Martes 10 de enero de 2012, Nankín, Jiangsu, China.
Caos.
Aquella es la palabra perfecta para definir el panorama que mis ojos me hacían ver, no pudo inventarse una mejor. Destrucción, miseria, desdicha, ruinas, desastre, decadencia, son palabras que se resumen en esas cuatro letras caos.
¿Y qué es el caos? Mi humilde criterio me lleva a la conclusión de que el caos no tiene un significado único, sino más bien que se adecua a la situación. En este caso caos es sinónimo de China. El país oriental de ricas y milenarias culturas, que tanto poder venía demostrando en estos últimos años ahora no era más que un desierto en ruinas. O ¿serán acaso ruinas desérticas?
Quizá exageré un poco, ya que no todo el territorio de la magna república popular había desaparecido, pero al menos, sin exagerar, la mitad Este de dicha zona se había convertido en kilómetros y kilómetros de edificaciones destruidas, bosques incendiados, caminos prácticamente intransitables (sin ayuda pokémon, por supuesto), ciudades enteras destrozadas y por decirlo de forma vulgar, en un enorme cementerio. Hasta el día de hoy se me hace difícil pensar que logré ser tan fuerte psicológicamente para atravesar aquella angustiante región llena de cadáveres, tanto humanos, animales y pokémon, yaciendo por doquier.
Seguramente de haber sabido lo que ocurrió -fuese lo que fuese- en aquella región, el impacto al verlo no hubiese sido tan grande, pero al estar tratando de aislarse de la gente lo más posible y con todos los medios de comunicación emitidos en un lenguaje indescifrable para cualquiera de nosotros, eran imposible mantenerse informado, imposible saber lo que ocurría en el mundo sino es por medio de nuestros propios sentidos. Me hacía sentir incomodo, la falta de conocimiento me llevaba a sentirme ignorante, que a su vez me causaba miedo y vulnerabilidad. Mis mayores sentimientos de miedo y pánico, siempre fueron dirigidos a la ignorancia, mi peor pavor.
Afortunadamente aquel calvario pronto acabaría, teníamos entendido que pronto daríamos con la costa del Pacífico, nuestro boleta de ida hacia la tierra nipona.
El grupo se mantenía unido, más que nunca debo decir. Los épicos sucesos que se llevaron a cabo aquel martes iniciaron cuando los primeros rayos de sol de tarde empezaban a bañar con rayos ultravioleta nuestra epidermis.
Atravesamos el pueblo que hoy sé, solía llamarse Nankín, no puedo describir mucho aquella zona, en parte porque el estado a ruinas en que se había visto reducido los hacía similar al resto de la región, y además, no quiero hacer mucho hincapié en aquellos penosos recuerdos, no aporta nada a la historia que narre las atrocidades que pudimos ver allí.
Los pokémon parecían conversar, vaya a saber uno de que. Yo mientras tanto me distraía con aquella pelota de tenis que hallé en casa de Rafael, no pensaba en nada profundo, solo trataba de aislar mi mente y concentrarla en los interminables rebotes que aquella esfera que emulaba el color del césped quemado debido a lo añeja de esta. Gonza estaba sumido en su estudio (sí, aunque usted no lo crea), leía unos apuntes sobre ataques con efectos especiales, escritos con un bolígrafo obtenido en uno de lo que con morboso cariño llamábamos “salidas de cacería”. No teníamos cuadernos u hojas sueltas, por lo que le escribí los apuntes en la parte interior de la tapa y contratapa del libro cuyo autor tiene un nombre extraño y por alguna razón More no podía parar de leer. Jamás dejaría que manche el diario de Rafael.
More era quien peor la pasaba, se sentía frustrada y adolorida debido a su brazo izquierdo que debimos entablillar con un palo y un pañuelo por un ataque nocturno que sufrimos, una manada de Metragross nos rodeó mientras dormíamos, si los pokémon no hubieran reaccionado rápido hubiesen acabado hasta con el último hueso de nuestra existencia. Quien se llevó la peor parte fue More. Llegamos a la conclusión de que no había sufrido fracturas, como mucho era una fisura, ya que con los días el dolor se fue sólo.
