[F.C.] Pokémon EGN: Hoy es el fin del mañana
POKÉMON EGN
Hoy es el fin del mañana
Un extraño pokémon ha despertado de un milenario sueño, iniciando la cuenta regresiva para una batalla de la que dependerá el destino de todo ser vivo en la Tierra. Para evitarlo tendrá que despertar a sus 12 hermanos. ¿Podrá lograrlo y encarar su destino?
DISCLAIMER
Pokémon y todos sus personajes pertenecen a Satoshi Tajiri, Gamefreak y Nintendo, ésto sólo es fanmade con la intención de entretener a otros seguidores de la franquicia.
Los personajes originales encontrados en este fanfiction NO pueden ser utilizados sin consentimiento de OnixTymime.
NOTA
NO TOLERAMOS A PERSONAS SIN GOTA DE CREATIVIDAD O POCA DIGNIDAD DISFRUTEN RECIBIR MÉRITO POR EL TRABAJO DE OTROS, ASI QUE SI ROBAS ESTE FANFICTION O CUALQUIER ARTWORK DEL MISMO, ATENTE A LAS CONSECUENCIAS.
SI LLEGAS A SABER DE ALGUNA PUBLICACIÓN NO AUTORIZADA, POR FAVOR, AVISAR PARA TOMAR LAS MEDIDAS PERTINENTES.
Hoy es el fin del mañana
Un extraño pokémon ha despertado de un milenario sueño, iniciando la cuenta regresiva para una batalla de la que dependerá el destino de todo ser vivo en la Tierra. Para evitarlo tendrá que despertar a sus 12 hermanos. ¿Podrá lograrlo y encarar su destino?
DISCLAIMER
Pokémon y todos sus personajes pertenecen a Satoshi Tajiri, Gamefreak y Nintendo, ésto sólo es fanmade con la intención de entretener a otros seguidores de la franquicia.
Los personajes originales encontrados en este fanfiction NO pueden ser utilizados sin consentimiento de OnixTymime.
NOTA
NO TOLERAMOS A PERSONAS SIN GOTA DE CREATIVIDAD O POCA DIGNIDAD DISFRUTEN RECIBIR MÉRITO POR EL TRABAJO DE OTROS, ASI QUE SI ROBAS ESTE FANFICTION O CUALQUIER ARTWORK DEL MISMO, ATENTE A LAS CONSECUENCIAS.
SI LLEGAS A SABER DE ALGUNA PUBLICACIÓN NO AUTORIZADA, POR FAVOR, AVISAR PARA TOMAR LAS MEDIDAS PERTINENTES.
¡Saludos!
Eve y los Guardianes de las Naturaleza, como se llamó en un principio gracias a la sugerencia de los lectores, es mi mayor proyecto personal y al que le tengo más aprecio.
La verdad, jamás pensé que le llegase a gustar a tantas personas y que les agradara de la manera en que lo hace, pues cuando comencé lo hice por el entusiasmo producto de una conversación por messenger con una amiga, quién me animó a que escribiera una historia completa. Lo que escribí en ese entonces no tiene nada que ver con "EGN", pero el apoyo me hizo agarrar unos fakemon que, en teoría, eran unos Mewthree basados en la capacidad evolutiva de Eevee y darles espacio en la historia con su propia personalidad.
Debo admitir que luego de descubrir los fanfics en este súper-fabulosa comunidad, también me picaron las ganas de aportar. Pero no me hubiera atrevido si no hubiera sido por aquel "empujoncito" de mi estimado @Axl Rose, a quien le agradezco que fuera el primero en el foro que leyera este fanfic y me animara a publicarlo. Gracias en donde quiera que estés, espero alguna vez volverte a ver conectado
. En verdad, aún a es estas alturas del partido, estoy sorprendida que haya tantas personas que le han agarrado verdadero cariño a los personajes de EGN, sintiéndose identificados o a gusto con ellos, disfrutando de cómo se desenvuelven en cada situación, lo que me hace sentir dichosa por hacer algo que los haga felices, aunque sea por un instante.
A todos, muchas gracias, EGN no sería lo que es si no fuera por todos sus comentarios y el ánimo que me han dado ^^
Muchísimas gracias por todo ;w;
PROYECTO DE REVISIÓN
Desde hace un tiempo, me he dado a la tarea de revisar y modificar los primeros capítulos con la intención de mejorarlos.
Si se preguntan la razón, es simple: escribía horrendo. Ya, eso es todo, no hay mayor explicación.
Además, cuando comencé este fanfiction, apenas estaba saliendo la 4ta generación y ya vamos por la 6ta, algo que ha logrado llenar ciertos "vacíos".
PROGRESO
(12/02/2017)
11 - Camino a Monte Luna

ÍNDICE
ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN: 08/04/2018
ACLARATORIA
Los capítulos que carecen de vínculo se debe a que comparten el post con el capítulo anterior. He tratado de acomodarlos todos para que tengan sus post individuales y todo sea más sencillo para ustedes, pero fui demasiado noob (?).
Desde hace un tiempo, me he dado a la tarea de revisar y modificar los primeros capítulos con la intención de mejorarlos.
Si se preguntan la razón, es simple: escribía horrendo. Ya, eso es todo, no hay mayor explicación.
Además, cuando comencé este fanfiction, apenas estaba saliendo la 4ta generación y ya vamos por la 6ta, algo que ha logrado llenar ciertos "vacíos".
PROGRESO
(12/02/2017)
11 - Camino a Monte Luna

ÍNDICE
ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN: 08/04/2018
ACLARATORIA
Los capítulos que carecen de vínculo se debe a que comparten el post con el capítulo anterior. He tratado de acomodarlos todos para que tengan sus post individuales y todo sea más sencillo para ustedes, pero fui demasiado noob (?).
Spoiler
Prólogo
1. Robo en Altomare
2. A la luz de la Luna
3. El relato de un fantasma
4. Sin atajos
5. El temido Equipo Rocket
6. Contratiempos en Viridian
7. Dulce Encuentro
8. Pueblo Paleta
9. Sin señal
10. Hazlo con amabilidad
11. Camino a Monte Luna
12. Una danza lunar fuera de lugar
13. Prestando ayuda
14. Nuevos enemigos
15. Club de Fans de los Pokémon
16. Todo disperso
17. Visitas inesperadas
18. Malsumis
19. Aviso
20. Pesadilla en la Torre Pokémon
21. Al final del Laberinto Azeban
22. Antes de lo esperado
23. Eve y Enurta. El Malsumi empedernido y traicionado
24. ¡¿De qué hablan?!
25. Un día "normal" en familia
26. Dyfir /VS/ May
27. Sobre nuestros hermanos
28. Calma, alboroto y riñas familiares
29. Mantén cerca a tus iguales
30. Problemas familiares
31. Atrapado
32. Nacimiento
33. Niñez y pérdida de inocencia
34. Amor y Sueño
35. Convirtiéndonos en prófugos
36. Emboscada y secuestro
37. Anhelos, deseos, sueños y miedos
38. Instintos de furia
39. Sólo por...
40. Pasando el rato con un Malsumi
41. La cuenta regresiva comienza
42. Madison, una peculiar Creyente. Rencores del pasado
43. El Pokémon de la Luz (Primera Parte)
-----El Pokémon de la Luz (Segunda Parte)
44. Resurgir en el Caos
45. Princesas en conflicto
46. ¡Quítenme a ese Mew de encima!
47. ERS-696
48. Jugando con las sombras (dividido en 2 post)
49. Carpathia
50. Amores que matan
51. Feroz como el... ¡¿agua?!
52. La propuesta
53. Intereses
54. Prepararse para una guerra sin morir en el intento
55. Un regalo difícil de aceptar
56. Cuentas pendientes
57. La casa en el bosque
58. Afinando detalles
59. Por última vez
60. Decisión
61. Muestras de poder
62. Que el cielo se parta en dos
63. Sin filo, sin nada
64. ¡Da la cara!
65. Todo se paga
66. Averouz
67. Silencio
1. Robo en Altomare
2. A la luz de la Luna
3. El relato de un fantasma
4. Sin atajos
5. El temido Equipo Rocket
6. Contratiempos en Viridian
7. Dulce Encuentro
8. Pueblo Paleta
9. Sin señal
10. Hazlo con amabilidad
11. Camino a Monte Luna
12. Una danza lunar fuera de lugar
13. Prestando ayuda
14. Nuevos enemigos
15. Club de Fans de los Pokémon
16. Todo disperso
17. Visitas inesperadas
18. Malsumis
19. Aviso
20. Pesadilla en la Torre Pokémon
21. Al final del Laberinto Azeban
22. Antes de lo esperado
23. Eve y Enurta. El Malsumi empedernido y traicionado
24. ¡¿De qué hablan?!
25. Un día "normal" en familia
26. Dyfir /VS/ May
27. Sobre nuestros hermanos
28. Calma, alboroto y riñas familiares
29. Mantén cerca a tus iguales
30. Problemas familiares
31. Atrapado
32. Nacimiento
33. Niñez y pérdida de inocencia
34. Amor y Sueño
35. Convirtiéndonos en prófugos
36. Emboscada y secuestro
37. Anhelos, deseos, sueños y miedos
38. Instintos de furia
39. Sólo por...
40. Pasando el rato con un Malsumi
41. La cuenta regresiva comienza
42. Madison, una peculiar Creyente. Rencores del pasado
43. El Pokémon de la Luz (Primera Parte)
-----El Pokémon de la Luz (Segunda Parte)
44. Resurgir en el Caos
45. Princesas en conflicto
46. ¡Quítenme a ese Mew de encima!
47. ERS-696
48. Jugando con las sombras (dividido en 2 post)
49. Carpathia
50. Amores que matan
51. Feroz como el... ¡¿agua?!
52. La propuesta
53. Intereses
54. Prepararse para una guerra sin morir en el intento
55. Un regalo difícil de aceptar
56. Cuentas pendientes
57. La casa en el bosque
58. Afinando detalles
59. Por última vez
60. Decisión
61. Muestras de poder
62. Que el cielo se parta en dos
63. Sin filo, sin nada
64. ¡Da la cara!
65. Todo se paga
66. Averouz
67. Silencio
EXTRAS
- El Muérdago
- Enséñame más
- Ari (para los Inocentes)
- Otros relatos a la luz de la luna
- A los ojos del Maestro
Espero que este Fanfic sea de su agrado.

Introducción
Una penetrante oscuridad lo engullía todo, se sentía como flotar en la nada aunque era difícil estar seguro de ello, resultaba imposible saber si en realidad se existía o no en aquel vacío infinito. El silencio era el fiel compañero de aquel lugar perdido, ni el tiempo ni el espacio tenían nada que hacer ahí.
