Re: Pokérus: The Real Disease - Chapter 4
Amigos debo pedirles disculpas por no tener aun el siguiente capitulo, he tenido cierto bloqueo que no me ha permitido escribir bien. Pude arreglarlo y hacer una poesía, por lo que trataremos de traerles el siguiente cap lo más pronto posible.
Sin embargo tengo algo para ustedes
http://i.imgur.com/tgR13.jpg
Abran el link, por favor XD es una imagen que mi amiga dibujó y yo pinté en acuarela. Espero que les dé una idea XD
Al principio de todo... los comentarios XD
Spoiler
Hikari: Bueno amiga veo que fuiste la primera en ver que lo mejor está por comenzar XD Todos dicen que sería cool la humanidad con pokerus, no sé qué me pasa en el fic que quiero detenerlo (?)
Renelzio: Como siempre gracias por las faltas ( Ya verás… buajajajajaj) No pongas tus cartas al fuego amor, recuerda que yo sé quemarlas muy bien (Traducción: No adivines la trama que nada es lo que parece XD)
Raúl: ¿Calma? Hehehe, sigue leyendo a ver dónde queda tu calma(?) Ted vuelve cansado por algo que creí un poco obvio, como ve que Alex esta practicando con su nuevo cuerpo él trata de hacer lo mismo. Dedica horas a intentar liberar su poder sin lograrlo, por eso la frustración XD Tu tranquilo que la voy a continuar, es que he tenido algunos problemas personales y Yagami en la escuela no nos dio mucho tiempo para escribir hasta ahora. Ahh si hay una sorpresa para ti en P.D.
Renelzio: Como siempre gracias por las faltas ( Ya verás… buajajajajaj) No pongas tus cartas al fuego amor, recuerda que yo sé quemarlas muy bien (Traducción: No adivines la trama que nada es lo que parece XD)
Raúl: ¿Calma? Hehehe, sigue leyendo a ver dónde queda tu calma(?) Ted vuelve cansado por algo que creí un poco obvio, como ve que Alex esta practicando con su nuevo cuerpo él trata de hacer lo mismo. Dedica horas a intentar liberar su poder sin lograrlo, por eso la frustración XD Tu tranquilo que la voy a continuar, es que he tenido algunos problemas personales y Yagami en la escuela no nos dio mucho tiempo para escribir hasta ahora. Ahh si hay una sorpresa para ti en P.D.
Pues amigos sólo una cosa que decirles... ¡Perdónenos por la tardanza!
No daremos excusas, pero si este nuevo capítulo que a mi parecer los llenará de emoción e intriga (?) Sin más preámbulo:
Capítulo #4
Nada es lo que parece…
Nada es lo que parece…
Spoiler
Un susurro extraño, grito interno de un alma manipulada, fue escuchado por los dos jóvenes. Esas palabras sin aparente sentido… serían las últimas coherentes que escucharían de él. Alex los miraba desde lo oscuro con aire de muerte, si sus hermosos ojos verdes no brillaran jamás lo habrían notado. Incluso su voz parecía atrofiada por el ambiente que le rodeaba.
“Nos escuchó” pensó Ana, nerviosa. Algo en su interior le había hecho presentirlo, pero ella misma ignoró ese augurio. Ahora estaba frente a él, más cambiado que nunca, y seguro le pediría una explicación por sus palabras. La dama, asustada, tomó su mejor arma del bolsillo. Una pequeña cantidad de un fuerte sedante, guardado con cuidado en una jeringa hace poco. Tenía la aguja lista, por si algún día el joven se salía de control.
El despreocupado y ahora desquiciado Alexander Chong, estaba más que perdido, se había dejado llevar por sus impulsos que ahora controlaban cada partícula de su ser, parecía estar acompañado de alguien, pero él no era lo suficientemente apto como para averiguarlo.
