Me encontraba en mi reino arreglando algunos asuntos pendientes dentro de mi palacio. Cuando de pronto mi capitán llegó con una noticia para mi.
— ¡Señor, señor! –hablaba a toda prisa mientras intentaba respirar ya que había pegado una larga carrera.
— ¿Qué sucede capitán? ¿pasa algo? –pregunté mientras me levantaba de mi silla con preocupación. Las cosas en Ransei se dificultaban cada día más, los reinos querían apoderarse de otros a la fuerza y siempre tocaba batallar.
—Sí señor. –exhalo aire- hoy ha llegado uno de los generales de nuestro reino vecino Dragnor con un mensaje para usted.
— ¿Dragnor? –Nada más con escuchar su nombre malos recuerdos venían a mi cabeza. Nuestra relación no era mala, más sin embargo yo sabía perfectamente que Nobunaga no era persona del todo buena. Había hecho muchas cosas malas en el pasado, muchas de ellas a mi reino antes de que yo asumiera el poder he hiciéramos las pases.
—Sí señor, de Dragnor.
— ¿Y quien es el general que ha venido con el mensaje?
—El general Akechi Mitsuhide.
—Esta bien, hazlo pasar por favor.
Mientras mi capitán iba hasta la puerta del reino para hacer pasar al general de nuestro reino vecino, yo me sentía ansioso, quería saber el porque de su visita. ¿Qué era tan importante para enviar a uno de sus generales y no a uno de sus tantos mensajeros?, debía ser algo muy importante, de eso no cabía la menor duda. Pero mi pregunta era ¿qué?, ¿qué es eso tan importante?. En fin, mientras yo daba vueltas por la habitación y pensaba que podía ser aquello la puerta sonó, alguien la tocaba.
—Adelante. –exclamé, mientras me sentaba en mi silla a toda prisa.
—Señor Saika. Aquí esta el general Akechi.
—Un placer señor Saika Magoichi. –dijo con gran formalidad el general dirigiéndose a mi persona. Mientras extendía la mano.
—Lo mismo digo general Akechi Mitsuhide. –Estiré mi mano y estreché la suya.- Ahora dígame, ¿a que se debe su visita?
—Si no le importa, preferiría decírselo en privado.
—Como guste. –miré a mi capitán que estaba parado junto a la puerta, asentí con la cabeza y él enseguida entendió mi señal. Se retiró formalmente despidiéndonos a ambos, se fue y cerró la puerta.- Ahora estamos solos, por favor tome asiento y dígame
a que vino.
—Si no es molestia me quedare parado.
—Como usted quiera.
—Bueno, en fin. El señor Oda Nobunaga me ha enviado con un mensaje para usted. ¿Prefiere que se lo lea o prefiere leerlo por usted mismo?
—Por favor léalo en voz alta.
—Bueno, el mensaje dice lo siguiente. –el hombre tomó un pergamino que traía consigo, lo jeto en forma horizontal, lo abrió y leyó.
Ransei.
Viernes 29-03.
Queridos vecinos. Daimyõs de sus respectivos reinos, este mensaje es para notificarles que en conjunto con los sabios de nuestro reino, Dragnor. Solicitamos la presencia de todos los gobernantes de los distintos reinos de Ransei.
Este mensaje debe ser entregado exclusivamente por uno de nuestros generales, también les damos la opción de venir por cuenta propia a nuestro reino, de lo contrario procederemos usando la fuerza y atacaremos sus tierras para traerlos hasta aquí. Pero esto no significa que puedan llegar vivos hasta nuestro castillo.
Sin más a que hacer referencia me despido.
-Oda Nobunaga.
—Por favor présteme para leer con mis propios ojos sino es mucha molestia.
—Con gusto señor Saika. –Enrolló el pergamino y me lo entregó en mis manos. Enseguida lo leí.
— ¿Cuándo debe llevarle una respuesta a Nobunaga?
—Lo más pronto posible señor.
—Entonces, partimos ahora mismo. Deje que me ponga de acuerdo con mi capitán para que él maneje el reino en mi ausencia.
—Como guste.
Ambos salimos de la habitación, yo me fui hasta donde se encontraba mi capitán. Me puse de acuerdo con él y llegamos al acuerdo de que él manejaría el reino en mi ausencia, después de esto me preparé para la salida e ir hasta Dragnor. Por suerte dicho reino quedaba relativamente cerca del nuestro, era un reino vecino.
— ¿Listo general?
—Desde hace largo rato, ¿y usted?
—Ahora sí, ya atiné todos los detalles. Dejar un reino completo al control de otra persona es algo sumamente delicado. Se debe tener confianza en esa persona.
—Es muy cierto señor. Ahora ¿nos vamos?
—Claro.
Ambos salimos de reino de Nixtorm, mi reino. Varios aldeanos, generales, soldados y sus pokémon nos despedían alegremente, yo saludé con una mano para despedirme. Nos montamos a bordo de un Rapidash, pues habíamos decidido hacer el viaje por tierra debido a lo cerca que se ubicaban los reinos el uno del otro.
— ¿Tiene alguna idea de para que nos necesita Oda Nobunaga en Dragnor, general Akechi?
—No tengo ni la más remota idea señor Saika, y aún así, si la tuviera no podría decírselo señor. Es la lealtad a mi amo.
—Lo entiendo Akechi. Es muy respetable eso de su parte.
—Gracias, es la lealtad la que hace a un hombre.
Nuestro camino estuvo tranquilo, con Akechi Mitsuhide escoltándome hasta el castillo. Tuvimos una larga conversación solo para no aburrirnos durante el viaje. También pudimos observar varios pokémon salvajes de tipo hielo mientras estábamos en Nixtorm y al cruzar la frontera y entrar en Dragnor los pokémon tipo dragón comenzaron a marcar su presencia.
Rugidos se escuchaban por doquier, estos provenían de aquellos magníficos seres, prohibidos de capturar a todos aquellos que no pertenezcan al reino de los dragones. Cabe destacar que esta ley se aplica para cada reino.
—Estamos llegando señor. –exclamó Akechi al ver que nos acercábamos a las puertas del reino. A lo lejos se podía divisar el castillo de Nobunaga.
— ¡Sorprendente! El viaje fue rápido.
—De seguro se debe a que estuvimos hablando todo el camino.
—Sí, debió ser eso.
Nos detuvimos frente a los inmensos portones que rodeaban la aldea de Dragnor, Akechi se bajó de Rapidash y se acercó a un guardia que custodiaba la puerta. Tuvieron una pequeña conversación y luego el hombre de seguridad ordenó abrir la puerta, él general volvió a subir a su pokémon y ambos entramos al reino.
Una vez dentro fuimos escoltados por varios soldados hasta las puertas del castillo, donde otros soldados más nos recibieron y nos hicieron pasar. Al final habíamos llegado al castillo del gran Oda Nobunaga, nos llevaron hasta una gran habitación con varios asientos donde formalmente nos sentamos el general y yo.
—Señor, usted deberá esperar aquí, yo debo notificarle personalmente a Lord Nobunaga que usted ya ha llegado. Tenga paciencia, pronto deberán de llegar los demás Daimyõ.