De repente, en aquel paraje inexistente, resonó una voz:
— ¡Despierta!
Tan suave y cálida, era muy tentador responderle a gritos. Pero no obtuvo respuesta, por eso insistió:
— ¡Despierta!
— ¿Ah…?
Finalmente le habían contestado, tratándose de un leve susurro somnoliento apenas. Un pequeño punto de luz nació en aquella penetrante oscuridad, débil y titilante, empezando a ganar fuerzas a medida que titilaba, como si un corazón comenzara a latir y se apresurara para no dejar de palpitar.
— Ya es la hora, tienes que despertar.
La luz ganó aún más fuerzas todavía, pero no era lo suficientemente poderosa como para combatir la oscuridad, tampoco es que aquel ínfimo punto de luz la tuviera fácil con semejante oponente. Pero no se dejó vencer, no dejó de titilar, luchando con las tinieblas sin dar el brazo a torcer.
De nuevo, la segunda voz contestó, aún adormecida y con mucha pereza:
— ¿Ya…?
— Sí y es urgente —dijo ansiosamente la primera voz —. La situación se me ha escapado de las manos. No es el momento de que se cumpla lo escrito, pero nada ha sucedido como yo pensé que sería y se ha precipitado todo… los necesitan… ¡y rápido!
Se detuvo y esperó que le respondieran rápido, sin resultados. Parecía que sea quién fuera el dueño de la segunda voz, tenía mucho sueño o no estaba a gusto con lo que escuchaba y era reticente a contestar.
— ¡Dime algo! —apremió la primera voz.
— ¿Qué quiere que le diga? —contestó finalmente la segunda, ahora sonando molesta —. Todos sabíamos que pasaría, usted ha sido la única necia, reacia a aceptarlo.
— ¿Cómo te sientes? ¿Hay algo que deba saber? —preguntó la primera lacónicamente, haciendo oídos sordos a la respuesta que había recibido.
— Nada en especial —respondió la segunda de un modo que destilaba amargura.
— Ay, hija mía... —suspiró suavemente la primera voz, lamentándose por la hostilidad que comenzaba a captar en quien le contestaba —. Sé que no te he brindado lo mejor y que lo que está por venir será muy difícil para ti, no pienses que para mí lo es. Pero no debes angustiarte, hija mía, escucha con atención estas palabras, pues a partir de ahora serán ley: No estarás sola y de ello me aseguraré personalmente. Conocerás a alguien que en verdad te hará apreciar la vida, que te dará fuerzas y valor para afrontar el final...
— ¡No! —chilló desesperadamente la segunda voz, cortando en seco a quien era dueña de la primera y haciendo que esta se sintiera ofendida — ¡Ya basta! No me haga esto. No me ayudará nada, sólo lo hará más difícil de lo que ya lo es, no puedo soportar que usted pretenda...
— Hija, no hay peor sordo que aquel que no desea oír, así que mejor considera lo que te he dicho —vociferó la primera con profunda serenidad, logrando acallar a la segunda en el acto, reafirmando una vez más la influencia que tenía sobre ella —. Lo que temes no volverá a suceder, pondré todo mi empeño para evitarlo, lo juro. Juro que estará ahí, acompañándote, hasta el fin. Lo juro, hija mía.
— ¿Pero por qué…?
— En su momento lo entenderás, amada hija. Por ahora… ¡despierta!
La luz que titilaba estalló de repente, inundando con su cálido brillo todo lo que tocaba y aniquilando para siempre las tinieblas, arrastrándola lejos de su lugar de descanso y devolviéndola a la realidad a la cual temía tanto regresar.

En un bosque, muy apartado de la civilización, un gran grupo de pokémon se congregaba alrededor de un rayo de luz que emergió repentinamente de las profundidades de la tierra y ascendía hasta los cielos, perdiéndose en las nubes oscuras de la noche.
Poco a poco, más pokémon llegaban al lugar empujados por la curiosidad, amontonándose para ser testigos de tan inusual suceso. Algunos estaban impresionados, muchos asustados y otros cuantos hipnotizados por la belleza de la misteriosa luz blanca, algunos comparándola con el esplendor que irradiaba la luna en las noches en que estaba es su máxima expresión, hermosa y redonda.
De imprevisto, una silueta comenzó a surgir lentamente de la tierra, elevándose del suelo ante la atónita mirada de los presentes. Todos reprimieron un grito de terror, preocupados de que fuera lo que fuera que estuviera emergiendo ante ellos los atacara. Pero a pesar del miedo permanecieron quietos y a la expectativa, la curiosidad superaba a sus instintos ante la presencia del hipnótico pilar de luz, como si fuese algo que se viesen obligados a presenciar.
La silueta se elevó un poco del suelo y el hermoso rayo de luz comenzó a desaparecer lentamente, extinguiéndose para siempre al cabo de unos segundos. Al desaparecer, los curiosos pokémon pudieron apreciar con asombro la identidad de la silueta, detallando hasta el más minúsculo detalle y sintiéndose contrariados, pues desconocían si era amigo e enemigo.
El níveo pelaje de la criatura, poco a poco, comenzó a emitir un pálido resplandor que volvió a recordarles a la hermosa luna a quienes la contemplaban admirados. Tenía unos grandes ojos de un precioso tono azul que era más claro que el cielo y casi tan traslúcidos como el cristal, enmarcados con largas pestañas negras. Su cola y orejas eran largas también, lo mismo sus piernas y brazos, en los cuales no se vislumbraban dedos a simple vista. Algunas zonas de su pelaje eran de un intenso color violeta, específicamente en las puntas de sus pies, orejas y cola. Y en el medio de su frente llevaba incrustada una gema del mismo violeta intenso, esculpida con la forma de un símbolo extraño, que podría tratarse de una espinela.
La criatura observó a los que la rodeaban con curiosidad, pero a la vez con cierta indiferencia. Quienes se atrevían a devolverle la mirada aún estaban petrificados del susto, demasiado confundidos por lo que veían y preguntándose de qué se trataba todo eso, de dónde venía realmente y cuáles eran sus propósitos.
El misterioso ser elevó la mirada hacia los cielos, ignorándolos, y sin mediar palabra alguna despegó hacia los brazos de la noche, en donde reinaba una luna en Cuarto Creciente, alejándose del lugar y dejando a los pokémon con la duda.
Al poco tiempo de que se fuera, un pequeño Pichu temeroso se acercó a donde hace muy poco yacía la criatura. Cuando llegó al punto exacto, encontró un hermoso camafeo. El pequeño ratón eléctrico quedó embelesado por la belleza de aquel antiguo objeto, más aún por su tamaño, que ocupaba casi su propio rostro. Lo levantó del suelo con sumo cuidado, acercándolo a su rostro lo más que podía para poder apreciar cada detalle con mayor detenimiento.
En el camafeo estaba tallada la figura de una mujer joven y hermosa, con largos cabellos en los que tenía enredadas una gran variedad de preciosas flores, plumas, perlas, caracolas y frutos. En el dorso de su mano, con la cual acariciaba su grácil cabello, tenía grabado el mismo símbolo de la gema que tenía en la frente la extraña criatura nívea.
Prólogo (2007):
Spoiler
Todo estaba oscuro… No había ni un pequeño rayo de luz. Sin ruido, solo hay oscuridad
…
- Despierta… - interrumpe el silencio una suave voz, que parecía venir del vacío.
…
- Despierta… - repite “el vacío”.
- ¿Ah…? – susurra una voz, somnolienta.
- Ya es hora ¡Despierta! – exclama “el vacío”.
- ¿Ya…es hora? – susurra “la voz”, perezosamente.
- Así es, la situación es mas grave de lo que pensaba – dice “el vacío” – Creía que tomarían medidas… Que lo cuidarían hasta que ustedes llegaran… Pero me equivoque…-
…
- Estas muy callada – dice “el vacío”.
- Sabías que no lo harían… - comenta “la voz”.
- ¿Qué sientes? – pregunta “el vacío”.
- Nada especial… - le contesta “la voz”, con amargura.
- Hija mía… - espeta el vacío suavemente, interrumpiendo a “la voz” – Sé que es muy duro para ti. Pero créeme, hay un ser muy especial que estará en tu camino y te acompañara hasta el final… -
- No de nuevo… - susurra “la voz”, cansinamente.
- Hija, escucha mis palabras… - interrumpe “el vacío” – Este ser te dará fuerzas en el final –
- ¿A qué te refieres? – pregunta “la voz”.
- En su momento lo sabrás. Ahora… ¡Despierta! –
La oscuridad desaparece y le da paso a la luz.
En un bosque, muy apartado del mundo humano, un gran grupo de pokémon se congregaba alrededor de un rayo de luz, que había emergido repentinamente de la tierra y ascendía hasta los cielos perdiéndose en las nubes oscuras. Poco a poco, otros pokémon llegaban al lugar, impulsados por la curiosidad. Unos estaban impresionados, otros asustados, y otros cuantos hipnotizados por la belleza de la extraña luz. Entonces, una oscura figura empieza a surgir lentamente, al parecer, de la tierra. Todos los pokémon reprimen un grito debido al susto que les provocó la aparición repentina de esa figura, pero la curiosidad los hizo permanecer quietos. La figura se eleva un poco del suelo y el hermoso rayo de luz desaparece lentamente, dejando visualizar a una criatura. La criatura emitía un pálido resplandor, con unos grandes ojos de un azul más claro que el cielo, cola y orejas largas, lo mismo era con lo que parecían piernas y brazos en los cuales no se vislumbraban dedos, tenía unas cuantas zonas de su cuerpo violeta y en su frente tenía una gema con la forma de un símbolo extraño. La criatura lanza una mirada con sus claros ojos a los pokémon que la rodeaban, que estaban petrificados de asombro por su repentina aparición. De un momento a otro, el pokémon vuela rápidamente por los cielos de una luna que estaba en cuarto creciente, alejándose del lugar y dejando a los pokémon con la duda. Un pequeño Pichu se acerca a donde hace segundos yacía la criatura, y en el suelo encuentra un hermoso camafeo. En el se encontraba grabado la figura de una hermosa mujer joven, con largos cabellos en los que tenía enredados una gran variedad de hermosas flores, y en el dorso de su mano que jugaba con su grácil cabello tenía grabado el mismo símbolo que tenía el pokémon blanco en su frente.
…
- Despierta… - interrumpe el silencio una suave voz, que parecía venir del vacío.
…
- Despierta… - repite “el vacío”.
- ¿Ah…? – susurra una voz, somnolienta.
