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Detective Zero: Crime's Punishment - Episodio IV

Bueno, mi más nueva obra de arte. Un fic de detectivismo, con un ligero toque de Pokémon. Los capítulos se dividirán en partes (los muy cortos no) para aumentar el suspenso (?)
Ya tengo los primeros tres capítulos escritos, así que mientras más rápido se llene de comentarios, más rápido podrán seguir leyendo si es que les gustó ^^






–“La verdad siempre prevalece”, palabras sabias que siempre decía mi abuelo… siempre las consideré una especie de “ley” o “regla”, y las impartí como justicia, castigando el crimen, y buscando siempre la verdad. Ojalá aplicara esa regla a mí mismo también…





Detective Zero: Crime's Punishment


Episodio I: Consecuencias de un desengaño amoroso (parte I)



–¡Ay! ¡Ya es tarde! ¡Zero ya debe estar con hambre, debo apurarme! –decía para si misma una joven mientras corría lo más rápido posible por una calle muy angosta, bajo una muy intensa y molesta lluvia, que ya la había empapado por completo.

Su nombre era Yami Kudo, de 17 años. Todavía asistía a la escuela, era una no muy inteligente pero si responsable alumna. No era tan alta, pasaba por algunos centímetros el metro y medio. Era delgada, de pelo castaño largo, e inocentes ojos verdes. Las facciones de su rostro la hacían parecer más joven y menor, por lo que muchas veces la gente confundía su edad.

Si hubiera que describirla con tres palabras, definitivamente esas serían “responsable”, “confiable” y “madura”. Junto con su hermano, Zero, perdió a sus padres a muy corta edad, cuando ella apenas tenía 4 años. Tanto ella como su hermano vivieron con su abuelo, Hiroshi Kudo, quien falleció hacía un par de años. El hecho de ser cuidada por un anciano, que por más que era generoso y amable no podía mucho con ellos, la hizo madurar antes de tiempo, encargándose desde pequeña con la cocina, limpieza, y otros aspectos de la casa. Aún más la responsabilidad de la casa cayó sobre ella cuando su hermano se fue de viaje pokémon a los 10 años, quedando ella sola con el anciano. Hacía un par de años su hermano había vuelto de su último viaje pokémon por Sinnoh, y a los pocos meses falleció su abuelo. Zero había cumplido recientemente los 18 años, por lo que consiguió los papeles y permisos necesarios para volverse el tutor legal de Yami hasta que alcanzara la mayoría de edad. Entre los dos se encargaron de la casa de su abuelo, donde vivían, ubicada en la famosa ciudad Técnoro, una famosa ciudad bastante moderna y grande ubicada al noroeste de ciudad Trigal, en Johto. Ambos se encargaban del departamento, pero por la irresponsabilidad y poca voluntad de su hermano, Yami era la que siempre terminaba cocinando, ordenando, limpiando, y encargándose de todo. Sin embargo, no podía quejarse mucho del único familiar que le quedaba, ya que era la única fuente de dinero en la casa.

Yami dobló en una esquina, pasando por una obra en construcción, en ese momento detenida por la lluvia, sin ningún obrero cerca.

–¡Maldición, no puede ser! –se quejó cuando al pasar por ese lugar, manchó el jean que vestía con el abundante lodo que cubría esa parte de la vereda. Ya de por si siempre había tierra y suciedad por esa zona, pero con la lluvia la seca tierra se había transformado en barro, que manchaba a quien se descuidara.

No le prestó mucha atención a las manchas de su jean, ya las lavaría. Lo único que ahora quería era llegar rápido a la tienda a la que se dirigía para hacer unas rápidas compras y volver a su casa para preparar la cena que sería tanto para ella como para su hermano.

Siguió derecho por la misma calle, unos cuantos metros más, bajo la lluvia que parecía no tener fin. Ya divisaba en la esquina la luz saliendo de las puertas de cristal del pequeño supermercado al que se dirigía. Normalmente nunca iba a comprar allí, por quien trabajaba en ese lugar. En esa tienda se encontraba Amaya, una ex compañera de clases de Yami. Siempre se habían llevado mal, y tenían una especie de rivalidad, ya que Amaya desde pequeña que molestaba a Yami cada vez que se le presentaba la oportunidad.

Amaya era la típica chica presumida y agrandada, que lo único que le preocupaba era lucir bien y ser la más linda, aspectos muy superficiales y contrarios a la personalidad desprolija de Yami, por lo que siempre la había detestado. Además, Amaya era la novia de Kaede, uno de los pocos chicos tan agradables como para llegarle a gustar a Yami, pero con quien nunca tuvo la oportunidad ni de salir. Este noviazgo fue algo que irritó mucho a Yami cuando se enteró, ya que no solo sentía que Kaede merecía a alguien mejor que la superficial Amaya, sino que también le molestaba que su rival le refregara a su novio siempre que pudiera. Por esta razón, Yami ya ni podía mirar a Amaya a la cara sin enfadarse, por lo que evitaba ir a la tienda a la que trabajaba, pero por la tardanza que llevaba y las pocas ganas de caminar bajo la lluvia, no le quedó otra opción de comprar allí siendo el supermercado más cercano que tenía.

Ya tenía las puertas de cristal frente a ella. Rápidamente las abrió de un empujón y entró apresuradamente para al fin salir de la lluvia un rato. Se quedó parada un rato, recobrando algo del aliento que perdió durante la corrida que hizo hasta allí. Tras tomar aire, observó detenidamente la pequeña tienda. Lo primero que le llamó la atención fue que no hubiera nadie, ni clientes, ni personal. Era normal que no hubiera gente, ya que era tarde y llovía mucho como para salir a esa hora a hacer las compras, pero lo que si era raro es que ni Amaya, ni ningún otro personal del local estuviera atendiendo. Extrañada por esto, empezó a recorrer.

Supuso que tal vez se encontraba en el congelador buscando algunos de los productos que debían mantenerse congelados, tales como grandes cantidades de carne, o productos fríos. Caminó primero por el pasillo de lácteos, luego por el de artículos de limpieza, y por último por el de almacén, sin encontrar a nadie por ninguna parte. Confundida, se dirigió a la caja esperando a que cualquier persona apareciera, pero esto no ocurrió. Impaciente, decidió ir hasta el congelador, pensando que allí si debía haber alguien. Cruzó la caja hasta la parte de empleados, y bordeando la pared, caminó unos pasos hasta el fondo del local donde estaba una gran puerta de metal, donde tras ella se encontraba el depósito de productos congelados. Dudosa, intentó abrir la pesada puerta, pero por el poco esfuerzo que realizó no lo logró. Tímida, temiendo que apareciera alguien y la acusara de ladrona, volvió a dar un vistazo rápido a la tienda y verificó nuevamente que no hubiera nadie más que ella. Durante esos segundos, se percató que el lugar donde se encontraba, frente al congelador, era el único lugar que las cámaras de seguridad no captaban.

Aún dudosa, hizo otro intento por abrir la puerta, esta vez usando más fuerza. De un empujón, logró abrirla drásticamente del todo, simplemente para darse cuenta de la horrible verdad que aguardaba detrás.

Retrocedió un par de pasos. Por los nervios que tenía, pisó mal y cayó hacía atrás, sin perder de vista lo que observaba. Intentó abrir la boca, decir alguna frase o palabra, pero lo único que consiguió fue pegar un grito desgarrador, lleno de pánico. Un grito que desgarró los cielos, tan fuerte que desde la calle se oyó. Con mucho miedo, intentó tomar su celular y marcar cualquier número, pero sus nerviosos dedos no lograban acertar las teclas. Sin embargo, antes de que pudiera marcar cualquier número entero, otro grito proveniente de detrás de ella la tomó por sorpresa, haciéndole soltar el teléfono de repente. Temerosa, aún sin poder decir palabra coherente alguna, volteó para ver quien más se encontraba allí.

***


–Cuanta hambre, por Dios… –decía un joven de cerca de 20 años.

Él se encontraba en un departamento bastante desordenado, con ropa tirada por cualquier parte, platos sucios acumulados esperando que los laven, restos de cenas anteriores tirados en el piso, y basura por doquier. Ya ni parecía un lugar habitable, pero de alguna manera, Zero había logrado vivir allí de una manera agradable, cosa que para su hermana Yami era imposible.

Él era Zero Kudo, de 20 años. Tenía un pelo largo desprolijo y despeinado, que era acompañado por una ligera pero impulcra barba. A diferencia de su hermana, él era bastante alto, midiendo más de un metro ochenta. Era delgado, pero de cuerpo dotado de una musculatura admirable, conseguida durante todos sus años de viaje. Poseía unos ojos cafés, bastantes profundos, provocando que más de una persona se perdiera al mirarlos fijamente.

Él era todo lo contrario a su hermana. Mientras Yami era ordenada y responsable, él se encargaba de desordenar todo. Incapaz de cocinar su propia comida o limpiar de vez en cuando, su hermana se encargaba de las labores domésticas.

Sin embargo, más allá de su desorden, hay que admitir que era una persona capaz de cuidarse sola, viajando por el mundo solo desde los 10 años, acompañado de un Sneasel ya evolucionado a Weavile llamado Dark. Tras vivir unos años con su hermana y su abuelo después de la muerte de sus padres, decidió emprender su viaje por el mundo, con el sueño de convertirse en un Maestro Pokémon, sueño que no alcanzó a cumplir. Participó en total de cuatro ligas, la Kanto, Johto, Hoenn y Sinnoh. Sin embargo, a pesar de que consiguió las ocho medallas necesarias en cada una, no pasó las preliminares y nunca logró competir en el torneo de la Liga Pokémon, algo bastante raro para los que lo conocen, ya que Zero tiene la reputación de ser un muy buen entrenador. Con los sueños rotos, volvió con su familia a la edad de 17 años. Más allá de volver sin ningún trofeo, consiguió grandes experiencias y aventuras a través de sus viajes, además de un equipo pokémon envidiable.

Poco después de cumplir los 18 años, su abuelo falleció de una enfermedad terminal, haciendo que Zero se viera forzado a cuidar de su hermana. Esta muerte le dolió tanto como la pérdida de sus padres, ya que su abuelo era una persona muy importante para él, su ejemplo a seguir por así decirlo. Le heredó a Zero su característico sentido de justicia y de desprecio hacia el crimen. Con esta cualidad justiciera, curiosa, y de aprender criminales, además de su notable inteligencia y astucia, fue que Zero decidió seguir los pasos de su abuelo, al punto de querer ser un detective tal como su abuelo lo fue alguna vez.

