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#21

Re: El Arte de la Pokeguerra


Me digne a leer el fic
y debo decir que esta muy bueno
no he encontrado faltan ortograficas y los nombres me parecen creativos ^^
aunque por alguna razon droco suena a drako xD pero olvidenlo xD
sigan haci que van por buen camino
espero el proximo capitulo con ansias
debo decir que al principio me confundi pero ya lo entendi =3
bueno eso es todo
Adios, bye, cuidense, sean felices. Yo me voy de aqui, es hora de concentrar mi tiempo en otras cosas y de desengancharme un poco, gracias por los buenos recuerdos! Chao!
#22

Re: El Arte de la Pokeguerra


recien ahora tuve tiempo de leerloxDU
muy bue cap, me gusot al intervencion de lso pokemon legendarios>_>
demian, ambos sabemso bien de donde salio el apodo "mewcita" :-"
sigan con el cap, haber quien gana=O
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#23

Re: El Arte de la Pokeguerra


Antes, de nada decir que el fic me ha gustado mucho, tiene un trama principal muy interesante que recuerda al estilo de la guerra de Troya, Milanor por ejemplo me recuerda al gran Áyax, Aquiles y otros heroes, aunque tengo que reconocer que él me da más miedo y me es más fácil de imaginar... En mi opinion los dos haceis una combinacion perfecta juntando el amor y la guerra en un mismo relato y con pequeños saltos de un lugar a otro.
Por el momento estoy mas a favor de Pryaun que del otro, de todas formas su rey me cae fatal aunque no tanto como el gordinflon. Las dos parejas que entran en la historia me parecen muy interesantes, aunque tengo un lio mental con los nombres, a veces me los confundo de todas formas por la parte que le pertenece a cada uno de vosotros ya me voy enterando de cual es cual, a ver, son Judith del reino de San ducart y Edwar era del otro reino, estos son quizas la pareja que más me guste.
Aunque al principio la idea de que le pusieseis pokemon en el medio no me parecía la más adecuada para un fic como este, tengo que reconcer que los supisteis colocar muy bien en la historia y lo de los pokemon legendarios/dioses me parece una genial idea que tambien me recuerda a los relatos griegos entre los dioses.
Mi enhorabuena a los dos escritores por que ambos narran genial.

#24

Re: El Arte de la Pokeguerra


Gracias a todos los lectores por continuar de creca este fic, se los agradezco en verdad.
En realidad, la escencia de este fic es poner a pokes por medio, porque esto da como resultado que sea una idea original. Además, es lo que hace que los lectores se junten (hay algunos que sólo leen fics si se trata de pokémon, los demás les aburren). Y si escribimos un fic muy serio, corremos el riesgo de que alguien nos robe la idea y publique una historia similar. Esas son las razones por las que intervienen los pokes...

Aquí está mi capítulo:

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—Padre—dijo el príncipe Edward— temo seriamente que San Ducart esté planeando otro ataque, incluso el peor de todos.
Se encontraban el Rey y su hijo en el gran salón del castillo. Los guardias de las entradas cuidaban de mantenerse en posición de firmes ante la vigorosa figura del monarca, que en aquellos instantes caminaba pensativo hasta el sillón rojo sin fijarse en los otros. Se colocó hasta estar cómodo, mientras que Edward se mantenía en pie, rígido, con su acostumbrada serenidad.
—Entonces hay que anticiparnos y llegar primero.
—Recordad, padre, que no tenemos idea de lo que estén tramando.
—Dudo que piensen en algo más que volvernos a invadir, justo ahora que saben que nuestros fondos se encuentran por los suelos.
—Quizás el anticiparnos nos lleve a una autodestrucción.
—Entonces, ¿qué propones, Edward?
Ambos se miraban fijamente.
—No podría ser más sencillo— explicó el joven— no nos dejan más opción que despachar a nuestro escuadrón secreto. Habrá que infiltrar espías en su reino.
—Así que espías, ¿eh? No sería una mala idea.
—¿Qué os parece mandar a los Alakazam? Cuando hayan concluido su misión, sólo restaría teletransportarse hasta Payraud…— había logrado captar la atención del rey— además, contamos con los Ninjask, Weaviles y Golbats entrenados para las tareas más secretas. Tal vez si mandamos…
—Hijo, eres brillante. Tus ideas son siempre buenas— dijo su padre con entusiasmo— no hay duda de que el día en que te ciñas la corona de Payraud, serás un gran dirigente.
—Vuestras palabras me honran, padre— respondió.
El rey se levantó de su asiento para andar por la sala; Edward sólo lo seguía con la vista.
—De modo que estos espías entrarían a San Ducart con total sigilo— pensó en voz alta mientras continuaba paseándose— si esto pueden lograrlo, nos traerían fenomenales noticias.
—Efectivamente, yo pensé en incluir a Kaih en esta misión— opinó el príncipe de Payraud.
—No creo que sea conveniente. Después de todo, Kaih es nuestro mejor Gengar y, aunque podría dar cima a su objetivo, no estaría en paz si lo arriesgo de tal manera.
—Os recuerdo, padre, que este pokémon ha recibido múltiples condecoraciones por arrojo en batallas pasadas. Incluso, utilizó la técnica de las sobmbras para infiltrarse en las huestes enemigas y causarles serios perjuicios. ¿O ya olvidáis el motivo de su ascenso? Está capacitado para cumplir cualquier misión secreta.
—De acuerdo, me convenciste. Keih podría con eso. Mas, ¿quién le acompañará?
—Los Alakazam, padre… ¡vos mismo lo aprobasteis hace unos instantes!
—Ciertamente— dijo el Rey— mandaremos cinco de ellos para que lo acompañen.
—Permitidme refutarlo. Arriesgar la vida de Keih ya es demasiado, de modo que no deseamos quedarnos sin nuestro escuadrón principal de Alakazam en tanto que todos se dirigen al peligro. ¿Qué os parece despachar sólo dos?
El rey resopló.
—Edward, una vez más debo concederte la razón. Estás en lo cierto, piensas en todo. ¿Cuáles son nuestros Alakazam más útiles?
—Oh, eso lo ignoro, pero el general Royce debe traerlo muy a cuenta. Será preciso consultarlo. Ninguno de ellos, por cierto, representa un elemento muy importante de nuestro ejército, no obstante de que todos sean realmente funcionales. No os preocupéis, padre, que en esto no habrá mucho qué reflexionar.
—Entonces necesito llamar a Royce— dijo el monarca, sentándose de nuevo.
—Dejádmelo a mí, os lo ruego— finalizó Edward.
El príncipe se retiró de la estancia dejando al Rey muy pensativo por este caso que había tratado el joven con tanta sutileza y, que sin embargo, era un dilema mayúsculo.


