“El sombrero del gato negro"
Estaba por oscurecerse totalmente el cielo, apenas unos metros quedaban sin ser envueltos en la acogedora sombra que ofrece la noche, apenas notable por los enormes edificios que poseía la ciudad. Lentamente la luna se dejaba ver, ¡Luna llena! Perfecta para esta noche, para la noche de Halloween.
En uno de esos enormes edificios, en la azotea, un gato descansaba sentado sobre el sistema de ventilación, no un gato cualquiera, era un gato negro de los que tantos mitos se han creado.
Los autos, el alumbrado urbano, y las ventanas que dejaban escapar la luz del interior de los edificios, así como mil y un luces más que se necesitaban para mantener esa ciudad hacían sobresalir al gato desde el edificio.
Se relamía su pata y la dirigía a su cara frotándola suavemente una y otra vez, como preparándose para un gran evento esta noche ¡Y no era para menos! La noche de Halloween es para disfrutar.
Después de varias relamidas más, finalmente bajó de su montículo improvisado, y con la agilidad característica de los gatos, saltó al edificio más cercano a tan sólo unos 2 metros más abajo.
-(Al fin… la noche ha llegado, una larga espera ha sido… más de un año, y ahora estoy a unos segundos de vivir la experiencia de la que tanto he oído hablar…)- pensaba se movilizaba por la ciudad saltando de azotea en azotea, su atención no se quitaba del frente, él quería llegar a su destino lo más pronto posible.
-(¡A-ahí está!)- pensaba mientras daba los últimos pasos para llegar al lugar deseado, del que tanto había oído hablar. Ese era…-¡La casa!
-¿La casa?- interrumpió un desconocido.
-¡¿Ehhh?!- retrocedió el gato negro con una expresión de sorpresa en su cara.-Ah… eras tú, menos mal ¡Hola Pelusa!- y dio un suspiro regresando a la seria expresión que lo caracteriza.
-Te he dicho mil veces que no me llames por ese estúpido hombre ¡Soy Byron!- replicó enojado.
-Bien, bien…- dijo risueño.- Disculpa ahora dime, ¿Qué haces aquí?
-Nada , Clyde, estaba aburrido y te vi desde el edificio de al lado, pero antes de poder siquiera hablarte comenzaste a saltar edificio tras edificio y te seguí desde los edificios aledaños.
Era todo lo contrario a Clyde(el gato negro) él era negro y Byron blanco, Clyde de pelo negro y corto haciendo notar su delgada figura y Pelusa, o mejor dicho Byron era un gato de pelo blanco y esponjado, lo que lo hacía ver gordo todo excepto la agilidad, ya que Byron a pesar de su apariencia era tan ágil como cualquier gato.
-Ahh… ya que estás aquí acompáñame en ésta velada- dijo dirigiendo su mirada a la Luna.
-No tengo nada mejor que hacer, así que, adelante, ¿A dónde planeas ir, Clyde?- le cuestionó.
Ellos dos se encontraban sobre una rama de un árbol, a pocos centímetros de una valla metálica.
-¿A dónde planeo ir…?- dijo extrañado por la pregunta de su amigo.- Ya estamos en la primera parada de esta noche- y levantó su pata señalando lo que justo tenían delante.
Una fiesta de luces multicolor que no parecía tener fin justo delante de ellos, mínimamente opacada por la valla.
-¿Qué-qué es esto?- dijo boquiabierto Byron.
-¿Cómo que qué es?- de nuevo preguntó extrañado a las preguntas que él mismo calificó de tontas.- ¡Es la feria!
-Lo-lo sé lo noté desde que llegamos pero pensé que estabas cansado de saltar tanto y te detuviste a descansar-respondió titubeante.- Clyde eres un gato inteligente, y sé que tienes una explicación para esto ¿Qué podríamos hacer un par de gatos en éste lugar?
-Ahh, ¿Jamás te conté lo que vi en mis 3 semanas de gato casero?- preguntó.
-No… nunca.
-No hay tiempo que perder, te la contaré en el camino.- se preparó para dar un salto.- ¡Ven, sígueme!- y comenzó su camino.
-¿Recuerdas la facilidad con la que conseguía alimento? Pues una dulce señora de unos 50 años de edad me alimentaba a diario, ella no tenía intenciones de mantenerme preso en su casa, pero… su nieta sí mientras yo comía ella me acariciaba, la verdad era algo molesto, pero comida tan fácil y tan buena no se consigue. En fin, un día su nieta mientras ella estaba descuidada, me tomó en brazos y me llevó hasta la sala de su habitación-todo esto narrado mientras pasaban de árbol en árbol hasta llegar a un pequeño agujero en la valla metálica por donde entrar.
-¿Y luego?- preguntó.
Clyde pasó con facilidad por el agujero por su corto pelaje, pero Byron y su esponjado pelo quedaron atorados a la mitad del agujero. Byron forcejeaba para intentar salir, pero lo único que lograba era que algunos de sus pelos se desprendieran de él.
-Jaja- rió tapándose la boca con una pata para disimularlo un poco.
-No te rías- dijo cayendo rendido. En un último intento por salir lo logró, dejando atrás gran parte de su pelaje.
