Capítulo 39
Esto no puede estar pasando.
Char deseó que el fantasma que acababa de presenciar materializarse desde la pared fuera una alucinación. Algo irreal.
Pero había visto esos dementes ojos resplandecientes, y aquella cautivada mirada atraída a su silencioso llamado. Vio que el intruso fue derrotado por la cuchilla de Scythe.
Lo peor de todo, vio el terror en el rostro de Scythe. Este era un peligro con el que no sabía cómo lidiar. Todas sus batallas, su conocimiento, su experiencia de vida... nada de aquello podría haberlo preparado para esto. Era como un niño, atrapado y aterrorizado.
Char se sintió desconectado del mundo en donde se encontraba. No podía pensar, no podía sentir nada. No podía reconocer a sus compañeros que clamaban una respuesta de él. Esto no le estaba pasando.
Los Vigilantes estaban viniendo dentro.
Dentro de las casas. En donde los Pokémon de la división dormían. Todos de ellos desprevenidos. Indefensos.
Y él lo había causado.
—
¡Char! ¡Despierta! —ladró Scythe—. Este no es momento de quedarse asombrado. ¡Presta atención, o
morirás!
¡Char!
Char gritó cuando una dolorosa descarga inundó su cuerpo, haciendo saltar a su inactivo corazón. Se tambaleó y cayó de espaldas, medio paralizado, con sus extremidades todavía convulsionando por el poder de la descarga. Ray se encogió en arrepentimiento por haber atacado con tanta dureza, la estática chispeando en sus zarpas.
—Char, tenemos que escuchar a Scythe ahora —dijo Ray, asiendo sus brazos y ayudándolo a levantarse—. ¿Char? ¿Estás bien?
—S-sí. Sí, ya... estoy aquí —replicó Char a través de sus apretados dientes—. Estaré bien... ¿Q-qué hacemos? ¿Scythe? ¿Podemos hacer algo?
—Todavía no lo sé —raspó Scythe, mirando la habitación a su alrededor—. Ahora depende del Equipo Ruedafuego. Ellos tendrán que ayudarnos. Deberíamos escaparnos de aquí y reagruparnos en el sótano del almacén. Ese es un refugio lo suficientemente cercano. Pero no sé cómo lo lograríamos. Correr hasta allí sería suicidio, a menos que el Equipo Ruedafuego tenga suficientes suministros a mano.
Char supo que a la mayoría de los miembros del equipo no se les tendría que preguntar para que vinieran. Los escucharon moverse tras las cerradas puertas, saliendo gradualmente de sus camas y emergiendo en el salón. Un Camerupt se mostró, pareciendo medio dormido. Un Heracross vino poco después, pareciendo igual de aturdido y perdido. Y luego estaba el Ninetales, quien irrumpió desde su habitación con tal vigor que Char tuvo que preguntarse si siquiera había estado durmiendo.
—¡La Llamada! ¡He escuchado la Llamada! —proclamó Legend a medida que daba un brinco en el salón principal—. ¡Estoy obligado! ¡Tal fuerza de crudo poder me obliga, me rapta como ninguno que haya conocido! ¿Quién me ha convocado? ¿Dónde está mi maestro quien me ha convocado en esta servidumbre incondicional? ¡Acudo! ¡Estoy aquí! ¡Aquí estoy! ¿Qué quieres que tu servidor haga?
Divisando a Scythe y su grupo, Legend se acercó.
—Eres de los persuasivos —le habló Legend con afecto a Char—. Como Scythe, yo poseo el poder de comprender la Llamada cuando la atestiguo. ¡Y nunca antes, nunca antes he visto y escuchado yo lo que tú has creado esta misma noche! ¡Nunca he atestiguado yo una fuerza tan cautivante! ¡Magnífica! ¡Legendaria! ¡Es un torbellino de fuerza, un poderoso tornado que estraga la tierra y se extiende a las nubes! ¡Me paro sobrecogido ante la magnitud de tu llamado!
—¡Legend! —siseó Scythe—. ¡Detrás de ti!
Un chillido perforó el aire cuando otro Vigilante apareció flotando desde una pared, sus ojos bien abiertos de la fascinación mientras apuntaba hacia el que lo había llamado. El deformado Haunter elevó una mano incorpórea hacia las colas de Legend.
—¡Baaah! —escupió Legend cuando se volvió para verlo—. ¡Miserables demonios!
—¡Char! ¡Atrás! ¡Quédate atrás! —ordenó Scythe mientras se enfrentaba al monstruo.
La habitación destelló con luz roja cuando Legend descargó su fuego en el fantasma, lo que pareció aturdirlo por un momento. Scythe atacó, más rápido que lo que el ojo podía ver, cortando a la cosa con su propia energía acumulada en el extremo de su cuchilla. Char estuvo asombrado por cómo Scythe y Legend mantenían distancia de la cosa, a pesar de que el fantasma no lanzaba ni siquiera un contraataque hacia ellos. Estaba meramente contento con flotar lentamente hacia adelante, emitiendo un grito innatural, como si fuera ajeno a sus atacantes. Char también estaba espantado por la cantidad de golpes poderosos que tomaba sojuzgar a este.
La lucha continuó por varios momentos, el Scyther y el Ninetales lanzándole todo lo que tenían, hasta que un ardiente puño hizo añicos a la demoníaca figura. Prince se paró en los gaseosos restos del Pokémon fantasma.
—¡Prince! ¿Tienes antorchas Solroca aquí? —demandó Scythe antes de que Prince pudiera decir una palabra.
—Sí —replicó Prince.
—Tráelas de inmediato —comandó Scythe—. En unos pocos minutos, este lugar estará infestado. Necesitamos escapar del punto focal y reagruparnos en otro lugar. ¡Cualquiera que quede en este edificio morirá! Legend, corre y despierta a todos.
¡Rápido!
Legend no dudó en seguir la orden, disparándose escaleras arriba tan rápido como sus piernas le permitieron. Prince también salió corriendo, dirigiéndose al armario para rescatar las antorchas. Scythe miró con cautela las paredes, esperando que más intrusos vinieran, antes de retornar su atención hacia Char y sus amigos quienes estaban acobardados con los ojos como platos en el rincón.
—¿Se han enfrentado a los Vigilantes antes? —cuestionó él—. Ray, sé que tú sí. Char, Saura, ¿qué hay de ustedes?
—N... nunca —respondió Saura—. Solo siempre... me mantenía lejos de ellos, justo como nos enseñaste.
—Entonces escuchen —ladró él—. Lo más importante es no tocarlos. ¡Sea lo que hagan, no dejen que hagan contacto con ustedes! ¡Si te tocan, te pueden hacer
cualquier cosa!
¡Cualquier cosa! No hay forma de decir lo que te harán si se pegan a tu cuerpo. Podrían matarte en un instante, o peor... Podrían poseerte. Podrían borrar tu memoria. Podrían enterrarte en la tierra. Todas estas cosas le han ocurrido a Pokémon antes que han tratado de enfrentar a los Vigilantes. ¿Entienden?
—Sí —replicó el Equipo Ascuas al unísono con un sombrío asentimiento.
—Usen sus poderes elementales contra ellos —les recordó Scythe—. Son Pokémon fantasma. Así que si tienen que repelerlos, usa tu fuego, tu electricidad, tus cepas. Nunca ataquen a menos que la parte con que atacarán ya está llena de la energía blanca. No intenten atacar con fuerza directa, será inútil. ¿Entienden?
—Sí —replicó Char, forzándose a sonar seguro de sí mismo—. Pelearemos si tenemos que hacerlo.
—Fui un cobarde y me rehusé a entrenarles para pelear contra los Vigilantes —dijo Scythe hirviendo con enojo—. Ahora, tendrán que aprender el resto por experiencia...
Más miembros del equipo deambularon en el salón. Un Shuckle y la Bayleef llegaron de puertas cercanas.
—Oh, vaya, ¿estaba caminando dormido? —bostezó el Shuckle, colgando con pereza de su caparazón—. Ugh... no, ¿qué iba a hacer aquí afuera? Lo olvidé. Oh, ¿Lily? ¿Qué estás haciendo despierta a esta hora?
—No lo... No estoy segura —dijo la Bayleef, intentando abrir los ojos con parpadeos—. Pensé que Prince me llamaba para algo. Pero debo haber estado solo soñando... Ugh, ¿qué hora es? Voy a ser un cadáver mañana en la reunión...
Y luego la Bayleef abrió los ojos y notó a los otros en el salón principal. Vio a Scythe gritando duramente a Char como un padre reprendiendo a su hijo por haber hecho algo malo. La comprensión le golpeó.
—No... —jadeó ella, retrocediendo—. ¡Oh, no! ¡No, no,
no, no! ¡No esto otra vez! ¡Por favor, no! ¡Todo menos esto!
—Espera, ¿qué? —preguntó el Shuckle—. ¿De qué hablas?
—Creo que Char hizo esto —respondió Lily con la mirada vacía—. Oh, no... ¡Estamos en serios problemas si los Vigilantes la escucharon! Oh, ¿por qué esto siempre tiene que ocurrir a la
noche?
Lily tragó saliva pesadamente.
No tenía ganas de ver a los Vigilantes otra vez,
especialmente de esta forma. Viendo que el equipo ya empezaba a entrar en pánico, buscó entre ellos a Prince. Este era un momento en el que necesitaba quedarse cerca de su líder y seguir órdenes. Necesitaba trabajar con su equipo si quería sobrevivir.
Prince regresó del armario de suministros con prisa, llevando un gran mazo con un pedazo de roca montada en la parte superior. Scythe lo inspeccionó por un momento, nada complacido.
—¿Esto es todo lo que tienes? —estalló hacia Prince—. ¿Solo una? ¡¿En este edificio entero tienes solo
una?!
—Son costosas, y raramente las usamos —replicó Prince—. Solo para emergencias.
—¡Bueno, yo diría que
esto es tan malo como una emergencia como ya verás! —rugió Scythe, atrayendo a los otros miembros del equipo, quienes se reunieron alrededor del lío que causaba—. ¡No, esto no es bueno! Una no repelerá un enjambre así de denso. ¡Necesitamos al menos cinco!
