Capítulo IV: Dark Sneasel
19 de Enero del 2008, 4:32 p.m., Floresta, Capital Federal, Argentina
El asombro no desaparecía, ni la repentina ira que se había originado en él. Sus ojos miraban fijamente la pantalla del televisor, y esperaba el momento en el que la presidenta dijera “era una broma”. No sucedió, tales palabras no fueron pronunciadas; el Decreto Mundial Alpha era real.
Cristian apoyó su cabeza en su mano, mientras miraba hacía ningún lugar, con los ojos muy abiertos. ¿Era posible que de verdad los pokémon empezaran a ser cazados y eliminados? Era imposible, no podían… los pokémon eran millones, no podrían extinguirlos, y sin ellos el mundo estaría en un desastre aún mayor. Algo no encajaba, por más que los pokémon ocasionen problemas, habría aún más problemas si no estuvieran, y los presidentes de seguro lo sabían. El joven volvió a enfocar su vista en la televisión, y empezó a escuchar atentamente.
–Supongo que deben pensar que es una decisión drástica, pero ya es tarde para oponerse… –decía la presidenta Cristina, en la televisión– Pocos pokémon serán los que no extingamos, entre ellos están los pokémon para ganado, como Tauros o Miltank, y otros que sirvan para alimento, como Magikarp, Remoraid, Feebas, y otros peces considerados como no amenazantes.
Los reporteros empezaron a preguntar todos a la vez, no dejaban momentos de silencio. Varias preguntas se escucharon al mismo tiempo, mientras la presidente intentaba ver cuales responder.
–¿Y quien se encargará de dar matanza a todos los pokémon?
–¿Todos los países estuvieron de acuerdo?
–¿No cree que el mundo no aceptará esta ley?
–¿Ningún lugar del mundo quedará excluido? ¿Cómo encontrarán a todos los pokémon que habitan el planeta?
La mujer alejó los micrófonos que tenía alrededor, y retrocedió un par de pasos. Sin decir palabra alguna, la presidenta se marchó tratando de esquivar a la prensa. Pronto, un grupo de policías del país local alejó a los camarógrafos y reporteros, por lo que no se pudo volver tener contacto con cualquier presidente.
–No puede ser verdad… no dejaré que se lleven a Sneasel –dijo el joven, mirando a su pokémon. Las imágenes de la conferencia de la ONU ya habían desaparecido, y ahora una reportera informaba de los detalles de todo lo ocurrido.
–Es muy raro que se llegue a una ley mundial, pero creo que es lo correcto –dijo su madre–. Los pokémon ocasionan muchos males en el mundo.
–No entregaré a mi amigo, y sé que mucha gente más tampoco lo hará –respondió firmemente Cristian, levantando a Sneasel en sus brazos.
–¿Y qué harás? Si ese decreto es verdad, es seguro que habrá castigo para los que no quieran entregar a sus pokémon –empezó a decir la madre del muchacho–. Como eres menor, si no entregas a Sneasel tu papá y yo recibiremos el castigo, y no nos sacrificaremos por un gato mugroso…
–¡Retira tus palabras! –Gritó el joven, enojado por como su mamá nombró a su pokémon– ¡Ya dije que no entregaremos a Sneasel, si es necesario lo ocultaremos!
–¡Si hay que entregarlo lo haremos! ¡Mételo en la pokeball hasta que sepamos más sobre este decreto, y en cuanto haya que entregarlo, lo haremos! –Le respondió también a los gritos la mamá del joven.
Cristian miró con furia a su madre. Luego, con Sneasel aún en brazos, se alejó de la mujer y subió las escaleras hasta llegar al piso de arriba. Una vez en el segundo piso, dejó a su pokémon en el piso y encendió la computadora. Una vez prendida, sin conectarse al MSN, o poner música, abrió Firefox y cargó Google. Rápidamente tecleo las palabras “Decreto Mundial Alpha”; necesitaba conseguir toda la información posible.
***
La noche todavía no se asomaba en Argentina cuando llamaron a comer al muchacho. Eran ya más de las nueve de la noche, y tras ver aún el sol por su ventana, el joven y Sneasel bajaron a cenar.
