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#41
LOL Había olvidado que no te había comentado. Me disculpo por la demora... pero tu deberías disculparte también por haberte tardado tanto! (?

En fin a lo que vine.

Debo decirte, que para serte sincero al 1000% el capítulo -para mí- fue decepcionante la verdad. Creo que debido a la larga espera de más de una año a la que estuve sometido por otro capítulo más, esperaba mucho más que eso. Más acción, descripción, sangre, muerte y destrucción. O al menos algo que se le acercara.

No me malinterpretes, no estoy diciendo que sea un mal capítulo y mucho menos, un mal fic. Sino todo lo contrario, estuvo bueno pero como te dije, esperaba más por ser el capítulo de "renacimiento" por decirlo de alguna manera, creo que no soy el único que piensa esto (espero no serlo).

El capítulo estuvo bueno en cierta forma, pero llegó un momento en el que me pareció aburrido, sé que lo que te digo es desalentador pero no es mi intención, quiero leer otro capítulo más pero que esta vez tenga más acción ¿Vale?

Me dijiste que tenía un bloqueo para este fic, pues se me ocurrió que tal vez podrías hacer que el chico malo (soy malo con nombres así que descifra xd) en medio de una batalla, vuelva a su forma normal, ya sea por un momento o largo rato, no que e cure milagrosamente ni nada por el estilo, sino que los efectos de la infección sean por corto tiempo, o largo. Pero que siempre pueda volver a su forma humana, así podrían capturarlo o qué sé yo.

No se me ocurre nada más, espero el próximo capítulo para fines de este año o comienzos del próximo! (?

Baby we are the New Romantics Come on, come along with me
Heartbreak is the national anthem We sing it proudly

#42

Capítulo 9 - La ilusión y su credo

Capítulo 9 - La ilusión y su credo

Luego de mucho tiempo, les tengo el capítulo 9. Primero los comentarios: @Abdy : Lo siento por el anterior, espero que este capítulo pueda mejorar expectativas y quizá explicar porque hubiera una locura no haberlo divido en capítulo 8 y 9. Sigue comentando ;)

Espero que lo disfruten y que el próximo pueda tenerlo pronto. Sin más, he aquí el capítulo.

Spoiler
Capítulo #9
La ilusión y su credo
[/u]


Aires carmesí de ardiente perfección bailaban alrededor de los guerreros. Voces de lucha, forzada respiración que les quemaba los pulmones mientras trataban de vencer una batalla interminable. Un atrio de causalidades formaba el escenario caótico de exquisita magnificencia que los rodeaba. Tres almas en busca del destino juegan la ruleta del poder, sin saber que solo pierden, nada ganan.

Una sombra naranja sobrevolaba el calcinado coliseo, precipitándose como un trueno sobre un áureo guerrero bañado en marcas de oro. Abalanzándose cual bestia enfurecida empezó a atacar a su rival con las ominosas garras que antaño fueron uñas. El entrenador, aprovechando las resistentes escamas que se habían esparcido por sus brazos, comenzó a resistir esos ataques. El enloquecido rugió por eso mientras sus alas se revolvían con el mover de su cuerpo, la cola equilibraba cada paso y cada ataque que hacía, todos bloqueados por la agilidad de Teddo.

Alex no pensaba encontrar resistencia, o valor alguno para que se atrevieran a retarlo. Sin embargo allí estaba y tras cada golpe podía sentir su corazón acelerándose, alterado por la velocidad de su contrincante. No duró mucho su ráfaga de ataques ya hastiado de la estoica defensa de aquellas escamas negras.

Viendo su oportunidad, Teddo se libró de esas garras y con un rápido giró desató un Ciclón en los pies de Alex. Instintivo, no comprendía del todo como lo hacía pero estaba seguro de poder emular el ataque tipo dragón otra vez. Y así lo hizo, invocando varios ciclones para alejar un poco a su rival.

El movimiento fue certero, como inusual su pelea, y fue suficiente para hacer retroceder al enloquecido. Trastabillando titubeó, sorprendido del poder que emanaba su contrincante. Jamás pensó que del joven entrenador naciera un guerrero. Teddo, en cambio, sonrió complacido de no dejarse usar como piñata.

Una risa macabra quedo enmarcada en el rostro de Alex. Sabía que no era nada bueno. En un instante la temperatura alrededor del campo se elevó drásticamente. El mutado exhibía su cuerpo una vez más, orgulloso de lo que la truncada naturaleza del mundo le había regalado. Teddo lo miraba casi con lástima en lo que el calor del coliseo estaba dejándolo exhausto sin saberlo. Alex siguió con su mudo espectáculo, secando el aire alrededor suyo en una especie de danza que pondría en pena a cualquier ser viviente.

Una onda de calor emanaba bajo sus alas, se extendía a su cola y el resto de su maltrecho cuerpo envolviéndolo por completo en fuego. No lo lastimaba, lo que parecía una muerte segura sólo le parecía una tibia brisa. En cambio era visible el agobio de su rival cuya parte humana nunca había sido resistente al calor y llegaba a quejarse a menudo por eso. Sin notarlo él ya no podía moverse del abatimiento. Alex rio por lo bajo estallando en una carcajada mientras corría hacía Teddo con todo lo que tenía.

Era demasiado rápido para él, estaba demasiado cerca para esquivarlo correctamente, aquel calor que tanto odiaba no lo dejaba concentrarse. Como un bólido lo envistió sin siquiera dejarle tiempo para cubrirse por completo el rostro. Un grito de dolor encajado en el sonido de las llamas ardiendo se escuchó hasta muy lejos. Cayó fulminado por un cometa viviente.

Tirado en el suelo con la camisa verde en harapos, chamuscada sobre la terrible quemadura en su costado, yacía el joven que sólo pudo verlo recubierto en llamas antes de caer. Una mueca de dolor se dibujaba en su rostro al escuchar los pasos de su rival acercarse mientras trataba de hacer su cuerpo reaccionar. Esforzado logró moverse un poco, tosiendo buscaba como incorporarse al menos. Un gruñido enojado fue lo que pudo oír de Alex cuando detuvo su marcha, sorprendido de ver sus esfuerzos para continuar la batalla.

-No lo entiendo, te di de lleno... Deberías estar muerto- Dijo con voz fría, llena de rabia al ver que el joven azabache se intentaba mover en el suelo, no podía ser posible que ese ataque de Envite ígneo directo no lo terminara. Era casi imposible que lo resistiera.

-Yo... nunca... -entrecortadas fueron las palabras del debilitado muchacho que en sus alientos intentaba pararse, lentamente el calor del campo se disipaba casi aplacado por fuerzas mayores.

-Hmph, ahora qué, ¿Quieres más? ¡Pues venga!!- Alex optó por tomar su pose de pelea al ver que Ted se reincorporaba poco a poco, estaba cambiado, sus ojos comenzaron a tener ese furor ardiente que alguna vez sintió por dentro cuando luchaba contra los entrenadores más poderosos.

Pero ahora que lo expresaba hacia afuera sentía un ardor incontrolable. En sus notables escamas, podían observarse los muñones en forma de patrones, en líneas, brillar como si algo quisiera brotar de su cuerpo.

Quería gritar de dolor, pero la quemadura no se ausentaba, obligándolo a estar quieto en el lugar mientras sufría ese interminable ardor, sin más esos patrones salieron al aire... Marcas doradas se mostraban en distintas partes de su cuerpo: Frente, espalda, brazos y la mitad del abdomen... Quizás en las piernas también.