Scythe se silenció por solo un momento, exprimiendo su mente por una respuesta. Echó vistazos a las paredes del edificio, que pronto fracasarían en proveer protección a todos los Pokémon ahí dentro. Finalmente, su vista cayó sobre Char.
—Prince, enciende la antorcha —ordenó Scythe—. Corre, y lleva a Char al sótano del almacén. Él debe sobrevivir, incluso si el resto de nosotros ha de perecer. ¡Ve, rápido!
—¡Espera, Scythe! —exclamó Char con sorpresa—. ¡¿Qué hay de ti?!
—Me reuniré contigo ahí, si puedo pensar alguna forma —respondió Scythe, la incertidumbre clara en su voz—. Tenemos al menos cinco minutos. Tendré algo de tiempo para pensarlo. Pero eres tú quien debe quedar fuera de peligro primero.
—¡No! —exclamó Char—. ¡No, tú ven conmigo! ¡No puedes quedarte aquí!
—¡Prince, ve! —ladró Scythe—. ¡Llévalo! Y si yo no lo logro... cuídalo en mi lugar.
Las palabras golpearon a Char como un puñetazo al rostro. ¿Lo decía en
serio?
A medida que la comprensión le sobrepasaba, Char saltó para escaparse, pero Prince actuó rápido y lo capturó en sus poderosas manos, anclando al Charmander que se retorcía bajo su brazo.
—¡No!
¡Saura! ¡Ray! ¡Ayúdenme! ¡Por favor! —suplicó Char desesperado, intentando forzar el brazo del Infernape de su vientre—. ¡No pueden! ¡No pueden quedarse aquí! ¡Tienen que venir conmigo!
—Char... escucha a Scythe—dijo Saura severamente, sin mover un músculo—. Tú eres el que tiene que vivir. Ve con Prince. Sobreviviremos si podemos.
—¡Pero no!
¡No! ¡No lo lograrán si se quedan! —gritó Char.
Fue entonces cuando incluso el mismo Prince dudó. Para él, el griterío de Char ya no se escuchaba. Notó a su equipo parado firme en el oscurecido salón, a cada rostro que resplandecía en la danzante luz roja de su corona. Vio sus miradas de confusión y preocupación, y supo que cada uno de ellos estaba dispuesto a servirlo, a pelear a su lado para soportar esta dificultad. Pero... por su propia elección, se había cruzado caminos con Char, lo había atraído a la División Esmeralda, y ahora, era él el único capaz de mantener al joven...
Quebrando su trance, desvió su mirada de ella.
—Iré —dijo él—. Scythe... ¡que Cresselia esté de tu lado en esta terrible noche!
Sin dejar que el inquieto Char escapara, Prince asió la antorcha con su otra mano y la sostuvo sobre el fuego de su corona. Una vez que se encendió, se disparó hacia la puerta y no miró atrás.
Fuerte Esmeralda Oscuro
Con solo la ardiente antorcha para proporcionar refugio, Prince emergió en la letal noche, sosteniendo al Charmander en su pecho. Char no vio nada, sus ojos casi enterrados en el cálido pelaje del Infernape. Solo sentía cómo su cuerpo botaba violentamente en el lugar, el Infernape corriendo con toda su fuerza... Solo escuchaba los sonidos de los pies del Infernape colisionando con la piedra de abajo, y los sonidos del cielo. El cielo estaba repleto de horribles sonidos, los sonidos de los despertados Vigilantes enjambrándose en las proximidades, lamentándose y gimiendo en sus innaturales maneras, buscando lo que habían visto en sus sueños de vigilia...
—Quieto —le ordenó Prince, sosteniéndolo con más fuerza—. Quédate quieto. No mires hacia arriba. Mantén cerrados los ojos. Mantenlos cerrados...
Char hizo lo instruido, cerrando con fuerza sus ojos, forzando a que cayeran unas pocas lágrimas por su rostro. Continuó escuchando los gemidos y arrullos de los fantasmas, algunos a casi centímetros de distancia. Sintió que el Infernape realizaba maniobras difíciles mientras corría, esquivando y brincando de formas inesperadas...
Y sintió el frío del viento de la media noche contra su desnuda piel, hincándolo y arañándolo justo como el congelador lo había hecho. Sintió que lo drenaba de su esperanza.
—Quieto, quieto, quieto... —seguía diciendo Prince—. Ya casi estamos ahí, ya casi. Lo vamos a lograr...
Char los vio.
Aunque sus ojos estaban cerrados, vio a los fantasmas en su propia imaginación. Estaban enjambrándose. Rodeando el edificio que se asemejaba al salón de su propio equipo. Vio que atacaban, en números incontables, fluyendo en aquel diminuto edificio como una cascada.
—No te retuerzas —gruñó Prince, su voz vibrando a través de su pecho—. Quédate quieto... ya casi estamos ahí, Char...
¡!
Char sintió que su cuerpo fue sacudido hacia arriba por una repentina fuerza. Hubo un siseo. Pelea bajo sus pies. Movimiento en cualquier dirección concebible. El asimiento de Prince lo exprimió tan fuerte que se sintió como si sus huesos se romperían.
—
¡Fuera, demonios! —bramó Prince—. Char, está bien... Estoy bien... Solo una cuadra más... Estaremos a salvo...
“¡Están viniendo demasiado rápido!”, escuchó a Saura exclamar con desesperación, quien retrocedía de un entrante cúmulo de determinados Vigilantes. “¡Ya no podemos retenerlos! ... ¡Scythe! ¡¿Scythe, qué hacemos?! ¡Tenemos que irnos ahora! ¿Cómo nos salimos de esta?”
“No... no lo sé...”, jadeó Scythe, deteniéndose en medio de la batalla para recuperar el aliento. “Yo... no lo sé... No hay salida... el momento que salgamos por esa puerta, se cernirán sobre nosotros... no... no hay escapatoria...”
Vio la horrorizada comprensión sobre el rostro de Saura.
—¡Saura, no! —jadeó Char—. ¡Saura!
—Tranquilo —dijo Prince—. Tranquilo. Quédate quieto.
“Entonces, es certeza”, proclamó Legend para todos en la habitación. “Aquí, esta noche, ¡cada uno de nosotros dará su último aliento! ¡No dejen que sea un aliento desperdiciado! ¡Dejen que los dragones legendarios presencien nuestro valor esta noche final, el valor de los Pokémon que lucharon por proteger la Llamada! ¡Aunque seamos olvidados, dejen que nuestro legado viva por el poder de la Llamada, la Llamada que cortará el dominio del Maestro! ¡Por esta causa hemos vivido, y ahora, por esta causa déjennos morir! ¡Yérganse altos! ¡Yérganse orgullosos, como los Pokémon legendarios que son! ¡Y peleen!”
“Esto es todo, ¿eh?”, dijo Saura en blanco. “¿Así es cómo morimos?”
“Nunca...”, gruñó Ray. “¿Recuerdas la misión en la Fisura Hierro? ¡Nunca aceptes tu destino! Si hay una pequeñísima chance en la que podemos ganar, ¡tenemos que ganárnosla! ¡Pelearemos como el Equipo Ascuas pelea! ¡El fuego NO MORIRÁ!”
“¡Hasta que la ÚLTIMA ASCUA SE APAGUE!”, respondió Saura, ganando su último asalto de coraje. “¡Pelearemos! ¡Por Char!”
“¡Por la Resistencia!”, dijo Ray, su electricidad revistiendo su cuerpo.
“Ah...”, suspiró Scythe, escuchándolos. “Optimismo frívolo... Je je... puede ser divertido a veces. De acuerdo, fantasmas. ¿Quieren destruirme? ¡Les va a costar! ¡En garde!”
Y vio, uno a uno, cómo los Vigilantes rodeaban a los Pokémon ahí adentro y terminaban con hasta la última vida. Observó cómo Saura daba su último aliento, cómo Ray caía peleando, cómo el magnífico espíritu de Scythe se quebraba y se dejaba abrumar, cómo Legend quedaba en la esquina y despreciaba a los fantasmas desde los cuencos de sus pulmones a medida que lo superaban, cómo Lily colapsaba intentando sacudirse las abominaciones sobre ella... Y cómo todos los otros miembros del Equipo Ruedafuego que nunca había visto, o conocido, perecían...
—Llegamos.
Instalación del Almacén P-2
Char brincó ante el sonido de la voz de Prince. Su cara goteaba lágrimas por las intensas visiones que su mente había conjurado. Vio que habían llegado al sótano del almacén, el espacioso pasillo al cual Prince lo había traído previamente aquel día antes de guiarlo hasta el congelador. Estaba igual de desolado y fresco como solía estarlo, excepto por los deslumbrantes rayos de luz solar que emanaban de la antorcha que Prince todavía llevaba. Casi sin aliento, Prince colocó suavemente a Char en el duro suelo, en donde este colapsó contra la puerta del congelador. Su garganta se sentía apretada, su cara pálida, sus ojos le quemaban con aflicción.
—¿Qué es lo que hice? —jadeó Char, sin respiración.
—No has hecho nada —le contó Prince, fijando la antorcha detrás de una manija de puerta—. No compartes culpa en esto. Esta es la gravedad del poder con el que has nacido. Por siglos, los Pokémon han luchado por domar este poder y entenderlo. Ninguno ha tenido éxito. Permanece fuera de nuestro control, fuera de nuestro entendimiento. Llama a su propia voluntad, cuando menos lo esperamos, cuando menos lo deseamos, como la cólera de un dios. Si es por algo, esto es mi culpa.
—Prince, vuelve —le suplicó Char al Infernape con una voz quebrada—. Todavía–todavía tienes esa antorcha. Vuelve y–y salva a los otros.
—No —dijo Prince, paseándose ante Char—. No puedo.
—¡¿Por qué?!
—Porque eso no es lo que Scythe me pidió que hiciera.
Char intentó dar una respiración profunda, pero su corazón estaba latiendo tan rápido y su pecho temblaba tan incontrolablemente que su intento fue sofocado. Sus pulmones estaban funcionando por sí solos, haciendo constantemente cortos y dolorosos jadeos que no podía controlar.
—¡Pero Scythe–no lo–no lo logrará! —jadeó Char.
