XXII

Meowth.
¿Por qué los Seaking serán tan suculentos? Podría comer uno, y luego otro, y otro… ¡y nunca saciarme! No se me ocurren palabras para describir este sabor tan agradable… ¡qué delicia! ¡Gracias a los dioses que existen estos pokémons marinos!
En fin, estaba comiéndome uno de esos ejemplares, completito para mí. Me lo encontré en el frigorífico y Fyrus fue tan genial como para no escandalizarse por mi acción. Incluso prometió que me iba a cubrir, para que esa Vulpix malhumorada no me viera aquí. ¡Un Seaking completito para mí, no lo podía creer! Cuántas veces me encontré sólo residuos en el basurero, o simplemente la cabeza, que es la parte más desabrida.
Fyrus no se ocupaba mucho en mí, estaba vaciando algo en un recipiente que despedía humo. Cuando se dirigía a la salida de la cocina, yo continuaba lamiendo las espinas del Seaking, y de haber podido, también me las hubiera engullido. Lástima.
—No salgas todavía— anunció Fyrus antes de salir.
—¡Prometido, jefe!— exclamé alegremente—. Yo esperaré la señal.
Así que, con un último asentimiento, el Raichu me dejó solo en la cocina. No era cosa de ponerse feliz, porque mi hambre ya estaba satisfecha y no pensaba volver a tomar nada del refrigerador. Bueno, esto último se hubiera puesto en duda si hubiera encontrado otro de esos suculentos… exquisitos… apetitosos… ¡deleitables Seakings!...
Pero ¡no! Ya era bastante para ese momento, no tenía necesidad de seguir comiendo, sobre todo porque ya me había acabado lo que nos había llevado Midnight a la recámara, más lo que me regaló Fyrus. Y sobre todo, no quería continuar robándoles las cosas a estos humanos, que se veían tan agradables. A mí no me gusta tomar las cosas de ellos, pero esta vez no pude resistirme a la grandísima tentación… Sin embargo, el Raichu me lo regaló, así que no fue precisamente un robo… Sí, eso me tranquilizaba mucho la conciencia.
Vaya, entonces, ¿qué iba a hacer tanto tiempo ahí encerrado? No debí dejar que me abandonara nada más así ese Raichu. La verdad es que comenzaba a aburrirme, porque no había nada divertido qué hacer ahí. Esa cocina no era pequeña, pero tampoco era lo suficientemente grande como para ponerme a curiosear por sus rincones. En resumen, nada que me llamara la atención, todo tenía un desabrido color blanco. Platos limpios, platos sucios. Una estufa. Un refrigerador. ¡Cuánto aburrimiento!
De pronto, encontré una ventana abierta. Ya me parecía que debía haber algo así, porque estaba entrando algo de aire frío. No me entusiasmó el descubrimiento, sólo me quitó el aburrimiento por un instante, ya que enseguida fui a asomarme, a ver el patio trasero con más detenimiento. La última vez que lo había visto fue cuando Midnight nos pasó en secreto, pero aquello fue por un desnivel, y esta nueva panorámica no la había disfrutado antes.
En sí, no podía ver mucho. El patio estaba oscuro, faltaba que a alguien se le ocurriera encender el foco de luz. Yo lo hubiera hecho si supiera cómo. Pero como era la primera vez que entraba a una casa, me sentía a veces inadaptado. No, ¡muy inadaptado!
Algo me llamó la atención desde el fondo del patio, en medio de la oscuridad. Percibí algo… que se movía ahí afuera, un cuerpo extraño que caminaba hacia mí. Seguramente mi silueta llamó su atención. ¡Y esa sombra que se aproximaba no era la de Midnight ni la de Fyrus! ¡No, era alguien más voluminoso, más robusto! ¡Una bestia!
Me llené de miedo, pero antes de que me ocultara de nuevo o que tuviera una simple oportunidad de reaccionar, ya había llegado hasta mí, y un par de ojos feroces me miraban fijamente en medio de la noche.