Clyde observaba desde una pila de cajas, se percató rápidamente de la falta de pelo de Byron y no pudo contener más su risa que cayó al piso colocando su pata sobre su estómago.
-¿Se pude saber de qué te ríes?- dijo con una expresión enojada en su rostro.- ¿Tengo algo pegado a mi pelaje, o qué?
-¿Pe-pegado a tu pelaje?- dijo riendo aún más estruendosamente.- No, nada pegado a tu pelaje… o mejor dicho ¡No tienes pelaje!
La mitad del cuerpo de Byron quedó al descubierto, su pelaje estaba ahora tan corto como el de Clyde, parecía un poodle mal recortado.
-¿Qué-e-e?- comenzó a mover su cabeza lentamente a la izquierda para observar la parte de atrás.
-Mi-mi ¡Mi pelo!- gritó exasperado.- Co-como sea- titubeó con la cara ruborizada.
-Jaja-dio sus últimas carcajadas.- Bueno, bueno, no dejes que esa nimiedad afecte ésta gran noche.
Byron aceptó rápidamente, mientras no hubiera otros gatos cerca que le pudieran hacer burla todo bien, las opiniones de los humanos le daban igual.
-Clyde, dime de una vez para qué venimos aquí, no soporto más estos horribles ruidos- se quejó Byron.
Música de fiesta, efímeros pero múltiples gritos y demás ruidos que para un animal tan con sensible oído son insoportables.
-Ya verás, ya verás. Ah, sí olvidé continuar mi relato…
Byron suspiró, parece que la Noche de Halloween realmente sería horrible.
-Ah sí, aquella niñita que hasta ahora consideraba insoportable, hizo algo que nunca había tenido la oportunidad de disfrutar, el amor de un humano representado físicamente por caricias y comida costosa, siempre me recostaba sobre su piernas cuando ella se ponía a mirar la TV, no prestaba mucha atención realmente, solamente disfrutaba… la calidez que emanaba al estar sobre su pierna. Disculpa… me extendí con algo sin importancia.
-No importa (Siempre lo haces…)- dijo Byron en un tono molesto.
-Bien, continúo. Un día de esos, en que ella miraba la TV, la caída de un plato en la cocina me sacó de ese agradable trance en el que había caído. Lo que emitía la TV llegó hasta mis oídos, era un estruendoso grito que me hizo saltar enseguida de sus piernas al suelo, lo único que dijo fue “No tengas miedo, es sólo la TV” seguida de una pequeña risa burlona. “¿Miedo? ¿Qué es eso?” me pregunté poco después de que ella pronunció esas palabras. Devolví mi atención a esa despiadada caja que me hizo caer de los aposentos de mi ama. En ella decían “No te pierdas el próximo festival anual del día de Brujas ¡Es para morir del miedo!” esas palabras me dejaron pasmado en mi mente: “¿Morir de… miedo? ¿Pu-pude haber muerto?” esos fueron mis pensamientos que ahora considero estúpidos. Esta vez en la TV una serie de gritos me hicieron esponjar mi pelaje y estirar involuntariamente mis patas para una posición defensiva, pero ese terror que me infundía… dejó de… placer, un inusual placer que hasta ahora anhelo revivir. Días más tarde sucedió lo inesperado, la familia entera estaba vestida de negro excepto por… aquella señora, todos lloraban, no sabía qué era lo que pasaba, minutos después, todos abandonaron la casa… para no volver más. Nadie se despidió de mí, ni nada parecido. Esperé unos días en aquella casa, esperando que se presentaran al menos para decir Adiós, pero finalmente terminé abandonándola para regresar a mi vida de callejero. Había pasado bastante tiempo desde mi última vez en calle… no tenía las mismas habilidades, no recordaba cómo conseguir comida… siempre estaba puntualmente en mi plato. A los pocos días de regresar a las calles, estaba bastante débil, no comía nada más que basura de mala calidad… pensaba que iba a morir si no encontraba un alma caritativa queme alimentase cuando recordé las palabras que de esa TV salieron “¡Es para morir del miedo!”. En ese entonces me encontraba tan deprimido que… si por la falta de comida moriría lentamente… lo mejor era morir de la manera más rápida posible, pero recordaba con placer aquella sensación que me provocó el escuchar esos gritos, y pensé… si iba a morir prefiero morir feliz. Tenía que encontrar ese Festival del día de Brujas… los mejores gritos tienen que encontrarse ahí.
-¿Terminaste?- dijo exhausto Byron de escuchar a Clyde contar tan largo relato.
-No, déjame continuar, se viene la mayor parte.
-Bien…
-Entonces, mi prioridad dejó de ser buscar el alimento y pasó a ser el encontrar es Festival… no quiero entrar en detalles y aburrirte más así que…
-¡GRACIAS!- exclamó Byron.
