Foros de Centro Pokémon
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#101
asddafjnsvmsnbkjskbkb otro más que me dice español (?)

Jejeje, primero que nada quiero aclarar algo, no soy español. Por favor no me confundas con esos españoletes familiares de las pañoletas, se te agradece (????) xDD
Neh tranquilo, no sé pero mucho a veces creen que soy español, no sé por qué pero bueh... qué decir jajaja.
Lamento que no hayan salido las palabras en negrita como te había dicho, ahora tengo internet pero él es igual o más rarito que yo, cuando quiere funciona de las mil maravillas y cuando no quiere simplemente no quiere ¡TE MALDIGO MOVISTAR! >:

Bueno, lamento el retraso, yo también ando con las tareas de la universidad hasta el cuello, son muchas y entre ella y el karate apenas si me dejan tiempo para mi y casi siempre lo invierto en dormir, ya que me toca levantarme a las cinco de la mañana para poder llegar a clases temprano D:

En fin, estoy divagando, a lo que vine; comentaré cada capítulo por separado como de costumbre:

Capítulo 37

Spoiler
Genialoso capítulo debo decir, me entretuve bastante leyendo ya que me encantó la historia en general, es tan asfsg *--* De nuevo debo decir que el autor tiene mucha imaginación, a veces llego a preguntarme si tiene vida social, pero en fin; eso a mi no me concierne.

Pero sinceramente lo felicito por tan buen capítulo, el simple hecho de imaginar cosas así, a mi nunca se me hubieran ocurrido.
El capítulo es bastante extenso, se me llegó a ser bastante pesado pero aún así no quería parar y dejarlo a la mitad así que lo seguí leyendo, yendo en contraria a mi flojera. Eso de "humear" quedó tan bueno, es como si luego de que su llama se apagara Char hubiese pasado a ser como un espíritu, como esas personas que relatan que su alma sale de su cuerpo y pueden verse en donde estén, así pareció.

También me encantó una frase que colocaste, la que dice "El mundo puede ver tus acciones, pero tus pensamientos son invisibles" es una buena cita, creo que te robaré la frase e.e

Imagino que tardaste bastante en traducir esre capítulo, y no es para menos.
En fin, no tengo nada más que decir acerca de él, voy con el otro.


Capítulo 38
Spoiler
Bueno... lo único que puedo decir de este capítulo es que descubrí una nueva fachada de Scythe que no conocía... ¡Es bipolar! Un segundo quería matar a Prince y al otro ya todo estaba bien, ya se está pasando de rarito.

De verdad que el autor se mete de lleno en la historia al darle tanta importancia a las parte psicológica y personal de cada personaje, de verdad hay momentos en los que se siente muy reales. Esos donde dan ganas de matarlos o asesinarlos. Es tan argh pero eso es lo bonito de esta historia, este capítulo tuvo poca acción, pareció más relleno que otra cosas, pero no importa, la historia va avanzando lento pero constante; así al menos me da tiempo a mi de ponerme al día con ella.

¿Es normal que cuando vayan a tener una batalla, me lo imagine todo tal cual? Si no es normal, entonces necesito ir urgentemente a un psicólogo, eso es lo que pasa por ver tanto Fairy Tail; un placer culpable sin duda.

En realidad no tengo mucho que decir del capítulo, no es de mis favoritos pero tampoco lo odié como uno hace ya unos cuantos capítulos atrás con Char y su actitud. Daban ganas de patearlo, en serio.


Y ya, creo haber dicho todo lo que tenía que decir, y si no lo dije pues es porque lo olvidé.

De nuevo felicitaciones por traducir esto, se nota el empeño que le pones, te quedan muy buenas las traducciones.
Y bueno, nada. Espero el siguiente capítulo, ¡ah! y una pregunta. ¿De qué país eres? o.O?
I'm from Venezuela! :D

Baby we are the New Romantics Come on, come along with me
Heartbreak is the national anthem We sing it proudly

#102
Muy buen trabajo, te felicito... pienso leerlo!
#103
Bueno, primero que nada, un saludo para ti Will (o espero ese sea tu nombre xD) y tambien un agradecimiento. Este, sinceramente, es uno de los mejores fanfics que he leido, y mas aun que trata sobre la saga de MM que, a mi parecer, es la que complementaba a los juegos principales, en donde los pkmn no tenian mucho protagonismo; por eso queria agradecerte, no solo el gran favor que nos haces a los que no entendemos el ingles completamente, sino tambien por darnos a conocer esta histora y un agradecimiento tambien a ScytheRider (espero haberlo escrito bien) por ser la "mente maestra" detras de todo esto xD.
Bueno, pasando a lo que vine, hace ya un tiempo que voy leyendo este fanfic, lo he leido desde el principio y debo decir que desde el primer capitulo ya me estaba gustando, y empezo a gustarme aun mas, como tu mismo dijiste, mientras mas avanzaba en la historia. El autor ha sabido como hacer una historia... madura, seria?, bueno la cuestion es que es mas compleja que lo que conocemos de los juegos; sin embargo, aun conserva varias cosas de estos.
En fin, disculpa si no he podido comentarte los caps anteriores, tratare de hacerlo a partir de ahora. Bien, mi comentario sobre este ultimo que subiste:
- Vaya, quiza Char tenga razon, quiza Scythe esta "enloqueciendo", me sorprendio un poco que, luego de llegar al extremo de poner su cuchilla en el cuello de Prince, al final termine disculpandose.
- xD Char tirando su abrigo al suelo y luego quiere quemarlo, me pregunto que pasara cuando Prince le diga que debe usarlo.
- Esta es la primea vez, o eso creo, que mencionan el hecho de usar pieles de otros pkmn como abrigos.
- Al final, cuando Scythe se siente aliviado de que solo iria con Char a la torre, bueno, no se si decir que sera bueno o malo :s.

Bueno, espero el proximo cap, no importa cuanto demores, aqui nadie te apura y todos entendemos tu situacion.

PD: Disculpa si es muy extenso el comentario, pero es que soy nuevo en el foro y no se como poner la parte de "SPOILER", para que el que quiera lo lea.
#104
Hola, estoy por aqui dando señales de vida :)

Bueno, ya a pasado mucho tiempo desde la ultima vez que comenté un capitulo, pero eso no significa que no haya estado leyendolos. El problema es que debido a la avalancha de trabajos y textos que me dan a leer en la Universidad, mis ojos simplemente al final del día no dan más, asi que me es complicado leer los capitulos.
Es por esto que solo los leo muy pausadamente y cuando ya no puedo mirar más la pantalla, debo tirar la toalla...

Sin embargo, pese a todo eso, aprovecho un pequeño respiro para dejar constancia de que seguiré al tanto de la traducción de este grandioso fic, que hasta ahora se esta poniendo cada día mas interensante, con mucho suspenso y dramatismo, y seguiré leyéndolo, aunque sea a paso de Turtwig (Badum tss).

Discúlpame Will, por no comentar los ultimos capitulos (y probablemente tampoco pueda comentar en los próximos) pero ya sabes que aunque no deje un comentario, leeré tus capitulos.


Bueno, eso es todo por ahora. ¡Que Arceus te acompañe!


"Puede que existan pokemon superiores a los mios, pero aun asi, yo prefiero a mis viejos camaradas de equipo"














#105
Abdy:

No sé por qué, pero me diste la impresión de español (?). ¿Será tu forma de escribir? (??)

Bueno, yo ni he podido conectarme últimamente (excepto por el móvil, pero el editor es un asco ¬¬'). La verdad es que me estaba mudando de casa, y tardamos un poquito en recuperar nuestro internet xD. Pero ahora ya tengo, y estoy con todo (?).

Ahorita estoy lleno de responsabilidades, entre estar en el comité estudiantil de mi colegio, el último curso y mis estudios de japonés... T.T. Pero estoy sobreviviendo, de alguna forma. Me frustra un poco sacar solo un capítulo por mes, la verdad.

Justamente mencionaste lo de "humear", y debo admitir que fue bastante complicado para traducirlo. La razón es que no hay una palabra exacta en español para la palabra que usó el autor: "smoulder" (en EEUU) o "smolder" (en Reino Unido). Básicamente, significa que algo está ardiendo de forma latente, o sea, que no tiene llama visible ya que está en proceso de apagarse. Lo más exacto sería "arder sin llama", pero me pareció más correcto "humear" porque da la impresión de que sigue encendido porque despide humo. (great story, bro) (?).

No sé si Scythe sea bipolar o no, pero para mí es más como un colapso nervioso ·_·. Justo diste en el blanco: esa es lo mejor de la historia, en mi opinión. Hay muy pocos fics que logran un trasfondo psicológico creíble. La mayoría se limitan a narrar sucesos (y no siempre de forma efectiva).

La verdad, es normal xD. Y si no lo haces, estaría haciendo un mal trabajo -.-'.

Bueno, yo soy de Paraguay :P.

Gracias por seguir leyendo ^^

juan459:

Mi nombre es Guillermo, Will en inglés xD. Bueno, muchísimas gracias por pasarte a leer y a comentar, lo aprecio mucho (y estoy seguro de que el autor original también, sé que el está observándolo todo >.>) (?).

¿En serio? ¿Ya hace tiempo lo lees? +.+. Sí, esa es una de las características principales del fic, la madurez. Al comienzo no se nota mucho, pero conforme avanza es más evidente.

Bueno, Scythe parece tener una personalidad bipolar por el momento, pero creo que es más porque las cosas no están saliendo como él quiere y está sufriendo un colapso nervioso.

Si es que Char quiere ir solo con Scythe, primero tienen que eludir a Prince... Y él no parece bobo. Y con respecto a los planes de Scythe... es un misterio, ¿no?

Me alegra que te hayas manifestado con tu comentario xD.

Gracias por comentar ^^

Kasper:

No, no te preocupes. Solo lee para entretenerte. La verdad es que tampoco yo he podido hacer las cosas como me gustaría, pero así es la vida...

En el comentario de arriba verás todo con lo que tengo que lidiar xD. Pero sí, ya desearía poder sacar tres o cuatro capítulos por mes, como antes. Por ahora, será solo uno por mes -.-.

Espero que te vaya bien en la universidad.

Gracias por seguir leyendo ^^




Nota del traductor:

Como la revisión del autor original es menos consistente de lo esperado, empezaré a publicar las versiones aún no revisadas de los capítulos para poder avanzar la historia.

Cuando el autor haga la respectiva revisión, le haré los cambios al capítulo y retiraré esta nota. Pero por ahora estará aquí la versión vieja del capítulo. Los cambios se limitan a algunos errores de tipeo y a agregar algunas descripciones o sacar otras, es decir, la escencia de la historia sigue ahí.





43. Capítulo 39: Un Cuento de Leyenda


Spoiler

Capítulo 39



El ocaso había arribado, pero la tarde todavía no llegaba a su fin.

A medida que el Fuerte Esmeralda se instalaba en su oscuro crepúsculo, en el anaranjado resplandor del atardecer tardío moderado por los altos muros de la ciudad y en el permanente manto de nubes encima, muchos de los Pokémon de la división desfilaban por las calles y se dirigían a las puertas de la ciudad. El día había terminado, y era tiempo de partir a sus lugares de residencia entre las afueras, en sus aislados distritos, a salvo de las tinieblas de la noche hasta el alba del siguiente día.

Pero, para muchos otros Pokémon, restaba una última obligación que cumplir antes de la caída de la noche. Multitudes de equipos de resistencia fluían hacia el centro de la ciudad, acumulándose en las proximidades de una instalación que no se utilizaba más que una vez por semana, salvo en emergencias u ocasiones especiales como aquella.

El salón de asambleas de la División Esmeralda era mucho más pequeño de lo que Char estaba acostumbrado en su hogar. Se imaginó que era solo un tercio del tamaño del salón de reuniones de la División Dorada, lo cual parecía apropiado dado que la División Esmeralda tenía claramente una población más escasa. La habitación tenía la forma de un cuenco, más profundo en un costado que en el otro, con el escenario de atención en el mismo centro. El lado menos profundo estaba alineado con docenas de salientes para ser ocupadas por Pokémon pequeños, mientras que el otro lado era liso y amplio, permitiendo el tan necesitado espacio para que los Pokémon gigantescos tuvieran su lugar. El techo tenía forma de cono, aunque uno muy chato y alargado. Un pequeño círculo en el centro se abría para dejar entrar la luz solar, o lo que sobraba de ella a aquellas alturas. Char se preguntó si estaba cubierto por vidrio, hasta que notó que un Skarmory descendía a través del mismo y se hacía lugar entre la multitud.

Además de aquella simple y elegante arquitectura, nada sobresalía en la habitación; no había estatuas gigantes, ni grabados decorativos, nada más que las llanas y mudas paredes de piedra para inspirar respeto o asombro–o, quizá, nada para distraer la atención del centro de la habitación. Con todo, así como el resto del Fuerte Esmeralda, no parecía un lugar cómodo o agradable en el cual estar por un prolongado periodo de tiempo. Char imaginó que aquel espacio se volvería muy apretado si la división entera asistía a una reunión.

Char estaba sentado a solo unas filas del frente, justo en donde Prince le había indicado que se sentase, sosteniendo su cola cortésmente sobre su regazo para evitar que se balanceara hacia los asientos detrás de él. A medida que la noche se asentaba y la presentación se acercaba a su inicio, se encontró estrujando distraídamente su cola en sus manos por la anticipación. La concurrencia a aquel evento era un poco reducida, pero era de esperarse; Char sabía que todos los Pokémon en aquella habitación con él estaban escogiendo abstenerse de varias horas de una buena noche de sueño para asistir. Solo alrededor de sesenta o setenta Pokémon habían llegado por el momento, amontonándose alrededor del centro en las filas delanteras. Se preguntó simplemente qué le esperaba, y por qué este puñado del personal de la división había elegido sacrificar su valioso tiempo por aquello.

—Me pregunto cómo será esto —dijo Saura, quien estaba sentado al lado de Char con una sonrisa de entusiasmo—. Si este lugar tiene algo de cultura que no sea mortalmente seria y depresiva todo el tiempo, realmente me gustaría verla.

—Sí, pero tenemos madrugar mañana —replicó Char—. Espero que esto valga la pena.

Los dos trabaron miradas por un momento, en mutuo entendimiento. Char captó un resplandor de pesimismo en los ojos de Saura, y respondió con su propia sonrisa triste. Entre ellos no había resentimiento. No había nada que ser perdonado. Pero, aún había incertidumbre. Preocupación.

—¿Seguro que podrás hacer esto? —profirió tristemente Saura entre dientes.

—No —replicó Char, girando su cabeza para mirar el suelo—. Pero lo voy a intentar. Es solo que... hay...

—Es la mejor manera de manejar la situación, lo sé. Comprendo eso —replicó Saura, terminando la idea por él—. Oye, ¿no crees que sepa cómo se siente? Me fugué de mi propia familia. Yo los amaba. Todavía lo hago. Pero era la única forma en la que podía escaparme de ser un esclavo el resto de mi vida. Miro hacia atrás y sé que fue lo mejor que podía haber hecho. Pero... a pesar de que te encontré, y de que conocimos a Scythe, y de que estoy muy orgulloso de vivir con la resistencia y de todos los trabajos que hemos hecho... todavía duele solo un poquito cuando pienso en mi familia. Incluso después de todo este tiempo. Especialmente después de encontrarme con Saurlee y saber cuán preocupados están por mí.

Char continuó mirando el suelo, presionando su cola en sus brazos cruzados.

—Bueno... por lo menos ahora, sé que podré mantener mi promesa a ella —dijo Saura, forzando una patética risa—. Al menos una promesa que podré mantener...

—Tú mantuviste tu promesa conmigo —le recordó Char—. Siempre has estado ahí para ayudarme. En cada paso del camino, en cada gran misión, siempre has estado ahí. Me enseñaste a ser un Pokémon. E hiciste que llegara hasta aquí. Si me encuentro con Dialga, él podría convertirme de vuelta en humano, y tú serías el primero al que tendría que agradecer. Si es por algo, soy yo el que romperá su lado de la promesa.

—Nah, no puedes decir eso —dijo Saura con una sonrisa torcida—. Tú me protegiste del Maestro. Me forzaste a ser valiente cuando no sabía qué ocurriría. Y ahora logré llegar a un lugar seguro en donde el Maestro no puede atraparme. Hasta donde sé, tú has mantenido tu promesa.

—Bueno, ¿entonces? —preguntó Char, mirándolo humorísticamente—. ¿Qué significa esto? ¿Estamos... a mano?

Saura pareció sorprendido ante la pregunta. Abrió su boca para decir algo, pero nada salió. Miró el escenario enfrente a él, necesitando un minuto para preguntarse sobre la cuestión y pensar en una respuesta.

—¡Oigan! Ahí están chicos —exclamó la voz de Ray a medida que este bajaba de un salto a la fila delante de ellos desde la isleta de la habitación, girando sobre su eje en el banco para encararlos—. Scythe está en camino, al fin. Tenía que preparar algunas cosas antes de ya-saben-qué mañana. Y Prince está ahí arriba hablando con Legend ahora mismo. En un minuto, van a entrar. ¡Caray! Vamos a ver a Legend contar una historia en persona, ¿pueden creerlo? ¡Siempre he querido asistir a una de las historias de Legend! ¡Esto va a ser asombroso! ¡Já! ¡No puedo esperar!

—Entonces... esto es solo una historia, ¿verdad? —le suplicó Char a Ray, quien parecía saber de qué estaba hablando—. Pensaba que esto sería algo interesante de ver. ¿Pero qué tanto tiene de especial?

—¡Oh, Char! No tienes idea, ¿verdad? —jadeó Ray ansioso, saltando sobre la fila de asientos y viniendo a sentarse a su lado—. Cuando Legend habla, tú escuchas. Solo no puedes combatirlo. Cada vez que él dice algo, sencillamente te captura, ¡y no puedes escapar! Los Pokémon dicen que tus ojos ni siquiera parpadean y tus orejas no escuchan nada más cuando él cuenta una historia. ¡Oh, he escuchado tanto sobre él! Es famoso en la División Dorada, especialmente con los equipos de entrenamiento ya que es ahí donde tuvo su inicio en primer lugar.

—Bueno, ¿cuál es la historia? —preguntó Saura—. ¿Qué nos va a contar?

—¡Nadie sabe! —respondió Ray—. Podría ser alguna leyenda antigua de los libros de historia. O quizá algo que él mismo fabricó. ¡Solo tendremos que esperar a ver! Vaya, somos tan afortunados que él esté haciendo esto en la noche que vinimos. Escuché que ya no lo hace tan a menudo.

El corazón de Char latió más rápido mientras se dejaba entusiasmar por la descripción de Ray. Una amplia sonrisa apareció en su rostro cuando se imaginó que era barrido por solo las palabras de un Pokémon.

—Pero eh... oye, Char —dijo Ray de repente, agravando su voz a un tono serio—. ¿Estás bien? ¿Estarás a la altura para mañana?

Char suspiró pesadamente, y su sonrisa desapareció—. No me emociona pensar en el frío —admitió, estremeciéndose un poco a medida que lo imaginaba—. Yo... je, si Zerferia es tan mala como dicen que es... Sigo imaginando que me congelo hasta morir... otra vez... excepto que esta vez, Prince no estará ahí para pasarme su flama. Pero... no puedo dar marcha atrás. Tengo que intentar esto, incluso si significa que no lo lograré.

—Oye —dijo Ray, mirando a Char a los ojos—. Oye... si hace demasiado frío, solo recuerda: el fuego no morirá–

—–Hasta que la última ascua se apague —completó Char, comenzando a sonreír de nuevo.

—Y sabes que eso no solo significa mantener ardiendo tu cola —dijo Ray—. El ‘ascua’ no es en realidad tu poder de fuego, sabes. Es tu voluntad de vivir. Sin importar lo malo que se ponga, tienes que seguir aferrándote a eso. Dicen que un Pokémon no muere hasta que quiere morir. Aférrate a tu voluntad de vivir, y mientras no dejes que muera, continuarás avanzando.

—Ray... gracias —dijo Char, asintiendo hacia él—. Gracias por todo. Si no te veo de nuevo... Gracias por ayudarme siempre a afrontar los desafíos. Je, desde que te uniste al equipo, supe que nunca podría holgazanear contigo cerca. En verdad me enseñaste a disciplinarme a mí mismo y a esforzarme por la recompensa más grande.

—¡Oye, no digas cosas como esas! —advirtió Ray, asombrado—. Tú volverás. ¡Mejor que lo hagas! No creo que Saura y yo podamos hacer funcionar al Equipo Ascuas sin ti. Y oye, además... ¿acaso no tienes un abrigo que te mantendrá caliente?

—No hay forma en la que me pondré esa cosa —se burló Char—. No me importa cuánto frío tenga. Si me pongo esa cosa, no seré capaz de mover un músculo sin volverme loco. Preferiría que me rebanaran la cola que llevar eso.

—Y yo preferiría que me cortaran la cola y los brazos y piernas a que te mueras por el frío —dijo Ray severamente—. ¿Me agradeces por ayudarte a exigirte a ti mismo y ni siquiera puedes llevar un pequeño abriguito? Sabes, si yo me hubiera ido contigo, te habría electrocutado hasta que te lo pusieras.

—¡Entonces supongo que tengo una razón por la que estar contento de que no vendrás! —dijo Char en son de broma.

Ray estuvo a punto de responder, pero titubeó. Sus orejas se elevaron, y quebró su concentración hacia Char. Volteándose en su asiento, echó un vistazo hacia las puertas de la instalación en donde otra pequeña multitud de Pokémon estaba ingresando.

—¡Están aquí! —reportó Ray—. Scythe y Prince acaban de entrar. ¡Aquí vienen!

Char intentó sacudirse su solemne ánimo, repeliéndolo de su mente el hecho de que se estaba despidiendo de sus mejores amigos, y recordó la narración que estaba anticipando. Como mínimo, no podía levantar sospecha ante Prince. Por lo que él sabía, los poderes de observación y deducción de Prince estaban cerca del nivel de Scythe, y si ese era el caso, sería capaz de decir que algo estaba fuera de lugar si Char repentinamente empezaba a actuar perdido y preocupado. Entonces, se puso su sonrisa una vez más, haciendo un intento de por lo menos disfrutar aquella noche. Pronto se volvió genuina.

Scythe llegó marchando por la isleta, pareciendo moderadamente complacido de estar allí, con Prince a unos pasos atrás. Pronto, Scythe divisó a sus compañeros y les dio un asentimiento de saludo mientras se acercaba. Prince les lanzó un vistazo rápido a medida que acompañaba a Scythe a un asiento a dos filas debajo de la de Char.

Char observó cómo los dos héroes charlaban entre ellos. Supo que Scythe estaba probablemente intentando asegurar a Prince de forma sutil que nada había cambiado, pero igual, le hacía más feliz verlos a los dos lado a lado sin algo parecido a un parpadeo de amargura o disgusto en sus ojos. Debajo de todo el conflicto por el que habían pasado aquel día, todavía eran viejos amigos.

—¡Aww, no es justo, ellos pueden estar en primera fila! —se quejó Ray con ligereza—. ¡Oigan, todos esos lugares están vacíos! ¿No podemos sentarnos también en la primera fila?

—No lo creo —notó Saura—. Probablemente el Equipo Ruedafuego se sienta allí. Y Scythe es un invitado de honor, supongo.

—Jum —dijo Ray—. ¡Char debería ser el invitado de honor! Hmm, la verdad, ¿cuántos Pokémon piensan que saben sobre todo esto? Digo, obviamente no todos ellos. Pero estaba ese... en la tienda, ¿recuerdan? Cómo era...

—... ¿El Flygon? —dijo una voz cercana.

Char se sobresaltó ante el sonido de la voz, el origen de la cual parecía desvanecerse en las sombras a poco más de un metro a su lado. El oscuro Flygon había tomado asiento justo al lado del Equipo Ascuas, su tortuoso cuerpo apoyado con pereza en el banco de piedra, mirándolos con sus innaturalmente profundos ojos rojos.

—Ese Flygon, si tu memoria no te falla, estuvo afuera en una misión mientras los rumores sobre un Charmander con la Llamada bajo el cuidado de Alakazam se filtraban —dijo Naxi—. Naturalmente, no escuché nada al respecto. Pero un puñado de los Pokémon en esta base sí sabe de ti. No todos ellos. Solo aquellos quienes han sido escogidos para saberlo, lo saben.

Char miró con incertidumbre a la criatura oscura, sin saber qué pensar sobre ella. Hablaba en siseos, con una voz casi hostil, como si la presencia de Char lo irritara profundamente. Sabía que ese no era el caso, sin embargo, porque fue Naxi el que había escogido sentarse allí.

—Oh, vaya, ni siquiera lo vi ahí —dijo Ray, siendo el que separaba a Char del Flygon—. ¡La verdad, es probablemente el último Pokémon a quien esperaba ver aquí!

—... ¿Por qué es eso? —cuestionó Naxi.

—B... no sé... solo no parece de ese tipo —consideró Ray—. No parece que tenga la paciencia para sentarse y escuchar a otro Pokémon hablar.

—Apenas tengo esa paciencia —admitió Naxi, cambiando de postura—. Estaría mintiendo si te dijera que preferiría estar aquí en este momento. Pero vengo porque necesito venir, no porque deseo hacerlo.

—Oh, ya lo tengo... —adivinó Ray—. Le prometió a alguien que estaría aquí. ¿O quizá le están pagando?

—No le he prometido a nadie más que a mí que estaría aquí —siseó Naxi en una grave y seria voz—. Estoy viejo. A medida que envejezco más, pensamientos se vacían de mi mente, para nunca regresar. Un día, el recuerdo de una oscura táctica de batalla que raramente utilizo. Otro día, el recuerdo de mi más grandiosa victoria en la guerra. Otro día, los recuerdos de mi infancia. Cada día, hasta que mi mente quede vacía, y yo quede demente. Y así vengo, y dejo que Legend llene mi cabeza con nuevos pensamientos. Algunos ficticios, algunos recuerdos del pasado que he perdido, no interesa, siempre y cuando sean sustanciales. Entonces vengo, y Legend me provee de este servicio. El dragón desea vivir para siempre, pero el marchito gusano de arena ya muerto está hace tiempo.

—Caray... ¡¿está perdiendo la memoria?! —jadeó Saura—. ¡Eso es horrible!

—... Justo como tú lo harás, algún día —dijo Naxi—. Si vives hasta una edad tan avanzada, eso es. Justo como todos lo haremos. Los Ninetales viven milenios, sus mentes nunca opacándose. Los Ninetales preservan el conocimiento de una era para pasarlo a la siguiente.

El Flygon sacudió su cola y giró su atención hacia el centro de la habitación, indicando que no tenía nada más que decir. Char se preguntó sobre sus palabras.

—Yo sé cómo es no tener recuerdos —le dijo Char a Saura en voz baja—. Me hace sentir tan ansioso en ocasiones. Puedo sentir todo este espacio en mi cabeza, pero no hay nada ahí... Quizá Legend pueda ayudarme de la misma forma en que ayuda a Naxi.

Char se volvió hacia Saura para aguardar una respuesta, pero encontró que la mirada de Saura estaba adherida directo hacia adelante.

—¡Atención!

Una voz resonó a través de la habitación, profunda y clara. Antes de que hubiera terminado de reverberar en las paredes, todo Pokémon presente estaba tan callado como un muerto; ni un chirrido, ni un raspado, ni siquiera una respiración se pudo escuchar en la repentina y ominosa quietud.

La atención de Char se dirigió al frente, y notó que las filas centrales de espacios estaban ahora todas ocupadas. Pokémon se habían alineado, hombro a hombro, amontonándose alrededor de los círculos más interiores de la habitación.

Hubo un sonido como de un jadeo cuando las antorchas alrededor del perímetro de la habitación, por alguna fuerza de viento o magia, fueron apagadas. Sin la luz, Char solo pudo distinguir las siluetas de la multitud, quienes podrían haber sido solo sombras por lo que él sabía, ya que nadie emitía sonido alguno.

En el escenario central, un rugido, y un poderoso destello de luz. El ataque de lanzallamas de un Pokémon fuego acertó un gran montículo de astillas, algo que Char hubiera jurado que no estaba allí hacía solo momentos atrás. El fuego se extendió, transformando el escenario central en un faro ardiente, su rojo y titilante resplandor pronto reflejándose en el rostro de cada Pokémon en la habitación.

Ante el fuego, estaba un zorro.

Su dorado pelaje brillaba gloriosamente en la luz del fuego, sus ojos destellando como si lenguas en miniatura bailaran detrás. La figura se erguía alta, orgullosa, y confiada, como si fuera un legendario. A medida que caminaba, sus muchas colas se ondulaban a su paso como llamas de seda. Por segunda vez, abrió su boca para hablar.

—Antes de empezar, me gustaría hacer mención de algunas cosas —anunció el Ninetales, inclinando ligeramente la cabeza—. Para empezar, debo rendir homenaje a nuestro invitado de honor. Aquí, en medio de nosotros, ¡un Pokémon legendario está sentado! Pero él no necesita presentación. Me gustaría extender una cordial bienvenida a un viejo conocido mío, a quien no he olvidado desde los días de nuestra asociación en la división de oro. ¡Scythe, cabeza y fundador del Equipo Remordimiento, es un honor y un privilegio tenerte aquí!

Un rugido de aplausos llenó la habitación. Scythe asintió en gratitud hacia el Ninetales.

—Segundo, una confesión —continuó Legend mientras los aplausos se apagaban—. Aunque tengo que decirlo por lo menos una vez al año, debo decirlo nuevamente esta noche. Hay pocas otras grandes alegrías en mi vida que la de hablar ante una audiencia. Por supuesto, mientras la vida avanza, las obligaciones se apilan sobre mí. Tengo que ayudar a liderar un equipo de resistencia. Tengo que ejecutar mi parte de las asignaciones. Tengo que hacer el papel de embajador cada vez que Lucario me llama. Si la vida pudiera comandarla, ¡estaría parado justo aquí, hablando ante la división entera todas las noches! Pero no es un deseo que la vida me cumplirá. El tiempo es escaso, y la oportunidad para organizar una asamblea como esta se ve limitada a unas pocas tres veces al año, más o menos. Pero... en cada momento de vigilia, en cada paso que doy a través de nuestras afueras, y en cada sueño que late en mi mente cuando duermo en las noches... me distraigo. Me distraigo pensando en todos ustedes, planeando cada día de mi vida esta noche única de temporada. Construyo mis historias, y ensayo cada palabra que debería decir, para que cuando tenga que hablar ante ustedes, no deje nada que desear. ¡Ante mis ojos, cada uno de ustedes aquí es un invitado de honor! No soy yo el que les sirve, sino ustedes a mí al escucharme. Y por los dioses, yo deberé recompensarles ese servicio con cada respiración que tengo, y darles eso para lo que vinieron. Así que gracias, ciudadanos de la División Esmeralda, por asistir.

Otro rugido de aplausos sonó. Legend hizo una humilde reverencia.

—... Es por eso, queridos oyentes, que debo confesarles algo —dijo Legend, cambiando su tono—. Mientras que ya no puedo contar historias con tanta frecuencia como me gustaría, debo de igual manera asegurarme de que las historias que cuento tengan relevancia con los tiempos actuales. Les haría un verdadero deservicio si dijera palabras sin significado y pregonara morales impertinentes. Por lo tanto, mientras me pasaba los últimos cinco meses y medio preparándome para esta noche, recientemente averigüé sobre una improbable cadena de eventos que podría modelar eternamente el futuro de Ambera–y así, en honor a esta evolución histórica, me he deshecho de todos esos planes hace como un par de semanas atrás. Mis palabras de esta noche carecen grandemente de planificación, y de práctica. Pero hablaré desde el corazón. Y hablaré para pasar mi flama a ustedes, una flama ardiendo con el legado del pasado, y el de uno nuevo, nacido este mismo día.

El Ninetales pausó de nuevo. Unos cuantos murmullos se alzaron en la habitación, aparentemente sorprendidos por la decisión del Ninetales de cambiar sus planes con tan poca antelación. Legend giró su cabeza. Sus resplandecientes ojos rojos, centelleando como rubíes en la luz del fuego, clavados atentamente en los de Char. Char tembló y se paralizó del miedo cuando se dio cuenta de que el cuentista lo estaba mirando a él. La mirada permaneció hasta que la reacción de la audiencia se perdió, y antes de que Legend la rompiera, dio un pequeño asentimiento de respeto hacia el Charmander.

—Y finalmente, tengo que dar una disculpa —dijo el Ninetales—. En caso de que vaya impune por mi crimen, me gustaría reconocer mi fracaso de arribar a tiempo esta noche. Lo lamento. Circunstancias imprevistas se presentaron mientras me estaba preparando para venir aquí, y les he hecho esperar por demasiado tiempo. Incluso ahora, lleno el tiempo con un largo prefacio. Tal y como está, cuando termine con ustedes esta noche, podrían solo tener media hora para refugiarse de los fantasmas. Aquellos de ustedes de los distritos lejanos deberían considerar refugiarse en la fortaleza, a menos que puedan correr como el viento. Además, probablemente no tenga la necesidad de recordarles que mañana es un día de cesión, una mañana temprana para todos. En efecto, al retenerlos aquí esta noche, no les estoy facilitando las cosas.

El Ninetales dio unos pasos alrededor del fuego, mirando a los ojos de su audiencia. Luego, repentinamente, llevó su cabeza hacia atrás y exclamó sus siguientes palabras en un rugido potente y violento.

—Pero no soy yo el que ha hecho sus vidas difíciles, ¿o sí? —proclamó Legend—. No... son ustedes los que han escogido estar aquí, en estar fortaleza de guerra, sacrificando cada libertad, viviendo cada día en servicio al Equipo Arrepentimiento. Son ustedes los que han escogido esta vida de dificultades. Han traído esto sobre ustedes mismos. Son ustedes, irguiéndose con orgullo y fortaleza en el semblante de la dificultad, pero acobardándose en los fríos resquicios de sus hogares cuando nadie está observando. Son ustedes, surcando el cielo y dando testimonio de la cruda belleza de Ambera, pero sintiendo que sus corazones se rompen cuando recuerdan que su belleza no es suya para disfrutarla. Son ustedes, luchando contra aquellos quienes les asesinarían, resignándose a los caminos del guerrero, los caminos del explorador, los caminos del doble agente. Obedientes. Abnegados. Fungibles. Han puesto todo en juego, esperando nada a cambio por sus esfuerzos.

Esta vez, cuando el Ninetales pausó, no hubo sonido de la multitud. Todos estaban en silencio sepulcral, sus palabras todavía resonando en sus oídos.

—Pero entonces... ¿cuál es la razón por la que han escogido esto? —habló Legend, agravando su voz pero todavía hablando con poder—. ¿Qué les obliga, cada día, a levantarse y luchar? ¿Qué les obliga a cargar las dificultades del mundo sobre sus hombros, como sus propias responsabilidades, cuando no se lo merecen? ¿Qué les inspira tan profundamente, para dejar todo atrás, y llamarse a ustedes mismos miembros de la División Esmeralda? ¿De quién es la culpa por la que necesitan estar aquí?

»Aah, sí... Lo veo en sus ojos. Saben la respuesta. No pueden negarla. Cada día de sus vidas, les molesta. En cada momento de vigilia, se distraen. En cada paso que dan a través de nuestras afueras, en cada sueño que late en sus mentes durante la noche... se distraen. Se distraen por él, nuestro enemigo sin rostro, y se distraen por una posibilidad, una visión, un sueño lejano–¡un sueño de Ambera, impoluta por su desagradable presencia!

»¿Pero pueden imaginarlo? Todos ustedes nacieron y fueron criados bajo el reino de su imperio. No han conocido nada más. Por todas sus vidas, han proferido su nombre con respeto, o miedo, u odio; han atestiguado cómo sacrifica nuestra población al azar a su insidiosa voluntad; ¿realmente pueden alegar ver en sus mentes cómo Ambera se vería sin él? Pues si lo que ven es un continente utópico, sin sufrimiento, desesperanza, o imperfecciones... un lugar en donde todo Pokémon puede vivir en paz y unidad... ¡no podrían estar más lejos de la verdad! Es la naturaleza de la vida. No estamos, y nunca estaremos a salvo del peligro, a salvo de los desafíos, a salvo de las dificultades y el sufrimiento. Yo sé esto porque, si pueden creerlo, hubo una vez un tiempo en el que el Maestro no estaba ahí para traer opresión y holocausto a nuestra tierra. Y en ese tiempo hasta antes de estos días, hubo tiempos dorados, cuando Ambera estaba en su apogeo, los días que miramos atrás con cariño y celos. Pero también hubo días oscuros, mucho más oscuros de lo que hemos visto alguna vez.

»Entonces imaginen, ahora, una era muy antes de este día... Un tiempo más simple, un tiempo sin países, un tiempo sin leyes. Un tiempo en donde ningún Pokémon o humano reclamaba la propiedad del mundo o su gente; un tiempo en donde las criaturas se inclinaban solo ante las crudas fuerzas de la naturaleza, y a las bestias legendarias que las controlaban...

Fue alrededor de este punto cuando Char ya no pudo escuchar las palabras que Legend decía. En lugar de eso, veía imágenes en su mente, escuchaba los llamados de los Pokémon salvajes que recorrían la tierra. Se transportó a sí mismo a ese mundo, pretendiendo que aquellas vívidas imágenes eran recuerdos suyos, que había visto este tiempo primitivo con sus ojos siendo un humano.

—Un tiempo incluso antes de que la humanidad nos otorgara el título de ‘Pokémon’, que solo vino una vez que sus conjuradores aprendieran a capturar y comprimir nuestros cuerpos en energía metafísica. Éramos bestias. Criaturas con las que compartir la tierra. Criaturas a quienes respetar... ¡y temer!

»¡Qué terribles y poderosos éramos, en esa época! ¡Qué feroz nuestro control sobre el viento y la flama, qué grande nuestro dominio del mar y del cielo! Los humanos nos contemplaban con asombro, observando cómo movíamos montañas, agitábamos mares, encendíamos en llamas los campos... Y ellos nos veían, y sabían que no podían derrotarnos. A diferencia de nosotros, ellos no estaban dotados con nuestros poderes elementales, o nuestra resistencia al dolor y heridas, ni siquiera con nuestras zarpas y colmillos... Ellos no tenían más que sus mentes, aquellas pequeñas mentes brillantes e ingeniosas que tenían, capaces de planear y moldear sus ideas de formas que los Pokémon todavía no pueden igualar... Y con esas mentes, nos temían, y aprendieron a cavar hoyos en la tierra para protegerse de nuestros vigilantes ojos, justo como nosotros nos acobardamos de los fantasmas de la noche. Manufacturaron armas, cosas puntiagudas, crudas pero efectivas imitaciones de nuestras zarpas y colmillos, para ahuyentarnos si nos acercábamos demasiado...

Yo recuerdo eso, se dijo Char, intentando pretender que tenía una historia. Ese tiempo hace tanto, el tiempo en que yo era un humano...

—Pero a medida que las décadas pasaban, y los humanos aumentaban su sabiduría, llegaron a darse cuenta de que nos necesitaban para sobrevivir. Y así, acumularon su coraje, y se dispusieron a formar una alianza.

»Y así nació el lazo del humano y la bestia, y la primera era dorada de los entrenadores Pokémon. Algunos de nosotros eran dóciles y vinieron de buena gana. Algunos de nosotros eran voraces y tenían que ser apaleados por la fuerza de varios hombres, luego encerrados hasta que aprendían a obedecer o morir de hambre. E incluso otros eclosionaban de un huevo, y se les enseñaba a tratar a los humanos como familia propia. En una miríada de formas, ellos nos tomaban a nosotros, las salvajes bestias insensatas de la naturaleza, y nos hacían sus sirvientes. Éramos criaturas ingenuas, nos ofrecían estos placeres que sobrepasaban a aquellos por los que teníamos que pelear en lo salvaje, y así, nos contentábamos con permanecer al lado del hombre. Éramos complacientes.

»Pero ni siquiera los humanos previeron lo que se volvería nuestro lazo; a su tiempo, los humanos nos ofrecieron algo de valor tan inmortal que nunca nos volveremos lo suficientemente merecedores para repagarles; nos dieron el don de su inteligencia. Nos enseñaron a pensar, a sentir, a entender el mundo a su nivel, y a verlos a los ojos. Empezamos como meros sirvientes, felices con nuestras raciones. Al final, fuimos sus amigos. Sus iguales. Vivíamos en sus hogares y nos sentábamos a su mesa como familia. Ellos peleaban por nuestras vidas sin preocuparse de las suyas, y nosotros peleábamos por ellos de igual manera.

»El mundo vio un nuevo amanecer a medida que los Pokémon aprendían los caminos de los humanos. E igual a la salida del sol, radiando con cada nuevo matiz de esperanza y deseo por el futuro, era hermoso.

»Pero, como Arceus decretó cuando el universo llegó a ser, debe haber balance. La belleza no debe durar para siempre. Debe ser desafiada. ¡Debe ser contaminada con tragedia y corrupción! La corrupción está al acecho dentro de nuestros corazones de hombres y bestias de igual forma, en el hombre con su deseo de dominar y controlar el mundo, en la bestia con su deseo de evolucionar y fortalecerse, ascendiendo a un nivel más alto de existencia. Estos deseos no pudieron permanecer por mucho dentro de los límites de confianza y compañerismo puestos para ellos. Desgraciadamente, en esta era de hace tanto tiempo, un tiempo dorado de paz alcanzó su fin, y un oscuro día ensombreció la tierra.

Olas chocaron en los rocosos bajíos.

Sangre impregnó la arena.

La arropada criatura de dos piernas conocida como un humano yacía junto a sus bajas, cuchillo goteando todavía en su asimiento. Ignorando los frescos cadáveres de los demonios marinos con aspecto de zorro, avanzó a través del banco de arena e ingresó al lugar sagrado por el que las bestias habían dado su vida para defender.

El humano se acuclilló, examinando el hoyo desordenadamente excavado que servía de nido. Sus dedos cribaron la arena, excavando la zanja por los tesoros de su interior.

Hubo un fulgor azulado.

Sin titubeos, el humano elevó gentilmente el huevo de la arenosa zanja. Sus dedos recorrieron la áspera superficie blanca, rodeando las azules manchas y atravesando las marrones rayas.

Sintió movimiento adentro.

—Años de entrenamiento y preparación para este día ahora tras él, acunó su premio en sus brazos, su huevo escogido. Aliviado de la batalla, y de la búsqueda, lo sostuvo con compasión, sintiendo su piel contra su pecho, sintiendo sus vibraciones, memorizándolas, aprendiendo el flujo y reflujo de esta pequeña criatura que ahora le pertenecía, que siempre le pertenecería desde aquel día en adelante, su compañero y amigo más cercano.

»Quemaba como el fuego para él, desde sus primeros días, el deseo de ser domador. Observó a estas criaturas de la tierra, mar y cielo, contemplándolas con reverencia ya que poseían sus terribles poderes. Quería ser amigo de aquel terrible poder. Quería comandarlo. Pero su tribu se negaba a entrenarlo, sin importar cuánto suplicara. No le dejaron alternativa más que tomar el poder a mano propia.

Un crujido.

El huevo se movió y bamboleó sobre la paja que el humano había apilado debajo.

Sobre sus manos y rodillas, en la privacidad de su propio refugio, el humano observó ansiosamente cómo su primer compañero intentaba salir por la fuerza de su huevo.

El huevo se abombó, la criatura en su interior anhelando extender sus pequeños músculos por primera vez. Una abertura apareció, lentamente destrozándose hacia afuera.

Detrás de esa abertura, una cara.

Enmarañado pelaje marrón, todavía empapado por la yema. Diminutos ojos firmemente cerrados.

El infante colapsó en su posición, exhausto por su esfuerzo.

Superado por la compasión, el humano tomó el perforado huevo y arrancó la cáscara de la cría con sus propias manos, hasta que el infante zorro-elemental descansó en sus brazos.

—El zorrillo creció al lado de su maestro, amándolo como un hijo amaría a su padre, pues él era el único padre que conocía. Le obedecía, confiaba en él, le daba compañía. Aprendió a pelear en defensa del humano y de aquellos a quienes él amaba. Aprendió a cazar y a sobrevivir, a mantenerse alejado de aquellas criaturas que lo matarían. Aprendió, cuando el mundo se giraba contra él y esperaba que fracasase, a suplicar a los dioses por ayuda. Aprendió a comunicarse con el humano y a entenderlo, y a asistirlo con sus deberes. A cambio, el humano vertió su corazón ante el pequeño, hablándole con riqueza de conocimiento y experiencia, y el zorrillo aprendió otras cosas, cosas que ningún Pokémon podría aprender por su cuenta. Y aprendió, ya que el humano le dio el regalo más grandioso que un humano ha de dar a un Pokémon, a pensar por su cuenta.

»Y así los ojos del pequeño se abrieron, y vio el mundo como el humano veía el mundo, y entendió las cosas escondidas que solo la sabiduría podía revelar. El humano ya no era un maestro, sino un amigo y un igual. A medida que el pequeño crecía, llegó a entender esta amistad que compartía. Y fue feliz.

La oscuridad de la noche.

La paz y la comodidad del hogar.

El zorro dormía al lado de su amigo humano, cansado del trabajo del día.

Contento... Feliz...

Pero entonces...

Un grito resonó a través de la noche, y el mundo escuchó.

Como una silenciosa onda en la tela del espacio, hizo erupción.

Poderosa, irresistible, pero invisible...

De las praderas, los acantilados, el litoral... criaturas se removieron.

Bestias excavadoras enterradas bajo tierra se retorcieron ante el sonido.

Monstruos marinos se enturbiaron en su marea.

Los ojos del humano se abrieron.

Se clavaron en la pequeña criatura de pelaje marrón que dormía tranquilamente a su lado.

Y lo supo.

—Era el Pokémon que había capturado el humano aquella noche, revuelto su corazón, elevado su fuego. ¿Pues qué criatura, hombre o bestia, no temblaría ante un poder de esa magnitud? El poder de la Llamada lo agarró de la garganta, y el amor por su compañero... fue asesinado. Asesinado como los padres del zorro. La oscuridad en su corazón lo superó. Por última vez, había visto a su compañero como su propio hijo. Ahora era su herramienta. Sabía que tomaría ese poder a mano propia.

El zorro fue atado a un poste con poderosas trenzas de lianas.

No lo entendía.

Anhelaba complacer a su amigo, preguntándole por qué actuaba diferente.

El humano ignoró sus súplicas, alimentándolo a la fuerza para evitar que muriera de inanición.

Una semana pasó, y el zorro no fue liberado.

El zorro observó cómo el humano que amó trabajaba con piedras y metales extraños.

El zorro observó cómo conjuraba las fuerzas de la magia antigua, practicándolas.

El zorro observó, impotente, cómo el humano llegaba al punto de la casi demencia, combinando la magia en formas diferentes, murmurando obsesivamente.

El zorro observó, impotente, cómo el humano se acercó con una resplandeciente piedra que había creado. Se encogió cuando el humano presionó la piedra en su frente.

Y de nuevo, un grito insonoro sacudió el mundo, más brillante que el sol, más fuerte que el rayo en el cielo, más profundo que el mar.

El zorro observó, impotente, cómo el mundo a su alrededor cambió.

Observó cómo el humano comulgaba con otras criaturas de todo tipo, desde sabuesos de oscuro pelaje y coloridos pájaros, hasta vehementes dragones. Observó cómo eran también retenidos, pero no luchaban contra la voluntad del humano. Observó cómo eran regalados a otros humanos, a cambio de cosas diferentes.

Más semanas pasaron, y el zorro todavía no entendía por qué su amigo se había olvidado de él.

Él retornó a la estaca, apretando la piedra en la frente del pobre zorro. Y el mundo se sacudió de nuevo.

Más criaturas vinieron. Criaturas poderosas. Criaturas que se elevaban sobre el humano, eclipsándolo. Pero, se inclinaban ante su voluntad.

El zorro observó cómo las criaturas hacían todo lo que el humano les comandaba.

Observó, impotente, cómo construían estructuras para él, traían su comida, se reunían ante él. Observó cómo más humanos venían, también, y se inclinaban ante él.

Y el zorro empezó a entender.

—Dos estaciones, permaneció de esta manera... el anhelo de poder del oscuro corazón del humano era insaciable. No quería Pokémon, o riquezas, o seguidores, no. Él quería todo. Y así, todo venía doblegándose a su voluntad.

El zorro observó cómo el mundo se tornaba caótico ante sus ojos.

La tierra se agrietó y se desmoronó por el poder de las bestias subterráneas.

Las praderas murieron. Los bosques se marchitaron. El suelo se cubrió de cadáveres.

El zorro observó, impotente, cómo el mundo ardía.

El fuego, como un poderoso huracán, engulló la tierra. Brillantes muros de flamas, quemaban ofrendas de los muertos y moribundos, elevándose a las estrellas de arriba.

El zorro observó cómo el fuego se acercaba deslizándose, quemando todo a su paso.

El humano se tambaleó hacia adelante, sosteniendo la resplandeciente roca. Su cuerpo en llamas, su carne derritiéndose, su cara cadavérica.

Se estiró hacia la frente del zorro.

Su cuerpo colapsó al suelo, muerto.

El zorro estaba solo ahora.

Al fin, el zorro entendió.

Luchó contra las secas lianas que lo mantenían cautivo. Luchó con todas sus fuerzas, todas las que tenía...

Su cuerpo no se movía.

El calor se volvió insoportable. Implacable. Inclemente.

El zorro entendió que no viviría.

El zorro bramó un grito a las estrellas. Una plegaria. Una plegaria a los dioses, justo como se le había enseñado. Oró por salvación.

—La voz no llegó a nada, el rugido del fuego apocalíptico ahogando todo sonido, pero igual el niño se lamentó, sabiendo que la muerte estaba tan cerca. Sabía que las flamas eran intensas e invencibles; ellas soltarían las ataduras, solo para dejar que un Pokémon muerto cayera al suelo. Se lamentó a las estrellas, a cualquier espíritu que pudiera escuchar, hasta que su voz estuvo gastada...

»Y escucharlo, hicieron. Pues cuando las llamas lamieron su cuerpo y se pegaron a su pelaje, una respuesta llegó. La fuerza de la magia oscura del hombre provino del antiguo flujo de energía que había soportado al universo mismo. Lentamente, gradualmente, a medida que el humano había abusado de su amigo con los hechizos para convocar la Llamada, la magia había llenado su cuerpo, hasta que ahora, en este momento de desesperación, fue liberada.

»Ahí vino, manifiesto, un conocimiento que estuvo perdido desde tiempos antiguos. Un conocimiento que nosotros los Pokémon del presente no podemos comprender, ni recordar, ni volver a descubrirlo. ¡El cuerpo del Pokémon brilló con tanta intensidad como las flamas! Creció en tamaño y en fuerza, soltando las cuerdas que lo ataban en el lugar. Experimentando una evolución. Pero esta evolución es una extinta, algo que nosotros en nuestra época hemos olvidado cómo desencadenar: patas se tornaron perversos talones. Escalas se formaron bajo el pelaje, sellando al frágil cuerpo del Pokémon en una brillante armadura violeta. Dos magníficas alas agraciaron su espalda. Una puntiaguda placa frontal se formó alrededor de los ojos del Pokémon, y cuatro cuernos curvos brotaron de su cabeza. Cuando la transformación finalizó, el Pokémon se estabilizó en sus cuatro patas, con la antigua magia pulsando en su corazón. Había renacido... ¡como el Wyvreon!

El mundo era invisible detrás de las flamas, y así el Wyvreon brincó entre ellas, intentando huir de la horrible destrucción.

Mientras huía, contempló el devastado mundo.

No quedaba nada. Nada.

Mientras volaba sobre la tierra, observó, impotente, la ennegrecida y destruida ceniza pasar.

Más allá del horizonte, la tierra había sido lacerada, destrozada. Asesinada.

El cielo lleno de humo y el olor a destrucción.

Voló a través de bosques, ahora llenos con solo horribles y carbonizadas protuberancias de estériles árboles.

El fuego, no había dejado nada. El fuego que el humano había empezado. El fuego que él había querido.

El Wyvreon voló, incansablemente a través de este mundo exánime, a la cima de la cual la respuesta a la plegaria había venido. Estaba tallado en su corazón ahora, el instinto de un dragón.

El Santuario del Tiempo. Un monumento a los dioses de la creación. Ante él, el Wyvreon descendió del cielo...

El Wyvreon asió la piedra que había recuperado del cuerpo del humano, presionándola contra su frente.

Char sintió que se estremecía cuando Legend habló con tal intensidad que pareció que el aire se prendía fuego.

—Belleza de bellezas, el dragón de diamantes apareció ante el pequeño, brillando en toda su gloria, su poder palpitando a través del aire, ondeando el mar del tiempo...

»Mientras el aliento de un frío viento barría desde el cielo, el estallido del trueno en las nubes, el majestuoso que había confeccionado el tiempo con sus propias garras yacía en sumisión ante el llamador. Inclinó su enorme rodilla e hizo la genuflexión, y exclamó en su eterna voz...

“¿Qué quieres que tu servidor haga?”

...

Le tomó más de un momento a Char darse cuenta de que siquiera la historia había terminado. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Tres horas? ¿Solo unos minutos? No lo sabía. Todo lo que sabía era que la habitación ahora había estallado en aplausos, el Ninetales inclinándose en gratitud a su cálida recepción. Incluso cuando Saura y Ray exclamaban su apreciación, Char simplemente se recostó, aturdido, con su mente nadando en preguntas.

... ... ...


—¡¿Cómo?! ¿Cómo una historia puede terminar así? —exclamó Char con aflicción mientras salía desfilando del salón de asambleas con sus amigos—. Digo... ¿qué... qué sucedió? ¡¿Qué le dijo el Wyvreon a Dialga que hiciera?! ¿Y qué sucedió con el Wyvreon? ¿Y qué le pasa al mundo ahora que todos los demás están muertos? Digo... ¡ni siquiera terminó la historia!

Char tenía ganas de hacer estallar algo con su fuego. Esto lo molestaba, especialmente después de cuán inmerso se había dejado estar en la historia. Pisó con fuerza el camino hacia la salida, con su corazón todavía clamando algún tipo de conclusión.

El edificio se despejó bastante rápido, los equipos de resistencia disparándose hacia la puerta y a las rutas de vuelta a sus hogares. La oscuridad afuera ya era profunda. Los Vigilantes estarían afuera en menos de media hora. Pronto, todo lo que quedó en la instalación fueron miembros del Equipo Ruedafuego, Scythe, y algunos otros varios Pokémon que se habían quedado a charlar.

—¡Yo pienso que fue brillante! —exclamó Ray—. Char, míralo de esta forma: tienes que pensar sobre a qué se refería, no sobre qué decía. La historia era sobre el humano que criaba al Eevee, ¿verdad? Legend dijo que el mejor regalo que el humano le otorgó fue la habilidad de pensar por sí mismo y tomar decisiones propias. Y luego al final, Dialga le pregunta al Wyvreon qué debería hacer él. Así que es el Wyvreon el que tiene que hacer una decisión. Solo tiene aquel poder porque el humano lo crio de esa manera. Y así la historia vuelve en un círculo completo.

—Interesante, yo no lo vi de esa forma —dijo Saura—. Pensaba que la historia era todo sobre que el Eevee era ingenuo. Aprendió a amar al humano porque no veía la maldad en el corazón del humano. Creció sin siquiera saber que fue robado de su nido siendo un huevo. Así que amó al humano tanto que tuvieron que atarle a un poste y demostrarle que el humano que amó era malvado. Le tomó todo eso entenderlo.

—¡Oye, no insultes a los humanos cuando hay uno justo al lado de ti! —dijo Ray—. Creo que esta historia era sobre los buenos efectos que los humanos tienen en los Pokémon. Digo, mira. Incluso al final, ¿qué fue la última cosa que el humano le dio al Eevee? La piedra activadora de la Llamada, ¿cierto? Para que el Eevee pudiera usarla para llamar a Dialga al final. Me pregunto si el humano estaba intentando salvarse a sí mismo en el final o si le dio el poder de vuelta al Eevee por remordimiento. Por cierto, ¿qué piensas que el Wyvreon le pidió a Dialga, de todas formas?

