quién comanda las tropas de Estahl?

— Bertha... Pryce.


Spoiler

#62
Spoiler
Hermanos en las armas
Brothers in arms


El grupo de cuatro estaba en el búnker, en la planta principal, sentados en torno a la mesa donde habitualmente organizaban las estrategias de batalla para el torneo, con algo mucho más grave, algo que Wander les había hecho llegar mediante mensajes de texto rápidamente. Roto el sueño de sacarse todos una foto con el trofeo, era hora de maquinar un plan más. No para un combate singular del torneo. Una estratagema militar.

— Tengo que ir yo, es mi trabajo, pase lo que pase, yo debo ir—admitió Wander, mientras se hacía a la idea de enfrentarse a su madre adoptiva.

—¡Pero no podrás con madre solo!—le espetó Alvin.

—Tampoco podía con Garrett...

—Wander, iré contigo— se ofreció Lawrence Cain, el Desertor.

Las tres personas con pasado militar presentes en aquella estancia tenían a sus equipos en plenas condiciones de combate. El campeón se había agenciado otro poncho para cubrir la camiseta que su futura cuñada le había cosido y contaba con la piedra activadora lista para cualquier emergencia. Tenían que tomar un curso de acción rápido.

"Lo siento, Layla, dile a nuestro hijo que lo protegeré desde el más allá"

Un simple susurro hizo que la embarazada quedara impactada ante el prospecto de perder a su prometido y padre de su futuro retoño. Hizo Alvin acoplo de todo su coraje para intentar hablar y, sobre todo, para respaldar las palabras con actos.

— Law, quédate cuidando a Layla. Sé que me dirás que yo debería quedarme aquí porque voy a ser padre, pero tengo que ir. Si es madre, sólo yo sé a lo que nos enfrentamos, y sólo yo puedo ayudar a Wander a detener esto. Law, quédate cuidando de Layla...

Una lágrima se deslizó del ojo derecho del último desertor.

—No voy a estar encerrado en un búnker cuando puedo estar luchando por mi familia. Y más cuando se me necesita ahí fuera para plantar cara a madre. Si fracasáis... no me podré mirar al espejo nunca más, teniendo que vivir toda nuestra vida a la fuga. Prefiero morir y asegurarle un futuro a mi familia.

Tiró de los ropajes del mayor de los tres hombres presentes y ,con los ojos húmedos y sus seis pokémon listos para el combate, echó a andar tras su hermano adoptivo

—¿Alvin? ¡Tienes una familia!—preguntó, dubitativo, Wander.

—No lo entenderíamos, Wander. Ni tú ni yo tenemos la más remota idea de lo que significa ser padres— le instó su mentor.

—Y porque soy padre quiero luchar para que mi hijo tenga un lugar en el que vivir en paz.

Cain terminó por ceder y otorgarle su puesto a Alvin Pryce, que abandonó el búnker, no sin darle un último beso a su prometida y abrazarla con fuerza antes de una campaña que esperaban fuera corta.

Los dos últimos vástagos vivos del matrimonio Pryce se prepararon para salir hacia Los Navajos para intentar evitar el avance estahliano y la posterior conquista.

—¿Estás seguro de esto, Alvin?

—No sería un buen padre si no lo estuviera. No a mis ojos.

Y Knight y Ragna despegaron buscando el campo de batalla al noroeste con sus entrenadores en sus respectivos lomos.

"¡Aquí Wander, llevo refuerzos inesperados, nos vendrán bien para el combate!"

...

Una vez los dos se habían ido, no podía estar más preocupada la pobre Layla por su prometido, mientras Lawrence descendía al último sótano, en busca de un prisionero de guerra que habían conseguido antes del torneo.

Sid estaba raquítico, no se podía ni mover, tenía todas las funciones vitales al mínimo y le dolía incluso respirar, pero su sistema vegetativo le impedía dejar de hacerlo. El encargado de cambiarle el suero vital cuando tocara era el propio Law, que aumentó la dosis para que pudiera tener una pequeña conversación con él.

—Tú... sé cómo te llaman... Law o algo así.

— Déjate de gilipolleces— le espetó el Desertor.— Ahora mismo Estahl ha roto el tratado de paz sin necesidad de hacerlo mediante guerra fría. Ha lanzado un asalto relámpago por Los Navajos intentando entrar en Sassienne, ¿qué sabes?

—Nuestro plan era... que Garrett ganara el torneo... pero si Bertha ha hecho eso... es que Jack le venció. Íbamos a conquistar Sassienne sí o sí... la única pregunta era cómo.

Cortó el flujo del suero entonces Cain ante su presa indefensa.

—Vete al infierno.

Poco a poco la vida comenzó a desdibujarse de las facciones de Sid, que notó el frío abrazo de la muerte cerniéndose sobre él mientras Law abandonaba la estancia y poco después el búnker junto con Layla.

...

Bertha Pryce, de cincuenta y nueve años, era una mujer mayor, aunque ella prefería decir "experimentada en batalla". Su pelo castaño rizoso era algo corto y resaltaba una cabeza que había sufrido múltiples intervenciones estéticas. De físico delgado y voluntad de hierro, era la líder militar de Estahl y superaba las expectativas en todo lo necesario para ese puesto. Sus ojos azules, fijos en su víctima: una charizard de escamas anaranjadas y vientre color crema, que rugía.

Pero ella iba bien protegida, concretamente, por un mastodonte bípedo, de pelaje azul verdoso oscuro con un vientre claro. Su enorme cuerpo tenía una enorme barriga, con grandes reservas de grasa que ablandaban los impactos. Sus brazos terminaban en garras de cinco dígitos y su cabeza, con dos orejas, poseía dos pequeños colmillos inferiores que sobresalían, uno a cada lado. Un enorme snorlax llamado Dormin.

Bertha se había pasado a la vanguardia para aislar a Elincia a una situación de uno contra uno y sorprender con la ventaja numérica a la guardia fronteriza esgariana utilizando el pleno del ejército de Estahl.

— Mira lo que tenemos aquí— puntualizó Bertha.— una viuda de la guerra. Y una madre sin hijo.

