Lunes 26 de Diciembre de 2011, Distrito Norte, Israel.
GONZALO:
Finalmente el momento de presentarme ha llegado, estuve esperando bastante tiempo por esto. Como ya seguramente saben, mi nombre es Gonzalo, soy buen amigo de Mati, y de vez en cuando también de Morena. Mi escasa participación en este relato no se debe a que mis amigos me consideraran menos que ellos, o que Mati y More considerasen que mi punto de vista sobra esta historia no es digno de ser revelado. Yo mismo decidí limitar lo más posible mi participación por motivos bastantes difíciles de entender. Para entender mi versión de la historia deberían entrar en contacto con todos mis más oscuros pensamientos y anhelos, llenos de odio, tristeza, sed de venganza y muchos otros sentimientos que no quiero transmitirles. Creo que es lo mejor, ya que no deseo abrir aquellas viejas heridas.
Habiéndome presentado, procedo a seguir con lo que nos compete, el relato de nuestro primer viaje juntos. Limitaré mis pensamientos sobre el Shogun pokémon y sus seguidores, por motivos que ya mencioné. Continuemos.
Fui el primero en despertar, el silencio reinaba en la casa. Tras mi rutina de estiramientos y bostezos diarios, salí de la cama. En el otro lecho, Morena aún dormía tapada casi completamente, dejando ver sólo su lacio pelo. Abandoné soñoliento el cuarto, en dirección al baño. La puerta del otro dormitorio permanecía abierta, dándome una clara visión de los individuos que dormitaban allí. Deoxys y Rafael compartían una cama matrimonial, una imagen muy chistosa debo decir. Zoroark dormía en el suelo, había tomado la forma de Suicune otra vez, seguramente para mayor comodidad. No había rastros de Pidgey.
Entre al cuarto de baño, cuyo techo lucía enormes manchones de humedad que combinaban perfectamente con los pocos y sucios azulejos restantes de los muros. La suciedad era evidente, no sé necesitaba ser más inteligente que yo para darse cuenta de que Rafael no era el hombre más limpio del mundo. De todas formas, no podía quejarme, llevaba semanas sin bañarme con agua caliente. Sucio o no, por aquel entonces un baño así me parecía el palacio de Buckingham
Luego fui hacia la sala, donde Mati dormía, moviéndose y pateando en todas direcciones, como hace habitualmente. Dormía con la boca cerrada, pero haciendo un agudo sonido con su nariz, debido a su tabique imperceptible torcido. Debido a la lámpara justo encima de su cabeza, aquellas negras ojeras que tiene bajo los ojos desde que lo conozco eran más evidentes, y su cabello estaba despeinado como siempre, él y el peine nunca se llevaron muy bien.
Detrás de mí apareció Rafael, refregando sus ojos por el sueño.
-Buenos días- dije
-Buenos días- respondió tras bostezar. -¿Dormiste bien?
-Sí, mejor que nunca. Uno nunca valora la importancia de una cama hasta que no la tiene.
-Dímelo a mí, yo tengo problemas lumbares.
Rafael si dirigió hacia su baúl, de donde comenzó a sacar libros.
-¿Qué estas haciendo?- pregunté.
-Oh claro, no te lo mencioné a ti. Hoy iré a investigar a unos pokémon antes de marcharnos, estoy tratando de inventar una cura alternativa a la hormona que induce el control mental. Lo hablé con Mati y dijo que no tendrían problema en esperarme un día más.
-En absoluto, partiremos cuando tú quieras.
Continuó contándome detalles sobre su expedición. Poco a poco mis amigos fueron despertando y Pidgey entró volando por la ventana, Rafael explicó que siempre sale a cazar temprano en las mañanas. En más de una manera me recordó a mí, robando alimentos de los mercados cada mañana. Cuando la mesa estuvo llena, tanto de pokémon como de personas, Rafael explicó concretamente lo que tenía pensado hacer.
