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#21

Respuesta: Fanfic


excelente capitulo :D :D :D me encanto, te felicito onix :D

jeje sigue asi, anda que aclararte, reprocharte o anda asi XD

salu2..!!

#22

Respuesta: Fanfic


Onix, sigue tu fic, quiero ver cuanto dura la primera temporada, pero x lo visto se ve interesante.

Sigue asi.

Salu2
#23

Respuesta: Fanfic


jejeje
aunque el capitulo sea muy corto,me gusto mucho ^^
hasta el domingo? bien ^-^ solo queda esperar

Saludos y no descuides tu fic! =D
#24

5 - El temido Equipo Rocket

5 - El temido Equipo Rocket



Capítulo 5
El temido Equipo Rocket


Spoiler
Era cerca del mediodía y en la bulliciosa Ciudad Viridian, el calor comenzaba a elevarse del asfalto que cubría las calles cuando una gran cantidad de humanos salía un momento de sus trabajos para almorzar, corriendo para ser de los primeros en las largas filas que se formaban en los locales de comida rápida o para reservar una mesa, todo con tal de regresar rápidamente a sus puestos y no ser amonestados por sus respectivos jefes.

Ocupados en el tiempo y en criticar lo mucho que los explotaban en sus trabajos, ignoraban que una criatura los observaba atentamente desde la azotea del edificio más alto que podía encontrarse en la urbe. Poseía una estatura intimidante para cualquiera, de dos metros aproximadamente; su cuerpo era blanco a excepción de su larga cola, que era de un intenso color púrpura; y sus ojos, con una mirada severa y aguda, poseían un tono violeta fuerte y brillante. Desde su elevado escondite, podía estudiar el "ir y venir" que era la vida cotidiana de la mayoría de los residentes del lugar sin que nadie le molestara.

Entrecerró los ojos con recelo, meditando acerca del pensamiento que acababa de cruzar por su mente y molestándose por ello. Y es que desde su llegada a la ciudad, había caído en una rutina aburrida sin darse cuenta. Aquello no le gustaba, por supuesto, el sólo hecho de compararse con el hombre ojeroso y crispado por los nervios que cruzaba la calle en ese instante le provocaba un molesto escalofrío que recorría toda su espalda una y otra vez.

Suspiró con frustración y pesar entremezclados. Era momento de ocupar su tiempo en algo mejor, no sólo dedicarse a recorrer la ciudad día y noche —en especial en las que había Luna Llena— o de brindar ayuda a algún que otro humano en apuros —y sólo si se lo merecía, lo cual no era siempre el caso—; aunque eso lo había hecho tan pocas veces que podía contarlos con sus dedos... ¡y sólo tenía seis!

Justo cuando se preguntaba qué cosa podría renovale el ánimo, inyectarle algo de emoción a su vida, sus ojos fueron atraídos al mismo lugar al que muchos otros allá abajo estaban mirando. Se trataba de una humana joven, por su vestimenta y la bicicleta que arrastraba dedujo que se trataba de una entrenadora que iba de paso, como muchos otros antes que ella, pero lo que realmente curioso eran sus acompañantes: dos extraños pokémon, uno blanco y otro negro, que jamás había visto en su vida.

La altura le proporcionaba el beneficio de observarlos fijamente sin incomodarlos, pero no pasaba lo mismo con los citadinos, quienes no eran nada discretos señalando y cuchicheando cuando pasaban, logrando que la chica se sintiera incómoda. El pokémon blanco, por su parte, no tenía muy buen aspecto, como si estuviese enfermo; y el negro ignoraba por completo las miradas, caminando muy contento y despreocupado, era difícil decir si era por desconocer que era el centro de atención o porque, sencillamente, era tonto.

Lo cierto es que verlos había encendido su curiosidad, se sentía como si ellos lo invitasen a seguirlos, tentándolo. Sí, eso haría, los seguiría; pero no sólo por haber encontrado tan oportunamente algo que rompiera con la monotonía que se apoderó de su vida. No... Había algo muy peculiar en aquellos pokémon, lo que realmente le sorprendía de ellos y que a la vez lo perturbaba.

— "Tienen cierto parecido a… ¿Será que…? No, es imposible" —pensó ansiosamente, sacudiendo la cabeza para alejar las ridículas ideas que comenzaron a revolotear en su cabeza. Era demasiado imprudente de su parte sacar conclusiones tan pronto—. "Aún así…"

Pudo permanecer ahí y terminar de entregarse a una vida tranquila —y probablemente aburrida—, encontrando la "paz perpetua" en la falta de emociones, pero sintió que algo en su interior... una voz lo llamara, susurrándole al oído una canción que le advertía del error que cometería si decidía quedarse ahí. Suspiró; tenía que despejar al menos sus dudas con respecto a aquellos pokémon. Necesitaba saber de dónde venían, qué hacían ahí y si tenían relación con él de algún modo.

Con ese nuevo pensamiento rondando en su mente, tomó la decisión de seguir a los peculiares forasteros prudentemente desde las alturas, dispuesto a averiguar todo lo que pudiese de ellos.



Dyfir arrastraba su bicicleta por las concurridas calles de Viridian como si llevase una gigantesca cruz a cuestas. A pesar del cansancio que venía acumulando desde días atrás, la joven tenía mucha mejor pinta que Eve, quien lucía claramente enferma y permanecía en absoluto silencio; ni buscaba la manera de sacarla de quicio como era costumbre.

La joven entrenadora notó que el semblante de Eve comenzó a cambiar mientras más se acercaban a la ciudad, empeorando con cada paso que daban hacia su destino, aunque no le prestaba demasiada importancia en esos momentos. Dyfir estaba más preocupada por encontrar el Centro Pokémon antes de que algún loco les saltara encima por Eve y Moonghost.

— ¿Dónde estaremos? —preguntó Dyfir levemente preocupada, lanzando una mirada desesperada a su alrededor en busca de alguna señal, los elevados rascacielos la confundían e intimidaban—. Sólo esto nos faltaba… ¡perdernos en Viridian! —lloriqueó agobiada.

— No es tan malo —dijo Moonghost despreocupadamente y riendo con picardía—. Con preguntarle a alguien basta, lo haré por ti si así lo prefieres. Vamos al Centro Pokémon, ¿no?

Dyfir asintió con cautela y mirándolo con desconfianza. Le costaba creer que estuviera tan sereno estando perdidos en una ciudad tan grande y que no conocían, especialmente cuando un montón de personas lo señalaban y cuchiceaban sin cesar al verlo pasar.

— Veamos… —musitó Moonghost pensativamente, sonriéndole a todo quien pasara a su lado mientras los escaneaba con sus pálidos ojos, en busca de quién sabe qué— ¿A quién debería preguntarle?

Al otro lado de la calle, justo frente a ellos, estaba un hombre harapiento, envuelto en un montón de prendas rasgadas y con muchas baratijas colgándole de la larga y mugrienta barba. Al mendigo parecía que le patinaba el coco, ¡y no era para menos!, ya que cuando alguien le dejaba una moneda en el vaso que sostenía y agitaba sin cesar, comenzaba a gritar a todo pulmón, espantando a todo quien estuviera cerca y ganándose improperios de los más susceptibles.

— ¡EL FIN DEL MUNDO SE ACERCA! —gritó el hombre con todas sus fuerzas, mostrando los pocos dientes que le quedaban manchados por el tabaco y la falta de cuidado— ¡Y LOS POKÉMON SERÁN LOS CULPABLES! ¡APARENTAN SER EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE… PERO NO! ¡ELLOS NOS MATARÁN Y DEVORARÁN NUESTRAS ENTRAÑAS! Y es cierto todo lo que digo… —dijo, bajando el tono de voz drásticamente y aprovechando que alguien se acercaba para hacerse el misterioso, intentando atraer a quien fuera para que escuchara sus delirios— ¡NOS MATARÁN A TODOS, PORQUE NOSOTROS NO HEMOS HECHO MÁS QUE ESCLAVIZARLOS! ¡SÍ, ESO ES! ¡BUSCARÁN VENGANZA POR TANTOS AÑOS DE HUMILLACIÓN!

El pobre loco, en su desesperación por transmitir sus palabras, puso sus garras sobre la gabardina negra de un hombre que pasó muy cerca suyo. Aunque el transeúnte era de contextura delgada y aspecto bastante enclenque, no evitó que consiguiera desembarazarse del hombre con un empujón, gritándole a vivo pulmón y acentuando el rasgo más llamativo que tenía: su rostro era la viva imagen de un Primeape.

— ¡Suéltame, viejo loco! —gruñó el hombre de la gabardina, haciendo un movimiento brusco para que el mendigo no volviese a ponerle las manos encima.

Moonghost contempló lo que sucedía, escuchando muy atentamente y con las orejas bien en alto las sandeces que soltaba el mendigo. Al notarlo, Dyfir se preguntó si debía preocuparse, quedando desconcertaba cuando Moonghost sonrió, señaló al hombre de sucios ropajes y, con firmeza, dijo:

— Él es el indicado.

— ¡¿Qué?! —exclamó Dyfir atónita. Quiso detenerlo, sabía que de alguien tan... "tocado de la cabeza" no obtendrían respuesta; aunque para cuando pudo reaccionar para intentar detenerlo, él ya había cruzado la calle flotando por encima de los autos y la gente—. ¡Moonghost! ¡¿Acaso has perdido la razón...?! —chilló desesperada e intentando alcanzarlo, pero la luz del semáforo cambió y un grupo denso de personas comenzaron a cruzar la calle, arrastrándola y devolviéndola a donde estaba.

— Déjalo —gruñó Eve débilmente apenas articulando con la boca, siguiendo atentamente a su hermano con la mirada mientras se apartaba para que la multitud no la arrastrase también —. Supongo que entre locos se entienden.

Dyfir giró a verla, creyendo no haber escuchado bien, ella no solía aprobar los disparates de su hermano, y ahí es donde reparó en que realmente tenía muy mal aspecto. Eve se apresuró a apoyarse contra un poste de luz cercano, tambaleándose levemente mientras caminaba con pasos cortos, clavando la mirada en el suelo y cubriéndose la boca con la mano, como si estuviera aguantando las ganas de vomitar.

Mientras tanto, Moonghost ya estaba al lado del mendigo, dándole unos toquecitos en el hombro para llamar su atención. El hombre de la gabardina fue el primero en notar su presencia y quedó tan boquiabierto como el otro al voltear.

— ¡Hola! —exclamó Moonghost alegremente, ignorando lo mucho que su presencia y su capacidad para hablar la lengua humana impactó a ambos.

El mendigo palideció más que un Duskull en cuanto lo escuchó, trastabillando varios pasos hacia atrás, muerto del miedo. Moonghost sonrió amablemente, acercándose al hombre a medida que éste intentaba alejarse de él, quizás tratando de hacerlo sentir cómodo sin caer en cuenta de que sólo conseguía lo contrario.

— Disculpe que interrumpa su tan inspirador monólogo, pero... ¿sería tan amable de indicarme hacia dónde queda el Centro Pokémon? —preguntó Moonghost muy educadamente, con una sonrisa tan pura e inocente que cautivaría a cualquiera—. ¿Por favor? Las muchachas están algo cansadas, como podrá notar... —añadió, señalándole con la cabeza a Eve y Dyfir al otro lado de la calle.

Hubo un intenso silencio que pareció durar una eternidad. Moonghost y el vejete loco sostuvieron sus miradas largo rato, con el hombre Primeape como fiel espectador mudo sudando a montones. Repentinamente, el mendigo liberó un potente grito de horror, corriendo en círculos en el mismo sitio al menos un par de veces antes de perderse entre la muchedumbre, huyendo a empujones como si hubiese visto al mismísimo diablo y escandalizando a los demás transeúntes al pasar.

— ¡Gracias! —gritó Moonghost agitando el brazo para despedirse, sonriendo y demostrando que estaba genuinamente agradecido. Se dio la vuelta e hizo el camino de regreso a donde estaban sus compañeras como si nada, canturreando alegremente mientras el hombre de la gabardina lo seguía con la mirada, aún boquiabierto por lo que acababa de presenciar—. Es por allá —informó en cuanto estuvo de vuelta con ellas, apuntando la dirección con una sonrisa tan grande que daba miedo.

— ¿C-cómo estás tan seguro de que es por ahí? —preguntó Dyfir, completamente confundida y desconfiando en la credibilidad del fantasma.

— ¡O sea! ¡Satélite llamando a Tierra! —exclamó Moonghost con tono de voz más agudo y nasal de lo usual, tanto que lo hizo sonar como alguien totalmente diferente. Era bastante desconcertante pero gracioso a la vez, Dyfir tuvo que hacer lo posible para evitar reírse, no quería dejar de preocuparse sólo porque el pokémon sonaba como la vecina insoportable que le robaba los juguetes cuando era una niña—. Le pregunté al señor y él me dijo dónde. ¡Es increíble! Tú escuchaste cuando me respondió —agregó algo decepcionado, su voz había vuelto a la normalidad.

El ofendido fantasma se dio la media vuelta y comenzó a trazar el camino, flotando a sus anchas despreocupadamente, tomando las riendas del grupo sin dejarles ninguna otra opción a las otras dos más que seguirlo.

— Mejor le damos una oportunidad —sugirió Eve con voz ronca a Dyfir, quien la miró con los ojos abiertos como platos sin creer que le estuviera dando la razón a su hermano—. Deja de mirarme de ese modo, de igual modo no sabemos en dónde estamos parados y tú no alzas lo suficiente la voz para que alguien note que quieres preguntarle algo —levantó la mano de inmediato para detener la réplica de Dyfir, que se había puesto roja como tomate ante la acotación. Sí, se sentía mal, por eso no estaba dispuesta a soportarla como de costumbre—. Además, nunca he entendido cómo lo hace, pero siempre funciona cuando pide indicaciones a alguien más tonto y loco que él.

— Está bien... —refunfuñó Dyfir con resignación luego de calmarse por la grosería de Eve, alzando una ceja pues todavía no le convencía de que aquello fuera buena idea—. ¿Y a ti qué te sucede? Te veo algo… pálida —fue inconsciente, pero eso no le hizo sentirse menos estúpida por decirle eso a un pokémon que tenía el pelaje mayormente blanco, cosa que Eve no pasó por alto al lanzarle una mirada asesina.

— Por lo visto, las ciudades la ponen algo mal, como si la intoxicaran. La enferman —respondió Moonghost rápidamente, apareciendo de repente y asustando a la pobre entrenadora.

— ¿Cómo que la enferman? —preguntó Dyfir, atropellando las palabras y sosteniéndose el pecho para evitar que su corazón saliera disparado.

— ¡Sí! ¿No te has dado cuenta? Tiene nauseas, todo le da vueltas y ve Miltanks alados. Ya sabes, lo normal… creo —contestó Moonghost encogiéndose de hombros—. Bueno, la verdad no estoy seguro, es algo nuevo. En Vermilion también se sintió algo mal, pero no tanto como ahora. No soy quien para decirlo, pero sospecho que la razón es que las grandes ciudades tienen mayor polución; sin embargo, no entiendo por qué eso le afecta tanto —explicó. Dyfir no estaba segura de que esa fuese la razón, pero volvía a preocuparse por el modo en que llamaban la atención y no estaba escuchando la improvisada explicación del fantasma—. Seguramente Eve es algo sensible —agregó, haciendo un cruel énfasis en la palabra sensible y retomando sus funciones como guía.

Eve tuvo una gigantesca necesidad de moler a golpes a su hermano, pero el malestar era demasiado grande, tanto que siquiera tenía fuerzas para dedicarle alguno de sus comentarios. El apestoso olor del humo, proveniente de los tubos de escape de los vehículos y de los cigarros que fumaban compulsivamente la mayoría de los humanos, la asqueaba, sólo el hedor le daba ganas de vomitar y el estar luchando contra ello le producía mareos. Si intentaba hacer algo para castigar a su hermano, seguramente acabaría de cabeza en algún basurero y esa era una humillación por la cual no estaba dispuesta a pasar.



En alguna parte de la ciudad, el hombre con rostro de Primeape caminaba presurosamente, con tal ansiedad que no reparaba en otros transeúntes y se llevaba por el medio a todo el que se le atravesase. Continuó con su vertiginosa marcha hasta que sus pasos lo dejaron frente al gimnasio pokémon local.

La arquitectura del edificio estaba claramente inspirada en la época romana, con altas columnas sosteniendo el techo y un largo corredor que llevaba a las inmensas puertas de cobre. En partes de la fachada se podía encontrar relieves que mostraban feroces batallas, protagonizadas por pokémon considerados entre los más poderosos que existían, en mayoría temibles colosos; eran sólo ornamentales, pero también fungían de advertencia para todo retador que se atreviese a cruzar aquellas puertas. No en vano, aquel era considerado el gimnasio más difícil de superar en la región, tanto que muchos preferían optar por retar otros gimnasios de menor prestigio; sólo muy pocos entrenadores salían con la medalla en sus manos... o con sus pokémon completos.

El hombre sonrió con crueldad al pensar en ello, mientras sus largas zancadas lo llevaban a la entrada. Custodiándola se encontraban dos fornidos guardias, engalanando unas soberbias armaduras de bronce, con yelmos que ensombrecían sus rostros para que nadie pudiese verlos, remarcando así su presencia como guardianes de las puertas del recinto. Aquel par era la última advertencia, la última oportunidad que tenían los entrenadores para retirarse, un acto en exceso benévolo de parte del Líder. Y es que no sólo su aspecto era intimidante, las inmensas hachas de doble filo que sostenían los hacían lucir mucho más amenazantes, en especial porque no eran de utilería.

El hombre que dirigía aquel gimnasio gustaba de mostrar su poder y de apabullar a los débiles, sólo para que la voluntad del entrenador ya flaquease al momento de pisar la arena de batalla. ¡Era brillante! Quizás por eso es que la Liga era incapaz de hacer algo contra la brutalidad con la que trataba a sus retadores, la idea de llevarle la contraria los hacía temblar como hojas azotadas por el viento, siendo él un huracán. Todo eso, irónicamente, hacía de quien tuviera una Medalla Tierra en su posesión, alguien de mucho prestigio.

Con todo aquello dando vueltas en su cabeza y causándole satisfacción, el hombre de la gabardina fue hasta las puertas tranquilamente, prestándole atención a los guardias sólo cuando éstos se movieron para abrir las puertas, permitiéndole la entrada sin cruzar miradas siquiera. Era obvio que así fuera, pues él era un conocido que visitaba el lugar con bastante regularidad; si le negaban la entrada, corrían el riesgo de ser castigados severamente.

Las puertas comenzaron a abrirse con demasiada lentitud, chirriando y crujiendo, como si se quejaran de que perturbaran su descanso. El hombre resopló impacientemente y se deslizó entre las puertas cuando tuvo suficiente espacio para atravesarlas. Los guardias se quejaron entre ellos por su condenada prisa y volvieron a cerrarlas de inmediato, dejando al visitante sólo y en completa oscuridad.

Como no había retadores presentes y eran muy pocos quienes se atrevían a cruzar las puertas, era innecesario mantener las luces encendidas. A él no le importaba la falta de luz, no necesitaba que le alumbraran el camino para saber a dónde ir, se sabía de memoria cada centímetro del lugar.

Se dirigió a una de las esquinas del fondo, la más sombría en el recinto incluso en la luz, tanteó en la pared y presionó un botón perfectamente disimulado en el concreto. Al instante, unas puertas escondidas se abrieron y revelaron la entrada a un elevador; el hombre pasó, sintiéndose ligeramente abrumado por la intensa luz blanca, y apretó un botón en el tablero, cerrándose así las puertas e iniciando su viaje en descenso.

El hombre salió disparado en cuanto las puertas se abrieron al llegar al piso más bajo, recorriendo los pasillos con la misma prisa que tenía en la superficie. Aquella parte del gimnasio era totalmente secreta, la Liga Pokémon ignoraba de su existencia, y es que todo lo demás era sólo una fachada. Todo lo que aquel lugar escondía escandalizaría a cualquiera, por lo que la seguridad era en extremo alta, fe de ello era que tuvo que validar su identidad en varios puestos de control, haciendo que la llegada a su destino se hiciera aún más tediosa.

Lo curioso es que si bien un selecto grupo tenían acceso a los sótanos secretos del gimnasio, sus pasillos no estaban para nada vacíos: varias personas —la gran mayoría usando uniformes negros— también circulaban por los pasillos y la gran mayoría lo saludaba al verlo pasar, pero él no les devolvía el saludo, no quería perder tiempo.

Después de tanto correr desde el centro de la ciudad y deambular por aquellos desquiciantes pasillos, se detuvo frente a unas elegantes y costosas puertas dobles de roble. Las contempló por un rato, temeroso y ansioso por entrar, pues dudaba en si era el momento adecuado para ello; ya varios le habían advertido que quien se encontraba al otro lado no quería que lo molestaran, pero le urgía darle la información... ¡al demonio con todo! Golpeó tres veces la puerta con sus nudillos y una voz, con bastante hastío, le indicó que pasara. Giró la perilla lentamente, sintiendo que la emoción hinchaba su pecho y entró a la habitación por fin.

Se encontró en una oficina bastante amplia y extremadamente lujosa, sus paredes forradas en papel tapiz de pálido oro rompían con el monótono color plomizo de los pasillos al otro lado de las puertas, la suntuosa decoración —compuesta de cuadros costosos y artículos únicos de colección— y mullidos muebles de cuero rojo oscuro eran detalles soberbios, dignos para quien era dueño de aquel espacio y todo el lugar. En el centro de la habitación, reposaba un hermoso escritorio labrado de caoba oscura y detrás de esa espectacular pieza, se hallaba un hombre revisando unos folios, con tanta atención que ni se molestó en echarle una mirada a su visitante.

— ¿Qué quieres? —preguntó muy malhumorado antes de que el visitante siquiera abriera la boca para presentar sus respetos. Sus negros ojos se posaron sobre el nervioso cara de Primeape, su aspecto era intimidante aún con la pulcritud con la que iba vestido y arreglado, usando un traje a la medida azabache y el cabello castaño peinado firmemente hacia atrás— ¿Acaso nadie te dijo que estoy sumamente ocupado? —espetó, señalando todos los papeles que tenía desperdigados en su escritorio.

— Señor Giovanni… ¡disculpe! ¡Jefe, quise decir! Le ofrezco mis disculpas por esta terrible intromisión de mi parte... —tartamudeó, temblando como hoja y clavando los ojos en el suelo, en busca del valor que perdió cuando su jefe puso sus ojos sobre él—. J-jefe, sé muy bien que ha estado ocupado en la reorganización de los archivos luego de que la policía hallara una de nuestras bases más importantes en Saffron. También por los esfuerzos que está colocando en la reestructuración del Proyecto Fuji. Comprendo que tenga el tiempo contado... —se detuvo un momento para recuperar la compostura, los labios le temblaban y le era difícil pronunciar correctamente las palabras. Tragó saliva antes de continuar: — P-pero me tomé el atrevimiento de venir hasta acá e interrumpirlo por buenas razones... e-estoy seguro de que esto le interesará.

Entonces sacó de uno de los tantos bolsillos de su gabardina una minúscula tarjeta negra, tan pequeña que podía hacerla trizas sólo el índice y el pulgar con que la sostenía. El hombre que se encontraba detrás del escritorio, quien respondía al nombre de Giovanni, observó con extrañeza la tarjeta, resopló con resignación mientras dejaba a un lado los folios que revisaba, y señaló con la cabeza un armario empotrado que estaba a su derecha.

Cara de Primeape se acercó a donde le indicaban, trastabillando por los nervios, lo abrió y encontró un televisor de tamaño envidiable con varios tipos de reproductores debajo. Tardó unos segundo en encontrar el reproductor adecuado e introdujo el chip en una pequeña ranura. Encendió el televisor, escogió el archivo que le interesaba y se apartó para que Giovanni pudiese ver las imágenes que se proyectaban.

Eran tomas de muy mala calidad y seguramente la cámara iba en una ubicación muy precaria, la imagen estaba desenfocada y la resolución tanto del audio como del video era fatal. Aún así, podía apreciarse lo que sucedía.

El Cara de Primeape adelantó el video y lo detuvo en la parte que le interesaba mostrar. En la pantalla podía verse al mendigo gritando con los ojos desorbitados y, casi al instante, apareció un pokémon de pelaje negro acercándose al viejo loco. A pesar de lo pixelado de la imagen, se veía claramente que el pokémon estaba gesticulando, pero la calidad del audio era tan mala que apenas pudo escucharse lo que decía. La cámara enfocó en otra dirección, justo cuando el pokémon negro hizo una seña, mostrando a otro pokémon casi idéntico al que hablaba con el pordiosero —pero éste era blanco y ligeramente más pequeño— y a una entrenadora joven, quien observaba lo que ocurría con cierta aprehensión. En eso, se escuchó un grito de terror y la cámara enfocó a tiempo para grabar al mendigo corriendo por la calle y al pokémon despidiéndose con una gran sonrisa en su rostro. Ahí, el hombre detuvo el video, dejando congelada la imagen de los tres cuando estaba juntos de nuevo.

— ¿Qué le parece? —preguntó Cara de Primeape muy emocionado, rogando porque la suerte le sonriera y pudiera complacer a su jefe con su descubrimiento. No pudo evitar sonreír triunfante cuando vio la expresión en el rostro de Giovanni; si no tuviera que mantenerse quieto para que lo tomasen en serio, seguramente estaría bailando can-can.

Giovanni tenía la boca entreabierta, sus ojos fijos en la pantalla brillaban de sorpresa y excitación, sin duda deleitado por lo que había visto. Se enderezó en su mullido asiento y recuperó la compostura, suspirando y meditando sobre lo que acababa de ver. Pensaba en el parecido físico que tenían esos pokémon con un Mew, sin duda algo sorprendente y quizás una señal de que reabrir el Proyecto Fuji no era tan mala idea. Un presagio de que todo saldría como eran sus deseos, especialmente el que tenía que ver con ser el poseedor del pokémon más poderoso que jamás haya existido.

— ¿Tienes alguna información adicional acerca de esos pokémon? —preguntó Giovanni seriamente, taladrando con la mirada a su subordinado y esperando que la respuesta fuera afirmativa.

— En realidad… no, Señor —balbuceó con una risilla nerviosa, maldiciéndose a si mismo por ser tan imbécil y no poseer más que un video. La cruel mirada que le dirigió su jefe lo empujó a dar una respuesta desesperada—. L-l-la chica los llamaba… Mumfost y Eni.

Giovanni alzó una ceja, eran unos nombres bastante ridículos y dudaba que su empleado hubiese escuchado bien. Retiró la vista de su subordinado y clavó sus ojos en la pantalla, contemplando la imagen congelada de la joven y los dos pokémon, pensando en las acciones a tomar.

— Estas son las órdenes —dijo finalmente, después de un largo rato de silencio—. Afortunadamente, sabemos que se dirigían al Centro Pokémon de la ciudad, así que ya sabes por dónde comenzar. Todo apunta a que pasarán la noche en el lugar; si no es el caso, siempre es fácil rastrear a un entrenador —añadió dibujando una cruel sonrisa en su rostro—. No irás sólo, asignaré a otros tres agentes a esta misión, para asegurar la captura y mantener la discreción lo más posible; no quiero perder ésta base por descuidos absurdos. Escogerán los pokémon que deseen de las reservas disponibles en el Laboratorio, le pasaré al doctor Grimm la orden de inmediato. Me aseguraré de que todo esté listo para el final de la tarde. Deberías sentirte honrado, los pokémon que tenemos aquí son para entrenadores élite, por lo que espero resultados satisfactorios.

Cara de Primeape asintió enérgicamente y permaneció quieto, bien firme y esperando más instrucciones, mirando con alegría y los ojos brillosos a su jefe; se sentía como si caminara en las nubes, no podía creer que tuviera tal privilegio. Tan ensimismado estaba, que no se percató de que Giovanni ya había vuelto a concentrarse en revisar los documentos que reposaban en su escritorio, y éste no reparó en él hasta que un bufido de su leal Persian se lo advirtió.

— ¿Qué haces todavía aquí? ¡Muévete! —gruñó Giovanni muy groseramente y frunciendo el ceño, secundado por un bufido amenazante de su Persian.