El clima se volvía frío y ventoso, era señal de que el océano se encontraba cerca. Atravesábamos las ruinas de un lugar que parecía muy céntrico, lleno de edificios caídos y letreros de tiendas, algunas de marcas muy conocidas, tirados en el suelo por todas partes. El lugar era un desastre, pero en comparación con otras donde las montañas de escombros llegaban hasta los diez metros, no estaba tan mal.
Paso a paso avanzábamos entre los escombros a paso lento. Un sonido captó nuestra atención, era hueco y constante, pisadas. Casi por instinto nos detuvimos. Desde un callejón (lo que quedaba de él) una oración atravesó el aire hacia nuestras entrañas.
-¿Ustedes también aquí? Vaya que sin duda tienen un imán para los problemas.
Giré sobre mis talones y pude verlo. Castaño, de mirada tan fría como profunda, aquella que siempre tenía como si estuviese maquinando algo y con un corte en proceso de cicatrización en la mejilla izquierda, Demian permanecía de pie, recostado de lado sobre los restos de una pared de ladrillos que parecía irse a caer en cualquier momento. Decir que me impresionó verlo sería una mentira, en un pequeño rincón de mi mente siempre me preguntaba cuando nuestros caminos se cruzarían.
-Ah, eras tú- dije con fingida indiferencia. -Al fin nos encontramos de nuevo.
-Así es- respondió con cortesía. -Me da gusto saber que estén vivos, aunque no deberían viajar por aquí así como así, es muy peligroso.
-¿Por qué?- con desconfianza preguntó Gonzalo.
-¿No es obvio? Por los que ocasionaron todo esto- respondió el joven. -Síganme, tengo un refugio por aquí, allí podremos protegernos y les explicaré lo que sucede.
Dio media vuelta y dio dos pasos, al notar que ninguno de nosotros avanzaba, giró nuevamente hacia nosotros.
-¿Saben que no muerdo, verdad? Bueno, a no ser que la señorita así lo quiera- mencionó señalando a Morena.
-¡¿Qué dijiste pedazo de hi…
-¡Tranquila More, no le hagas caso!- le dije mientras firmemente sostenía sus hombros evitando que se acercara y cometiera una tonterías. –Vamos con él. Todos.
-¿Pero Mati- comenzó Gonza- y si…
-No pasará nada- dije cortante. -El tipo ahora está limpio y no hará nada y si así fuera, somos tres contra uno, lo lamentará por el resto de su vida.
-Exactamente. ¿Vienen o no?
-Sí, vamos- ordené con tono demasiado autoritario para mi gusto, cosa del momento.
Todos, humanos como pokémon por igual seguimos a Demian unas dos calles aproximadamente. Nos hizo pasar a lo que parecía ser una tienda de abarrotes muy pequeña, la estructura externa logro mantenerse casi completamente en pie, pero por dentro el lugar era un caos total.
-Aquí está. No es el Waldorf pero al menos estamos a salvo- explicó Demian mientras sacaba de su pokebola su Scizor, totalmente libre de control mental.
-¿Qué es el Wald…- Gonza intentó preguntar.
-¿A salvos de qué?- cuestioné interrumpiéndolo.
-¿No se han enterado? Todo este alboroto lo causó, o mejor dicho causa, una batalla pokémon que no parecer terminar nunca. Los combatientes, Mewtwo y Darkrai.
-¿Todo este desastre lo causaron ellos dos?- mencionó Morena, más calmada.
-¿Sólo esto? Claro que no, ya es noticia mundial. Aparentemente ellos comenzaron a luchar en el Oeste de Rusia y fueron avanzando hacia aquí, destruyendo todo a su paso. Luchas por un par de horas hasta que sus fuerzas se agotan, luego cada uno se esconde y cuando reponen energía vuelven a enfrentarse. Una vez me los encontré y les he estado siguiendo el rastro desde entonces.
