¿Pero qué mier...? ¡¿Qué demonios es esto?!
Al notar mi expresión, el chico se acerca con cautela y le da un vistazo a la nota. Él no es tan expresivo como yo, aparentemente, por lo que apenas abre un poco de más los ojos y queda boquiabierto.
Entonces terminó de echarle un ojo a la habitación. Era relativamente grande para lo normal, apenas tenía una cama individual, un armario con un par de cajones a cada lado y... la puerta.
Me acerqué a la dichosa puerta y la examiné bastante decpcionada. Era cierto, la puerta era metálica y era obvio que no cedería a menos que la hiciera volar en pedazos, pero ese no era el caso. A la altura de mis ojos tenía una pantalla mostrando un gigantesco número 8, me recordaba al brazalete que está apresado en mi muñeca; pero además, tenía un pequeño tablero con números y algunos botones de más, como una calculadora.
Suspiro y me doy la vuelta. Debe haber otra salida. Me percato de la presencia de una solitaria ventana, pero más que emocionarme, siento la desagradable decepción recorriendo mi cuerpo cuando noto que está tapiada. Yo sé que acercarme e intentar abrirla fue en vano, no se movió ni un ápice, pero saborear una pequeña esperanza fue vigorizante... creo.
Alicaída, decidí revisar el armario...