Misión 12:
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Albert:
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Spoiler
Decides dar rienda suelta a tu fuerza y jugar a matarlo. Arremetes contra él golpeándolo con todo tu cuerpo y para tu sorpresa la bestia recibe el empujón como si se lo hubiera dado una locomotora y vuela fuera de la habitación aplastando otros zombies más pequeños. Sonríes al ver que las cosas quizá no vayan tan mal.
El gran rival se levanta como si no hubiera sentido nada y vuelve contra ti. Se dan de golpes en la cara, en los brazos, en las piernas, se tiran de los pelos y se pisotean. El dolor que sientes en tu pobre cuerpo es épico, jamás habías estado tan adolorido pero así mismo sigues luchando como si tus músculos rebosaran de energía.
En un momento, logras hacer que el bicho te dé la espalda y saltas sobre él. Lo tomas por la cabeza y lo empiezas a zarandear esperando que se maree hasta que cuando menos te lo esperas la cabeza salta de su cuello como una pelota, rebota en el suelo y se va rodando por el pasillo infestado de zombies.
El cuerpo cae con pesadez y tú sobre él. Mientras intentas recuperar el aire, te das cuenta que todos los zombies se agrupan alrededor tuyo exclamando con terribles ganas de darte un bocado.
Es en ese momento, cuando oyes un grito de la habitación donde estaban: el científico que estaba contigo te hace señas sonriente para que vayas.
—¡Lo encontré! ¡Es la fórmula! Tus células son increíbles. No sólo podemos acabar con los zombies sino que investigando un poco el ADN de ellos podríamos hacer que todos los humanos sean superfuertes así como tú. Por el momento, encárgate de ellos. Una pequeña dosis y no volverán a levantarse.
Te tendió una gran jeringa con una aguja gruesa y un líquido marrón transparente dentro. Es el momento de que veas si todo dio resultado
Clavas la jeringa en uno e inyectas una pequeña parte del líquido. No tarda demasiado hasta que cae al suelo totalmente desvanecido como si realmente estuviera muerto. Sonriente, practicas lo mismo con cada ser agresivo que se va presentando frente a ustedes.
El científico, satisfecho pero muy cansado y entristecido por la muerte de su amigo se pone a revisar a la niña que está a punto de desmayarse, totalmente anémica.
—¡Dios mío! ¡Ella también fue mordida! Dame la jeringa.
Como muertos vivientes ya no aparecen por allí, decides pasarle el elemento a tu compañero quien al instante le pone una dosis a la muchacha. Acto seguido, él se la coloca también.
—Bien, inmunidad lista. Ahora tendríamos que ver si sirve para salvarle la vida a ella o no. Tenemos que volver, afuera de este hospital hay mucha gente que necesita esta medicina. Por cierto, no deberías arriesgarte.
Al decir eso último el científico toma tu brazo y te clava la aguja. El líquido rápidamente recorre tus venas hacia tu cerebro. Percibes como el tipo camina lentamente hacia la mesa de experimentos.
Algo muy raro sucede. Vuelves a tener la sensación de que las cosas en esa habitación se mueven y esta vez mucho más que antes. Es terrible, como si se levantaran y flotaran sobre tu cabeza. Te sientes… muy mareado. Pierdes visión periférica, sólo ves lo que está frente a ti y cada vez menos. Nada directamente, tu vista está completamente negra. Sólo hay un pequeño y movedizo resplandor transparente que va y viene de arriba abajo. Como un vientecito que surca el espacio contenido en un extraño manto platinado. No es la primera vez que te encuentras con algo así. Es el fantasma del chico que viste al comenzar el juego. Te observa sonriente un momento, te guiña un ojo y entonces empieza a lanzar carcajadas al aire como si algo en ti le causara mucha pero mucha gracia.
Molesto, te quitas el casco de realidad virtual y observas impactado el panorama. Los operadores del juego te tienden un vaso de agua y te dan la bienvenida otra vez al mundo real. Uno de ellos te indica que veas a tu lado tu puntuación ya te felicitan por el buen desempeño en el juego.
Porcentaje de daño físico: 90%
Porcentaje de daño psicológico: 60%
Puntuación: 50 puntos
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Ariel:
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Spoiler
No sólo te rehúsas a matar a los que están contigo sino que además, enloquecido, atacas al mago.
