Capítulo 36
Un pasmado silencio permaneció sobre el Equipo Ascuas por lo que parecieron horas.
Luego de la confrontación con Prince, Lucario retornó para dirigirse al grupo completo. Los guio de vuelta a su cámara, hablando con Scythe en el camino y presentándose con información adicional. A través de todo, Scythe mantuvo un firme asimiento sobre su temperamento y su tono de voz, haciéndolo ver como si nada fuera de lo ordinario hubiera sucedido.
Pero Char sabía que el arrebato no desaparecería de su mente en un corto plazo.
Char en realidad no escuchaba lo que decían. Se mantenía callado, hipnotizado por los pasillos en los que pasaban, haciendo su mejor esfuerzo para albergar el orgulloso enojo que ayudaba a sustentar su fuego, y ahuyentar a las más profundas punzadas de preocupación y confusión que constantemente buscaban debilitar su flama y dejarlo susceptible al frío.
E incluso después de que Scythe pidiera una audiencia privada con él, dejando al Equipo Ascuas solo y sin supervisión fuera de su cerrada puerta, el silencio permaneció.
Scythe había alegado que solo sería un momento. Bueno, después de que un momento hubiera pasado, e incontables momentos más hubieron pasado, Char se encontró todavía sentado allí, ocasionalmente levantando la mirada al tragaluz más cercano e intentando juzgar qué hora del día era por la gradualmente atenuante luz del sol.
Ray se sentó en la pared opuesta del corredor y torció su cola entre sus garras, justo como siempre hacía cuando estaba nervioso o incómodo. Una distante y desconcertada mirada colgaba de su cara. Saura se paseaba entre ellos, mirando al suelo mientras iba de un lado a otro en el pasillo.
Aunque veía qué tan confundido Saura estaba, y qué tan lastimado Ray se veía, Char sabía que él era el que más alterado estaba entre los tres. De nuevo, lo golpeó que simplemente
no había nada que pudiera hacer al respecto. Le enfurecía incluso más que el frío. Él era el líder del equipo. Él era el que los había metido en esto. Decidió que necesitaba su compañía a toda costa. Pero mientras estaba sentado en ese pasillo, incapaz de hablar sobre las cosas que realmente le molestaban, empezó a preguntarse qué había hecho en realidad.
Empezó a ver la sensatez en la renuencia de Scythe para dejar que vinieran.
—Tenías razón —murmuró finalmente Saura—. Algo está realmente mal con él.
—Lo sé —dijo Char—. Lo supe desde la noche en que fuimos junto a Alakazam. Esa fue la noche en que comenzó a cambiar.
—¿Qué hacemos? —preguntó Saura, manteniendo baja la voz—. ¿Cómo piensas que podemos ayudarle?
—Podemos ayudarle al no hablar sobre él a sus espaldas —respondió Char simplemente—. Es lo único que podemos hacer.
Saura se giró hacia Char con una confundida y desesperada expresión en su rostro. Cuando Char la vio, se sintió como un martillo al pecho.
¡Cuéntame!, decía la expresión.
¡Cuéntame todo lo que sabes! ¿No es eso lo que siempre hacemos? ¿No siempre nos contamos cada pequeña cosa que se nos viene a la mente? ¿Por qué no ahora? ¿Por qué esto tiene que ser diferente? ¿No somos amigos?
Char hizo frente a esa mirada y la sostuvo tanto como pudo. Retornó la suya, una de fuerza y resolución y coraje en frente a la incertidumbre, esperando que Saura fuera el primero en desviar los ojos.
Hubo un repentino ruido desde detrás de la puerta cerrada.
—¿Qué fue eso? —jadeó Ray, con sus orejas levantadas—. ¿Qué está ocurriendo ahí dentro?
El ruido vino de nuevo, pero más silencioso. Era el sonido de una voz, pero de quién, Char no pudo decir.
—Creo que... están discutiendo —dijo Saura con expresión vacía, sus ojos como platos.
Saura se acercó saltando y presionó su oído contra la puerta. Hubo silencio por un tiempo.
—¿Bien? —dijo Ray, poniéndose de pie con nerviosidad—. ¿Escuchas algo?
—Sí, están —dijo Saura tristemente—. Suenan como si estuvieran teniendo una seria discusión. Ambos suenan enojados.
—¿Puedes escuchar lo que están diciendo? —preguntó Ray.
Un momento más de silencio, roto cuando la voz gritó de nuevo. Era claramente la voz de Lucario esta vez. Saura se encogió.
—En realidad no puedo distinguir nada —reportó Saura—. Ray, ven aquí. Tú tienes mejor oído que yo.
Ray se acercó de un brinco y se apretujó junto a Saura sobre la superficie de la puerta, volviendo su oreja hacia la puerta y escuchando con cuidado. Parpadeó.
—¡Están hablando sobre Prince! —dijo Ray después de un rato—. Suena como si Scythe estuviera pidiéndole a Lucario que impida que venga. Lucario está diciendo algo sobre... la Torre del Tiempo...
Char se paró. Apretó los puños.
—
Alto —ordenó.
Saura y Ray se giraron hacia él, pareciendo un poco sorprendidos. La llama de Char estaba ardiendo con bastante intensidad.
—¿Qué pasa? —preguntó Saura.
—Dejen de espiar a Scythe —comandó Char—. No podemos... ya no podemos hacer eso.
Saura se alejó dócilmente de la puerta de Lucario. Parecía avergonzado de sí mismo, como si hubiera sido atrapado en un acto deshonroso, pero estaba confundido, como si no estuviera esperando que Char fuera el que objetaría. Ray hizo lo mismo con renuencia.
—Anoche, después de aterrizar, Scythe tuvo una charla conmigo —explicó Char—. Me hizo prometer que no hablaría de él hasta que el viaje estuviera acabado. Incluso a ustedes. Dijo que cada vez que lo hacemos, lo hacemos más duro para él. Me dijo que... cuando hacemos cosas como esas... como esa vez que lo espiamos cuando hablaba con Shander... lo lastimamos. Así que... ya no podemos ir a sus espaldas. Por lo menos hasta que estemos de vuelta en casa. ¿De acuerdo?
—... Oh —dijo Saura, mirando hacia abajo la puerta cerrada de la cámara de Lucario—. Está bien. De acuerdo. Pararé.
—Tú mismo lo dijiste —le recordó Char—. Incluso aunque no estuviste conmigo la primera noche en que perdió el control.
Si hay algo que necesitamos saber, él nos lo dirá. Pero ahora tenemos que estar de acuerdo con él. Eso fue lo que dijiste. Solo ahora tuviste un pequeño vistazo de lo que está pasando por debajo, ahora finalmente entiendes que algo anda mal con él. Y ahora estás preocupado justo como yo lo estuve todo el tiempo.
Saura parecía honestamente lastimado—. Lo siento —dijo él—. Supongo que tienes razón. Supongo que en realidad no lo entendía...
—Estoy diciendo que tenías razón —dijo Char—. Tenemos que confiar en él ahora. Estamos atrapados aquí, y él es el único que está para guiarnos. Tenemos que dejar que nos lleve a la Torre del Tiempo. Es... todo lo que podemos hacer.
La puerta crujió.
En un parpadeo, el equipo brincó a una fila y se puso firme. La peluda mano de Lucario apareció al borde de la puerta, empujándola. La puerta se abrió hacia el pasillo, revelando al Pokémon sin aura.
Sus ojos estaban entrecerrados. Estaba frustrado. Char reconocía su expresión; era la que acababa de ver cuando Lucario lo escrutó y lo descartó brutalmente en una esquina.
Scythe apareció lentamente detrás de él.
Char sintió que su corazón se hundió. La expresión en el rostro de Scythe era una que había visto antes. Era la misma que había visto en aquel pasillo en esa fatídica noche después de hablar con Alakazam.
Scythe estaba al borde del llanto. Honestamente parecía como si hubiera sido derrotado, como si hubiera fracasado en alguna tarea muy estimada para él. Mientras luchaba con todas sus fuerzas mantener su compostura, asumió una postura muy solemne, llena de vergüenza, humildad, y muda rabia.
Fue entonces cuando Char notó la mirada de suficiencia sobre la cara de Lucario, y cómo el Pokémon sin aura mantenía en alto su pecho mientras estaba parado al lado del Scyther.
—¿Les contarás tú, o debería hacerlo yo? —demandó Lucario de Scythe.
Scythe dio unos cuantos pasos al frente, viniendo a pararse ante el Equipo Ascuas. Exhaló un suspiro. Char, Saura, y Ray le dieron su indivisa atención.
—Habrá un quinto miembro en nuestra excursión a la Torre del Tiempo —anunció él, aunque con una voz baja—. Su nombre es Prince. Lo conocen como el Infernape que conocieron–y agredieron–más temprano hoy. Él nos acompañará en nuestro viaje.
¡¿Qué?!, exclamó Char en su mente.
—Prince es un habilidoso explorador de mazmorras —continuó Scythe—. También tiene experiencia navegando en Zerferia. Como un Pokémon que lleva fuego, será un buen acompañante para Char. En efecto, no hay excusas...
razonables... por la cual él no debería venir.
—Entonces, espera, espera —exclamó Ray—. ¿Podemos confiar en él? ¿Estará bien? ¿Él no nos lastimará o algo así?
—¿Confiar en él? Sí, adelante, confíen en él todo lo que quieran —dijo Scythe, casi frívolamente—. No tengo control sobre dónde colocan su confianza.
—No sé si han escuchado las leyendas, pero Prince es renombrado por su liderazgo —dijo Lucario, una sonrisa afectada extendida ampliamente en su rostro—. Hay pocos Pokémon mejores en quienes podrán confiar. Ahora... ¿hemos llegado a un entendimiento, Scythe?
—Lo hemos hecho, Su Excelencia —murmuró Scythe con poco entusiasmo.
—Bien —ladró Lucario, cruzando los brazos—. Tú sabes tan bien como yo que no tengo control real sobre lo que Prince decide hacer. Pero mientras residas dentro de mi fortaleza, estás bajo mis órdenes. ¿He sido claro?
—Sí, Su Excelencia —respondió Scythe.
—Muy bien, entonces —dijo Lucario—. Ahora que hemos dejado
eso en claro, podemos pasar a los asuntos que son de interés para ustedes.
