Jade era un hermoso pueblo mediano que estaba al pie de una montaña de considerable tamaño y de hermosos tonos púrpura. A ésta altura del año toda Jade estaba cubierta de hermosos copos de nieve, que coronaban los techos de las casas construidas con un estilo colonial y las ramas de los imponentes pinos azulados.
La aldea generalmente era muy tranquila pero era víspera de Navidad, así que las personas iban de un lado al otro haciendo las compras de último momentos que debieron hacer desde hace dos semanas atrás (mínimo), por lo que había un caos de personas y pokémon. Por suerte, algunos se transportaban hasta Ciudad Laureola y abarrotaban los centros comerciales, drenando un poco el caos de las calles en Jade.
- ¡Hace demasiado frío para mí! – lloriqueó Flowar debajo de un montón de cobijas de lana de Piloswine - ¡Enciendan la chimenea por favor! -.
- La chimenea ha estado encendida todo el día – replicó Flame, que para mantener contenta a su hermana era las llamas que daban calor a la casa en la que se habían hospedado – Si me caliento más voy a incendiar la casa -.
- Pe-pe-pe-pero… - tartamudeó Flowar con la voz sofocada, se notaba que estaba tiritando.
Después de un largo viaje por la Región Dorigan el grupo de viajeros se habían hospedado en una tremenda casa (por cuestiones de costumbre de Madison) de exquisita arquitectura colonial con una combinación de modernismo excepcional. En realidad, no se habían quedado sólo porque se acercaba la Navidad y tomaran vacaciones, sino que las nevadas que habían azotado distintas zonas de la Región les habían bloqueado los posibles caminos para su verdadero destino. El único sitio al que podían llegar era a Ciudad Laureola y de ahí todos los caminos estaban bloqueados, sólo Pueblo Jade estaba en comunicada con la suntuosa Laureola.
Flowar y Flame estaban solos en la gigantesca sala, pero a los minutos comenzaron a entrar todos apurados por Madison. Flame observó entrar a cada uno de sus hermanos en fila, Mewtwo, Blaze, Morrigan, Tuoni Dyfir, Nataniel, Lenore, el Sr. Fuji, la Sra. Teresa y finalmente a Madison. Dinya rápidamente se puso a la diestra de la excéntrica Creyente mientras que Sfear se colocó a la izquierda. La Creyente no dejaba de sonreírles de una forma tan alegra que atemorizaba, lo que causaba recelo en personajes como Tymime, Eve, Shock y Mewtwo.
- ¡Bueno queridos míos! Como ya saben, estamos en Víspera de Navidad y como lo habrán notado, en esta casa no tenemos ni la más mínima decoración y eso, mis niños, es demasiado triste – explicó Madison como si le hablara a un grupo de soldados – Mis queridos Lethilian jamás han podido experimentar la belleza de la Navidad porque no existía cuando ellos nacieron… -.
- De mi parte no me interesa participar en toda esta parafernalia de la Navidad – espetó Tymime secamente, interrumpiendo las ideas de la Creyente – Ésta es una fiesta que tiene tinte religioso, una religión humana que es completamente ajena a nosotros -.
- Estoy de acuerdo – dijo Icestar, secundando a su hermano – Las tradiciones religiosas humanas son triviales para nosotros… -.
- En pocas palabras: estúpida – espetó Shock frunciendo levemente el ceño para acentuar su aburrimiento.
- ¡Si son aguafiestas! – exclamó Sfear, interrumpiendo la lista de razones de sus hermanos - ¿Por qué no lo vemos desde otro punto de vista? – les preguntó con ojos suplicantes.
- ¿Que nosotros recibimos regalos cuando se supone es el cumpleaños de otro? – dijo Moonghost con pícara inocencia mientras reía.
- ¿Insinúas que sólo lo veamos nos concentremos en los regalos? – le preguntó Rocknight inmediatamente, sin darle oportunidad a Sfear de decir algo.
- En pocas palabras, desde el punto de vista comercial y egoístamente interesado – dijo Grounday volviéndole a quitar el derecho de palabra a su hermana acuática.
- ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡Y NO! – exclamó Sfear bastante alterada - ¡Desde el punto de vistas de reunirnos y compartir en familia! ¡Gea me libre! – exclamó ahora sulfurada.
- ¡Serena Remoraid! – exclamó Grounday riéndose de la reacción de su hermana – Lo que tratamos de decirte es que nos eches un buen vistazo. Tymime no es del tipo de reunirse en armonía con la familia, Eve es una antipática y asocial radical, Shock se pelea con medio mundo e Icestar criticaría técnicamente tú comida… ¡Ah! ¡De paso! ¡El menú vegetariano de Flowar que es una patada en el estómago! -.
