-Dalio se maravillaba al ver a tanto joven y niño revolotear por los pasillos que hasta hace unas horas estaban vacíos. Con insistencia buscaba a Kitty y Rouge, pero sin poder hallarlas. Un tanto desilusionado siguió bajando las escaleras con mucho cuidado de no chocar con un par de pequeños que jugaban en ellas, subiendo y bajando a toda velocidad.
Sin darse cuenta de que un grupo de adolecentes lo estaban escaneando de arriba abajo Dalio siguió su camino, dejando atrás al fin a los revoltosos chiquillos y la escalera, para encontrarse con un par de niñas incluso peores que los pequeños de la escalera. Una aparentemente tenía velocidad sobrehumana, porque molestaba a la otra empujándola desde todas direcciones, mientras que la otra la rechazaba con lo que parecían ser escudos invisibles. La primera impresión de Dalio fue que la rápida estaba abusando de la otra, pero cuando se percató de que ambas reían gozosas comprendió que jugaban.
De pronto apareció desde el otro extremo del salón la bella Ororo, acarreando a un montón de pequeños que no superaban los catorce años.-
Ororo: ¡Isbell, Mantra! –Regaño a las niñas que Dalio apreciase momentos antes.- Saben que no pueden usar sus poderes dentro de la casa.- Agregó.- Oh, casi no te reconozco sin tu traje, Dalio. –Dijo con falsa sorpresa.-
Dalio: ^^ ¿Todos estos niños son como yo?
Ororo: Sí. ¿Por qué la pregunta?
Dalio: Creí que el gen mutante se desarrollaba en la adolescencia y por lo menos en este grupo el ochenta porciento no pasa de los doce años. –Le dijo disimuladamente, para que los niños no escucharan.-
Ororo: Pues hasta hace unos años era así, pero por alguna razón que estamos investigando el proceso parece adelantarse con cada nueva generación.
Dalio: ¿Evolución?
Ororo: Puede ser, pero eso es un tema para hablarlo profundamente. ¿Te parece si lo comentas en la clase con el Profesor?
Dalio: Entiendo. ^^
Ororo: ¡Ya niños! –Llamó la atención de todos los infantes, quiénes al sentir que Ororo hablaba se quedaron quietos y atentos. Se notaba cuánto respetaban su autoridad.- ¡Vamos a comer! ^0^
Niños: ¡SÍ! –Gritaron a coro y siguieron a la mujer hacia lo profundo del pasillo.-
Dalio: ^^
¿?¿?: Disculpa, ¿eres nuevo aquí? –Le preguntó un chico de fosca melena, pálida piel, delgado y con unos profundos ojos color ocre. Más que su aspecto, a Dalio le llamó la atención el extraño acento que tenía, con el que remarcaba la letra R.-
Dalio: Eh… Sí, mi nombre es Dalio Hallous. Mucho gusto. –Se presentó, estirando la mano.-
¿?¿?: Mi nombre es Kurt, pero todos me llaman Nocturno. Gusto en conocerte. –Le contestó el saludo.-
Dalio: ¿Nocturno? –Inquirió confundido.-
Kurt: Sí, mi nombre clave. Todos tenemos uno.
Dalio: ¿Quiénes todos?
Kurt: Es cierto. Si eres nuevo, entonces no conoces a los chicos. Te los voy a presentar. –Discurseó y se volvió hacia la entrada principal, donde habían muchos adolescentes, entre ellos Kitty y Rouge.
Con la confianza y la prestancia que le ha caracterizado desde que llegó a la mansión, Dalio siguió a Kurt con paso firme. Una vez en frente del grupo todos dejaron de conversar y un pequeño silencio incomodó a todos los presentes.-
Dalio: Hola a todos. Mi nombre es Dalio Hallous.
Kurt: Eso, eso. Es que mi reloj me está avisando que necesita carga y me he desconcentrado.
¿?¿?: Bien hecho, genio. -Le dijo un joven que compartía la misma edad que Dalio y Kurt. Era bastante musculoso y tan alto como Dalio, vestía unos pantalones de tela negros y una camisa abrochada hasta la mitad del mismo color, junto a unos zapatos negros un tanto desgastados. Su piel morena hacía relucir sus ojos verdes y con su cabello negro enmarcaba su rostro de toscos detalles.-
Kurt: ¡No molestes, Jonny!