Cerrando de un golpazo la puerta tras él, Lucario empujó apresuradamente a los Pokémon que lo rodeaban para pasar y continuó por el pasillo, haciendo señas para que lo siguieran todos.
—Él planeó esto —murmuró Scythe, dudando por solo un momento hablar con Char y sus amigos—. Debería haber visto esto venir. Lo tenía planeado mucho antes de que viniéramos, apuesto...
Negó con la cabeza. Una sonrisa se empezó a formar.
—... Y pensar que nunca lo sospeché —suspiró él—. Je, je... es lo que yo hubiera hecho, si estuviera en su lugar. Es exactamente cómo hubiera manejado las cosas yo mismo. Bueno, ¿quién lo sabría? Todos estos años después, y Prince finalmente aprende a planear veinte pasos por delante... hmm... Debería estar orgulloso de él.
Antes de que Char pudiera encontrar palabras con las que responder, Scythe se giró e hizo señas para que siguiera a Lucario.
... ... ...
Escaleras abajo, fueron, a las mazmorras.
Estas no eran mazmorras misteriosas, sin embargo... esta era una mazmorra verdadera, claramente diseñada para retener prisioneros en jaulas de acero. Siguiendo el ejemplo de Lucario, Char y su equipo descendió un empinado tramo de escaleras que estaba agrietado y esmerilado por el pesado sobreuso, hasta el punto en que casi se asemejaba a un túnel inclinado en lugar de una escalera. La luz se atenuaba a medida que descendían más y más, y el aire se volvió terriblemente cargado. De alguna forma, el aire se volvía de una temperatura más cálida y húmeda mientras iban, trayendo a Char algo de alivio tan necesitado... pero un horrible hedor, de moho mojado y podredumbre, flotaba en el aire desde abajo para acompañarlo. Char frunció el ceño cuando el hedor lo alcanzó. Le recordó vagamente a los Bosques Decadentes, la mazmorra misteriosa en un perpetuo estado de descomposición. De nuevo, agradeció a Arceus la consoladora manzana que permanecía hospedada en su vientre, previniendo que vomitara.
Huele como a cementerio aquí abajo, se dio cuenta Char.
En serio, en serio espero que no sea la razón de que se haya vuelto cálido...
Con un gruñido, Lucario separó dos puertas acribilladas de putrefacción, revelando un vacío de negra nada más allá. Un cálido aire sopló a Char en la cara, pero apestaba tan horriblemente que tuvo que sostener el aliento.
Lucario continuó como si nada pasara, como si lidiara con el hedor cada día de su vida y no viera razón para repararlo. Aunque tentado, Char decidió no cubrir su nariz, temiendo que pudiera ser considerado grosero o débil de él. En lugar de eso, optó por sostener el aliento y tomar ocasionales jadeos de aire cuando sus pulmones empezaban a dolerle. Recogió su cola con las manos a medida que se preparaba para seguir a Lucario en los pasillos a oscuras de las mazmorras de la División Esmeralda.
Las mazmorras eran muy amplias y espaciosas, como las escaleras mismas, capaces de acomodar a Pokémon de casi cualquier tamaño–y era claro, por el daño hecho a las piedras en el suelo, que lo hacía con frecuencia. Rasguños y arañazos las cubrían, y varias piedras fueron removidas completamente revelando la polvorosa base debajo. El aire permaneció muy denso y húmedo. Se hubiera sentido cómodo de otra manera; Char podía manejar la humedad pesada, concediendo que era lo suficientemente caliente, pero sus sentidos le decían que este aire era sucio. Se sentía contaminado, infestado con enfermedad... Se resistió el impulso de convulsionar de furia cuando gotitas de agua empezaron a condensarse por toda su caliente piel.
Pasando otro arco sin puerta, ingresaron a un complejo de pasillos con forma de cuadrícula. Empotrada en cada pared había una celda de retención, con cadenas de extraños y complejos aparatos de detención todavía esparcidas a través de ellas. Para el alivio de Char, vio que las puertas de barrotes ya no estaban ahí, indicando que la mazmorra en realidad ya no estaba en uso y repleta de cadáveres en descomposición. El metal había probablemente sido desechado y derretido. Pero el olor del decaimiento se volvió más repulsivo a medida que se internaban, y todavía no había fuente de luz de la que hablar aparte de la suya. Char se preguntó si Lucario conocía su camino por tacto.
Char atisbó movimiento. Un Rattata se alejó correteando en la oscuridad.
Sintiendo que algo frotaba su brazo, Char se volvió para ver que Saura se acurrucaba muy cerca de él, manteniéndose cerca de la luz que sostenía. Intercambiaron una silenciosa mirada de incertidumbre.
Otro corredor pasó, y había incluso más celdas en ruinas. Char empezó a pensar que la mazmorra se extendía por la longitud entera del Fuerte Esmeralda. Pero esta vez, algo interesante empezó a captar su vista: ¡no todas las celdas estaban vacías! Algunas contenían chirriantes estanterías de madera. Parecían estar a segundos de colapsar, pero de igual manera estaban surtidas con un buen número de cosas; pequeños sacos, cajas, y tabletas de madera estaban organizadas al azar en la mayoría de ellas.
—Eso es. Este debe ser el área de almacenamiento de la división —susurró Saura—. Tiene que ser.
—Buena suposición, pero no —espetó de repente Lucario—. Este es
mi almacén. Presto este espacio para nadie más que mi equipo. Es el lugar más seguro en la totalidad de la fortaleza. Está equipado para ser cerrado si estuviéramos bajo ataque. Si el Maestro invadiera la fortaleza, él no podría robar fácilmente mis posesiones más preciadas.
Char parpadeó. ¿Estas eran sus posesiones más preciadas? Escaneó las unidades de almacenamiento que pasaban, pero nada parecía que tuviera mucho valor; había rocas irregulares–¿piedras rúnicas, tal vez?–una esfera o dos, algunos troncos de madera con la corteza tallada, algunas chatarras metálicas con formas raras...
Un ojo centelleó desde la esquina más alejada de la celda. Char entrecerró los ojos para ver a un grupo de media docena de Rattata, todos apretujados en un círculo. Estaban rodeando algo, caminando sobre él, escarbando en él con sus dientes... Dándose un festín... Char se concentró en la visión e intentó determinar qué era, pero rápidamente deseó no haberlo hecho.
Era el cadáver de un Raticate.
Char desvió la mirada. Soltó el aire contenido, y se encogió a medida que inhalaba otra bocanada del húmedo y pútrido aire.
Toc-toc, toc-toc...
El sonido del hueso púa de Lucario golpeando una superficie de madera asustó a Char. Se dio cuenta de que el pasillo de la mazmorra había terminado, y una puerta cerrada yacía ante ellos. La puerta era grande y estaba medio erosionada justo como las otras que había visto, pero parecía lo suficientemente robusta para mantenerse de pie en los años venideros.
—¿Sí? —respondió una voz amortiguada desde el otro lado.
—Tengo invitados —anunció Lucario con aspereza.
El sonido de pies siendo arrastrados pudo ser escuchado desde detrás de la puerta por un momento. El pestillo fue levantado, y la puerta se abrió con solo un crujido. Un torrente de brillante luz amarilla fue echado a través del tenebroso pasillo de la mazmorra, pero fue rápidamente bloqueado por la sombra de un Pokémon que se asomó por la apertura.
—Oh... Estás de vuelta —respondió una muy grave y profunda voz, incluso más profunda que la de Lucario o la de Scythe—. ¿Qué hay del Distrito Cuatro?
—Ha habido un cambio de planes —dijo Lucario—. Zahira volvió temprano. La mandé en mi lugar.
—Oh —respondió el Pokémon.
La puerta se abrió en su totalidad, lanzando la brillante luz de nuevo a los negros pasillos. Un muy enorme Electivire de aspecto mayor llenó el umbral.
—Scythe —gruñó el Electivire con sorpresa—. Todavía sigues vivo.
—A duras penas —respondió Scythe alegremente.
—No te había visto en un muy largo tiempo —dijo el Electivire—. Hmm. Es bueno saber que mi generación todavía no ha desaparecido... Bueno, no solo se queden en la mazmorra. Pasen.
La gigante bestia eléctrica se apartó para dejar entrar al grupo, y Char fue casi cegado por la brillantez. La base entera, e incluso en las tierras periféricas más allá, era siempre tan severa con sus ojos; necesitaría un minuto para que se ajustaran a algo tan brillante como un día de verano en la cima del Gran Altiplano. Ingresó con cuidado, siguiendo el ejemplo de Scythe...
Una nueva ráfaga de aire caliente lo golpeó en la cara a medida que atravesaba la puerta. Pero esta vez, no olía turbio, mezclado con decaimiento... esta vez, olía puro y fresco, como estar en un bosque durante una tarde agradable de primavera. Cerró sus ojos e inhaló profundamente el precioso nuevo aire. Cuando los abrió de nuevo, la visión tuvo sentido para él.
Era un jardín. Cuatro columnas de tierra fresca yacían en plataformas elevadas, extendiéndose en longitud en un salón largo, alto y con forma de bóveda. Desde ellas brotaban verdes arbustos que llevaban todo tipo de cosas coloridas y comestibles. Bayas aranja, bayas safre, tomates, y muchos otros cultivos que no podía ni empezar a reconocer, como extraños vegetales como rábanos que crecían en el extremo de largos tallos, y diminutas bayas blancas que parecían perlas de Cloyster. Muy por sobre ellos, varias llameantes esferas blancas de solroca estaban suspendidas del techo por cadenas.
—¡Es un invernadero! —exclamó Saura—. ¡No me extraña que sea tan húmedo aquí abajo! ¡Vaya! ¡En verdad hicieron un invernadero subterráneo! ¡Esto es asombroso!
Char sonrió. Podía decir que Saura estaba realmente feliz, y él lo estaba también. Por primera vez en ese día, la División Esmeralda había mostrado algo para impresionarlo realmente. Estaba bien iluminado. Estaba bien organizado, y era hermoso en cierto sentido. Y, lo mejor de todo, ¡en verdad era cálido! Suspiró una y otra vez, tratando de enjuagar el horrendo sabor de la mazmorra y reemplazarlo con el reconfortante aroma de este asilo subterráneo.
