Detective Zero: Crime's Punishment - Episodio IV
Bueno, mi más nueva obra de arte. Un fic de detectivismo, con un ligero toque de Pokémon. Los capítulos se dividirán en partes (los muy cortos no) para aumentar el suspenso (?)
Ya tengo los primeros tres capítulos escritos, así que mientras más rápido se llene de comentarios, más rápido podrán seguir leyendo si es que les gustó ^^

–“La verdad siempre prevalece”, palabras sabias que siempre decía mi abuelo… siempre las consideré una especie de “ley” o “regla”, y las impartí como justicia, castigando el crimen, y buscando siempre la verdad. Ojalá aplicara esa regla a mí mismo también…
–¡Ay! ¡Ya es tarde! ¡Zero ya debe estar con hambre, debo apurarme! –decía para si misma una joven mientras corría lo más rápido posible por una calle muy angosta, bajo una muy intensa y molesta lluvia, que ya la había empapado por completo.
Su nombre era Yami Kudo, de 17 años. Todavía asistía a la escuela, era una no muy inteligente pero si responsable alumna. No era tan alta, pasaba por algunos centímetros el metro y medio. Era delgada, de pelo castaño largo, e inocentes ojos verdes. Las facciones de su rostro la hacían parecer más joven y menor, por lo que muchas veces la gente confundía su edad.
Si hubiera que describirla con tres palabras, definitivamente esas serían “responsable”, “confiable” y “madura”. Junto con su hermano, Zero, perdió a sus padres a muy corta edad, cuando ella apenas tenía 4 años. Tanto ella como su hermano vivieron con su abuelo, Hiroshi Kudo, quien falleció hacía un par de años. El hecho de ser cuidada por un anciano, que por más que era generoso y amable no podía mucho con ellos, la hizo madurar antes de tiempo, encargándose desde pequeña con la cocina, limpieza, y otros aspectos de la casa. Aún más la responsabilidad de la casa cayó sobre ella cuando su hermano se fue de viaje pokémon a los 10 años, quedando ella sola con el anciano. Hacía un par de años su hermano había vuelto de su último viaje pokémon por Sinnoh, y a los pocos meses falleció su abuelo. Zero había cumplido recientemente los 18 años, por lo que consiguió los papeles y permisos necesarios para volverse el tutor legal de Yami hasta que alcanzara la mayoría de edad. Entre los dos se encargaron de la casa de su abuelo, donde vivían, ubicada en la famosa ciudad Técnoro, una famosa ciudad bastante moderna y grande ubicada al noroeste de ciudad Trigal, en Johto. Ambos se encargaban del departamento, pero por la irresponsabilidad y poca voluntad de su hermano, Yami era la que siempre terminaba cocinando, ordenando, limpiando, y encargándose de todo. Sin embargo, no podía quejarse mucho del único familiar que le quedaba, ya que era la única fuente de dinero en la casa.
Yami dobló en una esquina, pasando por una obra en construcción, en ese momento detenida por la lluvia, sin ningún obrero cerca.
–¡Maldición, no puede ser! –se quejó cuando al pasar por ese lugar, manchó el jean que vestía con el abundante lodo que cubría esa parte de la vereda. Ya de por si siempre había tierra y suciedad por esa zona, pero con la lluvia la seca tierra se había transformado en barro, que manchaba a quien se descuidara.
No le prestó mucha atención a las manchas de su jean, ya las lavaría. Lo único que ahora quería era llegar rápido a la tienda a la que se dirigía para hacer unas rápidas compras y volver a su casa para preparar la cena que sería tanto para ella como para su hermano.
Siguió derecho por la misma calle, unos cuantos metros más, bajo la lluvia que parecía no tener fin. Ya divisaba en la esquina la luz saliendo de las puertas de cristal del pequeño supermercado al que se dirigía. Normalmente nunca iba a comprar allí, por quien trabajaba en ese lugar. En esa tienda se encontraba Amaya, una ex compañera de clases de Yami. Siempre se habían llevado mal, y tenían una especie de rivalidad, ya que Amaya desde pequeña que molestaba a Yami cada vez que se le presentaba la oportunidad.
Amaya era la típica chica presumida y agrandada, que lo único que le preocupaba era lucir bien y ser la más linda, aspectos muy superficiales y contrarios a la personalidad desprolija de Yami, por lo que siempre la había detestado. Además, Amaya era la novia de Kaede, uno de los pocos chicos tan agradables como para llegarle a gustar a Yami, pero con quien nunca tuvo la oportunidad ni de salir. Este noviazgo fue algo que irritó mucho a Yami cuando se enteró, ya que no solo sentía que Kaede merecía a alguien mejor que la superficial Amaya, sino que también le molestaba que su rival le refregara a su novio siempre que pudiera. Por esta razón, Yami ya ni podía mirar a Amaya a la cara sin enfadarse, por lo que evitaba ir a la tienda a la que trabajaba, pero por la tardanza que llevaba y las pocas ganas de caminar bajo la lluvia, no le quedó otra opción de comprar allí siendo el supermercado más cercano que tenía.
Ya tenía las puertas de cristal frente a ella. Rápidamente las abrió de un empujón y entró apresuradamente para al fin salir de la lluvia un rato. Se quedó parada un rato, recobrando algo del aliento que perdió durante la corrida que hizo hasta allí. Tras tomar aire, observó detenidamente la pequeña tienda. Lo primero que le llamó la atención fue que no hubiera nadie, ni clientes, ni personal. Era normal que no hubiera gente, ya que era tarde y llovía mucho como para salir a esa hora a hacer las compras, pero lo que si era raro es que ni Amaya, ni ningún otro personal del local estuviera atendiendo. Extrañada por esto, empezó a recorrer.
Supuso que tal vez se encontraba en el congelador buscando algunos de los productos que debían mantenerse congelados, tales como grandes cantidades de carne, o productos fríos. Caminó primero por el pasillo de lácteos, luego por el de artículos de limpieza, y por último por el de almacén, sin encontrar a nadie por ninguna parte. Confundida, se dirigió a la caja esperando a que cualquier persona apareciera, pero esto no ocurrió. Impaciente, decidió ir hasta el congelador, pensando que allí si debía haber alguien. Cruzó la caja hasta la parte de empleados, y bordeando la pared, caminó unos pasos hasta el fondo del local donde estaba una gran puerta de metal, donde tras ella se encontraba el depósito de productos congelados. Dudosa, intentó abrir la pesada puerta, pero por el poco esfuerzo que realizó no lo logró. Tímida, temiendo que apareciera alguien y la acusara de ladrona, volvió a dar un vistazo rápido a la tienda y verificó nuevamente que no hubiera nadie más que ella. Durante esos segundos, se percató que el lugar donde se encontraba, frente al congelador, era el único lugar que las cámaras de seguridad no captaban.
Aún dudosa, hizo otro intento por abrir la puerta, esta vez usando más fuerza. De un empujón, logró abrirla drásticamente del todo, simplemente para darse cuenta de la horrible verdad que aguardaba detrás.
Retrocedió un par de pasos. Por los nervios que tenía, pisó mal y cayó hacía atrás, sin perder de vista lo que observaba. Intentó abrir la boca, decir alguna frase o palabra, pero lo único que consiguió fue pegar un grito desgarrador, lleno de pánico. Un grito que desgarró los cielos, tan fuerte que desde la calle se oyó. Con mucho miedo, intentó tomar su celular y marcar cualquier número, pero sus nerviosos dedos no lograban acertar las teclas. Sin embargo, antes de que pudiera marcar cualquier número entero, otro grito proveniente de detrás de ella la tomó por sorpresa, haciéndole soltar el teléfono de repente. Temerosa, aún sin poder decir palabra coherente alguna, volteó para ver quien más se encontraba allí.
–Cuanta hambre, por Dios… –decía un joven de cerca de 20 años.
