XXVII

Marriot
Mientras Fyrus y yo íbamos con rumbo al cuarto de Midnight, yo iba arrastrando las patas de pena. Mi mirada, débil y aún lastimándose con cada movimiento de mi ojo, la mantenía por lo bajo, barriendo el suelo con ella. Incluso noté cómo involuntariamente llevaba gachas mis seis colas. En todo mi ser, desde lo más profundo de mi corazón, se encadenaban el deshonor, la ignominia y la confusión, fundidas con una gota agria de melancolía. No pude evitar sentir que mi cuerpo caliente irradiaba lástima y congoja. ¡Todo había sucedido tan deprisa! ¡Cómo deseaba que este día jamás se hubiese cruzado por mi vida! Se habían dado lugar una serie de sucesos lamentables desde que despuntó el alba, y aun antes, hasta ahora, que ya era entrada la noche, pasando por la fuerte discusión que mantuve con mis compañeros hacía tiempo, la pelea con Rey de donde no salí ilesa, luego la brusca llegada de ese sucio Meowth, el desencantamiento por el aluvión de indiferencia que me proyectó Emily y, por último, la indecorosa despedida que le di al Swellow, a mi gran amigo de toda la vida, a ese ser con quien había compartido tanto y que me ayudó mucho en tiempos difíciles, a manejar situaciones complicadas, a lidiar con el incansable Persian y a encontrar la confianza en mí misma, a pesar de mi horrible y maldita discapacidad. ¡Ah, sólo esperaba no arrepentirme por haberlo maltratado! Pobre, otro Swellow como él no se vuelve a encontrar en la vida, por menos que se esconda.
Sin embargo, por el momento mi compañero Raichu se había portado mucho mejor, y no me dolía haber aceptado su amistad. Al menos, ya tenía la seguridad de que era un buen pokémon, inteligente, sincero, cortés y que siempre me dio mi merecido lugar.
Pero ahora yo ya no era la misma de antes. Ya no me merecía igual respeto que cuando me conoció. En pocas palabras, ya no me consideraba la misma. Era otra Vulpix, yo misma ya no me creía la gran Marriot, la princesa consentida, la mascotita adorada. Al tropezarme en el pozo de la realidad, me di cuenta de las mentiras con las que había vivido engañada desde siempre. Emily en realidad no era más que una doble cara, y yo nunca fui tan importante como quise creerme. Ni siquiera podría decir que era una Vulpix normal, porque no era así. Los de mi especie son capaces de escupir fuego, y yo era tan estúpida que simplemente no podía soltar ni una llamarada. Hasta mi nombre tan elegante me queda grande. ¡Por eso Emily me abandonó, porque se cansó de mí y de mi torpeza! ¡Y por eso yo la abandoné, porque me cansé de intentar enorgullecerla, sin éxito!
—Marriot, ¿te sientes bien? —me preguntaron con desconcierto, sacándome abruptamente de mis pensamientos.
Al voltear hacia el frente, me di cuenta que yo estaba avanzando a pasos muy lentos mientras meditaba. Fyrus, quien fue el que me llamó la atención, me esperaba en las escaleras al percatarse de mi atraso.
—Lo siento. Estoy bien, no te preocupes —respondí, y apuré mi paso para darle alcance.
—¿Estás segura? —volvió a preguntarme cuando estuve a su lado.
Me miró a los ojos con seriedad, como si intentara descubrir en ellos algo que le ocultaba.
—De verdad, estoy bien, sólo estaba pensando. Vamos con Midnight —sugerí, nerviosa pero sin bajar la mirada.
Él dejó de mirarme tan repentinamente como cuando lo hizo. De pronto, comenzó a correr escaleras arriba y yo lo seguí, esta vez cuidando de no atrasarme más.
Todo estaba solitario tanto arriba como abajo. No quería que Emily me viera, aunque tampoco tuve que esconderme mucho, porque parecía que se estaba dando un baño o algo así.
Nos fuimos directamente al final del pasillo, que es donde se encontraba la portezuela que daba hacia la habitación de Midnight. Ésta estaba entreabierta, como siempre, así que no fue difícil ingresar.
Fyrus dejó que yo entrara primero, y cuando lo hube hecho, volteé a mi alrededor. Estaba oscura, como las profundidades de una gruta. Me pareció de lo más extraño encontrar el ambiente tan sosegado dentro de ese lugar, en donde siempre había desorden. En otras circunstancias hubiera sonreído, pero ahora me preocupaba que la Eevee no hiciera nada de ruido. ¿Qué habría pasado?