—Mi habitación favorita de la fortaleza, debería agregar —le contó Lucario a Saura—. Pero no cultivamos productos aquí abajo solo para acumularlos. Esta morada está diseñada para que pueda sustentar la vida de cincuenta Pokémon por veintiocho días, debiera la necesidad presentarse para un encierro... Yo, disfruto usándolo como habitación de planeamiento con mi equipo, y bajo circunstancias normales, nadie más está permitido bajar aquí. De cualquier forma, con eso aparte, me gustaría presentarles a Tesla, una de mis confidentes. Ella es mi especialista en relaciones diplomáticas. También es hábil en la lectura y la escritura. Ella entiende Unown, y también es una respetable arquitecta que está constantemente ayudando a mantener esta misma instalación.
—Bienvenido de vuelta, Scythe —dijo Tesla cálidamente—. No voy a estar esperando formalidades de ti. Y estos acompañantes tuyos... ... Espera. Aguarda un momento...
¿Rautzen?
La Electivire entrecerró los ojos extrañada hacia Ray. Ray pareció azorado.
—Oh... ¡oh! ¡No! —se rio Ray nerviosamente—. ¡No! Soy su hermano, la verdad. Su hermano menor.
—Aaaah, no es de extrañar —zumbó Tesla—. Iba a decir que tienes un asombroso parecido con el viejo compañero de Scythe... pero tus franjas son diferentes. Deberías estar orgulloso de tener a Rautzen como hermano. Él era un muy buen Raichu. Tenía un don para la compañía. Siempre hacía que todos nosotros Pokémon a su alrededor nos sintiéramos como guerreros legendarios.
—Fue un golpe duro para nuestro equipo cuando nos dejó —mencionó Scythe, ojeando a Ray mientras hablaba—. Aunque, pensaba que de seguro nunca vería a un guerrero de su tipo otra vez. Pero hoy en día, veo que eso puede cambiar.
El rostro de Ray empezó a brillar. Por solo un momento, se olvidó de toda su preocupación, un efecto que comenzó a extenderse a sus amigos.
—¡Oh, sí estoy orgulloso! Créame —dijo Ray, sonriendo—. No lo conocí muy bien, pero he escuchado tanto sobre él. Espero que algún día pueda ser tan bueno como él.
—Si lo haces, ese día será uno muy feliz para tu generación —dijo Tesla—. El mundo necesita más vibrantes pequeñas chispas como él. Apuesto a que puedo pasarme todo el día contándoles sobre mi experiencia con él... Pero, están aquí por una razón. Lucario no parece demasiado paciente por el momento.
—En efecto, estamos aquí por una razón —dijo Lucario, mirando hacia el fondo de la habitación donde había varias mesas cubiertas de papeles—. Muéstrales la información sobre la Torre del Tiempo.
—Aaaah —suspiró Tesla comprendiéndolo—. ¿Así que
estos son los que se van a la torre? ... Ah. En seguida.
La vieja Electivire se movió y empezó a alejarse pesadamente. A medida que lo hacía, su mano enganchó una brillante baya roja de un arbusto cercano.
—¿Tienen hambre? —dijo ella, presentando la fruta para reivindicarlo—. Sírvanse. Tenemos una buena cosecha este año.
—Vaya, la verdad no —respondió Char—. Pero ojalá la tuviese.
Gruñendo con indiferencia, la Electivire lanzó la baya en su propia boca.
... ... ...
Pasada el área del invernadero, había algo como una oficina moderadamente atestada. Char supo que era el área de planeamiento del Equipo Arrepentimiento.
Sin perder tiempo, Lucario, Scythe, y Tesla se reunieron alrededor de la mesa más amplia de la habitación, a la cual Char solo podía asomarse si se paraba de puntillas. Cubriendo la superficie estaban varios pergaminos de diferentes formas, tamaños, y lenguajes; los ojos de Char se dispararon de un tosco mapa de Zerferia, a unas cuantas notas garabateadas en un extraño tipo de escritura, a listas que habían sido compuestas con letras Unown. Se sintió bien para Char ver algo de escritura Unown por una vez, aunque no pudiera leerla con facilidad; parecían más sus homólogos íconos que un manuscrito real.
—Lucario realmente nos ha puesto a trabajar en estos últimos días —dijo Tesla, barajando algunos papeles por la superficie de la mesa—. He repasado muchos registros viejos. Tuve que refrescar mi Unown. Pero aquí, creo que he acumulado tanto como pude.
—Y lo haces sonar como si yo no formé parte en esto —gruñó Lucario—. Mis ojos me duelen de tanto leer sobre la torre. Ahora... primera orden del día. Esto.
Lucario presentó a Scythe una tabla de algún tipo. Estaba cubierta de runas huella, números, y pequeñas manchas de tinta que parecían poder tener una forma significativa. Char la estudió, aunque no pudo entender una sola palabra de lo que significaba.
—Una lista de todos los Pokémon con quienes se enfrentarán en la Torre del Tiempo —anunció Lucario, empujando el papel ante él—. Todos los libros de historia que datan desde los Albores de Ambera parecen coincidir unos con otros, así que esta es una lista definitiva. A menos que, por supuesto, la reciente anormalidad de la mazmorra misteriosa que la ha tragado haya afectado esto, no debería haber cambiado.
Los ojos de Scythe repasaron el papel—. Hmmm —murmuró él—. Solrock. Lunatone. Bronzor, Bronzong. Salamence. Hmm... Metagross.
—¡¿Metagross?! —repitió Char en voz alta—. ¿En serio?
—Vaya... ¿tendremos que pelear contra Metagross? —reverberó Ray casi al mismo tiempo.
—¿Cuál es el problema? —dijo Lucario, apenas sonriendo satisfecho—. ¿Se muestran reacios a la idea de pelear con un clon del comandante de su división?
—Sí —admitió Char—. Nuestro Metagross es poderoso, también. Digo, nunca lo he visto pelear, pero no creo querer.
—Los Metagross serán la menor de sus preocupaciones —advirtió Lucario—. Un Salamence enfurecido, por otro lado, es una fuerza a la que hay que tener en cuenta. Nunca he derrotado a uno, y en toda mi vida, solo he presenciado la caída de uno en batalla.
—Gracias —dijo Scythe—. Esto ayudará en gran manera. Nos prepararemos para contrarrestar a estos enemigos.
—Aunque, eso es solo hablando de la torre —dijo Lucario—. A través de Zerferia misma... No puedo imaginar que se encontrarán con otra forma de vida de algún tipo, pero si lo hacen, será con toda seguridad del tipo que vive en el hielo, y con toda seguridad pertenecerá a la familia de Swinub o Snover. Los Glaceon disfrutan del clima de aquí, pero ninguno se ha instalado pasado el borde al norte. Y si el destino dicta que se encontrarán con algún Pokémon sentiente que ha elegido desterrarse de la sociedad y morar allí, sería un Sneasel, Weavile, o Lucario. Nunca he conocido a otra especia que lo haya intentado.
Lucario hablaba con rapidez, como si esta reunión fuera una obligación de la que intentaba deshacerse con prontitud, y era difícil para Char no rezagarse mentalmente. Esperó que Scythe estuviera prestando más atención que él.
—Nadie se ha atrevido a acercarse demasiado a la torre, pero hemos estudiado el terreno y tramado un camino que podrán tomar —continuó Lucario, indicando a Tesla que pusiera los papeles pertinentes encima del montón, incluyendo un toscamente dibujado mapa de Zerferia—. Deberán cruzar las Montañas del Arrepentimiento. Tras ella yace la Torre del Tiempo. En el primer día, deberían viajar a través de esta llanura. En este camino, no deberían encontrar a otro enemigo además del viento. En el segundo día, arribarán a este canal temprano en la tarde. Los Halcones del Cielo reportan que la corriente en chorro no está en esas cercanías, pero si los vientos cambian y crean una desviación en el canal, no sobrevivirán ahí, así que pongan el pie en el acantilado. Hay una cueva aquí en la que pueden refugiarse en la noche; se mantendrán vivos con facilidad durante la noche si son capaces de encender un fuego. En el tercer día, el camino se curva hacia el este...
Char podía decir que Lucario estaba hablando en mayor parte a Scythe ahora, y esperó que Scythe estuviera encomendándolo todo a su memoria, porque no había forma en la que él podría. Aunque, tuvo que estremecerse por la forma en que Lucario describía la excursión; la forma en que continuaba diciendo “Se mantendrán con vida si...” no ayudaba a su confianza.
Lucario continuó describiendo la travesía con moderados detalles, y cuando concluyó, alegó que la caminata tomaría seis días.
—Seis días —susurró Saura con un pequeño estremecimiento—. Eso es un tiempo terriblemente largo para una caminata tan corta. ¿Te das cuenta que la caminata desde la base hasta los Barrancos Grabadores es más larga que esta?
—Zerferia es dura de navegar, aparentemente —murmuró Char.
—Esto es todo muy bueno —dijo Scythe de buena gana—. Pero... ¿qué hay de los otros problemas? ¿Han investigado algo sobre La Llamada? ¿Y qué hay de Dialga? ¿Cómo podemos esperar que el dragón temporal nos trate?
Lucario no respondió de inmediato. Frunciendo el ceño, se enderezó y sostuvo sus manos en la espalda. Tesla le lanzó una mirada errante, como si no supiera qué esperar que él dijera.
—Las leyendas son poco concluyentes —finalmente replicó—. Muchos han implorado la ayuda de Dialga antes en varias ocasiones a través de la historia. Tanto Pokémon como humanos la han escalado, en donde sea que llegaba a aparecer, esperando que la cólera de Dialga lloviera sobre sus enemigos. Algunos registros indican que el dragón del tiempo consintió. Otros... se descarrilan, dejando de hablar del asunto de nuevo, dejando el curso de la historia sin cambios. Y aún otros... hablan sobre una bestia primitiva y enfurecida... terca, reacia, despiadada, en cuyos sordos oídos los ruegos de mortales han caído...
Yo no, se dijo Char, ni siquiera apoyando el considerar esa alternativa.
No... yo no... ¡Dialga está de mi lado! ¡Él me va a escuchar!
—¿Y la Llamada? —imploró Scythe—. ¿Han aprendido alguna cosa sobre ella?
