Vale, cuatro cositas antes de postear mi historia. Edu, se me olvidó comentar que sólo pueden recibir dinero de los entrenadores, pues obviamente los pokémon salvajes no tienen dinero... XD Vuelves a tener 3000 monedas, ok?
Reanzuro, el nivel de tus pokes se reduce por un detallito.
Kaos ganó: Pidgey (25%), Metapod y Cascoon (25% de cada una pues compartió combate con Spoink =50%), Butterfree (75%) y tomó un caramelo raro. Eso equivale a un 250% de exp, que se traduce a 2 niveles subidos + un 50% de exp extra. Kaos queda en nivel 7 con la barra a 50% de exp.
Spoink ganó: Metapod y Cascoon (25% de cada una pues compartió combate con Kaos =50%), Beautifly (75%) y tomó un caramelo raro. Eso se traduce a 225% De exp, que significa que Spoink queda a nivel 5 con 25% de exp.
Como Combee lo venciste tu, decido repartir la exp de su primera fase entre los dos. Con lo que queda...
Spoiler
Y ahora mi historia...
Amanece radiantemente con el sol adornando el cielo. Los primeros rayos de luz del astro acarician mi adormilado rostro entre las finas cortinas de terciopelo de mi habitación, y con pereza, me levanto y me froto los ojos, cansado. Miré al lado de la cama, en la camita de Nana, negra con el cojín blanco. No está, e intuyo que mi compañera pokémon está jugando en el patio. Miro la hora y efectivamente, es tarde. A tropezones, me visto como puedo, peinándome con las manos y un poco de colonia. Me miro al espejo y ahí estoy yo. Con el pelo negro y medianamente largo, los ojos grises y esa expresión seria pero afable que tengo. Me visto con un chaleco negro desabrochado y unos pantalones cortos del mismo color, pero cubro mis piernas hasta las rodillas con unas oscuras botas de cuero. Bajo las escaleras precipitadamente y me tropiezo por el camino con mi hermana pequeña, que sube al baño después de desayunar. Al entrar en la cocina, veo a mamá y a Nana comiendo juntas, mi madre sentada en una silla y Nana en el suelo.
- ¡Buenos días, Siro!
- ¡Buenos días! Mamá, ¿le has dado la píldora de jalea a Nana?
- Claro que sí, hijo...
- Gracias.
Antes de ponerme a comer, me agacho y acaricio el suave lomo de mi Ratatta, una hermosa hembra llamada Nana, algo extraña, pues su pelaje es un poco más oscuro, de un liláceo mora que la hace muy atractiva. Mientras tomo unos crusanes y Nana termina su maíz, mi madre baña a mi hermano pequeño, un bebé de unos meses. Antes de que baje, Nana se sube en mi hombro y yo la acaricio cariñosamente.
- ¡Mamá, voy al laboratorio de Zoe para la revisión de Nana y mi licencia!
- ¡No tardes! ¡Te esperamos para comer! - gritó, pero sólo oí su voz en "off".
- ¡Estaré aquí en un par de horas! - contesté.
- ¡Raa! ^^ - añadió Nana.
Salimos por la puerta y admiramos el fantástico día que se presentaba. Nana estaba radiantemente cepillada y bañada del día anterior, y su pelo brillaba como nunca. Esperaba que Zoe me diera el visto bueno y mi licencia no se hiciera esperar más. Deseaba por todo lo alto conseguirla.
- ¿Lista, Nana? - le dije aún con ella en el hombro.
No me contestó con su característico grito, sólo frotó su mejilla contra la mía y entendí al instante que se trataba de un radiante "sí". Pasé el umbral de la puerta, avancé por el camino de gravilla y abrí la puerta del jardín. Con sólo pisar el árido suelo del sendero que conducía al Laboratorio, noté ese escalofrío característico de una emoción intensa.