Cara de Primeape se exaltó tanto que pegó un brinco, tan alto que casi hace pegar su cabeza del techo, entrando en pánico y saliendo a trompicones de la oficina por los nervios, todo bajo la reprobatoria mirada de su jefe, quien comenzaba a cuestionarse si asignarle aquella misión había sido prudente.

Aunque ese hombre tenía una de las caras más feas que había visto en su vida y luciera como un completo imbécil e incompetente, lo cierto es que era uno de los soldados de más alto rango en su organización y siempre cumplía bien con su trabajo.

Giovanni dejó escapar un suspiro lleno de frustración y se reclinó en su cómodo sillón de cuero, dejando de lado sus papeles, necesitaba un descanso. Su Persian bostezó con aburrimiento y trató de llamar su atención sin mucho éxito, así que comenzó a acicalarse. Giovanni levantó la mirada y fijó sus ojos en la pantalla del televisor, donde aún estaba el video pausado, mostrándole a aquellos pokémon en la mejor resolución que podía ofrecerle esa cámara tan inútil. La contempló largo rato hasta que una sonrisa macabra se dibujó en su rostro.

Que jamás hubiese visto tales pokémon en su vida no garantizaba que fueran útiles, su larga trayectoria como líder del Equipo Rocket le daba suficiente experiencia al respecto, más no podía negar que el ligero parecido físico con Mew era intrigante... y emocionante.

No podía dejar de preguntarse si aquellos pokémon tenían alguna relación con Mew y, si así era, qué tan fuertes serían. Pero lo más importante de todo, es qué tan grande sería su poder si lograba tenerlos bajo su control.



Anochecía en Ciudad Viridian. Poco a poco, las luces fueron iluminando las calles, brindándole un encanto del que carecía por completo durante el día. A esa hora las calles no estaban tan congestionadas, volviéndolas más llamativas para tomar un tranquilo paseo y disfrutar de todo lo que ciudad podía ofrecerle a los visitantes. Era como si Viridian se transformara para brindarles a sus habitantes algo de paz en su ajetreada vida.

En esos instantes, Dyfir, Eve y Moonghost disfrutaban de una suculenta y muy deliciosa cena en el Centro Pokémon. Moonghost y Dyfir devoraban con ansiedad y gusto unas gigantescas y suculentas hamburguesas. Eve, en cambio, prefirió milanesa de Torchic a la plancha y una ensalada, aunque no comía con la misma voracidad de sus compañeros; en realidad, casi no había tocado su comida porque su estómago estaba tan revuelto que parecía una montaña rusa.

— ¡Ahhh! ¡Estoy llena! —exclamó Dyfir muy complacida y con una gran sonrisa surcando su rostro, sintiéndose muy satisfecha con su cena.

— ¡Igual yo! —secundó Moonghost, recostándose en el espaldar de su silla y acariciándose la pancita, que estaba ligeramente más hinchada de lo normal—. Esas hamburguesas estaban exquisitas, ¡para chuparse los dedos! ¿Qué tal está tu cena Eve? La ensalada debe estar muy buena —preguntó burlonamente.

— Abusas de tu suerte —espetó Eve fríamente y dirigiéndole una mirada asesina. Aún no se sentía nada bien y eso salvaba a Moonghost de una bien merecida paliza.

En eso, la enfermera Joy encargada de ese Centro Pokémon se les acercó con una bandeja en la que reposaban seis pokebolas. El parecido con la enfermera Joy de Altomare era bestial, como si se hubiera teletransportado y pretendiera que no se conocían, pero Dyfir sabía que todas las enfermeras lucían igual ahí, en Johto y en cualquier otro lado. Al llegar a la mesa, ella les sonrió y le tendió la bandeja a Dyfir.

— Disculpa la intromisión. Ya tus pokémon están listos —dijo Joy mientras Dyfir agarraba las pokebolas y las colocaba de vuelta en su cinturón—. Permíteme felicitarte, todos están muy sanos y perfectamente entrenados, son muy dóciles —agregó con una gentil sonrisa.

— Muchísimas gracias, enfermera —agradeció Dyfir, sintiéndose muy halagada y devolviéndole la sonrisa.

— No es nada. Tú sólo eres una prueba más de que la Organización debería reconsiderar la edad mínima para permitir ser entrenador. Últimamente, los entrenadores de diez no tratan adecuadamente a sus pokémon —comentó Joy seriamente, haciendo referencia a la organización de la Liga Pokémon, que se encargaba de otorgar licencias a los nuevos entrenadores, así como mantener el control de sus progresos. La enfermera echó una ojeada en la mesa, deteniéndose inmediatamente en el plato de Eve. Quizás por eso, preguntó con cierta preocupación: — ¿Qué tal estuvo la cena? ¿Les gustó?

— Estuvo bastante deliciosa, gracias… de nuevo —contestó Dyfir, fijándose en la expresión de la enfermera y sintiéndose ligeramente apenada por ello— ¿Por qué? ¿Sucede algo?

— ¿Eh? ¡Oh, no es nada! Creo... —balbuceó Joy negando con la cabeza y los brazos, algo apenada—. Lo mencionaba porque noté que al pokémon que te acompaña, por lo visto, no le agradó el especial A Tu Salud de esta noche. ¿Segura que no prefieres darle comida especial para pokémon? Puedo prepararle una que se adapte a sus gustos ahora mismo, no me moles…

— ¡No es necesario! —exclamó Dyfir de prisa, riendo nerviosamente para que la mirada asesina que le lanzaba Eve a la gentil Joy pasara desapercibida—. Sólo no se siente muy bien, es todo, en serio…

— Entonces debería hacerle un chequeo. Podría estar enfermo. Podría padecer de anemia. Pasemos a hacerle unos exámenes de inmediato —dijo Joy atropellando las palabras y abalanzándose sobre Eve, intentando revisarle las escleróticas con una pequeña linterna que sacó del bolsillo de su delantal.

— ¡No! —exclamó Dyfir escandalizada, levantándose de un brinco para detener a la enfermera y a Eve de insultarla— ¡No está mal de salud! Es psicológico, no le gustan las ciudades —balbuceó rápidamente, rezando porque se lo creyera... aunque no mentía.

— E-está bien… —balbuceó Joy, poco convencida con la excusa de la entrenadora—. En cuanto terminen, avísenme para que recojan las cosas y mostrarles su habitación. Si necesitan algo más, no duden en llamarme o avisarle a una de las Chansey. Ahora, con su permiso, me retiro —se despidió, haciendo una sutil reverencia y se alejándose.

Dyfir no se movió ni un ápice, siguiendo a la enfermera con la mirada y desparramándose en su asiendo cuando ésta desapareció por el marco de la puerta, suspirando con gran alivio; se sentía como si hubiese evitado la Segunda Gran Guerra de Kanto. Moonghost se carcajeó en cuanto notó la respiración alterada de la joven, ganándose una mirada de reproche de los ojos café de la entrenadora.

— ¡Tuviste... que ver... tu cara! —exclamó el fantasma, hablando entrecortadamente a causa de la risa.

— ¡No es gracioso! —bufó Dyfir agudamente, frunciendo el ceño.

Eve los miró y suspiró con desgana, fijando la atención de nuevo en su plato. Generalmente no ponía reparos con los alimentos, podía comer prácticamente cualquier cosa, incluso carroña en los casos más extremos —por suerte, sólo tuvo que hacerlo una vez—, pero aquella comida sólo le revolvía el estómago más de lo que ya lo tenía. Finalmente, se dio por vencida y admitió que no tenía apetito.

Le avisaron a la enfermera Joy que ya habían acabado y las Chansey se acercaron a recoger los trastos sucios. La enfermera se les acercó una vez más para informarles que pronto cerrarían, por consiguiente, se acercaba la hora de dormir y no permitían que quienes pernoctaran en el Centro deambularan por los pasillos.

No tenía que mencionárselos, pues su única intención era descansar en un lecho suave y cálido. El trío siguió a la enfermera sin rechistar hasta su habitación; apenas llegaron, Dyfir y Moonghost se lanzaron en las mullidas camas.

— Bueno, veo que las camas les parecen cómodas —rió la enfermera Joy, sonriendo de oreja a oreja—. El desayuno se sirve a las siete de la mañana, les sugiero estar en el comedor a esa hora. Buenas noches, espero que duerman bien.

Joy dejó la habitación y sin nada más que decir, todos se sumergieron en la suavidad de sus camas, cayendo rápidamente en un profundo y tranquilo sueño.



Era pasada la medianoche. Eve dormía plácidamente, reflejando tal tranquilidad en su rostro que parecía que su malestar había desaparecido, envuelta en la seguridad de una cobija esponjosa y suave. Repentinamente, sus orejas se pusieron muy en alto, moviéndose de arriba hacia abajo levemente en movimientos rápido, hasta que abrió sus ojos de súbito. Aquella cristalina mirada se entornó, sus ojos brillaban tenuemente en la oscuridad al reflejar la poca luz que había en la habitación, luciendo como un par de fantasmas bailando en la noche mientras inspeccionaba cada rincón del lugar.

Se incorporó rápidamente y miró a su izquierda, donde yacía Moonghost dormido, roncando peor de lo que lo haría un Snorlax; suerte que ya estuviera acostumbrada a ellos y ya no le molestaran tanto. Se acercó un poco más a él y lo zarandeó efusivamente para despertarlo.

— Mami… deja de golpearme… con el bate inflable… ya dije que no quiero usar vestido... me hace ver gordo —balbuceó Moonghost, aún bajo los efectos del sueño.

— ¡Deja de decir tantas estupideces y levántate! —espetó Eve en voz baja y con hastío, propinándole un fuerte coscorrón a su hermano.

— ¡Ouch! —se quejó Moonghost, levantándose con brusquedad y sobándose la cabeza. Sus ojos se aguaron al instante, cuando se percató de que estaba despierto— ¡Eso me dolió, Eve! ¡Y estaba soñando algo tan bonito! —lloriqueó.

— Claro... —musitó Eve escépticamente.

Dejó a Moonghost refunfuñando y se acercó a Dyfir, sacudiéndola con fuerza mientras se regocijaba por empezar a cobrarle las bromas del día a su hermano.

— ¡Atrapen a ese Lugia! —exclamó Dyfir alarmada, levantándose de sopetón y con el cabello hecho jirones.

— ¡Ya basta los dos! —masculló Eve cortantemente, en verdad harta de que ambos balbucearan sinsentidos—. Alguien entró al Centro —musitó, moviendo de nuevo sus orejas para escuchar.

— Deben ser ideas tuyas -gruñó Moonghost, escondiendo su rostro bajo la almohada—. Mira que tú eres medio paranoica, aunque lo niegues...

— Debe ser algún entrenador que llegó durante la noche a la ciudad o alguna emergencia. Recuerda que estamos en un Centro Pokémon —susurró Dyfir perezosamente, bostezando; tenía los ojos entreabiertos y se rascaba la cabeza, intentando acomodar un poco su cabellera—. La enfermera habrá ido a atender lo que fuera, seguro eso escuchaste, es normal…

— Si fuese así, no pondrían tanto esmero en ser cautelosos, están haciendo algo extraño —señaló Eve despectivamente, maldiciendo el oído poco desarrollado de los humanos—. Además, si la enfermera estuviera atendiendo a un viajero nocturno, no tendrían que haber forzado la cerradura. Eso fue lo que me despertó —explicó frunciendo el ceño—. Tú también puedes oírlos Moonghost. ¡Vamos, hazlo!

— Está bien, está bien, voy a complacerte. A ver si así me dejas dormir —gruñó Moonghost fastidiado, deshaciéndose de la almohada y poniendo muy en alto sus orejas. Permaneció así por unos leves instantes, hasta que las mismas decayeron y, suspirando, agregó de mala gana: —. Tienes razón. Y permíteme agregar que, sean quienes sean los que hayan entrado, de prudentes no tienen nada —dijo en tono burlón.

— Eso no me interesa, la torpeza es algo nato en los humanos —espetó Eve en tono cortante, omitiendo el "¡Hey!" que soltó Dyfir ante la ofensa general—. Mejor vayamos a revisar, podrían ser ladrones.

Dyfir resopló malhumoradamente, levantándose y recogiendo su cinturón de pokebolas de la mesita de noche. Moonghost dejó escapar una risilla, pues los cabellos de la joven era un desastre y la hacían lucir graciosa.

Salieron de la habitación y caminaron en silencio por los oscuros pasillos del Centro Pokémon. Sus pasos los llevaron al recibidor, que estaba completamente a oscuras. Dyfir escrutó en la negrura del amplio espacio, en busca de algo que no debiese estar ahí, pero ni encontró ni escuchó nada sospechoso.

— ¿Ven? Aquí no hay nadie —declaró Dyfir con tranquilidad, cruzándose de brazos, sintiéndose levemente molesta porque interrumpieran su descanso tan abruptamente por nada—. Deben estar imaginando cosas por la fatiga y eso —agregó, dejando escapar un gigantesco bostezo—. Volvamos a la cama, ¿si? Tengo mucho sueño…

— Pues, yo sí los veo, Dyfir -dijo Moonghost burlonamente, en un susurro apenas audible y mirando con el ceño fruncido hacia el otro extremo del recibo. Cuando giró a su hermana, añadió: — Odio cuando tienes razón, Eve.

— ¡Esos son! ¡A ellos!

A la orden de la voz de un desconocido, aparecieron desde la oscuridad un Lanzallamas, un Trueno y una Bola Sombra. El choque entre estos tres ataques frente a Dyfir, Eve y Moonghost, quienes no tuvieron oportunidad de reaccionar, ocasionó una pequeña explosión que llenó de humo el recibidor.

— Eso debe ser suficiente para noquearlos —señaló una segunda voz masculina con mucha tranquilidad.

— Sí, nadie es capaz de soportar ese combo. Esperemos a que se disipe el humo y manos a la obra —dijo otra voz, también de hombre.

El humo comenzó a dispersarse y, cuando hubo desaparecido por completo, los agresores soltaron un gruñido de frustración colectivo desde las sombras. Sus objetivos estaban ilesos, gracias a que Eve consiguió levantar una Pantalla de Luz frente a ellos bastante rápido.

Dyfir contempló ligeramente boquiabierta la hermosa cúpula violácea que se alzaba sobre ellos, admirando cómo algo de apariencia tan delicada podía detener ataques tan potentes hasta que se desvaneció de sopetón. Los ojos de la entrenadora se posaron inmediatamente sobre Eve, justo cuando su cuerpo dejaba de brillar, notando el tono verdoso que adquiría su rostro, tambaleándose ligeramente hasta que no pudo más y cayó sentada al suelo.

Moonghost corrió rápidamente a auxiliarla con clara preocupación, preguntándole en voz muy baja qué tal se encontraba y si había algo que pudiera hacer para que se sintiera mejor. El aspecto de Eve era lamentable, nada que ver con la pokémon apática de todos los días, pero Dyfir no podía evitar pensar que también resultaba demasiado chistoso.

— ¡Dyfir, rápido! —exclamó Moonghost, algo alarmado— ¿Cómo se llaman esas cosas en donde se depositan fluidos estomacales? —preguntó atropellando las palabras, sujetando con firmeza a Eve para que dejara de tambalearse.

— ¿Cómo? —soltó Dyfir, bastante confundida— ¿Te refieres a una bolsa para mareos?

— ¡Eso mismo es! —dijo Moonghost, dibujando una enorme sonrisa de alivio, muy contento por haberse dado a entender. Sin embargo, su alegría no duró mucho pues, en ese preciso instante, se escuchó una arcada y luego una salpicadura desagradable. Moonghost cerró fuertemente sus ojos, respiró profundamente y, con un tono gracioso en su voz, agregó: — Olvídalo, ya es muy tarde para salvar la alfombra.

Súbitamente, la recepción fue iluminada por unos rayos de luz provenientes de unos proyectores, instalados estratégicamente para apuntar hacia un lugar muy específico: a los intrusos. Se trataba de cuatro sujetos, todos delgados y algo larguiruchos, a excepción de uno que era mucho más alto que el resto y también más gordo. A pesar de tan marcada diferencia, todos llevaban la misma vestimenta encima, por lo que supusieron se trataba de un uniforme: el pantalón y la camisa —de mangas largas— eran negros como carbón, coronaban sus cabezas con boinas del mismo color, calzaban botas blancas y enfundaban sus manos con guantes del mismo color. Pero lo que más resaltaba en toda la vestimenta se encontraba en el pecho, donde una enorme R estampada parecía brillar gracias al intenso carmesí con que fue marcada en el atuendo.

Los desconocidos observaban con suma atención al grupo de viajeros, inspeccionándolos de pies a cabeza, sin dejar de sonreírles con cierta burla y malicia. A excepción de Eve, que hacía un enorme esfuerzo por controlar su malestar, los otros dos estaban más intrigados por el arreglo de luces que por la identidad de sus agresores.

— ¿Están preparados para los problemas? —preguntó súbitamente uno de los sujetos, apuntándolos con el dedo luego de hacer una breve coreografía que, además de elaborada, resultó extraña y tonta.

— Si no es así, más les vale que nos teman —continuó el segundo, haciendo movimientos similares al del primero.

— Para llenar… —comenzó el de al lado, pero Eve lo interrumpió en seco.

— ¡¿Qué es esto?! —gruñó, lo suficientemente alto para callar al hombre, con esa insuperable habilidad de expulsar ácido en cada sílaba que pronunciaba.

Dyfir suspiró aliviada. Si Eve era capaz de ser tan gruñona como siempre, significaba que no se encontraba tan mal; eso o es que bajo ninguna circunstancia era capaz de dejar de lado su mal carácter. ¡Qué esperanzas!

— Creo que es una obra de teatro de mala calidad—la respuesta que Moonghost dio la sacó de sus pensamientos, notando que el fantasmas analizaba cuidadosamente a los sujetos con la mirada—. Ya sabes —continuó—, de esas que nunca tendrán éxito porque los actores no son sexy-sexys y en verdad puedes encontrar algo dentro de sus cráneos, aunque sea minúsculo.

— ¿D-de qué estás hablando? —farfulló Dyfir, compartiendo la vergüenza de Eve ante la extraña deducción del fantasma.

— ¡¿Eso a qué viene?! —exclamó el cuarto hombre muy molesto, era el único que no había articulado palabra alguna hasta ese momento y quien tenía el aspecto más delicado, por no decir femenino, de todos— ¡Prosigan con el lema! —ordenó con elegancia, dando unas palmaditas en el aire.

Y antes de que cualquiera de los tres pudiera hacer algo para evitarlo, el grupo de uniformados prosiguió con lo que habían dejado por la mitad.

— ¡Para llenar al mundo de devastación! —exclamó el hombre al que Eve había interrumpido, con tanto vigor y emoción que afloraron algunas lágrimas en sus ojos.

— ¡Ya cierren la boca de una buena vez! —gritó Eve con mucha más fuerza y cortándolos en seco de nuevo, harta de tan absurdo espectáculo.

— ¡Argh! ¡Olvidemos por ahora del lema! —exclamó frustrado uno de los desconocidos, haciendo que los tres viajeros notaran el parecido que tenía su rostro con el de un Primeape. Se puso lo más derecho posible y, con aire altanero, indicó usando su índice—. Ese es Mumpost —dijo señalando a Eve— y este Eni -señalando a Moonghost.

— ¡Oye! Primero que nada, yo soy Mumpost y ella es Eni —reclamó Moonghost inmediatamente, muy indignado por la confusión hasta que un fuerte escalofrío recorrió su espalda. No necesitó voltear para saber que Eve le lanzaba una mirada asesina tan potente, que si realmente pudiera matar con sus ojos, él ya estaría hecho polvo— ¡Ay, no, no, NO! —exclamó efusivamente, negando rápidamente con la cabeza—. Yo soy Moonghost y ella es Eve —se apresuró a corregir, haciendo un énfasis bastante exagerado en sus nombres—. No sé en dónde habrás escuchado de nosotros, pero deberías ir al doctor para que te revisen los oídos, probablemente necesitas aparatos porque escuchas fatal. No está mal ser diferente, quizás si te esfuerzas puedes llegar a hacer grandes cosas, como…

— ¡Mis orejas no tienen nada que ver en esto! —chilló Cara de Primeape furioso y agarrándose las orejas, como si quisiera asegurarse de que estaban en su lugar—. A partir de este momento, ustedes dos son propiedad del Equipo Rocket. ¡Atrápenlos!

— ¡¿E-equipo Rocket?! —balbuceó Dyfir, abriendo los ojos de par en par ante la sorpresa. Conocía ese nombre y no era para nada algo bueno.

A la orden del Cara de Primeape, desde las sombras surgieron los autores de los ataques que cayeron sobre ellos hace poco: un Arcanine espectacular, de sedoso pelaje y enormes colmillos que mostraba para intimidar; un fornido Electabuzz, que retaba a sus oponentes chocando sus puños cargados de estática; a su lado, apareció un Lickitung que prácticamente arrastraba su extensa lengua, que era muco más larga de lo normal gracias a que él mismo era más grande que el promedio de su especie; y por último, casi imperceptible por la mala iluminación, se dibujó la figura de un Houndoom que expedía ascuas de sus fauces, gruñendo y moviendo su cola puntiaguda amenazadoramente. Los cuatro pokémon lucían feroces y era notorio que tenían un nivel mucho más alto que el de un entrenador promedio, todo ellos preparados para luchar y saltar al ataque apenas se los indicaran.

— ¡Llamita, yo te elijo! —exclamó Dyfir, lanzando una pokebola al aire sin chistar.

De ella surgió un fornido Typhlosion, rugiendo y haciendo que del pelaje más oscuro sobre sus hombros se generaran llamas que saltaron en todas direcciones, señal de que estaba preparado para la batalla. Aunque los contrincantes lucían fuertes, ni Dyfir ni su pokémon mostrarían la más mínima pizca miedo.

Moonghost intercambió una mirada de complicidad con la entrenadora y sonrió. Dio un paso hacia delante y se colocó en posición, dispuesto a luchar junto al pokémon de Dyfir.

Eve observó detenidamente a todos los presentes. No tenían más opción que enfrentarse a esa cuerda de alcornoques, pero hicieran lo que hicieran, aquello traía consigo consecuencias que a la larga le ocasionarían problemas. Lo único que le quedaba esperar es que con ese obstáculo no llamaran más atención de la que ya obtenían, no necesitaba tener una fila de entrometidos pisándole los talones... más que ahora.

Suspiró con resignación, esperando a que ocurriese un milagro y lograran pasar desapercibidos mientras se reincorporaba con cierta dificultad, haciendo lo imposible por contener las náuseas y prepararse también para entrar en batalla.



Capítulo Original
Spoiler
Capítulo 5 – Contratiempos en Ciudad Viridian (1ra Parte)
En el edificio más alto de la bulliciosa Ciudad Viridian, un pokémon con ojos violeta intenso observaba toda la ciudad. Mewtwo sentía como iban y venían los humanos, algunos acompañados por sus pokémon. Meditaba sobre muchas cosas en esos momentos.
Entonces, su mirada se fija en una humana en especial, que se encontraba acompañada por dos pokémon. No era al único que le robaba la atención, también a la mayoría de las transeúntes que pasaban cerca del pequeño grupo.
- "¿Qué significa esto? Esos pokémon… Se parecen mucho a…" - piensa Mewtwo, sorprendido – No… es imposible – niega con la cabeza y se eleva para seguirlos desde los cielos.

Dyfir caminaba por las bulliciosas calles de Viridian acompañada de Moonghost y Eve, quien no tenía un muy buen aspecto, aunque Dyfir no se había percatado de ese pequeño detalle. Habían llegado a la ciudad hacia dos horas y habían recorrido gran parte de ella… O eso les parecía.
Después de unos minutos más de caminata, Dyfir se sienta en uno de los bancos colocados a lo largo de las aceras para tomar un descanso, dejando reposar su bicicleta en el tronco de un árbol que le daba sombra al asiento. Moonghost y Eve ocuparon el espacio que quedaba en el banco.
- ¿Dónde estaremos? – pregunta Dyfir con una mezcla de preocupación y cansancio y mirando a todas partes – Lo que nos faltaba. Perdernos en Viridian… - agrega con un resoplido.
- No es tan malo – comenta Moonghost con tranquilidad y encogiéndose de hombros.
- Es solo una teoría... Pero si la señorita que tienes al lado, Moonghost, hubiera cedido a preguntarle a alguien no estuviésemos dando más vueltas que un trompo por este asfixiante lugar – espeta Eve.
– Ya, ya… - dice Moonghost en un tono de voz algo alto debido a que Dyfir se proponía responderle a Eve - Solo hay que preguntar, no es gran cosa. Vamos al Centro Pokémon ¿no? -.
- Si – asiente Dyfir con cierta dureza.
- Bien. Permíteme buscar a quién le pregunto –dice Moonghost con una sonrisa y levantándose de su asiento para echar una ojeada a su alrededor.
Al cruzar la calle, un hombre harapiento, con ropajes rasgados y sucios, con una clara pinta de psicópata, de repente había comenzado a gritar a todo pulmón lo que a los transeúntes les parecía una sarta de palabras sin sentido.
Tratando lo más posible se alejaban de aquel hombre y hacían oídos sordos a la sarta de palabras que de su boca afloraban:
- ¡¡¡EL FIN DEL MUNDO ESTÁ CERCA!!! ¡¡¡LOS POKÉMON APARENTAN SER EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE, PERO EN REALIDAD NOS MATARÁN Y DEVORARÁN NUESTRAS ENTRAÑAS!!! ¡¡¡ES CIERTO TODO LO QUE DIGO, SE HARÁN MÁS INTELIGENTES Y NOS MATARÁN A TODOS!!! ¡¡¡ES NUESTRO CASTIGO POR DESTRUIR SU MUNDO!!! – gritaba.
Un hombre con gabardina negra pasaba justo entonces, con mucha tranquilidad y con deseos de pasar desapercibido. El mendigo lo ve y se le acerca desesperadamente, agarrando fuertemente al hombre de la gabardina por los hombres y sacudiéndolo con frenesí.
- ¡¡¡SEÑOR, DEBE CREERME!!! ¡¡¡FALTA POCO PARA LA PERDICION!!! – grita el mendigo, muy cerca del hombre de la gabardina.
- ¡Aléjese de mi, pedazo de chiflado! – exclama el hombre de la gabardina.
Dyfir, Eve y Moonghost observaban todo con atención, imitando a unos cuantos a su alrededor. El rostro del hombre de la gabardina se vislumbró un instante y Moonghost no evitó soltar una risotada, el hombre tenía el rostro muy parecido al de un Primeape.
– Esa es la persona indicada para preguntarle – dice Moonghost entre risas, señalando al hacia el otro lado de la calle.
- ¡¿Qué?! – exclama Dyfir exaltada - ¡Moonghost! ¡¿Acaso estás loco?! –
Moonghost hace como que no ha escuchado a Dyfir y cruza la calle, volando por encima del tráfico y descendiendo por atrás de ambos hombres, que se habían enzarzado en una discusión.
- Si, lo está – responde Eve con seguridad.
Dyfir le lanza una dubitativa mirada a la pokémon, luego vuelve a fijar su mirada en el otro lado de la calle.
- ¡Hola! – exclama Moonghost alegremente, dirigiéndose al mendigo.
El aludido voltea y cuando lo ve, su piel se torna tan pálidad que podía pasar por un Duskull. El hombre con cara de Primeape también miraba a Moonghost entre sorprendido y emocionado. El pokémon fantasma se acerca más al mendigo, sonriéndole inocentemente.
– Disculpe que interrumpa su discusión. Su monólogo fue muy inspirador y demás, pero estoy perdido y necesito una ayudita… ¿Me podría indicar dónde queda el Centro Pokémon? ¿Por favor? – pregunta Moonghost sonriente, con un tono de voz suplicante.
El harapiento hombre se le queda mirando fijamente por unos segundos, comenzó a sudar y en un segundo…
- ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! –
El hombre pegaba tales gritos que le ganaba a un Wishmur, corría dibujando círculos y en su desesperación se jalaba y arrancaba los cabellos. Después de dar alrededor de cinco vueltas, sale disparado por las calles, perdiéndose entre las personas sin dejar de robar unas cuantas miradas.
El hombre con cara de Primeape y Moonghost se quedan mirando estupefactos en la dirección por donde había salido corriendo el hombre.
- Gracias amigo – dice Moonghost repentinamente, sonriendo y comenzando a agitar el brazo en señal de despedida.
El hombre de la gabardina centra su atención en Moonghost, mirándolo de la misma forma que el mendigo. Moonghost no le presta atención a esto y vuelve a cruzar la calle para volver con Dyfir y su hermana.
– Es por allá – informa el fantasma, señalando hacia el lado por donde habían llegado.
- Venimos de allá – dice Dyfir – Además ¿Cómo lo sabes? Ese hombre no te dijo nada -.
- ¡Osea hellooooo! ¡Satélite llamando a Tierra! Le pregunte al señor y él me dijo dónde – exclama Moonghost, algo indignado - Es increíble… Tú lo escuchaste – agrega con decepción.
El ofendido pokémon se da la media vuelta y comienza a flotar hacia donde había señalado, e indicándoles que lo siguieran.
- No tenemos nada que perder con intentarlo. Él tiene un extraño don y le entiende todo a aquellos que están tan zafados del mecate como él – susurra Eve, bajando del banco y comenzando a caminar detrás de Moonghost, aunque tambaleaba levemente.
- Está bien –asiente Dyfir algo insegura, y siguiendo los pasos de Eve- ¿Y a ti que te sucede? – pregunta, notando el tambaleo de la pokémon.
- No es nada – gruñe Eve.
- La enferma estar en una ciudad - responde Moonghost rápidamente.
- ¿La enferma? – pregunta Dyfir extrañada, levantando una ceja.
- Si. Le dan nauseas, todo le da vueltas y ve Miltanks alados… Lo normal – explica Moonghost con naturalidad, no se había dado cuenta de que su hermana le lanzaba una mirada asesina – Eso se de debe a que, en ciudades de tal magnitud como esta, hay mucha contaminación (siendo exactos, smog) y no se realmente por que le afecta tanto a mi hermanita, es algo nuevo si te soy sincero. Seguro eres susceptible. – agrega burlonamente, mirando con picardía a Eve.
Eve tenía unas tremendas ganas de propinarle un buen golpe a Moonghost, pero prefirió no empeorar su mareo y decidió quedarse tranquila.