—De seguro reparar el mundo, supongo —dijo Saura con un encogimiento de hombros—. La verdad, estaba pensando, quizá la historia entera tuvo lugar en Ambera y el Wyvreon deseó que los humanos ya no pudieran venir aquí otra vez. Entonces quizá es por eso que en Ambera no hay humanos.

—¡Eso es también brillante! —dijo Ray—. ¡Sí! ¡Apuesto a que es eso! ¿Ves, Char? ¡La historia tenía tanta profundidad! ¡Y realmente te hace pensar! ¡Esa es la marca de un buen cuentista!

—Eh... pero... No tuvo un final... —masculló Char, derrotado—. Fue buena y todo, pero... ugh, hubiera sido muchísimo mejor si supiera solo un poquito más...

—Hay una razón por la que omití el final —dijo la voz de Legend—. Tenía la esperanza de que tú pudieras proporcionar uno.

Char se giró para ver que el zorro de nueve colas se había acercado a él y a sus amigos. Titubeó por un momento por respeto al cuentista, sin saber realmente qué decir.

—Char... es un honor estar parado ante ti —dijo Legend, haciendo una reverencia—. He escuchado mucho sobre ti en estos últimos días. Veo que has traído compañeros contigo. ¿Ellos te estarán acompañando a la Torre del Tiempo?

—Sí —dijeron los tres al unísono.

—¡Qué bueno oírlo! —ladró Legend con alegría—. Es astuto traer testigos contigo, Char. Mi trabajo se volverá mucho más fácil de esa forma. ¿Ya has decidido qué pedirás a Dialga, Char?

—... ¿eh? —solo pudo responder Char.

—¿De seguro no se te escaparon todas las formas en que la historia era paralela a ti? —preguntó Legend—. Tú, un Pokémon con la Llamada de magnitud inigualable, ¿ves tu mundo en caos por la opresión del Maestro, y por eso te aventuras a la Torre del Tiempo para implorar ayuda directamente a Dialga? ¿Qué pasaría si Dialga no pudiera rehusarse a ninguno de tus pedidos? ¿Qué pasaría si pudieras tener cualquier cosa que tu corazón desease? Responde, ¿qué es lo que planeas pedir a Dialga? ¿Qué es lo que rogarías de un dios?

Char se quedó ahí por un momento, totalmente mudo. ¡No lo había pensado realmente de aquella manera antes! Pero igual, siempre asumía que su transformación a un Charmander significaba algo importante, y que Dialga tenía la respuesta. ¿Pero qué pasaba si eso era cierto? ¿Qué pasaba si Dialga le concedía un deseo o dos?

—Yo eh... Eh... Destronar al Maestro, por supuesto... —tartamudeó Char—. Eh...

—Y yo te digo a ti, si es que es eso lo que quieres, y Dialga te concede aquel pedido, que tú serás recordado en las leyendas de Ambera hasta el fin de los tiempos —dijo Legend—. Pero... ¿hay alguna cosa que tú deseas solo para ti?

—Nunca lo he pensado, la verdad —admitió Char—. Solo asumí que Dialga no me concedería un deseo egoísta, supongo.

—Bueno, asegúrate de tenerlo en mente de camino —sugirió Legend—. Yo he hecho mi parte en intentar darte inspiración. No querrías perderte la oportunidad, ¿o sí? Piénsalo. Si tú fueras aquel pequeño dragón, parado ante el ser que puso en marcha el tiempo mismo... ¿qué querrías que hiciera? ... Por ahora, ya es tarde, y parezco recordar que Prince mencionó que tú residirías con nosotros esta noche. ¿Te gustaría que te escoltara hasta nuestro salón?

... ... ...


En el momento que dio un paso afuera, Char elevó la vista a las estrellas, un espectáculo poco común en Ambera. Pero las estrellas eran invisibles aquella noche, bloqueadas de la vista por la misma cubierta de nubes. Ni una sola luz brillaba en aquel cielo norteño, haciéndolo ver como un abismo infinito.

Fue una caminata muy corta hasta la base del Equipo Ruedafuego, ya que vivían dentro de la ciudad del Fuerte Esmeralda. Durante el camino, Char tuvo que encogerse mientras atravesaba el frío clima nocturno. Sabía que el entumecimiento causado por su conmoción nerviosa de hacía poco se había desvanecido en cierto grado, pero al mismo tiempo, encontró que pensar sobre su experiencia en el congelador hacía que la sensación térmica pareciera más soportable. Intentó disminuir su fuego a uno lento para ayudar a reprimir el cosquilleo.

Ray, por otro lado, no parecía en absoluto incomodado por la temperatura. Estaba demasiado distraído en su parloteo a Legend.

—¡Eso fue brillante! —exclamó Ray, caminando junto al Ninetales—. ¡Eso fue solo... válgame! ¡Todo lo que escuché sobre usted es tan cierto! ¿Cómo es que tiene tanta facilidad con las palabras?

—Práctica —replicó Legend—. Práctica e investigación. Y estoy contento de que lo hayas disfrutado.

—Lo admito, en verdad no estaba seguro de si venir o no, pero realmente me lo demostró —dijo Saura—. Mi cabeza está dando vueltas ahora. Me siento tan mal por aquel pequeño Wyvreon...

—Lo encuentro gracioso, cómo soy conocido hoy como ‘Legend el Cuentista’ —reflexionó el zorro dorado—. Incluso hoy, cuando lo pienso, parece demasiado improbable que sea cierto, que mi lengua me haya definido. ¿Saben para qué me entrené, antes en la división de oro? Yo iba a ser un mensajero. Tenía una resistencia excelente. Podía correr sin cansarme a través del terreno y sin detenerme a descansar. ¡Podía rebasar a las aves! Y recuerdo cómo sobresalía en las batallas. ¡Le enseñaba a los Pokémon salvajes a acobardarse ante mi poder! Pero hoy, ¿soy conocido como Legend el fuerte, el incansable, el corajudo? No... Soy Legend el cuentista. Al parecer mi destino está sellado para siempre. Ah, pero yo no soy de los que discuten con el destino. Yo tomo lo que se me es dado.

Luego de caminar solo dos manzanas, habían arribado al asentamiento del Equipo Ruedafuego, el cual parecía tan monótono en el exterior como cualquier otro edificio de la división. Legend abrió la puerta y se deslizó en el interior para encender algunas de las antorchas en la entrada con su fuego. Mientras Char miraba con interés la prestigiosa casa, no pudo sacudirse una extraña sensación sobre la misma.

—Hmm... Este lugar parece familiar —notó Saura—. No demasiado, pero... justo lo suficiente como para reconocerlo.

—¡Tienes razón! —dijo Ray divertido—. ¡Esto es justo como nuestra propia base! ¡Probablemente es porque nuestra base pertenecía al Equipo Ruedafuego antes de que nos mudáramos allí!

Era cierto. La forma general del salón era muy similar al del Equipo Ascuas, con un largo tapete rojo y algunos artículos de decoración parecidos. El parecido no era asombroso, pero ayudaba a que Char se sintiera en casa y olvidar que su propia base estaba a cientos de kilómetros de distancia.

—Ustedes se apoderaron de nuestro salón, ¿verdad? —se rio Legend—. Me sorprende que lo hayan dejado vacante por tanto tiempo. Alakazam debe haber esperado que retornásemos. Como seguramente han notado, extrañábamos nuestra guarida vieja lo suficiente para remodelar este edificio lo mejor posible a su imagen. Aunque siempre me hizo sentir nostálgico, en lugar de cómodo...

Mientras Char vagaba por el pasillo, sintiéndose bien en casa, la puerta se abrió una segunda vez. Saltando un poco de la sorpresa, se volvió y esperó ver a Prince o a Scythe entrar para retirarse por la noche.

En vez de eso, vio a un Bayleef ingresar a la casa.

—¡Lily, buenas noches! —llamó Legend al Bayleef—. ¿Qué pensaste de mi actuación de esta noche?

—¡Buena, como siempre! —respondió Lily con una sonrisa—. Aunque, no fue tan buena como la última vez. ¡Pero no creo que sea tu culpa! ¡La rebelión de la División Negra es una historia difícil de superar!

—Recuerda, solo tuve tres semanas para preparar esta —dijo Legend—. La verdad, como salió, fue más entre las líneas de tres semanas para decidir el concepto y tres días para ensamblar el libreto. No esperaba que fuera mi mejor trabajo, pero tenía la esperanza de que fuera adecuado para la ocasión de la visita de Char.

Lily pareció como si estuviera a punto de responder, pero luego pareció despertarse, sorprendida por la presencia del Charmander justo al otro extremo del salón.

—... ... ¡Char! —dijo Lily simplemente—. ... ... ... ... Un placer conocerte.

—Igualmente —replicó extrañado Char.

Por unos cuantos segundos más, se miraron uno al otro en silencio. La Bayleef parecía como si estuviera buscando algo más para decir, pero decidió lo contrario.

—Bueno, debería descansar un poco, encargos mañana y todo —dijo Lily, girándose hacia una de las puertas cercanas—. ¡Buenas noches, Legend!

—Duerme bien —llamó en respuesta Legend mientras ella desaparecía en su habitación—. Bueno, entonces, ustedes tres deberían hacer lo mismo. Hmm... Por aquí, esta habitación está vacante. Los tres pueden quedarse aquí si quieren...

—Espere... —dijo de repente Char, una idea haciendo un chasquido en su mente—. ¿Dijo que ha creado esa historia en tres días? ¿Es decir, la escribió?

—Naturalmente —replicó Legend restándole importancia.

—¿O sea que se refiere a que... no era real? —dijo Char—. ¿La ha inventado?

Legend parpadeó. Giró su cabeza hacia Char—. Es una permutación de una vieja leyenda que he contado varias veces en el pasado —explicó él—. Cambia ligeramente cada vez que la cuento. Intento que mis historias se mantengan relevantes al presente, como ves. La historia básica permanece igual, fabrico muchos de los detalles. Pero los detalles son vitales para la historia, entiende eso. El oyente necesita detalles si ha de tomar en serio una historia.

—Ya veo —dijo Char—. En ese caso... ¿es cierto lo que ha dicho sobre los Pokémon de fuego?

—¿Pokémon de fuego? —repitió Legend—. ¿Qué hay sobre ellos?

—Que ellos estaban destinados a destruir el mundo —dijo Char—. Prince me contó que usted dijo que los Pokémon de fuego estaban destinados a destruir el mundo. Y dijo que usted se lo dijo a él. ¿Es eso cierto? ¿O es algo que también ha inventado?

Una sonrisa cruzó el rostro de Legend—. Ja ja. Esa es una historia de mi invención, mucho antes durante nuestros días en la división de oro. Era para iluminar el corazón de Prince en un día que estaba desanimado. En efecto, si yo recontare leyendas, está en mi derecho inventar algunas de esas leyendas que un día serán traspasadas a través de los milenios, ¿no? Después de todo, el usar la palabra ‘leyenda’ implica que podría o no ser cierta...

Char frunció el ceño—. Bueno, entonces, ¿cuándo va a contarle a Prince que era una mentira? —desafió él.

Una vez más, el Ninetales se rio con ironía—. No te preocupes, Char, Prince sabe que esas palabras eran disparates desde el momento en que las proferí.

Char no dijo nada en retorno, pero no pareció satisfecho. En realidad, estaba confundido. Prince le contó aquella historia como si fuera un hecho indisputable, y lo había tocado un poco. ¿Por qué le contaría una mentira de esa forma? Legend se volvió para dirigirse a él, intentando leer sus sentimientos.

—Char, debes entender algo sobre mi papel en este mundo —dijo Legend—. Me he pasado décadas ponderando esta pregunta, si es que es correcto o no contar historias ficticias como si fueran verdad. Al final, me di cuenta de la respuesta: qué digo no es lo que importa, sea verdad o falsedad. Yo soy un cuentista. Eso no significa que soy un historiador. Tampoco significa que soy un mentiroso. Más bien, soy un doctor. Es mi deber curar corazones rotos y restaurar la esperanza. Debo decir lo que sea necesario, para que aquellos que me escuchen tengan la fuerza para continuar por un día más en este angustioso mundo en que vivimos. Yo paso mi flama a ellos, para que ellos puedan vivir.

Legend pausó para dejar que Char considerara sus palabras.

—Deberían dormir —sugirió, girándose para abrir su puerta por ellos—. Prince no tolera que se duerma hasta tarde.

Char titubeó una última vez.

—¿Legend?

—¿Sí?

—Hay... una historia... una historia verdadera... que me gustaría que me cuente alguna vez —dijo Char.

—Hmm... Estaría feliz de complacerte, en otra ocasión, por supuesto —dijo Legend educadamente—. ¿Qué tenías en mente?

—La historia de cómo su equipo salvó a la División Esmeralda —dijo Char.

La expresión de Legend cambió. Pareció enojado, casi ofendido ante la sugerencia. Ganó control sobre sí mismo pronto y replico con solo un pequeño fruncimiento de ceño.

—No, me temo que no lo haré —dijo Legend en una voz más grave—. Deberás esperar hasta la próxima vez en que esté listo para contarla. Esa historia, planeo contarla hasta el día en que respire por última vez, pero solo una vez por década. Porque es algo que el mundo debe saber, pero... es un asunto pesado. Sería insoportable tenerla en mente cada momento de cada día. Se me debe permitir algo de tiempo para olvidarla.

Char le agradeció de igual manera, admitiendo que, a pesar de sus quejas, realmente había disfrutado del cuento sobre el Wyvreon. Saura y Ray también dijeron en bostezos sus buenas noches.

Desde el otro extremo del salón, Lily observaba a través de una pequeña abertura en su puerta cómo el Equipo Ascuas desaparecía en la vacante habitación.

... ... ...


Finalmente, el horrorosamente largo día llegó a su fin, y el Equipo Ascuas estuvo reunido de nuevo por otra noche. Aunque no exactamente su base hogar, era lo suficientemente parecida para hacerles sentir cómodos, incluso cuando no había camas y los tres tenían que dormir en el suelo. Estaban acostumbrados a aquello, después de todo; se habían pasado la mayor parte del tiempo durmiendo en la guarida de Scythe sin siquiera una habitación propia. Era el fuego lo que Char todavía echaba en falta, aunque decidió no pensar demasiado sobre el asunto. No era el momento de sentir lástima de sí mismo de nuevo. Ahora necesitaba dormir mucho más que nunca; lo necesitaría para escaparse de Prince en la siguiente mañana.

En un punto, Scythe pasó para recordarles el plan, que él dejaría la bolsa de Alakazam lista para agarrarla en el camino, y Ray y Saura necesitarían estar presentes en caso de que Prince debiera ser distraído del hecho de que no estuvieran, justo lo suficiente para que se escapasen. Pero se quedó solo el tiempo necesario, y se marchó pronto; él, también, necesitaba dormir.

Los tres miembros del Equipo Ascuas yacieron inmóviles, con ojos cerrados. Ray ya estaba dormido. Char estaba acurrucado en una esquina, aunque a estas alturas estaba solo pretendiendo; la anticipación y el temor todavía le hacían cosquillas por dentro.

—Oye —dijo Char en voz baja—. Nunca respondiste a mi pregunta.

—Bien —respondió Saura—. Si no te veo otra vez... bien, estamos a mano. Pero oye, buena suerte ahí afuera, Char. En serio lo digo. Realmente quiero verte de nuevo.

—Ya sabes lo que Daemon dice sobre la suerte —murmuró Char de vuelta—. Pero haré todo lo que pueda. No te preocupes por mí. En unos cuantos días podrás ver a tu familia de nuevo.

—Je... gracias —murmuró Saura a medida que su mente se nublaba—. En verdad lo siento si lo hice ver como si no quisiera estar aquí. Es solo que... tuve un sueño extraño el otro día, cuando estábamos en el cañón del desierto. Soñé que fui a las vacaciones de las que mi hermana me habló. Estaba con ellos cuando se fueron a la costa.

—Ese debe haber sido un sueño agradable —dijo Char.

—Pero no... —dijo Saura, sonando como si quisiera quedarse dormido—. Eso era lo raro. Era como si... Yo le preguntaba a Saurvor por qué nos íbamos de vacaciones. Siempre hacíamos viajes como familia entera. Pero seguía preguntándole... por qué solo se llevó a Saurlee... y a mí... y él no me respondía... Yo quería ver a mamá y a papá y a todos los demás otra vez... Supongo que aquel sueño me puso un poco ansioso por ellos, eso es todo.

—Oh... —dijo Char—. ¿Es por eso que estabas... sintiéndote mal hoy?

—Sí, supongo que eso fue todo —dijo Saura—. No quise que sintieras pena por mí o algo así... Lamento si lo hice... Pero intenté que no me distrajera...

—Está bien —le aseguró Char—. Me ayudaste a darle a Scythe lo que quería. Creo que eso es lo mejor que hubiera podido hacer. Así que ve. Sé feliz con tu familia...

Demasiado cansado para decir más, Char hizo todo su esfuerzo para calmar su mente y yacer inmóvil, intentando convencer a su cabeza para que se relajase y ahondase en sus propios sueños. Pero había algo más que tenía que preguntar.

—Oye... el Equipo Ascuas hizo una buena carrera, ¿verdad? —preguntó Char.

—¿Eh? —respondió Saura—. El Equipo Ascuas no morirá...

—¿No renunciarás? —preguntó Char.

—Jamás... —dijo Saura—. La resistencia... es lo más entretenido que me ha pasado... Nunca voy a renunciar... jamás...

Saura no dijo nada más, pero sus últimas palabras hicieron que Char se sintiera muy feliz. Fue suficiente para dejar que embotara su nerviosismo y el agotamiento lo dominara.

... ... ...


...

...

...

¡No!

...

...

¡No! ¡La necesito! ¡No se la lleven! ¡La necesito!

Char se encontró en un lugar inquietantemente familiar.

Era el recuerdo otra vez, el mismo de siempre. Char vio a los dragones legendarios del tiempo y del espacio parados ante él. Vio la Poké Ball que Palkia sostenía ante él. Y vio... aquella garra que lo sostenía con firmeza...

¡Déjame ir! ¡DÉJAME IR!

Pero esta vez, una capa diferente de entendimiento fue gatillada en el recuerdo. Pues Char sintió, más que cualquier otra sensación en su sueño, una furiosa emoción que ahogó a todos sus otros sentidos.

¡DÉJAME IR! ¡DÉJAME IR! ¡DAME ESA BOLA! ¡POR FAVOR, OH, POR FAVOR! ¡DAME ESA BOLA!

¡ESA BOLA LO ES TODO!

Impotente, retenido dentro del cuerpo de su recuerdo, Char luchó por liberarse. Aquella bola contenía el peso del mundo. El peso del universo, tal vez. Esa bola era su propósito entero. Esa bola era su destino. ¡Desafiaría a los dioses por ella! ¡Asesinaría a Palkia por ella y se la arrancaría de las inertes manos del dragón! Era conducido por un anhelo tan fuerte, más grandioso de lo que jamás conoció, una poderosa locura que lo consumía. Pero, la garra lo sostenía firme, y no le dejaba desplazarse mientras se retorcía débilmente...

¡No! ¡No! ¡Por favor, no lo entienden! ¡Por favor! ¡Por favoooooor!

¡SOCORRO!

... ... ...


Los ojos de Char parpadearon. Se dio cuenta de que estaba despierto.

Miró a su alrededor, recordando en dónde se encontraba. Estaba en la habitación de otro equipo. Sus amigos estaban ahí con él.

Pero algo... algo... no estaba bien.

Char reflexionó sobre la apremiante experiencia que había sentido en su sueño. Entonces, la Poké Ball era muy importante para él. Eso era bueno saber. Su propósito era encontrarla, usarla para algo. ¿O quizá abrirla y liberar al Pokémon dentro? No podía descifrarlo, su furioso deseo de solo obtener la bola había sido demasiado grande como para comprender el motivo subyacente.

Char se sintió mejor. Una capa más de su recuerdo había sido revelada. Estaba más cerca de encontrar su propósito.

Pero...

Había algo más acerca del sueño. Algo... fuera de lugar. Algo... algo familiar. ¿Qué era esta punzada de familiaridad que sentía? ¿Qué era esta sensación que pensaba conocer? ¿Era... era algo cercano al final del sueño?

No...

Luego lo golpeó; en un momento de comprensión, supo exactamente lo que era.

No... ¡no puede ser!

Char sacó un tembloroso aliento mientras se levantaba de su lugar de sueño y gateaba hacia Saura.

—¡Saura! —siseó Char, dando un empujón al costado de su amigo para despertarlo rápidamente—. ¡Despierta! ¡Despierta!

—Errrrgh... ¿qué ocurre? —murmuró Saura, sus extremidades estrechándose y sus ojos abriéndose en parpadeos—. ¿Qué sucede, Char?

—Saura... Creo... No, estoy bastante seguro... ocurrió otra vez. La Llamada. Acabo de hacerla.

Saura emitió un jadeo. No le tomó mucho tiempo más despertarse.

—Caramba, ¿en serio? —exclamó Saura, sus ojos como platos—. ¿Estás seguro?

—Sí... estaba teniendo un sueño, y después...

Ray bostezó en voz alta, moviéndose a causa de sus sueños.

—¿Qué sucede? ¿Qué es lo que quieres? —murmuró Ray—. ¿Qué...? oh... uh... lo siento. Debo haber tenido un sueño raro...

—¡Ray! —jadeó Saura, dando un brinco hacia él y levantándolo con sus cepas—. ¡Char tuvo la Llamada otra vez!

—Oh... —murmuró Ray—. Espera... ¿qué? ¿Es por eso que me acabo de despertar? ¿Qué significa?

—Significa que tenemos que encontrar un lugar para escondernos ahora —recordó Char—. Bueno, quizá. La fortaleza es un lugar bastante grande. No creo que haya alcanzado lo suficientemente lejos para despertar a todos. Pero el Equipo Ruedafuego estará aquí pronto. Probablemente tendremos que–

Scythe irrumpió en la habitación, casi derribando la puerta. Estaba jadeando como si estuviera al borde de la muerte, y su expresión era de horror. Parecía como si hubiera visto un fantasma.

—¡Char! —jadeó Scythe sin aire—. ¡Acudo a tu llamada! ¡Pero ven, rápido! ¡Debemos correr!

—Sí, ya me sé el rollo —suspiró Char—. Terminemos con esto...

—¡Vamos, vamos! ¡No hay tiempo! —gritó Scythe—. ¡No hay tiempo! ¡Corran!

Preguntándose por qué Scythe estaba tan exaltado, Char correteó hasta su lado y lo siguió hasta el salón del Equipo Ruedafuego.

Y luego...

Hubo un chillido, como sacado de una pesadilla.

Una aparición emergió en el extremo del salón. Una grotesca y mutada figura. Era transparente, moviéndose en el aire como una sustancia gaseosa, chillando como un demonio mientras se aproximaba.

Le tomó un momento a Char notar que tenía una cara. Era un Pokémon fantasma.

Igualando el grito del fantasma, Scythe hizo zumbar sus alas y elevó sus cuchillas, acumulando energía brillante en ellas. Se disparó hacia el frente para atacar al horroroso Pokémon, su cuchilla de alguna forma dejando una abolladura en la incorpórea figura. Esquivó con cautela antes de volver a atacar, un par de veces más, hasta que el fantasma pareció evaporarse en una nube de humo.

—¡Vaya! ¡¿Qué fue ESO?! —exclamó Ray.

—Vi–Vigilante —jadeó Scythe, recuperándose del esfuerzo de la batalla—. Están... están viniendo...

—¡Eso... eso es imposible! —jadeó Ray—. ¡Los Vigilantes no vienen adentro!

—Sí lo hacen... cuando han... sido convocados por un llamado que no puedan ignorar —gruñó Scythe—. La última vez... la última vez que esto ocurrió, estábamos a kilómetro y medio debajo de la tierra, no podían escucharte lo suficientemente bien... pero ahora... están a punto de enjambrarnos... Y nada los va a detener...

Char se congeló en el lugar, el terror apoderándose de él. Él sabía, incluso aunque no tenía control sobre su poder, que acababa de hacer algo horrible. No sintió nada. No sabía qué sentir, o qué decir. Su mente solo le contaba una cosa:

Esto no puede estar pasando.

—Char... —suspiró Scythe con exasperación, negando con la cabeza—. ¿Qué es lo que voy a hacer contigo? Acabarás matándome, con todo...


Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.

Rak, eres todo un artista



.- Pokémon Mundo Misterioso: Resistencia Plateada -.

---> ¡Concurso en marcha! <---
¡No se lo pierdan!

Pásense por mi página de Deviantart: WillChar96


Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.

#106
Bueno Guillerm... nahh te dejo como Will, Guillermo es muy extenso xD; pensaba que tenias que saber mi sincera opinion de este fanfic, por eso lo extenso del 1er comentario. En fin, pasare a dejar el comentario sobre este cap:

Bueno, pienso que es necesario comentar tanto sobre la historia de Legend como lo que sucedio en este cap
- Muy interesante la "teoria" del autor sobre lo que es el mundo con humanos y pokemon en la antiguedad (no se como poner dieresis u.u), en los juegos no mencionan con tanto detalle como eran las cosas en esas epocas.
- Vaya, el autor hasta llego a inventar a un pokemon, aunque ya hace tiempo sabia de los fanarts sobre las "eeveeluciones" que hacen de todos los tipos. Para nombrar al de tipo dragon solo hizo falta unir la palabra "Wyvern" con el ya conocido "eon".
- Me parece que esa historia tiene mas relacion con Char de lo que el piensa, pero bueno, eso se sabra pronto (o eso espero).

Ahora a lo que sucedio en el cap:
- Asi que tenemos a una Bayleef, y como llegan a mencionar su nombre, supongo que algo tendra que hacer en la historia. Me pregunto si el autor incluira mas pokemon como personajes con algun papel importante.
- Mmm, el encuentro que tuvo Lily con Char no era lo que esperaba, me parecio que queria evitarlo.
- O_o, no jodas ahora les toca enfrentar a los vigilantes? y en esa situacion veo que tienen desventaja. Vaya metida de pata que, involuntariamente, hizo Char.

Bueno Will, espero el sgte. cap y recuerda: aqui nadie te apura.
#107
juan459:

Nah, por mí está bien, puedes hacer tu comentario de la longitud que quieras xD. No es muy difícil usar la herramienta "spoiler", solo tienes que lograr encontrarlo en la infinidad de botones del editor y ya está (?).

La historia de Legend es muy atrapante, ¿verdad? El autor mismo mencionó en una ocasión que Legend es uno de los personajes más entretenidos de escribir. Y como sugiere el nombre del personaje, creo que lo que él hizo fue más como inventar una historia, o una "leyenda". (Por cierto, la diéresis se inserta presionando shift más el acento, luego la u ---> ü).

Bueno, no es la primera vez que el autor se inventa un Pokémon xD. En uno de los capítulos anteriores también lo hizo, pero fue en otro contexto.

En el capítulo que publico aquí sabrás más sobre la Bayleef. Y sí, los Vigilantes aparecerán también O.O.

La verdad es que yo mismo me apuro para sacar los capítulos xD.

Gracias por seguir leyendo ^^




Nota del traductor:

Como la revisión del autor original es menos consistente de lo esperado, empezaré a publicar las versiones aún no revisadas de los capítulos para poder avanzar la historia.

Cuando el autor haga la respectiva revisión, le haré los cambios al capítulo y retiraré esta nota. Pero por ahora estará aquí la versión vieja del capítulo. Los cambios se limitan a algunos errores de tipeo y a agregar algunas descripciones o sacar otras, es decir, la escencia de la historia sigue ahí.





44. Capítulo 40: Pesadilla


Spoiler

Capítulo 39



Esto no puede estar pasando.

Char deseó que el fantasma que acababa de presenciar materializarse desde la pared fuera una alucinación. Algo irreal.

Pero había visto esos dementes ojos resplandecientes, y aquella cautivada mirada atraída a su silencioso llamado. Vio que el intruso fue derrotado por la cuchilla de Scythe.

Lo peor de todo, vio el terror en el rostro de Scythe. Este era un peligro con el que no sabía cómo lidiar. Todas sus batallas, su conocimiento, su experiencia de vida... nada de aquello podría haberlo preparado para esto. Era como un niño, atrapado y aterrorizado.

Char se sintió desconectado del mundo en donde se encontraba. No podía pensar, no podía sentir nada. No podía reconocer a sus compañeros que clamaban una respuesta de él. Esto no le estaba pasando.

Los Vigilantes estaban viniendo dentro. Dentro de las casas. En donde los Pokémon de la división dormían. Todos de ellos desprevenidos. Indefensos.

Y él lo había causado.

—¡Char! ¡Despierta! —ladró Scythe—. Este no es momento de quedarse asombrado. ¡Presta atención, o morirás! ¡Char!

Char gritó cuando una dolorosa descarga inundó su cuerpo, haciendo saltar a su inactivo corazón. Se tambaleó y cayó de espaldas, medio paralizado, con sus extremidades todavía convulsionando por el poder de la descarga. Ray se encogió en arrepentimiento por haber atacado con tanta dureza, la estática chispeando en sus zarpas.

—Char, tenemos que escuchar a Scythe ahora —dijo Ray, asiendo sus brazos y ayudándolo a levantarse—. ¿Char? ¿Estás bien?

—S-sí. Sí, ya... estoy aquí —replicó Char a través de sus apretados dientes—. Estaré bien... ¿Q-qué hacemos? ¿Scythe? ¿Podemos hacer algo?

—Todavía no lo sé —raspó Scythe, mirando la habitación a su alrededor—. Ahora depende del Equipo Ruedafuego. Ellos tendrán que ayudarnos. Deberíamos escaparnos de aquí y reagruparnos en el sótano del almacén. Ese es un refugio lo suficientemente cercano. Pero no sé cómo lo lograríamos. Correr hasta allí sería suicidio, a menos que el Equipo Ruedafuego tenga suficientes suministros a mano.

Char supo que a la mayoría de los miembros del equipo no se les tendría que preguntar para que vinieran. Los escucharon moverse tras las cerradas puertas, saliendo gradualmente de sus camas y emergiendo en el salón. Un Camerupt se mostró, pareciendo medio dormido. Un Heracross vino poco después, pareciendo igual de aturdido y perdido. Y luego estaba el Ninetales, quien irrumpió desde su habitación con tal vigor que Char tuvo que preguntarse si siquiera había estado durmiendo.

—¡La Llamada! ¡He escuchado la Llamada! —proclamó Legend a medida que daba un brinco en el salón principal—. ¡Estoy obligado! ¡Tal fuerza de crudo poder me obliga, me rapta como ninguno que haya conocido! ¿Quién me ha convocado? ¿Dónde está mi maestro quien me ha convocado en esta servidumbre incondicional? ¡Acudo! ¡Estoy aquí! ¡Aquí estoy! ¿Qué quieres que tu servidor haga?

Divisando a Scythe y su grupo, Legend se acercó.

—Eres de los persuasivos —le habló Legend con afecto a Char—. Como Scythe, yo poseo el poder de comprender la Llamada cuando la atestiguo. ¡Y nunca antes, nunca antes he visto y escuchado yo lo que tú has creado esta misma noche! ¡Nunca he atestiguado yo una fuerza tan cautivante! ¡Magnífica! ¡Legendaria! ¡Es un torbellino de fuerza, un poderoso tornado que estraga la tierra y se extiende a las nubes! ¡Me paro sobrecogido ante la magnitud de tu llamado!

—¡Legend! —siseó Scythe—. ¡Detrás de ti!

Un chillido perforó el aire cuando otro Vigilante apareció flotando desde una pared, sus ojos bien abiertos de la fascinación mientras apuntaba hacia el que lo había llamado. El deformado Haunter elevó una mano incorpórea hacia las colas de Legend.

—¡Baaah! —escupió Legend cuando se volvió para verlo—. ¡Miserables demonios!

—¡Char! ¡Atrás! ¡Quédate atrás! —ordenó Scythe mientras se enfrentaba al monstruo.

La habitación destelló con luz roja cuando Legend descargó su fuego en el fantasma, lo que pareció aturdirlo por un momento. Scythe atacó, más rápido que lo que el ojo podía ver, cortando a la cosa con su propia energía acumulada en el extremo de su cuchilla. Char estuvo asombrado por cómo Scythe y Legend mantenían distancia de la cosa, a pesar de que el fantasma no lanzaba ni siquiera un contraataque hacia ellos. Estaba meramente contento con flotar lentamente hacia adelante, emitiendo un grito innatural, como si fuera ajeno a sus atacantes. Char también estaba espantado por la cantidad de golpes poderosos que tomaba sojuzgar a este.

La lucha continuó por varios momentos, el Scyther y el Ninetales lanzándole todo lo que tenían, hasta que un ardiente puño hizo añicos a la demoníaca figura. Prince se paró en los gaseosos restos del Pokémon fantasma.

—¡Prince! ¿Tienes antorchas Solroca aquí? —demandó Scythe antes de que Prince pudiera decir una palabra.

—Sí —replicó Prince.

—Tráelas de inmediato —comandó Scythe—. En unos pocos minutos, este lugar estará infestado. Necesitamos escapar del punto focal y reagruparnos en otro lugar. ¡Cualquiera que quede en este edificio morirá! Legend, corre y despierta a todos. ¡Rápido!

Legend no dudó en seguir la orden, disparándose escaleras arriba tan rápido como sus piernas le permitieron. Prince también salió corriendo, dirigiéndose al armario para rescatar las antorchas. Scythe miró con cautela las paredes, esperando que más intrusos vinieran, antes de retornar su atención hacia Char y sus amigos quienes estaban acobardados con los ojos como platos en el rincón.

—¿Se han enfrentado a los Vigilantes antes? —cuestionó él—. Ray, sé que tú sí. Char, Saura, ¿qué hay de ustedes?

—N... nunca —respondió Saura—. Solo siempre... me mantenía lejos de ellos, justo como nos enseñaste.

—Entonces escuchen —ladró él—. Lo más importante es no tocarlos. ¡Sea lo que hagan, no dejen que hagan contacto con ustedes! ¡Si te tocan, te pueden hacer cualquier cosa! ¡Cualquier cosa! No hay forma de decir lo que te harán si se pegan a tu cuerpo. Podrían matarte en un instante, o peor... Podrían poseerte. Podrían borrar tu memoria. Podrían enterrarte en la tierra. Todas estas cosas le han ocurrido a Pokémon antes que han tratado de enfrentar a los Vigilantes. ¿Entienden?

—Sí —replicó el Equipo Ascuas al unísono con un sombrío asentimiento.

—Usen sus poderes elementales contra ellos —les recordó Scythe—. Son Pokémon fantasma. Así que si tienen que repelerlos, usa tu fuego, tu electricidad, tus cepas. Nunca ataquen a menos que la parte con que atacarán ya está llena de la energía blanca. No intenten atacar con fuerza directa, será inútil. ¿Entienden?

—Sí —replicó Char, forzándose a sonar seguro de sí mismo—. Pelearemos si tenemos que hacerlo.

—Fui un cobarde y me rehusé a entrenarles para pelear contra los Vigilantes —dijo Scythe hirviendo con enojo—. Ahora, tendrán que aprender el resto por experiencia...

Más miembros del equipo deambularon en el salón. Un Shuckle y la Bayleef llegaron de puertas cercanas.

—Oh, vaya, ¿estaba caminando dormido? —bostezó el Shuckle, colgando con pereza de su caparazón—. Ugh... no, ¿qué iba a hacer aquí afuera? Lo olvidé. Oh, ¿Lily? ¿Qué estás haciendo despierta a esta hora?

—No lo... No estoy segura —dijo la Bayleef, intentando abrir los ojos con parpadeos—. Pensé que Prince me llamaba para algo. Pero debo haber estado solo soñando... Ugh, ¿qué hora es? Voy a ser un cadáver mañana en la reunión...

Y luego la Bayleef abrió los ojos y notó a los otros en el salón principal. Vio a Scythe gritando duramente a Char como un padre reprendiendo a su hijo por haber hecho algo malo. La comprensión le golpeó.

—No... —jadeó ella, retrocediendo—. ¡Oh, no! ¡No, no, no, no! ¡No esto otra vez! ¡Por favor, no! ¡Todo menos esto!

—Espera, ¿qué? —preguntó el Shuckle—. ¿De qué hablas?

—Creo que Char hizo esto —respondió Lily con la mirada vacía—. Oh, no... ¡Estamos en serios problemas si los Vigilantes la escucharon! Oh, ¿por qué esto siempre tiene que ocurrir a la noche?

Lily tragó saliva pesadamente. No tenía ganas de ver a los Vigilantes otra vez, especialmente de esta forma. Viendo que el equipo ya empezaba a entrar en pánico, buscó entre ellos a Prince. Este era un momento en el que necesitaba quedarse cerca de su líder y seguir órdenes. Necesitaba trabajar con su equipo si quería sobrevivir.

Prince regresó del armario de suministros con prisa, llevando un gran mazo con un pedazo de roca montada en la parte superior. Scythe lo inspeccionó por un momento, nada complacido.

—¿Esto es todo lo que tienes? —estalló hacia Prince—. ¿Solo una? ¡¿En este edificio entero tienes solo una?!

—Son costosas, y raramente las usamos —replicó Prince—. Solo para emergencias.

—¡Bueno, yo diría que esto es tan malo como una emergencia como ya verás! —rugió Scythe, atrayendo a los otros miembros del equipo, quienes se reunieron alrededor del lío que causaba—. ¡No, esto no es bueno! Una no repelerá un enjambre así de denso. ¡Necesitamos al menos cinco!

Scythe se silenció por solo un momento, exprimiendo su mente por una respuesta. Echó vistazos a las paredes del edificio, que pronto fracasarían en proveer protección a todos los Pokémon ahí dentro. Finalmente, su vista cayó sobre Char.

—Prince, enciende la antorcha —ordenó Scythe—. Corre, y lleva a Char al sótano del almacén. Él debe sobrevivir, incluso si el resto de nosotros ha de perecer. ¡Ve, rápido!

—¡Espera, Scythe! —exclamó Char con sorpresa—. ¡¿Qué hay de ti?!

—Me reuniré contigo ahí, si puedo pensar alguna forma —respondió Scythe, la incertidumbre clara en su voz—. Tenemos al menos cinco minutos. Tendré algo de tiempo para pensarlo. Pero eres tú quien debe quedar fuera de peligro primero.

—¡No! —exclamó Char—. ¡No, tú ven conmigo! ¡No puedes quedarte aquí!

—¡Prince, ve! —ladró Scythe—. ¡Llévalo! Y si yo no lo logro... cuídalo en mi lugar.

Las palabras golpearon a Char como un puñetazo al rostro. ¿Lo decía en serio?

A medida que la comprensión le sobrepasaba, Char saltó para escaparse, pero Prince actuó rápido y lo capturó en sus poderosas manos, anclando al Charmander que se retorcía bajo su brazo.

—¡No! ¡Saura! ¡Ray! ¡Ayúdenme! ¡Por favor! —suplicó Char desesperado, intentando forzar el brazo del Infernape de su vientre—. ¡No pueden! ¡No pueden quedarse aquí! ¡Tienen que venir conmigo!

—Char... escucha a Scythe—dijo Saura severamente, sin mover un músculo—. Tú eres el que tiene que vivir. Ve con Prince. Sobreviviremos si podemos.

—¡Pero no! ¡No! ¡No lo lograrán si se quedan! —gritó Char.

Fue entonces cuando incluso el mismo Prince dudó. Para él, el griterío de Char ya no se escuchaba. Notó a su equipo parado firme en el oscurecido salón, a cada rostro que resplandecía en la danzante luz roja de su corona. Vio sus miradas de confusión y preocupación, y supo que cada uno de ellos estaba dispuesto a servirlo, a pelear a su lado para soportar esta dificultad. Pero... por su propia elección, se había cruzado caminos con Char, lo había atraído a la División Esmeralda, y ahora, era él el único capaz de mantener al joven...

Quebrando su trance, desvió su mirada de ella.

—Iré —dijo él—. Scythe... ¡que Cresselia esté de tu lado en esta terrible noche!

Sin dejar que el inquieto Char escapara, Prince asió la antorcha con su otra mano y la sostuvo sobre el fuego de su corona. Una vez que se encendió, se disparó hacia la puerta y no miró atrás.




Fuerte Esmeralda Oscuro



Con solo la ardiente antorcha para proporcionar refugio, Prince emergió en la letal noche, sosteniendo al Charmander en su pecho. Char no vio nada, sus ojos casi enterrados en el cálido pelaje del Infernape. Solo sentía cómo su cuerpo botaba violentamente en el lugar, el Infernape corriendo con toda su fuerza... Solo escuchaba los sonidos de los pies del Infernape colisionando con la piedra de abajo, y los sonidos del cielo. El cielo estaba repleto de horribles sonidos, los sonidos de los despertados Vigilantes enjambrándose en las proximidades, lamentándose y gimiendo en sus innaturales maneras, buscando lo que habían visto en sus sueños de vigilia...

—Quieto —le ordenó Prince, sosteniéndolo con más fuerza—. Quédate quieto. No mires hacia arriba. Mantén cerrados los ojos. Mantenlos cerrados...

Char hizo lo instruido, cerrando con fuerza sus ojos, forzando a que cayeran unas pocas lágrimas por su rostro. Continuó escuchando los gemidos y arrullos de los fantasmas, algunos a casi centímetros de distancia. Sintió que el Infernape realizaba maniobras difíciles mientras corría, esquivando y brincando de formas inesperadas...

Y sintió el frío del viento de la media noche contra su desnuda piel, hincándolo y arañándolo justo como el congelador lo había hecho. Sintió que lo drenaba de su esperanza.

—Quieto, quieto, quieto... —seguía diciendo Prince—. Ya casi estamos ahí, ya casi. Lo vamos a lograr...

Char los vio.

Aunque sus ojos estaban cerrados, vio a los fantasmas en su propia imaginación. Estaban enjambrándose. Rodeando el edificio que se asemejaba al salón de su propio equipo. Vio que atacaban, en números incontables, fluyendo en aquel diminuto edificio como una cascada.

—No te retuerzas —gruñó Prince, su voz vibrando a través de su pecho—. Quédate quieto... ya casi estamos ahí, Char... ¡!

Char sintió que su cuerpo fue sacudido hacia arriba por una repentina fuerza. Hubo un siseo. Pelea bajo sus pies. Movimiento en cualquier dirección concebible. El asimiento de Prince lo exprimió tan fuerte que se sintió como si sus huesos se romperían.

—¡Fuera, demonios! —bramó Prince—. Char, está bien... Estoy bien... Solo una cuadra más... Estaremos a salvo...

“¡Están viniendo demasiado rápido!”, escuchó a Saura exclamar con desesperación, quien retrocedía de un entrante cúmulo de determinados Vigilantes. “¡Ya no podemos retenerlos! ... ¡Scythe! ¡¿Scythe, qué hacemos?! ¡Tenemos que irnos ahora! ¿Cómo nos salimos de esta?”

“No... no lo sé...”, jadeó Scythe, deteniéndose en medio de la batalla para recuperar el aliento. “Yo... no lo sé... No hay salida... el momento que salgamos por esa puerta, se cernirán sobre nosotros... no... no hay escapatoria...”

Vio la horrorizada comprensión sobre el rostro de Saura.


—¡Saura, no! —jadeó Char—. ¡Saura!

—Tranquilo —dijo Prince—. Tranquilo. Quédate quieto.

“Entonces, es certeza”, proclamó Legend para todos en la habitación. “Aquí, esta noche, ¡cada uno de nosotros dará su último aliento! ¡No dejen que sea un aliento desperdiciado! ¡Dejen que los dragones legendarios presencien nuestro valor esta noche final, el valor de los Pokémon que lucharon por proteger la Llamada! ¡Aunque seamos olvidados, dejen que nuestro legado viva por el poder de la Llamada, la Llamada que cortará el dominio del Maestro! ¡Por esta causa hemos vivido, y ahora, por esta causa déjennos morir! ¡Yérganse altos! ¡Yérganse orgullosos, como los Pokémon legendarios que son! ¡Y peleen!”

“Esto es todo, ¿eh?”, dijo Saura en blanco. “¿Así es cómo morimos?”

“Nunca...”, gruñó Ray. “¿Recuerdas la misión en la Fisura Hierro? ¡Nunca aceptes tu destino! Si hay una pequeñísima chance en la que podemos ganar, ¡tenemos que ganárnosla! ¡Pelearemos como el Equipo Ascuas pelea! ¡El fuego NO MORIRÁ!”

“¡Hasta que la ÚLTIMA ASCUA SE APAGUE!”, respondió Saura, ganando su último asalto de coraje. “¡Pelearemos! ¡Por Char!”

“¡Por la Resistencia!”, dijo Ray, su electricidad revistiendo su cuerpo.

“Ah...”, suspiró Scythe, escuchándolos. “Optimismo frívolo... Je je... puede ser divertido a veces. De acuerdo, fantasmas. ¿Quieren destruirme? ¡Les va a costar! ¡En garde!”

Y vio, uno a uno, cómo los Vigilantes rodeaban a los Pokémon ahí adentro y terminaban con hasta la última vida. Observó cómo Saura daba su último aliento, cómo Ray caía peleando, cómo el magnífico espíritu de Scythe se quebraba y se dejaba abrumar, cómo Legend quedaba en la esquina y despreciaba a los fantasmas desde los cuencos de sus pulmones a medida que lo superaban, cómo Lily colapsaba intentando sacudirse las abominaciones sobre ella... Y cómo todos los otros miembros del Equipo Ruedafuego que nunca había visto, o conocido, perecían...


—Llegamos.




Instalación del Almacén P-2



Char brincó ante el sonido de la voz de Prince. Su cara goteaba lágrimas por las intensas visiones que su mente había conjurado. Vio que habían llegado al sótano del almacén, el espacioso pasillo al cual Prince lo había traído previamente aquel día antes de guiarlo hasta el congelador. Estaba igual de desolado y fresco como solía estarlo, excepto por los deslumbrantes rayos de luz solar que emanaban de la antorcha que Prince todavía llevaba. Casi sin aliento, Prince colocó suavemente a Char en el duro suelo, en donde este colapsó contra la puerta del congelador. Su garganta se sentía apretada, su cara pálida, sus ojos le quemaban con aflicción.

—¿Qué es lo que hice? —jadeó Char, sin respiración.

—No has hecho nada —le contó Prince, fijando la antorcha detrás de una manija de puerta—. No compartes culpa en esto. Esta es la gravedad del poder con el que has nacido. Por siglos, los Pokémon han luchado por domar este poder y entenderlo. Ninguno ha tenido éxito. Permanece fuera de nuestro control, fuera de nuestro entendimiento. Llama a su propia voluntad, cuando menos lo esperamos, cuando menos lo deseamos, como la cólera de un dios. Si es por algo, esto es mi culpa.

—Prince, vuelve —le suplicó Char al Infernape con una voz quebrada—. Todavía–todavía tienes esa antorcha. Vuelve y–y salva a los otros.

—No —dijo Prince, paseándose ante Char—. No puedo.

—¡¿Por qué?!

—Porque eso no es lo que Scythe me pidió que hiciera.

Char intentó dar una respiración profunda, pero su corazón estaba latiendo tan rápido y su pecho temblaba tan incontrolablemente que su intento fue sofocado. Sus pulmones estaban funcionando por sí solos, haciendo constantemente cortos y dolorosos jadeos que no podía controlar.

—¡Pero Scythe–no lo–no lo logrará! —jadeó Char.

—¡Scythe no es un Pokémon estúpido! —exclamó Prince con enojo en respuesta—. Todavía le sobra tiempo. Podría descifrar una forma de escapar antes de que se acabe. Eso dependerá de él, ahora. No hay nada que podamos hacer.

—¿Entonces tú solo–solo lo dejarás morir?

—Char, ¿en serio piensas que por un momento esto es fácil para mí? —gruñó Prince—. ¿Cuántos Pokémon eran queridos para ti en ese edificio? ¿Tres? ¿Es esa cantidad lo que has tenido que dejar atrás? Yo tuve que dejar nueve. Tuve que dejar nueve de los míos en ese lugar, nueve de los más fieles y talentosos Pokémon que el mundo ha conocido alguna vez, nueve Pokémon por los que estaría contento de morir en una noche como esta, pero decidí que tú eras más importante que todos ellos. ¿Cómo crees que eso me hace sentir, Char?

Casi explotando de la rabia, Prince se abstuvo de decir más. Acabó con su incesante movimiento y miró fijamente el suelo, apretando con fuerza sus manos. Char no dijo nada en respuesta, sus continuos jadeos de llanto apenas dejándole respirar.

—Además, el enjambre se ha vuelto más espeso —dijo él después de una pausa—. Empeoró, mientras estaba corriendo... Solo apenas logramos llegar aquí. Esta sola antorcha será impotente para repelerlos ahora. De otra forma... si sabía que tendría oportunidad, hubiera vuelto.

—¿Cómo–cómo lo logrará? Solo no–solo no hay forma —divagó Char, con ojos vidriosos.

—Él lo logrará —le aseguró Prince, viniendo a sentarse a su lado contra la puerta del congelador—. Tiene la intuición de un dios. No me hubiera enviado aquí si no tuviera algo en mente. Le daría unos cuantos minutos más antes de darle por muerto. Se ha salido antes de situaciones difíciles...

No así de malas..., quiso decir Char, en lugar de eso dejando que un tenso silencio permaneciera por un momento. Yo vi su cara... él sabía que no lo iba a lograr... Así que se aseguró de que yo me escapase...

—Pero si tienes razón —dijo de repente Prince, su voz más oscura—, si tienes razón, y fracasa en escapar, una posibilidad que no puedo negar, entonces tú y yo estaremos solos en este mundo. Solo los seis que estaban afuera en la misión sobrarán en mi equipo, pero ellos no retornarán en meses, y no sabrán lo ocurrido hasta entonces... Justo como tus amigos ya no estarán para ayudarte...

Char intentó no escucharlo. Era una mentira. Todo tenía que ser una mentira.

—... En los días venideros, necesitaremos encontrar confianza en el uno al otro —dijo él solemnemente—. ¿Tendré tu confianza?

Char perdió los estribos. Explotó de rabia.

—¡¿Confianza?! —reverberó él, poniéndose de pie en un salto, su flama rugiendo—. ¡¿Confianza?! ¡¿Querías que yo confiara en ti?! ¿Es eso todo lo que querías? ¡Tenías exactamente lo que querías desde el comienzo! ¡Esto es lo que querías! ¡Por esto me trajiste aquí y me metiste en el congelador! ¡Solo querías alejarme de Scythe y mis amigos para que pudieras ganar mi confianza! ¡Bueno, él ya no está! ¡Todos ellos ya no están! ¡Y ahora me tienes solo para ti! ¡¿Ahora estás feliz?!

—Char, nunca deseé el mal sobre ellos —le gruñó Prince de vuelta, alzando su propia voz—. No me acuses de querer esto. Nunca fue mi intención separarte de nadie. Todo lo que quería era ayudarte. Me forcé a acompañarte porque sabía que no podrías sobrevivir si ibas al norte sin mí. Nunca habrías completado el primer tramo del viaje. No sé por qué, pero Scythe se rehusó a verlo, así que tuve que hacer que tú lo vieras en cambio. Es por eso que te traje al congelador y te enseñé qué se siente humear, porque es así como hubieras muerto. En Zerferia no hay calor. Me necesitarías para sobrevivir. Entonces dime, ¿acaso hice mal en desafiar persistentemente los deseos de Scythe, para que pudieras estar a salvo? ¿Acaso hice mal en desear que te encontraras a Dialga con vida? ¿Acaso hice algo malo?

—¡Ni siquiera tendrías que haberme traído aquí! —estalló Char con su voz más potente, apretando sus garras como si estuviera a punto de estrangular a Prince—. ¡Ni siquiera te importo! ¡Todo lo que te interesa es la Llamada! ¡Solo querías ser el que consiguiera que la Llamada funcione! ¡Solo querías usarme! ¡Y ahora todo está destruido por tu culpa! ¡Justo como con Lily! ¡Justo como lo destruiste todo con ella! ¿Querías que confiara en ti justo como ella confió en ti? ¡¿Dónde está ella ahora?! ¡¿Dejaste que muriera en esa casa solo porque yo estoy ahora aquí?! ¡¿También vas a dejar que yo muera?!

Prince frunció el ceño—. ¿Cómo... escuchaste sobre Lily? —demandó él, profundamente conmocionado—. Aunque supongo que ya no importa ahora. Un número de Pokémon pudo habértelo contado. Imagino que habrá sido el mismo Scythe, viendo cómo ha estado intentando ‘protegerte’ de mí... Pero sí, tienes razón... Dos veces, he intentado cargar con el poder de la llamada como mi propia responsabilidad. Dos veces, me abrumó. He jugado con fuego, como los humanos lo pondrían. Me he quemado. Pero antes, con ella, estaba en posición de hacer un sacrificio, y hacer enmiendas... Esta vez, no estoy en posición de hacer nada, excepto continuar y terminar lo que Scythe comenzó. Yo asumiré la culpa por lo que sucedió esta noche. No sé en dónde eso me posicionará en este mundo. Pero cuidaré de ti, como Scythe lo deseó.

—Yo no–no quiero que cuides de mí —sollozó Char, su voz perdiendo fuerza cuando sus lágrimas comenzaron a sobrepasar su enojo—. Los quiero de vuelta...

Sintiéndose exhausto hasta el fondo, cayó de vuelta en los brazos de Prince, quien lo aceptó y lo sostuvo con cuidado.

Intentó cerrar los ojos, esperando que el sueño le ayudara a olvidarse de todo hasta que sus amigos arribaran sanos y salvos, pero las imágenes todavía destruían su mente, desgarrando su alma...

“¡DUELE!”, exclamaba Saura mientras un fantasma gigante se colaba en su frente. “¡ALGUIEN, AYÚDEME! ¡ES TAN FRÍO! ¡NO PUEDO... NO PUEDO MOVERME! NO... NO PUEDO...”

Pero nadie escuchaba sus gritos... nadie salvo Char...


Char agitó su cabeza, sacudiendo las horrendas ideas que su imaginación le presentaba. No las necesitaba, solo le causarían más dolor...

—El Maestro ha hecho cosas peores que esta —susurró Prince—. Cualquiera que viva en la resistencia sabe qué tipos de tragedia y dolor él trae. Debemos aprender a conllevar el dolor, y mirar hacia el mañana. El mañana vendrá, a pesar de todo, y traerá nuevos Pokémon con quienes estar. Y cuando recordemos a aquellos que murieron, no debemos lamentarnos por ellos, sino preguntarnos qué hubieran querido que hiciéramos nosotros en su lugar.

—No lo entiendes —dijo Char—. Yo los necesitaba... Porque ellos–ellos son los únicos que me conocen...

—No alegaré que soy capaz de reemplazar a Scythe —dijo Prince con gravedad—, pero te doy mi palabra de que lo intentaré. Con cada fibra, lo intentaré...

—No, Prince, no, no es eso —dijo Char débilmente—. Ellos son los únicos–que saben que–yo soy humano.

Prince parpadeó, tomado con la guardia baja por aquellas palabras—. ¿A qué te refieres? —dijo él simplemente.

—Soy un humano —dijo Char de nuevo, con menos vacilación—. Estoy atrapado en el cuerpo de un Charmander.

Prince bajó la mirada hacia él, la confusión flotando en sus ojos por un momento, intentando decidir qué hacer con el alegato del Charmander.

—Te llamaría delirante —dijo Prince—. ¿Qué te ha dado esa idea? ¿Cómo puedo creer que eres otra cosa más que un Charmander?

—¿Por qué crees que sé sobre la cultura humana? —desafió Char—. Porque fui humano alguna vez. Era mi propia cultura.

—Encuentro eso difícil de creer —admitió Prince—. ¿Cómo fundamentas que esto es posible? ¿De qué cultura solías ser? ¿Cómo te transformaste?

—No lo sé —dijo Char honestamente—. Todos mis recuerdos se me fueron quitados, y desperté en una cueva. Saura me encontró ahí. Y él siempre ha estado ahí para ayudarme. Pero eso es todo. Solo estaba yo, en este cuerpo que no sé cómo usar, y no sabía cómo llegué hasta allí, o quién era, o de dónde había venido. Todo lo que recuerdo es que solía ser humano, y que me encontré con Dialga antes, y él me dijo algo, pero no recuerdo qué fue. Es por eso que quería ir a la Torre del Tiempo. Para preguntar a Dialga qué estoy haciendo aquí.