-Como ya les dije, me ausentaré un par de horas para investigar a unos Rattata, estaré cerca de aquí, la colonia se encuentra en un basural a unas calles de aquí. Volveré antes del anochecer. Sólo me llevaré a Pidgey, los Rattata se asustan cuando sienten la presencia de Zoroark.
-¿No necesitas ayuda? Yo podría ir contigo si quieres- exclamó Mati.
-No, no hace falta. Nunca me supuso un gran problema, yo puedo solo perfectamente. Ustedes sólo limítense a descansar.
-Como quieras- dijo mi buen amigo.
-En ese caso creo que ya es hora de marcharme. ¿Listo Pidgey?- el pokémon se posó sobre su hombro. -¿Ven aquel enorme letrero rojo a lo lejos?- cuestionó señalando por la ventana – Es allí donde estaré. Adiós.
Era imposible no ver aquel llamativo cartel rojo, escrito con letras azules colgado como a diez metros de altura.
-Adiós- dijimos al mismo tiempo.
Rafael abandonó la casa, por lo que cada uno optó por hacer actividades individuales. Lucario y Deoxys, con la colaboración especial de Zoroark, llevaron a cabo un duro entrenamiento triple. More optó por tomar Sol en el patio trasero, la temperaturas no eran muy altas, pero no había nada mejor que hacer, según ella. Mati actuaba de manera extraña, había hallado una vieja pelota de tenis que no paraba de hacer rebotar contra las paredes. Cualquiera que no lo conociese supondría que estaba aburrido, pero yo lo había visto hacer eso infinidad de veces, cada vez que Mati jugaba con una pelota pequeña, significaba que estaba pensando en algo. Cómo puede ayudarlo la pelota a pensar, es algo que no sé, pero efectivamente es así. Iba y venia en todas direcciones, pasando al menos una vez por minuto por la sala, donde le echaba el ojo a aquel baúl perteneciente a Rafael. En cuanto a mí, pues no hice nada en especial, me la pasé de aquí para allá.
Admito que descansar fue muy bonito, pero realmente aburrido. En busca de algo capaz de entretenerme, me senté en el suelo a observar a los pokémon entrenando. Su combate triple era muy reñido, rayos de energía, llamas, patadas y puñetazos, todo tipos de ataques en general. Deoxys parecía estar mucho mejor, sobretodo anímicamente, ya no se lo veía tan deprimido.
Zoroark lanzó una poderosa Llamarada a Lucario quien la esquivó por poco. Deoxys intentó darle con una enorme bola de electricidad, pero el pokémon siniestro contraatacó con una oscura esfera que explotó al hacer contacto con el ataque rival. En aquellos tiempos donde mis conocimientos sobre los pokémon eran nulos, el único ataque que recordaba del pokémon de Rafael era ese, Estallido Nocturno.
La calma que sentía al estar sentado allí, viviendo ese día sin preocupaciones, observando un espectáculo tan maravilloso, finalmente acabó, como siempre nos solía pasar. El firmamento se tornó gris y las nubes negras como la misma noche. En apenas un instante el viento comenzó a soplar fuertemente, haciendo volar mi cabello. Las pocas ventanas que se mantenían en pie allí se movían estrepitosamente. Los pokémon dejaron de luchar, también extrañados por el repentino cambio climático. Mati y More se acercaron rápidamente, tan preocupados como yo.
-¡¿Qué sucedió?!- gritó Morena, el sonido del viento hacía difícil escuchar las palabras.
-¡No lo sé! ¡El clima cambió de la nada!
-¡Esto no me gusta nada!- explicó Mati.
-¡Lo sé, la última vez que algo parecido sucedió no encontramos con el Shogun!
-¡Miren, allí a lo lejos!
