Bueno, perdón por la tardanza, pero es que me cambiaron la compu, y entre el cambio, pasar todos los archivos, reinstalar el word, y que entré a jugar con muchos juegos, no escribí mucho, pero ya tengo otro caso listo, y dejo la primera parte ^^ Sé que es corta, pero quise dejar las deducciones para la segunda parte xD
Episodio III: Horas, minutos y segundos de muerte (parte I)
–¡Ay, hermano! ¿Qué te parece este vestido? –dijo Yami con una notoria sonrisa mientras sacaba un vestido lila del armario.
–Sí, es bonito… –respondió Zero sin siquiera mirarlo. Él se encontraba tirado en el sofá mirando televisión con una lata de cerveza en la mano y Dark sentado en el respaldo del mueble.
–¡Hermano! ¡No seas así! ¡Quiero tu opinión, es una fiesta importante y quiero lucir bien! –se quejó su hermana.
–Está bien… –dijo sin ganas el detective. Volteó a mirar el vestido que su hermana llevaba– Es muy corto, usa uno más largo…
–¿Corto? Pero si llega hasta las rodillas –comentó confusa Yami.
–Por eso mismo… que llegue por lo menos a los tobillos –dijo Zero como si fuera una broma, pero no lo era.
–¡No seas tan sobre protector! Éste es bonito, lo llevaré –dijo sonriendo aún más.
–Y si lo ibas a llevar a pesar de lo que dijera, ¿para qué me preguntaste? –preguntó el joven nuevamente concentrado en la televisión y su bebida.
–Olvídalo… –dijo vencida Yami– ¿Y tú qué llevarás?
–No sé, supongo que unas zapatillas, un jean y una remera… –respondió desinteresado.
–¿Cómo? –reprochó su hermana– ¡Es una fiesta formal, elegante, asistirá gente importante! ¡Debes ir con traje, no con ropa casual!
–Pero ni siquiera tengo un traje… –dijo Zero.
–¡Cómprate uno! Todavía nos queda algo del dinero que te dieron en reconocimiento de resolver el caso, hermano, puedes usarlo –le dijo Yami–. Recuerda lo que dijo Kira…
Lo que había dicho Kira… por ella misma debía vestir un traje. Ya hace una semana, algo después de resolver el caso donde se involucraba su hermana, Zero había recibido una visita conocida. A su puerta había llamado Kira, ex compañera de viajes, con quien recorrió parte de Kanto, y todo Hoenn y Sinnoh. Era una coordinadora reconocida, hacía unos años había ganado el Gran Festival de Sinnoh, y por eso mismo los había ido a visitar.
Naxo y Yami estaban desayunando mientras Zero dormía. En ese momento, entró por la puerta Kira, una chica llamativa y peculiar, de un largo y claro cabello blanco, con unos ojos azules que realzan y miran profundamente.
Ella era Kira, la ex compañera de viajes de Zero. Se conocieron en Kanto, la segunda región por la que viajaron ambos. Fue durante el incidente en ciudad Azulona, el cual hizo famoso a Zero. Kira se vio involucrada en aquel atentado al centro comercial de la ciudad, y gracias a Zero se demostró su inocencia, aunque no lograron atrapar al culpable. Tras ese incidente, como ambos tenían que viajar a ciudad Azafrán, fueron por el mismo camino, y tras una pelea de gimnasio y un concurso, decidieron seguir viajando juntos hasta que llegara el momento del Gran Festival y de la Liga Pokémon. Tras finalizar los dos eventos, junto con Kero, otro amigo que habían hecho durante el viaje, decidieron ir todos juntos a Hoenn a seguir las aventuras, y luego un último viaje por Sinnoh.
