Pockets N' Monsters
Buenas, entrenadores de todo el mundo...
Durante mucho tiempo he representado en mi mente miles de historias alternativas sobre Pokémon, donde los protagonistas eran de mi própia invención y las aventuras tal y como podrían ser en un mundo más adulto que el mostrado en el famoso (aunque no por ello mejor) anime. Como escritor seguramente (vale, absolutamente) soy un personaje desconocido, habiendo publicado como única obra un primer episodio en Odisea Pokémon. Ahora quiero ir un paso más allá, pues una cosa es hacer una aventura sobre cómo logras medallas y otra muy distinta una novela pokémon que, aunque aquí se le llame fic, es lo que es aquello que se publica aquí: verdaderas historias nacidas de gente que como yo tiene la pasión de este entrañable mundo en sus corazones. Así que, dicho esto, presento mi primer fan fic el qual estará basado en la historia de dos personajes principales que con el hermoso sentimiento que intentan ocultar se protegerán mútuamente de un mundo que no es tan bonito como lo pintan.
Espero con todo mi corazón que este fic sea digno de la aceptación del foro y haga mella con el tiempo en sus corazones, no olviden dar sus opiniones para poder hacer de éste un fic mejor con cada capítulo.
Gracias por su paciencia al leerme, hasta la próxima.

DISCLAIMER: Pokémon y todos sus personajes pertenecen a Satoshi Tajiri, Game Freak y Nintendo, esto sólo es fanmade con la intención de entretener a otros seguidores de la franquicia. Los personajes originales encontrados en este fanfiction NO pueden ser utilizados sin consentimiento de Áurico/Judal.
NOTA: NO TOLERAMOS PERSONAS SIN GOTA DE CREATIVIDAD O POCA DIGNIDAD QUE DISFRUTAN RECIBIR MÉRITO POR EL TRABAJO DE OTROS, ASI QUE SI RIPEAS ESTE FANFICTION ATENTE A LAS CONSECUENCIAS
Sinopsis:
En un mundo el cual no es tan bonito como lo pintan, dos jóvenes vivirán toda una odisea en busca de un objeto que podría esconder el secreto para salvar a toda una nación o someterla al peor de los infiernos. Guiados por un fuerte sentimiento que intentan ocultar el uno del otro, este dúo inusual se protegerá mútuamente del peligro en su viaje por las regiones del Mundo Pokémon.
Fic aprobado para ser publicado:
Título del fic: Pockets 'N Monsters
Autor del fic: Áurico
Evaluador del fic: Demian
Evaluación Pockets 'N Monsters
1. El Tema del Fic – 18/20 puntos
Te doy buen puntaje porque me gustó que usaras pokémon y romance. Sigue así, no apures el beso, de a ratos me pareció incluso apurados algunos abrazos. Es el primer capítulo, hay tiempo para todo.
2. La Trama del Fic – 14/20 puntos
Bueno, aquí es donde más errores has cometido. Para ser sólo un prólogo has dado demasiada información. O lo conviertes ya en un capítulo o lo cortas en dos. Recuerda cómo debe ser un fic: prólogo-introducción-desarrollo-clímax-conclusión. Sigue ese lineamiento o no va a quedar bien. Por lo que escribiste ya parece estar en el clímax, amigo.
3. La Gramática, Ortografía y Estructura de la escritura – 15/20 puntos
Hay muchas repeticiones y algunos errores ortográficos, nada grave si te detienes a corregir y pensar bien lo que escribes. No te preocupes que todos cometemos esos errores al inicio, sigue trabajando.
4. La Narración del autor – 16/20 puntos
De a momentos me pareció que era difícil entender lo que narrabas, quizá te faltan algunos recursos pero eso sólo se gana practicando y leyendo otros fics. Espero que además de escribir este te leas algunos de los de la zona para crecer como autor.
5. Las Descripciones del autor – 15/20 puntos
Te tomaste tu tiempo para describir lugares y ropas, lo hiciste bastante bien aunque a veces me pareció que utilizabas las mismas palabras… amplia tu vocabulario, lee más historias y aprende palabras nuevas.
6. Apoyo visual (Si es que lo tiene, es decir, opcional) – 0/5 puntos.
Puntaje total: 78/105 (Siendo 60 el mínimo)
Conclusión: Fan Fic y autor aptos para publicar en la zona, ¡felicidades!
I
La noche caía en Ciudad Azulona y el ennegrecido cielo, bastante nublado, vaticinaba tormenta. Apenas había luz en las amplias, vacías calles, donde solo militares rondaban en busca de alguien que hubiera irrumpido el toque de queda. Una ley marcial que gobernaba las callejuelas nocturnas desde hacía ya unos años en aquella parte del este de Asia, ahora conocida como La Región Abandonada.
Y, en aquél tétrico lugar, en un simple callejón sin salida de tantos que ocupaban la enorme y, a su vez, pequeña localidad de Azulona, estaba por comenzar una pelea.
Pero no sería una cualquiera.
Un hilo de sangre escurría entre los finos labios de un joven, y sus ojos, de un ámbar oscuro como la miel, brillaban llenos de ira. Tanto era así, que su mirada parecía la de un lobo bajo la luz de luna. Llevaba una ropa bastante desgastada, compuesta por una camiseta azul marino con alguna que otra rotura, al igual que sus claros pantalones tejanos, los cuales terminaban en unas negras deportivas. Justo detrás de él, una rubia muchacha permanecía temblando medio desnuda en el suelo; lágrimas podían verse caer cual perlas por sus mejillas, mientras temblaba fuertemente tapándose los pechos con la grisácea chaqueta que le había dado su desconocido benefactor. La celeste mirada que poseía era llena de pánico, delatando un estado de shock. No hacía ni un instante cuando, después de cerrar el Centro Pokémon donde trabajaba de enfermera y disponerse a ir a casa, fue arrinconada en un callejón penumbroso por dos soldados que patrullaban la zona. De no ser por la rápida intervención del extraño chico, ahora mismo estaría siendo forzada frenéticamente.
Una voz ronca rompió el afilado silencio.
—¡Cabrón!— Un hombre, en concreto el que le había propiciado un potente puñetazo en la cara al chaval, exclamaba con rabia debido a haber sido frustrado en su malévola diversión —¡Nunca debiste meterte de por medio, crío de mierda!
Era alto, moreno, de complexión fuerte. Debía no tener más de treinta años. Mostrando su corpulento torso al aire, podía observarse recientes arañazos en los costados y pectorales. Fueron, seguramente, provocados por la chica, que había mostrado gran resistencia frente a su agresión. Los pantalones, desabrochados, delataban su oficio de militar, y terminaban en unas negras y altas botas de cordones oscuros. En una de ellas había escondida una navaja, la cual retiró con una mano. Aquello puso en alerta al dúo de jóvenes. Las intenciones del uniformado ahora eran tan claras y peligrosas como en un inicio.
Pero esta vez estaba solo.
Su compañero permanecía en el suelo, ensangrentado y sin dar señales de vida. Por un momento, pareciera como si comenzara a mezclarse con la mugre del asfalto. Era costumbre que las autoridades, conocidas bien por todos como Vigilantes, patrullaran la zona en pareja. Aunque más hábito era el abusar de su gran autoridad, con la que hacían cosas tan rastreras y crueles como los criminales que afirmaban detener. Delincuentes que más adelante, dependiendo de las mismas autoridades, terminaban siendo nuevos reclutas para impartir la ley. Antaño habría sido fácil detener a esta clase de gente mediante un combate pokémon, debido al potencial que los animales de la naturaleza poseen. Un potencial del que los humanos jamás fueron bendecidos, quizá porque nunca hicieron nada por formar parte de la misma. Con todo esto, ahora no solo eran incapaces de alcanzar tal poder, sino que además ya no podían disponer de la magia de dichos seres. Y esto era debido a que desde hacía mucho tiempo nadie tenía el suficiente dinero como para poder permitirse una licencia. Un certificado creado por el actual gobierno que tenía control sobre la región, y uno bastante complejo de manejar para el pueblo debido a su alto rango de fascismo. Todo esto, sumado a la brutal crisis que asolaba Kanto, había privado al hombre de lo que antaño le fue un derecho.
De ahí que, lo que haría el extraño intruso, fuera desconcertante.
—¡¿Cómo se atreven a tratar así a una dama?!— la desgarradora y potente voz de aquél muchacho pareció reventar los tímpanos del soldado, era bastante impresionante que no aparecieran al momento patrullas de toda clase tras aquél grito. Pues, muy posiblemente, había resonado por toda la ciudad entera cual trueno cayendo en la fría arena —Imperdonable.— su garganta pareció calmarse, pero simplemente fue la tensión de su nerviosismo lo que hizo menguar su aullido. Sí, aquél joven era como un lobo, y su protesta fue como un aullido en el viento estancado justo antes de la tormenta.
—Imperdonable es que te metieras en mi camino.— dijo el Vigilante, luchando por no vacilar ante la imponente figura que demostraba su contrincante. No tenía ninguna intención de dejarse intimidar —Te mataré…
Pero fue decir esto y darse cuenta de que, por alguna razón, iba a perder. No fue una revelación clara, sino más bien un susurro en lo más profundo de su ser, de su corazón marchito por el vicio y el egoísmo. La mirada de aquél desconocido, pese a su aspecto juvenil, era imposible que fuese de un niño. Había algo raro.
—Inténtalo— sonó a una suave, casi sensual invitación—, desgraciado.
No se movió, en ningún momento el chaval se movió de donde estaba. Permanecía como un muro que protegía, o más bien escondía detrás suyo, a la pobre enfermera que todavía yacía en un estado mental de consternación. Y, aunque no pudiera ser consciente por sí misma de ello, ella lo notaba y lo sabía. Únicamente podía observar tras la galaxia de su mirada perdida la silueta de su defensor. Una figura que tenía ese algo que le hacía distinto de cualquier otra persona.
Con todo esto, el Vigilante dio su primer paso.
Se dirigió rápidamente hacia el chico con el cuchillo en mano y, acto seguido, el joven esquivó la trayectoria del arma reculando su propio estómago. Antes de hacer esto había avanzado un par de pasos, quedando a cierta distancia de la muchacha. Por un instante, como producto de la inercia, la chica dio un aviso a su benefactor para advertirle de un corte inesperado —un grito de "a tu derecha" que pareció salirle del alma—. Obedeciendo, el muchacho hizo una voltereta hacia atrás, aprovechando la pirueta para propinarle una patada al hombre en un brazo, concretamente el derecho, y así tirar su arma a unos metros de distancia. Cuando el soldado se dispuso a recoger la navaja, fue detenido por una segunda patada.
Reincorporándose, el Vigilante quedó sorprendido.
El chaval había sacado de su bolsillo una pokebola, y dejándola caer al suelo salió de su interior un Minun. No habría sido muy extraño de ver sino fuera porque, dentro de la región, era imposible de avistar alguno.
El pequeño, amarillento y azulado conejo eléctrico soltó una fuerte descarga estática en el cuerpo de su amo. El muchacho, soltando un quejido de dolor, resistía el impacto recibido mientras terminaba de ajustarse unos guantes negros en las manos. Eran un tanto extraños, de un material parecido al cuero pero distinto en ciertos aspectos y con una especie de pequeño marcador en el dorso. El Vigilante, observando a su contrincante siendo electrocutado por su propio pokémon, quedó perplejo durante un instante por lo absurdo de la situación. Luego su mirada se cruzó con el cuchillo que tenía a unos metros y, aprovechando el momento, fue a toda prisa para recogerlo del suelo.
Pero para cuando se dio la vuelta tras lograr su objetivo, ya tenía al chico delante de sus narices. No hacía un segundo estaba retorciéndose a metros de distancia.
El cuerpo del joven podía observarse algo luminoso, como si la electricidad antes recibida todavía permaneciese alrededor de su cuerpo, y su cabello, medio largo, permanecía alborotado debido a la corriente estática. El militar, un tanto asustado por aquél cambio surrealista, se dispuso a clavarle el arma con todas sus fuerzas. El muchacho paró en seco la mano del militar, agarrándole de la muñeca y rompiéndosela con una fuerza abrumadora, haciendo que soltara el arma ipso facto. El guante negro, como hierro de ganado, quedó marcado en su piel.
—¿Q-Qué cojones… eres tú?
La otra mano del chico comenzó a brillar, liberando chispas procedentes de aquella prenda de tono azabache que formaba su guante. Cerrando el puño, asestó un golpe tan veloz que apenas pudo verse. Como si del movimiento Puño Trueno se tratase, un flash precedió el impacto e iluminó el callejón casi en su totalidad. Después de aquello, únicamente pudo verse al militar caer al suelo completamente fuera de juego. El joven, perdiendo poco a poco aquella forma luminosa que había mostrado en su cuerpo, quedó contemplándole durante unos instantes y, acto seguido, dirigió su mirada en torno a la muchacha.
La chica estaba completamente atónita.
Una vez llegó a ella intentó levantarla del suelo, pero tan pronto la rozó ésta retiró bruscamente su mano, como si de un acto reflejo se tratase. Todavía estaba en shock tras lo que había vivido con aquellos hombres, y el muchacho se dio cuenta enseguida. Cogiéndola con fuerza de la cintura, le dio un abrazo mientras le susurraba cálidamente al oído:
—Ahora estás a salvo, vámonos de aquí.
Sus palabras eran envueltas en un tono cálido y, a pesar de ser algo rechazadas al principio, terminaron apaciguándola.
Podrían haber ido a una comisaría para denunciar el delito, pero en aquellos tiempos lo único que habrían logrado es el calabozo debido a oponerse a la autoridad y más abusos por parte de la misma. Al final no había más que corrupción en aquél ámbito.
La rubia muchacha quería ir a casa, así que sin pensárselo dos veces el chico decidió escoltarla hasta su apartamento. Tras lo sucedido era impensable dejarla marchar sola, pues más Vigilantes andarían patrullando las calles de la ciudad. Mientras caminaban, sorprendentemente la joven habló.
—Gracias por… ayudarme…
Había dejado de llorar, a pesar de todavía estar asustada. Sus celestes ojos, hinchados de previo llanto, observaban al joven como si de un héroe se tratase; aunque tampoco era de extrañar, pues para ella él ahora era una especie de salvador. Igualmente aquello le dio cierta tristeza al muchacho, a pesar de saber bien que no podía culparla en lo absoluto por tener tal mirada sobre la suya. La comprendía, en cierto modo.