Él se encontraba en un departamento bastante desordenado, con ropa tirada por cualquier parte, platos sucios acumulados esperando que los laven, restos de cenas anteriores tirados en el piso, y basura por doquier. Ya ni parecía un lugar habitable, pero de alguna manera, Zero había logrado vivir allí de una manera agradable, cosa que para su hermana Yami era imposible.
Él era Zero Kudo, de 20 años. Tenía un pelo largo desprolijo y despeinado, que era acompañado por una ligera pero impulcra barba. A diferencia de su hermana, él era bastante alto, midiendo más de un metro ochenta. Era delgado, pero de cuerpo dotado de una musculatura admirable, conseguida durante todos sus años de viaje. Poseía unos ojos cafés, bastantes profundos, provocando que más de una persona se perdiera al mirarlos fijamente.
Él era todo lo contrario a su hermana. Mientras Yami era ordenada y responsable, él se encargaba de desordenar todo. Incapaz de cocinar su propia comida o limpiar de vez en cuando, su hermana se encargaba de las labores domésticas.
Sin embargo, más allá de su desorden, hay que admitir que era una persona capaz de cuidarse sola, viajando por el mundo solo desde los 10 años, acompañado de un Sneasel ya evolucionado a Weavile llamado Dark. Tras vivir unos años con su hermana y su abuelo después de la muerte de sus padres, decidió emprender su viaje por el mundo, con el sueño de convertirse en un Maestro Pokémon, sueño que no alcanzó a cumplir. Participó en total de cuatro ligas, la Kanto, Johto, Hoenn y Sinnoh. Sin embargo, a pesar de que consiguió las ocho medallas necesarias en cada una, no pasó las preliminares y nunca logró competir en el torneo de la Liga Pokémon, algo bastante raro para los que lo conocen, ya que Zero tiene la reputación de ser un muy buen entrenador. Con los sueños rotos, volvió con su familia a la edad de 17 años. Más allá de volver sin ningún trofeo, consiguió grandes experiencias y aventuras a través de sus viajes, además de un equipo pokémon envidiable.
Poco después de cumplir los 18 años, su abuelo falleció de una enfermedad terminal, haciendo que Zero se viera forzado a cuidar de su hermana. Esta muerte le dolió tanto como la pérdida de sus padres, ya que su abuelo era una persona muy importante para él, su ejemplo a seguir por así decirlo. Le heredó a Zero su característico sentido de justicia y de desprecio hacia el crimen. Con esta cualidad justiciera, curiosa, y de aprender criminales, además de su notable inteligencia y astucia, fue que Zero decidió seguir los pasos de su abuelo, al punto de querer ser un detective tal como su abuelo lo fue alguna vez.
Zero siempre había sido inteligente e ingenioso, en sus viajes a través del mundo ayudó a mucha gente gracias a sus casi siempre acertadas deducciones. Con el tiempo, su habilidad de deducción fue creciendo. Incluso ayudó en un famoso caso de un crimen en el centro comercial de Ciudad Azulona, el cual por más que no se resolvió, fue el paso hacia su pequeña fama que se empezaba a crear.
Una vez retirado oficialmente de las batallas, intentó formar parte del cuerpo policial de su ciudad, sin embargo, por motivos que Zero nunca especificó, no lo logró. Sin embargo, en varias ocasiones hizo investigaciones por su cuenta sobre casos actuales sin resolver, pero el inspector Aisou nunca lo escuchó, y al cabo de un tiempo resolvían los casos sin su ayuda. Esto hizo que Zero dejara de preocuparse por querer ser detective y detener el crimen, por lo que dejó de querer pertenecer al cuerpo policial y de resolver casos, pero nunca perdió su habilidad de deducción.
Actualmente, Zero trabajaba de repartidor de una pequeña pizzería, un trabajo degradante para él. Sus varios pokémon los dejó en el laboratorio privado, donde los cuidaban y podía llamarlos si deseaba. El único compañero que llevaba consigo siempre, era su Weavile, Dark.
En ese momento se encontraba descansando en su día libre, mirando televisión en su desorden. Esperaba que Yami volviera pronto de la tienda para que preparara la comida. No obstante, su espera se vio interrumpida por el sonido del teléfono de línea. Se levantó perezosamente, y se acercó hasta él, levantando el tubo y poniéndose el auricular al oído.
–Si, diga –dijo una vez habiendo atendido– ¿Eh…? –fue lo único que pudo decir al escuchar la respuesta que recibió del otro lado– ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¡Ya voy para allá, Yami! –habló por teléfono, con quien parecía ser su hermana.
Una vez terminada la conversación, colgó deprisa y rápidamente salió de su departamento sin siquiera preocuparse por llevar un paraguas o algo para la lluvia. Estando ya en la calle, a pasos veloces empezó a recorrer el camino que su hermana había hecho unos minutos atrás. Incluso se manchó sin querer los pantalones con barro al pasar por la zona en construcción, pero no se preocupó por limpiarse, en ese momento habían cosas más importantes de que ocuparse.
Casi sin darse cuenta llegó a la tienda donde Yami había ido a comprar. Había gran cantidad de gente afuera intentado entrar, pero un grupo policial se los impedía. Intentó hacerse camino hasta la entrada a través de la gente, y lo logró, pero no consiguió cruzar las puertas de cristal ya que un oficial se lo impedía.
–¡Oiga, déjenme pasar! ¡Mi hermana está allí dentro! ¡Déjenme pasar! –gritó Zero, forcejeando con el oficial.
–Nos dieron órdenes de no dejar pasar a nadie –exclamó el policía, aún sin dejarlo pasar.
–Déjalo entrar, es el tutor legal de la sospechosa –dijo una voz conocida.
Zero miró por sobre el hombro del oficial que lo retenía, y vio a otro policía caminando hacía ellos desde el interior de la tienda. Era alto, delgado, de ojos cafés y pelo negro largo aunque escondido bajo la gorra policial. Tenía la misma edad que Zero, 20 años. Vestía el típico uniforme de policía, junto con su placa, esposas, arma reglamentaria y el resto de los accesorios. Generalmente tenía una expresión serena y agradable, pero no podía evitar cambiar su rostro a uno serio cuando se encontraba trabajando en algún caso. Zero lo conocía bien, era Naxo. Habían hecho juntos el examen de ingreso a la policía, pero a diferencia de él, Naxo si lo había logrado. Se habían hecho buenos amigos y por más de no trabajar juntos, a veces salían a tomar algo a algún bar. Naxo también le brindaba información cada tanto cuando la policía se atascaba en algún caso, y casi siempre Zero encontraba alguna pista o culpable, y que por más que Naxo les hacía llegar la información sin quitarle crédito a su amigo, el inspector Aisou nunca le reconocía su genio ni sus deducciones.
–Pero este es el entrometido, sabes que el inspector Aisou nunca lo quiere cerca cuando hay un caso –respondió el oficial.
–Esta vez es diferente, es el hermano y tutor legal de la sospechosa, como ya te dije. Tiene el deber de entrar para responder por ella –contestó Naxo con un tono autoritario y de hacerse respetar.
–Está bien… pase –dijo sin ganas el oficial.
–Ya era hora –reprochó Zero, entrando a la tienda y chocando con el hombro al oficial que lo había retenido.
Una vez dentro de la tienda, caminó a la par de Naxo hasta el fondo del local. El lugar estaba casi tan lleno como lo estaba el exterior. Había oficiales por donde se mirara, buscando pistas o tomando declaraciones a varias personas. Zero no le prestó atención a nada de esto, ya se había acostumbrado a las acciones de los policías cuando algún crimen ocurría.
–¿Dónde está mi hermana? –preguntó Zero, esperando una respuesta, la cual la deseaba desde que había recibido la llamada telefónica.
–El mismo Aisou la está interrogando cerca de la escena del crimen –respondió Naxo, ya sin el tono autoritario, y ahora hablando como si le contara algo de lo más común a un amigo–. Honestamente yo no creo que ella haya sido. La conozco, y no es del tipo de personas como para hacer algo como eso.