Zero siempre había sido inteligente e ingenioso, en sus viajes a través del mundo ayudó a mucha gente gracias a sus casi siempre acertadas deducciones. Con el tiempo, su habilidad de deducción fue creciendo. Incluso ayudó en un famoso caso de un crimen en el centro comercial de Ciudad Azulona, el cual por más que no se resolvió, fue el paso hacia su pequeña fama que se empezaba a crear.

Una vez retirado oficialmente de las batallas, intentó formar parte del cuerpo policial de su ciudad, sin embargo, por motivos que Zero nunca especificó, no lo logró. Sin embargo, en varias ocasiones hizo investigaciones por su cuenta sobre casos actuales sin resolver, pero el inspector Aisou nunca lo escuchó, y al cabo de un tiempo resolvían los casos sin su ayuda. Esto hizo que Zero dejara de preocuparse por querer ser detective y detener el crimen, por lo que dejó de querer pertenecer al cuerpo policial y de resolver casos, pero nunca perdió su habilidad de deducción.

Actualmente, Zero trabajaba de repartidor de una pequeña pizzería, un trabajo degradante para él. Sus varios pokémon los dejó en el laboratorio privado, donde los cuidaban y podía llamarlos si deseaba. El único compañero que llevaba consigo siempre, era su Weavile, Dark.

En ese momento se encontraba descansando en su día libre, mirando televisión en su desorden. Esperaba que Yami volviera pronto de la tienda para que preparara la comida. No obstante, su espera se vio interrumpida por el sonido del teléfono de línea. Se levantó perezosamente, y se acercó hasta él, levantando el tubo y poniéndose el auricular al oído.

–Si, diga –dijo una vez habiendo atendido– ¿Eh…? –fue lo único que pudo decir al escuchar la respuesta que recibió del otro lado– ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¡Ya voy para allá, Yami! –habló por teléfono, con quien parecía ser su hermana.

Una vez terminada la conversación, colgó deprisa y rápidamente salió de su departamento sin siquiera preocuparse por llevar un paraguas o algo para la lluvia. Estando ya en la calle, a pasos veloces empezó a recorrer el camino que su hermana había hecho unos minutos atrás. Incluso se manchó sin querer los pantalones con barro al pasar por la zona en construcción, pero no se preocupó por limpiarse, en ese momento habían cosas más importantes de que ocuparse.

Casi sin darse cuenta llegó a la tienda donde Yami había ido a comprar. Había gran cantidad de gente afuera intentado entrar, pero un grupo policial se los impedía. Intentó hacerse camino hasta la entrada a través de la gente, y lo logró, pero no consiguió cruzar las puertas de cristal ya que un oficial se lo impedía.

–¡Oiga, déjenme pasar! ¡Mi hermana está allí dentro! ¡Déjenme pasar! –gritó Zero, forcejeando con el oficial.

–Nos dieron órdenes de no dejar pasar a nadie –exclamó el policía, aún sin dejarlo pasar.

–Déjalo entrar, es el tutor legal de la sospechosa –dijo una voz conocida.

Zero miró por sobre el hombro del oficial que lo retenía, y vio a otro policía caminando hacía ellos desde el interior de la tienda. Era alto, delgado, de ojos cafés y pelo negro largo aunque escondido bajo la gorra policial. Tenía la misma edad que Zero, 20 años. Vestía el típico uniforme de policía, junto con su placa, esposas, arma reglamentaria y el resto de los accesorios. Generalmente tenía una expresión serena y agradable, pero no podía evitar cambiar su rostro a uno serio cuando se encontraba trabajando en algún caso. Zero lo conocía bien, era Naxo. Habían hecho juntos el examen de ingreso a la policía, pero a diferencia de él, Naxo si lo había logrado. Se habían hecho buenos amigos y por más de no trabajar juntos, a veces salían a tomar algo a algún bar. Naxo también le brindaba información cada tanto cuando la policía se atascaba en algún caso, y casi siempre Zero encontraba alguna pista o culpable, y que por más que Naxo les hacía llegar la información sin quitarle crédito a su amigo, el inspector Aisou nunca le reconocía su genio ni sus deducciones.

–Pero este es el entrometido, sabes que el inspector Aisou nunca lo quiere cerca cuando hay un caso –respondió el oficial.

–Esta vez es diferente, es el hermano y tutor legal de la sospechosa, como ya te dije. Tiene el deber de entrar para responder por ella –contestó Naxo con un tono autoritario y de hacerse respetar.

–Está bien… pase –dijo sin ganas el oficial.

–Ya era hora –reprochó Zero, entrando a la tienda y chocando con el hombro al oficial que lo había retenido.

Una vez dentro de la tienda, caminó a la par de Naxo hasta el fondo del local. El lugar estaba casi tan lleno como lo estaba el exterior. Había oficiales por donde se mirara, buscando pistas o tomando declaraciones a varias personas. Zero no le prestó atención a nada de esto, ya se había acostumbrado a las acciones de los policías cuando algún crimen ocurría.

–¿Dónde está mi hermana? –preguntó Zero, esperando una respuesta, la cual la deseaba desde que había recibido la llamada telefónica.

–El mismo Aisou la está interrogando cerca de la escena del crimen –respondió Naxo, ya sin el tono autoritario, y ahora hablando como si le contara algo de lo más común a un amigo–. Honestamente yo no creo que ella haya sido. La conozco, y no es del tipo de personas como para hacer algo como eso.

–¿Pero qué fue exactamente lo que pasó? –inquirió el hermano de Yami.

–Tu hermana vino a la tienda, y no encontró a nadie –empezó a narrar los hechos el policía–. Se dirigió hasta el frigorífico pensando que allí habría alguien, y tuvo razón. Encontró muerta a Amaya, la empleada del local.

–Si, me suena su nombre. Si no me equivoco, Yami tenía algunos roces con ella, pero no como para matarla –comentó Zero–. ¿Causas de la muerte?

–Una apuñalada con un cuchillo en el pecho, luego el asesino dejó que se desangrara –respondió el oficial con un tono calmado.

–¿Cómo saben que no fue suicidio? –preguntó el detective.

–No encontramos el arma del crimen, probablemente la tiraron en algún lado –explicó Naxo–. Si hubiera sido suicidio hubiéramos encontrado el arma.

–Ya veo… ¿y ya hicieron la autopsia?

–Más o menos, hizo una el inspector pero no fue oficial, sino estimativa. No hemos retirado aún el cadáver. Sin embargo, Aisou estima que la muerte no fue hace más de media hora –dijo Naxo.

–¿Hace tan poco? Con razón Yami es la principal sospechosa, llegó aquí hace pocos minutos… –dijo Zero con un tono desesperanzado.

–Exacto. Pero pregúntale a él, el inspector sabe más información que yo.

–Sabes que a mi nunca me dice nada, y ya hasta me autodenominó como “el entrometido”. No lograré sacarle información –reprochó.

–Esta vez las cosas son diferentes, ya no eres un civil cualquiera, eres el encargado legal de Yami, tienes el derecho de saber lo sucedido y cualquier cosa relacionada con el caso –le informó el oficial.

–Igual, aunque me diga algo dudo que lo haga de muy buen humor –comentó desilusionado el joven–. Está deseoso de hacer ver a mi hermana como culpable seguro.

–No te creas, él también duda que haya sido ella, pero es la única sospechosa –dijo Naxo–. No tiene pruebas precisas, pero fue encontrada en la escena del crimen, y las cámaras de seguridad muestran que ella fue la única que entró a la tienda en la última hora.

–¿Pero las cámaras no grabaron el momento del homicidio? –preguntó Zero.

–No. Por desgracia, a partir de la caja, las cámaras ya no logran grabar. La escena del crimen es un punto ciego.

–Esto será complicado… ¿y huellas digitales? No creo que las de mi hermana estén en el arma…

–Me temo que no hay ninguna huella digital en el cuchillo, y por desgracia tu hermana llevaba consigo unos guantes por el frío –le respondió su amigo.

–¡Maldición, no tenemos nada para demostrar su inocencia! –exclamó Zero.

–Ya se te ocurrirá algo. Si alguien puede encontrar al verdadero asesino eres tú –trató de alentarlo Naxo.

–Gracias, pero igual esto está complicado… llévame con el inspector Aisou –dijo el joven detective.

–Enseguida.

Tras esas palabras, el policía guió a Zero hasta detrás de la caja, cruzando la línea policial. Se cruzaron con varios policías que iban y venían, y llegando por fin hasta un rincón donde se encontraba Yami, junto a otro hombre. Este era alto, de un cuerpo que a simple vista se veía desarrollado. Su vestimenta era la de los típicos inspectores, un saco largo marrón y un sombrero del mismo color. Su pelo, que por más que mucho no se veía por el sombrero, se notaba que era corto y oscuro. Su piel era morena clara, y tenía unos ojos cafés oscuros. Era joven, no pasaba por mucho los 30 años. Por desgracia para Zero, lo conocía bien, era el Inspector Reanzuro Aisou. Nunca se llevaron bien, tal vez porque el inspector consideraba a Zero como un civil molesto que intentaba sobresalir al querer resolver el caso solo, cosa que era en parte cierta.

–Inspector, un placer verlo devuelta –dijo Zero acercándose, con un tono irónico.

–El placer es mutuo, señor Kudo –le respondió el inspector con el mismo tono, y una mirada para nada amigable–. ¿Por qué será que su familia siempre está involucrada con asesinatos? –dijo para molestarlo, ambos sabiendo a lo que el inspector se refería.

–No sé, pero ojalá la policía si pueda resolver este caso, no como los demás vinculados a mi familia –contestó el joven tratando de mantener la calma.

–Antes no estaba yo a la cabeza de las investigaciones, señor Kudo –dijo desafiante el inspector.

–Tratemos de cerrar el caso antes que termine la condena del asesino, ¿si? –dijo Zero, con el mismo tono.