Una vez que bajaron y se acercaron a la mesa, Cristian evitó mirar a su madre, aunque notó que tanto ella como su padre miraban fijamente a Sneasel, quien caminaba a los pies de su entrenador. Siguieron la rutina, Cristian se sentó a cenar y Sneasel se posó sobre el lavarropas del patio a comer su comida pokémon. La plática fue evitada el mayor tiempo posible, pero era sabido que terminarían hablando del tema.
–¿Qué haremos con Sneasel? –Fue la primera en hablar la madre del joven, tocando el tema del decreto.
–¿Ya se dio a conocer más información sobre el decreto? –Preguntó Cristian sin responder.
–Todos los noticieros hablan de eso, por ahora lo ya confirmado es que las autoridades de todos los países cazaran a los pokémon –empezó a explicar la mujer–. En cada ciudad las autoridades correspondientes se harán cargo de los que se hallen bajo su jurisdicción. Luego seguirán con los pokémon salvajes, en praderas, montañas, bosques, selvas, etcétera.
–Es imposible que cacen a todos –dijo el joven–. Leí en Internet, que debe haber billones y billones de pokémon, no lograrán cazar y… eliminar… a todos.
–Al parecer lo intentarán, y debemos apegarnos a la ley –dijo el papá del muchacho, sin despejar la mirada de su comida–. Dijeron que dependiendo de cuanto nos opongamos, pueden desde retenernos en la comisaria hasta mandarnos a la cárcel por algunos años. Así que lo vamos a entregar, tanto a él como a mi Pidgey y Starly.
–¿Te estás escuchando? –Dijo seriamente Cristian– Ya no son un gato, o dos aves, ahora son pokémon, no animales… son más sensibles, piensan, razonan, ¡no puedes mandarlos a que los sacrifiquen!
–¡Prefiero eso antes que ir a la cárcel! –Respondió su papá.
–¡No entregaré a Sneasel, y punto! –Gritó el joven.
–¡No me faltes el respeto pendejo maleducado! –Agredió el hombre.
El joven se levantó de la mesa, sin terminar ni siquiera la mitad de su comida. Salió al patio y agarró el tazón con comida pokémon de Sneasel, y con la otra mano levantó al pokémon. Subió con él al segundo piso, y se tiró sobre la cama de sus padres, mientras prendía la televisión esperando ver más noticias sobre el decreto. Dejó el tazón con comida enfrente del pokémon, y empezó a hacer “zapping”, buscando algo interesante.
–Yo sé que algo ocurre… –decía el joven, hablando con su Sneasel mientras aún cambiaba de canal– No es común que se tome una decisión así, hay algo detrás de todo esto.
–Snea, snea –dijo el felino, mientras comía.
–Encontré mucha información en Internet –comentaba el entrenador, ignorando lo dicho por su pokémon ya que no le entendió–. Los pokémon serán cazados y se llevarán a Japón. Allí, una compañía anónima les dará matanza… ¿recuerdas que antes de que Cristina dijera la noticia, la reportera mencionó que tres hombres desconocidos participaron de la reunión de la ONU? Estoy seguro que esos tres hombres deben ser de aquella compañía…
Cristian se calló un rato, y dejó a su pokémon comer en paz. El Decreto Mundial Alpha se pondría en vigencia a partir del lunes 22 de Enero, aún tenía dos días para actuar. Por más que él fuera un niño común y corriente, que ni siquiera es de Japón, presentía que debía actuar. En el fondo, sabía que él tenía la solución.
Pronto una idea le llegó a la cabeza. Con tanta emoción que había tenido hasta el día anterior, se le había escapado un detalle que había oído en las noticias. Según parecía, los pokémon se transformaron en cierto orden en todo el mundo, empezando en Japón, y extendiéndose en un área circular, hasta que la transformación se completó en todo el planeta. Sin mencionar, que los pokémon fueron inventados en Japón. El hecho de que los pokémon se transformarán primero en ese país no le pareció raro, el origen de ellos estaría allí, pero que los encargados de eliminarlos también se encuentren en ese lugar, ya no le parecía coincidencia.
Si deseaba averiguar la verdad, el origen de los pokémon, y quienes son verdaderamente los encargados de acabar con ellos, debería viajar a Japón…
–Sneasel… –dijo después de estar largo rato pensando– ¿Estás dispuesto a correr grandes riesgo, y hacer locuras sin saber por qué, para salvar a los pokémon?
