La vista del desierto extendiéndose en su plenitud ante sus ojos y brillando bajo los rayos del sol cómo si se tratara de un mar de oro, causo un vuelco en el corazón de Elwood. No importa el calor que sintiera en ese momento, ni que tan pegajosa estaba su ropa en ese momento, la sensación de grandeza no podía ser diezmada.
Algo en su interior le llamaba a gritar, tal vez fuera por el recuerdo que le surgió de una vez cuando era pequeño: Él con todos los niños del pueblo jugando a escalar unas oxidadas barras que estaban en la ciudad; siempre se caía y era el único que no lograba más que un par de raspones debido a su torpeza, pero aun así nunca se rindió… aunque nunca logró llegar a la cima. Por eso mismo ante las burlas de sus amigos –y sobre todo la de una niña de tres años que se trepaba por las barras como un chimpancé— él prometió que algún día lograría escalar algo mucho más difícil y, cuando lo hiciera, gritaría de la emoción esperando que lo pudieran escuchar y así, se metieran sus burlas por el cu… aquí el recuerdo se pone un poco obsceno, por lo que sería mejor no continuar.
Elwood abrió su boca, preparando el mayor gritó de su vida; sin embargo el destino era un cruel bromista. Antes de que pudiera soltar su grito a todo pulmón –iba a decir algo así como “Soy el rey del mundo”— algo lo golpeo entre sus pies y le hizo perder el equilibrio.
Él definitivamente hubiera caído de no ser porque Bross justo a tiempo, logró sostenerlo con sus látigos y lo sentó con delicadeza en el suelo.
Elwood: Y-o… yo vi esa cerca, gra-gracias Bross —su voz era jadeante y su piel estaba más pálida que la leche y ni hablar de su corazón que latía más fuerte que un solo de batería— ¿Qué habrá sido eso? No creo que haya sido la maldición de “No podrás escalar nada jamás” —Supuestamente, según sus amigos, era por eso que jamás lograría escalar nada—
Busco con la vista lo que fuera que lo había golpeado y al fin lo encontró… o más bien, eso lo encontró a él. Una pequeña pelota parecida a una piedra maciza el golpeo en las piernas para luego retroceder y… ¿desenrollarse? Sí, así era.
La criatura tenía una textura rocosa por casi todo su cuerpo, con únicamente un abdomen y mandíbula blanca. Debajo de sus filosos ojos negro lucía una sonrisa de quien acababa de realizar un chiste y con sus pequeñas manitas tocaba su pansa –como si le doliera de tanto reírse- ratificando el hecho de que, lo que acaba de suceder, le causaba mucha gracia.
Elwood: ¿Así que piensas que es muy chistoso, eh? ¡Casi me mataste! —le reclamó furioso, por un momento la pequeña mostró una expresión de confusión, pero no le duró más de unos segundos hasta que volvió a reír—… Veamos si te ríes de esto ¡Bross! ¡Anda y ataca, usa Placaje!
Vs 
Bross actuó con rapidez y se lanzó en contra de la pequeño armadillo –hasta ahora Elwood era que apenas la había alcanzado a relacionar, antes pensaba que era como un… gato— y con toda la fuerza de su cuerpo, la golpeo en el abdomen. Sin embargo, la criatura ni se inmuto por un minuto y continúo con su simpática risilla.
Elwood: ¡WoW! ¿Qué fue eso, Bross? ¿Acaso le hiciste cosquillas? ¡Sólo se está riendo más! —Se sentía un poco frustrado y al parecer a Bulbasaur no le gustó nada, porqué con uno de sus látigos comenzó a golpear a Elwood en los pies, haciéndolo saltar repetidamente; eso le dio más risa a la ardilla— ¡Bien, bien, lo siento! No es tu culpa, pero ya deja de hacer esto que sólo consigues que seamos sus payasos —le suplico casi entre lágrimas; Bross se apiado de él y se detuvo— ¡Bien, bien, por fin! ¡Bross ahora dale con todo, usa Latigazo!
Bulbasaur asintió y enseguida sacó sus látigos de castigo, pero esta vez lucían algo distinto: Brillaban con la fuerza y el verdor de la naturaleza misma. Esta vez el armadillo si debió sentir el peligro porque enseguida dejo de reír, no obstante no tuvo tiempo suficiente para huir del ataque y fue golpeado ferozmente por los látigos de Bulbasaur, haciéndolo retroceder bastante.
Elwood: ¡Eso definitivamente si lo sintió! ¡Vuelve a darle con todo, Bross!
Bulbasaur, esta vez más emocionado, se preparó para volver a golpearla, sin embargo la armadillo no se dejó tomar desprevenida nuevamente y antes de ser golpeada se enrollo dentro de sí misma y comenzó a rodar como una canica para evitar el golpe que fue a dar directo contra el suelo y sólo logró levantar un poco de arena.
Elwood: ¡Genial, parece una canica! —Dijo con los ojos brillándole de emoción; sólo volvió a entrar en razón cuando Bross lo golpeo— ¡Lo siento, lo siento! No puedo distraerme con facilidad ¡Pero es que es tan geni…! Ay voy otra vez, rayos mejor me concentro antes de que sea muy tarde ¡Bross debes detenerla con tu Latigazo!