Kira era un año menor que Zero, tenía 19. Había nacido en Johto, y actualmente vivía allí, en ciudad Iris. Era proveniente de una familia muy adinerada, y además, hermana de la actual líder del gimnasio de esa ciudad, de quien había aprendido gran cantidad de cosas tanto en combates como en presentaciones. Inició su viaje a la misma edad que Zero, y habiendo participado y perdido del Gran Festival de esa región, viajó a Kanto donde se conocieron. Una vez terminado el viaje por Sinnoh, cada uno volvió a su hogar.
No habían tenido mucho contacto desde terminado el viaje, simplemente contactaban raramente por Internet o alguna que otra llamada durante cumpleaños o situaciones parecidas. Sin embargo no por eso dejaban de ser amigos.
–Tú… ¿qué… qué haces aquí…? –había preguntado Yami al verla. Su voz era entrecortada por la sorpresa y emoción, hacía rato que no se veían ambas, y Yami se alegró tanto que le costaba hablar.
–Bueno, simplemente venía a hacerles una invitación, perdón si vine temprano –dijo Kira con una suave voz y una sonrisa tímida, mirando a Naxo y Yami.
–¡No hay problema por la hora, si ya estamos todos despiertos! Salvo por Zero, pero bueno, él antes del mediodía no despierta –rió Yami–. ¿Y qué invitación vienes a hacer, Kira?
–Bueno, verás –empezó a decir la muchacha–. El Gran Festival de Sinnoh organiza un evento en conmemoración de que el Gran Festival cumple 100 años. Y bueno, invitaron a todos los que quedaron en los cuatro mejores puestos de los últimos años, y pueden llevar invitados, y como fue con Zero y Kero que viajé por Sinnoh, quise invitarlos a ambos. Kero ya me confirmó que iría, solo falta invitar a tu hermano –explicó la joven.
–¡Oh, una fiesta! ¡De seguro irá! ¡Es más, iré ahora a despertarlo para que te confirme! –dijo alegre y cantarina Yami y fue hasta la habitación de Zero a despertarlo.
Y lo despertó. Zero tras dejar de dormir se levantó con la ropa que durmió (que después de todo era la misma que había usado el día anterior) y fue hasta la cocina a reunirse con sus invitados. Allí se sorprendió al ver a Kira, y tras hablar un rato, no solo Zero aceptó, sino que también fue invitada Yami. Ella misma fue quien lo convenció de aceptar, ya que la idea de que sería una fiesta formal y elegante lo desalentaba, pero no le quedó más remedio que acceder a la invitación e ir con su hermana.
La fiesta era dentro de una semana, y había pasado el tiempo al punto de que solo faltaba un día. Y ahí se encontraban, Yami indecisa sobre si llevar el vestido lila, y Zero despreocupado mirando la televisión con su cerveza.
–Kero dijo que hoy iría a comprarse un traje, le llamaré y le diré que irás con él –dijo Yami, a lo que su hermano debatió.
–¡Pero hermana! ¡No tengo ganas de salir, hace frío! –excusó Zero.
–Hace 22°C, Zero…
–¡Entonces hace calor! Además no quiero ir a comprarme un traje, ni siquiera quiero ir a esa fiesta aburrida –se quejó el detective y bebió un sorbo de su bebida.
–¡Quieras o no, iremos! Es una fiesta muy importante y elegante, y nos invitaron, ¡así que iremos! –fue la última palabra de Yami.
Tal vez porque no quería discutir, o porque sabía que su hermana no dudaría en recurrir a la violencia para convencerlo, Zero aceptó. Esa misma tarde llegó a su departamento un joven llamado Kero, también ex compañero de viajes de Kira y Zero. Kero no había participado de ninguna Liga Pokémon ni concursos, simplemente viajaba por el hecho de las aventuras. Lo conocieron en Kanto, en ciudad Azafrán, donde se hicieron amigos en un recorrido por la compañía Silph S.A.