- Ya es hora ¡Despierta! – exclama “el vacío”.
- ¿Ya…es hora? – susurra “la voz”, perezosamente.
- Así es, la situación es mas grave de lo que pensaba – dice “el vacío” – Creía que tomarían medidas… Que lo cuidarían hasta que ustedes llegaran… Pero me equivoque…-
…
- Estas muy callada – dice “el vacío”.
- Sabías que no lo harían… - comenta “la voz”.
- ¿Qué sientes? – pregunta “el vacío”.
- Nada especial… - le contesta “la voz”, con amargura.
- Hija mía… - espeta el vacío suavemente, interrumpiendo a “la voz” – Sé que es muy duro para ti. Pero créeme, hay un ser muy especial que estará en tu camino y te acompañara hasta el final… -
- No de nuevo… - susurra “la voz”, cansinamente.
- Hija, escucha mis palabras… - interrumpe “el vacío” – Este ser te dará fuerzas en el final –
- ¿A qué te refieres? – pregunta “la voz”.
- En su momento lo sabrás. Ahora… ¡Despierta! –
La oscuridad desaparece y le da paso a la luz.
En un bosque, muy apartado del mundo humano, un gran grupo de pokémon se congregaba alrededor de un rayo de luz, que había emergido repentinamente de la tierra y ascendía hasta los cielos perdiéndose en las nubes oscuras. Poco a poco, otros pokémon llegaban al lugar, impulsados por la curiosidad. Unos estaban impresionados, otros asustados, y otros cuantos hipnotizados por la belleza de la extraña luz. Entonces, una oscura figura empieza a surgir lentamente, al parecer, de la tierra. Todos los pokémon reprimen un grito debido al susto que les provocó la aparición repentina de esa figura, pero la curiosidad los hizo permanecer quietos. La figura se eleva un poco del suelo y el hermoso rayo de luz desaparece lentamente, dejando visualizar a una criatura. La criatura emitía un pálido resplandor, con unos grandes ojos de un azul más claro que el cielo, cola y orejas largas, lo mismo era con lo que parecían piernas y brazos en los cuales no se vislumbraban dedos, tenía unas cuantas zonas de su cuerpo violeta y en su frente tenía una gema con la forma de un símbolo extraño. La criatura lanza una mirada con sus claros ojos a los pokémon que la rodeaban, que estaban petrificados de asombro por su repentina aparición. De un momento a otro, el pokémon vuela rápidamente por los cielos de una luna que estaba en cuarto creciente, alejándose del lugar y dejando a los pokémon con la duda. Un pequeño Pichu se acerca a donde hace segundos yacía la criatura, y en el suelo encuentra un hermoso camafeo. En el se encontraba grabado la figura de una hermosa mujer joven, con largos cabellos en los que tenía enredados una gran variedad de hermosas flores, y en el dorso de su mano que jugaba con su grácil cabello tenía grabado el mismo símbolo que tenía el pokémon blanco en su frente.

1
Robo en Altomare
Spoiler
En una ciudad con ríos como calles conocida con el nombre de Altomare, una chica caminaba tranquilamente por la plaza que rodeaba al Museo de Historia, acompañada por un ceñudo Sneasel. La joven de tez blanca, ojos color avellana, cabello largo y blanco como algodón, vestida con unos pantalones cortos, una franelilla y una gorra que usaba de lado, consultaba una guía turística que le obsequiaron en la lancha que la llevó hasta el popular paraje turístico.
De su mochila colgaba una pequeña placa que indicaba que su nombre era Dyfir. Acababa de cumplir dieciséis años y se encontraba en pleno viaje por Johto, su región natal, para participar en la Liga Pokémon, pero en vista de que aún faltaban meses para que se celebrase tal evento y que sólo le quedaba una medalla por ganar, decidió tomarse un pequeño descanso y visitar la hermosa ciudad que siempre había soñado conocer desde niña.
— Oh, escucha esto —dijo Dyfir sonriendo y llamando la atención de su Sneasel con un ademán de la mano, paseando sus ojos con avidez sobre el pequeño y colorido trozo de papel que sostenía —: "Cuenta la leyenda que la ciudad está protegida por dos pokémon legendarios. Los Guardianes de Altomare se alzaron y combatieron valientemente contra un malvado hombre, que atemorizó la ciudad con la ayuda de sus crueles lacayos, un temible Aerodactyl y un sanguinario Kabutops" —leyó, levantando una ceja y dándole la vuelta al papel en busca de más información.

Suspiró desilusionada al no encontrar nada más y se detuvo, elevando la mirada hacia los pilares esculpidos en mármol que ornamentaban la plaza. Señalando hacia el vasto mar, yacían las estatuas de los Guardianes de Altomare, con sus ojos vacíos fijos sobre las aguas a las que el viento se aseguraba de no concederles paz.
— Latios y Latias… creo que así se llaman —susurró ensimismada, revisando una vez más el folleto para confirmarlo con bastante emoción.
Su Sneasel, de inmediato, le indicó con un cariñoso gruñido que estaba en lo correcto antes de que su entrenadora pudiera corroborarlo, a lo que ella le regaló una gentil sonrisa de agradecimiento.
Shade, como había nombrado al malhumorado Sneasel, era el pokémon más reciente que había capturado en su camino a ciudad Blackthorn. Fue bastante complicado de atrapar, el Sneasel se aseguró de hacérselo difícil al congelarle los pies cada vez que se encontraban, así estuvieron por al menos un par de días en el Camino Helado hasta que Dyfir se alzó victoriosa con Shade dentro de una Lunabola, la última bola de captura que quedaba en su bolsillo.
Y si bien hasta ese momento el Sneasel no le había desobedecido, como habían comenzado con el pie izquierdo, Dyfir pensó que sería buena idea mantenerlo fuera de su pokebola durante su estancia en la ciudad para que le hiciera compañía y así lograran estrechar lazos.
— Vayamos al museo, Shade —dijo alegremente aún con la esperanzadora idea rondando en su cabeza, dándole la espalda a los pilares y dirigiéndose muy contenta hacia la edificación.
Por la absurda cantidad de turistas caminando distraídamente en todas direcciones, el trayecto hacia la entrada del museo no fue nada sencillo, en especial porque su Sneasel era propenso a perderse entre la multitud a causa de su tamaño. Con algo de suerte y después de recibir unos cuantos empujones accidentales, lograron llegar a las puertas del recinto, deteniéndose un instante para recuperar el aliento antes de ingresar sin mayores problemas.
Apenas unos minutos después de que la joven entrenadora y su Sneasel entraran al museo, en esa misma plaza, un muy extraño pokémon blanco caminaba tranquilamente, abriéndose paso entre la multitud con absurda facilidad. Algo tan inusual robaba las miradas tanto de humanos como de pokémon, pero aquella criatura no parecía intimidada por ello, prácticamente indiferente ante los susurros de asombro que comenzaban a circular entre los turistas.
El pokémon se detuvo en el centro de la plaza, inspeccionando cuidadosamente su alrededor, como si buscase algo. Su mirada, finalmente, se detuvo en el Museo de Historia. Con aire pensativo, inspeccionó cuidadosamente la fachada del edificio con sus ojos de cristal, frunciendo levemente el ceño al cabo de un par de segundos.
En ese momento, un entusiasmado niño que siguió al pokémon desde el momento en que éste pisó la plaza, logró atravesar el corro de curiosos que se había formado alrededor de la criatura y ponerse frente a todos. Jadeando por el esfuerzo, metió la mano en uno de los bolsillos de su pantalón y sacó una ultrabola que lanzó de inmediato hacia el pokémon.
Los espectadores ahogaron un grito y siguieron la trayectoria de la bola, a algunos casi se le salían los ojos y otros pensaban en cómo sobornar al niño si tenía éxito. Pero todas las expectativas se disolvieron cuando la pokebola se detuvo a sólo centímetros del rostro del pokémon.
El niño se exaltó y la multitud ahogó un grito, conteniendo la respiración cuando el pokémon fijó sus ojos en el artefacto de captura con desdén. Torció los ojos, dibujando una discreta sonrisa burlona en su rostro, y unas cuantas chispas violetas saltaron de su níveo pelaje. La bola quedó envuelta en la extraña energía que emanaba el pokémon y dio un par de giros sobre si misma, volando de vuelta a las manos del anonadado niño.
Como si nada hubiese ocurrido, el pokémon inició una muy tranquila caminata, con sus azules ojos fijos en el museo.
Los cuchicheos volvieron a escucharse en el tumulto de turistas, todos atónitos ante la actitud del pokémon, tal comportamiento desdeñoso no era usual y mucho menos cuando era el centro de atención. En realidad, los pokémon que eran considerados raros, solían ser muy evasivos a tener contacto con los humanos, eso era lo que resultaba fascinante y respetable en ellos.
Algunos compartieron que lo más prudente sería dejarlo en paz, no sabían si era agresivo a pesar de su delicada apariencia y podrían estar interviniendo en algo en lo que no deberían meter sus narices.
Más un dicho muy popular reza que la curiosidad mató al Meowth, así que nadie le prestó atención a los más precavidos, tachándolos de cobardes, decidiendo seguir a la criatura manteniendo una distancia prudencial, deseosos de averiguar el motivo de su presencia en la ciudad.
Mientras todo esto sucedía, el osado niño observaba con los ojos abiertos como platos la bola que reposaba en sus manitas. Tardó un tiempo en asimilar su fracaso y, cuando lo hizo, brotó en él ese enojo infantil que solía venir acompañado de pataletas y gritos de ira que eran capaces de destrozar los tímpanos.
— ¡Mil quinientas monedas para nada! —exclamó furioso, estrellando la bola contra el suelo con todas sus fuerzas.
La pokebola se abrió con un ruido seco al estrellarse en el piso, algo que llamó la atención de un hombre, que se acercó y recogió la ultrabola para revisarla minuciosamente. Intentó cerrarla de nuevo, pero apenas la encajaba ésta volvía a abrirse de inmediato. Cuando el niño estaba a punto de llevar su berrinche a un nuevo nivel de intensidad, el hombre lo detuvo y le devolvió el artefacto. El extraño reía para si mismo y ante la confundida mirada del joven, dijo:
— Tranquilo, los fracasos son normales a la hora de atrapar pokémon. Pero te ayudaría un poco verificar el estado de las cosas que compres, porque esta pokebola vino defectuosa… o dejó de funcionar.
Dentro del museo, un anciano rechoncho, calvo y con bigote canoso, que se presentó como Lorenzo, le mostraba a Dyfir el Mecanismo de Defensa de Altomare y le mostraba cada elemento del aparato, contándole todo con lujo de detalles.