-¿No sabes porque insisten en luchar entre ellos?- dije.
-No podría decirlo con certeza- explicó Demian- pero he notado cosas muy peculiares sobre ellos. Primero, ninguno de ellos parece ser controlado por el Shogun, no tiene esa característica mirada perdida. Pero lo que más me llamó la atención es que ambos comparten una habilidad muy peculiar y sorprendente. Ambos saben telequinesia, pueden expresar lo que piensan.
-¿Hablan?
-Bueno, es una manera vulgar de decirlo, ellos comparten sus pensamientos con los humanos, técnicamente no dicen una palabra.
-¿Son muy poderosos?- fue Gonzalo quien preguntó.
-La verdad que sí, y muy resistentes, a pesar de tener desventaja de tipo Mewtwo resiste muy bien en las batallas con Darkrai.
-Bueno, espero no cruzárnoslos- dije.
-Sinceramente yo también -admitió Demian.- Veo que tienen a Zoroark y a Pidgey con ustedes, ¿se encontraron con Rafael, no?
-Así es -afirmé- al igual que tú según su testimonio.
-Sí, gracias a él puedo tener a Scizor a mí lado. Pero él era muy apegado a sus pokémon ¿por qué los abandonó? Oh... No me digas que él está…
-Desgraciadamente sí, en paz descanse -el rostro de Demian se tornó tenso, parecía como si una flecha hubiera atravesado su pecho, se notaba que también estimó mucho a Rafael en lo poco que lo conoció. No me sorprende, Rafael tenía ese algo especial que te hacían apreciarlo inconcientemente desde el momento que lo conoces.
Hablamos un tiempo más, luego cada uno volvió a lo suyo mientras esperábamos, Demian decía que por lo general los dos guerreros descansan durante la noche. Estaba repasando el diario de Rafael, quería estar más al tanto de la situación. Leí el párrafo dedicado a la telequinesia y las páginas dedicadas a Darkrai y Mewtwo respectivamente. Una y otra vez leí aquellas páginas hasta que un resumen había quedado grabado en mi mente. De pronto, tras tontear varios minutos con la vieja pelota de tenis una idea llegó a mi cabeza. Ya iluminado corrí nuevamente hacia el libro pero esa vez leí otras páginas, aquellas que tenían información sobre Deoxys y Dragonite. Todas coincidían en algo, algo que podía ser la clave. Los reuní a todos nuevamente, debía contarles mi nueva teoría.
-¿Qué es tan importante, Mati?
-Creo que descubrí algo relacionado con los pokémon que no sufren de control mental. Como saben, hasta ahora hemos encontrado a cuatro pokémon que se han liberado de aquel tortuoso sometimiento, sin contar a Lucario, Zoroark, Pidgey o Scizor que lo hicieron de manera artificial. Esos cuatro pokémon son Deoxys, Dragonite, Darkrai y Mewtwo. Estuve leyendo el diario de Rafael y encontré un dato común en todo, o en otras palabras, que todos comparten. El diario los describe a los cuatro como pokémon sumamente inteligentes y de mentes sumamente desarrolladas, salvo Dragonite en el segundo caso. Debido a sus elogiables mentes, Deoxys, Mewtwo y Darkrai pueden comunicarse con los humanos, cada uno a su manera.
-¿Y?
-Y, llegué a una conclusión, creo que mientras más inteligentes son los pokémon, más fácil pueden librarse del control del Shogun. No tengo ninguna prueba para afirmar esta teoría, pero creo que tiene sentido.
Gonzalo me felicitó por aquella deducción, More también parecía complacida. Demian se mantuvo callado por más tiempo, mirándome fríamente como siempre. Bostezó y luego rompió el silencio.
-Bueno Matías, parece que eres bastante ingenioso, más de lo que pensé, si siguen quizá tengan una chance contra el Shogun. Pero no les mentiré, no les tengo mucha fe, lo que buscan es prácticamente imposible de lograr, incluso para mí.
Ignorando el último egocéntrico comentario, seguí prestando atención.