Mientras tanto. El hombre con cara de Primeape caminaba rápidamente por las calles y sus piernas lo dejan frente al Gimnasio Pokémon de Ciudad Viridian.
Las gigantescas puertas del Gimnasio eran flaqueadas por un par de gigantescos guardias. Los guardias, que llevaban puestas unas armaduras de bronce, con unos yelmos que ocultaban sus rostros, le ceden el paso al hombre Primeape.
Camina con prisa hasta el otro extremo de la arena de batalla y baja por un ascensor secreto a una base subterránea del conocido Equipo Rocket.
El hombre comenzó a caminar con mayor avidez cuando el ascensor llegó a su destino, casi corría. Se dirigía hacia una puerta en especial, haciendo caso omiso a las advertencias de sus colegas y entra a una oficina muy lujosa tras haber tocado y abierto una puerta doble.
Detrás de un escritorio de caoba, se encontraba un hombre. Giovanni, el líder supremo del Equipo Rocket, revisaba unos papeles y a su lado yacía su leal Persian. Giovanni deja de prestarle atención a los papeles y los aparta a un lado del escritorio y fija su mirada en el hombre.
- ¿Qué quieres? – pregunta malhumorado - ¿No ves que estoy ocupado? – espeta señalando todos los papeles que se encontraban esparcidos por su escritorio.
- Jefe… Mil disculpas. Se que ha estado muy ocupado en la reorganización de las archivos y de los grupos de búsqueda de Mewtwo, pero necesito mostrarle algo… –informa el hombre rápidamente, nervioso.
El hombre con cara de Primeape se acerca a un reproductor, que se encontraba al lado derecho del escritorio de Giovanni, e introduce un pequeño casete.
Unos segundos después se reproducen unas imágenes desenfocadas, en la pantalla se ve al hombre chiflado gritando y a los pocos segundos aparece Moonghost, la imagen se mueve y enfoca a Eve y a Dyfir, entonces el video termina cuando el hombre chiflado huye despavorido y el trío de retira
- ¿Qué le parece? – pregunta el hombre cara de Primeape, rezando para tener suerte.
Giovanni tenía la boca entreabierta, con los ojos muy abiertos. Se encontraba muy sorprendido. Los pokémon que acababa de ver en la pantalla tenía cierto parecido físico a…
- ¿Cuáles son esos pokémon? – pregunta Giovanni
- La chica los llamaba… Mumfost y… Eni- responde el hombre cara de Primeape rápidamente.
Giovanni todavía tenía fija la mirada en la pantalla del televisor
– Quiero que los mejores agentes disponibles vayan y los capturen para mí, hoy mismo–
El hombre cara de Primeape asiente, y se queda ahí parado en posición firme esperando más órdenes.
- ¿Sabes…? ¡ESO ES PARA HOY! – grita Giovanni.
- ¡AH! ¡S-s-si…! ¡Como diga señor! –exclama el hombre cara de Primeape, nervioso. Sale corriendo de la oficina.
Giovanni lanza un suspiro y el Persian comienza a acicalarse. Giovanni levanta una mirada seria hacia la pantalla, en donde había dejado la imagen congelada en donde aparecían Eve y Moonghost. En su rostro se dibuja una macabra sonrisa.

Anochece en Ciudad Viridian. Dyfir, Eve y Moonghost disfrutaban de una cena en el Centro Pokémon. Moonghost y Dyfir comían unas suculentas hamburguesas mientras que Eve unas verduras cocidas.
- Ahhhh… ¡Estoy llena! – exclama Dyfir, sonriente y muy complacida.
- Igual yo. Esas hamburguesas estaba exquisitas – comenta Moonghost, acariciándose la pancita - ¿Qué tal tu ensalada Eve? – pregunta burlonamente.
- No abuses de tu suerte – espeta Eve fríamente, dirigiéndole una mirada asesina. Todavía tenía malestar y por ello no le hacía nada.
En eso, se les acerca la Enfermera Joy.
- Dyfir. Tus pokémon ya están listos –informa mientras le extiende una bandeja con seis pokebolas a Dyfir – Están en perfectas condiciones. Te felicito – dice con una sonrisa.
- Muchas gracias enfermera – agradece Dyfir, devolviéndole la sonrisa.
No muy lejos, Mewtwo los observa bien escondido. Ninguno de los tres se había dado cuenta de que Mewtwo los había seguido desde que los vio caminando por la ciudad, o eso era lo que él suponía…
Cuando Eve terminó de cenar. La enfermera les anunció que ya estaban por cerrar el Centro Pokémon y que ello significaba que era la hora de dormir.
El trío sigue a la enfermera a su habitación y se acomodan plácidamente. Apagan las luces y se sumergen en un plácido sueño.
Pasada la medianoche. Eve dormía tranquilamente, de repente sus orejas se levantan y comienzan a moverse ligeramente arriba y abajo. De repente abre sus ojos, que brillaban tenuemente en la oscuridad del cuarto. Se incorpora y se voltea hacia su izquierda, donde estaba Moonghost que dormía a su lado. Lo zarandea.
- Mamá… deja de golpearme… con el bate inflable –balbucea Moonghost bajo los efectos del sueño.
- Deja las idioteces – espeta Eve, dándole un golpe con el puño en toda la cabeza a su hermano.
- ¡Ouchhhhhhhh! – exclama Moonghost, poniendo las manos en donde recibió el golpe y con lágrimas en los ojos – Eso dolió… – lloriquea.
Mientras Moonghost se quejaba, Eve zarandeaba efusivamente a Dyfir mientras se regocijaba por haberse descobrado con su hermano.
- ¡Atrapen a ese Lugia!– exclama Dyfir, incorporándose rápidamente.
- Ya basta los dos – masculla Eve, regañándolos – Alguien entró al Centro -.
- Deben ser ideas tuyas – gruñe Moonghost, escondiendo su cabeza bajo una almohada.
- Debe ser algún entrenador que llegó durante la noche a las afueras de la ciudad… - susurra Dyfir, con los ojos apenas abiertos – La enfermera lo habrá ido a recibir y eso fue lo que escuchaste -.
- ¿Y por qué estarían tratando de ser cautelosos? – pregunta Eve, despectivamente – Tu también puedes escucharlo Moonghost, claro, sino fueses tan relajado… -
- Esta bien… Voy a intentarlo… - dice Moonghost, fastidiado.
Retiró la almohada de su rostro y levantó sus orejas. Estuvo por unos instantes así. Entonces sus orejas decayeron un poco y lanza un suspiro.
- Tienes razón – masculla Moonghost, de mala gana – Aunque déjame decirte que son pésimo y que reprobaron “Destrezas Militares” –
- Deja la idiotez – espeta Eve, cortante – Mejor vayamos a ver –
- Y creo que quisiste decir “Cautela” – le susurra Dyfir a Moonghost, mientras cogía una de sus pokebolas.
- Como sea… - espeta Moonghost siguiendo a Eve.
Salieron de la habitación y caminaron por los oscuros pasillos del Centro Pokémon durante unos minutos. Sus piernas los llevaron al recibidor, que estaba completamente a oscuras. Dyfir escruta en la oscuridad, no escucha ni logra ver nada sospechoso.
- ¿Ven? No hay nadie. Deben ser imaginaciones suyas, debe ser por el cansancio – dice Dyfir dando un gran bostezo.
- Si hay alguien ahí – dice Moonghost en un susurro apenas audible y señalando a un punto en la oscuridad – Odio cuando tienes razón, Eve -
- ¡Esos son! ¡A ellos! – exclama alguien, repentinamente.
De la oscuridad se dirigían directamente a ellos un Lanzallamas, un Trueno y una Bola Sombra. El choque entre estos tres ataques, enfrente de Dyfir y los otros, produjo una explosión.
- Eso debe ser suficiente para noquearlos – dice una voz.
- Esperemos a que se disipe el humo y manos a la obra – dice otra.
El humo comenzó a disiparse. Los que habían hablado soltaron un gruñido.
Dyfir y el resto estaban ilesos. Eve había logrado protegerlos con una barrera psíquica. El pokémon blanco, en esos momentos, se encontraba sentado en el suelo tambaleándose en círculos.
- ¡Dyfir, rápido! – exclama Moonghost - ¿Cómo se llaman esas cosas en donde depositan fluidos estomacales? – pregunta exasperado, mientras sujeta a Eve para que deje de tambalearse.
- ¿Cómo…? – pregunta Dyfir, sin entenderlo - ¿Una bolsa para mareo? – pregunta insegura.
- ¡Eso es! – exclama Moonghost con una sonrisa, pero en ese momento se escucha una salpicadura – Olvídalo. Muy tarde -.
Unos rayos de luz salen de distintas partes de la habitación (algo inverosímil), enfocando directamente a cuatro figuras larguiruchas y delgadas, todos llevaban un uniforme negro con una gran R estampada en sus pechos, cuatro hombres los miraban. Los que no estaban mareados, estaban extrañados.
- ¿Están preparados para los problemas? – pregunta uno de los tipos.
- Si es así más valen que teman – dice otro.
- Para llenar… - dice el de al lado.
- ¿Qué es esto? – lo interrumpe Eve gruñendo, su rostro se veía algo demacrado.
- Creo que es una obra de teatro barata, de esas que nunca van a tener éxito por que los actores no son sexys – responde Moonghost mirando a su hermana.
- ¿Y eso qué tiene que ver? – pregunta Dyfir, algo avergonzada por el totno comentario del pokémon.
- Eso no importa ahora – dice otro de los tipos. Era el hombre que tenía cara de Primeape.
- Es el hombre de la cara graciosa – exclama Moonghost, en eso se echa a reír – Debería ahorrar para una cirugía plástica – susurra entre risas, hablando con su hermana.
– Ese es Mumpost – dice el hombre cara de Primeape, señalando a Eve – Y ese Efe – señalando a Moonghost.
- ¡Oye! ¡Primero yo soy Mumpost y ella es Efe!– exclama Moonghost. Un escalofrío recorre su espalda y descubre Eve le dirigía una mirada asesina - ¡No, no, no, no, no, nooooooo! ¡Yo soy MOONGHOST y ella es EVE! O es que necesitas lavarte bien esas orejas, o es que se te perdieron varios tornillos, o es que eres malo investigando, o… –
- ¡Mis orejas no tienen nada que ver en esto! ¡Y tengo los tornillos bien puestos! – exclama el hombre con cara de Primeape, furioso - ¡Atrápenlos! –
De las sombras, aparecen un Arcanine, un Electabuzz, un Lickitung y un Houndoom; se veían feroces, de alto nivel y ya estaban preparados para luchar.
- ¡Llamita, yo te elijo! – exclama Dyfir, mientras lanza una pokebola al aire.
De ella surge un esplendoroso Typhlosion. El Typhlosion ruge y las llamas sobre sus hombros se encienden, señal de que estaba preparado. Moonghost se aleja un poco de Eve y se pone en posición. Eve, de mala gana, se levanta…



EGN: Hoy es el fin del mañana
65 - Todo se paga
#25

Respuesta: Fanfic


GENIAAAAAAAAAAAAAAAAAAAALLLL!!!!! UN GRAN CAPITULO SIN DUDA ALGUNA!!!!!! :D

Ya quiero el otro!!!! salu2...!!!

#26

Respuesta: Fanfic


wow,me gusto ^^
ya quiero leer el siguiente capitulo >w<
Saludos
#27

Respuesta: Fanfic


Fantasitoco, este capitulo aparte de tener muchas explicacion y detalles sobre los personajes, lo expresas bien y no tienes faltasa de ortografia :D.

Sigue tu fic adelante ;-)
#28

6 - Contratiempos en Viridian

6 - Contratiempos en Viridian



Capítulo 6
Contratiempos en Viridian


Spoiler
En la amplia recepción del Centro Pokémon de Ciudad Viridian, una melodía resonaba en las paredes, rompiendo con la quietud del lugar. El ritmo de la música, entre dramático y épico, retumbaba en los oídos de los presentes, quienes intercambiaban furiosas miradas entre ellos en espera de que iniciara la batalla.

La música era mas que digna para la crítica ocasión, encajaba a la perfección, sólo que…

— ¡MOONGHOST! —rugió Eve, harta de la tonada, estrujando fuertemente un tocadiscos totalmente negro que flotaba en el aire, zarandeándolo con poca delicadeza cuando logró apresarlo entre sus dedos luego de que el mismo se le escapara varias veces— ¡Déjate de juegos y madura de una buena vez, por todos los cielos!

A cada sacudón, el objeto fue deteriorándose hasta convertirse en una masa deforme. Cuando Eve finalmente lo liberó, poco a poco aquel amasijo tomó una forma más definida, revelando que en realidad se trataba de Moonghost, algo mareado por la muestra de "afecto" de su hermana.

— Nunca me dejas divertirme... siquiera un poquito —farfulló Moonghost débilmente, con voz de ebrio a causa del mareo.

Era sencillo para Eve ignorar el comentario de su hermano, aunque no lo mismo con respecto a su comportamiento, que le resultaba vergonzoso. No podía hacer nada ante esto, así que se limitó a mirar al techo, sacudiendo ligeramente la cabeza y preguntándose por qué, de entre todos sus hermanos, él tuvo que ser el primero en despertar.

A pesar de lo inmersa que estaba en sus lamentaciones, no olvidó que se encontraba en una situación precaria, sería un grave error de su parte bajar la guardia. Ella misma sabía algo respecto al Equipo Rocket, muy poco en realidad, pero lo necesario para maldecir el habérselos tropezado. Se trataba de una de las organizaciones criminales más poderosas de la actualidad, operaba en las regiones de Kanto y Johto, pero tenía influencias en otras regiones y buscaban expandirse hacia muchas más.

Eve se hizo una nota mental respecto al Equipo Rocket, pues una de sus principales actividades tenía que ver con el robo y contrabando de pokémon, por lo que cualquiera de ellos podría ser un blanco tentador. Rechinó los dientes con sólo pensar en ellos, quiso tomar previsiones aunque jamás pensó que se los tropezarían... ¡y mucho menos tan pronto!

Una sensación extraña recorrió su cuerpo, su mente detuvo las divagaciones en las que estaba inmersa y fijó toda su atención en sus enemigos. El Electabuzz preparaba un ataque, podía percibir lo cargada que estaba la atmósfera a causa de la estática que comenzaba a acumularse en sus antenas.

Todo sucedió en cuestión de segundos. El cuerpo de Eve se rodeó de un aura violácea y, con un rápido movimiento, lanzó una esfera de energía destellante que se formó entre sus manos. El ataque avanzó raudo hacia el Electabuzz, impactando en su estómago y empujándolo varios metros atrás, dejando una estela de chispas violetas a su paso. El Electabuzz cayó duramente en el suelo, permaneciendo tendido mientras incontables chispas violáceas saltaban de su cuerpo, aún después de que Eve dejara de brillar. Eve no le dio oportunidad alguna de reaccionar a su oponente, seguramente, el susodicho no imaginaba que ella se percataría de que preparaba un ataque a traición.

A pesar de lo que a Dyfir le pareció una maravillosa actuación por parte de Eve, el encargado del Electabuzz se desternilló de risa frente a ellos, sin siquiera verificar el estado de su pokémon. El hombre inflaba su pecho no sólo con aire, sino también con arrogancia, aún más cuando se le unieron los otros.

Dyfir no entendía qué les causaba tanta gracia. ¿Es que sabían algo que ellos no? Miró con preocupación a Eve, quien ahora estaba en una posición relajada, contemplándolos con frialdad y el ceño levemente fruncido. Dyfir creyó que Eve quizás pensaba lo mismo que ella, que aquellos tipos del Equipo Rocket ocultaban algo, pero cuando notó el atisbo de una sonrisa maliciosa bailando en su rostro ya no supo qué pensar. Ahora, parecía que quienes ignoraban algo eran los del Equipo Rocket.

— ¡Já! —exclamó finalmente el entrenador del Electabuzz mientras se enjugaba las lágrimas, haciendo un gran esfuerzo para no seguir riendo a mandíbula batiente—. Con ataques de concurso jamás podrán derrotar a mí Electabuzz. Este pokémon es de élite, es de la selección personal de nuestro jefe mismo, estos han recibido un entrenamiento especial y alcanzaron la eficacia que ningún pokémon corriente podrá jamás. Además, es de un nivel superior al que podría llevarlo cualquier novato... ¡todo gracias a la grandeza del Equipo Rocket! Así que nuestros pokémon no serán derrotados por una simple y tonta esferita que suelta chispitas bonitas —corroboró orgullosamente, ensanchando su sonrisa altanera con cada palabra que soltaba— ¡Ahora, Electabuzz, acaba con ellos! ¡Usa tu Trueno! —ordenó con profundo fervor, apuntando a Eve con su índice.

El hombre no borró su sonrisa, en espera de verlos retorcerse y chamuscarse bajo el asedio de la poderosa descarga eléctrica, pero al pasar un par de segundos y ver que ningún destello vaporizaba a sus enemigos, cayó en cuenta de que algo andaba mal y decidió voltear. Casi le da un infarto cuando verificó que su Electabuzz seguía tirado en el suelo, totalmente inconsciente y con chispas violáceas todavía recorriendo su cuerpo.

— ¡¿Pero qué…?! ¡¿Q-qué demonios... pasó?! —chilló, tan sorprendido que no podía terminar siquiera una oración.

— ¿Qué hiciste? —preguntó Dyfir atónita cuando Moonghost se tapó la boca con las manos para ahogar una carcajada

Eve no pudo contener más su sonrisa de satisfacción, siempre era demasiado divertido ver la reacción de los demás ante su ataque insignia, aquello que la hacía única, pero una repentina punzada en la sien le recordó que no se encontraba del todo bien. Se llevó una mano a la cabeza para tratar de mitigar el dolor, cerrando con fuerza los ojos y maldiciendo por lo bajo.

— ¡Como detesto esto! —musitó para ella misma, sintiendo cómo todo le daba vueltas.

Justo en ese instante, las luces de la recepción se encendieron, iluminando por completo la habitación y opacando a los reflectores. Detrás del mostrador estaba una consternada enfermera Joy, en pijamas y con lagañas en los ojos, su labio inferior temblaba en busca de las palabras que diría.

— ¡¿Qué sucede aquí?! —exigió bastante alterada. Al instante, sus ojos se fijaron en las gigantescas erres escarlatas plasmadas en los uniformes de los desconocidos—. ¡Por los calzones de mi Chansey! ¡Es el Equipo Rocket! —chilló asustada, pero la mueca de su rostro cambió de sopetón cuando notó algo que la disgustaba mil veces más que una banda de criminales parada en el Centro Pokémon—. ¡¿Oigan, qué le sucedió a la alfombra?! ¡¿Quién lo hizo?! ¡¿Acaso alguno de ustedes sabe cuánto vale?! ¡Es importada de Hoenn, por todos los cielos! —exclamó furiosa.

Dyfir no podía creer que la enfermera estuviera más preocupada por la mancha en la alfombra que en llamar a la policía, y por el gesto en el rostro del resto de los presentes, parecía que no era la única que pensaba lo mismo.

A quien parecía importarle el interés de la enfermera por la alfombra era a Eve, que miraba estupefacta a Joy con una mueca deformada por la incredulidad y los nervios.

— Se ha fijado —musitó sorprendida y con un tic nervioso en el ojo derecho—. ¿Pero cómo rayos...?

— ¡¿Por qué prendiste las luces?! —gruñó uno de los malhechores, mirando con profundo rencor a la enfermera—. Nos llevó mucho tiempo y esfuerzo instalar esos reflectores para que nos viéramos geniales ¡Nos hacían parecer más malos y por tu culpa se arruinó todo! ¡Te ordeno que apagues las luces de inmediato y te vayas por donde viniste!

— ¡No puedo creerlo! —bufó Eve incrédula, dándose un manotón en la cara. Todos los presentes tenían las prioridades en el...

— Debes admitir que estos tipos son más imbéciles que yo —le dijo Moonghost al oído, sonriendo con picardía.

— Siento decepcionarte, pero nunca habrá nadie que te quite el puesto de rey de los idiotas —espetó Eve con tosquedad, mirando nerviosamente a todos lados para encontrar el modo de escapar y no tener que responder por la alfombra—. Al menos, ya no cabe duda de quiénes son estos tipos —agregó en un susurro y frunciendo levemente el ceño—. Por un momento pensé que podrían ser farsantes que usaban el nombre para amedrentar, pero no es así.

— Sí y eso no me agrada —asintió Moonghost con algo de seriedad en su mirada, hablando también en voz baja—. Es una organización mafiosa que se encarga del robo y explotación de pokémon, ¿o me equivoco?

— No, estás en todo lo cierto —confirmó Eve, claramente disgustada con la presencia de aquellos criminales.

— ¿Qué querrán de nosotros estos tipos? —le preguntó Moonghost con preocupación, aunque intuía la respuesta.

— Nada bueno, eso es seguro —contestó ella—. Presiento que esto nos va a traer muchos problemas...

— Eve, Moonghost... —los llamó Dyfir en voz baja, agachándose para quedar a la altura de ambos—. Creo que lo mejor que podemos hacer es salir del lugar. Si tenemos una batalla aquí adentro, destruiremos el Centro Pokémon y eso dejaría desamparados a los pokémon de los entrenadores. Ya es más que suficiente la explosión que han causado estos papanatas y el "regalito" que Eve dejó en la alfombra.

— ¡Eso es muy cierto! Miren que cosas como esas no se pueden permitir, es un crimen en contra de la humanidad y los pokémon... me refiero a la alfombra, claro —dijo Moonghost entre risas.

— ¡Ja-já, muy gracioso! —espetó Eve lacónicamente, lanzándole una mirada asesina a su hermano.

— Dejando a un lado los chistes, Dyfir tiene muchísima razón, no podemos seguir llamando tanto la atención —dijo Moonghost serenamente, aunque sus ojos brillaban con tanta ilusión que Eve sabía que se lo estaba tomando como un juego—. Mejor vayamos moviendo nuestras patitas hacia la calle, para que luego le pateen sus nalguitas a estos bribones.

— ¡Hecho, manos a la obra! —exclamó Dyfir enérgicamente y enderezándose al tiro— ¡A que no nos atrapan, tarados! —gritó mientras corría a la salida, con su Typhlosion pisándole los talones.

Moonghost estalló en carcajadas y siguió a la entrenadora dando saltitos, agarrando a Eve por el brazo y llevándosela a rastras, olvidando que su hermana se sentía muy mal.

— ¡¿Cómo nos dijo?! —gritó furioso uno de los Rocket, echando a correr detrás de ellos.

La enfermera Joy se apresuró para acercarse al panel de control y teclear algunos comandos, liberando los cerrojos electrónicos de la puerta y permitiendo que Dyfir, Eve y Moonghost salieran sin problemas.

— ¡Que no escapen! —bramó el Rocket con cara de Primeape desesperadamente, echando a correr tras el primero de su equipo y seguido Del resto junto a sus pokémon, luego de que regresaran al Electabuzz a su pokebola.

Los viajeros corrieron por las calles de Viridian bajo el manto de la noche, guiados por las luces de la ciudad ante la atenta mirada de los escasos transeúntes nocturnos, quienes pegaban grititos al percatarse de la identidad de los persecutores del trío. Los Rocket se llevaban a cualquiera que se atravesara en su camino; les pisaban los talones y la determinación en sus miradas les hizo saber que nada los detendría hasta que los atraparan.

Corrieron y corrieron hasta llegar a la entrada del parque principal de la ciudad. La reja estaba cerrada pero Moonghost no tuvo problema, el podía deslizarse a través de los barrotes, ayudando a Dyfir y su Typhlosion a escalar mientras Eve le pasaba por encima de un salto. No miraron hacia atrás, incluso cuando escucharon claramente que sus persecutores también saltaban la reja, tenían que seguir hasta encontrar el sitio adecuado para hacerles frente.

— ¡No podrán escapar! —gritó uno de los Rocket con rabia y exhausto de tanto correr, lo delataba su acelerada respiración y ahogadas palabras.

— No pretendemos huir —gruñó Eve con hastío y lo suficientemente alto como para que la escucharan.

Desconocía si las verdaderas intenciones de Dyfir era perderlos, pero aquel lugar era bastante amplio para tener una batalla cómodamente, además de que estaba desierto, nadie saldría lastimado por culpa de ellos. Lo único de lo que Eve estaba segura era que la manera de deshacerse de esas molestias era con un buen escarmiento, no tenían más opción. Pero ella no se encontraba nada bien... y confiar en Moonghost se le hacía difícil.

— ¡¿Ah, sí?! ¡¿Entonces por qué no se detienen?! —preguntó rabioso el mismo Rocket— ¡Houndoom, Bola Sombra! —ordenó inesperadamente.

El Houndoom, quien iba a la cabeza junto al Arcanine, aceleró apenas escuchó el comando, se detuvo cuando estaba seguro de que tenía a sus presas al alcance de su ataque y concentró energía oscura entre sus fauces, la cual disparó en forma de orbe hacia su objetivo.

El ataque se dirigía ferozmente al grupo, por lo que Moonghost se detuvo y disparó su propia Bola Sombra y así contrarrestar la de su enemigo. Ambos ataques colisionaron muy cerca ellos, explotando y envolviéndolos en una pantalla de humo poco densa. El tiempo de correr había terminado, hubiesen encontrado un lugar idóneo o no, era momento de entrar en batalla.

— ¡Arcanine, Lanzallamas! —exclamó otro Rocket apenas escuchó el estallido.

— ¡Lickitung, Ventisca! —comandó el siguiente, justo después que su compañero.

Dyfir no reaccionó lo suficientemente rápido para darle algún comando su Typhlosion, pero Llamita se puso al frente, las llamas sobre sus hombros saltaron con furia al soltar su potente rugido, liberando un Lanzallamas propio. Ambos ataques de fuego chocaron, entremezclándose al hacer contacto y luchando entre sí para imponerse sobre el otro, en una épica lucha de la que saltaban ascuas en todas direcciones. Las dos criaturas de fuego mantuvieron sus ataques, sin que ninguno estuviera dispuesto a ceder, todo por mantener intacto su orgullo y, al menos de parte de la comadreja, proteger a su entrenador.

Pero la batalla no se detendría ante aquella lucha, la Ventisca sobrepasó a los contendientes de fuego y continuó su camino hacia el grupo de viajeros, por lo que Eve se colocó rápidamente al frente para detenerlo. Su cuerpo volvió a brillar con un aura violácea y, ayudada de un delicado movimiento de manos, levantó una Pantalla de Luz. El potente viento chocó contra la barrera traslúcida, la nieve se arremolinó frente a sus ojos estrepitosamente, aullando con furia en sus oídos y enmarañando aún más el blanco cabello de la entrenadora, pero el aire gélido que podía dañarlos no los podía tocar.