–El caso ya está casi cerrado, obviamente fue su hermana, Yami Kudo –contestó el inspector, inseguro de sus palabras, pero trataba de hacer ver a Zero que era un oficial veloz y eficiente.

–Conozco bien a mi hermana, lo suficiente como para decir que ella no fue –lo desafió el hermano de la sospechosa. Luego le dedicó una mirada lo más reconfortante posible a su hermana, quien los observaba, para trata de subirle el ánimo y calmarla.

–Las pruebas no dicen eso, señor Kudo. Su hermana fue encontrada cerca de la hora en que murió la víctima, y fue la única que entró en la tienda en el plazo de una hora –informó el inspector Aisou.

–Según la autopsia, la víctima lleva muerta alrededor de media hora, ¿no? Si fuera así, entonces mi hermana obviamente sería la asesina –contestó el joven Kudo.

–¿Está afirmando que su hermana si fue la asesina? –preguntó confuso el inspector.

–Yo solo dije que si la víctima hubiera muerta a esa hora, mi hermana si sería la clara asesina –repitió Zero–. Pero me han dicho que la autopsia la realizó usted, no nos podemos fiar del todo del resultado que nos dio. Debemos esperar a los testimonios de unos forenses expertos.

–No es necesario, darán el mismo resultado. Tengo entendido que usted sabe algo de medicina, ¿quiere verificar por usted mismo si la hora de la muerte es la que yo estimé? –lo retó Aisou.

–Será un placer, así podré probar la inocencia de mi hermana –dijo bastante confiado Zero.

Zero volvió a mirar a su hermana tratando de sonreír, y convencerla de que probaría su inocencia. La misma, no logró decir palabra alguna. Luego, el inspector guió al joven Kudo hasta el frigorífico donde su hermana, rato antes, había encontrado un cadáver. Al entrar, no pudo evitar sentir el olor a carne muerta. Giró su mirada hacia el piso, y vio algo más repugnante. Allí, tirada sobre el gélido suelo, estaba la víctima, Amaya. Al verla, Zero la reconoció, y en efecto, era ex compañera de su hermana. Como le había dicho Naxo, tenía una puñalada en el pecho, y su ropa y parte del suelo estaban manchados con sangre ya seca. La expresión del cadáver era escalofriante, la víctima parecía que había vivido algunos minutos más luego del ataque y había intentado salir del congelador, teoría que se comprobaba por la posición del cuerpo que parecía querer arrastrarse hasta la puerta.

–Compruébelo usted mismo –dijo el inspector–. Dígame según su propia autopsia cual cree que es la hora de la muerte.

–Con mucho gusto –dijo aún confiado Zero.

El joven se agachó en el suelo, y tomó el pie de la víctima. Lo agarró fuertemente, y empezó a mover los dedos por la musculatura, comprobando la rigidez. Tras realizar su investigación, se levantó confiado de su propia autopsia.

–Según mis cálculos y teorías, la víctima lleva muerta por lo menos tres horas –dijo con un tono de total seguridad.

–¿Y en qué se basa para decir eso? –inquirió el inspector, también con un tono seguro.

–Muy fácil y sencillo. Un cuerpo una vez muerto, empieza a ponerse rígido, pero esto ocurre recién después de un par de horas. El cuerpo ya está algo rígido, por lo que es imposible que haya muerto hace media hora –dio a conocer sus resultados el joven Kudo.

–Gran teoría, pero se le olvidó algo, señor Kudo –dijo calmado Aisou para luego refregarle en la cara sus errores– ¡Mientras menor temperatura, la rigidez se vuelve más rápida!

–¿Qué? Oh, cierto… –dijo lo último casi en un susurro.

“Odio admitirlo, pero esta vez me ganó, olvidé tomar en cuenta la temperatura…”, pensó Zero.

–Repasemos sus errores, señor Kudo –dijo el inspector con ganas de corregirlo–. Este refrigerador es utilizado para congelar la carne y mantenerla, junto con otros productos; es un depósito. La temperatura normal de esta clase de congeladores es cercana a los -20°C, por lo cual la rigidez de un cadáver se produce a una velocidad considerable. Por eso mismo estimé que había muerto ya hace poco más de media hora. ¿Entendió, señor Kudo?

–Si, ya entendí, inspector Aisou –contestó reprochando y de malhumor.

–Entonces nos llevaremos a la menor que tiene a cargo, la señorita Yami Kudo, a menos que pueda presentarnos alguna prueba que demuestre que su hermana es inocente. ¿La tiene? –exclamó el inspector con un tono irritante.

–No, no la tengo –tuvo que contestar Zero.

–Entonces, nos llevamos a su hermana a la comisaría. Buenas noches, señor Kudo –dijo el inspector dispuesto a irse–. ¡Escuchen todos! ¡Recojan el cadáver y llévenlo a la morgue!

–¡Inspector! –llamó un oficial entrando al congelador– Apareció una persona que dice conocer a la víctima. Tal vez pueda darnos información útil.

–¿Un conocido, eh? Vayan recogiendo el cadáver, mientras yo lo interrogaré un poco. También prepárense para irnos –dijo Aisou, mientras Zero no hacía más que ver–. Y tú, vete de aquí y espera con tu hermana, deberás ir con ella a la comisaría.

Sin poder decir algo, Zero salió del congelador mientras otros policías, entre ellos Naxo, entraban para cargar el cuerpo en un vehículo y llevarlo a la morgue. El detective, con sentimientos de fracaso, se dirigió hasta donde se encontraba su hermana para explicarle las cosas y consolarla.

En el camino, encontró a Aisou hablando con un hombre. Se veía bastante afligido y destrozado por la pérdida de Amaya, sin miedo a llorar. Era alto y robusto, de pelo negro azabache y corto, con ojos verdes. Era bastante grande y musculoso, se notaba que cuidaba su cuerpo, seguramente iba al gimnasio. Más allá de su ruda apariencia, no ocultaba sus lágrimas ni su tristeza. Lo raro era su forma de vestir, llevaba una camisa con corbata mojadas, además de un pantalón y saco que formaban parte del conjunto de un traje. Debía venir de alguna fiesta formal.

–Sí, éramos muy unidos… –respondía a una pregunta que el inspector le había hecho– La última vez que la vi, fue ayer en su casa, me invitó a tomar algo… –seguía hablando.

“¿Muy unidos, eh? Está muy abatido por la pérdida de Amaya, de seguro él debe ser su novio, tengo entendido que tenía uno… Yami me había dicho su nombre, era Ka… Ka… ¡Kaede! ¡Sí, él debe ser Kaede!”, pensó Zero.

No le prestó mucha atención, sus lágrimas eran muy sinceras, no estaba fingiendo el llanto. No era probable que él haya sido, y en todo caso el inspector ya le habría preguntado si tenía alguna coartada, y si no lo estaba considerando sospechoso, es que la debía tener.

Siguió caminando por la tienda hasta el rincón donde había dejado a Yami. Intentaba ver si había alguna pista o algo, pero el crimen, por más que haya sido simple, había sido bien hecho. Si el asesino no era Yami, como Zero estaba seguro, no había dejado ninguna pista. No habían huellas dactilares, pistas, ni siquiera había sido grabado en la cámara de seguridad; lo había hecho muy bien. Si de verdad quería demostrar la inocencia de su hermana, debería esforzarse.

–¿Y? ¿Qué pasó? –preguntó Yami una vez que Zero se le acercó. Su voz era muy baja y nerviosa.

–Me temo que la hora de la muerte parece ser acertada… no se me ocurre nada para demostrar tu inocencia –tuvo que responder Zero–. ¿Pero cómo fue exactamente que sucedió todo? Cuéntame tu versión de la historia.

–Simplemente vine aquí a comprar, llegué y no vi a nadie. Me acerqué hasta el frigorífico, abrí la puerta y vi a Amaya muerta. Luego, una anciana, aquella que está allí –señaló Yami a una señora mayor que era interrogada por un policía–, llegó y me vio a mi y a la víctima. Seguidamente llamó a la policía, y todo parecía que yo había sido la culpable. Luego te llamaron, viniste aquí, y conoces el resto.

–En verdad que tienes mala suerte hermana, pero estoy seguro que no fuiste vos, y lo probaré cueste lo que cueste –trató de subirle el ánimo su hermano, pero ella seguía preocupada–. Lo vi al novio de Amaya, está destrozado el pobre… ¿Kaede se llamaba? –comentó, intentando cambiar el tema.

–Sí, así se llama –respondió Yami–. ¿Está aquí? Que raro, se suponía que estaba en una fiesta, me sorprende que haya llegado tan rápido.

–Pero llegó. Yo no lo conocía, pero no me costó imaginar que era el novio por lo afligido que estaba y por cosas que dijo –explicó–. ¿Es ese de allí, no? –le preguntó a su hermana, y luego señaló al hombre que estaba siendo interrogado por Aisou.

–¿Ese? No, ese es Kazuo. Es muy amigo tanto de Amaya como de Kaede –explicó Yami–. Aunque si es verdad, se lo ve tan afligido que parece el novio.

“Parece que me confundí. Bueno, cualquiera que no conociera a su novio podría haberse confundido, después de todo, por lo mal que se encuentra se ve que la quería mucho, como si la amara… ¿eh? Me pregunto si…”, meditó Zero.

–Hermana, ven conmigo –le dijo Zero a Yami, la tomó de la mano y la guió hasta donde se encontraban Kazuo y el inspector Aisou.

Y así, ambos fueron hasta donde Aisou interrogaba a Kazuo. Zero había tenido una idea, y si era cierta, tal vez le daría alguna pista de quien en verdad había matado a Amaya. Cueste lo que cueste, debía descubrir quien había sido, su hermana estaba en juego. Si no resolvía el caso, su hermana recibiría el castigo de un asesinato que no cometió…

Este caso continuará…










Bueno, espero les haya gustado, y comenten que se les agradece mucho! ^^
Habrán notado que aparecieron personajes como Rean (el Inspector Aisou) y Naxo (el policía Naxo xD). No son los únicos que aparecen, otros miembros del foro también aparecen (yo no soy el Weavile de Zero, aviso ¬¬U) solo que con nombres cambiados. De hecho, Zero y Yami son dos usuarios del foro, los cuales deberán adivinar si quieren saber 8) xDU (por cierto, los que les dije que aparecerían, si no se vieron en este cap es porque aparecen más adelante xD)
Incluiré otros usuarios del foro, los que sean más fans del fic, y los pondré en algunos casos, y en caso de que el personaje caiga bien los reiteraré en otros capítulos ^^

Bueno, como dije tengo hasta el tercer capítulo escrito ya, así que en cuanto haya buen número de comentarios, posteo el otro ^^

Evaluación
Spoiler
Puntos a evaluar:

1. El tema del fic y su trama – 13/15 puntos
2. La gramática, ortografía y estructura de la escritura – 23/25 puntos
3. La madurez del fic – 5/10 puntos
4. El desarrollo del fic, es decir, la forma de expresar del autor – 16/20 puntos
5. Apoyo visual (Si es que lo tiene, es decir, opcional) - 1/5 puntos.

