Domingo 22 de enero de 2012, Mar de Filipinas.
La mala vibra segregada por la tierra del Sol naciente ya podía sentirse, aún desde tan amplia distancia. Allí todo se definiría. Ellos contra nosotros, sólo un lado se consagraría ganador. Nuestra oposición era firme, dura e inflexible como el mismo acero. Nadie quería decirlo, el orgullo suprimía nuestros sentimientos de debilidad, pero el miedo, la convicción, valentía y preocupación se habían fundido en un sentimiento inexplicable. Tan hermoso, intrigante y pasional como la feminidad, y a la vez demasiado inquietante, amplio e indescifrable como la necedad, la hipocresía o la ignorancia. No pensábamos en los peligros y desgracias que nos acechaban, tampoco en las glorias o satisfacciones que podríamos obtener, sólo deseábamos que esa epopeya culminase, y pasase a ser un vago recuerdo que tendrá existencia sólo en lo profundo y diverso de nuestras conciencias.
Millas y millas marinas recorrimos desde la nación de los australianos hasta aquel punto oceánico perteneciente al archipiélago filipino. Nuevamente nos turnamos para dormir, nuevamente nos resignamos al aburrimiento y nuevamente sufrimos las consecuencias de atravesar en tan crudas condiciones la línea del Ecuador, siendo nuestra salud la que pagó las consecuencias.
Interesante. Una palabra que uso mucho, sobre todo cuando no sé con exactitud como describir o analizar algo. Aclarando esto, puedo decir que lo único “interesante” que vale la pena mencionar de aquel trayecto tiene relación con Demian. Hallamos la última pieza perdida del rompecabezas de su pasado, aquella pieza fundamental, clave para comprender hasta donde llegaba el atroz juego mental que aquella persona a la que durante tanto tiempo nos hemos referido como Shogun pokémon ejercía sobre nuestro mundo con tal de llevar a cabo sus objetivos. El origen de Demian, el soldado de élite, narrado con sus propias palabras dice así:
“Si les digo que sé con total certeza lo que ocurrió les estaría mintiendo. Yo tenía una vida común y corriente, y mi única conexión con los pokémon era la misma que la de ustedes, a través de videojuegos. Todo comenzó cierta tarde que tenía libre, de repente me había quedando sin nada que hacer, por lo que me senté frente a la computadora e hice lo que hacía habitualmente, chateaba con conocidos, escuchaba música, ya saben, lo habitual. Lo extraño sucedió cuando luego de un rato decidí abrir el simulador de batallas con el que jugaba de vez en cuando. Luego de jugar un rato el simulador se tildó, y tras unos, no sé, quince segundos, esté volvió a funcionar pero extrañamente una batalla comenzó directamente, sin que siquiera la aceptase. Traté de cerrarla, pero no podía, intenté e intenté pero no hubo éxito. Era muy extraño, pero como no quería tener que reiniciar la computadora decidí enfrentarme a aquel misterioso jugador. Aquel tipo usó el mejor equipo que he visto en mis años de jugador, fue una batalla durísima y larga. Luego de unos veinte minutos la batalla acabó, me había vencido. Intenté cerrarla nuevamente, pero no había caso. Fue entonces cuando aquel tipo, que se hacía llamar “?pokémon-Trainer?” me escribió por primera y última vez. Dijo algo así como: ‘Peculiar. Estás lejos de ser el mejor, pero tu espíritu, habilidad y perseverancia son increíbles. Si los humanos fuesen un poco más como tú quizá mis planes y proyectos futuros no serían necesarios.’ Luego de escribir aquello, la ventana se cerró y la computadora continuó funcionando normalmente.
Al día siguiente, cuando salía de la universidad, una bella y sexy mujer me encaró. Seguro ya la conocen, era Fleur, la única chica que pertenece a la élite. Me habló como si me conociera desde hace tiempo, con su característico acento francés. Luego, les juro, no recuerdo que ocurrió en las horas que pasé hablando con ella. Algo me sucedió, cambió mi manera de pensar, como si me hubieran lavado el cerebro. Lo próximo que recuerdo es que sin saber muy bien porque, estaba sentado en un jet privado rumbo a Japón. Luego de una serie de eventos un tanto atípicos llegué a conocer al Shogun, quien terminó de llenarme la cabeza con su ‘psicopateo’ y promesas de gloria, honor, riquezas y demás para todos los que siguieran su voluntad. Con cabeza confundida como estaba, las cientas de cosas materiales y este Scizor, mi pokémon preferido que me ofrecía cedí a la tentación…”
La historia no concluye allí, pero lo que sigue habla sobre sus siguientes trabajos y como fueron atando cabos hasta dar a parar con Lucario y conmigo. Para narrar todo con detalle, creo que debería escribir prácticamente toda una obra aparte.
La última noche que pasamos sobre el Pacífico, ocurrió otro hecho que vale la pena mencionar, pero este no fue interesante. No lo es, porque sé exactamente como describirlo. Fue sencillamente único.
Durante el transcurso de dicha velada, mientras los pokémon con poderes psíquicos hacían avanzar el navío y las demás personas que me acompañaban mataban el tiempo en cubierta, Lucario enlazó nuestras auras mientras dormía. Hace tiempo que no lo hacía, dos semanas al menos, me hacía bien poder hablar de esa manera con mi amigo.
Ya no me sorprendía la densa e infinita niebla azul que rodeaba mi ser, de hecho me causaba placer. Es curioso que Lucario siempre cree esa peculiar ambientación antes de mostrarme algo de significante importancia, debería preguntarle porque lo hace. En fin, el luchador de hierro apareció junto a mí.