Eve se vio obligada a mantener la barrera hasta que el Lickitung se quedó sin aliento y no pudo continuar con la Ventisca. Pero antes de que eso sucediera, ambos Lanzallamas terminaron ocasionando una explosión que cubrió con un grueso humo negro gran parte del lugar, nublando la vista del grupo y haciéndolos toser.

— ¡Genial! ¡Más humo...! —exclamó Eve irónicamente entre graves tosidos, las náuseas que le producía el desagradable aroma del humo la desconcentraron y con eso su Pantalla de Luz desapareció. Y aunque el Lickitung ya había cancelado la Ventisca, el remanente la alcanzó, llenando de escarcha su pelaje y calándola de frío hasta los huesos.

— ¡Terremoto, Lickitung! —ordenó el Rocket inesperadamente.

— ¡¿Qué?! —exclamó Dyfir conmocionada, entre tosidos frenéticos a causar del humo. Estaba prohibido usar ataques de esa categoría en centros poblados... ¡especialmente en ciudades como Viridian! A sus oídos llegaron otro par de voces, que ordenaban a ambos canes dar saltos altos para mitigar los efectos del ataque. Ella quiso hacer algo similar, pero en cuanto abrió la boca aspiró una bocanada de humo que le escoció la garganta y la hizo llorar— ¡No veo nada! —se quejó apenas con un hilillo de voz.

Casi de inmediato, sintieron que el suelo a sus pies temblaba con fuerza. Dyfir perdió el equilibrio y cayó sentada al suelo; intentó levantarse varias veces, pero cada vez que lo hacía caía de nuevo. Llamita tenía la suficiente experiencia para mantenerse firmemente en pie, pero las ondas le producían un dolor inusual que sólo pokémon susceptibles a lo mismo podrían entender. Eve y Moonghost se vieron forzados a levitar para evadir el ataque del Lickitung, en busca también de alguna manera para ganar mejor posición y neutralizar a sus enemigos.

El estar por encima del humo, les permitió a los hermanos localizar al Arcanine y al Houndoom en pleno salto. Moonghost frunció levemente el ceño y se dirigió rápidamente en contra del Houndoom, embistiéndolo para hacerlo aterrizar abruptamente. Eve, por su parte, descargó un Psico-Rayo sobre el Arcanine, desviándolo de su trayectoria y lanzándolo contra el suelo.

Mientras los efectos del Terremoto terminaban, el Lickitung se acercó lo más aprisa que pudo a Llamita y le dio un lametazo que hizo estremecer al Typhlosion, paralizándolo de asco. Dyfir se percató de eso y se puso en pie de un jalón, acercándose a toda prisa a su pokémon para interponerse entre el Lickitung y la comadreja. El pokémon lengua retrocedió, esperando las órdenes de su amo mientras éste se regocijaba del efecto que había causado el ataque de su pokémon.

Ignorando lo que sucedía a la entrenadora, Moonghost se acercaba con suma lentitud al Houndoom mientras éste se reincorporaba, observándolo cautelosamente con sus pálidos ojos y el ceño levemente fruncido. El perro gruñó amenazadoramente, esperando a que su entrenador le diera la orden de atacar, relamiendo sus pronunciados colmillos con impaciencia.

— ¡Houndoom, hazlo pedazos! Bueno, no tanto, lo necesitamos entero... ¡Triturar! —ordenó finalmente el dueño del Houndoom.

El canino del averno se abalanzó sobre Moonghost, exhibiendo su lustrosa y atemorizante dentadura, de la cual resaltaron aún más sus largos y filosos colmillos. El fantasma frunció un poco más el ceño y también se lanzó hacia su oponente, dispuesto a medir sus fuerzas aún estando en desventaja de tipo. El rostro del Houndoom dejaba apreciar claramente las ansias que tenía por apresar y destrozar a su contrincante, pero ese gesto tan fiero repentinamente se torció en una mueca de espanto total.

El Houndoom perdió el equilibrio en pleno salto y estampó su rostro de lleno contra el suelo, chillando agudamente a causa del dolor y el inusual ataque de pánico. Temblaba de pies a cabeza, con los ojos muy abiertos y la cola entre las patas; su miedo resultaba incluso gracioso, era como si estuviera atravesando por un shock muy fuerte.

Moonghost se detuvo ante la reacción de su oponente y se quedó muy quieto, observándolo detenidamente... o eso parecía; Dyfir no podía ver el rostro de Moonghost, estaba de espaldas a ella y le causaba curiosidad saber qué pasaba, porque incluso el dueño del Houndoom balbuceaba y temblaba como hoja.

Mientras lo del Houndoom sucedía, Eve logró lanzarle un Rayo Confuso al Arcanine, haciendo que el majestuoso pokémon terminara golpeándose estúpidamente en contra de un banquito una y otra vez. Cuando volteó y se percató de lo que pasaba, su hermano ya le devolvía la mirada inocentemente con la punta de su lengua asomándose tímidamente.

— ¿Intentaste usar Lengüetazo? —le preguntó Eve monótonamente, a lo que su hermano le contestó asintiendo con la cabeza. Suspiró con hastío, era un ataque inútil ante ese tipo de oponente, pero lo hizo más que nada para no reírse. Entonces, agregó:— ¿No recuerdas la cara horrible que pones cuando usas ese ataque? Antes de que consigas lamer a alguien, lo matarás de un infarto.

— ¡No puedo evitarlo! En serio, no sé por qué lo hago, pero necesito pulir mis técnicas de vez en cuando —bufó Moonghost algo ofendido, cruzándose debrazos y haciendo pucheros—. Y es que... ¡no lo entiendo! O sea, no hago muecas a propósito, ¡en verdad! —argumentó, dándose golpes de pecho, pero el atisbo de una sonrisa pícara le daba a entender a Eve que, en cierto modo, lo hacía propósito—. Y en gran parte, la idea era que le diera un patatús, pero lo único que conseguí fue que chillará igual que Skyfler cuando le ensucias la cola.

— ¡Hiper Rayo, Lickitung! —gritó uno de los Rocket repentinamente, tomando desprevenidos a todos.

El Lickitung, sin chistar, cargó rápidamente el rayo dorado en su boca y lo disparó en dirección a Dyfir y Llamita. Cuando Eve y Moonghost reaccionaron para lanzarse en ayuda a la entrenadora, el ataque ya había impactado, explotando y levantado una gran cortina de polvo que los envolvió a todos.

Moonghost fue el primero en salir de su estupor, sólo para soltar insultos y maldiciones entre graves tosidos, retando groseramente al Lickitung para hacerlo pagar por lo que había hecho.

Eve estaba más ocupada en usar todas sus fuerzas para mantenerse en pie, estaba poniéndose peor luego de tanto humo, un mareo muy potente la hacia tambalearse, sus piernas le temblaban y las luces de los edificios brillaban con mayor intensidad, deslumbrándola y desorientándola por completo. No pudo soportarlo por mucho tiempo, sucumbió ante el mundo que daba vueltas vertiginosamente a su alrededor, cayendo de rodillas al suelo. Estar tan vulnerable sólo la hacía sentir furiosa, no podía estar más avergonzada ante su propia debilidad, nada podía con la impotencia que experimentaba en esos momentos. ¿Qué pensaría su hermano mayor de ella si la viera en tan deplorable estado por algo tan absurdo?

— ¡Son unos malditos...! ¡Desgraciados, hijos de...! ¡Les juro que...! —gritaba Moonghost con tanta ira que no terminaba las oraciones. Sólo se detuvo al notar algo extraño a través de la cortina de polvo, una alta silueta se perfilaba justo en donde había impactado el Hiper Rayo. Cuando el humo se dispersó, su sorpresa sólo era superada por el alivio.

Dyfir y Llamita estaban intactos. La joven se aferraba a su Typhlosion con vehemencia, riendo nerviosamente y agradeciendo que se encontraran con bien. Pero sus ojos rápidamente se posaron sobre un pokémon que estaba ante ellos, uno que Dyfir jamás había visto, preguntándose si su protector era amigo o enemigo.

Era mucho más alto que cualquiera de los que se encontraba en el lugar, sólo con eso bastaba para sentirse intimidado con su presencia, pero sus feroces ojos violeta acentuaban aún más su regia apariencia. El pokémon tenía extendido su brazo derecho, con el cual mantenía una barrera azulada y traslúcida, la cual seguramente había recibido de lleno el Hiper Rayo.

Dyfir lo observaba de hito en hito, claramente sorprendida, no lo vio llegar pero estaba agradecida de que lo hiciera. Moonghost y Eve estaban tan consternados como la joven, aunque la segunda no veía al extraño como un salvador, sino más bien como un nuevo problema.

Y las sospechas de Eve crecieron cuando notó que los Rocket no sólo estaban sorprendidos, sino que además contemplaban al extraño pokémon con profundo temor mientras éste les devolvía la mirada con el ceño fruncido.

— ¡E-e-es… es...! —tartamudeó Cara de Primeape, sin poder creer lo que veían sus ojos— ¡¿P-por qué está aquí?! ¡Se supone que...!

Entonces, el extraño pokémon dibujó una sonrisa maliciosa mientras alzaba su mano una vez más, la cual comenzó a brillar rodeada de una hermosa aura celeste. Todos los pokémon de los Rocket quedaron envueltos en la misma energía azul, elevándose unos metros del suelo, retorciéndose de dolor a medida que el extraño cerraba su mano. Estuvieron así unos segundos hasta que el desconocido pokémon hizo un ademán bastante brusco y todos los afectados salieron disparados, cayendo encima de sus respectivos entrenadores.

El pokémon bajó la mano y caminó tranquilamente hacia los Rocket, en sus ojos se veía claramente su intención de darles la estocada final, vislumbrándose incluso algo de crueldad. Pero inesperadamente, un aura violácea rodeó al grupo de rufianes y, de un segundo a otro, se produjo una explosión de magnitud considerable.

El extraño tuvo que cubrirse en un vano intento por protegerse, pero al darse cuenta que lo único que hizo la explosión fue levantar polvo y mandar a volar a los Rocket, buscó rápidamente con la mirada al autor de tal cosa.

— ¡¿Te has vuelto loca, Eve?! ¡Sólo mírate! ¡No estás en condiciones para hacer esa gracia! —exclamó Moonghost angustiado, corriendo hacia su hermana.

— En vez de darme tanta lata, cerciórate de que Dyfir y su pokémon estén bien —espetó Eve fríamente, con la mirada clavada en el suelo. Ahora tenía que sostenerse con los brazos para no caer por completo al suelo y el esfuerzo la había hecho sudar frío.

Moonghost la contempló angustiado por unos segundos, pero accedió a dejarla tranquila para apresurarse y verificar el estado de Dyfir, aunque eso no le quitaba la preocupación.

Mientras el fantasma hacia lo que le habían ordenado, Eve aguantaba con todas sus fuerzas las ganas de vomitar. Se decía una y otra vez que tenía que levantarse, tenía a un extraño parado al frente y ella no podía permitirse lucir débil, tenía que ponerse en pie y prepararse en caso de tener que defenderse.

Repentinamente, se sintió observada y levantó la mirada, sabiendo que se tropezaría con los ojos violetas del misterioso pokémon, quien la contemplaba con cierto interés. Ella hizo un esfuerzo mayor para reincorporarse, sin quitarle la vista aún cuando le costaba tanto, experimentando una repentina curiosidad hacia él. Eve sin dudas desconfiaba de él, los extraños no eran de su agrado, pero en su cabeza revoloteaba una pregunta que la hacía estremecer: ¿Acaso sería aquél pokémon de quien le había hablado su Madre?

Deshechó inmediatamente tal idea sacudiendo su cabeza, aún luchando por ponerse de pie y consiguiéndolo a duras penas, aun con la mirada fija en el pokémon. Fuera quien fuera, lo echaría a patadas, no necesitaba otro estor...

— ¡Oye! —exclamó Moonghost alegremente, apareciendo de repente frente al pokémon. Eve sólo podía maldecir su imprudencia y tratar de controlar sus ganas de ahorcarlo junto con las de vomitar que le produjo el alterarse—. Muchísimas gracias por ayudarnos, en serio —agradeció, dirigiéndole una sonrisa.

— No fue nada —le respondió seriamente el extraño, dando un par de pasos hacia atrás. Al parecer le incomodaba que invadieran su espacio personal.

— ¡¿Sabes hablar la lengua humana también?! ¡Increíble! —exclamó Moonghost, claramente emocionado y asombrado, acercándose a él sin notar que el pokémon trataba de mantener la distancia— ¡Esto es genial! No tendré que estar traduciendo lo que dices. Y por lo que veo eres psíquico. También luces muy fuerte. Y veo que no te gusta usar tus cuerdas vocales porque te comunicas a través de la telepatía —dijo rápidamente, dando vueltas alrededor del pokémon muy rápido cuando se cansó de perseguirlo—. ¿Cómo te llamas? —preguntó de sopetón, deteniéndose en seco y dando fin a su lluvia de comentarios.

— Mewtwo… —balbuceó el pokémon luego de un minuto de silencio. La inseguridad con la que contestó indicaba que era tan receloso y desconfiado como Eve... eso o quedó abrumado por culpa de Moonghost.

— ¡Mucho gusto! —vociferó el fantasma lleno de felicidad, sosteniendo las manos de Mewtwo y sacudiéndolas enérgicamente—. ¡Deja te presento! Ella es Dyfir, una entrenadora que tenemos de mascota. El pobre Typhlosion de allá se llama Llamita y es de Dyfir. La que está allí muriéndose es mi hermanita Eve. Y yo soy Moonghost, el fantástico. ¡Es todo un placer el conocerte! —dijo rápidamente, ensanchando más su sonrisa a cada que señalaba a alguien para presentarlo—. No sé por qué, pero me cae bien, Eve. ¿Podemos quedárnoslo? Te prometo que lo alimentaré y cuidaré bien, sólo mira lo bien que está Dyfir —agregó, mirando a Eve con un brillo inusual en los ojos.

Eve pegó un ligero respingo, mirando algo atolondrada a Moonghost y luego a Mewtwo. Ambos intercambiaron miradas por quién sabe cuánto tiempo, hasta que Eve esquivó los intensos ojos de Mewtwo para tropezarse con el sonriente Moonghost.

Estaba tentada a señalarle, siguiendo el argumento de su hermano, que su mascota y la mascota de su mascota estuvieron a punto de estallar a causa de un Hiper Rayo, pero ella no estaba de humor para eso ni para soportar las quejas de Dyfir en caso de decirlo.

El extraño, que se hacía llamar Mewtwo, parecía tan perplejo como ella ante la repentina petición de Moonghost, aunque ahora estaba más ocupado en esquivar al fantasma, quien intentaba darle un abrazo de agradecimiento. Mientras los observaba, suspiró llena de frustración, pues aunque se negara rotundamente su hermano ignoraría su decisión. Estaba atada de manos y no podía hacer nada para evitarlo

— ¿Por qué me haces esto? —suspiró Eve con pesar, dirigiendo una mirada llena de cólera al vasto cielo de la noche y dedicándole un poco agradable pensamiento a su Madre.






Capítulo original
Spoiler
Capítulo 6 – Contratiempos en Viridian (2da Parte)
(((Música de fondo adecuada para la ocasión)))
- ¡MOONGHOST DEJA DE JUGAR! – grita Eve a Moonghost, y se tambalea.
Moonghost, extrañamente, había adquirido la forma de un reproductor de discos. En la habitación, todos menos Eve, estaban viéndolo muy raro. Moonghost vuelve a su forma original, después de convertirse en una masa deforme.
– Nunca me dejas divertirme – espeta Moonghost, haciendo pucheros.
Eve niega con la cabeza mirando hacia el techo. Repentinamente y en un movimiento rápido, lanza una esfera violeta que desprendía chispas al Electabuzz. Lo imprevisto del ataque impide que el Electabuzz intente siquiera defenderse, la fuerza del impacto lo impulsa hacia atrás, rodeado de chispas violetas.
- ¡Ja! Con eso no podrás derrotar a mi Electabuzz. Es de un nivel bastante alto y una esferita con chispitas no lo derrotará tan fácil – dice un Rocket, entre risas – ¡Trueno! – exclama, apuntando con el dedo a Eve. Pasan unos segundos - ¿Pero qué…? ¡¿Cómo demonios…?! – exclama exasperado, después de voltear.
El Electabuzz se hallaba desmayado. Eve suspira, luego se acaricia la cabeza.
- Odio estar en una ciudad humana –
En ese momento se prenden las luces y aparece la enfermera Joy.
- ¿Qué sucede? –pregunta, algo alterada. Entonces ve a los Rocket- ¡Por mi abuela! ¡Es el Equipo Rocket! ¡¿Y qué le paso a mi alfombra?!– exclama sorprendida.
- ¿Por qué prende las luces? Nos costo mucho instalar los reflectores – dice uno de los Rocket.
- Debes admitir que ni siquiera yo soy tan imbécil – le susurra Moonghost a Eve.
- Eve, Moonghost. Será mejor que salgamos, si peleamos aquí dañaremos el Centro Pokémon – dice Dyfir. Moonghost asiente, Eve no le estaba dando mucha importancia al asunto - ¡Vamos Llamita! – exclama dirigiéndose hacia la salida.
El Typhlosion ruge y corre detrás de su entrenadora. Moonghost corre tras ellos, arrastrando a Eve. La enfermera, apresuradamente, se acerca a su lugar de trabajo y aprieta un botón que se encontraba en un tablero de control. Con esto les abre las puertas para que pudieran salir.
- ¡Que no escapen! – gritan los Rocket, persiguiéndolos.
Ya afuera, Dyfir y los pokémon se alejan lo suficiente del Centro Pokémon, seguidos de los Rocket.
- ¡No podrán huir! – exclama un Rocket.
- No pretendemos huir – espeta Eve, ya fastidiada.
- ¿Ah si? Entonces… ¡Houndoom, Bola Sombra! – exclama el mismo Rocket.
Obedientemente, su pokémon canino gruñe y abre sus fauces y entre ellas, comienza a generarse una esfera de energía negra, que dispara en dirección a su oponente. Moonghost deja suavemente (pero con rapidez) a su hermana Eve en el suelo y le responde al Houndoom con el mismo ataque, con una velocidad de reacción sorprendente.
Ambas Bola Sombra impactan, produciendo una explosión de poca magnitud, que forma una pequeña nube de humo de poca densidad.
- ¿Tú no ayudas? – pregunta el Rocket 3 al Rocket 2.
- Aún no asimilo lo de mi Electabuzz – alega llorando.
- Sólo se desmayo – articula el Rocket 3, mirando a su compañero de forma extraña. Lo único que consiguió fue que su compañero llorara más, así que decidió dejarlo en paz.
- ¡Arcanine! ¡Lanzallamas! – grita el Rocket 1.
- ¡Lickitung! ¡Ventisca! – exclama a la par el Rocket 4.
El esplendoroso pokémon, imita a su compañero Houndoom al abrir sus fauces, y desde lo más profundo de sus entrañas comienza a producir calor, que produce llamas en su boca. El Lickitung, mientras, se coloca al lado del Arcanine e inhala profundamente, para luego exhalar y liberar un gélido ventarrón. Al instante, el Arcanine libera las llamas de sus fauces, rugiendo.
- ¡Llamita! ¡Contrarresta con Lanzallamas! – exclama Dyfir, señalándole el ataque del Arcanine.
El Typhlosion enciende las llamas en medio de su rugido, y sin pasar por el protocolo del Arcanine, también expulsa de su boca una fila de llamas de un incandescente carmesí. Ambos ataques de fuego se interceptan, haciendo a sus creadores batallar para mantenerlo hasta que el otro ceda.
La Ventisca seguía su rápido trayecto. Eve sacude la cabeza y de un salto se coloca frente a Dyfir y Moonghost. En ese instante, sus ojos se iluminan con un tono violáceo y Dyfir observa como se materializaba frente a ellos una barrera luminosa, y la Ventisca impactó contra la barra luminosa, pero el viento se decantó por los bordes de ésta sin tocar a nadie. Eve había hecho una Pantalla de Luz.
- Demonios… ¡Lickitung, detén el ataque! – ordena el Rocket 4. Su pokémon le obedece rápidamente.
Justo en ese momento, los Lanzallamas del Arcanine y del Llamita de Dyfir, producen una explosión de mayor magnitud que las de la Bola Sombra, y produce un humo más espeso que llega hasta Eve, Moonghost y Dyfir.
- ¡Genial...! ¡Más humo! – refunfuña Eve.
- ¡Terremoto! – exclama el Rocket 4
- ¡Arcanine! ¡Salta alto! – ordena el Rocket 1.
- ¡Tú también, Houndoom! – exclama el Rocket 3.
Ambos pokémon, con mucha obediencia, dan un gran salto mientras el Lickitung levanta su pie y golpea el suelo fuertemente, provocando un fuerte temblor. Todo esto pasó en cuestión de segundos, así que tomó por sorpresa a Eve y a Moonghost, aunque simplemente lo evitaron elevándose un poco del suelo.
En cambio, el Typhlosion de Dyfir sentía el poder de la vibración en todo su cuerpo, y podía vislumbrarse el daño que le causaba por la mueca en su rostro. Dyfir se tambaleaba y trataba de mantener el equilibrio, pero a la final cayo al suelo sentada.
- ¡Ouch! -
Finalmente, el humo se disipa pero el Terremoto continuaba. Eve frunce el ceño levemente y eleva la mirada, entonces, encuentra al Arcanine y al Houndoom aún en medio salto.
- Moonghost – señala Eve.
Moonghost asiente y vuela rápidamente en dirección al Houndoom, embistiéndolo para alejarlo de su compañero de batalla. Mientras, Eve también vuela en dirección al Arcanine, pero ascendiendo hasta quedar encima del pokémon perro; su cuerpo es rodeado de una tenue aura violácea y libera un rayo multicolor que da de lleno contra el Arcanine y lo hace aterrizar duramente al suelo. La razón, un Rayo Psíquico.
Seguido del Arcanine, el Houndoom también se estrella contra el suelo. Justo en ese momento, el Terremoto del Lickitung se detiene al fin, permitiendo a Dyfir levantarse para chequear velozmente a Llamita.
Moonghost aterriza en el suelo frente al Houndoom, apoyándose sobre sus patas traseras, estaba a espaldas de todos.
- ¡Triturar, rápido! – ordena el Rocket 3.
El Houndoom se reincorpora lo más rápido que puede y se abalanza sobre Moonghost dando un salto, con sus fauces abiertas de par en par, mostrándole a su oponente sus filosos colmillos.
Moonghost flexiona un poco sus piernas e imita al Houndoom en el salto. El Houndoom estaba completamente decidido a despellejar a Moonghost, pero repentinamente, la amenazante expresión en su rostro se transforma en una cómica mueca de miedo y libera un chillido agudo. La repentina reacción hace que el Houndoom pierda control y caiga al suelo en medio del salto, en estado de shock. Moonghost también se detiene, contemplando tranquilamente a su contrincante.
Mientras eso sucedía, Eve había usado Rayo Confuso sobre el Arcanine, que en esos momentos se golpeaba bobamente la cabeza contra el suelo. Cuando escuchó el chillido, voltea y ve a Moonghost contemplando al Houndoom soltar unos pequeños y pausados chillidos. Las orejas de Moonghost se mueven levemente y voltea parra mira a Eve, le dirigía una inquisitiva mirada con la lengua afuera.
- Trataste de usar TU Lengüetazo ¿No es así? – pregunta Eve escépticamente. Moonghost asiente en respuesta, todavía con la lengua afuera – Antes de lograr que le causes daño o de incluso paralizarlo, lograrás que ingrese al hospital por un paro cardíaco –
- Esa era la idea – dice Moonghost burlonamente entre risas – Pero lo único que obtuve es que chillara como Skyfler cuando le pisas la cola -
- ¡Lickitung, Híper Rayo! – exclama repentinamente el Rocket 4.
El Lickitung produce una graciosa exclamación y una esfera dorada cimienza a nacer en su boca, la cual libera en menos de un segundo el poderoso rayo, con una fuerza tremenda.
Eve y Moonghost se olvidan de su plática exprés y dirigen su mirada al Lickitung. Moonghost descubre, para su horror, que el ataque se dirigía directamente a Dyfir. Ambos se dieron cuenta tarde, el ataque había impactado cuando Moonghost reaccionó. Eve no intentó nada por que ya le habían vuelto los mareos, aparte del hecho de que realmente no le importaba mucho la chica.
- ¡No! – exclama Moonghost impactado, voltea con furia a ver al grupo de Rocket y con puño en alto les gritaba mil maldiciones ¡Desgraciados, hijos de…! –
Moonghost se proponía decirle varias cosas a los Rocket, pero se detiene en seco al darse cuenta de algo. Rápidamente, mira en donde había impactado el Híper Rayo. Dyfir tenía sus ojos fuertemente cerrados. Había estado asustada, pero al no sentir nada, abre con lentitud y temor sus ojos, entonces se da de cuenta de que estaba intacta, igual que su querido Llamita.
Dyfir no salía de su asombro y no hallaba razón, hasta que se percató. Delante de ambos levitaba un pokémon, con una extraña anatomía humanoide, el cual observaba con unos ojos violeta oscuro a los Rocket, frunciéndoles el ceño ligeramente.
- Me-Me-Me-Me… - tartamudean los Rocket al unísono, temerosos y asombrados a la vez. El extraño pokémon se posa con suavidad en el suelo y esto hace que los Rocket se abracen.
El pokémon dibuja una maliciosa sonrisa en sus ojos, mientras los pokémon de los Rocket se acercan a sus dueños (el Arcanine tropieza y cae de bruces al suelo). El extraño pokémon levanta el brazo y la palma de su mano es rodeada por un aura azul.
Todos los pokémon de los Rocket también son rodeados con esa aura azul, mientras se elevaban y comenzaban a retorcerse, dibujando muecas de dolor en sus rostros.
Segundos después, el pokémon hace un rápido pero elegante movimiento con el brazo y los pokémon son impulsados y caen duramente sobre los Rocket.
El pokémon comenzó a caminar hacia el derrotado grupo, con intenciones de zanjar el asunto. Pero de repente, un campo violáceo rodea al grupo de los Rockets, cortándole el paso al pokémon, al instante se produce una explosión dentro del campo violeta, que desaparece y manda a volar a los Rocket.
- ¡Eve! – exclama Moonghost dando un respingo y volteando a ver a su hermana, le lanza una rápida mirada al pokémon y luego se acerca a su hermana que se tambaleaba sentada - ¡¿Estás loca?! ¡No te sientes bien! –.
- En vez de preocuparte por mí revisa si tú amiguita se encuentra bien – espeta Eve fríamente con la mirada clavada en el suelo, su rostro volvía a tener un tenue tono verduzco.
Moonghost asiente y se acerca a Dyfir rápidamente. Eve, mientras, aguantaba para no vomitar.
El pokémon se encontraba completamente sorprendido, observaba fijamente a Eve, estudiándola. No sabía exactamente lo que esa pokémon había hecho, pero tenía el extraño presentimiento de que podía hacer más. Pero no solo era eso, había algo en ese pokémon que robaba su atención.
Eve levanta la vista y encuentra la mirada del pokémon. Eve comenzó a reincorporarse sin bajar la guardia ante el extraño, observándolo con curiosidad e incertidumbre… ¿Acaso era a quien se refería la voz?
De repente, Moonghost se coloca cara a cara al pokémon, muy sonriente. De lo repentino, el pokémon se asusta levemente y retrocede un paso, mirándolo con cautela.
- ¡Oye! Gracias por ayudarnos – dice Moonghost, ensanchando más su sonrisa.
El pokémon lo miraba despectivamente, pero Moonghost no se daba cuenta y le dirigía una inocente mirada. El pokémon extraño vuelve a recomponer la compostura y ablanda su mirada.
- No fue nada – le dice a Moonghost. Su voz era masculina y profunda, producía un melodioso eco y parecía retumbar en la cabeza de cada quien. Sin duda, era…
- ¿Sabes la lengua humana? – pregunta Moonghost, asombrado – ¡Genial! Así no tengo que estar traduciendo. Sin duda eres psíquico, eres muy fuerte también y veo que no te gusta usar tus cuerdas vocales por que implementas la telepatía – dice rápidamente, dando vueltas en el aire alrededor del pokémon - ¿Cómo te llamas? – pregunta, deteniéndose frente al pokémon.
- Mewtwo… - responde el pokémon, con cierta inseguridad.
- ¡Mucho gusto! – exclama Moonghost, agarrando las manos de Mewtwo y saludándolo enérgicamente - Ella es Dyfir, el pobre Typhlosion se llama Llamita (no me preguntes por qué le pusieron ese nombre), la que está allí es mi hermanita Eve y yo soy Moonghost – le dice rápidamente, ensanchando más su sonrisa – No se por qué, pero me cae bien hermanita querida – agrega.
- ¿Por qué me castigas de esta manera? – susurra Eve, mirando encolerizada el cielo nocturno…





Bueno... Agradezco a todos los que leen el fic, sin ustedes el fic es nada. Espero que este capitulo haya sido de su agrado n_n. Acepto comentarios, sugerencias, criticas y aporte para el nombre del fic XD

Ahora, como ya hoy es 13, queremos desearle un FELIZ CUMPLEAÑOS a un gran amigo:



Eve, Moonghost & Dyfir: FELIZ CUMPLEAÑOS RICHIE!!!!!!!
***Acercándole una torta***
Moonghost: Ya son 14 ¿no? Te estás haciendo viejo XD
Eve: Mejor deja que coma su torta en paz ¬¬
Moonghost: Cierto, cierto!!!! Cómela!!! Tiene fresas con crema, chocolate, chorizo, morcilla, mango, encurtidos y sardinas =D
***Le acerca un plato a Richie***
Eve: Si no quieres morir intoxicado no la toques - le susurra a Richie.
***La torta es cambiada junto con el pedazo de Richie***
Dyfir: Esta si es del planeta tierra. Es de chocolate. Disfrútala.
Moonghost: Te gusto la foto? - pregunta con una sonrisa.
Dyfir: LA tome yo... Soy una pésima fotografa n_nU
Eve: Lo gracioso fue que tu nombre se estaba cayendo... Nos costo hacerlo y salió enorme... CUando fueron a sacar la foto se cayó todo... Moonghost lo fue a rescatar pero se olvido de algo...
Dyfir: Eran globos XD
Moonghost: Podia haber un alfiler mal parado ¬¬
Dyfir & Eve: COmo digas...
Dyfir: Te deseamos un feliz cumpleaños Richie n_n
Eve: Que disfrutes tu dia y que recibas muchos regalos y felicidad n_n
Moonghost: Ahora es que empieza lo divertido de la vida. Disfruta cada segundo n_n
Eve, Moonghost & Dyfir: FELIZ CUMPLEAÑOS!!!!!!!! ^0^


Espero te haya gustado este pequeño detalle. No es mucho.