Algo se acercaba a gran velocidad, volando extremadamente alto. Descendía a medida que se acercaba, pronto pude verlo. Una larga figura verde como la más fina esmeralda se acercaba. Lucía como un gran dragón, rugiendo a la nada misma y escupiendo fuego. Estando más cerca pude ver su enorme rostro, realmente escalofriante, su dentadura lucía como un grupo de cuchillas bien alineadas y sus ojos, profundos de una manera perturbarte, hacían temblar a cualquiera. Sin embargo no venía solo. En su cabeza lucía un gran círculo amarillo, cuyo centro estaba ocupado por una mujer de largo y lacio cabello rubio. La hermosa dama vestida en finas ropas negras sonreía mientras volaba sobre el enorme dragón.
-¡¿Quién es esa?!- Gritó Mati.
-¡Es Rayquaza, el señor de los cielos, el… -Dijo Morena, forzando la vista para ver mejor.
-¡Ya sé que es un Rayquaza, me refiero a la mujer que va encima!- explicó Mati con sus ojos llenos de lagrimas debido al viento.
-¡¿No recuerdan?! ¡Es la mujer que vimos en Egipto, durante la batalla campal que tuvimos!- mencioné.
-¡Creo que tienes razón, es la misma! ¡De cualquier modo estén alerta, Lucario y Deoxys prepárense!
Ambos pokémon se posaron frente a nosotros en posición defensiva, Zoroark los imitó segundos después.
Rayquaza estaba a pocos metros de nosotros, siendo aún más terrorífico, al igual que el viento que azotaba. El gigantesco dragón dejó de generar todo ese viento, de manera que su “jinete” pudiera hablar. La dama inició un monólogo en francés, donde sólo pude comprender las frases “bonjour” y “Rayquaza”. Ella rió de manera perversa, luego Rayquaza se elevó y el viento comenzó a soplar otra vez, más fuerte que nunca. Tratamos de sostenernos con cualquier cosa que teníamos a la mano pero era inútil, la fuerza del viento era tal que salimos despedidos por los aires, incluso Deoxys, quien puede levitar. No éramos lo único que estaba en el aire, rocas, escombros, automóviles destruidos, antenas, arboles, una infinidad de cosas volaban cerca de nosotros, pudiendo herir a cualquiera. Como si fuera poco, Rayquaza escupía enormes brazas de fuego, las más grandes que había visto.
Con todo el polvo en el aire, pronto perdí de vista a mis amigos. Ver era imposible, por lo que decidí detener de llenar mis ojos de polvo, los cerré esperando que el destino decidiese mi suerte. Unos minutos después la fuerza del viento empezó a reducirse hasta normalizarse completamente, no por supuesto, sin arrojarme antes contra la copa de un árbol, donde logré aferrarme.
Afortunadamente las únicas secuelas físicas fueron un par de raspones, nada grave. Bajé del árbol tan rápido como mis piernas me lo permitían. Eché un vistazo general al lugar, todo estaba aún peor que antes, ya ni siquiera podía considerarse a ese sitio como ruinas. También se veían muchos incendios en todas direcciones, el panorama no lucía nada bien. Rayquaza seguía deambulando por los aires, escupiendo fuego.
-¡Mati, More, Deoxys, Lucario, Zoroark! ¡¿Hay alguien aquí?!
Nadie respondió, segundos después gritó otra vez. Un gran y amarillo felino pokémon se acercó dejando salir de su cuerpo grandes cantidades de chispas. Por supuesto que en aquellos tiempos no tenía ni la más remota idea de que se trataba de un Raikou, y mi primera reacción fue asustarme. Claro que cuando se convirtió en aquel zorro bípedo de largo cabello rojo me sentí muy aliviado.
-Oh Zoroark, eres tú. Me alegro de verte, ¿no has visto a los demás?
-Zor, Zoroark- negó con la cabeza.
-De acuerdo, salgamos de aquí.
Él señaló hacia el Este, en dirección a la casa de Rafael, y donde solía haber un cartel rojo gigante, que señalaba el punto donde Rafael investigaba. Zoroark se veía preocupado, y tenía motivos para hacerlo, ya que algo parecía haber sucedido en aquel lugar.
