Primera Misión
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Vives en la ciudad de Murgen. Vas al colegio todos los días como cualquier persona y no te relacionas más que con dos o tres amigos muy íntimos.
Un día, mientras estabas charlando con ellos, uno de los chicos populares del colegio se acerca a ustedes con un papel en la mano. Con una sonrisa espléndida les dice:
—¿Saben? Abrieron la sala de Terror Virtual ayer. Voy a ir esta tarde. Si les interesa aquí les dejo un folleto, muchachos.
Uno de tus compañeros lo toma y entre los tres se ponen a leer. No dice mucho pero parece que por ser el primer día será gratuita la entrada. Deberían aprovechar para ir en ese instante.
—Creo que lo mejor sería que vayamos temprano, por si hay mucha gente —te dice uno de ellos.
Los dos parecen emocionados pero a ti no te termina de cuadrar la idea. Tienes un mal presentimiento sobre ese juego pero no lo quieres admitir porque temes que te digan gallina. Por lo tanto, concuerdas con ellos estar los tres a las cuatro de la tarde en el edificio…
Llegas puntualmente al lugar pero tus amigos todavía no estaban. Esperas fuera del edificio, es extraño ya que no ves gente por los alrededores. Tus amigos no llegan, tardan demasiado y empiezas a ponerte nervioso. Un sujeto abandona el lugar y te llama la atención.
—¿Vienes a jugar?
Le contestas que sí, quieres decirle también que estás esperando a tus amigos pero no alcanzas a terminar la frase porque te arrastra de un brazo dentro del lugar.
—Algunos necesitan un empujoncito. Con sólo ver la entrada ya tienen miedo, imagínate en el juego…
El tipo río con sorna y sacó un manojo de llaves de su bolsillo para abrir una puerta de madera frente a la cual se habían detenido. El cuarto estaba a oscuras y había un fuerte olor a humedad. Era pequeño, no más de tres por tres y en el centro había un sillón con un casco al lado y una enorme cantidad de cables que salían de él y recorrían la habitación traspasando la pared.
—Ponte el casco que empezamos...
Tratas de decir que prefieres esperar a tus amigos pero cuando te das vuelta la puerta ya está cerrada. Te has quedado solo en la habitación. El corazón empieza a hacerse notar en tu pecho, sientes que se empieza a sacudir con fuerza por el nerviosismo. Te sientas en el sillón. Te colocas el casco. La oscuridad te invita a cerrar los ojos. Sientes cómo tu mente abandona lentamente tu cuerpo…
BIENVENIDO.
…
TE NOTO… TENSO.
La voz en off parece provenir de los cuatro vientos. Sientes el eco resonar largamente.
CUIDA TU CUERPO. AQUÍ TU MENTE NO MUERE. TOMA LA DECISIÓN QUE TE PAREZCA MENOS PELIGROSA. NO CREAS NADA DE LO QUE VES. SOLO DEJA QUE TU INSTINTO TE GUIE POR DONDE EL DESTINO QUIERA LLEVARTE.
OK. CONECTADO.
…
…
Misión 1:
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Albert:
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Spoiler
Abres los ojos. Te encuentras parado en una sala muy iluminada. A tu lado derecho hay una enfermera completamente cubierta por su delantal y su cara con un barbijo, apenas alcanzas a ver unos cabellos negros escapando de su gorro para operaciones. A tu izquierda tienes un enfermero con un bisturí en la mano, es un poco más bajo que tú. Ambos te miran impacientes y ahí es cuando enfrentas hacia adelante…
En una camilla, recostado sobre su lado derecho, hay un niño con el estómago abierto en dos. Las tripas están allí, expuestas a tus ojos, con la sangre inundándolas poco a poco. El niño está vivo, conectado a un respirador y a una unidad de sangre que le va proveyendo lo que pierde.
Esperabas algo terrorífico pero no tan pronto y no tan sangriento. El estómago se te revuelve y crees que vomitarás en cualquier momento. No estás bien, sientes como tu propia sangre se te acumula en la cabeza y la presión está por hacerte estallar. Necesitas urgente desviar la mirada y correr al baño.
Quitas la vista del niño para centrarla en la sala donde estás. Hay algo… raro en el ambiente.
