Buena cantidad de comentarios esta vez O: Gracias, gente
Eagle: Gracias por leer y me alegro mucho que te guste, espero que te sigas pasando!
Abdy: Lindo comentario, gracias por marcarme errores, ya los corregí. Una lástima que se te haya borrado el coment, cuando pasa eso es un bajón u.u Muchas gracias por pasarte y espero que sigas aquí!
Will: O.O Pedazo de coment, muchas gracias. Ehhh, en este capítulo quizá la luz no ilumine tanto a Crocune xD
Cuantos errores cometo u.u Gracias por marcármelos, me es imposible darme cuenta de esos. Y sí, los problemas con las repeticiones son así en un fic de pokémon... lo que pasa es que en caso de que se enfrenten dos pokémon es difícil encontrar sinónimos, si pongo pokémon puede ser cualquiera de los dos, con monstruo o criatura pasa lo mismo... la única que me queda es poner el nombre y algún atributo físico. Prefiero poner el nombre para no confundir a la gente...
No es necesario saber si es mucho o poco la cantidad de feris, como él fic se basa en Crocune y él no tiene idea lo óptimo es que los lectores tampoco la tengan. Con lo de los nombres tienes razón xD Lo que pasa es que unas son ciudades y el otro es un bosque... la gente no le pone nombre a todos los bosques y en este capítulo vas a ver que el nombre no esta mal. Lo de los puntos cardinales no lo sabía O: Gracias por comunicármelo.
Espero tu fic en cuanto lo publiques! Me alegro que te hayas animado y que te sigas pasando por aquí. ¡Suerte!
Seven: Jajajaja, sin querer diciendo todo esto acertaste con el capítulo que sigue, bien hecho. Mmm, lo del escudo quizá lo piense, amigo, quizá... ya veremos. ¡Gracias por pasarte y que sigas por aquí!
Bueno, sin más preambulos el próximo capítulo, espero que les guste:
Capítulo 7: El Bosque Plateado
Spoiler
El Bosque Plateado estaba bastante lejos de Coralair, quizá a dos kilómetro o más. Crocune se sorprendió al ver el panorama, no esperaba que el nombre estuviera tan bien puesto. Los árboles eran realmente plateados. Robles grandes de los cuales colgaban lianas grisáceas como guirnaldas brillantes, arbustos pequeños de intenso color marfil y una espesa mata de hierba coloreada con claros matices blanquecinos.
—Desde que tengo uso de razón este bosque es así. Nadie sabe bien la razón, las plantas nacen con ese extraño pigmento. La explicación que le damos es que en el pasado alguien hechizó este bosque —comentó Fred mientras se detenía en los lindes y bebía una gran cantidad de agua.
—¿Hay algo en esta región que no esté hechizado? —preguntó Crocune echándose al suelo para recobrar el aire junto con su Charmander.
Los tres estaban cansados. Mientras fueron hasta el lugar estuvieron probando sus nuevas armas y armaduras. Sin dudas eran de lo más útil pero el cansancio que les generaba era demasiado, tenían los músculos duros y entumecidos por la sobreutilización. Charmander debía socorrerlos cuando las armaduras se convertían en barreras que bloqueaban sus visiones y en varias ocasiones debió enfrentar pokémon de agua que lo agobiaban tanto como la armadura a su amo. Decidieron probar un bocadillo antes de continuar.
—Creo que este bosque con pokémon bien fuertes es el mejor lugar para empezar a probar las habilidades de las armas. Con estas habilidades no matarás a ningún pokémon pero los dejarás fuera de combate como lo hace Charmander en una batalla —comentó Fred.
—Me muero por probarlo —ironizó Crocune.
—Tengo una duda… ¿cómo son las chicas en tu región? —consultó Fred de repente mirando a los ojos a su compañero.
—Oh, son altas y azules. Con tentáculos. Muy sexys.
—¿Puedes dejar el sarcasmo por unos minutos?
—¿Qué quieres que te diga? Son iguales que aquí, algunas bonitas, otras no tanto…
—Pero yo hablo de su carácter. ¿Son amables? ¿Son sumisas?
—¿Para qué quieres saber eso? Cada una es distinta, algunas son muy amables y tontas, otras son más agresivas… pero ninguna tiene un arco a mano como para retarte a un duelo.
—Si tuvieras que elegir una chica… ¿prefieres las de tu región o a una como Ariadne?
—Bueno, no conozco bien a Ariadne y tampoco conozco a muchas en mi región. Supongo que cualquiera, la idea es enamorarse, ¿no? Prefiero las mujeres que cocinen bien pero si saben manejar un arco ¿qué mejor?