-Después de una exhaustiva búsqueda, un buen día, pasando por un barrio de mala muerte me encontré con unos cárteles rotos en los que ponía
“Festival del Día de las Brujas
Éste 31 de octubre desde las 7:00
Estará abierto para todos los que
Tengan ganas de morirse del susto
Instalado en las afueras de la ciudad
Junto a la gasolinera del este”
Mi cara fue afectada por ese ataque de felicidad y se dibujó en ella una enorme sonrisa ¡Ya lo tenía! Pero cuando razoné mejor los datos que acababa de encontrar… me di cuenta que me faltaba mucho para lograr mi cometido… cómo iba a encontrar ese lugar, y cómo iba a saber cuándo dirigirme a él… En fin, suprimiendo los detalles llegué a un lugar que me aclaró todas mis dudas respecto a la fecha y el lugar, pero no encontré más que… decepción ¡El festival había pasado ya! Hace apenas… ¡Dos malditos días! Si no me hubiera sido tan perezoso, habría llegado a ese festival… Pero de nuevo… mi ánimo cambió de un momento a otro, el festival era… ANUAL así que tendría una oportunidad más de asistir, pero aun así… era demasiado tiempo para el siguiente. Ese día me sentía más decepcionado que nunca, necesitaba sentir esa sensación de nuevo… salí a las calles a dar vueltas para calmarme. Y ahí te encontré a ti, que me ayudaste a sobrevivir hasta hoy… el día en que al final, podré morir de miedo.
-¿Al fin?- replicó refunfuñando.- E-espera ¿Te quieres suicidar?- preguntó sorprendido.
-No lo sé… actualmente, tengo una gran vida como para acabar con ella, pero sigue siendo mi sueño sentir esa sensación… si muero en el proceso, que así sea- y dio un suspiro cabizbajo.
-Parece como si no lo quisieras hacer… simplemente vámonos, estamos a tiempo de regresar (Principalmente por mí, yo no quiero sentir eso que tanto dices).
Durante toda esa charla, ya se encontraban delante de lo que parece ser el destino buscado por Clyde… la gran, la majestuosa… “Casa de los sustos”.
Se encontraban en la parte trasera, no donde todos los humanos se reunían a esperar su turno para “disfrutar” (según Clyde) de tal atracción.
Clyde se encontraba nervioso, observaba su objetivo a apenas 3 metros de distancia… sus patas se encontraban temblorosas, los nervios eran lo más cercano a esa sensación que tanto buscaba, ¡Y no se quedaría conforme con ellos!
Ese lugar, desprendía humo blanco que simulaba neblina para generar ambiente. Lo que no estaba inmerso en ella eran un par de torres estilo medieval con punta en cono en el medio el techo era un prisma triangular, poco de la parte de abajo se alcanzaba a observar.
-Entonces… ¿Vas?- preguntó Clyde.
-¿Vas? Iremos ambos, Byron, tienes que disfrutar lo que yo.
-No gracias, no seas tan considerado Clyde- nervioso contestó a tan atrevida proposición.
-Anda, vamos- insistió Clyde.- Está bien… no quiero esperar más, iré yo solo, pero no sabes de lo que te pierdes.
Clyde, cada vez más ansioso por entrar, escuchó un grito desde el interior de la casa que lo animó al fin a dar el salto decisivo.
Cayó en el balcón de una de las torres. Rápidamente ese nocivo humo llegó a sus pulmones y lo hizo toser. Tenía que encontrar la entrada pronto o moriría, pero por asfixia. Parece que ese lugar estaba lleno de salidas de emergencias pues encontró una casi al instante.
Al entrar, se encontró un ambiente completamente medieval, alfombras rojas por cada pasillo, armaduras cada 2 metros y uno que otro estandarte con un dragón colgado en la pared y por supuesto varios candelabros a medio encender colgados.
Clyde se escondió detrás de una de esas huecas armaduras pues un par de humanos entraron desde el fondo de la habitación.
-(Y… ¿los gritos?)- pensaba confundido.-¡Yo necesito morir del miedo!- expresó con un fuerte maullido.
Ese maullido llegó hasta oído de los humanos, en una situación común no le hubieran tomado mucha atención a ello, pero con la tensión al máximo en expectativa de lo peor no pudieron evitar soltar un grito, pero no cualquier grito, de los más estridentes posibles, los humanos eran un par de chicas de 17 y 18 años respectivamente. Sus gritos rápidamente llegaron a oídos de Clyde, al instante dio un salto, quedando a vista del par de chicas quienes por la sorpresa gritaron una vez más.
Clyde se sentía en el cielo… su cara lo expresaba, aunque al principio expresaba sorpresa, unos segundos bastaron para estar inundado en un extraño placer.
-¿E-es esto a lo que llaman a-a-drenalina?
Su amigo Byron se había decido a entrar, lo observaba desde arriba, encima de una estantería.
-(¿Estará bien? ¿Debería de ir a ayudarle?- se preguntaba temeroso Byron.
Aparentemente Byron no le prestó mucha atención a su relato puesto que no estaba enterado de su adicción a los gritos. La cara de Clyde no estaba a la vista de Byron, él creía que estaba asustado y necesitaba ayuda. Entonces…
-(¡Tengo que ir! No puedo dejar a Clyde solo en esta situación…)- dicho esto, dio un salto desde esa estantería, cayendo justo detrás de Clyde.
-¡Ahhhh!- gritó Clyde.-Espera… ¿Byron?- dijo mientras giraba lentamente su cabeza.- ¡Byron! ¿Qué haces aquí? Creí que preferías quedarte afuera aburriéndote mientras yo me quedaba con toda la diversión.
-(¿Diversión…?) Eh… ¿Acaso creías que te iba a dejar quedarte con toda la diversión?- dijo nervioso.