Kero era un experto en informática, y les había sido de mucha ayuda por su computadora portátil, por la cual podían actualizar sus pokédex o buscar mapas de las regiones, información, y muchas cosas más. Kero tenía la misma edad que Yami, 17 años. Era alto, de pelo largo y castaño, con ojos cafés. Era de un humor agradable, no solía caerle mal a la gente. No era tan expresivo y era muy sensible, pero más allá de eso era un gran compañero de viajes. Kero también era residente de Johto, vivía en ciudad Trigal. Su padre era técnico, el encargado de mantener en funcionamiento el tren de Johto y de modernizarlo. De ahí Kero había heredado su gusto por la tecnología.
Tras saludarse y hablar un rato en el departamento de Zero, ambos salieron junto con Yami a recorrer los locales de ropa de ciudad Técnoro en busca de uno que vendiera ropa de gala. Lo encontraron fácilmente y los tres ingresaron. Tras discutir precios, y que Zero tuviera que pedirle algo de dinero prestado a su compañero, ambos ya tenían comprados unos trajes para la fiesta del Gran Festival.
Kero se quedó a cenar y dormir en el departamento de los hermanos Kudo. La noche pasó rápido, los tres durmieron poco ya que se quedaron hablando hasta muy tarde contándose las cosas que habían vivido desde la última vez que se habían visto. Se fueron a dormir recién a la madrugada, y se despertaron casi al mediodía. Prepararon las últimas cosas y tomaron un tren hasta Olivo, donde tomarían el barco de la familia de Kira hasta Sinnoh.
En el muelle se encontraron con la joven, vistiendo su poco común ropa casual. Tras reunirse y saludarse, juntos abordaron el barco, que para la sorpresa de Zero, Yami y Kero, ya estaba con gente abordo.
–¿No se supone que es un barco privado de tu familia, Kira? –preguntó Zero, viendo a la gente que por allí andaba.
No era gente muy mayor, no debían de pasar los 30 años. Era un pequeño grupo mixto de personas, que andaban conversando y riendo. En total eran cinco personas, dos muchachas, ambas altas y delgadas, solo que una era rubia y la otra morocha. Los otros tres eran hombres, uno de ellos era alto, robusto y musculoso, de pelo rapado; el otro era delgado y no tan alto, de pelo muy oscuro; el último era algo petiso y corpulento, con algo de sobrepeso.
–Sí, es un barco privado –respondió Kira–. Pero ellos son amigos de la familia, y como necesitaban viajar a Sinnoh, mi padre dijo que los llevemos –rió tímidamente.
–Bueno, supongo que no molestarán, no son tantos –comentó Kero.
–Descuiden, no los molestaremos –dijo una voz femenina. Era una de las chicas del grupo, la que tenía el pelo oscuro–. Mi nombre es Ayumi, mucho gusto –les sonrió y acercó la mano para estrechárselas.
–Igualmente –dijo Zero adelantándose al resto de su grupo–. Yo soy Zero Kudo, y ella es mi hermana Yami. Él es nuestro amigo Kero, y supongo que ya deben de conocer a Kira, la hija de los dueños del barco.
En ese momento Zero estrechó la mano de la mujer que los había saludado, notando un bello pero viejo reloj de oro en su pulsera. Lo particular de aquel reloj, era que no estaba funcionando.
–Un placer conocerlos a todos –les dijo la joven aún sonriendo–. Ya les dije quien soy, y él es mi hermano Takumi –dijo señalando el hombre delgado de pelo oscuro–. Los otros dos son Kaito y Riku, y la chica de allá es Miyu.
–Espero que no les haya molestado que compartiéramos el barco con ustedes –dijo la chica llamada Miyu, mientras se acercaba riendo–. Lo que sucede es que todos trabajamos para la empresa Poké-Reloj S.A., y bueno, como mañana es mi cumpleaños queremos llegar a tiempo a ciudad Jubilo –comentó.
–¿Mañana es tu cumpleaños? –dijo alegre Yami– Que bien, ¡recuérdame felicitarte esta noche!
–Sí, te lo recordaré, y tienes tiempo para buscar un regalo –rió Miyu–. Adoro mi cumpleaños, son las 24 mejores horas del año –se alegró.
