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#81
Bueno, que puedo decir, esto es lo que gano cuando me ausento mucho tiempo, aunque ya me he puesto al día con la lectura.
Son solamente 3 capitulos y el capitulo especial de Otto, pero aun asi, es mucho para comentarlo todo de forma muy completa. Trataré de no extenderme demasiado en el comentario de todos los capitulos. Bueno, aqui voy:

Capitulo 28
Ahora que Char y compañia han sido convocados para realizar la misión de buscar a Dialga, algo de vital importancia, me imagino que será un momento decicivo dentro de la trama del fic.
Ver a Scythe casi desmoronandose fue impactante, verdaderamente no me esperaba eso, y ver la frustración de Scythe por el miedo a fracasar la misión en el Cañon Cuenco... Me recuerda a algo que me a pasado a mi. Cada vez me gusta mas este personaje.

Capitulo 29
Genial, Char ya consiguió evolucionar... esperen.... ¡¡Ray es un Dragonite!? Saura un Leafeon?!! WTF!!
Ah, solo era un sueño, desde que llegaron los pokemon legendarios debi haberlo sabido xD
Valla día para Char, lo dejan solo, lo sacan de su ligar favorito, se queda sin comer, depues una roca le da una paliza, se queda afuera de su habitación, mas tarde se queda a oscuras y lo golpean para calmarlo... Valla que si fue un mal día...

Capitulo 30
Las deciciones que tiene que tomar Char son complicadas, no me gustaría estar en su lugar...
Char tiene una obsesión por el fuego, aunque no me esperaba que se fuera a quemar, considerando que el habitat natural de los Charmander es en un volcán con lava...
Scythe noto inmediatamente lo que Char les conto a Saura y Ray, puede saber todo sin necesidad de ser un psiquico, le basta con mirarte a los ojos (?)
¿Fantasmas?! donde?! solo debes usar unas extrañas gafas y.... verás como te rodea un escuadron entero de ellos...
El equipo X salvó el día ?? wow ¿Sythe no estaba debilitado?? Vaya, ya habia pensado que Char les creeria al equipo X y los llevaria a su base, menos mal que Scythe los detubo...
¿A Saura no le preocupa un poco el fuego de Char? Como se fue a dormir a su habitación, solo espero que tampoco él quiera darse un baño de flamas, no sería muy agradable.
Ray respetaba y servia a Char ya que pensaba que Char era su entrenador? ¿pero que dientre tienen en la cabeza los pokemon que nos sirven a una especia tan débil como lo es la especie humana?

Capitulo Especial
Bueno, Char trajo a la base a un pequeño pajarito ASESINO! xD ¿Como un Pidgey puede derrotar y lesionar tanto a un Honchkrow? Ese Otto es un antisocial y un matón, siempre buscando pelea... espero que mas adelante sea un poco mas civilizado.
¿¿Otto usó Pajaro Osado?? Staraptor usó Hiper Rayo? esos dos son pokemon tienen movimientos muy peculiares. Staraptor usó una MT seguramente...

Todo lo que habla Staraptor acerca de entender el lenguaje salvaje, de comprender a Otto, si la civilizacion es mentira o la verdad... es una de las moralejas por parte de ScytheRider ¿no?
Me sorprendió mucho la representación que le dió a la transición de lo salvaje a lo civilizado, es un proceso mucho mas complicado de lo que pensé.


Bueno, me tomo casi dos horas, pero lo hice, me puse al día xD trataré de no volver retrasarme. Bien, eso es todo, ¡Hasta luego!


"Puede que existan pokemon superiores a los mios, pero aun asi, yo prefiero a mis viejos camaradas de equipo"














#82
Buenas, vamos a ver de qué va este episodio especial.

Vaya O.O ¿Otto es así de fuerte? ¡Eso sí que será necesario para el equipo de debiluchos Ascuas!

Este especial me encantó. Creo que incluso me gustó mucho más que el de Scythe, está muy bien hecho, tiene muchos sentimientos, la batalla entre Syr y Otto fue sensacional. La verdad es que me gustó mucho.

No entendí bien cuál fue el ataque que usó Otto, ese que se cubrió en llamas o en hielo o en ambas… Lo que sé es que va a ser una excelente adquisición para el equipo de Char.

La personalidad de Otto genial. La personalidad de Syr mucho más genial todavía. Creo que los prefiero antes que Char y Saura que como que son muy aburridos en sus personalidades, no son nada pasionales.

Bueno, a pesar de todo fue corto, o quizá fue muy entretenido y disfruté tanto que no me di cuenta del paso del tiempo.

¡Espero el próximo! Buen trabajo con la traducción, nos vemos pronto.


Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.
#83
Mato:

Pues, yo te odio más por comentar (?). Recuerda, no es tu obligación comentar xD. Pero igual, gracias por hacerlo, significa mucho ^^.

Bueno, respecto al Staraptor con Hiperrayo, me tomé la molestia de buscar en Wikidex, y sí, puede aprenderlo a través de MT: Prueba infalible (?).

Sí, creo que el ataque era Pájaro Osado (algo me dice que no juegas Pokémon en español ¬¬ xD). No, la verdad no entendí la referencia de Digimon, lo siento -.-'. Exacto, nadie puede evolucionar por la escacez de fragmentos salvajes, que es un tema que se explica más adelante.

Te responderé a algunas de tus preguntas (las que no te arruinarán nada sobre la historia xD):

- No, Otto no irá con Char y compañía porque todavía no es civilizado y está en fase de entrenamiento.
- ¿Por qué Char tendría que pedirle permiso a Dialga y a Palkia para evolucionar? xD. No puede porque no hay fragmentos salvajes.
- La identidad del Maestro sigue siendo un misterio, pero creo que ya sé qué Pokémon es...
- Las dos últimas no están en mi rango de conocimiento xD.

Lol, el final fue de narrador de dibujos animados xD.

Gracias por seguir leyendo ^^

Kasper:

¡Has vuelto! +.+ ¡Y con un súper comentario! (?)

Exacto, este es el momento en que todo se vuelve más difícil para Char y el resto. O sea, es el punto de inflexión más grande de la trama, así que atento a lo que pueda pasar :O. Scythe guarda demasiados secretos, y cuando se desmorona emocionalmente y empieza a decir todas esas cosas, me hace pensar uno de esos secretos es muy grande...

Yo creo que el comportamiento de Scythe es por algo más que el Cañón Cuenco, ya que mencionó algo de estar en cuatro lugares a la vez...

El sueño fue algo muy raro para mí xD. Realmente parecía un sueño.

La verdad, el capítulo en donde a Char le sale todo mal es uno de mis favoritos xD. No sé por qué. ¿Pero te diste cuenta? Adiel está en Ciudad Hierro.

O sea, Char se quemó por estar demasiado tiempo en el fuego :P. Y yo pensaba que eran inmunes... Scythe es el mejor personaje xD.

Bueno, Scythe no se debilitó porque trajeron la Semilla Revivir a la misión... Qué conveniente xD.

Bueno, ¿te acuerdas de lo que dijo Saura en uno de los primeros capítulos? Era algo sobre que los humanos fueron los que les dieron inteligencia a los Pokémon, por eso les debían todo. Pero a partir de ahora, Ray tratará a Char como su igual.

Lol, Otto... Él es mi segundo personaje favorito, el primero es Ray :P. Bueno, lo que parece haber pasado es que Otto copió el movimiento de Syr, o eso es lo que entendí...

A estas alturas, e incluso más adelante, empezarás a ver una gran cantidad de moralejas en los capítulos. Es impresionante como ScytheRider logra transmitirlas de forma épica xD.

¿Dos horas? Wow! O.O

Gracias por seguir leyendo ^^

Demian:

¡Oh, vamos! ¡Ascuas no es taaan débil! Bueno, un poco... xD

En mi opinión, de los cuatro especiales de la historia, este es el tercero mejor xD. El mejor para mí es el siguiente, que vendrá dentro de 10 capítulos más o menos -.-'.

Me parece que el ataque que usó fue Pájaro Osado, ese tan característico de Staraptor... Y al parecer, lo copió de Syr. O eso es lo que yo entendí.

Diste en el blanco xD. Según ScytheRider, Char y Saura (más Saura que Char), en la primera mitad de la historia, carecen de mucha personalidad. Pero te puedo asegurar que ambos tienen más personalidad conforme avanza la historia, y especialmente en la Temporada III. Respecto a la de Otto, creo que te gustará aún más después xD.

Bueno, a partir de ahora, podrás notar un cambio en la escritura. Tal vez no sea tan notorio, pero verás que las descripciones son mucho mejores que antes (bueno, depende de mi habilidad para traducirlas xD). Esto es porque a partir de aquí, ScytheRider parece atacarnos con lo mejor que tiene. Y también, los capítulos raras veces bajarán de 10.000 palabras.

Gracias por seguir leyendo ^^




Nota del traductor:

Como la revisión del autor original es menos consistente de lo esperado, empezaré a publicar las versiones aún no revisadas de los capítulos para poder avanzar la historia.

Cuando el autor haga la respectiva revisión, le haré los cambios al capítulo y retiraré esta nota. Pero por ahora estará aquí la versión vieja del capítulo. Los cambios se limitan a algunos errores de tipeo y a agregar algunas descripciones o sacar otras, es decir, la escencia de la historia sigue ahí.





35. Capítulo 31: Tramar un Plan


Spoiler

Capítulo 31



—Estás despierto también, ¿no?

Era alguna hora indeterminada de la madrugada cuando la voz de Saura se elevó desde el otro lado de la habitación.

Por otra noche consecutiva, Char se encontró mirando el techo de su cámara. No, no podía dormir. ¿Cómo podría? Con la expedición a la Torre del Tiempo a solo un día, y con el inminente pensamiento de que todo lo que alguna vez conoció estaba a punto de ser desafiado y volcado, era imposible relajarse. Mientras las llamas en su estómago se revolvían violentamente, Char supo esta vez que no estaba enfermo en lo absoluto; era solo una manifestación de su reprimido temor lo que le daba náuseas y no le dejaba dormir. Intentar luchar sería inútil; no había nada que hacer más que quedarse despierto, soportando la agonía de su acelerada mente y su palpitante corazón, hasta que el sol saliera...

Bueno, casi. Esta vez, por lo menos tenía a alguien con quien hablar.

Rodando sobre su cama, Char giró su atención hacia la fuente de la voz que acababa de llamarlo. Saura le retornó la mirada desde el otro lado de la habitación, sus fatigados pero comprensivos ojos brillando en la azul luz del fuego. Ahora que estaba despierto, Char sabía que él lucharía contra todo pronóstico para no dormirse por todo lo que tomaría hacerle compañía. Era una regla que él había establecido para sí mismo hace mucho tiempo, y por más culpable que le hacía sentir a Char ver a su amigo mareado por el agotamiento y la lucha por mantener abierto sus ojos, nunca podía rechazar este gesto de bondad. Lo apreciaba demasiado.

—Sí —replicó Char en voz baja, asomándose por sobre el borde de su enorme cama parecida a un nido—. ¿Cómo lo supiste?

—Estabas vuelto hacia el techo —dijo Saura, sin reprimir una pequeña y cansada sonrisa—. Nunca duermes boca arriba.

Gruñendo suavemente, Char levantó su cuerpo sobre el borde de su cama y se colgó sobre él, hundiendo su cara en sus garras.

—Necesito tanto dormir, pero no puedo —gimió Char—. Es como si estuviera demasiado asustado para dormir. Siento como si estoy a punto de ser lanzado a un acantilado.

—Es disciplina —dijo de repente otra voz, tomando a Saura y a Char por sorpresa. Ambos se giraron para ver a Ray yaciendo cómodamente en su cama con los ojos bien cerrados, a pesar de que era obvio que no estaba durmiendo.

—¿Estás despierto también? —se rio Saura con incredulidad—. Vaya, me pregunto cómo pasó esto.

—Esto es... lo que pasa... cuando duermes demasiado durante el día —masculló Ray—. Consigues... mala disciplina...

Char de repente tuvo el deseo de golpearse la cabeza contra una pared. En su asalto de autocompasión, se había olvidado completamente de que habían dormido la mayor parte del día anterior, irónicamente esperando que haría pasar el tiempo más rápido. En efecto, su insomnio no era culpa de otro más que la suya.

—Alguien tiene que bajar al depósito para conseguirnos unas cuantas Semillas Sueño —bromeó amargamente Char—. Nos podrían ser de utilidad justo ahora.

—El depósito no está abierto —replicó Ray—. Además, las semillas no curan la falta de sueño...

—Oye, Ray —dijo Char indiferentemente, con esperanzas de que una conversación pudiera traerle alivio—, ¿estás preocupado en lo absoluto sobre ir a la Torre del Tiempo? Pareces... tan feliz todo el tiempo. No pareces tan asustado como... no sé... yo.

—Estoy realmente asustado —admitió Ray, todavía sin mover alguna parte de su cuerpo aparte de su boca—. Pero no me puedo quejar por eso. No ayudaría a nadie si lo hiciera. La mejor cosa por hacer es prepararse y seguir intentando sonreír.

—Quizá te haga sentir mejor —sugirió Char—. A veces tus sentimientos necesitan ser descargados, ¿sabes? Más o menos como tu electricidad, supongo. A veces solo necesitas contarle a alguien más cómo te sientes. Solo sé cuánto me ha ayudado a mí.

Ray se movió. Abrió los ojos y se sentó derecho en su cama, su mirada cambiando de Char a Saura.

—Bueno, tú tienes derecho para hacer eso —dijo Ray suavemente, sorprendiendo un poco a Char. No estaba acostumbrado a que el Raichu hablara tan calmada y directamente—. Eres Char, después de todo. Cuando los dragones comiencen a molestarme en mi sueño y me muestren Poké Balls, y cuando me ocurra todo lo que te ha ocurrido a ti, luego puedo tener derecho a quejarme. Pero yo soy el que te está apoyando ahora mismo, Char. No sería apropiado para mí quejarme sobre mis propios problemas cuando te estoy ayudando con los tuyos... ¿algo de eso tiene sentido?

Un momento de silencio siguió, el gentil rugido de las hogueras de Char siendo el único sonido que llenaba el aire. Char levantó su cabeza y ojeó la habitación, observando el suave brillo azul del fuego danzar a través de las paredes lejanas, casi como una personificación de la tensión que llenaba el aire e inundaba su corazón. Sus ojos eventualmente reposaron sobre Ray, quien ahora estaba regresando su mirada de la misma manera en que Saura lo hacía, su propia somnolencia y disgusto evidentes en sus ojos.

Honestamente, Char no sabía cómo tomar la respuesta que había recibido. Había dejado en claro el día previo que quería ser tratado como un igual, no como algún tipo de rey o héroe. Pero ahora, mientras las palabras de Ray aún resonaban con un sentido de inferioridad, se preguntó si el apretón de manos que habían compartido había realmente cambiado alguna cosa.

—Sabes, Ray, sí que sabes cómo tomarte las cosas con seriedad —comentó Saura, rompiendo el silencio.

—Bueno, cuando lo pones de esa forma —replicó Char, decidiéndose por las palabras que deseaba usar—, si me preguntas, me haría sentir mucho más cómodo saber que mis amigos comparten mi miedo.

—Mal —dijo Ray simplemente, negando con la cabeza—. Es siempre mejor actuar con coraje con un amigo que con cobardía. Estar en la compañía de los que tienen confianza en sí mismos hace que sea más fácil tener confianza en uno mismo, y te hace sentir más seguro. Solo tener compañía para tu cobardía no logra nada. Esa es una de las lecciones que mi hermano me enseñó. Imagínate si Scythe actuara inseguro de sí mismo todo el tiempo. ¿Crees que nos sentiríamos siquiera la mitad de cómodos con él?

Char iba a responder con un reacio “no”, pero un perturbador pensamiento lo golpeó: Scythe tampoco estaba actuando como él mismo últimamente. Desde que había tomado la oportunidad–o, tal vez, fue tomada por casualidad–de revelar un poco de su debilidad a Char, algo sobre él había cambiado. Alguna parte de él sí estaba actuando insegura de sí misma. No estaba durmiendo. Su voz flaqueaba a veces cuando hablaba sobre la próxima expedición. Y aquella persistente mirada llena de arrepentimiento nunca desaparecía de sus ojos. De hecho, sí hacía a Char menos cómodo en su compañía.

¿Podría Scythe estar despierto ahora mismo?, se preguntó Char. ¿También está insomne? ¿Podría él estar asustado?

—Podrías tener razón —dijo Saura—. Pero aún, no hace daño ser comprensivo. Ya sabes lo que se dice, ¿no? El coraje no es la ausencia de–¿Char? ¿Qué ocurre? ¿A dónde vas?

—No lo sé —murmuró Char, cruzando la habitación y dirigiéndose a la puerta—. Quizá arriba. No lo he decidido todavía.

Después de intercambiar miradas de preocupación, Saura y Ray se bajaron sin entusiasmo de sus camas y lo siguieron.

... ... ...


—No lo entiendo —dijo Shander, rozando sus garras contra el suelo, su voz llena de tristeza y asombro—. Scythe... ¿qué estás planeando?

Scythe estaba en el lado opuesto del pasillo, con la avergonzada mirada al vacío... intentando no mirar a su mejor amigo a los ojos. Shander estaba detrás de él, entristecido y agitado. Era la mitad de la noche, y los dos se habían retirado girando la esquina de la puerta principal de su equipo. Era una esquina oscura y aislada, con solo una diminuta antorcha emitiendo una azul tinta sobre sus figuras.

—No puedo contarte —dijo Scythe solemnemente, tomando otro pesado aliento y cerrando los ojos—. No puedo contárselo a nadie. Ni siquiera a Inteligencia. Si solo un Pokémon lo supiera... todo podría derrumbarse. Y después de todo lo que ha pasado... y todo lo que está a punto de pasar... solo no puedo... permitirme ningún error. Esto tiene que funcionar. Contra todo pronóstico... tiene que funcionar.

Una pausa colgó del aire. Scythe sostuvo su respiración, anhelando escuchar la respuesta de su amigo... mientras su amigo luchaba por producir una. Estaba atónito.

—Scythe... —jadeó Shander—. Lo lamento... No sé qué decir. Siempre asumí que estarías ahí. Por todo el tiempo que te conocí, siempre supe que eras el único Pokémon que podía hacer funcionar esto.

—Este equipo puede manejarlo —afirmó Scythe, apretando los dientes y enderezando su espina dorsal hasta su máxima altura—. Hice todo lo que pude. Ayudé a preparar el escenario. Créeme, Shander. Si pudiera hacer que esto fuera de cualquier otra forma... Siempre consideré al Cañón Cuenco dentro de mis planes. Siempre era de máxima prioridad. Siempre. Fue mi promesa. Y nunca paso por alto las promesas que hago.

Luego de escuchar sus propias palabras, Scythe acumuló el coraje para encontrarse ojo a ojo con el Sandslash. Cuando lo hizo, lo que vio le dolió. Shander miraba hacia él, pareciendo profundamente lastimado. Traicionado. Perdido.

—Confío en ti —dijo Shander, apretando las garras y forzando un tono de voz sincero en su voz—. Si esto es lo que dices debe hacerse, entonces no me interpondré en tu camino. Eres el Pokémon más grande que alguna vez conocí, y no hay nada que yo pueda decir, más que... gracias. Gracias, por todo lo que alguna vez hiciste por mi padre, y por mí. Y por la tierra que ambos llamamos hogar.

En respuesta, Scythe se acercó a él. Luego, bajó su cuerpo, hasta que estuvo arrodillado ante su amigo en un gesto de profundo respeto.

—Escúchame —dijo Scythe con tremenda fuerza, su perforante mirada fija en la de su amigo—. Hoy, en el día en que he roto mi promesa hacia tu padre, haré una nueva. Shander, por las venas de Ambera, por la sagrada placa de Arceus, te prometo que Daemon y el resto de nuestro equipo te guiará a ti y a tu gente de vuelta a su tierra natal.

—Me temo que no podríamos estar lo suficientemente cualificados —admitió Shander—. ¿Qué pasa si algo sale mal?

—El resto del equipo estará ahí —dijo Scythe, su retumbante voz entrando y saliendo de un susurro—. Daemon, Marrow, todos. Todos menos yo. Y el Equipo Absolución estará ahí. Todos ellos han repasado el plan docenas de veces. No dejarán que algo salga mal. Apostaría mi vida en ello.

—Bien, entonces —dijo Shander con un suspiro—. Bien. Que así sea. Confío en ti.

—Gracias —siseó Scythe—. Y no le cuentes a nadie más sobre esto. No insinúes que te conté algo. Actúa sorprendido cuando anuncie que no voy. ¿Entendido?

—Sí —dijo Shander—. Esta conversación nunca ocurrió.

—Gracias por entenderlo —dijo Scythe, poniéndose de pie lentamente—. Créeme, guardar todo esto al resto del equipo me lastima más de lo que puedo contar. Es insoportable. Tuve que contarte todo esto. Sentí que lo merecías.

Scythe se giró una vez más y se internó más en las sombras, señalando a Shander para que se marchara. El Sandslash dio un último asentimiento de comprensión, luego caminó pesadamente de vuelta en dirección a sus habitaciones.

—Shander —llamó Scythe una vez más, mientras se separaban—. Lo siento. Lo siento mucho.

—Scythe —respondió Shander—. Cuando era joven, observé cómo mi padre era asesinado ante mis propios ojos. Desde entonces llegué a la conclusión de que la vida que vivimos no siempre es agradable, o ideal. No hay nada para mí por perdonar.

Shander no dijo nada más, y Scythe quedó en las sombras hasta que la última de sus pisadas pasó más allá de la esfera de su audición. En realidad, no sabía cómo tomar las últimas palabras de Shander; él sabía, en su corazón, que a pesar de que había sido simplemente un accidente desafortunado, la pérdida de Jahzara estaba sobre sus propios hombros. Se dio cuenta de que su relación con Shander había empezado con un fracaso...

... y, quizá, terminaría también con uno.

Con su corazón demasiado fatigado para retornar, Scythe yació por un tiempo más en las sombras, mirando a nada más que sus propios pensamientos proyectados en la oscuridad a su alrededor.

Luego, tomó un profundo aliento, e hizo sonar un pequeño llamado hacia el pasillo...

—Char... está bien. Puedes salir. Saura, Ray, todos ustedes. Vengan aquí.

Char brincó, sintiendo una poderosa sacudida de adrenalina correr a través de su sistema. Se calmó un poco cuando se dio cuenta de que no tenía nada que temer, pero el sentimiento de la vergüenza ante su propia estupidez no cedió. ¿Cómo, se preguntó a sí mismo, es que pensó que podría salirse con la suya al escabullirse de Scythe, un cazador entrenado que respiraba los más pequeños detalles de su entorno como el aire? En realidad, no sabía por qué estaba espiando, solo había ocurrido. Por segunda vez, tuvo ganas de golpearse la cabeza contra la pared más cercana. En lugar de eso, tragó saliva pesadamente y se reveló a regañadientes en la luz del pasillo, sus garras todavía apretando firmemente la llama de su cola para reprimir su luz.

—Está bien —dijo Scythe otra vez, su voz exhausta y derrotada—. Solo vengan aquí. No estoy enojado.

Saura siguió a Char. Su expresión era una de exasperación; a causa de su inquebrantable dedicación a su mejor amigo, había sido arrastrado a este absurdo y accidental espionaje, algo sobre lo que hubiera expresado su desaprobación si Char se hubiera tomado el tiempo para preguntarle su opinión. Pero Ray era otra historia; se acobardaba detrás, último en la fila, casi pareciendo igual de lastimado y traicionado como Shander hacía unos momentos. Se acercó a su héroe con una figura temblorosa y ojos vacilantes.

—¿Qué tanto escucharon? —demandó Scythe, pero gentilmente, mientras salía de las sombras.

—Lo suficiente para entender —respondió Saura por el grupo.

—Lo siento, pero en serio tiene que ser preguntado —dijo Scythe, acercándose al grupo y negando con la cabeza—. ¿Qué están haciendo despiertos a estas horas? Deberían estar descansando para las asignaciones que tienen por delante. Todos ustedes deberían.

—Tenía insomnio —entregó Char, con solo un poco de amargura—. ¿Y tú?

Scythe no respondió de inmediato. Solo cerró sus ojos y bajó su cabeza un poco, como si intentara vadear a través de una corriente de emociones para las respuestas apropiadas. Antes de que tuviera una chance de responder, sin embargo, Ray rompió el tenso silencio.

—Scythe... ¿qué es lo que va a ocurrir? —habló Ray en una rota voz, lentamente adelantándose al frente del grupo—. Vas a estar bien, ¿verdad? Todo saldrá como lo planeado... ¿verdad?

Scythe abrió sus ojos para ojear a Ray por un par de momentos antes de cerrarlos otra vez. Se quedó en silencio.

Finalmente, con un ligero suspiro, elevó una cuchilla para apartar a los tres jóvenes Pokémon mientras se ponía en marcha de vuelta a su habitación.

—Si me confían o no en mí es su decisión —dijo finalmente mientras se alejaba—. Lo que sea que decidan, no es algo de lo que tengo el poder para cambiar.

—Confiamos en ti —le llamó Char—. Siempre lo hemos hecho, y siempre lo haremos. ¿Pero es necesario que nos preocupemos por ti?

Scythe se detuvo en seco para ojear atrás hacia el Charmander, dándole una extraña mirada por hacer tal pregunta, y preguntándose qué clase de respuesta esperaba. De alguna forma, la mirada gradualmente se fundió en una sonrisa satisfecha, hasta que Scythe estuvo observando afectuosamente a los tres compañeros Pokémon que había entrenado lo suficientemente bien en las últimas varias semanas.

—Vengan —señaló Scythe otra vez, esta vez en modo amistoso—. Caminen conmigo. Tengo algo que me gustaría contarles.

Así que caminaron. Por un tiempo, Scythe guio a los tres en silencio por algunos corredores en el mismo piso de la base, dejando a Char sin idea de a dónde se dirigían. Pero sabía que el destino no era importante...

—¿Quieren saber quién soy? —dijo Scythe inquisitivamente, girándose hacia los tres una vez que estuvieron muy alejados de la puerta del Equipo Remordimiento—. ¿Quieren saber quién realmente soy bajo las máscaras que llevo?

—¿Quién eres? —preguntó Char sin vacilar.

—Soy un servidor —declaró Scythe—. Y aquella a quien me someto... es Ambera misma. Todo lo que alguna vez he hecho... toda guerra que he peleado, toda... toda mentira que he contado... Ha sido en servicio de Ambera. Cuando me uní al Maestro, lo hice en servicio de Ambera. Cuando tomé la decisión de liberarme de la voluntad del Maestro, lo hice en servicio de Ambera. Todo... Todo es por la patria a la que sirvo. La patria estrangulada por tal fuerza que... desea destruirla.

Por el brillo en sus ojos, y el poder de las declaraciones que hacía, Char supo que Scythe no podría haber sonado más honesto que ahora. Estaba hablando desde su corazón.

—Deben entender algo —dijo Scythe, tomando turnos para mirar profundamente a los ojos de los tres Pokémon que escuchaban—. Escuchen bien, entiendan bien, porque esto es importante. Esta es la lección más importante que les enseñaré. La naturaleza de ser servidor... cuando uno es servidor, no es su propio bienestar lo que importa, sino el de... aquel... a quien escoge servir.

Scythe detuvo la procesión en frente a un pequeño balcón que daba con la espaciosa caverna principal de la base. Pero Char nunca se molestó en prestar atención a su entorno, ya que el verdadero propósito del sermón empezaba a aparecer ante él.

—Cuando eres servidor... no posees nada —continuó Scythe—. Todo lo que posees pertenece a aquel a quien sirves. Y todo... cuando el tiempo llegue, debes estar preparado para sacrificar todo. Al final, un servidor que no está dispuesto a sacrificarlo todo... no vale nada.

—¡¿Qué estás planeando sacrificar?! —dijo Char con brusquedad—. ¡Suenas como si te dirigieras a tu muerte! Si algo malo está a punto de pasar, ¿por qué–

—¡No! —espetó Scythe—. No, no yo. Lo que estoy planeando sacrificar no debería ser asunto tuyo. La verdadera cuestión es: ¿qué estás tú dispuesto a sacrificar... humano?

—¡¿Esperas que yo sepa eso?! —espetó Char de vuelta—. Tú sabes quién eres bajo tus máscaras. ¿Pero yo? ¡Ni siquiera sé quién soy! ¡Ni siquiera sé por qué estoy aquí! ¡¿Cómo se supone que sepa qué tengo que hacer?!

—Es mi esperanza que Dialga sea capaz de aclarar eso para todos nosotros —murmuró Scythe—. Rézale, que lo alcancemos sin problemas, y cuando lo hagamos, que tenga buenas noticias para nosotros. En este punto... Es todo lo que podemos esperar. Esperemos que Dialga tenga la respuesta para todos nuestros problemas.

Después de eso, Scythe envió al perplejo equipo de vuelta a sus habitaciones, mientras él se quedaba en el balcón de la cámara principal de la base y observaba la oscuridad debajo por algún tiempo.

... ... ...


—¿Quién soy? —murmuró Char en voz alta, mirando al techo otra vez desde sobre su cama.

Era una cuestión que lo fastidiaba de vez en cuando, y una que le importaba muy profundamente. Ahora, más que nunca, a medida que la confrontación con su destino se acercaba, se preguntó sobre esta alma que estaba atrapada entre estas pequeñas garras rojas, este pequeño vientre amarillo en el cual un interminable fuego ardía, esta pequeña cabeza redonda... estos diminutos confines que conocía como su cuerpo. ¿Quién era este humano que él había sido? ¿Qué clase de vida tenía? ¿Alguien lo extrañaba? ¿A dónde pertenecía?

¿Qué, si algo, debería él estar dispuesto a sacrificar? O... ¿ya había él sacrificado todo lo que tenía?

—Eres Char, el Charmander de buen corazón. Eres sensible. Tienes un corazón de oro, pero a veces pierdes los estribos cuando algo te molesta. Pero incluso cuando estás enojado, siempre pareces tomar la decisión correcta. No eres demasiado valiente ni demasiado cobarde, tu coraje está en lo justo. En verdad odias hacer las cosas solo, por lo que tus amigos significan mucho para ti. Estás aprendiendo sobre este mundo por primera vez, así que te sientes perdido casi todo el tiempo, pero todo es mejor cuando estás con tus amigos. Um... Tus cosas favoritas en la vida son disfrutar de la belleza de la naturaleza, el fuego, y conseguir tu recompensa por el trabajo duro. Odias el frío, y odias las conspiraciones y la deshonestidad, tú... odias la idea de defraudar a las personas. Y odias la manteca de cacahuates, a pesar de que intentas pretender que te gusta.

Char hizo una mueca, y casi se rio de la respuesta de Saura. Se sentó en su cama y se encontró en la misma posición que había estado antes de ir a visitar a Scythe; los brillantes ojos rojos de Saura le brillaban de nuevo, una bien merecida sonrisa afectada extendida a través de su rostro.

—Creo que eso te sintetiza. ¿Me faltó algo, Ray?

—Eres importante —agregó Ray, yaciendo boca abajo con los ojos cerrados—. Significas mucho para muchos Pokémon. Eres especial. Estás aprendiendo a ser un muy determinado líder de nuestro equipo. Um... eso es todo. Creo que Saura lo cubrió todo.

—Bueno, ¿es eso lo que querías saber? —dijo Saura, todavía sonriendo ampliamente—. Ese es quien eres. Pero, si quieres saber quién fuiste, no tengo idea. Pero si eras igual a como eres ahora, apuesto a que fuiste un humano muy bueno.

—¿Entonces por qué terminé aquí? —preguntó Char—. Si era un humano bueno, ¿por qué no me quedé como un humano bueno? ¿Por qué tendría que volverme un Charmander? ¿Acaso fue algún tipo de castigo? O quizá... quizá cometí un gran error.

—O quizá elegiste esto —ofreció Saura—. Si lo hiciste, apuesto a que tu yo humano estaría muy orgulloso de ti ahora mismo.

—Hay un montón de leyendas e historias sobre personas que se transforman en Pokémon —dijo Ray pensativamente—. La mayoría de ellas fueron inventadas solo para poder contar historias divertidas alrededor de la hoguera. No recuerdo muchas, pero hay una que me viene a la mente... Es sobre un entrenador Pokémon que era tan horrible con su Pokémon que Arceus mismo lo convirtió en Pokémon, para que pudiera tener perspectiva.

—Oye, vamos —dijo Saura con el ceño fruncido—. Eso no ayuda en nada.

—Oye, solo estoy aportando ideas —dijo Ray, ofreciendo un encogimiento de hombros incluso mientras yacía colapsado en su cama—. Pero oye, incluso si esa fuera la historia de Char... creo que funcionó bien, ¿no crees?

—Bueno, a mí no me gusta —retornó Saura—. Oye, otra idea: ¿qué pasa si viniste del futuro? ¡No tienes memorias porque todavía no han ocurrido! Tal vez descubriste que tenías la Llamada, así que te convertiste en un Charmander y luego volviste para salvar al mundo del Maestro para que tu futuro fuera mejor.

—Vaya, si eso fue lo que hice, debo haber sido alguien muy valiente —dijo Char—. No me siento tan valiente. Además, si tuviera la opción de convertirme en un Pokémon, me volvería un Lucario o... no sé, algo más. ¿Por qué un Charmander?

—Bueno, si es que vas a aprender cómo ser un Pokémon desde cero, tal vez pensaste que sería mejor empezar pequeño y aprender las cosas igual que todos los demás —dijo Saura encogiéndose de hombros—. Serás un Charizard grande y fuerte algún día, sabes. Tal vez tenías eso en mente.

Todas eran teorías muy divertidas, pero ninguna de ellas le sonaba. Las memorias de Char todavía estaban igual de vacías como siempre, excepto por el recurrente visaje que frecuentaba sus sueños de vez en vez. Y esa Poké Ball. ¿Por qué una Poké Ball? La cuestión le codeaba incesantemente. ¿Cómo podía su destino girar en torno a un objeto que todavía no había visto con sus propios ojos en el mundo de la civilización Pokémon? Sus teorías eran interminables. ¿Se suponía que tenía que encontrar esa Poké Ball? ¿Se suponía que tenía que capturar a alguien en ella? ¿Al Maestro, tal vez? ¿Siquiera en dónde encontraría tal objeto?

—Creo que deberíamos dormir —gimió Ray—. Char, deberías intentar sentirte mejor. Es como dijo Scythe. No te preocupes por las cosas. Iremos hasta Dialga. Él tendrá la respuesta para nosotros. Intenta volver a dormir. Para que yo pueda dormir. Sé que se supone que debo guardarte compañía, pero... se está volviendo agotador.

Char se recostó de nuevo en su cama e intentó relajarse. Afortunadamente, en su momento, el sueño llegó.

... ... ...


Cuando vino la mañana, pareció demasiado pronto.

—¡Char, hora de levantarse! —llamó Ray—. Las antorchas ya están anaranjadas. ¡Se nos hace tarde!

—Uug... Ya voy —gimió Char, apenas moviéndose—. Por favor, solo no me electrocutes.

—¿Y bien, te vas a levantar? —insistió Ray—. Vamos. Tenemos una misión por hacer.

—Cansado... —dijo Char, rodando.

—¡Oye, eso es tu culpa, sabes! —dijo Ray acusatoriamente—. Tú eres el que decidió ir a fastidiar a Scythe anoche. Pero oye. ¡Ya no hay dormir de más! ¡Este es nuestro ÚLTIMO DÍA!

Los ojos de Char se abrieron de repente. Él tenía razón. Era su mismísimo último día en la base de la División Dorada. No quería desperdiciar ni un minuto de él.

—Ahora... ¡CHAR! ¿PARA QUÉ NOS ALZAMOS? —exclamó Ray a todo pulmón.

Char entrecerró los ojos hacia él—. Para que él–eh...

—Oh... espera. Lo siento —rio Ray, negando con la cabeza—. ¡Lema equivocado! Acabo de despertarme de un sueño en donde estaba en el Equipo Remordimiento... Lo que quise decir era... hasta que la ÚLTIMA ASCUA SE APAGUE...

—¡El fuego NO MORIRÁ! —exclamó de vuelta Char con entusiasmo, saltando a una pose victoriosa. Su sonrisa se volvió una mueca, sin embargo, cuando vio que la figura de Saura seguía tumbada en su cama.

—Oh, sí, Saura todavía no se despertó —dijo Ray, jugueteando con sus patas—. Todavía está noqueado. Ya intenté electrocutarle, pero no hizo nada. ¿Tal vez podrías ayudar?

... ... ...


Una vez que Char consiguió despertar con sacudidas a Saura, los tres agarraron sus apenas cargadas bolsas (no habría mazmorras misteriosas en la misión, así que algunos bocadillos serían los suministros), y se dirigieron escaleras arriba para convocar a su supervisor. Char estaba ansioso por ver si la condición de Scythe había empeorado o mejorado después de los eventos de la noche previa, y esperó que dejarlo dormir en lugar de despertarlo en su horario habitual, una hora antes del fin de la alerta, lo ayudaría...

Pero tan pronto como Scythe emergió de su puerta, se volvió dolorosamente claro para Char que su condición había empeorado. Sus ojos estaba ligeramente enrojecidos, y su postura estaba encorvada. Pero, saludó al equipo con un asentimiento de la cabeza, y vino con ellos como si nada estuviera mal.

—Entonces, ¿cuál es la misión para hoy? —preguntó Scythe, teniendo éxito en sonar razonablemente entusiasta, mientras se dirigían hacia el piso principal y hacia la salida sureste de la base.

—Una divertida —replicó Char, intentando no sonar preocupado—. Tenemos que ayudar a construir una casa en Ciudad Hierro. La elegimos porque el trabajo tenía una gran recompensa.

—Suena razonable —dijo Scythe con un asentimiento—. ¿Pero cómo planean ayudar? No somos exactamente los mejores Pokémon para construcción...

—Oh, la casa es la verdad una madriguera. Una guarida subterránea, para algunos Phanpy, para ser exactos. Dos de ellos, hermano y hermana. Contrataron a algunos Pokémon para excavar su guarida y ayudarlos a mudarse, y estamos incluidos.

—Aaaahh —dijo Scythe extrañamente, asintiendo con la cabeza—. Preparar una casa subterránea para sus habitantes. Creo que puedo ayudarles con esto. Ha sido mi trabajo por varios años ya...

Char se encogió. Completamente por accidente, había creado una inquietante referencia al problema de Scythe, y se arrepintió profundamente. En efecto, tenía razón: su trabajo aquel día involucraría preparar una guarida para reubicación de Pokémon.

—Oigan, ¿quién tiene hambre? —exclamó rápidamente Saura—. ¿Alguien quiere desayunar?

... ... ...


Luego de enfrentarse a las imposiblemente largas escaleras una vez más, Char y sus amigos se acercaron a Slaking para reconocimiento en la Academia Acantilado, inconscientes de la perturbadora noticia que los esperaba...

—Eehhh, comienzo tardío hoy, ¿eh? —dijo Slaking cálidamente—. Por lo menos para sus estándares. Tengan un buen día. Digo... ¡oigan! ¡Esperen!

Justo cuando estaban a punto de marcharse, Slaking los llamó de vuelta. Char obedeció, girándose al guardia de la entrada con sorpresa.

—Eh, deberían saber algo, antes de que salgan hoy —les contó Slaking en un tono de consternación—. Si van a Ciudad Hierro... ellos eh... bueno, anoche descubrimos qué fue lo que Adiel le dijo al consejo de Ciudad Hierro. O al menos parte de eso.

—¿Cuál es la noticia? —demandó Scythe, su voz volviéndose seria.

—Bueno, resulta que hay una nueva ley, o algo así, una citación, supongo que lo llamarías —explicó Slaking—. Hay una orden de que cualquier Bulbasaur encontrado en Ciudad Hierro deberá ser arrestado y puesto en prisión. No sabemos por qué. Solo Arceus sabe qué es lo que tienen en contra a esos pobrecillos, con suerte solo están haciéndoles preguntas o algo así. Pero desde que esto es obra de Adiel, no puede ser bueno para nosotros, solo para hacerles saber, especialmente ya que tienen uno de ellos con ustedes. No puedo creer que casi se me olvida eso. Así que, sí. Escuché que ya tienen a algunos encerrados.

Char no tuvo que esperar a que el nudo se formara en su garganta. Su horrible sospecha había estado acertada todo este tiempo... ¡Adiel todavía estaba buscando a Saura!

—Ya veo... —dijo Scythe—. Char, parece que ahora tienes un par de decisiones por hacer. ¿Qué dices sobre esto?

—Saura se queda —dijo Char sin titubear—. Saura, quédate en la base. Si hay cualquier cosa que podamos hacer antes de la expedición, hazlo. Pero no quiero que te capturen.

—Bien por mí —dijo Saura, encogiéndose de hombros—. La verdad eso es un poco aterrador. Me pregunto qué estarán haciéndoles a esos Bulbasaur. Espero que estén bien.

Saura asintió y se giró para volver a la base, su único lamento siendo que Char tendría una mano menos para la tarea.




Ciudad Hierro



Char mantuvo un ojo cauteloso hacia los ciudadanos alrededor de él mientras seguía las direcciones al lugar de construcción. Atisbó a no menos de tres Growlithe patrullando activamente las calles entre los madrugadores trabajadores que se dirigían a sus tareas. La orden debió haber sido emitida muy recientemente, determinó él, para que los guardias de la ciudad estuvieran tan vigilantes, incluso en las primeras horas de vigilia del amanecer. Hizo su mejor esfuerzo para ignorar su presencia; siempre y cuando Saura no estuviera ahí, no importaban.

Luego de navegar la extensa ciudad por casi hora y media, localizaron su destino: un parque urbano, o algo parecido, en donde las cantidades de estructuras de acero se apartaban para revelar un paisaje más sereno de verde césped moteado con pequeños árboles y lagos. Char supo que no era un parque urbano en lo absoluto, sino un hábitat para el tipo de Pokémon que moraba en los pastizales...

Toc, toc, toc, toc.

Char llamó la puerta de una pequeña morada en forma de domo que se asentaba en el medio de una región herbosa al lado de un pequeño estanque.

—Es el lugar correcto —confirmó Ray, verificando las direcciones de la oferta de trabajo—. Pero no veo a nadie.

—Probablemente no están despiertos todavía —gruñó Scythe.

Char suspiró. A veces, sin importar cuántas misiones hiciera o clientes sirviera, se olvidaba que los Pokémon civiles eran diez veces más perezosos que la división se permitía ser.

—Solo déjenme entrar —bromeó malvadamente Ray, dejando que sus mejillas chisporrotearan con amarilla electricidad—. Yo les levantaré. Solo observen.

—Buena idea —dijo Scythe, riendo con él y posicionando sus cuchillas como si estuviera a punto de lanzarse violentamente hacia la casa—. No necesitan su puerta. Tendrán una casa nueva de todos modos, ¿verdad?

Mientras Scythe y Ray bromeaban uno con el otro, Char deambuló hasta la parte trasera de la casa. Efectivamente, ya había una zanja cavada junto al lago en donde la nueva guarida estaría. Char supo en seguida que sería mucho más abierta y espaciosa que su residencia actual... pero, por ahora, solo tenía como treinta centímetros de profundidad. Había mucho trabajo por hacer.

Mucho aburrido y agotador trabajo.

Char reprimió su orgullo esta vez. Vale la pena, se dijo. La recompensa es asombrosa. Veinticinco mil Poké por solo un día de trabajo, cortesía del cliente. Seríamos estúpidos si no tomáramos esta oportunidad.

—¡Oh! ... ... ... ... ... ¿Hola?

Una nueva voz apareció, y Char se dio cuenta de que el Phanpy había abierto la puerta. Se apresuró de vuelta al frente de la casa.

—¿Están aquí para ayudar con la madriguera? —dijo el Phanpy adormilado—. Vaya. Llegaron... ... ... ... ... muy temprano.

—Si nos provee con direcciones, podemos empezar en cualquier momento —dijo Scythe—. Para el tiempo en que los otros lleguen, podríamos tenerlo hecho hasta la mitad.

—Eh... ... No creo que deban —replicó el elefante, bostezando—. No podemos hacer nada de todas formas hasta que los Diglett lleguen. Están haciendo la mayor parte de la excavación. Ustedes pueden ayudar con el resto.

Ah... ahora lo entiendo, se dio cuenta Char. No era de extrañar que puedan pagarnos tanto. ¡Los Diglett no le ven uso al dinero!

—Vuelvan en unas cuantas horas... cuando haya más sol... luego podremos... hacer las cosas —dijo el Phanpy—. Lo siento...

Con eso, cerró la puerta y dejó a Char y a su equipo parados en el umbral.

—¿Ahora qué? —preguntó Char—. ¿Qué hacemos por unas cuantas horas?

Char se giró a Scythe por ideas, intentando ignorar sus abrasadores ojos llenos de estrés. Scythe parecía pensativo, y echaba miradas hacia el campo.

—¿Tal vez podamos buscar otra misión? —sugirió Ray—. Si es una fácil que podremos acabar en un par de horas, ¡podríamos hacer dos en un día!

Scythe no respondió. Recorrió el perímetro de la casa hasta atrás, justo como Char lo hizo, e inspeccionó el patético intento de empezar la zanja.

—Hmmmmm —suspiró suavemente.

—¿Qué estás planeando? —preguntó Ray—. ¿Quieres cavar sin ellos? ¿Incluso sin su permiso?

—No —replicó simplemente Scythe, continuando su paseo alrededor de la mella en el suelo.

—¿Entonces qué? —preguntó Char—. ¿Qué harás con la zanja?

—Nada —replicó Scythe—. Nada. No haremos nada. Justo como nos dijeron.

—Bueno, vayamos a encontrar otra misión, entonces —decidió Char—. Si podemos conseguir incluso más dinero hoy, sería genial...

—Tengo una idea —dijo finalmente Scythe—. Sé de una misión que podemos hacer.

—¡Asombroso! —vitoreó Ray—. ¿Qué es? ¿Cuál es el plan?

—Bueno, no es la clase de misión que estarán esperando —replicó Scythe—. No habría recompensa. Y no podríamos acabarla a tiempo para volver y ayudar con este foso. Nos tomaría todo el día terminar. Y podríamos necesitar más ayuda de la que tenemos ahora. Pero, si les gustaría hacer algo más emocionante que construir una zanja, sí que tengo una idea que podrían considerar.

—Espera, ¿quieres que descuidemos el trabajo al que nos anotamos? —preguntó Char—. ¿Se nos permite hacer eso? No creo que a la división le agrade mucho que nosotros...

—Creo que la división coincidiría que estas son circunstancias extenuantes —dijo Scythe—. Además, no tienen que hacerlo si no quieren. Si quieren quedarse aquí a cavar, bien. Nada de malo con eso. Solo digo que...

—Bueno... —dijo Char cautelosamente—, ¿qué tienes en mente?

—Char —dijo Scythe, llevando su sonrisa favorita—, ¿te gustaría ayudarme a liberar a los Bulbasaur de su cautividad?

... ... ...


Char se sentía absolutamente eufórico. No pensó dos veces sobre ayudar a los Phanpy–su última misión con la División Dorada sería emocionante, sustancial, y... quizá lo mejor de todo... digna del Equipo Remordimiento. El trío hizo unas cuantas visitas por Ciudad Hierro para recolectar información, envió algunos mensajeros de vuelta a la base, e ideó su plan. Todo el tiempo, Char hizo ávidamente cualquier cosa que se le pedía, y esperó la oportunidad de presenciar de primera mano la brillantez de Scythe.

—Un poco pronto para actuar, ¿no crees? —se rio Markov mientras escuchaba la idea de Scythe—. Acabamos de ver el reporte en las noticias de esta mañana. Alakazam se aseguró de que todos lo supieran tan pronto como lo averiguó.

—Nada malo en agarrarlos por sorpresa, especialmente así de rápido —remarcó Marrow.

Luego de convocar a unos cuantos de sus miembros de equipo, Scythe se reunió con ellos en un callejón para discutir sus planes. Char escuchó atentamente, y Ray también parecía muy contento por el repentino viraje que el día había tomado.

—Exacto —dijo Scythe—. Cuanto más lo pienso, más estoy seguro de que a Adiel ni siquiera le importan los Bulbasaur que está encerrando. Creo que solo está tratando de dirigir un gesto de insolencia hacia mí. Quizá tocarle las cuerdas sensibles a Char aquí por robarle su recluta.

—Además, no hay forma de que simplemente nos topáramos con algo como eso —dijo Marrow—. Noticias como esta se extienden rápidamente por la base. Somos los primeros en saberlo todo. Adiel no podría haber pensado que en realidad podía capturar a Saura de esta manera. E incluso si lo hiciera, ¡podríamos sacarlos sin problemas en dos segundos!

—Exacto, razón por la cual pienso que esto no es más que un inconveniente, para nosotros y para cualquier Bulbasaur que tenga la suerte de quedar atrapado en esto —dijo Scythe—. Obviamente en unas horas no habrá más para recoger de las calles, y si el gremio de mensajeros hace su trabajo, Clefaria y Fortaleza Leal y todas las otras ciudades circundantes sabrán que no deben enviar Bulbasaur a Ciudad Hierro. No habrá nada más que un puñado de Bulbasaur encerrados absurdamente en unas celdas.

—Mayor razón por la que merecen ser liberados —dijo Marrow.

—Espera, ¿así que Adiel ya no está tras Saura? —preguntó Char—. ¿Solo está tratando de burlarse de nosotros?

—Si mi instinto está en lo cierto, entonces sí —dijo Scythe—. Estoy seguro de que todavía está un poquito amargado porque Saura se escapó.

—Sí, y cuando Scythe tiene una corazonada sobre Adiel, tiendo a confiar en ella —agregó Marrow—. A veces pienso que sus mentes son una sola.

—Ahora... tengo la certeza de que eso no es todo lo que consiguió cuando estuvo aquí el otro día —afirmó Scythe—. Hay posibilidad de que esa parte fue solo una ocurrencia de último minuto. Su objetivo primario todavía no ha sido visto. Pero por ahora... podemos arrojar de nuevo la broma a la cara de Adiel si la volamos meras horas luego de que empezara. ¿Qué dicen?

—Suena genial —dijo Markov—. ¿Cuál será nuestro plan?

—Bueno, de lo que he recolectado, los Bulbasaur están siendo mantenidos en las instalaciones de retención de Ciudad Hierro, que están posicionadas literalmente en la puerta trasera del ayuntamiento —explicó Scythe—. Están protegidas pesadamente, por Pokémon y por tecnología, pero la mayor parte de la seguridad está en el interior, más que en el exterior.

—Se preocupan más en mantener a los Pokémon adentro que afuera, ya veo —dijo Marrow—. Suena como si pudiéramos lanzar una buena inserción con algo de esfuerzo... ¿Pero cómo sacamos a los Bulbasaur?

—Esa es la parte difícil —dijo Scythe—. Los Bulbasaur están encerrados en el tercer piso bajo tierra, uno de sus salones con seguridad más débil. Estoy pensando... vamos a necesitar, por una parte, a un Pokémon eléctrico. Ray... ¿cómo te sientes hoy? ¿Crees que puedas soportar unos cuantos centenares de voltios en tu cuerpo?

—¡Pah, eso no es nada! —se mofó Ray—. He soportado rayos enteros antes.

—Bien. También, necesitaremos a un Pokémon civil —continuó Scythe—. Necesitamos sacar a alguien de la calle. Ya tenemos a algunos de nuestros agentes en esta ciudad, pero no servirán. Necesitamos a alguien sin ninguna clase de conexión con la resistencia.

—Char y yo podríamos ayudar con eso —dijo Ray—. Conocemos a alguien. Creo que ella estaría feliz de ayudarnos.

—Bastante justo —dijo Scythe—. Char... creo que tendré un rol muy especial para que desempeñes. Necesitarás venir conmigo. ¿Entiendes?

—Lo que sea que digas —dijo Char, tomando un gran aliento del entusiasmo.

—Bueno —dijo Scythe, inhalando profundamente por su parte—, creo que tenemos todos los recursos necesarios a mano para llevar esto a cabo, así que... este es el plan.

... ... ...


En las tardías horas de la mañana, antes de que el sol hubiera alcanzado su pico en el cielo, las calles de Ciudad Hierro estaban llenas con Pokémon yendo por todos lados en sus recados diarios. El pueblo ya estaba hirviendo por el extraño edicto que había entrado en vigencia aquella mañana; fue puesto en cada tablón de anuncios y esquina de las calles que cualquier y todo Bulbasaur debería ser entregado, sin preguntas. Era una ley extraña, en efecto, pero no había un Pokémon en toda Ciudad Hierro que estuviera listo para que el consejo de su ciudad desafiara abiertamente la voluntad del Maestro...

En las calles, una figura corrió rápidamente tras la cubierta de un edificio.

Manteniendo un ojo cuidadoso en el torrente constante de transeúntes, el asustado pequeño Bulbasaur se acobardaba en las sombras y esperaba una oportunidad para esconderse en una multitud y progresar en su avance por la ciudad. Usando sus cepas, sostenía con firmeza un diminuto saquito blanco sobre su espalda.

—Solo mantén la calma —una voz pareció susurrar en su oído, haciendo que el Bulbasaur se preguntara si era solo su propia mente hablándole—. No pierdas la concentración. Estarás bien.

Siguiendo el consejo de la voz, el Bulbasaur tragó pesadamente saliva y emergió de vuelta en las calles, lanzándose rápidamente a través de las sorprendidas multitudes y al siguiente refugio seguro.

—A ver, ¿qué tenemos aquí?

Tan pronto como el Bulbasaur se hubo escondido en el siguiente callejón oscuro y concentrado su vista en las calles, una voz se alzó de repente desde atrás, causando que saltara del susto. El Bulbasaur se giró con temor, encontrándose con un enorme Raticate que había estado tumbado en el callejón.

—Bulbasaur, ¿eh? —dijo la gran rata—. ¿Asumo que sabes de la nueva ley de hoy? Supongo que sí, ¿por qué más serías tan sigiloso?

El Bulbasaur tragó aún más pesadamente, sus pensamientos parpadeando salvajemente a través de varias posibilidades para una ruta de escape.

—Oye, no te preocupes, no te voy a entregar —dijo el Raticate, todavía tumbado en su lugar—. ¿Por qué no solo sales del pueblo mientras puedas? ¿Por qué arriesgarte a ser atrapado?

—Necesito... medicina... para mi mami... —dijo el Bulbasaur—. Vivimos en las afueras... ella necesita la medicina pronto... tengo que ir a la tienda...

—Vaya, pobrecito —dijo el Raticate con indiferencia—. No querría estar en tu lugar hoy, eso es todo lo que puedo decir. ¿Mi consejo? Consigue a alguien que compre la medicina por ti. No seré yo, sin embargo. Nunca vendería medicina a una sucia rata callejera como yo... Por supuesto, si se lo pides a alguien, te arriesgas a que te entreguen... hmm... decisión difícil. Diría que estarías mejor solo rezándole a Arceus...

En un parpadeo, el Bulbasaur se hubo ido de nuevo, tomando rápidamente la primera ventana de oportunidad que encontró.

—Eehh —gruñó el Raticate cuando se dio cuenta que el Bulbasaur ya no estaba—. Bien. Sé de esa manera. Deja a un tipo mientras está tratando de darte un consejo. Como si me importara...

... ... ...


—Um... ¿estás seguro de que puedo hacer esto?

—Solo mantén esa cola cerca de ti. No quemes mis alas. Eso es todo lo que pido.

—¿Cómo puedo sostener mi cola mientras estoy tratando de sujetarme?

Char y Scythe estaban dentro de un pequeño edificio abandonado no muy lejos de las instalaciones de retención en donde los Bulbasaur estaban siendo mantenidos. Char estaba luchando consigo mismo, intentando posicionar su cuerpo de forma segura en la espalda de Scythe de manera apropiada para montar. No era tarea fácil. Char intentaba sostener su cola en una mano y sujetarse al hombro de Scythe con la otra, pero simplemente se deslizaba. Intentó sostener su cola en la boca, pero no alcanzaba de ninguna manera que no fuera más bien dolorosa...

—Tienes que quedar perfectamente centrado —le recordó Scythe, arrodillándose en el suelo mientras Char intentaba repetidamente subirse en él—. Mis alas se mueven más rápido que la velocidad del sonido. Potencialmente podrían abrirte a la mitad si entraras en contacto con ellas desde un ángulo equivocado.

Char se estremeció ante el pensamiento de ser desgarrado en cintas al más ligero desliz de su posición.

—Scythe, no lo sé. No creo que esto vaya a funcionar —dijo Char, saltando al suelo otra vez.

—Hay una forma —insistió Scythe—. Podemos encontrarla. Todavía tenemos algo de tiempo para resolver esto. ¿Pero ahora entiendes por qué no aprecio llevar pasajeros? Incluso entonces, no seríamos capaces de permanecer en el aire por mucho tiempo. No puedo soportar el peso.

Char examinó una vez más la forma de Scythe, preguntándose si había alguna cosa que estuviera pasando por alto. No es de extrañar que los Scyther nunca son entrenados para transportar personas, se dio cuenta él. ¡No hay forma fácil de hacer esto! Soy más pequeño que una persona, y ni siquiera puedo resolver esto...

Scythe miró con atención la habitación, analizándola, como siempre haría cuando estaba perplejo. Echó un vistazo al exterior de la ventana hacia el lejano portal que era su destino final–varios pisos por sobre el nivel del suelo.

—Char, intenta esto —instruyó Scythe—. Encárame desde el frente. Sostén mi cuello.

Scythe se arrodilló de nuevo al nivel de Char, y Char hizo como se le indicó, abrazando sus cortos pequeños brazos firmemente alrededor del cuello del Scyther.

—Bien, ahora sujétate con tus piernas —instruyó Scythe.

Brincando del suelo, Char dobló sus piernas en miniatura alrededor del segmento inferior del cuerpo de Scythe. Para su alivio, su asimiento era seguro, incluso mientras el peso de la gravedad estaba constantemente tirando de él. Mientras Scythe se ponía de pie, la llameante cola de Char colgaba inofensivamente fuera del camino.

El aire pareció llenarse con el sonido de cientos de enojados Beedrill cuando Scythe abrió repentinamente sus alas. Char se encogió, esperando que sus garras o pies no colisionaran accidentalmente con el transparente campo de membranas motorizadas que cubría la espalda de Scythe.

Con un enérgico gruñido, Scythe se lanzó hacia arriba y tuvo éxito en quedarse en el aire por un momento.

—Creo que esto funcionará —reportó él.

... ... ...


—¡Oye! ¡Tú! —ladró una voz—. ¡Oye! ¡Alto!

Ante el sonido de la voz, el Bulbasaur no desperdició un momento en forzar una corrida sin cuartel.

La persecución no duró mucho; el Arcanine se abalanzó cegadoramente rápido, y en solo cuestión de segundos, alcanzó al Bulbasaur en su huida y le cortó su ruta de escape.

—Hola, pequeñín —dijo el Arcanine amable, pero forzadamente—. Sabes que tengo que entregarte, ¿verdad? Por orden del consejo...

—¡Por favor! —suplicó el Bulbasaur—. Por favor... solo necesito conseguir algo de medicina para mi familia... eso es todo lo que quiero... ¡saldré de aquí, lo prometo! ¡Por favor, solo déjame ir!

—Lo siento, pequeñín —dijo el Arcanine, acercándose al arrinconado Bulbasaur—. Las reglas son reglas. Estoy segura de que te dejarán ir en un santiamén, pero ahora mismo–

El gran perro pausó por un momento, una perpleja expresión apareciendo sobre su rostro. El Bulbasaur sostuvo el aliento.

—Hmm —gruñó la Arcanine, olfateando repetidamente el aire—. Extraño...

—¿Qué ocurre? —preguntó extrañamente el Bulbasaur.

—No lo sé... —admitió el perro patrulla—. No hueles bien... No hueles... como un Bulbasaur...

—Eh... algunos Cubone vivían conmigo en mi guarida —ofreció el Bulbasaur—. ¿Tal vez sea por eso?

—Hmm, bueno, lo que sea —dijo la Arcanine—. De todas formas, tendrás que venir conmigo, cariño. No te detendré si quieres venir pacíficamente...

... ... ...


Toc, toc, toc...

Una Furret abrió su puerta delantera, y estuvo repentinamente cara a cara con un más bien amenazante Feraligatr.

—Hola... —dijo el Feraligatr cordialmente—. ¿Eres Fern?

—Sí —replicó la Furret—. ¿Por qué? ¿Quién eres?

—¿Recuerdas, por casualidad, haberte encontrado con un pequeño grupo de Pokémon, específicamente, un Charmander, un Bulbasaur, y un Raichu?

—Nunca los olvidaría —replicó Fern—. ¿Por qué?

—Estoy aquí en representación de su equipo —dijo el caimán—. Ellos quieren tu ayuda.

... ... ...


La instalación de retención era un lugar muy extraño en comparación a la mayor parte de la otra arquitectura Pokémon en las inmediaciones. Mientras que la mayoría de las casas en Ciudad Hierro, como la mayoría de la civilización Pokémon, eran iluminadas usando antorchas vivas o ventanas abiertas, estas instalaciones empleaban una tecnología muy humana: verdadero cableado y circuitos eléctricos corrían a través de las paredes y accionaban cosas como bombillas de luz fluorescentes y elevadores. Para los Pokémon que no estaban acostumbrados a la tecnología, las bombillas en el techo y las paredes eran un real espectáculo...

Mientras el Bulbasaur aguardaba en el vestíbulo de la prisión para ser registrado en una celda, se quedó boquiabierto ante el sistema eléctrico del edificio y se preguntó cuántos rayos–o Pokémon–se necesitaban para mantener la instalación entera.

El Bulbasaur suspiró con nerviosismo mientras un rudo Primeape confiscaba su pequeño saco, que reveló contener nada más que un par de monedas.

—¿Qué le ocurrirá a mi mami...? —se preguntó en voz alta, pareciendo devastado—. ¿Puede alguien enviarle la medicina? ¿Por favor?

—Estoy seguro de que podemos arreglar algo —le contó el Primeape—. Además, estarás afuera en un santiamén. Creo que Adiel solo quiere volver para darles una examinadita...

El Primeape guio al Bulbasaur bajando una corta escalera y por un largo pasillo. Los grises ladrillos que componían las paredes parecían emanar una fantasmal aura púrpura cuando la extraña luz azul del techo se reflejaba en ellas.

Cerca del final del pasillo, varias puertas empezaron a aparecer en las paredes. Usando una oxidada llave de aspecto mutilado, el Primeape abrió la puerta y señaló al Bulbasaur que entrara.

La siguiente habitación era una visión muy aterradora: era un corredor muy, muy largo alineado con paneles de acero en vez de paredes. Cada panel tenía una pequeña ventana, un pesado picaporte, y un ojo de cerradura. Eran las celdas de detención. El Bulbasaur se asomó nerviosamente en las diminutas mirillas de vidrio, y su aliento se detuvo ante la visión–devolviéndole la mirada estaban varios de su propio tipo, todos pareciendo angustiados...

Con un fuerte sonido chirriante, el Primeape abrió la puerta de una celda vacía.

—Adentro —dijo—. Serás el número ocho, creo. Quédate quieto...

Y la puerta de la celda se cerró, confinando al Bulbasaur en una cámara bastante oscura, completamente solo. La única fuente de luz era la diminuta ventana en la enorme puerta metálica.

El Bulbasaur parpadeó. Momentos pasaron. Finalmente, el distante sonido de una puerta cerrándose vino desde el final del pasillo. El Bulbasaur se aproximó sigilosamente a la puerta y se asomó por la ventana.

—Bien, ya se ha ido —reportó una voz—. ¿Estás bien ahí, Saura?

—Estoy bien, sí —replicó Saura—. Es un poco sofocante aquí, sin embargo. ¿Qué tal tú?

—Casi no llegué a la bolsa antes que ellos —replicó la incorpórea voz—. Pero estamos listos para empezar, creo.

—¿Oye, Marrow? —llamó Saura—. ¿Cómo sabemos cuándo ir? ¿Hay alguna señal?

—Oh sí, va a haber una señal —replicó la voz—. Solo espera. Hasta entonces, será mejor preparar a estos chicos...

La voz se aclaró la garganta.

—¡OIGAN! ¡ESCUCHEN! —gritó al pasillo—. ¡Sí! ¡Escuchen al invisible Marowak! Créanlo o no, estamos a punto de sacar a cada uno de ustedes de aquí, ¿de acuerdo?

Saura escuchó atentamente, y pudo distinguir las tenues voces amortiguadas de los otros Bulbasaur mientras expresaban su sorpresa.

—Pero tienen que hacer exactamente lo que les diga —dijo el Marowak—. Solo tenemos una oportunidad para esto. Bueno, dos, la verdad, pero con suerte no me descuidaré. ¡Pero tienen que escucharme! ¿De acuerdo?

—¿Qué es lo que quieres que hagamos? —llamó de vuelta un Bulbasaur—. ¿Tienes una llave?

—¿Nos vas a dejar salir? —preguntó otro ávidamente.

—No, no hay llave —respondió Marrow—. Me temo que no es tan fácil. Pero quiero que se posicionen exactamente como les diga, y, para hacerles saber a todos, esto podría picar...

... ... ...


Era un par de horas pasada la siesta cuando Fern se aproximó a la entrada principal del ayuntamiento de Ciudad Hierro. Pausó por un momento, acogiendo el hermoso clima primaveral y la gentil brisa que se filtraba a través de la ciudad; necesitaba calmarse, su pecho estaba por estallar del nervioso entusiasmo. Sabía que nadie creería una palabra de lo que dijera si no parecía que hablaba en serio.

Una vez que creyó que estaba lista, sostuvo el aliento e irrumpió en la puerta delantera.

—¡Alguien! ¡Cualquiera! —gritó ella—. ¡Necesito ayuda! ¡Policía! ¡Cualquiera!

—¿Cuál es el problema? ¡Cálmese! —exclamó un Growlithe en servicio, acercándose rápidamente a ella—. ¿Qué ocurre, señorita?

—Acabo de escuchar algo horrible —jadeó la Furret—. Estaba en mi casa, y luego vino este Feraligatr, ¡y me dijo que un puñado de Pokémon estaba planeando liberar a todos los Bulbasaur de la cárcel!

—¡¿Perdone, pero qué?! —respondió el Growlithe—. ¡Cálmese! ¿De qué está hablando?

—Los Bulbasaur que todos los sabuesos de la policía han estado capturando hoy —repitió ella—. ¡Ellos van a liberarlos de la cárcel, a menos que hagan algo! Tienen que ser rápidos, creo que van a actuar con rapidez...

—Señorita... lo que dice no tiene una pizca de sentido —gruñó el Growlithe—. ¿Qué...? ¿Por qué un Feraligatr te contaría esto?

—Porque... hace mucho tiempo, hice negocios con algunos Pokémon, y él... ¡él quería que yo los ayudara! —divagó ella, saltando de aquí para allá en frente al perro—. Pero... no pude. No es correcto. ¡No quiero ser un criminal! ¡Tengo que hacer mi deber ciudadano! ¡Tengo que entregarlos! ¡Tienen que detenerlos antes de que se salgan con la suya!

El intercambio continuó por algunos minutos más, y mientras lo hacía, el Growlithe se convencía más y más que la Furret se había vuelto simplemente loca... hasta que un Poochyena irrumpió en la puerta, pareciendo horrorizado.

—Algo está ocurriendo en la prisión —dijo entre jadeos por aire—. ¡Algo dejó fuera de servicio al generador de energía! ¡Todas las luces se apagaron! Creemos que hay intrusos en el edificio... ¡consigue refuerzos por allí, ahora!

Los ojos del Growlithe se ensancharon.

... ... ...


—¡Muévanse! ¡Muévanse! —ladró un Arcanine a su jauría mientras se abrían camino por los oscuros corredores del complejo de la prisión—. ¡Tercer piso subterráneo! Acaban de avisarnos que hay intrusos intentando liberar a los Bulbasaur. ¡Vigilen ese pasillo! Jauría tres, vigilen la entrada trasera. ¡Ningún Pokémon entra o sale! Jauría cinco y seis, divídanse y registren el piso entero por cualquier signo de intrusión. Jauría Alfa, vigilen las celdas. Siempre y cuando los Bulbasaur sigan ahí, no tenemos nada de qué preocuparnos.

A través de la completa oscuridad, los sabuesos se dispersaron para tomar sus estaciones. En menos de un minuto, la jauría alfa navegó escaleras abajo e ingresó al pasillo en donde los Bulbasaur estaban cautivos.

Cuando llegaron, las luces parpadearon y se encendieron de nuevo.

—Gracias a Arceus, puedo ver otra vez —murmuró un Poochyena entre dientes.

—Escuché que fue un corto —respondió un Growlithe—. Algo interrumpió los cables eléctricos. Cables eléctricos vivos. ¿Qué podría hacer eso si no un Electivire? Me alegro que lo arreglaran...

—Torturante tecnología humana, tan confusa... —dijo el Poochyena.

—¡Ahora, vayan a esas puertas y asegúrense de que nada toque a esos Bulbasaur! —ordenó el Arcanine—. Obviamente, los intrusos intentaron cortar las luces para poder bajar aquí sin ser vistos. Pero parece que llegaron demasiado tarde.

La jauría vigiló viciosamente a los Bulbasaur por un minuto entero, luego dos, luego tres... hasta que el Arcanine, el líder de la jauría, empezó a inquietarse. Algo no olía bien...

Y luego lo golpeó.

Con una extraña sospecha, el Arcanine ordenó que todas las celdas fuesen verificadas, y para su horror, encontró que no había Bulbasaur en ninguna de ellas. Habían subestimado a su enemigo. Habían llegado demasiado tarde.

Sus habilidades de rastreo no servían de nada; el aroma de Bulbasaur todavía permanecía por toda la habitación, el mismo rastro que habían seguido para entrar por primera vez. Después de todo, varias de las criaturas habían atravesado los mismos pasillos durante toda la mañana, dejando un poderoso trazo del mismo olor todo el camino desde la entrada hasta el corredor en donde estaban.

El Arcanine rugió con furia, sin ser capaz de creer que su prisión había sido comprometida tan rápida y fácilmente por enemigos desconocidos e invisibles...

Y luego, cuando parecía que las cosas no podían volverse más confusas, un Growlithe encontró algo extraño dentro de una de las celdas. Un hoyo, como de cinco centímetros de diámetro, había sido taladrado en uno de los lados del sólido acero, todo el camino hasta la siguiente celda. Luego de más inspección, había hoyos en cada pared de las celdas...

... ... ...


Con un impulso de sus pies, Scythe brincó fuera de la ventana abierta del edificio, con Char sujetándose de su cuello por su vida. Su objetivo era una torre igual de alta, varios cientos de metros más adelante. Su vuelo duraría menos de un minuto.

—Nosotros los Pokémon tenemos un dicho cuando aprendemos a volar por primera vez —dijo Scythe—. No mires abajo.

—Tenemos ese dicho también —murmuró Char, sintiendo que los músculos de sus brazos empezaban a acalambrarse del terror solo después de diez segundos. Sabía que si caía, Scythe no tendría oportunidad de atraparlo.

—¿En serio? —dijo Scythe con sorpresa—. ¿Entonces por qué estás mirando abajo?

Muy abajo, Char vio la base del recinto de la prisión, el edificio del que acababan de saltar... era una absoluta locura. Cientos de Pokémon rodeaban el edificio, vigilándolo frenéticamente, listos para atrapar a los intrusos. Sabía que en algún punto dentro, Saura y los otros Bulbasaur estaban haciendo su escape...

—¿Piensas que alguno nos verá? —preguntó Char.

—Estarías sorprendido por cuántos Pokémon dejan de mirar hacia arriba —replicó Scythe—. Ahora, prepárate...

¡CRASH!

Con un movimiento de su cuchilla, Scythe hizo añicos la ventana de vidrio del séptimo piso del ayuntamiento de la ciudad. Agachó la cabeza y entró a gran velocidad, bajando a Char lo más pronto que pudo.

—Aquí estamos —dijo Scythe—. Este es el salón privado de Ervin el Arcanine, el jefe de seguridad. Adivina en dónde está justo ahora.

—Abajo en la prisión, intentando descifrar qué diablos acaba de ocurrir —rio nerviosamente Char, mirando a través de la rota ventana—. Míralos ahí abajo.

—¿Ahora sabes por qué las Semillas Invisible son ilegales en la mayor parte del mundo conocido? —rio Scythe—. Es porque son injustas, en todo sentido de la palabra. Oh, mira. La caballería ha llegado.

Char levantó la mirada al cielo para ver a una bandada de pájaros descender a la entrada del complejo. La fuerza policial los notaría, pero serían capaces de bajar en picado y capturar a los Bulbasaur invisibles en sus talones antes de que alguien sospechara algo. Eran, después de todo, el gremio de mensajeros de la ciudad, quienes trabajaban secretamente para la División Dorada. Se esperaba que llegaran a la escena ante el más mínimo indicio de un incidente y transportaran la noticia al resto del área circundante–para la fuerza policial de la ciudad, estarían simplemente haciendo su trabajo.

—Ah —suspiró Scythe, sonriendo ampliamente ante la escena de abajo—. Está hecho. Nos salimos con la nuestra, y todos los involucrados tienen coartada adecuada. No hay nada más agradable en este mundo que ver un plan encajar en su lugar justo como lo previste.

—Eso fue brillante —dijo Char—. No puedo creerlo. Lo hiciste solo con un Lazo Perfora y... ¿qué, tres Semillas Invisible? ¡No tenía idea que los Lazos Perfora funcionaban así!

—Ah, ja —dijo Scythe alegremente—. Sí, son muy útiles, especialmente si no tienes tantos suministros como te gustaría. Solo alinea a tus objetivos, y lanza algo a través de todos ellos... Si tienes buena puntería, multiplica los efectos a cada compañero de equipo. Cierto, a veces es doloroso, pero funciona... Tal vez quieras considerar invertir en uno alguna vez en el futuro. Una herramienta muy útil.

—¿Piensas que Ray saldrá sin problemas? —dijo Char, sin preocuparse demasiado—. Tenía un trabajo peligroso. El generador estaba, ¿qué, ocho pisos abajo?

—Ja. Jaja. Pero tenía a Markov con él —rio Scythe incluso más enérgicamente—. Markov es lo que podrías llamar un mastodonte cuando a batallas se refiere. ¿No te parece gracioso cómo los Pokémon perro que componen la fuerza policial en este lugar son todos Pokémon de fuego? Je, je, je, je...

—Vaya, no pensé en eso —dijo Char, retornando una risa por su parte—. Pero espera... ¿a dónde llevarán a los Bulbasaur? ¿A la academia?

—No, ese sería la verdad el peor lugar a donde llevarlos —explicó Scythe—. Atraería atención indeseada hacia nosotros. No, los llevaremos a una ciudad a como quince kilómetros de aquí llamada Clefaria. Podrán pasar la noche allí sanos y salvos, y podemos asignar misiones en la división mañana para hacer que los escolten de vuelta a sus hogares.

Luego de observar a los mensajeros alejarse volando sin problemas, Scythe y Char giraron su atención a la habitación en la que acababan de irrumpir. Era una habitación bastante prestigiosa, recordándole a Char de la suya en muchos aspectos. Había una enorme alfombra de color carmesí bajo sus pies, varios muebles enchapados en oro, una chimenea de ladrillo cercana a una pared exterior, y una mesa de trabajo bastante espaciosa–que actualmente estaba cubierta con papeles importantes.

—Entonces —dijo Scythe, explorando la habitación y posando su vista sobre el desordenado escritorio—, te traje aquí porque necesitaba un par de manos para trabajar. Ervin es un miembro del consejo de la ciudad, el círculo de Pokémon responsable de hacer las leyes en este lugar. De hecho, solo hace un par de días, él, junto con los otros miembros del consejo, se reunió con Adiel mismo y fueron forzados a cumplir sus demandas. Estaba esperando... encontrar... cuáles fueron esas demandas. ¿Char, si fueras tan amable?

Scythe hizo señas hacia el escritorio, y Char saltó sobre el borde para vadear a través de los papeles. Empezó a presentarlos individualmente a Scythe...

—No —dijo Scythe, mientras observaba los papeles y rollos que pasaban ante su cara—. No, ese no. No, no. Inútil. Inútil. ¡AHÍ! ¡Ese! ¡Muéstramelo!

Era un brillante libro negro que yacía abierto en el escritorio. Char agarró el libro y lo mantuvo erguido sobre la mesa, cuidando evitar que su llameante cola tocara el escritorio cubierto de materiales inflamables. Sostuvo el libro abierto para que Scythe lo leyera.

Scythe entrecerró los ojos en la página.

—Esto es —confirmó él—. ¡Este es el registro de la cámara del consejo, convenientemente abierto en la última entrada! Ahora, veremos... qué estaba tramando...

Char luchó para mantener el libro en alto por todo el tiempo, ya que era bastante pesado. Luego de un minuto, Scythe le pidió a Char para que regresara una página, y sus ojos continuaron escaneando a través de las líneas...

Y luego, Scythe soltó un prolongado aliento y dejó caer su cabeza en vergüenza.

—¿Q-qué? —preguntó Char con preocupación, trayendo el libro a la altura de sus ojos y tratando, sin la más mínima esperanza en el mundo, de descifrar las runas por su cuenta.

En lugar de responder, Scythe caminó más allá del escritorio hasta la sólida pared de ladrillo, en donde procedió a golpear su claveteada frente en la dura superficie.

Pam.

Char se encogió.

—¿Qué? ¿Qué pasó? —exclamó Char, dejando caer el libro de vuelta en el escritorio.

Pam.

—¡Scythe, estoy bastante seguro de que eso no es algo saludable para ti!

—Lo siento —dijo Scythe, negando la cabeza en lo que parecía humillación—. No pude evitarlo. Adiel es... bueno, no sé si reír o llorar. Verás... cuando él estuvo aquí... proclamó que regresaría en... tres semanas desde ahora... para comenzar a trabajar en la construcción de su más nueva fortaleza militar... justo aquí en Ciudad Hierro.

—¡Oh, estás bromeando! —exclamó Char—. ¡Eso es horrible! ¿Qué le pasará a nuestra base? ¿Cómo operaríamos con el Maestro viviendo al lado?

—No, no es horrible —rio Scythe entre dientes—. Es ridículo. Es un chiste. Todo esto fue solo una enorme y gran... Es una distracción de mendigo. ¿Qué haces cuando sabes que tu oponente es demasiado astuto como para caer en un truco barato? Llenas de confusión a sus aliados. Lanzas una maniobra como esta...

—No lo entiendo —dijo Char—. ¿Cómo sabes que es una broma?

—¡Una base jamás podría ser construida aquí! —chilló Scythe, todavía completamente incrédulo—. Por una parte, el Maestro no podría poner la piedra angular sin que nosotros la saboteemos. Y por otra parte... no es sobre qué, sino cuándo. Verás, si no hubiéramos tenido idea de esta farsa entera, y no teníamos tres semanas para darnos cuenta de que era una farsa, podríamos haberlo averiguado en, ¿qué, tres días antes? Y entonces sería mucho más probable caer por ella. Entonces estaríamos todos en pie de guerra, listos para defender Ciudad Hierro del retorno de Adiel, cuando en realidad, no habría ninguno...

—¿Estás seguro de que no habrá? —dijo Char—. ¿Estás completamente seguro?

—Completamente. Positivamente. En todas las formas en las que sería posible estarlo, estoy seguro —dijo Scythe, su voz empezando a sonar como la de una persona demente en su divagación—. Porque si hubiéramos caído por esto, ¡significa que Adiel solo intentaba ocuparme con más cosas de las que tengo... porque... en tres semanas... es cuando... el asentamiento... del Cañón Cuenco... está previsto!

Scythe se sentó en el suelo, pareciendo entretenido y consternado a la vez.

—Adiel —murmuró él—. No te creo... Ja... serás mi final, con todo...


Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.

Rak, eres todo un artista



.- Pokémon Mundo Misterioso: Resistencia Plateada -.

---> ¡Concurso en marcha! <---
¡No se lo pierdan!

Pásense por mi página de Deviantart: WillChar96


Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.

#84
Bueno, intensa la charla entre Scythe y Shander, ¿eh? Muy filosa, intrigante. Me parece que Shander va a empezar a odiar al equipo Ascuas que desvirtuaron todo el trabajo de Scythe.