Mientras avanzaba temeroso con Nana apoyando su cabeza en mi mejila, la arena del camino se elevaba lentamente con el paso del viento. Sólo respiré tranquilamente una vez pisé el césped que reinaba tras la verja del laboratorio. Antes de entrar, miré fijamente la pura pared blanca, adornada con grandes ventanas rectangulares de cristales transparentes. Los pokémon vivían en paz en los jardines de los alrededores, tanto de entrenadores como algunos enfermos que la misma Zoe había rescatado. Avancé por el camino de piedras planas, intentando no dañar la mullida hierba, de un intenso verde. Al llegar a la puerta, Nana saltó al suelo y se sentó educadamente, como ya le había enseñado. Llamé.
- ¿Quién es? - preguntó Zoe a través del audiófono.
- Soy yo, Zoe. Siro.
- ¡Oh, Siro! ¡Pasa, pasa! - dijo colgando y presionando el botón para abrirme la puerta.
Empujé con decisión y entré, siendo recibido cordialmente por su ayudante, una preciosa Persian de brillante pelaje y tiernos ojos.
- ¡Te esperaba con impaciencia! - dijo Zoe apareciendo detrás de unos bidones de comida pokémon.
- Gracias, estaba impaciente por recibir la licencia, pero me interesa más saber si Nana se desarrolla con normalidad.
- ¡Claro, empecemos con la revisión de tu compañera! ¡Sígueme!
Seguí a Zoe impacientemente, con Nana andando a mi lado. Mientras la joven científica, nieta de Serbal, preparaba los aparatos, Nana miraba con dudosa expresión los artilugios.
- Tranquila, no te preocupes, son inofensivos... - le susurró Zoe con una tierna sonrisa.
Nana, aún no muy convencida, se dejó poner un cinturón de fuerza que hacía que para mantenerse de pié tuviera que forzar. La pequeña ratita lo hizo sin esfuerzo, lo que me enorgulleció.
- Vaya, nivel de fuerza muy alto, está muy bien cuidada... ¡Veamos la velocidad!
Nana subió a una cinta de correr. Zoe iba aumentando un kilómetro cada diez segundos, y Nana aguantó sin problemas hasta los 37. Zoe paró por la fatiga de mi compañera, que se bajó orgullosa a la vez que cansada.
- Buena velocidad, 37 Kilómetros por hora es una velocidad considerable contando que es un Ratatta y que no ha usado Ataque Rápido.
Para acabar, Zoe le sacó una muestra de sangre, le tomó el pulso y le hizo unas revisiones apretándole diferentes sitios. Finalmente, me acercó a Nana, que me miraba contenta.
- Siro, felicidades, Nana está fuerte, sana y es rápida. Sus análisis de sangre muestran la correcta alimentación y el equilibrio que necesita, así como sus músculos, desarrollados, más si cabe que los de un Ratatta salvaje.
- Vaya, gracias...
- Esto se debe al ambiente natural en que vives, tu casa de campo le da el espacio que necesita, el cariño que le brindas y una buena alimentación. Es un Ratatta envidiable. Además, te diré que el color intenso de su pelaje se debe a su felicidad. Cuando más felices son, más oscuro es su pelaje. ¡Y el morado de Nana es muy intenso!
Ruborizado por los elogios a Nana y a mí, indirectamente, me agaché y acaricié a mi amiga con ternura. Ella me lamió la mano y me mordisqueó los dedos cariñosamente. Al levantarme, Zoe me acercó un bloc azul y una extraña Perla del mismo color.
- ¿Qué son?
- El bloc, tamaño de libreta, es tu herramienta de trabajo pokémon. Te diré que dentro está tu carné y tu licencia. Es tu primer paso.
- Vaya... - dije con más ilusión que nunca - ¿Y la Perla?
- Eso es un regalito para Nana, por lo buena que ha sido. Es un Caramelo Raro, son deliciosos y contribuyen al desarrollo pokémon.
- ¡Ei, esto es para ti, entonces, pequeña amiga!
