Buen día.
Volví para postear el capítulo seis.
Pokefabri: Si no era mucha espera hasta el lunes, lo posteo nueve días después de lo pactado xD.
Paulko212: Me alegra tener un nuevo lector, espero que sigas cautivado con la historia.
juanpis: Miltank es una vaca, y ellas no son carnívoras, por favor/ el Gardevoir es especial, remítete al capítulo 4.
Demián: Me temía que no volvieras pronto, me da gusto que estés aquí, yo también he estado muy ocupado.
Aquí va:
Spoiler
Los soldados alhandros coincidieron en que había dado la tercia, o sea, media mañana.
El número de centinelas en la muralla fronteriza con ruthorn se había duplicado a partir de ese día. Ellos se paseaban constantemente por el ancho camino que se había construido en el borde superior de la barda, pero no veían nada fuera de lo común.
Había arqueros acomodados en las almenas y vigías desde lo alto para visualizar cualquier movimiento sospechoso a la lejanía. Y por si esto fuera poco, mantenían a toda hora cerca a la guardia pokémon, que rondaba por los aires para comprobar esto último aún más; esto es: Noctowls por la noche y una parvada de Pidgeots durante el día.
En el grupo que resguardaba el portón, además de los soldados también contaban con pokémons guerreros, tal era el caso de Keizer, el líder de ellos. Se trataba de un Scizor perfectamente entrenado.
Aún eran las seis de la tarde de ése mismo día y afortunadamente los ruthorns no habían aparecido, lo cual crea una disyuntiva clara de dos posibilidades: o se habían retractado o urdían planes para atacar.
Como quiera que fuera, aún no había noticia de ellos, lo cual a la vez alegraba y ponía nerviosos a los defensores.
Los soldados alhandros no sabían la hora exacta, por supuesto, pero calcularon la nona, por lo que sólo pensaban en el relevo.
Afortunadamente para la víspera soltaban los Noctowls guardianes, a quienes se tenía más confianza que a los Pidgeots por su avanzada vista para detectar cualquier movimiento extraño en el territorio vecino.
Así lo hicieron, introduciendo las aves diurnas y sacando las nocturnas. El relevo de los soldados, de igual manera se efectuó sin mayores problemas.
El sol ya se ocultaba, el ambiente no tardaría en tornarse umbrío y pesar la oscuridad. Esta situación inquietaba a los hombres. Algunos de ellos, por supuesto, se jactaban de valientes y se hallaban reunidos y relajados contando chistes; otros estaban tan nerviosos que simplemente no podían dejar de temblar en lo alto de la muralla, sujetando firmemente sus arcos. Otros más comenzaban a pasearse de un lado a otro de su sector, dando vistazos al otro lado de vez en cuando.
Y para colmo de males, hasta esa hora una espesa bruma se había gestado por lo que los guardias y guerreros se hallaban casi totalmente a ciegas, y ni aún los confiables Noctowls podían distinguir algo a través de tanta neblina. Los ruthorns bien podían pasar desapercibidos e iniciar los planes ofensivos en cualquier momento.
Todos pensaban que era el momento oportuno para ellos de atacar.
Ya eran las nueve de las noche y las condiciones ambientales parecían estáticas; cientos de defensores aguardaban una señal para lanzarse a la lucha y los pokémons entrenados se hallaban prestos a atender las órdenes del capitán.
Bien alineados y sin perder un solo detalle de su alrededor; con las picas al frente y las botas firmemente asentadas sobre las piedras que se hallaban en el suelo, el grupo A de soldados aguardaban las órdenes de su superior. De la misma manera se encontraban los arqueros en los puestos de vigía, con los ojos bien abiertos como intentando distinguir movimientos tras la capa de niebla, y al no conseguirlo, los nervios regresaban, al extremo de que las gotas de sudor corrían por sus rostros a pesar del frío intenso que reinaba en ese clima tan desértico.