A primera instancia, no se puede descubrir toda la habitación, porque está llena de muebles que se cruzan por todas las áreas, los cuales causan sombras profundas que la luna, como única proveedora de luz en esa habitación, no lograba disipar.
Fue necesario penetrar aún más en la estancia para cerciorarse que nuestra amiga aún estaba ahí, porque el silencio reinante afirmaba lo contrario.
—¿Midnight? —pregunté con temor.
No hubo respuesta alguna de la aludida. Mi temor se vio aún más infundado al seguir entrando en esa habitación lóbrega, que siempre había querido evitar. No es que me diera miedo la oscuridad, pero siempre intentaba no cruzarme por áreas en las que mis ojos pudieran ser engañados por las sombras.
—¿Mid? ¿Estás ahí? —continué preguntando, mientras intentaba que la voz no me temblara.
El Raichu continuó penetrando en la extensa habitación oscura, mientras yo me quedaba cerca de la puerta, esperando. ¿Por qué nunc a habían mandado instalar luz eléctrica en ese bodegón? ¿No era necesario? La verdad es que la situación de esa estancia era lamentable.
El Raichu continuó avanzando a través de las cajas entelarañadas y los muebles que se cruzaban incluso por la mitad del cuarto, hasta que uno de ellos me obstruyó la vista y dejé de ver su silueta.
¿Se habría dormido Midnight? ¿O por qué no contestaba?
De pronto comencé a ponerme nerviosa al recordar de golpe la presencia de Mako en nuestra casa, y en la manera en que dijo que iba a cobrar venganza de nosotros. Pero ¡no! Que no me digan que se metió con nuestra amiga Midnight… Porque eso sería bastante cruel y yo nunca se lo perdonaría.
—¡Midnight! —se oyó la voz de Fyrus que exclamaba, lo cual me sobresaltó.
Venciendo mi repulsión hacia la oscuridad, comencé a correr por la habitación saltando las cajas llenas de polvo y evadiendo los muebles que estorbaban increíblemente el paso de esa pocilga.
Cuando comenzaba a creer lo peor, descubrí con mucho alivio la silueta de Midnight, que estaba sentada inmóvil ante la única ventana del fondo, mientras la iluminaban los rayos de la luna que se filtraban.
—Mid, ¿qué pasa? ¿Por qué no contestas? —pregunté agitada por los nervios.
Ella no respondía, porque aparentemente seguía muy atenta viendo por la ventana.
—¡Midnight! —le grité.
Fyrus estaba a mi lado igual de desconcertado ante esa conducta, sin embargo, se aproximó hacia ella, justo donde el halo de luz lunar caía suavemente, y puso una mano sobre su cabeza para llamar su atención.
En efecto, lo logró al fin.
—Fyrus… —murmuró.
—Midnight —dijo Fyrus, aún más bajo.
—Lo siento —se excusó con suavidad.
—¿Qué pasa? —inquirió él en un susurro.
La Eevee giró su cabeza nuevamente para la ventana, que daba justo al jardín.
—Mira allá abajo —dijo Midnight—. Lo siento, es mi culpa.
Fyrus hizo lo que pidió con mucho cuidado; yo en cambio terminé de aproximarme a donde estaba mi amiga y también espié por la ventana. Sin embargo, ni Fyrus ni yo nos percatamos de nada anormal por el jardín, ni siquiera por las calles que serpenteaban a lo lejos.
—Midnight, ¿qué está pasando? ¿A qué te refieres? —pregunté.
—Marriot, perdóname, perdóname, debí hacerte caso desde el principio —dijo, a punto de romper a llorar.
—¿Qué dices? ¡Habla claro!
—Es mi culpa… ahora la familia está en problemas. Ese Meowth y ese Raticate… ¿recuerdas al Meowth? Confieso que yo lo dejé entrar a la casa —hizo una pausa, pero yo no la reprendí en ese momento; quería saber el final—. Así es, yo confié ciegamente en él y ahora, bueno, nos ha traicionado. También ese Raticate, ¿lo conociste? Hay un Raticate en esta casa que yo dejé entrar.
—¿Tú dejaste entrar a Mako? —pregunté, con los ojos muy abiertos.
