Una lástima que se hayan atrasado... ¿Les parece que voy muy rápido? Si les parece díganme y posteo una vez por semana, yo lo que no quiero es dejar pasar mucho tiempo y que se aburran del RPG. Ya están llegando a la mitad del RPG, no se van a rendir ahora, ¿o sí?
Misión 4:
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Albert:
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Spoiler
Cuando le dices así el niño sonríe amistosamente y te hace señas para que lo sigas. A medida que avanzas te das cuenta del lugar donde estás… Es la morgue del hospital.
Ves a tu alrededor muchas camillas y las paredes son cajones que no quieres comprobar lo que tengan dentro. No hace tanto frío como esperabas que hiciera en una morgue pero sí está todo muy limpio y se respira en el ambiente un fuerte olor a oxígeno puro.
El fantasma del muchacho dobla en un pequeño codo que hay más adelante y lo sigues. No ves mucho, sólo más cajones y está empezando a hacer un poco más de frío. El niño te señala uno de los cajones.
—Aquí, mi amigo, aquí.
No sabes muy bien por qué te señala un cajón. ¿Acaso quiere que te metas en un cajón y te hagas el muerto para salir de ahí? No es mala idea pero dudas que funcione. Igualmente, ya has hecho tu elección y debes confiar en el pequeño fantasma. Te acercas y tratas de mover el cajón que te señala sin hacer ruido. Es un poco pesado… te preguntas si no habrá algo dentro.
Lo alcanzas a abrir unos centímetros y el corazón te late fuerte. Sigues tirando tratando de hacer el menor ruido posible cuando sientes que algo te toma la mano. Horrorizado vez una mano podrida saliendo de la abertura y sosteniendo una de tus muñecas. Tiras con fuerza para sacártela de encima pero no puedes. El cajón se abre más y una cabeza emerge de allí. Es una cabeza con el cabello ralo, la piel arrugada y reseca y un par de ojos blancos como la cal. No alcanzas a golpearlo cuando ves horrorizado que saca otra mano y te sujeta la que tienes libre. Entonces sale un poco más, se inclina hacia ti y te da un severo mordiscón en el primer brazo que te tomó.
No gritas porque podría ser peor pero con uno de tus pies empujas el cajón hacia dentro con todas tus fuerzas. La cabeza de esa cosa se hizo añicos y las manos se cortaron por lo que tus brazos sólo quedaron sostenidos por ellas.
Adolorido te las retiras y atiendes la herida. No puedes creer lo que ves. Te falta un buen trozo de carne y se te ve el hueso. La sangre está brotando en cantidad por lo que deberías tratar de sellar la herida. Ejerces presión con tu otra mano y entonces sientes que el dolor de tu cabeza aumenta muchísimo. Buscas el fantasma con tu mirada pero no está. Parece que te has equivocado otra vez…
Te desmayas. No sabes cuánto tiempo pero despiertas tiempo después en el mismo lugar donde estabas. Visualizas tu mano. La herida está enrojecida y el brazo está completamente blanco como si no tuvieras sangre. No puedes evitar girar a un costado y descargar un vómito sobre el suelo. Parece que tuvieras un lavarropas en el estómago, sientes como si se te retorciera el intestino.
Te levantas como movido por un impulso repentino. Vuelves a sentir ganas de lanzar, te apoyas a una pared y descargas un vómito descomunal en el piso. Algo anda mal contigo, estas vomitando sustancias oscuras y sangre. Te preocupa mucho y no sabes qué hacer. Entonces oyes un ruido.
Del lado opuesto a donde entraste se abre una puerta. Allí aparece un tipo gordo ataviado con un mameluco azul.
—Buen día, doc. ¿Tengo que llevarme algún amiguito hoy?
Posiblemente sea el que viene a buscar los cuerpos. ¿Qué vas a hacer? Quizá el niño te haya engañado pero tu idea de huir con los cadáveres no es mala idea, podrías decirle al tipo que te lleve con un cadáver en especial por algún problema y podrías escapar.