Prince parecía atónito, solo zumbando por un momento considerándolo.

—No me importa si no me crees —dijo Char—. Saura y Ray me creían. Scythe incluso lo averiguó de alguna forma. Todos ellos sabían. Y todos ellos me estaban ayudando a descifrar quién soy y de dónde vine. La Llamada nos unió, pero no es por eso que vinimos a la Torre del Tiempo, o por lo que eran mis mejores amigos. A ellos no les importaba realmente que tuviera la Llamada. Ellos lo hacían todo por mí, porque soy un humano.

Prince se quedó mirando al pequeño Charmander en sus brazos, directo a sus ojos como si fuera a atrapar algún indicio de deshonestidad. Pero no había ninguno. Él sabía que Char no tenía razón para mentir en un momento como aquel. Sabía también que era el gesto de confianza de Char revelar la verdad oculta que llevaba con él. Recordó cómo el Charmander había actuado, todos los extraños manierismos tan similares a los suyos, las figuras retóricas humanas que había usado, la forma en que lo había sobresaltado que lo comparase con un entrenador Pokémon...

Cuando otro momento hubo pasado, Prince comprendió.

Char vio cómo un destello de respeto o asombro pasaba por el semblante del Infernape. Mirando con atención sus ojos, también notó la fuerza del corazón de Prince, quizá más fuerte que incluso el de Scythe, a medida que el anciano guerrero retenía sus lágrimas, lágrimas que luchaban por prevalecer.

—Entonces —murmuró Prince, desviando la vista—, es cierto. Sí hice algo malo.

Suspirando, asió con más fuerza el tembloroso cuerpo de Char, y lanzó un arrepentido vistazo a la antorcha entibada en la manija de la puerta del congelador.

—Si yo lo hubiera sabido, hubiera hecho como pediste e ido de vuelta por ellos —le dijo a Char—. Siempre he obedecido los comandos de un humano antes que los de un Pokémon, siempre... Pero es demasiado tarde ahora. Lo lamento. Los fantasmas me desollarían en el momento que pusiera un pie fuera de la puerta. Pero iré, si eso es lo que quieres. Quizá eso es lo que merezco.

Char cerró los ojos y dejó que su cuerpo se pusiera flácido, sin proferir respuesta. Prince lo acunó como a un infante, frotándole suavemente la espalda mientras dejaba que su mente digiriera una nueva oleada de pensamientos.

—Me temo que tengo poco que ofrecerte —continuó Prince—. No tengo nada más que la promesa de mi equipo y que puedo dedicar el resto de nuestras vidas en ayudarte a buscar sobre tu origen. Puedo comenzar con llevarte a ver a Dialga. Puedo entrenarte en todas las formas que conozco. Ha... pasado tanto tiempo desde que he servido a un humano, que he olvidado ese tipo de humildad... Pero si me dejas, lo intentaré.

—Espero que vengan —Char profirió en un roto susurro—. Ellos tienen que venir...

—Dales un poco más de tiempo —le aseguró Prince—. Llegarán aquí pronto... quédate quieto, y aguarda...

... ... ...


“¡Han vuelto por mí!”, exclamó Ray de forma arrogante. “Tenían que terminar lo que comenzaron, ¿verdad? Bueno, adivinen qué. ¡Ya no soy un Pikachu! ¡Soy más fuerte! ¡Pueden llevarme, pero yo me llevaré a algunos de ustedes también!”

Con un grito a los cielos, el cuerpo del Raichu se iluminó en una bola de energía eléctrica. Atrayendo cargas estáticas de todo a su alrededor, se volvió tan brillante como el sol, sobresaltando a los fantasmas que intentaban acercarse a él. Luego, con una temeraria embestida final, se lanzó hacia el muro de fantasmas, abriéndolo cuando una docena de Vigilantes retrocedió por el ataque...

... Pero se ondearon y se volvieron a cerrar, engulléndolo. Una sacudida de dolor y demencia atravesó su determinado y enérgico espíritu, y profirió sus últimas palabras a medida que las calinosas pieles de un centenar de fantasmas lo cubrían...

“Tan... f-frío...”


Char inhaló. Estaba exhausto, tan exhausto como para empujar aquellas vívidas imágenes de su mente. Su cuerpo estaba demasiado cansado como para moverse, su mente demasiado lastimada como para descansar. Todo lo que pudo hacer fue esperar, y esperar, mientras los momentos continuaban pasando sin signo alguno de sus amigos...

Y siguió esperando, soportando la quietud y el silencio...

Soportando su ausencia...

Pero la espera duraba demasiado.

Vino el punto, una tácita aceptación entre ellos dos, que nadie vendría. Había pasado minutos, demasiados minutos. Quince. Quizá treinta. No los había estado contando, pero Char supo que suficiente tiempo ya había pasado. A menos que hubieran encontrado un camino diferente, Scythe no había venido como lo prometió...

Estaba hecho. No podía pretender que todavía tenían una oportunidad.

Ya no estaban.

Era como un frío puñal mal afilado rebanando el corazón de Char en ese momento. Le lastimaba de forma física, con una dosis de dolor a través de su columna y de cada nervio. Intentó despegar su mente del dolor, para concentrarse en sus latidos, o en la respiración de Prince, o la agudeza del fuego en la habitación, pero el poderoso dolor le carcomía, y no se detenía...

—Por las fantasmales tinieblas de la noche —tarareó con suavidad Prince—. Nos escondemos en las esquinas, mantenemos la vela, a salvo y cerca. Y dejamos nuestros ojos sobre el cielo oriental. Pues allí... allí brillarán los perforantes rayos del alba, para matar a los remanentes del pasado... para iluminar el camino otro día más... y ayudarnos a continuar...

Ya no estaban.

Todavía no podía creer que aquello no era una terrible pesadilla. Esto no podía estar pasando. Esto no podía ser real.

—¿Prince?

—¿Sí, Char?

—¿P-podrías... llevarme al congelador? —preguntó Char dócilmente—. Quiero humear...

—Hmm... Si eso es lo que quieres, no te lo voy a negar —dijo Prince en un susurro sincero—. Pero entiende, que si quieres humear para aliviar tu dolor, este volverá con mucha más fuerza que antes...

—No me importa —dijo Char—. Solo... solo no quiero sentir nada ahora mismo...

—Muy bien —dijo Prince, colocando a Char en el suelo para poder levantarse—. Ven...

Prince jadeó. Sus orejas se crisparon, y se paró perfectamente quieto.

—Escuché algo —reportó él—. Una voz.

—¿En serio? —aulló Char sorprendido, sus ojos iluminándose—. ¿Los escuchas? ¿Están viniendo?

—¡Shhh! ¡Silencio! —siseó Prince, mirando por todos lados en la oscuridad más allá de la luz de la antorcha—. No lo entiendo, pero... ellos podrían ya estar aquí. Creo–creo que escucho sus voces...

Lleno de nueva esperanza, Char se puso de pie de un salto y escuchó al silencio por su parte. Prince deambuló hacia el oscuro pasillo, deteniéndose justo después de unos cuantos pasos. Cerró sus ojos, concentrándose...

—Podrían ser solo otros Pokémon —dijo él—, pero... no lo entiendo. Hay solo dos entradas a esta cámara, una a cada lado del corredor, pero... igual... escucho... ¡Imposible! ¡Char! ¡Por aquí!

Prince se bajó a cuatro patas y se lanzó a la oscuridad hacia el extremo opuesto del corredor, y Char lo siguió de cerca, encontrando nuevas fuerzas en sus músculos en donde parecía no haber antes. Prince corría erráticamente, vacilando de vez en cuando para echar vistazos de derecha a izquierda con una perpleja expresión en el rostro.

Y luego Char lo oyó. No supo de quién era la voz, pero era inconfundible: muy tenuemente, como si estuviera detrás de una sólida pared de metal, alguien estaba pidiendo ayuda a gritos. Alguien que él reconoció. Su aliento se detuvo, y no continuó.

—¡Aquí! —exclamó Prince, lanzándose rápidamente a una de las puertas del congelador—. ¡Escucha!

—... ¡hola! ... ... ¿Prince? ... ¿Hay alguien ahí...? ¿Pueden dejarnos salir, por favor...? ¡Hace mucho frío aquí!

Los ojos de Prince se abrieron tanto que pareció estar listo para desmayarse de la incredulidad.

—¡Imposible! —jadeó él, agarrándose la parte superior de su cabeza—. ¡No lo entiendo!

Sin esperar otro momento, Prince destrabó la puerta del congelador y tiró de ella. Una corriente de gélido aire frío pulsó en el rostro de Char, causando que se encogiese. Pero cuando volvió a abrir los ojos, los vio parados en la abierta entrada:

Scythe. Y Saura. Y Lily. Todos estremeciéndose incontrolablemente por el frío, descolorados y congelados, pero felices de seguir vivos.

Char pensó que sintió su corazón detenerse en seco.

Scythe salió con calma al pasillo, pareciendo agitado pero aliviado. Los otros dos Pokémon se dispararon del frío como conejos asustados, Lily brincando a los brazos de Prince, y Saura casi echando a Char al suelo cuando lo atropelló.

—Ahhh, estás calentito... —suspiró Saura, presionando su frente contra el vientre de Char, la misma punta de su bulbo ya tornándose marrón y su cuerpo cubierto de polvo de escarcha.

El alivio ahogó su dolor. El júbilo barrió su agotamiento. Char abrazó el bulbo de Saura y no lo soltó. Era cierto. ¡Todo sí había sido solo un mal sueño! ¡Desde el inicio supo que no podía haber sido real! Pero la pesadilla ya había terminado, y ahora aferraba a su vivo amigo.

—Lo lograste —susurró él, habiéndose quedado sin lágrimas para soltar de la felicidad—. Estoy tan feliz... Pensé que me quedaría solo... ¿Cómo ocurrió? ¿Cómo se escaparon?

—Yo–ya sabes, no lo sé realmente —admitió Saura—. En un momento tenía mucho frío, y luego la siguiente cosa que supe fue que tú estabas ahí...

Nada podía importarle menos a Char. No dijo nada más, contento con dar a Saura toda la calidez que él necesitaba para descongelarse.

Prince sostenía a Lily de la misma manera, la escarcha que se había acumulado sobre su hoja ahora volviéndose rocío.

—Lo siento tanto, Lily —le dijo a ella—. Nunca debí marcharme. Nunca más... Nunca más...

—No fue tu elección —devolvió Lily—. Está bien. Hiciste lo que tenías que hacer. Estoy bien ahora.

Con su mente dando un brinco de vuelta a la realidad por el momento, Prince elevó su cabeza y ojeó a Scythe, quien yacía ante ambas reuniones, observándolos con irritación.

—Los otros —demandó Prince—. ¿Dónde están los otros? ¿Están a salvo?

—Deberían estar aquí —respondió Scythe categóricamente—. Quizá deberías verificar el otro lado.

Prince no captó muy bien lo que quiso decir, hasta que un sorpresivamente ruidoso sonido apareció desde el corredor, amortiguado detrás de otra puerta de congelador.

—¡Déjennos salir, alíviennos! —exclamó—. ¡O pronto nos encontraremos con la blanca luz! ¡Piedad, Articuno! ¡Piedad! ¡Prince, tienes que escucharme! ¡Por favor, líbranos de aquí, mientras empuñe el último hilo de mi cordura!

—¡Legend...! —jadeó Prince. Partió de Lily y correteó por el pasillo, abriendo el congelador opuesto al primero. Más Pokémon congelados salieron, incluyendo a Legend, Ray, y un Tyranitar.

—¡Baaah! ¡Horrendo frío! ¡Como si los fantasmas no fueran suficientes! —declamó Legend, sacudiéndose la nieve del congelador de su pelaje—. ¡¿Es que esta noche insiste en intentar apagar mi flama?!

Ray divisó a Char y a Saura, y se acercó a ellos con rapidez. Parecía haberse quedado sin aliento, jadeando corta y pesadamente, y su electricidad todavía estaba viva por todo su cuerpo. Le tomó a Char un momento darse cuenta de que él había llegado, y verlo solo reaseguró su alegría y alivio por la seguridad de sus amigos. Las palabras le fallaron, y encontró que solo pudo sonreír.

Ray retornó la sonrisa, aunque de forma débil.

—¡¿Cómo es esto posible?! —demandó Prince de Scythe, totalmente desconcertado—. Yo esperé, y vigilé ambas entradas. ¡Les había dado por muertos! ¡¿Pero entran así a través del congelador?! ¿Cómo–? ¿Cómo lograron un escape tan milagroso?

Scythe comenzó a responder, ¡pero fue interrumpido cuando una brillante bola de luz apareció en el mismo centro del pasillo, flotando en el aire! Un timbrado la acompañó a medida que crecía y se alargaba, como un etéreo óvalo, emitiendo una misteriosa luz azul sobre las paredes del túnel...

Hubo un cegador destello, y el óvalo ya no estaba, pero en su lugar yacían tres Pokémon más: un Camerupt, un Shuckle, y un Heracross.

—¡Por el cuerno de Tangrind, me he rozado con la muerte! —exclamó el Heracross—. ¡Los gritos todavía suenan en mis oídos!

Prince observó, anonadado, cómo el Heracross recuperaba el aliento, cómo el Camerupt jadeaba y suspiraba, y cómo el Shuckle se arrastraba a través del lugar para encontrarse con Lily. Todo después de haber aparecido del mismísimo aire.

—Teletransportación... —murmuró Prince con júbilo, dándose cuenta de la verdad—. ¡Se teletransportaron!

Apareció luego otro resplandeciente óvalo muy cerca del anterior, causando que el Camerupt se moviera del camino. Prince observó, con ojos deslumbrados del deleite, cómo cada último de sus atrapados compañeros de equipo era traído de forma segura al asilo de aquel sótano, sus nerviosos murmullos como música para sus oídos.

Los últimos tres miembros del Equipo Ruedafuego se materializaron: un Weavile, un Flareon, y finalmente... un Smeargle, pareciendo bastante orgulloso de sí mismo.

—¡¿Kabir, aprendiste a teletransportarte? —se rio Prince—. ¡¿Cuándo fue esto?!

—Algo así como hace un año, cuando visitamos a Alakazam —explicó Kabir, agitando su cola de lado a lado—. Aunque, aparentemente no he practicado lo suficiente. Apenas conseguí apuntar a este lugar, e incluso entonces deposité a la mitad de todos en los congeladores. Pero tiempos desesperados exigen riesgos, ¿no?

—Efectivamente, lo hacen —dijo Prince cálidamente.

Prince parpadeó, y sus primeras lágrimas fueron finalmente liberadas de sus ojos, cayendo por el costado de su rostro y mojando su pelaje. Lágrimas de felicidad.

Pero supo que, por más afortunado que fuese que todos estuvieran a salvo, la noche estaba lejos de acabar.

... ... ...


—¡Ahora! —anunció Scythe, silenciando la plática en la habitación y atrayendo toda la atención hacia él—. No pretenderé ser su líder, pero sí reclamo que he pasado más noches peleando contra los Vigilantes que ustedes, así que escuchen. Hemos llegado hasta aquí, pero este no es un lugar seguro para quedarse. Los Vigilantes no han terminado de enjambrarse, encontrarán la forma de entrar aquí, y estaremos en una posición peor que la anterior. Debemos huir más lejos. De la fortaleza si es posible. Un poco más cerca y arriesgaremos que nos rebasen. Prince... ¿conoces algún refugio fuera de la fortaleza?

—Ninguno en el área inmediata —respondió Prince, acercándose a él—. Solo el sótano del Bastión de Rayquaza. Pero no tenemos chances de entrar allí, especialmente si ya ha sido cerrado. Sería mejor intentar alcanzar el Distrito Uno.

—Eso no será fácil —dijo Scythe—. Kabir. ¿Podrías intentar teletransportarnos hasta el Distrito Uno?

—¡Si no te importaría que te dejara a cientos de metros en el cielo, o quizá dentro del suelo, entonces sí, eso está bien dentro de mi poder! —exclamó Kabir sarcásticamente—. Scythe, odiaría ser un deservicio para ti en un momento tan crítico como este, ¡pero no soy un Pokémon psíquico! Solo he aprendido a imitar el poder en un nivel básico sobre distancias bastante cortas. Estoy lejos de dominarlo.

—Bien. Me imaginé que nunca es así de fácil —gruñó Scythe—. De acuerdo, entonces déjanos. Toma nuestra antorcha, usa tu poder de cualquier forma posible para ayudar a sobrevivir esta noche a los otros Pokémon de la fortaleza. ¿Has aprendido alguna técnica que utilice el poder oscuro?

—Soy bastante capaz de repeler a unos cuantos fantasmas, sí, Scythe —retornó Kabir con irritación—. Y sí, con gusto arriesgaría mi vida teletransportándome en las casas para liberar a otros Pokémon en lugar de luchar por la seguridad de mi propio líder de equipo. ¡Otra vez! ¡Ya que al parecer él no desea mi ayuda!

—Kabir, está bien —le dijo Prince, asintiendo—. Ve, haz lo que él dice.

El Smeargle suspiró, lanzando a Prince una mirada mortal. A regañadientes, caminó pesadamente por la habitación y asió la ardiente antorcha solar. Frunciendo el ceño para concentrarse, su cuerpo se revistió de luz, la cual cambió su forma hasta que pareció fina y deformada. Con otro destello, la luz se dispersó y él ya no estaba. La habitación se llenó de sombras, con solo Prince y Char proveyendo luz.

—Ahora, llegar al Distrito Uno será el problema —continuó Scythe, la roja luz parpadeante sobre su rostro—. Debemos enfrentarnos a los Vigilantes. No hay forma de evitarlo. Requeriremos de Solrocas. Y si este edificio no cuenta con un suministro más grande de Solrocas que ustedes, dimito mi esfuerzo.

—Por supuesto que sí —confirmó el Weavile, levantando la voz—. Este edificio sirve como unidad de almacén para los equipos de la fortaleza. Tendremos acceso a todos sus suministros si sabemos en dónde buscar.

—¿Sabes en dónde buscar? —preguntó Scythe.

—Por supuesto —replicó él—. Esta no sería la primera vez que he forzado las cerraduras en espacios de otros equipos...

—Jum —susurró Saura a Char—. Weavile... ¿acaso son todos ellos unos rateros?

—Prácticamente —respondió Lily de manera cortante.

—Bien —dijo Scythe—. Trabaja en eso. Podría haber fantasmas en los salones de arriba, atento. Necesitaremos todas las antorchas que podamos encontrar. Si el camino está despejado, guíanos. Si no, haz viajes y tráelas por turno.

—Ajá —gruñó el Weavile antes de despegar velozmente hacia la puerta.

—Luz suficiente los repelerá, incluso en su enloquecido estado. De otra forma todavía estarían afuera ya pasado el alba —continuó Scythe—. Cinco combinadas debería ser suficiente para parecerse a la vista del sol, o al menos suficiente para mantenerlos a raya. Todo Pokémon con manos o garras necesitará transportarlas. Prince, con eso me refiero a ti y el Weavile y el Heracross.

—Yo puedo transportar una, si es necesario —ofreció Lily, presentándole sus cepas—. Aunque solo una.

—Yo puedo mantener una llama —notó el Camerupt—. Si las rocas son lo suficientemente pequeñas, puedo transportarlas dentro de mí y quemarlas.

—No pensé en eso —dijo Scythe—. Camerupt. ¿Cuál es tu nombre?

—Iel —respondió este.

—Bien, Iel. Si lo que dices es cierto, tú podrías ser un faro lo suficientemente brillante para todos. Entonces nos dividiríamos en dos equipos. El segundo equipo se quedará aquí en la ciudad para asistir a Kabir en sus intentos de rescate; si vamos a robar estas antorchas de otros equipos, sería mejor si se usaran para salvar las vidas de sus dueños legítimos. El primer equipo escoltará a Char hasta el Distrito Uno.

—Y Lily —insistió Prince—. Lily vendrá al Distrito Uno con nosotros. No me separaré de ella otra vez.

—Primero veremos cuántas rocas están a nuestra disposición, si es que siquiera nos vamos a dividir —retornó Scythe—. Luego hablaremos sobre quién estará en cada equipo. Entiende que, sin importar qué tan brillantes nuestros faros sean, todavía habrá Vigilantes que enfrentarán sus miedos y arremeterán en nuestra esfera de luz. Contra esos, deberemos luchar.

—¡El primer subsuelo parece despejado! —llamó el Weavile desde la puerta por la que había salido—. Ahí es donde la mayor parte del almacén de suministros está. ¡Vamos! Podría no ser seguro por mucho tiempo.




Instalación del Almacén P-1



El grupo se apiñó a medida que marchaba por un tramo de largas rampas al siguiente piso, tensos y listos para defenderse en cualquier momento. Ahí, el Weavile había conseguido abrir varias de las puertas de los compartimientos de almacenamiento, de los que volvió con al menos una docena de las preciosas rocas fijadas en palos. Pronto estuvieron encendidas, y repartidas a todos los Pokémon capaces de sostenerlas. Rayos tan fuertes como los del sol emanaban de las ardientes llamas, y pronto fue difícil de distinguir que todavía era de noche. El Weavile quebró las rocas de un par de antorchas y consiguió cargarlas dentro del cuerpo de Iel, en donde este las mantuvo y aguardó para producir la llama.

—Ugh —le murmuró Lily a Char, encogiéndose como si se hubiera mordido el labio—. No tengo ganas de hacer esto... Odio, odio a los Vigilantes... los aborrezco...

Char no pudo estar más de acuerdo.

Pronto, demasiado pronto al parecer, todos se prepararon para avanzar en aquella terrible noche. Scythe estaba al frente de la procesión, con Prince a su lado sosteniendo dos de las antorchas, y se giró hacia la multitud.

—Estamos a punto de subir a la planta baja —anunció Scythe, su figura ahora tan brillante como el día—. Probablemente habrá fantasmas en los pasillos. Nuestra luz podría repelerlos, pero no bajen la guardia. Char, y Lily: no quiero que ustedes peleen. Quédense cerca de Iel, para que podamos protegerlos. El resto de ustedes: atiendan a los fantasmas que se atrevan a acercarse, ¡y destrúyanlos con rapidez! No podemos permitirnos que se acerquen demasiado. Cada momento es vital.

—Una vez que estemos afuera, iremos hacia la izquierda por la calle —agregó Prince, apuntando hacia la dirección indicada—. Luego entraremos al callejón detrás de la mansión Hawthorn, retomaremos el camino hacia el norte, y dejaremos la fortaleza. El Distrito Uno está a diez kilómetros al nornordeste. Si seguimos el camino, y mantenemos un paso constante, deberíamos alcanzarlo con facilidad dentro de la hora, y refugiarnos.

—¿Deberíamos dividirnos en dos grupos, como sugeriste? —preguntó el Heracross—. ¿Cómo deberíamos hacerlo? ¿Y desde qué punto deberíamos separarnos?

—Hmm... si las condiciones son favorables, nos separaremos en las puertas de la ciudad. Prince y yo continuaremos hacia el Distrito Uno. Mis seguidores vendrán conmigo, así como Lily, tú, Weavile, y tú, Heracross, para sostener las antorchas. El resto de ustedes, quédense atrás en la luz de Iel, y hagan lo que puedan dentro de las paredes de la ciudad. De esa forma, Iel no tendrá que seguirnos el ritmo en la ruta del norte.

—Ajá, entendido —dijo el Weavile.

El equipo confirmó el plan, y Scythe se giró para comenzar el éxodo del piso subterráneo.

—Lo lograremos —les dijo Ray a sus amigos—. Esto estará acabado antes de que lo sepan. Lo vamos a lograr.




Instalación del Almacén PB



El equipo caminó escaleras arriba, ojos mondados en busca de problemas, con Char y sus amigos bien juntos en el centro de la procesión. La puerta del lado norte yacía en el mismo extremo del largo pasillo. Avanzaban a paso lento y constante, ojeando cada pared por peligro. Char sintió pavor cuando se dio cuenta de que las continuas canciones de los Vigilantes podían ser escuchadas nuevamente a través de las paredes de la instalación. Se mantenía muy cerca de la luz.

Iel comenzó a revolver las rocas, adicionando su propio fuego al cuerpo de luz que rodeaba al equipo. Char casi tenía que entrecerrar los ojos para evitar quedar ciego; la luz radiaba hacia todos lados por el reflectante metal que alineaba la pared.

—Ehhh, oh, esto... esto es muy caliente —comentó Iel, encogiéndose unas cuantas veces cuando la combustión comenzó.

El equipo avanzaba arrastrándose, en silencio y concentrado. Solo las antorchas se quemaban, y los horrendos sonidos del cielo aparecían en el aire...

—Esta es una buena señal —dijo Prince—. No hay fantasmas aquí. Quizá no están tan concentrados como temíamos.

Antes de que Prince pudiera respirar luego de haber dicho esas palabras, cinco Vigilantes manaron del techo y flotaron por el pasillo, causando que todos soltaran un jadeo de la sorpresa y se prepararan para luchar. Estos fantasmas, sin embargo, eran totalmente silenciosos, y no prestaron atención a la luz solar o a los Pokémon dentro de ella. El equipo se congeló mientras se alejaban flotando, observándolos con cautela...

—¡Atrás! —aulló Legend con urgencia.

Char se volvió para ver a un Gastly flotar muy cerca de la luz, volviéndose transparente a medida que se aproximaba. Intentó con toda su fuerza no entrar en pánico, acobardándose detrás de todos los poderosos Pokémon que estaban allí para protegerlo.

—¡A él! —exclamó el Weavile—. ¡Todos!

Varios miembros del Equipo Ruedafuego hicieron lo instruido, arremetiendo contra el fantasma y agobiándolo. La Tyranitar gruñó y casi lo atropelló con su cuerpo, apaleándolo poderosamente con la parte trasera de su garra. El Weavile saltó y lanzó una cuchillada. El Flareon apuntó y lanzó fuego. La batalla estuvo acabada en segundos, ya que el fantasma pareció perder su anclaje a la realidad y se desvaneció en la luz solar artificial.

—Bien —asintió Scythe, satisfecho con la rápida eliminación del fantasma—. Ese fue uno débil. Pero bien. Ahora continuemos.

Char se sintió un poco más cómodo, viendo el poder de los Pokémon que lo protegían. Dio un aliento profundo, forzándose a mantenerse de pie y en movimiento.

Luego del enfrentamiento, el ritmo por el pasillo se aceleró, y finalmente estuvieron tras las puertas principales que llevaban afuera.

—Vamos —comandó Scythe—. Acérense. Prince... abre la puerta.

Prince hizo lo pedido, colocando una de sus antorchas en el suelo, y sosteniendo la otra con cuidado frente a él a medida que se acercaba a la salida. Con un gruñido de esfuerzo, puso su mano sobre ella y empujó, abriéndola con fuerza.

Y el exterior...

... era un horrible espectáculo por presenciar.

Eran incontables. Absolutamente incontables. El cielo era más oscuro que el negro, repleto de las translúcidas figuras de miles de Pokémon fantasmas fluyendo como un interminable banco de peces. Las calles del Fuerte Esmeralda se asemejaban a torrentes sanguíneos, el suelo y los edificios apenas visibles bajo el flujo. Algunos de los demonios resplandecían con una tenue luz espiritual, titilando entre la fantasmagórica niebla. Sus gritos de excitación nunca cesaban, armonizándose en un solo chirriante y ensordecedor acorde. Algunos captaron inmediatamente la vista de los Pokémon y se lanzaron hacia ellos, solo para desviar sus cursos por el intenso resplandor de la Solroca y rebotar de vuelta en la multitud.

Por un momento, los trece heroicos Pokémon se quedaron quietos, cautivados por la imposible escena, sintiendo que sus estómagos daban un vuelco de silencioso terror. Sus respiraciones se detuvieron, y las palabras les fallaron, a medida que solo presenciaban en contra de qué tenían que estar. Sus esperanzas fueron desafiadas. El poder de la Llamada era insondable.

—Cambio de planes —profirió Scythe, quebrando la estupefacción—. Nos mantenemos juntos, todo el camino hasta el distrito.

Hubo un asentimiento de silenciosa comprensión. Prince se inclinó para recuperar su antorcha, y luego lenta, cuidadosa, y temerosamente, dio los primeros pasos de fe en la noche. Amontonándose muy cerca uno del otro, y sosteniendo las antorchas en alto, los otros lo siguieron.




Fuerte Esmeralda Oscuro



La combinada luz de las Solrocas fue suficiente para separar el mar de Vigilantes y permitir el paso, pero al costo de que la demencia fuera casi indistinguible de la realidad. Char supo ahora por qué Prince le había dicho que mantuviera cerrados los ojos antes: la escena de lo que lo rodeaba era casi suficiente para congelarlo hasta matarlo por los escalofríos que bajaban por su espalda. No había otra forma de describirlo: estaba atrapado en una pesadilla. Atrapado en una burbuja de luz, que iluminaba el terreno circundante como si fuera mediodía, en medio de una circunstancia que Arceus jamás hubiera permitido existir sin una desastrosa equivocación.

Cuando Saura le ofreció una cepa para que la sostuviese, la estrujó con fuerza, como si fuera su última chance para despertar de aquel surreal mundo.

—¡¿Por dónde?! —preguntó Iel—. No veo nada.

—Aquí —dirigió Prince, blandiendo sus antorchas al frente del grupo—. La ruta está aquí.

—Uhhhh... Mi estómago... —se quejó Saura—. Creo que podría estar enfermo...

—Solo... solo mira el suelo, ¿de acuerdo? —sugirió Lily—. Mira el suelo y pretende que hay sol, sin fantasmas...

—¡Por arriba!

—¡Lo veo! ¡El Misdreavus!

—¡A él!

Alas zumbando, Scythe tomó vuelo y acuchilló al Misdreavus que descendía intrépidamente sobre el grupo. El Weavile también se movió con rapidez, trepando por el cuerpo de la Tyranitar y saltando, cortando al fantasma con poder oscuro para derrotarlo.

—¡Hay más! —exclamó Legend—. ¡Targan! ¡Junto a ti!

Char desvió la mirada y se aferró a Saura, casi inclinándose en el pelaje del Camerupt.

—Lo tengo.

—¡Sobre ti!

—¡Concéntrate! ¡Golpéalo!

Char optó por mirar nuevamente por un momento, y captó un vistazo muy perturbador: la Tyranitar había capturado de alguna forma a un Pokémon fantasma en sus zarpas, y estaba intentando arrancarle la cabeza a mordidas. Bajó rápidamente la mirada de nuevo al suelo.

—Cuenta tus pasos también —dijo Lily—. Cuantos más pasos, más avanzamos...

Esa es buena idea, se dio cuenta Char. Bien... uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis–

—¡HAUNTER!

—¡Te hirieron!

—¡Arceus! Raiden, ¿estás bien?

—Viviré...

Doce, trece, catorce, quince–

—¡Hay demasiados! ¡No van a parar!

—¡Tenemos que seguir moviéndonos, o esto nunca acabará!

—¡LILY!

Lily entró en pánico, gritando estridentemente, cuando un Shuppet casi descendió sobre ella. Dio un brinco hacia atrás, arremetiendo prontamente y soltando un gran pilar de energía solar hacia el fantasma, haciéndolo estallar. Char gimió de la sorpresa, perdiendo la cuenta, y no se preocupó por comenzar otra vez.

—¿Alguien está herido? —demandó Scythe.

—Creo que me quemó, pero–estaré bien —respondió el Weavile.

Y entonces... el suelo se sacudió. Hubo un sonido retumbante, como el colapso de un edificio en algún lugar próximo. La partida se detuvo en seco y miró hacia el origen del ruido, aunque fue imposible ver qué lo había causado.

—Prince, ¿qué fue eso? —preguntó Scythe con preocupación—. ¿Tienes alguna idea?

¡CRASH! Otra colisión, más cerca incluso, haciendo que el suelo se estremeciese. Como una piedra golpeando el pavimento. El fuerte sonido consiguió hasta ahogar los lamentos de los fantasmas.

¡Crash! Otra, más lejos, pero en la dirección opuesta a la primera.

—¡¿Qué es eso?! —demandó Scythe otra vez, enfadado. Sus ojos se dispararon de lado a lado, buscando frenéticamente una respuesta.

¡Crash! ¡Bam! ¡Brum! El sonido se intensificó en todas direcciones, rodeando al grupo...

Con una fuerza que pudo haber partido a la tierra en dos, y un sonido que pudo haber sido un rayo, una roca al rojo vivo se estampó desde el cielo directamente enfrente al grupo, haciendo que Char perdiese el equilibrio. Yació allí, mitad hospedada en el suelo, bullendo y humeando...

Scythe parpadeó. La roca había golpeado un gran número de Vigilantes cuando cayó, creando un vacío en el aire encima de ellos. Levantó la mirada.

El aire sobre su cabeza estaba limpio de fantasmas. Docenas de meteoros al rojo vivo caían como lluvia, golpeando y aniquilando a cualquier fantasma que acertaban. Y en el medio de esta recién creada burbuja de aire vacía, volaba un Pokémon dragón, sus veloces alas zumbaban agregándose a la canción de los Vigilantes, su cuerpo resplandeciente de energía.

—Hermoso clima tenemos esta noche, ¿no lo creen? —llamó Naxi.

—Es Naxi... —dijo Lily—. Nunca pensé que estaría tan encantada de verlo.

Jadeando del esfuerzo, Naxi bajó hasta los rayos de luz y se detuvo a reposar.

—¡Naxi, muy bien hecho! —se rio Prince—. ¡Tus meteoros son un respiro de aire fresco contra estos enemigos!

—Destruí una instalación o dos con ellos —admitió Naxi—. Estaba investigando en los alrededores cuando esto comenzó. No vacilé en derrotarlos.

—¡Apenas diría que eso es un problema en este momento! —dijo Legend—. ¿Tienes alguna noticia de los otros equipos? ¿Están sobreviviendo?

—Me encontré con otros, y parecen estar manteniendo su posición —reportó Naxi—. Por supuesto, los muertos no reportan, así que no lo sé. Estaba haciendo reconocimiento por otros cuando avisté su luz.

—Estamos huyendo de la fortaleza —explicó Scythe—. Nos vamos al Distrito Uno. ¿Nos acompañarías?

—Si tienen que huir por su preciada carga, entonces huyan —gruñó Naxi, indicando hacia Char—. Pero yo no huiré, no mientras la fortaleza está siendo destruida.

—Entonces escóltanos hasta las puertas de la ciudad, al menos —demandó Scythe—. Será más fácil para nosotros a partir de allí.

—Me pareció que lo estaban haciendo bien por su cuenta —retornó Naxi—. Debo descansar por un momento, así que les seguiré. Cuando pueda atacar otra vez, me iré... ... Interesante, pusieron a Iel a quemar piedras solares en su espalda. Eso... es un espectáculo. ¿Pero se dan cuenta de que toda esta piedra solar es suficiente para equivaler a los ahorros de mi vida? ¿La cuenta de quién repondrá esto?

—Este no es momento para estar hablando de dinero —siseó Scythe—. Es momento de sobrevivir. ¡Movámonos!

Continuaron moviéndose. Fue más fácil esta vez, ya que los ataques previos de Naxi hicieron que los fantasmas se dispersaran del aire circundante, pero el alivio fue efímero. Antes de que siquiera dos docenas de pasos hubieran sido hechos, los Vigilantes llenaron el vacío y el grupo de guerreros se enfrentó a otro denso muro de ellos.

—Dusclops —murmuró Prince.

Scythe se sacudió del susto—. ¿Dónde? —ladró él, su mirada disparándose—. ¿Ves a un Dusclops?

—Ahí —dijo Prince, señalando hacia adelante, indicando a un fantasma particular a unos cuantos metros en el suelo.

—Un Duskull evolucionado —reconoció Scythe con gravedad—. Esos... son raros entre los Vigilantes.

—Bueno, no es sorpresa en una concentración así de pesada, deberíamos estar viendo algunas formas inusuales —notó Legend—. Nunca he visto uno de esos antes. ¿Son peligrosos?

—Los más mortíferos que conozco —raspó Scythe en voz baja—. Una vez perdí a un compañero de equipo en una batalla contra uno. Prince, si es que siquiera se crispa hacia nuestra dirección, tenemos que contraatacarlo con todo lo que tenemos. Ataques proyectiles. No se acerquen. Este se defiende, y no conoce el temor.

—¡Ataques a distancia! —ladró Prince atrás a su equipo—. ¡Kindle! Necesito tus llamas. Legend, lo mismo. Preparen un ataque de lanzallamas. Raiden, ¿puedes conjurar hielo? ¡Subo! ¿Puedes intentar lanzarle ácido?

—Oye, suena a que necesitan ayuda —le dijo Ray a Char—. Necesitan ataques a distancia. Los ataques eléctricos son los mejores ataques a distancia. Voy a ayudarles.

—De acuerdo, ten cuidado —le dijo Char.

—Nah, ese fantasma es el que tiene que tener cuidado, cuando haga caer un rayo del cielo —dijo Ray con una sonrisa afectada—. No te preocupes por mí.

Ray se disparó hasta el otro costado del Camerupt para unirse al grupo del frente.

—Jeh, él te pidió permiso —dijo Lily—. Eso es considerado de su parte.

—Sí, no soy el mejor líder de equipo, la verdad —dijo Char—. A veces hasta olvido que soy el líder. Es como si los tres fuéramos los líderes del equipo a la vez. Es solo que tratamos de ponernos de acuerdo.

—Hmm, me gusta esa manera de llevar un equipo —dijo Lily—. Me pregunto cómo sería formar parte de un equipo así...

—Esa es la forma en que Scythe lleva el suyo —explicó Char, disfrutando de aquella distractora discusión—. Cuando Scythe nos entrenó, nos mostró cómo su equipo funcionaba. Ellos operan como una unidad. Así que cuando hay una reunión, todos tienen voz y voto–

Hablando de su equipo, Char se giró reflexivamente atrás hacia Saura, preguntándose si él quería participar en la conversación. Lo que vio fue que Saura parecía medio dormido, cansado por los eventos de la noche, y flotando hacia la parte trasera del grupo, como si siempre olvidara seguir caminando.

Allí, directamente sobre la cabeza de Saura y descendiendo con velocidad, y resplandeciendo con un extraño matiz de azul en la luz de las llamaradas de la Solroca, estaba un Haunter.

Para Char, el tiempo pareció detenerse.

—¡Saura! —gritó frenéticamente—. ¡Saura! ¡Corre!

Saura pareció confundido. Parpadeó, sin entender.

—¡SAURAAA! —gritó Char tan fuerte como pudo.

Salió corriendo al rescate de su amigo, sin importarle que no supiera qué hacer. Era todo lo que podía hacer. Y vio que el demonio competía con él por Saura, mucho más rápido que lo que sus piernas podían transportarle.

Vio que el demonio se apoderaba de Saura. Vio que el cuerpo de Saura se estremecía cuando el fantasma lo cubría, envolviendo su cuerpo alrededor de él, penetrando su piel...

—¡NO! —lloró Char, dando un salto final.

Sus garras se cerraron. Las sintió aferrarse a la pata de Saura a medida que colisionaba con el suelo.

Y luego todo se puso negro.




Día.

Una serena mañana de primavera.

Pájaros cantando contentos desde los árboles. Animales correteando a través del pasto.

Un largo y tortuoso camino de tierra.

A lo largo del camino, dos Pokémon viajaban, felices en la compañía del otro. Estaban de excursión. Una larga, larga excursión. Pero era una excursión divertida. Pudieron ver un montón de nuevos lugares en el camino, un montón de nuevas ciudades y bosques y Pokémon que nunca había podido ver habiendo pasado la mayor parte de sus vidas en casa.

El Pokémon más pequeño era una Bulbasaur, y una muy joven. Correteaba por el terreno con alegría, tomando todo el aire fresco y el espléndido paisaje, siguiendo al otro Pokémon a donde fuera que iría. Acababan de ir a la costa juntos, ¡y fue el viaje de su vida! Le encantó juguetear en las crecientes mareas, le encantó el brillo del temprano amanecer en el interminable océano, y soltó un gritito de deleite cuando los Krabby se encaramaron en los banquillos y llenaron el aire con coloridas burbujas. Pero después de una semana en su agradable vacación, estuvo encantada de estar de camino a casa otra vez.

El otro Pokémon era un Ivysaur, una criatura mucho más grande que su pequeña hermana. Oscuras manchas estaban esparcidas en su azul cuerpo escamoso, y su semilla había florecido en un frondoso capullo floral, una madura planta que le otorgaba mucha más fuerza que la semilla bebé que había tenido antes de evolucionar. Por lejos más sabio e inteligente que su hermana, él era su guardián, guiándola por la ruta, cuidándola, y manteniéndola a salvo.

—¡Saurvor! —exclamó la pequeña Bulbasaur—. ¡Tengo hambre! ¿Podemos parar a comer? Quiero una manzana.

—Lo siento, Saurlee —respondió el Ivysaur, girando la vista hacia ella—. Tenemos que ganar tiempo. ¡Nos quedaremos en Nincadia esta noche!

—¡¿Nincadia?! —exclamó la Bulbasaur—. ¡Ese no es el camino correcto! Pensé... ¡pensé que nos íbamos a casa! ¿Saurvor? ¿Por qué nos vamos a Nincadia? ¡Yo quiero ir a casa!

—Escucha... ¡Nincadia es un lugar genial! —dijo Saurvor con una radiante sonrisa—. ¡Lo amarás! ¡Tienen miel! ¡Y manzanas con sabor a canela!

—Pero no quiero ir a Nincadia —se quejó Saurlee—. ¡Dijiste que iríamos a casa después de la playa! ¡Eso es lo que dijiste luego de que saliera de la cárcel también! ¡Ya no quiero ir de excursión! ¡Quiero ver a mami y a papi otra vez! ¡Tengo que contarles que Saura está bien!

—Saurlee... —murmuró el Ivysaur, bajando el ritmo, y llevando una expresión de vacilación.

—¡Vamos, Saurvor! ¡Lo prometí! —le dijo Saurlee, dando brincos frente a su cara—. ¡Le prometí a Saura que lo haría!

—Saurlee, lo siento, pero... —dijo él, sucumbiendo a un profundo suspiro y desviando la mirada un poco—. Tienes... en serio tienes que entender algo.

—Oh... ¿qué? —preguntó Saurlee.

—No podemos ir a casa por un largo tiempo —dijo Saurvor—. Tenemos–tenemos que pretender que casa no existe por un tiempo.

Saurlee pareció confundida—. ¿P–por qué? —preguntó ella—. ¿Qué hay de mami y papi? ¿Y de los otros?

—Están todos bien —dijo Saurvor—. ¡Ellos también están de excursión por el mundo! Igual que nosotros. Excepto que fueron a lugares diferentes. En algún momento, quizá en unas cuantas estaciones, ¡podemos ir de nuevo todos a casa y hablar sobre todas las cosas geniales que vimos en las excursiones!

—Oh... —dijo Saurlee, todavía confundida—. Pero... ¿por qué... por qué solo no podemos ir todos juntos?

—Porque Saura... hizo lo que hizo —suspiró el Ivysaur.

—Oh... ¿porque se escapó? —preguntó Saurlee—. Oh... pero él dijo que era feliz. ¡Él dijo que tenía un trabajo muy bueno!

—Pero el Maestro no está feliz con él —explicó Saurvor—. El Flareon volvió, y... dijo que teníamos unas cuantas semanas para encontrarlo. Y no pudimos hacerlo, así que... bueno, todos nos marchamos de casa porque el Maestro está realmente enojado con nosotros, y no queremos que nos atrape.

—... ¿Oh? —jadeó Saurlee, intentando comprenderlo.

—Y ya que el Maestro nos podía encontrar en casa, nosotros... nos marchamos, para que no nos pudiera encontrar.

—Oh... de acuerdo —dijo Saurlee, pensándolo—. Así que... todo esto... ¿es a causa de Saura?

—Me... me temo que sí —respondió el Ivysaur con suavidad—. Aunque, no es todo tan malo, ¿verdad? ¡Pudimos ver un montón de nuevos lugares!

—¿Pero cuándo podremos volver a casa? Dijiste que podíamos volver en unas cuantas estaciones, ¿verdad?

—Quizá —dijo Saurvor con una nueva sonrisa, comenzando a caminar con su hermana una vez más—. ¡Quizá podamos hacer una nueva casa en otro lugar! El Prado Chico se estaba poniendo un poco aburrido, ¿no crees?

—¡Sí, era muy pequeño! —dijo Saurlee.

—Así que quizá, si encontramos un lugar genial para vivir, ¡podemos decírselo a los otros, y esa podrá ser nuestra casa nueva! —dijo Saurvor, sonriéndole nuevamente—. Entonces, vayamos a Nincadia ahora, ¿de acuerdo?

—De acuerdo —dijo Saurlee, a medida que se alejaban caminando por el sendero—. Cuando encontremos una nueva casa, ¡encontremos una que tenga cuevas! ¡Me encantan las cuevas!

—¡Oigan! ¡Char se está despertando!




Char se movió. Algo le dijo que había dormido por un tiempo muy largo, aunque todavía sentía un dolor de cabeza llenando su frente por el agotamiento.

—¡Char! ¡Caray, estuviste desmayado por una eternidad! —dijo Ray, empujándolo y ayudándolo a levantarse—. ¡Estamos a salvo! Todos logramos llegar al Distrito Uno. Estamos en un búnker. Los Vigilantes no nos atraparán aquí.

—V... vigilantes —profirió Char—. Vigilantes...

—Los Vigilantes fueron un enemigo formidable, pero prevalecimos, y te preservamos —dijo Naxi, su cabeza cerniéndose en la visión de Char.

—Se quedó —dijo Char, consiguiendo abrir los ojos a medias.

—Lo hice —dijo Naxi con un asentimiento—. Después de todo, fuiste tú el que me ‘llamó’ por ayuda, ¿no? Luego de salir por el techo de la sala común, el primer lugar al que me sentí obligado ir fue a la morada de Prince. Fue en eso cuando entendí lo que había ocurrido. Además... luego de que el Haunter se enclavara a tu amigo y les hiciera perder el conocimiento a ambos, tuve que ayudar a transportarte a la seguridad.

—¡Saura! —jadeó Char, sentándose y mirando alrededor—. ¿Está él bien?

—Durmiendo como una roca —dijo Naxi, apuntando hacia la figura de Saura yaciendo quieta, justo al lado de él—. O... tal vez él ha escogido levantarse, también.

Era cierto. Saura se retorcía, moviendo sus piernas, y empezaba a murmurar y asentir. Estaba volviendo a sus sentidos.

—Saurlee... Saurlee... —murmuró él—. Saurlee, soy yo. Saurlee... No. No. ¡No! ¡No!

Los ojos de Saura se abrieron de golpe. Parecía presa del pánico.

—¡Saura, está bien, estás a salvo ahora! —le dijo Ray, dándole una palmadita en la cabeza—. Estamos en el Distrito Uno. Estamos en un búnker–

—¡NO! —gritó de repente Saura, con los ojos como platos—. ¡NO!

—¡Vaya, cálmate! —suplicó Ray—. ¡Saura, está bien!

—¡No, no lo está! —aulló Saura, todavía en pánico total—. ¡Yo–yo–yo hice esto! ¡Yo hice esto! ¡No! ¡Soy–soy–soy un fugitivo! ¡Mi familia es fugitiva! ¡Los destruí! ¡Los destruí!

—¡Saura, oye! ¡Escucha! —le dijo Char, viniendo a darle un consolador abrazo—. ¡Saura! ¡Yo también vi ese sueño! ¡Saura, solo fue una pesadilla! ¡Era falsa!

Saura latigueó una cepa hacia el avance de Char, azotándolo en la cara. Le dolió.

—¡Auuu! —exclamó Char de la sorpresa, agarrándose la nueva cicatriz en la nariz—. ¡Oye! ¡No hagas eso!

—¡No, es real! ¡Todo es real! ¡Tiene que serlo! —jadeó Saura, hiperventilando, con lágrimas fluyendo de sus ojos como cataratas—. Saurvor... salió de vacaciones... ¡estaban huyendo! ¡El Maestro volvió! ¡El Maestro va a matarlos! ¡Matarlos a todos! ¡Mi familia! ¡El Maestro está tras mi familia! ¡Yo hice esto!

—¡Saura, por favor! —intentó Char otra vez, elevando la voz, aunque temeroso de acercarse— ¡Escúchame! ¡Fue un sueño! ¡Escucha! ¡El fantasma hizo eso! ¡Eso fue solo algo que inventó para asustarte! ¡No pudo haberlo sabido! ¡Solo usó cosas de tu propia mente para asustarte!

—¡Noooo-oooo! ¡Todo es cierto! ¡Yo les hice esto! —divagó Saura en un vacilante llanto, ojos cerrados con fuerza, mientras convulsionaba en el suelo—. ¡Soy un fugitivo! ¡Todos ellos son fugitivos! ¡El Maestro está tras ellos ahora, y todo es mi culpa! ¡Yo lo hice!

—Char... —dijo Ray con incredulidad—. Creo... creo que el Vigilante estropeó la mente de Saura...

Char miró hacia la figura de Saura que se retorcía, consternado.

—Eso es lo que yo diría, por lo que se ve —dijo Naxi—. Tiene que ver a un psíquico lo antes posible, o su cordura podría quedar comprometida por el resto de su vida.

—No, Saura... —jadeó Char—. Oh, no... tenemos que ayudarle. ¿Hay algún psíquico por aquí?

—Lo más probable es que no encuentres a ninguno hasta el amanecer, debido al clima de esta noche —dijo Naxi, girándose para dejar la habitación—. Hasta entonces, deberán resistir.

—No, no, no, ¡no, NO, no, no! Saur–Saurlee... Vuelve... te quiero...

Char apretó los dientes. No podía creer que una noche pudiera ser tan cruel con él. ¿Ahora, había dañado la cordura de su mejor amigo?

Observando a Saura contorsionarse y luchar en el piso, forcejeando con un enemigo inexistente, Char se preguntó: ¿podría él superar esta tragedia, también?

—Ray... ¿puedes paralizarlo? —le preguntó Char tristemente—. Para que no lastime a nadie...

Ray hizo lo pedido, y Saura dejó de moverse, pero sus ojos se quedaron abiertos como platos. Eran ojos aterrorizados, todavía emanando lágrimas. Char miró en ellos, sintiéndose casi tan desconsolado como él.

Sin importarle que fuera en contra a la voluntad de Saura, Char lo abrazó fuertemente, y le dijo que todo estaría bien.

... ... ...


Scythe y Prince observaban desde una ventana en un edificio cercano, mirando el horizonte sureño. Los Vigilantes todavía dominaban el cielo, y en los destellos de los poderosos ataques de Pokémon, vieron que una nube embudo de fantasmas aún residía sobre la silueta del Fuerte Esmeralda en la distancia.

—¿Qué crees que ocurrirá ahora? —preguntó Prince—. ¿Qué es lo que el mañana traerá?

—No lo sé —respondió Scythe—. Nada es certero para mí, excepto que los vivos permanecerán. Y nosotros permanecemos, así que... veremos.


Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.

Rak, eres todo un artista



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Pásense por mi página de Deviantart: WillChar96


Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.

#108
Saludos Willy, y disculpa si demore en comentar pero estaba en semana (o mejor dicho semanas) de examenes finales, pero ya estoy de vacaciones (al menos 1 mes) y no creo volver a demorar tanto hasta que acaben. En fin, como corresponde dejare mi comentario de este capitulo (espero salga bien la parte de SPOILER):

Spoiler
- Primero, he de decir que el titulo del capitulo le queda bastante bien, es practicamente la palabra con la que describiria lo acontecido uno de los personajes.
- Bueno, si, me aclaraste un poco lo de Lily, aunque no al 100% (de lo que entendi es como si ella hubiera tenido La llamada antes, pero ahora no; eso es lo confuso).
- No entiendo como Char pudo "ver" lo que le pasaba a los demas.
- Y a Char se le escapo su mayor secreto, de nuevo, esperemos no lo haga con todo aquel al que conozca xD.
- WTF? se supone que el Smeargle fue quien uso teletransportacion?, en los juegos esto tecnicamente si es posible, pero solo si usa esquema (el cual es su unico movimiento).
- Bueno, pude notar lo emocionalmente... fragil? que puede ser Char.
- Y ahora, exactamente que le habran hecho a Saura?


Como es costumbre (sí, ya parece serlo xD), nos "leeremos" en el sgte. capitulo.
#109
¡HOLAAAA!
He yo aquí habitualmente apareciendo luego de grandes temporadas de ausencia no notada
Pensé que para el momento ya habrían al menos unos cuatro o cinco capítulos pero apenas hay dos ¡Es triste! Pero veo también que no mucha gente ha comentado... debe de ser por eso.

Pero bueno, a lo que vine, como de costumbre el comentario por capítulos:

Capítulo 39
Spoiler
Este capítulo estuvo realmente bueno... me gustó mucho la historia y no paré de leerlo hasta que terminé. Fue atrapante, de verdad me gustó, debo decir que ese Ninetales tiene mucha práctica con las palabras, la historia que se inventó el autor es de verdad muy bonita o al menos sentimental por decirlo de una forma.

Me encantó más la parte de la historia que todo lo demás del capítulo para ser sincero, y realmente me maté para saber a que pokémon hacían referencia cuando mencionó esto: Ignorando los frescos cadáveres de los demonios marinos con aspecto de zorro...
Al instante para ser sincero no se me vino nada a la cabeza, pensé en distintos pokémon pero ninguno que pareciera un zorro...y realmente no logro recordar... ¡ah no espera! Justo ahora escribiendo esto acabo de recordar OMG estoy (literalmente) escribiendo todo lo que está pasando por mi cabeza, el zorro sería Buizel o su evolución (típico de mi olvidando los nombres), esos son los únicos zorros marinos... pero creo que son más de agua dulce así que no contaría.

Por eso quedé como: O sea pero qué... cuando Ray menciona que fue un Eevee, ese pokémon ¡NO ES UN ZORRO! Parece más un perro... en serio, y ninguna de sus evoluciones parece un zorro más que Jolteon: La historia era sobre el humano que criaba al Eevee, ¿verdad? ¿En serio? El auto tiene problemas con los animales, o seré yo... creo que soy yo, he pedido opiniones y todos dicen que parece un zorro y a mi se me asemeja más a un perro, pero bueno... cambiemos de tema.

Wyvreon ¡Fakemon Detectado! Sería la evolución tipo dragón de Eevee, ¿cierto? Todos aún la esperan... me pregunto si... ¿será acaso producto, esta evolución, de su exposición a la piedra creada por el humano? ¡Dime!
Otra cosa que me llamó la atención fue lo del Vigilante... si le vieron la cara ¿por qué no dicen de una vez que pokémon es? Siempre dejan con la duda... mala gente.

Voy a por el siguiente capítulo.


Actualizando...

Baby we are the New Romantics Come on, come along with me
Heartbreak is the national anthem We sing it proudly

#110
juan459:

Nah, no importa si no comentas en un tiempo (es justo, porque yo tampoco actualizo tan frecuentemente).

Sí, realmente fue una pesadilla para Char y compañía. Respecto a Lily, ella sí tuvo la Llamada, y todavía la tiene; pero no es ni la mitad de potente como la de Char (lo cual se explica más adelante, por supuesto).

Respecto a Char "viendo" lo que le ocurría a los demás: lo que pasaba era que Char se imaginaba lo que les pasaba, por eso estaba en cursiva.

Bueno, supongo que Char sintió la necesidad de contarle a Prince que era humano, porque sabía de alguna forma que podía confiar en él (ya que Prince vivió con humanos antes).

Char es uno de los personajes más frágiles de la historia, y le sigue Saura xD. Supongo que es porque son niños.

Por ahora lo que le ocurrió a Saura quedará pospuesto, porque ahora se viene un Episodio Especial dividido en cuatro capítulos. Es un episodio que estuve esperando traducir hace mucho tiempo, y es mi favorito.

En fin, disfruta.

Gracias por seguir leyendo ^^

Abdy:

Hola de nuevo, Abdy ^^

Esta vez yo también puedo decir que estuve ausente, principalmente porque estaba tan ocupado que ni podía tocar la computadora. Pero ahora estoy trayendo un Episodio Especial nuevo, dividido en cuatro capítulos (así que la historia principal todavía quedará en la oscuridad).