Oau, los pensamientos de Scythe deben ser más profundos que los de Alta Inteligencia, maldita sea o.o

LOL, Char le devuelve a Scythe todos sus trolleos de forma inconciente xD Mira que elegir una misión donde adecuar una cueva…

Le tocó a Char quedarse y esta vez le tocó a Saura… una lástima la verdad. Y más lástima después de todo el trabajo que hicieron para despertar al pobre y al final tenía que quedarse.

Uff, cuando le dijeron a Char que ayudarían a los Bulbasaur estoy seguro que ni lo pensó xD Ese Scythe siempre con sus grandes ideas.

Ja, algunos Cubone? Entonces es Marrow disfrazado? LOL

¡¿O sea que usaron a Saura de carnada?! Oau… que peligroso es eso…

O.O Mierda, la estúpida Fern los delató. ¿O acaso era parte del plan?

Mmm, interesante y raro final, lleno de sorpresas y preguntas. Me dejado muy impresionado este capítulo… lo que no terminé por entender es la utilidad de Fern en el plan… ¿sólo era para decir eso y trolear aún más a los Arcanine? ¿O de verdad los traicionó? Mmm… bueno, no sé qué pasará, espero el próximo capítulo para saber, esto se está poniendo cada vez mejor.


Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.
#85
Demian:

Sí... Scythe y Shander tienen una relación interesante... Bueno, no creo que Shander empiece a odiar al Equipo Ascuas solo porque quedó involucrado sin querer. Además, es Scythe el que intenta hacer todo ese trabajo, y creo que si debería odiar a alguien, sería a Dialga, por hacer aparecer su torre justo cuando harían la reubicación en el Cañón Cuenco. Creo que Ascuas es más que inocente, y que simplemente fue arrastrado a todo este tema.

Los pensamientos de Scythe son muy profundos, cierto. Eso es lo que le hace uno de los mejores personajes. Creo que en el siguiente episodio especial te sorprenderás mucho xD.

Bueno, en este capítulo se explica todos los detalles de la misión. Pero sí, tiene que ver con Marrow xD.

Wow, tranquilo xD. Fern no los delató :P. Era todo parte del plan.

Bueno, Demian, primero que nada, quiero pedir disculpas anticipadas, porque los capítulos que se vienen a partir de ahora son más del doble de largos que los de la primera temporada, y es posible (demasiado, tal vez) que me atrase con las publicaciones, y no pueda subirlos en un domingo. Pero todo eso se compensará, porque a partir de ahora, la historia está mostrando su verdadera cara :O. Por cierto, este capítulo tiene 13.000 freaking palabras.

Gracias por seguir leyendo ^^




Nota del traductor:

Como la revisión del autor original es menos consistente de lo esperado, empezaré a publicar las versiones aún no revisadas de los capítulos para poder avanzar la historia.

Cuando el autor haga la respectiva revisión, le haré los cambios al capítulo y retiraré esta nota. Pero por ahora estará aquí la versión vieja del capítulo. Los cambios se limitan a algunos errores de tipeo y a agregar algunas descripciones o sacar otras, es decir, la escencia de la historia sigue ahí.





36. Capítulo 32: No Queda Igual


Spoiler

Capítulo 32



Ciudad Clefaria



En esa misma tarde, una bandada de Pelipper y Pidgeotto, miembros del gremio de mensajeros, emergió de las nubes por encima de la humilde ciudad de Clefaria trayendo la increíble noticia sobre un pequeño grupo de Bulbasaur que se había escapado de las celdas de detención de Ciudad Hierro...

... Así como, irónicamente, a los Bulbasaur mismos.

Había ocho de ellos en total, incluyendo a los residentes de Ciudad Hierro, habitantes de las praderas en el suroeste, viajeros de ciudades lejanas, y, por supuesto, Saura mismo. Desde que otros Bulbasaur habían sido raros de ver en su tipo de trabajo, Saura expresó el deseo de volar con ellos hasta Clefaria y visitarlos mientras tuviera tiempo de sobra.

Luego de ser dejados en la entrada de una guarida subterránea en donde los prófugos pasarían la noche, Saura aguardó impacientemente a que los efectos de invisibilidad se quitaran completamente y a que los otros Bulbasaur llegaran.

La guarida era un lugar pequeño y acogedor. Tenía un techo muy bajo, perfecto para roedores y otros Pokémon pequeños como Bulbasaur. Un diseño de rocas alisadas incrustadas en el piso y la colocación de diminutas velas en las esquinas daban al lugar una sensación muy hogareña, a pesar de no era la verdad más que una tosca zanja en el suelo. Definitivamente no era un hábitat permanente para ningún poblador, supuso Saura, fue probablemente solo construida como un refugio de emergencia de los Vigilantes.

Mientras respiraba el olor de bienvenida de tierra fresca que llenaba la habitación, anticipando la compañía de los otros Bulbasaur, Saura encontró que sus pensamientos eran llevados de vuelta a un lugar que alguna vez conoció, un lugar al que esta pequeña guarida le recordaba. Antes de que lo supo, encontró que su mente era guiada de vuelta a un distante pensamiento que no había tocado en un muy largo tiempo: su familia.

Había pasado muchas semanas desde que había huido de su casa en el Prado Chico, y había recorrido un largo camino. Pero a través de todo, había tomado la decisión, desde que se había topado con Char y dedicado a la resistencia, de olvidarlo. Tal vez era por pesar; le causaba una punzada de dolor recordar todo lo que había abandonado tan ávidamente cuando él y Char acordaron unirse a la División Dorada. De repente, recordó los días que pasó explorando el prado y el bosque con sus hermanos, que le ayudaron a aprender cómo defenderse en lo salvaje. Recordó la ocasión en la que se confió demasiado e intentó ir a explorar sin ellos, solo para quedar atrapado en una mazmorra misteriosa cercana hasta que lo encontraron. Recordó los días que se pasó caminando con su hermanita yendo y viniendo del Risco Hiedra, solo para que ella pudiera ver a sus amigos. Recordó a su madre y a su padre, ambos perezosos Venusaur viejos, quienes amaban y cuidaban de sus hijos más que otra cosa. Recordó cómo siempre podía contar con ellos por apoyo, si se hubiera raspado la pata en una espina, o hecho que sus cepas se enredaran en un horrible nudo, o simplemente no podía alcanzar las bayas en la rama más alta de un árbol. Sí, podía contar con ellos para cualquier cosa. Cualquier cosa, eso era, hasta que un día cuando algunos Pokémon los visitaron...

No... se dijo Saura. No quiero recordar esa parte. No hay necesidad.

Recordó a sus propios amigos, los Pokémon con quienes le gustaba pasar su tiempo. Recordó al chico Nidoran, quien no tenía nombre, y todas las tardes que pasaron juntos tratando de encontrar el tesoro en el fondo del Estanque Décuplo, absolutamente convencidos de que existía uno. Recordó la vez en que el Nidoran de alguna forma se quedó atrapado entre una roca y un árbol, y Saura tuvo que defenderlo de un vicioso Ekans salvaje mientras él luchaba por liberarse. Recordó la vez en la que encontraron a un Pidgey caído y se pasaron el resto del día poniéndolo de vuelta en su nido, solo para de repente tener a la madre Pidgeotto volviendo a casa y atacándolos implacablemente. Recordó el maravilloso pero torcido sentido del humor del Nidoran, la personalidad más única que había encontrado jamás. Recordó todas las aventuras que tuvieron juntos, y cómo siempre podría solo cruzar el prado y visitarlo cada vez que se sentía aburrido o frustrado con algo... hasta un día, cuando vino a encontrar que el Nidoran y su madre ya no estaban en su casa. Nunca más los vio de nuevo...

Ni siquiera pude decirle adiós, pensó Saura para sí con tristeza. Tú, de todos los Pokémon, merecías una despedida de mí. Espero, en donde sea que estés, te encuentres bien...

Recordó a Clari, la Chikorita que le mostró por primera vez la entrada secreta al Túnel Gravelerroca y lo desafió a atravesar la cueva. Recordó su vehemente, aventurera y temeraria personalidad que siempre los metían en problemas con alguien. Recordó cómo siempre jugaban a las escondidas, pero que nunca ganaba, porque ella siempre espiaba. Recordó estar infinitamente celoso de su habilidad de lanzar hojas afiladas, y cómo él luchó incansablemente mes tras mes para copiar el truco, paladeando el pensamiento de estar a su nivel finalmente. Pero ni siquiera eso llegó a ser, porque un día, ella se despidió y se mudó muy lejos, donde era más seguro estar para su familia...

Todo termina, se recordó Saura. Cada amanecer termina con un atardecer. No debería alterarme por lo que dejé atrás. Tengo una nueva vida ahora, y estoy orgulloso de tenerla. Je... ¡Lo supe, desde el momento en que Clari me mostró el Túnel Gravelerroca, que mi futuro estaba en algún lugar al otro lado! Solo nunca pude conseguir el coraje para entrar... ¡y nunca hubiera adivinado que alguien tendría que perseguirme para hacerlo!

A pesar del significante esfuerzo que Saura estaba haciendo para convencerse de que no tenía que estar avergonzado de nada, un extraño sentimiento de disgusto brotó en su vientre. Todavía había algo de lo que no se sentía cómodo, y no se iba.

¡Tuve que huir!, se dijo Saura con más dureza. ¡Mamá y papá me traicionaron! Bueno, sé que ellos no pensaban que había algo malo en que yo me uniera al Maestro... pensaron que sería un buen futuro para mí... pero ellos... no me escucharon cuando les dije que no quería... No me protegieron... Pero si me protegían, los hubieran castigado... Por eso es que hui...

Pero justo entonces, Saura tuvo que cortar con su dolorosa reflexión cuando el primer Bulbasaur entró a la guarida. Supo que el resto estaría llegando en meros momentos, así que puso su mejor sonrisa y se preparó para saludarlos.

El primero era uno muy joven–solo un pequeño retoño–y se veía muerto de miedo. Solo ver a la pobre cosita hizo que el corazón de Saura se derritiera...

—¡Hola! —dijo Saura, acercándose rápidamente al diminuto Bulbasaur—. ¿Vas a estar bien? Estás seguro ahora. Nadie te va a capturar aquí.

—¿Eres uno de los malos? —replicó el pequeño retoño, alejándose lentamente.

—Ja, no, no lo soy —rio Saura, aunque un poco extrañado—. Soy uno de los más buenos, lo prometo. ¡Te ayudé a escapar!

Viendo a la pequeña cosa tan agitada, Saura simplemente quería darle un gran abrazo y decirle que todo estaría bien. Pero cuando intentó hacerlo, el pequeño retoño aulló y se alejó hasta la esquina, jadeando del susto.

—¡ALÉJATE! —gritó—. ¡Mami dice que NUNCA debo dejar que Pokémon extraños me estrujen!

—Eso... es buen consejo —fue todo lo que Saura pudo pensar para decirle antes de decidir dejar a la cosita sola.

Después, tres Bulbasaur más descendieron de las escaleras e ingresaron al refugio subterráneo. Eran mucho más grandes y mayores que él; eran de florecimiento tardío, determinó Saura, sorprendido de que no fueran Ivysaur todavía. Pero luego recordó que la evolución no estaba disponible actualmente, así que decidió no criticarlo–especialmente desde que él, después de todo, no tenía ningún plan de evolucionar alguna vez.

—Oigan, chicos —le dijo Saura a los Bulbasaur más grandes cuando entraban—. ¿Felices de estar fuera de ese lugar? Sé que yo lo estoy. Esa fue una ley realmente estúpida, solo salió de la nada.

—Sí, ¿y quieres escuchar el remate de todo esto? —uno de ellos respondió—. Bulza aquí estuvo en prisión por una semana antes de que la ley siquiera saliera. ¡Él es un criminal real!

—Nah, silencio, no hice nada realmente horrible —insistió Bulza—. Solo me atraparon robando algo de comida. Nada grande. No cometeré el mismo error de nuevo.

—¿Te refieres a que, cómo, no intentarás robar más, o no cometerás el mismo error y que te capturen de nuevo? —preguntó Saura bromeando.

—Quizá ambos —replicó Bulza—. Probablemente dejaré el hábito por una semana, luego me descompondré y volveré a hacerlo, ¡y seré mejor también! Así es como siempre funciona.

—Oh... —dijo Saura, medio decepcionado, antes de iluminarse otra vez—. Bueno, ¡no puedes ser un criminal más grande que yo! ¡Yo soy el que ayudó para liberarles recién!

—Oh, bueno, supongo que te debemos las gracias —dijo uno de los otros Bulbasaur, asintiendo—. Fue divertido ser invisible por un tiempo. Desearía poder haberme salido y hacer algo con eso, sin embargo. Pero esos estúpidos pájaros nos atajaban...

—Oye —dijo Bulza, su voz rebosando con genuino interés—. ¿Tienes más de esas cosas que te hacen invisibles, por casualidad? ¿Eh?

Fue en eso cuando Saura decidió que en realidad no estaba interesado en continuar la conversación con este grupo de Pokémon, así que cortó la charla cortésmente y aguardó al siguiente recién llegado.

Cuando vio al Bulbasaur siguiente descender las escaleras, su mandíbula golpeó el suelo.

Era de su edad más o menos, si no un poco mayor que él. Había algo verdaderamente increíble sobre él: la semilla que transportaba en su espalda era del profundo y oscuro color las hojas perennes, y su piel tenía un innatural tinte amarillo verdoso. Miraba al suelo mientras ingresaba a la guarida como si intentara no encontrarse con los ojos de Saura, pero le echó un vistazo cuando pasó junto a él.

—¡Vaya, oye! —exclamó Saura, finalmente reponiéndose—. ¡Mírate! ¡Eres–

—¡Sí, sí, lo sé, lo sé, ya lo sé! —explotó en la cara de Saura—. ¡Lo entiendo! ¡¿De acuerdo?! ¡Estoy descolorado! ¡Por Shaymin, lo dices como si fuera algo nuevo para mí! ¡¿Sabes qué tan molesto se vuelve cuando cada Pokémon que alguna vez conoces te saluda señalando tu color?!

—¡L-lo siento! —tartamudeó Saura de vuelta, siguiéndolo mientras intentaba alejarse de él—. ¡E-esa no era mi intención! Solo estaba–

—Solo estabas sorprendido de ver a un fenómeno de la naturaleza como yo —se burló categóricamente—. Lo sé. Ponte en la fila. Por Arceus, ¿por qué yo? La verdad estaba contento de ser invisible por un tiempo hace rato, estoy tan harto de que cada Pokémon que me ve se distraiga por la brillante... Arceus, qué día tan malo ha sido este...

Se enfurruñó en una esquina y no dijo nada más.

Saura empezó a ojear al Bulbasaur amarillo verdoso otra vez para admirar el espectáculo, pero luego decidió que era mejor ser educado y se dio la vuelta. Estaba sorprendido de que alguien pudiera tener algo tan especial y raro, ¡pero pensar que era como una maldición!

Bueno, de cualquier modo, no estoy haciendo un muy buen trabajo haciendo amigos, se dio cuenta Saura. Veamos quién sigue...

—¿Saura?

Cuando la diminuta voz sonó, perforó hasta el fondo el corazón de Saura. Su respiración se detuvo.

Por solo un momento, le pareció a Saura que el tiempo se había detenido, o que había sido sumergido en un sueño. Era una voz que conocía bien, pero no esperaba escuchar, especialmente en un lugar como este...

—¡Saura! ¡Eres tú! ¡Sabía que eras tú!

Se volvió hacia la entrada de la guarida. Tenía que saber si era cierto.

Lo era. Al final de las escaleras, vencida con la misma incredulidad que él, estaba una pequeña Bulbasaur no más grande que la mitad de su tamaño–su hermana menor.

—¿Saurlee...? —articuló él.

Los dos entraron en una corrida y se destinaron uno hacia el otro a través del suelo, prácticamente colisionando de cabeza. Antes de que lo supiera, sus cepas estaban estrujándola con fuerza y su frente estaba tiernamente presionada contra la de ella. No era alivio, o entusiasmo, o siquiera júbilo lo que lo que lo cubría mientras la abrazaba, era algo como amor puro, mezclado con la vergüenza que venía con saber que él había sido el que retrajo ese amor de ella. Por solo aquel momento, no le importó por qué rayos ella había estado en prisión o por qué siquiera estaba en Ciudad Hierro para empezar, solo estaba feliz de verla.

Aunque los Bulbasaur eran difíciles de diferenciar unos de otros, esta era una que nunca olvidaría–era Saurlee, su hermana pequeña, el segundo miembro más joven de su familia. Siendo el hijo del medio y el que siempre tenía que hacer de niñero, Saura se había vuelto el mejor de los amigos con ella, y ella siempre lo había admirado. Esta era la razón por la que se sentía arrepentido de haber huido de su hogar, se dio cuenta: su familia todavía lo amaba, sin importar cuánto intentara convencerse de lo contrario. Sabía en el fondo de su mente que, al dejarlos, les había roto el corazón.

—¡En serio eres tú! —gimió Saurlee, sin atreverse a separarse de él—. Pensé que escuché tu voz, pero no sabía que eras tú porque eras invisible. ¿Estás bien? Estábamos todos tan preocupados cuando desapareciste. ¡No pudimos encontrarte por ningún lado! ¡Casi le diste un infarto a mami! ¡Pensé que nunca más te vería otra vez, Saura!

—¿Qué rayos estás haciendo aquí, Saurlee? —jadeó Saura, intentando eludir responder sus preguntas—. ¡Estás tan lejos de casa! ¿Cómo llegaste aquí?

—Yo y Saurvor fuimos a la Costa —explicó ella—. ¡Cuando volvimos, paramos para descansar en Ciudad Hierro y me metieron en la cárcel! ¡Ni siquiera sé por qué!

—No hiciste nada malo —le aseguró Saura—. Está bien. Es solo una ley estúpida que inventaron ayer. Estás segura ahora. Estás bien.

—Saura, ¿qué te pasó? —demandó Saurlee, mirándolo a los ojos—. ¿Por qué te fuiste? ¡Mami y papi están preocupados porque estás perdido! ¡Te buscamos por semanas! ¡Incluso en las mazmorras! Saura, estábamos tan asustados. Mami hasta lloró...

—Estoy muy bien —le aseguró él—. Tengo una vida muy buena ahora.

—¿Te fuiste a trabajar para el Maestro? —preguntó ella—. ¿Justo como dijo el Flareon?

Era otra memoria que deseaba reprimir lo más pronto posible. Una mañana temprano, su familia se despertó por los llamados de un Flareon, respaldado por un equipo de poderosos soldados, que lo eligió a él del resto de sus hermanos para servir al Maestro. Ese día fue como una pesadilla para él; ya despreciaba al Maestro, y sintió que hubiera preferido morir antes que ceder a sus demandas. Y lo peor fue cómo se pasó el resto de la tarde intentando convencer a sus padres para que lo ayudasen, decirles que no tenía que ir, para que lo escudaran de tal destino... y cómo rechazaron cada una de sus súplicas...

—¡Saaaauraaaa! —gimoteó Saurlee, alargando su nombre justo como siempre haría—. ¿Te uniste al Maestro? ¿Ganan mucho dinero allí?

—No, no, no lo hice —dijo Saura, desprendiéndose de su imagen mental—. Pero está bien. Estoy bien en donde estoy. Gano dinero, tengo amigos... Soy feliz.

—¿Tienes un trabajo ahora? ¿Qué es? —inquirió Saurlee—. ¿Es divertido?

—A veces, sí —replicó Saura—. Mi trabajo es... Ayudo a un montón de Pokémon muy importantes a hacer las cosas que se supone tienen que hacer.

—¿Pero qué hay del Maestro? —exclamó Saurlee—. ¿No está enojado contigo? ¿No te castigará por huir?

—Saurlee, estoy bien —dijo Saura otra vez—. Probablemente solo elegirá a otro Bulbasaur. Creo que estoy liberado.

Mientras que no era completamente la verdad, tenía que decirse.

—Oh, Saura, te extrañé tanto —suspiró Saurlee otra vez, inclinándose de nuevo y descansando su cabeza en su cuello—. ¡Vamos, volvamos con Saurvor, él todavía está en la ciudad! ¡Él estará tan feliz de verte! ¡Cuéntanos todo lo que has hecho!

Saura se mordió el labio. Solo no podía creer esto. Su corazón brincó ante el pensamiento de pasar toda la noche con Saurvor, su hermano mayor Ivysaur, y Saurlee, pero...

—No puedo —suspiró él—. No tengo suficiente tiempo. Tengo que irme pronto. En donde trabajo, ¡vamos a hacer un viaje grande mañana a la mañana! Y me necesitan ahí para tener las cosas listas. Me encantaría quedarme aquí toda la noche, oh, Saurlee, me encantaría. Pero no puedo.

—¡Saura, por favor! ¡No te vayas de nuevo por favor! —suplicó Saurlee, envolviendo sus pequeñas cepas alrededor de su pierna para retenerlo—. ¡Acabo de encontrarte! ¡No te vayas!

—Desearía que nada de esto hubiera ocurrido en primer lugar —gruñó Saura—. Desearía que ese Flareon jamás hubiera venido a nuestra casa. Pero... así es como es la vida. Las cosas nunca quedan iguales. Incluso aunque sean las mejores cosas en el mundo.

—Pero no quiero que te marches de nuevo —dijo Saurlee otra vez, al borde de las lágrimas.

—Escúchame, Saurlee —le rogó Saura, mirándole a los ojos nuevamente—. Por favor, no llores. Escucha. Quiero que descanses aquí por esta noche, e intentes llevarte bien con todos los demás Bulbasaur. Mañana a la mañana, unos Pokémon agradables vendrán para asegurarse de que vuelvas con Saurvor. Quiero que regreses a casa con Saurvor. Y cuando lo hagas, quiero que le digas a mamá y papá todo lo que acabo de contarte, ¿está bien? Diles que encontré un lugar en donde vivir y que deberían estar felices por mí. Diles que estoy sano y salvo y que no hay por lo que preocuparse, ¿está bien? ¿Puedes hacer eso por mí?

—Está bien —susurró Saurlee reacia, empezando a llorar—. ¿Prometes que no te irás para siempre?

—Lo prometo —le dijo Saura.

—Te quiero —susurró Saurlee.

—Te quiero también —susurró Saura de vuelta, secándole las lágrimas gentilmente con su nariz.

Se quedó con ella el mayor tiempo que pudo, hasta que el sol en el cielo empezó a apagarse y la tarde comenzó a convertirse en noche. Luego, profirieron sus últimas lacrimosas despedidas, y Saura fue llevado de vuelta volando por un Pidgeotto al lugar al que estaba obligado estar.




Base de la División



—¡Eso... fue... ASOMBROSO! —vitoreó Ray fuertemente mientras el Equipo Ascuas, liderado por Scythe, Marrow, y Markov, finalmente retornaba de la misión del día—. ¡Esa fue la mejor misión que alguna vez hice! Scythe, ¡¿cómo rayos pensaste en un plan tan brillante tan rápido?!

—Bueno, a decir verdad, no es una estrategia nueva para mí —admitió Scythe—. La verdad ya lo he hecho antes, cuando cometimos un ligero error en nuestros planes y a Raon lo encerraron por fraude en Cresta Peñasco.

—Je, pero déjenme que les diga, esa no resultó demasiado bien —agregó Marrow humorísticamente—. Conseguimos sacar a Raon, pero Scythe se olvidó de pensar una forma de sacarse a sí mismo, ¡así que terminó atascado en la cárcel–con seguridad aumentada, incluso–por dos semanas enteras!

—Bueno, esta vez nos salió bien —les recordó Scythe—. Me imaginé que la forma correcta de llevarlo a cabo era tener a un civil que alertara a la policía, de esa manera su historia no es considerada como sospechosa. Y además, solo me atraparon porque tuve que sugerir que abrieran la puerta de la celda para verificar y ver si Raon todavía estaba ahí, para que él pudiera escabullirse y salir. Pero esta vez, esos papanatas lo hicieron todo por su cuenta. Y creo que tenemos que agradecer a Ray por eso.

—¡No fue nada! —se rio Ray—. Y además, fue increíble sentir toda esa electricidad. Con rayos, solo puedo soportarlos por un segundo antes de tener que descargarlos. ¿Pero ese generador? ¡Tuve que sostener esos cables por veinte segundos enteros! ¡Me sentí como un Electrode a punto de despegar a la luna!

—Caray... —dijo Char—. Volver invisibles a los prisioneros, luego hacer que alguien abriera las celdas para que pudieran escapar. Es como si los dejaran ir al aumentar la seguridad. Eso es tan ridículo, no puedo creer que funcionara. ¡Pero funcionó!

—Ese es a menudo el mejor tipo de complot para revelar —dijo Scythe—. Deja que el oponente sepa exactamente lo que estás haciendo–sin trucos ahí–pero luego, asegúrate que su intento de contraatacarte en realidad te ayude. Si se coloca apropiadamente, terminas con un escenario en donde tendrás éxito si ellos fracasan, o si ellos tienen éxito, igual tú tendrás éxito. Déjenme decirles, ¡no hay victoria más dulce que ver a tu enemigo cruzar la línea de meta por ti!

—Ah, pero todos los meros mortales como yo o ustedes no pueden esperar confeccionar planes lo suficientemente ingeniosos para realizar eso —bromeó Marrow con Char—. Solo el ingenio de los legendarios Pokémon conocidos como Scyther es lo suficientemente grandioso–

—¡MALDITA SEA! —gritó una voz—. ¡Ni una! ¡Ni una más! ¿Dónde está la orden de Ciudad Porcelana? ¡MALDICIÓN!

Estaban pasando frente a la tienda de Kecleon de camino al almacenamiento para dejar su equipaje excesivo cuando una voz sorpresivamente violenta estalló desde dentro, gritando maldiciones que seguramente Dialga podría haber escuchado.

—No hay que preocuparse, no hay que preocuparse —dijo otra voz más calmada—. En dieciséis días, tendremos más esferas. ¡Contacté con ellos hoy y dijeron que estaban atrasados!

—¡AAUGH! —exclamó otra vez la voz.

El hermano Kecleon de color rosado apareció en la puerta, pareciendo un poco falto de aire. Se puso de vuelta su cara de vendedor, sin embargo, tan pronto como atisbó a los paseantes.

—Uh... ¿qué está ocurriendo aquí? —Char no pudo evitar preguntar.

—¡Oh, no es nada, en serio! —aseguró el Kecleon en su cordial conducta usual—. Mi hermano está solo un poquito rojo por el momento, principalmente porque alguien se salió con la suya robándole más temprano hoy, y en Ciudad Hierro, nada menos. ¿Puedo hacer algo por ustedes en esta hermosa noche?

Hubo un ruidoso clack cuando Marrow golpeó su hueso contra su casco de cráneo—. Oh, maravilloso. Casi lo olvido —murmuró casi silenciosamente bajo su cráneo—. Scythe, tal vez necesite tu ayuda aquí. Tal vez necesite refuerzo.

—Oh-oh —dijo Scythe consternado—. ¿Esto va a involucrar una batalla...?

Levantando la bolsa de suministros, Marrow entró a la tienda, seguido de cerca por Scythe. Con su curiosidad ganándole, Char asomó su cabeza a través de la puerta para espiar lo que ocurría.

Marrow se acercó con calma al mostrador frontal en donde el otro hermano Kecleon estaba revolviendo furiosamente cosas como papeles y suministros, dejando cajas y canastas esparcidas por todo el suelo. Char notó que el Kecleon de color rosado no estaba bromeando–realmente estaba rojo, como, el color de sus escamas habían cambiado, haciendo que su apariencia se asemejara a algún tipo de Charmeleon horriblemente mutado.

—Uh, señor Kecleon, si no le importaría —dijo Marrow.

—Lo siento, lo siento, estoy terriblemente ocupado por el momento —replicó el Kecleon en una manera muy agitada—. Lo siento mucho. Mi hermano les atenderá...

¡Plink!

Marrow dejó caer un pequeño saco lleno con monedas Pokémon sobre la encimera. Char lo reconoció como el suministro de Poké que habían sustraído de la tesorería aquella mañana, es decir, el extra que había sobrado luego de poner algo en el pequeño saco que Saura usó para colar las Semillas Invisible en la prisión.

La cabeza del Kecleon se giró. Ojeó el saco de dinero.

—¿Qué es esto? —demandó él—. ¿Qué van a adquirir con esto?

—Nada —dijo Marrow con calma—. Esto es el interés. Y esto...

Alcanzando dentro de la bolsa, Marrow sacó el Lazo Perfora que le había permitido lanzar las Semillas Invisible directo a través de las sólidas paredes de acero de las cámaras de la prisión. Lo colocó al lado del dinero.

Kecleon estaba pasmado. Todavía estaba furioso, pero lo suficientemente conmocionado para escuchar por un minuto.

—Marrow, ¿cómo pudiste? —dijo Scythe en un estupor completamente sarcástico—. Este pobre vendedor te ha servido incondicionalmente por años, ¿y tú tienes la audacia de traicionar su confianza y robar de él?

—Nuestro equipo posee legítimamente dos de ellos —explicó Marrow—, pero olvidé que Daemon llevó ambos a principios de la semana. Y necesitaba uno para nuestro trabajo de hoy, así que... tuve que hacerlo.

Char sostuvo el aliento, y le pareció a él que Scythe y Marrow estaban haciendo lo mismo. El reptil recogió el Lazo Perfora y lo evaluó, como para inspeccionar si tenía rasguños.

—Bueno, entonces —replicó finalmente el Kecleon—. En ese caso, ¡tengan una maravillosa noche, y muchísimas gracias por sus negocios!

Vaya, ¿los está dejando libres de culpa?, se preguntó Char. Me pregunto si Kecleon está fingiendo ser todo educado, ¿o es que en serio tiene una mente tan cerrada?

—Lo siento mucho si es que le causé algún tipo de angustia —dijo Marrow humildemente.

—No, no, el placer es todo mío, en serio —replicó el Kecleon con una pequeña reverencia—. Me alegra el día saber que tengo clientes como ustedes, Equipo Remordimiento. Un ladrón que de buena gana devuelve lo que roba difícilmente puede ser llamado un ladrón en lo absoluto. No puedo agradecerles lo suficiente. ¡Siempre feliz de ser de servicio!

Oh, no me extraña, se dio cuenta Char. Ellos son el Equipo Remordimiento. Pueden salirse de cualquier cosa si mueven algunas palancas. Probablemente han gastado millones y millones de Poké aquí a lo largo de los años, no hay forma de que Kecleon pueda rechazarlos. Pero realmente hace que me pregunte... solo hace unos momentos, Kecleon estaba gritando como algún tipo de enfurecido y rabioso... monstruo. Hace que me pregunte si siempre están escondiendo un temperamento tan horrible bajo aquellas sonrisas que siempre están fijas en sus rostros...

... ... ...


Una vez que los suministros fueron descargados, el Equipo Ascuas se relajó en el piso inferior y tuvo una cena bien grande, contándose uno a otro sobre las experiencias de su día. Char explicó a dónde Scythe lo había llevado, y cómo descubrieron el solapado truco que Adiel estaba intentando realizar. Saura y Ray mostraron la misma reacción que Char hizo al comienzo, preguntándose cómo Scythe supo que era un farol.

—Él piensa que Adiel descubrió de alguna forma cuándo estaba planeando su esfuerzo final en el Cañón Cuenco, y aunque Scythe no caería por el truco, sabía que la mayor parte de Ciudad Hierro lo haría, así que sería realmente algo distractor. Lo llamó una distracción de mendigo.

—Espera, ¿qué? —Ray se quedó boquiabierto—. ¿Adiel sabe la fecha de reubicación? ¡Eso es terrible! Esa es una de las cosas que ha intentado mantener escondida de él. ¡Si Scythe se encuentra con demasiada resistencia, fracasará muy mal! Me pregunto cómo Adiel lo averiguó.

—Si Adiel es casi igual de astuto que Scythe, tal vez no fue demasiado difícil para él —consideró Char—. Pero creo que Scythe lo tiene todo cubierto. Parece saber lo que está haciendo.

—Tienes razón —dijo Ray con un asentimiento—. Tal vez está llevando a cabo uno de esos complots de ganar o ganar que estaba hablando hace un rato. Si ese es el caso, ¡apuesto a que Adiel va a caer!

Luego, Saura contó sobre su encuentro con su hermana pequeña. Char estaba realmente sorprendido. Durante todo el tiempo en que se habían conocido, Saura nunca habló mucho sobre su familia aparte de algunos comentarios breves de vez en cuando. Se imaginó, desde el día en que se conocieron, que Saura mantenía una especie de reprimido resentimiento hacia su familia y simplemente prefería no hablar de ellos. Pero ahora, mientras Saura contaba de su relación con Saurlee, la visión de Char sobre él empezó a cambiar.

—Ella era la última Bulbasaur que esperaba ver en esa habitación —divagaba Saura—. Me contó cuán asustados dejé a mis padres cuando me marché. Casi deseo solo poder...

La expresión de Saura cambió, e interrumpió su oración.

—¿Solo poder qué? —insistió Char—. ¿Quedarte con ella esta noche? ¿Ir a ver a tu familia otra vez? ¿Quieres... hacerlo?

—No puedo —dijo Saura, dando el encogimiento de hombros más falso que Char había visto jamás—. Tengo obligaciones prioritarias. Además, los veré de nuevo algún día.

—No tenía idea de que te sintieras así por tu familia —dijo Char.

—Oye, Char, estoy bien —clamó Saura, llevando una gran sonrisa—. De acuerdo, admitiré, siempre me he sentido un poco avergonzado de mí mismo por dejarlos de la forma en que lo hice, pero pienso que hoy lo hice mucho mejor. Saurlee irá a casa, y hará saber a mamá y a papá que todo está bien. Así que ahora puedo dejar de preocuparme demasiado por ellos, cuando sé que no se están preocupando demasiado por mí. Pero no hay lugar en donde desearía estar sino aquí.

Char decidió dejarlo ahí. Sabía que, a pesar de cuáles conflictos internos Saura mantenía para sí, había hecho sus decisiones y estaba contento de adherirse a ellas... sin mencionar que el pensamiento de ir a la Torre del Tiempo sin él era simplemente espeluznante.

Finalmente, justo cuando Ray estaba contando la historia de cómo saboteó el generador, Scythe se aproximó a su mesa.

—¿Comieron bien? —preguntó.

Ellos asintieron.

—Bien —dijo—, porque es tiempo de venir. Alta Inteligencia nos está llamando ahora. Vayamos.

El Equipo Ascuas prontamente limpió su mesa y siguió a Scythe escaleras abajo.

... ... ...


La siguiente cosa que supieron fue que al Equipo Ascuas se le había otorgado la entrada a la guarida de Inteligencia. Se pusieron firmes cerca de la mesa central de la habitación mientras Alakazam se recomponía, preparándose para dirigirse a ellos. Saura estaba impresionado de la grandeza de la habitación, y Ray estaba hechizado por todo, incapaz de romper contacto visual de las colecciones de libros, instrumentos, y mapas que cubrían las paredes y las mesas de la habitación entera. Char ojeó a Metagross, que todavía yacía silenciosamente en el otro extremo de la habitación observando atentamente la reunión. No se había movido ni un centímetro desde que Char lo había visto por última vez.

—No puedo creer que en realidad estamos aquí —jadeó Ray—. No sé si sentirme honrado o indigno...

—Está arreglado —dijo Alakazam desde el otro lado de la mesa—. Fue un desafío conseguir organizar todo en un plazo tan corto, pero está hecho. Está todo puesto en marcha para mañana a la mañana. Su transporte estará esperándoles justo afuera de la entrada occidental. Estén ahí para el primer indicio del amanecer, y podrán hacer el vuelo a la División Esmeralda en solo dos días si los vientos son cooperativos.

¿Vuelo?, se preguntó Char. ¿Volaremos hasta ahí?

—Scythe, espero que estés preparado para esta misión —habló Alakazam autoritariamente—. La responsabilidad de este Charmander permanece en tus manos. Protégelo con tu vida.

Scythe hizo una reverencia. Ya no hacía falta ser dicho.

—Esto va para ustedes también, Bulbasaur y Raichu, si lo estarán acompañando —dijo Alakazam con gravedad—. Su amigo Charmander representa más de lo que alguna vez sabrán. Deberán estar dispuestos a ponerse en posición de riesgo por él. Él debe alcanzar la cima de la Torre del Tiempo a cualquier costo, incluso si significa que deba ser a costa suya. ¿Entienden?

—Lo sabemos —dijo Saura—. Daremos todo lo que tenemos.

—Que así sea —dijo Alakazam, señalando con su mano hacia la mesa—. Ahora, la noche en que arriben de su vuelo, se presentarán al Equipo Arrepentimiento. Ellos están esperándoles. Desde ahí, se quedarán una sola noche en la protección de su base para continuar sus preparaciones. Han estado trabajando duro para investigar sobre la Torre del Tiempo mientras aguardan su llegada; son capaces de ofrecerles ayuda más específica que yo. El día siguiente, una vez que los Vigilantes hayan bajado del cielo, serán llevados volando al norte hasta el borde de Zerferia. Desde ahí, continuarán a pie por aproximadamente veintisiete kilómetros en dirección nornordeste, localizarán la Torre del Tiempo, e ingresarán a ella.

—¿Por qué no solo volamos todo el camino hasta la Torre del Tiempo? —se preguntó Char en voz alta.

—Las tormentas de Zerferia no lo permitirían —explicó Alakazam—. Zerferia es una tierra de glaciales tormentas de nieve que nunca cesan. No hay Pokémon que pueda navegar en esos vientos, e incluso aquellos que poseen la suficiente habilidad para surcar las corrientes de aire encontrarían que sus alas se paralizan por congelación en meros minutos.

—Espera, espeeeera —gañó Char—. ¿Este Zerferia... es... frío?

—Devastadoramente frío —dijo Alakazam, apuntando hacia la gigantesca masa de tierra de color blanco que yacía al norte de Ambera en el mapa—. Tan frío, de hecho, que muchos Pokémon no pueden sobrevivir allí. Incluso aquellos con alineación al hielo tienen problemas encontrando comida o abrigo suficiente para hacer un hogar allí. Zerferia es estéril.

Char sintió que sus esperanzas caían solo un poco mientras se imaginaba haciendo frente al lugar descrito, caminando penosamente a través de una interminable ventisca a medida que vientos bajo cero azotaban su cuerpo y lo adormecían hasta que solo un dolor punzante restaba. Se imaginó a su flama flaquear en el viento, luchando por mantenerse con vida...

—No temas —dijo Alakazam, dirigiéndose a Char directamente—. Tú, de todos los Pokémon, serás envidiado por tus compañeros de equipo en ese implacable lugar. Tú eres el que tiene el interminable fuego ardiendo en su corazón. Te mantendrá caliente.

—Sí —agregó Xatu, acercándose a la mesa y parándose al lado de Alakazam—. Eres un Charmander más fuerte y grande de lo que eras semanas atrás cuando nos dirigimos a ti por primera vez. Has crecido en tamaño y estatura, y el ascua dentro de ti arde más brillante que nunca. Te sustentará bien a través de este viaje.

Luego, Alakazam colocó una bolsa de viaje muy voluminosa en la mesa. Era más grande que cualquiera que el Equipo Ascuas había usado antes, y Char pudo ver que estaba repleta con objetos útiles.

—Sus suministros —dijo Alakazam—. Hemos recibido la funesta noticia de que la Torre del Tiempo lleva las propiedades de una mazmorra misteriosa. Estos son los mejores objetos de nuestros dominios que pudimos disponer para ustedes. Esperamos que les duren a través de su excursión.

Scythe ojeó la bolsa pensativamente—. Hmm, ¿podría ver lo que hay adentro? —preguntó—. Nos gustaría saber con qué estamos lidiando.

—Muy bien —dijo Alakazam.

Metió la mano en el bolsillo delantero de la bolsa y sacó un abultado saco.

—Diez bayas zidra —anunció—. Úsenlas tan libremente como deban para mantenerse en una pieza. Y si estas han de fallarles...

Metió nuevamente la mano y sacó otro abultado saco, este bordado con relucientes hilos dorados.

—Diez Semillas Revivir —dijo él—. Son sumamente raras, y representan la mayor parte de nuestras reservas. Esperamos que les sirvan en su tarea próxima.

Oooh... articuló Char, mirando la bolsa. Esas son más Semillas Revivir de las que probablemente veré en una vida... Espero que no tengamos que usarlas todas...

Otro saco fue colocado ante ellos, este produciendo un aroma muy atrayente, haciéndole agua a la boca de Char incluso aunque acababa de atracarse con comida solo momentos antes.

—Cuatro Manzanas Oro —dijo Alakazam—. Una para cada uno. Si no las malgastan, será toda la comida que necesitarán.

Parecía que no había final a los maravillosos objetos colocados ante ellos. Vinieron Semillas Cura, Semillas Invisible, esferas que petrificarían a números masivos de enemigos cercanos y los harían inofensivos, reunirían a compañeros perdidos, harían al equipo entero invulnerables por un periodo limitado de tiempo, embrujarían a los Pokémon salvajes para que pelearan de su lado temporalmente, y muchas más. Char perdió la cuenta. Finalmente, sacó de la bolsa unos accesorios extraños.

—Gafas Rayos X —dijo Alakazam—, para permitirles ver enemigos detrás de paredes. Un Lazo Evasión, para incrementar su agilidad en el combate. Una Banda Rapidez, para darles más ventaja. Un Pañuelo Móvil, si se encuentran atrapados e incapaces de escapar.

Char no vio razón para mencionar que ya poseían uno de los últimos objetos. No se iba a quejar por tener dos.

Con todo, la bolsa estaba empacada con cuarenta y ocho objetos, no permitiendo que más cupieran.

—Si desean llevar algún suministro menor adicional que se adapte a sus preferencias, deberán llevar una segunda bolsa —dijo Alakazam—. Pero nos hemos asegurado de que no quedarán con las ganas. Los corazones de toda la resistencia están con ustedes.

—Esto funcionará —dijo Scythe, sonriendo muy extrañamente, de una forma que casi parecía taimada—. Esto funcionará muy bien. Gracias.

—Hay otro asunto que debo sacar a flote —dijo Alakazam—. Debido a la naturaleza de la torre, es difícil decir qué tipos de resistencia Pokémon deberían esperar dentro. Podrían enfrentarse a cualquier cosa. Pero, de los varios recursos que hemos examinado, hemos construido algunas ideas de qué tipos tienen más posibilidad de aparecer allí. Por una parte, un misterioso Pokémon conocido como Solrock ha sido mencionado en los registros. Nunca he visto a un Solrock con mis propios ojos, pero se dice que es un Pokémon roca normalmente dócil con potenciales psíquicos. Por otra parte, como Dialga mismo, podrían encontrarse con verdaderos dragones...

—¿Qué significa eso? —preguntó Char—. ¿Cómo podemos prepararnos para ellos? Soy malo peleando contra Pokémon roca...

—Precisamente —dijo Alakazam—. Aunque tienes a tus compañeros en los que confiar, tú eres la principal preocupación, así que debes aprender a protegerte. Por consiguiente...

Alakazam deslizó un objeto muy extraño a través de la mesa. Era como una roca, pero plana, y con forma circular. Y muy, muy brillante.

—Vaya —dijo Ray—. ¡Es un disco MT!

—Sí —dijo Alakazam—. Y no solo una MT, pero esta, de entre muchas, ha sido personalmente diseñada por mí. Con la ayuda de Kecleon, me he dedicado periódicamente al pasatiempo de grabar discos MT que no han sido previamente creados, ni siquiera por manos humanas.

—Eso es asombroso —dijo Saura—. ¿Cómo funcionan estas máquinas, de todas formas? ¡Siempre he querido saber eso!

—Es un pasatiempo fascinante, si me permiten decir mi opinión —dijo Alakazam—. Solo lamento que no tengo el tiempo para hacer más. Usando el equipamiento de Kecleon, un disco puede ser diseñado por cualquier psíquico lo suficientemente diestro, como yo. Necesito observar atentamente los impulsos mentales de un Pokémon habilidoso mientras desempeñan la técnica, luego repetirlos de vuelta en la máquina de una forma en que lo pueda comprender. Si es exitoso, el disco puede transferir los mismos patrones a la mente de otro, permitiéndole aprender la técnica como si la hubiera practicado su vida entera.

—No tengo idea de lo que acabas de decir, pero suena increíble —dijo Saura—. Siempre he querido intentar usar uno por mi cuenta.

—Espera —dijo Char—. ¿Qué pasa si no es exitoso? ¿Puedes estropear un disco?

—Sí, ocurre muy a menudo, desafortunadamente. No siempre son fáciles de grabar —dijo Alakazam con un asentimiento—. Debo analizar exhaustivamente cada uno que hago, ya que una MT malformada puede tener efectos muy malos en el Pokémon que intenta usarla. En el mejor de los casos, no funcionará. En el peor de los casos, podría dejar en blanco una porción considerable de memoria muscular, transformando a un habilidoso guerrero en un torpe bufón. Pero no te preocupes, confecciono mis discos en los más altos estándares.

Char recogió el disco MT y miró su reflejo en la brillante superficie.

—Ahora, debes llevar este disco a Kecleon para usarlo —instruyó Alakazam—. Él tiene el equipamiento necesario. También tiene una vasta librería de MTs estándares para que busques, si deseas expandir tus capacidades actuales. Ahora, a él se lo conoce por cobrar una tarifa muy grande ante la simple mención de una MT, pero deben dejarle en claro que yo cubriré cualquier costo que infieran en su mercado esta noche. ¡No podemos escatimar ningún gasto para una misión tan vital como esta!

... ... ...


—Hmmmmm... —zumbó el Kecleon de color rosado mientras evaluaba el disco—. Parece otro de los trabajos de Alakazam. ¿Te dijo para qué este es bueno?

—Eh, no —respondió Char—. Creo que se olvidó de hacerlo. Solo me dijo que lo usara.

—Bueno, para que conste, no asumo responsabilidad de lo que el disco pueda hacerte —advirtió Kecleon—. Pero, si te gustaría usarlo, puedo ayudarte con eso. Síganme...

Char sostuvo el aliento mientras él, Saura, y Ray era llevados a algún lugar en donde nunca se habían atrevido explorar: detrás del mostrador de Kecleon. Atentos de no tocar ni una sola cosa, el trío solo pudo quedar boquiabierto ante el museo de repletas y desordenadas habitaciones de almacenamiento por las que pasaban.

Luego de descender una amplia pero corta escalera, unas cuantas antorchas se encendieron con un parpadeo para revelar una habitación alineada con estantes, cada uno conteniendo una larga fila de discos MT. En el fondo de la habitación había una extremadamente grande máquina de metal. Después de una inspección más cuidadosa, Char vio que la máquina era prácticamente uniforme, yaciendo contra la pared como un ladrillo de acero gigante.

—Bueno, Char y compañía, ¡bienvenidos a la legendaria habitación MT! —proclamó Kecleon—. No muchos Pokémon saben que esto existe, y es mejor de esa forma, si me preguntan. ¡Ahora, Char, pongámonos en marcha! Oh, siempre me da escalofríos ver cómo esta maravilla hace su magia. ¡Tecnología, gloriosa tecnología, hecha por humanos, perfeccionada por Pokémon!

Antes de que Char pudiera decir mucho, el Kecleon rosado le arrebató el disco de sus manos, y luego lo llevó hasta...

SLAM.

Char fue encerrado en una habitación muy oscura y estrecha. Complejos circuitos corrían de arriba abajo en cada pared, y el techo estaba alineado con lo que parecía un centenar de diminutas bombillas de luz opacas. Le tomó un momento darse cuenta de que estaba dentro de la máquina MT. De repente entendió que era una cámara, en lugar de una máquina, lo que explicaba su aburrido exterior.

—¿Todo bien por ahí, Char? —escuchó la voz de Saura llamarlo desde el exterior.

—He cargado el disco —anunció Kecleon, interrumpiéndole—. ¡Solo di cuándo, y lo iniciaré! Y hazme saber qué es lo que te enseña, para que pueda categorizarlo.

Char apretó los puños, sin saber qué rayos esperar. Dio a Kecleon la palabra para continuar.

La máquina produjo muchos zumbidos y pitidos mientras rugía a la vida, haciendo que Char sintiera como si estuviera dentro de un crepitante fuego. Chispas volaron de varios cables mientras se llenaban con poder, empezando a brillar en matices de azul y amarillo.

Y luego, todo desapareció.

Char parpadeó. Estaba parado en medio de la nada. Bajando la mirada, pudo ver su propio cuerpo a la perfección, pero no había suelo debajo. Entrecerrando los ojos hacia el gris vacío, pudo ver cientos de pequeñas imágenes caleidoscópicas, pero no pudo decir si eran reales, o solo los efectos de su ojo mental.

—Está encendida —reportó la voz de Kecleon—. Ahora a empezar el programa. Aguarda, soooolo un momento...

Luego vino la muy inquietante sensación de que no estaba solo, seguida por la figura de un Pokémon parado frente a él. Se deslizó desde detrás del velo de la inexistencia, parado en cuatro patas...

El sobresaltado grito de Char llenó la habitación. Parada frente a él, mirándolo con profundos y relucientes ojos, estaba...

¿Eva?

—¿Ves al Espeon? —inquirió Kecleon—. Si lo haces, significa que el programa se está ejecutando sin problemas hasta ahora.

—S-sí —respondió Char.

—¿Te agrada? ¿Hmm? —preguntó Kecleon atolondradamente—. Antes, solo teníamos a una voz incorpórea para darte las instrucciones, ¡así que decidí reemplazarla por una joven y encantadora Espeon! Pensé que haría la experiencia entera más agradable. Ahora, aquí vamos... Prepárate, Char.

—Bienvenido a MT-X 024 AKZ —dijo la Espeon en una afable y reconfortante voz que no se parecía en lo absoluto a la de Eva—. Este programa de entrenamiento procurará transferir el conocimiento de la técnica conocida comúnmente como Garra Metal. ¿Acepta esto?

—Sí —respondió Char, preguntándose qué era una Garra Metal, pero imaginándose que lo averiguaría pronto.

—Antes de empezar, debe ser concienciado sobre los riesgos y advertencias asociadas con las Máquinas Técnicas —dijo la Espeon robóticamente—. Las Máquinas Técnicas deben ser usadas con cuidado. El uso inapropiado del programa de una Máquina Técnica o el uso de programas de Máquina Técnica no aprobados o incompatibles ha sido conocido por causar, o podrá resultar en: pérdida de memoria, ceguera, depresión, pérdida de sanidad, o parálisis. ¿Acepta estos riesgos?

—S-s-sí, supongo —balbuceó Char.

—El programa de una Máquina Técnica opera al liberar impulsos guiados con precisión de energía eléctrica, psíquica, o basada en aura, dependiendo del tipo de técnica a ser enseñada, para imprimir el patrón grabado dentro de la mente. Hay un riesgo inherente de corrupción o borrado de memoria muscular existente cada vez que una Máquina Técnica es utilizada. ¿Acepta este riesgo?

—Sí —dijo Char otra vez.

—Advertencia. Esta Máquina Técnica no fue, de alguna forma, autorizada o aprobada por la Liga de la Federación Pokémon. El autor del programa de esta Máquina Técnica no está de alguna forma licenciado o afiliado por la Liga de la Federación Pokémon. Es más, la técnica contenida aquí dentro, Garra Metal, fue previamente considerada no apta para transmisión a través de una Máquina Técnica, y lanzamientos subsecuentes de programas de Máquina Técnica conteniendo Garra Metal han sido prohibidos y destruidos a pedido de la Liga de la Federación Pokémon. ¿Entiende, y acepta los riesgos implicados?

—Sí —dijo Char una vez más, empezando a sudar.

—Muy bien —dijo el Espeon—. El programa ahora dará inicio.

El corazón de Char ya estaba latiendo con rapidez mientras su entorno se volvió una extraña nube surreal de púrpura y rojo. Intentó mirar a su alrededor, pero a cualquier dirección que veía, la Espeon siempre estaba directamente frente a él, como si estuviera pintada directamente en sus ojos.

—A través del curso natural de la vida de un Pokémon, un Pokémon aprenderá muchas formas de defenderse a sí mismo —empezó a explicar la Espeon—. Las armas físicas de un Pokémon, como ser sus dientes y garras, son usualmente las más naturales e intuitivas fuerzas disponibles para ellos. Después, un Pokémon debe aprender sobre los elementos de los que fueron imbuidos, y cómo aprovecharlos para manipular su entorno dentro y fuera de la batalla. Un Cyndaquil está imbuido de fuego. Un Totodile, de agua. Un Treecko, de flora. Estas fortalezas son esenciales para que un Pokémon aprenda y entienda en su busca de maestría propia.

Tiene sentido hasta ahora, se dijo Char.

—Pero, hay un tercer tipo de poder que reside dentro cada Pokémon —continuó la Espeon—. Este poder es misterioso, y todavía no comprendido por Pokémon o el género humano. Es un poder que podría venir del espíritu, o podría originarse en invisibles instalaciones en el cuerpo del Pokémon. Se comporta mucho como el Aura, y podría ser un subconjunto del Aura. Con suficiente práctica, cualquier Pokémon puede aprender a canalizar este poder, a liberarlo en una variedad de maneras útiles en esfuerzos ofensivos, defensivos, o prácticos. La técnica que estás a punto de aprender–la Garra Metal–implica canalizar esta energía a específicos puntos del cuerpo, fortaleciéndolos físicamente. Con la aplicación correcta, la Garra Metal es capaz de quebrar rocas.

¡Por supuesto!, se dio cuenta Char. Esto es lo que Alakazam quería. Ahora, tendré una ventaja adicional contra Pokémon de roca como Graveler. ¡No puedo esperar! ¡Enséñame esto!

Una gran roca cilíndrica apareció en el vacío ante Char, yaciendo en nada en particular.

—Ahora quebrarás esa roca con tu garra —dijo la Espeon.

De acuerdo... intentemos esto, dijo Char, mirando sus garras. Ahora, ¿cómo se supone que–

Inesperadamente, una racha de energía helada se disparó a la cabeza de Char desde su nuca. No dolió, pero le hizo convulsionar; se sintió como si alguien lo hubiera empalado con un carámbano largo y fino. La glacial sensación quedó, y una energía crepitante y hormigueante empezó a impregnar su cuerpo. Se extendió en su pecho, y a través de sus brazos, en donde pareció acumularse en los extremos de sus individuales dedos y... ¿solidificarse?

Otra insana sensación inundó a Char, y esta vez, se sintió como si toda la carne hubiera sido arrancada de la parte superior de su cabeza y docenas de agujas hubieran sido apuñaladas en su cerebro. Todavía no dolía, pero se sentía realmente raro, y de alguna forma, Char encontró que era capaz de rastrear mentalmente los impulsos que estaba recibiendo–no, no solo capaz, sino que era forzado a hacerlo...

¡Ching! ¡Crunch!

El hueco sonido de metal golpeando roca–y ganando–reverberó a través del extraño vacío. Char encontró que, por un extraño impulso, había saltado hacia la roca y enterrado sus garras profundamente en ella. La áspera textura de la roca, y la forma en que sus uñas habían raspado a través de ella, envió un escalofrío a su columna. Mientras que no cortó como un cuchillo a la mantequilla, hizo un buen daño.

¡Ching!

Otro impulso se disparó dentro de él, y Char balanceó su otra garra, golpeando la roca otra vez. La mella en la roca se volvió más profunda.

¡Crack!

Una tercera vez Char asaltó la roca con las puntiagudas cuchillas en el extremo de sus dedos, cortó hasta el final, causando que la parte superior del pilar se desplomara. Golpeó el invisible suelo insonoramente, y el roto pilar entero parpadeó y desapareció de la existencia. Fue entonces cuando notó sus garras... era luminosas, resplandecientes como clavos plata bañados en rayos solares...

—Está hecho —dijo la Espeon—. Esta es la técnica de la Garra Metal. El método para invocar la técnica debería ser claro ahora en tu mente. Nótese que el efecto no siempre desaparece de inmediato. En ocasiones, puede persistir, permitiendo una fuerza de ataque incrementada por un periodo de tiempo.

-¡Pop!-

Con eso, la Espeon y la extraña dimensión púrpura desaparecieron, reemplazadas por el estrecho interior de la máquina mientras se apagaba. Char sintió que sus piernas hormigueaban–ambas estaban dormidas, ya que en realidad no había movido su cuerpo físicamente por más o menos quince minutos enteros mientras la máquina estaba activa. Fue todo un sueño inducido psíquicamente.

La puerta de la cámara se abrió con Saura, Ray, y Kecleon esperando del otro lado, con preocupadas pero ansiosas expresiones extendidas a través de sus rostros. Char se tambaleó al salir de la máquina.

—¿Bien? ¿Bien? —suplicó Saura—. ¿Qué tal fue? ¿Funcionó?

—Creo que sí —murmuró Char, sentándose en el suelo aturdido—. Me enseñó Garra Metal.

—¿Garra Metal? —repitió Kecleon—. Eso es muy interesante. Esa ha sido una MT declarada ilegal desde el comienzo. Algo sobre... algo sobre, que no podían hacerlas bien sin que te hiciera perder toda la sensación en tus piernas. Desde que algunos Pokémon usan las garras en sus pies en lugar de las de sus manos, no podían descifrar una forma de diferenciarlas. Algo así.

Los ojos de Char se agrandaron. Asió sus hormigueantes piernas, y no sintió nada.

—La verdad, no, ¡no era eso en lo absoluto! —gimoteó Kecleon—. Lo recuerdo ahora. Estaba pensando en Golpes Furia. ¡La MT de Garra Metal era la que te dejaría ciego! Sí, por eso era tan mala. Si Alakazam finalmente hizo una que funcionó correctamente, ¡bien por él! ¡Ese es un logro bastante significativo!

Kecleon sacó el disco MT de la máquina de una pequeña hendidura previamente inadvertida al costado. Puso el disco en una extraña caja, escribió algunos símbolos en ella, y la archivó en el estante.

—Ah, Garra Metal —suspiró orgullosamente—. Otra gran expansión a la librería, y probablemente una primera en el mundo Pokémon conocido...

—Espera... ¿te refieres a que puedes usarla otra vez? —dijo Char—. Pensaba que las MTs solo funcionaban una vez...

—Ja. Bueno, para los humanos, sí —dijo Kecleon con un guiño—. La Federación de Entrenadores las hizo de esa forma a propósito. Grababan los movimientos en estos discos endebles que solo funcionaban con estas máquinas portátiles que los entrenadores tenían que llevar a todos lados. ¡Las hacían tan endebles, que se rasguñaban y se volvían inservibles después de un solo uso!

—¿P-por qué harían eso? —preguntó Saura—. ¿Hacer algo malo a propósito? ¿Cuál es el punto?

—Era así para que lo entrenadores tuvieran que comprar nuevos discos cada vez que querían usarlos más de una vez, ¡y así conseguirían más dinero! —explicó Kecleon excéntricamente—. ¡Eso es lo a lo que yo llamo turbio, si me preguntan! Así que algunos Pokémon realmente listos se reunieron un día y fueron e invirtieron la ingeniería de los discos e hicieron sus propios. Y ahora, funcionan tantas veces como quieras, ¡e incluso podemos grabar pequeñas demostraciones en ellos! ¡Además, es mucho más fácil cobrar por uso de la máquina que por disco! Ahora, ¿quién sigue?

... ... ...


Saura y Ray también tuvieron su turno en la máquina, pero nadie estaba dispuesto a ir más de una vez. Saura aprendió cómo comandar a su semilla para que produjera un poderoso veneno que podía ser inyectado a un oponente, y Ray afirmó que aprendió a conjurar brillantes bolas de energía que no se comportaban en lo absoluto como la electricidad debería. Inseguro de sentirse orgulloso de sus nuevas habilidades o solo asustado, el equipo decidió dirigirse de vuelta escaleras arriba.

—Bueno —dijo Saura—, si queremos algún otro suministro para el gran viaje, ahora es nuestra oportunidad. ¿Hay algo que necesitemos que Alakazam no nos haya conseguido ya?

—Hmm —se preguntó Char, mirando a su alrededor la mercancía—. Probablemente no necesitemos un Pañuelo Meloc esta vez. Probablemente no tengamos que preocuparnos por el veneno en este viaje. ¿Tal vez un Pañuelo Defensa? ¿O... un Pañuelo Perasi? ¿Eso no prevendría el congelamiento? Eso podría ser útil...

—OIGAN —exclamó el Kecleon desde el mostrador—. ¡ESPEREN UN MOMENTO!

Char se apresuró hasta el mostrador, preguntándose qué estaría mal.

—Veo aquí —dijo el Kecleon rosado, sosteniendo una pequeña tarjeta de notas—, que, de acuerdo con mi informe de la mañana, la cuenta bancaria de su equipo está... ¡vacía!

—Espera, ¿eh? —exclamó Char.

—Oh, no, eso es un problema —dijo el Kecleon severamente—. ¡Eso es un problema, en efecto! Podría haber jurado que la última vez que verifiqué, eran bastante adinerados, ciertamente lo suficiente para usar mi máquina. Pero ahora, ¿cómo saldrán con los sesenta y ocho mil Poké que me deben por la tarifa?

La mente de Char empezó a acelerarse. ¿Nuestra cuenta bancaria está... vacía? ¡¿Qué causó esto?! ¡Y... hemos hecho que Kecleon se enoje con nosotros! ¿Qué haremos? ¿Qué ocurrirá?

Char estaba escaneando la habitación por una ruta de escape cuando a Saura se le ocurrió hablar.

—Oh, jeje, sí, tendrás que agradecerme por eso —dijo Saura nerviosamente—. Sí, esta mañana, cuando me dejaron atrás, me imaginé que podría dejar algunas cosas listas. Y desde que iban a venir a casa con mucho dinero de su misión, y desde que estamos a punto de salir en un viaje y todo eso, yo... yo fui e hice un gran pago por la matrícula de Otto.

—¡Oye, tú espera un momento! —le habló Ray al Kecleon—. ¡Se suponía que esas MTs eran gratis! ¡Alta Inteligencia dijo que pagaría por ellas!

—¿Y por qué debería creer eso? —desafió el Kecleon—. Unos cuantos equipos me han engañado con esa antes. ‘Oh, sí, estoy comprando esto de parte del Equipo Portador, ¡solo envíales la factura a ellos!’ Oh, sí, maravillosa forma de salirse del problema, ¿no lo creen? ¡Yo no retiro de la cuenta de alguien sin una explícita aprobación cara a cara! ¡Eso es simplemente un buen negocio para todos! ¡Especialmente para Alta Inteligencia! Si tuvieran razón para acusar a mi hermano y a mí por estafarlos, ¡¿tienen alguna idea de cuán rápido perderíamos nuestra reputación?!

¡Oh, no, oh, no!, dijo Char, sintiéndose incluso más nervioso. ¡Qué incómodo! ¡No somos el Equipo Remordimiento, no podemos salirnos de esta tan fácilmente como ellos! Eso, y ellos dieron un reembolso... ¡pero nosotros estamos en bancarrota!

—No, es en serio. ¡Lo juro por las pezuñas de Arceus, estoy diciendo la verdad! —insistió Ray—. ¡Las MTs eran cortesía de la casa! ¿De qué otra forma Char te hubiera traído un disco que Alakazam hizo, eh?

Kecleon se detuvo a media frase, su boca quedándose abierta—. Oh, hmm —dijo él—. Bueno, tiene un buen punto ahí, mi buen señor. Hmm...

—Sí, si en serio necesita saberlo, Alakazam nos está preparando para un viaje a la División Esmeralda, ¡y salimos mañana a la mañana! —dijo Saura—. Él fue el que nos envió aquí con el disco. Él dijo que lo pagaría.

—Bueno, entonces —dijo Kecleon, pronto calmándose de vuelta—. Si ese es el caso, supongo que simplemente captaré su atención en la próxima oportunidad para verificar lo que ha dicho, y... eso sería todo. Me disculpo por haberme enojado, mis buenos clientes. Mi hermano y yo podemos ser un tiro al aire cuando algo sale mal, especialmente cuando tenemos razones para pensar que alguien nos está estafando. Por favor entiendan.

Char simplemente se dejó caer en el suelo por el alivio.

Para compensar por el incidente, Kecleon les ofreció el Pañuelo Perasi en el que se había fijado, más unas cuantas otras baratijas, de forma gratuita.

... ... ...


—Bueno —dijo Chansey—, es un poco tarde, pero supongo...

Char, Saura, y Ray estaban abajo en la guardería, listos para decir sus últimas despedidas al algún día cuarto miembro de su equipo. Char esperó que el pequeño pájaro tomara bien la noticia de cuánto tiempo podrían ausentarse... eso es, si es que la mente de Otto se había desarrollado lo suficiente para comprender lo que fuera que dijera. Pero incluso si no lo hacía, Char se sentía obligado a darle un adiós a Otto.

La Chansey que había estado vigilando el vacío vestíbulo desapareció a través de la puerta, y momentos después retornó con el pequeño pajarito marrón saltando a cuestas.

—Se estaba preparando para dormir, ¡pero vino corriendo cuando mencioné tu nombre! —dijo Chansey—. ¡Diviértete, pequeñín!

—¿Qué tal lo hace? —inquirió Saura—. ¿Está aprendiendo mucho?

—Tanto como puede ser esperado —respondió Chansey—. Oh, ¿pero saben qué? ¡Ya tenemos prevista su entrevista con Syr, jefe del Equipo Alaplata, para principios de la próxima semana! ¡Una vez que se una al equipo, aprenderá tanto que su cabecita estallará! Bueno, ¡diviértanse! ¡No se tarden demasiado!

Otto, aunque cansado, estaba radiante con alegría ante la visión de Char. Era casi como si Saura y Ray no estuvieran ahí. Los ojeaba ocasionalmente, pero bailaba y brincaba alrededor de los pies de Char, valorando más su atención.

—Oye, Otto —dijo en una voz aguda propia de un recién nacido—. ¿Cómo estás esta noche? ¿Te sientes bien?

—¡BBB-UUEEEEEN! —chilló Otto.

Char se preguntó si estaba intentando decir “bien” o “bueno”, pero capturó la esencia, y le sonrió de vuelta.

—Escucha, Otto —dijo Char mientras tenía la completa atención del ave—. Nos vamos a un gran viaje mañana, ¿de acuerdo? Y no te vamos a ver otra vez por un tiempo.

El pájaro ladeó su cabeza y parpadeó. Char se preguntó si en realidad estaba escuchando.

—Lo sentimos —agregó Saura—. Te queremos, y no nos gusta marcharnos así, pero tenemos que hacerlo. Cuídate, ¿de acuerdo?

—¡Regresaremos lo antes posible! —prometió Ray—. ¡Antes de que lo sepas, estaremos de vuelta! ¡Y tal vez puedas estar en nuestro equipo!

—Bien —dijo Otto.

Char estaba encantado, y sus amigos también estaban muy impresionados. ¡Otto había entendido!

—¡Vaya, puedes hablar! —vitoreó Char—. Puedes hablar ahora, ¿no?

—Sí —respondió Otto.

—Pero apuesto a que no puedes decir muchas cosas todavía, ¿verdad? —supuso Char.

—¡Sí! —respondió Otto otra vez.

—¡Bueno, ja! ¡Eso es simplemente genial! —dijo Char, acariciando con afecto la cabeza del pájaro—. ¡Escúchate, estás creciendo tan rápido!

Char averiguó que el vocabulario de Otto se había expandido a más o menos seis palabras, y si formulaba las preguntas correctas en formas que Otto pudiera entender, podía conversar con el pequeñín. Le dio mariposas en el estómago solo saber que había ayudado a criarlo, y darse cuenta de cuánto quería ver a su personalidad tomar forma...

... Pero, eso sería para otro día. Luego de una corta pero agradable interacción con Otto, tenía que retornar a la cama...

... Y así lo hizo el Equipo Ascuas. Mañana sería el inicio de su más grandiosa misión hasta ahora.

... ... ...


—Ah, hogar dulce hogar —Saura bostezó mientras se retiraban a su salón esa noche—. Siempre es tan agradable ver este lugar luego de un día largo, ¿saben eso?

—Bueno, disfrútalo mientras puedas —murmuró Char un poco tristemente—. Este podría ser el último día por un largo tiempo que vemos este lugar.

—¡Es tan emocionante, no puedo esperar! —dijo Ray—. Aterrador, ¡pero emocionante! Apuesto a que tendré problemas durmiendo esta noche. ¡Tal vez el insomnio de Char atacará de nuevo y me hará compañía!

—Oye, sobre eso —dijo Char, recordando la idea que había tenido—. El almacenamiento sigue abierto. ¿Quieres que vaya a traer algunas Semillas Sueño? Si las comemos ahora, dormiremos toda la noche.

Luego de rechazar varias ofertas de Ray insistiendo que él quería hacer el recado, Char finalmente ganó cuando le recodó a Ray sobre el apretón de manos que habían hecho. Char se volvió y abandonó los cuarteles del equipo, dirigiéndose escaleras abajo hacia el área de almacenamiento que se estaría cerrando en menos de una hora.

... ... ...


Char tomó la ruta escénica para ir al área de almacenamiento esa noche, sin importarle si llegaría antes de que se cerrara. En realidad, solo quería una mirada más a la espaciosa y extensa cueva que había llegado a conocer como su hogar. La base de la División Dorada era su hogar, el único que alguna vez conoció, y si algo trágico había de ocurrir en la misión, esta sería la última vez que tendría para poder verla...

En cuatro patas, se disparó a través de la rocosa escalera en espiral, hacia los amplios pasillos iluminados con antorchas, atravesando la puerta a la cámara principal de la base...

Todos eran caminos que conocía tan bien. Los había memorizado, arraigándolos a su mente. Sabía la distancia más corta a cada último destino, desde la cafetería lejos escaleras abajo, hasta el área de almacenamiento, los cuarteles de los equipos en donde sus viejos y nuevos amigos residían... sabía el camino hasta la habitación del Equipo Remordimiento, en donde Scythe y sus compañeros de equipo siempre lo considerarían bienvenido, y el camino hasta la habitación del registro, en donde Jay y sus asistentes historiarían los eventos del día por él... Sabía cómo llegar al querido salón de reuniones, en donde todavía tenía la intención de escabullirse en la siguiente oportunidad que tuviera, y al banco, en donde transferiría fondos a la cuenta de Kecleon... incluso sabía cómo llegar a la guarida de Alta Inteligencia, quienes siempre eran rápidos para recordarle que el destino del mundo yacía sobre sus hombros...

Finalmente, Char se quedó en la cámara central, mirando de arriba abajo todos sus diferentes pisos, puentes, y pasadizos, todos siendo atravesados por ocupados Pokémon haciendo los últimos recados del día o dirigiéndose a sus cámaras designadas por la noche, la habitación resplandeciendo de rojo intenso por los cientos de antorchas fantasmas incrustadas en las paredes y las barandillas...

Se quedó parado en el mismo lugar en el que había visto por primera vez la base, cuando Scythe lo había guiado hasta entrar. Recordó qué tan pasmado y jadeante la visión lo había dejado, complaciendo a su corazón de Charmander sin fin aparente...

... y se dio cuenta de que aún lo hacía. Todo esto lo hacía. Este era su hogar, el lugar al que pertenecía.

¡Char!

Char se crispó, pensando que había oído algo. Lo ignoró.

Char...

Ocurrió de nuevo. Algo lo estaba llamando.

¿Pero qué? Char se quedó parado como una ardilla y dio una vuelta, buscando el origen de la voz que estaba llamando a su nombre. Fue en eso cuando se dio cuenta de que no sabía particularmente de qué dirección había sonado la llamada... había sido insonora. Telepática.

Oh, sí me escuchas, dijo la insonora voz. Bien. Ahora ven aquí. Estoy un piso más abajo que tú, y en el extremo opuesto de la base. Ven, rápido.

Preguntándose sobre la identidad del invisible llamador, Char siguió sus direcciones bajando las escaleras y por los pasillos.

Hasta el final del pasillo, insistió la voz. Quiero hablar contigo.

Haciendo lo instruido, Char pronto encontró su camino hasta un lugar que no visitaba muy frecuentemente. Hasta el final del pasillo y a la izquierda moraba el Equipo ARK, en el medio vivía el Equipo Pastor, y más a la derecha, vivía...

Espera, se dio cuenta Char. Nadie vive ahí. Ese es otro espacio vacío, justo como lo era el nuestro antes de que nos mudáramos. Me pregunto...

Char continuó su camino a través del pasillo hasta la desocupada morada. Cuando dobló la esquina, la identidad del llamador se volvió de repente clara...

La vio agazapada en las sombras al extremo de la sala, sus aterciopelados ojos brillándole de vuelta...

—Eva... —jadeó Char—. Estás aquí.

Oye, no hay razón para hablar, impuso Eva telepáticamente. Solo envíame tus pensamientos. No queremos que alguien escuche esta conversación. ¿Comprendes?

—¡¿Por qué?! —soltó Char—. La última vez que hice lo que tú–

¡CÁLLATE!, explotó Eva silenciosamente. Escúchame, Char. Gracias a Scythe, si cualquiera me encuentra aquí, y en serio me refiero a cualquiera, me removerán de la base a la fuerza por traición, o peor, me encerrarán en los calabozos abajo.

—¡¿Y por qué no deberían?! —Char casi gritó—. Eres–¡AUGH!

Sin aviso, Eva atacó con un agudo hechizo psíquico, haciendo que Char se arrodillara mientras se sostenía la frente.

Si me escucharas solo por un momento, podría ser capaz de contártelo, dijo con enojo Eva. Sé lo que hice. Cometí un error contigo. Me rehusé a mirar en tu mente porque no pensaba que valía mi tiempo. Estaba muy equivocada. Fue un error de orgullo. Lo siento. Pero quiero que ambos olvidemos ese incidente.

Já. ¡¿Te escondiste todo este tiempo, solo para contarme eso?!, devolvió Char. Oh, por cierto, sí le conté a Scythe lo que hiciste. Así que no, no estás perdonada, hasta que él te perdone.

Sabía que lo harías eventualmente, dijo Eva, asintiendo con la cabeza. Pero sabía que tu conciencia no te dejaría decirlo de inmediato. Todo lo que quería era comprarme algo de tiempo para escaparme. No pretendía una ofensa para ti al final.

De acuerdo, bien, lo que digas, dijo Char con un gruñido, deslizándose más cerca de ella. ¡¿Qué es lo que quieres?! ¿Te escondiste aquí por, qué, un mes? ¡¿Qué estás intentando demostrar?!

Char... hace poco, descubrí algo horrible, dijo Eva. Es algo que pensé que necesitarías saber.

¿Qué es tan horrible?, preguntó Char. No hay mucho que pueda hacer ahora, Eva. Me marcho a la División Esmeralda mañana.

Ese es el problema, dijo Eva. Scythe irá contigo. ¡Y ahora acabo de descubrir lo que él planea hacer cuando llegue ahí! Es el secreto que ha estado guardando de ti y de incluso el resto de su equipo. Quiere a Shander como a un hermano, ¡pero ni siquiera Shander lo sabe!

Char se sentía muy inquieto por la dirección que la conversación estaba tomando. ¿Cómo lo averiguaste?, inquirió él.

Soy psíquica, le recordó Eva, moviendo su cola como un látigo. Puedo leer mentes. Y acabo de atraparlo cuando su guardia estaba baja. Lo vi todo.

¿Y por qué te entrometes en la mente de Scythe?, demandó Char con dureza. Incluso Alakazam tiene la decencia de no hacer eso. ¿No piensas que sus pensamientos deben mantenerse en privado?

Eva parpadeó hacia Char. Estaba sentada en la esquina con una postura muy elegante y regia, y su expresión no delataba otra emoción excepto el deseo de ser discreta y sigilosa. Algo acerca de ella era extraño, y Char no podía lograr dar en el clavo.

Char, quiero que me escuches ahora mismo, dijo ella, su telepatía fuerte y seria. Por ahora, no hay otro Pokémon en esta base a quien apoye más que tú. No Alakazam, ni Scythe, ni Metagross. Tú. Te injurié cuando me rehusé al pedido de Scythe. Tenías la Llamada. Fue una equivocación. Y ahora necesito recompensarte por eso. Char, te estoy ofreciendo mis servicios como psíquica. Leeré la mente de cualquiera que desees. Solo da la orden. Sé que estás preocupado por Scythe. Sé que es algo que te ha estado molestando por un tiempo. Puedo verlo en tu mente. Así que he leído su mente por ti...

¿Qué tanto... de mi mente has visto?, preguntó Char con sospecha.

Lo suficiente para entender, respondió Eva. Sé, por ejemplo, que eres un humano. Esa es otra razón por la que deseo hacer penitencia por ti. Yo soy un Pokémon. Los Pokémon sirven a los humanos. Y yo te he ofendido. Y ahora que sé que eres humano, estoy endeudada a servirte.

Oh, vamos, consigo suficiente de eso de Ray, y de Scythe, dijo Char. ¿Ahora tú también?

Pero, por supuesto, dijo Eva en una gentil voz que sonaba sincera. Para ahora, deberás haber notado que todo Pokémon a quien has ido y revelado tu secreto ha jurado servirte incondicionalmente.

¿Incondicionalmente? No sé sobre eso, dijo Char. Saura, tal vez. Ray... bueno, le dije que no tenía tanta estima a que me tratase de esa forma... Scythe... Eh... bueno, él sí me respeta...

Eso es porque te sirve como su maestro, dijo Eva. Justo como Saura y Ray lo hacen. Y ahora, será mi turno de asumir el papel de tu sirviente. Ahora tú eres mi maestro.

Eva le hizo una reverencia con su cabeza.

¡Pero pronto! Estamos perdiendo tiempo. ¡Debes saber lo que he descubierto! Los planes de Scythe son muy oscuros y terribles. Temo que no sobrevivirás los eventos próximos si no estás preparado.

¿Entonces por qué estás bailando alrededor del problema en lugar de contármelo ya?, demandó Char, cruzando los brazos.

Porque respeto tu decisión, dijo Eva. Scythe te ha dicho que no puede permitirse que otro Pokémon lo sepa. Yo ya soy uno de los que saben. ¿Quieres ser el segundo? Te contaré, solo si es que entiendes la traición que estás haciendo. Si no, permaneceré en silencio. Es tu decisión. ¿Lo escucharás?

Cegado por la situación entera, Char se tomó un momento para pensárselo. Sí, Scythe lo estaba preocupando profundamente, pero ahora, ¿estaba Eva sugiriendo que los problemas de Scythe podrían ponerlo a él en peligro?

Él nunca me ha dado una razón para no confiar en él, pensó Char para sí. Incluso le dije, le prometí que siempre confiaría en él. No planea traicionarme... ¿verdad?

Sé la respuesta a esa pregunta, interpuso Eva, sobresaltando a Char y haciéndole darse cuenta de que no tenía pensamientos privados. No te culpo por confiar tanto en Scythe. Él se ha merecido tu confianza hasta este punto. Pero ahora, tienes que darte cuenta de que Scythe es todo sobre jugar juegos. Esta vez, tú eres parte del juego. Pregúntate: ¿quieres dejarte ser parte de su juego? ¿Confías en él así de bien? ¿O... tomarás las cosas a mano propia?

Char pausó por un momento. Luego, sacudió su cabeza, sin perder su tiempo con más pensamientos que eran como un libro abierto para la psíquica. Quería alejarse de ella.

¿No?, respondió Eva, pareciendo un poco entristecida mientras hacía una inclinación con su cabeza. Muy bien. No te contaré.

Ya he traicionado a Scythe una vez, determinó Char. No voy a hacerlo otra vez. Y esta vez, realmente cuenta. Me preguntó qué sacrificios estaría dispuesto a hacer. Haré este.

Una buena elección, comentó Eva. Pero Char, por favor ten cuidado. Las acciones de Scythe en esta misión te sorprenderán profundamente. Incluso podrían cambiar tu opinión hacia él. Si no escucharás la verdad, eso es todo lo que te puedo decir.

Sintiéndose muy nervioso, Char empezó a alejarse. Los avances de Eva lo habían intimidado, de alguna forma, y no sabía qué más decir.

Si alguna vez me necesitas, estaría justo aquí en este salón, dijo Eva. Todo lo que pido es que no me delates, y te serviré incondicionalmente. Porque, después de todo, no puedo servirte si me echan de la base...

Adiós, Eva, dijo Char, dejándola atrás.

Mantén la guardia, y retorna a salvo, dijo Eva. Te estaré esperando.

... ... ...


Finalmente, el largo día vino a un cierre.