Elincia intentó no caer en sus provocaciones para mantenerse fría y digna de comandar a Sieglinde en una batalla de semejante proporción.

— Vamos, Elincia Shero, cuánto más tardes en derrotarme, más soldados y más pokémon morirán en el frente y más terreno tendréis que reconquistar con menos recursos.

—¡Puño fuego!— terminó por ceder la esgariana.

El haymaker de la derecha de la charizard, envuelto en llamas infernales, impactó de pleno en el vientre de su oponente obligándole a recular unos pasos mientras su vientre temblaba. Pero la misma expresión bobalicona permanecía en su rostro, como si no hubiera sufrido ningún daño. Su resistencia era tal que perdió terreno el puño de la lagarta en el golpeo.

—Puño trueno—contestó su oponente.

—¡Protección!

Se cubrió con los brazos Sieglinde para crear un escudo defensivo de color verde que absorbió el topetazo que le propinó la derecha electrizada de Dormin. El snorlax, que se estrelló contra su propia fuerza, se tambaleó hacia atrás y vio Elincia un momento para lanzarse al ataque.

—¡Envite ígneo!

Flexionó rodillas y rugió la charizard antes de ser envuelta en llamas, un aura ardiente que dejó suelo infértil y chamuscado donde se asentaban sus patas, antes de batir las alas y lanzarse como un misil fogoso contra su rival.

El choque se saldo con un enorme estruendo y Sieglinde empujando más y más, como empujada por un motor de explosión el meteorito en el que se había convertido, el vientre del snorlax, que apenas retrocedía pulgadas ante semejante carga.

—Golpe cuerpo.

Las llamas de la charizard se extinguieron de inmediato al ser aplastada por el corpachón de su enemigo, que precipitó todo su peso sobre ella, causándole enormes daños por traumatismos y atrapándola en un estado de asfixia, totalmente sometida.

—¡Sieglinde!—gritó, desesperada, Elincia.

El snorlax no estaba por la labor de levantar su yugo de la charizard, quería oírla crujir mientras Bertha poco a poco observaba a través de esos ojos azules, prácticamente con lujuria, el dolor en el rostro del enemigo.

—Elincia Shero. Tú y yo tenemos mucho en común. Ambas somos grandes militares, ambos nuestros maridos también lo fueron. No por nada eres la viuda del capitán Shero... y la madre de su difunto hijo— la provocó aún más.

Guerra psicológica, sin su mejor pokémon a su servicio, no sabía qué hacer la agente esgariana contra ese snorlax...

Finalmente, terminó por acabar inconsciente debido a la asfixia la pobre charizard y el destino de su entrenadora fue sellado. Dormin se levantó, y sin ninguna orden necesaria, comenzó a caminar hacia Elincia, paso a paso, mientras cada zancada hacía la tierra temblar más y más. Terminó la agente por aceptar su sino, perecer en aquella batalla. Si tan sólo pudiera haber tenido una vida en familia normal...

Hasta que un golpe que retumbó como una explosión le devolvió a la realidad. Tenía delante un dragonite relativamente grande, dándole la espalda, que le resultaba muy familiar. Más familiar aún le resultaba ese ataque, ese puño certero, que había sacudido el organismo del snorlax por completo antes de obligarlo a tambalearse y sentarse. Era imposible... estaba muerto...

Sieglinde estaba de pie ahora al lado del dragonite , totalmente recuperada de sus heridas tras aprovechar la distracción que había supuesto el potente golpe del dragonite.

— Gracias, Alvin.

La voz le sonó mucho a Elincia y de nuevo, le pareció un jarro de agua fría, no era lo que ella esperaba, pero era mejor que nada. Wander y Alvin se presentaban en el campo de batalla para hacer frente a su madre con Knight y Ragna.

—¡Vosotros dos!—se encendió Bertha, al verse superada tres a uno numéricamente,—¡os hemos dado todo! ¿Así nos lo agradecéis?

Dormin se levantó y se preparó para encarar a la tríada de rivales que tenía enfrente, iba a necesitar más seriedad para ello. Pero no fue nada que interrumpiera el discurso de su entrenadora.

—De Jack me lo esperaba. Pero tú no podías desertar, Alvin, tú siempre fuiste un ejemplo a seguir...

—Y yo he decidido que quiero seguir mi propio camino—sentenció él.

Mientras tanto, Elincia permanecía en estado de shock. Algo no estaba bien, o quizá estaba demasiado bien. Recibió unas palmadas en la espalda de Wander intentando devolverla al ruedo.

—Estoy bien, Wander—se lo sacudió de encima.

Pero de nuevo la señora Pryce volvía a las andadas con su juego psicológico.

—Sois demasiados para abatirme, ¿no estaba mejor que uno fuera al frente? Hay millones de vidas en juego. Pero me aburro, ¡golpe cuerpo!

Se tiró Dormin a por una recién curada Sieglinde, intentando aplastarla bajo su vientre interminable...

De nuevo fue Sieglinde protegida por Knight, que utilizó su puño certero para repeler a su rival en un choque de titanes que levantó un vendaval dada la fuerza del impacto, llevándose por delante polvo del yermo que era Los Navajos.

De nuevo esa imagen... tanto le recordaba a...

"King, ¡puño certero!"

Era como vivirlo otra vez, era todo tan real. Como el día en el que Ray Shero la salvó de un snorlax salvaje.

— Vaya, vaya— analizó la estahliana la expresión de sorpresa de Elincia— parece que esta veterana se va dando cuenta de algo, ¿será o no será?

— ¡Hija de ****, destruiste mi familia! ¡Lanzallamas!

Una enorme bocanada de llamas fue lo que escupió Sieglinde camino de Dormin, que lo contrarrestó con un híper rayo de energía de un color morado oscuro, que atravesó de pleno las llamas y golpeó a la charizard con muchísima fuerza, dejándola malherida y lanzándola por los aires... contra su entrenadora.

Wander y Knight se apresuraron a socorrerla mientras Alvin intentaba entretener a Dormin todo el tiempo posible y que no avanzara a la posición necesaria para rematar a una desguazada Elincia, que tenía varias hemorragias internas y sangre en la boca, además de múltiples huesos rotos.