-Por todos los cielos... - Musitó Ana desde el borde de la pelea, anonadada al ver la nueva mutación de Ted cobrar fuerza y, recordando lo que leía en sus libros de Mitología Pokémon, una imagen llegó a su mente.

“El Pokémon de leyenda 'Rayquaza' es caracterizado por sus patrones rojos luminosos… Pero... ¿Por qué amarillos? ¿Será por ser variocolor?” recordó pensando esas y más dudas envolvían la mente de la joven investigadora, no creía lo que veía, y por la expresión facial de nuestro ahora brillante joven, esto no parecía ir a algo bueno.

La dama rezongó malograda. Verlos pelear como salvajes la alteraba y en sus ojos se reflejaban sentimientos de frustración. Impotencia. Cruda y desalmada realidad, o fantasía, que la embargaba.

Su compañero, en cambio, estaba llevando la batalla al extremo. No estaba en sí, se dejó llevar nuevamente por su instinto salvaje, quería pelea, quería ganar. Alex quedó asombrado al ver como Ted en tan solo unos segundos cambió su faceta de mutación... "¿Será que la estaba controlando?" se preguntó al pelirrojo, preparándose para lo que se avecinaba.

-¡Ven aquí campeón, te espero! -Abrió sus alas y emprendió el vuelo, pensando que estaría fuera del alcance de Ted otra vez pero...

-¡Heh…¡ ¡Prepárate! -dicho esto en un ínfimo instante de cordura, Ted dio un salto monumental gracias al impulso de Velocidad Extrema, llegando a tomar uno de los pies de Alex, completada su acción, usó el impulso que le restaba para lanzar al joven alado hacia el suelo, acertándole un golpe crítico que lo dejo abrazando el polvo unos momentos.

–Igh... Nada mal... -corto de aire espetó Alexander.

Cargado hasta los dientes, Ted preparó otra Velocidad Extrema, y gracias a la fuerza de gravedad logró impactar sobre Alex, dando de lleno con ambos pies.

-Que... ¿Te hace falta el aire? -de un salto se quitó de encima de su contrincante, pero... ¿Se estaba cansando? A Ted se le comenzaba a ser difícil el respirar, sin contar que seguía quemado. Todavía se le notaba las heridas en su cuerpo.

Tendido en el suelo estaba Alex, aparentando no tener ningún daño, se levantó y sacudió esas partículas de polvo que en su cuerpo y ropa se habían impregnado. Hecho esto estiró su cuerpo, para más cómodo poder estar, se veía calmado como si los ataques de Ted no hubiesen causado daño alguno.

Comenzando a sentir la fatiga, el habitante de Blackthorn se llenó de rabia, ese sentimiento de furia invadía cada parte de su ser. Gritos de agonía envolvían los alrededores, espantando a las criaturas salvajes de la Meseta Añil, fuego apasionante, ardiente y lleno de vida, era lo que a Teddo lo envolvía ahora cargando el Enfado en su interior.

No controlaba su pensar, miró al joven con las alas de ese color azul turquesa, lo quería fuera de su vista, y más si él lo hacía apartarse. Corrió impulsado hacia él tan rápido como sus piernas le daban, lanzando a Alex hacia el suelo, yéndose él consigo. Los gritos por parte de Teddo no cesaban, algo andaba mal, es como si fueran dos personas en una, las cuales una sufría y la otra solo quería hacer arder esa pasión por la pelea, dando golpes directos al cuerpo del nuevamente tendido al suelo Alex.

Certeras las cargas que daba el ente dominado por Enfado, en el casi intacto cuerpo de su contrincante, quien no hacía mucho para defenderse, algo planeaba. Lo poco de humanidad que le quedaba en su ser recordó algo que Samuel Oak una vez le contó un día de verano en el que un entrenador llegó al laboratorio con un Dragonair que parecía fuera de sí: "Eso es un ataque de Enfado, es característico de los pokémon tipo dragón y no hay quien lo pare, posteriormente éste terminará confundido debido a la fatiga" Esas palabras habían dado en el clavo justo para saber qué hacer para su próximo movimiento

Alexander no hacía más que esperar, resistiendo tales puñetes en el cuerpo, intentando no ser dañado severamente. No bastó mucho para que Ted comenzara a cansarse y sus golpes se fueran alentando cada segundo más y más. En un momento de ingenio, supo cómo detenerle. Concisos y acertados fueron los movimientos del joven Chong quien tomó de ambos brazos a Ted para detener de una vez por completo el ataque.

-Pobre mortal, no eres capaz ni de soportarte a ti mismo... Qué vergüenza de leyenda -Dijo con una voz fría y sin sentimiento aparente, mientras abría su boca y ésta desprendía un resplandor azul cielo.

Al parecer no era demasiado tonto como lo solían etiquetar en el laboratorio de investigaciones, pues sabía bien como combatir a un enemigo confundido, en todo el rato que fue golpeado, lastimado y demacrado en suelo, estuvo maquinando como acabar con esto, dar el golpe final sin haber peleado.

Lanzallamas era la técnica que planeaba, ese ataque tan potente si se dispara en una distancia tan corta podría ser fatal, más si el enemigo estaba lastimado. Teddo lo previó pero poco podía hacer por el agarre en el que estaba. Una fugaz idea pasó por su mente, tan absurda que podía funcionar. Callado notó las articulaciones del ataque de Alex y en el momento justo metió su mano bajo la camisa del rival, levantándola hasta atrapar sus brazos.

El enloquecido, completamente concentrado en su ataque, sólo notó un incómodo movimiento de sus alas y brazos en tanto perdió control de su rival. Confundido retrocedió unos pasos, arreglando la camisa y dedicándole una mirada que decía “¡¿En serio?!”

Teddo sonrió a pesar del fulgor de la batalla, algo en ese gesto le recordaba su razón para pelear. Alex, indignado, se abalanzó de nuevo contra el joven lanzando golpes al azar. Este los bloqueaba con rapidez, aliviado de que el efecto de la confusión estuviera pasando.

Aquella danza mortal que formaban entre golpes, patadas y esquivos era cada vez más demandante. El fuego de la cola de Alex rozaba las cenizas del suelo creando pequeñas fogatas por donde pasaba, la tormenta que los amparaba era contenida por los vientos, los pasos de Teddo parecían aplacar la tierra. Sus movimientos fueron perdiendo efectividad hasta separarse de la pelea.

Cansados del despliegue de ataques se quedaron observando a la espera del enemigo, respirando fuerte, en un jadeo constante, ignorando por completo la destrucción que habían causado. Lo que sí veían con ultrajada claridad es que la pelea debía terminar allí.

Decidido, impaciente, Teddo plantó sus pies en el suelo, garras hechas puño, y comenzó a reunir haces brillantes de energía entre sus colmillos, seguro de que la potencia de su Hiperrayo sería suficiente para detenerlo.

Alex reconoció de inmediato la pose del muchacho. La recordaba de su primer encuentro, estaba seguro de lo que trataba de hacer. Y por mucho que le costó, esperó. El entrenador, concentrado en su despliegue de poder, jamás notó el extraño proceder de su rival, tan inquieto como insano.

-¡Ted¡ ¡Espera! –gritó Ana sin poder detenerlo.

Un hálito de energía se disparó desde sus fauces, grácil, poderoso, pasó de largo por el campo sin ser detenido. Había fallado. Perdido, Teddo buscó por todos lados a su rival anonadado de haber desperdiciado tal ataque en el aire de la nada. Finalmente la verdad lo pasmó.