—Era lo menos que podía hacer— respondió el chico, notándose modestia por su parte —, no podía quedarme sin hacer nada…
La muchacha quedó dubitativa por unos instantes, y con un cierto titubeo volvió a dirigirle la palabra a su acompañante.
—Yo…— dijo ella, bastante apagada —…siento haberte causado problemas…
—¡No digas eso!— contestó él, como si el hecho de que pidiera perdón fuera una cosa impensable y aflictiva —Tú no tienes nada por lo que disculparte.
—Supongo… que tienes razón.— murmuró ella.
Caminaron hasta llegar a un portal de hierro negro, cuyo interior tras el cristal que poseía era observado por la joven como quien ve un pasadizo oscuro tras una película de terror. El amanecer se alzaba junto a un cielo nublado, y justo entonces comenzó a llover. Ella se giró hacia su acompañante, con una mirada que pedía claramente evitar una despedida y, dudando de lo que tenía pensado hacer, comenzó a mover sus labios temblorosamente.
—Po… ¿Podrías quedarte? No… no quiero estar sola…
—¿Estás segura? — dijo él —No es por meterte más miedo, pero no me conoces…
—He visto suficiente para saber que contigo estaré bien…— respondió ella —Tengo un sofá-cama donde estarás cómodo… además no pareces de por aquí…
Viendo aquella insistencia, dentro de lo que la muchacha lograba mostrar, el chico aceptó el hacerle compañía. Entraron al apartamento, donde lo primero que la chica hizo fue encerrarse en su habitación. Era comprensible. Lo que había sufrido unido al cansancio la privaron de fuerzas para continuar con ningún tipo de conversación, aunque antes de aquello no se le olvidó despedirse del muchacho, que terminó acomodándose en el sofá que se le había mencionado antes.
Tumbarse ahí no parecía molestarle, pues había descansado en lugares peores durante sus largos viajes; creía poder dormir tranquilo por una vez sabiendo que, tras mucho tiempo, pudo ayudar a alguien. Aquello no hizo más que reabrirle viejas heridas, ocultas en lo más profundo de su corazón.
—Si tan solo te hubiera salvado a ti también… si tan solo estuvieras aquí…
Fue murmurarlo y callar de golpe. Después de aquello no volvió a pronunciar una palabra en lo poco que quedaba de noche, donde al percatarse de que la chica dormía tras la cerrada puerta de su cuarto, terminó cerrando los ojos. Aún así pesadillas seguían atormentándole, unas donde extendía su mano a la mujer que caía de un alto precipicio, y que jamás lograba alcanzar. Lágrimas caían mientras permanecía dormido, gotas amargas que Minun secaba con sus pequeñas patas mientras le observaba con tristeza.
—Davis ¿En qué piensas?
Una joven de cabellos dorados y ojos de tono celeste observaba a su acompañante, que tenía su mirada color miel perdida entre la multitud. Cuando éste se dio cuenta de que su amiga le llamaba la atención, se pasó la mano por su pelo castaño, medio largo, y le dirigió la palabra titubeando un poco.
—Ah, lo siento Alicia… recordé algo y me despisté.
—Pues no te despistes tanto— espetó ella—, que ya van a comenzar y nos lo vamos a perder a este paso. ¡Venga, vamos!
Corrían por las calles de Ciudad Porcelana. El ambiente era expectante, lleno de gente por todas partes. En cada esquina podía observarse parejas besándose, gente vendiendo palitos fluorescentes y algún que otro grupo de personas bebiendo alcohol. La plaza principal era llena por una multitud que hacía cola desde el mismísimo puerto. Allí estaba a punto de comenzar el concierto de uno de los grupos más esperados en la región: Pockets N’ Monsters.
Y una vez comenzaron a tocar, el sonido retumbó por toda la ciudad.
La explosión de la batería golpeaba en los corazones de todos, junto al estridente grito indiscutible que salía por las cuerdas de la guitarra eléctrica; ésta era guiada por un bajo majestuoso que no siempre pasaba desapercibido entre la potente voz del cantante, el cual se agachaba al público en los estribillos más conocidos. Las chicas gritaban expectantes mientras los muchachos buscaban alguna copa en las paradas donde vendían bebidas. Y entre toda aquella muchedumbre un pequeño conejo de tonos amarillo pálido junto a un rojo suave iba trepando entre callejones y muros en busca de su dueña. Tras un largo recorrido, llegó hasta los brazos de su compañera humana guiándose de su fino olfato.
—¡Ah! Creía que te habías perdido… ¿Qué te he dicho de salir de la pokebola?
Alicia estaba radiante, vestida con unos shorts de color azulado y una especie de blusa que no hacía mucho había estrenado, de color grisáceo con la frase "What are you looking at?" como estampado, en un tono azul marino. Riñendo a su Plusle, era observada por Davis. Podía notarse una cierta diferencia de altura entre los dos jóvenes, pero no era excesivamente notable. El muchacho se ajustó un botón de su camisa blanca y puso sus manos en los bolsillos del negro pantalón que llevaba puesto, del mismo color que sus zapatillas.
—Vamos, tampoco es para tanto— dijo él en tono amable—, al menos está bien y ha vuelto a nuestro lado. Por cierto ¿Qué es eso que lleva en la boca?
El conejo traía consigo un llavero de color plateado, que más bien parecía un talismán, con extraños grabados en su interior.
—¡No puede ser!— exclamó Alicia sorprendida —¡¿Lo había perdido?!
El Plusle asintió con la cabeza mientras su dueña recogía el objeto recuperado, el cual había ido a buscar al percatarse de que se cayó al suelo cuando pasaron entre la multitud.
—¿Ves?— comentó Davis —Al final ha sido hasta para bien, pues llegamos a perder eso y nos matan. Por cierto— en aquél momento el chico se puso un poco nervioso —, ¿porqué no lo dejas en la pokebola y bailamos un rato? Se que te gusta hacer eso en los conciertos.
—¿Eh?— quedó un poco sorprendida de que se lo pidiera, pero al momento mostró una dulce sonrisa —Bueno, está bien.
Estuvieron toda la noche bailando, rodeados por miles de luces de colores que iluminaban el escenario donde el famoso grupo tenía su espectáculo así como sus alrededores. La música hacía ya unas horas que había quedado grabada en la mente de todo el público y gran parte del vecindario, el cual no parecía tener problemas respecto al ruido. Además, cualquier persona ajena al espectáculo podía sentirse tranquila vagando por las calles. Esto era debido a la alta seguridad que propiciaba la autoridad presente, la cual era famosa por su gran eficiencia.
Igualmente, nadie podía escapar del clima veraniego.
El calor podía notarse bastante presente en el ambiente, debido a estar a mediados de julio. Aunque no era más fuerte que la euforia de la localidad, así como del resto de la región. Pues el hecho de que el Equipo Plasma fuera derrocado había hecho que las gentes de Unova recobraran el ánimo. Y a pesar de ser cierto que el maligno líder de dicha organización, Ghechis Armonía, no había sido capturado debido a su fuga con el Trío Sombrío—su escolta personal—, era muy dudable el regreso de la organización tras casi cuatro años de paz. Aun así, a pesar de aquella tranquilidad que reinaba en Unova, era una lástima que no pudiera decirse lo mismo de otras regiones; donde por ejemplo Kanto había caído bajo el imperio del Team Rocket, cuando se suponía que dicha mafia había terminado desmantelada hacía más de seis años, o la catástrofre que segó miles de vidas en Sinnoh debido al despertar provocado del dragón Giratina por parte de una secta llamada Galaxy.
Para que no ocurriera nada semejante en Unova se instauró una extrema pero eficaz seguridad en las calles, aunque desde hacía un año habían aflojado los métodos en cierta medida debido al largo período de paz del lugar.
Y allí estaban aquellos dos, Davis y Alicia, celebrando el no tan reciente triunfo de la prosperidad en Unova mientras disfrutaban de su último día en aquella pacífica región, donde al amanecer deberían volver a casa o, mejor dicho, su tierra natal.
La música había terminado, y la juerga con ella. Había sido una noche intensa, y el concierto espectacular. Satisfechos del casi eterno baile, tanto Davis como Alicia entraban en el apartamento que compartían juntos, siendo ésta última la que llevaba las llaves del piso. Cuando la chica logró abrir la puerta casi cae al suelo debido a pisar mal con el tacón, y al ver aquello su acompañante rápidamente la sujetó de la cintura. Al hacer esto ella se giró de cara a él y, por un instante, sus miradas se cruzaron y se sonrojaron. La joven apartó la mirada para otro lado, mientras que el chico hacía lo mismo algo más nervioso.
—Davis— dijo Alicia titubeando —, ya puedes soltarme…
—Ah… claro…— respondió él apartándose, muy tenso.
Cada uno fue a su respectiva habitación del piso de alquiler. Habían bebido un poco de más y estaban exhaustos de tanto bailar durante toda la noche, ya sin mencionar que pretendían evitar la situación surgida de aquél momento en la puerta de la entrada. No era la primera vez que sucedía algo así, pues anteriormente había ocurrido una situación parecida mientras bailaron en el concierto. Ahora, yaciendo acostados cada uno en su habitación, no podían evitar pensar en aquella tensión que cada vez era más presente entre ellos. Un sentimiento de inquietud los dominaba cuanto más cerca estaban el uno del otro. Aquello para Alicia empezaba a ser insoportable, y para Davis algo desconcertante. El chico, tras darle mil vueltas a la cabeza, salió de su cuarto y se dirigió al de ella; no obstante se detuvo a medio camino, en el centro del no tan largo pasillo que separaba las dos habitaciones—que permanecían una enfrente de la otra—. Justo cuando se dio la vuelta para regresar a su cuarto, escuchó un ruido detrás suyo y, al girarse, pudo contemplar a su compañera saliendo tras la puerta. La chica al verle se puso roja e intentó regresar a su cuarto, pero entonces Davis la abrazó quedando ella de espaldas a él.
—¡¿Qué haces?!— exclamó muy nerviosa.
—Lo siento… no pude evitarlo.— respondió él —¿Acaso esta mal que te dé un abrazo?
—No, no... creo…— dijo ella, con voz temblorosa —Pero deberíamos ir a dormir, estamos algo ebrios…
—Sí— afirmó Davis en un tono apagado—, supongo que tienes razón…
Aún habiendo dicho esto, permanecieron así un buen rato hasta que al fin decidieron separarse. Luego cada uno se fue a su habitación, donde terminaron durmiéndose debido al agotamiento. Alicia se durmió más tarde que Davis, yendo a su cuarto momentos después para ver si seguía despierto. El chico se había quedado frito al momento. Ella sonrió al verle de aquél modo y se despidió de él dándole un beso en la frente, todo mientras le arropaba con la fina y azulada sábana que había. Acto seguido volvió a su cuarto a dormir, y mientras caía rendida no pudo contener su cara de felicidad la cual ni ella misma sabía porque la expresaba… o quizá, en el fondo, sí lo sabía.
Versión original del Prólogo
Tras el prólogo, dejo aquí el primer episodio.

El silencio que hasta hacía poco había reinado dentro del ayuntamiento de Ciudad Azafrán había sido inundado por un mar de eco, producido por el ruido de miles de disparos que ensordecían cualquier otro sonido. Las claras paredes de mármol, donde antes yacían hermosas pinturas que representaban magníficamente las leyendas locales así como sus míticos pokémon, ahora habían oscurecido a un tono carmesí en lo que parecía recordar de algún modo a un colador. El suelo estaba plagado de infinitos y diminutos fragmentos de vidrio que anteriormente habían permanecido como ventanas o brillantes y doradas lámparas cuya luz era reflejada en hermosos tonos translúcidos debido a los cristales que tenían como adorno. Cuanto más adentrado se estaba del recinto, mejor podía observarse los cuerpos acribillados bajo el fuego cruzado; también, con un poco de suerte, algún que otro soldado que solo había resultado herido. Como uniforme, dichos cuerpos llevaban un gran chaleco a juego con la oscura vestimenta militar, donde podía observarse en la zona derecha del pecho una pequeña (pero no por ello discreta) letra mayúscula de color rojo grabada: una “R”.
En lo más alto del ayuntamiento, concretamente en la zona del despacho presidencial, un hombre de extraña vestimenta y cabello verdoso, escoltado por soldados de un uniforme distinto al anteriormente mencionado (éstos llevaban en el negro uniforme un escudo azulado con una “P” grabada en su interior como símbolo), apuntaba con un revólver a otro hombre; era algo más joven que el primero, moreno y más o menos de la misma estatura. Aún siendo apuntado con un arma, aquél hombre elegantemente trajeado permanecía sentado en el grande y cómodo sillón de la mesa presidencial, donde su serenidad ante la situación empezaba a incomodar a los soldados enemigos, pero no a Ghechis.
—¿Vas a dispararme?— preguntó el hombre trajeado, muy calmado.
—Puede…- respondió Ghechis —Pero antes quiero saber donde escondes “eso”.
—No tengo idea alguna de lo que me hablas, o quizá si.- una sonrisa leve y casi imperceptible se dibujó en la cara del hombre trajeado.
—¡No juegues conmigo Giovanni!— exclamó Ghechis indignado —Eres igual a ella.
—Personalmente, si me es permitido decirlo, creo que soy todavía mejor.— respondió Giovanni —Aún así no me gusta que mencionen a mi madre, está muerta.
—Ahora mismo no estás en condiciones de exigir nada.— replicó Ghechis —Ciertamente llegaste lejos, si: no sólo aspiraste a ser el hombre más rico bajo el sendero de la mafia, sino que lograste un golpe de estado y ahora eres dueño de tanto Kanto como parte de Johto. Bueno, eras.— añadió.
—Es lo que tiene ser ambicioso, tu deberías saberlo mejor que nadie “Rey Armonía”.— Giovanni dejaba un tono de ironía en aquellas palabras.
—Entonces ¿Me dirás donde está o tendré que matarte?— dijo Ghechis molesto.