—Muere, Elincia Shero. Y lo peor de todo. Muere mirando a los ojos de tu hijo, Jude Shero.

Elincia le tendió la mano con las pocas fuerzas que quedaban a un Wander que se la cogió, impactado por la situación.

— Jude, hijo, te llamas Jude. Eres lo que tu padre y yo más queremos en este mundo y siempre lo serás. Y tienes que acabar con esta estúpida guerra para que no haya más huérfanos ni parias como tú. Me alegra muchísimo saber que te has convertido en un gran hombre, Jude. Se lo diré a tu padre en el más allá. Te... quiero.

— ¡No te vayas!

Y la llama de la vida se extinguió del cuerpo de la agente especial esgariana. Lo último que había llegado a sentir era el orgullo que tenía de ser la madre de su hijo.


Spoiler

#63
Spoiler
Luto ardiente
Burning grief


Sieglinde ya descansaba en su pokéball junto con todos los pokémon de la difunta Elincia, cuyo cadáver había sido retirado del campo de batalla, irónicamente, por una de las personas que ella quería asesinar, Alvin Pryce, que intentó llevársela a un lugar seguro por aire a lomos de Ragna.

Bertha y Dormin respetaron la ceremonia, mientras Wander lloraba a moco tendido. Tenían al enemigo vencido y casi no habían tenido que mover ficha. Knight era lo único que permanecía entre su melancólico entrenador y el mastodonte que era ese snorlax, básicamente la muerte. Pero para su sorpresa, se vio atrapado en un aura roja y devuelto a su ball.

—¿Ya te rindes, Jack? ¿Te vas al otro mundo con mamá?

—Lo siento, Bertha— le espetó el joven Shero.—Ya no soy un pacifista. Ahora soy... un pacificador.

Lanzó una ball al aire para revelar un pokémon, que pronto se vio envuelto en una explosión irisada a medida que Jude alzaba la piedra activadora. Una deflagración de fuego azul procedió, revelando una dragona de escamas negruzcas, alas rasgadas y vientre azulado, que respiraba fuego dragoviano, igual que el de la punta de su cola. Scarlett estaba preparada en su forma mega para destrozar a Dormin.

—¿Quieres saber más, Jack, Jude, o lo que sea? Tu dragonite es un regalo de tu padre, el legendario capitán Shero y creo que esa charizard es de tu madre. Tu padre fue un gran militar en su día.

—Si pretendes desquiciarme, no lo vas a conseguir, ¡puño incremento!

El puño derecho de Scarlett se tornó rojo y ésta despegó buscando la cabeza de Dormin para acertarle con un fuerte crochet que lo hizo caer sentado al suelo, con todo su peso.

—¡Garra dragón!—insistió Wander.

Directa a los ojos se dirigía la ardiente zarpa izquierda de la charizard...

—¡Golpe cabeza!—le contestó su madre adoptiva.

Pero todo el peso de la cabeza del snorlax machacó a Scarlett en su vuelo y la mandó al suelo, donde aterrizó de pie con ganas de más.

—¡Llamarada!

La charizard escupió una potentísima bola de fuego azul capaz de fundir roca, que tomó forma de kanji, acertando a su objetivo en el vientre y obligándole a echarse la mano ahí para protegerse de futuras heridas.

—¡Rómpelo! ¡Envite ígneo!

Un misil de fuego azul propulsado por motor de explosión pareció Scarlett cuando se estrelló contra la mano que protegía el vientre de Dormin, intentando incapacitarle dicha extremidad. Logró dejársela insensible, por no decir colgando del hombro y totalmente destrozada. El abdomen también se llevó una buena parte del impacto, pero aguantó el dormilón.

—¡Doble filo!—atacó Bertha.

Todavía tenía cabeza para embestir a Scarlett y piernas para lanzarse contra ella, lo que consiguió con éxito devolviéndola de nuevo a tierra, donde aterrizó rodando tras un tremendo topetazo en el que el snorlax le puso la cabeza en el pecho y le descolocó la caja torácica.

Cuando la charizard levantó la vista se topó con que una sombra enorme la rodeaba. Un golpe cuerpo amenazaba con asfixiarla.

—¡Envite ígneo a la cabeza!

Envuelta en fuego azul, Scarlett buscó asestarle a Dormin el coscorrón de su vida. Y detrás de sí una estela de calor dejó antes de ir al choque, un choque en el que ambos pokémon se dejaron la cabeza, pero la fuerza de la charizard, aumentada por el puño incremento, fue suficiente para desviar ligeramente al snorlax y no verse aplastada por el gran cuerpo de su enemigo. Todo ello previa explosión de llamas.

La charizard se había posado en el suelo, jadeante. Había combatido poco, pero había sido un periodo muy exigente. Dormin por primera vez no parecía atontado, sino que contemplaba a su adversario con seriedad y parecía que le fueran a flaquear las fuerzas en cualquier momento.

—¡Dormin, enfado!

Los ojos del snorlax se abrieron de par en par y un aura de llamas anaranjadas le envolvió por unos segundos, antes de lanzarse como un bersérker, casi poseído, a herir de cualquier manera posible a su enemiga.

—¡Sal de ahí!—se protegió Wander.

El descontrolado Dormin se lanzó a por Scarlett, intentando asestarle un golpetazo con su brazo derecho inclinando por completo la cadera en un intento de añadir más potencia al ataque, mas fue en vano al ponerse en el aire la dragona, fuera del alcance del cuerpo a cuerpo de su rival.

Pero, inesperadamente, el snorlax pegó un salto impresionante para su peso con un brazo subido, logrando sorprender a la charizard y poner la palma de la mano a su altura, antes de bajarla como el mazo de un herrero y reventar a la bestia megaevolucionada contra el suelo.

El mastodonte aterrizó de pie con un estruendo que sentó a Wander, que bastante tenía con preocuparse por la malherida Scarlett, que yacía en el suelo sin respuesta a la ofensiva enemiga. Pero la carga de Dormin era incesante, se lanzó a aplastar contra el suelo a su antagonista con el objetivo de crujirle todos y cada uno de los huesos de su cuerpo.

