Hello!
Aquí llega otra entrega semanal de PNM (creo que es una buena abreviación para el título), empiezo a entender ese sentimiento que se genera cuando veo a los lectores intrigados. Me gusta, muahaha... (?)
Las presentaciones de los personajes poco a poco se van formando, así que ya queda menos para el comienzo de la verdadera aventura que le espera a este fic. Ciertamente no es tan fácil como aparenta encajar todas las piezas de la imaginación, sobretodo para dejar una buena descripción, intriga y emoción entre otras cosas. No obstante seguiré haciéndolo como mejor se me da: poniéndole toda mi paranoia y entusiasmo en ello, pues no hay nada mejor que escribir sobre Pokémon.
Damas y caballeros, dicho esto les presento el quinto episodio:
POCKETS N' MONSTERS

Vidar caminaba como podía por la ruta 35, ni siquiera él sabia cómo podía siquiera mantenerse en pie. Las quemaduras le habían dejado en un estado lamentable, pero su determinación por salir de aquél lugar era demasiado fuerte como para caer a mitad de camino. Con la poca fuerza de voluntad que quedaba en su debilitado cuerpo, logró llegar hasta el que una vez fue el Parque Nacional; intentando proseguir, cayó rendido al suelo tras perder el conocimiento.
Una figura podía avistarse entre los árboles, saliendo de ellos se acercó entre la penumbra que dejaba allí el atardecer. Su cuerpo de un verde brillante, que era tapado por una especie de túnica marrón, quedó plantado frente al Scizor que había tirado en el suelo, soltando un suspiro mezcla de preocupación y duda.
—Un Scizor… que ironía… de todos los pokémon, tenía que ser éste.
La verdosa silueta agarró con sus pinzas al rojizo insecto, y tras un leve bateo de alas, aceleró en una velocidad digna de un despegue de avión. Dirigiéndose al interior del parque, se perdió entre la vasta maleza.
Más lejos del parque, situándose en la Torre Radio de Ciudad Trigal, el angustiado Surge continuaba esperando a que los médicos salieran para informar de la operación. Tras largas horas al fin salió Gilbert, el cirujano, con una cara bastante demacrada. Aquello puso nervioso al lugarteniente.
—Esa cara… no me digas que…
—Hemos podido salvarla— aquellas palabras reconfortaron de un modo trascendental a Surge —No obstante, ha quedado en coma… no sabemos cuando despertará… si lo hace siquiera.
La cara de alivio de Surge desapareció al instante, quedando pálido en cierto modo; no podía creer lo que decía el médico, aun sabiendo que no mentía. Hubo un silencio sepulcral, Gilbert regresó a donde estaba la paciente y, tras un rato, dejó pasar al lugarteniente. Pudo observar a Sabrina tumbada en la camilla, entubada y con la máquina de constantes vitales activada. Yacía con la cabeza vendada y los ojos cerrados, parecía una muñeca que fuera a despertar en cualquier momento; al menos eso era lo que él más deseaba, que despertara y todo aquello no fuera más que un horrendo susto.
Estuvo hablándole durante otras horas, dándole ánimos para que despertara mientras la tenía agarrada de la mano con fuerza. También preguntó sobre la premonición que tuvo antes de la operación, sacando sus propias conclusiones que no le llevaban a ninguna parte; empezó a contarle los planes que tenía para ella, que quería darle una sorpresa muy grande aquella tarde. No mencionó el qué, pero en sus manos podía verse una pequeña cajita antigua; donde al abrirla pudo verse un hermoso anillo dorado.
—Es algo que ha pertenecido a mi familia durante años, sé que cuando lo veas acabarás tan eufórica que tendré que tener cuidado no vueles los muebles con tu psíquico… jaja… ah… por favor, despierta pronto… sin ti yo no…
Surge quedó callado, mirando al suelo mientras seguía sosteniendo con fuerza la mano de su amada. En aquél momento, por primera vez en largos años, aquél militar que aparentaba no tener compasión estalló en lágrimas. Mordiéndose el labio para no ser escuchado, no podía evitar dejar caer lágrimas por sus mejillas.
El hombre, en aquél momento, no se dio cuenta de que Red le observaba tras la puerta, donde Pikachu permanecía a los pies de éste. Había ido a ver a Green en la enfermería donde lo cuidaba su hermana, y de regreso quería echar un vistazo a como iba el estado de Sabrina. El joven no dijo nada, no quiso interrumpir ni avergonzar aquél momento tan íntimo y profundo. Se marchó silencioso como hacía de costumbre, y fue directo a las escaleras en dirección a su cuarto en la planta superior.
Tras todo esto cayó la noche, anunciando el final del día más esperado y glorioso que La Resistencia había alcanzado en más de dos años. Mientras subía por las escaleras, el entrenador rojo no pudo evitar reflexionar mentalmente.
“Al final todo tiene un precio, y uno muy alto el de la libertad. ¿Acaso no hacemos lo correcto? Empiezo a tener dudas ¿De qué sirve verles perseguir un sueño que no llegarán a vivir? Pero también es cierto que si me retiro ahora, todo será en vano. Ya no soy aquél niño que correteaba con su Pikachu viendo la vida como un juego, el mundo de afuera es cruel, es real, y con ello el mal que llegará si no detenemos a ese loco de Giovanni.”
—Si tan solo tuviera el llavero… podría abrir aquélla puerta… y entonces…
Red llegó a su habitación, quedando descalzo se tumbó en la cama junto a Pikachu. El pequeño y amarillento ratón se revolcaba entre las sábanas medio agotado, no era de extrañar pues había estado correteando de aquí para allá esquivando balas toda la mañana. De tanto peligro al final tuvo que quedarse en la bola, cosa que personalmente detestaba pero sabía que su fiel amo y compañero humano lo hizo para protegerle. Apagando la luz, el muchacho terminó dormido boca arriba, mientras Pikachu quedó sobado encima de su torso, acurrucado.