Desde el cielo una ráfaga naranja se precipitaba hacía él a gran velocidad. Alex volaba con arrogancia y destreza listo para asestar su aguantado golpe. Había esperado el momento correcto para usar Vuelo y escapar del terrible rayo, aprovechando la ventaja para atacar.

Teddo trato de moverse, evitarlo sería muy fácil si usara Velocidad Extrema. Pero un profundo vacío en su pecho lo tenía clavado al suelo, incapaz de moverse rápido. Con temor sintió un escalofrío recorrerle la espalda cuando comprendió por fin que no podía escaparse esta vez.

Alex lo embistió de lleno con toda la potencia que tenía. Un grito ahogado se escuchó de pronto mientras una nube de polvo y cenizas se elevó desde donde estaban. Una horrible carcajada surgió de toda esa polvareda, la indiscutible voz de la locura aclamando una victoria vacía. La nube cedió con los vientos que misteriosamente volvían a soplar.

Disipándose suavemente, dejó ver al malherido Teddo inconsciente sobre la quemada tierra. Raspones se dibujaban en todo su cuerpo, escamas caídas hacían un rastro hacia su dañado ser. El joven había rodado un par de metros, magullado por el golpe, cansado por su propio ataque. Las áureas marcas de su cuerpo habían perdido brillo.

El desquiciado se acercó al herido que yacía boca abajo ya rendido en su batalla. Con descaro elevó su pierna derecha, más talón y garra que humanidad, y posó su pie sobre el cuello de Teddo. El joven se quejó adolorido tratando de levantarse un poco. El otro lo presionó de nuevo en su macabra alegría. Incapaz de resistir ese dolor, el joven permaneció tendido a su merced.

Y allí estaba Alex, riendo, en su alma dibujaba el deseo de victoria, a sus pies estaba Teddo, en sus ojos el sueño de vivir. Ana no podía mirarlo nada más, con su porte orgulloso, celebrando su victoria a carcajadas que a la larga sonaban huecas y sin valor.

-¡Alex! ¡Basta ya! –gritó la dama con todas sus fuerzas y un deje de terror, quería llamar su atención, alejarlo de su compañero.

Alex la miró de reojo, antes de voltearse y notar lo cerca que estaba. Simple. Le respondió con una sonrisa burlona, una risa suave, desquiciante, imaginando que realmente ella pensaba detenerle.

-Por favor… ¡Al menos escúchame! –reclamó ante aquella respuesta tan vaga e hiriente, al menos logró que quitara su pie del cuello de Ted.

-Alex… te conozco muy bien… hemos trabajado juntos mucho tiempo y sé lo que has pasado… -comenzó la dama bajando la mirada, pausada y tratando de que su voz no se quebrara ni sonara fría como siempre –Sé lo de tu Pokémon inicial, como te convertiste en ayudante del laboratorio y tu sueño.

De inmediato clavó sus ojos en los del joven Alex, tratando con esmero de no mirar al piso otra vez. Lentamente la sonrisa y la burla desaparecían, incluso se veía desgastado al oír las palabras de su pasado.

-Sí, lo sé. Sé cómo esperabas cada año para empezar tu viaje pero que en cada ocasión algo te impedía comenzar. Primero eras muy joven y otros niños mayores elegirían ese año. Luego cuando tenías edad, pasaste una terrible temporada enfermo, justo la que el Profesor iba a dar su primer Pokémon a tu edad. Al año siguiente, el Profesor no pudo dar iniciales y aunque te recomendó ir a Johto para que un conocido suyo te ayudara, tus padres no lo permitieron. Otro año pasó, pero habían más niños que Pokémon y tal fue tu fortuna que llegaste tarde ese día. Allí fue cuando el Profesor te encontró deprimido en su portal y decidió hacer algo para animarte. Te invitó cada día del siguiente año a su laboratorio, te enseñó cada Pokémon que resguardaba de cada entrenador que partía del pueblo y te dejó ayudarle a cuidarlos, todo tratando de animarte. El tiempo pasó y para la siguiente elección de Pokémon iniciales… bueno… decidiste prepararlos en lugar de escogerlos y te convertiste en el ayudante del Profesor. No sé si te encariñaste con los Pokémon del laboratorio o te resignaste a que no empezarías tu viaje así, pero ya no esperaste más… ni seguiste tu sueño... Yo sé que querías ser un entrenador y retar a los líderes de Gimnasio, tener tu equipo Pokémon y viajar por todas las regiones pero más que nada soñabas con demostrarles a todos que eres más de lo que ven… ¿Y sabes por qué lo sé? ¡Porque tú me lo dijiste! –dijo la dama con cautela, sabía lo delicado que era el tema para él.

-¿Eso pasó…? -dijo lánguidamente, como si tratara de recordar lo que Ana le contaba –Sí… lo recuerdo ahora… te lo contaba, aunque no sabía que escuchabas lo que decía...-.

-¡Yo siempre he estado allí! ¡Escuchando, comprendiendo, tratando de ayudar! Tú… tú sabías que podías confiar en mí… no entiendo… ¡No entiendo! –clamó Ana gritando un poco, indignada y con algunas lágrimas continuó -¡¿Por qué no confiaste en mí?! ¡Tú también me conoces y aunque te hubiera dormido esa noche en el laboratorio yo jamás te habría quitado algo que te hace feliz! Yo… ¡Habría encontrado manera de que lo conservaras sin dañar a nadie más! ¡Lo haría sin dudarlo! -.

Un silencio abrumador precedió sus palabras en tanto el enloquecido esbozaba una mueca de preocupación, absurdamente confundido. Muy dentro de él, daba fe de lo que ella decía pero entonces… ¿Por qué hizo todo eso? No podía responderse y eso lo dejaba sin palabras.

-Pero tú no querías ayudarme… -habló Alex sin quererlo, ni siquiera pensando continuó –¡Sólo deseabas concretar tu torpe investigación! -.

Antes de lo que imaginaba, tenía a la dama sujeta por el cuello de su gabán y elevada del terreno quemado, tratando de evocar sus miedos. Sentía que sólo así podía dominarla y hasta se hallaba complacido de volver a tenerla tan débil frente a él.

-¡¿Acaso esto soluciona todo?! ¡¿Qué tanto durará tu felicidad?! ¡¿Crees que así cumplirás tu sueño?! –gritó la dama ahogada por su fuerza.

Los quejidos de la chica terminaron de llamar de vuelta la conciencia del entrenador, solamente para ver como su compañera era amenazada de muerte por el que alguna vez fue la felicidad del grupo.

Sorpresivamente reconoció para sí que lo esperaba, de alguna manera intuía ese desastre. El fuego, la tormenta y las tinieblas, todo le recordaba al caos que se había provocado entre ellos. Y ahora estaba allí, impotente, a punto de ver a su amiga ser atacada por su amigo, impávido y sordo ante sus propias acciones.

Toda gota de la invisible lluvia se detuvo un instante, los relámpagos lejanos se apagan en el tiempo y el fuego que aun ardía en el campo se avivaba en cuanto un azulado brillo, preludio del desastre, se dibujaba rápidamente en la libre garra del trastornado Alex.