-Jaja, ¡Lo sabía! Tú nunca me dejarías solo en éste día- decía feliz Clyde.- ¡Ven, sé que éste lugar tiene más para ofrecer!
Para ese entonces ese par de chicas ya habían huido a otro de los pasillos de ese lugar. Ellos dos se encontraban en una intersección que llevaba a tres caminos diferentes, todos ellos con 3 puertas al final de ellos.
-¿Y… a dónde vamos?- preguntó Byron nervioso.
-No sé, qué te parece si nos dividimos para buscar el lugar con la mejor ración de gritos- sugirió bastante convencido Clyde.
-¿Di-vi… dirnos?- preguntó asustado.-No, no, será más divertido si vamos juntos.
-Tienes razón, ¡Vamos!- dijo convencido.
Clyde dio unos cuantos pasos hasta llegar a una de las armaduras medievales con hacha incluida a la cual no le prestó mucha atención y pasó frente a ella sin más.
Byron observaba temeroso de lo que le esperaba sin moverse un centímetro de su anterior posición, hasta que se decidió a comenzar su camino, continuaba observando a Clyde pensando que si no lo pierde de vista se sentiría más seguro.
Apenas 3 pasos dados y algo hizo saltar de terror a Byron el hacha de una de las armaduras había caído a pocos milímetros de la cola de Clyde, él no lo notó hasta que su amigo gritó aterrado “¡Tu cola!”.
-Hey, los mejores gritos los dan los humanos, no es necesario que tú los des sólo para mí- dijo el inocente Clyde sin prestar atención a sus palabras.
-E-espera…- dijo intentando detener a Clyde.
Clyde de nuevo ignoró sus palabras. Byron ahora, aterrado por la posibilidad de que una de esas filosas hachas acabara con su cola o con su vida, se alejó lo más posible de ellas quedando del otro lado del pasillo, junto a una enorme estantería casi por completo saturada por libros de pasta gruesa y de apariencia antigua.
Basto dar unos pasos junto a ella para…
-¡Buaaaaaah!- gritó asustado Byron pues de entre los libros una mano verde con apariencia podrida con enormes y descuidadas uñas salió de improviso. La mano lo tenía atrapado, ese lugar no estaba hecho para la seguridad de un gato.
-Byron, ¿Qué te dije sobre…?- dijo volteando la cabeza enojado con ganas de darle un buen regaño-¿Ehhh?- dijo impresionado.- By-byron ¿Qué haces debajo de eso?- atemorizado por ver en apuros a su amigo…
-¿Que qué hago? ¡¡Ven y ayúdame!!- gritó cobarde.
Al ver a su amigo debajo de eso sintió… de nuevo la sensación tan placentera que sólo había experimentado mediante los gritos humanos…
-(¿Por qué? Esto… se siente en extremo bien… Casi… tanto como los gritos ¡No! Me-mejor…)
-¿¡Qué esperas?! Ven y sácame de aquí.
-Oh, sí, ¡Ya voy!- dijo saliendo de sus pensamientos.
Antes de que Clyde pudiera llegar a auxiliar a su amigo, pues la mano se había retirado de encima de él sin razón aparente. Byron se levantó del suelo enojado.
-¿Por qué no me ayudaste, eh? Te quedaste mirándome… como si disfrutaras el verme en esa situación- dijo indignado.
-Es que…- dijo sin poder proseguir, el ambiente había pasado a ser tenso, Clyde no podía mirar a los ojos a Byron, estaba avergonzado por su conducta, se había dejado llevar por ese goce que le ofrecía la sensación de miedo…
Byron esperaba pacientemente por una respuesta, pero al no obtener ninguna, simplemente dio media vuelta y comenzó a caminar teniendo como destino la salida de ese horrible lugar.
Clyde miraba a Byron alejarse lentamente sin poder decir una sola palabra, sabía que lo mejor era dejarlo como estaba, al menos por ahora, su crimen no era tan grave, pero parece que Byron no la había pasado nada bien durante toda la noche.
-(Perdón…)
A pocos pasos de llegar a esa puerta de emergencia que lo hizo ingresar en tan espantoso lugar un fuerte viento se escuchó y la puerta quedo sellada.
-(Oh-oh… ¿Qué hago ahora?)- pensó Byron confundido.
La salida más cercana estaba bloqueada, para encontrar otra tenía que adentrarse en esa tenebrosa y peligrosa casa…
Su cara, al menos en cuanto estaba invisible para Clyde denotaba preocupación, pero al voltear aceptando el cruel destino que le esperaba en esa casa, cambió a una de indignación total evitando todo contacto visual con su amigo, o… examigo.
Tomó el camino de la derecha. Clyde no intervino en absoluto, dio media vuelta siendo su destino la puerta del frente. Para su fortuna estaba entre abierta y era fácil para un gato cruzar por ella, pasó por ella cabizbajo y pensativo sobre sus acciones, parece que su gran noche había sido arruinada.
-Bueno… no puedo dejar pasar esta noche, así que… ¡A disfrutar!- estaba dispuesto a superar el incidente anterior, ésta noche era única para él.