-Hola Lucario. ¿Qué sucede?
-Nada en especial, sólo quería hablar- respondió usando una varonil voz, la que siempre adoptaba desde que había evolucionado.
-¿Te preocupa algo?
-No, sólo pensaba. ¿Difícil lo que se viene, verdad?
-Me he preguntado lo mismo desde hace días y días, pero creo uno no entiende de verdad lo que realmente nos va a pasar hasta que el momento tan anhelado llega.
-Muy cierto- respondió. -Además estoy ansioso, sé que me hace mal, pero no puedo dejar de pensar en vengarme por todo lo que me ha hecho pasar.
-Lucario sabes que yo lo detesto tanto como tú, pero para luchar contra él debes juzgarlo objetivamente. Nunca odies a tus enemigos, te nubla el juicio y no te permite juzgarlos. Recuerda lo que pasó la última vez que lo enfrentamos en Níger, estábamos cegados por la ira, de no ser por Morena y Deoxys hoy estaríamos muertos. Sé que es difícil, pero enfócate en vencerlos, no en vengarte.
-De acuerdo, perdón Mati.
-No hay nada que perdonar, te entiendo perfectamente.
-Gracias.- dijo de corazón. -Ahora déjame sacarte de aquí, necesitas descansar.
-Espera un segundo, necesito que me hagas un favor antes de salir.
-Lo que sea- respondió intrigado.
-Seguramente, cuando lleguemos a Japón ya no habrá tiempo para que volvamos a unirnos de esta forma, por eso quería preguntarte si serias tan amable de proyectar una imagen de mi familia, ya sabes, por si algo sale mal.
-Claro.
Ni un segundo duró la espera, frente a mí aparecieron aquellas figuras simulando ser mi familia. Estaban estáticos, pero me miraban fijamente. Con triste pero esperanzada melancolía los observé durante unos minutos, quieto y en un silencio infinito. En el extremo derecho mi madre se posaba, unos escasos centímetros más baja que yo, de mi mismo color de cabello e iris, y rasgos similares a los míos, sólo en un duro momento como ese me di cuenta de lo parecido que éramos. A ella le seguía mi hermano menor, la amalgama perfecta entre nuestros progenitores, sonreía con el mismo ímpetu que cuando hacía alguna travesura. A su izquierda se erguía mi segundo hermano, el mediano, la viva imagen de mi papá en sus años de adolescente, con sus trece años, su rubio cabello y clara piel la diferencia entre ambos era impresionante, pero en el fondo sé que de alguna manera u otra, somos muy parecidos. Mi padre, mi querido viejo, era quien cubría el flanco izquierdo. En lo físico, somos el agua y el aceite, sólo nuestras eternamente sobrepobladas cejas poseen similitud, pero aquellos minutos me alcanzaban para recordar y reflexionar sobre todas las características que había heredado de él, su ímpetu, su obstinación, su falta de maldad, su perseverancia, su orgullo, que ahora son nuestro ímpetu, nuestra obstinación, orgullo y nuestra perseverancia. Defectos miles y virtudes aún más saqué de aquel hombre al que tanto le debo,
Los minutos transcurrieron como suspiros y tras varias idas y vueltas mentales decidí ponerle fin a aquella “visita familiar” por así decirle, ya que extenderla demás pasaría de ser un lindo momento a un triste y lúgubre pensamiento. Los próximos días estaría tan ocupado que ni mi familia pasaría por mi cabeza, por eso si aquella era la última vez que pensaba en ellos, quería que sea un hermoso recuerdo.
-Gracias amigo, ahora sácanos de aquí, necesitamos dormir.
-¿Seguro? Aún tengo energía de sobra.
-Na, déjalo así. Vámonos.
Las horas pasaron y el viernes abrió paso al sábado, el día del arribo. El Sol radiaba sobre el titánico océano, las olas prácticamente no existían y aquel modesto yate que nos aprisionó sobre el Pacífico por casi una semana ya era un punto perfecto para apreciar el Japón como una pequeña ondulación en el horizonte.
Finalmente arribamos a la tierra que desde hace meses esperábamos pisar, Tokio, la capital de Japón. Demian, quien tuvo la oportunidad de ir, explicó que nos encontrábamos a varios kilómetros de los cuarteles generales de la empresa, por lo que tendríamos que caminar unas horas.
Sin perder tiempo iniciamos con cautela, miedo y adrenalina los restos de la ciudad japonesa, al igual que gran parte del mundo oriental, había sido reducido a ruinas, cosa que de cierto modo, ya no nos sorprendía para nada. Edificios caídos por doquier y calles destruidas como si un desastre natural hubiese devastado aquella zona.
Hora tras hora avanzamos con el corazón en la boca, estábamos en territorio enemigo y lo más estresante es que ellos lo sabían. Presentíamos que el ataque era inminente, que en cualquier momento un ejército de pokémon de todas las clases, tamaños y colores nos rodearían y darían inicio a la batalla más difícil de nuestra vida. Sólo es cuestión de esperar, nos decíamos.
La batalla nunca llegó. Nada, ni nadie, se nos acercó. La tensión era alarmante, inquietante y hasta llegó a ser insoportable. Creo que hubiese perdido el juicio si algo tan impactante como aquello que vimos faltando unos pocos kilómetros para llegar a destino se hubiese topado en nuestro camino.