Y con una certera Garra Dragón buscó mutilar a esa angelical pesadilla que con sutiles palabras buscaba torturarlo, pero poca fue su sorpresa al desentramar entre sus zarpas un aire cálido y espectral conforme atravesaba lo que a sus ojos era un mar de gotitas de sangre…

Sin embargo para Ana no era lo mismo. Una extraña ansiedad se apoderó de la investigadora, de alguna manera sentía el ataque sin haberlo recibido. No lo pensó más, no podía soportarlo, ver a su rival distraído, el campo libre y el factor sorpresa en mente le tentaban a atacar. Pero debía hacerlo bien, entregarse al impulso y asestar el mejor golpe. Súbitamente se lanzó en dirección del descontrolado Alex y, con novedosa fuerza, saltó para patearle justo en la nuca. Teóricamente sería fácil, tomar altura y girar a tiempo, aprovechar su peso y un par de cosas más para knockearlo, acabar con esto, salir en victoria.

Y hubiese funcionado si el instinto fuera más débil que la mente de Alex. Ipso facto, inquirió en una oscura presencia a sus espaldas y, tal como su instinto le indicaba, volteó velozmente para detener con una mano el fatal ataque. Sin embargo, prontamente fue detenido por él, que alzándola de un pie con su mano libre y apoyándose en sus alas la había sometido en el aire, justo de cara a la que reconocía como su versión destrozada.

-¡Lo sabía! ¡Lo sabía, lo sabía! –rió Alex con una carcajada aterrante –¡Sabía que tú también tenías esa presencia, esa naturaleza, esa oscuridad! -.

El pobre Teddo, confundido y sorprendido, pudo ver como destrozaban a la investigadora… al mismo tiempo que ella saltaba y giraba buscando la mejor patada para detener a Alex. Al igual que el resultado de su fallido, tenaz movimiento.

Por unos largos segundos en los que la dama recapacitaba de su fallo, pudo apreciar claramente el engaño, la ilusión fallida de perder cuando realmente buscaba un chance de ganar.

Una despeinada y esforzada Ana, boca abajo, sostenida en el aire justo en frente de una Ana impecable, herida y con una mirada de lastima a pesar de la hermosa sangre que asimilaba las supuestas heridas. Rápidamente la mutilada se esfumó en el aire, al tiempo que Alex volteaba a su rehén para que le viera a los ojos.

-Hehehe… ya me lo imaginaba… -decía su captor, en un tono burlón y acechante –Ya me parecía que eras una de nosotr…

Comentó antes de reaccionar a un desencajado Teddo que venía a atacarlo de frente. De inmediato soltó a la dama y se preparó para recibir el ataque. Sin embargo en lugar de sentir dolor, lo único que pudo notar fue el cálido aire de sus ilusiones. Cuando buscó a la chica no estaba ni su sombra.

-Grrr… ¡Desgraciada! ¡Si hasta consideré salvarte de ese ataque y tú sólo huyes! Y yo que jamás te creí cobarde –gritó Alex al notar el engaño.

-No soy cobarde… ¡sólo soy más lista que tú! – le respondió la inconfundible voz de Ana, sin mostrarse ante él.

Iracundo miró a todas partes buscando a la damita, pero solo vio al joven entrenador, con sus escamas azabache y los ojos enrojecidos. El brillo dorado de sus tatuajes estaba regresando.

-Tonta, no caeré dos veces en la misma trampa- musitó Alex, cansado de sus juegos de ilusionista.

Siguió buscándola con la mirada, ignorando de lleno al entrenador que ya se había levantado y caminaba hacia él. Una verdadera garra dragón se formó en sus manos mientras su pesada marcha lo acercaba al enloquecido. Alex lo vio de reojo pero no hizo caso al pensarlo como una ilusión más de aquella loca. Finalmente, a unos pasos del objetivo, Teddo inició carrera para asestar su ataque.

Un punzante dolor en su espalda le dio a entender al mutado de que él no era una ilusión. La delgada línea entre un ataque y un golpe crítico fue cruzada con esas garras, justo en el nacimiento de sus anaranjadas alas. “Tonto, tonto, tonto” pensaba Alex como un mantra en lo que el dolor le obligaba a arrodillarse. Mientras caía pudo sentir una presencia. Ana, que escondida entre ilusiones los observaba, estaba justo allí. Él trato de alcanzarla pero su rival lo llamó de nuevo reclamando su atención.

La dama no pudo hacer más que retroceder y admirar con hastío la batalla que acababa de renacer. Teddo se abalanzó sobre él, iracundo trataba de embestirlo con toda su fuerza. Alex se preparó para recibir el golpe. Poco más de un metro fue lo que retrocedió, apoyado por sus poderosas, adoloridas alas. Rápido preparó un Lanzallamas y lo lanzó a quemarropa sobre su rival.

Pero el entrenador fue más rápido y con un solo puñetazo al estómago le hizo ahogarse en la flama que emanaba sin control. Parte del fuego le quemaba sobre las escamas pero no era nada comparado al ardor de aquellos extraños tatuajes dorados que tenía en el cuerpo. Era como si distribuyeran una fuerza celestial sobre su cuerpo, cauterizando de a pedazos su piel humana.

Alex se levantó con dificultad, sentía su pecho ardiendo en sus propias llamas. Jamás pensó que su mejor ataque podía ser puesto en su contra. Con una mano en el estómago trato de darle un coletazo ardoroso al contrincante. Grave error.

Ya sin miedo a nada, Teddo tomó la cola de Alex entre sus garras y lo haló con fuerza. El transformado se quejó, indignado por la desagradable sensación que le embargaba desde la retaguardia, mientras el otro lo jalaba y arrastraba por el campo. Sus alas barriendo el suelo y la cola resentida por el ordinario trato de su rival.

Con increíble potencia lo revolcó varios metros antes de lanzarlo contra un árbol. Un ruido sordo, madera rota y escamas sueltas fue lo que quedó tras él. Alex gimió de dolor, aquel punto ciego entre sus alas dolía más que toda la ceremonia para estrellarlo. Adolorido se levantó dispuesto a insultarle hasta los ancestros más no tuvo tiempo de decir nada antes de que una oleada de ciclones lo hiriera. El entrenador, aprovechando sus descuidos, terminó por arrinconarlo de nuevo justo en el centro del campo y rodeado de tornados disipándose.

Teddo dio un paso al frente, a varios metros del mutado asistente, y tornó en pose de batalla. Con la camisa casi destrozada, el pantalón roto, bañados suavemente en su sangre, en la sangre de Alex, el suave contraste de las escamas negras, sus quemaduras y las líneas de oro en su piel al igual que lo que quedaba de su energía, toda guardada en esa precisa postura. Sus enrojecidos ojos llenos de determinación miraban al otro con furia contenida pero sin dar el golpe de gracia.

-Con que así quieres que acabe todo esto… -murmuró Alex notando el desafío.

Emocionado por el final, cargó en sus manos el ataque definitivo contra el guerrero de escamas negras. Azuladas flamas bailaban entre sus manos, con un brillo tan hermoso como letal mientras sentía el poder surgir entre ellas.

Cuando su Garra Dragón estuvo lista comenzó su corrida hacia Teddo, que en ningún momento se había movido. En un instante atravesó el coliseo, garras al aire dejando una estela de fuego por donde pasaba. Estaba a punto de dar el ataque cuando notó que su rival daba un paso al frente.

Teddo atajó sus manos en el aire y con ellas el ataque, sin el mínimo temblor. El joven pudo sentir el temor de su adversario, el sudor hirviente que emanaba de su frente, el azulado fuego que le quemaba las manos, la sangre que goteaba de sus heridas, la sorpresa del desastre.

El mutado lo miró con enojo, confundido, antes de notar la disimulada bola de energía que se formaba en la boca de Teddo, sus ojos fijos y salvajes de fondo. Con rapidez trató de soltarse, entrando en pánico al notar la fuerza del agarre y lo inútil de su esfuerzo, sin contar la alarmante velocidad en que formaba el ataque.