La verdad es que sí, la forma en que el autor le dio personalidad al Ninetales es impresionante. Incluso mencionó en una ocasión que el personaje que más le gustaba escribir era Legend.

Bueno, los demonios de agua era Vaporeon (o eso me parece). Lo digo porque eran los que defendían el huevo de Eevee.

Eevee es claramente un zorro ¬¬ (?).

Yo creo que la evolución que sufrió el Eevee fue por causa del humano mismo... Es como la "evolución por amistad" presente en los juegos, pero no sé a qué se refería el autor cuando dijo "magia muy antigua" o algo así... Pero no creo que la piedra tenga algo que ver.

Los Vigilantes son Pokémon fantasma... Me parece que los más comunes son los Shupet (creo que se escribía así) y los Gastly. Mencionaron en una ocasión que los Duskull eran más fuertes o algo así... La verdad no lo recuerdo bien, pero ya se ha mencionado la identidad de muchos Vigilantes. Lo que los diferencia de los Pokémon fantasma normales es que son traslúcidos y tienen los ojos brillantes y amarillos.

En fin, espero que te esté gustando la historia hasta ahora. Este Episodio Especial es sobre un personaje muy querido, así que prepárate (?).

Gracias por seguir leyendo ^^




Nota del traductor:

Como la revisión del autor original es menos consistente de lo esperado, empezaré a publicar las versiones aún no revisadas de los capítulos para poder avanzar la historia.

Cuando el autor haga la respectiva revisión, le haré los cambios al capítulo y retiraré esta nota. Pero por ahora estará aquí la versión vieja del capítulo. Los cambios se limitan a algunos errores de tipeo y a agregar algunas descripciones o sacar otras, es decir, la escencia de la historia sigue ahí.





45. Episodio Especial: Vigilante, Parte 1


Spoiler

“Vigilante”



El código de los Adrellos:

Obedecemos a nadie. El poder es el único dios al que servimos.

Los hijos de los Adrellos nunca deben abandonar la búsqueda del poder. Nunca debemos contentarnos. Las criaturas que viven sin propósito son débiles e inútiles; nuestra eterna hambre de poder es la fuente de nuestra fuerza.

Somos los vigilantes de la tierra, los selectores de la cosecha. Ninguna otra criatura podrá reclamar nuestro papel.

Los hijos de los Adrellos nunca deben confiar. Los hijos de los Adrellos nunca deben ser dignos de confianza. La confianza es complicada y pasajera; el temor es absoluto. Toda otra criatura debe aprender a temer la mención de nuestro nombre.

*¡Clang!* *¡Clang!*

Somos las sombras que se extienden en el ocaso, somos el viento que mece los árboles: inconquistables, invisibles.

Cuando cazas, que no te vean.

Cuando matas, que no te oigan.

*¡Clash!* *¡Clang!* *¡Clang!*


... ... ...


Por costumbre, el joven Scyther eclosionó solo, para que no se apegara a nadie.

Por costumbre, el joven Scyther fue dejado solo en su infancia, observado y protegido desde la distancia, para que pudiera aprender a sobrevivir, aprender a escuchar a su instinto. Aprender las primitivas punzadas del dolor y el hambre, y qué significaban. Aprender por naturaleza a caminar, a comer, y a volar. Aprender en dónde dormir sin peligro. Aprender cuáles criaturas eran depredadores, y cuáles eran presas. Aprender a respetar a los depredadores, y los peligros de lo salvaje. Aprender a temerlos.

Aprender a odiarlos.

Aprender a tener hambre de poder, para poder sobrepasarlos.

... ... ...


*¡Clash!* *¡Clang!*

*¡Pam!*


El viejo Scyther golpeó el suelo por la fuerza de un golpe a cuerpo completo.

—Magnífico, crío —gruñó, moviéndose para ponerse de rodillas—. Alrac te ha entrenado bien, al parecer. Puedo no tener nada para enseñarte.

—Estás siendo blando —le siseó el crío de vuelta, parado ante el viejo y jadeando del regocijo, con sus cuchillas en posición ofensiva—. No seas blando. Pelea contra mí.

—¿Quieres que intente matarte? —preguntó el anciano irónicamente.

—Sí —respondió el pequeño sin vacilación—. De otra forma no aprenderé.

—Adron, soy tu profesor, no tu asesino —le recordó el anciano—. Límpiate el orgullo. No tendrías oportunidad contra mí si no me retuviera.

—Han intentado matarme antes, mandándome a la naturaleza solo —replicó el pequeño—. ¿Por qué dudar ahora? ¡Pelea contra mí!

Volviendo a ponerse de pie, el viejo Scyther se cernió sobre el pequeño niño, pero el infante no se intimidó. Tensó su cuerpo, la concentración ardiendo en sus ojos, como un gato atrapado en un rincón preparándose para luchar.

Por supuesto, el anciano no le daría al pequeño lo que deseaba, pero redobló sus esfuerzos con la esperanza de que el crío estuviera satisfecho con un nivel de desafío mayor. Abriendo sus alas, se propulsó por sobre el suelo surcado de arcilla para atacar a su estudiante desde el aire. El crío se puso a la altura del desafío, arremetiendo hacia el anciano y pasando de largo en un intento de atacar desde ángulos confusos. Pero cada ataque fue bloqueado, ya que el anciano giraba expertamente sus cuchillas para defenderse. Los resonantes repiqueteos de aceros chocando llenaron el aire una vez más.

*¡Clang!* *¡Clang!* *¡Clang!*

El corazón del pequeño latía a toda velocidad por la batalla, y también lo hacía su mente. Sus sentidos ardían con informaciones, cada pequeño impulso significando algo. El ángulo del ataque. La probabilidad de un contraataque. La propulsión de sus propias alas. La sombra de su entrenador sobre su cuerpo cada vez que bloqueaba el sol, proveyéndole una diminuta ventaja para moverse de forma inesperada. El continuo ritmo de las metálicas colisiones. ¡Clank! ¡Clang! ¡Clash! Encima, debajo, al costado. Vulnerabilidades, defensas siempre cambiantes. Patrones por ver y subvertir. Todo significaba algo, solo si él prestaba atención.

... ... ...


Concéntrate, Adron... ¡Concéntrate!

¡Recuerda! ... Recuerda por qué...

... Recuerda por qué peleamos...


... ... ...


Somos los hijos de la cuchilla.

Los hijos de los Adrellos nunca deben ponerse la roja armadura; es una fuerza falsa. Somos del color del pasto y las hojas, para poder ocultarnos de nuestra presa. Somos veloces y alados, para poder atacar con rapidez y sorprender a nuestra presa. Nuestras cuchillas son las armas perfectas de la naturaleza. Eclosionamos con ellas, entrenamos para entenderlas, y con ellas, moriremos.

Somos los favorecidos de la naturaleza.

Los hijos de los Adrellos no deben parearse a menos que hayan vivido hasta volverse ancianos; una vida útil larga se traduce en buenos rasgos para pasar a la descendencia.

Una vez pareados, los hijos de los Adrellos deben rendir todos sus huevos al clan; un padre no podrá conocer a su hijo, y un hijo no podrá conocer a su padre. No hay padres o hijos entre los Adrellos, solo hermanos.

Somos uno.

Los hijos de los Adrellos nunca deben guardar secretos entre ellos. Somos una sola voluntad con muchas cuchillas. El silencio y la vergüenza no deben estropear nuestra comunicación.

Nunca debemos vacilar en emitir un juicio sobre otros.

Los hijos de los Adrellos nunca deben vacilar en dejar a un hermano atrás; somos una entidad, nuestra fuerza no debe quedar comprometida por la simpatía hacia nuestros hermanos debilitados. Peleamos como uno, nos paramos sobre nuestros hermanos caídos para defenderlos, pero con cuchillas no podemos levantar a un hermano caído del suelo.


... ... ...


Por costumbre, él aprendió el código. Aprendió que contenía los secretos para adquirir poder, el poder del que estaba hambriento, el poder del que requería para derrotar a los peligros y enemigos que una vez respetó y temió. Poder que le permitiría hacer lo que deseara.

Por aquel código, él había sido probado. Su fe, su disposición a seguir el código fue desafiada cada día de su vida. Había experimentado hambre y sed, soledad y abandono... pruebas especiales, decisiones difíciles... y batallas, tantas batallas, hasta que la lucha le venía tan natural como caminar o volar...

Pasando cada prueba, un lugar en el clan fue reservado para él...

... Reservado, pero no asegurado...

... Y en estos meses finales, era la meta del crío reclamar aquel lugar, demostrar de una vez por todas que era merecedor de ser llamado un hijo de los Adrellos...

... Y así ya no sería más un crío...

... Hambriento de aquel lugar de poder, continuaba luchando, dominando todo lo que se le enseñaba...

... Hasta que...

... ... ...


*¡Slash!*

El viejo Scyther se tambaleó en el aire, una exangüe cicatriz ahora visible en su cara. El ataque del crío había conectado, chocado contra la esquelética armadura de la frente del anciano. El crío llevó una expresión arrogante, alejándose de su oponente y preparándose para un contraataque, pero ninguno llegó.

—Maravilloso —jadeó el anciano, retirándose de la batalla—. Adron... eres un crío talentoso, si es que he visto alguna vez uno. Tu concentración, tu atención... Nunca he conocido algo parecido.

—Todavía te retenías —dijo Adron condescendientemente—. ¿Cómo voy a aprender?

—Adron... creo que has aprendido lo suficiente.

—No lo pienso —insistió Adron, mientras los dos aterrizaban en la estéril tierra—. No puedo asumir que soy lo suficientemente hábil para ser aceptado por los ancianos. Y mi tiempo se acorta.

—Adron... solo eres un crío —le dijo el Scyther anciano—. Te hemos enseñado cómo tomar el control de tu propio ser, pero eso es solo el comienzo de tu vida. Ahora, debes aprender a tomar el control del mundo a tu alrededor, y eso solo puedes aprenderlo cuando estés envuelto en los asuntos de los Adrellos y ganes experiencia. Y créeme, ellos sí te aceptarán. Serás el orgullo de este clan.

El crío mantuvo la cabeza en alto. Le encantaba cuando sus mayores decían eso. Constantemente lo elogiaban por cómo era el superior de su generación, por cómo sobresalía en las pruebas y demostraba un juicio excepcional para alguien tan joven. A él le encantaban los elogios, y por eso continuaba desafiándose a sí mismo, poniendo a prueba sus habilidades, esperando mantener esta aprobación e incrementarla tanto como fuera posible.

Después de todo, era la primera ley del código: nunca te contentes con tu poder. Nunca abandones la búsqueda de más.

—Pero tu mente es todavía pequeña y cerrada —dijo el anciano—. Solo con el crecer y vivir aprenderás más, ¿entiendes? Tu orgullo puede fortalecerte, como ves que ha ocurrido, pero no dejes que te ciegue de la realidad de las cosas.

—Sí —replicó Adron—. Lo sé.

—Pero por los dioses, si solo te conocí hace semanas, y ya te yergues como héroe de guerra, y peleas como uno también —complementó el anciano, acercándose al pequeño—. Los otros críos... todos se distraen con tanta facilidad. Una pequeña distracción en batalla conlleva sus caídas. Ellos tienen mucho entrenamiento por hacer en estos meses finales. Pero tú... ¡tu mente ya es tan brillante como el sol, y tu concentración tan aguda como el acero! ¿Qué es lo que Alrac te ha hecho que ha olvidado hacer con tus hermanos, eh? O, debería decir... ¿qué es aquello que el gran Arceus te ha dado que los otros no tienen?

—Arceus no me ha dado nada, yo me gané todo lo que tengo.

Divertido, el anciano rio entre dientes—. Eso también podría ser, pequeño —dijo con afección—. Bueno, ya no tienes nada por hacer aquí. Ve y descansa. Entrenaremos de nuevo, pero deja que me concentre en los otros. Ellos requieren mucha más de mi atención que tú. Si te gustaría mejorarte incluso más que como estás ahora, estoy seguro de que encontrarás otras maneras de hacerlo. Podrías considerar ayudar a entrenar a tus hermanos. ¿Entendido?

—Sí, Sensei Adram —replicó el crío con respeto, aunque con un indicio de renuencia.

—Bien. Ahora márchate —comandó el anciano—. Mañana debo trabajar con Adarc. Su mente es tan lenta que duda en todos sus movimientos. Y Adiel, es demasiado temerario. Y Alros, ella tiene un permanente temor a las alturas, y no confía ni en sus propias alas... La perfección es rara entre ustedes críos.

*¡Zas!*

Como era acostumbrado cuando dos Scyther se separaban, Adram lanzó el dorso de su cuchilla como si fuera a sorprender a su estudiante en el punto ciego de su cabeza, y esta fue prontamente bloqueada por la cuchilla de Adron. Era un recordatorio de siempre estar alerta, incluso entre compañeros de confianza.

—Comparte algo de lo tuyo con los otros, si podrías —profirió el profesor, mirando al pequeño directo a los ojos.

... ... ...


*¡Clang!* *¡Clang!*

*¡Pam!*


Qué es esto... qué es...

No... esto... esto no está bien...

No me puedo concentrar...

¿Por qué...? ¿Por qué no me puedo concentrar...?


... ... ...


El joven Scyther retornó al lugar de anidación de su clan, un laberinto de pilas de rocas y salientes de piedra que se alzaban como un bosque sobre los marrones y endurecidos páramos. Con el anochecer acercándose, la luz solar se atenuaba, oscureciendo las sombras alrededor de las rocas y ensombreciendo los pasajes entre ellas.

Los Adrellos no tenían un hogar al que llamar propio. Toda Ambera era su hogar, y ocasionalmente las tierras colindantes también. Como un Scyther porta cuchillas, no garras, el clan no podía acumular comida y recursos con facilidad en una residencia permanente. En lugar de eso, se movían por el terreno, asentándose en donde la comida pudiera ser encontrada durante la temporada, y marchándose cuando el entorno ya no era aceptable para ellos.

En esta estación de otoño, los Adrellos se habían mudado a un lugar traicionero conocido como el Altiplano Quebrado, un laberinto de acantilados y torres de arenisca. Les sentaba, proveyéndoles refugio mientras confundía a cualquier intruso que lo invadiera, mientras memorizaban todos los caminos de entrada y salida de sus nidos.

A medida que el pequeño Scyther pasaba por los ramificados senderos entre las rocas, hacía lo que le habían enseñado, tomando nota de cada detalle para asegurarse de que todo estaba igual. Podía sentir la fría brisa que barría sobre él, gimiendo y aullando cuando fluía por entre las muchas rocas. Escuchaba su voz, y las voces de los Pokémon salvajes que buscaban sus últimas comidas del día.

Un canto se movió en una dirección que no había estado esperando. Sonrió con afección.

—Adiel, ¿eres tú? —llamó el Scyther—. No... no sería él. ¿Adarc?

Hubo un sonido de arañazo. Las alas de Adron se estremecieron con diversión.

—No querrás pelear contra mí ahora, Adarc —tentó el Scyther—. Podrías encontrarlo doloroso. Acabo de terminar mi entrenamiento.

*¡Zas!*

Adron se giró justo a tiempo para bloquear un golpe a la parte trasera de su cabeza. Torció su cuerpo y giró su otra cuchilla para atestar un golpe, acertando a su oponente en la espalda y lanzando a su compañero Scyther tambaleándose.

—Demasiado predecible, Adarc —tentó Adron, parándose engreídamente ante su compañero caído—. Y olvidaste el primero de los errores cuando engañas al enemigo.

—¿Asegúrate de que no sea el enemigo el que te esté engañando? —recitó el otro Scyther recuperando el equilibrio y lanzando una irritada mirada hacia Adron. Se dio cuenta de que Adron había girado su cabeza en la dirección incorrecta a propósito.

—No —replicó Adron, emprendiendo de vuelta su camino en el peñascoso laberinto—. No intentes engañar a un enemigo que no puede ser engañado.

—Mentira. Ese no es uno en lo absoluto —exclamó Adarc, apresurándose para no rezagarse—. ¡Y no hay tal cosa como un enemigo que no puede ser engañado!

—Entonces quizá lo demuestres el día en que logres engañarme a mí —devolvió Adron, ahora con una sonrisa de afecto.

... ... ...


Adron sabía que sus otros hermanos lo admiraban. Él era siempre el que nunca podía ser engañado. Cuando iban de caza, él era siempre el que estaba al mando. Cuando entrenaban con los ancianos, él era siempre el que recordaba todo lo que se le enseñaba. Sabiendo esto, él los cuidaba en su propia manera y los ayudaba en donde podían ser ayudados. Ellos eran, después de todo, sus futuros aliados del clan, amigos en los que necesitaría confiar en cualesquiera fueran las guerras o batallas en las que los Adrellos luchaban. Todavía no sabía el papel que su clan desempeñaba en el mundo; solo podía suponer que era importante, dados los altos estándares de los que le habían hecho estar a la altura.

Mientras que Adron y los otros críos vivían bajo las alas del clan, y a menudo se encontraban con los guerreros del clan en persona, se les prohibía involucrarse en los asuntos del clan. En lugar de eso, algunos de los ancianos tomaban turnos para criarlos y vigilarlos, hasta un mil días después de la eclosión del hijo más joven cuando serían presentados al clan para la aceptación. El Sensei Adram era el cuarto y el último cuidador de esta generación de críos, y como tal, no era un profesor indulgente.

Sin embargo, Adron no hubiera sabido aquello si no fuera porque los otros niños Scyther constantemente se quejaban de sus métodos desde hacía tres semanas atrás cuando habían sido entregados a él.

... ... ...


—Lo derrotaste, ¿verdad? —se rio Adarc sorprendido—. No estarías sonriendo si fuera diferente. Adron, ¿cómo lo haces? La semana pasada insistía en que ya no iba a ser blando contigo. ¿Cómo es que logras leer su mente tan bien?

—Fue blando conmigo, por eso lo derroté —resopló Adron—. Podría haberme desafiado, pero decidió no hacerlo. Él no cree que yo esté preparado para un duelo verdadero. Y me preocupa, porque eso es lo que los Adrellos estarán esperando de nosotros cuando nos presenten. Ellos nos retarán a un duelo verdadero. No entiendo cómo se supone que aprenderé si Sensei Adram no me lo enseñará.

—Ni siquiera puedo enfrentarme a él como tú. ¿Dónde piensas que eso me ubica? —retornó Adarc—. Si tú no eres digno de los Adrellos, ninguno de nosotros lo es. Por favor, deja de pretender que eres tan humilde todo el tiempo, Adron. Todos lo odiamos.

—¡No soy humilde! Solo veo la verdad —insistió Adron, evaluando las paredes de roca y decidiendo qué camino tomar—. ¿Por qué piensas que lucho tan bien? Es porque puedo ver la verdad y no las mentiras que el enemigo quiere que vea. El pequeño estremecimiento en su figura cuando intentan engañarme. Como tú. Tenías la oportunidad perfecta para atacarme, pero vacilaste, y pateaste un guijarro. Eres demasiado tímido, esa es tu debilidad.

—Estoy trabajando para volverme más seguro de mí mismo, pero no todos nosotros somos prodigios. No todos podemos ver el futuro como tú.

—Estoy cansado de decírtelo, no es magia. Es concentración —insistió Adron—. La concentración lo es todo. Enseña a tu mente a ver lo que está ocurriendo, a ver lo que no ocurrirá, y a ver lo que podría ocurrir, y no ver nada más. No veas lo que desearías que ocurriese, y te quedes en los detalles. Solo observa, y ve la verdad. ¡Concentración!

—Hmm... Hablas de concentración, pero este es el camino incorrecto —notó Adarc, deteniéndose sobre sus pasos—. Sé que no hemos estado caminando por estos senderos desde que nacimos, pero incluso yo sé que el camino a la guarida es por esa dirección.

—Ve a la guarida si quieres, yo tengo hambre —dijo Adron, caminando hacia la otra dirección—. No he comido en dos días.

—¡El alijo está vacío a estas alturas, sabes! —llamó Adarc—. Es demasiado tarde. No habrá nada ahora...

—Si no lo has notado, no me dirijo al alijo tampoco —dijo Adron, desapareciendo en una curva en el sendero.

—¿Irás a cazar...? ¡Es demasiado tarde para cazar! ¡Adron!

Adron no dijo nada más, su camino llevándolo más adentro del laberinto de pilares de piedra. Perplejo, Adarc decidió seguirlo, abriendo sus alas y volando para no quedarse atrás.

... ... ...


*¡Pam!* *¡Pam!*

¡Esto debe parar!

*¡Clang!* *¡Clang!* *¡Clash!*

¡Esto es demasiado!

Gran espíritu de Adrel... ¡por favor, haz que esto cese!


... ... ...


En una aislada alcoba de piedra ya calada con las sombras del anochecer, seis críos de Scyther estaban apiñados alrededor de una zanja en la base de la cara de un acantilado, todos visiblemente alterados. Se gruñían uno al otro con frustración, arañando las rocas con los extremos de sus cuchillas. Adron se acercó. Adarc se quedó atrás en las sombras, temeroso de involucrarse en un asunto que no quería enfrentar.

—Apártense —ordenó Adron—. Necesito comer.

A pesar de su irritación, sabían que era mejor no desobedecer al alfa del grupo. Luego de escuchar su voz, brincaron fuera de su camino y dejaron que pasara... solo para revelar que la zanja estaba vacía.

Adron frunció el ceño. Aquel era su escondite secreto de comida, reclamado legítimamente en sus propias excursiones de caza. Los ancianos llenaban el alijo de comida con cuerpos frescos solo una vez por semana, y si los niños querían algo más para comer, tendrían que cazar por su cuenta. Algunos de los críos, sin embargo, guardaban ciertos escondites secretos propios a espaldas de los ancianos, para que no tuvieran que preocuparse sobre moderarse–podían comer cuando querían. Excepto ahora, en donde había estado un abundante cuerpo en descomposición de solo seis horas atrás, solo había unos pocos huesos tirados. La comida no estaba. Adron gruñó en disgusto, el ruido de su estómago sumándose al de sus hambrientos hermanos.

—¡¿En dónde está el puerco?! —estalló hacia sus hermanos que se paraban nerviosos a su alrededor—. ¡No me pueden decir que se lo acabaron! ¡Les dije que me dejaran una porción! ¿Quién? ¿Quién lo comió?

—Nadie, lo juro —suplicó Adeis—. Era demasiado para que nosotros nos lo acabáramos, y sabes que somos los únicos que sabían sobre él. ¡Ha desaparecido! Aparte, míranos. Estamos igual de hambrientos como tú.

—¡Los ancianos deben haberlo encontrado! —supuso Adlam—. ¡O quizá los otros críos!

—¡Los otros no podrían encontrarlo! —gruñó Adron, pisando con fuerza y mirando los caminos que los rodeaban—. Este es un escondite demasiado bueno. Nadie podría haberlo encontrado a menos que lo contaran.

Se dio vuelta hacia la pequeña multitud de hermanos, su interrogadora mirada pasando sobre cada uno de ellos.

—¿Quién? ¿Quién traicionó?

... ... ...


*¡Pam!* *¡Pam!*

No sé...

Todo es tan rápido...


... ... ...


Murmurando con nerviosismo, todos negaron haber hablado del escondite secreto de comida a cualquiera.

—Estoy seguro de que no hubo soborno. Puede no haber un incentivo lo suficientemente grande para convencernos de contárselo a otro —señaló Adiel—. Como has dicho, este es el escondite perfecto. Ni una recompensa es lo suficientemente buena como para perderlo.

Adron los fulminó con la mirada por un momento más, luego suspiró y bajó la mirada al suelo—. Es cierto. No pudo haber sido descubierto —admitió Adron—. Es probable que las ratas lo encontraran. O un león azul salvaje pasó demasiado cerca y lo divisó entre las rocas. Cualquiera fuera el caso... Nos deja a todos hambrientos.

—¡Lo juro por Adrel, si hubiera atrapado al ladrón, él hubiera llenado nuestros estómagos primero! —rugió Adlam, golpeando sus cuchillas contra el reborde de la zanja con enojo—. Tengo que luchar contra el sensei mañana y mi estómago está vacío.

—Yo luché por lo último de la fruta del alijo, pero Alwry y su pandilla me derrotó —agregó Alros—. Estaré hambrienta esta noche.

—Entonces no tenemos que tolerarlo —sugirió Adron, elevando la voz—. Somos suficientes para formar un equipo de caza. Recuperemos lo que la naturaleza nos ha robado.

—No podemos —dijo Adlam—. Mira el sol, es demasiado tarde. El sensei nos prohíbe cazar tan tarde en el anochecer.

—Las reglas del sensei son para nuestra seguridad, no la suya —le recordó Adron—. Somos libres de arriesgar nuestras propias vidas cuando queramos. No estarás asustado de morir en una simple excursión de caza, ¿o sí?

Hubo silencio entre el grupo de Scyther. Todos estaban un poco mudos ante la repentina sugerencia de Adron, y vacilaban en responder: temían tanto desafiar su sugerencia como estar de acuerdo con ella. Era un lugar peligroso más allá del Altiplano Quebrado, especialmente en el anochecer cuando los Pokémon nocturnos salían de sus guaridas y empezaban a merodear por la tierra. Incluso los adultos, los guerreros de los Adrellos, nunca se quedaban afuera solos a la noche.

—Él tiene razón —declaró Alros—. Si no podemos aprender a romper las reglas cuando tienen que ser rotas, seremos críos por el resto de nuestras vidas. Tengo hambre. Yo cazaría.

—Adron, dices que no has comido en dos días —dijo Adeis—. Yo no he comido en cuatro. Si tú nos guiarás en la caza, yo te seguiré.

—Lo haré —decidió Adron, dirigiéndose a todos—. Mi estómago está impaciente, y también yo. Esperaré a la orilla de la corriente del norte. Síganme si han de hacerlo, nos reagruparemos allí y planearemos nuestra ruta.

Adron no tuvo que esperar mucho. Uno a uno, su parentela siguió su sugerencia, girando hacia el norte y dejando el apartado escondite. Pero el último miembro del grupo de Scyther vaciló, ojeando a Adron con sospecha.

—Fuiste tú —dijo Adiel irónicamente—. Tú moviste el puerco.

Adron no dijo nada.

—No hubieras traído a Adarc aquí y permitido que nos espiara si ya no hubieras sabido que el escondite estaría vacío —dijo Adiel, ojeando las sombras en donde yacía oculto el Scyther—. Hiciste esto a propósito. Querías cazar.

Adron no respondió y se rehusó a mirar a Adiel a los ojos, pero el indicio más tenue de una sonrisa afectada cruzó su rostro.

—¿Ves, hermano? Yo aprendo también —le contó Adiel—. Muy bien, entonces. Lidera el camino. Yo seguiré.

... ... ...


La partida de caza de ocho comenzó su excursión en el Prado Salvaje hacia el noreste de los terrenos del clan. Se movieron por el terreno callada y cuidadosamente para no atraer atención hacía ellos, ya fuera de Pokémon salvajes o de sus superiores...

Adron encabezaba la partida, agazapado en los altos pastizales mientras se deslizaba justo debajo de las crestas de las colinas. Los otros mantenían vigilancia constante a todas direcciones, como él les había ordenado; no podían permitirse alarmar a cualquier animal salvaje que eligieran como presa. Una banda de Scyther merodeando era una fuerza temida por cualquier criatura, y las especies de Pokémon salvaje a menudo se ayudaban con alarmas o gritos al unísono cuando una amenaza mutua era percibida. Dio una larga respiración a través de sus fosas nasales, testeando el olor del aire.

—Debes estar loco —le siseó Adarc a Adron en la oreja mientras este se asomaba por la ladera, apreciando su siguiente ruta— ¿Sabes qué nos harán los ancianos?

—No tenías que venir —le recordó Adron—. Me seguiste por curiosidad, no puedes culpar a nadie más por estar aquí. Además, no estoy haciendo esto por mí. Presta atención, y aprende lo que ves.

Yacieron a la espera por un momento más, las variadas criaturas de la tierra moviéndose por la llanura más allá.

—Una bandada migratoria de Doduo, al este —reportó Adiel—. Esos son fáciles de matar. Aunque no son fáciles de sorprender en silencio.

—No... no estoy interesado en esos —decidió Adron, enfocándose en el terreno circundante—. Necesitamos algo más. Algo... más difícil. Adiel, da la señal a los otros. Movámonos por la cubierta de aquellos árboles. Creo saber dónde encontrar nuestra presa.

... ... ...


No se... queda quieta...

Estoy perdido...


... ... ...


Minutos después, el grupo había avanzado hasta un pequeño parche de árboles en el borde oriental del prado. Desde allí, observaron cómo una horda de bestias marrones se amontonaba alrededor de un gran lago para beber. Adron empezó a emocionarse; siempre le entusiasmaba la manera en que la luz del sol cambiaba de color y se hacía más profunda a medida que el sol se ponía. El terreno, y todas las criaturas sobre él, se transformaban en un gigante campo de batalla ensangrentado en sus ojos–un campo de batalla que él comandaba.

—¡¿Tauros?! —exclamó Adarc—. ¿Quieres matar un Tauros? Adron, incluso los guerreros tienen problemas al enfrentarse a una horda de Tauros.

—Quiero algo de buen sabor —dijo Adron con ironía—. Los Tauros solo son difíciles porque se mantienen en horda. Si un miembro de la horda cae, los otros van en estampida para derrotar al enemigo. Por eso es que otras criaturas los temen. Es un comportamiento evolucionado para la supervivencia. Cada uno puede pisotear a un Scyther con facilidad. Pero tenemos algo que ellos no tienen: enfoque. Ellos solo tienen sus instintos. Nosotros tenemos nuestras mentes.

—Y alas —agregó Adiel—. Podrían encontrar que es difícil golpearnos en el aire.

—Podemos enfrentarlos —le aseguró Adeis—. Si Adron dice que podemos enfrentarlos, podemos hacerlo. ¿Cuál es el plan?

—Tenemos que acorralarlos, para empezar —explicó Adron—. Tenemos que movernos de inmediato, ya que no permanecen alrededor del abrevadero por mucho, especialmente cuando es tan tarde como ahora. Primero, los rodeamos, para que se asusten...

... ... ...


*Pam*

Sangre por todos lados...

Tauros en estampida...

¿Por qué... por qué sigo vivo?

Ellos van en estampida cuando son atacados...

Incluso... incluso si... uno es derrotado...

¿Es por eso que...? ¿es eso lo que... ha sucedido?

¿Es eso lo que causó esto...?

No, no fue eso... fue algo más...


... ... ...


Comandando a sus seguidores, Adron arrinconó a la horda contra el abrevadero, para que no pudieran entender por cuál dirección venía la amenaza... Estaban espantados, apiñándose contra la orilla del agua, a medida que el clan de Scyther se cernía a su alrededor, sedientos de sangre...

De inmediato, como las arrinconadas bestias que eran, vinieron en estampida.

—¡Aquí vienen! —siseó Adron—. ¡Ahora! ¡AHORA!

... ... ...


¡¿Por qué?! ¿Por qué no me puedo concentrar...?

*¡Pam!* *¡Pam!*

Oh, Adrel, escúchame...

Estoy perdido...


... ... ...


Una vez que la provocada horda comenzó a contraatacar, los niños Scyther huyeron y causaron que la horda se esparciera hacia muchas direcciones. En la confusión, Adiel y Adeis arremetieron desde sus posiciones ocultas en la orilla del lago y asesinaron a tres Tauros que no habían encontrado una ruta de escape. Cuando los otros toros notaron a sus compañeros caídos, Adiel y Adeis se retiraron por sobre la superficie del agua, en donde los toros no podían embestirlos.

Eventualmente, los toros despejaron la orilla y corrieron hacia otro lugar, dejando las frescas presas para los niños Scyther.

Un Tauros era demasiado para que ocho Scyther comieran en una sola noche, pero los niños se habían ganado tres. Victoriosamente, rebanaron a los animales muertos para abrirlos y llenaron sus estómagos, y Adron observó con satisfacción.

... ... ...


¿Por qué todo es tan rápido...?

*¡Clang!* *¡Clang!*

No puedo... ver...


... ... ...


Adron notó cuando dos grandes sabuesos de pelaje oscuro merodearon en la cima de las colinas, observando al clan de Scyther con cautela. Las criaturas de la oscuridad estaban emergiendo y reclamando el dominio del terreno, y era su trabajo como líder proteger a sus hermanos.

—Debemos regresar ahora —anunció él—. La oscuridad se cierne. Adiel, guíalos de vuelta a la guarida. El camino no es tan largo; no deberían encontrarse con oposición.

—¿Yo? —respondió Adiel—. ¿Por qué no tú?

—Me gustaría quedarme por aquí un poco más —replicó Adron—. El Sensei Adram me ha dicho que no tiene nada que enseñarme, y debería encontrar mis propias maneras de mejorarme. Así que creo que me quedaré aquí por un tiempo. Nunca he luchado con un sabueso que exhala fuego antes. Creo que será algo emocionante.

—No te pongas engreído, mi hermano —advirtió Adiel—. A todos nos descorazonaría saber que moriste en el campo.

—Incluso si me subyugan, sé cómo retirarme de una batalla perdida —le aseguró Adron—. No voy a morir. Lo prometo...

... ... ...


A media noche, Adron comenzó su viaje de vuelta a los terrenos de su clan.

Solo, se había paseado por la tierra y explorado los fríos y oscuros prados y bosques como eran luego de la puesta del sol. Estaban repletos de insectos, y depredadores vigilantes como búhos y lobos. Él sabía cómo permanecer escondido, así que no temía un ataque, pero mientras observaba los oscuros terrenos tomó la decisión de que no batallaría con alguna de aquellas salvajes criaturas. Solo no las entendía lo suficiente, y no asaltaría imprudentemente desde las sombras que ellos probablemente conocían más íntimamente que él.

Un día, el determinó, él gobernaría la noche. Pero sus compañeros de clan tendrían que estar ahí a su lado. Aquel día vendría mucho después. Justo ahora, él sabía que era solo un crío distraído...

La luna otoñal se asomó desde detrás de las nubes, y el campo se iluminó ante él. Entrecerró los ojos y vio cuán cerca estaba el Altiplano Quebrado, contento de que pronto estaría descansando aquella noche.

Pero cuando estuvo a punto de cruzar volando la tranquila corriente de las afueras norteñas de los dominios del clan, un aterrador sonido vino desde abajo.

—¡IIIIIIIIIaaaaah!

Adron se tensó. Se agazapó a nivel del suelo, escondiéndose bajo el alto césped, y abrió sus cuchillas por completo.

—¡IIIIIIIII-Iaaaaah! ¡IIIIIIIhjiiiiii!

Temiendo que no pudiera imaginarse qué clase de criatura producía aquel sonido, Adron sostuvo el aliento silenciosamente mientras espiaba a través del pasto para buscar el origen del sonido. Estaba en algún punto en el aire, en algún lugar al otro lado del río...

... Algo que resplandecía.

Era una diminuta criatura de piel negra que flotaba en el aire sin la ayuda de alas. Su forma era pequeña y circular, envuelta en una capa de andrajosa carne que se ondulaba como una llama en la brisa, su color de un matiz tan invisible de negro-rosado que la criatura parecía una sombra innatural sobre una superficie invisible–excepto por los ojos. Dos monstruosos ojos amarillentos fulminaban desde su oscura figura, resplandeciendo como si el mismo sol se asentara detrás. Entre sus ojos había un embotado cuerno, un arma torpe, pero una que Adron no estaba dispuesto a subestimar.

Por unos momentos, el joven Scyther mantuvo su posición, simplemente admirando a esta extraña nueva maravilla del mundo mientras cantaba su extraña canción, con sus brillantes ojos reflejándose sobre la superficie de la corriente debajo.

¿Qué podría ser?, se preguntó Adron. Nunca he visto algo como eso. ¿Es esta una de esas criaturas fantasmas de las que Alrac hablaba de vez en cuando? ¿Qué está haciendo aquí?

Acosado por su curiosidad, Adron se movió en el pasto y comenzó a arrastrarse hacia ella. La criatura no pareció notar su presencia mientras flotaba sobre la corriente, emitiendo su suave grito.

Debería matarla, y llevarla a los ancianos, consideró Adron. Ellos serán capaces de contarme más. Y si es demasiado poderosa para mí, estoy lo bastante cerca de la guarida. Puedo perderla con facilidad.

¡No!


Aunque se había empezado a cansar en su retorno a casa, ahora ya no. Su corazón estaba a las carreras, su mente rebosaba con cuestiones y posibilidades. Se concentró en la criatura, observando sus más diminutos movimientos, preguntándose si se defendería ante su ataque...

En silencio, posicionó sus pies para brincar hacia ella con velocidad indetectable.

¡No! ¡No!

Sus alas se crisparon, preparadas para desplegarse y propulsarlo hacia adelante. Sus cuchillas estaban puestas en postura de ataque.

¡NO!

Los músculos del Scyther se tensaron una última vez, acumulando una última oleada de energía. Estaba listo.

Tan veloz como el sonido, Adron arremetió, con sus ojos fijos en su objetivo. En la fracción de segundo que le tomó cerrar la distancia, le sorprendió a Adron que la criatura ni siquiera había retrocedido cuando su presencia se hizo saber, como otras criaturas tenían el reflejo de sobresaltarse cuando algo inesperado ocurre. Esta, sin embargo, todavía flotaba distante, distraída, sobre el agua...

Con una hábil maniobra que había sido grabada en sus instintos, Adron empujó su cuchilla hacia adelante, moviéndola para decapitar a la aparición cuando pasara. Esperó sentir un rápido golpe de resistencia cuando el cuerpo de la criatura se separara, pero lo que experimentó fue una fuerte y desconocida sensación de pulsación en los nervios detrás de su cuchilla.

A ya unos metros de su objetivo, Adron detuvo su ataque e hizo girar su cabeza para estudiar el resultado.

La criatura todavía estaba entera. Y ahora, lo había notado.

¡No, no, NO!

Fue un incómodo punto muerto por los siguientes momentos, Adron mirando estupefacto a la criatura que debería estar muerta, y la criatura devolviendo su brillante mirada resplandeciente.

Él sabía que tenía que tomar una decisión. Su cuchilla no había cortado a la criatura, así que la criatura no se conformaba con las leyes normales y físicas del ser. Supuso que un ataque de base espiritual podría dañarla, aunque no sabía ejercer poderes espirituales con ninguna clase de consistencia. Asumió que intentar de nuevo produciría resultados similares.

Bien, entonces, decidió Adron, sin dejar de ojear a la criatura mientras se alejaba caminando. Vivirás. No pelearé contigo–

¡Skriiiiiiiiiiiiiiaaaaaaah!


Gimiendo como un infante afligido, el sombrío ser se lanzó en su propio ataque. Giró a través del aire directamente hacia su agresor.

Adron se sintió inundado de adrenalina una vez más. Desplegó sus alas y huyó tan rápido como su cuerpo pudo transportarlo.

Pero, igual, no fue lo bastante rápido.

¡PARA! ¡PARA! ¡PARA! ¡NO! ¡PARA ESTO!

Adron vio un destello de luz, más brillante que el sol, cuando la criatura colisionó con él.

Un chillido sonó a través de la noche. Era su propia voz gimiendo de la conmoción. Pero se sintió tan lejana... se sintió desconectada...

Un frío tipo de dolor inundó cada nervio, como si hubiera sido sumergido en aguas bajo cero. Supo que probablemente se había tambaleado hasta la corriente. Pero eso no importaba ahora, estaba tan distante, tan desconectado. Ni siquiera podía verse a sí mismo, no podía controlar su propio cuerpo adormecido, no entendía en dónde se encontraba...

Visiones pulsaron frente a sus cegados ojos, imágenes distorsionadas de sus propios recuerdos...

Luchó con toda su voluntad, pero no podía escaparse...

Por tanto tiempo, no pudo escapar de los confines de su propia mente... Las convulsiones, los impulsos, la oleada de emociones y sensaciones no lo dejaba ir...

¡No puedo sobrevivir esto por más tiempo!

Vagamente, escuchaba su propia voz, suplicando alivio y libertad de aquel remolino de visiones.

*¡CLANG!* *¡CLANG!*

Escuchaba el repiqueteo de sus propias cuchillas contra rocas mientras combatía ciegamente para triunfar... Sintió que su cabeza se estrellaba contra algo, cada forzada colisión cambiando el flujo de pensamientos y recuerdos a través de su confundido conocimiento...

Finalmente, hubo otro cegador destello de luz, luz que solo existía dentro de su cabeza...

Y se detuvo.

Los ojos del Scyther se abrieron de golpe. Su corazón latía tan rápido como las alas de un Beedrill. Su aliento jadeaba de forma descontrolada, hiperventilando y causando que sus nervios cosquilleasen.

Gruñó e intentó desplazarse en un intento de estudiar sus alrededores, pero encontró que era doloroso solo moverse. Todavía eran las horas más oscuras de la noche, con solo la tenue luz de la luna otoñal para otorgar algo de sentido a la escena. Había sido transportado en algún punto río abajo, y estaba completamente empapado, su cuerpo desparramado en la orilla. Había numerosos arañazos en las rocas a su alrededor, las rocas que había atacado con sus cuchillas por ciega rabia, así como varias mellas en donde había golpeado repetidamente su astada placa frontal.

Su propio cuerpo sufría con moretones, todos ellos apareciendo y desapareciendo de su percepción por la analgésica adrenalina que todavía circulaba en su interior. Observó su cuchilla izquierda, contemplando una quebradura en el mismo acero. Su ciega rabieta había sido intensa, su asalto sobre las rocas había sido inclemente.

—Muuugh —gañó él, reacio a siquiera mover un músculo—. Qué... Fui alcanzado... Fui alcanzado por... un ataque físico...

Con la comprensión ante él, por hábito recordó las cinco preguntas de la orientación propia. Se le enseñó a siempre recitarlas luego de recuperar el conocimiento, ya fuera de una noche de sueño, una contusión, o un ataque físico. Siempre había sido un recital tan simple, pero ahora parecía que estas preguntas ya no lo eran; sus pensamientos estaban borrosos, como si necesitara agarrarlos uno a uno...

La primera pregunta... , recordó él. ¿Quién soy? Soy... soy Adron... Un Scyther... Adron el Prodigio, me llaman...

Su estómago se enturbió del disgusto. Sus propios pensamientos no sonaban correctos.

La segunda... ¿Dónde estoy? Estoy... las afueras del altiplano, mi hogar... Tiene que estar... Fui... fui transportado río abajo...

Ni siquiera se molestó en ponerse de pie para verificarlo. Su energía ya no estaba, reemplazada por un frío y doloroso agotamiento, y una helada pulsación en su cabeza que parecía desorganizar sus pensamientos... permaneció tirado sobre las rocas, permitiendo a sus ojos cerrarse nuevamente.

¡Concéntrate...! Concéntrate..., se ordenó a sí mismo, luchando por reganar el control de su mente. Tercera... La tercera pregunta... ¿A quién sirvo? Al poder, el poder es el único dios al que servimos... No, no es eso... A los Adrellos... Sirvo al clan de los Adrellos... Sirvo al... Sensei Adram...

Cuarta... ¿Cuál es mi propósito? Debo llegar a casa... Debo llegar a casa... Necesito ayuda... Sanación... Debo... retornar... a casa...

Quinta... ¿Soy capaz de cumplir mi propósito?

¿Puedo... volver... a casa?


Intentó imaginar su posición relativa al Altiplano... pero no pudo.

Intentó recordar los muchos caminos y rutas a través del laberinto del Altiplano, sus rutas favoritas de vuelta a los terrenos de anidación... todas se volvieron una enredada maraña de recuerdos para él.

Su mente no podía concentrarse. No podía pensar.

No sé... , se dio cuenta, su sangre circulando incluso más fría que nunca. ¡No puedo responder a la pregunta! ¡No sé! ¿Por qué no lo sé...?

Fue en eso cuando lo sintió por primera vez: había ahora una gran brecha en su mente, una brecha que tragaba a muchos de sus pensamientos, y causaba que otros se desviaran de curso...

Y desde esta brecha, muchos nuevos, ajenos y absurdos pensamientos emanaban con impunidad, como un roto dique que se llevaba toda semblanza de razón...

Yo...

He perdido la cordura...


Impotente de continuar manteniendo su conocimiento, se rindió ante el agotamiento y cayó en un profundo sueño.


Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.

Rak, eres todo un artista



.- Pokémon Mundo Misterioso: Resistencia Plateada -.

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¡No se lo pierdan!

Pásense por mi página de Deviantart: WillChar96


Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.

#111
Saludos Will, y que bueno volver a leer un nuevo cap, vale la pena la espera; aunque debo decir que en un mes volvere a entrar en semana de examenes, por lo que quiza responda tarde para el sgte cap. Bueno sin mas preámbulos, dejare el comentario:

Spoiler
- Pues vaya cambio de contexto que tenemos, pasamos de "La huida de Char y Prince de los Viglantes" a "La vida del Scyther más experminetado en combate que menciona el fic hasta el momento, en su juventud -o infancia?-" (un poco largo ese ultimo xD) pero aun asi, pienso que esto nos aclarara algunas cosas sobre Scythe (o deberia decir Adron?).
- Bueno, en este cap practicamente se cataloga a la tribu (si se le puede decir asi) de los "Adrellos" como nomadas y tambien, tienen una sociedad un poco... no se si este bien decirle primitiva o feudal (era y sigo siendo pesimo en Historia u.u), pero va por ahi (lo sigo mas que nada por su "codigo"); y dado a que, segun yo, Scythe a lo mas tendria unos 40 o 50 años (puede que este exagerando y puede tambien que este olvidando si ya mencionaron la edad de Scythe en caps anteriores), me hace pensar que en el fanfic quiza no esten en una epoca nuestra, es decir, siglo XXI o ni siquiera siglo XX.
- Puedo notar que los años han cambiado a Scythe a como es ahora, en este cap se nota que es hasta un poco arrogante y egocentrico cuando joven.
- Bueno, al ser primera parte todavia espero las sgtes para decir algo mas, aunque veo la necesidad de expresar algunas dudas: 1) En esta parte mecionan que Scythe es un "crío" o "niño", pero no tengo una idea clara de mas o menos que edad tendria un "niño" pokemon. En una parte mencionan algo de 1000 dias, que son aprox 3 años, y eso me parece muy joven; sin embargo, para los pokemon eso puede ser distinto. 2) Hay una parte en la que Scythe/Adron dice "puerco", pero tambien hay otra en la que Adarc dice "Tauros", por lo que: o la tribu solo sabe los nombres de algunas especies de pokemon y de otras no, o al autor se le paso ese detalle (cosa dificil, pero no imposible), o que este mundo pokemon tiene tanto especies animales como pokemon (aunque cosas asi ya las mencioaron antes, no estoy seguro).
- Por ultimo, si lo que le hizo eso a Scythe era un vigilante, y algo parecido le hicieron a Saura, pues , que mala espina tengo.


Bueno Will, hasta el proximo capitulo (creo que esto ultimo lo he escuchado antes...).
#112
juan459:

Bueno, yo acabo de salir de mis exámenes, pero comenzaré con mis estudios preparatorios para la universidad u.u. Todavía no tendré el tiempo que quiero.

Se podría decir que este capítulo especial es como un respiro de la historia, porque se está volviendo densa. Pero la verdad, creo que esta serie de episodios la hacen aún más densa xD.

Yo diría que son nómadas, jerárquicos y elitistas. Y sí, muy primitivos (?). En la entrevista que se le hizo al autor, una de las preguntas fue la edad de los personajes, y él dijo que Scythe rondaba los 60 años, así que estuviste cerca :P. Y tampoco creo que estén en nuestra época; quizá mucho antes que nosotros o en un universo alterno.

Para la primera duda: el autor mencionó en un momento que los Pokémon en su historia vivían por mucho tiempo (superando los 200 años, creo), por lo que creo que también hay algo especial sobre sus tiempos de juventud (quizá hasta se desarrollan muy rápido, o algo así, podría ser una posibilidad). Para la segunda duda: creo que al decir puerco, se podría haber referido a algún Pokémon que se parezca a un puerco (Piloswine, Pignite), pero también podría haber sido algún animal. Recuerda que ScytheRider ya ha utilizado antes insectos en lugar de Pokémon (moscas, en un capítulo, y gusanos, en otro).

Y sí, sin duda lo que atacó a Adron fue un Vigilante. De ahí el título del Episodio Especial.

Gracias por seguir leyendo ^^




Nota del traductor:

Como la revisión del autor original es menos consistente de lo esperado, empezaré a publicar las versiones aún no revisadas de los capítulos para poder avanzar la historia.

Cuando el autor haga la respectiva revisión, le haré los cambios al capítulo y retiraré esta nota. Pero por ahora estará aquí la versión vieja del capítulo. Los cambios se limitan a algunos errores de tipeo y a agregar algunas descripciones o sacar otras, es decir, la escencia de la historia sigue ahí.





46. Episodio Especial: Vigilante, Parte 2


Spoiler

“¡Tu mente ya es tan brillante como el sol, y tu concentración tan aguda como el acero!”

“Adron, honestamente, no me sorprendería si tú te conviertes en el siguiente candidato a padre de nuestro clan.”

“No es magia, es concentración. La concentración lo es todo.”

“Arceus no me ha dado nada, yo me gané todo lo que tengo.”


... ... ...


Adron se despertó en la mañana siguiente con un pie con garras sobre el pecho. Jadeó en voz baja a medida que su mente se removía de sus perturbadores sueños.

El sol se había alzado otra vez, pero no pudo descifrar qué tan tarde había dormido. Dos Scyther estaban ante él, aunque no pudo decir quiénes eran.

—¡Estoy sorprendido, Adron, tú durmiendo pasado el alba! —dijo una voz desde arriba de él—. Y pensaba que pretendías estar durmiendo para sorprenderme con un ataque. Estábamos preocupados porque nunca regresaste anoche. ¡Vamos, Adron! ¡Levántate!

—No se ve bien —se dio cuenta el otro Scyther—. ¡Adron! ¿Te han hecho daño? ¿Qué te ocurrió? ¡Dime quién te ha hecho esto, para que podamos destruirlo!

—Fui... alcanzado por un ataque psíquico... —masculló Adron, intentando penosamente levantarse del suelo—. Mi mente está estropeada...

—¿Oh, eso es todo? —replicó uno de sus compañeros—. Se te pasará antes de que el día acabe, entonces. Los animales salvajes no son lo bastante hábiles en las artes psíquicas como para causar daño permanente.

¿Son estos mis amigos?, se preguntó Adron. Lo son. Son Scyther, como yo. Son parte del clan. Pero... ¿son cercanos a mí? No reconozco sus voces... Necesito reorientación...

Soy Adron, un Scyther... No sé dónde estoy... Yo sirvo... al clan... Mi propósito... ¡casa!


—Casa —murmuró Adron, recordando la pregunta—. Llévenme a casa. Muéstrenme el camino... No puedo recordar el camino...

Adron finalmente se arrodilló, su cuerpo todavía palpitante y difícil de mover. Ancló una cuchilla en el suelo, inclinando la cabeza hacia atrás y entrecerrando los ojos por la poderosa luz diurna.

Oh... ese es Adiel, se dio cuenta, contemplando las caras de los otros. Lo conozco. Él me respeta. El otro... es alguien más. Adarc. Somos rivales.

—Sus ojos se mueven muy innaturalmente —comentó Adiel—. El asalto psíquico debe haber sido fuerte. Deberíamos dejarle descansar hasta que recupere la cordura, pero no aquí.

—Ayudaré, entonces —dijo Adarc—. Él hizo unas cuantas cosas por mí ayer que deben ser repagadas, como mostrarme en dónde han estado escondiendo su comida.

Adron sintió cómo los dos Scyther enganchaban sus brazos bajo los suyos, ayudándolo a ponerse de pie.

—No le contarás a nadie sobre nuestros escondites —advirtió Adiel—. Si averiguo que has hablado con otros sobre ellos, me aseguraré personalmente de que nunca hables de nuevo.

—Es como dijo Adron —replicó Adarc—. No tengo razón para contárselo a alguien más. Es un lugar tan bueno, ¿por qué debería desperdiciarlo?

—¿Qué sientes, Adron? —preguntó Adiel con preocupación mientras lo ayudaban a caminar—. ¿Has perdido tus recuerdos?

“¿Ves, hermano? Yo aprendo también.”

“No capturamos a las presas. Nosotros las matamos.”

“No hay bestia que el padre Adrav no pudo destruir sin el planeamiento adecuado.”

“No hay padres o hijos entre los Adrellos, solo hermanos.”


Adron sacudió la cabeza—. No... sí recuerdo cosas —luchó por responder, las palabras difíciles de encontrar y aferrarlas—. Pero mi mente está acelerada... No me puedo concentrar... Demasiadas cosas fuerzan su camino ante mis ojos...

—Debes descansar —le contó Adiel—. Tu confusión se dispersará pronto...

... ... ...


Adron se acurrucó en la fría guarida de piedra por el resto del día, observando cómo sus rampantes pensamientos danzaban a través de las sombras. Esperó a que el asalto amainara, como un dolor de estómago lo haría usualmente, pero luego de muchas más horas el frenesí no mostró signos de querer cesar. Era siempre como si ya no comandara a su mente, sino que solo era capaz de ofrecerle la más endeble de las sugerencias, la cual esta ni se molestaba en seguir. Se encontró a menudo en un trance dentro de sus sueños sin sentido, a veces sin poder saber si eran reales o no, antes de emitir un frustrado gemido y volver de golpe a la realidad.

“Alrac me enseñó algo hoy”, dijo una voz. “Puedes ayudarme a practicar.”

“Si puedes hacer que tu oponente se enfurezca, suelen olvidar cómo defenderse a sí mismos y arremeten de cabeza para conquistarte. Debes usar esto a tu favor.”

“¡Dime quién te ha hecho esto, para que podamos destruirlo!”


Adron sacudió la cabeza, batallando contra el suelo con sus cuchillas otra vez y aferrándose al sonido que hacían como un ancla a la realidad. Tantos pensamientos inútiles y aleatorios pulsaban por él, ninguno de ellos relacionado con el otro. Eran como una docena de crías clamando por su atención, su amparo, pero cada grito era fugaz y poco entusiasta, ofreciendo nada a cambio por el esfuerzo que hacía. Se preguntó si la criatura fantasmagórica en realidad se había adherido dentro de él, y estaba ocupada explorando sus recuerdos contra su voluntad.

Y solo nunca se detenía. No podía liberarse de aquella locura.

Se volvió más difícil intentar reflexionar sobre su propia vida. Conseguía conjurar imágenes de Adron el Prodigio, evocadas por la visión del tamaño de la guarida y la forma y el sabor de las tinieblas que la llenaban. Sabía exactamente quién era, y quién se suponía tenía que ser. Recordó que había planeado jugarle un truco a Adarc aquel día como precio a pagar por conocer su secreto. Recordó que se suponía que tenía que ayudar a los otros críos con el entrenamiento de resistencia antes de que se confrontaran al sensei. Ocasión tras ocasión, intentó acumular el coraje para forzarse a salir de la guarida, reclamar su vida y su identidad–pero sus pensamientos no se seguían uno al otro, como si grandes trozos de su mente estuvieran simplemente faltantes, y siempre caía de vuelta en sus abarcadores ensueños.

—¿Te estás recuperando, hermano? —preguntó una voz, causando que Adron volviera de forma violenta a la realidad—. Tranquilo. Soy solo yo, Adiel...

Adron negó con la cabeza, con temor a balbucear cualquier cosa.

—Alwry escuchó al viento y oyó que estabas enfermo, y decidió venir para acosarte —reportó Adiel—. La ahuyenté.

“Cuando Alwry estaba en el huevo, Arceus eligió amputarle el cerebro.”

“No voy a pelear contigo, Adron. No peleo con cobardes.”

“Cuando ataques, mantén tus cuchillas niveladas con la dirección de tu ataque. Tu extremidad podría ser arrancada si golpeas en el ángulo incorrecto.”

“Hay una tormenta. La veo acercarse. Nos envolverá antes del anochecer.”

“Un Scyther puede sobrevivir una caída de hasta once alturas corporales. Cualquiera mayor puede ser letal. Es por eso que Arceus hizo que nuestras alas se cansen tan pronto; no están hechas para permitirnos volar, solo para complementar nuestros movimientos.”


—Gracias —solo pudo responder Adron.

—De seguro volverá, y con sus amigos en la próxima —dijo Adiel—. No sé si podré retenerlos. Espero te recuperes. Podríamos tenderles una trampa.