Un muro. Quince metros hacia el cielo y una extensión lateral infinita hasta donde la vista me permitía apreciar. Aquella enorme construcción, tenía indiscutiblemente como objetivo, rodear y proteger a los que estaban allí dentro (¿O sería acaso para proteger a los de afuera?).
-Imposible- mencionó Demian boquiabierto. –La última vez que estuve aquí este muro no estaba.
-Sí, y seguro que la última vez Tokio era una ciudad habitable para los seres humanos. Demian estamos hablando de un tipo que se las ingenió para traer a los pokémon a la vida, no entiendo como esto puede sorprenderte.
-Lo sé- respondió secamente. -Lo sé. Son los cuarteles generales, esta muralla los está resguardando. Debemos entrar.
-No nos precipitemos- exclamó More. -Tras esos muros todo el ejército personal del Shogun debe estar esperándonos. Analicemos bien la situación antes de actuar.
-Gente, esto les va a sonar raro, pero tengo una idea. Miren allí- Gonzalo mencionó señalando con su mano hacia el Sur. Allí, a unos doscientos metros, una alta torre se levantaba, era un de los pocos edificios que se mantenía parcialmente en pie. –Deberías subir a aquel edificio, desde allí tendremos una buena perspectiva de lo que se esconde allí dentro.
-Gonzalo tiene razón- admitió Demian. -Vamos.
Hacia aquel edificio nos dirigimos, sólo los humanos subimos hasta la planta más alta accesible, los pokémon montaban guardia en distintos puntos, dentro y fuera por seguridad. Efectivamente, desde allí lo que se escondía detrás de los muros, era perfectamente visible.
-No puede ser- exclamé sin aliente.
-¿Sólo eso?- Gonzalo cuestionó.
-Increíble- Demian mencionó. -Esperaba algo más.
-Lo sé, pero la vista quita el aliento- la única chica del grupo afirmó.
Aquel gran muro formaba una circunferencia como de dos kilómetros de diámetro. Pero allí dentro no había ejércitos, no había legiones de pokémon, no se veían armas ni custodias, siquiera sonido podía escucharse. Dentro de los muros las ruinas también se extendían, cubriendo las extensiones de espacio a excepción del centro, zona que resaltaba con obviedad. Sobre aquel punto central se levantaba un enorme edificio, digno de llamarse palacio, pero no dejaba de ser un local de oficinas. Sin exagerar diría que medía al menos unos quinientos metros de punta a punta. Junto a dicho recinto, se alzaba una gran antena, la preciada antena, de cientos de metros de altura. Sólo un dato queda por resaltar, lo único que rompía aquella enorme paz. Gigante e imponente agitaba sus amplias y tenebrosas alas, recubiertas al igual que todo su cuerpo con duro platino. Giratina, el gran pokémon fantasma sobrevolaba en circulas aquella extensión de tierras alojada entre muros, sobre su cabeza, un individuo de rasgos poco reconocibles debido a la distancia se posaba sobre su cabeza. Evidentemente, ambos custodiaban el lugar, pero la gran pregunta era, ¿Sólo eso?
-Aquella es la antena, estoy seguro- decía ilusionado. -La destruiremos y los pokémon quedarán libres, luego iremos a tener una larga charla con el Shogun dentro de su edificio.
-No hace falta que lo digas- respondió Gonza. -Pero creí que presentaría mayor resistencia, ya hemos peleado con pokémon legendarios antes.
La iluminación me llegó, y las palabras de Gonzalo hicieron realidad en mis pensamientos una obvia verdad.
-Lo hace apropósito- expliqué. -Él quiere que lleguemos hasta él, quiere que entremos como ilusos en la trampa de una araña. Quiere poder enfrentarnos y acabarnos de una vez, sabe que tiene el poder de Arceus, por eso quiere terminar con esto de una vez por todas por si mismo.
-Llevas razón Mati- mencionó Demian. -Si no me equivoco, es Ivanov, el último miembro de la élite, ruso repugnante. Sólo está para estorbar, pero no debemos bajar la guardia frente a él.
-¿Qué deberíamos hacer contra Giratina?
-Darkrai podría con él sin problemas -argumentó Morena.
-Imposible- dije yo. -Yo le prometí a Arceus y sólo a Arceus tendrá, el sabe que está cerca y querrá concentrarse sólo en acabar con él.
-¿Entonces?
-Ya veremos gente, ya veremos…
Reunimos a los pokémon y le contamos como iba la cosa, todos comprendieron perfectamente. Darkrai lucía eufórico, a su manera claro, pronto cumpliría con su gran anhelo. Ya no había vuelta atrás, la hora de enfrentar nuestro destino había llegado.
Optamos por el sigilo, no teníamos problema en hacerle frente a Giratina, pero si podíamos evitarlo… Por eso atravesamos el gran muro por aire en vez de derribarlo. En silencio y en fila avanzábamos por las sinuosas tierras de la capital japonesa. Con Darkrai y Lucario en las puntas, y Gonzalo en medio llevando el maletín con las tres esferas, que según testimonio de Darkrai, eran la llave para vencer al gran poder de los tres dragones cuando estaban unidos.
La Diamasfera era la correspondiente a Dialga, completamente de diamantes divididos en secciones de una manera similar a una pelota de fútbol estaba formado, su tonalidad azul era resplandeciente. Una perla de perfecta forma esférica era la Lustraesfera, el arma para derrotar a Palkia, centellaba al exponerse al Sol. La Griseosfera, que por descarte se complementa con Giratina, era muy distinta a sus compañeras. Forma rómbica tenía y opaco era su color, carecía de la belleza de las otras y no tenía su brillo, pero les aseguro que esplendía más que ninguna por el simple hecho de ser diferente.