—¡Alas de acero!

Las alas rasgadas de la megacharizard comenzaron a desprender un brillo metálico, tornándose lo suficientemente resistentes como para encajar el aplastamiento del gigante snorlax sin doblarse. Pero eran las manos clavadas en el suelo y las energías de la dragona lo que no podía ceder bajo ningún concepto.

Con una explosión de fuerza que casi le revienta los hombros, Scarlett empujó el suelo con sus manos, logrando generar fuerza suficiente para que sus férreas alas actuaran de catapulta para lanzar al snorlax y ponerlo en una situación aérea de clara desventaja.

Pero no le siguió con sus alas, la charizard había pagado demasiado ese esfuerzo y necesitaba unos segundos para recobrar el aliento. Dormin, por su parte, causó otro seísmo al aterrizar, de espaldas al suelo, la bestia estaba agotada tras la temeraria carga anterior y no podía levantarse. Ambas criaturas estaban al límite de sus fuerzas.

—Descanso.

Pero el snorlax cerró los ojos y todos sus problemas se fueron en un santiamén. Optó por echarse una siesta en medio del campo de batalla, que sabía sería corta dada su capacidad regenerativa.

—¡Destrózalo, Scarlett!

Rugió la dragona e intentó lanzarse hacia adelante, pero fue sin éxito, aterrizó boca abajo en el suelo, totalmente exhausta tras luchar con tan formidable oponente. Las llamas de su boca y cola ardían con menos intensidad, no era una buena señal para Wander y Scarlett. En el momento en el que la dragona se pudo poner en pie, un bostezo atronador daba a entender que el snorlax acababa de despertarse. Jude le permitió ponerse en pie, dándole quizá preciosos segundos a Scarlett para que recuperara un poco de energía que debía administrar con suma precaución.

—¡Puño incremento!—se lanzó el desertor.

Este golpe fue directo al vientre, que tembló y obligó a su presa a tomar unos pasos de distancia adicionales...

—¡Golpe cabeza!—le contestó su madre adoptiva.

Dormin se lanzó con la cabeza inclinada para golpearle con un giro de cuello, haciendo uso de la cadena cinética para lograr más potencia en la cabeza...

—¡Sigue!—insistió el antaño niño robado.

El puño de Scarlett y la cabeza de Dormin chocaron en el aire en un empate técnico que hizo que ambos retrocedieran, heridos y fatigados. El snorlax inclinando su peso para evitar caer al suelo mientras la charizard se equilibraba en el aire con las alas.

—¡Golpe cuerpo!—ordenó Bertha.

Ese momento era el que estaba esperando Wander. Hora de empezar a vivir al filo de la navaja.

—¡Puño fuego!

El snorlax comenzó su batida para dejarse caer sobre una Scarlett que andaba volando frente a él, por lo que tuvo que saltar algo para intentar aplastarla bajo su cuerpo, fue en ese momento cuando recibió un puñetazo tremendo en la cabeza. La derecha de Scarlett, envuelta en llamas azuladas había aprovechado el momento justo entre que Dormin iniciaba el salto y se dejaba caer, instante en el que sólo era peso muerto en el aire. Y tras tantos puños incremento...

El puño de llamas azules insistió, hasta que con una explosión de ese mismo color el mastodonte terminó por caer al suelo de espaldas, indefenso por unos segundos que su rival debía explotar en un momento que no iba a tener oportunidad de repetir en todo el duelo.

— ¡Envite ígneo!—se desgarró la garganta.

Con un rugido el fuego dragoviano envolvió a Scarlett, que se lanzó como un meteoro sobre su enemigo, indefenso. Le acertó de lleno en la cabeza, logrando una colisión que causó la aparición de un enorme boquete de ceniza, sólo visible tras la explosión de fuego procedente del ataque, que dejó sin sentido a Dormin.

Scarlett ya estaba sin gasolina, como demostraba al acercarse a Wander para intentar cubrirle una vez más, pero su forma mega se desvaneció, volviendo a la original y desmayándose en brazos de su entrenador, que le acarició el rostro.

— Gracias, Scarlett.

Por otra parte, al otro lado del cráter causado por el ataque, Dormin ya había sido retirado a su cápsula sin que su entrenadora siquiera se lo pensara.

—Empate, Jack. Has tumbado a mi mejor pokémon. Pero has gastado el mejor arma de la historia de las artes militares en ello..

—Me llamo Jude. Y saca lo que te estés escondiendo, Bertha. Nos conocemos demasiado bien para dejar esto en un empate. Exijo la retirada de las tropas estahlianas de Esgaria.

—Tú lo has pedido, Jude—ironizó, poniendo énfasis en el nombre.—Mataste a Gareth Pryce, pero nunca podrías haberlo superado en el campo de batalla. Y uno de los muchos motivos que te lo impedirían sería... ¡éste!

Una nueva pokéball al campo de batalla. Una bestia de sobra conocida para Wander. Tanto que Knight ya estaba a su lado para plantar batalla. El arma más letal de la familia Pryce contra el arma más letal de la familia Shero. Lo mismo que pasó en el mismo lugar hace veinte años.

—Hace veinte años, las dos personas a las que has llamado padre se batieron aquí mismo, casi con estas mismas condiciones...

Knight tomó posición y se puso en guardia mientras Wander se concentraba para dirigir a su mejor amigo en la más fatídica de las batallas.

—Ray Shero y su dragonite, King.

Lo que salió de la ball de Bertha inspiraba verdadero terror, un dragón cuadrúpedo de escamas celestes con alas carmesíes al estilo de cuchillas. Su vientre estaba blindado y tenía una larga cola, además de un cuello de mediana longitud terminado en una cabeza fiera e intimidante con una boca llena de colmillos en los que Knight esperaba no terminar. Más bien esperaba partírselos.

—Gareth Pryce y su salamence, Malus. Pero ni el señor Shero ni su dragonite están aquí... tendré que conformarme... con sus retoños.


Spoiler

#64
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El cambio de la guardia
The changing of the guards


Knight y Malus cruzaron miradas desde lados opuestos del campo de batalla, intercambiando sus respetos. No podía olvidar el salamence las heridas que le fueron infringidas por el padre de su oponente, mientras que este último no podía olvidar que tenía detrás a alguien por quien daría la vida.

