Empezaré por contar mi aventura, espero que sea del agrado de todos.
THE POCKET VAMPIRE TRAINER

Edad: ???
Sexo: Mujer
Espécie: Vampiresa
Rango entrenadora: Novata
Dinero en la cartera: 500 [Pérdida de 500 por ser derrotada]

-Pokeball x10
-Poción x3

Mote: Clef
Sexo: Macho
Habilidad: Muro Mágico
Nivel: 5
Exp. Actual: 0%
Ataques:
-Destructor
-Encanto
-Otra Vez
-???

Edad: 15
Sexo: Chico
Espécie: Humano
Rango entrenador: Normal (campista)

Mote: No tiene
Sexo: Macho
Habilidad: Trampa Arena
Nivel: 10
Ataques:
-Arañazo
-???
-???
-???
THE POCKET VAMPIRE TRAINER
Capítulo 1
Un nuevo mundo
Vagaba por la inmensa ruta abandonada, el sol veraniego que yacía sobre mí iluminaba todo borrando cualquier rastro de penumbra; moría de sed, creía desmayarme del calor que hacía. A pesar de ir protegida de la luz solar con un sombrero estilo pamela junto a unos largos guantes que sobrepasaban los codos, aquello no podía protegerme del calor; todo lo contrario, llevar aquello junto a vaqueros largos y botas tipo country solo lo empeoraba todavía más. Mientras más caminaba por la Ruta Espejismo menos esperanzas tenía de encontrar el camino que me llevaría hacía mi próximo destino, y el primero de muchos. Clef, mi pequeño acompañante, caminaba a mi lado fuera de la pokebola; aquél pequeño y cursi cleffa cuyo mote le puse por ser macho, el cual no pintaba nada con mi tétrica personalidad, no fue cosa mía el atraparlo. Lo encontré al poco de empezar a andar por los senderos de la ruta donde nos encontrábamos, cerca de la entrada de una cueva; el pobre estaba lleno de heridas, me dió tanta pena que lo cogí en brazos y fuí corriendo al pueblo que había cerca de allí el cual había visitado anteriormente. En aquél pueblo aprendí todo lo que debía saber sobre los pokémon, o al menos lo básico para empezar como entrenadora; tras escuchar sobre la Liga Pokémon, decidí recolectar las ocho medallas para así enfrentarme a la élite con el objetivo de convertirme en Campeona, en otras palabras la mejor entrenadora de toda la región de Odissey. Una aventura de esa índole era justo lo que buscaba tras siglos de aburrimiento en las lejanas tierras de Ooo, el lugar de donde vengo.
Nada más regresar a Pueblo Espejismo fui corriendo al Centro Pokémon, la enfermera al ver al cleffa en tal estado no dudó ni un segundo en llamar a su compañero pokémon para que la ayudara. Chansey, el pokémon de la enfermera, trajo rápidamente la camilla entre otros utensilios médicos; pusieron a Clef en la camilla y se lo llevaron tras las puertas blancas que conectaban con la sala de curas. Estuve esperando un rato en la salita cuando el pequeño cleffa salió tan campante junto a la enfermera, lo primero que hizo fue agarrarse en mis botas; lo subí en brazos y empezó a hacerme cariños, a lo que respondí haciéndole mimos; no solía ser cariñosa, pero al ver aquella cosita rosa dándome las gracias no lo pude evitar. Desde entonces el pequeño cleffa nunca se ha querido separar de mí, había pasado una semana y tras ver que no tenía intención de marcharse lo capturé con una pokebola volviéndolo así mi pokémon inicial; fue en ese momento en el que le puse el mote de Clef, el cual me pareció apropiado para él.
Seguíamos caminando por la calurosa Ruta Espejismo, la cual parecía inacabable, hasta que al fin encontré un árbol que a pesar del inmenso soleado todavía conservaba algo de sombra; me senté allí durante un rato para descansar junto a Clef, también atontado por el calor. Saqué una manzana de mi bolsa y le hinqué mis colmillos de vampira para así poder absorber el color rojo de la fruta, una vez hecho esto le entregué la manzana descolorida a Clef; a pesar de quedar sin color parecía que igualmente le gustaba, por lo que no había problema en compartir de ese modo tan extraño la comida. Por ciertos motivos dejé de tomar sangre, ahora sólo me alimentaba de cualquier tipo de color rojo para sobrevivir; aquello seguramente no podría hacerlo un vampiro ordinario, pero yo era de una clase bastante especial.