Mientras tanto en Kanto, concretamente en la base Plasma que había instaurada en Pueblo Lavanda, no hacía ni dos horas que Hydreigon había traído a Ghechis hasta la entrada principal. Los médicos no tardaron en socorrerlo, y tras un largo intento de estabilizar el avanzado ritmo del veneno en su sangre lograron salvarlo a duras penas. No obstante el líder Plasma había quedado en un estado de inconsciencia permanente, de un carácter rozando lo vegetal.
Al parecer eran los efectos secundarios del veneno, pero todavía estaban a tiempo de ir regulando poco a poco su cerebro hasta recuperar del todo sus funciones vitales y fisiológicas. El único problema era el estado de sueño en que se encontraba, pues de aquél modo no había líder del que recibir órdenes y tampoco podían saber qué había ocurrido en Azafrán. La incertidumbre y el nerviosismo empezaron a plantar sus semillas dentro de la organización en ese momento.
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En la sala de estar de un ático, situado en un bloque de pisos de Ciudad Portual (región de Hoenn), gracias a la claridad que la luna dejaba pasar a través del balcón podía verse a Cloud. Tenía tanto su azulado ropaje como la enorme espada que empuñaba manchados de sangre, líquido que teñía la blanca moqueta del suelo en un tono carmesí. Junto a él yacía sentado Axel en el sofá, vestido con una túnica negra, contemplando la escena como si de una obra de teatro se tratase.
—¡Tío la has liado buena esta vez!— comentó el pelirrojo —Aunque supongo no pudo evitarse desde el momento en que sacó esa pistola.
—Ese idiota… le dije que no se resistiera, pero no escuchó… vámonos de aquí.
—Sí… ya hemos conseguido otra Llave Suecra, con esta ya tenemos dos.
—Nos faltan dieciséis todavía Axel, aún queda para lograr nuestro objetivo.
—Odio estas mierdas de la “ley de equivalencia”. ¿No sería más fácil que se dejaran de tanto puzzle místico? Así no hay quien dé pie con bola, correteando como tontos por el mundo…— el pelirrojo parecía enojado.
—No desesperes, todo llegará… ahora vamos.
Tras limpiar la espada bajaron por las escaleras del oscuro rellano, intentando ser lo más silenciosos posibles. Una vez llegados al portal, Axel salió primero para comprobar si había alguien en los alrededores. No se vio un alma en la calle, en aquellas horas que rozaban la madrugada no se escuchaba ni el sonido de los automóviles siquiera. Para que nadie viera el rojo en su ropa, Axel le dio su túnica negra a Cloud y se dispusieron a continuar.
Avanzaron por una avenida secundaria para evitar ser descubiertos, pues no querían jugársela pasando por la calle principal; allí sus oscuros ropajes les camuflaban entre las sombras de los edificios, que solo eran iluminados por la luz de la luna. Dicha luz poco a poco iba perdiendo fuerza, mientras que el negro tono del cielo empezaba a ser más claro. Debían darse prisa de llegar antes del amanecer, no podían ser vistos de ningún modo pues su fama les haría ser el centro de atención.
—Me pregunto si fue buena idea lo de la banda, como nos vea alguien ahora no podremos desaparecer tan fácilmente.— susurró Axel mientras corría.
—Toda decisión tienes sus inconvenientes, pero lo prefiero así.— respondió Cloud en voz baja —Si no hubiéramos hecho eso ahora no estaríamos aquí.
—Cierto… Mira, ya llegamos.
Lograron llegar al hotel, donde actuaron rápido al ver como el recepcionista se había quedado dormido; había quedado con los brazos cruzados en la mesa y su cabeza apoyada en ellos, emitiendo un leve ronquido de vez en cuando. Con suma maña Axel agarró la llave de la habitación y fueron a toda prisa hacia la planta de arriba. De nuevo fueron por las escaleras para no toparse con nadie en el ascensor, pendientes de no ser vistos por ningún trabajador o huésped. Una vez llegaron a la planta superior se toparon de narices a un chico en mitad del pasillo.
Delgado, con el cabello medio largo de un tono marrón, que hacía cierto contraste con el azul de sus ojos, permanecía inquieto Sora. Al ver una mancha carmesí en el pantalón de Cloud, se dirigió a ellos preocupado.
—¿Qué ha pasado?
—Ahora te lo explicamos junto a Riku.— respondió Cloud —Vayamos a la habitación primero.
Cruzaron los tres el largo pasillo hasta llegar a la habitación número 493. Allí permanecía Riku de pie, apoyado en la puerta. Observando con sus ojos de aguamarina la vestimenta de Cloud, soltó un suspiro mientras se apartaba.
—¿Qué habéis hecho?— pregunto muy serio —Debíais estar aquí hace ya más de una hora, estábamos pensando en ir a buscaros.
—Ahora te explico, pero primero vamos para dentro todos.— respondió Axel.
Entraron en la habitación con la llave que habían cogido antes en recepción, era una de tipo familiar para cuatro personas. Se habían instalado allí desde que llegaron a Hoenn, donde al día siguiente deberían dirigirse a Ciudad Malvalona para disputar su primer concierto en la región.
—¿Y el manager?— preguntó Cloud.
—No se ha enterado de nada, sigue durmiendo en su cuarto.— respondió Sora.
—Mejor, solo nos faltaban más problemas…— comentó Axel.
—Bueno, decidme de una vez qué ha pasado.— exigió Riku, muy serio.