FELIZ CUMPLEAÑOS RICHIE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ^0^

Moonghost: Se nos olvido cantarle cumpleaños!!!!! :S
Eve (suspira): CUMPLEAÑOSFELIZTEDESAMOSATICUMPLEAÑOSRICHIECUMPLEAÑOSFELIZ -canta rapidamente y cae.
Dyfir: VEs lo que hiciste???
Eve: No importa... Es por Richie XD
Dyfir: Se les olvida alguien
Eve & Moonghost: Quien?
Eve: Ya se! FELIZ CUMPLE WING MARIO ^0^

EGN: Hoy es el fin del mañana
65 - Todo se paga
#29

Respuesta: Fanfic


wao onix muchas gracias :D esta genial casi lloro, buscare la forma de imprimir ese dibujo y guardarlo. E lcapi muyy bueno y la sorppresa genial

gracias a ti a dyfir a moonghost y a evee

mil gracias y salu2..!!

#30

Respuesta: Fanfic


Que bien,estoy siento lo mismo que Richie,osea que casi lloro,Gracias :shock: :cry: ,me hacen sentir como si en verdad los tuviera frente a mi deseandome feliz cumpleaños,
#31

Respuesta: Fanfic


Muy buena idea ^^ , me gusto mucho . 8)


Salu2!! espro el proximo capitulo



#32

Respuesta: Fanfic


Vaya, que capitulo o-o
Espero con ansias el proximo =P
y fue bonito el regalo para Richie ^^
jejeje,bueno,no tengo ninguna queja sobre el fic,todo se ve fantastico

Saludos
#33

Respuesta: Fanfic


dios mio onix si que tienes tiempo de sobra,estas desocupada XD,no mentiras eres una gran escritora y yo un gran publiciste XD,"no olviden leer mi fic XD",nom mentiras(de nuevo) este zona es para el fic de onix,te queria decir que este capi estuvo largo XD y entretenido,sabes narrar un batalla,ojala sigas asi y allan batallas continuas en tu fic,me entretienen mas XD.

pd=la tc que tiene onix yo la hize XD,ya me callo o me colocan una amarilla XD,sigue asi que vas por buen camino XD.
#34

Capítulo 7 – Dulce encuentro

Capítulo 7 – Dulce encuentro


7
Dulce encuentro


Spoiler
El Bosque Viridian era bien conocido por la amplia gama de pokémon insecto que podía encontrarse dentro de sus límites. También, por ser el primer reto que los entrenadores novatos provenientes de Pueblo Paleta debían superar, ya que era un gigantesco laberinto natural, repleto de vida y frondosos árboles que no permitían que la luz del sol traspasara sus ramas y hojas fácilmente; sólo habían unos pocos claros y campos abiertos que se convertían en el desahogo de los viajeros, en especial si estaban perdidos o habían pasado días inmersos en el bosque.

Aunque no sólo la facilidad para extraviarse volvía al bosque un lugar de cuidado. Importantísimo era considerar a los pokémon oriundos de Viridian pues, aunque la mayoría eran especies inofensivas —perfectas para novatos—, también se encontraba una cantidad inimaginable de nidos y colmenas con insectos mucho más agresivos, que en enjambres eran peligrosos y mortíferos.

Año tras año, se acumulaban las historias de niños que se adentraron en su espesura y encontraron la muerte, ya sea encapsulados en miel sólida, al pie de un desfiladero o con el cuerpo consumido a causa de un potente veneno.

Pero ni tantos relatos nefastos, que tanto gustaba a los guardabosques contarles a los viajeros frente a la entrada del bosque, consiguieron socavar las intenciones de Eve. Ella aseguraba que podía sentir a uno de sus hermanos en el interior del bosque y nada podía con su determinación, ni le importaba la posibilidad de extraviarse. No tuvieron más opción que obedecer, aunque la idea no les hacía ilusión.

Recién comenzaba el cuarto día de su estancia en el bosque. Eve los hizo madrugar como todos los días, obligándolos a levantarse mucho antes de que el sol saliera. Los guío a través de arbustos espinosos, teniendo que esquivar las raíces de los árboles con apenas escaza luz, al menos hasta que ésta comenzó a filtrarse entre las hojas de las copas a medida que avanzaba la mañana.

Mientras ellos se ocupaban de su tortuosa marcha, Eve no dejaba de ir de un lado a otro sin descanso, escudriñando entre los arbustos, adentrándose en madrigueras vacías o sobrevolando la copa de los árboles y permaneciendo varios minutos ahí, en busca de algo que se negaba a mencionar a los demás.

Se detenía a palpar casi todos los troncos, murmurando maldiciones con profunda frustración, mirando con frenesí en todas direcciones hasta que se detenía en seco, cerraba los ojos y permanecía inmóvil por largo rato antes de retomar la marcha con mucho peor humor.

Desde su llegada al bosque, repetía lo mismo durante todo el día hasta el cansancio. Siempre buscando algo sin decirles qué era, en dónde o en qué estaba aquello que tanta ansiedad y enojo le causaba.

Aunque, a decir verdad, su prolongada estadía no sólo se debía a la infructuosa búsqueda de Eve; también Dyfir tenía algo que ver, pues llevaba su bicicleta a cuestas. La entrenadora se negó a dejarla en la casa del guardabosque, así que se mordía la lengua cada vez que quedaba atascada en los arbustos o tropezaba con las raíces.

Dyfir ardía en deseos de poder desahogar su estrés, aguantarse sólo le había conseguido moretones y rasguños por todas partes, pero ni siquiera dejaba escapar una queja con tal de no darle el gusto a Eve de tener la razón.

Por suerte, Moonghost siempre le daba una mano, tocando la bicicleta para hacerla intangible cuando se atoraba y ayudándola a levantarse si se caía. A los dos se les hacía tediosa la labor pero, a pesar de tantos problemas, tenían motivos para mantener los ánimos en alto. En realidad, sólo uno.

Antes de partir de Ciudad Viridian, fueron a disculparse con la enfermera Joy por los problemas causados, cosa que a Eve le pareció absurda e innecesaria. Según ella, no era su culpa que un grupo de "ladrones inescrupulosos e imbéciles" intentaran robarlos y arruinaran la preciada alfombra del Centro.

Le dejaron hablar lo que quisiera, pues cualquier cosa repelente que Eve hubiera dicho entonces quedó opacada cuando Mewtwo aceptó la invitación de Moonghost, uniéndose a ellos. Eso lo contentaba tanto que no les importaba cargar con la cruz de la bicicleta.

Mientras los observaba destrabando el transporte de la entrenadora por enésima vez en lo que iba de mañana, Mewtwo libraba un debate interno, meditando si había sido buena idea aceptar acompañar al grupo de viajeros. Cuestionaba su decisión desde el mismo instante en que aceptó, sin descanso y ni piedad por sí mismo.

Cuanto más pensaba en lo ocurrido, más se reprochaba por haber actuado tan impulsivamente aquella noche. Había cometido un grave error y aún no comprendía los motivos de tal imprudencia. No sólo acechó a los viajeros desde que los encontró en la multitud, esperó fuera del Centro Pokémon e interfirió directamente para salvar a una humana, también se reveló antes agentes del Equipo Rocket y uno de ellos lo reconoció.

Resultaba preocupante que un agente cualquiera lo conociera. Si bien jamás permitió que en su mente anidara el iluso pensamiento de que borraría por completo su existencia de la mente de sus creadores, no estaba preparado para afrontar que siguieran buscándolo.

Después de tanto tiempo vagando sin rumbo definido, visitando todo lugar que se le antojase y permaneciendo cuanto quisiese, le pareció divertido tomar el riesgo de vivir por un tiempo en Viridian. Mewtwo conocía la base oculta bajo el gimnasio bastante bien, era donde Giovanni pasaba la mayoría del tiempo, conservando la careta de líder soberbio y poderoso que tanto le gustaba alardear.

Sintió satisfacción al recordar los largos paseos nocturnos que daba por la ciudad, disfrutando de su bien merecida libertad y, ocasionalmente, saboteando algunas operaciones de los Rocket que tuvieran el infortunio de cruzarse en su camino.

Una vez, incluso, pensó en infiltrarse en la base para boicotear, como una pequeña venganza. Afortunadamente, siempre quedaba como un deseo febril que no llegaba a ningún lado, más que divertirse con la idea de estar tan cerca de aquel que se exasperaba tanto por encontrarlo.

Pero era demasiado arriesgado quedarse luego del espectáculo de aquella noche. No tenía más opción que abandonar la ciudad y aquel peculiar grupo de viajeros le había dado la excusa perfecta. Aunque no era la mejor de sus opciones, ahora el Equipo Rocket los tenía en la mira y, si conocía bien a aquel zorro desgraciado con estúpido traje naranja, sabía que no descansarían hasta capturar a los hermanos. De igual modo, no comprendía esa repentina urgencia por ser "amigable" con unos extraños.

Mewtwo frunció levemente el ceño, observando detenidamente al despreocupado de Moonghost y a Eve suspirando insultos al tronco de un árbol, cuestionando si ellos ocultaban algún poder que resultara peligroso si cayese en manos de Giovanni, obviando su clara rareza y singularidad.

Lo que había presenciado sólo le indicaba que tenían una capacidad de lucha promedio, incluso absurdamente torpe si recordaba la actuación de Moonghost. Sin embargo, Eve no se encontraba en las mejores condiciones y se las arregló para mandar a volar a los Rocket, aún con el malestar encima. Podrían tener un potencial oculto o muy buena suerte, no resolvía cuál era la respuesta. Si los subestimaba o no, sólo era un motivo adicional para dejarse llevar por las extrañas oportunidades que le otorgaba el destino, al menos por un rato.

Sonrió con amargura al notar que le daban todo en bandeja de plata. Era la ocasión que tanto esperó para librarse de la monotonía a la que él mismo se había condenado, aun cuando no tenía ni idea de qué se traían en manos esos tres.

Eventualmente, Dyfir y Moonghost se encargaron de ponerlo al tanto, ofreciéndole un cuento tan fantástico y absurdo, que le hizo titubear de nuevo sobre su permanencia en la expedición; aunque al mismo tiempo le producía un inusual interés.

Dudaba con creces de la existencia de una deidad mayor y que tuviera a dos de sus hijos frente a él. Pero por más que se lo repetía, era incapaz de dar media vuelta y largarse, como si algo lo mantuviera atado a ellos.

Ese inusual interés que despertaron en él era lo que más le molestaba, en especial porque la curiosidad que Moonghost mostraba por él lo superaba en muchos aspectos y era exasperante. Las ganas del fantasma por conocer a su nuevo compañero los enloquecían. No paraba de hablar, buscando entablar conversación con Mewtwo, siempre con intenciones de sacarle la mayor información posible.

Si en verdad eran hijos de la deidad que dio forma al mundo y trajo la vida a éste, ninguno de ellos querría involucrarse con la creación de un humano, una aberración que les produciría desprecio. Lo mejor era mantener en secreto todo lo referente a su pasado.

Para sobrevivir al interrogatorio sin que se le escapara información crucial, sólo respondía con monosílabos y ocasionales ademanes de la mano, mentía incluso si era necesario.

Moonghost intentaba no desmotivarse ante esto. Sospechó que Mewtwo era alguien de pocas palabras en cuanto se conocieron, pero no tanto... ¡Y ni hablar de una sonrisa! Pero luego recordaba que era capaz de lidiar con Eve y volvía a la carga.

Dyfir, por su parte, también estaba encantada y maravillada. Era como un sueño hecho realidad. Se sentía la chica más afortunada del mundo, incluso se pellizcaba para asegurarse de que no fuera sólo un sueño. Todo aquello le hacía rememorar las viejas historias que le relataban sus abuelos, que alimentaron sus fantasías y ganas por convertirse en entrenadora de élite para explorar el mundo de punta a punta.

Claro, era imposible que todo en el grupo fuera dicha, mucho menos con el mal carácter de Eve. Ella fue la única que se negó rotundamente a aceptar a Mewtwo, alegando con poquísimo tacto que con Dyfir sobraba y bastaba. Sin embargo, dos eran más que uno, así que Moonghost y Dyfir pasaron por encima de su autoridad y sumaron a Mewtwo a sus filas sin importar cuántos reparos puso. Desde entonces, Eve no les dirigía la palabra e ignoraba a Mewtwo por completo.

A Moonghost y Dyfir no les parecía una actitud madura, tampoco es que pareciera importarle mucho a Mewtwo, igual guardaban esperanzas de que con el tiempo eso mejoraría. Este mantra se lo repetían ante cada nuevo desaire con Eve, buscando darle ánimos al clon y a ellos mismos.

Ya sin nada que contarle a Mewtwo, la cabeza de Dyfir mataba tiempo pensando en las dudas que tenía, especialmente una con respecto a la noche en la que fueron emboscados por el Equipo Rocket que la carcomía por dentro. En vista de la precaria situación y la profunda molestia de Eve, decidió que era mejor reservárselas para un mejor momento, pero ya no podía soportarlo.

Dyfir respiró profundamente y se lanzó al ataque, haciendo un enorme esfuerzo para alcanzar a Eve con su bicicleta a rastras, resoplando y secándose el sudor, actuando lo más casual posible para no advertir a la pokémon de sus intenciones. Observó detenidamente con sus ojos café a Eve mientras ésta inspeccionaba otro tronco, encontrando la oportunidad perfecta para abordarla sin que se molestara... al menos no demasiado... en realidad, no estaba segura de si atentaba contra su propia vida.

"Ten valor. Es más pequeña que yo, no va a comerme ni nada por el estilo", pensó, tomando aire y buscando coraje. El momento del interrogatorio había llegado al fin.

— ¡Uf! ¡Estoy exhausta! —dijo con pesar, mirando a Eve de reojo para medir su reacción—. Entonces... ¿qué buscamos exactamente? —preguntó, tratando de sonar natural.

— ¿No te lo había dicho ya, Dyfir? —contestó Moonghost con una risilla nerviosa, apareciendo de la nada y arrebatándole la oportunidad a Eve de siquiera lanzarle una mirada asesina a la entrenadora—. No lo sabemos, por eso llevamos tantos días aquí.

— Cierto, lo dijiste, pero quiero saber el motivo —dijo Dyfir hablando entre dientes cuando intentaba forzar una sonrisa, esperando que Moonghost entendiera que quería recibir las respuestas de Eve y no de él.

— Una de las primeras cosas que te expliqué cuando nos conocimos fue que no todos mis hermanos estaban encerrados en una esfera, como yo —continuó Moonghost, ignorando por completo las intenciones de la joven, aunque ahora le hiciera señales en extremo obvias para que cerrara la boca—. Podría estar en cualquier cosa, incluso sospecho que es tan elusivo porque se encuentra recluido en un ser vivo.

— ¡Por favor, Moonghost! No hables tantas sandeces —espetó Eve con hastío, sorprendiéndolos luego de pasar días sin pronunciar palabra alguna—. El sólo hecho de que siquiera pienses en esa posibilidad, habla muy mal de ti.

Dyfir —que había olvidado por completo mantener el ojo puesto en Eve— volteó y la encontró sentada en las ramas más bajas de un árbol cercano, obligando a los demás a detenerse para escucharla. Miraba a Moonghost con desdén, moviendo lentamente su cola en clara muestra de disgusto, cosa que no era inusual, pero no evitó que Dyfir se sintiera algo acongojada ante su fría mirada.

— Todo lo vivo debe morir, a menos que su destino sea ser eterno, pero eso sólo está destinado a los dioses —señaló con severidad y cierto reproche—. No somos más que un envase y los sellos se hubieran desecho de inmediato, dejándonos un hermano demasiado viejo para luchar. ¿No te da siquiera un poco de vergüenza ser tan iluso? Especialmente, cuando sabes quién fue el encargado de sellarnos; conociendo lo meticuloso que es él....

— Pues, dudo por mucho que ese amargado sea perfecto en toda perfección, puede cometer errores al igual que tú y yo —dijo Moonghost a modo de defensa, pero sin dejar de lado su característica picardía.

— ¿Cómo sabes en dónde buscar? —preguntó Dyfir de sopetón, sólo para evitar que los hermanos entablaran otro de sus debates con respecto a sus deberes y aprovechándose de que Eve hablaba de nuevo.

La pokémon clavó los ojos con indiferencia en la adolescente, observándola por unos segundos antes de liberar un profundo suspiro de resignación. Si ella no le respondía ahora, Moonghost lo haría y con cientos de errores, así que no correría el riesgo de que le metiera idioteces en la cabeza a la chica.

— A falta de mejor comparación, soy como una antena que busca captar ondas de psiquis —comenzó a explicar con voz monótona, mosqueándose un poco ante el brillo de ilusión en los ojos de Dyfir—. Cuando logran superar la fuerza de los sellos que inducen el sueño, mis hermanos me hacen saber que ya están listos, enviando mensajes a través de ondas de psiquis. Pero son muy complejas y no son tan claras como las palabras. Pueden terminar rebotando por todas partes y resultar confusas, a veces me resulta difícil decidir de dónde provienen, por eso hemos perdido tanto tiempo aquí.

Dyfir escuchaba atentamente, aunque era notorio que no entendía nada de lo que Eve decía, pero Mewtwo sí. La psiquis era el centro del poder psíquico, de su desarrollo dependía la capacidad que tenía un pokémon psíquico y era la causa por la que existían especies con mayor poder que otras.

Sin embargo, la psiquis era algo más complejo de explicar, pues era tan versátil y a la vez tan delicada, que la más leve alteración era capaz de corromperla y el infortunado perdería la razón y el control de sus acciones. Debido a esto, los psíquicos invertían mucho tiempo en meditar, puesto que ayuda a mantener el control de la psiquis. De igual modo, se evitaba experimentar emociones potentes, dejarse llevar por los sentimientos podía ser la perdición.

Pero era la primera vez que Mewtwo escuchaba que la psiquis podía ser utilizada para encontrar a otros, especialmente a distancias muy largas; él conseguía sentir la presencia de terceros, pero sólo si estaban cerca. Si en verdad Eve era capaz de esto, resultaba impresionante, aunque prefería pensar lógicamente y relacionarlo a un fuerte vínculo entre los hermanos.

— ¿Contestada tú pregunta? —preguntó Eve súbitamente con cierto toque irónico, sacando a Mewtwo de sus cavilaciones.

Dyfir la miraba con los ojos tan brillantes de alegría y una enorme sonrisa, que consiguió hacer sentir incómoda a Eve. A Dyfir le resultaba imposible contener la emoción de recibir respuestas directamente de ella.

— Sí, sí, un poco —dijo Dyfir rápidamente, atropellando las palabras por lo contenta que estaba—. Y aquí sientes esas ondas, ¿cierto? ¿Están por todos lados? —preguntó para aprovechar el momento, buscando con la mirada como si así pudiese encontrar alguna pista.

Eve torció los ojos por el simple hecho de que era absurdo buscar algo invisible a la vista. La psiquis de los humanos era un chiste, sólo unos pocos dotados podían darle uso, aunque igual era motivo de burla su escaso desarrollo.

Dyfir era demasiado tonta si creía que podría hallar el camino cuando Eve tenía varios días jalándose los pelos. Que un humano se creyera útil era hilarante. Eve deseaba con fervor poder hacerla desaparecer con la mirada de desprecio que le dedicaba.

— Sí, por todo el lugar —respondió Eve de mala gana, dejándose caer y aterrizando de puntillas con mucha gracia, como si fuera una pluma—. Sólo necesito encontrar el epicentro de las ondas —dijo distraídamente, reanudando la marcha.

— ¿Y no sabes con exactitud qué buscamos? —Dyfir siguió aprovechando el momento, con sus ojos brillando de emoción mientras la seguía lo más rápido que su bicicleta se lo permitía.

— No sé en qué está el quién que buscamos. Si lo supiera, me limitaría a esos qué —espetó Eve, comenzando a arrepentirse de haberle prestado atención a la humana. Ni siquiera entendía por qué continuaba respondiéndole—. Únicamente estoy segura de a quién encontraremos.

— ¡¿De veras?! —saltó Moonghost de sopetón, precipitándose hacia delante para dar alcance a su hermana— ¿Por qué no me habías dicho eso antes? ¿Quién es? — preguntó muy rápido a causa de la emoción, sujetando las manos de su hermana con cariño, deteniendo su andar.

Eve lo miró con severidad por el contacto físico, consiguiendo que su hermano la soltara de inmediato, aunque manteniendo sus ojos brillantes de esperanza clavados en ella. Eve le sostuvo la mirada para transmitir su descontento, dibujando una repentina sonrisa maliciosa que descolocó a Moonghost por varios segundos.

— ¿Qué te hace pensar que mereces que te lo diga? —señaló Eve burlonamente. Tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no carcajearse cuando la estupefacción afloró en el rostro de su hermano.

— Porque eres mi linda hermanita —Moonghost dudó al responder, riendo nerviosamente— ¿Me dices quién es? ¿Sí? —insistió, poniendo la cara de súplica más adorable que podían tallar sus facciones, sólo para ella.

Eve lo miró con gran desdén, girando y dándole la espalda. Moonghost le agarró la punta de la cola delicadamente, para llamar su atención sin hacerla enojar. Eve resopló con desgano, deteniéndose como para pensar si lo ignoraba o le daba un puñetazo en la cara. Mientras se decidía, Moonghost mantenía la mirada fija en ella sin alterar la expresión en su rostro; confiaba que con ello llegaría a conmover el corazón de su hermana, el destello que brotaba de sus ojos era algo jamás visto, era imposible que se resistiera a sus encantos.

— No —respondió Eve secamente de un momento a otro, realizando un ágil movimiento con la cola que la zafó de las manos del fantasma.

Ella siguió su camino como si nada riendo para sus adentros, sin fijarse que el rostro llenó de ternura de Moonghost había sido invadido por el absoluto espasmo. Como acto de malcriadez, Moonghost se recuperó y le sacó la lengua groseramente.

Dyfir soltó una sonora carcajada, reanudando la marcha como pudo entre la bicicleta y la falta de aliento. Mewtwo se estremeció de descontento por ello, más la sombra de una sonrisa se asomaba en su rostro, divirtiéndose ante el desaire por el que Moonghost acababa de pasar.

Cuando Dyfir logró contener las risas, enjugó sus lágrimas y observó a Eve con mucha atención. Aún tenía unas cuantas preguntas que quería hacerle, así que volvió a ingeniárselas para acercarse lo más que pudo a la pokémon, con la mirada de los otros dos clavada en su espalda.

— ¿Qué quieres? —rezongó Eve fastidiada, luego de que Dyfir la llamara con voz melodiosa. No se molestó en mirarla, tenía que continuar con su labor, además de que estaba segura del gesto alegre que tendría y si lo veía se vendría en vómito.

— La noche que nos atacó el Equipo Rocket —comenzó Dyfir cautelosamente—, derrotaste a ese Electabuzz con un solo ataque y… bueno… me preguntaba por qué no hiciste lo mismo con el resto de los pokémon. Creo que si hubieses repetido ese ataque psíquico, nos habrías ahorrado muchos problemas.

"Especialmente a mí", pensó Mewtwo irónicamente. No sabía de qué ataque estaban hablando, él no pudo ver lo sucedido dentro del Centro Pokémon, pero si Eve fue capaz de noquear a un pokémon élite del Equipo Rocket, de aquellos que solían reservar para el uso exclusivo de Giovanni, estaba interesado en saber de ello. Especialmente, cuando recordaba que Eve apenas y podía mantenerse en pie aquella noche.

Pero Eve la ignoró por completo, siguiendo su camino como si no la hubiese escuchado. Dyfir estuvo por insistirle, pero Moonghost se le adelantó.

— Si Eve hubiese tenido intenciones de derrotar a sus enemigos con cosquillas, créeme que no le habría temblado el pulso —dijo, colocándose al lado de la entrenadora.

— ¿Cosquillas? —repitió Dyfir, muy confundida— ¿Podrías ser más claro? No estoy entendiendo nada.

— No presiones tanto, niña —intervino Mewtwo, anticipando que Dyfir estaba por abalanzarse sobre Moonghost para jalar de sus mejillas y sacarle la información—. Generalmente, los pokémon no explicamos nuestras mecánicas de batalla a un humano. Así que no esperes respuestas concisas, menos de alguien tan reservado como ellos dos.

— De nuevo tienes razón, Mewtwo —asintió Moonghost, sonriendo con suficiencia— ¿Qué clase de ataque pensaste que era? —preguntó a Dyfir.

— Uno psíquico, creo...

— ¡Error! —exclamó Moonghost, interrumpiéndola en seco. Su voz no sonaba igual, era mecánica y escandalosa, como la de las máquinas expendedoras cuando te decían que no tenían suficiente cambio. Esto asustó a Dyfir a tal punto que pegó un grito, exaltando también al fantasma— ¡Tranquila, tranquila! ¡¿Qué rayos pasa contigo?! —chilló, con su voz de vuelta a la normalidad.

— T-tú voz… —balbuceó Dyfir con un hilillo de voz.

— Eso no importa —la interrumpió Moonghost, sacudiendo la mano—. Ese ataque no era psíquico, ¡nada que ver! Se trata de la especialidad de Eve. Sabía que se me habían pasado por alto ciertos detalles —agregó pensativamente.

— No me di cuenta —comentó Dyfir sarcásticamente.

— Mala mía —dijo Moonghost con una risilla nerviosa, encogiéndose de hombros—. Tampoco es que sea gran cosa. Es sólo que cada uno de nosotros tiene cualidades únicas, incluso ataques que ningún otro pokémon es capaz de aprender.

— No cabe duda de que es un detalle carente de importancia —señaló Mewtwo con ironía.