Sin embargo, estás mal, no sabes cuánto aguantarás de pie, vas a volver a desmayarte en poco tiempo. ¿Será una opción viable darse la vuelta y entregarte? Quizá que te lleve el de seguridad y que te metan en prisión sea mejor que morir desangrándote por esa herida o por la infección. Además de que no crees que eso de que te muerda un zombie sea buena idea, no quieres verte convertido en uno.
La última opción que tienes es atacar al tipo que viene a buscar los cadáveres y robarte su camión. Así podrías conducir a otro hospital decente donde puedan tratarte y no perderás tiempo aunque podría ser peligroso enfrentarlo, ese gordito parece rudo. ¿Qué harás?
Porcentaje de daño físico: 15%
Porcentaje de daño psicológico: 40%
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Ariel:
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Spoiler
Decides no darle importancia ni a los muchachos ni a las lastimaduras en tu cuerpo y buscas otro juego. Decides probar suerte en la montaña rusa, después de todo, ¿qué podría pasar de malo?
Es raro porque, a diferencia de los carros chocadores, no hay nadie en cola. La mujer que vende los boletos está aburrida apoyada allí sin miras de tener clientes. Te acercas a preguntar si está descompuesta o algo pero la mujer te dice que no hay ningún problema, que subas si quieres. Te da un poco de mala espina pero da igual, es un juego, ¿no?
Pagas la entrada y subes. La mujer te cola bien firme la barra de seguridad y te dice que no te la quites por nada del mundo. Vas en el primer vagón, aquél que más vértigo da. Piensas que será un poco aburrido si estás solo pero de cualquier manera vas a probar suerte. El tren empieza a moverse y ascender lentamente. Sientes el ruido de las cadenas arrastrándolo hacia una empinada montaña de hierro.
—Será fascinante, ¿no crees?
Te volteas totalmente sorprendido a ver y te encuentras con la chica transparente que viste hace rato. Está a tu lado, sosteniéndose de la barra como tú. ¿Por qué te sigue a todos lados?
—Siempre me han dado miedo estas cosas. Al menos ahora podré divertirme sin miedo a morir, jajaja.
Las oyes como si te estuviera susurrando y apenas alcanzas a ver sus rasgos de lo transparente que son. Quisieras salir de ahí pero recuerdas que la mujer te dijo que por nada del mundo te quites la barra de seguridad. Llegan a la cúspide, el tren en cualquier momento empezará a bajar.
—¡Encima ve toda la gente que nos acompaña!
No entiendes lo que te dice pero te das vuelta a ver. Los demás vagones están llenos de gente transparente de todas las edades, tamaños y sexos.
—A ellos les encanta este juego… ¡les gusta tanto que han muerto aquí!
Con esa última información el tren baja a una velocidad estrepitosa haciendo crujir los metales. Sientes el viento penetrar las cuencas de tus ojos y ves el piso ir hacia ti como si te acechara. El tren dobla y te sacudes a un costado sintiendo que tu estomago se convierte de pronto en una máquina procesadora de carne. Sientes un escalofrío y de repente te das cuenta que el espectro transparente de la chica apoyó sobre tu hombro su cabeza.
—¡Ahhh, siempre quise venir aquí con un chico! ¿No es romántico?
Estás aterrado y con ganas de vomitar hasta que tus tripas se salgan por tu boca. No te parece para nada romántico. De repente vuelves a subir y quedas colgando de cabeza. Tu mente se sacude y sientes como el dolor de tu cuello y de tu boca se hace presente como si la sangre quisiera salirse toda por allí.
Vuelves a caer y de repente una curva cerrada te hace caer sobre el fantasma de la chica.
—¡Jajaja, basta! No me empujes, tontín.
En ese momento sientes un fuerte empujón que te acomoda a tu lado. El espectro es la que te impulsó hacia allí. A pesar de ser transparente tiene una fuerza atronadora y puede tocarte tan sólidamente como la barra de acero que tienes enfrente.