–Bueno, pero tienes la mala suerte que este año te tocan 23 horas –comentó Kero mientras reía por algo que solo él entendía–. Vamos, me dirán que no recuerdan que esta noche hay que adelantar la hora –dijo el cibernético.
–¡Cierto, lo había olvidado por completo! –dijo Zero– Bueno, tienes algo de mala suerte Miyu, pero no por eso dejará de ser un buen día para ti.
–Tienes razón, lo disfrutaré igual –sonrió la chica–. Vengan, conozcan a nuestros amigos.
Les hizo un gesto para que la siguieran, y todos juntos se acercaron a la popa del barco donde los hombres del otro grupo estaban descansando en unas sillas de playa y conversando.
–¡Hey, hola! –saludó Kaito, el hombre grande y musculoso de cabello rapado– Así que son los amigos de Kira, también van para Sinnoh, ¿no? Gracias por dejarnos viajar con ustedes, nos acordamos tarde de sacar boletos para el barco, las únicas que habían eran para mañana.
–No hay problema –les dijo Kira–. Viajar solos en el barco hubiera sido aburrido, mientras más mejor. Además nos enteramos que esta noche hay cumpleaños.
–Sí, así es –dijo el otro chico, el hermano de Ayumi, Takumi–. Miyu cumple años hoy, ¿les molesta si hacemos una comida formal?
–No, para nada, después de todo nosotros vamos a una fiesta elegante, una comida formal no viene mal antes –contestó amablemente Kira–. Siéntanse libres de planear lo que quieran, como si fuera el barco de ustedes.
–Muchas gracias –agradeció el último que faltaba por hablar, el hombre más bajo y corpulento, Riku.
El barco en poco tiempo zarpó rumbo a Sinnoh. Ambos grupos, el de Zero y el de los invitados de Kira, empezaron a hablar y conocerse. No tardaron en llevarse bien, después de todo sería un viaje agradable. Yami y Zero se quedaron hablando con Ayumi junto a la baranda del barco, mientras Kero y Kira conversaban con el resto más a la sombra, descansando en las sillas plegables.
–Así que trabajan para Poké-Reloj S.A. –repitió Yami tras lo que Ayumi les dijo– Debe ser interesante. Yo aún estoy en la escuela, y mi hermano trabaja como repartidor, pero espera poder conseguir trabajo en la policía como detective –comentó orgullosa.
–¿Eh, un detective? Que genial, pero no es un trabajo que dé mucha ganancia, creo yo –dijo Ayumi tratando de no sonar ofensiva.
–Tienes razón, pero es algo que me gusta mucho, y algo de talento tengo –dijo Zero. Bajó un poco la mirada, y volvió a observar la muñeca de Ayumi, con el mismo reloj de antes, aún sin funcionar–. ¿Tu reloj se rompió hace poco, o desde hace tiempo que no funciona? –interrogó.
–¿Eh? –Ayumi miró su muñeca y notó que, en efecto, su reloj no estaba funcionando– Oh, no, otra vez… siempre le pasa, es muy antiguo, al mínimo golpe deja de funcionar –tras esas palabras tomó su celular para fijarse la hora, y movió las manecillas del reloj con la diminuta perilla que tenía a un costado. Luego, con un movimiento no muy fácil de comprobar, al parecer tirando la perilla hacía adelante y luego hacia atrás, las agujas del reloj volvieron a moverse–. Listo, pasa siempre, pero lo arreglo en cuanto me doy cuenta.
–¿Por qué no cambia el reloj o lo manda a arreglar? Además, teniendo los aparatos como celulares hoy en día, los relojes ya no son tan útiles –comentó Zero.
–Lo que sucede es que era de mi padre –dijo con una voz frágil, como recordando algo triste–. Mi papá se suicidó el año pasado, tras perder su trabajo en Poké-Reloj S.A.
–Oh, que pena –dijo Yami.
