Capítulo I. (Parte 1)
Llego a "casa" despues de un largo día; como es costumbre abro la puerta con el atardecer a mis espaldas. Craig entra con prisa arrastrando su piel y va a sentarse en la gastada silla de madera.
-Matthew ¿No me han traido nada? -pregunta un bulto del sofá, escondido entre sábanas.
-Todo lo que conseguimos lo tiene Craig- le respondo y le lanzó una mirada a mi Scraggy.
Craig lanza un bufido, irritado porque pensaba quedarse con lo que habiamos conseguido en el día. Del saco en el que ha transformado su piel saca un trozo de pan duro y lo lanza en dirección al sofá.
-Y eso es todo lo que tendrás por días, viejo. Yo no he comido más que eso en lo que va de esta semana.
Esta es la vida que llevo desde que he nacido. Hijo de un vagabundo en los suburbios de la ciudad, tengo que sobrevivir cada día, durante mis diecisiete años. Por suerte tengo un Pokemon como Scraggy, o Craig, como le he llamado, que me ayuda a conseguir el alimento necesario para alimentarnos, junto con el viejo.
Mi padre no siempre ha sido un vagabundo, hubo una época en la que fue un líder de gimnasio, o al menos eso me ha contado él. Pero su hobby dejaron de ser los Pokemon y se transformó en la bebida, razón por la que perdió el afecto de mi madre, que lo abandonó. Y por la que perdió su cargo en la Liga.
Vivir todo este tiempo junto a él me ha dado una vision amargada de la vida, y algo de rencor a gran parte de la sociedad y su jerarquía, donde quien tiene más dinero o bestias poderosas es quien consigue las cosas de manera fácil. Mi padre me ha contado que desde que ascendió el nuevo presidente, la mayoría de los líderes de gimnasio han comprado sus puestos gracias al dinero, de solo pensarlo me da rabia. Es por eso que los pienso eliminar a todos y lograr ser presidente de la Región... aunque sea un camino dificil.
- Matth, ¿dónde estás? -me pregunta el viejo mientras se destapa de sus cobijas para observarme.- Ah, desde aquí se nota como has crecido. Y yo me he vuelto un anciano inutil que ahora no puede hacer las cosas por sí mismo. Necesito que un favor.
-¿Qué necesitas ahora? No iré a buscar más comida, te aviso.
-He recibido una carta de Anna, una líder de gimnasio novata que ha llegado a la ciudad esta tarde. Desconozco por qué se ha contactado justo conmigo, pero me ha dicho de brindarme cierta información que no sería apropiada de comunicar por carta. El lugar de encuentro será en dos horas, en la central ya abandonada de energía eléctrica.
-Ya ya, debo ir yo por tí, como siempre. Matth ve a mendigar a tal lado, Matth ve a gastar estas pocas monedas al casino. Ya conozco de qué va esto.
Cansado, salí por la puerta y la cerré de un golpe, pero a los pocos minutos volví a abrirla y asomé mi cabeza.
-¿No vienes, Craig?
Caminando por las aceras de la ciudad guardo mis manos en los bolsillos de una agujereada campera. Ha hecho mucho frío durante este invierno, y lo único que he conseguido últimamente ha sido unos guantes de lana sin dedos. Jamás me rebajaría a buscar calor en el vino como hace el viejo.
Continuo el viaje a través de los negocios y me detengo en una vidriera. En ella hay una infinidad de Pokeballs, varias de ellas brillantes en exceso. Entro con algo de pena y la puerta hace un chirrido, el vendedor me mira extrañado, posiblemente piense que vengo a mendigar o a robarle.
-¿Cuánto está su Pokeball más barata? -le pregunto- ¿Me alcanza para algo con 75 centavos?
Eso era todo el ahorro que tenía, no lo gastaba en comida porque pensaba sabiamente. Comprar una Pokeball y capturar un Pokemon me ayudaría más a conseguir alimento que comprar unas simples galletas.
-Están dos pesos .-me dice, corrigiendome.
-Maldición, no me alcanza ni para una de las más simples.
-Blas, ¿acaso no había unas falladas de fábrica que no podemos vender? -le pregunta el Jefe al vendedor, no lo había visto llegar.
-Sí, deben quedar unas diez...
-Regálaselas. No creo que logremos venderlas, y varias de ellas no deben funcionar.
Esa frase hizo que recuperara un poco la fé en las personas; el Jefe no se veía como una persona avara o codiciosa. El empleado encargado de atender la clientela levanta una caja del suelo y de ella saca un paquete de Pokeballs, varias de ellas están poseen una áspera capa de óxido marrón, además de estar abolladas o tener el botón aplastado.
-Muchisimas gracias. - le expreso sin mucha energía y me retiro con la caja en mis manos. Algun día le devolvería el gran favor. Ahora podría capturar Pokemon, aunque ya tenía una Pokeball en mi posesión, una HonorBall, pero era el único recuerdo que quedaba de mi madre y me hacía tener en mente que nunca se debe perder el honor.
Listo y armado fui en busca de mis amigos, aquellos con los que crecí en ese basurero industrial al que llamo barrio. Con ellos iría finalmente a la central eléctica.
Nota: He escrito en la historia que ya tenía una Honor Ball y me regalaron 10 Pokeballs, pero he utilizado el dinero inicial para comprarlas en la tienda... en resumen, compro las cosas pero en la historia aparecen de otra manera (?