Ahora solo pensaba en una cosa… hacer que su amiga recapacitara sobre quitarle su estado... Sus alas rojas, escamosas e intimidantes, habían llegado a un punto de desarrollo casi completo, solo era cuestión de tiempo para que pudiese volar tranquilo, controlaba a consciencia su combustión, su fuerza incrementó por lo menos 3 veces a lo normal. Y para rematar justo había bajado para decirles a los chicos que su esperada cola ardiente ya había crecido…
-Alex… calma… -recitó Ana lánguidamente, no quería exaltarlo más pero tampoco podía quedarse callada al verlo iracundo… cuidadosa sostenía la aguja con sedante sin sacarla del bolsillo, lista para clavársela.
-¡Calma nada! –gritó sin notar errores, su mente sólo unía palabras cercanas a lo que deseaba decir –No… ¡No quitaran esto de mí!
Furtivo, desesperado se acercó a la dama y la arrinconó contra la pared dejando de lado a su compañero. Colocó su mano derecha sobre la manga de aquella blanquísima bata de laboratorio, estrechándola en la pared, y con la otra elevaba parte del cuello de la misma, vacilante, nervioso, no quería creer que ella lo iba a traicionar.
Ana estaba asustada, podía verlo tan cerca y ajustando su bata para que elevara la mirada. Alex odiaba que ella mirara el piso cuando no quería decir algo. Ahora la tenía sometida, inmovilizada y por supuesto, sin oportunidad de ver al piso. Ella sabía que en el fondo él estaba aterrado, no quería lastimarla y respiraba fuerte para apresurarla a decir algo. Ya no podía sedarlo, había visto en sus ojos el terror… ya no podía hacerlo…
El miedo la traicionó por completo. Su claustrofóbica mente estaba enfocada a una sola cosa, estaban demasiado cerca para compartir el aire. Sentía como si en cualquier instante se ahogaría, aun cuando tenía varias pulgadas libres para respirar. Misteriosamente Ted, quien percibía incrédulo la escena, vio como Alex tomaba a su amiga y la trataba de ahorcar con ambas manos.
Ya no podía quedarse sólo a mirar. Enojado arremetió contra el ayudante y lo empujó con fuerza obligándole a soltar la bata de la dama, que quedó arrodillada tratando de recuperar el aliento. Mientras Ted alejaba a Alex dando un par de pasos, forzándolo a retroceder un poco. Sin querer había aceptado un reto.
El joven entrenador no estaba en sus cinco sentidos, ya ni siquiera sabía si estaba dentro de su cuerpo, solo sentía algo que podría ser combinación de confusión y adrenalina, sus ojos drásticamente cambiaron a un color rojo, puro como la sangre, su cabello se tornó negro como el mismo mal. No podía soportar ver que la lastimaran... Pausadamente sus manos se hicieron más robustas y ásperas, como garras. Las escamas ya cubrían su espalda por completo, parte del cuello y sus brazos. Empezaban a molestarle, pero era lo de menos en ese momento.
-Entonces tú también- espetó la joven científica, lenta y silenciosa, en susurros.
“Así que tú estabas infectado, y ni siquiera lo había notado, pero que tonta soy” pensó para sus adentros, sin poder articular algo que expresara su sorpresa.
-¡Tú! ¡No permitiré que te interpongas en mi camino!- gritó el escamoso de rojo mientras un aura rojinegra comenzaba a recorrer su cuerpo. Ya no lo veía como un estorbo, sino un rival.
El joven, en cambio, no podía decir nada. Sentía un gran martirio dentro de sí y quería controlarlo, no podía más, su nuevo instinto lo estaba dominando, no faltaba mucho para que se lanzara al ataque contra Alex. Cayó al suelo, estaba agotado, el joven Teddo Sanyarä conocido como Ted había dejado de coexistir en paz, el virus se apiadó de su mente pero controlaba su cuerpo, no había escapatoria para quien se interpusiese en su camino.
Por mucho que pudiera pensar claramente era todo un enredo que reaccionara a aquella lógica de entrenador que había ganado con los años. Tenía una mirada tan fría que intimidaría hasta al más rudo de los Pokémon. La hora había llegado, miró al joven alado, se puso en pie y en menos de lo que alguien pudiese pestañear ya estaba frente a él, tomándolo de los hombros, listo para darle un golpe.