Puntaje total: 58/70 (Siendo 40 el mínimo)
Conclusión: Fan fiction apto para su publicación. Felicidades!! ^^
Comentarios: Pobre de ti que este fiction también quede inconcluso!! ¬¬"
Spoiler
Gracias David, Karlita, Raiden & Rean ^^




Thanks Mushiita : D
[/center]
#2

Re: Detective Zero: Crime's Punishment


Yeah!! *tira confeti*
Esta simplemente, muy bueno! ^^ estuve esperando bastante tiempo y eso lo sabes bien manito xD aunque la espera valio la pena xP (mas te valia si no querias morir ¬¬ xD)
No note ningun error... talvez porque me quede muy pegada en la lectura como siempre, pero me dejaste con una intriga horrible! postea el proximo capitulo pronto manito! ^^ Esta excelente! *estilo Burns* xD
Saludos!
PD: manito, crei que eras el Weavile! (?) xD
Yo se quienes son Zero y Yami :cool: soy muy detectivesca (???) xD

Gracias, Plantita ^^


#3

Re: Detective Zero: Crime's Punishment


Un fic sobre detectives =D, que ganas tenia de leer uno, solamente
x eso ya te felicito.
Tampoco encontré ninguna falta de ortografía y estoy
ansioso xque continue...
Ya tienes a un lector de tu fic xDDD



Chaao ^^, y espero que continue pronto xD
#4

Re: Detective Zero: Crime's Punishment


Asesinatos, sangre, dolor, sufrimiento, misterio...
Es genial, esta vez si te luciste esta super genial, me encanto
aunque me dejaste de O-O quiero segir leyendo más...
no aguanto la intriga y el misterio.
Sigue asi me encantan todos tus fics
lo unico malo es que no los continuas T-T y yo ahi casi muriendome
por saber que pasa despues y tu sin escribir o_ó.
*respira* bueno pues ni modo, dices que ya tienes hasta el
capi tres haci que tenemos pra rato (eso espero).
Bueno
Bye
#6

Re: Detective Zero: Crime's Punishment


¡Dah! *tomo aire*
La verdad... muy, pero MUY bueno! Quero llorar T.TU es quem... no hay palabras para describir este Fic T.T, honestamente, lo has desarrollado bastante bien, cada pedazo del fic es muy emocionantemente emocional leerlo *¬* llega al punto en que dan ganas de decir "¿y qué hay de la segunda parte? ¬¬" xD.

Ortografía... ni hablar, la lectura hace que me olvide totalmente de fijarme en puntos como esos xDU.
Trama? Estupenda! xD, digo: no todos los días tienes el honor de leer fics sobre un detective *¬*, siento que la hiciste original xD. Sin duda no me esperaba menos de uno de los mejores escritores del foro xD.


Cita de Dark Sneasel
Ya tengo los primeros tres capítulos escritos, así que mientras más rápido se llene de comentarios, más rápido podrán seguir leyendo si es que les gustó ^^

1 No manches, ¡¿tres capítulos?! Qué bien se siente leer eso T.T
2 ¿Gustar? ¿¡Cómo no!? xD


Cita de Dark Sneasel
De hecho, Zero y Yami son dos usuarios del foro, los cuales deberán adivinar si quieren saber 8)

No resalta a la vista quienes son? xD :gota:

Sin comentarios, esperare ansiosamente el siguiente capitulo xD.
Bai!

— What are you doing?
— I'm walking like a skeleton.
— No, skeletons don't walk like that.
— That's how *you* walk.
— No, I don't.
#7

Re: Detective Zero: Crime's Punishment


¡¡Gran trabajo, Darki!! =D Con lo que me gustan este tipo de historias ^^

Cita de Dark Sneasel
De hecho, Zero y Yami son dos usuarios del foro, los cuales deberán adivinar si quieren saber 8)


¡¡¡Yo se!!! =D Son... *se va la señal* ... *vuelve* xD

Bueh, errores sólo noté uno pequeñito:

Cita de Dark Sneasel
En ese momento se encontraba descansando en su día libre, mirando televisión en su desorden. Esperaba que Yami volviera pronto de la tienda para que preparaba la comida. No obstante, su espera se vio interrumpida por el sonido del teléfono de línea. Se levantó perezosamente, y se acercó hasta él, levantando el tubo y poniéndose el auricular al oído.


¿Es "preparara", no? xD

En fin, publica pronto los otros dos ¬¬

Saludos!!


La única forma de sobrevivir, es permanecer unidos.
Click en la firma para entrar al fic.
#8

Re: Detective Zero: Crime's Punishment


Raro q yo me pase x un fic y lo lea*¬* ...
Paero el tuyo darkiito me super encantó=D!
ahora con esa nueva afición hacia lo detectivezco
y eso,,,le das un toque de misterio...como los personajes Yami y Zero
[q ya me imagino quenes sonX3]
Ya,,,te dan ganas de seguir leyéndolo,asi q espero q no tardes mucho en publicar
total ya tenes tres capítulos echosX3

Cita:
Ortografía... ni hablar, la lectura hace que me olvide totalmente de fijarme en puntos como esos xDU.

Es verdad u.u ,,,te concentrás demaciado en la lectura te olvidas de mirar eso!x3
Tu fic ya me hizo acordar a Tantei Gauken Q u.u ,,,q recuerdoss:3
#9

Re: Detective Zero: Crime's Punishment


No era tan alta, pasaba por... no seria ?: No era muy alta, pasaba por...
creo que seria asi, por que lo otro seria comparacion.

no encontre mas cosas asi destacables, es muy bueno.
respecto a los personajes, se nota quien son jaja xD

2º capitulo ya!!! xD


Spoiler
Click en SPOILER: MOSTRAR para ver mis últimas firmas
Spoiler



#10

Re: Detective Zero: Crime's Punishment


Muy buen fic
Me gusta mucho la trama y el desaroyo de la historia.
la verdad no se de que users trata . Pero me gustaria saberlo xD
soy muy ingenuo con ese tipo de cosas, pero no me fijo en la ortografia,( por eso siempre me lo marcan ;P )
en serio, me gusto mucho
Quiero el Siguiente ^^

Saludos
#11

Re: Detective Zero: Crime's Punishment


Yo digo que esta super es el primer fic que veo pero esta super ya quiero todos los capitulod xD

Es muy buen fic espero que te vaya bien y que agas mas como este
Spoiler



Mi Odisea
Spoiler
Pokemons:




Sexo: Macho
Nivel: 5

Mochila:


- Licencia Pokémon
- Pokéball (5 Unidades)
- 3.000 monedas
#12

Re: Detective Zero: Crime's Punishment


>.<..
Recién puedo hacerme de tiempo para postear..
No sé qué decir..
Ya dijeron todo..
Simplemente que es fantabuloso [?]
...
Me asombra tu esritura aún amigo, pero lo mejor es que lo haces muy bien..
De errores no me preguntes que lo leí el Lunes y no recuerdo esas cosas..
Solo espero más capt. y que no lo abandones ^^U

Zero y Yumi? No sé. me resultan familiares, pero algo me dice que no los conosco y me quieres distraer para robarme la billetera! ¬¬..

En fin.. Deseo que lo sigas lo mejor posible y que no tarde en postear tanto.. xDU...

Byee!

PD: Al fin postee! xDU


Kero - Kerosen - Hamburguesa - Frann
#13

Re: Detective Zero: Crime's Punishment


Bueno, primero que todo, gracias a todos los que leyeron y comentaron ^^ (aunque se me quedaron cortos, solo 11 comentarios ¬¬ xD). Como dije, ya tenía escrito el siguiente capítulo, y aquí lo pongo ^^
Por cierto, hice un cambio en el capítulo anterior, pero solo fue un diálogo que me marcó .........., que visto desde cierto punto de vista, era ilógico.
Bueno, sin más que decir, el siguiente capítulo donde se concluye el primer caso ^^




Yami Kudo, hermana de Zero Kudo, un aspirante a detective, había sido involucrada en el asesinato de una ex compañera de su colegio. Tras entrar a la tienda donde su amiga trabajaba, la encontró muerta, y la policía la acusaba a ella. Es ahí que Zero intenta resolver el caso para demostrar la inocencia de su hermana y salvarla del castigo que no merece.
Una misteriosa persona aparece en la escena del crimen, que parece ser un conocido de la víctima. Tras confundirlo con la pareja de Amaya, la asesinada, Zero se entera de que la persona que la estaba llorando mientras era interrogado, era en verdad un amigo cercano de la víctima. Sin embargo, ¿por qué la lloraba y sufría tanto?



Episodio II: Consecuencias de un desengaño amoroso (parte II)



–¿Qué quieres, Kudo? –preguntó el inspector al notar la presencia de Zero y Yami, que se les habían acercado para escuchar la interrogación– ¿No ves que estoy ocupado?

–Inspector, sé que usted piensa que soy un entrometido, pero… –empezó a decir Zero.

–No lo pienso, lo eres –le dijo cortante el inspector.

–Bueno, pero este caso involucra a mi hermana, y usted sabe bien que algo sobre esta área sé, lo comprobó en el caso del centro comercial de ciudad Azulona –explicó Zero, recordando el caso donde ambos por primera vez se habían conocido.

–¿Te refieres al primer caso de… Shadow? –inquirió Aisou, al tiempo que Zero hacía una mueca.

–No es necesario dar nombres, ambos sabemos a que caso me refiero –dijo el joven detective–. Por favor, déjeme ayudar en el caso, estoy completamente seguro que mi hermana es inocente, déjeme probarlo –suplicó.