En ese preciso instante, Lorenzo la mantenía atenta a su exposición con una fantástica explicación del funcionamiento del MDA, el cual obtenía su energía de un objeto muy raro conocido como la Joya Alma. El MDA, según Dyfir, era un artefacto increíble, resultaba complicado no poner en duda que un aparato tan extraño pudiera hacer todo lo que el anciano le enumeraba con esmero. Pero lo que más asombraba a la entrenadora, en realidad, era que la idea de que la Joya Alma contuviera el alma de un Latios y que de ahí derivase su poder y su rareza.
La joven estaba tan interesada que no dudó en hacer cientos de preguntas, tantas que logró aturdir a Lorenzo, pero él estaba gustoso de contestarlas todas, alimentando la fascinación de la entrenadora a tal punto que su Sneasel comenzaba a molestarse.
Cuando Dyfir consideró que tenía toda la información que podía soportar sobre el MDA, buscó con la mirada alguna otra cosa que fuera interesante conocer. Shade fue más rápido que ella y llamó su atención, señalando el suelo, cualquier cosa sería bien recibida mientras dejaran de hablar de ese aburrido aparato.
— ¡Guao! ¡Son fósiles! —exclamó Dyfir emocionada cuando bajó la mirada, admirando los huesos incrustados en el piso que estaban a sus pies.
— No son fósiles. Inexplicablemente, estos pokémon lograron sobrevivir por miles y miles de años, logrando escapar de la extinción. Es algo muy curioso —explicó Lorenzo, dejándola boquiabierta —. Estos en particular, son los restos de los pokémon del hombre descorazonado que intentó destruir la ciudad: Aerodactyl y Kabutops. ¿Cómo los consiguió? Nadie lo sabe, pero ambos poseían un corazón idéntico al de su maestro, cruel y despiadado. Causaron muchos estragos antes de que los Guardianes aparecieran y los detuvieran.
— ¿Así de poderosos fueron que Latios y Latias tuvieron que intervenir? —susurró Dyfir impresionada, ahora mirando con cierta aprehensión los despojos de aquellos pokémon.
Mientras ellos recorrían la planta baja, en el piso de arriba, se encontraba una chica que ocultaba su castaña cabellera bajo un gorro blanco, vestía una franelilla verde y una falda blanca también. Sus lindos ojos, de un intenso azul rey, se mantenían fijos en el dibujo de un vitral que hacía con tizas pasteles, pero sus oídos escuchaban atentos a las charlas de Lorenzo y se divertía con las reacciones de Dyfir. Cerca de ella, observando con curiosidad detrás de la barandilla, estaba otra chica que tenía un enorme parecido con la primera, hasta compartían una vestimenta casi idéntica, la única diferencia notable era que no llevaba gorro y su cabello era más corto.
Dyfir continuó inspeccionando el lugar con avidez y curiosidad bajo la indiscreta mirada de la otra chica, hasta que se tropezó con un pilar en el que reposaba una esfera negra sobre una almohadilla carmesí.
— ¿Eso qué es? —preguntó, sin despegar los ojos de la lisa y brillante superficie del objeto. No era la gran cosa, pero llamaba de más su atención y no sabía por qué.
— Seré franco contigo. No tengo idea —respondió Lorenzo riendo nerviosamente y encogiéndose de hombros. Cuando Dyfir lo miró, confundida y con cierto enojo, él recuperó la compostura y explicó: —. La trajo un pescador al museo hace un par de semanas. Según su historia, la encontró entre una de las redes de pesca que suele extender cerca de las Islas Muertas (ya sabes, aquellas donde están algunas ruinas de de la vieja Altomare). Desde entonces, los arqueólogos e historiadores del museo han investigado su procedencia, aunque no han averiguado gran cosa... por no decir nada. Sin embargo, existe la hipótesis de que podría ser una Joya Alma que ya no contiene el alma de un Latios, por eso han decidido exhibirla; aunque, aquí entre nos, yo no estuve de acuerdo, pero no les puse muchos reparos porque hace años que no tenemos nada nuevo que exponer. Además, bien podría ser eso que te dije o una mera pieza artesanal.
— Fascinante —susurró Dyfir, genuinamente asombrada y fijando de nuevo sus ojos en la pieza — ¿Pudo haber sido una Joya Alma, entonces? Es triste pensar que ya no tiene el alma de Latios pero... si así como está es hermosa, no puedo imaginar lo preciosa que era antes. ¿Tú qué opinas, Shade? —le preguntó a su Sneasel, quien le respondió con un gruñido bajo que sólo indicaba que no estaba muy de acuerdo con esa afirmación. Dyfir rió nerviosamente, dándose cuenta de que su pokémon estaba algo aburrido y se dirigió de vuelta a Lorenzo: — ¿Qué otra cosa podemos ver?
— ¡Cierto, cierto! Subamos al primer piso para mostrarles los vitrales y cuadros. Todo lo que verán ahí es una hermosa representación de la historia de Altomare. Piezas que son todas unas bellezas, ¡les va a encantar! —vociferó Lorenzo muy emocionado, mostrándoles el camino a las escaleras.
Apenas dieron unos pasos cuando la puerta del Museo se abrió cuidadosamente. Lentamente, la cabeza del raro pokémon blanco se asomó y con sus ojos azules inspeccionó minuciosamente el lugar, hasta que se topó con la esfera que hace poco interesó a Dyfir. La criatura caminó rápidamente hacia la exhibición y se elevó apenas unos centímetros del suelo para poder apreciar mejor el objeto.
La criatura pasó desapercibida hasta que Shade se percató de su presencia, girando de inmediato y gruñendo para advertirle a su entrenadora del recién llegado.
— ¿Qué sucede, Shade? —preguntó Dyfir, extrañada del comportamiento de su pokémon.
No tenían mucho tiempo conociéndose, pero su Sneasel nunca había actuado así. Por un instante, temió que la visita no fuera de su agrado y que se pondría pesado, sin embargo, al voltear y ver al raro pokémon, quedó boquiabierta.
Lorenzo volteó en el preciso instante en el que algunos turistas curiosos asomaban sus cabezas por la entrada, hablando entre ellos con tanta ansiedad que creaban un zumbido. Esto logró llamar la atención de las dos chicas que estaban en el piso superior, quienes se asomaron con curiosidad y se extrañaron al contemplar la escena.
Dyfir estaba atónita pero encantada, antes había visto pokémon poco comunes, era habitual conocer entrenadores de otras regiones que poseían pokémon que no se conseguían en Johto. Pero aquel era un pokémon que jamás había visto en ningún lado, ni en libros, ni en cuadros, ni en nada, parecía irreal y era imposible que pasara desapercibido.
A pesar de ser el centro de atención, el pokémon los ignoraba por completo, más ocupado en el objeto de su interés que en los humanos curiosos, aunque eso sólo aumentara la ansiedad entre ellos.
Así permanecieron por unos segundos que parecieron horas, el silencio era tal que se podía escuchar la respiración de todos los presentes, y si el pokémon no hubiera tomado entre sus pequeñas manos la esfera seguramente se hubieran alcanzado a escuchar los latidos del corazón de todos.

— ¡¿Qué crees que haces?! —exclamó Lorenzo de inmediato bastante exaltando, haciendo que todos los espectadores ahogaran un grito por lo repentino de su reacción. El hombre caminó dando pasos grandes y tan deprisa, que al pokémon sólo le dio oportunidad de parpadear una vez antes de tener el rostro del anciano crispado de indignación frente al suyo.
Dyfir no se movió de su sitio, mordiéndose la lengua para evitar gritarle al viejo guía del museo; consideraba que Lorenzo estaba siendo algo descuidado, nadie era capaz de asegurar si aquel pokémon era agresivo y lo atacaría al acercarse. Por suerte, la criatura no reaccionó negativamente. Suspiró bastante aliviada por ello, pero no debía bajar la guardia bajo ninguna circunstancia, cosa fácil ya que ese pokémon era tan llamativo que resultaba imposible quitarle los ojos de encima.
La entrenadora escuchó unos pasos a su espalda y volteó. Las dos chicas que estaban pintando arriba bajaron y miraron con algo de aprehensión la escena. La muchacha del gorro le susurró algo a la otra, Dyfir no pudo escuchar nada, pero parecían estar preparándose por si algo salía mal, así que decidió también tomar previsiones, colocando una mano sobre una de las pokebolas en su cinturón y avisando a Shade para que actuara cuando le diese la orden.
El pokémon se mantuvo quieto, taladrando con sus intensos ojos azules los de Lorenzo, mirándolo tan ferozmente que consiguió intimidarlo y hacerlo titubear. Aquellos ojos cristalinos eran hermosos, pero encerraban una fiereza increíble, era como si pudieran convertirse en una fuente de veneno en cualquier momento.
— Oye… —balbuceó Lorenzo tragando saliva, algo acongojado por culpa de los ojos y la pasividad de la criatura — eso que sostienes es muy valioso y no te pertenece. ¿No crees que deberías devolverlo? —indicó suplicante, procurando tener la mayor amabilidad y serenidad posible mientras extendía su mano lentamente.
El pokémon echó un rápido vistazo a la regordeta mano del hombre y volvió a sus ojos casi al instante, devolviéndole la mirada con desdén. Era increíblemente obvio que se estaba negando.
— Por favor, ¿podrías devolver esa esfera? —insistió Lorenzo con la mayor cordialidad posible, pero aún con una actitud suplicante, hasta estaba considerando el arrodillarse para que notara lo significativo que era para él.
Una vez más, el pokémon se negó con una simple mirada, pero Lorenzo no desistió, pidiéndole de las mil y un maneras que le regresara el objeto, siempre con el mismo resultado para su desgracia. Lorenzo estaba desesperado, pero procuró mantenerse sereno y ser paciente, al menos mantuvo esa intención hasta que el pokémon cambió la manera de responderle al negarle suavemente con la cabeza.
— ¿Acaso entiendes lo que te digo? —exclamó el pobre hombre exasperado y al borde de una crisis de nervios, pensando que quizás aquel pokémon no entendía nada de la lengua humana y que sólo perdía el tiempo. Pero cuando el pokémon asintió, a Lorenzo se le acabó la poca paciencia que le quedaba — ¡¿Entonces, por qué no me devuelves esa esfera?!
Perdiendo finalmente los estribos, se abalanzó sobre el pokémon para apresarlo y apretujarle el pescuezo, pero la criatura logró escabullirse entre sus manos, evadiéndolo con gran facilidad. La criatura dio una delicada voltereta en el aire, arreglándoselas para quedar a espaldas de Lorenzo y darle un ligero empujón que lo lanzó de bruces contra el suelo. El pokémon, aferrando la esfera con sus pequeños dedos, no dudó en dirigirse a la salida, donde los fisgones ahogaron un grito y se alejaron sin saber qué hacer.