A un solo grito fuerte, Harghendel logró mantener la calma entre su enorme escuadrón. Mediante el incomprensible lenguaje pokémon, les transmitió que el mismo prícnipe en persona descendería para visitarlos y revisarlos. A tal grito, guardaron el más profundo silencio, nadie se atrevía a moverse. Eran obedientes con las órdenes del capitán.
Centenares y centenares de las más diversas criaturas terrestres de mediano tamaño se encontraban firmemente alineadas, esperando la llegada de Edward con ansias pero con nervios.
De pronto reconocieron una voz familiar: era del viejo Royce que venía charlando con alguien más.
—Os lo aseguro, messire, éste ejército se encuentra en perfectas condiciones, desde nuestros Caterpies de pruebas hasta los inmensos Wailords.
—General, sólo deseo ver al grupo de psíquicos. Más concretamente, a los Alakazam.
El anciano escuchaba atentamente para satisfacer cualquier demanda del príncipe.
—Ah, ya veo que os interesan los Alakazam. Como todos los demás, están preparados para realizar cualquier misión y veros satisfecho. Seguidme, si os place.
Así, ambos salieron al aire libre, acompañados de un pequeño séquito de Edward y del par de hombres de confianza de Royce.
Tan pronto los vio, Harghendel se aproximó enseguida y se inclinó frente al hijo del Rey, y se cuadró debidamente ante su superior.
—Vaya, tienen en excelentes condiciones al capitán Breloom. Se ve realmente poderoso, mucho más desde la última vez que lo vi. ¿Cómo le llaman?
—Nosotros le llamamos Harghendel, pero vos podéis renombrarlo como queráis, porque todos los pokémons son vuestros— se apresuró a contestar Royce.
—No tiene importancia eso para mí, general. Ahora deseo que me dirijáis hasta los Alakazam.
—Que me place, messire. Seguidme.
Cruzaron la amplia explanada en la que se hallaban todos los integrantes del escuadrón que queda dicho; Edward iba admirándolos a todos y los pokémons, a su vez, se sentían honrados porque tan noble persona posaba su mirada en ellos.
—Mirad, messire. He aquí el grupo de vuestros Alakazam— dijo el general.
Edward los analizó, todos parecían iguales en fortaleza y poder.
—Requerimos dos; ¿cuáles me recomendáis?
—Los dos más aplicados y obedientes son sin duda los que veréis a continuación— y luego cambió su tono dulce de la voz por otro imperativo, refiriéndose a las criaturas— ¡Farruh! ¡Johann! ¡Dos pasos al frente, ahora!
Dos de ellos, indistinguibles entre sí para Edward, dieron los pasos señalados volviéndose a inclinar ante él.
—Son vuestros servidores, messire. Harán lo que vos mandéis.
—Qué bien… me agradan. Ahora quiero inquirir algo más… ¿Aún tenemos a Keih…?
—¡Keih, el Gengar! ¡Todo el tiempo sirviéndoos, messire!
—Deseo verlo.
—Al instante— luego volteó a ver al poderoso Breloom, que los seguía de cerca ara cualquier cosa, y le indicó— vamos, Harghendel, ya oíste al príncipe, ¿qué esperas? ¡Corre a buscar a Keih!
Aquél se cuadró y obedeció sin chistar.
—Ya veréis, general— explicó Edward— mi padre desea infiltrar espías en San Ducart para conocer sus planes.
—Entonces, Keih, Farruh y Johann son vuestras mejores elecciones.
—Sin duda, pero vos tenéis que estar pendiente de las órdenes del Rey. Además, colaboraréis en esta misión súper secreta…


…


Gracias, muchas gracias!
(Espero no haberlos confundido mucho).

Saludos.


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#25

Re: El Arte de la Pokeguerra


caterpie entrenados?
deben ser de esos especiales de platino que saben picaduraù.u(?)
buen fic psycho, me encanto lo del gengar super espiaO:
tuviste bien en postearlo, sino si no habia que leer no habia de que comentar(?)
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#26

Re: El Arte de la Pokeguerra


Un caterpie de pruebas como seria *se imagina a un caterpie derrotar a un steelix*
seguro tienen lanzallamas y chorro de agua D:! (?)
Me gusta eso de los alakazam y gengar espias xD *se imagina a cincos alakazams**empieza a cantar*
Alakazam al ataque!*se imagina a los alakazam con armas japonesas*OMG! xD
genial el Gengar me gusta =D!
sigue haci u fic mejora cada vez mas
no vi errores y la longitud del capitulo esta bien
vas por buen camino u.u
Adios, bye, cuidense, sean felices. Yo me voy de aqui, es hora de concentrar mi tiempo en otras cosas y de desengancharme un poco, gracias por los buenos recuerdos! Chao!
#27

Re: El Arte de la Pokeguerra


Genial capítulo para un genial fic =b
No le encontré errores.... y estuvo muy bien eso de los pokémons espías xD, no sé por qué, pero me los imagino como unos ninjas o_o


Y esoo... ya no se me ocurre qué más decir D: así que ya me callo... en fin, espero el siguiente capítulo >_>

Bye
#28

Re: El Arte de la Pokeguerra


jajajaja, yo tambien me imagine a Alakazam como espias, pero espias japoneses jajajaja, ahi... mmm Ya entiendo lo de los pokemon xD Tiene logica que esten en la historia, mmm la historia se pone interesante... Quiero que haya guerra ya T.T jajajajaja, anda, mira, va a ser mas listo el hijo que el padre, es que la generacion de hoy en dia... no se que les meten en las patatillas pero de verdad que cerebros mas jugosos xD

#29

Re: El Arte de la Pokeguerra


Buenas!! me paso por aquí.
Empecé a leer este fic y me gusta mucho la verdad que entre los dos hacen muy buena combinación, ¿por qué digo esto? porque cada capítulo tanto el que escribe Psycho como Demian siempre se mantienen uno a la altura del otro, o mejor dicho están al mismo nivel. Los felicito =D!!
Todavía no he terminado de leerlo, pero lo que leí hasta ahora me gusta mucho =D.
ayi ~ Final Fantasy ~ Porta ~


#30

Re: El Arte de la Pokeguerra


Buenas a todos!! Gracias por seguir aquí, espero que les guste este nuevo capi que tiene un poquitito de acción. Suerte a todos!!

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7

El ejército de San Ducart estaba cada vez más impaciente. Desde los Pokemon hasta sus entrenadores comían ansias en sus puestos de vigilancia, en los entrenamientos y hasta cuando dormían.
Genario, el soldado más anciano y con más experiencia del lugar, trataba de quitarles inquietud a los jóvenes guerreros con palabras optimistas y con discursos que harían caminar a la batalla hasta a los muertos.
Pero, desgraciadamente, la cercanía de la cruzada final contra Payraud cada vez se notaba más y todos lo sufrían. Muchos sabían que no podrían volver a su casa luego de eso, o por lo menos no por completo. La confianza de todos estaban puestas en el holgazán de Milanor, y en que éste se tomara en serio el combate.
Mientras las figuras de los soldados se notaban dispersas por toda la ciudad junto a sus Pokemon de lucha y roca, el príncipe de ese pueblo caminaba de un lado a otro portando una voluptuosa armadura que no permitía reconocerlo. En su cabeza, la imagen sonriente y despampanante de la princesa Catherine se contraponía con el crudo acero de la espada de Edward. Le parecía inevitable tener que encontrarse con él en batalla, si bien serían cientos o miles combatiendo, sabía que algo haría que ellos se cruzaran… Era muy natural pensar que Edward acabaría con él tan solo con el más leve de sus movimientos de muñeca… Llegar hasta el balcón de Catherine sería la hazaña más difícil que alguien intentara jamás. Tan sólo si le fuera posible llegar hasta las murallas, y si sólo pudiera penetrarlas excavando sin que los Dugtrios enemigos se enteren… ¿Qué haría una vez dentro? Casi ni recordaba como era la ciudad de Payraud, y mucho menos sabría como llegar a la habitación de su amada para hablar con ella. Su hermana tenía razón, era una locura.
- No me queda otra más que intentarlo. En cuanto detone la guerra correremos a buscarla, ¿verdad, Oluh?- el Riolu acompañante del muchacho le asintió con convicción. Aunque ninguno de los dos estaba preparado para una batalla, sí estaban preparados para dar todo de ellos.

Mientras tanto, el rey estaba tan ocupado en la gestión de su reino que no podía mantenerse al tanto de la guerra… Ni de que su hija ingresaba al salón real en ese momento.
- ¡Padre!- chilló Judith enfadada.
- ¿Qué pasa, hija mía?- Preguntó absurdamente el regordete rey mientras les hacía señas a sus sirvientas para que dejaran de hacerle mimos y se ocuparan de otras labores.
- ¿No podrías hacer eso en el cuarto real al menos? ¡Tus hijos estamos aquí!
- ¡No me grites, niña! Si tuviera tu edad yo…
- ¡Si tuvieras mi edad mi abuelo podría darte una paliza de la que jamás te olvidarías! ¿Por qué en vez de andar toqueteando doncellas no te enteras donde está tu hijo?- Judith cada vez sentía menos respeto hacia su padre.
- ¿Rohan? ¿Y donde podría estar ese? Conociéndolo debe estar en la cocina interesándose en esas bajas labores culinarias.
- ¡Ay! ¡Padre! ¡Tu hijo no es cocinero! ¿No te das cuenta que ya ni nos conoces? ¡No te recuerdas ni a ti mismo! Desde que murió mamá dejaste de ser ese gran héroe del que yo me enorgullecía tanto- la muchacha ya no aguantaba sus lágrimas que lentamente comenzaron a fluir por sus ojos.
- Pero… Hija, yo te doy todo lo que puedo, ya no soy tan joven como para defender al reino yo mismo.
- Bastaría con no haber provocado la guerra, padre. Disculpa pero voy a retirarme a mis aposentos.
La jovencita se encaminó hacia las escaleras arrastrando su largo vestido en el suelo. El rey se compungió un momento pero luego volvió a su humor habitual cuando el cocinero le indicó que estaba lista la cena.