—Temo... temo que... no me estoy recuperando en lo absoluto —profirió Adron—. ¿Cuánto ha pasado? No me siento diferente. Necesito que alguien me ayude...

—Solo ha pasado menos de un día, y sabes que no hay psíquicos dentro del clan —dijo él—. No habría nadie que te ayude. Y todavía hablas con coherencia. Me entiendes. No estás demente. Supera esto, mi hermano. Tu mente prevalecerá.

Adron trabó su mirada con la de su hermano, forzando a sus ojos que se quedaran quietos ya que deseaban seguir a los muchos objetos que fluían ante su visión—. Adiel —retornó él, un ligero quejido en su voz—, cualquier semejanza a... cordura... que ves en mí... es una ilusión. Y... no sé cuánto tiempo más podré mantenerlo... Adiel, por favor. Ayúdame.

Adiel parpadeó. Encontró difícil aceptar qué tan desesperadamente estaba actuando Adron. Era irreal. Adron nunca había suplicado por nada, siempre había sido el que tomaba las cosas por su cuenta. Pero ahora, quebrado por aquel duro golpe a su mente, su cara delataba una perturbadora vulnerabilidad.

—Cuando esto acabe, no habré sido el que te traicionó cuando lo necesitabas —decidió Adiel—. No sé qué esperas que yo haga, pero... encontraré algo. Tienes mi palabra. Encontraré una manera de ayudarte.

—Gracias —dijo otra vez Adron.

“Adiel, siempre he sido capaz de confiar en ti.”

“Solo confío en aquellos que son dignos de mi confianza.”

“Podríamos tenderles una trampa.”

“Intenta no esquivar tanto los ataques. En vez, bloquéalos.”

“No empieces la batallas con tus técnicas más avanzadas; usa solo las que podrían deshabilitar al oponente. Mantén secretas tus verdaderas habilidades para que te subestimen.”

*Pam*


Adron estrelló su cabeza a la fuerza contra la pared, teniendo esperanzas de que el trauma físico lo ayudara a ganar algo de control.

... ... ...


En el segundo día, otro crío arribó a la guarida trayendo un mensaje. Adron estaba adolorido y entumecido, por no haberse movido de su posición en más de un día, a pesar de que su mente había dado varias vueltas al Altiplano Quebrado y los alrededores contra su voluntad. No reconoció al mensajero de forma inmediata y no se esforzó en tratar recordarlo, pero el mensaje fue bastante claro para él.

—El Sensei Adram quiere verte inmediatamente —reportó el mensajero.

Esto lo confundió, pero no recordó por qué. Se quedó con la mirada vacía hacia el mensajero por un momento, esperando a que los pensamientos correctos encajaran para pedir una elaboración. El mensajero aparentemente entendió la indirecta antes de que él lo recordase.

—No estaba programado que entrenases de nuevo por diecisiete días más, pero él insiste —continuó el Scyther—. Parecía entusiasmado por hacerlo.

—Guíame —ordenó Adron.

... ... ...


Cuando Adron estuvo ante su jubiloso entrenador, el temor apareció en su corazón. Hizo su mejor esfuerzo para mantener una postura dignificada a medida que su entrenador se paseaba alrededor de él.

—Escuché sobre tu escapada de anoche —dijo el sensei severamente—. Lo escuché del viento, sí. Bastante engreído de tu parte, no solo por romper mis reglas sin ninguna gota de remordimiento, sino por arrastrar a siente de tus amigos contigo.

Esto no se sentía correcto. Para nada.

Debería haber sido tan familiar. Debería haber sabido alguna respuesta ingeniosa a la acusación del sensei. Pero aún, se sentía perdido, como si estuviera explorando un bosque letal a medianoche. Sentía miedo.

—¿Nada? ¿No tienes nada que decir en tu defensa? —se mofó el anciano—. Bien, bien... el prodigio se ha quedado mudo. ¿De seguro no esperabas salirte con la tuya? ¿Qué? ¿Pensaste que no lo averiguaría? ¿En serio subestimas mis poderes de observación?

—No, sensei.

—No pensé que lo hagas —retornó el sensei Adram—. Eres mejor que eso. Tú sabías. Tú sabías exactamente cuáles serían las consecuencias. Y continuaste de todas formas. Dime, Adron, ¿fueron sabrosos los filetes de Tauros? ¿Fueron satisfactorios?

—Sí, sensei.

—¿Valieron la pena?

Adron se estremeció. Esta era una pregunta intencionada. De su tipo favorito, incluso. Requería de una respuesta astuta y política. Nunca había fallado en burlar alguna. Ahora, si solo pudiera concentrarse...

No podía. Luego de percibir que la espera se volvía incómoda, aceptó la derrota y replicó con la única cosa que su mente había interpretado de la pregunta:

—No... no lo sé —dijo finalmente, vacilando—. ¿Valieron la pena?

El sensei hizo una sonrisa afectada. La respuesta lo había satisfecho, pues ahora respondía con una malvada y diabólica sonrisa. Adron supo que debería estar satisfecho. Supo que su corazón debería estar radiante de orgullo. En vez, se hundía más.

—He estado ponderando sobre ti —explicó Adram, paseándose un poco más—. Y creo entender justamente qué tipo de desafío anhelas. No solo eres un guerrero. Eres un líder. Tus hermanos te respetan y hacen lo que dices. Tu presencia les da confianza, por lo menos la suficiente para arriesgar sus vidas por un simple filete de Tauros, aparentemente. Y tú ciertamente has demostrado que los entiendes lo suficiente para manipular sus fortalezas con el fin de acercarte a tus metas propias.

Tauros...

Ellos van en estampida cuando son atacados...

“Adron, incluso los guerreros tienen problemas al enfrentarse a una horda de Tauros...”


Adron se mordió la lengua. No podía permitir que su mente se desviara. No ahora. Soltó un profundo y tembloroso aliento e intentó con todas sus fuerzas fijarse en las cosas físicas a su alrededor, el latido de su corazón, los sonidos de los pies de su entrenador cuando colisionaban con el rocoso suelo.

—Yo soy tu último entrenador, y me rehúso a ser rebasado por uno de mis estudiantes —decretó Adram—. Entonces, esto es lo que he decidido como castigo para ti: yo ya no voy a entrenar a los críos. Tú lo harás. A todos ellos. Pero responderás a mí. Les enseñarás lo que yo diga, en mi agenda. Pero los métodos serán decisión tuya. ¿Quieres un duelo más duro de mi parte? Bien, pero puedes tenerlo no como un oponente en batalla, sino como un líder rival, ya que tomarás el mando de tus hermanos y los fortalecerás. Y asegúrate de prepararlos bien, pues yo los pondré a prueba con dureza...

—Sensei... no.

—Entiendo que algunos de los críos estarán indispuestos a aceptar órdenes de ti, incluso si son solamente mis órdenes las que les estarás delegando —continuó Adram, ignorando la reacción de Adron—. Por lo tanto, le daré a cada crío la elección entre responder a ti, y responder a mí. ¡Solo que aquellos que me elijan encontrarán que mis métodos se han vuelto tan duros, que no durarán ocho días bajo mi mando!

—Sensei... ¡no!

—Y por otra parte, me rehúso a creer que honestamente pienses que tus habilidades son todavía inadecuadas —divagó Adram—. Marca mis palabras cuando digo que serás un miembro dignificado de los Adrellos esta noche si es que la confirmación fuere agendada para este mismo día.

—¡Sensei!

Adron estaba jadeando ahora. Esto era imposible. Esto estaba mal. ¡Demasiado mal!

—Bueno, me he decidido, ¡y no lo cambiaré! ¡No tengo ni una gota de arrepentimiento! —proclamó el sensei—. Ooh... ¡solo míralo! ¡Deberías ver tus propios ojos ahora, Adron! ¿Es eso euforia lo que veo? ¿Acaso esta propuesta te complace? O... quizás, ¿te abrumó? ¿Es eso temor verdadero en tus ojos? Tal vez esto no es lo que querías en lo absoluto... Hmm... Estás tan callado esta tarde, es difícil descifrar qué es lo que en verdad piensas.

El anciano se acercó varios pasos hacia el pequeño crío, intimidándolo—. Bueno... si te disgusta esta propuesta, entonces te ofrezco una salida. ¡Derrótame en una batalla! Y te advierto, te mostraré un poquito de mi verdadera habilidad. Quizá hasta intente matarte una o dos veces. ¡No será fácil! ¡Muéstrame qué tanto deseas desafiarme!

*¡Clank!*

El primer ataque fue bloqueado puramente por suerte. Adron se había encogido ante el repentino movimiento de su profesor, y consiguió bloquear el curso de su golpe abierto. El impacto se sintió como una sacudida de fuerza bruta para su desequilibrada mente, y su visión se sacudió.

El segundo golpe, sin embargo, no lo fue.

*¡Zas!*

Un forzado golpe del revés. Adron vio estrellas, y su cuerpo giró fuera de control y se desplomó en el suelo. Por un momento, sintió su cuerpo como sumergido en una corriente. Vio el destello de una fantasmagórica figura, con resplandecientes ojos amarillos. Escuchó su inquietante grito. Solo apenas estaba consciente de la suave risa de su profesor.

—Je, je, je, je —se rio entre dientes Adram—. Tuve razón todo el tiempo. Sí lo quieres... Estoy avergonzado por haber dudado de mí mismo.

Sacudiendo su cabeza violentamente, Adron se arrodilló y volvió a ponerse de pie.

—¿Cómo... cómo sabes en dónde bloquear? —dijo él, prácticamente sin querer.

Adram parpadeó. Esta era una pregunta extraña, y le tomó un minuto formular una respuesta. Quizás Adron estaba solicitando un consejo sobre técnicas de enseñanza elementales, ya que pronto él mismo sería profesor.

—Las pistas —respondió él finalmente—. Aprendiste esto desde tu infancia. Lees las pistas de tu enemigo. Mira la forma en que mi cuchilla se desplaza, observa mis músculos, y siempre podrás saber en dónde y cómo atacaré. Entonces... ¿quieres probar de nuevo?

—Sí —dijo Adron, enfrentando a su profesor una vez más.

Adram inauguró la batalla una segunda vez. Lanzó su cuchilla, del revés, a la izquierda de Adron. Adron arrojó sus propias extremidades y la bloqueó. Adram siguió con un golpe a la derecha. Adron siguió el curso con sus ojos y bloqueó ese también. Luego Adram optó por la izquierda, pero uso su otra cuchilla para golpear la derecha de Adron. Adron voló una vez más y se estrelló contra el rocoso suelo, lo que se sintió como la fuerza de una cascada contra su rostro a medida que patinaba hasta detenerse.

—Pero yo bloqueé —se quejó Adron—. ¿Qué ocurrió?

—Te engañé —respondió Adram—. Ya que sabía qué pistas estabas vigilando, las fabriqué... Adron, no estarás jugando una broma, ¿o sí? Las tuyas siempre han sido inteligentes. Nunca... juveniles.

—Sensei... escuche.

—Estoy escuchando.

Sin molestarse en alejarse del suelo, Adron se sentó, buscando a tientas las palabras apropiadas en la caótica oscuridad de su mente. Cada vez que encontraba alguna, parecía escaparse tan prontamente...

—En la excursión de caza... los Tauros... fui dañado.

—¿Oh...? —dijo Adram, sorprendido—. ¿Estás herido?

—Mi mente —dijo el crío—. Fui alcanzado por un ataque psíquico. Estoy confundido... todavía...

Adram parpadeó nuevamente—. ¿Así que este es tu problema? ¿Estás confundido? Bueno... lo lamento, no pude captarlo... Bueno, entonces... quizá tendremos está conversación otra vez cuando te hayas recuperado.

—Enséñeme —suplicó el crío, poniéndose de pie y parándose sumisamente ante el anciano—. Enséñeme a pelear.

—Hmm... Yo no soy el mejor profesor elemental —admitió Adram—. Y no tengo el tiempo para entrenarte desde el nivel de infancia de nuevo...

—¡No, por favor, sensei! —exclamó Adron—. Por favor. Enséñeme. Lo más esencial. Yo... me ayudará a recuperarme, si puedo recordar lo esencial... ¡Por favor, solo una lección!

—Muy bien... —gruñó Adram, un poco decepcionado por cómo resultó aquella sesión—. Muy bien... lo más esencial... Si solo pudiera encontrar las palabras para esto... Bien. La clave para derrotar a cualquier enemigo es entenderlo. Si tu enemigo es inexperto y tiene una estrategia superficial, podrás aplastarlo sin demasiado esfuerzo. Pero si tu enemigo sabe cómo luchar, o si sospechas que está tratando de hacer que lo subestimes, entonces se vuelve vital que lo entiendas. Cuando comiences, sé defensivo. Averigua las pistas que deja, pero no siempre hagas aparente lo que quieres saber. La batalla es una danza veloz, ambos averiguan pistas y las fabrican, para que en esencia se vuelva un extravagante juego de fuego-agua-hoja... Aprende a jugar ese juego al ritmo del corazón, y la batalla la tendrás dominada...

... ... ...


Fue una incómoda hora de entrenamiento en la que Adron repasó todas las mociones que ya conocía tan bien. Le dio algo de alivio practicar el arte de la batalla, incluso si las batallas eran lentas y deliberadas. Era todo lo que podía manejar. Supo que todas esas trepidantes pistas, todas esas maneras de averiguar lo que estaba en la mente del enemigo, estaban ahora fuera de su alcance. En donde fuera que escogiera guardarlas en su mente, no se quedaban adheridas, y ya no estaban la siguiente vez que volvía para encontrarlas. Cada vez que intentaba mover su cuerpo de pronto, lanzar sus cuchillas, su mente preguntaba “¿por dónde?” y se olvidaba de la respuesta.

Y agradeció al sensei cuando la sesión hubo terminado, pero no tuvo el coraje para decirle que la práctica no estaba ayudando a que se recuperase. Cuando retornó a su guarida, era vergüenza lo que ahora coloreaba sus pensamientos. Tenía temor de confrontar al sensei de nuevo. Tenía temor de confrontar a los otros críos. No se sentía capaz de nada salvo yacer en el fondo de la guarida, observando a sus pensamientos salir disparados por la habitación como estrellas fugaces.

Adron presionó su cabeza contra la pared, sintiendo una reacción que no había experimentado desde los días más tempranos que pudo recordar. Lágrimas cayeron desde los dos orificios de su placa frontal.

... ... ...


En el cuarto día, otro mensajero ingresó a la guarida.

—¿Adron? —llamó en voz baja—. Soy yo, Adiel...

Adron se sintió aliviado al escuchar esto. Se giró para mirar a su amigo a los ojos.

—Ven conmigo —le urgió Adiel—. Hay algo que debes ver, pero intenta no levantar sospecha mientras vamos.

... ... ...


—He roto un montón de reglas para que esto ocurriese —dijo Adiel en voz baja mientras guiaba a Adron hacia el norte pasando el río y entrando al Prado Salvaje—. Pensaría que estarías orgulloso de mí si estuvieras en tu sano juicio. Te he mantenido mi palabra.

Sin entender a qué se refería Adiel, Adron lo siguió a través del prado hasta llegar a un pequeño valle escondido entre dos empinadas colinas. Entre ellas, ahí estaba una inusual criatura.

Era un animal de cuatro patas, su pelaje de un muy claro matiz de violeta. Al mirarlo a los ojos, Adron pudo decir que probablemente era inteligente; claramente no tenía ganas de estar en aquella reunión, pero aguardaba pacientemente de igual forma. Se elevó hasta apoyarse sobre sus cuatro patas cuando los dos Scyther se aproximaron.

—¿Este es él? —cuestionó la criatura desde la distancia.

—Sí —respondió Adiel—. Haz lo que puedas para ayudarlo.

—Tienes suerte de que pueda leer tu mente y saber que no estás planeando chantajearme con esto —dijo la criatura—. Si mi tribu supiera que estoy asistiendo a unos Scyther, sería el hazmerreír.

—No te traicionaré —le aseguró Adiel—. Ahora, te he pagado. Ejecuta tu servicio por favor.

La criatura se acercó a Adron, manteniendo una cautelosa mirada en sus temblorosas cuchillas.

—Soy Espeon —dijo la criatura con cortesía—. Soy un psíquico experimentado. Tu amigo me dijo que tu mente ha sido corrompida.

Adron asintió, sus ojos abriéndose más por la esperanza.

—No perderé el tiempo, entonces. Entraré a tu mente —explicó el Espeon—. No te alarmes si sientes mi presencia. Solo estaré mirando.

El Espeon bajó la mirada, dejando que sus párpados cayeran a medio cerrarse. La rosada gema de su frente resplandecía en la luz del sol.

Adron lo sintió cuando la onda psíquica penetró su conocimiento. Retrocedió y dimitió de controlarla, dejándola pasar lo mejor que pudo. Primero sondeó la superficie exterior una vez antes de lanzarse a lo profundo, desencadenando algunas visiones y recuerdos cuando lo hizo.

“Yo soy Adron, un Scyther, siervo de los Adrellos. Estoy bajo el cuidado de mi profesor, Alrac. Mi propósito es fortalecerme para impresionar a los ancianos con mi habilidad. Aún no soy capaz de satisfacer este propósito, pero con más práctica me acercaré.”

“Así que este es Adron el Prodigio. Estuve esperando con ganas esta reunión.”

“¿De seguro no esperabas que fuera... blando contigo?”

“El código es tu identidad. Nunca lo niegues. Más tarde aprenderás por qué es una ley tan vital.”

“Si no podemos aprender a romper las reglas cuando tienen que ser rotas, seremos críos por el resto de nuestras vidas.”

“¡IIIIIIIII-Iaaaaah! ¡IIIIIIIhjiiiiii!”


Adron ya no podía ver lo que estaba ante sus ojos. Todo lo que pudo observar eran los impulsos mentales que el psíquico salpicaba dentro de él.

—Hmm —comentó el Espeon, crispando las orejas—. Puedo ver ahora por qué estás abrumado. Esto es un caos.

“La oscuridad se cierne. Adiel, guíalos de vuelta a la guarida. El camino no es tan largo; no deberían encontrarse con oposición.”

“Debería matarla, y llevarla a los ancianos. Ellos serán capaces de contarme más.”

“¡IIIIIIIIIaaaaah!”


—Espera, espera, detente un momento —murmuró el Espeon, cesando con su exploración a través de la mente de Adron por un momento—. Dijiste que un Pokémon salvaje lo alcanzó con un ataque psíquico. No mencionaste que fue uno de tipo fantasma.

—¿De tipo fantasma? —repitió Adiel, sin entender—. Yo... no estuve allí cuando sucedió. Solo te dije lo que Adron me contó. ¿Qué es el tipo fantasma, y qué poderes tiene sobre la mente?

—Creo saber lo que sucedió —reportó el psíquico en un tono desventurado—. Tu amigo se ha encontrado con uno de los Vigilantes.

—¿Vigilantes? —repitió Adron, recordando el amarillo resplandor de los ojos del fantasma.

—Sí, los Vigilantes —explicó el Espeon—. He estado escuchando reportes sobre ellos por los últimos cinco años. Aparecen solo a la noche asemejándose a las formas de Pokémon de tipo fantasma, aunque no estamos seguros de que posean algún tipo de conocimiento. Algunos creen que son solo catalizadores de almas, sin alma propia. Pero poseen poderes terribles que todavía no entendemos. Se les ha dado su nombre por cómo parecen contentos con solo sentarse y vigilar al mundo, sus ojos vacíos como si solo vieran a través del mundo espiritual. Son muy raros, aunque son más comunes ahora que hace cinco años. Tememos que estén incrementando de población.

—Entonces, ¿qué ha hecho este ‘vigilante’ a Adron? —imploró Adiel—. ¿Puede ser curado?

—Determinaré eso en instantes, ya que es una pregunta difícil de responder —dijo el Espeon—. Pero te contaré esto, tu amigo tiene mucha suerte de estar vivo. Solo perdió su mente en el sentido figurado. He escuchado de un incidente en que un Vigilante causó que un Pokémon perdiera su mente literalmente, es decir, le arrancó el cerebro mismo del cráneo. A ustedes Scyther probablemente les gustaría ver eso —agregó con cara de desprecio.

De nuevo, la gema del Espeon se iluminó, y Adron sintió la incómoda intrusión de la otra mente dentro de la suya. Esta vez fue mucho más forzada, vadeando entre la cascada de pensamientos y evaluando la misma estructura de la mente de Adron.

“Somos las sombras que se extienden en el ocaso, somos el viento que mece los árboles: inconquistables, invisibles.”

“¿Sabes cómo burlar a un anciano? ¿Lo sabes?”

“¡Sé cómo burlar a una bestia salvaje!”

“Siempre mantén la postura. Tu postura es lo que evita que el enemigo te lea.”

“Siempre escucha al viento, a veces te cuenta todo lo que necesitas saber.”

“Por cada movimiento en batalla, solo se te permite un pensamiento. Nunca vaciles. Nunca pienses de más. Mira, y ve la verdad.”


Duró mucho tiempo. El Espeon le dio compañía en su desconcertada mente por casi media hora, probando sus rampantes pensamientos en busca de reacciones, y observando a dónde le llevarían. Era muy persistente, explorando incluso las esquinas menos propensas a ser dañadas. Pero incluso Adron pudo sentir su tensión a través de la conexión mental. El Espeon estaba agobiado. Las cosas no tenían sentido para él. Muchas de sus pruebas fracasaban. Se encogió ante la idea de darle al Scyther malas noticias, las que intentaba retrasar el mayor tiempo posible, siempre buscando nuevas posibilidades. Pero eventualmente, su poder psíquico empezó a cansarse, y tuvo que desistir.

—Ahora sé qué ha hecho el Vigilante contigo —reportó el Espeon, cerrando la conexión—. Para ponerlo... en una forma que entiendas, ha quebrado la barrera que hay entre tu conocimiento y tu mente subconsciente. Las imágenes que verías en tus sueños a la noche, ahora las ves constantemente, y es difícil para ti distinguir el sueño de la realidad.

»Temes la manera en que tus pensamientos fluyen ahora, pero entiende que siempre han fluido así. Es la forma misma en que la mente trabaja, viajando de una sensación a la siguiente a la velocidad de la luz. Es cómo piensas. Eras un genio, tus pensamientos siempre se han movido tan rápido como lo hacen ahora. Pero era tu conocimiento el que siempre podía darle sentido a estos pensamientos, corrigiéndolos cuando iban fuera de curso, e interpretándolos. Ahora, a causa del ataque, tu conocimiento está desarmado, y no puedes evitar que los pensamientos vayan al camino que les plazca.

—Ya... ya veo —murmuró Adron en respuesta, comprendiendo parcialmente las palabras del Espeon—. ¿Puedes curarme?

El Espeon hizo una reverencia, soltando un gran respiro antes de responder—. No puedo —admitió—. Me considero a mí mismo un psíquico magistral, pero esta herida es tal que si yo siquiera la intentara reparar, es demasiado probable que termines con no más pensamiento racional que una roca. Lo lamento, Scyther. El daño es permanente. Tendrás que aprender a hacerle frente.

—¡Debes ayudarme! —insistió Adron—. ¡Cambia algo en mí, por favor!

—Ya te dije, no lo haré —dijo el Espeon forzadamente—. Las chances de hacer algo significativo son aproximadamente las mismas que conseguir que un segundo Vigilante te ataque y esperar que revoque las transgresiones del primero. Me rehúso a ser culpado por tu muerte, y pasarme el resto de mi vida huyendo de tu clan con una recompensa por mi cabeza. ¡Ya sé que ustedes Scyther no perdonan!

—¿Qué... hago? —preguntó Adron en blanco.

—Te dije, hazle frente —replicó él simplemente—. Ya no podrás ser un guerrero, pero todavía puedes vivir. Y en serio, eso es todo lo que cualquier Pokémon puede pedir.

“Nunca debemos contentarnos. Las criaturas que viven sin propósito son débiles e inútiles; nuestra eterna hambre de poder es la fuente de nuestra fuerza.”

“Algún día, aprenderás el porqué.”

“¡No dejen que escapen! ¡Ataquen!”


—¡Ayúdame! ¡O te mataré! —chilló Adron—. ¡No puedes dejarme así!

Adron arremetió sin control.

Hubo un fuerte rugido cuando el Espeon se preparó para el ataque, su gema brillando nuevamente. Adron sintió cómo sus extremidades se paralizaban y se rehusaban a moverse. Luchó, pero su cuerpo había sido poseído, desarmado por el poder del psíquico.

—¡Santo Arceus, Scyther! —gruñó el Espeon—. ¡Controla tu sed de sangre! ¡Yo he mantenido mi parte del trato! No tienes razón para matarme. Por favor, retenlo...

Adiel hizo un ademán de sujetarlo, pero no hubo necesidad. Cuando el Espeon lo liberó suavemente, Adron se desplomó en el suelo. Sin más vacilación, el Pokémon psíquico hizo un escape rápido y corrió por detrás de la curva de la colina antes de que Adron pudiera maldecirlo de nuevo.

Luego de que el Espeon se hubo ido, hubo un minuto entero de silencio entre los dos hermanos Scyther. Adron jadeó por respirar, escuchando todavía el zumbido de la voz del psíquico en sus oídos.

“El daño es permanente.”

“Tendrás que aprender a hacerle frente.”

“El daño es
permanente.”

“Ya no podrás ser un guerrero...”


—No puedo... no... —jadeó—. No sé qué hacer ahora...

Adiel se paró ante el cuerpo de su hermano caído, entristecido por él.

—Ya solo te queda una cosa que puedes hacer —dijo Adiel—. Háblale al Sensei Adram de esto. Si él no lo entiende... Yo tampoco sabré. He hecho lo que pude. Ahora... estás por tu cuenta.

... ... ...


—¿Es permanente?

El viejo Scyther parecía como si alguien acabara de asesinar a su mejor amigo. Estaba turbado por la noticia, pero solo consiguió controlar su temperamento porque todavía no lo podía creer.

—Sí... sensei...

—¡De seguro estarás exagerando! —suplicó Adram—. ¿Lo que me quieres decir es que la confusión no ha disminuido ni en el menor grado?

—No —confesó Adron—. Un psíquico me examinó.

—¡Los psíquicos son unos confabuladores, Adron! ¡Deberías haberlo sabido mejor que confiar en uno!

—Sensei... lo lamento —dijo Adron—. No... ya no sabía qué más podía hacer...

—¡Te diré lo que tienes que hacer! —chilló Adram—. ¡Tienes que despertar!

*¡CLACK!*

Adron se encogió, y solo apenas consiguió bloquear el golpe a toda potencia que su profesor le había mandado. Su mente traqueteó. No cayó esta vez; dio unos pasos hacia atrás y se mantuvo de pie. Pero su percepción giró en círculos como si se estuviera cayendo.

Sostuvo el bloque mientras su profesor lo forzaba a retroceder, mirándole atentamente los ojos.

Pero cuando Adram observó con cuidado, no pudo negar que aquel que le devolvía la mirada no era el Adron que él conocía. Este era un Scyther diferente, más débil. Un niño muy joven y confundido.

—Es cierto, ¿no? —susurró Adram—. ¿Adron el Prodigio está muerto?

—Enséñeme —le rogó Adron—. Enséñeme todo. Desde el comienzo de nuevo.

Las cuchillas resonaron cuando el anciano se separó del niño, retrocediendo y contemplándolo con asombro.

—No puedo.

—Por favor —imploró Adron—. ¡Es mi única oportunidad!

—¡No! —insistió Adram—. No, no lo es. Ese no es mi trabajo, Adron... Yo... no soy esa clase de profesor. Esos eran los profesores que te criaron en el inicio, no yo... Yo... tengo que entrenar guerreros ahora. No puedo estar... gastando mi tiempo ensayando cosas que ya deberías saber. Te di tu única lección, como quisiste...

—¡¿Qué voy a hacer?! —estalló Adron—. ¿Cuál... es mi lugar... ahora?

—Si... si es cierto, y no puedes despertar de este estupor tuyo, entonces... Me arrepiento de decir esto, con cada partícula de mi ser, pero no puedo vacilar en hacer un juicio... tu lugar ya no es aquí. Quizá... ni siquiera sea entre los Adrellos.

—¿Me... está abandonando?

—Debo hacerlo —dijo Adram forzadamente—. No puedo hacer más por ti. Es... es una pena. Solo días atrás eras una cuchillita tan afilada... Y cuando esta condición te acertó, temí por ti, tuve pesadillas sobre esto, y las pesadillas se volvieron realidad. Nosotros Adrellos no podemos esperar que la naturaleza sea piadosa. De hecho, es por eso que entreno a guerreros, para conquistar a la naturaleza... pero aquellos que caen... también debemos aprender a aceptar la pérdida y dejarlos ir. No es el papel de un Scyther el simpatizar en dónde se volvería un detrimento.

—Sensei, escuche...

—¡Balbuceas como un Vulpix! —le gritó Adram—. ¡Vete! Déjame. Deja de traerme este sufrimiento.

—Escuche...

—¡VETE, dije!

*¡ZAS!*

Otro duro golpe a la cabeza de Adron, pero este no fue bloqueado. Era el tradicional ataque de despedida, pero había sido lanzado demasiado rápido como para que Adron lo comprendiera. Se tambaleó y eventualmente perdió el equilibrio, observando con incredulidad cómo su profesor de confianza simplemente lo dejaba solo.


Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.

Rak, eres todo un artista



.- Pokémon Mundo Misterioso: Resistencia Plateada -.

---> ¡Concurso en marcha! <---
¡No se lo pierdan!

Pásense por mi página de Deviantart: WillChar96


Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.

#113
O.o, vaya Will, debo decir que esta segunda parte la subiste un poco mas rapido que la primera; quiza y si me alcance el tiempo para comentar (con no mucha tardanza) sobre la que sigue, y quiza hasta una mas pero bueno; antes de comentar sobre esta segunda parte, tambien quisiera hablar sobre lo que respondiste en mi comentario de la primera parte.

Spoiler
Sobre tu respuesta a mi comentario de la primera parte:
-No me jodas, Scythe tiene 60? y los pkmn llegan hasta los 200?, pues quiza el autor exagero un poco en ese aspecto, pero ni modo, es su historia.
-Pues no creo que esten tan atrazados, recuerdo que Char aprendio garra metal via MT, y que para eso utilizaron una especie de maquina.

Ahora si, sobre la segunda parte del capitulo especial:
-Pues, vaya problema que tuvo Scythe/Adron, el que ya no pueda hacer lo que mejor sabia practicamente lo convierte en alguien diferente, como decia su sensei , habia "muerto"; y que bien explica el autor que es lo que sucede en su mente, mas aun con esos "flashbacks" que tiene en determinadas situaciones. Algo que hace aun mas interesante todo esto es que, de alguna forma, logra recuperarse de esta "falta de cordura" (aunque creo que no al 100% xD), sino no conoceriamos al Scythe de la historia principal.
-El Adiel que aparece en esta parte es un poco distinto al Scizor que conocemos de la historia principal, me refiero mas que nada al trato que tenia con Scythe/Adron.
-Me parece que en esta historia los pkmn psiquicos que hacen "tratamientos" generalmente son Espeon, me pregunto si sera uno de los pkmn favoritos del autor.
-Bueno, practicamente esta parte nos dice como se "vino abajo" el "mundo" de Scythe/Adron: como alguien que llegaba hasta presumir de sus habilidades cae hasta el extremo de suplicar por ayuda.


Bueno Will, intentaré estar un poco más al tanto del fic. Gracias por la traduccion y hasta la sgte. parte.
#114
juan459:

Podré subir las cuatro partes del episodio especial de seguido, ya que están listas para ser subidas. Solo necesitaría un comentario aquí, para no hacer spam -.-.

Por eso pienso que están en un universo diferente al nuestro... Pero hay que ver, porque Ambera es un lugar muy extraño.

Pues, eso de que si se recupera o no, creo que quedará a tu juicio. Cuando leas las cuatro partes te diré lo que yo pienso. Es que tanto parece haber cambiado desde que le ocurrió esto a Scythe. Por ejemplo, ves cómo se comportaba Adiel... Realmente es triste ver el brusco cambio de personalidad... Es decir, lo veíamos como alguien maligno, pero aquí parece tan respetable.

En uno de sus comentarios, el autor menciona que suele utilizar Pokémon que más le gustan para su fic (lo cual me parece sensato, es algo que yo hago en mi fic xD).

Como siempre, soy yo el que debe agradecer. O sea, de no ser por los lectores, yo no traduciría (?).

Gracias por seguir leyendo ^^




Nota del traductor:

Como la revisión del autor original es menos consistente de lo esperado, empezaré a publicar las versiones aún no revisadas de los capítulos para poder avanzar la historia.

Cuando el autor haga la respectiva revisión, le haré los cambios al capítulo y retiraré esta nota. Pero por ahora estará aquí la versión vieja del capítulo. Los cambios se limitan a algunos errores de tipeo y a agregar algunas descripciones o sacar otras, es decir, la escencia de la historia sigue ahí.




AVISO IMPORTANTE:


Este capítulo está restringido para personas con la suficiente madurez, debido a la naturaleza del mismo o a la naturaleza de una o varias partes.

Solo para mayores de 16. Razón: Violencia y sangre explícitas.


47. Episodio Especial: Vigilante, Parte 3


Spoiler

—Me rehúso a rendirme ante ti.

Adron merodeó en la guarida por catorce días luego del incidente, pero la vergüenza creció hasta ser insoportable. Ya no podía mirar a sus iguales a los ojos. Ya no cazaba, entrenaba, o luchaba con ellos. Se sentía avergonzado de siquiera tomar comida del resto del clan, sabiendo que se había convertido en algo que ni superaba a un animal salvaje.

Luego de esos catorce días, cuando Adron no pudo soportar la penosa visita de uno de sus hermanos, supo que tenía que marcharse. Tenía que encontrar un lugar para estar solo con las voces de su cabeza, bien lejos de los Adrellos o cualquiera de sus hermanos. Ya no podía ser una carga para ellos.

Vete. Déjame. Deja de traer este sufrimiento.

Así que, en un tranquilo anochecer, se arrastró a sí mismo de la oscura y cómoda seguridad de la guarida, y merodeó por los ramificados caminos del Altiplano Quebrado. No sabía a dónde iría. Lo salvaje no era lugar para él; vivir entre los animales salvajes de la naturaleza sin siquiera tener la habilidad de levantar una cuchilla para defenderse era un concepto suicida. Pero esperar a que los Adrellos le negaran un refugio por su incapacidad sería un deshonor mayor del que podía soportar llevar. Así que merodeó por los oscuros caminos, intentando encontrar un lugar entre aquellos dos destinos.

Encontró una oculta zanja en el mismo extremo sureste del altiplano, un lugar enjambrado de suficientes ratitas moradas para sustentarse, y se enterró allí, en donde ningún otro Scyther podría encontrarlo.

Y cada día cuando abría los ojos y se encontraba todavía existiendo en el mundo más allá de sus sueños sin sentido, su voluntad ardía con más intensidad en su núcleo¬–el no aceptaría aquel destino que se le había dado.

Yo soy Adron, un Scyther. Me sirvo a mí mismo; ya no soy digno de servir a los Adrellos.

Me he escondido en un lugar donde mi presencia no será una carga para ellos.

Mi propósito es... ¡superar esto!

¡No estoy contento con solo vivir!

No seré una criatura indefensa; ¡soy un guerrero!


Comenzó una tradición de hablar a sus imparables pensamientos como si fueran una entidad separada dentro de él. Nunca le respondían, pero les hablaba de igual manera.

—Me rehúso a rendirme... —gruñó débilmente, sentado en la zanja en medio de algunos cadáveres de rata que había acumulado—. Yo... no... yaceré aquí... Yo... lucharé contra ti...

Lo decía una y otra vez, pero las palabras siempre parecían insignificantes, sin importar cuánta convicción les otorgaba. Quería creer que si las decía las veces suficientes, tendría el bastante poder para interrumpir los ensueños.

—Encontraré el poder para superarte... —se dijo Adron, con lo que ahora era un mantra diario—. Yo tomaré mi lugar entre los Adrellos... Te destruiré de la manera que tú me has destruido.

Luego de terminar su orientación propia, Adron convenció a su cuerpo para que se moviera. Se levantó de la fisura del suelo y se puso de pie, solo, en medio de las escarpadas torres que le proveían refugio de lo salvaje de afuera. Al este, una nube de oscuridad arribaba sin parar: la noche. Ya no podía controlar cuándo dormía y cuándo se levantaba, pero le era inconsecuente. Solo le importaba controlar a aquel ajeno espíritu que se alojaba en su mente; si no podía controlarlo, nada más importaba.

Comenzó otra de sus rutinas diarias: entrenar.

No sabía cómo pelear. No sabía cómo reaccionarían sus enemigos ante sus movimientos. Todo lo que ahora sabía era que él era una criatura violenta por naturaleza, que comandaba a dos cuchillas metálicas empotradas en sus brazos, las cuales eran lo suficientemente filosas para cortar carne y hueso, y que lo más probable era que luchar involucraba golpear cosas con ellas.

Así que eso era lo que practicaba: golpeaba cosas con ellas. No había ritmo, ni estrategia, ni maniobras complicadas, nada que pudiera confundirlo... solo simples y desesperados golpes a las rocosas paredes y pilares circundaban a su escondite. Era todo lo que podía hacer. No sabía si lo ayudaba, pero necesitaba hacerlo. Necesitaba ejercitar este frívolo algo de autoridad sobre su demencia.

*¡Clang!* *¡Clang!*

Luego de veinte días de esto, ya empezó a parecer como si cincuenta batallas hubieran tomado lugar en aquella pequeña sección del altiplano. Patrones de arañazos, como de garras de león, pintaban las superficies de piedra. Algunos de los pilares empezaban a reducirse gradualmente, justo como se vería un árbol luego de que roedores que construyen represas afilaran sus dientes en ellos. Cada vez más, su nuevo hogar se iba asemejando al interior de su propia mente a medida que luchaba por liberarse de ella.

*¡Clang!*

Y esta noche, mientras apaleaba a un peñasco y rebajaba el filo de sus cuchillas, pensó en conversar con el caos. Aprender a hablar con coherencia de nuevo había sido un proceso tan frustrante; una vez que hubo descubierto cómo hilar algunos pensamientos en patrones decentes, siempre disfrutó al desafiar a la desorganización en su cabeza con sus palabras propias y pretender que aquello la irritaba como un desquite.

—¿Qué quieres de mí? —gañó él, esperando una respuesta—. ¿Qué esperas que yo haga por ti?

*¡Clang!*

—¡¿Qué tomarás de mí que todavía no hayas tomado?!

*¡Clang!* *¡Clang!*

—Una bestia tan compleja eres, ¡pero no puedo comprender tu lenguaje!

*¡Clang!*

—¿Qué lenguaje hablas?

*¡Clang!*

—¿No podemos ser hermanos? ¡¿No podemos servirnos uno al otro?!

*¡Clang!* *¡Clang!* *¡Clang!*

—¡Podríamos ganar poder, si solo me escucharas! ¿Por qué no escuchas? ¿Por qué no podemos forjar una alianza?

*¡Clack!*

Ya empezando a cansarse de la frustración, Adron lanzó una última estocada al peñasco antes de recostarse sobre el mismo, sucumbiendo a su perturbación mental y sintiendo aquella débil voluntad de seguir intentando. Sus palabras eran inútiles, como siempre habían sido. Pero seguía recitándolas, vez tras vez, como si esperara un resultado diferente de ellas cada vez que lo intentaba. Aunque se levantaba cada día con un corazón resuelto, los días siempre terminaban en desesperación, esperanzas rotas, y la gélida realidad de su condición: era permanente. Nada de lo que podía hacer lo cambiaría.

La confianza es complicada y pasajera; el temor es absoluto. Toda otra criatura debe aprender a temer la mención de nuestro nombre.

Parpadeó.

Mientras sus pensamientos daban vueltas, le presentaron una línea del código que conocía muy bien. Se quedó en su mente por un momento, pulsando su significado, como si aquella extraterrestre criatura en su cabeza quisiera que la viese.

Parpadeó de nuevo. Era una sensación pasajera, pero por una vez, un pensamiento había tenido perfecto sentido.

¿Confianza?

Y tuvo una idea.

... ... ...


—¡Tal vez sí sepa el lenguaje con el que hablas, bestia! —se rugió Adron—. Tal vez lo sepa demasiado bien, el más primal instinto en toda criatura... ¡Y ahora, veremos si hablas!

Adron se posó muy alto en el Altiplano Quebrado, sobre el punto más elevado entre las rotas torres de piedra que sus ojos pudieron captar. Había sido una lucha ardua, con muchas paradas para descansar en las salientes y los puntos de apoyo, así que se arrodilló y de nuevo recuperó el aliento mientras estudiaba el paisaje debajo de él.

El vértigo lo golpeó de inmediato. Era una caída muy larga.

Presenció al Altiplano Quebrado en toda su gloria, notando todas las partes que se habían derrumbado entre las que seguían aún de pie, como una gigante trampa mortal de púas. Vio el precioso semblante de los prados, bosques, y tortuosas corrientes en la distancia; todo eso calado de aquel profundo, intenso, y sombreado rojo del crepúsculo a medida que el sol se ponía detrás de él a lo lejos. Las lágrimas casi se formaron en sus ojos solo de aquella pura belleza. Supo ahora que aquel era su campo de batalla, y esta noche, él atacaría.

Finalmente, miró directamente abajo a la base de la alta torre rocosa. Estaba rodeada de desprendidas rocas y guijarros de todo tipo.

Supo que no sobreviviría una caída. Y supo que, aunque lo intentara, sus débiles alas no tendrían oportunidad de salvarlo si caía demasiado–sería incapaz de ralentizar su momento a tiempo. Su cuerpo simplemente se descuartizaría al hacer contacto con el desigual terreno.

Se imaginó cómo se sentiría.

—¡Ves! —jadeó a nadie más que a sí mismo—. ¡Mira ante ti, y ve!

La fría brisa azotó su rostro. La ignoró, mirando el suelo.

—Tú no hablas el lenguaje de la confianza. ¿Acaso hablas el del temor?

Su mente ignoró cada palabra, pero él persistió.

—¡Yo soy un guerrero, bestia! Si no puedo vivir sin que tú muevas mis pensamientos, mezcles mi concentración, me desvíes de mis hermanos... ¡No viviré!

Adron elevó su voz, gritando a los cielos. Su jadeo se volvió histérico.

—¡Saltaré! —exclamó él, su voz haciendo eco a través de los cañones bajo él—. ¡No es suficiente vivir! ¡Si no me hablas, saltaré, y terminaré con nuestras vidas!

De nuevo, nada.

—¡HABLA! —demandó él—. ¡¿Es que no ves las rocas ahí abajo?! ¡Nuestras vidas terminarán aquí! ¡¿Y es que no ves la resolución en mi mente?! ¿Es que no me crees, bestia? ¡Voy a saltar! ¡No vacilaré! ¡Saltaré!

Luego de que el eco de su voz reverberare en las distantes superficies y desapareciere, su mente todavía no respondió a sus súplicas. Todavía, fluía constantemente como el viento que barría junto a él.

—¡Te lo has LLEVADO TODO! —bramó él, en desesperada súplica—. ¡Te has llevado mi orgullo! ¡Mis hermanos! ¡Mi poder! ¡Me has dejado sin nada! ¡Nada más que esta elección! ¡La última pizca de control que tengo sobre mí, el poder para terminar con mi propia vida! ¡¿Acaso es esto lo que quieres?! ¡ESCUCHA! ¡RESPONDE! ¡CONTESTA!

El mareo nubló su visión por respirar tan pesadamente, y su sentido de equilibrio flaqueó mientras el mundo se tambaleaba y giraba a su alrededor. Su garganta le dolió de tanto gritar. Las lágrimas cubrieron su rostro. A pesar de todo, todavía no había respuesta de su fugaz mente. No escuchaba. No le importaba. Sus defensas eran duras como roca, era ajena al mundo que a él lo rodeaba.

Roto. Herido.

Adron se desplomó en la diminuta superficie tan alto en el aire, dejando caer su cabeza derrotado. Estaba acabado. Todo estaba acabado. Todos sus esfuerzos... no significaban nada. No podía luchar. No podía pensar. Ya no podía comprender nada más que las ideas más simples. Ya no podía esmerarse por alcanzar poder, como comandaba el código, o usar ese poder si por casualidad lo obtuviera de pura suerte. Maldijo al Vigilante. Tan malvado, tan inmisericorde había sido, por haber envenenado su cabeza.

Ya no quedaba nada. Nada más... que seguir con la amenaza que había hecho.

Movió sus piernas, plegándolas para impulsarse. Ancló los extremos de sus cuchillas en la roca.

—Bien... entonces... —jadeó entre dientes, temblando del terror—. Entonces... ¡QUE ASÍ SEA!

Cerró los ojos con fuerza. No se arrepentía de nada.

Con una última inhalación, Adron empujó su fuerzo hacia el cielo, dejando la torre atrás y dejando que el aire lo aporreara y ahogara sus pensamientos.

Pero dejó de moverse.

Los ojos de Adron se abrieron de golpe. Flotaba en el aire contra su voluntad, solo habiendo caído una o dos veces su altura. Mezclándose con el viento, estaba ahora un incesante pero familiar zumbido.

Giró la cabeza, aunque ya sabía que era cierto. Sus alas estaban zumbando, manteniéndolo en vuelo.

Estaban funcionando contra su voluntad.

Perplejo, se preguntó qué ocurría. Cuando eligió saltar, no había tenido la intención de volar. Había tenido la intención de morir. Sus alas se habían abierto por sí solas.

Y fue en eso cuando lo notó...

Orden.

Aunque sus alas se iban cansando por batirse en el aire, todavía flotaba allí, simplemente sorprendido de sí mismo. La voz de su cabeza no se había tranquilizado, ¡pero se había ordenado a sí misma! El orden en sus pensamientos era ahora un concepto tan ajeno para él que no lo pudo comprender. Sus pensamientos subconscientes, que alguna vez hubieron botado de idea a idea sin considerarse significantes, ahora gritaban el mismo sentimiento una y otra vez.

Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir.

—Ah ja ja ja —rio Adron con malicia, con demencia, agitándose violentamente en el vacío aire—. ¡Ah ja ja ja ja ja! ¡Así que... así que también... je je... vas a llevarte esta última elección!

Era una reacción tan simple, tan instintiva. El deseo de vivir. La aversión a acabar con la vida propia. Había ocurrido puramente por reflejo. Pero, era un concepto que su caótica mente entendía. Era un lenguaje que sí hablaba después de todo, un lenguaje al que había respondido. Y ahora, él había encontrado una manera tan simple de poner a sus rampantes impulsos en un orden predecible... ¡Por solo un momento se pudo concentrar! ¡Pudo detenerse a pensar! Rio de nuevo, mofándose de la estupidez que resultaba ser, de lo simple que era, hasta que se aproximó al desmayo por hiperventilación y agotamiento.

Y encontró, para su deleite, que cuando sus pensamientos estaban en orden, ¡eran tan claros! Desde que la barrera a su subyacente mente había sido quebrada, pudo ver a todos sus pensamientos y la forma en que se conectaban unos con otros, tan claramente como las nubes en el cielo. Todos estaban expuestos ante él, como una legión de sirvientes, acobardándose del miedo a la inminente muerte que él mismo hubiera originado.

—¡Ahora, entonces! —rio triunfante a nadie más que a sí mismo—. ¡Mientras tengo tu atención, escucha lo que te digo! Sé que eres una alborotada bandada de sentimientos que no me quiere obedecer. ¡Eso está bien! Porque he intentado controlarte por más de treinta días y es obvio que no puedo hacerlo. Así que ya no voy a intentarlo. ¡No, yo voy a recostarme y dejar que tú lo hagas todo por mí! ¡Justo como Sensei Adram quiso que yo hiciera por él! Voy a entrenarte, y luego tú me guiarás, pero dejarás que yo tome las decisiones. Yo voy a aprender de ti. Y tú aprenderás a obedecer mis órdenes. Ambos aprenderemos a cooperar, incluso si... ¡incluso si nos mata! Porque si continúas desobedeciéndome, puedo asegurarte, je je je... ¡que lo hará!

Cuando sus alas empezaron a revolotear con torpeza y a fallarle, Adron se empujó de vuelta a la cima de la plataforma y colapsó. Inmediatamente, sus pensamientos cambiaron para corear algo diferente por unos cuantos momentos:

Seguridad. Seguridad. Seguridad. Seguridad.

Cuando su seguridad fue establecida, la salvaje bestia de su mente continuó con sus rondas, esparciéndose en caos y confusión nuevamente. Pero a pesar, Adron sonrió. Una demente especie de júbilo ahora lo llenó. Supo que tenía influencia sobre la bruta fuerza. Supo que tenía una forma de controlarla.

Supo que había esperanza.

Pero mientras reposaba sobre el elevado pilar, temiendo el vuelo de vuelta abajo, sintió que la ya familiar impotencia volvía en su totalidad. Y mientras observaba que su mente carreteaba de nuevo batallas y patrones climáticos y otros Scyther y más batallas, tuvo que preguntarse...

... ¿sería la esperanza lo bastante buena?

... ... ...


Una familia de Piloswine deambulaba bien temprano por el congelado prado. Migraban al sur a causa de la temporada fría, en donde la comida sería más fácil de encontrar. Eran inconscientes de que dos Scyther aguardaban dentro del lecho de un arroyo, ojeándolos...

—Ahora observa —le susurró sensei Adram a su alumno—. ¿Qué es lo que ves?

Adiel entrecerró los ojos hacia el perezoso acopio de cerdos, observando cómo caminaban pesadamente hacia el sur como hojas fluyendo río abajo con lentitud en la superficie de una corriente. Sabía que cualquier Scyther podía matar a uno de aquellos con facilidad, pero ese no era el desafío–el desafío, ahora, era seguir el código. Atacar sin ser visto, y matar sin ser oído. Tenía que descifrar una forma de realizar la hazaña de forma tan invisible como el viento, y que ni siquiera el resto de la horda lo notase. Esta era una de las lecciones más difíciles que se les enseñaba a los niños Scyther en sus meses finales de entrenamiento, y una de las más importantes que llevar al campo de batalla: los secretos del verdadero sigilo.

—Giran, de forma ocasional, hacia el noreste —respondió él—. Necesito sincronizarlo–

—No —gruñó Adram—. Esto no es complicado.

—Sus pelajes tienden a cubrir sus ojos —probó Adiel—. Tendrían dificultad al mirar arriba. Podría volar.

—Podrías, pero sigues pensándolo de más —replicó Adram—. Acercarse con sigilo a cada tipo de criatura es un rompecabezas diferente, pero con estas, es difícilmente un desafío.

Adiel sacudió la cabeza—. ¿A qué se refiere? Si quiere que los mate sin que me vean, necesito asegurarme de que no lo hagan. ¿Por qué eso no es importante?

—Piensa, Adiel —le dijo Adram—. El sigilo no siempre se trata sobre no ser visto. La mayoría de las veces, es sobre no ser visto como una amenaza.

—Me acercaré con suavidad, entonces —dijo Adiel con una sonrisa, entendiendo el punto—. Estas criaturas vienen de las cuevas del norte, en donde los Scyther no viven. No saben lo que soy. Podrían no juzgarme como depredador. Así que si no actúo como depredador...

—Podrías ganar su confianza —dijo Adram—, solo para traicionarlos cuando uno pase demasiado cerca de ti.

*¡Splash!*

Un objeto grande había sido lanzado a la corriente detrás de los dos Scyther, sobresaltándolos. Pájaros cercanos se dispersaron. Los cerdos gimieron de la sorpresa y empezaron a retirarse.

Adram apenas había dado un respiro antes de girarse con brusquedad y arremeter contra el intruso, sus instintos de supervivencia todavía igual de agudos como siempre en su vejez. Había esperado que fuera un pájaro de vuelo alto bajándose para atrapar un pez. No esperaba estar mirando a otro Scyther a los ojos. Y lo que de todo menos esperaba era que fuera este Scyther.

—¡¿Adron?! —jadeó él, liberando inmediatamente al intruso de su mortal llave instintiva, dejándolo caer en la poco profunda corriente—. ¿Adron, qué es lo que quieres? ¡Has interrumpido mi sesión de entrenamiento y delatado nuestra posición!

—Estoy aquí... para acudir a mi cita —respondió Adron en una voz intensa—. Ha pasado treinta y seis días desde la última vez que entrené con usted. El acuerdo era que usted y yo, cada dieciocho días, entrenáramos. Lamento haber fallado con la última cita, pero ahora estoy aquí.

—¡Eres tú! —exclamó Adiel—. ¡Se extendieron rumores de que estabas perdido en lo salvaje! ¡Lo sé, porque yo los empecé! ¡¿Qué te ocurrió?!

—¿Y qué te da la idea de que es tolerable interrumpir el entrenamiento de tu hermano? —gruñó Adram—. ¿Acaso tu mente se ha curado? Obviamente, no lo ha hecho, ¡ya que has tenido las agallas para interrumpir nuestro intento de caza! Creí habértelo dicho de forma clara: ¡si tu mente no sanará, ya no es de mi incumbencia entrenarte!

—No... me hable sobre cosas que son... interrumpidas —le gruñó de vuelta Adron—. No... mi mente es la misma. Pero, con algo de práctica, estoy aprendiendo a soportarlo. Y usted, sensei... Debe mantener nuestro acuerdo. Usted dice... que no tiene el tiempo para entrenarme desde la infancia. Pero todavía puede entrenarme de acuerdo a nuestra agenda.

—¿Y qué, entonces, esperas que yo logre? —hirvió Adram, bajando la mirada hacia él con dureza.

—Luche conmigo —replicó Adron—. E intente matarme.

Repugnado, Adram empujó sus cuchillas contra el pecho del pequeño, mandándolo hacia atrás salpicando el agua del riachuelo. No cayó—. ¿Qué tan confundido estás, Adron? —se rio él—. Estás desarmado... ¿y quieres que yo te mate? ¿Incluso aunque ni siquiera te lo concedía en los días en que pensabas con claridad?

—Sí —respondió el pequeño sin vacilar—. De otra forma... no aprenderé.

El anciano ladeó la cabeza por un momento, la irritación manando de sus ojos. Luego, sin aviso, se aproximó a Adron y lanzó un asalto sobre él.

¡Pam! Un forzoso golpe a la cabeza. ¡Bam! Otro al costado. ¡Clank! ¡Clank! Dos golpes que Adron consiguió rechazar. Y finalmente, el más ridículo de los ataques, una roma patada al pecho. Adron jadeó, colapsando de espaldas contra el lecho de piedras del arroyo.

—Adron, fuera de mi vista —ordenó Adram, negando avergonzado con la cabeza—. Ven conmigo, Adiel, encontremos otro lugar para entrenar.

Adiel se quedó parado por un momento, mirando a su viejo compañero a los ojos y sintiendo simpatía por él—. Es bueno saber que tu espíritu, al menos, sigue ahí —dijo simplemente antes de girarse para seguir a su maestro.

Adron se encogió a medida que intentaba levantarse de la pila de rocas sin irritar los sensibles rasguños que le habían causado en el abdomen.

Es un comienzo, se dijo. Sí... un comienzo. Esto va a ser doloroso. Ahora... ¿quién más escucharía los reclamos de un Scyther demente?

... ... ...


—No peleo con cobardes —dijo en voz alta la otra Scyther en tono burlón, girándose para concentrarse en terminarse la baya verde ensartada en el extremo de su cuchilla.

Adron se asomó al alijo de comida y al otro Scyther que lo ocupaba actualmente: Alwry. Ella siempre era una chica agresiva y poco amistosa. Parecía ganarse la vida desafiando y plantándoles cara a los críos alfa, y abusando de los más débiles. Nunca había sido del agrado de muchos, excepto de aquellos con los que ella había acordado para que fueran sus compañeros. Se había involucrado en discrepancias con Adron demasiadas veces como para contarlas, y Adron guardaba la esperanza de precipitar otra hoy...

—Sabes, tu sigilo es espantoso —tentó ella otra vez—. Sal en donde pueda verte, cobarde.

Adron se siseó en voz baja. Ella siempre había sido observadora, también, justo como él. Salió desde detrás de la roca, mostrándose en un rayo de luz solar.