Una vez terminamos de comer, nos hechamos una siesta para reponer fuerzas; para cuando me desperté, pude ver cómo se acercaba un joven campista. Era moreno y llevaba un traje verdoso estilo boy scout, tarareaba canciones de acampada al son de sus pasos; cuando ya estaba cerca de nosotros se detuvo, mostrando una mirada de sorpresa.
-Veo que tienes un pokémon, ¿eres entrenadora?- preguntó mientras miraba a Clef.
-Pues… la verdad es que sí.- respondí algo sorprendida, pues hacía mucho que no veía a nadie pasar por la ruta.
-Llevo días caminando por aquí y no me he topado con ningún entrenador, por no mencionar que parece no haber un alma en este lugar… - dijo el campista.
-Pues yo estoy igual, entre el calor que hace y que no hay nadie… si no fuera por los árboles que aparecen de vez en cuando diría que estamos en un desierto.- le dije
-Mi nombre es Ezequiel, y como puedes ver soy campista; he venido de muy lejos para desafiar a la Líder Anna, ¿sabes?- comentaba el chico –Es la dueña del gimnasio de Ciudad Ilusión, dicen que es un templo griego inmenso lleno de misterio; los rumores sobre gente que ha estado allí dicen que todo lo que hay en el templo es ilusorio, de ahí que tenga el nombre de Gimnasio Ilusión.- dijo el chico
-Pero, entonces el nombre de la ciudad… ¿a qué se debe?- pregunté
-Precisamente a lo mismo, al parecer los habitantes de la ciudad son médiums.- respondió Ezequiel, cuyos ojos se iluminaban solo de contarlo.- ¿Por cierto cómo te llamas?- añadió intrigado.
-Mi nombre es Marceline.- respondí –También voy a esa ciudad por la medalla.-
-¡Vaya, que coincidencia!- exclamó –Ya sé, echemos un combate para ver quién tiene más posibilidades en el gimnasio- añadió entusiasmado.
-No es mala idea.- le dije –Vamos allá, pues.-
El combate comenzó. Ezequiel lanzó su pokebola y de ella salió una espécie de topo pequeño de un tono marrón tierra y nariz rojiza: era un diglett. Yo saqué al combate al único pokémon que poseía, el cual evidentemente era Clef. Nada más salir mi compañero el chico ordenó al diglett atacar, éste se camufló bajo tierra y para cuando Clef se percató de su presencia era demasiado tarde; le asestó un tremendo arañazo que lo dejó algo aturdido, y así prosiguió una y otra vez hasta ver a mi pokémon caer debilitado. Clef no pudo dar ni un sólo golpe, me sentí de algún modo humillada. Le dí una poción y lo mandé a descansar sentado al pie del árbol. No podía echarle la culpa de su derrota pues apenas nos habíamos topado con pokémon salvajes para entrenar, por lo que todavía tanto él como yo éramos unos inexpertos en el tema.
-Vaya si que fue fácil… ¿eres nueva en esto?- me preguntó Ezequiel
-Pues sí, la verdad.- contesté algo avergonzada tras la derrota.
-Bueno entonces es normal que pierdas, hasta que no practiques mucho y tu pokémon empiece a subir de nivel costará lo suyo una victoria.- dijo Ezequiel
-Tendré que practicar más entonces...- le dije
-Bueno pues me voy adelantando, ¡nos vemos en Ciudad Ilusión!- exclamó Ezequiel
-¡Adiós!- le respondí mientras veía como se iba alejando
Después de eso Clef y yo descansamos un rato para reponer fuerzas. Durante los siguientes tres días estuvimos caminando un buen trecho hasta que por fin vimos cómo llegábamos a la entrada de un bosque, donde había un cartel de madera clavado en el suelo; en aquel viejo y mugriento cartel había escrito lo siguiente:
"BOSQUE DEL DELIRIO: ¡Aviso peligro de setas alucinógenas!"
Tras lograr descifrar lo que estaba tachado, metí a Clef en la pokebola y me dispuse a entrar en aquella profunda y siniestra arboleda. En teoría si cruzaba el bosque podría llegar hasta la ciudad, además parecía un lugar idóneo para entrenar por el camino. Como podía ver en la oscuridad no me perdería de noche, así que no me lo pensé dos veces y comencé a perderme bosque adentro.