Cuando se hubo aproximado lo bastante como para que la luz del interior le golpeara en su rostro, me di cuenta del pokémon que era. ¡Qué horrible, se trataba sin duda de un inmenso Mightyena!
Metí mi cabeza al instante, dispuesto a no volverme a asomar. ¡Esa bestia seguro venía por mí, y sin ninguna buena intención! En fin, me aterroricé en ese instante y en lo único que pensé fue en correr lejos, muy lejos de ese Mightyena. Algo me decía que en cualquier momento saltaría la ventana para entrar por mí y comerme. ¡Comerme! La sola idea me dio náuseas.
Enseguida cerré la ventana y la atranqué. Afuera estaba demasiado oscuro, como ya dije, así que no logré ubicar a la bestia nuevamente. Luego, corrí hacia afuera de la cocina, olvidando de pronto la orden que me había dado Fyrus sobre no salir.
Abrí las puertas desplegables de par en par, presa del miedo, pero de repente me detuve en mi carrera y la sensatez volvió a mí. No podía salir corriendo, me podría ver la Vulpix enojona. ¡Y seguro haría otro escándalo y me sacaría de la casa persiguiéndome con su lanzallamas!
No había nadie cerca, pero un murmullo quedo provenía de la sala más grande de la casa. Un intercambio de voces apenas perceptible desde el lugar en donde me encontraba. ¿Quiénes serían?
Como siempre, mi curiosidad pudo más que mi prudencia, así que, silenciosamente, me deslicé por la pared, intentando no ser descubierto por nadie, y pronto hube de llegar exitosamente hasta una esquina en donde podía ver más o menos cómodamente hacia la sala.
En efecto, ahí era donde se desarrollaba la conversación. Me asomé un poco por la orilla de la pared, para ver mejor. Estaba Midnight, también vi a Fyrus.
Pero, ¡oh! ¡También estaba esa desagradable Vulpix! ¡Y era la que más hablaba de los tres! Caminé unos pasos hacia atrás, contrariado. Era cosa de contener la respiración para que no me descubrieran. ¿De qué estarían hablando?
Volví a asomarme, con mucho cuidado, muy lentamente. Y ahí seguían, conversando animadamente. Esa Vulpix estaba mirando en dirección hacia donde yo estaba, pero afortunadamente no se percataba de mi silueta, muy bien oculta en la oscuridad.
¿Pero qué era lo que decían? Apenas alcanzaba a escuchar algunas palabras.
—¿Ya te sientes mejor?— alcancé a escuchar a Fyrus, que estaba de espaldas a mí.
—Mucho mejor, gracias— contestó la Vulpix, la cual estaba recostada en el suelo y tomando esa bebida que le había preparado el Raichu en la cocina.
No sé por qué, pero me parecía una pokémon desagradable. Quizás no debía juzgarla tan pronto, pero es que la impresión que me dio cuando me separó de Midnight allá afuera fue demasiado grosera.
—¡Qué caliente!— exclamó la Vulpix dándole un sorbo a la bebida—. Pero así es como me gustan los tés. Muy calientes.
—Está intomable— comentó Midnight.
—Bueno, para ti— protestó.
—Qué bueno que te haya gustado. Te aliviará bastante— le respondió Fyrus—. Es de tusilago.
—¿Tusi qué?
—Tusilago. Te servirá para aliviar cualquier problema de resfriado que hayas contraído. Busqué gordolobo, pero parece que los amos no cuentan con esa planta.
—Bueno, el sabor es lo de menos. Me importa un comino de qué sea. Pero dime, ¿de dónde aprendiste a preparar estas cosas? Sólo los humanos dominan el arte de las infusiones. Emily me ha preparado varias, pero, ¿tú? ¿Quién te ha enseñado?
La pregunta de Marriot no parecía una protesta, aunque continuaba con un tono un poco mordaz. Tal vez no era su intención, pero ese modo de hablar parecía bastante natural.