Alwry lanzó un frívolo vistazo al intruso, pero luego tuvo un espasmo de sorpresa cuando se dio cuenta de su identidad. Recomponiéndose igual de pronto, arrojó los restos de la baya y se acercó a enfrentarlo.

—¿Acaso soy cobarde —respondió Adron—, por haber vuelto?

—¡Tú! —jadeó ella—. ¡¿Dónde habías estado?! Adiel me dijo que fuiste devorado por un león, pero sabía que no debía creerle. ¿Cuál es tu excusa por desaparecer? ¡No sobra comida para nadie de nosotros! ¡Nadie puede cazar porque pensaron que habías muerto!

—No te incumbe, por dónde he estado —respondió Adron—. Vine aquí para luchar contigo.

—Con gusto —dijo Alwry irónicamente, una sonrisa afectada quebrando su rostro—. Déjame decirte, Adarc es un rival pésimo. No sé cómo haces para soportarlo, la mitad del tiempo tengo que enseñarle a pelear contra mí. Ha sido embarazoso. Echo en falta tener un buen oponente. Así que... ¿cuáles serán los términos de esta batalla?

—Yo gano si hago que te rindas —le anunció Adron—. Tú ganas si me matas.

Alwry retrocedió—. ¿Matarte? ¡¿Quieres un duelo verdadero?! —aulló ella—. Ya veo. ¿Estás hambriento de un desafío? ¡Acepto los términos de la victoria! ¿Qué es lo que estará en juego?

—Nada —respondió Adron con su propia sonrisa—, más que el orgullo de ser superior.

Adron se preparó cuando Alwry dio apertura a la batalla, con un atolondrado ataque. Levantó sus cuchillas al último momento para rechazar el golpe, causando que el familiar sonido de aceros chocando repicara en los rocosos salones. Por unos segundos, sus chuchillas permanecieron trabadas con las de él, intentando hacerlo retroceder y perder el equilibrio.

Adron vio el brillo en sus ojos, y supo que era sincera acerca del desafío. Aguardó a que ella hiciera el siguiente movimiento.

Ella giró su cuerpo y se agachó, un movimiento muy hábil, golpeando su rodilla con cuchilla abierta. Adron gruñó del dolor, el golpe rebotando en su dura armadura ósea pero sintiéndose como si hubiera cercenado su pierna en el proceso. Se dobló bajo el golpe, retrocediendo de un salto en retirada. Su pierna le escocía, y sintió que su postura era poco fiable. Momentos después, sus alas zumbaron y despegó del suelo.

—¿Qué ocurre, Adron? —cuestionó Alwry—. ¿Me pediste que te matara, y luego te retiras y no te defiendes?

—Bien... entonces... —respondió él.

Intentó enangostar sus pensamientos, buscando una oportunidad para atacar. Se lanzó en picado, con cuchillas abiertas...

¿Por dónde?, se preguntó su mente. ¿Por dónde ataco?

Antes de que lo supiera, su ataque había sido contrarrestado. Alwry adivinó su golpe y desarmó sus cuchillas con las suyas, arrojando a su asaltante alrededor de su cuerpo y mandándolo patinando por el suelo.

—Ja-ja-ja-ja —se rio engreídamente—. ¡¿Qué fue eso?!

Adron respondió con levantarse prontamente y arremeter de nuevo.

¡Concéntrate!, se dijo a sí mismo. Por favor, solo por una vez, ¡concéntrate!

Intentó volear perezosamente sus cuchillas en su hombro izquierdo, los cuales parecían abiertos. Pero ella era observadora, apartándose fácilmente del ataque y empujándolo a un costado, haciendo que se tambaleara hasta caerse una vez más.

Esta vez, Alwry siguió con un salto sobre la figura caída de Adron, anclándolo al suelo con su enorme pie y nivelando una cuchilla con su cuello.

—No esperaba que en verdad consiguiera la oportunidad para matarte, Adron —profirió Alwry, manteniéndolo inmóvil bajo su peso—. Estabas tan confianzudo que pensé que me derrotarías. ¿Acaso acabas de despertarte? O...

Alwry vaciló.

—Estás demente —se dio cuenta ella—. ¿Esto es lo que esto era? ¿Desafiándome para que te mate? Estás loco, ¿verdad?

—Ughhh... —gruñó él, luchando contra su fuerza pero siendo incapaz de siquiera levantar su pecho del suelo.

—Jamás te recuperaste —dijo ella, enojándose—. Aquel problema que tuviste el mes pasado. ¡Jamás te recuperaste de él! Eso es lo que esto era. ¿Y ahora quieres que yo te entrene? ¿Es eso?

Ella liberó su asimiento, solo para propinarle una dura patada en el costado de la furia.

—Me rindo —escupió ella—. Disfruta de tu orgullo de superioridad. Vas a necesitarlo. ¡Luchas como un infante!

Salió furiosa, dejándolo ahí tirado. Se dio vuelta para levantarse, sintiéndose derrotado.

Decepciono a todos, se dijo Adron. Pero... esta es la única manera en que volveré a aprender... ¿no?

... ... ...


Adron intentó batirse en duelo con más críos, pero el resultado era en su mayoría el mismo: no podía batallar. No podía pensar con rapidez. Había logrado unos cuantos golpes en Adreu, uno de los más jóvenes, pero incluso Adreu pudo superarlo y burlarlo sin mucho esfuerzo. Tenía esperanza, ahora... pero eso era todo lo que había cambiado. Su mente seguía igual de desastrosa como antes.

Luego de sus fracasadas batallas, Adron retornó al anochecer a su zanja para recostarse y pensar sobre lo que había aprendido–si es que había aprendido algo en lo absoluto. Sabía que se había puesto imprudente y desesperado con el descubrimiento de esa nueva esperanza, pero todavía no sabía qué hacer con ella. Apartando a patadas ratas destrozadas, giró su cuerpo para contemplar la oscura pared, y todas aquellas imágenes que carreteaban sobre ella. Intentó apreciarlas, preguntándose si había algún tipo de signo de que había cambiado con sus batallas, mientras el dolor de cabeza palpitaba en su frente.

Su voluntad, esta vez, era firme; había visto cómo sus pensamientos reaccionaban a las orillas de la muerte. Lo había visto en la batalla con Alwry, y de nuevo en la batalla con Adezl. Supo que su problema podía ser abatido, y no se iba a rendir. Pero sabía que tendría que reconsiderar su método.

Es justo como Alwry dijo, reflexionó Adron. Estoy demente, diciéndole a cada Scyther que me encuentro que me mate... No está funcionando, pero es la única idea que pude seguir. Debe haber... alguna otra manera...

—¡Adron!

Su cuerpo convulsionó de la sorpresa cuando una voz gritó su nombre desde algún lugar cercano. Estaba asustado; sabía que no podía defenderse en un plazo tan corto. Se movió y se giró para mirar afuera, preguntándose quién podría estar buscándolo por estos terrenos.

Un divertido Adarc se asomó hacia él.

—¡Adron, pareces un salvaje! —comentó él—. Así que aquí era donde te habías escondido todo este tiempo... Já, sabía que Adiel estaba mintiendo...

—¿Cómo me encontraste? —preguntó Adron débilmente, intentando gatear para salir de la zanja.

—Solo te seguí aquí —respondió él—. Hoy fue la primera vez que te vi de vuelta a los terrenos de las guaridas en un largo tiempo, y quería saber en dónde te estabas escondiendo... No parecía que me detectaras... ¿Te estás recuperando? ¿Cómo está tu mente?

—¿Por qué... te interesa? —gruñó Adron, levantándose y quedando de pie. Intentó ignorar su dolor de cabeza.

—Porque estoy orgulloso de competir contigo —respondió él, bajando la voz—. No ha sido divertido con tu ausencia. Extraño eso de preguntarme siempre si me estás espiando. He intentado competir con Alwry, pero sus habilidades son solo muy pobres... ella no está a tu nivel. Si puedo ayudar a que te cures...

Adron apartó la mirada—. No... mi mente no se cura —replicó él—. Pero... estuve aprendiendo a soportarlo. Ahora puedo hablar, al menos. No podía ni contar una historia, pero... al menos puedo decir lo que quiero. Todavía... no puedo luchar. Pero intento aprender. Creo... que encontré una forma. Pero es difícil... es por eso que estaba de vuelta por el clan.

—¿Quieres encontrar oponentes porque ya no puedes combatir contra el sensei? —supuso Adarc—. ¿Estás intentando practicar?

Adron negó con la cabeza, e intentó asir aquella idea más compleja que parecía estar colgando frente a él—. Imagina... —intentó él—. Cuando tienes que entrenar a una bestia, la alimentas cuando te obedece, y la lastimas cuando te desobedece. Así es cómo aprende. Mi mente es así. Es como una bestia salvaje que no escucha, que siempre me distrae. Solo... que en lugar de... hacer eso, solo aprende si amenazo con matarla. Así que creo que puedo aprender a combatir otra vez si... mi oponente tiene la intención de matarme.

—Parece una contradicción... no puedes combatir contra algo más fuerte que una rata morada, ¿pero necesitas que tu oponente te mate?

—Es difícil —admitió Adron—. Todavía no lo sé... Lo que intenté hoy fue estúpido de mi parte. Estoy avergonzado. Debería ir a lo salvaje. Podría entrenar allí, de la misma forma que los salvajes son entrenados... pero tengo miedo.

Adarc echó un vistazo a las rocas con cautela, como para ver si alguien estaba espiándolos. Luego, se acercó a Adron y habló en una voz baja.

—Yo te ayudaré —dijo una segunda vez—. Sensei Adram no quiere que se diga ni una palabra sobre ti. Y todo el mundo está diciendo que estás demente.

—¿Por qué? —siseó Adron—. ¿Por qué me ayudarías? Los Adrellos no me aceptarán ahora. Si aprendo a combatir nuevamente, podría alcanzar las habilidades de un crío de un año... Ahora soy un hermano caído. El código dice que no hay que ayudar a los hermanos caídos...

—El código dice que somos uno —replicó Adarc—. ¡Y tú no eres un hermano caído! Sé que no estás demente. Hablas despacio, pero toda palabra que dices tiene razón detrás. Si estuvieras demente, estarías divagando. Y las cosas que haces tienen una razón buena detrás, a pesar de que parezcan dementes. Creo que los otros críos son estúpidos porque no pueden ver eso. Todos ellos fracasan en ser Scyther racionales y observadores.

Adron suspiró. Las palabras de su hermano le hicieron sentir mejor, pero no pudo evitar discrepar de ellas. Ojeó su zanja, como si quisiera retirarse y volver a dormir.

—Pero no es por eso que quiero ayudarte —continuó Adarc, en voz baja—. Eres el Scyther más talentoso de esta pandilla, e intento imaginar que crezco y peleo junto a los Adrellos sin tenerte a ti de mi lado como aliado, pero no puedo. Nunca tuve confianza en mí mismo... sin ti, algunos de los críos comenzaron a considerarme el alfa, y yo sé que no lo soy, incluso aunque trate de complacerlos... Tenerte como hermano me dio una gran parte de la confianza que tengo.

—Ya no soy el mismo Adron —replicó él entristecido—. No creo que Adron vuelva alguna vez.

Adarc lo miró con fijeza por un momento, luego se giró para alejarse caminando—. Bueno... antes de que huyas a lo salvaje —dijo él, elevando la voz de nuevo—, ¿no crees que debamos probar tu idea?

—¿A qué te refieres? —preguntó Adron, mirándolo extrañado.

—¿Necesitas a un oponente que tenga la intención de matarte? —preguntó Adarc, volviéndose—. Entonces yo seré tu oponente.

—Acabas de decir que me necesitas como aliado, ¿y ahora quieres intentar matarme? —dijo Adron con extrañeza—. ¿Cómo puedo creer eso?

—Olvida lo que dije —espetó Adarc—. Pretende que nunca lo dije. Ahora... ¿debería ayudarte, o no?

Adarc se puso en postura de batalla. Plantó sus pies con firmeza en el suelo, un ligeramente al frente del otro, listo para lanzarse hacia adelante en vuelo. Niveló sus cuchillas a los lados, preparándolas para atacar. Bajó su cabeza, sumándole rango a sus brazos.

—Bien —decidió Adron, observando aquella postura de batalla y tratando de copiarla por su parte—. Bien...

Aquel punto muerto duró unos pocos silenciosos segundos.

—Ataco a tu orden —dijo Adarc—. ¿Qué es lo que quieres que haga?

—Un... golpe fatal —ordenó Adron—. Solo uno, por ahora.

—Muy bien.

—¡Tiene que ser fatal! —le recordó Adron—. Si no lo es, no significará nada. Ten como objetivo matarme.

—Lo sé.

Adron observó a su oponente. A pesar de la confianza en su voz y la fuerte mirada ardiente, Adarc temblaba. Su postura de batalla vacilaba mientras planeaba el movimiento que podría terminar con la vida de su hermano. Vio la oscura intención en el corazón de Adarc, y su propio corazón empezó a acelerarse. Energía llenó sus extremidades, alistando sus reflejos. Su mente estaba lista para hacer lo que fuera que costara para sobrevivir.

Y dejó que aquel instinto de supervivencia tomara el control.

Adarc desplegó sus alas y arremetió, con sus cuchillas abiertas completamente. Adron sostuvo el aliento. Era un ataque tijera, dirigido a su garganta: una técnica básica de decapitación, una de las primeras que un Scyther aprende en entrenamiento, útil para rematar prontamente a muchas especies de Pokémon sin dejar que profieran un grito final. Realizada con suficiente fuerza y precisión, y es capaz de decapitar a un Scyther.

Sobrevivir. Sobrevivir. ¡Sobrevivir!

Con reflejos sorprendentes, Adron elevó en alto sus cuchillas y las mandó a los costados para bloquear el golpe. Sus brazos parecían moverse por su cuenta, sin su voluntad, controlados solo por el desesperado instinto...

*¡Clank!**¡Clank!* Las cuchillas de Adarc golpearon los dorsos de las de Adron, un bloque perfecto.

Pero los instintos de Adron no se detuvieron allí.

*¡Slunk!*

Adron copió el ataque fallido, cerrando sus cuchillas en una potente tijera directamente a través de la garganta de Adarc.

Límpida sangre embarró el acero, a medida que la sorprendida cabeza de Adarc golpeaba al suelo, seguida por el cuerpo momentos después.

“Un golpe fatal. Solo uno, por ahora.”

—No... —jadeó Adron, retomando el control, su corazón martillando el interior de su pecho.

“¡Tiene que ser fatal! ¡Ten como objetivo matarme!”

—No... ¡no! —profirió Adron profusamente—. Adarc, no... No, no... no se suponía que esto pasara... ¡No!

Adron jadeaba con incredulidad ante sus cuchillas manchadas de sangre, y ante su hermano caído a sus pies. Sintió que las lágrimas empezaban a gotear de sus ojos, ojos que tan abiertos ahora estaban...

—¿Qué has hecho? —profirió Adron en una rabia alocada e histérica, dejándose caer de rodillas—. ¡Esto es tu culpa! ¡Tú me controlaste! Padre Adrel, perdóname... perdóname...

... ... ...


Adron vio una roca.

Roca oscura. Y la fetidez a muerte.

Se movió, sintiendo la corriente de lágrimas derramarse de los costados de su placa frontal.

Noche. Era de noche. Justo como había sido en aquella vez, hacía tiempo, cuando el Vigilante lo había maldecido...

Sacudiendo con brusquedad su cabeza para intentar entender su entorno, se dio cuenta de que estaba acostado en su zanja.

Se había desmayado luego de la horrible hazaña que había cometido.

Lleno de adrenalina y luchando por respirar, casi brincó para salir de la boca del agujero hasta su improvisada arena de batalla, sus ojos trabándose en el lugar en donde había matado a Adarc.

No estaba allí. O un animal se había llevado el cuerpo, o...

Había sido un sueño.

No... no solo un sueño, se dio cuenta él...

Había soñado despierto.

Con el asombro cubriéndole el rostro, Adron se dio cuenta de que nunca se había quedado dormido en realidad. Había retornado a su lugar de descanso para reflexionar sobre los eventos del día...

Y eso hizo: reflexionar.

La alucinación había sido tan vívida que fue indistinguible de la realidad. Fue un sueño, un sueño perfecto, claramente visible para él a través de la rota barrera en su mente justo como todos sus otros rampantes pensamientos.

Y luego Adron sostuvo el aliento, dándose cuenta de la verdad sobre la naturaleza del sueño: el sueño tenía un significado.

Había venido como el resultado de combinar las fallidas batallas del día en una corriente de pensamientos. Todo lo que Adarc le había dicho vino de sus propias expectativas, siguiendo los patrones de los otros.

La bestia de su mente... sí había aprendido.

Y lo estaba sirviendo, pues había respondido a las mismas preguntas que se había planteado. ¿Acaso su método estaba funcionando en lo absoluto? Sí. ¿Había otra manera? Sí, la misma que le había mostrado.

Su mente había hecho lo que él le había demandado: le estaba dando direcciones.

Ahora... todo lo que restaba era que él siguiera esas direcciones, para ver si era digna de confianza.


Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.

Rak, eres todo un artista



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---> ¡Concurso en marcha! <---
¡No se lo pierdan!

Pásense por mi página de Deviantart: WillChar96


Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.

#115
Saludos, Will. Bueno, que bueno que puedas subir la ultima parte sin demorar mucho; y sí se que se necesita de al menos un comentario para que vuelvas a hacer otro post, pero... es un poco raro ser el unico lector activo (o que comente) por el momento pero en fin. Dejare mis comentarios sobre esta tercera parte:

Spoiler
- Espectativa: "Vaya, Will puso un aviso de contenido violento en esta parte... y habra sangre O.o. Veamos, en la parte anterior se vio que Scythe pierde la cordura, su sensei ya no lo acepta como estudiante y que esta desesperado por ayuda... oh por dios Scythe hara una locura y tendra una batalla sangrienta donde habra muchas muertes y seran muertes de las maneras mas dolorosas posibles, quiza al estilo de God of War...".
Realidad: "Scythe decapita 'accidentalmente' a su hermano y... al final todo es una alucinacion".
... Ok no xD, pues ya hubo un cap en donde tambien pusiste una advertencia de este tipo (si mal no recuerdo es cuando pelean Scythe y Prince) donde al final no sucede nada tan terrible, no se si el autor no quiere hacer escenas tan violentas o si tiene en mente que al ser un fanfic de Pokemon, puede llamar la atencion de cualquier tipo de publico (y con tipo me refiero a su edad).
- Pues vaya "tratamiento" que esta siguiendo Scythe, que la unica forma en que pueda volver a combatir como antes sea solo si su vida esta en peligro, aunque tal parece que sí le podria funcionar, bueno, si no esta tan mal de la cabeza como para haber tenido una alucinacion que sea distinta a la realidad y que al final todo su plan termine de forma catastrofica.


Bueno Will, espero poder tener tiempo para leer la ultima parte, hasta entonces.
#116
juan459:

Esta vez tardé un poco con la publicación... Pero ya la traigo hoy, así que ya no hace falta esperar xD. Bueno, a veces puede ser tedioso leer todo un fic completo y luego hacer un comentario general, y creo que es eso lo que ocurrió con la traducción desde un inicio. Fue más por culpa mía, porque me apuraba demasiado con las publicaciones (qué ironía, ahora publico una vez al mes xD).

La verdad pongo esos avisos de contenido violento porque hay muchos autores que no lo hacen. A mí, por ejemplo, no me gusta demasiado el gore y esas cosas, por lo que cuando me encuentro con una escena parecida sin aviso, me da algo de náuseas.

Los avisos no los pone el autor original, solo los puse yo xD.

Pero al parecer, su cabeza solo se ordena cuando se activa el más básico de los instintos... Solo esperemos que no termine mal, realmente.

Gracias por seguir leyendo ^^




Nota del traductor:

Como la revisión del autor original es menos consistente de lo esperado, empezaré a publicar las versiones aún no revisadas de los capítulos para poder avanzar la historia.

Cuando el autor haga la respectiva revisión, le haré los cambios al capítulo y retiraré esta nota. Pero por ahora estará aquí la versión vieja del capítulo. Los cambios se limitan a algunos errores de tipeo y a agregar algunas descripciones o sacar otras, es decir, la escencia de la historia sigue ahí.





48. Episodio Especial: Vigilante, Parte 4


Spoiler

... ¡Es ese!

¡Ese es el patrón! ¡Ahora lo veo!


... ... ...


—Adron... Ni siquiera estaba al tanto de que siguieras vivo —dijo nervioso Adarc—. Y ahora, quieres que yo...

—Me entrenes —dijo de nuevo—, al intentar matarme.

Adron sonrió. Hasta el momento, su alucinación se había vuelto realidad perfectamente. El sueño no había sido un recuerdo pasajero; se quedó por un tiempo, como una poderosa impresión sobre su mente, una en la que consiguió confiar y estudiar. Era algo de orden en respuesta al caos. Ahora, lo único que restaba era llevarlo a cabo, para ver si significaba lo que quería que significase. Había sido sencillo atraer a Adarc a su guarida; en el momento que atisbó a Adron, no pudo evitar rastrearlo silenciosamente en su camino de vuelta a su escondite, justo como siempre había intentado hacer en el pasado. Y supo que si decía las palabras adecuadas, podría engañar a Adarc para que hiciera su voluntad como su alucinación había sugerido.

Adarc parecía aterrado. No parecía tan dispuesto ni conforme como en el sueño. Echó vistazos al escondite de Adron, viendo los arañazos y hendiduras en las paredes circundantes¬–marcas de un enloquecido Scyther en guerra con las inanimadas rocas. Escuchó, incrédulo, las palabras de Adron. Adron sabía que su hermano quería salir huyendo y nunca volver, y que lo haría, si es que no se ganaba su confianza esta vez. Pero Adron no estaba dispuesto a dejar que eso ocurriera; esta era la última esperanza sólida que había cruzado por su mente, y no iba a dejar que se escapara.

—¡No estás bien! —comprendió Adarc, retorciéndose mientras intentaba evitar el contacto visual con Adron—. Todavía estás confundido por el ataque psíquico. Adiel tenía razón, era permanente... Adron, yo... ¡yo no te puedo ayudar!

—Puedes, y lo harás —dijo Adron poderosamente—. Estoy demente, sí, pero escúchame. Hablo con palabras que entiendes, no me desvío en ideas confusas como un Scyther loco haría. Mis ideas tienen razones detrás. ¡No estoy perdido!

Adarc no respondió. Su mirada estaba alicaída.

—¡Mírame, Adarc! —exclamó Adron—. Sabes que todavía estoy aquí en algún lugar. ¡Puedes verme! Niégalo. Niégalo, si no lo crees.

—No... no lo niego —dijo Adarc.

—¡Entonces ayúdame a liberarme! —imploró Adron—. ¡Puedo mejorar, pero necesito ayuda!

Adarc frunció el ceño, mirando de vuelta por donde vino. Negó con la cabeza.

—No tengo el tiempo —dijo Adarc—. Sabes... la ceremonia de confirmación está a solo... ¡a algo más que cuarenta días desde ahora! ¡¿Quieres que te entrene desde abajo en cuarenta días?!

—Si no lo haces... no seré capaz de unirme a los Adrellos —dijo Adron—. Si ellos no me dan otra oportunidad y me dejan entrenar con los nuevos críos, entonces me desterraran. ¿Es eso lo que quieres? Lo sabes... Soy el Scyther más talentoso de este grupo. ¿Puedes continuar como adulto y no tenerme a tu lado como aliado? Nunca tuviste confianza en ti mismo. Sin mí, los otros pensarán que tú eres el nuevo alfa... ¿puedes estar a la altura de eso? No puedes. Porque fui yo el que te dio confianza. Es por eso que me vas a ayudar.

Adron pausó, aguardando a que sus intencionadas palabras hicieran efecto. No sabía si funcionarían o no, solo estaba diciendo lo que la voz en su cabeza le ordenaba decir, la voz que representaba a Adarc en su alucinación. Sostuvo la respiración, observando el desconcertado rostro de Adarc mientras este miraba fijamente una roca cercana. Esperó que su respuesta fuera favorable.

—Estás intentando manipularme —dijo finalmente Adarc—. Pobremente, pero... estás intentando engañarme para que te ayude. Sé que no puedes estar completamente perdido... Sí, Adron, todavía te veo allí adentro.

—¿Entonces me ayudarás?

—Sí, te ayudaré, supongo —decidió Adarc—. Si es que encuentro el tiempo...

... ... ...


... ¡Era tan obvio! ¡Lo he sabido desde los días de mi infancia!

... Todo este tiempo, ¡estuvo justo en frente a mí!


... ... ...


—Solo puedo aprender si estoy en peligro extremo —explicó Adron, comenzando la primera de sus desesperadas sesiones de entrenamiento con Adarc—. Solo la muerte inminente hace que me concentre. Sin eso, no puedo controlar hacia dónde irán mis pensamientos. Es por eso que tienes que tratar de matarme y esperar que te bloquee. De otra forma no aprenderé.

—¿Y si te mato? —preguntó Adarc, adoptando con vacilación su postura de batalla—. ¿Entonces qué?

—Entonces enorgullécete por haber terminado con mi miseria —retornó Adron—. Si soy una causa perdida, no querría nada más.

... ... ...


Allí está...

Está en la forma en que Adarc pelea...


... ... ...


—Déjame intentar algo más primero, antes de que solo empiece a tratar de amputarte la cabeza —sugirió Adarc.

Adarc se acercó a Adron, balanceando sus cuchillas en movimientos circulares.

—Cuando Almru comenzó a entrenarnos por primera vez, hicimos esto. ¿Lo recuerdas? Esto es un ejercicio de bebés. Intenta bloquear mis golpes.

Adarc movió sus cuchillas lenta e hipnóticamente delante del rostro de Adron. Igual de lento, se movió hacia el hombro de Adron con el extremo filoso de su cuchilla. Cuando Adron se dio cuenta de lo que quería hacer, posicionó su propia cuchilla para detener el avance.

—No... no —dijo Adarc—. Hazlo lento. No lo hagas más rápido que yo.

—Esto no me enseñará nada —gruñó Adron.

—Nos enseñó a todos las bases para las técnicas de batalla con cuchilla —insistió Adarc—, incluso a ti. Las batallas reales son iguales. Solo aprendes a hacerlo más rápido.

Habiendo conseguido ya la cooperación de Adarc, decidió no discutir más. Frunciendo el ceño, siguió los movimientos de Adarc y se concentró en el ejercicio.

Thunk.

Thunk.


Adron evitó que las lentas y predecibles cuchillas tocaran su cuerpo.

Thunk.

—Bien —dijo Adarc—. Intenta lanzar contraataques, también. Así puedo ver qué tal estás.

Thunk.

Thunk.

¡Tink!


Sorprendido, Adarc conectó con su cuchilla y acertó gentilmente la placa frontal de Adron.

—¡¿Estás ciego?! —estalló Adarc—. ¿Cómo no bloqueaste ese ataque? ¡Venía directo a tu cara!

Adron estaba confundido. Tuvo que pensarlo por un momento. En realidad, algo había captado su atención. Sus fugaces pensamientos le habían dicho algo importante. Pero solo fue el más tenue de los susurros, desvaneciéndose en un instante...

—Yo... yo vi algo... —dijo Adron, repentinamente embobado—. Hubo... una especie de...

—Adron, por favor, no te distraigas —gimió Adarc—. Solo... continúa bloqueando mis ataques...

... ... ...


El paso de los días se emborronó como uno mientras Adron se probaba a sí mismo incesantemente, intentando encontrar aquello que había perdido. Sus recuerdos se volvían inconexos. El sueño era escaso, siempre interrumpido por las poderosas alucinaciones que lo asechaban dentro de su subconsciente. Los días eran gastados en sus intentos de concentrarse, esperando que la rabiosa bestia de su mente le diera libertad de acción poco a poco...

—¡Levántate, hermano Adron! —una voz llamó desde afuera de su zanja una mañana—. Sobran treinta y seis días, ¡no podemos desperdiciar ni un momento!

Confundido, Adron se levantó de su patéticamente corta siesta para contemplar a nadie más que Adiel devolviéndole la mirada.

—Tú no... eres Adarc —consiguió decir Adron—. ¿Q-qué estás haciendo aquí?

—Adarc está ocupado hoy —explicó él—. Pero me contó todo sobre ti, así que yo te entrenaré en su lugar. Arriba. ¡No seré blando contigo!

... ... ...


Adiel también...

Está en la forma que Adiel pelea, también...


... ... ...


—Ahora —dijo Adiel, encarando a su oponente—. Me dijeron... que has estado reaprendiendo las veintiséis reacciones básicas, pero mucho más lento. Adarc me dice que lo haces bien en la mayor parte de ellas, siempre y cuando tengas bastante tiempo para reaccionar. Pero también me dijo... que aprendes mejor si estás en peligro de muerte.

—Sí —replicó Adron—. Las lecciones de Adarc no me han ayudado. Solo las seguí porque él cree que tiene la necesidad de evaluar mis movimientos. Y... porque vacila.

—¡Yo no vacilo! —dijo Adiel con orgullo—. ¡Yo te pondré en peligro de muerte!

Adiel adoptó su postura de batalla, sonriendo con malicia. Adron se tensó.

—¡Prepárate! —gritó él—. ¡Vamos, hermano! ¡Hagamos volver tu habilidad a donde pertenece!

Se lanzó, sus cuchillas desenvainadas en una formación letal...

*¡Clang!*

... ... ...


Más noches pasaron. La mayoría eran noches sin sueño, todas dedicadas a escuchar cómo sus pensamientos apenas comenzaban a usar un lenguaje que él comprendía. La mayor parte del tiempo, solo le decían cosas absurdas, procesando corrientes de ideas de su consciencia sin duda en algún modo misterioso. Pero raramente, de vez en vez, le contaban otras cosas... cosas que ni él, ni ningún otro Scyther, hubiera pensado jamás...

Una noche, ya pasada la medianoche, Adron supo que dormir sería imposible. Se mente iba a las carreras, su corazón latía intensamente.

No le importaba la muerte. La muerte sería una bendición, si Arceus se la concedía. La muerte era el boleto de negociación que tenía con la bestia de su cabeza. No sentía temor hacia el Vigilante que le había lesionado. Si se cruzaba de nuevo con él, quizá este repararía su locura de la misma manera que la había causado. Pero no podía dejar que su tiempo pasara vanamente. Sus días, sus latidos, sus momentos estaban contados. Necesitaba todo el entrenamiento intenso que pudiera encontrar.

Así que se abalanzó a la salvaje y oscura noche, lejos de la seguridad del altiplano.

Y mientras rondaba por la noche, sintiendo que el terror de la reclusión y de la desesperanza aumentaba, observó a los demonios mientras cazaban desde lejos.

—Escupe-fuego —se siseó a sí mismo, contemplando a la cornuda bestia de pelaje oscuro pasar enfurruñada ante él—. Entréname, escupe-fuego...

El sabueso captó su aroma rápidamente, y se volvió hacia su dirección.

Hubo un punto muerto, en el que el animal salvaje se agachó al ras del suelo gruñendo viciosamente.

—rrrrrrrrrrrr-¡RAUFFF! Rrrrrr...

—Muéstrame tu fuego —siseó el joven Scyther—. Muéstrame... la perdición del Scyther... tu fuego...

Un estallido de luz, haciendo desaparecer las sombras así como un rayo haría. Una bola de fuego salió despedida de las fauces de la bestia. Adron sintió que aquella amada y espantosa emoción lo llenaba, sintió cómo organizaba sus pensamientos...

Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir.

... ... ...


Y en mí...

La forma en que yo peleo... Está también en la forma que yo peleo...


... ... ...


*¡Clang!* *¡Clang!*

—Adron, ¿sabes que batallar no va a ser la única cosa en la que te probarán? —dijo Adarc durante una sesión de entrenamiento—. ¡Tienes que memorizarte todo tipo de cosas! ¿Te acuerdas de alguna?

*¡Clang!*

—¿Las reglas de la supervivencia en lo salvaje? ¿Cómo administrar un suministro limitado de comida?

*¡Clang!*

—¿Las reglas para engañar al enemigo? ¿Los cuatro errores comunes?

*¡Clang!*

—¿Las reglas del sigilo? ¿Los puntos ciegos de las criaturas comunes?

*¡Clang!* *¡Clang!*

—¡Tienes que recordar todas estas cosas que aprendimos desde el comienzo! ¡Solo aprender a batallar no va a hacer que todo vuelva! ¿Adron?

—¡Silencio! —ladró Adron—. Por favor... solo deja que me concentre...

—Adron, ¡solo quedan quince días, y apenas has aprendido desde que empezamos! No hay forma en la que estés listo...

—¡Dije silencio! —exclamó Adron—. No puedo pensar... si sigues hablando... ¡espera!

Adarc puso un alto a su ataque, pareciendo irritado—. ¿Qué ocurre? ¡¿Qué?!

—Creo... creo que vi algo —dijo Adron, examinando sus propias cuchillas e intentando recordar—. Había... algo. Había un patrón. Vi un patrón. Había visto una parte antes, pero...

—¿Viste un patrón? ¿Solo uno? —espetó Adarc—. Esperaría que hubieras recogido muchos patrones a estas alturas. Los patrones son el corazón de la batalla.

—No... —murmuró Adron, mirando directo al cielo—. No era lo mismo. Era algo más... ¡lo juro! Había algo importante...

... ... ...


Los días y noches continuaron carreteando, y Adron siguió peleando con Adarc, de igual manera con sus rocas, y con cualquier criatura que pudiera encontrar para asistirlo en su esfuerzo. Recordó las palabras de Adiel, y se aferró a ellas: sí, su habilidad estaba bajo llave. Todavía estaba ahí, solo necesitaba abrir el cerrojo, ¿verdad? Necesitaba encontrar el patrón, la respuesta, para liberarse de aquella condenada discapacidad...

... pero, el tiempo se le acababa...

Otra bola de fuego disipó las sombras de la noche, reventando sobre el suelo en donde Adron había estado parado, ondeando en cenizas y humo a medida que se esfumaba y encendía pequeñas ascuas sobre las cuchillas de pasto.

Adron hizo zumbar sus alas, atacando al oscuro sabueso desde arriba. Sus instintos le habían ayudado a tomar el control. Adivinaron en dónde aterrizaría el letal fuego, y en dónde sería más probable que el enemigo atacara después... y Adron dejó que actuara, como si una criatura ajena–la bestia en su cabeza–hubiera tomado el control completo de sus movimientos. Golpeó al sabueso desde el costado, cortando una herida en su pelaje y manchándose la cuchilla. El sabueso rugió de la furia y brincó para morder a su asaltante, pero Adron despegó una vez más...

*¡Shwooom!*

Hubo una bola de fuego desde una dirección que Adron no estaba esperando. Su cuerpo se sacudió, pero fue demasiado tarde. A la luz de esta nueva flama, captó con la vista a un sabueso más pequeño–un niño, justo como él–defendiendo a su padre.

Tu cuerpo es altamente inflamable. Evita el fuego a toda costa; la extensión de una quemadura podría terminar con tu vida.

Hubo un dolor demencial, como si su cuerpo estuviera despedazándose en diminutos jirones. Sus alas se desintegraron. Su carne se peló, volviéndose de un marrón oscuro. Su aliento se perdió, para que su angustioso grito final pudiera sonar a través del aire...

No... no... Esto no está ocurriendo.

Adron cerró con fuerza sus ojos, envolviendo su cuerpo en una pelota como para ahogar el resto del mundo. Sabía que... situaciones como esta se había vuelto tan comunes ahora... y que tenía que aprender a diferenciarlas...

¡Esto no es la realidad...!

¡Esto... es un sueño!

...


Y, justo como pensó, la alucinación se fue. Se encontró a sí mismo despatarrado en el suelo en algún lugar justo afuera del altiplano, demasiado falto de aliento como para moverse.

Distinguir la fantasía de la realidad se había vuelto uno de sus desafíos más grandes. Recuerdos y corrupciones de recuerdos pasaban ante sus ojos tan a menudo que tuvo que aprender a cuestionarse todo lo que veía, todo lo que sentía...

... ... ...


Pronto, demasiado pronto, la víspera de la ceremonia de confirmación había llegado.

A medida que el sol se atenuaba y las sombras del Altiplano Quebrado cubrían su cuerpo, Adron se mantuvo despierto, asumiendo la postura para una última sesión de práctica. Este era el final. Todo dependía de cuán diestro se había vuelto hasta ese punto. Mañana significaría el comienzo de su vida como un Scyther honorable... o un marginado deshonorable, exiliado de los Adrellos como un hermano caído.

¿Y qué había aprendido? Casi nada, al parecer. Le surgía a Adron que sus pensamientos seguían siendo un caótico desastre, y sus habilidades de batalla patéticamente poco fiables. Si su amigo “bestia” había aprendido algo, estaba fuera de su percepción, fuera de su control.

Pero... él no se rendiría. Si una revelación sucedería aquella noche, Adron determinó, él estaría despierto para verla.

Ante él, permaneciendo a su lado hasta el mismo final, estaba su hermano Adarc. Aunque estaba fatigado y desgastado por los días de intensos ejercicios, se había rehusado a abandonar a su viejo rival, siempre con la esperanza de que se liberara de su discapacidad. Pero esta noche, estaba empezando a enfrentarse al duro hecho de que sus esperanzas podrían haber sido en vano.

—¡Pelea conmigo! —comandó Adron.

Así que obedeció, participando en un combate con su hermano una última vez.

—¡No te retengas! —ordenó Adron—. Pelea conmigo como lucharías contra los Adrellos mañana. ¡Usa toda tu habilidad! ¡Pelea a matar!

Adarc cerró rápidamente la distancia, brincando al aire y usando sus alas para ayudar a propulsar su salto. Se impulsó directamente por sobre la cabeza de Adron, lanzando un corte hacia su cara. Con un choque de acero, Adron lo bloqueó.

Aterrizando, Adarc giró sobre su eje con rapidez y lanzó otro ataque, un corte a la espalda de Adron. Adron se giró prontamente y se agachó.

—Todavía... no estás contraatacándome, Adron —dijo Adarc—. Me dejé estar vulnerable ahí. ¿Por qué no atacas?

—¡Pelea! ¡Por favor! —respondió Adron—. ¡Solo pelea conmigo!

Adarc giró su cuerpo de forma impredecible y consiguió conectar un golpe del revés en el abdomen de Adron. Adron retrocedió tambaleándose.

—Deberías haber esquivado eso —gruñó Adarc—. Adron, no has mejorado mucho...

—Por favor, solo continúa —insistió Adron.

Adarc despegó de nuevo, cerniéndose sobre la figura desprevenida de Adron. Adron combatió el ataque, empujando a Adarc y obligándolo a alejarse. Adron intentó sacar ventaja del golpe, pero se encontró con el pie de Adarc directo hacia su pecho, mandándolo hasta el suelo. Adarc aguardó a que Adron se volviera a levantar.

—¡No estás peleando conmigo! —gruñó Adron—. ¡Por favor... pelea! ¡Lo mejor que puedas!

—Adron... estoy exhausto. ¿Tienes alguna de idea de lo que el sensei nos hizo pasar hoy? Necesito un descanso...

—No, todavía... Necesito... ¡Solo un poco más de tiempo! Adarc... ¡por favor, pelea conmigo!

—Adron... he peleado contigo suficiente —dijo Adarc, retrocediendo y abandonando su postura de batalla—. Y... no puedes contraatacar. ¿Qué hará por ti una hora más? No puedes... no puedes mejorar.

—¡Hay un patrón! —imploró Adron, volviendo a pararse—. Casi veo un patrón... Está justo ahí en frente... No lo puedo explicar, pero si tuviera más tiempo para verlo... ¡Sé que lo encontraré!

Adarc se quedó quieto. Se sentía dolido. Su expresión se tornó grave. Esto lo era; tenía que marcar la línea en este punto. El código decía que no debía intentar ayudar a un hermano caído a levantarse, y ahora sabía por qué: porque lo arrastraría también a él.

El día siguiente, él se uniría a los Adrellos. Necesitaba aprender a seguir el código. Y así, finalmente le dio la espalda a su amigo, separándose de él.

—Sí, Adron —dijo él en con un suspiro derrotado, sin mirar atrás—. Las batallas tienen patrones.

Y, así como así, su hubo ido.

Y Adron supo que había sido abandonado. Supo que su vida, todo por lo cual había sido entrenado, estuvo perdida. La “bestia” de su mente no había sido domada. Quedó como su enemiga, arruinando su esperanza de volverse un guerrero poderoso.

Supo que había terminado.

Se quedó allí, por un muy largo tiempo, mirando el camino por el que Adarc se había marchado, y contemplando cuál sería su lugar en el mundo.

... ... ...


Finalmente, la ceremonia de confirmación había arribado.

Adron decidió asistir a la ceremonia. No había razón por la que no podía; todos asumían que participaría. La verdad, solo quería ver a sus compañeros de toda la vida tomar sus nuevas posiciones en la jerarquía de los Adrellos, probablemente por última vez. La muerte vendría lo suficientemente pronto para él; sabía que iba a morir de alguna forma en la naturaleza, solo e indefenso, a manos de los salvajes. Pero, antes de que aquello ocurriese, quería un poco de paz mental de saber que sus hermanos continuarían por donde él no pudo guiarlos, o ni siquiera seguirlos...

La ceremonia tomó lugar en un rocoso risco que los Adrellos habían nominado el “altar de piedra”: era un fragmento del altiplano, de casi medio kilómetro de diámetro, que se alzaba bien por sobre los peñascosos refugios de la guarida de los Adrellos como una montaña rebanada. Resplandecía con los misteriosos colores anaranjados del amanecer a medida que el clan de Scyther se reunía en su cima.

Por un lado, el sensei Adram condujo al grupo de críos. Veintitrés en total, marcharon en filas detrás de su líder. Algunos estaban llenos de temor y anticipación. Otros, de confianza en sí mismos. Todos estaban en silencio mortal, pues un murmullo desubicado significaría irrespeto, y posiblemente la descalificación.

Adron estaba en el mismo final, en donde Adram le había ordenado estar. Estaba satisfecho. Sabía su destino. Se rehusaría a participar de la ceremonia, y aceptaría cualquier destino que se le asestara desde ahí. Sintiendo la fría brisa matutina, y viendo el resplandeciente tinte del amanecer, casi quiso llorar. Era el campo de batalla que amaba, y era el amanecer del futuro. Pero ya no era un guerrero. El campo de batalla ya no era su lugar.

En el otro extremo del llano pilar de piedra, salvo aquellos que no pudieron asistir, estaba la totalidad del clan de los Adrellos.

Había al menos cuarenta de ellos. Se paraban erguidos, muy por sobre los pequeños críos como una muralla de dioses, el orgullo ardiendo en sus ojos y una inmutable fuerza en sus figuras. Adron contempló con asombro aquella visión de todos ellos reunidos en un lugar. Parecían tan distintos a él, o que cualquiera de los otros críos. Su piel y armadura verdes estaban viciadas por rasguños, cicatrices, y callos, haciendo que cada uno de ellos pareciera una nueva especie entera de criatura. Sus cuchillas eran largas y deformes, habiendo sido gastadas y afiladas. Ellos, también, estaban en silencio total, como si no quisieran despertar todavía a la Madre Naturaleza de su sueño...

Y en el centro, entre los dos grupos, estaba un Scyther distinto al resto. Su cuerpo estaba anciano y andrajoso, pero una voluntad férrea brillaba en su aura, mostrando al mundo que todavía no había acabado con su tarea entre los vivos, y que cualquiera que lo tomara de muy viejo y desgastado como para defenderse estaba horriblemente–quizá fatalmente–equivocado. Su color era de un verde profundo y oscuro, como las burdas y rugosas plantas que crecen en las profundidades de una selva. Su mirada era sabia y profunda, sus ojos habían visto la mayor parte de las cosas por ver en el mundo. Su estatura demandaba que fuera temido y respetado con todo el corazón propio, pero quizás también amado y confiado. Él era el Padre adoptivo Adrav, el noveno sucesor del Padre Adrel, y líder de los Adrellos.

El Padre Adrav sostenía en alto la cabeza, evaluando a este nuevo lote de jóvenes. Adram se acercó a él con docilidad, marcando el inicio de la ceremonia.

—Gran Adrav, padre adoptivo y hermano del clan de los Adrellos, le presento a la decimoséptima generación de críos Scyther. Han pasado cada momento de su niñez entrenando para servirle, y ahora, se los paso con orgullo. Pruébelos como vea apropiado.

Adrav asintió—. Lo haré —retumbó su voz—. Bien. Su trabajo está terminado, buen Adram. Puede volver a su lugar entre mis filas.

El sensei hizo una reverencia, luego dejó a los críos por su cuenta y cruzó hasta el otro extremo de la plataforma en donde les devolvió la mirada, una radiante satisfacción en sus ojos.

Adrav se aproximó lentamente a los críos, causando que todos ellos se estremecieran de la intimidación a medida que sus poderosos ojos los escaneaban. La punta del sol comenzó a asomarse sobre el borde del altar de piedra cuando el Padre Adrav empezó a hablar.

—Ustedes desean compartir en mi hermandad —gruñó él, pero en una poderosa voz que pareció estar en llamas—. Así que han trabajado para aprender las cosas que el Padre Adrel deseó que aprendieran. Ahora, debo ver si estarán a la altura de nuestros estándares. Las pruebas que he planeado para ustedes durarán quince días. Estas probarán su adherencia al código. No habrá recesos. No se les estará permitido dormir mientras estén en prueba. No se les estará permitido desfallecer.

»Si pasan la prueba, pasarán a ser mi semejante. Yo seré su padre solo en título, porque les pediré que confíen en mi juicio y me permiten dirigir sus acciones ya que es mejor para este clan. Pero serán mi hermano, y yo el de ustedes. Les explicaré quiénes son los Adrellos, y qué pretendemos lograr con nuestro poder, y yo pelearía por ustedes justo como pelearía por cualquiera de aquellos Scyther parados detrás de mí. Les pediría lo mismo de su parte.

»Si fracasan en la prueba, sin embargo... Quizá se les transmitieron rasgos infortunados de los portadores de sus huevos. Quizá están indispuestos a servirme. Yo hablaré con ustedes y determinaré si unos años más de entrenamiento les ayudará. Ya que no estaremos criando en muchos meses, necesitarían vivir aislados, apartados de nosotros, antes de que la nueva generación eclosione y esté lista para aprender. Si esto les parece poco razonable, o si yo determino que su espíritu no es adecuado para este clan... serán entregados a la naturaleza.

»Vivir en lo salvaje no es deshonorable. Yo mismo he vivido allí por varios años. Afuera no hay hermandad, nadie a quien servir más que a las fuerzas de la naturaleza que te animaron. Si son lo suficientemente fuertes para sobrevivir, podrían hasta encontrar un propósito allí, y podrían volverse un animal salvaje respetable. Les desearía la bendición del Padre Adrel cuando fueran. Así que no alberguen amargura en sus corazones cuando sean desterrados. Hay una razón por la que son probados a una edad tan temprana; son demasiado jóvenes como para conocer amargura verdadera. Si hubieran aprendido sobre la verdadera perfidia del mundo, y su fracaso viniera junto con rabia e ira... no podría dejarlos vivir. Necesitaría destruirlos, para proteger a mis compañeros de la astuta cólera de un hermano caído.

»La decisión es suya. No es su obligación pasar por esto. Pueden marcharse en cualquier momento. Para alguno de ustedes, una vida en la naturaleza podría ser más apropiada y satisfactoria que las vidas que nosotros, los hijos de los Adrellos, llevamos. Entonces, pregunto ahora: ¿alguno de ustedes, críos, elegirá esta opción?

Hubo silencio, completa quietud. Solo Adron se movió, reverenciando con la cabeza ligeramente.

—Buena respuesta —dijo Adrav con una sonrisa—. Ahora... Comenzaremos con su prueba. He decidido empezar con la parte que probablemente la mayor parte de ustedes estará anticipando con gran entusiasmo, y sacarla del camino primero... pruebas de agilidad. Elegiré a uno de mis hermanos para que se bata en duelo con cada uno de ustedes. No se espera que ganen, sino que demuestren su habilidad en su máximo grado.

Se aproximó a uno de los críos Scyther más altos de la fila delantera.

—Adelante, crío —ordenó—. ¿Su nombre?

—Aduun, padre —replicó con confianza, con sus alas crispándose de la impaciencia.

—Crío Aduun, por favor, demuestre su proeza en batalla contra mi hermano, Adrik...

Adron observó desde la fila de atrás cómo Aduun caminaba hasta el centro del altar para enfrentarse a uno de los guerreros Adrellos. Aduun fue siempre enérgico y diligente. Sus habilidades no eran competencia para las de Adron, pero ciertamente llevaba algo de lucha dentro de él. Adron supo que lo haría bien en aquella primera prueba...

El pequeño Aduun usó todas las técnicas que conocía, exhibiéndolas todas de forma perfecta ante la multitud de espectadores, contra el Scyther más viejo. Cuchillas chocaron, alas zumbaron, y borrones de verde viajaron a través del aire a medida que el pequeño crío intentaba mantenerse firme ante el viejo y más experimentado guerrero...

Y en la cabeza de Adron... fue en eso cuando la última pieza del rompecabezas encajó en su lugar.

... ... ...


“Adron, soy tu profesor, no tu asesino”, le recordó el anciano. “Límpiate el orgullo. No tendrías oportunidad contra mí si no me retuviera.”

El anciano no le daría al pequeño lo que deseaba, pero redobló sus esfuerzos con la esperanza de que el crío estuviera satisfecho con un nivel de desafío mayor. Abriendo sus alas, se propulsó por sobre el suelo surcado de arcilla para atacar a su estudiante desde el aire. El crío se puso a la altura del desafío, arremetiendo hacia el anciano y pasando de largo en un intento de atacar desde ángulos confusos. Pero cada ataque fue bloqueado, ya que el anciano giraba expertamente sus cuchillas para defenderse. Los resonantes repiqueteos de aceros chocando llenaron el aire una vez más.

*¡Clang!* *¡Clang!* *¡Clang!*


... ... ...


Está en la forma en que el Sensei Adram pelea...

... ... ...


Visiones, recuerdos revolotearon ante el rostro de Adron. Vio destellos del mes anterior, el mes en el que se había pasado intentando hacerle frente sin éxito a la lesión mental...

... ... ...


Alwry retrocedió. “¿Matarte? ¡¿Quieres un duelo verdadero?!”, aulló ella. “Ya veo. ¿Estás hambriento de un desafío? ¡Acepto los términos de la victoria! ¿Qué es lo que estará en juego?”

Adron se preparó cuando Alwry dio apertura a la batalla, con un atolondrado ataque. Levantó sus cuchillas al último momento para rechazar el golpe, causando que el familiar sonido de aceros chocando repicara en los rocosos salones. Por unos segundos, sus chuchillas permanecieron trabadas con las de él, intentando hacerlo retroceder y perder el equilibrio.

Adron vio el brillo en sus ojos, y supo que era sincera acerca del desafío. Aguardó a que ella hiciera el siguiente movimiento.


... ... ...


Está en la forma en que Alwry pelea...

... ... ...


Los recuerdos eran inexorables, inundando su visión. Manaban de sus desesperados intentos de entrenar con Adarc, de vuelta a sus sesiones con el sensei Adram, y el sensei Alrac antes de él, de vuelta a más atrás, antes cuando era solo un infante, combatiendo por sobrevivir en la naturaleza...

Concéntrate, Adron... ¡Concéntrate!

Soy Adron, un Scyther... No sé en dónde estoy...

Es cierto, ¿no? ¿Adron el Prodigio está muerto?

Nos enseñó a todos las bases para las técnicas de batalla con cuchilla, incluso a ti. Las batallas reales son iguales. Solo aprendes a hacerlo más rápido.

¡Tienes que recordar todas estas cosas que aprendimos desde el comienzo! ¡Solo aprender a batallar no va a hacer que todo vuelva!

Nunca debemos contentarnos. Las criaturas que viven sin propósito son débiles e inútiles; nuestra eterna hambre de poder es la fuente de nuestra fuerza...

Está en todos lados... ¡está en todos nosotros!

*¡FLASH!*


... ... ...


Hubo un cegador destello de luz detrás de los párpados de Adron cuando se despertó del sueño más poderoso que había experimentado hasta el momento. Miró a su alrededor, viendo a los críos todavía alineados, observando con asombro cómo Aduun peleaba para demostrar su valía. Pero no parecía real, ahora. Parecía otro sueño, pero él sabía que era real. Estaba allí, asistiendo a la ceremonia de confirmación, entre aquellos que estaban a punto de ser probados...

Combatió por recuperar el aliento. Había visto todo, todo aquello que le había ocurrido, como si le hubiera ocurrido en el trascurso de solo unos minutos...

... y aquello le había dicho el patrón.

—Lo sé —susurró, en un jadeo de conmoción—. ¡Ya sé cuál es el patrón!

Varios de sus hermanos se giraron para mirarlo con enojo, aquella perturbación de la ceremonia era un severo signo de irrespeto. Los ignoró. Jadeó con incredulidad, como si acababa de presenciar a Arceus mismo volar en el cielo matutino. La bestia le había demostrado cuánto valía. Le había otorgado la respuesta. De hecho, en su misteriosa manera, había estado de su lado todo aquel tiempo.

—El patrón... ¡es él!

Adron se estremeció sin control. No pudo contenerse. Vio la respuesta.

El sol del alba todavía quemaba las marrones rocas y el cielo con su asombroso fuego. Este era su campo de batalla. Y ahora, él atacaría.

Sabía lo que tenía que hacer.

Sus piernas temblaban tanto que las alivio de su presión y saltó al aire, volando por sobre la multitud de críos.

En un comienzo, nadie lo notó. Los ojos de todos estaban adheridos en la batalla. Pero el padre del clan, observante como era, lo captó en su visión y observó cómo el crío se salía de la fila.

Luego, cuando hubo volado hasta cerca del centro del altar, volvió a descender en la dura superficie de piedra, mirando a su líder de clan directo a los ojos.

Y gritó a todo pulmón:

—¡Lo desafío a usted, Padre Adrav!

La batalla cesó de inmediato, la atención de ambos contendientes perturbada por la distracción.

Los guerreros Adrellos se quedaron mirando audaz crío con entretenida incredulidad. Los otros críos llevaban miradas de terror. Adron supo que su desafío no había sido uno ligero: desafiar al líder de esta manera era desafiarlo por su papel... el papel de padre adoptivo del clan. Ganar este desafío era ser declarado el nuevo padre adoptivo de los Adrellos. Perderlo... por tradición, sería exiliado deshonorablemente del clan. Y no solo eso–la contienda era un duelo verdadero. No se harían concesiones, ni habría piedad. La batalla no terminaría hasta que un bando se rindiera. Y si ninguno lo hacía... sería una batalla hasta la muerte.

Era inaudito que un crío profiriera este desafío contra alguien que podía obviamente aplastarlo. Pero aquí, estaba sucediendo ante los ojos de todos, y estaban allí conmocionados y asombrados, esperando a ver cómo Adrav reaccionaría.

—¡Adron, estás demente! —jadeó Adarc—. ¡No puedes ganar!

—¡Retírate, Adron! —imploró el sensei Adram desde el otro extremo, apresurándose por llegar—. Por el amor al honor, por favor... ¡retírate!

Pero el Padre Adrav levantó una de sus cuchillas hacia atrás, comandando al sensei que se detuviera. Sus ojos permanecieron fijos en el valiente crío.

—El desafío ha sido proferido, no puede ser retractado —retumbó él amargamente—. Así que... pequeño... deseas que te destierre. Te cumpliré el deseo.

—¡Me desterrarían de todos modos! —soltó de vuelta Adron.

El Padre Adrav rio—. ¿Pero qué, en tu diminuta mentecita, te hace pensar que me puedes derrotar?

—¡Porque puedo! —proclamó Adron—. ¡Yo conozco su estilo de lucha! ¡Su espíritu brilla en cada miembro de este clan! ¡Usted es el que traspasó su habilidad al resto de nosotros, y grabó su sabiduría en nosotros para que podamos ser tan grandes como usted! ¡Toda mi vida, he estado peleando contra usted! ¡Sus ideas! ¡Sus técnicas! ¡La forma en que predica el código! ¡Con cada golpe, incluso yo blando sus cuchillas! ¡Ahora lo desafío a usted, justo como me ha llamado para hacerlo!