- ¡Te oí! – bufó el bulto de mantas.
- ¡Ay! ¡Vamos a complacerlas! – exclamó Eve fastidiada – Si no las complacemos al menos una vez no nos dejarán de reprocharlo incluso en la tumba – espetó mientras se proponía irse de la habitación.
- ¿Lo… lo estás diciendo es serio? – preguntó Dinya pasmada, igual que el resto de los presentes.
- ¡Aja! – exclamó fastidiada mientras seguía su camino.
- ¿Le van a hacer caso? – preguntó Sfear mirando a su público quienes rezongaron como diciendo “¿Ya qué? Hagámoslo”.
- ¡Eve! ¡Quieta ahí! – exclamó Dinya y le cortó el paso a su hermana pequeña.
- ¿Qué quieres? – espetó Eve frunciendo el ceño – Ya les hice un favor, ahora me largo. Si necesitan ayuda en algo me avisan porque voy a estar afuera -.
- Es que vas a ayudarnos desde ya – vociferó la hermana mariposa alegremente mientras agarraba del brazo a Eve y la arrastraba hasta donde estaban sus otras dos cómplices.
Justo en ese momento todos se llegaron a percatar que detrás de Sfear y Madison había un gran saco al estilo Santa Claus. Dinya arrastró a Eve mientras Madison habría el saco, Sfear se introdujo en el costal y volvió a salir velozmente para lanzarse sobre su hermana pequeña. Todo fue tan rápido que todos se dieron cuenta de lo que había pasado al observar el resultado, boquiabiertos.
Eve tenía entre sus orejas un gorro, tenía un vestido de mangas largas, con los puños y bordes adornados con lo que parecían nubes de algodón. Tenía unos guantes y un lazo hermoso en su cola todos negros. Era un típico traje navideño que la hacía parecer ayudante de Santa Claus.
- Grr, que bien te ves mi musa navideña – dijo Blaze entre risas pero con una mirada bastante...
- ¡¿QUÉ [CENSURADO] ES ÉSTA [CENSURADO]?! – gritó furiosa a sus hermanas tan roja como su traje.
- Sabíamos que alguien nos ayudaría a convencer a todos, así que comenzamos a confeccionar estos trajes desde que llegamos aquí. Hay uno para cada uno… ¿No son una lindura? – decía Sfear mientras se ponía su traje el cual era idéntico al de Eve.
- Y si te quitas el traje buscaré la manera de romper tus barreras psico-emocionales y te haré pasar la mayor vergüenza de tu vida publicando todos tus sentimientos en Internet – espetó Dinya tiñendo su cuerpo de colores rojos: amenaza.
- ¿A quién le importarían los sentimientos de un pokémon? Más cuando en la red hay cualquier estupidez – espetó Eve sin prestarle atención a los colores de su hermana – Lo haré, pero esta me la vas a pagar caro – agregó, casi salía veneno de su boca.
- ¡Perfecto! ¡Ahora vengan a ponerse todos sus trajes! – llamó Sfear con mucha alegría.
- Me niego a hacer el ridículo – musitó Tymime mientras se iba de la habitación, al pasar al lado de Eve le susurró - ¿Te arrepientes? -.
- Con todas las hebras de mi ser – le contestó – Estoy que vomito hasta lo que no puedo vomitar-.
Cuando todos estuvieron vestidos con sus respectivos trajes Dinya comenzó la asignación de las tareas. Shock cortaría el pino y Baby le ayudaría a traerlo. Dyfir, Nataniel, Teresa y Fuji se encargarían de la cena. Icestar, Skyfler, Rocknight y Grounday se encargarían de los adornos del árbol. Sfear, Moonghost, Lenore y Zack se encargarían de la limpieza. Eve, Mewtwo y Blaze se encargarían de decorar el resto de la casa. Flame se encargaría de las chimeneas de toda la casa. Finalmente, Madison y Dinya serían las supervisoras. Al terminar de asignarse las tareas todos se fueron raudos a cumplirlas, más que todo Flame porque había como diez chimeneas en distintas habitaciones.
Madison acompañó el grupo de la cocina para explicarles el menú que había escogido, dejando a Dinya sola en la habitación, aunque en realidad.
- Dinya… ¿Yo no voy a hacer nada? – preguntó Flowar, asomando sus ojos por una rendija entre las cobijas de Piloswine – No soy útil con el frío que tengo, ¿cierto? – continuó con un matiz de tristeza en sus ojos y su voz.