–Es que… –trató de buscar alguna forma de oponerse, pero no la encontró. Tal vez fue por los viejos tiempo, o por tratar de ayudarlo, o por lo que sea, pero Aisou aceptó– Está bien, Kudo. Te daré la oportunidad de que trates de demostrar la inocencia de Yami, pero si no te apuras, será tarde para que la ayudes.

–No se preocupe, inspector, este caso estará resuelto antes de lo que cree –dijo Zero con una seguridad increíble–. ¿Me permite interrogar a este sospechoso?

–Me temo que no es ningún sospechoso, Zero, tiene una coartada perfectamente válida, pero interrógalo si quieres –dijo mirando a Kazuo.

–Todos son sospechosos hasta que no se resuelva el crimen, inspector, pero igual gracias –agradeció el joven, y luego volteó hacia Kazuo–. ¿Kazuo es su nombre, verdad?

El enorme hombre simplemente asintió.

–¿Qué edad tiene?

–Diecisiete años, señor –contestó el sospechoso con una débil y triste voz.

–Se ve que la pérdida de Amaya le afectó mucho, ¿qué era usted de la víctima? –preguntó Zero.

–Era muy amigo de ella, y el mejor amigo de su novio, Kaede –contestó Kazuo.

–Ah, entonces era solo un amigo. Pensé que era el novio, o algo íntimo de la víctima, pero me equivoco, ¿verdad? –inquirió el detective, y el rostro de Kazuo se asustó– ¿Por qué no responde? ¿Acaso era más que un amigo de la víctima?

–Verá, yo… eh… –trató de decir algo coherente.

–Inspector, ¿cómo lo contactaron? –preguntó Zero.

–Estaba en la lista de contactos de la agenda del celular de la víctima –respondió el inspector.

–Pero los adolescentes de hoy en día tienen decenas, y a veces cientos de contactos. ¿Por qué contactaron específicamente a este? –inquirió.

–Porque era una de las personas con las que más intercambiaba mensajes de texto –explicó Aisou–. Lo contactamos porque mediante los mensajes descubrimos que era un conocido íntimo de la víctima, que al parecer habían tenido encuentros amorosos. Pero tengo entendido que también contactamos a otra persona que no apareció… el novio de la víctima creo que era.

–¿Es esto verdad, Kazuo? ¿Tuvo encuentros amorosos o íntimos con la víctima? –interrogó Zero mientras el sospechoso mantenía silencio– Responda, por favor.

–¡Sí, es verdad! ¡Amaya y yo éramos amantes! ¡Pero hace poco habíamos decidido dejar de vernos, para dejar de lastimar a Kaede! –contestó desesperado Kazuo.

–¿Me permite ver los mensajes que le envió la víctima? –preguntó Zero.

–Está bien –respondió entregándole su celular.

–Gracias, se lo devolveré en unos minutos luego de revisarlo –dijo el detective agarrándolo y guardándolo en el bolsillo–. ¿Podría decirme dónde se encontraba hace media hora?

–Estaba en la fiesta de cumpleaños de mi hermana. Estuve allí desde hace una hora y media, hay testigos que lo prueban, entre ellos Kaede, el novio de la víctima –respondió Kazuo.

–¿Kaede estuvo con usted en el mismo lugar? Inspector, ¿cuándo contactaron a Kazuo y Kaede para que vinieran? –preguntó el detective.

–Veamos… –dijo el inspector mirando unas notas que tenía en un cuaderno– Mis hombres los contactaron a ambos poco después de que llegamos, quince minutos después de la muerte de la víctima. Ambos a la misma hora, no será más de un minuto de diferencia entre que contactamos a uno y al otro.

–Entonces si estaban en el mismo lugar y les contactaron a la misma hora, ¿por qué no vinieron juntos? ¿Dónde está Kaede? –interrogó Zero.

–Me temo que no sé donde está. Lo busqué apenas me contactaron para que ambos viniéramos aquí, pero no lo encontré y vine solo. Supuse que ya le habían informado y había venido –respondió Kazuo.

–Entonces si supuestamente vino antes que usted aquí, ¿por qué aún no ha llegado? –inquirió el detective Kudo.

–No sé, es algo que deberían preguntarle a él cuando vuelva. Yo vine en auto, tal vez él vino caminando, el salón de fiestas no es muy lejos de aquí –contestó el sospechoso.

–Puede ser, aunque venir caminando con esta lluvia… háganme saber cuando el otro sospechoso llegue –dijo Zero al inspector.

–Kudo, no eres oficial, te permití que interrogaras a Kazuo pero no puedes darnos órdenes como si estuvieras a cargo –le dijo Aisou–. Además, no creo que nos sirva de mucho, él no puede ser el asesino si estuvo con Kazuo en la fiesta.

–Igual quiero interrogarlo… por cierto, ¿los padres de la joven asesinada dónde están? –preguntó.

–Ya los contactamos también, estaban en el otro lado de la ciudad visitando a la abuela de la víctima, tardarán un poco en llegar –contestó el inspector.

–¿Y el dueño de la tienda? Noté que solo estaba ella atendiendo, ¿dónde están los demás empleados y los dueños del local?

–Yo sé eso –dijo Kazuo, sorprendiendo a todos–. Los dueños son los padres de Kaede, están de viaje en otra ciudad. Como conocen hace mucho a Amaya, la dejaron a cargo de la tienda y le entregaron las llaves.

–¿Incluso la del termostato? –inquirió Zero.

–Supongo que también, aunque no sabía que el termostato tenía una llave –dijo Kazuo.

–¿Qué tiene que ver la llave del termostato, Kudo? –preguntó el inspector.

–¿La encontraron? Debe estar si es que no se la llevaron –respondió Zero.

–Tienes razón, tal vez una de ellas sea, ahora mismo te lo averiguaré –dijo Aisou.

El inspector llamó a uno de sus hombres y le preguntó por los objetos que encontraron cerca de la víctima. En efecto habían encontrado el juego de llaves del local, pero ninguna encajaba con al cerradura de la caja del termostato. Sin embargo, dijeron que tres de ellas se encontraban partidas, pero no sabían porque.

–Averigüen si alguna de ellas coincide con la caja del termostato –ordenó el inspector, aunque sería difícil si estaban rotas–. Pero Kudo, no sé de qué nos servirá…

–Tengo una teoría… pero necesito interrogar a Kaede primero, y después sabremos quien es el verdadero asesino –explicó Zero, con una mirada de confianza y seguridad. Con su hermana siguiéndole, empezó a explorar la tienda en busca de pistas, dejando al inspector solo con el sospechoso.

Yami se mantuvo en silencio por un rato, mirando caminar a su hermano, bastante confundida, pero a la vez empezaba a ponerse alegre. Al parecer su hermano si había descifrado el crimen, después de todo, solo cuando descifraba algo su rostro era tan confiado. Pronto, no contuvo las ganas y le preguntó.

–¡Hermano! ¡Por favor, dime quien es el verdadero asesino! –suplicó emocionada.

–Más bajo, hermana. No quiero que todos nos escuchen… –respondió el joven.

–¿Pero quién es? –inquirió.

–Verás… es que… no sé… –contestó con una risa nerviosa.

–¡¿Qué?! –su hermana, enojada, golpeó a Zero en el brazo con una fuerza para nada común en una mujer– ¿Y por qué dijiste que luego de interrogar a Kaede dirías quien era el asesino?

–Es que si Aisou descubría que no sabía quien era, ni que hacer, ni tenía ninguna pista, daría por cerrado el caso… ¡debía mentirle! –se defendió el detective.

–¡Eres un idiota, hermano! ¡Yo estando acusada de un asesinato que no cometí, y tú jugando al detective sin hacer nada útil! –chilló con los ojos llorosos– ¡Si estuviera el abuelo seguro que yo ya sería inocente! –las lágrimas ahora si estaban brotando de sus ojos.

–¡Yami! –dijo Zero mientras su hermana corría en la dirección contraría a él, chocando con Naxo. Al parecer él le había preguntado qué le sucedía y se habían puesto a hablar. Parecía que el policía la intentaba consolar. Zero le encargó esa tarea mientras volvió a entrar al frigorífico en busca de pistas. ¡Debía encontrar algo, no le podía fallar a su hermana!

Ya se habían llevado el cuerpo. El congelador estaba ahora vacío, salvo por los alimentos allí almacenados. Zero no pudo evitar sentir un feo olor dentro, proveniente de la carne, como si estuviera en mal estado. No le dio importancia, y se apoyó contra la pared, contemplando el depósito. ¡Alguna pista debía haber! Pero no podía concentrarse, la presión de que su hermana estaba en peligro lo ponía nervioso.

“Vamos Zero, debes solucionar este caso, sino se llevarán a Yami. ¡Debe haber alguna pista! Concéntrate… concéntrate… ¿por qué no puedo concentrarme? Debe ser el frío, aunque casi ni se siente… ¿eh? ¿No se siente…? ¡Sí! ¡Eso es! ¡Ya descubrí el truco del asesino!”, se emocionó Zero en sus pensamientos, bastante impresionado de si mismo. “Solo debo averiguar quien es, y conseguir pruebas… ¿quién pudo ser? ¡¿Quién?!”

Zero empezó a ir de un lado a otro en el congelador. Revisó las cajas con alimentos y cada centímetro de la habitación, pero no encontró nada. Con las esperanzas por el piso devuelta, vio algo que le llamó la atención. Se acercó a una pared, y vio una caja con una cerradura. Se preguntó que era. Primero pensó que podría ser la caja de fusibles o algo así, pero sería raro que estuviera en el congelador. Y luego descubrió de qué se trataba, definitivamente era el termostato que estaba bajo llave. Con ese hallazgo, se sintió con fuerzas renovadas. Se dispuso a salir del congelador, cuando notó otra cosa. Detrás de él, contra la pared, vio la zona de descarga de alimentos, por donde los proveedores entregaban los comestibles para que llegaran de forma directa al congelador. Pensó que tal vez el asesino había entrado por ahí para matar a su víctima, pero sería imposible, solo los dueños poseerían la llave para abrir esa puerta. Además, no tenía rastros de haber sido forzada.