Char consiguió llegar tarde al área de almacenamiento, pero luego de aporrear la puerta por el tiempo suficiente, Morrik cedió y le dio las deseadas semillas.

Pero cuando se asentó en su cama aquella noche, encontró que ni siquiera necesitaba una semilla para ayudarle a descansar. Se había levantado temprano, y dedicado el día entero en su trabajo... estaba listo para colapsar. Entonces, colocó las semillas al lado de la cama de Ray, cuidadoso de no despertarlo, y trepó a la suya.

Disfrutó su cómoda cama, y el glorioso fuego que la rodeaba; era la última cosa de la que tenía que sentirse agradecido. Absorbió la comodidad, sintiendo las cálidas corrientes de aire barriéndolo y arrullándolo hasta una dichosa paz. Sí, las extrañaría tanto cuando se marchara...

Sí...

... ... ...


Estaba ocurriendo de nuevo. Podía sentirlo venir.

Tan poderosamente... tan vívidamente...

La visión vino. Cuando lo hizo, era tan real, tan colorida, que Char no pudo creer que en realidad no se encontraba ahí...

Es como si pudiera verlo todo, se dio cuenta Char. Es como si... la memoria fuera perfecta esta vez... es como si no se estuviera reservando nada...

Dialga estaba ante los ojos de Char.

Vio a Dialga en su completa gloria etérea. Mucho más magnífico que cualquiera que había visto–sus visiones previas, las estatuas en el salón de reuniones, o incluso cuando la Llamada se activó...

Char sintió como si fuera a llorar con solo mirar el visaje del dios del tiempo. Era como una gema viviente, su poderosa aura ondeándose a través de su cuerpo de zafiro, brillando como varios soles. Podía sentir su presencia, cómo el tiempo se distorsionaba alrededor de su cuerpo, sometiéndose a su voluntad. Char se sentía tan pequeño en su presencia, ya que era más grande en tamaño que un edificio entero, con la mirada abajo hacia la diminuta criatura que debía haber sido él. Sus ojos, como llamas rojo oscuro, delataban su emoción–una profunda humildad, o respeto, o quizá... ¿lamento?

Dialga comenzó a hablar. Char prestó atención plena, esperando que esta vez, pudiera ser capaz de entender...

“Esto no es algo que deseamos sobre ti”, espiró Dialga, inclinando la cabeza. Hablaba poderosamente, pero tan gentilmente... “Tú traes esto sobre ti, por tus propias acciones”.

¿Qué? ¿Qué? ¿Qué es?, suplicó Char desesperadamente, aunque no podía moverse o hablar. ¿Qué he traído sobre mí? ¿Qué he hecho? ¿Por qué he venido aquí? ¿POR QUÉ SOY UN CHARMANDER?

Pero Dialga... quedó en silencio. Sus palabras una vez más se volvieron incomprensibles.

¡NO!, explotó Char con pesadumbre, todavía contenido dentro de su propia mente. ¡No! ¡Por favor! ¡Cuéntame más! ¡Por favor!

Otra vez, su visión cambió. Palkia estaba parado al costado izquierdo de Dialga, igual de majestuoso. Un aura roja llovía de su forma, y cegadora luz blanca resplandecía de su plateada piel. Sus alas estaban extendidas, su cola azotando el aire poderosamente detrás...

Char aguardó la cosa que sabía estaba viniendo...

Y ocurrió. Palkia presentó a Char la diminuta cápsula circular... La Poké Ball...

Flotó en el aire, levitando entre las grandiosas garras del dios espacial...

Espera...

Char notó algo... peculiar.

Esa Poké Ball... hay algo... sobre ella...

Se fijó en el objeto, claro como el día ante sus ojos, pero no podía decir con exactitud lo que la memoria quería que viese...

Esa Poké Ball... es especial. Es muy especial. Es... muy poderosa. No sé por qué, pero... es... peligrosa, de alguna forma... Pero... ¿por qué? ¿Qué tanto tiene de especial? ¡No lo sé! ¡No puedo decirlo! ¡¿Por qué no puedo?!

Fue en eso cuando ocurrió algo en el sueño que antes no había ocurrido.

Los dos míticos dragones retrocedieron un paso, como si hubieran sido sorprendidos. ¿Se veían... asustados?

Su visión se tambaleó. Su campo de percepción se desplazó hacia abajo. Y, para su horror, vio...

Garras. Garras rojas. Garras de Pokémon. Garras de Charmander.

¡No! ¡No puede ser!, exclamó Char para sí. ¡En esta memoria... todavía soy un Charmander! ¡Todavía soy un Pokémon! ¡No soy humano en lo absoluto! ¿Qué significa todo esto? ¿Qué me ocurrió? ¿Acababan Dialga y Palkia de convertirme de humano a un Charmander? ¿Y qué hay de esa Poké Ball? ¡¿Ellos iban a... capturarme con ella?!

La visión de Char se tambaleó otra vez. Estaba asustado. O, su memoria estaba asustada. De cualquier forma, se sintió profundamente en pánico. Intentó moverse. Intentó huir. Pero...

¡Estoy atascado!, se dio cuenta Char. ¡No solo yo, mi memoria también! Quiere moverse, pero... estoy atascado. No puedo moverme a ningún lado. ¡Es como si mis pies estuvieran clavados al suelo!

¡Char!

Luchó, pero fue en vano.

¿Por qué no me puedo mover? ¿Qué es–¡espera! ¡Creo que lo sé! Algo me está atajando, ¿no? ¡Algo me sostiene desde atrás! ¡Algo me está sosteniendo! ¡No me deja ir! ¿Por qué no me deja ir?

Su visión se movió... girándose...

¡Oye, Char!

Y detrás de él, vio...

Una garra.

... ... ...


Los ojos de Char se abrieron lentamente. Era la mitad de la noche... pero estaba oscuro. Tan oscuro. Las antorchas al lado de su cama habían sido apagadas, así como el resto de las antorchas de la habitación.

—Muuh... —gruñó Char, parpadeando.

—Char —susurró la voz de Saura—. Es hora de levantarse.

Char miró a su alrededor. Saura había trepado a su cama y estaba codeándole suavemente con su nariz. Ray estaba en la cabecera. Detrás de él estaba Scythe, portando una abultada bolsa.

—Char —susurró Saura nuevamente—. Es hora de irse.


Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.

Rak, eres todo un artista



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¡No se lo pierdan!

Pásense por mi página de Deviantart: WillChar96


Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.

#86
Hola, otra vez se me paso un capitulo, asi que ahora leere ambos capitulos seguidos.
Capitulo 31
Bueno, la misión en Ciudad Hierro se veia muy aburrida.... hasta que a Scythe armó toda una operación para liberar a los Bulbasaurs.
Nuevamente, la traducción y la narración han logrado crear un gran momento, mientras leia me imaginaba todas las acciones como si las estubiera viendo en el juego o un anime. Fue todo muy al estilo de las peliculas de agentes secretos, la parte en la que Scythe y Char se colaron al despacho del Arcanine, fue excelente, una de las mejores misiones que he leido hasta ahora. Me gustaría que en los juegos ocurriera algo similar.
Oh ¿Saura estaba alli? ¿en que momento llegó? bueno, al menos tenian a un infiltrado con quien contar dentro de la cárcel...
Con que todo eso fue una especie de trampa de Adiel, el y Schyther son muy astutos, y se conocen lo bastante bien como para adivinar lo que planea el otro. Creo que si jugaran una partida de ajedrez sería la mas épica de la historia xD


Capitulo 32

Bueno, Saura y los demas pokemon libertados se escaparon de prisión, fue bastante curioso el momento en el que recivió a los demas Bulbasaurs, en especial cuando vió al Bulbasaur variocolor, ser un pokemon variocolor no debe ser fácil...
Saura ya esta demostrando tener mas personalidad, y el recuerdo de su niñes nos a dejado entrever un poco mas su historia. Oh ¡que casualidad! justo se encuentra con su hermana cuando recordo sus día cuidando de ella. Las influencias del Maestro deben ser poderosas para que los pokemon civiles no le encuentren nada malo servirle, cuando la hermana de Saura dijo que si él era feliz trabajando con el maestro, si le pagaban bien y todo eso me sentí mal por ella, si tan solo supiera la verdad de toda la situación...

Oh no! Kekleon esta muy enfadado ¡corran por sus vidas equipo Ascuas! recuerdo que en los juegos, si accidentalmente robabas algo de su tienda, estabas frito y no tenias escapatoria de esos salvajes monstruos camaleonicos xD
Vaya que Alakazam los preparó bien para su viaje, les dio los suministros necesarios y tambien les dio MT, la tecnología pokemon supera mi conocimiento, si que es extraña, y lo mas curioso es que es la misma tecnología humana pero modificada.
Lol, por segunda vez en el mismo día el equipo Ascuas tubo que vérselas con un Kekleon malhumorado. Jajajaja, eso es típico, "anótalo a la cuenta de tal cual fulanito". Estoy de acuerdo con el Kekleon en desconfiar, pero tampoco debe ser tan exagerado.
Vaya, Char si que tiene la capacidad de que los pokemon le obedezcan: primero Saura, despues Ray, luego Otto, ahora Eva, e incluso Schythe (?)
Wow, ese sueño de Char me tiene perplejo, no tengo ni idea que es lo que pueda significar.


Bueno, como siempre, me he quedado con el suspenso y esperando ansioso el próximo capitulo, pero si son demasiado largos, tómate tu tiempo para traducirlos y no te apresures, es mejor una buena traducción que se tarde un poco a una traducción rápida al estilo Traductor Google xD


"Puede que existan pokemon superiores a los mios, pero aun asi, yo prefiero a mis viejos camaradas de equipo"














#87
Bueno, no te preocupes si no puedes postear por semana, por mi mejor, más tiempo para leer :P

O:! Saura tuvo contacto con una chica en su niñez?! Es eso posible?! Apa, bueno, interesante. Lo mejor es que por fin se cuenta un poco más de la historia de Saura que venía siendo muy poquita.

¿Todos los Bulbasaur son unos malditos desquiciados? Ahora entiendo por qué Saura me parece tan raro… o sea, ¿todos tienen un problema? ¿No hay alguno que no llame la atención?

Oau, genial la demostración de cómo se aprenden las MT :D Está muy buenoooo. Me hace acordar a Matrix…

Char se convirtió en Wolverine (?)

Bueno, casi no pude comentar porque me mantuvo en vilo el capítulo… pasaron muchas cosas, la aparición de Eva no me suena para nada bien, la visión de Char, confusa y sospechosa como siempre… A mí me gustó mucho más este que el anterior y eso que si vemos no pasó mucho tiempo pero sí se abrieron muchas puertas de lo que podrían ser nuevos misterios. ¿Está Eva mintiendo o habla en serio sobre Scythe?


Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.
#88
Kasper:

Bueno, yo llegué a ver este fanfic como un escape a los juegos. La verdad es que son un poco monótonos en jugabilidad (no es que me importe demasiado xD), y lograba encontrar más emoción en las pequeñas cosas leyendo esta historia. Realmente Scytherider debería considerar mejor lo de escribir un libro, porque talento le sobra, ¿no crees?

¿Recuerdas al Bulbasaur que se escondía en los callejones? ¿A ese que el Arcanine atrapó? Ese era Saura xD.

Bueno, la relación entre Adiel y Scythe se verá dentro de unos cuantos capítulos, en el siguiente episodio especial. Creo que te parecerá muy interesante, y podrás ver por qué hay tanto parecido entre ellos.

Sí, a partir de este momento, ScytheRider le pone más personalidad a Saura. El tema de su familia es algo sensible para él. Fue toda una coincidencia que se encontrara con su hermana, ¿no?

Lol, Kecleon era un demonio xD. Recuerdo que una vez encontré una tienda en un territorio, y estaba llena de cosas valiosísimas como piedras para evolucionar; entonces busqué la escalera, la encontré, y al lado de ella usé esa esfera que atrae todos los objetos de la habitación xD. Me fugué con todos sus objetos increíbles, y no me arrepiento (?).

Pobre Char xD. Él ni siquiera quiere que actúen como sus sirvientes. Y ahora vino Eva... ¿qué piensas que es el plan de Scythe?

Y el sueño de Char... Todo es muy misterioso todavía, incluso para mí xD.

Bueno, la verdad sí, debería tomarme algo más de tiempo... Hasta estoy descuidando mi fic propio, que quedó en alto porque estos capítulos son cada vez más largos. Pero no te preocupes, me esfuerzo al cien porciento para entregarles una traducción minuciosa y libre de Google (?).

Gracias por seguir leyendo ^^

Demian:

Bueno, Dem, la verdad no me gustaría incumplir la promesa del capítulo cada domingo, pero si es que no puedo publicarlo, avisaré (no sé cómo, pero avisaré xD). Por eso me queda mejor publicarlo un día a la semana, así tengo toda una semana para traducirlo. Por ejemplo, este capítulo que publico ya lo terminé el viernes, y el siguiente ya está en traducción.

La verdad, es su hermana xD. Creo que te habrás dado cuenta. Si te referías a la Chikorita, sí, Saura tenía también una amiga -.-'.

Lol, no creo que todos los Bulbasaur estén locos, pero por lo menos, estos sí :P.

Respecto a Eva, ¿qué piensas? Parece estar diciendo la verdad... Y si es cierto lo que dice, ¿qué crees que Scythe está planeando?

Y bueno... Dem, ya llegamos a donde realmente la historia comienza xD. La verdad es que no me gustó tanto cómo comenzó este fic en comparación a cómo continúa a partir de aquí. Y, por cierto, si te parecían largos los capítulos en esta temporada, creo que son incluso más largos en la Temporada III xD.

Gracias por seguir leyendo ^^




Nota del traductor:

Como la revisión del autor original es menos consistente de lo esperado, empezaré a publicar las versiones aún no revisadas de los capítulos para poder avanzar la historia.

Cuando el autor haga la respectiva revisión, le haré los cambios al capítulo y retiraré esta nota. Pero por ahora estará aquí la versión vieja del capítulo. Los cambios se limitan a algunos errores de tipeo y a agregar algunas descripciones o sacar otras, es decir, la escencia de la historia sigue ahí.





37. Capítulo 33: No Puedo Sostenerme


Spoiler

Capítulo 33


Estoy aquí, vela en el viento soy
Una luz en el inmenso mar
Ahora sí, con mi corazón voy
Y dejo... todo lo que soy.


Incluso hoy, se siente como ayer
Un hogar, lugar donde yacer
Y una vida, motivo que llenar
Ahora que... lo veo desvanecer.


Al cielo, mi corazón irá
Vida y sueños que dejo atrás
Fuerza que me toma no llorar
Fuerza que... el adiós dirá.





—No...

Char sintió vagamente el tirón de la cepa de Saura mientras le guiaba gentilmente a través del oscurecido corredor. Con apenas sentido de dirección al cual considerar suyo, dejó que lo guiaran hacia adelante.

Se sentía tan irreal, como si estuviera dormido y a la deriva en sus sueños. Pero ahí estaba. El momento finalmente había llegado. Era tiempo de marcharse.

—Oye, no te olvides de la otra bolsa —escuchó decir a la voz de Saura.

Ahora, a medida que veía su hogar pasar ante sus ojos, el lugar que amaba tanto, parecía tan frío y muerto. Los plateados ornamentos que decoraban las paredes ya no relucían a la luz del fuego–eran solo sombríos cortes en la ausencia de las llamas de las antorchas que Char nunca hubiera imaginado dejarían de arder. El tapete que abarcaba la distancia del salón ya no explotaba con hermosos anaranjados y rojos–parecía ser igual de monótono como el gris suelo de piedra.

—No —susurró Char otra vez.

Las aflicciones, las punzadas de resentimiento, todas empezaron a descender sobre él mientras lo veía todo ir. Sabía que no estaba tan triste por dejar el salón personal de su equipo; después de todo, solo había vivido ahí por un par de días. Pero de alguna forma, no era solo un espacio habitable lo que dejaba, era algo mucho más grandioso. Era como si estuviera dejando su vida, su propio ser atrás.

—Tranquilo —zumbó gentilmente la voz de Saura, para que los otros no pudieran escuchar—. Todo estará bien.

—Pero... no quiero irme —se quejó Char débilmente, sin siquiera importarle quien escuchara—. Quiero quedarme. ¿No podemos quedarnos?

—No, no podemos —raspó Scythe, apresurando al grupo—. Esto se ha salido de nuestras manos y está por sobre nuestras cabezas. No tenemos elección.

—Pero... soy tan feliz aquí —murmuró Char—. Estoy tan feliz aquí. Solo quiero quedarme aquí...

—Contrólate —gruñó Scythe despectivamente—. No has llegado tan lejos solo para ser un cobarde. Dialga no estaría orgulloso de ti. Hazte cargo de tu destino.

—Todos vamos a estar en esto juntos, justo como querías —le recordó Saura—. ¡No te dejaremos en ningún momento! Y además, volveremos algún día. Le prometí a mi hermanita que no estaría lejos por siempre. ¡Tengo que asegurarme de que volvamos!

—¿Tienes el hábito de hacer promesas que no puedes mantener? —preguntó Scythe en un tono inusualmente duro.

Fue entonces cuando Char notó la disposición de Scythe esa mañana. Un duro ceño estaba extendido sobre su rostro. Sus ojos estaban casi completamente rojos, disparándose hacia los alrededores constantemente como para verificar sus entornos por peligro. Su figura entera temblaba con incertidumbre, como si se arrepintiera de cada paso que daba. Y... por un momento, a la luz de su propia cola, Char pensó que vio en destello de la cara del Scyther. Era un destello que reconocía, uno que había visto antes. Scythe había estado llorando.

—No cometas el error, Saura. Este será el viaje más difícil de tu vida —intentó decir Scythe con solemnidad, pero solo teniendo éxito en añadir una cortante amargura a su voz—. Hay una buena chance de que tú, o cualquiera de nosotros, para el caso, no regrese con vida.

Char tragó saliva con pesadez, de repente sintiéndose muy asustado. Entendió que como fuera que se sintiera su insignificante nostalgia era irrelevante en comparación a la desesperanza de Scythe. Por alguna desconocida razón había escogido que Eva no se lo dijera, y este era un día duro para el viejo guerrero... quizá el más duro en un largo tiempo.

... ¿Y por qué, se preguntó Char, sonó tan seguro de una inminente baja en este viaje?

—Lo siento... me disculpo —masculló Scythe, negando con la cabeza—. Sé que no estoy ayudando al asunto. No dormí bien anoche. Una vez que esté completamente despierto, les prometo que seré capaz de actuar un poco más cortés que esto.

—¿Tienes el hábito de hacer promesas que no puedes mantener? —disparó Char.

Instantáneamente, Char deseó poder regresar sus palabras. Había perdido el control de su lengua, y no era la primera vez que ocurría. Inmediatamente, sintió que su aliento se detenía en su pecho y sus ojos caían a un cierre, deseando poder refugiarse en la oscuridad con los danzantes retazos de su visión. ¿Qué era esta falla de personalidad suya, se preguntó, que hacía que apuñalara a sus amigos con palabras crueles y perforantes? ¿Qué era lo que echaba en falta? ¿Era la simpatía de Ray? ¿El don con las palabras de Saura? ¿O tal vez la virtud del silencio y la brevedad de Otto? ¿Era solo parte del Charmander, o de su propio corazón, lo que le hacía indiferente ante su respeto por sus compañeros? ¿Y por qué, oh, por qué, tenía que ocurrir ahora?

Abriendo sus ojos de nuevo, echó una mirada a Saura, si por nada más que silencioso apoyo. Saura retornó una mirada de simpatía, pero no había nada más que podía hacer; no podía arreglar el error de Char. Char solo hizo la única cosa que pudo: vació sus pulmones y aguardó las consecuencias de sus palabras.

En respuesta, Scythe volvió un solitario y enrojecido vistazo hacia su dirección, causando que el rastro en donde las lágrimas habían caído a través de su rostro brillase una vez más. Cerró sus ojos, y, luego de un exasperado suspiro, abrió su boca para replicar:

—No. No lo tengo.

A eso, Char no tuvo el deseo de responder. Su disculpa estaba implícita.

... ... ...


Una vez que la puerta se hubo cerrado y trabado tras ellos, el salón del Equipo Ascuas se volvió justo como el resto de los cuarteles sin usar de la base: despoblado. Estéril. Desprovisto de vida. Inaccesible, salvo por el ocasional Pokémon fantasma durante sus rondas. Y se mantendría así, hasta que el día viniese en que Char y sus amigos regresaran triunfantemente...

... asumiendo que ese día siquiera llegaría. Char sabía que quería que llegara, y determinó que seguiría diciéndose a sí mismo que lo haría hasta que ya no dudase sobre eso.

—Oigan, ¿qué pasa? —una voz familiar de Treecko exclamó desde justo al exterior de la puerta de enfrente mientras el grupo emergía en el pasillo—. ¿Qué clase de amigos son ustedes, marchándose sin siquiera decir adiós?

Char se plantó. Alineados al frente de su puerta estaban varios... no, muchos de sus conocidos y amigos de la resistencia, juntos para verlo partir hacia su épica misión. Ahí estaba el Equipo Franjas, liderado por Taka, Evan, Nohill el Nidoran, Genie la Clefairy, y muchos otros con los que tuvo el placer de conocerse y trabajar durante su tiempo en la base.

—¡Diviértanse en la División Esmeralda! —vitoreó Evan—. ¡Tráigannos muchas cosas geniales!

Tras ellos estaban varios miembros del Equipo Remordimiento, los confidentes más cercanos de Scythe, y el Equipo Absolución, sus recientes colegas en el negocio. Estaban Ursa, Shander, Kain, Nidoroch, Kyria, Marrow... Incluso Daemon estaba ahí. El oscuro sabueso estaba frente a todos ellos, ofreciendo a Char una respetuosa reverencia.

—No nos decepciones —le dijo Daemon mientras pasaba—. No dejes que tu fuego se apague.

—Asegúrense de volver en una pieza, ¿de acuerdo? —dijo Ursa—. ¡No sabemos qué haríamos sin ustedes!

—Lo harán bien —afirmó Marrow alegremente—. Scythe ha hecho su trabajo y los ha convertido en combatientes. ¡No tienen nada de qué preocuparse!

—Asegúrense de mantener un ojo sobre Scythe por nosotros —dijo Kyria—. ¡No queremos perderlo!

—Por favor —agregó Shander, con un indicio de vulnerabilidad en los ojos—. No defrauden a Scythe. Él está poniendo su corazón en esta misión. No deseo verlo con el corazón roto.

—No dejen que sus enemigos se interpongan en su camino —dijo Kain en su profunda y poderosa voz que siempre enviaba escalofríos a la columna de Char—. Si cualquiera se atreve a hacerlo, ni siquiera lo duden. ¡Quémenlos! ¡Quémenlos hasta las cenizas!

Finalmente, al final de la rara formación, estaba Alta Inteligencia. Alakazam y Xatu estaban al final del pasillo.

—Partan ahora mismo —dijo Alakazam—. Todos nuestros corazones van con ustedes en este día. ¡Que las más grandes gracias de Arceus estén con ustedes, y que traigan paz a nuestra devastada patria!

Char suspiró felizmente. Su coraje brotó, y también lo hizo su orgullo, al ver a tantos de sus amigos tomarse el tiempo en sus ocupadas agendas solo para ofrecerles un cariñoso adiós.

... O no.

No, la verdad nadie estaba reunido enfrente a su puerta aquella mañana. Ni el Equipo Franjas, ni el Equipo Remordimiento, nadie; todos ellos habían sido un producto de su imaginación. Era algo que meramente había esperado ver, pero algo que no ocurrió.

En verdad, era un día ordinario en la base. Los rocosos pasillos que atravesaban estaban casi completamente vacíos, justo como estaban en cualquier otra mañana en la base de la División Dorada. Solo los más madrugadores de los madrugadores estaban activos y en marcha, recorriendo con sus equipos para salir a cualquier misión o viaje que tenían reservado para el día. Todos los cercanos al corazón de Char estaban o todavía dormidos, o solo demasiado ocupados con sus tareas para notarlo. Incluso se le dijo al Equipo Remordimiento que Scythe y el Equipo Ascuas simplemente estaban partiendo a una misión extendida en la División Esmeralda; no había una sola otra alma en la base, aparte de Alta Inteligencia, que conociera el verdadero destino de Char. Su misión era ultra secreta. Estaba solo.

Solo, eso era, excepto por los tres Pokémon que significaban el mundo para él, los tres Pokémon cuya compañía le daba más fuerza y alivio de lo que podía pedir. Ellos estarían a su lado, se recordó, y nunca dejarían de estar a su lado. Dándose cuenta de esto, Char hizo la resolución de suprimir su permanente sentimiento de autocompasión. Sabía que era solo un desperdicio de energía y emoción, entorpeciendo su fuego y haciéndolo sentirse más débil en el interior. Sabía que solo lo hacía más vulnerable.

El mundo no gira alrededor de mí, se dijo Char. Aquí estoy yo, revolcándome en mis propias penas, cuando mis amigos tienen penas propias... Mira a Saura. Él rechazó una oportunidad de estar con su familia solo para venir aquí. Apuesto a que fue duro, pero no se está quejando. Y Scythe... ¡solo mira cuán miserable es! ¡Apenas puede caminar derecho! Pero está aguantando... Quizá es por eso que es mucho más fuerte que yo. No solo es fuerte en batalla, sino que también es emocionalmente fuerte, incluso bajo tanto estrés. Él sabe cuándo dejar de sentir pena por sí mismo.

Esto no tiene que ver en lo absoluto con sentir pena, determinó Char. Esto no es sobre mi dolor, o el de Scythe, o de cualquiera de nuestros dolores. Esto es sobre ignorarlos y hacer lo que se tiene que hacer. Así que tengo que dejar de ser tan sensible al dolor, y los sentimientos que me traen dolor. Tengo que empezar a hacerme más fuerte, como Scythe.

—Tengo un favor que pedirles a ustedes chicos —bostezó Char, finalmente comenzando a sentirse medio despierto—. Si alguna vez empiezo a quejarme otra vez, Saura, quiero que me amarres, y Ray, quiero que me electrocutes lo más fuerte posible.

—¡Ja, pero no quiero dejarte en coma! —respondió Ray con una mueca—. Pero entiendo. Te electrocutaré justo lo suficiente.

—Quizá un choque es lo que necesito justo ahora —apenas murmuró Scythe para sí entre dientes.

—Creo que puedo ayudarte con eso —dijo Ray amablemente—. Espera solo por un momento.

Scythe cerró sus ojos y se encogió visiblemente, esperando en cualquier momento que su cuerpo fuera inundado con suficiente poder eléctrico para reducirlo a una pila de ceniza. Pero luego de que el choque no viniera por unos cuantos momentos, echó una ojeada de vuelta al Raichu... quien estaba ofreciéndole felizmente una azul baya de extraña forma, una baya que contenía el poder para alejar la somnolencia por horas.

—Empacaste bayas atania, ¿verdad? —dijo Scythe mientras una satisfecha sonrisa se formaba a través de su rostro—. Justo lo que se me apetecía. Muy considerado de tu parte. Inteligencia estaría disgustada si nos detuviéramos abajo para desayunar en esta mañana.

—Empacamos la mayoría de nuestros suministros favoritos —le aseguró Saura—. Anoche, pensamos sobre todas nuestras misiones e intentamos recordar qué cosas funcionaron mejor con nuestras técnicas, así que llenamos la bolsa con cosas que sabemos cómo usar. Eso fue luego de que Kecleon decidiera darnos gratis todas las semillas y bayas baratas que queríamos.

—Muy bien —dijo Scythe con una sonrisa, aceptando la baya y balanceándola en el extremo de su cuchilla—. Estoy muy orgulloso de ustedes. Les diré, encuentro difícil expresar cuán contento estoy de verlos a los tres desarrollarse de la forma en que lo hacen. Lo que digo es, por todo el tiempo en que he estado sobre este mundo, he sido un guerrero. Ha sido mi único papel que desempeñar para Ambera. No me arrepiento de eso. Y no creo que haya pasado un minuto en mi vida en el que no asumí que siempre sería un guerrero... Ciertamente nunca imaginé que terminaría como un profesor. Creo que ha sido un capricho mío de tanto en tanto, pero nunca una posibilidad que consideré seriamente. Y luego, cuando vino el tiempo en que Char apareciera en mi vida, fue dejado sobre mis hombros... Supe que tenía que protegerte con todo mi corazón, siendo el precioso tesoro que eres... y así, tendría que entrenarte... Déjenme decirles, fue un nuevo tipo de desafío intentar pasar mi propia experiencia a una nueva generación... Y nunca estuve convencido de que estuviera haciéndolo demasiado bien.

—¿Con quién estás bromeando, Scythe? ¡Eres el mejor profesor! —interpuso Ray—. ¡Siempre nos has desafiado, pero siempre te aseguraste de que tuviéramos lo que se necesitaba para salirnos del apuro!

—¡Y siempre impones un ejemplo tan bueno! —agregó Saura—. Estoy seguro de nos hemos hecho un mejor equipo solo al observar a tu equipo hacer su trabajo. ¡Siempre tenemos que esforzarnos de más solo para tener el honor de vivir bajo sus sombras!

—Ah, ja ja ja, me halagan —se rio Scythe con entusiasmo—. Supongo que debe significar algo que mis estudiantes aprueben mis métodos, incluso si algunos otros no lo hagan. Realmente intenté duro hacer las cosas de la forma correcta... muchas de mis noches sin sueño fueron dedicadas a escarbar entre mis instintos por las respuestas a qué hacer con ustedes. Pero... estamos a punto de ser puestos a prueba, y en breve averiguaremos qué tan bueno fui realmente como profesor.

Char frunció el ceño. A pesar de la racha de alegría de Scythe, todavía había un oscuro tono persistente en su voz. Era algo que quería ignorar, solo pretender que Scythe estaba siendo completamente optimista, pero no podía...

—Déjenme contarles algo más —continuó Scythe—. Cuando este viaje estaba en sus etapas tempranas, yo era mortalmente escéptico sobre todo. Planeaba que Char y yo viajáramos solos. Mis instintos me decían que llevar a alguien más sería un riesgo innecesario que solo causaría tragedia. Intenté pensar en formas de justificarte esto a ti, Char, y al resto de ustedes, en una forma en que aceptarían. Pero a medida que continuaba reflexionando sobre eso, me di cuenta de que no podía ser de otra forma. Ustedes tres son un equipo. Su fuerza más grandiosa aparece cuando trabajan como una entidad unitaria, tanto en corazón como en el campo de batalla. Especialmente después de ver cómo Char no estaba guardando ningún secreto, me di cuenta de que tenía que respetarlo. Tenía que honrar eso. Y además... ¿qué derecho tengo yo de separar a un humano de sus Pokémon?

Scythe chasqueó su cuchilla para lanzar volando la baya y la atrapó en el aire con sus fauces. Royó el duro exterior de la fruta, ansioso de que el estimulante llegara a su cerebro lo más pronto posible. Con su boca llena, ojeó a Char como si estuviera curioso de observar su reacción.

—Gracias —dijo Char—. No sé qué más puedo decir. Me has dado todo lo que alguna vez necesité... y sé que tengo un problema con el egoísmo. No puedo evitarlo realmente. Creo que debe ser parte de ser un Charmander. Pero me preguntaste qué estoy dispuesto a sacrificar, y creo que tengo una respuesta para ti. Intentaré lo mejor para sacrificar mi orgullo.

—Ese es un buen comienzo —zumbó Scythe, intentando no articular mal sus palabras con la boca llena—. Pero te pregunto algo: si no tienes orgullo, ¿qué hará a tu fuego arder?

Char no supo cómo responder.

—Pero deberíamos detener esta divagación —dijo Scythe—. Es hora de hacer cara a lo que está ante nosotros. Es hora... de ver qué es lo que ustedes y yo podemos hacer.

Char decidió no dar un último vistazo a la espaciosa cámara principal de la base a medida que el equipo se acercaba al largo corredor oscurecido que lo llevaría a la cumbre del gran altiplano. Sabía que ya había tenido suficiente nostalgia por el momento. Necesitaba seguir adelante.




Grandes Llanuras



El Equipo Ascuas no conseguía ver a menudo la cima del gran altiplano en las horas sin sol de la madrugada; las tierras al oeste de la división nunca parecían tener demasiadas tareas reservadas, particularmente ninguna demasiado urgente para que el equipo necesitara brincar de las sombras en el preciso momento en que los Vigilantes se disipaban. Así que, cuando la ocasional oportunidad aparecía para echar un vistazo al oscuro hemisferio sobre sus cabezas, oscurecido por ningún árbol, colina lejana, o algún tipo de terreno más que la plana y monótona tierra, era una maravillosa vista para presenciar. El sol todavía nada más que un minúsculo borrón de descoloración en el horizonte oriental, varias estrellas aún titilaban sobre ellos, iluminando el oscuro espacio vacío como muchas centelleantes antorchas como abajo en la base de la división. Una a una, se estaban apagando, asomándose entre las dispersas nubes por todo el tiempo posible antes de ahogarse en los rayos del sol...

La visión de las estrellas siempre tocaba el corazón de Char mucho más de lo que esperaba. Eran algo que él conocía, de alguna forma; eran algo que recordaba fuertemente, incluso desde antes de su transformación. Vistas de hermosos cielos nocturnos moteados por destellantes ríos de constelaciones estaban imbuidas en su mente, como una belleza que alguna vez conoció, una memoria de agradables paseos nocturnos o despejados miradores que alguna vez disfrutó. De una forma, lo hacía triste, triste que las estrellas fueran objetos de temor para los Pokémon de Ambera, su gloria despreciada como un signo de peligro inminente, un recordatorio de que el mundo pertenecía solo a los salvajes Pokémon fantasmas en las horas de oscuridad. Pero sin importar lo que otros le decían, él sabía que las estrellas eran cosa de belleza, y deseaba el día en el que los Vigilantes se marcharían para que pudiera disfrutarlas más frecuentemente...

Mientras seguía a Scythe a través de la superficie del altiplano, abarcando la agradable humedad del venidero día primaveral, le cruzó por la mente, justo como había hecho un par de veces en el pasado, que su memoria de las estrellas podría haber sido otra pista bien disfrazada de su pasado. Pero, nunca se inclinaba a darle demasiado pensamiento. Después de todo, cada humano sabía qué tan hermoso podía ser el cielo nocturno... ¿verdad?

—¡Oh, VAYA! —jadeó de repente Ray—. ¿Esos son... lo que pienso que son?

Siguiendo la dirección de la atención de Ray, Char entrecerró los ojos hacia el horizonte oriental. Ahí, atisbó varias siluetas a contraluz del naciente sol. Se paraban altas y orgullosas, algunas observando el cielo a medida que las últimas varias estrellas brillaban en sus últimos momentos de existencia, sus minúsculas alas extendidas y listas para el despegue...

—Dragonite —siseó Scythe—. Así que este es el... transporte... que Alakazam ha preparado para nosotros.

—¡D-dragonite! —repitió Saura, apenas creyéndolo—. ¡Caray! ¡Qué tipo de Pokémon más raro son! ¡Estaba empezando a creer que los Dragonite eran solo un mito!

Ray tenía los ojos absolutamente abiertos—. Esto va a ser emocionante... —murmuró él—. Escuché que vuelan muy, muy rápido.

Espera, ¿qué?, se preguntó Char. ¿Volar...?

Fue en eso cuando lo golpeó. Por alguna razón, realmente no se le había ocurrido cómo exactamente estarían haciendo su excursión. Incluso cuando Alakazam mencionó la noticia el día previo, su mente simplemente había echado una ojeada, incapaz de comprenderlo y olvidándose prontamente...

Él iba a estar volando.

Char se encontró sintiéndose muy incómodo, y muy rápido. ¡No estaba listo para esto! Si había algo que había aprendido de sujetarse por su vida del cuello de Scythe por solo unos cuantos segundos, y ver el suelo tan lejos abajo, es que estaba aterrado de volar. Demasiado aterrado para decirlo en palabras. Había hecho un excelente trabajo al bloquear aquel reciente evento de su memoria, tan corto como había sido, pero... ¿Ahora qué? ¿Estaría volando por minutos enteros? ¿Horas? ... ¿Días?

—Estén advertidos —dijo Scythe en voz baja mientras todavía estaban fuera del rango auditivo de los dragones—. Los Dragonite son conocidos por su humildad y buen humor. Nunca puedes decir al ver a uno si está ofendido por tus palabras o acciones, o incluso si está ardiendo de enojo en el interior. Siempre tienen una sonrisa en el rostro como si estuvieran en el mejor de los ánimos, pero eso es porque embotellan su rabia tan bien que nunca puedes estar seguro de cuándo están a punto de... soltarla.

—Oh-oh —dijo Saura—. La forma en que lo dices, suena a como si...

—... ¿A como si lo he visto ocurrir? —casi rio Scythe—. Sí lo he visto. Dos veces. Solía pensar que era un experto leyendo el rostro de un Pokémon. Pero cuando conocí a mi primer Dragonite... nunca lo vi venir. Todavía me puede dar jaquecas solo recordar la paliza que me dio... Así que solo recuerden: trátenlos con sumo respeto, hagan lo que digan, e intenten no ser una molestia. Un Dragonite enojado no es algo de lo que estarían orgullosos de presenciar.

Char apenas estaba siquiera escuchando; todo lo que podía pensar era en volar. Cada paso que daba parecía que lo llevaba más cerca al fatídico momento, el momento en el que se sostendría con toda sus fuerzas a la espalda del Dragonite mientras se elevaba kilómetros en el aire... solo un desliz, y todo estaría acabado... sería kilómetros después antes de que notara que le faltaba un pasajero... él estaría perdido entre las nubes, para nunca ser visto de nuevo...

Char se encogió, intentando bloquear el pensamiento de su mente.

—¿Estás bien? —preguntó Saura—. ¿Todavía te arrepientes de algunas cosas?

—Sí —murmuró de vuelta Char—. Eso, y... no creo que esté demasiado listo para volar. Incluso solo ayer, cuando Scythe me llevó, fue bastante malo. No sé si... si podré sobrevivir algo más largo que eso.

—¡No te preocupes! ¡Va a estar bien! —le aseguró Ray—. ¡Seguro, es aterrador! ¡Pero tendrías que abofetearte si es que siquiera piensas en dejar pasar esta oportunidad!

—Sí, y estoy seguro de que Alakazam no los hubiera llamado si no fueran buenos volando —agregó Saura—. ¡Yo, estoy realmente emocionado por probar esto! ¡Siempre he querido volar!

—Oh, no lo sé... —se impacientó Char—. ¿Qué pasa si no puedo sostenerme? ¡Ni siquiera tienen alguna montura o algo! ¿Qué pasa si simplemente... me deslizo? ¡Me asustan las alturas!

—¡Oye, Saura! —ladró Ray—. ¡Pronto! ¡Amárralo!

—¡Espera, ESPERA! ¡ESPERA! ¡NO! —clamó Char, rápidamente alejándose de Saura—. ¡No! ¡De acuerdo, bien! ¡Bien! ¡Pararé! Es solo que... no es fácil.

—¡¿No es fácil?! —exclamó Ray, aunque muy sarcásticamente—. ¡¿Quién eres, y qué has hecho con Char?! Te plantaste ante cincuenta Pokémon de roca por ti solo y mataste a palos a un Steelix solo con tus manos, ¿y fue eso fácil? Y ahora, ¿ni siquiera puedes dejar que otro Pokémon te lleve a través del cielo? ¡Los Dragonite son de los más diestros voladores que existieron jamás! ¿Dónde está el asesino de Steelix, eh?

Char tomó un gran aliento, sabiendo que cualquier cosa que respondiera probablemente provocaría que Ray lo electrocutase. Además, Ray tenía razón. Tenía que encontrar algo de coraje, y rápido. Estaba ahí en el fondo en algún lugar, solo necesitaba hacerlo trabajar.

Antes de que lo supiera, el equipo estaba cerrando los últimos pares de metros de distancia entre ellos y el equipo de Dragonite. Curiosamente, contempló a las criaturas, de las cuales había siete en total. Eran altas, orgullosas, y muy majestuosas, elevándose mucho más que incluso Scythe. Cubiertas de pies a cabeza con brillantes escamas anaranjadas, sus figuras parecían resplandecer como vidrio fundido a la luz del saliente sol. No podía evitar sentirse celoso de las escamas, dado el hecho de cómo estas hacían falta extrañamente en su propio cuerpo; con frecuencia se sentía perplejo por cómo podía ser clasificado como una criatura reptil cuando toda lo que tenía de protección era una capa más bien sensitiva de roja piel que se magullaba y exudaba sin ser muy diferente a la humana. Miró en sus ojos y vio su orgullo, pero también su pureza de corazón. Sus rostros delataban una bonhomía y un sentido de honor tales que Char quería confiar en ellos incondicionalmente, si no hubiera sido por las previas palabras de advertencia de Scythe. En todo, parecían ser muy respetables y poderosas criaturas...

La única cosa que en realidad tomó por sorpresa a Char fue el tamaño de sus alas. ¡Eran irrisoriamente minúsculas! Las miró boquiabierto, preguntándose cómo una criatura tan pesada y voluminosa esperaba volar con alas que ni siquiera tenían medio metro de longitud.

—Y aquí llegan. ¡Buenos días! —el Dragonite líder exclamó cordialmente, notando al grupo acercándose—. Tu reputación te precede, Scyther. Yo soy Arshall. Mi flota y yo estamos bajo las órdenes de Lucario para transportarlos hasta la base Esmeralda.

—Y buenos días para ti, y para tu flota —replicó Scythe con el tono más oficial que pudo conseguir—. ¿Cómo están los cielos?

—En esta vecindad, muy amigables —replicó la Dragonite, mirando al horizonte—. Aunque, una oleada de frío presiona desde el norte. A pesar de que solo notamos algo de tensión en las nubes en nuestro camino hasta aquí, podríamos enfrentarnos a algunas tormentas en nuestro vuelo.

—El frente traía un puje hacia el oeste —otro Dragonite señaló—. Si la suerte está con nosotros, evitará nuestro curso. Después de todo, no estaremos volando directamente sobre las tierras del Maestro...

—Cierto —dijo Arshall con un pensativo asentimiento—. Es una posibilidad. Pero, no podemos contar con que Kyogre cooperará con nosotros. Si nos encontramos con tiempo tormentoso, tenemos varios puntos de descanso asignados a lo largo del curso... Oh, ¡y buenos días a ustedes! ¡Ustedes deben ser los niños que Lucario mencionó! ¿Cómo estás en esta agradable mañana, pequeño dragón? ¿Listo para volar?

—Estoy listo —dijo Char con voz ahogada, sin ser completamente honesto.

—Me alegra oírlo —replicó con una sonrisa—. ¿Qué hay de ti, Bulbasaur? ¿Raichu? Oh, bueno, supongo que Lucario estaba exagerando un poco cuando se refirió a ustedes como niños. Me desubico al referirme a un ratón completamente crecido como un niño. ¡Mis disculpas! No pretendía una ofensa.

—¡No me ofendo! —replicó Ray—. ¡Realmente es un honor para mí conocerte! ¡Nunca he conocido a un Dragonite antes!

—Supongo que el honor debería ser todo nuestro —dijo Arshall con una ligera reverencia con su cabeza—. Lucario parece estar muy emocionado por conocerles. Y el Scyther leyenda de la resistencia camina a su lado. ¡Deben ser importantes! Aunque no es mi lugar entender por qué. Mi deseo más grande es solo ver que ustedes completen su viaje a través del cielo.

—Es el Charmander quien es el más importante de los tres —notó Scythe, intentando su mejor esfuerzo para no sonar incómodo—. Los otros son su apoyo. Así que, si algo debiera pasar... su vida vale más que las de ellos. Y en última instancia, incluso más que la mía.

—¡Oh, nos estás subestimando, Scyther! —se rio la Dragonite—. Nada saldrá mal en el vuelo. ¡Nada puede! Esa es la belleza de volar; ¡allí arriba, no hay peligro! Nada más que las nubes, y los Pokémon lo suficientemente perseverantes para transportarse a sí mismo a través de ellas. Y además, incluso si veinte Rayquaza nos tienden una emboscada desde la estratosfera, nuestras habilidades de evasión son inigualables. Todos ustedes serán entregados a Lucario sin algo más que un rasguño. ¡Esa es nuestra promesa!

—Y por eso, estamos más que agradecidos —replicó Scythe respetuosamente—. Pero, si me pudieras perdonar, hay una persistente pregunta que tengo... ¿en dónde se quedaron por la noche? ¿Alakazam les ha otorgado hospitalidad en la base sin nuestro conocimiento?

—¡Oh, no, por supuesto que no! —respondió Arshall—. Encontramos una cueva no muy lejos de aquí, oh, a más o menos treinta kilómetros, que nos dio toda la hospitalidad que requeríamos. Cuando el sol se alzó, vinimos aquí y esperamos, justo como nos dijeron.

—Oh, vaya... —jadeó silenciosamente Saura a sus amigos—. ¿Piensan que... se podrían estar refiriendo a... ya saben... esa cueva?

—¿Qué cueva? —preguntó Ray—. ¿Conoces alguna de ellas personalmente?

—Sí, la entrada al Túnel Gravelerroca —replicó Saura—. Pero eso está un poco lejos. No hay forma de que pudieran haber volado todo el camino hasta aquí justo en el tiempo que nos tomó a nosotros caminar hasta aquí... ¿o sí?

—Sabes, escuché que los Dragonite pueden dar una vuelta al mundo dos veces en un día —jadeó Ray—. ¡Podrían haber llegado aquí en segundos! ¡Son solo así de rápidos!

—¿Puedo hacer una pregunta persistente también? —dijo Char en voz alta, incapaz de contenerse.

—¡Ciertamente, pequeño dragón! —replicó Arshall—. Aunque, debemos partir pronto, así que sé breve, si es posible.

—¿Cómo vuelan con alas tan pequeñas? —preguntó Char curiosamente.

Un momento de silencio colgó del aire, y Char casi pudo sentir a sus amigos estremecerse ante su irrelevancia, esperando que los Dragonite no se sintieran ofendidos o irritados por la pregunta. Arshall, sin embargo, parecía interminablemente divertida por ella, retornándole una radiante sonrisa.

Luego, algo ocurrió que casi hizo que la cabeza de Char explotara. Arshall saltó medio metro en el aire... y no bajó de vuelta.

Para asombro de Char, la dragona simplemente se mantuvo ahí, ¡apoyada sobre nada! Sostuvo su posición sin esfuerzo; ni siquiera sus alas se batían para ayudarla a mantenerse en el aire. ¡Estaba levitando!

Char pudo escuchar los pasmados gritos ahogados de sus amigos ante la visión, y luchó sin éxito para producir un comentario por su parte.

—Los Dragonair vuelan sin alas —explicó Arshall, situando suavemente su cuerpo de vuelta en el suelo—, y nosotros también. Como los Gyarados y Rayquaza, no son nuestras alas las que nos mantienen en el aire, sino nuestros corazones. Aunque, aún, nuestras alas son invaluables para controlar y estabilizar nuestro vuelo. ¡Ellas son las que nos dejan virar en nuestro curso con tanta precisión! Y estamos agradecidos de que sean tan pequeñas; es menos probable que se dañen, ¡especialmente en una batalla intensa! ¿Ven?

—Ya veo —respondió Char, lleno de asombro.

—Así que en efecto, pequeño dragón, no son los irrisorios apéndices que parecen ser —rio Arshall—. Ciertamente, si lo fueran, ¡no dudaríamos en reírnos de ellas nosotros mismos!

—Sin mencionar a los humanos que intentan criar a Dragonite por su cuenta —otro añadió—. Les enseñan a batir sus alas cuando vuelan. Bastante ridículo, si me preguntan, pero también un poco degradante. Se vuelve una fuerza de hábito tal que no puedes convencerles de que no es necesario.

—¡Vaya, eso es impresionante! —comentó Saura—. ¡Nunca supe que los Dragonite eran tan dotados! Pero oigan, ¿esto significa que Char será capaz de volar de esa forma cuando crezca?

—Oh, me temo que no —dijo Arshall con un guiño—. No, los Charizard tienen que soportar su propio peso con sus alas. Pero oh, ¡no es una maldición! ¡Es un maravilloso don en su forma también! En compensación, se te concederá un suministro de resistencia sin límites, y tus alas serán tan fuertes–

—Perdóneme, capitana, pero el tiempo se nos esfuma —otro Dragonite susurró—. ¡Deberíamos partir pronto!

—¡Oh, lo lamento! Tienes razón —dijo Arshall, volviendo a la atención—. Solo mírame, divagando así. Aquí, yo les estaba diciendo que fueran breves, luego voy y termino desperdiciando nuestro tiempo. ¡Bueno, ya no más! ¡A los cielos!

Con eso, el equipo de Dragonite dirigió al grupo de Char que se situaran para el viaje. A dos de los miembros de la flota se les asignó el cuidado de las bolsas, mientras el resto de ellos, salvo la capitana, tomó un pasajero cada uno. Char estuvo ciertamente un poco decepcionado y asustando cuando los Dragonite se rehusaron a dejarle montar con Saura, pero apretó los puños, reunió el coraje, y decidió no quejarse... a pesar de que estaba temblando hasta los huesos.

—¿Todo bien? —preguntó el Dragonite, otra hembra, con quien Char fue indicado montar—. ¿Nervioso?

Char asintió en respuesta a la pregunta mientras sus extremidades temblaban suavemente o entraban en pánico para encontrar asideros o puntos de apoyo en la espalda de la dragona. Su espalda era tan lisa como podía ser (excepto cuando frotaba sus escamas a contrapelo por casualidad), sin siquiera la más mínima cresta o púa para asir. Ya, ¡podía sentir que se resbalaba! ¿Se supone que solo debo abrazar con mis brazos? ¿O mis piernas?, se preguntó Char, su garganta apretándose. ¡No puedo hacerlo! ¡No soy lo suficientemente grande!

—Déjame adivinar... ¿temor a las alturas? —preguntó la Dragonite.

Otra vez, Char asintió, sin decir nada.

—Si te sientes inseguro en algún momento, eres bienvenido de sostenerte mis alas —dijo la Dragonite—. Pero solo en la base, por favor. De otra forma no podría ser capaz de controlarlas. Y si sientes como si no pudieras respirar, levanta la cabeza. Eso ayudará a evitar el vacío. Soy Zahira, por cierto. No soy una miembro de esta flota. Pertenezco al equipo de Lucario. Me envió aquí para venir con Arshall y supervisar el vuelo. Si eres quien dicen que eres, tengo que asegurarme de que veas a Lucario lo más pronto posible.

Yaciendo sobre su estómago, Char asió la base de las alas de Zahira lo más fuerte que pudo. Esperó que la posición que había encontrado fuera tan segura como se sentía que era.

—No te pongas tenso —le aseguró Zahira—. Arshall no exagera cuando dice que nada va a salir mal. Los Dragonite no están en el negocio de arruinar las cosas simples. Además, no hay factores desconocidos en volar. Todo menos el clima está calculado, e incluso eso es predecible. Bueno... también está el asunto de la traición. No estarás planeando apuñalarnos por la espalda en medio del vuelo, ¿o sí?

Char sacudió su cabeza, como para responder “¿Estás loca?”.

—No lo pensaba —zumbó Zahira—. En ese caso, no hay nada de qué preocuparse. Solo relájate. Disfruta del vuelo. E intenta confiar en mí. ¿Puedes hacer eso?

Puedo confiar en ti, pensó Char, ¡pero no estoy tan seguro de poder confiar en mí mismo!

—¡Pokémon! ¡Prepárense! —proclamó Arshall—. Estableceremos el curso para retornar a casa. A diferencia del viaje hasta aquí, el viaje de vuelta será una travesía de dos días; ahora estamos transportando suministros y carga valiosa. Si todo ha de salir bien, nuestra parada de descanso será Nincadia, pero si el tiempo llega a ser muy corto y el clima no coopera, cambiaremos el curso y nos instalaremos en el Desierto Rojasangre antes de que los Vigilantes nos atrapen en el aire. Establezcan orientación hacia el nornordeste, más o menos a tres cuartos de envergadura, acercándonos a los dominios del Maestro no más de ciento setenta y tres kilómetros. A través del primer tramo, mantengan una elevación de no más de veintiuna geodas...

El discurso de la Dragonite se volvió un guirigay para Char mientras divagaba números indudablemente importantes para su flota, de lo cual nada significaba algo para él. Echó un vistazo a sus amigos, todos cómodamente sentados sobre sus monturas y desbordantes de emoción. Scythe se sostenía con solo la fuerza de sus piernas, pero parecía sorprendentemente contento con su posición. Las cepas de Saura estaban enganchadas alrededor de las alas del Dragonite y se sostenía lo más fuerte que podía. Ray... ni siquiera parecía estar sosteniéndose; parecía mucho más que estaba saltando incontrolablemente y vitoreando de júbilo a través de la espalda del dragón.

—¿Listo para esto, Char? —exclamó Ray—. ¡Solo mira! ¡Mira allí arriba! ¡Mira las nubes! ¿Las ves? ¡En solo unos momentos, nosotros vamos a estar ahí arriba con ellas! ¡Vamos a estar por sobre las nubes! ¿Puedes creerlo? ¿Estás listo?

—¡En serio, no estoy tan seguro! —respondió Char.

—¡Oh, vamos! —exclamó Ray—. ¡Aprieta los dientes! ¡Esto va a ser asombroso!

Char frunció el ceño y se sostuvo más fuerte a las alas de Zahira, sintiendo una diminuta contracción en su cuerpo cuando lo hizo.

—¡Char! ¡Oye, Char! —llamó Ray de vuelta—. ¡EL FUEGO NO MORIRÁ!

Cuando Char intentó responder, encontró que no pudo.

De hecho, apenas podía siquiera respirar.

La sensación fue como quedar atrapado, boca abajo, bajo el peso de un Snorlax. No pudo levantar un músculo de la espalda de Zahira.

Desde el rabillo del ojo, captó vista del suelo. Se estaba encogiendo. Tan terriblemente rápido. En un momento, vio la estéril llanura de tierra que era la cima del gran altiplano, la Pradera Dorada, y... y...

Y en otro momento, vio el altiplano entero, y todas las civilizaciones circundantes, como Ciudad Hierro y Fortaleza Leal, todas como pequeñas piedras en el lecho de un río. Vio el bosque vecino a la residencia de Saura, como musgo creciendo en una roca...

Y luego, solo vio blanco.

Si hubiera tenido aliento para hacerlo, hubiera gritado de terror.

Sus ojos se cerraron de golpe.




El Cielo



Algún tiempo después, luego de que su corazón se hubo calmado lo suficiente, Char volvió de golpe a sus sentidos. Sus ojos parpadearon al abrirse, revelándole nada más que un brillante cuero de escamas anaranjadas. Sin tener que mirar, recordó en dónde se encontraba: sosteniéndose por su vida en la espalda de un Dragonite mientras este iba a toda velocidad a través del cielo, kilómetros y kilómetros por sobre la superficie de la tierra. Aunque ahora, una pequeña oleada de aceptación, y por consiguiente paz, empezó a difundirse a través de él. Sí, se sentía mucho más calmado que antes, aunque su asimiento en las alas de la Dragonite nunca se aflojaba. Temía que sus garras pronto empezaran a acalambrarse.

Como Zahira había sugerido, decidió intentar relajarse, aunque era más fácil decirlo que hacerlo. El inexorable fuush en sus oídos no ayudaba al asunto, ni tampoco la fuerza del viento contra su cuerpo, amenazando con arrancarlo de sus agarraderos y mandarlo dando vueltas sin remedio en el cielo. Respirar tampoco era demasiado fácil, incluso cuando seguía el consejo de Zahira y levantaba su cabeza para respirar. Sin importar cuánto intentaba inhalar, sus pulmones siempre parecían colapsar a la fuerza del vacío antes que pudieran entregar una cantidad aceptable de oxígeno. Le recordó a la ocasión en la que se paró dentro del fuego, sintiendo el aire quemándose antes de poder succionarlo en sus pulmones. Cuando intentó dar voz a su queja, encontró que su garganta no contenía palabras. Cualquier sonido que intentaba hacer fracasaba enteramente contra el sonido del viento, especialmente desde que no podía reunir suficiente aliento para agregar fuerza a su voz.

Otra extraña sensación que se asentó pronto en su percepción fue el cosquilleo. Su cuerpo entero le cosquilleaba como si estuviera siendo pinchado con agujas de pino, ya fuera por adrenalina o solo falta de oxígeno en su cabeza, pero ninguna parte tan mal como en su cola. Se dio cuenta que su cola estaba volando y agitándose detrás de él, su llama luchando por mantenerse con vida en el poder del viento. Sorprendentemente, prevalecía, pero no sin una constante sensación de escozor. Char casi quería recogerla en sus garras y mantenerla contra su cuerpo, pero no se atrevió por un segundo soltar alguna de sus garras. Luego de unos cuantos momentos de intentar aguantar el dolor, Char se dio cuenta de que el escozor no era tan doloroso en realidad. De hecho... había un extraño tipo de afabilidad en la sensación del viento azotar su cola, intentando, pero fracasando, apagar su llama. La sensación era completamente aguantable, especialmente cuando dejaba de concentrarse demasiado en ella, y dejaba que fuera a la deriva hasta el fondo de su mente detrás de todas las otras ruidosas y despóticas sensaciones rodeándolo...

Luchando por levantar su cabeza, se atrevió a echar un vistazo al transitorio cielo. Inmediatamente, atisbó a los otros miembros de la flota. Mantenían una formación de tres brazos, presumiblemente para ayudarlos a mantener el curso, con la capitana al frente, y con Char en el mismo final del brazo más derecho. Estaban espaciados más bien lejos; el siguiente Dragonite frente a ellos estaba al menos a veinte metros de distancia, y el brazo central estaba al menos a cuarenta. Entrecerrando los ojos hacia ellos, le trajo una sonrisa al rostro divisar una diminuta mota de verde sobre el dragón vecino. No pudo decir si era Scythe o Saura, pero solo saber que sus amigos estaban tan cerca en esta insana aventura hacía que su corazón aleteara.

Luego, Char hizo lo impensable... miró abajo.

Capas de nubes a la deriva pasaron ante sus ojos, algunas blanco brillante y opacas, otras translúcidas. Lejos, lejos abajo, en donde sea que las nubes se separaban lo suficiente, vio el paisaje brillar en la luz solar de la media mañana. Ríos parecían cicatrices a través del suelo, colinas eran como ampollas... todo salvo los más grandiosos y prominentes accidentes terrenales era invisible al ojo. El suelo, el lugar al que pertenecía, ahora parecía tan foráneo... tan ajeno...

¿O no?

Para su total asombro, una descarga de familiaridad destelló ante los ojos de Char. ¡Él había visto esto antes! ¡Sabía exactamente lo que estaba viendo! De hecho, era algo que veía cada mañana con el resto de su equipo cuando tramaban sus misiones. ¡Era Ambera, igual como era representada por el Mapa de Jirachi! Contemplando de un horizonte a otro, reconoció el parche de tierra como parte del mapa, uno que yacía justo al norte y al este de la división. Divisó rutas que él y sus amigos atravesaron una o dos veces, así como unas cuantas ciudades y hábitats de Pokémon salvajes. No podía creerlo. ¡El mapa era tan excepcionalmente preciso! ¡Todo el tiempo, había sido como una fotografía del terreno, tomada desde el nivel de las nubes!

Bajó la mirada a la superficie, pretendiendo que todas las notas escritas en el mapa estaban superpuestas en su visión. Ahí estaba la Ruta 412, serpenteando como una gigante costura blanca hacia el oeste alrededor de Punto Cascoviento, atravesando el Río Quagsire (el mismo río que corría todo el camino hasta Ciudad Río Negro), y dentro de la Aldea Orfandad... y ramificándose de ella estaba la Ruta 414, que corría más hacia el oeste a tierras que jamás había explorado... Y la Ruta 427, que se incrustaba al sureste en una ominosa tierra marcada como Camposanto Onix, y al noreste a las montañas llamadas Refugio Rojo, una locación de aparente interés para Scythe...

Demasiado tarde, Char se dio cuenta de que su garra estaba empezando a deslizarse.

El consiguiente grito que estalló de los pulmones de Char quedó como un patético chillido en medio del recio viento. Cada músculo en su cuerpo se acalambró y se volvió insensible, adhiriéndose como loco a la espalda de la dragona de cualquier forma que pudo. Sabía que había cometido la equivocación de inclinarse ligeramente demasiado hacia su costado, solo para conseguir más que un vistazo del suelo. Al hacerlo, había movido su centro de gravedad, gravedad que ahora estaba decidida a traicionarlo y lanzarlo a su perdición. Milímetros de distancia empezaron a resbalarse de sus garras más rápido de lo que podía creer, milímetros imposibles de recuperar debido a la presión del viento y la infortunada posición de su cuerpo...

El mundo de Char estalló en indecible pánico. Era como si su mente ya no estuviera ahí; todo lo que existía era su acrofobia. Otra vez, reunió su corazón entero en un grito de angustia para alertar a la Dragonite de su peligro, pero de nuevo, ni un sonido salió. El vacío del viento, el mismo vacío que estaba causando que se saliera de su montura a tan alarmante velocidad, era solo demasiado fuerte. Pronto, su garra derecha sería arrancada de su ala, causando que fuera arrojado hacia un costado con tanta fuerza que su diminuta garra izquierda sería impotente de mantener un agarre.

Sintiendo algo fuera de lugar, Zahira miró hacia atrás momentáneamente. Enfrentó la aterrorizada expresión de Char con una de indiferencia, como si no notara que algo estuviera mal. Char le gritó silenciosamente, incapaz de agitarse para llamar su atención ante el riesgo de perder el pequeño asimiento que todavía tenía. Igual de pronto, ella parpadeó y miró hacia el frente otra vez, dejando a Char por su cuenta y haciendo añicos los últimos restos de su esperanza...

La horrible verdad lo golpeó. No tenía sentido luchar. Él iba a caer, y nada, salvo hacer que Zahira girara en el aire o aminorara, iba a prevenirlo. Cerró sus ojos, tomando refugio en su desenfadada imaginación, intentando aceptar su destino...

Un majestuoso Charizard surcaba el cielo, disfrutando de la poderosa sensación del viento azotándolo en la cara y debajo de las alas.

Era su jamás podría pedir más que esto.

Char sintió cómo su garra era arrancada sin piedad de su asimiento, lanzando su cuerpo hacia un costado y mandándolo dando vueltas de la espalda del Dragonite.

Pam.

Pudo sentir el viento pasando velozmente por su cuerpo en formas que nunca podría comprender. Su pecho estaba explotando, hormigueándole, como si su corazón estuviera siendo empujado dentro de su cerebro... Estaba cayendo...

Se preguntó cuánto le tomaría golpear el suelo. ¿Un minuto? ¿Una hora? ¿Un día? ¿Dónde aterrizaría? ¿Se destrozaría su cuerpo al hacer contacto con una roca dentada? ¿Sería lo suficientemente afortunado para aterrizar en una masa de agua y vivir para contarlo? ... O no, ya que era un Charmander ahora, y eso significaría una muerte segura... ¿Le sonreiría Dialga de nuevo, y permitiría que cayera en una mazmorra misteriosa, directamente sobre una Semilla Revivir? O tal vez... ¿podría acumular el corazón suficiente para evolucionar a un Charizard antes de que golpeara el suelo?

¿Importaba realmente?

Sabía que esto iba a pasar, se dijo Char. No sé cómo, solo lo sabía. Todo el tiempo, lo supe. Que caería...

—¡OYE!

Char se encogió ante el inesperado sonido de una voz.

Al comienzo, fue incapaz de comprender lo que vio. La adrenalina todavía estaba bombeando a través de sus venas en lugar de sangre, así que su mente colectaba la información de una forma lenta y aplacada. El color de la crema. Un brillante anaranjado. Ojos, con pupilas negras y brillantes. Una sonrisa.

Char parpadeó otra vez. Era inequívoco. Un Dragonite. Zahira. Ella lo estaba sosteniendo en sus brazos, sonriéndole, y pareciendo bastante orgullosa de sí misma, también.

Lo golpeó. No había estado cayendo en lo absoluto. El pam que había sentido fue la sensación de ser atrapado en sus brazos meros momentos luego de haber perdido asimiento. Ella había realizado algún tipo de maniobra magistral, ladeándose directo hacia abajo en un círculo y atrapándolo instantáneamente, sin siquiera romper la formación.

—¿LISTO PARA CONFIAR EN MÍ, O QUIERES CAER DE NUEVO? —gritó Zahira sobre el viento.

Char levantó la mirada hacia ella como un indefenso bebé en los brazos de una madre, y asintió. No le importó realmente a qué pregunta estaba respondiendo, solo asintió.

—¡RELÁJATE! —vociferó ella—. ¡DEJA QUE YO ME ENCARGUE DEL VUELO! ¡PARA DE ESFORZARTE TANTO!

Pam.

En un parpadeo, Zahira hubo girado sobre su eje de una complicada manera, y la siguiente cosa que Char supo fue que estaba sentado una vez más sobre su espalda.

Tan pronto como la adrenalina empezó a disminuir y dejó que sus procesos mentales tomaran el control, lo cual no fue demasiado pronto, su pánico se sosegó exponencialmente. Claramente, Zahira era una piloto hábil, tan hábiles como podían ser, y probablemente sabía cómo atrapar a un pasajero que cae en cada una de las mil formas posibles en las que uno podía caer. De alguna forma, caer ya no parecía tan amenazante... de hecho, se sentía casi igual de seguro como si estuviera parado sobre tierra firme. Todavía aturdido y eufórico por su ataque de pánico, pero seguro.

Un momento después de que entendiera eso, comprendió otra cosa; ni siquiera se estaba sosteniendo. Ya no estaba yaciendo sobre su estómago sobre la espalda de la dragona, sosteniéndose de sus alas... estaba sentado, casi derecho, con sus ambas garras asentadas enfrente a él. Pero... el vacío del viento, vicioso y despiadado como había sido, parecía haber perdido su efecto completamente. De hecho, si estaba percibiendo las cosas correctamente, casi se sentía como si el vacío estuviera ayudándolo, manteniendo su cuerpo firmemente plantado en el lugar, dándole un imposible sentido de balance.

Su nueva posición también le concedía una vista más clara de todas las visiones circundantes. En lugar de tener que variar su peso solo para echar un vistazo en una dirección nueva, encontró que podía verlo todo sin esfuerzo a la vez.

¿Qué cambió?, siguió preguntándose Char mientras miraba hacia el horizonte, notando las inminentes torres de nubes lejos en la distancia. Me siento mucho mejor ahora. Puedo respirar. Puedo sostenerme. No estoy siendo arrastrado por el viento. ¿Qué hizo la diferencia? ¿Es solo... porque ya no estoy asustado? ¿Podría ser eso? ¡No puede! La confianza no me ayudaría de esta manera... ¿o sí? Quizá ese era el problema. Sabía que caería. Lo esperaba. Pero no tenía idea de que estuve seguro todo este tiempo...

—¿SINTIÉNDOTE MEJOR? —la Dragonite le gritó.

Char asintió en respuesta, luego intentó una vez más hablar.

—¡SÍ! —vociferó él, sorprendido de que su voz pudiera sobrepasar el viento.

—ES REALMENTE MÁS FÁCIL SI TE SIENTAS —dijo ella.

—YA VEO —replicó Char—. ¿POR QUÉ?

—BUENO, PORQUE ES MÁS CÓMODO PARA AMBOS —dijo la Dragonite—. ADEMÁS, TE DEJÉ CAER A PROPÓSITO, SABES. ¡NO TE ALIGERABAS!

¿Ella hizo QUÉ?, exclamó Char para sí.

—YA QUE AHORA CONFÍAS EN MÍ, TE MANTENDRÉ BALANCEADO, ASÍ QUE NO PASARÁ DE NUEVO —prometió Zahira—. A MENOS QUE DECIDAS SALTAR POR TU CUENTA. NO PUEDO PARAR ESO.

—¡NO SALTARÉ! —estalló Char, un indicio de enojo evidente en su voz—. ¿POR QUÉ HARÍA ESO?

Así que es por eso que se volvió de repente tan fácil mantenerse aquí, se dio cuenta Char. Todo el tiempo, ella estaba intentando provocar que yo cayera para demostrar algo. ¡Bueno, lo hizo! Espero que esté feliz. En serio.

Char sintió que su ascua interna gradualmente se inflaba por su intensa ira. A pesar de que la punzante sensación en su cola fue disminuida cuando su flama se hinchó, se dio cuenta de que estaba cometiendo un error. No quería transformarse en un tiro al aire en un momento como este. Tenía que tragarse su orgullo. ¡No iba a soltar accidentalmente un comentario sarcástico que conduciría a la Dragonite a la rabia! ¡No ahora!

—ENTONCES, ¿HACE CUÁNTO QUE VUELAS? —inquirió Char, intentando aligerar su propio humor.

—¡DESDE EL DÍA EN QUE NACÍ! —replicó la Dragonite—. CUANDO UN DRATINI NACE EN EL OCÉANO, APRENDE A NADAR, Y EN LA TIERRA, APRENDE A VOLAR. A NADAR EN EL AIRE.

—ME REFIERO A COMO AHORA —gritó Char—. ¿RECIBISTE ENTRENAMIENTO PARA LLEVAR PASAJEROS?

—PODEMOS TERMINAR ESTA CONVERSACIÓN ESTA NOCHE, SI NO TE IMPORTA —replicó la Dragonite—. ¡A MENOS QUE QUIERAS QUE AMBOS PERDAMOS NUESTRAS VOCES GRITANDO!

—¡SÍ, SEÑORA! —respondió Char, cerrando su boca inmediatamente después.

Char se quedó en silencio nuevamente, intentando por un tiempo ocuparse de cualquier forma posible. A pesar de que sus miedos ya no estaban, y la vista continuaba siendo maravillosa, Char encontró que su mente estaba tan saturada y templada con las menguantes sensaciones de lucha o huida que era difícil concentrarse en algo. El sentimiento de escozor en sus miembros era más predominante que nunca, empezando a recordarle a la sensación de ser paralizado. Además, aparte de ser momentáneamente traumatizado, se dio cuenta de que estaba empezando a tener bastante hambre. Los Dragonite aparentemente no creían en el desayuno, o incluso el almuerzo, y parecía como si estuvieran felices con dejar que sus pasajeros murieran de hambre por el bien de llegar a tiempo. Considerándolo todo, Char encontró que su experiencia volando era una bastante agradable, y empezó a tener ganas de aterrizar.

Luego de agotar todo pasatiempo del que pudo pensar, que incluían intentar encontrar imágenes en las nubes transitorias, imaginarse a sí mismo como un Charizard volando por su propio poder, y fantasear sobre brincar de la espalda de la dragona solo para volver a ella, Char se aburrió. Era alrededor del mediodía para entonces, y todavía no había signo de que la procesión pararía para comer. Char miró hacia abajo e intentó descifrar la superficie terrestre, y reconoció vagamente que todavía estaban bastante lejos de su destino. Ya hacía tiempo que habían cruzado del hemisferio sur al norte, marcando solo alrededor de dos quintos de su viaje completo, y volaban sobre tierras de bosques tropicales y rojos desiertos en las cuales Char nunca había pensado interesarse. Había tenido ganas de disfrutar del calor de la luz solar mientras cruzaba el ecuador del planeta, pero se imaginó que se lo había perdido; nunca era demasiado cálido tan alto en las nubes, la mayoría de las veces, se balanceaba al borde de ser incómodamente frío. Trató de que no le hiciera recordar del helado páramo que en breve estaría incursionando...

Pero quizá el pensamiento más aterrador de todos, incluso más que imaginarse el adormecedor frío de la nieve y el hielo, era el hecho de que pronto estarían pasando los dominios del Maestro. Char sabía que el equipo de Dragonite se aseguraría de mantenerse alejado de él, probablemente lo suficiente para garantizar que no apareciera en este lado del horizonte occidental, pero le hizo estremecerse el saber que el legendario y misterioso Maestro que dominaba la tierra con mano dura, aquel cuyo reino causaba tanto dolor y tantas lágrimas a tantos Pokémon, moraba en una oscura fortaleza justo fuera de la vista. Era un lugar al que nunca deseaba ir, un lugar al que deseaba profundamente que su destino jamás lo guiaría.

Encontrando que no tenía nada más sobre lo que quería reflexionar, y sintiéndose igual de adormecido y adolorido que un animal disecado, Char comenzó a preguntarse si podía pasar el tiempo de una forma mucho más efectiva.

—OYE —Char le vociferó a su montura—. ¿TE IMPORTARÍA SI TOMO UN DESCANSO? ¿PODRÍAS MANTENERME BALANCEADO SI ME RECUESTO?

—SI TÚ LO DICES —replicó Zahira simplemente.

Era todo lo que Char necesitaba escuchar. Repleto con un centenar de desagradables sensaciones, Char colapsó en la espalda de la dragona con esperanzas de saciar su agotamiento.

... ... ...


¡CRASH!

Luego de lo que pareció segundos después de haber cerrado sus ojos, una horrible y estremecedora explosión hizo que Char brincara despierto. Pronto se dio cuenta de que no había tierra cercana a la que estremecer, ya que todavía estaba a kilómetros en el aire. En lugar de eso, una oscura cortina de humo y niebla lo rodeaba desde todos los costados. El sonido había sido uno que reconocía–un trueno.

—¡BUENOS DÍAS! —gritó Zahira sobre los vientos, que ahora eran más vigorosos que nunca—. ¿DORMISTE BIEN?

—ESTAMOS EN UNA TORMENTA, ¿NO? —preguntó Char, sintiendo la tensión en el aire.

—FUIMOS ALCANZADOS POR EL BORDE DEL FRENTE TORMENTOSO —respondió Zahira—. ARSHALL YA DIO LA SEÑAL PARA BAJAR LA VELOCIDAD. NOS ESTAMOS ACERCANDO A LA PARADA DE DESCANSO.

¡CRASH! ¡KABUM!

Hubo un brillante destello de luz, seguido por el ensordecedor sonido del aire partiéndose a medida que las nubes circundantes se peleaban entre sí e intercambiaban cargas eléctricas.

—¿ESTO NO ES PELIGROSO? —exclamó Char—. ¿POR QUÉ ESTAMOS VOLANDO DENTRO DE LA TORMENTA? ¿NO NOS PUEDE ALCANZAR UN RAYO?

—ES MUY PELIGROSO —respondió Zahira—. ¿TODAVÍA CONFÍAS EN MÍ?

—SÍ —dijo Char a regañadientes—. ENCÁRGATE TÚ DEL VUELO.

Char se puso derecho nuevamente y observó los turbulentos cielos más adelante. Las nubes formaban un extraño tipo de túnel a través del cual los dragones volaban. En todas direcciones, las formaciones de color de sombra se revolvían y arremolinaban en formas extrañas, casi haciéndolas parecer el interior del tracto digestivo de una gran bestia. Estaba muy oscuro, con solo el brillo de la enmascarada luz solar detrás de las nubes y el ocasional destello de un rayo para guiar el camino. Se preguntó si las nubes se condensarían de repente en lluvia para que cayera sobre él como una cascada...

Antes de que lo supiera, sin embargo, algo inusual estaba ocurriendo. El resto de la flota de Dragonite se esfumó, como si hubieran sido tragados por el oscuro mar de nubes mientras no estaba prestando atención. Luego vino la más inconfundible sensación–el descenso. Zahira se había resuelto en un picado poco profundo en preparación para el aterrizaje. Era la sensación más extraña hasta ahora, produciendo un persistente temor de que caería en la más improbable de las direcciones: directo hacia arriba, en lugar de hacia abajo o atrás. Se estiró hacia adelante para asir gentilmente la base de las alas de la dragona, como se le había dado el permiso de hacer, solo para asegurarse de que no se desconectaría.

La sensación de descenso pronto se intensificó, reencendiendo todas las horribles sensaciones en el fondo de su estómago de las que había esperado haberse ya desprendido.

Vamos a aterrizar, se dijo Char, cerrando los ojos justo como había hecho durante el ascenso. En solo unos momentos, voy a estar de vuelta abajo en la tierra, en donde pertenezco. Solo un poco más... Vamos, puedo hacer esto. Luego ya no hay más vuelo. No hasta mañana. Puedo pasar toda la noche con mis amigos abajo en el suelo...

¡CRASH! Bruuuum...

Otro rayo desgarró el cielo en algún lugar cercano. Los vientos se volvieron más intensos.

El picado de Zahira se volvió más empinado. Char abrió una grieta en su ojo para ver que habían descendido por debajo de las nubes, lo suficientemente lejos para que pudiera ver con claridad el suelo, envuelto como se veía por la nube de la tormenta. No tenía idea de qué hora del día era, ni tampoco reconoció el paisaje de abajo; solo no le importaba. Su mente estaba en un solo lugar; la anticipación de tener sus pies plantados de vuelta en la tierra.

—AHÍ ESTÁ LA SEÑAL —le notificó Zahira a Char—. ACABO DE RECIBIR LA SEÑAL PARA ROMPER LA FORMACIÓN. VAMOS A ATERRIZAR.

—ME DÍ CUENTA —replicó Char.

—TODAVÍA TIENES MIEDO DEL CIELO —se dio cuenta ella—. TIENES UN FUERTE MIEDO A LAS ALTURAS.

—¿Y QUÉ ESPERAS? —gritó Char de vuelta—. ¡ESTA ES MI PRIMERA VEZ VOLANDO ASÍ! Y NO ESTOY TAN ASUSTADO. SOLO IRRITADO.

—ESTÁ BIEN —dijo Zahira, sonriéndole de vuelta, y aminorando su ritmo de vuelo—. TIENES TODO EL DERECHO DE ESTAR ASUSTADO. ES NATURAL.

¡KABUM! Un rayo cayó de las nubes a menos de un kilómetro de distancia, zigzagueando a través del cielo y golpeando el suelo lejos abajo. Char tenía que encogerse ante el sonido de cada caída de un rayo, imaginándose cada vez que él podía ser el recipiente de esa oleada de un millón de voltios de energía. Era solo otra incomodidad de volar para agregar a su larga lista...

Pero, por tantas incomodidades que él contaba, sabía que ella tenía razón. Bajo todo, todavía le tenía miedo a las alturas. Las temía porque había todavía tanto que estaba fuera de su esfera de comprensión. Después de todo, todavía no tenía alas. El cielo no era su lugar. Por supuesto, estaba el único miedo que eclipsaba a todos los demás, el único miedo que no podía ser simplemente ser explicado. El miedo de golpear el suelo.

—¿TE GUSTARÍA ENFRENTAR TU MIEDO?

—¿QUÉ? —respondió Char—. ¿A QUÉ TE REFIERES?

—¿TE GUSTARÍA SABER CÓMO SE SIENTE UNA CAÍDA LIBRE? —preguntó Zahira—. PUEDO MOSTRARTE.

Ella... ¡no puede estar hablando en serio!, se dijo Char. ¿Qué está diciendo? ¿Ella quiere que salte? No, no, no, no, no... ¡no!

—SI QUIERES SUPERAR TU MIEDO, ¡DESAFÍALO! —proclamó Zahira—. ¡UNA VEZ QUE ENTIENDES A QUÉ ES LO QUE LE TEMES, DEJAS DE HACERLO!

—¡NO QUIERO HACERLO! —afirmó Char tan fuerte como pudo, apretando sus alas incluso más.

—LO SÉ —respondió ella—. ¿PERO NECESITAS HACERLO?

—¡SÍ! —soltó Char—. ¡NECESITO HACERLO!

—¿Y POR QUÉ ES ESO? —preguntó ella.

—PORQUE... —exclamó Char—. ¡QUIERO SER MÁS FUERTE!

¡CRASH! Y otro rayo más iluminó el mundo. En el destello, Char divisó el suelo abajo, todavía lo suficientemente lejos para parecer un tapiz tejido...

—¡ENTONCES SALTA! —exclamó Zahira en tono alentador.

—¡Y-Y-YO... —empezó Char, su corazón latiendo igual de intensamente como cuando se había resbalado por primera vez, mientras se asomaba por sobre el borde de la espalda de la Dragonite e instintivamente rehuía de la visión—. YO... PODRÍA NECESITAR AYUDA!

Sin un retraso más, Zahira se contorsionó en el aire, girando su cuerpo en un círculo completo. Cuando se enderezó, ya no tenía un pasajero.

Y Char cayó.