—El tipo la ha palmado, como oyes tío.— explicó Axel —Le dijimos que no teníamos intención de hacer daño a nadie, aunque el aspecto de Cloud y su cacho espada pues como que no inspiraron mucha confianza…
—Sacó un arma, una pistola.— dijo Cloud — tuve que intervenir.
—Ya… seguro que no estabas esperando algo como eso…— dijo Riku —No debí dejarte ir con Axel, tratar con los Vigilantes es un tema demasiado personal para ti.
—¿Qué hacemos ahora? Como la policía nos investigue, lo descubrirán…— comentó Sora preocupado.
—No le des mas vueltas, mañana por la mañana nos iremos de aquí.— respondió Axel —Para cuando echen de menos al tipo ese nosotros a saber donde estaremos, pero de seguro bien lejos eso sí.
—Bien, vayamos a dormir entonces— dijo Riku —Queda poco para que amanezca, aprovechemos lo que queda en descansar.
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Davis y Alicia permanecían cada uno en su camarote, que casualmente estaban pegados uno al lado del otro. La chica, sentada en su litera, miraba al suelo todavía perdida en un remolino de emociones, donde su enojo hacia Davis hacía bombear fuertemente su corazón. Odiaba ese sentimiento, aquél que la hacía ablandarse cada vez que no la prestaba atención o cuando sonreía confiadamente ante el peligro. No le gustaba depender de nadie, ella había aprendido artes marciales para no depender de él a pesar de lo que sucedió.
No quería ni verle, no podía mostrarle aquella cara roja y llorosa; tampoco quería sonar desesperada o idiota por decirle sus motivos, no debía saberlos. Plusle salió de la pokebola y se subió a sus piernas con una expresión preocupada, soltando alguna que otra chispa que delataba su nerviosismo.
—Tranquilo, luego iremos a ver como está tu hermanito... i el idiota de… a quién pretendo engañar, la tonta aquí soy yo montando una escena así… anda ven Plusle.
Davis, tumbado en su camarote, intentaba apartar su frustración cerrando los ojos e intentando pensar en cualquier cosa menos Alicia y lo que había dicho, cosa que le era imposible. Siempre pensaba en ella, no sabía hacer otra cosa desde que la conoció. Al principio era una preocupación por lo que le sucedió, pero más tarde empezó a ser un tanto obsesivo. Hacía un tiempo en que peleaban por cualquier estupidez, donde parecieron calmarse las cosas tras lograr el llavero.
“Quizá ella esté enojada por el abrazo que le dí anoche estando ebrio. ¿Porqué haría aquello? En aquél instante solo sentía un enorme deseo de abrazarla, de cogerla entre mis brazos y no soltarla jamás. Puede que siga molesta por eso, o por haberme hecho el indiferente antes; pero de ser así… ¿Entonces ella esperaba una respuesta? Debería haberme quejado.”
—¿Davis? Abre, se que estás ahí…— picando la puerta, Alicia esperaba que la dejara entrar.
—¿Qué… quieres?— abriendo la puerta, el chico intentaba evitar su mirada.
—Siento haberte gritado, no quería… bueno, lo siento.— la voz de Alicia sonaba apagada y tímida, cosa rara en ella.
—Está bien, me disculpo yo también por si te he molestado en algo.— tragando saliva, Davis reunió fuerzas para formular una pregunta —Esto… ¿Por qué te enojaste de aquél modo? Si es sobre Cloud lo siento, no soy nadie para decirte con quién hablar… aunque debes reconocer que con Alice hiciste algo muy extraño.
—Ah… bueno… yo… esto… solo quería que me dejara en paz, nada más.
—¿Entonces… no iba en serio?— la mirada de Davis se fundía con la de Alicia, que tuvo que volver a centrar sus ojos en el suelo.
—¿Eh? No te entiendo… ¿A qué te refieres?— ella se veía nerviosa ante el chico.
—De verdad tu nunca…
—¿Qué estáis haciendo?— tras hablar con el capitán, Alice había subido al barco —Jack está esperando abajo, vamos Davis.— dicho esto clavó una mirada en Alicia.
—Tú… ¿No podías estarte verdad?— Alicia sentía un desagradable sentimiento por aquella chica, que no paraba de estropearle cada momento importante del día.
—¿Y porqué debería estarme? Tu misma dijiste que no te interesa.— aquél susurro que Alice dejó en el oído de Alicia la dejó temblando, por alguna razón aquellas palabras le produjeron una angustia inimaginable.
—Vamos Alicia, ya hablaremos luego ¿vale?— dicho esto Davis fue hacia abajo, mientras “ella” le acompañaba.
—Yo misma lo dije…— murmuró Alicia cabizbaja mientras bajaba del barco.
Tras salir del amarrado navío, pudo ver a Jack junto a Davis y Alice. Por una extraña razón se percató de la mirada de Alice hacia el joven, la cual era de melancolía; aquella mirada era tan profunda que quedó grabada en la mente de Alicia. Cuando Alice se percató de que la observaban, apartó su vista de Davis y empezó a caminar.
—¿A qué esperáis?— soltó la morena—Vamos ya a por esa tripulación.
—¡Arr! Espero sean buenos hombre de mar, no me vale cualquier palurdo.
—Son muy buenos, pronto verás porqué.— respondió Alice mientras caminaba junto al resto rumbo al otro lado del puerto.
—¡¡Min!!— una chillona voz salió del ratoncito azulado que había salido de sopetón fuera de su bola —¡¡Plus!!— lo mismo hizo su contraparte rojiza.
—¿Así que os ha dado por salir eh?— las palabras de Davis sonaban cariñosas.