—Porque dices que vienes del bosque, ¿no?— continuó monologando—. O si no, ¿tuviste amos anteriormente? Considero imposible que por ti mismo hayas aprendido, sin que te hayas relacionado con humanos.
—No aprendí yo solo, pero me instruyeron en el uso de las hierbas para fines medicinales en el bosque. Conozco a un Linoone muy sabio, de él he aprendido muchas cosas como ésta.
—Pero es lo mismo, es un pokémon. Qué extraño… pero bueno.
Se hizo un silencio, en el que la Vulpix aprovechó para continuar bebiendo un par de tragos más sin contemplaciones, a pesar del humo que despedía el recipiente, clara indicación de lo hirviente que estaba.
—Quiero decirte algo— espetó de pronto.
—Dime.
—Bueno, debo confesar que me han sorprendido tus atenciones— continuó esa Vulpix—. No creí que fueras capaz de hacer esto por mí, Fyrus.
El Raichu tiró su vista al suelo y dijo de forma modesta.
—No fue nada, era mi obligación. Los amigos se cuidan entre sí.
Ella abrió mucho los ojos y lo vio fijamente, pero al parecer Fyrus no se inmutó. Quizás la Vulpix no sabía qué decir ante esa respuesta. Me pareció que no la esperaba.
—Muchas gracias— dijo al fin, bajando la mirada.
—Está bien. Por cierto, ¿necesitas algo más, Marriot?
—No, no, nada— contestó ella, y se quedó pensando un momento—. Oye, Fyrus… creo que eres un gran amigo. Supongo que te había juzgado mal.
Hizo una pausa para darle otro sorbo a su té, y noté que Midnight comenzaba a sonreír.
—En serio— continuó—. Creía que nunca podrías hacer nada por mí, y mira, resulta que me equivoqué tremendamente. Ahora, sinceramente, no sé qué decir…
—Fyrus es un gran pokémon, y no veo la razón por la que ustedes dos siempre se estén llevando mal, como estás obstinada— intervino Midnight.
—¡Ya no!— confesó—. Lo único que me queda es pedirte una disculpa por todo, Fyrus.
—No tienes por qué disculparte, ni siquiera por qué preocuparte por nada— contestó el Raichu—. Aunque he notado un poco de apatía hacia conmigo, nunca me has ofendido, por lo que no tengo nada qué disculparte. Y ahora que lo mencionas, me gustaría comenzar de nuevo, como si nada hubiera sucedido nunca. Quiero que seamos amigos.
—Fyrus, te considero mi amigo, ahora más que nunca.
Midnight soltó una risotada de repente, lo que molestó a la Vulpix.
—¡Cállate, Eevee! ¡Lo que estoy diciendo es serio!— y luego se volvió hacia Fyrus—. Créeme. Nunca hablé con tanta certeza como hasta ahora. Lo que digo es real, y esta vez es lo que de veras siento… Me demostraste lo extraordinario que eres.
—Qué tierna te escuchas— continuó riendo Midnight.
—¡Midnight!— exclamó la Vulpix, poniéndose de pie—. ¡Echas todo a perder!
Midnight parecía divertida con el carácter de esa pokémon tan extraña, y corrió hacia el otro lado de la sala entre risas. Quedó muy cerca de donde yo estaba, pero aún así no detectó mi presencia. Me hice un poco para atrás, pero no pude evitar seguir escuchando la conversación por mi curiosidad infinita.
—Si tuviera las energías, te seguiría por toda la casa hasta alcanzarte— masculló la Vulpix, mientras se volvía a tumbar.
De pronto, un sonido me sobresaltó de una manera inusual. Era la pokémon de fuego, que tosía fuertemente. Me sorprendió porque la conversación se estaba desarrollando en un tono muy bajo, y de pronto esa tos tan profunda retumbó por toda la sala.
—¿Estás bien?— preguntó Fyrus, acercándose a ella.