—¡Scythe no es un Pokémon estúpido! —exclamó Prince con enojo en respuesta—. Todavía le sobra tiempo. Podría descifrar una forma de escapar antes de que se acabe. Eso dependerá de él, ahora. No hay nada que podamos hacer.
—¿Entonces tú solo–solo lo dejarás morir?
—Char, ¿en serio piensas que por
un momento esto es fácil para mí? —gruñó Prince—. ¿Cuántos Pokémon eran queridos para ti en ese edificio? ¿Tres? ¿Es esa cantidad lo que has tenido que dejar atrás? Yo tuve que dejar
nueve. Tuve que dejar nueve de los míos en ese lugar, nueve de los más fieles y talentosos Pokémon que el mundo ha conocido alguna vez, nueve Pokémon por los que estaría contento de morir en una noche como esta, pero decidí que
tú eras más importante que todos ellos. ¿Cómo crees que
eso me hace sentir, Char?
Casi explotando de la rabia, Prince se abstuvo de decir más. Acabó con su incesante movimiento y miró fijamente el suelo, apretando con fuerza sus manos. Char no dijo nada en respuesta, sus continuos jadeos de llanto apenas dejándole respirar.
—Además, el enjambre se ha vuelto más espeso —dijo él después de una pausa—. Empeoró, mientras estaba corriendo... Solo apenas logramos llegar aquí. Esta sola antorcha será impotente para repelerlos ahora. De otra forma... si sabía que tendría oportunidad, hubiera vuelto.
—¿Cómo–cómo lo logrará? Solo no–solo no hay forma —divagó Char, con ojos vidriosos.
—Él lo logrará —le aseguró Prince, viniendo a sentarse a su lado contra la puerta del congelador—. Tiene la intuición de un dios. No me hubiera enviado aquí si no tuviera algo en mente. Le daría unos cuantos minutos más antes de darle por muerto. Se ha salido antes de situaciones difíciles...
No así de malas..., quiso decir Char, en lugar de eso dejando que un tenso silencio permaneciera por un momento.
Yo vi su cara... él sabía que no lo iba a lograr... Así que se aseguró de que yo me escapase...
—Pero si tienes razón —dijo de repente Prince, su voz más oscura—, si tienes razón, y fracasa en escapar, una posibilidad que no puedo negar, entonces tú y yo estaremos solos en este mundo. Solo los seis que estaban afuera en la misión sobrarán en mi equipo, pero ellos no retornarán en meses, y no sabrán lo ocurrido hasta entonces... Justo como tus amigos ya no estarán para ayudarte...
Char intentó no escucharlo. Era una mentira. Todo tenía que ser una mentira.
—... En los días venideros, necesitaremos encontrar confianza en el uno al otro —dijo él solemnemente—. ¿Tendré tu confianza?
Char perdió los estribos. Explotó de rabia.
—
¡¿Confianza?! —reverberó él, poniéndose de pie en un salto, su flama rugiendo—.
¡¿Confianza?! ¡¿Querías que yo
confiara en ti?! ¿Es eso todo lo que querías? ¡Tenías
exactamente lo que querías desde el comienzo! ¡Esto es lo que querías! ¡Por esto me trajiste aquí y me metiste en el congelador! ¡Solo querías alejarme de Scythe y mis amigos para que pudieras
ganar mi confianza! ¡Bueno, él ya no está! ¡Todos ellos ya no están! ¡Y ahora me tienes solo para ti! ¡¿Ahora estás feliz?!
—Char, nunca deseé el mal sobre ellos —le gruñó Prince de vuelta, alzando su propia voz—.
No me acuses de querer esto. Nunca fue mi intención separarte de nadie. Todo lo que
quería era
ayudarte. Me forcé a acompañarte porque sabía que no podrías sobrevivir si ibas al norte sin mí. Nunca habrías completado el primer tramo del viaje. No sé por qué, pero Scythe se rehusó a verlo, así que tuve que hacer que
tú lo vieras en cambio. Es por eso que te traje al congelador y te enseñé qué se siente humear, porque es así como hubieras muerto. En Zerferia no hay calor. Me necesitarías para sobrevivir. Entonces dime, ¿acaso hice
mal en desafiar persistentemente los deseos de Scythe, para que pudieras estar a salvo? ¿Acaso hice
mal en desear que te encontraras a Dialga con vida? ¿Acaso hice algo malo?
—¡Ni siquiera tendrías que
haberme traído aquí! —estalló Char con su voz más potente, apretando sus garras como si estuviera a punto de estrangular a Prince—. ¡Ni siquiera te
importo! ¡Todo lo que te interesa es
la Llamada! ¡Solo querías ser el que consiguiera que la Llamada funcione! ¡Solo querías
usarme! ¡Y ahora todo está destruido por tu culpa! ¡Justo como con Lily! ¡Justo como lo destruiste todo con ella! ¿Querías que confiara en ti justo como
ella confió en ti?
¡¿Dónde está ella ahora?! ¡¿Dejaste que
muriera en esa casa solo porque yo estoy ahora aquí?!
¡¿También vas a dejar que yo muera?!
Prince frunció el ceño—. ¿Cómo... escuchaste sobre Lily? —demandó él, profundamente conmocionado—. Aunque supongo que ya no importa ahora. Un número de Pokémon pudo habértelo contado. Imagino que habrá sido el mismo Scythe, viendo cómo ha estado intentando ‘protegerte’ de mí... Pero sí, tienes razón... Dos veces, he intentado cargar con el poder de la llamada como mi propia responsabilidad. Dos veces, me abrumó. He jugado con fuego, como los humanos lo pondrían. Me he quemado. Pero antes, con ella, estaba en posición de hacer un sacrificio, y hacer enmiendas... Esta vez, no estoy en posición de hacer nada, excepto continuar y terminar lo que Scythe comenzó. Yo asumiré la culpa por lo que sucedió esta noche. No sé en dónde eso me posicionará en este mundo. Pero cuidaré de ti, como Scythe lo deseó.
—Yo no–no quiero que cuides de mí —sollozó Char, su voz perdiendo fuerza cuando sus lágrimas comenzaron a sobrepasar su enojo—. Los quiero de vuelta...
Sintiéndose exhausto hasta el fondo, cayó de vuelta en los brazos de Prince, quien lo aceptó y lo sostuvo con cuidado.
Intentó cerrar los ojos, esperando que el sueño le ayudara a olvidarse de todo hasta que sus amigos arribaran sanos y salvos, pero las imágenes todavía destruían su mente, desgarrando su alma...
“¡DUELE!”, exclamaba Saura mientras un fantasma gigante se colaba en su frente. “¡ALGUIEN, AYÚDEME! ¡ES TAN FRÍO! ¡NO PUEDO... NO PUEDO MOVERME! NO... NO PUEDO...”
Pero nadie escuchaba sus gritos... nadie salvo Char...
Char agitó su cabeza, sacudiendo las horrendas ideas que su imaginación le presentaba. No las necesitaba, solo le causarían más dolor...
—El Maestro ha hecho cosas peores que esta —susurró Prince—. Cualquiera que viva en la resistencia sabe qué tipos de tragedia y dolor él trae. Debemos aprender a conllevar el dolor, y mirar hacia el mañana. El mañana vendrá, a pesar de todo, y traerá nuevos Pokémon con quienes estar. Y cuando recordemos a aquellos que murieron, no debemos lamentarnos por ellos, sino preguntarnos qué hubieran querido que hiciéramos nosotros en su lugar.
—No lo entiendes —dijo Char—. Yo los
necesitaba... Porque ellos–ellos son los únicos que me conocen...
—No alegaré que soy capaz de reemplazar a Scythe —dijo Prince con gravedad—, pero te doy mi palabra de que lo intentaré. Con cada fibra, lo intentaré...
—No, Prince, no, no es eso —dijo Char débilmente—. Ellos son los únicos–que saben que–yo soy humano.
Prince parpadeó, tomado con la guardia baja por aquellas palabras—. ¿A qué te refieres? —dijo él simplemente.
—Soy un humano —dijo Char de nuevo, con menos vacilación—. Estoy atrapado en el cuerpo de un Charmander.
Prince bajó la mirada hacia él, la confusión flotando en sus ojos por un momento, intentando decidir qué hacer con el alegato del Charmander.
—Te llamaría delirante —dijo Prince—. ¿Qué te ha dado esa idea? ¿Cómo puedo creer que eres otra cosa más que un Charmander?
—¿Por qué crees que sé sobre la cultura humana? —desafió Char—. Porque fui humano alguna vez. Era mi propia cultura.
—Encuentro eso difícil de creer —admitió Prince—. ¿Cómo fundamentas que esto es posible? ¿De qué cultura solías ser? ¿Cómo te transformaste?
—No lo sé —dijo Char honestamente—. Todos mis recuerdos se me fueron quitados, y desperté en una cueva. Saura me encontró ahí. Y él siempre ha estado ahí para ayudarme. Pero eso es todo. Solo estaba yo, en este cuerpo que no sé cómo usar, y no sabía cómo llegué hasta allí, o quién era, o de dónde había venido. Todo lo que recuerdo es que solía ser humano, y que me encontré con Dialga antes, y él me dijo algo, pero no recuerdo qué fue. Es por eso que quería ir a la Torre del Tiempo. Para preguntar a Dialga qué estoy haciendo aquí.
Prince parecía atónito, solo zumbando por un momento considerándolo.
—No me importa si no me crees —dijo Char—. Saura y Ray me creían. Scythe incluso lo averiguó de alguna forma. Todos ellos sabían. Y todos ellos me estaban ayudando a descifrar quién soy y de dónde vine. La Llamada nos unió, pero no es por eso que vinimos a la Torre del Tiempo, o por lo que eran mis mejores amigos. A ellos no les importaba realmente que tuviera la Llamada. Ellos lo hacían todo por mí, porque soy un humano.
Prince se quedó mirando al pequeño Charmander en sus brazos, directo a sus ojos como si fuera a atrapar algún indicio de deshonestidad. Pero no había ninguno. Él sabía que Char no tenía razón para mentir en un momento como aquel. Sabía también que era el gesto de confianza de Char revelar la verdad oculta que llevaba con él. Recordó cómo el Charmander había actuado, todos los extraños manierismos tan similares a los suyos, las figuras retóricas humanas que había usado, la forma en que lo había sobresaltado que lo comparase con un entrenador Pokémon...