Otra vez, Lucario titubeó en responder. Pareciendo muy disgustado, se paseó hasta el otro extremo de la mesa, su mirada fija en sus contenidos.
—Scythe, sabes tanto de la Llamada como yo —suspiró Lucario—. Hemos pasado por todo esto antes, ¿no lo recuerdas? ¿No recuerdas la
última vez que esto sucedió? Sabemos tanto de la Llamada como sabíamos entonces.
—Y Arceus sabe que no sabíamos mucho —agregó Tesla.
La forma en que lo dijo causó que un escalofrío ascendiera por la espalda de Char.
—Lo... entiendo —dijo Scythe, asintiendo con respeto.
—Ese era tu objetivo y propósito entero, ¿no es así? —demandó Lucario, su voz repentinamente enérgica—. Esperar que Dialga te dijera lo que todos anhelamos saber. Esperar que vea adecuado contártelo, ¿en lugar de hacer caso omiso de ti por ser una molestia y removerte de la línea de tiempo? Tú y yo, ambos hemos visto con nuestros propios ojos, la cólera de un Legendario... ¡¿Y aún, todavía presionas que este asunto, como el porfiado y terco Scyther que eres, es nuestra gracia salvadora, cuando en lugar de eso podría causar diez, veinte, cincuenta veces el daño que el Maestro podría siquiera tener la esperanza de hacer?!
Esta vez, fue Scythe el que no respondió. Char tuvo la impresión de que no se suponía que lo hiciera.
Lucario cerró los ojos y suspiró, como si se estuviera tomando un breve momento para meditar. Su enojo pareció disminuir.
—Es cierto que... esta vez... es la primera vez que la Llamada ha sido lo suficientemente poderosa para convocar a uno de la Trinidad, por lo menos en la historia moderna —dijo Lucario, algo de humildad ahora en su voz—. Nosotros... estamos pisando terreno nuevo, a este respecto, y como estoy seguro de que sabes, no puedo decirte qué tipo de destino está a la espera de ustedes en la torre, o en la cima de su aguja. Quizá tengas razón. Quizá Dialga acuda a nosotros. Pero... sin saltar a la oportunidad, nunca sabremos con seguridad. Es por eso que... hay algo que he decidido darles.
Tesla colocó un pequeño saco de lana en la mesa ante Lucario que pareció haber sacado de un colgadero cercano. Un
tink sonó desde adentro.
—No tengo otra alternativa que otorgarles estos a ustedes —dijo Lucario, indicando la bolsa con algo de respeto—. No retendría estos tesoros de un esfuerzo tan significativo como el que hacen ustedes. Pues, si al final de todo esto, el esfuerzo ha de tener éxito... es el único propósito de mi vida, como ha sido el de mis antepasados, el destronar al Maestro a toda costa. Estaría deshonrado saber que no he contribuido. O... saber que ha fracasado porque no invertí lo suficiente.
Los ojos de Char relucieron cuando ojeó la bolsa, preguntándose qué clase de obsequio nuevo y maravilloso este sería. ¿Era algo que Alakazam
no les había dado ya? Le habían dado tantos obsequios que era difícil asimilarlos todos.
Lucario desató apresuradamente el saco, enterró ambas patas en su interior, y levantó un objeto peculiar.
Era pequeño, circular, y destellaba en la luz solar artificial. Era una joya, hecha de un liso metal color crema. Tenía la distintiva forma, y tamaño también, de un huevo. Adornando el huevo estaban dos decoraciones parecidas a alas de ángel. Tenía algo grabado en el centro, asemejándose a algún tipo de diminuta impresión de pata.
—Emblemas de rescate —soltó Scythe—. Nos está dando emblemas de rescate. Su Excelencia... creo que acaba de exceder a la generosidad de Alakazam.
—¿Esperabas lo contrario? —se rio Lucario entre dientes, colocando la insignia sobre y la mesa y sacando otra justo igual—. Mi linaje ha existido desde los inicios de la resistencia. Comparado al del Bastión de Rayquaza, la bodega de Alakazam no contiene nada en manera de verdaderos tesoros.
Char observó cómo Lucario sacaba dos, tres, y finalmente cuatro de los emblemas, alineándolos en una fila sobre la mesa. Vio cómo Lucario los manipulaba con gentileza y reverencia, y cómo Scythe apenas podía abstenerse de quedar boquiabierto ante la visión de los mismos.
—Discúlpenme por preguntar, ¿pero qué son emblemas de rescate? —inquirió Ray con docilidad—. ¿Hacen algo en especial?
—Son reliquias de una época pasada —dijo Tesla con afecto—. De durante el apogeo de las mazmorras misteriosas, cuando los Pokémon se dieron cuenta de qué clase de tesoros y aventuras las mazmorras guardaban para ellos... No sé tú, hoy en día las mazmorras misteriosas están esparcidas por todo el mapa como un campo minado. Esto era antes cuando eran lugares escondidos, solo en las fisuras más secretas... Así que muchos Pokémon se aventuraban en ellas, pero encontraban que era difícil salir. De hecho, tantos se quedaban atascados en ellas y tenían que ser rescatados, que se estaba volviendo una epidemia en los equipos exploradores. Así que... diseñaron estas.
—En una palabra, son unos salvavidas —le contó Lucario a Ray y al resto de su equipo—. Desde el momento en que entran a una mazmorra, la insignia trazará un camino de vuelta a la entrada. En cualquier momento, puede llevarles de vuelta allí, y liberarles instantáneamente de una vida de cautividad en el interior de la mazmorra. Como las Esferas Mágicas, solo necesitan que se les pida asistencia. También funcionará tras la pérdida del conocimiento, para que no quedes atrapado para siempre en una mazmorra de la que no puedes escapar.
—Caray, ya me gustaron —dijo Saura con sorpresa—. Espera. ¿Así que esto significa que... ya no necesitamos Fugaesferas? ¿Estos tomarán su lugar?
—No lo entiendes —dijo Lucario con fuerza—. Si llevan estas, nunca necesitarán preocuparse sobre quedarse atrapados dentro de una mazmorra misteriosa. Pero... para usarlos, el efecto sería el mismo que como si hubieran sido expulsados normalmente. La mazmorra todavía se tragaría sus preciosos suministros.
—Oh —dijo Saura, solo un poco decepcionado—. Bueno, eso todavía es bueno, supongo. No quedarse perdido para siempre en la Torre del Tiempo es algo bueno...
—Eso no es todo —habló Scythe—. Si activas una Fugaesfera, esta reaccionará con las insignias, y te llevará a la entrada de la mazmorra, con todo y suministros. Nunca los he usado por mi cuenta, nunca había puesto mis manos encima de uno hasta ahora. Pero he escuchado historias de cuán convenientes son. Una oportunidad de escape instantánea. En las mazmorras más crueles, ofrecen paz mental más allá de la comparación.
—¡Ah! ¡Eso es
realmente bueno! —vitoreó Saura—. ¡Estos harán que me sienta
mucho más seguro!
—Estos son tesoros preciosos —dijo Scythe—. Más valiosos que una Semilla Revivir. Porque, incluso si te quedas sin Semillas Revivir, el emblema todavía sería capaz de salvarte la vida.
—Es una lástima que sean tan raros ahora —suspiró Tesla—. Hubo un día en que cada miembro de todo equipo de exploración tenía uno. Luego averiguaron la falla en el diseño.
—¿La falla en el diseño? —repitió Saura—. ¿Se podría saber?
—Es gracioso, si lo piensas —dijo Tesla con una sonrisa—. Pero los equipos exploradores encontraron un problema con la forma en que las insignias funcionaban. Verás, si estás dentro de una mazmorra misteriosa, y accidentalmente dejas caer la insignia en el suelo... esta pensará que te has desmayado, pero en lugar de escapar de la mazmorra por su cuenta, desaparecerá instantáneamente, para nunca ser vista de nuevo. Tragada por la anomalía.
—Incluso más chistosa es la causa detrás de eso —habló Lucario—. Yo ciertamente reí cuando escuché la teoría. Aparentemente, cuando dejas caer la insignia al suelo, de repente esta cree que la
tierra misma es su portadora... esto la confunde tanto, que se teletransportará a sí misma al espacio exterior.
Scythe rio entre dientes—. Eso es... absolutamente ridículo —dijo él—. No es de extrañar, todas desaparecieron de la faz de la tierra. ¡En el sentido literal! Con tantos Pokémon tan torpes paseándose en las mazmorras, las pobres cosas nunca tuvieron oportunidad alguna.
Scythe rio de nuevo, y los otros Pokémon mayores se le unieron. Char, sin embargo, no lo hizo. En lugar de eso, sus garras se sintieron de repente muy débiles y empezaron a temblar. Una vívida visión parpadeó ante sus ojos, de tropezarse con una piedra y hacer que la insignia se resbalase de sus torpes dedos, haciendo que desapareciese... y luego hacer que Saura, o Ray, o Scythe ofreciesen la suya y arriesgasen sus propias vidas, arriesgándose a la posibilidad de permanecer atrapados en la Torre del Tiempo, solo para su bien...
—Sí, un día, el sol se alzó, y solo quedaban alrededor de veinte de ellos en el mundo conocido... —dijo Lucario—. Y no hay Pokémon que exista que entienda lo suficientemente bien su funcionamiento para manufacturar un nuevo lote. Así que... son más raros que un avistamiento de Mew. Por favor, atesórenlos. Sujétenlos con firmeza. Son suyos por la duración de la misión. Apreciaría que los devolviesen cuando hayan acabado, pero si la torre se los traga, o si tienen la intención de quedarse con ellos por cualquiera sea la razón, que así sea.
—Le agradecemos, Su Excelencia, por este gran obsequio —dijo Scythe sinceramente—. No nos apropiaremos de ellos. Los retornaremos a usted si es posible.
Luego, Lucario sacó algo más de la bolsa. Era un montón de tela apilado, dobladas pulcramente en triángulos–pañuelos. Cada pañuelo era de un color verde profundo. A través de las superficies, bordada con brillantes hilos dorados, estaba la figura de Rayquaza, su largo cuerpo serpenteante enrollándose por el borde hasta que su boca estaba preparada para morder su propia cola. Lucario las colocó junto a las insignias en la mesa, cuatro en total.