–¿Y por qué perdió el trabajo? –preguntó curioso Zero.
–Él inventó gran cantidad de las funciones del Poké-Reloj, pero hace rato que no tenía una idea nueva y ya estaba viejo, por lo que la empresa lo despidió –empezó a narrar Ayumi–. Su trabajo lo era todo, y a los pocos días se suicidó. Desde entonces tengo y cuido su reloj, su objeto más preciado. Pocos lo saben, pero este reloj fue el que inspiró la idea del Poké-Reloj.
–No tenía ni idea, debe ser muy valioso, con un valor sentimental incalculable –comentó el detective–. ¿Por qué siempre se atascan las manecillas?
–Es que es muy viejo, y cuando recibe un golpe brusco las manecillas se atascan, eso es todo –respondió la chica.
–Es muy hermoso el reloj, se nota que lo cuidas bien –comentó Yami.
–Sí, es mi posesión más preciada, lo tengo siempre en hora –dijo sonriente–. Es más, ya puse la alarma de este mismo reloj a las doce de la noche, así apenas se vuelve medianoche adelanto la hora.
“Que obsesiva es con ese reloj, está bien que lo quiera mucho, pero tampoco como para poner la alarma para adelantarlo lo más antes posible”, pensó Zero, pareciéndole un comportamiento extraño.
–¡Oigan! ¿Ponemos algo de música? –preguntó alegre y gritando Kaito– ¡Debemos divertirnos, arriba el ánimo, fiesta!
Para ser un completo desconocido, lograba subir el ánimo. Kaito puso un CD en el reproductor de música de la cabina del barco, y la música salió por los múltiples parlantes ubicados por todo el barco. Por más que nadie bailaba ayudó a hacer todo más divertido, y como bien decía el dicho, el tiempo vuela cuando se divierte. Sin que Zero se diera cuenta, rápidamente anocheció dejando ver el hermoso cielo nocturno que solo se apreciaba desde el mar, y la oscura pero brillante agua que reflejaba la luna y las estrellas. El silencio del inmenso mar era opacado únicamente por las risas de los jóvenes, su música y el motor del transporte. Todos se encontraban reunidos durante esa hermosa noche en el salón comedor, con la comida a punto de estar lista. Habían juntado dos mesas rectangulares de modo que quedara una gran mesa, cubierta por manteles y una lujosa vajilla de plata tan reluciente que parecía nueva.
En la larga mesa estaban sentados Zero, Kira, Kero, Yami, y Riku. Todos vestidos de forma elegante, ya que esa noche festejaban una fiesta formal, el cumpleaños de Miyu. Zero, Kero y Riku vestían de traje negro, a excepción del de Zero que era blanco. Yami y Kira usaban un vestido, el de Yami lila, y el de Kira negro. Los faltantes, Miyu, Ayumi, Kaito y Takumi se estaban terminando de preparar para la cena, aunque ya estaban retrasados. Eran ya las nueve y cuarto, cuando habían decidido reunirse todos juntos a las nueve. Impaciente, Riku los decidió ir a buscar.
–Ya vengo –comentó–. Yo ya tengo hambre y estos si no los van a buscar no van a venir, así que en un rato los traigo.
Tras esas palabras, Riku se retiró del salón. Quedaron solos el grupo de Zero y sus amigos, conversando un rato durante la espera, hasta que por fin empezaron a llegar los demás. El primero fue Kaito, el cual vino con un traje blanco bastante fino. Casi al mismo tiempo que él vino, llegó la cumpleañera, Miyu, con un lujoso vestido verde esmeralda. A los pocos minutos, Riku volvió al salón solo, sin ninguno de las dos personas que faltaban.
–¿Y qué pasó con Takumi y Ayumi, Riku? –preguntó Miyu al verlo.
–Fui hasta la habitación de ellos, toqué la puerta y Miyu me respondió que ya estaban por venir –explicó–. Ya deben estar por llegar.