Bertha analizó con sus ojos al dragonite de su hijo adoptivo, grande, fuerte y ni una pizca de lento o de torpe. Que nunca se hubieran interesado en el adiestramiento militar no significaba que no tuvieran aptitudes para ello. Bien se había establecido eso a lo largo de la misión del joven de veintiún años.

Los dos dragones intercambiaban sus respetos antes de iniciar la ceremonia marcial que iba a dejar a solamente uno de los entrenadores vivo en un brutal paralelismo histórico que Wander no salvaría con un tratado de paz como hizo su padre. Tomaría la vida de Bertha Pryce si tenía la posibilidad de hacerlo.

—¡Velocidad extrema!—rompió el eterno silencio Jude Shero.

Y abrió el duelo final Knight propulsándose como un misil, atizando un coscorrón a su oponente que lo dejó levemente aturdido y cerró las distancias entre ambos al mínimo, pues no reculó el brutal salamence.

—¡Garra dragón!—gritaron ambos entrenadores a la vez.

Zarpa izquierda de Malus, derecha de Knight, fueron usadas como armas cortantes en llamas que encontraron carne que desgarrar, las dos a la altura del tórax de cada criatura. Pero no retrocedió dolorido el dragonite dado su blindaje natural. Tampoco para su sorpresa su rival. Por lo que, sin necesidad de órdenes de sus entrenadores, intercambiaron una garra dragón más.

Cedieron centímetros mas no pasos, como pesos pesados intercambiando golpes, era una cuestión más de orgullo que de estrategia.

—¡Puño hielo!

Usó todo el tren inferior para impulsar un crochet de derecha, con los nudillos congelados, buscando la cabeza del salamence...

—¡Triturar!—le contestó su rival.

Una dentellada de la poderosa mandíbula de Malus fue todo lo que hizo falta para volver a la encerrona cuerpo a cuerpo, al fijar la mano derecha de su oponente por la muñeca y tenerlo a su merced.

—¡Al suelo!—insistió Bertha.

Empujó el piso con sus poderosas cuatro patas y los músculos de su cuello hicieron acoplo de potencia para lanzar por los aires al dragonite que tanto quería aniquilar, pero éste se estabilizó en el aire rápidamente.

—¡Rayo!

—¡Carga dragón!—continuó la estahliana con su asalto.

Las antenas electrificadas de Knight dejaron ir un relámpago contra su rival sin que éste pudiera hacer nada salvo embestirlo de frente. Y a qué velocidad, se lanzó volando para ponerle la cabeza en el pecho a su rival y dejarlo severamente aturdido, luchando a través de la electricidad para completar con éxito esa carga dragón que había dejado al dragonite en caída libre.

—¡Pulso dragón!—pisó el acelerador Bertha.

—¡Puño trueno!—intentó Jude volver a meterse en el duelo.

Knight se levantó en menos de un segundo y se lanzó hacia arriba a buscar la esfera de energía dragoviana que amenazaba con hacerle daños serios. Lo hizo para llevársela puesta con el puño derecho y añadiéndole carga eléctrica, tornándola amarillenta y chispeante, sorprendiendo a Malus con un golpe de pulso dragón electrizado directo en el cráneo, impacto que le dejó en shock y lo mandó a tierra. Pero aterrizó sobre sus cuatro patas sin ningún problema, a pesar de que las heridas del último ataque eran notables.

—¡Carga de caballería!—pasó a tomar la iniciativa Wander.

Se proyectó el dragonite a toda velocidad contra su oponente con la derecha armada para lanzar un puño certero y potente a la cabeza de su rival, logrando conectarlo desde arriba tras lo que casi había sido un descenso a tumba abierta para reventar al salamence contra el suelo.

Un golpe certero y potente tras el que Knight volvía a proteger a su entrenador, esperando que Malus no se levantara. Pero la bestia cuadrúpeda haría honor a su fama en el campo de batalla hasta el final, no necesitó de órdenes para atravesar la coraza natural de Knight con un ataque garra dragón potentísimo dirigido al vientre que hizo que la víctima se doblara de dolor.

Un espectacular ataque de ala de acero prosiguió, con las alas carmesíes adquiriendo un tono rojo metálico y golpeando a la media vuelta a Knight para derribarlo definitivamente.

—¡Respiro!—rogó el hijo de Elincia.

Sin embargo, en apenas dos maniobras de Malus, que parecía la reencarnación del mismísimo dios de la guerra, Knight parecía haber perdido la ventaja que tenía y lo más importante, prácticamente el sentido de dónde estaba mientras intentaba levantarse y adoptaba su pose de imposición caballeresca, con una rodilla hincada, para descansar.

—¡Carga dragón!—ordenó Bertha.

—¡Puño certero!—solicitó Wander.

Se disparó con piernas y alas el salamence hacia adelante con el objetivo de propinarle a su víctima un testarazo que nunca olvidaría, mientras su rival recuperaba la verticalidad y hacía acoplo de fuerzas en su puño derecho para lanzar una mano recta con el poder de un torpedo. Ambas colisionaron con fuerza, levantando una onda expansiva que obligó a ambos entrenadores a protegerse del viento generado.

El choque destrozó el brazo derecho de Knight, pero dejó a Malus con una conmoción craneal, o al menos eso podía deducir Wander mientras ambos yacían en el suelo, cada uno al lado de su entrenador, a duras penas conscientes.

Malus sacudía la cabeza para intentar quitarse los mareos mientras intentaba ponerse en pie, mientras que Knight lograba la verticalidad apoyándose en su brazo izquierdo.

—Respiro—pidió de nuevo Wander, más calmado, viendo que la cabeza reventada de su oponente quizá le sirviera para ganar algo de tiempo.

De nuevo asumió postura de descanso el dragonite con el objetivo de recuperarse de sus heridas en el brazo derecho, su arma de preferencia. Una vez con el dolor ligeramente aliviado, se levantó para proceder con su asalto sobre el todopoderoso Malus.

