Después de varios días con el ordenador estropeado aquí va un nuevo capítulo de este mi fic
Advertencia: Capítulo ultraviolento [+18]
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Cita:
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5 de Febrero de 1999
Querido diario:
Hoy no estoy escribiendo ni desde mi casa ni desde la cabaña del bosque si no que de otro sitio mucho peor. Por eso no he podido escribir hasta hoy, voy a contar lo que sucedió el día tres de febrero.
Como conté el día anterior o sea el dos, en clase era el cumpleaños de la boca hierro. Ahora os contaré que era lo que encontré en el garaje, era una preciosa pistola que seguramente era de mi padre.
Casi desesperado busqué las balas y cuando las encontré me subí a mi habitación.
Por la mañana el autobús llegó pronto, me subí al mismo sentándome con Spike como siempre (bueno, como siempre no porque siempre me siento con Gerard).
Notó como me temblaban las manos al agarrar la mochila que tenía en las piernas, estaba nervioso… ¿y quien no?
En mi cabeza un plan malévolo se había dibujado a la perfección y tenía que seguirlo, en el asiento casi me da un ataque de pánico pero gracias a Dios no pasó. Yo le dije que tenía un examen y por eso estaba así.
La mañana pasó rápidamente, en el recreo todos felicitaban a la chavala, pronto sonó la campana y volvimos a clase. Todos, hasta la profesora le dio un regalo.
Yo me levanté mientras el sudor invadía mi cuerpo, ella sonrió y exclamó: “Tú me vas a regalar algo… que raro” acerqué la mochila mientras la zorra se relamía, en un movimiento rápido saqué la pistola ya cargada.
Sin sentimientos apreté el gatillo apuntando a su cabeza, le dio justo en la frente todos los sesos saltaron hacia la pared que había atrás de ella y junto con los mismos mucha sangre.
El segundo tiro que efectué le dio a la Srta. Estirada también en la frente pero al lado de la nariz, cuando su cabeza explotó sonó como cuando un grano de maíz estalla para convertirse en una palomita.
Todos gritaron, yo cerré la puerta apuntando a Javi. Les dije que explicaran a la policía que había sido un accidente, que se me había bloqueado el gatillo o si no cuando volviera les iba a matar personalmente.
El muy idiota intentó arrebatarme el arma y disparé a su pierna para después dejarle inconsciente de un golpe en la nuca.
Salí al pasillo donde me topé con uno de los amigos de Javi, miró a la pistola e intentó escapar pero tres tiros impactaron en su pecho y uno más le destrozó la boca.
Por el pasillo todos corrían, pude darle a un niño de por lo menos cinco o seis años por la espalda, dos balas bastó para matarle. En la escalera de acceso a la segunda planta (o sea donde estaban los mayores) maté de un disparo en la cara a un chaval y otro en la garganta a la chica. Los dos tendrían no más de dieciséis años.
Murieron cogidos de la mano… que pena.
Subí a las clases de los mayores y allí maté a dos chicos que estaban en una clase con todos los demás alumnos. También les amenacé y les repetí que tendrían que decir a la policía.
Rápidamente entré al baño donde recargué la pistola y allí maté a un chaval que estaba escondido en un baño. Lloraba, idiota…. Le empujé contra la pared agarrándole del pecho y le disparé en la cabeza, su sangre todavía caliente me salpicó toda la cara.
Sentí varios pinchazos en mis partes, seguro que eran de placer.
Fui por el pasillo donde todos chillaban, miré más al fondo y vi a una guarra que una vez se había metido conmigo. Ahora solo suplicaba por su vida pero vacié el cargador en su cuerpo.
Posteriormente mi mente se nubló y reí como nunca lo había echo. Estaba feliz, contento.
Pasaron varios minutos hasta que un joven con uniforme de policía corrió hacia mí, me arrebató el arma y me tiró al suelo.
Pasé toda la noche en el calabozo donde había un tío que me habló, era un cocainómano borracho pero no lo pasé mal.
Merecían morir, yo los liberé de un futuro muy negro. No puedo imaginar porque lloraban, les hice un favor por Dios.
A las nueve de la mañana del cuatro de febrero me sacaron del calabozo y un maldito “matalocos” me metió aquí con todos los asquerosos psicópatas. Como podéis entender estoy en un hospital psiquiátrico o manicomio como lo queráis llamar.
Me han tenido atado más de tres horas y me quitaron la chaqueta de fuerza hace poco. Hoy por la mañana estuvo mi hermano aquí y me trajo el diario, sin el no puedo vivir. Tenía la cabeza gacha y al verme vestido de gris como si fuera un vulgar preso se puso a llorar, se tuvo que ir.
A los agentes les conté que había sido un accidente pero yo se que fue una ejecución, se merecían morir. No me cansaré de decirlo.
Estoy en el ala de psicópatas al lado de un asqueroso loco que no para de gritar que es inocente (y un cuerno, inocente)
Las paredes están ligeramente acolchadas y todo es blanco, solo hay un escritorio de un material parecido al plástico y la cama.
Me dan la comida por debajo de la puerta (hay una rendija) y los cubiertos son de plástico para que no me corte.
Solo me dejan salir para hablar con el loquero.
Hasta mañana, diario…
—Te queria preguntar una cosa pero no te enfades.
—Depende.
— ¿Es dificil matar? —El sádico rió.
—Ahora te pregunto yo a ti, ¿es dificil respirar?
—No, para nada.
—Matar es igual de facil que respirar.