Vuelves a subir al pico más alto de la montaña rusa.
—¡Prepárate, esto va a estar muy bueno, mi amor! —te susurra la enloquecida fantasma.
Entonces caes y caes y no dejas nunca de caer. Cierras los ojos inconscientemente y sientes en un momento un sacudón terrible.
Cuando abres los ojos te das cuenta que tu cuerpo está recostado. Sigues en el vagón donde estabas pero la figura transparente ya no está a tu lado. Te duele mucho la cabeza y el brazo derecho. No puedes evitar soltar un potente vómito sobre el pasto. Luego de ese vómito tu estomago se siente mejor.
Levantas la vista y ves que el vagón está volcado junto con los demás. ¿Te has caído? Haces un esfuerzo por salir de él, te quitas la barra de seguridad y te arrastras por el piso, adolorido. Entonces, ves un par de zapatos frente a ti.
Cuando levantas la vista vez una figura oscura y ataviada con una enorme capa negra con capucha que no deja ver sus rasgos. En su mano derecha porta una larga y filosa hoz que te hace tragar en seco.
¿Qué hará en ese caso? ¿Te quedas allí, inmóvil? ¿Tratas de huir despavorido del lugar aunque estés tan mareado y todo te duela? ¿Hablas con esa figura sombría? ¿Qué podrías decirle? Sientes que aunque le hables no tendrás buenas respuestas…
Porcentaje de daño físico: 35%
Porcentaje de daño psicológico: 35%
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Nith Lockhart:
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Spoiler
Decides hacer lo posible forzando al máximo tu cabeza. Te quitas como puedes el cinto y te paras en toda tu estatura. Por suerte tus pies responden bien.
Te abalanzas sobre tu objetivo que no se da cuenta de tu presencia hasta que ya la estas sosteniendo por el cuello con tu mano.
—Suel… ta… me —te dice mientras clavas sus uñas en tu brazo.
No te dejas amedrentar, ya bastante has perdido y no quieres que te siga pasando nada.
La empujas a la salida y ves cómo te empieza a dar golpecitos en tu brazo para que la dejes respirar. Entonces aflojas apenas tu mano y luego vuelves a apretarla.
—Por favor, no te quiero lastimar —te alcanza a decir antes de que vuelvas a oprimirle el cuello.
No le haces caso, ya no quieres confiar en ella. Sales de la habitación y afuera vez al tipo del arma que había en el auto pero esta vez está desarmado.
—Nith, cálmate, deja a Sheila. No quieres hacer esto, estamos tratando de ayudarte.
¿Ayudarte llama a eso de inmovilizarte el brazo y luego cortarlo? Vas hacia atrás por un pasillo sin dejar de sujetar a Sheila y allí doblas por otro pasillo perpendicular.
Sigues, nervioso, corriendo hacia atrás hasta que chocas con la puerta. Extrañamente nadie te sigue. Cuando la abres te das cuenta que la puerta da a la calle.
—No te vayas, de verdad te arrepentirás —comentó Sheila, angustiada.
La sueltas, le quitas la bata a la fuerza y de una patada la empujas para que no pueda seguirte. La bata es pequeña y te queda muy ajustada, además de que se te hace imposible atarla porque te falta una mano así que la anudas como puedes para evitar que se te vean los genitales y empiezas a correr como un loco para alejarte del lugar. No puedes creer la mala suerte que tuviste de caer ahí.
Te fijas a tu alrededor. A decir verdad te fue bastante fácil escapar y cuando volteas hacia atrás no ves que Sheila y compañía tengan pensado perseguirte. Comienza a llover y el frío azota tu cuerpo semidesnudo.
Necesitas un refugio y buscas con tu mirada. A tu derecha la calle se extiende indefinidamente sin dejarte salida ni entrada a algún lugar donde puedas cubrirte.