Las oscuras tinieblas de la noche cayeron en el pueblo y la perezosa guardia de San Ducart se encontraba en vela andando con impaciencia de un lado a otro. Claro que lo que menos hacían era montar guardia, les preocupaba mucho más mirar al horizonte en busca de que Payraud enviara de repente un ejército colosal que arrasara todo el reino…
Tan poco concentrada estaba la defensa humana del reino que no vieron filtrarse a tres rápidos Pokemon por sobre las murallas.

Ya estaba pronto el sol a salir, cuando Genario se despertó de sus sueños para asegurarse de que la guardia hubiera realizado la ronda acostumbrada. Se vistió con una blanca sotana, peinó su blanco cabello y comenzó a transitar las vacías calles de la ciudad con la confianza de alguien con tanta experiencia como él. Aun estaba muy oscuro, apenas podía ver donde pisaba y muchas veces tropezaba con los soldados que dormían en el suelo de la plaza principal, ya armados, por si hubiera un ataque repentino.
Cuando el viejo se dirigió al cuarto de armas para asegurarse que los guardias allí hubieran cambiado su turno se encontró con un panorama inesperado. Los tontos guardias y los Pokemon se habían dormido… Pero ¿Cómo era posible? Si nunca les había pasado. Había algo raro en todo eso, y un sujeto con experiencia como Genario se podía dar cuenta. Después de todo, no era normal que estuvieran durmiendo en esa posición tan incomoda, como si se hubieran caído. Algo andaba muy mal allí, y los presentimientos del viejo nunca habían fallado.
- Sal, Koron.
El tipo abrió su pokebola para extraer de ella a un viejo Aggron y ni bien sucedió eso, dos Psico-Rayos y una Bola Sombra golpearon tanto al Aggron como a Genario. El hombre había combatido en muchas guerras y podía soportar eso, aunque quedó muy mal herido y apenas podía dar ordenes.
- ¡Ay! Koron, usa un Rugido, por favor.
El devastador Rugido del Pokemon resonó en todo el pueblo alertando a los guardias.
Los causantes de las heridas del viejo y el Pokemon, se expusieron a la vista y se aferraron entre si, los tres a punto de teletransportarse. Dos Alakazam y un Gengar sonreían con el placer del deber cumplido. Cuando todo estaba dispuesto para que se fueran algo pareció fallar en los planes de los Pokemon espías. Un Alakazam había caído al piso traspasado completamente de un lado a otro de su pecho por una lanza.
La imponente figura de Milanor se alzaba a unos metros con los músculos estirados y los ojos achinados por el sueño. El Alakazam que había sobrevivido y el Gengar comprendieron que era momento de retirarse de una vez por todas, ya habían cumplido su trabajo y las cosas podrían ponerse peor.
A una velocidad exorbitante Marhell, el Infernape de Milanor, fue quien detuvo la huida de los Pokemon, golpeando por la espalda a Keih, el Gengar. Ahora que los Pokemon se habían separado se les hacía muy difícil escapar.
El Aggron de Genario arremetió al Alakazam con su poderoso ataque Cabeza de hierro intentando dañar al Pokemon lo más posible.
Marhell y Keih se midieron con la mirada. El Pokemon de fuego esperaba la orden de su entrenador.
- Mátalo, no tengas piedad- soltó Milanor.
El Pokemon preparó su Puño Fuego para reducir al fantasma, pero este lo desconcertó con un Rayo Confuso para poder concentrarse en buscar a Farruh, el Alakazam. Este había logrado mantener a raya al Aggron con ataques de Anulación. Luego de esta gran maniobra de distracción ambos se juntaron y desaparecieron.
Milanor le golpeo un par de veces la cabeza a Marhell para que saliera de la confusión. Luego ayudó a Genario a incorporarse y con palabras rudas lo increpó.
- Sabes cuanto te admiro, anciano. Sé que aun me falta demasiado para llegar a tu basta sabiduría, pero… Es hora que te dejes de estrategias complicadas y pongas en marcha el ejército. Hay que reducir a escombros a Payraud.
El viejo admiró con pesar los rudos ojos azules del muchacho y luego comenzó a caminar hacia el castillo usando a Koron de muleta.

- ¡¿Cómo que espías?! Quien sabe cuanto tiempo hace que los envían. ¡Ellos ya están atacando y nosotros aquí sentados como tontos!
En cuanto Genario dijo la palabra “espías” el rey estalló en un aluvión de maldiciones e insultos.
- Señor, disculpe la intromisión, pero creo que si planeamos bien el ataque, posiblemente en cuatro, o con suerte tres días logremos enlistar bien a todos para las tropas- el viejo guerrero intentaba calmar al rey.
- ¿Tres o cuatro días? ¿Acaso el golpe que te has dado está nublando tu juicio? ¡Los soldados están listos, ataquemos ya!
- Pero ellos…
- ¡Es una orden!
Genario realizó una reverencia y se dirigió a las afueras del castillo rengueando. El rey renegó de su suerte sentado en su trono real, revoleando sus robustas piernas e intercambiando sandeces con el aire.
- Con todas las cosas que tengo que hacer y a estos idiotas de Payraud se les ocurre atacar ahora… ¡Rohan! ¡Rohan! ¿Dónde se habrá metido este chico? Le daré una paliza en cuanto lo encuentre.
Con esas palabras terminó su discurso y juntó sus piernas para que un obeso Glameow se subiera a ellas.


Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.
#31

Re: El Arte de la Pokeguerra


OMG!
pobre Alakazam D:!*se imagina al Alakazam atravesado por una lanza* Auch D:!
los descubrieron los descubrieron!
idiota infernape xD gran aggron xD
sigue haci
no note errores pero si que el cap estaba un poco muy corto xD
sigues mejorando
espero el proximo con ansias
Adios, bye, cuidense, sean felices. Yo me voy de aqui, es hora de concentrar mi tiempo en otras cosas y de desengancharme un poco, gracias por los buenos recuerdos! Chao!
#32

Re: El Arte de la Pokeguerra


D:!! Seh, pobre Alakazam... al final lo mataron, no? Es que no me quedó muy claro cuando derrotan a ese, sobre todo porque no le presté mucha atención a eso... xD
Y gran estrategia de los otros dos, me alegro de que hayan podido huir... sino, no me extrañaría que ese Infernape los acabase matando por culpa de las órdenes de Milanor D: xD

En fin, muy bueno el capítulo; me ha gustado mucho... Y waaaa! Ahora me doy cuenta... Un Glameow obeso? Para eso mejor que le hubieses puesto a un Purugly :lol: xDU


En fin, espero al próximo... D:
Bye
#33

Re: El Arte de la Pokeguerra


Ahi!!! que rey más tonto de verdad ¿como puede gobernar algo? en mitad de la guerra que hizo estallar el con sus tonterias.
Me dan pena los pokemon T.T Luchando en la guerra de los estúpidos humanos y sufriendo por su culpa.
Siento haber tardado en leer xD es qe no me conectaba desde hacia tiempo y no sabia que habias publicado.
Muy bien fic, la historia se pone mas interesante

#34

Re: El Arte de la Pokeguerra


Hola!
Gracias a todos por seguir de cerca el fic, aunque nos tardemos tanto en postear...
Bueno, aquí llega mi venganza!!!
Perdón si existe alguna incongruencia, es que lo escribí en varios días...
Pero ahora sí te has metido en problemas, Demián!! xDDD:::

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La movilización en Payraud era general, el pueblo entero estaba sumamente conmocionado. Se había corrido un rumor escalofriante: ¡San Ducart había retomado la iniciativa de ataque y planeaba invadir! Era de contemplar el desastre que se llevaba a cabo por las calles de la ciudad. Nadie hablaba de otra cosa que no fuera la guerra, debido a que no les traía muy gratos recuerdos las batallas que se habían librado en el pasado. Toda la guardia intentaba controlar a la multitud que parecía haber enloquecido, golpeados por una noticia que realmente no sabían de dónde provenía o quién la había difundido, pero que la tomaban con suma seriedad. Al fin, se logró despejar la ciudad, evacuando a toda la población con tiempo, pero dejando casi volteadas las calles con tanto atropello.

