-Era una exquisita mañana en la academia para jóvenes superdotados de Xarles Xavier. La suave brisa primaveral recorría tibiamente los jardines de aquella inmaculada mansión, que había pertenecido por generaciones a la familia Xavier.-

-Por ellos se ve caminar a un trío de adultos jóvenes. La única mujer poseía un cabello rojizo y largo, una bella figura, que se acentuaba con sus ajustados pantalones de mezclilla y su austera camiseta verde oliva. Sus pies estaban adornados con unas cómodas alpargatas negras. Junto a ella caminaba un joven de cabello corto y castaño, cuyo color de ojos era imposible de divisar a causa de unas extrañas gafas que usaba. Su atlético cuerpo estaba vestido con una camisa blanca, cuyas mangas estaban dobladas, dejando desnudos los antebrazos y un pantalón de tela color beige con línea en medio, finalizando en un par de lustrosos zapatos negros. Al otro costado de la hermosa joven estaba otro hombre, quien era claramente un tanto mayor a los dos anteriores. Su cabello estaba peinado de una manera extraña. Daba la impresión que ese fosco color eran orejas de lobo. Aquel peinado continuaba con una estilosa barba, la que enmarcaba los toscos rasgos del musculado hombre, quién vestía una ajustada camiseta negra, la que resaltaba sus músculos aún más. Sus piernas estaban cubiertas por unos jeans simples y sus pies por unas zapatillas deportivas blancas.
Aquellas personas caminaban hacia la entrada del instituto con paso calmo y conversando entre sí.-
Mujer: ¿Y tú, Scott, sabes algo acerca de ese nuevo estudiante? –Le preguntó al hombre de lentes.-
Scott: Pues, lo mismo que tú, Jean. –Le contestó amablemente.- Que le mandó una solicitud al profesor para poder entrar y que al parecer sabe mucho de los mutantes.
Jean: Ah, pensé que quizás tú sabrías algo más. ¿Qué hay de ti, Logan? –Le inquirió al musculado hombre.-
Logan: La síquica aquí eres tú, no nosotros. –Contestó con ironía.-
Jean: ^^ Lo sé, pero incluso hay cosas que un síquico desconoce.
Scott: Jean, al final de cuentas el profesor no nos quiso contar nada acerca de ese tal Dalio Hallous. Por algo será, ¿no?
Logan: El profesor me dijo que estaba bastante interesado en este chico.
Scott: ¡Mientes! El profesor me lo habría dicho también.
Logan: Tú no eres el centro del universo, “Gafitas”. –Le contestó burlescamente.-
Jean: ¡Por favor no se pongan a pelear ahora! Logan, cuéntame lo que te dijo el profesor, por favor.
Scott: (¡Estúpido Logan!)
Logan: Pues básicamente eso. Que este chico tenía acceso a bastante información de los mutantes y que se debía, al parecer, a que es el joven multimillonario ese que ha estado haciendo noticia en estos últimos meses.
Scott: ¿El dueño de The Magic Corporation? No lo creo…
Jean: Pero, ahora que lo mencionas, el nombre del presidente de esa empresa es D. H.
Logan: “Dalio Hallous”, lo sé, pero son sólo conjeturas. El profesor no estaba seguro, así que por eso no se lo quiso contar a nadie.
Scott: A nadie, excepto a ti. –Le interrumpió pesadamente.-
Logan: ¡Exacto! A nadie, excepto a mí. ^^ -Le contestó con ironía.-
Jean: Uff… (¿Acaso no se cansan de pelear?) U . U
-Mientras conversaban acerca del nuevo alumno que estaba a minutos de llegar al instituto llegaron a la entrada principal de éste. Una imponente verja de hierro delimitaban los dominios de Xavier, la cual se abrió para darle paso a los tres mutantes.-
Logan: ¿No debería estar ya aquí?
Scott: Aún le quedan dos minutos, Logan.
Logan: Pues da igual. Por cada minuto que tarde será una hora de tortura que le daré.