Alex no se quedaba atrás… ahora su aura cubría todo su cuerpo, parecía estar más poseído de lo normal, su mirada estaba ida, solo se veía dirigido hacía alguien: Ted realmente lo estaba atacando…
"Ya me harté, le podré fin a esto cuanto antes" pensó Ted justo antes de que se lanzase contra el alado, sin que alguien pudiese pestañear ya lo tenía sujetado del cuello con una mano.
-¡Suéltame!- dijo Alex mientras le fuerzas ejercidas en su cuello le estaban impidiendo respirar.
Diestro acercó su nueva, flameante cola al rostro de su rival. Ted lo soltó de inmediato, el calor le había asustado… su rostro no era resistente al fuego. Apoyado por sus alas terminó de derribarlo, riendo por lo bajo al verle en el suelo cuando apenas comenzaba la pelea. Pero ninguna gracia le causó al joven, que indeciso buscaba la manera de soltar su ira…
Repentinamente sintió una inmensa fuerza emerger desde su pecho. Aquello por lo que había pasado tardes terribles y dolorosos entrenamientos surgía, finalmente, por sí solo. Inexplicable. Debía dejar salir ese poder, pero su mente no razonaba como. En un momento su cuerpo terminó por seguir los instintos y fue guiándole entre segundos para no lastimarse a sí mismo.
Sin notarlo una pequeña bola de energía se había formado cerca de su boca, parecía alimentada por su respiración y contenida por el campo de sus ahora afilados dientes. Un simple hálito la hizo salir disparada contra Alex. No pudo contenerla mucho pero si domarla lo suficiente para hacerla fuerte. A pesar de lo eterno que pareció para Ted, había lanzado un Hiperrayo en tan sólo tres segundos.
El atrofiado ayudante salió disparado contra la pared. No fue nada más estrellarse contra el concreto sino recibir un ataque tan fuerte desde tan poca distancia. Incluso algunas de sus escamas rojas habían caído por el golpe. Quedó de rodillas, recostado ligeramente de la pared, tratando de dar crédito a lo que ve. Su compañero también estaba infectado y, al parecer, era más poderoso que él…
Ted, orgulloso, tampoco podía creer lo que había logrado. Rápido la presión de su pecho disminuyó peligrosamente, haciéndole quedar exhausto. No lo recordaba de momento, pero estaba viviendo en carne propia la necesidad de un Pokémon de retroceder tras un movimiento así. Deseó poder tenderse en el piso y quedarse allí hasta el día siguiente, pero seguía peleando.
Alex aun guardaba energías y tenía que vengarse. Aprovechando esos segundos, exhaló un terrible fuego, armó una inmensa llamarada entre sus fauces y la lanzó en dirección a Ted. Era ineludible, el pobre no podía ni moverse y ese ataque de seguro lo dejaría más que quemado.
Por poco… muy poco. En el último momento, un halo negro se atravesó entre la llamarada y el joven. Aquella delgada figura no pudo detener el ataque, pero si contenerlo. Las ráfagas de ardiente fuego que escapaban a su delgado cuerpo iban a parar sobre Ted, ya debilitadas quemaron nada más su camisa. Cuando pudo vio como Rekku había soportado el infernal ataque por él…
-¡Sólo vete! –le gritó sin compasión al dragoncito que hacía poco lo defendió.
El pequeño, herido, obedeció la orden sin complicaciones. Se apartó a una esquina y aprovechó un descuido para escabullirse fuera por una ventana, sin notar que su “padre” quería protegerlo. Nadie lo notaría, nadie lo culparía.
Alex continuaba atacando, ni siquiera había notado lo que pasó con su llamarada. Para él bastaba con ver a Ted de pie, con todas sus escamas al aire, para saber que debía seguir luchando. Siguió aprovechando los descuidos de su rival y ahora era él quien lo tenía sujetado por el cuello. Quería vengarse ojo por ojo, diente por diente. Sin embargo en lugar de sólo ahorcarlo había empezado a cambiar sus garras. Ahora poseían un brillo cerúleo, tornasol.
Ted lo notó de inmediato, estaba emulando Garra Dragón lo que seguro sería un ataque crítico para él… Impune lo mantenía elevado, quemándole con su cola en cuanto lograra el objetivo de sus garras…
Justo antes del golpe definitivo pudo oír como algo se acercaba por su espalda. Presto volteó y con una certera llamarada atinó el objeto. Divertido vio como la silla caía al suelo carbonizada. Se dio la vuelta para burlarse de la dama que le había pensado lastimar con una inútil silla sólo para recibir una desagradable sorpresa.