–¿Pero qué fue exactamente lo que pasó? –inquirió el hermano de Yami.
–Tu hermana vino a la tienda, y no encontró a nadie –empezó a narrar los hechos el policía–. Se dirigió hasta el frigorífico pensando que allí habría alguien, y tuvo razón. Encontró muerta a Amaya, la empleada del local.
–Si, me suena su nombre. Si no me equivoco, Yami tenía algunos roces con ella, pero no como para matarla –comentó Zero–. ¿Causas de la muerte?
–Una apuñalada con un cuchillo en el pecho, luego el asesino dejó que se desangrara –respondió el oficial con un tono calmado.
–¿Cómo saben que no fue suicidio? –preguntó el detective.
–No encontramos el arma del crimen, probablemente la tiraron en algún lado –explicó Naxo–. Si hubiera sido suicidio hubiéramos encontrado el arma.
–Ya veo… ¿y ya hicieron la autopsia?
–Más o menos, hizo una el inspector pero no fue oficial, sino estimativa. No hemos retirado aún el cadáver. Sin embargo, Aisou estima que la muerte no fue hace más de media hora –dijo Naxo.
–¿Hace tan poco? Con razón Yami es la principal sospechosa, llegó aquí hace pocos minutos… –dijo Zero con un tono desesperanzado.
–Exacto. Pero pregúntale a él, el inspector sabe más información que yo.
–Sabes que a mi nunca me dice nada, y ya hasta me autodenominó como “el entrometido”. No lograré sacarle información –reprochó.
–Esta vez las cosas son diferentes, ya no eres un civil cualquiera, eres el encargado legal de Yami, tienes el derecho de saber lo sucedido y cualquier cosa relacionada con el caso –le informó el oficial.
–Igual, aunque me diga algo dudo que lo haga de muy buen humor –comentó desilusionado el joven–. Está deseoso de hacer ver a mi hermana como culpable seguro.
–No te creas, él también duda que haya sido ella, pero es la única sospechosa –dijo Naxo–. No tiene pruebas precisas, pero fue encontrada en la escena del crimen, y las cámaras de seguridad muestran que ella fue la única que entró a la tienda en la última hora.
–¿Pero las cámaras no grabaron el momento del homicidio? –preguntó Zero.
–No. Por desgracia, a partir de la caja, las cámaras ya no logran grabar. La escena del crimen es un punto ciego.
–Esto será complicado… ¿y huellas digitales? No creo que las de mi hermana estén en el arma…
–Me temo que no hay ninguna huella digital en el cuchillo, y por desgracia tu hermana llevaba consigo unos guantes por el frío –le respondió su amigo.
–¡Maldición, no tenemos nada para demostrar su inocencia! –exclamó Zero.
–Ya se te ocurrirá algo. Si alguien puede encontrar al verdadero asesino eres tú –trató de alentarlo Naxo.
–Gracias, pero igual esto está complicado… llévame con el inspector Aisou –dijo el joven detective.
–Enseguida.
Tras esas palabras, el policía guió a Zero hasta detrás de la caja, cruzando la línea policial. Se cruzaron con varios policías que iban y venían, y llegando por fin hasta un rincón donde se encontraba Yami, junto a otro hombre. Este era alto, de un cuerpo que a simple vista se veía desarrollado. Su vestimenta era la de los típicos inspectores, un saco largo marrón y un sombrero del mismo color. Su pelo, que por más que mucho no se veía por el sombrero, se notaba que era corto y oscuro. Su piel era morena clara, y tenía unos ojos cafés oscuros. Era joven, no pasaba por mucho los 30 años. Por desgracia para Zero, lo conocía bien, era el Inspector Reanzuro Aisou. Nunca se llevaron bien, tal vez porque el inspector consideraba a Zero como un civil molesto que intentaba sobresalir al querer resolver el caso solo, cosa que era en parte cierta.
–Inspector, un placer verlo devuelta –dijo Zero acercándose, con un tono irónico.
–El placer es mutuo, señor Kudo –le respondió el inspector con el mismo tono, y una mirada para nada amigable–. ¿Por qué será que su familia siempre está involucrada con asesinatos? –dijo para molestarlo, ambos sabiendo a lo que el inspector se refería.
–No sé, pero ojalá la policía si pueda resolver este caso, no como los demás vinculados a mi familia –contestó el joven tratando de mantener la calma.
–Antes no estaba yo a la cabeza de las investigaciones, señor Kudo –dijo desafiante el inspector.
–Tratemos de cerrar el caso antes que termine la condena del asesino, ¿si? –dijo Zero, con el mismo tono.
–El caso ya está casi cerrado, obviamente fue su hermana, Yami Kudo –contestó el inspector, inseguro de sus palabras, pero trataba de hacer ver a Zero que era un oficial veloz y eficiente.
–Conozco bien a mi hermana, lo suficiente como para decir que ella no fue –lo desafió el hermano de la sospechosa. Luego le dedicó una mirada lo más reconfortante posible a su hermana, quien los observaba, para trata de subirle el ánimo y calmarla.
–Las pruebas no dicen eso, señor Kudo. Su hermana fue encontrada cerca de la hora en que murió la víctima, y fue la única que entró en la tienda en el plazo de una hora –informó el inspector Aisou.
–Según la autopsia, la víctima lleva muerta alrededor de media hora, ¿no? Si fuera así, entonces mi hermana obviamente sería la asesina –contestó el joven Kudo.
–¿Está afirmando que su hermana si fue la asesina? –preguntó confuso el inspector.
–Yo solo dije que si la víctima hubiera muerta a esa hora, mi hermana si sería la clara asesina –repitió Zero–. Pero me han dicho que la autopsia la realizó usted, no nos podemos fiar del todo del resultado que nos dio. Debemos esperar a los testimonios de unos forenses expertos.
–No es necesario, darán el mismo resultado. Tengo entendido que usted sabe algo de medicina, ¿quiere verificar por usted mismo si la hora de la muerte es la que yo estimé? –lo retó Aisou.
–Será un placer, así podré probar la inocencia de mi hermana –dijo bastante confiado Zero.
Zero volvió a mirar a su hermana tratando de sonreír, y convencerla de que probaría su inocencia. La misma, no logró decir palabra alguna. Luego, el inspector guió al joven Kudo hasta el frigorífico donde su hermana, rato antes, había encontrado un cadáver. Al entrar, no pudo evitar sentir el olor a carne muerta. Giró su mirada hacia el piso, y vio algo más repugnante. Allí, tirada sobre el gélido suelo, estaba la víctima, Amaya. Al verla, Zero la reconoció, y en efecto, era ex compañera de su hermana. Como le había dicho Naxo, tenía una puñalada en el pecho, y su ropa y parte del suelo estaban manchados con sangre ya seca. La expresión del cadáver era escalofriante, la víctima parecía que había vivido algunos minutos más luego del ataque y había intentado salir del congelador, teoría que se comprobaba por la posición del cuerpo que parecía querer arrastrarse hasta la puerta.
–Compruébelo usted mismo –dijo el inspector–. Dígame según su propia autopsia cual cree que es la hora de la muerte.
–Con mucho gusto –dijo aún confiado Zero.
El joven se agachó en el suelo, y tomó el pie de la víctima. Lo agarró fuertemente, y empezó a mover los dedos por la musculatura, comprobando la rigidez. Tras realizar su investigación, se levantó confiado de su propia autopsia.
–Según mis cálculos y teorías, la víctima lleva muerta por lo menos tres horas –dijo con un tono de total seguridad.
–¿Y en qué se basa para decir eso? –inquirió el inspector, también con un tono seguro.
–Muy fácil y sencillo. Un cuerpo una vez muerto, empieza a ponerse rígido, pero esto ocurre recién después de un par de horas. El cuerpo ya está algo rígido, por lo que es imposible que haya muerto hace media hora –dio a conocer sus resultados el joven Kudo.