—Ghechis, amigo mío, no puedes matarme.- una risita se escapó bajo la nariz del italiano —Sabes muy bien que sin mí jamás encontrarás “eso”, pues todos mis planes y secretos solo los conozco yo mismo; así que, si te da por apretar el gatillo, la fiesta se acabará para ti también.-
—Ya veremos… ¡Apresadle!— ordenó Ghechis a sus soldados.
—Ju… te has condenado Ghechis… Rocket nunca muere, por más que caiga resurgirá cual mala hierba. No debiste desafiarme…— Giovanni se veía muy serio.
—Deberías haberte quedado como el mafioso fugitivo que eras, es momento de que el mundo comprenda de una vez por todas quién tiene el poder. El Reino Plasma sí que resurgirá de nuevo, y podrás verlo con tus propios ojos.— dijo Ghechis.
Giovanni fue llevado a los antiguos y abandonados calabozos que habían en la parte subterránea del ayuntamiento. Dichos calabozos eran de un estilo arquitectónico más antiguo que el del edificio parlamentario, siendo de un aire medieval; el italiano fue esposado y encerrado en una de las celdas, de estrechos barrotes oxidados que todavía parecían ser resistentes, junto a una litera pequeña y mugrienta debido al paso del tiempo. Los soldados Plasma regresaron a la parte superior del ayuntamiento dejándolo allí bajo la supervisión de un guarda, que le observaba con firmeza. Giovanni permaneció en silencio con la mirada fija en la pared que tenía enfrente, intentando idear un plan en su mente para salir de aquél atolladero.
El Lt. Surge corría por el campo de batalla, donde evitaba las balas gracias al electromagnetismo creado gracias a su Electrode y Magneton; lideraba a los guerrilleros en una formación más que elaborada y repasada con anterioridad, donde disparaban sin dudar al bando enemigo mientras el fuego les era devuelto a cada paso que daban. En las sombras, tanto Koga como su hija Sachiko cubrían a sus aliados ejecutando a los franco-tiradores enemigos que se escondían en los edificios ruinosos y abandonados de Ciudad Trigal. Mientras tanto, en las viejas vías donde antaño circulaba el Magnetotrén, el joven Green preparaba un asalto hacia una base que tenía allí el ejército del régimen giovannista (Team Rocket). El muchacho no iba solo evidentemente, junto a él lo acompañaba su camarada Red y toda una tropa de guerrilleros “armados hasta los dientes” como se suele decir.
Durante más de un año La Resistencia había perdido mucho terreno en la región de Johto, quedando prácticamente más de la mitad de ésta bajo el mando del ejército de la dictadura giovannista. No fue hasta hacía unos meses que habían descubierto el paradero con las coordenadas exactas de la base principal que tenía el ejército giovannista en la estación ferroviaria de Ciudad Trigal. Tras un tiempo de elaboración estratégica, habían logrado encontrar el modo de penetrar sus defensas y ahora una vez dentro se disponían a dar el golpe de gracia mientras el resto de compañeros defendían los alrededores.
—Aquí “Pidgeotto shiny”, responda “Raichu cachas”.— dijo Green intentando comunicarse mediante el walky.
—Aquí “Raichu cachas”, te recibo alto y claro.— respondió Surge —¿Cómo van las cosas por ahí?
—De momento bien, hemos llegado a la base enemiga y nos disponemos a proceder con el plan, ¿cuáles son sus órdenes lugarteniente?— comentó Green.
—Proceded a tomar la base.— contestó Surge —Hemos esperado esto por mucho tiempo… te dejo, parece que el enemigo vuelve a iniciar movimiento. Cambio y corto.
Tras las rendijas mal colocadas de la bajada persiana, la luz de la mañana se filtraba tras la ventana de aluminio incrustada en la blanca pared de la pequeña habitación, donde en la cama yacía todavía dormida una joven chica de pelo rubio. A los pies de la cama, un diminuto Plusle trepaba por las azuladas sábanas destapando a su compañera de cuarto; tras un intento en vano de despertarla, de tanto estirar de su rosado pijama terminó por bajarle accidentalmente los pantalones. No fue mucho realmente, pero sí lo suficiente como para quedar a la vista las braguitas negras que llevaba puestas. Mientras el pequeño amarillento y rojizo ratón intentaba inútilmente ponerle bien los pantalones a la muchacha, el chico que compartía piso con ella entró por la puerta de la habitación para avisarla de que ya era hora de levantarse. Quedando perplejo al ver el panorama, el joven se sonrojó e intentó salir del cuarto por donde había venido; para cuando se disponía a marcharse ella se despertó debido a que el pequeño Plusle continuaba con su intento de colocarle en su sitio los rosados pantalones a la chica. Observando con sus azulados ojos el hecho de estar con la ropa interior a la vista y el muchacho sospechosamente plantado allí delante, se sobresaltó.
—¡¿Se puede saber qué narices haces?! ¡Degenerado!— gritó Alicia, lanzándole la almohada con todas sus fuerzas al chico —¡Largo de aquí imbécil!— añadió furiosa.
—¡Ay!— dijo el chico quitándose la almohada que le había dado de lleno en la cara —¿Cómo que qué he hecho? Ya estabas así cuando entré… solo quería despertarte.— añadió mientras peinaba con la mano su castaño y medio rizado pelo.
—Si ya… anda sal de aquí antes de que te eche a pata…
En ese momento Alicia se percató de que algo tiraba del pantalón de su pijama: era Plusle. El pequeño ratoncito seguía tirando del pantalón inútilmente, la chica se lo quedó mirando perpleja mientras volvía a dirigir su mirada hacia Davis y viceversa. Hubo un momento de silencio, y acto seguido la chica volvió a dirigirse al muchacho.
—Era… ¿Plusle?— dijo asombrada —Entonces… no eras tu…— añadió.
—¡Pues claro que no! ¿Quién te crees que soy?— replicó Davis, un tanto enojado.
—Lo siento Davis, pero tienes que entender que la situación…— dijo ella excusándose.
—Ah, ya lo sé. No importa, vamos vístete que hoy tenemos que coger un barco.— dijo Davis emocionado.
—¡Oh no! Y yo aquí parada, que mal… la verdad no debimos salir de fiesta ayer, a quien se le ocurre.— dijo Alicia.
—Pues a quien se le va a ocurrir Alicia, a ti.— añadió Davis —Venga, que voy a preparar el desayuno.
Una vez duchada y vestida, tras arreglarse durante un rato en el espejo del pequeño baño que quedaba en medio del no tan largo pasillo que separaba su habitación de la de Davis, Alicia se dirigió hacia la cocina; igual de pequeña que el resto del piso de alquiler, aquella cocina que hacía también de comedor era bañada por la luz matinal dando un ambiente realmente acogedor con aquellas baldosas de tono verde claro y el suelo de un color tierra rojizo. Encima de la blanca mesa que era vestida con un mantel de color caqui, el cual caía con gracia en finas volandas, yacían colocados pequeños platos de porcelana barata que llevaban por contenido tostadas de mermelada de fresa y melocotón; todo junto a una buena taza de zumo de pomelo, endulzado con miel. Los dos se sentaron a desayunar, mientas hacían esto conversaban sobre qué harían a partir de aquél momento.
—Bueno, costó lo suyo pero ya tenemos lo que queríamos.— dijo Alicia —Al fin podremos volver a casa.
—Sí, ¿cuánto hace ya?— respondió Davis —¿Dos años?
—Ha sido un largo tiempo.— dijo Alicia —Me pregunto cómo estarán los demás…
—Aquí en Teselia todo lazo con Kanto fue cortado, y de Johto ya ni hablemos… Aunque no culpo al gobierno teseliano por ello, después de todo tras éste largo período de paz dudo mucho que quieran volver a meterse en ningún conflicto político. Y menos cuando no les afecta en lo absoluto.— comentó Davis.
—Ya, pero es triste realmente.— contestó ella —Nadie parece apoyar a La Resistencia, pero al menos pudimos conseguir el llavero plateado.
—Sí, no comprendo porqué Red lo entregó a la líder Aloe en el Pokémon World Tournament hace ya más de tres años, justo antes de ocurrir el golpe de estado en Kanto. ¿Crees que pudo ser simple casualidad? No sé… es extraño.— dijo Davis.
—No lo sé, ni siquiera tenemos idea alguna de para qué sirve el llavero… Solo nos dijeron, y remarcaron, que era “crucial” el obtenerlo así que debe servir para algo muy importante ¿no crees?- comentó Alicia.
—Supongo… bueno, acabemos el desayuno y vayámonos ya.— respondió Davis.
Terminaron de desayunar tras un rato, recogieron todo y fueron a preparar las pequeñas maletas de ruedas donde cada uno guardó las pocas pertenencias que poseían. Una vez hecho esto, salieron juntos a la calle en dirección al puerto.
Las calles de Ciudad Porcelana, iluminadas por la intensa luz solar, eran amplias y llenas de gente, la cual se dirigía con cierta prisa hacia sus puestos de trabajo. La mayoría de la muchedumbre buscaba la sombra que proporcionaban los inmensos rascacielos que formaban gran parte de la ciudad, por no decir que era casi su totalidad; esto se debía a que, a pesar de ser las nueve de la mañana, el sol que yacía sobre el inmenso océano (que terminaba en el puerto) pegaba fuerte al estar en pleno mes de julio. Alicia caminaba con un ritmo un tanto acelerado, vestía una camiseta de tirantes de color rosa que dejaba ver disimuladamente las negras tiras del sujetador que tenía debajo, el cual combinaba en color con los oscuros shorts que dejaban ver en su cintura la pokebola de Plusle colgando. El ritmo de sus marrones sandalias se aceleró un poco más al avistar el puerto en la lejanía; las negras converse de Davis, que eran del mismo color que su camiseta (estampada con el logotipo de una pokebola, en blanco y negro), seguían a la chica con cierta preocupación de perderla entre la multitud. Guardó sus manos en los bolsillos de sus azulados vaqueros mientras observaba que Alicia se había detenido, contemplando el paisaje que mostraba el puerto desde lo alto de la escalera de obra vista, la cual bajaba en pendiente hasta allí.
—Wow! Qué bonito… ¡Mira Davis!— exclamó la chica.
Alicia señalaba a Davis el puerto, también lleno de gente (aunque no tanto como en la calle principal donde se encontraban). Aquél lugar portuario proporcionaba una vista espectacular: el sol era reflejado en el inmenso océano, donde su luz se esparcía por cada rincón de la inmensa costa; junto al tumulto de paraditas donde comerciantes atendían a sus compradores y el resto de marineros que se disponían a embarcar en sus buques, el puerto parecía una pintura viviente.
—Es hermoso.— dijo Davis asombrado.
—¿A que sí?— contestó Alicia —¡Venga vamos!—
Tras una caminata entre paraditas de fruta, pescado fresco y alguna que otra donde vendían baratijas (las cuales no parecieron convencer a Alicia), llegaron a un extremo que quedaba algo apartado de la actividad principal, donde cerca de la entrada a las cloacas (que desembocaban al mar) había amarrado un pequeño barco de transporte de un color anaranjado apagado; custodiándolo, permanecía de pie y con los brazos cruzados cual Tornadus un hombre alto, robusto y de pelo canoso así como su barba.
—¡Hola Jack! ¿Cómo te va?— saludó Alicia al hombre.
—Arr… ¡Buenas pequeña moza! Y a ti también joven.— contestó el marinero, que más bien tenía pinta de ser un capitán.
—Buenas Jack.— saludó Davis —¿Cuándo zarpamos?— añadió.
—Todavía queda una hora, podéis daros una vuelta mientras tanto si queréis. Yo guardaré las maletas en los camerinos, ya sabéis que sin vosotros no pienso irme a ninguna parte.— dijo Jack.
—Está bien, así lo haremos.- dijo Alicia —No me gusta el quedarme quieta a esperar sin hacer nada.
—Bueno, qué remedio…— dijo Davis mirando a su compañera —Nos vemos luego Jack.
—Arr… pasadlo bien, mozos.— contestó el viejo capitán.
Alicia y Davis fueron a dar una vuelta por los alrededores del puerto, donde repasaban las tiendas ya visitadas y miraban por las que anteriormente no se habían topado. En una de las paraditas Alicia se fijó en una hermosa y fina pulsera de plata, la cual pareció gustarle mucho; al percatarse de ello, Davis puso parte de su dinero para pagar el objeto. Igualmente todo lo que Alicia y él ganaban lo compartían como si fueran uno, pues habían estado viviendo juntos por mucho tiempo.
—Bueno, parece que ya lo hemos visto todo ¿Qué hora es ya?— dijo Alicia.
—Pues son… las diez menos cuarto…— contestó Davis.
—¡¿Qué?!— exclamó ella —¿Y a qué esperamos? ¡Vamos ya donde está Jack o llegaremos tarde!
—Tranquila, dijo que no iba a irse a ningún lado.— comentó Davis.
—¿Acaso olvidaste que cuanto antes nos vayamos antes llegaremos a Johto?— dijo Alicia.
—Cierto, vamos.— contestó Davis.
Con notable prisa, se dirigieron hacia la zona del puerto donde estaría esperando Jack con su barco. Durante la apresurada caminata, justo al doblar la esquina de una parada de fruta, Alicia se chocó de narices con un chico rubio y delgado que llevaba como atuendo una camiseta de color azul marino junto a unos pantalones tan negros como sus botas. Cayendo justo encima de él, la chica quedó perpleja a la vez que algo sonrojada tras ver su rostro, el cual conocía muy bien: era el vocalista del famoso grupo Pockets N' Monsters, el cual la noche anterior organizó un concierto donde Alicia y Davis bailaron hasta casi llegado el amanecer. Davis, molesto por la reacción de Alicia, la cogió del brazo apartándola del rubio joven.
—¿Estás bien?- preguntó Davis a Alicia, mientras mostraba al chico rubio cierta mirada de resentimiento.
—Sí…— respondió Alicia —Davis, ese chico de ahí es Cloud, el cantante de…
—Lo sé, ya lo veo.— contestó Davis molesto, interrumpiéndola.
—Disculpa, no te vi venir...— dijo Cloud a Alicia.
—Ah, no importa.— contestó ella —¡Que pasada que me haya topado contigo! Soy fan del grupo.
—Vaya, me alegro.— dijo Cloud —¿Fuiste al concierto de anoche?— preguntó.