-¿Quieres ir allí, no? No te preocupes, él estará bien. Pues adelante, no perdamos tiempo.
Zoroark se convirtió nuevamente en Raikou y se agachó esperando ser montado. Con algo de desconfianza subí en él, y sin darme tiempo a sujetarme correctamente comenzó a correr velozmente. Dando saltos avanzábamos largas distancias en segundos. Todo iba bien, hasta que una enorme flama comenzó a perseguirnos, Rayquaza nos había encontrado. Giré mi cabeza y los vi, ella, la seguidora de aquel repugnante individuo y su arma de destrucción. El odio me invadió, tal como lo hizo la última vez y cada una de las ocasiones donde un miembro de esa maligna organización se presentaba frente a mí. Un poderoso deseo de muerte y venganza asfixiaba mi cerebro y… Será mejor no seguir con eso, precisamente por cosas como esta me negaba a participar de esto.
Mientras corríamos por nuestras vidas, aquella frenética mujer reía con malicia. Dicha sociópata parecía formar parte de la famosa élite pokémon del Shogun, ya que además de controlar a un pokémon tan poderoso, también nos había demostrado tener pokebolas en nuestro encuentro anterior.
Zoroark usó una ágil maniobra evasiva saltando fuera del alcance de las llamas. Bruscamente me dejó en el suelo, regresó a su forma normal y se abalanzó sobre el colosal enemigo. Se subió a su lomo, donde Rayquaza no podía alcanzarlo y comenzó a atacarlo con una gran variedad de ataques. Lanzallamas y Tajo aéreo, principalmente. El gran dragón esmeralda se movía desesperadamente tratando de alcanzar a su enemigo. Tan bruscos fueron sus movimientos que la francesa mujer cayó desde más de dos metros de altura directamente al suelo. Zoroark sufrió la misma suerte, cayó del lomo de su enemigo quién giró para quedar frente a frente.
La entrenadora del Rayquaza dio una orden en francés, y su pokémon comenzó a arrojar mordiscos tratando de capturar con sus temibles fauces al ágil Zoroark. Este se defendía como podía utilizando ataques al azar.
-¡Vamos Zoroark! ¡Tú puedes con él!- Le daba ánimos.
De pronto Rayquaza lo alcanzó, pero este logró evitar ser mordido sosteniendo las mandíbulas del pokémon dragón con sus patas. Su situación era muy delicada, si sus músculos flaqueaban, sería aplastado por esa enrome boca. Me sentía desesperado, tenía que hacer algo.
-¡No te rindas, resiste! ¡Debes atacarlo, sé que puedes generar ataques con tu boca!
El ilusionista pokémon arrojó llamas dentro de la boca de su enemigo, pero no parecía causar mucho daño. La dama rubia también gritaba órdenes al esmeralda dragón.
-¡Tienes que hacer algo más! ¡Intenta un ataque más poderoso! Como se llamaba… Este… Pulsación... Pul... ¡Pulso Noche! ¡Usa tu Pulso Noche Zoroark!
Sin dudarlo, depositó su fe en mis órdenes. Dejó salir de su boca aquella negra esfera de energía que impactó dentro de la boca de su rival, creando una explosión de energía negra y morada. Para poder expresar su dolor mediante un rugido, Rayquaza abrió ampliamente su boca, lo suficiente para dejar libre a Zoroark.
La rubia otra vez usó su bella voz para dar órdenes a su pokémon. Rayquaza nuevamente intentó dañar con su poderosa flama, pero algo lo golpeó en el rostro de perfil. Aquel que se disparó a si mismo como si de una bala de cañón se tratase era nada más y nada menos que Deoxys en su modo ataque. Este regresó a su forma normal y se colocó junto a Zoroark.
-¡Vamos chicos, ustedes pueden con ellos!- grité emocionado por nuestra milagrosa salvación.