Salió del frigorífico y se acercó a la caja. Ésta estaba abierta y se veía que los policías la habían revisado para ver si podría haberse tratado de un robo. No tenía rastros de haber sido forzada, y había mucho dinero como para que hayan robado y dejado tanto, por lo que seguramente de un robo no se trataba. Siguió revisando, pero sin encontrar nada, y rendido, se apoyó en la pared mirando el blanco techo para tratar de pensar.

“Si de verdad el asesino la mató como yo creo, quiere decir que mi hermana no pudo haber sido, pero necesito conseguir esa llave… pero aún queda saber quien la mató… ¿quién?”, quiso tratar de responder en su cabeza.

Sin embargo, un ruido lo distrajo. Provenía de la pared donde estaba apoyado, al lado de la caja. Era como si un papel cayera o se despegara de la misma. Volteó y verificó que había algo en el suelo. Se agachó y la levantó, era una foto. La observó detenidamente, allí había dos jóvenes besándose. Una era Amaya, y el otro era un chico alto, delgado, de pelo rubio y ojos cafés. Ese si debía ser Kaede, ya no había duda. Miró nuevamente la pared donde se había apoyado, y advirtió que había gran cantidad de fotos pegadas en ella, y en todas ellas aparecían los mismo dos jóvenes. Las fotos eran de distintos lugares y momentos, pero lo que siempre coincidía era que ambos siempre aparecían juntos, abrazados o besándose, bastante felices, en especial él. Tenía una sonrisa notoria, se ve que siempre estaba sonriendo y alegre, y bastante enamorado de ella. A Zero le costaba imaginárselo triste o enojado.

Sin saber donde investigar ahora, sacó el celular de Kazuo para revisar los mensajes. Empezó a leer varios de ellos, hasta que encontró dos que le llamaron la atención. El primero confirmaba una teoría de Zero sobre Kaede, y el segundo era algo sobre Kazuo y Amaya. Se quedó leyéndolos un rato más, hasta que alguien le habló.

–Disculpe, ¿usted es el señor Kudo? –preguntó un oficial que se había acercado.

–Sí –respondió Zero– ¿Qué sucede?

–El inspector Aisou me mandó a buscarlo. Me dijo que le informe que llegó un sospechoso.

–¿Un sospechoso? ¿Será Kaede? Bueno, gracias oficial, iré hasta el inspector –respondió Zero, y tras que el policía se marchara, el joven buscó al inspector por toda la tienda.

Lo encontró en el mismo lugar donde antes había interrogado a Kazuo. Esta vez Kazuo ya no estaba, y en su lugar se encontraba el mismo joven alto y rubio de las fotos. Ahora estaba confirmado, él era Kaede. Se acercó hasta ellos y se percató que Kaede también vestía de traje, solo que el de él era bastante peculiar, ya que era completamente blanco. Era raro que alguien vistiera así en un día tan feo y de tanta lluvia, ya que se mancharía fácilmente. Lo miró detenidamente, y comprobó que en la parte inferior de los pantalones tenía manchas de barro. Sí, ya se había manchado. Ignoró ese detalle y se aceró hasta ellos.

–Hace tres años que somos pareja –respondía Kaede al inspector–. Se podría decir que si éramos una pareja estable, nos llevábamos bien, nuestras familias aceptaban el noviazgo. Éramos casi la pareja perfecta…

–Salvo porque usted era un cornudo –se tentó a decir Zero estando ya frente a ellos. Comprobó que Kaede no se encontraba tan mojado por la lluvia, de seguro había venido en auto hasta el local. También notó que no se encontraba tan deprimido como Kazuo. Si de verdad eran tan buena pareja, ¿por qué parecía no afectarle la muerte de Amaya?

–¡Kudo! –le reprendió el inspector.

–¿Qué quieres decir? –preguntó Kaede a Zero, aún sin demostrar emoción alguna. Si era el novio de Amaya, lo normal era enojarse si le decían que su novia lo engañaba.

–Su novia, Amaya, mantenía encuentros a escondidas con su mejor amigo, Kazuo –dijo Zero con una mirada desafiante y fría. Kaede no le había caído para nada bien, y se le hacía sospechoso.

–¿En serio? Bueno, ya es tarde para enojarme o vengarme, Amaya ya no está…

“¿Qué le pasa a este tipo? ¡Su novia murió, ¿por qué parece no importarle?! ¿En serio este tipo era el de las fotos? Parece no importarle Amaya, si tan enamorado estaba como parecía y decía, ¿por qué no está tan triste o afligido como Kazuo? Además, ¿por qué no la defendió? Uno tiende a negar las cosas al principio cuando le dicen terceros que su pareja fue infiel, pero él ni lo negó, ni se enojó, ni nada. Era como si… ¡eso es! ¡Por eso está tan indiferente! Entonces, si mi teoría es verdad… ¡Sí, ya resolví el caso! ¡Ahora solo necesito pruebas!”. Los pensamientos de Zero salieron disparados de repente, encontrando datos fundamentales para el caso. Todo ya estaba casi resuelto.

–¿Usted es Kaede, cierto? Es el novio de Amaya, la víctima. ¿Dónde se encontraba a la hora de la muerte? –interrogó el detective.

–Estaba en la fiesta de la hermana de Kazuo, están él y los demás invitados de testigos –contestó.

–¿Y dónde se celebraba la fiesta? –preguntó Zero.

–No muy lejos, se llegaría rápido en auto, pero tampoco se tardaría mucho si se viniera desde allí hasta aquí caminando como yo vine –respondió Kaede.

–Entonces vino caminando, por eso no llegó tan rápido como Kazuo… ¿y por qué no está tan mojado, eh? –acusó el detective, y el sospechoso se puso algo nervioso.

–Bueno, es que… ya no llueve tanto, simplemente eso, casi ni llueve ya –respondió.

–Kudo, ¿qué importa la forma en que vino hasta aquí? –preguntó el inspector.

–Es importante, ya que mintió para no parecer tan sospechoso –dijo Zero.

–¿A qué te refieres? –cuestionó Aisou.

–Mire su pantalón, inspector –dijo el detective–. Tiene manchas de lodo… ¿por qué llevaría un pantalón manchado a una fiesta elegante? Obviamente se manchó después de ponérselo –explicó–. Él sabe muy bien donde se manchó, ¡en la construcción que se está llevando a cabo detrás de esta misma tienda! ¡A mi mismo me sucedió también! –dijo mostrando la mancha de su jean que se hizo al ir a la tienda minutos antes.

–¿Y qué tiene que ver eso? –volvió a decir el inspector.

–Dijo que vino caminando, así si le preguntábamos por aquella mancha diría que se la había hecho al venir aquí y pasar por la construcción –empezó a explicar el detective–. Pero si se fijan bien, ya está seca, por lo que no puede ser reciente –Kaede se encontraba nervioso y callado.

–¿Y para qué querría encubrir la mancha? –preguntó Aisou.

–Porque no quería que supiéramos cuando se la hizo en verdad… ¡fue hace poco más de dos horas, antes de ir a la fiesta! ¡Fue cuando vino aquí a visitar a la víctima, y la asesinó! –acusó Zero, convencido de lo que decía.

–¿Qué dices, Kudo? ¡Pero si la víctima hace dos horas seguía viva! ¡Es imposible que él haya sido! Además según la cámara de seguridad él nunca entró hoy a la tienda –dijo el inspector Aisou, demostrando una imposibilidad para la teoría de Zero.

–Claro que él entró hoy –dijo Zero con la misma seguridad.

–En ningún momento entré –se defendió Kaede. Al parecer sus nervios se habían ido, y ahora estaba calmado, y casi riendo de la teoría de Zero–. Vean las cámaras de seguridad si quieren, comprobarán que no entré a la tienda.

–Es verdad, Kudo –repitió el inspector.

–¡Pero tengo pruebas de que entró! –exclamó el detective.

–¡Kudo! ¡Sé coherente por favor! ¡Te dejé participar en el caso porque algo de confianza aún tengo en ti, y creí que te pondrías serio y ayudarías en vez de hacer acusaciones estúpidas! –le gritó el inspector– ¡Ahora mismo veremos los tres la grabación de la cámara de seguridad para que veas que Kaede no entró nunca el día de hoy a la tienda!

Sin dejar a Zero defenderse, lo llevó a la fuerza hasta una pequeña pantalla donde estaba la cinta de la cámara de seguridad. Los tres se pusieron frente al monitor y la empezaron a ver. El inspector lo puso en velocidad rápida desde el inicio del día. Vieron a gran velocidad como Amaya entraba para abrir la tienda en la mañana. Mucha gente ingresaba y salía de la tienda durante todo ese día, comprando distintas cosas y luego yéndose tras pagar. Ya luego de haber anochecido y empezado a llover, la actividad en el local disminuyó. Amaya caminó en dirección a la caja, y por más que allí empezaba el punto ciego de las cámaras, como en ningún otro momento volvió a aparecer por los otros lugares de la tienda se comprobaba que allí se había quedado. Luego, casi ni entró gente. Solo en cuatro ocasiones alguien ingresó a la tienda: primero un hombre que miró un poco y se fue sin comprar. Luego una señora con un niño, que también se marcharon sin comprar. Después, la que entró a la tienda fue Yami, que tras explorar un poco fue hasta el fondo del local y no volvió a salir. Luego entró una anciana que se acercó a uno de los pasillos de donde se veía el fondo de la tienda, pegó un grito, y sacó un móvil con el cual llamó a la policía. El resto era historia conocida.

–¿Lo ves, Kudo? ¿Viste a Kaede entrar en algún momento en la tienda? No, entonces es imposible que sea el asesino –le dijo el inspector.

–¡Estoy seguro que él fue! ¡Revísenlo, y encontrarán…! ¿Eh? –Zero había volteado hacía atrás, donde Kaede estaba al inicio de la cinta. Ya no se encontraba, se había ido.

–¿A dónde se fue este chico? –preguntó Aisou.

–¡Oh no! ¡Ya sé donde está! ¡Fue a eliminar la prueba! ¡Si lo hace, ya no podremos demostrar que es el culpable! ¡Vamos, rápido! –gritó Zero y empezó a correr a través de un pasillo hasta el fondo de la tienda.