—Sí, fue genial.— respondió Alicia.
—Alicia…— dijo Davis —Llegamos tarde…—
—¡Oh no!- dijo ella —Lo siento Cloud debemos irnos, realmente ha sido un placer el poder conocerte en persona… espera ¿Me harías un autógrafo?
—Claro, no hay problema.— respondió Cloud.
Cloud le dio el autógrafo a la chica y acto seguido se despidieron. Tras correr como locos por más de medio puerto al fin el dúo llegó a su destino, donde Jack esperaba impaciente, cruzando sus brazos como de costumbre y frunciendo el ceño enojado.
—¡Arr! Dije que os esperaría, pero no era como para que llegarais media hora tarde.— dijo el capitán enfadado.
—¡Lo sentimos muchísimo!— dijo Alicia disculpándose.— tuvimos un contratiempo.
—Sí, un atractivo contratiempo…— replicó Davis mirando a Alicia, algo molesto.
—Arr… ya veo… vosotros dos habéis… ¡JAJAJA! Divina juventud…— el capitán parecía haberlo malentendido.
—¡¡QUE NO ES ESO!!— exclamaron los dos al mismo tiempo, rojos como tomates.
—Está bien, está bien…— dijo Jack —Anda, subid a bordo y zarpemos de una vez.— añadió —Por cierto… ¿llevas el llavero no?
—Pues claro, menuda pregunta…— respondió Alicia —Mira, aquí est…—
Alicia calló de golpe, los ojos de sorpresa que mostró llamaron la atención de Davis de una forma no muy positiva, y empezaron a poner nervioso a Jack. La chica estuvo un rato registrando los bolsillos de sus shorts sin éxito, más tarde se pondría a buscar por la maleta; tras un buen rato donde reinó un silencio tremendo que cortaba la respiración y un gran nerviosismo que podía observarse en sus compañeros, Alicia abrió la boca, temblando y con los ojos cristalinos.
—No está…— dijo con su fina voz —¡El llavero no está!—

Prólogo - Pasado y presente
Capítulo 1 - Llavero
Capítulo 2 - Cloud
Capítulo 3 - Huída
Capítulo 4 - Dos "Alicia" y una premonición
Capítulo 5 - No todo siempre resulta como uno espera
Capítulo 6 - El viento a favor
Capítulo 7 - Náufragos
Capítulo 8 - Llegando a Hoenn
Capítulo 9 - Un torneo de muerte
Capítulo 10 - Sacrificio
Capítulo 11 - La señorita Kyteler
Capítulo 12 - Dolor y ambición (Primera Parte) <------ ¡Nuevo!
Durante mucho tiempo he representado en mi mente miles de historias alternativas sobre Pokémon, donde los protagonistas eran de mi própia invención y las aventuras tal y como podrían ser en un mundo más adulto que el mostrado en el famoso (aunque no por ello mejor) anime. Como escritor seguramente (vale, absolutamente) soy un personaje desconocido, habiendo publicado como única obra un primer episodio en Odisea Pokémon. Ahora quiero ir un paso más allá, pues una cosa es hacer una aventura sobre cómo logras medallas y otra muy distinta una novela pokémon que, aunque aquí se le llame fic, es lo que es aquello que se publica aquí: verdaderas historias nacidas de gente que como yo tiene la pasión de este entrañable mundo en sus corazones. Así que, dicho esto, presento mi primer fan fic el qual estará basado en la historia de dos personajes principales que con el hermoso sentimiento que intentan ocultar se protegerán mútuamente de un mundo que no es tan bonito como lo pintan.
Espero con todo mi corazón que este fic sea digno de la aceptación del foro y haga mella con el tiempo en sus corazones, no olviden dar sus opiniones para poder hacer de éste un fic mejor con cada capítulo.
Gracias por su paciencia al leerme, hasta la próxima.

DISCLAIMER: Pokémon y todos sus personajes pertenecen a Satoshi Tajiri, Game Freak y Nintendo, esto sólo es fanmade con la intención de entretener a otros seguidores de la franquicia. Los personajes originales encontrados en este fanfiction NO pueden ser utilizados sin consentimiento de Áurico/Judal.
NOTA: NO TOLERAMOS PERSONAS SIN GOTA DE CREATIVIDAD O POCA DIGNIDAD QUE DISFRUTAN RECIBIR MÉRITO POR EL TRABAJO DE OTROS, ASI QUE SI RIPEAS ESTE FANFICTION ATENTE A LAS CONSECUENCIAS
Sinopsis:
En un mundo el cual no es tan bonito como lo pintan, dos jóvenes vivirán toda una odisea en busca de un objeto que podría esconder el secreto para salvar a toda una nación o someterla al peor de los infiernos. Guiados por un fuerte sentimiento que intentan ocultar el uno del otro, este dúo inusual se protegerá mútuamente del peligro en su viaje por las regiones del Mundo Pokémon.
Fic aprobado para ser publicado:
Evaluación (del prólogo)
Título del fic: Pockets 'N Monsters
Autor del fic: Áurico
Evaluador del fic: Demian
Evaluación Pockets 'N Monsters
1. El Tema del Fic – 18/20 puntos
Te doy buen puntaje porque me gustó que usaras pokémon y romance. Sigue así, no apures el beso, de a ratos me pareció incluso apurados algunos abrazos. Es el primer capítulo, hay tiempo para todo.
2. La Trama del Fic – 14/20 puntos
Bueno, aquí es donde más errores has cometido. Para ser sólo un prólogo has dado demasiada información. O lo conviertes ya en un capítulo o lo cortas en dos. Recuerda cómo debe ser un fic: prólogo-introducción-desarrollo-clímax-conclusión. Sigue ese lineamiento o no va a quedar bien. Por lo que escribiste ya parece estar en el clímax, amigo.
3. La Gramática, Ortografía y Estructura de la escritura – 15/20 puntos
Hay muchas repeticiones y algunos errores ortográficos, nada grave si te detienes a corregir y pensar bien lo que escribes. No te preocupes que todos cometemos esos errores al inicio, sigue trabajando.
4. La Narración del autor – 16/20 puntos
De a momentos me pareció que era difícil entender lo que narrabas, quizá te faltan algunos recursos pero eso sólo se gana practicando y leyendo otros fics. Espero que además de escribir este te leas algunos de los de la zona para crecer como autor.
5. Las Descripciones del autor – 15/20 puntos
Te tomaste tu tiempo para describir lugares y ropas, lo hiciste bastante bien aunque a veces me pareció que utilizabas las mismas palabras… amplia tu vocabulario, lee más historias y aprende palabras nuevas.
6. Apoyo visual (Si es que lo tiene, es decir, opcional) – 0/5 puntos.
Puntaje total: 78/105 (Siendo 60 el mínimo)
Conclusión: Fan Fic y autor aptos para publicar en la zona, ¡felicidades!
Prólogo
I
La noche caía en Ciudad Azulona y el ennegrecido cielo, bastante nublado, vaticinaba tormenta. Apenas había luz en las amplias, vacías calles, donde solo militares rondaban en busca de alguien que hubiera irrumpido el toque de queda. Una ley marcial que gobernaba las callejuelas nocturnas desde hacía ya unos años en aquella parte del este de Asia, ahora conocida como La Región Abandonada.
Y, en aquél tétrico lugar, en un simple callejón sin salida de tantos que ocupaban la enorme y, a su vez, pequeña localidad de Azulona, estaba por comenzar una pelea.
Pero no sería una cualquiera.
Un hilo de sangre escurría entre los finos labios de un joven, y sus ojos, de un ámbar oscuro como la miel, brillaban llenos de ira. Tanto era así, que su mirada parecía la de un lobo bajo la luz de luna. Llevaba una ropa bastante desgastada, compuesta por una camiseta azul marino con alguna que otra rotura, al igual que sus claros pantalones tejanos, los cuales terminaban en unas negras deportivas. Justo detrás de él, una rubia muchacha permanecía temblando medio desnuda en el suelo; lágrimas podían verse caer cual perlas por sus mejillas, mientras temblaba fuertemente tapándose los pechos con la grisácea chaqueta que le había dado su desconocido benefactor. La celeste mirada que poseía era llena de pánico, delatando un estado de shock. No hacía ni un instante cuando, después de cerrar el Centro Pokémon donde trabajaba de enfermera y disponerse a ir a casa, fue arrinconada en un callejón penumbroso por dos soldados que patrullaban la zona. De no ser por la rápida intervención del extraño chico, ahora mismo estaría siendo forzada frenéticamente.
Una voz ronca rompió el afilado silencio.
—¡Cabrón!— Un hombre, en concreto el que le había propiciado un potente puñetazo en la cara al chaval, exclamaba con rabia debido a haber sido frustrado en su malévola diversión —¡Nunca debiste meterte de por medio, crío de mierda!
Era alto, moreno, de complexión fuerte. Debía no tener más de treinta años. Mostrando su corpulento torso al aire, podía observarse recientes arañazos en los costados y pectorales. Fueron, seguramente, provocados por la chica, que había mostrado gran resistencia frente a su agresión. Los pantalones, desabrochados, delataban su oficio de militar, y terminaban en unas negras y altas botas de cordones oscuros. En una de ellas había escondida una navaja, la cual retiró con una mano. Aquello puso en alerta al dúo de jóvenes. Las intenciones del uniformado ahora eran tan claras y peligrosas como en un inicio.
Pero esta vez estaba solo.
Su compañero permanecía en el suelo, ensangrentado y sin dar señales de vida. Por un momento, pareciera como si comenzara a mezclarse con la mugre del asfalto. Era costumbre que las autoridades, conocidas bien por todos como Vigilantes, patrullaran la zona en pareja. Aunque más hábito era el abusar de su gran autoridad, con la que hacían cosas tan rastreras y crueles como los criminales que afirmaban detener. Delincuentes que más adelante, dependiendo de las mismas autoridades, terminaban siendo nuevos reclutas para impartir la ley. Antaño habría sido fácil detener a esta clase de gente mediante un combate pokémon, debido al potencial que los animales de la naturaleza poseen. Un potencial del que los humanos jamás fueron bendecidos, quizá porque nunca hicieron nada por formar parte de la misma. Con todo esto, ahora no solo eran incapaces de alcanzar tal poder, sino que además ya no podían disponer de la magia de dichos seres. Y esto era debido a que desde hacía mucho tiempo nadie tenía el suficiente dinero como para poder permitirse una licencia. Un certificado creado por el actual gobierno que tenía control sobre la región, y uno bastante complejo de manejar para el pueblo debido a su alto rango de fascismo. Todo esto, sumado a la brutal crisis que asolaba Kanto, había privado al hombre de lo que antaño le fue un derecho.
De ahí que, lo que haría el extraño intruso, fuera desconcertante.
—¡¿Cómo se atreven a tratar así a una dama?!— la desgarradora y potente voz de aquél muchacho pareció reventar los tímpanos del soldado, era bastante impresionante que no aparecieran al momento patrullas de toda clase tras aquél grito. Pues, muy posiblemente, había resonado por toda la ciudad entera cual trueno cayendo en la fría arena —Imperdonable.— su garganta pareció calmarse, pero simplemente fue la tensión de su nerviosismo lo que hizo menguar su aullido. Sí, aquél joven era como un lobo, y su protesta fue como un aullido en el viento estancado justo antes de la tormenta.
—Imperdonable es que te metieras en mi camino.— dijo el Vigilante, luchando por no vacilar ante la imponente figura que demostraba su contrincante. No tenía ninguna intención de dejarse intimidar —Te mataré…
Pero fue decir esto y darse cuenta de que, por alguna razón, iba a perder. No fue una revelación clara, sino más bien un susurro en lo más profundo de su ser, de su corazón marchito por el vicio y el egoísmo. La mirada de aquél desconocido, pese a su aspecto juvenil, era imposible que fuese de un niño. Había algo raro.
—Inténtalo— sonó a una suave, casi sensual invitación—, desgraciado.
No se movió, en ningún momento el chaval se movió de donde estaba. Permanecía como un muro que protegía, o más bien escondía detrás suyo, a la pobre enfermera que todavía yacía en un estado mental de consternación. Y, aunque no pudiera ser consciente por sí misma de ello, ella lo notaba y lo sabía. Únicamente podía observar tras la galaxia de su mirada perdida la silueta de su defensor. Una figura que tenía ese algo que le hacía distinto de cualquier otra persona.
Con todo esto, el Vigilante dio su primer paso.
Se dirigió rápidamente hacia el chico con el cuchillo en mano y, acto seguido, el joven esquivó la trayectoria del arma reculando su propio estómago. Antes de hacer esto había avanzado un par de pasos, quedando a cierta distancia de la muchacha. Por un instante, como producto de la inercia, la chica dio un aviso a su benefactor para advertirle de un corte inesperado —un grito de "a tu derecha" que pareció salirle del alma—. Obedeciendo, el muchacho hizo una voltereta hacia atrás, aprovechando la pirueta para propinarle una patada al hombre en un brazo, concretamente el derecho, y así tirar su arma a unos metros de distancia. Cuando el soldado se dispuso a recoger la navaja, fue detenido por una segunda patada.
Reincorporándose, el Vigilante quedó sorprendido.
El chaval había sacado de su bolsillo una pokebola, y dejándola caer al suelo salió de su interior un Minun. No habría sido muy extraño de ver sino fuera porque, dentro de la región, era imposible de avistar alguno.
El pequeño, amarillento y azulado conejo eléctrico soltó una fuerte descarga estática en el cuerpo de su amo. El muchacho, soltando un quejido de dolor, resistía el impacto recibido mientras terminaba de ajustarse unos guantes negros en las manos. Eran un tanto extraños, de un material parecido al cuero pero distinto en ciertos aspectos y con una especie de pequeño marcador en el dorso. El Vigilante, observando a su contrincante siendo electrocutado por su propio pokémon, quedó perplejo durante un instante por lo absurdo de la situación. Luego su mirada se cruzó con el cuchillo que tenía a unos metros y, aprovechando el momento, fue a toda prisa para recogerlo del suelo.
Pero para cuando se dio la vuelta tras lograr su objetivo, ya tenía al chico delante de sus narices. No hacía un segundo estaba retorciéndose a metros de distancia.