- ¡Raa! ^^
Me agaché y le di el caramelo a Nana, que al ser del tamaño de una pelota de pin pong, estuvo royendo por unos momentos. Al terminar, se notaba en su cara que el sabor de éste era exquisito.
- Y toma esto... - dijo alargándome unas pokéball.
- Gracias... - dije solemnemente - Pero quiero llevar a Nana fuera de su pokéball, quiero que comparta todo conmigo, y es más, nunca será capturada. Quiero que si se queda conmigo sea por su propia pata - dije guardando las pokéball en la mochila para futuros compañeros
- Eso te honra... - dijo Zoe contenta - ¡Aquí empieza tu viaje!
- ¡Gracias!
Con gran alegría y con Nana de nuevo al hombro, salí del laboratorio a toda velocidad, pisando de nuevo el árido suelo de camino a casa. Mi licencia, por fin mi licencia. Un gran viaje me esperaba. Y lo iba a aprovechar.
Mientras seguía andando por el árido camino, Nana miraba el paisaje y parpadeaba sin cesar. La miraba ensimismado, súper orgulloso de mi pequeña, de brillante pelo y lagrimosos ojos, que ahora miraban sin cesar, con curiosidad.
- Nana...
- ¿Raa?
- Te quiero muchísimo, Nana...
- Raa...
Nana se bajó de mi hombro y se puso delante mío, a dos patas, con sus patitas delanteras encogidas, mirándome e intentando sonsacarme algo. Sólo me agaché y la abrazé, recordando cada instante de rechazo que había sufrido...
En el pasado...
- ¡Mira, tiene una rata!
- ¡Ah, pero qué asco!
- ¡Mira, es el niño-rata!
Todos me miraban con asco por llevar a Nana en brazos. Tenía un corte en la cara y una de sus patitas torcida. Yo mismo estaba lleno de magulladuras, pues me había peleado con tres niños que le estaban pegando una paliza a mi pobre amiga. Contaba con sólo siete años cuando la conocí...
- A pesar de que todo han sido rechazos, Nana, yo no te abandonaré... ¡Siempre estaré a tu lado!
Nana no dijo nada, sólo se volvió a subir a mi hombro y me lamió la cara cariñosamente. Contento, seguí andando, sin percatarme de que una criaturita de acaramelada coraza y brillantes ojos negros nos vigilaba de cerca...
- ¡Eh, tú! - me gritó un chico desde detrás de la reja de una casa cercana - ¿Ese bicho es tuyo?
- Para tu información, Nana no es ningún bicho, es una magnífica y portentosa Ratatta...
- Sí, sí... lo que tú digas. Dime, ¿estás dispuesto a luchar con esa bazofia?
- No la llames así, o te aseguro por mi vida que lo lamentarás...
- Veámoslo.
El muchacho ni siquiera abrió la puerta, sólo la saltó y se dispuso unos metros delante de mí, intentando intimidarme sacando una pokéball.
- Tu ratita ni siquiera tiene pokéball... Patético...
- El hecho de que tú necesites una para retener al infeliz que tengas a tu lado sí me parece patético... - ironicé.
El chico, con furia, lanzó la pokéball, de la cual salió un gran Purugly.
- ¿Nunca has oído eso de jugar al gato y al ratón? ¡Pues Purugly se lo va a pasar bomba comiéndose a tu rata de cloaca!
- Nana, ¿te sientes segura?
Mi compañera no me contestó, sólo bajó de mi hombro y se dispuso a luchar. Mi corazón palpitaba agitadamente. Mi primer combate, y encima, contra un Purugly, ya evolucionado y de mayor nivel...
- ¡Purugly, empieza con Hipnosis!
El enemigo empezó a iluminar sus ojos y a moverse sinuosamente, mientras Ratatta empezaba a caer en sueño.
- ¡No lo permitas, Nana! ¡Recuerda, usa Alboroto!
Nana empezó a gritar locamente, y no sólo evitó quedarse dormida, si no que las ondas de sus gritos dañaron a Purugly.
- ¿Cómo? ¡Los Ratatta no pueden aprender eso!
