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#1

Historia De Un Poder Desatado.

Bueno, este es el primer Fic que escribo, espero que me vaya bien u.u
Ah, antes de nada, la evaluación ._.

Spoiler
Puntos a evaluar:

1. El tema del fic y su trama – 13/15 puntos
2. La gramática, ortografía y estructura de la escritura – 20/25 puntos
3. La madurez del fic – 5/10 puntos
4. El desarrollo del fic, es decir, la forma de expresar del autor – 16/20 puntos
5. Apoyo visual (Si es que lo tiene, es decir, opcional) - 0/5 puntos.

Puntaje total: 54/70 (Siendo 40 el mínimo)
Conclusión: Fan Fiction apto para su publicación. Felicidades!!! ^^
Comentarios: Cuida un poco cuando uses las mayúsculas y cuando cambias de historia o narrador.


Bueno, este Fic trata de Pokémon, claro, al principio cuenta una historia y más adelante se mezclará otra que irá paralela, hasta que se junten(vale, entonces son secantes xD)

Aquí os lo dejo, cualquier consejo o error me vendrá bien para el futuro ^^
Spoiler
Historia de un poder desatado.

Introducción: Planes.

Esta historia la escuché hace unas semanas, cuando viajaba con mi Flygon por Hoenn.
Me la contaron en varias tardes que pasé junto a un anciano, no diré su nombre pues no quiere ser molestado. Puede ser real, o tal vez no. Sin embargo, me llamó la atención, y por eso me gustaría compartirla ahora con vosotros. Cuenta la historia de un gran poder. ¿Qué es más fuerte? ¿Controlar lo incontrolable, o el amor?

Sela era una chica bajita, de ojos castaños y pelo oscuro, largo y liso. Aparentaba unos trece años. Su cuerpecito de niña apenas tenía curvas, aunque en sus movimientos elegantes y presumidos ya se podía apreciar la mujer en que se convertiría.
Vivía en pueblo Escaso, lejos de las grandes ciudades, pero desde pequeña soñaba con convertirse en una gran entrenadora, incluso llegar a vencer al Alto Mando y ser la mejor de Hoenn.

Sela se creía superior a todos los niños de su edad, y probablemente lo era. Su tío, que era explorador, le había traído un pokémon de muy lejos, un vulpix. La niña se lo llevó al bosque Petalia una semana, y cuando regresó, lo que llevaba con ella era un refinado ninetales que superaba en poder a la mayoría de pokémon normales.

Claro está que en pueblo Escaso los pokémon son muy flojos, y cualquiera que derrote a uno ya destaca. Ninetales no era tan fuerte como pensaba Sela, pero eso ella no podía saberlo, como inculta niña de pueblo que era.
Los chavales del pueblo evitaban a Sela. Y no les quedaba más remedio, puesto que la chica los acosaba con ninetales y debilitaba a sus pokémon. Era una gamberra en potencia. Ni siquiera sus padres podían controlarla, los pobres estaban desesperados.
Sela estaba, cómo no, muy orgullosa de su popularidad, aunque no fuera buena. Esperaba poder marcharse de ahí en breve, estaba convencida de que conseguiría atrapar algún pokémon legendario y todos en Hoenn la adorarían.

***

Todo habitante de Hoenn que se precie, presume de haber estado al menos una vez en Calagua, una bonita ciudad costera al noreste de Hoenn. Su playa no era demasiado buena para bañarse, puesto que el oleaje solía ser muy fuerte. Por eso, los habitantes de la ciudad de los concursos se bañaban en una playa unos kilómetros más al sur, donde el agua siempre estaba calmada y la blanca arena invitaba a tumbarse a disfrutar del sol.

Sin embargo, había algo en la playa de Calagua que atraía a la gente, especialmente a los jóvenes. La llamaban la cueva de los zubat, e incluso viejas leyendas contaban que ahí dentro vivía un crobat gigante, el predecesor de todos los zubats, golbats y crobats actuales.
Nada más lejos de la verdad. Esa cueva no estaba habitada por un crobat gigante, ni siquiera estaba abandonada.

Hacía unos años, de madrugada, una banda del equipo Aqua había llegado a Calagua, según decían los pocos que aún estaban despiertos entonces. Pero al día siguiente, ya no quedaba rastro de ellos, todos pensaron que se habían ido, que tal vez sólo estaban de paso. Y respiraron aliviados.
Pero no se habían ido. Seguían allí, metidos en la cueva de los zubat. La habían remodelado por completo, y establecieron su base secreta en tierra. Como entraban y salían por medio de submarinos, nadie advirtió su presencia en la cueva.

También, por seguridad, habían derrumbado la entrada de la cueva para que los niños de Calagua no les descubrieran en alguna de sus búsquedas del crobat gigante. Poco a poco, debido al derrumbamiento de la cueva, la ciudad se fue olvidando de las leyendas. Y así el equipo Aqua pasó totalmente desapercibido, como una mancha de veneno invisible que se extendía bajo el mar en todas direcciones.

La cueva estaba equipada con las más desarrolladas tecnologías, radares, cámaras de seguridad, guardianes armados hasta los dientes acompañados de pokémon. Y por supuesto, el submarino, que les desplazaba de un lado a otro del mar. También disponían de otros pequeños sumergibles para patrullas de uno o dos miembros.

En una de las incontables habitaciones que había dentro de la cueva, un hombre, vestido de pies a cabeza con un elegante uniforme negro, paseaba de arriba abajo por una habitación moderna, con una enorme pantalla en una de sus paredes. En un extremo había un escritorio gris, al parecer vacío.
Era de complexión alta y fuerte, de unos cuarenta y cinco años. Sus ojos parecían de hielo, no sólo por su color claro, también por su frialdad.

Su pelo dejaba entrever ya algunas canas, lo llevaba recogido en una coleta y cubierto con un pañuelo azul. Su cara, con algunas arrugas aunque atractiva, tenía una fina barba rodeándola.

Parecía estar esperando algo, por su forma impaciente de caminar y mirar la puerta a cada rato.
Súbitamente, la puerta, de hierro brillante como las paredes se abrió y chocó contra la pared, provocando un desagradable ruido.
El hombre del cuarto se volvió rápidamente y observó con superioridad a los que acababan de entrar.

-¡Ya era hora! ¿Lo habéis encontrado?-exclamó, mientras se sentaba detrás del escritorio.

Los visitantes, un hombre y una mujer ataviados con sendos uniformes a rayas, asintieron rápidamente. La mujer se adelantó y le dio una pequeña cinta de vídeo al hombre de la mesa.

-Aquí lo tienes, Aquiles. La encontramos en pueblo Escaso. Es una niña bastante maleducada y presumida, creo que nos será fácil traerla.

El hombre, al parecer llamado Aquiles, indicó por señas a la mujer que metiera la cinta en la enorme pantalla. Ella se acercó indecisa, pero pronto distinguió un pequeño compartimiento. Introdujo la cinta y la pantalla se encendió.

Aquiles ya sostenía un mando a distancia en su curtida mano. Dio a los botones y fueron apareciendo diferentes fotos. Una niña de pelo oscuro, un Ninetales, la misma niña pegando a otros niños. Aquiles sonrió. Parecía estar recordando, tal vez aquellas fotos le evocaban su niñez.

-Así que es ella... ¿cómo la habéis encontrado?

La mujer fue a contestar, pero su acompañante, que había permanecido mudo hasta entonces, se le adelantó.

-No fue fácil, señor. Tuvimos que rastrear los movimientos de los pokémon corredores, especialmente los de las manadas de latios, y todas las indicaciones nos llevaron hasta ella. Sobrevolaban Escaso con más frecuencia que ningún otro lugar. Incluso nos pareció avistar a Cresselia, de Sinnoh, pero estábamos demasiado lejos como para saberlo con certeza. El caso es, que ellos parecen sentir su poder. Por eso pasan a menudo cerca suyo.
-Ella sabe...
-No, ella no tiene ni idea. Se cree especial, aunque no sabe hasta qué punto tiene razón. La hemos espiado semanas, jefe. No tiene amigos, ni siente especial apego por nadie, excepto por su ninetales. No tendremos que usar la fuerza. Seguro que con algunas adulaciones aceptará ponerse de nuestro lado.
-De todas formas, habrá que comprobarlo con certeza-sentenció Aquiles.-¿Tenéis preparado el cebo?
-Eso es cosa mía, señor.-Dijo la mujer.-Ya tengo el pokémon y el cepo. Sólo hay que esperar el momento perfecto.

Aquiles se levantó, y paseó delante de los dos uniformados.