- ¡Para nada hermanita! – dijo Dinya con una gran sonrisa llena de sinceridad, lo cual expresaba el hermoso rosado pálido característico en ella. Pero repentinamente sus colores se volvieron naranja.
- ¿Estás tramando algo? – preguntó Flowar mirándola con cuidado, porque sabía que cuando su hermana estaba de aquel cítrico color era por estar planeando algo.
- De hecho, si. No te asigné nada que si lavar, adornar o cocinar porque tengo una labor muy especial para ti – explicó Dinya con una sonrisa maliciosa.
Ya Madison les había dado todas las recetas del menú que había organizado. Dentro del menú había desde asado negro hasta tarta de chocolate, tendrían que preparar un total de veinticinco platos y cinco postres. No habían comenzado cuando ya tenían el primer inconveniente, faltaban ingredientes para los platos principales, principalmente carnes.
- Ustedes son más jóvenes que nosotros, es mejor que adelanten con los primeros diez platos y el primer postre mientras nos hacemos con los ingredientes para el resto – dijo el Sr. Fuji mientras salía de la cocina seguido de la Sra. Teresa - ¿No tendrán problemas? -.
- ¡En absoluto! – dijo Dyfir con una gran sonrisa – Somos viajeros, sabemos cocinar hasta en las situaciones más adversas. Además, Nataniel no quemará nada porque está bajo la supervisión de su servidora -.
- Y so me aseguraré de que ella no queme el agua – espetó Nataniel, devolviéndole el reto a Dyfir.
- El agua no se quema, sabiondo – espetó Dyfir frunciéndole levemente el ceño.
- He ahí la cuestión – le dijo Nataniel con una sonrisa socarrona.
- ¡Bueno muchachos! ¡Dejen las niñerías y a cocinar! – exclamó Teresa burlonamente.
Ambos ancianos se fueron y dejaron a ambos adolescentes con las labores. Estaban comenzando por el pan de jamón, como tenían que hacer diez de esos, amasaron con frenesí, pero claro, Nataniel no perdió tiempo para bromear.
- Mira, soy un experto pizzero – dijo Nataniel para llamar la atención de Dyfir. Jugaba con la masa dándole vueltas en el aire, lanzándola cada vez más alto.
- ¡Nataniel, cuidado que la vas a…! – exclamó Dyfir alarmada, previendo lo que sucedería.
Pero la chica de cabellos albinos hizo la advertencia muy tarde porque Nataniel ya no tenía la mezcla de harina, huevos, sal y agua entre sus manos. Ambos se quedaron pasmados viendo las manos de Nataniel y luego movieron sus ojos hasta el techo, viendo que la masa se había adherido por completo.
- Buen trabajo, genio – espetó Dyfir bajando la mirada para ver a su compañero – Ahora tenemos que hacer de nuevo todo y llamar a alguien para que venga a limpiar el desastre que hiciste en el techo – agregó enfurruñada.
- Oye… Dyfir… - musitó Nataniel, todavía viendo hacia arriba.
- ¿Qué quieres? -.
- Saber qué es eso – dijo el chico señalando algo hacia arriba.
Su amiga siguió la dirección que señalaba y cuando dio con el objetivo su cara le hizo competencia a los tomates que estaban sobre la mesa.
- Es un muérdago… - respondió con un hilo de voz.
- ¿Y cómo llegó ahí? – preguntó Nataniel arqueando una ceja.
- No lo sé, pero tenemos que besarnos – dijo Dyfir todavía atónita.
- Si, no hay problema… - dijo Nataniel distraídamente hasta que logró procesar las palabras de la entrenadora - ¡¿Cómo es que dijiste?! – exclamó echándose hacia atrás ahora tan rojo como la chica.
- Que nos tenemos que besar – exclamó Dyfir frunciendo el ceño – Cuando dos personas están debajo de un muérdago se tienen que besar o jamás podrán encontrar a su verdadero amor, te cae encima como una especie de maldición que te hará fracasar en todas tus relaciones amorosas y es muy propio de ponerlos en las puertas en Navidad – le explicó mientras lo agarraba por el cuello de su traje y lo miraba como tal Medusa – Y no quiero que mis posibilidades de encontrar a un honorable esposo cuando logre ganar todas las Ligas del mundo me las arruine un estúpido muérdago -.
- Pero sólo es folklore… No seas tan supersticiosa… - balbuceó Nataniel, queriendo escapar de la situación más por vergüenza que por pánico.
- Hemos estado metidos en un lío sobrenatural por meses y me dices que no sea supersticiosa – bufó Dyfir bastante alterada – Ahora, si no me besas lo lamentaras por los hijos que nunca podrás tener -.