Ambos atacaron juntos a gran velocidad, Deoxys con su Cabezazo Zen y Zoroark con Tajo aéreo. Rayquaza no paraba de gemir de dolor. Luego desde el techo de una casa Lucario saltó y golpeó al dragón con su Puya Nociva.
-¡Gonza!- gritó Mati quien se acercaba corriendo, con Morena por detrás.
-Chicos están bien, me alegro- le dije.
Él lanzó una mirada a los combatientes, luego se giró hacia Morena que recién llegaba al lugar de la acción.
-No te preocupes More, Deoxys está aquí con él -Mati le explicó.
-Oh, menos mal- respondió la chica con sus manos sobre su corazón.
-¿Deoxys hizo todo eso a Rayquaza?- preguntó mi mejor amigo.
-De hecho Zoroark y yo ayudamos bastante- expliqué, él sonrió.
-En ese caso, sigamos con esto juntos. ¿Les parece bien?- El castaño chico exclamó.
-¡Deoxys, Psícoataque!
-¡Zoroark, Pulso Noche!
-¡Lucario, Esfera Aural!
Los tres crearon luminosas esferas de energía. La de Lucario era verde esmeralda, rosa era el caso de la perteneciente a Deoxys, en cuanto a la de Zoroark, saben que es totalmente negra. Dispararon simultáneamente, pero algo curioso sucedió. A medio camino, las esferas se unieron creando una sola gran esfera de color azul. Cuando esta hizo contacto con la piel de Rayquaza, se generó una enorme explosión cuya onda expansiva llenó de polvo el aire. Cuando esta se dispersó, Rayquaza estaba completamente fuera de combate, de hecho la zona que recibió el golpe estaba ennegrecida, aquel ataque había sido devastador.
-¿Qué sucedió? ¿Por qué se unieron los ataques?- Morena cuestionó.
-No tengo ni la más remota idea, jamás había pasado antes- respondió Mati.
-En fin, sea lo que sea, fue muy útil. Ahora debemos preocuparnos por atrapar a aquella francesita, aprovechó la explosión para escapar.
-Déjala Gonza, cuando el Shogun la encuentre le hará cosas que van más allá de nuestra imaginación.
Zoroark se convirtió en Suicune y retomó su marcha en dirección a ese basural.
-¿Qué está haciendo?
-Es Rafael, Mati. Zoroark está preocupado por él- dije.
-Es verdad, aquel cartel desapareció, todo esto debió afectar ese lugar también, será mejor que vayamos ya.
-More tiene razón, vamos.
Comenzamos a correr atravesando las pocas calles que nos separaban de aquel basural. Ya estando a menos de cien metros pudimos notar el caos, el tan mencionado cartel se había derrumbado, la basura se había esparcido por todos lados debido a los vientos huracanados, y algunas montañas de desperdicios seguían en llamas. De repente, pudimos oír un ensordecedor grito. Era de dolor, fuese lo que fuese aquello que Zoroark halló, no era nada bueno.
Entramos al recinto, donde pudimos tener una visión clara de lo ocurrido.
-No- dije sin aliento. Mati quedó pálido y More tapó su boca con las manos.
Una larga vara de metal, con una afilada punta, se hallaba totalmente ensangrentada en el suelo. Un rastro de sangre iba desde allí hacia una pequeña cabina, seguramente donde el celador del lugar descansaba antiguamente. Las manchas tenían un patrón muy especial, obviamente alguien había arrastrado a quien resultó herido.
Nos abrimos paso dentro de aquella cabina, para observar la imagen más obvia pero que tanto deseábamos no ver. Era Rafael, estaba herido, gravemente. La parte derecha de su estomago, estaba completamente ensangrentado, alguien, Zoroark seguramente, había removido su camisa, dejando ver un hoyo en esa zona de su cuerpo.
Las lagrimas invadieron mi rostro, mis compañeros estaban igual. En su hombro estaba Pidgey, con algo de sangre encima y todas sus plumas alborotadas. Junto a él, moviéndose furioso, rugiendo fuera de sí estaba Zoroark.