-Sí, mi plan está saliendo a la perfección... Olivia, encárgate de traerla, y Lucio, tú prepáralo todo para su llegada. A las niñas creídas les gusta dormir en habitaciones cálidas y coloridas. ¡Pronto nos haremos con Hoenn, señores! Gracias a esa niña...¡Yo, Aquiles, líder del equipo Aqua, juro por Arceus que me convertiré en el señor del mundo!


Corto me ha quedado para mi gusto xDU
<---¡Visita el fic!

*~Dentro de ti hay una persona mala y otra buena. Disfruta de ambas y vive deprisa...~*
#2

Re: Historia De Un Poder Desatado.


Parece que soy el primero en opinar.....

Y diré........que este fic.......

¡Me encanta, Sinda! :mrgreen:

Así que éste era tu as bajo la manga........yo no lo veo corto, ¡y eso que es sólo la introducción!

No le noté ningún error ortográfico, y me encanta la aureola de misterio que tiene el fic......

¡Ya quiero leer el segundo cap! xD

Me pregunto para qué el equipo Aqua buscaría a esa engreída de Sela xD

¡Muy bueno, sigue así! ^^
#3

Re: Historia De Un Poder Desatado.


He de confesar que hace tiempo que un fic nuevo no me llamaba la atención...
De hecho, si no fuera el moderador de aquí habrían muchos fics que no leería, pero es mi obligación leerlos todos.
Anyway...
Espero que no me defraudes con tu fic, porque me ha enganchado desde el principio!!!
No es por presionarte, pero si el nivel declina te amarilleo!!!
:twisted:
...
xD
Ajajajaja
...
:evil: Es en serio. :evil:


-xªºz-

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#4

Re: Historia De Un Poder Desatado.


¡Qué bueno Sinda!
No note ningún error, y tiene razón Rean, engancha desde el principio.
Espero el segundo cap.

~~Bye~~
Pd: Esperad, ya llegará mi fic... :twisted:
#5

Re: Historia De Un Poder Desatado.


Debo aceptarlo!, este no es un fic que se vea todos los días :O!
Ejem...

Si bien, estaba demasiado ocupada leyendo el fic! xD, al punto en que no me fije si tenía
horrores octograpicos >___>
...

Escribiendo en serio, lo único que note fue que no pones las iniciales de los nombres de los pokémon en mayús
y a otros sí. Dudo que deba presentar ejemplos - . -"

Iwal, dejando de lado la forma de narrar y lo demás...
*¬*

Lendo fic x3!
Sencillamente tiene una trama que engancha a cualquiera! Pss me pregunto si Sela tendrá algún cambio a lo
largo del fic *¬* ya que por mi parte es uno de los misterios que me engancharon :P

... Bueh, te dejo :P, suerte y espero el próximo capitulo *malo*

Bai!~~*

Spoiler
PD: No es por ser mala ni nada... pero... sí, es corto x3!

— What are you doing?
— I'm walking like a skeleton.
— No, skeletons don't walk like that.
— That's how *you* walk.
— No, I don't.
#6

Re: Historia De Un Poder Desatado.


Vaya, que buen
fic, esta impresionante
y supongo que se
pondra mejor verdad?
Pero bueno, la historia
se ve interesante, sigue asi.
Espero el prox capi.

Bye
#7

Re: Historia De Un Poder Desatado.


na esta bueno, muy bueno espero el siguiente capitulo y...

*pone voz de mafioso*

por un módico precio anunciare tu fic

XD jeje no pero esperad cuando venga si viene el mio jeje

---chªºxz---


Spoiler
Click en SPOILER: MOSTRAR para ver mis últimas firmas
Spoiler



#8

Re: Historia De Un Poder Desatado.


Pues ni que decir, gran intro, me itrapo tanto y bueno, espero el siguiente capitulo.

Sabes? solo te falta hacer un poco mas largo el cap. ya que cuando una lectura te atrapa, deseas que no termine.

Nada que criticar solo eso, y sigue haci, que vas por buen camino ^^
Ce n'est pas un poem. Seulment la voix de ma vie.

Militia est vita
#9

Re: Historia De Un Poder Desatado.


Vaya, gracias por los comentarios ^^
Este capítulo que traigo es más largo -el otro sólo era la introducción- y lo he revisado como veinte veces desde que lo escribí, hace ya unas semanas. Espero que os guste...

Spoiler
Capítulo I Sela, la fuerte.

-Riiiing... riiiiing... riiiiiiiiiiiiiiiiiiiing

El molesto ruido de un despertador irrumpió en el plácido sueño de un esbelto Ninetales, que se levantó de su cojín, se estiró y de un ágil salto, subió a la cama de su dueña.

-Riiiiing -El despertador siguió con su canto matutino.

El pokémon revolvió las mantas hasta que encontró lo que buscaba: Una niña de aproximadamente trece años, con el oscuro pelo revuelto sobre la cara. A pesar del despertador, estaba profundamente dormida.

-¡Niiiiiiiiine! -chilló el Ninetales mientras le lamía la cara a modo de saludo.
-Riiing... riiiiing -corroboró el despertador.

Con aquella molesta orquesta, la chica se despertó sobresaltada y visiblemente enfadada. Agarró el despertador y lo tiró contra la pared. Enmudeció inmediatamente.

-¡Estúpido cacharro! No sé por qué esa imbécil de tía Matilde tuvo que comprármelo... ¡Más falta me hace una Pokédex! Neal, ¿quieres bajar de la cama? Luego me lo llenas todo de pelos y tengo que pasar la aspiradora... ¡Quita he dicho!

Neal bajó de la cama obedientemente. Como había señalado la niña, fue dejando un rastro de pelos rubios por toda la cama.
La chica se levantó también y cogió la ropa que previsoramente había colocado a los pies de su cama nido el día anterior, se quitó el pijama y empezó a vestirse. Una camiseta roja, unos pantalones con montones de bolsillos para meter todo lo que necesitara y sus viejas deportivas. Tuvo que ponerse un cinturón muy apretado, puesto que su cuerpo era demasiado delgado para la ropa de una chica de su edad. Todos decían que era muy bajita, pero a la niña eso le daba igual. La temían de todas formas.

Una vez vestida, se dirigió al baño a lavarse y desperezarse, mientras pensaba en todas las atrocidades que podría hacerle al despertador con un martillo.
Neal, mientras su dueña cumplía su rutina de las mañanas, se tumbó en la habitación cuan largo era.
El dormitorio era, como el de cualquier chica de trece años. Las paredes forradas con pósteres de líderes de gimnasio, una foto firmada de Ash y Pikachu, encima de la cama una estantería con libros, un escritorio y una corchera llena de dibujos.
La chica, ya con su pelo oscuro recogido en una cinta, entró en la habitación, cogió una mochila que estaba tirada de mala manera en el suelo y salió de nuevo.

-¡Neal! -llamó la niña desde el pasillo- Bajemos a desayunar.

El pokémon se levantó pesadamente y la siguió a través de la casa, un pequeño chalet rústico, por dentro hecho en su totalidad de madera.
Bajaron las escaleras y se encontraron en la cocina, Neal se dirigió a una enorme escudilla. Allí estaba comiendo un Linoone muy gordo y de movimientos lentos, que dejó un poco de espacio a Neal sin parar de comer un segundo. La niña se sentó en una de las sillas que rodeaban la mesa, donde ya desayunaba el resto de la familia.

-Sela, ¿cuántas horas pensabas tardar? Un poco más y me como tu desayuno, hermanita. -le dijo un niño rubio de apenas ocho años, sentado a su lado.

La niña, que se acomodaba en la silla, le lanzó una mirada heladora.

-Cállate, enano, o te pegaré una paliza. -respondió secamente.
-¡Sela! -gritó un hombre enjuto sentado al otro lado de la mesa- No le hables así a tu hermano, ¿entendido?
-Sí, papá. -dijo rápidamente Sela. Su padre era la única persona a la que respetaba lo suficiente como para obedecerle.

Era un entrenador retirado, en su juventud había recorrido el mundo con sus pokémon, pero ahora sólo le quedaba uno, un Hariyama con grandes dotes para la jardinería. Probablemente estaba ya en el jardín podando los arbustos.

Una mujer madura, pero aún muy bella, se sentó en la mesa con los demás, mientras ponía una bandeja hasta arriba de churros en el centro. Luego le pasó un tazón de leche con cacao a Sela.