—Has tenido visiones, entonces —retumbó Adrav—. Nunca te he visto antes en mi vida. Y jamás te hubiera llamado para que actuaras de forma tan necia.

—¡Pelee contra mí! —desafió Adron—. ¡Y yo le mostraré lo que ha hecho de mí!

—Con gusto —respondió el Padre Adrav.

Los otros críos se quedaron con la boca abierta del asombro. Los ancianos dejaron caer la cabeza de la vergüenza.

El gran Scyther atacó.

Adron ni siquiera tuvo tiempo para parpadear. En un cegador borrón, Adrav llegó hasta él como un rayo y le asestó el cuerpo entero con solo un golpe de su cuchilla. El ataque pareció afectar cada nervio importante, haciendo que Adron se sintiera como si se hubiera encendido en llamas y ahogado en dolor.

Adron se tambaleó hacia atrás, pero prontamente luchó por recuperarse. Rodó y volvió a ponerse de pie, despegando del suelo tan rápido como pudo. Pero luego de otro vistazo a sus alrededores, ya no pudo avistar a su oponente.

*¡ZAS!* Adrav había hecho una maniobra justo encima de él, lanzándolo hacia abajo con gran fuerza con ambas cuchillas. Adron cayó directo al suelo, golpeándose con fuerza en el rocoso piso. Su conocimiento se sacudió.

Revuelto por el golpe, rodó al costado y un clang resonó cuando las cuchillas del padre fallaron y golpearon la roca debajo.

Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir.

Adron aprovechó la oportunidad y arremetió hacia su objetivo, apuntando a las piernas de Adrav mientras este giraba su cuerpo y se ponía de pie de nuevo. Su ataque golpeó, pero Adrav pareció inafectado. Como represalia, Adrav saltó por sobre la desastrosa figura del crío y le cortó la ruta de escape, anclándolo por un momento entre el codo y la rodilla antes de sacar rápidamente el brazo del dolor y alejarlo de un lanzamiento.

—¿Qué... es esto que me estás mostrando? —demandó Adrav—. ¿Que has aprendido a sacudirte como una carpa fuera del agua?

—¡No... le he mostrado... todavía! —luchó por decir Adron, brincando para recuperarse.

¡Concéntrate, Adron!, se dijo a sí mismo. ¡Bestia... ayúdame! Si es que habrá algún momento en el que deberás concentrarte en mi lugar... ¡es ahora! ¡Esta batalla lo es todo! ¡Por favor, escucha! ¡Esto es para sobrevivir!

Y la bestia acudió a su llamado, pues sintió que el control de su cuerpo era tomado por su mente subconsciente.

¡Slash! Adron conectó un ataque rápido mientras pasaba como un rayo al lado de su oponente. No había afectado mucho al anciano, pero había sido un ataque exitoso no obstante. Notó que el padre había anticipado el ataque en la dirección equivocada y fallado en bloquearlo.

¡Slash! Otro ataque exitoso, desde otro ángulo que el padre no había anticipado. Adron sintió que su cuchilla forjó una pequeña mella en la carne del anciano.

—Suficiente —gruñó el anciano, dirigiendo un ojo para concentrarse en la borrosa figura de Adron.

Adron intentó atacar una tercera vez, pero falló; Adrav atrapó el cuerpo del crío entre sus brazos, trabándolo en una dolorosa llave. Luego, con una magistral maniobra, se lanzó del suelo con la fuerza de sus alas, contorsionó su cuerpo, y catapultó a Adron directo al suelo. Adron sintió que su visión se ennegrecía por un momento, y sus pensamientos se dispersaron más a medida que el dolor arruinaba su sentido de percepción.

Actúa, bestia..., imploró Adron. No puedo hacer nada más. Ahora debes... ¡debes actuar!

Irritado por la audacia del pequeño, Adrav decidió que la batalla debía terminar. Así que se abalanzó hacia su oponente caído una última vez, listo para arrojar el golpe que lo dejaría incapaz de continuar peleando. De los varios métodos eficientes de deshabilitar a un oponente sin matarlo, eligió el más apropiado–lisiarlo–y descendió para llevar a cabo la acción.

Pero mientras establecía un curso de colisión con Adron... mientras dirigía su mente, preparaba la memoria muscular para que acertara las articulaciones de sus piernas... notó que Adron había logrado arrodillarse, y encararlo.

El cuerpo del crío resplandecía con energía blanca.

¡No...!

Adrav no podía echarse para atrás, porque su propia mente subconsciente ya había entrado en su curso. Entonces, meramente se preparó, listo para asumir la consecuencia de su subestimación...

*¡Slash! ¡Slash!*

El ataque de Adrav fue devastador. Dos letales golpes a lisiar apenas fallaron su objetivo, pero igual acertaron el cuerpo de Adron. Adron sintió que sus fluidos corporales salpicaban fuera de él, sintió la retardada punzada de las embotadas cuchillas mientras intentaban rebanarlo en múltiples pedazos...

... Y recibió la peor parte del golpe, su estatura empezó a temblar, su mente se alistó para sucumbir a la derrota... en esas fracciones de segundo, mientras la fuerza del anciano colisionaba con él, la fuerza entera de su cuerpo empujando las cuchillas más y más adentro en sus costados, lo percibió como una eternidad...

Sintió la energía... y la dejó salir.

Como una trampa cargada, Adron soltó su enrollado cuerpo contra el anciano que venía en picada, acertándolo con golpes imposiblemente poderosos.

*¡SLASH!* *¡SLASH!*

El poder parecía haber salido de la nada. Adron había dejado que la bestia tomara el control, y esta contraatacó la ofensiva del anciano con golpes tan rápidos y brutales que habían rivalizado y fácilmente duplicado el poder de la fuerza de Adrav.

Con el aliento perdido, Adrav fue propulsado hacia atrás, girando a través del aire y aterrizando sobre su espalda. Los espectadores no pudieron contener un jadeo cuando el padre del clan caía al suelo, tambaleándose a varios metros de su oponente.

Increíble..., pensó Adrav, yaciendo quieto por un momento. No puedo creer lo que acabo de ver...

—¡¿E-en dónde aprendiste esa técnica?! —demandó Adrav, enderezando el cuerpo.

—¡Usted me la enseñó! —clamó Adron con confianza, encogiéndose para soportar el dolor—. A través de... los caminos... que ha enseñado al clan... me ha enseñado a mí...

—¡Yo no le he enseñado esa técnica a nadie! —estalló Adrav—. ¡Nadie te pudo haberla enseñado!

Encolerizado, Adrav no perdió tiempo en recuperarse del impresionante golpe. Enfurecido ahora, fue a pisada fuerte al campo de batalla en donde Adron se retorcía del dolor.

Luego de dos poderosas bofetadas con el revés de la cuchilla, Adron estuvo boca abajo en el suelo. Adrav posicionó su pie sobre su espalda y aplicó gran presión, causando que Adron gimiera.

—Ríndete —demandó Adrav.

Sobrevivir... Sobrevivir... Sobrevivir...

Nuestra eterna hambre de poder es la fuente de nuestra fuerza...

Las criaturas que viven sin propósito son débiles e inútiles...

Nunca... debemos... someternos...


Adron no podía luchar. Su cuerpo estaba anclado. Sus cuchillas estaban atrapadas y no podía doblarse de la manera correcta. Sintió que su tórax estaba a punto de colapsar de la presión, aplastado como un insecto común bajo un pie.

—¡Ríndete, crío! —gruñó Adrav más fuerte.

Adron gañó con fuerza, haciendo un último intento para arrastrarse por debajo de la fuerza del anciano, pero no se pudo mover ni un centímetro.

—¡Ríndete, o acabaré contigo! —le rugió Adrav.

Finalmente, Adron se quedó quieto, reconociendo que sus esfuerzos eran en vano. Finalmente... luego de sus años de entrenamiento, y sus días de perseguir una esperanza tan falsa, aceptó su destino.

—Me... rindo.

El Padre Adrav liberó su plano pie y claveteado pie de la espalda de Adron, luego pateó el cuerpo del crío con asco, haciéndolo girar sobre su espalda y mandándolo a deslizarse hacia la multitud de espectadores boquiabiertos. Allí, se quedó quieto.

Negando con la cabeza, el Padre Adrav dejó al caído crío atrás y retornó a su grupo. Parecía nervioso, distraído con sus propios pensamientos, cuando algunos de sus confidentes se acumularon a su alrededor para hablar con él.

—¡Qué pequeño tan equivocado! —dijo uno de los otros Scyther—. Pero qué coraje tenía...

—Él está demente —explicó Adram—. Su mente fue dañada, y no piensa correctamente... Este fue un acto de locura, se lo aseguro...

El Padre Adrav suspiró, sacudiendo confundido la cabeza. Todavía sentía el dolor del contraataque dirigido hacia su pecho, sentía lo real que había sido. Intentó imaginarse a qué se había referido el crío cuando alegó que él le había enseñado la técnica indirectamente. ¿Podría haber ocurrido? ¿Podría el pequeño ser tan observador para juntar las pequeñas pistas de la duración entera de su vida, solo para aprender a hacerle pelea?

¿O... era algo más?

—Me temo... que él no estaba equivocado en lo absoluto —admitió Adrav—. Hay algo curioso en él...

—¡Aprendió la técnica del ‘contraataque vital’ de alguna forma, sin su intervención! —otro Scyther dijo—. Eso es impresionante, en efecto... ¡Imagine cuán brillante debe ser su mente!

—Me lo imagino... —suspiró él—. Es improbable–no imposible, pero muy improbable–que él haya sido capaz de fabricar suficientes señales subconscientes para aprender sobre mí. Lo encuentro difícil de creer, pero pudo haber ocurrido. Sin embargo... hay otra... otra... posibilidad...

Adrav vaciló, mordiéndose la lengua por un momento. Su postura ahora delataba grave debilidad. Con una adolorida expresión, continuó hablando.

—Lo que estoy a punto de decir... no se lo cuenten a ninguno de los otros. Les estoy pidiendo que rompan el código, y que les guarden un secreto... ¿entendido?

—Entendido, mi hermano —susurró de vuelta otro Scyther.

—Puedo guardarlo —respondió otro—, si debe contarlo.

—Bueno... es posible... no, probable, que... —dijo Adrav lentamente, con su mirada hacia abajo para no conectarla con la de nadie—, ... que el conocimiento fuera imbuido en él desde el comienzo. Lo que quiero decir es... que él... puede haberlo aprendido desde el huevo.

No dijo nada más a los otros Scyther, ni se atrevió a mirar sus reacciones. Sabía qué tan pasmados estaban ante la sugerencia, no necesitaba verlo en sus rostros. Entonces, levantó su cuchilla y apartó a sus hermanos, retornando al lugar en donde la batalla había ocurrido.

El pequeño todavía yacía atontado y herido. Se había enrollado, intentando cubrir sus rezumantes heridas. No hablaba consigo mismo en voz baja, no gemía del dolor... solo soltaba muchas cortas y jadeantes exhalaciones, sus ojos cerrados con fuerza...

El padre se dio cuenta de que el pequeño estaba llorando.

—Crío —habló Adrav—. ¿Cuál es tu nombre, otra vez?

—Él es Adron —respondió uno de los otros críos por él, temiendo que permaneciera en silencio—. Adron el prodigio.

Adrav zumbó. Sí, había escuchado este nombre ser mencionado muchas veces antes. Incluso los ancianos habían cantado sus alabanzas algunas veces...

—Crío Adron —habló él—, de acuerdo a la tradición, porque te has rendido en el desafío, ahora debo desterrarte de cualquier contacto con el clan de los Adrellos, y entregarte a la naturaleza...

Los ojos de Adron parpadearon al abrirse. Giró su cabeza ligeramente para ver cómo el gran guerrero anciano venía a pararse junto a él.

—Pero... una de las primeras cosas que aprendemos, cuando somos entrenados a una edad tan temprana como la tuya... nuestras tradiciones, y nuestras reglas solo existen para fortalecernos, no para debilitarnos. En donde fuéramos debilitados por nuestras costumbres... debemos aprender cuándo es apropiado romperlas. Si nunca estuviéramos dispuestos a romper nuestras propias reglas, todos seríamos críos todavía.

Adron no dijo nada, ahora solo llevaba una mirada de sorpresa.

—Crío Adron, yo creo que al desterrarte, debilitaría a los Adrellos, así que no lo haré. Me han dicho que te has vuelto loco. Yo no lo creo. Si estás demente, creo que yo también podría estar sufriendo de la misma locura... y creo ser capaz de ayudarte, si me dejas. Y yo te apoyaré y pelearé por ti, hasta que puedas volver a ponerte de pie.

El padre luego se puso de rodillas junto al hijo, mirando con pena sus heridas, mirando directo a sus quebrados y confundidos ojos... y se agachó, susurrando silenciosas palabras en su oído:

—No pudiste derrotarme esta vez, pero... quizá la próxima. Si me dejas, puedo enseñarte cómo.

Con eso, el pequeño dejó que sus ojos se cerrasen, finalmente contento con su esfuerzo. Se dejó llevar por sus sueños.

... ... ...


Mi nombre es Scythe.

Me di a mí mismo ese nombre luego de averiguar cuál era mi lugar en el mundo.

Como crío, un fantasma invadió mi mente y se llevó todo lo que creí que tenía. Mi futuro fue destruido. Mi lugar en el mundo estuvo perdido. Comencé con una lucha sin fin para encontrarlo nuevamente.

Como crío, fui el primero de entre mi grupo. Siendo joven, fui elegido como el sucesor del líder del clan.

Como adulto, fui elegido para servir al Maestro.

Tomó todo aquello, incluso años de esclavitud bajo el miserable reino del Maestro, para averiguar en dónde pertenezco ahora en el mundo.

Todavía soy un líder. Pero nunca imaginé que terminaría como el líder de un diminuto esfuerzo guerrillero contra el invencible poder del Maestro.

Todavía sigo el código. Todavía no termino con mi búsqueda de poder. Pero ahora, luego de ver por mí mismo la naturaleza del poder, y toda la destrucción que este causa, finalmente sé qué significa el código, y por qué nos enseñan a seguirlo.

El tener poder... es tener una responsabilidad de servir.

El ser un líder... es ser un servidor para aquellos a quienes lideras.

Pero a qué sirves... esa es una decisión tuya. Y yo ya he hecho mi decisión.

Soy Scythe, y Ambera es mi jardín, del cual purgaré de aquellos que quieran oprimirlo, ahogarlo, silenciarlo. Los seguidores del Maestro, con todo su terrible poder, todavía no entienden su naturaleza, y por eso utilizan el poder para destruirlo todo. Me levanto cada día para cortarlos, y llevarme aquel poder.

Y cada día cuando me levanto, busco... observo... aguardo el poder más grandioso que el mundo alguna vez ha conocido...

—¿Scythe?

A través de la ruptura de mi mente, puedo escucharlo. Puedo escucharlo tan claro como la palabra hablada... la silenciosa llamada que ahoga a todas las otras...

—Scythe, ¿qué ocurre? ¿Qué has visto?

La llamada que puede traer orden al caos del mundo...

—Ya no tenemos suministros, recuerda. No nos metas en algo de lo que nos arrepentiremos.

Por ese poder, yo aguardo...

Aguardo, y observo...

—No lo creo, pero pienso que... vino del Bosque Confuso.

El Sandslash suspiró mientras su compañero Scyther se desviaba del camino, como si rastreara un aroma sin rumbo. El día había sido largo y agotador, y cada nuevo paso era una lucha, y la idea de recostarse para descansar en la comodidad y la seguridad de su guarida se iba haciendo muy agradable. No obstante, respiró hondo y siguió a su compañero.

—Scythe, ya es casi de noche. Ya es suficientemente tarde —imploró el Sandslash—. ¡Estamos perdiendo el tiempo! Estarán esperando a que volvamos.

—¡No! —siseó el Scyther—. ¡Lo juro, la sentí! Era inconfundible.

La luz del sol del anochecer continuaba desapareciendo a medida que el Scyther y el Sandslash recortaban un camino a través del Bosque Confuso. El Scyther marchaba al frente con determinación, como embelesado por un canto de sirena, mientras la musaraña lo seguía a regañadientes.

—Scythe...

—¡Lo juro! Vino de esta dirección. ¡Tenemos que ir más adentro!

El dúo se abría paso a través arbustos y árboles pequeños mientras el sol se escondía lentamente fuera de la vista, llenando el cielo con un matiz rojizo. La noche estaría sobre ellos muy pronto. El Sandslash lanzó una mirada de preocupación hacia arriba, sabiendo que se quedarían pronto sin la preciada luz solar si no lograba que su terco compañero volviera al camino.

—Scythe, ¿acaso tengo que recordarte cuán... improbable es que algo de ese estilo ocurra ahora?

—Pero es lo que hemos estado esperando, ¿no?

—Scythe... nada vive en este bosque excepto por unos tontos Pidgey y Butterfree.

Cuando los dos emergieron en un claro, una sobresaltada bandada de Pidgey se dispersó y despegó hacia el cielo. El frustrado Sandslash gruñó en resentimiento.

—Scythe, es casi de noche, y aún estamos a kilómetros de la base. ¡Es muy tarde para esto! Si no regresamos ahora, los Vigilantes nos atraparán. ¿Estás seguro de estar de humor para pelear con los Vigilantes?

—¡¿Y qué si tengo razón?! —el Scyther espetó—. ¿Qué si tengo razón, y sí escuché algo viniendo de por ahí? Si tú tienes razón, y no hay nada allí, entonces supongo que volvemos un poco tarde, y el equipo se preocupará por nosotros una noche. ¿Y qué? Pero soy sensible a la Llamada. Estoy obligado a buscar más allá. Si la Llamada está viniendo del interior de este bosque, es mi trabajo investigar. Porque... si es que sí hay algo allí... no podemos permitirnos no encontrarlo. Tenemos que llegar a ella antes que los Vigilantes.

—Ya sé, ya sé —dijo el Sandslash—. Pero el tiempo no es el correcto para la Llamada. Eso es lo que estoy diciendo. Todavía nos faltan unos tres años más, como mínimo...

—Ya sé que el tiempo no es el correcto —el Scyther gruñó—. No importa. Esta podría ser una anormalidad. O podría haber sido una que perdimos. Shander... si no confías en mí, eres libre de volver ahora. Iré solo.

El Scyther se sonrío irónicamente, sabiendo perfectamente bien que el Sandslash no se atrevería a aventurarse de vuelta por su cuenta. El equipo seguía un sistema estricto de compañerismo por una razón: más de un miembro del Equipo Remordimiento había experimentado de primera mano los peligros de intentar enfrentar a los fantasmas solo.

—Iré contigo —suspiró el Sandslash—. Confío en ti. Además, estoy un poco oxidado en pelear contra Vigilantes. Me serviría un poco de experiencia. Pero solo una cosa… Han pasado veinticuatro años desde la última Llamada. ¿Estás seguro de recordar cómo suena?

—No es algo que uno puede olvidar fácilmente —dijo el Scyther.

Inhalando profundamente, el Scyther lideró a su mejor y más confidente amigo más adentro en el bosque.

Es mi propósito encontrarte, se dijo el Scyther, manteniendo el timbre del grito subconsciente despejado en su mente. Quien sea que seas... ¡Acudo a tu llamado!


Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.

Rak, eres todo un artista



.- Pokémon Mundo Misterioso: Resistencia Plateada -.

---> ¡Concurso en marcha! <---
¡No se lo pierdan!

Pásense por mi página de Deviantart: WillChar96


Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.

#117
Saludos, Will. Ya que este es el ultimo dia antes de examenes que tengo, aprovecho para comentar y que ya puedas subir el sgte cap. Bueno, tienes razon con eso de los comentarios, pero aparte, quiza me exprese mal en el comentario, podria seguir opinando acerca del tema, pero solo lo dejare en pedir disculpas por si de alguna manera ofendi a alguien.
Cambiando de tema, ¿entonces el autor no puso ningun tipo de advertencia en el fic original? bueno... puede que sea un poco descuidado, lo digo por el tema de la censura que esta mas rigurosa en estos dias (*cof *cof los programas de TV, animes, etc *cof *cof), motivo por el cual supuse, en un principo, que habias puesto la advertencia, para evitar que venga un moderador del foro y te mande MP diciendote que se te pasó, que te iban a borrar la publicacion y blah blah blah. Pero, bueno resulta que lo pusiste porque no te gusta el gore. Pues por mi parte, podria decirse que estoy entre que "me da igual" y "me gusta", por eso me gustan juegos como L4D*, RE* o GOW* y por ahi otros que ahora no recuerdo sus nombres. En fin, que me salgo del tema xD, dejare mi comentario sobre esta ultima parte:
Spoiler

-Pues parece que si le funciono la estrategia a Scythe, aunque no del todo; pero puede que se haya visto opacado al desafiar al lider del clan.
-Sobre esto ultimo, ignorando que fue debido a la "iluminacion de ultimo minuto" que tuvo Scythe, desafiar al lider del clan quiza sea la tonteria mas grande que haya hecho xD, mas aun en presencia de casi todo el clan. Aunque es bueno que al final las cosas salieran "bien".
-Pude notar dos referencias a los videojuegos en esta parte: la primera esta en ese movimiento que mencionaron "contraataque vital", como el mismo nombre dice, contraataque (o anteriormente conocido como contador) es un movimiento tipo lucha que un Scyther puede aprender, y que tiene como efecto hacer el doble del daño hecho por el oponente. Y la segunda, que se puede notar cuando mencionan que Scythe ya conocia el movimiento desde el huevo o que el "patron" esta presente en todos los del clan, es que justamente contraataque es un movimiento huevo* de un Scyther.
-Al final, creo que eso era como una introduccion a la historia principal.
-Bueno, en conclusion sobre el episodio especial: creo que el objetivo principal de este fue que podamos saber mas del pasado de Scythe y de como fue convirtiendose en lo que actualmente conocemos, tambien nos dice un poco sobre Adiel (a quien considero porque está tambien en la historia principal) y ya que el autor comienza a contar esta parte de la vida de Scythe luego del accidente que tuvo Saura, pues como que da una idea de qué es lo que le sucederá a este ultimo.
-Ahora, y para finalizar, sobre si Scythe se "recupera" o no... pues creo que es un "sí" y un "no". Sí porque puede volver a luchar casi como antes del accidente con el vigilante; y "no" justamente por este "casi", si bien vuelve a ser un guerrero, ya no pelea de la misma forma, o al menos eso entendi por el hecho de estar recurriendo a la "bestia" en su cabeza en pleno duelo contra el lider del clan.


Bueno, con esto me despido por a lo mas 2 semanas, quiza nos puedas dejar un regalo para navidad xD (y quiza hasta en año nuevo tambien). Hasta entonces.

P.D: Referencias:
Spoiler
*L4D: Left 4 Dead; *RE: Resident Evil; *GOW: God of War; movimiento huevo*: en los videojuegos de Pokémon, son los movimientos que un pokémon puede aprender al heredarlos de uno de sus padres mediante crianza, el pokemon al nacer ya tendra este movimiento como uno de sus 4 totales, mas informacion sobre esto... busquen en internet xD.
#118
juan459:

No tienes por qué disculparte. Solo decía que las publicaciones que antes hacía eran tan frecuentes que agobiaba a todos... Pero, ahora que tengo una agenda más apretada, se puede decir que las publicaciones mantienen un intervalo agradable.

Nah, no creo que un moderador me diga nada aquí por esa clase de contenido. Solo busca un fics de esta página llamado "Los Pokémon también sangran", y entenderás xD. Era el mismo moderador el que lo publicaba. También puse las advertencias porque me sentí obligado a hacerlo, es decir, imagínate que alguien sensible lea el fic. No sería agradable para él o ella.

Bueno, eso de la iluminación de último minuto podrá haber sido una tontería, pero ten en cuenta que Adron se volvió loco (?). Juan, conozco los movimientos huevo, y creo que con eso de que Adron tuviera la capacidad de usar el "contraataque vital" implica otra cosa más grave... ¿Recuerdas que en su código ellos no podían conocer a sus hijos y que los hijos no podían saber quién era su padre? Si solo el Padre Adrav conoce ese movimiento, eso quiere decir que si tuvo un hijo, posiblemente el movimiento fuera pasado también al huevo... Y eso puede significar que Adron realmente es hijo de... Hasta ahí te puedo decir (?). Pero es solo una teoría.

Sí, el objetivo principal era entender más sobre el comportamiento de Scythe. También podría ayudarnos a entender lo que le pasa a Saura ahora.

Yo creo que Scythe jamás se recuperó, solo aprendió a vivir con su "bestia".

Nos vemos en dos semanas, Juan. Que te vaya muy bien en tus exámenes. El capítulo que publico hoy es el último de la Temporada II.

Muchísimas gracias por todo tu apoyo ^^




Nota del traductor:

Como la revisión del autor original es menos consistente de lo esperado, empezaré a publicar las versiones aún no revisadas de los capítulos para poder avanzar la historia.

Cuando el autor haga la respectiva revisión, le haré los cambios al capítulo y retiraré esta nota. Pero por ahora estará aquí la versión vieja del capítulo. Los cambios se limitan a algunos errores de tipeo y a agregar algunas descripciones o sacar otras, es decir, la escencia de la historia sigue ahí.





49. Capítulo 41: Herido


Spoiler

Capítulo 41



—Mi cabeza... me duele...

Era la mañana del siguiente día–o la tarde, no había realmente razón por la que ir a verificar–cuando los ojos de Char se abrieron lentamente. Viendo que la suave luz solar ingresaba al búnker, supo que se había desmayado del agotamiento por muchas horas, pero todavía se sentía igual de agotado. Recuerdos de la noche anterior volvieron a él en un santiamén: los fantasmas, el caos, la carrera por escapar...

... el ataque de Saura...

Char ya no podía aguardar. Tenía que saber si Saura estaba bien. Había intentado por tanto tiempo mantener sus ojos abiertos y vigilar, pero los había cerrado en un momento de debilidad...

Recordó cómo, luego de que la parálisis se pasara, Saura ocasionalmente se despertaba de repente en medio de la noche. Siempre lo hacía dando un salto y jadeando, en aparente estado de pánico, antes de desvanecerse nuevamente en sueños unos minutos después. Char quería tanto hablar con él, para reasegurarle que todo estaría bien, pero tenía el temor de que solo provocaría otro ataque y empeoraría aún más las cosas...

Y aunque había hecho su mejor esfuerzo para mantenerse despierto, la luz de su flama continuó atenuándose, y la creciente oscuridad lo ponía tan soñoliento...

Y entonces, ahora que la noche se había acabado y se encontraba despierto, gentilmente dio un empujoncito a Saura, susurrando su nombre, hasta que este se movió y se despertó.

—Mi cabeza... —gruñó Saura de nuevo, sus ojos cerrados con fuerza—. Ugh, se siente tan mal...

—Saura, ¿vas a estar bien? —susurró Char, frotándole la frente con ternura—. Por favor, dime que estás bien. ¿Me recuerdas?

Saura se encogió ante el contacto, pero no hizo ademán de apartarlo—. Te recuerdo... —respondió él, intentando hacer que su voz no sonara tan dolida—. No... no perdí ninguno de mis recuerdos, creo... Es solo...

—Tuviste una mala pesadilla —le contó Char—. Uno de los Vigilantes te tocó y puso una visión en tu cabeza. Yo la vi también, porque te estaba tocando cuando ocurrió, me parece. Pero hizo que te enojaras mucho–

—No... —dijo simplemente Saura, negando con la cabeza y mirando el suelo—. No, Char... no fue... no fue una pesadilla. Era real... todo era real.

Char parpadeó.

Sorprendido al escuchar estas palabras, se alejó de la figura de Saura, con la preocupación retornando. ¿Acaso él... todavía estaba bajo los efectos de la maldición?

—Yo destruí a mi familia... —murmuró Saura simplemente—. ¡Yo... destruí a mi familia...!

—¡Saura, cálmate, por favor! —suplicó Char—. ¿D... de qué estás hablando? ¡La visión... era solo algo que el fantasma te mostró para asustarte! ¿Cómo sabes que la visión era real?

—Porque... ¡porque lo supe desde el comienzo! Solo... no quería creer que era real.

—¿A qué te refieres?

—Cuando me escapé de mi hogar, yo... —Saura comenzó, con voz vacilante—. Supe que no solo podía... Supe que habría consecuencias. No solo te escapas del Maestro de esa manera. ¡Él te castiga si lo haces! Pero yo... yo... ¡yo empujé todo aquello al fondo de mi cabeza y continué y pretendí que todo estaría bien! Pero siempre lo supe desde el fondo de mi mente. El sueño que viste, era... Ya lo había tenido antes, ¡era el mismo sueño! ¡Te conté sobre él ayer!... Pero el Vigilante solo lo hizo tan horrible... Yo... es que no quise pensar que era real. No estaba preparado...

Saura comenzó a llorar.

—¡Tienes suerte de no tener recuerdos, Char! —le gritó de repente, girando para enfrentarlo—. ¡No sabes lo que has dejado atrás!

Char estuvo profundamente sorprendido ante la amargura de su voz. Quería ir a abrazar a Saura, pero luego se encontró congelado de la incertidumbre, sin estar seguro de cómo reaccionar en lo absoluto.

—Y luego... te convencí para unirnos a la resistencia —continuó Saura, su voz quebrada—. Por eso es que estaba tan ansioso de seguir a Scythe... Pensaba que... que si iba y luchaba contra el Maestro, haría mejorar todo, y solo podría seguir pretendiendo que mi familia estaba a salvo... Pero cuando me encontré con Saurlee, supe en el fondo de mi mente por qué se tomaron aquellas vacaciones... Todavía quise negarlo... Quería pretender... Me estaba saliendo tan bien lo de pretender, estaba tan alejado de mi mente... solo para que luego me muestren la verdad de forma tan clara...

—Saura, lo lamento.

—¡No lo hagas! ¡No hiciste nada malo! —exclamó Saura, girando su cabeza hacia otra dirección—. Soy–soy yo el que tendría que estar disculpándose contigo... Soy yo el que se aprovechó de ti... Estabas perdido y solo, y yo decidí... ¡Me aproveché de ti! ¿Todas esas noches en las que nos quedábamos despiertos juntos? ¿Todas esas misiones en las que estuve justo a tu lado? Sí... era... Quería que mi nueva vida de la resistencia significara todo para mí. Así que traté de ser el mejor amigo del mundo para ti, para poder usar tu amistad para bloquear todo lo demás...

—Saura... ¡¿por qué no me dijiste esto?! —soltó Char—. ¡Yo lo hubiera entendido! Todo este tiempo... todo... ¿estabas actuando? No... eso no es cierto. ¡Yo... no puedo creer eso, Saura! ¡Esa es una mentira! ¡Y ni siquiera es tu mentira, creo que es la mentira del Vigilante! ¡Creo que tu mente todavía está estropeada!

—¡No te lo dije porque no lo sabía! —exclamó Saura—. ¡Pensé que estaba siendo un buen Pokémon! Todo lo que hacía, ¡realmente pensaba que era lo correcto! ¡Me estuve engañando a mí mismo! Soy... ¡soy un Pokémon tan terrible! Todo este tiempo solo seguí con esto... ¡pero el Vigilante me mostró la verdad! No puedo... ¡Soy un Pokémon horrible y egoísta! Hice la cosa más horrible que un Pokémon puede hacer... destruí a mi familia... ¡Incluso... quise volver para verlos en casa!... Realmente pensaba que estaría allí...

—¡Saura, córtalo! —le gritó Char, irritado—. ¡Mira, incluso si el sueño fuera real, no destruiste a tu familia! Todavía siguen vivos, ¿verdad? ¡Lograron salir vivos! ¡Sobrevivieron! ¡Ellos se escaparon para poder ser libres, como tú!

—Char...

—Y además, ¡no me digas que eres un Pokémon horrible! ¡Digo, vamos! ¿En cuántas misiones colaboraste y ganamos? ¿A cuántos Pokémon hemos salvado? ¡Oye! ¡Mira a Scythe! ¡Él mató a cientos de Pokémon inocentes antes de volverse uno de los buenos! ¡Lo sé porque me lo contó él mismo! ¡Lo que hiciste no es nada comparado a eso!

—Char... por favor —sollozó Saura—. Lo siento... Solo no puedo hablar contigo ahora... ¿Puedes... dejarme solo?

Char pensó sentir que una púa metálica era empujada en su pecho.

Quería decir algo más. Quería decirle a Saura que estaba de su lado. Quería decir algo que le hiciera sentir mejor... pero algo le dijo que no lo hiciera.

Así que se giró, deslizándose hasta la esquina de la que había venido, dándole a su mejor amigo del mundo la privacidad que había solicitado.

Sus ojos le dolían. Podía sentir que intentaban llorar, la presión detrás de ellos comenzando a intensificarse... pero había gastado todas sus lágrimas en la noche anterior, y todavía no había fabricado más de ellas. Así que sus ojos, y todo lo que estaba alrededor, empezaron a arder. No era el tipo de ardor que le agradaba, tampoco. Se sentía bastante cercano a meter la flama de su cola en una cascada.

Y a medida que iba a recostarse silenciosamente en la esquina, desplomándose en el suelo y enrollándose como para pretender dormir...

Notó el resto de la pequeña habitación blindada de metal. Había algunas diminutas ventanas al exterior alto en el cielo raso, y una puerta que llevaba a algún lugar. Pero notó que Ray no estaba. Tampoco Lily, Scythe, y el resto. Él y Saura eran los únicos en la habitación.

Por primera vez en un muy largo tiempo, Char se sintió muy, muy solo.

... ... ...


Luego de que algún tiempo hubo pasado, Char escuchó voces viniendo de afuera. Justo después, algunos Pokémon entraron en la habitación. Ahí estaba Scythe, y otro Pokémon que no pudo ubicar en un comienzo, solo recordarlo vagamente del día anterior. Observó desde el extremo de la habitación cómo se acercaban a Saura.

—Aquí —dirigió Scythe al alto y delgado Pokémon verde—. El Bulbasaur.

Saura se movió ante el sonido de la voz. Aparentemente se había quedado dormido de nuevo en el ínterin.

—Uh... ¿quién es usted? —dijo grogui al Pokémon verde, sacudiendo la somnolencia de su cabeza.

—Soy Gardevoir —respondió el Pokémon—. Nos conocimos ayer en mi bar.

—Oh... —dijo débilmente Saura—. Pensé reconocerlo...

—Hmm... Escuché que los Vigilantes se salieron con la suya en ti —zumbó Gardevoir—. Se nota. Pareces desgraciado. Eres muy afortunado de que viva en el Distrito Uno y pueda ayudarte esta mañana. Hubiera venido antes, pero anoche estuve bajo algunas pequeñas distracciones, peleando por mi vida y eso.

El Gardevoir se puso de rodillas al lado de Saura, examinándolo detenidamente con sus profundos ojos rojos y pasando sus pequeñas manos gentilmente por su figura. Saura se encogió un poco, pareciendo inseguro y desconfiado del Pokémon psíquico. Char permaneció hecho un ovillo en la esquina, asomándose silenciosamente por sobre la longitud de su cola para ver la escena tomar lugar.

—No te preocupes, Saura, soy muy bueno en esto —le aseguró Gardevoir en una voz tan suave y genuina—. Solo quédate quieto, y déjame buscar y ver lo que el fantasma te ha hecho.

—Pero... —comenzó Saura, removiéndose ligeramente—. No, usted...

—Veré algunos de tus secretos, sí. Es una consecuencia de ayudarte —dijo Gardevoir, igual de suavemente—. Pero entiende que conozco muchos, muchos secretos de muchos Pokémon, y he guardado cada uno de ellos. Honor de psíquico.

Saura vaciló por un momento, pero luego asintió en débil consentimiento. Colocando su mano en la frente de Saura, Gardevoir comenzó a concentrarse.

Un minuto pasó en silencio. Char notó que los ojos de Gardevoir se quedaban blancos, ya que estaba muy concentrado en su trabajo. Saura parecía complaciente.

Extrañamente, por alguna razón que Char no pudo determinar, Scythe parecía gravemente preocupado e impaciente por que el proceso finalizase.

—Saura está sufriendo —reportó Gardevoir luego de un rato—. El fantasma le ha dejado una pesadilla. Una muy... persistente. Al parecer, el fantasma depositó la pesadilla en uno de los pensamientos más prominentes de la mente de Saura. La veo; es muy sólida y muy fuerte, como una canica negra, y está encallada entre sus recuerdos. Para mí, parece ser inmutable; es improbable que alguna vez desaparezca por sí sola. Por el tiempo que permanezca, le causará daño físico y emocional.

—¿Puedes curarlo? —preguntó Scythe, algo de desesperación en su voz—. ¿O es permanente?

—Puedo curarlo, sí —replicó Gardevoir, retirándose de Saura y volviendo a ponerse de pie—. Pero... ¿debería? Eso... estará a disposición de Saura mismo.

—¿A qué te refieres con eso? —demandó Scythe en un tono ligeramente duro.

—Honor de psíquico. Nunca lo diré —respondió Gardevoir, haciendo un gesto con la mano delante del rostro de Scythe mientras mantenía la calma—. Pero Saura te lo explicará, si quiere. Debería marcharme y retornar en unos momentos, cuando él haya tomado su decisión. Saura, te aconsejaría que hablaras sobre esto con tus amigos. Ellos podrían ayudarte a llegar a la decisión correcta. O, podrías permanecer callado. De cualquier manera, esta es una decisión difícil, y debe ser tuya. No dejes que ellos la hagan por ti.

Scythe estaba ahora visiblemente molesto. Giró su atención hacia Saura, dejando que Gardevoir saliera calmadamente de la habitación.

—Saura... —dijo Scythe, arrodillándose junto a él—. ¿De qué está hablando Gardevoir?

—¿Por qué te interesa? —espetó Char desde el otro extremo de la habitación, atrayendo la atención de Scythe—. Es decisión de Saura si quiere contártelo. No lo presiones. Ya está en suficiente sufrimiento con todo.

—Él no debería tener que vivir con una pesadilla impregnada en su cabeza por el resto de su vida —dijo Scythe forzadamente—. A menos que exista una buena razón para no hacerlo, debería dejar que Gardevoir la remueva inmediatamente.

Char se levantó. Él se estaba enfureciendo también—. ¡¿Acaso no escuchaste lo que acaba de decir?! Esta no es tu decisión. Es suya.

—Char, no me hables como si fuera un mero espectador ignorante —hirvió Scythe—. Saura no puede permitirse dejar que la maldición del Vigilante lo afecte por el resto de su vida.

—¡Chicos! —exclamó Saura—. ¡Cállense! ¿Por favor? Estoy... ¡Estoy tratando de pensar! ¡En serio!

Scythe y Char se quedaron callados inmediatamente, pero el rostro de Scythe todavía ardía de la frustración. Saura aulló de dolor.

—Gardevoir... quiere borrar algunos de mis recuerdos —decidió decir Saura—. Me dijo que... la pesadilla se alimenta de algunos de ellos. No puede destruir a la pesadilla misma, pero puede destruir los recuerdos a los que está enganchada. Entonces será inofensiva.

—Hmm... Ya veo —dijo Scythe, con un indicio de sarcasmo en su voz—. Supongo entonces que son recuerdos sensibles, y te encuentras reacio a separarte de ellos. ¡¿Acaso morirías si fueran removidos?!

Char sintió que su cola aumentaba de tamaño. Sabía que la noche había sido larga, pero no quería tener que enfrentar el desmoronamiento de su compañerismo entero. Scythe realmente estaba intentando forzar a que Saura hiciera una decisión. Se dio cuenta de que quizá Gardevoir había predicho que esto ocurriría, de ahí su advertencia final antes de marcharse.

—¡Son recuerdos de mi familia! —gruñó Saura en respuesta—. ¡No quiero olvidarme de que tengo una familia! ¡No quiero tener que olvidarme de ellos! Si lo hiciera... ¡No sé qué haría! Los quiero tanto...

Brincó para ponerse de pie y chasqueó una cepa en el suelo, causando que un crujido resonara dentro del búnker por un momento. Luego, arremetió de cabeza pasando de largo a sus compañeros y hacia la pared más cercana, la cual intentó cabecear con toda su fuerza.

—¡¿Por qué?! ¡¿Por qué me sucede esto?! —exclamó con angustia a nadie en particular—. Por Arceus, ¡¿por qué?!

Sintiéndose mareado del impacto, se desplomó en el suelo, con la cara desastrosa de todas las lágrimas que había derramado.

—Esta pesadilla está haciendo que actúes con violencia —dijo Scythe con gravedad, aparentemente ignorando el hecho de que Saura se estaba desmoronando emocionalmente—. Y se está llevando consigo tu racionalidad de pensamiento.

Char simplemente se quedó en el lugar, la ira cocinándose silenciosamente en su interior.

Scythe también se quedó quieto, aguardando a que Saura respondiese.

Luego de un rato, Saura consiguió darse vuelta. Miró a sus dos amigos a los ojos, primero a uno y luego al otro, como si ambos representaran una respuesta a la cuestión y no pudiera decidir entre ellas. No dijo nada.

—Saura, esta es tu decisión —le recordó Char—. No dejes–

—Char —interrumpió Scythe de la nada, bajando la voz solo un poco—. ¿Te gustaría saber cómo supe que eras humano?

—... ¿Qué? —escupió Char, con la guardia completamente baja—. ¡¿Qué tiene eso que ver con todo?!

—Porque sé que eres curioso —continuó Scythe—. Todavía te desconcierta cuando te pones a pensarlo. Parece como si te leí la mente, ¿verdad? ¿Bien? ¿Te gustaría saber cómo realmente lo averigüé?

Char no respondió. Solo gruñó, dejando que Scythe continuara si lo deseaba.

—Te escuché hablando sobre ello con Saura en la primera noche que se quedaron en mi habitación —explicó Scythe—. Porque no estaba durmiendo. Porque yo nunca duermo. Bueno, eso es mentira. Quizá duermo una vez por semana o algo así cuando agoto tanto mi energía que ya no puedo controlar mis extremidades y simplemente colapso y me desmayo. E incluso eso difícilmente puede ser llamado dormir. Pero en su mayor parte me paso todas las noches estando despierto y solo en mis pensamientos. ¿Y te gustaría saber por qué nunca puedo dormir, Char? ¿Siquiera tienes curiosidad?

De nuevo, Char no dijo nada, simplemente miró de vuelta a los intensos ojos del Scyther.

—Porque cuando era un niño, un Vigilante distorsionó mi mente —dijo Scythe poderosamente—. Un Vigilante me dañó. Tajó mi mente subconsciente, e hizo un agujero con el que tuve que vivir sufridamente por el resto de mi existencia lúcida. Tuve que pasarme una gran parte de mi vida aprendiendo a convencer a otros Pokémon de que no estaba demente. Pero... yo estoy demente. Tengo visiones y escucho voces durante las noches cuando se supone que duermo, y mis pensamientos me distraen durante el día. Y siempre estaré demente, por aquello que el Vigilante me hizo. Tú intentas proteger a Saura de mí, Char, y piensas que eres noble, pero entre nosotros dos soy yo el que ha pasado su vida entera fingiendo cordura. No tienes derecho a decirme que lo estoy tomando con demasiada seriedad.

Scythe empezó a alejarse, dejando a Char con nada que decir.

—Saura, deja que Gardevoir te los retire, o yo–me temo que ya no seré capaz de confiar en ti —dijo Scythe categóricamente—. Lo siento, Saura, pero no podemos permitirnos ignorar la realidad de esta situación. No después de haber llegado tan lejos.

Y se fue echando chispas, dejando a Char con la boca abierta en el proceso.

... ... ...


—¿Qué crees, Char...? —dijo Saura de forma inesperada, minutos luego de que Scythe se hubiera marchado—. ¿Debería... hacerlo?

Sintiéndose distante de Saura, Char estaba en el otro extremo de la habitación, contemplando la pared. Su mente todavía estaba procesando lo que Scythe le había dicho. No podía estar enojado con Saura. Ni siquiera podía estar enojado con Scythe. Se sentía desprovisto de emociones, sin saber realmente cómo debería se suponía que debía sentirse. Todo parecía tan categórico ahora.

—Tal vez deberías —admitió Char—. Tal vez Scythe tiene razón. Quizá te haga más feliz.

—Pero... no puedo... solo no puedo —balbuceó Saura—. ¿Destruir mis propios recuerdos? ¿Eso no... eso no cambiaría quién soy? ¿Y qué pasaría si me encontrara con mi familia y no supiera quiénes son?

—No sabría decirte si hacer que te borren los recuerdos cambiará quién eres —le dijo Char—. Pero puedo decirte una cosa: si no tratas tanto de recordar qué olvidaste, no te molesta demasiado. Es como tú siempre has dicho que no te interesa quién era antes de mi transformación; yo soy quien soy ahora. Soy alguien nuevo, y mi viejo yo no interesa. Además... todavía no creo ni una palabra de lo que dijiste. ¿Acaso olvidas que he sido tu amigo todo este tiempo? Te conozco lo suficientemente bien para saber que no estabas actuando todo este tiempo. Anoche antes de que te quedaras dormido, me dijiste que estar en la resistencia te hacía feliz. No hay forma de que eso haya sido una mentira. Yo creo que el fantasma simplemente te mintió, y tú le creíste porque ahora algo está mal con tu mente. Creo que esa pesadilla te está amargando.

—Cree lo que quieras —dijo Saura rotundamente—. Yo sé la verdad.

Char suspiró. Era difícil para él pensar en qué más decirle.

—Deberías hacerlo —decidió él—. Creo que es lo que quieres.

—¿Cómo puedes decir eso?

—Si haces que te remuevan los recuerdos, puede ser como si el fantasma nunca te hubiera atacado. Y puede ser como si nunca hubieras sido elegido por el Maestro. ¿Querías que todo se fuera? Tú podrías hacer que todo se vaya. Serás un miembro de la resistencia, y mi mejor amigo, y nada más. Ya no necesitarás bloquear nada, porque no habrá nada que bloquear.

—Pero... ¡se siente tan mal! —se quejó Saura—. ¡Sería peor que lo que ya he hecho! No puedo... ¡No puedo simplemente borrar a Saurvor y a Saurlee y a Sarnick y a Mamá y a Papá y a todos de mi vida! No puedo simplemente... hacer a un lado toda mi infancia... ¡Es... es demasiado pedir! Eso es... ¡eso no está bien!

—Pero es lo que quieres —insistió Char.

—¿Pero no crees que... no te sentirías solo un poco culpable si estuvieras en mi lugar? ¿Como tú que elegiste el camino fácil? ¿Como tú que, no sé, se rindió?

—Tienes razón, probablemente lo haría —respondió honestamente Char—. Y no creo ser capaz de tratarte de la misma manera, sabiendo que ya no eres enteramente el que solías ser. Pero... solo creo que deberías ser feliz, Saura.

—No creo que merezca ser feliz... —gimió Saura—. No ahora. Imagina cuántos Pokémon murieron anoche a causa de los Vigilantes. ¡Aquí, probablemente soy uno de los afortunados sobrevivientes! ¿Y me estás diciendo que debería ser feliz?

—La otra opción es que Scythe te eche del equipo y no tengas ningún lugar en el mundo a dónde ir —le recordó Char—. Y estarás perdido y solo y serás miserable por el resto de tu vida. O podrías ir a servir al Maestro si quieres. Estoy seguro de que él encontrará una forma de darle significado a tu vida. Pero no creo que eso sea lo que quieres. Yo creo que tú perteneces a la resistencia.

Char escuchó los sonidos de las patas de Saura arañando el suelo, y la pesadez de su respiración, mientras esperaba una respuesta. En realidad, sentía remordimiento por decir lo que dijo. No le gustaba la idea más que a Saura. No quería imaginarse a un Saura que era una cáscara vacía de lo que solía ser...

Pero por más triste que pareciera, sabía que era lo mejor. Solo no pudo mirar a Saura a los ojos luego de haber dicho eso.

—Cuando lo pones de esa forma... —murmuró Saura—. Yo... no sé qué decir...

Para sorpresa de Char, la cara de Saura apareció delante de la pared que había estado contemplando. Ojeó tristemente a su amigo Charmander, combatiendo el impulso de desviar la mirada.

—Si voy a hacer esto... Lo lamento —dijo Saura—. Es solo que... Lo lamento tanto... Por favor... perdóname.

Char asintió. No quería decirle nada más.

... ... ...


Cuando Gardevoir hubo vuelto, muchos otros retornaron con él. Scythe, Ray, Prince, y algunos otros miembros del Equipo Ruedafuego que habían ayudado la noche previa había entrado a la habitación, justo a tiempo para oír la decisión final de Saura. Todos se apiñaron a su alrededor, compartiendo un silencio contemplativo mientras observaban a Gardevoir trabajar con su mente.

Char se quedó cerca de Ray, esperando que su presencia le diera el coraje que necesitaba para aceptar el resultado de la operación de Saura. Ray, sin embargo, parecía no sentirse muy bien, así que Char simplemente escogió consolarlo, dándole el pequeño abrazo que había estado esperando darle a Saura toda la noche...

—Listo —anunció Gardevoir, elevando su mano de la frente de Saura y alejándose.

Saura parpadeó, pareciendo muy confuso de sí mismo, pero la amargura en sus ojos ya no estaba. Parecía como recién levantado de una muy refrescante siesta, y aparentaba estar bastante alegre.

—¿Quién, y qué, eres? —preguntó Gardevoir.

—Soy Saura —respondió él con vacilación—. Soy un Bulbasaur. Un Pokémon.

—¿Dónde estás?

—Estoy... eh... um... en el Distrito Uno —recordó él—. En la División Esmeralda. ¿Por qué me hace estas preguntas...?

—Necesito saber qué recuerdas, y qué no —respondió—. Ahora... ¿En qué equipo estás?

—Equipo Ascuas —dijo él sin vacilar—. Con Char y Ray. Y... Scythe nos guía. Nos trajo aquí.

—¿Y cuál es su misión?

—¡Vamos a la Torre del Tiempo! —respondió él.

—Bien. Ahora... ¿en qué lugar creciste?

—En las Pequeñas Llanuras, muy al sur de aquí.

—¿Quién te crio?

Saura hizo una mueca. Esta fue la primera pregunta que le dio problemas. Sus ojos se dispararon hacia todos los Pokémon que lo rodeaban, y le dio algo de vergüenza porque al parecer no pudo aferrarse a la respuesta.

—No lo... sé... Soy huérfano, ¿no? —respondió finalmente Saura, no muy seguro de su respuesta—. O, esperen... no... ¡Creo haber sido un Pokémon salvaje!

—¿Pero no lo sabes con certeza?

—La verdad no... todo parece muy borroso... —dijo Saura.

Luego, pareció comprender algo, y de repente soltó un jadeo—. Espera... ¿qué? ¿Acaso le ocurrió algo a mis recuerdos, o algo? —preguntó él—. Fue ese Vigilante, ¿verdad? ¿Acaso borró mis recuerdos?

—Unos cuantos de ellos, sí —respondió Gardevoir—. Pero acabo de terminar de reparar tu mente. Estarás absolutamente bien.

—Vaya... —murmuró Saura para sí—. ¡No lo... recuerdo! Los recuerdo a ustedes, Char, Scythe, Prince... Recuerdo la División Dorada... Pero antes de eso... es como si... Vaya. Jum.

—Está acabado —anunció Gardevoir, girándose hacia la pequeña multitud que se había reunido—. De nuevo, ya que no he podido remover la pesadilla misma, su mente se frotará en algunas ocasiones con ella, y podrá parecer atemorizado, pero no tendrá importancia. Después de todo, todos tenemos nuestra cuota de temor irracional...

Gardevoir se volteó para marcharse, ignorando a Char y a Ray cuando fueron corriendo hasta el costado de Saura. Ignoró al Infernape y al Flareon que parecían congelados por los sombríos frutos de los eventos de la noche. Dejó todo atrás, y se dirigió hacia la puerta.

—Gardevoir... gracias —dijo suavemente Scythe, justo antes de que se marchara de la habitación—. Gracias por tus servicios. Significa mucho más de lo que podrías saber.

Diciendo nada, Gardevoir simplemente se giró para mirarle a los ojos por un momento, luego salió de la habitación.

... ... ...


—Nos recuerdas a nosotros, ¿verdad? —preguntó Ray cautelosamente—. ¿Sabes quién eres?

—¿Te sientes bien, Saura? —se unió Char—. ¿Cómo está tu cabeza?

Saura parpadeó por toda la atención que estaba recibiendo—. ¡Estoy bien! Siendo sincero, ¡solo estoy feliz de estar vivo! —respondió él—. ¡Anoche fue una locura! Podría haber sido el fin de todos, ¡pero lo logramos! ¡Eso me hace bastante feliz!

—¿Tienes... dolor de cabeza? —le preguntó Char.

—Nnn... ... no —replicó Saura, mirando el suelo—. Me siento bien... y estoy contento. Empezaremos el gran viaje a la Torre del Tiempo hoy, ¿verdad? No quiero estar enfermo para esto. ¡Podrían haberme dejado atrás!

—Sí, eh... tal vez —consiguió decir Char—. Tendremos que hablarlo con Scythe... Por supuesto, no tienes que ir conmigo si no quieres. Podrías quedarte aquí. O volver a la División Dorada...

Saura pareció seriamente horrorizado—. ¡¿E-estás bromeando, verdad?! —dijo él, con incredulidad—. ¡No hay forma de que me pierda esto! ¡Somos un equipo! Además, ¿por qué querría volver a la División Dorada sin ustedes? ¿Por qué tendría que volver? ¡Es aburrido sin ustedes dos!

—T-tú querías volver, antes... antes de que tus recuerdos fueran borrados —le dijo Char vacilante—. Así que... convencí a Scythe de que no tenías que venir con nosotros, si no lo querías...

—¿Lo hice? ¿En serio? —dijo Saura, confundido—. Hmm... ¡Me pregunto qué estaba pensando! ¡No debió haber sido muy astuto! ... Nah. ¡Puedes contar conmigo! ¡Estaré justo ahí contigo hasta el final, como siempre! ... ¿Char? ... Eh... ¿Char? ¿Qué ocurre? ¿Por qué me miras de esa manera?

Char se encontró de repente estupefacto. No sabía qué más decirle a Saura. Pensó que se sentiría feliz, o al menos aliviado, de que el dolor de Saura se hubiera ido. En vez... empezó a sentirse terrible, como si lo hubiera traicionado. Saura había tenido razón: la culpa ya estaba apareciendo. Char empezó a darse cuenta de que su mejor amigo iba a ser alguien completamente diferente de ahora en adelante.

Pero tenía que hacerse, se dijo a sí mismo. Está bien... Es mejor de esta forma... ¿no?

—Solo está feliz de que sigas vivo, también —respondió Ray por él—. Fue una mala noche.

... ... ...


En el otro extremo de la habitación, Scythe conversaba con Prince.

—Debemos marcharnos —dijo Scythe con desesperación—. Antes de que las cosas tengan oportunidad de empeorar. Debemos marcharnos inmediatamente. Prince... ¿tienes los suministros?

—Están en la fortaleza. Tendré que volver por ellos —respondió Prince—. Sé que eso es bastante riesgoso. Quizá tú debas ir, y yo esperaré aquí.

—Yo... no tengo manos —retornó Scythe—. Solo puedo transportar una bolsa, no dos...

Scythe hizo una mueca.

—No... ese es un plan perfecto, la verdad —dijo él, corrigiéndose—. Llevaré a Char conmigo. Él puede llevar la otra bolsa. Tú espera aquí a que retornemos.

—¡Prince!

Gardevoir retornó precipitadamente, irrumpiendo en la habitación. Parecía bastante sorprendido.

—¡Prince, ha habido un avance del que tienes que escuchar!

—No otra ‘tormenta de nieve’, espero... —gruñó Prince.

—Oh, no, Prince, este no es momento de otro juego mental —dijo él—. Escucha. Acabo de captar la noticia, originada en el Bastión de Rayquaza, de que, aparentemente... la posición de la Torre del Tiempo... ¡ha cambiado!

Scythe retrocedió—. ¿Qué? —ladró él—. ¡¿Cómo es eso posible?!

—El episodio reciente de la Llamada ha de tener la culpa —especuló Gardevoir—. Pero es inútil preguntarme acerca de los asuntos de los dioses. No sabría sobre por qué actúan. Pero quizá la Llamada ha movido la voluntad de los dioses y desplazado la torre.