—Plusle, anda súbete— dijo Alicia, dejando que el ratón se colocara en su hombro izquierdo.
—¿No tienen mote?— preguntó Alice.
—Pues ahora que lo dices, nunca les puse uno…— respondió Davis —Es que de donde venimos no hay pokémon de su especie, lo más parecido son los Pichu pero como estos dos ninguno.
—Porque te los trajeron de Hoenn.— dejó caer Alice.
—¿Cómo sabes eso?— preguntó Alicia.
—Lo deduje…— la morena no miró en ningún momento a Alicia.
—Ya veo…— murmuró la rubia.
—¿Por qué no le ponéis Nunim y Elsulp?— dijo Alice —Estoy convencida de que les gustará, ya verás…— la chica se dirigió al dúo eléctrico —¿Os gustan los nombres cierto?
—¡¡Min!! ¡¡Plus!!— los dos ratones respondieron al unísono con aprobación.
—Vaya, pues sí que los has convencido.— comentó Davis —La verdad son buenos motes, me gustan también.
—¿Cómo sabías que lo aprobarían?— Alicia quedó perpleja.
—Pura intuición…— respondió Alice, mirando de nuevo a otro lado.
—¿Bueno moza, ahora por donde giramos?— dijo Jack al ver que llegaron a un cruce de direcciones.
—Hacia la izquierda, ya queda poco. Por la hora que es todavía les falta para ir a comer, aunque igualmente lo hacen en el barco.— respondió Alice.
Caminaron durante un rato más por las iluminadas calles del puerto, por la zona donde el comercio quedaba ya lejos y solo avistaban barcos. Llegados a la zona sur-oeste pudieron ver un barco de color negro inmenso, con el nombre de “Aqua” grabado en blanco junto a un símbolo que recordaba de algún modo a una calavera.
—¡¡¡ARCHIE!!!— de repente Alice se puso a gritar —¡¡¡BAJA AQUÍ!!!
—¡Arr! Pero qué cojones… ¿Qué hace?— el capitán se tapó los oídos para no quedar sordo, el resto hizo lo mismo incluido Minun y Plusle.
De la pasarela del navío bajaba un hombre robusto y realmente sexy (al menos así era a ojos de Alicia). Vestía un traje negro que hacía juego con sus elegantes zapatos, donde en la oscura y medio desabrochada camisa, la cual dejaba ver su musculoso pecho, llevaba el símbolo del barco en forma de broche plateado; con el mismo símbolo grabado, en la cabeza tenía puesto un pañuelo de color azul. Observando a Alice con sus negros ojos, paso su mano por su rasurada barba en un gesto sublime mientras terminaba de pisar suelo.
—¡Hola Archie!— de un salto Alice abrazó al galán con una tremenda sonrisa.
—¡Ah! Mira que eres ruidosa. ¿Qué necesitas esta vez?— se quejó el hombre, pero de un modo amable —Vaya, veo que no vienes sola…— percatándose del resto de acompañantes que había traído la chica, se dirigió a ellos.
—Buenos días.— dijo el hombre mientras estrechaba la mano de Jack —Veo que usted también es marinero, mi nombre es Aquiles pero todo el mundo me llama Archie.
—Me suenas mucho… ¿Tú no serás… el capitán del Team Aqua?— respondió Jack con un rostro muy serio, apartando su mano.
—Por favor, no me mire así. Sí, es cierto que lo soy; pero de lo ocurrido en Hoenn ya hace mucho tiempo, ya pagué el precio por mis errores en el pasado. Ahora en vez de dedicarnos a la piratería trabajamos en la exportación de productos exclusivos de la región, créame cuando le digo que no miento.
—Arr… puedo ver los ojos de un hombre sincero en tu mirada… está bien te creeré, pero como hagas algo sospechoso lo lamentarás. Estoy viejo pero todavía soy duro de pelar.
—¡Jajaja! Es usted un verdadero hombre de mar, de seguro es capitán.
—Pues sí, lo soy. He venido porque esta moza me dijo que conocía de una tripulación para ir a Hoenn, estoy falto de una y debemos ir allí por ciertos asuntos.
—Comprendo, no hay problema pues.— respondió Aquiles —Cuando se trata de ayudar a Alice no lo dudo ni un segundo, pues es muy buena con nosotros a pesar de su forma de ser. Esta semana debemos volver por trabajo a la región así que preparad vuestras cosas y venid aquí una vez estéis listos.
—Hay un problema, no tengo a nadie para vigilar mi barco.— respondió Jack.
—No se preocupe hombre, aquí nuestros mercaderes cuidarán bien de su barco hasta que vuelva a por él. Le doy mi palabra.
—Muy bien pues, lo prepararemos todo y vendremos aquí. ¿Cuándo salen?— preguntó Jack.
—Pasado mañana a primera hora, os estaré esperando.
—¿Podríamos instalarlos hoy?— preguntó Davis —Es que ya tenemos las maletas hechas y todo…
—Davis, no hacia falta decir eso.— respondió Alicia en voz baja.
—Claro, no hay problema. Si ya tenéis todo preparado podéis ir trayendo las cosas, así no tendremos que entretenernos luego.
—Está bien, volveremos en un rato. ¡Nos vemos!
Dicho esto el grupo se despidió de Aquiles y se dirigieron hacia el barco de Jack de nuevo con el motivo de llevar sus cosas al navío del ex-pirata. Por lo visto Alice decidió quedarse con él mientras esperaba que regresaran. Cuando terminaron con el trajín ya era mediodía, donde Archie decidió que se quedaran a comer para así presentarles la tripulación.
Aquí llega otra entrega semanal de PNM (creo que es una buena abreviación para el título), empiezo a entender ese sentimiento que se genera cuando veo a los lectores intrigados. Me gusta, muahaha... (?)