Un inmenso y frío chorro de agua impactó sobre él. Aquel líquido de vida había logrado que soltara a Ted, quien de inmediato salió del camino del agua y se refugió contra la pared. Allí pudo ver como Ana sostenía firme la manguera con pistola del jardín y apuntaba sin miedos contra Alex.
Apiadándose un poco fue bajando la presión del agua a ver si el ayudante se calmaba. Completamente empapado Alex subió la temperatura a ver si se secaba. Estaba indignado, iracundo, terriblemente desquiciado, jamás llegó a pensar que tendría una debilidad tan obvia. Enloquecido empezó a insultarlos con palabras enredadas y frases mal armadas, algo pasaba en su cabeza, algo no le dejaba pensar por sí mismo.
Ana, sobresaltada por la reacción, volvió a apuntar y descargar más agua pero con mayor presión. En cuestión de segundos logró que retrocediera hasta la puerta del laboratorio, que estaba abierta. Decidida a encerrarlo terminó de acercarse para que la fuerza del agua lo empujara dentro del laboratorio. Justo cuando cayó de espaldas dentro de la habitación, Ted se adelantó a cerrar la puerta y asegurarla con el sofá individual.
La sala había quedado en un completo desastre. Inundada, con una silla del comedor quemada al igual que ropas refulgentes y una larga grieta en la pared, sin contar la hendidura del Hiperrayo alrededor de la misma. Pero al final tenían a Alex encerrado en el laboratorio, sin salida alguna al exterior…
Aun sobresaltados no pudieron evitar cruzar sus miradas, como si en el otro pudieran encontrar la solución a esto. De un momento a otro la casa entera empezó a sacudirse y un estruendo horroroso los guió al laboratorio… Ted quitó el sofá con un simple, potente manotazo, y Ana abrió la puerta temiendo lo peor.
Desconsolada corrió hasta el centro del laboratorio, rodeada de escombros y llamas, mirando al cielo estrellado por aquel extraordinario boquete en el techo. Había destrozado su mayor pasión, en segundos se había deshecho de todos sus sueños y esperanzas. Cientos de maquinas inservibles, archivos quemados y los fragmentos del techo rompiendo las baldosas del piso. El agua que ella misma había traído quedó empozada entre las ruinas de lo que una vez fue su paraíso.
Abatida se dejó caer de rodillas frente aquellos pocillos de tristeza, duda y decepción.
-No… esto no es posible… no puede estar pasando… -lloró al mirar su reflejo en el agua recién calmada. Tras de sí podía ver algunas salvajes flamas que seguían ardiendo aun con la llovizna que asuraba la noche.
-Nada… nada de esto debió haber pasado… - sollozó tratando de limpiar sus lágrimas. Se levantó lentamente en cuanto sintió esa presencia a sus espaldas. Recompuesta, tan fría como siempre, volteó dispuesta a gritarle
– ¡Qué esperas! ¡¿Que amanezca…?! Toma las Pokébolas y llévalas a tu casa, iré por mi laptop y algo de ropa… sólo… cuida que nadie te vea, no quiero tener que sedar nada más en mi vida…–.
“Nos escuchó” pensó Ana, nerviosa. Algo en su interior le había hecho presentirlo, pero ella misma ignoró ese augurio. Ahora estaba frente a él, más cambiado que nunca, y seguro le pediría una explicación por sus palabras. La dama, asustada, tomó su mejor arma del bolsillo. Una pequeña cantidad de un fuerte sedante, guardado con cuidado en una jeringa hace poco. Tenía la aguja lista, por si algún día el joven se salía de control.
El despreocupado y ahora desquiciado Alexander Chong, estaba más que perdido, se había dejado llevar por sus impulsos que ahora controlaban cada partícula de su ser, parecía estar acompañado de alguien, pero él no era lo suficientemente apto como para averiguarlo.