El pokémon los ignoró y se detuvo en el arco de la entrada, volteando y viendo con cierto recelo a las chicas que ayudaban a Lorenzo a reincorporarse. Ellos le devolvieron la mirada y, cuando lo hicieron, les mostró una sonrisa burlona, desapareciendo por la puerta, dejando que su risilla rebotara en las paredes del museo.
Aquel pequeño demonio les robó, se burló y escapó y ellos no sabían cómo reaccionar, era increíble lo que estaba ocurriendo, estaban totalmente estupefactos. ¿Qué interés podía tener un pokémon en esa esfera de apariencia inútil? ¿Acaso trabajaba para algún delincuente?
— ¡¿Qué demonios…?! —bufó Lorenzo, profundamente ofendido y rabioso, ahora más por la desfachatez del pokémon que por el hecho de que robara una pieza del museo.
Terminando de ponerse de pie de un salto, el rechoncho anciano corrió hacia la salida seguido por las dos chicas, Dyfir y su Sneasel. Luego de abrirse paso (a empujones) entre los fisgones que intentaban tomar fotos con sus cámaras, lograron llegar a la plaza, sólo para darse cuenta que el pokémon ya estaba al otro lado; era más veloz de lo que jamás se atrevieron a imaginar.
— ¡Vaya que es rápido! Pero dudo que más que nosotras —dijo la chica del gorro blanco repentinamente y mirando a su compañera con complicidad —. Latias, necesito tu ayuda.
A Dyfir le fue inevitable preguntarse por qué le habían puesto el nombre de un pokémon a aquella chica, era algo muy extraño, pero casi le da un infarto al ver que la susodicha se desvanecía, rodeada de una luz brillante y convirtiéndose antes sus ojos en un Latias... o eso supuso, ya que jamás había visto uno real, sólo una estatua y unas cuantas pinturas.
La multitud que se conglomeraba a su alrededor expresó la emoción que Dyfir era incapaz de exteriorizar, perdiendo el control y pegando gritos de emoción; ver dos pokémon tan raros era toda una proeza, algo digno de alardear por el resto de sus vidas.
Latias lanzó una mirada nerviosa a su rededor, aquello la incomodaba y asustaba, pero la chica del gorro omitió por completo a su público y se montó sobre el lomo de Latias con una destreza que indicaba que había hecho eso antes, inyectándole algo de confianza a la guardiana.
— ¡Rápido, tenemos que alcanzar a ese pequeño ladrón! —exclamó vigorosamente, señalando con su índice el camino que tomó el pokémon misterioso.
Latias emitió un agudo y melodioso sonido, indicando que aceptaba las órdenes, y salió disparada a una velocidad abrumadora, llevándose consigo el aliento del público.
— ¡Bianca, espera! ¡Niña atorada! ¡También estoy metido en esto! ¡Si no regreso esa cosa a su sitio estoy despedido! —gritaba Lorenzo, corriendo como podía con sus cortas y rechonchas piernas para intentar alcanzarlas. Pero era inútil, estaban demasiado lejos y ni en sueños podría ir tan rápido como ellas, así que se detuvo, exhausto y resignado —. Ya yo no estoy para estos trotes…
— Suba.
Lorenzo volteó y se topó con el juguetón rostro de un Dragonite que lo miraba con curiosidad. Por la sorpresa, el rechoncho anciano se alejó trastabillando un par de pasos, más cuando notó que sobre el lomo del dragón, extendiéndole una mano, estaba Dyfir acompañada de su Sneasel.
— Vamos, señor Lorenzo, si no sube ya los perderemos de vista —insistió Dyfir con cierta ansiedad en su voz. Le parecía increíble que el hombre viese a una joven convertirse en un Latias como si nada pero miraba como tonto a su pokémon —. Dartiniant está bien entrenada, no lo hará caer, se lo aseguro.
El viejo Lorenzo tragó saliva, agarrando fuerzas para superar el temor que le producía la idea de montar un Dragonite, hasta que finalmente aceptó el ofrecimiento de la entrenadora y ésta le ayudó a subirse El dragón agitó sus alas cuando el anciano terminaba de acomodarse, asustándolo y haciendo que buscara desesperadamente con qué agarrarse y no caer del pokémon.
— Tranquila, no pasa nada —le susurró Dyfir cariñosamente a su Dragonite, dándole unas palmaditas afectuosas en la nuca. Cuando Dartiniant dejó de moverse, suspiró con alivio y le dijo a Lorenzo: —. Lo siento, no está acostumbrada a llevar tantos pasajeros. Sujétese fuerte, por favor, tenemos que alcanzar a esos tres a como dé lugar y tenemos que ser tan veloces como ellos. No será nada sencillo si usted se resbala —dejando al anciano con un nudo en la garganta, volteó y se dirigió a su pokémon: —. Bien Dartiniant, necesito que vueles a lo más rápido que puedas, sé que eres capaz. Así que... ¡adelante!
La Dragonite rugió con fuerza y alzó vuelo, extendiendo y batiendo sus alas enérgicamente. Gracias a la innata velocidad de su especie, Dartiniant pudo alcanzar a Bianca y Latias en cuestión de un minuto. El pokémon ladrón los miró por encima de su hombro y era obvio que no le gustaba nada lo que veía por como fruncía el ceño.
Así comenzó la persecución de aquel misterioso pokémon, el cual había robado un objeto valioso sin motivo aparente alguno.

De su mochila colgaba una pequeña placa que indicaba que su nombre era Dyfir. Acababa de cumplir dieciséis años y se encontraba en pleno viaje por Johto, su región natal, para participar en la Liga Pokémon, pero en vista de que aún faltaban meses para que se celebrase tal evento y que sólo le quedaba una medalla por ganar, decidió tomarse un pequeño descanso y visitar la hermosa ciudad que siempre había soñado conocer desde niña.
— Oh, escucha esto —dijo Dyfir sonriendo y llamando la atención de su Sneasel con un ademán de la mano, paseando sus ojos con avidez sobre el pequeño y colorido trozo de papel que sostenía —: "Cuenta la leyenda que la ciudad está protegida por dos pokémon legendarios. Los Guardianes de Altomare se alzaron y combatieron valientemente contra un malvado hombre, que atemorizó la ciudad con la ayuda de sus crueles lacayos, un temible Aerodactyl y un sanguinario Kabutops" —leyó, levantando una ceja y dándole la vuelta al papel en busca de más información.

Suspiró desilusionada al no encontrar nada más y se detuvo, elevando la mirada hacia los pilares esculpidos en mármol que ornamentaban la plaza. Señalando hacia el vasto mar, yacían las estatuas de los Guardianes de Altomare, con sus ojos vacíos fijos sobre las aguas a las que el viento se aseguraba de no concederles paz.
— Latios y Latias… creo que así se llaman —susurró ensimismada, revisando una vez más el folleto para confirmarlo con bastante emoción.
Su Sneasel, de inmediato, le indicó con un cariñoso gruñido que estaba en lo correcto antes de que su entrenadora pudiera corroborarlo, a lo que ella le regaló una gentil sonrisa de agradecimiento.
Shade, como había nombrado al malhumorado Sneasel, era el pokémon más reciente que había capturado en su camino a ciudad Blackthorn. Fue bastante complicado de atrapar, el Sneasel se aseguró de hacérselo difícil al congelarle los pies cada vez que se encontraban, así estuvieron por al menos un par de días en el Camino Helado hasta que Dyfir se alzó victoriosa con Shade dentro de una Lunabola, la última bola de captura que quedaba en su bolsillo.
Y si bien hasta ese momento el Sneasel no le había desobedecido, como habían comenzado con el pie izquierdo, Dyfir pensó que sería buena idea mantenerlo fuera de su pokebola durante su estancia en la ciudad para que le hiciera compañía y así lograran estrechar lazos.
— Vayamos al museo, Shade —dijo alegremente aún con la esperanzadora idea rondando en su cabeza, dándole la espalda a los pilares y dirigiéndose muy contenta hacia la edificación.
Por la absurda cantidad de turistas caminando distraídamente en todas direcciones, el trayecto hacia la entrada del museo no fue nada sencillo, en especial porque su Sneasel era propenso a perderse entre la multitud a causa de su tamaño. Con algo de suerte y después de recibir unos cuantos empujones accidentales, lograron llegar a las puertas del recinto, deteniéndose un instante para recuperar el aliento antes de ingresar sin mayores problemas.
Apenas unos minutos después de que la joven entrenadora y su Sneasel entraran al museo, en esa misma plaza, un muy extraño pokémon blanco caminaba tranquilamente, abriéndose paso entre la multitud con absurda facilidad. Algo tan inusual robaba las miradas tanto de humanos como de pokémon, pero aquella criatura no parecía intimidada por ello, prácticamente indiferente ante los susurros de asombro que comenzaban a circular entre los turistas.
El pokémon se detuvo en el centro de la plaza, inspeccionando cuidadosamente su alrededor, como si buscase algo. Su mirada, finalmente, se detuvo en el Museo de Historia. Con aire pensativo, inspeccionó cuidadosamente la fachada del edificio con sus ojos de cristal, frunciendo levemente el ceño al cabo de un par de segundos.
En ese momento, un entusiasmado niño que siguió al pokémon desde el momento en que éste pisó la plaza, logró atravesar el corro de curiosos que se había formado alrededor de la criatura y ponerse frente a todos. Jadeando por el esfuerzo, metió la mano en uno de los bolsillos de su pantalón y sacó una ultrabola que lanzó de inmediato hacia el pokémon.
Los espectadores ahogaron un grito y siguieron la trayectoria de la bola, a algunos casi se le salían los ojos y otros pensaban en cómo sobornar al niño si tenía éxito. Pero todas las expectativas se disolvieron cuando la pokebola se detuvo a sólo centímetros del rostro del pokémon.
El niño se exaltó y la multitud ahogó un grito, conteniendo la respiración cuando el pokémon fijó sus ojos en el artefacto de captura con desdén. Torció los ojos, dibujando una discreta sonrisa burlona en su rostro, y unas cuantas chispas violetas saltaron de su níveo pelaje. La bola quedó envuelta en la extraña energía que emanaba el pokémon y dio un par de giros sobre si misma, volando de vuelta a las manos del anonadado niño.
Como si nada hubiese ocurrido, el pokémon inició una muy tranquila caminata, con sus azules ojos fijos en el museo.