–Gran teoría, pero se le olvidó algo, señor Kudo –dijo calmado Aisou para luego refregarle en la cara sus errores– ¡Mientras menor temperatura, la rigidez se vuelve más rápida!
–¿Qué? Oh, cierto… –dijo lo último casi en un susurro.
“Odio admitirlo, pero esta vez me ganó, olvidé tomar en cuenta la temperatura…”, pensó Zero.
–Repasemos sus errores, señor Kudo –dijo el inspector con ganas de corregirlo–. Este refrigerador es utilizado para congelar la carne y mantenerla, junto con otros productos; es un depósito. La temperatura normal de esta clase de congeladores es cercana a los -20°C, por lo cual la rigidez de un cadáver se produce a una velocidad considerable. Por eso mismo estimé que había muerto ya hace poco más de media hora. ¿Entendió, señor Kudo?
–Si, ya entendí, inspector Aisou –contestó reprochando y de malhumor.
–Entonces nos llevaremos a la menor que tiene a cargo, la señorita Yami Kudo, a menos que pueda presentarnos alguna prueba que demuestre que su hermana es inocente. ¿La tiene? –exclamó el inspector con un tono irritante.
–No, no la tengo –tuvo que contestar Zero.
–Entonces, nos llevamos a su hermana a la comisaría. Buenas noches, señor Kudo –dijo el inspector dispuesto a irse–. ¡Escuchen todos! ¡Recojan el cadáver y llévenlo a la morgue!
–¡Inspector! –llamó un oficial entrando al congelador– Apareció una persona que dice conocer a la víctima. Tal vez pueda darnos información útil.
–¿Un conocido, eh? Vayan recogiendo el cadáver, mientras yo lo interrogaré un poco. También prepárense para irnos –dijo Aisou, mientras Zero no hacía más que ver–. Y tú, vete de aquí y espera con tu hermana, deberás ir con ella a la comisaría.
Sin poder decir algo, Zero salió del congelador mientras otros policías, entre ellos Naxo, entraban para cargar el cuerpo en un vehículo y llevarlo a la morgue. El detective, con sentimientos de fracaso, se dirigió hasta donde se encontraba su hermana para explicarle las cosas y consolarla.
En el camino, encontró a Aisou hablando con un hombre. Se veía bastante afligido y destrozado por la pérdida de Amaya, sin miedo a llorar. Era alto y robusto, de pelo negro azabache y corto, con ojos verdes. Era bastante grande y musculoso, se notaba que cuidaba su cuerpo, seguramente iba al gimnasio. Más allá de su ruda apariencia, no ocultaba sus lágrimas ni su tristeza. Lo raro era su forma de vestir, llevaba una camisa con corbata mojadas, además de un pantalón y saco que formaban parte del conjunto de un traje. Debía venir de alguna fiesta formal.
–Sí, éramos muy unidos… –respondía a una pregunta que el inspector le había hecho– La última vez que la vi, fue ayer en su casa, me invitó a tomar algo… –seguía hablando.
“¿Muy unidos, eh? Está muy abatido por la pérdida de Amaya, de seguro él debe ser su novio, tengo entendido que tenía uno… Yami me había dicho su nombre, era Ka… Ka… ¡Kaede! ¡Sí, él debe ser Kaede!”, pensó Zero.
No le prestó mucha atención, sus lágrimas eran muy sinceras, no estaba fingiendo el llanto. No era probable que él haya sido, y en todo caso el inspector ya le habría preguntado si tenía alguna coartada, y si no lo estaba considerando sospechoso, es que la debía tener.
Siguió caminando por la tienda hasta el rincón donde había dejado a Yami. Intentaba ver si había alguna pista o algo, pero el crimen, por más que haya sido simple, había sido bien hecho. Si el asesino no era Yami, como Zero estaba seguro, no había dejado ninguna pista. No habían huellas dactilares, pistas, ni siquiera había sido grabado en la cámara de seguridad; lo había hecho muy bien. Si de verdad quería demostrar la inocencia de su hermana, debería esforzarse.
–¿Y? ¿Qué pasó? –preguntó Yami una vez que Zero se le acercó. Su voz era muy baja y nerviosa.
–Me temo que la hora de la muerte parece ser acertada… no se me ocurre nada para demostrar tu inocencia –tuvo que responder Zero–. ¿Pero cómo fue exactamente que sucedió todo? Cuéntame tu versión de la historia.
–Simplemente vine aquí a comprar, llegué y no vi a nadie. Me acerqué hasta el frigorífico, abrí la puerta y vi a Amaya muerta. Luego, una anciana, aquella que está allí –señaló Yami a una señora mayor que era interrogada por un policía–, llegó y me vio a mi y a la víctima. Seguidamente llamó a la policía, y todo parecía que yo había sido la culpable. Luego te llamaron, viniste aquí, y conoces el resto.
–En verdad que tienes mala suerte hermana, pero estoy seguro que no fuiste vos, y lo probaré cueste lo que cueste –trató de subirle el ánimo su hermano, pero ella seguía preocupada–. Lo vi al novio de Amaya, está destrozado el pobre… ¿Kaede se llamaba? –comentó, intentando cambiar el tema.
–Sí, así se llama –respondió Yami–. ¿Está aquí? Que raro, se suponía que estaba en una fiesta, me sorprende que haya llegado tan rápido.
–Pero llegó. Yo no lo conocía, pero no me costó imaginar que era el novio por lo afligido que estaba y por cosas que dijo –explicó–. ¿Es ese de allí, no? –le preguntó a su hermana, y luego señaló al hombre que estaba siendo interrogado por Aisou.
–¿Ese? No, ese es Kazuo. Es muy amigo tanto de Amaya como de Kaede –explicó Yami–. Aunque si es verdad, se lo ve tan afligido que parece el novio.
“Parece que me confundí. Bueno, cualquiera que no conociera a su novio podría haberse confundido, después de todo, por lo mal que se encuentra se ve que la quería mucho, como si la amara… ¿eh? Me pregunto si…”, meditó Zero.
–Hermana, ven conmigo –le dijo Zero a Yami, la tomó de la mano y la guió hasta donde se encontraban Kazuo y el inspector Aisou.
Y así, ambos fueron hasta donde Aisou interrogaba a Kazuo. Zero había tenido una idea, y si era cierta, tal vez le daría alguna pista de quien en verdad había matado a Amaya. Cueste lo que cueste, debía descubrir quien había sido, su hermana estaba en juego. Si no resolvía el caso, su hermana recibiría el castigo de un asesinato que no cometió…
Este caso continuará…
Bueno, espero les haya gustado, y comenten que se les agradece mucho! ^^
Habrán notado que aparecieron personajes como Rean (el Inspector Aisou) y Naxo (el policía Naxo xD). No son los únicos que aparecen, otros miembros del foro también aparecen (yo no soy el Weavile de Zero, aviso ¬¬U) solo que con nombres cambiados. De hecho, Zero y Yami son dos usuarios del foro, los cuales deberán adivinar si quieren saber
xDU (por cierto, los que les dije que aparecerían, si no se vieron en este cap es porque aparecen más adelante xD)
Incluiré otros usuarios del foro, los que sean más fans del fic, y los pondré en algunos casos, y en caso de que el personaje caiga bien los reiteraré en otros capítulos ^^
Bueno, como dije tengo hasta el tercer capítulo escrito ya, así que en cuanto haya buen número de comentarios, posteo el otro ^^
Evaluación
Ya tengo los primeros tres capítulos escritos, así que mientras más rápido se llene de comentarios, más rápido podrán seguir leyendo si es que les gustó ^^

–“La verdad siempre prevalece”, palabras sabias que siempre decía mi abuelo… siempre las consideré una especie de “ley” o “regla”, y las impartí como justicia, castigando el crimen, y buscando siempre la verdad. Ojalá aplicara esa regla a mí mismo también…
Detective Zero: Crime's Punishment
Episodio I: Consecuencias de un desengaño amoroso (parte I)
–¡Ay! ¡Ya es tarde! ¡Zero ya debe estar con hambre, debo apurarme! –decía para si misma una joven mientras corría lo más rápido posible por una calle muy angosta, bajo una muy intensa y molesta lluvia, que ya la había empapado por completo.