Cuatrocientos metros llevábamos, pero bajo el peso de la angustia y el ansia, parecieron cientos de kilómetros. Zigzagueábamos en sentido horario con afán de atravesar los restos de aquella esquina, donde aparentemente un caño maestro se rompió inundando el lugar de diestra a siniestra. Era sabido que ocurriría, siempre sabían donde estábamos, si no habíamos sido atacados era por su propia voluntad, pero ellos siempre sabían. Nuestro estratégico silencio o nuestra improvisada idea de ir pegados a los muros para no ser vistos fueron totalmente inútiles como poco ingeniosos, para que mentir. Desde los confines del Éter el fantasmagórico pokémon se abalanzó hacia nosotros cubierto de una oscura niebla que segregaba relámpagos morados, lo que se llama Golpe Umbrío.
-¡Cuidado!- alguien gritó, el sorpresivo ataque no me permitió distinguir al emisor del mensaje.
Instintivamente me agaché y cubrí mi cabeza con ambos brazos, como si sirviese para algo. Lucario me tomó por las axilas y me quitó de ahí, evitando un aplaste inminente. Scizor pensó igual y removió a su entrenador justo a tiempo. Deoxys usó Protección y Morena salió ilesa, al igual que Gonza y Pidgey, gracias a Zoroark. Darkrai por el contrario se abalanzó sobre el fantasma gigante, intentó usar un Pulso Umbrío, pero no pudo repeler el magno golpe rival. Salió despedido directamente contra el asfalto.
Tras el impacto y por el efecto rebote Giratina se elevó varios metros otra vez. Desde allí pude ver a su entrenador, era un hombre de no más de treinta años, pero que con su gran bigote y poco cabello, ambos de color gris y aspecto grasoso aparentaba haber vivido al menos una década más. Gritó algo en ruso, imposible determinar que.
Darkrai se puso de pie -sí, Darkrai tiene pies-, y como una fiera enfurecida encaró a arrojarse sobre el platinado ser y darle una paliza.
-¡Alto!- Gonza gritó. Sorprendentemente, Darkrai le hizo caso.
-¡¿Qué?!- “gritó” el pokémon.
-¿Qué sucede Gonza?- pregunté.
-No se preocupen por él, déjenmelo a mí- respondió.
-No seas tonto…
-Mati, déjenmelo a mí, es probable que los otros dos dragones anden por aquí, y no olvidemos a Arceus. Tienen que estar descansados, si todos nos cansamos luchando contra el mismo rival no tiene sentido, yo puedo con ellos, en serio.
Hasta aquel momento no me había dado cuenta del gran progreso de Gonzalo en cuanto a pokémon se respecta, ya conocía todos sus nombres y los decía sin confundirse. Además se había convertido en un gran guerrero, lo suficientemente bueno como para tener el valor de luchar contra un legendario sólo.
-Gonza, escúchame, es muy peligroso, trágate tu orgullo y hagamos esto…
-Mati, con todo el cariño que te tengo, ¡Zoroark, Pulso Noche!- la charla me había distraído lo suficiente como para ver que Giratina volvía a atacar, Zoroark lo alejó con su movimiento característico. Luego, hablando rápido y mirando constantemente hacia nuestro enemigo terminó su frase. -Con todo el cariño que te tengo, te pregunto ¿justo tu vienes a decirme que me trague mi orgullo? No te ofendas Mati, pero como humilde, eres un gran entrenador.
Así como tantas veces se lo hice mientras discutíamos sobre geografía, Gonzalo me había dejado mudo. No tenía nada con que apelar su argumento, decía la pura verdad. No me gustaba nada la idea de que peleara sólo, pero al fin y al cabo llevaba mucha razón, necesitábamos toda la energía posible.
Le quité el maletín, tomé la Griseosfera, lo cerré y afirmé con fuerza.
-Si tengo que lidiar con tu muerte en mi conciencia, te iré a buscar al mismo infierno para darte una golpiza. No tengo idea de cómo funcionara la esfera, pero sé que algo se te va a ocurrir. Suerte hermano, cuídate.
-No la necesito, gracias Mati.
-¿Lo vas a dejar luchar sólo?- de manera preocupada Morena cuestionó mi decisión. No le respondí.
-Ya sé,- dije a Gonzalo- pero nunca está de más, no te atrevas a volver si pierdes. -Tras efectuar aquella obvia broma giré sobre mis talones hacia Darkrai.- Darkrai viniste aquí por Arceus. ¿Para qué desperdicias energía con él entonces? Te necesito con todas tus fuerzas y ni tú puedes mantenerte así tras luchar contra dos legendarios el mismo día.
Con el mismo rencor que los esclavos miraban a sus indeseables amos en tiempos del feudalismo Darkrai me echaba mal de ojo, aunque yo cuestionaba sus poderes, lo que más lo molestaba en el mundo, sabía que tenía razón.
-Vámonos de aquí, Gonza cuando acabes con ese monstruo búscanos en el edificio central, suerte otra vez.
-Gracias- mencionó.
Hice una señal con la mano y abandonamos aquel lugar corriendo hacia la malvada compañía. Zoroark se colocó frente a ellos evitando que huyera, ya a lo lejos sólo podía ver la silueta de aquellos dos. Me tenían preocupados, pero a la vez sabía que no había porque, él estaría bien, después de todo yo lo había enseñado.