-Selita, cariño, ¿qué vas a hacer hoy? -le preguntó la mujer amablemente.
-No lo sé, mamá, probablemente dé una vuelta por el bosque junto con Neal...
-¿Sí? Bueno, si encuentras alguna baya, tráemela y haré compota o macedonia para la merienda -dijo la mujer. Se notaba el gran afecto que sentía por su hija, sólo había que ver su forma de hablarla y mirarla.

Sela desayunó deprisa, sin participar en la conversación de su familia. Su hermano, Luca, y su padre, Delio, discutían sobre los concursos pokémon. Pronto se metió en la discusión Amaya, la madre, puesto que ella había sido coordinadora hacía muchos años, y todavía iba de vez en cuando a algún concurso con su Linoone, especializado en la categoría de carisma.

Luca era rubio, bajo y algo rellenito, como su madre, mientras que Sela era morena y delgada, igual que su padre. A veces Delio y Amaya bromeaban diciendo que no eran hermanos, si no que cada uno venía de un matrimonio diferente. Pero los niños sabían que no era verdad.

A pesar de vivir en un pueblo con apenas cincuenta personas, no les iba mal, Delio trabajaba en Petalia, era el dueño de una tienda pokémon llamada “Exquisiteces de campo” y Amaya era cocinera en un pequeño restaurante del pueblo.

Sela terminó de desayunar enseguida, se puso en pie y llamó a Neal. Mientras se dirigía a la puerta, oyó las voces de su familia que le instaban a despedirse. Ella no les hizo caso, y salió.

El sol les golpeó en la cara agradablemente, pues no hacía demasiado calor a pesar de ser verano. Los Taillows surcaban raudos el cielo, en dirección al bosque Petalia, probablemente para llenarse el buche con unos cuantos Wurmples.

Como había supuesto, el Hariyama de su padre estaba en el jardín, comiendo bayas de una bolsa que probablemente se había dejado Luca abandonada, mientras regaba los geranios de Amaya.

-Hari, hari -dijo el pokémon, visiblemente contento al ver a Neal.
-Hola, Yama... ¿Qué dices? ¿Me das algunas bayas, eh? -dijo Sela acercándose.
-Yamuuu -respondió, acercándole la bolsa.

Sela agarró un puñado y se despidió del jardinero. Neal la siguió con lentitud. Prefería quedarse con su amigo del alma antes que salir por ahí.
Pero cambió de opinión en cuando Sela le dio una de sus bayas favoritas, y le precedió todo el camino con alegres saltos.

Pasearon tranquilamente por el pueblo, sin encontrarse con nadie pues aún era temprano. Cuando la niña ya pensaba que aquel día no habría diversión, la vio.
Una chica de unos diez años salía de una casita cercana. Llevaba un vestido muy elegante y su pelo rubio platino brillaba con el sol. En cuanto se percató de la presencia de Sela, sacó una pokéball de un bolsito rosa que colgaba de su hombro.

-¡Nadia! -gritó Sela con una sonrisa sádica- ¿Quieres jugar conmigo?
-No quiero problemas contigo, Sela... déjame en paz. -advirtió la otra.
-Ah, ¿no? Pues es una pena. Hoy estoy muy aburrida. ¿Te hace un combate?

Nadia le lanzó una mirada mezcla de odio y miedo. Pero adelantó la pokéball.

-¡Adelante, Poo!
-Neal, al ataque.

Un Poochyena salió de la bola, que al ver a Neal -casi el doble de grande que él- hizo un amago de salir corriendo, pero las órdenes de Nadia no podían rebatirse... había que luchar.
Neal se adelantó y le atacó rápidamente. Estaba tan compenetrado con Sela que no le hacían falta indicaciones para saber lo que tenía que hacer.
El Poochyena aulló y trató de morderle, pero en vano; Neal lo había agarrado por la nuca como a un cachorrito.

Nadia se asustó y trató de hacer regresar a su pokémon, pero Sela fue más rápida. De un salto se situó a su lado y le agarró de su bonito pelo.

-Qué pasa, ¿eh? ¿Quién es la más fuerte? -dijo amenazadoramente mientras tiraba de sus cabellos hacia atrás.
-¡Tú!¡Tú eres la más fuerte! -chilló la niña- ¡Suéltame, por favor!
-Porque me das pena, aquí te dejo... Neal, suelta a ese perdedor.

El Ninetales soltó a su presa. Golpeó la tierra del camino con un ruido seco.
Sela, con un último tirón, hizo caer a Nadia al suelo. La ropa y el pelo se le llenaron de tierra y polvo, la niña empezó a llorar desconsoladamente, se levantó, recogió a su pokémon y se metió corriendo en la casa.

Sela y Neal echaron a correr. Como siempre, esa estúpida se lo contaría a sus padres, y terminarían buscándola para castigarla... debía andarse con cuidado.
Siguieron paseando sin interrupciones, pronto salieron del pueblo, sin acordarse ya del incidente de antes. Fueron a la pequeña charca cerca de cuidad Petalia, donde unas horas más tarde un montón de gente estaría bañándose. En estos momentos estaba desierto.

-Ay, Neal... algún día dejaremos este pueblo de fracasados y nos iremos lejos. Entonces seremos grandes, ya verás... tú y yo, y otros cinco pokémon muy fuertes. Aunque tú los ganarás a todos.

Los dos amigos se tumbaron uno junto a otro. El agua se agitaba tranquilamente y provocaba un agradable sonido al chocar contra la orilla.
Así pasaron un buen rato, Sela pensando en su futura grandeza y Neal... bueno, Neal estaba intentando cazar las moscas que pasaban cerca suyo.

Cuando se levantaron y empezaron a caminar hacia el pueblo por la senda que cruzaba el bosque, alguien apareció de entre unos arbustos. Sela estuvo a punto de echar a correr, cuando lo reconoció.

-Dan... ¿Qué haces tú aquí? ¿Sabes el susto que me has pegado? -exclamó Sela bravuconamente.
-Ya sé lo que le has hecho a Nadia, estúpida. Esto no va a quedar así. Se lo voy a decir a tus padres, y esta vez no te vas a librar. Me aseguraré de ello.

Sela entrecerró los ojos y estudió a Dan, evaluándolo. ¿Haría lo que amenazaba? Sí, seguro que sí. Era muy protector con su hermana pequeña. Para colmo, cuando ambos tenían seis años, el chico le había pedido que fuera su novia y como respuesta se llevó una patada donde más podía dolerle. Desde entonces la odiaba, Sela admitía que tenía muchas razones para ello.

Sin embargo era el único al que ella no pegaba ni torturaba, ni siquiera Sela sabría decir por qué. Simplemente a él no podía hacerle nada, algo en su interior se lo impedía.

-Dan, no serás capaz...

Dan sonrió y retrocedió.

-Oh, sí que soy capaz... ¡Adelante Pelipper!

Sacó rápidamente una pokéball de su bolsillo y de ella salió su pokémon, que empezó a agitar las alas como un loco delante de Sela y Neal. No les atacó. Sólo era una distracción, puesto que Dan había echado a correr en dirección al pueblo.

-Neal, ¡lucha! ¡Tengo que irme! -chilló Sela agitada. Neal agarró al Pelipper de un salto, tirándolo al suelo, y le dejó el camino libre para perseguir al chico.

Corría muy deprisa. La niña supo que no podría alcanzarle. Maldijo entonces la confianza de su madre, que tendría la puerta abierta y permitiría entrar a Dan sin impedimentos.

Lo que se demoró en abrir la verja del jardín le dio a Sela algo de ventaja. Casi sin resuello, saltó sobre él en el momento que llegaba a la entrada de la casa. Con el peso de ambos, ésta cedió y los dos chicos cayeron en el recibidor, uno encima del otro.
Sela, situada encima, empezó a pegar puñetazos a Dan, confiando en que así no gritara y alertara a sus padres.

El niño se limitó a agarrarla de los brazos, la empujó hacia un lado y cayó sobre ella con todo su cuerpo. Sela no podía moverse, pero no dijo nada. Aquella nueva situación, Dan encima de ella inmovilizándola, la dejó sin habla. Dan tampoco se movió.

Esa escena podría haberse mantenido eternamente, si no hubiera sido por la súbita aparición de sus padres, Dalio y Amaya, acompañados por un hombre y una mujer rubios. Los padres de Dan y Nadia.

El chico la soltó inmediatamente y se levantó. Sela tampoco perdió el tiempo, se incorporó de un brinco y enderezó la cinta en su revuelto pelo.