Su nombre era Yami Kudo, de 17 años. Todavía asistía a la escuela, era una no muy inteligente pero si responsable alumna. No era tan alta, pasaba por algunos centímetros el metro y medio. Era delgada, de pelo castaño largo, e inocentes ojos verdes. Las facciones de su rostro la hacían parecer más joven y menor, por lo que muchas veces la gente confundía su edad.
Si hubiera que describirla con tres palabras, definitivamente esas serían “responsable”, “confiable” y “madura”. Junto con su hermano, Zero, perdió a sus padres a muy corta edad, cuando ella apenas tenía 4 años. Tanto ella como su hermano vivieron con su abuelo, Hiroshi Kudo, quien falleció hacía un par de años. El hecho de ser cuidada por un anciano, que por más que era generoso y amable no podía mucho con ellos, la hizo madurar antes de tiempo, encargándose desde pequeña con la cocina, limpieza, y otros aspectos de la casa. Aún más la responsabilidad de la casa cayó sobre ella cuando su hermano se fue de viaje pokémon a los 10 años, quedando ella sola con el anciano. Hacía un par de años su hermano había vuelto de su último viaje pokémon por Sinnoh, y a los pocos meses falleció su abuelo. Zero había cumplido recientemente los 18 años, por lo que consiguió los papeles y permisos necesarios para volverse el tutor legal de Yami hasta que alcanzara la mayoría de edad. Entre los dos se encargaron de la casa de su abuelo, donde vivían, ubicada en la famosa ciudad Técnoro, una famosa ciudad bastante moderna y grande ubicada al noroeste de ciudad Trigal, en Johto. Ambos se encargaban del departamento, pero por la irresponsabilidad y poca voluntad de su hermano, Yami era la que siempre terminaba cocinando, ordenando, limpiando, y encargándose de todo. Sin embargo, no podía quejarse mucho del único familiar que le quedaba, ya que era la única fuente de dinero en la casa.
Yami dobló en una esquina, pasando por una obra en construcción, en ese momento detenida por la lluvia, sin ningún obrero cerca.
–¡Maldición, no puede ser! –se quejó cuando al pasar por ese lugar, manchó el jean que vestía con el abundante lodo que cubría esa parte de la vereda. Ya de por si siempre había tierra y suciedad por esa zona, pero con la lluvia la seca tierra se había transformado en barro, que manchaba a quien se descuidara.
No le prestó mucha atención a las manchas de su jean, ya las lavaría. Lo único que ahora quería era llegar rápido a la tienda a la que se dirigía para hacer unas rápidas compras y volver a su casa para preparar la cena que sería tanto para ella como para su hermano.
Siguió derecho por la misma calle, unos cuantos metros más, bajo la lluvia que parecía no tener fin. Ya divisaba en la esquina la luz saliendo de las puertas de cristal del pequeño supermercado al que se dirigía. Normalmente nunca iba a comprar allí, por quien trabajaba en ese lugar. En esa tienda se encontraba Amaya, una ex compañera de clases de Yami. Siempre se habían llevado mal, y tenían una especie de rivalidad, ya que Amaya desde pequeña que molestaba a Yami cada vez que se le presentaba la oportunidad.
Amaya era la típica chica presumida y agrandada, que lo único que le preocupaba era lucir bien y ser la más linda, aspectos muy superficiales y contrarios a la personalidad desprolija de Yami, por lo que siempre la había detestado. Además, Amaya era la novia de Kaede, uno de los pocos chicos tan agradables como para llegarle a gustar a Yami, pero con quien nunca tuvo la oportunidad ni de salir. Este noviazgo fue algo que irritó mucho a Yami cuando se enteró, ya que no solo sentía que Kaede merecía a alguien mejor que la superficial Amaya, sino que también le molestaba que su rival le refregara a su novio siempre que pudiera. Por esta razón, Yami ya ni podía mirar a Amaya a la cara sin enfadarse, por lo que evitaba ir a la tienda a la que trabajaba, pero por la tardanza que llevaba y las pocas ganas de caminar bajo la lluvia, no le quedó otra opción de comprar allí siendo el supermercado más cercano que tenía.
Ya tenía las puertas de cristal frente a ella. Rápidamente las abrió de un empujón y entró apresuradamente para al fin salir de la lluvia un rato. Se quedó parada un rato, recobrando algo del aliento que perdió durante la corrida que hizo hasta allí. Tras tomar aire, observó detenidamente la pequeña tienda. Lo primero que le llamó la atención fue que no hubiera nadie, ni clientes, ni personal. Era normal que no hubiera gente, ya que era tarde y llovía mucho como para salir a esa hora a hacer las compras, pero lo que si era raro es que ni Amaya, ni ningún otro personal del local estuviera atendiendo. Extrañada por esto, empezó a recorrer.
Supuso que tal vez se encontraba en el congelador buscando algunos de los productos que debían mantenerse congelados, tales como grandes cantidades de carne, o productos fríos. Caminó primero por el pasillo de lácteos, luego por el de artículos de limpieza, y por último por el de almacén, sin encontrar a nadie por ninguna parte. Confundida, se dirigió a la caja esperando a que cualquier persona apareciera, pero esto no ocurrió. Impaciente, decidió ir hasta el congelador, pensando que allí si debía haber alguien. Cruzó la caja hasta la parte de empleados, y bordeando la pared, caminó unos pasos hasta el fondo del local donde estaba una gran puerta de metal, donde tras ella se encontraba el depósito de productos congelados. Dudosa, intentó abrir la pesada puerta, pero por el poco esfuerzo que realizó no lo logró. Tímida, temiendo que apareciera alguien y la acusara de ladrona, volvió a dar un vistazo rápido a la tienda y verificó nuevamente que no hubiera nadie más que ella. Durante esos segundos, se percató que el lugar donde se encontraba, frente al congelador, era el único lugar que las cámaras de seguridad no captaban.
Aún dudosa, hizo otro intento por abrir la puerta, esta vez usando más fuerza. De un empujón, logró abrirla drásticamente del todo, simplemente para darse cuenta de la horrible verdad que aguardaba detrás.
Retrocedió un par de pasos. Por los nervios que tenía, pisó mal y cayó hacía atrás, sin perder de vista lo que observaba. Intentó abrir la boca, decir alguna frase o palabra, pero lo único que consiguió fue pegar un grito desgarrador, lleno de pánico. Un grito que desgarró los cielos, tan fuerte que desde la calle se oyó. Con mucho miedo, intentó tomar su celular y marcar cualquier número, pero sus nerviosos dedos no lograban acertar las teclas. Sin embargo, antes de que pudiera marcar cualquier número entero, otro grito proveniente de detrás de ella la tomó por sorpresa, haciéndole soltar el teléfono de repente. Temerosa, aún sin poder decir palabra coherente alguna, volteó para ver quien más se encontraba allí.
***
–Cuanta hambre, por Dios… –decía un joven de cerca de 20 años.
Él se encontraba en un departamento bastante desordenado, con ropa tirada por cualquier parte, platos sucios acumulados esperando que los laven, restos de cenas anteriores tirados en el piso, y basura por doquier. Ya ni parecía un lugar habitable, pero de alguna manera, Zero había logrado vivir allí de una manera agradable, cosa que para su hermana Yami era imposible.
Él era Zero Kudo, de 20 años. Tenía un pelo largo desprolijo y despeinado, que era acompañado por una ligera pero impulcra barba. A diferencia de su hermana, él era bastante alto, midiendo más de un metro ochenta. Era delgado, pero de cuerpo dotado de una musculatura admirable, conseguida durante todos sus años de viaje. Poseía unos ojos cafés, bastantes profundos, provocando que más de una persona se perdiera al mirarlos fijamente.