—¡Perdón, perdón! —se disculpó entre sollozos.
—Espera, espera, Mid… vamos, continúa, ¿qué es lo que sucede?
Se demoró, dándose tiempo a sí misma para calmarse un poco y dejar el miedo ante mi supuesta indignación. Seguro que creyó que yo iba a estallar en furia, pero la verdad es que aún no me quedaba clara cuál era su verdadera inquietud. ¿Había pasado algo muy malo?
Volvió a voltear hacia la ventana, mirando para el jardín.
—Por allá abajo acaban de llegar unos Sneasel, yo los vi —me explicó—. Eran tres bandidos muy feos y terribles. Venían hablando entre sí y pronunciando el nombre de Mako, que efectivamente, es el Raticate al que dejé entrar. Desde aquí arriba, escuché bastante sobre sus planes.
Yo estaba desconcertada. ¿Hablaba de bandidos?
—¿Dónde están esos Sneasel? —pregunté.
Me miró con ojos llorosos.
—Ellos… ya están aquí, ya entraron.
Tragué saliva rápidamente. Comenzaba a sentir pinchazos de nervios en mi estómago. Algo andaba mal, porque unos pokémon tan peligrosos y con fama de ladrones estaban en nuestra casa.
—¿Qué les escuchaste decir, Mid? —seguí cuestionando.
—Ellos entraron a robar, Marriot, estoy segura. En todo esto tiene que ver Mako, y muy probablemente también el Meowth. Al menos no puede ignorar esto, porque los dejé entrar juntos. ¡Son amigos, y deben estar ambos involucrados en esto!
Volteé a ver a Fyrus, pero con la escasa luz, sólo pude percatarme de que él también estaba igual o más desconcertado que yo con esa noticia. Intentaba pensar, pero las exclamaciones de Midnight me lo impedían, desconcentrándome en todo momento.
—¿Por qué los dejé entrar? ¿Por qué no te hice caso, Marriot? ¿Por qué fui tan ingenua? Ahora estamos en problemas, y todo es por mi culpa.
Y su llanto arreciaba.
—¿Qué es un Sneasel? —preguntó Fyrus.
—Son pokémon feos e indeseables, a los que todos conocemos porque llevan un estilo de vida desenfadado y gustan de robarles a los demás. Aparte de eso, tienen tendencias violentas y no dudan en asesinar a los que se interpongan en sus planes —respondí.
La preocupación se destacó en el rostro del Raichu. Yo estaba alarmada y, en cierta forma, molesta con la pequeña Eevee, pero no me gustaba verla en ese estado, así que intenté consolarla.
—Cálmate, Midnight. Quedémonos todos en esta habitación. Si esos Sneasel vienen a robar tal como tú dices, no vendrán hasta aquí. Nosotros estamos a salvo. Sólo no hagas ruido.
—¿Nosotros? —preguntó mientras sollozaba.
Fyrus intervino.
—Marriot, yo no quiero quedarme aquí. Ustedes resguárdense y no salgan, pero yo intentaré detenerlos. Si ya están en la sala, puede ser que aún sea tiempo de frustrarles sus planes. No quiero que la familia salga afectada de ninguna forma. Esos Sneasel deben ser detenidos, al igual que el Meowth y ese Raticate que mencionan.
—No hagas esa locura, Fyrus. Los Sneasel son muy peligrosos. Vamos, quédate con nosotras y asegúrate.
Se escuchaban pasos en la sala, y un tumulto de seres, quizá tres o cuatro que hablaban sin regular su voz para nada. Supe enseguida que eran Sneasel. La voz de esas criaturas tan horrendas era inconfundible. Me recorrió otro estremecimiento al volver a pensar que nuestra casa era víctima de robo de unos pokémon tan violentos.
—Pero… pero… pero… —seguía diciendo Midnight.
—Ya, cálmate, sólo vamos a quedarnos aquí, Mid. Los amos nunca sabrán que tú tuviste algo qué ver en esto. Ya se irán, y todo volverá a la normalidad.
—Marriot… no comprendes… ellos… ¡ellos quieren tus piedras evolutivas!
Yo di un salto hacia atrás al escuchar esa declaración.
—¿Qué? —exclamé con ira.
—¡Eso es lo único que buscan! —respondió Midnight entre el llanto—. ¡Ellos lo dijeron, yo escuché todo!