El felino simplemente se digno a mirarlo con una cara de desconcierto.
–Verás… –dijo Cristian con un suspiro– Estoy seguro que la respuesta está en Japón, creo que deberíamos viajar allí a intentar solucionar todo… por más que yo solo sea un niño que ni siquiera sabría cruzar la General Paz (*), creo que debo intentarlo… más bien, debemos intentarlo.
El pokémon nuevamente lo miró confundido. En vez de responder, simplemente dio a entender con una mueca, que era todo una locura.
–Creo que tienes razón… no sé en que estaba pensando… –respondió el joven– Pero igual debemos huir de aquí, no dejaré que te entreguen. Creo que esta noche ya deberíamos escapar si es que lo haremos, es preferible correr con dos días de ventaja antes de que el decreto tenga vigencia. Por lo menos nos dará tiempo de buscar refugio sin tener que ocultarte todo el tiempo…
–Snea… –dijo el pokémon. De alguna manera entendía el sacrificio que su entrenador iba a hacer por él.
–Descuida, de seguro no soy el único que huirá con algún pokémon… de seguro pronto habrá colonias de refugiados y nos ocultaremos por ahí –intentó animarle el muchacho–. Bueno, necesitaremos dinero, ropa, comida… preparemos ya algunas cosas a escondidas de mis padres.
El chico se levantó de la cama de sus padres, y lo más silenciosamente que pudo, se acercó a cada escondite de dinero de su madre. Agarró la mayor cantidad de dinero posible, tratando de no sacar todo, En total, juntó 1200 pesos, y 300 dólares. Lo guardó todo en una cajita, la cual selló con el candado de su bicicleta. Luego guardó la caja en una ligera mochila, y en ella también colocó algo de ropa. Después, se acercó a un cajón de la mesita de luz de su mamá, y sacó un papel que estaba casi en el fondo; sabía que lo necesitaría. Una vez teniendo todo esto preparado, escondió la mochila debajo de su cama, hasta que sea el momento de marcharse.
La noche continuó su camino, y el joven reflexionaba cada vez más de lo que haría. Había decidido que sí huiría, pero no sabía a donde ni que es lo que haría. Obviamente no podría solo, necesitaba a alguien más que lo ayude.
Se sentó frente al monitor de su computadora, y abrió el MSN. Buscó en la lista de contactos, hasta que encontró el nick que buscaba: “Sebas”. Abrió la conversación, y escribió la típica rutina de saludo. Luego, cuando ya había empezado una charla común y corriente, pensó bien cada palabra, y preguntó lo que tenía que preguntar:
–“¿No pensas que es absurdo esto del decreto?” –Preguntó en la conversación.
–“Sí, la verdad. Es toda una locura” –le respondió CPokémon.
–“¿Vos vas a entregar a tu Charmander?” –Interrogó Cristian, esperando el momento de hacer la pregunta que de verdad le importaba.
–“Sí, por más que no quiera, debo entregarlo, no quiero quilombo (**) con la policía” –le respondió el administrador del foro “Centro Pokémon”.
–“Que lástima… yo también entregaré a Sneasel…” –Mintió el joven– “Y yo que quería ver un Charmander, ahora no podré… che, ¿te molesta si antes de que haya que entregarlos, te paso a visitar así conozco a tu Charmander?” –La pregunta que tenía que hacer ya la hizo. Sebas, conocido como CPokémon, era alguien que podría ayudarle. Mayor de edad, por lo que le facilitaría muchas cosas, y además de que estaba seguro de que también escaparía con su Charmander.
–“No, no me molestaría, de paso así también conozco a tu Sneasel” –le respondió Sebas– “¿Te venís vos o voy yo?”
–“Voy yo, mis viejos no dejarán que lleve un desconocido a casa… ¿en qué calle vivís?” –Tecleó lentamente la última parte. Sebas se había comido el anzuelo. CPokémon le escribió la calle y altura en la que vivía, y organizó con Cristian para que se encuentren al día siguiente por la tarde.
Una vez que el joven consiguió lo que buscaba, miró la hora. Sin darse cuenta, ya eran casi las doce de la noche, y sus padres ya estaban dormidos. Sería mejor que espere un rato, a que el amanecer esté más cerca, para huir. Apagó la computadora, y se acostó en su cama tras colocar la alarma de su reloj a las seis de la mañana. No pudo dormir, pero de alguna manera, tras varias horas de mirar el techo junto con Sneasel, el sueño lo venció.