Los tres tipejos, sorprendidos, dan un paso hacia atrás. El mago rápidamente esgrime su báculo y te hace frente.
—¡Calabozo del inframundo!
Después de realizar un complicado movimiento de manos y extender hacia adelante su bastón te detienes en seco a unos pocos centímetros de él como su algo invisible de repente hubiera encadenado todo tu cuerpo.
Pones todas tus fuerzas en liberarte mientras el castigo a tu mente sigue allí. Es como si tuvieras un dolor eterno y no pasara de ninguna forma. Abres los ojos para ver como lucha con todas sus fuerzas el mago para poder sostenerte con tu hechizo.
—¡¿Qué esperan?! ¡Ayúdenme! —bramó el mago a sus compañeros.
El sátiro dio un largo brinco hasta estar cerca de ti y empezó a castigar con golpes de puño tu estomago una y otra vez. No sentías nada de dolor, sentir más era imposible, lo que sí percibías era que tus fuerzas lentamente iban mermando.
Además, como si fuera poco, empiezas a temblar de frío y experimentas la extraña sensación de antes: los espectros verdes te rodean riendo con sus voces de ultratumba. Todos te atacan. Todos tratan de detenerte. Aunque pones todo tu empeño te parece que lentamente comienzas a resignarte.
—¡Toma! —la chica que encontraste en el calabozo hija de la mujer cierva le dio un empujón al tipo con piernas de cabra que lo detuvo por un momento.
—¡No molestes niña! —gruñó el sátiro dándole un golpe en la cara con el puño cerrado y derribándola.
Antes de que el sujeto pudiera volver a golpearte, sólo sentiste el golpe seco de dos elementos chocando contra tu contrincante. No lo viste venir, tu mente no te dejaba percibir bien las cosas. Era la madre de la muchacha que con sus patas golpeó al sátiro hasta arrojarlo lejos de ti. Además, llegas a la conclusión de que no hay espectros cerca de ti pues el duque que los convoca estaba siendo atacado por el hombre rata y algunos más prisioneros más.
De repente, sientes bastante libertad en tus manos y pies. El mago también está recibiendo su merecido de parte de los sujetos. Los prisioneros se alzaron contra aquellos que los maltrataban y, sin miedo, los enfrentaron. Comienzas a toser adolorido y te desplomas en el suelo, en cuclillas tratando de contener el dolor.
Lo último que sientes antes de desmayarte es el cálido abrazo de la muchacha y sus gracias en tu oído que poco a poco fueron calmando tu dolor.
El dolor pasa por completo sin embargo sientes como si no tuvieras movilidad en el cuerpo, ni siquiera en los párpados de tus ojos. Recuerdas de repente el aquel viaje en el vagón de la montaña rusa. Sientes como si estuvieras en la nada. Algo te incomoda en la cabeza y tratas de acomodarte pero no puedes mover los brazos.
De pronto, tus ojos de abren y percibes el iluminado ambiente de la sala donde te metieron en el juego. Te has quitado el casco que llevabas y los operadores del juego están junto a ti felicitándote por el buen juego. Uno de ellos te muestra la pantalla a tu lado donde pone tu puntuación.
Porcentaje de daño físico: 70%
Porcentaje de daño psicológico: 100%
Puntuación: 30 puntos
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Nith Lockhart:
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Spoiler
Tus palabras cálidas, llenas de dolor por sentir de pronto las heridas enfriándose hicieron mella en el cerebro de Irene que asintió firmemente a todo lo que dijiste sin dejar de verte a los ojos. Estaba tan concentrada en ti que estás seguro que no escuchó nada. Tu cara y la suya están más cerca de lo que pensabas…
El olor insoportable de repente se convirtió en el tibio perfume de la nerviosa chica rubia mezclado con su sudor azotando tu nariz y adormeciendo tus sentidos. Tu brazo crustáceo se dejó caer a un costado totalmente rendido de cansancio. Irene, temerosa, colocó una de sus manitos sobre él, como temiendo que lo levantes de repente y le hagas daño.
Con el rostro bañado en lágrimas acercó un poco más su delicado pecho al tuyo e hizo trepar su pierna por sobre la tuya, encaramándola. Dejándote llevar por el momento, la sostienes con tu brazo sano por la espalda y tus ojos se detienen en sus finos y pálidos labios rosados.