Y allí ante los ojos desquiciados de Alex desató su ataque final. El herido gritó desconsolado, adolorido por aquel disparo a quemarropa. Salió disparado al otro lado del campo enterrándose un poco en la tierra chamuscada, aturdido y agonizante. Tirado en el suelo pudo sentir su energía drenada por el ataque, entendiendo por fin que no podía seguir peleando.

Teddo, agotado por el Hiperrayo, se dejó caer sobre la grama chamuscada. Estaba exhausto. Su compañera los veía desde lejos, aun sin creer del todo lo que había ocurrido. Fue tan rápido e inesperado que la dama no salía del asombro, había visto miles de batallas Pokémon pero ver a sus amigos peleando era algo en otro nivel. El golpe ronco de Teddo tumbándose en el suelo la devolvió a la realidad.

-Ganó… el ganó…- susurró aliviada al ver como yacía cansado.

Súbitamente su mente se relajó y pudo sentir como se desdibujaban las ilusiones que con esmero había tramado. Pero aún no podía estar tranquila… ¡debía ir a ayudar a Ted!

Temerosa se dejó ver y caminó hacia su amigo, pensando mil y un reacciones que podía tener con ella.

-¿Estás bien…?- preguntó torpemente con una angustia perceptible, nadie estaba acostumbrado a escucharla tan afectada.

-Solo es el efecto del Hiperrayo -confesó Ted mirando los neutrales y preocupados ojos de la dama, antes de comentar con inocencia. –Y tú… ¿Estás bien o es tu ilusión?-

La dama se conmovió de su pregunta y en lugar de enojarse se dejó ver la punta de sus orejas, los sonrosados párpados y las brillantes mechas rojas que se arqueaban en su cabellera, además de una mueca de vergüenza e indignación, sólo ella había presenciado y escondido con su mente aquellos sutiles cambios.

Un comprensible Teddo la miró con suavidad, casi torturándola, antes de tomar su mano para que le ayudara a levantarse. No pudo evitar pensar en el esfuerzo y la carga que traía aquella dama, tratando de disimular un poco todo el tiempo. En tanto ella se sentía aliviada, como si se hubiera quitado un peso de encima.

A lo lejos, los miraba Alex, adolorido por la batalla. No cabía en su cabeza haberse ablandado con palabras, dejarse engañar de una manera tan tonta y aún así permitirse recibir un golpe directo. No lo soportaba, ese par... volvía a superarlo, humillarlo, con todo y su nuevo poder estaba allí... derrotado.

Y al fondo veía a la dama a pocos metros del cansado Ted. Como se acercó a él y lo levantó. Aquella imagen lo llenó de tristeza, angustia y en parte miedo. Antes de lo pensado la misma fuerza que lo levantó, le tenía corriendo en el bosque, huyendo como si su vida dependiese de ello.

Mas no pasó desapercibido su intento de escape, por el innegable quejar de la hierba seca y las ramas carbonizadas que pisaba en su huida. Aquella orquesta de escape llegó a los oídos de Ana y Ted, que con cierto asombro miraron como Alex se había levantado, buscando huir.

-Es muy fuerte –comentó la dama con un tono de admiración, antes de bromear–Aún así tenemos que hacer algo con él -.

-Lo malo es que ya lo perdimos… -se lamentó Ted, al verle desaparecer en el bosque.

-¿Quién te dijo que lo perdimos? -respondió la joven con una sonrisa maliciosa.

Su compañero le miró con sorpresa, justo antes de captar la ilusión que tenía planeada. Lentamente el paisaje fue tornando de la sombra de la tormenta al brío pasajero del sol entre las nubes de humo. Y entre todo podían ver a lo lejos el resplandor naranja de las alas de Alex, moviéndose sin sentido a través del bosque.

-Según él nos lleva mucha ventaja –comentó en voz baja, antes de masajearse la frente suspirando –Sólo que no podré mantenerlo mucho rato… -.

Por primera vez en mucho tiempo de conocerle, Teddo comprendió de inmediato lo que su compañera le decía. Con mucha calma, puso la mano sobre su hombro diciendo: -Tómalo con calma, si se va lo atrapo yo -.

Aquella dama, quizá en la tensión de la batalla o el asombro de los sucesos, no dudo de las palabras del joven y suavemente fue liberando a Alex de su prisión espiritual. Este, sin notarlo, siguió su camino como si jamás le hubieran detenido.

Un decidido Ted comenzó a perseguirlo con lo que le quedaba de fuerza. No podía admitir que estaba cansado, ya que cada que necesitaba energía su cuerpo se la brindaba aunque no estuviera seguro de dónde provenía. Y así, a pesar de todo por lo que había pasado ese día, aun lograba correr tras Alex.

Siguiendo sus pasos estaba Ana. Su cansancio no era físico pero le costaba un poco concentrarse en la marcha de los chicos. Por mucho que deseara parar y descansar, documentando todos los descubrimientos que había hecho ese día, no podía dejar a Ted solo buscando la manera de detener al infectado enloquecido.

Para infortunio de ellos Alex se había percatado ya de su presencia y, conjurando el fuego de su cola, creó remolinos ardientes para entorpecer su camino. Con un rápido giro de fuego, siguió corriendo en dirección al norte dejando una estela de destrucción a su paso.

Audaces, tuvieron que esquivar el ardiente ataque entre zancadas para no quemarse. Teddo ya casi no sentía dolor ante las llamas y, buscando acabar con esto, aceleró lo que pudo. Estaba a punto de alcanzarlo, cuando lo vio alzar el vuelo con sus heridas alas naranja sobre los arbustos. En un último intento, aceleró saltando el matorral para tratar de tomarle un pie o, en su defecto, algún tramo de su cola que no estuviera encendido.

Todo sonaba muy bien en su cabeza hasta que un último giro de fuego de parte de Alex le dio directo en el rostro y un latigazo suyo consumiera todo impulso de aquel salto, haciéndole mirar abajo. No había pensado que si bien podía sujetarlo de la cola, él también podría defenderse con ella, frustrando sus intentos por retenerlo. Tampoco pudo calcular la altura ni la saliente de aquel escondido barranco que se posaba bajos sus pies y que seguro era promesa de muerte.

Un grito seco fue lo único que dejó para advertirle a su compañera que algo malo había pasado. Ana lo escuchó preocupada y aceleró un poco, lo vio desvanecerse tras el follaje. Por mero instinto se detuvo en el borde del barranco, sujeta al matorral, sólo para encontrarse de frente con el pasmado rostro de su amigo, que con sus inmensos ojos y la boca abierta no daba crédito a lo que le estaba pasando. Sin saber siquiera como explicarlo, él seguía allí, vivo y sin ningún rasguño, ni superficie bajo sus pies. Indómito estaba flotando sobre el precipicio, quedo temía que cualquier movimiento en falso le hiciera caer.

-¡Teddo… tu…! –clamó la investigadora con la voz pausada de la impresión en lo que su compañero le rogó aterrorizado -¡Ayúdame! -.

No entendía claramente lo que estaba haciendo, ni podía controlarlo a voluntad. Pero no iba a aprender a dominar algo tan delicado al borde de un abismo. Su compañera estiró la mano lo más que pudo y él trató de tomarla, sin moverse demasiado, no sea que pierda la concentración de su vuelo. Cuando al fin pudo sujetarla, sintió como una masa de aire caliente se escapa de su espacio personal y como la gravedad volvía a ejercer su fuerza sobre él.