El cuerpo del joven podía observarse algo luminoso, como si la electricidad antes recibida todavía permaneciese alrededor de su cuerpo, y su cabello, medio largo, permanecía alborotado debido a la corriente estática. El militar, un tanto asustado por aquél cambio surrealista, se dispuso a clavarle el arma con todas sus fuerzas. El muchacho paró en seco la mano del militar, agarrándole de la muñeca y rompiéndosela con una fuerza abrumadora, haciendo que soltara el arma ipso facto. El guante negro, como hierro de ganado, quedó marcado en su piel.
—¿Q-Qué cojones… eres tú?
La otra mano del chico comenzó a brillar, liberando chispas procedentes de aquella prenda de tono azabache que formaba su guante. Cerrando el puño, asestó un golpe tan veloz que apenas pudo verse. Como si del movimiento Puño Trueno se tratase, un flash precedió el impacto e iluminó el callejón casi en su totalidad. Después de aquello, únicamente pudo verse al militar caer al suelo completamente fuera de juego. El joven, perdiendo poco a poco aquella forma luminosa que había mostrado en su cuerpo, quedó contemplándole durante unos instantes y, acto seguido, dirigió su mirada en torno a la muchacha.
La chica estaba completamente atónita.
Una vez llegó a ella intentó levantarla del suelo, pero tan pronto la rozó ésta retiró bruscamente su mano, como si de un acto reflejo se tratase. Todavía estaba en shock tras lo que había vivido con aquellos hombres, y el muchacho se dio cuenta enseguida. Cogiéndola con fuerza de la cintura, le dio un abrazo mientras le susurraba cálidamente al oído:
—Ahora estás a salvo, vámonos de aquí.
Sus palabras eran envueltas en un tono cálido y, a pesar de ser algo rechazadas al principio, terminaron apaciguándola.
Podrían haber ido a una comisaría para denunciar el delito, pero en aquellos tiempos lo único que habrían logrado es el calabozo debido a oponerse a la autoridad y más abusos por parte de la misma. Al final no había más que corrupción en aquél ámbito.
La rubia muchacha quería ir a casa, así que sin pensárselo dos veces el chico decidió escoltarla hasta su apartamento. Tras lo sucedido era impensable dejarla marchar sola, pues más Vigilantes andarían patrullando las calles de la ciudad. Mientras caminaban, sorprendentemente la joven habló.
—Gracias por… ayudarme…
Había dejado de llorar, a pesar de todavía estar asustada. Sus celestes ojos, hinchados de previo llanto, observaban al joven como si de un héroe se tratase; aunque tampoco era de extrañar, pues para ella él ahora era una especie de salvador. Igualmente aquello le dio cierta tristeza al muchacho, a pesar de saber bien que no podía culparla en lo absoluto por tener tal mirada sobre la suya. La comprendía, en cierto modo.
—Era lo menos que podía hacer— respondió el chico, notándose modestia por su parte —, no podía quedarme sin hacer nada…
La muchacha quedó dubitativa por unos instantes, y con un cierto titubeo volvió a dirigirle la palabra a su acompañante.
—Yo…— dijo ella, bastante apagada —…siento haberte causado problemas…
—¡No digas eso!— contestó él, como si el hecho de que pidiera perdón fuera una cosa impensable y aflictiva —Tú no tienes nada por lo que disculparte.
—Supongo… que tienes razón.— murmuró ella.
Caminaron hasta llegar a un portal de hierro negro, cuyo interior tras el cristal que poseía era observado por la joven como quien ve un pasadizo oscuro tras una película de terror. El amanecer se alzaba junto a un cielo nublado, y justo entonces comenzó a llover. Ella se giró hacia su acompañante, con una mirada que pedía claramente evitar una despedida y, dudando de lo que tenía pensado hacer, comenzó a mover sus labios temblorosamente.
—Po… ¿Podrías quedarte? No… no quiero estar sola…
—¿Estás segura? — dijo él —No es por meterte más miedo, pero no me conoces…
—He visto suficiente para saber que contigo estaré bien…— respondió ella —Tengo un sofá-cama donde estarás cómodo… además no pareces de por aquí…
Viendo aquella insistencia, dentro de lo que la muchacha lograba mostrar, el chico aceptó el hacerle compañía. Entraron al apartamento, donde lo primero que la chica hizo fue encerrarse en su habitación. Era comprensible. Lo que había sufrido unido al cansancio la privaron de fuerzas para continuar con ningún tipo de conversación, aunque antes de aquello no se le olvidó despedirse del muchacho, que terminó acomodándose en el sofá que se le había mencionado antes.
Tumbarse ahí no parecía molestarle, pues había descansado en lugares peores durante sus largos viajes; creía poder dormir tranquilo por una vez sabiendo que, tras mucho tiempo, pudo ayudar a alguien. Aquello no hizo más que reabrirle viejas heridas, ocultas en lo más profundo de su corazón.
—Si tan solo te hubiera salvado a ti también… si tan solo estuvieras aquí…
Fue murmurarlo y callar de golpe. Después de aquello no volvió a pronunciar una palabra en lo poco que quedaba de noche, donde al percatarse de que la chica dormía tras la cerrada puerta de su cuarto, terminó cerrando los ojos. Aún así pesadillas seguían atormentándole, unas donde extendía su mano a la mujer que caía de un alto precipicio, y que jamás lograba alcanzar. Lágrimas caían mientras permanecía dormido, gotas amargas que Minun secaba con sus pequeñas patas mientras le observaba con tristeza.
II
—Davis ¿En qué piensas?
Una joven de cabellos dorados y ojos de tono celeste observaba a su acompañante, que tenía su mirada color miel perdida entre la multitud. Cuando éste se dio cuenta de que su amiga le llamaba la atención, se pasó la mano por su pelo castaño, medio largo, y le dirigió la palabra titubeando un poco.
—Ah, lo siento Alicia… recordé algo y me despisté.
—Pues no te despistes tanto— espetó ella—, que ya van a comenzar y nos lo vamos a perder a este paso. ¡Venga, vamos!
Corrían por las calles de Ciudad Porcelana. El ambiente era expectante, lleno de gente por todas partes. En cada esquina podía observarse parejas besándose, gente vendiendo palitos fluorescentes y algún que otro grupo de personas bebiendo alcohol. La plaza principal era llena por una multitud que hacía cola desde el mismísimo puerto. Allí estaba a punto de comenzar el concierto de uno de los grupos más esperados en la región: Pockets N’ Monsters.
Y una vez comenzaron a tocar, el sonido retumbó por toda la ciudad.
La explosión de la batería golpeaba en los corazones de todos, junto al estridente grito indiscutible que salía por las cuerdas de la guitarra eléctrica; ésta era guiada por un bajo majestuoso que no siempre pasaba desapercibido entre la potente voz del cantante, el cual se agachaba al público en los estribillos más conocidos. Las chicas gritaban expectantes mientras los muchachos buscaban alguna copa en las paradas donde vendían bebidas. Y entre toda aquella muchedumbre un pequeño conejo de tonos amarillo pálido junto a un rojo suave iba trepando entre callejones y muros en busca de su dueña. Tras un largo recorrido, llegó hasta los brazos de su compañera humana guiándose de su fino olfato.
—¡Ah! Creía que te habías perdido… ¿Qué te he dicho de salir de la pokebola?
Alicia estaba radiante, vestida con unos shorts de color azulado y una especie de blusa que no hacía mucho había estrenado, de color grisáceo con la frase "What are you looking at?" como estampado, en un tono azul marino. Riñendo a su Plusle, era observada por Davis. Podía notarse una cierta diferencia de altura entre los dos jóvenes, pero no era excesivamente notable. El muchacho se ajustó un botón de su camisa blanca y puso sus manos en los bolsillos del negro pantalón que llevaba puesto, del mismo color que sus zapatillas.
—Vamos, tampoco es para tanto— dijo él en tono amable—, al menos está bien y ha vuelto a nuestro lado. Por cierto ¿Qué es eso que lleva en la boca?
El conejo traía consigo un llavero de color plateado, que más bien parecía un talismán, con extraños grabados en su interior.
—¡No puede ser!— exclamó Alicia sorprendida —¡¿Lo había perdido?!
El Plusle asintió con la cabeza mientras su dueña recogía el objeto recuperado, el cual había ido a buscar al percatarse de que se cayó al suelo cuando pasaron entre la multitud.
—¿Ves?— comentó Davis —Al final ha sido hasta para bien, pues llegamos a perder eso y nos matan. Por cierto— en aquél momento el chico se puso un poco nervioso —, ¿porqué no lo dejas en la pokebola y bailamos un rato? Se que te gusta hacer eso en los conciertos.
—¿Eh?— quedó un poco sorprendida de que se lo pidiera, pero al momento mostró una dulce sonrisa —Bueno, está bien.
Estuvieron toda la noche bailando, rodeados por miles de luces de colores que iluminaban el escenario donde el famoso grupo tenía su espectáculo así como sus alrededores. La música hacía ya unas horas que había quedado grabada en la mente de todo el público y gran parte del vecindario, el cual no parecía tener problemas respecto al ruido. Además, cualquier persona ajena al espectáculo podía sentirse tranquila vagando por las calles. Esto era debido a la alta seguridad que propiciaba la autoridad presente, la cual era famosa por su gran eficiencia.
Igualmente, nadie podía escapar del clima veraniego.
El calor podía notarse bastante presente en el ambiente, debido a estar a mediados de julio. Aunque no era más fuerte que la euforia de la localidad, así como del resto de la región. Pues el hecho de que el Equipo Plasma fuera derrocado había hecho que las gentes de Unova recobraran el ánimo. Y a pesar de ser cierto que el maligno líder de dicha organización, Ghechis Armonía, no había sido capturado debido a su fuga con el Trío Sombrío—su escolta personal—, era muy dudable el regreso de la organización tras casi cuatro años de paz. Aun así, a pesar de aquella tranquilidad que reinaba en Unova, era una lástima que no pudiera decirse lo mismo de otras regiones; donde por ejemplo Kanto había caído bajo el imperio del Team Rocket, cuando se suponía que dicha mafia había terminado desmantelada hacía más de seis años, o la catástrofre que segó miles de vidas en Sinnoh debido al despertar provocado del dragón Giratina por parte de una secta llamada Galaxy.
Para que no ocurriera nada semejante en Unova se instauró una extrema pero eficaz seguridad en las calles, aunque desde hacía un año habían aflojado los métodos en cierta medida debido al largo período de paz del lugar.
Y allí estaban aquellos dos, Davis y Alicia, celebrando el no tan reciente triunfo de la prosperidad en Unova mientras disfrutaban de su último día en aquella pacífica región, donde al amanecer deberían volver a casa o, mejor dicho, su tierra natal.
La música había terminado, y la juerga con ella. Había sido una noche intensa, y el concierto espectacular. Satisfechos del casi eterno baile, tanto Davis como Alicia entraban en el apartamento que compartían juntos, siendo ésta última la que llevaba las llaves del piso. Cuando la chica logró abrir la puerta casi cae al suelo debido a pisar mal con el tacón, y al ver aquello su acompañante rápidamente la sujetó de la cintura. Al hacer esto ella se giró de cara a él y, por un instante, sus miradas se cruzaron y se sonrojaron. La joven apartó la mirada para otro lado, mientras que el chico hacía lo mismo algo más nervioso.
—Davis— dijo Alicia titubeando —, ya puedes soltarme…
—Ah… claro…— respondió él apartándose, muy tenso.
Cada uno fue a su respectiva habitación del piso de alquiler. Habían bebido un poco de más y estaban exhaustos de tanto bailar durante toda la noche, ya sin mencionar que pretendían evitar la situación surgida de aquél momento en la puerta de la entrada. No era la primera vez que sucedía algo así, pues anteriormente había ocurrido una situación parecida mientras bailaron en el concierto. Ahora, yaciendo acostados cada uno en su habitación, no podían evitar pensar en aquella tensión que cada vez era más presente entre ellos. Un sentimiento de inquietud los dominaba cuanto más cerca estaban el uno del otro. Aquello para Alicia empezaba a ser insoportable, y para Davis algo desconcertante. El chico, tras darle mil vueltas a la cabeza, salió de su cuarto y se dirigió al de ella; no obstante se detuvo a medio camino, en el centro del no tan largo pasillo que separaba las dos habitaciones—que permanecían una enfrente de la otra—. Justo cuando se dio la vuelta para regresar a su cuarto, escuchó un ruido detrás suyo y, al girarse, pudo contemplar a su compañera saliendo tras la puerta. La chica al verle se puso roja e intentó regresar a su cuarto, pero entonces Davis la abrazó quedando ella de espaldas a él.
—¡¿Qué haces?!— exclamó muy nerviosa.
—Lo siento… no pude evitarlo.— respondió él —¿Acaso esta mal que te dé un abrazo?
—No, no... creo…— dijo ella, con voz temblorosa —Pero deberíamos ir a dormir, estamos algo ebrios…
—Sí— afirmó Davis en un tono apagado—, supongo que tienes razón…
Aún habiendo dicho esto, permanecieron así un buen rato hasta que al fin decidieron separarse. Luego cada uno se fue a su habitación, donde terminaron durmiéndose debido al agotamiento. Alicia se durmió más tarde que Davis, yendo a su cuarto momentos después para ver si seguía despierto. El chico se había quedado frito al momento. Ella sonrió al verle de aquél modo y se despidió de él dándole un beso en la frente, todo mientras le arropaba con la fina y azulada sábana que había. Acto seguido volvió a su cuarto a dormir, y mientras caía rendida no pudo contener su cara de felicidad la cual ni ella misma sabía porque la expresaba… o quizá, en el fondo, sí lo sabía.
