Capitulo 31: ¡El chistoso Spinda!
Reuní nuevamente mi equipo Pokémon, esta vez entrenaríamos todos a la vez. Regrese a todos a sus Pokeball y comencé a caminar por el subterráneo paraíso en busca de Pokémon con quienes batallar. Pronto me encontré con un extraño Pokémon con manchas rojas en su piel que se tambaleaba de un lado a otro. Saque la Pokedex y lo analicé

Spinda: El Pokémon panda. Se dice que todos los Spinda son diferentes, ya que la ubicación de sus manchas puede variar en todos. Las probabilidades de conseguir dos Spinda con machas iguales son casi inexistentes.
El Pokémon caminaba tambaleándose, casi parecía que estuviera mareado. Por un momento pensé batallar contra él, pero me pareció que sería aprovecharme del inofensivo Pokémon. Le di la espalda y camine en sentido contrario
De pronto escuche grito de miedo. Me di la vuelta rápidamente para ver de donde provenía el grito. Spinda había caído en el pequeño rio, rápidamente corrí hasta el sitio. Me quite el bolso la camisa y el cinturón donde estaban las Pokeball, los tire en la orilla y luego me sumergí en el río para salvar al Spinda. Cuando subí a la superficie, ya Spinda no estaba dentro del agua.
Spinda, tomo mi bolso, mi camisa y mi cinturón de entrenador y se los coloco encima. Él descarado Pokémon soltó una sonrisa malvada y comenzó a correr lejos del rio mientras se tambaleaba.
-¿eh? ¡No! ¡Regresa aquí! –Grité-
Salí del rió a toda la velocidad que pude, para seguir al maldito Spinda. Corrí a todo lo que pude tras el Spinda. Podía escuchar las risas del inestable Pokémon delante de mí. Si no fuera porque tenía mis Pokémon consigo ya tendría sus horas contadas.
Alcancé rápidamente al Pokémon, debido a causa de su inestabilidad que no le permitía correr muy rápido. Acorrale al Spinda contra un árbol.
-Ya esta amiguito… regrésame mis cosas –Dije en tono amenazante
El Pokémon rio maliciosamente y luego apunto con su mano hacía la parte superior del árbol. Eleve la mirada ligeramente hacía arriba, había varios Kakuna brillando de blanco sobre nosotros
-No… no te atreverías… ¿verdad? Si quieres te puedes quedar con la camisa, pero regrésame los demás, prometo que no te hare nada…
Spinda pareció entenderme y se acerco a mí lentamente. Cuando estuvo a varios centímetros de distancia del árbol volvió a reír maléficamente, se dio la vuelta a toda velocidad y se estampo contra el árbol. El árbol se comenzó a tambalear, y los brillantes Kakuna cayeron al suelo. En mi cara se dibujo una expresión de horror al ver como los caparazones se rompían lentamente y los afilados aguijones comenzaban a salir de esto.
Spinda se reincorporo rápidamente y comenzó a correr lejos del lugar. Los Kakuna ya se habían transformado en Beedrill que se encontraban molestos por interrumpir su etapa de evolución. Empecé a correr a paso veloz, con los Beedrill siguiéndome por detrás con sus amenazantes aguijones. La risa de Spinda se podía escuchar a pocos metros de distancia
Me lancé al rio, si había una forma de alejar a los Beedrill era esto. Los Pokémon venenosos se quedaron mirando el agua donde estaba sumergido, no se acercarían a menos de que quisieran mojarse y eso era algo que las abejas como ellas odiaban.
-¡Ja! ¡Ahí tienen patéticas abejas! -Dije en tono burlón- ¿Acaso le tienen miedo al agua? –Dije sarcásticamente mientras me reía a carcajadas
A los Beedrill le brillaron los ojos con malicia, hasta ese momento supe que búrlame de ellos no fue buena idea. Los feroces Pokémon insecto lanzaron un millar de agujas contra mí. En un intento desesperado por evitar el ataque me sumergí y empecé a nadar a todo lo que pude. Cuando emergí nuevamente ya los Beedrill se alejaban del lugar, mientras reían ¿pero de qué?
Pronto descubrí el porque de las risas de las abejas… estaba rodeado de dos Golden que tenían espinas venenosas clavadas en su cabeza. Los peces me miraban con furía, era mi culpa que resultaran heridos.
-No fue mi intención que salieran lastimados discul…-Interrumpido-
Antes de poder terminar de hablar ya los Golden me estaban golpeando ferozmente con sus cuernos. Salí rápidamente del agua para evitar seguir siendo atacado por los peces.
-¡Hey! Le dije que lo sentía –Hable mientras los veía.
Uno de los Golden, sin importar lo que dije trago profundamente y luego lanzó un chorro de agua contra mi cara, luego de eso los dos Golde se volvieron a sumergir en él rio.
-Maldito Spinda… ¡Cuando lo encuentre será Pokémon muerto! –Grité furioso-
Caminaba en circulo mientras miraba hacía todos lados. No había rastro del pequeño Pokémon, tampoco se oía su voz ¿en donde se había metido? Paré mi caminata en círculos y fui en dirección donde el Pokémon se había espumado.