-Pero ¿qué es esto? Dan, creo que debes explicar... -preguntó la madre del chico, asombrada.
-No era nada -se adelantó Sela-. Estábamos peleando.
-Y con razón -apuntó Dan, mirándola con odio-. Como vuelvas a tocar a mi hermana te mataré.
-Bueno, chaval, no hace falta llegar a ese punto... -comentó Dalio en tono tranquilizador- Sela, ¿no te das cuenta de lo que has hecho? Y no es la primera vez que pasa. Tengo quejas de absolutamente todos los padres de Escaso, eres una gamberra. Estoy muy, muy decepcionado contigo, Selita...

Suspiró con pesar y se volvió a los padres de Dan.

-Volved a casa amigos, Amaya y yo solucionaremos esto. Lo sentimos muchísimo.

La pareja y su hijo se dirigieron a la puerta, acompañados por Amaya. En cuanto se fueron, Dalio siguió con la charla.

-Sela, estoy tratando de contenerme y no volverme loco... ¿qué te pasa? Podrías llevarte bien con ese chico, y tú, ¿qué haces? Pegas a su hermana de tan solo diez años. He de tomar una decisión sobre tu castigo... Sí, no me queda más remedio. Creo que tendré que separarte unas semanas de Neal, es por tu bien, créeme, tienes que aprender a comportarte.
-¿Vas a separarme de Neal? Quién,¿tú? Inténtalo y verás -replicó la niña, retrocediendo hacia la puerta lentamente. Sus padres no se percataron.
-Sela, nosotros... -empezó su madre, entristecida. Pero no pudo continuar. Sela abrió la puerta y salió corriendo, arrollando en su carrera a Hariyama, que volvía a la casa.

Amaya rompió a llorar. Su marido la abrazó dulcemente y colocó la cabeza de la mujer en su pecho.

-¿Qué, Dalio? ¿Qué hemos hecho mal con ella?



Bueno, aún no hay acción, aquí sólo se presenta la vida de Selita hasta ahora ^^
<---¡Visita el fic!

*~Dentro de ti hay una persona mala y otra buena. Disfruta de ambas y vive deprisa...~*
#10

Re: Historia De Un Poder Desatado.


mmm se esta poniendo bien, pobre nadia y dan podria haber ganado a sela jeje

mmm no encontre errores por que me enfrasque en la historia XD bueno si veo alguno edito


>>>DeW<<<


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#11

Re: Historia De Un Poder Desatado.


¡BRILLANTE ESPECTACULAR SENACIONAAAAAL! xD

Este fic me encanta, no tiene ninguna falla ortográfica.....la protagonista es una bravucona que huye de su casa.....

Original, con misterio, sin faltas ortográficas y el toque justo de acción (y eso que aún no entra el Team Aqua)

Muy buen cap, ¡sigue así Sinda! :mrgreen:

PD: Si Sela no cambia su actitud.....hasta yo la estoy empezando a odiar xD
#12

Re: Historia De Un Poder Desatado.


=D
Interesante Fic!
La verdad es que estoy ansioso de ver el prox capítulo!
Espero que lo postees pronto...
Aunque se que no será asi por que tarda xD
pero iwal =B


#13

Re: Historia De Un Poder Desatado.


Valla, con una chica asi, ni para que meterse con ella o.o

Te lo repito, me buscaban por el msn, pero es entretenida, lo describes tambien, y el protagonista es... es unico, no parece el heroe, si no el villano, algo asi como Hanckok.

Muy buen fic e Sinda, o Sela?
Ce n'est pas un poem. Seulment la voix de ma vie.

Militia est vita
#14

Re: Historia De Un Poder Desatado.


:mrgreen:
Mee encanta tu fic Sinda, acabo de leerme la presentacion y laa priimeeraa
partee y mee acabO de enganchaar a tu histOriia . .
EsperO qe pronto continuee :)


ChaO!
#15

Re: Historia De Un Poder Desatado.


Bueno, gracias a todos los que comentan, antes de nada ^^
¡Eso! Seguid odiando a Sela, porque Sela es odiable, es mala, estúpida... sin embargo, como mi personaje protagonista, yo la quiero mucho ^^

Estos primeros capítulos, pues mucha acción no tienen. Pero para compensar... ¡Traigo dibujos! Más que bien hechos, son para que os hagáis una idea de como son los protagonistas ^^
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Ésta es Sela. Curiosamente, tengo menos dibujos de ella que del resto de personajes... creo que éste fue el primero que le hice ^^

Dan, el niño bueno. Más adelante adquirirá algo de protagonismo xD

Y mi baby, el más trabajado de todos. Es Neal, un Ninetales rebelde. Espero que os gusten ^^


Y ahora sí... el Fic:
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Capítulo II:Los forasteros del bosque de los mil brillos

Sela no podía creer lo que estaba diciendo Dalio. Lo que más le habría gustado era ponerse a llorar como una niña pequeña, y pegarle, causar a su padre todo el daño posible. Pero ella solía tener mejores ideas. Y acababa de ocurrírsele una.

-¿Vas a separarme de Neal? Quién, ¿tú? Inténtalo y verás. -Replicó la niña, retrocediendo sigilosamente hacia la puerta. Afortunadamente nadie se dio cuenta.

Amaya dio un paso hacia su hija.

-Sela, nosotros... -empezó en un susurro suplicante. Sin escuchar nada más, Sela abrió la puerta rápidamente y echó a correr.

Chocó con el pobre Hariyama, se le cortó la respiración pero siguió corriendo. Ni siquiera se molestó en abrir la verja del jardín, de un salto la dejó atrás.
La gente, que ya había empezado a salir de las casas para efectuar compras, ir al trabajo o pasear, se la quedaba mirando extrañada. Pero sabían que a Sela nadie podía acercarse, así que no le preguntaron el porqué de su carrera.
Más o menos a la altura de la casa de Nadia y Dan se encontró a Neal, que jugaba alegremente con un Pelipper. Sela paró jadeando, casi sin ver lo que pasaba, solo con una cosa en mente...

-Neal, vámonos. ¡Me da igual que te hayas hecho amigo de ese pajarraco!

Cogió al pokémon de una de sus colas y se lo llevó a rastras. Neal trataba de morderla disgustado, no entendía por qué su dueña, siempre tan equilibrada, le arrastraba de ese modo, haciéndole quedar por los suelos delante de aquella hermosa Pelipper que había conocido antes, cuando tuvo que pelear contra ella.
Sela lo arrastró hasta que estuvieron lejos de la casa, y se agachó delante de él.

-Cariño mío, lo siento -se disculpó, y seguidamente lo abrazó-. Nos vamos de aquí... para siempre. Llegó el momento de cumplir nuestros sueños. Iremos a Petalia, compraré comida para ambos y algunas pokéball, después cruzaremos el bosque y empezará nuestra aventura. ¡Visitaremos ciudad Férrica, Neal! Ésa fue la primera ciudad que pisaste cuando te trajeron de Kanto.

Aunque sabía que no podía comprenderla, a Sela le gustaba hablar con él como si fuera un humano. Al fin y al cabo, era el único amigo que había tenido. El Ninetales pareció comprender y caminó obedientemente a su lado.

Sela intentaba aguantarse las lágrimas. No por sus padres, ni por su hermano. Por Dan. Curiosamente, sentía en el alma que probablemente no volvería a verle jamás. La chica se enfureció consigo misma por pensar esas cosas. Dan era un chivato. Sí, un odioso chivato. Y también muy guapo... ¡No! Ya estaba otra vez igual. ¿Eso era enamorarse?

-Maldita sea, no merece ni que piense en él... ¡Otro fracasado, nada más! -exclamó en voz alta, para quitárselo de la cabeza. A partir de ese momento sólo pensó en el futuro. ¿Dónde comerían?¿Conseguiría irse lejos antes de que la atraparan?

En medio de estas cavilaciones, ni siquiera se dio cuenta de que ya estaban en ciudad Petalia. Caminaba sin reparar en su destino, pero, casualidad o no, sus piernas la llevaron directamente a una de las tiendas. Eran algo así como la competencia de su padre, pero Sela se llevaba bien con el dueño. Vendían tanto objetos para humanos como otros destinados a los pokémon. Allí se gastó algo de su dinero(siempre lo llevaba todo en mano, pues había intentado huir en otras ocasiones, aunque en ninguna pasó del bosque Petalia. Aquella vez sería diferente) en comida, algunas bebidas energéticas para Neal y también cinco pokéballs, que no podían faltar en un viaje camino a la gloria.

-Sela, cariño, ¿para qué quieres todo esto? -Preguntó la tendera, una agradable joven de veinte años, hija del dueño del establecimiento.

Sela no le respondió. No quería dejar pistas sobre lo que pensaba hacer.