***
La música de su celular lo despertó, informándole que ya eran las seis de la mañana. Rápidamente lo apagó antes de que sus papás también se despertaran. No necesitó vestirse, no se había puesto el pijama antes de dormir para poder marcharse más rápido. Agarró la mochila que había escondido, y guardó algunas otras pocas cosas, como su celular, la pokeball de Sneasel, y los cargadores de ambos. Bajó la escalera y guardó comida para pokémon, y luego tomó sus llaves.
Se acercó a la puerta, y su mano tembló mientras intentaba abrirla. Era algo muy drástico lo que iba a hacer, pero no le quedaba opción si quería defender a Sneasel. Abrió la puerta, y se adentró en el pasillo. Luego la cerró, y caminó lentamente hasta la puerta de calle. Antes de abrirla, miró a Sneasel quien había estado todo el tiempo caminando a su lado. Le dedicó una sonrisa, y luego abrió su mochila. De ella, sacó una capa de cuerpo entero con capucha, de color marrón, que tenía desde una fiesta de disfraces del año pasado. Se colocó la capa y la capucha, ya que era probable que en un par de días lo buscara la policía. Luego abrió la última puerta que lo separaba de su hogar. Introdujo la llave, y la abrió. Con gran fuerza, logró dar el primer paso afuera.
–Sneasel… –dijo el joven, tras respirar profundo– Sé que no estoy preparado para la vida que voy a enfrentar, pero ya no me queda opción. Ahora somos Fugitivos del Decreto, y deberé ocultarte la mayor parte del tiempo… más bien, deberemos permanecer ocultos la mayor parte del tiempo, y será algo difícil, pero quiero que sepas que aunque no esté listo, lo haré por ti, ya que eres mi amigo –le sonrió.
El pokémon le devolvió la sonrisa, y ambos guardaron un momento de silencio.
–Supongo que recordarás el nick que tenía en el foro “Centro Pokémon”, ¿no? –Preguntó.
El pokémon asintió levemente, sin entender a que quería llegar su entrenador.
–Bueno, a partir de ahora ya no somos Cristian y Sneasel… –dijo el joven, y sonrió como si hubiera escuchado un chiste que solo él oía– Ahora, somos… Dark y Sneasel.
Por más que haya sido un comentario de poca importancia, fue inspirador para ambos. Tras mirarse ambos con confianza, se adentraron aún más en la calle. Con decisión, ambos, los Fugitivos del Decreto, caminaron en dirección a la casa de CPokémon.
Continuará…
General Paz (*): calle que separa la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (capital de Argentina) del Gran Buenos Aires (provincia en la que se encuentra la capital).
Quilombo (**): Lío, barullo, gresca, desorden, problema.
Bueno, capítulo corto y aburrido, pero importante. Al igual que el anterior, este capítulo decide gran parte del rumbo del fic.
Espero que más alla del aburrimiento provocado por la falta de acción, haya sido de vuestro agrado ^^ espero ver si para el miercoles puedo traerles otro cap, asi que opinen ^^
A partir del cap V ya empieza a haber mas acción, asi que sigan de cerca el fic
Por cierto Rean, no te pongas mal si no te mencioné, es que hay 10.000 users en el fic y si mencionaba a todo siba a tardar un poquito, pero si aparecerás

(si quieres) y otra cosoa Rean, no sabia que ese celular existia en verde xD
Básicamente ya tengo una lista de los users que apareceran, y ya son muchos asi que no digan "puedo aparecer", porque son tantos que de seguro ya estan en la lista xD
Enviare ya algunos MPs a los primeros que apareceran, no a todos por ahora (mas que todo enviare a algunos usuarios de Argentina y Chile).
Ah, por cierto, les dejo tarea xP
¿De qué país son?
La pregunta es, ya que aparecerán por el país en que vivan, asi que mientras comentan respondanme, asi sé en que orden iran apareciendo y voy mandando MPs

ya me conozco el pais de algunos pero no de todos, asi que respondan todos igual xD (por cierto, no digan "fijate mi banderita" ya que apenas conozco la bandera de Argentina xD)