Lo primero que ves son las monstruosas sombras de los enfermeros que te acompañan. Se proyectan sobre la pared que tienes enfrente y encima del niño. Parpadeas varias veces para ver si son reales porque te parecen demasiado grandes para la cantidad de luz que hay. Siguen igual de grandes. Te das vueltas para ver de dónde vienen esas luces… detrás no hay nada, a pocos centímetros está la pared.
Empiezas a pensar que debe ser un error en la programación y admiras tus pies. Cerca de ti hay una mesita con utensilios de operación que tu enfermero asistente te irá alcanzando cuando los necesites. Alcanzas a ver rápidamente un estetoscopio, unas pinzas, muchas jeringas, un espejo y algunas tiras adhesivas. Te detienes un momento a pensar porque te parece que hay algo que no concuerda. De repente te das cuenta con mucha sorpresa que en el espejo no hay nada. No tiene reflejo. Es raro… debería reflejarse el enfermero con los bisturís. Tragas en seco y el corazón te empieza a latir fuerte.
Sientes que algo te aferra la mano y das un salto.
—¡Doctor! Tranquilo, sólo son los reflejos del paciente. ¿Va a operarlo o no? ¿Se siente bien? —te habla con voz dulce la enfermera a tu costado derecho.
Te está hablando a ti, no hay dudas. ¿Cómo podría llamarte doctor si apenas tienes dieciséis años? Quizá sea parte del juego, debes tomártelo con calma.
Usas tu bata para limpiarte la transpiración pero la mujer te detiene y ella misma continua haciéndolo con una pequeña toalla. Entonces te percatas del detalle en la enfermera: por su manga asoma parte de su brazo y en él hay una infinidad de vellos rubios muy largos como si tuviera un serio problema de crecimiento capilar. ¿Por qué esos pelos tienen color distinto al de su cabello? No lo entiendes.
Vuelven a tocarte la espalda y saltas otra vez. El estómago te pide a gritos que lo vacíes con un descomunal vómito. Cuando admiras a quien te tocó percibes que es el enfermero de los bisturís que ahora sólo sostiene uno.
—¿Va a retirar la parte dañada de los intestinos de una vez?
El enfermero parecía molesto por tus vacilaciones. ¡Querían que operes! No tienes la mínima idea de lo que se hace en esos casos. ¿Sólo debes cortar algo y ya?
Ves el cuerpo del niño y los ojos se te empiezan a nublar, has visto demasiada sangre junta por un día.
—¡Doctor, apresúrese, no queda mucho tiempo! —insiste la mujer.
La presión es demasiada, ni siquiera sabes bien cómo es el juego. Debes decidir que harás, no tienes muchas opciones en ese momento.
*Puedes empezar a cortar intestinos como si supieras lo que haces, esperando que mágicamente el niño se cure.
*Puedes pedirle a alguno de los otros dos que lo opere por ti poniendo alguna excusa.
*La última opción es que te vayas ahí, sea como sea. Necesitas vaciar tus tripas.
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Ariel:
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Spoiler
Luego de un momento de silencio empiezas a oír un bullicio interminable, muchas voces hablando al mismo tiempo, música y efectos de sonido estridentes. Abres los ojos con lentitud para enfrentarte a lo que sea que haya en ese juego.
Estás en un parque de atracciones a simple vista. No esperabas algo así, quizá creías encontrarte una casa embrujada, un cementerio o ese tipo de cosas. Caminas un poco para acostumbrarte a ese nuevo mundo. Ves todo tipo de atracciones: montañas rusas, carruseles, autos chocadores, espectáculos de fenómenos, juegos de azar y otras muchas. La gente parece divertirse mucho y empiezas a contagiarte de la algarabía del lugar.
Por un momento piensas que es una lástima no haber llevado dinero pero tras pensarlo bien crees que quizá al ser un juego las cosas también sean gratis. En ese instante sientes en tu bolsillo algo pesado que lucha por bajarte los pantalones mientras caminas. Revisas su contenido y sacas de allí una billetera enorme. La abres y ves que dentro hay cientos y cientos de dólares. No puedes evitar pensar que ese lugar es el mejor en el que podrías estar.
Sin saber qué hacer primero con tanto dinero te acercas a un poste donde hay un gran cartel que muestra el mapa del lugar. Entusiasmado lo observas pero te das cuenta que algo no anda bien. El dibujo es perfecto pero la mitad del mapa está manchado con pintura roja y no se puede apreciar su contenido. Es una verdadera pena. Sólo puedes ver que muestra la entrada, los puestos de venta cerca de ella, la montaña rusa imponente, los autos chocadores, el gran martillo, el barco pirata, el carrusel pero las demás atracciones están ocultas tras la tinta y no puedes leer nada. Supuestamente al lado de los autos chocadores debería encontrarse una de las atracciones ocultas. Desde donde estás puedes ver al lado de la pista un edificio de madera mal pintado.