Sin pensarlo lo tomé de sus patas superiores, este me miró con odio mientras trataba de zafarse.
-Todo estará bien, cálmate por favor. Confía en mí, no le hará bien verte así. ¡Por favor!
Las palabras parecieron llegarle, dejó de forcejear y mientras las lagrimas invadían sus ojos, se acercó a su entrenador. Mati y More ya estaban con él.
-Vamos Rafael, no te mueras por favor, te necesitamos. Por favor amigo, no te vayas. Dime ¿qué hacemos? Debe haber algo que podamos hacer por ti, ¡Por favor, no te mueras!- balbuceaba Mati, llorando mientras sostenía el cuerpo casi inmóvil de Rafael.
-N-no pueden hacer nada. Ese feroz viento causó que la viga atravesara mi estomago, no hay nada que hacer, de hecho me sorprende seguir vivo.
-No, no hables así, te salvarás de esta, ten fe- decía Mati, totalmente alterado.
-Por favor Matías, no neguemos la realidad. Todo hombre debe saber que la muerte es inevitable y que hay cosas peores que ella. Claro, me hubiera gustado vivir un poco más, pero aparentemente mi papel en este mundo ya está cumplido. Los ayudé lo más que pude, perdón por no poder hacer nada más. Recuerden, manténganse unidos y podrán lograr cualquier cosa, siempre pase lo que pase, manténganse juntos. Nunca olviden, que la unión hace la fuerza.
-Rafael- dije sin saber que decir.
-No tienen que decir nada, yo los entiendo. Pero debo pedirles un favor, cuiden de Zoroark y Pidgey, ellos son buenos pokémon, estoy seguro de que con su cariño y ayuda llegarán a ser poderosos pokémon.
-Lo haremos, no dudes de ellos- dije resoplando por la tristeza.
-Además quiero decirles, que todo lo que está en mi baúl, ahora es suyo, considérenlo mi herencia para los…
Su voz se apagó, su corazón dejó de latir, su respiración no volvió a sentirse. No había remedio, Rafael había muerto. Ya no pertenecía al mundo de los vivos.
Mati lloraba sobre el cuerpo inerte del difunto ingeniero. Morena hacía lo mismo sobre el hombro de Mati. Pidgey no paraba de piar, el que siempre me parecía un hermoso canto de ave en esa ocasión sonaba como una triste canción de amor perdido. En cuanto a mí, junto a Zoroark nos conteníamos mutuamente. Lo sostuve con toda mi fuerza, no dejé que perdiera el control.
Casi una hora después, cuando todos asumimos lo ocurrido, enterramos ese doloroso recuerdo y continuamos tristemente con lo que correspondía hacer. Dejamos solos momentáneamente a Zoroark y Pidgey con el cuerpo, para que pudieran despedirse de él. Nos dirigimos hacia los restos de aquella casa donde Rafael nos recibió con tanto cariño y hospitalidad. Abrimos el cofre, sólo dos cosas se guardaban allí. Una especie de diario íntimo y un relicario.
-¿Qué creen que son?- pregunté.
-Pues esto- dijo Mati sosteniendo el diario- es un libro donde Rafael recopiló todo lo que sabe sobre pokémon. Como crearlos, mejores maneras de criarlos, hasta los secretos de las nuevas habilidades que se les dieron. Esto es un tesoro para la humanidad, guarda todo lo que se sabe sobre pokémon. Rafael me dijo que si algún día teníamos éxito en esta maldita odisea, lo entregásemos por el bien a la ciencia.
-¿Y el medallón?- nuevamente fui yo quien preguntó.
-Más bien es un relicario- acotó Morena.
-Ella tiene razón, puede abrirse.
-¿Qué hay adentro?
-Mírenlo por ustedes mismos- exclamó Mati tras abrirlo.