Versión original del Prólogo
Spoiler
Un hilo de sangre escurría de entre los labios del joven que acababa de rescatar a la muchacha de lo que seguramente habría sido un acto degenerado, la chica estaba temblando medio desnuda en el suelo; lágrimas podían verse caer cual perlas por sus mejillas, mientras temblaba fuertemente. De pelo castaño y ojos del color de la miel, había un profundo sentimiento de odio en el valiente muchacho; su enemigo yacía delante de él, alto, fuerte y moreno; debía no tener más de treinta años, sus nudillos estaban rasgados debido al puñetazo que le había dado al chaval en la cara. En el rostro del agresor habían marcas de arañazos, seguramente provocados por la resistencia de la chica, su camiseta negra yacía en el suelo mientras que todavía conservaba sus pantalones militares rasgados por el suelo. Marcó fuertemente sus botas (también militares) en el suelo a la espera del movimiento del valiente joven que se interponía en su camino hacia el acto cruel que tanto deseaba cumplir; el compañero que tenía como cómplice yacía en el suelo inconsciente, quizá muerto pues no respondía a su llamada. La luna llena iluminaba la chica que sólo llevaba encima una rasgada blusa junto a unos shorts medio cortados por los desgraciados que el muchacho había visto agredirla en un callejón, donde inmediatamente fue al auxilio de la rubia chica.
—No debiste meterte en mi camino, crío de mierda— dijo el corpulento hombre.
—Y tú nunca debiste meterte con una señorita, ¡maldito desgraciado!— respondió el joven —Te voy a patear el trasero hasta que no vuelvas a andar en tu vida.
—¡¿Cómo te atreves?! ¡A mí, un Vigilante!— exclamó el hombre, furioso.
El militar se dirigió rápidamente hacia el chico con el cuchillo en mano, acto seguido el joven esquivó la trayectoria de la navaja reculando el estómago; al hacer esto hizo una voltereta hacia atrás y dio una patada al brazo derecho del hombre donde tiró el arma al suelo, a unos metros de distáncia. El militar fue rápidamente a buscar el arma mientras que el chico lo detuvo con una segunda patada; en aquél instante sacó una pokebola del bolsillo, de donde salió un Minum. El pequeño y azulado ratón eléctrico soltó una tremenda descarga en el cuerpo de su propio amo, el cual soltó un quejido de dolor profundo; el hombre quedó perplejo por lo absurdo de la situación aunque aprovechó el momento para coger el arma, pero para cuando se giró el muchacho que hacía un segundo estaba a maetros de distáncia ya lo tenía delante de sus narices. Cuando intentó clavarle el cuchillo, el joven se movió tan rápido que no lo pudo ver y entonces hizo algo que parecía imposible: le asestó un "puño trueno" con su brazo derecho, un potente golpe que lo dejó K.O. debido al impacto producido por la electricidad almacenada en el guante negro de su mano.
Un flash iluminó por un instante el callejón debido al impacto, que en segundos se desvaneció al mismo tiempo que el militar caía al suelo totalmente derrotado; la chica no lograba comprender qué era lo que acababan de ver sus ojos: ¡un humano utilizando un puño trueno! Eso ni siquiera parecía ser posible, sonaba demasiado irreal. Quedó mirándolo un rato mientras él se acercaba para comprobar que estuviera bien, cuando intentó cogerla de la mano para levantarla ésta se apartó inconscientemente debido al shock y el miedo de lo ocurrido anteriormente; él la abrazó, dejándola todavía más perpleja, y le susurró al oído de forma tranquilizante:
—Ya está, estás a salvo.
El joven decidió acompañar a la chica hacia casa, podrían haber ido a una comisaría pero en los tiempos que corrían lo mejor era no cruzarse con ninguna clase de autoridad, acompañarla a su hogar parecía lo más seguro en aquél momento; al fin y al cabo (y por suerte), todo “había quedado en un susto” como se suele decir.
—¿Cómo te llamas?— preguntó la joven.
—Davis… Davis Elektron.— respondió el muchacho —¿Y tú?
—Alicia— dijo la chica, algo apagada.
—Es un nombre muy bonito, como en el cuento del país de las maravillas.— dijo Davis.
—Sí, lástima nunca veamos un lugar así en Kanto.— respondió ella.
—Es difícil recordar que una vez fue un lugar así, quizá algún día vuelva a serlo…
—Bueno… ¿soñar es gratis no?— respondió Alicia.
Los dos caminaron hasta llegar a un portal, la ciudad empezaba a verse más clara debido a la madrugada; en el rostro de la chica podía verse todavía miedo y tristeza, miraba el interior del portal como quien ve un pasadizo oscuro tras una película de terror.
—Po… ¿Podrías quedarte? Como ya has visto aquí ni siquiera la policía es de fiar.- dijo Alicia, con voz temblorosa.
—¿Estás segura? No quiero meterte más miedo, pero no me conoces.— dijo Davis.
—Lo sé, pero he visto suficiente para saber que contigo estoy a salvo.— respondió ella. —No quiero pasar la noche sola, y tengo un sofá cama donde estarás cómodo; además dudo mucho que seas de por aquí, pareces un viajero.
—Pues la verdad de aquí no soy… pero tanto como un viajero…— dijo Davis.
Aquello pareció hacerle gracia a Alicia, pero no logró sonreír; tras lo ocurrido y el cansancio no tenía fuerzas para nada, se despidió de Davis y se encerró en su habitación. El chico durmió en el sofá cama sin hacer ningún ruido, no parecía molestarle ya que había dormido en lugares peores; aquella noche pudo dormir tranquilo sabiendo que, por una vez tras mucho tiempo, pudo ayudar a alguien.
—Ojalá te pudiera haber salvado a ti también— dijo Davis —Si estuvieras aquí…
Davis calló de golpe, tras aquello no volvió a pronunciar una palabra en todo lo que quedaba de noche, donde tras percatarse de que Alicia dormía tras la cerrada puerta de su habitación, pudo coger el sueño tranquilo. Aún así las pesadillas que tenía le seguían atormentando, donde de nuevo soñaba con la mujer que una vez pudo salvar de la muerte, pero jamás llegó a tiempo; lágrimas caían mientras dormía, gotas saladas que Minun secaba con sus pequeñas patas mientras le observaba con tristeza.
Plusle corría por las calles de Ciudad Porcelana, donde el ambiente era expectante; en cada esquina podía observarse parejas besándose (y algo más) mientras que en la plaza principal había una multitud que hacía cola desde el mismísimo puerto. En dicha plaza central había el concierto de uno de los grupos más esperados de toda la región: Pockets 'N Monsters. La explosión de la batería retumbaba en los corazones de todos, junto al femenino grito indiscutible de las cuerdas de la guitarra eléctrica más deseada; ésta era guiada por el bajo majestuoso que no siempre pasaba desapercibido entre la potente voz del cantante, el cual se agachaba al público en los estribillos más calurosos. Las chicas gritaban expectantes mientras los muchachos buscaban alguna copa en las paradas donde vendían bebidas. Y entre toda aquella muchedumbre el pequeño ratón iba trepando entre callejones y muros en busca de su dueña, rubia como el sol y traviesa como un Gengar. Tras un largo recorrido, llegó hasta los brazos de su compañera guiándose de su fino olfato.
Alicia estaba radiante, vestida con unos shorts de color azulado y una especie de blusa que no hacía mucho había estrenado, de color grisáceo con la frase "What are you looking at?" como estampado, de un color azul marino. Sus ojos de un azulado verdoso observaban al joven que tenía como acompañante, el cual era un chico de cabello castaño y ojos del color de la miel, no muy alto pero sí más que ella, que llevaba una camisa blanca junto a unos tejanos negros que combinaban con unas converse del mismo color oscuro. En su hombro había posado un Minun, el cual parecía ser familiar del ratoncito rojizo. Por miedo a sacar a relucir descargas eléctricas, los pokémon fueron guardados en sus pokebolas, pero no sin antes el pequeño ratón entregar a su dueña lo que se le había caído anteriormente: un llavero de color plateado.
Estuvieron toda la noche bailando, miles de luces de colores iluminaban el escenario donde el famoso grupo tenía su espectáculo; la música hacía ya unas horas que había penetrado en la mente de todo el público y gran parte del vecindario, aún así parecía no haber mucho conflicto debido a la alta seguridad que propiciaba la autoridad de la ciudad. El calor podía notarse en el ambiente no solo por estar en pleno verano, pues eran mediados de julio; otro motivo, aparte del de las sofocadas parejas, era el hecho de que el Equipo Plasma había sido derrocado. Esto había hecho que el pueblo de toda la región de Teselia recobrara el ánimo, pues aunque era cierto que el maligno líder de dicha organización, Ghechis Armonía, no había sido capturado debido a su fuga con el Trío Sombrío, era muy dudable el regreso de la organización tras cuatro años de paz. Era una lástima que no pudiera decirse lo mismo de otras regiones, donde por ejemplo Kanto había caído bajo el impero del Team Rocket cuando hacía más de seis años que se suponía había desaparecido. Para que no ocurriera lo mismo en Teselia se instauró una extrema pero eficaz seguridad en las calles, aunque desde hacía un año habían aflojado los métodos debido al largo período de paz del lugar.
Y allí estaban aquellos dos, celebrando el no tan reciente triunfo de la paz en Teselia mientras disfrutaban de su último día en aquella pacífica región, donde al amanecer volverían a casa.
La música había terminado, y la fiesta con ella. Había sido una noche intensa, y el concierto espectacular. Satisfechos del casi eterno baile, tanto Davis como Alicia entraban en el apartamento, siendo ésta última la que llevaba las llaves (entrelazadas en un pequeño llavero verde) que introdujo dentro de la cerradura. Cuando Alicia logró abrir la puerta casi cae al suelo debido a pisar mal con el tacón, al ver aquello Davis rápidamente la sujetó de la cintura; al hacer eso ella se giró de cara a él y, por un instante, sus miradas se cruzaron y se sonrojaron. Alicia apartó la mirada hacia otro lado intentando observar el suelo, mientras que el chico intentó hacer lo mismo algo más nervioso.
—Davis… ya puedes soltarme…— dijo Alicia nerviosa.
—C… claro…— respondió Davis soltándola, muy tenso.
Cada uno fue a su respectiva habitación del piso de alquiler, habían bebido un poco de más y estaban exhaustos de tanto bailar durante toda la noche; sin mencionar que pretendían evitar la situación surgida de aquél momento, donde anteriormente ya había sucedido algo parecido mientras bailaban. Mientras yacía cada uno acostado en su habitación, no podían evitar pensar en aquella tensión que cada vez era más presente entre los dos; un sentimiento de inquietud que se apoderaba de ellos cuanto más cerca estaban el uno del otro. Aquello para Alicia empezaba a ser insoportable, y para Davis algo desconcertante; el chico, tras darle mil vueltas a la cabeza, salió de su cuarto y se dirigió al de Alicia. No obstante se detuvo a medio camino, a mitad del no tan largo pasillo que separaba la habitación de cada uno donde las puertas permanecían una enfrente de la otra. Justo cuando se dio la vuelta para regresar escuchó un ruido a su espalda, al girarse pudo contemplar que era Alicia saliendo de su habitación. La chica al verle se puso roja e intentó regresar a su cuarto, pero entonces Davis la abrazó quedando de espaldas a ella.
—¡¿Qué haces?!— dijo Alicia muy nerviosa.
—Lo… siento… no pude evitarlo.— dijo Davis —Solo quería abrazarte ¿acaso eso es malo?
—N… no, creo…— dijo ella —Pero deberíamos ir a dormir, estamos algo ebrios…
—Si, supongo que tienes razón…— Davis parecía algo apagado.
Aún habiendo dicho esto, estuvieron un rato así hasta que al fin decidieron separarse; una vez hecho esto cada uno se fue a su habitación, donde acabaron durmiéndose debido al agotamiento. Alicia se durmió más tarde que Davis, donde fue a su habitación momentos después del extraño abrazo para ver si estaba despierto; el chico se había dormido al momento, ella sonrió al verle de aquél modo y se despidió de él dándole un beso en la frente. Acto seguido volvió a su cuarto a dormir, y mientras caía rendida no pudo contener su cara de felicidad la cual ni ella misma sabía porque la expresaba… o quizá, en el fondo, sí lo sabía.
—No debiste meterte en mi camino, crío de mierda— dijo el corpulento hombre.
—Y tú nunca debiste meterte con una señorita, ¡maldito desgraciado!— respondió el joven —Te voy a patear el trasero hasta que no vuelvas a andar en tu vida.
—¡¿Cómo te atreves?! ¡A mí, un Vigilante!— exclamó el hombre, furioso.
El militar se dirigió rápidamente hacia el chico con el cuchillo en mano, acto seguido el joven esquivó la trayectoria de la navaja reculando el estómago; al hacer esto hizo una voltereta hacia atrás y dio una patada al brazo derecho del hombre donde tiró el arma al suelo, a unos metros de distáncia. El militar fue rápidamente a buscar el arma mientras que el chico lo detuvo con una segunda patada; en aquél instante sacó una pokebola del bolsillo, de donde salió un Minum. El pequeño y azulado ratón eléctrico soltó una tremenda descarga en el cuerpo de su propio amo, el cual soltó un quejido de dolor profundo; el hombre quedó perplejo por lo absurdo de la situación aunque aprovechó el momento para coger el arma, pero para cuando se giró el muchacho que hacía un segundo estaba a maetros de distáncia ya lo tenía delante de sus narices. Cuando intentó clavarle el cuchillo, el joven se movió tan rápido que no lo pudo ver y entonces hizo algo que parecía imposible: le asestó un "puño trueno" con su brazo derecho, un potente golpe que lo dejó K.O. debido al impacto producido por la electricidad almacenada en el guante negro de su mano.
Un flash iluminó por un instante el callejón debido al impacto, que en segundos se desvaneció al mismo tiempo que el militar caía al suelo totalmente derrotado; la chica no lograba comprender qué era lo que acababan de ver sus ojos: ¡un humano utilizando un puño trueno! Eso ni siquiera parecía ser posible, sonaba demasiado irreal. Quedó mirándolo un rato mientras él se acercaba para comprobar que estuviera bien, cuando intentó cogerla de la mano para levantarla ésta se apartó inconscientemente debido al shock y el miedo de lo ocurrido anteriormente; él la abrazó, dejándola todavía más perpleja, y le susurró al oído de forma tranquilizante:
—Ya está, estás a salvo.
El joven decidió acompañar a la chica hacia casa, podrían haber ido a una comisaría pero en los tiempos que corrían lo mejor era no cruzarse con ninguna clase de autoridad, acompañarla a su hogar parecía lo más seguro en aquél momento; al fin y al cabo (y por suerte), todo “había quedado en un susto” como se suele decir.