—Eres muy ingenuo aún —dijo Fred haciendo una mueca y levantando su lanza—. Ya aprenderás.
—¿Yo? ¿Y tú? ¿Si tuvieras que elegir una chica cuál sería?
—Vamos a buscar esos Nidoran.
—¡Ey, Fred, no te vayas! ¡Respóndeme!
Los dos muchachos y el Charmander se introdujeron lentamente al gran bosque, preparados para enfrentar cualquier desafío, con sus armas en alto y sus armaduras listas para soportar daños.
El Bosque Plateado estaba más bien lleno de pokémon de tipo insecto y tierra. Para suerte de ellos, ambos tipos eran fáciles de derribar y con la experiencia que habían adquirido ya en el manejo de su armamento estaban mucho más confiados y preparados para cualquier reto. Fred portaba su lanza como un experto, los pokémon ni siquiera se acercaban a él porque mantenía una buena distancia entre su cuerpo y el de sus rivales. Estar tanto tiempo junto a Crocune le ayudó a crecer en espíritu.
Crocune por su lado se sentía mucho más contento con eso de debilitar a los pokémon y no tener que matarlos aunque algunas veces tenía que ver a Fred cortando a la mitad a algún Beedrill o aplastando unos Drilbur. Aún le costaba manejar esa pesada espada de Empoleon pero no cabía dudas de que era un arma espectacular. Cuando la usaba sentía que podía cortar los árboles como mantequilla. Su armadura era extraña, de vez en cuando la gema del centro brillaba mucho y el muchacho de Kanto sentía su mente más tranquila, como si todo pasara más lento o pudiera calcular más rápido.
Charmander, por su parte, se sentía contento a pesar de estar cansado. En Kanto no había llevado tan lejos su espíritu de supervivencia como allí y siendo el Charmander que era necesitaba sentir que su fuego no se desperdiciaba en chalupas semipodridas o botes de pesca. En ese lugar luchaba, sacaba a relucir su mayor potencial y ahora, después de mucho tiempo, sentía la necesidad de pasar al siguiente nivel. Quería evolucionar, tenía un Charmeleon dentro que lo estaba llamando y estaba ansioso por sacarlo.
—¡Oau! ¡Charmander! Te estás luciendo, mira como dejaste ese pobre Joltik, parece un carbón —le dijo Crocune muy sorprendido por el comportamiento de su amigo.
El Charmander le devolvió una sonrisa con confianza y Fred en ese instante les llamó la atención.
—Creo que esto es lo que vinimos a buscar.
Detrás de un árbol, ocultos entre el follaje, había una enorme cantidad de Nidoran tanto hembra como machos dando vueltas y jugueteando. Necesitaban al menos diez Nidoran macho.
—Atrapémoslos —insistió Fred sonriendo y alzando su lanza.
—¡No, espera! —le dijo Crocune en un susurro—. Si vamos por ellos saldrán corriendo y sólo vamos a poder quedarnos con uno o dos. Hay que hacer un plan.
—¿Qué tienes en mente? —consultó intrigado el lancero.
Crocune se dio la vuelta y buscó en los árboles. Allí había algunos Wurmple, Sewaddle y Spinarak.
—Charmander, sin hacer mucho ruido ve por ellos, pero no quemes sus telarañas.
Los árboles estaban llenos de extrañas formaciones viscosas y sedosas que le daban brillo a los colores plateados del bosque. Los pokémon insecto y sus chorros de seda eran los que provocaban eso. Si Crocune podía hacerse con una buena cantidad de telarañas podría poner una buena trampa para los Nidoran.
Charmander no tardó en deshacerse de los pokémon bicho. Usó su cola y sus garras para sacárselos de encima. Los pobres gusanos no podían hacer demasiado con el ágil Charmander que evitaba todas sus embestidas. Al pokémon de fuego se le complicó la existencia cuando un Spinarak lo envolvió en seda pero con un pequeño soplido ígneo la tela se hizo trisas.
En cuanto los pequeños pobladores del lugar se cansaron de las luchas con Charmander, decidieron huir y refugiarse en otros árboles; cosa que Crocune y Fred aprovecharon para conseguir las telas.
—Ahora hay que colocarla cuidadosamente sobre ellos sin que nos vean y… —mientras Crocune planeaba, Fred se apresuró y lanzó la red sobre los pokémon venenosos sin ningún tipo de cuidado—. ¡Idiota!
A pesar del insulto de Crocune, la red desfiló sobre el aire magníficamente y cayó suavemente como un amplio manto sobre los Nidoran. Los pobres pokémon trataron de deshacerse de ella mordisqueándola pero era imposible, sólo conseguían pegarse más y más.