—¡Pulso dragón!—gritaron los dos entrenadores a la vez.

Dos esferas de azul energía dragoviana volando a toda velocidad, chocaron justo a media distancia entre ambas criaturas, generando una onda expansiva tan fuerte que arrastró a ambos dragones unos centímetros hacia atrás.

O eso creía Wander al ver a Knight ceder terreno, Malus había salido disparado contracorriente y había navegado a través del viento para conseguir posición de golpeo y quemar en un instante toda la distancia que le separaba de su rival.

—¡Cola dragón!

El dragón de escamas celeste usó la pata delantera izquierda como único punto de apoyo antes de echar todo su peso hacia adelante en un giro vertiginoso sobre su propio eje. Su cola desprendía un brillo azul y parecía un látigo a punto de barrer al "caballero"

—¡Agárrala!

Haciendo ademán de reflejos y enorme fuerza física, absorbió de pleno el contacto el dragonite interceptando el barrido de cola con ambos brazos, apretando contra su cuerpo para inmovilizar a su rival.

—¡Hazlo volar!

Empezó a completar giros y giros Knight levantando a su rival del suelo hasta que lo lanzó lejos y bien alto soltándolo de la cola. Malus intentaba recuperar el control con las alas, dio un looping para hacerlo, pero se topó con algo letal.

—¡Carga de caballería!

Un lanzazo en forma de puño certero en velocidad extrema directo al frente en el momento en el que el salamence se detenía, aumentando el daño de la colisión mucho más. Las ondas de choque se hicieron notar por todo el cuerpo de la bestia, que salió disparado hacia atrás y cayó al suelo boca abajo, arrastrándose, mientras Knight se soplaba el puño en el cielo, intentando quitarle calor al asunto.

Pero el salamence volvía al ataque sin necesidad de órdenes de su entrenadora, esta vez con la zarpa delantera izquierda ardiendo y preparada para desgarrar la carne de su oponente.

Malus era un salamence un tanto especial. Era muy ágil y muy fuerte, resistente, orgulloso y tozudo. Hasta ahí todo normal; pero tenía un rasgo bastante especial, cuánto más sufría en batalla...

—¡Knight, evade!—reaccionó Wander.

El zarpazo se quedó en el aire, pero Malus echó el cuello hacia adelante y le hincó el diente con un triturar de manual al hombro izquierdo de Knight, antes de sacudirlo y lanzarlo hacia abajo con una fuerza física que no había mostrado hasta entonces en el choque. El dragonite abrió un agujero en el suelo dada la violencia con la que fue propulsado y detrás iba su oponente, a intentar rematarlo. Bertha solamente miraba, Gareth le había dado a aquella bestia toda la instrucción militar que necesitaba.

Knight se recuperó del golpe, algo mareado, pero pronto se topó con una sombra azul enorme cubriéndole todo el campo de vista.

—¡Velocidad extrema!—intentó salir del apuro su entrenador.

Obedeció sin pensar el dragón y chocaron ambas bestias cabeza contra cabeza en un coscorrón brutal que las obligó a recular. Se sacudieron el dolor rápidamente para seguir combatiendo, pues no había tregua posible en aquel duelo.

—¡Colmillo eléctrico!—ordenó Bertha.

Dagas voltaicas eran los dientes del salamence que se precipitó sobre Knight en un intento de morderle y aplicarle corriente alterna por las malas...

—¡Vendaval!—comandó Jude Shero.

Las alas en batida y un rugido potente levantaron un huracán que se llevó por delante la electricidad de los colmillos de Malus, mas no a este último, ralentizándolo únicamente, siendo bien capaz de volar contra corriente.

—¡Carga dragón!—siguió la matriarca Pryce.

Aleteó fuerte Malus y continuó su embestida a través de los vientos huracanados, buscando aterrizar en Knight...

—¡Arriba y rayo!—salió del choque Wander.

Piernas fuertes, abajo y arriba para despegar en vertical y olvidarse del vendaval. El momento lineal que tenía acumulado Malus era tan fuerte que le costó mucho hacer el giro de noventa grados hacia arriba para seguirle. Tiempo suficiente para que las antenas del dragonite comenzaran a generar voltaje y atinaran a su rival con un potente relámpago que lo chamuscó y lo mandó de nuevo al suelo, ligeramente agarrotado, pero de pie...

—¡Carga de caballería!

Lo próximo que sintió el gran salamence fue cómo su cráneo fue aplastado desde arriba por un puñetazo brutal, demoledor, que abrió un boquete en el yermo con su cabeza. Ésta seguía retenida por el puño del dragonite, fijado en la parte superior de la calavera de su oponente.

—Se acabó, Bertha—le instó su hijo adoptivo.

—No tienes ni idea, hijo. Ni idea ¡Ataca, Malus!

Y con fuerzas sacadas de flaqueza, el cuello de Malus levantó el puño de Knight antes de soltarle un pulso dragón a quemarropa en la cabeza que mandó al suelo boca arriba al dragonite. Seguía consciente, pero a duras penas. La explosión de energía azul casi se lleva todas sus fuerzas.

El salamence era esta vez la fuerza dominante, con una de sus patas sobre el cuello de su rival, al que consideraba digno de su verdadero poder.

Pero no se iba a rendir, se sorprendió a sí mismo y a su entrenador disparando un relámpago por las antenas que alcanzó la cabeza de Malus, causándole graves dolores y una explosión que le hizo recular chamuscado. Logró Knight levantarse, no le quedaba para mucho, ni con un respiro.

—¡Carga dragón!

Y más ahora que ese salamence imparable venía contra él como un misil cabeza por delante.

—¡Híper rayo!

La visión de Malus se tornó en oscuridad. Un rayo de energía pura de color morado le engulló de lleno disparado desde la boca de Knight. Navegó a través de él con fuerza, no podía ceder...

Pero finalmente sus fuerzas llegaron a un límite.

Malus había salido volando proyectado por el híper rayo de Knight y yacía boca arriba en el campo de batalla, totalmente inconsciente, derrotado al fin. Por su parte, el dragonite no estaba mucho mejor, tumbado boca arriba mirando al cielo y jadeando, sabedor de que no habían acabado... quedaba decidir qué hacer con Bertha Pryce.