El príncipe Edward estaba muy nervioso, mientras montaba su elegante Rapidash en medio de la escolta. Sabía que la situación se volvía a tornar grave. Aunque lo consumían sus ideas y sus pensamientos, no dijo ni media palabra al par de escuderos que le acompañaban más de cerca durante el trayecto al campo del ejército pokémon. Lo atormentaba la idea de los guerreros. Los pokémon estaban bien, pero no confiaba en la correcta capacitación de los soldados, debido a que hacía tiempo que no los visitaba. Lo único que podía hacer era esperar a que el general Rubyc hubiera hecho un buen trabajo, al que irían a visitar más adelante.
Es de suponer que los ciudadanos se quedaban pasmados, asomándose por las ventanas más altas de sus casas y observando a la escolta real pasar por la calle. Tantos hombres cabalgando sobre sus Rapidash, algunos que eran figuras muy importantes… y luego el soberbio carruaje de los reyes, quienes estarían presentes en los movimientos militares. Los seguían varios guerreros, y luego los príncipes un poco detrás, tan serios como siempre. Por último, sus escuderos y un par de hileras de soldados.
Primero arribaron al campo de los pokémon. Todo estaba tan organizado como nunca, obviamente debido a que Royce y sus hombres ya tenían conocimiento de la llegada de los reyes. El ejército para entonces ya estaba dividido por secciones para lograr una mayor eficiencia a la hora del despliegue. Por un lado, los pokémon terrestres, por otro, los voladores, por otro los marinos… por allá los de ataque y por acá los de defensa… los de infiltración y obstrucción, ¡todo estaba catalogado organizadamente! Edward sonrió complacido mientras detenía a su Rapidash con un recio tirón de las riendas.
Hombres uniformados salieron de todas partes a recibir a su Majestad y a la reina, así como a atender a los príncipes y demás personajes de importancia.
Los reyes descendieron de la carroza; el campo ya no era una simple explanada terregosa, sino que Royce había mandado instalar largos tapetes que, extendidos por el suelo, podían marcar el camino por el que los reyes habrían de pasar.
Los príncipes también lo siguieron; la melancólica Catherine no dejaba ver ninguna clase de emoción aún estando rodeada de las más diversas y bellas criaturas. Edward mantenía su semblante flemático, como era de esperarse, sin que nadie pudiese adivinar en qué trabajaba su fenomenal mente.
No obstante, el joven se sorprendió de la eficiencia del viejo general. Y de pronto, Royce salió ante los reyes mostrando la mejor de sus sonrisas, y con un extraño Typhlosion siguiéndolo.
Saludó a los magníficos monarcas con el mayor de los respetos inclinándose ante ellos y obligando a su Typhlosion acompañante a imitarlo.
¬—Vuestro trabajo me place— dijo el Rey— ya veo que habéis estado bastante ocupado en todo este tiempo. Vuestras huestes son admirables. Inmensas y realmente disciplinadas.
—Hago lo que puedo, Majestad, siempre como humilde servidor vuestro y de Payraud.
—¿Pero quién es este extraño Typhlosion?— preguntó luego, señalando al torpe pokémon que lo acompañaba.
—Le llamamos Chrone. Es el líder de todo nuestro ejército.
El rey arqueó una ceja, no muy convencido. Edward dio un paso adelante, como para ver mejor, y se preguntó: ¿y a ese monigote de dónde lo habrán sacado? ¿Había escuchado bien, el líder del ejército? Porque ese tal Chrone ni siquiera era hermoso; parecía bastante tosco en sus movimientos, caminaba muy lento y encorvado y su mirada era confusa. Ni siquiera parecía pensar por él… ¿qué inteligencia podría tener una criatura así? El príncipe hizo una mueca y volteó a ver hacia otro lado, desaprobándolo. Había mejores candidatos al honorable cargo. El rey también pidió una explicación que el viejo se apresuró a contestar.
—No es lo que parece, os lo aseguro. Chrone fácilmente podría acabar con un ejército entero, debido a su gran potencial. No es un pokémon muy razonable, ya lo sé, pero su desmedida fuerza es brutal. Será un oponente perfecto para el mejor guerrero de San Ducart. Por algo está reemplazando el cargo de Bower, nuestro antiguo Tyranitar muerto honorablemente en la batalla anterior.
Nadie dijo nada después, precisamente por la falta de convencimiento que inspiraba ese Typhlosion de apariencia estúpida, pero se dejaron confiar por la supuesta inteligencia militar del general.
—Tenemos varias piezas clave en nuestro ejército, que sería conveniente no perder de vista— mencionó Royce mientras avanzaba y guiaba a los reyes por entre las huestes— este es Harghendel, vos lo recordaréis bien como el pokémon más arrojado y valiente. Por allá, nuestro capitán de pokémons voladores, Dan Hollow, un poderoso Tropius— se envaneció un poco al pronunciar el nombre de su favorito, pero siguió presentándolos— por supuesto, volvemos a contar con nuestra Lapras veterana, Cassiopeia, quien dirigirá los movimientos marítimos tan bien como lo ha venido haciendo durante los últimos diez años. Por aquí, bastante bien alineados, los Primeapes asesinos. No tienen otra mentalidad mas que la de ir al ataque y devastar. ¡Cuidado, no los provoquéis!— dijo, irónicamente, y orgulloso de tener a los reyes boquiabiertos— pasad por aquí, seguidme y conoceréis a una de mis más nuevas adquisiciones, Wignephyl, experto en infiltraciones, capaz de cavar un túnel en cuestión de segundos— explicó, mientras les presentaba a su fantástico Sandslash, y continuó— por acá, nuestra línea de Aggrons, con su líder Colt, ofrecerán una gran resistencia, digna de hacer temblar a cualquier enemigo, Para sorpresas mayúsculas, nuestro escuadrón secreto nos asistirá. Lo dirigirá Keih, el Gengar que acabamos de subir el rango debido al formidable resultado de su misión. ¡Seguro pondrá a San Ducart en serios aprietos con su técnica de las sombras! ¡Es un pokémon difícil de detener!
Lógicamente el viejo general caminaba sonriente mientras explicaba, por tener la total atención de los reyes. Hubo de presentar muchos otros pokémons importantes, reservándose de mencionar a todo el resto.
También hizo hincapié en Keih y Johann que salieron triunfantes de su difícil misión y que ahora traían información a Payraud justo a tiempo. Edward también se sentía muy satisfecho, aunque su inexpresivo rostro no cambiara.