—Sí que fue una buena idea, Crocune, nos ahorramos mucho tiempo de búsqueda. Puedo ver al menos ocho machos… ¿qué hacemos con las hembras?
—Si las podemos arrastrar llevémoslas también, podrían servirle al herrero. Pero tendríamos que encontrar dos más, tienen que ser diez.
Crocune y Fred arrastraron la red con los furiosos Nidoran dentro. Se impresionaron al darse cuenta de que no eran nada pesados a pesar de ser tantos. Eso de andar entrenando con armas tan grandes los había ayudado.
—Ya, Crocune, está bien que ahora tengas fuerza pero déjame algunos Nidoran a mí.
Los tres reían calmadamente mientras acomodaban bien a los pokémon para que ninguno escape en caso de que la red se rompa al ser arrastrada. Charmander cuidaría bien que ninguno haga movimientos extraños.
—¿Dónde buscamos el resto? —preguntó Crocune sonriente.
—No sé, yo supongo que…
¡CRAAAAASH!
El crujido provino del lado de Fred y cuando el chico de Kanto se volteó sorprendido a ver qué pasaba se encontró con su compañero arrodillado en el suelo con el peto perforado por un objeto punzante y sangrando a borbotones.
—¡FRED!
Crocune dio un salto hacia él para contenerlo y se dio cuenta que la causa de su herida era un enorme Nidorino salvaje y furioso que de una embestida lo había traspasado. La sangre goteaba de la herida en su costado izquierdo y empezaba a sangrar también por la boca. El Nidorino se movía como queriendo sacar su cuerno de ahí y eso provocaba más lastimaduras en su compañero.
Crocune levantó su espada con más fuerza de lo que podría haberlo hecho en otro momento. La alzó por encima de su cabeza y con los ojos cerrados la descargó sobre el cuerno del Nidorino sin piedad. El corte fue limpio, el pokémon se separó de su cuerno y así también de su objetivo; mientras chillaba de dolor a un costado.
El muchacho de negros cabellos abrazó a su compañero, extrajo el cuerno y con sus ropas trató de hacer presión en la herida para detener el sangrado. Con lágrimas en sus ojos le habló a Charmander.
—¡Incinéralo, Char, hazlo cenizas!
El pokémon de fuego no pudo evitar contemplar el odio de su amo en la mirada como nunca antes lo había visto. Los ojos brillosos por las lágrimas y los dientes apretados por la rabia eran dos de las cosas que Charmander jamás había contemplado en el rostro alegre de Crocune.
Antes de que Nidorino atacara el pokémon de fuego inspiró y la flama de su cola se avivó como el magma de un volcán. Charmander preparó ascuas en su garganta y espero a que su rival hiciera un movimiento. El venenoso pokémon estaba más herido en su orgullo que en su físico por lo que arremetió con sus patas hacia adelante dispuesto a aplastar a su oponente.
El pokémon de fuego se movió a un costado ágilmente haciendo que su rival enterrara sus pies en la tierra. Acto seguido, escupió flamas sobre su cuerpo rosado haciéndolo gruñir de dolor.
Con esfuerzo el Nidorino se levantó y abrió su boca para disparar púas venenosas que barrieron el campo hacia Charmander. El pokémon de Crocune tenía la batalla dominada, se movió a un costado para evitar el ataque sin problemas y preparó más flamas para atosigarlo.
Sin embargo, no alcanzó a lanzarlas porque Crocune se acercó a Nidorino por detrás con su gran espada de acero alzada. La dejó caer con potencia sobre el pokémon, cortándolo y clavándola en el suelo. Charmander no podía creer lo que veía, su propio entrenador parecía fuera de sí, como poseído por un demonio de furia. Ver al Nidorino muerto y sangrante en el suelo sólo hizo que el pokémon de fuego se preocupara por Crocune. El dolor que debía sentir para hacer algo así no debía ser poco.
El chico de Kanto nunca en su vida había vivido una situación tan traumatizante. Conocía muchos amigos en su tierra natal que a diario le contaban que algún pariente suyo había muerto en alta mar. Como a él nunca le había tocado de cerca no sabía bien lo que significaba perder a alguien o estar a punto de hacerlo. Con pena se dejó caer al lado de Fred que escupía sangre a un costado. La herida era terrible, de ninguna forma lograrían llegar rápido a Coralair para curarlo.
—¿Qué hago, Fred? ¿Qué puedo hacer?
El herido tragó en seco mientras hundía sus uñas en la tierra presa de un dolor insoportable.
—Nada —gruñó el chico tratando de forzar una sonrisa—. Soy un gue…rrero. Puedo vivir… puedo morir. Siempre está esa po-posibilidad.