Era una sensación de humildad, caer interminablemente a través del vacío del cielo, sabiendo que no había esperanza de salvarse por su cuenta. Sus ojos se cerraron completamente de golpe, su mente llenándose con una ensordecedora euforia que lo drenaba de cualquier otro pensamiento. Se sentía como un juguete del viento mientras pasaba a toda velocidad en sus costados más poderosamente que nunca antes, resquemando su piel y desafiando a la llama de su cola por todo lo que valía. Sintió que pasaba por su rostro, casi inutilizando a sus pobres pulmones...

Al comienzo, eso fue todo lo sintió. El viento. Y el sonido del trueno estallando cerca de él.

Cuando la conmoción inicial se desvaneció lo suficiente, Char permitió que sus ojos se abrieran lentamente. Percibió sus alrededores como en un estado de trance... observó cómo el suelo se movía hacia él tan ligeramente... observó cómo varias gotitas de lluvia caían con él a sus costados, danzando como diminutas y translúcidas flamas autosustentables...

Y luego... antes de que lo supiera...

Pam.

Estaba mirando otra vez en los ojos de Zahira mientras ella lo acunaba en sus brazos. Había caído por solo más de un minuto entero, convencido de que no había sido más que unos cuantos segundos.

—¿Bien? —dijo Zahira en una voz baja mientras flotaba inmóvil—. ¿Cómo estuvo?

—No estuvo tan mal —admitió Char, rompiendo en una pequeña sonrisa—. ¡Creo que podría acostumbrarme a hacerlo!

—Es maravilloso, una vez que aprendes a volar —dijo ella—. Si solo tuvieras alas...

Mientras que la acrobacia no había vencido completamente su miedo a las alturas, ciertamente había hecho que se retirase y se acobardara detrás de una roca. Se sintió muy orgulloso de sí mismo por haber enfrentado su miedo, y explorado lo desconocido que tenía escondido tras el mismo. Supo que fue un gran paso para volverse más fuerte.

Mientras la tormenta continuaba adquiriendo fuerza, y mientras Zahira llevaba a Char abajo al punto de descanso designado, él ya estaba empezando a tener ganas de volar de nuevo mañana.




La letra se canta al ritmo de “Don’t Ever Forget” de Pokémon Mundo Misterioso: Exploradores del Tiempo/Oscuridad/Cielo.



Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.

Rak, eres todo un artista



.- Pokémon Mundo Misterioso: Resistencia Plateada -.

---> ¡Concurso en marcha! <---
¡No se lo pierdan!

Pásense por mi página de Deviantart: WillChar96


Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.

#89
El comentarista errante regresa triunfante de una dura contienda.

Otro capitulo, otra increíble felicitación para el autor y su traductor. Solo posteo capitulo por medio, pero aún así adoro este Fic con todo mi corazón. :alabama:
Bueno pasemos a criticarlo.
¡¡¡Como es que se le ocurrió que los Dragonair tengan poderes psíquicos, siempre se vean felices, sean tan orgullosos y que "algunos" sean tan malditamente hi#%& de /$ta!!!. ¡Lanzar a Char por el aire, como no se murió!. Un futuro Charizar con miedo a las alturas.

Despues de esos comentarios sin contexto voy a irme chao.
#90
Acabo de leer el capítulo especial (antes del 11) ¡¡Y la historia me atrapa cada vez más!! Wou, el autor le pone sentimiento a lo que escribe, y lo complementa con las canciones! O: Le Da Un Toque Magnífico!!! Y supongo que te esfuerzas mucho por traducir todo, para no perder el sentido de la historia :D

Por cierto, gracias por traducir los capítulos c: Y llegue a leer este fic tan bueno, por los Fic Vip de la sección, y lo primero que vi, fue que en un capítulo al final decía que se leía la canción con la música de "Don't Ever Forget" de MM y esa canción me encanta :D

¡¡¡Sigue así que tendrás todo mi apoyo de ahora en adelante!!!

:D :D :D :D :D
m
#91
A ver qué podemos decir del fic…

Mmm, me pareció que la despedida fue DEMASIADO ostentosa para un viaje a la división esmeralda. O sea, como que da la pauta de que todos se imaginan que no es una misión más sino que es una misión de altísimo riesgo y que puede llegar a cambiar el futuro…

Oh, fuck, ¿todo eso para luego decir que en realidad no pasó y sólo era la imaginación de Char? xDDD Con razón me parecía demasiado ruidoso el espectáculo para una misión de incógnito.

Asd u.u Odio a Char. Es molesto que todo el tiempo se esté quejando por todo. Hasta Saura parece más hombre que él… mira que tener miedo a volar u.u Va a ser un Charizard algún día…

Oh, es cierto lo de las alas del Dragonite… no sé que se le pasó por la cabeza al que diseñó el dibujo de ese pokémon.

Gyarados no vuela xD Con suerte puede saltar muy alto.

Mmm, bueno, me pareció interesante el capítulo aunque algo tranquilo, aburrido por decirlo de otra manera. Algunas partes estuvieron bien, graciosas como siempre, otras muy bien explicadas y bueno… Scythe hizo bien su trabajo haciendo que el lector sienta como que pasaron varios días volando por lo lento que fue xD

¡Buen trabajo con la traducción! Nos vemos


Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.
#92



Primer Aniversario:

Simplemente no lo puedo creer. En un año, ocurrieron demasiadas cosas. Quiero decir, este es el proyecto más grande que alguna vez hice, y supe que si desde el comienzo le ponía todo mi empeño y corazón, llegaría bien adelante. Bueno, no estoy seguro de cuán lejos ha llegado, pero el hecho de que haya varios lectores que siempre estén comentando es algo muy significativo para mí. Por eso, en este primer aniversario, les hice una dedicatoria: Hoy es el primer aniversario.

Bueno, no hay mucho para mí por decir. Creo que lo cubrí todo en esa entrada. Hasta el autor parece conmovido por todo lo que ocurrió con la traducción. ¡Muchas gracias a todos!

Ahora, ¡nuestra traducción cumplió un año!





Mato:

Wow, ¿tanto te gusta el fic? :P. Gracias ^^.

Bueno, Char es un caso especial xD. Pero eso de que usen poderes psíquicos para volar tiene algo de sentido, ¿no? Por que si no, ¿cómo rayos volarían con esas alas tan pequeñas? xD.

Ok, nos vemos en el siguiente xD.

Gracias por seguir leyendo ^^

RaperGomzZ:

OMG! ¡Nuevo lector! *confeti y baile* (?)

Bueno, no importa cuánto tardes en ponerte al día, solo disfruta del fic ^^. Qué bueno que te interesen las canciones, porque son parte importante del atractivo del fic.

No, de nada, gracias a ti por leerlo. Lol, a mí también me gusta mucho "Don't Ever Forget". Incluso intenté aprenderla en piano, pero es muy complicada :P.

Gracias por tomarte el tiempo de leer ^^

Demian:

Bueno, qué desilusión lo de la despedida xD. Yo realmente estaba confundido mientras lo leía, fue algo sin sentido :P.

Vamos, no lo odies. Apuesto a que también estarías cagado si tuvieras que volar atajándote solo de las alitas del Dragonite xD. Pero creo que se le pasará.

Sí, Gyarados no vuela, no sé por qué es de tipo Agua/Volador ¬¬ (?).

Bueno, este es un capítulo más de relleno que de otra cosa, ¿no crees? Este siguiente será un poquito más interesante, porque se empieza a mencionar finalmente a la División Esmeralda.

Gracias por seguir leyendo ^^




Nota del traductor:

Como la revisión del autor original es menos consistente de lo esperado, empezaré a publicar las versiones aún no revisadas de los capítulos para poder avanzar la historia.

Cuando el autor haga la respectiva revisión, le haré los cambios al capítulo y retiraré esta nota. Pero por ahora estará aquí la versión vieja del capítulo. Los cambios se limitan a algunos errores de tipeo y a agregar algunas descripciones o sacar otras, es decir, la escencia de la historia sigue ahí.





38. Capítulo 34: Una Historia Soleada


Spoiler

Capítulo 34



Oasis Rojasangre



Con el día de vuelo terminado, la oscuridad de la noche se acercó rápidamente.

El Desierto Rojasangre era un lugar seco y estéril, con un clima muy reconfortante para Char, recordándole vagamente a las llanuras por sobre su lejano hogar. A medida que observaba su nuevo entorno, sin embargo, vio qué tan vagas eran las similitudes. A diferencia del puro y brillante amarillo del altiplano, el desierto era de un color oscuro y oxidado. La tierra misma estaba resquebrajada y agrietada por el perpetuo calor, con redes de diminutas fisuras negras que se extendían hasta donde el ojo podía ver, causando que el suelo se asemejara a la disposición de las escamas en la piel de un reptil. Una pequeña capa de arena polvorienta cubría el terreno, levantándose con las corrientes de las nubes de tormenta que todavía pendían sobre sus cabezas.

Lejos, muy lejos, en una pequeña ventana del cielo todavía sin tocar por la tormenta, Char vislumbró el sol poniente, maravillado por cómo pintaba a las nubes circundantes con brillantes e increíbles espectros de púrpura y anaranjado, contrastando y casi complementando a la lobreguez del paisaje. Por un momento, se dejó hipnotizar con la imagen ante sus ojos, que casi parecía danzar como una vela en las sutiles ondas de calor que se elevaban de la tierra. En su tiempo trabajando con la resistencia, Char había presenciado docenas de salidas de sol ir y venir, pero ninguna de ellas, sintió él, guardaba algo de la majestad de una puesta de sol.

—Hermoso, ¿no?

Char encontró a Scythe parado a su lado, tomándose un momento para apreciar la visión del cielo mientras el resto del grupo continuaba hacia el área de descanso. Parecía igual de afligido que antes, y quizá un poco peor; era obvio que no disfrutó del vuelo, lo cual no había ayudado en lo absoluto a apaciguar el oculto tumulto de su alma. Char sabía que sus irritados ojos encontraban un inmenso alivio al mirar el atardecer.

—Sí —replicó Char.

—Ambera es muy hermosa —profesó Scythe—. Incluso cuando la más oscura de las tormentas amenaza con ahogar al sol, este brilla con más intensidad.

Char estiró su cuello para observar la tormenta nuevamente. En lo alto, formaba un inconsútil y absoluto manto a través del cielo, todavía centellando con relámpagos de vez en vez. A pesar de que llovía, ni una sola gota caía al suelo; todo se disipaba prontamente luego de haberse formado, sin permitir al seco y famélico paisaje un solo sorbo de agua. El frente pujaba hacia el suroeste, borbotando y coronándose como la marea de un océano a medida que rodeaba a los escasos remanentes de la luz del día como un cardumen de hambrientos Carvanha a punto de hacerse un festín.

—Siempre me cautivan, los tipos de imágenes que las tormentas pueden pintar en el cielo —dijo Scythe, casi para sí—. A veces, en verano, si las corrientes de aire son justo las correctas, maravillosas cosas ocurren en el cielo sobre el Cañón Cuenco. No puedo contar las veces en que mi equipo y yo nos hemos simplemente detenido a observar el flujo y reflujo de las nubes de tormenta... Es algo digno de contemplar, ver venir al frente de tormenta, ondeándose como el polvo bajo una alborotada manada de Tauros, directo hacia ti...

—¿Es por eso que luchas? —preguntó Char, su corazón todavía flotando en el horizonte occidental—. ¿Por las tormentas y los atardeceres?

—No —dijo Scythe—. Siempre y cuando el flujo del tiempo no esté amenazado, los atardeceres vendrán independientemente de lo que diga o haga. No hay Pokémon, salvo por los dragones legendarios, con control sobre cosa tal, de detener el atardecer... pero... hay muchos que podrían silenciarlo.

—¿Silenciarlo? —preguntó Char—. ¿Qué quieres decir?

—Cuando ves una furiaflor florecer en la pradera, podrías ver una pequeña expresión pintoresca de la naturaleza —dijo Scythe—, pero tienes que darte cuenta de algo, que los pétalos están pintados con la sangre de miles de Pokémon que murieron para que la flor pudiera ser hermosa...

—Pero no necesitas pelear por las flores de la pradera —dijo Char, girándose hacia Scythe—. Ellas crecen por su cuenta, justo como el atardecer... No lo entiendo.

—Por sí solo, el atardecer no tiene belleza —dijo Scythe, sin sacar los ojos del horizonte—. Es solo un atardecer. Un fenómeno natural. Es... una rara combinación de colores en un lugar inesperado. Solo tiene belleza porque tú tienes ojos para contemplarlo, y porque significa algo para ti. Tiene una historia que contarle a tu corazón. Para mí, Ambera cuenta su historia en muchas formas, a través de los atardeceres, de las nubes de tormenta, de las flores en la pradera... Es una historia de libertad, de paz, y de guerra... De Pokémon que han masacrado a inocentes, y de aquellos que los defendieron... de aquellos que han prevalecido ante la opresión, y de aquellos que han pagado el precio... Para ti, podría contar una parte diferente de la historia... la alegría de estar con vida, quizá. Pero si el día viene en que el atardecer es solo un atardecer... la voz de Ambera habrá sido silenciada. Y yo habré fallado.

Esa es una forma de verlo, pensó Char para sí, reflexionando sobre la interesante perspectiva. La belleza es algo que te habla. Suena casi como aquel dicho, “la belleza es subjetiva”. Después de todo, un Rattata salvaje correteando por la pradera no vería belleza alguna en el atardecer...

Char se detuvo a medio pensamiento. Ahí estaba de nuevo: un pequeño cambio en la voz de Scythe, un tono que delataba algo sobre el estado mental del guerrero que a él no le agradaba–que su estrés era algo más que solo un obstáculo para su éxito, sino algo que lo perturbaba hasta la médula. Era una porción de pesimismo, una debilidad de algún tipo. ¿Qué era, sin embargo? ¿Incertidumbre? ¿Resignación al fracaso? O tal vez... ¿podría ser... demencia? Era algo que, estaba seguro, no pertenecía a la personalidad de Scythe...

Mordiéndose la lengua por un momento, Char trató de encontrar una buena forma de ensamblar sus palabras.

—Scythe...

Scythe gruñó, conociendo muy bien qué tono de voz estaba usando Char.

—¿De dónde viene tu estrés? —preguntó Char consternado—. ¿Por qué tus ojos están siempre enrojecidos? No deberías estar lastimado de esta manera. ¿Qué ocurre contigo?

—Soy un Pokémon viejo —suspiró Scythe—. Cada día, mucho se espera de mí. En algunos días, cuando abro mis ojos en la mañana, no puedo decir si mi cuerpo está lleno de energía, o solo la determinación para soportar el agotamiento. Encontrarás, a medida que envejeces, que experimentas muchos tipos de emociones. Y aprenderás a hacerles frente. Aprenderás a saborear las emociones agradables y endurecerte ante las emociones desagradables... Y cuanto más te endureces, más conocerás el estrés.

—No me refería a eso —retornó Char—. Ocurre algo contigo. No estás actuando como tú. No lo has hecho por el último par de días.

—¿Vamos a pasar por esto de nuevo? —suspiró Scythe, un indicio de enojo aparente en su voz—. Ya te lo dije, no hay nada que pueda decir que hará que confíes en mí. Es–

—¿Tienes miedo? —insistió Char forzosamente, interrumpiéndolo—. ¿Tienes miedo de que tu plan no funcione? ¿Tienes miedo de que las cosas se vengan abajo?

—No dejarás de acosarme hasta que te haya contado mis secretos —retumbó la voz de Scythe—. Pero no puedo. Revelar mis planes sería condenarlos al fracaso.

—¿Es que el plan me involucra a mí? —demandó Char incluso más fuerte—. ¿Qué? ¿Qué es tan malo sobre él?

—Char... —suspiró Scythe, dejando caer su cabeza—. Diré algo. Pero si lo hago... deberás prometerme algo a cambio. Que, por la duración de este viaje, dejarás de sacar a flote este tema. ¿No he dejado en claro que detesto el acto de guardar un secreto? Cada vez que me confrontas, me duele, como una cuchilla al pecho. Cuando me di cuenta de que tenía que acompañarte aquí, me dolió. Cuando averigüé que hablaste con Ray, me dolió. Cuando intentaste espiarme en el pasillo, cortó incluso más profundo. Incluso si lo intentara, no podría hacer que confíes en mí. Pero si estás tan consternado por mi bienestar, humano, entonces deja de intentar desentrañar mi corazón con tu exigua curiosidad. ¿Fui claro?

Char se sintió pasmado, y su cuerpo empezó a temblar ligeramente de la vergüenza y la intimidación. Era justo como Saura había dicho... tendría que simplemente haber depositado su confianza en Scythe, y dejarlo así. Pero, aparentemente, eso era demasiado pedir. Se le ocurrió que no solo había traicionado a Scythe una vez, sino varias veces, incluyendo aquellas que él había listado... y en cada vez, a pesar de que dolía, Scythe continuaba perdonándolo...

Incapaz de responder con palabras, Char tragó saliva con dificultad y asintió con la cabeza.

—Bien, entonces —casi escupió Scythe—. No, no tengo miedo de que mi plan fracase. Mi plan involucra... hacer algo que no disfrutaré. Y sí... te involucra a ti.

Una especie de terror invadió el corazón de Char.

—Otra cosa —agregó Scythe, la amargura en su voz desvaneciéndose rápidamente—. ¿Quieres saber por qué hay sangre detrás de mis ojos? ¿Quieres saber de dónde viene? Viene de ti. Y si miras detrás de mis ojos, y ves algo parecido a la esperanza... eso, también, viene de ti.

Sintiéndose débil, Char se encontró incapaz de mantenerse en pie. Se sentó en el áspero suelo arenoso del desierto, con su corazón retumbando como un terremoto.

Una voz hizo eco en su cabeza.

“... te sirve como su maestro...”

“... para ahora, deberás haber notado que todo Pokémon a quien has ido y revelado tu secreto ha jurado servirte incondicionalmente...”

“... Scythe es todo sobre jugar juegos. Esta vez, tú eres parte del juego...”

—Deberíamos regresar —dijo Scythe—. Estoy empezando a sentir dolores del hambre. Y tus amigos probablemente te estarán extrañando.

Obedeciendo de mala gana, Char se puso de pie nuevamente y acompañó a Scythe al área de descanso.

Ella tenía razón, se dio cuenta Char. Eva... ella tenía razón sobre todo...

De todos los pensamientos apilados en la mente de Char, una cosa era certera. Era tiempo de que dejara de cuestionar a su líder y protector. Era tiempo de dejar que llevara a cabo su plan... lo que fuera que debiera ser.

... ... ...


Luego de una corta caminata, un jovial Dragonite les hizo entrar al área de descanso.

El “refugio”, tanto como podía llamársele así, era una excepcionalmente extensa depresión en el suelo del desierto. Era como un cañón en miniatura, pero con uno de los acantilados enarenados hasta ser una rampa para fácil acceso al fondo. Aunque estaba al aire libre, parecía ser casi como un refugio real; la depresión era perpendicular al sol y lo suficientemente profunda para sumir al valle completamente en sombras. Tampoco faltaba espacio, ya que las paredes del cañón tenían al menos diez metros de separación. Le recordó a Char en gran medida el grandioso pasillo allá en la base que llevaba a la cámara de Alta Inteligencia...

Mientras Char inspeccionaba el lugar, notando las coloridas capas de roca sedimentaria impregnadas en las paredes, atisbó algo verdaderamente raro: cercana al extremo más alejado del valle, había una fuente de agua. Un gran estanque, rodeado por una orilla de húmedo barro, estaba ubicado en el borde de la pared de piedra. Se ondeaba débilmente, indicando que estaba fluyendo, drenándose de alguna forma en las grietas de la tierra mientras era reabastecido nuevamente por algún tipo de manantial.

—¡Entren! —dijo—. La luz solar no durará más de dos horas. Temíamos que quisieran presenciar la salida de los Vigilantes.

—No esta noche, de todas las noches —dijo Scythe—. Incluso si estuviera a la altura para un reto, ellos estarían con todas sus fuerzas esta noche, juzgando por el clima. Estaría sorprendido si una sola estrella apareciera en el cielo.

—Espera, si los Vigilantes se muestran, ¿estaremos seguros? —preguntó Char—. Este no es un refugio en el que se ausentarían, ¿o sí? ¡Podemos ver el cielo desde aquí!

—Oh, nosotros tenemos nuestras formas de mantenerlos a raya —dijo el Dragonite con una cálida sonrisa—. Ya verás, pequeño dragón. No tienes nada de qué preocuparte...

Char empezó a caminar a través del oscurecido valle, llevando su cola hacia adelante para iluminar el camino y teniendo cuidado de no darse un golpe en el dedo con los escombros esparcidos que cubrían el suelo. No era el lugar más acogedor que había visto; lascas y bloques de piedras desmoronadas, mezcladas con incluso más acumulaciones de grumosa arena, estaban apiladas de pared a pared en el espacio. Mientras eludía los cascajos, sintió que una polvorienta capa de gravilla se formaba en las almohadillas de sus pies.

—Qué maravilloso tener tu propia velita, ¿no crees? —se rio el Dragonite—. Bueno entonces. Estoy bastante celoso. No tendremos demasiados problemas para poner la Solroca en marcha esta noche, ¿verdad?

¿Solroca?, se preguntó Char. ¿No es ese el Pokémon que Alakazam mencionó? ¿Aquel de la Torre del Tiempo?

—Quizá, pero primero, a mis compañeros y a mí nos gustaría mucho comer en paz —dijo Scythe—. Todavía hay suficiente tiempo antes de que necesiten prestar a mi Charmander.

—Oh, por supuesto, como no —dijo el Dragonite, haciendo una cortés reverencia al viejo guerrero—. Su equipo se ha reunido justo por ahí, y sus suministros están todos en su poder. Si necesitan algo, no duden en molestar a Arshall, o a cualquiera de nosotros. Estaremos en el lado opuesto del abrevadero, en esa dirección. Y siempre serán bienvenidos para cenar con nosotros. Tenemos un montón de carne para ocuparnos, si todavía no están listos para forzar sus propios suministros.

—Gracias, pero estaremos bien por el momento —dijo Scythe, devolviendo la reverencia, pero obviamente ansioso de deshacerse de la compañía—. Char, vamos.

Con eso, el dragón se marchó para reunirse con sus compañeros, cuya charla y risas parecían reverberar constantemente entre los corredores del valle.

—Por fin —murmuró Scythe con una pequeña sonrisa.

No pasó demasiado antes de que Char encontrara a sus amigos. Estaban situados al final de una considerable losa de roca que sobresalía directamente del suelo, formando un tipo de pared entre ellos y el resto del valle. Era entendible, especialmente si Saura y Ray encontraban igual de difícil como lo hacía Scythe estar en la compañía de los dragones por demasiado tiempo. Tan amigable como era el clan de Dragonite, Char no podía esperar para tener algo de tiempo a solas con sus amigos...

Pero a medida que se acercaba a ellos, listo para asentarse y compartir sus experiencias del día, encontró que no eran ellos mismos.

Saura estaba hecho un muy extraño ovillo, con su frente presionada de lleno contra el suelo, y con el ceño fuertemente fruncido. Ray estaba apoyado contra la roca, tampoco demasiado feliz consigo mismo. Su pelaje chispeaba y brillaba en la oscuridad, especialmente alrededor de las reservas de poder en sus mejillas. Char temió que necesitaría descargar en algún momento pronto, con suerte no en él.

—Ugh... Oh, hola, Char —consiguió murmurar Saura, cambiando su postura para saludarlo—. Escuché que tu Dragonite dijo que te gustó volar.

—No realmente —dijo Char—. Fue más como... Lo odié, luego al final me di cuenta de que me debió haber gustado todo ese tiempo... ¿qué hay de ti? ¿Estás bien? ¿Qué te ocurrió?

—Mi panza se siente horrible... —gruñó Saura—. Y me duele la cabeza... me siento realmente enfermo... Daniel fue agradable y todo, pero... no creo que me guste demasiado volar.

—No fue tan divertido —gimió Ray de acuerdo, sin abrir los ojos—. Pensaba que iba a ser asombroso... Pero empecé a marearme. Y luego vino esa tormenta eléctrica...

—Oh oh —dijo Char—. ¿Qué pasó en la tormenta eléctrica?

—No quieres saber —murmuró Ray, su cuerpo temblando visiblemente ante solo pensarlo—. En serio no quieres.

—Ambos se ganaron algo de náuseas —dijo Scythe—. Eso, y quizá también un poco de mal de altura. Significa solo que todavía no han aprendido a ajustarse a volar. No es una amenaza para sus vidas en lo absoluto.

—¡Pero siento como si mi frente estuviera a punto de desprenderse! —gimoteó Saura—. No puedo pensar con claridad ni nada.

—Tu frente se quedará en su lugar, puedes estar seguro de eso —dijo Scythe con una sonrisa—. Lo peor que te puede hacer es causar que expulses tu última comida... Los tres fueron afortunados de no haber comido el desayuno. Yo, no fui demasiado astuto... comí esa baya atania... la perdí en medio del vuelo.

—Ugh, por favor, ni siquiera menciones la palabra comida ahora... —dijo Saura, enterrando su cabeza en sus patas—. ¡Esto no es justo! Mamá siempre me decía que nunca tendría que preocuparme sobre enfermarme... Ugh... haz que se vaya...

—Bueno, basta de revolcarse en lástima propia —ordenó Scythe, elevando su voz y haciendo sonar las puntas de sus cuchillas contra el suelo—. Es hora de levantarse. Vamos. ¡Arriba los dos!

—¿Qué? ¿Qué pasa? —exclamó Saura débilmente—. ¡Pensé que era hora de descansar!

—Sí... señor... —replicó Ray, esforzándose para erguirse, luego cayendo a cuatro patas—. ¿Qué tenemos que hacer?

—Comer —declaró Scythe—. Es la hora de la cena. Hoy no comimos. Todos tenemos que meter algo en nuestros estómagos.

—¡No puedo! —gimió Saura en protesta—. ¿Estás bromeando? ¡No hay forma! No creo que mi estómago sea capaz de manipular comida por otras cuantas horas... quizá no hasta mañana.

—Tampoco tengo tanta hambre —dijo Ray—. ¿Puedo pasar de cenar?

—Lo siento, pero tenemos que —dijo Scythe—. Detenernos a descansar es apenas efectivo si tu cuerpo no consigue la nutrición que necesita para reconstruirse a sí mismo. Encuentren su resolución; es tiempo para nosotros de luchar contra nuestros estómagos por la supremacía. Char, trae la bolsa, si fueras tan amable...

Mientras el resto del equipo se reunía de mala gana en un perezoso pequeño círculo, Char fue sin prisa hasta la esquina en donde los suministros estaban guardados. Aunque su intensa dosis de adrenalina había ayudado a debilitar el efecto, su estómago estaba justo igual de alborotado como el de sus amigos. Sinceramente, hubiera preferido pasarse hasta el charco del oasis y saltar de cola que intentar tragar algo de comida... pero no podía discutir con Scythe, especialmente después de su reciente conversación. Tendría que atragantarse algo.

Asiendo la bolsa de su equipo, su mente empezó a recordar su contenido. Había algo de comida para situaciones similares a esta, pero nada terriblemente fácil para el estómago. Había una mixtura de semillas y nueces, unas cuantas peras de piel dura, una manzana...

Si solo hubiéramos podido permitirnos algunas gomis, se dijo Char. Esas hubieran bajado sin problemas... Pero Kecleon no nos dejó tener de esas gratis...

—No —dijo Scythe, llevando una extraña mueca—. No esa bolsa. La otra.

¿La otra?, se preguntó Char. ¿La que Alakazam nos dio? Pensé que se suponía que esa estaba reservada para las mazmorras...

No obstante, Char dejó caer la bolsa de su equipo y tomó la otra, la que estaba repleta de suministros inimaginablemente costosos y valiosos. Era muy pesada, usando ambos brazos solo para elevarla del suelo con tal de que no fuera arrastrada a través del piso sembrado de grava y dañar así alguno de los tesoros en el interior.

—Oh oh... —jadeó Ray—. ¿Qué vamos a sacar de ahí?

—Char, si fueras tan amable de soltar la correa y abrir el bolsillo del medio —instruyó Scythe—. Encontrarás un saco bastante grande.

—No te refieres a las manzanas doradas, ¡¿o sí?! —preguntó Saura con sorpresa—. ¿Aquí? ¿Ahora?

—Ah, sí, lo has percibido —zumbó Scythe—. Char, una Manzana Oro, si fueras tan amable...

Char hizo lo ordenado, buscando a través de la magistralmente ordenada bolsa de viaje por el saco de manzanas. Cuando las encontró, fue por el olfato... el abultado estuche producía un aroma abrumador, asemejándose a algo parecido a la ensalada de frutas más apetitosa del mundo. Desdobló la tela lo suficiente para desatar el saco, luego metió la mano y sacó una de las manzanas–y por un momento, no pudo llegar a comprender la cosa que sostenía en la mano. Era una manzana, ¡pero tenía casi el tamaño de su cabeza! La piel se sentía lisa e inmaculada, como vidrio, y resplandecía como un diamante en la anaranjada luz de su cola. Su boca decidió ignorar completamente la acidez de su estómago y comenzó a hacerse agua.

—¿Alguno de ustedes ha probado una de estas? —preguntó Scythe.

El Equipo Ascuas negó colectivamente la cabeza, sus ojos pegados a la centelleante fruta.

—Bueno, esta es una Manzana Oro —explicó Scythe—. Un canto de sirena para cualquier apetito, grande, pequeño, o ya saciado. Solo se encuentran en las mazmorras, llevando a muchos a creer que están bendecidas con la misma anomalía que las Semillas Revivir. Mientras que estas son solo la mitad de raras, son igual de respetadas entre los exploradores. Verán, Alakazam no estaba exagerando cuando dijo que era toda la comida que necesitaremos. Una Manzana Oro es usualmente suficiente para nutrir a un Pokémon... por un mes.

—¿En serio? —jadeó Saura—. ¿Esta cosita?

—Sí, pero solo si es repartida responsablemente —explicó Scythe—. Cuando muerdes una, se vuelve demasiado fácil comer más de tu parte. Comes la cosa entera, y tu estómago se hinchará... no tendrás hambre por semanas, pero podrás cansarte. Desafortunadamente, he visto a muchos Pokémon incapaces de detenerse después de solo una mordida... Incluso el poderoso Snorlax es impotente de resistir su atractivo. Si traga solo una de estas, renunciaría sin problemas a los otros trescientos noventa y nueve kilogramos de su dieta usual... O así nos gusta decir... ¿Bien? ¿Ya todos tienen hambre?

El equipo asintió colectivamente.

—¡Bien! —dijo Scythe, ojeando la manzana—. Ahora, Char. Ponla en el centro...

-¡Zas!-

Ni un momento luego de que las manos de Char estuvieron vacías, Scythe hizo un rápido movimiento con ambas cuchillas, lo que causó que la manzana se dividiera en cuatro pedazos de tamaños similares.

A Char ni siquiera tuvieron que pedírselo. Recogió su esquina de la manzana con codicia y la mordió, cerrando sus ojos para degustar el gusto.

El sabor que llenó la boca de Char era efectivamente algo como una ensalada de frutas, el prominente gusto de manzana tanto ácida como dulce al mismo tiempo, envuelta en caramelo, untada con miel, y espolvoreada con azúcar de canela. Incluso los chorreantes jugos de la fruta fluían a su garganta y hacían que su fuego interior cosquillease agradablemente. Antes de que lo supiera, estuvo bastante perdido en los dulces sueños inducidos por la exquisita fruta. A diferencia de la gomi roja, el sabor no era extremo; no estalló en su boca. Más bien, era como un tibio borrón que se facilitaba dentro de él y se sentía como en casa. También a diferencia de la gomi, era satisfactoria, en lugar de adictiva; incluso mientras el sabor le traía lágrimas a los ojos, sabía que, cuando estuviera acabado, no quedaría con las ganas en un largo tiempo.

Es tan dulce, pensó Char para sí, entregándose al gran pedazo de manzana. Y ácida. Y amarga. Es como todos los sabores mezclados en uno... oh, ¿por qué no pueden hacer los almuerzos de la división con estas? Es... tan... buena...

Char estaba tan perdido en su comida que perdió algo de control consciente sobre sus manos–y la rebanada de manzana cayó de su asimiento, sacándolo de su dicha y echándolo de vuelta al mundo real.

Parpadeando, escaneó el suelo bajo sus pies, sabiendo que no podría haberse ido lejos. Pero lo eludió; no vio más que grava y un gigante charco de jugo que había estallado de la fruta.

—Hmm, ¿a dónde se habrá ido? —se preguntó Char en voz alta—. ¿Alguien vio mi manzana? Creo que la dejé caer–

Su oración se detuvo abruptamente cuando levantó la mirada hacia los miembros de su equipo. Los tres, Scythe incluido, le miraban con expresiones de incredulidad adheridas al rostro. Ninguno de ellos había dado más de un mordisco a su rebanada de manzana–todos estaban fijos en Char con ojos como platos. Char se preguntó si había evolucionado accidentalmente mientras comía la manzana.

—¿Qué? —demandó Char—. ¡¿Qué ocurre?!

—Char —dijo Scythe, con voz sería y sorprendida—, te la comiste.

—No puede ser —insistió Char, todavía ojeando por el suelo—. No me comí la cosa entera. Todavía sobraba un pedazo enorme.

—No, te comiste la cosa entera —le contó Scythe—. Y con alarmante velocidad. Estaba observando todo el tiempo.

—¿Estás bromeando? No se la comió, ¡la aspiró entera! —exclamó Ray—. ¡Char, eso fue asombroso! ¡Nunca he visto que algo desapareciera así de rápido! ¡Deberíamos meterte en un concurso de comida! ¡Podrías vencer a un Munchlax!

Char sintió que se sonrojaba por su propia necedad, pero pronto se descompuso y rio junto a sus amigos. Dio palmaditas a su estómago, que ahora estaba muy lleno y completamente satisfecho. Su dolor estomacal lo había dejado ante la simple vista de la fruta, y todavía no había vuelto. Char se preguntó si la manzana tenía propiedades curativas entre todas sus cualidades especiales...

Luego de que la manzana entera fuera devorada, y los espíritus fueran levantados, los cuatros participaron de un breve relevo, descansando sobre el suelo y profesando su aversión a volar, cotilleando sobre el clan de Dragonite, y compartiendo cualquier pensamiento que se les venía a las mentes. Char describió su experiencia de caída libre, contando cómo había ayudado a sojuzgar su temor a las alturas e incrementar su anhelo por la forma de un Charizard. Saura ensalzó la espléndida vista de la tierra, pero maldijo a los antiguos por dejar que se enfermara. Scythe le dijo que llorara un río, porque cualquier Pokémon que no es regularmente castigado por tragar la variedad incorrecta de baya o dar un paso en falso sobre un Ojo del Dragón no tenía derecho a quejarse.

Luego de provocarlo un poco, Ray contó su alocada historia. Él había sido arrojado de la espalda de su Dragonite no menos de tres veces, y acertado por seis rayos en plena fuerza, cada vez sin forma de poner a tierra las cargas aparte de ofrecerlas de vuelta a los nubarrones y esperando que las aceptaran. El Dragonite, por temor de atraer un rayo hacia sí, había insistido que Ray neutralizase sus cargas bajo pena de que continuaría levantándolo y echándolo hasta que lo hiciera. Aunque a Ray siempre le gustó la noción de llenar su cuerpo con electricidad, este incidente en particular lo había dejado sintiéndose bastante consumido, y con un terrible dolor de cabeza.

—Déjame ver si lo entendí —dijo Char—. Diste un paseo en la espalda de un dragón a cientos de kilómetros por hora, tuviste la oportunidad de ver la tierra desde arriba en las nubes, tuviste la oportunidad de hacer caída libre y sobrecargarte con rayos varias veces, ¿y no fue la cosa más asombrosa que has hecho en tu vida?

—La verdad, no, cierto, cuando lo pones de esa manera, lo admito. Fue la cosa más asombrosa que he hecho —dijo Ray con una sonrisa—. Tienes razón. Es que solo dolió demasiado, no me di cuenta...

—El mismo problema que yo tuve —dijo Char—. Supongo que a veces, no sabes que algo es asombroso hasta después de que ocurre.

Char valoró aquel momento tan agradable con sus amigos, sabiendo que podría ser muy bien el último de su tipo en bastante tiempo.

... ... ...


Con una panza agradablemente satisfecha, Char dejó que su cuerpo se tumbara en el arenoso suelo y sintió que el último de los problemas de su día se desenvolvía. La manzana sí tenía un efecto medicinal, determinó él: era un analgésico y un calmante para el estrés, dejando que se relajase y se perdiese en una buena noche de sueño...

... Hasta que fue interrumpido por un miembro del clan de Dragonite.

La voz del dragón lo sacó con bastante brusquedad de su aturdimiento, causando que se preguntara si había estado noqueado por un minuto o por una hora. Estiró sus contentos músculos y se sentó, esperando cual fuera el mensaje que traía.

—Buenas noches a ustedes —saludó el dragón—. ¿Está todo yendo bien? Ah, Saura, te ves mucho mejor. ¿Recuperado?

—Oh, hola, Daniel —bostezó Saura, levantándose de su propio sueño—. Ya comí, y ahora me siento bien... en mayor parte...

—Es bueno escucharlo —dijo el dragón con un asentimiento, luego se tornó para encarar a Scythe en una postura mucho más formal—. ¿Qué hay de ti, Scyther? ¿Hay alguna cosa que se te ha dejado por desear?

—He estado bien, de igual manera —replicó Scythe—. He de suponer que ya estarán preparando la Solroca.

—En efecto —replicó el Dragonite—. Se avecina la noche. Los Vigilantes ascenderán en minutos.

—Entonces mejor irnos —dijo Scythe—. ¡Arriba todos ustedes! Tenemos una reunión a la que asistir.

Char levantó un ojo cauteloso a la apertura del cañón. Pasada el aura de luz que su cola producía, había nada más que un abismo de negrura sobre su cabeza. La atmósfera, todavía envuelta por la espesa capa de nubes de tormenta, no brillaba en lo absoluto...

Esta será la primera noche que pasaré al aire libre, se dio cuenta Char. ¿Tendré la oportunidad de ver a los Vigilantes por primera vez? ¿Y qué es todo esto de la Solroca?

—Espera, ¿qué vamos a hacer ahora? —imploró Saura—. Justo me estaba poniendo cómodo...

—El descanso vendrá en un momento —aseguró el dragón—, pero no aquí. Vengan con nosotros. Y no se olviden de sus suministros...

Siguiendo los pasos del Dragonite, el grupo de Char recogió las dos bolsas y cruzó la fisura, pasado el abrevadero, hasta el extremo más alejado. Allí, justo antes de que las paredes de piedra convergieran en un inhóspito montón de escombros que marcaba el final del valle, el clan había establecido su espacio sobre una lisa y limpia extensión de tierra que obviamente había sido despejada a mano. Incluso en la oscuridad, los dragones reían y conversaban jovialmente unos con otros, lanzando su comida y suministros para compartirlos. Dos de ellos yacían cerca, ya dormidos por la noche, mientras que el resto parecía juntarse en un grupo...

A medida que Char se acercaba, todos los Dragonite echaron un contento vistazo a su llama, causando que sus ojos centellaran con el reflejo. Mirando un poco más de cerca, Char se dio cuenta de que no todos los objetos que sostenían y se pasaban eran particularmente significantes. Algunos eran solo rocas, parecía, recogidas del terreno circundante...

—¡Oye, ellos están durmiendo! —le dijo Saura en voz baja a Char—. ¿Por qué nosotros no?

—Ni idea —replicó Char encogiéndose de hombros—. Tal vez es solo una reunión.

—Una reunión de necesidad —dijo Scythe—. Los Vigilantes no se mantendrán alejados del barranco por cuenta propia. Si no hay refugio, los viajeros pueden usar un fuego para proveer protección...

¿Un fuego? Aquel pensamiento consiguió picar el interés de Char.

—Muy bien, están aquí —llamó Arshall, parándose primera de entre su clan—. Lamento que ya no podamos ofrecerles privacidad, pero se está haciendo tarde. Estaremos encendiendo la Solroca ahora, y no será justo a tiempo. ¿Listos?

—Estamos listos —respondió Scythe por el grupo.

A la señal de Arshall, los dragones arrojaron ceremoniosamente las rocas sostenidas, causando que una pila de mediano tamaño se formara en el centro del círculo de Pokémon. A medida que los dragones se giraban para cerrarse más, Char examinó detenidamente las rocas. Eran mitad negras, mitad anaranjadas, como algún tipo de postre creativo que el comedor de la División serviría. Char realmente tuvo que preguntarse qué estaba ocurriendo.

—¿Esa es la Solroca? —preguntó Char—. No es... un Pokémon roto... ¿o sí?

Ante la ridícula pregunta, los dragones pausaron simultáneamente para dar a Char una mirada divertida. Sintiendo que su llama aumentaba un poco por la vergüenza, se giró hacia sus amigos por apoyo. Ellos no tenían nada que decirle, pero encontró que Scythe llevaba una alegre sonrisa, no muy diferente a la que había presenciado cuando su equipo fue nombrado Cacahuates.

—¿Qué quieres decir con eso? —peguntó Arshall muy extrañamente—. Oh. ¡Oh! Nunca has visto estas antes, ¿verdad?

Los dragones estallaron en apacibles carcajadas, causando incluso más bochorno en Char. Scythe soltó su propia risita.

—¡Perdona mi presunción, pequeño dragón! —dijo Arshall—. Soy un poco lenta a veces. ‘Solroca’ es solo un juego de palabras, y verdad sea dicha, es uno que hemos usado por tanto tiempo que a veces olvidamos el chiste que yace debajo. No, este no es el Pokémon ‘Solrock’. Es un mineral abundante debajo de este desierto que se comporta como el carbón, pero no mucho como el carbón ordinario... ¿te gustaría ver lo que pasa cuando combustiona?

—¡Seguro! —respondió Char con interés.

—De entre mi equipo, soy la única que ha aprendido a conjurar fuego —dijo Arshall—. Pero resquema a veces, y no creo que esté en los espíritus más correctos para intentarlo por el momento. ¿Harías tú el honor?

Luego de una ronda de ánimos de los dragones, Char retrocedió, tomó un profundo aliento, y soltó su mejor torrente de flamas hacia la pila de rocas. Tan pronto como su ataque colisionó con la pila, la habitación destelló con un inesperado espectro de colores, todos en el lapso de un instante. Un puñado de chispas saltó de la pira, pareciendo brillar amarillas y verdes mientras se desvanecían en invisibles cenizas...

Cuando sus pulmones se vaciaron, Char cortó su lanzallamas y observó su obra. Todas las piedras que se llevaron la peor parte de su fuego estaban resplandeciendo al rojo vivo, como ningún carbón que había visto alguna vez. Justo cuando estaba comenzando a preguntarse si necesitaría aplicar más fuego, varias flamas saltaron de entre las rocas, las cuales brillaron con una luz blanca tan intensa que eran prácticamente incoloras, lágrimas en miniatura en el vacío del espacio. Los dragones soltaron un amistoso viva.

—¡Bien hecho! —felicitó Arshall—. Yo no podría haberlo hecho mejor.

—Vaya, ¿qué tipo de fuego es ese? —se preguntó Saura en voz alta—. ¿Siquiera es fuego real? Parece tan poderoso. ¡Hasta proyecta arcoíris en mis ojos!

Mientras el fuego se extendía a todas las piedras, la visión se volvió como una brillante bola blanca adornada con danzantes llamas. La luz que emitía era tan pura, tan íntegra, que se sentía ligeramente como si el sol hubiera aparecido nuevamente en las profundidades de ese valle. Sus ojos se ajustaron al brillo antes de mucho, permitiéndole entender lo que veía, pero nunca paraba de dejar sus brillantes marcas residuales en la parte posterior de su vista...

—¿Ven? Cuando la Solroca arde, da luz como el sol —explicó Arshall—. Es muy peligroso para cualquier viajero pasar la noche bajo las estrellas. Pero cuando es necesario hacerlo, podemos usar el fuego de la Solroca. Los Vigilantes lo aborrecen, así que esta pequeña pira nos mantendrá a salvo hasta el amanecer, siempre y cuando no nos alejemos demasiado de ella.

—En el suelo, verán que hemos despejado un área de escombros —agregó Daniel—. Ese es el límite de la influencia del fuego. O, si por casualidad tienes alas, no más de tres y un cuarto veces tu altura corporal directamente sobre el centro.

—Cinco y medio para el Scyther, al parecer —dijo Arshall—. Pero sí. Quédense en la luz del fuego, y duerman bien.

—Entonces... ¿en verdad vamos a dormir con los Vigilantes afuera? —se dio cuenta Saura—. Quieres decir, ¿ellos van a estar justo ahí, justo al lado de nosotros? Nunca los había visto así de cerca antes...

—Yo sí —confesó Ray—. Una vez estuve en una misión de entrenamiento de tres días. Pasamos la noche en una casa en Paso Kardon. Sabía que el Equipo Remordimiento lucha contra ellos todo el tiempo, así que quería probar que era lo suficientemente fuerte para pelear contra ellos. Me... escondí afuera y esperé... y los vi. Eran... ¡horribles!

—¿Y sobreviviste? —preguntó Scythe, bastante sorprendido por la revelación—. Espero que hayas aprendido de la experiencia...

—¡Oh, no! ¡Por supuesto que aprendí! —alegó Ray—. Solo estaba contando una historia... Por favor, no te decepciones de mí...

—No puedo evitar eso —replicó Scythe—. Te elogiaría por tu valentía si tuvieras una causa justa. Te elogiaría por tu valor si te hubieras pasado diez horas al día entrenándote contra fantasmas para prepararte para tal desafío... Pero un acto imprudente como ese no puede ser elogiado por nada. Pusiste tu vida y las vidas de tus amigos en riesgo, por nada en absoluto.

—Lo siento —dijo Ray—. Solo era un Pikachu cuando eso...

—Lo entiendo, pero nunca supe que tendrías ese tipo de imprudente impulso en ti —dijo Scythe—. Es cierto que mi equipo lucha contra los Vigilantes en forma regular, pero nuestro temor por ellos nunca, jamás desaparece. Lamento si mi respeto por ti acaba de caer justo ahora, pero eso no es algo sobre lo que tengo control. Simplemente tendrás que ganártelo de nuevo.

—Sí, señor —dijo Ray, muy descorazonado—. ¡Nunca dejo de sentirme avergonzado por eso! ¡Cada día intento hacerlo mejor! Siempre estás diciendo que tus errores te hacen mejor–

—¡Silencio! —siseó Zahira—. Aquí están. ¡Observen!

El grupo sostuvo el aliento. En la tranquilidad, Char pudo escuchar el sonido del blanco fuego, que parecía crepitar, en lugar de rugir... pudo escuchar el grave silbido del viento mientras soplaba a través del cañón... pudo escuchar el tenue retumbar del trueno lejos sobre sus cabezas...

... y pudo escuchar su propio corazón acelerándose, sabiendo que los Vigilantes estaban a punto de revelarse ante sus ojos...

Char sintió que el cuerpo de Saura se frotaba contra el suyo, y envolvió uno de sus brazos alrededor de su bulbo para una sensación adicional de seguridad. Ambos no tenían idea de lo que estaban a punto de presenciar, y Char supo que ninguno de los dos quería sentirse solo ni por el más mínimo momento. Ray se quedó cerca, con sus puños apretados, como si albergara un desdén por los fantasmas, y Scythe estaba a su lado, con una mirada de preocupación en los ojos.

Todos lanzaros sus miradas hacia la circundante oscuridad.

Venían en silencio, sin hacer sonido con sus voces, sin causar disturbios a la tierra a su alrededor. Venían en números, docenas y docenas se congregaban como un enjambre, flotando inquietantemente como partículas de polvo en el viento.

A medida que Char observaba la oscuridad más allá del alcance del fuego, un mosaico de oscuras figuras se materializó en su visión. Cada una, se dio cuenta, era un Pokémon fantasma. Su cuerpo convulsionó cuando reconoció su presencia, muy parecida a la sensación de levantar una roca cubierta con motas negras y darse cuenta de que está cubierta de arañas. Estaban flotando... fluyendo... moviéndose a través del aire, pareciendo frotarse contra el invisible domo cuando se acercaban demasiado a la luz del fuego...

Los fantasmas formaban siluetas amorfas, sus formas en mayor parte sin sentido en la oscuridad del desierto circundante. Eran descoloridos, no de un profundo púrpura como la mayoría de los fantasmas que conocía, sino en mayor parte matices de gris oscuro o negro... muchos eran translúcidos, revelando más capas de fantasmas detrás de ellos... Mientras más de ellos rozaban cerca de la luz, Char reconocía a la mayoría de ellos como el Pokémon Misdreavus, pero con horribles mutaciones innaturales, y vacíos rostros sin emoción...

Y sus ojos... cada Misdreavus observaba con un par de brillantes ojos gatunos, los cuales se iluminaban por la proximidad al fuego, y reflejaban toda clase de colores, alumbrando el cañón como una noche estrellada...

Char se estremeció del espanto, abrazando a Saura lo más fuerte posible.

—Hay muchos —comentó un Dragonite—. No estaba esperando una concentración tan numerosa...

—Son del tipo silencioso —dijo Scythe, una raja de temor en su voz también—. Son sordos. Solo pueden observar. Solo veo un par de Shuppet, pero parecen estar ignorándonos... El resto es del tipo complaciente. Solo se enjambrarán luego de movimientos repentinos...

—E-este fuego durará toda la noche, ¿verdad? —preguntó Saura, su voz quebrándose—. ¿Y no se acercarán más que eso? ¿Q-qué pasa si el fuego se apaga? ¿Incluso por solo un segundo?

—Oh, tonto Bulbasaur. ¡Anímate! —se rio de repente Arshall—. ¿Qué hemos hecho para ponernos en un humor tan malo? ¡Relájate! ¡Alégrate! La Solroca arderá hasta que se vuelva polvo, y para eso, ya nos habremos ido de aquí mañana a la mañana. No se puede apagar fácilmente. Incluso podrías verter una cascada sobre ella, y el agua se volvería vapor.

—Aún así, no sé cómo voy a dormir así —dijo Saura nerviosamente—. Solo míralos. ¡Mira! ¡Nos están siguiendo con sus ojos!

—Son peores de lo que recuerdo —murmuró Ray—. ¿Qué clase de Pokémon son? ¿Por qué siquiera salen de noche? ¡No pertenecen aquí!

—Si supiéramos eso, nos hubiéramos deshecho de ellos para ahora, probablemente —dijo Scythe—. Han arruinado tantas vidas. Han destruido otras tantas oportunidades... Solo verlos hace que mi corazón hierva de rabia...

Char encontró que no podía desviar la mirada de la horrible visión del espantoso enjambre. Se quedó mirándolos, como esperando el momento en que se daría cuenta de que en realidad no eran reales, que nada tan aterrador o innatural alguna vez tuvo el derecho de existir... pero permanecieron allí, sus ojos de maldad quemando a través de las sombras como brillantes cristales... Char vio cómo se arremolinaban en el aire ante el más mínimo movimiento, intentando alojarse en las sombras emitidas por cualquiera que caminaba por casualidad en frente al fuego solar...

—No dejes que te molesten —dijo Arshall de nuevo—. No pueden lastimarte. Si quieres dormir, ahora es el momento de hacerlo. Ya se habrán ido en la mañana.

—Míralos —susurró Saura de nuevo—. ¡Están mirándome directamente! Parecen... pesadillas...

Acurrucándose, ambos hicieron su mejor esfuerzo para ignorar a los acechantes monstruos y encontrar la misma paz mental que tuvieron solo momentos antes cuando el aire estaba todavía despejado. De alguna forma, la inconsciencia no podía venir lo suficientemente pronto.

... ... ...


—No puedo hacerlo —murmuró Saura, solo cinco minutos después—. Cuando cierro los ojos, todavía los veo. Sigo pensando que van a invadir mi mente... Creo que podría necesitar usar una de nuestras semillas de sueño...

—No te molestes —gimió Ray, que estaba yaciendo cerca, sin atreverse a hacer contacto con alguien por temor de soltar accidentalmente su carga—. Ya he comido una. No está funcionando.

—¿Quieres intentar moviéndonos más cerca del fuego? —sugirió Char—. Quizá se sienta más seguro...

—Típico Charmander —medio rio Saura—. Bien... cuanto más lejos de ellos, mejor...

Mientras se arrastraban hacia el blanco fuego, cuidadosos de no echar un errante vistazo a la oscuridad más allá, le golpeó a Char justo cuán diferente el fuego le parecía ahora que era como un verdadero faro de seguridad, guardándolos de los terrores de las tinieblas. La llama estaba parada afilada y lisa, despidiendo un mordaz ruido mientras se alimentaba de las rocas debajo. Una gran calidez fluía del fuego, atacando su piel como romas dagas, atrayéndolo más. Era un tipo de fuego más intenso que cualquiera que alguna vez conoció, y le robaba la curiosidad. De una forma, era realmente hermoso.

Aunque la mayoría de los dragones se había acostado por la noche, durmiendo en una ordenada fila a unos cuantos metros del fuego, Arshall y dos de sus compañeros permanecían despiertos, discutiendo cualquier asunto importante de lo que tuvieran que hablar. Interrumpió la conversación tan pronto como notó al Equipo Ascuas acercarse.

—¿Puedo ayudarlos? —preguntó Arshall, parándose atentamente al otro lado del fuego—. ¿Están teniendo frío? La temperatura del desierto realmente cae en la noche, ¿verdad?

—En realidad no —replicó Saura—. Solo estamos teniendo problemas para dormir. Es la primera vez que veo a los Vigilantes de esta manera.

—Ya veo —dijo Arshall con simpatía, aproximándose y sentándose al lado de Char—. Bueno, ¿han intentado contar al revés desde mil?

—¿Qué? —replicó Saura.

—Esa siempre ha sido mi manera favorita de engañar a mi mente para dormir —dijo Arshall—. El truco es solo despegar a tu mente de todo. Si algo te molesta, no serás capaz de dormir sin importar cuánto lo intentes, hasta que lo puedas sacar de tu mente.

—En serio —dijo Scythe, también acercándose a la hoguera—. Mi favorita siempre ha sido extenuarme tanto hasta que mi mente ya no funciona.

—Oh, Scyther, pensaba que habías empezado tu descanso también —dijo Arshall, levantándose rápidamente de nuevo y dándole a Scythe su atención—. ¿Hay algo que te molesta?

—Sí, pero no es tu culpa —dijo Scythe—. Últimamente, no he estado durmiendo tanto como me gustaría... ¿Qué hay de ti, dragona? ¿Vas a dormir?

Arshall negó con la cabeza—. Como capitana, es mi deber vigilar hasta que mi equipo y todos bajo mi cuidado se hayan retirado —dijo ella—. Sin embargo, no te preocupes por mí. Los Dragonite no necesitan tanto sueño como otros Pokémon...

Por un momento, el grupo se quedó alrededor del fuego, sin decir nada. Char y Saura parecían nerviosos, Scythe parecía enojado por algo, y Arshall llevaba una incómoda expresión, como si considerara que fuera todo su culpa. Habían formado un círculo alrededor del fuego que habían empezado hacía solo unos minutos, y era aparente que ninguno dormiría por un tiempo.

—Quizá ayudaría si todos despegáramos nuestras mentes de las cosas por un momento —dijo Arshall—. Yo digo que todos nos sentemos justo aquí y compartamos historias delante del fuego, justo como los Pokémon de la antigüedad harían para levantar los espíritus cuando dormían bajo las estrellas. ¿Qué les parece?

—Bien —dijo Scythe, sentándose en el suelo—. Me quedaré para escuchar algunos de tus cuentos. Pero no soy cuentista por mi parte...

—¡Oh, humildad indebida, Scyther! —dijo Arshall con una sonrisa—. Me rehúso a creer que tú, de todos los Pokémon, no tienes una historia para contar. Sé que mis hermanos y yo estaríamos honrados de escuchar un cuento de ti, sin importar qué palabras escojas para hacerlo.

En poco tiempo, los siete de los Pokémon presentes se hubieron puesto cómodos alrededor de la luz del fuego, y Char se preparó para sumergirse en cuales fueran las historias que serían contadas.

—Bueno, si es esto lo que vamos a hacer, primero lo primero —declaró Scythe—. Ray. Cuéntanos cómo sobreviviste a los Vigilantes aquella noche. Tengo mucha curiosidad de escucharlo.

Char pudo decir qué tan entristecido estaba Ray por el asunto. Ray había estado tan seguro de que Scythe, con su sabiduría, entendería que si contaba una historia de tanto tiempo atrás... nunca se hubiera imaginado que lastimaría su propia reputación ante los ojos de su héroe. Observó cómo Ray respondió por obediencia, en lugar de entusiasmo, su resplandeciente pelaje todavía delatando su pobre disposición...

—Bueno, salí y me escondí detrás de una roca para que el resto del equipo no me encontrara —explicó Ray—. Cuando oscureció... un Gastly apareció de la nada, ¡y tenía tres veces mi tamaño! Y tenía enormes colmillos, y sus ojos eran como el oro... Ahí fue cuando intenté correr... Fue tan horrible... Creo que me agarró, porque sentí como que empezaba a flotar en el aire, y todo se estaba poniendo negro...

—Nunca nos contaste esta historia —jadeó Saura—. Eso es tan horrible...

—Me parece como que estabas a segundos de la muerte —dijo Scythe—. No hay forma de saber qué habrá hecho contigo. ¿Cómo viviste?

—Zeven me encontró —continuó Ray—. Un Sneasel de mi viejo equipo. Le hizo algo al Gastly, y la siguiente cosa que supe fue que me estaba sosteniendo... Y estaba tan asustado que lo electrocuté... Pretendí que la cosa entera había sido un accidente y que Zeven me encontró, así que esa es la historia que todos escucharon...

—Ya veo —dijo Scythe—. Conocí a Zeven. Es un buen chico. Va a ser un excelente merodeador nocturno algún día. Y sí, tienes razón. No es una buena memoria. Puedo entender por qué la ocultarías. Tu remordimiento todavía te persigue.

—La peor parte es que esa no fue la única cosa estúpida que hice —admitió Ray—. Hice un montón de cosas estúpidas para tratar de probarme a mí mismo qué tan fuerte era. Trato de no hablar demasiado sobre ellas. Pero desde que me volví un Raichu, realmente he intentado ser alguien de quien podría estar orgulloso. Cambié mucho. Fui más responsable, y me esforcé más, y funcionó, porque fui diferente.

—Eso es cierto —dijo Daniel el Dragonite—. La evolución cambia más que solo lo que está en el exterior. Se dice que, cuando un Pokémon evoluciona, su espíritu se vuelve lo que siempre deseó que fuera. Como yo. Tengo vagas memorias de mi vida como un Dratini. La única cosa que puedo recordar era que le tenía miedo a los Sharpedo. Como un Dragonair, cambié. El temor se fue. Je, me reía de ellos. Les decía lo tontos que se veían.

—Como una Dragonair, yo era solitaria —dijo Arshall—. Era tímida, no tenía el coraje para hablar con otros Pokémon. Cuando cambié, el don del carisma me golpeó, ¡y mira en donde terminé hoy en día! Salí para volverme la líder de un muy confiable equipo de dragones. Me parece que Arceus te concede un deseo cuando evolucionas.

—No estoy de acuerdo —dijo Scythe, negando con la cabeza—. Esa no es la forma en que son las cosas. La evolución solo te da más fuerza. De esa fuerza, cambias tu perspectiva de la vida. El deseo concedido es solo una ilusión. Para algunos, la fuerza destruirá la vida, no la satisfará...

—¡Oh, oh! Tú lo sabrías, ¿no? —preguntó Arshall con emoción—. ¡Es cierto! Tú y Adiel... ¡ahora esa es una historia para nunca olvidar! Scyther, ¿contarás la historia? Es una parte increíble de la leyenda de la resistencia. ¡Todo Pokémon debería escucharla!

Un eléctrico silencio se descargó en el aire, ya que Scythe era reacio a seguir comentando sobre el tema. Scythe desvió su mirada de la capitana Dragonite hacia el fuego; era fácil decir que estaba disgustado con los tópicos sacados hasta el momento. Char tuvo que preguntarse si la narración, respecto a los Vigilantes y ahora a Adiel, ayudaría a alguien a relajarse, o solo haría las cosas peor. Además, había escuchado la historia de Adiel una docena de veces, o al menos lo mucho que Scythe estaba dispuesto a contar; presionar el asunto, sabía él, no sería una idea tan buena...

—Ya te dije, no soy un cuentista —dijo finalmente Scythe—. Además, esa historia no tiene significado. Si hemos de hablar sobre leyendas de la resistencia que todo Pokémon debería conocer, cuéntales a Char y a sus amigos la historia de cómo la División Esmeralda sobrevivió a la gran invasión. Cuéntale la historia de Prince y su equipo. Quizá ganen algo de respeto por los dominios de Lucario.

—Esa es una idea —dijo Arshall con aprobación—. La historia del Equipo Ruedafuego, y cómo salvaron a la División Esmeralda. ¿Daniel? Tú harías esto mejor que yo, estuviste allí cuando ocurrió...

—Bueno, nadie puede contar la historia mejor que Legend, el Ninetales —dijo Daniel, levantándose y ocupando el lugar de prominencia de Arshall ante el fuego—. Pero por el bien del legado, haré todo lo posible. Ahora... ¿por dónde comenzar?

»La mayoría de las historias comienzan con ‘hace mucho tiempo y en un lugar muy lejano’... esta no. Esto es algo que ocurrió al norte, y solo hace unas décadas, lo suficientemente recientes para todavía estar frescas en muchas memorias. El Scyther que está sentado a su lado ya había establecido su equipo, que se volvió conocido y respetado entre la fuerzas de resistencia por las increíbles hazañas que realizaban. El caos que se produjo por la traición del Equipo Rojo de la División Negra finalmente se estaba calmando. Los exploradores estaban ocupados buscando la siguiente aparición de la Llamada, los Vigilantes ya hacía tiempo que habían empezado su reino nocturno, y el Maestro no había hecho un movimiento por algún tiempo, dándole a la resistencia un muy necesitado descanso. Con todo, era un tiempo pacífico para Ambera y todos sus hijos, un tiempo que todos deseábamos que durara para siempre.

»Durante este tiempo, un equipo de siete se formó en la base principal de la División Dorada, haciéndose llamar el Equipo Ruedafuego. El fundador del equipo era un Pokémon bajo el nombre de Prince, un Infernape que procedía de la lejana ciudad de Madarón. Trabajaba como diestro instructor de artes marciales allí. Cuando supo de la resistencia, reunió a su fiel asistente y a dos de sus más prometedores estudiantes, y ganó admisión a la base de la División Dorada. Una vez dentro, evaluó a los equipos de entrenamiento y agregó a tres miembros más, y así, los siete originales juraron lealtad a la División y empezaron su trabajo.

»Ahora, no pasó mucho para que el nuevo equipo brillara. Prince era un verdadero líder, destacándose en el arte de la batalla, estrategia, nómbralo tú, él podía hacerlo. Su equipo funcionaba como una máquina. Pasaban cada prueba, retornaban victoriosos de cada misión asignada, y sobrepasaban toda expectativa. Ahora, Alakazam vio qué tan bien trabajaba el equipo, y permitió que escalaran en los rangos hasta que eran igual de privilegiados como el equipo de su Scyther. Y por un par de temporadas, la División Dorada prosperó.

»Pero un día, Prince empacó y mudó su equipo al norte a la División Esmeralda. Se marchó tan de repente, sin siquiera la bendición de Alakazam. Nadie sabe por qué.

—Eh —comentó Saura—. Eso es raro. Eso explica cómo conseguimos nuestra habitación, supongo. Me pregunto por qué se marcharon.

—Honestamente, no estoy seguro —dijo Scythe—. Éramos socios decentes. De hecho, nuestra última misión juntos fue un éxito inesperado, y fue todo gracias a él. Le pedí que se quedara, pero ya había tomado su decisión. No había nada que pudiera hacer.

—Bueno, lo que sea que sucedió, Prince hizo de la División Esmeralda su nuevo hogar —continuó Daniel—. Cuando llegaron allí, Lucario no estaba tan convencido de sus habilidades. Los trató como reclutas nuevos, haciendo que le demostraran sus capacidades poco a poco. Y con razón; los estándares de la División Esmeralda son muy altos. Si Lucario quería confiar en Prince y su equipo para las tareas difíciles, tenía que saber que no serían un eslabón débil que costaría la vida a cientos de Pokémon. Entonces, Prince quedó atascado haciendo misiones de exploración de mazmorras y de escolta, y otras cosas así de mundanas. El nombre de su equipo no era conocido entre los miembros de la División como lo era en la División Dorada; se encontró teniendo que alcanzar una reputación todo de nuevo.

»Ahora, un día, mientras Prince y su equipo estaban en una misión de centinela rutinaria, una horrible verdad fue descubierta. El Maestro había descubierto la División Esmeralda, ¡y estaba planeando silenciosamente destruirla!

—Escuché la historia de una forma un poco diferente —comentó Scythe, ignorando los grititos ahogados que se elevaron del Equipo Ascuas—. Escuché que Prince estaba en una misión de piratería cuando ocurrió. Y escuché que observaron el movimiento de algunas tropas, pero Lucario no supo de la verdad hasta después. Independientemente, continúa.

—¡Si tú querías contar la historia, deberías haberlo dicho en primer lugar! —rio Daniel—. Pero de todas formas. La horrible verdad.

»Una ola de tensión barrió la División cuando conocieron la verdad. El Maestro tenía sus ojos puestos sobre ellos, y todo parecía arruinado. Lucario celebró una reunión de emergencia de la División entera para discutir la nefasta situación. El silencio en esa cámara era ensordecedor. Los espíritus fueron desafiados hasta la médula. Lucario se dirigió a los Pokémon de la División Esmeralda, en una manera muy mórbida, discutiendo sus opciones...

»Fue en eso cuando Prince tomó las cosas a mano propia. Se levantó y encaró a Lucario. La discusión entre Prince y Lucario llenó la cámara, sacudiendo cada corazón dentro, mientras Prince demandaba que reconociera la habilidad del Equipo Ruedafuego, y que los escuchara. Finalmente, consiguió que Lucario escuchara, y le convenció a él y a la División Esmeralda entera de que él podía liderar una última batalla contra las fuerzas del Maestro.

»Y así, una gran batalla se escenificó al noroeste de la División, cerca del borde de Zerferia, en donde el Maestro había esperado escabullirse dentro de la División desde atrás. Allí, el equipo de Prince, respaldado por cientos de los mejores guerreros de la División, aguardó. Y luego, en una feroz tormenta de nieve, ellos vinieron. Prince estaba en la cima de la colina, observando como miles y miles de las mejores fuerzas del Maestro avanzaban marchando en rangos a través del estéril paisaje... Uno por uno, Prince pudo distinguir las identidades de las tropas. Cien Snover. Cien Weavile. Cientos y cientos de Onix, Skarmory, Flareon, y muchos más... todos criados y entrenados para matar y destruir a los enemigos del Maestro...

»Prince guio a sus tropas con una oración a Arceus, observándolos marchar cerca... y más cerca...

»Luego... los ejércitos se encontraron... Y Prince, con solo cien bajo su comando... ganó la batalla.

—Espera, espera, ¡¿qué?! ¡¿Eso es todo?! —exclamó Saura con enojo—. ¿Solo ganaron? ¿Sin estrategia legendaria? ¿Sin intervención de Arceus? ¿No murió nadie?

—Oh, muchos murieron en esa batalla, por supuesto —dijo Daniel—. El lado de Prince sufrió grandes pérdidas. Pero consiguieron repeler a los enemigos, y la División Esmeralda todavía sigue de pie hoy. ¡Y esa es la historia!

Un momento de silencio. Char no sabía muy bien qué decir, y aparentemente lo mismo ocurría con los otros.

—Eh... entonces... ¿hay una moraleja en la historia? —preguntó finalmente Saura—. Es épica y todo, lo sé, ¿pero por qué todo Pokémon debe escucharla?

—Por supuesto, ¿no es obvio? —habló Arshall—. ¡La moraleja es que incluso una batalla de uno contra cien puede ser ganada! Es una metáfora para la resistencia entera, ¡y una historia que le da a la División Esmeralda orgullo y esperanza! El Maestro se sienta en su castillo, sus tropas nos superan de a miles, pero si lo intentamos, ¡todavía podemos ganar!

—Oh —suspiró Scythe, su voz cargada de sarcasmo—. La forma en que él contó la historia, sonó como si la moraleja hubiera sido algo al efecto de ‘Grita hasta que otros Pokémon te escuchen’. Sin ofender, Dragonite, pero parece que tienes un talento para contar una historia atemporal, desmenuzar los pedazos poco espectaculares, y descartar la mejor parte. Incluso yo lo hubiera hecho mejor que eso.

Tanto Daniel como Arshall fruncieron el ceño hacia él, y Scythe inmediatamente deseo poder retractar sus palabras. Inconscientemente dio un paso hacia atrás. Char observó con asombro.

—Dejaste de mencionar el Abismo, el Gremio Siempreverde, o a cualquiera de los compañeros de Prince —dijo rápidamente Scythe en su defensa—. Y contaste la historia fuera de orden. Prince supo de la verdad mucho antes que Lucario.

Daniel y Arshall fruncieron el ceño incluso más.

—Lo siento —dijo Scythe incluso más rápido—. No quise ser duro.

—Bueno, ¿qué tal si tú cuentas una historia ahora, Scyther? —desafió Arshall—. Nos gustaría mucho escuchar uno de tus grandes cuentos.

Scythe sabía que era una demanda, no una sugerencia. Si quería recompensar el haber insultado a los dragones, tendría que pensar en algo pronto... especialmente antes de que Arshall sugiriera que contara la historia de Adiel otra vez.

Aclarándose la garganta, Scythe se acercó al fuego, se enderezó, y encaró a su audiencia.

—Bueno, ya que insisten, hubo un día particularmente interesante en el Cañón Cuenco que recuerdo en cierta medida —dijo Scythe—. Verán, nos estábamos aventurando en las cuevas, para ir a excavar un túnel. Tenemos que excavar los túneles, como ven, para que el lugar sea más fácil de defender. Y para que cualquier intruso se confunda. Bueno, estábamos excavando este túnel, verán, y tuvimos que detenernos, porque había una lámina enorme de roca irrompible incrustada en la tierra. Era como un pilar. Pensamos en ir por arriba para rodearla. Luego de una hora de ponderarlo, decidimos que dañaría demasiado la integridad estructural del terreno. Así que decidimos ir por abajo. Pero cuando empezamos a ir abajo, encontramos... para nuestra sorpresa... ¡que la roca se extendía hacia abajo también! Era increíble. Y la roca era tan dura, ni siquiera se rasguñaba. Entonces, luego de mucha deliberación, fuimos hacia la izquierda. Y ahí encontramos que la gran roca tenía una esquina. Me detuve a afilar mis cuchillas en ella, luego continuamos rodeándola, y tenía una forma tan rara que empezamos a preguntarnos qué era. Yo sugerí que podría ser un objeto humano. Shander pensaba que pertenecía al Maestro. Pero no, terminamos sacándolo, y era solo una gran roca. Oh, pero esa no es la mejor parte. Déjenme contarles cómo la sacamos de la cueva...

...

Luego de diez minutos, Scythe pausó su dolorosamente aburrida historia para echar un vistazo al suelo. Char, Saura, y Ray estaba profundamente dormidos.

—Me pregunto por qué no pensé en eso en primer lugar —dijo Scythe, encogiéndose de hombros hacia los Dragonite poco entretenidos.

... ... ...


Más tarde esa noche, cuando todos estaban durmiendo profundamente, la tripulación entera fue sobresaltada por una estridente explosión. Char saltó medio metro en el aire, su corazón acelerándose inclementemente. Los dragones fueron prontamente enviados a un alboroto.

—¡BAAAH! ¡¿Qué fue ESO?! —exclamó Saura, sus oídos zumbando por el asalto—. ¡¿Qué?! ¡¿Nos están atacando?!

—No es nada —dijo Scythe desde el otro lado del cañón—. Vuelve a dormir, no hay nada que ver aquí.

Scythe estaba parado cerca del mismo límite de la luz del fuego. A sus pies yacía un muy exhausto, pero muy satisfecho Ray.

—Gracias —gimió Ray, desparramándose en el suelo con una radiante sonrisa en el rostro—. Realmente necesitaba eso... no me dejaba dormir...

Con algo de supervisión, Ray había hecho descender un rayo de la tormenta arriba, cargado su cuerpo con el mismo, y soltado una poderosa sacudida de poder hacia la nube de Vigilantes. Docenas de ellos se habían disipado.

—Muy buena ejecución —dijo Scythe—. Eres hábil con tus rayos. Verás, lo principal para recordar cuando peleas contra los Vigilantes es nunca dejar que hagan contacto contigo.

Ray pronto se quedó dormido, contento de que finalmente había descargado su electricidad, y también que, por fin, había impuesto su venganza en los Vigilantes.


Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.

Rak, eres todo un artista



.- Pokémon Mundo Misterioso: Resistencia Plateada -.

---> ¡Concurso en marcha! <---
¡No se lo pierdan!

Pásense por mi página de Deviantart: WillChar96


Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.

#93

Segunda Temporada.

Segunda Temporada.

Bueno, he yo aquí resurgiendo del olvido (¿) Ok no. xD

Primero que nada, mis disculpas Will por no haber comentado antes pero estuve ausente largo tiempo porque no tengo internet en casa y me mudé y bueno… larga, muy, muy larga historia. Pero ahora que volví estoy dispuesto a comentar capítulo por capítulo este fic; me di cuenta de que has avanzado bastante con la segunda temporada algo que me gusta porque así puedo leer todo de una vez *---*

Capítulo 22

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Bueno gran inicio para una segunda temporada, muy al estilo anime, de verdad que estuvo bastante bueno. Es más como un abre bocas de lo que nos esperará más adelante, acción si no tuvo mucha pero si debo reconocer que me hizo reír un poco, ese Ray es todo un personaje por si mismo xD

Me pareció una forma inteligente la que tuvo el escritor para hacer que todo cuadrara de una vez en un solo capítulo, eso se lo aplaudo. En cuanto a errores ortográficos vi dos, muy pequeños pero te los recalco para que los corrijas apenas puedas.

“Más o menos un minuto después, el sonido nuevamente hizo echo desde las invisibles nubes.”

Se te saltó la palabra “echo” de eco en inglés. Aunque es un error que casi pasa desapercibido al igual que el siguiente:

“…como siempre haría cuando Char experimentaba un sufrimiento incesante”

Aquí creo que la palabra que mejor cuadra y la que debería ir es “hacía”, ya que es lo que siempre hace cada vez que el pobre de Char sufre.

Terminando ya con lo técnico, paso de nuevo a comentar el capítulo, sigo creyendo que Saura es niña, es que veces el autor a la hora de escribir lo hace parecer niña, sino fuera porque a veces se refiere e él como varón realmente seguiría creyendo que es una niña y muy feita (¿) xD


Capítulo ¿23-24?

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Primero: Creo que cometí un error al copiar y pegar esto en el Word, porque luego del capítulo 23 salta al 25, pero no se me corta en ningún lugar la lectura así que seguramente olvidé identificar el capítulo 24 o tu olvidaste identificarlo, no sé. Creo que el error fue mío.
Ahora si:
O.O
Grandioso, de verdad súper genial este capítulo, me gustó un montón. Por un momento me hiciste creer que Char de verdad estaba evolucionando, eso fue cruel, emocionarme así y luego aplastar todas mis esperanzas como si de una simple y fea cucaracha se tratase. Te denunciaré por ello (¿)

Pero en serio, un capítulo muy bueno de verdad me gustó, una forma épica de describir las batallas sobre todo cuando peleó contra ese Onix, eso fue algo como Superarchihipermegawow (super, archi, hiper, mega, wow )me encanta que los pokémon puedan sangrar y en los casos de esos desgraciados pokémon salvajes, que también puedan morir, eso es realmente estupendo y algo que también me gustó… ¡Ray! No solo es graciosos, enérgico, y bonito sino que también es inteligente :O

Si colocaran a un Pachirisu también todo fuera “más mejor” xD

También la intervención de Equipo X, me pareció un poco tonta, no creo que ese sea su verdadero plan porque de ser así sería muy… tonto. Pero por otro lado la descripción de la Semilla Cura, de verdad el escritor tiene mucha imaginación; me pregunto cómo hará a la hora de incluir las semillas revivir en la historia, ojalá que tenga una interesante descripción al igual que la otra.

No tengo nada malo que decir de este capítulo, sino todo lo contrario, imagino que no debe haber sido fácil traducirlo, mejor dicho, no debe de ser fácil traducir ninguno de estos capítulos.


Capítulo 25

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Bueno ya voy por el capítulo 25, y aún me faltan.

Debo decir la verdad que… este capítulo casi no me gustó, me parece genial que hayan rescatado a la Furret y todo pero me desagradó la actitud de Char en todas sus formas; no sé, parece demasiado creído esta vez, entiendo la razón porque si lo hago, pero por un momento me dieron ganas de patearlo y no seguir leyendo. Viéndolo de otra forma significa que es algo bueno, porque en una historia donde amas u odias aun personaje, solo con leer, eso es algo muy bueno. Atrapa al lector.

En cuanto a errores conseguí dos, en el primero, las letras en negrita son las letras que te faltaron por colocar, seguro tenías mucha hambre y por eso te las comiste (¿)

“…pequeño puñado de monedas de la bolsa, sumando unos cincuenta Poké. Sabía que había herido sus sentimientos, pero lo menos que podía hacer era no rechazar completamente su sincero…”

En este no sé si es un error o lo pusiste así a propósito, peor por si acaso te lo recalco, y el cuándo colocas “de acuerdo” que en su lugar escribiste “d’acuerdo”.
“…v—dijo Marrow, empezando a alejarse—. Díganle a Scythe que quería hablar con él, ¿d’acuerdo?”


Capítulo 26

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¡Genial! Yo que ya me estaba empezando a preguntar cómo sería si un pokémon salvaje quería unírseles a ellos en una mazmorra misteriosa, y bueno aclararon mi duda de una vez, fue emocionante la verdad. Súper emocionante el como lo reclutaron a Pidgey, y el nombre… ¿Otto? Por la conexión de Char con él se me viene a la mente, que tal vez, sólo tal vez, Char en su vida como humano haya tenido un Pidgey y que ese haya sido el nombre que le había dado.

Este capítulo si me gustó, aunque a veces pienso que se da demasiada larga con el asunto del “secreto” y se están desviando del Maestro. Sería genial que ya como esta temporada comenzó, que vuelvan a incluir a el Maestro y todas su cosas, si bien es entendible que el autor esta relatando las aventuras del equipo haciendo sus misiones ya en solitario, sería divertido ver como lidian con una verdadera misión, una expedición quizás o algo por el estilo.

En cuanto al equipo X, ya sabía yo que no podían tener un plan tan soso como simplemente sobornar al equipo Ascuass, hasta a mí eso me parece lo más patético que hayan hecho de verdad. Y bueno… no se me ocurre nada más que decir de este capítulo, voy con el siguiente.


Capítulo 27

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Guau. Es lo único que tengo para decir de este capítulo.

Es genial, ya recibieron sus propias habitaciones o mejor dicho su propio cuartel, es genial. Con leer todo eso me dan ganas de ponerme e jugar mi PMM Exploradores del Cielo, porque de verdad se pasó con las descripciones, son demasiado genial, además ya el equipo Ascuas es tan bueno y reconocido como para tener su propio cuartel siendo apenas tres, cuatro si contamos Pidgey, pero igual es genial .

El humor de Ray para tomar las cosas, o mejor dicho su forma de actuar y la forma que tiene el autor para describir su personalidad, y tu también haces un muy buen trabajo para que al traducirlo no pierda esa “chispa” que tiene. Me pareció también bastante interesante lo de las Semilla Revivir, ya era hora de que entraran en acción y la historia que le colocaron es genial, y el Maestro…

¿Es un pokémon? Pero si él trabajó con él como es que no sabe cual es. Me parece que no quiere decirlo o a menos que sea un pokémon no conocido, como de otra región, quizás sea Zorua o el mismo Mew, no sé. Todo puede ser posible, y no quiero ni imaginarme como será cuando la armada de los tipo dragón del maestro entren en acción, porque tiene una ¿verdad?. Y bueno no sé, creo que este es mi capítulo favorito hasta ahora, es genial.