—¿Cómo te llamas?— preguntó la joven.
—Davis… Davis Elektron.— respondió el muchacho —¿Y tú?
—Alicia— dijo la chica, algo apagada.
—Es un nombre muy bonito, como en el cuento del país de las maravillas.— dijo Davis.
—Sí, lástima nunca veamos un lugar así en Kanto.— respondió ella.
—Es difícil recordar que una vez fue un lugar así, quizá algún día vuelva a serlo…
—Bueno… ¿soñar es gratis no?— respondió Alicia.
Los dos caminaron hasta llegar a un portal, la ciudad empezaba a verse más clara debido a la madrugada; en el rostro de la chica podía verse todavía miedo y tristeza, miraba el interior del portal como quien ve un pasadizo oscuro tras una película de terror.
—Po… ¿Podrías quedarte? Como ya has visto aquí ni siquiera la policía es de fiar.- dijo Alicia, con voz temblorosa.
—¿Estás segura? No quiero meterte más miedo, pero no me conoces.— dijo Davis.
—Lo sé, pero he visto suficiente para saber que contigo estoy a salvo.— respondió ella. —No quiero pasar la noche sola, y tengo un sofá cama donde estarás cómodo; además dudo mucho que seas de por aquí, pareces un viajero.
—Pues la verdad de aquí no soy… pero tanto como un viajero…— dijo Davis.
Aquello pareció hacerle gracia a Alicia, pero no logró sonreír; tras lo ocurrido y el cansancio no tenía fuerzas para nada, se despidió de Davis y se encerró en su habitación. El chico durmió en el sofá cama sin hacer ningún ruido, no parecía molestarle ya que había dormido en lugares peores; aquella noche pudo dormir tranquilo sabiendo que, por una vez tras mucho tiempo, pudo ayudar a alguien.
—Ojalá te pudiera haber salvado a ti también— dijo Davis —Si estuvieras aquí…
Davis calló de golpe, tras aquello no volvió a pronunciar una palabra en todo lo que quedaba de noche, donde tras percatarse de que Alicia dormía tras la cerrada puerta de su habitación, pudo coger el sueño tranquilo. Aún así las pesadillas que tenía le seguían atormentando, donde de nuevo soñaba con la mujer que una vez pudo salvar de la muerte, pero jamás llegó a tiempo; lágrimas caían mientras dormía, gotas saladas que Minun secaba con sus pequeñas patas mientras le observaba con tristeza.
Plusle corría por las calles de Ciudad Porcelana, donde el ambiente era expectante; en cada esquina podía observarse parejas besándose (y algo más) mientras que en la plaza principal había una multitud que hacía cola desde el mismísimo puerto. En dicha plaza central había el concierto de uno de los grupos más esperados de toda la región: Pockets 'N Monsters. La explosión de la batería retumbaba en los corazones de todos, junto al femenino grito indiscutible de las cuerdas de la guitarra eléctrica más deseada; ésta era guiada por el bajo majestuoso que no siempre pasaba desapercibido entre la potente voz del cantante, el cual se agachaba al público en los estribillos más calurosos. Las chicas gritaban expectantes mientras los muchachos buscaban alguna copa en las paradas donde vendían bebidas. Y entre toda aquella muchedumbre el pequeño ratón iba trepando entre callejones y muros en busca de su dueña, rubia como el sol y traviesa como un Gengar. Tras un largo recorrido, llegó hasta los brazos de su compañera guiándose de su fino olfato.
Alicia estaba radiante, vestida con unos shorts de color azulado y una especie de blusa que no hacía mucho había estrenado, de color grisáceo con la frase "What are you looking at?" como estampado, de un color azul marino. Sus ojos de un azulado verdoso observaban al joven que tenía como acompañante, el cual era un chico de cabello castaño y ojos del color de la miel, no muy alto pero sí más que ella, que llevaba una camisa blanca junto a unos tejanos negros que combinaban con unas converse del mismo color oscuro. En su hombro había posado un Minun, el cual parecía ser familiar del ratoncito rojizo. Por miedo a sacar a relucir descargas eléctricas, los pokémon fueron guardados en sus pokebolas, pero no sin antes el pequeño ratón entregar a su dueña lo que se le había caído anteriormente: un llavero de color plateado.
Estuvieron toda la noche bailando, miles de luces de colores iluminaban el escenario donde el famoso grupo tenía su espectáculo; la música hacía ya unas horas que había penetrado en la mente de todo el público y gran parte del vecindario, aún así parecía no haber mucho conflicto debido a la alta seguridad que propiciaba la autoridad de la ciudad. El calor podía notarse en el ambiente no solo por estar en pleno verano, pues eran mediados de julio; otro motivo, aparte del de las sofocadas parejas, era el hecho de que el Equipo Plasma había sido derrocado. Esto había hecho que el pueblo de toda la región de Teselia recobrara el ánimo, pues aunque era cierto que el maligno líder de dicha organización, Ghechis Armonía, no había sido capturado debido a su fuga con el Trío Sombrío, era muy dudable el regreso de la organización tras cuatro años de paz. Era una lástima que no pudiera decirse lo mismo de otras regiones, donde por ejemplo Kanto había caído bajo el impero del Team Rocket cuando hacía más de seis años que se suponía había desaparecido. Para que no ocurriera lo mismo en Teselia se instauró una extrema pero eficaz seguridad en las calles, aunque desde hacía un año habían aflojado los métodos debido al largo período de paz del lugar.
Y allí estaban aquellos dos, celebrando el no tan reciente triunfo de la paz en Teselia mientras disfrutaban de su último día en aquella pacífica región, donde al amanecer volverían a casa.
La música había terminado, y la fiesta con ella. Había sido una noche intensa, y el concierto espectacular. Satisfechos del casi eterno baile, tanto Davis como Alicia entraban en el apartamento, siendo ésta última la que llevaba las llaves (entrelazadas en un pequeño llavero verde) que introdujo dentro de la cerradura. Cuando Alicia logró abrir la puerta casi cae al suelo debido a pisar mal con el tacón, al ver aquello Davis rápidamente la sujetó de la cintura; al hacer eso ella se giró de cara a él y, por un instante, sus miradas se cruzaron y se sonrojaron. Alicia apartó la mirada hacia otro lado intentando observar el suelo, mientras que el chico intentó hacer lo mismo algo más nervioso.
—Davis… ya puedes soltarme…— dijo Alicia nerviosa.
—C… claro…— respondió Davis soltándola, muy tenso.
Cada uno fue a su respectiva habitación del piso de alquiler, habían bebido un poco de más y estaban exhaustos de tanto bailar durante toda la noche; sin mencionar que pretendían evitar la situación surgida de aquél momento, donde anteriormente ya había sucedido algo parecido mientras bailaban. Mientras yacía cada uno acostado en su habitación, no podían evitar pensar en aquella tensión que cada vez era más presente entre los dos; un sentimiento de inquietud que se apoderaba de ellos cuanto más cerca estaban el uno del otro. Aquello para Alicia empezaba a ser insoportable, y para Davis algo desconcertante; el chico, tras darle mil vueltas a la cabeza, salió de su cuarto y se dirigió al de Alicia. No obstante se detuvo a medio camino, a mitad del no tan largo pasillo que separaba la habitación de cada uno donde las puertas permanecían una enfrente de la otra. Justo cuando se dio la vuelta para regresar escuchó un ruido a su espalda, al girarse pudo contemplar que era Alicia saliendo de su habitación. La chica al verle se puso roja e intentó regresar a su cuarto, pero entonces Davis la abrazó quedando de espaldas a ella.
—¡¿Qué haces?!— dijo Alicia muy nerviosa.
—Lo… siento… no pude evitarlo.— dijo Davis —Solo quería abrazarte ¿acaso eso es malo?
—N… no, creo…— dijo ella —Pero deberíamos ir a dormir, estamos algo ebrios…
—Si, supongo que tienes razón…— Davis parecía algo apagado.
Aún habiendo dicho esto, estuvieron un rato así hasta que al fin decidieron separarse; una vez hecho esto cada uno se fue a su habitación, donde acabaron durmiéndose debido al agotamiento. Alicia se durmió más tarde que Davis, donde fue a su habitación momentos después del extraño abrazo para ver si estaba despierto; el chico se había dormido al momento, ella sonrió al verle de aquél modo y se despidió de él dándole un beso en la frente. Acto seguido volvió a su cuarto a dormir, y mientras caía rendida no pudo contener su cara de felicidad la cual ni ella misma sabía porque la expresaba… o quizá, en el fondo, sí lo sabía.
Tras el prólogo, dejo aquí el primer episodio.
Capítulo 1

El silencio que hasta hacía poco había reinado dentro del ayuntamiento de Ciudad Azafrán había sido inundado por un mar de eco, producido por el ruido de miles de disparos que ensordecían cualquier otro sonido. Las claras paredes de mármol, donde antes yacían hermosas pinturas que representaban magníficamente las leyendas locales así como sus míticos pokémon, ahora habían oscurecido a un tono carmesí en lo que parecía recordar de algún modo a un colador. El suelo estaba plagado de infinitos y diminutos fragmentos de vidrio que anteriormente habían permanecido como ventanas o brillantes y doradas lámparas cuya luz era reflejada en hermosos tonos translúcidos debido a los cristales que tenían como adorno. Cuanto más adentrado se estaba del recinto, mejor podía observarse los cuerpos acribillados bajo el fuego cruzado; también, con un poco de suerte, algún que otro soldado que solo había resultado herido. Como uniforme, dichos cuerpos llevaban un gran chaleco a juego con la oscura vestimenta militar, donde podía observarse en la zona derecha del pecho una pequeña (pero no por ello discreta) letra mayúscula de color rojo grabada: una “R”.
En lo más alto del ayuntamiento, concretamente en la zona del despacho presidencial, un hombre de extraña vestimenta y cabello verdoso, escoltado por soldados de un uniforme distinto al anteriormente mencionado (éstos llevaban en el negro uniforme un escudo azulado con una “P” grabada en su interior como símbolo), apuntaba con un revólver a otro hombre; era algo más joven que el primero, moreno y más o menos de la misma estatura. Aún siendo apuntado con un arma, aquél hombre elegantemente trajeado permanecía sentado en el grande y cómodo sillón de la mesa presidencial, donde su serenidad ante la situación empezaba a incomodar a los soldados enemigos, pero no a Ghechis.
—¿Vas a dispararme?— preguntó el hombre trajeado, muy calmado.
—Puede…- respondió Ghechis —Pero antes quiero saber donde escondes “eso”.
—No tengo idea alguna de lo que me hablas, o quizá si.- una sonrisa leve y casi imperceptible se dibujó en la cara del hombre trajeado.
—¡No juegues conmigo Giovanni!— exclamó Ghechis indignado —Eres igual a ella.
—Personalmente, si me es permitido decirlo, creo que soy todavía mejor.— respondió Giovanni —Aún así no me gusta que mencionen a mi madre, está muerta.
—Ahora mismo no estás en condiciones de exigir nada.— replicó Ghechis —Ciertamente llegaste lejos, si: no sólo aspiraste a ser el hombre más rico bajo el sendero de la mafia, sino que lograste un golpe de estado y ahora eres dueño de tanto Kanto como parte de Johto. Bueno, eras.— añadió.
—Es lo que tiene ser ambicioso, tu deberías saberlo mejor que nadie “Rey Armonía”.— Giovanni dejaba un tono de ironía en aquellas palabras.
—Entonces ¿Me dirás donde está o tendré que matarte?— dijo Ghechis molesto.
—Ghechis, amigo mío, no puedes matarme.- una risita se escapó bajo la nariz del italiano —Sabes muy bien que sin mí jamás encontrarás “eso”, pues todos mis planes y secretos solo los conozco yo mismo; así que, si te da por apretar el gatillo, la fiesta se acabará para ti también.-
—Ya veremos… ¡Apresadle!— ordenó Ghechis a sus soldados.
—Ju… te has condenado Ghechis… Rocket nunca muere, por más que caiga resurgirá cual mala hierba. No debiste desafiarme…— Giovanni se veía muy serio.
—Deberías haberte quedado como el mafioso fugitivo que eras, es momento de que el mundo comprenda de una vez por todas quién tiene el poder. El Reino Plasma sí que resurgirá de nuevo, y podrás verlo con tus propios ojos.— dijo Ghechis.
Giovanni fue llevado a los antiguos y abandonados calabozos que habían en la parte subterránea del ayuntamiento. Dichos calabozos eran de un estilo arquitectónico más antiguo que el del edificio parlamentario, siendo de un aire medieval; el italiano fue esposado y encerrado en una de las celdas, de estrechos barrotes oxidados que todavía parecían ser resistentes, junto a una litera pequeña y mugrienta debido al paso del tiempo. Los soldados Plasma regresaron a la parte superior del ayuntamiento dejándolo allí bajo la supervisión de un guarda, que le observaba con firmeza. Giovanni permaneció en silencio con la mirada fija en la pared que tenía enfrente, intentando idear un plan en su mente para salir de aquél atolladero.
El Lt. Surge corría por el campo de batalla, donde evitaba las balas gracias al electromagnetismo creado gracias a su Electrode y Magneton; lideraba a los guerrilleros en una formación más que elaborada y repasada con anterioridad, donde disparaban sin dudar al bando enemigo mientras el fuego les era devuelto a cada paso que daban. En las sombras, tanto Koga como su hija Sachiko cubrían a sus aliados ejecutando a los franco-tiradores enemigos que se escondían en los edificios ruinosos y abandonados de Ciudad Trigal. Mientras tanto, en las viejas vías donde antaño circulaba el Magnetotrén, el joven Green preparaba un asalto hacia una base que tenía allí el ejército del régimen giovannista (Team Rocket). El muchacho no iba solo evidentemente, junto a él lo acompañaba su camarada Red y toda una tropa de guerrilleros “armados hasta los dientes” como se suele decir.
Durante más de un año La Resistencia había perdido mucho terreno en la región de Johto, quedando prácticamente más de la mitad de ésta bajo el mando del ejército de la dictadura giovannista. No fue hasta hacía unos meses que habían descubierto el paradero con las coordenadas exactas de la base principal que tenía el ejército giovannista en la estación ferroviaria de Ciudad Trigal. Tras un tiempo de elaboración estratégica, habían logrado encontrar el modo de penetrar sus defensas y ahora una vez dentro se disponían a dar el golpe de gracia mientras el resto de compañeros defendían los alrededores.