—¡No, no! ¡Fred! Te voy a cargar hasta Coralair, te van a curar.
—No, Crocune. Basta… cálmate.
Sin aceptar lo que su compañero le decía, el muchacho de Kanto lo levantó del piso. Se sentía impresionantemente fuerte. Charmander sólo podía mirarlo desde un costado, preocupado, no atinaba a decir nada.
Cuando el muchacho de Kanto empezó a caminar con su pesado compañero en brazos, sintió de pronto que algo fino lo sujetaba desde el pecho. Bajó la mirada para ver de qué se trataba y se encontró con un par de lianas verdes que lo sujetaban.
—Charmander, cuidado, hay pokémon detrás de nosotros.
Charmander volteó a ver. Sólo podía ver las lianas sujetar a su entrenador saliendo desde el follaje platinado.
—Quema lo que sea, Charmander.
El pokémon de mala gana tuvo que obedecer a su ofuscado entrenador y volvió a preparar sus ascuas. Las arrojó como una lluvia de fuego sobre los arbustos de donde salían los látigos pero se encontró con la sorpresa de que estaban protegidos por una especie de esfera transparente. El fuego rebotó allí y desapareció. Charmander se detuvo e inclinó la cabeza pensativo.
—¿Qué pasa, Charmander?
El pokémon balbuceó algunas palabras inentendibles en su idioma y Crocune suspiró. Sostuvo a su compañero sobre uno de sus hombros y con una sola mano desenvainó la espada y cortó las lianas que lo sujetaban. No se daba cuenta de que el arma que hacía minutos no podía sostener bien con ambas manos ahora la portaba como un experto.
Entonces, Charmander se alarmó y empezó a llamar a Crocune con potencia. Su amo se volteó a ver qué pasaba y sorprendido se encontró con una persona parada entre el follaje. Era un muchacho joven con armadura verde algo desarreglada y sostenía en su mano un objeto verde y amarillo en forma de medialuna. Él y su báculo brillaban con un resplandor fosforescente. En su mano libre sostenía una botella marrón bastante grande.
—¿Quién eres tú? —preguntó el gladiador.
—¿Eh? ¿Yo? ¿Qué quién soy yo? —el personaje abandonó los arbustos y bebió un sorbo de la botella. Cuando tragó hizo un ademán de dolor como si estuviera tragando clavos—. Tengo muchos nombres, pero la gente me conoce como Cardo, hip hip.
El muchacho seguía bebiendo con su báculo estirado y añadió.
—Ah, y soy un mago.
Crocune repasó la información en su mente y luego negó con la cabeza.
—No me importa lo que seas, no te metas en mi camino, necesito llevar a mi amigo con un doctor.
—¿Con un doctor? Yo soy uno. Bueno, a veces.
El chico de Kanto lo inspeccionó con la mirada como si fuera una broma. Sus cabellos castaños desprolijos, su cara llena de tierra, su alto estado de ebriedad… no parecía ni de lejos un doctor pero estaba desesperado… probar quizá no haría daño.
Crocune se acercó rápidamente al mago y depositó a Fred en el suelo para que lo inspeccionara. Estaba desmayado pero su corazón todavía latía. Cardo lo contempló desde lo alto, tomó más alcohol y negó con la cabeza.
—Ha perdido mucha sangre y la herida es grande. No tengo nada aquí para cocerla.
—¿Eh? ¿Y entonces? —Crocune se sentía perdido y desconsolado.
—Pues hay dos opciones. La primera es que uses ese pokémon de fuego tuyo para quemar su herida. Es lo más seguro para que deje de sangrar. La segunda es que use uno de mis hechizos para detener el sangrado y que lo llevemos. Conozco bien este bosque; mi ciudad, Arboris, está cerca de aquí y ahí se le puede dar la atención que requiere. Va a estar bien… si es que no tiene ningún órgano perforado.
Y siguió bebiendo sin más, dejando a Crocune en una terrible encrucijada. El chico no quería quemar a su amigo, pero parecía ser la mejor opción. Charmander estaba dispuesto y concentrado. Crocune suspiró sintiendo el cuerpo pesado por la presión.
—Lo haré. Quemaremos su herida y nos llevarás rápido a tu ciudad.
—Perfecto. Sólo procura no quemar ninguna arteria y sígueme.
El personaje empezó a caminar entre el follaje mientras Charmander preparaba fuego en su boca y Crocune transpiraba expectante. La vida de su amigo dependía de la precisión de su pokémon.
¡Espero que les guste el capítulo, gracias a los que leen! ¡Hasta otra!