- ¡Esta bien, esta bien! ¡Si es por las buenas! – exclamó Nataniel muerto de miedo – Pero suéltame que así es más incómodo de lo que ya lo es -.
Dyfir lo soltó e intentó relajarse mientras cerraba los ojos. Nataniel era el que no podía ni mantenerse firme por la situación en la que estaba metido, exhala más calor que el propio Sol y tenía ganas de arrancarse las mejillas porque parecían ollas a presión. Se acercó lentamente a Dyfir, sin saber qué hacer en el momento que sus labios rozaran los de ella, porque seguramente se desmayaría. Siguió con su misión armándose de valor hasta que por fin sus labios se juntaron con los de ella; jamás sería capaz de explicar la sensación que lo invadió en ese momento, algo que deseó no se acabara nunca…
Pero el final era inevitable, Dyfir no tenía ni la más mínima idea de lo que él sentía por ella y deseaba decírselo en el momento adecuado. No quería que se enterara de sus sentimientos gracias a un pedazo de planta colgado del techo.
- ¡Jiu-jiu! Los caché picarones -.
- ¡AHHHHH! – gritaron ambos, separándose bruscamente más rojos ahora que cualquier cosa sobre el planeta tierra. Cuando buscaron al “intruso” dieron con un Moonghost que les sonreía picaronamente.
- ¡Los caché! Nos hubieran dicho y les preparábamos un viaje por los alrededores en trineo, así toda una velada romántica… - les dijo burlonamente.
- ¡LARGO! – le gritaron furiosos ambos entrenadores y comenzaron a lanzarle todos los utensilios de cocina que encontraron a la manos y el hermano fantasma huyó velozmente de la escena.
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- ¿Cómo es posible que en una casa que dan en alquiler haya tanta suciedad? – rugió Lenore mientras lanzaba su trapeador contra una pared - ¡¿Y dónde se metió ese fantasma haragán?! ¡Lo cacho vagueando y juro que lo voy a…! -.
- Lenore, tranquilízate que lo enviamos a buscar más cloro y limpia pisos con aroma a lavanda – la interrumpió Zack cortantemente – Además que es más útil como la mula de carga que como ayudante de limpieza porque mira que usar mostaza para restregar la alfombra… -.
- Moonghost es así, aunque sinceramente creí que cuando organizamos los grupos daría menos problemas limpiando conmigo en el grupo – les dijo Sfear con una mueca bastante extraña en el rostro – Además, el jarrón se ve perfecto ahí, trae energía de “Su-shi” al hogar y tapa el desastre de la mostaza -.
- Se dice “Feng-shui” – la corrigió Zack mientras soltaba una carcajada.
Justo en eso tocan la puerta de la habitación en la que estaba el grupo y cuando se abre la puerta entraron Grounday y Rocknight.
- Disculpen las molestias, pero queremos hacer un adorno que represente a cada quien en la casa y venimos a preguntarles algunas cosas – dijo Rocknight con su pereza característica.
- Claro, no es problema – les dijo Zack afablemente.
- ¿Eso es una mancha de mostaza? – preguntó Grounday, fijándose en lo que sobresalía por debajo del jarrón.
Lenore y Zack corrieron hasta los des gemelos y los arrastraron hasta donde ellos estaban, seguidamente se alejaron para ocultar el objeto de la discordia.
- ¿Mancha? ¿Cuál mancha? – rió Lenore nerviosamente.
- No te hagas la loca que sé que estás mintiendo, soy un detector de mentiras – espetó Grounday mirándolos despectivamente.
- Bueno, no los regañes, fue Moonghost el que hizo esto… - comenzó a explicar Sfear.
- ¿Qué hay en el techo? – preguntó Rocknight de repente mientras miraba sobre la cabeza de su hermana y la suya.
Todos levantaron la mirad ay descubrieron que una pequeña planta colgaba sobre Rocknight y Grounday.
- Es muérdago – contestó Zack con tranquilidad, pero como siempre…
- ¡Por Arceus! – exclamó Lenore alterada - ¡Tienen que besarse! -.
- ¿Qué? ¿Por qué? – preguntaron al unísono Rocknight y Grounday con inocencia.
- Si, ¿por qué? – preguntó Sfear con curiosidad.
- Es una tradición humana, supongo – explicó Lenore, tratando de mantener la calma – Cuando una pareja se para debajo de un muérdago tienen que darse un beso o ninguno jamás podrá encontrar a su amor verdadero, les caerá una maldición que los hará fracasar en las relaciones -.
- ¿Y por qué te alteras tanto por eso? – preguntó Grounday más tranquila. Por un momento pensó que eran “plantas bomba”.