Los cuchicheos volvieron a escucharse en el tumulto de turistas, todos atónitos ante la actitud del pokémon, tal comportamiento desdeñoso no era usual y mucho menos cuando era el centro de atención. En realidad, los pokémon que eran considerados raros, solían ser muy evasivos a tener contacto con los humanos, eso era lo que resultaba fascinante y respetable en ellos.
Algunos compartieron que lo más prudente sería dejarlo en paz, no sabían si era agresivo a pesar de su delicada apariencia y podrían estar interviniendo en algo en lo que no deberían meter sus narices.
Más un dicho muy popular reza que la curiosidad mató al Meowth, así que nadie le prestó atención a los más precavidos, tachándolos de cobardes, decidiendo seguir a la criatura manteniendo una distancia prudencial, deseosos de averiguar el motivo de su presencia en la ciudad.
Mientras todo esto sucedía, el osado niño observaba con los ojos abiertos como platos la bola que reposaba en sus manitas. Tardó un tiempo en asimilar su fracaso y, cuando lo hizo, brotó en él ese enojo infantil que solía venir acompañado de pataletas y gritos de ira que eran capaces de destrozar los tímpanos.
— ¡Mil quinientas monedas para nada! —exclamó furioso, estrellando la bola contra el suelo con todas sus fuerzas.
La pokebola se abrió con un ruido seco al estrellarse en el piso, algo que llamó la atención de un hombre, que se acercó y recogió la ultrabola para revisarla minuciosamente. Intentó cerrarla de nuevo, pero apenas la encajaba ésta volvía a abrirse de inmediato. Cuando el niño estaba a punto de llevar su berrinche a un nuevo nivel de intensidad, el hombre lo detuvo y le devolvió el artefacto. El extraño reía para si mismo y ante la confundida mirada del joven, dijo:
— Tranquilo, los fracasos son normales a la hora de atrapar pokémon. Pero te ayudaría un poco verificar el estado de las cosas que compres, porque esta pokebola vino defectuosa… o dejó de funcionar.
Dentro del museo, un anciano rechoncho, calvo y con bigote canoso, que se presentó como Lorenzo, le mostraba a Dyfir el Mecanismo de Defensa de Altomare y le mostraba cada elemento del aparato, contándole todo con lujo de detalles.
En ese preciso instante, Lorenzo la mantenía atenta a su exposición con una fantástica explicación del funcionamiento del MDA, el cual obtenía su energía de un objeto muy raro conocido como la Joya Alma. El MDA, según Dyfir, era un artefacto increíble, resultaba complicado no poner en duda que un aparato tan extraño pudiera hacer todo lo que el anciano le enumeraba con esmero. Pero lo que más asombraba a la entrenadora, en realidad, era que la idea de que la Joya Alma contuviera el alma de un Latios y que de ahí derivase su poder y su rareza.
La joven estaba tan interesada que no dudó en hacer cientos de preguntas, tantas que logró aturdir a Lorenzo, pero él estaba gustoso de contestarlas todas, alimentando la fascinación de la entrenadora a tal punto que su Sneasel comenzaba a molestarse.
Cuando Dyfir consideró que tenía toda la información que podía soportar sobre el MDA, buscó con la mirada alguna otra cosa que fuera interesante conocer. Shade fue más rápido que ella y llamó su atención, señalando el suelo, cualquier cosa sería bien recibida mientras dejaran de hablar de ese aburrido aparato.
— ¡Guao! ¡Son fósiles! —exclamó Dyfir emocionada cuando bajó la mirada, admirando los huesos incrustados en el piso que estaban a sus pies.
— No son fósiles. Inexplicablemente, estos pokémon lograron sobrevivir por miles y miles de años, logrando escapar de la extinción. Es algo muy curioso —explicó Lorenzo, dejándola boquiabierta —. Estos en particular, son los restos de los pokémon del hombre descorazonado que intentó destruir la ciudad: Aerodactyl y Kabutops. ¿Cómo los consiguió? Nadie lo sabe, pero ambos poseían un corazón idéntico al de su maestro, cruel y despiadado. Causaron muchos estragos antes de que los Guardianes aparecieran y los detuvieran.
— ¿Así de poderosos fueron que Latios y Latias tuvieron que intervenir? —susurró Dyfir impresionada, ahora mirando con cierta aprehensión los despojos de aquellos pokémon.
Mientras ellos recorrían la planta baja, en el piso de arriba, se encontraba una chica que ocultaba su castaña cabellera bajo un gorro blanco, vestía una franelilla verde y una falda blanca también. Sus lindos ojos, de un intenso azul rey, se mantenían fijos en el dibujo de un vitral que hacía con tizas pasteles, pero sus oídos escuchaban atentos a las charlas de Lorenzo y se divertía con las reacciones de Dyfir. Cerca de ella, observando con curiosidad detrás de la barandilla, estaba otra chica que tenía un enorme parecido con la primera, hasta compartían una vestimenta casi idéntica, la única diferencia notable era que no llevaba gorro y su cabello era más corto.
Dyfir continuó inspeccionando el lugar con avidez y curiosidad bajo la indiscreta mirada de la otra chica, hasta que se tropezó con un pilar en el que reposaba una esfera negra sobre una almohadilla carmesí.
— ¿Eso qué es? —preguntó, sin despegar los ojos de la lisa y brillante superficie del objeto. No era la gran cosa, pero llamaba de más su atención y no sabía por qué.
— Seré franco contigo. No tengo idea —respondió Lorenzo riendo nerviosamente y encogiéndose de hombros. Cuando Dyfir lo miró, confundida y con cierto enojo, él recuperó la compostura y explicó: —. La trajo un pescador al museo hace un par de semanas. Según su historia, la encontró entre una de las redes de pesca que suele extender cerca de las Islas Muertas (ya sabes, aquellas donde están algunas ruinas de de la vieja Altomare). Desde entonces, los arqueólogos e historiadores del museo han investigado su procedencia, aunque no han averiguado gran cosa... por no decir nada. Sin embargo, existe la hipótesis de que podría ser una Joya Alma que ya no contiene el alma de un Latios, por eso han decidido exhibirla; aunque, aquí entre nos, yo no estuve de acuerdo, pero no les puse muchos reparos porque hace años que no tenemos nada nuevo que exponer. Además, bien podría ser eso que te dije o una mera pieza artesanal.
— Fascinante —susurró Dyfir, genuinamente asombrada y fijando de nuevo sus ojos en la pieza — ¿Pudo haber sido una Joya Alma, entonces? Es triste pensar que ya no tiene el alma de Latios pero... si así como está es hermosa, no puedo imaginar lo preciosa que era antes. ¿Tú qué opinas, Shade? —le preguntó a su Sneasel, quien le respondió con un gruñido bajo que sólo indicaba que no estaba muy de acuerdo con esa afirmación. Dyfir rió nerviosamente, dándose cuenta de que su pokémon estaba algo aburrido y se dirigió de vuelta a Lorenzo: — ¿Qué otra cosa podemos ver?
— ¡Cierto, cierto! Subamos al primer piso para mostrarles los vitrales y cuadros. Todo lo que verán ahí es una hermosa representación de la historia de Altomare. Piezas que son todas unas bellezas, ¡les va a encantar! —vociferó Lorenzo muy emocionado, mostrándoles el camino a las escaleras.
Apenas dieron unos pasos cuando la puerta del Museo se abrió cuidadosamente. Lentamente, la cabeza del raro pokémon blanco se asomó y con sus ojos azules inspeccionó minuciosamente el lugar, hasta que se topó con la esfera que hace poco interesó a Dyfir. La criatura caminó rápidamente hacia la exhibición y se elevó apenas unos centímetros del suelo para poder apreciar mejor el objeto.
La criatura pasó desapercibida hasta que Shade se percató de su presencia, girando de inmediato y gruñendo para advertirle a su entrenadora del recién llegado.
— ¿Qué sucede, Shade? —preguntó Dyfir, extrañada del comportamiento de su pokémon.
No tenían mucho tiempo conociéndose, pero su Sneasel nunca había actuado así. Por un instante, temió que la visita no fuera de su agrado y que se pondría pesado, sin embargo, al voltear y ver al raro pokémon, quedó boquiabierta.
Lorenzo volteó en el preciso instante en el que algunos turistas curiosos asomaban sus cabezas por la entrada, hablando entre ellos con tanta ansiedad que creaban un zumbido. Esto logró llamar la atención de las dos chicas que estaban en el piso superior, quienes se asomaron con curiosidad y se extrañaron al contemplar la escena.
Dyfir estaba atónita pero encantada, antes había visto pokémon poco comunes, era habitual conocer entrenadores de otras regiones que poseían pokémon que no se conseguían en Johto. Pero aquel era un pokémon que jamás había visto en ningún lado, ni en libros, ni en cuadros, ni en nada, parecía irreal y era imposible que pasara desapercibido.
A pesar de ser el centro de atención, el pokémon los ignoraba por completo, más ocupado en el objeto de su interés que en los humanos curiosos, aunque eso sólo aumentara la ansiedad entre ellos.
Así permanecieron por unos segundos que parecieron horas, el silencio era tal que se podía escuchar la respiración de todos los presentes, y si el pokémon no hubiera tomado entre sus pequeñas manos la esfera seguramente se hubieran alcanzado a escuchar los latidos del corazón de todos.

— ¡¿Qué crees que haces?! —exclamó Lorenzo de inmediato bastante exaltando, haciendo que todos los espectadores ahogaran un grito por lo repentino de su reacción. El hombre caminó dando pasos grandes y tan deprisa, que al pokémon sólo le dio oportunidad de parpadear una vez antes de tener el rostro del anciano crispado de indignación frente al suyo.
Dyfir no se movió de su sitio, mordiéndose la lengua para evitar gritarle al viejo guía del museo; consideraba que Lorenzo estaba siendo algo descuidado, nadie era capaz de asegurar si aquel pokémon era agresivo y lo atacaría al acercarse. Por suerte, la criatura no reaccionó negativamente. Suspiró bastante aliviada por ello, pero no debía bajar la guardia bajo ninguna circunstancia, cosa fácil ya que ese pokémon era tan llamativo que resultaba imposible quitarle los ojos de encima.
La entrenadora escuchó unos pasos a su espalda y volteó. Las dos chicas que estaban pintando arriba bajaron y miraron con algo de aprehensión la escena. La muchacha del gorro le susurró algo a la otra, Dyfir no pudo escuchar nada, pero parecían estar preparándose por si algo salía mal, así que decidió también tomar previsiones, colocando una mano sobre una de las pokebolas en su cinturón y avisando a Shade para que actuara cuando le diese la orden.