...

—¡Esto es por mi madre!

Y Bertha sufrió la misma muerte que su marido, una puñalada en la garganta, sólo que ella fue inmovilizada mediante las ondas trueno de Knight para facilitarle el trabajo al autor del asesinato. Retiró Wander su cuchillo de supervivencia, un regalo de Law, nunca pensó que volvería a apuñalar a alguien. Nunca bajo estas circunstancias.

Robó del cadáver un transmisor de radio del ejército estahliano y, por fin, puso fin al conflicto.

—Al habla Jack Pryce. Bertha Pryce ha caído, retiren las tropas o de lo contrario sufrirán la misma suerte.

Se permitió la retirada sin hacer sangre de los pokémon y humanos militares estahlianos, que procedieron pronto, en el frente a unos pocos kilómetros de distancia. Ya se había matado bastante por un día.

...

—El cambio de la guardia...

De repente, unas palabras sacaron a Wander de sus ensoñaciones en el despacho del ministro de Defensa. Venían nada menos que de Maximillian Rourke, el hombre al cargo.

—Esta batalla será recordada para siempre como el cambio de la guardia.

—¿Por qué?

—Porque alguien tomó con valor el testigo de Ray y Elincia Shero: su propio hijo. Una generación dejó pasó a la anterior. Así lo contarán. Lamento mucho la baja de Elincia, por cierto... pero ahora tengo aquí un asunto que me interesaría tratar más a fondo.

De rodillas y esposado en medio del enmoquetado despacho del ministerio, parecía una réplica mala de sí mismo tras dos horas de torturas en una cárcel esgariana. Un adulto joven de ojos grises que se negaba a dar el paradero de su prometida. Renunciaría a todo por ella. Alvin Pryce, la pura manifestación de lo que se hace por amor.

— ¿Qué tiene que decir a esto, agente Wander?


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#65
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Guerra y Paz
War and Peace

—Eres tan culpable de esto como los invasores estahlianos—le escupió Wander a su superior.

—Sólo dinos qué hacía el último de los Pryce en suelo esgariano y te podrás ir, agente Shero—le ofreció el ministro.

Una pausa de tres segundos se sucedió mientras se oía un gruñido entre dientes de un furioso Wander, que sabía todo lo que su hermano adoptivo había arriesgado para llegar hasta aquí.

—Alvin Pryce luchó valientemente para el bando esgariano en la última batalla en Los Navajos, además de proporcionarme cobertura durante mi enfrentamiento con Bertha Pryce. Es otro desertor—explicó.—Y si no lo soltáis, las consecuencias serán más graves que mi dimisión.

—Me temo que vamos adelantados a usted, agente. Este prisionero tiene a alguien muy especial esperándole fuera...

—¡Layla!—reaccionó como un resorte el herido Alvin.

—Lo reconoce... tiene una relación con una dama esgariana—indagó el ministro Rourke.—Lo cual convierte a ella en la criminal por acoger a un enemigo. Será ejecutada.

—¡Jamás, ejecutadme a mí primero, pero nunca a ella!—de nuevo insistió el prisionero.

—Vaya, parece que realmente la ama...—se regodeó desde su posición de poder el ministro— Cumplid su deseo, llevadlo a una celda de aislamiento y que se muera de hambre.

—Rourke—le interrumpió Wander— una victoria militar no es algo de lo que estar orgulloso. Matar no es algo de lo que enorgullecerse y, al contrario que tú, yo tengo las manos sucias con las vidas de otras personas. Y no te crezcas, muchos soldados esgarianos estuvieron en el frente junto a Alvin Pryce y no entenderán esto. No enciendas el fuego de la revolución.

—¿Me estás amenazando, Shero?

—Solamente es una recomendación.

—Hagamos un trato, pues...

—Exijo su dimisión por no tratar con honor a los hombres que arriesgan sus vidas por mantener la paz—le cortó de pleno Wander.

—No estás en posición de exigir nada, Shero—se rió el ministro.—No quiero ni a Alvin Pryce, el prodigio estahliano, ni nada que pueda tener que ver con él en mi país.

—Quiero permiso de residencia para Alvin y que pueda vivir en paz con su familia. O eso... o traeré un ejército a las puertas del ministerio.

—Confías mucho en tus habilidades ahora que te sabes heredero de dos grandes figuras militares.

Wander respondió como un resorte.

—Si usted es otro maquinaguerras lo apartaré de mi camino, tal y como hice con los que se dedicaban a ello en Sassienne.

—Bonita predisposición. Te ofrezco un trato, la nacionalidad para Alvin Pryce y el reconocimiento a sus actos en el campo de batalla... a cambio de la piedra activadora.

Sin dudarlo un segundo, el agente especial metió la mano en el bolsillo y entregó la gema esférica, de tonos irisados, a su interlocutor. Aunque significara renunciar a sus ideales, intentó no pensar acerca de ello. Porque Alvin se merecía algo mejor y su hermano era mucho más importante que el mundo. El ministro cumplió su parte del trato.

...

En el antiguo domicilio de Elincia Shero, Alvin ya maquinaba cómo volver a echarle el guante a la piedra activadora, pero parecía que su hermano era capaz de leerle la mente.

—¿No te creerás que se la he dado, verdad? Les he dado vuestro regalo de boda, no mi piedra activadora. Son parecidos... pero sólo un entrenador de cierto nivel puede sentir la energía que desprende la auténtica— le explicó Wander mientras le enseñaba la piedra irisada.

Ahora que Layla estaba en el búnker de Sassienne con Law, Alvin podía centrarse exclusivamente en solucionar sus problemas con el ministro de Defensa de Esgaria con la ayuda de su hermano.

—Pero se darán cuenta tarde o temprano—indujo Alvin.

—Por eso tenemos que ponernos en marcha ya.

...