Jean: Te dije que estaba por llegar. El profesor lo está rastreando con Cerebro. En estos precisos momentos está por aparecer ante nuestros ojos. –Agregó al tiempo que indicaba con el dedo índice de su mano derecha una curva en la carretera que llevaba a la mansión, por la cual apareció una hermosa y lujosa limusina blanca, no muy larga, a decir verdad. Esta andaba a una velocidad considerable, pero prudente. Los tres mutantes presentes se sorprendieron al ver tan hermoso ejemplar de vehículo dirigirse hacia la mansión.-
Scott: Bueno, al parecer la teoría de que Dalio sea el multimillonario ese es cada vez más creíble.
-Una vez que estuvo frente a ellos, la limusina se detuvo y de la puerta del conductor se bajó un pulcro chofer vestido con el uniforme tradicional, con todo y gorra. Raudo se dirigió hasta la puerta que quedaba en frente de Jean, Logan y Scott y tras hacerles una pequeña reverencia a modo de saludo se dispuso a abrir la puerta.
De la limusina bajó un joven y alto hombre de veinte años, con el cabello alborotado y negro como la noche. Su agraciado rostro estaba enmarcado por una fina barba y adornado por un conjunto de pircings del mismo fosco color. Su pálida piel estaba vestida con un hermoso y elegante traje estilo smoking, pero sin corbata.
Con una agradable sonrisa en el rostro le agradeció a su chofer el abrirle a puerta y se dispuso saludar a los extraños.-
Joven: Muy buenos días. Mi nombre es Dalio Hallous. –Dijo al tiempo que le ofrecía la mano a la dama presente.-
Jean: Mucho gusto, Dalio. –Contestó entregándole su mano.- Mi nombre es Jean Grey.
Dalio: ¡El gusto es todo mío, señorita! –Agregó y besó con una leve reverencia la mano de Jean, lo cual molestó por igual a los acompañantes de la pelirroja.-
Scott: ¡Mi nombre es Scott Summers! –Les interrumpió y extendió la mano.-
Dalio: ¡Encantado! ^^ -Le contestó cortésmente al tiempo que le apretó la mano de manera firme.-
Jean: Y él es Logan. –Introdujo al último desconocido para Dalio.-
Dalio: ¡Mucho gusto, señor Logan! –Dijo con simpatía al extenderle también la mano.-
Logan: Si me vuelves a llamar “señor” estás muerto. –Le contestó agrio, al tiempo que le estrechaba con bastante fuerza la mano.-
Dalio: Entendido, Logan. ^^ -Le dijo, devolviendo la fuerza del apretón.-
Chofer: Disculpe, señor Hallous. –Interrumpió respetuoso el hombre, quien estaba parado justo detrás de su jefe junto a un par de maletas.- ¿Le llevo las maletas hasta su habitación?
Dalio: No te preocupes, Jaime. Yo mismo las puedo llevar. –Le contestó mientras las tomaba del piso por las manijas.- Ahora quiero que vuelvas a la mansión y le entregues lo que acordamos a Frederick, ¿entendido?
Jaime: ¡Sí, señor! –Contestó.- Con su permiso, señor. –Inclinó su cabeza ante Dalio.- Señores y señorita. –Repitió el proceso con los desconocidos y velozmente cerró la puerta que abriese su jefe y se subió a la limusina, arrancando el suave motor, para finalmente devolverse por el mismo camino que le había traído hasta ese lugar.-
Jean: ¡Bien! ^^ Creo que es hora de entrar. –Dijo ante el incómodo silencio que se había formado.- Ven conmigo, Dalio.
Dalio: Eres muy amable, Jean. ^^ -Espetó y con sus dos maletas en las manos se dispuso a caminar en compañía de Jean, dejando a un par de celosos mutantes tras de ellos.-
Scott: ¡Lo odio! ¬¬
Logan: Y yo me odio a mí mismo. –Dijo mientras empezaba a caminar.-
Scott: Eso es algo muy natural, pero ¿podría preguntar por qué?