Jonny: ¡Qué no me llames así! Mi nombre es Sigma.
Kurt: Entonces no seas tan pedante. –Contestó con poco interés. Estaba más preocupado del reloj que colgaba de su muñeca.- Lo siento, chicos. Debo ir a revisar mi reloj. –Dijo y pareció como si su cuerpo sufriese interferencia, puesto que se vio como si se desvaneciera.- ¡Demonios, se está por acabar!
¿?¿?: ¿De qué te preocupas, Kurt? Estamos en la mansión, no pasa nada que tu holograma no sirva aquí. –Acotó un segundo hombre, más bajo que Sigma y claramente menos fornido. Vestía con jeans azules y polera del mismo color, terminando en zapatillas blancas. Su piel también estaba muy bronceada, haciendo que sus ojos resonaran con el color. Su cabello negro y alborotado como el de Dalio le daba el toque picaresco que tenía.-
Kurt: De todos modos tengo que verlo ahora, Beta.
Beta: ¡Qué bien que me llamaste por mi nombre clave! ^^
Kurt: Sí, sé cuánto te molesta que te llamen Marion…
Beta: ¬`´¬ ¡Eres un…! –Le gritó e intentó atraparlo.-
Kurt: ¡Ups, lo siento! Nos vemos. ^^U –Contestó y desapareció dejando una pequeña nube de humo y un suave olor a azufre.-
Dalio: ¡Wow! –Espetó sorprendido.-
Beta: ¡Maldigo tu poder de teletransportación, Kurt! –Vociferó.-
Dalio: (Interesante.)
¿?¿?: En fin, como no nos presentaron lo haré yo por todos. –Comenzó un tercer hombre, de contextura física como la de Dalio, cabello castaño y corto, ojos color miel y piel morena. Vestía una camisa blanca sin mangas desabotonada, que dejaba ver sus trabajados abdominales. Unos jeans negros y zapatillas negras culminaban su vestir.- Mi nombre es Víctor, pero llámame Omega. –Se presentó.-
Dalio: Encantado, Omega. –Dijo, sin extender la mano. El semblante antisocial de Omega le dio a entender que simplemente querían ser educados.-
Omega: Ellas son Rouge y Kitty.
Dalio: Lo sé, ya las conocí hace unas horas. ^^
Omega: Y esos dos del fondo son Alfa y Gamma. –Agregó indicando a una pareja de, aparentemente, novios. El hombre era delgado y vestía un buzo deportivo completo de color verde oscuro, su piel clara resaltaban sus ojos azules intensos y su cabellera corta y rubia se extendía en una delicadamente formada barba tipo candado que enmarcaba su cara. Mientras que la chica, un tanto más baja que el hombre era de tez muy morena, ojos color miel, cabello negro y largo hasta la cintura y con una cintura muy acentuada por una diminuta camiseta blanca que dejaba al descubierto el ombligo, adornado por un pircing emulaba un diamante, seguida de una minifalda de mezclilla y botas de media-pierna color ocre, que resaltaban la exquisita forma de sus largas piernas.-
Dalio: Este… ¿Cuál es cuál?
Chica: Yo soy Alfa.
Gamma: Y por ende yo soy Gamma, el novio de Alfa.
Dalio: Encantado de conocerlos. Veo que son un grupo muy unido.
Omega: ¿Lo dices por los nombres clave?
Dalio: Entre otras cosas, sí.
Alfa: Fue idea mía. ¿A que es genial?
Dalio: Sí, sólo denme tiempo para aprender cuál es cuál. ¿Ok?
Omega: No te preocupes, no creo que nos veamos muy seguido.
Dalio: ¿A qué te refieres?
Sigma: A que nosotros ya no somos alumnos de la academia. Somos Hombres X.
Dalio: ¿Y qué les hace pensar que he venido a estudiar?
Gamma: Para ser un Hombre X debes dominar tus poderes. –Agregó con cierto orgullo, mientras levantaba su dedo índice, del cuál emanaban ligeros rayos eléctricos de color azul que escribían su nombre en el aire.-
Dalio: Pues yo domino los míos, pero me falta pulirlos.
Alfa: A eso se refieren, niño.