Sin embargo, no fue hasta las diez menos veinte que Takumi hizo su aparición, pero solo. Llegó con un traje oscuro al salón y bastante desalineado para haber estado tanto tiempo preparándose.
–¿Cuándo vendrá Ayumi? –inquirió la cumpleañera.
–Me dijo que les avise que no va a venir –respondió Takumi–. Está muy cansada y con dolor de cabeza, dijo que se iba a quedar a dormir en la habitación, y que si mejoraba, tal vez más tarde vendría.
–¡Esa Ayumi! ¡Se atreve a faltar a mi cumpleaños! –se quejó Miyu.
–No te hagas tantos problemas, en vez de preocuparte, festejemos –dijo Takumi.
–Pero yo quiero que ella esté en mi cumpleaños, la iré a buscar –dijo la chica.
–¡No! –gritó el hermano de Ayumi– Digo… es que sabes, a ella le molesta que la despierten, y además tiene dolor de cabeza, mejor dejémosla dormir.
–Está bien, pero que no se queje si no le hablo el resto del viaje –dijo Miyu.
Y así se decidió. La fiesta empezó y continuó sin Ayumi, quien descansaba plácidamente en su cuarto, mientras todos los demás invitados del barco disfrutaban un banquete exquisito, digno de la más alta clase social. Fue una cena agradable para todos, charlando y riendo, y por más que para Zero y su grupo festejaban un cumpleaños de alguien a quien apenas habían conocido, lo disfrutaron bastante.
–¡Ya está por llegar mi cumpleaños! –comentó sonriente Miyu, cuando la cena ya había acabado, y la medianoche estaba por hacer su aparición. Solamente diez minutos faltaban para que definitivamente fuera su cumpleaños.
Kaito y Takumi fueron a la cocina a traer el pastel de cumpleaños con varias velas encendidas. Kira apagó las luces, y cuando los minutos restantes pasaron, todos empezaron a cantar al unísono la canción de cumpleaños. Una vez terminada, Miyu sopló las velas tras unos segundos en silencio que dedicó a pensar sus deseos.
–¡Ay, que rica se ve! –comentó Miyu mirando su pastel una vez que prendieron las luces– Ya era hora del postre, cenamos muy temprano.
–Igual la noche se pasó rápido –dijo Riku–. Hace un rato eran las nueve y de repente son las doce, el tiempo vuela cuando uno se divierte –comentó acompañado de una carcajada.
–En realidad es la una –dijo Kero–. Recuerden, el cambio horario.
–¡Ah, es verdad! Por cierto, deberíamos llamar a Ayumi, ya debe estar mejor y seguro quiere pastel –dijo Yami.
–Mejor no molestarla, seguro está durmiendo –respondió Takumi.
–No creo, había puesto la alarma a las doce para cambiar la hora lo más rápido posible. Si estaba dormida ya no lo está –dijo Zero.
–Cierto, vayamos a decirle que venga –comentó Yami.
–¡No! Ella quiso perderse la fiesta, que se pierda el pastel también –dijo Miyu.
–Verdad, si quiere venir que venga… después de todo, quien se va sin que lo echen vuelve sin que lo inviten, ¿no? –comentó Takumi con un tono aliviado.
Decidieron dejar a Ayumi en su habitación, que si quería ir a la fiesta lo hiciera por su cuenta. Los ya reunidos comieron del postre y prepararon algo de café. Se quedaron conversando y riendo varias horas más, hasta las tres de la noche cuando decidieron irse a acostar ya que debían levantarse temprano al día siguiente, visto que llegaban al puerto en la mañana.
Todos juntos iban caminando por el pasillo, todos los que habían asistido a la fiesta se encontraban recorriendo ese corredor que daba a todas las habitaciones donde se hospedaban. Llegaron hasta la primera puerta del pasillo, la habitación de Takumi y su hermana Ayumi.