—Me siento muy extraña— contestó.
—¿Qué tienes?— insistió Fyrus.
—Siento un ardor muy grande en la garganta, como si me estuviera quemando por dentro… no sé, es bastante raro.
—¡Oh!— exclamó Midnight desde el otro lado de la sala—. ¡Debiste haber pescado un resfriado!
—No sé— contestó la Vulpix—. No es un dolor de garganta común. Siento un ardor especial. Tal vez haya sido el efecto del té.
Fyrus se aproximó más a ella y le habló claro.
—O puede ser…
—¿Qué?
—No, es bastante improbable.
—¿Qué? ¡Dime!
Fyrus se alejó de ella lentamente, en silencio, como si estuviera pensativo. No quería decir algo fuera de lugar, así que primero lo meditó. Yo, desde mi escondite, lo seguía con la mirada. ¿Qué significaba toda esa conversación?
—Veamos, Marriot— dijo al fin—. Intenta escupir fuego.
—¿Qué dices? ¡Es una locura, no puedo!— exclamó enseguida, viéndolo con interrogante.
—Sólo inténtalo. Quizá algo le sucedió a tu cuerpo después de la caída.
—No, lo siento— contestó—. No sé escupir fuego. Y lo que dices no tiene demasiada lógica. Digo, por supuesto que quisiera utilizar lanzallamas— y sonrió al pronunciar esa palabra—, pero lo cierto es que nunca podré…
—Debes tener alguna glándula en tu garganta que te permita escupir fuego. Tal vez se activó con el golpe.
—¡No puedo, no puedo!
Y Marriot, como le llamaban a la Vulpix, hacía esfuerzos increíbles por intentar sacar alguna chispa de su garganta, alguna llamarada, pero de ella no salía ni humo. Lo intentó tantas veces que al final terminó exhausta.
—No pude— dijo, tristemente.
—Entonces me he equivocado— contestó Fyrus.
—Será eso— respondió Marriot en forma reflexiva.
Esa Vulpix daba pena. ¡Así que no podía lanzar fuego! ¡Era de risa! ¿Cómo una pokémon tan orgullosa ni siquiera tenía desarrollados sus poderes naturales?
De haber sabido todo esto, ni siquiera le hubiese hecho caso cuando me separó de Midnight. Su presunto poder me había frenado, pero hasta ahora me daba cuenta que no era más que una aparentadora.
Decidí que había sido mucho espionaje por ese día, así que opté por retirarme. Debía volver a la cocina, porque en cualquier momento podía ir por mí el Raichu. Y no quería que me viera afuera cuando me dio claras instrucciones de quedarme justo ahí para que no me descubrieran; y definitivamente no deseaba romper la confianza que me habían brindado tanto Fyrus como Midnight. ¡Necesitaba regresar a la cocina y dejar de estar escuchando esas conversaciones locas!
Así que me volví hacia el comedor para entrar a la cocina, justo en donde me había dejado Fyrus. El lugar estaba totalmente oscuro, lo cual me ayudó para que no me descubrieran durante la plática, pero ahora lo difícil era regresar. Lo hice primero deslizándome por la pared, para evitar cualquier ruido que pudieran hacer mis pisadas sobre algún objeto mal puesto, pero al final tuve un poco más de confianza y corrí hacia la cocina. Después de todo, ya me había alejado lo suficiente de la sala como para que me descubriera esa Vulpix a la que llamaban Marriot. ¡Qué nombre tan ridículo! ¡Debe ser una carga para esa pobre pokémon llevar ese nombre tan raro y chocante!
Pero de pronto, a media carrera hacia mi objetivo, pisé algo metálico que estaba en el suelo, justo en la orilla, haciendo un escándalo. ¡Maldición! Era un plato, un plato de comida que alguien había dejado volcado en medio del comedor, y que ahora probablemente me delataría ante mi supuesta enemiga.
Cerré los ojos y evité moverme. Al menos, en la oscuridad podrían no notarme.