Las presentaciones de los personajes poco a poco se van formando, así que ya queda menos para el comienzo de la verdadera aventura que le espera a este fic. Ciertamente no es tan fácil como aparenta encajar todas las piezas de la imaginación, sobretodo para dejar una buena descripción, intriga y emoción entre otras cosas. No obstante seguiré haciéndolo como mejor se me da: poniéndole toda mi paranoia y entusiasmo en ello, pues no hay nada mejor que escribir sobre Pokémon.
Damas y caballeros, dicho esto les presento el quinto episodio:
POCKETS N' MONSTERS
Capítulo 5

Vidar caminaba como podía por la ruta 35, ni siquiera él sabia cómo podía siquiera mantenerse en pie. Las quemaduras le habían dejado en un estado lamentable, pero su determinación por salir de aquél lugar era demasiado fuerte como para caer a mitad de camino. Con la poca fuerza de voluntad que quedaba en su debilitado cuerpo, logró llegar hasta el que una vez fue el Parque Nacional; intentando proseguir, cayó rendido al suelo tras perder el conocimiento.
Una figura podía avistarse entre los árboles, saliendo de ellos se acercó entre la penumbra que dejaba allí el atardecer. Su cuerpo de un verde brillante, que era tapado por una especie de túnica marrón, quedó plantado frente al Scizor que había tirado en el suelo, soltando un suspiro mezcla de preocupación y duda.
—Un Scizor… que ironía… de todos los pokémon, tenía que ser éste.
La verdosa silueta agarró con sus pinzas al rojizo insecto, y tras un leve bateo de alas, aceleró en una velocidad digna de un despegue de avión. Dirigiéndose al interior del parque, se perdió entre la vasta maleza.
Más lejos del parque, situándose en la Torre Radio de Ciudad Trigal, el angustiado Surge continuaba esperando a que los médicos salieran para informar de la operación. Tras largas horas al fin salió Gilbert, el cirujano, con una cara bastante demacrada. Aquello puso nervioso al lugarteniente.
—Esa cara… no me digas que…
—Hemos podido salvarla— aquellas palabras reconfortaron de un modo trascendental a Surge —No obstante, ha quedado en coma… no sabemos cuando despertará… si lo hace siquiera.
La cara de alivio de Surge desapareció al instante, quedando pálido en cierto modo; no podía creer lo que decía el médico, aun sabiendo que no mentía. Hubo un silencio sepulcral, Gilbert regresó a donde estaba la paciente y, tras un rato, dejó pasar al lugarteniente. Pudo observar a Sabrina tumbada en la camilla, entubada y con la máquina de constantes vitales activada. Yacía con la cabeza vendada y los ojos cerrados, parecía una muñeca que fuera a despertar en cualquier momento; al menos eso era lo que él más deseaba, que despertara y todo aquello no fuera más que un horrendo susto.
Estuvo hablándole durante otras horas, dándole ánimos para que despertara mientras la tenía agarrada de la mano con fuerza. También preguntó sobre la premonición que tuvo antes de la operación, sacando sus propias conclusiones que no le llevaban a ninguna parte; empezó a contarle los planes que tenía para ella, que quería darle una sorpresa muy grande aquella tarde. No mencionó el qué, pero en sus manos podía verse una pequeña cajita antigua; donde al abrirla pudo verse un hermoso anillo dorado.
—Es algo que ha pertenecido a mi familia durante años, sé que cuando lo veas acabarás tan eufórica que tendré que tener cuidado no vueles los muebles con tu psíquico… jaja… ah… por favor, despierta pronto… sin ti yo no…
Surge quedó callado, mirando al suelo mientras seguía sosteniendo con fuerza la mano de su amada. En aquél momento, por primera vez en largos años, aquél militar que aparentaba no tener compasión estalló en lágrimas. Mordiéndose el labio para no ser escuchado, no podía evitar dejar caer lágrimas por sus mejillas.
El hombre, en aquél momento, no se dio cuenta de que Red le observaba tras la puerta, donde Pikachu permanecía a los pies de éste. Había ido a ver a Green en la enfermería donde lo cuidaba su hermana, y de regreso quería echar un vistazo a como iba el estado de Sabrina. El joven no dijo nada, no quiso interrumpir ni avergonzar aquél momento tan íntimo y profundo. Se marchó silencioso como hacía de costumbre, y fue directo a las escaleras en dirección a su cuarto en la planta superior.
Tras todo esto cayó la noche, anunciando el final del día más esperado y glorioso que La Resistencia había alcanzado en más de dos años. Mientras subía por las escaleras, el entrenador rojo no pudo evitar reflexionar mentalmente.
“Al final todo tiene un precio, y uno muy alto el de la libertad. ¿Acaso no hacemos lo correcto? Empiezo a tener dudas ¿De qué sirve verles perseguir un sueño que no llegarán a vivir? Pero también es cierto que si me retiro ahora, todo será en vano. Ya no soy aquél niño que correteaba con su Pikachu viendo la vida como un juego, el mundo de afuera es cruel, es real, y con ello el mal que llegará si no detenemos a ese loco de Giovanni.”
—Si tan solo tuviera el llavero… podría abrir aquélla puerta… y entonces…
Red llegó a su habitación, quedando descalzo se tumbó en la cama junto a Pikachu. El pequeño y amarillento ratón se revolcaba entre las sábanas medio agotado, no era de extrañar pues había estado correteando de aquí para allá esquivando balas toda la mañana. De tanto peligro al final tuvo que quedarse en la bola, cosa que personalmente detestaba pero sabía que su fiel amo y compañero humano lo hizo para protegerle. Apagando la luz, el muchacho terminó dormido boca arriba, mientras Pikachu quedó sobado encima de su torso, acurrucado.