Por un momento, Elwood crería que sería fácil hacerlo, pero luego se dio cuenta de que estaba metido en una situación algo complicada. Bross trató de golpear a la pequeña rueda de piedra con sus látigos repetidamente pero cada intento falló; la criatura se movía con agilidad de un lado a otro mientras evadía los ataques y antes de que Bross pudiera reaccionar ya había sido golpeada por la rueda, haciéndolo volar un metros hacia atrás.
El armadillo ni por un segundo dejo de rodar, todo lo contrario: Su velocidad aumento de manera progresiva mientras daba vuelta alrededor de Bross y se preparaba para su próxima embestida.
Elwood: Cada vez me parece genial… no importa si trato de matarme ¡Debo capturarla! —Estaba decidido ¿qué trato de matarlo como si fuera un chiste? ¡Esas cosas pueden olvidarse con facilidad— Bross ¡deberás esperar a que se acerque a golpearte y retenerla con tus látigos!
A Bulbasaur no le gustaba nada la idea porque eso implicaba ser golpeado, pero aun así no rechisto. Luego de dar varias vueltas a su alrededor, la canica de piedra pareció cansarse de esperar a que el pokémon de planta se moviera y fue directo contra él. La acometida fue exitosa, pero esta vez Bulbasaur rehusándose a salir despedido se plantó firme en el suelo y apenas retrocedió un par de centímetros y, antes de que la criatura pudiera retroceder nuevamente, con sus látigos logró amarrarla para detener su giro.
Elwood: ¡Muy bien, ahora lánzala contra el piso con fuerza!
No hubo tiempo de rechistar y con toda las energías puestas en sus látigos Bulbasaur le hizo un “movimiento sísmico” impactándolo de cabeza contra el suelo y dejándolo por unos enterrado en éste sin poder moverse.
Elwood: ¡Muy bien, ahora es el momento! —Sacó su Pokeball con entusiasmo; tanto era así que estuvo a punto de caérsele de las manos pero por suerte logró retenerla— Uf, eso estuvo muy cerca ¿Cierto Bross? —El pequeño sólo pudo golpearlese la cara con un látigo, en significado de la profunda vergüenza que sentía en esos momentos— ¡Muy bien Pokeball, ve!
Sobra decir que así como su torpeza casi hizo que se le cayera la Ball, casi también hizo que la Pokeball fallara –costaba un poco creer que de verdad el armadillo tuviera la total culpa de su casi caída— por suerte Bross con su látigo logró atraparla y redirigirla hacia el Pokémon enterrado en el suelo –que ya para esos momentos se estaba sacudiendo para salir de allí—
La Pokeball dio directo contra la criatura y la absorbió dentro de ella con su rayo de luz. Por unos segundos la tensión era palpable en el ambiento, viendo como la Pokeball giraba de un lado a otro… pero cuando finalmente se detuvo y la luz en el centro brillo, todo se volvió más ligero.
Elwood: ¡Sí, sí sí! ¡He atrapado un Pokémon, he atrapado un Pokémon! —Gritaba de emoción, sin caer en cuenta de que… prácticamente fue Bross con su látigo el que lo capturó—
Corrió hasta la Pokeball en el suelo y la sostuvo con felicidad entre sus manos pensando que ahora tenía un genial Pokémon canica en su equipo y que con él, jugar a las canicas no sería ningún problema ahora. —¿En qué cosas pensaba?—
Elwood la retiró de su Pokeball para darle la bienvenida a su equipo y en ese mismo momento trató de huir desesperadamente, pero Bross logró detenerla amarrándola con sus látigos…
Elwood: Hey, no tienes por qué huir, tranquila; no te vamos a hacer ningún daño, ahora formas parte de nuestro equipo ¿sí? —le dijo acariciándole la cabeza con cuidado; la pequeña por unos segundos se vio intimidada, pero luego pareció gustarle las caricias y dejo salir una risilla— Bien, tu voz es un poco femenina ¿no? Asumo entonces que eres una chica… así que creo que desde ahora te llamare Nico ¿te gusta? —La armadillo no parecía muy cómoda con ese nombre, pero aun así asintió— ¡Muy bien Nico, entonces desde ahora eres parte de nuestra familia! ¡Juntos viviremos grandes aventuras! Y… ¡Ganaremos el torneo mundial de canicas! —definitivamente esa última idea nadie lograría sacársela de la cabeza—
Con un nuevo miembro en el equipo, Elwood se sentía más animado y con suerte que nunca, así que esta vez se dispuso a soltar el gritó que fue interrumpido. Pero antes de hacerlo, miró a todos lados con precausión, no fuer a ser que la maldición atacara de nuevo…
Elwood: Bien, veo que no hay nada que pueda tumbarme así que… ¡SOY EL REY DEL MUNDOOOOOO! —Gritó a todo pulmón y, junto a él también sus Pokémon, hasta que se quedó sin aire— Bien, con eso ya me siento conforme así que podemos continu…
No pudo terminar la frase porque cayó de platanazo al suelo por culpa de Nico que le metió el pie; Elwood refunfuñaba, mientras ella reía a gusto y Bross ponía un puchero por hambre. ¿Qué le depararía ahora a este extraño trío? Lo único que podía pensar ahora Elwood, era en seguir explorando las galerías –luego de quitarse la tierra de encima, claro—