A tu izquierda sí tienes un lugar. Hay un edificio con las puertas abiertas de par en par. Tiene todas las luces apagadas y no te parece que haya alguien allí. Normalmente pensarías que un lugar así es una trampa pero en este momento lo necesitas y mucho así que no te importa demasiado pensar en ello.
Entonces, miras hacia adelante y lo ves. Te sacudes al darte cuenta que hay un encapuchado en medio de la lluvia frente a ti a no más de cinco metros. No se ve más que su cuerpo envuelto en ropa, no muy alto y apuntando la abertura de su capa hacia ti, como si te observara. Te parece muy extraño no haberte dado cuenta antes de eso. No parece querer moverse de allí donde está, bajo la lluvia, esperando que hagas tu movimiento.
No sabes qué hacer. Podrías acercarte a enfrentarlo y ver quién es. También podrías correr a un costado a esa casa “aparentemente” abandonada. Por último, podrías arrepentirte y volver sobre tus pasos a la casa de donde saliste aunque luego no habría vuelta atrás y no puedes pedir ya explicaciones a lo que te hagan.
¿Qué harás?
Porcentaje de daño físico: 25%
Porcentaje de daño psicológico: 30%
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Akane Moon:
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Spoiler
Decides dejar las cosas como están, lo que tienes adentro tuyo dentro está y así crees que debería quedar todo.
—Bien, es tu decisión —dijo el médico algo asustado. Luego te dio una pequeña caja con algunas píldoras—. Si así quedan las cosas ya no tengo nada que hacer por ti, puedes irte cuando desees. Debes tomar una de estas cada seis horas. Cuando se te acaben puedes venir por más o pedirle a Vans que las busque por ti.
Y sin más te dio el alta. Lo único que tuviste que hacer fue ir con Vans a buscar tu ropa a tu anterior habitación. Los dolores en tus manos y en tu vientre los sigues teniendo pero luego de tomar una pastilla empiezas a sentir un exagerado alivio, como si te sintieras en las nubes.
Cuando sales ya te estás despanzurrando de risa con los chistes de Vans como si nada hubiera pasado. Empiezas a pensar que esas píldoras quizá sean drogas bastante potentes pero te da igual, te sientes genial, sin ningún dolor.
—Akane, vamos a mi casa —te dijo Vans sonriente mientras caminaban por la calle y te empujaba en una dirección.
No pudiste negarte, no eras dueña de tus acciones, simplemente fuiste con él como si nada pasara, sin dejar de reír olvidando por primera vez que estabas en ese juego de terror.
La casa de Vans no quedaba muy lejos. Te preguntaste varias veces dónde habría quedado su bicicleta, quizá la llevó a su casa cuando dormías. Llegaste hasta el lugar, allí donde el imponente edificio se presenta ante ti con magnificencia. Es aterradoramente grande, una misión… incluso podría llegar a ser una mansión para contener mansiones.
—Ven, sígueme, no tengas miedo.
No lo tienes, en realidad ahora no temes a nada. No te importa de verdad si es un vampiro o no, simplemente lo sigues al interior de la mansión. El lugar es impresionante por fuera, con un jardín hermoso y muy bien cuidado, las paredes recién pintadas y las ventanas abiertas mostrando cortinas blancas y lujosas.
Por dentro es aún mejor. La mayoría de las cosas son de cristal, espejos y mármol. La sala de estar es enorme, a uno de tus lados está el comedor, enorme también, y al otro lado una sala de entretenimiento con televisor y radio por lo que alcanzas a ver por la puerta abierta.
Hay una escalera de mármol muy alta que lleva al segundo piso también. Te echas en un sillón sin preguntar siquiera y Vans se sienta junto a ti y te abraza. No te importa, se lo permites. La droga hace que tus párpados pesen, que tu boca se seque y tus muslos se humedezcan. Admiras al joven de largos colmillos con deseo y él parece darse cuenta porque te devuelve la mirada.