Se escucharon golpes y una carrera despavorida hacia el segundo piso; quizá también algún plato que se precipitaba al suelo. Todos los ruidos eran confusos allá abajo. Los nervios me invadían. ¡No, con mis piedras no se iban a meter!
—¡No! ¡Voy a detenerlos! —exclamé muy convencida de lo que iba a hacer.
—¡Marriot! —dijo Fyrus.
—¡Vamos, Fyrus, debes ayudarme en esto! ¡Vamos a darles alcance! ¡Tenemos que alertar a los amos! ¡Vamos por Daren, e incluso por Rey!
Los ruidos eran cínicos, podía escucharse todo el movimiento con claridad. ¡Los Sneasel estaban confusos! ¡Quizá no hallaban lo que buscaban! ¡Ah! Porque las piedras las mantenía en mi habitación.
—¡Corran! —exclamó Midnight—. ¡Aún están a tiempo! ¡Detengan a Mako y al Meowth, y eviten a los Sneasel!
Las energías por la ira inundaron mi ser. ¡Nadie iba a tocar mis piedras preciosas!
—Ya hablaremos luego de esto —le advertí y luego comencé a correr. Fyrus enseguida me imitó.
Midnight no me siguió, sino que se echó a llorar ahí mismo sin que le importara nada más.
De pronto, al intentar salir de la habitación, nos encontramos frente a frente con el Meowth, que venía corriendo también buscándonos.
—¡Fyrus, Marriot, qué bueno que los encuentro! —nos dijo. Su semblante era cansado y con un toque de preocupación.
Yo volteé a ver a Fyrus.
—Descárgale una buena cantidad de electricidad a este traidor, y luego asegúralo. Yo iré a resguardar mis piedras —le indiqué.
—¿Qué? —exclamó desconcertado el Meowth.
—Espera, Marriot. Primero debemos asegurarnos de que efectivamente es un traidor. No lo pudimos comprobar.
Yo lo miré con impaciencia, y luego le dije al Meowth.
—¿Conoces a Mako? ¿Estás implicado en este robo? ¿Qué sabes acerca de las piedras?
—Marriot, Fyrus, escúchenme. No sé qué están pensando de mí, pero no hay tiempo qué perder. Hay unos Sneasel allá abajo que quieren robar tus piedras. Tenemos que detenerlos antes de que suban. Me he dado cuenta de que Mako, el Raticate, es un traidor. Habrá que encontrarlo y asegurarlo, pues es el contacto directo con los ladrones que están allá en la sala. Ahora, por favor, tienen que creerme. Vamos, confíen en mí y síganme. Habrá que alertar a Rey.
De nuevo dirigí mi mirada a Fyrus, que estaba más sereno en la situación que yo y podía pensar más.
—Vamos a confiar en él, Marriot, pero estate alerta ante cualquier detalle que pueda revelarnos que el Meowth no es de fiar.
Resoplé.
—De acuerdo.
—Gracias. Síganme, por favor. ¡Vamos con Rey! —exclamó, y luego salió corriendo de la habitación; nosotros le seguimos.
Por mi mente pasaban las más grandes preguntas. Obviamente entendía muy poco de lo que estaba pasando, y Midnight no se prestó mucho a ayudarme a comprender la situación. Por otra parte, no sabía qué pensar de este Meowth que ahora nos estaba guiando, y que por el camino nos venía diciendo que él había hablado con los Sneasel y que los conocía bien porque desde siempre fueron sus peores enemigos.
—Créanme, estos asesinos no se detendrán ante nada. Éste es uno de sus mayores botines, porque casi nunca consiguen nada bueno de los humanos. No sé cuánto valgan esas famosas piedras, pero parece que les gustan mucho, y van a hacer negocios con ellas —nos explicaba sin detenerse.
—¡Esperen! —exclamé, agotada—. ¡Yo quiero ir a mi habitación a resguardar las piedras! ¡No iré por Rey!
—Vamos —me dijo el Meowth—. Yo te sigo, Marriot. Fyrus, ve y avisa al Persian de la situación.
—¡Claro que no! —exclamó aquél—. No voy a dejarlos solos. Tenemos que estar juntos, así que si nos quedamos en la habitación de Marriot, seremos todos. No quiero dejarlos con los Sneasel si se los llegan a encontrar.
Así que al final, nadie fue por Rey. Fyrus se obstinó en que no quería dejarme desamparada frente a esos salvajes que supuestamente se habían infiltrado en nuestra casa. Yo acepté interiormente, porque tal vez sí fuera a requerir la protección del Raichu en algún momento.