Dalio: No me llames niño, Alfa. Tengo veinte años.
Alfa: ¿Y crees que me interesa? –Contestó pesadamente.-
Rouge: ¡No seas cretina, Alfa! -Saltó en la defensa de Dalio.-
Alfa: O sea, ¿hello? ¿Te pones de parte de él?
Rouge: Eres bastante fastidiosa. Dalio acaba de llegar y ya lo estás molestando.
Gamma: ¿Acaso estás enamorada de él, Rouge?
Rouge: ¡No digas tonteras, “Chispitas”!
Omega: ¡A callar todos! –Impuso su autoridad con un grito.-
Dalio: ¡Hey, no le grites a una mujer! –Se molestó.-
Omega: Mira, Dalio. No te conviene meterte con nosotros, así que no nos provoques. –Contestó amenazante, mientras daba un paso adelante y su pie se volvía de metal.-
Dalio: No tengo miedo de meterme contigo o con cualquiera de ustedes. Simplemente no puedo aceptar que le grites a una mujer. –Contestó dando otro paso adelante.-
Omega: No sabes en lo que te estás metiendo. –Volvió a advertir y ahora, alzando sus puños lentamente éstos se volvían también de metal.-
Dalio: Pues ustedes no sabes en qué están metidos. –Contestó con picardía y alzando sus palmas predijo el conjunto de luces blancas que dieron lugar a un quinteto de pilares irregulares de metal que envolvieron a todos los mutantes que se nombraron como el alfabeto griego.-
Kitty: ¡Oh! –Espetó sorprendida por el poder de Dalio.-
Dalio: Je, je, je. Eso les pasa por maltratar a una dama.
Rouge: ¿Qué ha sido eso?
Kitty: ¡Los transformó! –Concluyó.-
Dalio: No, Kitty. Simplemente materialicé un poco de metal alrededor de cada uno de ellos, impidiendo que hagan nada por un rato. –Explicó y al siguiente segundo el pilar de Gamma comenzó a emitir chispas eléctricas.-
Rouge: ¡Es Gamma!
Kitty: Ese metal potencia sus poderes.
Dalio: Lo arreglamos fácil. ;D –Agregó y tras impulsar un poco su mano en dirección a los montículos plateados, éstos brillaron por un segundo y se volvieron de diamante, dejando ver a sus prisioneros.
Gamma seguía intentando destruir su cárcel personal con su electricidad, pero el diamante no es un conductor. Alfa no comprendía lo que pasaba e intentaba moverse, pero estaba totalmente inmovilizada. En el pilar de Sigma sólo había una nube gaseosa de color negro ocupando el lugar. Omega era ahora completamente de metal y su semblante indicaba que estaba muy enfadado, más que nada por no poder moverse. Pero lo que más alertó a Dalio fue que el pilar de Beta estaba vacío.-
Dalio: ¿Acaso Beta y Sigma también se pueden teletransportar?
Rouge: No, no es eso. Sigma puede volverse humo y Beta se hace invisible.
Kitty: Y Alfa tiene fuerza descomunal.
Dalio: Ah… Era eso. En fin, ¿vamos a comer? ^^
Rouge: ¡¿Qué?!
Kitty: ¿Los vas a dejar así? ¿Pueden respirar allí adentro? –Preguntó tocando el pilar de Alfa.-
Dalio: Pues la verdad es que no pueden. Están totalmente sellados, pero incluso un ser humano aguanta hasta cinco minutos al menos sin respirar. Y no, no se van a quedar ahí para siempre, pero sospecho que si los libero ahora vamos a tener escándalo, así que simplemente me iré y los liberaré cuando esté lo suficientemente lejos.
Rouge: ¿No vas a pelear?
Dalio: No creas que soy cobarde, por favor, pero tampoco soy idiota. Son cinco contra mí. No tengo por dónde ganar. Y a juzgar por cómo las trataban, no creo que ni aunque uniéramos fuerza los tres podríamos vencerlos.
Kitty: No nos subestimes, Dalio.
Dalio: No es por ustedes que lo digo. Esta es la primera vez que uso mis poderes para pelear, o en este caso, evitar un conflicto con otro mutante. Nunca he peleado con nadie usando mis poderes.
Rouge: Pues tienes razón.