El corazón se te acelera al verlo. Alcanzas a distinguir que desde el techo de ese lugar caen gotas de manera intermitente como si estuviera lloviendo. Es muy raro ese efecto puesto que ninguno de los demás sufre ese extraño fenómeno. Decides ir hacia allí, te llama demasiado la atención. Caminas con lentitud tratando de reconocer la atracción antes de llegar a ella cuando…
—¡AAAAAAAAH!
Un chillido desolador te sobresalta y observas a un costado. Al lado del carrusel están los fenómenos y allí puedes ver un hombre sentado sobre un arcón de madera, llorando y gritando con locura. La gente pasa a su lado y no le prestan atención, pasan de largo sin siquiera mirarlo como… si no existiera.
Empiezas a sentir una presión fuerte en el pecho, como si te costara respirar. Volteas a ver qué hay detrás y te encuentras con un tipo alto y sonriente vendiendo algodón de azúcar y palomitas. Posiblemente sea el terrible olor que sale de su cocina lo que te está dificultando la respiración.
Todo en ese parque te llama la atención y ahora además te dio hambre. Esta vez admiras la enorme montaña rusa y te das cuenta que en su base hay una cabaña pequeña y larga que no alcanzas a ver dónde termina porque la estructura del coloso juego de hierro te lo impide. No parece una atracción, más bien es como el hogar del hombre de mantenimiento. Extrañamente la puerta está abierta y dentro sólo puedes ver tinieblas. Te intriga también saber lo que es pero no crees que haya nada interesante ahí, menos siendo un lugar tan raro, con una arquitectura tan rústica y tan mal pintado.
Un disparo potente te saca de tus cavilaciones y vuelves a darte la vuelta. Detrás del puesto de palomitas, unos cuantos metros más lejos, se encuentra el típico juego del rifle y los patos. El tipo que acaba de jugar se está llevando un oso de peluche de gran tamaño pero para nada ordinario. Te refriegas los ojos para ver si estás viendo bien, la cara del oso no encaja con su cuerpo, no es como todos los peluches, sonriente y alegre. Al contrario, su cara refleja la tristeza absoluta, el sufrimiento y el dolor como si fuera real.
Algo aturdido, no sabes bien qué hacer, llegó la hora de que decidas, tienes los suficientes recursos como para tomar parte de cualquiera de las cosas que viste.
*Puedes ir al carrusel.
*Puedes ir a los autos chocadores.
*Puedes ir al martillo.
*Puedes ir al barco pirata.
*Puedes ir a la montaña rusa.
*Puedes ir al extraño edificio que llueve por sí mismo detrás de los autos chocadores.
*Puedes preguntarle qué le sucede al hombre al lado del carrusel
*También está en tus posibilidades hacer cola y comprar un algodón de azúcar o unas palomitas.
*Si te interesa más de lo que crees puedes ir al edificio largo debajo de la montaña rusa.
*Por último, puedes ir a jugar con el rifle y los patos a ver si logras ganarte un oso de felpa.
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Nith Lockhart:
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Spoiler
Lo primero que percibes es un frío aterrador amenazando convertir tus dientes en polvo. Te abrazas a ti mismo y en ese instante te das cuenta que llevas más abrigo que el que tenías cuando te presentaste en el edificio. Aún así, sientes frío.
Abres bien los ojos y te das cuenta que te encuentras en la inmensidad de la noche, sobre una acera y no alcanzas a ver ni una minúscula luz por los alrededores.
Oyes pocos sonidos, entre ellos el viento silbando a tus espaldas. También puedes percibir una especie de chapoteo irregular no muy lejos de ti, como si fueran pisadas constantes.
No tienes idea hacia dónde ir, te sientes perdido en ese lugar tan oscuro.
De pronto, sientes un ruido a tus espaldas. El ruido principal es el de un metal chocando contra el concreto pero cuando ese ruido termina sólo sientes un siseo, como si fuera el viento pero sabes que no lo es. Allí hay una especie de callejón, en tinieblas. Por más de que fuerzas la vista para ver qué hay allí no puedes vislumbrar nada, es como si todo estuviera en negro.