Sin embargo, cuando entré a la recámara, tres horrendos Sneasel ya se habían adelantado a nosotros. Ahí estaban, sin ninguna buena intención, mientras yo no podía comprender por dónde es que se metieron o cómo dieron con la ubicación de esas piedras, que ya las habían descubierto en el mueble.
Quise llamar a los amos, pero no me decidí.
—¡Vaya! Miren nada más, el estúpido Meowth nos ha acusado con sus amiguitos —dijo uno de ellos.
—Te dije que no era de confiar —le reprendió otro—. ¡Había que degollarlo ahí mismo!
—Ahora tendremos que irnos con las manos vacías— terció el último de ellos.
—¡Nada de eso! Vamos a retirarnos con estas piedras, ahora que estamos aquí y que ellas se encuentran más accesibles que nunca. ¡Por los dioses! Estas criaturas con las que viene nuestro amigo felino no me causan ni un ápice de miedo.
Yo me decidí a intervenir, pese a mi confusión.
—No sé quiénes sean ni qué demonios estén haciendo aquí, pero les sugiero que se vayan si no quieren terminar carbonizados. ¡Largo, largo, he dicho! Tienen sólo una oportunidad antes de que se me agote mi paciencia; salten por esa ventana que está entreabierta, ¡pero ya! ¡No me hagan enojar!
De pronto, parecía como si lo que dije les causara la mayor de las gracias, porque súbitamente estallaron en risas y bromas, desoyendo mis consejos que de ninguna manera podía respaldar.
—Por favor, por favor ahora no vengas con chistes —me dijo uno de ellos, secándose las lágrimas que le había producido la incomprendida risa—. Tú eres Marriot, ¿no es así? Ah, sí, sí, aunque no te conocíamos en persona, ya sabíamos quién eras. Mako nos tenía muy bien enterados con sus informes. Tú debes ser la Vulpix que no puede escupir fuego, estoy seguro de no equivocarme. Eso es así, ¿no? ¡Qué pena! No tienes forma de detenernos. Vaya desperdicio y derroche de dinero por parte de esta familia para mantener a un pokémon débil y discapacitado de sus poderes. Eres una basura, sólo un estorbo en nuestro camino, al igual que este Meowth inútil. Nada puede pararnos.
Por un momento sentí un nudo en la garganta, pero impedí que mis ojos se humedecieran de lágrimas al comprender que esos Sneasel sólo querían desarmarme de lo único que me quedaba que era mi dignidad. Con o sin poderes, no podía dejar que se llevaran mi invaluable tesoro.
—Ni un paso más, Sneasel —advirtió de pronto Fyrus, que estaba caminando hasta el centro de la estancia—. ¡Ni un paso más, les he dicho! No me obliguen a utilizar mis fatídicos poderes contra ustedes. Por favor, retírense si no quieren terminar gravemente lastimados.
Sin embargo, los Sneasel no eran nada tontos, y siempre se habían caracterizado por utilizar gran parte de su tremenda astucia para llevar a cabo sus sucios planes. Sorpresivamente, uno de ellos me tomó por el cuello, y por la presión que comenzaba a ejercerme con sus garras, juzgué que no pensaba soltarme ni aunque lo suplicara. Ese contacto helado en mi cuerpo caliente me hizo estremecer y me llenó de repentina rabia.
Otro de los Sneasel también tomó de rehén al Meowth, sacudiéndolo en el suelo con sus garras mortíferas, y cuidando de sujetarlo bien.
El villano que había quedado desocupado comenzó a reír descaradamente al notar la conducta precautoria en sus compañeros y se dio una palmada bromista en la frente.
—¿No lo notas, Raichu asqueroso? Somos más inteligentes de lo que crees, y estamos preparados para este tipo de eventualidades, y aún otras mucho más complejas. Ahora, dime, por favor, ¿qué decías que nos ibas a hacer? Si intentas atacarme, despídete de tus amiguitos. Mira, mis compañeros tienen bien prestas sus zarpas para desgarrar las gargantas de este par de criaturas inservibles, al menor de tus movimientos. Si les tienes al menos un poquito de aprecio, será mejor que no intentes hacer nada. Por nuestra parte, también sería una pena ensuciarnos las garras con la sangre mugrosa de estos insectos.