-¿No respondes, querida? Vamos, que sabes que a mí no me puedes ocultar nada. ¿No te habrás vuelto a pelear con algún niño?
-Sí, Clara, he vuelto a pelearme -cedió Sela, suspirando-. Pero nada de lo que me digas va a hacerme cambiar, así que déjalo, ¿quieres?

Clara se la quedó mirando mientras metía la compra en una bolsa. Se la alargó a la chica, que la introdujo rápidamente en la mochila.

-Pues no sé por qué tienes que pegar a todo el mundo. Seguro que tendrías muchos amigos. -siguió Clara, empeñada.

Sela la ignoró y se dirigió a la salida.

-Adiós, Clarita... ¡Que tengas un buen día!

Mientras caminaba por la pequeña ciudad con Neal, en dirección al bosque, pensaba en Clara. Oh, era una buena chica, pero extremadamente metomentodo. La pobre no sabía mantener la boca cerrada. De todas formas, para Sela era algo así como una amiga.

Salieron de la ciudad a campo abierto, y Neal se volvió loco de contento. Allí estaba la playa, era ya la hora de comer pero había mucha gente disfrutando del sol y del agua en calma junto a sus pokémon.

Un poco más arriba, en el muelle, delante de una casita se leía “Señor Arenque. Alquiler de barcos, lanchas y flotadores”. Un anciano con aspecto amable parecía dirigir el negocio, junto a dos jóvenes de la edad de Sela que probablemente serían sus nietos.

Sela paseó lejos de la playa, disfrutando del viento marítimo y de los dulces rayos del sol, que arrancaban destellos brillantes en su pelo, como un faro en la oscuridad.
Neal saltaba y brincaba de un lado a otro. Las cuentas de colores que Sela había colocado en su melena tintineaban alegremente con cada movimiento. El pokémon estaba en la plenitud de la vida, como Sela, y sólo hacía falta un poco de hierba y luz para que gozara corriendo detrás de los Swellows y Pochyennas salvajes que surgían a su paso.

Pronto dejaron atrás el barullo de la playa, para empezar a internarse en el sombrío bosque Petalia. Sela lo había bautizado El Bosque de los Mil Brillos, porque en los atardeceres de primavera el sol se filtraba entre los árboles y creaba maravillosas figuras de luces y sombras. En aquel momento, se encontraba casi en penumbra, a pesar de que el sol estaba ya muy alto.

Sela llamó a Neal a su lado y empezó a cruzar el bosque sigilosamente, para no enfadar a los pokémon que allí vivían. Evitando los matorrales altos donde los Zigzagoon podían sorprenderla, caminaba tranquilamente por el bosque cuando oyó el grito más pavoroso que había escuchado en su vida.

Neal ladró a nadie en concreto, sobrecogido por aquel aladrido. Sela se paró en seco, llevándose una mano al corazón para calmarse. Otra vez el mismo grito. Parecía un lamento. Venía de su derecha. Tal vez era un pokémon herido. La niña corrió hacia donde había creído oírlo. Neal la siguió a regañadientes, muy por detrás.

Sela apartó matorrales, se pinchó varias veces con las zarzas, haciéndose feos cortes en las piernas descubiertas. Al fin llegó a un claro, donde se filtraba algo más de luz que en el bosque cerrado. Allí, al otro extremo, había un cepo. Y un pokémon que curiosamente parecía estar en llamas... ¿En llamas?

La niña se acercó lentamente, intentando distinguir aquel pobre pokémon atrapado, que se debatía indefenso tratando de soltarse de los dientes de hierro. En el suelo había mucha sangre.
Era un pájaro amarillo, pero no estaba en llamas, como había parecido al principio. De la cabeza y la punta de las alas le surgían plumas semejantes al fuego, que incluso parecían crepitar a cada movimiento del ave. Entonces lo reconoció.

Sela se quedó paralizada, como sacudida por una descarga eléctrica. Se acordó entonces de todos los libros leídos en la bliblioteca del colegio. Pokémon legendarios. Los reyes de Kanto. Las aves legendarias... hielo, trueno y fuego. Articuno, Zapdos y Moltres. Moltres. Lo tenía delante. Y estaba herido, tal vez de muerte.

Se acercó ya corriendo hasta caer de rodillas ante el pájaro. Reuniendo todas sus fuerzas, intentó abrir el cepo para liberar el cuerpo de Moltres, que no paraba de moverse, intentando picarla.

-¡Moltres! -Chilló Sela, desesperada- Estate quieto o no podré soltarte.

Como por arte de magia, el pájato se quedó quieto, mirándola confiado. La sangre manaba de una de sus alas, y sus ojos perdían brillo por segundos. Sela seguía tirando del cepo, pero apenas podía moverlo.

-No... puedo... -susurró la niña; por su cara corrían gotas de sudor por el esfuerzo.
Hizo otro esfuerzo, esta vez consiguió abrirlo unos centímetros, pero enseguida volvió a cerrarse, haciendo que Moltres gimiera de dolor.
-¿Neal? -Sela miró a su pokémon, que se había quedado rezagado, desconfiado ante aquel pájaro de fuego- Neal, ven aquí, necesito ayuda... ¡Usa golpe cuerpo, como te enseñó papá, vamos!

Neal se acercó lentamente, con los ojos entornados. ¿Por qué Sela siempre le obligaba a hacer lo que no quería? Habría sido mucho mejor seguir su camino. De todas formas, hizo lo que le pedía. Golpeó con toda la fuerza de su cuerpo al cepo, que se abrió entre chirridos. El pájaro resbaló y cayó al suelo, débilmente.

Sela lo cogió con sumo cuidado y examinó su cuerpo. Afortunadamente ese maldito cepo solo había le había dañado el ala.

Hacía unos meses, los coleccionistas de pokémon habían presentado al CIP, el Congreso Internacional de los Pokémon un prototipo de cepo que permitía cazar a los pokémon voladores sin necesidad de estar horas buscando uno para sorprenderle en la tierra. Preparaban el cepo, dejaban algo de comida... y unas horas después, ya tenían a su ave capturada, con unos daños mínimos en su cuerpo, que fácilmente podían ser sanados.

En aquello no habían sido del todo sinceros, puesto que Sela acababa de ver lo que en verdad hacía el cepo con los pokémon. Probablemente muchos morían antes de que pudieran liberarlos. Desde luego, si eso se hubiera sabido, los ecologistas no habrían dejado salir el producto a la venta.

Ni siquiera Moltres, el ave legendaria del fuego escapaba del destrozo humano a la naturaleza. Su ala estaba destrozada, pero según le pareció a Sela, que tenía experiencia curando Taillows heridos, podría volar de nuevo con los cuidados necesarios.

La niña se quitó la mochila y buscó dentro. Sí, había comprado un pequeño botiquín en la tienda de Clara. Sacó gasa y agua oxigenada. Procedió a limpiar la herida, rezando por que Moltres no opusiera resistencia. Afortunadamente estaba demasiado cansado y débil como para moverse.

Luego de limpiarla, la vendó intentando no hacerle daño y buscó un palo suficientemente duro para entablillarle el ala. Rápidamente encontró uno y volvió junto al pájaro muy alterada. Sin razón, pues Moltres no se había movido y Neal estaba cerca de él, sentado, vigilándolo atentamente.

Al finalizar su cura, lo dejó allí tumbado, encima de unas hojas secas para que le sirvieran de colchón. Y ahora, ¿Qué debía hacer? No podía continuar su viaje y dejarlo allí, tenía que cuidarlo hasta que su ala mejorara. Decidió ir al pueblo a buscar ayuda, confiando en que nadie encontraría a Moltres hasta su regreso.

Llamó a Neal a su lado y echó a andar primero hasta un arrollo cercano (tenía ventajas conocer el bosque de memoria) y allí llenó el comedero de Neal con agua fresca. Al Ninetales esto no le sentó nada bien, pero Sela no escuchó sus protestas y regresó a ponerle el agua al pájaro.

Luego, al fin echaron a correr a Escaso, sin detenerse siquiera a descansar. Incluso a Neal, con sus cuatro patas, le costaba seguir el ritmo frenético de Sela.

En el claro, pasaron unos minutos después de que se hubieran ido. Moltres se removió en su improvisada cama. De entre unos arbustos, surgió una mujer pelirroja y pálida ataviada con un uniforme de rayas. Junto a ella, en el suelo, había un Roselia. La mujer miró a Moltres y después sacó un móvil de su bolsillo, marcó algunos botones y se lo llevó a la oreja.