—No sé si esto…
Ella habló tarde porque ya no podías detenerte. Tu cabeza se inclinó hacia adelante y tus labios atraparon los suyos. Tu lengua rápidamente la encadenó y tus dientes temblorosos le arrancaron gemidos de sorpresa mientras la mordisqueabas.
Se dejó caer como una manta de placer sobre tu cuerpo recordándote las heridas que llevabas. Gemiste de dolor por eso y ella pareció perderse con tus gemidos. Soltó tu monstruoso brazo y te acarició las mejillas capturando tu cara para que no te separes de ella.
Moviendo con elegancia tu rara extremidad cortaste la parte trasera de su vestido y su ropa no le duró nada puesta. La chica, sorprendida y dejándose llevar como por un encanto ciego del momento oprimió tu cuello como si amenazara con ahorcarte si la lastimas. Delicadamente, la acomodas mejor sobre ti usando tu pinza.
—Eso… da miedo…
Estaba paralizada. ¿Qué mejor para ignorarla y seguir tu camino? Con tu brazo humano le quitaste los harapos de prendas que llevaba y ella soltó tu cuello para sostenerse el pecho, totalmente avergonzada. Antes de que dijera algo, la callaste con un beso.
Los besos te llevaron sobre ella, aún con tu cuerpo golpeado y lastimado en exceso. La chica, muy excitada y jadeando como si le costara demasiado recuperar el aire, se abrazó a ti con sus brazos y sus piernas. En ese momento te diste cuenta la dificultad de quitar tu propia ropa con brazos asimétricos. Decides no darle tantas vueltas y destrozar tus prendas con tu pinza también. Sonriente, con la cabeza hecha un remolino, te tumbas sobre ella.
—Me salvaste la vida… no dejes que me pase nada, ¿sí?
Le contestas con un suspiro y un beso apasionado, chocando contra ella como el mar bravío contra la tersa playa. De pronto, el horrible pozo donde se habían metido se convirtió en un concierto de suspiros y gemidos. Deseaste de repente no volver a abandonar jamás ese juego.
Te despiertas cuando sientes un ruido y al abrir los ojos ves un bloque de piedra cayendo sobre ti. Te mueves a un costado para que no te aplaste pero sientes luego seguir cayendo varias rocas en tu espalda y en tus pies, como martillándote.
Te das una media vuelta medio hundido entre escombros y ahí puedes ver una especie de monstruo gelatinoso que apunta hacia ti uno de sus brazos. En el otro brazo ves a Irene, desnuda, con los ojos abiertos y horrorizados, atrapada entre la masa mucosa del bicho como si estuviera dentro de él.
Antes de que puedas hacer algo, un gran disparo de moco se esparce sobre las piedras y sobre ti. Estás atrapado. Quién sabe lo que sucederá ahora.
Dentro de esa masa de baba no sabes bien qué ha sucedido con las cosas. El tiempo pasa como si no pudieras concentrarte en razonar. Simplemente te ves atrapado ahí, inmundo, esperando que todo termine.
Recién vuelves en ti dentro de un tubo de ensayo como en el que estuviste hace unas horas. ¿Has vuelto al laboratorio de los pequeños sujetos raros? Tu pinza ya no está… pero tú brazo tampoco. Los científicos enanos de cabellos psicodélicos ingresan al lugar y van directo a ti. Te admiran con asco un buen rato y luego ponen su atención en uno de los tubos a tu derecha. Te das vuelta a ver… atrapada allí, desmayada, ves a Irene. No tienes ni idea de lo que quieren con ella.
—El trato era que cumplías la misión y te devolvíamos el brazo. La misión fue cumplida a medias y nos traicionaste al escaparte —te habló uno de los seres—. Desgraciadamente, ya no podemos confiar en ti. Llamen a Sheshko y preparen a la hembra para reproducción.
Sorprendido, giras la cabeza a tu lado mientras ves como el tubo donde está Irene empieza a vaciarse lentamente. ¿Reproducción? Eso no suena para nada bien…
—Preparen al macho para electroshock.
Al oir eso, viste como uno de los sujetos tecleó en la computadora y dos largos y finos cables se conectaron a la parte superior de la cápsula. Será mejor que le digas adiós a tu cerebro.
Sientes un impulso eléctrico que te sacude y tu mente estalla hasta que llega un momento donde se pone en negro. Te preguntas si no es esa la sensación de estar muerto, se siente como si estuvieras en la nada, como si volvieras a estar en el vientre materno.