Un poco más allá se encontraba la base militar humana. Hasta allá también se dirigió la familia real, con el objetivo de supervisar a los guerreros. Se alegraron de nuevo al ver todo en orden, los soldados eran mucho más disciplinados que los pokémons y, por supuesto, tenían todo preparado para la llegada de los reyes.
Al instante los recibió el capitán Rubyc, un vigoroso y experimentado guerrero a cargo del ejército, que gustaba de implementar las medidas más radicales. No era un hombre muy bueno o humanitario, pero su trabajo siempre resultaba eficaz y estaba en muy alta estima ante el rey, aunque tratara tan mal a los soldados.
Semejante a lo que hizo Royce, Rubyc les dio un tour por la base explicando las estrategias que llevaría a cabo en el campo de batalla. Todo estaba perfecto, no había razón para preocuparse, era claro que Payraud acabaría con cualquier fuerza invasora.
Los reyes hasta se sorprendieron del entusiasmo del príncipe, quien no pudo evitar sonreír ante tan buena organización. En cambio Catherine estaba callada y muy pálida, con los ojos tan enrojecidos que daba la impresión de que en cualquier momento rompería a llorar.
Ya por la tarde fue posible apreciar la marcha militar por las calles de Payraud, de nuevo ante el asombro de los civiles. Hombres y pokémons de guerra caminaba en dirección a la frontera norte, totalmente armados. De la misma manera, los pokémons marinos siguieron su curso por el río que une a ambos reinos, para defender este punto también.
A los soldados los lideraba Edward, cabalgando en su elegante Rapidash, esta vez con su armadura, escudo y su extraordinaria espada que tanta fama le había dado en batallas anteriores por la destreza con la que la manejaba.
Parecía que ahora sí San Ducart estaba en problemas.


¿Qué tal? No cabe duda que ahora sí ganaré esta guerra... ¡Voy a aplastarte, Demián! xDD
PD. Lo del Typhlosion lo tengo todo bajo control, será una sorpresa...

Saludos.


Spoiler


#35

Re: El Arte de la Pokeguerra


Lol, el Primeape asesino... e interesante Thyplosion... tiene una fuerza brutal? Habrá que ver como lucha... xD
Y pues yo, no noté ningún error... me parece perfecta tu forma de escribir x )

Tengo curiosidad por ver como sale Demian de esto, tienes un buen batallón... pero me da que él no se dejará vencer :lol:

En fin, bye =D
#36

Re: El Arte de la Pokeguerra


Ò.Ó No puedo creer que Psycho me declare la guerra!! Reduciré tu pueblo a cenizas y de las daré de comer a un Camerupt ¬¬ Ya verán...

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Entre las filas de arqueros había uno que hacía castañar la armadura. Los constantes tintineos del acero hacían que los demás luchadores lo observaran con desconcierto. Dentro de esa armadura se hallaba el príncipe mismo de San Ducart, el joven Rohan, completamente amedrentado, y a pesar de lo que había dicho su padre, estaba allí dispuesto a arriesgar su vida por encontrarse con su amada. No esperaba que la guerra se desatara tan pronto, aunque no sabía si estar feliz o triste por la velocidad con que se había desencadenado, ahora ya no le quedaba otra cosa por hacer más que tensar su arco y encomendar su vida a los dioses para poder salir vivo de lo que sucediera.
Pero él no era el único que estaba nervioso, había otros que temblaban con miedo pero que sabían manejar lo suficiente su armadura como para aparentar. Los grupos de combatientes se dividían en arqueros, lanceros y guerreros. Los arqueros eran los soldados ubicados entre medio de guerreros y lanceros, ellos serian quienes dispararían todas las flechas posibles y cuando los guerreros de Payraud estuvieran ya muy cerca se replegarían para detener una supuesta arremetida del enemigo. Junto con ellos iban lo pokemon más aptos para realizar ataques a distancia y los pocos voladores del equipo. Cientos de pokemon de tipo roca, listos para lanzar piedras desde su posición como si fueran verdaderas catapultas. Pokemon de tierra también preparados para utilizar sus bombas de fango y venenosos para disparar bombas de lodo. El ejército de voladores era más bien algún que otro Flygon o Gliscor, y muchos pokemon insectos como Yanmegas, Beedrill, Dustox y Ninjask. Esta parte del ejército, según dispuso Genario, iba a ser la del ataque rápido y a distancia, para atacar al enemigo en primera instancia y para cubrir al grupo en caso de una desgraciada retirada.
El segundo grupo era el que iba en frente y esos eran los lanceros. Comandados por Iraón, uno de los guerreros más rudos y experto en combates cuerpo a cuerpo. Iba montado en un Onix, como siempre hacia, para destruir todo a su paso como a él le gustaba, y a su lado se encontraba un orgulloso Toxicroac que refregaba sus puños para repartir puyas nocivas en cuanto comenzara el combate. Junto con él estaba Feraid, el guerrero que había ayudado al príncipe a entrar entre las filas de arqueros. Vestía una elegante armadura y portaba una poderosa y larga lanza. Junto a él, un fuerte Gallade afilaba sus brazos-cuchillas. Los demás lanceros estaban muy bien organizados y eran también los mejor entrenados. Eran capaces de arrojar la lanza muy lejos con una excelsa puntería para luego protegerse de saetas enemigas con sus grandes escudos de madera con chapadura de acero, y al final sacar sus espadas cortas y disponerse a combatir como fieros guerreros. Los pokemon que los acompañaban eran los más fuertes y resistentes, pokemon de acero, roca e insecto casi en su totalidad.
La última fila la formaban los grandes, y un tanto suicidas, guerreros. Comandados por Milanor con su armadura dorada, su pequeño escudo y su descomunal espada incrustada en rubíes y diamantes, acompañado por su gran y ostentoso Infernape; y también eran guiados por Grenian, el joven púgil de armadura ligera y gris, con una espada larga y carente de escudo, su buen y rápido Golem lo escoltaba. Los demás guerreros estaban allí, detrás del grupo de arqueros, listos a que se desplegara la batalla, sedientos de la más roja sangre. En su mayoría los pokemon que los ayudaban eran luchadores de todos los tipos, también había otros de alto ataque físico, del tipo insecto, roca, acero, siniestro y veneno.
Y había también unos cuantos guerreros montados en Poliwrath, Swampert, Empoleon y demás pokemon de agua para intentar frenar la acometida de los enemigos por el río, lugar que podía ser la perdición del pueblo ya que no tenían una buena ofensiva por ese medio.
Ya no faltaba nada para la batalla, sólo había que andar a caminar y encontrarse con los luchadores de Payraud. Pero ninguno de ellos caminaría si Milanor no decía unas palabras que les infundieran valor. Es por eso que el gran homicida montó sobre un rústico Rhydon para que lo llevara hasta el frente de toda la multitud. Allí se acomodó gallardo frente a todos los guerreros de San Ducart.
- Amigos míos, hoy es el gran día. Sé que muchos de ustedes esperaban que esto sucediera más adelante pero también sé que TODOS querían que se terminara cuanto antes. Y es por eso que hoy va a terminar. No podemos seguir soportando traiciones por parte de esa basura, no podemos seguir sintiéndonos inferiores ante ellos, no podemos seguir desmereciéndonos como el pueblo que conquistó cien pueblos menos uno que era su vecino y por timidez no lo hicieron caer. Allí en frente cada quien verá lo que su destino le diga. Quien tenga el destino de morir verá miles de guerreros armados y feroces, pero yo no… Yo sobreviviré, lo dice mi destino, mi destino dice: HÉROE, y eso esta marcado a fuego sobre mi piel, y es por eso que sólo veo unas cuantas decenas de niños flacuchos y débiles portando elementos metálicos y pokemon mal entrenados. ¡Quiero que me digan cuantos guerreros ven en aquella ciudad!- gritó con todas sus fuerzas el luchador.
- ¡Sólo unas cuantas decenas!- gritaron con algo de indecisión los guerreros.
- ¡No los escucho! ¿Piensan gritar así a los Payraunos para que se amedrenten? Yo les digo que ninguno se acobardará si gritan como muchachas. ¡Griten fuerte! ¡Saquen todo su espíritu en el grito! ¡Son dragones, no damiselas! ¡Rujan como Aggrons! Gasten sus pulmones para que sus cabezas se llenen de miedo, para que sepan que somos mejores que ellos que tenemos más potencia. Y prepárense… Preparen sus trajes de gala por que hoy vamos a bailar sobre los escombros de la ciudad de Payraud, preparen sus bolsillos porque hoy los van a llenar de todo el oro que van a hurtar de Payraud, preparen su apetito sexual porque esta noche van a gozar con las mujeres de Payraud, prepárense para ser amos de los hombres y niños de esa débil ciudad. ¡Ustedes van a acariciar la gloria mientras ellos acarician los sucios pisos de sus casas cuando sean nuestros esclavos! ¡Desenfunden sus espadas y no vuelvan a enfundarlas a menos que sea en el pecho de un Payrauno!
- ¡EHHHHHHH!- el grito de emoción de todos los guerreros y pokemon sacudió el campo de batalla y Milanor sonrió con satisfacción.
- ¡Corran a la ciudad, háganla pedazos, es suya, reclámenla!
El batallón se agolpó en una fantástica arremetida hacia la ciudad enemiga.