- Porque ustedes son hermanos y eso es pecaminoso – replicó Lenore frunciéndoles el ceño porque no le entendían lo que trataba de decirles.
- ¡Ay vamos! – rió Grounday a carcajadas.
- La tradición del muérdago no da ninguna clase de especificaciones sobre hermanos aunque estemos formando una pareja – dijo Rocknight con calma – En dado caso, para evitar maldiciones por ser hermanos, ésta es la solución… -.
Rocknight se acercó a su hermana gemela y con sencillez le dio un beso en la mejilla, el cual su hermana le devolvió dándole un beso en la mejilla a él. La solución era tan simple que tranquilizó a Lenore.
- Oye, hay otro ahí – dijo Grounday señalando por sobre las cabezas de los dos cazadores.
Lenore y Zack se tensaron tanto que parecían estatuas, con una lentitud mecánica elevaron sus ojos y no tardaron en dar con el muérdago que estaba sobre ellos. Lenore no lo pensó dos veces y sin que Zack terminara de digerir la idea ya le estaba zampando un beso. El beso estaba tan cargado de intensidad que incomodó a los que por mala suerte les toco presenciar la escena
- ¡Yo no quiero ser solterona por el resto de mi vida! – exclamó Lenore al borde de una ataque de locura cuando despegó sus labios de los de Zack, a quien parecía le hubiesen absorbido el alma.
- Ese muérdago no estaba ahí… Ninguno de los dos – dijo Sfear a sus hermanos – Y ni siquiera el grupo de decoración ha llegado a esta habitación de la casa.
- Esto me huele a chamusquina – dijo Grounday frunciendo el ceño.
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- ¿Dónde dejo estas cajas, preciosas? – preguntó Blaze con una sonrisa de oreja a oreja por tener que compartir labores con Eve.
- En el mismo sitio que te he dicho las últimas veinte veces – le contesto la aludida sin prestarle demasiada atención al Scizor negro – Mewtwo, ayúdame con esto… No entiendo por qué guardan tantas luces que se enredan y la mitad no sirve -.
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He visto a algunos humanos que van probando cada una de las luces hasta encontrar la falla, generalmente cuando una deja de funcionar lo mismo sucede con la hilera con la que está interconectada – le explicó Mewtwo mientras extendía las luces por lo largo de la habitación usando Psíquico.
Justo en ese momento entra Skyfler como alma que lleva el diablo y sin intención empuja a Mewtwo hacia un lado.
- Hermana, disculpe que entre así, pero se me ha ocurrido una idea bastante genial y le estamos preguntando a todo el mundo mientras nos traen el pino – le explicó rápidamente a su hermana con entusiasmo – Le queremos hacer un adorno especial a cada uno para ponerlo en el árbol y me preguntaba cuál… -.
- ¿Qué es lo que tienen arriba? – preguntó Blaze con curiosidad - ¡Es muérdago! – exclamó con cierta desilusión.
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¿Qué…? – balbuceó extrañado Mewtwo.
- Que muerda ¿qué? – preguntó Skyfler extrañado.
- Miren sobre ustedes – le sugirió Blaze y los tres le hicieron caso. Un pequeño muérdago colgaba entre Eve y Skyfler – Se supone que cuando hay una pareja debajo del muérdago se tienen que besar o les traerá una maldición que no les dejará encontrar a su amor verdade… -.
- ¡Aja! Como sea – dijo Skyfler mientras le daba un “piquito” rápido a su hermana y ambos prosiguieran como si nada su conversación - ¿Entonces qué adorno te gustaría te simbolizara? -.
- No sé, el que tú prefieras – le dijo Eve dirigiéndole una sonrisa – No tengo cabeza para pensar en eso ahora -.
- Ya se me ocurrirá algo, no vemos entonces – le dijo Skyfler y se fue con la misma prisa con la que llegó.
Eve siguió con sus labores pero las atónitas miradas de Mewtwo y Blaze le taladraban la nuca hasta que les preguntó lo que les sucedía. Claro, lo que había causado el fugaz beso entre Eve y Skyfler habías afectado más a Blaze pero la pokémon blanca le rezongó que se pusiera a trabajar. Un beso así de rápido entre hermanos no significaba nada para ella y mucho menos para el soñador de Skyfler.
- Lo que no entiendo… No recuerdo haber colgado ninguno de los muérdagos que tenemos – se dijo Eve mirando con desconfianza la pequeña planta colgante, tratando de evitarlo lo más posible porque Blaze le andaba dando caza para que ambos quedaran debajo.