Sientes un escalofrío y decides mirar hacia el cielo. Te percatas que hay una escalera de servicio para llegar al tejado del edificio que está frente a ti. Allí, en la azotea, puedes ver un gato negro sentado, inmóvil. No puedes evitar por un largo rato, parece estar admirándote. Lo único que hace es mover la cola cada cierto tiempo de derecha a izquierda y viceversa.
De repente vez como todo se ilumina. Un auto se acerca por la calle con las luces altas. Estaciona a unos metros de ti y de allí baja una mujer. El auto apaga las luces y desaparece dejando sola a la fémina. Alta, con minifalda y blusa escotada como si el frío no partiera la calle, de largos cabellos rubios, pechos turgentes, hombros firmes, espalda curvilínea recortada por un trasero remarcado por la tensión de su ropa. Con andar gatuno se apoya en una de las paredes de un edificio en la misma acera que te encuentras. Te dirige una mirada siniestra y fulminante. Sus ojos negros enmarcados por su cabello son monstruos que parecen querer devorarte. Ante tu estupefacción, ves como sacude su índice, invitándote a ir con ella.
Empiezas a dejar de sentir frío, tu corazón late fuerte y tus pies duelen como si estuvieras pisando clavos. Desvías la mirada hacia el otro lado de la calle y allí vez un banco donde podrías sentarte. Te sobresaltas al darte cuenta que hay una persona sentada ahí. No recuerdas haber sentido su presencia, la deberías haber visto cuando el auto alumbró con sus luces. Está vestida con mucha ropa, tapada hasta la cabeza, parece llevar una manta sobre ella y se encorva casi hasta tocar sus rodillas con la nariz.
Un nuevo y rotundo brillo llama tu atención frente a ti. No está justo frente a ti como la escalera que lleva al tejado, está en diagonal en la calle del frente, justo en dirección a la mujer que se encuentra a pocos metros a tu costado. El brillo proviene del edificio que hay, de una de las ventanas. No alcanzas a ver nada porque hay una cortina pero la luz es demasiado llamativa en un lugar tan oscuro como el que estás. Repentinamente, ves una sombra proyectarse desde dentro hacia la cortina. Hay alguien ahí también y por alguna razón te da mucha mala espina.
Los pies realmente te están torturando, necesitas descansar. Y ese sonido del chapoteo sigue torturándote la mente. El viento mueve tus ropas rápidamente, tu cabeza da vuelta sobre los objetos que llaman tu atención en el ambiente.
*¿Irás al callejón oscuro detrás de ti?
*Puedes también subir al tejado a espantar ese gato que te está helando la sangre.
*Te interesa demasiado esa mujer sexy con pinta de prostituta llamándote.
*Ese banco a tu lado se ve muy reconfortante pero la persona que está sentada en él y que tendrás al lado si vas a sentarte no se ve para nada simpática.
*Por último puedes ir a la casa en diagonal y golpear la puerta para investigar qué es esa luz extraña.
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Akane Moon:
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Spoiler
Oyes una voz estridente. Abres los ojos y puedes ver una mujer dando clases frente a un pizarrón. Tal cual como si estuvieras en clases. Genial, vas a ese lugar para evitar el estudio y parece que van a darte una clase más.
El curso es pequeño, no hay muchos pupitres. Te sorprendes demasiado al ver el raro detalle: todos los bancos están volteados enfrentando la pared de atrás. Nadie está viendo a la profesora. Frente a ti hay una chica rubia con cara de aburrida que te admira fijamente pero como si no existieras. Hay tu lado hay un chico enviando mensajes con su celular. Te volteas y ves la espalda de otro chico, reclinado sobre la mesa. No tiene mucho sentido lo que está pasando en ese lugar. La profesora de pronto golpea la pizarra con el puño para llamar la atención de todos. Puedes ver cómo la chica frente a ti cambia de postura, el joven a tu lado deja de enviar mensajes y el de tu espalda se pone derecho. Ellos la escuchan pero… están al revés.
—¡Bueno, jóvenes! Para la clase que viene traigan todos los ejercicios hechos. Quienes no los hagan tendrán un reprobado. Nos veremos la próxima.