Mientras tanto, en una alta montaña cerca de ambas ciudades, los dioses no dejaban de contemplar atónitos el gran despliegue de potencia de las naciones en conflicto. Rayquaza, Kyogre y Groudon presenciaban el espectáculo con total fascinación.
- Ahí lo tienen, mi guerrero, él destacará en este batalla y superará a Milanor en matanzas- se enorgulleció el dragón señalando a Grenian, el joven con el Golem.
- Imposible. Nada podría superar a Milanor. Esta será su última gran batalla, es aquí donde se convertirá en el dios de la lucha para los humanos por hacer caer a la mitad del ejercito enemigo- comentaba Groudon.
- Groudon, que Milanor sea un bruto sin sesos lo convierte en un blanco fácil de Edward, ¡es el más completo de todos! Lucha, gobierna, comanda, es listo, fácilmente acabaría con Milanor en una batalla uno a uno- Kyogre intentaba inclinar las aguas a favor a su defendido.
- Sabes que eso no sucederá, Kyogre. ¿Qué opinas Dark?- le preguntó Rayquaza al dios sombrío.
- Es bien sabido que quien más almas me mande es mi favorito. Y hace un buen rato que estoy de parte de San Ducart, es quien más favores me hace. Espero que sigan así y envíen a todo el pueblo de Payraud conmigo.
Mew se acercó al centro de la discusión y los observó cansinamente.
- Bajaré al campo de batalla. Quiero asegurarme de proteger a Edward y a Rubyc.
Los demás pokemon que formaban parte del congreso de dioses admiraron a Mew confundidos.
- Pero… ¿Cómo que vas a ir a proteger a los humanos?- Gruodon no entendía como el pokemon quería bajar allí a mezclarse con la gentuza.
- Yo tengo a esas dos personas en mucha estima, y Arceus me apoya, por lo tanto bajaré y me mezclaré en la multitud. Utilizaré confusiones para que sólo los pokemon puedan reconocerme.
Todos se quedaron pensativos ante lo que el pokemon psíquico decía.
- Yo también iré entonces- dijo Mesprit-. Voy a proteger a Rohan hasta última instancia para que pueda llegar sano y salvo hasta donde está Catherine.
- Y yo- Azelf no se quedaba atrás-. Por mi a Milanor puede pasarle lo que sea, pero Grenian es sólo un niño de una familia que siempre ha alabado a los dioses. No permitiré que su muerte se dé en esta batalla.
Ambos pokemon observaron a su tercer hermano para ver que decía.
- No me interesa participar de esa barbarie- dijo finalmente Uxie.
- Vamos, Uxie, es el evento más grande visto desde hace muchísimo tiempo, debes mezclarte y proteger gente- le animó Mesprit.
- No lo haré, lo siento. Pero les deseo suerte.
Ya nadie más insistió y los tres pokemon que dijeron que asistirían al combate se fueron.
- Va, quien los necesita… ¡Arriba Payraud!- gritó Kyogre.
- ¿De que hablas? Eres un tonto sin sentido común, Kyogre- rugió Groudon.

- Allí están más de cien mil seres humanos y otro tanto de pokemon a punto de quitarse la vida entre ellos. Este es el momento en que me digo: He creado monstruos…- Arceus observaba el combate desde lo más alto de la montaña, con Cresselia, Shaymin y Jirachi a su lado.
- El rencor ha existido por siempre y jamás dejará de existir. Aun quedan millones de seres vivos en el mundo- intentó consolarlo Cresselia.
- ¡Pero como hago, querida, para ver esto! ¿Cómo hago para ver caer a Payraud, la ciudad que más amo? Si San Ducart es invencible, ya está escrito y yo no puedo hacer nada. Dime cómo hago para dejar que ese pueblo que venera tanto a Arceus sucumba en tan sólo unos días. Desde que se fundó todos los días ha habido flores y otras ofrendas en el altar de Arceus, ¿ahora ya no más? Estoy realmente triste.
- Hace tiempo que no te veía tan deprimido, Arceus. Estas cosas suceden, ya llegará el turno de San Ducart, habrá otra nación tan fuerte como ella y caerá como cualquier pueblo- Shaymin también trataba de hacer sentir bien al gran dios.
- Sí, lo se, pero eso no me quita el dolor que siento en mi corazón. ¿Por qué han tenido que enfrentarse? Siempre le di tanto a San Ducart, riquezas, fuerza, grandes pokemon, tierras fértiles y recursos obtenibles con sólo estirar una mano… Pero no les alcanzó, ahora quieren más, y quieren quitárselo a la ciudad que tanto admiro.
Jirachi alzó vuelo para rearmar el estrellato. Era el momento de crear una gran estrella en el firmamento para conmemorar ese día.

En el gran palacio de San Ducart la princesa Judith observaba como el ejército de su pueblo acometía contra el país de su amado. Se encontraba sentada en el alfeizar de la ventana ubicada en la torre más alta del lugar. No veía muy bien desde allí, pero tenía a su lado un fantástico Swellow que le comentaba como podía algunos detalles. Aunque ella vería muy bien a Edward por más lejos que se encontrara. Podría distinguir su porte y su manera de combatir. Podría verlo sobre su majestuoso Rapidash. El lugar donde se encontraba no sólo era un punto estratégico para poder presenciar la batalla, sino también, un buen lugar para acabar todo si algo malo le pasaba a ese joven que la había cautivado. Si bien creía en él y confiaba que saldría vivo de eso, ella nunca estaba ciento por ciento segura de lo que ocurriera.
- Por favor Edward, resiste… Resiste hasta que Rohan pueda llegar con el rey de Payraud. Estoy segura que esto se va a solucionar, pero espero que no sea demasiado tarde.
La princesa se abrazó al Flareon que estaba en su regazo para sacarse un poco de ansiedad.

Ya faltaba muy poco. Los luchadores de San Ducart estaban a solo unos cientos de metros de las murallas de Payraud. La gran puerta de la ciudad comenzó a abrirse para que sus guerreros salieran al campo de batalla… En segundos estallaría el duelo. Pero mientras todos los arqueros se concentraban en preparar su arco y flechas, había uno que se preocupaba más bien por ver como un Sandshrew excavar hacia las murallas. Mientras el pokemon cavaba, ese arquero deformaba las huestes saliendo del tumulto para poder sentirse libre, sin guerreros a su lado.
- Vamos Saraw, excava como practicamos, amiga. Espero que nadie la intercepte hasta que la lucha estalle y pueda perderme entre la multitud.


Esperoq eu les haya gustado xD Y esperemos la respuesta de Psycho (¬¬)


Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.
#37

Re: El Arte de la Pokeguerra


¿Quién es el del sandrews? Todo muy bien relatado.

#38

Re: El Arte de la Pokeguerra


>_>
No debo leer un día y postear al siguiente xD
pero bueh, lo que recuerdo, aunque en general muy bien. No encontré errores, como viene siendo habitual xP

Parece estar bien preparado para la lucha, y qué intentará ese arquero (era un arquero, no?) y la Sandshrew? :O
Y buena la entrada de los legendarios, veo que están dispuestos a proteger a sus favoritos...


Asd, y como no se me ocurre más que comentar, acabo aquí Dx
Hasta el próximo capítulo ^^
#39

Re: El Arte de la Pokeguerra


>>Primero antes de todo siento haber dejado de lado esto un poco y no leer, pero ahora he vuelto y sin pensarlo dos veces he ido a por este fic.