El pokémon se mantuvo quieto, taladrando con sus intensos ojos azules los de Lorenzo, mirándolo tan ferozmente que consiguió intimidarlo y hacerlo titubear. Aquellos ojos cristalinos eran hermosos, pero encerraban una fiereza increíble, era como si pudieran convertirse en una fuente de veneno en cualquier momento.
— Oye… —balbuceó Lorenzo tragando saliva, algo acongojado por culpa de los ojos y la pasividad de la criatura — eso que sostienes es muy valioso y no te pertenece. ¿No crees que deberías devolverlo? —indicó suplicante, procurando tener la mayor amabilidad y serenidad posible mientras extendía su mano lentamente.
El pokémon echó un rápido vistazo a la regordeta mano del hombre y volvió a sus ojos casi al instante, devolviéndole la mirada con desdén. Era increíblemente obvio que se estaba negando.
— Por favor, ¿podrías devolver esa esfera? —insistió Lorenzo con la mayor cordialidad posible, pero aún con una actitud suplicante, hasta estaba considerando el arrodillarse para que notara lo significativo que era para él.
Una vez más, el pokémon se negó con una simple mirada, pero Lorenzo no desistió, pidiéndole de las mil y un maneras que le regresara el objeto, siempre con el mismo resultado para su desgracia. Lorenzo estaba desesperado, pero procuró mantenerse sereno y ser paciente, al menos mantuvo esa intención hasta que el pokémon cambió la manera de responderle al negarle suavemente con la cabeza.
— ¿Acaso entiendes lo que te digo? —exclamó el pobre hombre exasperado y al borde de una crisis de nervios, pensando que quizás aquel pokémon no entendía nada de la lengua humana y que sólo perdía el tiempo. Pero cuando el pokémon asintió, a Lorenzo se le acabó la poca paciencia que le quedaba — ¡¿Entonces, por qué no me devuelves esa esfera?!
Perdiendo finalmente los estribos, se abalanzó sobre el pokémon para apresarlo y apretujarle el pescuezo, pero la criatura logró escabullirse entre sus manos, evadiéndolo con gran facilidad. La criatura dio una delicada voltereta en el aire, arreglándoselas para quedar a espaldas de Lorenzo y darle un ligero empujón que lo lanzó de bruces contra el suelo. El pokémon, aferrando la esfera con sus pequeños dedos, no dudó en dirigirse a la salida, donde los fisgones ahogaron un grito y se alejaron sin saber qué hacer.
El pokémon los ignoró y se detuvo en el arco de la entrada, volteando y viendo con cierto recelo a las chicas que ayudaban a Lorenzo a reincorporarse. Ellos le devolvieron la mirada y, cuando lo hicieron, les mostró una sonrisa burlona, desapareciendo por la puerta, dejando que su risilla rebotara en las paredes del museo.
Aquel pequeño demonio les robó, se burló y escapó y ellos no sabían cómo reaccionar, era increíble lo que estaba ocurriendo, estaban totalmente estupefactos. ¿Qué interés podía tener un pokémon en esa esfera de apariencia inútil? ¿Acaso trabajaba para algún delincuente?
— ¡¿Qué demonios…?! —bufó Lorenzo, profundamente ofendido y rabioso, ahora más por la desfachatez del pokémon que por el hecho de que robara una pieza del museo.
Terminando de ponerse de pie de un salto, el rechoncho anciano corrió hacia la salida seguido por las dos chicas, Dyfir y su Sneasel. Luego de abrirse paso (a empujones) entre los fisgones que intentaban tomar fotos con sus cámaras, lograron llegar a la plaza, sólo para darse cuenta que el pokémon ya estaba al otro lado; era más veloz de lo que jamás se atrevieron a imaginar.
— ¡Vaya que es rápido! Pero dudo que más que nosotras —dijo la chica del gorro blanco repentinamente y mirando a su compañera con complicidad —. Latias, necesito tu ayuda.
A Dyfir le fue inevitable preguntarse por qué le habían puesto el nombre de un pokémon a aquella chica, era algo muy extraño, pero casi le da un infarto al ver que la susodicha se desvanecía, rodeada de una luz brillante y convirtiéndose antes sus ojos en un Latias... o eso supuso, ya que jamás había visto uno real, sólo una estatua y unas cuantas pinturas.
La multitud que se conglomeraba a su alrededor expresó la emoción que Dyfir era incapaz de exteriorizar, perdiendo el control y pegando gritos de emoción; ver dos pokémon tan raros era toda una proeza, algo digno de alardear por el resto de sus vidas.
Latias lanzó una mirada nerviosa a su rededor, aquello la incomodaba y asustaba, pero la chica del gorro omitió por completo a su público y se montó sobre el lomo de Latias con una destreza que indicaba que había hecho eso antes, inyectándole algo de confianza a la guardiana.
— ¡Rápido, tenemos que alcanzar a ese pequeño ladrón! —exclamó vigorosamente, señalando con su índice el camino que tomó el pokémon misterioso.
Latias emitió un agudo y melodioso sonido, indicando que aceptaba las órdenes, y salió disparada a una velocidad abrumadora, llevándose consigo el aliento del público.
— ¡Bianca, espera! ¡Niña atorada! ¡También estoy metido en esto! ¡Si no regreso esa cosa a su sitio estoy despedido! —gritaba Lorenzo, corriendo como podía con sus cortas y rechonchas piernas para intentar alcanzarlas. Pero era inútil, estaban demasiado lejos y ni en sueños podría ir tan rápido como ellas, así que se detuvo, exhausto y resignado —. Ya yo no estoy para estos trotes…
— Suba.
Lorenzo volteó y se topó con el juguetón rostro de un Dragonite que lo miraba con curiosidad. Por la sorpresa, el rechoncho anciano se alejó trastabillando un par de pasos, más cuando notó que sobre el lomo del dragón, extendiéndole una mano, estaba Dyfir acompañada de su Sneasel.
— Vamos, señor Lorenzo, si no sube ya los perderemos de vista —insistió Dyfir con cierta ansiedad en su voz. Le parecía increíble que el hombre viese a una joven convertirse en un Latias como si nada pero miraba como tonto a su pokémon —. Dartiniant está bien entrenada, no lo hará caer, se lo aseguro.
El viejo Lorenzo tragó saliva, agarrando fuerzas para superar el temor que le producía la idea de montar un Dragonite, hasta que finalmente aceptó el ofrecimiento de la entrenadora y ésta le ayudó a subirse El dragón agitó sus alas cuando el anciano terminaba de acomodarse, asustándolo y haciendo que buscara desesperadamente con qué agarrarse y no caer del pokémon.
— Tranquila, no pasa nada —le susurró Dyfir cariñosamente a su Dragonite, dándole unas palmaditas afectuosas en la nuca. Cuando Dartiniant dejó de moverse, suspiró con alivio y le dijo a Lorenzo: —. Lo siento, no está acostumbrada a llevar tantos pasajeros. Sujétese fuerte, por favor, tenemos que alcanzar a esos tres a como dé lugar y tenemos que ser tan veloces como ellos. No será nada sencillo si usted se resbala —dejando al anciano con un nudo en la garganta, volteó y se dirigió a su pokémon: —. Bien Dartiniant, necesito que vueles a lo más rápido que puedas, sé que eres capaz. Así que... ¡adelante!
La Dragonite rugió con fuerza y alzó vuelo, extendiendo y batiendo sus alas enérgicamente. Gracias a la innata velocidad de su especie, Dartiniant pudo alcanzar a Bianca y Latias en cuestión de un minuto. El pokémon ladrón los miró por encima de su hombro y era obvio que no le gustaba nada lo que veía por como fruncía el ceño.
Así comenzó la persecución de aquel misterioso pokémon, el cual había robado un objeto valioso sin motivo aparente alguno.

Robo en Altomare (2007)
Spoiler
Capítulo 1 –Robo en Altomare
En una ciudad con ríos como calles, conocida como Altomare, una chica caminaba por la plaza que rodeaba al Museo de Historia de Altomare con un Sneasel a su lado. La chica de tez blanca, ojos café claro, cabello platinado, vestida con un short, una camisa sin mangas y portando una gorra que usaba de lado; consultaba una guía turística que le había regalado el señor de la lancha que la había llevado a la hermosa ciudad.
El nombre de la chica era Dyfir, ella estaba viajando para participar en la Liga Jotho, pero había decidido tomarse un pequeño descanso y visitar la hermosa ciudad.
- Según esto… - dice, dirigiéndose a su Sneasel - … La ciudad está protegida por dos pokémon legendarios. La historia cuenta que un entrenador malvado causó desgracia y destrucción con un Aerodactyl y un Kabutops –
Levanta la mirada hacia unos altos pilares esculpidos, que tenían sobre ellos estatuas representando a los pokémon que protegían la ciudad.
– Si no recuerdo mal, son Latios y Latias -
- Sneasel, neasel – espeta Sneasel, asintiendo.
- Entremos al Museo – le dice a su Sneasel, tratando de evitar quedarse sumida en el mar de Altomare.
Ambos caminaron en dirección al museo y entraron.
Unos minutos después, en esa misma plaza. Un pokémon blanco caminaba tranquilamente, robando muchas miradas de curiosidad, tanto de humanos como de pokémon.
El pokémon blanco se detiene para observar el museo. Entonces, un niño que se quiso pasar de listo, lanza una Ultra Ball para intentar capturarlo. Pero queda suspendida en el aire a unos centímetros del pokémon blanco y regresa a las manos del niño. El pokémon sigue caminando hacia el Museo, sin darle importancia al intento del niño y éste, decepcionado, mira la Ultra Ball y la tira al suelo furioso. Entonces, descubre que la bola no funcionaba.
Dentro del museo, un anciano rechoncho con bigote le mostraba a Dyfir el Mecanismo de Defensa de Altomare. En ese momento le explicaba que la máquina solo funcionaba utilizando la “Joya Alma”, que contenía el alma de un Latios. La chica estaba fascinada con el museo. Se aleja un poco del anciano y se encuentra en el suelo con los fósiles de un Aerodactyl y un Kabutops. El anciano le explica que esos son los restos de los pokémon que atemorizaron Altomare hace mucho tiempo, los cuáles pertenecían a un entrenador malvado.
En la parte superior una chica con un gorro blanco dibujaba con tizas uno de los vitrales del museo, acompañada de otra chica que observaba en silencio.
Dyfir seguía inspeccionando el lugar y se encuentra con un pilar en el que reposaba una esfera negra, completamente lisa y muy brillante.
- ¿Esto qué es? – le pregunta al anciano.