A ver que viene en este nuevo capítulo…


Capítulo 28

Spoiler
¿Qué decir de este capítulo? Estuvo muy bueno la verdad, no más al intervenir la Alta Inteligencia se sabe que será algo bastante importante y vaya que era así, ¡la Torre del Tiempo ha aparecido!

Pero sin duda alguna todo eso se ve opacado por Scythe. Porque en este capítulo por fin vemos su lado más “humano” por decirlo de alguna forma, dejamos de verlo como ese héroe al que nos tiene acostumbrado el autor y nos lo presenta un poco más humanizado, nos revela sus miedos e inquietudes lo que es genial. Sin duda, ya estoy a punto de leer el siguiente capítulo a saber que me espera….


Capítulo 29

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Genial. Estuvo fantástico el capítulo, bastante extenso pero genial. Me dio risa eso de Ray como un Dragonite y Saura como un Leafeon, además de que todos los legendarios eran su equipo explorador y ya Char era un Charizard, lástima que todo fue un sueño pero igual estuvo bueno.

Cierto… Char es un analfabeto pokémon, lo había olvidado completamente.

También me parece raro lo del fragmento salvaje, me consta que lo había conseguido en su primera misión, ya estaba ahí y lo sé (¿) pero en serio, por qué ahora no lo tiene, me parece… extraño.
Y pobre Char, sintió tanto desespero cuando se dio cuenta de que era posible perder a Saura, fue emotivo, aunque nada que un buen huesaso no pueda resolver. Y bueno no sé, imagino la felicidad del pobre Char y parece que Scythe no andaba de muy buen humor, pero bueno… ya sabemos las razones.


Capítulo 30

Spoiler
Qué decir… ¿adentrarse en una mazmorra y olvidar llevar una fugaesfera? Se parece mucho a lo que hago yo cuando juego el PMM, nunca las he usado y cuando casi siempre me dejan con sólo un objeto y es… desgarrador.

Por fin Char aclaró con Ray las diferencias, es que ya realmente no me estaba gustando la forma de actuar de Ray, demasiado serio, formal… simplemente no le va; me gusta más su verdadera actitud.

Algo que si me pareció muy cómico fue cuando Ray, imitando a Saura, también pasó su cama al cuarto de Char, me imaginé algo así como: “si él puede yo también”, tal cual como un niño pequeño, me estaba carcajeando mientras leía de verdad. También he llegado a preguntarme cómo se habrá tomado Alta Inteligencia lo del viaje de los cuatro, imagino que fue como un puñal para el pobre Alakazam.

Voy con el siguiente capítulo…


Capítulo 31

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¡Ajá! Así que ese Otto es todo un pilluelo, más que genial que Syr le haya dado una buena lección para que aprendiera a comportarse.

Es un salvaje y siempre será un salvaje, algo así como un negro viviendo entre blancos, es y siempre será negro a menos que sea Michael Jackson, que nació negro y murió blanco.
*Comentario racista mode off*

Pero ya en serio, estuvo bueno como el autor (en gran parte tu por colocar las palabras adecuadas) describen los sucesos y como pasan las cosas, de verdad que lo hace ver emocionante y no sé... me encanta este fic, no lo puedo dejar de leer. xD


Bueno pasé gran parte de mi fin de semana leyendo el fic y aún así no terminé con todos los capítulos, pero actualizaré mañana cuando termine.

¡Felicidades por el primer aniversario!

Baby we are the New Romantics Come on, come along with me
Heartbreak is the national anthem We sing it proudly

#94
Abdy:

No, no te disculpes xD. Además, si no tuviste tiempo, no es tu culpa. No es como si fuera una obligación leer esto. Gracias por todos lo comentarios, encima extensos -le tira confeti-.

Muchas gracias por resaltar los errores ^^. Y sí, ese "d'acuerdo" fue a propósito: el autor, en lugar de poner "alright", puso "a'right", entonces quise hacer algo parecido :P.

Qué bueno que te haya gustado Ray, es mi personaje favorito de la historia ^^. Veo que también te gustó Otto. Bueno, la verdad, parece que tu opinión general de la historia es buena, así que espero que te guste incluso más cómo continúa... Y te aviso, las cosas se ponen serias O.O.

Lamento no poder dejarte un comentario que haga justicia al tuyo, pero tampoco dispongo de demasiado tiempo en ese momento (en el que hago este comentario), así que lo único que puedo decir es: Gracias, en serio, gracias +.+.

Gracias por seguir leyendo ^^




Nota del traductor:

Como la revisión del autor original es menos consistente de lo esperado, empezaré a publicar las versiones aún no revisadas de los capítulos para poder avanzar la historia.

Cuando el autor haga la respectiva revisión, le haré los cambios al capítulo y retiraré esta nota. Pero por ahora estará aquí la versión vieja del capítulo. Los cambios se limitan a algunos errores de tipeo y a agregar algunas descripciones o sacar otras, es decir, la escencia de la historia sigue ahí.




39. Capítulo 35: Nostalgia


Spoiler

Capítulo 35



—¡AQUÍ ESTAMOS!

Ante el anuncio de Zahira, el agradable estado de trance de Char fue roto y se encontró de vuelta en la realidad, posicionado en la espalda de la dragona mientras se disparaba a través del cielo en formación junto a su clan. Un escalofrío lo recorrió cuando la formación se precipitó en una ligera inclinación en preparación al aterrizaje, causando que las opacas e mullidas nubes de abajo se elevaran lentamente y amenazaran con tragarlo vivo. Char se encogió a medida que se acercaban. Realmente tenía pavor de volar a través de nubes; enviaban las más extrañas sensaciones a la punta de su cola.
El descanso de la noche previa no había sido uno muy largo o satisfactorio después de todo. Entre la inquietante e ineludible presencia de los Vigilantes, la sesión de narración, y la inesperada convocación de un rayo de Ray, Char se imaginó que había conseguido solo dos horas sólidas de inconsciencia más o menos. A los Dragonite no les importó, sin embargo; tan pronto como el sol asomó su nariz sobre el borde de la tierra y venció a los fantasmas de la noche, ellos insistieron en despertar al equipo con su típica, excesivamente educada e irritante manera, reuniendo con prisa los suministros, y emprendiendo el vuelo sin retrasos. Luego de intercambiar algunos asentimientos con Saura, Ray, y Scythe, ya que realmente no había mucho que decir en el momento, Char trepó a la espalda de Zahira y se dejó inerte a medida que ella lo transportaba a lo largo del viaje.

Justo como Char había esperado y supuesto, el segundo día de vuelo fue infinitamente mejor que el primero. Por una parte, su estómago no protestó ante los rápidos cambios de altitud; todavía sentía la Manzana Oro morando bien adentro, apaciguando cualquier quejido y molestia que su vientre tendría si fuera de otra forma. Ni una vez amenazó con ser expulsada; era como si su cuerpo apreciara su presencia y tuviera la intención de mantenerla allí a toda costa. Char sonrió con suficiencia cuando se dio cuenta de que, si es que una Manzana Oro entera era suficiente para alimentar a un Pokémon por un mes, no tendría que temer las punzadas del hambre o las palpitaciones de una acidez estomacal por al menos otra semana después de haber comido la cuarta parte.

El cielo mismo, de igual manera, parecía mucho más acogedor en aquella segunda vuelta. Char no sabía cómo ubicarlo, pero había algo en la temperatura, o en la presión del aire, o en la ausencia de cualquier frente tormentoso, que hacía que el cielo pareciera un querido hogar al que anhelaba regresar o en el que relajarse. Con el aire despejado de cualquier obstrucción como el mal tiempo o corrientes de aire opuestas, Zahira y sus compañeros de clan parecían duplicar su velocidad y elevación a una altitud más grandiosa que antes, tan alto que en un momento cuando bajó maravillado la mirada a una inexplicable formación del paisaje que simplemente no podía creer, solo para darse cuenta de que estaba observando los bullones de las nubes superiores.

Por las primeras cuantas horas, Char había disfrutado del simple regocijo del paseo, observando cómo las nubes pasaban como un carrete debajo y al lado de él como un majestuoso valle calado de nieve. Luego de eso, cuando el escenario no cambió por un tiempo, Char empezó a aburrirse, pero era ese tipo de aburrimiento feliz y agradable en donde sabes que no tienes algo para hacer, pero no quieres tener algo para hacer. Su conocimiento parpadeaba en momentos a medida que su mente revoloteaba entre agradables ensoñaciones y recompensar el sueño que había perdido en la noche anterior. Deseó y pretendió que el vuelo nunca acabaría, que no había Maestro del cual preocuparse, que no tendría que recorrer penosamente una montaña de nieve para responder las citaciones de un dragón legendario, que su entrenador no estaba volviéndose lentamente hacia la demencia por su cansancio, que Saura podría estar con su familia, que Ray podría ganarse el respeto que quería de sus superiores, y que él había venido al mundo de los Pokémon por algún tipo de recompensa de los dioses, que su propósito no era más que disfrutar de su vida y planear a través del cielo con alas de Charizard, que nada de urgencia pesaba sobre sus hombros.

Fue durante una de estas fantasías que Zahira había anunciado su llegada a su destino, la División Esmeralda.

Char tuvo el extraño impulso de sostener el aliento justo cuando Zahira lo zambulló a través de la capa de nubes. Cerró los ojos justo antes de golpearlas, y pronto, su corazón se aceleró mientras esperaba las cosquillas y el ardor del vapor parcialmente condensado colisionando contra su flama. Pero esta vez, sorprendentemente no vino; esta nube no era una de tormenta. Era solo brumosa, no húmeda con bolsillos de condensación listos para ser dispersados como gotas de lluvia. Aliviado, abrió parpadeando sus ojos de nuevo justo a tiempo para emerger del manto de nubes y observar el paisaje de Ambera septentrional abrirse ante él.

Era oscuro.

Eso fue lo primero que notó sobre el terreno: la oscuridad. Le escandalizó genuinamente; era, después de todo, el punto muerto de la temporada de invierno en esta parte del mundo, como había sido verano abajo en el sur en el Altiplano y sus áreas circundantes. Se imaginó, tan al norte, que los ventisqueros se habrían acumulado a través del suelo hasta donde el ojo podría ver... y eso era sin siquiera mencionar que solo había pasado tres horas desde el mediodía, con el sol todavía prominente en el cielo...

En lugar de eso, la tierra pintaba un paisaje de gris y marrón, dejado en sombras por el grueso manto de nubes a través del cual él había viajado. Ni siquiera había algún bosque o llanura herbosa para darle al mundo ese tinte verde que había visto en él durante las porciones del viaje en las que la tierra había sido visible. Parecía como si el terreno estuviera desprovisto de su vitalidad, exprimido por algún monstruoso depredador o marchitado por algún imparable veneno.

Lo segundo que notó fue que hacía frío.

El viaje entero había sido más bien helado con los frígidos vientos de la atmósfera superior azotando constantemente su rostro, pero el cuerpo de Zahira había emanado un gran calor, y volaba de tal forma que escudaba a su pasajero de la peor parte del viento. Cada vez que la temperatura lo molestaba, él solo necesitaría yacer boca abajo sobre su espalda y todo estaría bien...

Pero, a medida que descendían hacia la superficie, con el hormigueo del vértigo pellizcándole la cabeza, Char de repente encontró que no podía escapar del frío.

—¡Hace... un poco de frío! —le comentó Char a la Dragonite, que había reducido lo suficiente su velocidad para que el viento no superara su habla.

—Así siempre es por aquí arriba —respondió Zahira—. ¡Bienvenido a las latitudes altas!

Para Char, el frío ciertamente no era algo a lo que dar bienvenida. De hecho, era bastante nuevo para él; el clima alrededor del Altiplano siempre era templado y agradable, incluso en los días más ventosos o tormentosos. Las sensaciones más frías que Char había experimentado alguna vez fueron en una misión al centro de una mazmorra llamada Zanja Ventosa, en donde sintió verdaderamente que partes de su cara empezaban a adormecerse a medida que guiaba a su equipo a través de los pisos inferiores. No era una memoria cálida–de hecho, fue el frío lo que causó que perdiera su concentración, que a la larga costó al Equipo Ascuas el éxito en esa misión. Char odiaba el frío. Odiaba cómo lo rodeaba, como penetraba en su piel, cómo resquemaba y le hacía perder sensibilidad, cómo sofocaba a su fuego, y cómo simplemente no se iba. Pavor llenó su corazón mientras se imaginaba, si este era el clima normal que Ambera norteña esperaba, cómo de frío sería durante una tormenta invernal...

... y cómo de fría la notoria tierra de Zerferia probaría ser...

Muy abajo, Char atisbó un cúmulo de estructuras al cual el clan de Dragonite parecía estar apuntando. Desde tan alto en el aire, parecía solo una pequeña pila de bloques, no más grande que la mitad de una aldea. Por supuesto, este diminuto asentamiento no era la renombrada División Esmeralda... ¿o sí?




Afueras de Esmeralda



El clan de Dragonite exclamó un alborozado viva, una celebración de una tarea bien completada, mientras aterrizaban sobre la carretera de arcilla compacta que conectaba al arreglo de ininteresantes edificios que Char había visto desde arriba. Sin mucha avidez, Char se bajó de su cómoda posición sobre Zahira, sintiendo, como lo había hecho la noche anterior en el desierto, la extraña forma en que su cuerpo reaccionaba a ser anclado en tierra firme luego de experimentar el vuelo durante horas y horas. Recordó cómo le había tomado seis minutos enteros antes de poder siquiera comandar a sus piernas que lo llevaran a una dirección comprensible, e incluso entonces, su estómago daba sacudidas a cada paso. Aunque sí había estado agradecido por aquello, al final; le había dado la oportunidad de rezagarse y hablar con Scythe, que había estado experimentando problemas similares, mientras el resto del grupo continuaba avanzando. A pesar de que Char ahora sentía la bendita manzana aún dentro de él aplastando las sensaciones desagradables de las náuseas, todavía se sentía como si la entera masa de tierra flotaba sobre una impetuosa corriente que no podía ver, transportándolo en alguna dirección a una alta velocidad.

Teniendo dificultad incluso en dirigir sus pies hacia el suelo, Char se echó a cuatro patas y aguardó a que su sentido de equilibrio se recuperase. Le trajo de vuelta tenues memorias de despertarse como un Charmander y no entender cómo comandar a sus nuevas piernas. Una repentina ráfaga de viento helado emulando las temperaturas de arriba en la estratosfera le golpeó el rostro, causando que cerrara los ojos y se mordiera el labio inferior mientras la soportaba. Nubes de blanco hacían erupción de sus fosas nasales con cada respiración.

—Oye, ¿estás bien? —preguntó Saura, ya apresurándose al lado de Char.

—Estoy bien —le aseguró Char, apretando los dientes y tratando, pero fracasando, de levantarse—. Solo un poco mareado. Y frío.

—Sí, realmente está helado aquí —coincidió Saura, presionando su frente contra el estómago de Char para ayudarlo a enderezarse—. Esperemos que la división sea un lugar bien cálido, ¿no?

Mientras Char se ponía derecho, estremeciéndose del alivio cuando el viento se calmó, captó el sonido de Scythe hablando al otro extremo del grupo de Dragonite.

—Mejor, sí —escuchó a Scythe decir. Sonaba adormilado, como si hubiera hecho del vuelo una oportunidad para recuperar su sueño perdido—. La manzana no lastimó mucho, tampoco... Se la hubiera dado a ustedes en el primer día, pero me convencí de que volar no era tan malo como lo recordaba. Me arrepiento de haber estado tan esperanzado.

—Aw, no te preocupes sobre eso —escuchó a Ray decir—. No fue nada. Logré sobrevivir, y eso es todo lo que importa.

Finalmente sintiendo alguna semblanza de balance, Char se paró y miró a su alrededor su nuevo entorno. En efecto, era justo como lo había visto antes desde el aire: el cielo estaba cubierto de nubes, o quizá una extensa nube solitaria, escondiendo al apagado sol y dejando al terreno en una oscuridad parecida al ocaso. El terreno estaba desolado, estéril; solo unas cuantas rocas errantes y árboles deshojados sobresalían en la endurecida tierra que rodeaba la ruta. La única cosa notoria, vio él, era el lugar que asumía era la División Esmeralda: encerrada en unas paredes de piedras decorativas se asentaban cinco estructuras de ladrillo, la central empequeñeciendo el tamaño de todas las otras por al menos cuatro veces. Esperaba que, como la División Dorada, esta fuerza de resistencia viviera bajo tierra, y que estos edificios fueran solo una fachada para una de las muchas entradas. Todavía, le costaba mucho creerlo; no había otros Pokémon alrededor excepto por el grupo; su única compañía era el aullido del frío viento a través del diminuto asentamiento.

—Desde el fondo de nuestros corazones, les damos nuestras gracias —le dijo Scythe a Arshall, ofreciendo una educada reverencia mientras se dirigía a ella—. Han cumplido su tarea tan bien como cualquiera podría haber pedido.

—Ha sido un placer, Scyther, el servirles haciendo lo que hacemos mejor —respondió Arshall—. Y un honor, también. Mi clan y yo hemos transbordado a muchos Pokémon importantes por Ambera... pero no a tantos tan famosos como tú.

—El placer es todo mío, por supuesto —replicó Scythe—. Nos ahorraron la molestia de caminar. Espero que Alakazam les haya pagado generosamente por su esfuerzo.

—Oh, jo, todavía no, no lo ha hecho —se rio Arshall—. ¡Todavía no hemos terminado con ustedes, después de todo!

Scythe parpadeó, aquella declaración atrapándolo con la guardia baja.

—Por supuesto, me refiero a que todavía tenemos el viaje de retorno para tomar —agregó prontamente Arshall cuando atisbó la inesperada expresión en el rostro de Scythe—. Alakazam organizó el viaje entero. Aunque, en realidad no dejó en claro cuánto tiempo se estarían quedando.

Una visible mueca se disparó a través de la figura de Scythe, como si se acabara de dar cuenta de algo terrible.

—Scythe, ¿ocurre algo? —preguntó Arshall con consternación. Detrás de sus ojos, parecía aterrorizada, como si acabara de ofender a su invitado de una forma que no entendía. Algunos de los otros dragones parecían compartir su sentimiento, sin mencionar a Char, que había sostenido el aliento ante la reacción de Scythe, preguntándose qué había salido mal con sus planes...

—Retorno —articuló Scythe, apenas casi farfullando las palabras bajo su aliento—. Retorno. Retorno... Retorno...

—Pueden... quedarse cuanto tiempo quisieran, si es eso lo que te preocupa... —agregó Arshall, su rostro aturdido—. Siempre habrá al menos uno de nosotros aquí, no será difícil reunirnos cuando necesiten...

—No —dijo Scythe repentinamente, enderezándose—. No, discúlpenme. No ocurre nada. Solo tuve un pensamiento atascado por unos momentos. Pero sí, gracias por toda su ayuda. Les alertaremos cuando estemos preparados para partir.

—En ese caso, entonces, desde que Alakazam dejó claro qué tan urgente este viaje ha sido, Zahira aquí les guiará hasta la guarida de Lucario de inmediato —dijo Arshall, pareciendo aliviada—. ¡Zahira, un placer haber volado contigo! ¡Mándale nuestros saludos a Lucario!

—Lo haré —prometió Zahira—. Bueno, Scyther, Charmander, no desperdiciemos el tiempo. Vengan conmigo. Lucario debería estar agradablemente sorprendido de ver que hemos llegado un poco antes de lo previsto.

Golpeó a Char entonces que, juzgando por las acciones del clan de Dragonite, esta no era la División Esmeralda después de todo. Más bien, mientras observaba a los dragones alinearse en una formación perezosa y prepararse para partir hacia la ruta y al asentamiento, determinó que aquellos eran los cuarteles de su equipo. Luego de que hubieran devuelto el equipaje para que Scythe y Zahira lo transportaran, profirieron sus alegres despedidas y partieron hacia su hogar. Char se preguntó por qué no habían volado todo el resto del camino hasta la división, pero se imaginó que estaba lo suficientemente cerca que no hubiera importado.

Un minuto después, Zahira caminaba con ellos por la ruta para guiarlos a través del árido paisaje marrón más allá. Ray caminaba al lado de Scythe, mientras que Saura y Char se ayudaban para cerrar la marcha.

—Caray —suspiró Saura en voz alta—. ¡Se siente tan raro, estar tan lejos de casa! Es como si mi mente estuviera siempre flotando hacia la División Dorada y las Pequeñas Llanuras, pero tengo que seguir diciéndole que no hay forma de volver justo ahora...

—Ah, ja, ¿ya hay nostalgia? —rio Zahira entre dientes—. Cuidado, ¡se sabe que la nostalgia come vivos a los Pokémon!

—Me lo dices a mí —dijo Saura de vuelta—. Esa fue la parte difícil de unirse a la resistencia. Seguía pensando en mi familia y en mi hogar. Pero al menos la División Dorada estaba en el mismo condado que mi hogar. ¡Este lugar se siente como un mundo completamente nuevo! Me siento como un pez fuera del agua.

—Te sientes como un pez fuera del agua —dijo Zahira, conteniendo una larga carcajada—. No tienes idea de lo que se siente ser un pez fuera del agua. Agradece eso. Déjame contarte, hace añicos tu sentido entero de existencia encontrar que hay una nueva dimensión tal de la vida como el mundo sobre la superficie...

Char echó un vistazo a Scythe, esperando una réplica de él. Scythe siempre comentaría en estas circunstancias, ofreciendo su perspicaz perspectiva en el asunto o recetando un remedio, pero no esta vez. Mantenía su mirada apartada, frunciendo el ceño, como en un intento de ignorar todo lo que no fuera sus propios pensamientos.

—Aww, la nostalgia no es tan difícil de derrotar —dijo Ray, mirando atrás hacia Char—. Solo tienes que pretender que tienes un nuevo hogar por el momento. ¡Digo, oye! Todo el Equipo Ascuas está aquí. Scythe está aquí. ¡A donde sea que ustedes vayan es un hogar para mí!

Otra helada brisa engulló al grupo, barriendo a través de la cara de Char y llevando consigo su aliento. Sintió cómo su llama parpadeaba bajo el peso del viento, y se dio cuenta de que sus dientes estaban empezando a tiritar involuntariamente. Curiosamente, su caliente aliento continuaba manifestándose como pequeñas nubes de vapor a medida que exhalaba.

Esto es casi tan malo como estar atrapado en la lluvia, se dijo Char, apretando los puños e intentando esconder su incomodidad a los otros. Saura tiene razón... mejor que la División sea cálida...

—Entonces... ¿cuánto falta para llegar allí? —preguntó Char a la Dragonite—. ¿La división también vive bajo tierra como nosotros lo hacemos?

—La División Esmeralda hace las cosas de una forma ligeramente diferente a lo que están acostumbrados, pequeño dragón —explicó Zahira—. No tenemos los recursos para construir una enorme base subterránea como ustedes tienen. Ustedes tampoco, creo, pero el ancestro de Xatu que empezó la División Dorada la encontró así, ya construida. ¿Estoy en lo cierto, Scyther?

—Hmm, sí —Scythe apenas consiguió responder, todavía perdido en sus propios pensamientos.

—No vivimos todos en el mismo lugar —continuó Zahira—. Nuestra base de operaciones está en el Fuerte Esmeralda, que es el lugar al que nos dirigimos ahora. Nuestros equipos de resistencia viven por todo el lugar a través de estas tierras que llamamos las Afueras de Esmeralda. Por el bien de nuestra organización, Lucario considera dividirlos en un número de distritos, pero en serio, solo vivimos en donde sea que conseguimos construir o encontrar como hogar en el momento. Para un forastero, no pareceríamos una amenaza. Una vivienda ermitaña por aquí, un vecindario solitario por allá...

—¿Hmm, Dragonite? —dijo Scythe pensativamente, de repente hablando e interrumpiendo la explicación de Zahira—. Si no te importaría, ¿podrías guiarnos desde lejos? Me gustaría compartir algo de privacidad con mi equipo.

—... Oh. Está... bien —respondió Zahira, pareciendo un poco sorprendida y entristecida por el pedido de Scythe—. Lo que sea que quieras. Háganme saber si necesitan algo...

Zahira lanzó a Scythe una mirada de consternación, actuando mucho como Arshall lo había hecho solo hacía momentos antes cuando Scythe había reaccionado inesperadamente. Echando varias últimas miradas interrogativas hacia él, casi como si esperara que se aclarara o cambiara de idea, su figura se elevó unos cuantos centímetros en el aire y flotó más adelante del grupo. Char también se encontró decepcionado y sin palabras, ya que había estado disfrutando de la compañía de Zahira como también su reporte sobre la División Esmeralda, pero decidió no discutir con Scythe.

Tan pronto como ella estuvo fuera del alcance del oído, Scythe habló—. Está bien, ustedes tres. Escuchen —gruñó él—. Necesitamos establecer algunas reglas acerca de su conducta aquí en la División Esmeralda. La primera regla, mientras estemos aquí: no hablen. Y en las ocasiones en que encuentren que puedan hablar, no hagan preguntas. Char, te estoy hablando a ti. Dada la oportunidad, tú eres el que puede sofocar a otro Pokémon con nada más que tu curiosidad.

Char frunció el ceño—. ¿Pero por qué? —demandó él—. Zahira no tuvo problemas para–

—¿Ves? Ya, no lo entiendes —le interrumpió Scythe—. Sin preguntas. Eso incluye ‘por qué’. Especialmente ‘por qué’. De los seis tipos de preguntas, esa es la más difícil de responder. ¿He sido claro? Te he malcriado. He dejado que me trates como un miembro de la familia y que me preguntes lo que sea que deseas. Pero no tratarás a nadie de los Pokémon de Lucario de esta manera. No serás grosero. No serás fisgón. No hables a menos que te hablen. ¿Entendido?

—Bien —suspiró Char.

Saura y Ray asintieron en obediencia también.

—Debido a ciertas circunstancias, olvidé reprenderte por tu conducta hacia Alakazam la noche en que te convocó —dijo Scythe—. Te diré algo, casi morí justo en el acto cuando le interrumpiste para preguntarle sobre Arceus. Y además... y probablemente lo más importante... la División Esmeralda tiene una historia de la cual... no están completamente orgullosos. Traerlo en mente a cualquiera de los Pokémon que conocen... se consideraría una ofensa del más alto grado.

—Lo lamento —habló Char sinceramente, su voz quebrándose mientras su cuerpo continuaba temblando—. No te avergonzaré de nuevo. Y no preguntaré nada.

—Bien —dijo Scythe—. Segunda regla: no toquen nada. Tercera: no vayan a ningún lugar sin supervisión. Cuarta: la palabra de Lucario es ley. Harán cualquier cosa que les diga. Su linaje es responsable de la existencia de la resistencia entera, él demanda máximo respeto de ustedes. Si él ordena que me asesinen, deben obedecerle. ¿Entendido?

—Vaya —respondió Saura, una mirada de asombro adherida al rostro—. ¡Lo que digas, Scythe!

—Ah, pero con suerte no vendrá a eso —dijo Scythe, llevando una pequeña sonrisa—. Pero sí, intenten no pasarse de la raya, dejen que yo me encargue de hablar, y prometo que haré nuestra estadía aquí lo menos dolorosa posible. Luego de eso, sin embargo... No sé qué más puedo prometer...

Habiendo dicho eso, Scythe reanudó sus silenciosas cavilaciones, haciendo que Char se diera cuenta de por qué había desconvocado a Zahira: necesitaba silencio, y mucho. Había algo sobre lo que tenía que pensar, sin la distracción de las disertaciones de Zahira a los jóvenes y curiosos Pokémon ávidos de proseguir una charla con ella.

Entrecerrando los ojos hacia la cara de Scythe, Char pudo apenas distinguir la moción de su boca mientras repetía silenciosamente esas palabras para sí, una y otra vez—. Retorno —susurró Scythe, mirando hacia el horizonte oriental—. Viaje de... retorno...

La mirada en los ojos de Scythe, el titubeo en su figura, que apalabraba a un horrible tumulto interno... ni siquiera el vuelo había hecho algo para expulsarlo. Char pensó que casi podía ver los hilos de pensamientos a medida que se torcían y giraban debajo de los enrojecidos ojos de Scythe.

¿Qué era lo que estaba tan mal con el viaje de retorno?

Char sintió que la pregunta se balanceaba en la punta de su lengua, pero consiguió retenerla. Después de todo, había hecho una promesa. Sin importar cuán afligido se viera, dejaría a Scythe con su propio ingenio y no suplicaría saber sus secretos. Sabía que este respeto era el que el Scyther se merecía de él, y tenía intenciones de mantener su promesa.

Además, pensó Char. Tengo que meterme en el hábito de no hacer preguntas.

—Esto va a ser tan raro —le dijo Saura a sus amigos, obviamente aliviado de ser capaz de hablar con ellos otra vez—. Daniel me contó todo sobre Lucario. ¡Suena a que es duro! Je, ¿piensan que en serio nos ordenaría matar a Scythe?

—Espero que no —se rio Ray—. Si lo hiciera, ¡nosotros seríamos los que caeríamos!

—Quizá —agregó Saura con una malévola sonrisa—. Probablemente puedas derrotarlo con tus rayos si te esforzaras lo suficiente. No estaría a salvo en el aire.

—Estás bromeando, ¿verdad? —jadeó Ray—. ¿Has visto qué tan rápido se puede mover? Con rayo o no, no soy rival para su agilidad. ¿No es cierto, Scythe? ¡Oye, Scythe! Si tú y yo lucháramos, ¿quién ganaría?

—Yo lo haría —dijo Scythe distraídamente, sin mirar atrás.

—¿Ves? Te lo dije —dijo Ray con una mueca—. ¡Ni una chance! Apuesto a que no hay demasiados Pokémon que puedan pelear con Scythe y ganar, de todas formas...

—Um, oigan, ¿chicos? —habló Char con cuidado—. Creo que deberíamos dejar de molestar a Scythe por un tiempo. Darle algo de espacio...

—... Oh —dijo Ray, interrumpido a medio pensar—. De acuerdo... Lo siento, no pretendía ser una molestia... ¡Solo estoy feliz de estar en el suelo otra vez, supongo!

Luego de mirar una vez a Scythe, Ray se atrasó y se unió a Char y Saura, concediéndole a Scythe varios metros válidos de soledad. Hizo un visible esfuerzo de actuar más educado y refrenado. Char continuó observando a Scythe; no parecía haberse dado cuenta de que ahora estaba solo, su mordaz mirada fija en algún punto lejano...

—Oh oh —dijo Saura, radiando consternación—. Conozco esa mirada tuya. ¿Ocurre algo?

—Sí —respondió Char, hablando en voz baja—. Algo ocurre.

Arrancando su mirada de Scythe, Char miró a sus amigos. La expresión de Saura se había vuelto seria y grave, justo como siempre parecía estar listo para discutir asuntos importantes de un momento a otro, y Ray parecía sorprendido.

—Es nuestro viaje de retorno —explicó Char, en voz muy baja—. Algo ocurre con nuestro viaje de retorno. ¿No vieron lo que pasó con Scythe cuando Arshall mencionó eso? Parecía asustado. Honestamente asustado.

—Podría no ser nada —Saura se encogió de hombros—. El vuelo probablemente solo lo estresó. Puedo decir que realmente lo odió. Si yo fuera él, que mencionaran el vuelo a casa tan pronto luego de que el primero acabara me daría escalofríos también.

—Es difícil decir —murmuró Ray—. Scythe está muy estresado. Pero si necesita contarnos algo, lo hará. Con suerte todavía tiene todo bajo control.

—Estoy... empezando a... no estar tan seguro —confesó Char, prácticamente teniendo que forzar las palabras como si no pudiera creer que las estaba diciendo—. Sé que necesitamos confiar en él... lo sé... pero... estoy empezando a preocuparme realmente por él. Y mucho. Es como si... cada vez que la luz brilla en sus ojos... parece como si... él estuviera... perdiendo su cordura o algo así.

Hubo un inquietante silencio cuando sus amigos fracasaron en responder a sus reflexiones inmediatamente, todavía intentando tragar aquella posibilidad.

—Él está guardando un secreto —gruñó Char—. Solo desearía saber qué es. Es uno realmente malo. Es algo... que...

Char se paró en seco.

Notándolo casi al mismo tiempo, Saura y Ray detuvieron sus pasos y voltearon sus miradas hacia él, mudas expresiones en sus rostros, esperando que explicase cual fue la horrible epifanía que había tenido repentinamente.

Pero Char no veía a ninguno de los dos.

Varios pasos más adelante, Scythe también se había detenido en seco. Mirando por sobre su hombro, envió a Char la mirada más mortal que jamás había visto. Era una mirada maliciosa y llena de odio... Por una fracción de segundo, Char vio a Scythe de una forma en que nunca lo había hecho, en una nueva y más oscura perspectiva; le pareció que solo por un momento en el tiempo él y Scythe eran en realidad acérrimos enemigos, algo que Char quería con todo su ser que nunca fuera cierto. Podía sentir que su rostro palidecía, trabado en la incredulidad y la vergüenza y el miedo, mientras la mirada duraba un segundo... y luego dos... y tres... Podía sentir que se mareaba, ya que sus pulmones se rehusaban a respirar, y su fuego se intensificaba en reacción...

Y fue en eso que se dio cuenta: había solo una cosa en el mundo que enfurecería a Scythe hasta su punto de quiebre. Alguien había roto una grave promesa. Alguien había quebrado su confianza. Y había sido él.

“Deberás prometerme algo a cambio...”

“... que, por la duración de este viaje...”

“... dejarás de sacar a flote este tema.”

A medida que las palabras reverberaban en la mente de Char, supo ahora qué significaban. Scythe no solo le había pedido a Char que dejara de sacar a flote el tema a él, sino a cualquiera... Como había dejado tan claro la noche anterior, le rompía el corazón igual de mal cada vez que Char iba detrás de su espalda...

—Char... ¿qué es? —suplicó Saura—. ¿Sabes... algo?

—Yo... no puedo... No puedo hablar sobre eso —murmuró Char con solemnidad—. Ni siquiera a ustedes.

—¿P-por qué es eso? —preguntó Saura, confundido.

—Lo prometí —dijo simplemente Char—. Prometí que no lo haría.

Finalmente, Scythe desvió su mirada y continuó siguiendo a Zahira hacia adelante como si nada hubiera sucedido.

Fue una larga, silenciosa, y fría caminata hasta la civilización.

Aunque Char había estado atascado en un cuerpo que no era suyo por un largo tiempo ahora, esta fue la primera vez que se sintió verdaderamente atrapado. Atrapado en una tierra fría y estéril que no podía, en ningún sentido de la palabra, ser llamada hogar.

Por una parte, carecía de opinión en el asunto. No había otra opción. El único camino era hacia adelante. Adelante hacia Dialga.

De nuevo, Char comenzó a preguntarse por qué no habían volado. Pero, de nuevo, esa era una pregunta. Y ya no habría más de esas.




Fuerte Esmeralda



Era un eufemismo decir que la División Esmeralda era en nada parecida a lo que Char había esperado.

El grupo se había vuelto a unir para su entrada al Fuerte Esmeralda, una ciudad tipo fortaleza rodeada por una alta pared de acero, el lugar que alojaba a la División Esmeralda. Aunque la ruta estaba pavimentada de forma diferente, y los edificios tenían un claro aire de rigor y uniformidad en ellos, y era un pequeño asentamiento en comparación, el lugar entero le recordaba a Char a Ciudad Hierro. Estructuras metálicas gigantes, avenidas espaciosas, caminos que llevaban a complejos vecindarios a todas direcciones...

Había una gran excepción, sin embargo: el lugar entero estaba en silencio. Muerto.

Char estuvo honestamente sorprendido de ver a un solitario Flareon cruzarse en su desplazamiento. No dijo palabra alguna y pareció contento con ignorarlos. Aparte de eso, le hubiera parecido a él, si no lo hubiera sabido mejor, que el Fuerte Esmeralda era un lugar deshabitado. Aunque tomaba la oportunidad para escudriñar en cualquier ventana, callejón, y puerta abierta que atisbaba en el camino, nada ayudaba a desmitificar su imagen del Fuerte Esmeralda como un pueblo fantasma. No había equipos amontonados en edificios alrededor de un acogedor fuego. No había bulliciosas tiendas como el emporio de Kecleon, llenas con Pokémon entusiastas de atiborrar sus bolsas con valiosas utilidades para sus misiones. No había amigables ciudadanos saliendo para disfrutar del día.

... Bueno, no es como si este fuera un clima agradable, de todas formas, se dijo Char, entrecerrando los ojos para ver bien bajo el nublado cielo y encogiéndose cuando se dio cuenta de que había perdido la sensación completa en su nariz y en la punta de sus dedos. Pero tiene que haber algunos Pokémon que disfrutarían de este tiempo, ¿verdad? ¿Snover? ¿Glaceon? ¿Sneasel? Tiene que haber muchos de esos Pokémon de hielo trabajando aquí en la división, ¿verdad? ¿En dónde... están?

—Apuesto a que todos están en misiones —comentó Saura, leyendo las observaciones de Char—. Así es usualmente alrededor de estas horas del día en la base. O podrían estar en alguna especie de reunión. ¿O, je, un comité de bienvenida, tal vez? Eso de seguro sería agradable.

—Es porque todos los Pokémon viven alrededor en los distritos —señaló Ray—. Eso es lo que dijo Zahira. Así que si todos los equipos están en casa, justo como el equipo de Arshall, entonces nadie estaría aquí–

Ray pausó a medio pensar, y un cargado silencio sobrevino de repente al grupo. Char miró alrededor, preguntándose que lo había provocado, cuando se dio cuenta de que Scythe había vacilado. Se había detenido a media zancada, como si algo acabara de salir mal.

Char siguió la dirección de la entrecerrada mirada de Scythe.

Luz. Había un brillante fuego entre las sombras de la ciudad, contrastando con la penumbra circundante causada por los altos edificios y el cubierto cielo. Char encontró difícil enfocar su vista, y tuvo que esperar hasta que sus ojos se ajustaran a la nueva fuente de luz...

Y cuando lo hicieron, se dio cuenta de que, como el suyo, el fuego estaba viniendo de un Pokémon.

Estaba parado cerca de un callejón, observando al grupo desde la lejanía: una alta y musculosa figura, encorvada en concentración o tal vez por cansancio, con la parte superior de su cabeza en llamas con una larga melena de fuego.

Char conocía a este Pokémon. Un Infernape.

Scythe se quedó mirando al Infernape por algunos momentos, y el Infernape devolvió la mirada. Ni una palabra fue hablada, ni siquiera por Zahira, quien solo prestó atención al espectador por unos momentos antes de retornar su atención a la ruta delante de ella. La mirada de Scythe permaneció por unos momentos más, como si intercambiara mensajes de telepatía con el Pokémon.

—Oigan, ¿quién es ese? —susurró Ray con asombro.

Tanto Scythe como Zahira ignoraron su pregunta.

En cuanto más se fijaba Char en el Infernape, más impresión tenía de él. La forma en que el Pokémon se sostenía, la expresión en su cara... eran inusuales, de alguna manera. Imponentes, pero no de una forma que entendiera. No delataban orgullo, o humildad, sino algo más... algo sobre lo que no podía dar en el clavo, pero algo que sabía simplemente no podía ignorar. Era como si el Infernape estuviera defendiendo algo.

—Prince —respondió en voz baja Char, sabiendo en su corazón la respuesta a la pregunta de Ray—. Es Prince. De la historia de Daniel. Él lidera el Equipo Ruedafuego. Él es el que salvó a la División Esmeralda.

—¿En serio piensas que sea él? —le susurró Saura.

—Vengan —ordenó repentinamente Scythe, ignorando al Infernape y haciendo gestos a Char y sus amigos—. Y ustedes dos. Recuerden lo que les dije no hacer.

—Oh... correcto. Sin preguntas —gruñó Saura, frunciendo el ceño y mordiéndose el labio—. Lo siento...

Char podía decir que Saura ya estaba algo irritado, pero nada podía hacerse.

—Nos estaba esperando —masculló Scythe con desconcierto, volviéndose a Zahira. Char tuvo la impresión de que no se suponía que él escuchara las palabras.

—Me imagino que lo sabe —respondió silenciosamente Zahira—. Supo sobre la torre antes que la mayoría de los otros.

—Sabía que mostraría su rostro —dijo Scythe—. Tenía las esperanzas de que fuera a ser más tarde que temprano. Siempre y cuando se mantenga lejos de mi Charmander...

Aunque el grupo continuó su camino por la ruta de la desierta ciudad, el Infernape no se movió. Char le dio una última mirada a medida que pasaban, solo para encontrar que los ojos del Infernape estaban de repente clavados en los suyos. Sobresaltado, desvió rápidamente la mirada.

¿Que se mantenga lejos de mi Charmander?, repitió Char silenciosamente para sí. ¿P-por qué? ¿Qué hay de malo con Prince? ¿Es una amenaza para mí?

Se volvió hacia sus amigos, y encontró que ambos estaban igual de extrañados que él. Lo habían escuchado también. Se asintieron extrañamente entre ellos, diciendo nada por temor a dar a conocer que lo habían escuchado, y silenciosamente poniéndose de acuerdo que, por cualquier razón por la que fuese necesario, mantendrían un ojo cauteloso en el Infernape.

Luego de cruzar casi kilómetro y medio de calles prácticamente inhabitadas, la ciudad se abrió en un área relativamente espaciosa moteada con plataformas de concreto y pequeños monumentos. En el mismo centro se asentaba la ornamentada entrada de un muy grande edificio rectangular, con sus cuatro puertas delanteras abiertas ampliamente en la cima de un respetable tramo de escalinatas...

—Aquí estamos, finalmente —anunció Zahira—. ¡Bienvenidos al Bastión de Rayquaza!




Bastión de Rayquaza



Reservándose todo para sí excepto su curiosa mirada, Char siguió a sus compañeros hacia el recinto. El exterior del edificio estaba fácilmente más ornamentado que cualquiera de las otras estructuras en la fortaleza entera. A lo largo de la pared frontal a ambos lados de la entrada se asentaban ocho altos y remachados pilares grises que no servían de apoyo para algo en especial. Las paredes del edificio estaban hechas de enormes ladrillos varias veces más grandes que el cuerpo de Char, algunos centelleando con blanco como si estuvieran hechos de arenisca, otros de un cegador plateado reflectante, como si estuvieran hechos de metal. Los dos tipos de ladrillo formaban patrones de “X” a lo largo de los costados de la pared. Las puertas frontales estaban hechas de simple madera pulida, pero eran tan grandes que Char se imaginó que debieron haber sido labradas de algunas secuoyas de mil años de edad.

Pero la decoración más curiosa que Char notó, y la más interesante, era una estatua gigante de piedra representando al legendario dragón Rayquaza, con el extremo de su cola enrollado como una serpiente en reposo. La figura se asentaba entre el espacio muerto a un lado del camino cerca del final de la escalinata, la cosa entera yaciendo sobre su costado como si el monumento hubiera sido derribado de su pedestal pero no pudiera ser descartado, los Pokémon de la división todavía con la tarea de repararlo. Era claro que Rayquaza había recibido daño serio: aparte de sus numerosas mellas y hendiduras por todos lados, un par de las aletas en su cabeza faltaba, ambos brazos estaban desconectados, y una gigante grieta corría atravesando la frente del dragón. A pesar de todo, todavía conseguía imbuir a Char de un sentido de respeto por su figura, su sabia pero feroz mirada y su abierta boca recordándole a Char en gran medida a las estatuas dentro del salón de reuniones de la División Dorada...

Rayquaza debe ser la figura guardián de la división, determinó Char, una vez más reteniendo una pregunta. Tiene que ser llamada la ‘División Esmeralda’ por alguna razón...

Char y sus acompañantes siguieron a la Dragonite y al Scyther subiendo hasta la entrada, brincando los escalones con la profesional facilidad de alguien que estaba acostumbrado a escalar cientos de ellos cada día. Con cada paso, se ponía más y más ansioso de entrar y alejarse del frío.

En la cima de las escaleras, Zahira pausó para presentar el escenario.

—El Bastión de Rayquaza es el núcleo de la División Esmeralda —explicó Zahira—. El Equipo Arrepentimiento está establecido aquí. Aquí es donde todos nuestros equipos de resistencia vienen para tener reuniones, recibir asignaciones, y congregarse. Es la piedra angular de todas nuestras operaciones. Así que, mientras entramos, podrán ver a muchos Pokémon con prisas. Intenten no interponerse en sus caminos.

—Puedo asegurarte, Dragonite, que mis acompañantes no causarán problema alguno —dijo Scythe abruptamente, interrumpiéndola—. ¿Verdad, Char?

Char tragó saliva y negó con la cabeza, ávido de coincidir con cualquier cosa con tal de deshelar sus partes congeladas en algún lugar que estuviera por sobre los doce grados y el viento no soplara.

Zahira aguardó por unos momentos, como si esperara preguntas o comentarios de sus invitados. Cuando se dio cuenta de que no llegaban, hizo un gesto hacia todos para que la siguieran adentro. Char accedió con alegría.

Una vez más, Char fue enfrentado con la última visión que estaba esperando.

Piedra. Fría y oscura piedra. Fría, oscura y muerta piedra. Pasillos y corredores de ella, hasta donde el ojo podía ver. Y eso no era muy lejos, porque no había luminaria instalada dentro del Bastión de Rayquaza. No había antorchas fantasmas. Ni siquiera antorchas reales. Era el interior de edificio más apagado y monótono que Char alguna vez había presenciado.

Aunque, sí había luz. Char podía ver pasando el soleado vestíbulo y más allá en el pasillo, así que se dio cuenta de que debía haber alguna fuente de luz... aunque le tomó un momento darse cuenta de qué era. Cuando lo hizo, emitió un jadeo. Un jadeo de rabia.

¡Era luz solar! Un gran rectángulo había sido cortado en el centro del cielo raso, dejando entrar a la apagada luz solar. ¡La habitación entera estaba abierta a los elementos! El viento continuaba soplando dentro, apuntando directo a Char y barriendo junto a él y hacia afuera por las puertas. Un nuevo estremecimiento se apoderó de él.

¡Así no es como la base de una resistencia debería ser!, se dijo Char mientras gruñía, apretando los puños. ¡Esto... esto es una mazmorra! ¡Una mazmorra gigante! ¿Cómo puede cualquier equipo soportar vivir en esto? ¿Tienen alguna cafetería? ¿Un salón de reuniones? ¿Tienen centinelas para mantener afuera a los intrusos? ¿Tienen alguna contraseña, como el Credo? ¿Tienen habitaciones cómodas en las que vivir? ¡¿Habitaciones que no sean solo hábitats para Pokémon de hielo?!

Char estaba al borde de demandar respuestas. Hasta el momento, se había sentido muy desilusionado y decepcionado con la División Esmeralda. “No teníamos los recursos”, recordó decir a Zahira. “Hacemos las cosas de forma diferente por aquí”, también había dicho.

Pah, pensó Char. ¿Cómo siquiera se espera que los equipos operen aquí?

—Char... tu cola —le susurró Ray, notando la fuente de luz inflarse rápidamente en el extremo de su cola.

—Es el frío —dijo Char—. El frío me está haciendo enojar.

—Entonces deja que ocurra —dijo Saura simplemente—. Recuerda lo que aprendiste en la Zanja Ventosa...

Char sonrió cuando se dio cuenta de que Saura tenía razón. A pesar de que el frío lo había enfurecido, su enojo estaba alimentando a su fuego, que ya estaba dándole algo de alivio y comodidad. Sintió cómo su ascua interior lamía los límites de sus confines, extendiendo algo de calidez a través de su figura y entregándole la bendita sensación de vuelta a su entumecida piel. No era perfecto, pero le permitiría sobrevivir por solo un poco más de tiempo...

Y luego, cuando siguió a Zahira doblando una esquina y en uno de los pasillos principales del edificio, Char encontró algo más por lo que sonreír: Pokémon. El Bastión de Rayquaza no estaba tan desierto después de todo. Char contó al menos a tres equipos, o por lo menos grupos de residentes de la división, atravesando el pasillo. Aunque nadie levantaba la voz, realmente le dio a Char un sentimiento tranquilizador que el lugar era una base de la resistencia activo y en funcionamiento.

Un equipo de resistencia salió de un oscuro corredor justo más adelante, ingresando rápidamente al pasillo principal enfrente a Char y su grupo. Char se asombró cuando los vio: un Medicham, dos Aggron, que eran versiones completamente desarrolladas de los molestos roedores de acero que Char recordaba de varias mazmorras, y un Camerupt cerrando la marcha y moviéndose con sorprendente velocidad. La cosa era que estos Pokémon se veían poderosos. Tenían al menos una y media veces el tamaño que Char esperaba que sus respectivas especies fueran. Todos le recordaron a Char a Gebbit, un notorio Machamp del Equipo Impacto de la base, que se dedicaba a entrenar y desarrollar los músculos más grandes que cualquier Pokémon jamás vería. De igual manera, este equipo se había pasado muchos años endureciéndose, afilando su fuerza y resistencia, y realmente se mostraba. La mandíbula de Char cayó mientras observaba a los Aggron. Sus blindajes eran de varias decenas de centímetros de grosor. Sus garras y cuernos eran masivos, pareciendo como si pudieran destruir diamantes si lo quisieran. El suelo se sacudía a medida que avanzaban acercándose.

—Oigan, miren, ese debe ser el Equipo Terremoto —bromeó Ray nerviosamente—. V-vaya.

A medida que los intimidantes Pokémon se cruzaban caminos con el grupo de Char, dieron un asentimiento de reconocimiento a Zahira. Luego, después de notar a Scythe, dieron un asentimiento mucho más sorprendido y respetuoso, prácticamente haciéndole una reverencia. Scythe les hizo un cordial gesto de vuelta, restándose importancia.

Cuando pasaron junto a Char, le dieron una mirada de patético disgusto. Char se sintió de repente muy pequeño.

Já, Char deseó poder gritarles en la cara. Ya me encargaré de ustedes. De todos ustedes. Solo observen. Tengo La Llamada, ¿no lo saben? ¡Llamaré a Rayquaza y él les tragará enteritos! ¡Ustedes no me fruncen el ceño!

Le ayudó a mantenerse cálido.

Otro grupo pasó de largo, este consistiendo de dos Weavile y un Sneasel. Estaban realmente apurados, disparándose precipitadamente por el pasillo y sin prestar atención a Scythe o al resto del grupo.

—Sí, y ahí está el Equipo Degollador —comentó Saura.

Aunque era una broma, Char no pudo evitar estar de acuerdo. Los Pokémon comadrejas no eran criaturas agradables. Recordó al Equipo Pavor de la División Dorada, un equipo que empleaba a tres Sneasel y a un Weavile, Vazidor, como su líder. Vazidor era lo suficientemente respetable y juicioso, pero los otros, para ponerlo con suavidad, no hacían buenos compañeros de equipo en las misiones cooperativas.

Los pasillos continuaron por un tiempo, y aparte del ocasional grupo de Pokémon que lograba ver, no parecían ser muy diferentes unos de otros. Ocasionalmente, el techo se abriría y dejaría entrar a la luz, o una pared entera faltaría, con solo una fila de gruesos pilares separándolos de las calles del Fuerte Esmeralda, pero el interior del Bastión de Rayquaza no parecía demasiado interesante con o sin la luz solar. Era como si a alguien se le hubiese dado la piedra más grande de la historia del mundo y hubiera labrado un espacio para vivir dentro. No había puertas batientes, antorchas ardiendo, muebles, alfombras, o cualquier otra cosa para avivar el ambiente. Todo era del mismo color. Gris.

Otro equipo se aproximó, este charlando ruidosamente entre ellos, rompiendo agradablemente el horroroso silencio. Entre ellos estaba un Houndoom que parecía incluso más voluminoso y fuerte que Daemon, un Glaceon, perfectamente a gusto aquí en el clima frío, un Lucario de aspecto muy serio, un excepcionalmente largo Arbok, un Typhlosion, un–

Espera... ¿un Lucario?

Char parpadeó. ¿Podría tratarse de... el Lucario?

—¡Argh–!

Cegado por la repentina tensión de estar en presencia del líder de la División Esmeralda, Char se dio un golpe en el dedo con una inesperada grieta en el suelo y se volcó de cara.

Con algo de ayuda de Saura, quien había intentado atraparlo, Char se puso de pie nuevamente antes de que Lucario pudiera pescarlo haciendo el ridículo.

—¡Es él! —jadeó Char a Saura—. Lucario. No puedo creer que nos topemos con él en el pasillo... Pensé que iríamos a encontrarnos con él en su habitación o algo...

—¿Seguro de que es él? —preguntó Saura—. No parece demasiado... no sé... un líder.

Char miró con más cuidado al Pokémon azul de aspecto canino, y vio a lo que Saura se refería. El Lucario era más bien bajo y diminutivo comparado a los Pokémon que lo rodeaban. No parecía voluminoso, musculoso, o endurecido por las batallas como los otros equipos que había visto; de hecho, parecía un poco flacucho. Su expresión facial delataba malestar e incertidumbre, no el orgullo y la robustez de un comandante. Aunque sus camaradas divagaban enfrente a él, no hacía comentarios, solo escuchaba, como si no pudiera entender ni la mitad de lo que decían. Char empezó a preguntarse seriamente si este era en realidad otro Lucario que trabajaba en la división, y no el Lucario del que todos hablaban.

Sin embargo, efectivamente, cuando el Lucario levantó la mirada y notó a Zahira, habló.

—Zahira —gruñó el Pokémon Aura muy ásperamente, como si estuviera tratando de gritar pero era incapaz de levantar la voz—. Llegaste temprano. Y por cuatro horas y un tercio más o menos.

—En efecto, Su Excelencia —habló Zahira muy respetuosamente—. Y he entregado a Scythe, el renombrado héroe de la División Dorada, y... al Charmander, quien es llamado Char. Y a sus amigos.

—Oye... —ironizó Saura en voz baja en el oído de Char—, ¿no está Zahira en el Equipo Arrepentimiento? ¿Y lo está llamando ‘Su Excelencia’? ¿Por qué lo está tratando de esa manera?

—Él es el líder de la división —supuso Char—. Supongo que lo tratas con respeto sin importar en dónde estés parado.

—Sí, pero... Pensaría que tratarías al líder de tu equipo de una forma más personal que esa, incluso si también es tu comandante —se preguntó Saura—. Estos Pokémon de seguro tienen un montón de respeto mutuo...

—Já, miren. Apuesto a que Scythe no tiene que tratarlo de forma especial en lo absoluto —supuso Ray—. Scythe es famoso. Podría decir cualquier cosa que quisiera y salirse con la suya.

—¿Desde cuándo ser famoso significa que tienes menos responsabilidad? —siseó Scythe en respuesta, sorprendiendo a los tres—. En mi experiencia, significa que tienes más. Ahora... ¡silencio! Es vital que permanezcan en silencio ahora. A menos que Lucario les hable directamente, ni una palabra. ¿Entendido?

Char se enderezó y se puso tenso, anticipando la profunda y fría mirada que el líder de la División Esmeralda le daría, preguntándose cómo se sentiría que su aura fuera sondeada por la mente del Lucario. Pero Lucario no parecía todavía interesado en Char...

Lucario hizo un gesto muy extraño, sacudiendo su cabeza y blandiendo sus patas en el aire, como si su cabeza estuviera cubierta de moscas y estuviera intentando espantarlas—. Bueno, esto es un inconveniente. Estaba previsto que visitaría el Distrito Cuatro a esta hora, pero ahora voy a tener que quedarme aquí —gruñó en su baja voz grave—. No querría dejar esperando a nuestros invitados, incluso si me han causado inconveniente. Bueno, en este caso... Excalibur, viaja al Distrito Cuatro en mi lugar. Zahira, tú ve con ellos. El Equipo Cantón necesita discutir la situación de las trincheras que bloquean el camino a la ciudad civil, no lo sé, te contarán todo sobre el tema cuando llegues allí.

—Así será hecho —respondió el Houndoom en una voz profunda y poderosa, haciendo que Char se preguntase si en realidad era un Pokémon legendario disfrazado.

Zahira frunció el ceño ligeramente—. Su Excelencia, si necesita alguna vez... supervisión para los invitados, no dude en llamarme. Ha sido un honor y un placer mezclarse con ellos.

—Lo entiendo, pero puedo cargarlos desde ahora, Zahira —respondió Lucario, un pequeño indicio de disgusto en su voz—. Gracias por traerlos hasta aquí en una pieza, pero ahora te necesito en otro lugar. No te olvides de la campaña del Pueblo Terra.

—Por supuesto, Su Excelencia —respondió Zahira casi en un suspiro—. Scythe, Char, Ray, Saura... al parecer es aquí en donde nos despedimos. Ha sido un viaje divertido. Nos vemos otra vez, con suerte.

Char asintió hacia ella, pero no dijo nada a pedido de Scythe. Ella sonrió y saludó mientras seguía al resto del grupo que presumía era el Equipo Arrepentimiento a medida que marchaban por el pasillo, dejando a Lucario solo con los recién llegados.

El líder se quedó parado ahí en el centro del oscuro pasillo, su cara vuelta hacia el suelo. Sus ojos estaban cerrados, o simplemente vueltos hacia abajo, Char no podía decir, y sus manos detrás en la espalda. Char juntó sus zarpas y las torció con fuerza de la nerviosa anticipación, su aliento hacía tiempo detenido en el fondo de su garganta.

Fue Scythe quien rompió el silencio.

—Hmm, esos Houndoom hacen excelentes compañeros, ¿no es verdad? —habló Scythe. Su tono procuró algo de simpatía casual, pero Char pudo decir que lo había dicho muy cuidadosamente.

—Hmmmmm —suspiró Lucario, finalmente prestando una mirada a Scythe, como si todavía no se hubiera dado cuenta de que estuvo en su compañía todo el tiempo—. Scythe. Un gusto. Eres bien conocido en estas partes. He escuchado muchas cosas grandiosas sobre ti. En representación del Bastión de Rayquaza, bienvenido al Fuerte Esmeralda: haré lo posible para hacer que su estadía aquí sea cómoda.

Char parpadeó. Lucario estaba hablando de una manera muy innatural, o al menos de una forma que no estaba esperando de un líder tan poderoso. Hablaba como si se hubiera pasado la quincena solo tratando de memorizarse esas líneas.

—Estoy seguro de que estará bien —respondió Scythe, ofreciendo una pequeña reverencia—. Esta no es mi primera visita aquí, después de todo. Estuve en el proyecto de la Excursión Oscura, el Dique Oceánico, el Refugio Blanco, y estuve aquí para la reunión de los Lapras y el incidente de las barricadas del Equipo Ruedafuego... Conozco los caminos del lugar bastante bien.

Y, finalmente, los ojos de Lucario descansaron sobre Char. Char enderezó su forma una última vez, haciéndose parecer tan respetable y receptivo como pudo. Aunque, momentos después, la mirada de Lucario se movió hacia Saura y Ray también.

—Y has traído a...

—Aquel quien creemos es responsable de la aparición de la torre —habló Scythe, completando la oración de Lucario—. Pretendemos visitar la torre lo más pronto posible. Fuimos instruidos el visitarte para información adicional antes de nuestro viaje a Zerferia.

—Hmmmm... así que La Llamada ha emergido una vez más —habló Lucario, fijándose en el suelo nuevamente—. Un Charmander esta vez, dices... Puedo mostrarles el camino que hemos planeado hacia la torre. Aunque, primero... creo que me gustaría hablar con el Charmander.

... ... ...


Char había sentido terror antes, y muchas veces. Había sentido terror cuando se encontró atrapado en las más profundas y oscuras mazmorras y mirando a las monstruosas formas de salvajes e invencibles Pokémon. Había sentido terror cada vez que Adiel había aparecido, especialmente en aquel oscuro día en el que la base entró en modo encierro. Estaba bastante familiarizado con la sensación; cada vez se sentía como si alguien había tomado un cuchillo y abierto su corazón de un corte, dejando que su alma salpicara por el suelo y debilitándolo, drenándolo del deseo de seguir de pie y pelear. De hecho, lo había experimentado tantas veces que estaba empezando a acostumbrarse y aprender a cómo contrarrestarlo, encontrando que siempre podría confiar en su Ascua para elevarse a su causa y darle la fuerza y el sentido de concentración que necesitaba para salir del apuro.

Esto, sin embargo, no era el mismo tipo de terror. Era algo más. Era como vergüenza, bochorno, incertidumbre, incomodidad. Y era fuerte, lo suficiente para reducirlo a un tembloroso bufón, y mientras sentía que su cabeza nadaba en lo surreal de todo aquello, no tuvo la más mínima idea de cómo contrarrestarlo. Lucario tenía un aire diferente sobre él del que Alakazam jamás tuvo. Tenía un aura que demandaba respeto, pero algún tipo de respeto que era completamente desconocido para él. No tenía la más mínima idea de cómo se esperaría que actuara.

O tal vez sí era su viejo instinto del terror haciendo efecto, pero la Manzana Oro escudando a la boca de su estómago de la sensación de náuseas. Eso parecía posible también.

Char sostuvo el aliento y dejó que su fuego creciera, pero no tuvo éxito en detener su inquietud. Estaba, después de todo, cara a cara con el Pokémon más importante que había conocido. Sabía que decir la palabra incorrecta, o insultando a Lucario o presentándose de mala manera, tendría efectos desastrosos.

El Pokémon Aura no se paraba alto y orgulloso como muchos otros que había conocido. Visiblemente, era bastante bajo y débil, ni siquiera el doble de su altura, pareciendo que ni siquiera podría levantar una roca del tamaño de Char. Aunque, alguna pequeña parte de la mente de Char le decía que estaba equivocado; algo sobre él era respetable. Como si su apariencia no fuera algo sobre lo que tuviera control. Como si, exacto, hubiera ganado guerras y presenciado de primera mano las cargas de la resistencia, pero estuvieran escondidas de su figura por causas ajenas a la suya. Podía decir esto por su concentrada mirada, o por la forma en que se sostenía. Aunque luego de unos cuantos momentos, su expresión empezó a parecer menos la de un erudito jefe militar y más al de la simple frustración de alguien que acababa de pasarse diez horas intentando sin éxito encontrar una llave perdida.

Después de ordenar a Scythe un “espera aquí”, Lucario había guiado a Char a su estudio privado, que no se encontraba a una caminata muy lejana de aquel pasillo. Luego de ver el interior de su habitación, se encontró nuevamente decepcionado. Seguramente, pensó él, de todos los lugares en la División Esmeralda, la morada personal de Lucario sería un escenario digno de contemplar, más o menos al mismo nivel que el salón de Alakazam... pero no. Era una cámara rectangular, y una más bien estrecha. Una vacía mesa de madera yacía a un costado de la habitación, y una fortuita pila de posesiones descansaba en la esquina opuesta. Una roja y rasposa alfombra se extendía en el suelo, y una azul cubría el cielo raso. No había fuente de luz, pero la habitación era visible como si fuera por magia. Char se preguntó si en realidad la alfombra azul producía la luz.

—Llegas temprano —habló Lucario, pasando a su lado y posicionándose al frente de su mesa.

Char jugueteó con su lengua cuando se dio cuenta de que se suponía tenía que responder—. Sí. Digo. Fue un vuelo sin problemas de camino hasta aquí. El aire–

—No me refería a eso, Charmander —ladró Lucario, sus brazos soportando su peso sobre la mesa y sus ojos siguiendo las vetas de la madera en ella—. Tú llegas temprano. No se suponía que la Llamada aparecería por unos cuantos años más.

Char mantuvo su boca abierta, inseguro de qué decir. Su habilidad no era exactamente algo sobre lo que tenía control.

—Cuéntame algo, Charmander —habló Lucario un poco más suavemente—. ¿Entiendes tu poder?

—No —respondió Char con honestidad.

—¿Entiendes las implicaciones de tu poder? —cuestionó Lucario.

—Yo–eh... eh... puedo usarlo... para derrotar al Maestro... —luchó Char por decir.

—Como muchos dicen —dijo Lucario—. Pero yo creo que la Llamada tiene tantas oportunidades de vencer al Maestro que las que tendría yo si me parara sobre la pared del Fuerte Esmeralda y lanzara una jabalina al cielo. Quizá sería un tiro afortunado. Quizá, si el viento soplara de la forma correcta, el Maestro saldría de su fortaleza un buen día solo para que mi jabalina baje y lo empale a través del cráneo.

El cuerpo de Char se quedó trabado en el lugar.

—Lo que muchos no entienden es que yo estuve ahí la última vez que tuvimos a la Llamada —habló Lucario, aumentando de fuerza detrás de su voz—. Intentamos emplearla, como siempre hemos hecho en el pasado. ¿Sabes lo que logramos al final? Convocamos a una legión de los soldados del Maestro que casi nos pisoteó hasta la muerte.

Lucario se volvió y miró a Char a los ojos.

—Dime. ¿Qué hace que seas diferente? —murmuró en una hirviente tranquilidad.

Char no podía emitir palabra. Sabía que tenía que decir algo en su defensa. Lo sabía. Le carcomió la mente, pero solo no pudo empuñarlo.

—Dime —habló de nuevo Lucario, su voz inmutable—. ¿Qué hace que seas diferente?

—L–lo– —intentó Char—. Yo... Dialga. Dialga. Él... me dio sueños... ¡Yo lo llamé! ¡Lo llamé directamente! ¡Mi llamada es más grandiosa... que nunca antes!

—Dialga —escupió Lucario—. ¿Y qué bien hará Dialga para nosotros, piensas tú? ¿Es que tú, Charmander, tienes el poder para bregar con un dios para que haga tu voluntad? ¿Tú que te refieres al dios del tiempo como un macho, piensas que contendrá suficiente respeto por ti para obedecer tus comandos? ¿O los míos?

Antes de que Char pudiera responder, Lucario cruzó la habitación directo hacia él. Paralizado del miedo, observó cómo Lucario en realidad lo recogía de los brazos y lo sostenía al nivel de sus ojos. Colgó del aire, suspendido por el asimiento del Pokémon Aura, mirando su fruncido ceño.

—Tú eres quizás el Pokémon más débil que jamás he conocido —masculló Lucario—. ¿Piensas que un dios te respetará? Ni siquiera yo puedo atreverme a respetarte. Entonces, tú has causado que la Torre del Tiempo se materializase. ¿Viajarás a su cima? ¿Esperarás que Dialga descienda sobre el dominio del Maestro y le saque el corazón de un zarpazo? ¿Esperarás que Dialga no vea apropiado el desobedecerte y en lugar de eso mandar ese zarpazo a Ambera entera y convertirla en cinco mil piezas de tiempos desiguales?

Repentinamente, Lucario torció su cuerpo, y antes de que Char lo supiera, había sido arrojado a la esquina más alejada de la habitación. El dolor se disparó a través de su cabeza mientras esta rebotaba en ambas paredes de piedra y él caía, hecho un patético desastre, sobre su costado. El viento fue sacado de él antes de que siquiera tuviera el tiempo de aullar de la sorpresa.

—Qué chiste —espetó Lucario—, que los dioses imbuyan de la Llamada al más débil de los Pokémon. Qué chiste que nos da a todos tal esperanza.

Alarmado y jadeante, Char luchó por levantarse. Mientras se enderezaba, sintió un cosquilleo en su tobillo... y bajó la mirada para encontrar que su cola había encendido en llamas la alfombra en dos lugares. Los pisoteó tan pronto como pudo, dejando solo un par de manchas color ceniza sobre la roja tela.

—El Bastión de Rayquaza tiene poco para ofrecerte —dijo Lucario, girando su atención de vuelta a su escritorio—. No tenemos nada. Todo lo que tenemos, el Maestro nos lo ha sacado. Esto es por lo que luchamos. Pero si quieres una noche de descanso en nuestra fortaleza, y algo de inteligencia para el camino a Zerferia, y tal vez una comida o dos... eso, sí puedo ofrecerte. Pero no esperes que te apoyemos.

—La comida no —se ahogó Char, esperando que ayudara a la situación—. Tenemos... Manzanas Oro... No tendremos hambre...

—¡Bien, entonces! —gritó Lucario—. Ahora vete. Fuera. Arroja tu jabalina al cielo. Reza para que no aterrice sobre tu propio pecho.

A Char no se le tuvo que pedir dos veces. Corrió de la cámara a cuatro patas.

... ... ...


Su corazón latiendo a miles de veces por minuto, y su fuego iluminando hermosamente el pasillo con un matiz azulado, Char corrió a toda velocidad de vuelta a la dirección que recordó haber tomado como un perro deseoso de volver a casa. Solo que no pudo. Su casa estaba a cientos de kilómetros.

Char ahora pudo entender la emoción que había visto en el líder de la división, pero que no pudo ubicar: amargura. Lucario era un alma muy amarga. Era algo que no había visto en muchos Pokémon, en todo caso. En comparación, la División Dorada estaba siempre tan llena de... esperanza. Orgullo. Un deseo de continuar. La División Esmeralda carecía de aquello. Sabía ahora qué tipo de personaje era Lucario. Él había sido roto. La aflicción, el estrés, el peso de sus experiencias como comandante... lo habían destrozado. Tomado todo a lo que alguna vez le guardó cariño. Y lo resentía. Quería que el Maestro pagase por sus hechos.

La División Dorada, determinó él, era motivada por la esperanza, y la División Esmeralda por la venganza. Y a diferencia de la esperanza, la venganza no requería lujos. La venganza no requería comodidad. La venganza era dura y fría, como la perforación de una espada. La venganza no sentía.

Char se detuvo para recuperar el aliento, solo para darse cuenta de que había tomado un camino equivocado. Estaba perdido entre los vacíos pasillos grises. Si había una cosa que no quería, era ser separado de sus amigos por más tiempo de lo necesario.

Calmando su acelerada mente, empezó a considerar sus opciones. Podía llamar por ayuda. Podía gritar al siguiente Pokémon que pasaba en el pasillo y preguntarle direcciones. Podía correr por ahí hasta encontrar alguna de esas aberturas en la pared, en donde podría saltar afuera y rodear el edificio de vuelta a la entrada, en donde de seguro podría encontrar su camino.

Una luz de fuego rojiza apareció en el corredor ante él, y Char se dio cuenta de que no estaba solo.

Prince.

El Infernape se acercó con rapidez. Char se movió, preguntándose si debería correr. El ardiente Pokémon no parecía malicioso en lo absoluto, pero sabía que las apariencias solían ser engañosas.

Aún, tuvo que preguntarse sobre la forma en que Scythe dijo el nombre del primate con tanto disgusto. Por lo que a Char se refería, Prince era el héroe de la División Esmeralda. Seguramente, no podía ser malvado, o lo suficiente mente malo para salir corriendo a simple vista.

Scythe y Prince son probablemente rivales, o algo, se preguntó Char. Quizá solo tienen aversión mutua... Hablaré con él. Si vino todo el camino hasta aquí, probablemente sepa dónde está Scythe. Le pediré direcciones.

Incluso entonces, Char se preparó para cualquier cosa a medida que Prince se aproximaba. Prince parecía entretenido, como si hubiera encontrado a un pájaro que había caído del nido.

—Entonces —habló Prince—. ¿Qué piensas de Lucario?

—No es tan agradable. ¡Me lanzó a la pared! —respondió Char, frotándose el costado de la cabeza para enfatizarlo—. ¿Él es siempre así?

—La mayor parte del tiempo, desafortunadamente —habló Prince, en una voz mucho más gentil de la que Char estaba anticipando—. Lucario... está discapacitado. Él nació, o eclosionó, si no prefieres las expresiones humanas, sin el poder de usar aura. Cada día, el hecho de eso lo molesta.

—¡Vaya! ¡¿En serio?! —jadeó Char—. ¡Ni siquiera lo hubiera imaginado!

—Sí —dijo Prince, haciendo un amable gesto a Char para que caminase a su lado—. Su madre antes que él, quien encabezaba al Equipo Arrepentimiento en la dinastía previa, usó todo tipo de poderes cuando lo crio. Telequinesis. Telepatía. Incluso la habilidad para sentir las intenciones del sujeto. Y poderes de ataque devastadores. Ahora, Lucario está aquí en su asiento de poder, y es incapaz de ejercer cualquiera de ellos. Solo la fuerza de sus músculos le sirve. Eso, y la fuerza de cada Pokémon bajo su comando.

—Eso es horrible —jadeó Char de nuevo—. Supongo que eso explica mucho. No puedo imaginar cómo eso se sentiría. Se sentiría como... haber nacido sin tu fuego, ¿no? No puedo imaginarme eso. Mi fuego es quien soy. Es mi alma.

—Ah, así que sí prefieres las expresiones humanas —dijo Prince con una sonrisa—. ¿Sabes mucho sobre los humanos?

—Sí, un poco —confesó Char—. Ellos... bueno... crecí con ellos.

—Yo también —dijo Prince—. Los humanos me criaron. Era feliz con ellos. Nunca quise marcharme.

—Entonces... ¿por qué viniste a Ambera? —cuestionó Char—. ¿Por qué no te quedaste con ellos?

—Fui desterrado —dijo Prince simplemente.

—Caray... ¡Lo siento! —dijo Char.

—Confía en mí, pequeño Char, si no lo hubiera superado para ahora, no estaría vivo —rio Prince entre dientes—. Eso está todo en el pasado. El lejano pasado. Pero de todas formas... Mi nombre es Prince, del Equipo Ruedafuego. Encantado de conocerte.

Char estuvo maravillosamente pasmado de ver a Prince extender su mano izquierda para recibir un apretón de manos. Accedió con alegría.

—Lo sé —dijo Char con una media sonrisa mientras sacudía su mano, con algo de júbilo llenando su corazón al ver a otro Pokémon entender las costumbres humanas—. Soy Char, Equipo Ascuas.

—Lo sé —le contó Prince—. Escuché sobre ti. Escuché que hiciste que la torre apareciera. Allá en los dominios de Articuno.

—Eso es lo que dicen —se rio con nerviosismo Char—. Ahora tengo que ir allá afuera. No tengo ganas de hacerlo. Va a ser tan frío.

—Sí, Articuno puede ser un espíritu severo a veces —dijo Prince extrañamente—. Pero eres un tipo fuego. Los tipos fuego no se enfrían.

—Eh... ¡sí, lo hacen! —insistió Char—. ¡Me enfrío todo el tiempo! ¡Lo odio!

—Entonces no has aprendido todo lo que hay para saber sobre tu fuego —le contó Prince—. ¿Te entrenó un tipo fuego en lo absoluto?

—Eh... no... sí... —respondió Char—. Es complicado.

De repente, de la nada, ¡un estridente grito hizo eco por el corredor! Char se sorprendió hasta la médula. Estaba al borde del pánico, cuando el repentino reconocimiento encajó en su lugar.

Conocería esa voz en donde fuera.

—¡NO! ¡TE METAS! ¡CON! ¡CHAR! —exclamó la voz—. ¡AAAAAAH!

La habitación destelló con una blanca luz cuando una enorme descarga de electricidad atrapó a Prince con la guardia baja y lo engulló. Su cálida sonrisa se volvió una feroz mueca, y se dio vuelta, solo para ser golpeado en el estómago por la frente de Ray.

—¡CHAAR! —gritó Ray—. ¡CORRE!

—Ray... —intentó responder Char—. ¡Alto! ¡Él no es–

Pero era demasiado tarde. Prince empezó a demostrar su maestría en las artes marciales. Sin dudar por un momento, el Infernape realizó una voltereta, capturando a Ray entre sus dos piernas a medida que estas pasaban por sobre su cabeza, y lo hacían volar lejos. Saura, que no estaba muy atrás, desató el poderoso movimiento que la MT le había enseñado: una gigante masa amorfa de sustancia venenosa brotó de su espalda y se disparó hacia el rostro del simio. En un hábil movimiento, Prince se elevó con una mano y giró, el ataque venenoso pasando sin hacer daño bajo su brazo, y su pie entrando para un brutal impacto con el cuerpo de Saura. Saura se alejó tambaleando.

—¡Char! ¡Sal de aquí! —exclamó Saura—. ¡Vete! ¡Ahora!

—¡No! —gritó de vuelta Char—. ¡Deténganse! ¡Él no es malo!

Sus amigos no escuchaban. Char observó estupefacto como volvían para otra ronda.

Ray estaba de pie y corriendo otra vez, e intentó derribar a Prince desde atrás. Luego de una mirada hacia atrás, Prince se lanzó hacia la pared, luego se impulsó con ella, noqueando a Ray del aire con la fuerza completa de su cuerpo. Ray gritó del dolor.

Saura, habiendo esperado que el oponente se hubiera distraído, había cargado un rayo solar y lo desató directo hacia la figura de Prince. En una imposible maniobra, Prince se dejó caer al suelo y se agachó bajo el rayo, luego balanceó su pie delantero para sacarle el balance a Saura y poner un alto a su ataque.

Ahora Char sí entró en pánico. Gritó a sus amigos, pero estaban totalmente empeñados en la batalla, convencidos de que Prince era una amenaza...

Hasta que otra voz, una mucho más poderosa y autoritaria que la suya, habló.

—¡ALTO!

Todos se congelaron ante el sonido de la voz, aunque Prince fue dubitativo en dejar su postura de batalla. Scythe estaba en la esquina del pasillo, pareciendo extremadamente disgustado.

—Prince —dijo con enojo—. Déjalos solos.

—Scythe, no hice nada —retornó Prince—. Me atacaron por su cuenta.

—Te atacaron porque te robaste a mi Charmander —le refunfuñó Scythe—. Devuélvelo.

—Él tiene un nombre, sabes —gruñó Prince un poco amargamente, enderezándose en una postura normal—. Creería que de todas las personas tú sabrías eso.

—Char —comandó Scythe, ignorando la afilada observación—. Ven conmigo.

Char hizo lo que se le dijo sin cuestionar, lanzando una confundida mirada de vuelta a Prince a medida que se apresuraba hasta el lado de Scythe. Ray y Saura se recompusieron del suelo y siguieron el ejemplo.

—Oye, siento eso —le susurró Saura a Char—. Ray y yo decidimos atacar primero y hacer preguntas luego. Scythe tiene algo en su contra, y no queríamos que te ocurriera nada malo.

—Yo estoy bien —insistió Char—. ¿Ustedes están bien? Simplemente intentaron derribar a alguien sobre quien se cuentan historias. Lo siento, ¿pero qué estaban pensando? ¡Ni siquiera me estaba atacando! ¿Están lastimados?

—Estoy un poco aturdido, pero sí, sobreviviré —dijo Ray, frotando su costado en donde el golpe a cuerpo completo de Prince había conectado—. Golpea duro...

—Buenos días a ti, Scythe —dijo Prince sinceramente mientras se acercaba, aunque Scythe todavía no parecía divertido—. Ha pasado un tiempo.

—En efecto —gruñó Scythe—. ¿Está tu equipo bien en estos días?

—Sí, lo está —replicó Prince—. Dieciséis miembros ahora, de hecho. ¿Y el tuyo?

—Somos lo que somos —dijo Scythe—. No mucho ha cambiado por nuestra parte.

—¡Oh! Escuché historias de que estarían devolviendo el cañón en algún momento del mes pasado —dijo Prince, intentando aligerar el ambiente—. ¿Cómo se desarrolló eso?

—Pospuesto —dijo Scythe, su cara contorsionándose de una extraña manera, como preguntando, “¿cómo podrías saber sobre eso?”.

—Aww, una pena —suspiró Prince—. Pensé que podría ser causa para una celebración. Oh, pero ya hay causa para celebrar, ¿o no? ¡La Llamada! ¡Y la Torre!

Prince vitoreó con ánimos, asintiendo hacia Char mientras lo hacía—. ¡Y pensar que podríamos presenciar la gran victoria en solo el transcurso de una semana! —dijo él—. No pienso que podríamos pedir más que esto.

—Efectivamente —habló Scythe—. Ahora, Prince, si nos pudieras perdonar, debemos consultar con Lucario. El tiempo es esencial.

—Iré con ustedes.

Scythe apretó las mandíbulas tan fuerte, que Char pensó que se había cercenado su propia lengua.

—No puedes —gruñó Scythe, verdadera hostilidad apareciendo en su tono—. Aunque aprecio tu preocupación.

—Puedo, y lo haré —insistió Prince—. Ya lo he decidido. No tienes voz en el asunto.

—Prince, no lo entiendes —espetó de repente Scythe, elevando su voz y alzando sus cuchillas con frustración—. Bajo circunstancias normales... sí, lo recibiría. Pero... no puedo permitirte. No... es posible.