Al cruzar por ella… no fue mucho lo que vio, pues estaba en total umbra. El factor sorpresa era increíblemente alto, a pesar de que al estar una habitación totalmente oscura es presagio de una sorpresa, ¡Cualquier cosa podía aparecerle ahí dentro!
Decidió ubicarse lo más al fondo posible, sea lo que le esperase, tenía que disfrutarlo completamente, así que a pesar de las habilidades de los gatos para ver en la oscuridad él decidió cerrar sus ojos y tener una cita a ciegas con el miedo…
La primera ronda había comenzado, y su indicador fue un pequeño “Switch” apenas sonoro, pero que llegó a sus sensibles oídos. Lo que se ofrecía en hoy en el menú de sustos era…
Un par de risas macabras y el sonido de guillotinas bajando, el saltaba al escucharlos de un lado al otro, hasta que en un instante cayó cerca de una trampilla, dos de sus patas cayeron a… 5 centímetros abajo. Era una casa hecha para sustos no para asesinatos, no podían permitir la caída de un humano por ese agujero, era simplemente para causar esa sensación, y para Byron eso servía.
-¡Ahhh!- gritó, sólo para hacer más satisfactorio ese susto.
Así pasó por unos minutos, cayendo en trampa tras trampa, y abriendo los ojos cada cierto tiempo para asustarse con lo que sea que tuviera al frente, dando saltos de un lado a otro, y esponjando su pelaje.
Unos pasos se escuchaban a lo lejos, alguien quería interrumpir el regocijo de Clyde. Él lo notó al instante y se apuró a encontrar un escondite. La parte de atrás de un sarcófago colocado de manera inclinada a pocos centímetros del piso sobre un soporte apenas resistente fue lo primero que vio.
Eran un par de jóvenes de entre 19 y 21 años de edad hablando entre estridentes risas más irritantes que una sirena policiaca. Afortunadamente no tardaron mucho en pasar.
Sonriente porque ese par se habían retirado de su escenario de disfrute, se disponía a salir, estirando lentamente sus 4 patas, sin cuidado dio el último estirón que le llevó a rozar ese mínimo soporte de manera, derrumbándolo y por ende, el sarcófago se desplomó.
Él lo notó, intentó salir del rango de caída del sarcófago, pero era demasiado tarde, el impacto fue mínimo, pero la parte trasera de su cuerpo quedó atrapado debajo de él.
Hizo un par de inútiles intentos de salir, hasta caer rendido con las patas delanteras estiradas en señal de rendición, teniendo como vista principal una aburrida pared de piedra gris.
Apenas habían pasado unos minutos, pero para él eran horas, no era doloroso… pero extremadamente incómodo.
Mientras tanto…
Byron, en otra parte de ese “juego” buscando la salida más pronta para acabar con su martirio, siempre cauteloso ante cualquier sorpresa que se le pueda presentar, afortunadamente estaban bastante claras, tenían sobresalientes marcas entre la madera para las trampillas, interruptores cercanos para presagiar sorpresas estilo mano zombi u otra de sus extremidades, era de muy mala calidad, pero sirve para la mayoría de los humanos y Clyde.
Caminaba sin dirección alguna, el concentrarse en evitar trampas tenía ocupada toda su atención, usaba los objetos como camino, estanterías, ataúdes, y de más muebles altos para evitar contacto humano, además de que esos lugares tenían un número mucho menor de cosas que provoquen miedo, pues ningún humano llega hasta esos sitios de manera fácil.
Permanecía siempre revisando ambos lados, viendo a los humanos caminar entre los pasillos y observando la pared. En uno de esos vistazos notó algo que le fue más cardiaco que toda la casa entera, era…
-(¿Qué-qué hace ahí ese idiota?)- dijo mirando a su examigo.
Sus caminos se habían cruzado, llegando al mismo lugar, los papeles se habían invertido, Clyde como víctima y Byron como aspirante a héroe…
-(¡Debo ayudarle!)- fue su primer pensamiento después de una rápida evaluación de la situación.
Pero eso no duró mucho, a su mente vino el momento en que Clyde pudo ser su héroe y no lo fue.
-(Pero… ¿Por qué iba yo de hacerlo?- se preguntó.- (¡No hay razón!)- se respondió.
Pasó su mirada al frente y continuó su camino.
A apenas 5 pasos, echó otra mirada hacia atrás.
-(No… ¡No debo ser como él! Debo ayudarle y echárselo en cara, ¡Sí, eso haré!).
Dio media vuelta, a pesar de cambiar de idea, no tenía planeado un rescate inmediato, quería restregarle en la cara a Clyde su situación.
Mientras iba planeando las mejores maneras de hacer sufrir a su “mal amigo” con una siniestra sonrisa dibujada en el rostro, su concentración fue interrumpida por el sonido de una puerta, de inmediato le hizo avanzar hacia delante, miró por toda la habitación, y no había un sitio en el cual esconderse. Pasó a la habitación contigua tratando de no hacer ruido.
Mientras tanto…
Clyde aún atrapado observaba la pared esperando que algún humano le viera atrapado y le ayudase. Pasaron unos cuantos, pero todos creyeron que era la decoración, a pesar de hacer movimientos y maullar, la gente huía creyendo que era una decoración muy realista.