—Esto levantará nuestra reunión por ahora—dijo Lucario—. He hablado todo lo que sé por el momento. Les deseo la mejor de las fortunas en su viaje, justo como su propia división habrá hecho varias veces.
—Hmm —dijo Scythe extrañamente—. Estos... emblemas... no le pertenecían originalmente a usted, ¿verdad?
—¿Por qué lo preguntas? —retornó Lucario—. No, no al principio. Pero eso no tiene importancia.
Scythe no respondió. Continuó mirando fijamente las insignias, considerando algo sobre ellas.
Habiendo finalizado con sus asuntos oficiales, el comportamiento de Lucario cambió justo entonces. Hizo caso omiso de la mesa, cruzó los brazos, y levantó la mirada a los ojos de Scythe. Scythe todavía parecía con intención de estudiar los emblemas.
—¿Qué? —demandó Lucario—. ¿Hay algún problema?
—No tiene importancia —replicó Scythe, aunque era difícil de decir si era una respuesta honesta o solo la divagación de otra idea atascada en su cabeza—. No tiene importancia. No es... nada.
—Yo sé nada cuando lo veo, y eso no lo es... —le contó Tesla, desapareciendo a medida que iba a rellenar algunos de los papeles en un libro.
Lucario se rascó el mentón y gruñó, paseándose hasta rodear la mesa.
—
Sí hay otro asunto que me gustaría sacar a flote, mientras estamos aquí —dijo Lucario—. El asunto... de tu insubordinación.
Char tuvo que hacer una mueca. ¿Hablaba en serio?
Scythe arrancó su mirada de los emblemas y miró con fuerza al Pokémon de pelaje azul, pero no dijo nada.
—Vienes a mis dominios, te aprovechas de mi hospitalidad, ¿y luego demandas cosas de mí? —Lucario habló en un tono muy extraño y condescendiente que sonaba medio irónico—. ¿Me amenazas... con tus
cuchillas? ¿Me tratas como a un servidor inútil?
—Su Excelencia, en el caso de que no me haya escuchado la primera vez, me disculpo —murmuró Scythe.
—Te escuché la primera vez —dijo Lucario—. Pero... ¿qué? Yo
sé que hay un problema subyacente aquí. No seré un telépata, pero veo que estás tenso.
Scythe negó con la cabeza—. Estoy a punto de confrontar a Dialga en las tierras norteñas, ¿y espera que no esté tenso? También todavía estoy intentando asimilar el hecho de... tener a Prince en nuestra compañía... ¡Discúlpeme por no haberme tomado el tiempo de incluirlo a
él en mis planes!
—Si me preguntas, tú
no estás en condiciones de guiar Pokémon en ninguna clase de misión —dijo Lucario con rudeza—. No estás listo. Tu mente está nublada.
De nuevo, Scythe no dijo palabra alguna.
—Tensión en el corazón de uno es obstáculo para una mente clara —le contó Lucario, hablándole condescendientemente a pesar de ser casi medio metro más bajo en estatura—. Y sin una mente clara, uno a menudo se encuentra... incapaz de hacer buenas decisiones. ¿Estoy en lo cierto?
—Sí, Su Excelencia, está en lo cierto —dijo Scythe casi sarcásticamente, bajando la mirada a la mesa.
—Entonces, el mejor curso de acción sería aliviar esta tensión de tu mente, ¿no es cierto? —habló Lucario—. Desde que te estás quedando aquí en mi tierra, tengo dominio para comandarte. Por lo tanto, por tu incapacidad de refrenarte, te sentencio a dos horas al poste de flagelación. Tu grupo podrá acompañarte si lo deseas.
El aliento de Char se detuvo. ¿Qué era esto? ¿Scythe iba a ser
azotado por su insubordinación?
—Gracias —dijo Scythe, sorprendiendo a Char con su repentina calma y humildad—. Tiene razón. Lo necesitaré. Creo que todos lo necesitamos.
... ... ...
Minutos más tarde, Char y su equipo habían sido despachados por Lucario. Habían salido del jardín a la mazmorra y de vuelta escaleras arriba, siguiendo a Scythe. Char todavía estaba con los ojos como platos ante la mención de la flagelación, pero Scythe parecía estar tomándolo muy bien. De hecho, estaba sonriendo.
—Hace mucho tiempo, esta fortaleza fue alguna vez un baluarte de guerra —explicó Scythe a medida que guiaba al equipo a través de más pasillos, pasando a un par de Pokémon vagando por el complejo—. Y, siendo tal lugar, necesitaban... ciertas instalaciones, como lugares para encerrar prisioneros, y también lugares para... torturarlos.
En unos cuantos momentos, habían llegado a algún tipo de vestíbulo que se asemejaba al interior de la entrada principal por la que habían entrado en un principio, aunque solo había un conjunto de puertas. Scythe empujó con fuerza en los remaches de la puerta, y con un fuerte crujido, cedió y empezó a abrirse.
Aire frío y una intensa luz entraron a raudales. La puerta llevaba afuera.
—El Poste de Flagelación —dijo Scythe, manteniendo abierta la puerta.
Char fue reacio a asomarse afuera, la fuerza del frío viento golpeándolo en la cara y ya haciendo que extrañase la maravillosa temperatura del jardín escondido. Desde la puerta, un tramo de escaleras descendía al nivel del suelo, y un considerable patio con forma cuadrada se abría. El suelo era de la misma dura y estéril tierra que se extendía en las Afueras de Esmeralda, pero en el centro del patio, un par de figuras sobresalían del piso. Una, en particular, era un pilar muy grande y acho que no sostenía nada sobre sí, casi asemejándose a los inservibles pilares decorativos que se asentaban cerca de la entrada principal. Se alzaba sobre una pequeña pirámide de escaleras. Char pudo decir inmediatamente para qué servía: Pokémon debían ser impotentemente atados a él para ser torturados. Alrededor de su base, parecía que un pequeño vertedero se había acumulado. Había pilares rotos, rocas, varias piezas de arquitectura...
—Ya no es un lugar de interrogación, pero todavía uno de sufrimiento —continuó Scythe—. Este es el patio de entrenamiento del Bastión de Rayquaza. Ellos vienen aquí con regularidad para entrenar, hacer ejercicio, meditar en el frío viento...
—Entonces... ¿
no estás en problemas? —respiró Char—. Lucario solo quería que hicieras ejercicio... oh, vaya. ¡Me asustaste! ¡Pensaba que él haría que te ataran y te azotaran!
—También yo —admitió Ray—. ¡Estaba tan confundido!
—Bueno, para ser honesto, Lucario tenía razón en todo sentido —dijo Scythe—. Los cuatro de nosotros no empezamos con el pie derecho cuando aterrizamos aquí. Yo, en particular... no me he estado sintiendo bien, y eso ha afectado mis palabras y acciones. Por eso, lo lamento. Pero vamos, desgastémonos un poco, y veamos si eso no nos aclara las mentes.
Se sintió raro descender aquellas escaleras hacia el puesto de tortura. Char sintió como si fuera un niño corriendo al patio de juegos, aunque todos los juguetes fueran varios pedazos estropeados de piedra labrada. La verdad era que
sí se sentía ansioso. No tenía hambre, no estaba cansado, y ciertamente estaba lleno de energía por estar sentado todo el día, tanto en la espalda de Zahira como en los pasillos de la división. Si era por algo, es que había estado absolutamente nervioso en aquel lugar. Tenso. Char sonrió, su pulso acelerándose, a medida que anticipaba el liberar su tensión. Su fuego aumentó, ayudándolo a ignorar el intenso frío que solo empeoraba a medida que el cielo se oscurecía durante el curso del día.
Scythe pausó justo enfrente al poste de flagelación. Se estremeció, relajando sus músculos mientras sus ojos seguían al pilar hasta su cumbre.
—Dos horas —dijo él—. Comencemos.
Scythe tomó un repentino aliento, hizo zumbar sus alas, y arremetió contra el poste.
¡Clank! ¡Clank! ¡Clank! ¡Clank!
Empezó a acuchillar al poste en un frenesí, probando la forma de su ataque, emitiendo gruñidos de esfuerzo a medida que lo hacía. Sonidos metálicos, arañazos y chirridos eran emitidos de su asalto al pilar, como si fuera un campo de batalla entero repleto de guerreros en combate. Continuó por un minuto completo, dándole al esfuerzo su completa atención. Su velocidad nunca dejó de sorprender a Char, siempre era imposible intentar captar algo de él a simple vista mientras atacaba a su objetivo.
Aunque desgarraba el pilar, asechándolo desde todas direcciones, a veces llegando hasta arriba para cortar cerca de la cima, el pilar no recibía mucho daño visible. Era robusto. Cada arañazo que Scythe colocaba en su superficie parecía que ya pertenecía allí en primer lugar.
Terminó, sin embargo, cuando Scythe lanzó un grito de batalla a todo pulmón y se abalanzó hacia la base del pilar, hundiendo su cuchilla derecha en la remachada piedra tan fuerte como pudo.
Un sonido diferente y agudo se elevó de aquel último golpe.
Scythe retiró su cuchilla.
La abolladura en su cuchilla se había agrandado. Ahora se asemejaba a una mella en la forma del arma. ¡La fina y afilada cuchilla del Scyther estaba agrietada! La inspeccionó con disgusto, deslizando su otra cuchilla a lo largo del borde hasta que sintió que se enganchaba con la abolladura.
—No he estado comiendo suficiente hierro —murmuró Scythe.
—Eso no lastima, ¿o sí? —le llamó Saura alarmado.
—Lastima a los ojos, sí —respondió Scythe sombríamente—. Lastima a mi desempeño en batalla, sí, incluso más. Lastima a mi orgullo... más allá de todo. Pero es algún tipo de aleación sólida de metal y hueso. Sin nervios. Justo como tus cepas.
—Espera, ¿e... eso se curará? —preguntó Ray con consternación—.
Sí puedes regenerar una cuchilla, ¿verdad?
—Por supuesto —dijo Scythe—. Si no pudiera, probablemente tendría cáscaras vacías en lugar de brazos ahora. Eh, tomará un buen mes para que esta retorne a la normalidad, a este ritmo. Pero puedo afilarlas ahora, y eso tendrá que servir. No sabía que las había dejado tan endebles. ¡De todas formas!
Scythe bajó su cuchilla dañada a un costado, ignorándola. Se giró para mirar a Char en los ojos.