Cruzó la caja a una velocidad increíble con el inspector detrás de él al mismo ritmo. Llegaron hasta el congelador, y encontraron la puerta cerrada. Zero hizo fuerza para abrirla, y tras un único intento lo consiguió. En efecto, allí se encontraba Kaede.

–¿Qué hace él aquí? –le preguntó Aisou a Zero.

–Fácil, quería eliminar la prueba de que él es el culpable –dijo el detective.

–¿Qué dices? ¿Yo, eliminar una prueba? –trató de defenderse Kaede– ¡Vieron que en ningún momento entré a la tienda, es imposible que yo sea el culpable!

–Eso es porque no entraste por la puerta del frente –dijo lentamente Zero, disfrutando el momento en que explicaba como había entrado el asesino.

–¿A qué te refieres, Kudo? –dijo confuso el inspector.

–En esta habitación, el congelador, hay otra puerta –explicó Zero–. Por ella entran directamente los alimentos que traen los proveedores, como en cualquier tienda. Sin embargo, esa puerta no suele abrirse seguido, y la llave solo la poseen los dueños, o en este caso… ¡el hijo de los dueños!

–¡¿Qué estás diciendo, Kudo?! –le reprendió el inspector, como si su teoría fuera imposible, aunque podría haber sucedido.

–¡Eso que dices no tiene sentido! ¿Por qué mataría yo a mi novia? –argumentó el sospechoso.

–¡Porque sabías que te engañaba! –dijo casi en un grito Zero.

–¿Eh? ¡Eso es absurdo! ¡Yo me enteré hoy cuando me lo dijiste! ¡Además, si ya lo supiera desde antes, no tendrías pruebas! –le discutió Kaede.

–Tu eres la mismísima prueba de que lo que digo es verdad –dijo el detective–. Pareciera que no te importara la muerte de tu novia, ni te entristeciste ni lloraste al enterarte de que murió. Creo yo que una persona enamorada lloraría a su amor si lo pierde. Además, por las fotos que hay en la caja, se ve que los dos estaban enamorados y felices, pero ahora ya no lo estás. Algo sucedió que hizo que dejes de quererla, ¡y eso fue enterarte que te era infiel!

–¡Por Dios, es la mayor estupidez que he escuchado! –dijo Kaede– ¡Te dije que hoy me enteré de que me era infiel!

–Entonces avísale a tu rostro, porque cuando te lo dije no te sorprendiste para nada –le dijo Zero–. Normalmente, cuando uno se entera que la persona amada le es infiel, al principio lo niega, pero tu lo aceptaste como si fuera lo más normal del mundo. Además ni te enfadaste, como si no te importara. ¡Eso era porque ya lo sabías! ¡Y cuando te enteraste, planeaste matarla, y eso sucedió el día de hoy!

–¡Sigues diciendo estupideces! ¡Son solo suposiciones! –dijo el sospechoso.

–Pero Amaya también suponía eso… –dijo Zero, sacando el celular de Kazuo y leyendo uno de los mensajes que le había llamado la atención– “Debemos dejar de vernos, creo que Kaede ya se enteró, está muy raro y serio”. Son palabras que le escribió Amaya a Kazuo, ella también sospechó que tu cambio de personalidad fue por enterarte de su infidelidad.

–¿Y qué si lo supiera de antes? ¡Cuando se cometió el crimen yo estaba en una fiesta! –gritó Kaede desesperado.

–Eso es verdad –admitió Aisou.

–Sería verdad si la hora de la muerte fuera la que pensamos en un primer momento –comentó Zero.

–¿Qué quieres decir? ¡Tu comprobaste que la hora de la muerte que te dije era correcta! –comentó el inspector.

–Nos guiamos principalmente por la rigidez del cuerpo, ¿cierto, inspector? –empezó a explicar el detective–. Este proceso empieza alrededor de las tres horas después de muerto, por eso mi primer diagnóstico fue ese. Pero luego me hizo recordar que según la temperatura, el proceso se produce a distinta velocidad. Mientras más frío haga, el cuerpo se pone rígido más rápido.

–¿Entonces por qué dices que la hora de la muerte está mal? –preguntó el inspector.

–Porque la temperatura está mal –dijo Zero, como si fuera lo más simple del mundo–. Usted dijo que en estos lugares de depósito de alimentos congelados la temperatura promedio es de -20°C, ¿no es cierto? Le pregunto yo, inspector, ¿le parece que acá hay menos de -20°C?

–¿Eh? Es verdad, no hace tanto frío… pensé que la temperatura había aumentado ya que dejamos la puerta abierta y se compensó con la temperatura de afuera, pero es posible que haga más de -20°C.

–También dijo que no pudieron acceder al termostato, por lo que la temperatura la estimaron por ser la normal en estos lugares –dijo Zero–. Por eso mismo algunas de las llaves de la víctima estaban rotas, el asesino lo hizo para que no accedieran al termostato. Rompió varias llaves, ya que si la única rota era la del termostato sería sospechoso, entonces por eso mismo rompió muchas, para disimular. Y todo lo hizo, ya que si accedían al termostato con la llave, se comprobaría que acá no hace -20°C como quiso hacernos creer, y entonces la hora de la muerte sería la verdadera, ¡y él si podría ser un sospechoso!

–Por favor Kudo, no tienes ninguna prueba de lo que dices. No puedes probar que lo que dices es verdad, solo es una teoría –le dijo el inspector.

–Déjelo jugar a los detectives, inspector Aisou –le dijo Kaede, con un tono que desafiaba a Zero–. Todos sabemos que no tiene pruebas de eso, y como dijo, es una teoría, dejémoslo que se sienta importante por un momento.

–Estás muy equivocado, Kaede –dijo Zero, ya bastante enojado–. Si tengo pruebas de que tú eres el asesino… ¡al ser el hijo de los dueños, pudiste fácilmente conseguir las llaves del lugar! ¡Accediste por la puerta del congelador para que no te grabaran las cámaras y asesinaste a Amaya! ¡Por eso tienes manchados los pantalones, la puerta de esta habitación da exactamente al lado de la obra en construcción, te manchaste al entrar! ¡Quisiste hacernos creer que fue al venir acá, pero la mancha se notaba que no era reciente, y además tardaste más de lo que tardaría alguien en venir caminando! Fue un grave error de tu parte, calculaste mal el tiempo. Hubiera sido más fácil limpiarte la mancha antes de llegar.

Kaede se asustó mucho, su expresión era de miedo, pero recobró el control y se calmó. Rió un poco para burlarse de la teoría de Zero.

–Sigue siendo una teoría, no tienes pruebas de que me manche allí y en ese momento –dijo Kaede–. No es la única zona con lodo de la ciudad.

–Es verdad, pero podemos preguntarle a alguno de la fiesta si al llegar ya tenías la mancha –dijo Zero con una sonrisa maliciosa–. ¡Ya debías estar manchado al llegar a la fiesta, ya que fuiste instantáneamente luego del crimen!

–¿Qué? –Kaede se volvió a asustar, pero nuevamente se calmó– Sigues sin tener pruebas de que me manché allí. Admito que fue antes de la fiesta, pero no fue allí que me manché.

–Pero te olvidas de mi última prueba, la que de verdad demostrará tu culpabilidad –dijo Zero aún más confiado que antes.

–A ver, ¿cuál es? –lo retó Kaede.

–El termostato –dijo Zero, y sacó una pokebola del bolsillo de su jean–. ¡Sal, Dark! ¡Rompe la caja del termostato!

–¿Eh? –se sorprendió el inspector ante la brusca orden del joven detective.

Zero lanzó la pokebola al aire, y de ella salió un magnífico Weavile, que a simple viste se veía que era fuerte y con una perfecta salud. El pokémon siguió la orden de su entrenador, y con sus garras rompió la caja del termostato que estaba en la pared. La caja cayó al suelo, y el aparato quedó a la vista de todos. En grandes letras digitales, se veía la temperatura del congelador: -7°C.

–Entonces era verdad, la temperatura era mucho mayor de la que creímos… –dijo el inspector sorprendido.

–Si la temperatura no es -20°C como creímos, y es -7°C, la hora de la muerte es otra. Yo diría que en vez de morir hace algo más de media hora, murió hace poco más de dos horas. ¿Estoy en lo correcto, inspector? –preguntó Zero.

–Sí… si la temperatura es esta, seguramente murió hace algo más de dos horas –contestó.

–¿Pero dónde prueba que yo modifiqué la temperatura? Sí, es verdad que podría tener acceso al termostato al ser el hijo del dueño, ¡pero no tienes pruebas de que fui yo! –se enfadó Kaede, al borde de ser descubierto.

–Ja, ja, ja –rió Zero. Cada vez estaba más seguro de si mismo y de su teoría. Gozaba el momento en que desenmascaraba al criminal–. Sí tengo pruebas. Verás, Kaede. Te enteraste que tu novia era infiel, y planeaste matarla. Decidiste que sería hoy, viniste hace dos horas con la llave que le quitaste a tus padres, y entraste por aquí para que no te graben las cámaras, pero te manchaste el pantalón. Probablemente la hiciste entrar al congelador haciendo ruidos, y cuando entró simplemente la mataste y la dejaste ahí. Antes de irte, rompiste las llaves de la víctima y cambiaste la temperatura para confundir la hora de la muerte. Luego te fuiste a la fiesta, y como todos pensaban que había muerto hace media hora, tenías la coartada perfecta.

–Sigo sin ver esa supuesta prueba tuya –le dijo Kaede.

–Te dije que si la tenía –repitió Zero–. Tu plan tenía un problema, la hora de la muerte no la confundirían por siempre. En algún momento abrirían la caja del termostato, y verían que no hacía -20°C. Cambiarían la hora de la muerte, y entrarías dentro de los sospechosos. Lo que debías hacer para seguir teniendo una buena coartada, era volver a cambiar la temperatura luego de que descubrieran el cuerpo.

–No entiendo a lo que quieres llegar, supuesto detective –comentó el sospechoso.

–Lo que quiero decir, es que mientras el inspector y yo veíamos la cinta de seguridad, ¡tú viniste aquí a cambiar la temperatura devuelta a -20°, pero llegamos justo a tiempo y te atrapamos antes de que lo terminaras! ¡Y la prueba que te he estado diciendo es la llave del termostato!