Dalio: Además, no veo necesario pelear. ¿Oíste, Omega? Vengo recién llegando y ya quieren que me echen.
Kitty: Es que Omega nunca ha aguantado que nadie le diga lo que tiene o no tiene que hacer.
Dalio: Pues a mí me da igual lo que haga con su vida. Simplemente no me gustó como las trató. Él no tiene la autoridad para hacer callar a nadie.
Rouge: Has firmado tu sentencia, guapo.
Dalio: Créeme, he tenido peores problemas. En fin, me voy. Nos vemos más tarde, chicas. ^^ -Se despidió y cruzando sus manos tras su nuca se fue en la dirección que suponía llevaba al comedor.-
Rouge: Tiene carácter el chico, pero hay algo que no me termina de convencer.
Kitty: (Para mí es perfecto.) U//___//U
Rouge: No necesito ser Jean para saber lo que piensas, Kitty.
Kitty: ¡Ay, Rouge! >//___//>
-De pronto los cinco pilares brillaron intensamente y desaparecieron, haciendo que los cinco mutantes quedaran libres. Alfa cayó desmayada junto a Gamma; Sigma se solidificó y tomó una gran bocanada de aire, Beta se volvió visible al caer de rodillas y apoyar las manos en el suelo y respirar agitadamente. Por su lado, Omega apretaba sus puños mientras todo su cuerpo volvía a la normalidad.-
Rouge: Mejor nos vamos, Kitty. –Dijo en voz alta y siguieron el camino hacia el comedor, a lo que Omega tomó por el brazo a Kitty.-
Kitty: ¡Suéltame, bestia!
Omega: ¡Ni lo pienses, Kitty!
Kitty: ¿De qué hablas? –Le preguntó al mutante, mientras que con sus poderes se liberaba del agarre.-
Omega: Pude ver como lo mirabas. ¡Ni lo pienses!
Rouge: ¿Qué te has creído, Víctor? Kitty es libre y puede fijarse en quién quiera. –La defendió y tomando a su amiga por el otro brazo la jaló en la dirección que llevaban.-
Omega: ¡Puede que ahora me haya pillado desprevenido, pero la próxima vez no tendrá tanta suerte! –Les gritó mientras se alejaban.
Mientras tanto, en el comedor Dalio se encontraba sentado en una mesa junto a una de las ventanas. Tranquilamente se perdía en el hermoso paisaje que se apreciaba a través de ella.
En una gran mesa contigua estaban todos los niños de antes terminando de comer entre risas y comentarios, con Ororo supervisándoles de modo muy maternal.
Por la entrada apareció Logan con una botella de agua mineral en la mano y al ver a Dalio solo decidió acercársele.-
Logan: ¿Por qué tan solo? –Le preguntó mientras se sentaba frente a él.-
Dalio: Disfrutando el hecho de que aquí hayan idiotas.
Logan: ¿Ah? Ô__o?
Dalio: Nada, déjalo así.
Logan: No, no. Déjame adivinar. ¿Conociste a “Los Griegos”?
Dalio: ¡Qué nombre tan original! -.-
Logan: Pues sí. ¿Entonces sí fueron ellos los que te molestaron?
Dalio: A mí directamente no, mas bien trataron mal a Rouge y Kitty.
Logan: ¿Sigma?
Dalio: Omega. ¿Qué se cree ese tipo? Mandó a callar a Rouge como si fuera cualquier cosa.
Logan: Eso es raro. Generalmente es Sigma el que trae conflictos.
Dalio: Yo creo que el del problema soy yo.
Logan: ¿Pero te atacaron?
Dalio: Omega quiso intimidarme al transformar su cuerpo en metal.
Logan: ¿Y a quién puede intimidar ese con su poder?
Dalio: A mí no, pero tenía a los “Cuatro Fantásticos” detrás de él, con Gamma haciendo chispitas, así que opté por neutralizarlos a todos e irme.
Logan: ¿Y cómo hiciste eso?
Dalio: Lo mismo que materialicé cuando entraste a mi pieza lo hice alrededor de cada uno.
Logan: Muy inteligente.
Dalio: Eso creo, pero ahora tendré uno que otro problema y ni siquiera llevo un día en la academia.
Logan: Tendrás que ponerlos en su lugar.