De no ser por las gruesas raíces de aquel matorral, ambos habrían caído. Lentamente se pusieron a salvo, en tierra firme, silenciosos. Hablar no era necesario, ambos sabían que Alex había escapado de nuevo y que ese poder de levitación debía ser un paso más de la infección de Ted.

Este no salía de su asombro, pero pronto debía reaccionar. No podían detenerse mucho tiempo si su mayor preocupación seguía suelta. Sabían que estaba herido pero que no se detendría, si podía volar por lo menos un día ya no podrían alcanzarlo a pie. Como diría la dama, necesitaban un nuevo plan.

Imbuidos en un silencio de cómplices, comenzaron a caminar sobre sus pasos, con cuidado de no lastimarse más entre los escombros quemados que Alex había dejado en su huida. Regresaron a la improvisada arena, destrozada por la campal batalla. Estupefactos vieron la destrucción inminente, un aire de culpa los llenaba, sabían que no todo había sucumbido al fuego.

-Podrían haberlo dejado peor… -comentó Ana con desdén, limpiando parte de su culpa.

Ted estaba a punto de reclamarle cuando un murmullo cercano llamó su atención. Sin embargo un extraño y familiar sentimiento le hizo relajarse, esa presencia se estaba haciendo habitual. Ana también lo notó y se acercó al joven, con la esperanza de no estar equivocada. Y no lo estaba.

La frágil y delgada silueta de un joven entrenador se mostro ante ellos, para su alivio. Con una sudada camisa pastel, los jeans de color caqui y su temple nervioso, estaba su compañero.

-¡Joseph! –clamó Teddo curioso por haberlo presentido en la distancia, en cambio su compañera -¿Pasa algo…? -.

-Pues… -comenzó poniendo su mano sobre sus labios antes de que otra familiar voz se escuchara gritar en la distancia –¡¿Están allí?! -.

De inmediato comprendieron los nervios del joven Vic. Esa voz hizo eco en la mente de los muchachos hasta que otra ocupó su lugar, llamando a la dama por su nombre. Las cosas no estaban mejorando.

No hicieron de acercarse un poco más a Joseph cuando fueron literalmente emboscados por los campeones. Cynthia abrazó fuertemente a Ana, como si al soltarla ella fuera a correr lejos de allí. La dama no la detuvo, aunque tardó en corresponder, hasta cierto punto lo necesitaba pero no pensó que su vieja amiga fuera a dárselo.

El joven Lance también se aproximó a su cuñado, más distante y con una mirada de inquietud mientras escaneaba su porte. Ted lo tenía muy claro, su aspecto era deplorable. Las ropas rasgadas y ensangrentadas, su cuerpo semidesnudo cubierto de escamas negras y las ahora atenuadas marcas ambarinas dibujadas sobre su piel, seguro no eran muy agradables de ver.

Sin embargo todo le resultaba extraño. Podía sentir como se movían sus escamas en cada respiración, pero no veía ninguna de las placas negras y al parecer ellos tampoco. Ipso facto dirigió sus ojos hacia Ana y en ese rostro de disimulada melancolía, sin rastro alguno de la batalla y los secretos que develó, pudo notar la ilusión.

-¿Cómo estás? –le preguntó Lance, al notar sus gestos de sorpresa.

-Estoy bien… - murmuró Ted antes de sentir el cálido abrazo de un fino cuero.

Tras de sí, el campeón le cubría con su preciada capa. La quería como a ninguna otra, pero era incapaz de verle descubierto frente a las chicas. Deseaba preguntarle qué había pasado allí, no recordaba más que un fuerte dolor y la criatura extraña que lo provocó. Pero también sabía que no debía forzarlo a nada, bastante trauma tuvo que pasar para quedar así de descubierto y con la camisa hecha pedazos.

-Me alegro… -respondió el domador de dragones antes de continuar pensativo –¡Porque algo no está nada bien aquí…! -.

Los tres infectados palidecieron, temerosos de que notara algo raro en ellos.

-Algo durmió a todos los presentes en el torneo y nos llevó de vuelta a las gradas, sabemos que vinimos hasta aquí y “Eso” nos atacó, tenemos los moretones que lo prueban… -meditó el campeón ante la mirada absorta de los presentes.

-No sólo nosotros y nuestras heridas… el bosque mismo es testigo de lo que pasó –remarcó la dama de ropas oscuras, al ver el sendero de desastre que había quedado luego de todo lo que pasó.

–Sí pero… –titubeó el joven entrenador buscando la manera de zafarse de sus preguntas – ¡¿Están ustedes bien?! –.

Teddo no pudo pensar nada más ingenioso que voltear la pregunta que hace poco le había hecho el domador. Su compañera suspiró avergonzada por la falta de argumento. Sin embargo fue más efectivo de lo que planeaban. Ambos campeones estaban sonrojados y sorprendidos por la pregunta.

–Bien, algo magullado pero sobreviviré… –respondió Lance ofuscado por que se preocuparan por él en tanto Cinthya sonrió ante la expresión de la dama.

–Estoy bien gracias –dijo la campeona antes de confesar –Fue muy lindo verte hoy amiga… no he sabido de ti en meses -.

–Sí, lo se… me ha tragado el trabajo –reconoció Ana, algo aliviada por el desvío del tema y por escuchar de fondo como los varones conversaban de otro tema también.

– ¡Prométeme que no te perderás de nuevo! –amenazó con una sonrisa enojada, alegre de verla y embravecida por su actitud.

–Haré el intento –dijo con sinceridad aunque en el fondo sabía lo difícil que sería ahora.

Un ruido cercano llamó la atención de las chicas y no era más que un golpe directo a la cabeza de Teddo, probablemente por la misma manía de no comunicarse por meses y preocupar a personas importantes, como su hermana por ejemplo. Y el domador de dragones tenía motivos para hacerlo, pues noticias del entrenador no habían tenido en casi un año.

Teddo no tenía paciencia para eso. Ya bastante era lidiar con la mutación propia, la fuga de Alex y las heridas de la batalla para que su cuñado le sermoneara por no llamar a casa. A punto de explotar su opinión frente a todos fue parado en seco por una pregunta.

– Y ustedes… ¿Qué hacen aquí? –cuestionó Lance con delatable inocencia, entre confusión y sorpresa, pues había ignorado el motivo de su paradero.

–Ahora que lo pienso ¿Por qué no quedaron dormidos al igual que nosotros y los demás líderes? –razonó la campeona al ver la expresión de Lance

–Bueno nosotros… nosotros… –comenzó a balbucear Teddo sabiendo que jamás podría hacerles creer otra excusa como la anterior.

En tanto Ana, con un suave y disimulado movimiento de manos, pudo indicarle a Joseph donde yacían sus mochilas, mientras trataba de mostrar interés en la respuesta del muchacho y en los preocupados campeones. El joven Vic recogió las cosas lo más rápido que pudo entregándoselas a la dama.

Un simple susurro bastó para que comprendiera. Concentrado, percibió las excusas de su compañero como un lejano murmullo así como los pasos que la dama le obligaba dar, dejándolo sólo frente a los campeones. Un ápice de instinto mezclado con la certeza de servir le dio valor para acercarse un poco más y, con aliciente estupor, librarse de sus ataduras.

Lentamente sintió su cuerpo relajar el novato apéndice de su cuello antes de liberar la carga de soporífero que estaba guardando. Un ligero cosquilleo en la punta de su látigo y base de la hoja, algo que jamás podría describir con exactitud, le indicó que estaba realizando el ataque correctamente. Los campeones no notaron sus gestos hasta que era demasiado tarde.