-Para llegar primero al Shogun tendrán que pasar sobre sus mascotas preferidas. Palkia, Dialga y Giratina. Ellos tres son de su colección personas y sólo la élite está autorizada para usarlos.
-Sí, recuerdo cuando intentaste matarnos con Dialga -irónicamente dijo Morena. Demian sonrió y siguió.
-Ellos son muy poderosos, vencerlos no será nada fácil y estoy seguro de que él Shogun los usará contra ustedes. ¿Qué hay de la élite? ¿A quienes han visto?
-Aparte de ti,- narré -a un tipo de anteojos, español si mal no recuerdo y una francesa de figura impresionante.
-Así que derrotaron a Marquez y a Fleur, yo acabé con Yamaha, por lo que sólo resta uno, Ivanov.
-¿Es fuerte?- dijo Gonza.
-Bastante, peor si él- señalando a mí –pudo conmigo, puede con cualquiera.
-Eh… Gracias, supongo.
El piso comenzó a moverse, las paredes a crujir y el demacrado techo a venirse abajo. Ante aquel fenómeno, “¡Un terremoto” fue lo primero que me vino a la mente, aunque no todos compartían mis pensamientos.
-¡Son ellos, salgamos de aquí!- gritó Demian cubriéndose la cabeza.
Tan rápido como pudimos abandonamos el lugar antes que colapsara del todo. Allí, centellando a la luz del crepúsculo los dos titanes combatían. Mewtwo, de color blanco y morado, con parte de su médula espinal en la parte externa de su espalda creaba una poderosa bola de energía que conocía muy bien, una esfera aural. De un negro sólo igualado por el cielo nocturno, con tenebroso aspecto Darkrai hacía frente a su psíquico enemigo.
Brutalmente luchaban, ataques de todos los tipos volaban en todas direcciones empeorando el caos aún más.
-¡Hay que detenerlo!- grité -¡Si no hacemos algo vamos a morir sepultados entre los escombros!
-Opino que luchemos los cuatro, será más sencillo- explicó Demian.
-Sí tiene razón. More y Gonza, ustedes vayan a por Mewtwo. Demian y yo iremos por Darkrai, nuestros pokémon tienen ventaja sobre él.
-De acuerdo- dijeron los tres al unísono.
Forzosamente logramos acércanos lo suficiente a los pokémon legendarios, desde allí podía oírse (sentirse, en realidad) la discusión entre los pokémon.
-¡No puedes conmigo Darkrai, ríndete!
-¡Jamás, tú no eres más que una practica, cuando acabe contigo iré a por él!
La brutal batalla seguía y ambos pokémon no paraban de “gritar”.
-¿Listos? ¡Lucario Esfera Aural!
-¡Ida y vuelta, Scizor!
-¡Pulso noche, Zoroark!
-¡Deoxys, Bola Sombra!
Los pokémon mitad acero atacaron con fiereza a su rival. La bola de energía de Lucario dio de lleno en Darkrai, y antes de que pudiera siquiera recuperarse recibió una poderosa envestida de Scizor. Los ataques combinados de Zoroark y Deoxys hicieron volar a Mewtwo muchos metros, por lo que ellos junto a sus entrenadores, se alejaron en su búsqueda. Ahora se había convertido en dos batallas distintas.
Darkrai no tardó en reaccionar, en cuanto pudo moverse nuevamente se disparó ha si mismo como una bala de cañón directamente hacia Lucario. El impacto fue temible, Lucario escupió sangre en varias direcciones tras el impacto.
-¡Toma eso!- Decía el siniestro pokémon -¡No me detendrán! ¡Los destruiré a ustedes y luego acabaré con él!
-¡Esfera Aural, de nuevo!
-¡Scizor, Tijera X!
Nuestros pokémon dispararon sus ataques a gran velocidad, Darkrai los evitó con Protección y luego contraatacó con una temible Onda Certera, su poder fue tal, que no sólo los pokémon lo sufrieron, sino que nosotros también. Cuando el golpe hizo contacto sentí como si me hubieran arrojado un ladrillo en la cabeza. Darkrai reía maléficamente.