Cuando otro momento hubo pasado, Prince comprendió.
Char vio cómo un destello de respeto o asombro pasaba por el semblante del Infernape. Mirando con atención sus ojos, también notó la fuerza del corazón de Prince, quizá más fuerte que incluso el de Scythe, a medida que el anciano guerrero retenía sus lágrimas, lágrimas que luchaban por prevalecer.
—Entonces —murmuró Prince, desviando la vista—, es cierto. Sí hice algo malo.
Suspirando, asió con más fuerza el tembloroso cuerpo de Char, y lanzó un arrepentido vistazo a la antorcha entibada en la manija de la puerta del congelador.
—Si yo lo hubiera sabido, hubiera hecho como pediste e ido de vuelta por ellos —le dijo a Char—. Siempre he obedecido los comandos de un humano antes que los de un Pokémon, siempre... Pero es demasiado tarde ahora. Lo lamento. Los fantasmas me desollarían en el momento que pusiera un pie fuera de la puerta. Pero iré, si eso es lo que quieres. Quizá eso es lo que merezco.
Char cerró los ojos y dejó que su cuerpo se pusiera flácido, sin proferir respuesta. Prince lo acunó como a un infante, frotándole suavemente la espalda mientras dejaba que su mente digiriera una nueva oleada de pensamientos.
—Me temo que tengo poco que ofrecerte —continuó Prince—. No tengo nada más que la promesa de mi equipo y que puedo dedicar el resto de nuestras vidas en ayudarte a buscar sobre tu origen. Puedo comenzar con llevarte a ver a Dialga. Puedo entrenarte en todas las formas que conozco. Ha... pasado tanto tiempo desde que he servido a un humano, que he olvidado ese tipo de humildad... Pero si me dejas, lo intentaré.
—Espero que vengan —Char profirió en un roto susurro—. Ellos tienen que venir...
—Dales un poco más de tiempo —le aseguró Prince—. Llegarán aquí pronto... quédate quieto, y aguarda...
... ... ...
“¡Han vuelto por mí!”, exclamó Ray de forma arrogante. “Tenían que terminar lo que comenzaron, ¿verdad? Bueno, adivinen qué. ¡Ya no soy un Pikachu! ¡Soy más fuerte! ¡Pueden llevarme, pero yo me llevaré a algunos de ustedes también!”
Con un grito a los cielos, el cuerpo del Raichu se iluminó en una bola de energía eléctrica. Atrayendo cargas estáticas de todo a su alrededor, se volvió tan brillante como el sol, sobresaltando a los fantasmas que intentaban acercarse a él. Luego, con una temeraria embestida final, se lanzó hacia el muro de fantasmas, abriéndolo cuando una docena de Vigilantes retrocedió por el ataque...
... Pero se ondearon y se volvieron a cerrar, engulléndolo. Una sacudida de dolor y demencia atravesó su determinado y enérgico espíritu, y profirió sus últimas palabras a medida que las calinosas pieles de un centenar de fantasmas lo cubrían...
“Tan... f-frío...”
Char inhaló. Estaba exhausto, tan exhausto como para empujar aquellas vívidas imágenes de su mente. Su cuerpo estaba demasiado cansado como para moverse, su mente demasiado lastimada como para descansar. Todo lo que pudo hacer fue esperar, y esperar, mientras los momentos continuaban pasando sin signo alguno de sus amigos...
Y siguió esperando, soportando la quietud y el silencio...
Soportando su ausencia...
Pero la espera duraba demasiado.
Vino el punto, una tácita aceptación entre ellos dos, que nadie vendría. Había pasado minutos, demasiados minutos. Quince. Quizá treinta. No los había estado contando, pero Char supo que suficiente tiempo ya había pasado. A menos que hubieran encontrado un camino diferente, Scythe no había venido como lo prometió...
Estaba hecho. No podía pretender que todavía tenían una oportunidad.
Ya no estaban.
Era como un frío puñal mal afilado rebanando el corazón de Char en ese momento. Le lastimaba de forma física, con una dosis de dolor a través de su columna y de cada nervio. Intentó despegar su mente del dolor, para concentrarse en sus latidos, o en la respiración de Prince, o la agudeza del fuego en la habitación, pero el poderoso dolor le carcomía, y no se detenía...
—Por las fantasmales tinieblas de la noche —tarareó con suavidad Prince—. Nos escondemos en las esquinas, mantenemos la vela, a salvo y cerca. Y dejamos nuestros ojos sobre el cielo oriental. Pues allí... allí brillarán los perforantes rayos del alba, para matar a los remanentes del pasado... para iluminar el camino otro día más... y ayudarnos a continuar...
Ya no estaban.
Todavía no podía creer que aquello no era una terrible pesadilla. Esto no podía estar pasando. Esto no podía ser real.
—¿Prince?
—¿Sí, Char?
—¿P-podrías... llevarme al congelador? —preguntó Char dócilmente—. Quiero humear...
—Hmm... Si eso es lo que quieres, no te lo voy a negar —dijo Prince en un susurro sincero—. Pero entiende, que si quieres humear para aliviar tu dolor, este volverá con mucha más fuerza que antes...
—No me importa —dijo Char—. Solo... solo no quiero sentir nada ahora mismo...
—Muy bien —dijo Prince, colocando a Char en el suelo para poder levantarse—. Ven...
Prince jadeó. Sus orejas se crisparon, y se paró perfectamente quieto.
—Escuché algo —reportó él—. Una voz.
—¿En serio? —aulló Char sorprendido, sus ojos iluminándose—. ¿Los escuchas? ¿Están viniendo?
—
¡Shhh! ¡Silencio! —siseó Prince, mirando por todos lados en la oscuridad más allá de la luz de la antorcha—. No lo entiendo, pero... ellos podrían ya estar aquí. Creo–creo que escucho sus voces...
Lleno de nueva esperanza, Char se puso de pie de un salto y escuchó al silencio por su parte. Prince deambuló hacia el oscuro pasillo, deteniéndose justo después de unos cuantos pasos. Cerró sus ojos, concentrándose...
—Podrían ser solo otros Pokémon —dijo él—, pero... no lo entiendo. Hay solo dos entradas a esta cámara, una a cada lado del corredor, pero... igual... escucho... ¡Imposible!
¡Char! ¡Por aquí!
Prince se bajó a cuatro patas y se lanzó a la oscuridad hacia el extremo opuesto del corredor, y Char lo siguió de cerca, encontrando nuevas fuerzas en sus músculos en donde parecía no haber antes. Prince corría erráticamente, vacilando de vez en cuando para echar vistazos de derecha a izquierda con una perpleja expresión en el rostro.
Y luego Char lo oyó. No supo de quién era la voz, pero era inconfundible: muy tenuemente, como si estuviera detrás de una sólida pared de metal, alguien estaba pidiendo ayuda a gritos. Alguien que él reconoció. Su aliento se detuvo, y no continuó.
—
¡Aquí! —exclamó Prince, lanzándose rápidamente a una de las puertas del congelador—. ¡Escucha!
—
... ¡hola! ... ... ¿Prince? ... ¿Hay alguien ahí...? ¿Pueden dejarnos salir, por favor...? ¡Hace mucho frío aquí!
Los ojos de Prince se abrieron tanto que pareció estar listo para desmayarse de la incredulidad.
—
¡Imposible! —jadeó él, agarrándose la parte superior de su cabeza—. ¡No lo entiendo!
Sin esperar otro momento, Prince destrabó la puerta del congelador y tiró de ella. Una corriente de gélido aire frío pulsó en el rostro de Char, causando que se encogiese. Pero cuando volvió a abrir los ojos, los vio parados en la abierta entrada:
Scythe. Y Saura. Y Lily. Todos estremeciéndose incontrolablemente por el frío, descolorados y congelados, pero felices de seguir vivos.
Char pensó que sintió su corazón detenerse en seco.
Scythe salió con calma al pasillo, pareciendo agitado pero aliviado. Los otros dos Pokémon se dispararon del frío como conejos asustados, Lily brincando a los brazos de Prince, y Saura casi echando a Char al suelo cuando lo atropelló.
—Ahhh, estás calentito... —suspiró Saura, presionando su frente contra el vientre de Char, la misma punta de su bulbo ya tornándose marrón y su cuerpo cubierto de polvo de escarcha.
El alivio ahogó su dolor. El júbilo barrió su agotamiento. Char abrazó el bulbo de Saura y no lo soltó. Era cierto. ¡Todo
sí había sido solo un mal sueño! ¡Desde el inicio supo que no podía haber sido real! Pero la pesadilla ya había terminado, y ahora aferraba a su vivo amigo.
—Lo lograste —susurró él, habiéndose quedado sin lágrimas para soltar de la felicidad—. Estoy tan feliz... Pensé que me quedaría solo... ¿Cómo ocurrió? ¿Cómo se escaparon?
—Yo–ya sabes, no lo sé realmente —admitió Saura—. En un momento tenía mucho frío, y luego la siguiente cosa que supe fue que tú estabas ahí...
Nada podía importarle menos a Char. No dijo nada más, contento con dar a Saura toda la calidez que él necesitaba para descongelarse.
Prince sostenía a Lily de la misma manera, la escarcha que se había acumulado sobre su hoja ahora volviéndose rocío.
—Lo siento tanto, Lily —le dijo a ella—. Nunca debí marcharme. Nunca más... Nunca más...
—No fue tu elección —devolvió Lily—. Está bien. Hiciste lo que tenías que hacer. Estoy bien ahora.
Con su mente dando un brinco de vuelta a la realidad por el momento, Prince elevó su cabeza y ojeó a Scythe, quien yacía ante ambas reuniones, observándolos con irritación.
—Los otros —demandó Prince—. ¿Dónde están los otros? ¿Están a salvo?
—Deberían estar aquí —respondió Scythe categóricamente—. Quizá deberías verificar el otro lado.
Prince no captó muy bien lo que quiso decir, hasta que un sorpresivamente ruidoso sonido apareció desde el corredor, amortiguado detrás de otra puerta de congelador.
—
¡Déjennos salir, alíviennos! —exclamó—.