Hizo una pausa para que sus palabras impactaran más en nuestros oídos, mientras se deleitaba al ver nuestros rostros furiosos e impotentes. Volteó a ver a sus compañeros.
—Y si intentas atacarlos a ellos con tus rayos, de paso matarás también a tus amigos. La corriente se traspasa a otro cuerpo con el menor contacto, ¿no es así? Bueno, tú debes saberlo mejor que yo. Lo único que veo es que los tienen bien sujetados, y no los soltarán hasta que yo les indique. Ahora, por favor, Raichu, sé bueno y déjame llevarme estas piedras. Es lo único que queremos. Luego, los dejaremos en paz.
El Raichu suspiró indeciso. Yo no podía moverme ni aunque quisiera, porque esas garras frías me estaban prácticamente magullando la garganta y si intentaba hacer algo, seguro que me iría mal. No podía contra la velocidad de mi agresor.
—Lo siento, Marriot… pero no quiero que salgas lastimada… —murmuró cabizbajo el Raichu y desistió de intervenir para atacarlos.
—¡Ésas son las conductas que nos gustan! —exclamó el Sneasel, que seguramente era el líder y tenía el control de los otros dos que nos estaban sujetando tanto al Meowth como a mí—. ¡Vaya! Ojalá todas nuestras víctimas fueran tan razonables. Ha habido algunas a las que no hemos tenido otro remedio más que mandarlas al infierno. Pero en fin, todo sea por la buena vida.
Y luego, procedió a abrir sin ruido la vitrina en donde guardaba las veintiséis piedritas de valor indefinido. Yo no podía soportar ver esa escena: el horrible esperpento estaba extrayéndolas del mueble con total descaro. ¡Yo estaba ahí, y no podía hacer nada para detenerlo! ¿Cómo era posible? La agitación se apoderaba de mi ser, algo me estaba sucediendo… algo realmente anormal. Pero en vez de sentir miedo por la escena, por el robo y por el Sneasel que estaba a un movimiento de cortarme el cuello, experimenté una furia como pocas he sentido en mi vida. Me era imposible soportar seguir parada en ese lugar para continuar observando. ¡Tenía que hacer algo! Pero… ¿pero qué? ¡Cuántos deseos tenía de utilizar lanzallamas y carbonizarlo ahí mismo, junto a sus dos aliados! Pero… ¡pero qué lejos creía estar de eso! Mi cuerpo estaba más caliente que nunca, ahora podía percibir que mi propio pelaje estaba quemante al contacto. Me acaloraba, me asfixiaba, necesitaba… ¡necesitaba desahogarme! Quizás había una flama dentro de mí, era sólo cuestión de escupirla… ¡era cuestión de desearlo!
De pronto, el Sneasel que me sujetaba por el cuello retiró su mano; seguro que no pudo soportar el contacto caliente con su cuerpo de hielo. ¡Era verdad, no estaba imaginándolo! ¡Realmente me hallaba diferente, mi temperatura había variado, se gestaba una flama en mi interior…!
Había ya extraído unas seis o siete piedras ése que parecía el líder de la pandilla, cuando de pronto vi que entraba corriendo por la puerta una pequeña criatura café, imposible de confundir.
—¡Midnight! ¿Qué haces aquí? —pregunté, horrorizada. Esa Eevee estaba en el lugar menos indicado.
—Calla, no tienes derecho de hablar —me dijo mi custodio, volviéndome a colocar la garra cerca de la garganta, pero a una distancia mayor.
La pequeña volteó a ver a todos los presentes, escandalizándose al vernos prisioneros, y no pudo menos que emitir gritos de sorpresa.
—¡Marriot! ¡Meowth!
Se me fue el aliento de repente al notar cómo el Sneasel que se ocupaba en robar las piedras giraba su rostro para descubrir a Midnight. Por un momento pensé que era su fin.
—Pero, ¿de qué se trata esto? —preguntó bastante contrariado el ladrón—. ¿Es acaso una burla? ¿Qué les dije? —y luego se dirigió a la pequeña Eevee—. ¡Tú! ¡No huyas! ¡Ven inmediatamente!
La Eevee se echó a correr hacia afuera de la estancia, espantadísima de la escena e intentando ponerse a salvo, pero la sorprendente agilidad y ligereza que mostró el malvado Sneasel nos confirmó a todos que era un rival difícil de vencer. En un par de segundos, ya había asido a Midnight por el cuello y la arrastraba con dificultades por la recámara, impidiéndole la salida.