Ambos quedaron dormidos en menos de un minuto, cayendo con poca elegancia sobre la chamuscada tierra del improvisado coliseo. Teddo se acercó a ellos y estirando la capa de su cuñado creó una especie de cama. Los jóvenes los acomodaron boca arriba, asegurándose de que se vieran algo cómodos, y luego empezaron a alejarse de ellos. No podían arriesgarse a ser descubiertos. Sin mirar atrás, se adentraron en lo más profundo del bosque de la venerada Meseta Añil.




-No… no… no me cabe en la cabeza si… -clamó Vic mientras trataba de seguirles el paso -¿Acaso ninguno de ellos preguntará nada?-.

-Ninguno de ellos debe tener manera de saberlo -aclaró Ted mientras se vestía sobre la marcha, agradecido de que el novato le trajera su mochila y la de Alex.

-Tampoco tienen manera de cuestionarnos, sobre todo gracias a ti -dijo la dama felicitando al preocupado mientras se sacudía un poco el polvo y la ceniza.

Sin embargo Vic seguía intranquilo, hacía menos de unas horas había dormido no sólo a más de la mitad de los líderes de gimnasio de Kanto, sino a los mismísimos campeones de Johto y Sinnoh. Una especie de culpa lo emboscaba pero no podía detenerse, tal y como estaba lo único sensato sería confiar en sus nuevos amigos.

Ahora que lo pensaba no había preguntado como estuvo su pelea, aunque con lo visto intuía lo cerca que estuvieron de vencer. En parte se sentía extraño, quizás sólo es la frecuencia con la que había usado su somnífero. Cuando fue a darse cuenta sus compañeros se habían detenido…

-Vic… Estás con nosotros… ¿Cierto? -dijo Ted con un tono preocupado.

-Nece... Queremos que hagas una misión especial- aclaró Ana con una voz suave, incluso con tono de tristeza.

-¿Qué?... ¡¿qué pasó?! ¿Qué es?- preguntó atontado por la actitud de sus compañeros.

-Bueno… pasa que con lo que peleamos... –quiso iniciar el otro joven antes de que el recuerdo lo sacudiese.

-Ese no era Alex… -musitó la dama pausadamente, en un tono que paralizó a sus compañeros –Por lo menos, no el mismo… era como si algo más estuviera dentro de él…

Un silencio los acompañó por unos segundos, casi esperando que aquella absurda verdad se asentara en sus mentes. Al final se rompió con los taciturnos pasos de Ana acercándose al novato.

-Tú… también mereces saber lo que pasó en esa pelea, sólo… ¿No te asustes, está bien? –dijo con suavidad, mientras posaba su mano en la mejilla del muchacho -Nada te hará daño, nada será real… -.

Casi sin notarlo, toda idea del momento que pasaba se deshizo en su mente al tiempo que frente a sus ojos se aparecía una quimérica ilusión, de fuego, de tormenta, de la sombra que los seguía y los secretos que guardaba, del pasado que no conocía y las burdas esperanzas de arreglarlo todo en una batalla. Lentamente comprendía lo que pasaba ante él y en su rostro se dibujaban la sorpresa y el miedo, la angustia, la confusión, hasta el instante en que la ilusión se deshizo… y volvió a verse delante de sus nuevos amigos como si nada hubiera pasado.

Lo primero que hizo, sin pensarlo, fue darle una mirada de incredulidad a la señorita que recién retiraba la mano de su mejilla. Ella apartó la mirada y, con un poco de frustración, exhaló fuerte mientras deshacía la ilusión que mantenía sobre su cuerpo. Orejas afiladas y mechas rojizas saltaron a la vista del mundo, por unos instantes nada más, su dueña no quería mostrarse demasiado. Sin embargo fue suficiente para aclarar las dudas de Joseph, en efecto ella también estaba infectada.

-Si todo eso acaba de pasar… -razonó tomándose su tiempo -¡Aún hay esperanza! ¿No es así? Él puede recordar su sueño… -.

-Vic… -suspiró Ana como si tratara de excusarse con el novato entrenador –Yo jugué con su mente… y ahí, en todo en ese desorden malogrado… sólo pude encontrar una pequeña parte de mi amigo…

-Y, como creo que te ha mostrado Ana, no funcionó razonar con él –completó Ted aun pensativo.

-Creemos que Alex fue infectado por un grado de afectación del pokérus que no conocíamos- dijo al final la investigadora, tratando de ponerle un norte a sus problemas –Pero siendo así no entendemos como infecciones más viejas no son afectadas de la misma manera…-

-Por eso necesitamos el origen…- clamó Ted en tono decidido –O la chica que creemos fue de los primeros infectados…

-Ella debería estar en Cherrygrove hasta pasado mañana… -sugirió la dama con tono interesado.

-¡¿Quieren… que la rapte?! – vociferó Joseph consternado.

-No realmente… quizá si la convences de venir con nosotros y ayudarnos a descifrar esto no habría problema… pero si ella no lo hace… ¡duérmela, y tráenosla viva! –bromeó Ana para el pánico creciente del joven.

Un cansado suspiro de parte de Ted le reprendió la desubicada broma mientras sacaba de su mochila una pequeña cajeta de cartón con una estilizada letra S enmarcada de dorado.

-Sabemos que puedes hacerlo –dijo la dama dándole un boto de confianza al nervioso entrenador.

–Este Pokégear es nuevo –comentó Teddo, mientras retiraba el sello de la cajita y lo ofrecía al muchacho–Sólo nosotros tenemos el número, me lo regalaron hace tiempo pero nunca lo abrí –.

–Usaremos la función teléfono para mantenernos en contacto –aclaró Ana al ver el rostro anonadado de Vic.

El joven tomó el aparato y lo guardó con cuidado en su maleta, inseguro de lo que estaba pasando. Y así como en su mente bailaba el pensamiento, en su espalda se meneaba nervioso aquel látigo vegetal. También podía sentir como burbujeaba el ácido de su estómago sin hacerle daño alguno, aunque una mano dudosa se posaba sobre el mismo.

Con nervios les dedicó una mirada angustiosa, inseguro de la misión que le encomendaban. Ellos le miraron con mucha calma, tratando de apaciguar un poco el temor que desbordaba del joven.

–Y me gustaría pedirte un favor… si sientes algún otro cambio por la mutación apuntalo en esta libreta –dijo Ana mientras le daba un cuadernillo rojo y una pluma azul, leyendo en su cuerpo las preocupaciones de la inminente metamorfosis continuó –Sólo necesito que escribas la fecha y lo que sentiste, así puedo estudiar como progresa tu mutación. Y no te preocupes más, sé sincero y encontraré la manera de ayudarte con todo eso–.

Una sonrisa melancólica se posó curiosa en el rostro de la dama tratando de darle los ánimos que necesitaba. Sabía que no podía hacerlo todo para arreglar el desastre en el que estaban metidos pero sin lugar a dudas haría lo posible para ayudar a quien lo necesitara.

–Trataremos de reunirnos dentro de tres días en Celurean City, mantendremos el contacto por si hay algún cambio de planes ¡Ah por poco lo olvido! –clamó Ted antes de buscar un sobre que tenía guardado en su maleta –Toma esto. Úsalo para costear el viaje de regreso y los gastos de Katja. Hazlo sin miedo, es para emergencias y creo que todos aquí sabemos que esta aventura cuenta como tal –.