-¿Jefe? Soy Olivia. Teníamos razón. Es ella. Sí, ha mostrado su poder. Sí, el pajarraco vive. No, aún no... está bien, hablaré con ella en cuanto vuelva a verla. Okay. Adiós.

La mujer echó un último vistazo a Moltres, se dio la vuelta y desapareció entre los árboles seguida por su pokémon.

***

Cruzaron Petalia en unos minutos, casi chocándose con un grupo de risueñas mujeres que venían de hacer la compra, y atravesaron a saltos el pequeño camino que separaba la ciudad de Escaso.

A la entrada del pueblo se encontró a Nadia, paseando con su Poochyena. La niña hizo una mueca de desagrado al ver a Sela.

-Aléjate, ¿Quieres? Mira, he tenido que cambiarme y aún me duele la espalda por el golpe que me has pegado... ¡Déjame ya o mi hermano te matará! -chilló Nadia, nerviosa, agarrando a su pokémon por el pellejo para cogerlo en brazos.
-No, Nadia, esta vez necesito tu ayuda... hay un Moltres en el bosque Petalia... herido... -Sela calló al advertir lo estúpidas que sonaban sus palabras.
-¿Un Moltres? -rió Nadia- ¿Crees que soy idiota? Pues parece ser que la idiota eres tú. Nadie se creería eso, y menos de ti.
-¡Nadia, maldita enana! -exclamó Sela, perdiendo la paciencia- ¡Te digo la verdad!
La rubia se dio la vuelta y echó a andar hacia el pueblo, riéndose por lo bajo.

-Sí, sí, lo que tú digas... esto le va a hacer mucha gracia a Dan. ¿Has bebido algo raro, querida?

Sela estuvo a punto de abalanzarse sobre ella y molerla a golpes, pero se contuvo. Observó impotente como se alejaba, y luego se sentó en el suelo sin saber qué hacer. Neal se sentó junto a ella, intentando hacer que se sintiera mejor con su imponente presencia.

-Nadie me va a ayudar, está claro. ¡Pues vale! Nosotros nos valdremos solos, Neal.

Se levantó y corrió hacia el bosque de nuevo, rezando a Arceus para que Moltres estuviera sano y salvo. Caía la tarde y los niños salían de sus casas para ir de nuevo a la playa después de comer. Sela notó como rugía su estómago, recordó que desde la hora del desayuno no había probado bocado.

El corto trecho hasta el claro se le hizo eterno. Cuando al fin llegó junto al pájaro, suspiró aliviada al ver que estaba tal y como le había dejado. El cuenco con agua había bajado un poco.

-¿Qué tal estás, pequeño?-le dijo Sela cariñosamente.-Mira, me voy a llevar este cepo para que no vuelvas a verlo nunca...

Dicho y hecho, la niña cogió el pesado cepo... y no pudo moverlo ni un milímetro. Tras muchos esfuerzos, quedó sentada en el suelo agotada.

-Bueno, creo que dejaré el cepo aquí, espero que no te importe.

Oyó un ruido detrás suyo. Sela se volvió asustada, y Neal empezó a ladrar en dirección a la espesura. Apareció una mujer de pelo rojizo, muy delgada y blanca como un cadáver. Se dirigió hacia la niña ignorando por completo a Neal. Pegado a sus piernas iba un Roselia, que miraba a Neal con desconfianza.

-Lástima que no haya muchas personas como tú, querida... -dijo la mujer amablemente. Sin embargo, sus ojos transmitían todo lo contrario. Sela no se dio cuenta.
-¿Quién es usted? -preguntó la chica, poniéndose junto a Neal.
-Me llamo Olivia. Pasaba por aquí y te vi con este pokémon legendario... llevaba mucho tiempo buscando a alguien como tú, me gustaría hacerte una oferta.
-¿Una oferta?¿De qué tipo?
-Verás, querida, yo formo parte de un grupo llamado equipo Aqua. Protegemos el mar y los océanos, así como a los pokémon que viven en ellos. Ahora estamos trabajando en un proyecto que trata de salvar a los pokémon legendarios de los humanos. Los entrenadores no hacen más que molestarles, y tienen que encerrarse en profundas cuevas durante milenios para poder estar tranquilos... nosotros queremos darles un lugar mejor, atraparlos y soltarlos en una isla en medio del mar, donde puedan vivir felices ellos solos... pero para esto necesitamos el poder de estos mismos pokémon, no podemos levantar una isla de la nada nosotros solos. Pero ellos no saben que todo eso vamos a hacerlo por su bien, y se rebelarán contra nosotros, causando una catástrofe. ¿Me sigues?

Sela trataba de asimilar toda la información. Se había sentado en el suelo y Neal apoyaba la cabeza en su regazo, sin perder de vista al Roselia.

-Sí, la sigo, señora... señorita. -dijo Sela, anonadada.
-Pues bien, para controlar tan poderosos pokémon requerimos también una persona capaz de mantenerles a raya solo con su presencia. Y ahí entras tú, querida. Por cierto, no me has dicho como te llamas.
-Me llamo Sela. ¿Quiere usted decir que yo tengo que controlar a esos pokémon? -inquirió la niña.
-No es que tengas, es que puedes. Pero claro, tuya es la decisión de ayudarnos o no... piensa que todo Hoenn te aclamaría por ser la chica que controla a los pokémon, y éstos te estarían agradecidos eternamente, por haberles dado un lugar donde vivir.
-No lo entiendo. ¿Cómo voy a poder controlar yo a Entei, por ejemplo?

Olivia se acercó a ella y se agachó a su lado.

-Querida Sela, ¿nunca tu Ninetales te ha obedecido sin necesidad de hablarle?
-Sí, pero...
-¿Nunca te has sentido, sin saber por qué, superior al resto?
-Sí, pero...
-Pues eso, tienes el poder -Interrumpió de nuevo la mujer-. Es un don extraño, probablemente seas la única que lo tiene en todo Hoenn. La leyenda cuenta que Arceus protege a las personas con dicho don, y las alienta a usar sus poderes para hacer el bien. Tú apenas has podido usarlo, pero tienes que hacerlo porque no puedes contener tanta fuerza dentro. Terminará matándote si no la liberas. Me alegro de haberte encontrado a tiempo. Querida, estás destinada a hacer grandes cosas.

Sela cada vez creía más en sus palabras, la escuchaba casi con fervor.

-¡Tiene usted razón en cada frase!¡Acepto su oferta!
-Oh, sí, tú sí que tienes olfato para la aventura... y con el Equipo Aqua lo pasarás genial, viajarás, te convertirás en una gran entrenadora... y lo mejor, podrás usar tu poder por fin. Dejarás de sentir la necesidad de descargar tu fuerza en las personas, y probablemente tu carácter cambiará... pero serás reconocida mundialmente, y sólo por eso vale la pena.

Olivia sabía como hacer que Sela se sintiera importante, desde luego. Había conseguido su propósito de llevársela con el equipo Aqua. La trampa se cerraba alrededor de la niña. Y ella no podía verla.


Como probablemente os habréis dado cuenta, empezaba tal y como terminó el anterior capítulo, solo que desde el punto de vista de Sela.
Espero que os haya gustado :-({|=
<---¡Visita el fic!

*~Dentro de ti hay una persona mala y otra buena. Disfruta de ambas y vive deprisa...~*
#16

Re: Historia De Un Poder Desatado.


:mrgreen:
Cadaa vez mee gustaa mas tu fiic, aunqee odiiee a la protagoniista por tontaa y creiida xD, espeerO que contiinuee muy pronto =)

SaludOs!
#17

Re: Historia De Un Poder Desatado.


jeje es super largo y esta muy bien ademas has echo dibujos de los protagonistas jaja esta fenomenal y no odio a la protagonista por que si yo tuviera un pokemon fuerte como neal haria lo mismo jeje
felicidades*trompetas y guitarras* XD


Spoiler
Click en SPOILER: MOSTRAR para ver mis últimas firmas
Spoiler



#18

Re: Historia De Un Poder Desatado.


es el primer fic que leo en cp(((postadata el leido muchos en otros foros)) y si me gusto jeje tiene una trama interesante
pero al protagonista me cae :evil: peor bueno sigue esta interesante
ADIOOOO
#19

Re: Historia De Un Poder Desatado.


Me gusta me ha enganchado haber si sale el Cap.3
esta muy bien
mi personage favorito es Neal xD
por que yo tmb tengo un Ninetales en el Diamante
------------------------------------------


Level 5
#20

Re: Historia De Un Poder Desatado.