—Aquí “Pidgeotto shiny”, responda “Raichu cachas”.— dijo Green intentando comunicarse mediante el walky.
—Aquí “Raichu cachas”, te recibo alto y claro.— respondió Surge —¿Cómo van las cosas por ahí?
—De momento bien, hemos llegado a la base enemiga y nos disponemos a proceder con el plan, ¿cuáles son sus órdenes lugarteniente?— comentó Green.
—Proceded a tomar la base.— contestó Surge —Hemos esperado esto por mucho tiempo… te dejo, parece que el enemigo vuelve a iniciar movimiento. Cambio y corto.
Tras las rendijas mal colocadas de la bajada persiana, la luz de la mañana se filtraba tras la ventana de aluminio incrustada en la blanca pared de la pequeña habitación, donde en la cama yacía todavía dormida una joven chica de pelo rubio. A los pies de la cama, un diminuto Plusle trepaba por las azuladas sábanas destapando a su compañera de cuarto; tras un intento en vano de despertarla, de tanto estirar de su rosado pijama terminó por bajarle accidentalmente los pantalones. No fue mucho realmente, pero sí lo suficiente como para quedar a la vista las braguitas negras que llevaba puestas. Mientras el pequeño amarillento y rojizo ratón intentaba inútilmente ponerle bien los pantalones a la muchacha, el chico que compartía piso con ella entró por la puerta de la habitación para avisarla de que ya era hora de levantarse. Quedando perplejo al ver el panorama, el joven se sonrojó e intentó salir del cuarto por donde había venido; para cuando se disponía a marcharse ella se despertó debido a que el pequeño Plusle continuaba con su intento de colocarle en su sitio los rosados pantalones a la chica. Observando con sus azulados ojos el hecho de estar con la ropa interior a la vista y el muchacho sospechosamente plantado allí delante, se sobresaltó.
—¡¿Se puede saber qué narices haces?! ¡Degenerado!— gritó Alicia, lanzándole la almohada con todas sus fuerzas al chico —¡Largo de aquí imbécil!— añadió furiosa.
—¡Ay!— dijo el chico quitándose la almohada que le había dado de lleno en la cara —¿Cómo que qué he hecho? Ya estabas así cuando entré… solo quería despertarte.— añadió mientras peinaba con la mano su castaño y medio rizado pelo.
—Si ya… anda sal de aquí antes de que te eche a pata…
En ese momento Alicia se percató de que algo tiraba del pantalón de su pijama: era Plusle. El pequeño ratoncito seguía tirando del pantalón inútilmente, la chica se lo quedó mirando perpleja mientras volvía a dirigir su mirada hacia Davis y viceversa. Hubo un momento de silencio, y acto seguido la chica volvió a dirigirse al muchacho.
—Era… ¿Plusle?— dijo asombrada —Entonces… no eras tu…— añadió.
—¡Pues claro que no! ¿Quién te crees que soy?— replicó Davis, un tanto enojado.
—Lo siento Davis, pero tienes que entender que la situación…— dijo ella excusándose.
—Ah, ya lo sé. No importa, vamos vístete que hoy tenemos que coger un barco.— dijo Davis emocionado.
—¡Oh no! Y yo aquí parada, que mal… la verdad no debimos salir de fiesta ayer, a quien se le ocurre.— dijo Alicia.
—Pues a quien se le va a ocurrir Alicia, a ti.— añadió Davis —Venga, que voy a preparar el desayuno.
Una vez duchada y vestida, tras arreglarse durante un rato en el espejo del pequeño baño que quedaba en medio del no tan largo pasillo que separaba su habitación de la de Davis, Alicia se dirigió hacia la cocina; igual de pequeña que el resto del piso de alquiler, aquella cocina que hacía también de comedor era bañada por la luz matinal dando un ambiente realmente acogedor con aquellas baldosas de tono verde claro y el suelo de un color tierra rojizo. Encima de la blanca mesa que era vestida con un mantel de color caqui, el cual caía con gracia en finas volandas, yacían colocados pequeños platos de porcelana barata que llevaban por contenido tostadas de mermelada de fresa y melocotón; todo junto a una buena taza de zumo de pomelo, endulzado con miel. Los dos se sentaron a desayunar, mientas hacían esto conversaban sobre qué harían a partir de aquél momento.
—Bueno, costó lo suyo pero ya tenemos lo que queríamos.— dijo Alicia —Al fin podremos volver a casa.
—Sí, ¿cuánto hace ya?— respondió Davis —¿Dos años?
—Ha sido un largo tiempo.— dijo Alicia —Me pregunto cómo estarán los demás…
—Aquí en Teselia todo lazo con Kanto fue cortado, y de Johto ya ni hablemos… Aunque no culpo al gobierno teseliano por ello, después de todo tras éste largo período de paz dudo mucho que quieran volver a meterse en ningún conflicto político. Y menos cuando no les afecta en lo absoluto.— comentó Davis.
—Ya, pero es triste realmente.— contestó ella —Nadie parece apoyar a La Resistencia, pero al menos pudimos conseguir el llavero plateado.
—Sí, no comprendo porqué Red lo entregó a la líder Aloe en el Pokémon World Tournament hace ya más de tres años, justo antes de ocurrir el golpe de estado en Kanto. ¿Crees que pudo ser simple casualidad? No sé… es extraño.— dijo Davis.
—No lo sé, ni siquiera tenemos idea alguna de para qué sirve el llavero… Solo nos dijeron, y remarcaron, que era “crucial” el obtenerlo así que debe servir para algo muy importante ¿no crees?- comentó Alicia.
—Supongo… bueno, acabemos el desayuno y vayámonos ya.— respondió Davis.
Terminaron de desayunar tras un rato, recogieron todo y fueron a preparar las pequeñas maletas de ruedas donde cada uno guardó las pocas pertenencias que poseían. Una vez hecho esto, salieron juntos a la calle en dirección al puerto.
Las calles de Ciudad Porcelana, iluminadas por la intensa luz solar, eran amplias y llenas de gente, la cual se dirigía con cierta prisa hacia sus puestos de trabajo. La mayoría de la muchedumbre buscaba la sombra que proporcionaban los inmensos rascacielos que formaban gran parte de la ciudad, por no decir que era casi su totalidad; esto se debía a que, a pesar de ser las nueve de la mañana, el sol que yacía sobre el inmenso océano (que terminaba en el puerto) pegaba fuerte al estar en pleno mes de julio. Alicia caminaba con un ritmo un tanto acelerado, vestía una camiseta de tirantes de color rosa que dejaba ver disimuladamente las negras tiras del sujetador que tenía debajo, el cual combinaba en color con los oscuros shorts que dejaban ver en su cintura la pokebola de Plusle colgando. El ritmo de sus marrones sandalias se aceleró un poco más al avistar el puerto en la lejanía; las negras converse de Davis, que eran del mismo color que su camiseta (estampada con el logotipo de una pokebola, en blanco y negro), seguían a la chica con cierta preocupación de perderla entre la multitud. Guardó sus manos en los bolsillos de sus azulados vaqueros mientras observaba que Alicia se había detenido, contemplando el paisaje que mostraba el puerto desde lo alto de la escalera de obra vista, la cual bajaba en pendiente hasta allí.
—Wow! Qué bonito… ¡Mira Davis!— exclamó la chica.
Alicia señalaba a Davis el puerto, también lleno de gente (aunque no tanto como en la calle principal donde se encontraban). Aquél lugar portuario proporcionaba una vista espectacular: el sol era reflejado en el inmenso océano, donde su luz se esparcía por cada rincón de la inmensa costa; junto al tumulto de paraditas donde comerciantes atendían a sus compradores y el resto de marineros que se disponían a embarcar en sus buques, el puerto parecía una pintura viviente.
—Es hermoso.— dijo Davis asombrado.
—¿A que sí?— contestó Alicia —¡Venga vamos!—
Tras una caminata entre paraditas de fruta, pescado fresco y alguna que otra donde vendían baratijas (las cuales no parecieron convencer a Alicia), llegaron a un extremo que quedaba algo apartado de la actividad principal, donde cerca de la entrada a las cloacas (que desembocaban al mar) había amarrado un pequeño barco de transporte de un color anaranjado apagado; custodiándolo, permanecía de pie y con los brazos cruzados cual Tornadus un hombre alto, robusto y de pelo canoso así como su barba.
—¡Hola Jack! ¿Cómo te va?— saludó Alicia al hombre.
—Arr… ¡Buenas pequeña moza! Y a ti también joven.— contestó el marinero, que más bien tenía pinta de ser un capitán.
—Buenas Jack.— saludó Davis —¿Cuándo zarpamos?— añadió.
—Todavía queda una hora, podéis daros una vuelta mientras tanto si queréis. Yo guardaré las maletas en los camerinos, ya sabéis que sin vosotros no pienso irme a ninguna parte.— dijo Jack.
—Está bien, así lo haremos.- dijo Alicia —No me gusta el quedarme quieta a esperar sin hacer nada.
—Bueno, qué remedio…— dijo Davis mirando a su compañera —Nos vemos luego Jack.
—Arr… pasadlo bien, mozos.— contestó el viejo capitán.
Alicia y Davis fueron a dar una vuelta por los alrededores del puerto, donde repasaban las tiendas ya visitadas y miraban por las que anteriormente no se habían topado. En una de las paraditas Alicia se fijó en una hermosa y fina pulsera de plata, la cual pareció gustarle mucho; al percatarse de ello, Davis puso parte de su dinero para pagar el objeto. Igualmente todo lo que Alicia y él ganaban lo compartían como si fueran uno, pues habían estado viviendo juntos por mucho tiempo.
—Bueno, parece que ya lo hemos visto todo ¿Qué hora es ya?— dijo Alicia.
—Pues son… las diez menos cuarto…— contestó Davis.
—¡¿Qué?!— exclamó ella —¿Y a qué esperamos? ¡Vamos ya donde está Jack o llegaremos tarde!
—Tranquila, dijo que no iba a irse a ningún lado.— comentó Davis.
—¿Acaso olvidaste que cuanto antes nos vayamos antes llegaremos a Johto?— dijo Alicia.
—Cierto, vamos.— contestó Davis.
Con notable prisa, se dirigieron hacia la zona del puerto donde estaría esperando Jack con su barco. Durante la apresurada caminata, justo al doblar la esquina de una parada de fruta, Alicia se chocó de narices con un chico rubio y delgado que llevaba como atuendo una camiseta de color azul marino junto a unos pantalones tan negros como sus botas. Cayendo justo encima de él, la chica quedó perpleja a la vez que algo sonrojada tras ver su rostro, el cual conocía muy bien: era el vocalista del famoso grupo Pockets N' Monsters, el cual la noche anterior organizó un concierto donde Alicia y Davis bailaron hasta casi llegado el amanecer. Davis, molesto por la reacción de Alicia, la cogió del brazo apartándola del rubio joven.
—¿Estás bien?- preguntó Davis a Alicia, mientras mostraba al chico rubio cierta mirada de resentimiento.
—Sí…— respondió Alicia —Davis, ese chico de ahí es Cloud, el cantante de…
—Lo sé, ya lo veo.— contestó Davis molesto, interrumpiéndola.
—Disculpa, no te vi venir...— dijo Cloud a Alicia.
—Ah, no importa.— contestó ella —¡Que pasada que me haya topado contigo! Soy fan del grupo.
—Vaya, me alegro.— dijo Cloud —¿Fuiste al concierto de anoche?— preguntó.
—Sí, fue genial.— respondió Alicia.
—Alicia…— dijo Davis —Llegamos tarde…—
—¡Oh no!- dijo ella —Lo siento Cloud debemos irnos, realmente ha sido un placer el poder conocerte en persona… espera ¿Me harías un autógrafo?
—Claro, no hay problema.— respondió Cloud.
Cloud le dio el autógrafo a la chica y acto seguido se despidieron. Tras correr como locos por más de medio puerto al fin el dúo llegó a su destino, donde Jack esperaba impaciente, cruzando sus brazos como de costumbre y frunciendo el ceño enojado.
—¡Arr! Dije que os esperaría, pero no era como para que llegarais media hora tarde.— dijo el capitán enfadado.
—¡Lo sentimos muchísimo!— dijo Alicia disculpándose.— tuvimos un contratiempo.
—Sí, un atractivo contratiempo…— replicó Davis mirando a Alicia, algo molesto.
—Arr… ya veo… vosotros dos habéis… ¡JAJAJA! Divina juventud…— el capitán parecía haberlo malentendido.
—¡¡QUE NO ES ESO!!— exclamaron los dos al mismo tiempo, rojos como tomates.
—Está bien, está bien…— dijo Jack —Anda, subid a bordo y zarpemos de una vez.— añadió —Por cierto… ¿llevas el llavero no?
—Pues claro, menuda pregunta…— respondió Alicia —Mira, aquí est…—
Alicia calló de golpe, los ojos de sorpresa que mostró llamaron la atención de Davis de una forma no muy positiva, y empezaron a poner nervioso a Jack. La chica estuvo un rato registrando los bolsillos de sus shorts sin éxito, más tarde se pondría a buscar por la maleta; tras un buen rato donde reinó un silencio tremendo que cortaba la respiración y un gran nerviosismo que podía observarse en sus compañeros, Alicia abrió la boca, temblando y con los ojos cristalinos.
—No está…— dijo con su fina voz —¡El llavero no está!—
ÍNDICE DE CAPÍTULOS

Prólogo - Pasado y presente
Capítulo 1 - Llavero
Capítulo 2 - Cloud
Capítulo 3 - Huída
Capítulo 4 - Dos "Alicia" y una premonición
Capítulo 5 - No todo siempre resulta como uno espera
Capítulo 6 - El viento a favor
Capítulo 7 - Náufragos
Capítulo 8 - Llegando a Hoenn
Capítulo 9 - Un torneo de muerte
Capítulo 10 - Sacrificio
Capítulo 11 - La señorita Kyteler
Capítulo 12 - Dolor y ambición (Primera Parte) <------ ¡Nuevo!


Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.