¡O pronto nos encontraremos con la blanca luz! ¡Piedad, Articuno! ¡Piedad! ¡Prince, tienes que escucharme! ¡Por favor, líbranos de aquí, mientras empuñe el último hilo de mi cordura!
—¡Legend...! —jadeó Prince. Partió de Lily y correteó por el pasillo, abriendo el congelador opuesto al primero. Más Pokémon congelados salieron, incluyendo a Legend, Ray, y un Tyranitar.
—¡Baaah! ¡Horrendo frío! ¡Como si los fantasmas no fueran suficientes! —declamó Legend, sacudiéndose la nieve del congelador de su pelaje—. ¡¿Es que esta noche insiste en intentar apagar mi flama?!
Ray divisó a Char y a Saura, y se acercó a ellos con rapidez. Parecía haberse quedado sin aliento, jadeando corta y pesadamente, y su electricidad todavía estaba viva por todo su cuerpo. Le tomó a Char un momento darse cuenta de que él había llegado, y verlo solo reaseguró su alegría y alivio por la seguridad de sus amigos. Las palabras le fallaron, y encontró que solo pudo sonreír.
Ray retornó la sonrisa, aunque de forma débil.
—¡¿Cómo es esto posible?! —demandó Prince de Scythe, totalmente desconcertado—. Yo esperé, y vigilé ambas entradas. ¡Les había dado por muertos! ¡¿Pero entran así a través del congelador?! ¿Cómo–? ¿Cómo lograron un escape tan milagroso?
Scythe comenzó a responder, ¡pero fue interrumpido cuando una brillante bola de luz apareció en el mismo centro del pasillo, flotando en el aire! Un timbrado la acompañó a medida que crecía y se alargaba, como un etéreo óvalo, emitiendo una misteriosa luz azul sobre las paredes del túnel...
Hubo un cegador destello, y el óvalo ya no estaba, pero en su lugar yacían tres Pokémon más: un Camerupt, un Shuckle, y un Heracross.
—¡Por el cuerno de Tangrind, me he rozado con la muerte! —exclamó el Heracross—. ¡Los gritos todavía suenan en mis oídos!
Prince observó, anonadado, cómo el Heracross recuperaba el aliento, cómo el Camerupt jadeaba y suspiraba, y cómo el Shuckle se arrastraba a través del lugar para encontrarse con Lily. Todo después de haber aparecido del mismísimo aire.
—Teletransportación... —murmuró Prince con júbilo, dándose cuenta de la verdad—. ¡Se teletransportaron!
Apareció luego otro resplandeciente óvalo muy cerca del anterior, causando que el Camerupt se moviera del camino. Prince observó, con ojos deslumbrados del deleite, cómo cada último de sus atrapados compañeros de equipo era traído de forma segura al asilo de aquel sótano, sus nerviosos murmullos como música para sus oídos.
Los últimos tres miembros del Equipo Ruedafuego se materializaron: un Weavile, un Flareon, y finalmente... un Smeargle, pareciendo bastante orgulloso de sí mismo.
—¡¿Kabir, aprendiste a teletransportarte? —se rio Prince—. ¡¿Cuándo fue esto?!
—Algo así como hace un año, cuando visitamos a Alakazam —explicó Kabir, agitando su cola de lado a lado—. Aunque, aparentemente no he practicado lo suficiente. Apenas conseguí apuntar a este lugar, e incluso entonces deposité a la mitad de todos en los congeladores. Pero tiempos desesperados exigen riesgos, ¿no?
—Efectivamente, lo hacen —dijo Prince cálidamente.
Prince parpadeó, y sus primeras lágrimas fueron finalmente liberadas de sus ojos, cayendo por el costado de su rostro y mojando su pelaje. Lágrimas de felicidad.
Pero supo que, por más afortunado que fuese que todos estuvieran a salvo, la noche estaba lejos de acabar.
... ... ...
—¡Ahora! —anunció Scythe, silenciando la plática en la habitación y atrayendo toda la atención hacia él—. No pretenderé ser su líder, pero sí reclamo que he pasado más noches peleando contra los Vigilantes que ustedes, así que escuchen. Hemos llegado hasta aquí, pero este no es un lugar seguro para quedarse. Los Vigilantes no han terminado de enjambrarse, encontrarán la forma de entrar aquí, y estaremos en una posición peor que la anterior. Debemos huir más lejos. De la fortaleza si es posible. Un poco más cerca y arriesgaremos que nos rebasen. Prince... ¿conoces algún refugio fuera de la fortaleza?
—Ninguno en el área inmediata —respondió Prince, acercándose a él—. Solo el sótano del Bastión de Rayquaza. Pero no tenemos chances de entrar allí, especialmente si ya ha sido cerrado. Sería mejor intentar alcanzar el Distrito Uno.
—Eso no será fácil —dijo Scythe—. Kabir. ¿Podrías intentar teletransportarnos hasta el Distrito Uno?
—¡Si no te importaría que te dejara a cientos de metros en el cielo, o quizá dentro del suelo, entonces sí, eso está bien dentro de mi poder! —exclamó Kabir sarcásticamente—. Scythe,
odiaría ser un deservicio para ti en un momento tan crítico como este, ¡pero no soy un Pokémon psíquico! Solo he aprendido a imitar el poder en un nivel básico sobre distancias bastante cortas. Estoy lejos de dominarlo.
—
Bien. Me imaginé que nunca es así de fácil —gruñó Scythe—. De acuerdo, entonces déjanos. Toma nuestra antorcha, usa tu poder de cualquier forma posible para ayudar a sobrevivir esta noche a los otros Pokémon de la fortaleza. ¿Has aprendido alguna técnica que utilice el poder oscuro?
—Soy bastante capaz de repeler a unos cuantos fantasmas, sí, Scythe —retornó Kabir con irritación—. Y sí, con
gusto arriesgaría mi vida teletransportándome en las casas para liberar a otros Pokémon en lugar de luchar por la seguridad de mi propio líder de equipo.
¡Otra vez! ¡Ya que al
parecer él no desea mi ayuda!
—Kabir, está bien —le dijo Prince, asintiendo—. Ve, haz lo que él dice.
El Smeargle suspiró, lanzando a Prince una mirada mortal. A regañadientes, caminó pesadamente por la habitación y asió la ardiente antorcha solar. Frunciendo el ceño para concentrarse, su cuerpo se revistió de luz, la cual cambió su forma hasta que pareció fina y deformada. Con otro destello, la luz se dispersó y él ya no estaba. La habitación se llenó de sombras, con solo Prince y Char proveyendo luz.
—Ahora, llegar al Distrito Uno será el problema —continuó Scythe, la roja luz parpadeante sobre su rostro—. Debemos enfrentarnos a los Vigilantes. No hay forma de evitarlo. Requeriremos de Solrocas. Y si este edificio no cuenta con un suministro más grande de Solrocas que ustedes, dimito mi esfuerzo.
—Por supuesto que sí —confirmó el Weavile, levantando la voz—. Este edificio sirve como unidad de almacén para los equipos de la fortaleza. Tendremos acceso a todos sus suministros si sabemos en dónde buscar.
—¿Sabes en dónde buscar? —preguntó Scythe.
—Por supuesto —replicó él—. Esta no sería la primera vez que he forzado las cerraduras en espacios de otros equipos...
—Jum —susurró Saura a Char—. Weavile... ¿acaso son
todos ellos unos rateros?
—Prácticamente —respondió Lily de manera cortante.
—Bien —dijo Scythe—. Trabaja en eso. Podría haber fantasmas en los salones de arriba, atento. Necesitaremos todas las antorchas que podamos encontrar. Si el camino está despejado, guíanos. Si no, haz viajes y tráelas por turno.
—Ajá —gruñó el Weavile antes de despegar velozmente hacia la puerta.
—Luz suficiente los repelerá, incluso en su enloquecido estado. De otra forma todavía estarían afuera ya pasado el alba —continuó Scythe—. Cinco combinadas debería ser suficiente para parecerse a la vista del sol, o al menos suficiente para mantenerlos a raya. Todo Pokémon con manos o garras necesitará transportarlas. Prince, con eso me refiero a ti y el Weavile y el Heracross.
—Yo puedo transportar una, si es necesario —ofreció Lily, presentándole sus cepas—. Aunque solo una.
—Yo puedo mantener una llama —notó el Camerupt—. Si las rocas son lo suficientemente pequeñas, puedo transportarlas dentro de mí y quemarlas.
—No pensé en eso —dijo Scythe—. Camerupt. ¿Cuál es tu nombre?
—Iel —respondió este.
—Bien, Iel. Si lo que dices es cierto, tú podrías ser un faro lo suficientemente brillante para todos. Entonces nos dividiríamos en dos equipos. El segundo equipo se quedará aquí en la ciudad para asistir a Kabir en sus intentos de rescate; si vamos a robar estas antorchas de otros equipos, sería mejor si se usaran para salvar las vidas de sus dueños legítimos. El primer equipo escoltará a Char hasta el Distrito Uno.
—Y Lily —insistió Prince—. Lily vendrá al Distrito Uno con nosotros. No me separaré de ella otra vez.
—Primero veremos cuántas rocas están a nuestra disposición, si es que siquiera nos vamos a dividir —retornó Scythe—. Luego hablaremos sobre quién estará en cada equipo. Entiende que, sin importar qué tan brillantes nuestros faros sean, todavía habrá Vigilantes que enfrentarán sus miedos y arremeterán en nuestra esfera de luz. Contra esos, deberemos luchar.
—¡El primer subsuelo parece despejado! —llamó el Weavile desde la puerta por la que había salido—. Ahí es donde la mayor parte del almacén de suministros está. ¡Vamos! Podría no ser seguro por mucho tiempo.
Instalación del Almacén P-1
El grupo se apiñó a medida que marchaba por un tramo de largas rampas al siguiente piso, tensos y listos para defenderse en cualquier momento. Ahí, el Weavile había conseguido abrir varias de las puertas de los compartimientos de almacenamiento, de los que volvió con al menos una docena de las preciosas rocas fijadas en palos. Pronto estuvieron encendidas, y repartidas a todos los Pokémon capaces de sostenerlas. Rayos tan fuertes como los del sol emanaban de las ardientes llamas, y pronto fue difícil de distinguir que todavía era de noche. El Weavile quebró las rocas de un par de antorchas y consiguió cargarlas dentro del cuerpo de Iel, en donde este las mantuvo y aguardó para producir la llama.