—¡Ahora! —llamó Scythe, poniendo energía detrás de su voz—. Lucario nos contó qué tipos de Pokémon enfrentaremos. Debemos prepararnos para ellos. Muéstrenme si saben cómo contrarrestarlos a todos. ¡Char!
Scythe indicó el Poste de Flagelación.
—¡Este pilar es un Salamence! —ladró Scythe—. ¡Nos está atacando! ¡Tú eres el líder del equipo, Char! ¿Cuáles son tus órdenes?
Char se puso en su postura de batalla. Su mente se aceleró.
—¡Un dragón! —exclamó Char—. ¿Qué derrota a un dragón?
—Ataques de hielo, u otros dragones —recitó Saura—. ¡Pero no tenemos nada de eso!
—Y resiste todos nuestros tres elementos —dijo Ray—. ¿Qué hacemos? Espera, ¡usaré el ataque que la MT me enseñó! ¡Onda Certera! ¡Iiaaah!
—¡Espera, no! —aulló Char, deteniéndolo antes de que el ataque empezara—. ¡Eso no funcionará! Salamence no es solo un dragón. Tiene también las fortalezas y debilidades de un pájaro. Eso significa... ¡Ray! ¡Golpéalo con un rayo! Sorpréndelo desde el costado para que se distraiga. ¡Saura! ¡Quédate atrás y lánzale ese ataque fangoso! ¡Yo atacaré!
El trío atacó, lanzando sus mejores ataques al fingido dragón. El aire chisporroteó y destelló con poder cuando Ray descargó un rayo, Saura lo duchó con una sustancia venenosa desde lejos, y Char corrió directo hacia él, su garra brillando con intensidad a medida que brincaba subiendo los escalones.
Char sintió cómo sus garras se enterraban con ligereza en la piel del pilar. Le satisfizo sentir tal dominio sobre el elemento de roca por una vez. Blandió sus brazos adelante y atrás, cortando al pilar con furia, justo como Scythe había hecho momentos antes.
*¡Tak!* Char fue golpeado en la frente. Cayó rodando por las escaleras, derrapando hasta detenerse dolorosamente. Frotándose la frente, Char levantó la mirada para ver que había sido aporreado por la parte posterior de la cuchilla de Scythe.
—¡Ups! —exclamó Scythe, parándose ante él—. Buen intento, ¡pero te acercaste demasiado! ¡Siempre debes ser cuidadoso del rango de las garras de tu enemigo! Ahora... ¡Ahora yo soy un Metagross! Char está herido en el suelo. Saura, ¿qué harás?
—¡Aah! Eh... ¿Qué debilidades tenía un Metagross, otra vez? —aulló Saura—. ¡Ray! ¿Con qué podemos golpearlo?
—¡No lo sé! —respondió Ray—. ¡Nunca investigué sobre Metagross! ¡Ni siquiera sé qué tipo de Pokémon es!
—¡Yo tampoco lo sé! ¿Qué hacemos?
—¡Atácalo con lo que sea que tengas! ¡Yo protegeré a Char!
Ray se apresuró e intentó defender a Char, mientras Saura lo cubría con un torrente de hojas afiladas. Scythe las apartó.
—¡Inútil! —se rio Scythe, empezando a cernirse sobre la figura caída de Char—. ¡Tus ataques son poco efectivos! ¡Mejor piensa en algo más!
Saura se armó de valor y lanzó su bola de fango venenoso hacia Scythe, que la eludió justo antes de que golpeara su rostro.
—¡No, tampoco eso! —llamó Scythe—. ¡Apúrate, Saura! ¡El destino de Char está en tus manos!
Char se sentó en el suelo, observando el ejercicio desarrollarse ante él. Observó a Scythe, sus ojos destellando con la emoción de la batalla... y notó, si solo por un momento, que parecía bien. Por solo un momento, era el viejo Scythe que conoció de sus primeros días en la división, aquel que los había llevado a través de sus primeras exploraciones de mazmorra, y practicaba con ellos en el Dojo. Por solo un momento, era una fuerte y confiada alma, no el estresado despojo en el que se había convertido.
—¡Aaaah! —exclamó Saura, repentinamente saliendo disparado hacia Scythe. Sus cepas brotaron y azotaron el aire desatinadamente, y antes de que Scythe pensara en esquivar, fue golpeado hacia un costado y tuvo que tambalearse por un momento. Saura no acabó ahí. Se acercó a Scythe y se lanzó, de frente, a su pecho.
Scythe fue despojado del aire, y un momento más tarde, golpeó el suelo con Saura posado sobre él, jadeando pesadamente.
—Bien hecho —gimió Scythe—. Pero no creo que esa táctica funcionaría contra Metagross.
En un parpadeo, Saura fue enviado volando y tambaleándose, y Scythe estuvo de vuelta en pie. Se acercó al caído Char una vez más, que todavía estaba sentado en el lugar simplemente recuperando el aliento luego de haber desatado su cólera sobre el pilar.
—¡Ray, Saura ha fallado! —retumbó Scythe, mirando fijamente al Raichu que estaba en su camino—. ¡La seguridad de Char depende de ti! ¿Qué harás?
—Scythe, no quiero lastimarte —replicó Ray.
—¡Yo soy
Metagross! ¡Lastímame!
¡Ahora! —comandó Scythe.
Llevando una mueca de enojo, Ray arremetió contra Scythe, girando a solo centímetros de su objetivo y lanzando hacia adelante su resplandeciente cola. Scythe voló zumbando fuera del camino antes de que lo acertara.
Ray sacudió la cabeza, intentando concentrarse. Saltó de vuelta a su posición, quedándose entre Char y Scythe. Se abalanzó de vuelta hacia adelante, pero esta vez sus pies se movieron tan rápido que su velocidad se volvió cegadora. Cuando Scythe salió del camino con pereza, el camino de Ray se curvó expertamente para interceptar su escape. Con cargas crepitando a través de su pelaje, liberó una poderosa corriente de electricidad en el cuerpo de Scythe. Aturdido, Scythe se tambaleó hacia atrás. Su cuerpo empezó a crisparse. Esta vez, cuando Ray dobló su cuerpo y alzó su brillante cola, conectó. Scythe se tumbó en el suelo, y Ray aterrizó en cuatro patas a su lado.
—¡No! ¡Mal! —gruñó Scythe, parándose de vuelta—. Ray, estás luchando contra
mí. Estás peleando contra un
Metagross. ¡Muéstrame una réplica para un Metagross!
Con el extremo romo de su cuchilla, Scythe golpeó a Ray. Se deslizó hacia un costado, aterrizando al lado de Saura.
—¿Ves? Ahí está tu prueba. No puedo derrotar a Scythe —se rio Ray—. ¡Ni siquiera puedo derrotar a un Metagross que se parece a Scythe!
Scythe se cernió malvadamente sobre Char, dando lento paso tras paso. Char disfrutó observar las batallas, ¡pero no estaba preparado para que el centro se volviera de repente él! intentó deslizarse y apartarse de la aproximación de Scythe.
—Todos tus amigos te han fallado, Char —dijo Scythe—. Todos ellos han sido masacrados. Solo tú quedas. Char... ¿qué vas a hacer?
Char finalmente se levantó y enfrentó a Scythe, puños cerrados. Scythe observó sus acciones.
—¿Bien? —demandó Scythe.
—¡Estoy pensando! —exclamó Char.
—
¡DEJA DE PENSAR! —exclamó Scythe con furia—. ¡Esto no es un
acertijo! ¡Reacciona! ¡Reacciona! ¡Haz lo que un
Charmander hace mejor!
—¿Eh?
Scythe se estaba frustrando ahora—. ¿Acaso tus amigos no te llaman, no sé, un
Asesino de Steelix?
¿Steelix?
¿Acero?
—¡Oh! —jadeó Char, cayendo en la cuenta del hecho—. ¿Metagross es de acero? ¡Pensaba que estaba hecho de roca! ¡Fuego! ¡Necesito fuego!
—Muy bien —dijo Scythe—. Qué mal que te hayas pasado tanto tiempo pensándolo. Ahora, estás–
¡FUUUUSH! Char atacó con un enorme pilar de fuego de su hocico. Scythe se alejó, a duras penas evitando el daño. Char se giró y lo dirigió hacia él, produciendo incluso más fuego. Scythe pareció sorprendido y zumbó sus alas, ascendió a toda velocidad en el aire. Giró sobre su eje, preparándose para traer sus cuchillas al revés para un golpe final, pero subestimó la agresividad de Char. Char levantó el cuello y disparó su torrente de llamas directo hacia arriba, barriéndolo de costado a costado por tanto tiempo como pudo ser sostenido. Envolvió parcialmente al Scyther, que fue derribado del aire y cayó al suelo. ¡Su cuerpo estaba en llamas!
—¡Aagah! —jadeó Scythe mientras se tambaleaba por el suelo, apagando las llamas antes de que lo chamuscaran vivo.
Char dio un paso atrás y observó a Scythe recuperarse del suelo una tercera vez. Estaba moteado con unas cuantas negras marcas de quemadura. Combinadas con sus abolladas cuchillas, realmente parecía como si hubiera estado en una intensa batalla. Sus ojos ardían con energía, y Char supo que disfrutaba de la emoción de la batalla.
—Bien hecho —dijo él, sacudiéndose—. Doloroso. Pero bien hecho.
Saura y Ray lo aplaudieron.
—¡Ahora! —exclamó de repente Scythe—. ¡Saura! ¡Ray! ¡Char acaba de ser acertado por el pulso de un Bronzor! ¡Está confundido! ¡Y les va a atacar! ¿Qué harán?
Los ojos de Char se llenaron de alegría a medida que corría directo hacia sus amigos, quienes todavía estaban estupefactos por la nueva situación hipotética.
... ... ...
Algún tiempo después, los cuatro Pokémon estuvieron sentados alrededor de la base del poste de flagelación, jadeando por aire.
—¿Cuánto... tiempo... ya ha pasado? —preguntó Saura, yaciendo panza arriba en las escaleras—. Podemos... podemos entrar ahora... ¿verdad?
—Solo hemos empezado —dijo Scythe—. Ha pasado alrededor de doce minutos.
—¿Q–qué...? —suspiró Saura—. Esos no son muchos minutos.