—¿A dónde crees que vas, insecto? —preguntó muy molesto—. Druin, resguárdala también.
—Pero ya estoy sujetando al Meowth —protestó el mencionado—, y si intento asegurarlos a ambos, corro el riesgo de que se me intenten escapar.
El Sneasel líder, que seguía aprensando a la pobre Midnight, no podía continuar su trabajo de extraer las piedras, pero tampoco podía correr el riesgo de dejarla libre. Comprendí que era bastante peligroso para ellos soltar a un pokémon tan escurridizo como ella, que podía escaparse de la recámara con suma facilidad ante cualquier distracción de los malhechores.
—Como nadie puede encargarse de ella, vamos a tener que eliminarla —anunció, ante mi desesperación.
Sus compañeros celebraron ante esa determinación y se prepararon para el espectáculo, animándolo para que la ejecutara lo antes posible.
—¿Quién quiere tener el placer de matar a esta criatura? —preguntó, intentando alzarla con ambos brazos.
—Tú, Bukes, tú —respondió el que me cuidaba—. Eres el mejor para estos casos. Me encanta cómo destripas a tus víctimas. Eres todo un artista para asesinar.
—¡No la destripes! —intervino el otro compañero, lo que por un momento me dio un respiro de alivio, aunque pronto se vio incrementado mi temor—. ¡No la destripes! Mejor degüéllala. Se vería tan lindo…
Comencé a agitarme de nuevo. ¿Qué demonios estaban diciendo estos sádicos? ¡No podía creer que era Midnight de quien hablaban! ¡No, no podía permitir, no podía suceder, no era posible…! De pronto comprendí que el asesinato de mi pequeña amiga iba a ser imposible de detener, que nadie podía hacer nada, que los Sneasel estaban en toda su disposición de hacer lo que quisieran con nosotros, dado que eran oponentes de mucha mayor categoría. Nadie hubiera podido contra ellos, quizá a excepción de Fyrus, pero con el riesgo de lastimarnos a todos. Los gritos comenzaban a hacerse ensordecedores.
—¡Destrípala, anda, vamos! —gritaba mi custodio—. ¡Es la mejor forma de asesinato! ¡Tú sabes hacerlo muy bien! Anda, ¡veamos qué tiene esa Eevee en su vientre!
Quería desear que estuviera soñando, pero la realidad es que estaba ahí, viendo la escena más terrorífica de mi vida. Midnight gritaba y lloraba sin cesar, pero no podía deshacerse de la opresión del maldito Sneasel que gozaba de lo que estaba pasando.
Cerré los ojos, desconcertada y temerosa. No quería ver aquello, seguro que me marcaría por el resto de mi vida. Las lágrimas me corrían a raudales por mis mejillas; eran lágrimas de rabia, de impotencia y de desconsuelo al darme cuenta que mi amiga estaba a punto de ser una víctima más de esos asquerosos.
Cuando hube cerrado los ojos, percibí cómo los ruidos se iban aminorando. Las voces, tan horrorosas y espeluznantes, se hacían cada vez más lejanas, hasta que ya no pude distinguir ningún vocablo de parte de nadie, ni siquiera del que me estaba oprimiendo el cuello junto a mí. Era todo oscuridad, era todo un gran espacio negro en el que no había nada, sólo tranquilidad. De pronto, creí que me había alejado de la cruda realidad.
Pero ¡no! Todo estaba en mi mente… ¿qué cosas me estaba imaginando? Realmente yo seguía ahí, aprisionada por un apestoso Sneasel, así como Midnight estaba a punto de ser asesinada por simple placer. Entre la oscuridad que denotaba el espacio en el que me imaginaba, distinguí la maléfica figura esbelta de los maleantes que estaban ahí, que no se apartaban de mi mente aún cuando yo intentaba desconectarme de mi entorno. No quería ver lo que le harían a Midnight.
Las voces que alentaban al líder eran lejanas, pero persistentes. No entendía mucho lo que decían, tampoco quería prestarles atención. Ya eran palabras sin sentido para mí, porque la suerte de mi amiga estaba echada y nadie podría detener al asesino.
Me asustó verme en un espacio oscuro, sin nada más que yo misma y los Sneasel, además de la pobre Midnight.