Bueno, siento haber tardado algo más con este, pero es que ya empiezan las clases y la vida real me llama... de todas formas, intentaré no tardar demasiado u.u

Como siempre, muchas gracias a todos los que comentan, y también a otros que lo leen sin comentar, o a los que simplemente le han echado una ojeada por encima. Todo se agradece ^^

Cita:
mi personaje favorito es Neal xD


Entrenador Legendario, me caes bien xDU
No, en serio, aunque Neal parezca un poco secundario, es mi personaje más querido ^^

P.D:Te corregí la palabra personaje, que la ponías con g. No te lo tomes a mal 8-[

Y vale, ya me callo, os dejo con este capítulo, donde se revelan algunas cosas (Dios, qué ganas tengo de empezar con la acción U.u)
Spoiler
3.Revelaciones y marchas

Sela caminaba por el bosque, seguida por Neal, aún pensando en la conversación con Olivia.
Había quedado con ella a las siete de esa tarde a la entrada del bosque, le había dejado dos horas para que Sela pudiera coger lo que necesitara y despedirse de su familia.

Solo que la niña no pensaba hacerlo. Aún seguía enfadada con Dalio por haber querido quitarle a su pokémon, y no pensaba pasar por casa para darle el gusto de decirle:”No, tú te quedas en casa”

Sumida estaba en estos pensamientos, cuando de la orilla del camino salió un chico rubio, jadeando. Parecía que acababa de correr una carrera.

-¿Dan? -preguntó Sela- ¿Por qué apareces así siempre? Me has asustado. ¿Qué estás haciendo aquí?
-Buscarte. Nadia me dijo que te habías encontrado a Moltres en el bosque y yo...
-¿Venías a reírte de mí? ¡Pues vete por donde has venido! –estalló Sela, echando a andar- A Moltres se lo ha llevado una buena persona y yo también me iré con ella!
-No es eso, Sela -dijo Dan sin levantar la voz-. yo te creo.

Sela volvió la cabeza y caminó hacia él extrañada.

-¿Qué has dicho? -preguntó, ladeando el rostro.
-Que te creo. Si algo sé de ti, es que por muy violenta y mala que seas, eres la persona más sincera que he conocido.
-Tú no sabes nada de mí -contradijo Sela-. No te hagas el listo porque yo...
-Sí te conozco, y más de lo que crees -Interrumpió el chico-. Desde que íbamos juntos a preescolar me fijé en ti, trataba de ser tu amigo pero tú no querías... lo que al principio era admiración pronto se convirtió en apego y años después en amor. Tú me rechazaste aquel día, no, no pongas esa cara porque sé que te acuerdas, pero eso no hizo que dejara de quererte.

La cara de Dan iba enrojeciendo mientras hablaba, pero no dejó de contemplar a la chica fijamente, sin bajar la vista. Sela no sabía adónde mirar.

-Tenía planes para ti, ¿sabes? -continuó- Quería conquistarte, y entonces madurarías y dejarías de pegar a los niños, serías amiga de Nadia y juntos nos iríamos a recorrer el mundo para convertirnos en grandes entrenadores. Pero si te marchas, nada de esto podrá cumplirse, y yo... no te vayas, Sela.

Dan alargó su brazo y trató de cogerle la mano, pero Sela lo advirtió y se apartó, asustada. Neal mirada a su dueña y al chico alternativamente, preguntándose por qué estaban ahí parados mirándose.

-Pero yo maltrato a tu hermana -indicó Sela, intentando hacerle entrar en razón. Jamás se le había pasado por la cabeza que Dan podría enamorarse de ella, y menos esperaba que se lo confesara ahora, cuando estaba a punto de marcharse con Olivia.
-¿Crees que me parece bien? -suspiró- Nadia me mataría si supiera que me gusta la misma chica que ha roto todos sus vestidos. Pero el hecho de que tú nunca me hicieras nada me hizo pensar que tal vez... tendría alguna oportunidad.

Calló de repente. El valor que había reunido buscándola y la adrenalina de la carrera por el bosque le habían dado fuerzas para confiarle todo aquello, pero ahora ya no estaba tan seguro de lo que había hecho. Espero la respuesta de Sela mirando al suelo.

Pero la otra no parecía tener ganas de hablar. Tenía la boca abierta y la vista perdida, trataba de no pensar en lo que estaba oyendo. Neal ladró impaciente, mirando a Sela con reproche. Empezaba a aburrirse.

-Dan, yo... me siento halagada -comenzó-. Pero ahora tengo la oportunidad de ser alguien, y he de aprovecharlo. Volveremos a vernos, y seguro que para entonces ya me has olvidado.
-¡No quiero olvidarte! -gritó Dan, dando una zancada y agarrándola del brazo- Quiero que te quedes. No por mí, vale, piensa en tus padres, en tu hermano...
-Sela, ¿Quién es este chico? -sonó una fría voz detrás de Dan- ¿Te está molestando?

Dan se volvió y lo que vio fue una mujer pelirroja, con un uniforme a rayas que le hacía parecer un pirata. Junto a ella había un Roselia con cara de pocos amigos.
Sela se soltó de Dan y se situó junto a Olivia. Neal, en cambio, se quedó con el chico. No confiaba aún en la mujer pálida.
Olivia pasó un brazo sobre los hombros de Sela, en algo que habría sido actitud protectora si no fuera porque sus ojos no transmitían amor alguno por la niña.

-¿Te estaba haciendo algo, querida?-preguntó la mujer mirando a Dan con mala cara.
-No, Olivia, sólo estábamos... despidiéndonos-respondió Sela, mirando al joven de igual manera.
-No te vayas, Sela -repitió Dan-. Estoy seguro de que no es de fiar.

Pero las otras ya empezaban a alejarse de él. Neal las siguió de mala gana, volviendo la vista de vez en cuando hacia Dan, como suplicándole que parara a su dueña.
Pronto se perdieron en la espesura. Alrededor de Dan los Taillows montaban una tremenda algarabía, los Zigzagoon saltaban de arbusto en arbusto mirándole con curiosidad, pero el chico no oía nada de esto. Sólo podía escuchar los latidos de su pobre corazón. Le dio una fuerte patada a una piedra situada a su lado, y se sentó en el suelo desolado. Había perdido a Sela, se iba lejos y probablemente no volvería. Ya nada más importaba.


***


Olivia y Sela paseaban por ciudad Férrica. Eran las ocho de la tarde, y acababan de alojarse en un pequeño hotel en las afueras. Como Sela no había querido ir a su casa para coger ropa porque habría alertado a sus padres, Olivia había prometido comprarle algo para el viaje.

-Con lo elemental te bastará. Cuando visitemos otras regiones podrás comprarte un montón de ropa, pero para una entrenadora, lo mínimo ya es demasiado equipaje. -le había dicho al llegar al hotel, y Sela le dio la razón. La obedecía ciegamente, como no hacía con ningún adulto.

Neal caminaba delante de ellas, alegremente y con sus nueve colas extendidas. Cuando pasaban delante de un pokémon hembra, él sacaba pecho y ponía una cara de graciosa superioridad que hacía reír a los transeúntes.

A Moltres lo habían dejado en el hotel, descansando en una pokéball. Roselia se había quedado con él, por si acaso tenía algún problema. Al pokémon esto no le había hecho ninguna gracia y Olivia estuvo un buen rato hablando con ella para convencerla.

-Olivia -llamó Sela, que observaba embelesada cada edificio de más de dos pisos-. ¿Adónde me llevas? Quiero decir, no es que no confíe en ti, pero...
-Vamos a Calagua –respondió la mujer-. Allí tiene el equipo Aqua su central. Seguro que Aquiles, el líder de la fundación, se alegra mucho de verte.
-Tengo muchas ganas de llegar –aseguró Sela-. ¿Es necesario que vayamos andando?
-No seas impaciente. Todo llega, además, te vendrá bien visitar ciudades, puesto que nunca has salido de tu pueblo.

Sela asintió, contenta por la perspectiva de conocer el mundo. Miró a Neal. Él disfrutaría mucho del viaje, y además se haría más fuerte.

Pasearon hasta el anochecer, y luego regresaron al hotel. Para ir a cenar, Sela se puso la camiseta y la falda que Olivia le había comprado, y la otra se atavió con un elegante vestido negro, que le hacía parecer aún más blanca de lo que ya era. Su pelo rojo destacaba incluso de lejos.

Al entrar al comedor, todos se la quedaron mirando. La verdad era que llamaba la atención, junto con su Roselia, que caminaba erguida. Sela a su lado se sentía vulgar, con su camiseta azul y su falda vaquera. Ni siquiera se había molestado en peinar a Neal, que aún tenía trozos de ramitas del bosque enredados en la melena.