— ¿Qué clase de habilidades tienes tú? —preguntó Dyfir frunciendo levemente el ceño, recordando lo torpe que el fantasma había mostrado ser en batalla.

— Bueno, puedo imitar voces y sonidos a la perfección, además de cambiar de forma a mi antojo —contestó Moonghost con naturalidad.

— Eso explica por qué parecías un tocadiscos esa noche —dijo Dyfir—. Y el por qué una vez me pareció escucharte imitándome —agregó, estremeciéndose por culpa de un escalofrío. Se sacudió rápidamente aquella desagradable sensación, debía seguir adelante— ¿Qué hay de Eve?

— Uf, ella me supera con creces en ese sentido —dijo Moonghost, dibujando una amplia sonrisa—. A ella le otorgaron un tipo único —su tono de voz misterioso captó completamente la atención de los otros dos, justo lo que él quería—. Si bien Eve es del tipo psíquico, cuenta con el agregado del tipo plasma, como lo bautizó mi hermano mayor.

— ¡Qué disparate! Ese tipo no existe —sentenció Mewtwo con severidad, mirando despectivamente a Moonghost. Debía estar tomándole el pelo.

— No, tú crees que no existe. Si supieras al respecto, entonces no sería especial, ¿cierto? —señaló Moonghost sonriendo de nuevo, aparentemente inmune a la mirada asesina del clon—. Es su don y lo que la hace tan excepcional. Ese tipo único le permite a Eve aprender cualquier clase de ataque existente, limitada únicamente por su anatomía porque, seamos sinceros, ¿quién cree lógico que Eve pueda usar una Guillotina? —dijo entre risas, haciendo la pantomima de unas pinzas gigantes abriendo y cerrándose sobre su cabeza, como si fuera un Pinsir—. Si ya no fuera suficientemente genial, también puede usar nuestros ataques insignia y algunas de nuestras habilidades. Por ahora, sólo tiene acceso a las mías, porque los sellos de nuestra madre así están diseñados, aunque no le gustan siquiera un poquito.

Permanecieron un rato en silencio, lo que Moonghost aprovechó para distraerse con un par de Pidgey que pasaban por ahí, dándoles oportunidad a los otros dos para meditar acerca de lo que les acababan de revelar.

— Hay algo que aun no entiendo, Moonghost. Si su objetivo es protegernos a todos, incluso a su propia madre: ¿Por qué les complicó tanto las cosas? —preguntó Dyfir, ahorrándole las molestias a Mewtwo de hacerlo él—. Y todavía no me aclaras lo sucedido con el Electabuzz.

— Ni siquiera nosotros entendemos los procederes de nuestra madre, tampoco se supone que le demos muchas vueltas al asunto. ¿Quién cuestiona a su propia madre? Mientras me siguiera dando chucherías, todo bien —dijo Moonghost, encogiéndose nuevamente de hombros—. Con respecto a lo otro, el tipo plasma no escapa de tener fortalezas y debilidades. No te mentiré, por lo general es completamente inútil, los ataques de plasma no hacen nada de daño. Sin embargo, el plasma puede absorber y neutralizar la energía eléctrica con tanta facilidad que da risa. Si Eve quisiera, podría dejar a una ciudad entera sin luz, por eso el Electabuz hizo caput en el piso, se descargó.

Eso resultó interesante e informativo para Mewtwo, dándole más incentivos para despejar un poco sus dudas y permanecer con ellos, al menos hasta que dejaran de impresionarlo. Lo que más satisfacción le causaba era constatar que sus suposiciones con respecto a los hermanos no fueron tan desacertadas, ahora sólo le bastaba atestiguar y comprobar que no sólo fueran palabrerías sin sentido, que viniendo de un fantasma no le extrañarían.

Mewtwo hubiera continuado gustoso con sus cavilaciones, mientras Dyfir mostraba su desbordante emoción y buscaba saber más cosas, pero la entrenadora se detuvo de súbito.

— Un momento... ¿neutraliza la electricidad? —repitió pensativamente. Su rostro pasó del asombro al enojo, poniéndose más roja que la panza de un Slowpoke quemada por el sol— ¡Tú saboteaste el Tren Magnético!

Su grito hizo que unas cuantas aves alzaran vuelo despavoridas. En otras circunstancias, Eve habría disfrutado de su travesura, sabotear a Dyfir era de sus actividades favoritas, pero algo en su interior se estremeció en ese instante.

— Aquí es —dijo con serenidad, frunciendo levemente el ceño.

Estaban al margen de un claro, no tan extenso como otros que habían encontrado, pero lo suficiente para ser lugar de juego de muchos pokémon bicho. En el centro se erguía un gigantesco y esplendoroso árbol en flor, repleto a su alrededor de Caterpie, Metapod y Buttefree que retozaban muy a gusto bajo su sombra. En el tronco, también, se encontraban algunos Heracross alimentándose de su savia, aunque eran tan pocos que podían contarse con los dedos de una mano.

— Se supone que debe haber algo aquí, ¿verdad? ¿Una esfera o algo así? — preguntó Dyfir de sopetón, buscando con los ojos entre la grama con gran emoción, olvidándose del saboteo del tren.

— Es el árbol —espetó Eve, reprobando por completo lo que hacía la entrenadora.

— ¿Eh? ¿El árbol? ¿Estás segura? —preguntó Dyfir quedamente, con una cara muy graciosa y una gota de sudor cruzando por su sien.

Eve la ignoró, cruzando el claro con paso decidido, sin prestar atención al resto de los pokémon. Se detuvo al estar a los pies del árbol, acariciando su rugosa corteza con el ceño sutilmente fruncido.

— ¿Cómo lo liberarás? —preguntó Moonghost con mucha curiosidad cuando la alcanzó.

— No lo sé —suspiró Eve—. Necesitaré tiempo para pensarlo. Aprovéchenlo para descansar y no me molesten —añadió sin voltear a verlo.

Moonghost se quedó hasta que Eve tomó asiento, fijando la mirada en el majestuoso árbol totalmente inmóvil, como si se hubiera sumergido en un trance. Como su hermana meditaba, Moonghost regresó con los demás, comunicándoles muy contento del tiempo indefinido de receso.

Inmediatamente, Mewtwo fue a sentarse a la sombra de un árbol cercano. Dyfir pegó un brinco de alegría, corriendo a hacer algunos preparativos para el almuerzo y liberar un rato a todos sus pokémon. A Moonghost le encantó la idea, ofreciéndose a ayudarla y tener más tiempo para jugar luego, pero se detuvo y le lanzó una mirada llena de preocupación al árbol.

— ¿Qué tendremos que hacer para sacarte? —se preguntó en voz baja.



El sol comenzaba a languidecer, pero Eve seguía sumergida en su meditación, sin moverse siquiera para resoplar de angustia. No podían interrumpirla, estaban seguros de que los haría polvo si se les ocurriese tal cosa, era mejor dejarla en paz.

Dyfir elevó la mirada, escudriñando entre las hojas del árbol que se alzaba sobre ella, segura de que debían ser pasadas las cuatro. Se sentía algo agotada, había dejado salir a sus pokémon para que pasaran un tiempo al aire fresco y estuvo jugando con ellos hasta hace poco.

Moonghost, en cambio, aún tenía mucha energía y seguía tonteando con sus pokémon. En ese momento, tenía una competencia de muecas exageradas con Cleffano —su Haunter—, animados por los demás.

En su regazo descansaba un adorable Furret, que disfrutaba de un muy necesario cepillado para desenredar su pelaje. Su nombre era Tretsenl y fue el primer pokémon que capturó por cuenta propia. Una Azumarril se acercó de repente a ellos, haciéndole señas a Tretsenl, claramente pidiéndole que jugara con ella y el Furret no dudó en saltar para perseguirla. Su ratón acuático se llamaba Shiver.

Cerca de ella estaba su estimado Shade, escudado bajo la sombra de un árbol, siguiendo atentamente con la mirada a los demás pero reacio a unírseles. Un poco más allá, al pie de otro árbol, descansaban a sus anchas Llamita y Dartiniant, sus dos primeros pokémon y los que habían alcanzado con mayor rapidez un gran rendimiento en batallas.

Dyfir hubiera continuando divagando, recordando cómo había capturado a todos los miembros de su equipo y rememorando sus batallas más épicas. Pero Eve se levantó de súbito y se acercó a ellos.

— Ya sé qué tenemos que hacer —informó, aunque con cierto desagrado en su tono de voz, como si no le gustara para nada.

— ¡Maravilloso! ¡Sabía que lo lograrías! Eres muy lista —celebró Moonghost con gran alegría, haciendo que Eve frunciera el ceño en desaprobación— ¿Qué hay que hacer? ¿Algún cántico oculto? ¿Rociarlo con lágrimas de Butterfree? ¿Ofrecer a un Caterpie virgen como sacrificio?

— Miel de Beedrill —respondió Eve con desgana, esperando detener con eso el aluvión de ideas absurdas de su hermano.

— ¡¿Estás segura?! —preguntó Dyfir exaltada, poniéndose de pie al tiro y caminando apresuradamente hacia ella. En su cabeza revoloteaba la idea de que era otra triquiñuela de la pokémon para desalentarla—. ¡Tiene que ser una broma! Lo es, ¿verdad?

— ¿Te parece que bromeo? Si no fuese un requisito indispensable, si me equivocase, juro que me cambiaré el nombre a Moonghost —espetó Eve.

— Pero las colmenas de Beedrill son muy peligrosas. Nadie se acerca a ellas, ¡mucho menos para robar miel! Lo que propones es suicida —señaló Tretsenl con preocupación. Si bien su entrenadora no tenía idea de lo que acababa de decir, el resto entendió a la perfección.

— ¡Tretsenl tiene razón! —rezongó Moonghost con los ojos abiertos como platos— ¡Eso es de locos! —exclamó. Eve alzó una ceja, preguntándose si su hermano había olvidado que era él quien solía carecer de sentido común— ¡En esos nidos hay millares de esas avispas chifladas! Si nos aguijonean, estaremos más que fritos, no todos somos inmunes a su veneno ¡¿Y a quién rayos le gusta la miel de Beedrill?! ¡Es amarga y sabe feo!

— Que sea dulce o amarga no hace ninguna diferencia, es lo que tenemos que conseguir y punto —dijo Eve con desdén—. La única idea que parece factible es alejar a la mayoría de los Beedrill de la colmena, así se nos hará algo más fácil obtener un poco de esa miel.

— A ti jamás te ha picado un Beedrill, ¿cierto? —preguntó Dyfir, frunciendo levemente el ceño, pero la mirada que le dirigió Eve la hizo titubear.

— De hecho, me han picado cosas peores —espetó en respuesta, dándole la espalda y echándole un ojeada a su alrededor—. Es mejor que nos pongamos a buscar de inmediato una colmena, será peor y más peligroso si cae la noche.

— ¿Cómo piensas distraer a los Beedrill? —quiso saber Moonghost, con voz temblorosa.

Eve se tomó su tiempo para contestar. Antes, prefirió sugerirle a Dyfir que dejara su bicicleta y examinar a Mewtwo con la mirada, quien apenas se levantaba y se unía para unirse y ayudar en la búsqueda.

— Moonghost, ¿recuerdas cuando tú y Baby le robaban bayas a nuestro hermano? —preguntó ella de sopetón.

— ¡Claro! ¿Cómo olvidarlo? Él siempre tenía una reserva de bayas deliciosas que no se conseguían en casa —respondió el aludido entre risas. Un ligero rubor de asomaba en sus mejillas, probablemente recordando el sabor de las mencionadas bayas— ¿Por qué te viene ese recuerdo a la mente justo aho…? —hablaba tranquilamente, pero se detuvo en seco y su rostro se desfiguró a causa del espanto— ¡Ay, no! ¡No estarás pensando que yo...!

— ¡Qué bueno que ya lo hayas resuelto tú solito! Así me ahorro explicaciones —dijo Eve, atajando sus palabras en el aire con una sonrisa maliciosa que no desapareció hasta mucho después.



El dorado sol se ocultaba, tiñendo con su brillante luz las copas de los árboles, que se mecían suavemente gracias a la delicada y fresca brisa, anunciando la pronta llegada de la noche. Cada elemento se complementaba para ofrecer tan hermosa vista, aunque un incesante zumbido se alzaba por encima de todo, rompiendo la armonía del atardecer.

Y es que un colosal enjambre de Beedrill sorteaba entre los troncos con agilidad, persiguiendo sin compasión al grupo de viajeros que intentó robarles algo de su preciada miel bajo sus narices.

— ¡¡¡ESTO FUE UNA PÉSIMA IDEA, EVE!!! —gritó Dyfir ahogadamente,, luego de saltar unos arbustos. Estaba agotada y no sabía por cuánto tiempo más podría continuar.

— ¡¡¡Todo habría salido bien si Moonghost supiera hacer de señuelo!!! — exclamó Eve furiosa, esquivando los troncos de los árboles en pleno vuelo.

— ¡Por eso te pedí que lo hicieras tú! —exclamó Moonghost muy alterado.

— ¡No! ¡Te correspondía hacer algo por una vez! —vociferó Eve bastante molesta.

— ¡Pero tú eres más ágil que yo! —rezongó Moonghost.

Atravesaron una cortina de ramas y arbustos, llegando a una amplia pradera, que lejos de contentarlos les hizo maldecir y soltar palabrotas al cielo. Sería más sencillo para Dyfir correr, pero los Beedrill podrían darles alcance fácilmente.

— ¡Eres un descarado! —chilló Eve con indignación—. ¡Eres igual de hábil que yo! ¡Siempre pones excusas absurdas para justificar tu idiotez!

— ¡¿Acaso no te has percatado en el aprieto en el que estamos metidos?! — exclamó Moonghost—. ¡Sabes que no puedes darme tareas difíciles!

— ¡¿Quién se iba a imaginar que fueras tan imbécil para terminar dando la vuelta?! —exclamó Eve al borde del colapso de ira.

Mewtwo los escuchaba atentamente mientras vigilaba que Dyfir no se quedara muy atrás, dándole impulsos ocasionales con un poco de fuerza psíquica. Él no tenía por qué huir despavorido de un enjambre de Beedrill, le bastaba con encararlos y congelarlos con un —muy doloroso— Psíquico, lo haría en un santiamén. Pero no, prefería mantener su poder en el mayor anonimato posible para evitar preguntas.

Sin embargo, los hermanos tampoco tendrían que preocuparse por tal cosa, bien podían sacudirse a las avispas sin mucho esfuerzo, empero preferían concentrarse en pelear. No podía más que observarlos con reprobación, sabiendo que si no hacían algo pronto, la humana se cansaría y los metería a todos en aprietos.

— ¿Por qué estamos huyendo? —preguntó Mewtwo de repente, tratando de sonar lo más casual posible, interrumpiendo la discusión entre los hermanos.

— ¡No lo sé! ¡Yo no soy el que parece tenerle pavor a los Beedrill! —exclamó Moonghost con cierta ironía, haciendo un cruel énfasis en "pavor".

Eve se detuvo en seco apenas escuchó esto, obligando a todos a hacerlo por igual. Con el ceño fruncido, le lanzaba una mirada asesina tan intensa a su hermano, que Mewtwo casi podía ver cómo ella hacía a un Walrein aparecer de la nada para aplastarlo. Si bien era intimidante, Moonghost no parecía afectado por ello, devolviéndole la mirada triunfante y sonriendo con sorna.

Sin decir nada y sin que los otros dos entendieran lo que sucedía entre los hermanos, Eve les dio la espalda y caminó con paso firme hacia los Beedrill. Dyfir y Mewtwo quedaron perplejos, especialmente el segundo, pues su intención era que tomaran cartas en el asunto, no que se suicidaran.

Mewtwo hizo el ademán de detenerla, pensando que debía hacer algo para ayudarla y evitar que se lastimara, más se detuvo al percatarse de que actuaría tan imprudentemente como en Viridian. No podía permitirse el repetir tal cosa, aunque conservó como opción intervenir si en verdad lo necesitaban, limitándose a observar a Eve atentamente. Ahí fue cuando notó que ella temblaba, no sabía si por miedo o por enojo.

Cuando Eve se detuvo, a pocos metros de que los Beedrill la alcanzaran con sus aguijones venenosos, un aura violácea envolvió todo su cuerpo. Al principio sólo parecía una innecesaria proyección de su poder psíquico, sin embargo, en cuanto el primer Beedrill la embistió y quedó petrificado a poco menos de un metro de ella, sólo para ser lanzado lejos con una fuerza abrumadora, Mewtwo entendió que esa era la manera más segura que Eve encontró para enfrentarlos.

Los Beedrill, cegados por la ira y zumbando amenazadoramente, se lanzaron uno a uno hacia Eve, siendo repelidos del mismo modo con cada vez más fuerza. No fue hasta que la primera línea de ataque quedó completamente derrotada, cuando el resto del enjambre se percató de lo que sucedía e inició su despavorida retirada.

Ignorando las exclamaciones de alegría que pegaba Dyfir para celebrar su salvación, Eve se lanzó hacia las avispas, corriendo lo más rápido que le permitían sus ya cansadas piernas. Los Beedrill se apartaban de su camino muy asustados, haciéndoselo absurdamente fácil cuando brincó sobre una gigantesca avispa, atajándola en pleno vuelo y obligándola a comer polvo.

En cuanto tocaron el suelo, el resto del enjambre voló sin control por todas partes, aparentemente tan confundidos como el grupo de viajeros. Intercambiaron miradas de consternación antes de acercarse cautelosamente a Eve, que forcejeaba un poco con el Beedrill cautivo, que todavía intentaba escapar en vano.

— ¿Q-qué haces? —balbuceó Dyfir con voz queda. Seguía nerviosa aun cuando los Beedrill que revoloteaban sobre ellos ya no parecían querer matarlos.

— Vuelvan al árbol y espérenme ahí —espetó Eve fríamente aunque en su voz se notaba un atisbo de nerviosismo que le era difícil disimular. En su rostro se asomaba un ligero tono verde, como si el sostener a ese Beedrill le produjera asco y todo lo que quisiera hacer fuese soltarlo y salir corriendo—. Dyfir, antes de que te vayas, dame el frasco de jalea vacío que guardaste.

— ¿Acaso esa es la reina? —preguntó Mewtwo asombrado.

Las reinas no solían abandonar la colmena, era muy extraño que se unieran a los ataques para defender sus nidos. Que Eve pudiera encontrarla en medio del tumulto era igual o más increíble.

— Eso parece —respondió ella entrecortadamente. La Beedrill estaba decidida a escapar y eso le estaba agotando la paciencia— ¡Ya quédate quieta! —exclamó molesta.

Eve liberó un ruido extraño que tranquilizó a la Beedrill en seco, o más bien la asustó, y no sólo a ella. Era como un gruñido que, a pesar de tener un tono melodioso y suave, sin duda resultaba atemorizante y ponía en alerta al que lo escuchara. Eve estaba realmente obstinada.

— El frasco —exigió Eve, extendiendo la mano hacia Dyfir cuando se aseguró de que la avispa ya había perdido toda voluntad de luchar.

La chica, aún perpleja, revolvió lo más rápido que pudo en su mochila y sacó el frasco de mermelada vacío. Eve se lo arrancó de las manos, dejándolo en el suelo y metiendo rápidamente la mano en la mochila antes de que la cerrara.

Murmullando que también la necesitaba, sacó una soga con la que ató los aguijones de las patas delanteras de su prisionera al aguijón trasero. Ante la atónita mirada de sus compañeros, Eve regresó sobre sus pasos, arrastrando a la Beedrill reina de vuelta a la colmena.



Dyfir, Moonghost y Mewtwo esperaban sentados a los pies del gran árbol. Ya el sol se había ocultado, siendo la única fuente de luz la luna creciente y el cielo plomizo tachonado de estrellas... y una pequeña lámpara de acampar que Dyfir llevaba en su bolso.

Rodeados de los sonidos nocturnos del bosque, esperaban por el regreso de Eve, pero el tiempo seguía pasando y no había señales de vida. A pesar de tal preocupación, el cansancio hacia cabecear a Dyfir y Moonghost, luego del maratón emprendido en la huida de los Beedrill quedaron extenuados.

Mewtwo no sufría por ello, aunque mantenía los ojos cerrados y Moonghost se preguntaba si se habría quedado dormido. Al menos eso pensó hasta que los abrió repentinamente, fijando sus ojos violeta intenso sobre una mata de arbustos, susurrando: "Ahí viene...".

Los arbustos se sacudieron y Eve salió de entre ellos con el frasco en sus manos, lleno a rebosar de un líquido color ámbar que a leguas se notaba que era muy viscoso. Mewtwo se puso de pie, mientras que los otros dos sacudieron la cabeza para espantar el sueño, restregándose los ojos perezosamente.

— ¿Todo bien o te costó? —preguntó Moonghost adormilado, mirando a su hermana destapar el frasco y acercarse al árbol, luego de que le cedieran el paso—. Tardaste mucho, nos tenías preocupados.

— Quedaron algunos rezagados para cuidar la colmena y fueron bastante obstinados, aunque no tuvieron opción más que dejarme tomar toda la miel que quisiera al ver que tenía a su reina —explicó Eve con frialdad, parecía que aún estaba molesta por lo sucedido—. Además, sacar esta miel no es nada fácil, es demasiado pegajosa.

Y lo decía con razón. Ninguno lo había notado antes, pero Eve estaba cubierta de miel casi por completo, especialmente en sus brazos y pecho, con hojas y ramitas adheridas que se trajo en el camino de regreso.

Sin prestar demasiada atención a esto, Eve se plantó frente al árbol y les pidió que le dieran espacio con un ademán. Sumergió su mano en el espeso líquido, untándolo en la rugosa y áspera superficie el tronco, susurrando cosas ininteligibles a los oídos de todos. Repitió el proceso varias veces hasta que el frasco quedó prácticamente vacío, lo dejó a un lado y dio unos pasos hacia atrás, sin retirar la vista de la zona embadurnada con miel. Pasó alrededor de un minuto... dos minutos... tres... pero nada sucedía.

— Eve, está bien, todos cometemos errores —dijo Moonghost cordialmente cuando notó que su hermana comenzaba a temblar—. No pasa nada, ya encontrarás lo que necesitas para...

— ¡Basta! ¡No quiero escucharte decir ni una palabra más a menos que sea algo útil! —espetó Eve de muy malagana—. No necesito de tu lástima, estoy segura de lo que tengo que hacer y esto es lo correcto. Que Rocknight nunca haya conseguido hacerte entender el concepto de paciencia es una pena, pero lo entiendo, es difícil con esa cabeza dura que tienes.

— ¡Oye!

— ¡No discutan de nuevo! —rezongó Dyfir, hastiada—. Es molesto que a cada rato...

Dyfir se interrumpió cuando su rostro fue iluminado súbitamente. Del árbol emergía una luz misteriosamente cálida, alumbrando las caras del asombrado grupo de viajeros. En toda la superficie del tronco, las ramas e incluso las hojas, se dibujaron una gran cantidad de símbolos extraños interconectados con finas líneas, brillando en un tono verdoso intenso.

— Esto es… hermoso… —musitó Dyfir, admirando la belleza del árbol iluminado que le recordaba a los pinos en Navidad.

Donde estaba untada la miel, comenzó a dibujarse una estrella de doce puntas compuesta de triángulos entrelazados entre sí, en cuyo centro resaltaba un símbolo idéntico a la forma que tenía la gema de Eve. De ese símbolo surgieron unas motitas de luz, que revolotearon lejos del tronco como dientes de león soplados por el viento, acumulándose lentamente hasta formar una inmensa esfera luminosa frente a sus ojos.

La luz en el árbol empezó a menguar hasta volver a la normalidad. No fue hasta después que la propia esfera brillante comenzó a apagarse. En cuanto sólo volvió a quedar la luz de la luna y la linterna, pudieron apreciar a la figura que tenía el mismo tamaño de Eve.

Era idéntica a sus hermanos, aunque su pelaje era verde como la grama siendo más oscuro en algunas partes, la punta de su cola tenía tal forma que parecía una hoja grande, con orejas que eran ligeramente más regordetas que las de sus hermanos y terminaban en punta redondeada. En la base de su oreja izquierda nacía una hermosa flor blanca con sutiles manchas rosadas de seis pétalos, de la cual brotaba un aroma dulce y delicioso que resultaba relajante.

El pokémon abrió lentamente sus ojos, parpadeando y engalanando sus grandes pestañas mientras asimilaba aquello que le rodeaba, observando todo con sus hermosos y brillantes ojos de esmeralda, igual que aquella que tenía incrustada en medio de su frente tallada en forma de hoja.

— ¡¡¡Flowar!!! —exclamó Moonghost eufóricamente, echando a correr hacia la figura revelada.

— ¿Moonghost? —musitó la criatura; su voz era femenina, muy dulce y tan suave como el terciopelo, resultaba un verdadero deleite escucharla. Moonghost ya estaba sobre ella cuando lo esquivó, dejando que su hermano se estampara la cara contra el tronco, y se acercó presurosa a Eve— ¡¿Eso es miel de Beedrill?! —preguntó muy emocionada, sin esperar respuesta alguna y lanzándose sobre ella, aprisionándola bajo su peso para lamerle el rostro.

— ¡Flowar! —chilló Eve, bastante alarmada, su rostro se teñía de rojo intenso mientras intentaba apartarla— ¡Flowar, para ya! ¡Quedó algo en el frasco! —agregó desesperada.

— ¡¿En serio?! ¡Dame, dame, dame! —pidió Flowar muy contenta, olvidándose de ella y abalanzándose sobre el frasco, engullendo muy gustosa la miel que sobraba—. Perdóname, Eve, es que me muero de hambre.

— Descuida, fue una rudeza de mi parte no estar preparada —comentó Eve con cierto sarcasmo, recuperando el aliento mientras a sus espaldas Dyfir y Moonghost reían para sí.

A Mewtwo también le había resultado graciosa la situación, aunque él era mucho más discreto al respecto. Además, estaba demasiado ocupado pensando en que, luego de atestiguar todo lo sucedido, quizás aceptar la invitación no había sido tan mala idea después de todo.