Él era todo lo contrario a su hermana. Mientras Yami era ordenada y responsable, él se encargaba de desordenar todo. Incapaz de cocinar su propia comida o limpiar de vez en cuando, su hermana se encargaba de las labores domésticas.
Sin embargo, más allá de su desorden, hay que admitir que era una persona capaz de cuidarse sola, viajando por el mundo solo desde los 10 años, acompañado de un Sneasel ya evolucionado a Weavile llamado Dark. Tras vivir unos años con su hermana y su abuelo después de la muerte de sus padres, decidió emprender su viaje por el mundo, con el sueño de convertirse en un Maestro Pokémon, sueño que no alcanzó a cumplir. Participó en total de cuatro ligas, la Kanto, Johto, Hoenn y Sinnoh. Sin embargo, a pesar de que consiguió las ocho medallas necesarias en cada una, no pasó las preliminares y nunca logró competir en el torneo de la Liga Pokémon, algo bastante raro para los que lo conocen, ya que Zero tiene la reputación de ser un muy buen entrenador. Con los sueños rotos, volvió con su familia a la edad de 17 años. Más allá de volver sin ningún trofeo, consiguió grandes experiencias y aventuras a través de sus viajes, además de un equipo pokémon envidiable.
Poco después de cumplir los 18 años, su abuelo falleció de una enfermedad terminal, haciendo que Zero se viera forzado a cuidar de su hermana. Esta muerte le dolió tanto como la pérdida de sus padres, ya que su abuelo era una persona muy importante para él, su ejemplo a seguir por así decirlo. Le heredó a Zero su característico sentido de justicia y de desprecio hacia el crimen. Con esta cualidad justiciera, curiosa, y de aprender criminales, además de su notable inteligencia y astucia, fue que Zero decidió seguir los pasos de su abuelo, al punto de querer ser un detective tal como su abuelo lo fue alguna vez.
Zero siempre había sido inteligente e ingenioso, en sus viajes a través del mundo ayudó a mucha gente gracias a sus casi siempre acertadas deducciones. Con el tiempo, su habilidad de deducción fue creciendo. Incluso ayudó en un famoso caso de un crimen en el centro comercial de Ciudad Azulona, el cual por más que no se resolvió, fue el paso hacia su pequeña fama que se empezaba a crear.
Una vez retirado oficialmente de las batallas, intentó formar parte del cuerpo policial de su ciudad, sin embargo, por motivos que Zero nunca especificó, no lo logró. Sin embargo, en varias ocasiones hizo investigaciones por su cuenta sobre casos actuales sin resolver, pero el inspector Aisou nunca lo escuchó, y al cabo de un tiempo resolvían los casos sin su ayuda. Esto hizo que Zero dejara de preocuparse por querer ser detective y detener el crimen, por lo que dejó de querer pertenecer al cuerpo policial y de resolver casos, pero nunca perdió su habilidad de deducción.
Actualmente, Zero trabajaba de repartidor de una pequeña pizzería, un trabajo degradante para él. Sus varios pokémon los dejó en el laboratorio privado, donde los cuidaban y podía llamarlos si deseaba. El único compañero que llevaba consigo siempre, era su Weavile, Dark.
En ese momento se encontraba descansando en su día libre, mirando televisión en su desorden. Esperaba que Yami volviera pronto de la tienda para que preparara la comida. No obstante, su espera se vio interrumpida por el sonido del teléfono de línea. Se levantó perezosamente, y se acercó hasta él, levantando el tubo y poniéndose el auricular al oído.
–Si, diga –dijo una vez habiendo atendido– ¿Eh…? –fue lo único que pudo decir al escuchar la respuesta que recibió del otro lado– ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¡Ya voy para allá, Yami! –habló por teléfono, con quien parecía ser su hermana.
Una vez terminada la conversación, colgó deprisa y rápidamente salió de su departamento sin siquiera preocuparse por llevar un paraguas o algo para la lluvia. Estando ya en la calle, a pasos veloces empezó a recorrer el camino que su hermana había hecho unos minutos atrás. Incluso se manchó sin querer los pantalones con barro al pasar por la zona en construcción, pero no se preocupó por limpiarse, en ese momento habían cosas más importantes de que ocuparse.
Casi sin darse cuenta llegó a la tienda donde Yami había ido a comprar. Había gran cantidad de gente afuera intentado entrar, pero un grupo policial se los impedía. Intentó hacerse camino hasta la entrada a través de la gente, y lo logró, pero no consiguió cruzar las puertas de cristal ya que un oficial se lo impedía.
–¡Oiga, déjenme pasar! ¡Mi hermana está allí dentro! ¡Déjenme pasar! –gritó Zero, forcejeando con el oficial.
–Nos dieron órdenes de no dejar pasar a nadie –exclamó el policía, aún sin dejarlo pasar.
–Déjalo entrar, es el tutor legal de la sospechosa –dijo una voz conocida.
Zero miró por sobre el hombro del oficial que lo retenía, y vio a otro policía caminando hacía ellos desde el interior de la tienda. Era alto, delgado, de ojos cafés y pelo negro largo aunque escondido bajo la gorra policial. Tenía la misma edad que Zero, 20 años. Vestía el típico uniforme de policía, junto con su placa, esposas, arma reglamentaria y el resto de los accesorios. Generalmente tenía una expresión serena y agradable, pero no podía evitar cambiar su rostro a uno serio cuando se encontraba trabajando en algún caso. Zero lo conocía bien, era Naxo. Habían hecho juntos el examen de ingreso a la policía, pero a diferencia de él, Naxo si lo había logrado. Se habían hecho buenos amigos y por más de no trabajar juntos, a veces salían a tomar algo a algún bar. Naxo también le brindaba información cada tanto cuando la policía se atascaba en algún caso, y casi siempre Zero encontraba alguna pista o culpable, y que por más que Naxo les hacía llegar la información sin quitarle crédito a su amigo, el inspector Aisou nunca le reconocía su genio ni sus deducciones.
–Pero este es el entrometido, sabes que el inspector Aisou nunca lo quiere cerca cuando hay un caso –respondió el oficial.
–Esta vez es diferente, es el hermano y tutor legal de la sospechosa, como ya te dije. Tiene el deber de entrar para responder por ella –contestó Naxo con un tono autoritario y de hacerse respetar.
–Está bien… pase –dijo sin ganas el oficial.
–Ya era hora –reprochó Zero, entrando a la tienda y chocando con el hombro al oficial que lo había retenido.
Una vez dentro de la tienda, caminó a la par de Naxo hasta el fondo del local. El lugar estaba casi tan lleno como lo estaba el exterior. Había oficiales por donde se mirara, buscando pistas o tomando declaraciones a varias personas. Zero no le prestó atención a nada de esto, ya se había acostumbrado a las acciones de los policías cuando algún crimen ocurría.
–¿Dónde está mi hermana? –preguntó Zero, esperando una respuesta, la cual la deseaba desde que había recibido la llamada telefónica.
–El mismo Aisou la está interrogando cerca de la escena del crimen –respondió Naxo, ya sin el tono autoritario, y ahora hablando como si le contara algo de lo más común a un amigo–. Honestamente yo no creo que ella haya sido. La conozco, y no es del tipo de personas como para hacer algo como eso.
–¿Pero qué fue exactamente lo que pasó? –inquirió el hermano de Yami.
–Tu hermana vino a la tienda, y no encontró a nadie –empezó a narrar los hechos el policía–. Se dirigió hasta el frigorífico pensando que allí habría alguien, y tuvo razón. Encontró muerta a Amaya, la empleada del local.
–Si, me suena su nombre. Si no me equivoco, Yami tenía algunos roces con ella, pero no como para matarla –comentó Zero–. ¿Causas de la muerte?
–Una apuñalada con un cuchillo en el pecho, luego el asesino dejó que se desangrara –respondió el oficial con un tono calmado.
–¿Cómo saben que no fue suicidio? –preguntó el detective.
–No encontramos el arma del crimen, probablemente la tiraron en algún lado –explicó Naxo–. Si hubiera sido suicidio hubiéramos encontrado el arma.