- Sí, de hecho pueden. Se trata de un movimiento hereditario, pero Nana lo aprendió por sí misma, no le hizo falta heredarlo... ¡Yo la ayude a perfeccionarlo, que no hayamos luchado nunca no significa que no estemos preparados para el combate! ¡Llevamos once años juntos! ¡Nana, usa Chirrido!
Un agudo e inaguantable Chirrido dejó a Purugly sin poder moverse, casi sin energía. Nana aprovechó.
- ¡Ataque Rápido!
Nana se desplazó ágilmente y le dió una fuerte embestida que tumbó a Purugly.
- ¿Eso es un buen pokémon entrenado?
- ¡Cállate! ¡Purugly, usa Mordisco!
Purugly, que era inesperadamente rápido, atrapó una de las patitas de Nana entre sus fauces. Nana intentaba tirar, pero sólo conseguía hacerse más daño.
- ¡Tranquila, Nana, no te preocupes! - pensé, mientras notaba que el nivel de ese Purugly iba a terminar por vencer a Nana - ¡Ya sé, usa Inversión!
¡BLAM! Un tremendo golpe lanzó a Purugly por los aires. Nana estaba erizada y muy enfadada, esperando la vuelta del gato. Pero no fue así, estaba debilitado. Nana había ganado.
- ¡Sí, bien hecho, Nana! ¡Has ganado!
- ¡Raa! ^^
- ¿Y tú se supone que eres un criador? ¡Los criadores no luchan!
- Te equivocas, mi sueño es ser criador, pero para ello antes debo luchar, y lo haré convirtiéndome en el mejor coordinador. Y Nana está entrenada por mí, y aunque no tenga muchos ataques, son fuertes. ¡Nana tiene talento, aún siendo una rata, aunque no lo quiera reconocer nadie, payaso!
Sin decir nada, me alejé, dejándolo sin hablar. Nana me siguió y se subió en mi hombro. Con esmero, empezó a lamerse la pata, que a pesar de que no tenía herida, sus puntos de salud habían quedado muy bajos y estaba babeada por el pokémon gato.
Mientras, la criaturita extraña seguía persiguiéndonos...
Mientras andaba orgulloso del combate de Nana, me sentía inquieto por la persecución de una sombrita que ya hacía rato que notaba. Sólo podía oír el crujir de las ramitas cerca de mí, así como gemiditos. Vi una coraza dorada, pero no pude distinguirlo.
- ¡Nana, detrás de ese matorral! - le grité a mi compañera.
Nana no se lo pensó dos veces y saltó tras los matorrales. Instantes después, una hermosa Sansdhrew hembra salió de su escondite, intimidada por Nana. Quedé fascinado por el tipo de pokémon que era, pero el estado de ésta me entristeció. Su coraza estaba arañada y magullada, como si le hubieran dado golpes sin cesar. En las patitas tenía algunas astillas clavadas, producto de su vagabundería. Tenía las garritas destrozadas y me miraba con miedo.
- Pero pequeña... ¿Qué te han hecho?
El Sandshrew no huyó de mí, al contrario, se acurrucó sobre sí misma. Yo, con ternura, me agaché y la acaricié suavemente. La pequeña pokémon acorazada empezó a abrirse asustada, dándome a entener que empezaba a confiar en mí.
- El que haya hecho esto no tiene corazón...
- Pues entonces deja al desalmado en paz y devuélvele su pokémon, osea, a mí... - dijo una voz a mis espaldas.
Me volví, y un chico bastante menor que yo. Era un poco más bajo que yo y de facciones alargadas. Me miró con cara de pocos amigos.
- Si no me devuelves a mi Sandshrew, pagarás las consecuencias - me amenazó.
- ¿Y yo te lo he quitado? Ha venido a mi lado por sí sola, creo que es por lo mal que la tratas...
- Bien, ¿no estás dispuesto a devolverla? Bien, decidamos quién se queda con ella...