Capítulo Original
Spoiler
Capítulo 7 – Dulce encuentro
Caminaban por el Bosque Viridian en la mañana. Eve revisaba entre los arbustos, volaba hasta quedar por encima de los árboles, tocaba todos los troncos, miraba frenéticamente a todas partes y a veces se quedaba inmóvil cerrando los ojos. Llevaban ya tres días en esa situación dentro del bosque. Al parecer ni siquiera sabían que buscaban.
Lo único novedoso que el grupo encontró fue un nuevo amigo. Mewtwo se había unido a ellos. Después de aparecerse frente a unos agentes del Equipo Rocket, Mewtwo ya no podía seguir burlándose de Giovanni escondiéndose en la ciudad en donde estaba su base principal, le parecía gracioso burlarse de él de esa manera pero, sinceramente, se estaba cansando.
A Moonghost le había agradado mucho Mewtwo, y siempre trataba de buscarle conversación y hubo algo de lo que Moonghost se había dado cuenta. Hiciera lo que hiciera, no lograba que Mewtwo riera, también se había dado cuenta de algo más pero de eso si que no estaba seguro.
Moonghost y Dyfir se habían encargado de poner al tanto a Mewtwo. Él escuchaba atentamente, muy interesado. Pero en esos momentos, ya recorrían otras dudas por la cabeza de la curiosa Dyfir.
- Ya me estoy cansando – comenta Dyfir, que tenía que arrastrar la bicicleta, lo que era difícil por las raíces de los árboles y por los frondosos arbustos - ¿Qué buscamos exactamente? – pregunta.
- Ehhhhh… No tenemos la más mínima idea – contesta Moonghost, apenado.
- ¡¿Disculpa?! –exclama Dyfir, rabiosamente.
- ¿No recuerdas? Cuando nos conocimos te conté que no todos estamos encerrados en una esfera como yo. Mis hermanos fueron encerrados en objetos, lugares e incluso, puede que en seres vivos… No sabría decirte en qué y en donde exactamente está –explica Moonghost, con calma.
- Perfecto – murmura Dyfir, enfurruñada – ¿Eve? ¿Tú si sabes? –
Eve se había detenido para escuchar, suspira y voltea a ver a la chica.
- Exactamente, no sé que estamos buscando. Lo único que si sé es a quién vamos a encontrar – responde monótonamente y prosigue su búsqueda.
- ¿Por qué no me habías dicho eso? ¿Quién es? – pregunta Moonghost emocionado, tenía los ojos muy abiertos por la felicidad.
Eve vuelve a voltear. En su rostro tenía plasmada una sonrisa maligna.
- ¿Qué te hace pensar que te lo diré? – pregunta, muy divertida.
- ¡Nooooo! ¡Eve! –exclama Moonghost lloriqueando, mientras se acerca a su hermana - ¡No es justo! Anda dime, dime, dime ¿Siiiiiiiiiiiiiii? –
Moonghost le sujetaba la punta de la cola a su hermana. Eve queda sentada sobre sus patas traseras y se pone en posición pensativa. Los ojos de su hermano eran gigantescos y brillaban mucho, era una mirada demasiado encantadora.
- No – dice Eve, tajante.
Eve mueve la cola para que Moonghost la suelte y sigue su camino. El espasmo de Moonghost era bastante y Eve lanza una risilla, entonces Moonghost le saca la lengua.
Dyfir y Mewtwo intercambian miradas por unos instantes, entonces Dyfir se hecha a reír y Mewtwo vuelve a mirar al par de hermanos y sonríe.
Cuando Dyfir paró de reírse (se había reído gran parte del trecho), seca sus lágrimas y mira a Eve
- ¿Eve? -
- ¿Qué sucede Dyfir? – pregunta Eve, mientras sigue con su búsqueda.
- Anoche derrotaste al Electabuzz con un solo ataque ¿Por qué no hiciste lo mismo con los otros? ¿Qué clase de ataque psíquico era ese? – pregunta Dyfir
Eve cierra los ojos por un instante y sigue su búsqueda, omitiendo por completo la interrogativa de Dyfir
- El mismo ataque solo les habría causado cosquillas al resto – contesta Moonghost, alejándose rápidamente.
- ¿Podrías explicarme mejor? – pregunta Dyfir, sujetando a Moonghost por la cola
- Presiento que son de esos pokémon a los que les gusta guardar secretos – dice Mewtwo.
- Muy cierto, amigo Mewtwo – asiente Moonghost – ¿Qué clase de ataque crees que era? – le pregunta a Dyfir, mirándola. Dyfir le había agarrado de tal manera que Moonghost estaba de cabeza.
- Supongo que psíquico. - contesta Dyfir, insegura.
- ¡Error! –exclama Moonghost con una voz que no le pertenecía y haciendo una equis con sus brazos – Ese ataque es la especialidad de Eve, creo que no les comente esta parte. Cada uno de nosotros tiene una habilidad única y especial –
- Al parecer se te pasó por alto ese detalle – dice Mewtwo.
- ¿Cuál es tu habilidad? – pregunta Dyfir, mientras seguía caminando pero sin soltar a Moonghost.
- No es tan especial, aunque de cuando en cuando ayuda. Puedo cambiar de forma a mi antojo y también imito voces y sonidos a la perfección – explica Moonghost.
- Ahora todo está claro, no entendía el por qué de repente eras un reproductor de discos la noche del Centro Pokémon – dice Dyfir, mientras ríe.
- ¿Y la de Eve? – pregunta Mewtwo, interesado.
- Ella es un tipo pokémon especial– contesta Moonghost. Al parecer, sus oyentes no lo entienden y prosigue - Eve es en parte Tipo Psíquico, pero también es Tipo Plasma – contesta Moonghost.
- Nunca había escuchado que existiera ese tipo de pokémon – comenta Mewtwo.
- Ese es el aspecto especial de Eve. Le permite aprender todos los ataques existentes, bueno, los que su anatomía le permite. Por lógica puede usar mi habilidad de metamorfosis e imitación, también aprender mis ataques personales; en realidad ella puede usar todas las habilidades de nosotros pero tiene que liberarnos para poder usarlas – explica Moonghost
<<Pero ser tipo plasma no solo ayuda a Eve a aprender gran variedad de ataques, también tiene su fuerza y su debilidad. Los pokémon eléctricos son extremadamente débiles ante los ataques de plasma, eso es por que agotan su energía eléctrica con un solo ataque; lo mismo sucede con cualquier cosa que funcione con alguna fuente de poder eléctrica.
<< No me preocupo mucho de que algún entrenador capture a mi hermana, por que las pokebolas al acercase a ella dejan de funcionar, según lo que me contó.
<< La desventaja del Tipo Plasma es que sus ataques son inútiles con los pokémon psíquicos y lo único que logra ante el resto son cosquillas.
- Interesante… – susurra Dyfir
- Aquí es – dice Eve.
Habían llegado a un claro. En su centro se encontraba un gran árbol, muy hermosos y florecía. Varios pokémon insecto (más que todo Metapods y Butterfrees) rodeaban el árbol.
- ¿Aquí debería haber un objeto? – pregunta Dyfir inocentemente, dejando caer a Moonghost al suelo.
- Realmente no. Lo que buscamos es aquello – le dice Eve, señalando.
- ¿El árbol? – pregunta Dyfir.
- Si –
- ¿Cómo lo o la liberamos? – pregunta Moonghost, que se había acercado a Eve con una mueca de dolor en el rostro.
- No lo se – dice Eve, suspirando – Sólo necesito un tiempo para pensar –
Dicho esto, camina hacia el árbol y se sienta a sus pies mirándolo de frente. El resto intercambian miradas.
- ¿Quién está ahí y qué se le habrá ocurrido? – se pregunta Moonghost.

Habían pasado unas cuantas horas y Eve seguía en el mismo lugar. Los demás no se atrevieron a molestarla. Dyfir había liberado a sus pokémon para que respiraran un poco de aire fresco.
Moonghost jugaba con ellos, mientras Dyfir y Mewtwo los miraban. Dragonite (Dartiniant) y Typhlosion (Llamita) descansaban a la sombra de los árboles, Sneasel (Shade) y Haunter (Haunty) se habían hecho muy amigos de Moonghost, y Furret (Tretsenl) y Azumarril (Shiva) se perseguían jugando.
De repente, Eve se levanta y camina hacia ellos. Dyfir, Mewtwo y Moonghost miran como se acerca y esperan a que les diga algo positivo.
- Ya se lo que tenemos que hacer – les dice.
- Bien ¿Qué toca hacer? – pregunta Moonghost, algo eufórico.
- Necesitamos miel de Beedrill – responde Eve tranquilamente.
- ¡¿Estás segura?! – pregunta Dyfir, dando un respingo.
- Si no es así me cambio el nombre a Moonghost – le dice Eve, mirándola directamente con los ojos entreabiertos.
El Furret de Dyfir comienza a hablar moviendo sus pequeños bracitos.
- El Furret tiene razón – dice Moonghost – La cosa está difícil. ¡En un nido de esas cosas puede haber miles! – exclama Moonghost, haciendo una mímica tan exagerada que tropieza y cae de espalda al suelo – No recuerdo a quién le gustaba la miel de Beedrill… -
- Lo único que tendríamos que hacer es alejarlos del nido – le dice Eve.
- A ti nunca te picado un Beedrill ¿verdad? – le dice Dyfir, su voz temblaba y sonreía de una manera extraña.
- Busquemos cuanto antes un nido. No querrán hacerlo cuando obscurezca y no vean por dónde corren – dice Eve rápidamente omitiendo el comentario de Dyfir, mientras se voltea para ponerse en marcha.
- Eso no me suena lindo… - dice Moonghost, reincorporándose con un respingo.
- ¿A qué te refieres con eso? – pregunta Mewtwo.
- Nada – contesta Eve mientras Dyfir devuelve a sus pokémon a sus respectivas pokebolas – Sólo pregúntate quién será la carnada ¿Cierto hermanito? – pregunta, mirando a Moonghost malévolamente.
Moonghost traga saliva.
- Mejor dejo la bicicleta – dice Dyfir rápidamente, y siguiendo a Eve.

Unos momentos más tarde. Encontramos a todos huyendo de un gigantesco enjambre de Beedrill.
- ¡EVE ESTO FUE UNA MALA IDEA! – grita Dyfir, mientras trata de abrirse paso entre los arbustos.
- ¡HUBIERA SALIDO BIEN SI MOONGHOST HUBIESE HECHO BIEN SU PAPEL DE CARNADA! – grita Eve.
- ¡POR ESO TE HABIA DICHO QUE FUERAS TU! – grita Moonghost.
Llegan a una pradera y seguían huyendo.
- ¡JAMAS ME IMAGINE QUE FUERAS TAN TARADO PARA PERDERTE Y TERMINAR DANDO LA VUELTA! – le grita Eve dándole un golpecito en la cabeza.
Mewtwo los veía discutir mientras él también huía, lo cual hacía solo por seguirlos.
- ¿Por qué huimos? – pregunta Mewtwo, repentinamente, interrumpiendo la pelea de los hermanos.
- ¡Yo no soy el acomplejado! – exclama Moonghost.
Eve se detiene y lo mira con el ceño fruncido. Dyfir y Mewtwo también se detienen. Moonghost miraba a su hermana con una expresión de triunfo.
- Como te detesto – espeta Eve.
Dyfir y Mewtwo parpadean varias veces, sin entender la situación. Los Beedrill ya estaban sobre ellos cuando un aura violácea rodea a Eve.
Los Beedrill se paralizaban por unos segundos y luego salían impulsados violentamente hacia atrás. Sólo quedó un Beedrill que era más grande que el resto, al cuál se le acercó Eve, lo agarro de los aguijones de los brazos y lo llevo a rastras.
- Vuelvan al árbol y espérenme ahí – les dice Eve fríamente mientras se alejaba. Se detiene repentinamente y vuelve hacia ellos, arrastrando al Beedrill que trataba de liberarse – Dame un envase Dyfir - le dice extendiéndole la mano.

Dyfir, Moonghost y Mewtwo esperaban sentados al pie del gran árbol. Ya estaba anocheciendo y Eve todavía no volvía. Dyfir y Moonghost cabeceaban, agotados de la búsqueda en el bosque; Mewtwo no daba siquiera señales de emoción alguna o de simple agotamiento, solo tenía cerrados sus ojos.
Ya cuando el sol se había puesto completamente, Eve aparece de entre los arbustos con el envase que le había pedido a Dyfir rebosante de un líquido ámbar muy espeso.
Moonghost la ve y se frota los ojos mientras suelta un gran bostezo.
- ¿Te costó mucho trabajo? – pregunta, adormilado.
- No mucho. Solo me demoré por que se habían quedado unos cuantos en el nido, pero no tuve que hacer nada por que llevaba al Beedrill encargado. Además, me fue un poco dificultoso sacar la miel…– contesta Eve monótonamente, mientras destapaba el envase.
Metió su mano dentro del envase, embarrando su mano de miel mientras los demás le daban un espacio para que se acercara al tronco. Estando frente al tronco, Eve empezó a untarle la miel. Cuando hubo terminado de untar en gran parte del tronco la miel, se acerca hasta sus acompañantes sin quitarle la vista al árbol. Pasaron alrededor de cinco minutos y nada sucedía.
- Eve… - masculla Moonghost – No sucede nada, te equivocaste –
- La paciencia es una gran virtud y vale oro- dice Eve – Una frase de Rocknight, algo que lamentablemente jamás te ha entrado en tu dura cabezota – espeta antipáticamente.
- ¡Oye…! – exclama Moonghost.
- No vayan a discutir de nuevo… – le dice Dyfir, que se calla bruscamente.
Una luz muy cálida ilumino los sorprendidos rostros de Moonghost, Dyfir y Mewtwo; Eve tenía dibujada en su rostro una pequeña sonrisa muy de alegría. Por todo el tronco del árbol y hasta en las últimas hojas, se dibujaron unas runas extrañas que brillaban de un tono verdáceo.
- Que hermoso…- masculla Dyfir.
En donde Eve había untado la miel por primera vez, se dibuja lentamente una estrella de doce puntos conformadas en triángulos que se entrelazaban, cuando terminó de dibujarse la estrella se dibujo el mismo símbolo que tenía Eve en su frente.
Del centro de ese símbolo, comenzaron a salir motitas de luz, que al alejarse del tronco se fueron uniendo hasta formar otra mota de luz más grande. El gran árbol dejó de brillar lentamente hasta quedar como antes. La luz que seguía ahí al apagarse el árbol por completo, empezó a apagarse también. Cuando hubo terminado dejó ver al hermano de Eve y Moonghost.
Era igual que sus hermanos pero tenía sus diferencias. Su cuerpo era de un verde claro con algunas zonas más oscuras, la punta de su cola parecía una gran hoja, sus orejas eran ligeramente más anchas y su punta más redondeada, en la base de su oreja izquierda nacía una hermosa flor blanca con un ligero toca rosado de seis pétalos, sus ojos eran también verdes y parecían más grandes y brillosos que los de sus hermanos y en su frente tenía una gema verde oscura con la forma de una hoja. Por último, en sus brazos tenía unos dibujos muy elaborados, parecían enredaderas y brillaban muy tenuemente.
- ¡¡¡FLOWAR!!! – exclama Moonghost enérgicamente.
Flowar cierra los ojos y comienza a estirarse, cuando hubo terminado mira a Eve.
- Hola hermanitos – dice con una sonrisa. Su voz era femenina, muy dulce y suave…










Bueno, llegó el domingo y les deje el capitulo como les había dicho =D. Les debo un dibujo de Flowar, lo tenía hecho pero me equivoque al pasar el marcador XD.
Debo agradecer a la persona que inspiró la personalidad de Moonghost, más que todo en lo que respecta a no contar bien las cosas... Quien quiera que haya sido gracias, por que no te recuerdo XD.
El próximo capítulo para el domingo que viene (espero que si se cumpla XD).
Acepto críticas, comentarios, sugerencias y... algo que agregar? XD.

P.D.: Se aceptan sugerencias para el nombre del fic... Nunca me dio la creatividad para eso :shock: ... En pocas palabras queridos lectores.... AYUDA!!!!! SUGIERE UN NOMBRE PARA EL FIC!!!! XD

P.D: Wiiiiiii! el capitulo fue algo largo.... Wiiiii!!!! XD

EGN: Hoy es el fin del mañana
65 - Todo se paga
#35

Respuesta: Fanfic


jajajaj wiiii xD muy buen capitulo onix, me encanta. Un titulo podria ser... mmm... Una Nueva Aventura: Salvando a la Madre Tierra o algo asi xD


salu2..!! y gracias por el dibujo :P

#36

Respuesta: Fanfic


a que bonito estuvo el capitulo ^^
pero hasta el proximo domingo? [sin comentarios x)]
titulo del fic? aaaammmm....... no se me ocurre nada u.u
ideas para el fic...... ni idea xD
que poca imaginativa soy x)

Saludos y sigue con el fic :P
#37

Respuesta: Fanfic


O valla uff.

Me avente leyendo tu capitulo 6 y 7 y ambos fueron demasiado entretenidos (aunque ya los habia leido desde antes, se vale repetir xD), Y MI IDEA SOBRE EL FIC TE LA DIGO MAS PERSONALMENTE EN EL MSN.

Salu2
#38

8 – Pueblo Paleta

8 – Pueblo Paleta


8
Pueblo Paleta



Spoiler
Las praderas que recorrían rebosaban frescura mañanera. El aire que se respiraba era tan limpio que podía purificar el espíritu de cualquiera mientras el sol, con su luz radiante, mantenía cálidos sus corazones y les anticipaba que un maravilloso día estaba por venir. Era perfecto para andar en bicicleta, cosa que Dyfir hacía tranquilamente, disfrutando del paisaje y el clima con el resto siguiéndola a vuelo.

El camino era una simple franja de tierra que atravesaba el mar de grama, sin rastro de asfalto, típico de las zonas rurales. El lugar estaba plagado de Pidgey y adorables Rattata… o así se refería Dyfir a las pequeñas ratas hasta que uno, bastante osado, saltó de la hierba alta y se encaramó en su mochila para intentar robarle comida.

Luego de su caótica aventura en el Bosque Viridian, esperaron a que amaneciera para buscar la salida, encontrando el camino que llevaba a Pueblo Paleta. Dyfir se entusiasmó muchísimo en cuanto verificó el mapa en su Pokenav, pidiéndoles hacer una parada para conocer uno de los puntos más emblemáticos de la región. Eve no estaba muy a gusto con la propuesta, pero debían reabastecer provisiones y era el lugar más cercano.

Cuando era cerca del mediodía, avistaron el pequeño pueblo a lo lejos, repleto de casas blancas con techos rojos y amplios jardines vistosos, llenos de hermosas flores o pequeños huertos.

— Pueblo Paleta —suspiró Dyfir emocionada, deteniéndose al borde de la colina para contemplar el panorama—. Aquí es donde los entrenadores de Kanto suelen recibir su primer pokémon de manos del más reconocido investigador de la región: el profesor Oak. Él es como una hacedor de sueños, es quien permite que todos los niños bajo su tutela emprendan su camino a la grandeza y...

— ¡Qué emotivo! Tus conmovedoras palabras casi me hacen llorar... o vomitar, no estoy segura —dijo Eve con tono sarcástico, interrumpiendo bruscamente a la chica—. No sé qué es lo que realmente pretendes hacer en el pueblo, pero más te vale que no me hagas perder el tiempo, te recuerdo que no hay nadie aquí.

— Pensé que era obvio que quiero conocer al profesor Oak —Dyfir no prestó atención a lo que Eve le decía, tan ilusionada con la idea que no había modo de desalentarla—. El profesor Elm me dijo que si se me presentaba la oportunidad de conocerlo no la desaprovechara. Es toda una eminencia, no sólo por todos sus aportes al estudio de los pokémon, también es un reconocido criador y poeta. ¡¿Quién no quisiera conocerlo?!

— Está bien que sea famoso y todo eso, pero… exactamente, ¿de qué te serviría conocerlo? —preguntó Moonghost—. Digo, debe estar muy ocupado haciendo cosas científicas e importantes, ¿no?

— ¡Oh, vamos! —rezongó Dyfir con pesar por no poder hacerles entender el motivo de tanta ilusión—. Quiero que examine a mis pokémon, obtener su visto bueno y poder decir 《 ¡Hey, conocí al Prof. Oak y dijo que mis pokémon están geniales! 》.

Todos la miraron con cierto escepticismo, aún sin comprender por qué tanto alboroto, haciendo que Dyfir se sintiera algo abochornada.

— Pequeña, no necesitas que nadie te diga lo buenos que son tus pokémon, mientras estén sanos y te adoren es lo único que cuenta, ¿no es verdad? —señaló Flowar maternalmente haciendo alarde de su voz tranquilizadora, que bien podía aliviar corazones como cualquier buen chocolate—. Pero si eso te hace feliz, no veo qué hay de malo en que le hagamos una visita.

— Gracias, Flowar, eres muy dulce —dijo Dyfir, sacándole unas risitas a la flor.

Reanudaron la marcha y en poco menos de una hora llegaron a las puertas del pueblo. Caminaron por la avenida principal, inmersos en una absurda discusión acerca del palo que llevaban los Farfetch'd, donde Flowar aseguraba que era un cebollín petrificado y Moonghost un palo de hockey.

Eve pareció ser la única en percatarse de todas las miradas que atraían y las mandíbulas desencajadas que dejaban al pasar. Suspirando con frustración, sólo le quedaba esperar a que nadie los molestara y que el dichoso profesor hubiera muerto en un absurdo accidente.



En uno de los pocos abastos grandes del pueblo, la anciana dueña del establecimiento y otra señora regordeta entrada en años, cuchicheaban ávidamente entre ellas. Lo cotidiano en Pueblo Paleta podía llegar a ser aburrido en extremo, por lo que tomaban como algo emocionante el estar al tanto de la vida privada del resto a cualquier costo, llevando el chismorreo a niveles más allá de un simple pasatiempo, como si eso las mantuviera vivas.

— Ya te había contado lo que sucedió con los Verdana, ¿cierto? —dijo la primera, esperando que al dejar la pregunta al aire pudiera captar la total atención de su compañera de cotilleo.

— Creo que no. De hecho, tenemos mucho tiempo que no sabíamos nada de ellos, así que más vale que me digas. ¡Cuenta, cuenta! —le animó la señora regordeta, parando la oreja para no perderse ningún detalle, recordando que la Sra. Verdana le caía como una patada en el estómago.

— Bueno, resulta que el matrimonio de los Verdana no está pasando por el mejor de sus momentos, todo porque Doris consintió que su hijo de seis años iniciara su viaje sin la aprobación de su marido —contó la anciana, actuando como si aquello le pareciera una total insensatez. Mientras, su oyente negaba con la cabeza, reprobando por completo las acciones de la protagonista del chisme—. Y claro, como Oak no quiso entregarle un pokémon a ese malcriado, la madre tuvo que pagar a un criadero exclusivo para que tuviera su pokémon. Por eso es que el día de su aniversario de bodas, según me contó una de las criadas, el regalo que recibió Doris fue un Smoochom que le estampó un beso sin dudarlo.

— ¡No te creo! —exclamó escandalizada la regordeta.

— Difícil de creer, pero así pasó, la pobre Doris todavía se pone los calzones en la cabeza. Sigue desorientada aunque la hayan tratado los mejores médicos —agregó la primera con un tono bastante melodramático, haciendo como si el asunto la afectara profundamente.

— ¡Eso no es nada! Yo te tengo otro cuento más bueno todavía—se apresuró a decir la señora regordeta, no le gustaba que superaran sus chismes.

Pero el cuchicheo tendría que esperar, pues un coro de voces teniendo una conversación bastante animada llegó a sus oídos, interrumpiendo su sesión abruptamente. Sus ojos casi saltaron de sus cuencas cuando se toparon al grupo de viajeros, especialmente al caer en cuenta de que los pokémon estaban hablando como cualquier otro humano.

No era común que los entrenadores pasaran por el pueblo a menos que fueran oriundos del lugar y regresaran para visitar a sus familias luego de sus largos viajes. ¿Qué vendría a hacer en ese lugar alguien que no era del pueblo? La respuesta era más que obvia: Oak.

— ¿Estás completamente segura de que es por aquí? —preguntó Moonghost ansiosamente.

— ¡Ya te dije que sí! —refunfuñó Dyfir, alzando un poco la voz a causa de la frustración—. El señor dijo que siguiéramos derecho por dos cuadras, luego girar a la izquierda, luego seguir caminando hasta encontrar un letrero cubierto con forma de Pidgey y tomar el camino de la izquierda… ¡Y este es el camino de la izquierda! —recitó rápidamente con cierta desesperación. Estaba tan hastiada de repetir las instrucciones, que arrancaría el poste y lo quemaría cuando partieran del pueblo—. Se supone que deberíamos tropezarnos con unas escaleras que llevan a un edificio con un molino.

— Que es el laboratorio del profesor Oak —añadió Flowar muy risueña, prácticamente ignorando el estrés que la impaciencia de su hermano producía en la joven.

El grupo siguió de largo, sumido en una plática que se desviaba al sinsentido total, sin percatarse siquiera de la presencia de las dos mujeres cuando pasaron frente a ellas, quienes los siguieron con la mirada hasta que se perdieron de vista.

— ¿Acaso me volví loca o eran…? —balbuceó la regordeta.

— No, no estás loca, eran pokémon parlantes —dijo la otra, interrumpiendo a su compañera para permitirse recuperar la compostura y dejar que su cabeza comenzara a maquinar un plan que le garantizara obtener la primicia de un jugoso chisme.

Sorprendentemente, apenas pasaron algunos minutos cuando divisaron a la distancia el icónico edificio, en lo más alto de una colina… al final de una larga y empinada escalera.

Tardaron un poco en llegar a la puerta por causa de Dyfir, quien maldijo por lo bajo cada escalón, no podía ni con su alma cuando se dejó caer sobre sus posaderas al llegar a la cima, sintiendo que el sudor resbalaba en inmensas gotas por su rostro mientras intentaba recuperar el aliento. Moonghost se unió a ella al instante, los últimos peldaños prácticamente los subió arrastrándose, respirando irregularmente y emitiendo un sonido que en otro momento hubiese hecho que Dyfir llorara de risa.

— ¡¿Acaso el viejo ese no pudo poner más escaleras?! —preguntó Moonghost chillonamente—. Si tengo oportunidad de decírselo, le puedo proponer diseñarle un edificio de cien pisos sin elevador, a ver así logra matar a las personas a punta de cansancio. ¡Ya entendí la indirecta, viejo, no te gustan las visitas! ¡Con un cartel que ponga “No molestar” es suficiente!

— Eres un exagerado sin remedio, Moonghost, aunque tengas algo de razón —dijo Flowar entre risas, sentándose cerca de su hermano. A diferencia de él, no aparentaba estar cansada en absoluto—. Como es alguien famoso, seguro gusta que le visiten lo menos posible, lo que explicaría lo apartado que está su laboratorio. Igual, es un lugar adorable, ¿no crees?

— ¡Claro! Es un hombre tan importante, que las personas hacen filas interminables para subir éstas escaleras, sólo para recibir frases motivacionales prefabricadas— espetó Eve sarcásticamente, señalando con un gesto la desértica calle a su espaldas.

Ella había llegado a la par que su hermana, con Mewtwo pisándole los talones, ambos frescos como lechugas, cosa que hizo a Dyfir sentirse ligeramente avergonzada por su mala condición física.

La joven se reincorporó decidida a demostrar su valía, yendo hacia la puerta a paso tan lento que parecía tener cemento en los pies, todo por culpa del esfuerzo que convirtió sus piernas en gelatina. Ilusionándose con la idea de tomar un poco de agua bien fría —o una refrescante limonada—, levantó el puño para llamar a la puerta, deteniéndose a pocos centímetros al notar algo que la hizo sonrojarse por pura indignación.

— Si no dependieras tanto de la levitación por flojo, estas escaleras serían una tontería para ti, Moonghost —dijo Flowar con ternura, dándole unas palmaditas en la rodilla a su hermano. Ella fue la primera en percatarse de que algo le sucedía a Dyfir— ¿Sucede algo, linda?

Ante la falta de respuesta por parte de la entrenadora, Flowar y Moonghost intercambiaron miradas de extrañeza antes de que el fantasma se levantara del tiro, olvidándose de su extenuación al mirar con curiosidad por encima del hombro de Dyfir.

— ¡Oh, miren! Hay un cartelito pegado a la puerta —dijo Moonghost alzando un poco la voz, algo sorprendido—. A ver, dice: "Salí a almorzar, vuelvo más tarde" —al terminar, volteó a ver a los demás.

Si bien la noticia les cayó como una piedra en el estómago, la primera en reaccionar fue Eve, quien resopló con hastío y frunció el ceño, resintiendo que le quitaran tanto tiempo valioso.

Dyfir salió de su estupefacción justo cuando Eve se daba la media vuelta y comenzaba a bajar las escaleras, confundiendo a todos sus compañeros.

— ¿A-a dónde vas? —balbuceó Flowar con cierta preocupación, sin dudar en seguirla—. No estarás pensando en hacer una tontería, ¿cierto?

— Voy a buscar al viejo del demonio y traeré su trasero de vuelta a patadas, no me importa dónde esté, mientras más lejos mejor —espetó Eve en respuesta, ignorando el chillido de indignación que soltó su hermana flor.

— ¡Eve, ese lenguaje no es propio de una señorita! —exclamó Flowar frunciendo el ceño levemente. Aunque luego suspiró con pesar, terminando por sonreír y seguirla muy contenta, casi pegando saltitos—. Pero es muy dulce de tu parte querer ayudar. Mientras más ojos estén buscando al profesor, más pronto lo encontraremos.

— ¿Qué bicho les picó? —preguntó Moonghost con un hilillo de voz, alcanzándolas como pudo y señalando a Flowar—. Tú, porque estás apoyando el maltrato a los fósiles —entonces apuntó a Eve—.Y tú, porque tanta amabilidad huele a Trubbish. ¿Qué está maquinando esa mentecita tuya?

Dyfir sacudió la cabeza para avisparse y alcanzarlos, con un Mewtwo bastante hastiado siguiéndolos también con cierta desgano, ambos preguntándose también el por qué Eve rompía el esquema de la lista de “Cosas que Eve jamás haría ni aunque su vida dependiera de ello”

— ¡Amabilidad mis polainas! —espetó Eve tajantemente, omitiendo los últimos diez escalones con un salto y volviendo por dónde habían llegado—. Esto es una absoluta pérdida de tiempo, pero ustedes se negaran a irse hasta que vean a esa momia, así que si lo consigo pronto nos podremos largar de este lugar. ¿Acaso es tan difícil de deducir?