–Ya veo… ¿y ya hicieron la autopsia?
–Más o menos, hizo una el inspector pero no fue oficial, sino estimativa. No hemos retirado aún el cadáver. Sin embargo, Aisou estima que la muerte no fue hace más de media hora –dijo Naxo.
–¿Hace tan poco? Con razón Yami es la principal sospechosa, llegó aquí hace pocos minutos… –dijo Zero con un tono desesperanzado.
–Exacto. Pero pregúntale a él, el inspector sabe más información que yo.
–Sabes que a mi nunca me dice nada, y ya hasta me autodenominó como “el entrometido”. No lograré sacarle información –reprochó.
–Esta vez las cosas son diferentes, ya no eres un civil cualquiera, eres el encargado legal de Yami, tienes el derecho de saber lo sucedido y cualquier cosa relacionada con el caso –le informó el oficial.
–Igual, aunque me diga algo dudo que lo haga de muy buen humor –comentó desilusionado el joven–. Está deseoso de hacer ver a mi hermana como culpable seguro.
–No te creas, él también duda que haya sido ella, pero es la única sospechosa –dijo Naxo–. No tiene pruebas precisas, pero fue encontrada en la escena del crimen, y las cámaras de seguridad muestran que ella fue la única que entró a la tienda en la última hora.
–¿Pero las cámaras no grabaron el momento del homicidio? –preguntó Zero.
–No. Por desgracia, a partir de la caja, las cámaras ya no logran grabar. La escena del crimen es un punto ciego.
–Esto será complicado… ¿y huellas digitales? No creo que las de mi hermana estén en el arma…
–Me temo que no hay ninguna huella digital en el cuchillo, y por desgracia tu hermana llevaba consigo unos guantes por el frío –le respondió su amigo.
–¡Maldición, no tenemos nada para demostrar su inocencia! –exclamó Zero.
–Ya se te ocurrirá algo. Si alguien puede encontrar al verdadero asesino eres tú –trató de alentarlo Naxo.
–Gracias, pero igual esto está complicado… llévame con el inspector Aisou –dijo el joven detective.
–Enseguida.
Tras esas palabras, el policía guió a Zero hasta detrás de la caja, cruzando la línea policial. Se cruzaron con varios policías que iban y venían, y llegando por fin hasta un rincón donde se encontraba Yami, junto a otro hombre. Este era alto, de un cuerpo que a simple vista se veía desarrollado. Su vestimenta era la de los típicos inspectores, un saco largo marrón y un sombrero del mismo color. Su pelo, que por más que mucho no se veía por el sombrero, se notaba que era corto y oscuro. Su piel era morena clara, y tenía unos ojos cafés oscuros. Era joven, no pasaba por mucho los 30 años. Por desgracia para Zero, lo conocía bien, era el Inspector Reanzuro Aisou. Nunca se llevaron bien, tal vez porque el inspector consideraba a Zero como un civil molesto que intentaba sobresalir al querer resolver el caso solo, cosa que era en parte cierta.
–Inspector, un placer verlo devuelta –dijo Zero acercándose, con un tono irónico.
–El placer es mutuo, señor Kudo –le respondió el inspector con el mismo tono, y una mirada para nada amigable–. ¿Por qué será que su familia siempre está involucrada con asesinatos? –dijo para molestarlo, ambos sabiendo a lo que el inspector se refería.
–No sé, pero ojalá la policía si pueda resolver este caso, no como los demás vinculados a mi familia –contestó el joven tratando de mantener la calma.
–Antes no estaba yo a la cabeza de las investigaciones, señor Kudo –dijo desafiante el inspector.
–Tratemos de cerrar el caso antes que termine la condena del asesino, ¿si? –dijo Zero, con el mismo tono.
–El caso ya está casi cerrado, obviamente fue su hermana, Yami Kudo –contestó el inspector, inseguro de sus palabras, pero trataba de hacer ver a Zero que era un oficial veloz y eficiente.
–Conozco bien a mi hermana, lo suficiente como para decir que ella no fue –lo desafió el hermano de la sospechosa. Luego le dedicó una mirada lo más reconfortante posible a su hermana, quien los observaba, para trata de subirle el ánimo y calmarla.
–Las pruebas no dicen eso, señor Kudo. Su hermana fue encontrada cerca de la hora en que murió la víctima, y fue la única que entró en la tienda en el plazo de una hora –informó el inspector Aisou.
–Según la autopsia, la víctima lleva muerta alrededor de media hora, ¿no? Si fuera así, entonces mi hermana obviamente sería la asesina –contestó el joven Kudo.
–¿Está afirmando que su hermana si fue la asesina? –preguntó confuso el inspector.
–Yo solo dije que si la víctima hubiera muerta a esa hora, mi hermana si sería la clara asesina –repitió Zero–. Pero me han dicho que la autopsia la realizó usted, no nos podemos fiar del todo del resultado que nos dio. Debemos esperar a los testimonios de unos forenses expertos.
–No es necesario, darán el mismo resultado. Tengo entendido que usted sabe algo de medicina, ¿quiere verificar por usted mismo si la hora de la muerte es la que yo estimé? –lo retó Aisou.
–Será un placer, así podré probar la inocencia de mi hermana –dijo bastante confiado Zero.
Zero volvió a mirar a su hermana tratando de sonreír, y convencerla de que probaría su inocencia. La misma, no logró decir palabra alguna. Luego, el inspector guió al joven Kudo hasta el frigorífico donde su hermana, rato antes, había encontrado un cadáver. Al entrar, no pudo evitar sentir el olor a carne muerta. Giró su mirada hacia el piso, y vio algo más repugnante. Allí, tirada sobre el gélido suelo, estaba la víctima, Amaya. Al verla, Zero la reconoció, y en efecto, era ex compañera de su hermana. Como le había dicho Naxo, tenía una puñalada en el pecho, y su ropa y parte del suelo estaban manchados con sangre ya seca. La expresión del cadáver era escalofriante, la víctima parecía que había vivido algunos minutos más luego del ataque y había intentado salir del congelador, teoría que se comprobaba por la posición del cuerpo que parecía querer arrastrarse hasta la puerta.
–Compruébelo usted mismo –dijo el inspector–. Dígame según su propia autopsia cual cree que es la hora de la muerte.
–Con mucho gusto –dijo aún confiado Zero.
El joven se agachó en el suelo, y tomó el pie de la víctima. Lo agarró fuertemente, y empezó a mover los dedos por la musculatura, comprobando la rigidez. Tras realizar su investigación, se levantó confiado de su propia autopsia.
–Según mis cálculos y teorías, la víctima lleva muerta por lo menos tres horas –dijo con un tono de total seguridad.
–¿Y en qué se basa para decir eso? –inquirió el inspector, también con un tono seguro.
–Muy fácil y sencillo. Un cuerpo una vez muerto, empieza a ponerse rígido, pero esto ocurre recién después de un par de horas. El cuerpo ya está algo rígido, por lo que es imposible que haya muerto hace media hora –dio a conocer sus resultados el joven Kudo.
–Gran teoría, pero se le olvidó algo, señor Kudo –dijo calmado Aisou para luego refregarle en la cara sus errores– ¡Mientras menor temperatura, la rigidez se vuelve más rápida!
–¿Qué? Oh, cierto… –dijo lo último casi en un susurro.
“Odio admitirlo, pero esta vez me ganó, olvidé tomar en cuenta la temperatura…”, pensó Zero.
–Repasemos sus errores, señor Kudo –dijo el inspector con ganas de corregirlo–. Este refrigerador es utilizado para congelar la carne y mantenerla, junto con otros productos; es un depósito. La temperatura normal de esta clase de congeladores es cercana a los -20°C, por lo cual la rigidez de un cadáver se produce a una velocidad considerable. Por eso mismo estimé que había muerto ya hace poco más de media hora. ¿Entendió, señor Kudo?