Al día siguiente, en su residencia en uno de los barrios nobles de la capital esgariana, el ministro Rourke se preparó para un experimento. Probaría en su finca privada el poder de la megaevolución con la gema que le había sido entregada. Se metió la mano en los bolsillos de los pantalones de chándal, pues no pensaba machar uno de sus trajes en un simple experimento, y comenzó a buscar. No halló nada. Extraño, estaba seguro de haberla metido en uno de sus bolsillos, pensó mientras buscaba en el otro. Ahora sí la encontró. Mientras su pidgeot era incapaz de megaevolucionar y él se desesperaba no tenía ni idea de lo que estaba pasando.

La conversación que había tenido con Wander estaba siendo retransmitida por radio gracias a la forzosa colaboración de los empleados de la torre de telecomunicaciones principal de la capital. Y pronto se empezó a hacer eco de que el ministro quería ejecutar a un desertor que había ayudado a los esgarianos en la última batalla con el rumor corriendo como la pólvora.

Soldados que habían visto a los Cuatro Fantásticos causar bajas en el bando de nacimiento del último de los tres desertores se amontonaban a las puertas del ministerio pidiendo la dimisión de Rourke. Soldados. Gente lo suficientemente peligrosa para que el ministro tuviera que llegar con escolta además de verse frustrado por la fallida megaevolución.

Tomó una última medida antes de dimitir, despedir a Jude Shero del cuerpo de agentes especiales del estado.

Wander se tomó el paro con calma mientras Alvin era acogido por Layla en un cómodo ático en Buren comprado con parte del dinero del premio del torneo, que fue entregado en su totalidad a la pareja para que pudieran formar una familia con tranquilidad.

Meses después nacía Elincia Pryce, la niña de Alvin y Layla bautizada en honor a la madre de Wander.

Al año siguiente, la boda tuvo lugar y, tras la ceremonia y el banquete, en el que sólo estuvieron invitados amigos y familia de la novia y Jude Shero por parte del novio, pues Law prefería seguir desaparecido para pasar inadvertido, ocurrió lo inevitable.

Abandonó el restaurante antes de tiempo el más joven de los desertores, pero alguien le esperaba a la puerta.

—¿A dónde vas, Wander?

Era Alvin.

—A garantizar vuestra seguridad. Mientras tu figura siga vinculada a la mía habrá problemas. Por eso voy a "morir".—dijo mientras añadía comillas con los dedos—Desapareceré del mapa un tiempo.

—Elincia quiere mucho a su tío, no creo que le haga ninguna gracia.

—Lo siento, Alvin. Dile a Layla que no tuve el valor de decírselo a ella.

A bordo de Scarlett, emprendió el vuelo hacia la puesta de sol. No pudo evitar dejar caer una lágrima mientras el viento le atizaba la cara, pero era lo de menos. Abandonaba toda su vida. Una vez más, pero dejando recuerdos bonitos esta vez y la posibilidad de ser un hombre corriente y moliente. Siempre sería el agente Wander, la reencarnación del capitán Shero. Siempre un soldado. Pero no quería ninguna guerra.

...

—Papá, ya me lo he leído.

Una niña de once años, con un físico delgaducho y una estatura ligeramente por encima del promedio, de ojos azules y pelo castaño claro cortado a media melena. De tez algo morena, buscó a su padre para enseñarle su último logro. Un libro de tapa blanda titulado "The Battlefield Wanderer".

—¿Dónde está tío?

—Nadie lo sabe, Elincia— le contestó Alvin, sentado en un butacón en el salón de la habitación, relajándose un poco antes de irse a dormir.

—Pero entonces... ¿de verdad existió?

—Ninguno de nosotros estaría aquí de no ser por el valor de tu tío. Era un gran hombre. Y estoy convencido de que aún lo es. Quiero que ese libro sea el legado de nuestra familia, que nadie olvide a la persona gracias a la cual estamos todos aquí en paz, más de diez años después de todo aquello. Quiero que Wander sea recordado como un héroe, al menos entre estas cuatro paredes. Que nadie lo olvide nunca.

Sin noticias del frente en la prensa, la familia se fue a dormir para que amaneciera un nuevo día. Elincia Pryce miraba la pokéball que su padre le había dado cuando cumplió los diez años, no era ni de lejos su primer pokémon, pero sí el más imponente, lo consideraba su ángel de la guarda personal.

Respondía al nombre de Knight.


Spoiler

#66
:o!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Había decidido leer los capítulos hace algunos días, pero me percaté de que habías puesto cinco y no tenía mucho tiempo ese día, quería leerlos todos. Y ahora vine a leerlos y me encuentro con el final del fic, pero hablaré de eso más adelante.

El final de la batalla contra Garret, me encantó, no me esperaba otro Garchomp, y más encima uno monstruoso, me recordó al Slaking con el que luchó en los primeros capítulos.

La batalla contra Bertha fue muy buena y larga, pero esto último no molestó en lo absoluto, cada detalle, sentimiento y reacción eran precisas y dignas de una batalla final. Además el hecho de que Jack/Wander/Jude se enterase en ese momento que Elincia era su madre, que ésta muriera y que en el pasado hubiese pasado una batalla similar entre sus dos padres aumenta el drama de manera significativa. Y todo me pareció muy inesperado, mas no repentino, pues todo ocurre en el momento exacto y con naturalidad.

El final fue lo mejor, sin duda lo que más me gustó, porque realmente no me lo esperaba, si bien habían derrotado a Bertha, la mala suprema, tenía la pequeña esperanza de que hubiese otra problemática, y la hubo, ese ministro era una piedra en el zapato, sin embargo, no era para ahondar mucho en eso y fue fácilmente solucionado. Con eso está perfecto y no había cabida para más batallas, porque, pensándolo bien, otra batalla más sería muy de relleno.

El detalle del libro escrito fue perfecto y me gustó mucho, pues me recordó a cuando Bilbo escribe la historia de El Hobbit y cuando Frodo escribe El Señor de los Anillos. Sin duda un final digno para un fic con buena narración, descripciones y un envidiable hilo dramático puesto en un contexto poseedor de una interesante problemática.

Me agradó bastante poder leer tu fic, si mal no recuerdo, nunca había llegado a leer uno entero, pues siempre quedan a medias y todo eso. Espero que algún día te animes a escribir otros relatos, para poder seguir disfrutando de tus invenciones. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)