Joseph tomó el sobre con una sonrisa atónita, pensando si acaso no estarán pensando en darle algo más para el viaje. Pero no era así y con todo hablado sólo quedaban las rápidas despedidas. Un breve apretón de manos, un abrazo improvisado y otra mala broma fueron su separación, poniendo toda la fe en que volverían a encontrarse.

–Una última cosa Vic –lo detuvo el joven Teddo cuando el otro estaba a punto de retirarse –No te dejes ver, mantén la mutación en secreto, no levantes sospechas. No sabemos cómo otras personas manejarán todo esto así que por ahora es mejor mantener un perfil bajo –.

Un escalofrío recorrió la espalda de Vic desde el fin hasta su látigo. No es que en algún momento pensara mostrar su cuerpo tal y como era ahora, pero no podía evitar sentirse inquieto ante el comentario.

Joseph asintió finalmente y con una mirada segura, semblante más tranquilo y nervios contenidos, se dio la vuelta alejándose lentamente de sus captores, sus amigos. El otro par también se dio la vuelta, hacía el noreste, rogando para sus adentros la victoria perdida.


Movimientos conocidos
Spoiler
Teddo
 Hiper Rayo (Hyper Beam)
 Garra Dragón (Dragon Claw)
 Ciclón (Twister)
 Enfado (Outrage)

Alex
 Lanzallamas (Flamethrower)
 Garra Dragón (Dragon Claw)
 Envite Ígneo (Flare Blitz)
 Vuelo (Fly)

Joseph (Vic)
 Somnífero (Sleep Powder)

Ana
 Maquinación (Nasty Plot)

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Fanfictions
#43
Anna!! Lo logré, al fin me puse al corriente tras tanto tiempo. Después de años puedo seguir leyendo esta historia que me cautivó hace un buen tiempo jeje. Por ahora solo vi un error en el último capítulo por que no me puse a ver errores por que leí de cero el fanfic. Sí, lo sé, debí ser mejor crítico
Cita:
-Sabemos que puedes hacerlo –dijo la dama dándole un boto de confianza al nervioso entrenador.

Es voto.

Bueno en cuanto la historia ¿qué puedo decir? pues algunas cosas ya que he crecido, en verdad para que sean ya casi adultos o adultos los personajes en sí al principio (perdón en serio nove!! D:) son algo inmaduros incluyendo a la protagonista chocando con la idea que ya se comporta como toda una adulta al hacer ese tipo de castigos de adolescentes. Pero bueno en verdad mucha gente no llega a una "madurez" no importa cuanto crezca y puede ser distorsionada esta idea. Además que esa envidia por que sí de Alex me pareció un poco sacada de la nada ya que no se nos muestra mucho del personaje ya hasta capitulos posteriores pero es parte de los inicios, queda un poco de "está celoso por que sí", más raro aún que no estuviera celoso de que se tuviera un Rayquaza bebé; se comprende después con la historia del pasado de Alex como se fueron atrasando las cosas pero hasta apenas ahora D:

En cuanto ya a la trama me encanta tanto como cuando la leí por primera vez, esa idea de utilizar el Pokérus para una evolución quimérica del ser humano parecería no tan original al escucharlo sin embargo lo es y bastante, además de como le diste un desarrollo me parece sublime mientras se nota una evolución del desarrollo de los personajes a lo largo del tiempo.

Una pega es que omites muchas cosas para pausas dramáticas, sé que algunas veces se asume pero queda un poco flojo además que confuso para tener que reeleer las transiciones, de vez en cuando está bien pero parece ser algo tan constante en este fic que se da a los aires de hábito.

Muy buenas peleas, al principio dudaba del capítulo 9 pero cuando fui avanzando más me gustó y ello sobretodo los detalles del sentimiento de un humano al recién experimentar como sería una batalla pokémon como el retroceso ante un ataque que tiene ventaja de tipo contra uno.

Sabes que siempre me encantó tu fanfic y no pude darle su merecido elogio en su momento por eso te lo doy ahora, potencial obra maestra dependiendo en como lo encamines así que no te rindas! Deseo lo mejor para esta historia y quiero leer su final con muchísimas ganas así que no me dejes con ellas ¿Entendido? (:

Sin más que decir, me despido, tu puedes.
PD: ¿Es una híbrida de Zoroark esta Ana? que ando dudando jeje nunU (se siente torpe por ello)


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Lee mi Fanfic: Pokémon Shi Daos


#44
¡Poke se me ha coleado! [?]
Bueno, bueno, lamento la demora por mi comentario pero quería comentar bien de verdad y necesitaba que todo estuviera en silencio para poder leer o de resto no iba a terminar nunca.

Acá voy:

Pues debo debo decir que... este capítulo fue toda una porquería, me decepcionas Ana a niveles que no puedes ni imaginar [??????...?]Okno, sabes que es mentira.

Pero... ¿qué decir? Ha sido un capítulo fantástico de verdad, me ha encantado completamente de principio a fin, este si es un buen capítulo de vuelta a la vida. No como el anterior, fue un floop total, en serio.
Pero bueno, debo decir que esa pelea fue épica, bastante buena de verdad, sabes que me encanta tu forma de escribir y relatar y ese misticismo que le diste, si bien a veces se veía un tanto exagerado, fue tan... awesome. *-*

A decir verdad no creo que nadie haya quedado decepcionado de este capítulo si eran como yo, que esperaban un reenganche, te has lucido bastante, de verdad que valió la pena la espera.

Ya quiero saber ahora por donde se encaminarán nuestros protagonistas; qué hará ahora Alex y qué harán Teddo y Ana. Si esta pelea fue solo el comienzo ¿qué tienes planeado para más adelante? ¡Postea más seguido! De verdad que me dejas con ganas de más, además... había pasado tanto que ni recordaba de Lance y Cynthia habían aparecido en capítulos anteriores, por un momento me perdí de verdad. Lo que me tomó por sorpresa fue lo de Ana, ¿qué pokémon la ha infectado? Lo primero que se me vino a la mente fue Speon, pero no sé ya eso tendrías tu que aclararlo o aclararmelo en los siguientes capítulos.

Ahora bien, ya pasado a lo técnico.
Ya sabemos que tu forma de escribir es impecable, pero esta ves tuviste pequeños errores, son muy muy pequeños, fueron como dos o tres, y casi estaban al inicio, el mayor fue el que ya te recalcó Poke, así que no lo haré de nuevo.
Lo que si te seré sincero fue que a veces me perdía mientras leia y debía releer un párrafo para saber a quién hacía referencia, pero eso creo que ya es más por mi culpa, creo.
Lo único que no me gustó es que siempre te refieres a Ana como "Dama", ya sabemos que es una mujer, pero esode usar dama a cada rato es como... no lo sé. Usa más sinónimos para referirte a ella, tienes: señorita, chica, muchacha y otra gran cantidad de apelativos, ¡úsalos! Harán que luzca mejor.

¡Y otra cosa! Recuerda lo que guión largo para comenzar los diálogos, en muchas ocasiones los usabas y en otras tantas no. N sé a que se deba pero solo te lo recalco.


Bueno, creo que eso es todo lo que tengo para decir, como bien ya sabes estaba esperando este capítulo desde hace tiempo, y si bien mi comentario no es tan largo como seguro esperabas, creo haber dicho todo lo que tenía que decir. Ya sabes que me encanta esta historia y tu forma de escribir y de verdad lamento mucho la demora en comentar.

Esperaré al siguiente año por el próximo capítulo [?]
¡Saludos!

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Heartbreak is the national anthem We sing it proudly