Dalio: ¿Y no me castigan si peleo? Oí a Ororo regañar a unas niñas que jugaban con sus poderes.
Logan: Es que ellos son niños y la mayoría no sabe medir sus fuerzas. Lo que tampoco significa que puedas usar tus poderes en la casa y menos para causar problemas.
Dalio: ¿Entonces?
Logan: Hazlo en el entrenamiento.
Dalio: ¿Entrenamiento?
Logan: El entrenamiento de batalla de los Hombres X.
Dalio: Ah, pero yo no creo que esté a su nivel.
Logan: Eso es cierto, pero antes de determinar tu nivel tienes que pasar una prueba.
Dalio: ¿Algo así como un examen de diagnóstico?
Logan: Exacto. Y si yo te ayudo antes de ese examen, entonces seguramente podrás entrenar con ellos.
Dalio: Tengo una duda. ¿No te era tan desagradable?
Logan: Pues, la verdad es que no me caías muy bien al principio, pero al ver tu potencial y al saber que puedes darle su merecido a ese equipo de idiotas me caes aún mejor.
Dalio: ¿Algún problema con ellos?
Logan: Más adelante veo si te cuento. Te espero a la medianoche en la zona de entrenamiento. Más tarde te harán un tour básico de la mansión. –Dijo antes de levantarse de la mesa e irse por el mismo lugar que llegó.-
Dalio: Mmm… Nos vemos, supongo. –Susurró Dalio y volvió a sumirse en el hermoso paraje que le ofrecía la ventana.
Al rato aparecieron Jean y Scott, quienes se sentaron a comer con Dalio, que aún seguía solo. La hermosa síquica comenzó a inspeccionar la vida de Dalio sin sus poderes, por medio de una amena conversación, enterándose de algunas cosas, como que es huérfano desde los dieciséis años de vida y que lo ha criado su tutor, a quién ama como si fuera su padre. A pesar de que se negase a contar cómo perdió a sus padres, Dalio confesó que con la pérdida de sus padres se desató su gen mutante, encerrándose a sí mismo en una cúpula de vidrio por varios días.
Cuando estaban muy interesados los tres en la conversación, aparecieron los “Griegos” por el otro lado de la habitación; el ambiente se tensó de inmediato, alertando a Jean y Scott. Por su parte Dalio continuó comiendo su puré sin prestarles tanta atención.-
Scott: ¿Ya los conociste?
Dalio: Sí cada uno es más idiota que el otro.
Jean: Mmm… -Pensaba mientras hurgaba en la mente de Dalio.- Así que eso pasó.
Dalio: No es por nada, pero me gustaría que me avisaras antes de entrar en mi mente. Respeto mucho la privacidad de las personas.
Jean: Lo siento, Dalio. Prometo que no volverá a pasar, pero si tienes problemas con alguno de ellos no dudes en decírnoslo.
Scott: Se creen mucho porque ya son hombres X, pero la verdad es que son simples matones.
Dalio: Lo mismo me dijo Logan hace un momento.
Jean: Recuerda que no puedes usar tus poderes para atacar a otro estudiante u hombre X.
Dalio: Si sé, simplemente me defendí y anulé el conflicto.
Jean: Lo sé, pero de todos modos. Si hay problemas el castigo es igual para todos, aunque el profesor y yo podamos leer las mentes y saber lo que pasó exactamente, el castigo es parejo.
Scott: A ver… Recuerden que yo no soy psíquico. ¿Qué hiciste, Hallous?
Dalio: Pues que Jean te cuente. Yo voy a dar un paseo por los jardines. –Contestó y tomando su plato y cubiertos se retiró de la mesa.- Permiso.
Scott: ¿Qué le pasa, Jean?
Jean: Lo que le pasa a cualquiera que es nuevo aquí. –Contestó un poco preocupada.
Luego de dejar el comedor, Dalio se dispuso a salir de la propia mansión. La tarde ya estaba comenzando a madurar y el cálido del aire invitaba a relajarse a todo al que tocaba.
Con las manos en los bolsillos de su pantalón avanzaba por el sendero de tierra que se confundía con las zonas de hierba, adornadas con distintos tipos de flores. Su cara, más que preocupación proyectaba nostalgia. Recién llevaba unas horas en su nuevo hogar y ya comenzaba a extrañar los ridículamente lujosos hoteles y la soledad.
