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El sol se comenzaba a poner y el jardín se veía bastante bullicioso, los estudiantes de las distintas divisiones estaban entremezclados entre sí, conversando muy animadamente. Vi varias chicas lindas a las que podría tratar de conquistar, pero la verdad, eso nunca fue lo mío. Aunque no podía negar que ganas no faltaban, todas las muchachas en la academia eran muy bonitas.
Seguí caminando por el jardín disfrutando del ambiente tan pacífico y animado que lo dominaba. La verdad, me hacía sentir bastante bien, podría escribir aquí algún día si lo quisiera. Incluso podría fijarme en las vergüenzas que seguramente muchos estudiantes pasaran a diario aquí para escribir una comedía.
Me senté cerca de la fuente a escribir un rato. Me fije en todos los detalles y sucesos que podía y a medida de que avanzaban los minutos, los estudiantes comenzaban a marcharse y el sol se ocultaba un poco más.
Sabía que ya era hora de retirarme a los dormitorios de mi división, así que me propuse el ponerme en marcha. Pero justo cuando pasaba por detrás de unos arbustos, escuche una conversación de un grupo que llamo mi atención. Estaban bajo la sombra de un árbol cerca de los arbustos, hablando por lo bajo, como si estuvieran contando algún secreto.
-Ya te lo dije idiota, si no traes me traes al Murkrow no puedes entrar –Le escuché decir a uno de los chicos. Era el más alto de los cuatros que conformaban en el grupo, tenía el pelo pintado de azul-
-¡P-pero Lee-andro! ¡T-t-e tra-je un Hoothoot!
-¿Y quién quiere a ese búho feo? Yo te pedía específicamente un Murkrow, me parece –Le contesto de mala gana- ¿O me equivoco, chicos?
Los otros tres jóvenes que estaban a los lados de Leandro hicieron un gesto negativo con la cara. La verdad esos muchachos eran la clase de tipos con los que no te gustaría meter, aunque eran más bajo que Leandro, eran muchos más corpulentos.
-L-eandro, por fav…
-¿No ha quedado claro? Sin Murkrow, no puedes entrar al mercado negro. Así que mejor vete antes de que mis amigos pierdan la paciencia –Sentencio Leandro-
El chico vacilo unos segundos, y percatándose del peligro, salió corriendo lejos del lugar.
-Búsquenlo más tarde y denle una golpiza. Tenemos que garantizar que no le diga a nadie sobre el mercado negro –Ordeno Leandro a su grupo-
La verdad, en una situación cualquiera evitaría a los tipos como Leandro y compañía que abusaban de los más débiles. No porque les tuviera miedo, sino porque seguramente terminaríamos peleando. Yo no era la clase de idiota que se dejaba pisotear tranquilamente como aquel chico.
De todas maneras, siempre existen las excepciones. Leandro había dicho algo que me llamo profundamente la atención “Mercado Negro”. No necesitaba ser un genio para comprender que era alguna tienda que vendía cosas contrabandeadas o que posiblemente no estuvieran permitidas por el colegio. Y seguramente había muchas cosas interesantes por ese lugar. Definitivamente, debía lograr entrar allí
-¡Hey! –Le grite al grupo de Leandro que ya estaban por entrar a uno de los edificios del colegió-
Los muchachos se frenaron y voltearon a verme mientras yo corría hacía ellos. Los tres orangutanes se colocaron frente a Leandro.
-¿Qué quieres? –Pregunto uno de ellos. Justamente el que se veía más fuerte-
-Tranquilos muchachones, solo quiero conversar. –Les dije con un tono bastante tranquilo, no quería comenzar con mal pie- La verdad, escuche su conversación de hace rato con el chico de hace rato, y llamo profundamente mi atención.
Los tres matones se vieron a la cara. Todos hicieron un gesto afirmativo y se tronaron las manos, como quien se prepara para una pelea.
-¡Tranquilos, tranquilos! No hace falta ponerse agresivos ni nada caballeros. Podemos hablar como gente civilizada ¿no? Yo solo vengo a proponer un pequeño trato. Déjenme acceder al mercado negro y yo no le digo nada al rectorado sobre su secretito –Trataba de mantenerme lo más tranquilo posible, sabía que estaba entrando en terreno peligroso, pero podía controlar la situación, si mantenía la calma. Si llegaba a demostrar debilidad un instante… bueno, alguien tendría que posiblemente visitar la enfermería.
-¡JJAJAJA! Vaya que tienes agallas –Escuché decir a Leandro desde atrás- ¿Tú estás tratando de chantajearnos? ¡Qué estúpido!–Leandro se hizo paso entre dos de sus amigos que lo cubrían para colocarse cara a cara conmigo- Eres nuevo ¿verdad? –Dijo examinándome con la mirada- Digo, porque no hay nadie tan estúpido que lleve unos años estudiando en este colegio que se atreva a meterse con nosotros –volvió a reír, esta vez sus amigos lo acompañaron-
La ira inundaba mi cuerpo, justo ahora tenía ganas tanto como de meterle un puñetazo en la cara, como de huir. Pero tuve que mantener la calma porque en cualquiera saldría perdiendo.