La parvada de Noctowls volaba en círculos siempre cuidando de no introducirse ni un poco en territorio ruthorn, ya que los enemigos podrían intuir que se trataba de cómplices de los guerreros y no de libres e inocentes pokémon (y no se equivocarían mucho).
Y lo peor es que los soldados alhandros ni siquiera estaban seguros de nada. Ignoraban si los invasores estaban ya a punto de atacar, o atacarían al día siguiente o, si tenían suerte, se habrían calmado.
Así que los minutos pasaban rápidamente, pero no se presentaba ningún suceso extraño del otro lado de la frontera. Nadie hacía ruido. Incluso los pokémons más valientes comenzaban a mostrarse temerosos ante la incómoda situación.
¿Por dónde comenzarían a atacar? ¿Por la entrada principal? ¿O preferirían el lago Munher que compartían entre naciones como vía de invasión? Lo más seguro es que efectuaran el ataque terrestre, aunque tampoco serían muy bien recibidos por la legión de pokémons acuáticos si escogieran la segunda opción.
Es claro que todos los impacientes soldados cavilaban sopesando dichas posibilidades, pero era casi seguro que el ataque se realizaría por tierra aprovechando la densa neblina.
El silencio era horriblemente sepulcral, tanto así que sólo el batir de las alas de los pokémons vigías llegaban hasta los oídos de los valientes soldados.
En fin, había dado la medianoche, así lo anunció el campanario a la lejanía. Cada onda de sonido proveniente del gran reloj parecía arrasar el campo y la muralla y poner los pelos de punta a los reunidos. Parecía la hora funesta.
Uno de los Noctowls comenzó a esforzarse por tratar de distinguir algo detrás de la capa blanca de niebla, así lográndolo, al notar un movimiento potencialmente peligroso.
Con un fuerte ululato, todos los soldados brincaron espantados mientras un extraño Flygon, envuelto en metales aerodinámicos que le cubrían el torso y el cráneo, brotó de repente de entre la bruma. ¡Los ruthorns habían comenzado a atacar!
Evadiendo las flechas de algunos arqueros, el Flygon sobrepasó la muralla entrando en el territorio opuesto y logró descender el vuelo hasta pasar casi a ras de la tierra levantando una densa polvareda tras de sí, ofuscando a los confundidos defensores.
A pesar de que se esforzaron por seguir con la vista hacia adelante, la presencia del ágil volador los distrajo, siendo un momento oportuno para los encubiertos ruthorns que ya se encontraban cerca, de penetrar en las defensas rivales.
No obstante, una flecha acertó a clavarse en la coraza del pokémon dragón, doblando la lámina y oprimiéndole el pecho. Aleteando irregularmente, el Flygon gimió lastimero, dando señales de desplomarse de un momento a otro a la tierra, pero no fue así; el distractor logró remontar el vuelo nuevamente e intentó huir.
Las saetas no quisieron alcanzarlo de nuevo, así que pasaron silbando por el aire a escasos centímetros de su cuerpo. Esquivando los ataques, cruzó la frontera y volvió a desaparecer tras la neblina del lado ruthorn, burlándolos.
Enseguida, y muy probablemente porque el capitán enemigo se percató de la condición del enviado, brotaron no uno, sino cinco Flygons de la niebla con la intención de cruzar la muralla también causar daños a la vez que distraía a los soldados.
Así que volvieron a penetrar en Alhandra sobrevolando la frontera y, como lo planeado, tomaron rumbos distintos intentando levantar polvo para seguir confundiendo a los enemigos.
Y claro, mientras tanto, las fuerzas terrestres provenientes de Ruthorn continuaron avanzando siempre resguardados tras la espesísima boira nocturna, hasta llegar a la muralla, listos para comenzar en realidad su ofensiva…
…
Espero que les guste, yo sé que tal vez se cansaron un poco pero eso me gusta, dejar intriga para el próximo capítulo, además de hacer sentir al lector la emoción de poder estar viviendo el momento.
Estaré muy ocupado en estos días, creo que el próximo capítulo lo posteo tal vez el 20 del presente o a lo más el martes 21.
Saludos, y gracias de nuevo.