— ¿Pero por qué tanta prisa? Ni siquiera has captado la señal de otro de nuestros hermanitos. ¿A dónde iríamos? —preguntó Moonghost algo preocupado.

— A cualquier otro lado menos este —contestó Eve obstinada, caminando por la calle como alma que lleva el diablo. Prefería mil veces estar metida en un bosque repleto de Beedrill que en un pueblo lleno de humanos.

Bajaron por la misma calle por la cualquier vinieron, siguiendo a la ofuscada Eve que daba unas buenas zancadas e iba más rápido que los demás, deteniéndose frente a una pequeña tienda de víveres cuando Dyfir le dio el llamado de alto.

— Es mejor idea que lo esperemos en el laboratorio, Eve —rezongó la entrenadora, recostándose en la baranda para recuperar un poco el aliento bajo la mirada asesina de la pokémon—. No tenemos idea de dónde pueda estar, es como intentar buscar una aguja en un pajar.

— Eso suena aburrido y Eve necesita desahogarse un poco, tanto enojo nunca es bueno —dijo Flowar alegremente, ganándose un gruñido de reprobación de parte de la aludida—. De todos modos, el pueblo es pequeño, si no lo encontramos nosotros alguien más podría saber dónde está.

— Sí, pero si no nos movemos, jamás vamos a hallarlo —espetó Eve de malagana, caminando impacientemente de un lado hacia el otro.

— ¡Dame un respiro! —bufó Dyfir dejándose caer en el suelo, sacando su cantimplora de la mochila para tomar un poco de agua, ofreciéndole a los demás—. Estamos caminando desde temprano y luego tuve que subir todas esas escaleras. Necesito descansar.

Con Eve replicándole a Dyfir con respecto a que aquello había sido su idea, ninguno se percataba de que estaban siendo observados desde un rincón oscuro de la tienda. La mirada aguileña de la figura oculta tomaba nota mental de cada rasgo de los viajeros, sintiendo que su corazón latía a mil por hora cuando salió de su escondrijo, repasando el guion que había preparado para la ocasión. Aquel era su momento de gloria y nadie podría arrebatárselo.

— ¡Buenas tardes! —exclamó alegremente y con toda amabilidad, haciéndole pegar un respingo a Dyfir que la puso de pie al tiro—. Disculpa que te moleste, dulzura, pero me pareció escuchar que estás buscando al profesor Oak. Quizás yo pueda ayudarte.

Dyfir, quien aún no había podido pronunciar ni una sola palabra, le lanzó una mirada dubitativa a sus compañeros y luego a la anciana. “¡Te tengo!”, pensó la desconocida, festejando en su interior por ser la dueña de la nueva exclusiva del pueblo, ya se veía contándoselo a las demás.

— Descuide, señora, no es necesario —dijo Dyfir con una risilla nerviosa. La estupefacción de la anciana no tenía comparación—. Es cierto que buscamos al profesor Oak, venimos de muy lejos y no está en su laboratorio, pero no es tan urgente…

— ¡Ajá! —lanzó la anciana agarrando a Dyfir por el brazo y arrastrándola consigo, reacia a dejarlos ir tan fácilmente—. Conque el viejo ese no estaba en su laboratorio, ¿eh? No puede estar muy lejos, dulce niña, yo te lo localizo tan rápido como encuentro una aguja en un pajar. ¡No tardaré nada! ¿Cómo te llamas, bonita? ¿Vienes de muy lejos?

— Está de broma, ¿cierto? —musitó Eve a sus hermanos mientras Dyfir desaparecía en las entrañas del establecimiento.

Un chirrido repentino les puso los pelos de punta y les hizo rechinar los dientes, hasta que una voz resonó por todas partes, consiguiendo que a todos se les pusiera la cara verde de vergüenza.

— ¡PROBANDO, PROBANDO! —la voz de la anciana se proyectaba a través de unos megáfonos en los no se habían fijado antes— ¡¿SE ESCUCHA?! ¡¿SÍ?! ¡PROFESOR OAK! ¡SI ESTÁ ESCUCHANDO ESTE ANUNCIO PRESÉNTESE INMEDIATAMENTE EN MI OFICINA! ¡ES UNA EMERGENCIA! ¡REPITO: ES UNA E-MER-GEN-CIA!

La cara de estupefacción de todos era épica, sus cerebros se habían paralizado por completo, no sabían si por la mentira o el modo en que fue anunciada.

— ¡E-eso no era necesario! —balbuceó Dyfir bastante alterada y con la cara roja de vergüenza, saliendo a trompicones de la tienda— ¡No es para nada urgente! ¡Ay, por todos los cielos! ¿Ahora cómo voy a poder verlo a la cara?

— ¡Oh, querida! ¡Todavía te queda tanto por aprender de la vida! —dijo la anciana tras mientras la seguía, negándole con el dedo y con una expresión de "todo lo sé"—. Cuando Oak desaparece, nadie sabe en dónde se mete, la mejor manera de apurarlo es hacerle creer que hay una emergencia catastrófica o no prestará atención a mi "llamadita". Además, aquí entre nosotras, creo que tiene una aventurita con la madre de uno de sus entrenadores apadrinados, si sabes a lo que me refiero…

— ¿Llamatida? —bufó Moonghost—. Alguien me hace una "llamadita" como esa y yo le hago una "llamadota" de vuelta por desgraciado.

— A mí lo que me intriga es la necesidad de la señora de saber siempre en dónde está el profesor —comentó Flowar ladeando una oreja.

— Yo sólo sé que la Chatot que teníamos como vecina se queda en pañales al lado de esta vieja chismosa —señaló Moonghost, sacando la lengua para mostrar su desagrado.

Repentinamente, las orejas de ambos se movieron de arriba a abajo en rápidos movimientos y giraron la cabeza a la derecha. Un joven con una banda rosada cubriéndole la frente, franela azul y pantalones a la rodilla, corría hacia ellos. Detrás de él venía al trote un señor de cabellos canosos, piel tostada y con una bata blanca ondeando al viento. De último, los seguía una señora con un delantal blanco lleno de manchas de colores. Por la prisa que llevaban pasaron de largo, sin notar la presencia de los hermanos y Mewtwo siquiera, yendo directamente hacia Dyfir y la anciana.

— ¡¿Qué sucede, señora Florenda?! ¡¿Dónde está la emergencia?! —exclamó muy alterado el hombre, respirando entrecortadamente por el maratón que se había echado.

— Respire y tranquilícese, profesor— contestó la anciana, dedicándole una rápida sonrisa de picardía a Dyfir, que todavía no hallaba en dónde esconder la cara—. La emergencia ha sido controlada. ¡Al fin lo encontramos!

— ¡¿Cómo dice?! —exclamó el joven de la banda, frunciendo el ceño y con la nariz roja—. Señora Florenda, estábamos terminando de almorzar, casi se nos sale el alma cuando escuchamos el anuncio.

— Esta chica —dijo Florenda señalando con un gesto a la pobre Dyfir, cuyo rostro la hacía parecer un Electrode gracias al contraste con su cabello— fue a su laboratorio y como no lo encontró fue a buscarlo por todo el pueblo. ¡Miren la hora que es! ¿No les da vergüenza hacer esperar a una dama?

La señora que acompañaba al profesor y su asistente fue la primera en fijarse de la presencia de los pokémon, acercándose cuidadosamente hasta Flowar e inspeccionándola con curiosidad.

— Oh, pero qué flor tan preciosa. ¡Y qué bien huele! —comentó con una gran sonrisa.

Ahí fue cuando los otros dos voltearon, quedando boquiabiertos ante los pokémon tan peculiares que estaban ante ellos, a pesar de que la mirada de Eve les advertía claramente que no se acercaran.

— Bueno, Dyfir, aquí lo tienes —dijo Florenda orgullosamente—. El famosísimo profesor Samuel Oak, su asistente Tracey y la señora Ketchum, ella es madre de un entrenador apadrinado de Oak —añadió, alzando las cejas y sonriéndole con picardía, consiguiendo que Dyfir se tapara el rostro con las manos y deseara que un Swalot se la tragase entera.



Los minutos pasaron como si fueran horas mientras Dyfir platicaba con el profesor Oak en la sala. Claramente estaba fascinado con los hermanos y Mewtwo, comentándole que antes había visto pokémon raros y únicos, pero que siempre resultaba una experiencia maravillosa encontrarse con más… ¡especialmente si eran cuatro a la vez!

Con el profesor Oak ocupado, su asistente —que se presentó como Tracey— había agarrado a Flowar como modelo y no paraba de hacer bocetos de ella, sorprendido por su singularidad y dulzura.

Así transcurrió lo que quedaba de la tarde hasta el atardecer, cuando Oak culminaba la examinación del equipo de Dyfir con Tretsenl, que parecía algo nervioso por la mirada penetrante del hombre.

— Permíteme decir que tus pokémon a simple vista lucen sanos, felices y fuertes, Dyfir. No cabe la menor duda de que hasta ahora has hecho un maravilloso trabajo en su crianza y entrenamiento—dijo Oak, acariciando al dócil Furret detrás de la oreja.

Al otro lado de la ventana, en el amplio jardín del laboratorio, Eve escuchó claramente la exclamación de júbilo que pegó Dyfir, entrecerrando los ojos con recelo. Estaba atenta a lo que la joven decía para evitar que soltara más información de la que debía, aunque era difícil concentrarse cuando Moonghost no paraba de dar volteretas en el aire, acercándose a ella cuando se aburrió de tontear.

— Este lugar tiene un aire hogareño muy agradable, ¿no crees? —dijo a su hermana con una sonrisa de oreja a oreja—. Como es campo abierto no te sentirás enferma y, además, hay muchos pokémon aquí. Ya sabes, podrías intentar hacer amigos.

En ese momento, Moonghost sintió que alguien lo agarraba de la cola, volteó y fue incapaz de reaccionar a tiempo para evitar que una enorme masa viscosa y maloliente lo aplastara. Eve pudo evadirlo por muy poco al pegar un salto con bastante gracia, observando con una sonrisa burlona mientras su hermano era víctima del abrazo de un Muk.

— Creo que será difícil hacer amigos contigo cerca, hermano, tu carisma me supera —dijo Eve entre maliciosas risillas a medida que el Muk le demostraba su afecto al fantasma.

— ¡¿Qué es esto?! ¡Eve, Flowar, auxilio! —chilló Moonghost con voz aguda, agitando los brazos desesperadamente, intentado librarse del pokémon en vano.

— ¿Le deberíamos recordar que puede desvanecerse y atravesarlo? —susurró Flowar al oído de Eve, quien había llegado corriendo al escuchar el alboroto, sin poder contener la risa cuando le negaron con la cabeza como respuesta.

— ¡Dejen de reírse y ayúdenme! —exclamó Moonghost a la par que por fin se desembarazaba del Muk y echaba a correr. El pokémon viscoso lo persiguió y, por increíble que parezca, le seguía el trote sin muchos problemas— ¡Ayuda, ayuda!

— ¡Lo siento Moonghost! —exclamó Flowar, desternillándose de la risa con su hermana—. Los Muk le producen sarpullido a Eve y a mí me ensucian demasiado, es difícil quitar de la piel fluidos de Muk, ¿sabes?

Ajenos al alboroto que producía Moonghost huyendo del cariñoso Muk, Dyfir continuaba hablando con el profesor Oak, explicándole lo que podía acerca de los hermanos.

— Los conocí cuando estaba tomando unas vacaciones en Altomare —dijo, tomando un poco del té que le habían ofrecido—. Estando en el Museo de Historia, Eve entró y robó un artículo en exhibición, donde resultó que Moonghost estaba encerrado. Desde entonces estoy viajando con ellos —se detuvo un momento, fijando la mirada en el contenido de su taza, meditando un poco todo lo que había sucedido desde ese día—. Estaba viajando para participar en la Liga Johto, de hecho, sólo me falta una medalla para poder inscribirme. Pero… cuando me topé con ese par, algo dentro de mí me impulsó a acompañarlos, no sé si fue la sed de aventura o algo más… no estoy segura, me es difícil explicarlo sin que suene extra…

Un golpe en la ventana los hizo respingar, encontrando la cara de Moonghost aplastada contra el vidrio, articulando la palabra “Ayuda” hasta que desapareció, probablemente al caer de nuevo víctima del cariño del Muk.

— Eh… por lo que me has relatado, son unos pokémon llenos de misterios y producen un sumo interés en mí —dijo Oak riendo nerviosamente, intentando disimular lo que acababa de suceder— ¿Me permitirías estudiarlos? No es necesario que se enteren, los observaré con bastante discreción.

— Si esa decisión estuviese en mis manos, probablemente le diría que sí, profesor —dijo Dyfir con seriedad—. Pero Eve tiene mal carácter y no le gusta que se metan en sus asuntos, más todavía si se trata de un humano, no creo que lo permita.

El timbre sonó en ese momento, llamando la atención de Oak e interrumpiendo la conversación cuando Tracey fue a atender la puerta. En menos de un minuto, un chico de tez tostada con un Pikachu en los hombros irrumpió en la sala, desbordando optimismo y felicidad.

— ¡Hola, profesor, estoy de vuelta! —exclamó con alegría, secundado por su Pikachu que levantó la patita en señal de saludo— ¡Uf, al fin llegué! Disculpe que haya entrado así, pero mi mamá no está en casa. ¿Está aquí? Tengo muchas ganas de verla.

— ¡Qué gusto verte de nuevo, Ash! —respondió Oak, dedicándole una radiante sonrisa al recién llegado.


CAPÍTULO ORIGINAL (2007)
Spoiler
Capítulo 8 – Pueblo Paleta
Caminaban por unas praderas frescas, con aire muy limpio y un sol mañanero radiante. Encontraron por ese camino muchos Pidgey y Rattata, uno de los cuales le salto encima a Dyfir para tratar de llevarse algo de su mochila.
Alrededor del mediodía, avistaron un pequeño pueblo con casas blancas y con tejas rojas (la mayoría).
- Pueblo Paleta – dice Dyfir, sosteniendo su bicicleta – Aquí es donde comienzan su viaje los entrenadores de Kanto. El encargado de entregar los pokémon iniciales es el reconocido investigador pokémon, el Prof. Oak –
Les contaba esto a sus compañeros mientras se acercaban cada vez más a las puertas del pueblo.
- ¿A qué vinimos a Pueblo Paleta? – pregunta Eve, fastidiada.
- Quisiera conocer al Prof. Oak – contesta Dyfir, con una sonrisa.
- ¿Y para qué lo quieres conocer? – pregunta Moonghost.
- Quiero poder decir: “¡Hey! Yo conocí al Prof. Oak” – contesta Dyfir – Además, también podría enseñarme algo sobre pokémon. Es muy inteligente, ya verán. El descubrió que el palo que lleva Farfetch´d era en realidad la raíz de una planta –.
- ¡¿Qué?! – exclama Flowar repentinamente, ocasionando que todos den un respingo.
Moonghost se ríe enérgicamente, Mewtwo simplemente sonríe y Eve no tuvo ninguna reacción fuera de lo común.
- Ese profesor esta bien perdido – comenta Moonghost entre risitas.
- ¿Por qué…? – musita Dyfir.
- Todos saben que lo que lleva Farfetch’d no es una raíz – dice Flowar.
- Es un palo de hockey – dice Mewtwo.
- ¿Un palo de hockey? – repite Dyfir, extrañada.
- Si – afirma Moonghost - ¿De dónde crees que salió el juego? –
En ese momento entraron al pueblo. Siguieron platicando tranquilamente mientras todos se les quedaban mirándolos.

Más adelante, una anciana platicaba con una señora gorda en una tienda de víveres y verduras, que también parecía una estación radial.
- El matrimonio Verdana no anda muy bien ¿sabía? – dice la anciana a la gorda.
- Cuente, cuente – apresura la gorda.
- Bien. Últimamente han tenido problemas por que la madre dejó al niño hacer su viaje pokémon teniendo sólo seis años, y para colmo, sin la aprobación del marido – susurra la anciana, la gorda asiente incitándola a seguir. Sus cabezas se acercan más – Y en su aniversario, en vez de su esposo despertarla con un tierno beso, la despertó fue el Smoochom de la casa –
- ¡No le creo! – exclama la gorda exageradamente.
- Pienso lo mismo – asiente la anciana - ¡Es un sacrilegio que te golpees contra la puerta todo el día! –
Justo pasan por el frente el grupo de viajeros.
- ¿Segura que es por aquí? - pregunta Moonghost.
- Por milésima vez ¡Si! Tenemos que caminar por esta calle, de aquí vislumbraremos un molino – contesta Dyfir.
- Que es el laboratorio del Prof. Oak – dice Flowar.
El grupo siguió de largo. La anciana y la gorda los siguieron con la mirada hasta que los viajeros se perdieron de vista.
- ¿Eso es cosplay? – pregunta la gorda tontamente.
- No… Esos eran pokémon – dice la anciana, parpadeando repetidas veces.

En ese momento subían unas largas escaleras hacia su destino. Cuando llegaron a la puerta, Dyfir respiraba entrecortadamente y apoyaba sus manos en sus rodillas, quedando algo agachada.
- ¿No pudo vivir en un lugar más alto? – pregunta Moonghost exhausto.
- No es para tanto Moonghost. Pero si, debió buscarse otro tipo de vivienda – dice Flowar – Aunque está muy lindo el molinito –
Dyfir se reincorpora y se acerca a la puerta. Levanta el puño para darle unos golpecitos, pero se detiene.
- ¿Sucede algo? – pregunta Flowar.
Dyfir todavía les daba la espalda, también todavía tenía el puño extendido y no le dio respuesta a Flowar. Moonghost se acerca a ella y mira sobre su hombro.
- Hay un cartelito… Dice: “No estoy. Salí a almorzar” – dice volteando a ver a los demás
- Supuestamente esta es su casa – dice Eve, antipáticamente.
- Si… - dice Dyfir con un hilillo de voz.
Eve suspira y comienza a bajar las escaleras.
- ¿A dónde vas? – le pregunta Mewtwo siguiéndola.
- A buscar a ese vejete – contesta Eve.
- ¡Yo también quiero ayudar! - exclama Flowar, con mucho optimismo, siguiendo los pasos de Eve.
- Tanta amabilidad se me hace rara en ti, hermanita – dice Moonghost sarcásticamente, siguiéndola.
Dyfir se recupera de su estupefacción y los sigue también.
- Deberías saber la respuesta – dice Eve, que ya estaba llegando a la reja que daba a la calle – Quiero irme lo más pronto posible –
- Pero si ni siquiera has captado alguna señal que nos lleve a otro hermano ¿A dónde tendríamos que ir? - pregunta Moonghost.
- A cualquier sitio menos este –

- Ya veo por que sus Hamburguesas Volcano son tan famosas Sra. Ketchup –
- ¡Ay Tracey! ¡No es para tanto! – exclama la Sra. Ketchup, apenada.
- No puedo evitarlo, están exquisitas – dice Tracey, sonriendo.
- Es de esperarse… Después de comer tanta comida congelada cualquier cosa casera parece gloria – piensa el Prof. Oak, carraspea y sonríe – Tracey tiene razón, querida Delia; sus hamburguesas han quedado extremadamente deliciosas – dice.
- Ya basta… - dice la Sra. Ketchup.

- Prefiero esperar – dice Dyfir, apoyándose de la baranda de la tienda que habían pasado antes – No tenemos ni la más remota idea de dónde pueda estar –
- Es un pueblo – dice Flowar – Es más fácil encontrar a alguien aquí que en una ciudad –
Eve flotaba un poco por encima de ellos, agacha la cabeza y suspira.
La anciana de la tienda los miraba con mucha curiosidad, escondida tras el mostrador. Tomando aliento, sale del mostrador y se acerca a Dyfir.
- Disculpa dulzura ¿A quién buscan? – le pregunta.
Dyfir mira a sus compañeros y luego a la anciana.
- Al Prof. Oak… - contesta.
- Ahhhh… Al Prof. Oak… ¿No está en su laboratorio? – pregunta la anciana. Dyfir niega con la cabeza – Entonces solo dame unos momentos, yo te lo localizó enseguida ¿Cuál es tu nombre linda? -

- Estoy lleno. Gracias, Delia – dice el Prof. Oak, sobándose el estómago.
- Hace tanto que no comía algo tan delicioso… - musita Tracey.
- Me alegra que les haya gustado. Pero todavía no se vayan, falta el postre – dice la Sra. Ketchup mientras abre el congelador de la nevera – Hice Banana Split para todos, así que hagan espacio en sus pancitas –
Del congelador saca cuatro grandes platos con el helado. Justo entonces, una voz amplificada llena la cocina, haciendo que a la Sra. Ketchup se le cayeran los postres y retumbara toda la casa.
- ¡PROF. OAK, SI ESCUCHA, PRESENTESE INMEDIATAMENTE EN MI TIENDA QUE LO ANDA BUSCANDO UNA ENTRENADORA POKEMON CON MUCHA URGENCIA! –
- ¡Por todos los cielos! – exclama el Prof. Oak, que del susto se había caído hacia tras con todo y silla.

- ¿Era necesario?– pregunta Dyfir, muy apenada – Y no es nada urgente… -
- Si que lo era. Ese vejete nunca se sabe donde se mete y tú no tienes tiempo que perder en tu aventura – contesta la anciana.
- ¿Y acaso tiene que saber siempre donde está? – pregunta Flowar en voz baja a Moonghost.
- Y yo que pensaba que la Chatot que vivía cerca de nosotros era chismosa – comenta.
Las orejas de los tres hermanos se mueven y voltean. Un chico con una banda corría hacia ellos, seguido de una señora pelirroja y de un anciano con bata blanca.
- ¿Qué sucede Sra. Florenda? – pregunta el chico de la banda.
- Usted dijo algo de una entrenadora que me buscaba con urgencia – dice el anciano de la bata, que se había puesto a la derecha del chico.
- Ohhhh no es nada. Solo dije que urgente para que llegaran rápido, es que ustedes son más lentos que un Shuckle – dice Florenda, con una expresión muy cómica.
- Que bonita flor – dice la señora pelirroja.
Estaba frente a Flowar, que se encontraba levitando a su altura, la señora la miraba con una sonrisa.
- Es realmente hermosa – dice.
- Dyfir, te presento al Prof. Oak – dice Florenda – El es Tracey y ella Delia. No sé si se habrá dado cuenta profesor, que ante usted tiene a unos pokémon muy peculiares. En mi caso, jamás los había visto –
Oak desde que los había visto, no les quitaba la vista de encima, se encontraba completamente fascinado.
- Acompáñenme – les dice.

Ya llevaban unas horas platicando en la sala del Prof. Oak. Mientras Dyfir y el Prof. platicaban, los pokémon se encontraban en los jardines supervisados por Tracey mientras los dibujaba, su modelo favorita fue Flowar.
- Tus pokémon tienen un excelente estado físico – dice el Prof. Oak – Están muy bien criados y parecen muy felices… -
Eve trataba de escuchar con atención desde afuera. Moonghost recorría los alrededores con curiosidad.
- Es un lugar bastante agradable. Todo es natural – dice Moonghost – Y siento que hay muchísimos pokémon…-
Se topa con una gran sustancia viscosa que se alzaba un poco sobre él. Al frente tenía un inmenso Muk que lo miraba con una gran sonrisa. El Muk pega un grito alegre y se dispone a caerle encima a Moonghost, el cuál también da un grito pero de pánico. Corre desesperadamente alejándose los más que puede del Muk.
- ¡Eve! ¡Flowar! ¡Aléjenlo de mí! – grita frenéticamente, mientras huye de la gran masa.
- Lo siento Moonghost, pero sabes que no podemos. A Eve le produce sarpullido y a mi me va a ensuciar y sabes que me es muy difícil quitarme por completo los fluidos de un Muk – dice Flowar.
- Si quieren yo lo ayudo… - les dice Mewtwo.
- No. Tú disfruta… - dice Eve – Y lo que dice Flowar es cierto Moonghost, recuerdo lo susceptible que estoy ahora… - agrega sarcásticamente.

- Estaba en Altomare cuando conocí a Eve y a Moonghost. Me faltaba la última medalla de Jotho para poder participar en la Liga, pero decidí viajar con ellos- dice Dyfir.
Mientras tanto, Moonghost había pegado su rostro contra la ventana de la sala pidiendo ayuda, había quedado con una graciosa mueca. Nadie llego a verlo por que en ese instante el Muk lo capturó.
- Por lo que me cuentas son pokémon muy interesantes – dice el Prof. Oak - ¿Me permitirías estudiarlos? –
- Realmente no lo sé profesor. Eve es muy… precavida en cuanto a los humanos. Moonghost tardó un buen rato en convencerla de que me dejara estar con ellos… – dice Dyfir.
En eso, Dyfir es interrumpida por la llegada de unas personas.
- Hola Prof. Oak ¡Al fin llegué! ¿Mi mamá está por aquí? –
- Ah. Hola Ash – saludo el Prof. Oak, sonriendo…





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"Feliz Cumpleaños a CPokemon 2007
***Ronquidos***
***Un bostezo***
Eve (adormilada):- ¿Qué hora es...? - *revisa un reloj* - ¡¿Qué...?! *grita*
Moonghost (adormilado): -¿Qué diablos te sucede...? ¡Deja dormir! -
Flowar (bostezando): - ¿En qué año estamos...?
Eve: -Miren la hora que es - *le extiende un reloj que quién sabe de donde lo había sacado*
Dyfir (adormilada): -¿Qué pasa con eso...?-

Pos que se tenían que tomar una foto a la medianoche, se quedaron dormidos y me la pase toda la noche decorando por ustedes ¬¬
***Respingo general***
Moonghost: -Cuando la escritora se mete... Tengan miedo O_O - :S
Eve: Es por eso que les estoy diciendo... ¡Apresurénse! -

Más les vale... ¬¬
Dyfir: -Déjeme lavarme la cara... -
¿Por qué?
Dyfir: - No voy a salir así en la foto - :roll:
Tú no vas salir... --____--
Dyfir: - ¡¿Por qué?! -
La fotografía es tamaño oficio y no cabes XD

***Al rato...***

Moonghost: ¿Está encendida?
Flowar: Ya tómela de una vez...
Eve: Esperense... Falta algo...
Moonghost: ¿Qué mas puede faltar? Me estoy encandilando con tantos colores...

¡¡¡WHISKY!!! XD
Dyfir: ¿Dónde?
FLASH

Spoiler



Todos: ¡¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS CPOKÉMON!!!!
Eve: Esta vez me encargé de hacer el pastel yo misma. Espero le gusten las fresas con chocolate XP

¿Desde cuando eres tan amable?
Eve: Es la primera vez que me porto tan amigable... No me corte la inspiración ¬¬
Esta bien n_nU
Dyfir: Pásela muy bien. Se lo merece. Mucha felicidad y si`puede regaleme un poco de cerveza XD
Flowar: Eres menor de edad ¬¬
Dyfir: ¿Y eso qué? XD
Moonghost: Estoy gordo O__O
Eve: Feliz CUmpleaños! Espero y le guste la torta XP. Siga siendo como es y no se vuelva amargado con la edad, así está bien XD.


Costó pero lo hice... Me pasé toda la noche pintando esa pared XD.
Bueno, espero que les haya gustado este capítulo. Comentarios, sugerencias, críticas, opiniones, correcciones, todo sera aceptado ya que todo es para la mejora del fic =D. Nos veremos el próximo domingo. Ahí al menos tienen una idea de cómo es Flowar XP. No me recuerdo de ciertos nombres así que... me los recuerdan??? XD.

Hasta el próximo domingo.

Bye-Bye n_n

P.D: Espero le haya agradado al jefe... XD

EGN: Hoy es el fin del mañana
65 - Todo se paga
#39

Respuesta: Fanfic


EXCELENTE CAPITULO

si señor sin duda alguna, uno de los mejores... pero... no dbiste de meter a Ash muajajaja

pues esta muy bueno y el dibujo muy lindo :P

salu2..!!

#40

Respuesta: Fanfic


Jejejeje,muy bonita sorpresa para el Admin x)
coincido con Richie,bonito dibujo :P
En cuanto a al capitulo,pues me a gustado,buenas descripciones ^^
Y coincido de nuevo con Richie,no debiste meter a Ash xD
nah,lo que se te haga bien =P
jeje

Saludos