Ya sin esperanza de que alguien le ayudara, al menos un humano, no le prestó atención a la última puerta que escuchó venir. Hasta que esa persona colocó su cara frente a la suya.
Al verlo dio un estridente maullido y por reflejo intentó salir de nuevo, ayudándose de sus patas delanteras para escapar, pero fue en vano, aunque le era placentero, pero el intentar escapar lo mejora.
Era un empleado del parque de diversiones, o esa era la impresión que daba al observar sus ropas, vestía con verde olivo un traje común entre barrenderos que también es adecuado para este tipo de trabajo, y una gorra del mismo color con el logo del parque.
-Jaja, ¿Y tú que haces aquí gatito?- dijo burlón.
-(¿Pequeño gatito?).
-Oh, qué lindo eres- y le acarició su cabeza.
Los comentarios del humano no le agradaban en lo más mínimo, tenía ganas de darle un zarpazo con sus afiladas garras para que se callara de una vez, pero necesitaba ayuda, y era eso, o esperar ahí hasta morir.
-¡Déjame que te saque de ahí!- exclamó.- ¿Cómo es que llegaste hasta ahí?- preguntó estúpido.
Mientras tanto…
Byron escuchaba la escena desde la otra habitación.
-(Ese… me arruinó el plan. No vale la pena seguir aquí).
Y prosiguió con su búsqueda de la salida. Por suerte, apenas dio media vuelta, se encontró con una enorme puerta con anuncio encima que decía “Salida de emergencia”.
El canto de los ángeles se hizo escuchar en su mente, al fin podría salir de ese infernal lugar. Tenía una apertura apenas adecuada para un gato, no dudó y cruzó la puerta lo más pronto posible.
En el exterior, ese humo que intentaba imitar niebla estaba en su máximo, no era muy agradable para un gato, corrió a su máxima velocidad hasta un punto seguro, escalo la cerca metálica y saltó al árbol más cercano. Echó un vistazo hacia atrás.
-(No debí… dejarlo con ese humano)- pensó con mirada preocupada.-(¡No!)- regresó su mirada al frente y prosiguió su camino.
Aunque los gatos callejeros normalmente tienen una zona en la que habitar y dormir, Byron se encontraba muy lejos de ella, así que decidió buscar alojo en algún callejón.
En medio de la búsqueda…
-(Clyde…)- pensaba una y otra vez torturando su mente.
De repente, entre esos negativos pensamientos, se oscureció totalmente su vista, y fue levantado bruscamente, maullando fuertemente como reflejo, cayó en lo que parecía ser una mochila, pues lo único que lograba ver era tela.
Mientras tanto…
Clyde ya estaba fuera de esa feria, el humano le trató bien, le dio de comer parte de su almuerzo y lo liberó.
-(Uhm… ¿Y ahora qué hago?)- ese humano le había arruinado su diversión, y no conocía otro lugar en el que divertirse. Hasta el momento no le había cruzado por su mente su amigo Clyde.
-(Byron…)- pensó, mientras por su mente pasaban las escenas de Byron debajo de la mano plástica de zombi.
Caminaba por un callejón sin prestarle atención a su camino, un obstáculo se cruzó en el camino, le golpeó la cara sacándole bruscamente de sus pensamientos.
Eso era… un sombrero de bruja.
-(¿Qué hace esto aquí?)- lo tocó con disimulo con una de sus patas.-(Seguro se le cayó a una niñita mientras pedía dulces…).
Aunque tenía una calidad innegable como si de un sombrero genuino se tratase el permanecía con la idea de que era un sombrero hecho por la madre de una descuidada niñita.
-(Jaja, quedaría bastante bien en mi cabeza)- pensaba iluso.
Lo derribó de una embestida, metió su cabeza en el agujero y lo levantó con dificultad pues el sombrero era del mismo tamaño que él.
-(No luce mal…)- pensó, a pesar de no tener manera de ver cómo lucía.
Era ligero a pesar del tamaño, no le costó mucho seguir con su camino.
-(Ahh… qué aburrido. Tiene que haber algo más que hacer esta noche…)
A su memoria vinieron las palabras de uno de sus amigos, Tyler un gato siamés bastante joven, no pasa de 6 meses, es bastante atrevido e irresponsable, pero buen amigo. Aquel gato le habló de una especie de “fiesta” que se realizaría en el parque de patinetas abandonado.
-(¿Debería de ir? No tengo nada mejor que hacer… ¡Iré!)
Con todo y sombrero se dirigió al lugar del que le habló su amigo. Llegó saltando de tejado en tejado, hasta llegar a la zona más cercana al fin de la ciudad, estaba casi por completo rodeado de edificios en ruinas, y terrenos baldíos. Llegó por el edificio de al lado, totalmente erosionado por la antigüedad y las lluvias de la temporada, poseía 4 pisos y múltiples agujeros semi-rectangulares que algún día fueron ventanas.
A poco de llegar se podía escuchar música de ritual de una grabadora, notorio por la estática que producía.
Ya en la orilla del tejado, asomó su cara, esperando ver una “fiesta”, pero abajo había lo menos esperado de encontrarse.
…
Aproximadamente 10 personas mayormente de tez morena y complexión delgada apenas vestidas con un taparrabos de imitación de piel de tigre, danzaban alrededor de un caldero relleno de un líquido purpura.