Él se acerca más a ti, te acaricia la nuca y deposita suavemente en tus labios unos cuantos besos. Es imposible que te resistas, lo abrazas también y lo dejas continuar.
Te recuestas sobre el apoyabrazos del sillón y Vans se tiende sobre tu cuerpo lentamente besando llenando de saliva tus labios y tu mentón. Cierras los ojos mientras sientes que baja con sus besos y se detiene en tu cuello.
Tragas en seco y abres tus ojos por la sorpresa. Esta saboreando tu cuello. Lo lame, lo succiona, lo muerde tímidamente. Sientes que la cosa ya se está pasando un poco y recobras la conciencia por un instante. Te ves a ti misma como si estuvieras viendo una película. No puedes creer lo que haces, tienes al chico atenazado con tus piernas y brazos para que no se separe de ti.
Entonces, una mordida profunda te trae de nuevo a la realidad. Vans te ha mordido el cuello y sientes sus colmillos penetrando tu garganta. No sientes dolor pero sientes una severa incomodidad. También sientes que tu vientre se agita.
Vans retira sus colmillos y empieza a lamerte pintándote de rojo el cuello y el pecho.
No puedes negar que te gusta, sientes una gran excitación por eso, pero empiezas a marearte. La sangre que él te está sacando empieza a hacerte falta, deberías negarte a eso y mantenerlo a raya pero… ¿tendrás la suficiente fuerza de voluntad?
Puedes negarte con todas tus fuerzas o dejarte llevar por Vans. El daño físico luego de eso es demasiado pero no lo sientes por el efecto de las píldoras, en caso de que te niegues no es seguro que puedas llegar a buen puerto con la debilidad que tienes.
Porcentaje de daños físico: 50%
Porcentaje de daño psicológico: 0%
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Matías:
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Spoiler
Decides tomar la valiente opción de llevar el cadáver reducido a balazos del chico a casa de sus padres. Ingresas a buscarlo a la carnicería sin que la viejecita se mueva si quiera. Te parece muy pero muy raro que el niño ángel te haya dicho que nunca muere. Cargas al preadolescente sobre tus hombros y lo llevas con todas tus fuerzas a donde se te indicó.
Sientes cómo tu cuerpo se mancha de sangre y cómo a medida que vas dando pasos el peso del muerto se hace cada vez más imponente. Por suerte no es muy lejos y llegas a la casa. Depositas en el suelo el cadáver y haces sonar el timbre.
Resuenan campanadas aterradoras como las de una casa embrujada en cuanto oprimes el botón. Te esperas un momento sintiendo como la transpiración recorre tu nuca. Entonces oyes que alguien corre el protector de la mirilla para verte.
—¿Quién eres tú?
La voz que escuchaste era de ultratumba. Al parecer detrás de la puerta había un hombre de grabe acento. Vas a responderle sin saber en realidad qué decir cuando la puerta se abre lentamente haciendo crujir las bisagras. Cuando termina de abrirse ves frente a ti un ser de enormes proporciones físicas con una mirada penetrante y un cráneo extra grande que parece flotar sobre su largo y desproporcionado cuello. A pesar de ser tan raro y asqueroso, su piel es clara como la tuya y hasta puedes ver en sus brazos venas bombeantes como las tuyas. Te aterra pensar en la horrorosa criatura que puede haber dado a luz a semejante monstruosidad.
—El amo Hiss ha muerto. Adelante, adelante, traiga su cuerpo con usted —te indicó la bestia con un lenguaje exquisito pero con su mismo tono lúgubre.
Al principio dudas pero no tienes mucha opción, además ya has tomado la decisión de llevar al chico. La casa por dentro es muy sombría y las luces además están apagadas por lo que te cuesta seguir el rumbo aunque no por mucho tiempo porque el sujeto extraño que te atendió de repente prendió la luz.
—Lamento lo de la luz, como yo no la necesito no me doy cuenta que los demás sí la precisan.