Mientras tanto en Kanto, concretamente en la base Plasma que había instaurada en Pueblo Lavanda, no hacía ni dos horas que Hydreigon había traído a Ghechis hasta la entrada principal. Los médicos no tardaron en socorrerlo, y tras un largo intento de estabilizar el avanzado ritmo del veneno en su sangre lograron salvarlo a duras penas. No obstante el líder Plasma había quedado en un estado de inconsciencia permanente, de un carácter rozando lo vegetal.
Al parecer eran los efectos secundarios del veneno, pero todavía estaban a tiempo de ir regulando poco a poco su cerebro hasta recuperar del todo sus funciones vitales y fisiológicas. El único problema era el estado de sueño en que se encontraba, pues de aquél modo no había líder del que recibir órdenes y tampoco podían saber qué había ocurrido en Azafrán. La incertidumbre y el nerviosismo empezaron a plantar sus semillas dentro de la organización en ese momento.
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En la sala de estar de un ático, situado en un bloque de pisos de Ciudad Portual (región de Hoenn), gracias a la claridad que la luna dejaba pasar a través del balcón podía verse a Cloud. Tenía tanto su azulado ropaje como la enorme espada que empuñaba manchados de sangre, líquido que teñía la blanca moqueta del suelo en un tono carmesí. Junto a él yacía sentado Axel en el sofá, vestido con una túnica negra, contemplando la escena como si de una obra de teatro se tratase.
—¡Tío la has liado buena esta vez!— comentó el pelirrojo —Aunque supongo no pudo evitarse desde el momento en que sacó esa pistola.
—Ese idiota… le dije que no se resistiera, pero no escuchó… vámonos de aquí.
—Sí… ya hemos conseguido otra Llave Suecra, con esta ya tenemos dos.
—Nos faltan dieciséis todavía Axel, aún queda para lograr nuestro objetivo.
—Odio estas mierdas de la “ley de equivalencia”. ¿No sería más fácil que se dejaran de tanto puzzle místico? Así no hay quien dé pie con bola, correteando como tontos por el mundo…— el pelirrojo parecía enojado.
—No desesperes, todo llegará… ahora vamos.
Tras limpiar la espada bajaron por las escaleras del oscuro rellano, intentando ser lo más silenciosos posibles. Una vez llegados al portal, Axel salió primero para comprobar si había alguien en los alrededores. No se vio un alma en la calle, en aquellas horas que rozaban la madrugada no se escuchaba ni el sonido de los automóviles siquiera. Para que nadie viera el rojo en su ropa, Axel le dio su túnica negra a Cloud y se dispusieron a continuar.
Avanzaron por una avenida secundaria para evitar ser descubiertos, pues no querían jugársela pasando por la calle principal; allí sus oscuros ropajes les camuflaban entre las sombras de los edificios, que solo eran iluminados por la luz de la luna. Dicha luz poco a poco iba perdiendo fuerza, mientras que el negro tono del cielo empezaba a ser más claro. Debían darse prisa de llegar antes del amanecer, no podían ser vistos de ningún modo pues su fama les haría ser el centro de atención.
—Me pregunto si fue buena idea lo de la banda, como nos vea alguien ahora no podremos desaparecer tan fácilmente.— susurró Axel mientras corría.
—Toda decisión tienes sus inconvenientes, pero lo prefiero así.— respondió Cloud en voz baja —Si no hubiéramos hecho eso ahora no estaríamos aquí.
—Cierto… Mira, ya llegamos.
Lograron llegar al hotel, donde actuaron rápido al ver como el recepcionista se había quedado dormido; había quedado con los brazos cruzados en la mesa y su cabeza apoyada en ellos, emitiendo un leve ronquido de vez en cuando. Con suma maña Axel agarró la llave de la habitación y fueron a toda prisa hacia la planta de arriba. De nuevo fueron por las escaleras para no toparse con nadie en el ascensor, pendientes de no ser vistos por ningún trabajador o huésped. Una vez llegaron a la planta superior se toparon de narices a un chico en mitad del pasillo.
Delgado, con el cabello medio largo de un tono marrón, que hacía cierto contraste con el azul de sus ojos, permanecía inquieto Sora. Al ver una mancha carmesí en el pantalón de Cloud, se dirigió a ellos preocupado.
—¿Qué ha pasado?
—Ahora te lo explicamos junto a Riku.— respondió Cloud —Vayamos a la habitación primero.
Cruzaron los tres el largo pasillo hasta llegar a la habitación número 493. Allí permanecía Riku de pie, apoyado en la puerta. Observando con sus ojos de aguamarina la vestimenta de Cloud, soltó un suspiro mientras se apartaba.
—¿Qué habéis hecho?— pregunto muy serio —Debíais estar aquí hace ya más de una hora, estábamos pensando en ir a buscaros.
—Ahora te explico, pero primero vamos para dentro todos.— respondió Axel.
Entraron en la habitación con la llave que habían cogido antes en recepción, era una de tipo familiar para cuatro personas. Se habían instalado allí desde que llegaron a Hoenn, donde al día siguiente deberían dirigirse a Ciudad Malvalona para disputar su primer concierto en la región.
—¿Y el manager?— preguntó Cloud.
—No se ha enterado de nada, sigue durmiendo en su cuarto.— respondió Sora.
—Mejor, solo nos faltaban más problemas…— comentó Axel.
—Bueno, decidme de una vez qué ha pasado.— exigió Riku, muy serio.