-No, no Leandro. No lo llames chantaje, prefiero el término “trato” –Le contesté calmadamente y evite darle una respuesta a lo demás lo demás. Sabía que no debía caer en su juego. Aún así se me ocurrieron unas bastante buenas como “Maldito descerebrado”-
Leandro paro de reír y me miro de arriba abajo.
-No lo entiendes, nuevo. No estás en posición de hacer “tratos” –Dijo esa última palabra en un tono bastante burlón- Mejor no te metas con nosotros. Vete a tu dormitorio, y haz como si esto nunca ha pasado, no me gusta lastimar a los nuevos.
-Vamos Leandro ¿me estás subestimando por ser nuevo? –Le pregunté acercándome lentamente hacía él. Tuve que aguantar las ganas de darle un puñetazo- Créeme no deberías hacerlo. Soy nuevo, pero no idiota. Conozco perfectamente a la gente como tú. Sé que justo en el momento que me pierdas de vista, mandaras a tus matones a que me den una paliza, justo como vas a hacer con el otro chico. –Le dije ya estando a unos cuantos pasos de distancia. El corazón me iba a mil por hora, tenía una mezcla de miedo y ira-
-O podría decirles que lo hagan justo ahora –Sugirió-
-Pero no lo harás –Le respondí- Y aunque lo hagas, no cambiara nada. Igual le diré a los directores sobre su mercadito negro, este golpeado o no. Así que no les queda de otra sino aceptarme.
Leandro se quedo unos minutos en silenció.
-Me gustan tus agallas nuevo –termino por decir- Hace falta gente como tú por estos lugares últimamente, la mayoría son una pandilla de estúpidos como el chico de hace rato… Pero tú tienes agallas, más de las que me gustarían –Tomó un suspiro- Te propongo un trato, el mismo que le hice al chico de hace rato. Tráeme un Murkrow y estás adentro –Termino por decir-
¡Tachan, ya estaba listo! Lo tenía donde quería. Tal vez hubiera preferido evitar la parte de tener que capturarle un Murkrow, pero sabía que si forzaba un poco más la cosa, saldría lastimado.
-Lo haré –Terminé por responder-
-Perfecto –Respondió Leandro- Puedes encontrar a Murkrow en el bosque que limita con la escuela. Te espero aquí en una hora. Si no llegas… nosotros iremos a por ti luego. Ya sabes, para asegurarnos de que no hables –Término por decir-
Tragué en seco. Ya no dije más nada, no había tiempo que perder. Me fui corriendo hasta el bosque, con el cielo ya oscurecido.
Edit, nueva misión continuación del bosque.
http://www.cpokemon.com/foro/threads/34661-Bosque?p=345334&viewfull=1#post345334
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Tardé un poco en ubicarme en que parte del bosque estaba debido a la oscuridad de la noche, pero finalmente logré conseguir la verja que separaba al bosque y al jardín de la academia. Me apresuré en cruzarla antes de que alguien me viera y me metiera en problemas.
Corrí por el jardín como alma que lleva al diablo. Al menos aquí podía ver mejor mi entorno, todo estaba muy bien iluminado por unos cuantos faroles. Logré divisar al grupo de Leandro en el mismo lugar donde los había dejado, estaba conversando muy animadamente viendo hacia las verjas. Parecía que aún no me habían visto.
Finalmente uno del grupo se fijo en mí y señalo en mi dirección. La conversación finalizo en el acto y todos posaron sus miradas en mí.
-¿Qué paso nuevo, te asusto el bosque? –Preguntó Leandro justo cuando llegué-
No respondí a su pregunta, en cambio tomé aire, saqué la Pokeball de uno de los Murkrow que había atrapado y se la extendí para que la tomara. El muchacho que tenía una cara de quien miraba poca cosa, cambio su expresión a una de total sorpresa. Verlo así, valía más que cualquier cosa.
-¿Ese es Murkrow? –Preguntó con notoria sorpresa-
-Sí ¿creíste que no lo traería? Soy hombre de palabra –miré mi reloj- Y aún faltan diez minutos para que se acabe el tiempo pautado, justo a tiempo ¿no es así? –Le pregunté mientras trataba de aguantarme la risa por su cara de estupefacción-
Leandro se quedo un rato admirando la Pokeball de Murkrow. Parecía casi como si estuviera viendo un tesoro invaluable. Invito a sus amigos a que vieran su nuevo Pokémon, y como era de esperar, lo presumió. Luego de unos minutos, finalmente metió la Pokeball en un bolsillo de su chaqueta y hablo.
-Bien, cumpliste con el trato. Te espero mañana en los pasillos, cerca del comedor para llevarte al mercado negro –Susurró y una vez dicho, se marchó junto a sus camaradas-
Bien, todo salió justo como lo había planeado. Ya tenía acceso al mercado negro. Y además tenía una buena historia para un escrito sobre mafiosos. Todo parecía que iba marchando muy bien en la academia. Ahora solo faltaba ir a los dormitorios para descansar, había sido un día muy largo.