No sabe qué pasará, pero tiene muy claro que debe quedarse y perfeccionarse como mutante, para poder cobrar aquella deuda que tiene con un desconocido y misterioso ser, aquel que no le permitió seguir siendo normal, ese mismo que se llevó a sus padres de su lado.-
Dalio: Aaahhh… -Suspiró al tiempo que se detuvo e irguió la mirada hacia las suaves y anaranjadas nubes.- (Todo sea por cobrar mi venganza…)
Jean: Es un atardecer precioso, ¿no lo crees? –Espetó amigablemente la hermosa pelirroja mientras se acercaba por la espalda a Dalio.-
Dalio: Hacía mucho tiempo que no me paraba a mirar el cielo… -Contestó sin mover su vista.- Siempre lo veía desde arriba, en un avió o helicóptero. Corriendo de una ciudad a otra, de un país a otro, de un continente a otro. Había olvidado lo que era sentirse tan insignificante al contemplar el infinito cielo que nos observa. –Agregó.-
Jean: Tienes razón, es fácil olvidar algo como eso, sobre todo en nuestro caso.
Dalio: Yo no creo ser superior a nadie por tener mis poderes o dinero. Tampoco es algo que me interese.
Jean: Entiendo. ¿Y qué quieres hacer de tu vida? –Preguntó finalmente la joven.-
Dalio: ¿Quieres que te lo diga o ya leíste mi mente? –Contestó mirándola de reojo.-
Jean: Prometí no volver a entrar a tu mente sin tu permiso. –Dijo tras una sonrisa.-
Dalio: A ver, intenta averiguar mis intenciones. Tienes mi permiso para entrar en mi mente. –Decidió el joven y se dio vuelta para quedar cara a cara con Jean.-
Jean: Entonces no desaprovecharé esta oportunidad. –Aceptó gustosa y levantó ambas manos, situándolas a ambos lados de la cabeza de Dalio. Cerró sus ojos y se concentró, lo que motivó a Dalio a cerrar sus propios ojos también.
Mientras tanto, a unos cuantos metros, tras unos arbustos se encontraban Gamma y Alfa; furibundos aún, espiaban los pasos de Dalio.-
Alfa: ¡Ese chico me la va a pagar!
Gamma: No tiene derecho a tocar a mi novia, ¡nadie lo tiene!
Alfa: ¡Mira! Jean está leyendo su mete en estos momentos. ¿Estás pensando lo que yo?
Gamma: ¿Quieres que lo ataquemos con Jean presente? :O Pero eso nos traerá problemas.
Alfa: No si no nos ven. >:3
Gamma: ¿A qué te refieres?
Alfa: ¡Envíale una descarga eléctrica a distancia, tarado! –Gruñó.-
Gamma: Ok, ok… ^^U (Me asustas cuando te pones así, amorcito).
-Gamma se dispuso a atacar. Aún agachado tras el arbusto chispeó sus dedos y, tal como antes, fue posible visibilizar una constante descarga eléctrica de color azul. Una sonrisa se esbozó entre las comisuras de sus labios y de inmediato esta electricidad tomó forma de serpiente.-
Alfa: ¡Eso…! –Susurró con ansia y placer.-
Gamma: Ve, pequeña. ¡Electro-bite! –Susurró y la serpiente eléctrica se dirigió a toda velocidad contra Dalio. La rapidez y realismo con la que se movió fue impresionante. No le tomó ni dos segundos en llegar a los pies del recién llegado y morderlo; al hacerlo pareció como si el cuerpo de Dalio absorbiera toda esa electricidad. Ondas y destellos cian rodearon su cuerpo, haciéndolo gritar de dolor y a Jean dar un salto atrás de la impresión. En seguida comenzó a utilizar su telepatía para detectar las mentes cercanas, mientras que Dalio caía desmayado en el césped.-
Jean: ¡No necesito mis poderes para saber que fuiste tú, Gamma! –Vociferó enfadada.-
Gamma: *¡GLUP!* -Tragó saliva.- ¡¿Y qué hacemos ahora?! –Le inquirió a su novia.-
Alfa: ¡Corre! –Decidió y tensó sus delgados, pero fornidos músculos, dándose un gran impulso, que la dejó avanzar unos seis metros en dos pasos.-
Gamma: ¡No me dejes, amor! –Suplicó.-
Jean: ¡¿Dónde creen que van?! –Les regañó y extendió sus manos en dirección a los revoltosos. Un aura celeste los rodeó y congeló en el lugar.-
Alfa: (¡Demonios, telequinesis!)