—Bueno, haré como ustedes pidan—escuché que anunciaba el líder, con una voz tan distorsionada que me echó a temblar.
Borrosamente, distinguí como alzaba una garra con lentitud, y luego, después de trazarle una trayectoria mortífera, la hendió en el vientre de Midnight. Yo no podía moverme, ni aunque quisiera, estaba como paralizada, sólo miraba desde mi lugar. Nada tenía sentido ya, creí ver cómo estaba el cuerpo inerte en el suelo, mientras el Sneasel sonreía altivo.
Una furia ciega, aunada con mi desesperación, se volvió a hacer presente en mi ser, esta vez de una forma mucho más intensa. Era un ardor en mi pecho, una flama que pugnaba por salir de mi garganta, una oleada interna de calor que me asfixiaba, ¡tenía que liberar ese fuego!
Abrí la boca y…
¡Fuashhh! ¡No sabía lo que estaba haciendo, pero esta vez se veía tan real! ¡Mi garganta, mi boca, mis labios estaban en llamas!
De pronto, abrí los ojos y volví a la realidad. Todo mi entorno oscuro volvió a adquirir consistencia y entonces me di cuenta que todo me lo había imaginado, tal como lo pensé. Estaba de vuelta en la estancia, con Fyrus y Meowth, con los Sneasel que nos custodiaban así como con el líder y Midnight, que en realidad seguía muy viva y pataleando en intentos por soltarse de su agresor. ¡Ah, Midnight estaba viva! ¡Qué gran alivio darse cuenta que todo lo imaginé…!
Pero un momento, no todo era igual que antes. Ahora todos tenían una expresión de espanto al verme. Mi guardián me había soltado y había corrido hasta una esquina. El ambiente estaba lleno de humo negro. Detrás de la cortina densa de la humareda, distinguí al Meowth, que se había liberado también del que lo sujetaba y que ahora corría a reunirse con Fyrus.
—¡Maldición! —aullaba el líder, escandalizado—. ¡Mako nos ha mentido! ¡Esta Vulpix sabe escupir fuego, y mejor que ninguna otra de su especie! ¡Estamos en problemas!
—Será mejor huir —aseguró uno de sus compañeros—. ¡No podemos correr más riesgos! Esta Vulpix puede acabar con nosotros.
—Sí, vámonos, ¡vámonos! —exclamó el último de ellos, mientras se arrojaba por la ventana en un cobarde intento de salvarse.
¿Qué había pasado? ¿Realmente… escupí fuego? No, no era posible. ¿Yo hice eso? ¿Pero cómo?
Sin embargo, no me vi facultada de reflexionar, la furia me lo impedía. ¡Sólo tenía algo en mente! ¡Acabar con ese maldito que estuvo a punto de segar la vida de mi querida amiga!
—¡No huyan, cobardes! —seguía exclamando éste al ver que sus aliados ya habían escapado por la ventana y se había quedado solo—. Pues bien, con o sin ellos, yo voy a llevarme esas piedras. ¡No voy a perderlas!
Me sentía como un Tauros salvaje. No tenía completa conciencia de mí, la ira desmedida no me dejaba pensar. Cuando vi que el Sneasel restante volvía a dirigir la mirada hacia la pobre Midnight, me di cuenta que era el momento de actuar
Abrí la boca nuevamente, y no tuve que esforzarme nada para que las llamas salieran disparadas de mi garganta. Ellas ya estaban predeterminadas a salir expulsadas. Por mi enojo ciego, aún no era capaz de controlar mi nuevo poder a la perfección, pero aún así resultó de maravilla.
El pokémon de hielo quedó envuelto en llamas, que iban consumiendo su cuerpo de forma importante. Entre alaridos de dolor, el Sneasel se arrojó por la ventana para quedar estampado en las rocas agudas que había allá abajo. Por la situación en la que se hallaba, no tuvo la gracia de caer del todo bien. No sé si las llamas terminaron de consumirlo en su totalidad, porque no quise mirar más tiempo para enterarme de su suerte.
Entre expresiones incrédulas del Raichu, que sentía que me felicitaba y me preguntaba cómo había hecho aquello, yo sólo tuve ojos para atender a la pequeña Midnight, que se hallaba lívida del susto, pero afortunadamente ilesa, debido a la reacción que tuve en ese par de ocasiones. No podía recordar un momento en donde haya estado más feliz de que Midnight se encontrara sana y salva.
…