Varias personas más alrededor sentadas en los múltiples asientos improvisados, la parte baja de un “medio casco” era un lugar ideal para sentarse, unos cuantos simplemente se acomodaron en el piso sobre una manta.
Todos balbuceando entre grupitos de 2 o 3 personas, la música escondía perfectamente sus voces. De una carpa improvisada lo que parecía ser un cetro se asomaba lentamente, la punta tenía color oro, y lo un rubí muy bien imitado incrustado en él. De la parte de atrás salió otro tipo con vestimenta igual de ridícula, levantó las manos y dijo “Callaros, ahí viene”. La música fue detenida en seco, al igual que las charlas de los asistentes a la ceremonia.
Todos miraban fijamente la puerta de la carpa. Cuando fue bruscamente abierta por los brazos de lo que parecía ser su líder, pues llevaba un enorme sombrero dorado, adornado con zafiros y esmeraldas de imitación, y una enorme capa roja aterciopelada, además del ya mencionado cetro, tenía una gran musculatura, tez morena, y varios piercings repartidos en todo su cuerpo, además de un tatuaje en forma de cráneo . Se veía sonriente, alzó las manos una vez más, y el poco público además de los bailarines lo aclamaban con un aplauso y gritos unísonos.
-¡Ha llegado la hora!- exclamó con una sonrisa malévola inspirando a una ovación más.- Y el ingrediente más especial ha llegado…
De la parte de atrás unas 4 mochilas eran traídas lentamente por 2 de sus lacayos.
Mientras tanto…
-(¿Qué rayos hacen esos?)- se preguntó sorprendido.-(Ese maldito Tyler dijo que habría una buena fiesta… de gatos… no de “humanos” si es que a esos locos les puedo llamar así).
Algo se movía en las mochilas, lo que parecían ser garras sobresalían de la mochila una y otra vez, de manera desesperada.
-(Mejor me voy de aquí…)- dijo dirigiendo su mirada a la parte de atrás.
Ya había dado dos pasos en su camino de regreso a su “hogar”, cuando… de las mochilas, unos ensordecedores maullidos se hicieron escuchar. Clyde apenas los escuchó volteó su mirada y regresó a la orilla del tejado para ver qué era lo que pasaba.
-(Esos son… ¿Gatos? ¿Gatos dentro de las mochilas?)- pensaba con el hocico abierto y los ojos dilatados.-(¡No puede ser!)- negaba la realidad.
Los maullidos traducidos a su idioma eran “¡Ayudaaaaaa!”
-(Lo-lo son…)- aceptó lo innegable.
Más personas salieron de la parte de atrás, esta vez un par de hombres cargando cada uno un par de timbales. La verdadera “fiesta” estaba por comenzar.
Un par de palmadas a los timbales marcaron el inicio del ritual, después de eso fueron toques rítmicos perfectos para la ocasión.
Una de las mochilas fue finalmente abierta, con especial cuidado para que no se escaparan. De ella una pata color marrón salía se movía brusca en un intento de salir, fue abierta un poco más, y de ella salió la cabeza de un gato marrón.
Fue abruptamente sacado de ella, cerrándola instante para evitar un inconveniente suceso.
Le dio el primer gato a su líder.
-¡Él, él es el primero!- gritó alzándolo entre sus manos.
El gato luchaba por escapar maullando fuertemente, dando zarpazos y patadas al aire.
-(¿Qué-qué caraj*?)- estaba aterrado.
Desgraciadamente el miedo era su debilidad, el miedo era placer para él, no se atrevía a hacer movimiento alguno, el placer es el peor y el mejor de los males.
-¡Traigan la guillotina!- gritó sonriente.
Y una autentica guillotina era traída hasta el frente de su maniático líder, fácilmente sobre una plataforma con ruedas para su facilidad de transporte.
Fue colocada y asegurada al frente de él. Y todos los espectadores al unísono gritaban “¡Guillotina, guillotina!”
Ese montón de locos estaban ansiosos por ver sangre salpicar.
-(No… no puede ser… ¡Bryan!)- regresó a esos erróneos pensamientos.
Se encontraba temblando, viendo como colocaban a uno de sus amigos en la guillotina, listo para ser ejecutado de la manera más rápida, pero humillante posible.
Se retorcía aún apresado.
-¡Ahora!- en cuanto fue dada esa orden, sus lacayos soltaron la cuerda que mantenía arriba la cuchilla de la guillotina.
Un crujido marcó el fin de su vida, su cuerpo dejó de moverse al instante, su cabeza fue decapitada de su cuerpo cayendo justo debajo de la guillotina, y rodó unos cuantos centímetros dejando un rastro de espesa sangre en el piso.
Los espectadores se mantenían animados, para ellos era cual concierto de la “idol” del momento.
El cuerpo inerte fue retirado de la guillotina y lanzado al caldero cual pollo listo para la cacerola. El cuerpo sin vida flotaba en ese líquido púrpura.
De todas las razas, de todos colores y tamaños uno a uno cada gato fue pasando por ese mismo proceso.
Clyde miraba asombrado, estaba presenciando la muerte de los de su raza, y no hacía nada para evitarlo.