A LOS DOS ESCRITORES
Sois dos escritores geniales que conseguis emocionar a cualquiera con vuestra lectura, os centrais en el ejercito en algunos capitulos mas que en otros pero nunca dejais de lado el papel que el amor juega en estas dos historias dejando claro que es uno de los pilares mas importantes por no decir el que mas y al mismo tiempo tambien mezclais los dialogos entre dioses/pokemon/legendarios que le dan un toque muy... muy... no se xDD raro? especial? Vosotros me entendeis pero en el buen sentido.
Ademas de que los dos jugais usando un lenguaje muy culto que no cualquier escritor usa con tanta facilidad y dais mas realismo a la historia ambientada en las guerras romanas y griegas de hace tanto tiempo pero que al mismo tiempo siguen tan presentes en vuestros relatos y ademas aportais madurez al fic.
Y los dos al principio de cada capítulo como exponeis vuestra forma de pensar dandole mas realismo a la guerra:
Hola!
Gracias a todos por seguir de cerca el fic, aunque nos tardemos tanto en postear...
Bueno, aquí llega mi venganza!!!
Perdón si existe alguna incongruencia, es que lo escribí en varios días...

Pero ahora sí te has metido en problemas, Demián!!
¿Qué tal? No cabe duda que ahora sí ganaré esta guerra... ¡Voy a aplastarte, Demián! xDD

PD. Lo del Typhlosion lo tengo todo bajo control, será una sorpresa...xDDD


Ò.Ó No puedo creer que Psycho me declare la guerra!! Reduciré tu pueblo a cenizas y de las daré de comer a un Camerupt ¬¬ Ya verán...

Esperoq eu les haya gustado xD Y esperemos la respuesta de Psycho (¬¬)


Esos comentarios me han parecido realistas y simpaticos xDD No es nada del otro mundo pero es una curiosidad que me apetecia añadirle y a todo buen escritor que se precie (y al que no tambien) le gusta que le digan esas pequeñeces asi qeu xDD ahi teneis, serviros vosotros mismos.

A LA TRAMA DE ESTOS DOS CAPITULOS

Psycho: Genial. Sencilla y exclusivamente genial. Me imagino a Payraud conmocionado por sus guerreros cruzando las calles armados de de pies a cabeza con pokemon fuertes y poderosos. Descato lo bien que me pega Edwar con su rapidash, dandole importancia a todo el ejercito. También algun detalle me ha gustado como el Tryplosion o el general Rubyc. El ataque por mar tambien me gusto mucho porque ningún buen estratega se hubiese olvidado de eso y como tu creo que eres uno tampoco te has olvidado de cubrir los flancos xD.
Demian: Lo del arquero es curioso aunque no me cosque del todo, era un arquero con un sandlewsh (o como se escriba, es que soy fatal para los nombres) no? ay... Me encanta Milanor xD con su infernape aunque ahora con lo de Edwar me hayan quedado bastante igualados pero para mi Milanor sera de los mejores siempre. Los pokemon, que decir, mucha variedad, cada vez que nombrabas uno te lo ibas imaginando en las filas, todos preparados dispuestos. Oh!!! Y ese contraataque por mar, todos preparados para defender y atacar!!! Venga!!!! Ataquenos por mar que nosotros nos defenderemos con las mismas ansias. Pobrecito Rohan... xD. Me gusta que tratas sin pudor algunos temas como el de las mujeres de Payraud esclavizadas sexualmente.

QUE EMPIECE LA GUERRA!!!

#40

Re: El Arte de la Pokeguerra


Hola!
Perdón por la tardanza del capítulo, ya estoy listo.
Comienzo por los comentarios, de los que siempre estamos agradecidos. Aunque no todos son para mí, quisiera responder algo también:

Cita de Daviid_182
Lol, el Primeape asesino... e interesante Thyplosion... tiene una fuerza brutal? Habrá que ver como lucha... xD

Te aseguro que el Typhlosion va a sorprender... según parece, es el mejor de mis elementos. Y por cierto, no es un solo Primeape asesino, es un escuadrón xD

Cita de Daviid_182

Parece estar bien preparado para la lucha, y qué intentará ese arquero (era un arquero, no?) y la Sandshrew? :O

Hmm... creo que ya sé de quién se trata... Yo tampoco sé lo que planea Demian xDD Espero que no arrase con mi pueblo totalmente...

Cita de 33Ther33
>>Primero antes de todo siento haber dejado de lado esto un poco y no leer, pero ahora he vuelto y sin pensarlo dos veces he ido a por este fic.

Al contrario, es un gusto tenerte de nuevo aquí y qué bueno que te está gustando nuestro fic, es nuestra mejor motivación.

Cita de 33Ther33
Esos comentarios me han parecido realistas y simpaticos xDD No es nada del otro mundo pero es una curiosidad que me apetecia añadirle y a todo buen escritor que se precie (y al que no tambien) le gusta que le digan esas pequeñeces asi qeu xDD ahi teneis, serviros vosotros mismos.

Es que en la mayoría de los casos no sabemos con exactitud qué está pensando el otro, nos dejamos la libertad de escribir lo que venga. Eso es bueno porque así, tanto ustedes como nosotros, sentimos el realismo de la guerra.
Gracias por tus comentarios.

Ahora sí, el capítulo 10 (creo):