GONZALO:
Mati y compañía ya estaban a salvo, me habían dado un voto de confianza que me hacía flamear de convicción. Quería, no, debía ganar a toda costa, por ellos.
El sujeto ruso me miraba con frialdad tratando de intimidar. Aquel pokémon era sencillamente, una gran bestia que hacía temblar a cualquiera, pero saber que Zoroark llevaba ventaja contra él me hacía ilusionar con resultados que iban más allá de mis habilidades. Lo admito, era un joven bonito y soñador.
Reaccioné de repente y recordé que estaba en medio de una batalla. Era la primera vez que luchaba sólo, y rápidamente los nervios se apoderaron de mí. La esfera apareció en mi mente y me precipité a sacarla del bolsillo donde la había puesto. Lo hice torpemente y ésta se cayó, aunque logré atraparla en el aire tal como lo había hecho con el relicario que Rafael nos dejó. Traté de verme serio, eso siempre vende a la hora de intimidar y la levanté en el aire.
-¡Mira y llora, Giratina!
Nada ocurrió, la supuesta gran Griseosfera se quedó quieta como si nada.
-¡Sufre el poder de la Griseosfera de platino! ¡Súfrelo!
Seguía sin hacer nada, el decrépito ruso estalló en carcajadas, era obvio que al igual que sus compañeros de la élite, no sabía nada sobre la existencia de las esferas. Volví a levantarla, aún más alto.
-¡Ahora sí, sufre a la Griseosfera!- Nada -¡Pero la p…
Tuve que callarme ante el objeto que tan mal me había hecho quedar. Esta comenzó a resplandecer de una manera muy extraña, una luz negra comenzó a cubrirla y luego de sepultarla completamente se expandió hacia el exterior en forma de varios rayos de luz concentrados. De pronto el cielo se tornó negro, como si la noche hubiera caído de repente. Extraños sonidos y voces que daban un susto de muerte empezaron a escucharse desde puntos indescifrables. Un frío indescriptible atravesó todo mi cuerpo desde las sienes hasta los talones.
El rostro del ruso (y el mío también) ya no rebosaba de hilarante risa o excesiva confianza, se veía aterrado ante aquella situación, casi se cae del Giratina. De pronto aquellos tenebrosos rayos de luz se concentraron en uno que atacó directamente al gran pokémon fantasma. La negra luz se extendió sobre el contorno de su gran cuerpo y luego unas hondas blancas atravesaron el trayecto entre el pokémon y la esfera. Es difícil en pokémon tan grandes tratar de ver lo que expresan sus rostros, pero era evidente que fuese lo que fuese aquello que sentía, no era dolor en absoluto.
Varios segundos después todo cesó de golpe, en un abrir y cerrar de ojos ya nada estaba allí. Sólo quedamos yo con la esfera en mano, ésta ahora brillaba con una insoportable para los ojos, mis pokémon y la pareja rival, exactamente igual que en el pasado, totalmente inertes.
Ivanov se veía nervioso, no entendía lo que acaba de ocurrir, gritó en su idioma natal con obvia desesperación y Giratina se abalanzó contra mí. Entonces llegó el desconcierto con respecto a la esfera… ¿Y? ¿Qué se supone que esta esfera hace? ¿Cómo iba a vencerlo con eso? ¿Encandilándolos y hacerlos chocar contra un edificio? Fuese lo que fuese, no había tiempo para averiguarlo, Giratina lucía igual de fuerte que antes, no había otra opción, tendría que luchar limpiamente, uno contra uno.
-Pidgey, cúbrete detrás de mi. ¡Zoroark, Pulso noche!
Zoroark arrojó la gran bola de energía oscura que explotó justo delante de su rival, haciéndolo gritar como un neonato.
-¡Bien, ahora usa Golpe Aéreo!
Mi compañero disparó una potente ráfaga de viento que causó cortes en las pocas zonas orgánicas del pokémon. Su entrenador enfurecido ordenó otro ataque, el que resultó uno que conocía muy bien gracias a ese viaje, Esfera Aural.
-¡Evádelo y usa Pulso Noche otra vez!
Ahora me río de lo inocente que era en cuanto a los pokémon, pero en aquel entonces cuando Zoroark no pudo evitar de ninguna manera, ya que efectivamente no puede evitarse, aquel ataque me preocupé bastante. La gran esfera, de tamaño muy superior a la de Lucario, impactó de lleno contra mi compañero estampándolo contra el suelo.
Zoroark desapareció antes de que la nube de polvo creada por el impacta se disipara, para luego sorprender con un potente ataque en el flanco izquierdo del gran rival. Enfurecido, el rival arremetió con su característico ataque, Golpe Umbrío.
-¡Protección!
Por un segundo Giratina se desvaneció, dándose paso através de su dimensión alterna, para luego reaparecer cubierto con por una densa luz negra cayendo en picada encima del siniestro zorro, quien ya lo esperaba cubierto por el impenetrable campo de poder verdoso.
-¡Contraataca con Bola Sombra!
Las negativas energías de Zoroark se concentraron en las fauces de este y se dispararon en forma de una esfera que lucía los colores de la noche. Giratina lo recibió de lleno y fue a parar directamente al suelo, causando aún más destrucción. Su entrenador, que luchaba por mantenerse sobre el gran dragón gritaba de manera ronca e incansable. Con esfuerzo el legendario fantasma alzó al firmamento su enrome cabeza y dejó salir de su boca unos enormes trozos de roca que fueron a parar directamente hacia el cielo, y de allí cayeron a gran velocidad en nuestra dirección, el Cometa Draco más grande he visto.