-¡Puño Bala Scizor!
-¡Tú también Lucario!
Una sincronía perfecta, la velocidad del ataque los hizo casi invisibles por un instante, lo próximo que supe fue que ambos le dieron un puñetazo con el poder del duro tipo acero.
-¡Malditos sean!- gritaba mientras giraba de manera peculiar aumentando su ataque, gracias a Danza Espada.
-¡Ida y Vuelta!
Antes de que yo diera mi orden Scizor ya estaba llevando a cabo su ataque. Darkrai no parecía debilitarse y esquivó el ataque con facilidad para luego darle un poderoso Puño Drenaje en la espalda.
-¡Lucario ayúdalo, A Bocajarro!
Puñetazos y patadas por montones recibió nuestro enemigo por parte de mi pokémon. Un poderoso Trueno abandonó el cuerpo de Darkrai para impactar en Lucario, quien salió despedido con miles de vatios dentro.
-¡No pueden conmigo!- “gritaba” el pokémon.
Una enorme esfera negra comenzó a formarse sobre el ser legendario.
-¡Cuidado, es Brecha Negra! ¡Protección!
-¡Protección, Lucario!
Justo a tiempo crearon los campos de energía evitando caer profundamente dormidos.
-Tenemos que atacar juntos con lo mejor que tengamos, cuando lo atacamos juntos se confunde- dije.
-Tienes razón, adelante.
-¡A Bocajarro, Lucario!
-¡Scizor, Fuerza Bruta!
Ambos se abalanzaron contra Darkrai, atacando por ambos flancos. Nuestro rival intentó derribar a Scizor con un Trueno, pero este lo esquivó con facilidad, no había duda de que estaba bien entrenado. Lucario fue el primero en llegar, y mientras el golpeaba con todas sus fuerzas el fantasmagórico cuerpo, Scizor lo chocó cual topadora tirando abajo un muro. Darkrai salió despedido y fue a para a una montaña de escombros, levantando una gran nube de polvo que lo hacía invisible momentáneamente.
-¿Cómo van? -preguntó Morena, haciéndome sobresaltar. Estando concentrados en la lucha no nos percatamos de su llegada junto a Gonzalo y compañía.
-¿Qué hacen aquí?
-Logramos vencer a Mewtwo, nos dio algo de problemas pero lo dejamos inconciente, no se levantará en un largo rato- explicó Gonzalo.
-¿Y que hay con ustedes? ¿Aún no lo vencen?- la chica preguntó.
-Algo parecido- le respondí.
-¿Necesitan ayuda?
-¡No!- juntos, Demian y yo dijimos.
-Como quieran…
-Vamos -Demian mencionó.- Acabemos con esto de una buena vez.
Todos avanzamos hacia el sitio donde Darkrai aterrizó, este no daba señales de seguir consiente, pero al no verlo, no podíamos confiarnos. Scizor y Lucario encabezaban la marcha, seguidos por los demás. La incertidumbre acabó cuando pudimos divisar al pokémon, seguía plenamente conciente, pero carecía totalmente de fuerza. Intentaba ponerse de pie con mucho esfuerzo, pero no podía, la batalla lo había agotado. Empezó a emitir un sonido, al principio no era más que un seco murmullo, pero una vez que se rindió a intentar levantarse y dejó de hacer fuerza, unas débiles palabras pudieron ser oídas.
-Adelante, acaben conmigo, no merezco vivir si he sido derrotado. Mátenme no viviré con el sabor de la derrota por el resto de la eternidad. ¡Malditos seas Arceus, te juro que volveré y acabaré contigo cueste lo que cueste!
Me quedé helado. ¿Realmente Darkrai conocía a Arceus? ¿Qué sabría sobre él? No podía dejar escapar toda esa información.
-Lucario, Scizor, retrocedan por favor. -Ambos miraron con incredulidad -Sólo háganlo.