- Eso lo decidirá ella, no nosotros, pero estaré encantado de destrozarte en un combate.
El niño sacó una de sus pokéball y la lanzó al suelo, de la cual salió un maltrecho Aron. Al igual que Sandshrew, no estaba muy bien cuidado, pero sí se veía fuerte.
- ¡Aron, usa Golpe Cabeza contra esa rata! - dijo señalando a Nana, que sin que yo se lo dijera ya se había dispuesto a luchar.
- ¡Nana, intenta disminuir la potencia de su ataque con tu Placaje!
Nana no se apartó, si no que planto cara al pokémon de acero con su Placaje. El golpe hirió a ambos, y empezaron a forcejear. Era evidente que Aron tenía mayor fuerza física que Nana, pues ésta empezaba a retroceder con dificultad.
- ¡Nana, salta de golpe y usa At. Rápido!
Nana saltó de golpe, dejando a Aron con el equilibrio perdido. Aprovechó su descoordinación y le azotó con su Ataque Rápido.
- ¡Aron, usa Bofetón-Lodo!
- ¡Nana, no le dejes y usa tu Chirrido!
Nana aprovechó el sonido inaguantable de su Chirrido para cancelar el ataque de Aron.
- ¡Aprovecha tu baja salud y usa Inversión!
Nana se acercó a toda velocidad y dió un gran golpetazo a Aron, debilitándolo por fin.
- ¡Bien, Nana!
- Maldición... - dijo el chico recogiendo a Aron - ¡De ésta te acordarás!
Me acerqué a Nana, que estaba algo cansada, y me la subí al hombro. Viendo que la acababa de defender, la Sandshrew no se despegaba de mí. Decidí dejar que me siguiera, esperando a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos.
- ¡Mamá, ya estoy en casa! - grité abriendo la puerta con energía, teniendo Nana en el hombro y a la pequeña Sandshrew andando tímidamente detrás de mí.
Me acerqué a la cocina y no había nadie, por lo que entré. Abrí la nevera esperando encontrar algo comestible para los pokémon, y encontré varios huevos frescos. Cojí dos huevos y una manzana.
- Venga, chicos, vamos a comer...
Nana se lanzó contra su manzana, su fruta favorita, y Sandshrew me miraba con carita de hambre.
- Ten, pequeño, sé que en estado salvaje comes frutas y huevos... - le dije dándole los dos huevos, que agarró con las patitas.
El pequeño pokémon acorazado no reparó en las miradas, y con ansia, devoró los huevos, dejando las cáscaras vacías. Cuando terminaron, les puse un bol con agua para que se refrescaran. Mientras, mamá bajón con Jay, mi hermano, en brazos.
- ¡Hijo! ¿Ya tienes tu licencia?
- ¡Sí, mira que bonita es! - dije enseñándole el bloc azul y el carné que había dentro.
- Investigador pokémon con sólo 18 años... ¡Eres un crack! - dijo, cuando reparó en la presencia de Sandshrew - ¡Vaya! ¿Y este pequeñín?
Sandshrew olisqueó la mano de Airan, desconfiando, pero finalmente acabó dejando que la acariciara.
- ¿Vas a quedártela, hijo?
- Aún no lo sé, mamá... Quiero que lo decida ella...
- En todo caso, dales un baño a los dos. A Nana ya le toca y la pobre Sandshrew lo necesita.
- Bien.
Salí al patio seguido de las dos pequeñas pokémon y miré el cielo. Hacía un tiempo estupendo y el sol brillaba intensamente. Me quité el chaleco, dejando mi torso desnudo, y agarré la manguera. Nana y Sandshrew me miraban con cara de picardía, como si tuvieran ganas de bañarse. En acto bromista, las salpiqué, las pequeñas se rieron, frotándose la humedecida piel. Llené un gran barreño metálico y las metí en él, mojándoles todo el pelo. Cojí un poco de jabón y empecé por frotar el pelaje de Nana, bien enjabonado. Mientras el jabón hacía efecto en el pelo de Nana y ésta chapoteaba alegremente, le dí con el jabón por la coraza a Sandshrew. Era más difícil de limpiar, pues entre las rendijas de ésta se había acumulado la tierra y las costras de las heridas sin curar. Saqué las astillas de sus patitas con cuidado y las limpié, así como sus pezuñas. Cuando acabé, las saqué y las dejé al sol. Ambas estaban limpias y radiantes, y empezaron a correr por el patio, jugueteando. Mamá se acercó a mí.