-¡Eh…! ¡Excavar!
Salté seguido por Pidgey en un gran cráter formando entre las ruinas donde me arrojé al suelo y cubrí mi cabeza con las manos, mientras Zoroark cavaba un túnel en tiempo record. Oí el sonido de los meteoros al caer y repiquetear sobre el suelo, rogando que ninguno pudiera darme. Apenas el sonido acaba de extinguirse cuando me puse de pie nuevamente, Giratina ya estaba volando otra vez y mi principal pokémon seguía bajo tierra.
No lo vieron venir. Fue imposible prevenir o percibir el lugar por donde Zoroark saldría. Como una bala de cañón destruyó el suelo que obstruía su salida y golpea a su rival en el vientre.
-¡Excelente, Pulso Noche una vez más!
La ya tan mencionada secuencia se repitió. Se formó la gran esfera que emula perfectamente las características nocturnas y fue disparada, explotando y formando flamas rosadas alrededor del titán pokémon, quien nuevamente acabó tendido en el suelo. Zoroark retrocedió un paso y jadeante se sentó a descansar. Todo estaba hecho, pensé.
-¡Mejor imposible Zoroark, sabía que todo ese entrenamiento rendiría frutos!
Sin embargo la incansable voz, ya disfónica, del entrenador ruso no cesaba, continuaba gritando enfurecido, incluso pateaba la cabeza del pokémon que montura le brindaba. Lamentablemente otra vez se levantó, era obvio que ya estaba cansado y sus fuerzas no eran plenas, pero aún tenía batalla que dar.
Giratina no atacó o se defendió, sino que de manera estática permaneció en el aire y posteriormente un brillante esplendor multicolor apareció en sus ojos. Observábamos con atención y resignación lo que ocurría. Lo más desconcertante que he visto en mi vida, y vaya que vi cosas, se llevo a cabo justo frente a nosotros. Un agujero comenzó a formarse de la nada, no en el piso o contra un muro, sino libre en el aire, la dimensión se había rasgado. El pequeño agujero aumentó súbitamente su tamaño con voracidad. Un viento frío corrió sobre mis hombros y ganando cada vez más poder inició a succionar toda la materia reposando allí. Por instinto nos alejamos de allí, demasiado tarde por desgracia, aquella fría brisa ya era una gélida ventisca.
El poder de atracción de dichos aires feroces era temible, vigorizante. Tratando de escapar caí tragando hollín. Rasguñé piedras y rasgué inútilmente la tierra en busca de contención, sin ser capaz de resistir me aferré a Zoroark mientras Pidgey se retorcía dentro de mi camiseta para no salir volando de allí. Las garras de mi pokémon zafaron y ambos fuimos succionados por aquel hoyo. Lo que ví allí es indescriptible, sientas de miles de gamas de colores distribuidas en infinitas formas simétricas, muchos de ellos jamás vistos por un ser humano.
¿Fue acaso un segundo o un día lo que pasé allí? Hasta hoy en día me pregunto eso, me es imposible determinarlo, si quiera calcular un tiempo aproximado. En donde fui a parar el tiempo no existía y no se había oído hablar del espacio, indescriptibles son aquellos recuerdos.
Recuerdo que cuando fui capaz de darme cuenta que ya no estaba cayendo al vacío, más grande aún fue la sorpresa. Una tierra extraña, tan extraña que no puede llamársela tierra. El suelo era monocromático, y pisarlo era extrañamente reconfortante. No había olores, sonidos, ni frío o calor podía sentir, incluso la frescura de mi boca era imperceptible. El único sentido que era buen negocio tener allí era la vista, y dicha zona era todo un espectáculo para los ojos. Formas y figuras, líneas y puntos, cuerpos blandos como gelatina y otros tan duros como la madera. Texturas rugosas poseía el suelo, y hondas como olas de mar atravesaban el cielo de un tono verde tenue y taciturno. De alguna manera u otra, hoy en día tengo completa seguridad, de que había sido transportado a otra dimensión, la que los partidarios de Giratina llaman el “Mundo Distorsión”.
Por primera vez oí un sonido distante. Al enterarme de quién era el emisor, se convirtió en irónico aquel primer pensamiento que tuve… “Bueno, al menos no estamos solos aquí.”
MORENA:
Se me hizo complicadísimo entender como Mati en su sano juicio dejó a Gonzalo, en aquel momento un completo puberto inmaduro con escasas habilidades para el combate, luchar sólo contra aquel tipo y esa gran bestia. El tenía un gran espíritu, pero cuando es la carne lo que está en juego eso no sirve para nada.
Corríamos como lauchas por tirantes, cada paso nos acercaba más al edificio central y nos alejaba más del fantasmagórico dragón. Al cabo de unos minutos fuimos capaces de apreciar de cerca el gran edificio. Era enorme a lo ancho e imponente a lo alto, aunque en esto último carecía de comparación con la enorme antena que se levantaba cerca de él.
Pronto alcanzamos las inmediaciones del lugar. Allí se hallaba otro obstáculo, una reja de tamaño significativamente menor al muro principal. Lo saltamos con facilidad. Aterrizamos en un jardín que se levantaba como presentación del lugar, tanto los arbustos como el césped estaban largos y disparejos. A treinta metros de la reja, se hallaba la antena, uno de los objetivos cruciales. Ésta era enorme, tanto en alto como en ancho, y los materiales con que estaba construida eran sumamente resistentes, sería difícil hacerla caer.