En ese momento suena la campana y todos empiezan a levantarse. La profesora sale como tiro del lugar y los demás buscan sus cosas para irse. La chica frente a ti se saca un chicle de la boca y estira su mano para pegarlo en tu mesa. Cuando termina de hacerlo, se levanta, junta sus cosas, te guiña un ojo y se retira lentamente. Sacudes la cabeza sin entender si de verdad te lo ha guiñado o no porque parecía que no se diera cuenta que existías hacía un momento.
Luego percibes como se levanta el chico del asiento de al lado. No te admira, se encuentra concentrado en su celular pero de un momento a otro estira su mano también y deja caer el aparato sobre tu pupitre. Así como lo dejó allí se fue, rápidamente.
Te giras para verlo irse, estás sorprendida al ver que dejó su móvil ahí, pero lo pierdes de vista cuando te percatas que el muchacho detrás de ti está buscando su mochila y te estorba la visión. Tampoco repara en ti, simplemente junta sus cosas. Parece estar triste, con ganas de llorar, sus grandes cachetes tiemblan como si quisiera gritar. Se coloca el bolso con sus cosas en la espalda y, como si fuera un reflejo, sacude su cabeza hasta poner su mirada sobre la tuya. Parece aterrado. Sus ojos se llenan de lágrimas. Los cierra, se da la vuelta y sale casi corriendo del lugar.
Muy impactada por lo que pasó tratas de procesar los hechos que ocurrieron. Pones atención en él teléfono que hay frente a ti. En la pantalla aparece un mensaje a medio escribir:
“Sígueme.”
Levantas el aparato y te lo llevas. No tienes útiles en el lugar así que lo abandonas sin más trámite, ya no queda nadie dentro.
Al salir te encuentras en el cruce de dos pasillos de un colegio. Miras hacia los cuatro rumbos. Lo primero que vez es la salida. Haces un esfuerzo por apreciar que hay allí y te encuentras con la pelea de dos personas y muchas otras cerca dándoles ánimos. Te llama mucho la atención porque luego de observarlos unos cuantos segundos los combatientes siguen en posición de pelea pero no se atacan ni se dicen nada mientras que los espectadores les gritan, aúllan y jadean como si se estuvieran matando.
Al lado opuesto de ese pasillo que lleva a la salida están los baños. La puerta del baño de chicos está abierta de par en par. El baño de chicas tiene una cinta frente a él que dice “CLAUSURADO”. Además, luego de observar bien, te das cuenta que hay mucha agua en el suelo saliendo del baño de chicos.
En el otro pasillo, frente a ti, ves una escalera. Allí está el joven de cabellos negros que se dejó el celular en tu pupitre hace rato. Deberías ir a devolvérselo pero te percatas de que él está sentado en uno de los escalones inferiores con el mismo móvil, usándolo como si nunca lo hubiera perdido. Te palpas el muslo, confundida. Allí sientes el bulto del teléfono que hace rato te pusiste ahí. Él debe tener otro, totalmente igual pero no el mismo.
Tratando de pensar bien qué pasa sientes un dolor punzante en los ovarios. No recuerdas que sea el momento de la regla pero quizá en ese juego todo de haya alterado. Aprietas los ojos de dolor y cruzas las piernas. En eso te das vuelta a ver el otro extremo del pasillo de las escaleras.
Al otro lado está el comedor. En la entrada puedes ver un grupo de cuatro chicas conversando, entre ellas está la que se sentaba frente a ti. Parecen inmersas en su vida, charlando sobre sus cosas aunque no puedes evitar observar los cabellos dorados de la chica. Ella, de forma lenta, gira su cuello a verte y te sonríe ampliamente, con su ceño fruncido y sus ojos profundos. Es muy rara. En ese instante te percatas que tiene un calcetín de rojo y otro de color negro. También te das cuenta de sus uñas: son largas, muy largas, al menos la mitad de lo que miden sus dedos y no están pintadas.
Con el vientre haciendo difícil el procesamiento de datos, debes decidir qué hacer:
*Ir a la salida, a ver la pelea o a correr fuera del colegio.
*Ir al baño de hombres ya que es el único que está abierto y necesitas saber si al menos orinando se te pasa ese dolor.
*Ir al baño de mujeres ignorando el cartel de clausura.
*Subir las escaleras.
*Ir al pie de las escaleras a devolverle el celular al chico.
*Ir al comedor
*Ir a la puerta del comedor a preguntarle a la chica por qué te mira tanto.