- Tiene muy buen aspecto, hijo...
- Gracias, mamá... No sé si al final querrá quedarse conmigo o qué hará, pero la verdad es que tengo ganas de que se quede... es muy buena y tiene bastante futuro conmigo...
- Pregúntaselo...
- Bien.
Con seguridad, me acerqué a Sandshrew y la cojí en brazos. Me miró ensimismada, esperando que le hablara.
- Sandshrew... yo no voy a presionarte, pero, ¿quieres quedarte a mi lado?
No se lo pensó dos veces y se tiró a mi cuello, abrazándome fuertemente y dejando ir algunas lágrimas. Mamá me miraba orgullosa.
- Entonces bienvenida... Gea... - dije poniéndole mote.
Gea aceptó su mote encantada, y Nana y ella volvieron a sus juegos. Mamá me miró y me sonrió, a sabiendas de que faltaban apenas unas horas para que me fuera de viaje.
Entré en casa dejando a Nana y Gea jugar en el jardín, bajo la atenta mirada de Airan, mi madre. Subí a mi habitación y recogí mis cosas, sólo lo esencial. Metí en una bandolera negra mi bloc azul con la licencia de investigador, tres mudas de ropa para ir lavándolas, comida, agua y ítems de higiene. Una vez lo tuve todo, bajé las escaleras, con alegría pero tristeza a la vez, pues empezaba mi viaje pero debía dejar la casa. Mamá me miró con lágrimas de alegría en los ojos.
- Ya estás preparado... - me dijo besándome en la frente- ...buena suerte...
No pude reprimir mi impulso, y con lágrimas en los ojos la abracé fuertemente. Una vez me separé de ella, la miré a los ojos.
- Prometo que no volveré hasta ser el mejor. Es mi palabra de honor.
Dicho esto, mamá se secó las lágrimas y me miró con alegría. Salí de casa e indiqué a Nana y a Gea que me siguieran. Éstas lo hicieron con su característico trote, y siguieron mis pasos. Me giré por última vez para despedirme de mi madre con la mano, que me correspondió.
- Gea, esta será de ahora en adelante tu Pokéball.
Ésta me sonrió alegremente, y sin más dilación, se metió sola en la ball. Minimicé su tamaño y la miré orgulloso, y Nana volvió a subirse en mi hombro.
Al avanzar, una chica bastante ruda se paró delante de nosotros.
- Bienvenido al camino de la muerte... ¿Y sabes por qué se llama así? ¡Por que yo soy quien reside aquí! ¡Y si pierdes este combate obligado, estás perdido!
- ¿Combate obligado? Me río de tus tonterías... A luchar, Nana, ya sabes qué hacer. ¡Sal, Gea, observa el combate! - dije sacando a mi Sandshrew de su Ball.
Me quedé mirando, sin dar ni una sola orden a Nana.
- ¡Adelante, Spearow!
El pequeño pokémon pájaro salió de su pokéball y se dispuso a atacar a Nana.
- ¡Usa Picotazo!
Nana, sin yo darle ninguna orden, usó su Ataque Rápido para evitar el Picotazo. En consecuencia, Spearow clavó el pico en el suelo, sin poder moverse.
- ¡Spearow!
Nana se acercó rápidamente al indefenso pokémon, y le soltó un gran Placaje, que lo dejó maltrecho pero a su vez lo sacó de su trampa.
- ¡Bien, ahora vuela!
Nana miró como el pokémon pájaro se elevaba.