—¿Quién anda allá?— escuché la voz chillona de Marriot desde la sala.
—No, no es nada— se apresuró a decir Midnight—. Anda, quédate aquí, no debe ser más que el viento.
—¿El viento, Mid? El viento no puede arrastrar mi plato de comida, que es lo que sonó.
—Entonces déjame ir a investigar qué es— propuso Midnight con un tono de nerviosismo.
—¡No!— escuché entonces—. ¡No, que puede ser un ladrón! ¡O un pokémon peligroso que se haya colado a la casa! ¡No, iré yo, tú quédate aquí!
¿Y yo qué tenía que hacer? ¡No quería que esa Vulpix odiosa me descubriera, seguro me sacaría a patadas! Y entonces… ¡adiós a mi sueño de conocer a los amos!
—No, no, quédate aquí— le indicó Fyrus, también consciente de que me podría descubrir—. Necesitas reposar.
—Ya basta, estoy bien. Me siento fuerte, déjenme ir. No necesito más reposo.
Mis ojos continuaban cerrados y aún no me había movido del lugar, aguzando mi oído para captar cualquier voz o movimiento que viniera desde la sala. Evitaba continuar moviéndome para no perderme de ningún sonido que me pudiera indicar verdadero peligro.
—Fyrus, prende la luz. No alcanzo el interruptor— escuché la voz, más cercana, de Marriot, que seguramente se hallaba tras la pared.
Mi cuerpo fue recorrido por un escalofrío. Me apresuré a pegarme al muro de una sola vez.
—Ya cálmate— le contestó Fyrus—. Ven aquí y termínate tu té, que se enfría. Yo iré después a revisar que todo esté en orden.
—A ver, no hagan que me enoje— reprochó la pokémon—. ¿O es que me ocultan algo? ¿Por qué simplemente no puedes encender la luz, Fyrus?
—No, no, para nada te ocultamos algo. Que se haga tu voluntad— dijo, derrotado, el Raichu, y yo volví a estremecerme.
¡Tac! Las luces se prendieron de golpe, quedando al descubierto, pero aún no había nadie. Marriot estaba justo tras la esquina y venía hacia acá. Lo sabía por sus pisadas, cada vez más sonoras.
Mi mente reaccionó rápidamente y salté tras el mueble más próximo, justo antes de que la Vulpix doblara la esquina para entrar al comedor.
—¿Quién está ahí?— volvió a preguntar.
Seguía aguzando el oído y no me movía absolutamente nada. Incluso, aguanté la respiración para atender a cada paso de mi persecutora, quien se hallaba cada vez más cerca.
Pero detrás del mueble no podía verme por el momento, a menos que se asomara.
Sentí que husmeaba justo en el lugar en donde yo había terminado de volcar el plato, porque el ruido metálico contra el suelo se hizo presente.
—Mi tazón de comida— murmuró—. Algún pokémon ladrón estuvo aquí e intentó robarse mi comida.
Sus pisadas se dirigieron hacia el mueble. Tragué saliva. No tenía ni idea de lo que le iba a decir a esa Vulpix enojona cuando me descubriera. Sentiría muchísima vergüenza con ella por ser la tercera vez que me corre.
—Sin embargo, la ventana está cerrada— continuó musitando, justo frente al mueble en donde yo me ocultaba.
Calculé que en ese momento estaba a un metro de distancia de mí, podía escuchar su respiración suave. Sólo ese bendito mueble nos separaba.
—¿Qué pasa, descubriste algo?— escuché la voz de Fyrus, que seguramente venía entrando.
—No hay nadie, ¿verdad?— dijo Midnight, que venía junto a él.
—No, ahora no hay nadie. Pero sí estuvo alguien aquí— les respondió. Me volví a descontrolar, nunca había escuchado esa voz tan cerca de mí. Estaba realmente nervioso.
—¿Cómo lo sabes? Ven, vamos a la sala— propuso Midnight.