–Si, ya entendí, inspector Aisou –contestó reprochando y de malhumor.
–Entonces nos llevaremos a la menor que tiene a cargo, la señorita Yami Kudo, a menos que pueda presentarnos alguna prueba que demuestre que su hermana es inocente. ¿La tiene? –exclamó el inspector con un tono irritante.
–No, no la tengo –tuvo que contestar Zero.
–Entonces, nos llevamos a su hermana a la comisaría. Buenas noches, señor Kudo –dijo el inspector dispuesto a irse–. ¡Escuchen todos! ¡Recojan el cadáver y llévenlo a la morgue!
–¡Inspector! –llamó un oficial entrando al congelador– Apareció una persona que dice conocer a la víctima. Tal vez pueda darnos información útil.
–¿Un conocido, eh? Vayan recogiendo el cadáver, mientras yo lo interrogaré un poco. También prepárense para irnos –dijo Aisou, mientras Zero no hacía más que ver–. Y tú, vete de aquí y espera con tu hermana, deberás ir con ella a la comisaría.
Sin poder decir algo, Zero salió del congelador mientras otros policías, entre ellos Naxo, entraban para cargar el cuerpo en un vehículo y llevarlo a la morgue. El detective, con sentimientos de fracaso, se dirigió hasta donde se encontraba su hermana para explicarle las cosas y consolarla.
En el camino, encontró a Aisou hablando con un hombre. Se veía bastante afligido y destrozado por la pérdida de Amaya, sin miedo a llorar. Era alto y robusto, de pelo negro azabache y corto, con ojos verdes. Era bastante grande y musculoso, se notaba que cuidaba su cuerpo, seguramente iba al gimnasio. Más allá de su ruda apariencia, no ocultaba sus lágrimas ni su tristeza. Lo raro era su forma de vestir, llevaba una camisa con corbata mojadas, además de un pantalón y saco que formaban parte del conjunto de un traje. Debía venir de alguna fiesta formal.
–Sí, éramos muy unidos… –respondía a una pregunta que el inspector le había hecho– La última vez que la vi, fue ayer en su casa, me invitó a tomar algo… –seguía hablando.
“¿Muy unidos, eh? Está muy abatido por la pérdida de Amaya, de seguro él debe ser su novio, tengo entendido que tenía uno… Yami me había dicho su nombre, era Ka… Ka… ¡Kaede! ¡Sí, él debe ser Kaede!”, pensó Zero.
No le prestó mucha atención, sus lágrimas eran muy sinceras, no estaba fingiendo el llanto. No era probable que él haya sido, y en todo caso el inspector ya le habría preguntado si tenía alguna coartada, y si no lo estaba considerando sospechoso, es que la debía tener.
Siguió caminando por la tienda hasta el rincón donde había dejado a Yami. Intentaba ver si había alguna pista o algo, pero el crimen, por más que haya sido simple, había sido bien hecho. Si el asesino no era Yami, como Zero estaba seguro, no había dejado ninguna pista. No habían huellas dactilares, pistas, ni siquiera había sido grabado en la cámara de seguridad; lo había hecho muy bien. Si de verdad quería demostrar la inocencia de su hermana, debería esforzarse.
–¿Y? ¿Qué pasó? –preguntó Yami una vez que Zero se le acercó. Su voz era muy baja y nerviosa.
–Me temo que la hora de la muerte parece ser acertada… no se me ocurre nada para demostrar tu inocencia –tuvo que responder Zero–. ¿Pero cómo fue exactamente que sucedió todo? Cuéntame tu versión de la historia.
–Simplemente vine aquí a comprar, llegué y no vi a nadie. Me acerqué hasta el frigorífico, abrí la puerta y vi a Amaya muerta. Luego, una anciana, aquella que está allí –señaló Yami a una señora mayor que era interrogada por un policía–, llegó y me vio a mi y a la víctima. Seguidamente llamó a la policía, y todo parecía que yo había sido la culpable. Luego te llamaron, viniste aquí, y conoces el resto.
–En verdad que tienes mala suerte hermana, pero estoy seguro que no fuiste vos, y lo probaré cueste lo que cueste –trató de subirle el ánimo su hermano, pero ella seguía preocupada–. Lo vi al novio de Amaya, está destrozado el pobre… ¿Kaede se llamaba? –comentó, intentando cambiar el tema.
–Sí, así se llama –respondió Yami–. ¿Está aquí? Que raro, se suponía que estaba en una fiesta, me sorprende que haya llegado tan rápido.
–Pero llegó. Yo no lo conocía, pero no me costó imaginar que era el novio por lo afligido que estaba y por cosas que dijo –explicó–. ¿Es ese de allí, no? –le preguntó a su hermana, y luego señaló al hombre que estaba siendo interrogado por Aisou.
–¿Ese? No, ese es Kazuo. Es muy amigo tanto de Amaya como de Kaede –explicó Yami–. Aunque si es verdad, se lo ve tan afligido que parece el novio.
“Parece que me confundí. Bueno, cualquiera que no conociera a su novio podría haberse confundido, después de todo, por lo mal que se encuentra se ve que la quería mucho, como si la amara… ¿eh? Me pregunto si…”, meditó Zero.
–Hermana, ven conmigo –le dijo Zero a Yami, la tomó de la mano y la guió hasta donde se encontraban Kazuo y el inspector Aisou.
Y así, ambos fueron hasta donde Aisou interrogaba a Kazuo. Zero había tenido una idea, y si era cierta, tal vez le daría alguna pista de quien en verdad había matado a Amaya. Cueste lo que cueste, debía descubrir quien había sido, su hermana estaba en juego. Si no resolvía el caso, su hermana recibiría el castigo de un asesinato que no cometió…
Este caso continuará…
Bueno, espero les haya gustado, y comenten que se les agradece mucho! ^^
Habrán notado que aparecieron personajes como Rean (el Inspector Aisou) y Naxo (el policía Naxo xD). No son los únicos que aparecen, otros miembros del foro también aparecen (yo no soy el Weavile de Zero, aviso ¬¬U) solo que con nombres cambiados. De hecho, Zero y Yami son dos usuarios del foro, los cuales deberán adivinar si quieren saber
Incluiré otros usuarios del foro, los que sean más fans del fic, y los pondré en algunos casos, y en caso de que el personaje caiga bien los reiteraré en otros capítulos ^^
Bueno, como dije tengo hasta el tercer capítulo escrito ya, así que en cuanto haya buen número de comentarios, posteo el otro ^^
Evaluación
Spoiler
Puntos a evaluar:
1. El tema del fic y su trama – 13/15 puntos
2. La gramática, ortografía y estructura de la escritura – 23/25 puntos
3. La madurez del fic – 5/10 puntos
4. El desarrollo del fic, es decir, la forma de expresar del autor – 16/20 puntos
5. Apoyo visual (Si es que lo tiene, es decir, opcional) - 1/5 puntos.
Puntaje total: 58/70 (Siendo 40 el mínimo)
Conclusión: Fan fiction apto para su publicación. Felicidades!! ^^
Comentarios: Pobre de ti que este fiction también quede inconcluso!! ¬¬"
1. El tema del fic y su trama – 13/15 puntos
2. La gramática, ortografía y estructura de la escritura – 23/25 puntos
3. La madurez del fic – 5/10 puntos
4. El desarrollo del fic, es decir, la forma de expresar del autor – 16/20 puntos
5. Apoyo visual (Si es que lo tiene, es decir, opcional) - 1/5 puntos.
Puntaje total: 58/70 (Siendo 40 el mínimo)
Conclusión: Fan fiction apto para su publicación. Felicidades!! ^^
Comentarios: Pobre de ti que este fiction también quede inconcluso!! ¬¬"
Spoiler
Gracias David, Karlita, Raiden & Rean ^^




Thanks Mushiita : D





Thanks Mushiita : D


soy muy detectivesca (???) xD




























