19.
@Abdy duelo! [?]
— ¡O-oye! Kano, ¡¿qué haces?! — Estaba lo que se dice estupefacta. Mi pequeño polluelo aunque tenía un gran ego, por lo general no se iba atacando a la gente sólo porque sí, yo no lo había criado con tan malos modales.
Para mi desgracia el pokémon no escuchó lo que le dije, además no tuve una respuesta directa de la niña. Así que pensé, ¿podría ser que tuvieran hambre? ¡Pero nadie mata por un capricho del estómago! Bueno, quizás sí, pero no era el momento de tener la filosofía de la vida ni menos.
Las cosas se pusieron más extrañas cuando descubrí que la niña no era una niña, ¡era un Zorua! ¡Wow! Aquel pokémon que estaba buscando antes ahora tomaba forma, ¿el pequeño diablo estuvo todo este tiempo ante mis ojos? ¿O acaso no fue ella la que robó una de mis pokeball? ¿O era él? ¡Agh! Estaba confusa, pero si de algo estaba segura es que esta pequeña ternurita no podía ser malvada.
— ¡K-kano, mantente en pie! — No podía frenar a mi compañero, parece que estaba algo emocionado ante el descubrimiento.
Creo que la batalla era inevitable, mi fiel camarada estaba más que listo para lucirse.
Por suerte las cosas salieron mejor de lo esperado. Kano recibió el sorpresivo daño de una bola sombra y tal movimiento me dejo boquiabierta, ¡no me lo esperaba! Zorua era formidable, pero en el final mi orgulloso amigo demostró que él también tenía un as bajo la manga y tiro fuego como si no hubiese un mañana; antes de darme cuenta, la bolita de pelos mitad ternura ya había caído debilitada y era ese el momento en que arrojé una ball. Me sentía algo floja respecto a capturar pokémon, en realidad nunca lo había hecho antes, pero siempre estuve preparada para la ocasión y por suerte logré apuntar bien.
Tras unos segundos de tensión, había capturado a un pokémon. Salté de la felicidad.
— ¡YAY! Esa fue una buena batalla, Kano, qué suerte que esos Pidgey no te gastaron, ¡eh! — El polluelo me miró algo desanimado, creo que no le sentó bien perder ante unos pajaritos. — ¡E-eh! D-disculpa por recordártelo. Tranquilo, mi buen amigo, esa batalla no es nada que una buena comida no pueda reparar.
Y ahora con Kano en su pokeball, la soledad. La dulce niña que me había acompañado hasta ahora estaba encerrada en una pokeball, totalmente cansada y quizás algo aturdida, ¿qué era lo siguiente que debía hacer? Ya que me rugía el estómago me encaminé al comedor, aun sosteniendo este disfraz, digo, uniforme de varón.
Para mi desgracia el pokémon no escuchó lo que le dije, además no tuve una respuesta directa de la niña. Así que pensé, ¿podría ser que tuvieran hambre? ¡Pero nadie mata por un capricho del estómago! Bueno, quizás sí, pero no era el momento de tener la filosofía de la vida ni menos.
Las cosas se pusieron más extrañas cuando descubrí que la niña no era una niña, ¡era un Zorua! ¡Wow! Aquel pokémon que estaba buscando antes ahora tomaba forma, ¿el pequeño diablo estuvo todo este tiempo ante mis ojos? ¿O acaso no fue ella la que robó una de mis pokeball? ¿O era él? ¡Agh! Estaba confusa, pero si de algo estaba segura es que esta pequeña ternurita no podía ser malvada.
— ¡K-kano, mantente en pie! — No podía frenar a mi compañero, parece que estaba algo emocionado ante el descubrimiento.
Creo que la batalla era inevitable, mi fiel camarada estaba más que listo para lucirse.
Por suerte las cosas salieron mejor de lo esperado. Kano recibió el sorpresivo daño de una bola sombra y tal movimiento me dejo boquiabierta, ¡no me lo esperaba! Zorua era formidable, pero en el final mi orgulloso amigo demostró que él también tenía un as bajo la manga y tiro fuego como si no hubiese un mañana; antes de darme cuenta, la bolita de pelos mitad ternura ya había caído debilitada y era ese el momento en que arrojé una ball. Me sentía algo floja respecto a capturar pokémon, en realidad nunca lo había hecho antes, pero siempre estuve preparada para la ocasión y por suerte logré apuntar bien.
Tras unos segundos de tensión, había capturado a un pokémon. Salté de la felicidad.
— ¡YAY! Esa fue una buena batalla, Kano, qué suerte que esos Pidgey no te gastaron, ¡eh! — El polluelo me miró algo desanimado, creo que no le sentó bien perder ante unos pajaritos. — ¡E-eh! D-disculpa por recordártelo. Tranquilo, mi buen amigo, esa batalla no es nada que una buena comida no pueda reparar.
Y ahora con Kano en su pokeball, la soledad. La dulce niña que me había acompañado hasta ahora estaba encerrada en una pokeball, totalmente cansada y quizás algo aturdida, ¿qué era lo siguiente que debía hacer? Ya que me rugía el estómago me encaminé al comedor, aun sosteniendo este disfraz, digo, uniforme de varón.
@Abdy duelo! [?]

— What are you doing?
— I'm walking like a skeleton.
— No, skeletons don't walk like that.
— That's how *you* walk.
— No, I don't.







