Ambos dieron un paso atrás, mientras yo, para asombro de los demás avancé hasta ponerme junto al siniestro pokémon. De cerca era aún más imponente, aún en su pésimo estado después de la derrota uno podía darse cuenta que estaba frente a un pokémon formidable.
-Darkrai…
-¿Qué esperas humano? Acaba conmigo.
-No voy a matarte Darkrai, no tiene sentido que lo haga.
-¿Por qué no? Es lo que merezco, yo he sido derrotado, debo morir.
-No lo haré… -luego de una pausa, improvisé algo bastante convincente- No lo haré porque conozco la forma en que puedes limpiar tu nombre, yo puedo llevarte con Arceus, sé donde está, podrás luchar con él y vencerlo.
-¿Lo dices en serio?
-Te doy mi palabra Darkrai, sé donde encontrarlo, pero dime, ¿por qué te empeñas tanto en derrotarlo? Creí que tu enemigo natural siempre fue Cresselia.
-¡Tonterías! ¡Habladurías humanas! Su raza siempre ha creído eso porque tenemos poderes totalmente opuestos, pero la verdad es que mi único y autentico rival es Arceus ambos hemos habitado este universo desde el momento en que se creó, somos seres infinitos. El bien y el mal, la luz y la oscuridad.
-Claro que eso no es po… -Llegó a decir Gonzalo, luego de ser detenido por un codazo en las costillas, cortesía de Morena, quien tuvo que explicarle otra vez que los pokémon creían habitar el mundo desde los comienzos de éste.
-Arceus se ha aliado con un humano malvado Darkrai, el lo está usando para destruir este mundo y hacerle mal a los pokémon. Yo quiero acabar con ese humano y tú con Arceus ¿verdad? Une fuerzas con nosotros y podrás acceder a él. Hazlo por tus pares y…
-Este mundo no es importante para mí, ni tampoco lo son los humanos, ni siquiera los pokémon. Lo único…
-¡¿Qué rayos quieres, Darkrai?! ¡¿Deseas a Arceus o no?! ¡Nosotros podemos dártelo, pero si no piensas colaborar entonces puedes quedarte aquí matándote a golpes inútilmente con Mewtwo o cualquier otro pokémon que se cruce!
Este quedó en silencio, pensativo, por primera vez me miraba a los ojos. El tiempo pasaba y este no parecía reaccionar. Veinte segundos… Treinta… Un minuto… Dos minutos.
-De acuerdo humano, acepto. Seré su esclavo a cambio de que me lleves con Arceus, pero no esperes un buen trato de mi parte, tanto humanos como pokémon son mis enemigos y eso no cambiará.
-¿Quién habló de esclavitud?- pregunté.
-Me has perdonado la vida a pesar de derrotarme y como si fuera poco haces pactos conmigo, por mí honor y respeto hacia el arte de la guerra, me veo obligado a rebajarme a ser tu siervo. ¿Dónde dices que está Arceus?
-En la tierra de Japón, al Este de aquí. Allí él junto a otros pokémon velan por la protección del hombre del cual te hablé, un sujeto qué…
-¿Qué otros pokémon?- preguntó con entusiasmo, parecía que sus fuerzas ya estaban regresando.
-Pues no lo sé con certeza, pero hay muchos como Palkia, Dialga o Giratina.
-La Trinidad del dragón- explicó el pokémon.
-¿La qué?
-La Trinidad del dragón, los guardianes del tiempo, el espacio y la dimensionalidad, los más fieles súbditos de Arceus. Cuando luchan cerca de su maestro su poder se vuelve devastador, si están los tres reunidos, en presencia de Arceus, no hay quien los detenga, a excepción de las tres esferas.
-¿Hablas de la Lustresfera, la Griseosfera y la Diamansfera?- interrumpió Morena.
Darkrai fingió no darse cuenta de la pregunta.
-Contéstale, te ha preguntado bien, por lo que tratarás a todos con el mismo respeto- ordené.