—El tipo la ha palmado, como oyes tío.— explicó Axel —Le dijimos que no teníamos intención de hacer daño a nadie, aunque el aspecto de Cloud y su cacho espada pues como que no inspiraron mucha confianza…
—Sacó un arma, una pistola.— dijo Cloud — tuve que intervenir.
—Ya… seguro que no estabas esperando algo como eso…— dijo Riku —No debí dejarte ir con Axel, tratar con los Vigilantes es un tema demasiado personal para ti.
—¿Qué hacemos ahora? Como la policía nos investigue, lo descubrirán…— comentó Sora preocupado.
—No le des mas vueltas, mañana por la mañana nos iremos de aquí.— respondió Axel —Para cuando echen de menos al tipo ese nosotros a saber donde estaremos, pero de seguro bien lejos eso sí.
—Bien, vayamos a dormir entonces— dijo Riku —Queda poco para que amanezca, aprovechemos lo que queda en descansar.
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Davis y Alicia permanecían cada uno en su camarote, que casualmente estaban pegados uno al lado del otro. La chica, sentada en su litera, miraba al suelo todavía perdida en un remolino de emociones, donde su enojo hacia Davis hacía bombear fuertemente su corazón. Odiaba ese sentimiento, aquél que la hacía ablandarse cada vez que no la prestaba atención o cuando sonreía confiadamente ante el peligro. No le gustaba depender de nadie, ella había aprendido artes marciales para no depender de él a pesar de lo que sucedió.
No quería ni verle, no podía mostrarle aquella cara roja y llorosa; tampoco quería sonar desesperada o idiota por decirle sus motivos, no debía saberlos. Plusle salió de la pokebola y se subió a sus piernas con una expresión preocupada, soltando alguna que otra chispa que delataba su nerviosismo.
—Tranquilo, luego iremos a ver como está tu hermanito... i el idiota de… a quién pretendo engañar, la tonta aquí soy yo montando una escena así… anda ven Plusle.
Davis, tumbado en su camarote, intentaba apartar su frustración cerrando los ojos e intentando pensar en cualquier cosa menos Alicia y lo que había dicho, cosa que le era imposible. Siempre pensaba en ella, no sabía hacer otra cosa desde que la conoció. Al principio era una preocupación por lo que le sucedió, pero más tarde empezó a ser un tanto obsesivo. Hacía un tiempo en que peleaban por cualquier estupidez, donde parecieron calmarse las cosas tras lograr el llavero.
“Quizá ella esté enojada por el abrazo que le dí anoche estando ebrio. ¿Porqué haría aquello? En aquél instante solo sentía un enorme deseo de abrazarla, de cogerla entre mis brazos y no soltarla jamás. Puede que siga molesta por eso, o por haberme hecho el indiferente antes; pero de ser así… ¿Entonces ella esperaba una respuesta? Debería haberme quejado.”
—¿Davis? Abre, se que estás ahí…— picando la puerta, Alicia esperaba que la dejara entrar.
—¿Qué… quieres?— abriendo la puerta, el chico intentaba evitar su mirada.
—Siento haberte gritado, no quería… bueno, lo siento.— la voz de Alicia sonaba apagada y tímida, cosa rara en ella.
—Está bien, me disculpo yo también por si te he molestado en algo.— tragando saliva, Davis reunió fuerzas para formular una pregunta —Esto… ¿Por qué te enojaste de aquél modo? Si es sobre Cloud lo siento, no soy nadie para decirte con quién hablar… aunque debes reconocer que con Alice hiciste algo muy extraño.
—Ah… bueno… yo… esto… solo quería que me dejara en paz, nada más.
—¿Entonces… no iba en serio?— la mirada de Davis se fundía con la de Alicia, que tuvo que volver a centrar sus ojos en el suelo.
—¿Eh? No te entiendo… ¿A qué te refieres?— ella se veía nerviosa ante el chico.
—De verdad tu nunca…
—¿Qué estáis haciendo?— tras hablar con el capitán, Alice había subido al barco —Jack está esperando abajo, vamos Davis.— dicho esto clavó una mirada en Alicia.
—Tú… ¿No podías estarte verdad?— Alicia sentía un desagradable sentimiento por aquella chica, que no paraba de estropearle cada momento importante del día.
—¿Y porqué debería estarme? Tu misma dijiste que no te interesa.— aquél susurro que Alice dejó en el oído de Alicia la dejó temblando, por alguna razón aquellas palabras le produjeron una angustia inimaginable.
—Vamos Alicia, ya hablaremos luego ¿vale?— dicho esto Davis fue hacia abajo, mientras “ella” le acompañaba.
—Yo misma lo dije…— murmuró Alicia cabizbaja mientras bajaba del barco.
Tras salir del amarrado navío, pudo ver a Jack junto a Davis y Alice. Por una extraña razón se percató de la mirada de Alice hacia el joven, la cual era de melancolía; aquella mirada era tan profunda que quedó grabada en la mente de Alicia. Cuando Alice se percató de que la observaban, apartó su vista de Davis y empezó a caminar.
—¿A qué esperáis?— soltó la morena—Vamos ya a por esa tripulación.
—¡Arr! Espero sean buenos hombre de mar, no me vale cualquier palurdo.
—Son muy buenos, pronto verás porqué.— respondió Alice mientras caminaba junto al resto rumbo al otro lado del puerto.
—¡¡Min!!— una chillona voz salió del ratoncito azulado que había salido de sopetón fuera de su bola —¡¡Plus!!— lo mismo hizo su contraparte rojiza.
—¿Así que os ha dado por salir eh?— las palabras de Davis sonaban cariñosas.
—Plusle, anda súbete— dijo Alicia, dejando que el ratón se colocara en su hombro izquierdo.
—¿No tienen mote?— preguntó Alice.