–No hagan ruido, mi hermana duerme, trataré de entrar sin despertarla –dijo Takumi agarrando la perilla de la puerta, y lentamente dándole una vuelta–. Hasta mañana.
Tras despedirse, abrió la puerta del todo, y pegó un grito de terror. Los pasajeros del barco, que ya habían pasado la habitación de Takumi para ir a las suyas, se dieron vuelta y corrieron por el corredor hasta la puerta donde Takumi estaba arrodillado. La luz de la luna que entraba por la ventana dejaba ver claramente lo sucedido a pesar de la oscuridad. Allí, sentada contra la pared, con una pistola en la mano, yacía Ayumi muerta.
–¡No, hermana! –gritó Takumi al ver a su fallecida hermana– ¿Por qué?
–¡Suicidio! –gritó deprisa Miyu.
–¡No! –dijo Zero, entrando en la habitación al tiempo que encendía la luz.
–¿Cómo que no? Obviamente es un suicidio, ¿o acaso dices que alguien de nosotros la mató? ¡Eso es ridículo! –se defendió nervioso Kaito.
Zero hizo caso omiso a los comentarios de los demás, y se acercó al cuerpo. Varias cosas extrañas había en el cadáver. Lo observó detenidamente, estaba muy rígido, pero la ventana estaba abierta y hacía mucho frío, tal vez había influido en la rigidez. La víctima vestía un pijama, obviamente se iba a dormir, pero había varias cosas raras, como que por ejemplo el pijama no tenía manchas de sangre cuando la pared y piel de la víctima estaban manchadas. Además la mano con el arma, era bastante extraño que sostuviera el arma con la mano derecha. Observó detenidamente el orificio de la bala, estaba en el lado izquierdo del cráneo, con lo que comprobó su teoría de asesinato. Al observar el cuerpo, notó un peculiar perfume bastante rico y fuerte, pero familiar.
–¡Deje de observar a mi hermana! ¡Es una falta de respeto que inspeccione su cadáver! –dijo Takumi.
–Necesito revisarlo para determinar al asesino –respondió Zero.
–¿Asesino? ¡Es obviamente un suicidio! ¿Eres ciego o qué? ¡Deje de revisarlo, no encontrará nada! –gritó Riku.
“¿Por qué no quiere que la revise? Y ese olor… ¡ya sé donde lo olí!”, pensó Zero. Se levantó despacio y caminó hacia Riku, acercó su nariz a él y olió detenidamente.
–¿Por qué llevas perfume femenino? Y además… el mismo perfume que la víctima…
–¡¿Eh?! –se alarmó Riku.
–¿Qué? ¿Lleva su mismo perfume? –preguntó Takumi al tiempo que los demás hacían sus propias preguntas.
“¿Habrá sido él? Es sospechoso que tenga el perfume de la víctima, pero no es el único sospechoso. Miyu se negó a que la viniéramos a despertar para el pastel, ¿será porque sabía que ya estaba muerta? Y además estaba muy enojada con ella, muy exagerado solo por faltar a una fiesta… pero también está Kaito, muy nervioso y niega que haya sido un asesinato. Aunque también está Takumi, él es el que más posibilidades de matarla tuvo al compartir habitación, pero es su hermano. Todos salieron durante la fiesta, todos pudieron ser… solo necesito pistas y pruebas”. Los pensamientos de Zero no dejaban de hacerle llegar más incógnitas, preguntas y datos que le confundían, pero de lo que si estaba convencido es que era un asesinato.
–Es un asesinato, y nadie va a hacerme cambiar de opinión –dijo Zero–. No sé quien fue, pero lo averiguaré.
–¿Y quién te crees tú para afirmar que es un asesinato, y además decir que lo averiguarás? –inquirió Miyu.
–¿Que quién soy? Simple, soy Zero Kudo, detective.
Este caso continuará…[/i]
Espero que lo hayan disfrutado, y comenten que saben que para mi es importante ^^
Gracias por tomarse el tiempo de leerlo ^^