—Ugh —le murmuró Lily a Char, encogiéndose como si se hubiera mordido el labio—. No tengo ganas de hacer esto... Odio,
odio a los Vigilantes... los aborrezco...
Char no pudo estar más de acuerdo.
Pronto, demasiado pronto al parecer, todos se prepararon para avanzar en aquella terrible noche. Scythe estaba al frente de la procesión, con Prince a su lado sosteniendo dos de las antorchas, y se giró hacia la multitud.
—Estamos a punto de subir a la planta baja —anunció Scythe, su figura ahora tan brillante como el día—. Probablemente habrá fantasmas en los pasillos. Nuestra luz podría repelerlos, pero no bajen la guardia. Char, y Lily: no quiero que ustedes peleen. Quédense cerca de Iel, para que podamos protegerlos. El resto de ustedes: atiendan a los fantasmas que se atrevan a acercarse, ¡y destrúyanlos con rapidez! No podemos permitirnos que se acerquen demasiado. Cada momento es vital.
—Una vez que estemos afuera, iremos hacia la izquierda por la calle —agregó Prince, apuntando hacia la dirección indicada—. Luego entraremos al callejón detrás de la mansión Hawthorn, retomaremos el camino hacia el norte, y dejaremos la fortaleza. El Distrito Uno está a diez kilómetros al nornordeste. Si seguimos el camino, y mantenemos un paso constante, deberíamos alcanzarlo con facilidad dentro de la hora, y refugiarnos.
—¿Deberíamos dividirnos en dos grupos, como sugeriste? —preguntó el Heracross—. ¿Cómo deberíamos hacerlo? ¿Y desde qué punto deberíamos separarnos?
—Hmm... si las condiciones son favorables, nos separaremos en las puertas de la ciudad. Prince y yo continuaremos hacia el Distrito Uno. Mis seguidores vendrán conmigo, así como Lily, tú, Weavile, y tú, Heracross, para sostener las antorchas. El resto de ustedes, quédense atrás en la luz de Iel, y hagan lo que puedan dentro de las paredes de la ciudad. De esa forma, Iel no tendrá que seguirnos el ritmo en la ruta del norte.
—Ajá, entendido —dijo el Weavile.
El equipo confirmó el plan, y Scythe se giró para comenzar el éxodo del piso subterráneo.
—Lo lograremos —les dijo Ray a sus amigos—. Esto estará acabado antes de que lo sepan. Lo vamos a lograr.
Instalación del Almacén PB
El equipo caminó escaleras arriba, ojos mondados en busca de problemas, con Char y sus amigos bien juntos en el centro de la procesión. La puerta del lado norte yacía en el mismo extremo del largo pasillo. Avanzaban a paso lento y constante, ojeando cada pared por peligro. Char sintió pavor cuando se dio cuenta de que las continuas canciones de los Vigilantes podían ser escuchadas nuevamente a través de las paredes de la instalación. Se mantenía muy cerca de la luz.
Iel comenzó a revolver las rocas, adicionando su propio fuego al cuerpo de luz que rodeaba al equipo. Char casi tenía que entrecerrar los ojos para evitar quedar ciego; la luz radiaba hacia todos lados por el reflectante metal que alineaba la pared.
—Ehhh, oh, esto... esto es muy caliente —comentó Iel, encogiéndose unas cuantas veces cuando la combustión comenzó.
El equipo avanzaba arrastrándose, en silencio y concentrado. Solo las antorchas se quemaban, y los horrendos sonidos del cielo aparecían en el aire...
—Esta es una buena señal —dijo Prince—. No hay fantasmas aquí. Quizá no están tan concentrados como temíamos.
Antes de que Prince pudiera respirar luego de haber dicho esas palabras, cinco Vigilantes manaron del techo y flotaron por el pasillo, causando que todos soltaran un jadeo de la sorpresa y se prepararan para luchar. Estos fantasmas, sin embargo, eran totalmente silenciosos, y no prestaron atención a la luz solar o a los Pokémon dentro de ella. El equipo se congeló mientras se alejaban flotando, observándolos con cautela...
—
¡Atrás! —aulló Legend con urgencia.
Char se volvió para ver a un Gastly flotar muy cerca de la luz, volviéndose transparente a medida que se aproximaba. Intentó con toda su fuerza no entrar en pánico, acobardándose detrás de todos los poderosos Pokémon que estaban allí para protegerlo.
—
¡A él! —exclamó el Weavile—. ¡Todos!
Varios miembros del Equipo Ruedafuego hicieron lo instruido, arremetiendo contra el fantasma y agobiándolo. La Tyranitar gruñó y casi lo atropelló con su cuerpo, apaleándolo poderosamente con la parte trasera de su garra. El Weavile saltó y lanzó una cuchillada. El Flareon apuntó y lanzó fuego. La batalla estuvo acabada en segundos, ya que el fantasma pareció perder su anclaje a la realidad y se desvaneció en la luz solar artificial.
—Bien —asintió Scythe, satisfecho con la rápida eliminación del fantasma—. Ese fue uno débil. Pero bien. Ahora continuemos.
Char se sintió un poco más cómodo, viendo el poder de los Pokémon que lo protegían. Dio un aliento profundo, forzándose a mantenerse de pie y en movimiento.
Luego del enfrentamiento, el ritmo por el pasillo se aceleró, y finalmente estuvieron tras las puertas principales que llevaban afuera.
—Vamos —comandó Scythe—. Acérense. Prince... abre la puerta.
Prince hizo lo pedido, colocando una de sus antorchas en el suelo, y sosteniendo la otra con cuidado frente a él a medida que se acercaba a la salida. Con un gruñido de esfuerzo, puso su mano sobre ella y empujó, abriéndola con fuerza.
Y el exterior...
... era un horrible espectáculo por presenciar.
Eran incontables. Absolutamente incontables. El cielo era más oscuro que el negro, repleto de las translúcidas figuras de miles de Pokémon fantasmas fluyendo como un interminable banco de peces. Las calles del Fuerte Esmeralda se asemejaban a torrentes sanguíneos, el suelo y los edificios apenas visibles bajo el flujo. Algunos de los demonios resplandecían con una tenue luz espiritual, titilando entre la fantasmagórica niebla. Sus gritos de excitación nunca cesaban, armonizándose en un solo chirriante y ensordecedor acorde. Algunos captaron inmediatamente la vista de los Pokémon y se lanzaron hacia ellos, solo para desviar sus cursos por el intenso resplandor de la Solroca y rebotar de vuelta en la multitud.
Por un momento, los trece heroicos Pokémon se quedaron quietos, cautivados por la imposible escena, sintiendo que sus estómagos daban un vuelco de silencioso terror. Sus respiraciones se detuvieron, y las palabras les fallaron, a medida que solo presenciaban en contra de qué tenían que estar. Sus esperanzas fueron desafiadas. El poder de la Llamada era insondable.
—Cambio de planes —profirió Scythe, quebrando la estupefacción—. Nos mantenemos juntos, todo el camino hasta el distrito.
Hubo un asentimiento de silenciosa comprensión. Prince se inclinó para recuperar su antorcha, y luego lenta, cuidadosa, y temerosamente, dio los primeros pasos de fe en la noche. Amontonándose muy cerca uno del otro, y sosteniendo las antorchas en alto, los otros lo siguieron.
Fuerte Esmeralda Oscuro
La combinada luz de las Solrocas fue suficiente para separar el mar de Vigilantes y permitir el paso, pero al costo de que la demencia fuera casi indistinguible de la realidad. Char supo ahora por qué Prince le había dicho que mantuviera cerrados los ojos antes: la escena de lo que lo rodeaba era casi suficiente para congelarlo hasta matarlo por los escalofríos que bajaban por su espalda. No había otra forma de describirlo: estaba atrapado en una pesadilla. Atrapado en una burbuja de luz, que iluminaba el terreno circundante como si fuera mediodía, en medio de una circunstancia que Arceus jamás hubiera permitido existir sin una desastrosa equivocación.
Cuando Saura le ofreció una cepa para que la sostuviese, la estrujó con fuerza, como si fuera su última chance para despertar de aquel surreal mundo.
—¡¿Por dónde?! —preguntó Iel—. No veo nada.
—Aquí —dirigió Prince, blandiendo sus antorchas al frente del grupo—. La ruta está aquí.
—Uhhhh... Mi estómago... —se quejó Saura—. Creo que podría estar enfermo...
—Solo... solo mira el suelo, ¿de acuerdo? —sugirió Lily—. Mira el suelo y pretende que hay sol, sin fantasmas...
—
¡Por arriba!
—¡Lo veo! ¡El Misdreavus!
—
¡A él!
Alas zumbando, Scythe tomó vuelo y acuchilló al Misdreavus que descendía intrépidamente sobre el grupo. El Weavile también se movió con rapidez, trepando por el cuerpo de la Tyranitar y saltando, cortando al fantasma con poder oscuro para derrotarlo.
—¡Hay más! —exclamó Legend—. ¡Targan! ¡Junto a ti!
Char desvió la mirada y se aferró a Saura, casi inclinándose en el pelaje del Camerupt.
—Lo tengo.
—
¡Sobre ti!
—¡Concéntrate! ¡Golpéalo!
Char optó por mirar nuevamente por un momento, y captó un vistazo muy perturbador: la Tyranitar había capturado de alguna forma a un Pokémon fantasma en sus zarpas, y estaba intentando arrancarle
la cabeza a mordidas. Bajó rápidamente la mirada de nuevo al suelo.
—Cuenta tus pasos también —dijo Lily—. Cuantos más pasos, más avanzamos...
Esa es buena idea, se dio cuenta Char.
Bien... uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis–
—
¡HAUNTER!
—
¡Te hirieron!
—
¡Arceus! Raiden, ¿estás bien?
—Viviré...
Doce, trece, catorce, quince–
—¡Hay demasiados! ¡No van a parar!
—¡Tenemos que seguir moviéndonos, o esto nunca acabará!
—
¡LILY!