El comedor, una amplia sala con muchas mesas y camareros saliendo y entrando a toda velocidad de las cocinas, situadas al fondo, estaba casi lleno. Cuando por fin encontraron una mesa con dos asientos vacíon y se sentaron, Sela recordó que no había comido nada desde el desayuno, y sus tripas rugieron.

Pronto llegó el camarero con el menú de esa noche, Olivia pidió ensalada y filete de Magikarp y Sela escogió el arroz con tomate y Pidgey asado.

Mientras llegaba la cena, Sela observó a las demás personas sentadas en su mesa. Había un matrimonio muy mayor que conversaba en voz baja, un hombre gordo de aspecto jovial que no hacía más que beber vino y un hombre con un niño pequeño que jugaba con dos cucharillas.

Olivia alargó el brazo para coger la botella de vino, pero el hombre gordo se le adelantó.

-Deje deje, a una dama como usted yo me ofrezco a servirle -dijo mientras vertía el contenido de la botella en la copa de Olivia-. Y para la niña, un vasito de agua.

Sela le sonrió mientras le contemplaba sirviendo el agua. Seguro que con él la cena era muy agradable, aunque su cara estaba ya un poco roja por el vino.

Pronto trajeron los primeros platos. El matrimonio de ancianos escuchaban muy atentos al hombre gordo contar chistes mientras sorbían sus sopas, y el otro tipo ni siquiera podía escuchar, estaba demasiado atareado intentando hacer comer a su niño. Se sobresaltó cuando el gordo se dirigió a él.

-¿Es ese pequeño melindres su hijo? –preguntó mientras mojaba un poco de pan en la salsa de su recién terminado plato.
-Exacto. Mi esposa se encontraba mal esta noche y se ha quedado en la habitación. Con ella come mucho mejor pero conmigo...
-Claro, el niño sabe que con mamá no se juega con la comida. -respondió el otro, soltando una carcajada.

La cena transcurrió amena, conforme pasaba el tiempo los ancianos se volvían más parlanchines, incluso Sela participaba divertida en la conversación. Pero Olivia no dijo una palabra en toda la noche.

Cuando por fin terminaron el postre y se despidieron de sus acompañantes, subieron a la habitación, Olivia seria e impasible como siempre, Sela agarrando a Neal para que no se tumbara a dormir en medio del pasillo. Aquel día había sido muy ajetreado.

En el cuarto estaba Roselia, tumbada en una de las camas viendo la televisión. La pokéball que llevaba a Moltres estaba a su lado, tan quieta que cualquiera diría que estaba vacía.

Mientras Olivia iba al baño a desmaquillarse, Sela acomodó a Neal a los pies de su cama. Lo acarició suavemente, como a él le gustaba hasta que se quedó dormido panza arriba.
La niña se quitó su ropa y se metió en la cama en ropa interior, puesto que no tenía pijama. Mucho antes de que Olivia saliera del baño, se pusiera su camisón, apagara la televisión y se metiera con su pokémon en la cama, Sela se había quedado profundamente dormida.

A la mañana siguiente, después de pagar la noche en el hotel, se pusieron en camino. Tomaron el túnel Fervegal para no tener que dar un rodeo por mar hasta Portual.

El túnel, que había sido restaurado y asfaltado hacía unos años para que la gente pudiera ir de Férrica a Malvalona sin problemas y sin toparse con ningún pokémon. Incluso había alguna que otra cafetería a mitad de camino.

Cruzaron el túnel sin complicaciones, y pronto estuvieron al otro lado, en Verdegal, un pequeño pueblo por el que pasaba el río Estémer en su último trecho hasta el mar.
La brisa fresca traía el olor del mar cercano, una familia desayunaba en el jardín de su casa para disfrutar del sol de la mañana. Un poco más lejos, frente a un extraño edificio de color rosa, un pequeño grupo de niñas peinaban a un bonito Minun que parecía encantado con las atenciones.

-¿Qué es ese edificio, Olivia? –Preguntó Sela señalando a la casa rosa.
-Allí dentro se celebran los concursos pokémon de nivel normal. Te llevaría a ver uno, pero como comprenderás, no tenemos tiempo.
-Bueno... mi madre era coordinadora pokémon –dijo Sela, animada-. Seguro que estuvo aquí en sus comienzos.
-Supongo que sí. En Calagua se celebran los concursos de nivel experto. Ahí van los mejores del mundo de los concursos. Si quieres, algún día puedes ir a ver uno con Neal.
-¿De verdad? ¡Me encantaría! –exclamó Sela. Luego calló, pues no quería parecer inmadura delante de Olivia.

Neal iba de un lado a otro oliéndolo todo alegremente. A regañadientes, había accedido a llevar a Roselia en su lomo, pues a Olivia, igual que a Sela, no le gustaba llevar a su pokémon encerrado en la pokéball.

-¿No vamos a ver Verdegal? –Preguntó Sela cuando vio que empezaban a dejar atrás el pueblecito.
-Claro que no, Sela. En Verdegal, aparte de una plaza muy bonita y los concursos, no hay nada que ver –Respondió la mujer, cortante-. Ya verás que Malvalona es un sitio mucho más interesante.

Sela calló. Les esperaba un tiempo de marcha hasta Malvalona, y Olivia no parecía muy dispuesta a mantener una conversación. Ella habría querido ver Verdegal, porque era un pueblo mucho más alegre que Escaso y también habría querido entrar a ver uno de los concursos que se hacían allí. Pero Olivia estaba decidida a llegar lo más pronto posible a su destino, lo que a Sela le producía dos sensaciones completamente distintas. Por un lado, le gustaba el hecho de ayudar al equipo Aqua en su labor y utilizar su poder, pero por otro sentía en su estómago una sensación de preocupación desde que había dejado a Dan solo en el bosque. Como si Olivia no le hubiera contado todo. Sela intentaba ignorarlo, pero la sensación de no estar haciendo lo correcto seguía allí.

Para quitarse el malestar del cuerpo, pensó en su poder. ¿Cómo tendría que utilizarlo? Hasta entonces lo había hecho casi sin pensar, pero suponía que controlar a un pokémon legendario enfadado sería mucho más difícil que calmar a un Motres herido. Y sobre todo... ¿Por qué ella? ¿Qué había hecho para recibir ese extraño poder? Tantas preguntas, y seguro que Olivia no pensaba decirle nada.

Pasaban por delante de una especie de granja, muchos pokémon de diferentes especies jugaban o peleaban entre ellos. En la entrada rezaba “Guardería pokémon: ¡Fortalecemos a tu equipo!”. Debajo había una pizarrita con las listas de precios por el tiempo que pasaran allí los pokémon. También había un cartel en el que se leía: “Regalamos huevos de Chansey, Wingull y Spheal”

Dejaron atrás la guardería y entraron a un caminito sin asfaltar con flores en las orillas. Allí todo parecía muy limpio y cuidado. Mucha gente paseaba a esas horas, andando o en bicicleta. También, de vez en cuando cruzaban el camino revoloteando una pareja de Volbeat e Illumise, o veían algún Taillow picoteando el suelo.

Después de más o menos cuarto de hora de marcha, empezaron a ver las primeras casas al contrario que Verdegal, que era un pueblo alegre y tranquilo, Malvalona bullía de actividad. Muchos entrenadores se congregaban allí debido al gimnasio pokémon, otros venían para ver el casino, un edificio muy moderno de varios pisos cuyo enorme cartel se veía desde todas partes. A la entrada de la ciudad vieron una tienda de bicicletas. El dueño, un hombre de pelo blanco, estaba sentado a la puerta limpiando una de sus bicis.

-Mira –dijo Olivia, sorprendiendo a Sela-. Ése es el gimnasio de Érico, experto en los pokémon eléctricos.

Señalaba a una edificación gris, sin ventanas, con dibujos de rayos en la enorme puerta. Junto a ésta, había un libro muy gordo situado encima de una mesita. Sela se acercó sorprendida.

-¿Por qué tienen un libro aquí? –preguntó, volviéndose hacia Olivia.
-Es un libro de firmas –respondió ésta-. Los entrenadores que han ganado a Érico firman para dejar una huella en su camino a la gloria.

La mujer se dio la vuelta y empezó a alejarse, en dirección al centro de la ciudad. Sela sin embargo, antes de seguirla, cogió el bolígrafo que colgaba de una cuerda atado a las pastas del libro y escribió lo siguiente:

“ Algún día volveremos y venceremos. Entonces seremos grandes.
Sela y Neal”
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