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Los muérdagos no dejaron de perseguir al grupo encargado de la decoración de la casa. Las pequeñas plantas colgantes aparecían por todos lados de la casa y se habían visto situaciones tan incómodas como cuando uno creció entre Blaze y Mewtwo justo en el momento en el que Eve se había separado de su amigo psíquico para evitar que una esfera de nieve decorativa cayera al suelo. Zack y Nataniel, Dyfir y Madison, el Sr. Fuji con Lenore, Dyfir y Moonghost (¡!), Blaze y Shock, éstas y muchas otras parejas impensables eran víctimas del muérdago.
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Ya al final de la tarde, la invasión de muérdago era inminente, nadie en la casa se había salvado. Eve comenzó a pensar que algo quería que besara a Blaze o a Mewtwo y eso no debía ser así, pero sin duda había algo que no encajaba.
Todos terminaron por reunirse en la recepción, el único lugar en donde aún no había crecido ningún muérdago. Todos estaban sin dudas hartos de tanto dar besos y de las embarazosas situaciones y el escándalo que hacían entre algunos para dar con una solución molestó al único en la casa que no había sido víctima del ataque de los muérdagos.
- ¿Por qué [CENSURADO] hay tanto alboroto aquí? – espetó Tymime muy molesto mientras caminaba hasta Eve.
Mewtwo estaba al lado de ella, así que decidió echarse a un lado para evitar que el arlequín le armara bronca por estar al lado de su hermana. Cuando Tymime se puso al lado de Eve, al instante justo en que Tymime ocupaba el lugar de Mewtwo, todos vieron de hito en hito sobre ambos hermanos.
Eve, al notar ese gesto ya habitual en el caos que se había formado, los imitó y se dio cuenta que sobre ambos había crecido otro muérdago.
- ¿Tengo que repetir mi pregunta? – espetó Tymime frunciendo el ceño, sin duda no se había dado cuenta en la situación en la que estaba - ¿Por qué rayos hay tanto alboroto en esta [CENSURADO]? -.
- Tienen un muédago enzima – dijo Baby.
Tymime lo miró con fastidio y miró hacia arriba. Cuando se topó con el muérdago volvió su mirada al resto, como diciéndoles que esa no era la respuesta más apropiada a su pregunta.
- Que me señalen esa estúpida planta no es para nada una respuesta congruente – espetó Tymime con frialdad.
- Es que tienes que besar a… - balbuceó Lenore.
- Los he estado escuchando toda la tarde con esa grandísima tontería del muérdago y esa no es razón para armar tanto escándalo – espetó Tymime dándoles una mirada asesina a todos.
Pero se volvió a formar un tumulto. La maldición por aquí, la maldición por allá, todos sabían a que a Tymime le importaba un comino si conseguía a su amor verdadero pero ¿qué sucedía con Eve? Ella tenía derecho a aspirar a sueños.
- La maldición del muérdago es una tontería al igual que verse obligado a besar a alguien solo porque con mala suerte haya crecido un muérdago sobre la cabeza de ambos – espetó Tymime.
Era inminente otro tumulto por parte de los más arraigado a la historia del muérdago, aunque eran principalmente los que habían que tendí que besar realmente a alguien y no querían que el resto se salvara. Eve, Tymime, Mewtwo y algunos más estaban hartos de lo absurda que se había vuelto la situación.
- ¡Cállense de una buena vez! – gritó Eve repentinamente y mirándolos fulminantemente – ¡¡¡Me tienen hasta los [CENSURADO]!!! -.
Eve se acercó a Tymime y sin pedirle permiso le dio un rápido beso en la mejilla, imitando lo que habían hecho Rocknight y Grounday. Obviamente, Tymime se molestó con Eve porque le dirigió una gélida mirada, pero en cierto modo se lo agradeció porque hizo que todos se callaran de una vez.
- Ni se te ocurra volver a repetir lo que acabas de hacer en lo que quede de tu vida – espetó Tymime mientras se devolvía por donde había llegado – Y si mejor permanecen callados o yo mismo los callo de una vez por todas -.
El arlequín desapareció de la vista de todos y Eve dejó que un suspiro la relajara un poco. Se acercó a Mewtwo que estaba en la misma situación de estrés que ella y lo agarró del hombro.
- Vamos, tenemos que terminar de poner los adornos en los pasamanos de las escaleras – le dijo Eve.
Pero cuando se dispusieron a continuar.
- Oto – advirtió Baby.
Eve y Mewtwo se quedaron hechos piedra y ambos levantaron la mirada para encontrarse con lo inevitable: un muérdago. Todos se quedaron expectantes, esperando la reacción de ambos pokémon, pues sabían lo mucho que se apreciaban entre ambos.