—Pues ahora que lo dices, nunca les puse uno…— respondió Davis —Es que de donde venimos no hay pokémon de su especie, lo más parecido son los Pichu pero como estos dos ninguno.
—Porque te los trajeron de Hoenn.— dejó caer Alice.
—¿Cómo sabes eso?— preguntó Alicia.
—Lo deduje…— la morena no miró en ningún momento a Alicia.
—Ya veo…— murmuró la rubia.
—¿Por qué no le ponéis Nunim y Elsulp?— dijo Alice —Estoy convencida de que les gustará, ya verás…— la chica se dirigió al dúo eléctrico —¿Os gustan los nombres cierto?
—¡¡Min!! ¡¡Plus!!— los dos ratones respondieron al unísono con aprobación.
—Vaya, pues sí que los has convencido.— comentó Davis —La verdad son buenos motes, me gustan también.
—¿Cómo sabías que lo aprobarían?— Alicia quedó perpleja.
—Pura intuición…— respondió Alice, mirando de nuevo a otro lado.
—¿Bueno moza, ahora por donde giramos?— dijo Jack al ver que llegaron a un cruce de direcciones.
—Hacia la izquierda, ya queda poco. Por la hora que es todavía les falta para ir a comer, aunque igualmente lo hacen en el barco.— respondió Alice.
Caminaron durante un rato más por las iluminadas calles del puerto, por la zona donde el comercio quedaba ya lejos y solo avistaban barcos. Llegados a la zona sur-oeste pudieron ver un barco de color negro inmenso, con el nombre de “Aqua” grabado en blanco junto a un símbolo que recordaba de algún modo a una calavera.
—¡¡¡ARCHIE!!!— de repente Alice se puso a gritar —¡¡¡BAJA AQUÍ!!!
—¡Arr! Pero qué cojones… ¿Qué hace?— el capitán se tapó los oídos para no quedar sordo, el resto hizo lo mismo incluido Minun y Plusle.
De la pasarela del navío bajaba un hombre robusto y realmente sexy (al menos así era a ojos de Alicia). Vestía un traje negro que hacía juego con sus elegantes zapatos, donde en la oscura y medio desabrochada camisa, la cual dejaba ver su musculoso pecho, llevaba el símbolo del barco en forma de broche plateado; con el mismo símbolo grabado, en la cabeza tenía puesto un pañuelo de color azul. Observando a Alice con sus negros ojos, paso su mano por su rasurada barba en un gesto sublime mientras terminaba de pisar suelo.
—¡Hola Archie!— de un salto Alice abrazó al galán con una tremenda sonrisa.
—¡Ah! Mira que eres ruidosa. ¿Qué necesitas esta vez?— se quejó el hombre, pero de un modo amable —Vaya, veo que no vienes sola…— percatándose del resto de acompañantes que había traído la chica, se dirigió a ellos.
—Buenos días.— dijo el hombre mientras estrechaba la mano de Jack —Veo que usted también es marinero, mi nombre es Aquiles pero todo el mundo me llama Archie.
—Me suenas mucho… ¿Tú no serás… el capitán del Team Aqua?— respondió Jack con un rostro muy serio, apartando su mano.
—Por favor, no me mire así. Sí, es cierto que lo soy; pero de lo ocurrido en Hoenn ya hace mucho tiempo, ya pagué el precio por mis errores en el pasado. Ahora en vez de dedicarnos a la piratería trabajamos en la exportación de productos exclusivos de la región, créame cuando le digo que no miento.
—Arr… puedo ver los ojos de un hombre sincero en tu mirada… está bien te creeré, pero como hagas algo sospechoso lo lamentarás. Estoy viejo pero todavía soy duro de pelar.
—¡Jajaja! Es usted un verdadero hombre de mar, de seguro es capitán.
—Pues sí, lo soy. He venido porque esta moza me dijo que conocía de una tripulación para ir a Hoenn, estoy falto de una y debemos ir allí por ciertos asuntos.
—Comprendo, no hay problema pues.— respondió Aquiles —Cuando se trata de ayudar a Alice no lo dudo ni un segundo, pues es muy buena con nosotros a pesar de su forma de ser. Esta semana debemos volver por trabajo a la región así que preparad vuestras cosas y venid aquí una vez estéis listos.
—Hay un problema, no tengo a nadie para vigilar mi barco.— respondió Jack.
—No se preocupe hombre, aquí nuestros mercaderes cuidarán bien de su barco hasta que vuelva a por él. Le doy mi palabra.
—Muy bien pues, lo prepararemos todo y vendremos aquí. ¿Cuándo salen?— preguntó Jack.
—Pasado mañana a primera hora, os estaré esperando.
—¿Podríamos instalarlos hoy?— preguntó Davis —Es que ya tenemos las maletas hechas y todo…
—Davis, no hacia falta decir eso.— respondió Alicia en voz baja.
—Claro, no hay problema. Si ya tenéis todo preparado podéis ir trayendo las cosas, así no tendremos que entretenernos luego.
—Está bien, volveremos en un rato. ¡Nos vemos!
Dicho esto el grupo se despidió de Aquiles y se dirigieron hacia el barco de Jack de nuevo con el motivo de llevar sus cosas al navío del ex-pirata. Por lo visto Alice decidió quedarse con él mientras esperaba que regresaran. Cuando terminaron con el trajín ya era mediodía, donde Archie decidió que se quedaran a comer para así presentarles la tripulación.


Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.
. Creo que ya sé qué o quién yace tras esa "puerta"... Solo espero que no sea así, porque planeaba utilizar "eso" en mi fanfic más adelante xD.
. Espero la continuación ^^.

Nos vemos!