El relicario abierto, se dividía en dos partes. Una parte tenía una foto de Rafael con su habitual sonrisa, lucía radiante como siempre solía hacerlo. La otra parte, tenía un texto grabado, este citaba “Cuando hallen mi imagen, la llave de la victoria se les presentará. 1B3-G6R-9Q2”
-¿Qué significa esto?
-Tengo una teoría- expresó Mati- pero es muy prematura. Verán, creo que Rafael iba a venir con nosotros, pero no nos revelaría este secreto hasta que sea el momento indicado, pero dejó este relicario en caso de que algo así pasara.
-¿Por qué lo haría? Digo, ¿en que nos beneficiará no saber?- Morena cuestionó.
-No lo sé, pero por ahora lo importante no es averiguar porque no quería decirnos, sino averiguar qué significa este texto.
-Les recuerdo que aún tenemos algo mucho más importante pendiente- mascullé.
-Sí, tienes razón Gonza, será mejor que lo hagamos.
En un campo cercano a las ruinas del pueblo, debajo de un gran y florido árbol, donde el césped era más suave y verde, fue el lugar que elegimos. Lo consideramos el lugar más apropiado para que Rafael descansase en paz.
Entre todos cavamos con nuestras propias manos un hoyo lo suficientemente profundo para enterrar el cadáver de Rafael. Una vez que lo depositamos allí y tapamos el hoyo colocamos una piedra como lápida, donde Mati talló un hermoso epitafio:
“
Q.D.E.P RAFAEL MONTANO
INGENIERO GENÉTICO, PRIMER ENTRENADOR POKÉMON DE LA HISTORIA, MENTOR Y SOBRE TODAS LAS COSAS, GRAN AMIGO.
Tus conocimientos, virtudes, sentimientos y amistad vivirán en nuestra memoria para siempre
”
Luego del sepulcro, Zoroark y Pidgey se alejaron a estar juntos, darse ánimos y recordar todo lo bueno de su gran entrenador. La noche había caído, Mati miraba fríamente la tumba, More seguía llorando sobre su hombro, abrazándolo fuertemente.
-Chicos, ¿les importa si hablo con ellos? Quiero decir… -mencioné.
-Entiendo perfectamente- dijo Mati.- Hazlo, se que tú puedes hacerlo.
-Adelante Gonza, diles.
Me acerqué a los pokémon, ellos me miraron tristemente. Su dolor era muy superior al nuestro. Me senté junto a ellos y coloqué mi mano sobre el hombro de Zoroark.
-Sí, sé lo difícil que es perder a los que amas. Créanme, yo también perdí a toda mi familia por culpa de los mismos malditos que causaron lo ocurrido. Al principio es difícil, cuesta recuperarse, pero saben, en momentos como este quienes más ayuda pueden brindarnos son los amigos. La verdad no sé como hubiese salido adelante de no ser por Mati, por Lucario y hasta por Morena, pero no vayan a decirle a ella ¿De acuerdo? Miren chicos, no voy a andar con rodeos, La última voluntad de Rafael fue que cuidásemos de ustedes. Si no desean estar solos, y quieren ayudarnos a detener a esta maligna gente para que el sacrifico de su entrenador no haya sido en vano pueden venir con nosotros. Yo no tengo compañero pokémon, por supuesto no estoy al nivel de Rafael, pero aprendo rápido. Bueno, en realidad no, pero haré lo mejor que pueda. ¿Qué dicen? ¿Vendrán con nosotros?
Ambos se miraron, luego clavaron sus ojos en mí y afirmaron con su cabeza.
-¿De verdad, chicos? ¡Genial! Ya verán cómo no voy a defraudarlos.
Me arrojé sobre ellos y los abrasé fuertemente. Pidgey volvió a cantar de una manera muy bella y Zoroark parecía estar sonriendo. Sabía por lo que estaban pasando, comprendía que les costaría recuperarse completamente, pero daba fe de que juntos lo lograríamos.
-Vamos muchachos, debemos darle la noticia a los demás.
CONTINUARÁ