-Así es, hablo de ellas. Arceus tenía un problema, cuando sus tres súbditos favoritos tenían conflictos comenzaban a luchar encarnizadamente, ni siquiera él podía contra los tres juntos, por lo que tuvo que idear un método para controlarlos. Usando los materiales de sus cuerpos, el diamante, la perla y el platino creó las tres esferas, objetos que, aquel que los tenga, tendrá el poder para ponerlos a raya. Por supuesto como son objetos peligrosos Arceus los colocó bajo el cuidado del guardián de la Tierra y sus servidores.
-Entonces esa es la clave. Me pregunto si existirán aquellas esferas- dije en voz baja al grupo, para evitar que Darkrai escuchara. -Dijo que las protegía el guardián de la Tierra, ese es Regigigas. Sé que lo habían visto por alguno lugar pero no puedo recordar donde.
-Sidney, Australia -exclamó Demian.
-Es verdad- mencionó More. -Ahora lo recuerdo, fue de las primeras grandes catástrofes ocasionados por pokémon, destruyó casi la ciudad entera.
-Exactamente- Demian decía. -Lo sé muy bien porque fui yo quien lo dejó allí. Fue uno de los primeros encargos del Shogun. Nos encargó a toda la élite que lleváramos un paquete de contenido confidencial a la sede de Game Freak en Sidney, además de liberar en el continente oceánico a Regigigas y sus tres servidores, Registeel, Regirock y Regice.
-¿Entonces insinúas que las esferas pudieron estar dentro de aquel paquete tan importante?
-Elementalmente, Matías.
-¿Y ahora?- Gonzalo argumentó.
-Ya oíste a Darkrai, esos tres pokémon juntos son casi invencibles, aquellas esferas son la única oportunidad que tenemos. Lo único que perdemos buscándolas es tiempo, nada más.
-¿Entonces a Australia?
-Entonces a Australia- afirmé.
Le informamos sobre lo planeado a Darkrai, debido a gran obstinación costó un poco hacerlo entender, pero finalmente seguimos camino. Hallamos el puerto de Nankín ya habiendo caído la noche, habías muchos veleros y lanchas ancladas, afortunadamente, algunos todavía sanos. Ya teníamos transporte que nos llevara a Australia, pero aún quedaba un problema.
-Mati, ¿puedes explicarme como rayos vamos a conducir una de estas cosas?
-El término correcto es navegar. Mi querido Gonza, nos hemos colado en un avión, sobrevolado límites internacionales, hemos hecho túneles por debajo de las fronteras y conducido automóviles robados por el desierto. De alguna forma, nos las vamos a arreglar.
Dicho y hecho, encontramos rápidamente una solución. Nadie tendría que siquiera arrimarse al timón, ya que Darkrai, Deoxys y Zoroark, al conocer el movimiento Psíquico, pudieron mover un pequeño yate con sus poderes mentales. La nave era acogedora, tenía camas para descansar y baño, suficiente para nosotros. No quisimos retrasarnos mucho más, por lo que decidimos salir esa misma noche.
Demian miraba pacíficamente el calmado océano, yo me coloqué junto a él.
-¿Día movido, verdad? -preguntó serenamente, casi en susurros.
-No vengas con rodeos, sé que tú iras también.
-¿Qué te hace pensar eso, mi estimado Matías?
-Dime Mati. Todos lo hacen. Todos tenemos nuestros motivos para ir, venganza, esperanza, buena disposición para salvar a los pokémon y… No me hagas pensar demasiado en esto, ambos sabemos que tu motivo sería la venganza.
-Sí, creo que tienes razón. Sabes Mati, no somos tan distintos como pensaba, de hecho creo que somos las dos caras de una misma moneda.
-¿En serio?
-No, y lo sabes. Pero debemos apreciar que ambos somos igual de soberbios y autosuficientes.
-Mmm… Na. Somos demasiado orgullosos para admitirlo.
Ambos reímos y abordamos el navío sin decir nada más. Esperaba un buen descanso, después de todo un largo viaje nos esperaba.
CONTINUARÁ.