-¿Ahora qué?- pregunté con el cuello estirado tratando de observar la cima de dicha estructura.
-Tratemos de destruirla, si lo logramos, se acabó todo- Demian respondió.
-Intentémoslo juntos- acotó Mati.
-Deoxys, Psícoataque.
-Lucario, Esfera Aural.
-Puño Bala- ordenó el mayor a Scizor.
Primero fueron los ataques especiales, luego el puñetazo físico, todos al mismo sitio. A pesar de lo brutal del ataque, apenas creamos una rajadura en la base de concreto de unos cinco metros cuadrados.
-Otra vez.
La secuencia se reiteró. Ataques especiales. Ataque físico. Rajadura.
-Parece que esto nos va a llevar un lar…
Callé y me sobresalté al oír aquel chillón y desconcertante sonido. Un gran rugido, acústico y poderoso.
-Por Dios, ¿ahora qué?- se lamentaba Demian.
-¿No será Giratina?
-No, su grito es distinto.- expliqué. -Estemos preparados, sea lo que sea atacará en cualquier momento.
Cuando lo localizamos mis peores sospechas se hicieron realidad. A gran velocidad venía volando desde un punto indefinido. Por suerte ésta vez no nos sorprendieron, nuestros pokémon lo esperaban con ansia. Habíamos prevenido el acercamiento de Palkia. Con aire belicoso hacia nosotros se dirigía. A mi mente llegaron los recuerdos de nuestro último desagradable encuentro, donde Deoxys lo venció en España, claro que entonces es más fuerte, mucho más fuerte.
Sin factor sorpresa fue muy sencillo protegernos de aquella mole. Nos refugiamos detrás de la gran antena mientras que los tres pokémon lo esperaban ansiosos de acción. El titán del espacio movió bruscamente su inmenso brazo formando un rasado as de luz que se avecinaba con fuerza a nuestros compañeros, se trataba de su característico ataque, Corte Vacío.
Lucario, Deoxys y Scizor con eficacia lo evitaron y enfurecido el gran dragón continuó su vuelo sobre nosotros, se dio cuenta de que bajar era mala opción. Desde allí pude apreciar con éxito su anatomía, feroz era su mirada, más aún que la de los otros dos dragones. Su rugosa piel blanca complementaba con moradas franjas, junto a aquellas perlas que llevaba en ambos hombros conformaban una estructura digna de un ser legendario.
Vi sus ojos, rojos y llameantes y entonces supe lo que tenía que hacer. Mati ya lo había dicho, en aquel caso, la unión no hacía la fuerza, debíamos luchar por separado, auto superarnos y permitirnos llegar lejos. Estaba predestinada a luchar contra esa bestia, así como Mati lo estaba con el Shogun. No importa quien era más fuerte o más poderoso, era una cuestión de convicción. Yo estaba allí para salvar a los pokémon, él para derrotar al Shogun.
-Mati, dame la Lustrasesfera.
Su primera reacción fue sobresaltarse y mirarme extraño. Luego se relajó y con resignación abrió el maletín.
-¿Entonces tú también verdad?- respondió mientras me arroja el orbe.
-No podemos huir al destino, cada uno sabe lo que tiene que hacer.
-Sí, lo sé, gracias.
-Ni lo menciones, Mati, ahora continúen. Yo puedo sola contra esta bestia, estaré bien.
Era evidente que Mati odiaba tener que depositar su confianza en mí, a él siempre le gustó trabajar sólo y llevarse toda la responsabilidad él si las cosas salen mal. Como le dijo a Gonza, no nos perdonará si nos pasa algo, eso me convencía de que debía dar todo de mí.
-Vamos Demian, entremos- mencionó Mati mientras tomaba la última esfera y dejaba abandonado el maletín.
-No- respondió el entrenador de Scizor. –Yo me quedo, alguien tiene que encargarse de la antena. Déjenmelo a mí.
-De acuerdo- respondió Mati. -Suerte a ambos. Lucario, Darkrai, vámonos. Terminemos con este calvario de una maldita vez.
El muchacho junto a los pokémon corrieron por aquel jardín hasta la lujosa puerta que Lucario hizo volar con un ataque, se introdujeron en el recinto y los perdimos de vista.
Palkia pareció darse cuenta de que el grupo se había reducido y se aprontó a atacar.
-More, escúchame, necesito que lo alejes de nosotros lo más que puedas mientras yo me encargo de la antena, me llevará un buen rato.
-Ok, lo intentaré, pero no te garantizo nada. ¡Cuidado!
Ambos dimos unos pasos atrás y en el espacio central entre ambos otro Corte Vacía pasó arrasando con todo.
-¡Deoxys, Psícoataque!
Mi pokémon generó la poderosa esfera verde concentrando sus poderes mentales en ella, y la disparó hacia Palkia quién contraatacaba con su imponente Hidrobomba. El impacto fue brusco y causó una gran salpicadura de agua.
-¡Cambia a modo veloz y dale con Electrocañón!
Mientras Scizor y Demian comenzaban nuevamente con el proyecto de demolición, Deoxys se tornó en su forma aerodinámica y con una velocidad impresionante formó el poderoso ataque eléctrico que a pesar de ser muy fuerte, es poco eficaz y pasó rozando el rostro de Palkia quién atacó nuevamente con Corte Vacío, golpeando duramente a Deoxys.
-¡Concéntrate Deoxys, elévate y ataca con Fuerza Bruta!