Lily entró en pánico, gritando estridentemente, cuando un Shuppet casi descendió sobre ella. Dio un brinco hacia atrás, arremetiendo prontamente y soltando un gran pilar de energía solar hacia el fantasma, haciéndolo estallar. Char gimió de la sorpresa, perdiendo la cuenta, y no se preocupó por comenzar otra vez.
—¿Alguien está herido? —demandó Scythe.
—Creo que me quemó, pero–estaré bien —respondió el Weavile.
Y entonces... el suelo se sacudió. Hubo un sonido retumbante, como el colapso de un edificio en algún lugar próximo. La partida se detuvo en seco y miró hacia el origen del ruido, aunque fue imposible ver qué lo había causado.
—Prince, ¿qué fue eso? —preguntó Scythe con preocupación—. ¿Tienes alguna idea?
¡CRASH! Otra colisión, más cerca incluso, haciendo que el suelo se estremeciese. Como una piedra golpeando el pavimento. El fuerte sonido consiguió hasta ahogar los lamentos de los fantasmas.
¡Crash! Otra, más lejos, pero en la dirección opuesta a la primera.
—
¡¿Qué es eso?! —demandó Scythe otra vez, enfadado. Sus ojos se dispararon de lado a lado, buscando frenéticamente una respuesta.
¡Crash! ¡Bam! ¡Brum! El sonido se intensificó en todas direcciones, rodeando al grupo...
Con una fuerza que pudo haber partido a la tierra en dos, y un sonido que pudo haber sido un rayo, una roca al rojo vivo se estampó desde el cielo directamente enfrente al grupo, haciendo que Char perdiese el equilibrio. Yació allí, mitad hospedada en el suelo, bullendo y humeando...
Scythe parpadeó. La roca había golpeado un gran número de Vigilantes cuando cayó, creando un vacío en el aire encima de ellos. Levantó la mirada.
El aire sobre su cabeza estaba limpio de fantasmas. Docenas de meteoros al rojo vivo caían como lluvia, golpeando y aniquilando a cualquier fantasma que acertaban. Y en el medio de esta recién creada burbuja de aire vacía, volaba un Pokémon dragón, sus veloces alas zumbaban agregándose a la canción de los Vigilantes, su cuerpo resplandeciente de energía.
—
Hermoso clima tenemos esta noche, ¿no lo creen? —llamó Naxi.
—Es Naxi... —dijo Lily—. Nunca pensé que estaría tan encantada de verlo.
Jadeando del esfuerzo, Naxi bajó hasta los rayos de luz y se detuvo a reposar.
—¡Naxi,
muy bien hecho! —se rio Prince—. ¡Tus meteoros son un respiro de aire fresco contra estos enemigos!
—Destruí una instalación o dos con ellos —admitió Naxi—. Estaba investigando en los alrededores cuando esto comenzó. No vacilé en derrotarlos.
—¡Apenas diría que eso es un problema en este momento! —dijo Legend—. ¿Tienes alguna noticia de los otros equipos? ¿Están sobreviviendo?
—Me encontré con otros, y parecen estar manteniendo su posición —reportó Naxi—. Por supuesto, los muertos no reportan, así que no lo sé. Estaba haciendo reconocimiento por otros cuando avisté su luz.
—Estamos huyendo de la fortaleza —explicó Scythe—. Nos vamos al Distrito Uno. ¿Nos acompañarías?
—Si tienen que huir por su
preciada carga, entonces huyan —gruñó Naxi, indicando hacia Char—. Pero yo no huiré, no mientras la fortaleza está siendo destruida.
—Entonces escóltanos hasta las puertas de la ciudad, al menos —demandó Scythe—. Será más fácil para nosotros a partir de allí.
—Me pareció que lo estaban haciendo bien por su cuenta —retornó Naxi—. Debo descansar por un momento, así que les seguiré. Cuando pueda atacar otra vez, me iré... ... Interesante, pusieron a Iel a quemar piedras solares en su espalda. Eso... es un espectáculo. ¿Pero se dan cuenta de que toda esta piedra solar es suficiente para equivaler a los ahorros de mi vida? ¿La cuenta de quién repondrá esto?
—Este no es momento para estar hablando de dinero —siseó Scythe—. Es momento de sobrevivir.
¡Movámonos!
Continuaron moviéndose. Fue más fácil esta vez, ya que los ataques previos de Naxi hicieron que los fantasmas se dispersaran del aire circundante, pero el alivio fue efímero. Antes de que siquiera dos docenas de pasos hubieran sido hechos, los Vigilantes llenaron el vacío y el grupo de guerreros se enfrentó a otro denso muro de ellos.
—Dusclops —murmuró Prince.
Scythe se sacudió del susto—. ¿Dónde? —ladró él, su mirada disparándose—. ¿Ves a un Dusclops?
—Ahí —dijo Prince, señalando hacia adelante, indicando a un fantasma particular a unos cuantos metros en el suelo.
—Un Duskull evolucionado —reconoció Scythe con gravedad—. Esos... son raros entre los Vigilantes.
—Bueno, no es sorpresa en una concentración así de pesada, deberíamos estar viendo algunas formas inusuales —notó Legend—. Nunca he visto uno de esos antes. ¿Son peligrosos?
—Los más mortíferos que conozco —raspó Scythe en voz baja—. Una vez perdí a un compañero de equipo en una batalla contra uno. Prince, si es que siquiera se crispa hacia nuestra dirección, tenemos que contraatacarlo con todo lo que tenemos. Ataques proyectiles. No se acerquen. Este se defiende, y no conoce el temor.
—¡Ataques a distancia! —ladró Prince atrás a su equipo—. ¡Kindle! Necesito tus llamas. Legend, lo mismo. Preparen un ataque de lanzallamas. Raiden, ¿puedes conjurar hielo? ¡Subo! ¿Puedes intentar lanzarle ácido?
—Oye, suena a que necesitan ayuda —le dijo Ray a Char—. Necesitan ataques a distancia. Los ataques eléctricos son los mejores ataques a distancia. Voy a ayudarles.
—De acuerdo, ten cuidado —le dijo Char.
—Nah, ese fantasma es el que tiene que tener cuidado, cuando haga caer un rayo del cielo —dijo Ray con una sonrisa afectada—. No te preocupes por mí.
Ray se disparó hasta el otro costado del Camerupt para unirse al grupo del frente.
—Jeh, él te pidió permiso —dijo Lily—. Eso es considerado de su parte.
—Sí, no soy el mejor líder de equipo, la verdad —dijo Char—. A veces hasta olvido que soy el líder. Es como si los tres fuéramos los líderes del equipo a la vez. Es solo que tratamos de ponernos de acuerdo.
—Hmm, me gusta esa manera de llevar un equipo —dijo Lily—. Me pregunto cómo sería formar parte de un equipo así...
—Esa es la forma en que Scythe lleva el suyo —explicó Char, disfrutando de aquella distractora discusión—. Cuando Scythe nos entrenó, nos mostró cómo su equipo funcionaba. Ellos operan como una unidad. Así que cuando hay una reunión, todos tienen voz y voto–
Hablando de su equipo, Char se giró reflexivamente atrás hacia Saura, preguntándose si él quería participar en la conversación. Lo que vio fue que Saura parecía medio dormido, cansado por los eventos de la noche, y flotando hacia la parte trasera del grupo, como si siempre olvidara seguir caminando.
Allí, directamente sobre la cabeza de Saura y descendiendo con velocidad, y resplandeciendo con un extraño matiz de azul en la luz de las llamaradas de la Solroca, estaba un Haunter.
Para Char, el tiempo pareció detenerse.
—
¡Saura! —gritó frenéticamente—.
¡Saura! ¡Corre!
Saura pareció confundido. Parpadeó, sin entender.
—
¡SAURAAA! —gritó Char tan fuerte como pudo.
Salió corriendo al rescate de su amigo, sin importarle que no supiera qué hacer. Era todo lo que podía hacer. Y vio que el demonio competía con él por Saura, mucho más rápido que lo que sus piernas podían transportarle.
Vio que el demonio se apoderaba de Saura. Vio que el cuerpo de Saura se estremecía cuando el fantasma lo cubría, envolviendo su cuerpo alrededor de él, penetrando su piel...
—
¡NO! —lloró Char, dando un salto final.
Sus garras se cerraron. Las sintió aferrarse a la pata de Saura a medida que colisionaba con el suelo.
Y luego todo se puso negro.
Día.
Una serena mañana de primavera.
Pájaros cantando contentos desde los árboles. Animales correteando a través del pasto.
Un largo y tortuoso camino de tierra.
A lo largo del camino, dos Pokémon viajaban, felices en la compañía del otro. Estaban de excursión. Una larga, larga excursión. Pero era una excursión divertida. Pudieron ver un montón de nuevos lugares en el camino, un montón de nuevas ciudades y bosques y Pokémon que nunca había podido ver habiendo pasado la mayor parte de sus vidas en casa.
El Pokémon más pequeño era una Bulbasaur, y una muy joven. Correteaba por el terreno con alegría, tomando todo el aire fresco y el espléndido paisaje, siguiendo al otro Pokémon a donde fuera que iría. Acababan de ir a la costa juntos, ¡y fue el viaje de su vida! Le encantó juguetear en las crecientes mareas, le encantó el brillo del temprano amanecer en el interminable océano, y soltó un gritito de deleite cuando los Krabby se encaramaron en los banquillos y llenaron el aire con coloridas burbujas. Pero después de una semana en su agradable vacación, estuvo encantada de estar de camino a casa otra vez.
El otro Pokémon era un Ivysaur, una criatura mucho más grande que su pequeña hermana. Oscuras manchas estaban esparcidas en su azul cuerpo escamoso, y su semilla había florecido en un frondoso capullo floral, una madura planta que le otorgaba mucha más fuerza que la semilla bebé que había tenido antes de evolucionar. Por lejos más sabio e inteligente que su hermana, él era su guardián, guiándola por la ruta, cuidándola, y manteniéndola a salvo.
—¡Saurvor! —exclamó la pequeña Bulbasaur—. ¡Tengo hambre! ¿Podemos parar a comer? Quiero una manzana.
—Lo siento, Saurlee —respondió el Ivysaur, girando la vista hacia ella—. Tenemos que ganar tiempo. ¡Nos quedaremos en Nincadia esta noche!