—Mi tazón de comida está al revés.
—¿Pero no recuerdas que así lo dejaste? Anda, no hay nadie. Nosotros no escuchamos nada, así que fue tu imaginación— la intentó convencer la Eevee.
¡No sabía de qué manera agradecerle a Midnight que me estuviera ayudando!
—Qué raro— dijo Marriot, y se recargó contra el mueble ruidosamente.
Yo salté enseguida, porque se escuchó un tremendo impacto desde el otro lado, así que mi susto fue por reacción natural, como si estuviera seguro de que me hubiera descubierto al fin. No me importó nada, sólo salí corriendo del mueble en dirección a la sala. Pasé enfrente de todos corriendo como loco, nunca había corrido tanto en mi vida. Lo único que me importaba era estar lejos de esa maniática, aunque en ello se me fuera la oportunidad de volver. En ese momento no pensé que estaba traicionando a los pokémons que habían confiado en mí; tampoco recordé la recomendación que me hizo Fyrus sobre quedarme en la cocina y lo decepcionado que estaría por haberlo desobedecido y metido en problemas.
Sin embargo, Marriot se me quedó viendo espantada, cuando corrí frente a ella, y no reaccionó exactamente como pensé.
—¡Un Meowth!— gritó.
No paré ni un segundo.
—¡Se los dije, se los dije! ¡Un ladrón en casa!
—¡Un Meowth!— corearon Midnight y Fyrus, como si no supieran de mi existencia y coincidieran en el desacierto de la Vulpix.
—¡Ven acá, pillo! ¡No huyas!— me advirtió, pero no hice caso.
—¡Déjalo, Marriot!— le dijo Fyrus—. ¡Déjalo que salte por una ventana y se marche!
—¡No! ¡Yo le voy a dar su merecido, para que aprenda a no meterse a las casas a robar la comida!
Y diciendo esto, comenzó a correr tras de mí por la amplia sala, con la velocidad que nunca imaginé que fuera capaz de alcanzar por su estado de enfermedad. La distancia que me guardaba era impresionantemente corta, sentí que de repente me alcanzaba, que iba a empujarme en cualquier momento y a golpearme.
—¡Ya basta, Marriot!— se quejó Fyrus con un toque de reproche.
Yo no sabía hacia dónde más huir, porque las ventanas y la puerta estaban cerradas. De pronto, me detuve sólo un segundo para analizar mis posibilidades de escape.
Sólo alcancé a ver las escaleras.
—¡Te tengo!— gritó, y me empujó violentamente con el impulso que llevaba.
Caí rodando por el suelo hasta tocar la pared contraria. Marriot me había acorralado y ahora estaba furiosa conmigo.
Intentaba zafarme, pero era en vano, Marriot me mantenía clavado contra la pared sujetándome con ambas patas delanteras.
—¡Meowth! ¡Asqueroso Meowth callejero! ¿Qué diablos haces aquí?
—¡Suéltame, por favor!— supliqué—. ¡Déjame irme!
—¡Escúchame primero! Dime, ¿qué negocios tienes aquí en esta casa? Así que vienes a hurtar mi comida, ¿eh?
Me miraba fijamente con sus ojos negros y grandes; uno de ellos no lo podía abrir en su totalidad.
—¡Ah!— exclamó, haciendo una pausa—. ¡Ah! ¡Ya me acuerdo de ti! ¡Oh! ¡Tú eres el Meowth que corrí de la reja aquella vez!
—¡Suéltame!
—¡Dime! ¿Qué es lo que quieres?
—¡Nada! ¡Yo no entré a robar comida! ¡No he tocado nada!
—¡No mientas!
—¡Lo juro! ¡Déjame ir!
—¡Te voy a dar una gran lección, para que nunca vuelvas!
De pronto, llegaron corriendo Fyrus y Midnight por detrás para ver lo que estaba sucediendo.
—¡Marriot!— gritó la Eevee justo a tiempo— ¿Qué es lo que haces? ¡Lo vas a lastimar!