Eve intercambió una mirada llena de confusión con un perplejo Mewtwo. Se miraron fijamente unos segundos que parecieron siglos para la audiencia.
- Podemos vivir con la maldición a cuestas – dijo Eve alejándose de Mewtwo.
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Absolutamente – la secundó Mewtwo mientras la seguía para terminar de poner los adornos.
Pero en ese momento, una figura negra irrumpió aleteando con vehemencia e interponiéndose en el camino de ambos pokémon psíquico.
- ¡¡¡No, no, no, no, no, no, no, no, no!!! – exclamó Dinya con bastante vehemencia - ¡Quedaron debajo de un muérdago y tienen que besarse! ¡No pueden quedarse sin el amor de sus vidas! – chilló histéricamente.
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Eve y yo intercambiamos unas cuantas opiniones telepáticas y estamos completamente de acuerdo en que lo del muérdago ya era absurdo – le dijo Mewtwo severamente.
- ¿Qué? ¿Conversación telepática…? – bufó Dinya frunciendo el ceño.
- Si las tonterías del amor verdadero son ciertas asumo que llegará por su cuenta y el hecho de que Mewtwo y yo no nos demos un beso debajo de un muérdago no significa nada – dijo Eve con la misma severidad de Mewtwo – No creo en esas cosas y tú que eres la representación del Amor deberías saberlo… -.
- ¡NO ORGANICÉ TODO ESTO PARA QUE LLEGARAN USTEDES Y…! – gritó Dinya furiosa y con los colores a mil por hora. Pero se detuvieron en un llamativo color rojos fosforescente que dejaba ver lo apenada que estaba – Ups… -.
- ¿Qué te dije? – le preguntó Eve a Mewtwo con una sonrisa burlona.
-
Elogio tu capacidad de deducción – le dijo Mewtwo devolviéndole la sonrisa ante la perpleja mirada de todo el mundo –
Ahora mi parte de la teoría. ¿Por qué no sales, Flowar? -.
La aludida atendió al llamado envuelta en sus cobijas saliendo por el mismo sitio que Dinya. Sus ojos pedían disculpas a borbotones mientras la mariposa estaba completamente pasmada.
- Mejor suerte para la próxima Dinya, solo debes dejar de ser tan obvia – le dijo Eve mientras su compañero comenzaba a sacar los adornos que faltaban de la caja – Bueno, podemos poner esto aquí y aquí… -.
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Por fin llegó la hora de cenar, para alivio de muchos llegó con mucha calma. Era obvio que todos se molestaron con Dinya y Flowar, aunque más con la mariposa que con la flor. Dinya había planeado que algunas de las que consideraba parejas fueran las que tuvieran que besarse por influencias del muérdago, pero ocurrieron tantos accidentes que todos terminaron repartiendo besos a todos, cosa que estaba fuera de sus planes. Aún así, decidieron otorgarle las disculpas, con tal de que no se le ocurriera volverlo a repetir jamás.
La comida se veía exquisita, todo había sido preparado, decorado y limpiado con mucho esmero. La casa se veía espectacular y el árbol brillaba con gran hermosura.
- ¿Alguien quiere decir algo antes de empezar a cenar? – preguntó Madison con humildad – Lo digo porque es nuestra primera Navidad – les dijo con una sonrisa.
- Yo – dijo Grounday levantando la mano.
Los hermanos rezongaron ante el ofrecimiento, pero Madison le otorgó la palabra. Menudo error había cometido.
- Gracias Sra. Madison. Sabía perfectamente que ninguno se ofrecería y con toda la sinceridad que es imposible de la que yo carezca era la única adecuada para dar un pequeño discurso, en vista que soy la única que tiene las agallas de decirles las cosas en la cara – dijo Grounday queriendo darse un aire solemne pero no podía evitar sonreír burlonamente.
- Vaya modestia te gastas – le dijo Shock frunciendo el ceño.
- No soy modesta y lo seré algún día, pero primero llueve chocolate – sentenció Grounday – Pero en fin…
<< Sé que resulta obvio, pero somos la familia más rara que ha de haber pisado la faz del plantea, no sé de más allá. Se supone que debemos ser unidos y lo somos en sus ocasiones, pero somos tan disfuncionales como un hombre a los cincuenta años – esta frase en especial apenó a los caballeros – Pero a pesar de eso, no necesitamos de pastillas azules, porque le imperfección es lo que nos hace querernos tanto. Más de la mitad de los que estamos aquí presentes somos prófugos de la justicia gracias a que Enurta es un barril sin fondo, aunque otros se lo ganaron por cuenta propia por contrabandistas que aunque no sean sustancias sicotrópicas igual están chiflados.