—Pienso que tú eres el que no entiende, Scythe —dijo Prince gravemente, desafiándolo—. Sin embargo. No hay demasiadas personas a quienes respeto más que a ti. Y estoy seguro de que eres muy amigo del pequeño Char. Tengo que aplaudirles, Bulbasaur, Raichu, cualesquiera sean sus nombres, por defenderlo. Estos son amigos verdaderos los que tienes.

—¡Prince! —soltó Scythe, intentando silenciarlo. Pero no funcionaba.

—¡El pequeño Char es un tipo fuego! —exclamó Prince, ahora alzando su propia voz—. Estoy seguro de que eres grandioso en cuidarlo. ¿Pero es que sabes cómo es ser un tipo fuego? ¿Sabes? ¿Entiendes lo que ocurre con él en el centro? ¿Sabes lo que le tomará sobrevivir en Zerferia? ¿Alguna vez has estado allí tú mismo? Y si... si su fuego se apagara, ¿serías capaz de reencenderlo?

El silencio por el siguiente par de segundos fue mortal.

—Prince... —hirvió Scythe, su tono ahora gentil pero absolutamente malicioso—. No voy a tener que luchar contigo de nuevo, ¿o sí?

—Si eso es a lo que llega, sí —gruñó Prince en respuesta—. Además, ambos sabemos quién ganó la última vez...

Scythe observó con rabia cómo Prince se volteaba y hacía una reverencia hacia Char—. Lamento que hayas tenido que observar esto —dijo él—. Scythe puede ser terco a veces...

Y con eso, simplemente se alejó caminando.

—¡GIIIIIAAAAAAAA!

Scythe emitió un sonido que Char nunca había escuchado de él antes. Gritó a todo pulmón, como una banshee enloquecida soltando un grito de batalla. Se abalanzó y golpeó ambas cuchillas, en rápida sucesión, en la esquina de la pared. Pequeñas abolladuras aparecieron en ella, y en sus propias cuchillas también.

Se quedó parado, jadeando, y mirando con incredulidad el daño que se había hecho. Luego miró por sobre sus cuchillas, hacia los tres pasmados Pokémon que acababan de observar todo tener lugar.

Un Vigoroth dobló la esquina del pasillo. Sin prestar atención a la incómoda congregación en el otro lado de la pared, se alejó usando tanto sus brazos como sus piernas.

—Vamos —dijo finalmente Scythe, dejando caer ambas cuchillas a sus costados—. Tenemos cosas que hacer.


Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.

Rak, eres todo un artista



.- Pokémon Mundo Misterioso: Resistencia Plateada -.

---> ¡Concurso en marcha! <---
¡No se lo pierdan!

Pásense por mi página de Deviantart: WillChar96


Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.

#95
Bueno, ando hecho un embrollo, sino me equivoco el capítulo de Otto es un capítulo especial por lo cual no cuenta como un capítulo ennumerado ¿verdad?. Sé que se llama Ave Valiente, así que ahora te comento en capítulo 31 de verdad (donde salvan a los Bullbasaur)
Hace rato no actualizo mi comentario anterior, tenia los comentarios escritos pero no había posteado porqu no había ido a un ciber, pero ya tengo internet en mi casa. ¡MÁS QUE GENIAL FUCK YOU! *---*

Capítulo 31

Spoiler
Genial, debo de decir que este fue un capítulo bastante interesante la verdad. Me gustó como el autor de ideó todo este plan para sacar a los Bulbasaur de la cárcel, además me enteré de que existe la semilla Invisible y el Lazo Perfora, necesito conseguir unos de esos en mi juego de PMM Exploradores del Cielo, hubiese sido más fácil vencer a ese estúpido Manectric o como sea que se escriba, era un dolor de cabeza total ya que me tocó ser un Totodile y como él es tipo eléctrico y eso… como diez veces intenté vencerlo hasta que al fin lo conseguí, ahora voy por Dialga, claro si sobrevivo a la torre del tiempo.

Y ese Abdiel es muy listo, el nombre Abdy le quedaría mejor, pero no importa, ya se parece bastante a mi nombre así que con eso me conformo (¿) Je je je sí, se parece un poco a mi nombre, Abdy, Abdiel… perfectamente puede ser mi hermano o mi primo.

Y bueno, simplemente eso. Súper genial el capítulo, a leer los que me faltan.


Capítulo 32

Spoiler
En serio, este fic parece pasar de un capítulo muy bueno a uno aún mejor. Qué bueno que esta vez Saura (sigo pensado que es gay, por cierto) se haya reencontrado con su hermanita al menos un rato, ésta ahora podrá comunicarle a sus padres lo que “pasó” con él y así ciertamente viene un poco más de paz para todos; fue una parte muy emotiva a mi parecer.

Encontré un súper pequeño y minúsculo error, te faltó una letra para una palabra, abajo de dejo una pequeña parte yla letra en negrita fue la que te faltó

“…cuando le recordó a Ray sobre…”

Y Eva… Eva, Eva, Eva. Hasta que al fin se digna a aparecer la bandida, hace cuantos capítulo fue su aparición ¿cómo 20? Creo que hasta más pero bueno… ella me dejó muy intrigado, al principio la odié pero ahora… me intriga. Quiero saber que era lo que le tenía que decir a Char sobre Scythe pero… Char hizo bien en no aceptar ya que eso sería traicionarlo y además, Scythe se daría cuenta rápidamente al verle los ojos. Pero a la vez también maldigo a Char por no aceptar que le dijeran. ¡TE MALDIGO CHAR!

Y me sorprende que Eva haya estado tanto tiempo escondida en la base, ¿acaso Alakazam o Xatu no han sentido su presencia con sus poderes psíquicos? Eso es muy raro si me preguntan, pero bueno… paso con lo de la visión de la lagartija de fuego. ¿Qué significarán? Seguro es un Pokéball ajá, quizás una MasterBall pero qué con ella. ¿Será… que se están refiriendo a la que tiene Dusknoir, el jefe del Equipo X? Sí, me acordé de eso de pronto.

Quiero saber que se trae el bicho verde entre garras, u hojas u hojillas. Es desconcertante.. Pero sigo con el siguiente capítulo de una vez.


Capítulo 33

Spoiler
Bueno... qué más puedo decir… que esa Dragonite es toda una pilla. Dejó caer al miedosin a no sé cuantos metros de altura a propósito j aja ja, que te digo me gustó como describen esa parte, los sentimientos de Char t luego cuando ella viene y le dice.

Y Char… es un miedoso nato, sólo falta que le diga que le tiene miedo a la llama de su cola (¿)
Pero al ver todo desde el punto de vista de este Charmander me doy cuenta de que él es bastante inseguro y se apoya en los demás para adquirir confianza, es todo un pilluelo.

En cuanto al capítulo, si te soy sincero, no sé mucho que decir, fue interesante más no emocionante, no sé, no es de mi total agrado. Parece más un capítulo de relleno. Le faltó acción, drama y suspenso, todo lo que tienen los demás capítulos, ojalá y el siguiente capítulo tenga más acción como ya se acercan a los aposentos del Maestro.

Y ya, hasta este capítulo llegan todos los que había guardado en mi computadora hasta el momento.


Bueno Will, ha sido bastante genial haber leído casi toda la segunda temporada de un solo golpe, las cosas quedan grabadas en mi mente más tiempo y ya sabes que este fic es uno de mis favoritos. Como ya te dije anteriormente lamento haberme ausentado tanto tiempo y no comentar, pero aquí estoy poniéndome al día.

Tomando la primera temporada y la segunda, y encuadernándolas cada una por separado puedes crear dos grandes y gruesos libros, pero sobre todo interesantes, es una lástima que Pokémon Company no reconozca los trabajos que hacen los fans, no saben de lo que se pierden pero qué se hace….

Y eso, ya te comenté cada capítulo posteado aquí, sólo me falta el 34 así que ahorita mi lo guardo y actualizo luego con mi comentario.

Gracias por tomarte el tiempo de traducir toda esta historia, de verdad es muy buena y si no fuera por ti, dudo mucho que algún día la hubiese llegado a leer.

Baby we are the New Romantics Come on, come along with me
Heartbreak is the national anthem We sing it proudly

#96
Abdy:

Hola de nuevo, Abdy ^^. Bueno, me alegro que ya tengas internet :P.

Sobre los objetos que usaron para sacar a los Bulbasaur de la cárcel... Fue un obstáculo para la traducción xD. No hubo problema con el Lazo Perfora, porque sí había traducción oficial para ese. Pero el problema vino con las "Semillas Invisible"... El asunto es que ese es un objeto que no existía en los juegos hasta el PMM: Portales al Infinito, y a ScytheRider simplemente se le ocurrió un nombre para aquella semilla que coincidentemente es igual al que pusieron en el juego. Fíjate que este capítulo salió antes de que se supiera que existiría el Portales al Infinito O.O. Terminé dándole un nombre simple, "Semilla Invisible".

Manectric era lo peor... Te lo digo porque mi compañero siempre era Mudkip xD. Suerte con Dialga O.o.

Por cierto, el nombre es Adiel, no "Abdiel" xD. Pero sí, es muy listo, casi como Scythe... Dentro de poco, Abdy, dentro de poco -CHAN, CHAN (?)-.

Bueno, si Saura ahora te parece gay, solo espera los siguientes capítulos, y tal vez empieces a dudar de Char también (?). Nah, no creo que lo sea, en serio.

Gracias por lo del error, puse "recodó" xD.

Por fin apareció Eva, ¿no? No diré mucho todavía sobre ella, pero es muy intrigante.

Pero es más intrigante aún lo que dijo sobre Scythe y su plan... ¿Qué crees que es?

Bueno, sobre la Pokéball, tengo mis teorías... Pero todavía no las comparto porque falta una buena porción del fic para leer xD.

Capítulo de relleno, sí, pero muy bueno. Especialmente por Zahira xD. Exacto, Char depende mucho de sus amigos.

Con este que subo ahora, solo te faltan tres para actualizarte por completo ^^.

Gracias por seguir leyendo ^^




Nota del traductor:

Como la revisión del autor original es menos consistente de lo esperado, empezaré a publicar las versiones aún no revisadas de los capítulos para poder avanzar la historia.

Cuando el autor haga la respectiva revisión, le haré los cambios al capítulo y retiraré esta nota. Pero por ahora estará aquí la versión vieja del capítulo. Los cambios se limitan a algunos errores de tipeo y a agregar algunas descripciones o sacar otras, es decir, la escencia de la historia sigue ahí.




AVISO IMPORTANTE:


Este capítulo está restringido para personas con la suficiente madurez, debido a la naturaleza del mismo o a la naturaleza de una o varias partes.

Solo para mayores de 16. Razón: Violencia y sangre explícitas.


40. Capítulo 36: Choque de Acero


Spoiler

Capítulo 36



Un pasmado silencio permaneció sobre el Equipo Ascuas por lo que parecieron horas.

Luego de la confrontación con Prince, Lucario retornó para dirigirse al grupo completo. Los guio de vuelta a su cámara, hablando con Scythe en el camino y presentándose con información adicional. A través de todo, Scythe mantuvo un firme asimiento sobre su temperamento y su tono de voz, haciéndolo ver como si nada fuera de lo ordinario hubiera sucedido.

Pero Char sabía que el arrebato no desaparecería de su mente en un corto plazo.

Char en realidad no escuchaba lo que decían. Se mantenía callado, hipnotizado por los pasillos en los que pasaban, haciendo su mejor esfuerzo para albergar el orgulloso enojo que ayudaba a sustentar su fuego, y ahuyentar a las más profundas punzadas de preocupación y confusión que constantemente buscaban debilitar su flama y dejarlo susceptible al frío.

E incluso después de que Scythe pidiera una audiencia privada con él, dejando al Equipo Ascuas solo y sin supervisión fuera de su cerrada puerta, el silencio permaneció.

Scythe había alegado que solo sería un momento. Bueno, después de que un momento hubiera pasado, e incontables momentos más hubieron pasado, Char se encontró todavía sentado allí, ocasionalmente levantando la mirada al tragaluz más cercano e intentando juzgar qué hora del día era por la gradualmente atenuante luz del sol.

Ray se sentó en la pared opuesta del corredor y torció su cola entre sus garras, justo como siempre hacía cuando estaba nervioso o incómodo. Una distante y desconcertada mirada colgaba de su cara. Saura se paseaba entre ellos, mirando al suelo mientras iba de un lado a otro en el pasillo.

Aunque veía qué tan confundido Saura estaba, y qué tan lastimado Ray se veía, Char sabía que él era el que más alterado estaba entre los tres. De nuevo, lo golpeó que simplemente no había nada que pudiera hacer al respecto. Le enfurecía incluso más que el frío. Él era el líder del equipo. Él era el que los había metido en esto. Decidió que necesitaba su compañía a toda costa. Pero mientras estaba sentado en ese pasillo, incapaz de hablar sobre las cosas que realmente le molestaban, empezó a preguntarse qué había hecho en realidad.

Empezó a ver la sensatez en la renuencia de Scythe para dejar que vinieran.

—Tenías razón —murmuró finalmente Saura—. Algo está realmente mal con él.

—Lo sé —dijo Char—. Lo supe desde la noche en que fuimos junto a Alakazam. Esa fue la noche en que comenzó a cambiar.

—¿Qué hacemos? —preguntó Saura, manteniendo baja la voz—. ¿Cómo piensas que podemos ayudarle?

—Podemos ayudarle al no hablar sobre él a sus espaldas —respondió Char simplemente—. Es lo único que podemos hacer.

Saura se giró hacia Char con una confundida y desesperada expresión en su rostro. Cuando Char la vio, se sintió como un martillo al pecho.

¡Cuéntame!, decía la expresión. ¡Cuéntame todo lo que sabes! ¿No es eso lo que siempre hacemos? ¿No siempre nos contamos cada pequeña cosa que se nos viene a la mente? ¿Por qué no ahora? ¿Por qué esto tiene que ser diferente? ¿No somos amigos?

Char hizo frente a esa mirada y la sostuvo tanto como pudo. Retornó la suya, una de fuerza y resolución y coraje en frente a la incertidumbre, esperando que Saura fuera el primero en desviar los ojos.

Hubo un repentino ruido desde detrás de la puerta cerrada.

—¿Qué fue eso? —jadeó Ray, con sus orejas levantadas—. ¿Qué está ocurriendo ahí dentro?

El ruido vino de nuevo, pero más silencioso. Era el sonido de una voz, pero de quién, Char no pudo decir.

—Creo que... están discutiendo —dijo Saura con expresión vacía, sus ojos como platos.

Saura se acercó saltando y presionó su oído contra la puerta. Hubo silencio por un tiempo.

—¿Bien? —dijo Ray, poniéndose de pie con nerviosidad—. ¿Escuchas algo?

—Sí, están —dijo Saura tristemente—. Suenan como si estuvieran teniendo una seria discusión. Ambos suenan enojados.

—¿Puedes escuchar lo que están diciendo? —preguntó Ray.

Un momento más de silencio, roto cuando la voz gritó de nuevo. Era claramente la voz de Lucario esta vez. Saura se encogió.

—En realidad no puedo distinguir nada —reportó Saura—. Ray, ven aquí. Tú tienes mejor oído que yo.

Ray se acercó de un brinco y se apretujó junto a Saura sobre la superficie de la puerta, volviendo su oreja hacia la puerta y escuchando con cuidado. Parpadeó.

—¡Están hablando sobre Prince! —dijo Ray después de un rato—. Suena como si Scythe estuviera pidiéndole a Lucario que impida que venga. Lucario está diciendo algo sobre... la Torre del Tiempo...

Char se paró. Apretó los puños.

—Alto —ordenó.

Saura y Ray se giraron hacia él, pareciendo un poco sorprendidos. La llama de Char estaba ardiendo con bastante intensidad.

—¿Qué pasa? —preguntó Saura.

—Dejen de espiar a Scythe —comandó Char—. No podemos... ya no podemos hacer eso.

Saura se alejó dócilmente de la puerta de Lucario. Parecía avergonzado de sí mismo, como si hubiera sido atrapado en un acto deshonroso, pero estaba confundido, como si no estuviera esperando que Char fuera el que objetaría. Ray hizo lo mismo con renuencia.

—Anoche, después de aterrizar, Scythe tuvo una charla conmigo —explicó Char—. Me hizo prometer que no hablaría de él hasta que el viaje estuviera acabado. Incluso a ustedes. Dijo que cada vez que lo hacemos, lo hacemos más duro para él. Me dijo que... cuando hacemos cosas como esas... como esa vez que lo espiamos cuando hablaba con Shander... lo lastimamos. Así que... ya no podemos ir a sus espaldas. Por lo menos hasta que estemos de vuelta en casa. ¿De acuerdo?

—... Oh —dijo Saura, mirando hacia abajo la puerta cerrada de la cámara de Lucario—. Está bien. De acuerdo. Pararé.

—Tú mismo lo dijiste —le recordó Char—. Incluso aunque no estuviste conmigo la primera noche en que perdió el control. Si hay algo que necesitamos saber, él nos lo dirá. Pero ahora tenemos que estar de acuerdo con él. Eso fue lo que dijiste. Solo ahora tuviste un pequeño vistazo de lo que está pasando por debajo, ahora finalmente entiendes que algo anda mal con él. Y ahora estás preocupado justo como yo lo estuve todo el tiempo.

Saura parecía honestamente lastimado—. Lo siento —dijo él—. Supongo que tienes razón. Supongo que en realidad no lo entendía...

—Estoy diciendo que tenías razón —dijo Char—. Tenemos que confiar en él ahora. Estamos atrapados aquí, y él es el único que está para guiarnos. Tenemos que dejar que nos lleve a la Torre del Tiempo. Es... todo lo que podemos hacer.

La puerta crujió.

En un parpadeo, el equipo brincó a una fila y se puso firme. La peluda mano de Lucario apareció al borde de la puerta, empujándola. La puerta se abrió hacia el pasillo, revelando al Pokémon sin aura.

Sus ojos estaban entrecerrados. Estaba frustrado. Char reconocía su expresión; era la que acababa de ver cuando Lucario lo escrutó y lo descartó brutalmente en una esquina.

Scythe apareció lentamente detrás de él.

Char sintió que su corazón se hundió. La expresión en el rostro de Scythe era una que había visto antes. Era la misma que había visto en aquel pasillo en esa fatídica noche después de hablar con Alakazam.

Scythe estaba al borde del llanto. Honestamente parecía como si hubiera sido derrotado, como si hubiera fracasado en alguna tarea muy estimada para él. Mientras luchaba con todas sus fuerzas mantener su compostura, asumió una postura muy solemne, llena de vergüenza, humildad, y muda rabia.

Fue entonces cuando Char notó la mirada de suficiencia sobre la cara de Lucario, y cómo el Pokémon sin aura mantenía en alto su pecho mientras estaba parado al lado del Scyther.

—¿Les contarás tú, o debería hacerlo yo? —demandó Lucario de Scythe.

Scythe dio unos cuantos pasos al frente, viniendo a pararse ante el Equipo Ascuas. Exhaló un suspiro. Char, Saura, y Ray le dieron su indivisa atención.

—Habrá un quinto miembro en nuestra excursión a la Torre del Tiempo —anunció él, aunque con una voz baja—. Su nombre es Prince. Lo conocen como el Infernape que conocieron–y agredieron–más temprano hoy. Él nos acompañará en nuestro viaje.

¡¿Qué?!, exclamó Char en su mente.

—Prince es un habilidoso explorador de mazmorras —continuó Scythe—. También tiene experiencia navegando en Zerferia. Como un Pokémon que lleva fuego, será un buen acompañante para Char. En efecto, no hay excusas... razonables... por la cual él no debería venir.

—Entonces, espera, espera —exclamó Ray—. ¿Podemos confiar en él? ¿Estará bien? ¿Él no nos lastimará o algo así?

—¿Confiar en él? Sí, adelante, confíen en él todo lo que quieran —dijo Scythe, casi frívolamente—. No tengo control sobre dónde colocan su confianza.

—No sé si han escuchado las leyendas, pero Prince es renombrado por su liderazgo —dijo Lucario, una sonrisa afectada extendida ampliamente en su rostro—. Hay pocos Pokémon mejores en quienes podrán confiar. Ahora... ¿hemos llegado a un entendimiento, Scythe?

—Lo hemos hecho, Su Excelencia —murmuró Scythe con poco entusiasmo.

—Bien —ladró Lucario, cruzando los brazos—. Tú sabes tan bien como yo que no tengo control real sobre lo que Prince decide hacer. Pero mientras residas dentro de mi fortaleza, estás bajo mis órdenes. ¿He sido claro?

—Sí, Su Excelencia —respondió Scythe.

—Muy bien, entonces —dijo Lucario—. Ahora que hemos dejado eso en claro, podemos pasar a los asuntos que son de interés para ustedes.

Cerrando de un golpazo la puerta tras él, Lucario empujó apresuradamente a los Pokémon que lo rodeaban para pasar y continuó por el pasillo, haciendo señas para que lo siguieran todos.

—Él planeó esto —murmuró Scythe, dudando por solo un momento hablar con Char y sus amigos—. Debería haber visto esto venir. Lo tenía planeado mucho antes de que viniéramos, apuesto...

Negó con la cabeza. Una sonrisa se empezó a formar.

—... Y pensar que nunca lo sospeché —suspiró él—. Je, je... es lo que yo hubiera hecho, si estuviera en su lugar. Es exactamente cómo hubiera manejado las cosas yo mismo. Bueno, ¿quién lo sabría? Todos estos años después, y Prince finalmente aprende a planear veinte pasos por delante... hmm... Debería estar orgulloso de él.

Antes de que Char pudiera encontrar palabras con las que responder, Scythe se giró e hizo señas para que siguiera a Lucario.

... ... ...


Escaleras abajo, fueron, a las mazmorras.

Estas no eran mazmorras misteriosas, sin embargo... esta era una mazmorra verdadera, claramente diseñada para retener prisioneros en jaulas de acero. Siguiendo el ejemplo de Lucario, Char y su equipo descendió un empinado tramo de escaleras que estaba agrietado y esmerilado por el pesado sobreuso, hasta el punto en que casi se asemejaba a un túnel inclinado en lugar de una escalera. La luz se atenuaba a medida que descendían más y más, y el aire se volvió terriblemente cargado. De alguna forma, el aire se volvía de una temperatura más cálida y húmeda mientras iban, trayendo a Char algo de alivio tan necesitado... pero un horrible hedor, de moho mojado y podredumbre, flotaba en el aire desde abajo para acompañarlo. Char frunció el ceño cuando el hedor lo alcanzó. Le recordó vagamente a los Bosques Decadentes, la mazmorra misteriosa en un perpetuo estado de descomposición. De nuevo, agradeció a Arceus la consoladora manzana que permanecía hospedada en su vientre, previniendo que vomitara.

Huele como a cementerio aquí abajo, se dio cuenta Char. En serio, en serio espero que no sea la razón de que se haya vuelto cálido...

Con un gruñido, Lucario separó dos puertas acribilladas de putrefacción, revelando un vacío de negra nada más allá. Un cálido aire sopló a Char en la cara, pero apestaba tan horriblemente que tuvo que sostener el aliento.

Lucario continuó como si nada pasara, como si lidiara con el hedor cada día de su vida y no viera razón para repararlo. Aunque tentado, Char decidió no cubrir su nariz, temiendo que pudiera ser considerado grosero o débil de él. En lugar de eso, optó por sostener el aliento y tomar ocasionales jadeos de aire cuando sus pulmones empezaban a dolerle. Recogió su cola con las manos a medida que se preparaba para seguir a Lucario en los pasillos a oscuras de las mazmorras de la División Esmeralda.

Las mazmorras eran muy amplias y espaciosas, como las escaleras mismas, capaces de acomodar a Pokémon de casi cualquier tamaño–y era claro, por el daño hecho a las piedras en el suelo, que lo hacía con frecuencia. Rasguños y arañazos las cubrían, y varias piedras fueron removidas completamente revelando la polvorosa base debajo. El aire permaneció muy denso y húmedo. Se hubiera sentido cómodo de otra manera; Char podía manejar la humedad pesada, concediendo que era lo suficientemente caliente, pero sus sentidos le decían que este aire era sucio. Se sentía contaminado, infestado con enfermedad... Se resistió el impulso de convulsionar de furia cuando gotitas de agua empezaron a condensarse por toda su caliente piel.

Pasando otro arco sin puerta, ingresaron a un complejo de pasillos con forma de cuadrícula. Empotrada en cada pared había una celda de retención, con cadenas de extraños y complejos aparatos de detención todavía esparcidas a través de ellas. Para el alivio de Char, vio que las puertas de barrotes ya no estaban ahí, indicando que la mazmorra en realidad ya no estaba en uso y repleta de cadáveres en descomposición. El metal había probablemente sido desechado y derretido. Pero el olor del decaimiento se volvió más repulsivo a medida que se internaban, y todavía no había fuente de luz de la que hablar aparte de la suya. Char se preguntó si Lucario conocía su camino por tacto.

Char atisbó movimiento. Un Rattata se alejó correteando en la oscuridad.

Sintiendo que algo frotaba su brazo, Char se volvió para ver que Saura se acurrucaba muy cerca de él, manteniéndose cerca de la luz que sostenía. Intercambiaron una silenciosa mirada de incertidumbre.

Otro corredor pasó, y había incluso más celdas en ruinas. Char empezó a pensar que la mazmorra se extendía por la longitud entera del Fuerte Esmeralda. Pero esta vez, algo interesante empezó a captar su vista: ¡no todas las celdas estaban vacías! Algunas contenían chirriantes estanterías de madera. Parecían estar a segundos de colapsar, pero de igual manera estaban surtidas con un buen número de cosas; pequeños sacos, cajas, y tabletas de madera estaban organizadas al azar en la mayoría de ellas.

—Eso es. Este debe ser el área de almacenamiento de la división —susurró Saura—. Tiene que ser.

—Buena suposición, pero no —espetó de repente Lucario—. Este es mi almacén. Presto este espacio para nadie más que mi equipo. Es el lugar más seguro en la totalidad de la fortaleza. Está equipado para ser cerrado si estuviéramos bajo ataque. Si el Maestro invadiera la fortaleza, él no podría robar fácilmente mis posesiones más preciadas.

Char parpadeó. ¿Estas eran sus posesiones más preciadas? Escaneó las unidades de almacenamiento que pasaban, pero nada parecía que tuviera mucho valor; había rocas irregulares–¿piedras rúnicas, tal vez?–una esfera o dos, algunos troncos de madera con la corteza tallada, algunas chatarras metálicas con formas raras...

Un ojo centelleó desde la esquina más alejada de la celda. Char entrecerró los ojos para ver a un grupo de media docena de Rattata, todos apretujados en un círculo. Estaban rodeando algo, caminando sobre él, escarbando en él con sus dientes... Dándose un festín... Char se concentró en la visión e intentó determinar qué era, pero rápidamente deseó no haberlo hecho.

Era el cadáver de un Raticate.

Char desvió la mirada. Soltó el aire contenido, y se encogió a medida que inhalaba otra bocanada del húmedo y pútrido aire.

Toc-toc, toc-toc...

El sonido del hueso púa de Lucario golpeando una superficie de madera asustó a Char. Se dio cuenta de que el pasillo de la mazmorra había terminado, y una puerta cerrada yacía ante ellos. La puerta era grande y estaba medio erosionada justo como las otras que había visto, pero parecía lo suficientemente robusta para mantenerse de pie en los años venideros.

—¿Sí? —respondió una voz amortiguada desde el otro lado.

—Tengo invitados —anunció Lucario con aspereza.

El sonido de pies siendo arrastrados pudo ser escuchado desde detrás de la puerta por un momento. El pestillo fue levantado, y la puerta se abrió con solo un crujido. Un torrente de brillante luz amarilla fue echado a través del tenebroso pasillo de la mazmorra, pero fue rápidamente bloqueado por la sombra de un Pokémon que se asomó por la apertura.

—Oh... Estás de vuelta —respondió una muy grave y profunda voz, incluso más profunda que la de Lucario o la de Scythe—. ¿Qué hay del Distrito Cuatro?

—Ha habido un cambio de planes —dijo Lucario—. Zahira volvió temprano. La mandé en mi lugar.

—Oh —respondió el Pokémon.

La puerta se abrió en su totalidad, lanzando la brillante luz de nuevo a los negros pasillos. Un muy enorme Electivire de aspecto mayor llenó el umbral.

—Scythe —gruñó el Electivire con sorpresa—. Todavía sigues vivo.

—A duras penas —respondió Scythe alegremente.

—No te había visto en un muy largo tiempo —dijo el Electivire—. Hmm. Es bueno saber que mi generación todavía no ha desaparecido... Bueno, no solo se queden en la mazmorra. Pasen.

La gigante bestia eléctrica se apartó para dejar entrar al grupo, y Char fue casi cegado por la brillantez. La base entera, e incluso en las tierras periféricas más allá, era siempre tan severa con sus ojos; necesitaría un minuto para que se ajustaran a algo tan brillante como un día de verano en la cima del Gran Altiplano. Ingresó con cuidado, siguiendo el ejemplo de Scythe...

Una nueva ráfaga de aire caliente lo golpeó en la cara a medida que atravesaba la puerta. Pero esta vez, no olía turbio, mezclado con decaimiento... esta vez, olía puro y fresco, como estar en un bosque durante una tarde agradable de primavera. Cerró sus ojos e inhaló profundamente el precioso nuevo aire. Cuando los abrió de nuevo, la visión tuvo sentido para él.

Era un jardín. Cuatro columnas de tierra fresca yacían en plataformas elevadas, extendiéndose en longitud en un salón largo, alto y con forma de bóveda. Desde ellas brotaban verdes arbustos que llevaban todo tipo de cosas coloridas y comestibles. Bayas aranja, bayas safre, tomates, y muchos otros cultivos que no podía ni empezar a reconocer, como extraños vegetales como rábanos que crecían en el extremo de largos tallos, y diminutas bayas blancas que parecían perlas de Cloyster. Muy por sobre ellos, varias llameantes esferas blancas de solroca estaban suspendidas del techo por cadenas.

—¡Es un invernadero! —exclamó Saura—. ¡No me extraña que sea tan húmedo aquí abajo! ¡Vaya! ¡En verdad hicieron un invernadero subterráneo! ¡Esto es asombroso!

Char sonrió. Podía decir que Saura estaba realmente feliz, y él lo estaba también. Por primera vez en ese día, la División Esmeralda había mostrado algo para impresionarlo realmente. Estaba bien iluminado. Estaba bien organizado, y era hermoso en cierto sentido. Y, lo mejor de todo, ¡en verdad era cálido! Suspiró una y otra vez, tratando de enjuagar el horrendo sabor de la mazmorra y reemplazarlo con el reconfortante aroma de este asilo subterráneo.

—Mi habitación favorita de la fortaleza, debería agregar —le contó Lucario a Saura—. Pero no cultivamos productos aquí abajo solo para acumularlos. Esta morada está diseñada para que pueda sustentar la vida de cincuenta Pokémon por veintiocho días, debiera la necesidad presentarse para un encierro... Yo, disfruto usándolo como habitación de planeamiento con mi equipo, y bajo circunstancias normales, nadie más está permitido bajar aquí. De cualquier forma, con eso aparte, me gustaría presentarles a Tesla, una de mis confidentes. Ella es mi especialista en relaciones diplomáticas. También es hábil en la lectura y la escritura. Ella entiende Unown, y también es una respetable arquitecta que está constantemente ayudando a mantener esta misma instalación.

—Bienvenido de vuelta, Scythe —dijo Tesla cálidamente—. No voy a estar esperando formalidades de ti. Y estos acompañantes tuyos... ... Espera. Aguarda un momento... ¿Rautzen?

La Electivire entrecerró los ojos extrañada hacia Ray. Ray pareció azorado.

—Oh... ¡oh! ¡No! —se rio Ray nerviosamente—. ¡No! Soy su hermano, la verdad. Su hermano menor.

—Aaaah, no es de extrañar —zumbó Tesla—. Iba a decir que tienes un asombroso parecido con el viejo compañero de Scythe... pero tus franjas son diferentes. Deberías estar orgulloso de tener a Rautzen como hermano. Él era un muy buen Raichu. Tenía un don para la compañía. Siempre hacía que todos nosotros Pokémon a su alrededor nos sintiéramos como guerreros legendarios.

—Fue un golpe duro para nuestro equipo cuando nos dejó —mencionó Scythe, ojeando a Ray mientras hablaba—. Aunque, pensaba que de seguro nunca vería a un guerrero de su tipo otra vez. Pero hoy en día, veo que eso puede cambiar.

El rostro de Ray empezó a brillar. Por solo un momento, se olvidó de toda su preocupación, un efecto que comenzó a extenderse a sus amigos.

—¡Oh, sí estoy orgulloso! Créame —dijo Ray, sonriendo—. No lo conocí muy bien, pero he escuchado tanto sobre él. Espero que algún día pueda ser tan bueno como él.

—Si lo haces, ese día será uno muy feliz para tu generación —dijo Tesla—. El mundo necesita más vibrantes pequeñas chispas como él. Apuesto a que puedo pasarme todo el día contándoles sobre mi experiencia con él... Pero, están aquí por una razón. Lucario no parece demasiado paciente por el momento.

—En efecto, estamos aquí por una razón —dijo Lucario, mirando hacia el fondo de la habitación donde había varias mesas cubiertas de papeles—. Muéstrales la información sobre la Torre del Tiempo.

—Aaaah —suspiró Tesla comprendiéndolo—. ¿Así que estos son los que se van a la torre? ... Ah. En seguida.

La vieja Electivire se movió y empezó a alejarse pesadamente. A medida que lo hacía, su mano enganchó una brillante baya roja de un arbusto cercano.

—¿Tienen hambre? —dijo ella, presentando la fruta para reivindicarlo—. Sírvanse. Tenemos una buena cosecha este año.

—Vaya, la verdad no —respondió Char—. Pero ojalá la tuviese.

Gruñendo con indiferencia, la Electivire lanzó la baya en su propia boca.

... ... ...


Pasada el área del invernadero, había algo como una oficina moderadamente atestada. Char supo que era el área de planeamiento del Equipo Arrepentimiento.

Sin perder tiempo, Lucario, Scythe, y Tesla se reunieron alrededor de la mesa más amplia de la habitación, a la cual Char solo podía asomarse si se paraba de puntillas. Cubriendo la superficie estaban varios pergaminos de diferentes formas, tamaños, y lenguajes; los ojos de Char se dispararon de un tosco mapa de Zerferia, a unas cuantas notas garabateadas en un extraño tipo de escritura, a listas que habían sido compuestas con letras Unown. Se sintió bien para Char ver algo de escritura Unown por una vez, aunque no pudiera leerla con facilidad; parecían más sus homólogos íconos que un manuscrito real.

—Lucario realmente nos ha puesto a trabajar en estos últimos días —dijo Tesla, barajando algunos papeles por la superficie de la mesa—. He repasado muchos registros viejos. Tuve que refrescar mi Unown. Pero aquí, creo que he acumulado tanto como pude.

—Y lo haces sonar como si yo no formé parte en esto —gruñó Lucario—. Mis ojos me duelen de tanto leer sobre la torre. Ahora... primera orden del día. Esto.

Lucario presentó a Scythe una tabla de algún tipo. Estaba cubierta de runas huella, números, y pequeñas manchas de tinta que parecían poder tener una forma significativa. Char la estudió, aunque no pudo entender una sola palabra de lo que significaba.

—Una lista de todos los Pokémon con quienes se enfrentarán en la Torre del Tiempo —anunció Lucario, empujando el papel ante él—. Todos los libros de historia que datan desde los Albores de Ambera parecen coincidir unos con otros, así que esta es una lista definitiva. A menos que, por supuesto, la reciente anormalidad de la mazmorra misteriosa que la ha tragado haya afectado esto, no debería haber cambiado.

Los ojos de Scythe repasaron el papel—. Hmmm —murmuró él—. Solrock. Lunatone. Bronzor, Bronzong. Salamence. Hmm... Metagross.

—¡¿Metagross?! —repitió Char en voz alta—. ¿En serio?

—Vaya... ¿tendremos que pelear contra Metagross? —reverberó Ray casi al mismo tiempo.

—¿Cuál es el problema? —dijo Lucario, apenas sonriendo satisfecho—. ¿Se muestran reacios a la idea de pelear con un clon del comandante de su división?

—Sí —admitió Char—. Nuestro Metagross es poderoso, también. Digo, nunca lo he visto pelear, pero no creo querer.

—Los Metagross serán la menor de sus preocupaciones —advirtió Lucario—. Un Salamence enfurecido, por otro lado, es una fuerza a la que hay que tener en cuenta. Nunca he derrotado a uno, y en toda mi vida, solo he presenciado la caída de uno en batalla.

—Gracias —dijo Scythe—. Esto ayudará en gran manera. Nos prepararemos para contrarrestar a estos enemigos.

—Aunque, eso es solo hablando de la torre —dijo Lucario—. A través de Zerferia misma... No puedo imaginar que se encontrarán con otra forma de vida de algún tipo, pero si lo hacen, será con toda seguridad del tipo que vive en el hielo, y con toda seguridad pertenecerá a la familia de Swinub o Snover. Los Glaceon disfrutan del clima de aquí, pero ninguno se ha instalado pasado el borde al norte. Y si el destino dicta que se encontrarán con algún Pokémon sentiente que ha elegido desterrarse de la sociedad y morar allí, sería un Sneasel, Weavile, o Lucario. Nunca he conocido a otra especia que lo haya intentado.

Lucario hablaba con rapidez, como si esta reunión fuera una obligación de la que intentaba deshacerse con prontitud, y era difícil para Char no rezagarse mentalmente. Esperó que Scythe estuviera prestando más atención que él.

—Nadie se ha atrevido a acercarse demasiado a la torre, pero hemos estudiado el terreno y tramado un camino que podrán tomar —continuó Lucario, indicando a Tesla que pusiera los papeles pertinentes encima del montón, incluyendo un toscamente dibujado mapa de Zerferia—. Deberán cruzar las Montañas del Arrepentimiento. Tras ella yace la Torre del Tiempo. En el primer día, deberían viajar a través de esta llanura. En este camino, no deberían encontrar a otro enemigo además del viento. En el segundo día, arribarán a este canal temprano en la tarde. Los Halcones del Cielo reportan que la corriente en chorro no está en esas cercanías, pero si los vientos cambian y crean una desviación en el canal, no sobrevivirán ahí, así que pongan el pie en el acantilado. Hay una cueva aquí en la que pueden refugiarse en la noche; se mantendrán vivos con facilidad durante la noche si son capaces de encender un fuego. En el tercer día, el camino se curva hacia el este...

Char podía decir que Lucario estaba hablando en mayor parte a Scythe ahora, y esperó que Scythe estuviera encomendándolo todo a su memoria, porque no había forma en la que él podría. Aunque, tuvo que estremecerse por la forma en que Lucario describía la excursión; la forma en que continuaba diciendo “Se mantendrán con vida si...” no ayudaba a su confianza.

Lucario continuó describiendo la travesía con moderados detalles, y cuando concluyó, alegó que la caminata tomaría seis días.

—Seis días —susurró Saura con un pequeño estremecimiento—. Eso es un tiempo terriblemente largo para una caminata tan corta. ¿Te das cuenta que la caminata desde la base hasta los Barrancos Grabadores es más larga que esta?

—Zerferia es dura de navegar, aparentemente —murmuró Char.

—Esto es todo muy bueno —dijo Scythe de buena gana—. Pero... ¿qué hay de los otros problemas? ¿Han investigado algo sobre La Llamada? ¿Y qué hay de Dialga? ¿Cómo podemos esperar que el dragón temporal nos trate?

Lucario no respondió de inmediato. Frunciendo el ceño, se enderezó y sostuvo sus manos en la espalda. Tesla le lanzó una mirada errante, como si no supiera qué esperar que él dijera.

—Las leyendas son poco concluyentes —finalmente replicó—. Muchos han implorado la ayuda de Dialga antes en varias ocasiones a través de la historia. Tanto Pokémon como humanos la han escalado, en donde sea que llegaba a aparecer, esperando que la cólera de Dialga lloviera sobre sus enemigos. Algunos registros indican que el dragón del tiempo consintió. Otros... se descarrilan, dejando de hablar del asunto de nuevo, dejando el curso de la historia sin cambios. Y aún otros... hablan sobre una bestia primitiva y enfurecida... terca, reacia, despiadada, en cuyos sordos oídos los ruegos de mortales han caído...

Yo no, se dijo Char, ni siquiera apoyando el considerar esa alternativa. No... yo no... ¡Dialga está de mi lado! ¡Él me va a escuchar!

—¿Y la Llamada? —imploró Scythe—. ¿Han aprendido alguna cosa sobre ella?

Otra vez, Lucario titubeó en responder. Pareciendo muy disgustado, se paseó hasta el otro extremo de la mesa, su mirada fija en sus contenidos.

—Scythe, sabes tanto de la Llamada como yo —suspiró Lucario—. Hemos pasado por todo esto antes, ¿no lo recuerdas? ¿No recuerdas la última vez que esto sucedió? Sabemos tanto de la Llamada como sabíamos entonces.

—Y Arceus sabe que no sabíamos mucho —agregó Tesla.

La forma en que lo dijo causó que un escalofrío ascendiera por la espalda de Char.

—Lo... entiendo —dijo Scythe, asintiendo con respeto.

—Ese era tu objetivo y propósito entero, ¿no es así? —demandó Lucario, su voz repentinamente enérgica—. Esperar que Dialga te dijera lo que todos anhelamos saber. Esperar que vea adecuado contártelo, ¿en lugar de hacer caso omiso de ti por ser una molestia y removerte de la línea de tiempo? Tú y yo, ambos hemos visto con nuestros propios ojos, la cólera de un Legendario... ¡¿Y aún, todavía presionas que este asunto, como el porfiado y terco Scyther que eres, es nuestra gracia salvadora, cuando en lugar de eso podría causar diez, veinte, cincuenta veces el daño que el Maestro podría siquiera tener la esperanza de hacer?!

Esta vez, fue Scythe el que no respondió. Char tuvo la impresión de que no se suponía que lo hiciera.

Lucario cerró los ojos y suspiró, como si se estuviera tomando un breve momento para meditar. Su enojo pareció disminuir.

—Es cierto que... esta vez... es la primera vez que la Llamada ha sido lo suficientemente poderosa para convocar a uno de la Trinidad, por lo menos en la historia moderna —dijo Lucario, algo de humildad ahora en su voz—. Nosotros... estamos pisando terreno nuevo, a este respecto, y como estoy seguro de que sabes, no puedo decirte qué tipo de destino está a la espera de ustedes en la torre, o en la cima de su aguja. Quizá tengas razón. Quizá Dialga acuda a nosotros. Pero... sin saltar a la oportunidad, nunca sabremos con seguridad. Es por eso que... hay algo que he decidido darles.

Tesla colocó un pequeño saco de lana en la mesa ante Lucario que pareció haber sacado de un colgadero cercano. Un tink sonó desde adentro.

—No tengo otra alternativa que otorgarles estos a ustedes —dijo Lucario, indicando la bolsa con algo de respeto—. No retendría estos tesoros de un esfuerzo tan significativo como el que hacen ustedes. Pues, si al final de todo esto, el esfuerzo ha de tener éxito... es el único propósito de mi vida, como ha sido el de mis antepasados, el destronar al Maestro a toda costa. Estaría deshonrado saber que no he contribuido. O... saber que ha fracasado porque no invertí lo suficiente.

Los ojos de Char relucieron cuando ojeó la bolsa, preguntándose qué clase de obsequio nuevo y maravilloso este sería. ¿Era algo que Alakazam no les había dado ya? Le habían dado tantos obsequios que era difícil asimilarlos todos.

Lucario desató apresuradamente el saco, enterró ambas patas en su interior, y levantó un objeto peculiar.

Era pequeño, circular, y destellaba en la luz solar artificial. Era una joya, hecha de un liso metal color crema. Tenía la distintiva forma, y tamaño también, de un huevo. Adornando el huevo estaban dos decoraciones parecidas a alas de ángel. Tenía algo grabado en el centro, asemejándose a algún tipo de diminuta impresión de pata.

—Emblemas de rescate —soltó Scythe—. Nos está dando emblemas de rescate. Su Excelencia... creo que acaba de exceder a la generosidad de Alakazam.

—¿Esperabas lo contrario? —se rio Lucario entre dientes, colocando la insignia sobre y la mesa y sacando otra justo igual—. Mi linaje ha existido desde los inicios de la resistencia. Comparado al del Bastión de Rayquaza, la bodega de Alakazam no contiene nada en manera de verdaderos tesoros.

Char observó cómo Lucario sacaba dos, tres, y finalmente cuatro de los emblemas, alineándolos en una fila sobre la mesa. Vio cómo Lucario los manipulaba con gentileza y reverencia, y cómo Scythe apenas podía abstenerse de quedar boquiabierto ante la visión de los mismos.

—Discúlpenme por preguntar, ¿pero qué son emblemas de rescate? —inquirió Ray con docilidad—. ¿Hacen algo en especial?

—Son reliquias de una época pasada —dijo Tesla con afecto—. De durante el apogeo de las mazmorras misteriosas, cuando los Pokémon se dieron cuenta de qué clase de tesoros y aventuras las mazmorras guardaban para ellos... No sé tú, hoy en día las mazmorras misteriosas están esparcidas por todo el mapa como un campo minado. Esto era antes cuando eran lugares escondidos, solo en las fisuras más secretas... Así que muchos Pokémon se aventuraban en ellas, pero encontraban que era difícil salir. De hecho, tantos se quedaban atascados en ellas y tenían que ser rescatados, que se estaba volviendo una epidemia en los equipos exploradores. Así que... diseñaron estas.

—En una palabra, son unos salvavidas —le contó Lucario a Ray y al resto de su equipo—. Desde el momento en que entran a una mazmorra, la insignia trazará un camino de vuelta a la entrada. En cualquier momento, puede llevarles de vuelta allí, y liberarles instantáneamente de una vida de cautividad en el interior de la mazmorra. Como las Esferas Mágicas, solo necesitan que se les pida asistencia. También funcionará tras la pérdida del conocimiento, para que no quedes atrapado para siempre en una mazmorra de la que no puedes escapar.

—Caray, ya me gustaron —dijo Saura con sorpresa—. Espera. ¿Así que esto significa que... ya no necesitamos Fugaesferas? ¿Estos tomarán su lugar?

—No lo entiendes —dijo Lucario con fuerza—. Si llevan estas, nunca necesitarán preocuparse sobre quedarse atrapados dentro de una mazmorra misteriosa. Pero... para usarlos, el efecto sería el mismo que como si hubieran sido expulsados normalmente. La mazmorra todavía se tragaría sus preciosos suministros.

—Oh —dijo Saura, solo un poco decepcionado—. Bueno, eso todavía es bueno, supongo. No quedarse perdido para siempre en la Torre del Tiempo es algo bueno...

—Eso no es todo —habló Scythe—. Si activas una Fugaesfera, esta reaccionará con las insignias, y te llevará a la entrada de la mazmorra, con todo y suministros. Nunca los he usado por mi cuenta, nunca había puesto mis manos encima de uno hasta ahora. Pero he escuchado historias de cuán convenientes son. Una oportunidad de escape instantánea. En las mazmorras más crueles, ofrecen paz mental más allá de la comparación.

—¡Ah! ¡Eso es realmente bueno! —vitoreó Saura—. ¡Estos harán que me sienta mucho más seguro!

—Estos son tesoros preciosos —dijo Scythe—. Más valiosos que una Semilla Revivir. Porque, incluso si te quedas sin Semillas Revivir, el emblema todavía sería capaz de salvarte la vida.

—Es una lástima que sean tan raros ahora —suspiró Tesla—. Hubo un día en que cada miembro de todo equipo de exploración tenía uno. Luego averiguaron la falla en el diseño.

—¿La falla en el diseño? —repitió Saura—. ¿Se podría saber?

—Es gracioso, si lo piensas —dijo Tesla con una sonrisa—. Pero los equipos exploradores encontraron un problema con la forma en que las insignias funcionaban. Verás, si estás dentro de una mazmorra misteriosa, y accidentalmente dejas caer la insignia en el suelo... esta pensará que te has desmayado, pero en lugar de escapar de la mazmorra por su cuenta, desaparecerá instantáneamente, para nunca ser vista de nuevo. Tragada por la anomalía.

—Incluso más chistosa es la causa detrás de eso —habló Lucario—. Yo ciertamente reí cuando escuché la teoría. Aparentemente, cuando dejas caer la insignia al suelo, de repente esta cree que la tierra misma es su portadora... esto la confunde tanto, que se teletransportará a sí misma al espacio exterior.

Scythe rio entre dientes—. Eso es... absolutamente ridículo —dijo él—. No es de extrañar, todas desaparecieron de la faz de la tierra. ¡En el sentido literal! Con tantos Pokémon tan torpes paseándose en las mazmorras, las pobres cosas nunca tuvieron oportunidad alguna.

Scythe rio de nuevo, y los otros Pokémon mayores se le unieron. Char, sin embargo, no lo hizo. En lugar de eso, sus garras se sintieron de repente muy débiles y empezaron a temblar. Una vívida visión parpadeó ante sus ojos, de tropezarse con una piedra y hacer que la insignia se resbalase de sus torpes dedos, haciendo que desapareciese... y luego hacer que Saura, o Ray, o Scythe ofreciesen la suya y arriesgasen sus propias vidas, arriesgándose a la posibilidad de permanecer atrapados en la Torre del Tiempo, solo para su bien...

—Sí, un día, el sol se alzó, y solo quedaban alrededor de veinte de ellos en el mundo conocido... —dijo Lucario—. Y no hay Pokémon que exista que entienda lo suficientemente bien su funcionamiento para manufacturar un nuevo lote. Así que... son más raros que un avistamiento de Mew. Por favor, atesórenlos. Sujétenlos con firmeza. Son suyos por la duración de la misión. Apreciaría que los devolviesen cuando hayan acabado, pero si la torre se los traga, o si tienen la intención de quedarse con ellos por cualquiera sea la razón, que así sea.

—Le agradecemos, Su Excelencia, por este gran obsequio —dijo Scythe sinceramente—. No nos apropiaremos de ellos. Los retornaremos a usted si es posible.

Luego, Lucario sacó algo más de la bolsa. Era un montón de tela apilado, dobladas pulcramente en triángulos–pañuelos. Cada pañuelo era de un color verde profundo. A través de las superficies, bordada con brillantes hilos dorados, estaba la figura de Rayquaza, su largo cuerpo serpenteante enrollándose por el borde hasta que su boca estaba preparada para morder su propia cola. Lucario las colocó junto a las insignias en la mesa, cuatro en total.

—Esto levantará nuestra reunión por ahora—dijo Lucario—. He hablado todo lo que sé por el momento. Les deseo la mejor de las fortunas en su viaje, justo como su propia división habrá hecho varias veces.

—Hmm —dijo Scythe extrañamente—. Estos... emblemas... no le pertenecían originalmente a usted, ¿verdad?

—¿Por qué lo preguntas? —retornó Lucario—. No, no al principio. Pero eso no tiene importancia.

Scythe no respondió. Continuó mirando fijamente las insignias, considerando algo sobre ellas.

Habiendo finalizado con sus asuntos oficiales, el comportamiento de Lucario cambió justo entonces. Hizo caso omiso de la mesa, cruzó los brazos, y levantó la mirada a los ojos de Scythe. Scythe todavía parecía con intención de estudiar los emblemas.

—¿Qué? —demandó Lucario—. ¿Hay algún problema?

—No tiene importancia —replicó Scythe, aunque era difícil de decir si era una respuesta honesta o solo la divagación de otra idea atascada en su cabeza—. No tiene importancia. No es... nada.

—Yo sé nada cuando lo veo, y eso no lo es... —le contó Tesla, desapareciendo a medida que iba a rellenar algunos de los papeles en un libro.

Lucario se rascó el mentón y gruñó, paseándose hasta rodear la mesa.

—Sí hay otro asunto que me gustaría sacar a flote, mientras estamos aquí —dijo Lucario—. El asunto... de tu insubordinación.

Char tuvo que hacer una mueca. ¿Hablaba en serio?

Scythe arrancó su mirada de los emblemas y miró con fuerza al Pokémon de pelaje azul, pero no dijo nada.

—Vienes a mis dominios, te aprovechas de mi hospitalidad, ¿y luego demandas cosas de mí? —Lucario habló en un tono muy extraño y condescendiente que sonaba medio irónico—. ¿Me amenazas... con tus cuchillas? ¿Me tratas como a un servidor inútil?

—Su Excelencia, en el caso de que no me haya escuchado la primera vez, me disculpo —murmuró Scythe.

—Te escuché la primera vez —dijo Lucario—. Pero... ¿qué? Yo sé que hay un problema subyacente aquí. No seré un telépata, pero veo que estás tenso.

Scythe negó con la cabeza—. Estoy a punto de confrontar a Dialga en las tierras norteñas, ¿y espera que no esté tenso? También todavía estoy intentando asimilar el hecho de... tener a Prince en nuestra compañía... ¡Discúlpeme por no haberme tomado el tiempo de incluirlo a él en mis planes!

—Si me preguntas, tú no estás en condiciones de guiar Pokémon en ninguna clase de misión —dijo Lucario con rudeza—. No estás listo. Tu mente está nublada.

De nuevo, Scythe no dijo palabra alguna.

—Tensión en el corazón de uno es obstáculo para una mente clara —le contó Lucario, hablándole condescendientemente a pesar de ser casi medio metro más bajo en estatura—. Y sin una mente clara, uno a menudo se encuentra... incapaz de hacer buenas decisiones. ¿Estoy en lo cierto?

—Sí, Su Excelencia, está en lo cierto —dijo Scythe casi sarcásticamente, bajando la mirada a la mesa.

—Entonces, el mejor curso de acción sería aliviar esta tensión de tu mente, ¿no es cierto? —habló Lucario—. Desde que te estás quedando aquí en mi tierra, tengo dominio para comandarte. Por lo tanto, por tu incapacidad de refrenarte, te sentencio a dos horas al poste de flagelación. Tu grupo podrá acompañarte si lo deseas.

El aliento de Char se detuvo. ¿Qué era esto? ¿Scythe iba a ser azotado por su insubordinación?

—Gracias —dijo Scythe, sorprendiendo a Char con su repentina calma y humildad—. Tiene razón. Lo necesitaré. Creo que todos lo necesitamos.

... ... ...


Minutos más tarde, Char y su equipo habían sido despachados por Lucario. Habían salido del jardín a la mazmorra y de vuelta escaleras arriba, siguiendo a Scythe. Char todavía estaba con los ojos como platos ante la mención de la flagelación, pero Scythe parecía estar tomándolo muy bien. De hecho, estaba sonriendo.

—Hace mucho tiempo, esta fortaleza fue alguna vez un baluarte de guerra —explicó Scythe a medida que guiaba al equipo a través de más pasillos, pasando a un par de Pokémon vagando por el complejo—. Y, siendo tal lugar, necesitaban... ciertas instalaciones, como lugares para encerrar prisioneros, y también lugares para... torturarlos.

En unos cuantos momentos, habían llegado a algún tipo de vestíbulo que se asemejaba al interior de la entrada principal por la que habían entrado en un principio, aunque solo había un conjunto de puertas. Scythe empujó con fuerza en los remaches de la puerta, y con un fuerte crujido, cedió y empezó a abrirse.

Aire frío y una intensa luz entraron a raudales. La puerta llevaba afuera.

—El Poste de Flagelación —dijo Scythe, manteniendo abierta la puerta.

Char fue reacio a asomarse afuera, la fuerza del frío viento golpeándolo en la cara y ya haciendo que extrañase la maravillosa temperatura del jardín escondido. Desde la puerta, un tramo de escaleras descendía al nivel del suelo, y un considerable patio con forma cuadrada se abría. El suelo era de la misma dura y estéril tierra que se extendía en las Afueras de Esmeralda, pero en el centro del patio, un par de figuras sobresalían del piso. Una, en particular, era un pilar muy grande y acho que no sostenía nada sobre sí, casi asemejándose a los inservibles pilares decorativos que se asentaban cerca de la entrada principal. Se alzaba sobre una pequeña pirámide de escaleras. Char pudo decir inmediatamente para qué servía: Pokémon debían ser impotentemente atados a él para ser torturados. Alrededor de su base, parecía que un pequeño vertedero se había acumulado. Había pilares rotos, rocas, varias piezas de arquitectura...

—Ya no es un lugar de interrogación, pero todavía uno de sufrimiento —continuó Scythe—. Este es el patio de entrenamiento del Bastión de Rayquaza. Ellos vienen aquí con regularidad para entrenar, hacer ejercicio, meditar en el frío viento...

—Entonces... ¿no estás en problemas? —respiró Char—. Lucario solo quería que hicieras ejercicio... oh, vaya. ¡Me asustaste! ¡Pensaba que él haría que te ataran y te azotaran!

—También yo —admitió Ray—. ¡Estaba tan confundido!

—Bueno, para ser honesto, Lucario tenía razón en todo sentido —dijo Scythe—. Los cuatro de nosotros no empezamos con el pie derecho cuando aterrizamos aquí. Yo, en particular... no me he estado sintiendo bien, y eso ha afectado mis palabras y acciones. Por eso, lo lamento. Pero vamos, desgastémonos un poco, y veamos si eso no nos aclara las mentes.

Se sintió raro descender aquellas escaleras hacia el puesto de tortura. Char sintió como si fuera un niño corriendo al patio de juegos, aunque todos los juguetes fueran varios pedazos estropeados de piedra labrada. La verdad era que sí se sentía ansioso. No tenía hambre, no estaba cansado, y ciertamente estaba lleno de energía por estar sentado todo el día, tanto en la espalda de Zahira como en los pasillos de la división. Si era por algo, es que había estado absolutamente nervioso en aquel lugar. Tenso. Char sonrió, su pulso acelerándose, a medida que anticipaba el liberar su tensión. Su fuego aumentó, ayudándolo a ignorar el intenso frío que solo empeoraba a medida que el cielo se oscurecía durante el curso del día.

Scythe pausó justo enfrente al poste de flagelación. Se estremeció, relajando sus músculos mientras sus ojos seguían al pilar hasta su cumbre.

—Dos horas —dijo él—. Comencemos.

Scythe tomó un repentino aliento, hizo zumbar sus alas, y arremetió contra el poste.

¡Clank! ¡Clank! ¡Clank! ¡Clank!

Empezó a acuchillar al poste en un frenesí, probando la forma de su ataque, emitiendo gruñidos de esfuerzo a medida que lo hacía. Sonidos metálicos, arañazos y chirridos eran emitidos de su asalto al pilar, como si fuera un campo de batalla entero repleto de guerreros en combate. Continuó por un minuto completo, dándole al esfuerzo su completa atención. Su velocidad nunca dejó de sorprender a Char, siempre era imposible intentar captar algo de él a simple vista mientras atacaba a su objetivo.

Aunque desgarraba el pilar, asechándolo desde todas direcciones, a veces llegando hasta arriba para cortar cerca de la cima, el pilar no recibía mucho daño visible. Era robusto. Cada arañazo que Scythe colocaba en su superficie parecía que ya pertenecía allí en primer lugar.

Terminó, sin embargo, cuando Scythe lanzó un grito de batalla a todo pulmón y se abalanzó hacia la base del pilar, hundiendo su cuchilla derecha en la remachada piedra tan fuerte como pudo.

Un sonido diferente y agudo se elevó de aquel último golpe.

Scythe retiró su cuchilla.

La abolladura en su cuchilla se había agrandado. Ahora se asemejaba a una mella en la forma del arma. ¡La fina y afilada cuchilla del Scyther estaba agrietada! La inspeccionó con disgusto, deslizando su otra cuchilla a lo largo del borde hasta que sintió que se enganchaba con la abolladura.

—No he estado comiendo suficiente hierro —murmuró Scythe.

—Eso no lastima, ¿o sí? —le llamó Saura alarmado.

—Lastima a los ojos, sí —respondió Scythe sombríamente—. Lastima a mi desempeño en batalla, sí, incluso más. Lastima a mi orgullo... más allá de todo. Pero es algún tipo de aleación sólida de metal y hueso. Sin nervios. Justo como tus cepas.

—Espera, ¿e... eso se curará? —preguntó Ray con consternación—. Sí puedes regenerar una cuchilla, ¿verdad?

—Por supuesto —dijo Scythe—. Si no pudiera, probablemente tendría cáscaras vacías en lugar de brazos ahora. Eh, tomará un buen mes para que esta retorne a la normalidad, a este ritmo. Pero puedo afilarlas ahora, y eso tendrá que servir. No sabía que las había dejado tan endebles. ¡De todas formas!

Scythe bajó su cuchilla dañada a un costado, ignorándola. Se giró para mirar a Char en los ojos.

—¡Ahora! —llamó Scythe, poniendo energía detrás de su voz—. Lucario nos contó qué tipos de Pokémon enfrentaremos. Debemos prepararnos para ellos. Muéstrenme si saben cómo contrarrestarlos a todos. ¡Char!

Scythe indicó el Poste de Flagelación.

—¡Este pilar es un Salamence! —ladró Scythe—. ¡Nos está atacando! ¡Tú eres el líder del equipo, Char! ¿Cuáles son tus órdenes?

Char se puso en su postura de batalla. Su mente se aceleró.

—¡Un dragón! —exclamó Char—. ¿Qué derrota a un dragón?

—Ataques de hielo, u otros dragones —recitó Saura—. ¡Pero no tenemos nada de eso!

—Y resiste todos nuestros tres elementos —dijo Ray—. ¿Qué hacemos? Espera, ¡usaré el ataque que la MT me enseñó! ¡Onda Certera! ¡Iiaaah!

—¡Espera, no! —aulló Char, deteniéndolo antes de que el ataque empezara—. ¡Eso no funcionará! Salamence no es solo un dragón. Tiene también las fortalezas y debilidades de un pájaro. Eso significa... ¡Ray! ¡Golpéalo con un rayo! Sorpréndelo desde el costado para que se distraiga. ¡Saura! ¡Quédate atrás y lánzale ese ataque fangoso! ¡Yo atacaré!

El trío atacó, lanzando sus mejores ataques al fingido dragón. El aire chisporroteó y destelló con poder cuando Ray descargó un rayo, Saura lo duchó con una sustancia venenosa desde lejos, y Char corrió directo hacia él, su garra brillando con intensidad a medida que brincaba subiendo los escalones.

Char sintió cómo sus garras se enterraban con ligereza en la piel del pilar. Le satisfizo sentir tal dominio sobre el elemento de roca por una vez. Blandió sus brazos adelante y atrás, cortando al pilar con furia, justo como Scythe había hecho momentos antes.

*¡Tak!* Char fue golpeado en la frente. Cayó rodando por las escaleras, derrapando hasta detenerse dolorosamente. Frotándose la frente, Char levantó la mirada para ver que había sido aporreado por la parte posterior de la cuchilla de Scythe.

—¡Ups! —exclamó Scythe, parándose ante él—. Buen intento, ¡pero te acercaste demasiado! ¡Siempre debes ser cuidadoso del rango de las garras de tu enemigo! Ahora... ¡Ahora yo soy un Metagross! Char está herido en el suelo. Saura, ¿qué harás?

—¡Aah! Eh... ¿Qué debilidades tenía un Metagross, otra vez? —aulló Saura—. ¡Ray! ¿Con qué podemos golpearlo?

—¡No lo sé! —respondió Ray—. ¡Nunca investigué sobre Metagross! ¡Ni siquiera sé qué tipo de Pokémon es!

—¡Yo tampoco lo sé! ¿Qué hacemos?

—¡Atácalo con lo que sea que tengas! ¡Yo protegeré a Char!

Ray se apresuró e intentó defender a Char, mientras Saura lo cubría con un torrente de hojas afiladas. Scythe las apartó.

—¡Inútil! —se rio Scythe, empezando a cernirse sobre la figura caída de Char—. ¡Tus ataques son poco efectivos! ¡Mejor piensa en algo más!

Saura se armó de valor y lanzó su bola de fango venenoso hacia Scythe, que la eludió justo antes de que golpeara su rostro.

—¡No, tampoco eso! —llamó Scythe—. ¡Apúrate, Saura! ¡El destino de Char está en tus manos!

Char se sentó en el suelo, observando el ejercicio desarrollarse ante él. Observó a Scythe, sus ojos destellando con la emoción de la batalla... y notó, si solo por un momento, que parecía bien. Por solo un momento, era el viejo Scythe que conoció de sus primeros días en la división, aquel que los había llevado a través de sus primeras exploraciones de mazmorra, y practicaba con ellos en el Dojo. Por solo un momento, era una fuerte y confiada alma, no el estresado despojo en el que se había convertido.

—¡Aaaah! —exclamó Saura, repentinamente saliendo disparado hacia Scythe. Sus cepas brotaron y azotaron el aire desatinadamente, y antes de que Scythe pensara en esquivar, fue golpeado hacia un costado y tuvo que tambalearse por un momento. Saura no acabó ahí. Se acercó a Scythe y se lanzó, de frente, a su pecho.

Scythe fue despojado del aire, y un momento más tarde, golpeó el suelo con Saura posado sobre él, jadeando pesadamente.

—Bien hecho —gimió Scythe—. Pero no creo que esa táctica funcionaría contra Metagross.

En un parpadeo, Saura fue enviado volando y tambaleándose, y Scythe estuvo de vuelta en pie. Se acercó al caído Char una vez más, que todavía estaba sentado en el lugar simplemente recuperando el aliento luego de haber desatado su cólera sobre el pilar.

—¡Ray, Saura ha fallado! —retumbó Scythe, mirando fijamente al Raichu que estaba en su camino—. ¡La seguridad de Char depende de ti! ¿Qué harás?

—Scythe, no quiero lastimarte —replicó Ray.

—¡Yo soy Metagross! ¡Lastímame! ¡Ahora! —comandó Scythe.

Llevando una mueca de enojo, Ray arremetió contra Scythe, girando a solo centímetros de su objetivo y lanzando hacia adelante su resplandeciente cola. Scythe voló zumbando fuera del camino antes de que lo acertara.

Ray sacudió la cabeza, intentando concentrarse. Saltó de vuelta a su posición, quedándose entre Char y Scythe. Se abalanzó de vuelta hacia adelante, pero esta vez sus pies se movieron tan rápido que su velocidad se volvió cegadora. Cuando Scythe salió del camino con pereza, el camino de Ray se curvó expertamente para interceptar su escape. Con cargas crepitando a través de su pelaje, liberó una poderosa corriente de electricidad en el cuerpo de Scythe. Aturdido, Scythe se tambaleó hacia atrás. Su cuerpo empezó a crisparse. Esta vez, cuando Ray dobló su cuerpo y alzó su brillante cola, conectó. Scythe se tumbó en el suelo, y Ray aterrizó en cuatro patas a su lado.

—¡No! ¡Mal! —gruñó Scythe, parándose de vuelta—. Ray, estás luchando contra mí. Estás peleando contra un Metagross. ¡Muéstrame una réplica para un Metagross!

Con el extremo romo de su cuchilla, Scythe golpeó a Ray. Se deslizó hacia un costado, aterrizando al lado de Saura.

—¿Ves? Ahí está tu prueba. No puedo derrotar a Scythe —se rio Ray—. ¡Ni siquiera puedo derrotar a un Metagross que se parece a Scythe!

Scythe se cernió malvadamente sobre Char, dando lento paso tras paso. Char disfrutó observar las batallas, ¡pero no estaba preparado para que el centro se volviera de repente él! intentó deslizarse y apartarse de la aproximación de Scythe.

—Todos tus amigos te han fallado, Char —dijo Scythe—. Todos ellos han sido masacrados. Solo tú quedas. Char... ¿qué vas a hacer?

Char finalmente se levantó y enfrentó a Scythe, puños cerrados. Scythe observó sus acciones.

—¿Bien? —demandó Scythe.

—¡Estoy pensando! —exclamó Char.

—¡DEJA DE PENSAR! —exclamó Scythe con furia—. ¡Esto no es un acertijo! ¡Reacciona! ¡Reacciona! ¡Haz lo que un Charmander hace mejor!

—¿Eh?

Scythe se estaba frustrando ahora—. ¿Acaso tus amigos no te llaman, no sé, un Asesino de Steelix?

¿Steelix?

¿Acero?

—¡Oh! —jadeó Char, cayendo en la cuenta del hecho—. ¿Metagross es de acero? ¡Pensaba que estaba hecho de roca! ¡Fuego! ¡Necesito fuego!

—Muy bien —dijo Scythe—. Qué mal que te hayas pasado tanto tiempo pensándolo. Ahora, estás–

¡FUUUUSH! Char atacó con un enorme pilar de fuego de su hocico. Scythe se alejó, a duras penas evitando el daño. Char se giró y lo dirigió hacia él, produciendo incluso más fuego. Scythe pareció sorprendido y zumbó sus alas, ascendió a toda velocidad en el aire. Giró sobre su eje, preparándose para traer sus cuchillas al revés para un golpe final, pero subestimó la agresividad de Char. Char levantó el cuello y disparó su torrente de llamas directo hacia arriba, barriéndolo de costado a costado por tanto tiempo como pudo ser sostenido. Envolvió parcialmente al Scyther, que fue derribado del aire y cayó al suelo. ¡Su cuerpo estaba en llamas!

—¡Aagah! —jadeó Scythe mientras se tambaleaba por el suelo, apagando las llamas antes de que lo chamuscaran vivo.

Char dio un paso atrás y observó a Scythe recuperarse del suelo una tercera vez. Estaba moteado con unas cuantas negras marcas de quemadura. Combinadas con sus abolladas cuchillas, realmente parecía como si hubiera estado en una intensa batalla. Sus ojos ardían con energía, y Char supo que disfrutaba de la emoción de la batalla.

—Bien hecho —dijo él, sacudiéndose—. Doloroso. Pero bien hecho.

Saura y Ray lo aplaudieron.

—¡Ahora! —exclamó de repente Scythe—. ¡Saura! ¡Ray! ¡Char acaba de ser acertado por el pulso de un Bronzor! ¡Está confundido! ¡Y les va a atacar! ¿Qué harán?

Los ojos de Char se llenaron de alegría a medida que corría directo hacia sus amigos, quienes todavía estaban estupefactos por la nueva situación hipotética.

... ... ...


Algún tiempo después, los cuatro Pokémon estuvieron sentados alrededor de la base del poste de flagelación, jadeando por aire.

—¿Cuánto... tiempo... ya ha pasado? —preguntó Saura, yaciendo panza arriba en las escaleras—. Podemos... podemos entrar ahora... ¿verdad?

—Solo hemos empezado —dijo Scythe—. Ha pasado alrededor de doce minutos.

—¿Q–qué...? —suspiró Saura—. Esos no son muchos minutos.

—Qué, no estás cansado todavía, ¿o sí? —le preguntó Scythe con falso asombro—. Después de todas las mazmorras por las que hemos pasado, ¿te cansas así de rápido?

—¡No! ¡No estoy cansado! —dijo Saura rápidamente en su defensa—. Solo... recupero el aliento...

Se sentaron allí por otro momento, simplemente relajándose. El helado viento pasó barriendo, pero por el momento, se sentía reconfortante. Lo mejor de todo, Char vio cómo Scythe todavía parecía a gusto. La pequeña acción realmente había ayudado para distraerlo de sus problemas. Char esperó que durara por un largo tiempo. Lucario, incluso en su impetuoso carácter, había demostrado algo de sabiduría.

Ray rodó hasta estar boca arriba y mirar al nublado cielo encima. El anochecer estaba a horas de llegar.

—Todavía no puedo creer que estamos haciendo esto —dijo Ray—. Saben que esto va a ser alocado, ¿verdad?

—Lo es —dijo Scythe—. Pero no podemos decir que no estamos preparados. Aún... sí... es desalentador. Solo intenten no vivir en ese hecho cuando llegue el tiempo de zambullirnos. Dependan de sus instintos.

—¡Podríamos quedar en la historia por esto! —dijo Ray, sonriendo ampliamente—. No sé ustedes, pero solo saber que estoy haciendo algo legendario es suficiente para seguir avanzando.

—La alegría de quedar en la historia parece desvanecerse luego de una primera vez —dijo una voz—. ¿No es cierto eso, Scythe?

Era esa voz de nuevo. Esa misma voz. Char supo quién era incluso antes de echar un vistazo hacia su dirección.

Era Prince. Se había colado en el grupo mientras reposaban.

—Augh, ¿qué está él haciendo aquí? —exclamó Saura.

Y así, toda la comodidad que Scythe había acumulado, todo el alivio que sentía, había desparecido. Enojo y estrés fluyeron de vuelta a través de su cuerpo a medida que se ponía de pie para confrontar al recién llegado. Una hostil mueca apareció en su rostro.

—¿Cómo es que supe que Lucario te iba a arrojar aquí tan pronto como pusiera sus ojos sobre ti? —se rio Prince mientras deambulaba más cerca—. Esta tarde, no parecías... tú.

—¿En serio? ¿No soy yo mismo? ¿Qué me delató? —espetó Scythe sarcásticamente—. Ahora, si eres tan observador, ¿podrías descifrar a quién hay que echar en mayor parte la culpa? ¿Quién es el que se ha puesto en mi camino sin permiso?

—Quiero ayudarte —dijo Prince—. Estaba esperando que fuera una sorpresa agradable. No hemos hablando en tanto tiempo, viejo amigo.

—Deseas hablar —raspó Scythe, empezando a pasearse en un semicírculo alrededor del Infernape—. Bien. Tengamos una discusión civilizada. Y yo empezaré diciendo que no te necesito en la misión de la Torre del Tiempo, y tampoco te quiero en ella. Nada más me gustaría que te vayas a enterrar en la nieve hasta que nos marchemos.

—¿Así para que tú puedas ir a enterrarte en la nieve? —respondió Prince con calma—. ¿Quieres que deje que Articuno te ponga en ridículo en Zerferia? Por favor, escucha. Seré un recurso valioso para ti. No estorbaré tu progreso. Ni siquiera me acercaré un metro a tu Charmander sin tu permiso.

—¡Ya has hecho ambas cosas! —gruñó Scythe—. No sabes lo que estás diciendo.

—Tampoco tú —dijo Prince, pareciendo presumido—. Iré de igual manera. ¿Deberás aprender a apreciarlo?

Scythe estaba hirviendo ahora. Cambió a una postura muy hostil, una que Char reconoció como una postura de batalla.

—No te entiendo —dijo Scythe—. ¿Por qué tú querrías venir? ¿Por qué te saliste tanto de tus asuntos para hacer que esto ocurriera?

—Y yo no te entiendo —respondió Prince—. ¿Por qué estás tan firme en apartarme? Quizá si pudieras complacerme con una respuesta, ambos podríamos hablar abiertamente.

—Yo tengo motivos detrás de mis acciones —gruñó Scythe amargamente—. A diferencia de ti. Tú solo deseas ir a la torre para avivar tu orgullo, apuesto. Te haré saber que me pasé muchas noches sin dormir planeando esto.

—También yo —dijo Prince—. ¿Crees que esto ha sido fácil para mí? ¿Qué hace que seas diferente? ¿Deberíamos intercambiar nuestros planes?

—Preferiría morir —gruñó Scythe.

—¡Oh... no! —jadeó Ray, horrorizado—. No lo creo... ¡Van a pelear! ¡En verdad van a pelear! ¡Chicos, tenemos que movernos!

Sin el conocimiento de los guerreros, el Equipo Ascuas se revolvió en su huida del poste de flagelación y observó desde lejos. Char abrazó el bulbo de Saura con fuerza, un implacable vértigo llenando su pecho.

—Dime, Prince —dijo Scythe—. ¿Qué tienes para sacrificar en esta excursión?

—Mi vida, supongo —respondió Prince—. Aunque, tú tienes cuatro vidas para sacrificar, supongo. Pero yo de buena gana moriría por cualquiera de ustedes si tuviera la oportunidad.

—Tenemos semillas encantadas para servir ese propósito —dijo Scythe—. Tú serías redundante. Sin mencionar que cinco en una mazmorra es uno de más.

—La regla de los cuatro es solo una guía —devolvió Prince—. ¿Cuántas veces tú la has roto? No podría contarlas con una mano. ¿Te has olvidado de las ocasiones en las que llevábamos siete en las anomalías de ambos equipos? ¿Por qué las guías tendrían que hacer una diferencia ahora? Además, todavía deberían llegar allí. ¿Cómo esperan sobrevivir en Zerferia? Yo lo he hecho varias veces. Tú no.

—Lucario nos dio guías —dijo Scythe—. Estaremos bien.

—Otra vez con las guías, ¿eh? —respondió Prince—. ¡No puedo creer que estoy escuchando esto de ti! Guías, guías. ¿Qué guías te han sacado alguna vez de las difíciles situaciones por las que eres famoso, Scythe? ¿Acaso las guías te ayudaron a reconstruir el Cañón Cuenco? ¿Acaso las guías ganaron en las Cataratas Espectrales por ti? ¿O fue por experiencia de vida? ¿Algo de lo que líderes como tú y yo vivimos y respiramos?

Scythe no respondió. Se encogió, reteniendo un acceso de furia.

Su mirada se volvió hacia la izquierda, luego hacia la derecha. Levantó la vista al cielo.

—Haré una propuesta contigo —dijo Scythe finalmente, en una voz sorprendentemente calmada—. Si puedo dejarte sin conocimiento, tú huirás a tu pequeño rincón en las afueras y nunca, jamás mostrarás tu rostro por aquí hasta que lo de la Torre del Tiempo esté resuelto.

Hubo un brillo en los ojos de Prince. Su ardiente melena se avivó.

—¿Y qué si yo lo hago primero? —desafió él.

—Entonces podrás venir —dijo Scythe simplemente—. Y yo dejaré de intentar prevenirlo.

Prince sonrió con satisfacción. Se quedó callado por un momento, considerando la oferta. Considerando la apuesta, las probabilidades.

—Acepto —dijo Prince, encorvando su cuerpo en una postura de combate—. Resolvamos esto a tu manera, viejo amigo. ¿Piensas que el resultado podría ser diferente esta vez?

Se quedaron allí, mirándose uno al otro. Dos experimentados guerreros endurecidos por las batallas. Dos brillantes líderes. Dos maestros. Ambos parados, congelados en sus posiciones, esperando el primer movimiento, dando cortas y jadeantes respiraciones y tensionando sus músculos.

El pulso de Char ensordeció su audición. Contó su propio ritmo cardiaco... uno, dos, tres, cuatro...

Sus cuerpos eran como estatuas, la grandiosa melena de Prince ondulando como una hoguera y agitándose en el gélido viento... la mirada de Scythe intensa, mordaz, calculadora...

... Nueve, diez, once...

—Tal vez ni siquiera peleen —susurró Saura con esperanza.

—Necesitan hacerlo —dijo Char—. De otra forma la disputa no estará resuelta... Solo espero... solo espero que Scythe gane.

—Yo también —murmuró Ray.

Luego, comenzó.

Sonando con un agudo y salvaje grito, Scythe elevó sus cuchillas, abrió sus alas, y se disparó hacia el Infernape. Balanceó una cuchilla, con el extremo romo adelante, hacia la figura de Prince.

Su balanceo conectó con el aire. Prince se agachó hábilmente bajo el ataque y contraatacó, empujando un pie contra el estómago de Scythe. Scythe se alejó tambaleando y quedó de rodillas.

Prince se quedó quieto, observando al Scyther con ojos presumidos a medida que este se ponía de pie.

En un parpadeo, Scythe atacó de nuevo. Desapareciendo en un borrón de agilidad, se lanzó alrededor del Infernape en un círculo, y luego arremetió con la parte posterior de su cuchilla. Su golpe fue más bajo, esta vez, pero igual falló; el Infernape contorsionó su cuerpo para eludirlo, dando una voltereta hacia atrás fuera de peligro.

Scythe no aflojó esta vez. Persiguió a su oponente, atacando con la fuerza entera de su cuerpo y atropellando brutalmente su cuerpo en el vientre del Infernape. Siguió con dos cortes del revés de sus cuchillas, el primero de los cuales aporreó al enemigo en el cuello. El segundo, sin embargo, fue atrapado en el aire por las expertas manos de Prince. Balanceando su peso, Prince tiró de la figura entera de Scythe y lo arrojó al suelo.

Los dedos de Char se apretaron alrededor de la semilla de Saura. Scythe no lo estaba haciendo tan bien. Prince ni siquiera estaba atacando, solo se estaba defendiendo...