Vagaba por la inmensa ruta abandonada, el sol veraniego que yacía sobre mí iluminaba todo borrando cualquier rastro de penumbra; moría de sed, creía desmayarme del calor que hacía. A pesar de ir protegida de la luz solar con un sombrero estilo pamela junto a unos largos guantes que sobrepasaban los codos, aquello no podía protegerme del calor; todo lo contrario, llevar aquello junto a vaqueros largos y botas tipo country solo lo empeoraba todavía más. Mientras más caminaba por la Ruta Espejismo menos esperanzas tenía de encontrar el camino que me llevaría hacía mi próximo destino, y el primero de muchos. Clef, mi pequeño acompañante, caminaba a mi lado fuera de la pokebola; aquél pequeño y cursi cleffa cuyo mote le puse por ser macho, el cual no pintaba nada con mi tétrica personalidad, no fue cosa mía el atraparlo. Lo encontré al poco de empezar a andar por los senderos de la ruta donde nos encontrábamos, cerca de la entrada de una cueva; el pobre estaba lleno de heridas, me dió tanta pena que lo cogí en brazos y fuí corriendo al pueblo que había cerca de allí el cual había visitado anteriormente. En aquél pueblo aprendí todo lo que debía saber sobre los pokémon, o al menos lo básico para empezar como entrenadora; tras escuchar sobre la Liga Pokémon, decidí recolectar las ocho medallas para así enfrentarme a la élite con el objetivo de convertirme en Campeona, en otras palabras la mejor entrenadora de toda la región de Odissey. Una aventura de esa índole era justo lo que buscaba tras siglos de aburrimiento en las lejanas tierras de Ooo, el lugar de donde vengo.
Nada más regresar a Pueblo Espejismo fui corriendo al Centro Pokémon, la enfermera al ver al cleffa en tal estado no dudó ni un segundo en llamar a su compañero pokémon para que la ayudara. Chansey, el pokémon de la enfermera, trajo rápidamente la camilla entre otros utensilios médicos; pusieron a Clef en la camilla y se lo llevaron tras las puertas blancas que conectaban con la sala de curas. Estuve esperando un rato en la salita cuando el pequeño cleffa salió tan campante junto a la enfermera, lo primero que hizo fue agarrarse en mis botas; lo subí en brazos y empezó a hacerme cariños, a lo que respondí haciéndole mimos; no solía ser cariñosa, pero al ver aquella cosita rosa dándome las gracias no lo pude evitar. Desde entonces el pequeño cleffa nunca se ha querido separar de mí, había pasado una semana y tras ver que no tenía intención de marcharse lo capturé con una pokebola volviéndolo así mi pokémon inicial; fue en ese momento en el que le puse el mote de Clef, el cual me pareció apropiado para él.
Seguíamos caminando por la calurosa Ruta Espejismo, la cual parecía inacabable, hasta que al fin encontré un árbol que a pesar del inmenso soleado todavía conservaba algo de sombra; me senté allí durante un rato para descansar junto a Clef, también atontado por el calor. Saqué una manzana de mi bolsa y le hinqué mis colmillos de vampira para así poder absorber el color rojo de la fruta, una vez hecho esto le entregué la manzana descolorida a Clef; a pesar de quedar sin color parecía que igualmente le gustaba, por lo que no había problema en compartir de ese modo tan extraño la comida. Por ciertos motivos dejé de tomar sangre, ahora sólo me alimentaba de cualquier tipo de color rojo para sobrevivir; aquello seguramente no podría hacerlo un vampiro ordinario, pero yo era de una clase bastante especial.
Una vez terminamos de comer, nos hechamos una siesta para reponer fuerzas; para cuando me desperté, pude ver cómo se acercaba un joven campista. Era moreno y llevaba un traje verdoso estilo boy scout, tarareaba canciones de acampada al son de sus pasos; cuando ya estaba cerca de nosotros se detuvo, mostrando una mirada de sorpresa.
-Veo que tienes un pokémon, ¿eres entrenadora?- preguntó mientras miraba a Clef.
-Pues… la verdad es que sí.- respondí algo sorprendida, pues hacía mucho que no veía a nadie pasar por la ruta.
-Llevo días caminando por aquí y no me he topado con ningún entrenador, por no mencionar que parece no haber un alma en este lugar… - dijo el campista.