—Qué, no estás
cansado todavía, ¿o sí? —le preguntó Scythe con falso asombro—. Después de todas las mazmorras por las que hemos pasado, ¿te cansas así de rápido?
—¡No! ¡No estoy cansado! —dijo Saura rápidamente en su defensa—. Solo... recupero el aliento...
Se sentaron allí por otro momento, simplemente relajándose. El helado viento pasó barriendo, pero por el momento, se sentía reconfortante. Lo mejor de todo, Char vio cómo Scythe todavía parecía a gusto. La pequeña acción realmente había ayudado para distraerlo de sus problemas. Char esperó que durara por un largo tiempo. Lucario, incluso en su impetuoso carácter, había demostrado algo de sabiduría.
Ray rodó hasta estar boca arriba y mirar al nublado cielo encima. El anochecer estaba a horas de llegar.
—Todavía no puedo creer que estamos haciendo esto —dijo Ray—. Saben que esto va a ser alocado, ¿verdad?
—Lo es —dijo Scythe—. Pero no podemos decir que no estamos preparados. Aún... sí... es desalentador. Solo intenten no vivir en ese hecho cuando llegue el tiempo de zambullirnos. Dependan de sus instintos.
—¡Podríamos quedar en la historia por esto! —dijo Ray, sonriendo ampliamente—. No sé ustedes, pero solo saber que estoy haciendo algo legendario es suficiente para seguir avanzando.
—La alegría de quedar en la historia parece desvanecerse luego de una primera vez —dijo una voz—. ¿No es cierto eso, Scythe?
Era esa voz de nuevo. Esa misma voz. Char supo quién era incluso antes de echar un vistazo hacia su dirección.
Era Prince. Se había colado en el grupo mientras reposaban.
—Augh, ¿qué está
él haciendo aquí? —exclamó Saura.
Y así, toda la comodidad que Scythe había acumulado, todo el alivio que sentía, había desparecido. Enojo y estrés fluyeron de vuelta a través de su cuerpo a medida que se ponía de pie para confrontar al recién llegado. Una hostil mueca apareció en su rostro.
—¿Cómo es que supe que Lucario te iba a arrojar aquí tan pronto como pusiera sus ojos sobre ti? —se rio Prince mientras deambulaba más cerca—. Esta tarde, no parecías... tú.
—¿En serio? ¿No soy yo mismo? ¿Qué me delató? —espetó Scythe sarcásticamente—. Ahora, si eres tan observador, ¿podrías descifrar a quién hay que echar en mayor parte la culpa? ¿Quién es el que se ha puesto en mi camino sin permiso?
—Quiero ayudarte —dijo Prince—. Estaba esperando que fuera una sorpresa agradable. No hemos hablando en tanto tiempo, viejo amigo.
—Deseas hablar —raspó Scythe, empezando a pasearse en un semicírculo alrededor del Infernape—. Bien. Tengamos una discusión civilizada. Y yo empezaré diciendo que
no te necesito en la misión de la Torre del Tiempo, y tampoco te
quiero en ella. Nada más me gustaría que te vayas a enterrar en la nieve hasta que nos marchemos.
—¿Así para que
tú puedas ir a enterrarte en la nieve? —respondió Prince con calma—. ¿Quieres que deje que Articuno te ponga en ridículo en Zerferia? Por favor, escucha. Seré un recurso valioso para ti. No estorbaré tu progreso. Ni siquiera me acercaré un metro a
tu Charmander sin tu permiso.
—¡Ya has hecho ambas cosas! —gruñó Scythe—. No sabes lo que estás diciendo.
—Tampoco tú —dijo Prince, pareciendo presumido—. Iré de igual manera. ¿Deberás aprender a apreciarlo?
Scythe estaba hirviendo ahora. Cambió a una postura muy hostil, una que Char reconoció como una postura de batalla.
—No te entiendo —dijo Scythe—. ¿Por qué tú
querrías venir? ¿Por qué te saliste tanto de tus asuntos para hacer que esto ocurriera?
—Y yo no te entiendo —respondió Prince—. ¿Por qué estás tan firme en apartarme? Quizá si pudieras complacerme con una respuesta, ambos podríamos hablar abiertamente.
—Yo tengo
motivos detrás de mis acciones —gruñó Scythe amargamente—. A diferencia de ti. Tú solo deseas ir a la torre para avivar tu orgullo, apuesto. Te haré saber que me pasé muchas noches sin dormir planeando esto.
—También yo —dijo Prince—. ¿Crees que esto ha sido fácil para mí? ¿Qué hace que seas diferente? ¿Deberíamos intercambiar nuestros planes?
—Preferiría
morir —gruñó Scythe.
—¡Oh... no! —jadeó Ray, horrorizado—. No lo creo... ¡Van a pelear! ¡En verdad van a pelear! ¡Chicos, tenemos que movernos!
Sin el conocimiento de los guerreros, el Equipo Ascuas se revolvió en su huida del poste de flagelación y observó desde lejos. Char abrazó el bulbo de Saura con fuerza, un implacable vértigo llenando su pecho.
—Dime, Prince —dijo Scythe—. ¿Qué tienes para
sacrificar en esta excursión?
—Mi vida, supongo —respondió Prince—. Aunque, tú tienes cuatro vidas para sacrificar, supongo. Pero yo de buena gana moriría por cualquiera de ustedes si tuviera la oportunidad.
—Tenemos semillas encantadas para servir ese propósito —dijo Scythe—. Tú serías redundante. Sin mencionar que
cinco en una mazmorra es uno de más.
—La regla de los cuatro es solo una guía —devolvió Prince—. ¿Cuántas veces
tú la has roto? No podría contarlas con una mano. ¿Te has olvidado de las ocasiones en las que llevábamos
siete en las anomalías de ambos equipos? ¿Por qué las guías tendrían que hacer una diferencia
ahora? Además, todavía deberían llegar allí. ¿Cómo esperan sobrevivir en Zerferia? Yo lo he hecho varias veces. Tú no.
—Lucario nos dio guías —dijo Scythe—. Estaremos bien.
—Otra vez con las guías, ¿eh? —respondió Prince—. ¡No puedo creer que estoy escuchando esto de ti! Guías, guías. ¿Qué guías te han sacado
alguna vez de las difíciles situaciones por las que eres famoso, Scythe? ¿Acaso las
guías te ayudaron a reconstruir el Cañón Cuenco? ¿Acaso las
guías ganaron en las Cataratas Espectrales por ti? ¿O fue por
experiencia de vida? ¿Algo de lo que líderes como tú y yo vivimos y respiramos?
Scythe no respondió. Se encogió, reteniendo un acceso de furia.
Su mirada se volvió hacia la izquierda, luego hacia la derecha. Levantó la vista al cielo.
—Haré una propuesta contigo —dijo Scythe finalmente, en una voz sorprendentemente calmada—. Si puedo dejarte sin conocimiento, tú huirás a tu pequeño rincón en las afueras y nunca, jamás mostrarás tu rostro por aquí hasta que lo de la Torre del Tiempo esté resuelto.
Hubo un brillo en los ojos de Prince. Su ardiente melena se avivó.
—¿Y qué si yo lo hago primero? —desafió él.
—Entonces podrás venir —dijo Scythe simplemente—. Y yo dejaré de intentar prevenirlo.
Prince sonrió con satisfacción. Se quedó callado por un momento, considerando la oferta. Considerando la apuesta, las probabilidades.
—Acepto —dijo Prince, encorvando su cuerpo en una postura de combate—. Resolvamos esto a tu manera, viejo amigo. ¿Piensas que el resultado podría ser diferente esta vez?
Se quedaron allí, mirándose uno al otro. Dos experimentados guerreros endurecidos por las batallas. Dos brillantes líderes. Dos maestros. Ambos parados, congelados en sus posiciones, esperando el primer movimiento, dando cortas y jadeantes respiraciones y tensionando sus músculos.
El pulso de Char ensordeció su audición. Contó su propio ritmo cardiaco... uno, dos, tres, cuatro...
Sus cuerpos eran como estatuas, la grandiosa melena de Prince ondulando como una hoguera y agitándose en el gélido viento... la mirada de Scythe intensa, mordaz, calculadora...
... Nueve, diez, once...
—Tal vez ni siquiera peleen —susurró Saura con esperanza.
—Necesitan hacerlo —dijo Char—. De otra forma la disputa no estará resuelta... Solo espero... solo espero que Scythe gane.
—Yo también —murmuró Ray.
Luego, comenzó.
Sonando con un agudo y salvaje grito, Scythe elevó sus cuchillas, abrió sus alas, y se disparó hacia el Infernape. Balanceó una cuchilla, con el extremo romo adelante, hacia la figura de Prince.
Su balanceo conectó con el aire. Prince se agachó hábilmente bajo el ataque y contraatacó, empujando un pie contra el estómago de Scythe. Scythe se alejó tambaleando y quedó de rodillas.
Prince se quedó quieto, observando al Scyther con ojos presumidos a medida que este se ponía de pie.
En un parpadeo, Scythe atacó de nuevo. Desapareciendo en un borrón de agilidad, se lanzó alrededor del Infernape en un círculo, y luego arremetió con la parte posterior de su cuchilla. Su golpe fue más bajo, esta vez, pero igual falló; el Infernape contorsionó su cuerpo para eludirlo, dando una voltereta hacia atrás fuera de peligro.
Scythe no aflojó esta vez. Persiguió a su oponente, atacando con la fuerza entera de su cuerpo y atropellando brutalmente su cuerpo en el vientre del Infernape. Siguió con dos cortes del revés de sus cuchillas, el primero de los cuales aporreó al enemigo en el cuello. El segundo, sin embargo, fue atrapado en el aire por las expertas manos de Prince. Balanceando su peso, Prince tiró de la figura entera de Scythe y lo arrojó al suelo.
Los dedos de Char se apretaron alrededor de la semilla de Saura. Scythe no lo estaba haciendo tan bien. Prince ni siquiera estaba atacando, solo se estaba defendiendo...
Por segunda vez, Scythe se levantó del suelo y estudió a su oponente por un momento. Con un fuerte gruñido, sus alas zumbaron y se lanzó al aire, camuflando su borroso movimiento con la luz solar encima. Prince se estremeció de la anticipación, aguardó un momento, luego lanzó un puño al vacío aire... y, imposiblemente, Scythe se materializó en el extremo de su puño, torciéndose y cayéndose del aire para aterrizar en su espalda, su cabeza golpeándose contra un ladrillo de granito.