—¿Estás... estás seguro? —demandó Scythe—. ¿En dónde escuchaste esta información, exactamente? ¿Cómo sabemos si es cierta?

—Los centinelas lo declaman —respondió Gardevoir—. Al parecer, uno voló lo suficientemente al norte para ver que la Torre del Tiempo estaba a kilómetros de su posición registrada, y otro confirmó que ya no podía ser vista en el lugar viejo... Los vientos eran crueles, sin embargo, y no pudieron quedarse mucho.

—¿Y dónde está ahora? —preguntó Scythe—. ¡¿En dónde ha sido descubierta?!

—No lo sé —respondió Gardevoir—. Pero están planeando anunciarlo en la reunión de esta tarde... fue pospuesta debido a que muchos de nuestros residentes no pudieron lograr llegar a la mañana...

—Bueno... bueno, entonces... en ese caso... supongo que eso responde a una de nuestras cuestiones —dijo Scythe, alejándose caminando de Gardevoir—. Prince... tenemos que asistir a esa reunión.

Prince miró hacia otro lado.

—No —dijo él simplemente.

—No tenemos opción —insistió Scythe—. No vamos a comprometer la misión. Debemos conocer la nueva posición de la Torre del Tiempo.

—No viene al caso. No debería ir.

—Prince, por el amor de Arceus, esto no es un debate —gruñó Scythe—. Haz de lado tu insignificante arrepentimiento... tenemos que asistir a esa reunión.

—Lucario nunca no me lo permitiría.

—¡Tendremos que entrar a la fuerza, entonces! —gruñó con más fuerza Scythe—. Lucario no irá a Zerferia, ¡nosotros lo haremos! ¡Necesitamos esa información!

—Envía a otro.

—¿A quién, a mí? —se rio Scythe—. Yo no soy bienvenido allí.

—Tampoco yo, Scythe.

—Tú sirves a Lucario. Yo no.

—No sirvo a nadie.

—Sirves a Char.

Esto tomó a Prince con la guardia baja, y le hizo retornarle la mirada a Scythe. Scythe aprovechó prontamente para seguir hablando e interrogarlo.

—Ibas tras Char tanto que fue suficiente para enojarme —enumeró Scythe—. Me desafiaste a un duelo por el derecho a ir con nosotros. Intentaste ganarte la confianza de Char. Le enseñaste a humear. Arriesgaste tu vida para salvarlo. Y ahora, ¿no puedes continuar con tu convicción lo suficiente como para mirar a Lucario a los ojos y conseguir esta información de él? ¿En serio te has vuelto así de débil? ¿Acaso vas a abandonar y comprometer nuestra tarea entera solo porque sientes temor?

—¡No es lo que piensas! —dijo Prince, elevando la voz—. Es... no insinúes que Lucario me asusta. Él no me asusta. Pero... lo que pides... podría no tener los efectos que quieres.

—¿Entonces qué? ¡¿Qué ocurre?! —espetó de vuelta Scythe—. Pareces olvidar que no me interesa lo que te suceda. Estoy aquí para asegurarme de que Char se encuentre con el dios del tiempo, y estoy dispuesto a recorrer cualquier distancia para ver que ocurra. Char y yo partiremos por nuestra cuenta si llega a eso. Pero sé que no tendré que hacer eso, porque tú nos meterás a ambos en esa reunión, y tú averiguarás a dónde se movió la Torre del Tiempo.

—¿En serio es eso lo que quieres? —preguntó Prince en un bajo y amenazante tono—. ¿Estás tan seguro?

Prince comenzó a reír. Fue una risa muy inesperada e irónica. Scythe lo contempló con confusión, y con algo de temor.

—Je, je, je, je. Bien. Eso haremos —rio Prince, girándose hacia el Flareon a su lado—. Si eso es a lo que llegamos... Iniga, reúne a los otros. Scythe insiste que vayamos e interrumpamos la reunión de Lucario. Entonces, eso haremos.




Fuerte Esmeralda



Para Char, el viaje de vuelta a la ciudad fue silencioso, tétrico, y casi tan aterrador como la noche anterior.

Una terrible quietud permanecía en el aire, el tipo de quietud que ocurre luego de un desastre como un tornado o una gran inundación. Pero no había mucho daño causado a las instalaciones de la fortaleza; la mayoría de los edificios todavía se erguían, ilesos, en donde algún ataque errante de Pokémon no había destrozado o echado alguno de sus ladrillos. Pero aunque el daño no podía ser visto, se podía sentir. Las calles estaban paradas, silenciosas, como si los habitantes Pokémon todavía estuvieran acobardándose en los edificios, durmiendo por haber combatido toda la noche, o habían abandonado el maldito lugar por temor. El aire seguía frío, ya que el sol nunca brillaba directamente sobre la abandonada ciudad a través de la máscara de nubes.

Y a través de estas calles marchaban Scythe y el Equipo Ascuas, junto a todos los miembros del Equipo Ruedafuego que salieron sanos y salvos de la tormenta. Char no podía soportar el sombrío silencio entre ellos. Era como si estuvieran marchando hacia su perdición. Sabía que Lucario estaría furioso–por más de una razón–y que todos los Pokémon que lo rodeaban tendrían que unirse para resistir su cólera y aceptar las consecuencias de lo que había ocurrido.

Char no sentía culpa por lo que su poder había hecho, a pesar de que otros Pokémon habían muerto esa noche. Era como Prince le había dicho: él no tenía control sobre la Llamada, y así que cualquier daño que causara no podía ser su culpa. Fue un accidente trágico, y nada más. Nadie era culpable. Nadie debía ser condenado.

Pero, como la naturaleza dicta, cuando algo terrible ocurre, la responsabilidad debe ser puesta sobre alguien, incluso cuando no hay un culpable. Y sabía que Lucario pondría aquella responsabilidad sobre él y sobre Prince. Desde ese punto, no sabía lo que ocurriría. Sentía que ni Scythe ni Prince lo sabían tampoco.

Char posó su mirada atrás hacia la multitud. Lily estaba ahí, con la cabeza gacha y siguiendo las rocas bajo sus pies con sus ojos. La mirada de Legend era inexpresiva, como si se estuviera ocupando con sus pensamientos. Iel el Camerupt parecía absolutamente exhausto a medida que caminaba pesadamente junto al equipo, haciendo que Char se preguntase si realmente estaba dormido con los ojos abiertos y los pies en movimiento. Un pensamiento gracioso saltó en su mente: el Equipo Ruedafuego no parecería fuera de lugar al lado del Equipo Remordimiento, luego de cómo el equipo de Scythe se había visto por las últimas semanas, constantemente esforzándose al máximo–sin mencionar a Scythe mismo, ya que Char finalmente comenzó a entender por qué siempre había parecido un Pokémon tan agotado y viejo...

Entre el solemne grupo, Saura parecía el más desubicado. Una diminuta sonrisa siempre cruzaba su rostro, la cual siempre se convertía en una genuina mueca radiante cada vez que los ojos de Char pasaban sobre él. Una vez, sin embargo, cuando Saura no le estaba prestando atención; Char notó que retrocedía con violencia como si hubiera sido picado por una avispa. Pero pronto notó la mirada de Char y le sonrió, y Char no le pudo devolver la sonrisa.

Saura no estaría tan feliz, le dijo su mente a Char a medida que su corazón se hundía más y más. Saura estaría triste, como el resto de nosotros. Pero Saura no puede recordar... Saura ya no es Saura...

Finalmente, sin encontrarse con ninguna otra alma, el grupo arribó al salón de reuniones cruzando la calle del Bastión de Rayquaza.

... ... ...


La asamblea ya hacía tiempo había entrado en sesión cuando el Equipo Ruedafuego ingresó al salón.

Era el mismo lugar en donde Legend había contado su historia la noche anterior, pero hoy, era un lugar muy diferente.

La habitación estaba repleta de pared a pared con Pokémon, muchos más que los que habían asistido a la narración. La noche anterior, los Pokémon rebosaban de alegría, entusiasmo, y suspenso, mientras se aferraban a cada palabra que Legend profería. Hoy, sus emociones eran distintas. Sus miradas eran inexpresivas. Pasmadas. Descorazonadas. Confundidas.

Y no era Legend el que se paseaba de un lado a otro en el mismo centro de la habitación, el foco de la atención. Hoy, era Lucario, parado ante los presentes miembros del Equipo Arrepentimiento. Char captó un vistazo de Zahira la Dragonite entre ellos.

Lucario no parecía furioso o alterado de alguna forma. Parecía pensativo, de hecho. Emitió un vistazo hacia la dirección de Prince cuando este ingresó, pero no reconoció su llegada al público de otra forma. Continuó paseándose a través del suelo.

—La prueba de anoche ha sido un testamento de nuestra fuerza como división de resistencia —continuó Lucario, hablando muy categórica y respetuosamente, su voz resonando sin oposición alguna—. Pues hoy, a diferencia de aquel día de hace tanto, todavía nos erguimos, aunque muchos de nuestros compañeros han caído. Treinta y seis de nuestros mejores no lograron completar la noche, y doce más han sufrido lesiones... No debemos olvidar que ellos se han llevado los golpes que estaban dirigidos hacia el resto de nosotros. Debemos respetar sus intenciones, continuar con sus legados. Y así... en solo unos momentos, daré inicio a las asignaciones, como siempre. No ignoraremos nuestros deberes por el bien de la autocompasión. Adicionalmente, necesitaremos ayuda para reconstruir las instalaciones que han sido dañadas.

Char se enfocó de repente; a pesar de que parecía en un comienzo que Lucario simplemente se paseaba por la habitación, en realidad estaba ascendiendo por las escaleras, ¡acercándose a ellos! Se tensó. Las multitudes de equipos de resistencia también soltaron un jadeo, notando ahora quién estaba en la habitación.

—Tú —dijo con calma Lucario, luego de que se hubiera acercado lo suficiente como para fulminar los ojos de Prince con la mirada—. Tú no estabas invitado a esta asamblea. ¿Qué te hace pensar que eres bienvenido aquí?

—Pregúnteselo a Scythe, si es de su agrado —retornó Prince—. Él me ha traído.

—Scythe... por más de que tu reputación te preceda, tú tampoco eres bienvenido aquí —dijo Lucario—. Sabes que considero este salón de asambleas como un lugar sagrado para convocar a mi propia división de resistencia. No permito que otros asistan. Por favor, márchate.

Lucario sonrió. No era una sonrisa agradable. Era una sonrisa deliberada, amarga. Se acercó a los Pokémon más jóvenes del grupo, mirándolos lascivamente.

—Apuesto que ustedes pobres niñitos querrán saber de qué estoy hablando, ¿verdad? —dijo Lucario con fingida lástima—. Viendo que solo han sido arrastrados del collar por estos... niñeros de ustedes, siento lástima por ustedes. Así que les llenaré de lo que ellos han ignorado contarles. Para empezar, Prince, o alguno de sus miembros de equipo si es por eso, no son miembros de la División Esmeralda. No lo han sido por un muy, muy largo tiempo.

Char sostuvo el aliento. No se atrevió a decir ni una palabra.

—No... verán, Prince lidera su propia división aparte de la mía. Creo que eligió llamarla la División Plateada, ¿estoy en lo cierto? —dijo Lucario con sarcasmo, mirando a Prince por un momento—. Verán, Prince estuvo en desacuerdo con una de mis decisiones hace mucho tiempo, así que se desprendió de mí, formando su propia división, y llevándose a muchos de mis seguidores como suyos. Pero hoy, su división solo tiene un equipo registrado en ella: el suyo. Eso es porque la División Plateada no duró mucho. Resistió solo un día antes de reducirse a cenizas, y los equipos de resistencia fueron asesinados, los únicos remanentes siendo aquellos que se hacen llamar miembros del Equipo Ruedafuego. Desde entonces, le he otorgado cuartel en mi fortaleza y le he permitido usar mis instalaciones a su beneficio. Pero Prince lidera un equipo de resistencia independiente. Mi fortaleza no es su hogar.

—Ahórrese esta lección de historia, Lucario, solo hemos venido por una razón —dijo Scythe con rapidez—. Habíamos planeado marcharnos en nuestra expedición hoy. Debemos conocer la nueva localización de la Torre del Tiempo. Entonces nos habremos ido, fuera de su vista, de su mente.

—¿Todavía van tras Dialga? ¿Incluso después de lo que hicieron ayer anoche? —se burló Lucario—. ¿Todavía... honran a esta Llamada como algo sagrado? Bueno... ya que están aquí, me imagino que podría también contarles lo que me ha rondado por la mente desde anoche. Y ya que fueron tan amables de interrumpir mi asamblea, puedo decirlo en la presencia de la división entera.

Las palabras de Lucario eran tan ácidas, tan rebosantes de malicia contenida, que Char quería ir a esconderse en algún lugar. Podía decir que algunos de los miembros del grupo se sentían de igual manera. Prince se erguía ante la diminutiva figura de Lucario, ojeándolo desde arriba.

—Prince... te ofrezco una elección —le dijo Lucario directamente, con la voz llena de falsa gentileza—. Una elección muy simple y directa. Ahora, no puedo negar cuán útil has sido para mí en estas últimas décadas. Tu equipo ha sido un recurso para esta división que no puedo ignorar. No me malinterpretes, Prince. Tengo los niveles más altos de respeto hacia ti. Pero... has puesto a mi división en peligro por última vez. Tus acciones han causado tantos estragos sobre las paredes que he construido, las calles que he pavimentado, y los Pokémon a los que llamo mis propios hijos e hijas... Así que, Equipo Ruedafuego, desde este día en adelante, he decidido que la División Esmeralda ya no será un refugio para la Llamada. Yo ya no hospedaré este... este poder destructivo por más tiempo, bajo las vacías esperanzas y promesas de que ayudará a destronar al Maestro, cuando no ha hecho más que causarme miseria. Tu decisión, Prince: lleva a tu equipo, y márchate de la fortaleza, y nunca más te encuentres o asocies con la División Esmeralda.

—¿Es esa una decisión, o un edicto? —retornó Prince—. ¿Cuál es la otra opción que me va a dar?

—La otra opción... —dijo Lucario—. Si deseas quedarte... solo debes desahuciar a un miembro de tu equipo. ... ... ella.

Lucario señaló con el dedo, casi con desprecio, a la Bayleef que estaba temerosamente detrás de algún punto de la figura de Prince.

Lily estaba pasmada. Sus ojos abiertos del pavor, su aliento se trabó en su garganta. En nada de tiempo, su cuerpo se estremecía como si un peso hubiera sido echado sobre su espalda.

—¡Pero Lily no tuvo nada que ver! —exclamó Char, antes de saber lo que estaba diciendo—. ¡Fui yo el que llamó a los fantasmas! ¡Fui yo! ¡Destiérreme a mí si tiene que hacerlo!

—Oh, sí planeo desterrarte a ti también, Char —le habló de vuelta Lucario, condescendientemente—. Espero que tus niñeros te saquen de mi jurisdicción para el final del día. En cuanto a Lily, entiendo que su poder no es ni casi tan fuerte como el tuyo, pero mientras cualquiera de ustedes está por aquí, una tragedia como la de anoche podría ocurrir en cualquier momento. Le daré a ella dos meses, y espero que ya no esté en mi territorio para entonces. Que vayas con ella, Prince, es completamente tu decisión. Ahora, fuera.

—Todavía necesito esa información —dijo Scythe de nuevo—. ¿A dónde se ha movido la Torre del Tiempo?

—¡Dije, fuera! —gruñó Lucario, volviendo al centro de la habitación en donde la audiencia murmuraba entre ellos.

Scythe brincó hacia adelante.

—¡Me enfrentaré a usted, Lucario! —advirtió él, elevando la voz—. ¡No dejaré que te interpongas en el camino de mi misión!

—¡Y todos los Pokémon en esta habitación se enfrentarán a ti! —replicó Lucario, igualándole la voz y girándose para encararlo de nuevo—. Un paso más, Scyther, y haré que te escolten de este edificio y te arrojen en las afueras, posiblemente inconsciente. Además... realmente no creo que tenga que decírtelo...

Scythe retrocedió, bajando la cabeza. Lucario continuó su caminata hacia el centro de la habitación.

—Hagamos... lo que dice —gruñó Scythe—. Vamos. Nos marchamos.

A Lily no tuvieron que pedírselo. Ella ya se había disparado hacia la puerta, una dolida mueca atravesando su rostro, antes de que Scythe siquiera dijera la orden.

—¡Lily! —jadeó Prince, haciendo ademán de seguirla—. ¡Lily, espera!

Pero ya se había ido.

... ... ...


Sin haber logrado absolutamente nada en la asamblea, el grupo volvió penosamente a la base del Equipo Ruedafuego cruzando la calle.

Era tan extraño ver el lugar todavía en una pieza. Los fantasmas habían atravesado las paredes, sin tocar nada de los muebles o la arquitectura. Lo que Char había recordado por último como una cámara de horrores era ahora un lugar de seguridad una vez más.

O quizá no lo sería por mucho tiempo... dependía ahora en la decisión que Prince tendría que hacer.

Cuando Prince hizo ademán de abrir la puerta, apenas tuvo que tocarla antes de que se abriera por su cuenta–Kabir estaba en el umbral, con aspecto muy triste y sin decir una palabra.

—¡Kabir! ¡Bendiciones de Arceus, sigues con vida! —clamó Prince, su humor iluminándose al instante—. Esta es la mejor noticia que he tenido–

Pero Prince tuvo que detenerse a media respiración, y también el resto que estaba alrededor de la entrada: cuando se abrió completamente, reveló una escena muy perturbadora: a Kabir le faltaba el brazo derecho.

—Con un costo, Prince —dijo él sombríamente—. Fui estúpido... Me transporté dentro de una pared... El brazo se me trabó, los fantasmas me cercaban... Tuve que transportarme, y cuando me di cuenta, ya no estaba. Por lo menos no era la mano con la que escribo...

Ray se estremeció, cerrando los ojos por un momento. Char se sintió intranquilo también con solo ver al lesionado Smeargle.

—Vaya... —susurró Saura—. Apuesto a que duele...

—Apenas me interesa, a estas alturas —le dijo Prince, abrazándolo de repente—. Solo estoy contento de verte a salvo.

—Je... ugh, ahora... Ahora si solo pudiera aprender a transformarme como un Ditto, podría recuperarlo... —gruñó Kabir, devolviéndole el abrazo con su brazo restante—. Dicen que es imposible de aprender, pero... Voy–voy a ver por mi cuenta si es cierto o no.

Char siguió a Prince dentro de la base, lanzándole una mirada de simpatía a Kabir en el camino.

—Kabir... Por casualidad, ¿vino Lily aquí hace unos momentos? —le preguntó Prince.

—Sí, se fue a su habitación —replicó Kabir—. No parecía muy feliz. No quería hablar conmigo.

Prince se acercó a la puerta cerrada, sin atreverse a empujarla. Por un momento pareció que iba a llamar a la puerta, pero dejó caer la cabeza y decidió no hacerlo.

—Déjenla descansar —ordenó él—. No la molesten. Hablaré de esto con ella cuando retornemos de la expedición. Debería estar terminada bien antes del final del mes. Ahora... ya que todos estamos presentes, y me iré pronto, demos inicio a nuestra asamblea...

Char, Saura, Ray, y Scythe esperaron cortés pero impacientemente en la esquina mientras Prince celebraba una reunión con sus miembros de equipo. Pareció durar una eternidad, ya que cada miembro presente reportaba el estado actual de sus asignaciones, y se les daba nuevas según lo consideraban necesario. Char sintió un poco de pena por el equipo; sabía que actuaban de forma independiente, y esto era su reemplazo a la reunión de Lucario, a la que se les prohibió entrar. De una forma, todavía eran su propia división de resistencia.

La División Plateada.

La asamblea continuó y continuó y continuó, a medida que Prince discutía los intrincados detalles de cada una de sus salidas. Finalmente, levantó la sesión, mandando a todos a sus habitaciones para prepararse para las salidas del día, o afuera para prepararse para sus nuevas misiones. Mientras se marchaban, miró hacia la puerta de la habitación de Lily–todavía cerrada. Soltó un suspiro.

—Ahora, todos tus asuntos están hechos —dijo Scythe, aproximándose a él desde el lugar en donde había estado sentado por la última hora—. Reúne los suministros. Nos marchamos de inmediato. No hay forma de saber cuánto nos tomará encontrar a dónde saltó la Torre del Tiempo. Debemos investigarlo. Posiblemente sobornar a los centinelas por información si podemos. Pero necesitamos empezar a progresar mientras haya luz diurna.

—Bien, vayamos —le dijo Prince—. Tengo los suministros ya listos...

Prince abrió el armario de su equipo, y descolgó las dos bolsas más grandes de sus colgadores. Char reconoció una de ellas como la bolsa de Alakazam. La colocó ante Scythe, quien la alzó sobre su hombro como siempre lo hacía, intentando encajarla sobre su espalda en una manera cómoda. También sacó la bolsa del Equipo Ascuas, todavía repleta con sus propios objetos favoritos. Siempre que pudieran ser acarreados, no había tal cosa como demasiados suministros; la ruta sería larga, no había pueblos en donde reabastecerse en el camino, y la Torre del Tiempo todavía era un lugar muy desconocido. La deslizó por sobre su propia espalda, ahorrando a los niños su oneroso peso. Necesitarían cada pizca de fuerza que tenían.

Luego, Prince sacó algo muy extraño del armario.

Era un diminuto saco marrón, casi como el tipo en el que las Semillas Revivir estaban guardadas, amarrado con un muy corto cordel. El nudo parecía tan apretado y seguro que Char se preguntó si siquiera era posible abrirlo sin quemar el saco entero hasta reducirlo a cenizas. Algo colgaba ahí dentro, al parecer más grande y pesado que una Esfera Mágica. Con una cuerda parecida a un cinturón, Prince ató el saco cómodamente alrededor de su cintura, lanzando rápidamente una mirada de afección hacia él.

—Una última cosa... —murmuró él, escarbando más profundo en el armario—. No podemos olvidar los emblemas. Los tengo por aquí en algún lugar...

Sacó otro saco, uno que parecía bastante grande, y comenzó a sortear sus objetos.

—... Qué extraño... —murmuró.

—¿Qué...? —demandó Scythe, acercándose—. No me digas... ¡¿los emblemas de rescate no están?!

—No, están justo aquí —dijo Prince, todavía removiendo los contenidos de la bolsa con la mano—. Pero... algo más falta... Nuestro mapa.

—¿El mapa a la Torre del Tiempo? —supuso Scythe—. Imagino que eso es inútil ahora, viendo que ya no tenemos idea de dónde está la torre...

—No, no... —dijo Prince, comenzando a reír nuevamente. Era la misma risa siniestra que había soltado antes del llevar a Scythe a la reunión de Lucario—. No sé quién lo hizo, pero uno de ustedes tomó el mapa de esta bolsa. Char, no podrías haber sido tú, tú estuviste en tu habitación toda la noche... Scythe, no tienes manos... hmm... Interesante. Muy interesante.

Char, Saura, y Ray estaban boquiabiertos, pero intentaban esconderlo. Sabían exactamente por qué el mapa no estaba. Char sintió mariposas en el estómago cuando Prince lanzó una mirada deliberada directo hacia él.

—Estaban planeando marcharse sin mí —dijo Prince simplemente—. Lo sabía.

—Eso ya no es de importancia ahora —dijo Scythe—. Ahora que la localización de la torre es desconocida, necesitaremos estar unidos, los cinco...

—Oh, es de grandiosa importancia, me temo —devolvió Prince—. Supongo que es hora para mí de hacerte una confesión, Scythe... Esperaba que no llegara a esto, pero... La Torre del Tiempo no se ha movido en lo absoluto.

—¿Qué? —dijo Scythe rasposamente—. ¿A qué te refieres?

—Siempre ha estado en el mismísimo lugar en donde la encontré.

Los ojos de Scythe se agrandaron, una conmocionada ira llenándolos con rapidez.

—Soborné a algunos de los centinelas para que reportara su localización en el lugar equivocado —explicó Prince, encogiéndose de hombros—. Por lo tanto, Lucario también pensó que estaba en el lugar equivocado, y no lo sabía bien, así que los mapas fueron dibujados incorrectamente... ahora parece que los centinelas me han traicionado debido a lo que ocurrió anoche, y el secreto salió a la luz... La torre está a dos kilómetros y medio al sursuroeste de la entrada al Abismo del Destino, por lo menos a veintidós días de caminata desde donde estamos ahora. No que tú sabrías dónde está eso. Yo conozco el camino de memoria.

—¡¿C–cuándo planeabas contarme esto?! —estalló Scythe—. Habríamos–

—Habrían acabado perdidos y solos, y helados, sin mí —continuó Prince—. Pero esa no era mi intención. Me imaginé que intentarían dejarme atrás en cualquiera de los puntos de descanso. Así que les hubiera contado en la primera noche que solo yo conocía las verdaderas direcciones. De esa forma necesitarían confiar en mí. Pero tengo que darte crédito, Scythe. ¡No esperaba que fueras y me dejaras en el Fuerte Esmeralda antes de siquiera empezar! Tienes suerte de que la Llamada ocurriera cuando lo hizo... tú y Char hubieran muerto congelados en medio de la nada antes de que yo fuera capaz de rescatarles. Entonces... je je... je je je... De una forma, supongo que los eventos de anoche fueron... ¿afortunados?

El cuerpo de Scythe se desplomó en el suelo, haciendo que Char diese un respingo. Char observó como Scythe se ponía de rodillas ante Prince, la confusión y la absoluta humillación cubriendo su alicaído rostro. Se encogía a medida que hablaba.

—Me has superado en un encuentro físico... y ahora me has superado en un juego mental, también —murmuró Scythe, cerrando los ojos dolidamente—. Tú... tú ganas, viejo amigo. Yo cedo. No tengo nada más... No hay nada más que pueda hacer para prevenir que vengas. No hay nada más que pueda hacer. Ve, entonces. Guíanos al norte. Nosotros te seguiremos, y haremos lo que digas.




Afueras de Esmeralda



Cuando Prince guio al grupo a través de la entrada noroeste del Fuerte Esmeralda, todos preparados para dejar atrás la base y comenzar su larga, larga caminata a través del salvaje ártico, Char se sorprendió de ver a una enorme asamblea de Pokémon aguardándolos justo al otro lado del muro.

Era una ceremonia de despedida, y la mitad de la División Esmeralda entera debía estar allí. Char incluso pensó ver a unos cuantos miembros del Equipo Arrepentimiento entre las filas.

Char sacudió la cabeza y parpadeó varias veces. Al volver a mirar, seguían allí.

—Eh, ¿chicos? —preguntó él en voz baja—. ¿Acaso... acaso hay un montón de Pokémon mirándonos? ¿O solo estoy imaginando cosas?

—Han venido a simpatizar con nosotros —le devolvió Prince en un susurro—. Lucario amenazó con desterrarme en frente a todos, después de todo. No pensaba que sería tomado demasiado bien... Y además, luego de este incidente con Lucario, todos ahora conocen tu secreto, Char...

Char abrió mucho los ojos. Sí... al responder a Lucario, él había revelado su secreto a todos, ¿no?

Prince se quedó quieto por un momento y detuvo el movimiento de su equipo, y los Pokémon de la División Esmeralda dieron un estruendoso clamor tan potente que sacudió el suelo.

Dejó a Char sin aliento escuchar tantas voces, tantos tipos diferentes de alaridos de Pokémon sonar a la vez. Sonó como la respuesta que Legend había recibido la noche anterior, pero muchos más Pokémon estaban presentes ahora, todos gritando y alentando juntos... y supo que era para él, y para todos los Pokémon que estaban a su lado, quienes lo habían guiado hasta este punto y habían creído en él, algunos anticipando su llegada por décadas antes de su aparición, listos ahora para llevarlo al dios que él había atraído desde los salones de la eternidad...

Y su espíritu se elevó.

A Char nunca le habían aplaudido antes. Su condición siempre había permanecido bajo envolturas, oculta del público general salvo por algunos selectos. Pero ahora, colmado de estos resonantes aplausos que nunca parecían terminar, era imposible no sentirse vivo. Char sintió que tanto frío y dolor y desesperanza se ahogaban, siendo reemplazados por el más profundo y firme tipo de coraje y confianza que uno podía sentir. Girándose hacia sus compañeros, vio que Ray apretaba los puños y levantaba bien alto la cabeza, sonriendo de oreja a oreja y emitiendo un pequeño círculo de luz sobre el suelo mientras su cuerpo resplandecía. Vio los ojos de Saura, tan abiertos como era posible, reluciendo del asombro. Vio que incluso Scythe parecía renovado por toda la atención, y que no podía contener una sonrisa propia.

Era simplemente increíble. Incluso después de tan horrible noche, incluso después de sufrir las muertes de sus compañeros, los Pokémon de la resistencia estaban celebrando. Lo celebraban a él. Celebraban a la Llamada.

Prince comenzó a caminar nuevamente, y el grupo empezó a atravesar la aparentemente interminable muchedumbre de Pokémon. Char marchaba orgullosamente a su lado, concentrando su audición en las voces individuales que exclamaban algo hacia su dirección.

—¡Podrías acabarlo! —alentó una sorprendentemente preciosa Milotic desde el costado del camino—. ¡Acabar con el reino del Maestro!

—Tantas vidas perdidas —dijo el Abomasnow parado al lado—, todas tendrán un significado ahora, gracias a ti...

—¡La División Plateada, vive de nuevo! —exclamó un Delcatty que estaba junto a una enorme cobra morada—. ¡Prince marcha de nuevo!

—¡Oye, Prince! Cuídate por allí, ¿está bien? —vociferó un Weavile, flanqueado por un Marshtomp y otro Weavile—. No me gustaría tener que rescatarte...

—¡Sí, y todavía te debemos un rescate, también! —agregó el Marshtomp.

—¡Yérguete, pequeño dragón! —vociferó Zahira—. ¡Mantén ese pequeño fuego!

Naxi el Flygon estaba prácticamente en el medio del camino, ojeando a Char a medida que pasaba.

—Char... —gruñó él—. Una vez que te ganes el corazón de los dioses... Recuerda. No dejes que nadie más intente controlar tu poder. Solo puede ser tuyo. Cuando te dispongas a destruir al Maestro... no dejes que te engañe. Aplástalo contra el suelo, y nunca tengas piedad. Él no merece nada más después de todo lo que ha hecho.

Al final cuando ya no había más Pokémon, Legend se paró en frente de todos y abrió el camino, haciendo una reverencia con la cabeza. A medida que se aproximaban a él, la multitud finalmente se calmó.

—Bien, mi Prince —habló Legend—. He de verte otra vez... ya sea en un par de docenas de días, o en el salón de la eternidad... y si lo último viene a acontecer, que sepas que ha sido un honor pararme junto a ti todos estos años, y ver que todo por lo que luchaste, todo por lo que la División Plateada luchó, dé sus frutos finalmente... E incluso si yo demuestre ser un pobre reemplazo tuyo, y el equipo que has guiado se desmorone y se disperse con el paso del tiempo, tu flama vivirá en los corazones de todo Pokémon que me escuche hablar, por todo el tiempo que yo esté vivo. Y Char, lo mismo va para ti.

Legend se acercó a Char, bajando la cabeza lo suficiente como para hablarle directamente.

—Char... ¿ya has decidido qué le pedirás al dios del tiempo? —rogó Legend—. Ya, he empezado a formular un poema sobre ti y tus amigos. Quizá pueda cambiar el corazón de Lucario de nuevo con él. Pero... me gustaría que tuvieras un motivo. Un motivo que no haya sido forzado dentro de ti, sino algo que sea tuyo. ¿Qué debería decir la leyenda sobre ti? ¿Has escogido algo?

—Sí, ya sé lo que le pediré —replicó Char luego de un momento de pensarlo—. Me di cuenta de algo... incluso si el Maestro ya no existiera... no creo que pueda ser feliz. Porque... porque tengo un puñado de muy buenos amigos, los mejores amigos que cualquiera pudiera querer...

Char miró hacia las caras de sus compañeros, hacia Scythe, quien había perdido la cabeza, hacia Saura, quien había perdido y ahora olvidado a su familia, hacia Ray, quien había perdido a su hermano y se había pasado el resto de su vida luchando por solo vivir en su sombra, y hacia Prince, quien había perdido todo lo que tenía luchando para que la Llamada pudiera vivir...

—... Pero están todos rotos —dijo Char—. Le pediré a Dialga... que mis amigos ya no estén rotos.

Los amigos de Char parecieron sorprendidos, y conmovidos, por estas palabras. Legend asintió, ofreciéndole a Char una profunda sonrisa de comprensión.

—Entonces ya no me pararé en tu camino —dijo él, elevándose a su altura completa y retrocediendo hasta el costado del camino—. ¡Todos juntos ahora, vayan! ¡Marchen! ¡Las leyendas les esperan!

—Por los cielos, cuiden de Lily —le dijo Prince—. Si yo no retorno... Pregúntenle a dónde le gustaría ir... y denle lo que pida.

—¡Eso haremos, mi Prince! ¡No te inquietes por las cosas que dejas atrás aquí, ellas serán bien administradas en tu ausencia! —dijo Legend de nuevo, elevando la voz—. ¡Vayan, vayan! ¡Marchen todos!

Y finalmente, Char y sus amigos comenzaron su excursión a través de la fría tundra de Ambera boreal, y eventualmente en la congelada tierra conocida como Zerferia.

A medida que el Fuerte Esmeralda se encogía detrás de ellos, volviéndose nada más que una mota en el horizonte, Char todavía podía escuchar el aullido de la voz de Legend, combinándose con las recogidas voces de los equipos de resistencia, coreando a los cielos:

Y hasta que las estrellas el cielo atraviesen,
Montañas caigan y océanos se sequen,
Aunque el sol ante los ojos descendiera,
Esta llama... ¡no dejen que muera!


Fin de la Temporada II



Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.

Rak, eres todo un artista



.- Pokémon Mundo Misterioso: Resistencia Plateada -.

---> ¡Concurso en marcha! <---
¡No se lo pierdan!

Pásense por mi página de Deviantart: WillChar96


Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.

#119
Y volviendo de dos semanas de examenes (y de enviciarme un poco con el Pkmn AS), vengo a dejar unos comentarios sobre nada mas ni nada menos que... (redoble de tambores) ¡el final de la 2da temporada! xD, pues eso significa entonces que cada temporada tiene entre 20 a 22 caps? o ya es cosa del autor?. Pues para no hacer mas largo el comentario, pasare a lo que vine:

Spoiler
- Y volvemos a la historia principal, de alguna manera esperaba más este capitulo que los especiales pasados, quiza porque queria saber de una buena vez qué le habia pasado a Saura.
- Sobre esto ultimo, en un principio, pense que le sucederia algo parecido (por no decir lo mismo) de lo que le sucedio a Scythe, pero se podria decir que Saura tuvo algo más de suerte y al menos no terminó "demente".
- Al comparar lo que les sucedio a Saura y Scythe, me quede con la idea de que los vigilantes atacan "donde a uno más le duele" (y no, que no haya malinterpetaciones), me explico, Scythe era el mejor guerrero de su generacion y este hasta era un poco arrogante con esto, ¿cómo lo ataco el vigilante?, quitandole aquello que lo hacia quien era y dejandolo inservible para los combates, hasta que logro "adaptarse". Por otra parte, por lo que lei en el cap, lo que a Saura más le preocupaba era que su familia estaba en peligro por su culpa, ¿cómo lo ataco el vigilante?, haciendo que creyera que en verdad "destruyo" a su familia. Bueno, esto es una mera idea que tengo, no puedo sacar una completa teoria porque, bueno, solo son 2 casos, necesitaria siquiera 30, y me estoy arriesgando (si mis memorias de las clases de estadistica no me fallan).
- Pues, tenías razón, Scythe nunca se recupero, hasta él mismo dijo que está y siempre estará "demente", aunque puede que sea un poco pesimista, si el Gardevoir pudo ayudar a Saura, quiza algun psiquico más habil que aquel Espeon que lo examino cuando era niño pueda ayudaro (pero puede que sea mucho pedir).
- Emm, creo que nunca queda bien un Gardevoir macho :s, pero ni modo.
- Un Smeargle sin brazo, ¡y yo que me quejaba de que no habia tanto gore!... ok no.
- Y yo que te había dicho que Char no guarda bien sus secretos, al menos no fue el de la vez anterior.
- Estoy notando cada vez más que para Scythe "el fin justifica los medios", y quiza sea debido a su codigo de Adrellos, pero esto da un poco de mala espina.
- LOL sé que, sin contar la parte final, el cap no habia tenido ningun ambiente animado pero cuando Prince se puso a explicar lo que habia planeado me parecio que, más que pensar en un buen plan para ir a la expedicion, pensaba en una buena forma de trollear a Scythe xD.
- Bueno, el equipo se despide del fuerte esmeralda rumbo a la torre del tiempo, espero y no sea un viaje sin retorno.


Bueno Will, supongo que será hasta el próximo año, quedaría bien empezar la nueva temporada con un nuevo año.
P.D: Aprovechando la hora, Felíz Navidad.
#120





Este es el link al fanfic original en inglés: http://www.fanfiction.net/s/4298303/1
Esta es la página de ScytheRider en dA: http://scytherider.deviantart.com
Esta es mi página en dA: http://willchar96.deviantart.com




Sinopsis

En un mundo donde un malvado maestro oprime a todos los Pokémon libres, un humano convertido en Charmander se alía con un Bulbasaur fugitivo y se embarca en una aventura en busca de respuestas.


Del autor original

Esta es mi historia principal. Originalmente pretendía que sea la tercera entrega de la profundamente bella y épica serie de Pokémon Mundo Misterioso, realmente se expandió a algo enorme. Comencé la historia con nada más que algunos personajes de los juegos que había jugado, y con un deseo de intentar tramar una historia que esté a la altura del legado de los juegos originales. Luego de cuatro años, no puedo creer lo lejos que ha llegado.






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Índice
ÍNDICE


50. Capítulo 42: Todos Juntos Ahora

51. Capítulo 42, Parte 2 ¡NUEVO!

52. Capítulo 42, Parte 3 ------> Próximamente

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juan459:

Espero que te haya ido bien en los exámenes. ¡Y yo también me conseguí el Alfa Zafiro!... pero no tengo tanto tiempo para estar jugando T.T.

Pues, sí, se podría decir que cada temporada tiene alrededor de 20 capítulos. Esta tiene un par menos que las otras, pero tiene los capítulos más largos y emocionantes, así que será lo mismo xD.

¿Sabes? Todavía me cuesta creer que ya estamos en la Temporada III. Es casi como un sueño.

Ahora ves la cantidad de cosas que un Vigilante puede hacer. A Scythe le abrió una brecha entre su consciente y su subconsciente, y a Saura le colocó una pesadilla permanente... Es decir, estos fantasmas no son los antagonistas convencionales... son peores. Tu teoría tampoco suena alocada: es cierto que los Vigilantes atacaron justamente en donde más duele. Sin embargo, también podría ser que ataquen lo que más "resalte" en la mente de la víctima. Scythe siempre pensaba en su futuro en el clan, y Saura en su familia...

A mí me pareció que lo de Scythe fue mucho más grave que lo de Saura. El Espeon dijo que no quería hacer nada por temor a dañarlo mentalmente. Parecía una situación más delicada.

Te puedo asegurar que por ahora te inclinas hacia el bando de Scythe, ¿no? Bueno, lo bueno de este autor es que te hace dudar de todo xD. Luego me cuentas qué ocurre con tu inclinación de bandos cuando leas los capítulos siguientes.

Muchísimas gracias por todo tu apoyo ^^




Nota del traductor:

Como la revisión del autor original es menos consistente de lo esperado, empezaré a publicar las versiones aún no revisadas de los capítulos para poder avanzar la historia.

Cuando el autor haga la respectiva revisión, le haré los cambios al capítulo y retiraré esta nota. Pero por ahora estará aquí la versión vieja del capítulo. Los cambios se limitan a algunos errores de tipeo y a agregar algunas descripciones o sacar otras, es decir, la escencia de la historia sigue ahí.





50. Capítulo 42: Todos Juntos Ahora


Spoiler

Temporada III: Temporal




Capítulo 42

Parte 1



Mi nombre es Char.

Sin embargo, ese no es mi nombre verdadero. No sé cuál es mi nombre verdadero.

Quizá Dialga me lo diga.

Aquí estoy en la primera noche luego de dejar la División Esmeralda. Prince dice que la Torre del Tiempo está muy lejos al oeste de nuestra posición actual, así que vamos a tener que caminar hacia allí por una o dos semanas antes de tener que ir al norte a Zerferia. Él dice que ya hemos ido lo bastante norte como para que los Vigilantes ya no sean una molestia, y en serio espero que lo sepa con seguridad. Realmente no quiero ver otro Vigilante en un largo tiempo.

Ya se está poniendo muy frío. Justo cuando pienso que me estoy acostumbrando al frío de aquí, se vuelve más frío. Es difícil de soportar. Espero que no se acerque en ninguna forma a estar en ese congelador. Todavía no he superado eso.

Justo ahora estamos en alguna especie de ensenada de un arroyo seco. Scythe dice que deberíamos encender un fuego, pero la verdad no hay nada que quemar. La tierra aquí es estéril. No hay nada en lo que fijarse en nuestra caminata, solo colinas de tierra y rocas. Me pregunto si empacamos algo de esa solroca, estaría mucho más cómodo con algo de eso ardiendo a mi lado justo ahora.

Está muy tranquilo esta noche. No tenemos demasiado que decir. Conversamos un montón hoy en la ruta, y ahora ya no tenemos nada que decir. Así que aquí estoy, sentado y con la vista en el cielo, temblando un poco del frío, preguntándome si conseguiré dormir bajo el estrellado cielo por una vez. Y también, pienso. Hago mucho de eso. Tengo mucho sobre lo que pensar. Como... cómo hice para llegar hasta aquí. Cómo todos estos Pokémon lograron estar conmigo. Y me pregunto cómo llegué a ser un Charmander en primer lugar. Me preocupa que si no me lo pregunto en ocasiones, olvidaré que en realidad no soy un Pokémon. Ya comenzó a ocurrir por momentos.

Todos van a dormir, ahora. Todos salvo Scythe. Scythe no duerme mucho, aparentemente. Supongo que vigilará por nosotros. Eso me hace sentir seguridad, al menos. A pesar de que dormí hasta el mediodía hoy, me siento cansado, así que intento relajarme. El frío todavía es irritante, así que respiro más lentamente e intento menguar mi flama, justo como Prince me enseñó. Bajar mi temperatura corporal hace que el frío se sienta menos frío.

En serio tengo que admitir algo: me encanta ser un Charmander. Especialmente luego de haber conocido este cuerpo por un tiempo. Es lo suficientemente similar a un humano, por lo que me pude ajustar, excepto tal vez por la cola. La cola es realmente extraña, pero me he acostumbrado a ella. Es genial cómo me ayuda a balancearme y siempre ilumina la oscuridad, y no es solo inservible como las colas de muchos otros animales. Pero tengo suerte de que no me volví algo como un Bulbasaur, hubiera tenido que llevar una pesada planta arraigada constantemente a mi espalda y usar cepas para agarrar cosas. O algo que ni siquiera tiene manos, como un Torchic. Eso hubiera sido mucho más difícil de ajustarse...

Pero sí, ser un Charmander es asombroso. Me siento tan vivo, como si mi energía nunca se acabará por completo. Puedo hacer cosas increíbles si hago el esfuerzo, como ganar batallas que nunca pensé poder ganar. Y también puedo soportar una paliza, ¡es asombroso! Este cuerpo solo no sabe cuándo morirse. Si a un humano lo aplastara una roca gigante contra el suelo, estaría muerto, sin dudas. Pero yo, se me romperían unos cuantos huesos, mi fuego parpadearía un montón, pero mi cuerpo llamearía por un tiempo y me ayudaría a superar la dificultad, y luego me pondría de pie nuevamente, me pasaría unos días curándome, y estaría de vuelta a la normalidad en un santiamén. Este poder, es como una fuerza vital completamente diferente a la que los humanos tienen. Comparados a los Pokémon, los humanos son solo babosas que gandulean y no hacen nada en todo el día, y yo sería una pequeña chispa de energía corriendo en círculos alrededor de sus piernas noche y día.

Y lo mejor de todo, ¡puedo quemar cosas! ¡Eso es lo más asombroso que existe! Digo, no tienes la más mínima idea de cuán gratificante es tener la capacidad de lanzar bolas de fuego a las cosas que no te gustan.

... Bueno, ese podría solo ser el Charmander en mí hablando. Ya no puedo saberlo hoy en día.

La naturaleza Pokémon... es fuerte. Muy fuerte. No es como la humana, la cual puedes solo ignorar y actuar de forma racional si tienes que hacerlo. Esto como si tuviera un animal dentro que sé que no puedo entrenar completamente, y es muy terco e insiste en influir en todas las acciones que hago, así que debo hacer lo que me dice la mitad del tiempo. Lo cual no es del todo malo; a veces realmente sabe lo que dice. Pero a veces puede ser realmente estúpido. Pero está bien. Todo es parte de crecer y entrenarme.

Pero sí, estoy sentado aquí, y me preguntó cómo será enfrentar a Dialga en persona. Ya sé cómo es él. Tengo vívidos recuerdos de él, pero sé que pararme frente a él será muy diferente... solo imaginar al creador del tiempo mismo parado frente a mí en toda su radiante gloria, quizá hasta pidiéndome órdenes, si mi Llamada funciona de la forma en que pensamos... en cuanto más me acerco a él, más se revuelve mi ascua.

Hay algo más de lo que me di cuenta justo ahora: estaría perfectamente contento si Dialga me dice que no puedo volver a mi vida pasada. Incluso si soy un humano que hizo algo horrible y me sentenciaron a vivir el resto de mi existencia como un Pokémon. Y en realidad no me importaría olvidar todo sobre mi humanidad. ¿Este cuerpo de Charmander? Es una recompensa, no un castigo. ¿Ambera? Es un paraíso. Me encanta ser un Charmander, y si alguien quiere que vuelva a mi vida humana, ¡mejor que tenga una buena razón! Solo desháganse de este Maestro, dejen que me vuelva un Charizard, denme algún cráter volcánico en donde holgazanear cuando estoy cansado, y no podría pedir nada más.

Genial, mi corazón se acelera otra vez. Desperté a mi ascua con solo pensarlo. Vamos, Charmander. Cálmate. Tu entrenador te lo dice. Tranquilo, tranquilo... eso es... cálmate, necesitas descansar...

Bah, ya entenderé a este cuerpo eventualmente. Después de todo, espero poder pasar un largo, largo tiempo en este cuerpo... Je, soy una llama viviente. ¿Quién lo hubiera pensado? Es tan increíble.

Aunque... no sé si deba decirle a Saura o a nadie más que no estoy interesado en retornar a mi forma humana. No se siente bien. Mis instintos me lo dicen.

La verdad, no estoy seguro de lo que le pueda decir a Saura justo ahora. Siempre podía hablar con él, pero últimamente, él... él no actúa correctamente.

Se suponía que le iban a borrar algunos recuerdos de su infancia, pero creo que su mente ha cambiado mucho más que eso. Antes, siempre podía hablar con él cuando quería. Cuando le quería decir algo, él siempre sabía exactamente a lo que me refería. Él podía simpatizar conmigo. Él sabía cuándo algo era difícil de decir para mí, o cuando no estaba tan seguro de algo, o cualquier cosa que quería comunicar pero no sabía ponerlo en palabras. Él era el tipo de amigo que cualquiera querría tener, Pokémon o no.

Pero ahora... muchas de sus emociones simplemente no están. Por ejemplo, hoy empezó a molestar a Prince, preguntándole sobre la División Plateada. Luego cuando no le respondía, empezó a molestar a Scythe, preguntándole cosas al azar sobre el pasado del Equipo Remordimiento, solo por mera curiosidad. Pero Saura no tiene idea del tipo de presión que está sobre Scythe justo ahora. Incluso antes de que sus recuerdos fueran borrados, no creo que él entendiera todo lo que sé sobre Scythe. Me siento tan mal por ambos.

Hoy, también empezó a divagar sobre sus aventuras con nosotros en la base de la división dorada, como si fueran recuerdos queridos de infancia. El asunto es que... solo nos conocimos como hace un mes.

Sí, un mes. Tal vez un mes y medio.

El tiempo parece pasar mucho más lento para este cuerpo de Charmander que lo que recuerdo cuando era humano, así que imagino que es lo mismo para otros Pokémon. Pero... igual. Fue hace un mes, más una semana o dos, que me desperté en esa oscura cueva y vi su rostro. Saura tiene siete años de edad. Ahora, solo tiene un mes. Y yo... no sé qué decir respecto a eso.

Estoy empezando a preguntarme si Saura estaba diciéndome la verdad.

Quizá eso fue lo que en realidad le llevó a hacerlo. Quizá su subconsciente estaba tan atormentado por la idea de que el Maestro tenía como blanco a su familia, que eso hizo que se aferrara a mí... eso es lo que lo hacía un héroe...

Duele imaginarlo. Éramos tan cercanos. Podíamos leernos uno al otro como carteles. No teníamos... no teníamos secretos.

El Charmander dentro de mía todavía se rehúsa a creerlo. Se siente mal. Creo que él lo inventó. Creo que el fantasma lo inventó. Es la única explicación. Saura tenía un corazón de oro. Lo mostraba todos los días en la base. Solo no puedes ocultar un corazón de oro como ese.

El humano en mí...

Recuerdo cómo Saura se disculpó conmigo antes de dejar que sus recuerdos fueran borrados. No creo haber entendido por qué había elegido disculparse conmigo entonces. Creo que estoy empezando a entenderlo ahora.

Piensas que conoces a alguien, y luego... cambia. No tienes que ser un Pokémon para saber lo desalentado que eso te puede dejar.

Sin aquel temor subconsciente, él es muy diferente. Actúa como si esto fueran vacaciones, y se pone sencillamente feliz por estar yendo en un paseo con todos sus amigos más cercanos. Actúa como si no supiera lo serio que es esto.

El Saura verdadero lo sabría.

¡No! Mi flama aumenta de nuevo... el frío... está volviendo...

Por el amor de ambos, Charmander, si no te calmas, voy a aporrear tu cabeza contra el suelo hasta que te desmayes...

... ... ...


Saura me despertó esta noche, dos veces.

La primera vez, gritó. Me desperté con un salto, pensando que nos atacaban o algo parecido. Estoy acostumbrado en cierta medida a eso ahora, esa clase de cosas me suceden mucho. Pero cuando empecé a pensar, me di cuenta de que era solo Saura. Estaba ahí parado, hundiendo sus patas en el suelo, jadeando por aire como si casi se hubiera sofocado. Parecía presa del pánico, como si pensó que iba a morir.

Yo supe lo que había ocurrido. Esto es lo mismo que hizo toda la noche anterior, causado por aquella pesadilla, despertándose con saltos de forma constante. Recuerdo que Gardevoir dijo que esto todavía ocurriría en ocasiones, cuando su mente se rozara con la pesadilla. Sin embargo, todavía era duro verlo tan dolido y preocupado.

Fue como si tuvo la Llamada. En solo segundos, todos estábamos despiertos y nos reunimos a su alrededor. Tanto Prince como Scythe pusieron los ojos en blanco y se alejaron. Ray se quedó parado ahí. Parecía preocupado. No sabía si ir a ayudar, o solo volver a dormir. Yo asentí y le hice saber que estaba bien que volviera a dormir.

Me acerqué a Saura y le pregunté si se encontraba bien. Él dijo que solo tuvo una pesadilla, pero que no podía recordar de qué se trataba, y dijo que estaba intentando muy duro recordarla porque sentía como si el sueño era importante.

Así que... le conté la verdad. Le conté que esa fue la razón por la que sus recuerdos fueron borrados. Le conté que era algo que no quería recordar, y que no debería intentar hacerlo. Le haría sentirse mejor si no lo recordaba en lo absoluto.

Él me miró. Era... ilegible. No sé qué tipo de emoción era. Era algo que jamás había visto en su rostro antes. Estaba confundido, y... desesperado, supongo. Como si en serio necesitara que lo ayudase de alguna forma. Como si necesitara que yo entrara a su mente y sacara los recuerdos por él.

Fue en eso cuando me di cuenta. Le habíamos mentido antes. Le dijimos que fue el Vigilante el que se llevó sus recuerdos, no Gardevoir. Me maldije a mí mismo. Odio las mentiras. Son tan difíciles de mantener. Siempre se te resbalan cuando no te concentras. Solo no puedes estar concentrado en una mentira para siempre.

Así que continué contándole la verdad. Le conté que él mismo decidió que sus recuerdos fueran borrados porque lo estaban lastimando. Le conté que yo no podría devolverle sus recuerdos ni aunque lo quisiera. Le conté que eran recuerdos que nunca compartí con él. Estos ocurrieron antes de que nos conociéramos.

Luego él me dio la espalda, y pienso que se quedó dormido al instante. Sabía que estaba realmente cansado.

La segunda vez...

La segunda vez, fue muy temprano en la mañana. Al rompimiento del alba. Era la hora en la que el Equipo Ascuas solía levantarse y salir a hacer nuestras misiones.

Me dio empujoncitos hasta que me desperté. Me desperecé y bostecé, dejando que la calidez de mi ascua se extendiera a mis extremidades, preparándome para trabajar desde temprano en el día. Hábito. Ray me hubiera electrocutado si no empezaba a moverme con prisa.

Abrí los ojos, y estuve confundido por un momento. No era Ray, sino Saura. Y estaba durmiendo en el medio de la nada.

Oh, claro. No estoy en casa. Ya no estoy haciendo misiones. Es siempre una decepción acordarse de eso.

—¿Qué sucede? —le pregunté—. ¿Estás bien?

Me miró. No estaba triste, no estaba enojado. Parecía... no demostrar emoción. Como si estuviera intentando contener las lágrimas o algo, pero haciéndolo muy bien. Parecía muy serio.

—Lo lamento —dijo él.

No supe qué decir. Honestamente no supe. La forma en que lo dijo, sonó justo como cuando antes de que le borraran la memoria. Cuando se disculpó conmigo. Me di cuenta de que tal vez haya recordado haber dicho eso. Para asegurarme, decidí preguntarle.

—¿Por qué?

—No... no sé —respondió él mientras negaba con la cabeza—. Solo... no sé.

Me puse de pie, lo miré directo a los ojos, y luego le di el abrazo más grande que pude.

Eso es algo más que hago mucho, también.

Nosotros, Charmander, somos criaturas emocionales. Aprendí eso en el primer día. El fuego es poderoso. Hace que me preocupe mucho por lo que los otros piensen de mí. Me hace orgulloso y confiado, y furioso cuando las cosas no salen bien. Pero por más poderosa que una llama puede ser, también es delicada. Es vulnerable. Necesita a alguien que la mantenga ardiendo cuando el viento comienza a soplar. Alguien quien la tenga cerca y la proteja. Porque no importa lo fuerte que me vuelva, o lo fácil que sea utilizar mi fuego, lo bueno que sea al contener las lágrimas, porque nada me ha dado más fortaleza que tener a Saura ahí para mí.

Supongo que Saura está en la misma situación, también. Él nunca podría haberlo logrado por su cuenta. Él amaba tanto a su familia, y ahora tengo que ser yo el que los reemplace.

Siempre me pregunté si todos los Pokémon solo nacen de esta manera. Lo veo en todos los Pokémon que conocí. Somos veloces para formar lazos con otros. Poderosos lazos que nunca dejaríamos que se rompan si podemos evitarlo. Es como si naciéramos como piezas de un rompecabezas y fuera importante que encajemos en nuestro lugar en alguna parte. No me sorprendería que nuestros corazones tuvieran algún tipo de código escrito en ellos, porque solo nos impresionan con tanta facilidad. No creo que alguna vez fui un entrenador Pokémon como humano, pero incluso yo sé que el lazo entre un Pokémon y un entrenador es algo que sencillamente no puedes tocar. Aquel absoluto e inquebrantable lazo. Es algo que no podrías entender a menos que lo sintieras por tu cuenta.

Y ahora, sé cómo se siente, porque quiero a Saura como un hermano. Y no me interesa qué tipo de recuerdos tiene o no tiene, lo necesito allí. Y él me necesita a mí.

—Te perdono —le susurré—. Siempre.


Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.



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