Tardas bastante en llegar al destino, el pasillo parece infinito y está lleno de retratos en las paredes de bebés, niños y adolescentes; la mayoría de ellos en blanco y negro pero a medida que avanzas se vuelven más recientes y empiezan a tomar color. Es un poco aterrador el lugar y el papel tapiz marrón y las esquinas húmedas no ayudan en lo absoluto. Entonces llegas a lo que supuestamente deberías describir como sala de estar. Es un lugar grande con cuatro sillones en medio, una radio vieja en un costado, muchos cuadros en las paredes, algunas esculturas y unas pocas plantas oscuras y sin flor.
—Excúseme, buscaré a los amos para que vengan a verlo. Siéntese, por favor.
Realmente no sientes ganas de sentarte pero tampoco quieres ser descortés con el sujeto así que lo terminas haciendo. Dejas el cadáver del chico en uno de los sillones y te sientas en otro lo más alejado que encuentras. El tipo se va por un pasillo y te deja solo en el lugar, cosa que te pone aún más nervioso… tienes la extraña sensación de que los retratos te observan.
Por suerte para ti no fue mucho tiempo de soledad porque un hombre ingresó en el lugar casi corriendo. Era rubio, su cabello estaba muy bien peinado hacia un costado y usaba una refinada barba en forma de candado. Tenía los ojos abiertos como si estuviera muy sorprendido.
—¡¿Es verdad?! ¿Mi hijo está muerto?
Presentías que un torrente de odio te iba a azotar cuando el pobre padre se acercó a verificar el pulso del niño pero en vez de eso el tipo se puso a llorar sobre su pecho ensangrentado. Desviaste la vista pues te daba pena ver eso y ahí fue cuando descubriste a la mujer. Una señora de cabellos castaños ondulados, de altura bastante considerable, mirada severa, labios rectos, pechos imponentes y cuerpo ancho se recortó en el marco de la puerta por donde ingresó el padre anteriormente. En cuanto llegó ahí te clavó la mirada como si fuera una estaca y ya no pudiste mover la cabeza. Ella te sostenía en su poder, era posible que te zafaras de su encanto.
De repente desvía la mirada a ver al padre y su hijo y tú la desvías también. Te percatas que el padre está riendo histéricamente.
—¡Al fin! ¡Al fin murió nuestro hijo, mi querida!
¿Al fin? Ves al padre irse a abrazar con la mujer y no puedes creer lo que están haciendo. ¿Se alegran de que su hijo ahora sea un cadáver con el pecho agujereado? El padre está tan emocionado que tiembla. Ves sonreír a la madre casi por compromiso y luego te ensarta de nuevo la mirada. Está abusando de ti con ella.
—Querido, creo que nuestro huésped está ansioso por saber por qué nos alegramos.
En realidad no crees que sea bueno saberlo. Ya has visto suficiente en ese mundo como para imaginarte la clase de cosas horrorosas que podría hacer esa gente.
—Oh, es cierto, ¿lo has matado tú? —preguntó el padre interesado.
Niegas firmemente con la cabeza sin dejar de ver los ojos negros de la gran mujer.
—Ya veo. Bueno, te contaremos la historia de nuestra familia y además te daremos un premio por haber sido tan amable de traernos la gran noticia del asesinato de nuestro pequeño si quieres. A cambio deberás prometer que no dirás a nadie lo que te dijimos y que nos comprenderás. Si no te crees capaz de hacer eso te pediremos que te marches para que podamos velar a nuestro hijo en paz.
Y con eso pone en ti la decisión. Quizá sí sientes un poco de curiosidad además de que el premio sólo te lo darán si te quedas a escuchar. Claro, si lo haces serás también partícipe de esa familia de locos que se alegra de la muerte de sus hijos. Si no quieres, podrás marcharte del lugar sin más.
Porcentaje de daño físico: 5%
Porcentaje de daño psicológico: 30%
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Avisenme cuando quieren que postee, si quieren que sea una semana nos vemos el martes pero díganme, por favor.