Logan: Porque por primera vez tenemos algo en común nosotros dos. –Contestó unos metros más adelante.-
Scott: (¡Ay, no!) –Exclamó y prosiguió a caminar, al tiempo que la reja del instituto comenzaba a cerrarse.
Una vez en frente de la puerta principal de la enorme casona, Dalio divisó dos figuras humanas esperando por ellos. Eran los ya conocidos Xarles y Ororo.
Una vez que estuvieron frente a frente Dalio dejó sus maletas en el piso y con la misma cortesía que había demostrado momentos atrás saludó a la hermosa mujer de canos cabellos y al calvo hombre junto a ella.-
P. Xavier: Estamos muy contentos de que estés por fin con nosotros, Dalio.
Dalio: Yo también lo estoy, profesor. He estudiado su vida por muchos años y soy un gran admirador suyo. –Le confesó.-
P. Xavier: Pues me siento alagado, viniendo de un exitoso empresario tan joven como tú.
Dalio: Je, je. –Rió modestamente.- Para ser realistas, yo sólo soy la cara visible de mi consorcio. La verdad es que el imperio que me heredó mi padre hace tantos años no sería nada si no fuera por la continua supervisión de mi tutor. –Agregó.- Es él quién me ha formado desde que tengo uso de razón y me ha instruido el poder de los negocios también.
P. Xavier: Entiendo. De todos modos mis sentimientos no cambian.
Dalio: ¡Muchas gracias, profesor! ^^
Ororo: Yo creo que debes venir cansado después del viaje, ¿quieres que te lleve a tu habitación?
Logan: ¡¿Cansado?! En esa limusina no creo que se cansara mucho. –Comentó.-
Dalio: Pues la verdad es que no estoy para nada cansado, como sospecha Logan. –Contestó.- Pero me gustaría darme un baño y ponerme una ropa más cómoda. La verdad es que parte de la decisión de venir aquí era escapar de estos odiosos trajes formales. –Agregó con picardía.-
Jean: ¡Sígueme! –Le dijo.-
Dalio: Encantado. ^^ -Contestó e intentó recoger sus maletas, pero grande fue su sorpresa al ver que éstas se movieron solas y seguían a la hermosa pelirroja.- ¿Ella también? –Le preguntó discretamente al profesor, a lo que éste le contestó con una cálida sonrisa y un guiño.
Así, junto a Ororo, Dalio se dispuso a entrar a la mansión Xavier, a la siga de Jean.
Las enormes puertas de fina madera se abrieron por sí solas al estar ellos cerca, dando paso a un hermoso recibidor de color ocre. Decorado exquisitamente simulando un estilo colonial, pero integrando fantásticamente artículos modernos. Justo en frente de la puerta principal se erguía una agraciada escalera de roble, la cual se dividía en dos en el primer descanso. Justo en el costado derecho Dalio pudo ver a dos jóvenes mujeres conversar entre ellas. Ambas eran muy lindas, pero una llamó más la atención del empresario.
Aquella joven más pequeña, de cabello castaño arreglado en una cola de caballo, marmoleada piel y delgado cuerpo que revestía con un sobrio polerón rosado, el cuál era sucedido por ajustados jeans estilo “pescadores” que dejaban al descubierto las pantorrillas de la mujer, las que acababan en un par de zapatillas de un rosa parecido al de su polerón.
Junto a ella estaba otra chica que se apreciaba un tanto mayor que la anterior. Su estilo de vestir era diametralmente opuesto al de su acompañante. Sus pies eran cubiertos por unas largas botas de negro cuero, sus piernas vestían ajustadas medias negras de estilo calado. Una minifalda de un profundo verde oscuro cubría sus partes púdicas, seguido de un ajustado corsé del mismo juego que la falda. Sus manos estaban envueltas en unos simples, pero acordes guantes negros, los que resaltaban de la pálida piel de la señorita. Su hermoso rostro destacaba un pequeño toque de maquillaje del tipo gótico en los ojos y se enmarcaba con la suave melena de oscuro castaño, la cual difería en un par de mechones en el centro, que eran totalmente blancos. Algo muy peculiar para el recién llegado.