De pronto, sientes algo molesto en la cabeza y haces un esfuerzo por quitártelo. Te lo sacas y tus ojos vuelven a recibir luz, tu mente vuelve a funcionar normalmente.
Ves frente a ti a los empleados del lugar diciéndote que has terminado el desafío. Te sonríen cálidamente para que vuelvas a acostumbrarte a ese mundo sin misterio y sin damiselas en peligro.
—Bienvenido otra vez, puedes observar allí el puntaje final que has obtenido.
A tu izquierda, hay un pequeño panel en el que lees:
Porcentaje de daño físico: 80%
Porcentaje de daño psicológico: 100%
Puntuación: 20 puntos
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Albert, Ariel, Nith Lockhart, Matías y... ¿Akane Moon?:
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Spoiler
Los programadores se acercaron una vez que los cuatro estuvieron fuera con cuatro tiquets, uno de ellos dorado. Sonrientes los cuatro se pusieron frente a ustedes y uno de ellos les habló tranquilamente.
—Los cuatro fueron parte del proyecto Tiempo Límite; un RPG virtual donde toman decisiones dentro de un mundo completamente hostil y paranormal. Los cuatro supieron aprovechar lo mejor posible sus cualidades para llegar a destinos diferentes y totalmente aleatorios. Cada decisión que no tomaron cerró uno de los mundos a los que podrían haber caído. ¿Cuál era el mejor mundo? ¿Cuál era el peor? No se sabe. Lo único que pueden saber es que los que menos daño tuvieron sumaron más puntaje y llegaron por tanto a las siguientes puntuaciones.
En la pizarra aparecieron cinco nombres con puntajes:
Matías: 60 puntos
Albert: 50 puntos
Ariel: 30 puntos
Nith: 20 puntos.
Akane Moon: 1 punto.
Los cuatro se miran sin saber quien es Akane pues no está en ese lugar.
—Felicitamos a Matías, el ganador del juego. Fue quien peor empezó, quien lejos de tomar las decisiones más conservadoras se arriesgó mucho y así y todo supo elegir las menos dañinas. Les agradecemos a ustedes cuatro por el gran juego que hicieron y a Matías y a Nith en especial por hacerlo a prisa y por elegir todas las opciones. El destino fue cruel con algunos, Nith realmente tomó muy malas decisiones que lo hubieran convertido en un vegetal en la vida real… pero al menos disfrutó al máximo lo que vivió. Ariel, lejos de tomar buenas decisiones, se dio cuenta de sus desaciertos al principio del juego y al final los convirtió en una muy buena opción que lo dejó dentro de todo bien posicionado para lo mal que se encontraba. Albert también hizo un buen juego, bastante conservador pero agresivo desde el principio que hacía parecer que iba a ser el ganador… desgraciadamente al final decayó un poco su concentración.
—Eso es todo —dijo otro sujeto alto y sonriente—. Los esperamos muy pronto. Con estos tiquets tendrán trato especial la próxima vez que vengan a jugar aquí. Matías, a vos te toca el dorado... hay algo misterioso con él, ya lo descubrirás.
Sin decir más, otro de los sujetos les abrió la puerta para que se fueran. Uno a uno fueron saliendo hasta que la puerta se cerró de golpe. Los cuatro se miraron sin saber qué seguía en ese momento y antes de irse alcanzaron a oír algo más detrás de la puerta.
—
¿Y ahora? ¿Qué hacemos con la chica que aún no salió del juego?
—
A esa le daremos un trato aún más especial que a todos ellos, jajaja.
FIN
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Bueno, je, ahí los dejo con un final de RPG candente. En fin, les agradezco a los cuatro por llegar hasta el final aún soportando mis molestos mensajes pidiéndoles que posteen. ¿Ahora se dan cuenta por qué lo hice? ¡Para que llegaran a este momento y se sintieran como se sienten! Siempre es bueno terminar algo y los hace sentirse muy bien. El RPG no salió como yo esperaba, realmente tenía otra cosa en mi cabeza pero las ideas se fueron diluyendo a medida que pasaban los días y al final quedó algo… aburrido quizá. No me arrepiento de haberlo hecho porque además fíjense lo poco que tardó… cuatro meses.
¡Espero la próxima traer algo más entretenido para todos y que no sea una molestia dejar misiones! ¡Un placer haber compartido esto con ustedes!