Llego a "casa" despues de un largo día; como es costumbre abro la puerta con el atardecer a mis espaldas. Craig entra con prisa arrastrando su piel y va a sentarse en la gastada silla de madera.
-Matthew ¿No me han traido nada? -pregunta un bulto del sofá, escondido entre sábanas.
-Todo lo que conseguimos lo tiene Craig- le respondo y le lanzó una mirada a mi Scraggy.
Craig lanza un bufido, irritado porque pensaba quedarse con lo que habiamos conseguido en el día. Del saco en el que ha transformado su piel saca un trozo de pan duro y lo lanza en dirección al sofá.
-Y eso es todo lo que tendrás por días, viejo. Yo no he comido más que eso en lo que va de esta semana.
Esta es la vida que llevo desde que he nacido. Hijo de un vagabundo en los suburbios de la ciudad, tengo que sobrevivir cada día, durante mis diecisiete años. Por suerte tengo un Pokemon como Scraggy, o Craig, como le he llamado, que me ayuda a conseguir el alimento necesario para alimentarnos, junto con el viejo.
Mi padre no siempre ha sido un vagabundo, hubo una época en la que fue un líder de gimnasio, o al menos eso me ha contado él. Pero su hobby dejaron de ser los Pokemon y se transformó en la bebida, razón por la que perdió el afecto de mi madre, que lo abandonó. Y por la que perdió su cargo en la Liga.
Vivir todo este tiempo junto a él me ha dado una vision amargada de la vida, y algo de rencor a gran parte de la sociedad y su jerarquía, donde quien tiene más dinero o bestias poderosas es quien consigue las cosas de manera fácil. Mi padre me ha contado que desde que ascendió el nuevo presidente, la mayoría de los líderes de gimnasio han comprado sus puestos gracias al dinero, de solo pensarlo me da rabia. Es por eso que los pienso eliminar a todos y lograr ser presidente de la Región... aunque sea un camino dificil.
- Matth, ¿dónde estás? -me pregunta el viejo mientras se destapa de sus cobijas para observarme.- Ah, desde aquí se nota como has crecido. Y yo me he vuelto un anciano inutil que ahora no puede hacer las cosas por sí mismo. Necesito que un favor.
-¿Qué necesitas ahora? No iré a buscar más comida, te aviso.
-He recibido una carta de Anna, una líder de gimnasio novata que ha llegado a la ciudad esta tarde. Desconozco por qué se ha contactado justo conmigo, pero me ha dicho de brindarme cierta información que no sería apropiada de comunicar por carta. El lugar de encuentro será en dos horas, en la central ya abandonada de energía eléctrica.
-Ya ya, debo ir yo por tí, como siempre. Matth ve a mendigar a tal lado, Matth ve a gastar estas pocas monedas al casino. Ya conozco de qué va esto.
Cansado, salí por la puerta y la cerré de un golpe, pero a los pocos minutos volví a abrirla y asomé mi cabeza.
-¿No vienes, Craig?
Caminando por las aceras de la ciudad guardo mis manos en los bolsillos de una agujereada campera. Ha hecho mucho frío durante este invierno, y lo único que he conseguido últimamente ha sido unos guantes de lana sin dedos. Jamás me rebajaría a buscar calor en el vino como hace el viejo.
Continuo el viaje a través de los negocios y me detengo en una vidriera. En ella hay una infinidad de Pokeballs, varias de ellas brillantes en exceso. Entro con algo de pena y la puerta hace un chirrido, el vendedor me mira extrañado, posiblemente piense que vengo a mendigar o a robarle.
-¿Cuánto está su Pokeball más barata? -le pregunto- ¿Me alcanza para algo con 75 centavos?
Eso era todo el ahorro que tenía, no lo gastaba en comida porque pensaba sabiamente. Comprar una Pokeball y capturar un Pokemon me ayudaría más a conseguir alimento que comprar unas simples galletas.
-Están dos pesos .-me dice, corrigiendome.
-Maldición, no me alcanza ni para una de las más simples.
-Blas, ¿acaso no había unas falladas de fábrica que no podemos vender? -le pregunta el Jefe al vendedor, no lo había visto llegar.
-Sí, deben quedar unas diez...
-Regálaselas. No creo que logremos venderlas, y varias de ellas no deben funcionar.
Esa frase hizo que recuperara un poco la fé en las personas; el Jefe no se veía como una persona avara o codiciosa. El empleado encargado de atender la clientela levanta una caja del suelo y de ella saca un paquete de Pokeballs, varias de ellas están poseen una áspera capa de óxido marrón, además de estar abolladas o tener el botón aplastado.
-Muchisimas gracias. - le expreso sin mucha energía y me retiro con la caja en mis manos. Algun día le devolvería el gran favor. Ahora podría capturar Pokemon, aunque ya tenía una Pokeball en mi posesión, una HonorBall, pero era el único recuerdo que quedaba de mi madre y me hacía tener en mente que nunca se debe perder el honor.
Listo y armado fui en busca de mis amigos, aquellos con los que crecí en ese basurero industrial al que llamo barrio. Con ellos iría finalmente a la central eléctica.
Nota: He escrito en la historia que ya tenía una Honor Ball y me regalaron 10 Pokeballs, pero he utilizado el dinero inicial para comprarlas en la tienda... en resumen, compro las cosas pero en la historia aparecen de otra manera (?