Al compás que marcaban Ororo y Jean fue que se acercó Dalio hacia la escalera. Lenta y elegantemente subió los primeros peldaños hasta llegar al descanso y respetuosamente se acercó a las que serían sus compañeras a partir de ese día.-
Dalio: ¡Buenos días, señoritas! ^^ -Les saludó, estirando su mano de manera tal que la chica gótica le entregara la propia.- Mi nombre es Dalio Hallous.
Chica Gótica: Ho… Hola. –Contestó entrecortada al no estar acostumbrada a ese tipo de saludos.- (Jean: ¡Rouge, tienes que pasarle tu mano!) E… Está bien. –Susurró respondiendo a la aclaración que Jean le hiciese telepáticamente. Acto seguido posó su mano en la de Dalio, quién se inclinó suavemente y la besó, haciendo que la pálida joven se sonrojase.-
Dalio: ¿Y tú eres…? –Le inquirió.-
Rouge: Rouge, me llamo Rouge. –Le contestó.- Y ella es Kitty. –Agregó introduciendo a su compañera, quién había permanecido en un nervioso silencio. Ante esta señal, Dalio soltó la mano de Rouge y se la ofreció a Kitty.-
Dalio: Encantado de conocerte, Kitty. ^^ -Saludó con su respeto característico.-
Kitty: ¡Ho, hola! –Contestó más nerviosa que Rouge y con leves temblores en su mano se la entregó a Dalio para recibir el mismo gesto de educación que Rouge, mas en el momento en que Dalio se inclinó para besar su delicada mano el poder de Kitty le jugó una mala pasada.- ¡Waaa! –Exclamó al tiempo que era “absorbida” por el piso. Esto desconcertó mucho a Dalio, quién a pesar de ser un mutante también, no estaba acostumbrado a ver en acción los poderes de otros como él.-
Dalio: ¿Qué pasó?
Rouge: ¡Kitty, sal ya! –Le ordenó con un dejo de vergüenza ajena en su rostro. A lo que la pequeña mujer emergió del suelo hasta la altura del busto, completamente sonrojada y con la vista pegada en el suelo.-
Kitty: Lo siento. U//_//U No sé qué me pasó.
Ororo: Ella atraviesa objetos sólidos, Dalio. –Comentó.-
Dalio: Ah, así que eso era. ¿Te ayudo a subir? ^^ -Le preguntó amablemente mientras su mano la invitaba a afirmarse de él.-
Kitty: Gracias. ^///^ -Contestó y con ahora un poco menos de nervios se afirmó de la mano del recién llegado, quién de un suave jalón la sacó del piso, pero con tal fuerza que terminaron abrazados para terminar que ambos se cayesen.-
Dalio: ¡Ups! ^///^ No pensé que serías tan liviana de sacar del suelo. –Comentó sonrojado con su rostro a centímetros del de Kitty.-
Kitty: Cla… Claro. o//_//o (¡Ayayayayayay!)
Jean: (Es todo un galán, ¿verdad Tormenta?)
Ororo: (Sí. Lástima que sea tan joven.) xD
Jean: (Jajaja) ¿Dalio? Debemos llevarte a tu habitación.
Dalio: ¡Sí, claro! ^///^ -Contestó aún abochornado, mientras soltaba delicadamente a Kitty.-
Ororo: Después tendrán más tiempo para conocerse. –Agregó.-
Dalio: Con su permiso, señoritas. ^^
-Cortésmente el trajeado joven se retiró junto sus superiores, tomando la arteria izquierda de la escalera. Aparentemente el lado derecho es exclusivo de mujeres y el izquierdo de los hombres.
