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Especial de tres capítulos.
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17 de Febrero de 1999
Querido diario:
Te he vuelto a dejar tirado un día pero no he podido ni comer siquiera. Estoy destrozado físicamente y psicológicamente. No quiero volver a salir.
El día dieciséis (ayer) por la mañana salí con la enfermera del otro día, fuimos otra vez a pasear por el jardín hasta que me llamaron para hablar con Charles, el psicólogo.
Después de hablar con él ya era la hora de comer, olía muy bien el pasillo. Como todos los días (en casa y aquí) entré al baño a hacer mis necesidades tranquilamente, escuché que alguien había entrado también.
Cuando acabé salí, maldita la hora en la que lo hice, lo primero que hice fue tragar saliva. Allí estaba el loco de al lado, me miró mientras yo le decía que lo sentía (de coña, claro) creo que supo que estaba mintiendo.
Cerró la puerta con el pistillo, se puso a caminar hacía mí. Yo me topé con una pared, con las dos manos me agarró del cuello alzándome a por lo menos tres metros de altura.
Logré darle varias patadas pero no hacía nada, ni sonreía, ni reía. No había ninguna expresión en su rostro, al ver que me ahogaba me bajó al suelo. Pensé que iba a dejarme salir pero cuando iba a hablar noté el primer golpe en la nariz contra el lavamanos.
Tenía una de sus grandes manos agarrándome de las cervicales, me dolía mucho.
Notaba como bajaba algo caliente por la nariz al instante supe que era sangre. Con valentía le di un golpe en los bajos pero eso lo enfureció más.
A partir de aquí no recuerdo nada hasta que minutos después desperté, pensé que había sido una terrible pesadilla pero al lado de mí había varias piezas dentales.
Quise gritar pero un terrible dolor me recorrió la boca, me levanté a pesar del dolor y me miré al espejo.
Parecía uno de esos zombies que salen en las películas de miedo, estaba todo ensangrentado, sin varios dientes y con la mandíbula colgando de un hilo. Como pude abrí la puerta y fui hasta el comedor donde todos los locos empezaron a gritar al verme en ese estado.
Un guarda me ayudó y me llevó una ambulancia al hospital, por el camino perdí la consciencia otra vez. El parte médico, la nariz fracturada (llevo un hierro por dentro), varios dientes delanteros arrancados y otros tres rotos y fractura de mandíbula (me pusieron una especie de tornillos para inmovilizarme la misma y unos hierros).
Pero al estar allí me quitaron los puntos de las mordeduras de los perros, ya casi no tengo ni cicatriz. Estoy cansado culpa de los medicamentos contra el dolor.
Se que el psicópata ese se pasará toda la vida en el manicomio o en alguna cárcel pero si algún día lo vuelvo a ver juro que lo mataré con mis propias manos, lo degollaré.
Nunca se me olvidará su cara, cabrón… estás muerto.
Hasta mañana, diario…
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18 de Febrero de 1999
Querido diario:
Me han trasladado al ala infantil del psiquiátrico, hay pocos chavales pero se está muy tranquilo. Las habitaciones son más grandes y mejor equipadas.
Eso quiere decir que saldré pronto (me imagino), al director de este “hospital” le dije quien me había agredido y me dijo que se encargaría de él personalmente.
No creo que lo maten pero van a dejarle bien frito a electro choques, creo que se llama Jack (el psicópata que me pegó) porque siempre decía eso aunque no estoy seguro.
Por fin podré dormir tranquilo.
Hasta mañana, diario…
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19 de Febrero de 1999
Querido diario:
¡Que bien he dormido! Hasta las nueve y todo seguido, me gusta estar aquí. A la hora de comer había un chaval muy extraño, vestía de negro y tenía la cara pintada de blanco. Creo que era un gótico de esos.
A las nueve de la mañana nos despertamos, desayunamos en la habitación y seguidamente a las diez toca la cita con el psicólogo. Después de hablar con él viene un profesor.
Nos ha hecho un test de inteligencia aunque no nos han dado los resultados. Seguro que mañana nos darán los mismos, tengo ganas de saber si mi inteligencia a crecido.
Nos reímos mucho con los chistes que contaba e incluso nos enseñó a hacer un truco de magia con cartas, dos de los chavales que están en esta planta tienen síndrome de Down pero son muy graciosos. Me caen bien.
Cuando sea un asesino de verdad protegeré a los niños y nunca mataré a ninguno.
Al ir a clase me pareció ver a Seth (el niño de los ataques epilépticos) pero sería mi imaginación. Voy a dormir, ah si… nos dejan ver la televisión en una sala aunque solo los dibujos.
Algo es algo.
Hasta mañana, diario…
—Te queria preguntar una cosa pero no te enfades.
—Depende.
— ¿Es dificil matar? —El sádico rió.
—Ahora te pregunto yo a ti, ¿es dificil respirar?
—No, para nada.
—Matar es igual de facil que respirar.