Ahora solo pensaba en una cosa… hacer que su amiga recapacitara sobre quitarle su estado... Sus alas rojas, escamosas e intimidantes, habían llegado a un punto de desarrollo casi completo, solo era cuestión de tiempo para que pudiese volar tranquilo, controlaba a consciencia su combustión, su fuerza incrementó por lo menos 3 veces a lo normal. Y para rematar justo había bajado para decirles a los chicos que su esperada cola ardiente ya había crecido…
-Alex… calma… -recitó Ana lánguidamente, no quería exaltarlo más pero tampoco podía quedarse callada al verlo iracundo… cuidadosa sostenía la aguja con sedante sin sacarla del bolsillo, lista para clavársela.
-¡Calma nada! –gritó sin notar errores, su mente sólo unía palabras cercanas a lo que deseaba decir –No… ¡No quitaran esto de mí!
Furtivo, desesperado se acercó a la dama y la arrinconó contra la pared dejando de lado a su compañero. Colocó su mano derecha sobre la manga de aquella blanquísima bata de laboratorio, estrechándola en la pared, y con la otra elevaba parte del cuello de la misma, vacilante, nervioso, no quería creer que ella lo iba a traicionar.
Ana estaba asustada, podía verlo tan cerca y ajustando su bata para que elevara la mirada. Alex odiaba que ella mirara el piso cuando no quería decir algo. Ahora la tenía sometida, inmovilizada y por supuesto, sin oportunidad de ver al piso. Ella sabía que en el fondo él estaba aterrado, no quería lastimarla y respiraba fuerte para apresurarla a decir algo. Ya no podía sedarlo, había visto en sus ojos el terror… ya no podía hacerlo…
El miedo la traicionó por completo. Su claustrofóbica mente estaba enfocada a una sola cosa, estaban demasiado cerca para compartir el aire. Sentía como si en cualquier instante se ahogaría, aun cuando tenía varias pulgadas libres para respirar. Misteriosamente Ted, quien percibía incrédulo la escena, vio como Alex tomaba a su amiga y la trataba de ahorcar con ambas manos.
Ya no podía quedarse sólo a mirar. Enojado arremetió contra el ayudante y lo empujó con fuerza obligándole a soltar la bata de la dama, que quedó arrodillada tratando de recuperar el aliento. Mientras Ted alejaba a Alex dando un par de pasos, forzándolo a retroceder un poco. Sin querer había aceptado un reto.
El joven entrenador no estaba en sus cinco sentidos, ya ni siquiera sabía si estaba dentro de su cuerpo, solo sentía algo que podría ser combinación de confusión y adrenalina, sus ojos drásticamente cambiaron a un color rojo, puro como la sangre, su cabello se tornó negro como el mismo mal. No podía soportar ver que la lastimaran... Pausadamente sus manos se hicieron más robustas y ásperas, como garras. Las escamas ya cubrían su espalda por completo, parte del cuello y sus brazos. Empezaban a molestarle, pero era lo de menos en ese momento.
-Entonces tú también- espetó la joven científica, lenta y silenciosa, en susurros.
“Así que tú estabas infectado, y ni siquiera lo había notado, pero que tonta soy” pensó para sus adentros, sin poder articular algo que expresara su sorpresa.
-¡Tú! ¡No permitiré que te interpongas en mi camino!- gritó el escamoso de rojo mientras un aura rojinegra comenzaba a recorrer su cuerpo. Ya no lo veía como un estorbo, sino un rival.
El joven, en cambio, no podía decir nada. Sentía un gran martirio dentro de sí y quería controlarlo, no podía más, su nuevo instinto lo estaba dominando, no faltaba mucho para que se lanzara al ataque contra Alex. Cayó al suelo, estaba agotado, el joven Teddo Sanyarä conocido como Ted había dejado de coexistir en paz, el virus se apiadó de su mente pero controlaba su cuerpo, no había escapatoria para quien se interpusiese en su camino.
Por mucho que pudiera pensar claramente era todo un enredo que reaccionara a aquella lógica de entrenador que había ganado con los años. Tenía una mirada tan fría que intimidaría hasta al más rudo de los Pokémon. La hora había llegado, miró al joven alado, se puso en pie y en menos de lo que alguien pudiese pestañear ya estaba frente a él, tomándolo de los hombros, listo para darle un golpe.