Una vez en el segundo piso caminaron hasta el fondo de un largo pasillo decorado igual que el recibidor de la casa, en cuyas paredes había algunas pinturas de distintas personas y paisajes junto a una veintena de puertas, de las que Dalio suponía conducían a las distintas habitaciones. Cuando el corredor se vio terminado encontraron otra escalera al costado derecho, por la cual siguieron su camino. En este tercer piso había una pequeña sala de estar adornada en un estilo más moderno y rodeándola una serie de seis puertas de madera. Ante la del fondo fueron a parar las maletas de Dalio. Ororo se adelantó un poco para abrirle la puerta al nuevo estudiante.-
Ororo: Esta será tu habitación a partir de hoy día, Dalio.
Dalio: ¡Wow! Ô0Ô
-La expresión del joven lo decía todo. Al abrirse la puerta se reveló una amplia habitación levemente decorada con algunos espejos y flores. Muebles de madera se distribuían por el lugar y en dos costados de la pieza se encontraba una cama individual, cada una acompañada de un pequeño velador. El hermoso piso flotante de madera resplandecía de limpio con los rayos de sol que se colaban por un enorme ventanal al fondo de la habitación, el cual se enmarcaba con delicados visillos y un par de cortinas color crema.
Dalio no pudo aguantarse e irrumpió en la exquisita habitación, dirigiéndose directo hacia el ventanal, para darse cuenta de que al abrirlo se accedía a un modesto balcón, el que permitía apreciar una hermosa vista de los enormes jardines traseros del instituto.-
Jean: Puede que no sea como a lo que estás acostumbrado, pero al menos es acogedor.
Dalio: ¿Estás bromeando? ¡Es perfecto! La verdad es que desde hace cinco he tenido una habitación para mí. Siempre me la paso viajando y durmiendo en hoteles. Y por lo que veo tendré un compañero. –Dijo indicando la cama extra.-
Ororo: Pues si así lo deseas, puedes hablar con alguno de los chicos y que se mude aquí. O tal vez lleguen nuevos alumnos y te destinemos uno.
Dalio: ¡Genial! ^^
Jean: Bien. Te dejaremos solo para que te pongas cómodo. –Dijo al tiempo que se acercaba a la puerta de la habitación junto a Ororo.-
Dalio: Muchas gracias por todo.
Ororo: Te informo que a la una de la tarde es la hora de almuerzo. En el primer piso, al costado derecho de las escaleras hay un pasillo que lleva al comedor.
Jane: En realidad sólo deberás seguir a la oleada de chicos que se dirigirán para allá.
Dalio: Entendido. ^^ Nos vemos en unas horas más, entonces. –Agregó mientras levantando una palma se despedía de las dos hermosas mujeres que ya se perdían tras la puerta. Una vez solo el joven estudiante de este especial instituto volvió a salir al balcón que tanto le había gustado y registrando aquella imagen de postal pensó en lo novedosa que sería esta experiencia para él.
Entretanto, Jean y Ororo bajaban las escaleras comentando al nuevo alumno.-
Ororo: Pues a mí me resultó un poquito falso con tanto protocolo.
Jean: No, estuve en todo momento leyendo su mente y la verdad es que estaba demasiado nervioso. Lo único que quiere es caerle bien a todos aquí.
Ororo: ¿En serio? Pues domina muy bien sus nervios.
Jean: Sí, parece incluso más maduro que Scott.
Ororo: ¡Ja, ja, ja! No lo digas en voz alta, porque si te escucha se va a poner celoso.
Jean: Pues le encontraría la razón. –Agregó mientras caminaban al final del pasillo del segundo piso.- (Está escondido con Logan en una de las habitaciones.) –Le transmitió telepáticamente.-
Ororo: (Entendido.) –Le contestó y siguió con el juego.- Y Logan, ¿se puso celoso de él?