Por segunda vez, Scythe se levantó del suelo y estudió a su oponente por un momento. Con un fuerte gruñido, sus alas zumbaron y se lanzó al aire, camuflando su borroso movimiento con la luz solar encima. Prince se estremeció de la anticipación, aguardó un momento, luego lanzó un puño al vacío aire... y, imposiblemente, Scythe se materializó en el extremo de su puño, torciéndose y cayéndose del aire para aterrizar en su espalda, su cabeza golpeándose contra un ladrillo de granito.

—¿Estás luchando conmigo, o jugando conmigo? —preguntó Prince—. Hasta el momento, esto es más fácil que la última vez...

Luego, ocurrió.

Char no vio exactamente lo que había sido hecho. Todo lo que vio fue un borrón de movimiento, y una fina raya de brillante sangre roja fluyendo a través del aire y salpicando el poste de flagelación. Otro chorro la siguió, derramándose en el suelo.

Hubo un grito de dolor.

Prince se sorprendió. El blanco pelaje en su vientre estaba nublado de rojo. Se tocó la herida.

Otro borrón. La cabeza de Prince fue golpeada contra el poste de flagelación. Dos veces. Tres veces. Manchas de sangre empezaron a teñir su superficie.

El cuerpo de Scythe se dobló, balanceando su cuchilla con todas sus fuerzas, conectando el extremo romo con la cabeza de Prince. El cuerpo de Prince rebotó en el poste y cayó de las escaleras.

Prince se recompuso lentamente, un centelleo de verdadero temor ahora en sus ojos. Scythe se paró ante él en la cima de las escaleras, respirando con pesadez.

Prince atacó. Galopó hacia él en cuatro patas, eludiéndolo a último minuto para enviar un poderoso puñetazo al costado de Scythe.

Falló.

¡Tak! ¡Tak!

Los extremos romos de las cuchillas de Scythe aporrearon la cabeza de Prince. Prince tomó represalias con una habilidosa maniobra, impulsando su cuerpo con una mano y lanzando un golpe a la parte inferior de las mandíbulas de Scythe con ambos pies a la vez. Pero Scythe se agachó y atropelló al simio a cuerpo completo a medida que este se contorsionaba en el aire.

¡Slash!

Sangre salpicó el aire. El cuerpo de Prince se torció y cayó, boca abajo, en la tierra.

No... se dio cuenta Char con horror. Él no va a... Scythe no va a matar a Prince, ¡¿o sí?! ¡No! ¡No puede ser! ¡No! ¿Pero qué pasa si...? ¿Qué pasa si esto es...? ¿Habrá colapsado Scythe? ¿Habrá perdido la cordura? ¿Él no hará... no hará algo de lo que se va a arrepentir?

Char se quedó inmóvil, incapaz de comandar a sus músculos que se moviesen.

—En serio debes quererlo —murmuró Prince, levantándose y desempolvándose las piedritas de su pelaje.

—Sí —siseó Scythe—. ¿Y tú?

Prince brincó en el aire, arqueando su cuerpo en un extraño picado. Impactó el pilar y rebotó del mismo, pegando a Scythe en la frente con una extremidad errante antes de que estuviera preparado. Scythe se retiró al costado opuesto del pilar. Prince se preparó para contrarrestar un ataque repentino, pero supuso la dirección equivocada–Scythe volvió sobre sí y atacó desde el mismo lugar que del que él había venido, cortando con sus cuchillas. Produjeron un muy fuerte clank cuando chocaron con las placas en el hombro del Infernape.

Scythe se retiró nuevamente, escondiéndose detrás de los escombros circundantes y zumbando afuera y adentro de la cubierta de obstáculos. Los ojos de Prince se movían con velocidad, siguiéndolo. Se apartó del camino a duras penas cuando Scythe pasó disparado.

Scythe volvió a desaparecer, corriendo alrededor de las caídas piedras y ladrillos, confundiendo al enemigo... Prince lo siguió nuevamente, intentando juzgar su plan... Se tensó, y luego giró su cuerpo justo en el momento adecuado, agitando los brazos a sus costados. Su brazo acertó a Scythe en el cuello. Tomando la oportunidad, Prince abordó a su oponente, cabeza primero, atrapando su cuello en una llave de brazo.

Zas. Zas.

Scythe fue golpeado en el rostro por poderosos puñetazos, una, dos veces... Scythe azotó con su cuchilla para escapar del asimiento, pero Prince le dio un codazo en el vientre y lanzó puñetazos al costado de su cabeza. Con un chillido de frustración, Scythe tironeó su cuerpo, haciendo que ambos perdiesen el equilibrio. El pecho de Prince viró bruscamente en el borde agudo de un pilar roto, y él soltó su asimiento.

Scythe vio la apertura. Tomó la oportunidad. Se lanzó a toda velocidad alrededor del pilar, atacando a Prince desde atrás. Embistiéndolo.

Prince cayó al suelo.

Scythe se apresuró a su lado, colocando su gran pie parecido a un muñón sobre el vientre de Prince. Prince intentó retorcerse, pero no había escapatoria.

Y luego él cortó. Y cortó.

Char desvió la mirada, y notó que sus compañeros de equipo hacían lo mismo.

Con un agudo grito final, Scythe entregó un último golpe, un bandazo del revés al costado de la cabeza. Luego se retiró de la caída figura.

Prince no se movió.

—Tú planeaste esto —dijo Scythe—. Este era tu plan, ¿no es cierto? Desde el principio.

Prince no respondió.

—Finalmente esto está empezando a tener sentido para mí. Tú fuiste el que encontró la Torre del Tiempo en primer lugar.

Prince se movió. Char volvió a mirar la escena con renuencia, y para su completo alivio, los ojos del Infernape todavía estaban abiertos, aunque parecía estar adolorido.

—Sí —respondió Prince—. Fui yo.

—No solo eso, sino que tú fuiste el que le contó a Xatu sobre la torre, cuando ella estuvo aquí —dijo Scythe—. Se lo contaste a ella antes que a Lucario.

—Sí —respondió Prince—. Se lo conté en secreto.

—Tú trazaste el camino a través de Zerferia para nosotros —dijo Scythe—. Tú dibujaste los mapas que Lucario nos mostró. Te pasaste estos últimos días escalando las Montañas del Arrepentimiento solo para darnos orientaciones.

—Lo hice.

—Y lo convenciste de antemano para que nos ordene que permitamos que nos acompañes —dijo Scythe—. Te aseguraste de que Lucario estuviera de acuerdo contigo.

—Hablando relativamente, sí —dijo Prince.

—Y tú le diste tus emblemas, para que él pudiera dárnoslos a nosotros —dijo Scythe—. Tus preciosos emblemas. Esos tesoros pertenecían al Equipo Ruedafuego. Te ayudaron en todas tus legendarias exploraciones de mazmorras, incluso cuando todavía estabas bajo las órdenes de Alakazam.

—Sí —dijo Prince—. Sí, lo hicieron.

—Y qué se ha hecho de nuestro equipaje, ¿lo sabes? —gruñó Scythe—. Déjame adivinar, tienes nuestras dos bolsas sanas y salvas en la guarida de tu equipo... el lugar en el que Lucario planeaba que nos quedásemos.

Prince luchó por sentarse. Sangre manaba de su pelaje, y rojos cortes cruzaban su hocico.

—Tus poderes de deducción son igual de brillantes que siempre —dijo Prince, limpiándose la sangre de su cara—. No te has oscurecido con el pasar de los años.

—En realidad, la mayor parte de eso lo adiviné —admitió Scythe—. Pero te entiendo ahora. Tú fuiste la mente maestra detrás de todo este viaje. Tú eres el que lo hizo posible. Y ahora, quieres venir con nosotros.

Scythe emitió una demente pequeña risa. Negó con la cabeza.

—Te aplaudo. Muy buen trabajo. Ahora... levántate, para poder terminar esta batalla.

Prince no se movió. Suspiró, pareciendo exhausto. Se estremeció por sus heridas abiertas.

—Dije que te levantes —dijo Scythe con fuerza—. ¿O estás acabado? Si esto es todo lo que puedes soportar, no tienes utilidad para mí en la excursión.

Prince estaba quieto.

Scythe sacudió su cabeza con amargura, luego volvió a colocar su pie en el pecho del Infernape.

—Bueno, entonces... —suspiró, levantando su cuchilla—. Te deseo dulces sueños.

Hubo una explosión. Una brillante y ardiente explosión.

Le tomó un momento a Char darse cuenta de lo que había ocurrido. A una velocidad casi a la altura de la de Scythe, Prince había elevado su cuerpo del suelo y golpeado al Scyther en el mismo centro del pecho.

Su puño estaba en llamas.

Flamas engulleron a la sección media de Scythe. Gritó de la sorpresa, cayendo al suelo para apagarse a sí mismo.

Una vez que las llamas estuvieron completamente extinguidas, se levantó hasta ponerse de rodillas. Jadeó por aire, manteniendo su cabeza vuelta hacia abajo. Muchas, muchas marcas de quemado cubrían su figura.

—Estabas fingiendo —dijo Scythe, levantando su cuerpo por completo. Tembló extrañamente cuando la fría brisa frotó sus heridas.

—Tú eres el que me enseñó eso —dijo Prince, parándose derecho y claramente inmutable ante su daño recibido. Parecía bien—. El truco más viejo del libro, ¿correcto?

—Sí, sí —dijo Scythe, inclinando la cabeza—. Bueno, entonces... Yo cedo.

—Tú... cedes —repitió Prince.

—Sí —dijo Scythe—. Bienvenido al equipo. Creo que ahora estás dispuesto a aguantar las pruebas a las que nos enfrentaremos en este viaje... Veo eso ahora en ti. Estás dispuesto a enfrentar el dolor... en todas sus formas... Creo que serás capaz de manejar... lo que sea que ocurra. Quizá... incluso más que yo.

Aplausos estallaron.

Char se giró para notar que una considerable multitud de los residentes de la división se había reunido para observar la pelea desde la cercanía de una de las puertas al patio. Estaban sentados en las escaleras, aplaudiendo y gritando alocadamente, vitoreando alegremente su apreciación hacia los dos combatientes.

Entre ellos, un Ninetales, un Smeargle, y un Heracross estaban al frente y al centro.

—¡Bien hecho! —canturreó el Ninetales—. ¡Bien jugado, los dos! ¡Qué pelea más magnífica! ¡Espléndido despliegue! ¡Un choque de leyendas!

Char se dejó caer sobre su espalda, emocionalmente agotado.


Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.




Rak, eres todo un artista



.- Pokémon Mundo Misterioso: Resistencia Plateada -.

---> ¡Concurso en marcha! <---
¡No se lo pierdan!

Pásense por mi página de Deviantart: WillChar96


Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.

#97
Capítulo 34

Spoiler
Jajaja, debo decir que este capítulo fue gracioso en una gran parte, sobre todo con lo que pasó con la manzana Oro y la reacción de Ray, Scythe y Saura, sobre todo la del primero, fue tan cómica. Y las historias… ese Daniel es tan malo contando historias como yo hablando árabe, en serio.

Y yo también pensaba que eso de la Solroca era por Solrock, como bueno… solroca, solrock… que digo. El autor tiene mucha imaginación, en serio.
Y al fin sé como son los vigilantes. Yo sabía que eran Pokémon, y también imagine que por lo más obvio que eran pokémon fantasmas, pero… tengo dos preguntas acerca de ellos.
1-.¿ Donde se esconden durante el día? O sea porque si salen tan de repente durante la noche, deben de tener un lugar donde esconderse de la luz del sol durante el día, me parece raro que no hayan encontrado su guarida ya.
2-. ¿Cómo se crearon? Bien dijiste que eran pokémon fantasmas “mutados” pero como se crearon y por qué son malvados, y por qué atacan a los pokémon que salen en la noche.

Por cierto… ¿no había un capítulo, de entre los primeros, en los que Char había visto a los vigilantes? Cuando él, Saura y Scythe se tuvieron que quedar fuera, que Scythe cavó una zanja en el suelo con sus cuchillas para que pudieran pasar ahí la noche. Si mal no recuerdo Char asomó su cabeza y vio, creo que sí.

Y bueno… eso es todo respecto al capítulo 34, voy con el siguiente.


Capítulo 35

Spoiler
Prince, Scythe. Prince, Scythe. Hay entre esos dos, y ya quiero sabes qué es; joder con el suspenso que deja el autor.

La actitud de ese Lucario me pareció desagradable, si yo fuera Char le hubiera gritado algo como: ¨Tu tampoco pareces muy fuerte, mírate. Todo blando como gelatina; puedes ser muy rápido y todo lo que quieras pero eres feo, feo, feo. De seguro tu mamá negó cuando naciste porque eres bien feo” (¿) xDD

Y bueno olvidando todo lo de ese Lucario al que daban ganas de darle una patada, paso con Prince, él parece buena gente; pero las apariencias engañan. Qué se traerán entre manos todos ellos.

Y es obvio que él ganaría sobre Scythe, es obvio, Fuego contra Insecto. Allí ya se sabe lo que pasará, insecto chamuscado.

Algo que me dio risa fue cuando Char dijo esto: “¡Llamaré a Rayquaza y él les tragará enteritos! “ Jajaja me carcajeé, me dio mucha risa. Ya Char se está dando de “Yo soy pro, porque soy muy sepsi, además tengo un teléfono y puedo hacer “La Llamada” y ustedes no”
Seh sé que fue un chiste malo, pero no tengo nada mejor que escribir. Debo decirte que encontré varios errores, ya que a veces no separabas bien las palabras una de otra, o una palabra de un punto o una coma. Si pones el archivo en Word como yo te darás de cuenta.

Y el capítulo en general estuvo bastante bueno, esa División Esmeralda parece tan monótona y aburrida como ella misma pero bueno…

Gracias por traducir este fic. :D
Sigue con tan buen trabajo.


Capítulo 36

Spoiler
O.O En la división esmeralda los Rattatas son unos caníbales salvajes, comerse un Raticate… ¿por qué Lucario no hizo nada? Eso comprueba mi teoría de que es feo. Feo, feo (¿)
¡Al fin algo de color! Un invernadero.

Encontré un pequeño error que te dejo a continuación, la letra en negrita fue la que te faltó colocar: “…era un pilar muy grande y ancho que no sostenía nada sobre sí, casi asemejándose a los inservibles pilares decorativos…”

Y debo decirlo, que capítulo más genial. Al fin hay sangre, violencia y más sangre e.e
Una batalla de leyendas y de lo más genial posible, tanto Scythe y Prince son dos combatientes bastantes fuertes e inteligentes los dos, una pulcra manera de describir las cosas; imagino que fue un reto traducir esto para que siguiera teniendo toda la emoción que en el capítulo original tenía.

De verdad un buen trabajo, yo quedé como :O
Te felicito de verdad. *aplaude*


Y quiero saber si en los capítulos de más adelante el autor incluye a pokémon de la quinta generación, ojalá que lo haga. Sería estupendo.

Y con respecto a lo de las semillas iinvisibles… bueno fue toda una gran coincidencia el que él las haya inventado y luego las hayan incluido en PMM Portales al Infinito, de seguro los de Pokémon Company, leen este fic (¿) xDD
Y bueno… ya dije todo lo que tenía que decir, vengo la próxima vez que publiques a dejarte un comentario.
Chau!

Baby we are the New Romantics Come on, come along with me
Heartbreak is the national anthem We sing it proudly

#98
Abdy:

Bueno, primero que nada, sobre las semillas invisible... Tuve una conversación con el autor, y me dijo que las inventó sin saber que ya existían en los juegos :O. ¡Lo más sorprendente es que ya aparecieron en Exploradores del Tiempo, y no en Portales al Infinito!

Gracias una vez más por los comentarios detallados y las correcciones ^^. Estoy poniéndolas poco a poco (cabe destacar que no salen las letras en negrita que dices, pero igual puedo distinguir los errores ^^").

Eso de la Solroca, tuve que ponerme creativo (bueno, no tanto). En inglés estaba "Sol-rock", que es exactamente como se escribe el Pokémon, solo que sin el guión. Al final creí que no quedaría demasiado claro que era una roca, entonces lo dejé en "Solroca" (para poder hacerlo, sin embargo, modifiqué ligeramente la explicación que hizo la Dragonite respecto a la confusión de Char).

A ver, intentaré responder tus preguntas. Lo primero, dónde se esconden. Pues, no estoy seguro si ya se ha mencionado, pero se esconden bajo tierra, a una profundidad suficiente para evitar la luz. No estoy seguro si están esparcidos por toda Ambera, o se esconden en grupos, pero lo que sí es cierto es que su escondite es subterráneo. Bueno, para la segunda pregunta, no habrá más remedio que seguir leyendo la historia ^^. Todo se aclarará después.

Sí, fue en uno de esos capítulos con los queridísimos Buneary :P.

Prince y Scythe :P. Se viene algo intenso xD.

Bueno, no diré demasiado sobre la actitud de Lucario, porque el capítulo se explica por sí solo. El pobre no puede usar Aura -.-.

Bueno, Prince... :P.

Esa frase de Char, la verdad, fue inspirada en muchos doblajes latinoamericanos, en donde exageran algunas cosas para hacerlas más graciosas, por más serio que parezca el momento xD. Si quieres algún ejemplo, deberías escuchar a James del Equipo Rocket en el doblaje latinoamericano (no sé, pero no estoy seguro de por qué pienso que eres español xD). Vaya chiste el del teléfono (?).

Bueno, yo clasificaría a esos Rattatas como salvajes, no creo que sean miembros de la división... O si no... O_O (?).

Fue una escena emocionante de traducir también: yo estaba allí, buscando a toda velocidad palabras espectaculares que quedaran en la escena (?)... Pero sí, es una de las mejores escenas ^^. Si te gusta la sangre, espera más adelante... Hay un cierto capítulo O.o.

Respecto a los Pokémon de la quinta... Pues creo haber escuchado que sí los pondría más adelante... Pero si te remontas a los capítulos iniciales, verás que se hace una minúscula mención a un Zoroark :P.

Ves lo que me hace el colegio T.T. Entrego capítulos cada medio mes... (?)

Gracias por seguir leyendo ^^




Nota del traductor:

Como la revisión del autor original es menos consistente de lo esperado, empezaré a publicar las versiones aún no revisadas de los capítulos para poder avanzar la historia.

Cuando el autor haga la respectiva revisión, le haré los cambios al capítulo y retiraré esta nota. Pero por ahora estará aquí la versión vieja del capítulo. Los cambios se limitan a algunos errores de tipeo y a agregar algunas descripciones o sacar otras, es decir, la escencia de la historia sigue ahí.




41. Capítulo 37: Pasando la Flama


Spoiler

Capítulo 37



Luego de la repentina y candente batalla, parecía como si Prince el Infernape estuviera en un agradable acuerdo con Scythe. Bueno, hasta un cierto punto. Todavía había resentimiento en los ojos del viejo Scyther cada vez que sus miradas se encontraban, aunque su enojo ya no estaba allí. Char estuvo agradecido por la resolución, aunque todavía perplejo por qué tipo de amenaza o problema planteaba el Infernape al venir a la Torre del Tiempo con él. Sabía que no se había ido, pero luego de la pelea que acababa de presenciar, Scythe parecía mucho más dispuesto a aceptar su presencia que antes.

Y si Scythe estaba dispuesto a aceptarla, Char decidió que él también lo estaría.

Sin haberse movido un solo centímetro del lugar desde donde observó la batalla, Char estaba sentado en el margen del patio. El castigo de Scythe por Lucario estaba todavía lejos de estar acabado, así que inventó algunos juegos para pasar el tiempo. Char observó cómo Scythe se dedicaba a nuevos ejercicios con sus dos mejores amigos, y mientras Saura intentaba mantenerse firme y eludir patrones de ataques que Scythe le presentaría.

—Estoy sorprendido que ganaras —le dijo Char a Prince, quien estaba parado junto a él—. Scythe es difícil de derrotar.

El Infernape zumbó con un suspiro, presionando ligeramente sus dedos en sus heridas y cortes en proceso de curación de los que padecía bajo su pelaje. Se agazapó para descansar, observando los movimientos de Scythe.

—Él no quería ganar —dijo Prince solemnemente—. Era una prueba de mi carácter. Él quería que yo ganara. Pero sabía que no podía hacérmelo fácil, o no significaría nada. Siendo su compañero ya por años, llegué a entender algunas de sus formas de pensar. Pero ahora... solo desearía saber qué ocurre con él esta vez.

—Yo también —dijo Char.

—Conociéndolo, probablemente tendrá todo bajo control de una forma u otra —dijo Prince—. Él es de los que no suelen fracasar en conseguir lo que quieren. No me preocuparía...

Un grito se elevó desde el extremo opuesto del pilar roto cuando Saura falló en saltar y fue aporreado por el brazo de Scythe. Scythe se tomó un momento para regañarlo por su error, antes de girarse para atacar a Ray sin aviso.

—Tus amigos son fuertes —dijo Prince pensativamente—. Han estado entrenando bien, parece.

—Tuvimos buenos entrenadores que nos fomentaron —dijo Char—. El Equipo Remordimiento nos enseñó todo lo que sabemos. Ni siquiera nos permitieron unirnos a un equipo de entrenamiento. Solo nos enviaban a las mazmorras y empezamos a volvernos mejores en esto de ser un equipo de resistencia.

—Eso es bueno —dijo Prince—. Tienen suerte de tenerlo a él para cuidarles. Solía entrenar a Pokémon para ganarme la vida, antes de unirme a la División Dorada. De niño, fui entrenado para pelear, y para liderar, pero carecía de la experiencia de pelear en una guerra. Ahora veo a Scythe... y sé que él no es un entrenador, pero que tiene mucho que enseñar. Y debo preguntarme... si él es un mejor entrenador de lo que yo alguna vez fui...

Char observó divertidamente cómo Ray jugaba a algún tipo de tira y afloja con la cepa de Saura. Saura le ladraba instrucciones al oído, indicándole cómo posicionar sus pies y sostener su cuerpo. Lo mantuvo en un alto por unos momentos, hasta que Scythe niveló su cuchilla con la cepa como amenazando con cortarla. Saura se contrajo violentamente, estirando a Ray varios metros hacia adelante del pánico.

—Así que... cuéntame —comenzó Prince, girando su atención hacia Char—. ¿Qué tanto sabes sobre tu fuego?

—Un poco —dijo Char—. Sé cómo exhalar fuego... Y sé acerca de mi Ascua...

—Hmm, ¿dijiste que un tipo fuego te entrenó? —preguntó Prince con escepticismo.

—Sí, y no —respondió Char—. Está Daemon. Él me dio unos cuantos consejos, pero nada intensivo. Scythe me enseñó algunas cosas de un Charizard que una vez conoció. Pero un Ditto me enseñó la mayoría de mis técnicas.

—Ah, Domo —suspiró Prince, asintiendo ante el recuerdo—. Él es respetable. Pero no hay reemplazo al entrenamiento con un Pokémon que se pasa cada minuto del día como un tipo fuego. Tenemos poco tiempo, pero te ayudaré tanto como pueda en lo poco que tenemos. Para comenzar... ¿has aprendido acerca de llamear?

—Sí, lo he hecho —recordó Char—. Cuando llegas al final de tu energía, el Ascua se intensifica y te da una última chance para sobrevivir. Me ha sucedido más de una vez. Es muy poderoso.

—Bien, bien —dijo Prince—. Es importante saber sobre eso. Si estás en una batalla difícil y recibiendo gran daño, debes aprender a verlo venir y a incluirlo en tu estrategia. De hecho, si Scythe hubiera sido más observador durante nuestra batalla, él hubiera sabido que solo estaba actuando herido porque mi fuego no había llameado. Y también, no todos los tipos fuego son capaces de experimentar la reacción de las llamas. Tú y yo somos afortunados a ese respecto. Ahora, entonces... asumo que Domo te ha enseñado cómo llamar a tu Ascua para prepararte para una batalla.

—Fue lo primero que me enseñó —dijo Char con un asentimiento—. Ahora es instinto cada vez que veo venir una pelea.

—¿Y cómo, se puede preguntar, te dijo que lo hagas? —preguntó Prince—. Hay varios medios seguros con los que un tipo fuego puede despertar su fuego. ¿Qué método aprendiste?

—Me enseñó a actuar con egoísmo —explicó Char, entretenido por cuán extraño sonaba decirlo—. Me concentro en las cosas que me lastiman y que no me gustan. Cuando me concentro en esas cosas, empiezo a enfurecerme. Y cuando me enfurezco, mi fuego crece.

—Entonces... alimentas tu fuego con la ira —dijo Prince—. Una táctica confiable. Pero hay mejores. Y entre ellas, una es superior al resto. ¿Debería enseñarte esa?

Sintiendo un cosquilleo de interés, y preguntándose qué secretos su naturaleza Pokémon aún guardaba, Char asintió en respuesta.

—Hmm —suspiró Prince, ojeando a Scythe—. Entonces tendremos nuestra primera lección.

Prince guio a Char fuera del patio, dando unas palabras de reconocimiento al Ninetales y al Smeargle en el camino. Char lanzó un vistazo final hacia Scythe mientras este desaparecía detrás de las grandiosas puertas del Bastión de Rayquaza, solo para encontrar que su espalda estaba vuelta mientras hablaba con sus dos estudiantes restantes. Char no pensó que tuviera significado, sin embargo; era Scythe el que le había dado finalmente permiso a Prince para acercarse a Char y hablar con él personalmente, para ayudarlo con su entrenamiento en cualquier forma que pudiese.

Dándoles la espalda a sus cercanos compañeros, Char depositó su completa confianza en el Infernape y le siguió el paso.

... ... ...


—Debes hacer que tu Ascua sea tan obediente como tu brazo, o tu pierna —le sermoneó Prince a Char a medida que atravesaban un pasillo con grandes mosaicos de mármol en el Bastión de Rayquaza—. Así como tu brazo o tu pierna no debe fallarte en un tiempo de gran necesidad, así tu Ascua debería ser. Debe moverse cuando lo digas, debe intensificarse y calmarse cuando lo digas. Y si dices que debe intensificarse completamente, o solo un tercio, o dos tercios, de igual manera debe obedecerte. No es suficiente con solo suplicarle débilmente para que te ayude cuando lo necesites. Debes aprender a permanecer sobre su control.

Char se mantenía al lado del Infernape, escuchándole atentamente e intentando no distraerse mirando sus nuevos alrededores. La ramificación lejana del fortificado complejo, por lo menos lo que había visto de ella, era diferente a la que estaba en la entrada principal. Los pasillos todavía eran amplios, las paredes aún estaban hechas con los mismos ladrillos de piedra monótonos, pero los tragaluces ya no estaban, siendo reemplazados por un consistente cielo raso con vigas de soporte de acero. Algunas azules piedras de tenue brillo colgaban de las paredes y proveían una débil fuente de luz, permitiéndole a él, a Prince, y a varios otros Pokémon que atravesaban el corredor ver hacia dónde iban. Char se sintió un poco decepcionado porque el refugio no parecía aislar al edificio del frío tanto como esperaba, aunque se sintió mucho mejor que cuando había puesto los pies en la tierra norteña. Se imaginó que sus nervios se estaban adaptando a la temperatura.

—Es importante aprender a controlar tu Ascua, o esta podría traicionarte —continuó Prince, guiando a Char doblando una esquina—. Si un enemigo presta atención cuidadosa a tu fuego, podría averiguar lo que estás planeado, o lo que estás pensando. Nunca debes dejar que tu Ascua delate tus secretos.

—Pero, es difícil —respondió Char—. Mi fuego está basado en mis sentimientos. Y a veces no puedo cambiarlos...

—Es por eso que tenemos pensamientos, para engañar a nuestros sentimientos —le contó Prince con una pequeña sonrisa torcida—. Y es por eso que tenemos las artes, para guiar tanto a nuestros sentimientos como a nuestros pensamientos. Helo aquí... contempla.

Haciendo señas hacia una amplia puerta abierta, Prince pausó para que Char pudiera continuar primero.

Entrando, Char encontró que la habitación era un centro de planeamiento comunal de algún tipo. Parte de ella parecía ser una biblioteca dedicada con filas de altas estanterías, mientras que la otra parte tenía algo como asientos, o escritorios. Le recordó a Char a la librería de la Academia Acantilado, en donde se había detenido a planear sus aventuras con su equipo una o dos veces. El piso estaba hecho de madera en relieve pulida, a la cual Char encontró resbalosa al caminar en un comienzo. Las paredes eran bajas, pero el techo se inclinaba hacia arriba en ambos lados hasta que alcanzaba un punto a varios pisos de altura en el mismo centro. Resplandecientes gemas, más brillantes y numerosas aquí, proveían una amplia iluminación para los habitantes de la habitación, actualmente solo un Swellow y un Parasect charlando en una esquina. En un conjunto, parecía lo suficientemente acogedora. No había nada demasiado notable en la habitación.

... Excepto por una cosa.

Era tan grande que Char no la había visto en un comienzo. En la pared más alejada, había una pintura gigante y sin marco. La luz le había dado un toque extraño, haciendo que se mezclara con el fondo. Char dio unos cuantos pasos hacia adelante, ahora hipnotizado por los patrones y pinceladas de la imagen, intentando descifrar sus significados.

La pintura representaba una escena en la cima de un acantilado cubierto de nieve. La nieve titilaba hermosamente con fluidos matices de blanco y azul bajo la luz del despejado cielo estrellado. Sobre el borde del acantilado, allí se paraba un Glaceon, tenso, preparado con una postura de batalla. Ahí, cerniéndose en el aire sobre él, estaba una majestuosa ave de deslumbrante belleza. Comparada al diminuto Glaceon, era como un ente divino. Un legendario. Su feroz mirada y espléndidas plumas azules eran exageradas en gran medida por el artista; sus alas se extendían por más de la mitad de la longitud del masivo lienzo a medida que eran abiertas para surcar el aire, montando las corrientes de aire como si fueran suyas. Su cola fluía desatinadamente detrás, y las puntas de sus plumas destellaban como carámbanos dondequiera que una estrella brillaba en los bordes. Char no pudo evitar sostener el aliento ante los sorprendentes detalles de la pieza.

—El Vuelo de Articuno, se titula —explicó Prince, entrando a la habitación tras él.

—Es hermosa —comentó Char, todavía paneando con sus ojos la escena e intentando asimilarla completa—. Tan vívida. Parece como si hubiera tomado un año pintarla.

—No tanto —dijo Prince con una risita entre dientes—. Pero te diré algunas cosas sobre la pintura. Primero, no fue dibujada por referencia. Esta no fue una escena que la artista presenció con sus propios ojos. Los dos Pokémon a los que ves representados en la pintura, aunque son tipos reales de Pokémon, son ficticios. La artista los imaginó de esta forma, y pintó la escena que había creado en su mente.

—Ajá —respondió Char distraídamente, todavía centrado en la imagen.

—La artista fue una Smeargle, naturalmente —le contó Prince—. Aunque nunca la he conocido personalmente, ella ha dejado muy en claro el significado detrás de la obra, y su inspiración para hacerla. ¿Podrías adivinar el significado?

—La belleza de un Pokémon legendario —supuso Char—. Y la imposibilidad de intentar luchar con uno...

—Como aparentaría en un inicio —dijo Prince—, ¿pero qué pasa si yo te digo... que los dos Pokémon representados en esta escena son la misma persona?

Confundido, Char miró con más atención al grandioso Pokémon ártico a medida que bajaba hacia su pieza, y al Glaceon mientras se preparaba para mantenerse firme. Se sacudió la cabeza.

—No lo entiendo —admitió Char.

—Son el mismo Pokémon —dijo Prince de nuevo—. Piensa en uno... como un producto del otro.

Char miró de nuevo, prestando gran atención a los ojos del Glaceon. Mientras que aparentaban ser diferentes en un comienzo, Char se dio cuenta de que no había ni pizca de odio en ellos. Ni siquiera temor. Solo intensidad. Concentración. Quizá algo como esperanza, o anhelo. Y el Articuno... sus garras no estaban tendidas, no apuntaban hacia una presa. Simplemente bajaba, tal vez para encontrarse con el otro...

—Creo que lo tengo —dijo Char luego de un momento de pensarlo—. El Articuno es imaginario. Está en la mente del Glaceon.

—Correcto —dijo Prince—. Uno está siendo imaginado, el otro está imaginando. El Articuno es la representación del espíritu de la Glaceon, sus esperanzas y deseos, manifestado ante sus ojos. Pero... para la Glaceon, el Articuno es tan real como lo es ella. Su amigo íntimo, dándole compañía y fuerza en los tiempos de necesidad. En esta pintura, ella lo llama por ayuda, y encuentra alivio en su presencia.

—Un amigo imaginario —dijo Char, todavía buscando por todos los mínimos detalles que insinuaban aquel significado—. Me gusta. Pero... ¿qué tiene que ver esto con mi Ascua?

—Justo como la Glaceon en esta pintura, tú debes aprender a verte como dos espíritus en un mismo cuerpo —instruyó Prince, ilustrando su punto con algunos gestos de mano—. Pues eso es lo que eres. Y eso es lo que todo Pokémon es, al final. Dos entidades al comando de una vida, cada una tan real como la otra, aunque una sea intangible e invisible. Cuando aprendas a entender esto, aprenderás a tener control completo sobre ti mismo.

Char lo pensó por un momento, preguntándose qué rayos podría significar. Como la pintura, ciertamente no era obvio en un comienzo. Buscó en su alma aquel segundo espíritu, pero no pareció encontrar alguno, excepto tal vez por el espíritu del primitivo Charmander con el que a veces peleaba por tener el control. ¿Podría ser eso?

—Piénsalo de esta forma —continuó Prince, sintiendo la confusión de Char—. Hay dos facultades que son importantes para tu vida diaria. Está la facultad que actúa, y la facultad que piensa y planea, que dirige a la otra en cómo actuar. El mundo puede ver tus acciones, pero tus pensamientos son invisibles... para ponerlo de otra forma, en la historia de tu vida, desempeñas dos roles diferentes: eres tanto el autor de la historia como el personaje principal. El personaje actúa a la voluntad del autor, mientras que el autor es invisible. ¿Tiene eso sentido?

—En realidad no, pero un poco —confesó Char, mirando el suelo con incomodidad a medida que intentaba ensamblar el punto.

—Por una parte, eres un Charmander. Comes, duermes, y vives. Tienes amigos y peleas en batallas. ¿Correcto? Ese eres tú, Char, el Charmander. Por otra parte... eres también un humano.

Char se paralizó de la sorpresa. Lanzó una interrogativa y temerosa mirada al Infernape.

—Ya sabes... como un entrenador Pokémon que ordena a su Charmander en las batallas —especificó Prince, confundido ante la repentina reacción de Char—. Él tiene esperanzas y sueños para sí mismo y para su Charmander, y comanda al Charmander con sabiduría y prospectiva de las que el Charmander carece. Por un momento, intenta pensar que eres ese humano.

No debería ser tan difícil, se dijo sarcásticamente Char, calmando su sobresaltado corazón.

Char imaginó una vida que podría haber sido suya, por lo que sabía: la vida de un entrenador Pokémon. No recordaba demasiados detalles específicos, ni siquiera imágenes, pero sabía cómo funcionaban. Un humano cuidaba a sus amigos Pokémon y los entrenaba para el bien mayor del equipo. Aunque el humano no se encargaba de las peleas. El humano era solo el comandante. Los Pokémon actuaban como extensiones de su voluntad. Esto funcionaba bien, ya que la mayoría de los Pokémon no podían entender el plan maestro del entrenador. Cada uno sabía sus fortalezas, sus debilidades, su maestría en sus elementos... y eran esas cosas en lo que tenían que concentrarse consistentemente para poder tener éxito. Dependía del entrenador ver el cuadro general y utilizar las fortalezas de los Pokémon. Y dependía de los Pokémon depositar su confianza en su entrenador.

Soy un entrenador, se dijo Char. Soy un entrenador. Y estoy comandando... ¿A un Charmander? ¿Yo?

Se imaginó que estaba atravesando una mazmorra, y se encontraba con enemigos. Se imaginó a sí mismo como el incorpóreo espíritu de un humano flotando sobre el Charmander que era él.

¡Char, tienes que pelear!, le dijo al Charmander, quien miró hacia atrás a él por direcciones. ¡Estos son Pokémon de roca, así que usa tu técnica Garra Metal! ¡Eres la única chance que tenemos!

Se imaginó a sí mismo en el mismo lugar que el Glaceon sobre aquel acantilado cubierto de nieve, de nuevo, como el incorpóreo espíritu de un humano. Sobre él, surcando el aire, un gigante Charizard se acercaba.

Necesito ayuda, le dijo al Charizard, quien escuchaba atentamente su llamado. ¡Llévame lejos de este lugar! ¡Hace frío! ¡Llévame volando a un lugar seguro!

—Y así es como se hace —dijo Prince, notando el cambio en la llama de Char—. El llamar a tu fuego, colocarte en la mente del Charmander. El dominar a tu fuego, volverte el humano que comanda al Charmander. Como la situación lo demande, permite que cooperen, y regula cuánta influencia tendrá uno sobre el otro. Tomará algo de práctica antes de poder empezar a confiar en esto, como todo... pero es algo sobre lo que tienes que pensar.

... ... ...


A medida que Char seguía a su instructor a su siguiente destino, se entretuvo saliendo de su propia persona y pretendiendo que era un entrenador Pokémon. Aunque aún no entendía la correlación entre su mentalidad y su Ascua, le intrigaba verse a sí mismo bajo esta perspectiva–especialmente desde que, irónicamente, él sí era un humano y un Pokémon al mismo tiempo en primer lugar.

Quédate con él, se dijo Char. Él te enseñará más sobre tu fuego. Escúchale.

Mientras Prince llevaba bondadosamente al Charmander a su lado, algo se movía muy dentro en su corazón. Esta era su tan esperada oportunidad de instruir a un joven. Había planeado este momento, después de todo, desde las primeras etapas de su táctica de atraer al Charmander a la División Esmeralda. ¡Qué honor, era, ser de asistencia al Pokémon que tenía la Llamada! Especialmente desde que la última vez en que la Llamada había sucedido, las circunstancias fueron menos que ideales...

Bajando la mirada hacia el incipiente niño, vagos recuerdos flotaron ante su visión. Días de ya hacía mucho tiempo, como una tarde a finales de verano en la cual se pasó enseñándole a una joven pero hastiada Growlithe a escupir sus primeras lenguas de fuego...

Esto era algo que él sentía tenía que hacer.

Luego de guiar al pequeño subiendo un angosto tramo de escaleras metálicas, Prince abrió una trampilla colocada en el techo, causando que el frío aire de la noche tarde ingresara. Era un pasaje a la azotea del Bastión de Rayquaza.

La tarde ya no era joven, aunque el anochecer aún estaba a horas de llegar. Al emerger en el tejado, Char lanzó su mirada hacia la ininterrumpida vista del cielo, encontrando difícil creer que, hacía unas cuantas horas antes, él había estado allí. El manto de nubes que llenaba el cielo y apagaba la luz del sol todavía permanecía ahí, inmóvil, arrojando la misma atmósfera deprimente que antes sobre el terreno. El techo del edificio, vio él, era en mayor parte un interminable mar de depósitos repletos de brillante grava blanca con algunas pasarelas elevadas atravesándolos. Con cuidado para no tropezar y caer en la grava, o peor, a través de uno de los tragaluces y directo al suelo debajo (no vio ninguno, pero no se iba a arriesgar), fue sutilmente por la pasarela mientras Prince lo llevaba hasta el borde.

Asomándose por sobre la pared de seguridad, Char encontró que una vasta pero sorprendentemente poco interesante vista de la ciudad se abría ante él. Vio cómo las casi vacías calles del Fuerte Esmeralda formaban los rayos de una rueda con el Bastión de Rayquaza como su centro. Intercaladas con ellos, los similares edificios parecían solo una pila de ladrillos. La pared exterior del Fuerte Esmeralda bloqueaba exhaustivamente cualquier vista de la línea del horizonte.

—Estás temblando —notó Prince.

Char bajó la mirada a sus brazos que se sostenían firmemente al ángulo de la pared de piedra. En efecto, estaban sacudiéndose ligeramente.

—Tengo frío —dijo Char—. Realmente hace frío aquí en el norte. Está tomándome un tiempo acostumbrarme. Incluso adentro hace frío. Aquí afuera también hay una brisa.

—¿Te gustaría que te enseñe a no tener frío?

Char asintió, apenas logrando contener su delirante entusiasmo ante la sugerencia.

—Hay dos formas —explicó Prince—. La primera, la cual probablemente ya sabes porque es lo que tus instintos te han dicho, es aumentar tu fuego para ahogar al frío. ¿Correcto?

—Por supuesto —dijo Char—. Especialmente cuando estoy en batalla. Cuando estaba en el patio entrenando con Scythe, me sentía bien. E incluso cuando les estaba observando a ti y a Scythe pelear, supongo que estaba un poco asustado, así que me olvidé que hacía frío. Pero ahora mismo... no mentiré. No es cómodo aquí arriba.

—En la naturaleza, los tipos fuego no hacen su hogar en lugares fríos —dijo Prince—. Y así, esta es la reacción que han desarrollado, la de escudarse del frío con una mayor intensidad de fuego. Aunque drena la energía, funciona hasta cierto punto. Puede ofrecer alivio temporal cuando lo necesitas, pero al final, es simplemente eso: te estás escondiendo del frío, en lugar de adaptarte a él. Te estás escondiendo del problema, en lugar de solucionarlo. ¿Quieres saber por qué los tipos fuego son súper sensibles al frío?

—¿Porque el calor y el frío son elementos contrarios? —supuso Char—. ¿Se balancean uno al otro?

—Casi —le contó Prince—. Los tipos fuego sienten frío porque sus cuerpos son cálidos. No es la verdadera temperatura del aire la que sientes; más bien, sientes la diferencia de temperatura entre tu piel y el aire que la toca. Hmm... esto me trae a la mente un divertido dilema antiguo del que mis amigos humanos siempre hacían alusión. Muchos humanos disfrutan darse duchas con agua caliente. Les hace sentirse cómodos. Pero cuando intentar salir, sienten horribles escalofríos por todo el cuerpo, incluso si el aire alrededor está a temperatura normal. Y así, muchos de ellos encuentran difícil salir de la ducha debido al terrible frío. Bromean que se quedan atrapados allí.

Je, je, eso es bastante gracioso, la verdad, pensó Char para sí. Creo... creo que incluso recuerdo algo como eso...

—Entonces, mientras que podrías sofocar el frío con tu propio fuego, podrías de igual manera estar haciendo las cosas más duras para ti cuando tu fuego se calme de nuevo —continuó Prince—. La segunda manera de mantenerte cálido... es intentar disminuir la intensidad de tu Ascua. Cálmate. Lleva a tu corazón a un calmado y complaciente fuego lento. Eso aliviará tu malestar.

—Eso es bueno saber —replicó Char, sonriendo—. Gracias por contarme eso. Pero no estoy seguro de que pueda hacerlo todavía. Todavía tengo que trabajar en controlar a mi Ascua como me dijiste... hacer que retroceda ha sido siempre algo subconsciente para mí. Es difícil hacerlo a voluntad.

—Sí, deberías practicar —dijo Prince—. Y de nuevo, esa es solo una de las dos formas. Debes elegir entre ellas. Hay ocasiones en las que querrás usar la otra manera, como en las que haya frío más intenso. Ahora, en esos casos, hay una manera para elevar la temperatura de tu cuerpo con rapidez...

Prince prosiguió luego a enseñar a Char otra técnica nueva: cómo sobrecalentar su cuerpo.

Le explicó la naturaleza de cómo el aire que respiraba afectaba su Ascua, comparándolo con el viento azotando a una hoguera: mientras que una poderosa ráfaga podría apagar el fuego, ráfagas más suaves y concentradas alimentaban al fuego como oleadas, permitiendo que prosperase y creciese. Instruyó a Char que respirara lenta pero profundamente, hinchando y encogiendo sus pulmones a máxima capacidad. Luego de catorce respiraciones, cuando su cabeza ya empezaba a zumbar de la hiperventilación, Prince le indicó que sostuviera su aliento con todas sus fuerzas.

El resultado fue una extraña y fogosa sensación de hormigueo que se barrió por su cuerpo entero. Un estremecimiento de calor. En los momentos siguientes, pudo sentir algo intenso bajo su piel, casi como si su propio esqueleto estuviera intentando salirse de su carnosa prisión. Una presión inundó todos sus nervios y músculos, ardiendo a medida que latía a través de él. Sintió que la llama de su cola daba un maravilloso salto en tamaño. Sobre todo, sin embargo, el frío de la brisa había perdido su efecto completo sobre él.

—Bien hecho —le dijo Prince, notando el resultado—. Alimentaste con oxígeno a tu fuego, como si estuvieras en el calor de la batalla y preparándote para expedir un pulso de llamas de tu boca. Pero en lugar de eso, lo absorbiste con tu propio cuerpo, atrapando todo aquel calor en exceso dentro de ti. No solo te mantendrá caliente por unos momentos, sino que justo ahora, ¡tu piel está demasiado caliente para que otra criatura la toque! ¡Solo rozarse contigo podría chamuscarles la carne!

—Hmm... ¿entonces podría usarlo como arma? —se preguntó Char—. ¿Podría ser una técnica de batalla?

—Ciertamente, si te encuentras rodeado de enemigos, forcejeando contigo, entonces sí, por supuesto, úsalo para mantenerlos a raya —respondió Prince—. Sé que lo he usado para ese efecto más de una vez. Es una técnica útil.

—Ya me gusta —dijo Char—. ¡Creo que la usaré de ahora en adelante!

—Bien —dijo Prince—. Si dominas esa técnica, es incluso posible emitir peligrosas ondas de calor a todas direcciones cuando la usas.

—Vaya —suspiró Char—. Entonces... todo este tiempo estuve asustado del frío, ¿y pude haberlo evitado? ¿Nunca más tendré que sentir frío?

—Bueno... eso no es completamente cierto —dijo Prince luego de un breve titubeo—. Sí hay tal cosa como un frío tan intenso para tu cuerpo. Char... ¿Domo te enseñó sobre humear? ¿Siquiera lo mencionó?

Char dudó para responder. Buscó en su memoria, intentando recordar si Domo alguna vez hubo mencionado “humear”... pero su mente estaba en blanco.

—No lo creo —finalmente le contó Char al Infernape—. No sé qué significa eso.

Prince pausó por otro momento, con la mirada vacía dirigida hacia la ciudad. Estaba enfrentando un dilema, sintió Char. Algo referente a él. Parecía disgustado.

—Domo debería estar avergonzado de sí mismo, por pensar que puede entrenarte debidamente —dijo finalmente, sacudiendo la cabeza—. Ven. Esa tendrá que ser nuestra lección siguiente. Debes aprender a humear.




Fuerte Esmeralda



—En efecto, puede ser difícil aprender todos los aspectos de ser un tipo fuego —le contó Prince a Char mientras caminaban por una calle a una cuadra del Bastión de Rayquaza—. Hay tantas cosas por aprender. Otros Pokémon tienen naturalezas simples. Nosotros, por otro lado, no somos animados por la misma fuerza vital o aura. Nuestro fuego nos da vida, una fuerza muy física y tangible, y debemos aprender a protegerlo y controlarlo. Como dijiste, tu fuego está fuertemente ligado a tus emociones. Cuando te enfureces, tu fuego aumenta en tamaño.

—Y cuando es intenso, siento menos dolor, y más fuerza —agregó Char—. Hace que continúe con mi avance. Y cuando se achica, también lo hace mi fuerza de voluntad.

—Tu fuego se comporta de la forma en que lo hace por una razón —dijo Prince—. Todas estas cosas acerca de tu naturaleza que te estoy enseñando, todas son impulsadas por un motivo central. Para entenderlo, debes entender que cuando los Pokémon llegaron a la existencia, a los tipos fuego se les otorgó una tarea especial que no compartían con otros Pokémon. Y para realizar esta tarea, se nos otorgó a cada uno una lengua de la sagrada Ascua para albergarla en nuestro interior. Nuestra tarea... como fue dictada por los dioses que nos colocaron sobre la tierra para vivir con los otros Pokémon... era la de destruir el mundo.

Un extraño estremecimiento de sorpresa bajó por la espalda de Char cuando escuchó las palabras. Su fuego aumentó, como si estuviera siendo llamado a algún grandioso propósito, pero la confusión se asentó tan pronto como recordó que el mundo no era un lugar tan malo y que realmente no quería verlo estropeado.

—¿Se supone que destruya al mundo? —repitió Char, escaneando sus propios sentimientos—. ¿Cómo... cómo se supone que haga eso?

—Tú posees el Ascua, así que sí, es tu tarea, heredada de los ancestros y transmitida a cada tipo fuego viviente —dijo Prince—. Por supuesto, nadie te está pidiendo que la lleves a cabo. Pero es para eso que existes. Ese es el propósito de tu naturaleza. Cuando Arceus formó el universo, creyó que debería ser mantenido en equilibrio. Para cada fuerza, también debe existir una fuerza para contrarrestarla. Para cada vida, debe haber un depredador. Y así, a medida que el mundo se llena con vida y belleza y majestad, también debe existir una fuerza de limpieza para destruir esa vida y desgarrar esa belleza, para que el mundo pueda ser mantenido en equilibrio. Es por eso que creó el Ascua y a todos los Pokémon que la llevan, para que podamos extenderla a lo largo y ancho y reducir el mundo a cenizas. Por supuesto, fracasaremos eternamente, ya que somos balanceados por aquella misma vida a la que somos conducidos destruir... Incluso hoy, los tipos fuego están escaseando, ya que la naturaleza del mundo prospera en eliminarnos...

Char sintió que su fuego parpadeaba de forma extraña mientras escuchaba las palabras. Tenía un sabor muy diferente ahora, un significado que lo mantenía asombrado. Se sintió extrañamente orgulloso de aceptar a su Ascua y la razón por la que ardía.

—Los tipos fuego son orgullosos por naturaleza —dijo Prince, captando el fulgor en los ojos de Char mientras reflexionaba sobre aquello—. Mientras seamos controlados por el Ascua, somos intolerantes, egocéntricos, y fáciles de enojar. Pero las cosas no deberían ser de otra forma. Pues nuestro enojo viene del Ascua demandando ser expulsada para que podamos quemar a nuestros enemigos y sobrevivir en un mundo que se opone a nuestra existencia por instinto. Con el Ascua en nuestro centro, jamás deberíamos subestimar lo que puede hacernos hacer.

—Je. Jaja... caray —se rio Char nerviosamente—. Eso es mucho por aceptar. Casi ya no sé qué pensar de mí mismo ahora...

—¿Pero no te eleva los espíritus? —se rio Prince—. Legend fue el que me contó eso por primera vez. Hace mucho tiempo, cuando todavía estaba armando mi equipo, mi orgullo me había puesto en una situación difícil con la división. Me contó esa historia para levantarme los espíritus, que cuandoquiera que cometiera una equivocación o me ganara un enemigo, era mi derecho innato hacerlo. La siguiente mañana... permití que se uniera a mi equipo.

Char fue pausado en la calle en frente a un edificio sin ventanas. Solo tenía un piso de altura, pero se extendía en longitud, plano y cuadrado, hacia atrás por un par de cuadras. Aunque estaba hecho del mismo tipo de grueso y brillante ladrillo blanco grisáceo que el Bastión de Rayquaza, este edificio no tenía un intrínseco sentido de dignidad en sí. Estaba construido con la función en mente, no el honor. Char supuso que era un almacén subterráneo o refugio de ataque, juzgando por cómo parecía tan robusto y reforzado. Luego de un breve momento de pausa, Prince ascendió la rampa hacia la entrada y se permitió entrar. Char lo siguió.

—Espera... ¿Legend? ¿El Ninetales? —preguntó Char, aquel nombre haciendo repentinamente un chasquido en su cabeza, a medida que daba pasos a través del umbral y sentía los vacíos ecos de sonidos distantes resonando por los pasillos—. ¿Fue ese a quién pasamos hace rato en el patio? ¿Ese era él?

—Sí, ese era él —respondió Prince, mirando un par de puertas ante él como si intentara recordar hacia qué dirección ir—. Está aquí porque tiene un evento en la ciudad esta noche. Todavía cuenta historias a la división de vez en cuando. Es la pasión de su vida, después de todo.

—¿Podré estar allí también? —preguntó Char—. Tal vez quiera conocerlo...

—Probablemente tendrás que convencer a Scythe, pero por otro lado, no hay razón de que no puedas —dijo Prince—. Pero por ahora... ven. Por aquí.

A unos pasos de la entrada, Char se encontró contemplando un enorme y largo pasillo que convergía en un punto en la distancia como si fuera interminable. Había numerosas puertas y ventanas a lo largo de las paredes, algunas de las cuales emitían una tenue luz amarilla sobre el plateado suelo pavimentado con algún tipo de sustancia metálica. Escuchó que más diminutos ecos resonaban por el largo corredor, pero más que eso, Char se sintió de repente distraído por algo. Había algo en el aire que no podía ubicar. Hizo que su corazón se acelerara al sentirlo, pero era totalmente invisible. Tensionó sus músculos, preguntándose qué podría significar aquella sensación...

—Rápido —procuró Prince de nuevo, con voz más alta—. No tenemos mucho tiempo.

Char dio un brinco y corrió tras él.

... ... ...


Prince pasó completamente el pasillo, moviéndose prontamente a través de un estrecho pasadizo lateral y luego bajando un tramo de escaleras. Char le seguía el ritmo lo mejor que podía, temiendo perderse en el desconocido establecimiento.

Luego de descender unos cuantos niveles, Prince mantuvo abierta una pequeña puerta para Char. Saliendo del hueco de la escalera, el corazón de Char se sumió en una sensación de pequeñez cuando observó el largo, oscuro y silencioso corredor. Se asemejaba al mismo corredor que Char había visto en el piso superior, excepto que este era mucho más ancho, y el techo era el doble de alto, y no había luces. Char sintió que se tensaba incluso más; era como una mazmorra, o un pozo minero abandonado, o quizá como si un gigante del tamaño de la tierra hubiera arremetido al edificio con una estaca y luego la había sacado con rapidez. El pasillo tenía una forma muy distintiva, las paredes y el techo se inclinaban y formaban algo como un pentágono alargado.

Y aquel aroma... sí, un aroma, tenía que ser... era más intenso aquí. Hacía que sus garras cosquillearan, su garganta se apretara, su cola se crispara. ¿Qué era? ¿Qué era lo que lo estaba llamando?

Char se preguntó aquello mientras contemplaba el conducto horizontal, observando cómo las sombras tragaban la diminuta luz de su flama como un pozo sin fondo. Algo de alivio llegó cuando Prince entró a la habitación y vino a pararse a su lado, su ardiente melena sobre su cabeza empequeñeciendo a sus propias llamas y reflejándose vivamente en las monótonas superficies de acero que lo rodeaban.

—Te voy a enseñar esto de la misma manera en que mi padre lo hizo conmigo —le dijo Prince a Char con gravedad, caminando con él en el enorme pasillo con aspecto de caverna—. Es algo que todo tipo fuego debe entender sobre su Ascua. Antes de hacerlo, debo advertirte que estoy a punto de poner tu vida en grave peligro. Estarás al borde de la muerte. En realidad, si no haces exactamente lo que te digo, podrías morir. Pero es algo que debes aprender. Debes experimentar esto y nunca olvidar lo que estoy a punto de mostrarte. ¿Entiendes?

Char no sabía a qué era lo que el Infernape estaba a punto de dar inicio, pero estando en el tracto digestivo de una bestia de acero tan grande, sintiendo el constante cosquilleo del frío que parecía definir a cada esquina de la División Esmeralda, no podía evitar percibir una sensación de hermandad con aquel colega de tipo fuego. Se irguió y sostuvo su figura con coraje, mirando a su nuevo mentor con respeto y confianza.

—Lo entiendo —respondió Char con tanta seguridad como pudo.

—Bien —dijo Prince con un asentimiento—. Ahora, dices que has experimentado la reacción de llamear antes. Puedes haber llegado a depender de ella cuando toda esperanza parece perdida. En efecto, es una fuerza muy emotiva, y nunca deberías subestimar lo que puedes realizar bajo su influencia. Pero entiende esto: la reacción de las llamas es una respuesta al trauma físico; ocurre cuando estás herido o si estás perdiendo una batalla. Pero hay ocasiones en las que no vendrá a tu ayuda. Si tu único enemigo es el frío, la reacción de las llamas no te ayudará, ya que tu fuego mismo es desafiado.

Prince se acercó a la pared del pasillo. Char distinguió el picaporte de una puerta cerca de su forma. Prince se aproximó, asiendo con una mano el pestillo.

—Este es el frigorífico —explicó Prince—. Aquí, almacenamos nuestra carne para evitar que decaiga. ¿Comes carne?

¡Carne!, se dio cuenta Char entusiasmado. ¡Carne! ¡Eso es! ¡Ese es el olor!

—Eh... ehm... —masculló Char, un poco avergonzado de responder a la pregunta—. Yo eh... la he probado antes... Pero... no como mucho.

—Tienes vergüenza —adivinó Prince, viendo la reacción de Char—. Disfrutas de la carne. Pero estás avergonzado de comer a otros Pokémon vivientes. Así que en lugar de eso te alimentas de semillas y bayas. ¿Estoy en lo cierto?

—S... sí —dijo Char—. En realidad... he comido carne una o dos veces. No se lo dije a nadie. Pero en verdad me gustó.

—Bueno, odiaría ser el portador de las malas noticias, pero eres un Pokémon carnívoro —dijo Prince distraídamente, deshaciendo el pestillo de la puerta—. Eventualmente tendrás que aprender a vivir con la culpa. Podrás disfrutar de tus semillas y bayas por ahora, pero como Charizard, se te apetecerá la carne y solo la carne. Aprende a cazar y matar antes de aprender a considerarlo una ofensa a tu moralidad. Ahora...

Prince asió el picaporte de la puerta con fuerza, preparándose para abrir la cámara. Antes de hacerlo, lanzó a Char una última mirada.

—Estos congeladores son más fríos que las más duras temperaturas de Zerferia —anunció Prince—. No uses las técnicas que te enseñé para mantenerte caliente; no funcionarán aquí. El frío es demasiado. La mayoría de los cuerpos de los Pokémon no fueron hechos para aguantar una temperatura así de extrema por más que unos cuantos momentos. Pero para un tipo fuego, es especialmente mortal. Si tu temperatura corporal cae demasiado, tu Ascua no podrá ser sustentada, y será apagada. Y tu vida acabará.

Un escalofrío descendió por la espalda de Char mientras sentía que sus piernas se volvían de gelatina. El temor inundó su cuerpo, y su fuego acudió a su ayuda. ¡¿Prince iba a congelarlo vivo?! Consideró salir corriendo hacia la puerta y nunca mirar atrás.

Aunque Char ahora estaba encogiéndose incontrolablemente, imaginándose que este destino era peor que la muerte, se puso firme. Prince le sonrió.

—Coraje, pequeño —le dijo Prince con calidez—. Yo sufriré contigo. Y no dejaré que tu fuego muera. Emergerás de esto como un Pokémon más fuerte. Es una promesa.

Prince extendió su mano. Apretando los dientes, Char elevó la suya y tomó dos de los dedos del Infernape en su pequeña mano, apretándolos con fuerza.

Con un crujido metálico, la pesada puerta del congelador fue abierta.

Parecía como si un horrible vacío hubiera barrido a Char cuando la primera corriente bajo cero lo engulló. Era como si no sintiera nada, pero doliera con tanta sorprendente intensidad que sintió que su aliento era arrancado. Consiguió producir un gimoteo mientras intentaba separarse, pero Prince sostuvo su mano con firmeza y lo arrastró hasta entrar.

Mientras el frío envolvía su figura entera, Char sintió que cada músculo de su cuerpo se debilitaba, su fuerza siendo drenada como una burbuja estallada. De nuevo, sus instintos tomaron represalias y él luchó por liberarse del Infernape, pero su lucha fue más débil esta vez. Sintió que sus piernas fallaban. Cerró los ojos con fuerza, los nervios sensitivos de su rostro pellizcando y ardiendo. Sintió que el Infernape halaba de él, levantándolo para llevarlo el resto del camino.

Escuchó la gran puerta cerrarse y chasquear en su lugar, sellándolo dentro.

Sintió que era colocado en el metálico suelo cubierto de escarcha. Sintió cómo el suelo se enlazaba con la piel de sus pies al contacto.

Abrió los ojos.

En la luz del fuego de Prince, vio una mazmorra oscura e inmisericorde, extendiéndose en longitud de igual manera que el pasillo exterior entero. Resplandecientes carámbanos colgaban del techo, polvorienta escarcha acumulada en las esquinas. Un colgadero de carne corría a lo largo del fondo, enormes cortes de Pokémon muertos y desnudos colgando del techo hasta donde el ojo podía ver, todos despojados hasta los músculos y completamente inidentificables. Char supo que debería haber estado babeando a la vista. Pero no. No ahora. No significaban nada para él.

Tal agonía sentía, diferente a cualquier cosa que alguna vez creyó conocer. Supo que su cuerpo se había entumecido totalmente, pero todavía sentía un insoportable escozor en cada centímetro de su piel, como si las primeras capas hubieran sido arrancadas y él dejado a sangrar. Bajo aquella piel, un palpitante dolor de cabeza se formó, difundiéndose a través de su cuerpo como un veneno destructivo. Sus brazos temblaban incontrolablemente. Su mandíbula castañeaba. Lágrimas manaron de sus ojos, pero pronto se endurecieron en minúsculas gotas de hielo. No sentía fuerza. Ni el deseo de luchar. En la faz de aquel dolor, solo había desesperanza.

—¡EAAAAHUGHHHHHHAAAAH! —sollozó Char en voz alta, su cuerpo convulsionándose al dirigirse hacia la dirección de Prince—. ¡AUUUUUUHHHH! ¡ARUUGHHHHH!

Con un acceso de energía, Char lanzó su endeble cuerpo hacia el Infernape.

—P-p-p-p-p-poooor... —consiguió jadear, luchando solo por hacer contacto con sus agitados brazos—, f-f-favoooor...

—No, Char... —dijo Prince severamente, dándole al cuerpo de Char un empujón y mandándolo agitándose hacia atrás—. Todavía no estás acabado. Aguanta. Aguanta, Char. Combate al dolor.

Char se revolcó débilmente mientras retrocedía tambaleándose. Intentó mantenerse de pie, pero su sentido de equilibrio le falló ya que solo podía enviar comandos sin sentido a sus piernas. Con un suave pam, su cuerpo se desplomó en el suelo, en donde intentó hacerse un tembloroso ovillo.

A medida que el moribundo Charmander yacía enrollado, Prince vio que un roto pequeño ojo todavía lo miraba. Preguntándole por qué. Suplicando alivio, piedad. Llorando ante su traición que lo había dejado de rodillas, e incluso más bajo, en meros momentos. Y sintió pena.

Aunque él sufría también, su fuego gradualmente atenuándose en el impío frío, Prince podía aguantar. Años de caminatas a través de Zerferia lo habían endurecido, engrosando su abrigo de piel, haciéndole entender a su enemigo–el frío–y cómo enfrentarlo mejor. Pero no le dijo a Char que su padre no se había quedado con él en el frío cuando era joven.

... ... ...


El pequeño Chimchar observó con horror cómo su padre colocaba el pestillo que sellaría la escotilla desde el interior. Observó cómo la luz emitida por las llamas de su padre desaparecía de la habitación, dejándolo morir en el perforante frío con nadie más que las sombras como compañía.

—Escaparás de aquí por tu cuenta —su padre decretó, parado en el umbral, hablando al pequeño e indefenso Pokémon chimpancé que abrazaba sus rodillas contra su pecho en busca de calor.

—Espera... ¡espera, no, papá! ¡No! —gritó el chimpancé aterrorizado—. No puedo... ¡no puedo levantar el pestillo yo solo! ¡Mis dedos ya están congelados! ¡Papá...! ¡No puedo hacerlo!

—Entonces... morirás —dijo su padre, girando la cabeza y cerrando la puerta de un portazo.

—¡NO! ¡PAPÁ! —exclamó el Chimchar, abalanzándose con sus debilitadas piernitas y golpeando la puerta cerrada, sintiendo que el frío drenaba su Ascua—. ¡PAPÁ! ¡VUELVE! ¡PAPÁ!

Miró con incredulidad el complicado pestillo de la puerta. ¡Era imposible! Sus dedos habían perdido toda sensibilidad. No eran más que trozos entumecidos que no seguirían sus órdenes. Los colocó en el duro metal, con tanta desesperación intentando tirar de él hasta encajarlo, pero sus dedos solo resbalaban.

Finalmente, se lanzó a la puerta, sintiendo la peor parte de la contusión a través de su cuerpo, el dolor a medias aliviado por el entumecimiento. Dio un grito final desde el más profundo recinto de su corazón...


... ... ...


—S... Saura... —murmuró Char, su cuerpo quedándose quieto, su voz ahora apenas un susurro—. S... Saura... ayuda... me...

—Paz —murmuró Prince—. Tómalo con calma. Ya casi termina. Vamos a llegar allí juntos.

Char no lo escuchaba. Char estaba ahora más allá del dolor. El frío había ganado. Estaba reclamándolo como suyo. Podía sentir que su Ascua, aquella sangre vital de su cuerpo, simplemente se rendía. No podía escuchar nada más, sentir nada más. No podía recordar quién era, ni dónde estaba, ni por qué estaba sufriendo. El mundo entero había desaparecido. Todo lo que conocía era la sensación de la minúscula Ascua en su corazón, el único calor que conservaba, combatiendo tan duramente por la supervivencia pero escurriéndose...

El tiempo parecía aminorar para Char a medida que sus momentos finales pasaban. Cada respiración, cada latido tomaba una eternidad en aquel oscuro vacío de soledad que había creado para sí. Se sentía como una pesadilla, pero por más que intentaba, no podía despertarse de ella. Sabía que estaba muriendo. En su ilusión, le dio bienvenida a la muerte. Se olvidó de su misión, de sus amigos, de sus promesas. Solo anhelaba la muerte, el escape del frío. Estaba acabado.

Finalmente... llegó. Sintió que la última lengüita de su llama interior se disipó, crepitando una última vez. Con un largo suspiro de alivio, Char respiró su último aliento, reposando su gastado cuerpo contra el suelo de su metálica tumba...

*¡Pop!*

Se sintió como si una burbuja hubiera estallado en la cabeza de Char. Reconoció la sensación–había sentido algo parecido antes, cuando su cuerpo había empezado a quemarse en su intento de dormir dentro de la antorcha al lado de su cama–pero esta vez, supo que algo más había ocurrido.

Los ojos de Char parpadearon hasta abrirse.

Estaba en el mismo lugar, el interior del congelador. En la División Esmeralda. Con Prince. Mientras Scythe, Ray, y Saura estaban en otro lugar. Estaba en su camino para encontrarse con Dialga.

Char parpadeó otra vez. Todo había vuelto repentinamente a él.

No solo eso, pero en un intento de ponerse en pie, Char se dio cuenta de que no sentía dolor alguno. Nada.

Era como una de esas mañanas primaverales en la Pradera Dorada, en las que la temperatura encontraba aquel perfecto equilibrio en donde no era caluroso ni fresco. Solo estaba allí. Char miró sus manos, girándolas, preguntándose cómo podía ser que ya no estuvieran sintiendo el terrible frío que sabía todavía lo rodeaba.

—¿Estoy muerto? —soltó Char, girándose hacia Prince por una respuesta.

La sonrisa de Prince era amplia, incluso cuando su propio fuego luchaba por mantener su dominio sobre el frío. Negó con la cabeza.

—No, no estás muerto —respondió él—. Pero mira tu cola.

Char hizo lo indicado, recogiendo su cola con sus manos en un movimiento reflexivo que había aprendido, sosteniéndola ante sus ojos.

No había flama.

Char parpadeó de la confusión. Su llama estaba apagada. Parecía como si debería haber sido sorprendente. Horripilante, incluso. Pero por alguna razón, no lo era. Solo era interesante. Char miró con más atención en la misma punta que solía expulsar constantemente su llama, y vio que estaba acribillada con formaciones de hoyos apenas visibles con aspecto de piña, un caño que dejaba que el fuego escapara. Excepto que el fuego no estaba. No parecía correcto.

—¿Qué significa esto? —preguntó extrañado Char al Infernape, girando su cola en sus manos.

—Estás humeando —explicó Prince—. Tu Ascua está ahora ardiendo sin llama. Todavía está viva, aunque el frío la ha derrotado, y se ha retirado a su santuario más íntimo, en donde brillará por tanto tiempo como pueda. Pero todavía está ahí por ahora, y por eso, todavía estás vivo.

—... Oh —dijo Char simplemente, encogiéndose de hombros—. ¿Eso significa que estoy a punto de morir?

—Sí —dijo Prince—. Humear significa que estás en tu más último hilo de vida. Si no puedes salvarte ahora, tu Ascua cesará de arder, y tú caerás muerto.

—Ya veo —dijo Char, dejando caer su cola y mirando a Prince—. Entonces... cuando empiezo a humear, dejo de sentir el frío. Pero... eh... ¿debería estar preocupado por esto? Estoy a punto de morir. Eso parece un poco serio. ¿Por qué no me siento preocupado?

—Porque es tu Ascua la que regula tus sentimientos. Incluso tus emociones —explicó Prince—. Desde que la llama ha desaparecido, tus sentimientos se han secado. No deberías ser capaz de sentir algo justo ahora. Eso podría ser algo bueno, o algo malo. Bueno porque te da algo de claridad de mente en tus momentos finales y algo de alivio del dolor, si es que eso es lo que necesitas para escapar de la muerte. Malo porque, como has mencionado, sin tus sentimientos, puede ser difícil sentirse motivado para salvarte a ti mismo.

Char se estudió en medio de esta condición tan extraña que su cuerpo estaba experimentando. Efectivamente, ninguna de sus emociones estaba allí. Su mente se sentía vacía, como un robot. Podía todavía ver, sentir, pensar... pero no podía sentir dolor, o entusiasmo, o temor. Todo se sentía muy distante, como si estuviera ocurriéndole a alguien más.

—Eso explica mucho —dijo Char, paseándose en el lugar—. Ajá. En realidad, creo que podría haber humeado antes. O quizá estuve a punto de hacerlo. Creo que sentí algo como esto.

—¿En serio? —preguntó Prince—. ¿Cuándo fue eso?

—Una vez, cuando luché contra un Steelix. Pero Ray usó esta esfera que hizo que lloviera en la cueva —recordó Char, su mente extrañamente clara—. La lluvia era muy fría. Y luego derroté al Steelix porque estaba llameando. Pero cuando las llamas acabaron, empecé a sentirme un poco extraño. Así como ahora. Como si debería haberme sentido feliz, pero en realidad no lo hice. No sé qué sucedió después porque me desmayé y la mazmorra me expulsó.

—Podría ser —dijo Prince—. El agua a veces puede apagar al Ascua lo suficiente para hacerla humear. Se sabe que ha ocurrido antes. Imaginaría que es más probable en los Charmander, desde que es fácil que tu cola se moje.

Char empezó a deambular hacia la parte trasera del congelador para inspeccionar la carne, pero una idea se le ocurrió. Se volvió de nuevo hacia Prince.

—Eh... oye, ¿Prince? Tengo una pregunta.

—¿Sí?

—En realidad no irás a dejar que muera, ¿o sí? —preguntó Char incómodamente—. He estado humeando por dos minutos ahora. Solo tenía curiosidad. Digo... si estás intentando matarme, probablemente no podría pelear contigo de todas formas...

Prince rio entre dientes—. Oh, je je, no, pequeño. Esto es solo una lección. Todavía no ha acabado. Pero vas a sobrevivir. Después de todo, te prometí que no te dejaría morir, ¿no?

—... Oh, cierto —respondió Char—. ... Eso es cierto. Me olvidé de eso. Sí lo hiciste. Hmm... Bueno, entonces, ¿cuánto tiempo más?

—Casi todos los tipos fuego pueden humear por cuatro minutos antes de morir —explicó Prince—. Eso es más o menos alrededor de ciento ochenta latidos de corazón para un Pokémon de tu tamaño, si sientes que debes contar. Pokémon más fuertes pueden humear por más tiempo, dependiendo de cuán fuertes sean. Yo, probablemente sobreviviría por veinte minutos a mi edad. Pero deberías considerar cuatro minutos como tu máximo. Después de eso... no puedes saber cuándo la muerte golpeará.

—Entonces... ¿estoy esperando a llegar a mi límite? —preguntó Char—. ¿Es eso?

—Sí —dijo Prince—. Necesito que veas qué ocurre cuando alcanzas tu límite. Necesitas experimentarlo, y nunca olvidarlo. Podría explicártelo, pero permanecerá en tu corazón con más fuerza si lo ves por tu cuenta. Si esto alguna vez te ocurre, no puedes tomarte el tiempo de pensar en palabras que alguna vez has escuchado de mí. Tienes que reconocerlo.

—De acuerdo... —dijo Char con un asentimiento inexpresivo—. Confío en ti.

Char aguardó pacientemente que su experiencia cercana a la muerte se presentase. Echó vistazos a la arquitectura del congelador a su alrededor, la cual solo podía ver gracias a la atenuada luz de las llamas de Prince. Barras con aspecto de tubos correteaban por el techo, y sobre ellas, pensó poder ver algún tipo de respiradero. A su alrededor, parecía que el congelador solo conservaba carne, pero divisó un estante con opacas bolsas blancas amontonadas sobre el mismo. Al otro costado, había algunas cajas en el suelo, pero estaban cubiertas a medias en un montículo de nieve. Char empezó a juguetear con sus dedos y su cola sin llama, habiéndose quedado sin cosas que observar...

Y entonces, después de seis minutos y medio, Char se sintió diferente.

—Creo que... está viniendo —reportó Char, parado ante Prince con una ofuscada mirada en los ojos—. Estoy... No sé. Es como si me estuvieran halando hacía algún lugar. Pero no me estoy moviendo.

—De acuerdo —dijo Prince, de pie ante él—. Ahora... quiero que me cuentes exactamente lo que ves, y lo que sientes. Descríbelo por el mayor tiempo posible.

—Me siento mareado —dijo Char—. Como si estuviera a punto de salir flotando...

Prince dio un profundo aliento.

—Tu fuego... está brillando —divagó Char—. Mucho. Se vuelve más brillante. Y reluce, como diamantes... Mi corazón. Siento mis latidos por todo mi cuerpo. Como un terremoto. Pero se vuelve más lento.

Los ojos de Char se vidriaron. Prince supo que ya no los estaba usando. Tomó otro profundo y firme aliento.

—Es brillante —dijo Char—. Estoy mirando directo al sol. Es brillante. No... no puedo ver nada. ¿Estoy... ciego... Prince? ¿Todavía estás ahí...? ¿Prince...?

La luz dorada tragó a Char, y sintió que iba a la deriva... quizá hacia el mundo espiritual.

... ... ...


El Chimchar podía sentir sus dedos ahora.

Ya no estaba enojado con su padre. Y no estaba asustado. No sabía por qué.

Pero sus dedos funcionaban. Eran torpes y fracasaban con frecuencia, pero podía entenderlos por debajo del adormecedor dolor. Aquel dolor ya ni siquiera estaba allí.

Estaba oscuro. No había fuego para guiarlo. Pero podía sentir la puerta. Sabía que era la puerta. Sabía cómo se sentía el pestillo. Sabía cómo hacerlo funcionar.

Asió el pestillo con sus diminutos dedos. Lo levantó. Giró sobre su eje con un pequeño sonido metálico. Luego agarró el mecanismo del picaporte, lo bajó, lo giró, y luego lo subió...

Uno, dos... no, había uno más. ¿Cuál era? Intentó recordarlo.

El pequeño gancho de metal. Aquel que mantenía a la puerta cerrada en su totalidad. Lo asió y estiró, sacándolo de lugar.

Empujó la puerta, libre de aquel congelador.

Se encontró cara a cara con su padre, que había estado esperándolo justo afuera. El viejo Infernape sonrió cálida, afectuosamente hacia él.

El pequeño Chimchar se había quedado sin palabras. Intentó decir algo, pero ninguna palabra parecía adecuada. Nada significaba nada. Aun así allí estaba, mitad en el congelador, mitad fuera de él, mirando a su padre.

Su padre, el grandioso Infernape, dijo algo. Estaba orgulloso de él. ¿Le estaba hablando a él? ¿O le estaba hablando a algún otro Pokémon? No pudo saber, parecía tan lejano...

Y luego... vino una luz.

El sol pareció descender en aquel pasillo. Las pequeñas lámparas al lado del hueco de la escalera se intensificaron en brillo y nunca dejaron de hacerlo. La melena de su padre se hizo más reluciente y hermosa, arremolinándose en milagrosos patrones, como si Moltres estuviera jugando con ella.

A medida que la luz se intensificaba, vio que su padre se agachaba para abrazarlo. Sintió su abrazo. Su cabeza estaba presionada contra el pecho de su padre, cuyos fuertes brazos estrujaban su espalda. Sintió el latido del corazón de su padre contra su oído. Sintió el aliento de su padre en su frente.

La luz se volvió abrumadora, hasta que no pudo ver nada más. Empezó a disolverlo, transportándolo hacia algún lugar. Pero todavía sentía algo. Todavía sentía a su padre junto a él, evitando que saliera, reteniéndolo con fuerza, sin permitirle escapar.

Y justo cuando eso empezaba a desvanecerse también, desapareciendo en esa gran luz...

Hubo un rugido...


... ... ...


Fuego.

¡Dulce, bendito, y divino fuego!


Estalló por todos lados, cubriéndolo. Como comida a un estómago famélico, como alivio a una inexorable agonía, llegó, llenando su marchitado cuerpo con una nueva oleada de vida. Se retorció del júbilo a medida que el fuego retornaba a su ser, a su realidad, derramando lágrimas de felicidad mientras sentía su intensidad, su calidez, su danza contra su piel. Lo había extrañado tanto.

Se aferró al pecho del Infernape con todas sus fuerzas a medida que Prince permitía que todo su cuerpo entrara en combustión, engullendo al pequeño Charmander en sus brazos con un manto de su propio fuego.

Char se estremeció cuando sintió que su Ascua se descongelaba, derritiéndose como un cubito de hielo en las grandiosas llamas.

—Verás —le contó Prince—, cuando te encuentres humeando, solo hay una manera de salvarte. Si quieres vivir, debes encontrar calor a toda costa. Es lo único que puede salvarte.

—Gracias... —susurró Char débilmente, dejando flácido su cuerpo en los brazos del Infernape.

Los dos hermanos del fuego permanecieron allí en el congelador por tres minutos más, sus flamas rugiendo gloriosamente mucho después de que el Ascua de Char se hubiera encendido de nuevo.


Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.

Rak, eres todo un artista



.- Pokémon Mundo Misterioso: Resistencia Plateada -.

---> ¡Concurso en marcha! <---
¡No se lo pierdan!

Pásense por mi página de Deviantart: WillChar96


Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.

#99
HOlaz!!! Bueno bueno bueno, tanto tiempo sin leer por estar muy ocupado, o no tener tiempo actualmente debido al colegio y otras responsabilidades, lamento no haber podido responder antes.

Todavía no me pongo muy al día que digamos, voy en el capítulo 31-(El especial de Otto). Realmente es un fic fantástico la verdad, me ha atrapado mucho la historia, y la manera de escribir como continúan sus misiones a lo largo de la historia, lo hace un Fic excelente, pero también debo agradecerte por la dedicación que tienes y el tiempo que ocupas para hacer un trabajo tan bueno como traducir capítulos de una gran cantidad de palabras. Eres muy dedicado, muy responsable, y eso se valora c: .

Espero poder estar luego al día con todos los capítulos, pero por la extensión que tienen, además de otros libros que debo leer, son factores que me impiden leer tan rápido. Gracias Nuevamente!!!
m
#100
RaperGomzZ:

Bueno, no puedo decir que no te entiendo. Yo también estoy apretado por el colegio. Si no fuera por eso, publicaría todos los días (?).

Me parece genial que te esté gustando hasta ahora. Te aseguro que has llegado a la parte emocionante... Lo mejor será cuando empiece la expedición a la Torre +.+.

Bueno, no hace falta que lo leas rápido. Con tal de que lo disfrutes, yo estaré feliz (?).