Mi plan funcionó Deoxys se elevó a gran altura haciendo que Palkia lo siguiera, Demian y Scizor estarían tranquilos. Mi compañero seguía subiendo hasta que se detuvo de golpe sorprendiendo a Palkia que lo seguía, y se abalanzó en contra del rival cubierto por un resplandor celeste directamente hacia su estomago. El impacto fue tal, que pude ver gotas de sangre salir de la boca del gran dragón.
De pronto la Lustresfera en mano se tornó tibia y emanó un brillo tan cristalino que lastimaba los ojos. Grandes vientos empezaron a correr y un gran puente de energía se generó entre el orbe y Palkia, de pronto otro tipo de formaciones energéticas comenzaron a Abandonar el cuerpo de éste último y fueron introduciéndose en la esfera. Pocos segundos después la todo se calmó, el viento dejó de correr y todas aquellas luces desaparecieron. Todo quedó en orden, como Palkia, que seguía allí en el aire. Lo único que había sufrido un cambio era la Lustresfera, que brillaba con el poder de cien Soles.
“¿Qué sucedió? ¿La esfera ya cumplió con su objetivo? ¿Palkia ahora es más débil?” Preguntas que inundaban mi cabeza por el desconcierto.
De cualquier manera, no podía continuar esperando, Palkia ya estaba luchando otra vez.
-¡Esquiva y Psicoataque!
Deoxys evadió la Hidrobomba y golpeó duramente con su ataque favorito al pokémon.
-¡Rayo Carga!
El eléctrico ataque dio satisfactoriamente en el blanco, además de aumentar el atributo especial ofensivo de su emisor. Pero Palkia estaba lejos de rendirse, y lanzó un poderoso Rayo Hielo que impacto con soberbia en el pecho del monstruo de bolsillo alienígena.
-¡Cambia modo ofensivo e golpea con tu Bola Sombra!
Deoxys nuevamente mutó en la que seguramente es su forma más arriesgada, extremadamente poderosa, pero frágil como papel mojado.
La Bola Sombra se disparó con gran potencia, haciendo un daño temible al pokémon que tenían enfrente, aunque no pudo evitar que este contraatacase con otra Hidrobomba cuyos niveles de daño son incontables.
Había quedado mal herido, y empezó a caer. Por encima, Palkia lo perseguía. Pero cuando estaba por caer al suelo, Deoxys lo engaño, se movió y el pesado pokémon no tuvo suficiente tiempo para hacer algo, cayó de lleno contra el suelo. El gran aumento de peso que trae la caída por aquello que llaman energía cinética causó que el impacto fuera temible, casi como un terremoto seguido por una gran onda expansiva. Aquello me hizo caer y soltar en el aire la Lustresfera.
-¡No, la esfera!
Deoxys, con lo último de sus fuerzas voló hacia ella y atrapó al luminoso objeto en el aire. Entonces fue cuando dejé de pensar que aquel objeto no era inútil. Al hacer contacto con el orbe, Deoxys se cubrió de un brillo igual al del objeto. El brillo fue tan intenso que sólo podía apreciarse la silueta de ambos, entonces fue cuando sucedió, la esfera y mi gran amigo se fundieron en uno. Se unieron, formando un solo individuo.
Palkia se puso de pie, muy lastimado, justo a tiempo para apreciar como Deoxys volvía hacia él con toda su energía recargada, de hecho, más poderoso. Luego de aquello, era aún más veloz, podía notarse a simple vista. Se colocó cerca de su rival, levantó su puño y generó un poderoso ataque en forma de medialuna totalmente rosado, así es, Deoxys usó el movimiento Corte Vacío en Palkia, lo que se dice recibir un poco de la propia medicina.
Aparentemente, la esfera absorbía parte del poder de su dragón y luego se lo obsequiaba a aquel que quisiera detener a la bestia, aquella era la forma en que dicho objeto era capaz de detenerlos, aún cuando estos tres luchan juntos por la misma causa. “Ojala Gonzalo lo haya descubierto” pensaba.
El psíquico ser atacó con dicho movimiento, que de ninguna forma debería aprender, de una manera temiblemente fuerte (estaba en modo ofensivo), haciéndolo volar varios metros en al aire para aterrizar junto a la entrada del cuartel general, ampliando aún más la destrucción causada por Lucario al “abrir” la puerta. La gran bestia se había perdido en el interior del lugar, debía ir allí y asegurarme de que el trabajo estuviera hecho.
-¡Demian, voy adentro, tengo que servir a Palkia!- avisé, el respondió levantando el pulgar y continué.
La primera sala de los cuarteles generales era una recepción enorme, una sala de al menos veinte metros de ancho por cuarenta de largo. La intromisión del acuático dragón causó estragos, destruyendo plantas decorativas, asientos, escritorios. Etc.
Deoxys se me había adelanto, el lo miraba allí con tranquilidad, la mole que tantos problemas había dado yacía inconciente.
-¿Está debilitado?
Mi amigo asintió con la cabeza.
-Muy bien Deoxys, lo hiciste increíble. Espero que si los chicos tengan problemas puedan descifrar el funcionamiento de sus esferas. Creo que Demian y Scizor pueden apañárselas solos. Será mejor que alcancemos a Mati y a los demás.
-Deo, Deoxys.
Ya libres de nuestro gran, gran problema, comenzamos a correr en dirección a las escaleras.
-Ya hicimos lo que debíamos, ahora depende del esfuerzo de los demás. Suerte chicos, la necesitarán.
CONTINUARÁ.