Jean: Desde el momento que lo vio por primera vez. –Contestó con picardía.-
Ororo: ¡Hombres! –Exclamó.-
Jean: ¡Ja, ja, ja! –Rió dulcemente con una mano tapando su boca mientras bajaban las escaleras y llegaban al primer piso. En el pasillo de los hombres una puerta se abría lentamente, dejando salir a un par de espías que sin darse cuenta fueron descubiertos por una poderosa síquica.-
Scott: ¿Así que me encontraría la razón si me pongo celoso?
Logan: ¡¿Yo celoso?! ¡Por favor!
Scott: Será mejor que vaya a hablar con ese niñato de inmediato. –Decidió ofuscado.-
Logan: No lo creo, Gafitas. Ese enano me trató de anciano cuando nos presentamos, así que ahora las pagará.
Scott: Mmm… Detesto admitirlo, pero tú eres más intimidante que yo. –Dijo mientras caminaba en dirección a las escaleras del primer piso, dejando a Logan atrás.-
Logan: ¡Por supuesto! ^w^
Scott: Después de todo esa cara y olor de animal que tienes no es gratis. u3u -Agregó.-
Logan: ¬`´¬” _|_ -Ante el evidente insulto de Scott el aludido sólo se limitó a liberar una garra de metal al centro de su mano, para devolverle la ofensa.- (¡Estúpido Scott!)
-Luego de guardar aquella impresionante extensión de brillante metal de su cuerpo se dispuso a subir las escaleras que llevaban al tercer piso.
Con paso firme llegó al pequeño recibidor y afinando su olfato comenzó a seguir el rastro a exclusivo perfume que dejaba el novato. Sin siquiera golpear la puerta la abrió imprudentemente, sólo para ver cómo Dalio se volteaba con una mirada amenazante y frente a Logan aparecía tras un leve destello blanco una irregular pared de un fino cristal, acción por la cual el imprudente adulto sintió una descarga de adrenalina y dio un brinco hacia atrás.-
Dalio: ¿Acaso no te enseñaron a tocar antes de entrar? –Preguntó con sarcasmo al sorprendido mutante.-
Logan: (¡¿Qué es esto?!) Yo no golpeo antes de entrar a ningún lugar. –Dijo serio mientras lentamente acercaba su mano a la edificación de cristal. Al tocarla pudo determinar que era real y no una ilusión y que era bastante dura.- ¿Y esto es…?
Dalio: Diamante. –Contestó secamente mientras se acercaba a la puerta. Tras tocarlo éste comenzó a brillar.- Puedo materializar objetos a mi voluntad.
Logan: ¿Objetos de diamante? –Preguntó y al segundo el pequeño montículo de diamante volvió a brillar para volverse ahora de metal, sorprendiendo así a Logan.-
Dalio: No sólo de diamante. En realidad puedo materializar cualquier material que haya estado en contacto con mi sangre y por el momento tengo tres: diamante, acero y madera. –Agregó y tras un nuevo fulgor la aparición ahora era de madera.-
Logan: Interesante. –Dijo.-
Dalio: Lo malo es que me cansa mucho crear cosas muy grandes o muy complicadas. –Dijo y luego de un último destello aquella invocación desapareció de la vista de los hombres presentes.- Pero estoy seguro que con el entrenamiento adecuado podré hacerlo con mayor facilidad. –Agregó mirando fijamente a los ojos del intruso a su habitación.-
Logan: (¿Qué es este cambio de actitud? Hace unos momentos era todo dulzura y ahora es más que desafiante…) ¿Y por cuanto tiempo puedes mantener las materializaciones? –Fingió interés.-
Dalio: Por el tiempo que quiera. –Contestó al momento que se giraba y volvía hacia el balcón.- Pero me pasa que si no deshago una materialización, como tú las llamas, la siguiente que cree no será tan grande como lo que pudo ser la primera.