- No lo se – responde el anciano, con una gentil risita – Me la trajo un pescador hace unas semanas, me dijo que la encontró cerca de las “Islas Muertas” (es donde se encuentran las edificaciones deterioradas). Todavía la observando los arqueólogos e historiadores del museo… Aunque sí… Podría ser un Joya Alma, pero que ya no contiene el alma de Latios –
-Interesante… – susurra Dyfir observando la esfera, fascinada – ¿Me parece bonita tu que dices Shade? – dice, dirigiéndose a su Sneasel
- Neasel… –contesta con aire dudoso.
- Veamos que más hay… – le dice Dyfir al ancianito.
- Bien, síganme, les mostrare los vitrales. Ellos nos muestran una representación imaginaria de la historia de Latios y Latias – dice el ancianito.
Cuando apenas se habían alejado de la esfera, un pokémon blanco entra al museo y se dirige directamente a la esfera. El Sneasel de Dyfir, Shade, se da cuenta y voltea.
- ¿Sneasel? – espeta.
- ¿Sucede algo Shade? –pregunta Dyfir, volteando.
Cuando se da cuenta de la presencia del pokémon blanco, se le queda observando con mucha curiosidad. El anciano también lo veía algo sorprendido, y las chicas que se encontraban en el piso superior no se quedaban.
El pokémon al parecer los omite por completo. Camina sobre sus cuatro patas hasta llegar al pilar donde exhibían la esfera negra, se eleva lentamente del suelo hasta quedar a su altura, la observa detenidamente por unos segundos y la toma.
- ¡¿Qué crees que haces?! – exclama el anciano, acercándose a donde estaba el pokémon.
Las chicas que estaban arriba, habían bajado y se plantaron al lado de Dyfir. El pokémon gira sobre si mismo en el aire para mirar al anciano que estaba ya enfrente suyo.
- Bien… Dame eso –le pide el anciano tranquilamente, con la mano extendida. El pokémon lo mirada escépticamente – Por favor… ¿Me podrías devolver la esfera? –Pregunta educadamente, pero con un tono de voz impaciente.
El anciano siguió insistiéndole al pokémon, pidiéndole de las mil y un maneras que le devolviera la esfera. La paciencia no le dio para más después de unos minutos, e hizo ademán de capturar al pokémon con sus manos.
El pokémon blanco lo evade con facilidad y se aleja rápidamente de él en dirección a la puerta. Antes de salir del museo, se da la vuelta y los mira, escuchan una risa distante y el pokémon desaparece por las puertas del museo.
Sin pensárselo dos veces, el ancianito, las dos chicas, Dyfir y su Sneasel corren detrás de él. Cuando salen a la plaza, ven que el pokémon ya está algo lejos, el pokémon era muy rápido.
-Necesitamos pokémon veloces – dice la chica del gorro blanco – Latias… – dice a la otra chica que se encontraba a su izquierda.
Dyfir se pregunta el por qué le habían puesto el nombre de un pokémon, pero se ahoga del susto al ver que la chica toma la forma de un Latias. La chica del gorro se monta en el lomo del pokémon
– ¡Rápido, hay que alcanzar a ese pequeño ladrón! – exclama, mientras sale disparada, en persecución del pokémon.
- ¡Bianca espera! ¡Niña atorada también estoy metido en esto, si no regreso eso a su lugar estoy despedido! – grita mientras corre tratando de alcanzarla. Pero era inútil, ya se habían alejado. Se detiene, algo cansado.
- Suba – dice Dyfir desde atrás.
Se encontraba sobre la espalda de un Dragonite, junto a su Sneasel. Le extendía la mano al ancianito, ofreciéndole transporte.
El ancianito mira al Dragonite, inseguro, pero acepta y Dyfir lo ayuda a subir. Apenas se hubo acomodado, el Dragonite emprende el vuelo rápidamente para alcanzar a Bianca y Latias y al misterioso pokémon blanco…
En una ciudad con ríos como calles, conocida como Altomare, una chica caminaba por la plaza que rodeaba al Museo de Historia de Altomare con un Sneasel a su lado. La chica de tez blanca, ojos café claro, cabello platinado, vestida con un short, una camisa sin mangas y portando una gorra que usaba de lado; consultaba una guía turística que le había regalado el señor de la lancha que la había llevado a la hermosa ciudad.
El nombre de la chica era Dyfir, ella estaba viajando para participar en la Liga Jotho, pero había decidido tomarse un pequeño descanso y visitar la hermosa ciudad.
- Según esto… - dice, dirigiéndose a su Sneasel - … La ciudad está protegida por dos pokémon legendarios. La historia cuenta que un entrenador malvado causó desgracia y destrucción con un Aerodactyl y un Kabutops –
Levanta la mirada hacia unos altos pilares esculpidos, que tenían sobre ellos estatuas representando a los pokémon que protegían la ciudad.
– Si no recuerdo mal, son Latios y Latias -
- Sneasel, neasel – espeta Sneasel, asintiendo.
- Entremos al Museo – le dice a su Sneasel, tratando de evitar quedarse sumida en el mar de Altomare.
Ambos caminaron en dirección al museo y entraron.
Unos minutos después, en esa misma plaza. Un pokémon blanco caminaba tranquilamente, robando muchas miradas de curiosidad, tanto de humanos como de pokémon.
El pokémon blanco se detiene para observar el museo. Entonces, un niño que se quiso pasar de listo, lanza una Ultra Ball para intentar capturarlo. Pero queda suspendida en el aire a unos centímetros del pokémon blanco y regresa a las manos del niño. El pokémon sigue caminando hacia el Museo, sin darle importancia al intento del niño y éste, decepcionado, mira la Ultra Ball y la tira al suelo furioso. Entonces, descubre que la bola no funcionaba.
Dentro del museo, un anciano rechoncho con bigote le mostraba a Dyfir el Mecanismo de Defensa de Altomare. En ese momento le explicaba que la máquina solo funcionaba utilizando la “Joya Alma”, que contenía el alma de un Latios. La chica estaba fascinada con el museo. Se aleja un poco del anciano y se encuentra en el suelo con los fósiles de un Aerodactyl y un Kabutops. El anciano le explica que esos son los restos de los pokémon que atemorizaron Altomare hace mucho tiempo, los cuáles pertenecían a un entrenador malvado.
En la parte superior una chica con un gorro blanco dibujaba con tizas uno de los vitrales del museo, acompañada de otra chica que observaba en silencio.
Dyfir seguía inspeccionando el lugar y se encuentra con un pilar en el que reposaba una esfera negra, completamente lisa y muy brillante.
- ¿Esto qué es? – le pregunta al anciano.
- No lo se – responde el anciano, con una gentil risita – Me la trajo un pescador hace unas semanas, me dijo que la encontró cerca de las “Islas Muertas” (es donde se encuentran las edificaciones deterioradas). Todavía la observando los arqueólogos e historiadores del museo… Aunque sí… Podría ser un Joya Alma, pero que ya no contiene el alma de Latios –
-Interesante… – susurra Dyfir observando la esfera, fascinada – ¿Me parece bonita tu que dices Shade? – dice, dirigiéndose a su Sneasel
- Neasel… –contesta con aire dudoso.
- Veamos que más hay… – le dice Dyfir al ancianito.
- Bien, síganme, les mostrare los vitrales. Ellos nos muestran una representación imaginaria de la historia de Latios y Latias – dice el ancianito.
Cuando apenas se habían alejado de la esfera, un pokémon blanco entra al museo y se dirige directamente a la esfera. El Sneasel de Dyfir, Shade, se da cuenta y voltea.
- ¿Sneasel? – espeta.
- ¿Sucede algo Shade? –pregunta Dyfir, volteando.
Cuando se da cuenta de la presencia del pokémon blanco, se le queda observando con mucha curiosidad. El anciano también lo veía algo sorprendido, y las chicas que se encontraban en el piso superior no se quedaban.
El pokémon al parecer los omite por completo. Camina sobre sus cuatro patas hasta llegar al pilar donde exhibían la esfera negra, se eleva lentamente del suelo hasta quedar a su altura, la observa detenidamente por unos segundos y la toma.
- ¡¿Qué crees que haces?! – exclama el anciano, acercándose a donde estaba el pokémon.
Las chicas que estaban arriba, habían bajado y se plantaron al lado de Dyfir. El pokémon gira sobre si mismo en el aire para mirar al anciano que estaba ya enfrente suyo.
- Bien… Dame eso –le pide el anciano tranquilamente, con la mano extendida. El pokémon lo mirada escépticamente – Por favor… ¿Me podrías devolver la esfera? –Pregunta educadamente, pero con un tono de voz impaciente.
El anciano siguió insistiéndole al pokémon, pidiéndole de las mil y un maneras que le devolviera la esfera. La paciencia no le dio para más después de unos minutos, e hizo ademán de capturar al pokémon con sus manos.
El pokémon blanco lo evade con facilidad y se aleja rápidamente de él en dirección a la puerta. Antes de salir del museo, se da la vuelta y los mira, escuchan una risa distante y el pokémon desaparece por las puertas del museo.
Sin pensárselo dos veces, el ancianito, las dos chicas, Dyfir y su Sneasel corren detrás de él. Cuando salen a la plaza, ven que el pokémon ya está algo lejos, el pokémon era muy rápido.
-Necesitamos pokémon veloces – dice la chica del gorro blanco – Latias… – dice a la otra chica que se encontraba a su izquierda.
Dyfir se pregunta el por qué le habían puesto el nombre de un pokémon, pero se ahoga del susto al ver que la chica toma la forma de un Latias. La chica del gorro se monta en el lomo del pokémon
– ¡Rápido, hay que alcanzar a ese pequeño ladrón! – exclama, mientras sale disparada, en persecución del pokémon.
- ¡Bianca espera! ¡Niña atorada también estoy metido en esto, si no regreso eso a su lugar estoy despedido! – grita mientras corre tratando de alcanzarla. Pero era inútil, ya se habían alejado. Se detiene, algo cansado.
- Suba – dice Dyfir desde atrás.
Se encontraba sobre la espalda de un Dragonite, junto a su Sneasel. Le extendía la mano al ancianito, ofreciéndole transporte.
El ancianito mira al Dragonite, inseguro, pero acepta y Dyfir lo ayuda a subir. Apenas se hubo acomodado, el Dragonite emprende el vuelo rápidamente para alcanzar a Bianca y Latias y al misterioso pokémon blanco…
Pokiu.











. Ahora a lo que se viene XD

salu2..!! publica el otro mañana porfaa!!!








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