-La pareja de mutantes procedió a flotar hacia Jean, llegando ante su presencia en pocos momentos.-
Gamma: Lo… Lo sentimos, Jean. ¡Perdónenos, por favor! –Rogó desesperado.-
Jean: Esto tendrá consecuencias, chicos. ¡Blackout! –Dijo e instantáneamente ambos jóvenes se desmayaron.
Más tarde, ese día, Dalio estaba acostado en una camilla dentro de un plateado cuarto lleno de máquinas, equipo de hospital y computadoras
A su lado estaba Jean y el Profesor Xavier, esperando a que despertara; lo que ocurrió sin más preámbulo. Sus poderes psíquicos les permitían saber cuándo el cerebro de una persona comenzaba a emitir las ondas características de la consciencia.-
Dalio: Uh… -Espetó llevándose la diestra a la cabeza y apretando los ojos.- ¿Qué pasó? ¿Dónde estoy?
P. Xavier: No te angusties, chico. Estás bien.
Jean: Gamma te dio una descarga eléctrica mientras yo intentaba leer tu mente en el patio.
Dalio: ¿Así reciben a todos por aquí? –Preguntó con clara molestia mientras se incorporaba.-
P. Xavier: Lo siento, Dalio. Estos chicos siempre han sido conflictivos, pero nunca habían atacado a otro estudiante de esta manera. De todas maneras ya fueron sancionados.
Dalio: Pues eso no me satisface para nada y creo que lo sabe.
P. Xavier: Lo sé y créeme que lo lamento.
Dalio: En fin. ¿Qué hora es?
Jean: Son las 10:26 de la noche. –Contestó muy seria.-
Dalio: Debo irme. Tengo cosas que hacer. –Anunció y se puso de pie.-
P. Xavier: Dalio, lo podrás encontrar si tomas el ascensor del hall y marcas el nivel -5.
Dalio: ¿Qué cosa?
P. Xavier: Sólo fíjate bien, porque el ascensor llega hasta el -1. –Contestó cerrando los ojos y con una leve sonrisa.-
Dalio: ¿Ah? Como sea, me voy. –Dijo y caminó hacia la puerta con una gran equis en ella.
Jean: ¿Y sabes cómo salir de aquí? –Preguntó con voz de diversión.-
Dalio: Me las arreglaré. –Contestó alzando una mano como despedida. La puerta se abrió, partiéndose en dos, Dalio salió de la habitación y ésta se cerró tras él.-
Jean: Es todo un caso, ¿no lo cree, profesor? –Opinó cursándose de brazos con una sonrisa en el rostro.-
P. Xavier: Ya lo creo, Jean. –Contestó serio.- Jean, ¿puedo hacerte una pregunta?
Jean: Por supuesto, profesor. ¿Qué quiere saber?
P. Xavier: Cuando Dalio fue atacado tú estabas leyendo su mente. ¿Qué buscabas?
Jean: Las razones de Dalio para venir aquí y aguantar a estos abusadores.
P. Xavier: ¿Él sabía eso?
Jean: Sí, él me dio su consentimiento.
P. Xavier: ¿Y qué encontraste, Jean?
Jean: Pues, ahora que me lo pregunta… -Contestó algo confundida.-
P. Xavier: ¿Qué?
Jean: No encontré nada. Sólo veía recuerdos de su llegada a la mansión, pero nada que tuviera que ver con su pasado o las razones de que haya venido a nosotros.
P. Xavier: Esto es muy extraño. Si Dalio sabía lo que buscabas debía ser la primera imagen que saltara en su mente, pero no fue así.
Jean: Eso es lo que me confunde, profesor.
P. Xavier: Tengo un presentimiento acerca de nuestro nuevo alumno.
Jean: ¿Un presentimiento bueno o malo?
P. Xavier: No lo sé aún, Jean. Eso es lo que me molesta.
-Mientras tanto, Dalio caminaba por unos corredores que parecían sacados de una película futurista, tratando de encontrar la salida, cuando de pronto siente una voz familiar que le saluda.-
Kurt: ¡Hey, Dalio! ¿Qué haces por aquí?