Gracias Eli <3


Tekiku VS Sasha
Pidove Lv.12 Macho
Quilava Lv.14 Macho
Sorata/Luxio Lv.15 Macho
Eevee Nv.12 Hembra
Piplup Lv.12 Macho
Munna Lv.10 Hembra
Silcoon Lv.8 Hembra

ulce Aroma
Nv. 7 Vs.
Nv. 7












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Abinoblem LVL6 Y
Majoras LVL6 VS
Aipom LVL6 Y
Teddiursa LVL6 (esto solo para que se acuerden de a que nos enfrentamos)
Canario!
Silcoon LVL7
Turtwig LVL7
Geodude LVL6 Y
Roggenrola LVL6
Mankey LVL6
Zubat LVL6 Y 














/








(Nv12) Vs
(Nv11)
(Nv6) Vs
(Nv12) &
Ralts Nv12 gana 25% de Exp (Gastly) + 25% (12,5% Gastly + 12,5% shuppet) + 92,5& (acumulados) = Pasa al nivel 13 y queda con 42,5% acumulados
Larvesta Nv6 gana 30% de Exp (12,5% gastly + 12,5 Shuppet + 5% por el Repartir Exp por la anterior batalla de Ralts) + 25% (Acumulados) = Queda en el mismo nivel con 55% de Exp acumulados.
Nv14 ( 57,5% de exp)





Nv21 ( 35% de Exp )





trato de ayudarme extendiendo su delicada mano pero no alcanzaba al parecer era un poco pequeña, de pronto se va y veo un destello rojo,seguido de esto vi la sombra de un pokemon al parecer era un
parecía una hembra porque llevaba un listón rosa, fuera de esto extendió sus lianas tan delicadas como las manos de la entrenadora dueña de este pokemon y me ayudo a subir, le costo un poco pero logro subirme hasta arriba completamente decidí presentarme
el cual me llamo la atencion porque tenia la misma forma de la sombra que vi pero no le pare mucho, caminamos un poco y llegamos al laboratorio subi las escaleras voltee a ver a Sarah y ella asintio con la cabeza, lo cual me dio una señal para tocar el timbre *RING RING*emmm hola quisiera buscar mi primer pokemon *clock* (un candado) al abrirse la puerta salio una profesora apuesta con una cara de tontania :drool: luego me dijo
junto con una pokedex, 5 pokeballs y mi licencia de entrenador 