Logan: No entiendo. –Dijo siguiendo al joven hacia el balcón con las manos en los bolsillos.-
Dalio: Es como si tuviera un stock de material para crear cosas. A pesar de no estar cansado si por ejemplo creo una casa, que es lo más grande que he creado, ya no podré crear nada más grande que un cuchillo hasta que deshaga la casa. No sé si me explico. –Dijo a modo de ejemplo.-
Logan: ¿Quieres decir que tienes un tope de material que puedes crear?
Dalio: Es exactamente lo que dije. ¬¬
Logan: …
Dalio: …
-Un incómodo silencio se produjo entre ambos sujetos, quienes apreciaban los verdes prados que se extendían frente a ellos.-
Logan: ¿Te doy un consejo, muchacho?
Dalio: Por favor, señor. –Contestó en igual tono de seriedad.-
Logan: Te dije que no me llamaras “señor”. –Le replicó.-
Dalio: Entonces no me llames “muchacho”. –Respondió.-
Logan: Uf… Ok, simplemente tratémonos como colegas.
Dalio: Me parece bien. Ahora, dime rápido lo que me querías aconsejar. Aún tengo que cambiarme de ropa para ir a comer.
Logan: Ah, eso. Pues, no seas tan servicial con las mujeres. Aquí los hombres son bastantes territoriales y no cae nada de bien esa actitud tuya.
Dalio: ¿“Son”? –Preguntó con una sonrisa, a lo que Logan respondió esquivando la mirada.- Mira, te agradezco el consejo, pero yo no voy a dejar de lado mi educación sólo porque ustedes se sientan amenazados.
Logan: ¿Sentirnos amenazados? ¡Ja! No me hagas reír, por favor. Simplemente te lo digo porque aquí está lleno de adolescentes, unos con peor carácter que otros. Y cada uno con un poder distinto al de los demás.
Dalio: El hecho de que sea un empresario con sólo veinte años no implica que nunca haya hecho vida social, Logan. –Informó mientras volvía a entrar a su habitación y se quitaba la chaqueta del traje.- Y ahora te agradecería que salieras de mi habitación, ya que quiero bañarme para bajar a comer.
Logan: ¿Sabes, Dalio? –Dijo mientras caminaba rumbo a la puerta.-
Dalio: ¿Qué pasa?
Logan: Me resultas interesante. ¿Siempre eres tan doble cara?
Dalio: Sólo cuando llega gente entrometida a intentar darme órdenes. ^^ -Contestó con ironía.-
Logan: Lo imaginé. ^^ -Dijo.- ¡Ah! Trata de no meter mucha bulla, ya que mi habitación está junto a la tuya y te advierto que cansado soy más pesado que cuando ando fresco.
Dalio: Lo tendré en cuenta, Logan. ^^
-Terminada la conversación el mayor de los mutantes cerró la puerta por fuera de la habitación. Momento que Dalio aprovechó para quitarse la ropa y meterse al lindo baño que estaba incluido en su habitación. Con suma calma se quedó unos veinte minutos bajo el chorro de agua, relajando su cuerpo y limpiándolo al mismo tiempo; pensando en todas las cosas que le habían pasado antes e imaginando lo que le podría pasar en el futuro.
Con una toalla amarrada a la cintura y el musculado torso descubierto se dispuso buscar ropa más cómoda en una de sus maletas.
Minutos después salía de su habitación vestido con unos jeans azules, una polera blanca y austeras zapatillas deportivas. Con calma se dirigía a las escaleras para bajar al segundo nivel, observando cada detalle de lo que a partir de ese momento sería su nuevo hogar. Ya en el pasillo del segundo piso comenzó a escuchar muchas voces, el ajetreo que se siente en el centro de una concurrida capital. Apresuró el paso para llegar a las escaleras principales para encontrarse con un gran número de niños y adolescentes que se desplazaban por el recibidor de la mansión, otros conversaban y algunos jugaban.
La emoción comenzó a invadir el corazón de Dalio. Sabía que muchas aventuras le esperaban en el Instituto para jóvenes superdotados de Xarles Xavier; aventuras que quería vivir ya.-
** Continuará **