-Pues yo estoy igual, entre el calor que hace y que no hay nadie… si no fuera por los árboles que aparecen de vez en cuando diría que estamos en un desierto.- le dije
-Mi nombre es Ezequiel, y como puedes ver soy campista; he venido de muy lejos para desafiar a la Líder Anna, ¿sabes?- comentaba el chico –Es la dueña del gimnasio de Ciudad Ilusión, dicen que es un templo griego inmenso lleno de misterio; los rumores sobre gente que ha estado allí dicen que todo lo que hay en el templo es ilusorio, de ahí que tenga el nombre de Gimnasio Ilusión.- dijo el chico
-Pero, entonces el nombre de la ciudad… ¿a qué se debe?- pregunté
-Precisamente a lo mismo, al parecer los habitantes de la ciudad son médiums.- respondió Ezequiel, cuyos ojos se iluminaban solo de contarlo.- ¿Por cierto cómo te llamas?- añadió intrigado.
-Mi nombre es Marceline.- respondí –También voy a esa ciudad por la medalla.-
-¡Vaya, que coincidencia!- exclamó –Ya sé, echemos un combate para ver quién tiene más posibilidades en el gimnasio- añadió entusiasmado.
-No es mala idea.- le dije –Vamos allá, pues.-
El combate comenzó. Ezequiel lanzó su pokebola y de ella salió una espécie de topo pequeño de un tono marrón tierra y nariz rojiza: era un diglett. Yo saqué al combate al único pokémon que poseía, el cual evidentemente era Clef. Nada más salir mi compañero el chico ordenó al diglett atacar, éste se camufló bajo tierra y para cuando Clef se percató de su presencia era demasiado tarde; le asestó un tremendo arañazo que lo dejó algo aturdido, y así prosiguió una y otra vez hasta ver a mi pokémon caer debilitado. Clef no pudo dar ni un sólo golpe, me sentí de algún modo humillada. Le dí una poción y lo mandé a descansar sentado al pie del árbol. No podía echarle la culpa de su derrota pues apenas nos habíamos topado con pokémon salvajes para entrenar, por lo que todavía tanto él como yo éramos unos inexpertos en el tema.
-Vaya si que fue fácil… ¿eres nueva en esto?- me preguntó Ezequiel
-Pues sí, la verdad.- contesté algo avergonzada tras la derrota.
-Bueno entonces es normal que pierdas, hasta que no practiques mucho y tu pokémon empiece a subir de nivel costará lo suyo una victoria.- dijo Ezequiel
-Tendré que practicar más entonces...- le dije
-Bueno pues me voy adelantando, ¡nos vemos en Ciudad Ilusión!- exclamó Ezequiel
-¡Adiós!- le respondí mientras veía como se iba alejando
Después de eso Clef y yo descansamos un rato para reponer fuerzas. Durante los siguientes tres días estuvimos caminando un buen trecho hasta que por fin vimos cómo llegábamos a la entrada de un bosque, donde había un cartel de madera clavado en el suelo; en aquel viejo y mugriento cartel había escrito lo siguiente:
"BOSQUE DEL DELIRIO: ¡Aviso peligro de setas alucinógenas!"
Tras lograr descifrar lo que estaba tachado, metí a Clef en la pokebola y me dispuse a entrar en aquella profunda y siniestra arboleda. En teoría si cruzaba el bosque podría llegar hasta la ciudad, además parecía un lugar idóneo para entrenar por el camino. Como podía ver en la oscuridad no me perdería de noche, así que no me lo pensé dos veces y comencé a perderme bosque adentro.
Reporte (Atención leer sólo despues del capítulo)
Entrenadores
Marceline Abadeer (yo)
Edad: ???
Sexo: Mujer
Espécie: Vampiresa
Rango entrenadora: Novata
Dinero en la cartera: 500 [Pérdida de 500 por ser derrotada]
Bolsa

-Pokeball x10
-Poción x3
Equipo Pokémon
Cleffa

Mote: Clef
Sexo: Macho
Habilidad: Muro Mágico
Nivel: 5
Exp. Actual: 0%
Ataques:
-Destructor
-Encanto
-Otra Vez
-???
Ezequiel

Edad: 15
Sexo: Chico
Espécie: Humano
Rango entrenador: Normal (campista)
Equipo Pokémon
Diglett

Mote: No tiene
Sexo: Macho
Habilidad: Trampa Arena
Nivel: 10
Ataques:
-Arañazo
-???
-???
-???







Coliseo Crepuscular
(0
(05)


















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....El oponente se comenso a reir y mando a su pokemon: a por el 











nv 5 vs
nv 3 

vs 
vs 












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