Dalio: Trato de llegar a mi habitación.
Kurt: Pues andas bastante perdido. Ven, te llevo a las habitaciones. –Dijo y extendió su mano derecha.- Anda, que yo soy el que te puede llevar más rápido. ^^
Dalio: Está bien, pero para la próxima me tienes que enseñar el camino. –Contestó tomando su mano. Luego, en un parpadeo ambos desaparecieron, dejando una estela de humo y azufre, como la vez anterior.
Inmediatamente aparecieron en el segundo piso de las habitaciones de hombres. Dalio no podía controlar su expresión de asombro ante el maravilloso poder de Kurt.-
Kurt: No vomitaste. Eso es bueno para ser la primera vez que te teletransportas. :P
Dalio: ^^ Muchas gracias por el cumplido.
Kurt: ^^
Dalio: En fin, gracias otra vez. Debo irme.
Kurt: No hay problema, amigo.
-Dalio subió al tercer piso y entró a su habitación. Fue directo al balcón para tomar algo de aire fresco. Se notaba bastante ofuscado, el cobarde ataque del que había sido víctima lo había hecho enfurecerse más con los griegos y sólo tenía una oportunidad para vengarse de ellos sin que sus planes se vieran estropeados por una eventual expulsión de los hombres X.-
Dalio: (El entrenamiento de Logan…)
-No esperó más y se metió a duchar, para así estar listo al momento del encuentro con el artífice de su revancha. Luego de bañarse se vistió con un buzo deportivo de una marca muy reconocida y algo inalcanzable para muchas personas, económicamente hablando. Las mismas zapatillas blancas, pero ahora con un pantalón negro y una sudadera del mismo color, además de un guante sin dedos de cuero encada mano. Eran las once y cuarto de la noche, aún faltaban cuarenta y cinco minutos para que se tuviera que ver con Logan en la sala de entrenamiento, así que se recostó en su cama y con ambas manos tras de su cabeza se puso a divagar en su mente, entrando en un leve sueño.
Para cuando se dio cuenta y abrió los ojos el reloj digital en su velador marcaba las 11:53pm, por lo que de un brinco saltó de la cama y abandonó su habitación. Algo le decía que no le convenía llegar tarde. Sin saber bien dónde tenía que ir siguió su instinto y bajó las escaleras al hall, en ese momento recordó lo que le había dicho el profesor; buscó el famoso ascensor y se sintió un tanto idiota por no haberlo visto antes. Estaba en el costado izquierdo de las escaleras que llevaban a las habitaciones.
Una vez adentro se dispuso a marcar el nivel -5, como el profesor le había indicado, pero la numeración llegaba hasta el -1.-
Dalio: Si mal no recuerdo dijo que esto pasaría… -Dijo y moviendo su índice sobre los imaginarios siguientes botones correlativos presionó la zona del panel donde se supone debería ir el botón que lo llevase al nivel -5. El metal bajo ya yema de su dedo se iluminó de un tono azul y el aparato de transporte comenzó a descender.
El descenso fue suave, era muy claro que la tecnología contenida en esta mansión es de la más moderna. Cuando por fin se detuvo las puertas a su espalda se abrieron. Dalio salió un tanto nervioso del ascensor y se encontró en un corredor de unos siete metros de largo y tres de ancho; al fondo estaba apoyada en la pared y cruzado de brazos la persona que lo había citado, tras el humo de un habano.-
Logan: 00:01am… Llegas un minuto tarde… -Dijo con tono de seriedad.-
Dalio: Lo siento, me quedé dormido. –Contestó sin demostrar lo intimidado que se sentía y comenzó a avanzar hacia él.-
Logan: No me interesan tus escusas. Ahora voy a cambiarte el examen de diagnóstico por hacerme perder el tiempo. –Anunció al levantar la mirada.-
Dalio: ¿A qué te refieres?
Logan: A que ya no te enfrentarás a una simulación, como es costumbre. Tu estadía en esta academia y más importante aún, tu ingreso a los Hombres X dependerá de una batalla conmigo. –Dijo al incorporarse, concluyendo la frase al pisar el abano que fumaba.-
** Continuará **