Spoiler
Por otro lado, en Payraud, la movilización militar era una revuelta total. El nerviosismo entre los ciudadanos era patente sobre todo cuando los ruidos de los cascos al galope llegaban hasta sus oídos en un tumulto de ecos disonantes. Muchos se asustaban cuando, ocupados en las labores cotidianas, se veían sorprendidos por los valientes guerreros que pasaban cabalgando frente a sus casas rumbo al norte. Algunos hombres prudentes y perturbados introducían a sus niños a los hogares al paso de aquéllos, en un absurdo intento de protección, pero otros tantos conciudadanos estaban sumamente orgullosos del despliegue.
—¡Adelante, soldados! ¡Lucharemos hasta el fin por la victoria y el honor de la nación! ¡Suerte, valientes!— les gritó una mujer atravesando los postigos de la ventana más alta de su hogar, y algunos vecinos la imitaron, motivados, brindándoles más palabras de ánimo a los que iban a la guerra.
Los jóvenes admiraban al tumultuoso grupo de hombres elegantemente montados en los Rapidash, e idolatraban a Edward, su héroe, siempre con un designio en mente, de modo que la voz se corría entre los muchachos para presenciar al valeroso ejército pasar por su calle, atravesando la ciudad, no olvidando gritarles algunas frases alentadoras, que los llenaran de coraje y bravura para batallar por Payraud.
Pronto hubieron salido de la civilización, y ahora todos galopaban sin cesar por el inmenso campo que delimitaba su nación al norte. Al ritmo decidido en que iban, pronto alcanzarían la frontera y cruzarían fuera de sus territorios; asimismo, con esas energías y ese arrojo, vencerían fácilmente al enemigo.
Por supuesto, el príncipe Edward lideraba el inmenso grupo armado avanzando al frente, guiándolos hacia el objetivo, brindándoles confianza a sus hombres. Llevaba un traje enteramente de guerra, una armadura muy vistosa y soberbia, plateada y con ciertos reflejos azulados cuando los rayos del sol acariciaban su superficie finamente pulida. También portaba una espada larga de batalla, ligera en manejo y de aristas mortales, con tres piedras de zafiros en la hoja y otro más en el mango dorado, envainada en una funda acerada con grabados misteriosos; además un escudo ovalado, casi redondo, con el clásico emblema de Payraud estampado en el centro, la sagrada flama azul.
De cerca le seguía Rubyc, el capitán de las tropas, con una malévola sonrisa esbozada en su rostro oscuro, como si el joven comandante fuera a una fiesta a divertirse y pasarla en grande. Estaba convencido de que tenía todo bajo control, y al menos así parecía hasta el momento, porque detrás de él iban los flancos de los soldados, formados organizadamente, sin que nadie se desalineara de repente en un descuido. Se notaba que habían sido entrenados especialmente en no perder sus posiciones de ataque iniciales. Por ello, Edward creía que Rubyc estaba haciendo un buen trabajo. Todo era estratégico, y hasta elegante, porque, como se ha dicho, todos sin excepción poseían Rapidash hermosos y fuertes, criados especialmente para luchar.
Particularmente, uno de los soldados que iban casi al frente y por el centro del grupo de sus compañeros, sobresalía por su extraordinaria estatura de entre el resto. Se trataba de un gigantesco hombre llamado Borum, vigoroso como un Machoke y fuerte como otro tal, cuyas curtidas facciones dejaban ver cicatrices de probables batallas pasadas. Esto hacía suponer que poseía bastante experiencia y no se podía negar que infundía miedo a la vista, porque portaba un inmenso sable que blandía con la facilidad de una daga, debido a su fuerza fenomenal y desmedida.
Y no sólo eso, también Payraud poseía excelentes y singulares elementos. Contaba incluso con los dos mejores arqueros de la región, y posiblemente, también de todas las tierras conocidas hasta entonces. Estos eran Kratos y Drunker, quienes, además, eran hermanos. Habían entrenado con el arco y sus proyectiles prácticamente toda la vida, desde pequeños, y ahora podían acertar con una magistral puntería a cualquier objeto en donde una flecha pudiera tener alcance. Realmente eran muy escasas las ocasiones en las que fallaban, y esto sólo cuando era de mucho exigir que atinaran a cierto objeto escurridizo. Era difícil determinar quién era mejor de los dos, porque siempre estuvieron a la par en talento y habilidad. En aquellos instantes, ambos cabalgaban juntos, siempre unidos, con el arco y el carcaj lleno de flechas en las espaldas, igual de decididos en matar sanducarts como cualquier otro.
A cada soldado se le habían confiado tres pokebolas, para que en el momento oportuno pudieran extraer a los pokémons guerreros sin problemas, con absoluta ausencia de riesgos, y todos de una vez. El sistema lo había implementado Edward en vista de que un solo encargado encontraba mucha carga al guardar todos los pokémons guerreros él. Por lógica, los pokémons no iban al ritmo de los humanos, hubiese sido muy pesado esperar que los más lentos corrieran al ritmo de los Rapidash.
Por otro lado, está claro que el ejército no era sólo terrestre, sino que también marítimo e incluso aéreo. A órdenes de Edward, por el océano, a una considerable distancia de ellos, navegaba el escuadrón de soldados y pokémons acuáticos, en su mayoría Gyarados, Sharpedos y otros iguales de atroces y fuertes. Ellos nadaban a la velocidad de las naves de los humanos, que se deslizaban por la superficie, y que contenían hombres entrenados para el abordaje violento y el asalto; muchos de ellos eran verdaderos “lobos de mar”, que habían sobrevivido ya en ocasiones anteriores a varios tempestuosos tifones y se habían apoderado de muchas embarcaciones ajenas con sus técnicas únicas y su notable arrojo.
Pero aún así, a pesar de tantos hombres de mar experimentados y naves con la última tecnología, era una sabia criatura la que iba guiando la tropa en dirección a las costas de San Ducart para el ataque por mar. Se trataba de una Lapras, única en inteligencia, quien ya tenía un buen número de batallas lidiadas en el pasado, y gran experiencia en el ejército, en donde se crió desde siempre y se desarrolló en entrenamiento, todo debido a una rara adquisición del Rey de esa época. Su nombre era Cassiopea, y aunque ya no era muy joven, era uno de los elementos en quien más confiaba Edward, depositándole entera confianza, porque, incluso desde que el príncipe era tan solo un niño, este pokémon acuático ya se había convertido en toda una leyenda de los mares. Era una de las pocas criaturas a las que el mismísimo Rey había concedido honores y, en ese caso, el cargo actual. Ahora regresaba una vez más, quizás la última antes de vivir en paz en sus últimos años, para desempeñar su labor de nueva cuenta, navegando por las aguas, tranquila, confiada, con su característica sonrisa enigmática y su vista posada en el horizonte lejano.
Por aire aún no se avanzaba para no llamar prematuramente la atención de los enemigos, pero todo estaba listo para que en cualquier momento se extrajeran los pokémons voladores y los arqueros más experimentados los montaran para atacar desde arriba el posiblemente débil ejército de San Ducart. Muchos buenos tiradores habían sido entrenados especialmente para desarrollarse volando sobre sus pokémons y atacar de esa manera. Doringarf no tenía ninguna especie de miedo al montar en Eyrie, su elegante Dragonite, y hacer cabriolas desde las alturas para luchar, y derribar enemigos con sus flechas. Estaban ambos debidamente entrenados para ello.
Por último, sólo resta recordar que todas las huestes de pokémons que Royce había presentado a los reyes ya se habían integrado a los humanos, en sus pokebolas, para acabar de una vez por todas con el molesto enemigo. Con todo ese despliegue militar, con varios puntos de ataque, ¡Edward no tenía nada qué temer!


Ya habían cabalgado cerca de media hora y ahora al fin arribaban a los límites de sus territorios. Ya un poco más cerca se alcanzaban a divisar las murallas enemigas. Seguramente estarían bien resguardadas, porque con la noticia de los espías infiltrados, los soldados contrarios ya se habrían alertado y supuesto las ideas de los de Payraud, y adelantado. No entrarían sobre un desprevenido San Ducart, entrarían en terrenos en donde nadie los iba a recibir amablemente e iba a ser preciso introducirse a punta de espadas, a la fuerza, costara lo que costara.
A un par de kilómetros de distancia, en el campo pero bien camuflados por la vegetación que crecía en la zona, Edward ordenó detenerse. Ya era hora de dejar de avanzar con simpleza, ahora no podían dejarse ver por el enemigo. El momento de la astucia había llegado, y él ya había pensado en ello.
—Compatriotas— comenzó— estamos a punto de atacar esta maldita nación. Todo discurso de mi parte queda fuera de cuestión, porque tenéis muy en claro lo que quieren. Veo en vuestras miradas el deseo de luchar y morir por la patria si es preciso. Son todos vosotros muy valientes, tengo que remarcarlo. De la misma manera, quiero deciros que me siento orgulloso de dirigir un ejército como éste. Y también, de poder lanzar el grito de victoria, todos juntos, al aplastar las cenizas de San Ducart. ¡Por nuestra insignia, por nuestra patria, por nuestro Rey y por Payraud entero, venceremos!
Un grito de guerra, discreto pero efusivo, azotó entre ellos mismos, animados más que nunca por eliminar a los malvados enemigos. Era hora de luchar por el honor y la dignidad.
—Hurghland— dijo Edward cuando los ánimos se calmaron— ¿quién tiene encargado a Hurghland?
Alguien hizo una seña pronto, rebuscando en sus alforjas la pokebola adecuada, hasta encontrarla, y luego la alzó con la mano cerrada para señalar que estaba listo.
La lanzó poco después hacia la tierra, brotando de entre los rayos luminosos un bello Pidgeot, de raza fina y gran complexión, quien enseguida se calmó ante la salida para atender las órdenes.
—Pidgeot, tus ojos serán los nuestros. Dirígete hacia la gran muralla de manera discreta y vuelve para informarnos qué has visto.
Hurghland, sin dudarlo un segundo, alzó el vuelo con cuidado, y se elevó por entre las copas de los árboles, intentando no ser visto, al menos no tan pronto, y con una resolución digna de admirarse, se dirigió al peligro con la misión de espiar los proyectos de la nación contraria.
Los soldados, alegres, lo siguieron con la vista hasta que se perdió entre la maleza y las hierbas. Iba volando muy rápidamente, con decisión, sin titubear ningún instante, eligiendo pronto el mejor camino para llegar de un modo seguro pero útil a la muralla contraria. Seguro que ya habría actividad enemiga, que los hombres de San Ducart ya los estaban esperando para tenderles una sorpresa…
Al fin, el Pidgeot llegó hasta el lugar en donde se delimitaban ambas naciones.

…


A ver cómo continúa Demian (espero que no le haya dejado la parte más difícil...)

Saludos.


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