Todas las cabezas de los gatos quedaron debajo de la guillotina, una sobre otra, todas con marcas de sangre en su pelaje, y la mayoría con los ojos bañados en sangre.
30 gatos habían sido ejecutados ante los ojos de Clyde, ante ninguno de ellos pudo hacer algo, por más que luchara contra sus deseos.
Pero todavía había vida en una de esas mochilas, al estar solo en ella, daba saltos intentando escapar, pero estaba sostenida por uno de esos sirvientes.
Durante todo el proceso, el líder anunciaba el número de gato que estaba siendo ejecutado, y así, el fin del ritual estaba cerca.
De la mochila, un gato de blanco pelaje fue elevado y entregado al tipo del cetro.
-(By-by-by-by ¿Byron?)- estaba anonadado al ver a su amigo en el lugar menos esperado.
-¡Y para finalizar, el número 31!- exclamó alzando los brazos para colocar al último gato a ejecución.
-¡No puedo quedarme sin hacer nada!- expresó con un fuerte maullido que en seguida cambió la atención del montón de locos sádicos.
-¿Otro gato?- preguntó uno de ellos.
-Así es…- dijo su líder.- ¡Un gato extra no hará mal!- gritó apuntando con su cetro al edificio en donde Clyde se encontraba observando perturbado tan horrible ritual.- ¡Ah, miren! El color perfecto… un gato negro, y además… con un sombrerito de bruja, ¡No lo podemos dejar escapar!
Le entregó a Byron a su asistente, y se corrió rápidamente al edificio. Indicando a dos de sus sirvientes le acompañasen.
No se percató de que venían por él. Estaba tan shockeado que podía ni mover las patas.
Las escaleras estaban en un estado aceptable, y lograron subir con gran rapidez, ante tan perfecto tesoro, no había tiempo que perder.
El líder fue el primero en llegar al tejado, bajó la velocidad de su paso ahora que a su presa le era imposible escapar.
-¿Quién fue el que te obligó a llevar eso en la cabeza?- preguntó burlón.
Byron reaccionó y dio media vuelta de un salto. Esponjando su pelaje y dando fuertes maullidos.
-Jaja…- le causaba gracia la agresividad de ese gato.- Ven aquí… gatito, gatito- le hablaba burlándose de él.
El gato le miraba con rabia, era notoria su burla. Mientras, los otros 2 ya estaban detrás de él, llegaron desapercibidos, le capturaron con gran facilidad, cada uno sosteniendo 2 de sus patas para evitar que huyera. Le agarraron tan bruscamente que su sombrero cayó de su cabeza hasta el piso del parque de patinetas.
-¡Jajajaja! El gato más fácil de capturar en toda la noche…- no dejaba de hacer mofa de Clyde.
Al principio se resistía a estar capturado, no era algo aceptable para él, lo que sentía ya no era miedo era rabia.
Pero ante la adversidad, decidió dejar de luchar.
Bajaron lentamente, su líder siempre conservaba esa cara de sádico, en todo el camino, no dejó de mirar a Clyde, era su gran tesoro, lo que toda la noche había estado buscando.
Clyde permaneció cabizbajo, tratando de aminorar la rabia que sentía.
Le llevaron hasta abajo, el ritual iba a ser por fin concluido.
Byron permanecía preso por el otro sirviente de igual manera, con la cabeza abajo tomando por las 4 patas.
Los colocaron uno junto al otro.
-¡Que continúe el ritual amigos!- gritó animando al público.
El cual ovacionó una vez más.
-Hola…- dijo Clyde a Byron aún con la cabeza abajo.
-¿Hola? ¿Me saludas estando en esta situación?- le preguntó, siendo el primero en ser llevado ante la guillotina.
-Só… sólo salúdame.
-E-está bien, Hola- estaba más confundido que nunca, era una mezcla de emociones… el miedo que sentía, la confusión, y la culpa…
-¿Podemos ser amigos de nuevo?- le preguntó.
-¿Ehh?- dijo confundido, mientras sus segundos de vida disminuían, estaba siendo acomodado en la guillotina.
-¡Contesta! No queda mucho tiempo, no te quiero perder así…- dijo llorando.
-¡Claro que pode…!-la cuchilla había caído ya sobre su cuello.
…
…
-No… no me respondiste… ¿Po-por qué? ¿Por qué tenía que ser así?
Finalmente, había llegado su momento.
-¡Y ahora sí, el número 32, y el ritual será completado, tendremos a una bruja autentica justo frente a nosotros!- dijo ante la audiencia.
-(¿Una bruja? … ¿Es eso lo que buscan? No… no lo creo, es una simple excusa para asesinarnos…)- pensaba mientras a su reloj de vida se le acababan los granos de arena, ya estaba sobre la guillotina.
El último sacrificio sería el más tardío, pues lo necesitan “disfrutar”.
-¡Cuenten todos conmigo! 1…- alentaba a la audiencia.
Y ellos correspondieron.
-2… y…- decían todos en expectativa de lograr su objetivo.
-(E incluso lo disfruto… éste miedo que me causa el saber que voy a morir, es tan placentero…. ¿Estoy tan loco como ellos? … Probablemente).
-¡3!-esta era la señal para soltar la cuerda.
La cuerda cayó acabando finalmente con la vida de Clyde.
FIN.