–¿Eh…? –se asustó Kaede y retrocedió un paso.

–¡Seguramente te deshiciste de la llave de la puerta del congelador junto con el arma –empezó a explicar Zero–, pero la llave del termostato la necesitabas para volver a cambiar la temperatura, por lo que la debes tener encima! ¡Inspector, revíselo!

–¿Qué? ¡No! ¡No es cierto, estás diciendo estupideces! ¡Yo no la maté, no fui yo! ¡No! –Kaede ya estaba desesperado, nervioso, asustado.

El inspector Aisou se le acercaba para revisarlo. Revisó primero los bolsillos del pantalón, y no encontró nada. Luego buscó en los del saco, y en efecto, allí había una llave.

–¡Acá hay una! –dijo el inspector.

–Verifique si coincide con la cerradura –le dijo Zero.

El inspector se acercó a la caja que había roto Dark, el Weavile de Zero. Metió la llave en la cerradura ya inservible, y esta encajó.

–Entra a la perfección… entonces, ¡sí! ¡Kaede es el asesino!

–¡No, no! ¡Ellos son los culpable! ¡Ellos son los culpables! ¡Ellos me engañaron al estar juntos a mis espaldas! ¡Ellos me provocaron y me hicieron matarla! ¡La culpa es de ellos! –gritaba eufórico su declaración el asesino. Pero ya era tarde para defenderse, ya habían descubierto como la mató, habían desmentido su coartada, y tenían pruebas. El inspector le colocó unas esposas y lo llevó fuera del congelador.

–No puedo creer que diga esto, pero… gracias, Kudo. Sin ti, habríamos arrestado a alguien inocente –le dijo el inspector.

–De nada, inspector. Lo único que pido como agradecimiento, es que deje de subestimarme –le respondió Zero.

–No te agrandes, Kudo. Pienso que fue un golpe de suerte. Es verdad que ayudaste mucho en el caso, pero aún sigues siendo entrometido –le dijo Aisou–. Te dejé ayudar para defender a tu hermana, nada más. No te entrometas en ningún otro caso.

Zero se quedó parado donde estaba, con Dark a su lado, viendo como Aisou se llevaba al asesino, quien aún se resistía y decía que Kazuo y Amaya eran los culpables por engañarlo. Sus esfuerzos eran inútiles, ahora nada de lo que dijera le serviría.

–Eres un estúpido, Kaede. Es verdad que Amaya y Kazuo tenían encuentros, pero ambos habían decidido dejar de verse para no dañarte más. Sí, te engañaron algunas veces, ¡pero ambos te querían mucho como para dejar de verse por más que sentían algo el uno por el otro! –le gritó Zero antes que se lo llevaran a la comisaría.

–¡Sigues diciendo estupideces, ambos eran unos traidores!

–¿Estás seguro, Kaede? Inspector, muéstrele este mensaje de texto de Kazuo a Amaya –dijo Zero lanzándole en celular de Kazuo que aún poseía al inspector, quien lo agarró y le mostró el otro mensaje que a Zero le había llamado la atención.

–Esto… esto… ¿es verdad? –dijo Kaede, sorprendido.

–Sí –respondió Zero–. “Ya tengo los pasajes para ir a estudiar al extranjero, en una semana partiré. No quería marcharme, pero si seguimos cerca seguiremos lastimando a Kaede. Deberé dejar mucho, pero vale la pena por un amigo tan importante como Kaede. Me despido mediante este mensaje, será mejor que no me despidas en el aeropuerto”. Textualmente, esas son las palabras de Kaede hacía Amaya. Decidió irse a estudiar al extranjero, dejar sus amigos y familia, solo para alejarse de ella y que dejen de hacerte daño. ¿No era tan mal amigo después de todo, verdad?

–De seguro no es cierto, ¡no debe ser cierto! –seguía quejándose Kaede– ¡Ellos me traicionaron, por culpa de ellos la mate! ¡Ellos mismos son los verdaderos asesinos!

–Kaede, Kaede, Kaede… no te servirá de nada. Digas lo que digas, cambies la hora de la muerte, te ocultes de las cámaras que te ocultes, o tengas la coartada que tengas –empezó a decir Zero–, la verdad es siempre una.

Caso cerrado.

***


El timbre sonó en el departamento de los hermanos Kudo. Yami abrió la puerta, y vio que era Naxo quien entraba, con un postre como regalo. Ya habían pasado dos días del caso del asesinato en la tienda, y era la hora de desayunar. Yami, madrugadora como siempre, ya estaba despierta, pero Zero roncaba fuertemente desde su habitación.

–¡Naxo! ¡Pasa! –le dijo Yami– ¿Qué te trae por acá?

–Bueno, pensé en traerles algo para agradecerle a Zero la ayuda que nos dio en el caso –dijo sonriendo y mostrando el postre que traía–. Lo compré yo, pero si Zero pregunta lo manda Aisou, no quiero que se piense que no le agradece –rió.

–Está bien, le digo que se lo manda Aisou –rió Yami también–. Pero quédate un rato y desayuna con nosotros.

–Está bien –dijo Naxo–. ¿Zero sigue durmiendo?

–Sí, déjalo, se lo merece –dijo Yami–. Esta semana merece que lo consientan… me arrepentiré de estas palabras luego, pero bueno –rió junto con Naxo.

–La verdad que hay que admitir la habilidad de Zero –comentó el oficial–. Resolvió el caso él solo, fue increíble en verdad. Encontró pistas donde nadie más las veía. Siempre me preguntaré por qué no logró entrar en la policía…

–Simplemente por “problemas de salud” –dijo una voz extraña y femenina. Ambos, sentados en la mesa de la cocina, voltearon hacía la puerta y allí se encontraba una chica alta, de cabello largo y blanco, bastante llamativo. Era bastante delgada y de mirada penetrante, con unos profundos ojos azules.

–Tú… –dijo Yami bastante sorprendida– ¿Qué… qué haces aquí…?

***


Un viaje en barco con completos desconocidos.
Una misteriosa muerte… ¿suicidio o asesinato?
Ese es el próximo caso.

¡El próximo caso será!
¡Horas, minutos y segundos de muerte!
Spoiler
Gracias David, Karlita, Raiden & Rean ^^




Thanks Mushiita : D
[/center]
#14

Re: Detective Zero: Crime's Punishment - Episodio II


mmm...¡Me gutó! demaciada intriga y suspenso
justo como los cuentos q me gustan! ya te estás pareciendo
un Sherlock HolmesX3
Faltas, estaba tan concentrada leyendo q no vi eso,,,solo una encontré q mas
q falta debe ser q te comiste el espacio
Cita:
ya demás tardaste más de lo que tardaría alguien en venir caminando!

Solo eso^^
Y lo de cornudo, te pasaste!XDD
Muy buen capitulo,,muy intrigante, hasta el adelanto del siguiente me intrigó tanto
q ya quiero leerlo!

PD:mmm...esa Yami y ese Naxo me hacen conocidos,,,y además parece q fueran mas q amigos O____O XDD
#15

Re: Detective Zero: Crime's Punishment - Episodio II


Woah! publicaste pronto de todos modos, manito!! Creo que ahora podria decir que eres una particula del electron de un atomo mas bueno ^^U xD
Bueh, simplemente este capitulo esta excelente =D La expresion del final de Kaede... me lo imagine completamente desquiciado xDD aunque que se esperaba, era un asesino malvado ¬¬ Se resolvio bien el caso xP aunque ahora te odio por dejarme con tanta intriga! xD (otra vez xD) No note errores... creo que me concentre mucho para tomar eso en cuenta xD o simplemente es porque me acaba de despertar... me quedo con la primera opcion, estoy conciente (?)
Eso! publica pronto o te matare con mis garras mortales ^^U xD

Gracias, Plantita ^^


#16

Re: Detective Zero: Crime's Punishment - Episodio II


ohmuy bueno
por mi le pondria 9 de 10
le falta algo mas de protagonismo a los pokemon
lo demas todo bien
este fic merece ser anime
#17

Re: Detective Zero: Crime's Punishment - Episodio II


Great!
Fue un capt. realmente excelente..
Supiste atraparnos ocn supenso y buena trama.
El final fue muy bueno y me mantuviste atento en todo momento.
...
Por otro lado revisa los quien que no están entre signos de interrogación, pero que, sin embargo, preguntan. Y otros qués o comós que no tuviste en cuenta..
El resto bien..
...
No sé cómo lo seguirás..
Pero te aseguro que espero que sigas con esta calidad, porque hacer una serie completa de capts de invsestigaciones es dificil..
Además debes tener bien en claro las ideas..
Pero sé que las tienes ^^

Eso es todo..

Espero más capt..

Byee!

PD:Ahora posteé rápido.. ^^


Kero - Kerosen - Hamburguesa - Frann
#18

Re: Detective Zero: Crime's Punishment - Episodio II


Me encantaa, suspense
intriga, genial trama, buena forma de redactar,
a penas comentes faltas x3

Espero q los proximos caps. sean asi de interesantes :3
Tengo ganas de qe pongas ya el tercero :D


ChaaO^^
#19

Re: Detective Zero: Crime's Punishment - Episodio II


Hi Dark...
Aqui vengo a postear de nuevo. La verdad es que yo ya lo
habia leido pero se me fue el inter y hasta hoy pude opinar pero
mejor tarde que nunca jeje.
Pues siempre me han gustado tus fics (ya te lo he repetido muchisisisimas
veces per esque es la verdad y este cap estuvo super jeje se resolvio
el misterio cosa que al principio pense que seria facil jeje y no...
En redaccion eres muy bueno y como me atrapo en la historia ni me fijo
en los errores ortograficos.
Bueno pues solo espero el prox capi rapidito (aunque tenga que sobornar
a los user a que comenten) xD.
Bye
#20

Re: Detective Zero: Crime's Punishment - Episodio II


te lo digo corta e encata detective cnana me vi toda la serie y las pelois esta re bueno el anime ahora me leo el fan fic me encato las priemras palabras que decian en al tumba
Mi firma es demaciado grande asi que la pongo en spoiler ;)
Spoiler



Trainer card de mi aventura (Estoy yo y mi amigo que me acompañra en todo mi viaje ;) )
pero los pokemons capturados son mios y el turtwig es de mi amigo Seba