<< Ninguno de mis hermanos es adepto a esta festividad porque no creemos en tal cosa, mucho menos en Santa Claus. Pero creo que terminamos accediendo por ese otro punto de vista que nos pidió Sfear buscáramos. La casa está llena de muérdagos ahora, se quemó el horno, rompimos muchos adornos, Flame quemó el ático y dos chimeneas, Flowar no quitó nuestras mantas y moriremos de frío y Moonghost ensució una alfombra con mostaza… Suena muy negativa, pero todos esos desastres los ocasionamos en familia y aunque Tymime no haya ayudado ni accedido a comer nada, sea un gran sádico anómalo maquillado igual le tenemos respeto por ser nuestro hermano y te dejamos un plato en la puerta para que no te de hambre luego – se detiene para escuchar algo y luego carraspea.
<< El caso era unirnos a todos en familia, aunque tenemos algunos intrusos, pero da igual, se hicieron parte de nuestra familia y creo que no puedo dar más que gracias por estar con nosotros a pesar de que sus pescuezos corren peligro las cincuenta horas del día los mil días del año y estoy segura que dije esto bien así que no me corrijan. Les debo dar más gracias por aguantarnos tal y como somos porque no es nada fácil, ni nuestra Madre nos aguanta… NO tendremos regalos tampoco, pero creo que el hecho de poder ser, aunque sea unos minutos, una familia armónica (aunque está bien difícil) sea nuestro verdadero regalo… ¡Ah! Antes de irme… Lenore, pareces maniática religiosa… Ahora si podemos zamparnos la comida -.
Lenore estuvo a punto de lanzarle la ensalada entera a Grounday, pero Zack la detuvo y comenzó a servirle a su amiga. La cena era completamente deliciosa y entre todos conversaban alegremente, burlándose de las extrañas parejas que por accidente habían sido víctimas del plan de Dinya. Sin duda, le habían hecho algo de caso a las palabras de Grounday.
Ya eran pasadas de las doce, el cielo estaba nublado pero apenas caían copos de nieve alrededor de Eve. El día había sido de locos y lo único que deseaba era deshacerse de su ridículo atuendo y de buscar un poco de paz en el frío del invierno.
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¿Por qué estás afuera con el frío que hace? – le preguntó Mewtwo que la había visto por la ventana y decidió acompañarla.
- Me dolía la cabeza – respondió Eve torciendo su boca para acentuar su afirmación.
Ambos se quedaron observando el caer de los copos que parecían algodón. No se podía ver la Luna con aquellas nubes, pero el resplandor que emitía el pelaje de Eve era más que suficiente para Mewtwo, deleitándose como siempre lo hacía de esa hermosa cualidad de Eve: refulgir como la Luna.
La pokémon alzó la mirada para ver si algún copo era capaz de atravesar alguna de las ramas del pino que se erguía sobre ellos o si no jugaría un rato con las ramas. Pero se quedó mirando fijamente a la rama que estaba sobre ellos en especial.
- Este es real… - musitó Eve sin quitar la vista de lo que llamaba su atención.
-
¿Real? – preguntó Mewtwo extrañado y buscando lo que miraba su compañera.
En la rama que estaba sobre ellos, justamente entre ambos, crecía un muérdago blanco. Ambos lo observaron por largo rato antes de intercambiar miradas. No tenían una expresión de alarma como la habían tenido el resto durante todo el día.
- El muérdago era considerado por los Druidas una planta sagrada, de capacidades curativas milagrosas. Era tan una planta tan sagrada que sólo se cortaban en cierta época del año, en luna llena y con una oz de oro. Se le consideraba un amuleto de protección contra los espíritus y aún sigue siendo así en algunas partes del mundo. La tradición de besar a alguien bajo el muérdago proviene del hecho de que estas plantas se cuelgan en las puertas de entrada, donde todo el mundo se saluda dándose algún beso. En realidad no existe ninguna maldición que te obligue a besarte bajo un muérdago, lo único de lo que me doy por enterada es que el besarse bajo uno puede indicar el inicio de una relación o el amor eterno… Pero no hay ninguna maldición, es absurdo -.
La explicación de Icestar al respecto retumbó en la cabeza de ambos pokémon.
Eve suspiró y se acercó a Mewtwo y le dio un beso en la mejilla, lo que dejó perplejo a Mewtwo porque estaba seguro de que omitirían a la planta parasitaria.
- Somos amigos, así que con eso bastará. Es mejor estar en paz con el Darkrai – dijo Eve, sonriéndole a Mewtwo.