—¡¿Nincadia?! —exclamó la Bulbasaur—. ¡Ese no es el camino correcto! Pensé... ¡pensé que nos íbamos a casa! ¿Saurvor? ¿Por qué nos vamos a Nincadia? ¡Yo quiero ir a casa!
—Escucha... ¡Nincadia es un lugar genial! —dijo Saurvor con una radiante sonrisa—. ¡Lo amarás! ¡Tienen miel! ¡Y manzanas con sabor a canela!
—Pero no quiero ir a Nincadia —se quejó Saurlee—. ¡Dijiste que iríamos a casa después de la playa! ¡Eso es lo que dijiste luego de que saliera de la cárcel también! ¡Ya no quiero ir de excursión! ¡Quiero ver a mami y a papi otra vez! ¡Tengo que contarles que Saura está bien!
—Saurlee... —murmuró el Ivysaur, bajando el ritmo, y llevando una expresión de vacilación.
—¡Vamos, Saurvor! ¡Lo prometí! —le dijo Saurlee, dando brincos frente a su cara—. ¡Le prometí a Saura que lo haría!
—Saurlee, lo siento, pero... —dijo él, sucumbiendo a un profundo suspiro y desviando la mirada un poco—. Tienes... en serio tienes que entender algo.
—Oh... ¿qué? —preguntó Saurlee.
—No podemos ir a casa por un largo tiempo —dijo Saurvor—. Tenemos–tenemos que pretender que casa no existe por un tiempo.
Saurlee pareció confundida—. ¿P–por qué? —preguntó ella—. ¿Qué hay de mami y papi? ¿Y de los otros?
—Están todos bien —dijo Saurvor—. ¡Ellos también están de excursión por el mundo! Igual que nosotros. Excepto que fueron a lugares diferentes. En algún momento, quizá en unas cuantas estaciones, ¡podemos ir de nuevo todos a casa y hablar sobre todas las cosas geniales que vimos en las excursiones!
—Oh... —dijo Saurlee, todavía confundida—. Pero... ¿por qué... por qué solo no podemos ir todos juntos?
—Porque Saura... hizo lo que hizo —suspiró el Ivysaur.
—Oh... ¿porque se escapó? —preguntó Saurlee—. Oh... pero él dijo que era feliz. ¡Él dijo que tenía un trabajo muy bueno!
—Pero el Maestro no está feliz con él —explicó Saurvor—. El Flareon volvió, y... dijo que teníamos unas cuantas semanas para encontrarlo. Y no pudimos hacerlo, así que... bueno, todos nos marchamos de casa porque el Maestro está realmente enojado con nosotros, y no queremos que nos atrape.
—... ¿Oh? —jadeó Saurlee, intentando comprenderlo.
—Y ya que el Maestro nos podía encontrar en casa, nosotros... nos marchamos, para que no nos pudiera encontrar.
—Oh... de acuerdo —dijo Saurlee, pensándolo—. Así que... todo esto... ¿es a causa de Saura?
—Me... me temo que sí —respondió el Ivysaur con suavidad—. Aunque, no es todo tan malo, ¿verdad? ¡Pudimos ver un montón de nuevos lugares!
—¿Pero cuándo podremos volver a casa? Dijiste que podíamos volver en unas cuantas estaciones, ¿verdad?
—Quizá —dijo Saurvor con una nueva sonrisa, comenzando a caminar con su hermana una vez más—. ¡Quizá podamos hacer una
nueva casa en otro lugar! El Prado Chico se estaba poniendo un poco aburrido, ¿no crees?
—¡Sí, era muy pequeño! —dijo Saurlee.
—Así que quizá, si encontramos un lugar genial para vivir, ¡podemos decírselo a los otros, y esa podrá ser nuestra casa nueva! —dijo Saurvor, sonriéndole nuevamente—. Entonces, vayamos a Nincadia ahora, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —dijo Saurlee, a medida que se alejaban caminando por el sendero—. Cuando encontremos una nueva casa, ¡encontremos una que tenga cuevas! ¡Me encantan las cuevas!
—
¡Oigan! ¡Char se está despertando!
Char se movió. Algo le dijo que había dormido por un tiempo muy largo, aunque todavía sentía un dolor de cabeza llenando su frente por el agotamiento.
—¡Char! ¡Caray, estuviste desmayado por una eternidad! —dijo Ray, empujándolo y ayudándolo a levantarse—. ¡Estamos a salvo! Todos logramos llegar al Distrito Uno. Estamos en un búnker. Los Vigilantes no nos atraparán aquí.
—V... vigilantes —profirió Char—. Vigilantes...
—Los Vigilantes fueron un enemigo formidable, pero prevalecimos, y te preservamos —dijo Naxi, su cabeza cerniéndose en la visión de Char.
—Se quedó —dijo Char, consiguiendo abrir los ojos a medias.
—Lo hice —dijo Naxi con un asentimiento—. Después de todo, fuiste tú el que me ‘llamó’ por ayuda, ¿no? Luego de salir por el techo de la sala común, el primer lugar al que me sentí obligado ir fue a la morada de Prince. Fue en eso cuando entendí lo que había ocurrido. Además... luego de que el Haunter se enclavara a tu amigo y les hiciera perder el conocimiento a ambos, tuve que ayudar a transportarte a la seguridad.
—
¡Saura! —jadeó Char, sentándose y mirando alrededor—. ¿Está él bien?
—Durmiendo como una roca —dijo Naxi, apuntando hacia la figura de Saura yaciendo quieta, justo al lado de él—. O... tal vez él ha escogido levantarse, también.
Era cierto. Saura se retorcía, moviendo sus piernas, y empezaba a murmurar y asentir. Estaba volviendo a sus sentidos.
—Saurlee... Saurlee... —murmuró él—. Saurlee, soy yo. Saurlee... No. No.
¡No! ¡No!
Los ojos de Saura se abrieron de golpe. Parecía presa del pánico.
—¡Saura, está bien, estás a salvo ahora! —le dijo Ray, dándole una palmadita en la cabeza—. Estamos en el Distrito Uno. Estamos en un búnker–
—
¡NO! —gritó de repente Saura, con los ojos como platos—. ¡NO!
—¡Vaya, cálmate! —suplicó Ray—. ¡Saura, está bien!
—¡No,
no lo está! —aulló Saura, todavía en pánico total—. ¡Yo–yo–yo hice esto!
¡Yo hice esto! ¡No! ¡Soy–soy–soy un fugitivo! ¡Mi familia es fugitiva! ¡Los destruí! ¡Los destruí!
—¡
Saura, oye! ¡Escucha! —le dijo Char, viniendo a darle un consolador abrazo—. ¡Saura! ¡Yo también vi ese sueño! ¡Saura, solo fue una pesadilla! ¡Era falsa!
Saura latigueó una cepa hacia el avance de Char, azotándolo en la cara. Le dolió.
—
¡Auuu! —exclamó Char de la sorpresa, agarrándose la nueva cicatriz en la nariz—. ¡Oye! ¡No hagas eso!
—¡No, es real! ¡Todo es real! ¡Tiene que serlo! —jadeó Saura, hiperventilando, con lágrimas fluyendo de sus ojos como cataratas—. Saurvor... salió de vacaciones... ¡estaban huyendo! ¡El Maestro volvió! ¡El Maestro va a matarlos! ¡Matarlos a todos! ¡Mi familia! ¡El Maestro está tras mi familia! ¡Yo hice esto!
—¡Saura, por favor! —intentó Char otra vez, elevando la voz, aunque temeroso de acercarse—
¡Escúchame! ¡Fue un sueño! ¡Escucha! ¡El fantasma hizo eso! ¡Eso fue solo algo que inventó para asustarte! ¡No pudo haberlo sabido! ¡Solo usó cosas de tu propia mente para asustarte!
—
¡Noooo-oooo! ¡Todo es cierto! ¡Yo les hice esto! —divagó Saura en un vacilante llanto, ojos cerrados con fuerza, mientras convulsionaba en el suelo—.
¡Soy un fugitivo! ¡Todos ellos son fugitivos! ¡El Maestro está tras ellos ahora, y todo es mi culpa! ¡Yo lo hice!
—Char... —dijo Ray con incredulidad—. Creo... creo que el Vigilante estropeó la mente de Saura...
Char miró hacia la figura de Saura que se retorcía, consternado.
—Eso es lo que yo diría, por lo que se ve —dijo Naxi—. Tiene que ver a un psíquico lo antes posible, o su cordura podría quedar comprometida por el resto de su vida.
—No, Saura... —jadeó Char—. Oh, no... tenemos que ayudarle. ¿Hay algún psíquico por aquí?
—Lo más probable es que no encuentres a ninguno hasta el amanecer, debido al clima de esta noche —dijo Naxi, girándose para dejar la habitación—. Hasta entonces, deberán resistir.
—
No, no, no, ¡no, NO, no, no! Saur–Saurlee... Vuelve... te quiero...
Char apretó los dientes. No podía creer que una noche pudiera ser tan cruel con él. ¿Ahora, había dañado la cordura de su mejor amigo?
Observando a Saura contorsionarse y luchar en el piso, forcejeando con un enemigo inexistente, Char se preguntó: ¿podría él superar esta tragedia, también?
—Ray... ¿puedes paralizarlo? —le preguntó Char tristemente—. Para que no lastime a nadie...
Ray hizo lo pedido, y Saura dejó de moverse, pero sus ojos se quedaron abiertos como platos. Eran ojos aterrorizados, todavía emanando lágrimas. Char miró en ellos, sintiéndose casi tan desconsolado como él.
Sin importarle que fuera en contra a la voluntad de Saura, Char lo abrazó fuertemente, y le dijo que todo estaría bien.
... ... ...
Scythe y Prince observaban desde una ventana en un edificio cercano, mirando el horizonte sureño. Los Vigilantes todavía dominaban el cielo, y en los destellos de los poderosos ataques de Pokémon, vieron que una nube embudo de fantasmas aún residía sobre la silueta del Fuerte Esmeralda en la distancia.
—¿Qué crees que ocurrirá ahora? —preguntó Prince—. ¿Qué es lo que el mañana traerá?
—No lo sé —respondió Scythe—. Nada es certero para mí, excepto que los vivos permanecerán. Y nosotros permanecemos, así que... veremos.
Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.