Aun no lograba ver al panda. Algo que me parecía extraño. El lugar era un extenso prado y solo habían unos pocos árboles ¿Dónde se pudo haber metido? De pronto escuche otro grito de miedo, cuando voltee, vi al pequeño Spinda sosteniéndose como podía de las resbalosas rocas de la cascada.
Me acerque a la mini cascada a toda la velocidad que pude para ayudar al Pokémon. Trepe por las resbalosas rocas hasta llegar a la cima. Mis pies comenzaban a resbalarse por lo mojada que se encontraban las rocas. Me agache lentamente y le extendí la mano a Spinda, me había echo cosas malas, pero no podía dejar que cayera.
-¡Toma mi mano! – le Grité-
El Pokémon extendió la mano que tenía suelta y agarró la mía. Una sonrisa diabólica. No se atrevería… no creo que fuera capas, pero si fue. El Pokémon me jalo de la mano y me tiro al río. Si caía de cabeza posiblemente moriría al impactar mi cabeza contra el suelo del rió. Di la vuelta mientras aun estaba en aire y me puse de pie. Caí al agua y toque el suelo con los pies, luego me impulse y emergí de nuevo a la superficie.
El agua de la cascada golpeaba mi cabeza, me aleje un poco de la cascada y dirigí mi mirada hacia la parte superior de la cascada. Spinda se encontraba acostado sobre las piedras mientras reía, cuando se dio cuenta de mi presencia se levanto y me miro fijamente.
Levanto el cinturón de entrenador donde estaban las Pokeball de mis Pokémon y lo sostuvo con su brazo extendido. Si el cinturón caía, las Pokeball se romperían… y mis Pokémon no podrían salir de ellas
-¡NO! ¡Has conmigo lo que quieras! ¡Pero no lances el cinturón!
-Spind…. –Sonrió-
El maléfico Pokémon lanzó el cinturón al aire. Veía como la correa donde estaban sujetas mis Pokeball caían peligrosamente al río. En un intento desesperado me lancé y por suerte logre atrapar el cinturón.
-¡Ja! ¡Ahora si cagaste feo! ¡Ve Honchkrow acaba con ese Spinda! –Lancé la Pokeball al aire… Pero ningún Pokémon salió de ella Lancé las demás Pokeball al aire extrañado, pero ningún Pokémon salieron de ellas - ¿ah? ¿¡Que mierda!?
Todas las Pokeball cayeron al agua y fueron arrastradas por la corriente. El Spinda seguía riéndose. Se levanto con lentitud, se dio la vuelta y tomo algo de suelo y luego lo mostro… era mi otro cinturón, pero esta vez si era el mío.
De la ira lancé el cinturón falso al suelo. Ese Spinda comenzaba a hartarme ¿pero de donde saco esas Pokeball y el cinturón? Spinda comenzó a bajar con elegancia de la cascada mientras se reía de mí. Yo salí del agua con rapidez y comencé a correr hacía él.
-¡Esta vez no te escaparas! –Grité con ferocidad-
El inestable Pokémon se dio la vuelta al escuchar mi grito. Me abalancé contra Spinda, sin embargo este se hizo un lado y yo solo caí contra el piso.
-¡Argg!
Me levante de nuevo y me abalancé contra el Pokémon otra vez, pero este sin ningún esfuerzo me volvió a esquivar echándose hacía un lado.
Desde el piso estire mi mano y jalé a Spinda. El Pokémon cayó al suelo y yo me puse sobre él.
-¡Se acabo el juego, te tengo!
El Pokémon abrió su boca tanto como pudo y comenzó a gritar. Los aturdidores gritos me hicieron soltarlo y retroceder un poco. Spinda se levantó de nuevo y comenzó a correr para escapar de mí.
-Ni muerto te dejare huir…
Me levante con todo el esfuerzo que pude y camine lentamente atrás del rápido Spinda. Ya no podía seguir mas, pero no podía dejarlo con mis Pokémon, tenía que atrapar a ese maldito Spinda…
-Ya… Llévate mi mochila y mi camisa si quieres, pero regrésame a mis Pokémon por favor. Es lo único que te pido –Dije mientras me dejaba caer en e piso para descansar un poco.
Podía escuchar los pasos de un Pokémon acercándose, un paso inestable y inseguro. De pronto una Spinda se paro sobre mí sonriendo, esta vez no era una sonrisa de miedo, era una más bien de felicidad. El Pokémon dejo caer el cinturón sobre mi pecho, junto a la mochila y mi camisa. También me dejo un caramelo envuelto en un papel azul.
Spinda se propuso a marcharse luego de eso, pero yo lo retuve rápidamente
-Espera, dime ¿De donde sacaste el cinturón y las Pokeball que no era de mis pertenencias?
El Pokémon mostro una cara maléfica, que me asustaba. Señalo en dirección al este y luego se marcho. Yo me levante del suelo, me coloque la camisa y comencé a caminar hacia el este. Dejando atrás al Spinda.
Cuando llegue hasta donde el camino terminaba, encontré otra abertura igual por la que había entrado ¿sería la salida?
Reporte:
Obtuve caramelo raro