- ¡Ahora usa Furia!
Spearow bajó rápidamente, envuelto en un aura roja. Pero Nana lo volvió a esquivar con facilidad. Aún así, lo único que podía hacer era esquivar las Furias, pues al ser un pokémon volador no podía atacarle.
- ¡Ja! Tu ratita no puede alcanzar a mi pokémon... ¡Deberías darle alguna orden!
Me negué en redondo y esperé a que Nana reaccionara por sí misma. Pronto empezó a emitir unas extrañas ondas transparentes que hacían un tosco sonido. Era Alboroto. Las ondas dieron a Spearow, que bajó su nivel de vuelo. Para acabar de bajarlo, Nana emitió un terrible Chirrido, que además de dejar a Spearow casi sin defensas, lo obligó a bajar a tierra. Nana lo remató con un tremendo ataque rápido, que lo debilitó.
- ¡Bien, Nana! ¡Lo has conseguido tu sola! - grité entusiasmado.
- Vaya... - susurró la chica, recogiendo a su pokémon y desapareciendo entre los matorrales.
- Gea, estos combates son usuales entre nosotros, espero que estés dispuesta a participar en el próximo... - le comenté.
Gea no dijo nada, sólo esperaba ansiosa su oportunidad de enseñarme sus habilidades mientras seguíamos nuestro camino a ciudad Kyuu.
- ¡Detente! - me gritó un muchacho frente a mí, el mismo que había vencido al salir, el poseedor de Purugly.
- ¿Qué quieres ahora, pesado?
- ¡No me llames pesado! ¡Quiero mi revancha! - reparó en Gea - ¡Ja! ¿Ahora coleccionas ratoncitos?
- Gea no es un ratón, si no un armadillo, cateto, y ya viste la paliza que te dí con Nana.
El chico sacó dos pokéball de su bolsillo.
- Un combate doble sin límite de tiempo, ¡¿Te atreves?!
- Por favor, un paso adelante, Nana, Gea...
- ¡Adelante Torkoal! ¡Vamos, Treecko!
Los pokémon se dispusieron en el terreno.
- ¡Torkoal, Lanzallamas contra esa rata! ¡Treecko, Destructor contra el armadillo!
- ¡Gea, Ataque Arena para parar el Lanzallamas y métete entre el polvo para azotar a Torkoal con Tajo Umbrío! ¡Nana, Chirrido contra Treecko!
Torkoal lanzó un potente Lanzallamas que se vió parado por el Ataque Arena de Gea. Acto seguido, la pokémon armadillo se metió en medio del ataque y le dió un gran tajo umbrío crítico. Nana por su parte se interpuso entre Treecko y Gea para paralizarlo con Chirrido. Treecko se cayó al suelo, quedando inconsciente y fuera de combate, pues Nana le azotó luego con su Ataque Rápido.
- ¡Torkoal, Sofoco contra Nana!
No me dió tiempo a reaccionar, y el ataque dió de lleno a Nana. La pobre cayó a mis pies casi debilitada.
Sólo quedaban Gea y Torkoal...
Nana se levantó, temblando, pero aún en pié. El chico no daba crédito a sus ojos.
- ¡No puede sobrevivir a un Sofoco de Torkoal!
- ¡Pues ya ves que sí que puede con su voluntad de hierro! ¡Gea, véngate, Placaje!
Gea se enrolló sobre sí misma, dejando a Torkoal tumbada boca arriba. La pobre no podía moverse.
- ¡Ahora, Nana, usa Mordisco! - le grité sabiendo que había aprendido el nuevo ataque con el aumento de nivel!
Nana se acercó lo más rápido que pudo en su bajo estado y le proporcionó un mordisco que la dejó casi fuera de combate.
- ¡Gea, remátala con Arañazo!
Gea arañó el caparazón de Torkoal, que ya debilitada yacía inconsciente. El chico salió corriendo, recogiendo a sus pokémon con rapidez.
Me agaché y felicite a ambas, pero Nana...