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Matías:
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Spoiler
Luego de un momento sientes un empujón y eso te hace abrir los ojos. Admiras a tu alrededor, anonadado. Hay mucha gente, estás en un edificio media y…
“SRRRGGGGGGRRRRRRRRRRRBBBBBBSSSSSSSSHHHHHHHHHHH”
El ruido agudo de una sierra eléctrica te aturde y admiras a un costado poniéndote en guardia. Por suerte no es nada más que un carnicero cortando una gran pierna de res. Ahí te das cuenta que tanto él como tú están del lado de adentro de un mostrador con delantales puestos. Ves frente a ti y ahí se encuentran varias personas esperando ser atendidas. Además, te admiran sorprendidos por tus gestos de dolor al oír la sierra. No esperabas empezar a jugar en un lugar tan concurrido.
Tu olfato te pone en alerta. El olor a carne podrida que hay en esa carnicería es insoportable. No entiendes cómo puede ser que la gente no se dé cuenta. A pesar de eso el lugar es limpio y tiene varias heladeras por lo que es raro que haya un olor así. Quizá sólo tú lo sientes por ser el que está jugando.
Le prestas más atención al carnicero. Su delantal está rojo de tanta sangre, en cambio el tuyo está reluciente. Sonríe y parece disfrutar mientras hace trizas el hueso con la sierra. Por último, te percatas de algo interesante. Está descalzo. Sí, como si recién se hubiera levantado. Ahora empiezas a pensar si realmente el olor a podrido no viene de ahí…
Decides restarle importancia y admiras la clienta que está atendiendo. Es una morena de estatura más bien baja y voz chillona pero cuerpo curvilíneo. Parece divertirse con el comportamiento infantil del carnicero y él parece tratar de seducirla masacrando esa pobre pierna de vaca. El detalle importante en la chica era un dragón que tenía tatuado en su cuello y llegaba hasta más allá de su hombro y su omóplato.
Luego de ella admiras a los demás clientes. Hay una viejecita detrás con los ojos cerrados y el cuerpo rígido. Más atrás hay una niña de largo cabello negro que te admira fijamente con una mueca de desagrado. Te eriza la piel verla, está demasiado concentrada en ti. El tercer cliente es un muchacho de tu altura, rapado y muy abrigado a pesar de que no hace ni frío ni calor. Parece estar nervioso, va de un lado a otro admirando todo el lugar. No te da buena espina. Al final hay otro joven preadolescente admirándote, temeroso, como si temiera que fieras a asesinarlo con el cuchillo para cortar los bifes de chorizo.
Empiezas a darte cuenta que hay cosas en el lugar que no cuadran. Primero que nada, es plena noche y no entiendes qué hace una carnicería abierta tan tarde y con esa gente mayor y esa niña comprando.
Te sorprendes también al ver una de las heladeras. Tiene en exposición cabezas de vacas, cerdos y pollos. Nunca has visto una carnicería tan desquiciada como esa.
Admiras frente a ti, en el mostrador. Hay un gran cuchillo, un gancho para colgar chorizos, un cuchillo pequeños y un mazo con púas para ablandar la carne. Mientras los ves, te das cuenta que tu compañero te habla.
—¿Vas a ponerte a trabajar o no? Atiende o sino ve a la cámara a buscar carne picada que se acabó.
Ahí te percatas de que a tus espaldas hay una puerta cerrada, posiblemente la entrada a la cámara de frío. Estás algo atontado por la velocidad de los hechos, no quieres tomar una decisión tonta que te haga morir de un susto, prefieres que tus amigos se den cuenta que has salido de ese juego sin sudar siquiera. Será mejor que hagas algo antes de que empiecen a dudar de tu salud mental:
*Si vas a atender a alguien toma uno de los cuatro elementos mencionados (gran cuchillo, gancho, cuchillo pequeño, mazo con púas) y elije uno de los cuatro clientes para atender (anciana, niña, joven y preadolescente)
*Sino, puedes irte de allí a cámara de frío a buscar lo que te pidió tu amigo.
*Por último, puedes darle la vuelta al mostrador, abrir la puerta e irte de ese lugar que tan poco atractivo se presenta. El olor ya te está asqueando, la nariz se te tapa y empiezas a necesitar oxigeno puro.
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Espero que las hayan disfrutado. Diganme, sé que no dan miedo, pero al menos comenten si les pareció que hubo un poco de suspenso o si les interesó... lo que sea.