—No me digan lo que tengo qué hacer. Mid, ¿no te das cuenta que quiso entrar a robarnos?
—¡No, no quiso hacerlo!
Marriot la miró de soslayo, con su ojo dañado.
—¿Lo defiendes?
Yo no quería quedar como un cobarde ante Midnight, al contrario, quería hacerme cargo de la responsabilidad de toda esta travesura, ahora que nos habían descubierto.
—¡Midnight!— exclamé.
—¿Qué? ¿Se conocen?— preguntó Marriot.
—Sí, nos conocemos. ¡Suéltame!
—¡No te soltaré! ¡No te irás ahora! Y si intentas hacer algo, ¡voy a rociarte con mi lanzallamas!— me amenazó.
—No es cierto— dije—. No puedes.
—¿Disculpa?
—¿Crees que lo ignoro? Lo sé todo de ti— le contesté, logrando intimidarla—. No puedes lanzar fuego.
Esto pareció enfurecer a Marriot, porque se turbó de tal manera que incluso tembló, no sé si de la pena o del coraje.
—¡Cállate!
Midnight también parecía bastante molesta y decidió meterse en el problema.
—¡Ya déjalo!— y la empujó hacia un lado, liberándome.
Corrí hacia atrás de Fyrus, ahora que estaba libre, intentando alejarme lo más posible de esa Vulpix loca.
—¡Midnight!— gritó Marriot cuando se incorporó—. ¡Cómo te atreves a empujarme así!
Fyrus se interpuso entre ambas, intentando mediar la situación.
—Cálmense ambas— ordenó—. Guarden silencio. No, Marriot, quédate donde estás, no busques problemas. No tienes nada qué reclamarle a Midnight. Te has portado muy mal con el pobre Meowth.
—¿Qué es lo que quieres?— complementó la Eevee—. ¿Arreglar las cosas al estilo de Rey?
—¿Qué dices?— preguntó desconcertada la otra.
—¡Has hecho todo exactamente como el Persian te trató a ti! ¡Sólo te faltó tirarle el golpe al pobre Meowth!
Me asomé tras de Fyrus para ver tímidamente a la pokémon, que más que enferma de gripa, parecía enferma mental.
—Pero… pero esto es diferente. ¡Ése es un pokémon callejero, un vil ladrón!— y luego volteó a verme con frialdad—. ¡¿Y tú qué me ves?!
—No te preocupes, Meowth, no le hagas caso— me dijo en voz baja Fyrus, y luego añadió, alzando el tono de un modo imperativo—. Quiero que le pidas una disculpa, Marriot.
—¡No!
—¡Hazlo ahora!
—¿Quién eres tú para ordenarme lo que tengo qué hacer? ¡Esta es mi casa!
—¡Te dije que lo hicieras! No querrás que me enoje, ¿cierto?
Y, sorprendentemente, de sus mejillas comenzaron a salir chispas de electricidad.
—¡Fyrus, cálmate! ¿Qué haces?— preguntó, alarmada.
—No preguntes nada. Quiero ver que te reconcilies con ese Meowth y le des la bienvenida a su nueva casa. Ya es, oficialmente, un nuevo integrante de la familia.
Marriot abrió mucho los ojos y yo sonreí ante su confusión y coraje.
—¿Qué estupidez es esa?
—Anda, hazlo, antes de que me arrepienta…
—¿Arrepentirte de qué?
—¡De haberte salvado allá afuera!— exclamó.
Un violento temblor sacudió el cuerpo entero de la pokémon de fuego, si así se le puede llamar. Parecía de lo más molesta. Por lapso de medio minuto, no pudo articular palabra, y al final, sólo acertó a decir.
—¡Me odian! ¡Me odian! ¡Todos me odian! ¡Todos son malos conmigo! ¡Me odian, todos ustedes!
—Marriot, cálmate, no te odiamos— aclaró Fyrus—. Sólo haz lo que te pido, y quedamos en paz. Es lo justo.