Alex no se quedaba atrás… ahora su aura cubría todo su cuerpo, parecía estar más poseído de lo normal, su mirada estaba ida, solo se veía dirigido hacía alguien: Ted realmente lo estaba atacando…
"Ya me harté, le podré fin a esto cuanto antes" pensó Ted justo antes de que se lanzase contra el alado, sin que alguien pudiese pestañear ya lo tenía sujetado del cuello con una mano.
-¡Suéltame!- dijo Alex mientras le fuerzas ejercidas en su cuello le estaban impidiendo respirar.
Diestro acercó su nueva, flameante cola al rostro de su rival. Ted lo soltó de inmediato, el calor le había asustado… su rostro no era resistente al fuego. Apoyado por sus alas terminó de derribarlo, riendo por lo bajo al verle en el suelo cuando apenas comenzaba la pelea. Pero ninguna gracia le causó al joven, que indeciso buscaba la manera de soltar su ira…
Repentinamente sintió una inmensa fuerza emerger desde su pecho. Aquello por lo que había pasado tardes terribles y dolorosos entrenamientos surgía, finalmente, por sí solo. Inexplicable. Debía dejar salir ese poder, pero su mente no razonaba como. En un momento su cuerpo terminó por seguir los instintos y fue guiándole entre segundos para no lastimarse a sí mismo.
Sin notarlo una pequeña bola de energía se había formado cerca de su boca, parecía alimentada por su respiración y contenida por el campo de sus ahora afilados dientes. Un simple hálito la hizo salir disparada contra Alex. No pudo contenerla mucho pero si domarla lo suficiente para hacerla fuerte. A pesar de lo eterno que pareció para Ted, había lanzado un Hiperrayo en tan sólo tres segundos.
El atrofiado ayudante salió disparado contra la pared. No fue nada más estrellarse contra el concreto sino recibir un ataque tan fuerte desde tan poca distancia. Incluso algunas de sus escamas rojas habían caído por el golpe. Quedó de rodillas, recostado ligeramente de la pared, tratando de dar crédito a lo que ve. Su compañero también estaba infectado y, al parecer, era más poderoso que él…
Ted, orgulloso, tampoco podía creer lo que había logrado. Rápido la presión de su pecho disminuyó peligrosamente, haciéndole quedar exhausto. No lo recordaba de momento, pero estaba viviendo en carne propia la necesidad de un Pokémon de retroceder tras un movimiento así. Deseó poder tenderse en el piso y quedarse allí hasta el día siguiente, pero seguía peleando.
Alex aun guardaba energías y tenía que vengarse. Aprovechando esos segundos, exhaló un terrible fuego, armó una inmensa llamarada entre sus fauces y la lanzó en dirección a Ted. Era ineludible, el pobre no podía ni moverse y ese ataque de seguro lo dejaría más que quemado.
Por poco… muy poco. En el último momento, un halo negro se atravesó entre la llamarada y el joven. Aquella delgada figura no pudo detener el ataque, pero si contenerlo. Las ráfagas de ardiente fuego que escapaban a su delgado cuerpo iban a parar sobre Ted, ya debilitadas quemaron nada más su camisa. Cuando pudo vio como Rekku había soportado el infernal ataque por él…
-¡Sólo vete! –le gritó sin compasión al dragoncito que hacía poco lo defendió.
El pequeño, herido, obedeció la orden sin complicaciones. Se apartó a una esquina y aprovechó un descuido para escabullirse fuera por una ventana, sin notar que su “padre” quería protegerlo. Nadie lo notaría, nadie lo culparía.
Alex continuaba atacando, ni siquiera había notado lo que pasó con su llamarada. Para él bastaba con ver a Ted de pie, con todas sus escamas al aire, para saber que debía seguir luchando. Siguió aprovechando los descuidos de su rival y ahora era él quien lo tenía sujetado por el cuello. Quería vengarse ojo por ojo, diente por diente. Sin embargo en lugar de sólo ahorcarlo había empezado a cambiar sus garras. Ahora poseían un brillo cerúleo, tornasol.