—¿Estás luchando conmigo, o jugando conmigo? —preguntó Prince—. Hasta el momento, esto es más fácil que la última vez...
Luego, ocurrió.
Char no vio exactamente lo que había sido hecho. Todo lo que vio fue un borrón de movimiento, y una fina raya de brillante sangre roja fluyendo a través del aire y salpicando el poste de flagelación. Otro chorro la siguió, derramándose en el suelo.
Hubo un grito de dolor.
Prince se sorprendió. El blanco pelaje en su vientre estaba nublado de rojo. Se tocó la herida.
Otro borrón. La cabeza de Prince fue golpeada contra el poste de flagelación. Dos veces. Tres veces. Manchas de sangre empezaron a teñir su superficie.
El cuerpo de Scythe se dobló, balanceando su cuchilla con todas sus fuerzas, conectando el extremo romo con la cabeza de Prince. El cuerpo de Prince rebotó en el poste y cayó de las escaleras.
Prince se recompuso lentamente, un centelleo de verdadero temor ahora en sus ojos. Scythe se paró ante él en la cima de las escaleras, respirando con pesadez.
Prince atacó. Galopó hacia él en cuatro patas, eludiéndolo a último minuto para enviar un poderoso puñetazo al costado de Scythe.
Falló.
¡Tak! ¡Tak!
Los extremos romos de las cuchillas de Scythe aporrearon la cabeza de Prince. Prince tomó represalias con una habilidosa maniobra, impulsando su cuerpo con una mano y lanzando un golpe a la parte inferior de las mandíbulas de Scythe con ambos pies a la vez. Pero Scythe se agachó y atropelló al simio a cuerpo completo a medida que este se contorsionaba en el aire.
¡Slash!
Sangre salpicó el aire. El cuerpo de Prince se torció y cayó, boca abajo, en la tierra.
No... se dio cuenta Char con horror.
Él no va a... Scythe no va a matar a Prince, ¡¿o sí?! ¡No! ¡No puede ser! ¡No! ¿Pero qué pasa si...? ¿Qué pasa si esto es...? ¿Habrá colapsado Scythe? ¿Habrá perdido la cordura? ¿Él no hará... no hará algo de lo que se va a arrepentir?
Char se quedó inmóvil, incapaz de comandar a sus músculos que se moviesen.
—En serio debes quererlo —murmuró Prince, levantándose y desempolvándose las piedritas de su pelaje.
—Sí —siseó Scythe—. ¿Y tú?
Prince brincó en el aire, arqueando su cuerpo en un extraño picado. Impactó el pilar y rebotó del mismo, pegando a Scythe en la frente con una extremidad errante antes de que estuviera preparado. Scythe se retiró al costado opuesto del pilar. Prince se preparó para contrarrestar un ataque repentino, pero supuso la dirección equivocada–Scythe volvió sobre sí y atacó desde el mismo lugar que del que él había venido, cortando con sus cuchillas. Produjeron un muy fuerte
clank cuando chocaron con las placas en el hombro del Infernape.
Scythe se retiró nuevamente, escondiéndose detrás de los escombros circundantes y zumbando afuera y adentro de la cubierta de obstáculos. Los ojos de Prince se movían con velocidad, siguiéndolo. Se apartó del camino a duras penas cuando Scythe pasó disparado.
Scythe volvió a desaparecer, corriendo alrededor de las caídas piedras y ladrillos, confundiendo al enemigo... Prince lo siguió nuevamente, intentando juzgar su plan... Se tensó, y luego giró su cuerpo justo en el momento adecuado, agitando los brazos a sus costados. Su brazo acertó a Scythe en el cuello. Tomando la oportunidad, Prince abordó a su oponente, cabeza primero, atrapando su cuello en una llave de brazo.
Zas. Zas.
Scythe fue golpeado en el rostro por poderosos puñetazos, una, dos veces... Scythe azotó con su cuchilla para escapar del asimiento, pero Prince le dio un codazo en el vientre y lanzó puñetazos al costado de su cabeza. Con un chillido de frustración, Scythe tironeó su cuerpo, haciendo que ambos perdiesen el equilibrio. El pecho de Prince viró bruscamente en el borde agudo de un pilar roto, y él soltó su asimiento.
Scythe vio la apertura. Tomó la oportunidad. Se lanzó a toda velocidad alrededor del pilar, atacando a Prince desde atrás. Embistiéndolo.
Prince cayó al suelo.
Scythe se apresuró a su lado, colocando su gran pie parecido a un muñón sobre el vientre de Prince. Prince intentó retorcerse, pero no había escapatoria.
Y luego él cortó. Y cortó.
Char desvió la mirada, y notó que sus compañeros de equipo hacían lo mismo.
Con un agudo grito final, Scythe entregó un último golpe, un bandazo del revés al costado de la cabeza. Luego se retiró de la caída figura.
Prince no se movió.
—Tú planeaste esto —dijo Scythe—. Este era tu plan, ¿no es cierto? Desde el principio.
Prince no respondió.
—Finalmente esto está empezando a tener sentido para mí. Tú fuiste el que encontró la Torre del Tiempo en primer lugar.
Prince se movió. Char volvió a mirar la escena con renuencia, y para su completo alivio, los ojos del Infernape todavía estaban abiertos, aunque parecía estar adolorido.
—Sí —respondió Prince—. Fui yo.
—No solo eso, sino que tú fuiste el que le contó a Xatu sobre la torre, cuando ella estuvo aquí —dijo Scythe—. Se lo contaste a ella antes que a Lucario.
—Sí —respondió Prince—. Se lo conté en secreto.
—Tú trazaste el camino a través de Zerferia para nosotros —dijo Scythe—. Tú dibujaste los mapas que Lucario nos mostró. Te pasaste estos últimos días escalando las Montañas del Arrepentimiento solo para darnos orientaciones.
—Lo hice.
—Y lo convenciste de antemano para que nos ordene que permitamos que nos acompañes —dijo Scythe—. Te aseguraste de que Lucario estuviera de acuerdo contigo.
—Hablando relativamente, sí —dijo Prince.
—Y tú le diste tus emblemas, para que él pudiera dárnoslos a nosotros —dijo Scythe—. Tus preciosos emblemas. Esos tesoros pertenecían al Equipo Ruedafuego. Te ayudaron en todas tus legendarias exploraciones de mazmorras, incluso cuando todavía estabas bajo las órdenes de Alakazam.
—Sí —dijo Prince—. Sí, lo hicieron.
—Y qué se ha hecho de nuestro equipaje, ¿lo sabes? —gruñó Scythe—. Déjame adivinar, tienes nuestras dos bolsas sanas y salvas en la guarida de tu equipo... el lugar en el que Lucario planeaba que nos quedásemos.
Prince luchó por sentarse. Sangre manaba de su pelaje, y rojos cortes cruzaban su hocico.
—Tus poderes de deducción son igual de brillantes que siempre —dijo Prince, limpiándose la sangre de su cara—. No te has oscurecido con el pasar de los años.
—En realidad, la mayor parte de eso lo adiviné —admitió Scythe—. Pero te entiendo ahora. Tú fuiste la mente maestra detrás de todo este viaje. Tú eres el que lo hizo posible. Y ahora, quieres venir con nosotros.
Scythe emitió una demente pequeña risa. Negó con la cabeza.
—Te aplaudo. Muy buen trabajo. Ahora... levántate, para poder terminar esta batalla.
Prince no se movió. Suspiró, pareciendo exhausto. Se estremeció por sus heridas abiertas.
—Dije que te
levantes —dijo Scythe con fuerza—. ¿O estás acabado? Si esto es todo lo que puedes soportar, no tienes utilidad para mí en la excursión.
Prince estaba quieto.
Scythe sacudió su cabeza con amargura, luego volvió a colocar su pie en el pecho del Infernape.
—Bueno, entonces... —suspiró, levantando su cuchilla—. Te deseo dulces sueños.
Hubo una explosión. Una brillante y ardiente explosión.
Le tomó un momento a Char darse cuenta de lo que había ocurrido. A una velocidad casi a la altura de la de Scythe, Prince había elevado su cuerpo del suelo y golpeado al Scyther en el mismo centro del pecho.
Su puño estaba en llamas.
Flamas engulleron a la sección media de Scythe. Gritó de la sorpresa, cayendo al suelo para apagarse a sí mismo.
Una vez que las llamas estuvieron completamente extinguidas, se levantó hasta ponerse de rodillas. Jadeó por aire, manteniendo su cabeza vuelta hacia abajo. Muchas, muchas marcas de quemado cubrían su figura.
—Estabas fingiendo —dijo Scythe, levantando su cuerpo por completo. Tembló extrañamente cuando la fría brisa frotó sus heridas.
—Tú eres el que me enseñó eso —dijo Prince, parándose derecho y claramente inmutable ante su daño recibido. Parecía bien—. El truco más viejo del libro, ¿correcto?
—Sí, sí —dijo Scythe, inclinando la cabeza—. Bueno, entonces... Yo cedo.
—Tú... cedes —repitió Prince.
—Sí —dijo Scythe—. Bienvenido al equipo. Creo que ahora estás dispuesto a aguantar las pruebas a las que nos enfrentaremos en este viaje... Veo eso ahora en ti. Estás dispuesto a enfrentar el dolor... en todas sus formas... Creo que serás capaz de manejar... lo que sea que ocurra. Quizá... incluso más que yo.
Aplausos estallaron.
Char se giró para notar que una considerable multitud de los residentes de la división se había reunido para observar la pelea desde la cercanía de una de las puertas al patio. Estaban sentados en las escaleras, aplaudiendo y gritando alocadamente, vitoreando alegremente su apreciación hacia los dos combatientes.
Entre ellos, un Ninetales, un Smeargle, y un Heracross estaban al frente y al centro.
—¡Bien hecho! —canturreó el Ninetales—. ¡Bien jugado, los dos! ¡Qué pelea más magnífica! ¡Espléndido despliegue! ¡Un choque de leyendas!
Char se dejó caer sobre su espalda, emocionalmente agotado.
Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.