—¡Me odian! Todos ustedes… todos… ¡todos me quisieran ver muerta mejor!
No sabía si asustarme o reírme por las tonterías que estaba diciendo esa loca, pero preferí seguir el ejemplo de Midnight y me puse serio.
—Marriot, haz enloquecido— comentó ella.
—No estoy loca, ¡ustedes están locos! ¿Por qué son así conmigo?
—¿Cómo? Sólo evitamos que golpearas a este pobre Meowth— dijo Midnight.
—Rey me quería matar. ¡Me quiso matar! Y Fyrus y tú, Mid… ustedes dos, ya se arrepienten de haberme ayudado. ¿Por qué me sanaste, Fyrus? ¿Por qué finges ayudarme? ¿Por qué, si me odias?
Pero el Raichu, consciente de lo que sucedía, no se tragó la historia dramática de Marriot. En el fondo, sabía que estaba haciéndose la enferma.
Fyrus dio un paso al frente y empujó con suavidad a Marriot hacia la pared.
—A ver, Marriot, mírame. ¡Mírame!
El Raichu estaba taladrando con la vista a al Vulpix.
—¡Mírame!
—¡Te estoy mirando, Fyrus!
—Ahora presta atención a lo que voy a decirte— continuó—. No quiero más que hagas el papel de la loca y de la víctima aquí. No te creo ya, así que ponte seria. ¿De acuerdo?
—Estoy seria. Todo lo digo en serio.
—Marriot… no me hagas enojar. No vengas a burlarte de mí. ¿O quieres ser la primer pokémon en la que estrene mis poderes eléctricos?
—No, no, por supuesto que no. No hay necesidad— dijo, atropelladamente—. No me harías daño, ¿o sí?
—No, Marriot. No, si haces lo que te pido y me prestas atención. Deja de fingir que eres una víctima a la que todos odian. Esa técnica ya no funcionará conmigo.
Marriot estaba temblando detrás de esa mirada furiosa del Raichu.
—Está bien, ¡está bien! ¡Pero no te enojes!
—Escúchame.
—Te escucho, te escucho.
—De hoy en adelante, este Meowth va a vivir con nosotros. Será un miembro nuevo de la familia, y como tal, merece que le mostremos respeto y que le demos una cordial bienvenida como es debido.
—¿Pero quién lo ha adoptado? ¿Los amos?
—Te dije que me escucharas. Aún no termino.
Era risible cómo la Vulpix estaba toda temerosa ante un Fyrus molesto.
—¿Puedo continuar?— preguntó Fyrus, a sabiendas del temor que le estaba causando a su interlocutora.
—Sí.
—Bien. El Meowth habló con nosotros dos sobre la posibilidad de quedarse en esta casa y mostrarse ante los amos, una vez que arriben nuevamente, para que lo adopten formalmente como mascota. Y tú tienes que mostrarte cooperativa durante el proceso.
—Pero… pero…
—¿Cuál es el problema?— interrumpió Fyrus.
—Es un pokémon callejero— dijo por lo bajo.
—¿Y qué? No veo el problema. Ahora, pídele una disculpa por tu anterior comportamiento y dale la bienvenida.
Me miró fijamente desde la pared en donde el Raichu la tenía acorralada.
—No quiero, Fyrus.
—Marriot… estaría encantado de mostrarte cómo funciona mi attack-trueno entonces.
—No te pongas en ese plan.
—Entonces, anda.
Fyrus la liberó de donde la tenía y dejó que avanzara hacia mí. Esta vez la vi aproximarse y no me tembló ningún músculo. Sabía que era una Vulpix totalmente inofensiva y hasta tonta.
—Meowth… te pido una disculpa… y, bueno, bienvenido a la casa— murmuró en voz bajísima.
Luego, sin decir más, como si la hubieran forzado, corrió lejos, escaleras arriba, y no volvió el rostro nuevamente.
…