Gracias por seguir leyendo ^^




Nota del traductor:

Como la revisión del autor original es menos consistente de lo esperado, empezaré a publicar las versiones aún no revisadas de los capítulos para poder avanzar la historia.

Cuando el autor haga la respectiva revisión, le haré los cambios al capítulo y retiraré esta nota. Pero por ahora estará aquí la versión vieja del capítulo. Los cambios se limitan a algunos errores de tipeo y a agregar algunas descripciones o sacar otras, es decir, la escencia de la historia sigue ahí.





42. Capítulo 38: Conflicto de Interés


Spoiler

Capítulo 38



Char todavía se sentía algo chiflado mientras él y Prince regresaban a las calles del Fuerte Esmeralda, pero una sonrisa permanecía congelada en su rostro. Intentó combatirla, pero no podía resistir el impulso de dar un vistazo atrás hacia su cola y a la pequeña lengua amarillo-rojiza que hacía erupción en el extremo, justo en donde se suponía debiera estar, haciendo que su sonrisa volviera con toda su fuerza. Luego de casi congelarse hasta morir, Char estaba simplemente feliz de estar vivito y llameando.

—Solo... no puedo creerlo... ¡Casi morí! —jadeó Char por tercera vez, saltando tras los talones de Prince—. ¡Ese frío era terrible! ¡Era una pesadilla! Me aplastó tan rápido, ¡ni siquiera podía pensar! ¡Apuesto a que el Maestro ni siquiera pudo encontrar otra mejor manera de torturar a Pokémon de fuego que lanzarlos a un congelador! Y luego estaba esa luz... ¡estuve tan cerca! ¡La vi! Era como si todo estuviera siendo sofocado con luz, luego no podía ver nada... Oh, vaya, ahora todo se siente tan surreal, como si todo esto es solo un sueño del que me despertaré algún día. ¿Esta sensación se irá alguna vez?

—La superarás pronto —le aseguró Prince con calidez, divertido ante la hiperactividad de Char—. Pero incluso cuando lo hagas, nunca olvides la lección que has aprendido. Tanto los Pokémon como los humanos le temen a la muerte porque no la entienden. Ahora que la has presenciado a mano propia, no tienes nada que temer. He visto a demasiados Pokémon caer en sus momentos finales presas del pánico. Pero has observado a tu fuego apagarse y tu vida acabarse. No te dejes sentir atemorizado o confundido por la forma en que tu fuego parpadea. En cambio, concéntrate con todas tus fuerzas, y encuentra la respuesta. Encuentra una manera de vivir.

—Yo... acabo de burlar a la muerte —jadeó Char, sus ojos agrandándose como si no se hubiera dado ya cuenta de las implicaciones hasta ahora—. ¡Acabo de burlar a la muerte! ¿Qué pasaba si moría? ¡Saura! ¡Se le habría roto el corazón! ¡Y Ray habría estado devastado! ¡Ellos están en esto solo por mí! Y Scythe... ¡Caramba! ¡Scythe! Si yo hubiera muerto... ¡¿qué habría hecho Scythe?! ¡Oh, vaya! ¡La Llamada! La habría tirado así como así, matando las esperanzas de todos... ¡Lo habría destrozado!

—En efecto —profirió Prince—. Por supuesto, sabes que no debes mencionarle a Scythe esto. Me rebanaría la garganta en el momento en que lo averiguase. Pero era por tu propio bien, Char. Tu fuerza está definida por tu maestría sobre tu fuego. Para el régimen que mi abuelo comandaba, aprender a humear era un paso inseparable en el entrenamiento para los tipos fuego. Algunos Pokémon hasta luchaban con sus llamas apagadas, solo para aprender a combatir sin la asistencia de las poderosas emociones en las que llegaban a confiar. Les hacía mejores guerreros porque enseñaba a la mente a notar cosas que el corazón eludiría.

—... Lo sé —dijo Char—. Que fue por mi propio bien, me refiero. Prince, gracias por enseñarme a humear. Y por todo lo demás. Por mostrarme esa pintura, y enseñarme a enfriarme. Gracias por todo. Es que a veces realmente asusta ser un Charmander. Digo... no conocer sobre mi propia naturaleza. Gracias por ayudarme. Lo digo en serio.

—No hay de qué —dijo Prince—, pero no me des el crédito. Yo solo estoy pasando la flama a una nueva generación. En un mundo tan frío, nosotros los tipos fuego debemos ayudarnos unos a otros cuando fuere posible, con el fin de que nuestro control sobre el Ascua no quede olvidado. Créeme, Char, dada la oportunidad, te entrenaría con lo mejor de mi habilidad. No puedo enlistar todas las cosas que aún ignoras. Técnicas de aguante. Estrategias de batalla, especialmente contra ciertos enemigos a los que eres débil. Conocimiento sobre cómo funciona el fuego en un nivel químico. Dietas especiales que debes seguir en partes específicas del año para conservar tu salud interna. Si tuviéramos siete años, te enseñaría todo lo que sé. Pero hoy, solo tenemos una hora juntos. Y esa hora está casi en su límite.

—Oh... —dijo Char, decepcionado—. Entonces... ¿a dónde vamos ahora?

—De vuelta al Bastión de Rayquaza —respondió Prince—. El periodo de Scythe en el patio terminará en breve. Querrá que estés de vuelta en su campo de visión de inmediato, pienso. Pero si tengo suerte, podría negociar una o dos horas más contigo antes de que el sol baje demasiado. Veremos.

Char tomó un aliento profundo, intentando calmar el vibrante asalto de energía que lo había llenado luego de que su fuerza vital fuese restaurada. Miró el nublado cielo y vio cómo se oscurecía ligeramente a medida que la posición del sol cambiaba.

—Bueno... al menos está un poco más cálido aquí afuera —comentó Char, estirando los brazos contento—. No podía imaginar cómo podías sobrevivir estando tan frío todo el tiempo. La verdad se siente agradable ahora.

—Char... la temperatura no ha cambiado —se rio Prince—. Eso es si es que no se ha vuelto un poco más frío a medida que la tarde se desvanece.

—¡Estás bromeando! —exclamó Char, deteniéndose para examinarse—. ¡No se siente frío para nada! ¡Se siente como un buen día de primavera! ¡Incluso la brisa es agradable!

—Dale a tus nervios tiempo para que vuelvan a la normalidad —le contó Prince—. Luego de temperaturas así de frías, todo te parecerá cálido por un tiempo. Quizá por varios días más dependiendo de cuán sensitivo eres. Pero el frío todavía te afecta. Como cuando estabas humeando, solo tus sentidos están entumecidos.

A Char no le podía importar menos. Se sentía genial. Y todavía estaba entusiasmado, listo para que Prince le enseñara algo más.

—¡Tal vez podamos luchar! —sugirió Char—. Estoy lleno de energía, y no me ejercité mucho con Scythe antes de que vinieras. ¡Tal vez podrías enseñarme más movimientos de batalla!

—Esa es una posibilidad, sí —dijo Prince mientras se aproximaban a la base de las escalinatas que llevaban a la entrada trasera del edificio capital—. Aunque hay cosas más importantes que debemos cubrir antes de dirigirnos a Zerferia. Por un lado... necesitamos encontrar algo que ponerte.

—... ¿Ponerme? —copió Char, parpadeando sin comprender ante la sugerencia—. ¿A qué... te refieres? ¿Algo como ropa? ¿Como... ropa humana?

—Como esas, sí —respondió Prince—. Aunque, en tu caso, en una escala más pequeña y eficiente.

Char abrió la boca, pero no pudo encontrar algo que decir. Solo pudo bajar la mirada hacia sí en desconcierto.

—Pareces sorprendido —observó Prince humorísticamente, trepando el último escalón—. Sí, sé que es un concepto extraño para ti, habiendo vivido abajo en un clima tan templado. Pero tenme paciencia. Ayudará...

Cuando la mano de Prince se estiró hacia el mango de la puerta, la puerta se movió.

Retrocedió de un salto, apenas evitando un golpe en la cabeza de las puertas de madera cuando estas se abrieron hacia afuera.

Cuando Char estuvo en el último escalón, contempló la figura de Scythe en el umbral, cuya mirada fulminaba a Prince.

No parecía divertido.

—Qué coincidencia —profirió Scythe con sarcasmo, dando un paso hacia adelante y prácticamente presionando su rostro en el de Prince—. Justo estaba a punto de ir a buscarte. Luego de haber preguntado a cada persona en el edificio si te había visto.

Char se encogió ante la visión de Scythe. Parecía exhausto, aunque para nada aliviado, de su ejercicio. En lugar de eso, estaba claramente furioso, tal vez igual de furioso como cuando su combate tomó lugar. Detrás de él, Char notó a Ray y a Saura emerger lentamente de las sombras, aunque se mantenían a distancia; ellos también parecían agotados, pero no por la misma razón. Por sus congeladas expresiones, Char supo que Scythe se había encolerizado ante ellos.

Y así como así, la alegría de Char se hubo ido. Apagado. De repente pareció una buena idea escabullirse nuevamente en el oscuro congelador y morir pacíficamente.

—¿Qué estás intentando lograr? —demandó Scythe en un calmado pero hirviente tono, empujando el pecho de Prince con sus cuchillas y haciéndolo retroceder aún más—. Te concedí el permiso de venir con nosotros a la Torre del Tiempo. Te concedí el permiso de entrenar con Char. ¿Eso no fue suficiente? ¡Yo no te concedí el permiso de escaparte mientras mi espalda estaba vuelta, para correr por ahí a adoctrinarlo!

Scythe volvió sus ojos a los de Char, enviándole una mirada de dura decepción. Char no pudo evitar rehuir hacia atrás cuando lo golpeó.

—Estaba entrenándolo, como dijiste —replicó Prince, manteniendo la calma—. No todo entrenamiento puede ser hecho en el poste de flagelación. Char ansía conocimientos sobre su naturaleza de tipo fuego, los cuales aparentemente la División Dorada no le ha proveído.

—No me hagas muecas y me digas esas mentiras. Tú estás tramando el mismo esquema de la ocasión anterior —siseó Scythe en la cara del Infernape, la intensidad de su voz aumentando—. Lo secuestras, lo llevas y le dices lo que quiere oír hasta que confía en ti... ¿Acaso no fue suficiente la primera vez? Ya has destruido el futuro de una generación, viejo amigo. ¿Acaso eso no es suficiente? ¿Ahora tienes como objetivo a Char? Bueno, tengo algo para ti, Prince. Mi Charmander confía en mí mucho más de lo que jamás confiará en ti.

Scythe se giró hacia Char una segunda vez, sus ojos entrecerrados en una expresión demandante. Char se mordió el labio y mantuvo el aliento.

—Char, dime —preguntó Scythe—, ¿qué te ha contado?

Char sintió que el momento se detenía en el tiempo. Miró a Prince, cuyos ojos delataban preocupación. Veía cómo sutilmente rogaban por aquella confianza que Scythe alegaba que él no le daría. Le rogaban que no le devolviera el favor con una cuchillada en la espalda. Ambos sabían qué pasaría si contaba la verdad.

—Char —repitió Scythe, su orden un desafío a la lealtad de Char—, ¿qué te ha contado Prince?

Char se giró hacia Scythe. Sus ojos también le rogaban, como si hubiera hecho una petición de la que no estaba completamente seguro, pero esperaba que lo fuese. Como los de Prince, los ojos de Scythe delataban una profunda debilidad, un temor a la traición.

Apretando los dientes con resentimiento, Char supo que las palabras de Scyther eran las verdaderas.

—Me enseñó a humear —replicó Char, escupiendo las palabras antes de poder retenerlas, observando cómo los ojos de Prince se agrandaban por la derrota.

Scythe parpadeó. Una perpleja expresión vino sobre él, permaneciendo allí por un momento... dos momentos...

*PAM*

En un parpadeo, Scythe arremetió contra Prince con un poderoso golpe de cuerpo y lo ancló contra la áspera pared de ladrillo. Su cuchilla estaba nivelada con la garganta del Infernape.

—¡Dame solo una buena razón por la que no debería destruirte aquí y ahora! —rugió Scythe—. ¡¿Lo llevaste al depósito y lo congelaste hasta que solo tendiera de un hilo de vida?! ¡¿Crees que no sé cuántos Pokémon murieron por esa ‘lección’?! ¡¿Te das cuenta de qué has puesto en juego?! ¡Podrías haberlo matado!

—¡Justo como tú, en un mero par de días! —lanzó Prince de vuelta, intentando elevar su boca de la pared—. Lo hubieras congelado hasta morir de igual forma, al llevarlo a Zerferia sin preparación.

—¡Char ya tiene suficientes peligros auténticos de los que preocuparse para que te pongas a agregar riesgos innecesarios y estúpidos! —siseó Scythe—. En este momento, eres un peligro para nosotros. Podría matarte ahora mismo en defensa de la Llamada y la resistencia confiaría en mi juicio.

—¿En qué forma soy diferente a ti? —desafió Prince, luchando solo por respirar en el asimiento de Scythe—. Sé cómo has entrenado a tus estudiantes. Me lo han dicho ellos mismos. Les has enseñado todo lo que saben por experiencia. Estoy seguro de que esa ‘experiencia’ ha puesto sus vidas en riesgo en ocasiones, ¿o no? ¿Mandarlos a mazmorras, echándolos a pelear? Pero has llevado a cabo su entrenamiento de todas formas. Estoy tratando de ayudar a Char, he hecho lo mismo. ¿De qué forma es eso diferente?

—La diferencia —escupió Scythe, empujando el cuerpo de Prince brutalmente contra la pared—, es que estos son mis estudiantes. ¡Todos los tuyos están o muertos, o se han ido, o han aprendido bien a no confiar en tu juicio!

Char no podía soportar verlo. Su lealtad era para con Scythe, pero sabía que Prince no podía ser tan malo como Scythe estaba juzgando que lo era. Sabía que Prince solo estaba intentando ayudarlo. Quería que esta discrepancia finalizara.

—Scythe... —habló Char con docilidad.

Scythe respondió sin girar la cabeza—. Char, deberías haber sabido mejor que seguirlo —gruñó él—. Establecí reglas cuando llegamos aquí en primer lugar, y tú has roto la más importante de todas: no hacer preguntas. Es por tú seguridad que no debes entrometerte en las vidas de los Pokémon de por aquí.

—Pero...

—Char —interrumpió Scythe, volviendo un enrojecido ojo en su dirección—. Si dices una palabra más, tú y yo iremos a la Torre del Tiempo solos.

La boca de Char se selló instantáneamente.

La tensión quemó el aire por varios segundos mientras Scythe continuaba manteniendo como rehén a Prince, pero no encontró nada más que decir. Char se resignó a la desagradable escena sabiendo que no podía hacer nada para detenerla, pero siguió doliéndole el corazón con una punzada tan perforante que suplicaba que estuviera acabada lo más pronto posible... muy parecido a estar encerrado en el frigorífico. Ray y Saura estaban simplemente afuera de la todavía abierta entrada observando la escena tomar lugar. Sus ojos estaban abiertos como platos y entristecidos, pero no sorprendidos; Char sabía que habían estado esperando que algo como aquello ocurriese en el momento en que Scythe se dio cuenta de que se había marchado del patio.

Las piernas de Char estaban atascadas en el lugar. Su mandíbula estaba sellada por la estupefacción. Su fuego bramaba en respuesta al estrés, pero no podía hacer nada con él. Este no era el desafío entre rivales que había tenido lugar en el poste de flagelación. Esta pelea era muy en serio. Estaba muy por sobre su cabeza. Y él sabía que no debía estar ocurriendo.

Luego... la expresión de Scythe cambió. Un destello de vergüenza apareció en sus ojos.

Parpadeando, bajó la mirada al suelo por un momento e ignoró a su rehén. Con un ligero empujón de sus brazos, se alejó unos pasos y dejó ir al Infernape.

—Lo siento —murmuró en voz baja, mirando a nadie en particular—. Me doy cuenta de que... solo lo estoy haciendo más difícil para los cinco.

Con calma y en silencio, se dirigió hacia las escaleras que iban de vuelta a la ciudad.

—Estoy empezando a perder el control sobre mí mismo —anunció sombríamente—. Necesito algo de tiempo a solas para pensar. Voy a dar un paseo en el borde occidental. Char... Saura... Ray... Prince será su guardián mientras no estoy. Síganle. Confíen en él.

Antes de pasar al lado de Char y descender la escalinata, se volvió hacia Prince.

—Sé que no significas un peligro para ellos —le dijo Scythe—. Haz con ellos lo que quieras. No tengo una buena razón para negarles tu compañía ni tus palabras de sabiduría. Así que ve, entrénalos. Prepáralos. Solo... no consideres esto como una oportunidad para redimirte de tus trasgresiones pasadas.

—¿Y por qué no? —devolvió Prince.

—Porque —respondió Scythe con solemnidad—, ya lo has hecho.

Scythe se volvió y comenzó su descenso en las escaleras.

—Estaré de vuelta para el anochecer —llamó desde lejos—. No me sigan.

Sin decir otra palabra, Scythe simplemente se alejó caminando, dejando a Char y sus amigos bajo el cuidado del Infernape.

Char escuchó cómo los otros acudir a su lado en el borde del escalón superior, Ray y Saura a su izquierda y Prince a su derecha, todos sus ojos fijos en el Scyther que marchaba por las calles de la ciudad, solo.

—Caray... —susurró Ray.

—Su enojo es justificado —señaló Prince—. Él... él tiene razón para despreciarme. Verán... Él está parado en la misma posición en la que una vez yo me encontré. Muchos años atrás, la Llamada vino. Yo fui el que capturó al Pokémon que la poseía. Pero... en mi tarea de proteger a la Llamada... de guiarla, controlarla... fracasé. Y ahora, te tiene a ti, Char, y no quiere fracasar contigo en la manera que lo hice yo. Él sabe que uno aprende de sus propios errores, pero no puede ignorar la gravedad del mío. Y después de todos estos años, tampoco yo.

Char no dijo nada, solo se limitó a mirar cómo Scythe se volvía una pequeña mota en su visión, acercándose al punto de convergencia de la carretera en la que caminaba.

—Él tiene todo el derecho a ser protector contigo —continuó Prince, sonando atónito—. Pero... eso no explica completamente su enojo. ¿Por qué su furia es tan intensa? Algo más sucede aquí. No entiendo qué está mal con él. Él teme este viaje. Luego de nuestra batalla, me dijo que no estaba listo para el dolor envuelto en la excursión. ¿Cuál... dolor? No lo veo... ¿Qué está planeando que no entiendo?

—No creo que debamos hablar sobre eso —dijo Char—. Ya ha tenido suficiente. No cotilleemos.

—Hmm, de acuerdo —zumbó Prince—. En ese caso... Haremos como él dice y continuaremos con la preparación. Vengan, el día mengua...

... ... ...


Fue una corta caminata al siguiente destino, otro edificio gris a más o menos una cuadra al oeste de la capital, pero Char sabía que su entusiasmo ya se había extinguido. Intentó decirse que no se debía preocupar por Scythe y que solo prestara atención a lo que fuera que Prince le diría a continuación, pero la idea de Scythe volviéndose loco ahora era más que nunca distractora. Por un momento, incluso se imaginó una alarmante escena en la que Prince lo protegía de un alocado Scythe cuando su demencia se estableciera. La alejó con todas sus fuerzas.

Pero la peor sensación de desazón apareció cuando recordó que Scythe decía que el plan lo involucraba a él. Lo entendiese o no, estaba envuelto en este embrollo. Posiblemente hasta estaba en el núcleo. Le heló preguntarse cómo encajaría en los imprevistos problemas de Scythe.

A lo largo del camino, Char intentó ignorar el aire pesimista al describir la sensación de humear a sus atónitos amigos.

—Fue intenso —admitió Char, mientras Saura y Ray quedaban boquiabiertos del horror—. Fue peor que... todo. Los terremotos son agradables en comparación. También lo es sumergirse en agua. Fui... reducido a una rota cáscara de Pokémon. Preferiría ser aplastado por cien Graveler que sentir aquel frío otra vez.

—Char... creo que estoy con Scythe en esta —consiguió decir Saura, sus ojos ya humedecidos por haber presenciado el ataque de Scythe—. Primero desapareces sin dejar rastro, ¿y luego casi mueres? ¡No hagas eso! Solo... ¡Vaya...!

—En sus momentos finales, cuando su cordura se empañaba, intentó llamarte, Saura —indicó Prince—. Su mayor confianza está en ti.

Saura pareció honestamente conmovido al escuchar las palabras. Parpadeó, causando que lágrimas bajaran por su rostro. Char supo que quería desmoronarse, y admiró cómo luchaba por mantenerse controlado.

—Efectivamente, Char pudo haber muerto —dijo Prince—. Pero, no se aflijan por lo que pudo haber sido, sino en lo que todavía puede ser. Char se ha vuelto más fuerte y sabio de su lección. Ahora sabe cómo cuidarse en la más extrema de las circunstancias, las que podríamos enfrentar en el ártico. Hablando de eso, Saura, ¿entiendes cómo tu cuerpo reacciona al frío extremo?

—Me marchito —replicó Saura—. Los Pokémon planta se tornan marrones y sus hojas empiezan a caer si permanecen en el frío por demasiado tiempo...

—¿Y alguna vez has experimentado esto? —preguntó Prince.

—... No —admitió Saura con un sollozo—. Mamá y papá siempre me enseñaron cómo mantenerme verde... siempre se aseguraron de que me mantuviera con calidez y tomara sol y bebiera mucha agua... Siempre he mantenido a mi semilla alimentada y cargada de energía... y siempre se ha mantenido saludable...

—Entonces ahora Char tiene más experiencia que tú —dijo Prince—. Era la mejor manera en la que podía ayudarlo con el tiempo que tenía. Intenta entenderlo.

—Bueno... de acuerdo... sí —dijo Saura, levantando su cabeza—. Sí... solo nos diste un susto, ahí, supongo. Eso es todo. Pero sabías lo que hacías...

Saura lanzó una mirada de incertidumbre hacia Char, los diminutos torrentes de lágrimas de su rostro ya no corriendo. Char asintió en respuesta, como para decirle “estoy bien”. Ray observaba a ambos, en silencio y sumido en sus pensamientos. Char sabía qué tan preocupado estaba con respecto a Scythe, pero sabía que no debía hablar sobre el tema. Ray estaba siguiendo las órdenes de Scythe de guardarse las palabras a menos que se le hablara.

—Ahora, Char, como estaba diciendo antes, necesitamos encontrar algo para que te pongas, razón por la que estamos aquí —declaró Prince, llegando a la puerta delantera del edificio—. Esta instalación pertenece a Froslass, quien maneja el suministro de ropa de la división. Su personalidad es un poco inconstante, pero intenten que eso no les moleste. Probablemente terminemos y nos larguemos en meros minutos. Ella hace su trabajo muy bien.

Char sintió un estremecimiento de incomodidad al imaginarse que llevaba ropas siendo un Charmander. Simplemente se sentía... mal, de alguna forma. Las pañuelos imbuidos de poder y cosas que se ponía para las misiones eran rasposas e incómodas; solo no podía imaginarse tener que llevar un atuendo entero a dondequiera que fuera. Se imaginó que era peor que transportar el saco de suministros en una misión. Aunque, la idea sí lograba resucitar un diminuto, pero ilegible sentido de recuerdo de su humanidad...

Con el ceño fruncido por la inseguridad, Char ingresó al edificio mientras Prince mantenía abierta la puerta. Dentro, era un establecimiento muy pobremente iluminado. Ladrillos marrón oscuro fijados con concreto negro alineaban el suelo, los ubicuos ladrillos grises del Fuerte Esmeralda componían las paredes, y no había ventanas para dar luz al deslucido esquema de colores. Solo una monótona luz azul emanaba de alguna fuente invisible. Mientras Char buscaba la luz, el olor del edificio lo golpeó en la cara. Era polvoriento. El aire parecía denso con un hollín invisible, como si el edificio estuviera abandonado y fuera raramente visitado. También era más cálido adentro, notó Char, aunque el exterior ya no se sentía tan frío como alguna vez lo hizo.

—Entonces, espera... ¿por qué necesito ropa? —preguntó Char en un tono irritado, aquel concepto todavía incómodo para él—. Nunca antes he escuchado que un Pokémon llevara ropa... No estoy seguro de que realmente quiera probármelas...

—No lo digas como si fuera innatural —replicó Prince, dejando que la puerta se cerrara luego de que todos hubieran entrado—. Llevar pieles en el clima frío es una parte íntegra de nuestras operaciones para esta división. Después de todo, todo Pokémon necesita protección de los elementos. Muchos, como yo, así como tu amigo Ray de aquí, tienen un abrigo de piel para aislarlos. Algunos tienen abundante grasa corporal. Algunos tienen cuerpos cubiertos de una armadura de acero que los protege tanto del peligro como del frío. Incluso Saura tiene poco riesgo de marchitarse ya que su semilla todavía está rodeada de su cáscara protectora. Pero tú, por otro lado... eres pequeño y vulnerable. Solo no hay otra forma para ponerlo. Necesitas protección del clima si hemos de ir al norte.

—Oye... je... Me sorprende que no tengas ganas de esto —dijo Saura, procurando sacar algo de gracia para recuperarse de su mal humor—. ¿No sería, ya sabes... algo natural para ti?

Char cruzó los brazos y envió a Saura una mirada de “no es gracioso”. Se dejó hundir en la esquina para descansar mientras aguardaba más instrucciones.

El vestíbulo estaba vacío y era poco espectacular, con solo algunos pasillos ramificándose más adentro en el edificio y dos grandes escotillas de madera sobre la pared opuesta. El único mueble era un gran bloque de madera contra la pared que Char asumió ser un escritorio de trabajo, aunque era difícil imaginarse cómo alguien podría esperar pararse al otro lado. Prince fijó su mirada en los pasillos, perplejo.

—¿Froslass? —llamó al corredor—. Froslass, no me digas que estás ocupada...

No hubo respuesta. Char miró a sus compañeros de equipo y se encogió de hombros.

—¡Froslass! —llamó de nuevo Prince, esta vez en el otro corredor—. ¡Tienes visitantes!

Otra vez, sin respuesta. Prince gruñó.

—Deberíamos esperar unos momentos, ella podría estar en la parte trasera —instruyó Prince—. Eso espero, al menos. Usualmente responde a la puerta tan rápido como puede. Más le vale no estar fuera ahora. Estas todavía son horas laborales...

Entonces, allí esperaron en un incómodo silencio. No muy entusiasmado por el lugar, Char se ocupó trazando caminos a través de los ladrillos del suelo con sus ojos. Saura comentó acerca del aire viciado poco después de un ataque de tos. Ray jugaba con algunas cargas estáticas entre sus dedos. Prince estaba recostado contra la pared cercana a la puerta, tamborileando con sus dedos. Aun así, ni un Pokémon apareció para recibirlos.

—Al parecer ella no está aquí en estos momentos, por cualquiera sea la razón —dijo eventualmente Prince—. Intentaré tomar su lugar. Síganme.

Luego de titubear solo una vez más, Prince agitó su brazo y se aventuró por uno de los pasillos. Char lo siguió.

A unas cuantas docenas de pasos en el estrecho corredor, había una puerta anteriormente desapercibida en el costado de la pared. Prince asió el mango y lo tiró gentilmente, causando que la puerta se abriera con un crujido. Un soplido de penetrante fragancia estalló desde el interior.

—Caramba... eso... sí que es fuerte —notó Ray, sus ojos lagrimeando—. Nunca he olido eso antes...

—Cedro —dijo Char, teniendo un momento de remembranza—. Eso es madera de cedro. Repele a los insectos.

—Impresionante. Sí que sabes algo sobre los humanos, al parecer —comentó Prince, atravesando lentamente la puerta y extendiendo su luz a las sombras—. Sí... este tipo de madera es bueno para revestir armarios. A todos esos pequeños insectos no Pokémon les agrada hacer su hogar en la ropa y comerla... Aunque, muchos humanos que he conocido disfrutan de esta fragancia. Yo la encuentro repulsiva... ahora, cuidado con donde pisan. Pónganse detrás de mí...

Mientras la luz de la melena de Prince se expandía, Char vio una escalera descendiente abrirse ante él. Cuidadosa y deliberadamente, Char bajó hasta el primer escalón.

—¡AAAIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!

Un horrible y agudo chillido sonó de la absoluta nada. Sobresaltado, Char resbaló y salió despedido de la escalera. Sin siquiera el tiempo suficiente para jadear de la conmoción, sintió que el aire silbaba en su cabeza a medida que se precipitaba al oscuro abismo. Afortunadamente, Prince lo atrapó en el brazo y fue devuelto a la estabilidad antes de caer tambaleándose.

Recuperando el aliento, Char se posicionó sobre la superficie plana más cercana que sus pies pudieron encontrar y recobró su balance.

—¡Pokémon de fuego malo! ¡Malo! ¡Malo! ¡AAAIIII! ¡Sal de ahí en este instante! ¡Fuera! ¡FUERA!

Incondicionalmente, Char siguió las órdenes del Pokémon y comenzó a trepar de vuelta la escalera. Prince dejó caer su cabeza de la vergüenza a medida que salía del hueco de las escaleras, con el nervioso Pokémon fantasma prácticamente tirando de él para que saliese.

—Bah, los Pokémon de fuego, ¡impacientes como siempre! ¿Están sordos? ¡Les dije que estaba viniendo! —despotricó el fantasma luego de que todos hubieran despejado las escaleras—. ¡Por el amor de Lucario, no se metan ahí! ¡Especialmente tú y tú con sus llamas vivas!

—Lo sentimos, Froslass, pero no oímos tu respuesta —replicó Prince con honestidad—. Y estamos un poco apurados esta tarde, así que hubiera hecho mi mejor esfuerzo para atenderme a mí mismo...

—¡Y te hubieras ido a quemar el armario entero hasta dejarlo cenizas, no te parece! —exclamó Froslass—. Hoy no, no te atenderás a ti mismo. No hoy, ¡ni jamás! Yo me encargaré de las cosas desde ahora. Entonces... ¿qué es lo que necesitas, Prince?

—Necesito... algo para el Charmander —explicó Prince—. Nos vamos al norte. Al norte lejano. No sabemos cuánto tiempo nos quedaremos...

—Hmm, así que estarán necesitando algo caliente, y a prueba de fuego —consideró Froslass, girando su atención hacia Char e inspeccionando su figura.

—Bueno... no creo que será necesario que sea a prueba de fuego en este caso —replicó Prince—. Las temperaturas van a ser demasiado bajas para que el pelaje se encienda en llamas, y si lo hace podremos apagarlo de inmediato... Estaba pensando... ¿Linoone, quizá? Ha funcionado bien en el pasado...

—¿Qué, y dejar marcas de quemado en ella? —retornó la Froslass con disgusto, flotando alrededor de Char—. Rasgones, desgarres, eso puedo repararlo. Bueno... no yo. Spinarak hace eso. Pero marcas de quemado... ¡no puedes deshacerte de esas! Estaría arruinada. Total y... completamente arruinada... No hay forma de que te dejaría tener uno de mis abrigos de Linoone, no sobre mi cuerpo viviente... No, el pequeño Char de aquí necesitará algo totalmente a prueba de fuego... hmm...

Char intentó quedarse quieto y enderezarse lo mejor posible mientras el centelleante Pokémon fantasma lo rodeaba, flotando inquietantemente sobre su cabeza y respirando sobre él mientras realizaba su inspección. Bajó para tocar la parte posterior de la cabeza de Char con un dedo, causando que un estremecimiento se disparara por su cuerpo; a pesar de que sus nervios todavía estaban entumecidos, su tacto se sentía gélido.

—Hmm... estaba pensando en una de Flareon, pero... hmm... podría ser demasiado grande...

—Espera... ¿en verdad matan Flareon para obtener sus pieles? —lanzó Char de repente, sus ojos como platos.

—Oh, no no no, querido —se rio Froslass—. A los Flareon los rasuramos. ¡Tienen tanto pelaje esponjoso, que ya no saben qué hacer con todo ello! Así podemos luego tejerlo para hacer una buena tela resistente al fuego... El único problema es que tienen un poco de problemas de sobrecalentamiento cuando les crece de vuelta, pero no es gran cosa... por lo menos, la mayoría de las veces no lo es...

Char soltó su aliento y se relajó al oír la explicación.

—Los Flareon son afortunados a ese respecto —continuó Froslass, un sedoso pero perturbador tono en su voz—. No tenemos que lastimarlos para tomar sus abrigos. A diferencia de muchos otros Pokémon... Spheal, Mamoswine, Linoone... no, a esos Pokémon tenemos que despellejarlos si queremos darle algún uso a sus pelajes. De esa forma podemos tomar su carne, también, y alimentar a todos los carnívoros. Y quizá arrojar uno o dos huesos a algunos Cubone. Pero, ah, sí, ellos hacen los mejores abrigos...

—... Nunca asesinamos a Pokémon por sus pieles —agregó rápidamente Prince—. Solo usamos las pieles de los salvajes, y eso solo después de haber sido derrotados por otras razones, ya sea por comida... o en una batalla...

—La mayoría de las veces, sí —replicó Froslass con una alegre pequeña mueca—. La mayoría de las veces...

Char decidió sencillamente expulsar todas las imágenes mentales que acababa de recibir. Puso los ojos en blanco. Froslass estaba siendo un típico Pokémon fantasma.

—... Bueno, ahora, creo tener algo para ti, Char —anunció Froslass, haciendo una última ronda alrededor de su sujeto—. Estaré de vuelta en seguida. ¡No me sigan!

El fantasma no perdió tiempo, disparándose al lado de Prince y bajando las oscuras escaleras. Char se sentó de vuelta en el suelo, preguntándose sin mucho entusiasmo qué tipo de piel Pokémon la fantasma intentaría colocarle, e imaginándose cuán ridículo se vería en un esponjado abrigo de piel a rayas...

Pero antes de tener demasiado tiempo para hacerse una idea, Froslass retornó blandiendo algo verdaderamente espantoso: parecía un rasposo saco de arpillera marrón, modificado para tener la forma de un feo chaleco.

—¡Esto! —gritó ella—. ¡Esto! ¡Esto es de tu tamaño justo! ¡Esto será perfecto!

—Je... ¿q-qué clase de pelaje Pokémon es ese? —preguntó Char, estremeciéndose mientras contemplaba la cosa.

—¡Oh, esto no es pelaje! —exclamó Froslass—. Esta es una túnica emparrada, hecha de una especie muy robusta de enredadera que vive al norte y le gusta correr por el suelo y estrangular a otras plantas. Muy bien tejida, muy durable. ¡A prueba de fuego! ¡Y muy resistente al frío! ¡Te sobrecalentarás en el momento en que te la pongas, lo juro! ¡Toma, pruébala!

Sin esperar la aprobación de Char, la fantasma lo invadió y forzó el chaleco en su espalda y sobre sus brazos.

En un principio, Char no estuvo demasiado disgustado. Sí le sentaba como un guante. Pero... en cuestión de solo unos segundos de intentar mover sus extremidades y acostumbrarse a la prenda en él... la comezón empezó.

Char convulsionó a medida que un repugnante estremecimiento inundó su piel. El chaleco era tan cerdoso, tan abrasivo... se sentía como un enjambre de insectos cosquilleándolo y arrastrándose por todo su cuerpo. Emitió un gemido mientras Froslass enganchaba un botón en su lugar, sellándolo en aquella torturadora prisión.

—Listo —dijo Froslass con satisfacción—. Te queda perfecto. ¡Y es a prueba de fuego, también! ¡Podrías batallar con eso y no recibiría rasguño alguno!

—Muy bien —dijo Prince, asintiendo—. Eso funcionará bien. ¿Qué tal se siente, Char?

Luego, se volvió peor. Justo como Froslass había prometido, el chaleco empezó a atrapar su propio calor corporal, cubriendo su piel con una achicharrante sensación en meros segundos. El calor en sí no era tan malo, ¡pero era un calor con comezón!

—¡Lo odio! —dijo Char abiertamente, manteniendo sus brazos extendidos para evitar que la horrible cerdosa tela se frotara contra su piel—. ¡Esto pica! ¡No... no puedo llevar esto! Por favor, sáquelo. Por favor...

—¡¿Qué?! Y ahora, ¡¿cuál es tu problema?! —dijo Froslass, sonando ofendida—. ¡Esa es una túnica muy respetable! ¡Manufacturada con maestría, y costosa! ¡Fue hecha para ti!

—Char... por favor, solo dale una oportunidad —dijo Prince rápidamente, interviniendo—. Lo sé, se siente un poco extraño la primera vez, pero... te acostumbrarás a ella. ¿No habías dicho que preferirías ser aplastado por Graveler que sufrir de nuevo en el helado frío?

—Esto... ¡Esto es... peor! —insistió Char a través de su apretada dentadura—. ¡Por lo menos en el congelador podía esperar mi muerte! Esto... ugh. ¡No! No puedo... no puedo llevar esto.

—Eres un niño malagradecido —le regañó Froslass—. ¡Si es que estás dejando Ambera para irte tan al norte, me estarías agradeciendo por esto! ¡Especialmente en esta época del año! Madura un poco, ¿quieres?

Char estalló. No pudo resistirlo más. Gruñendo por la constante fricción del chaleco contra su piel, las manos de Char se lanzaron hacia el botón que Froslass había puesto en su vientre. Tiró, estiró, y finalmente deslizó el extraño pedazo de metal a través de la hendidura en la solapa y desprendió el horrible harapo de su cuerpo, lanzándolo contra suelo frente a él.

¡FUUUUISH!

Por reflejo total, una oleada de llamas manó de la boca de Char y engulló al arrugado chaleco. Char ni siquiera estuvo seguro de cómo ocurrió, pero no estuvo en desacuerdo. Estaba, sin embargo, decepcionado por cómo el fuego fracasó tanto en encender la tela, disipándose débilmente como humo en la ya mal ventilada habitación.

Sorprendido ante su forma de actuar, aunque no demasiado avergonzado, Char miró rápidamente a sus espectadores. Ray parecía como si estuviera a punto de reír. Saura parecía sorprendido. Prince no parecía divertido ni un ápice. Y Froslass... ella parecía petulante.

—¡¿Ves?! —exclamó Froslass, flotando ante Prince y acercándose a su rostro—. ¿Ves? ¿Ves? ¡Es por eso que equipamos a los Pokémon de fuego con atavíos a prueba de fuego! ¡Porque a ustedes los Pokémon de fuego les gusta quemar todo lo que tocan!

¡PAM!

Todos en la habitación dieron un brinco cuando la puerta delantera fue abierta de golpe con un estruendo.

Entrando vino una procesión de enormes y voluminosos Pokémon. Un Blastoise masivo ingresó a la tienda, sacudiendo el suelo con sus pasos, seguido por un Blaziken de aspecto elegante, un Glaceon petulante, un musculoso Machamp, y finalmente, un enorme y alado Pokémon de piel oscura que Char no reconoció. El grupo se vociferaba mutuamente a pesar de su cansancio, como si estuviera de vuelta de una excursión exitosa y feliz de estar en casa otra vez. Char y sus amigos se apartaron rápidamente del centro de la habitación para dar a los recién llegados algo de espacio.

—Equipo Sintecho —reconoció Froslass, ignorando con prontitud a Prince y flotando ante ellos—. Volviendo de una triunfante redada, veo...

—Apuesta a que sí —tronó el Blastoise—. Pero lo juro, no me importa lo que diga Lucario, no iré tan al sur otra vez. Sobre mi cadáver. Suficiente con estas aventuras de seis meses...

El equipo de élite consiguió ignorar totalmente al Equipo Ascuas a medida que desfilaba en el lugar. Froslass parecía contenta de verlos. Char observó cómo el Blastoise, que asumió él era el líder del equipo, dejaba un gran pedazo de metal al lado del escritorio de madera. Golpeó el suelo de ladrillo con un resonante clang. Froslass se apresuró para inspeccionarlo. Era un pesado casco de acero.

—Ah, ¿nada de óxido, espero? ¿Hmm? —divagó Froslass, recogiéndolo y dándole vuelta—. Augh, lo hiciste. Dejaste que se oxidara. Pero no está tan mal... se puede pulir.

—Puedes agradecer a Caron por eso, aquí —gruñó el Blastoise—. La señorita me dejó atrapado en el fondo del Lago Fosa Verde por un día. Le dije que no deberíamos habernos adelantado a lo planeado. Casi me atrapan.

—¿De qué otra forma se suponía que nos metiésemos a la ciudad, Turq? ¡¿Volando hasta ella?! —retornó la Blaziken—. Y nadie te pidió que llevaras tu armadura contigo al lago. Puedes agradecerte a ti mismo por eso.

¡Clank! Otro objeto metálico golpeó el suelo, este siendo un gran guantelete remachado que el Machamp agregó a la pila.

—Buen guante —le dijo el Machamp a Froslass—. Robusto.

—Oh, yo no tengo enseres malos, querido —dijo ella, colocando el casco en la mesa y recogiendo el guante de acero—. ¡Ya deberías saber eso a estas alturas! Bien, bien... Ni una mella, ninguna...

Char observó en silencio cómo el equipo de resistencia conversaba, agradeciendo a Froslass por sus artículos y alardeando sobre sus experiencias durante su misión. Todos estaban muy ruidosos y festivos... todos excepto el Pokémon de color oscuro, que parecía contento con solo quedarse y esperar impacientemente al lado de la puerta. Char ojeó a aquella criatura, todavía no muy seguro de qué era, y encontró que su mirada era prontamente devuelta de forma condescendiente por los enormes ojos rojos del Pokémon...

Pero luego, igual de pronto, el Pokémon desvió su mirada hacia un punto más allá de él. Char miró por sobre su hombro y vio que estaba fija en los ojos de Prince.

—Naxi... —habló Prince, atravesando la habitación para encontrarse con el Pokémon—. Una sorpresa encontrarte por aquí. Desconocía que estabas... empleado con Lucario actualmente.

Char notó que había tensión en la voz de Prince, como si estuviera intentando con todas sus fuerzas hablar sin desacato, pero más bien no podía hacerlo. La expresión del Pokémon Naxi sugería una disposición similar.

—Prince —reconoció simplemente Naxi—. No te culpo por no inquietarte con los asuntos de otros Pokémon. Aunque, de igual manera, me sorprende verte aquí. No estaba al tanto de que estuvieras... planeando volver de tu retiro.

¿Retiro?, se preguntó Char. ... ¿Eh? ¿Prince está... retirado?

Char se sintió incómodo. Había un resentimiento de algún tipo entre Prince y Naxi, en el cual sintió que no quería involucrarse. Mantenían un forzado tono de educación en sus voces. Char captó un destello de desagrado en el ojo de Prince, sugiriendo que quizás el comentario de Naxi sobre su retiro no era completamente veraz.

—¿Te quedarás aquí por un tiempo, o te irás moviendo más hacia el sur? —preguntó Prince—. Entiendo que el Equipo Cascorruna podría estar interesado en tu ayuda.

—Luego de actuar como chaperón de peso muerto para estos Pokémon mal informados por medio año, preveo que podría retirarme de la resistencia y trabajar bajo mi propia agenda por un tiempo —respondió Naxi, un indicio de disgusto en su conducta—. No tengo los mimos lujos que tu equipo, Prince. A veces olvido el atractivo de no trabajar para un cliente, o para un maestro...

Parpadeando, los ojos del Pokémon oscuro retornaron a Char.

—¿Quiénes son estos niños? —preguntó él—. Asumo que estos niños están bajo tu cuidado, Prince. ¿Por qué estarías ocupándote de unas crías?

—¿Por qué te interesa? —devolvió Prince.

—No me interesa —respondió Naxi—. Simple curiosidad... Debo recordarte que tú empezaste esta conversación, y que eres libre de terminarla en cualquier momento que desees. Meramente intentaba cortésmente continuarla.

Prince gruñó en voz baja para sí antes de responder—. Ellos son... aprendices, si quieres llamarlos así, de la División Dorada —explicó él, asintiendo hacia ellos—. Scythe los ha traído aquí en una misión.

—Hmm... —zumbó Naxi—. Una decisión rara por parte de Scythe... a menos que...

Naxi se encogió. Sacudió la cabeza.

—He escuchado estos rumores sobre la Torre del Tiempo —consideró Naxi—. De hecho, he sido bombardeado con ellos desde que retorné a la fortaleza el día anterior. Y considerando que Scythe es uno de los que vigilan la llamada...

Prince se quedó callado. Char se paralizó en el lugar, un poquito preocupado, mientras la mirada del extraño Pokémon iba por sus amigos, y finalmente hacia él. Un indicio de reconocimiento apareció en los ojos del Pokémon oscuro cuando fijó su mirada con la de Char, inmediatamente leyendo su temor...

—Entonces... comienza de nuevo —dijo Naxi, casi con indiferencia—. Pero te das cuenta, Prince Distragnatia... de que si resulta mal una segunda vez, tendremos que tomar represalias para prevenir que ocurra una tercera... Lucario pondría una recompensa sobre tu cadáver. Y yo con gusto sería el que aceptaría aquella misión.

Prince desvió su mirada, ya cansado de la conversación. Los ojos de Naxi permanecieron fijos en los de Char.

—Charmander —le dijo el Pokémon oscuro—, siempre recuerda, el poder que tienes se te ha dado a ti, y solo a ti. Le pertenece a nadie más. Estate atento de aquellos que intenten llevarlo para sí, o manipularte. Tal es la corrupción y la avaricia del Maestro en sus corazones. Solo acabará en ruina. Sirve a nadie. En cambio, haz que el mundo te sirva.

—Palabras extrañamente profundas de alguien a quien no le interesa —replicó Prince con sarcasmo.

—A diferencia del resto de esta división, yo elijo aprender de los eventos del pasado, y no esforzarme para olvidarlos —dijo Naxi—. Lo que le ocurrió a la chica fue un error que esta división no puede encargarse de que se repita. Le hubiera dicho lo mismo a ella. Ahora, si me disculpas... Debo forzar el pago de mis clientes antes de que llegue el anochecer...

Zumbando con sus alas, Naxi revoloteó de vuelta al lado opuesto del equipo de resistencia. Prince ojeó al Pokémon oscuro por un momento antes de hacer señas a Char y sus amigos para que lo siguieran hacia la puerta. Ray recogió el trozo de tela del suelo de camino afuera.

... ... ...


—Solo curiosidad... ¿quién era ese? —preguntó Saura mientras seguían a Prince de vuelta en la calle—. Parecía... no sé...

—Naxi, el Flygon oscuro, como se lo llama —masculló Prince, como reacio a responder la pregunta—. No responde a nadie más que a aquellos que se le da la gana escuchar. Flota entre las divisiones y ayuda a los equipos de resistencia bajo sus propios términos. No es siempre el personaje más fácil con el que llevarse bien, tampoco... pero es uno de los más competentes.

Char tenía algunas otras preguntas que hacer, pero pudo imaginarse por la voz de Prince que no estaría emocionado por responderlas.

—De todas formas, Char... ahora que tenemos tu abrigo...

—No me lo pondré —dijo rápidamente Char—. No... no puedo. Es demasiado horrible.

—Quizá pensarás diferente cuando te estés congelando vivo —dijo Prince—. ¿Acaso te has olvidado tan fácilmente lo que te he mostrado? ¿Ya lo has borrado de tu memoria?

—Pica. Es casi tan malo como el frío.

—Cuando estés lo suficientemente entumecido por el frío, no sentirás la picazón. Es fácil de ignorar.

—Lo dice el que nunca se ha puesto un abrigo...

Prince frunció el ceño y se giró para enfrentar a Char.

—¿Acaso la actitud de Naxi ya se te ha pegado? —replicó Prince con frustración—. Te haré un trato. No tendrás que llevar el abrigo hasta el último tramo en el viaje a través de Zerferia. Pero deberás ponértelo cuando te diga que lo hagas. Hasta entonces, bien, actúa terco.

Char cruzó los brazos en desafío, pero asintió con renuencia ante el acuerdo. En verdad, se imaginó que le daría más tiempo para considerar formas de evitar ponerse el abrigo.

—Entonces... como decía... —gruñó Prince—. Char, ya que hemos terminado con eso... querías consejos de lucha. Ahora es probablemente el mejor momento y lugar. Un poco más tarde y nos perderíamos la oportunidad de asistir a la historia de Legend como querías.

—Eh... de acuerdo... —dijo Char, verificando sus alrededores. Era una vacía esquina de calle, ciertamente espaciosa para tener algo de movilidad.

Tanto Saura como Ray pidieron para ser omitidos, ya habiendo puesto todo su esfuerzo con Scythe y quedado abatidos. Se retiraron a la acera para observar. Char empezó a sentirse avergonzado porque últimamente no había podido compartir demasiada atención con el resto de su equipo. También encontró raro que la actitud de Prince hubiera cambiado ligeramente, como si aquel ejercicio de lucha fuera una tarea para él, algo que solo estaba haciendo porque Char se lo había pedido. Char se preguntó si su encuentro con Naxi lo había molestado más de lo que aparentaba. También se preguntó si el Infernape todavía estaba cansado por su duelo con Scythe.

De cualquier modo, Char se preparó para la lección.

—Ahora, cuando sabes que debes pelear, asumes la postura de batalla, y preparas tu Ascua —habló Prince—. Hazlo.

Char por lo tanto posicionó su postura y se inclinó hacia adelante. En su mente, se imaginó a sí mismo como un Charmander al que su entrenador estaba ladrándole órdenes.

“¡Ve! ¡Char!”, dijo el entrenador. “¡Aquí vamos! Prepárate para luchar...”

—Char, esa no es una postura de batalla —suspiró Prince—. Cuando te preparas para luchar, nunca quedes en tus patas traseras. Siempre en cuatro patas. Tienes que ser capaz de evadir hacia cualquier dirección en cualquier momento, y no puedes hacer eso en dos patas. ¿Entiendes?

Asintiendo, Char se lanzó hacia adelante y aterrizó en sus garras delanteras. No batallaba a menudo en aquella postura, así que se sentía muy incómoda, pero estaba dispuesto a aprender si Prince alegaba era la mejor manera. Notó que Prince había hecho algo similar, encorvándose hasta casi una postura de gateo, listo para usar sus cuatro extremidades para moverse. Luego de llevar su fuego hasta un nivel respetable, Char se quedó allí listo para más instrucciones.

—Bien, ahora... por lo que he observado, sabes tus ataques de fuego básicos. Ciertamente el más importante, mantener un torrente de llamas. ¿Pero has aprendido algo más?

—Por supuesto —dijo Char—. No puedo usar fuego contra todos los enemigos. Algunos no son demasiado dañados por él. Conozco la Garra Metal, por un lado... y lanzar pantallas de humo... y si eso no funciona, siempre puedo intentar golpear al enemigo...

—Como ya deberás o no saber, los humanos tienen títulos para los diferentes tipos de ataques que los Pokémon realizan. Cuando ‘golpeas’ a un oponente con solo tus garras, lo llaman ataque ‘normal’.

—He escuchado eso antes, creo —dijo Char—. Domo usó ese término antes... para cuando solo muerdes o arañas o golpeas al enemigo, sin usar fuego... o cualquier otro poder que un Pokémon tiene...

—Es importante aprender a combatir cuerpo a cuerpo apropiadamente —dijo Prince—. Incluso si dominas tu fuego, puedes inclinar la balanza de la batalla con buenas habilidades cuerpo a cuerpo. Verás, algunos Pokémon han evolucionado para repeler los poderes elementales de sus rivales y depredadores. Si expulsaras fuego hacia un Blastoise, tendría muy poca efectividad, ya que el elemento de agua repele tu fuego. De igual manera, si Saura te golpeara con un proyectil de hoja, te haría poco daño, ya que repeles naturalmente los ataques basados en plantas.

—Sí, ya conozco la red de debilidades —le dijo Char—. Domo nos la enseñó en los primeros días de entrenamiento.

—Pero aquí es donde los ataques ‘normales’ entran —continuó Prince—. Mientras que un Pokémon de agua es capaz de repeler tu fuego, no podría repeler el clásico golpe a la cabeza, o un profundo rasguño a la piel que saque sangre. Con suficiente destreza, podrías superarlos con fuerza bruta. Pelear como un demente es peligroso, pero efectivo, si puedes dominarlo.

—¿Qué estás diciendo? —preguntó Char—. Que si mi fuego no funciona...

—Es bueno que sepas la red de debilidades, y con qué tipos de Pokémon debes tener cuidado en la naturaleza —dijo Prince, asintiendo—. Pero si intentas, por un momento, imaginarte a la ‘normalidad’ como su propio elemento en la red, podrías decir que ningún Pokémon es especialmente vulnerable a ella, y que ningún Pokémon la resiste. Es un repliegue confiable si tu enemigo tiene una fuerte inmunidad hacia tu elemento.

Char miró el suelo, contemplando esta idea. Era un concepto extraño. ¿El “sin elemento” es, por sí mismo, un elemento?

—Ahora... una vez que entiendas ese concepto, intenta aprender esta útil técnica de batalla —instruyó Prince, haciendo señas con sus manos—. ¿Alguna vez has prendido fuego a un enemigo?

—¿Si los he quemado? Sí, a muchos —respondió Char—. Ocurre todo el tiempo. Especialmente con los Pokémon planta salvajes...

—No sabrías esto, pero adquirir una quemadura es muy doloroso —dijo Prince—. Es diferente a otras formas de dolor. Si el cuerpo de un enemigo es prendido fuego y su carne es quemada, arderá constantemente por horas hasta que es sanada, ya sea gradualmente o con medicina. La carne quemada se vuelve muy sensitiva. Cada toque se siente como centenares de cuchillos cortando su superficie.

Char conocía todo aquello demasiado bien, pero no lo iba a mencionar.

—Y por eso, si consigues quemar a tu oponente en batalla, ganas una ventaja —continuó Prince—. El dolor es un distractor. El oponente no será capaz de pensar con claridad, y se volverá vulnerable a trucos y trampas absurdas que de otra forma encontraría obvios. Especialmente en lo que respecta a estos movimientos ‘normales’.

Prince se aproximó a Char, como para probar un ataque contra él. Char se preparó para esquivar.

—En este caso, encontrarás efectivo montar una fachada —dijo Prince—. Engaña al enemigo para que espere un ataque, luego cambia de idea al último momento. Ya que la quemadura consume la atención de tu enemigo, probablemente caerá en tu disimulo, y directo a tu trampa. Usa la oportunidad para golpearlos con fuerza. Por ejemplo, una maniobra común que tiendo a realizar por instinto es lanzarme al suelo para esquivar el asalto del enemigo, luego contraatacar con una patada rotatoria. Así...

Prince demostró aquel movimiento, pero de forma lenta y deliberada. Lo finalizó con su pie prácticamente en el rostro de Char.

—Pero si llevara a cabo una fachada, dudaría de mí mismo —dijo Prince, retirándose otra vez a su postura de batalla—. De seguro mi enemigo ya está acostumbrado a mis movimientos favoritos, por lo que ya habría alistado contraataques para ellos. Podría hacer esta misma moción distintiva, pero en cambio...

Prince se arrojó al suelo, pero en lugar de lanzar una patada a la cara de Char, usó su pie para catapultarse en una voltereta hasta el flanco izquierdo de Char. Char retrocedió de la sorpresa e intentó dar un salto hacia adelante, pero el ataque llegó y lo golpeó desde atrás, volteándolo y causando que patinara más de un metro hacia adelante. Se sacudió y se volteó nuevamente a su postura de cuatro patas.

Char sonrió. Quizá sí podía engancharse un poco también, después de todo.

—¿Sorprendido? —se rio Prince—. Como la mayoría de mis enemigos. Si lo notaste, atrapé a Scythe no una, sino dos veces con ese movimiento durante nuestra batalla. ¡Y él es de los que usualmente predicen las acciones de un enemigo cinco movimientos por adelantado! Pero si mezclas tus ataques lo suficientemente bien, el enemigo tendrá que pasarse más tiempo pensando que reaccionando... y si están siendo distraídos por una quemadura, o quizá algo más, como veneno... simplemente no tendrán oportunidad. Ahora, es tu turno, Char. Ve si puedes confundirme. Intenta sorprenderme.

Char merodeó en sus cuatro patas. Sabía que no podría sorprender al viejo guerrero, especialmente no con su primer ataque. Ese no era el objetivo. Primero tenía que hacer que Prince esperara algo, y luego subvertir rápidamente aquella expectativa. Consideró sus puntos de entrada. Era pequeño y ágil en comparación al primate. Un ataque a la cabeza era viable. O quizá un ataque por atrás, si era lo suficientemente rápido.

Arremetió, motorizando sus pies tan rápido como pudo, cerrando la ya pequeña apertura entre él y su entrenador. Observó el inevitable contraataque, una patada giratoria, sobre la cual brincó con destreza. Desafortunadamente, no estuvo atento al otro pie de Prince, el cual lo golpeó en la cara tan pronto como el primero bajó para reposar. Char cayó para atrás y luchó por ponerse de pie, preparado para intentar algo más.

Usaría una pantalla de humo si pudiera, se dijo Char mientras se sacudía del golpe, pero no ahora. Esto no es sobre mis técnicas de fuego. Esto es sobre los ataques ‘normales’. ¿Cómo... cómo supero sus defensas? ¿Qué no estaría esperando?

De nuevo, Char arremetió, bien atento en la réplica de Prince. Desafortunadamente, Prince atacó desde el lado opuesto esta vez, apartándolo con facilidad. Mientras se recuperaba del golpe, se sintió un poco avergonzado por no sospecharlo, pero no se iba a rendir. Miró de nuevo, considerando con cuidado los patrones que Prince había exhibido. Aquello era un juego mental.

Y finalmente, sin pensarlo demasiado, Char arremetió una tercera vez... haciendo un ligero paso en falso hacia el costado mientras corría, pero corrigiéndolo al instante, y atacando en la misma dirección que sus dos primeros intentos. Prince dio una sacudida con entretención cuando su primer contraataque pasaba sin hacer daño alguno por sobre la cabeza de Char.

ZAS. Char una vez más cayó de cara al suelo. Unas cuantas estrellas aparecieron ante sus ojos por un momento.

—¡Bien, bien! —felicitó Prince—. ¡Muy buena maniobra, esa! ¿Ves? A veces si el enemigo está leyendo la batalla sobremanera, puedes burlarlos simplemente al hacerles esperar algo diferente... ¡cuando repites la misma cosa!

—Pero... no te golpeé —masculló Char con frustración, volviendo a su postura.

—Nunca te pedí que me golpearas —se rio Prince—. Solo te pedí que me sorprendieras, lo cual hiciste. Bien hecho. Pero si quieres golpearme, ¡te tomará mucho más esfuerzo que eso!

—¡Lo dudo! —le gritó Char de vuelta, haciendo el arrogante—. ¡Solo observa!

Sonrió. Ahora se estaba divirtiendo. Encendido y lleno de energía, sabía que quería intentar acertar un golpe en el legendario Prince, incluso si significaba que sería apaleado. Listo como un Luxray primario, Char mostró los dientes y se preparó para poner una pelea intensa...

... Hasta que captó algo con el rabillo del ojo.

Miró de vuelta a sus amigos. Ray tenía los ojos entrecerrados, mirando algo en la distancia. Y Saura...

... Saura estaba dormido como un tronco.

Pausó por unos cuantos momentos, solo mirándolos. Preguntándose algo, aunque no sabía qué.

... ... ...


Char batalló con Prince por alrededor de veinte minutos, aunque resultó siendo mucho menos emocionante y más forzado de lo que quería. De alguna forma, Char solo no podía poner su corazón en ello. Algo lo estaba molestando. Algo. Era como si su mente hubiera estado distraídamente armando un enorme rompecabezas, aunque ninguna de las piezas tenía algún tipo de rótulo. Sabía que no había estado ocurriendo solo ese día, sino toda la semana. Desde que averiguó en primer lugar sobre la Torre. Su mente estaba revolviendo algo, digiriendo algo. Pero ahora, debido a los eventos recientes, parecía estar cercándose a su terminación, y era insoportable no saberlo.

Sabía que era cierto. Algo... Algo requería su atención. Sus cavilaciones. Su decisión. Pero... ¿qué?

Era algo que había escuchado antes en ese día. ¿O no? ¿O era una combinación de cosas que alguien había dicho? ¿Naxi? ¿Lucario? ¿Prince? ¿Scythe? ¿Zahira? ¿Todos ellos a la vez?

Le molestaba. Le molestaba como un crudo harapo emparrado envuelto alrededor de su cabeza.

Bueno... por supuesto que lo de Scythe me molestaba, se preguntó Char, buscando en sus recuerdos la respuesta. Pero... pero no es eso... no de esa manera. ¿O... o sí? Estoy seguro de que tiene algo que ver con él...

—Vitaminas —anunció Prince, quebrando sus reflexiones—. Estoy seguro que de vuelta en la División Dorada les hacían pasar por una saludable dieta de suplementos vitamínicos...

No, no..., se dijo Char, retirándose de nuevo a sus propios pensamientos. No, no puedo perder la concentración ahora. Estoy en algo. Algo... ¿sobre Saura? Fue en eso cuando se arruinó mi llamarada, cuando lo vi... pero...

—Este viaje podría durar meses, ¿se dan cuenta? Antes de embarcarnos, deberíamos administrarles algunas vitales vitaminas...

Algo... algo sobre la forma en que Prince le hablaba a Naxi... Pero eso no tiene que ver con Saura... ¿o sí? ¡Bah, no lo sé! ¡¿Qué es lo que mi instinto está intentando decirme?! ¡¿Qué es tan importante que solo no puedo verlo?!

—En... realidad no tengo demasiada hambre —confesó Saura adormilado—. Scythe nos dio una manzana oro antes de venir...

—Esto no tiene que ver con el hambre o la sed, sino la salud —le dijo Prince—. Los suplementos vigorizan y fortalecen tus sistemas internos.

Irritado por las voces que lo distraían, Char decidió volver a la atención. Estaban en otro lugar ahora, en algún otro edificio...

Era una tienda, con pulidos asientos y mesas de madera posicionadas sobre un piso de mármol alrededor del vestíbulo. Casi le recordó a Char a una cafetería humana, pero no... la arquitectura se asemejaba más a la oficina de un doctor. Estaba desierto; no había otros clientes, o dependientes, a estas horas.

—Kecleon no vendía demasiados suplementos vitamínicos en la División Dorada —admitió Ray—. Había algunos, pero eran muy costosos... aunque Kecleon a veces vende gomis...

—Las gomis ayudan a abrirte la mente, pero las vitaminas te estimulan las fuerzas —dijo Prince, girándose para inspeccionar el mostrador frontal—. Hmm... Gardevoir decidió tomarse el día libre temprano, por lo que veo... Bueno, entonces, tendré que servirme y pagarle más adelante...

Char observó distraídamente cómo Prince saltaba sobre el mostrador y comenzaba a rebuscar en las alacenas de atrás. Se preguntó si el Pokémon a cargo saltaría de algún lugar justo como Froslass lo había hecho, regañándolo por entrar sin derecho en la propiedad de su negocio, pero de nuevo, tuvo la impresión de que Prince tenía algún tipo de derecho para hacerlo.

Antes de mucho, Char y sus amigos se hubieron estacionado alrededor de una mesa. Prince colocó unas cuantas botellitas marrones frente a ellos.

—Toma, Char —dijo Prince—. Elixir de proteínas. Bébelo. Ayudará a fortalecer tus músculos, y esos movimientos cuerpo a cuerpo que acabas de aprender. Ustedes también, Saura, Ray. Beban.

Char miró extrañado la botella de superficie lisa y el líquido que se asentaba en ella. La recogió y desenroscó la terca tapa, olfateando su contenido. Olía ligeramente a aceite. Deslizó el elixir a través de la mesa, intercambiándolo con el de Saura quien había estado observándolo con la mirada vacía y preguntándose como abrirlo. Suspirando, le dio unos tragos como le habían ordenado. Era soportable, sabiendo solo un poco vil, y en su mayor parte irritando su fuego interno como todas las bebidas líquidas hacían.

¡Clank! ¡Clank! Más botellas de coloración similar fueron colocadas ante él.

—Y Calcio, para ayudar a energizar sus fuerzas elementales —insistió él—. Beban esto también... Y luego dejaremos que se digieran y remojen sus sistemas durante la noche.

—¿Esto en verdad nos hará más fuerte? —preguntó Saura, mirando sin remedio a la segunda botella tapada.

—No notablemente —respondió Prince—. Idealmente deberían tomar suplementos semanalmente. Y, sí, empezarían a notar un significante incremento en sus capacidades corporales después de un tiempo. Como todo buen hábito, cada pequeña dosis cuenta.

Ray abrió la botella para Saura esta vez, y los tres las tragaron. Esta sabía polvorosa, dejando residuos por todo el interior de la boca de Char.

Clank. Finalmente, Prince vació sus brazos al soltar una gran botella plana y verde sobre la mesa.

—Ginseng —dijo Prince—. Solo pude encontrar uno, así que tendrán que compartirlo. Este estimula el sistema nervioso. A diferencia de las bayas Atania, que solo bloquean tu habilidad para cansarte, esto realmente energizará tus–

La puerta se abrió con un crujido, y adentró llegó un llamativo Pokémon verde y blanco que pareció genuinamente sorprendido de ver visitantes. Prince asintió hacia el Pokémon.

—Buenas noches, Gardevoir —dijo rápidamente—. Espero que no te importe que nos hayamos servido por nuestra cuenta. Estábamos en un apuro, y estos Pokémon necesitaban–

—No es problema —descartó Gardevoir rápidamente con una sacudida de su mano—. Pero... ¿por qué estás aquí, Prince? ¿No has escuchado?

—¿Escuchado qué? —replicó él, frunciendo el ceño con confusión.

—¿El reporte del tiempo? —replicó Gardevoir, haciéndose camino a la parte trasera de la casa y ojeando los bienes robados con algo de irritación.

—Creo... que sí, ¿por qué? —respondió Prince—. No había nada significante...

—Nada significante más que la ventisca del siglo... —retornó Gardevoir, con lo que pareció una mueca—. Toda la división se está congregando por refugio ahora en caso de que nos azote temprano. ¿No era noche de Legend en el salón de asambleas de todos modos? Creo que la mayoría de los Pokémon ya están asistiendo allí...

Prince se crispó por la incertidumbre. El estómago de Char se retorció cuando vio la sorprendida mirada del Infernape. ¿Acaso algo había salido mal?

—Yo... tengo que verificar algo —murmuró él—. No escuché de un frente de tormenta en toda la semana. Yo... volveré en seguida... Ustedes... quédense aquí, y tomen su Ginseng. Estaré de vuelta en breve.

Prince salió disparado. La boca de Char se quedó abierta, incapaz de decir nada antes de que el Infernape se hubiera desvanecido.

—¡¿Una tormenta?! —exclamó Saura—. ¡Eso no puede ser bueno! ¡¿Qué pasará si golpea mañana a la tarde cuando se supone que nos marchemos?!

—Debería haberlo sabido —agregó Ray—. ¡El cielo estaba tan oscuro hoy! Solo se podía predecir que algo así se venía... Quizá tendremos una probadita de Zerferia antes de siquiera llegar allí...

Gardevoir estiró una larga mano verde y recogió la botella de Ginseng de la mesa. El Equipo Ascuas se giró hacia su dirección.

—No tendrán que preocuparse por una tormenta, niños —dijo Gardevoir con suavidad, alejándose con la botella—. La tormenta está solo en la cabeza de Prince.

—Espera... —balbuceó Ray, pareciendo confundido—. Usted... estaba...

—Mintiendo, sí —respondió Gardevoir, volviendo una satisfecha sonrisa hacia la dirección del Raichu—. Es un pequeño precio para que el petulante Prince pague por su reputación que le permite caminar por la fortaleza como si fuera el dueño de todo. Me imagino que debo tener derecho a al menos alguna represalia por robar mi bar...

Char no supo si reír o sentir irrespeto por el equitativo Pokémon. Simplemente escogió sonreír un poco, observando cómo el Gardevoir trabajaba detrás del mostrador para limpiar el desorden que Prince había causado. Escuchó el suave tintineo del vidrio chocando con vidrio, y luego escuchó el sonido de agua vertiéndose.

Gardevoir retornó con tres vasos de mediano tamaño con un líquido anaranjado oscuro, cada uno con una colorida baya con su hoja flotando en la parte superior. Los colocó gentilmente en la mesa ante Char y sus compañeros.

—Tomen —dijo él—, encontrarán que estos bajan con mucha más suavidad.

... ... ...


Char se sentó en silencio con sus amigos, tomando lentamente su cóctel de Ginseng (o lo que sea que era) mientras aguardaba el retorno de Prince. El sabor era agradable y acorde a la poderosa y casi repugnante amargura del elixir que trataba de enmascarar, pero aminoró casi a la mitad y ya no pudo terminarlo. Luego de un tiempo, encontró que su vaso y el de sus amigos estaba a casi la mitad, y que Prince no mostraba indicios de volver a pesar de haber pasado al menos veinte minutos. Gardevoir había abandonado la habitación, trabajando en algún lugar en la parte trasera de la casa.

—Entonces... qué viaje hasta ahora, ¿no? —le habló Char a Ray y a Saura, sus primeras palabras a ellos en horas—. Prince parece bastante interesado en mí... ¿qué tal están ustedes chicos?

—Yo me estoy divirtiendo —respondió Ray con alegría, aunque Char adivinó que al menos parte de la jovialidad era forzada—. Este lugar es realmente misterioso. Tengo que respetarlo y a todos los Pokémon que trabajan aquí. Parecen tener una vida dura. Aunque, no creo que me gustaría vivir aquí. Sería aterrador. No creo que podría.

—Tampoco yo —masculló Saura—. Es realmente duro aquí. Y no solo lo digo por el frío. Todos los Pokémon de aquí... caray.

—Sí... la resistencia en serio es seria por aquí arriba —suspiró Ray—. Digo, siempre pensé que el Equipo Remordimiento era lo máximo. Pero por aquí, es así de bueno como se espera que seas para solo arreglártelas. Puedo decir que estos equipos han sacrificado todas sus comodidades y todo lo que tienen para hacer que la resistencia gane fuerza.

Char hizo una mueca. Escuchó algo en la voz de Ray, solo un sutil pequeño tambaleo, cuando mencionó al Equipo Remordimiento. Y supo exactamente por qué. Ray estaba poniendo su esfuerzo en pretender que no había nada malo con Scythe. Estaba forzándolo para que saliera de su mente.

—¿Está todo bien, Saura? —preguntó Char tiernamente—. No puedo creer que te quedaras dormido en la acera...

—Eh... sí... lamento eso, jeje —rio entre dientes Saura avergonzado—. Estaba intentando mantener los ojos abiertos. Prince estaba diciendo algunas cosas sobre las batallas que realmente quería escuchar. Pero supongo que Scythe realmente me desgastó.

—Saura... ¿algo te está molestando? —preguntó Char, notando algo en la expresión del Bulbasaur que parecía haberse escurrido por accidente.

—Oh, no, no... —le tranquilizó Saura, negando con la cabeza e intentando sonreír—. Nah... estoy bien. Solo... a veces sigo pensando en mi familia. Me distrae a veces. Pero sé que no debería preocuparme...

—Gracias —dijo Char cálidamente—. No sé cuántas veces ya he dicho esto, pero gracias por estar aquí conmigo... Sé que solo están aquí solo porque yo quería que viniesen. Quizá incluso les hice venir. Podrían haberse quedado en casa. Pero... solo sigo imaginándome estando solo aquí por mi cuenta...

—Oh, ¿para qué son los amigos? —dijo Ray animadamente.

—Solo... no salgas corriendo y te congeles hasta morirte otra vez —gruñó Saura—. Y no, por última vez, no me hiciste venir. Esta fue mi decisión. La hice en la Cueva Gravelerroca. ¿Recuerdas?

Char estuvo a punto de responder, pero las palabras se detuvieron en la punta de su lengua y se rehusaron a salir.

Se paralizó, con los ojos como platos, por la revelación.

El mundo dejó de girar. Sus oídos no escucharon más que sus propios latidos.

—Oye, ¿Char...? —exclamó Ray, notando los ojos imposiblemente abiertos de su amigo—. Char, ¿está todo bien?

—No estarás teniendo otra... visión, ¿o sí? —jadeó Saura—. ¿Char?

Char los ignoró, su mirada anclada al vacío.

Lo golpeó.

Tan claro como el día, tan clara como la pintura de Articuno, tan clara como la Poké Ball en su sueño...

Lo vio.

Momentos relampagueaban ante sus ojos. Momentos de aquella noche fuera de la morada de Alakazam, cuando Scythe lloró. Momentos de aquella noche en que espió a Scythe cuando hablaba con Shander, y contándole algo sobre la naturaleza de ser un servidor.

Momentos de hablar con Eva, y averiguar que Scythe tenía algo oscuro escondido de él... pero rehusarse a averiguarlo él mismo...

Momentos de observar el atardecer mientras Scythe le contaba sobre la belleza de Ambera...

El momento de terror cuando vio la perforante mirada de Scythe, quemándolo con sus ojos, por traicionar su simple promesa, de camino a la fortaleza.

El momento de horror cuando Scythe perdió por primera vez sus estribos. Su próximo entreverado temor y respeto por Prince.

El momento en que Lucario lo arrojó a través de la habitación, despreciándolo por ser tan débil, a pesar de que él mismo era un líder impotente y sin aura...

El momento de revelación cuando Scythe amenazó la vida de Prince, luego se alejó... Las palabras que dijo... las amenazas que hizo...

Las palabras del extraño Pokémon oscuro, diciéndole que su poder era suyo... que nadie debería ser capaz de manipularlo...

Aquel momento en la calle. Saura... él se había quedado dormido. No se suponía que se quedara dormido. Pensamientos sobre su familia continuaban molestándolo...

Y finalmente...

Las palabras de Ray, solo hacía momentos, todavía reverberando en su mente.

“¿Para qué son los amigos?”

La última pieza del rompecabezas encajó en su lugar, y la imagen fue extendida ante sus ojos. Terrible. Hermosa. Definitiva.

Así como así, Char supo la respuesta. Sabía lo que tenía que hacer.

—Yo... eh... —luchó Char por decir—. Yo... tengo algo que decir.

—¡¿Qué?! —imploró Saura—. ¡Me estás asustando, Char! Es como si estuvieras teniendo un ataque o algo. ¡¿Qué ocurre?!

—Yo... creo... —tartamudeó Char, temor en su voz—. Necesitamos tener una charla.

... ... ...


Las paredes externas del Fuerte Esmeralda se alzaban altas a través del terreno, un enorme muro de bloques de chapado metálico, restringiendo el acceso de cualquier especie de animal terrestre o intruso.

Un Scyther estaba sentado sobre el muro, con sus ojos fijos en el cielo occidental. El sol aún no estaba listo para rendirse por el momento, pero estaba en caída, atenuándose, cambiando sutilmente de color, y rebajándose del eternamente nublado cielo para mostrar su semblante a través del terreno. Viendo que entibiaba su corazón, como siempre lo hacía, pues todavía significaba algo para él. Ambera, su tierra, todavía estaba viva. En la faz de sus problemas, la belleza de la tierra hacía que todo cobrara sentido, dejando que todos sus entrelazados pensamientos se emparejaran, deletreando metas y respuestas claras. Nada en el mundo era más reconfortante.

Observó, sin moverse, ignorando todo excepto la luz del cielo. No veía a los Pokémon más allá que patrullaban los aires y vigilaban a los enemigos de la división desde una distancia. No veía a los equipos de resistencia que atravesaban las carreteras más abajo, o las siluetas del Distrito Tres y el Distrito Cuatro en la tierra más lejana. Todo lo que veía era el cielo. Su cielo. El cielo sobre su jardín.

Le envió una plegaria, preguntándole qué debía hacer. Cómo debería resolver sus problemas.

Preguntándose cómo llegaría a realizar lo imposible y salirse con la suya.

—¿Scythe? —una voz llamó desde un costado.

Scythe se giró con rapidez. No había esperado que alguien viniese. Había bloqueado sus alrededores de su mente, ignorando a aquellos que iban y venían en las proximidades. Y entonces, se sorprendió al ver la figura de un Charmander acercándosele a través de la superficie con aspecto de puente del muro de la fortaleza.

—Char —profirió Scythe—. Les dije que no me siguieran. ¡¿Por qué has venido?!

Char ignoró su comentario. Continuó caminando, viniendo al lado del Scyther y echando un apreciativo vistazo del atardecer mientras lo hacía.

—¿Qué quieres, Char? —preguntó Scythe, aunque en una voz humilde.

—Tengo algo que preguntarte —replicó Char, sentándose a su lado.

Scythe dejó caer su cabeza y cerró sus ojos—. Char, no esto otra vez... —suspiró con exasperación—. Creí que teníamos una promesa...

—No... no es eso —dijo Char—. Es algo más... Tuve esta idea. Quería saber qué piensas de ella.

—¿Sí? —dijo simplemente Scythe, abriendo los ojos nuevamente y girándose hacia él.

—Yo... me doy cuenta de... que estás haciendo tu mejor esfuerzo —comenzó Char, acumulando el coraje para decir lo que quería—. Y me siento culpable porque... he cometido muchos errores. Y uno en particular que... que estaba... esperando poder reparar.

Los ojos de Scythe se enangostaron hacia Char, pero se mantuvo en silencio. Char levantó la mirada hacia él, sus ojos brillando con respeto y apreciación. Abrió su boca y habló con total honestidad, e incluso entonces, apenas creyendo sus propias palabras:

—Scythe... ¿cómo te sentirías si tú y yo fuéramos a la Torre del Tiempo solos? ¿Solo tú y yo?

El Scyther parpadeó, su cabeza retrocediendo por un momento como si hubiera recibido un puñetazo al rostro.

—¿Es eso sabio? —respondió él—. Tus amigos...

—Hablé con mis amigos hace un momento —aseguró Char—. Ellos entienden perfectamente. Piensan que es una buena idea. Mira, Scythe... sé que estamos todos juntos en esto. Pero... fue un error muy grande de mi parte forzar a Saura y a Ray para que vinieran aquí. Estaba siendo egoísta. Y entonces los traje, y... y... bueno... Solo pensé que esto ayudaría a que te sintieras mejor. Para tu concentración, sabes. Si tuviéramos menos Pokémon a quienes cuidar...

Scythe estaba en silencio.

Se quedó mirando el atardecer por el tiempo más largo, totalmente callado. Su respiración se volvió pesada, sus ojos miraron a nada en particular, concentrado solo en sus cavilaciones internas.

—Char... —dijo finalmente, su baja voz prácticamente un susurro—. Esas... son las palabras más hermosas que cualquiera me haya dicho en toda la semana.

Una sonrisa nació en el rostro de Scythe. Comenzó diminuta y torcida, pero creció hasta ser una sonrisa completa e incontenida. En poco tiempo, Char presenció un verdadero júbilo en la cara del Scyther.

—¡¿Cómo nos desharemos de Prince?! —dijo Scythe rápidamente, con entusiasmo.

—Estaba pensando que podríamos salir a primera hora en la mañana —respondió Char, reflejando la radiante sonrisa de Scythe—. Saura y Ray podrían ayudar a confundir a Prince para que piense que no nos marchamos todavía. Cuando caiga en la cuenta de lo que ocurre, ya estaríamos bien lejos.

—Tendríamos que ir al oeste primero —determinó Scythe—. Al oeste o al suroeste. No pensaría en rastrearnos en esa dirección. Vaya... ¡tendríamos que movernos rápidamente en la mañana, justo en los talones de los Vigilantes, mientras los centinelas todavía estén tomando sus estaciones... Char...! Esto significa que... si podemos hacer que esto tenga éxito... ¡podrías ser capaz de ayudarme con mi misión! Solo el tiempo dirá, pero si las cosas salen absolutamente perfectas... Quizá... solo... solo quizá ya no tendría que seguir jugando estos juegos contigo...

Y eso fue todo. Estuvo decidido. Char sintió una paz tan profunda en su corazón, sabiendo que finalmente había hecho algo verdadera e indiscutiblemente bien. Fue su primera obra, sintió él, como el maduro líder real del Equipo Ascuas, en lugar del cobarde que siempre fue antes. Y cuando vio la radiante sonrisa de Scythe a medida que su mente se revolvía en posibilidades y planes, a medida en que veía el poniente sol reflejarse en sus ojos, supo que en verdad había ayudado al viejo guerrero de alguna forma en que realmente importaba.

Por unos fugaces momentos, se sentaron lado a lado sobre aquel elevado muro, humano y sirviente, ninguno de los dos arrepintiéndose de nada.


Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.

Rak, eres todo un artista



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Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.