Ted lo notó de inmediato, estaba emulando Garra Dragón lo que seguro sería un ataque crítico para él… Impune lo mantenía elevado, quemándole con su cola en cuanto lograra el objetivo de sus garras…
Justo antes del golpe definitivo pudo oír como algo se acercaba por su espalda. Presto volteó y con una certera llamarada atinó el objeto. Divertido vio como la silla caía al suelo carbonizada. Se dio la vuelta para burlarse de la dama que le había pensado lastimar con una inútil silla sólo para recibir una desagradable sorpresa.
Un inmenso y frío chorro de agua impactó sobre él. Aquel líquido de vida había logrado que soltara a Ted, quien de inmediato salió del camino del agua y se refugió contra la pared. Allí pudo ver como Ana sostenía firme la manguera con pistola del jardín y apuntaba sin miedos contra Alex.
Apiadándose un poco fue bajando la presión del agua a ver si el ayudante se calmaba. Completamente empapado Alex subió la temperatura a ver si se secaba. Estaba indignado, iracundo, terriblemente desquiciado, jamás llegó a pensar que tendría una debilidad tan obvia. Enloquecido empezó a insultarlos con palabras enredadas y frases mal armadas, algo pasaba en su cabeza, algo no le dejaba pensar por sí mismo.
Ana, sobresaltada por la reacción, volvió a apuntar y descargar más agua pero con mayor presión. En cuestión de segundos logró que retrocediera hasta la puerta del laboratorio, que estaba abierta. Decidida a encerrarlo terminó de acercarse para que la fuerza del agua lo empujara dentro del laboratorio. Justo cuando cayó de espaldas dentro de la habitación, Ted se adelantó a cerrar la puerta y asegurarla con el sofá individual.
La sala había quedado en un completo desastre. Inundada, con una silla del comedor quemada al igual que ropas refulgentes y una larga grieta en la pared, sin contar la hendidura del Hiperrayo alrededor de la misma. Pero al final tenían a Alex encerrado en el laboratorio, sin salida alguna al exterior…
Aun sobresaltados no pudieron evitar cruzar sus miradas, como si en el otro pudieran encontrar la solución a esto. De un momento a otro la casa entera empezó a sacudirse y un estruendo horroroso los guió al laboratorio… Ted quitó el sofá con un simple, potente manotazo, y Ana abrió la puerta temiendo lo peor.
Desconsolada corrió hasta el centro del laboratorio, rodeada de escombros y llamas, mirando al cielo estrellado por aquel extraordinario boquete en el techo. Había destrozado su mayor pasión, en segundos se había deshecho de todos sus sueños y esperanzas. Cientos de maquinas inservibles, archivos quemados y los fragmentos del techo rompiendo las baldosas del piso. El agua que ella misma había traído quedó empozada entre las ruinas de lo que una vez fue su paraíso.
Abatida se dejó caer de rodillas frente aquellos pocillos de tristeza, duda y decepción.
-No… esto no es posible… no puede estar pasando… -lloró al mirar su reflejo en el agua recién calmada. Tras de sí podía ver algunas salvajes flamas que seguían ardiendo aun con la llovizna que asuraba la noche.
-Nada… nada de esto debió haber pasado… - sollozó tratando de limpiar sus lágrimas. Se levantó lentamente en cuanto sintió esa presencia a sus espaldas. Recompuesta, tan fría como siempre, volteó dispuesta a gritarle
– ¡Qué esperas! ¡¿Que amanezca…?! Toma las Pokébolas y llévalas a tu casa, iré por mi laptop y algo de ropa… sólo… cuida que nadie te vea, no quiero tener que sedar nada más en mi vida…–.
P.D.
1.Como siempre cualquier duda en el comentario XD.
2. No sufran por Rekku, por favor
3. Para Raul...
Spoiler

Chocolate Rlz!!!




...
... no, prefiero la vainilla. 
















Me agradó mucho tu comentario más que nada porque me remarcaste algo que de vez en cuando dejo por fuera y es que necesito aplicar mejor las reglas para la tilde y no sólo conocerlas o.o… 












